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Morder el polvo

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Suzaku entró al cuarto de baño con pasos trémulos y encendió las luces presionando el interruptor de la pared con el codo, pues no quería ensuciarlo con la sangre que embadurnaba sus manos. El destello blanquecino de la mampara en el techo lo cegó durante un instante, pero sus ojos cansados se acostumbraron pronto a la luz, por lo que pudo andar sin problemas hacía el lavamanos.Sujetó la pastilla de jabón con los dedos, haciendo una mueca de dolor, y la restregó sobre la piel herida después de abrir el grifo de agua fría. La sangre se desprendió de su cuerpo como si fuera pintura, manchando la fina porcelana del lavabo para después escurrirse por el desagüe.Escuchó un suspiro a su espalda y levantó la mirada para encontrarse con el reflejo de Lelouch proyectado en el elegante espejo que tenía delante. Recargado en el marco de la puerta abierta, con los brazos cruzados sobre el pecho y unos cuantos mechones de cabello dispersos sobre la frente, lucía hermoso, enfundado en su bata de seda blanca.—¿Quieres explicarme qué le ocurrió al espejo de tu habitación? —preguntó con los ojos entornados—. Escuché un estruendo y fui a revisar si estabas bien. Encontré cristales rotos cubriendo el suelo y manchas de sangre en la alfombra. ¿Estás bien? —Preguntó, aprensivo, observando el lavabo—, ¿necesitas que llame a un médico?Suzaku sonrió ante la preocupación encarnada en la pregunta.—Fue un accidente. Pero no te preocupes, yo pagaré los destrozos —dijo, manteniendo la sonrisa mientras dejaba la barra de jabón, ahora roja, sobre el platillo de metal dispuesto para ella a un costado del lavabo—. En cuanto a esto… sólo necesitaré unas cuantas gasas y vendas —explicó, levantando la mano derecha para mostrársela a Lelouch, cuyo rostro se descompuso un instante al contemplar las masas de piel sanguinolentas que pendían de la mano de Suzaku.—V-voy por el botiquín —dijo, apartando la vista de la herida y escabulléndose por la puerta a toda velocidad.Suzaku bufó y siguió con su trabajo. Tenía pequeños trozos de espejo pegados a la piel. Intentó retirarlos con los dedos, pero el dolor fue demasiado, así que desistió. Lelouch dijo que iría por el botiquín de primeros auxilios, ahí, seguro tendría un par de pinzas. Podría usarlas para retirar el cristal sin lastimarse más.Exhausto, buscó en el cajón del mueble vecino una toalla para manos y la tomó con delicadeza, valiéndose de las uñas.La expresión de Lelouch al ver la sangre le había encantado. Si tan sólo el maldito recordara toda la que había derramado en el pasado, todo aquello sería cien veces más divertido… Sonriendo, se sentó en el borde de la bañera de cerámica mientras esperaba.Lelouch regresó antes de lo que había imaginado. Pálido como una hoja, se acercó a él, llevando en brazos una pequeña maleta roja. Observó a Suzaku de reojo durante un segundo y, después, acercó una silla, en la que colocó la bolsa.—¿Puedo revisarte? —preguntó con un hilo de voz. De inmediato, Suzaku le tendió las manos empapadas. Lelouch tragó saliva—. ¿Cómo demonios te hiciste esto? —preguntó, tembloroso, mientras tomaba la toalla que el militar tenía en el regazo, para eliminar cualquier rastro de humedad en sus manos.—Rompí el espejo. Por accidente.—¿Por qué suenas tan divertido?—Estás pálido.—Suzaku, entré a la habitación que estabas ocupandoy encontré el suelo lleno de sangre. Vine a buscarte y te hallé lesionado. ¿Debería sonrojarme? —Preguntó con los dientes apretados—. Últimamente has tenido muchos problemas en tu trabajo y aquí no duermes muy bien. Para ser sincero, te escucho durante la noche, caminando por la habitación de un lado a otro como un desquiciado.—¿Cómo un desquiciado? —preguntó Suzaku, sonriendo.—Discúlpame si la palabra te ofende, pero…—No, no… me sienta bien, porque así es como me siento —confesó, sabiendo que era un error ser demasiado sincero, pero sin poder evitarlo. Llevaba un año entero mintiéndole a Lelouch, diciéndole que lo quería y acostándose con él… un poco de sinceridad no lo mataría, ¿o sí?Ambos intercambiaron una mirada seca.El joven de cabello negro se aclaró la garganta, mientras terminaba de secar la humedad en las heridas de su acompañante, y rebuscó en el botiquín unas cuantas gasas y vendas, además del desinfectante.—Sabes que puedes hablar conmigo si tienes problemas, Suzaku —le dijo mientras aplicaba una fina gasa de hilo sobre la herida de su mano derecha, procurando no tocar demasiado. Había tantos pliegues de piel fuera de su lugar, que estuvo a punto de echar fuera su cena, pero logró contenerse.—Dudo que comprendas mi malestar, Lelouch.—Puedo intentar —masculló el aludido, molesto al ver menospreciada su inteligencia.—Para empezar…Mi mejor amigo resultó ser un asesino.—Muchas cosas en mi trabajo han cambiado.—Es natural, Suzaku, ahora eres el Knight of Seven. Estás bajo las órdenes directas del Emperador…Sí y él me ha ordenado vigilarte y asesinarte si descubro que tu memoria ha vuelto…—Sí. Mis últimas misiones han sido un tanto incómodas, ¿sabes?Porque ahora vivo con el hombre que mató a la mujer que amo y tengo que fingir que lo deseo, que lo quiero… que me enloquece con cada respiro cuando, realmente, lo aborrezco con cada célula de mi cuerpo…—Lo he notado —respondió Lelouch, vendándole una mano con verdadera delicadeza—. ¿Es por eso que estás tan inquieto en las noches? Sé que no duermes bien…—Ah, lo notaste.—Me fue imposible no hacerlo, ya que ocupas la recámara justo al lado de la mía —comentó, sonriendo un poco—. Hoy te sentí un tanto… disperso. Molesto, diría yo.—Un poco —dijo.—¿Fue por algo que yo hice?—Por supuesto que no.—Ah, qué bien —sonrió con dulzura.Suzaku se mordió el labio inferior, enfurecido. Sí, estaba molesto porque ese día era el aniversario de la Masacre. Ese era el día del aniversario de la muerte de Euphemia a manos de Zero. Y Lelouch había preparado una cena maravillosa para recibirlo después de un largo día de trabajo, como si fueran una pareja feliz que no tiene nada que lamentar, lo había obligado a sentarse a la mesa y a disfrutar del nefasto banquete como si en verdad tuvieran algo que festejar.Suzaku se sentía tan asqueroso después de soportar todo aquello… Durante un segundo, deseó quitárselo de encima. Impedir que lo tocara. Escupirle al menos. Pero contuvo sus ansias y las escondió tras una mueca de dolor fingida cuando Lelouch vendó su mano izquierda.—¿Por eso rompiste el espejo? —preguntó el joven de ojos violetas inocentemente.—Sí —respondió Suzaku, iracundo.Lelouch rió.—¿Quieres que te ayude a terminar con todo ese estrés? —Preguntó, acercándose más mientras colocaba los broches de la venda, rozando la mejilla de Suzaku con sus labios—. Ya que la tuya es un estropicio total, puedes venir a mi recámara a pasar la noche. Sólo a dormir, ya que estás herido. Te prometo que no haré travesuras —dijo, sonriendo con perversidad.Suzaku sintió el estómago revuelto conforme Lelouch le acariciaba el cuello con los dedos.—De acuerdo —siseó, irascible, mientras Lelouch le besaba el cabello y salía de la habitación con paso ligero, agitando los bajos de su bata de seda sobre los azulejos pálidos.Suzaku lo odió con todas sus fuerzas en ese momento, como había hecho en el instante en que rompió el dichoso espejo al rememorar la muerte de Euphemia. El infame disparo. La sangre. Las últimas palabras de su princesa. Tuvo ganas de estrellar su puño vendado contra el espejo del baño ésta vez. Contra las botellas de perfume y esencias que reposaban en la repisa de la bañera. Contra la maldita sonrisa de Lelouch…Pero él era todavía más despreciable por seguir con aquella farsa. Por decirle que lo amaba. Por permitirle permanecer cerca. Sabía que, a estas alturas, él había dicho una cantidad de mentiras equitativa a la de Lelouch. Y ahora que el príncipe de Britannia no tenía memorias de sus tiempos como Zero y lo amaba, Suzaku no podía evitar sentirse culpable…¿Podría algún día perdonar a Lelouch? ¿Él recuperaría sus recuerdos? ¿Volvería a ser Zero? ¿Qué haría Suzaku entonces? ¿Sería capaz de asesinarlo como el Emperador le había ordenado, pasando por encima de todo lo que habían vivido en el pasado… en el presente?Respirando profundo, observó las vendas en su mano, percatándose del cuidado con el que estaban enrolladas en su magullada piel. Un estremecimiento le recorrió la espalda al levantarse para ir al encuentro de Lelouch.Sí, sí podría. Podría acabar con él.
Lelouch se sentó en el borde de la cama y deshizo el nudo de su bata, abriéndola un poco en el pecho. Suspirando, se aseguró de que las mantas no estuvieran demasiado enredadas, y ahuecó las almohadas con suaves golpes de las manos.Se recostó en el colchón y sonrió, esperando a que la puerta se abriera. Durante un instante, fue incapaz de controlar los fuertes latidos de su corazón…Suzaku, el traidor que lo había vendido al Emperador, iba a reposar en su lecho esa noche llena de fantasmas. Iba a hacerle compañía a pesar de que el amor que sentía por Euphemia aún navegara en su cuerpo. Se sentía casi traicionado por eso, pero, por el momento, no le dio importancia. Necesitaba su cercanía por encima de todas las cosas… más que nunca durante esa noche de insomnio y dolor.Sabía que Suzaku también estaba sufriendo… una prueba de ello era su accidente momentos atrás, pero también estaba al tanto de su constante vigilancia, de su intolerancia y desprecio. De su sospecha. Lelouch sabía… que en el fondo, Suzaku estaba al tanto de que él era Zero de nuevo, pero se había propuesto no ser el que tirara la careta primero.Quería averiguar qué tan lejos podían llegar.

----- CHAPTER BREAK -----

Las primeras noches juntos tras descubrir los planes de Charles y Marianne, fueron complicadas. Suzaku podría haber cambiado de bando, jurándole lealtad a las intenciones de Lelouch de luchar para hacer Britannia un lugar mejor, pero había algo oscuro y sangrante en sus ojos que hacía que Lelouch sintiera la necesidad de guardar distancia aunque, en su nuevo puesto, no podía permitírselo.Sentado en el trono, con la mejilla apoyada en sus nudillos, observó a Suzaku caminando con lentitud de un lado a otro de la habitación, como una bestia enjaulada a la espera de que sus captores abran las rejas para atacar, desgarrar y asesinar. De vez en cuando, el emperador se dio cuenta de que la mirada del caballero navegaba en su dirección y se preguntó si Suzaku lo había elegido como víctima de su ira cautiva.No importa, pensó Lelouch, lo amaba lo suficiente para someterse ante cualquier fechoría, aunque también era lo bastante inteligente para hacer pensar a Suzaku que nunca tuvo oportunidad. Después de todo, a las criaturas salvajes les agradan las presas frágiles, pero que se resisten. Lelouch podía resistirse por la salud mental de Suzaku, sin duda.La parte graciosa era que hubo un tiempo en el que Lelouch estuvo seguro de que el amor fraternal que su amigo decía sentir por él poseía la capacidad de convertirse en otra cosa, en algo más puro, capaz de sacarlos a ambos con un tirón de la penumbra que los envolvía, pero claro: oscuridad + oscuridad = oscuridad. Y, cuando la negrura de Suzaku se encontró con el destello de luz que era Euphemia, se dio cuenta de que Lelouch era una pérdida de tiempo y de que ella era una vía de escape más fácil y rápida —ella ya se encontraba fuera de las sombras y lo único que él debía hacer era tomar su mano para alcanzar la luz también—.Lelouch cerró los ojos y frunció los labios: Euphemia fue su hermana y hubo un tiempo en el que la amó con la misma intensidad que a Nunnally, pero, en esos momentos, viendo a Suzaku furioso y corrompido por sus emociones, la odió… y sintió celos de ella.Era algo estúpido, pero también humano y significaba que Lelouch no era un demonio del todo. Vaya consuelo.Cerró los ojos y respiró profundo. El sonido de la suela de los zapatos de Suzaku impactando contra el suelo reverberaba en la habitación de una forma que hacía palpitar sus oídos, pero, de pronto, silencio. Una alarma se activó en la mente de Lelouch, que abrió los ojos de inmediato.Suzaku estaba observándolo desde el otro lado de la sala, donde la luz de las antorchas era baja y sumergían su rostro en tinieblas, dándole el aspecto de un depredador. Había algo en la postura de sus hombros que hizo que el emperador adivinara que estaba a punto de ser atacado.Era curioso que Suzaku hubiera elegido precisamente el momento en que estaba pensando en Euphemia —su Euphemia— con desprecio para embestirlo.Lelouch apoyó las manos en los reposa brazos del trono y sujetó con los dedos el borde, listo para ponerse de pie y correr, pero un candado en su mente le prohibió llevar a cabo cualquier acción: era Suzaku, jamás podría ser más rápido que él. Estaba en el suelo aún antes de ponerse de pie.Sin planearlo, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, tonta y retadora. Se trataba de una mueca que, maldosa, decía «ven».Una especie de rugido escapó de la garganta de Suzaku, que cruzó la sala con rápidas zancadas y, en dos segundos, se encontró frente a Lelouch, una mano como garra cerrada con fuerza en su cuello, obligándolo a levantar la cabeza para ver directo los ojos verdes de su mejor amigo, su caballero.Había algo letalmente asombroso en esa acción. En saber que el Geass descansaba detrás de sus pupilas y que no podría usarlo para salvarse porque Suzaku era inmune a él gracias a haber recibido una orden del poder maldito en el pasado.Suzaku podría romperle el cuello si quería y no había nada que él pudiera hacer al respecto. Se caería a pedazos como un trozo de cristal arrojado al piso o se desmoronaría como arena mojada entre los dedos de su mejor amigo.Instintivamente, una de sus manos se elevó para sujetar la muñeca de Suzaku con dedos temblorosos y suaves. El contacto reventó algo dentro del caballero, cuya expresión se nubló y constipó un momento, como si no entendiera qué los llevó a esa situación a pesar de haber sido él mismo.—Está bien —dijo Lelouch con un hilo de voz que apenas pudo escuchar el mismo—. Suzaku, está bien.Si su amigo quería deshacerse de él, era consciente de merecerlo y lo dejaría. Que su vida le fuera arrebatada por la persona que más amaba en la faz de la Tierra después de Nunnally, estaba bien: era un castigo justo para todos sus pecados, para su crueldad y soberbia.El rostro de Suzaku se descompuso y sus ojos se anegaron de lágrimas. Esa visión logró romper algo profundo dentro de Lelouch, ese pequeño contenedor que lo había privado de sentir algo ante todos sus crímenes, que le decía que todo lo que estaba haciendo era válido porque se encontraba en busca de un bien mayor.—No lo está —dijo Suzaku, hablando tan bajo como Lelouch, alejando su mano del cuello de éste y sujetando el filo de su rostro con los dedos, deslizando las yemas por sus mejillas en una frágil caricia.El emperador se derritió ante él porque… porque lo amaba tanto… que… cerró los ojos nuevamente y una solitaria lágrima escapó de uno de ellos, resbalando por su pómulo hasta chocar con los dedos de Suzaku y dibujar un camino húmedo sobre su piel bronceada.En ningún otro momento tanto como en ese, Lelouch deseó morir o suplicó jamás haber nacido. Nunca se dio cuenta del peso que estaba colocando sobre sus hombros al poner sobre su cara la máscara de Zero, al seguir las absurdas peticiones de C.C, una mujer que, más que venganza, temía quedarse sola el resto de la eternidad.Y ahora no había marcha atrás. Ni para él, ni para Suzaku, cuyos dedos se deslizaban amablemente por su cabello de una manera tan suave, que se sentía como estar frente a un soplo de aire.Lelouch se mordió el labio inferior con fuerza hasta que saboreó sangre. En cuanto la primera gota teñida de hierro cayó de su boca, Suzaku usó la suya para detenerla en un beso sangriento, uno que el emperador jamás deseó, al menos no así, pero se permitió adorarlo y asfixiarse en él como si repentinamente le hubieran sumergido la cara en agua, negra y profunda.Necesitaba ese beso tanto como necesitaba respirar.Cuando Suzaku se apartó de él, el oxígeno también lo hizo.—No te odio —confesó Suzaku y, viniendo de él, cuyo comportamiento había sido demasiado errático los últimos días, era algo que significaba mucho, sobre todo para Lelouch que se odiaba ya lo suficiente para valer por ambos.—Está bien —repitió, porque todo su vocabulario parecía haberse reducido a esas dos palabras.Suzaku negó con la cabeza, vehemente. Estaba respirando con dificultad y su mandíbula estaba tensa.—Deja de decir eso —pidió con autoridad—. Las cosas no volverán a estar bien, nunca jamás. Lelouch cerró los ojos con horror, sintiéndose como si acabaran de golpearlo en el estómago. Suzaku tenía razón y no había nada que pudiera hacer para reparar las cosas, aunque ese era su propósito.Confundido y sumergido en un mar de tinieblas, suspiró y se sintió como si el alma se le estuviera escapando del cuerpo por la boca. Se empinó hacia adelante, como persiguiendo su aliento de vida y, en vez de toparse con aquello que estaba huyendo de él como si conociera su naturaleza inhumana, se encontró nuevamente con la boca de Suzaku, quien parecía haber descubierto que esa era la mejor manera de torturarlo y castigarlo.La pequeña herida en su labio ardió con fuerza ante cada roce de la boca del caballero, pero Lelouch no le dio importancia. Las manos de Suzaku se cerraron nuevamente sobre su cuello, pero ésta vez con gentileza, acariciando con los pulgares el pulso en su yugular, luego, el índice de Suzaku se deslizó por su clavícula hasta tocar los brocados que su traje blanco tenía en el pecho. Se detuvo justo sobre el latido de su corazón.¿Aún había algo palpitando ahí o ese órgano se había petrificado en el cuerpo de Lelouch con la muerte y traición de Marianne y el posterior asesinato de Euphemia y la partida de Nunnally… el rencor del hombre al que quería?Tuvo miedo de averiguar la respuesta.Levantó las manos y rodeó el cuello de Suzaku con los brazos, intentando anclarse a él. Suzaku lo abrazó, sujetándolo con fuerza, como si ambos estuvieran listos para caer, juntos, por un precipicio.El amor era una cosa extraña y peligrosa, incluso más que el odio mismo. ¿Era dañino sentir ambas emociones por la misma persona en un equilibrio casi perfecto? Dijera lo que dijera, Lelouch sabía que la bilis en el estómago de Suzaku burbujeaba como magma cuando se trataba de él.—Voy a encontrar la manera de corregirlo todo —dijo cuando por fin se separaron, sintiendo las mejillas empapadas de lágrimas saladas—. Voy a hacer que todo esté bien de nuevo.Suzaku volvió a negar con la cabeza y un halo desesperanzado se dibujó en su rostro. Hundió la cara en el cuello de Lelouch, que lo sintió respirando su aroma profundamente. Apoyó la palma de la mano derecha en la mejilla de su amigo y se permitió sentirse apreciado.—Te lo prometo —agregó.—Cuando Zero apareció en medio de la procesión destinada a presentar a Lelouch vi Britannia como el nuevo emperador y a castigar a todos aquellos que se propusieron enfrentarlo, Lelouch esperó por él, sentado en el trono, con la misma sonrisa de antes, esa que invitaba al caballero a acercarse.Zero venció a sus guardias y trepó a su tarima, sentenciándolo al sacar la espada roja de su empuñadura y blandirla en su contra. El filo se hundió en su pecho y, sorpresivamente, en medio del dolor de ser apuñalado, Lelouch descubrió por fin el equilibrio perfecto entre dos emociones.Apoyó la cabeza en el hombro de Suzaku y acarició su cara. Ansiaba vivir y morir, amar y odiar, obedecer y gobernar, pero los segundos se le agotaban para hacer eso. Sus dedos manchados de sangre dejaron una marca en la máscara de Zero, pero supo que también estaban manchando el corazón de Suzaku.Lamentó eso y se odió por irse sin poder solucionarlo, pero no podía intentar arreglarlo todo. Escuchó a Suzaku sollozando contra su hombro y él mismo se sintió a punto de colapsar. Liberó a Zero del peso de su cuerpo y dio pasos tambaleantes hacia adelante. Sintiendo que la energía se le escapaba del cuerpo debido a la pérdida de sangre, tropezó con la alfombra bajo sus pies y cayó en picada hacia una aterrorizada Nunnally, dejando un camino de sangre a sus espaldas que resumía perfectamente sus dieciocho años de vida.Nunnally sujetó su mano y Lelouch intentó sonreír: entre los dedos de su hermana, él colocó el futuro de Britannia, así que luchó por liberarse de su agarre, intentando mantenerla segura y alejada del pasado en llamas que él representaba.

----- CHAPTER BREAK -----

Suzaku suele tener pesadillas gracias a los eventos ocurridos en el Zero Réquiem. Sueña cosas espantosas, que contienen hechos distorsionados del pasado, el presente y un futuro aún nublado para él, pero terrorífico por el simple hecho de existir.Sueña con Euphemia, hermosa y manchada de sangre, muerta, guardada para siempre en su caja de muñecas. Y con Lelouch… Lelouch, sus ojos violetas y su boca sabor a pétalos de rosas.Esa noche, despierta gracias al trueno que desgrana la tormenta de las nubes negras que cubren el cielo; las gotas palpitan en la terraza al otro lado de las cortinas a medio cerrar. Suzaku se sacude bajo el elegante edredón que cubre su cama y abre los ojos con lentitud. La habitación está sumergida en oscuridad, a excepción de la luz blanca que entra por los cristales del ventanal cada vez que un rayo dibuja líneas rectas y doradas entre los nubarrones. Y es gracias a esa luz momentánea que
ve
la sombra que se escurre dentro de la habitación a través de la puerta.Montículos de oscuridad que resaltan en la negrura, formando una figura que Suzaku conoce a la perfección.Está pálido. Sigue siendo hermoso. Y Suzaku se pregunta si sus labios aún tendrán aquel sabor tan particular. También está muerto. Lleva bañada en sangre la túnica blanca que usó el día que él mismo le arrancó la vida. Y su carne está abierta entre las costillas. Está en pleno proceso de putrefacción. Suzaku siente el impulso de hundir los dedos entre sus huesos.
Sigues siendo hermoso, Lelouch
piensa, observándolo con fervor. Un nudo en su garganta intenta estrangularlo.La luz que iluminó la sombra durante un instante se apaga y Suzaku parpadea; aunque no logra verlo en la oscuridad, sabe que Lelouch se está moviendo: escucha el susurro de la tela de su ropa al caminar.El borde de su cama se hunde y siente a Lelouch cerca: su cuerpo difunto despide un halo gélido… o tal vez se trata del frío de la lluvia que se cuela por los resquicios a los costados del ventanal y por el hueco bajo la puerta. Suzaku se hace a un lado para dejarle espacio y ansía que Lelouch se acerque todavía más. Siente su aliento pútrido sobre la cara, haciéndole cosquillas y provocándole náuseas, y sonríe por lo bajo.Un rayo más ilumina las sombras.Lelouch tiene la cara sucia y lleva el cabello despeinado. Sus ojos, esos dos diamantes que Suzaku amó tanto en el pasado, están hundidos en las cuencas y han perdido color. Pareciera que la piel se le desprende de la frente y la nariz. Sus labios están rotos y morados…El beso sabe amargo, a carne pasada y sangre coagulada y Suzaku siente el impulso de escupir, pero lo contiene. La mano de Lelouch es tan delgada ahora, como la de un esqueleto, y se siente terriblemente fría cuando se escabulle por debajo de su camisa de dormir para tocarle la clavícula y el pecho, después el cuello, justo encima de la manzana de Adán… Sus dedos, macilentos por la muerte, se cierran en su tráquea y se aferran como tenazas.Suzaku quiere reír, de nuevo en las tinieblas: recuerda que Lelouch solía ser un chico escuálido y debilucho, pero, oh, sus dedos se sienten tan fuertes en este momento. Y Suzaku quiere averiguar si son capaces de magullar la piel, destrozar el tejido, romper huesos y vasos sanguíneos, mancillar órganos y cuerdas vocales… Terminar de una vez por todas con esa vida de porquería que el hijo de Genbu Kururugi se ha ganado a pulso.
Sí, por favor.
Y se deja llevar por la asfixia.Suzaku suele tener pesadillas continuamente después de los eventos ocurridos en el Zero Réquiem. Sueña cosas espantosas, que contienen hechos distorsionados del pasado, el presente y un futuro nublado…Sueña que el fantasma de Lelouch aparece en su habitación en la noche, vestido con la túnica que usó el día de su asesinato, luciendo completamente demacrado y eso, para Suzaku, es el contenido más aterrador de sus pesadillas porque, a fin de cuentas, lo amó.Lo amó con todas sus fuerzas.Pero detesta que su recuerdo provoque que en su mente se dibujen esa clase de fantasías nefastas que lo único que consiguen es asustarlo e incomodarlo con su irrealidad… porque
tienen
que ser irreales, el síntoma de un estado mental bastante perturbado. Eso nada más.Esa mañana, despierta cuando uno de los subordinados del Príncipe Schneizel llama a su puerta. Abre los ojos con pereza y desliza una mano por su rostro cansado. La tormenta de la noche anterior y sus truenos y rayos lograron privarlo de gran parte de su tiempo de sueño. Siente, al respirar por la boca, un terrible caso de halitosis que apesta igual que un panteón.El subordinado le informa, hablando a través de la puerta cerrada, que el Príncipe Schneizel necesita encontrarse con Zero urgentemente. Suzaku asiente, espabila, apartando las mantas, y sale de un salto de la cama, sin perder el equilibrio al aterrizar pulcramente en la alfombra roja que cubre el suelo. Despide al informante con una sola palabra y escucha sus pasos en el corredor. Se prepara para dar inicio a otro nefasto día, disfrazado como Zero ante el mundo.Se dirige al cuarto de baño aledaño a su recámara y se desnuda despacio para entrar a la ducha; por el rabillo del ojo, observa su reflejo en el espejo.¿Esas son marcas de dedos en su cuello?

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