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Siglo XXX

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Siglo XXX. Año 3022. La humanidad había llegado a una nueva etapa en su existencia. Una nueva especie había aparecido en el árbol evolutivo y rápidamente se había expandido por sobre las ciudades cual peste. Una especie tan parecida al homo sapiens pero que había dejado atrás las debilidades de las emociones humanas, distinguiéndose por su gran fuerza, inteligencia y astucia, y al mismo tiempo por la falta de humanidad y buenos sentimientos. Los denominados kaizokus.Con el florecimiento de la especie kaizoku, el ser humano rápidamente había decaído bajo sus feroces garras, viéndose obligado a sobrevivir de migajas, recluyéndose en pequeños poblados y fungiendo como meros esclavos de una especie superior; una especie más fuerte, más inteligente, y más cruel.¿Quién los creó? ¿De dónde salieron? ¿Por qué eran tan parecidos a los seres humanos y al mismo tiempo, tan diferentes? ¿Por qué, a pesar de tener una esperanza de vida media similar a los seres humanos, había un kaizoku que parecía trascender en el tiempo?Seguchi Tohma. El actual líder de los kaizokus. El imperecedero. El sempiterno. Tohma se había encargado de esclavizar a los remanentes de la especie humana en decadencia, asegurando la supremacía de su propia especie durante el último siglo.El más destacado kaizoku de la ciudad capital era el conocido Eiri Uesugi. Entre los kaizokus, Eiri era el favorito de Tohma. Tenía dos hermanos, su hermana mayor Mika, y su hermano menor, Tatsuha, un kaizoku desbocado al que le encantaban las... mascotas... humanos esclavizados.Con el pasar del tiempo y mientras la dominancia de los kaizokus se extendía, el sexo entre esclavos se convirtió en un acto de entretenimiento público, casi como solía hacerse en el pasado viendo carreras de caballos o las peleas de gallos, un mero acto de esparcimiento visual para los kaizokus. “Ver y no tocar”, era la única regla.Los kaizokus lo tenían todo. Bienes, gloria, ambrosía. Un kaizoku podía reclamar a cualquier humano como su sirviente o como su esclavo sin distinción. Bastaba simplemente con ponerle los ojos encima, decir "yo lo quiero" y pagar el precio. A un kaizoku nunca se le negaba nada. Ese era el alcance de su poder. Esta era la manera de vivir de los kaizokus. La vida de los humanos era otra historia. Como marginados, vivían en los suburbios colindantes a las grandes ciudades, pequeños poblados caídos en la inmundicia. Vivían en condiciones deplorables. No vivían... sobrevivían.Los trabajos eran mediocres. Los que tenían suerte se convertían en sirvientes cuyas única función era mantener limpios los aposentos de sus amos y cumplir con sus necesidades personales que no involucraran actividades sexuales. Los que no corrían tanta suerte, se convertían en esclavos sexuales destinados al deleite visual de los kaizokus.Había otras diferencias entre un sirviente y un esclavo. Un sirviente podía ir y venir, siempre y cuando su amo no lo necesitara, un esclavo no tenía esas libertades. Un sirviente podía salir a la calle solo. Un esclavo sólo podía salir en compañía de su amo o con un sirviente, con previa autorización del kaizoku. Esa era la ley.  *** Shuichi pateó la piedra, viéndola rebotar unas cuantas veces antes de golpear un bote de basura al fondo del callejón. Otro día que había sido una completa pérdida de tiempo.—Shu, tengo que hablar contigo –dijo Hiroshi a su lado mientras caminaban rumbo a su cuarto compartido después de pasar el día tratando de encontrar un trabajo para Shuichi.—¿Que pasa Hiro? —preguntó Shuichi.—Bueno... —Hiro parecía dubitativo en cuanto a empezar la conversación. Había tomado una decisión, estaba harto de vivir en la miseria, de sentir que cada día era una rifa sobre si seguiría teniendo qué comer, o dónde vivir. Quizás su decisión no era la mejor opción, pero definitivamente era mejor que su situación actual.—Vamos Hiro, dime.—Me iré a la ciudad capital ―dijo en un suspiro.—¡¡¡Que!!! —Shuichi estalló—. ¿Pero por qué?—Conseguiré un trabajo como sirviente, Shu.La mirada asombrada e incrédula hizo sentir mal a Hiroshi.—Pe... pero... lo prometimos... Nunca nos...—Sé que desde que regresé prometí no volver a irme, ¡pero piénsalo bien! Es mejor que esto. Piénsalo Shu —replicó, señalando el lugar al que habían llegado. Era un departamento de mala muerte. Un simple cuarto con dos catres, una puerta que se dirigía a un baño pequeño y un closet, además de una vieja mesa con dos sillas. —Pero...—No Shuichi —replicó Hiroshi, sentándose en una de las desvencijadas sillas—. He decidido que esto es lo mejor para mí. Tal vez deberías hacer lo mismo. Estoy harto de vivir en la inmundicia, de trabajos mediocres y de inmiscuirme en negocios turbios. Quiero vivir Shu...Shuichi no podía ligar oraciones.—Pero, y Ryu...—Deberías alejarte de él, es una mala influencia. Piensa en lo que mejor te conviene. —Las palabras de Hiroshi iban cargadas de cierto resentimiento hacia Ryuichi—. Mira Shu. Como sirviente voy a tener comidas aseguradas y un lugar decente donde dormir, en vez de estar esperando a que salga algún negocio por ahí.—Pero... Hiro... Por favor... —Shuichi estaba desesperado. Si Hiroshi se iba, perdería a su mejor amigo... de nuevo.—Lo siento Shuichi, pero estoy cansado de vivir así. De temer por el día en que no pueda sostenerme, en que no pueda estar ahí para cuidarte. Ya no puedo con esto Shu. Debo preparar mis cosas para irme. Hoy mismo empezaré a buscar. Hiroshi empezó a recoger las pocas pertenencias que tenía, ante los ojos expectantes de Shuichi. —¡Espera, Hiro! —Shuichi lo agarró de uno de sus brazos, impidiéndole seguir guardando sus cosas en una vieja mochila—. ¿Te volveré a ver?—Claro tonto —gruñó Hiroshi con una mueca, como si fuera algo obvio—. Buscaré ser sirviente, no esclavo, y recuerda que como sirviente aún tendré ciertas libertades. Podré venir a verte.Shuichi sólo asintió con pesar. Al menos en esta ocasión tendría oportunidad de despedirse.—Hiro... ¿Y a donde irás?—Aún no lo sé...Shuichi lo observó meter sus pocas pertenencias en un morral que tenía varias costuras y una que otra mancha. No le tomó mucho tiempo reunir todo lo que consideraba suyo. Cuando terminó, se acercó a la puerta donde Shuichi lo esperaba.—Ten cuidado Hiro. —Shuichi lo atrapó en un abrazo.—Nos veremos pronto. Hiro abandonó aquel departamento dejando a un jovencito solo con en sus pensamientos. «Mi mejor amigo se ha ido... otra vez».
 
*** Desde que ambos habían cumplido quince, la vida de Hiroshi había sido complicada. Unos días antes de su décimo quinceavo cumpleaños, Hiroshi había desaparecido junto con su madre, y Shuichi no había tenido noticias de ellos, sólo para aparecer unos años después sin poder decirle lo que había pasado en ese tiempo, rematando con que dos años más tarde le dijera que iba a irse de nuevo, esta vez para trabajar para un kaizoku. Ahora, Hiroshi estaba por cumplir dos años de haberse ido por segunda vez. Solía verlo de vez en cuando, una vez cada dos o tres meses.Shuichi salió de su pequeño departamento con dirección a la casa de otro de sus mejores amigos, o más bien dicho, del único amigo que le quedaba. Ryuichi Sakuma. Era un joven rebelde que nunca escuchaba opiniones. Era el que conseguía los "negocios" para Shuichi y Hiroshi aunque... no siempre fueran muy limpios. Shuichi siempre lo había querido mucho, aunque aún no había podido darse cuenta de los sentimientos de Ryuichi hacia su persona.Tras unos cuantos minutos de caminata por los suburbios, llegó a la casa de Ryuichi. Un cuarto no mejor que el suyo ubicado en el mismo vecindario. Tocó la puerta y ésta se abrió inmediatamente. —¡¡¡Shu-chan!!! —gritó Ryuichi casi lanzándosele encima. A veces le sorprendía cómo es que Ryuichi siempre tenía tanta energía.—Ryu, que tal.—Pasa, pasa. —Entraron y se acomodaron en un sofá viejo y gastado que Ryuichi había encontrado en un basurero.Ese día Shuichi se había despertado especialmente deprimido. Después de haber perdido nuevamente su trabajo pues no había dinero suficiente para pagarle; y recordar que hacía poco Hiro había cumplido dos años de haberse ido, no había sido un buen día. Y Ryuichi lo había notado al instante.―¿Qué te pasa Shu?Shuichi le contó a Ryuichi por primera vez todo lo que le había dicho Hiroshi, de la posibilidad de ser un sirviente y de los beneficios que esta acción le traería, cosa que no le había contado al principio. Solo le había dicho que Hiro se había ido. —Ne... Yo no estoy de acuerdo con Hiro —respondió Ryuichi.—Pero Ryu——Dar tu libertad de esa manera... —lo cortó—, simplemente no estoy de acuerdo.—Eso pensé yo. El simple hecho de saber... que mi vida depende de alguien más. Que... ellos piensan que pueden gobernarte... me hace sentir... —Golpeó estruendosamente la mesa que se encontraba frente a ellos, tratando de descargar su frustración—. Y ahora Hiro es...—Fue su decisión. No hay nada que podamos hacer al respecto.—Lo sé.—Por cierto Shu, he conseguido un negocio con los del barrio... ¿Vendrás?—Cuenta conmigo. No había nada que hacer. Hiroshi había decidido hacer algo mejor con su vida. Era su decisión y lo único que podía hacer como mejor amigo era apoyarlo. *** Anochecía. El sol iba cayendo por el horizonte y Shuichi caminaba lentamente hacia su casa. Iba tan perdido en sus pensamientos que no se había dado cuenta de en qué momento había dado mal una vuelta y había terminado en una callejuela distinta a la suya. Como Hiro siempre decía, era un despistado.Girando a la izquierda en una calle, se dio cuenta para su disgusto de que había terminado en un callejón sin salida, y curiosamente, demasiado cerca de donde iniciaban los dominios de los kaizokus. Un escalofrío lo recorrió. Por nada del mundo quería entrar a la ciudad de los kaizokus.Dando vuelta, pudo ubicarse un poco mejor, viendo al lado contrario de la calle, la avenida principal. Su paso se vio obstruido por las sombras de tres personas que se le acercaron de forma amenazadora.—¿Quién...? —gritó, tratando de que no le temblara la voz.Las tres sombras salieron de su escondite mostrado a una de las peores pandillas de la zona.—Vaya, vaya, vaya... pero si es Shuichi. —Una voz grave y sedosa llegó hasta sus oídos.—Aizawa...—Veo que me recuerdas —siseó, acercándose a Shuichi con un caminar peligroso.—Cómo olvidar a una escoria como tú —gruñó.—Oh vamos Shu... sólo fue un error.—¡¡¡Ese error me tuvo en prisión por un mes!!! —replicó Shuichi, alejándose y recordando lo que le había traído el participar en un negocio de Aizawa.—No te enojes. Cómo iba a saber que te descubrirían.Shuichi le dirigió la peor mirada que podía, sopesando la situación en la que se encontraba.—Pero sí te diré que me hiciste perder mucho dinero... y vengo a cobrarlo.—¡¿Qué?! —Los ojos de Shuichi no pudieron ocultar el temor que lo recorrió por completo. Aizawa era muy conocido en los barrios negros, y no precisamente por su buena conducta.—Ma... Ken... Al sonido de un tronido de dedos, los otros dos hombres sujetaron a Shuichi por los brazos y lo recargaron contra un auto viejo que estaba abandonado ahí. Aizawa se fue acercando con un lento caminar hacia Shuichi y lo sujetó fuertemente de la barbilla. —Aizawa por favor... no tengo dinero —tartamudeó Shuichi.—Sabes Shu... hay varias maneras de pagar... —dijo, dándole una lenta lamida en un costado de su cara. Enfadado, Shuichi trató de soltarse de su agarre y le dio una patada.  *** ―Esto fue una pérdida de tiempo.Eiri Uesugi odiaba estas reuniones. No le veía ningún sentido a su presencia cuando sus participaciones no solían ser substanciales. “Expandir el imperio kaizoku... acabar con las últimas resistencias humanas...”.Tohma quería terminar de dominar por completo a los humanos, algo que él no encontraba en absoluto atrayente. Como estaba la situación actual le parecía “cómodo”, tener sirvientes a tu mando y esclavos para tu disfrute “visual” personal. El resto le era indiferente. Pero no, Tohma quería dominar al planeta, empezando por terminar de dominar la capital donde vivían.La reunión se había llevado a cabo como siempre en el edificio central de la ciudad, la torre NG, un rascacielos metalizado erigido para sobresalir de entre los demás. La cúspide de la revolución tecnológica kaizoku.Las puertas electrónicas se cerraron detrás de él al salir del edificio, escuchando el silbido de las puertas deslizándose. Se acercó hacia su vehículo y colocó sus manos sobre un panel en la puerta, abriéndose al instante. Al entrar, una voz electrónica le dio la bienvenida.—¿A dónde desea ir, amo?—La gran avenida, edificio 32. ―El vehículo se puso instantáneamente en marchaEl trayecto fue lento y tedioso, como todo lo que parecía rodearlo últimamente. Iría a recoger una unidad de memoria con información sensible que se encontraba aislada de todo servidor, petición de Tohma. ¿Por qué no lo había recogido el mismo Tohma? Porque tenía muchos asuntos que atender con la dominación de la humanidad. ¿Por qué no había mandado a alguien más? Porque era información confidencial de los asentamientos humanos más alejados de la capital, información que no quería confiarle a nadie más.Saliendo del edificio con la unidad de memoria en mano, entró a su vehículo, indicándole a su vehículo que lo llevara a casa. No le gustaba la zona, demasiado cerca de los suburbios para su gusto, demasiada inmundicia, demasiada pobreza, demasiada humanidad. El vehículo tan solo había avanzado unos cuantos metros cuando una escena en un callejón le llamó la atención. Dos personas sujetaban a un joven de cabello rosado —color que le llamó mucho la atención—, y una tercera intentaba golpearlo. —Detén el auto.—Aún no hemos llegado a nuestro destino —informó la inteligencia artificial del vehículo.—He dicho que detengas el auto inmediatamente.—Sí, amo.El auto se detuvo. Eiri dejó la unidad de memoria en el asiento y abrió la puerta, saliendo del vehículo que desentonaba con los edificios que lo rodeaban y se dirigió al callejón donde la curiosa escena se desarrollaba. ¿Qué demonios tenía que estar haciendo él en un lugar así? En ese momento no pudo encontrar una respuesta. *** Un certero golpe se dirigió hacia su mejilla derecha, rompiendo los débiles vasos sanguíneos que rodeaban la zona, ocasionando que pronto esta se enrojeciera, augurando un aparatoso hematoma en unas cuantas horas. —Eso te mereces mocoso... ¡por golpearme así! —gritó Aizawa.Shuichi le dirigió una mirada desafiante, ignorando el dolor que le rodeó el rostro en segundos.—Maldito desgraciado... ¡¡Suéltenme!!—Después de que termine contigo te vas a tragar todas y cada una de tus palabras. Ma, Ken, sujétenlo bien. Antes de que Aizawa pudiera concretar otro golpe, sintió como una mano se envolvía sobre la suya con un agarre de acero y lo elevaba unos cuantos centímetros sobre el suelo. Fue sostenido unos segundos, para después ser catapultado violentamente contra la pared más cercana. Shuichi había cerrado los ojos, esperando un golpe que nunca llegó.Abrió sus ojos y pudo ver inmediatamente que Ma y Ken lo habían soltado y corrían a socorrer a una persona que pudo distinguir tirada lejos de allí... era Aizawa. —¡¡Maldito!!—Lárguense de aquí —dijo seriamente el individuo que había hecho volar al líder de la pandilla. Ma y Ken cargaron a Aizawa y lo sacaron de ahí, corriendo tan rápido como podían. Shuichi salió de su ensimismamiento y se percató del imponente hombre de cabellos rubios que se erguía a su lado. Sus ojos dorados como el sol. Era mucho más alto que él. No, no podía ser un hombre... tenía que ser un kaizoku. ¿Qué hacía un kaizoku en esa zona?—¿Por qué me salvaste? ―preguntó en automático, sintiéndose inmediatamente en deuda.Eiri observó a aquel llamativo joven. Debía tener poco más de veinte años. Guardó silencio sin dignarse a contestar la pregunta. Ni siquiera él sabía por qué lo había hecho.—Sígueme. No quiero tener deudas contigo —masculló Shuichi. Y era la verdad. No le gustaba tener deudas con nadie. Y lo que menos deseaba era deberle algo a un kaizoku, no cuando podría tener fuertes repercusiones.—¿Piensas pagarme? —cuestionó el kaizoku con voz incrédula.—Vivo un poco lejos de aquí, ¿aguantas caminando? —preguntó. Eiri esbozó una sonrisa cínica. Dirigiéndole una mirada escéptica, siguió al joven desconocido de extravagante cabellera. Después de caminar unas cuantas calles, llegaron hasta el apartamento de Shuichi y le indicó a Eiri que pasara. Inmediatamente Shuichi se sacó la camisa que traía puesta y se plantó frente al kaizoku.

----- CHAPTER BREAK -----

—¿Piensas pagarme con tu cuerpo? —preguntó Eiri con un deje de escepticismo en su rostro.—Es lo único que tengo para ofrecerte ―respondió con hastío―. Como verás mi posición económica no es muy buena que digamos ―añadió, extendiendo sus brazos y abarcando el pequeño recinto.Eiri dio un vistazo rápido a la inmunda habitación en la que se encontraban. Goteras y una fina capa de polvo abundaban por el lugar. Dos catres y una mesa vieja era todo lo que sus ojos alcanzaban a apreciar.—Tómalo o déjalo. No me gusta deberle nada a nadie —insistió Shuichi con brusquedad.—Muy bien. Lo tomaré. Quítate la ropa y ponte contra la pared. Shuichi se sorprendió con la orden tan directa del kaizoku, y sin ninguna expresión en su rostro, se desprendió del resto de su ropa. Cuando quedó completamente desnudo se recargó contra la pared. Con un caminar seguro y rayando en la prepotencia, Eiri se fue acercando y le sujetó las manos encima de la cabeza. —Bien... Veamos ese cuerpo del cual presumes.—¿No... te vas a quitar la ropa? —preguntó Shuichi, tratando de evitar que le temblara la voz ante la imponente presencia del kaizoku que era mucho más alto y fornido que él.—Alguien como yo nunca se quitaría la ropa por alguien como tú —contestó con marcada obviedad.—¿Quién eres?—Sólo un kaizoku. Shuichi abrió desmesuradamente sus ojos cuando el otro colocó su rodilla entre sus piernas para abrirlas. «No quiero... Pero no tengo nada más que ofrecer...».«Está prohibido. Pero… ¿Por qué? ¿Por qué Tohma nos lo ha prohibido? Después de años viendo a mis esclavos hacer lo mismo... Tengo... curiosidad».Los kaizokus eran la especie con el más alto estatus entre la población de seres pensantes. Tohma se había encargado de ello, y se había dado a la tarea de hacer clara esta división de clases prohibiendo el contacto con los mundanos humanos. Parecía algo intrínseco a la especie kaizoku, el repeler contacto con otros individuos, pero siempre había excepciones.Había sido imposible evitar el contacto. Aunque estuviera prohibido, algunos kaizokus habían caído bajo las garras de las insinuaciones carnales involucrándose con sus esclavos, uno de los secretos mejores guardados de la sociedad kaizoku. Una parafilia.Aunque no fuera muy adepto, Eiri había tenido esclavos para su deleite visual, y consideraba que conocía la “mecánica” del asunto. Desde hacía un par de meses le había entrado la curiosidad de experimentarlo y esta era una oportunidad que no iba a desaprovechar. Según Tatsuha, se sentía muy bien...Fortaleció el agarre de su mano, alzando más si era posible, los brazos de Shuichi. Empezó a tocar aquel cuerpo con lentitud. Si bien, sus esclavos usaban mucho la boca, él no haría eso. No se rebajaría a una acción tan inmunda. ¿Para qué exponerse a los fluidos que podría albergar el cuerpo de un inmundo humano? Con sus manos rodeó la hombría del joven y empezó a frotarlo, marcando un ritmo lento. Shuichi empezó a gemir ante aquel contacto. Él estaba al tanto de las reglas y leyes que rodeaban a los kaizoku. ¿Quién no? Cuando los kaizokus se habían ido adueñando de territorio de los humanos, conocimiento sobre su naturaleza se había hecho hasta cierto punto, público. Eran seres asexuales, aparentemente no tenían sexo entre ellos ni el interés por hacerlo. Su manera de reproducción era un misterio para los humanos. Siendo así, Shuichi se preguntó, ¿por qué algunos kaizokus se metían con humanos?«¿Por qué este kaizoku quiere hacerlo conmigo?... Sé que es un pago de mi parte, pero me podría haber pedido otra cosa… podría haberse negado...». Un fuerte movimiento lo sacó de sus pensamientos. Había sido arrojado al catre. Eiri estaba confundido. Empezaba a sentirse extraño... aunque era una sensación que lo hacía sentir bien. Más placentero que sólo observar a sus esclavos copular entre ellos. Él mismo comenzaba a sentirse excitado. Observó al humano sobre la cama, su respiración ligeramente acelerada y sus mejillas sonrosadas. Su miembro erguido y sus piernas entre abiertas.Abrió su pantalón, liberando su excitación. Tomó su excitación entre sus manos, frotando un poco y sintiendo nuevamente esos corrientazos de placer recorrer su cuerpo.Sin dudar, volteó al joven, sacándole una pequeña exclamación. Admiró su espalda estrecha, la piel nívea y sus turgentes glúteos. Decididamente, tomó su miembro y dio una fuerte embestida con la que inmediatamente se encontró dentro del joven.   Shuichi de la impresión y el dolor, lanzó un fuerte grito que Eiri no escuchó. Se encontraba en estado de shock, la suave calidez que en ese momento envolvía celosamente su miembro le había nublado sus sentidos. Era tan estrecho que dolía. No veía el placer en ese momento «¿Qué es esta sensación?».Shuichi sentía que no podía respirar. Lágrimas corrieron por sus mejillas. Dolía, dolía mucho y nunca había experimentado algo así. Si el kaizoku no estuviera sosteniendo sus caderas, estaba seguro que se hubiera colapsado sobre la cama del dolor.Eiri hizo un leve movimiento de cadera ocasionando un ligero roce. Esto fue el detonante. Instintivamente comenzó a moverse en un delicioso vaivén, ocasionando más fricción. El roce entre ambas pieles quemaba. Shuichi empezó a jadear y a emitir sonoros gemidos de dolor por la ruda y repentina acción. «¿Lo está disfrutando?».Shuichi estaba en una disyuntiva. El dolor debido a la ruda penetración, aunado al placer que empezaba a sentir en ese momento, se debatía en su expresión. Estrujó las viejas sábanas sucias bajo sus manos tratando de controlarse y evitando gritar del placer que había empezado a ganarle al dolor. Las estrujó tan fuerte que sus nudillos empezaron a perder su rosada coloración.Su orgullo estaba por encima de todo. En ese momento sentía una gran maraña de sentimientos: dolor, placer, frustración, ganas de llorar, confusión... El kaizoku le estaba dando las embestidas cada vez más fuertes y con más ímpetu. Eiri lo penetraba tan rápida y duramente que no se percató de que sus gemidos empezaron a tonarse más lastimeros, denotando el dolor que estaba empezando a sentir de nuevo por la brusquedad del acto.Una fuerte intromisión lo hizo perder el equilibrio y caer contra las sábanas, pero el kaizoku seguía embistiéndolo poseído por el placer y aferrado a sus caderas. Aprovechando esta nueva posición y que tenía las manos libres, guió una mano hacia su entrepierna que aclamaba atención a pesar del dolor. La tomó entre sus dedos y empezó a recorrerla hacia arriba y hacia abajo, tratando de amainar el dolor que le estaba provocando el kaizoku.  «¿Qué está haciendo?», pensó Eiri.Hubo un cambio nuevamente en la intensidad de los gemidos del chico y lo dedujo. Extendió su mano para apropiarse de aquel apéndice. El humano posó su tímida mano sobre la suya y guio con ésta sus movimientos, sincronizando ese delicioso vaivén con las embestidas que recibía, las cuales iban en aumento.  Después de unas cuantas embestidas, sintió una humedad en su mano que fue acompañada de un fuerte grito del humano. Esto le disgustó, pero este disgusto pasó fugazmente, pues empezó a sentir que las paredes que rodeaban su sexo se estrechaban y se agolpaban entre sí amoldándose furtivamente sobre su miembro.  Sólo fue un ligero gruñido el que dejó escapar de sus labios. Tomó fuertemente las caderas del otro dejando marcas con sus dedos, y lanzando suaves gemidos se corrió dentro de él.  Había sido como elevarse, como si su alma se separara de su cuerpo y se transportara al nirvana. Se tomó unos segundos, disfrutando de la sensación, para después salir presurosamente del humano, quien encontrándose exhausto, se desplomó sobre la cama. Sacó un pañuelo y limpió su miembro.Pudo distinguir unos muy leves rastros de sangre en su entrepierna y al buscar su procedencia se encontró con la parte baja del joven que trataba de regular su respiración sobre el catre, pero ni siquiera se inmutó. Ese cuerpo yacía boca abajo como si estuviera sin vida. La única señal era el rítmico movimiento de la caja torácica hacia arriba y hacia abajo, mostrando signos de respiración.  —Espero... que hayas disfrutado... estrenarme —Dejó escapar con arduo esfuerzo, empezando a sentir que unas lágrimas se agolpaban en sus ojos de nuevo.  A pesar de la vida que tenía, y de lo que había vivido, se había estado guardando para alguien especial. Una ilusión. Y su padre siempre le había dicho, no hay que deberle nada a nadie, pero luego llegó el kaizoku y le salvó la vida... No tenía otra manera de pagarle por lo que tuvo que ceder lo único que le quedaba... su dignidad y su cuerpo.Eiri por su parte pareció no reaccionar. «¿Estrenar?». Se levantó, se acomodó sus ropas y salió del lugar dando una última mirada al muchacho que se encontraba desecho entre las viejas y sucias sábanas. Tenía muchas cosas que pensar... mejor dicho, muchas cosas que preguntar. Regresó a su vehículo y le ordenó a su chofer que se dirigiera a su mansión.   *** Shuichi aún no se movía de la posición en la que se encontraba. Todo su cuerpo le dolía. Ese kaizoku sin nombre no había sido precisamente lo que se podría decir "amable" con él. Se había tomado muy en serio lo de cobrarse por haberle salvado la vida.Se incorporó como pudo y se dirigió al pequeño baño a darse una ducha. Dejó que el agua se llevara el dolor con cada una de las gotas de agua que recorrían su lastimada piel. No era que se hubiera aprovechado de él puesto que fue con su consentimiento, pero había sido demasiado brusco. En el agua del piso distinguió hilillos de sangre, y esbozó una triste sonrisa.   *** El trayecto a su mansión le permitió formular un conjunto de preguntas en su mente. Eiri se adentró en su mansión, indicándole a uno de sus sirvientes que llamara a su mayordomo. Quien mejor que otro humano para aclarar sus dudas, alguien totalmente leal a él.Se dirigió a su despacho, presionó un botón en su escritorio y solo un par de minutos después, de una puerta lateral apareció un pelirrojo de ojos castaños con el cabello recogido en una elegante coleta, vestido con pantalones negros y una camisa blanca. —¿Qué se le ofrece, amo?—Hiroshi, deseo hablar contigo. Cierra la puerta.Su mayordomo era un humano que había llegado a su servicio hacía casi dos años. Siempre solícito y leal, se había ganado su confianza, además que como miembro de su servidumbre tenía prohibido —so pena de muerte—, revelar información de su señor.El mayordomo cerró la puerta y se acercó al sillón donde su amo se había sentado. El despacho era una amplia habitación minimalista. Un escritorio de cristal inteligente en el centro con una silla alta detrás, una pequeña sala de tres piezas en un costado. Las paredes desnudas en color metálico en tono con el resto de la edificación, un espacio dedicado a la concentración.—Toma asiento —indicó Eiri, esperando hasta que su mayordomo se hubo sentado frente a su escritorio—. Hiroshi, recuerda que todo lo que hablemos o escuches no puede salir de estas cuatro paredes.—Eso lo sé, amo.—Tengo unas cuantas preguntas que quiero que me respondas —dijo seriamente.—Lo que usted diga, amo.—¿Qué es lo que sientes cuando lo haces? —Ha... ¿Hacer? —Hiroshi no entendió bien la pregunta que había sido formulada por su amo. Con un ceño de confusión le pidió a su amo una aclaración―. ¿Hacer qué, amo?—Copular con alguien más.Hiroshi se sonrojó inmediatamente. Nunca había hablado de algo así tan abiertamente con nadie o al menos, no desde hacía mucho tiempo... El rostro de su amo era completa seriedad.—Eh... bueno yo... Hiroshi dejó entrever más su sonrojo. ¿Para qué este kaizoku quería saber eso? Le constaba que no sería el primer kaizoku en enredarse con alguien, pero nunca creyó que su amo pudiera caer en las redes de los placeres carnales humanos. No con su personalidad, o aparente ausencia de ella.—Hiroshi. Hablemos claro. Algo ha sucedido algo y tengo algunos cuestionamientos que deseo aclarar.—Disculpe mi indiscreción amo, pero, ¿lo ha hecho usted con alguien?  Hubo un gran momento de silencio el cual, al no recibir una negativa, solo confirmó su teoría y ahora entendía su posición. Ese kaizoku había tenido sexo con alguien, y nadie más debía saberlo. Debía convertirse en otro de los grandes secretos guardados por los kaizokus.  —Necesito información.—Trataré de aclarar sus dudas —dijo con cautela.—Dime, ¿qué es lo que sientes?—Es... una sensación indescriptible... cuando se hace con la persona correcta; es como si se elevara y tocara el cielo con la punta de sus yemas, como si por un momento se separara de este mundo.  Eiri pudo recordar aquella sensación segundos antes de correrse. —¿Por qué tienen sexo?Hiro contestó con un marcado rubor.—Bueno, si hablamos biológicamente, el ser humano, al igual que cualquier otra especie en el planeta tiene sexo para reproducirse, si ese no es el objetivo puede ser dos cosas. Una demostración de amor o para la simple obtención de placer.«¿Amor?».—La persona que recibe... ¿también siente?—Sí amo, en buenas manos, también puede llegar a experimentar placer —respondió, recalcando lo obvio.—¿Y qué significa estrenar? Hiro sintió extraña esa pregunta.—Supongo que es cuando una persona lo hace por primera vez. Suele ser un momento especial, al menos para la mayoría.Sus ojos se bajaron melancólicos, pero el kaizoku no lo notó, estaba ocupado con sus propios pensamientos.  —¿Sangran?  Ahora que lo recordaba, nunca había visto que un esclavo sangrara durante las cópulas públicas que había visto en las exposiciones.—En el caso de las mujeres es algo común la primera vez, en el caso de los hombres que reciben, solamente cuando se es muy... brusco con la otra persona o no se le preparó adecuadamente...—¿Causa dolor?La respuesta de Hiroshi tardó un poco en llegar.—Al principio... hasta que uno se acostumbra.Eiri recordó haber escuchado lastimeros gemidos del chico cuando lo había penetrado, y sintió como si una aguja se le hubiera clavado en el corazón, más no sabía por qué. —Puedes retirarte.—Con permiso, amo.  Hiro salió del lugar y se dirigió a sus aposentos. Las últimas preguntas de su señor aún sonaban en su cabeza. «¿Sangran?... ¿Causa dolor?».Eso solo podía significar una cosa. Su señor había tenido sexo con alguien y lo había desvirgado... dolorosamente.

----- CHAPTER BREAK -----

Después de la ducha, Shuichi fue a recostarse a su cama. Le dolía todo el cuerpo, en especial... aquella parte tan íntima de su anatomía que nadie había conocido... hasta hace apenas unas horas.Extendió su mano hacia el buró que se encontraba a la derecha de su cama para abrir el primer cajón y sacar una caja de pastillas. Abrió el empaque nuevo y se dedicó a observar su contenido.«¿Qué diría mi padre si viera que al fin estoy usando estas pastillas?... pero no por las razones correctas...». Tomó una y la tragó rápidamente. Ni siquiera necesitó agua de lo pequeña que era. «En realidad... esperaba no tener que usarlas nunca...».Se acostó y estuvo dando vueltas en la cama hasta que el cansancio lo venció. *** A partir de ese momento, Eiri experimentó una obsesión. Empezó a comprar esclavos para practicar. Quería ver qué diferentes sensaciones podía obtener... pero no pasaba nada. Si, sentía placer, pero nada comparado con lo que había sentido al llegar al orgasmo dentro de aquel muchacho y no entendía por qué.«Quizás fue porque era la primera vez que lo hacía…».Decenas de cuerpos pasaron bajo el suyo. Los hacía gozar, gritar de excitación y placer hasta la locura y alcanzar más orgasmos de los que alguna vez habían conseguido, pero él seguía sin sentir nada especial.Algo de lo que se dio cuenta, fue que sus parejas de noche alcanzaban varios orgasmos, mientras que él, a duras penas conseguía uno de moderada magnitud. No entendía por qué. Inclusive fue a hablar con su hermano Tatsuha, que ya le había contado que había caído en la misma tentación. Aún con esa duda, seguía noche tras noche probando cuerpos de todo tipo obteniendo el mismo resultado.Hiroshi empezó a notar este comportamiento cuando recibió órdenes de su amo de encargarse de los esclavos. No le gustaba repetir. Cada mañana llegaba a hacer la limpieza a la habitación de su amo, para encontrarse con una maraña de sábanas arreboladas sobre un cuerpo durmiente. Su amo salía muy temprano y lo dejaba a cargo de sus aposentos. Su deber era regresar al esclavo al almacén para que le modificaran la memoria. No podían permitir que se fugara información con respecto a las actividades personales que realizaba.Cuando un kaizoku ya no quería a su esclavo, estos eran enviados al almacén de esclavos para que su memoria fuera borrada y ponerlo de nuevo en venta aunque a un precio más bajo que lo que originalmente había costado. Después de todo, ya se trataba de mercancía usada.Esto estuvo sucediendo diariamente durante varias semanas. Hasta que un día llegó solo con una amplia sonrisa de satisfacción y autosuficiencia en los labios. Sin dirigirle la palabra, el kaizoku se dirigió a su despacho. Había tenido una junta con Tohma, de la que estaba seguro iba a ser tan aburridas como solían ser... pero no fue así. Todo había sucedido de manera inesperada después de tomar asiento en su lugar designado de la sala de juntas.*** —Bien, empecemos.Eiri estaba sentado en la mesa de la sala de juntas junto con sus hermanos. El caso de los hermanos Uesugi era peculiar pues normalmente los kaizokus solían tener solamente un heredero mediante reproducción asistida. Nadie sabía la razón por la que sus progenitores habían decidido tener tres hijos. Sólo Tohma.El lugar era una sala especial conectada con el despacho de Tohma. Especial pues sólo los kaizokus de más alto rango estaban autorizados para entrar. Se trataba de una sala amplia con decoración sobria. Unos cuantos kaizokus más, diligentes de las fuerzas de seguridad e inteligencia militar llenaban la mesa.La realidad era que Eiri sólo estaba cuerpo presente, puesto que su mente se encontraba en otro lugar. Pensaba en las últimas semanas, en cierta persona que no había vuelto a ver. En cómo encubría sus "actividades nocturnas" para que nadie se enterara, pues eran prácticas mal vistas para un kaizoku.Un kaizoku podían tener todos los esclavos que quisiera, siempre y cuando los presentara en una exposición a la sociedad kaizoku cuando los adquiriera, pero sus esclavos no duraban lo suficiente en su cama como para hacerlo.Tohma lo había descubierto, y simplemente le había dicho que mientras lo esclavos que tomara no duraran más de un día y más de una vez en su cama, y que estuvieran dentro del rango de edad de edad permitido para esclavos que oscilaba entre los quince y veinte años, sin que nadie lo descubriera, estaría bien.—Hemos recibido información de un grupo que está tratando de sublevarse en la ciudad, más específicamente en los suburbios —indicó uno de los kaizokus, un uniformado de mediana edad con voz firme.—Como si eso fuero algo nuevo —respondió inmediatamente Tatsuha con un tono sarcástico en su voz.—¿De qué se trata? —preguntó Mika, la mayor de los Uesugi y pareja formal de Tohma.—Un grupo de jóvenes está tratando de hacer entrar una mercancía de contrabando a la ciudad. En esta ocasión es un gran lote y aprovechando que es mercancía muy cotizada, piensan venderlo a un grupo de rebeldes que han tratado de levantarse contra nosotros en ocasiones anteriores y que aún no hemos podido erradicar por completo. La venta está siendo dirigida por dos jóvenes: Shuichi Shindo y Ryuichi Sakuma. Estas son sus fotografías —añadió otro kaizoku.Eiri seguía sumido en sus pensamientos. Ni siquiera había escuchado alguna de las cosas que había dicho Tohma. Quería volver a poseer ese cuerpo. Quería hacerlo retorcerse y hacerlo suyo, una y otra vez hasta el cansancio. Quería tocar esos labios, juntarlos con los suyos y ver que sucedía. Ese último pensamiento lo desconcertó... ¿tocar sus labios?Todas las veces que había estado con esclavos siempre rehuía de tocarlos con su boca. No los consideraba dignos de tocarlos. Pero los labios de aquel muchacho... Eiri sentía que le llamaban... En todo esto había un inconveniente. No sabía nada de él, no recordaba exactamente a qué parte de los suburbios lo había llevado. Ni siquiera su nombre, por lo tanto, era difícil buscarlo con una simple descripción.En ese momento sus ojos se posaron sobre unas fotografías proyectadas sobre la mesa y entonces lo vio. Allí se encontraba él. En una de las imágenes. Era una toma lejana, pero aún así estaba seguro de que era él. Ese cuerpo, esas caderas, ese cabello rosado y esos centellantes ojos amatistas los reconocería en cualquier parte a pesar de haber estado sólo una sola vez con él.—¿Quién es él? —preguntó con una imperceptible sonrisa que pasó desapercibida para todos menos para Tohma que ya la conocía a la perfección.—Él es Shuichi Shindo. Uno de los líderes del movimiento que estamos planeando cómo detener.La junta siguió sin ninguna novedad, exceptuando el hecho de que a partir de ese momento, Eiri había enfocado toda su atención posible en Tohma por primera vez en su vida. Seguía con su máscara de seriedad, sin embargo por dentro sentía calor. Todos los detalles de la futura captura de los organizadores de la venta los iba acumulando meticulosamente en su mente. Los kaizoku de alto rango rara vez se involucraban en redadas y solo en ciertas ocasiones interrogaban personalmente a los reos, sólo cuando estos eran en realidad importantes.—La captura se realizará durante la madrugada de mañana a las 0400 horas ―indicó Tohma, dirigiéndose hacia los capitanes de la guardia―. Tienen sus instrucciones, pueden retirarse. Eiri, ¿podrías esperar un momento? ―añadió Tohma, mientras todos se dirigían a la salida.—Eiri.Eiri no contestó. Su vista estaba clavada en la fotografía de Shuichi. Tohma esperó a que todos abandonaran la sala antes de dirigirse a él nuevamente.—Tu comportamiento el día de hoy fue ciertamente inusual ¿Algo en especial que te haya llamado la atención?Eiri guardó silencio unos segundos antes de contestar.—A decir verdad... —Dejó sus palabras en el aire sin terminar la oración.—Y... ¿quién es? —Eiri seguía reacio a contestar—. ¿Alguno de los insurgentes? —insistió Tohma con impaciencia al ver la reticencia del kaizoku de contestar.—Shindou ―Tohma frunció el ceño.—No ―contestó tajante―. Tiene veintiséis años. Puede ser un sirviente pero no un esclavo. Puedes tener a cualquiera que——Tohma. —Lo cortó, acercándose lentamente hacia él, acortando la distancia entre ambos.Eiri lo sabía. Estaba seguro de que Tohma tenía cierta fijación con él por sobre los demás kaizokus. Había algo... que no alcanzaba a identificar. Tohma siempre parecía inclinado a favorecer sus decisiones, y en esta ocasión, se aprovecharía de esa singularidad.Tohma lo observó, viendo a su mejor kaizoku acortar la distancia entre ambos. La situación era peligrosa. No podía flaquear. Pero aceptar a ese esclavo dadas las circunstancias...—Sólo por esta ocasión Eiri, pero te atendrás a los plazos de tiempo establecidos. Él pasa el rango de edad. Se aplica la misma ley a todos los Kaizokus.—Lo entiendo. Me retiro...Finalmente después de semanas de incertidumbre lo volvería a ver, y mejor aún, él sería el encargado de interrogarlo. Estaba seguro de que en esta ocasión obtendría todo el placer que quería... y no lo dejaría ir. *** —¿Ryu, estás seguro de esto? —preguntó Shuichi con voz trémula, cerrando su chaleco y revisando sus bolsillos, buscando el mejor lugar para guardar su arma.—Tranquilo Shu-chan ―respondió Ryuichi con una sonrisa. Estaba entusiasmado por al fin ver en el horizonte un verdadero cambio en sus vidas―, verás que con este negocio obtendremos muy buenas ganancias y podremos salir de este muladar.—Está bien.Ambos se encontraban en la casa de Ryuichi esperando la llamada de un contacto que les avisaría la llegada de la mercancía a la estación. Shuichi se sentía inquieto, siempre lo estaba cuando tenían que hacer estas transacciones.—Después de esto, tendremos suficiente dinero para vivir bien durante unos cuantos años.—Eso... eso quiere decir que——Sí. —Se le adelantó Ryuichi con una sonrisa.—Podremos dejar de hacer esto. —El rostro de Shuichi se iluminó ante la idea.—Sé cuánto detestas esto Shu, pero te prometo que será lo último que haremos en una buena temporada. Te lo prometo.Se vieron mutuamente unos cuantos segundos cuando el comunicador de Ryuichi saltó, llamando la atención de ambos. Ryuichi activó el altavoz.―¿Sí?«Todo listo», susurró una profunda voz distorsionada. «Bodega C, 0400».Ryuichi volteó a ver a Shuichi, ambos captando el mensaje y compartiendo una mirada de afirmación.―Ahí estaremos ―respondió Ryuichi, antes de que la comunicación se cortara.Ryuichi apagó el comunicador y se dirigió a Shuichi con mirada triunfante.—Shu-chan, es hora. *** —¿Para qué me has llamado Tatsuha? —preguntó Eiri, tomando un trago de su copa.Había sido una sorpresa que su hermano siquiera lo hubiera convocado. A pesar de compartir lazos sanguíneos, la relación entre ellos no distaba mucho de sus relaciones con cualquier otro kaizoku. La consanguineidad tenía poca importancia en la sociedad kaizoku fuera de los negocios. El restaurante en donde lo había citado era un centro común de reuniones entre kaizokus, dirigido por un kaizoku de bajo rango con sirvientes jóvenes y atractivos atendiendo las mesas.—Escuché a los guardias decir que habías pedido ser tú mismo quien interrogara a uno de los reos, a un tal Shuichi Shindo —cuestionó Tatsuha con mirada interrogante.—¿Y qué con eso?—Bueno, simple curiosidad. Es extraño de ti querer participar activamente en este tipo de actividades —comentó mientras llevaba su tenedor con una porción de carne hacia su boca.—¿Tienes algún problema con eso? ―preguntó Eiri con hosquedad.—Bueno, para empezar... es un reo, además, sobrepasa el límite de edad Eiri, ¿qué es lo que quieres hacer con un él?La incredulidad estaba presente en sus palabras. Tatsuha sabía, por experiencia propia, que los esclavos jóvenes eran más activos y candorosos tanto para las exposiciones como para el... disfrute personal de ciertos kaizokus. ¿Para qué querría su hermano un esclavo más grande?—Eso es asunto mío —contestó, reticente a dar más detalles.—Bien, sólo quería saber si necesitabas algo...—¿Crees que te necesito? —El escepticismo de la pregunta ofendió a Tatsuha.—Bueno, simplemente dejame decirte que el otro también me llamó la atención, pero tiene treinta y uno... demasiado viejo para mí, casi me dobla la edad. Solo serviría como sirviente.—No creo que eso importe. Sé que lo único que te importa es el placer.Tatsuha le dio una mirada de autosuficiencia. Estaba en lo correcto. Lo único que importaba era el placer. Puro, absoluto e inalterado placer.Cuando Tatsuha se levantó de su asiento y pagó la cuenta sin siquiera despedirse. Sabía que no era necesario. Mientras, Eiri se quedó pensando. Tenía que jugar bien sus cartas si quería quedarse con el chico; porque ya era un hecho. Se había convertido en una obsesión para él, y hasta que no se saciara, no lo dejaría ir... *** Shuichi y Ryuichi llegaron a una bodega aparentemente abandonada en la zona más miserable de los suburbios. El único acceso a la vista era una puerta vieja y oxidada al frente del lugar. La fachada dejaba claro que hacía mucho tiempo esta había dejado de recibir mantenimiento. Se encontraban en una de las partes más cercanas a la zona kaizoku pero que aún era considerado suburbio humano.―Vamos ―dijo Ryuichi.Haciéndole un ademán a Shuichi, ambos llegaron hasta la puerta de la bodega. Ryuichi presionó un panel de apertura y las puertas se abrieron de par en par, haciendo un chillido causado por el óxido. Era una construcción vieja con varias láminas sueltas del techo y un olor predominante a hierro, suciedad y podredumbre. Caminaron lentamente hacia el centro de la bodega.—Ryu... ¿estás seguro de que es aquí? —preguntó Shuichi con voz temerosa ante lo oscuro y aparentemente vacío del lugar. ¿No se suponía que su contacto tendría que haberlos estado esperando aquí?—Claro... ¿por qué? —respondió dando un vistazo general a la bodega.—Tengo un mal presentimiento con todo esto...—Tranquilo, verás que todo saldrá bien, y terminando este trato, nos tomaremos unas largas vacaciones —insistió Ryuichi con voz conciliadora, tratando de tranquilizar a Shuichi.—Me lo prometes...—Prometido.Siguieron caminando, hasta que en un costado se encontraron a un hombre recargado en un vehículo de carga. Tenía que ser su contacto. El hombre tendría unos treinta y cinco años. Ataviado en un traje negro algo sucio, dejaba en claro que era la persona a la que estaban buscando.—Hasta que llegaron —gruñó cuando los tuvo cerca.Su aspecto descuidado hizo que Shuichi sintiera lástima, esperaba nunca terminar así.—¿Traes la mercancía? —preguntó Ryuichi.—De la mejor calidad mi amigo.El hombre se separó del vehículo. Puso su mano sobre un panel a un lado de la puerta y el dispositivo reconoció su huella biométrica. Justo cuando se dedicaba a abrir la puerta para mostrar sus productos, todas las luces de la bodega se encendieron en sincronía, tomándolos por sorpresa.—¡Pero qué...! —gritó el traficante.La súbita luz le permitió ver que la puerta principal y unas puertas aledañas se abrían de golpe. Un puñado de kaizokus invadió el lugar, todos armados con pistolas paralizantes. En cuestión de segundos, Ryuichi, Shuichi y el traficante se vieron arrinconados cerca del vehículo con la mercancía.—Buenas noches caballeros. ―De entre los kaizokus se asomó una figura. De estatura no muy alta y cabellos dorados, fue imposible para Shuichi y Ryuichi no reconocerlo. Tohma Seguchi, el rey kaizoku―. Me temo que esta transacción no podrá llevarse a cabo. ¡Aprésenlos!Los soldados más cercanos a ellos se acercaron bajando sus armas con la firme intención de aprenderlos. Ryuichi pateó al primero que se le enfrentó.—¡Corre Shu!Llamando la atención de la mayoría de los kaizokus por el inesperado movimiento, Shuichi aprovecho los segundos de confusión, tratando de escapar hacia la parte de atrás del vehículo de carga. En su huida, golpeó a uno de los guardias en sus bajos y tomó su arma, empezando a disparar e hiriendo a algunos kaizokus para tratar de abrir camino. Su tamaño pequeño siempre había sido subestimado, no contando con su agilidad.—¡Vámonos Ryu! —gritó con desesperación. Iba a empezar a correr, pero recibió un disparo que le rozó el hombro. Su grito resonó en la bodega.—¡Shuichi!Sorprendido por el impacto, Shuichi cayó al suelo estrepitosamente, mientras era amarrado y amordazado al igual que Ryuichi.—¡Imbéciles! ¡Mis órdenes fueron claras! ―Tohma tomó un arma y le disparó a quemarropa al hombre que había lastimado a Shuichi―. ¡Ilesos, sobre todo ese chico!Todos lo miraron sorprendidos, incluyendo a los dos reclusos.—Llévenselos.El resto de los kaizokus tomaron a los dos jóvenes, asesinando a la persona que iba a hacer el intercambio de mercancía. Se aseguraron de cubrirles los ojos y la boca, y los subieron a ambos a sus vehículos para después salir a toda velocidad del lugar. *** No sabía dónde estaba, solo que la oscuridad lo envolvía. No alcanzaba a distinguir nada más allá de su nariz. Habían retirado la mordaza y la venda de sus ojos, pero aún así lo habían dejado con sus manos aprisionadas detrás de su espalda. Sentía un dolor terrible en el hombro donde la bala lo había tocado. Notó el roce de unas vendas. Menos mal que se habían apiadado de él y lo habían atendido, pero eso no aminoraba el dolor. Se sentía muy cansado.«¿En dónde estoy?».Los sucesos recientes rondaban en su cabeza. Recordaba el haber llegado con Ryuichi a la bodega. Llegaron con el hombre de la mercancía, y después, la redada, los kaizokus los habían atrapado y ahora estaban a merced de la justicia.«¿Qué nos irá a suceder?».Las veces anteriores que había estado en la “cárcel” o lo más parecido a ello había sido a merced de humanos, cuando había trabajado junto con Aizawa, pero ahora, estaba en manos de los kaizokus. Su cabeza le daba vueltas. Mejor sería descansar un poco antes de tener que enfrentarse a lo desconocido. *** —¡Claramente dije que lo quería ileso!Eiri estaba en el despacho de Tohma, escuchando el reporte. Había llegado a primera hora de la mañana para enterarse del desenlace, pero no pudo evitar que la furia lo inundara al escuchar que durante la captura, su próximo nuevo esclavo había resultado lesionado.—El responsable ya ha sido sancionado.—Eso no me interesa —siseó con voz fría.—No veo la necesidad de este comportamiento... ―comentó Tohma―. Además sólo es un simple humano.—¿Dónde está?—En la sala de interrogatorios número dos.Eiri no contestó. Simplemente se dio la vuelta con rumbo a la entrada de la oficina.—Piensa bien lo que harás Eiri —dijo Tohma.—Sé lo que hago. *** El cuarto seguía oscuro. Su mente ya había divagado en las posibilidades que tenía de escapar con Ryuichi a su lado, las cuales eran casi nulas. Había tratado de dormir, pero el dolor en el hombro se había vuelto insoportable. Aparentemente el efecto del anestésico que le habían aplicado había pasado desde hacía un buen rato.Repentinamente la única puerta de salida de esa celda se abrió, dando paso a un torrente de luz que le cegó la vista unos instantes. Trató de enfocar sus ojos a la figura que se erigía en el marco de la puerta, simplemente para llevarse la sorpresa de su vida.—Nos volvemos a ver... Shuichi Shindo...

----- CHAPTER BREAK -----

—Nos volvemos a ver... Shuichi Shindo. Shuichi no podía creerlo. Esto tenía que ser una broma del destino. Esperaba no volver a verlo en su vida y ahora se lo topaba frente a frente y en terribles circunstancias.—¿Qué es lo que quieres? —preguntó, tratando de cargar su voz con la mayor hostilidad posible y frunciendo el ceño.                                       —Vaya hostilidad la tuya. Y yo que venía a hacerte una pequeña visita.—No te creo —masculló Shuichi tratando de pararse—. ¿A qué viniste?Eiri dejó un pequeño maletín que traía entre sus manos cerca de la puerta y caminó acercándose lentamente a Shuichi.—He venido a hacerte mi esclavo.—¡¿Qué?! —Los ojos de Shuichi se entornaron. ¿Había escuchado bien?—. Tú sí que estás demente.—No —dijo con parsimonia, ignorando el tono hostil de la voz de Shuichi—, yo no bromeo. —Era la premisa que guardaba su tono de voz.¿Qué demonios quería ese kaizoku de él? Solo se habían visto una vez y había sido un encuentro desafortunado, al menos para Shuichi. Recuerdos de aquella noche, lo inundaron. La inexperiencia. El dolor. ¿Y ahora venía ese kaizoku desconocido diciéndole que lo quería hacer un esclavo? ¡Esto era una locura! ¡Él no sería esclavo de nadie!—Si lo que quieres es sexo, sólo dilo y acabemos con esto —gritó, ofreciendo lo que creía quería el kaizoku.—No —insistió Eiri—, quiero que seas sólo mío.Caminó hasta encontrarse a centímetros de Shuichi que seguía en el suelo, sin poder incorporarse debido al dolor en su hombro.—Dime... ¿has estado con alguien más aparte de mí? Algo en su pecho le gritaba que necesitaba saberlo. No quería imaginarse que alguien más hubiera tocado aquel cuerpo. Que alguien más lo hubiera ensuciado. Al llegar frente a Shuichi, tocó lentamente su cara; recorrió y perfiló con sus yemas aquel rostro que parecía estar tallado en la porcelana más fina. Shuichi sentía que no podía moverse. Tenía la mirada clavada en esos ámbares que lo escudriñaban con deseo mal disimulado.—¿Hubo alguien más? —insistió.Eiri no entendía lo que sucedía. Lentamente se fue acercando más y más al rostro de Shuichi hasta que llegó un punto en que sólo unos cuantos centímetros los separaban. Podían sentir sus aceleradas respiraciones chocar. Eiri sentía que su cuerpo lo impulsaba a tocar esos labios. «¿Qué estoy haciendo? Esto está mal».Segundos y milímetros antes de que ese toque pudiera ser sellado, Shuichi apartó violentamente su rostro. —¿Qué te hace pensar que yo aceptaré?—Tengo mis métodos —dijo con petulancia. Introdujo su mano en su saco y de ahí extrajo un cristal del tamaño de una canica. La colocó en la palma de su mano, cerrándola sobre ella un par de segundos. La volvió a abrir, e inmediatamente empezó a brillar. Una pequeña imagen holográfica se formó con los rayos que emanaban del dispositivo.Se podía ver claramente a un Ryuichi sentado en un rincón de una celda, sus manos y pies apresados. Tenía algunas contusiones en la cara y en los brazos, y su ropa estaba desarreglada, sucia y rota en algunos lugares.—¡¡¡Ryuichi!!! —gritó de la impresión. La imagen desapareció inmediatamente—. ¿Qué le has hecho?—Yo no le hice nada... —Su voz seguía seria—, sólo digamos que... ofreció un poco de resistencia al arresto.—¡¡¡Libéralo!!! —gritó, levantándose e ignorando el dolor de su hombro, encarándolo a pesar de su corta estatura.—Eso no puedo hacerlo, pero te ofrezco un trato —dijo con voz pausada—. Sé mi esclavo y conseguiré que se convierta en esclavo de alguno de mis conocidos, quizás puedas verlo alguna vez, o niégate y será trasladado como esclavo al almacén de esclavos y no volverás a verlo jamás.—¡Eres un maldito! —Shuichi cerró fuertemente sus puños ante la impotencia que sintió en esos momentos.—Puedo asegurarte que a mi lado no sufrirás... Lo único que te pido es placer, que no creo que sea muy difícil de dar.Shuichi ni siquiera se lo pensó. Era la vida de su amigo. No sabía cuál sería su destino. ¿Lo convertirían en esclavo? ¿En sirviente? Shuichi sabía que los kaizokus tomaban a los humanos jóvenes para presumirlos y mostrar un estatus social. No para saciar sus deseos físicos, sino para ver a sus mascotas jugar entre ellos, o algo así había escuchado. También había escuchado que aquellos que habían logrado escapar, terminaban en burdeles generalmente afligidos de ninfomanía, un estado de adicción resultante del uso excesivo de afrodisiacos. No importaba, si tuviera que convertirse en esclavo para salvarle la vida a uno de sus amigos, lo haría de nuevo, una y mil veces más. —Está bien... acepto —masculló, desplomándose sobre sus rodillas y bajando la cabeza.—Perfecto.Nuevamente dirigió su mano hacia otro bolsillo de su saco y de ahí sacó una cajita negra aterciopelada. De ella sacó un anillo de una fusión de goma y metales preciosos con incrustaciones de diamantes. —Este es para ti. No he olvidado tu medida. —La manera en que lo dijo hizo que Shuichi se sonrojara—. Este es el símbolo de tu esclavitud hacia mí. Hacia el kaizoku Eiri Uesugi.Giró un poco el anillo para mostrar la inscripción. Un escrito que significaba su futuro próximo."Eiri Uesugi"Eiri se inclinó un poco y abrió su viejo pantalón. Observando su miembro dormido, deslizó el anillo lentamente sobre el pene de su ahora esclavo. —Con esto, juras total fidelidad hacia mi persona —susurró muy cerca de su rostro—No entiendo... ¿Por qué yo?Shuichi bajó la mirada, sintiéndose derrotado.—Llámalo una obsesión hacia tu cuerpo si quieres —acotó como quien aclara una obviedad—. Aunque, ahora que eres mi esclavo, no tengo porqué darte explicaciones, tú sólo estás aquí para complacerme.Shuichi suspiró. Acababa de condenarse a la esclavitud.—¿Qué sucederá con Ryuichi? —preguntó en un susurro.—¿Porqué te importa tanto? —exigió saber con un gruñido, poniendo un poco de distancia entre ellos.—Es uno de mis mejores amigos.—Será llevado con mi hermano Tatsuha. A pesar de sus poco ortodoxas costumbres con los esclavos, le daré directas instrucciones para que no lo deseche.—Asegúrame su supervivencia... júralo —insistió Shuichi.—No es mi obligación jurarte nada. —A Shuichi se le cortó a respiración. ¿Todo eso para nada? Eiri observó su indignación. Maldición, ¿por qué...?—. Palabra de kaizoku que no morirá por causa nuestra —masculló con molestia.Eiri se puso de pie, yendo hacia la espalda de Shuichi y soltando sus manos. Se dirigió a la entrada donde había dejado un maletín y se volvió a acercar a Shuichi.—Quítate esos harapos y ponte esto.Shuichi gimió, sintiendo dolor en su hombro al cambiar de posición. Tomó el maletín negro del cual no se había percatado hasta ese momento y con curiosidad removió la tapa. Al ver el contenido, inmediatamente frunció el ceño.—¡No me voy a poner esto!—No lo usarás siempre —aclaró Eiri, dándole espacio y acercándose a la puerta—, sólo durante las presentaciones de esclavos.—¡No saldré así a la calle!—Ni es mi intención que lo hagas. Sólo otros kaizoku tienen derecho a verte con ropa de esclavo. Cuando termines ponte esta gabardina. —Le dejó la ropa y se dirigió a la puerta. —Arreglaré tu salida y la de tu amigo de aquí. Regresaré en veinte minutos, espero que estés listo para entonces. —Eiri se dirigió a la puerta—. De ahora en adelante, la última palabra que saldrá de tu boca al dirigirte hacia mí, será amo, ¿entendido?—Si... amo —contestó Shuichi con la mirada baja.El kaizoku abandonó la habitación dejando sólo a Shuichi quien tomó la ropa entre sus manos. A simple vista parecía un conjunto entero sin mangas ni piernas de color oscuro, sin embargo, al colocárselo, pudo notar que era un modelo muy... muy exquisito y falto de tela. Su abdomen, laterales y espalda baja quedaban expuestos.Todo el conjunto se pegaba a su cuerpo como si fuera una segunda piel, sin dejar nada a la imaginación. El conjunto negro contrastaba con el tono níveo de su piel y resaltaba el color de sus ojos y su cabello.Se desvistió cuidando su hombro, mas no pudo evitar que al moverse, las vendas se aflojaran y éstas cayeran. Un parche color piel cubría por completo su herida y sintió dolor al tocarla, pero no tanto como antes. No parecía un parche ordinario, y algo estaba haciendo sobre su herida, podía sentirlo aunque no sabría cómo describir la sensación. Esperaba que fuera algo que ayudara a su herida a sanar.Ya con el traje puesto, se colocó la gabardina y cerró hasta el último de los botones, sin dejar ver ningún resquicio de su cuerpo. Le producía una gran vergüenza aquel conjunto, pero no podía objetar. Veinticinco minutos después apareció Eiri por la puerta de la celda. —Ya hablé con mi hermano. Mañana por la mañana Ryuichi Sakuma será enviado a su domicilio particular. Es momento de irnos.—El... ¿estará bien? —Eiri esbozó una sonrisa cínica, pero esta no fue alentadora. —Honraré mi trato en cuanto a que no morirá, sin embargo, no puedo asegurarte la integridad de su cuerpo.—¡¡¡Me mentiste!!! —gritó Shuichi, aguantándose las ganas de aventársele encima.—Yo no mentí. Te dije que no permitiría que muriera, no que iba a estar bien. Alégrate. Es mi hermano. Quizás en alguna ocasión puedas verlo. ¿Verlo? Esto fue suficiente para Shuichi, por lo que guardó su siguiente argumento. —Vámonos. Eiri trató de posar su mano detrás del menor, para tomar su hombro, sin embargo, Shuichi esquivó rápidamente este ligero contacto. —Por lo visto tendré que entrenarte para que sepas de una vez quién es tu amo de ahora en adelante. Sígueme. Salieron del lugar y subieron al vehículo del kaizoku. Fue un trayecto extremadamente silencioso. Shuichi se sentía incapaz de sostener su cabeza en alto. Aquellos ojos de águila parecían estar escudriñándolo por completo. Sentía como si esos ojos recorrieran lascivamente su figura, tratando de traspasar la gruesa tela de la gabardina. No quería ni imaginarse lo que le esperaba.Cuando llegaron a su destino, Shuichi se quedó sin habla. Se encontraban en frente de una majestuosa edificación de tres pisos que se erguía orgullosamente contra el sol. —Vamos, entra. Un sirviente les abrió la puerta principal. La primera vista del vestíbulo lo dejó anonadado. Había una gran sala a la derecha de color crema. Ese era el color predominante del lugar. A la izquierda había un gran espejo y al fondo había una larga escalera que dirigía al segundo piso y a tercer piso. —No deberás de deambular por la mansión sin compañía. Mi mayordomo o uno de los sirvientes estarán contigo en todo momento que te encuentres fuera de tu habitación. Shuichi trataba de memorizar todas las indicaciones. Por el bienestar de Ryuichi tendría que obedecer aunque fuera contra su voluntad. —Primera lección. No puedes hablar con nadie fuera de aquí sin mi aprobación previa. ¿Entendido?—Sí, amo.—Tu habitación está en el segundo piso, es la tercera puerta de la derecha. Sube y espérame. Sin chistar subió las escaleras lentamente seguido de uno de los sirvientes. Escalón por escalón. Dirigiéndose a lo que seguramente sería el comienzo de una nueva etapa en su vida.  *** Hiroshi había estado pensando en visitar a Shuichi. Tenía tiempo sin verlo. Todo por miedo a encararlo de nuevo. Había ido con su amo temprano para pedirle autorización para salir.Caminó unas cuantas cuadras hasta llegar a la puerta del pequeño “departamento” que solía compartir con Shuichi. Tocó la puerta varias veces, sin embargo, nadie contestó. «Quizás esté en casa de ese loco de Ryuichi. Solo espero que no se hayan metido en problemas mientras no estuve. Ese loco es capaz de arrastrar a Shuichi a hacer sus fechorías, y el otro tonto lo sigue sin preguntar. Ryuichi es una mala influencia para ese bobo».Tomó camino hacia la casa de Ryuichi, sin embargo, este tampoco se encontraba. Desistió en su intento de encontrarlos. Para ese momento podrían estar en cualquier lugar de los suburbios y sería un reverendo lío encontrarlos, por lo que mejor se dedicó a visitar unos cuantos lugares, y regresar temprano a la mansión.Le quedaban aún unas cuantas horas. Quería llegar temprano porque sentía cierta curiosidad sobre lo que su amo le había dicho en la mañana.  
—Adelante.

Hiroshi hizo una pequeña venia al entrar al despacho de su amo.

—Buenos días amo, la estancia se encuentra en orden —informó, como lo hacía todos los días—, deseo pedir su autorización para salir unas cuantas horas a los suburbios.

Eiri estaba revisando en su computadora cierta información antes de irse a NG donde esperaría los resultados de la redada. Levantó la vista hacia su mayordomo, un humano altamente eficiente. Sin pensarlo, asintió, regresando la vista.

—Está bien. Antes de irte, ordena que arreglen la tercera habitación del segundo piso, la que se encuentra conectada a mi habitación.

—Amo... ¿traerá a alguien con usted de nuevo?

—Esta noche sí, pero no quiero que lo devuelvas al almacén. Por la mañana que se bañe y vístelo con ropas normales.
 Le había sonado extraño que su amo quisiera conservar a un esclavo después de ver como cambiaba de humanos como quien se cambiaba de ropa. No podía esperar a conocer a dicho esclavo. *** Subiendo lentamente las escaleras sin mirar atrás, Shuichi llegó a la habitación indicada y al cruzar la puerta, se sorprendió de encontrar una caja con sus pocas pertenencias, entre ellas un retrato de sus padres que tenía en su antigua habitación. Era uno de los pocos recuerdos que conservaba de ellos. También, una cadena con un dije que le había dado su padre, pero que le habían arrancado del cuello durante la redada. Ese era un dije muy especial para él. Se lo había dado su padre antes de morir, cinco años antes. Tomó el dije entre sus manos y se lo colocó en el cuello, donde era su lugar. El dije consistía en una pequeña placa redonda con la sombra de una mano encima tocándola. Momentos antes de morir, su padre le había explicado su significado.Siguió viendo sus cosas. Casi todo se encontraba ahí, aunque en realidad no era demasiado. La habitación era más grande que su antiguo departamento completo. Había una hermosa cama adocelada con sábanas satinadas del color de su cabello. «No sé si reír o llorar porque combina conmigo». También había un peinador con un gran espejo. Una mesa de noche a lado de su cama y una pantalla en frente.Se dirigió al armario para ver si también habían traído su ropa, pero ya se le hacía demasiado. Dentro se encontraban unos conjuntos peculiares, algunos más atrevidos que el que llevaba en ese momento bajo la gabardina. También había unos cuantos conjuntos normales pero ningún rastro de su antigua ropa. «No me extraña, ya estaba vieja y rota, y no creo que le agrade verme con ella».Se dirigió a la cama, y antes de sentarse, se quitó la gabardina, quedando con las escasas ropas de esclavo. Se sentó sobre el colchón y esperó.  *** Eiri tecleaba furiosamente sobre su terminal personal, vaciando la información que tenía de Shuichi en el sistema de adquisición de esclavos.«Lo decidiré esta noche».Estaba dejando todo listo, para que, de decidirse por conservar a su nuevo esclavo, dar de alta a Shuichi en el sistema de esclavos. Si esto era más que un capricho, convertiría a Shuichi en su esclavo personal. Solo esperaba que Tohma no le diera guerra, porque Shuichi tenía más de la edad permitida para pertenecer a un kaizoku. Y si se daba el caso, ya vería como convencerlo.Satisfecho con su trabajo, suspendió el ordenador, se levantó de su escritorio, acercándose a la cómoda y removiendo su chaqueta, quedó solo con una camisa y pantalones.Una sonrisa cínica apareció en su rostro. Después de meses, al fin tendría a ese humano nuevamente y era una oportunidad que no iba a desaprovechar. *** El silencio era ensordecedor, abrumador. La expectativa lo estaba matando. No sabía si tenía tan solo unos minutos o varios días en esa posición. Un sonido lo hizo reaccionar, y levantó el rostro para ver como la puerta de la habitación se abría, y su nuevo amo entrada por ella.—Acompáñame —ordenó apenas mirándolo.Shuichi solo asintió. Se levantó de la cama, sintiéndose avergonzado por el conjunto de ropa que llevaba, aunque el kaizoku ni siquiera se había detenido a observarlo. Salió de la habitación y vio al kaizoku hacerle un ademán, indicándole que entrara a una puerta que estaba a unos cuantos metros de la suya.—Entra —indicó su amo, abriendo la puerta.Esa era una habitación mucho más elegante que la suya, sin duda reflejaba quien era su dueño. Nada más entrar, su vista se fijó en una cama matrimonial cubierta con sábanas en color negro. A un lado, había una hermosa y claramente costosa sala también en color negro, con motivos dorados. Un poco más allá había un peinador parecido al suyo, sin embargo este tenía baño de oro y lo coronaba un espejo que parecía la versión mediana del que se encontraba en el vestíbulo. Un gran armario al fondo a unos metros de la cama terminaba el contenido de la habitación. —Recuéstate en la cama. La orden directa le cayó como un balde de agua fría, pero no pudo objetar. Con paso lento casi robótico, se dirigió al lecho. No había estado con nadie más. La realidad era que la brutalidad e ignorancia con la que el kaizoku había actuado en su primer encuentro le había dejado una mala experiencia, por lo cual no había querido repetirla, pero ahora no tenía otra opción. Tomando suficiente aire en sus pulmones se acostó en el centro de su cama observando a su amo.Eiri se dirigió a un lado de la cama, sacando un delgado tubo de uno de los cajones de buró y colocándolo boca abajo sobre el mismo.—He aprendido mucho desde la última vez —indicó, acercándose a la cama.—No me extraña —agregó Shuichi con sarcasmo en un susurro que sin embargo, fue escuchado por el kaizoku.—No te he dado permiso de quejarte.—Lo siento... amo.—Sé que nuestro primer encuentro no fue el mejor, pero no te preocupes, no volverá a ser así.«Eso espero».Eiri colocó una rodilla sobre la cama, trepándose sobre ella y colocándose sobre Shuichi. En esa posición pudo contemplar con deseo el cuerpo de su esclavo.—Tienes un muy buen cuerpo. Una franja rosada apareció vívidamente adornando el rostro del esclavo. Eiri se tomó su tiempo, recorriendo el cuerpo de Shuichi con caricias de mariposa, reconociendo el terreno. Una de sus manos recorriendo la esbelta figura por un costado, sintiendo la tela y después la piel que quedaba expuesta hasta llegar a sus caderas, para después emprender el mismo recorrido de vuelta y repetir la operación con la otra mano. Observó el parche que aún cubría el hombro. Un parche de regeneración dérmica de acción rápida. Para ese momento, el dolor debía ser mínimo y la herida estaría completamente sanada y desvanecida para el día siguiente.Shuichi caviló sobre lo extraño de la situación. El conjunto de situaciones que lo habían orillado a su posición actual. Volvió a la realidad de su mundo onírico cuando sintió que le bajaban los tirantes lentamente. —Esto se sentirá bien —Eiri murmuró, dejando los tirantes caer hasta los codos de Shuichi y descubriendo su pecho. Un par de rozados pezones se erguían sobre la lechosa piel. Apoyando una de sus manos sobre la cama, tomó uno de los pezones entre sus dedos, apreciando la textura y percatándose del pequeño temblor del esclavo quien tenía la mirada fijamente puesta sobre él.—Quiero oírte gemir. Conforme la caricia se hacía más exigente, Shuichi había empezado a emitir pequeños gemidos forzados. Como comienzo, no lo estaba disfrutando mucho, pero no quería tener problemas. Las manos cambiaron de lugar y empezaron a recorrer su cuerpo con maestría y destreza, prodigando caricias aquí y allá.Eiri podía sentir como el cuerpo bajo él temblaba ligeramente, sin embargo, aún no estaba erecto. Quizás necesitaba de más tiempo o un poco más de incentivos. —Quiero que uses tu boca —dijo poniéndose de pie al lado de la cama. Shuichi abrió sus ojos de la sorpresa. Esa petición se le hacía demasiado indecorosa, algo que nunca había hecho, sin embargo se levantó de la cama y apreció como Eiri se quitaba su ropa, sin sentirse apenado por su desnudez. Su miembro ya se encontraba erguido en todo su apogeo. Shuichi se incorporó, dándole espacio al kaizoku para recostarse sobre la cama con unas cuantas almohadas sobre su espalda. Las piernas abiertas y su miembro erguido. Acercándose al kaizoku, tomó su miembro con inseguridad entre sus manos y lo observó. No sabía qué hacer. —Mételo en tu boca. —Solo sería un preliminar. Esperó unos cuantos segundos, pero Shuichi seguía sin moverse, viendo su miembro fijamente. ¿En qué estaría pensando?—. ¿Te piensas quedar ahí todo el día?Shuichi abrió su boca y la acercó al prominente miembro que se erguía ante él. Titubeante cerró su boca alrededor de aquel acero y, empleando su lengua, empezó a recorrerlo de arriba abajo guardando un ritmo continuo. En cuanto el kaizoku sintió la caricia, fue como si un rayo le hubiera caído, corrientes eléctricas atravesaban su cuerpo con fervor.Tomó entre sus manos la cabeza del esclavo y la guió a como sentía más placer. No quería gemir. No podía rebajarse tanto, sin embargo, no pudo evitar que pequeños suspiros escaparan de su boca. Unos minutos después sentía como si estuviera culminando. —Más rápido... Shuichi podía sentir como las manos del kaizoku ejercían más fuerza sobre su cabeza para aumentar la velocidad. Dentro de su boca, podía sentir como el miembro empezaba a presentar estremecimientos y sin avisar, sintió un líquido amargo precipitarse hacia su garganta. Se alejó inmediatamente, tragando por impulso, pero unas cuantas gotas aterrizaron en su rostro. Se levantó de rodillas sobre la cama, esperando la siguiente instrucción. Sólo podía ver el rostro de su amo, con los ojos cerrados y ligeros indicios de satisfacción por el placer obtenido.Eiri no había abierto los ojos desde su orgasmo, estaba demasiado ocupado procesando las oleadas de placer que recorrían su cuerpo, sin embargo, cuando entornó la vista hacia el esclavo, se quedó sin aliento. Shuichi tenía la mirada gacha. Su rostro estaba ligeramente manchado de semen y su cabello estaba revuelto de donde lo había sostenido. Con los tirantes caídos y las mejillas ligeramente sonrosadas, era una imagen simplemente perfecta. Casi muere de la impresión cuando vio que su excitación empezaba a crecer de nuevo. No lo podía creer. Era imposible.Con frustración, se había dado cuenta de que al estar con sus esclavos, sin importar cuanto lo deseara, solo podía llegar al orgasmo una vez, posteriormente requería un periodo refractario de un par de horas antes de intentarlo de nuevo. Pero ahora...Tomó a Shuichi del brazo y violentamente lo volvió a colocar sobre la cama, asustándolo por tan inusitada acción. Volvió a recorrer aquel cuerpo con sus manos, tratando de encontrar puntos sensibles en aquel cuerpo tan perfecto. Shuichi empezó a sentir las consecuencias de esas caricias.Eiri notó que ya tenía una erección que se erguía descaradamente contra la suave tela del traje de su esclavo. Cuando subió a su rostro, vio que los ojos de Shuichi ojos estaban abiertos y lo miraban, pero esas amatistas estaban vacías. Algo estaba haciendo mal. Con lentas caricias, estimuló el miembro dormido del esclavo sobre la tela, delineando su forma, nunca quitando la vista del rostro de su esclavo. Esto era un ataque a su orgullo. La mayoría de los otros humanos solían estar retorciéndose, gimiendo e implorando. ¿Por qué él no?Era momento de actuar. Terminó de sacarle la escasa ropa, arrojando el impúdico conjunto al suelo y deleitándose con las estrechas caderas y la nívea piel desnuda, solo adornada con un dije en el cuello que le había traído junto con el resto de sus pobres pertenencias. Tomó el tubo de lubricante y untándose una generosa porción del mismo en sus dedos, procedió a prepararlo. Shuichi había perdido la noción del tiempo desde el inicio. «Nunca saldré de aquí...». Sintió como un dedo usurpador se introducía rápidamente en su cuerpo, causándole una dolorosa molestia y pronto, otro dedo se abrió paso en esa estrecha cavidad. —Parece que no has estado con nadie en mucho tiempo. —Shuichi sólo volteó su rostro con vergüenza. No quería que el kaizoku se mofara con su inexperiencia—. Parece que tengo razón.Ya cuando el tercer dedo se movía viciosamente en su interior, retiró su mano para colocarse en posición. Presionó fuerte sobre su entrada, causando un gemido de dolor en Shuichi. Sin esperar ninguna indicación, empezó a embestir aquel cuerpo, ahogándose de placer. Shuichi comenzó a gemir, el dolor no se había ido, sin embargo, el placer comenzaba a inundarlo.Mientras que el rostro de Shuichi se contraía tratando de que el placer superara al dolor, el de Eiri era un dilema. No podía creer que por primera había tenido una segunda erección. Tenía que investigar ese hecho. Mientras tanto, podía entregarse al placer que el joven esclavo le estaba entregando.Las embestidas continuaron llegando. Cuando Eiri empezó a sentir que el interior de su esclavo se contraía, tomó entre sus manos su miembro y empezó a bombear. Con la otra mano tomó fuertemente su cadera para no perder el ritmo. Unas cuantas embestidas más bastaron para que ambos se vinieran. Eiri con un suspiro ahogado, mientras que Shuichi se liberaba con un fuerte gemido sin llegar a ser grito, cerró sus ojos y relajó su cuerpo. —Eso estuvo bien —masculló el kaizoku con la respiración acelerada. Shuichi no dijo nada. Esperó a que el kaizoku saliera de él y se recostara a un costado para acurrucarse en un lado de la cama, viendo a su amo. Eiri tenía la mente nublada y su respiración estaba acelerada, pero en medio de esa neblina volteó a ver el rostro sonrojado del esclavo y lentamente se fue acercando. Shuichi abrió sus ojos para encontrarse con los labios del kaizoku casi sobre los suyos.Fue un impulso imposible de contener. El primer hijo varón de los Uesugi salvó esa distancia, concertando el beso. Fue un beso tranquilo, casi dulce. Probaron sus labios lentamente, tocando sus lenguas en una efímera caricia. Cuando el beso terminó, Eiri se separó de Shuichi, mirándolo con seriedad y se acostó de lado.Shuichi estaba sorprendido. La respiración, otrora rápida del kaizoku, ahora estaba acompasada, notoria señal de que se había quedado dormido. Demasiado rápido a su parecer. Ese último beso sí le había gustado.«Mi primer beso...».Ahora, lo más importante era averiguar cómo le iba a hacer para conseguir sus pastillas.  *** A la mañana siguiente, Eiri se despertó antes que su esclavo. No podía creer lo extremadamente relajado que se sentía. Observó al esclavo completamente dormido a su lado. La respiración acompasada y su cabello desperdigado en las almohadas.¿Qué demonios le había pasado la noche anterior? Dos orgasmos seguidos, y después... ese toque en sus labios... No podía ponerle nombre a ese impulso que lo había dominado a hacerlo casi contra su voluntad.Se levantó de la cama sin importarle su desnudez y se metió a darse una ducha rápida. Tenía trabajo y debía darle instrucciones a Hiroshi. Cuando salió del baño, tomó ropa de su armario y se cambió rápidamente. Shuichi aún no se había despertado. Ahora que lo pensaba con la cabeza fría, la noche anterior en realidad la había disfrutado. Ese último toque sí que lo había dejado anonadado. Había tocado los labios de otra persona con los suyos. Debería sentirse asqueado, pero ese toque... en definitiva le había gustado.Salió de la habitación rumbo a su estudio. Arreglaría inmediatamente la documentación para nombrar a Shuichi su esclavo legalmente. Tenía cosas que averiguar. Por el camino se encontró a su mayordomo. —Hiroshi.—Buenos días amo... me dirigía a ordenar su habitación.—Bien, recuerda lo que te dije ayer. Te encontrarás a mi nuevo esclavo en mi cama. Despiértalo, aséalo y trasládalo a su cuarto.—Si amo, ¿algo más?—Hazle compañía... no quiero que se pierda, regresaré tarde.—Por supuesto amo. Hiroshi se despidió de su jefe y se encaminó a la habitación. Se preguntaba a quien habría nombrado su nuevo esclavo. La intriga lo estaba matando. Llegó y abrió la habitación sin tocar. Técnicamente, tenía más rango que el esclavo. Corrió las cortinas de la cama para encontrarse una maraña de sábanas arreboladas sobre un cuerpo totalmente cubierto. —Hey... holgazán despierta, que se hace tarde para el desayuno. Estiró un poco la sábana, revelando una cabellera rosada inconfundible. Perdió el aliento en ese instante. Quien más en toda la ciudad tendría esa tonalidad de cabello. «Por Dios, Shuichi... ¿qué has hecho?».

----- CHAPTER BREAK -----

—Dios mío, Shuichi... Hiroshi se acercó a la cama y movió rápida y violentamente las sábanas que cubrían aquel cuerpo. Al verlo, no le quedó la menor duda de quién se trataba.«Shuichi...»No podía creerlo. ¿Qué hacía su mejor amigo en ese lugar? Más aún, ¿por qué su amo le había pedido que no lo devolviera? ¿Él era el esclavo que quería quedarse? ¿Cómo había llegado Shuichi ahí?—Vamos Shuichi... despierta... —Empezó a moverlo suavemente para tratar de despertarlo—Cinco minutos más... por favor. Shuichi se puso boca arriba y entonces a Hiro se le fue el aire. Con el movimiento Shuichi dejó al descubierto la mayor prueba de esclavitud para una persona. Ese anillo con la clara insignia de su nuevo amo. —Por favor Shuichi... ¡despierta!Por la insistencia, Shuichi fue despertando, abandonando el mundo de Morfeo, y trató de enfocar la vista en la figura que emitía esa voz amiga, tan conocida para él. —¡¡¡Hiro!!! Se levantó de golpe para abrazar a su amigo, pero inmediatamente se arrepintió pues el repentino movimiento mandó una corriente de agudo dolor a su espalda baja. —Tranquilo Shu... Shuichi se sentó cuidadosamente, pero sin dejar de abrazarlo. El peso de todo lo que había sucedido cayó sobre él al mismo tiempo, no pudiendo romper en sollozos.—Hiro... creí que no te volvería a ver. Empezó a derramar lágrimas que no sabía si eran de tristeza o de felicidad por ver a su mejor en el mismo lugar que él. —Shu... ¿Qué estás haciendo aquí?—¿Hiro, tú qué haces aquí?—Ah Shuichi, creo que tenemos mucho de qué hablar, pero mejor primero vamos a bañarte. Con cuidado, ayudó a Shuichi a incorporarse de aquella cama que había sido la única testigo de lo que había ocurrido la noche anterior. Lo que vio Hiro cuando el menor se levantó, no le agradó para nada. Grandes cardenales adornaban sus caderas cadenciosamente. Estos dejaban huella de donde el kaizoku lo había sostenido la noche anterior. Quería preguntar cómo o por qué había terminado ahí, pero mejor esperaría a que estuviera listo para hablar.Salieron de la habitación del kaizoku por la puerta de conexión hacia la nueva habitación de Shuichi. En lo que Shuichi se adentró a asearse al baño de la habitación, Hiro pidió un desayuno para dos en la habitación.Shuichi aprovechó el tiempo para relajarse bajo los cálidos chorros de agua que golpeaban su espalda con suavidad. Mientras se enjabonaba su cuerpo, pudo notar que conforme el agua caía lentamente sobre su espalda, unos pequeños rayos escarlatas corrían con los chorros de líquido hacia el resumidero. Sin duda la noche anterior el kaizoku lo había lastimado un poco.Con el correr del agua, el parche sobre su hombro se despegó, revelando su piel limpia, tersa y sin marcas. Sorprendido, levantó el parche y lo dejó sobre la taza del baño. Había sido una cura prácticamente milagrosa, y era algo que en realidad apreció.Después de unos minutos salió, y Hiro le ayudó a colocarse una pomada en los moretones en sus caderas para después sacar unas ropas del armario. Un conjunto blanco de pantaloncillos cortos hasta las rodillas y una camisa corta sin mangas. Para cuando Shuichi estuvo listo, el desayuno ya había llegado y estaba servido. Shuichi se colocó de nuevo el dije de su padre que se había quitado para bañarse. —Shuichi...—Por favor Hiro... te contaré después de terminar de desayunar... Tengo mucha hambre —musitó, observando la comida con un brillo en los ojos.—De acuerdo... Hiroshi lo dirigió a la pequeña salita de estar, donde los sirvientes habían dejado los alimentos sobre una mesita. Se sentaron en uno de los sofás para dos y sin poder resistirlo, Shuichi abrazó a Hiro de nuevo, sintiendo el peso de su situación sobre sus hombros, pero al mismo tiempo feliz de saber que no estaría solo, Hiro estaría con él.—Te extrañé Hiro.Después de unos segundos, se separaron, dirigiéndose una sonrisa que prometía una larga charla sobre todo lo que había sucedido. Justo en ese momento, la puerta de la habitación se abrió, revelando al dueño de la mansión.—Nakano... ¿Qué haces aquí? Deberían estar en el comedor —musitó Eiri con el ceño fruncido.¿Qué significaba esto? ¿Por qué su mayordomo tenía las manos sobre la cintura de su esclavo? ¿Qué era esta incómoda sensación en su pecho?—Disculpe mi atrevimiento amo. —Hiro se levantó rápidamente de su lugar y se puso frente a Eiri, mostrándole una pronunciada reverencia—. Shuichi y yo nos conocemos desde nuestra infancia. Desafortunadamente, tenía más de dos años de no saber de él.—Que coincidencia... —dijo Eiri, cruzando sus brazos sin retirar su mirada de su nuevo esclavo, sintiéndose incómoda por la situación.—Amo... quisiera que me diera su autorización para pasar más tiempo con él.—¿Y qué te haría pensar que yo te daré mi autorización? —rebatió con severidad.—Amo... por favor... Tenía mucho tiempo sin verlo.—Amo... por favor —Esta última súplica fue dicha casi en un susurro por su nuevo esclavo, quien tenía la mirada baja. —De momento serás su tutor... —Shuichi no entendió muy bien, pero el semblante feliz de Hiro lo hizo tranquilizarse—. Terminen de desayunar. Quiero que después le muestres la casa completa, excepto el ala oeste. Estaré fuera toda la tarde. Enséñale las reglas de la casa y el estatuto de esclavos.—Sí amo.—Hasta la noche... Shuichi... Eiri se fue, cerrando la puerta detrás de él y dejando a sus subordinados. Hiro volvió a sentarse y siguió comiendo. La comida fue silenciosa. Ya tendrían tiempo para hablar largo y tendido una vez que ambos estuvieran bien alimentados, sobretodo Shuichi.—Muy bien Shuichi. ¿Dime cómo llegaste aquí? —preguntó Hiro una vez que un sirviente hubiera retirado los platos y el servicio.—Primero tú Hiro. —A la vista de Shuichi, Hiro tenía más cosas que explicar.Hiro suspiró. Sabía que se lo debía. Él lo había abandonado primero. Él se había ido sin dar mayores explicaciones que el querer salir de la inmundicia de los suburbios. Él había desaparecido de la vida de su mejor amigo ya dos veces y en ninguna de las dos le había dicho lo que realmente había sucedido.—Bueno. —No perdía nada comenzando primero—. ¿Recuerdas que te había dicho que iba a trabajar como sirviente de un Kaizoku?Shuichi se acomodó en uno de los sillones e incitó a Hiro para que hiciera lo mismo, quedando ambos de frente en sillones individuales.—Pues aquí me tienes. Fin de la explicación. Ahora tú —dijo Hiroshi satisfecho.—Nee Hiro. Eso es trampa —chilló Shuichi con un infantil mohín.—No... Esa es toda mi historia. —Y era la verdad, al menos de esa ocasión—. Ahora cuenta tú. ¿Cómo conociste al amo Eiri?Shuichi bajó el rostro. No era una historia feliz. Era vergonzosa la situación en la que había conocido a su actual amo.—Bueno, todo empezó hace par de meses —comenzó Shuichi su relato—. Estaba caminando por el callejón cerca de la casa cuando fui interceptado por Aizawa y su pandilla——Esos malditos que no tienen nada que hacer más que estar molestando a los demás.—Sí, ellos... bueno —Shuichi dudó un poco—, venían a cobrarme un dinero que me habían prestado.—¿Les pediste prestado dinero?—Sí... para un negocio que salió mal. Ellos me interceptaron para golpearme. Recuerdo haber cerrado los ojos, esperando un golpe que nunca llegó... *** Eiri había salido de la habitación algo sorprendido. Esos dos ya se conocían desde antes. Cuando entró, ambos estaban a punto de comer y se sentía un ambiente muy relajado. Shuichi se veía... feliz... tranquilo...Se dirigió a su despacho a terminar el trámite de Shuichi. Sería un gran proceso el poder convencer a Tohma de nombrar oficialmente a Shuichi como su esclavo. Principalmente porque había sobrepasado al edad máxima permitida para un esclavo, que era de veinte años.Esa edad había sido impuesta por Tohma, porque según él, a esa edad los esclavos, tienden a alcanzar la madurez física y mental, y empiezan a razonar y a adquirir ideas extrañas... o eso decía... Por eso, al llegar a la edad de veinte años, los kaizokus en general eran obligados a prescindir de ellos. Si el kaizoku en cuestión había hecho "uso personal" del esclavo, a éste se le borraba la memoria, de los contrario podía convertirse en sirviente de otro kaizoku.El proceso de borrado de memoria no solía ser cien por ciento efectivo. El método consistía una técnica que había descubierto Tohma de los mismos humanos una combinación de electroshock y terapia para la esquizofrenia hacía el truco, provocando amnesia. Quedaban en condiciones deplorables.Lo que no sabían era que los pocos que lograban recuperarse de las secuelas de dicha tortura, eran rescatados por los habitantes de los barrios bajos y los llevaban a centros de rehabilitación, donde después de cierto tiempo, los reintegraban a la comunidad. *** —El... amo... detuvo a Aizawa antes de que me golpeara y los ahuyentó, a él y a su pandilla —Shuichi finalizó. Era difícil acostumbrarse a esa palabra que cargaba tanto significado.—Entonces él te salvó... —Hiro se había levantado de su asiento y había comenzado a caminar por la habitación, tratando de dilucidar el porqué del comportamiento de su amo. Un comportamiento muy fuera de lo normal.—Así es... y como a mí no me gusta deberle nada a nadie... —Shuichi no pudo evitar que un sonrojo cubriera su rostro—, le entregué mi cuerpo como agradecimiento...—¡¡¡Shuichi!!! ¡¡¡Cómo pudiste hacer eso!!! —gritó Hiro dándose la vuelta de golpe. Estaba seguro de que su grito se había escuchado al menos en todo el pasillo en el que se encontraba la habitación, pero la sola idea de pensar que Shuichi se había entregado en esas circunstancias, lo había sacado de sus casillas. Shuichi era como el hermanito menor que nunca tuvo.—Hiro... No tenía nada con que pagarle... —Se excusó.—Pero... recuerda lo que te dijo tu padre... recuerda que tú...—Lo sé Hiro —Lo cortó—, no te preocupes por eso... Bueno, el punto es que me tomó y... de una manera no muy placentera que digamos...—Y... ¿tomaste precauciones posteriores?Shuichi asintió con su cabeza, levantando el rostro segundo después para ver a Hiro perdido en sus pensamientos.«Eso habrá sido más o menos cuando me hizo aquel interrogatorio tan extraño y después de eso empezaron los esclavos de una sola noche».—¿En qué piensas Hiro?—Shuichi... déjame decirte algo... creo que fuiste la primera experiencia sexual del amo Eiri con un humano...—Ah. —Shuichi rió con sarcasmo—. Que orgullo... La verdad no me extrañaría... fue demasiado brusco aquella vez...—Pero Shu... aún no me dices que estás haciendo aquí.—Bueno, déjame seguir contando. Después de esa ocasión no volví a verlo en un tiempo... *** Eiri llegó a la oficina de Tohma. De esa audiencia dependía que pudiera quedarse oficialmente con su nuevo esclavo y que pudiera participar en las actividades correspondientes.Tocó la puerta y esperó. Una voz fuerte y firme le indicó que podía pasar. Dentro se encontraba un rubio de ojos verdes enfrascado en una montaña de papeles y documentos que tenía que revisar. Tohma levantó su vista y al ver quien era la persona que había solicitado una audiencia con él, inmediatamente dejó todos sus documentos aparte. —Vaya Eiri... ¿Qué inesperado? —preguntó con su sempiterna sonrisa en su rostro.—Tohma, he venido a tratar de negocios y no pienso perder mi tiempo con conversaciones efímeras y sin sentido —contestó rudamente, tomando asiento en una de las sillas frente al escritorio de Tohma.—Siempre tan puntual... dime Eiri, ¿en qué puedo ayudarte?—Quiero quedarme con Shuichi por tiempo indefinido. Un silencio incómodo se instaló en la oficina. Eiri mantenía la mirada firme, sin cabida a duda de lo que quería conseguir. Por otra parte, Tohma estaba sopesando todos los posibles eventos que desencadenaría esta acción. —Eiri. Tú sabes que eso no es posible. Las leyes...—Tohma... tú redactaste esas leyes. Eso era cierto. Había redactado esa ley de restricción en base a una investigación que había realizado hacía mucho tiempo. Había una razón por la que lo llamaban el rey kaizoku, y esa era porque era el kaizoku original, el más longevo. El primero. La vida media de un kaizoku era de cien años, sin embargo, Tohma bordeaba el millar. Sólo la familia Uesugi lo conocía directamente y unos cuantos más los conocían indirectamente, los demás kaizokus lo creían un dios.Mil años atrás, cerca del año 2000, un acontecimiento fortuito había determinado su nacimiento, haciéndose clara su diferencia con respecto a los demás humanos. Desde muy pequeño mostró una inteligencia inigualable. Sabía que era diferente.Se separó de los que se hacían llamar sus padres y vivió por su cuenta. Se creía demasiado perfecto para involucrarse con los inmundos humanos, así que ideó una manera de hacer kaizokus sin la necesidad de otros. Utilizando sólo su ADN, empezó a hacer clones de sí mismo, pero con ciertas diferencias para hacer a su nueva raza más diversa. De esta manera no necesitaba de los humanos. El sólo podía crear una nueva raza dominante.Unos cuantos siglos después, su raza consiguió los suficientes miembros como para convertirse en los dominantes, y fue lo que sucedió. Empezaron a tomar humanos como simples esclavos.Algo que no pudo dejar de notar, fue el morbo que les causaba a los kaizokus el acto sexual humano, pero había establecido que estaba terminantemente prohibido hacer contacto con algún esclavo. Esto tenía una razón muy poderosa.Una de sus investigaciones que había hecho sobre la raza humana lo había llevado a averiguar que cada cierto tiempo, cuando las condiciones eran propicias, el primer descendiente varón de ciertas familias nacía con una cualidad especial. Característica que se hacía patente después de que pasaran veinte primaveras de su nacimiento.Esta cualidad especial, podría ocasionar que su raza perdiera prestigio. En las mujeres, este milagro se podía controlar, era sencillo volver estériles a las esclavas humanas, sin embargo, en los varones nacidos bajo la luz de este fenómeno excepcional, era imprevisible que sucediera e imposible de detectar, además de tener una incidencia de uno cada diez millones de nacimientos.Unos pocos años antes, ciertos kaizokus habían empezado a relacionarse con sus esclavos, manteniendo contacto sexual con ellos a escondidas. Por eso había redactado esa ley. Si alguno de los esclavos, llegaba a ser un joven especial, podría quitarle prestigio a su raza, y eso no lo podía permitir.Debido a que su raza no necesitaba del acto sexual para reproducirse, no solían expresar sentimientos que llevaran al amor y el afecto, lo que en la mayoría de los casos desencadenaría una relación sexual. Si mono ve, mono hace, pero si mono no ve, mono no hace. Tohma nunca les inculcó sentimientos cálidos ni nada que pudiera llevar a una necesidad carnal. Por esto, los pocos kaizokus que se involucraban con sus esclavos, lo hacían por simple curiosidad, y lo seguían haciendo, porque encontraban cierto placer en ello.Para mantener el orden entre los kaizokus, había dado un permiso clandestino a los pocos kaizokus que mantenían contactos sexuales con sus esclavos, con la condición de que al llegar a la edad de veinte años, prescindieran de ellos.Todos habían aceptado sin excepción. Podrían disfrutar de un mismo esclavo por un máximo cinco años y luego otro y así... o varios a la vez. Todo esto para asegurarse de que, si en dado caso, nacía este "humano especial" y llegaba a convertirse en esclavo de algún kaizoku que se saltara las reglas, no causara problemas.Y ahora... después de todas las precauciones que había tomado, llegaba su kaizoku favorito, pidiendo hacer su esclavo, a alguien que, no sólo pasaba de los veinte años, sino que además era un completo desconocido y para rematar... un varón. —¿Por qué? —Necesitaba saber la razón por la cual Eiri se empeñaba tanto en ese simple humano.—No quiero ni pienso darte mis razones Tohma... simplemente... concédeme esta petición. *** —Un día vino Ryuichi diciéndome que haríamos un último trabajo —Shuichi continuó con su relato.—Te había advertido que——Ya sé que Ryu tiene algunas ideas extrañas —Lo cortó—, pero aún así es mi amigo.—Bueno, y ¿en qué consistía ese trabajo?Shuichi dudó un poco antes de contestar. Sabía que su amigo se iba a enojar.—Íbamos a trasladar un cargamento de drogas.—¡¡¡Droga!!! —gritó Hiro con exasperación.—Lo sé... lo sé... esa fue mi reacción. —Shuichi trató de calmarlo con un ligero ademán de sus manos—, pero me aseguró que con la ganancia que obtendríamos podríamos dejar de hacer eso.Hiro respiró hondo. No tenía que haberse sorprendido, después de todo, a Ryuichi, con su personalidad tan cambiante e inestable, era capaz de meterse en problemas en cualquier momento.—¿Y qué sucedió después?—Bueno... —Tragó—, ya cuando estábamos en el lugar de la cita, esperando la mercancía, hubo una emboscada y nos atraparon.  *** —Bien Eiri. Llévalo a la exposición de esclavos este fin de semana.Tohma se había rendido ante la silenciosa insistencia de Eiri de conservar a su esclavo. Maldición. Nunca podía negarle nada. Después de todo, ¿cuáles eran las posibilidades de que ese esclavo en particular pudiera ser uno de los descendientes de aquella familia?—¿Es necesario? No me gusta participar en ese tipo de eventos. Eiri sabía que todos los nuevos esclavos, debían participar en una exposición. Los trataban como animales de exposición, sin embargo, Eiri —sin tener una idea certera del por qué—, no quería que Shuichi participara en eso, mas no podía oponerse, o Tohma podría negarle el permiso que acababa de concederle. —Claro que es necesario Eiri. De esa manera los otros kaizokus sabrán que él es de tu propiedad y que nadie puede hacer uso de él sin tu aprobación.—Antes de eso hay que hacerles pruebas de rendimiento.—¿De qué estás hablando? ¿Qué tipo de pruebas?—Eiri, hace tiempo que no tienes un esclavo legalizado. Hice unas reformas para asegurar la seguridad de los kaizokus, además, tu nuevo esclavo es mayor que la edad permitida.—De acuerdo. *** —Nos atraparon y nos llevaron a unas celdas... no sé dónde y ahí estuve un tiempo. Nos mantuvieron separados a Ryuichi y a mí. De hecho, no le he visto desde entonces, pero debe de estar bien —agregó con convicción.—¿Y tú cómo sabes?—Esa es... —No pudo evitar que su respiración se alentara—, la razón por la cual estoy aquí.—¿A qué te refieres? —preguntó Hiro, temiéndose lo peor.—Hice un trato con... el amo Eiri.—¿Cómo?—A cambio de la seguridad y supervivencia de Ryuichi, yo me convertí en su esclavo por tiempo indefinido.—Shuichi... La cara de estupefacción de Hiroshi no podía ser descrita. Por culpa de los caprichos de ese maldito había terminado en esta situación. —No te enojes con él Hiro.—¡Pero por su culpa estás aquí!—No tiene mucha importancia. Digo, es casi como lo que tú dijiste. Tengo ropa, comida, una cama caliente, un techo sobre mi cabeza, lo único... lo único que tengo que hacer es abrir las piernas y ya...—Shu... Se levantó de donde estaba sentado y corrió a envolver en un abrazo al joven esclavo que ya estaba envuelto en un mar de llanto y lo sostuvo entre sus brazos hasta que se calmó. —Hiro, necesito que me hagas un favor.Tomó papel y lápiz de uno de los cajones de la mesa de dormir y empezó a escribir un nombre. Cuando hubo terminado, se lo entregó al mayor. —Necesito que me traigas estas píldoras.—Son para...—Así es, no puedo dejar pasar más de veinticuatro horas o no surtirán efecto. Pero el amo no debe de enterarse.—No te preocupes Shuichi, cuenta conmigo. Ahora ven. Te mostraré la casa y además aún debes saber las reglas de los esclavos.—Sí. *** Un kaizoku alto y moreno caminaba rápidamente por un pasillo hacia las celdas de detenciones. Su rostro reflejaba una evidente combinación de enojo con desesperación. —¡No puedo creer que mi hermano me haga esto! Obligarme a quedarme con un esclavo viejo por tiempo indefinido. Sólo espero que valga la pena. No me gusta conservar mascotas viejas.Subió hasta el tercer piso de NG donde se mantenían los presos de alta importancia. Unos cuantos kaizokus de bajo rango custodiaban algunas de las puertas. Se dirigió hasta la segunda del lado derecho y la abrió con la tarjeta que su hermano le había proporcionado. *** Un joven de cabellos castaños y ojos cerúleos se encontraba acurrucado en el rincón de una vieja celda. Había tratado de resistirse al arresto para escapar y después regresar a salvar a Shuichi, pero no lo había logrado. Lo que había ganado había sido una reverenda golpiza y a duras penas podía moverse. Ya había perdido la cuenta del tiempo que llevaba en ese lugar.Sin siquiera esperarlo, la puerta de la celda se abrió, dejando paso a raudales de luz del exterior. Trató de cubrirse los ojos, aunque se le dificultó un poco por el hecho de que tenía encadenadas las manos. Sólo podía distinguir la silueta de una persona en la puerta.—Vaya... vaya... vaya... pero qué tenemos aquí...—¿Quién es? —preguntó con voz trémula.El individuo presionó unos cuantos botones en el panel exterior de la celda y Ryuichi quedó deslumbrado unos segundos. Cuando su vista se aclaró, vio a un joven moreno de ojos negros que lo miraban atentamente casi estudiándolo. —¿Quién eres?—Tu nuevo dueño.

----- CHAPTER BREAK -----

—¿Quién eres? —preguntó Ryuichi sin dejar su mirada de miedo ante ese desconocido.—Tu nuevo dueño —contestó el kaizoku con su sedosa voz.Tatsuha se tomó unos momentos para observar a ese humano que, por petición —casi orden—, de su hermano tendría que convertirse en su sirviente.—¿A qué te refieres? —Ryuichi comenzaba a desesperarse ante la mirada sin escrúpulos de ese hombre sobre su cuerpo.—A que a partir de ahora eres de mi propiedad y estarás a mi servicio.¿Qué? ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde demonios estaba? ¿Qué era lo que estaba sucediendo? No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Ahora tenía dueño?—¿De qué estás hablando? —Por favor, eso debía de ser una broma, y una broma muy pesada.—Gracias a tu amigo Shuichi Shindo, de ahora en adelante deberás llamarme amo.—¡Shuichi! —El de ojos azules recordó la redada, el disparo que había recibido Shuichi y como se los habían llevado a ambos por separado a diferentes lugares—. ¿Dónde está? ¿Qué le sucedió? —insistió, tratando de levantarse del catre, pero las cadenas se lo impidieron, cayendo al suelo.—Tranquilo, no te lastimes —dijo Tatsuha con una risa sardónica—, dañado no me sirves.—¿Dónde está Shuichi?—No tengo por qué darte explicaciones, pero supongo que de todas maneras lo sabrás. Ustedes dos estaban destinados a encarcelamiento indefinido, pero por alguna razón, mi hermano Eiri está interesado en tu acompañante.—Shuichi...No... Todo era culpa suya. Acceder a traficar ese cargamento de drogas había sido idea suya. Y ahora Shuichi...—A cambio de que tú no terminaras en el mercado negro de esclavos, te convertirás en mi esclavo por tiempo indefinido.—Que... ¿qué pasó con Shuichi?—Tranquilo —respondió con una sonrisa que lo último que lograba era ser tranquilizadora—. Podrás verlo en las exposiciones de esclavos y una que otra ocasión... siempre y cuando, me sirvas bien...En esta ocasión, fue una sonrisa lasciva la que recibió Ryuichi. Su suerte estaba echada. Siempre y cuando estuviera a lado de ese kaizoku, podría ver a Shuichi. De momento no le quedaba otra opción. Con el tiempo, quizás podría trazar un plan para escapar de aquel destino.—Y bien... ¿cooperarás? —preguntó con un gesto de impaciencia. Cada minuto en ese lugar era tiempo perdido—, o tendré que someterte a la fuerza.—¿Cuándo podré ver a Shuichi?Tatsuha cada vez perdía más la paciencia. ¿Qué acaso este humano no entendía que ahora él era el amo? ¿Qué ahora él hacía las preguntas y daba las órdenes?—Este fin de semana será la exposición de nuevos esclavos, posiblemente Eiri lleve a su esclavo.Ryuichi solo bajó el rostro y asintió en entendimiento. Tatsuha metió su mano derecha en su saco y de ahí sacó una cajita negra aterciopelada. Ryuichi se le quedó viendo, temiendo lo peor. Había escuchado rumores acerca de lo que significaba ser un esclavo... tenía algunos conocidos en común con Shuichi y había oído acerca de los kaizokus que se metían con humanos, y no le quedaba alguna duda de que Tatsuha perteneciera a ese grupo. Entre los delgados dedos del kaizoku apareció un anillo.Tatsuha se acercó a una de las paredes y oprimió su pulgar en una pantalla que estaba a un lado de la puerta. La pequeña pantalla analizó su huella digital e hizo un sonido agudo, y después las esposas que ataban las manos y pies de Ryuichi cayeron abiertas.—Bájate los pantalones—Q... ¿Qué? —cuestionó titubeante.—¿Que no escuchaste? Que te bajes los pantalones —reafirmó tajante.Ryuichi abrió los ojos. La orden había sido demasiado directa. Estaba aterrado. Con reticencia acercó sus manos a sus pantalones, mientras que Tatsuha se acercaba lentamente a ese apetitoso cuerpo.El cinto de Ryuichi fue abierto, liberando la hebilla. El botón cedió a la manipulación de su dueño, mientras que el cierre hacía un lento descenso hasta su fin. Todo esto sucedía bajo el lento escrutinio de un par de ojos negros.—Levántate y siéntate sobre el catre.Estaba a punto de bajarse el pantalón cuando escuchó la orden. Tomando fuerzas y sujetando su pantalón, se levantó del piso y se sentó sobre el catre. Tatsuha acortó la distancia entre ellos hasta encontrarse frente a su nuevo esclavo. No podía esperar para tenerlo en su cama bajo su cuerpo. Algo diferente a lo que acostumbraba.Tomó las manos de Ryuichi que se encontraban a punto de bajar la ropa interior. Con sus manos fue bajando la prenda hasta encontrar el miembro dormido. Ryuichi se sonrojó furiosamente y sujetó las manos del kaizoku en un impulso antes de que pudieran hacer otra cosa. Tatsuha simplemente le devolvió esa sonrisa lasciva que tenía, y quitó sus manos.—No te muevas —dijo con cinismo.Tomó el miembro de Ryuichi y lo levantó para deslizar el anillo lentamente, aprovechando la ocasión para tantear los atributos de su nuevo esclavo. Terminada la maniobra se enderezó.—A partir de ahora eres mío... mi esclavo. Toda tu existencia me pertenece. —Empezó a caminar hacia la puerta, haciéndole un ademán al esclavo para que lo siguiera—. Una sola muestra de desobediencia y no volverás a ver a ese mocoso... o mejor aún... terminarás en el mercado de esclavos.Ryuichi sólo asintió.—Una cosa más... A partir de ahora me llamarás amo.—Sí... —confirmó Ryuichi, cerrando su condena—, amo. *** Shuichi y Hiroshi caminaban a través de uno de los tantos pasillos de aquella esplendorosa mansión. Hacían pequeñas paradas en cada puerta mientras Hiroshi le daba explicaciones de cada una de las habitaciones y salones en los que se detenían.—Ésta es la biblioteca. Puedes venir cuanto quieras —le dijo, señalándole una puerta doble con un detallado grabado—, aunque dudo que te guste leer —agregó con malicia.—Hmn... A partir de ahora lo más seguro es que tenga mucho tiempo libre... espero que sólo requiera mis servicios durante las noches... —bufó.La sola idea de pensar que tendría que repetir el acto cada que su nuevo amo quisiera le causaba repulsión. Él era de la idea de que el sexo debía ser solamente con la persona amada. Era de las personas a las que les gustaba llamarle "hacer el amor". Risueño sin duda.—O durante las exposiciones... —agregó Hiro.—¿Exposiciones?—Aún tengo muchas cosas que explicarte Shuichi.Hiro pudo observar como el semblante de Shuichi de pronto se volvió serio y sombrío como si fuera un prisionero condenado a la horca. Sintió lástima por él.—Shuichi...—No te preocupes Hiro —dijo sonriente—. Algún día escaparé de este mundo.Nunca perdería la esperanza y el optimismo. Algún día recuperaría su libertad y junto con Ryuichi regresarían a los suburbios. Esperaba que Hiro también quisiera acompañarlo, aunque quizás lo veía menos probable.—Yo te ayudaré.—Gracias Hiro, pero no quiero que te metas en problemas —Shuichi posó una de sus manos sobre el hombro de Hiro—. Este mundo es tuyo, tu mismo lo dijiste, las condiciones de vida son diferentes, pero yo... no puedo vivir sin mi libertad.—Te entiendo.—Ryuichi piensa lo mismo que yo. —Una imagen de Ryuichi encarcelado le pasó por la mente y un escalofrío le recorrió la espalda—. Nacimos libres y moriremos libres.—En eso tienes razón.—Por cierto Hiro. ¿Cómo es que tú conoces las reglas de los esclavos?—¿Qué acaso ya lo olvidaste Shuichi?—¿Olvidar?—Yo me fui de los suburbios cuando tenía quince y regresé casi tres años después.—Oh, es cierto. Nunca me contaste qué te pasó en ese tiempo.El rostro de Hiroshi se ensombreció por unos instantes. Shuichi notó lo incómodo que le resultaría hablar del tema en esos momentos.—Yo fui un esclavo Shu.La cara de asombro no le sorprendió. Siendo ambos jóvenes, amaban su libertad, y que fuera convertido en esclavo, sin duda no era algo de lo que pudiera enorgullecerse. Se había prometido a sí mismo olvidar esa parte de su vida que tanto dolor le causaba, pero sabía que en cierto momento tendría que contarle a Shuichi.—Quiero contártelo Shu pero...—Si no quieres contármelo, lo entiendo —dijo, palmeándole la espalda—. Ya me lo contaras a su debido tiempo.Se dedicaron una sonrisa y siguieron caminando por los interminables pasillos, tratando de memorizar todas las indicaciones.«Sólo espero no perderme».
 
*** Eiri salía airoso de NG con dirección a su auto. Finalmente había conseguido el permiso para conservar a Shuichi Shindou y de paso el de Ryuichi para su hermano. La exposición sería hasta dentro de dos días más, durante el fin de semana. Tendría tiempo suficiente para domar a la fiera. Compraría unos cuantos "implementos" para practicar, y que se acostumbrara a su nueva condición de esclavo.Quería empezar esa misma noche, por lo que dirigió una mano al pendiente de su oreja y lo presionó un poco, abriéndose un canal de comunicación con su mansión.—Buenas tardes, mansión Uesugi.—Habla Eiri.—Amo, soy Mayuri, Hiro se encuentra en estos momentos con su nuevo esclavo... ¿En qué puedo servirle?—Dile a Hiro que prepare a Shuichi para la noche, para una exposición... personal.—Si amo. Todo estará listo para su llegada, amo. —Cortó la llamada.Ingresó a su vehículo personal y le indicó a su chofer que lo llevara al centro comercial de la ciudad, tendría que hacer unas compras. Un remolino de ideas se formó en su mente. *** Hiroshi y Shuichi decidieron instalarse cómodamente en la biblioteca para que Hiro le pudiera explicar el reglamento que debían seguir los esclavos. Hiro se sentó en un sillón, mientras que Shuichi se recostó en un diván rojo en medio de la habitación. Colocó sus manos detrás de su cabeza y cruzó sus piernas—Bien... ¿Qué es lo que se supone que tengo que saber? —preguntó, acomodándose en el diván.—Bueno, en realidad es todo un protocolo... —empezó Hiro, acomodándose en el sillón.—¿Acaso hay instrucciones hasta para abrir las piernas? —dijo jocoso.—Shuichi... no seas vulgar —regañó Hiroshi.—Ya, lo siento. ¿Qué es lo tengo que saber? —preguntó tratando de ponerse serio.No sabía que hubiera reglas hasta para tener sexo en la sociedad kaizoku. Sabía que los esclavos servían para el deleite visual de los kaizokus, que eran obligados a relacionarse entre ellos mientras los kaizokus solo se dedicaban a ver.—Primero, cuando estés con el amo Eiri enfrente de otras personas, no puedes levantar la mirada o hablar, a menos que te den autorización—¿Y eso porqué? —preguntó Shuichi indignado.—Bueno... eso es porque... para ellos tú no tienes su nivel...—Malditos creídos —dijo mientras cruzaba sus brazos y adoptaba una pose enfurruñada.—También deberás asistir a exposiciones de esclavos.—¿Y qué sucede en esas exposiciones?—Bueno... Eso depende. Hay algunas en las que los kaizokus gustan solo de presumir a sus nuevas adquisiciones. En otras no hacen nada, simplemente los esclavos se sientan a los pies de sus amos, manteniéndose callados y con la vista baja, mientras que sus amos hablan con otros kaizokus y toman bebidas. Sólo es pasar un buen rato o hacer negocios, pero igualmente, presumen indirectamente a sus mascotas. Parecido a los antiguas discotecas de nosotros los humanos.—Nada más.—También hay otras ocasiones en las que, para hacer el espectáculo más interesante...Hiro sentía que ya no podía continuar, le daba pena por lo que seguramente tendría que pasar su amigo.—Ya dímelo Hiro —insistió Shuichi.—El acto sexual entre esclavos es un acto morboso para los kaizokus. Disfrutan de ver como sus mascotas se divierten entre ellos.Shuichi no podía creer lo que escuchaba. ¿El acto sexual? ¿Se refería a tener sexo en frente de la gente? Pero eso era una barbaridad... ¿Morbosidad? Por favor... eso era una explotación.—¿Quiere decir que tendré que tener sexo en frente de ellos? ¿De varios de ellos? —preguntó con temor.—Si el amo así lo permite... De hecho, los kaizokus no deberían meterse con sus esclavos. Está prohibido porque lo consideran un acto tan bajo que no merece la pena rebajarse de tal manera. Pero los pocos kaizokus que lo han hecho como el amo Eiri y su hermano, lo mantienen como un secreto, con la autorización de Tohma Seguchi.—¿Entonces con quién?—Te tocaría con el esclavo de algún otro kaizoku que lo ofrezca.—O sea, ¿podría ser con quien sea?—Así es... —respondió Hiro con pesadumbreShuichi no podía creer esto... El hecho de que sólo por órdenes de su engreído amo tendría que acostarse con cualquiera, simplemente para satisfacción visual de los demás.—¡Eso es inhumano! —chilló.—Lamentablemente así son las cosas Shu... no hay nada que podamos hacer... no tenemos el suficiente nivel para hacerles frente.Shuichi suspiró derrotado. Maldito el momento en el que los kaizokus habían superado a los humanos y los habían convertido en esclavos. ¿Qué acaso no había manera de hacerles frente? Sabía que había grupos de insurgentes que querían oponerse al gobierno de los kaizokus, pero no habían tenido éxito. ¿Qué se requeriría para poder tener libertad? ¿Matar a su dirigente?—Bueno... ya qué... de todas maneras, si quiero ver a Ryuichi de nuevo... tengo que obedecer.—También deberás acostumbrarte a los uniformes de esclavos.—Como el que utilicé ayer...—Así es... todos tienen la misma finalidad, exhibir al esclavo. Todos son del mismo estilo. Muy reveladores y con poca tela.—Los odio.—Hay unas cuantas reglas más, pero no tienen mucha importancia.En ese momento llamaron a la puerta. Probablemente sería un sirviente, porque el amo Eiri en su mansión... no toca puertas.—Adelante —indicó Hiroshi.Una chica de unos 25 años se abrió la puerta e hizo una pequeña reverencia.—Disculpe... Hiro-san—Adelante Mayuri, pasa.La chica se adelantó hasta donde se encontraban los dos jóvenes.—Shuichi, te presento a Mayuri, es una de las sirvientas de la mansión, y una de las primeras amigas que hice aquí, aunque es algo tímida.—Hola Mayuri. Gusto en conocerte, soy Shuichi Shindou.—Mucho... mucho gusto en conocerlo Shindou-san. —Aún con un tremendo rubor en su rostro, se volteó a ver a Hiro—. Hiro-san, el amo Eiri quiere que prepare a Shindou-san para una exposición personal.—De acuerdo. Tráeme el atuendo que se encuentra en la bodega. Cubículo 7-20—En seguida, Hiro-san—Gracias Mayuri.—Con permiso Hiro-san... Shindou-san. —Salió de la habitación haciendo una pronunciada reverencia.—¿Qué es una exposición personal? —preguntó Shuichi una vez que la chica hubo salido.—Es... parecido a lo que me imagino que sucedió ayer. —Un furioso sonrojo apareció en el rostro de Shuichi—. ¿Tuvieron sexo cierto? —Shuichi simplemente asintió—. Las exposiciones personales son exclusivamente entre amo y esclavos. Sin nadie más presente. Pueden ser muy esporádicas o muy seguidas, depende del amo.—¿Y las del amo Eiri son...?—Buen, la verdad no lo sé. Cuando llegué aquí, no tenía ningún esclavo, y hace pocas semanas, empezó a traer jóvenes y jovencitas a la mansión, pero sólo se quedaban una noche, por lo que no se les puede llamar esclavos. Pregunté a la servidumbre, y parece que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que el amo tuvo un esclavo legalizado.»Una exposición personal implica que el amo vea y los esclavos... hagan lo suyo, pero en el caso del amo Eiri, supongo que no querrá solo ver...—¿Qué es eso de cubículo 7-20?En esta ocasión la franja rosa apareció en el rostro de Nakano.—Bueno, los kaizokus siempre deben tener bien arreglados a sus esclavos. Los trajes son propios de cada kaizoku pues ellos deciden lo que sus esclavos usarán. Todos están acomodados y catalogados en un almacén. El siete se refiere al pasillo y el veinte al cubículo. Cada pasillo tiene veinte cinco cubículos y hay diez pasillos.—Son demasiados —comentó Shuichi con incredulidad.—Lo sé.—¿Y por qué el 7-20?—Hasta donde sé, ese estilo es uno de sus preferidos, lo repetía mucho.—Entonces es fetichista... —Hiro no pudo aguantar una risa.—Podría decirse. *** Ryuichi observó a través de la ventana del vehículo lo que sería su nuevo hogar, o su nueva cárcel. Una inmensa mansión de tres pisos y posiblemente decenas de habitaciones. Todo un monumento a la arquitectura moderna. El manto oscuro había caído sobre la ciudad, iluminándola con una de estela de luces sobre el firmamento.—Wow tu casa es enorme —alabó Ryuichi en cuanto hubo bajado del vehículo.—¿Acaso no sabes quién soy? —preguntó Tatsuha con un obvio sarcasmo en su voz mientras ambos entraban al vestíbulo. ¿Por qué ese hombre se comportaba como niño?—La verdad... no... ―Tatsuha frunció el ceño.—Soy Tatsuha Uesugi. Hijo menor de la familia Uesugi. Miembro de la mejor estirpe de kaizokus del país —dijo con petulancia.—Sí... sí... ya entendí... eres importante —respondió Ryuichi con sorna, si saber a lo que se estaba teniendo.Tatsuha se estaba exasperando de la actitud del esclavo. Parecía estar tomándose todo a la ligera. ¿No entendía las implicaciones del infierno en el que acababa de meter? Lo tomó fuertemente del cuello de la andrajosa camisa que aún portada —y que se aseguraría de hacerla desaparecer más tarde—, y lo levantó, unos cuantos centímetros del suelo.—A partir de ahora dependes totalmente de lo que yo quiera hacer contigo. Si no fuera porque hice un trato con mi hermano —hecho que después me aseguraré de cobrarle—, sólo te utilizaría una vez y después te dejaría en el mercado de esclavos.Ryuichi lo vio con temor en sus ojos.—De ahora en adelante no harás nada sin que yo me dé cuenta. Respirarás cuando te lo diga, parpadearás bajo mis órdenes, incluso —continuó, tomando fuertemente uno de sus glúteos—, llevaré el control de lo que entra por aquí...La mirada de temor se intensificó. Había escuchado de los kaizokus descarriados, pero creía que eran simples historias. Quizás estas tuvieran un poco de verdad. Tatsuha lo empujó hacia la puerta.—¡Noriko! —gritó en cuanto entraron a la mansión.Una joven sirvienta apareció por una de las tantas puertas del vestíbulo. Tatsuha golpeó la espalda de Ryuichi, para que caminara hacia ella.—¿Qué desea amo?—Aséalo y prepáralo con el traje 29-54. Déjalo listo en mi habitación en una hora.—A la orden amo —dijo la chica con una reverencia. Entonces se volteó a ver a Ryuichi—. Sígueme.Dedicándole una última mirada, Tatsuha desapareció por otra de las puertas del vestíbulo. *** Ryuichi iba siguiendo a la jovencita, que desde que había indicado la caminata, no había dicho ninguna palabra. Se sentía un poco incómodo con ese silencio, así que trató de romper el hielo.—Hola, me llamo Ryuichi Sakuma.La chica volteó a verlo, algo incrédula, pero entonces le dirigió una sonrisa y contestó.—Mucho gusto. Mi nombre es Noriko Ukai. Soy el ama de llaves del amo Tatsuha. Tú debes ser su nuevo esclavo.—Si... se podría decir que sí —dijo Ryuichi, suspirando—. De ahora en adelante tendré que servir a ese engreído.Trataba de decir todo graciosamente. Viendo algún lado bueno del asunto. No podía evitarlo, era una persona muy inquieta y que tenía dificultades para guardarse lo que en realidad pensaba de las personas.—Si el amo te llega a escuchar hablando así de él——No podría conmigo... nadie puede conmigo —afirmó.—No digas eso.—Y dime. ¿Cuáles son sus costumbres? —preguntó, tratando de cambiar de tema.—Bueno. Como ya te habrás imaginado, es uno de los tantos kaizokus que han caído en la tentación.—Vaya tentación —dijo Ryuichi riendo.—Bueno, que se le puede hacer. Una vez que han caído en la trampa de los placeres carnales... nadie sale vivo...Ryuichi sentía que había hecho una nueva amiga dentro de aquel nuevo infierno en el que se acababa de meter.—Por cierto, ¿cuántos años tienes?—Treinta y uno... ¿Y tú?—Veintiocho... —contestó Noriko, algo sorprendida—. Es extraño...—¿Qué cosa?—Sobrepasas por mucho la edad máxima que puede tener un esclavo.—¿Cuál es la edad de un esclavo?—De quince a veinte años... No sé porqué el amo trajo a alguien que es mayor... inclusive que él mismo.—¿Cuántos años tiene ese tal Tatsuha? —Imaginando que estaría rondando la veintena.—Dieciséis...—¡¡¡Dieciséis años!!! —chilló sin poder evitar levantar la voz—. ¡¡¡Pero si sólo es un chiquillo!!!—Bueno... debido a la familia a la que pertenece, ha tenido que madurar antes de tiempo. A pesar de su corta edad, ya es capaz de tomar decisiones que conciernen a la política del país, junto con sus hermanos y el amo Seguchi.—Es increíble... voy a ser controlado por alguien de la mitad de edad que yo...—Y por cierto... ¿Cómo terminaste aquí?—Bueno...Ryuichi le contó todo acerca de su captura, lo que sabía del trato de Shuichi con el hermano de Tatsuha y su nueva estadía en aquella mansión.—Me imagino que sabes cuál es tu destino en esta mansión...—Él ya me dijo que prácticamente quiere que sea su mascota sexual.—Así es... sólo espero que te trate bien...—¿A qué te refieres?—Bueno... él ha tenido varios esclavos, pero estos no duran mucho tiempo... él tiende a ser muy brusco con sus esclavos... en ocasiones los cambia porque ya no le gustan... o porque ya no son capaces de satisfacerlo.—Sigo sin entender —dijo, inclinando la cabeza con el mismo deje de inocencia que siempre había caracterizado a su persona.Noriko suspiró. ¿Qué pasaba con este hombre? ¿Qué acaso tenía a mentalidad de un niño? Sintió pena por él.—Es muy brusco a la hora de tener sexo con sus esclavos. En ocasiones realiza orgías con esclavos de otros kaizokus, o él mismo como participante. Los esclavos terminan con desgarres o con exceso de marcas en sus cuerpos... por eso los cambia...—Oh dios... —La voz de Ryuichi se quebró. Nunca se imaginó eso. Vamos, sabía lo que iba a tener que hacer, pero nunca pensó que el amo sería de esa manera... tan brutal...—Yo soy la que los atiende en las mañanas, después de que todo ha terminado, y puedo decirte que no es nada bueno. Te digo esto porque me has caído bien Ryu. Pero si dices que todo esto es por un trato de tiempo indefinido. Quizás el amo sea benevolente contigo —agregó Noriko, tratando de sonar optimista.—Eso espero.Un poco de color había desaparecido del rostro de Ryuichi. Esperaba que el amo respetara su trato con su hermano y Shuichi... o la iba a pasar realmente mal.—Sígueme. Vamos por tu traje. Tienes que estar listo en la alcoba del amo en una hora.Ryuichi no contestó. Simplemente la siguió con cara de resignación *** Shuichi y Hiro habían vuelto a la habitación del primero. Mayuri le había entregado al mayordomo una caja con la ropa que iba a usar esa noche y después se había retirado cerrando la puerta.—Entonces, esto es lo que me tengo que poner —dijo Shuichi.Shuichi se sentó sobre la cama, esperando a que Hiroshi se acercara con el paquete que Mayuri le había dado.—Así es.Cuando Shuichi abrió la caja, un furioso sonrojo se asentó en su rostro.—¡¡¡¿Esto tengo que usar?!!! *** Noriko le mostró a Ryuichi la que sería su nueva habitación por tiempo indefinido. Le había solicitado a una sirvienta que le trajera el traje que el amo le había solicitado.—Ésta será tu nueva habitación.Los lujos de esa habitación eran increíbles. Una cama adocelada estaba en el centro. Un gran armario, un peinador y un diván adornaban la habitación. Una sala y un ventanal que daban a un pequeño balcón.—Disculpe señorita Noriko. —Un toque en la puerta llamó la atención de ambos—. Le traigo el traje que me encargó.Noriko se dirigió a la puerta y recibió la caja, despidiendo a la sirvienta y cerrando la puerta de nuevo.—Bien. Tú decides. Puedo ayudarte a cambiarte o te cambias tú solo.—Gracias, pero quisiera... un poco de privacidad.—Bueno... entonces me voy... que tengas suerte... Toma una buena ducha y vístete rápido, regreso en 30 minutos.—Gracias. —Dirigiéndole una sonrisa, desapareció por la puerta.Ryuichi se dirigió a abrir el paquete que le habían dejado sobre la cama. No se sorprendió de lo que vio. Tendría que acostumbrarse a ello, hasta que encontrara una manera de escapar.Sacó lo que había en esa caja y empezó a ponérselo. Se desnudó completamente y tomó un baño rápido. Saliendo, primero se colocó un collar de cuero, ajustándolo por el frente. De este salían dos correas que se ajustaban a dos argollas que estaban a sus costados y que terminaban uniéndose a un cinto en su cintura. De las mismas argollas de los costados, salían otras dos correas que rodeaban su torso. Una delantera y una trasera. Debajo del cinto se colocó una tanga de cuero. Aparte, dos tubos de cuero cubrían sus piernas, terminando en unas botas. Y para terminar, dos correas en las manos. Todo el conjunto estaba en color negro.Ya cuando estuvo todo listo, se acercó a un espejo de cuerpo completo que estaba a un lado del armario y se observó. Sus mejillas se coloraron por la imagen que le regresó el objeto. Era un traje muy descarado, pero seguramente todos serían igual en aquella mansión. Se dio la vuelta y vio que la tanga estaba demasiado ajustada, no dejaba nada a la imaginación.Seguía apreciándose cuando tocaron la puerta.—Adelante.—Ryu... ¿Ya estás listo? —preguntó Noriko cuando la puerta se abrió.—Sí Noriko.—Bien. Ponte esto encima. —Le pasó una bata de seda negra—. Póntela sobre el traje y sígueme. El amo quiere verte.—Bien... «Esto acaba de comenzar...».

----- CHAPTER BREAK -----

—Aquí es. Ryuichi y Noriko habían llegado a una habitación cuyas puertas de roble mostraban un acabado intrincado. Noriko procedió a tocar la puerta.—¿Quién? —Se escuchó a través de la puerta.—Soy Noriko amo Tatsuha, traigo al joven Ryuichi, señor —indicó Noriko.—Bien. Hazlo pasar y márchate.—A sus órdenes señor.Noriko volteó a ver a Ryuichi.—Puedes pasar Ryu... vendré a verte por la mañana.—Gracias por todo Noriko.—Suerte. *** —¡¡¡Yo no pienso ponerme eso!!!—Pero Shu...Shuichi se había indignado al ver el traje. Aventó la caja lejos de su vista, quedando ésta toda regada sobre el suelo. Un conjunto de telas y correas era lo que se distinguía entre el embrollo de prendas.—Shuichi... comprende... a partir de ahora todo será así... al menos hasta que lograras salir de aquí... el destino de Ryuichi será el mismo... así que vete haciendo a la idea de lo que tendrás que hacer mientras ideas un plan para escapar —dijo Hiro con pesar, entendiendo la frustración.Shuichi lo miró con resignación y se dirigió hacia donde estaba todo tirado, para recogerlo y ponerlo nuevamente sobre la cama.—¿No hay de otra verdad? —Hiro simplemente negó con la cabeza, mostrándole su obvia tristeza por la situación—. Bien... podrías dejarme sólo... un momento.—Claro. Empieza a ponértelo. Yo iré a ver cómo le hago para conseguir tu medicina. Regresaré más al rato para ayudarte a terminar de arreglarte.Hiro abandonó la habitación, dejándolo solo. Bien, se envalentonó, afirmándose a sí mismo que solo haría esto por poco tiempo, hasta que se le ocurriera una manera de escapar. Primero se quitó toda la ropa antes de empezar a acomodar esa maraña de telas sobre su cuerpo.Lo primero que encontró fue una correa para el cuello. De esta colgaban tres tiras de cuero de la parte delantera. Después tomó algo parecido a un corcelete compuesto por tres anchos cinturones y lo colocó alrededor de su torso. Este corcelete tenía tres uniones para las correas que salían de su cuello, una al centro y dos laterales. De la parte de abajo del corcelete caían dos ojales. Tomó la prenda que cubriría sus partes íntimas y se llevó una gran sorpresa. Por la parte de enfrente parecía una tanga normal que se unía a los dos ojales del corcelete. En cambio, por la parte trasera de corcelete bajaban dos correas que se unían mediante un arillo flexible que quedaba exactamente sobre... su intimidad.«Pareciera que está indicando “pase por aquí...”».Para acompañar, dos tubos de cuero para las piernas, junto con unas botas y muñequeras de cuero a juego. No quería ni imaginarse la noche que le esperaba si estaba usando el traje favorito del amo. *** Hiro estaba buscando a Mayuri, era con quien tenía más confianza y la que estaba seguro le podría ayudar a encontrar las píldoras que quería Shuichi. Sólo tenía unas cuantas horas antes de que llegara el amo Eiri. Después de eso, ya no lo vería hasta la mañana siguiente.Caminando por uno de los pasillos, la encontró empujando un carrito de ropa sucia.—¡Mayuri! Qué bueno que te encuentro.La chica se detuvo al ver que el mayordomo venía a su encuentro.—Dígame en que puedo ayudarlo Hiro-sama —ofreció la chica con una tímida sonrisa.—Quiero pedirte un favor.—Haré todo lo posible Hiro-sama.Hiroshi sacó de la bolsa de su pantalón, la nota que le había dado Shuichi.—Necesito estas pastillas para antes de que llegue el amo. Se consiguen en los suburbios.La chica leyó el nombre en el pequeño trozo de papel.—¿Y esto para qué es?—No puedo decírtelo por ahora, pero sí es de vital importancia conseguirlas antes de que llegue el amo Eiri.—¡¡¡Antes de que llegue el amo!!! Pero si eso es en menos de tres horas.—Bueno, es imprescindible apurarnos. Yo no puedo salir sin que el amo lo note, pero yo puedo encubrirte.—Cuente conmigo Hiro-sama, no lo defraudaré —le aseguró la chica con mirada decidida.—Gracias Mayuri.La sirvienta tomó de nuevo su carrito y desapareció por una de las puertas, mientras que Hiro volvía a la habitación de Shuichi para ver si podía ponerse bien sus ropas. *** —...Y me obligó a quedarme con el esclavo por tiempo indefinido.Tatsuha había recibido una llamada de un kaizoku que había estado fuera de la ciudad haciendo negocios. Inicialmente estaba buscando a Eiri dado que no le había sido posible localizarlo. Tatsuha le había explica la razón.—Un comportamiento extraño... sin duda... —dijo el kaizoku de manera enigmática.—Sólo vi fotografías de su esclavo, pero aparentemente tiene buenos atributos.Tatsuha guardó silencio, acomodándose en su silla frente a su escritorio y observando las imágenes que tenía de Ryuichi en su ordenador. Fue pasándolas una tras otra, fotografías de la redada y de investigaciones anteriores. Había algo en ese esclavo que le resultaba atrayente, y esperaba que no lo defraudara.—¿cómo es tu nuevo esclavo? —preguntó el kaizoku que tenía en línea, distrayéndolo.—Me dobla la edad en primer lugar —dijo Tatsuha, restándole importancia al asunto.Se hizo un breve silencio en la línea.—Eso es... inusual. Excede demasiado la edad máxima permitida para los esclavos, quizás para un sirviente.—Tohma lo autorizó, así que si no quiero ganarme la ira de mi hermano, debo mantenerlo vivo y no venderlo.—Vaya sacrificio... —La voz del kaizoku iba teñida de sarcasmo.—Dejemos de hablar sobre mí, dime, ¿conseguiste algún esclavo nuevo? Has estado casi tres años fuera.—Varios... en realidad muchos... pero no son como él... sigo sin encontrarlo...Tatsuha bufó incrédulo—Deberías de resignarte, era un simple esclavo que no vale la pena... No entiendo cómo puedes sentirte así por haber perdido a uno de tus esclavos.—No lo entenderías Tatsuha.Un toque en la puerta llamó su atención. Era el momento. Sonrió con cinismo.—Disculpa que no pueda continuar con nuestra charla pero ha llegado el momento de probar a mi nuevo esclavo.—Entiendo. ¿Asistirás a la siguiente exposición?—Sí, Eiri también irá. Hay que hacer la presentación.—Perfecto, podré ver a Eiri entonces. *** Obedeciendo a la indicación, Ryuichi se adentró en la habitación de su nuevo amo. Era un cuarto muy ostentoso con una cama de tres plazas al fondo. En la pared detrás de ella había una pintura nada decente de una orgía entre esclavos, se notaba por sus anillos. Varios sillones, muebles, un diván y un espejo de cuerpo completo, además de varios jarrones y una que otra escultura.Tatsuha estaba sentado en un sillón individual en el centro de la habitación con las piernas cruzadas y sus manos entrelazadas.—Ven... acércate. —Ryuichi caminó hasta donde se encontraba su amo, quedando a menos de un metro de distancia—. Da la vuelta.Tragando profundo, Ryuichi se dio la vuelta, tragándose su orgullo y permitiendo que el kaizoku lo apreciara. Podía sentir como si se lo estuviera comiendo con los ojos.—A pesar de la edad que tienes, posees un buen cuerpo. —Ryuichi tragó grueso. Comenzaba a sentirse demasiado incómodo en ese lugar y con tan poca ropa—. Bien... veamos que puedes hacer. Ven aquí. Quítate esa bata.Ryuichi se quitó la prenda, quedando de frente al kaizoku. Tatsuha lo observó fijamente. Ojos azules y piel clara. Delgado, no muy alto y de caderas estrechas. Tatsuha descruzó sus piernas, plantándolas sobre el suelo e irguiéndose lo suficiente pero sin levantarse, para rodear a Ryuichi y posar sus manos sobre sus glúteos. Ryuichi emitió un jadeo de sorpresa.—Estás firme... —murmuró Tatsuha, como si estuviera hablando para sí mismo. Ryuichi tragó.Tatsuha se levantó de su asiento y siguió tocando los glúteos de Ryuichi quien ya no podía disimular su sonrojo. Hacía mucho tiempo que no estaba con nadie, ni siquiera podía recordar cuándo fue la última vez que había tenido sexo.Inconscientemente, subió sus manos hasta posarlas sobre el pecho del kaizoku, quien al sentir el contacto se alejó como si estuviera ofendido. Tomó una mano de Ryuichi y lo jaló a la cama. En el trayecto, Tatsuha se deshizo de su camisa, mostrando una espalda amplia y fuerte.—Veamos que más puedes hacer con esa boquita tuya en vez de hablar —dijo Tatsuha, volteándose a verlo por un instante antes de sentarse sobre la cama, poniéndose cómodo sobre las almohadas y abriendo las piernas.Le dedicó una sonrisa a Ryuichi desabrochando su pantalón, mostrándole al esclavo que no llevaba ropa interior. Ryuichi se acercó a su amo y se puso de rodillas, viendo a su amo sacar su miembro que ya se encontraba semi-erecto.—Vamos. —Tatsuha tomó la cabeza de su esclavo y lo acercó a su miembro, obligándolo a tomarlo en su boca—. Vamos... Mueve la lengua... y hazlo bien...Ryuichi empezó a recorrer aquel miembro que se le presentaba. Lo lamía hasta casi sacarlo de su boca para después volver a engullirlo. ¿La última vez que había dado una felación? Ni idea. Relajó su garganta para darle paso hasta donde ésta se lo permitiera. Recorría una y otra vez cada una de las venas que surcaban aquel miembro, y sin querer, aquello empezó a gustarle.Estaba metido en su labor cuando sintió una mano usurpadora que se acercaba a su trasero y lo estrujó fuertemente sacándole gemidos sordos. Otra mano le hizo compañía. Ambas sobaban sus glúteos con firmeza. La parte trasera de la prenda era muy exquisita.Haciendo a un lado la franja de tela, sin retirar la prenda, uno de los dedos de su amo quiso ingresar en su entrada, lo que ocasionó que ejerciera un poco de presión con su boca, sacando un gemido de dolor a Tatsuha.El kaizoku lo tomó de los cabellos e hizo que levantara la cara.—Escúchame bien... si me muerdes... no volverás a ver la luz del día...Una mirada de terror se instaló en el rostro de Ryuichi, y con una indicación volvió a su trabajo. Tatsuha liberó sus cabellos y se relajó, disfrutando la felación. Giró el rostro hacia la mesa de noche donde una caja negra reposaba. Una caja que contenía complementos que solía usar con sus esclavos. Se estiró un poco, abriendo la tapa y sacando una botella con lubricante. Vertió un poco del líquido sobre sus dedos y nuevamente los dirigió hacia la parte baja del esclavo. Inmediatamente notó resistencia. O ese esclavo era virgen o no había tenido “actividad en mucho tiempo”. No le importó.Haciendo un poco de presión, introdujo el primer dígito. Ryuichi sintió como aquella falange se introdujo dentro de él. Sintió dolor, pero no podía quejarse. No quería despertar la ira de su nuevo amo. Otro dedo más pronto le hizo compañía. El dolor iba aumentando mientras él recorría aquel miembro lo mejor que podía. Trataba de verle el lado bueno al asunto. Quizás y tal vez pudiera conseguir un poco de placer.Tatsuha metió su mano nuevamente en la caja que estaba a un lado de él y sacó un dildo negro de buen tamaño. Lo acercó hacia el trasero Ryuichi y empezó a frotarlo sobre su entrada. Ryuichi se tensó. Siguió lamiendo el sexo del kaizoku, tratando de no pensar en lo que se avecinaba.Tatsuha empujó el consolador a través de aquel estrecho paraje, ocasionando que Ryuichi se dejara de mover sobre su miembro. Unas cuantas lágrimas escaparon de los ojos azules. Puso todo su autocontrol para no morder el sexo de su amo. Su cuerpo se tensó aún más. Dolía.—Puedo ver que hace tiempo que no haces esto —dijo Tatsuha mientras sonreía lacónicamente.Empezó a mover el dildo hacia adentro y hacia fuera con fuerza, provocándole dolor y extrañas sensaciones a Ryuichi. Tratando de aguantar tal agonía siguió chupando, lamiendo y recorriendo aquel miembro viciosamente.El dildo seguía su curso, entrando y saliendo. Tatsuha sintió como su excitación crecía. Era el momento. No quería desperdiciar su única erección de la noche. Separó la cara su esclavo y lo levantó de donde estaba, aventándolo violentamente hacia la cama.—Ahora viene lo mejor.Rápidamente se deshizo de los pantalones empezó a reptar sobre la cama, tocando las piernas y el miembro de Ryuichi que en esos momentos se encontraba semierecto, a través de la tela de cuero.—Hora de la degustación.Tomó las piernas del esclavo y las subió en sus hombros para dirigir su miembro hacia su entrada. Hizo a un lado la parte inferior de la tanga sin retirarla, simplemente movió el trozo de tela para dejarle el paso libre.Ryuichi gritó con todas sus fuerzas, doblando su espalda y apretando fuertemente las sábanas hasta que sus nudillos perdieron color. Tatsuha entró violentamente en aquel paraje, desgarrando todo a su paso. Increíblemente, la sensación que recibió era en extremo placentera. No podía creerlo. Tanta calidez en un cuerpo era imposible. Sin esperar ni un segundo, empezó a embestirlo. Ryuichi dejó escapar ríos de lágrimas de sus ojos. Dolía... dolía demasiado. Su erección había desaparecido por completo. Aquel kaizoku lo embestía como poseso, concentrándose exclusivamente en su propio placer.«¿Así es como será siempre?»—No... por favor... más despacio... duele... duele mucho...Tatsuha no escuchaba, sumido en su propia burbuja de placer. Dirigió sus manos hacia los rosados pezones del mayor y empezó a estrujarlos con fuerza.—¡Ah!Desató la correa que se encontraba en el torso de Ryuichi y con sus manos empezó a recorrer su pecho, dejando marcas de sus uñas por el placer que sentía. Con su mano derecha arrancó la tela que cubría su hombría y se sorprendió al no ver ni el más mínimo ápice de excitación, sin embargo, esto no le importó. Era su esclavo, y la finalidad de su existencia era simplemente satisfacerle en absolutamente todo.Ryuichi gritaba, mientras más y más lágrimas recorrían su rostro para terminar en la almohada de la cama. Tatsuha simplemente aumentaba la velocidad. A él sólo le importaba seguir sintiendo aquella calidez que rodeaba su miembro. Tanto era el placer que sentía que no escuchaba los gritos de dolor, ni se daba cuenta de que su esclavo empezaba a sangrar profusamente.Tatsuha sentía como se acercaba el orgasmo. Aumentó el ritmo de las embestidas. Los músculos de su cuerpo se tensaban, sintiendo la culminación del acto. Con un fuerte gemido se corrió dentro Ryuichi, quien lanzó un grito de dolor, por el ardor que le ocasionó del contacto del semen con sus heridas.Tatsuha se sentía ido. Como si su mente hubiera ido a dar un paseo y luego hubiera regresado. Salió del interior de Ryuichi quien soltó otro gemido por lo rudo de la separación. Tatsuha se desplomó sobre la cama, totalmente sumido en sus pensamientos. Había sido una experiencia increíble. Sentía como los residuos de las oleadas de placer aún inundaban su cuerpo.A su lado, Ryuichi estaba que se ahogaba con sus lágrimas, aunque no hacía ningún sonido. El dolor en su espalda baja era demasiado. A pesar de su sufrimiento, lentamente cerró sus piernas sintiéndolas temblar. Necesitaba descansar un rato.—Vete.Ryuichi abrió sus ojos en sorpresa.—Pe... pero...—Vete a tu habitación —reafirmó el kaizoku.—Pero yo... —titubeó—, no puedo——Lárgate de aquí... yo no duermo con esclavos a mi lado.Ryuichi solo asintió, sintiéndose destruido. Reuniendo las pocas fuerzas que quedaban en su cuerpo, y aguantando el terrible dolor de su cuerpo, se incorporó, no sin tambalearse un poco.Cada paso era una agonía y estaba casi totalmente desnudo. Se acercó hasta donde estaba tirada la bata que había traído cuando entró. Se agachó a recogerla, dando un quejido de dolor.Tatsuha escuchó ese leve gemido de dolor y se incorporó un poco, pudiendo apreciar la vista del esclavo, mientras este estaba agachado. La zona estaba muy irritada y aún salía sangre con semen.Ryuichi se incorporó y se puso la bata para salir lo más rápidamente de ahí, antes de soltarse a llorar de nuevo. Tatsuha regresó a su posición en la cama y trató de dormir un poco. Estaba cansado.Ryuichi recorrió lentamente los pasillos. Cada vez el dolor era más insoportable. El mismo roce de su piel le dolía. Y ahora para colmo se había perdido. Se recargó en una pared para descansar un poco. Se sentía mareado. La cabeza le daba vueltas. No podía enfocar bien. Se fue deslizando hasta llegar al piso y al contacto con éste lanzó un gemido de dolor. Sintió como su mundo se desvanecía y todo fue oscuridad. *** —¿Cómo vas Shuichi?Hiroshi entró sin tocar la puerta, y alcanzó a ver un gran bulto sobre la cama, envuelto en las sábanas.—¿Shuichi? —Sólo alcanzó a escuchar unos gruñidos que provenían de debajo del montón de sábanas—. No entiendo nada de lo que dices...Se acercó a la cama para sentarse cerca sobre las cobijas cerca de Shuichi. Entonces el escavo descubrió su cabeza.—No pienso salir de aquí—masculló.—¿Por qué?—Es vergonzoso... este traje es degradante —dijo, volviendo a cubrirse.—Lo sé Shu, pero no tienes otra opción por el momento. Tú aceptaste este trato.—Lo sé... pero ahora me estoy arrepintiendo.—Deja te digo que ya encargué tus pastillas. —Entonces Shuichi aventó las sábanas, dejando ver su cuerpo.—¿En serio? ¡Gracias Hiro! No sabría que hacer sin ti... Pero... ¿a quién se las pediste? ¿El amo lo sabe? ¿Es alguien de confianza? ¿Tú crees que la hagan bien? ¿Y si me las dan adulteradas? ¿Para cuando las van a tener?—Shuichi, Shuichi, escúchame, no puedo responder a tantas preguntas a la vez. Primero guarda silencio y te cuento.—Sí. —Shuichi se reacomodó, sentándose sobre la cama.—Bueno, se las pedí a Mayuri, ella es de confianza y el amo no lo sabe. Las deben de tener para antes de que llegue el amo, porque una vez empezada la exposición personal, si alguien llega a molestar al amo, se molestará.—¿Cuánto tiempo falta para que llegue?—Como una hora y media.—Tiempo suficiente para tratar de superar este trauma.—Tranquilo Shuichi... todo estará bien.—Sólo espero poder escapar de aquí rápido. *** Noriko iba caminando a través de uno de los pasillos con dirección a la habitación de su amo. El sol empezaba a ocultarse en el horizonte. No sabía si iba a ocupar a Ryuichi toda la noche o si iba a cambiar de habitación, entonces iba a preguntarle.Al cruzar por uno de los pasillos, vio un bulto en el suelo a mediación. Lentamente se fue acercando hasta que notó que era una persona. Aceleró a su paso y entonces la vista que lo recibió la dejó pasmada. En el suelo se encontraba Ryuichi. Respiraba lentamente, su cara se veía enfebrecida y estaba transpirando. Entre sus piernas había un charco de sangre.—Oh dios mío... Ryu. —Se acercó a él y tocó su frente—. Estás ardiendo en fiebre, será mejor sacarte de aquí.Rápidamente llamó a un sirviente para que la ayudara a levantarlo y a llevarlo a su habitación. Estaba muy asustada. No tenía idea de qué era lo que estaba haciendo Ryuichi allí, pero lo más seguro era que su amo no lo supiera, de lo contrario ya les hubiera avisado. Sólo esperaba que Ryuichi estuviera bien. *** —Hiro ya casi es la hora —dijo Shuichi volteando a ver el reloj sobre su mesa de noche.—Así es, déjame ir a buscar a Mayuri a ver si ya regresó con las pastillas—Gracias Hiro.El mayordomo salió apresuradamente de la habitación para buscar a Mayuri. Estaba ya en el vestíbulo cuando vio a través de un ventanal cómo se abrían las rejas de la entrada de la mansión. El amo Eiri había regresado.Tenía poco tiempo. Buscó a Mayuri por varios pasillos hasta que dio con ella.—¡Mayuri! Qué bueno que te encuentro. ¿Dónde están las pastillas de Shuichi? —preguntó con rapidez—Apenas iba a llevárselas... Aquí están —indicó, entregándole una pequeña caja.—Gracias.Hiro corrió con todo lo que daban sus piernas, hasta llegar a la habitación de Shuichi. Entró y cerró.—¡Shuichi! Rápido toma una.Tan solo pocos minutos después, la puerta de la habitación se abrió.

----- CHAPTER BREAK -----

—Vendré por la mañana Shu —dijo Hiro despidiéndose.—Gracias Hiro —respondió Shuichi en un susurro.Hiro le mandó una mirada comprensiva y se dirigió a la puerta de la habitación donde Eiri, su amo, se encontraba.—Con permiso amo. Todo está tal y como lo pidió —explicó, haciendo una reverencia.—Bien. Ve a mi despacho y tráeme la caja negra que dejé ahí. Cuando regreses, toca la puerta y deja la caja sobre el suelo. Después de eso, retírate.—A sus órdenes amo.Hiro salió de la habitación a realizar su encomienda. Hasta ese entonces vio a su esclavo cubierto con una bata de seda negra, dejando ver solamente las botas y parte de sus piernas.—Veo que te has puesto la ropa que te mandé —Shuichi apretó su mano en el lugar donde se cerraba su bata, como tratando de impedir que se abriera mostrando su cuerpo, pero sabía que pronto eso sería inútil—. Permíteme contarte la naturaleza de ese traje. Lo que estás usando fue confeccionado bajo mi más estricto escrutinio. La tela es de las más finas que se pueden encontrar. Ésta y la talla las escogí buscando las mejores proporciones. Alzó su brazo, y con su mano, tomó la bata de Shuichi y la retiró lentamente, deslizando la tela lentamente sobre su cuerpo hasta caer al piso.Una franja rosada apareció sobre el rostro de Shuichi. Odiaba sentir como esos ojos gatunos lo recorrían impregnados de deseo y lujuria. Esa mirada recorrió su cuerpo desnudándolo de la poca ropa que tenía. Acariciando cada curva, cada parte de su cuerpo con esa simple mirada.Sus ojos se conectaron por unos momentos. Todo lo que los rodeaba dejó de existir. Dorado y amatista. Inconscientemente sus rostros se fueron acercando lentamente. La distancia entre sus rostros se acortaba.El sonido de toques sobre la puerta regresó la consciencia al kaizoku del abismo al que se había precipitado. Dándose cuenta de lo que iba a hacer, se separó y se dirigió a la entrada.—Acuéstate sobre la cama —le dijo mientras se dirigía a la puerta.En el piso, fuera de la habitación, encontró una caja negra. Sonrió. Se había pasado toda la tarde escogiendo los mejores "implementos" para domesticar a su nueva mascota.Se había quedado intrigado la noche anterior. Desde que había empezado con esa costumbre de cambiar de esclavo cada noche, nunca había logrado tener más de una erección. Tenía la curiosidad de saber si había sido pura casualidad o si era por causa de su nuevo esclavo. Si sólo Shindou podría lograrlo.Cuando regresó, Shuichi ya se encontraba sentado sobre la cama.—Esto es lo que usaremos esta noche. —Shuichi se le quedó viendo la caja que el kaizoku dejó sobre la cama cerca de él. Eiri tomó asiento en un cómodo mueble que se encontraba directamente enfrente de la cama— Abre la caja.Dirigió sus manos hacia la tapa y la abrió. Eiri sonrió ante la cara de estupefacción y el intenso rubor que invadió a Shuichi. Dentro de la caja había un lubricante, unos cuantos consoladores, un rosario de cuentas blancas, y un aparato que Shuichi no conocía, que era una varita de metal conectada por un cable a un interruptor. Esta iba a ser una noche muy larga...—Quiero que sigas todas y cada una de mis instrucciones si es que quieres ver a Ryuichi este fin de semana.Shuichi abrió los ojos. Si se portaba bien y obedecía podría ver a Ryuichi en dos días. Sin siquiera pensarlo, simplemente asintió. Podría soportarlo, claro que podría.Eiri ya había puesto en marcha su plan. Primero trataría de tener un orgasmo, sólo viendo al joven, y si después volvía a tener una erección, lo tomaría.—Tócate —indicó Eiri con voz profunda.Shuichi puso cara de confusión. No había entendido bien la indicación.—No... entiendo...—Tócate... excítame... puedes usar lo que quieras de esa caja.Ahora sí había entendido. Con que al kaizoku le gustaba ver. Tragó profundo. Bien, era momento de meterse en su papel de “esclavo sumiso”. Lenta y penosamente subió su mano hasta su pecho y empezó a tocarse. Trataría de evitar lo que sea de esa caja o al menos hasta que recibiera una orden directa. Tocó sus tetillas, una y otra vez hasta dejar los pezones erectos.—Abre tus piernas.La pena inundó su ser. Ese traje revelaba parte de su intimidad. Abrió un poco las piernas y siguió tocándose. En esta ocasión en el abdomen sobre los cintos, sacando la vuelta a su miembro que ya empezaba a despertar por lo morboso del acto.—Ábrete más. Muéstrate por completo hacia mí.—Pe... pero...—Debes acostumbrarte... Es bien sabido que el acto sexual humano es un acto de carácter público para los kaizokus. Ahora abre las piernas.A Shuichi no le quedó otro remedio y abrió totalmente sus piernas. A pesar de que su traje cubría su miembro, no hacía lo mismo con su entrada, pues aquel anillo impedía que sus glúteos se cerraran por completo, manteniéndola a la vista.Shuichi seguía tocándose, sin embargo sus caricias no iban más allá de su cintura.—Tienes que hacer algo mejor que eso, si quieres excitarme. De ti depende de que vuelvas a ver a ese idiota.Mientras Eiri sonreía con autosuficiencia en su asiento, el joven le mostraba una cara de ira y rabia. Quería un espectáculo, tendría un espectáculo. Extendió una mano para tomar el bote de lubricante de la caja. Vertió un poco en sus dedos y los dirigió a su entrada. Primero un introdujo un dedo y lanzó un gemido. Nunca había hecho eso, pero quién mejor que él para darse placer, para averiguar lo que le gustaba. Intentó moverlo de adentro hacia afuera, mientras que con la otra mano acariciaba su miembro.Empezó a gemir.Otro dedo le hizo compañía a los pocos segundos. Shuichi posó su vista sobre la caja. La mano que estaba sobre su miembro viajo hasta la caja y de ella sacó el dildo pequeño. Fijó su vista en los ojos del kaizoku los cuales parecían querer comerlo vivo. Sonrió internamente, ya casi lo tenía en sus manos.«Esto es fácil. Pronto... tú mismo me dejarás ir...»Sin quitar la vista de aquellos ojos ambarinos, lamió el dildo de arriba abajo, dejándolo totalmente lubricado, mientras dos dedos seguían moviéndose afanosamente dentro de él. Su hombría estaba despertando.—Aaahhh...Con un gemido sacó los dedos de su interior. Iba a retirar los dos botones que aprisionaban su miembro, que ya se asomaba por encima de la tela.—No te lo quites... déjalo como esta... —dijo Eiri con su típica mirada lujuriosa. Shuichi también sonrió. En ningún momento mostraría debilidad.Dirigió el dildo hacia su intimidad y lo hizo pasar a través del aro, empujándolo un poco.Suspiró. Empezó a moverlo, sacándolo casi completamente, para después volverlo a meter. Todo acompañado de gemidos.Eiri ya estaba excitado. Liberó su miembro del pantalón, irguiéndose orgullosamente clamando atención. Comenzó a frotarlo con su mano. Shuichi no perdió detalle de esto. Sacó el didlo pequeño de su interior y lo hizo a un lado, mientras tomaba el mediano y se lo introducía, lanzando más gemidos. El cambio de tamaño y sus lentos movimientos sobre su sexo le trajeron más placer.Eiri empezó a tocarse con más ímpetu. La visión era increíble. Sentía su sexo crecer. El chico estaba totalmente abierto de piernas hacia él. Veía como su mano hacía aparecer y desaparecer el dildo a través del aro de su traje.Shuichi empezó a jadear más. El movimiento de su mano sobre el dildo se hacía más rápido, mientras que su otra mano sobaba su miembro sobre la tela.—Detente.Eiri se levantó del sillón, quitándose la camisa y aventándola al piso sin importarle dónde cayera. Se acercó a la cama por un costado y subió en ella, ubicándose en el centro bajo la ebria mirada de placer de Shuichi.—Ven aquí...El miembro de su amo reclamaba atención. Ya sabía lo que quería. Se acercó y tomó su pene. Primero dio una lamida a todo el miembro, lo que ocasionó que el kaizoku liberara un gemido que trató de reprimir. Shuichi tomó esto como un incentivo para continuar. Lamió totalmente aquel lugar, siguiendo la vena principal. Subió y lamió la punta, para después bajar nuevamente y lamer sus testículos.Eiri estaba muy excitado. Su vista se fijó en el dildo que aún estaba dentro del joven, inmóvil. Extendió su mano y lo tomó. Shuichi seguía lamiendo su erección. Ya tenía el miembro en la boca, pero tuvo que sacarlo para gemir. El dildo se movió nuevamente dentro de él. Levantando la vista, vio que era su amo el que se encargaba de tal labor. Regresó a su trabajo y siguió lamiendo. Continuó tocándose sobre la tela, ya que su amo no le permitía soltarse los botones que sujetaban su ropa.El ritmo aumentó. Una mano sobre su cabeza le indicaba cómo es que le gustaba al kaizoku. Los gemidos y suspiros de placer aumentaron hasta que no aguantaron más. Ambos liberaron su semilla. Shuichi tragó toda la esencia de su amo dando las últimas caricias sobre su miembro, que aún dentro de la tela, se había liberado en su mano.Se desplomó en la cama, recargándose sobre una de las piernas del kaizoku, mientras que este seguía sentado, sufriendo los últimos estragos del orgasmo y tratando de recuperar su respiración.Bien, el primer orgasmo había sido intenso, para Eiri era de “vital importancia” saber si podía tener un segundo orgasmo. Sacó el dildo de Shuichi, quien emitió un pequeño gemido y lo alzó un poco para colocarlo, en esta ocasión en el centro de la cama. Shuichi estaba transpirando y apenas recuperaba su respiración. Abrió sus ojos y vio que su amo se terminaba de desnudar.—¿Tienes calor?Que acaso era tan obvio... Estaba transpirando mucho y su respiración no se regularizaba. Su amo, ya completamente desnudo le quitó los tubos de cuero y las botas. Esto fue un gran alivio, pues era donde más calor tenía.Eiri acercó la caja y Shuichi sonrió internamente. Aún quedaban juguetes por usar, y estaba seguro que su amo apenas iba por el segundo round. Que disfrutara su cuerpo lo más que pudiera, pues cuando viera a Ryuichi, idearían un plan para escapar.—Ponte en cuatro.Ahí estaba otra vez. Se incorporó y se puso en la posición que le había pedido su amo. Eiri se colocó detrás de él. Shuichi pensó que iba a penetrarlo, pero en lugar de eso sintió que le ponían más lubricante y un dedo ingresaba en él. No pudo evitar gemir.—Vamos a jugar un poco... *** Estaba anocheciendo y Ryuichi hacía esfuerzos por abrir sus ojos. Todo le daba vueltas. Trató de incorporarse, pero un inmenso dolor en su parte baja lo hizo desistir de su intento.—No te levantes.Sintió como unas manos hacían presión sobre su torso, intentando que regresara a su posición original. Le dolía todo el cuerpo. Después de unos minutos sintió que le colocaban una compresa fría en la frente. Después de eso abrió lentamente sus ojos.—¿Cómo te sientes Ryu?—¿Dónde estoy? —preguntó con debilidad.—En tu habitación. Te encontré hace algunas horas desmayado en uno de los pasillos cerca de aquí. ¿Qué sucedió? —preguntó Noriko.—La exposición personal... Cuando terminó... me echó de su habitación... no me sentía muy bien.—Es obvio que no te sentías bien... el médico de la mansión te revisó. Si hubiera tardado más tiempo en encontrarte quizás ahora no estarías vivo. Tenías mucha fiebre y habías perdido mucha sangre. El doctor te hizo una pequeña transfusión y te administró antipiréticos. También te colocó dos puntos de sutura que deben estar cerrando pronto. Si descansas, para mañana debes de estar mejor.—Si descanso... eso será si mi... "amo" no me manda a llamar de nuevo —agregó Ryuichi con sarcasmo.No pudo mantenerse mucho tiempo despierto. El cansancio era demasiado y pronto cayó dormido. *** Tatsuha estaba despertando de su pequeña siesta de la tarde. Se sentía un poco cansado. Empezó a recordar los sucesos ocurridos hacía unas horas, aproximadamente al mediodía.Era la mejor sesión de sexo que había tenido en su corta vida. No podía creer lo mucho que había disfrutado ese cuerpo. Casualidad o causalidad... no importaba... al fin tenía en sus manos una gran fuente de placer.Siguió recostado en su cama. Dio vuelta a su cuerpo para acomodarse cuando vio una mancha oscura en las sábanas de su cama. Un poco confuso se incorporó para encender las luces. Ahí, en medio de su cama había una gran mancha carmesí.«Sangre...»Entonces había lastimado a su nuevo esclavo. Sonrió cínicamente. Vaya manera de estrenar a su nueva adquisición. Pero no podía dejar de admitir que su cuerpo había estado exquisito. Se colocó una bata de seda de su armario y salió de su habitación con rumbo a la habitación de su esclavo. Ya había pasado tiempo, así que le gustaría otra ronda.Cruzó unos cuantos pasillos hasta dar con la puerta de su habitación. Al abrirla, vio a su esclavo dormido con una sonrisa en sus labios, mientras su mano era tomada por su ama de llaves. No supo porqué, pero sintió una molestia en su pecho al ver la sonrisa de Ryuichi, aunque éste se encontrara dormido. Se adentró en la habitación ruidosamente, lo que despertó al esclavo y llamó la atención de la ama de llaves.—¿Qué sucede aquí?Noriko, anticipándose al enojo que pudiera surgir en su amo, se levantó y se dirigió hacia él.—Disculpe amo —dijo con una pequeña reverencia—. Hace unas horas encontré al joven Ryuichi en uno de los pasillos cerca de aquí. El médico de la mansión lo ha revisado y dijo que estará bien mientras no se mueva de la cama al menos hasta mañana. ―Estaba modificando un poco la verdad, para que su amo prescindiera de la idea de tomarlo nuevamente.Tatsuha la ignoró, fijando la vista en su esclavo. La mirada que tenía era de profundo temor. Se veía muy cansado. Estaba tapado hasta el cuello con una sábana, pero se imaginaba lo que había dejado debajo de la tela.—Así que ni siquiera pudiste llegar a tu habitación —afirmó con sorna.Esto fue suficiente para Ryuichi, quien luchando por incorporarse, trató de decirle unas cuantas verdades.—¡Todo esto es tú culpa! ¡¿Tú crees que esto es divertido?! Que puedes conseguir placer mancillando cuerpos, pero déjame decirte algo. ¡Tú nunca estarás satisfecho, nunca estarás completo!Antes de que pudiera seguir, una sonora cachetada a travesó su rostro. Tatsuha tomó su cara con una mano y lo enfocó hacia sí.—Más te vale que cuides esa boca tuya —musitó, acercando su rostro al de Ryuichi—. Le prometí a mi hermano que te mantendría con vida, pero no me especificó en que condiciones. Y si quieres volver a ver a tu pequeño amigo, más te vale que me obedezcas. ¿Entendido?Ryuichi estaba estupefacto. Veía atentamente a esos ojos negros como la noche, mirándolos con sentimientos encontrados.—¿Entendido? —volvió a preguntar Tatsuha, apretando su agarre en la quijada de Ryuichi.—Sí... amo.Recibiendo respuesta, Tatsuha lo liberó y fue hacia Noriko que había permanecido cerca de la puerta.—Que descanse de aquí a la exposición. No quiero que abandone esa cama. Llama al médico, quiero que esté totalmente repuesto para el sábado en la noche. No quiero que en la exposición vean a mi nuevo esclavo en estas condiciones. ¿Quedó claro?—Sí amo.Estaba a punto de salir cuando se volteó nuevamente hacia la muchacha.—Por cierto, manda a cambiar mis sábanas.—Sí amo. *** —Aahhh...Shuichi se encontraba sobre la cama. Estaba arrodillado, mostrándole la espalda a su amo, quien estaba introduciendo lentamente el rosario dentro de él. Éste tenía seis esferas del tamaño de una canica, cada una con un pequeño vibrador integrado. Estaba por introducir la quinta esfera.—Vaya, pero que tenemos aquí. —Tomó entre sus manos la erección que se crecía en su vientre y bajó un poco la tela del traje—. Parece que eres un poco masoquista, ¿eh? —preguntó Eiri con un tono lascivo.—Claro... que no...—Ya lo veremos.Introdujo la última esfera, causando un gran gemido en Shuichi. Esas cosas vibrando cada una de manera independiente estaban causando estragos dentro de él.—Lo disfrutas...Los seis vibradores hacían que su cuerpo temblara. Se encontraba totalmente excitado. Su cuerpo perlado por el sudor se movía en vaivén. Quería descargarse, sin embargo, cuando estaba a punto de liberar su excitación, su amo ejercía presión en su cuerpo, impidiendo tal acción.—No, no, no... Aún no es tiempo Shuichi...—Por... favor... —rogó.Aquella vista era increíble. El kaizoku sentía su excitación crecer. Ahora estaba casi seguro. Algo tenía ese muchacho, que al estar con él, podía tener varias rondas en una sola sesión.—Es suficiente.Lentamente fue sacando las esferas de su lugar, obteniendo sonoros gemidos de su esclavo.—Aaahhh... Por favor... Ya no... más...—Sólo falta una.Cuando sacó la última esfera, inmediatamente volvió a ejercer presión en el miembro de Shuichi, quien nuevamente estaba a punto de venirse.—Ya... ah... deja de... jugar...—Hmm... —suspiró fastidiado—, tendré que enseñarte a mostrar más respeto por tu amo.Se acomodó detrás de Shuichi y colocando su erección en posición, empezó a empujar con firmeza adentrándose poco a poco. Shuichi gimió con fuerza y suspiró. Aquello era demasiado placentero.Cuando estuvo totalmente adentro, esperó un poco. La sensación era asfixiante. El calor que rodeaba su miembro, sumado a la sensación que le daba el aro que ahora lo aprisionaba, lo estaban haciendo perder la cordura. Un leve movimiento de cadera de Shuichi le indicó que el esclavo ya se había acostumbrado a la invasión. Un lento vaivén empezó a mostrarse. La alternancia entre el roce del aro y el interior de Shuichi, era excitante. Por eso le encantaba ese traje.Los gemidos de Shuichi iban en aumento. Nada de lo que había usado antes se asemejaba al tamaño del miembro de su amo. Se sentía lleno por completo. Era una sensación un poco extraña. No quería que terminara. El ritmo aumentó al igual que los gemidos. El final se acercaba.Eiri pasó su mano bajo la cintura de su esclavo y soltó los dos botones que mantenían la tela en su lugar, liberando su miembro. Conforme el fin se acercaba, la tomó con su mano derecha y empezó a frotarlo con vigor, mientras que su izquierda se afianzaba a la cadera de Shuichi para no perder el equilibrio.—Mmm... Más... ah...—Si eso quieres... ruégame... —exigió.—Ah... amo... más... por favor... no puedo... más... —Shuichi necesitaba venirse. Necesitaba terminar ya.Eiri aumento el ritmo y con un fuerte gemido ambos se dejaron llevar por el nuevo orgasmo, desplomándose sobre la cama. El amo sobre el esclavo. Eiri se estaba incorporando y se quedó viendo al cuerpo que estaba debajo de él. Esa suave, desnuda, sedosa y aperlada piel de la espalda de Shuichi le gritaba "tócame".Se resistía al impulso de acercarse, pero su cuerpo fue más fuerte que su mente y acortando distancias, plantó un beso en su espalda de Shuichi. Éste se sorprendió y se dio la vuelta. Lo que encontró fueron unas profundas orbes color miel. Fueron segundos los que se quedaron viendo, para después acercarse y concertar un beso. Fue suave, como quien besa por primera vez. Sólo duró unos segundos antes de que el kaizoku se diera cuenta de lo que estaba sucediendo y rompiera el contacto, un poco asustado aunque sin demostrarlo por completo. Se levantó de la cama y se dirigió a su armario. De ahí sacó una bata y se la colocó, para después enfilarse a la puerta de la habitación.—Duerme. Es tarde.Sin darle oportunidad a Shuichi de responder, salió de la habitación. Al cerrar la puerta, se recargó sobre ella, tratando de relajar su respiración y su acelerado corazón. ¿Por qué había hecho eso?«¿Qué me está sucediendo...?»

----- CHAPTER BREAK -----

«¿Qué me está sucediendo?».Eiri caminó por unos de los tantos pasillos de su mansión. Era más de medianoche y los pasillos estaban desiertos. Iba únicamente en su bata de noche. Llegó hasta el balcón de su habitación y se recargó en el barandal. La vista era maravillosa. Ese balcón daba a la parte trasera de su casa, desde donde se apreciaba un enorme jardín con una fuente en el centro. Una vez ahí, se puso a pensar...«¿Por qué lo hice?... Junté mis labios con él... ¿Cómo pude caer tan bajo?... Probar los labios de un esclavo... ¿Qué dirían los demás?... ¿Claude lo habrá hecho también?».Claude K. Winchester —alias K—, fue el primer kaizoku, en quebrantar las reglas hasta donde él sabía. Hace poco más de 6 años se había propasado con su esclavo y Tohma se había enterado. Fue un gran proceso, pero finalmente consiguió el permiso para conservarlo con la condición de que se mantuviera en secreto, pero como todo secreto, no se mantuvo mucho tiempo así. Cuando ciertos kaizokus se dieron cuenta de su comportamiento, empezaron a imitarlo, sosteniendo relaciones sexuales con sus esclavos. De ahí empezó todo. De la aventura de Claude. O al menos eso era lo que sabía, no tenía conocimiento de si algún otro kaizoku lo habría hecho antes y que Tohma no se enterara.Pero nunca había escuchado de un kaizoku que osara manchar sus labios, juntándolos a los inmundos labios de un esclavo, no estaba seguro si Claude lo había hecho, nunca lo había visto hacerlo. Pero... era una sensación... tan dulce...«¿Pero qué estoy pensando?... ¿Dulces?... ¿Sus labios son dulces?».Definitivamente se estaba volviendo loco. Pensar que los labios de un esclavo son dulces. *** Amanecía.En una de las tantas mansiones de la familia Uesugi, despertaba Ryuichi. Después de una noche de sufrimiento y dolor, agradecía los grandes avances tecnológicos de su época. Ya casi no le dolía el cuerpo. Sus moretones prácticamente habían desaparecido y el dolor remitía. Era viernes. Si no mal recordaba, su amo le había dicho ayer en la noche a Noriko que lo dejara descansar, para que el día siguiente estuviera perfecto para la exposición de esclavos. Se incorporó en la cama, hasta quedar sentado. En ese momento la puerta se abrió.—¿Ryuichi?Con una sonrisa, reconoció esa voz.—Pasa Noriko.La linda ama de llaves entró con una sonrisa en su rostro y una bandeja con un gran desayuno. Caminó hasta llegar a su cama y se sentó a lado de Ryuichi, colocando la bandeja en sus piernas.—Esto se ve delicioso Noriko —dijo Ryuichi con una gran sonrisa en su rostro y ojos brillantes.Un desayuno muy completo. Dos huevos estrellados, melón con yogurt y miel, jugo de naranja, unos waffles con miel, pan con mermelada, leche y café.—No sabía que te gustaría comer, así que te traje un poco de todo.—¿Desayunas conmigo?—No... no debería... —Noriko tenía varias cosas que hacer, y si se quedaba con Ryuichi, retrasaría todo su itinerario pero...—Oh, vamos Noriko, nadie se va a enterar.—De acuerdo.Noriko se sentó a su lado en la cama y comenzaron a comer. Era abundante así que alcanzaron ambos sin problemas.—¿Cómo amaneciste hoy? —preguntó Noriko, tratando de sacar una agradable conversación.En comparación a la noche anterior, Ryuichi se veía casi totalmente recuperado, y su sonrisa completaba el cuadro de una persona normal, como si nada hubiera sucedido.—Muy bien. Esas medicinas son increíbles.—Bueno, toma en cuenta que estás viviendo en casa de un kaizoku. Él quiere presumirte en la exposición de esclavos, entonces no puede permitir que te aparezcas con ningún rasguño. Son los mejores tratamientos que hay.—Me lo imagino.—Unas cuantas dosis más, y mañana estarás en perfecto estado.Siguieron comiendo tranquilamente cayendo en una cómoda conversación, ambos sentados en la amplia cama de Ryuichi. Sin ningún aviso, la puerta se abrió completamente, dejando ver al kaizoku amo de la mansión.—Noriko —pronunció Tatsuha con fuerza.Noriko se asustó. No había escuchado a su amo entrar y por la cara de Ryuichi, asumió que él tampoco había presenciado su llegada. Rápidamente se levantó de su lugar, y corrió hasta quedar frente a su amo, haciendo una profunda reverencia.—¿En qué puedo ayudarle, amo? —preguntó, tratando de que no le temblara la voz.—Has que me tengan listo mi vehículo. Necesito salir de la mansión.—A la orden, amo —dijo con premura, saliendo de la habitación. Solo había avanzado unos cuantos metros cuando escuchó su nombre nuevamente.—Y Noriko.—¿Sí?—No te tomes tantas confianzas... —susurró Tatsuha viéndola seriamente—, después de todo es un esclavo. Mi esclavo —terminó con énfasis.—Sí señor.Tatsuha la observó desaparecer por uno de los pasillos y entonces dirigió su mirada a la persona que aún se encontraba recostada sobre la cama. Ryuichi tenía una mirada de temor en su rostro.—Tú eres mi esclavo. ¡Mío! No te permitiré que esté coqueteando con mis sirvientas.—Pero yo no... —titubeó—¡Cállate! —gritó—. Tú no tienes voz aquí. Sólo estás para complacerme. No eres nada. Nunca serás nada. Si no fuera por mi hermano, ahora estarías muerto.Ryuichi bajó el rostro. ¿No era nada? ¿Desde cuándo las personas no eran nada? ¿Desde cuándo ser un esclavo era lo mismo que no ser nada? Esas palabras dolían aunque representaban su cruda realidad de momento.—No saldrás de esta habitación en lo que resta del día —ordenó Tatsuha, dándose la vuelta para salir de la habitación.Ryuichi levantó el rostro ante la orden. ¿Quedarse ahí? ¿Qué acaso era un animal?—¿Qué? —protestó Ryuichi—. Por qué——Ya te he dicho que controles esa boca tuya —dijo Tatsuha, volteándose de nuevo y viéndolo fijamente. Frías irises deteniendo sus quejas—.Debes mostrarle respeto a tu amo. De eso depende tu vida. ¿Está claro?La voz de Tatsuha era tajante. ¿Hasta cuándo entendería ese esclavo que no estaba de vacaciones? Que tenía dueño y su vida ya no era suya. Que solamente estaba para complacerlo y su voz ya no valía ni dentro ni fuera de esas cuatro paredes.—Sí... amo —respondió Ryuichi con resignación.—Bien. Te traerán la comida y la cena aquí. Mañana es la exposición de esclavos y no quiero llevar a un esclavo mediocre.Tatsuha se le quedó viendo unos momentos, tratando de leer su expresión. Un toque sonó en la puerta.—Adelante.—Amo. Su auto está listo —informó Noriko desde la puerta sin atreverse a entrar.Tatsuha abrió la puerta, encontrándose con Noriko quien bajó la mirada al instante.—Tengo unos asuntos que atender. Noriko. Enséñale a éste las reglas de los esclavos, y asegúrate que las aprenda bien. No quiero pasar una vergüenza mañana por su ineptitud.—Sí, amo. —Tatsuha desapareció por la puerta. Noriko se acercó a la cama nuevamente, sentándose en una orilla—. Bueno, supongo que tendré que enseñarte las reglas.Tranquilamente le contó todo. Siendo Noriko la ama de llaves, había tenido que memorizar el manual de esclavos, en dado caso de tuviera que entrenar a alguno. Aunque no había tenido que hacerlo, puesto que su amo cambiaba tan seguido de esclavos que no alcanzaba a llevarlos a las exposiciones. Pero en esta ocasión era diferente. Esa persona estaría con ellos una buena temporada. Sólo esperaba que pudiera resistir.Después de un rato, Ryuichi tenía el ceño fruncido. Esas reglas eran degradantes. Sobre todo lo de las exposiciones comunales y personales. Y la exposición. Tendría que tener sexo con un completo desconocido todas las veces que su amo quisiera y no podría hacer nada por evitarlo. Noriko le había dicho que eso pasaba cuando los amos querían. Entonces si su amo no quería... no tendría que hacerlo... pero las probabilidades no estaban a su favor. De seguro Tatsuha, por querer hacerlo sufrir, lo obligaría a hacerla de pasivo con un mastodonte.En realidad no sabía. Esperaba que su amo no quisiera compartirlo... *** 
—Amo...

Un hombre se encontraba detrás de él, embistiéndolo con rudeza y marcando su cuerpo con saña.

—¿Por qué...?

—Aaahhh... que estrecho es tu esclavo...

—¡Amo...!
—¡¡¡No!!!Hiro despertó agitadamente sobre su cama. Una ligera capa de sudor cubría su cuerpo.«Otra vez esos sueños... ¿Por qué no puedo olvidarlo?».Se levantó de su cama. Había dejado de tener esos sueños desde hacía mucho tiempo, pero con la exposición de esclavos a la vuelta de la esquina su subconsciente se estaba encargando de hacerlo sufrir, rememorando su doloroso pasado.—Quisiera poder olvidarte de una vez...Volteó a ver a su reloj. Era cerca de las seis de la mañana. Ya no podría dormir más, eso lo sabía. Rápidamente se bañó y se vistió para empezar otro día como el mayordomo de la mansión.En esa misma mansión, no muy lejos de ahí. Shuichi despertaba de su sueño. Abrió sus ojos y trató de enfocar en donde se encontraba. Era su habitación. Se encontraba totalmente solo. Su amo había desaparecido por la noche después de darle un beso... «Un beso...». La realidad era que se había sentido maravilloso. Primero sintió el contacto de sus tibios labios contra su espalda. Ese ligero toque de mariposa lo había asustado. Al voltearse, no supo que fue lo que vio en aquellos ojos ambarinos, pero no pudo evitar cortar la distancia que los separaba. Ese pequeño beso lo hizo sentir... especial... aunque sólo durara unos cuantos segundos. Lo hizo pensar que se encontraba en otro lugar, en otro tiempo, en una situación total y completamente distinta.Se dio cuenta de que su amo se separó de él como si ese simple contacto quemara y salió de la habitación. ¿Estaría arrepentido? ¿Asustado? ¿Enojado? ¿Era algo que los kaizokus solían hacer con sus esclavos? No lo sabía.En ese momento se sintió triste y no sabía porqué. De seguro le había dado asco. Por favor, si Shuichi ahora no era más que un simple esclavo. El nivel jerárquico más bajo en la sociedad kaizoku. En esta ocasión ni siquiera se quedó con él toda la noche, como la vez anterior. Pero claro... la ocasión anterior había sido en la habitación de su amo, y ahora se encontraba en la suya. Que deshonor más grande el dormir en la habitación de un plebeyo.Necesitaba tomar un baño. Se sentía muy cansado. Se acababa de levantar cuando unos roques en la puerta llamaron su atención.—¿Sí?—Soy yo Shuichi —Se escuchó la voz de Hiro a través de la puerta.—Hiro. Pasa.Hiro traía una bandeja con paños y varias cosas.—¿Qué es todo eso Hiro?—Bueno... no sabía qué era lo que había sucedido anoche, entonces me preparé para todo... pero parece que te trató bien...Justo en ese momento Shuichi se dio cuenta de que estaba totalmente desnudo. Su rostro se encendió y saltó hacia las sábanas, tratando de cubrir su cuerpo.—Por favor Shuichi... Te he visto desnudo desde que éramos pequeños.—Pero... antes... no tenía marcas... ni un anillo en mi... —dijo con pena.—Shuichi...Ante la mirada de su amigo, el esclavo se levantó de la cama y junto con Hiro se dirigió al baño. Hiroshi le preparó la bañera y Shuichi descansó un poco dentro de ésta. Le dolía un poco el cuerpo pero el baño fue reparador. Salió con una bata de baño cubriendo su cuerpo, y en la habitación ya lo esperaba Hiro para desayunar.—Tómate tus pastillas antes del desayuno.—Oh, es cierto casi lo olvido.Hiro le pasó el empaque de pastillas.—Creo que será mejor que yo te las cuide Shuichi. No queremos que nadie las vaya a encontrar en tu habitación.—Cierto.Después de tomar una de las pastillas del empaque, se lo pasó a Hiro, quien lo guardó en uno de los bolsillos del pantalón. Después de eso se sentaron a comer.—La exposición es mañana, ¿verdad?—Cierto, lo más seguro es que el amo te deje descansar el día de hoy.—Eso sería un milagro —agregó Shuichi con sarcasmo.—Claro que no. Verás, a los Kaizokus les gusta presumir a sus esclavos en esos eventos, los tratan como objetos de exposición. Les gusta llevar a los más bellos y hermosos de su colección a las exposiciones.—¿El amo tiene a algún otro esclavo aparte de mí?—Ya te lo había dicho Shu, eres el primer esclavo en regla que tiene en mucho tiempo, los anteriores eran para una sola noche.—Hm... no sé si sentirme feliz o triste —comentó con voz neutral mientras se llevaba un trozo de pan a la boca.—Por esa razón probablemente no te utilizará esta noche. Quiere que te encuentres en buen estado para mañana.—Para presumirme, ¿cierto?—Así es. Se trata de tu presentación, y esa es la más importante.—No le veo el motivo. De seguro hay esclavos mucho más hermosos que yo.—La verdad, te puedo decir que de todos los que trajo el amo Eiri, eres el que tiene mejores atributos.—¡¡¡Hiro!!! —Una franja rosada apareció en el rostro de Shuichi. Hiro no pudo aguantar una pequeña risa.—Sólo te digo la verdad desde mi punto de vista Shu, no lo tomes a mal.Terminaron de desayunar y Hiro mandó llamar a la servidumbre para que recogieran las bandejas del desayuno.—Hiro...—¿Sí?—¿Está el amo en la mansión?Hiro negó, cerrando la puerta tras el sirviente que se llevó el servicio.—Salió muy temprano. Traía algo de prisa y no me dijo siquiera a donde iba. —El rostro de Shuichi cambió a una tristeza repentina—. ¿Sucedió algo en la noche Shuichi?—Anoche... —titubeó—, después de... tu sabes...—Después de tener sexo. —A Hiro aún le sorprendía lo inocente que era su amigo.Aún a pesar de tener casi la misma edad, Hiro había sido obligado a golpes de la vida, a madurar más rápido. A su corta edad, había pasado cosas muy fuertes que prefería olvidar. Sólo esperaba que el destino fuera más benevolente con su mejor amigo.—Ajá, después de eso... él me besó...Hiro entornó los ojos, sorprendido. ¿Lo había besado? ¿El kaizoku de más alto rango del continente después de Seguchi Tohma había besado a un esclavo? ¿Por qué?—¿Hay algo malo con eso Hiro?—Bueno verás... nunca... nunca había escuchado que... el amo besará a un esclavo... eso va en contra de todas sus creencias... Sería rebajarse al nivel del esclavo.—Entonces... ¿estuvo mal?—No lo sé Shu... no lo sé... *** Eiri Uesugi había salido muy temprano con dirección a una de las mejores boutiques para esclavos de la ciudad. Necesitaba pensar y lo haría mientras recogía el mejor traje para la exposición del día siguiente.Había tocado los labios de un esclavo. Más aún, había tocado su piel. Aún no sabía que lo había incentivado a hacer tal acto tan denigrante. Cuando hubo culminado su orgasmo, había sentido una gran fuerza de atracción, como si algo le llamara a tocar esa piel... esos labios... Y se había sentido tan bien...Bajó de su vehículo y se dirigió a la entrada del local, donde fue recibido por un kaizoku de baja categoría, como todos los que trabajaban en establecimientos. Dentro del local había trajes cargados en varios mostradores. Joyas y accesorios, todos listos para ser usados por esclavos.—Joven Uesugi, es grato verlo por aquí. Hacía mucho tiempo que no nos honraba con su presencia —dijo el kaizoku, tratando de llamar la atención de Eiri que observaba los modelos.—Muéstrame lo que te pedí —ordenó tajante.—Precisamente nos acaba de llegar un modelo de los Montes de Mosfora. Fue confeccionado bajo las medidas que no proporcionó. Permítame decirle que es un modelo exquisito. Acompañado con las más finas joyas y...—Deja de hablar y dime el precio.—Cincuenta millones de K'sEiri no mostró su impresión. Ese era un precio demasiado elevado. Lo máximo que podía costar un traje de gala para un esclavo rondaba los veinticinco millones, pero debido a las telas y las joyas que había pedido el kaizoku, su precio se había duplicado. Los Montes de Mosfora era una pequeña villa al norte de la ciudad central, especializada en la confección de las más exquisitas prendas en el mundo de los kaizokus. Empleaban para su confección, joyas muy difíciles de conseguir, caracterizadas por su rareza y brillo sin igual.—Quiero ver el modelo primero.—Por supuesto, acompáñeme.Pasaron a través de una puerta en la parte trasera de la tienda. Ahí estaba. Sobre un maniquí. El traje de esclavo más hermoso y elegante que hubiera visto en toda su vida. Lo había mandado diseñar para el esclavo perfecto, con las medidas perfectas. Cuando Shuichi lo viera, de seguro se maravillaría. Pago la módica cantidad de cincuenta millones de K's y recogiendo el paquete, salió de allí.Se dirigió a un elegante café a tomar algo mientras transcurría la tarde. No podía evitar sentirse expectante por la exposición. Hacía varios años que no participaba en una, sólo su hermano con sus esclavos solía asistir. No recordaba todo lo que sucedía. *** Hiro y Shuichi se habían pasado la tarde recorriendo los grandes jardines de la mansión, hasta llegar a la piscina.—Wow. ¡¡¡Qué gran piscina!!!El área de la piscina era de tamaño considerable. Una gran alberca para más de cincuenta personas. Todas las paredes que la rodeaban eran espejos formando una ilusión impresionante. Por un lado había muchas camas para tomar el sol. Por otro lado, un mini bar y estantes con toallas. Todo lo necesario para tener una buena tarde en ese lugar.—Si quieres puedes meterte Shu, esta es para uso común de los esclavos del amo Eiri—Me quieres decir que él tiene su piscina privada —preguntó con escepticismo.—Así es... No le gusta compartir las mismas aguas que los esclavos. Ya sabes cómo piensan los kaizokus. Aunque siendo un caído, quizás ahora eso no le importe.—Me lo imaginé.—¿Y? ¿Quieres entrar?—Claro, quiero relajarme un poco. ¿Me acompañas?—Lo siento Shu, pero yo no puedo, no estoy autorizado a esto —respondió Hiro con pesar—. El amo me encomendó cuidarte.—Por favor Hiro, no creo que se entere, además, dijiste que no está —pidió Shuichi con los poniendo su mejor cara de inocencia.—No quiero arriesgarme, además se podría enojar si nos descubre y castigarnos a ambos.Shuichi hizo una mueca. La tentación fue más fuerte que su fuerza de voluntad. En realidad quería meterse.—¿Y con qué se supone que me meto?—Pues... Todos los esclavos suelen entrar desnudos.—¡¡¡Qué!!! O sea, ¿sin traje de baño ni nada?—Es lo común.—Lo único que quiere ese pervertido es ver sus pertenencias en todo momento —refunfuñó.—Anda, en lo que tú te bañas, yo tomo un poco de sol.Shuichi se quitó las prendas que traía encima hasta quedar desnudo y se dirigió a uno de los tantos espejos.Podía ver su delgado cuerpo reflejado. Siempre había sido de complexión delgada. Con las curvas en los lugares exactos. Ni un gramo de grasa extra. El color de sus ojos y cabellos eran considerados muy exóticos por lo que siempre llamaba la atención.Sus ojos se dirigieron a su entrepierna. Ahí estaba. La marca de su esclavitud. Un aro de oro con el nombre de su amo. Aún no se acostumbraba a la presencia de ese artefacto. No entendía como era que podía tener perfectos orgasmos aún con esa cosa puesta, pero cuando había intentado quitárselo, no había podido moverlo ni un sólo milímetro de su lugar sin lastimarse. Resignado pero con confianza, se dirigió al armario de toallas y tomó una.Hiro había tomado una bebida sencilla del mini bar y se había acostado en una de las camas. Shuichi se zambulló. Hizo unas cuantas brazadas y nado de un lado al otro de la piscina hasta cansarse. Después, simplemente se quedó flotando. Hiro descansaba sobre un camastro y cada cuando, volteaba a ver que Shuichi estuviera bien. El haber madrugado le había permitido encargarse de todas sus obligaciones y todo su horario iba adelantado. Podría descansar unos cuantos minutos. *** Tomándose un poco de tiempo antes de regresar a su mansión, Eiri decidió tomar un pequeño desvío para beber algo y pensar en lo que haría a partir de ahora con su nuevo esclavo. Degustó un poco de licor en un restaurante, una de las pocas creaciones humanas que consideraba provechosas.Tan solo llevaba unos cuantos minutos de cavilaciones cuando una kaizoku que no era de su agrado se acercó a su mesa.—Hola Eiri, tiempo sin verte.Eiri ni siquiera se preocupó por ocultar el fastidio que apareció en su rostro. La que estaba ahí era quien iba a ser su prometida, si no hubiera sido porque su padre falleció antes de que pudiera exigirle la unión. Era irónico, pues el único motivo para casarse era generar descendencia que continuara con el patrimonio kaizoku.Su método de reproducción era muy diferente a los humanos. Los kaizokus eran seres sin libido natural, tenían muy poco deseo sexual. Casi nulo. Eiri pensaba que el deseo sexual sólo podían despertarlo los humanos, pues a pesar de escuchar de Kaizokus que se metían con humanos nunca había escuchado que, aún casados, un Kaizoku copulara con otro Kaizoku.Cuando la necesidad de un descendiente apremiaba, se realizaban un procedimiento ex vivo, donde se les extraía una muestra de sangre a ambos y a partir de ahí, utilizando el ADN presente en las células blancas de la sangre, se creaba un embrión. Nueve meses de crecimiento en una incubadora y listo. Podían ir a recoger a su nuevo bebé como si fueran al supermercado y pagaban por él. Después se compraban esclavas hembras para que los cuidaran, pues las Kaizokus no tenían instinto maternal... menos los padres. Llegados a cierta edad, los empezaban a educar para que pudieran obtener sus herencias.Su padre había escogido a esa kaizoku por sus influencias y su heredero tendría una gran fortuna como herencia. Él por supuesto que se había negado, y a pesar de su insistencia, su padre murió sin convencerlo. Ahora ella lo perseguía a donde quiera que fuera. Las acciones de su empresa estaban bajando, y ahora le urgía casarse para continuar con sus negocios.—¿Porqué no me has llamado?—He estado ocupado Ayaka... y te he reiterado que no eres una mis prioridades.—Eiri... puedo dejarte tener todos los esclavos que quieras... incluso... —Ayaka puso una cara de asco—, tener relaciones sexuales con ellos si eso es lo que quieres... —terminó con un tono enigmático, como quien quiere dejar en claro que sabe más de lo que se piensa.—¿Quién te dijo que soy de esos? —preguntó Eiri enarcando una ceja.—Hay muchos kaizokus que han caído en la tentación de los cuerpos humanos.—Ayaka, creo que es mejor que te vayas.—Pero Eiri...—Vete —afirmó cortante.Poniendo cara de fastidio, Ayaka se fue dejando a Eiri sólo con sus pensamientos. Era momento de regresar a la mansión. Llamó a su vehículo y le dio indicaciones al conductor de llevarlo de regreso.En poco tiempo se encontró en el vestíbulo de su casa, preguntando por su mayordomo al primer sirviente con el que se topó.—No lo he visto desde hace varias horas, amo Eiri. Se encontraba con el joven Shuichi.Eiri sacó de su traje un pequeño aparato del tamaño de una tarjeta. Apretó unos cuantos botones y apareció un mapa de la mansión en la pantalla. Una pequeña luz empezó a destellar. Esbozó una pequeña sonrisa y se dirigió a donde la luz señalaba. *** Después de unas cuantas horas. Shuichi sintió que ya era hora de salir. Ya estaba anocheciendo y se sentía lo suficientemente relajado para volver. Se acercó a una de las orillas de la piscina y salió. Hiro volteó a ver a Shuichi quien caminaba por la orilla, desnudo y secándose con una toalla, y decidió hacerle una broma.—¡Qué buena vista Shu! —se mofó, lanzándole un chiflido. Shuichi inmediatamente captó la broma y decidió seguirla.—¿Le interesa algo de esto... amo Hiro?Shuichi empezó a caminar de manera sensual hacia Hiro, y así, desnudo como estaba, se sentó sobre su cadera, encontrándose en una posición demasiado indecorosa.—Dígame... amo Hiro... ¿hay algo que pueda ofrecerle?—Pues... no sé si llenes mis expectativas —respondió Hiro con sorna.Ambos se quedaron viendo unos segundos y después estallaron en risas. Risas que fueron escuchadas por Eiri que iba entrando al área de recreación.

----- CHAPTER BREAK -----

—Parece que se están divirtiendo.Hiro y Shuichi sintieron que la sangre se helaba en sus venas. ¿Ese era su amo? Shuichi se incorporó, para que inmediatamente Hiro se levantara tras él y ofreciera una pronunciada reverencia.—Lamento mucho mi comportamiento, amo. No tengo palabras para excusarme, pero prometo que no volverá a——Hiroshi... —Lo cortó—¿Sí, amo—Sal de aquí —dijo con voz firme—, prepara todo para la exposición. El traje que compré está en la recepción.—Sí, amo... con permiso.Hiro salió rápidamente de ahí, no sin antes dirigirle una última mirada a Shuichi, tratando de pedirle perdón. Y se fue.Eiri admiró el hermoso cuerpo de su esclavo quien mantenía la cabeza baja. Tenía que admitir que le encantaba ese cuerpo, sobre todo poseerlo... Se acercó a él y le levantó el rostro.—¿Te estabas divirtiendo con mi sirviente?—Y eso a ti que te importa —contestó Shuichi con arrogancia, sosteniéndole la mirada.Por ningún motivo se iba a dejar amedrentar por ese que decía "ser" su amo. Él era una persona, no un animal al que podía domesticar. El kaizoku le tomó con más fuerza la barbilla, lastimándolo un poco.—Shuichi... —dijo en un tono bajo, casi acariciándolo con sus palabras—. Recuerda que estás a mi merced... una pequeña orden mía, y tú y tu amigo se irán al almacén de esclavos. Tú has de saber perfectamente que no sobrevivirían ni una semana en ese lugar. O podría simplemente encerrarte para siempre y prohibirte ver a ese amigo tuyo.Shuichi sabía que tenía razón. Y eso no era lo que quería. Tragando fuerte, cedió.—Lo siento... amo... —Se disculpó bajando la mirada.—Hiro se irá de aquí esta misma noche.¿Tentado a despedir a su mayordomo? Por supuesto. Aquella escena no le había gustado para nada. Ver a Shuichi tan complaciente con Hiroshi cuando se había mostrado reacio a sus caricias la noche anterior le hervía la sangre.—¡¡No puedes hacer eso!!Shuichi explotó. Ahora por su culpa iba a despedir a Hiro de ahí. Sin su ayuda, no sobreviviría aquí.—Claro que puedo Shuichi —respondió Eiri con toda la seriedad posible—, ¿acaso se te olvida quien soy?Shuichi tuvo que recurrir a la única táctica que tenía. Suplicar.—Por... por favor... amo... se lo ruego... no deje que Hiro se vaya de aquí... es mi mejor amigo... sin él... Él no se merece regresar a lo que era antes... a volver a los pobres suburbios por mi culpa... Por favor... sólo somos amigos... No volveré a hacer eso... haré lo que sea... pero por favor...Trató de poner la cara más triste que tenía y que se acercaba más a la realidad. Sin su amigo Hiro...Eiri tomó a Shuichi del brazo y lo arrojó al camastro donde había estado sentado sobre Hiro. Desnudo como estaba, al caer, Shuichi cayó con las piernas abiertas; suficiente invitación para su amo.El kaizoku se acercó a él y rápidamente bajó el zipper de su pantalón. Shuichi tembló de miedo. De seguro ahora estaba muy enojado e iba a forzarlo. Pudo apreciar que su amo rápidamente comenzaba a ponerse erecto.Eiri desde que había entrado a la piscina había sentido cierta excitación al imaginar a su esclavo ahí totalmente desnudo, pero el calor le bajó un poco al encontrarlos en esa posición. Aún así, no pensaba desaprovechar la oportunidad.Eiri apoyó una de sus rodillas entre las piernas del esclavo, peligrosamente cerca de su entrepierna. Shuichi estaba un poco inquieto. Sorpresivamente su amo cerró sus piernas y las levantó, acercándolas un poco a su cuerpo, pero seguían cerradas. No sabía a qué atenerse con esa nueva postura.Eiri tomó las piernas de Shuichi, sujetándolas ambas por los tobillos con una de sus manos, mientras que con la otra tomaba su virilidad y la rosaba contra la entrada de Shuichi. El esclavo cerró inmediatamente sus ojos.«Esto va a doler... y mucho...».Hiro le había dicho que lo más seguro era que su amo no lo tomara ese día por la cercanía de la exposición, pero eso estaba a punto de ocurrir. Había hecho enojar a su amo. Lo que más le asustaba era el dolor que de seguro iba a sentir. Sin lubricación ni estimulación previa...Eiri se puso en posición e hizo una rápida embestida.—¡Aahh...!Shuichi gimió de puro placer. En la posición que estaba. Con sus piernas elevadas y cerradas, su amo no había introducido su miembro en él, sino que lo había hecho pasar por el espacio entre sus piernas, lo justo para rozar fuertemente su pene y sus testículos.Su amo se empezó a mover. Una y otra vez. Con cada "embestida" sus hombrías se friccionaban entre sí, rodeadas por el calor de las piernas cerradas de Shuichi.No sabía lo que pasaba. Últimamente sentía un calor agradable en el pecho cuando tenía sexo con Shuichi, pero no entendía ese sentir. Cuando lo había visto encima de su sirviente Hiro, riendo de esa forma, el calor en su pecho se volvió incómodo.Siguió con sus movimientos, aumentando en ritmo cada vez más. Sostenía fuertemente cerradas las piernas de Shuichi en alto, mientras que éste se sostenía con fuerza del camastro. Los gemidos de Shuichi subían de volumen y su sexo estaba totalmente erecto, mostrando su nivel de excitación.—Ya no... aguanto... aahh.Con un fuerte gemido, Shuichi liberó su esencia sobre su pecho, seguido de un reprimido gemido de su amo, que también se liberó sobre el pecho de Shuichi. Lentamente soltó las piernas del esclavo, que cayeron sobre el camastro. La respiración de Shuichi estaba desbocada, mientras que Eiri trataba de disimular lo excitado que había estado.Cuando la respiración del kaizoku se calmó, se incorporó, recobrando la compostura que lo caracterizaba.—Dúchate y ve a tu habitación.—¿Qué pasará con Hiro?—Si vuelvo a verte en esa actitud con él, te encerraré y a él lo devolveré con su antiguo amo.—¿Antiguo amo? ¿A qué se refiere?Eiri salió de allí dejando a Shuichi aún recuperando la respiración.«¿Qué fue eso?».No podía negar que había sido en extremo excitante pues se había tratado de puro placer desde el principio. Aunque la posición fue extraña, había sentido placer directamente sobre sus genitales. Por una fracción de segundo pensó que su amo no quería hacerle daño, pero después cambio de idea.«Sólo le importa la exposición. De eso se trata todo esto... de causar una buena impresión...».Se levantó aún tambaleante por la reciente excitación y se fue a su cuarto a descansar. Por lo menos su amigo Hiro estaba a salvo, aunque no había entendido lo último que le dijo su amo. *** Ryuichi estaba solo en su habitación. Ya había comido, pero estaba solo. Nadie lo había ido a ver en todo el día y no le extrañaba. Su amo había dado instrucciones explícitas de que nadie lo acompañara. La comida se le era dada por una pequeña entrada en una de las paredes que sólo servía para ese propósito.Aún y con la situación actual, estaba emocionado. El día de mañana vería a Shuichi en la exposición. Ya no podía aguantar sus ansias. Esperaba que estuviera bien y no tuviera que estar sufriendo sus penurias. Lo bueno era que todas sus heridas habían sanado totalmente, inclusive las internas que eran las que más agradecía.A través de la ventana podía ver que el sol se estaba ocultando. Ya estaba anocheciendo. Eso lo entusiasmaba porque significaba que faltaba cada vez menos tiempo. Sin saber que más hacer, se recostó sobre su cama y se puso a pensar en cómo podrían escapar Shuichi y él de su actual situación. *** Shuichi estaba preparando su cama para dormir. Tenía hambre porque no había cenado, pero no se atrevía a pedir algo, por temor de que le avisaran a su amo. En eso, tocaron la puerta.—AdelanteHiro entró cargando una bandeja de comida.—¡Hiro!Shuichi se paró de la cama y se acercó rápidamente a su amigo que estaba poniendo la comida en una mesa.—Te traje la cena Shu. Me enteré de que no habías cenado.—Gracias Hiro —agradeció Shuichi, sintiendo cómo se le hacía agua la boca al ver los alimentos.—¿Qué sucedió con el amo? Hablé con él hace unos minutos y sólo me dijo que me comportara, que no quería más escenas de esas. ¿Qué le dijiste?—Bueno... —El rostro de Shuichi se sonrojó tanto que estaba tratando de hacerle competencia a su cabello—. Tuvimos una... pequeña conversación...—Tuvieron sexo, ¿verdad?—No, no, claro que no, como crees... —Hiro le puso una cara de "No te creo nada"—. No fue sexo técnicamente...—Bueno no importa. Te lo agradezco Shuichi. No sé que hubiera hecho si el amo me hubiera despedido o si te hubiera castigado por mi culpa.—Yo tampoco.—Sabes. Ya vi tu traje para la exposición —dijo, tratando de desviar el tema.—¿En serio? ¿Y cómo es? —preguntó Shuichi con poca expresión en sus palabras. Lo único bueno que le veía a la exposición era que podría hablar con Ryuichi para tratar de escapar—. Hiro. —Volvió a hablar sin permitirle a Hiro contestar su pregunta anterior—. ¿En algún momento de la exposición podré hablar con Ryuichi?—Quizás. Todo depende de si son escogidos para una exposición pública.—¿Porqué?—Si eso sucede, después del “show” dirigen a los esclavos a una cámara apartada para asearse. Si fueran escogidos, ese sería el momento perfecto para idear sus planes.Shuichi estaba pensando en lo que haría si es que no era escogido cuando de pronto recordó algo que quería preguntarle a su amigo.—Hiro...—¿Sí?—Hay algo que dijo el amo que quería preguntarte.—¿Qué cosa?—Me dijo que si no me portaba bien... te regresaría con tu antiguo amo. Ahora que recuerdo. De los cinco años que estuvimos separados... nunca me has contado sobre eso.—Bueno... —El semblante de Hiroshi se ensombreció—. Sé que nunca te he contado acerca de eso. Te lo iré contando, sólo te pido tiempo.—Sabes que puedes confiar en mí, Hiro.Hiro asintió. Terminaron de comer en silencio, y entonces Hiro le indicó que se sentaran en la cama, después de que un sirviente hubiera venido a recoger el servicio.—Todo empezó cuando cumplí quince años. 
Hiro y Shuichi caminaban animados por una de las calles más solitarias de los suburbios, riendo de su más reciente travesura, dirigiéndose rumbo a la casa de Hiroshi. Su madre le había dicho que invitara a Shuichi a cenar. Estaban a punto de llegar a su destino cuando Hiro tomó el brazo de Shuichi.

—Espera Shu.

—¿Qué sucede?

Hiro se adelantó y llegó hasta la puerta de su casa. Tocó y le abrió su mamá.

—Mamá... ¿está papá?

—No, cariño. Pueden estar tranquilos.

Hiro le hizo una señal a Shuichi, quien estaba escondido en unos arbustos y corrió a la puerta de la casa. El padre de Hiro era un alcohólico. Su mujer no sabía qué hacer con él, pero no podían separarse porque el hombre no se lo permitía. Había ocasiones en las que había llegado a golpearlos. Al padre de Hiro no le gustaban las visitas, por lo que en su presencia, Shuichi no era bienvenido.

Cuando Shuichi se despidió después de haber cenado, llegó el jefe de la familia. Como siempre venía totalmente alcoholizado, pero venía acompañado por unas personas.

—Hey tú... mocoso... —masculló el hombre con balbuceos.

—¿Qué sucede... papá?

Hiro observó a los hombres que estaban tras su padre. No tenían buena pinta.

—Estos sujetos han venido a recogerte.

Hiro entornó la mirada, observando a los dos hombres. Ahora que los veía bien, no parecían humanos. Altos y con cabelleras rubias. ¿Acaso serían kaizokus? ¿Qué demonios hacían unos kaizokus en su casa en los suburbios?

—¿A qué te refieres?

—Tenía algunas deudas. —Rió con sorna—. Finalmente me sirvió de algo tener vástagos...

—¿Qué hiciste?

—Te vendí al mercadonegro...

Hiro escuchó el grito ahogado de su madre y la vio llevarse una mano a la boca, tratando de comprender el horror que su pareja había cometido.

—¿¡Que…!? ¡¿Cómo pudiste?! —gritó su madre con los ojos anegados en lágrimas.

Durante mucho tiempo se preguntó qué le había visto a ese hombre. ¿Por qué se había casado con él? Como todos, le había bajado el sol, la luna y las estrellas y ahora su amado hijo pagaba las consecuencias

Los dos hombres —o kaizokus, no estaba segura—, tomaron a su hijo de los brazos. Hiro inmediatamente comenzó a forcejear.

—¡No, déjenlo por favor! —chilló su madre, tomando uno de los brazos de su padre.

—Ya cállate, mujer.

—Papá. ¿Cómo pudiste hacerme esto?

—Mira mocoso. Deja de ser una molestia y decide. Tú o tu madre. Si no se llevan a uno, vendrán a matarnos a todos.

La sangre de Hiro se congeló. Primero muerto. El hombre que se hacía llamar padre sonreía con sorna. Estaba seguro de que su vástago se ofrecería antes que su madre.

—Yo iré... yo iré... pero dejen a mi niño en paz.

—No, mamá.

Su madre se le quedó viendo a los ojos.

—Hijo mío.

Hiro se soltó de los hombres y corrió a los brazos de su madre.

—Te amo madre.

Un abrazo y un beso de despedida fueron entregados y después Hiro desapareció por la puerta, escoltado por los dos hombres.
 —Tiempo después de eso, me enteré de que mi madre asesinó a mi padre y con un poco de ayuda evité que terminara en prisión.Shuichi asintió, escuchando la confesión. Él mismo había tenido sus desgracias. La pérdida de sus padres lo había dejado sólo por mucho tiempo, pero no debía compararse a que tu propio padre te vendiera al mercado de esclavos.—¿No te sentiste triste?—La verdad no —contestó con el semblante relajado—. Ese desgraciado se merecía eso y más por el infierno que nos hizo pasar a mi madre y a mí.—Yo nunca me enteré. Después de que desapareciste, tu madre estaba muy triste. Yo a veces iba a visitarla, pero estaba como ida. Después desapareció. Pensé que algo malo le había pasado.—No, claro que no. Pensé que lo mejor era que estuviera acompañada, entonces ella por su propia cuenta quiso ingresar en un convento.—Vaya... Hiro... dijiste que con un poco de ayuda... ¿Quién te ayudó?—Eso es algo que te contaré después Shuichi. Ahora es momento de que te duermas. Mañana será tu gran día.—¡¡Hiro!! —chilló.Estuvieron bromeando un poco más, hasta que Hiro se fue y dejó solo a Shuichi para que durmiera. *** —Shuichi hora de levantarte —dijo Hiro, levantando las cobijas.—Nee... Cinco minutos más —replicó Shuichi tomando una posición fetal sobre la cama.Hiro había llegado a las siete de la mañana a la habitación de Shuichi. Una hora más temprano de lo usual. Se acercó a los ventanales y abrió las cortinas, dejando entrar los brillantes rayos del sol que incidieron directamente sobre la cama.—Shuichi levántate. Tenemos muchas cosas que hacer —Shuichi tomó las cobijas y se tapó de nuevo—. Shuichi levántate o se nos hará tarde.—¿A qué hora es mi exposición? —preguntó bajo las cobijas.—A las cinco de la tarde.—Levántame a las cuatro —masculló.—Tú estás loco... levántate ya de una vez o le hablo al amo.Inmediatamente Shuichi se levantó.—Eres malo, Hiro —gimió.—Lo sé... —respondió Hiro con una sonrisa de auto suficiencia.—¿Y por qué me levantas tan temprano?—Hoy es la exposición Shuichi y tenemos muchas cosas que hacer. Esto solo sucederá una vez.—Pero es muy temprano——El amo ha ordenado algunas cosas extras además de tu preparación normal.Shuichi se levantó de mala gana, refunfuñando por lo bajo y siguió a Hiro.Lo primero del día era un buen desayuno. Una buena ración de huevos fritos con tocino, unas tostadas francesas, salchichas, melón en trozos con miel, unos waffles y jugo de naranja.—¡Qué rico desayuno! —chilló Shuichi, sobándose su estómago—. ¿Qué es lo que sigue Hiro?—Un baño especial.—¿Especial?—Por supuesto.El baño consistía en una infusión con sales aromáticas. Estaría dentro treinta minutos para que las sales se impregnaran en su cuerpo y despidieran su esencia. Shuichi no pudo evitar quedarse dormido en la tina. Cuando regresó Hiro, cuarenta y cinco minutos después le dio una regañada y salió de la tina. Una hora después del inicio del baño. Shuichi ya estaba bañado, aromatizado, seco y... desnudo...—¿Qué me voy a poner Hiro? —preguntó Shuichi aún cubierto con una toalla.—Aún no podrás ponerte tu traje Shu. Primero viene la inspección.—¿Inspección?—No te he hablé de eso, ¿cierto? —Shuichi sólo negó con su cabeza—. Bueno verás, los kaizokus tienden a ser algo presumidos——Y que lo digas... —suspiró Shuichi derrotado.—Lo mejor que tienen para presumir es la calidad de los esclavos que llevan a la exposición —continuó Hiro.—¿Y qué tiene que ver la inspección con esto?—Tres personas han venido a "inspeccionarte".Shuichi levantó la mirada y observó a su amigo. ¿Inspeccionarlo? ¿Qué acaso era un animal? ¿De qué iba esto?—¿A qué te refieres?—Buscarán en todo tu cuerpo por imperfecciones y si encuentran alguna, tratarán de ocultarlas.Shuichi palideció. Era peor de lo que se había imaginado. ¿Alguien iba a revisar su cuerpo? ¿En serio? ¿Por qué? ¿Qué había de malo con su cuerpo? ¡Esto era una atrocidad!—Debes de estar bromeando.—No Shuichi... no es una broma.—No dejaré que unos desconocidos me toqueteen.—Shuichi... si no lo haces el amo no te llevará a la exposición. Además, solo será en esta ocasión y nunca más volverá a suceder.—Pero... es que...Shuichi se sonrojó y cubrió su pecho con sus manos.—No te preocupes Shu. Yo estaré contigo. No es tan malo como se escucha. —Tocaron a la puerta, y a la voz de Hiro, entraron tres damas jóvenes humanas. El sonrojo de Shuichi se acrecentó más. ¿Por qué tenían que ser chicas?—. Shuichi...Con resistencia y tragando, sintiendo el nudo en su garganta, Shuichi se quitó la toalla y se quedó parado, casi congelado. Las damas procedieron a hacer su trabajo. Inspeccionando cada centímetro de su cuerpo. Su piel estaba sonrosada de la vergüenza que sentía al sentir los toques de mariposa de las sirvientas. Pero si quería ver a Ryuichi, tendría que aguantarse.Dos horas más tarde, las damas habían terminado. Las doncellas se fueron de la habitación, mientras Shuichi se sentó en su cama.—Eso es lo más vergonzoso que me ha ocurrido en toda mi vida Hiro. ¿Esto pasará cada vez que tenga que ir a una exposición?—No te quejes Shuichi y no. Eso es por qué será tu presentación. Después de esto, todo será más sencillo.—¿Qué sigue ahora? —preguntó, cubriéndose de nuevo con la toalla y sentándose sobre la cama. Esperaba que lo que siguiera no fuera tan vergonzoso como eso.—Es hora de la comida Shuichi.—Genial. Tengo hambre. —Shuichi se colocó una bata blanca y juntos bajaron al comedor—. Hiro... No he visto al amo en todo el día. ¿Dónde está?—Dijo que tenía una junta con el señor Seguchi y estaría ocupado, pero que nos veríamos en la exposición.—¿Hablaste con él?—Si... mientras estabas dormido.Hiro empezó a recordar la plática que había tenido con su jefe esa mañana. No le había querido comentar a Shuichi de lo que habían hablado. 
—Adelante. —Hiro entró en el despacho de su amo después de haber recibido la autorización para pasar—. ¿Qué sucede Hiroshi?

—Amo. Ya tengo todo listo para empezar con la preparación de Shuichi.

—Perfecto. Tengo una junta con Tohma. Será tardado. Nos veremos en la exposición —ordenó, tecleando unas cuantas cifras en su ordenador.

—Bien... y... amo... —añadió Hiro con un tono de duda en su voz.

—¿Qué sucede?

—Verá... recuerda... mi situación.

—Por supuesto. —Eiri dejó de teclear para voltear a verlo.

—No sé si él pudiera estar ahí y... no quisiera que...

—No te preocupes Hiroshi —replicó, deteniendo el vuelo de sus manos sobre el teclado y volteando a verlo—. Es difícil encontrar servidumbre eficiente, además de que has demostrado tus perfectas cualidades. De momento no tengo pensado cambiarte... aunque me lo pidan...

—Se lo agradezco mucho, amo. —Hizo una reverencia―. Con permiso.
 Aprovechando que el amo no estaba, ambos tomaron sus alimentos en el comedor y antes de que se dieran cuenta ya eran cerca de las tres de la tarde.—Anda vamos a vestirte.Rápidamente fueron a la habitación de Shu mientras las criadas recogían la mesa. En su cama ya reposaba un paquete grande, uno mediano y dos pequeños.—Ven aquí Shuichi.Shuichi tenía curiosidad acerca de lo que tendría que usar. El mayordomo abrió la tapa de la caja más grande. Sus pupilas se dilataron.—¡Yo voy a usar eso!Cuando Hiro escuchó esta expresión no podía creerlo. Pensaba que su amigo se iba a rehusar inmediatamente, pero contrario a lo que pensaba, los ojos de su amigo parecían brillar. Shuichi estaba anonadado. Nunca había visto algo semejante. Él pensaba que el traje que iba a usar iba a ser tan degradante como los anteriores.—Le debió haber costado una fortuna.—Así es Shu. La etiqueta dice cincuenta millones de K's—¡¡¡¡Cincuenta Millones!!!! ―Estaba sin palabras.—Y es nuevo Shu. Recién traído de los Montes de Mosfora. —El sólo pensar que había gastado una fortuna en un traje confeccionado en los Montes de Mosfora lo dejaba sin aliento. Iba a estar usando en una noche más dinero del que alguna vez soñó—. Vamos Shu. Tenemos que tenerte listo.La preparación comenzó.                      Hiro sacó las cosas de la caja más grande, mientras Shuichi se quitaba su bata. Primero se puso una pequeña y exquisita prenda de ropa interior, algo incómoda para su gusto. Shuichi se sonrojó un poco sólo de pensar que iba a andar así entre un montón de gente.Después de eso le siguió un collar de piedras preciosas en el cuello. Tuvo que quitarse la cadena de su padre con resistencia, pues no se la quitaba ni para bañarse, pero en esta ocasión no la llevaría. La dejó con cuidado sobre un alhajero que tenía encima de su peinador. Regresó con Hiro quien empezó a colocarle lo demás.Del collar colgaba un aro de donde se ataban dos correas de una tela suave. Estas dos correas bajaban por sus axilas, le daban la vuelta a su espalda, volviendo a pasar por enfrente para unirse en otro aro que quedaba a la altura de su abdomen. De este aro salían otras dos correas de tela, que se unían en la parte trasera de la cintura de su ropa interior.Después de eso siguieron más joyas. Misteriosamente todas las piedras preciosas eran del mismo color que su cabello. Primero una grande en el brazo izquierdo que se ajustaba con un entretejido de hebras doradas. Después le colocó dos anillos, uno en el dedo medio de cada mano. El de la mano izquierda estaba unido a una piedra triangular con adornos, y el de la derecha a un motivo más grande que subía por su mano hasta su muñeca, de igual manera adornado con piedras preciosas.En el nacimiento de sus piernas iban otros dos motivos gemelos con más joyas. En sus muslos, dos bandas de oro puro, y en sus pies unas delicadas sandalias que se ataban con correas de hilos de oro a unas joyas que subían por sus piernas hasta casi las rodillas. Hiro tomó dos trozos de tela que se unían a los motivos gemelos en sus piernas. Una frontal y una trasera. La tela era muy suave y semitransparente.Hiro tomó la caja mediana y la abrió. Dentro Shuichi contempló una hermosa tiara de oro con piedras preciosas engarzadas. Con mucho cuidado la colocó en el cabello, asegurándola bien para que no se cayera.Finalmente estaba a punto de tomar las cajas pequeñas cuando la puerta se abrió. Ambos voltearon a ver quién había llegado. Sorpresivamente era Eiri, el amo.—Déjalo Hiroshi. Ve a preparar el carruaje.—Sí, amo.Hiro dejó la pequeña caja en la cama, le dio a Shuichi una mirada de apoyo y le susurró “Nos vemos abajo”, para después desaparecer por la puerta.Eiri se quedó viendo a su esclavo. El traje le quedaba perfecto. Shuichi sentía como si se lo estuviera comiendo con los ojos. Se cohibió un poco y trató de taparse con sus manos cruzándolas sobre su torso. Eiri sólo sonrió con autosuficiencia. Caminó lentamente hasta la cama, sin apartar por un segundo la mirada del cuerpo de su esclavo.Levantó una de las pequeñas cajas y la destapó. De ella sacó una hermosa joya. La más hermosa de todas las que llevaba puestas. Consistía en cuatro rubíes unidos en forma de flor.—¿Sabes qué es esto? —Shuichi no dijo, nada, simplemente negó con su cabeza—. Es el símbolo de que me perteneces. La flor de cuatro pétalos es la insignia de mi estirpe. —Eiri se acercó Shuichi, quien se encogió un poco en su lugar—. Quita tus manos.Aún con un poco de pena, Shuichi soltó sus brazos a los costados, mostrándole todo su cuerpo. Eiri sacó una insignia gemela de la otra caja.—Portarás estas insignias toda la noche, mostrándole a quien perteneces.Con cuidado acercó una de las joyas al aro que colgaba de su cuello y misteriosamente esta quedó colgando suspendida dentro del aro. Lo mismo sucedió con su gemela, que flotaba sobre el aro que quedaba sobre su abdomen. Ambas joyas le causaban una sensación extraña que no podía describir. Lo que más le llamaba la atención es que se quedaban flotando sobre los aros sin estar sujetas a nada.Eiri se acercó de nuevo a Shuichi hasta que quedaron de frente. Shuichi no pudo evitar sonrojarse.—Te ves... perfecto...Una sonrisa lasciva atravesó la cara del kaizoku, sus manos viajaron rápidamente al cuerpo de su esclavo. Tocaron su espalda, hasta llegar a sus glúteos que a pesar de estar cubiertos por la delicada tela, podían sentir las expertas caricias de su amo. Inmediatamente los toques cesaron y Eiri se separó.—Hora de irnos... se hace tarde.Hasta ese momento Shuichi se dio cuenta de lo guapo que se veía su amo. Vestía un traje negro con camisa blanca, pero acomodado de tal manera que se veía un porte muy elegante. El kaizoku salió tratando de guardar la compostura. Un segundo más y ya lo tuviera en su cama sin ropa y haciéndolo suyo.Bajaron al vestíbulo de la mansión donde dos vehículos ya los estaban esperando junto con Hiro. El kaizoku se adentró en una de ellas y Shuichi ya iba tras de él, cuando Hiro lo tomó de la mano.—No, Shuichi.—¿Por qué?—Nosotros iremos en otra. Sólo será por esta ocasión.—Oh... me lo imaginaba.El recorrido duró veinte minutos. Shuichi se había empezado a poner nervioso. Que diría Ryuichi cuando lo viera con esas "ropas". Tratando de apartar esos pensamientos de su mente, mejor pensó en que al fin vería a Ryuichi, solo esperaba que estuviera bien.Llegaron hasta el lugar de la exposición y Shuichi se sorprendió. Era una gran estructura en forma de domo. En la entrada había varios guardias y podía ver kaizokus que llegaban con sus esclavos vestidos algunos con las ropas típicas, otros con vestidos extravagantes, muy variados.Antes de avanzar, Hiro le susurró—: Recuerda Shuichi. No puedes mirar a un kaizoku a los ojos a menos que te den su autorización.—Esto es horrible...—Tranquilo... pronto terminará. Tienes que ir al lado izquierdo del amo con la cabeza baja. Sólo síguelo. Yo te iré diciendo que hacer.—Gracias Hiro. *** Esa mañana Ryuichi había sido preparado casi de la misma manera por Noriko. Sufrió durante la inspección pues pequeños cardenales y marcas recientes había tenido que ser cubiertas.Comieron y Noriko lo ayudó a vestirse con uno de los tantos modelos de Tatsuha. Consistía en un collarín con betas en oro, que se unía a una única hombrera del lado izquierdo de su cuerpo, también veteado en oro. De esta hombrera nacía una pechera que cubría la mitad de su torso. De ambas manos salían muñequeras que le llegaban un poco más arriba de los codos y en su mano derecha, el anillo típico de los esclavos de Tatsuha. Una pequeña banda de oro con una flor de cuatro pétalos. Al contrario de su hermano que solía —cuando había tenido esclavos—, usar flores grandes, Tatsuha usaba el mismo signo, pero en pequeños anillos. Para cubrir sus partes nobles, un "hilo dental" y en sus piernas unas botas largas. La derecha le llegaba casi hasta la rodilla y la izquierda hasta la mitad del muslo. Su cabello estaba adornado con unos cuantos motivos y piedras preciosas. Estuvo listo para las cuatro de la tarde. Impaciente por ver a Shuichi. *** Cuando entraron al domo, un sirviente que estaba adentro, cerca de la puerta los anunció. Primero anunciaron a Tatsuha. Noriko debía de estar en compañía de Ryuichi en todo momento solo por esa ocasión, así que los siguió cuando entraron. Tatsuha fue a sentarse a una mesa donde estaba Tohma, su hermana, y otro kaizoku.—Llegas temprano Tatsuha.Tatsuha se sentó en un sillón, mientras que Ryuichi se sentaba en un pequeño cojín en el piso, junto a sus piernas Noriko estaba un poco alejada porque no podía mezclarse, pero estaba al tanto de cualquier petición de su amo.—Como siempre Tohma. ¿Habrá alguna cosa especial hoy?—Por supuesto, y espero que dejes participar a tu esclavo.—Seguro que participará.Ryuichi no supo si alegrarse o llorar. Un anuncio lo sacó de sus cavilaciones.—Eiri Uesugi.En ese momento todo sonido cesó, para después escucharse un montón de murmullos. Hacía mucho tiempo que Eiri, el favorito de Tohma, no asistía a ese tipo de eventos. Y el hecho que hiciera una reaparición de ese tipo era extraño. Además, lo que más llamaba la atención era la bella criatura que lo acompañaba.La mayoría de los kaizokus "caídos" se maravillaron ante esa pura demostración de belleza, aunque lo disimularon muy bien ante aquellos que simplemente lo vieron como un esclavo más. Entre los esclavos corrieron las voces del bello esclavo que acababa de llegar.Eiri comenzó a avanzar, pero Shuichi estaba congelado en su posición. El lugar era algo extraño y aterrador. Había pequeñas tarimas donde algunos esclavos estaban teniendo sexo mientras los kaizokus simplemente observaban y tomaban bebidas, sentados sobre cómodos sillones individuales. Además de las pequeñas tarimas, había una muy grande circular en el centro del recinto. Esa estaba vacía.—Vamos Shuichi... —susurró Hiro un poco detrás de él.—No creo que esta haya sido una buena idea Hiro... los nervios me están matando ―susurró.—Vamos, si no, no podrás ver a Ryu. El amo se va a sentar en la misma mesa de Tatsuha. Junto a Ryuichi.Shuichi recordó para qué había venido, así que bajó su mirada y empezó a caminar detrás de su amo.—Vaya, te luciste con el traje. ¿En realidad vale la pena gastar tanto en un simple esclavo? —acotó Tatsuha.Eiri sólo le dirigió una seria mirada, y se sentó en uno de los sillones y Shuichi, al igual que todos los esclavos, en un cojín a su lado. Por primera vez, después de un angustiante tiempo sin saber de ellos, Shuichi y Ryuichi intercambiaron miradas, prometiéndose hablar después.—¿No viste la reacción que causó? —preguntó Eiri, recalcando lo obvio.―Levanta tus ojos. —Shuichi obedeció, levantando la mirada con el desafío presente, entonces Tatsuha se sorprendió. La profundidad en esos ojos amatistas era asfixiante—. Toda una reliquia hermano.—Déjalo en paz, Tatsuha.—¿Me lo prestarías alguna vez?—Lo más seguro es que lo matarías a la primera —replicó con acidez.—Claro que no hermano... a lo mejor a la segunda.El agarre en el rostro de Shuichi se estaba haciendo más fuerte. Ryuichi se estaba preocupando por la mirada del esclavo que expresaba su incomodidad, pero parecía que Tatsuha no se daba cuenta, hasta que Shuichi lanzó un gemido de dolor.—Suéltalo Tatsuha —masculló Eiri en un tono ligeramente amenazante.—Tranquilo. No dañaré tu mercancía.El tiempo pasó, mientras los kaizokus llegaban y conversaban. La familia Uesugi tenía una tarima que no estaba siendo ocupada por nadie, y sinceramente, Ryuichi y Shuichi rogaban porque no les pidieran un espectáculo. Ya entrada la noche, cuando casi todas las tarimas ya estaba vacías, Tohma se levantó de su asiento.—Es hora del evento principal. La presentación de los esclavos de los Uesugi. De momento necesito sus esclavos.—Llévatelo —dijo Tatsuha inmediatamente. No le importaba lo que le pasara, con tal de que se lo regresara vivo. Tenía que admitir que había disfrutado ese cuerpo y si lo podía ver en acción sobre la plataforma, sería muy placentero.Eiri frunció el ceño.—¿Para qué lo quieres?—Eiri... tienes tiempo de no venir, pero debes seguir las reglas, sobre todo si quieres conservar a tu esclavo.Tohma si que sabía cómo hacerlo enojar. Ahora quería aprovecharse del "favor" que le había hecho al permitirle conservar a Shuichi como esclavo. Eiri no dijo nada, pero era obvia su cara de inconformidad.—Párense y síganme —ordenó Tohma a los esclavos.Shuichi y Ryuichi se voltearon a ver solo un segundo, sería el momento perfecto. Siguieron a Tohma a través de un corredor, bajaron por una banda automática y llegaron a una habitación grande. Tohma se volteó a verlos a ambos.—Yo no estoy de acuerdo que ustedes estén aquí. —Ambos tenían la mirada baja. Estaban frente al mayor de los kaizokus—. Mírenme cuando les hablo. —Los esclavos levantaron la mirada. El kaizoku era intimidante—. Si fuera por mí ustedes ya estarían en el almacén... o quizás muertos, no me importa. —Tohma frunció el ceño—. ¿Saben lo que pasa en una exposición? Supongo que no. Los kaizokus que han venido quieren un buen show.—¿Qué...? ¿Qué tenemos que hacer Seguchi-sama?—Deben copular entre ustedes en la plataforma principal. —Ambos pusieron caras de asombro mientras Tohma mantenía una mirada seria—. Tienen cinco minutos.Tohma desapareció por la puerta por la que había entrado. Los muchachos se quedaron viendo entre ellos. Eran amigos... ¿Cómo harían lo que les habían pedido? Tenían poco tiempo para una conversación.—Bueno... creo que... —Shuichi no sabía cómo empezar. ¿Cómo tener sexo con tu mejor amigo sin arruinar tu amistad?—No nos queda de otra. —Tenía que hacerlo si querían salir vivos de ahí.—Quiero salir de aquí.—Yo también Shu. Debemos idear algo para salir de esto, juntos.—Eso estaría bien.—Lo primero que tenemos que hacer es averiguar cómo podemos quitarnos los anillos y...Unas luces naranjas se encendieron y empezaron a parpadear. Una compuerta del piso se abrió cerca de ellos dejando salir un diván de color rojo. Unos esclavos se acercaron a ellos y empezaron a quitarles sus ropas, y a pesar de que se resistieron un poco, al final no pudieron hacer nada y dejaron que los cambiaran. Cinco minutos más tarde, estaban vestidos simplemente con unos slip negros, además, ambos conservaron sus insignias de la casa Uesugi.Los asistentes desaparecieron por donde habían llegado. El piso tembló y empezó a elevarse. Instintivamente se acercaron. Entonces se dieron cuenta de que estaban apareciendo en la tarima principal del recinto.Tohma apareció por un costado y traía en sus manos un pequeño dispositivo circular del tamaño de un frijol. Lo sostuvo sobre su cuello y este quedó flotando. Cuando empezó a hablar su voz estaba magnificada de manera que se escuchaba en todo el lugar.—Bienvenidos. En esta ocasión tenemos unos invitados especiales. Los hermanos Uesugi. —Una luz enfocó a los mencionados. Eiri puso una cara de fastidio, pero Tatsuha mostraba autosuficiencia, como el engreído kaizoku que era—. El espectáculo principal de esta noche será otorgado por sus esclavos. Disfruten.Shuichi y Ryuichi no sabían qué hacer. Empezaron a susurrar, alegres de que sus voces no llegaran muy lejos.—No nos queda de otra Shu... tenemos que hacerlo mientras pensamos como escapar de aquí.—Supongo que sí.Shuichi se acercó al diván y le hizo una seña Ryuichi para que se acercara. Estaba ofreciéndose a ser el pasivo. Ryuichi se sorprendió un poco. Quería mucho a su amigo y no quería hacerle daño, por eso, él iba a ofrecerse a ser el pasivo antes de que Shuichi se le adelantara. Se acercó lentamente.—Shuichi... hace mucho que no soy activo.—Y yo nunca lo he sido —respondió encogiendo los hombros y recostándose sobre el diván con las piernas separadas—, así que, qué mejor que alguien con experiencia.Ryuichi solo sonrió tristemente y colocó una rodilla entre las piernas de Shuichi para tener un punto de apoyo, mientras que sus manos las apoyaba a cada lado del rostro de su amigo. Entonces unió sus labios con los de Shuichi en un beso puro y dulce. Como pidiendo perdón y al mismo tiempo permiso a su cuerpo de avanzar.Cerca de ahí, en una de las mesas, los hermanos Uesugi veían todo sin perder detalle. Eiri estaba viendo ese contacto, era lo mismo que le había hecho a Shuichi, y él aparentemente estaba disfrutando el unir su boca con el esclavo de Tatsuha.Shuichi se había entregado a ese beso, solamente había recibido dos en su vida y de una misma persona que... aparentemente no sabía besar, pero el beso de Ryuichi se sentía diferente, no como los que había recibido de su amo. El beso se volvió más demandante y Shuichi empezó a gemir porque Ryuichi estaba estimulando sus pezones. El beso se rompió y Ryuichi viajó al lóbulo de su oreja y lo atrapó con una pequeña mordida.—Aahh... Ryu...—Relájate Shu, será rápido.Ryuichi bajó dejando una estela de besos de mariposa a través de su cuello, sobre su collar, y atrapó uno de sus pezones con su boca, mientras el otro lo seguía estimulando con su mano.Eiri veía como su esclavo gemía bajo los toques del esclavo de su hermano, pero además no podía dejar de ver cómo reaccionaba cuando el otro esclavo lo tocaba con su lengua. Se preguntaba a que sabría aquella piel. Recordó entonces cuando plantó sus labios sobre el hombro de su esclavo. No recordaba si había presentido algún sabor de ese contacto que duró unos segundos. Inconscientemente sus manos se cerraron en puño.Ryuichi bajó un poco más hasta llegar al slip y metió sus manos por los costados, para empezar a quitarlo. Los kaizokus no perdieron de vista el hermoso sonrojo que adornó el rostro del pasivo al ver que el único trozo de tela que protegía su intimidad era retirado. El slip cayó al suelo lentamente, mientras Shuichi trataba de cerrar sus piernas.—Shu...—Lo siento... es que me da vergüenza —dijo volteando su rostro. Aún no podía acostumbrarse a lo que esa vida significaba. Perder la voluntad sobre su propio cuerpo.—No pienses en nada más.—¿Qué?—Mírame sólo a mí. Olvida que hay alguien más aquí.—Esta... bien...Shuichi abrió sus piernas, quedando totalmente expuesto a Ryuichi y a todos los kaizokus que podían apreciarlo. Ryuichi tomó el sexo de Shuichi y empezó a frotarlo. Los gemidos no se hicieron esperar. Entonces Ryuichi se inclinó sobre sus piernas y atrapó su erección dentro de su boca.—Ah... Ryu...Tatsuha estaba maravillado de las habilidades de su esclavo. Sin duda su papel era de activo. Lástima que en su casa nunca ejercería como tal. Por su parte, Eiri no podía creer lo que estaba viendo, el esclavo de Tatsuha estaba lamiendo la intimidad de su esclavo. Era el acto más bajo que había visto o que recordara haber visto pues tenía mucho tiempo de no asistir a las exposiciones y quizás su atención no estaba bien puesta en los actos que le había tocado ver. Lo que no podía dejar de apreciar era el rostro de Shuichi. El rubor en su rostro parecía aumentar con cada segundo que pasaba y los gemidos denotaban el gran placer que estaba recibiendo. ¿Se sentiría eso bien en los esclavos? Su conocimiento sobre la fisiología humana era limitado.—Hm... Ryu... ya casi... ah... —Con un sonoro gemido y sin poder contenerse más, se corrió en la boca de Ryuichi, quien no dejó escapar ninguna gota—. Lo siento... —Se excusó cubriendo su rostro. ¿Por qué no había aguantado más?—. No pude...—No te preocupes Shu... no sabe tan mal...Ryuichi le dirigió una mirada sincera, mientras que Shuichi bajaba la mirada avergonzado. Eiri no podía creer lo que había visto... se lo había tragado... se tragó esa... cosa... no podía creerlo...«¿Por qué tragó». Muchas dudas nublaban su mente, las resolvería con el tiempo, después de todo, tendría su esclavo todo para él, de eso se aseguraría.Ryuichi volvió a su tarea. Se levantó para deshacerse de su propio slip y lo tiró a un lado para masajear su erección y volver a su posición anterior entre las piernas de Shuichi. Bajó un poco más y dio una gran lamida en la entrada del Shuichi haciéndolo gemir sonoramente. El público se deleitaba con los temblores de ese exquisito cuerpo.Se encargó de lubricar bien aquel delicado pasaje. Con cuidado y lentamente introdujo un dedo. Un gemido de inconformidad se escuchó. Esperó unos momentos para que se acostumbrara a la introducción y después empezó a moverlo, hacia afuera y hacia adentro. Metió un segundo y un tercer dedo, ocasionando espasmos de placer en Shuichi quien ya se encontraba nuevamente erecto. Movimientos de tijera eran hechos para dilatar un poco más la entrada y que no hubiera mucho dolor.—Ah...Parecía que había localizado la próstata de Shuichi. Siguió moviendo su mano, tratando de localizar esa pequeña glándula en cada ocasión. Sacó sus dedos, recibiendo un gemido de insatisfacción.—¿Estás listo Shu?—Si... Ryu...Ryuichi levantó las piernas de Shuichi sobre sus hombros. Con cuidado posó su erección sobre la entrada de Shuichi y empujó. Un fuerte gemido se escuchó en todo el recinto. Eiri no perdía detalle de las reacciones de su esclavo. Tatsuha simplemente disfrutaba del espectáculo. Parecía que Ryuichi le estaba dando en algún punto especial pues el esclavo gemía sin inhibiciones. Algo que Eiri no pudo dejar pasar fue que Shuichi rodeó con sus brazos el cuello del esclavo de su hermano y volvió a unir sus labios con los del otro, mientras el ritmo impuesto aumentaba. Sus ojos ambarinos estaban fijos en el rostro de su esclavo. Shuichi finalizó el beso. Ya estaba cerca del clímax.—Shu... ya casi...—Ah... yo tam... bien...Entonces Ryuichi dio una última embestida al cuerpo de Shuichi, derramándose en su interior. Shuichi volteó su vista a punto de alcanzar el orgasmo. Sus ojos se encontraron frente a frente con los ojos de su amo. Esa mirada tan profunda lo dejó sin aliento, para finalmente liberar su semen con un fuerte gemido. La plataforma volvió a descender y ambos esclavos desaparecieron de la vista del público.—Vaya Eiri. Parece que tu esclavo sí que sabe dar espectáculos.Eiri se guardó sus palabras. Su mente repetía segundo por segundo lo que había visto y sobre todo, la mirada cargada de deseo que tenía Shuichi justo segundos antes de llegar al clímax.Eiri presionó dos botones que estaban en su reposabrazos, y al instante Hiro y Noriko aparecieron. El otro kaizoku que estaba sentado con ellos abrió sus ojos con sorpresa, sin poder creer lo que estaba viendo.—Hiroshi...

----- CHAPTER BREAK -----

—Hiroshi...Hiro se paralizó en su lugar, observando a ese kaizoku quien lo miraba fijamente de regreso.—Hiro —llamó Eiri, ignorándolos a ambos—, ve por Shuichi.—Sí amo ­—respondió, ignorado la fija mirada del otro kaizoku sobre él.—¡Hiro!Hiroshi se detuvo unos segundos, pero después reanudó sus caminata. El kaizoku estaba a punto de levantarse cuando una voz se lo impidió.—Te aconsejo que dejes a mi mayordomo en paz K.—Tú... tú lo tenías... lo sabías ¡¡¡Y no me lo dijiste!!! ­—gritó Claude.Ese comportamiento tan impropio de un kaizoku llamó la atención del resto de la mesa y de algunos kaizokus de las mesas cercanas. Tohma frunció el ceño.—Estoy cumpliendo la promesa que te hice, K. —Claude se quedó pasmado y sin palabras—. Y quiero que entiendas que no pienso cambiar de mayordomo en estos momentos.Claude frunció el ceño y cerró los puños con fuerza.—No puedes prohibirme verlo.Claude se levantó de su asiento y rápidamente siguió el camino que había visto seguir a Hiroshi. No sabía a dónde se dirigía, pues los únicos que solían estar en esas áreas eran los esclavos, los sirvientes y kaizokus de muy baja categoría.Hiroshi y Noriko llegaron hasta donde la plataforma donde estaban Shuichi y Ryuichi terminaba por descender. Ambos estaban sentados sobre el diván, charlando rápidamente.—Hola, Shuichi.—¡¡Hiro!! —Shuichi reprimió el impulso de correr hacia él por saberse completamente desnudo y por la pena de lo que acababa de hacer—. Hola Hiro ­—repitió con una sonrisa tímida.—Parece que sobreviviste a tu primera exposición.—Así es.—Bien.De entre sus ropas sacó un pequeño aro brillante que a Shuichi le llamó la atención.—¿Qué es eso?—Ahora lo verás.Hiro lo posó sobre la palma de su mano y el aro flotó unos cinco centímetros sobre su piel. Dirigió su mano hacia la cabeza de Shuichi y la volteó. El aro quedó suspendido sobre el esclavo y empezó a crecer de tamaño.—No te muevas.Shuichi se quedó estático. El aro aumentó de tamaño hasta abarcar todo el cuerpo de Shuichi y empezó a recorrer su cuerpo de arriba a abajo. En algunas zonas brillaba con más intensidad.—¿Qué es lo que hace? —preguntó Ryuichi con curiosidad.—Esto es un cleaner. Lo que hace es eliminar cualquier sustancia extraña de tu cuerpo.—O sea para asegurarse de que regresemos totalmente limpios con ellos. ¿Cierto? —agregó Shuichi con sarcasmo.—Así es.—Si no quieren "sustancias extrañas" en sus esclavos... ¿por qué nos hacen participar en las exposiciones en primera instancia?—Verás Ryuichi... esto sólo lo usan los esclavos de los Kaizokus "caídos", los que tienen sexo con sus esclavos. Independientemente de que toquen a sus esclavos... son de su propiedad... el tocar "fluidos" de un esclavo que no es de ellos pues... ya sabes cómo son.—Vaya que sí...—Ryuichi, aquí traigo el tuyo.Noriko se acercó con un aro igual y al activarse empezó a recorrer su cuerpo. En menos de cinco minutos, los aros se desactivaron quedando en el piso.—Bien, déjame ayudarte con tus ropas, Shu.Noriko y Hiroshi ayudaron a Shuichi y a Ryuichi a colocarse de nuevo las vestimentas con las que habían llegado al evento. También, a escondidas, Hiroshi le dio una pastilla a Shuichi. En pocos minutos ya estaban listos para irse.—Regresemos.Hiroshi se volteó para salir, pero inmediatamente se detuvo. Ahí en la puerta estaba alguien a quien hubiera deseado nunca volver a ver. *** Claude estaba perdido entre tanto pasillo, así que sólo siguió sus corazonadas. Pronto dio con una puerta. Había un sensor a un lado. Colocó su mano y una luz la recorrió. El sensor emitió un pillido y después se escuchó una voz robotizada.—Acceso autorizado... Kaizoku de alto rango... Claude Winchester.La puerta desapareció como si fuera un holograma y la vista que recibió lo sorprendió. Ahí estaba él. Más bello que nunca. Con su rojo cabello formando ondas sobre su espalda, su piel clara como la leche. Y una sonrisa en su rostro mientras ayudaba al que seguramente era el esclavo de Eiri Uesugi a vestirse. Parecía que bromeaban porque en ocasiones reían. Cuando terminaron se dirigieron a la puerta, pero cuando Hiroshi se dio cuenta de su presencia, se quedó congelado en su lugar.—Hiro...Hiroshi se congeló en su lugar, sintiendo que por unos segundos perdía el aire, su mirada descendió.—Tenemos que regresar —musitó.—Hiro, ¿quién es él?Claude caminó hasta quedar a un metro de distancia del mayordomo.—Él es... el kaizoku de alto rango... Claude Winchester.Parecía que cada palabra salía dolorosamente de su boca. Hiroshi empezó a caminar seguido de Shuichi, pero antes de que pudiera atravesar la puerta, una fuerte mano se sujetó a su brazo, impidiéndole avanzar.—Espera Hiro.Hiroshi no quería verle la cara, no quería verlo a los ojos y que esos mares rondaran sus sueños nuevamente.—Shuichi. Ve con el amo Eiri. Te estará esperando.—Pero Hiro...Shuichi volteó a verlo, confundido ¿Qué estaba pasando? ¿Quién sería verdaderamente esa persona para causar esas reacciones en su amigo? ¿Por qué el ambiente de pronto se había sentido tan tenso?—Noriko, llévatelo.—Si... Vamos ShuichiEl ama de llaves dirigió a los dos esclavos a través de la puerta. Fue hasta entonces que Claude liberó su agarre.—Hiro...—Winchester-san... tengo que regresar...—Hiro, tenemos que hablar.Entonces Hiroshi le dirigió la mirada y Claude pudo ver lo que sus ojos guardaban. Dolor, tristeza y enojo hacia su persona.—No tenemos nada de qué hablar Winchester-san. Creo que todo quedó claro cuando me fui de su lado.—No... Nada quedó claro... Insisto, tenemos que hablar...—Por favor. Déjeme tranquilo, creo que usted ya ha hecho suficiente para hacerme infeliz. No deseo volver a verlo... Con permiso...Hiro caminó con prisa hacia la puerta, sin alcanzar a escuchar la última frase de Claude.—Pero yo sí quiero volver a verte Hiroshi... y quiero recuperarte. *** Hiroshi corrió con rapidez, hasta detenerse en un cuarto oscuro. Las lágrimas ya salían de su rostro sin tregua.«¿Por qué?... ¿Por qué tuve que toparme con él?... Duele tanto... Quisiera poder arrancarte de mi corazón».Trató de componer su figura y quitar los últimos rastros de lágrimas y caminó rumbo a donde se encontraba su amo. *** Shuichi y Ryuichi regresaron con sus amos. Las caras de estos eran totalmente diferentes. Tatsuha sonreía con autosuficiencia, mientras que Eiri parecía tener un disgusto. Cada uno tomó su lugar correspondiente en sus cojines a la izquierda de sus dueños. Cuando Ryuichi se sentó, su quijada fue fuertemente tomada por su amo.—¿Te divertiste? —Ryuichi hizo un gesto pues Tatsuha estaba clavando sus dedos en su mandíbula debido al agarre—. Parece que tú te vas más por el lado activo. —Tatsuha rió despectivamente—. Lástima que nunca más lo serás.Ryuichi guardó silencio. Sabía que si respondía se llevaría un castigo. *** Hiroshi estaba un poco nervioso. No. Muy nervioso. Claude había regresado a la mesa de los hermanos Uesugi y aunque en su tarima estuvieran teniendo un pequeño espectáculo, sus increíbles ojos azules los podía sentir recorriendo su cuerpo, como si lo estuviera analizando. Parecía que había recuperado la compostura y actuaba como si nada hubiera pasado. Pero esos ojos... no se movían de su persona ignorando todo el entorno... y estaban enfocándose solamente en él.Eiri sintió que ya había estado tiempo suficiente y decidió que era hora de irse.—¿Te vas?—Si Tatsuha... hay otras actividades que deseo hacer.—Eiri Uesugi.Eiri volteó hacia el kaizoku que le había hablado.—¿Que sucede? ­—preguntó, demostrando indiferencia—Te invito a una cena de cortesía en mi mansión.A Eiri no le sorprendió la formal invitación. Era lo menos que se esperaba. De reojo observó el semblante pálido de su mayordomo. ¿Cuál sería la mejor forma de proceder? Tenía curiosidad y preguntas por resolver.—Está bien —respondió—, acepto.—Los espero el lunes a las siete de la noche.—El lunes será. Vámonos Hiroshi.—Sí, amo.Shuichi se levantó y le dirigió una última mirada a Ryuichi, dándole a entender que tenían que seguir buscando una manera de escapar juntos. *** —Hiroshi. Acompaña a Shuichi a su habitación —ordenó Eiri cuando se encontraron en el vestíbulo de su mansión—. Que descanse un rato, pero que no se cambie de ropa. Deja un cambio para dormir en su peinador. Lo veré en media hora.—Sí, amo.Eiri desapareció tras un corredor en dirección a su despacho mientras Hiro acompañaba a Shuichi a su habitación para que descansara un rato.—Hiro...—¿Hm?—¿Qué es una cena de cortesía? ―­preguntó Shuichi en cuanto se cerró la puerta de su habitación—¿Eh? Ah, cierto, aún hay cosas que no sabes.Hiroshi se dirigió al closet y sacó un pijama blanco, colocándolo sobre le peinador. Después se sentó en la pequeña sala e instó a Shuichi que lo acompañara.—En una cena de cortesía —empezó mientras Shuichi se sentaba—, un kaizoku invita a otro a una cena.—¿Y qué tiene eso de especial?—Bueno pues... en esas cenas, los sirvientes y esclavos del kaizoku que ha hecho la invitación, ofrecen un pequeño espectáculo.—¿Qué tipo de espectáculo? —preguntó con temor. Sólo esperaba que no fuera algún tipo de exposición personal.—Es una demostración de artes, no te asustes. Principalmente es baile, canto o actuación. Sólo un pequeño acto. —Shuichi suspiró, liberando el aire que había contenido en sus pulmones—. Pero hay una cosa más.—¿Qué?—Es un acto recíproco. El kaizoku que fue invitado, debe invitar a su anfitrión a su mansión a otra cena de cortesía al día siguiente, y en esta ocasión son sus sirvientes los que ofrecen el show.—Vaya... qué costumbres tan raras.—Lo sé.Shuichi recordó al kaizoku que los había invitado. Era el mismo que los había encontrado cuando terminaron su exposición y el que había causado que le semblante de Hiro cambiara.—Hiro... ¿quién era ese kaizoku?—¿De quién hablas? —preguntó, haciéndose el desentendido.—Del kaizoku rubio de ojos azules.—Ah... él... él era... —Hiro tragó. Era el momento de sincerarse—, mi antiguo amo.—¡¿Qué?!Shuichi entornó la mirada. ¿Su antiguo amo? ¿Ese era el hombre que fue “dueño” de su amigo por cerca de tres años?—Creo que te contaré un poco más de esos tres años que me fui.—Sí.—¿Dónde me quedé? Ah, sí. Después de que me fui con esos hombres a los que me vendió mi padre, ellos me llevaron al mercado de esclavos. Es un lugar horrible Shu. Sólo espero que nunca llegues a conocerlo. En ese lugar, todos los chicos y chicas nuevos que llegan, son primero mostrados a los kaizokus de más alto rango.—¿Y eso porqué?—Para tengan más de donde escoger. Si no eres seleccionado, ya después, los venden a mercenarios, kaizokus de baja categoría, empresarios y demás.—¿Y qué sucedió contigo?—Yo... 
—¡Ah!

Hiro recibió un fuerte latigazo en su espalda, empujándolo al suelo. La ruda superficie que lo recibió, golpeando en sus costillas. Alcanzó a detenerse con las manos, evitando que su cabeza golpeara contra el suelo. Resistió el impulso de voltearse y golpear a su agresor. De seguro eso sólo le traería más problemas.

—¡¡¿Qué esperas mocoso?!!

Estaba entre un montón de jóvenes y jovencitas que probablemente compartirían su mismo destino. Les habían dado unos cubos de agua fría para que se asearan un poco, antes de presentárselos a los Kaizokus de más alto rango, los que podían pagar más. El agua fría se sentía como agujas en la piel, haciéndolo temblar. Llevaba casi tres semanas en ese lugar, sólo encerrado con otros cuantos chicos. Moría por salir de ahí.

Cuando todos estuvieron "decentes" los pusieron a todos en fila y los pasaron a una pequeña explanada que se veían más arreglada que la celda donde habían estado encarcelados. La diferencia era abismal. Observó sus ropas que les habían dado. Conjuntos pequeños y faltos de tela. En algunos casos ni siquiera alcanzaba a cubrirlos decentemente, después de todo, ya los kaizokus que los compraran se encargarían de vestirlos bien, además, así los compradores podrían ver un poco más de piel y apreciar bien “los atributos de los productos en venta”.

—Escúchenme bien bola de engendros —gritó el que parecía ser el dueño del lugar—. Más les vale que se comporten bien cuando entren los kaizokus si no quieren terminar vendidos por piezas.

Todos se quedaron congelados en sus lugares y un ruido les llamó la atención. Dos kaizokus entraron al recinto por una de las puertas y aparentemente discutiendo. Ambos altos y de piel clara tan característica de los kaizokus. Uno de rubia cabellera y ojos azules mientras el otro tenía un cabello castaño claro y ojos verdes.

—Mitsu, sabes que no me gusta comprar mis esclavos en estos lugares.

—Pero K, aquí puedes seleccionarlos como te gusten, y hay más variedad que por catálogo.

—Lo que digas —respondió con cara de fastidio. Mitsu lo había casi obligado a acompañarlo a comprar un esclavo nuevo y lo convenció de comprar uno.

Un joven que estaba en la entrada les ofreció a ambos un par de guantes para que su piel no tocara las inmundicias que pudieran tener algunos esclavos.

Claude iba caminando detrás de Mitsu. Los dirigieron a una pequeña explanada, donde había suficiente luz para apreciar bien la mercancía. Ambos pudieron ver a jóvenes y mujeres de entre quince y dieciocho años. Algunos se veían tristes, otros nerviosos, unos aterrados y algunos inclusive confundidos.

—¿Te gusta que sean puros K?

—¿Que importa eso?

—Mucho. Si son puros, chillan más la primera vez que copulan.

—¿Y cómo sabes quiénes son?

A veces Claude se preguntaba cómo es que su amigo sabía tanto de los humanos, pero luego recordaba que Mitsu estaba llevando a cabo unos estudios de la cultura humana a escondidas de Tohma.

—Muy sencillo...

Mitsu se acercó a una chica y dirigió sus enguantadas manos a su intimidad. La chica, se sonrojó en sobremanera y trató de cerrar sus piernas, sin embargo, el kaizoku alcanzó a rozar su clítoris, causándole que la chica gritara de miedo.

—Lo vez... los primerizos son muy tímidos y muy sensibles.

Claude frunció el ceño. La realidad es que no era de los kaizokus que les encantaba tener esclavos para presumirlos en las exposiciones. Normalmente sólo tenía uno y lo cambiaba cada seis meses a un año, a comparación de otros kaizokus que tenían esclavos nuevos cada mes o menos.

Fue recorriendo la fila de esclavos hasta que uno en especial le llamó la atención. Una melena pelirroja que brillaba con el sol. Caminó hasta posarse frente del esclavo que tenía la mirada baja. Subió su mano hasta posarla en la barbilla y levantó su rostro. Lo que vio causó un gran impacto en él. Unos hermosos ojos castaños de los cuales salían pequeñas lágrimas. El rostro era exquisitamente perfilado, por un momento pensó que era una mujer por lo delgado de su cuerpo, pero su vista se fijó en su pecho el cual estaba medianamente tapado con un trozo de tela. No había senos. Quizás aún era muy joven para desarrollarlos. Mientras una de sus manos sostenía la barbilla, la otra bajó hasta su intimidad, y ahí constató que era un varón. Hiroshi no pudo evitar un sonrojo

—Creo que ya has hecho tu elección —musitó Mitsu, acercándose a él.

Mitsu se acercó al chico y pasó su mano indecentemente por el trasero del joven. Hiroshi se sonrojó en sobremanera y trató de alejarse de aquel toque.

—Déjalo Mitsu.

—Has escogido bien Claude. Es puro seguramente. ¿Es lo único que te llevarás?

—Sí.

—Bien. Yo ya escogí mi mercancía. Dos esclavas y un esclavo. Necesito material para mi investigación.

Mitsu se fue con el comerciante para informarle de su compra, mientras Claude veía fijamente su nueva adquisición. Sentía algo extraño frente a ese joven. Como si quisiera tenerlo a su lado siempre. No sabía que era esa sensación, pero le gustaría averiguarlo.

—¿Cuál es tu nombre?

—Hiroshi Nakano —murmuró.

—Hiroshi... sígueme.
 —Así que él te compró—Así es... en ese momento no sabía que sentir. Por un lado estaba feliz de que había sido comprado en tan poco tiempo y no tendría que pasar más tiempo en ese horrendo lugar. Pero también nervioso porque había escuchado algunas historias acerca del abuso de esclavos.—¿Y después que sucedió?—Pues lo que sucede con todos los esclavos nuevos. Me dio mi anillo... 
Hiroshi siguió a su nuevo dueño con el comprador. Éste le quitó las esposas y lo metió en un auto que seguiría el destino del vehículo de Claude. Hiro estaba expectante a saber cómo sería su vida al servicio de un kaizoku. Sólo esperaba que esta persona se apiadara de su existencia.

Cuando llegó a su destino y bajó del auto, se quedó maravillado con el tamaño de la edificación que ahora sería su hogar. Vio a un joven moreno acercarse al kaizoku y darle una reverencia.

—Bienvenido a casa, amo.

—Minoru, éste es Hiroshi Nakano. Mi nuevo esclavo. Aséalo, muéstrale su cuarto y después mándalo a mi habitación.

—Como usted orden, amo.

El mayordomo se acercó a él y le dijo que lo siguiera. Claude se alejó de ellos desapareciendo por un pasillo. Durante el trayecto, Minoru trató de entablar una conversación para tratar de bajarle los nervios a Hiro.

—Hola, mi nombre es Minoru Katsuragui —se presentó el chico con una sonrisa.

—Yo... soy Hiroshi Nakano... dime Hiro.

—Hiro... yo soy el sirviente principal de la mansión. El mayordomo. Soy el encargado de que todo aquí esté en orden. Si necesitas algo, sólo llámame.

Minoru le dirigió una sonrisa que Hiroshi correspondió. Quizás tendría un amigo en aquel lugar.
 —Minoru Katsuragui fue el primer amigo que hice en ese lugar —contó Hiroshi, suspirando ante las memorias.—Era mayordomo como tú.—Así es 
Minoru dirigió a Hiro a la que sería su habitación y le indicó el baño. Veinte minutos después ya estaba totalmente limpio y aseado. Su cabello cepillado y peinado en una coleta baja y Minoru le había dado un conjunto de camisa y pantalón blancos algo entallados.

—Es hora de que te lleve con el amo. Lo más seguro es para que te ponga el anillo.

—¿Anillo?

—Más tarde te explicaré. Sólo no te niegues a lo que vaya a hacer, el amo no es una mala persona a pesar de ser un kaizoku.

Minoru lo llevó hasta una doble puerta y tocó.

—Soy Minoru, amo. Traigo al joven Hiroshi.

—Déjalo pasar y déjanos solos.

—Sí, amo, —Minoru volteó a ver a Hiro y asintió—. Suerte Hiro.

Minoru le abrió la puerta, dándole miradas de ánimo y cuando entró Hiro, la cerró. Era una magnífica habitación. Claude estaba cepillando su largo cabello sentado frente a un peinador. Cuando se percató de la presencia de su esclavo, abandonó el cepillo y caminó hacia él.

—Finalmente estás aquí. Siéntate sobre la cama. —Hiroshi obedeció. Vio como el kaizoku tomaba una pequeña caja de su peinador y se acercaba a él. De la caja sacó un pequeño aro y se lo mostró—. A partir de este momento eres mi esclavo.

Sus manos se acercaron a su pantalón y lo bajaron lo suficiente para mostrar su intimidad. A Hiro le dio mucha vergüenza, pero recordando la recomendación de su amigo, no hizo nada por impedirlo.

Claude tenía una gran confusión. Desde el momento en que había visto a ese muchacho había sentido un calor reconfortante en su pecho. Casi como si necesitara a ese humano para vivir. Sin pestañear, tomó el miembro de Hiroshi y recorrió el anillo hasta la base del mismo. El sonrojo de Hiroshi parecía hacerle competencia a su cabello.

Cuando levantó su rostro, se encontró con una franja rosada que cruzaba la cara de su nuevo esclavo. La vista era adorable. Una de sus manos viajó hasta su rostro y se posó en su mejilla. Hiroshi no pudo sostener más la mirada y la bajó. Su nuevo amo era increíblemente guapo. No quería creerlo, pero parecía amor a primera vista. Claude pareció salir de su hipnotismo y se levantó.

—A partir de ahora me llamarás amo.

—Sí, amo —dijo Hiroshi asintiendo.
 —Así comenzó mi estancia en esa mansión —finalizó Hiroshi.—Vaya... —musitó Shuichi pensando en lo que Hiroshi le había contado, una historia definitivamente muy diferente a la suya—. Cuéntame más.—Será otro día Shu. El amo no debe de tardar en llegar.Shuichi suspiró, levantándose de la cama y acercándose a la ventana. La luna se levantaba sobre el horizonte.—Me imagino que es lo que quiere.—Yo también.

----- CHAPTER BREAK -----

Hiro salió de la habitación dejando completamente solo Shuichi pero sólo tuvo unos cuantos minutos de soledad hasta que la puerta volvió a abrirse, dejando entrar al amo de la mansión.Eiri se acercó en completo silencio a la cama donde estaba sentado Shuichi aún con sus ropas de la exposición. Shuichi suspiró. Estaba casi seguro de saber que seguiría. Sin esperarlo, su amo tomó su mano y lo arrojó al centro de la cama e inmediatamente se colocó encima de él, sosteniendo las manos de Shuichi sobre su cabeza.—Shuichi... hay algo que deseo saber —empezó, viéndolo con directamente a los ojos con su mirada gatuna.—¿Qué cosa... amo?—Cuando dos personas unen sus labios... ¿cómo se llama? —preguntó, acercándose un poco más.Estaba a pocos centímetros de él, peligrosamente cerca de sus labios.—Se... se llama beso... —musitó, sin poder evitar que sus ojos fueran de los ojos de su amo hacia su boca, y de regreso.Eiri movió una de sus manos, recorriendo su brazo con el dorso de su mano hasta llegar a su cuello y rozar las gemas que reposaban sobre su pecho, bajando un poco más hacia su abdomen y deteniéndose ahí un momento. A pesar de que sabía que con el cleaner no quedaría ninguna evidencia, sentía como si aún quedaran manchas en su esclavo y trataba de quitarlas.Con lentitud, quitó la tela del traje que cubría sus piernas y la arrojó a algún lugar de la habitación. Lo que quedaba era una excitante visión. Shuichi cubierto de joyas y con una pequeñísima tela que apenas cubría su intimidad.—Shuichi... ¿Disfrutaste la exposición? —preguntó, arrastrando las palabras.Shuichi no pudo contestar. Su amo se había deshecho fácilmente de lo que quedaba de su ropa y estaba estimulando su miembro con una de sus manos haciendo que pequeñas convulsiones de placer recorrieran su cuerpo.—A... amo...—Contéstame Shuichi...Con una de sus manos ocupada en su miembro, Eiri soltó las manos de Shuichi, viajando hacia uno de sus pezones. La doble caricia sacó a Shuichi de quicio. Sus gemidos se hacían cada vez más sonoros y repetitivos.—Ah... amo... no sé... que decir...Eiri aumentó el ritmo de las caricias en su miembro y en sus pezones.—Solo necesito una respuesta —reafirmó—. ¿Lo disfrutaste? ¿Disfrutaste... que te besara...?Shuichi sintió un hormigueo recorrer todo su cuerpo, y ya no pudo decir nada más pues con lo placentero de las caricias llegó rápidamente al orgasmo. Estaba totalmente sonrojado y sorprendido de sí mismo por haber terminado tan pronto.Eiri necesitaba saber si había disfrutado más con el esclavo de Tatsuha que con él. Era algo que su orgullo le pedía saber. Unos jadeos le llamaron la atención. Shuichi estaba tratando de recuperar su respiración normal. Esa visión lo extasiaba. Ya solo le quedaban las joyas y las correas. El tono de piel en contraste con su sonrojo y su cabello eran la combinación perfecta. Su pecho subía y bajaba al ritmo de sus respiraciones.—No me has contestado, Shuichi.Eiri tomó un lubricante que estaba en la mesa de noche y derramó una generosa cantidad en sus dedos. Uno se dirigió a la entrada de Shuichi y sin la menor delicadeza lo introdujo completamente. Shuichi gimió sonoramente. No le había dolido tanto como otras veces. Quizás por el lubricante. Quizás porque ya había tenido sexo ese día. Quizás porque estaba excitado. No lo sabía.Otro dedo acompañó pronto al primero y Eiri empezó a hacer movimientos de tijeras para dilatarlo un poco más. En poco tiempo Shuichi gemía de placer. Eiri tomó posición entre las piernas abiertas de Shuichi y preguntó una vez más.—¿Lo disfrutaste... esclavo?Shuichi se enojó con esto. No era ni sería nunca propiedad de nadie y planeaba hacérselo saber. Y comenzaría con no caer en su juego. Justo cuando iba a contestar sintió como el miembro de su amo se abría paso entre sus entrañas, entonces gritó.—¡¡Sí!! ¡¡Si lo... disfruté!!Eiri no supo por qué, pero la ira lo invadió. ¿Había disfrutado más con ese esclavo que con él? ¡Como osaba restregárselo en su cara! Empezó a embestir con fuerza, sin importarle los gemidos y casi gritos del esclavo.Shuichi estaba entre el dolor y el placer. Sabía que con esa declaración había herido el orgullo de su amo, e inconscientemente estaba feliz. No se dejaría amedrentar por ese kaizoku quien se decía su dueño. Ahora solo le quedaba tratar de encontrar algo de placer en el acto. Una de sus manos se dirigió a su hombría, tratando de autosatisfacerse un poco. Sus gemidos iban en aumento. Eiri había encontrado su próstata y la golpeaba con cada embate.Eiri seguía embistiendo. El momento cumbre se acercaba. Parecía que el enojo inicial estaba desapareciendo dándole cabida al placer. Debía encontrar una manera de que Shuichi no pensara que ese esclavo como se llame era mejor que él. Entonces, en un momento sus miradas se conectaron.Ámbar con amatistaSe miraron fijamente como si nada más importara. Sin siquiera pensarlo ninguno de los dos, sus labios se unieron. Desde el principio fue un beso ardiente y hambriento. Parecían querer devorarse entre ellos. Sus lenguas bailaban al ritmo de las embestidas que estaba en su punto máximo. Sólo se separaron para gemir fuertemente y llegar al tan deseado orgasmo, Shuichi sujetando fuertemente las sábanas, sintiendo al mismo tiempo el agarre de acero del kaizoku sobre sus caderas, de seguro dejaría hematomas de nuevo.Se quedaron viendo nuevamente. Ninguno de los dos podía procesar lo que había sucedido. Los dos besos anteriores parecían ser pequeños errores o arrebatos, pero este había sido un beso en toda la extensión de la palabra.«Lo besé».«Me besó».Eiri se levantó, saliendo del cuerpo de Shuichi quien soltó un pequeño gemido y se acostó en el otro lado de la cama. Shuichi se quedó boca arriba mirando fijamente al techo, perdido en sus pensamientos.«Odio esto... Odio sentirme como un objeto... sentirme usado... Quiero salir de aquí... Sus acciones me confunden... Lo odio... pero a la vez no lo odio... Ese beso... no fue como los anteriores... fue como si quisiera demostrarme algo... No lo sé...».Su mente vagó en banalidades hasta que se quedó dormido *** Tatsuha y Ryuichi seguían en la exposición junto con Seguchi, Mika y Claude. Éste último ya estaba maquinando un plan para recuperar a Hiroshi. Tatsuha sonreía mientras veía a su esclavo participar en otro pequeño show en su tarima. En esta ocasión estaba embistiendo a una chica morena de ojos castaños esclava de Mika.Tatsuha veía con satisfacción a Ryuichi ejercer el papel que era propio de su persona. Era activo. Lo dejaría disfrutar todo lo que quisiera esa posición para después humillarlo como el pasivo que se merecía ser. A Tatsuha Uesugi le encantaba quebrar a sus esclavos, humillarlos hasta convertirlos en despojos humanos. El sentir pena, piedad o empatía no existía en los kaizokus.Ryuichi estaba un poco preocupado por este hecho. En toda la noche ya había participado en exposiciones dos veces. Esta era la tercera y ya empezaba a sentirse cansado. Lo que le preocupaba era que en todas las ocasiones veía la mirada de satisfacción de su amo. Quizás cuando regresaran a casa vendría el verdadero espectáculo. Casi amanecía cuando regresaron a la mansión.Al llegar, Tatsuha le ordenó a Noriko que llevara a Ryuichi a su habitación que lo aseara y lo dejara dormir. Esto le extrañó más a Ryuichi. ¿Dormiría sólo en su propia habitación esa noche? *** Eiri despertó con un extraño entumecimiento en su brazo. Esto lo hubiera pasado desapercibido si no fuera porque estaba abrazando a su esclavo y el entumecimiento era porque el Shuichi estaba profundamente dormido con la cabeza apoyada sobre él y su cuerpo ligeramente recostado sobre su pecho.«¿Cómo terminamos en esta posición?».Quería moverse pero misteriosamente la presencia de Shuichi cerca de su cuerpo le era reconfortante. La vista era agradable. El esclavo seguía aún con las joyas en sus brazos y quizás en sus piernas. No podía saber porque ambos estaban cubiertos hasta la cintura con una fina sábana. Con algo de duda, bajó su cabeza un poco, lo suficiente para que sus labios tocaran ligeramente la frente de Shuichi.«Un beso...».La puerta se abrió y por ella entró Hiroshi preparado para despertar a Shuichi, pero nunca se esperó encontrar a su amo durmiendo en la misma cama.—Ah disculpe amo, no sabía... lo siento... ya me voy... —se excusó caminado rápidamente de vuelta a la puerta.—Espera Hiroshi, acércate —dijo Eiri en un susurro. El mayordomo se volteó y se acercó hasta la cama—. ¿Por qué no ha despertado?—Amo... no tiene idea... —respondió Hiro con una sonrisa derrotada—. Cuando está cansado, puede acabarse el mundo y seguir dormido.—Ayúdame a quitármelo de encima sin despertarlo.—Eh... si —contestó confundido.Con cuidado movieron a Shuichi para dejarlo dormido en el otro lado de la cama. El mayordomo le dio una bata a su jefe para que se cubriera y ambos salieron de la habitación. Hiroshi estaba muy confundido, tranquilamente podría haber movido violentamente a Shuichi para quitárselo de encima, y en cambio, le había pedido ayuda para moverlo sin despertarlo. ¿Qué demonios...?—Hiroshi, ordena el desayuno y despierta a Shuichi en media hora para que lo tome. Después quiero hablar contigo en mi despacho.—S, amo. *** —Hora de levantarse, Ryu.Noriko entró en la habitación del esclavo que se arrebujó sobre las mantas de su cama. Se acercó a una pantalla que había en una de las paredes y al presionar un botón sobre la pared, la pantalla mostró los verdes jardines de la mansión y permitió que un raudal de luz inundara la habitación.—Tengo mucho sueño... cinco minutos más —pidió Ryuichi, cubriéndose con las mantas hasta la cabeza.—Ryu... levántate. Tú siempre debes estar disponible al lado del amo Tatsuha.—Ya voy... ya voy... —masculló Ryuichi derrotado.A regañadientes, Ryuichi se metió a bañar y desayunó en la cocina como ya se le estaba haciendo costumbre. Cerca de las nueve de la mañana, llegó otro sirviente a la cocina donde Noriko acompañaba a Ryu que terminaba de desayunar.—Señorita Noriko...—¿Qué sucede Omi?—El amo Tatsuha requiere la presencia del joven Ryuichi en sus aposentos inmediatamente.—Ryu... te llaman.Con cara de fastidio Ryuichi se levantó de la poniendo sus cubiertos encima del plato y fue a la habitación principal. Antes de entrar, trató de prepararse física y psicológicamente para lo que posiblemente le pudiera pedir su amo.Tocó la puerta.—Adelante...Algo inseguro, empujó una de las puertas dobles y se adentró en la habitación. Su amo estaba aún recostado en la cama. No tenía nada que hacer, por eso habían regresado tan tarde de la exposición y Tatsuha acababa de despertar.—Ven.Ryuichi se acercó a la cama, quedándose parado a medio metro de ella. Tatsuha removió las sábanas y se bajó el pantalón del pijama donde ya aguardaba una media erección. Esa sería una buena manera de comenzar el día.—Vamos, ya sabes que hacer. —Ryuichi, que llevaba el traje usual de esclavo, un pequeño conjunto de dos piezas con poca tela, trepó a la cama y se quedó observando la masculinidad de su amo—. ¿Qué esperas?Sin esperar más, Ryuichi tomó la erección y la empezó a frotar, después la introdujo en su boca. Empezó a lamerla y a recorrerla, tratando de relajar su garganta para darle más cabida en su boca, y por ende más placer. Supo que lo estaba consiguiendo al escuchar pequeños suspiros apagados en el kaizoku.Tatsuha sentía que se acercaba al orgasmo. Se había levantado tarde, con ganas de un buen "trabajito" a pesar de que tendría que esperar varias horas para el siguiente. Posó una de sus manos en la cabeza que se movía con parsimonia entre sus piernas y le puso un poco de velocidad.Ryuichi sintió esta presión y aumentó el ritmo de su boca y de su lengua. Sabía que su amo estaba a punto de terminar, así que con su lengua, hizo presión en el glande mientras una de sus manos tocaba los testículos. Este toque fue suficiente para que Tatsuha se viniera en su boca, y para evitar castigos, se bebió todo aquel néctar.—Vete.Ryuichi guardó silencio y sólo abandonó la habitación. Regresó con Noriko a la cocina sintiéndose algo decaído. *** El astro rey iluminaba los cielos con todo su esplendor. Los suaves rayos se colaban por las ventanas de aquella mansión, despertándolo. Shuichi llevó una mano a su rostro, tratando de evitar el choque directo de esos rayos con sus ojos. Se removió un poco en la cama y abrió sus ojos.«Ya no está...». Por un momento sintió nostalgia, pues en algún momento de la madrugada, hubiera jurado que el rubio aún se encontraba en su cama. «Mejor así... no quiero estar cerca de él...».Se despertó estirando su cuerpo y sintiéndose relajado. Tres golpes en la puerta llamaron su atención.—Adelante.—Buenos días, Shuichi. —Hiroshi entró a la habitación seguido de una de las tantas doncellas de la mansión quien venía empujando un carrito con lo que parecía ser el desayuno—. Qué bueno que despertaste Shuichi.—¿Desayunas conmigo, Hiro? —preguntó Shuichi después de que la doncella se fuera dejando el carrito frente a él.—No, lo siento Shuichi, yo ya desayuné, ahora mismo debo ir a ver al amo.—¿A ese engreído?—Sí, al mismo que es nuestro amo... nos vemos más tarde.Hiroshi salió de la habitación dejando a Shuichi desayunando. Se veía un poco más relajado que la mañana anterior a pesar de su actual situación. Suspiró. Esperaba que todo estuviera tranquilo. Con paso firme, se dirigió al despacho de su amo. Llegó y tocó la puerta.—¿Quién?—Soy Hiroshi, amo.—Adelante.Hiroshi se adentró en el despacho. Su amo estaba sentado en la silla de su escritorio con la mirada fija en su portal personal. En cuanto se percató de la presencia de su mayordomo frente a su escritorio, dejó lo que estaba haciendo y le dirigió la mirada.—Hiroshi.—¿Sí, amo?—He sido invitado por K a su mansión para una cena de cortesía. —Hiroshi no pudo evitar mostrar una mirada de desdén. Sabía que esto pasaría tarde o temprano compartiendo el mismo ambiente—. ¿Sabes lo que esto implica?—Sí, amo... lo sé...—La cena será el día de mañana, así que como sirviente principal y mayordomo necesito que prepares el acto representativo de mi familia. El que se te enseñó en tu capacitación.—Sí, amo.—Bien. —Eiri pudo observar perfectamente como los hombros de Hiroshi se empezaban a convulsionar suavemente—. Hiroshi.El mayordomo pasó un brazo rápidamente por su rostro, eliminando cualquier posible lágrima que se hubiera escapado de sus ojos.—Lo siento, amo.—Hiroshi... K es uno de los kaizokus más allegados a mí, pero como kaizoku de palabra que soy, cumpliré mi promesa, y si eso incluye protegerte de él mismo, lo haré.—Se lo agradezco mucho, amo.—Ahora ve. Dile a Shuichi que puede hacer lo que quiera, pero lo quiero esta noche en mi habitación. Tú escoge el traje.—Sí, amo. Con permiso.Haciendo una pequeña reverencia, se retiró del despacho. *** —¡Ah!En una cama, dos siluetas se perfilaban contra la pared cuando los rayos de sol que entraban por la ventana chocaban contra sus cuerpos. El suave y rítmico movimiento de sus caderas prometía llevarlos al éxtasis.El mayor hacía correr sus manos por el cuerpo que bailaba sobre él. Tocando y acariciando. Una de sus manos le daba placer a uno de los pezones, mientras que la otra descansaba sobre la cadera, ayudándole a impulsarse. Su boca viajaba constantemente de la boca del otro, al pezón que estaba descuidado. El vaivén se hacía más desesperado. Ambas caderas chocaban cadenciosamente augurando la cumbre del placer.—Ya casi...—Ya no puedo... más...—¡Ah!Con un gran gemido por ambas partes, el acto quedó consumado alcanzándose a escuchar las aceleradas respiraciones de dos amantes que una vez más se habían demostrado su mutuo amor.Lenta y suavemente el menor se incorporó, lanzando un pequeño quejido al sentir como la masculinidad de su amante salía de su interior, y se acostó en la cama a su lado. Sólo pasaron unos minutos antes de que el menor de ellos hablara y se incorporara, sentándose en la cama.—Tengo que regresar.—¿No puedes quedarte?—Sabes que no. Estamos confiándonos demasiado. Debemos tener cuidado.—Lo sé. Te amo.—Yo también.El menor se inclinó sobre los labios de su amante para dejar un beso, antes de abandonar la cama. *** Hiroshi regresó a la habitación de Shuichi para encontrarlo recostado en su cama. La bandeja de comida yacía abandonada en la mesa de servicio totalmente vacía.—Veo que tenías hambre.—¡Hiro!Shuichi se sentó en la cama mientras su amigo se acercaba y también se sentaba.—Antes de que se te olvide. —Hiroshi sacó de entre sus ropas las pastillas de Shuichi y le dio una—. El amo dice que puedes tomarte el día haciendo o que quieras.—¿Hay alguna cosa divertida que pueda hacer aquí? Si ese engreído sólo me va a querer por las noches, me voy a morir de aburrimiento. —Hiroshi no pudo evitar soltar una risotada—. ¡¡No te rías!!—Bueno, hay unas cuantas cosas que podrías hacer. Como llevas poco tiempo aquí, aún hay cosas que no conoces. Puedes pasar tiempo en la alberca y tomar el sol. Tenemos una gran biblioteca con un gran acervo de libros. —Ante la mención de libros, Shuichi puso una mueca de incredulidad—. Sé que nunca te ha gustado leer, pero te aseguro que hay libros y novelas muy buenos.—Bueno, quizás un día me dé la vuelta.—Hay un establo——¡¡Un establo!!—Sí, pero todos los caballos son del amo Eiri, y necesitarías de su autorización para poder montarlos.—Creo que abrirle las piernas a ese engreído es suficiente como para que me deje usar uno de sus caballos.—¡Shuichi! No seas grosero.—Ya, ya...—También hay algo...Hiro se levantó de la cama y se dirigió a un panel fijado en una pared que estaba totalmente vacía. Presionó un pequeño botón y se abrió un compartimiento en la pared, de donde sacó un control.—¿Qué es eso?—Bueno, aunque quizás no te llame mucho la atención. —Presionó uno de los botones del control e inmediatamente en la pared apareció un holograma. Figuras se movían y hablaban sin cesar—. Recuerdas cuando nuestros padres nos hablaban del pasado. De los inventos maravillosos del hombre... antes de que existieran los kaizokus. Esto es parecido a un televisor.—Recuerdo haber visto alguno en un libro, pero no se parece nada.A pesar de los increíbles inventos tecnológicos que tenían, después de cientos de años de dominación, los humanos habían vuelto a las primeras etapas de desarrollo. Imposibilitados para construir grandes complejos por la presión de los kaizokus, inventos que habían estado en su máximo apogeo como el internet libre, los televisores y reproductores fueron destruidos en su mayoría. Los medios de comunicación fueron reducidos al mínimo. Sólo quedaban pequeñas urbes de humanos esparcidas por todo el planeta.—Bueno, no son iguales, pero la función es la misma, proyectar imágenes. Se llama imagor.—¿Qué tipo de cosas proyectan?—Es más que nada cosas que le interesan a los kaizokus. Reportajes importantes, movimientos de las empresas y la expansión de su imperio, las exposiciones y demás.—Vaya...—Solamente existen en los hogares de los kaizokus. Es una opción.—¿Crees que puedas mostrarme los establos? Siempre he querido ver un caballo.—Claro. Vístete y vamos. Tenemos toda la tarde.Ambos salieron de la habitación y se encaminaron a las caballerizas. Ahí la exaltación de Shuichi no podía ser mayor. Su amo tenía cinco caballos pura sangre. Uno negro, uno gris, dos cafés y uno dorado.Shuichi no pudo evitar el impulso por acercarse al primero que vio. El dorado. Su pelaje era de un tono de amarillo que cuando era bañado por el sol, las hebras brillaban. Con cuidado tocó su cabeza y sus crines. El caballo relinchó en señal de gusto y acomodó su cabeza para recibir más caricias. Shuichi sonrió.—Es maravilloso.—Lo sé.—Creo que le pediré permiso al amo para poder subirme a uno.Shuichi se pasó la tarde admirando a los caballos. Hiroshi lo dejó sólo, diciéndole que tenía cosas que hacer. Tenía que empezar a prepararse para la cena de cortesía.Unas cuantas horas más tarde, Hiro regresó al establo donde encontró a Shuichi sentado, observando como uno de los cuidadores cepillaba el pelo de uno de los caballos.—Shuichi, es hora de regresar.—¿El amo ya llegó?—Sí. Quiere verte.

----- CHAPTER BREAK -----

Shuichi llegó a la habitación de su amo. Hiro le había dado unas ropas conservadoras en comparación a lo que había usado hasta el momento. Consistía en unos shorts cortos de licra a la cadera y un chaleco a medio torso del mismo material con zipper. Tocó la puerta.—Adelante.La puerta se abrió y se encontró a su amo sentado en la cama usando solamente unos pantalones. Su esculpido torso estaba completamente a la vista. No pudo evitar notar la mirada de hambre y deseo que le dedicaba el kaizoku.«Esta será una noche muy larga». *** Hiroshi llegó a su habitación. Ya eran altas horas de la madrugada. Se había pasado la tarde y parte de la noche practicando la danza tradicional que representaba a la familia Uesugi para la segunda parte de la cena de cortesía. Hacía mucho tiempo que su amo no invitaba o era invitado a una cena de cortesía por lo que estaba algo “oxidado”. Después de un par de horas había sido posible para él perfeccionar el acto, sin embargo, aún no sabía que usar.«Supongo que el amo Eiri me lo dirá mañana».A las cena de cortesía sólo iban los kaizokus y sus esclavos principales, entonces él no tendría que ir a casa del kaizoku, pero en la segunda parte de la cena, él mismo ofrecería un espectáculo a aquella persona que hubiera preferido no volver a ver. Decidió no pensar en ello en ese momento e irse a acostar. *** Estaba amaneciendo. Shuichi abrió lentamente los ojos. Enfocó tratando de ver dónde estaba y entonces recordó. Se encontraba en la alcoba del amo. Quiso levantarse, pero se encontró que no podía moverse porque un brazo lo tenía apresado fuertemente por el abdomen. Fue entonces que notó una respiración acompasada en su cuello. Ambos estaban totalmente desnudos, vaya novedad. Quería irse antes de que algo sucediera. La noche anterior lo habían hecho varias veces por lo que confiaba en que su amo estuviera agotado y no quisiera un poco de “acción matutina”.Iba a tomar el brazo sobre su cintura cuando éste se movió, bajando lentamente hasta llegar a su entrepierna y tomar su miembro.—Ah... —No pudo evitar gemir de la impresión.—Shuichi... —susurró Eiri sobre su oído.Antes de que pudiera decir algo más, Eiri había quitado la delgada sábana que cubría sus cuerpos y empezó a frotar vigorosamente su miembro. Eiri había descubierto —inconscientemente, pues nunca lo admitiría—, que le gustaba oírlo gemir, y más, ser él quien ocasionaba esos sonidos.—Ah... ah...Gemidos cortos, suaves y repetitivos emitía Shuichi. No tenía caso resistirse, pues el placer era inmenso. Sudor comenzó a perlar su piel y su respiración se aceleró. Fue rápido, la mano se movía fervientemente sobre su masculinidad y pronto Shuichi estuvo gimiendo ruidosamente alcanzando la culminación. Justo en ese instante tocaron a la puerta.—Adelante.Shuichi, agotado como estaba, reaccionó al hecho de que seguía desnudo y recogió rápidamente las sabanas y cubrió su cuerpo. Por la puerta entró Hiro con un conjunto de ropa en su brazo.—Buenos días, amo —saludó el mayordomo con una leve reverencia.Eiri se levantó de la cama, y sin preocuparse por su desnudez, tomó una bata de seda negra de un perchero y se la puso encima.—Hiroshi. Infórmale a Shuichi de la cena de cortesía y vístelo con el 6-02. Lo quiero listo para las seis de la tarde.—Sí, amo.—Llévalo a su habitación.—En seguida, amo. —Eiri desapareció por el baño, y a los pocos segundos, se escuchó el agua correr—. Vamos Shuichi.—Odio todo esto —dijo Shuichi incorporándose sobre la cama.—¿A qué te refieres?—Odio que me trate como una más de sus pertenencias.—Shuichi...—Pero ya verás Hiro, algún día escaparé de aquí.La ropa que traía Hiro, resultó ser una bata blanca. Le ayudó a Shuichi a pararse y a ponérsela, y cruzaron la puerta hacia la habitación de Shuichi.—Toma un baño mientras ordeno el desayuno.Shuichi se dio una ducha mientras Hiroshi empezaba a ordenar a la servidumbre el desayuno y la limpieza de la mansión. Hiro desayunó con Shuichi y le dio su tratamiento. No podía dejar pasar un solo día sin tomársela dadas las circunstancias, el riesgo era demasiado alto. Después de comer salieron a los jardines de la mansión a caminar un rato y charlar.—Shuichi, el amo quería que te contara de la cena de cortesía.—Pero ayer me contaste...—Sí, pero no todo.—¿Qué más falta? —preguntó Shuichi mientras se sentaban en un banco cerca de una hermosa fuente en forma de cisne.—Bueno... Son más que nada reglas y protocolos. Primero que nada, como ya te había dicho, deberás mantener la mirada baja en todo momento a menos que se te indique lo contrario. Al llegar, tomarán asiento en el salón principal de la mansión y tú irás en un cojín a la izquierda del amo Eiri, como en la exposición. —Shuichi frunció el ceño al recordarlo—. Eso será mientras dura la charla pre-cena. A las ocho de la noche servirán los alimentos y todos los esclavos saldrán del salón.—¿Por qué?—Esos son momentos privados para los kaizokus. Ustedes comerán donde se los indiquen. Generalmente es un comedor. Casi todas las mansiones kaizoku tienen comedores exclusivos para los esclavos. Ya dependiendo de la hora a la que terminen los alimentos que es más o menos a las nueve treinta, los esclavos regresarán al salón y se sentarán de nuevo. Entonces es momento del show. La mayoría de las veces, los espectáculos los ofrecen los mayordomos principales que somos entrenados para ello antes de obtener nuestro puesto.—¿Tu también darás un show? —preguntó Shuichi tomando asiento en una banca.Sus pasos los habían llevado a los jardines de la mansión. El sol de primavera los cubría, bañándolos con su cálida luz.—Así es.—¿Y de qué será tu espectáculo?Hiroshi se sentó a su lado, dedicándole una sonrisa.—Es una sorpresa—¡¡Hiro!! —chilló Shuichi con un puchero fingido.—Ya lo verás mañana Shu, déjame terminar de contarte.—Bueno.—Una vez que termine el show, ya es elección de los kaizokus si quieren tener una exposición personal o no, así que vete haciendo a la idea.Shuichi frunció el ceño y bajó el rostro en una mueca.—Me imaginaba que no podía faltar algo así.—Lo siento, Shu.—¿Tú fuiste a alguna cena de cortesía?—Por supuesto que sí.—¡Cuéntame!—Es parte de la historia que empecé a contarte. 
Su primera semana como esclavo había transcurrido mejor de lo que esperaba. Ya había pasado por su debut y primera exposición, y para su asombro y buena suerte, le había tocado con una mujer. No era la primera vez que lo hacía, pero al llegar y ver que en las pequeñas tarimas había tanto hombres como mujeres del mismo género teniendo sexo, por un momento se imaginó que a él le tocaría hacer lo mismo. Para su alivio no fue así, sin embargo, lo que no pudo dejar pasar fueron las miradas que le mandó su amo, que no podía descifrar.

Aprovechando el buen clima, Hiroshi había ido a la piscina de la mansión, donde algunos otros esclavos descansaban. Minoru lo había acompañado hasta la puerta y le había indicado que más tarde le llevaría toallas. Despidiéndose, alcanzó a ver a su amo acercarse al mayordomo.

—Minoru.

—¿Sí, señor?

—Mitsu me invitó a una cena de cortesía mañana. Infórmale a Hiro del protocolo. Quiero todo listo mañana para las siete.

—Sí, amo.
 —Minoru me explicó todo lo que tenía que saber acerca de las cenas de cortesía y sobre el acto que él mismo iba a hacer como entretenimiento.Shuichi asintió en entendimiento. Vio a Hiro levantar la mirada, seguramente evocando recuerdos de su tiempo como esclavo, y lentamente su semblante se entristeció.—¿Y luego que pasó?—Pues... 
—¿En serio tengo que usar esto?

Hiroshi se encontraba frente a un espejo mientras Minoru le ayudaba a acomodarse el cabello. Su amo le había dicho que utilizaría un traje chino corto a medio muslo, sin hombros, de color rojo con un estampado de flores. Minoru le estaba terminando de colocar un adorno de palillos y flores de cerezo.

—Sí Hiro, ya deja de quejarte... —masculló Minoru—. Listo. Terminé. Hora de irnos. El amo debe de estarte esperando.

Hiroshi salió de la habitación y bajó al vestíbulo donde ya lo esperaba su amo. No pudo evitar sonrojarse ante la mirada que le dirigía. Aún no lograba entender del todo esas miradas. Él sabía que los kaizokus disfrutaban de ver el acto sexual humano y esa era la razón por la que los compraban, y a excepción de la mujer de la exposición, no lo habían hecho tocar a otra persona... o que lo tocaran a él, además de que hasta donde sabía, el amo había dejado de tener exposiciones personales también.

Bajó las escaleras con la mirada baja seguido de cerca por Minoru. Claude le dedicó una profunda mirada antes de subir al auto y rápidamente llegaron a casa de Mitsu.

A Mitsu le gustaba invitar a Claude a cenas de cortesía, y más ahora que quería ver al esclavo que había captado la especial atención de su congénere.

—Claude.

—Mitsu.

Pasaron al salón y Hiro se sentó a la izquierda de Claude, mientras veía que Mitsu tenía dos esclavos, un chico y una chica, sentados a cada lado de su sillón. Uno sostenía un plato de uvas frescas, mientras la otra sólo estaba sentada con su mirada fija.

Estuvieron hablando de temas triviales hasta que llegó la hora de la cena y los esclavos salieron del salón, dejando a los kaizokus solos. Hiro recordaba haber pasado a un comedor donde había muchos más esclavos a comparación de su actual residencia. Había cenado, conociendo a algunos chicos y chicas de edades similares a él.

Casi dos horas después, el mayordomo de la mansión los había llamado de nuevo a ocupar sus lugares al lado de sus amos y el protocolo de la cena de cortesía había continuado, con una exposición de danza.

Cuando esta hubo terminado, Claude se puso de pie.

—¿Te vas? —preguntó Mitsu, acomodándose sobre su asiento.

—Así es. La velada ha sido gratificante, sin embargo, debo retirarme.

Hiroshi se puso de pie, copiando la acción de su amo.

—¿No tienes tiempo para una exposición personal? Tengo un muy buen esclavo que te aseguro hará gozar al tuyo. —Hiroshi abrió los ojos sorprendido, sin levantar la vista. ¿Su amo aceptaría?

—Debo retirarme Mitsu —contestó sin titubeos—. Tengo cosas que hacer. Te espero mañana en la mansión.

—De acuerdo Claude.

El camino de regreso a la mansión había sido silencioso y había sido difícil para Hiroshi no levantar la vista y observar a su amo que solamente veía por la ventana.

Al llegar a la mansión, Minoru ya los esperaba en la puerta.

—¿Tuvieron una buena noche señor?

—De provecho Minoru. Lleva a Hiro a descansar. ¿Tienes todo listo para mañana? —preguntó Claude, adentrándose en la mansión y quitándose su saco.

—Sí, amo.

—Bien. Me voy a dormir.

—Buenas noches, amo.

Claude se fue a su habitación dejando solos a los otros, entonces Minoru volteó a ver a Hiroshi, expectante.

—¿Cómo te fue? —preguntó con curiosidad.

—Supongo que bien... me salvé de una exposición personal.

—¿Cómo?

—El amo dijo que tenía cosas que hacer.

—¿Cosas que hacer? —Minoru enarco una ceja—. Pero si se fue a dormir...
 —¿Se fue a dormir? —Shuichi frunció el ceño, extrañado. ¿Por qué diría el kaizoku aquella mentira? ¿Para salvar a Hiro de una posible exposición personal? ¿Por qué?—. Eso es extraño.—Lo mismo pensé yo.—Prácticamente te salvó de esa.—Y no sabes cómo se lo agradezco. *** Claude estaba sentado en el sillón de su despacho mirando una proyección de su ordenador en tercera dimensión. El holograma flotando sobre su escritorio.«Hiro...».En ella estaba podía verse a sí mismo abrazando por la cintura a Hiroshi. Ambos sonrientes. La imagen se movía. Una secuencia de cinco segundos en la que Hiro mandaba una radiante sonrisa y después lo besaba como si no hubiera un mañana.«Te extraño tanto... aún recuerdo... la primera vez que estuviste en mis brazos...». 
Hiro pasó gran parte del día en la alberca de la mansión. Ya se le había pasado la primera vergüenza al hecho de tener que estar desnudo. En eso llegó Minoru.

—Hiro, aquí te dejo tu toalla, te espero en tu habitación para cambiarte.

—Sí.

Minoru desapareció por la puerta dejando sólo a Hiroshi quien salió de la alberca para tomar la toalla y secar su cuerpo. Empezó a tararear una vieja canción y no escuchó los pasos que se acercaban hasta que vió una sombra más grande que la suya proyectándose en el suelo. Volteó rápidamente tratando de cubrir su desnudo cuerpo, pero falló en el intento pues la toalla se le cayó al piso de la sorpresa y trató rápidamente de recogerla. Claude se dio cuenta de que Hiro trataba de cubrirse.

—No debes sentir pena al mostrarme tu cuerpo.

El rubor del Hiroshi estaba empezando a hacer competencia con su cabello. La toalla la tenía sujeta firmemente contra su pecho, y a duras penas podía tapar su intimidad. Claude recorrió con su vista el delgado cuerpo de su esclavo y entonces reparó en una notable pero pequeña cicatriz en su cadera que no había visto antes. Dirigió una de sus manos al lugar y con suavidad rozó la suave piel, sintiendo como Hiroshi tembló ligeramente.

—¿Qué te hiciste?

Hiroshi levantó la mirada y al ver la profundidad de los ojos azules de su amo, se sonrojó más y la volvió a bajar.

—Fue mi padre —dijo con pesar.

—Explícate.

—Mi padre es alcohólico. Solía maltratarnos a mi madre y a mí. Yo trataba de trabajar para obtener un poco de dinero para mantenernos, pero un día enfermé. No pude ir a trabajar y mi madre me cuidó. Mi padre llegó a casa una noche pidiendo dinero para comprar más alcohol y... como no teníamos, se fue contra mi madre. Esto fue lo que resultó por interponerme. Se fue de la casa unas semanas y después regresó diciendo que me había vendido al mercado de los esclavos. —A este punto, la mirada de Hiro era triste y oscura—. Era mi madre o yo así que... aquí me tiene...

La primera lágrima cayó. Claude no supo que fue lo que lo impulsó pero rodeó a Hiroshi con sus brazos, recargándolo en su pecho. Hiro se sorprendió por la acción, pero se dejó llevar y comenzó a llorar en silencio.

Claude no entendía lo que estaba pasando. Desde que lo había visto por primera vez, algo había cambiado dentro de él. No lo veía como a sus demás esclavos. Algo le estaba sucediendo.
 —Esa fue la primera vez que él me abrazó —dijo Hiro con nostalgia.—Qué romántico —confesó Shuichi. ¿Por qué su amo no podía ser así?—Sí que lo fue. Después de eso, era momento para prepararnos para la segunda parte de la cena. 
Hiro estaba usando un exquisito pero sencillo traje de una pieza. Parecía un traje de baño sin mangas unido a un collarín en su cuello. La tela le quedaba totalmente entallada. Le daba un poco de vergüenza cuando se veía al espejo. Aún no se acostumbraba del todo a los trajes de esclavo. Faltaban poco minutos para la llegada de Mitsu y tenía que bajar rápido al vestíbulo

—Rápido Hiro, el señor Mitsu ya llegó.

—Ya voy.

Rápidamente terminó de peinarse y bajó al vestíbulo. Minoru llegó y abrió la puerta, para seguidamente hacer una reverencia.

Mitsu caminó hacia el vestíbulo seguido de un esclavo casi de su estatura de cabello rubio cenizo y ojos verdes. Ojos que inmediatamente se enfocaron en el pelirrojo que esperaba al pie de la escalera junto a su amo.

—Mitsu.

—Claude.

Pasaron al salón y tomaron asiento. Se pusieron a hablar de temas políticos y sociales de poca importancia para los esclavos. Hiro no pudo dejar de notar que el otro kaizoku le mandaba miradas analíticas, mientras que su esclavo le lanzabas miradas que lo hacían sentir incómodo.

La hora de la cena llegó y los esclavos salieron del salón, mientras sirvientes de Claude servían los alimentos.

«Tú lo sabías Mitsu, sabías que estaba tentado, que mi corazón había sido tocado, que había encontrado a mi alma gemela».

—Sabes K... he notado cambio en tu persona en los últimos días.

—¿A qué te refieres?

—¿Te has sentido diferente últimamente? —comentó Mitsu dándole un trago a su bebida.

—¿En qué aspecto? —Claude cruzó su pierna.

—No lo sé. Dímelo tú. ¿Algo que ver con tu esclavo quizás?

—¿Hacia dónde va esta conversación Mitsu? —Empezaba a impacientarse. ¿Qué estaba insinuando?

Mitsu dio un trago a su copa de vino lentamente, degustando el licor con su paladar y bajando lentamente la copa. Se tomó su tiempo para contestar.

—Verás K... en mi estudio sobre la cultura humana, me he dado cuenta de algo. Los sentimientos humanos son muy complejos, pero hay algo que me llama mucho la atención.

—¿Qué cosa?

—¿Alguna vez has tenido sexo con un esclavo?

La reacción fue explosiva. ¡¡¿Tocar a un esclavo íntimamente?!! ¡¿Estaba loco?!

—¡¿Pero qué tontería estás diciendo?! ¡¿Por quién me tomas?!

—No me lo tomes a mal K —dijo Mitsu sin inmutarse—. Yo siempre he tenido la hipótesis que los kaizokus somos seres incompletos socialmente.

—¿Por qué?

—Tengo mis teorías, pero yo creo que Tohma nos oculta algo. No te has preguntado alguna vez, ¿por qué somos tan parecidos a los humanos, pero Tohma nunca nos permitió enrolarnos con ellos?

Claude guardó silencio. Pensándolo bien, nunca se había dado cuenta y se había puesto a pensar sobre ese detalle. Eran físicamente casi idénticos a los humanos, si acaso en general más altos y robustos, pero Tohma siempre había desdeñado a la raza humana. ¿Por qué?

—Ahora que lo mencionas...

—Esto debe quedar entre nosotros K —aclaró Mitsu con seriedad. Claude asintió—. Mi teoría es que nosotros provenimos de los humanos, pero Tohma, por su egocentrismo y presunción, nos aisló de la raza humana.

—Eso sería algo muy serio de decir... ¿Hay alguna manera de comprobarlo?

—Todo lo referente al pasado de nuestra raza lo tiene Tohma y es imposible acceder a ese material sin su permiso.

—¿Has intentado...?

—Claro que sí... varias veces, pero por mi rango... por querer saber de los humanos, siempre me lo ha negado. Todo está en sus archivos privados. Yo no le vería nada de malo que kaizokus y humanos estuvieran en condiciones iguales.

—¿Tú has tenido relaciones sexuales con algún esclavo Mitsu?

—No K, pero no por falta de ganas. Tú sabes que mi trabajo de investigación es muy absorbente y me quita mucho tiempo, a excepción del que dedico a las exposiciones, reuniones y cenas de cortesía para no estar alejado de la información kaizoku, pero de un tiempo acá lo he estado pensando. Además parece que lo disfrutan, ¿no? ¿Por qué no lo intentas K?

Claude lanzó un bufido de incredulidad, relajándose sobre su asiento.

—Definitivamente estás perdiendo la cordura, Mitsu.

—Yo creo en el pensamiento humano, de la existencia de la persona ideal... un alma gemela... que no estamos destinados a estar solos... que hay alguien especial para nosotros.

—Pero nosotros ya...

—No K... Nos juntamos sólo para que nuestro legado no se pierda, no porque sea nuestro verdadero deseo. Si conocieras un poco de los sentimientos humanos, pensarías diferente... son sentimientos que de seguro nosotros los kaizokus hemos olvidado o nos han obligado a olvidar.

Claude se quedó pensativo, pensando en los sucesos de los últimos días. Nunca se había puesto a razonar todo eso. Había pocos kaizokus que podía considerar cercanos a él y Mitsu era uno de ellos, así que esperaba que no estuviera tomando una mala decisión.

—Mitsu. Hay algo que deseo contarte, pero es privado.

—¿Es sobre tu esclavo? —preguntó enarcando una ceja.

—¿Cómo...?

—Llevo mucho tiempo estudiando los sentimientos humanos K, y nosotros los kaizokus hemos llegado a expresar algunos de ellos sin darnos cuenta. El día que fuimos al mercado de esclavos y compraste a ese pelirrojo, algo cambió en tu mirada y en tu forma de ser.

—Es cierto... Algo me pasa con Hiro pero... no estoy seguro de qué...

Antes de que pudiera decir algo más, las puertas se abrieron estrepitosamente, apareciendo Minoru con el corazón desbocado y falto de aliento, con una cara de susto.

—¡¡Amo K!!

—¡¿Qué sucede Minoru?!

—¡Hay problemas en el comedor de esclavos, el esclavo del señor Mitsu ha atacado a Hiro...!

Claude puso frunció el ceño y salió corriendo del salón, seguido de cerca de Mitsu y su mayordomo.
 —¡¿Te atacó?! —chilló Shuichi, preguntando sorprendido.—Así es. Estábamos hablando tranquilamente después de comer, pero desde que habíamos llegado me miraba extraño, y en una de esas golpeó a los sirvientes que estaban allí y se me fue encima. 
Cuando Claude llegó al comedor para esclavos, vió la situación. Varios sirvientes estaban en el piso golpeados e inconscientes y en el fondo del comedor estaba Hiro sollozante con lágrimas corriendo por sus mejillas. El esclavo de Mitsu estaba frente a él, besándole violentamente el cuello y recorriendo su cuerpo descaradamente con sus manos, tratando de desnudarlo. Había logrado desabrochar el collarín y tenía todo el pecho descubierto, poco faltaba para que quedara al descubierto su intimidad. Hiro trataba infructuosamente de quitárselo de encima, empujándolo con sus manos y gritándole y rogándole que se detuviera.

Menos de un minuto tardó Claude en reaccionar. Corrió a plantar su puño derecho en la cara del esclavo, rompiéndole en el acto la nariz y el labio y mandándolo a volar varios metros, haciendo que se golpeara la cabeza contra la pared y quedara inconsciente.

Claude rápidamente volteó a ver a Hiro quien estaba a punto del colapso y lo abrazó. Hiroshi, al sentir la cálida presencia y conocida, liberó su sentir y empezó a llorar con fuerza, regresando el abrazo. Había estado aterrado ante la posibilidad de que ese ataque hubiera culminado.

—Lamento esto K —se excusó Mitsu, viendo a su esclavo inconsciente con desprecio—. Ya me había dado unos cuantos problemas antes, pero nunca pensé que llegaría hasta estos extremos. Dispondré de él. —Observó la posición en la que el kaizoku se encontraba, sosteniendo aún al sollozante esclavo. Levantó una ceja—. Es hora de irme. Mi sirviente vendrá por mi esclavo en unos minutos. Piensa en lo que hablamos y no pierdas el tiempo.

Claude se quedó en donde estaba. No podía moverse. Estaba muy concentrado en tratar de que su esclavo cesara el llanto. En poco tiempo sintió que el cuerpo entre sus brazos se volvía laxo y cuando bajó la mirada se percató de que Hiroshi se había quedado dormido. Ni siquiera se había dado cuenta cuanto el esclavo de Mitsu había sido retirado.

—Minoru.

—¿Sí, amo?

El muchacho había estado comprobando los signos vitales de los demás sirvientes que habían sido atacados.

—Que les den atención médica y limpien el lugar. Llevaré a Hiro a su habitación.

—Sí, amo.

Con cuidado, Claude cargó a su esclavo en sus brazos y éste inconscientemente se abrazó su pecho. Empezó a caminar, pero en lugar de ir a la habitación de Hiroshi, se dirigió a su propia habitación, posándolo cuidadosamente sobre la cama.

«No estamos destinados a estar solos...».

El rostro, ahora tranquilo de Hiroshi le era atrayente. Los remanentes de las lágrimas aún eran visibles. Seguía con el traje a la altura de la cadera. Quizás fuera incómodo al dormir. Fue a su armario y tomó dos de sus pijamas y se puso una. La otra la colocó en la cama, cerca de Hiro. Rodeó la cama hasta quedar a su lado y con cuidado empezó a bajar la tela hasta retirar por completo el traje, revelando su intimidad que era cubierta por un exquisito slip. Tragó hondo al ver y apreciar el cuerpo de su esclavo.

«Pero qué me está pasando...».

Se apresuró a ponerle el pijama con cuidado para no despertarlo. Ya cambiado, estaba pensando en si debería regresarlo a su habitación cuando Hiroshi se dió la vuelta y abrazó una de las almohadas.

«Creo que podría quedarse aquí por esta noche».

Claude decidió que debía investigar que era lo que sucedía con él. Levantó las sábanas, acostándose al lado de Hiroshi y los cubrió a ambos.
 —Esa fue la primera vez que dormimos juntos... literalmente...—Vaya...Shuichi suspiró. Ese kaizoku... Claude... había salvado a su amigo Hiroshi, todo empezaba a sonar a cuento de hadas.—Bueno... después te sigo contando, es hora de empezar a prepararte.—¡¡No!! ¡Cuéntame más!—Después Shu... después.

----- CHAPTER BREAK -----

—Ya estás listo Shu.Hiro había terminado de vestir a Shuichi para la primera parte de la cena de cortesía. Llevaba un short corto y un top unido a un collarín. Era un traje sencillo pero elegante.—El amo ya debe de estar esperando.Hiro lo acompañó hasta el vestíbulo, donde su amo lo esperaba. Shuichi podía sentir la penetrante mirada sobre su cuerpo, casi como si lo tocara con ella.—Vámonos.Eiri subió a su limosina y Hiroshi acompañó a Shuichi a subirse también.—Buena suerte —susurró cerrando la puerta del vehículo.—Gracias. *** —Te deseo... no puedo esperar...Dos sombras se apreciaban en aquella oscura habitación. La más alta tenía el cuerpo del más pequeño contra la pared y estaba devorando su cuello.—Ah... espera... nos van a descubrir.—Pero...—Espera... —El más pequeño separó su cuerpo del mayor del suyo—. El amo nunca nos dejará estar juntos.El menor pasó su mano por la mejilla del otro y acercó su rostro para besarlo.—Debemos regresar. El amo podría llamarnos en cualquier momento.—Lo sé. *** Shuichi no pudo detener un ligero temblor en su cuerpo cuando el vehículo se detuvo frente a una elegante edificación. Un sirviente le abrió la puerta y bajó, caminando hasta llegar a espaldas de su amo.Frente a ellos se erguía una gran mansión casi tan imponente como la de su propio amo. En la entrada lo esperaba ese kaizoku de nombre Claude junto a uno de sus esclavos.—Eiri.Con un ademán, Claude le indicó que entrara, seguido de su esclavo, y lo siguiera a uno de los salones. Shuichi observó al esclavo que seguía a Claude de cerca. Un chico mucho más alto que él, alto y de espalda amplia. Cabellos y ojos negros que solamente le dieron un vistazo antes de ignorarlo y caminar detrás de su amo.Entraron al salón y Shuichi se maravilló con la estancia. Era un lugar muy ostentoso y amplio. En las paredes lucían hermosos cuadros. En algunos de ellos aparecía un joven de espaldas, o recostado sobre una cama con las sábanas arreboladas en blanco y negro, pero no se distinguía bien su rostro, sólo una larga cabellera carmesí.En el centro el salón había dos muebles acomodados alrededor de una pequeña mesa, una exquisita pieza de ebanistería en tono oscuro. Al lado de los muebles, tapizados en tela con ribetes de oro, había dos almohadones finamente bordados.Tomaron asiento. Los kaizokus en los cómodos sillines y los esclavos en los cojines.—Eiri... —dijo Claude, tomando un tono serio—. ¿Por qué no me lo dijiste?—Hablaremos de eso más tarde.Con reticencia, Claude entendió que Eiri quería hablar después, en privado, los esclavos. Cambiaron de tema, de los viajes que Claude había hecho en búsqueda de la expansión de territorio kaizoku.La hora de cena llegó y los esclavos fueron llevados a un comedor. Shuichi y el otro esclavo iban siguiendo a un sirviente en completo silencio.—Hola... me llamo Shuichi —comentó, tratando de romper el pesado silencio que cernía sobre ellos, sin embargo, el otro esclavo ni siquiera se inmutó—. Eh... ¿tienes mucho tiempo aquí?—No —contestó de manera seca.—¿Te gusta ser esclavo?—No.Viendo las respuestas frías y cortantes y lo infructuosa que era esa conversación, desistió de su intento de socializar y se quedó callado, llegando al comedor para esclavos. *** —Contéstame Eiri... ¿Porqué no me lo dijiste? Lo estuve buscando durante meses y...—Por la promesa que me hiciste hacerte —dijo cortante.—Pero——Y mi palabra es ley —terminó, cortando cualquier otro comentario que Claude pudiera hacer.Claude se quedó serio. Desde aquel terrible incidente, Claude se había dedicado en cuerpo y alma a la búsqueda de Hiroshi, siempre cuidando que Tohma no se diera cuenta de sus intenciones, pero Hiroshi se había vuelto muy escurridizo y siempre que tenía una pista cercana, lo perdía. Y ahora ahí estaba. Como mayordomo de uno de los kaizokus más cercanos a él.—Lo quiero de vuelta —dijo con voz firme.—Me temo que eso no será posible —comentó Eiri, cruzando una de sus piernas y dándole un trago a su bebida—. Es un buen sirviente, eficiente y leal, y no planeo tener que ponerme a buscar un sustituto en este momento, más aún cuando tú no fuiste capaz de mantenerlo a tu lado.—Sólo fue——¿Una equivocación? ¿Un error? —Claude bajó un poco la mirada—. Él sabe que es libre de irse cuando quiera y creo que por obvias razones no lo ha hecho.—Pienso recuperarlo.La cena terminó. Los esclavos regresaron, preparándose para el espectáculo. Una cortina se abrió, dejando ver al mayordomo de la mansión. Un muchacho de unos dieciocho años, muy joven a vista de Eiri. Estaba sentado en un pequeño taburete con un arpa dorada frente a él. Sus manos empezaron a moverse sobre las cuerdas con extrema gracia y dedicación. Su cuerpo delgado, ataviado con un kimono blanco con pétalos de sakura y un obi amarillo complementaba la ilusión.Envolvió a los oyentes en una dimensión donde sólo podían sentir como la música inundaba sus cuerpos. Tocó tres piezas musicales y al final recibió unos cortos aplausos de los esclavos. Shuichi observó que el joven estaba sonrojado.—Es momento de retirarme.Shuichi se levantó, sorprendido y al mismo tiempo aliviado de que su amo no quisiera que participara en una exposición personal con el otro esclavo. No era mal parecido, pero no se sentía cómodo metiéndose con un completo desconocido solamente para el deleite visual de los kaizokus.Claude también se sorprendió aunque no lo mostró. No iba a sugerir una exposición, con la situación actual, no era la ocasión, sin embargo, la rapidez con la que Eiri se había puesto de pie justo después de terminado el acto de su mayordomo le llamó la atención, ideas empezando a formarse en su mente.—Te espero mañana —musitó, instando a Shuichi a ponerse de pie también.—Espera... —Eiri detuvo su andar y volteó. Claude llamó a uno de sus sirvientes que se acercó cargando una caja de color rojo—. Esto es para Hiro.Eiri levantó una ceja, escéptico.—Shuichi, tómalo.Shuichi agarró la caja y se dirigió hacia donde su amo estaba caminando. Subieron a su vehículo y regresaron a la mansión. *** El viaje de regreso también había sido en completo silencio, Shuichi aguantándose la curiosidad por saber qué era lo que contenía la misteriosa caja, pero estaba casi seguro de que más tarde Hiroshi se lo mostraría.—Bienvenido amo —saludó Hiro en cuanto su amo y Shuichi entraron a la mansión.—Shuichi... —Eiri llamó a su esclavo, quien traía la caja—. Para ti.Hiroshi tomó la caja y la observó. No muy grande ni muy pesada y de color rojo carmesí. El entendimiento pronto llegó a su rostro.—Sabes de quien es. Es lo que usarás el día de mañana.—Sí, amo... —respondió, sintiendo la maraña de sentimientos encontrados dentro de sí.—Dale de cenar a Shuichi y que duerma.—¿No requerirá hoy de sus servicios?—No. Que me lleven de cenar al despacho. Te espero ahí en media hora.—Sí, amo.Eiri desapareció por el vestíbulo hacia su oficina, dejando a su esclavo y a su mayordomo en la entrada. Hiroshi permaneció quieto, observando atentamente la tapa de la caja sin hacer ningún intento por ver qué era lo que había adentro.—Hiro... Hiro... —Shuichi se acercó al mayordomo y lo llamó, pero éste parecía perdido. Se puso frente a él y lo llamó más fuerte—: ¡¡Hiro!!—¿Eh? —masculló Hiroshi, saliendo de sus pensamientos.—Hiro... estabas perdido.—Lo siento Shu. Vamos a tu habitación.Shuichi estaba algo preocupado por el comportamiento de Hiroshi y estaba seguro de que tenía algo que ver con su reencuentro con su antiguo amo y tal vez esa misteriosa caja.Hiroshi caminaba en silencio observando fijamente la caja. ¿Qué le habría mandado su antiguo amo? ¿Por qué le había mandado algo? ¿Cuáles eran sus intenciones? No tenía que hacerse el tonto, estaba casi seguro de saber cuáles eran sus intenciones.Llegaron hasta la habitación de Shuichi.—Enseguida ordeno que te traigan la cena.—Pero Hiro yo quisiera...—Ahora no Shu. El amo me llamó y tengo que asegurarme de que todo esté listo para mañana. Después hablamos Shu —respondió cortante.—Está bien.Shuichi entendió que su amigo necesitaba tiempo. Hiroshi salió de la habitación, le dio la orden a un sirviente de darle una cena ligera a su amo y a Shuichi. Fue rápidamente a su habitación y dejó la caja roja sobre su cama para después salir rumbo al despacho de su amo, llegando en pocos minutos. Tocó tres veces la puerta, esperando indicaciones.—Adelante.Hiroshi entró y caminó hasta legar frente del escritorio donde Eiri estaba revisando su ordenador personal.—¿Me necesitaba, amo?—Toma asiento Hiro. —El mayordomo escuchó la orden y tomó asiento, expectante a lo que tuviera que decir su amo—. Hiroshi. Hoy tuve una seria conversación con K. —Hiroshi asintió con la mirada baja—. Es tu decisión si alguna vez deseas irte. De sobra queda decirte que quiere e intentará llevarte de vuelta. ¿Deseas regresar con él?La mirada de Hiro era triste y lentamente, casi como dudando negó con la cabeza.—Desconozco con exactitud la situación que te llevó a huir de él y no es de mi interés saberlo. Pero él me hizo prometer tu seguridad y si con él no te sientes seguro, mantendré mi palabra y no le permitiré que se acerque a ti.—Gracias, amo —susurró.—Pero... si en algún momento decides regresar, eres libre de hacerlo.Hiro agradecía con el alma que su amo fuera de esa manera. Un kaizoku diferente a todos los demás, dispuesto a cumplir con su palabra como si la vida se le fuera en ello.—Ahora ve a descansar. En la mañana, manda a alguien para que traiga a Shuichi a mi habitación y tómate el día para que tengas tiempo de prepararte.—Sí, amo.—Y a Shuichi mándalo sólo con una bata después del desayuno —terminó con una sonrisa libidinosa.—Sí amo. Buenas noches. *** —Aahh... aahh... hm... no... ah... por favor...—¿Aún no te acostumbras, Ryuichi?Tatsuha estaba sentado en su sillón en la habitación de Ryuichi, disfrutando la vista. Uno de sus esclavos tomando a Ryuichi. Éste gemía ruidosamente, pues el otro esclavo lo embestía con fuerza por orden de su amo. Lo tenía fuertemente asido de sus caderas mientras Ryuichi hacía todos los esfuerzos posibles por no caer de boca al suelo.Tatsuha veía con placer como gemía su esclavo. Ya lo había tomado una vez y sabía que no podría volver a hacerlo hasta después de algunas horas, pero había querido seguir escuchando sus gemidos, por lo que llamó a otro de sus esclavos y le ordenó que lo tomara sin piedad.«Entre más fuerte, más gime», pensó.Su esclavo, de nombre Takako terminó dentro de Ryuichi con un gran gemido de placer y salió de él sin importarle causarle más daño y dolor del que ya había causado. Ryuichi colapsó. Su respiración estaba acelerada. Su cuerpo sudoroso y adolorido se convulsionaba levemente. Aun mantenía una pequeña erección que le empezaba a doler.—Levántalo, Takako.Tatsuha empezó a sentir algo cuando lo vio así, tirado en el piso con la respiración agitada. Lo único que no le gustó fue ver que entre sus piernas corría semen... semen que no era suyo. No supo porqué, pero ahora se haría cargo de eso.El esclavo obedeció y levantó a Ryuichi, quien a duras penas podía ponerse de pie. Tatsuha tomó un cleaner de un cajón y lo pasó sobre los dos esclavos, viendo con satisfacción como el semen entre las piernas de Ryuichi desaparecía.—Ponlo sobre la cama.Takako tomó el pequeño cuerpo de Ryuichi y lo colocó en el centro de su cama, esperando otra orden para volver a tomarlo. Su amo ya lo había hecho suyo hacía unos minutos y esperaba poder volver a degustar y saciarse con ese apetecible cuerpo.—Ahora lárgate, Takako.—¿Qué? —Aquella orden lo sorprendió—. Pero amo...—¿Que no me oíste? ¡Lárgate!No queriendo hacer enojar a su amo y ganarse un castigo, salió de la habitación, dejándolos solos. Tatsuha ahora estaba seguro de que no era una equivocación. Estaba excitado nuevamente con solo verlo. Se acercó y reptó en la cama hasta colocarse frente a las piernas de Ryuichi.—¿Estás cansado Ryu?Ryuichi asintió. Pensó que ahora lo dejaría descansar, pero le llamó la atención que se abriera la bragueta del pantalón, y más aún al ver la prominente erección que éste mostraba.—Mira lo que tengo para ti.—Por favor... no más...Tatsuha tomó las piernas de Ryuichi y las levantó, dejando a la vista la dañada intimidad. Tomó su miembro y lo guió a la cavidad, entrando de lleno con una sola estocada.—Aaaaghhhh... duele... —chilló Ryuichi. Su respiración se cortó.—Lo sé, Ryu... pero tú deber es darme placer... es lo único para lo que sirves, esclavo...Ryuichi se entristeció. Estaba confundido. El odio había sido dejado atrás, dejando paso a un sentimiento que para él aún era impreciso. Sus pensamientos se nublaron al sentir el dolor de los embates. Sus caderas dolían del fuerte agarre.Tatsuha también estaba algo confundido. Nunca había logrado tener una segunda erección en tan poco tiempo. Normalmente tenía que esperar hasta seis horas para volver a tener sexo con alguno de sus esclavos, pero al ver como Ryuichi era tomado tan vorazmente por Takako, su excitación cobró vida de nuevo y por nada del mundo iba a desaprovechar esa oportunidad.El ritmo aumentaba al igual que los gemidos de placer de Tatsuha y los gritos de dolor de Ryuichi. El movimiento de las caderas de ambos marcaba el mismo ritmo. El final estaba cerca.—¿Sientes esto Ryuichi...? Te gusta duro, huh... mira esto...Tatsuha tomó el miembro erecto de Ryuichi y lo hizo gemir al frotarlo al ritmo de las embestidas. Llegaron al orgasmo a la par. Tatsuha salió de su interior y vio su miembro cubierto con un líquido carmesí.—Sigues sangrando. ¿Qué acaso no puedes acostumbrarte? Eres el esclavo más estrecho que he tenido.Ryuichi sólo volteó su rostro. Todo su cuerpo le dolía. Se sentía una basura como todos los días. Tatsuha se levantó, con las sábanas se limpió su miembro y acomodándose la ropa, dio un último vistazo a la cama antes de salir de la habitación. A los pocos minutos llegó Noriko acompañada de un sirviente y un carrito con varias cosas.—Ven ayúdame —dijo al sirviente. Se acercó a la cama donde encontró a Ryuichi aparentemente dormido—. Ve a preparar una tina con agua caliente, Omi.—Sí.El sirviente entró al baño a calentar el agua mientras Noriko tomaba un paño del carrito y lo humedecía en agua tibia pasándolo por el rostro del esclavo. Ryuichi empezó a reaccionar.—Ryuichi... soy yo... Noriko...—Hola... Noriko —gimió con voz rasposa.—¿Cómo te sientes?—Acabado —contestó Ryuichi, tratando de sonar gracioso, sacándole una sonrisa a Noriko.—Vamos Ryu, hay que bañarte.—No creo poder levantarme Noriko.—Omi, ayúdame a levantarlo.El sirviente regresó del baño y junto con Noriko, lo levantaron. No se sorprendieron de los moretones en sus caderas, ni del hecho de ver semen con sangre corriendo por sus piernas, empezaba a hacerse costumbre. Ryuichi ya les había dicho que no se preocuparan por eso, y no le importaba ya mostrar su cuerpo desnudo.Lo llevaron a la bañera, con cuidado le enjabonaron el cuerpo quitando todo rastro de lo que había sucedido y le lavaron el cabello. Lo secaron y le curaron sus heridas, para finalmente darle una cena ligera y acostarlo.—Vete a dormir, Omi.—Con permiso, Noriko-san.El sirviente se fue, dejando solos al esclavo y a la ama de llaves.—Ryu... no sé cómo puedes soportar esto. ¿En realidad crees que Shuichi valga la pena este sacrificio? Podrías tratar de escapar tú por tu cuenta.—No, Noriko. No puedo. Shuichi es mi mejor amigo y prometimos huir juntos.Noriko suspiró.—Descansa. Buenas noches Ryu.—Buenas noches Noriko. *** Hiro llegó a su habitación y se le quedó viendo a la caja. Viejos recuerdos llegaron a su mente 
"Te traje algo Hiro"

"Mira lo que te compré..."

"Esto es para ti"

"Espero que te guste"

"Acéptalo"

Todos y cada uno de los regalos venían en un mismo tipo de envoltorio. Color rojo sangre, igual que su cabello. No pudo evitar que una lágrima de nostalgia corriera por su mejilla.Se acercó a la cama y se sentó a un lado de la caja. Deshizo el lazo que la mantenía cerrada y quito la tapa. Sus pupilas se dilataron ante lo que tenía frente a él. Era lo más hermoso que había visto en su vida. Razón suficiente para que su amo le pidiera que lo usara al día siguiente, aunque se preguntó si lo habría visto porque la caja venía cerrada o si Claude le habría dicho que era.Sonrió.Dejó la caja con el traje en la cómoda al lado de su cama y se acostó a dormir. Mañana sería un día especial.

----- CHAPTER BREAK -----

Los tenues rayos de sol impactaron en su rostro al mismo tiempo que el sonido de su alarma le indicaba que era momento de levantarse. Observó el reloj al lado de su cama. Las seis de la mañana. Se tomó unos minutos en lo que su cuerpo despertaba, mirando fijamente al techo sobre su cama. Hoy era el día, y estaba demasiado nervioso.Pensando que no valía la pena alargar el suplicio, se levantó rápidamente. Había dejado instrucciones la noche anterior para que uno de los sirvientes atendiera a Shuichi durante el día.«Hoy va a venir...».Preparó el agua templada con sales aromáticas y se metió a la bañera. Estaba nervioso por lo que podría suceder en la noche. Se apuraría un poco para tratar de ver a Shuichi un momento antes de la cena de cortesía. Quería hablar con él, contarle un poco más.Una hora después ya estaba con su ropa más cómoda, y listo para poner todo en orden. *** —Shindou-san... Shindou-san...Los párpados le pesaban, estaba cansado y tenía sueño. Quería seguir durmiendo, pero un par de manos continuaban moviéndolo.—Shindou-san... despierte por favor.Shuichi de repente sintió frío al ser provisto de sus sábanas y se levantó de golpe. Le sorprendió ver que quien lo había despertado no era Hiro, sino un muchacho moreno de ojos azules.—¿Quién eres? —preguntó cohibido.—Disculpe mi torpeza. Soy Tarazu, un sirviente.—¿Dónde está Hiro?—Hiroshi recibió órdenes del amo Uesugi de realizar los preparativos necesarios para la cena de cortesía de hoy en la noche, por lo tanto me asignó a mí a ser su acompañante el día de hoy.—Está bien.Shuichi veía como el joven iba y venía por su habitación recogiendo los restos de su cena, limpiando la habitación y sacando su ropa para ese día.—Su desayuno ya está listo, y el amo Eiri lo espera en su habitación en una hora.Shuichi se levantó suspirando y se dirigió al baño, para a los pocos minutos salir cambiado y bajar a desayunar. *** —Usa más tu lengua.Eiri estaba recostado en su cama con la espalda recargada ligeramente sobre la pared. Desde su posición tenía el perfecto panorama de su esclavo entre sus piernas. Shuichi estaba haciendo todo lo que podía para darle placer. Sintió que el orgasmo se acercaba. Posó sus manos en el rostro de Shuichi y aumentó el ritmo. Con un gemido ahogado, llegó al clímax en la boca de Shuichi. Pudo apreciar como el esclavo tragaba toda su esencia, de seguro para darle placer visual, pero no dejó pasar el hecho de que Shuichi tenía una erección.—Ven aquí —susurró. Algo confundido, el esclavo se incorporó mientras Eiri lo acomodaba para estar sentado entre sus piernas, dándole la espalda—. Tócate para mí.Un escalofrío recorrió el cuerpo de Shuichi al sentir el tibio aliento de su amo en su nuca. Sus manos viajaron a su miembro y empezó a tocarse.Suaves gemidos empezaron a salir de sus labios. Eiri, al escuchar esos gemidos, sintió endurecerse de nuevo. Algo tenía ese esclavo que siempre quería más. Levantó las caderas de Shuichi y, dirigiendo su miembro a su entrada, bajó al esclavo, enterrándose por completo en su interior.—Ah... amo...Shuichi sentía mucho placer. El dolor rápidamente había quedado atrás y su propia mano que se movía viciosa sobre su masculinidad simplemente lo desconectaba del mundo.Eiri recorría con sus manos el cuerpo frente a él. No pudo dejar de enterrar su cara en el cabello de su esclavo, olfateando la esencia olor a fresas que despedía su cabello, además de la sedosa piel de su cuello que llamaba al tacto. Con una de sus manos acercó el rostro de Shuichi, volteándolo un poco para besarlo. Su voluntad en ocasiones se rendía ante esos carnosos labios que tanto le llamaban probarlos.Shuichi sintió como su amo le robaba sus gemidos en aquel beso. Su placer aumentó cuando su amo tomó su miembro y lo frotó en vaivén con los embates. Fue más de lo que pudo soportar. Con una sacudida, y gimiendo audiblemente, llegó al clímax, sintiendo a su amo seguirlo pocos segundos después, cayendo en una sensación de relajación que pronto inundó su cuerpo. Estaba exhausto. Solo había tenido un momento de descanso durante la comida antes de que su amo lo llamara de nuevo. Quería dormir.Eiri se sentía obnubilado por las sensaciones que lo apabullaban. Su respiración se fue relajando a la par del cuerpo que reposaba frente a él, y para cuando se dio cuenta, Shuichi ya estaba profundamente dormido. Inconscientemente, fue cuidadoso al mover el cuerpo de Shuichi, separándolo de él y dejándolo reposar sobre la cama. *** Hiroshi tocó la puerta del despacho de su amo, esperando indicaciones para entrar. Ya todo estaba listo para la cena. Los sirvientes habían sido instruidos del protocolo y su traje estaba listo en su habitación. Solo faltaba una cosa.—Adelante.La voz grave de su amo le llamó la atención. Abrió la puerta e hizo una pequeña reverencia, antes de adentrarse en el despacho personal de Eiri. Su amo estaba misteriosamente serio. Sentado en un sillón dirigido hacia uno de los amplios ventanales, observando fijamente hacia el horizonte donde la mecanizada urbe se extendía.—Hiroshi —llamó—, Shuichi está dormido en mi habitación. Despiértalo, que se cambie y termina los arreglos para esta noche.—Sí, amo.Con una venia, Hiroshi salió del despacho, cerrando la puerta tras de sí, y se dirigió a la habitación personal de su amo. Ahí encontró a Shuichi, arrebolado entre las sábanas de la gran cama en el centro de la habitación y profundamente dormido.—Shuichi... —llamó—, Shuichi, despierta... —insistió Hiro retirando las sábanas.Shuichi se removió entre las sábanas de la cama, abriendo pesadamente sus ojos, tratando de ubicar dónde se encontraba.—Shuichi, soy yo, Hiro.—Hola Hiro —respondió, estirándose como felino.—Levántate Shuichi, ya es tarde, tienes que arreglarte para la cena.—¿Qué hora es? —preguntó, sentándose sobre la cama, sintiendo una molestia en su cadera.—Casi las cinco —contestó, ayudando a Shuichi a incorporarse—. Ahora apúrate, tengo que dejarte listo, para empezar a arreglarme.—Hiro... ¿Cómo te sientes con lo de esta noche? —preguntó viendo a Hiro tender la cama cuando él se levantó.—¿Te digo la verdad? —Shuichi asintió—. Nervioso. De hecho, quería hablar contigo antes de la cena. Necesito hablar.—Sabes que cuentas conmigo Hiro.—Antes que nada, tómate tu pastilla.—Oh, cierto.Hiroshi fue por un vaso de agua a una mesa de noche y le tendió el vaso a Shuichi junto con la pastilla. Salieron de la habitación del amo y se dirigieron a la de Shuichi en completo silencio.Hiro invitó a Shuichi a sentarse en un sofá de dos plazas y él se sentó a su lado.—Bien, recuerdas lo último que te conté. 
Claude despertó temprano esa mañana y se sorprendió al encontrarse abrazando a su esclavo. Su primer instinto le indicó que debía alejarse de ese ser humano inmundo y reprenderlo por osar ocupar su cama, sin embargo, no lo hizo. Hiroshi, profundamente dormido y con el cabello desperdigado en las almohadas era sin duda una visión muy dulce y no podía negar que se sentía bien al abrazarlo. Iba a cerrar los ojos de nuevo cuando sintió que el cuerpo entre sus brazos se movía un poco.

Hiroshi se sentía muy a gusto. Desde que había llegado a ese lugar que no dormía tan bien con una calidez desconocida tan envolvente. Trató de darse la vuelta, sin embargo, no lo logró, pues algo lo sujetaba fuertemente de la cintura. Abrió sus ojos lentamente y vislumbro un amplio pecho. Levantó su rostro hasta que sus ojos se conectaron con unos profundos ojos azules.

—Hiro...

Hiroshi abrió los ojos en sorpresa, totalmente asustado de tener a su amo tan cerca. Sintiendo como el pánico lo inundaba, se levantó de golpe, acercándose a la orilla de la cama y cayendo al piso en un lío de sábanas.

—¡¡Amo!! ¡Lo siento! ¡No sé como terminé aquí! Yo—

Hiroshi hablaba desesperadamente, tratando de justificar el porqué había aparecido en la cama de su amo esa mañana. Este acto podría ser considerado la peor de las desobediencias. Comenzó a sollozar.

—Amo por favor... por favor no me regrese al mercado de esclavos... se lo suplico, no volveré a hacerlo... tenga piedad de mi —suplicó sin dirigirle la vista.

A Claude le sorprendió esta actitud, y más cuando vio como las pequeñas lágrimas caían del rostro de su esclavo, desapareciendo en el cuello del pijama. No supo porqué o que le incitó a hacerlo, pero lentamente se levantó de la cama y se acercó a Hiroshi, levantándolo y enredándolo entre sus brazos. Hiroshi abrió los ojos, sorprendido.

—Tranquilo, Hiro.

—Amo... ¿por qué...?

Claude lo liberó del abrazo y se le quedó viendo.

—La verdad no lo sé... pero quiero averiguarlo.

Unos toques en la puerta llamaron la atención de ambos. Claude dirigió su mirada a la puerta, indicándole a quien estuviera afuera, que pasara, mientras que Hiroshi bajaba la vista.

—Buenos días, amo, es hora de—

Minoru se quedó sin palabras, sorprendido por la escena frente a él. Hiroshi con la mirada baja, ojos rojizos y envuelto en los brazos del amo. Más aún, Hiroshi estaba usando uno de los pijamas del amo. ¿Qué demonios estaba sucediendo aquí?

—Minoru —dijo Claude, separándose de Hiroshi—. Lleva a Hiro a su habitación. Que se asee y desayune.

—Sí, amo.

—Y llama a la residencia de Mitsu. Dile que pasaré por allá en la tarde. Necesito hablar con él.

—En seguida, amo.

Claude volvió su rostro hacia el pelirrojo y con una de sus manos recorrió su mejilla, borrando una de las últimas lágrimas. Después se dirigió hacia el sanitario. Tanto Minoru como Hiro estaban asombrados.

—¿Alguna vez se había comportado así antes? —preguntó Hiro con curiosidad.

—Nunca desde que empecé a trabajar aquí.

—Pero... dormí con él... tengo puesta una pijama suya y... me tocó la mejilla... ¿Eso no va contra sus leyes?

—Sí pero... quizás le gustas.

Hiroshi bajó la mirada, incredulidad evidente en su rostro.

—Los kaizokus no tienen sentimientos Minoru.

—Eso lo sé, pero que tal si el amo si los tiene —insistió el mayordomo.

—No lo creo... quizás su actitud fue por lo de ayer...

—¿Celos?

—Claro que no... Instinto de posesión. Como si a un niño le quitaran sus juguetes sin permiso.
 —Qué extraño —musitó Shuichi. Casi tan extraño como que su amo lo hubiera besado. ¿Había algo acerca de los kaizokus que ellos no sabían? ¿Algún secreto bien guardado que los kaizokus no querían que los humanos supieran?—Lo sé, en ese momento pensé que todo lo que había sucedido era demasiado extraño y no le pude dar una explicación razonable.Shuichi asintió. ¿Y si su amo estaba pasando por algo similar? *** —Hiro...Claude estaba sentado en una silla frente al escritorio de su despacho. Contaba los segundos para ir a la mansión de Eiri y verlo nuevamente.—Mi amado Hiro...No pudo dejar de recordar la primera vez que había hablado con Mitsu acerca de sus... sentimientos. —K... demoraste más de lo previsto en venir a verme —comentó Mitsu mientras le hacía una señal a un sirviente para que le trajera un par de bebidas.
­—¿Sabías que vendría Mitsu?

—Por supuesto —musitó elocuentemente—. Después de ver como te comportaste ayer, sabía que vendrías a preguntarme algunas cosas. Ahora dime, ¿qué necesitas saber? —añadió, haciéndole una seña a su sirviente de que los dejara solos una vez que hubo dejado las bebidas junto a ellos.

—Estoy muy confundido Mitsu.

—¿Es por tu nuevo esclavo cierto? —Claude asintió—. Acompáñame a mi estudio.

Ambos kaizokus se pusieron de pie y Mitsu le indicó que lo siguiera. Salieron del salón y atravesaron el largo pasillo hasta el despacho del dueño de la mansión. Hacía mucho tiempo desde la última vez que Claude había entado a ese lugar y se sorprendió de lo cambiado que estaba, lleno de libros que sabía, no eran de kaizokus, sino de humanos.

—¿Recuerdas lo que te dije en nuestra última cena? —preguntó, acercándose a su escritorio y recargándose al frente de él.

—Sí —contestó Claude, deteniendo sus pasos en el centro de recinto.

—Quisiera poder tener acceso a los archivos secretos de Tohma, para comprobar mi teoría.

—¿La de que provenimos de los humanos?

—Así es. Sé que suena imposible, pero es viable. Fisiológicamente, a pesar de que somos más altos que ellos y con más fortaleza, somos idénticos, tanto los varones como las mujeres de ambas especies. Nuestra estructura fisiológica es increíblemente similar con muy pocas diferencias. Aunque a nosotros nos falta algo.

—¿Nos falta algo? ¿Quieres decir que estamos incompletos?

—Así es... —Mitsu sonrió—. Sé que si Tohma me escuchara decir esto, de seguro se ocuparía de hacerme desaparecer, pero confío en tu silencio en lo que estoy a punto de revelarte.

—Sabes que sí... —aseguró Claude—. Según tú, ¿qué es lo que nos falta?

—Sentimientos.

—¿Sentimientos? —preguntó Claude con escepticismo—. Pero nosotros...

—Los buenos sentimientos K. Podemos sentir ira, enojo, ansiedad, orgullo, incluso hasta ciertos vestigios de lo que sería denominado amistad.

—¿Hay más?

—Cientos K... como la piedad, la pena, la vergüenza, la pasión, la entrega y el amor que nosotros no conocemos.

—¿Amor? ¿Qué es eso?

—Por más que he estudiado, no he podido llegar a un significado exacto de esa palabra. Creo que será más sencillo si te lo muestro.

Mitsu caminó hasta un estante que estaba en una de las paredes de su estudio. Presionó uno de los libros y todo el estante se sumió para mostrar otro estante escondido. En este se podían ver una gran cantidad de contenedores cuadrados de acero del tamaño de las antiguas cajas de zapatos. Tomó uno de ellos y se dirigió a su escritorio. En él había un pequeño diamante y lo colocó con la punta hacia arriba. De la caja sacó un pequeño disco de cinco centímetros de diámetro. Al suspenderlo sobre la punta del diamante, éste comenzó a girar. Sobre el disco apareció un holograma que mostraba uno de los tantos corredores de su casa. Totalmente vacío.

—¿Qué se supone que debo ver aquí?

—Espera.

En el holograma aparecieron dos sombras, dando paso a dos cuerpos que se abrazaban y devoraban sus bocas.

—¡¿Pero qué es esto?! —chilló Claude al reconocer al mayordomo y a uno de los esclavos de Mitsu—. ¡¿Tú lo permites?!

—Son mis mejores objetos de estudio K... No sé si sepan que los estoy observando, que lo más seguro es que no, sino, no se atreverían a hacerlo a mis espaldas.

En la imagen, los dos muchachos se devoraban con pasión y a los pocos segundos se separaron para tomar aire.

—Te amo... —musitó el más pequeño con la mirada fija en el otro.

—Yo también —respondió el mayor, robándole un pequeño beso—, quisiera que pudiéramos ser libres para demostrarle al mundo que eres mío.

Dejaron de hablar y volvieron a besarse. El más alto paseó sus manos por el cuerpo del menor hasta llegar a sus glúteos y los estrujó sacándole un gemido. Entonces la grabación se detuvo.

—Asumo que tendrás muchas dudas K.

—Asumes bien. ¿Por qué lo hacen? Pensé que sólo lo hacían en las exposiciones.

—Es lo que Tohma quiere que pensemos. Este es un acto natural humano, una manera de demostrarse su amor.

—¿Amor? ¿Eso es el amor?

—Es una de sus tantas manifestaciones. Tohma no nos ha permitido desarrollar esto al tenernos siempre reprimidos, al guiar nuestras acciones y pensamientos, pero yo estoy seguro de que los kaizokus también podemos sentirlo, pero debemos encontrar a la persona correcta.
 —La persona correcta... tú eres mi persona correcta Hiro. *** La hora había llegado. Shuichi estaba parado frente a las escaleras del vestíbulo, esperando a que su amo lo acompañara. A los pocos minutos se escuchó la puerta principal y su amo salió de su estudio. Se detuvo frente a él, observándolo atentamente con el traje que Hiroshi le había seleccionado. Una exquisita pieza que le sentaba de manera elegante al esclavo. Permitió que sus manos se posaran en sus hombros, deslizándose lentamente hacia abajo, pasando por su esbelta cintura y hacia sus caderas, recreándose en los glúteos llenos. Shuichi se sorprendió pero no dijo nada antes la mirada de lujuria de su amo.—Ese traje te sienta bien —susurró.Shuichi se sonrojó y bajó la vista hacia su atuendo. Hiro le había escogido el traje. Era algo conservador. Un conjunto de dos piezas. Un top y un short corto, unidos a los costados por un botón. El top estaba unido a un collarín. Traía dos tubos a modo de mangas. Un tubo en la pierna derecha y botas cortas. Todo adornado con algunas piedras preciosas. Era clara la mirada de lujuria que le lanzaba su amo con el mensaje de que tendrían acción más noche.Un sirviente abrió la puerta principal, permitiendo el paso a Claude ataviado con un elegante traje acompañado de su esclavo, un moreno de ojos negros, el mismo que había visto en su mansión.—Eiri.—Adelante K.Eiri dio una señal a uno de sus sirvientes para que fueran sirviendo la cena. Dirigió a su invitado al salón principal donde ya los esperaba una elegante mesa con dos cómodos sillones y cojines a lado de cada uno para los esclavos.Tomaron asiento.—¿Recibió Hiro mi regalo? —preguntó Claude expectante sin dejarlo ver, mientras tomaba asiento.—Por supuesto.Claude sonrió—Eiri, necesito hablar contigo... a solas —dijo Claude, señalando con su vista a los esclavos.Eiri levantó una ceja, uniendo sus manos y colocándolas sobre sus muslos que estaban cruzados.—Todo a su tiempo K.Con reticencia, Claude tuvo que colaborar con los temas triviales que Eiri le lanzó, aguantando la ansiedad hasta que la cena fue anunciada, señal suficiente para que los esclavos salieran hacia el comedor de esclavos, mientras los sirvientes les ofrecían exquisitos platillos a los kaizokus.Cuando los platillos fueron servidos y los sirvientes se alejaron hasta las puertas del salón, lo suficientemente lejos para no espiar en las conversaciones de los kaizokus, pero lo suficientemente cerca para darse cuenta si alguna necesidad se presentaba, Claude habló.—Eiri... —rogó, en un acto sin precedentes para un kaizoku—, regrésamelo...Eiri se sorprendió. Nunca había visto a Claude tan abierto, tan vulnerable.—¿Por qué lo quieres a tu lado? —preguntó Eiri—. Antes era un simple esclavo tuyo. ¿Qué fue lo que te hizo?—Es algo largo de contar.—Tengo todo el tiempo del mundo.Decidieron primero terminar de comer, para después hablar más tranquilamente. Una amplia terraza fue el lugar escogido para tener una conversación más tranquila y privada.—¿Hiro te contó algo de lo que sucedió entre nosotros? —Ambos se recargaron sobre la baranda, dándole la espalda a las estrellas.—Nada... sólo llegó a mí pidiéndome asilo.—Te contaré mi historia. No quiero que cometas el mismo error que yo.Eiri no supo a que se refería con cometer el mismo error que él. Lentamente, Claude le contó cómo había conocido a Hiro, cuando lo compró, y lo que había hablado con Mitsu, hasta la parte del video.—¿Permitió una relación entre sus subordinados? —preguntó con asombro.—Así es... Mitsu tenía problemas con el Tohma por su insistencia de querer estudiar a los humanos, y antes de que desapareciera, me pidió hacerme cargo de ellos, ahora ellos viven en la mansión.—Inusual...—Es como lo que te pedí yo Eiri, entonces podría decir lo mismo que tú.—Touche...—Creo que es hora de regresar —comentó Claude viendo la oscuridad que los rodeaba.—¿No me seguirás contando?—Todo a su tiempo—replicó, usando la misma frase que se le había impuesto al inicio de la cena—, ahora estoy ansioso de ver a Hiro.—Espera. —Claude se detuvo en el resquicio de la puerta y volteó a ver a su anfitrión—. Quiero que sepas que Hiroshi no está aquí contra su voluntad. Él es libre de irse cuando le plazca, así que si quieres que regrese contigo, tendrás que convencerlo tu mismo, pero no podrás llevártelo a la fuerza.Claude sólo asintió.Ambos entraron y tomaron asiento nuevamente, mientras sus esclavos regresaban con ellos. Todos estaban volteando a un pequeño escenario en uno de los costados del salón. La puerta a su lado se abrió, dejando ver al mayordomo de la mansión.Para Claude fue la visión más maravillosa que sus ojos alguna vez hubieran presenciado. Hiroshi estaba utilizando la ropa que le había regalado. Un traje con joyas engarzadas. Consistía en un collarín de oro con incrustaciones acompañado de un par de muñequeras y unos braceros del mismo material. Una pequeña tanga era cubierta con un faldón semitransparente que brillaba en tornasol hilado con vetas de oro. Finalmente, una tela transparente sobre su boca y un velo sobre su cabello terminaban con el hechizo. Claude estaba extasiado con la vista. Había escogido la ropa perfecta.Hiroshi caminó hacia el centro del escenario. Su mirada estaba fija en un solo lugar mientras un ligero sonrojo adornaba sus mejillas.Shuichi estaba maravillado con el traje de su amigo. Tenía un ligero parentesco con el que había usado él mismo en la exposición.Una suave melodía comenzó a escucharse y el cuerpo de Hiro empezó a moverse. Sus curvas se movían cadenciosamente al compás de las notas. Claude veía como Hiro se movía. Cada uno de sus movimientos eran intoxicantes a la vista. Haría todo lo posible por recuperarlo.Hiroshi sentía como un remolino de recuerdos llegaban a su mente al ver a su antiguo amo.
"La verdad no lo sé... pero quiero averiguarlo"

"Creo que siento algo por ti"

"Quieres intentarlo"

"Hiro.... te amo..."

"Lo siento, Hiro..."
Por unos momentos sintió como si todo le diera vueltas.—¡¡Hiro!!Una voz tremendamente conocida gritó su nombre pero ya no pudo responder, todo se volvió oscuridad.

----- CHAPTER BREAK -----

—¡Hiro!Contando con los increíbles reflejos propios de su raza, Claude se apresuró a tomar a Hiroshi antes de que su cuerpo golpeara el suelo. Shuichi se apresuró a llegar a su lado también.—¡Hiro! ¡Hiro! ¿Qué te pasa? ¡Despierta! —chilló Shuichi.—¡Shuichi! —clamó Eiri, llamando la atención de esclavo y silenciando sus chillidos—. Deja de hacer escándalo.Eiri se había puesto de pie, tenso. Ver a Shuichi correr tras su mayordomo le causó una incomodidad de la cual su causa no pudo identificar. Su esclavo bajó la mirada, sin quitar su ceño de preocupación.—Pero Hiro... —susurró Shuichi, volteando a ver a su mejor amigo.—Eiri —musitó Claude llamando la atención de ambos—. ¿Dónde puedo recostarlo? —preguntó con Hiroshi en sus brazos. Pesaba menos que la última vez que lo había sostenido.—Sígueme, te llevaré a su habitación.Claude se incorporó, acomodando a Hiro contra su pecho y empezó a caminar siguiendo a su anfitrión que ya estaba abriendo la puerta del salón para salir. Shuichi se quedó en su lugar, en el piso, sin atreverse a moverse por miedo a que su amo lo castigara por su comportamiento.—¡Shuichi!Una voz lo llamó y volteó hacia donde estaba su amo aún sosteniendo la puerta, evitando que se cerrara.—¿Qué esperas?Shuichi se levantó y corrió hacia la entrada. El esclavo de Claude los siguió de cerca. *** —Esta es su habitación.Habían llegado hasta el cuarto de Hiroshi y Eiri había abierto la puerta, dejando pasar a su invitado. Antes de entrar, Claude volteó a ver a su propio esclavo y le dirigió una mirada seria.—Espérame afuera.El esclavo asintió y se recostó sobre la pared a un lado de la puerta. Claude entró con su preciada carga entre sus brazos.—Espera aquí Shuichi —indicó Eiri.Shuichi bajó la mirada mientras veía como su amo entraba a la habitación y la puerta se cerraba tras de él. *** —Noriko —llamó Tatsuha mientras se veía en el espejo y se arreglaba su traje. Perfecto. Simplemente perfecto, como todo en su persona.—¿Sí, amo? —Noriko estaba en la puerta, esperando indicaciones.—Voy a salir esta noche. Regresaré al amanecer —dijo Tatsuha, cerrando el saco de su traje y volteando a verla.—Sí, amo.—Mañana temprano quiero a Ryuichi en mi habitación.—Sí, amo. *** Claude caminó hasta la cama y con extrema delicadeza colocó el cuerpo de Hiroshi sobre las mantas.—Eiri... voy a quedarme esta noche con él —dijo volteando a ver al kaizoku.—No entiendo tu proceder. ¿Qué tiene Hiro de especial? —acotó Eiri, cruzando sus brazos y viendo a su mayordomo durmiente—. Ya ni siquiera es tu esclavo y no comparte ningún lazo contigo.—Es sencillo Eiri —respondió Claude, regresando su vista hacia Hiroshi—, lo amo.—¿Amor?Claude resopló por el tono de incredulidad de su amigo.—Recuerda lo que te conté.—Yo no creo que existan esas cosas, es imposible que nosotros podamos tener esa clase de relaciones y menos con humanos, compartir esas características es una degradación.—Pero míranos Eiri... —replicó, volteando a verlo de nuevo—, somos iguales... ¿Quién dice que no podemos sentir lo mismo?—Creo que estás confundido ―musitó, cruzándose de brazos―. Mandaré a un médico para que lo atiendan y que te preparen una habitación.—Me quedaré aquí.—¿Aquí?—Eiri dio un vistazo a la habitación. Era la habitación propia de un mayordomo pero era demasiado sencilla para un kaizoku—. ¿Estás seguro?—Sí.—Bien, mandaré a tu esclavo para que te atienda.Eiri salió del cuarto y se encontró con Shuichi y el esclavo de Claude sentados en el pasillo esperando noticias. Al verlo, ambos esclavos se pusieron de pie. Shuichi estaba impaciente mientras que el otro esclavo no abandonaba su serio semblante.—Tu amo se quedará esta noche —indicó al otro esclavo—. Regresarás a su mansión y mandarás a un sirviente de vuelta con ropa para dormir. —El sirviente sólo asintió y se dirigió hacia el vestíbulo de la mansión para tomar el vehículo de vuelta—. Shuichi... tú vienes conmigo.—Sí, amo.Shuichi puso cara de resignación, moría de las ganas de saber qué había sucedido con Hiro. ¿Qué era lo que estaba sucediendo dentro de esa habitación? *** Claude se sentó en la cama, a un lado de Hiroshi cepillando sus rojos cabellos con una de sus manos y admirando el perfecto rostro del muchacho. Su mirada recorrió el cuerpo su cuerpo escasamente cubierto, recordando cada uno de sus detalles. Adornado con esas joyas era una visión extasiante. Su respiración era acompasada.«Hiro... lamento tanto haberte lastimado... quisiera poder volver al pasado y haberte escuchado...».Con cuidado le quitó el velo para que su cabeza descansara bien. La cabellera pelirroja se extendió sobre las sábanas blancas creado un sorprendente contraste de blanca pureza y rojo pasión. El sonido de toques a la puerta se escuchó.—Adelante.—Buenas noches —dijo un esclavo al abrir la puerta—. El amo me mandó llamar, soy el doctor de la servidumbre de esta mansión.Dada su constitución física, los kaizokus nunca enfermaban por lo que casi no había galenos que fueran necesarios para atenderlos, sin embargo, esclavos, mayordomos y amas de llaves, siendo los humanos frágiles que eran, tendían a enfermarse de vez en cuando por lo que todas las residencias de kaizokus tenían un médico de cabecera. La mansión de Eiri no era la excepción.El doctor era un humano de unos cuarenta años usando una bata blanca de algodón con cabello negro en donde ya se podían apreciar algunas betas plateadas de la edad.Claude señaló al humano a su lado, y estuvo al tanto de todos los movimientos del galeno. El doctor sacó de su maletín un cuadro de cristal con bordes de acero y lo pasó sobre Hiro. A través del cristal se apreciaban todos los órganos internos de Hiro en movimiento. El subir y bajar de sus costillas por las insuflaciones de sus pulmones, el latir de su corazón, la ocasional peristalsis de sus intestinos. El doctor terminó de ver a través de la placa y entonces se colocó unos guantes para poder retirar las joyas que ostentaba el mayordomo y revisarlo mejor. Justo en el momento en el que una de sus manos se posaba sobre el pecho, Hiro despertó gritando.—¡¡No!! ¡¡Suéltame, me duele!! ¡¡Por favor!!Claude se apresuró a tomar a Hiro de las manos mientras veía como se convulsionaba sobre la cama.—¡¿Qué le está pasando?! —preguntó mientras Hiro se movía violentamente entre sus brazos.—¡¡Sosténgalo!! ¡Voy por un calmante!Puso todas sus fuerzas en sostener a Hiroshi quien seguía gritando, pero parecía fuera de sí. Por más que lo llamaba, no respondía.—¡Hiro, tranquilízate!—¡¡No!! ¡¡Por favor!!—¡Hiro!—¡¡¿Por qué me hace esto Claude-sama?!!Claude se sorprendió. Sintió como el cuerpo bajo él se puso laxo de un momento a otro, viendo como el doctor le había inyectado el calmante.—Parece que todo esto es originado por una sobrecarga de estrés emocional. Le he dado un sedante fuerte. Lo más probable es que duerma hasta mañana. Existe la posibilidad de que durante la noche presente algún episodio, pero el sedante lo hará mucho menos violentos. Recomiendo descanso. Fuera de eso, el paciente se encuentra bien.Claude asintió y observó al doctor retirarse. En cuanto la puerta se cerró y estuvo nuevamente sólo con Hiroshi, decidió que lo mejor era ponerlo cómodo. Se dirigió al armario de la habitación para buscarle algo de ropa para dormir. Rebuscó en los cajones buscando algún pijama, pero no encontraba nada parecido. Ropa interior. Ropa de diario. Trajes de mayordomo.Llegó hasta el último cajón y cuando lo abrió, no pudo creer lo que sus ojos vieron. Justo ahí. En el centro del cajón, estaba el pijama que él le había dado a Hiroshi justo después del incidente, él le había dicho a Hiro que la conservara.Unos toques en la puerta llamaron su atención.—Adelante —indicó.—Le traigo la ropa de dormir que mando pedir, amo —dijo un sirviente abriendo la puerta.—Déjalo sobre la cama y retírate —respondió en tono neutro.El sirviente dio una reverencia, dejó el paquete de ropas sobre la cama y se retiró cerrando la puerta tras de sí. Claude tomó su pijama y regresó al armario. Sacó su antigua pijama, ahora de Hiro y junto con la suya, las puso sobre la cama.Esta vista se le hizo terriblemente familiar. Como si estuviera en el pasado de nuevo. Se acercó a Hiroshi. Le quitó el collarín y la tela que cubría su boca. Después le quitó las joyas que tenía en los brazos y en las manos. Cuando sus manos bajaron un poco, se detuvieron. Se quedó viendo a la franja de tela que cubría su intimidad. Tras unos segundos de duda, sus manos se dirigieron a los costados y soltaron la tela, levantando un poco su cintura para sacarla. Sus ojos se deleitaron con la vista. Aún recordaba la suave y lechosa piel de Hiroshi.Tenía una duda, así que regresó al armario. En el segundo cajón encontró la ropa interior del pelirrojo. Era diferente a la prenda íntima que usaba en esos momentos.«Tengo que cambiarlo para que duerma más cómodo». Quizás por un momento, pensamientos nada santos rodearon su mente, pero debía enfriarse. No quería ni por un momento incomodarlo.«Ahora que lo pienso... ¿cómo fue que escapaste Hiro? Por más que traté, no pude localizar la señal de tu anillo, y sólo yo puedo quitarlo ¿Qué hiciste?».Con las puntas de los dedos, tomó el borde de la prenda y la deslizó por la cadera, hasta sacarla de sus piernas. Fue entonces que se dio cuenta de cómo era que ni sus mejores rastreadores habían localizado la señal del anillo de Hiro.Su anillo de esclavo seguía en su lugar, sin embargo, sobre él, había un anillo ligeramente más grande que reconoció de un material llamado kumiko. Un compuesto que anulaba cualquier tipo de señales electromagnéticas como las que emitían los anillos para la localización de los esclavos que se escapaban.Sacó de entre sus ropas un aparato parecido a un control con una pequeña pantalla. Quiso hacer un pequeño experimento. Con mucho cuidado levantó el anillo de kumiko y se fijó en su pantalla. Al momento una señal apareció proyectada sobre la pantalla. Claude sonrió.«Con que así le hiciste».¿Cómo no se le había ocurrido antes? Devolvió el anillo de kumiko a su lugar. Antes de que sucediera algo más tomó la ropa interior y se la colocó, seguida de su pijama. Después se cambió él y se metió a la cama. Durante años estuvo deseando volver a compartir esta posición con el dueño de su corazón. Pudo sentir como el cuerpo a su lado se acurrucaba a su lado.—Amo...Haría lo que fuera para recuperar a su amado aunque le tomara toda la vida hacerlo. *** Un chico de ojos negros estaba acostado en su cama cuando sintió como un cuerpo entraba a la habitación. Esa sombra reptó sobre su cama y lo besó con ansia.—Ah... espera...—Te deseo... —gimió el hombre que se acomodaba sobre él.—Espera... el amo podría descubrirnos... o llamarme...—El amo no está en la mansión.—¿Qué?—Deja de hablar.Aprovechando que el amo no estaba, dejaron a sus cuerpos saciar sus deseos carnales. ¿Durante cuanto tiempo tendrían que estar ocultándose entre las sombras demostrándose su amor, sin ninguna represalia? No lo sabía, sólo el tiempo lo diría. *** El sol entraba a raudales por la ventana principal. Eiri abrió sus ojos ambarinos sólo para darse cuenta de que estaba abrazando a Shuichi quien descansaba plácidamente en su pecho, otra vez. Aún no entendía que le estaba pasando.La noche anterior lo había besado muchas veces. Más de las que lo había hecho alguna vez. Si no mal recordaba, lo había besado en cuatro ocasiones y la última había sido larga y demandante. Hubo un momento en que pensó que iba a morir por hipoxia.Ahora que estaba en sus cinco sentidos, se preguntaba porque en el momento justo, siempre sucumbía al deseo de probar esos rosados labios. Recordaba, que cuando en las exposiciones veía a los esclavos compartir fluidos bucales le parecía una atrocidad, una inmundicia. ¿Cómo algo de tal naturaleza podría proveer placer alguno? Pero ahora que lo pensaba, en el calor del momento esa acción se presentaba como una necesidad.Tenía que hablar más con Claude. Se separó del cuerpo de Shuichi cuidadosamente y se puso una bata negra para salir de la habitación. *** Hacía tanto tiempo que no dormía tan bien. Que no sentía esa cálida presencia cerca de su cuerpo. Cómo la había extrañado en esos años que había estado lejos de él. Abrazó fervientemente el cuerpo a su lado contra su pecho, aspirando la esencia a lavanda que despedía su cabello. Hiroshi seguía profundamente dormido, quizás por acción del sedante.Iba a volver a dormir cuando escuchó toques en la puerta.—Adelante.La puerta se abrió y por ella entró el dueño de la mansión.—Veo que aprovechaste las circunstancias —comentó Eiri observando la situación. Ambos en la cama abrazados. Hiroshi profundamente dormido sobe el pecho de Claude y ambos utilizando pijamas por lo que él mismo tuvo que haber cambiado al mayordomo de ropa.—¿De qué estás hablando?—Aprovechaste que estaba inconsciente y copulaste con él —dijo con seriedad.—Te equivocas Eiri. No hice nada.—¿Nada? ¿Dormiste con él y no hiciste nada? —preguntó con incredulidad―. ¿Cuál es el objetivo de hacer eso? Dormir con él y no hacer nada.Claude bajó la mirada hacia Hiroshi. Una mueca que a Eiri le pareció demasiado extraña.—Eiri, Eiri, Eiri... definitivamente hay mucho que debes conocer.Acomodó con cuidado el cuerpo de Hiro sobre las almohadas y se levantó, caminando hasta estar frente a Eiri.—Eiri... deseo pasar unos días en tu mansión.—No hay ningún inconveniente, siempre y cuando no hagas que mi mayordomo tenga deficiencias en su trabajo. —Tuvieron un breve intercambio de miradas, hasta que Eiri continuó hablando—. Iré unos días a mi residencia en las afueras. Quedas a cargo de la mansión junto a Hiroshi hasta mi regreso. Tienes una semana para hacer lo que tengas que hacer. Después de eso, Hiroshi decidirá su proceder.Claude asintió. Eiri se dirigió a la puerta, pero antes de salir, se volteó a ver a su invitado.—A mi regreso espero explicaciones.—Y las tendrás.Salió de la habitación y le dijo al primer sirviente que vio que le preparara maletas para una semana y que quería salir antes del mediodía. Regresó a su propia habitación. Los sirvientes tendrían las maletas listas en media hora, tiempo suficiente para algo de diversión con su esclavo. *** —Aahh... aahh... aahh...—Más rápido... más...Ryuichi gemía con fuerza, cabalgando sobre la hombría de su amo. Las embestidas eran feroces pero hacía todo lo posible para sentir al menos un atisbo de placer. Cuando su amo se había dado cuenta de que podía tener más de un orgasmo en una sesión, fue el fin de sus noches "tranquilas". Parecía una bestia insaciable de sexo. No sabía hasta cuando iba a soportar con este trato. Pero había una cosa que no había dejado de notar.Cada vez era menos el odio y el resentimiento hacia su amo. Parecía que otro tipo de sentimientos se estuvieras empezando a albegar dentro de su corazón y eran demasiado confusos. No sabía como reaccionar ante estos sentimientos nuevos que estaban adentrándose en su corazón cada vez que su amo tocaba su cuerpo. *** A las doce del día, Shuichi ya estaba montado en su vehículo, más específicamente montado sobre su amo. Durante la mañana lo había despertado y lo había hecho darle una felación. Ahora, increíblemente, su amo le había dicho que irían en el mismo auto. Por un momento le sorprendió, pero al saber sus intenciones, sus pensamientos sobre que quizás sólo ansiara su compañía se fueron a volar, y ahora estaba sentado en sus piernas, moviéndose en vaivén y dando gemidos de placer.—Ah... amo...Eiri tenía fuertemente asidas las caderas de Shuichi, impulsándolo para darle certeras y fuertes embestidas. A ratos estrujaba sus perfectos glúteos, deleitándose con la entonada melodía que eran sus gemidos.—¡Amo...!Con un fuerte gemido, Shuichi liberó su esencia en los pechos de ambos, sintiendo a los pocos segundos, la esencia de su amo bañar su interior. Estaba tan cansado que inmediatamente cayó.Eiri sintió como el cuerpo sobre él se volvía laxo y cuando volteó su vista, se dio cuenta de que se había quedado dormido. Faltaba poco más de media hora para llegar a su destino, así que maniobró dentro de la limosina para acomodarlo en el asiento frente a él.Cuando llegaron, antes de salir del auto, Shuichi se puso su ropa de esclavo nuevamente con las mejillas sonrosadas, y siguió a su amo por los corredores de la residencia, viendo que en ese lugar también había sirvientes. Al ver su destino suspiró. Estaba frente a la puerta de la recámara principal. Estaría cinco días en ese lugar.«Espero poder sobrevivir esta semana». *** «Qué extraña sensación... placentera... se siente tan bien... casi como una caricia...».Hiro despertó, abriendo lentamente sus ojos. Podía sentir una suave caricia en su espalda, describiendo pequeños círculos sobre ella. Se sentía muy bien. Suspiró. Se dio cuenta de que estaba recostado cobre un pecho firme y níveo. Cuando su mirada enfocó el rostro de aquel cuerpo, la realidad llegó a su cerebro.—Hola... Hiro...Hiroshi abrió los ojos en sorpresa y saltó de la cama apresuradamente, cayendo al piso en el proceso y trayendo las cobijas con él.—Que... que... ¡¡¿Qué estás haciendo aquí?!! —chilló con nerviosismo.—¿Qué te sucede Hiro? —preguntó Claude, incorporándose la cama—. ¿Acaso no recuerdas lo que sucedió ayer?—¿Ayer?Hiro trató de recordar lo que había sucedido. La cena de cortesía... el baile... y después oscuridad. Para cuando levantó el rostro, la cara de Claude estaba diez centímetros del suyo.—¿Te encuentras bien? —Hiro comenzó a derramar lágrimas y sostuvo su cabeza entre sus manos—. ¿Hiro? —preguntó Claude preocupado.—¡No me toques! —Su mano se detuvo a centímetros de la cabeza de Hiroshi. Ambos habían terminado sentados sobre el piso. Hiroshi recargado contra la pared y Claude frente a él—. No me toques... por favor... déjame en paz...—Hiro...—Ya te había olvidado. Había superado lo que sucedió y ahora...—Hiro...Hiroshi negó con la cabeza mientras más lágrimas caían de sus ojos.—Déjame en paz... déjame en paz... ¡No me toques!Claude se adelantó y abrazó al mayordomo que forcejeó en sus brazos, hasta que el cuerpo se dejó de mover, y se dio cuenta de que había colapsado de nuevo. Los rastros de lágrimas visibles en sus mejillas. Abrazó más el cuerpo de Hiroshi contra el suyo, y sin que se diera cuenta, también empezó a derramar lágrimas. Lágrimas extrañas para un kaizokus, lágrimas de dolor.—Perdóname Hiro... lo siento tanto... perdóname...Levantó el cuerpo de Hiroshi y regresó a la cama, acomodándolo con cuidado. Tendría que ir despacio. Ahora era cuando se daba cuenta del daño que le había hecho con sus acciones.Llamó a uno de los sirvientes de Eiri para que les trajera el desayuno y volvió a la cama. Amaba tanto a Hiroshi que haría todo lo posible por recuperarlo, sin importar el tiempo que le tomase.

----- CHAPTER BREAK -----

Miércoles en la tarde.Shuichi estaba recostado en la habitación principal de la casa de playa entre un lío de sábanas. Nada más llegando, su amo lo había tomado y él no había podido oponerse. Le llevaron la comida a la cama y comió sólo. Eiri le había dicho que tenía que arreglar unas cuantas cosas en la casa por lo que lo había dejado inmediatamente después de tener sexo con él.Se sentía una basura. Un simple juguete que su amo usaba a su antojo y complacencia hasta saciar sus más profundos deseos para después desecharlo como lo que era: un simple juguete.Estaba exhausto. Descansaría un poco más hasta que su amo volviera, pues había amenazado con volver. ¿Qué haría ahora que su amigo Hiro ya no estaba con él? Sólo esperaba que estuviera bien con aquel kaizoku que había sido su amo. *** Claude seguía recostado junto a Hiroshi. Después de llorar tanto, se había quedado dormido del cansancio. Lo había recostado de nuevo en la cama y había llamado de nuevo al doctor quien le confirmó que el cansancio provocado por el estrés emocional estaba haciendo estragos en él y lo mejor era dejarlo descansar.Le había aplicado otro sedante, en esta ocasión más suave, y le dio instrucciones de despertarlo a la hora de la cena. Debía consumir alimentos. Desde entonces no se había apartado de su lado. Le habían llevado el desayuno y la comida, pero en ningún momento dejó la habitación.La noche estaba llegando y con ella la hora de despertar a Hiroshi. Un toque en la puerta lo sacó de sus pensamientos.—¿Quién?—Le traigo la cena señor —contestó una suave voz.—Adelante.El sirviente entró con un carrito y dejó alimentos para dos en la mesa de noche mientras recogía los restos de la comida de Claude y el plato intacto de Hiroshi. Claude había ordenado que, a menos que fuera algo urgente o las comidas, no se les molestara.Se incorporó de la cama, acercándose a la mesa donde los alimentos reposaban y destapó los platos. Después de ver en qué consistían los alimentos, volteó a la cama y vio que Hiroshi se había sentado en completo silencio y con la mirada baja.—Veo que ya has despertado. —Hiroshi no dijo nada. Su mirada seguía baja—. Nos han traído la cena, el doctor dijo que necesitas comer para recuperar tu salud. Has estado bajo demasiado estrés últimamente.Hiroshi seguía sin emitir ningún sonido, así que Claude empezó a acercarse lentamente a la cama.—Pensé que había sido un sueño —musitó con la mirada baja—. El que estuvieras aquí.—No es un sueño —afirmó Claude, sin estar seguro de como iniciar la conversación.—¿Por qué? —preguntó Hiroshi después de unos cuantos minutos de silencio. Esta pregunta lo descolocó un poco.—¿Por qué, qué?—¿Por qué has venido? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué es lo que quieres? —insistió.—Ya te lo dije Hiro... —contestó con tranquilidad—, quiero recuperarte, pero después hablaremos de eso, primero quiero que comas, has dormido todo el día.¿Todo el día? Hiro volteó a ver la ventana de su habitación. Estaba anocheciendo. ¿Había dormido desde la noche anterior? Su organismo empezó a pedirle de manera violenta un buen compendio de nutrientes. Se levantó lentamente de la cama y fue entonces que se dio cuenta de su atuendo. Le dirigió a Claude una mirada de muda pregunta.—La ropa que traías anoche era incómoda, así que me tomé la libertad de cambiarte de ropa.Hiro se abrazó a sí mismo, por unos momentos sintiendo su intimidad violentada.—Lo... ¿Lo viste?—Si te refieres al anillo de kumiko, sí. ¿Dónde lo conseguiste?—No pienso decírtelo.Claude asintió, no insistiendo más en el asunto e indicándole a Hiroshi que se acercara a los alimentos. Fue la comida más tensa que había tenido Claude en su vida. Ahí estaba el dueño de sus desvelos, a unos cuantos centímetros de su cuerpo, comiendo inocentemente, sin saber que cada mordisco y cada lamida a la comida era una incitación para él, un recordatorio de lo que alguna vez había tenido y que por su estupidez había dejado ir.Cuando terminaron de comer, Claude le dijo que tomara un baño, y Hiroshi aceptó sin chistar. Cuando entró a la ducha, a Claude no le extrañó escuchar el cerrojo de la puerta y sonrió.«Todo a su paso». *** —Noriko... ¿tú crees que los kaizokus puedan amar? —preguntó Ryuichi, con la mirada baja.—¿Los kaizokus? ¿De qué estás hablando Ryuichi?Noriko y Ryuichi iban caminando por uno de los tantos pasillos de la mansión. Era una preciosa tarde a mediación de semana.—Pues de eso. De que si los kaizokus pueden amar.Noriko guardó silencio unos momentos, sopesando su respuesta. ¿Los kaizokus podrían amar? ¿Por qué Ryuichi preguntaba eso?—No lo creo... —respondió Noriko en un suspiro—. Nunca he escuchado de un kaizoku que ame ni siquiera a uno de su misma especie.—Entonces estoy condenado —musitó Ryuichi abatido.—¿Porqué lo dices?—Porque me he enamorado de uno...Los pasos de ambos se detuvieron frente a una reconocida puerta. Ryuichi dio tres toques, esperando la indicación para entrar. Unos segundos después, la orden de su amo le indicó que debía ir a ocupar su lugar. Le dirigió una sonrisa triste a Noriko y entró solo a la habitación, caminando hacia una cama donde lo esperaba otra noche más de dolor y placer. *** —Vamos... gime más...Shuichi estaba recostado, boca arriba sobre una cama con las manos sobre su cabeza agarrando fuertemente las almohadas. Sus piernas estaban abiertas, mostrando toda su intimidad. Su amo estaba entre sus piernas, empujando un dildo dentro de él.Ahora Shuichi sabía porqué su amo se había tardado, pues al verlo llegar con una caja de buen tamaño llena de "juguetes", se imaginó que se tomó la tarde para ordenarlos o ir por ellos a quien sabe donde. Inmediatamente llegó y le dijo que les esperaba una larga y provechosa noche.Ahora gemía con más intensidad al sentir que el orgasmo se acercaba. Sus gemidos eran apresurados y faltos de aire. Su amo movía su mano cada vez más rápido.—Ah... amo... aahh...Eiri veía como el cuerpo se contorsionaba al estar cerca del fin. Se veía tan apetecible, transpirando y respirando apresuradamente. Su cuerpo actuó antes que su mente y se acercó a besar a Shuichi con fuerza y hambre, mientras que con una mano sujetaba el miembro de Shuichi y con la otra empujaba dentro de él.Shuichi se corrió en grandes chorros al sentir como su boca era tomada con pasión, como su miembro era estimulado y el dildo tocaba su próstata con precisión. Cuando el beso terminó, Shuichi aún estaba tratando de recuperarse del orgasmo.Eiri veía el pecho de su esclavo subir y bajar, entonces vio su mano. La que había sujetado el miembro de su esclavo estaba ahora llena de semen. Fue entonces que tuvo una idea... más bien una curiosidad…Acercó su mano a su boca, viendo como los ojos amatistas del esclavo lo veían fijamente. Hizo algo que Shuichi nunca pensó que haría. Lentamente pasó su lengua por la palma de su mano, tomando una generosa porción y tragándola. Shuichi esperaba que dijera algo. Eiri estaba "catando su sabor”. Aunque no lo quisiera admitir, se le hacía tremendamente erótico ver a su amo lamiendo su mano, que su hombría volvió a despertar.—No está mal...Shuichi estaba impresionado. Tan impresionado que para cuando se dio cuenta, Eiri ya lo estaba embistiendo, y sacándole gemidos de nuevo.Estaba confundido. El probar la esencia de su esclavo había hecho que su pulso aumentara y endorfinas circularan a gran velocidad por su torrente sanguíneo. La lujuria invadiéndolo con la fuerza de un tifón. Ignorando los gemidos y reclamos de su esclavo, siguió empujando. En cuanto golpeó aquel punto tan sensible de Shuichi, siguió embistiendo, procurando golpear ese mismo punto con cada embate.Los gemidos eran de puro placer. Eiri tenía las piernas de Shuichi sobre sus hombros, sosteniendo sus caderas, haciendo más rápido las penetraciones. Con un estruendoso gemido, Shuichi volvió a correrse, sintiendo después como sus entrañas eran bañadas por la esencia de su amo. *** Cuando Hiroshi salió de la ducha, se dio cuenta de que no había tomado ropa limpia y su pijama ya la había usado todo el día.—Hiro, te traigo ropa limpia. —Escuchó la voz de Claude a través de la puerta.Hiroshi se asustó un poco. Tomó una toalla y se enrolló con ella hasta el pecho. Abrió la puerta y Claude se maravilló con la vista. Comprendía que quizás se sintiera apenado de ser visto desnudo de nuevo, pero aun así, Hiroshi no dejaba de maravillarlo. Ver los rojos cabellos húmedos caer sobre sus hombros, los níveos hombros cubiertos por pequeñas gotas de agua y esas largas, delgadas y torneadas piernas, podrían quitarle el raciocinio a cualquiera.Tratando de recuperar la compostura y no cometer una locura, le dio a Hiroshi las prendas, mientras recogía el pijama y la mandaba lavar con un sirviente. Esperaría a que Hiroshi saliera del baño para entrar él y ducharse. No quería alejarse demasiado de Hiroshi. Apenas eran las cerca de las ocho de la noche. Quería aprovechar a hablar con Hiro antes de dormir.Cuando Hiroshi salió, estaba usando un conjunto sencillo con una playera de manga larga y pantalones. Claude había rebuscado en su armario, percatándose de que la mayoría de la ropa que encontraba era la de mayordomo, pero en una esquina encontró ese conjunto que se veía cómodo.—Hacía mucho que... no usaba estas ropas.—¿Son cómodas? —Hiroshi sólo asintió—. Me daré una ducha, descansa un poco.Hiro no respondió. Simplemente caminó hasta un sofá y se sentó mientras Claude entraba en la ducha. Razonó las posibles salidas de la situación. Por una parte podría huir nuevamente, después de todo, aún tenía el anillo de kumiko. Esa opción la descartó inmediatamente. No podría irse y dejar sólo a Shuichi en aquel lugar, ni tampoco dejar tan repentinamente a su amo que tanto lo había ayudado después de lo que pasó. Otra opción sería escucharlo y después decirle que no tenía ya nada que hacer, que ya no lo amaba lo cual... no era verdad. Lo seguía amando. Lo amaba con toda su alma. Pero no podía olvidar el pasado. ¿Darle una oportunidad? Esa sería la oportunidad que Claude decía ansiar, sin embargo, no estaba seguro de poder volver...Escuchó como alguien tocaba la puerta de la habitación y se levantó del sillón para abrir.—Buenas noches, Nakano-san —saludó uno de los sirvientes.—Buenas noches, Haku. ¿Qué sucede?—Traigo la ropa que señor Claude mandó pedir y venía a preguntarle dónde desea que la ponga.A Hiro se le hizo extraño que Claude mandara pedir ropa, pero no dijo nada.—Dámela, yo se la haré llegar.—Está bien. Con permiso.El sirviente hizo una pequeña reverencia y salió. Antes de que se alejara mucho, Hiroshi recordó algo.—Disculpa. —El sirviente volteó a verlo—. ¿El amo Eiri no ha preguntado por mí?—El amo no se encuentra en la mansión.—Ah... bien... ¿Y Shuichi?—El tampoco se encuentra. Salió con el amo Eiri.Shuichi frunció el ceño, cada vez más confundido.—¿A dónde fueron?—A la casa de verano.Hiro entornó los ojos. Esto significaba problemas. ¿Ahora qué sucedería? ¿Por qué no le avisaron? El sirviente hizo una venia y desapareció por el pasillo. *** Cuando Claude salió del baño, vio la ropa que había ordenado sobre la cama. Vistiéndose, se encontró a Hiroshi sentado en un sofá junto a la ventana con la mirada perdida sobre el horizonte. Caminó lentamente hacia él.—¿Dónde está el amo Eiri? —preguntó Hiroshi sin voltear a verlo.Quería saberlo, escuchar de los labios de Claude la razón por la que su amo se había ido, llevándose a Shuichi con él. Claude se detuvo cuando estuvo a un metro de distancia.—Él y su esclavo fueron a la casa de playa de Eiri, y se quedarán allá durante el resto de la semana.—Supongo que lo dejó a usted a cargo.Su mirada seguía fija sobre el horizonte. El sol lanzaba los últimos rayos antes de permitir a la bella luna reinar sobre el manto azul. Sus brazos estaban cruzados.—Así es. Soy el amo provisional de está mansión.—¿Por qué hace esto?—Conoces mis razones. Quiero recuperarte.—Eso es egoísta. ¿No lo cree? —acotó volteando a verlo.—¿Y eso no me hace más humano?Hiro esbozó una pequeña sonrisa cuando un recuerdo lejano llegó a su mente.  
Hiro se encontraba nadando en la piscina de la mansión, totalmente desnudo. Siempre se aseguraba de que el lugar estuviera totalmente vacío, pues aunque ya lo habían visto varios sirvientes así, aún le daba un poco de pena que lo vieran sin prenda alguna.

Al entrar en esa vida, se imaginaba que lo iban a estar usando para participar en exposiciones para el placer de los kaizokus, pues era lo que había escuchado. Pero para su sorpresa, eso no había sucedido. Ya había ido a ciertas exposiciones, y lo que solía pasar era que lo ponían con jovencitas, cosa que ya hacía desde antes de empezar su esclavitud. Solía ver a otras plataformas y nada más de ver las cosas que podían ocurrir, le daban escalofríos. Algunas rallaban en la crueldad. Sólo esperaba que su amo nunca permitiera eso.

Llevando tres meses viviendo en esa mansión, se había dado cuenta de que su amo no era como pensaba. Al contrario, se preocupaba mucho por él y pasaba mucho tiempo a su lado. La mayoría de las veces, sólo haciéndole compañía. Había descubierto que a Claude le gustaba pasar los dedos por su cabello, pues cuando su amo estaba en su despacho leyendo, y él se sentaba en el piso en un elegante cojín, su mano viajaba inmediatamente a su cabello y comenzaba a deslizarlo por las hebras. Era un movimiento muy relajante.

Cada vez estaba más maravillado con su amo. Desde que lo había abrazado aquella vez en su habitación, ningún acercamiento entre ellos habían vuelto a ocurrir. Hecho que internamente lamentaba.

En varias ocasiones se encontró pensando lo bien que sentiría estar entre esos brazos de nuevo, sorprendiéndose de sus pensamientos y llegando a una conclusión.

«Estoy enamorado».

En un principio se había asustado, pero después simplemente se resignó. Algo entre ellos nunca podría ocurrir. Se cansó de nadar y se acercó a la orilla para salir. Ya estando fuera, se acercó a una silla donde había dejado una toalla. Cuando se estaba secando el cabello, sintió una presencia detrás de él y al voltearse, se encontró con su amo.
 *** 
Claude acababa de llegar a la mansión. Regresaba de hablar con Mitsu, quien lo había citado para mostrarle otro video de sus esclavos. Claude le había preguntado si ellos estaban al tanto de la existencia del video. Mitsui con una sonrisa le contestó—: No, no lo saben... y no tienen porqué.

En el video, dos chicos estaban en una habitación sobre una cama. Se estaban entregando a la pasión del momento. Claude en un principio había pensado que ver eso era lo mismo que ver una exposición general o una personal, pero después se dio cuenta de que no era así.

—Escúchalos K. Ve sus miradas. Es algo totalmente diferente a lo que conocemos.

Y era cierto. Las palabras que se dedicaban eran, según Mitsu, de amor. Sentimiento que Claude aún no terminaba de entender. Sus miradas se fundían como si fueran una sola. Se entregaban al otro en cuerpo y alma, sin inhibiciones.

Después de ver ese video, regresó a la mansión y sacó su pequeño radar para buscar a Hiroshi. No sabía porqué, pero sentía una necesidad insana de verlo. Cuando un holograma detectó su ubicación, le mostró que estaba en la piscina y caminó con impaciencia al lugar. Llegó a la puerta y entró, pero nada lo preparó para lo que sus ojos vieron en ese lugar.

Sus orbes azules se posaron en el cuerpo desnudo que estaba saliendo de la alberca. La nívea piel perfecta, surcada por pequeñas gotas de agua llamaba al tacto. Su pecho era firme y bajando se apreciaba un abdomen plano. Sus caderas perfectamente moldeadas, adornadas con una cicatriz culminaban en unas largas y delgadas piernas. Se acercó silenciosamente con pasos quedos, deleitándose la pupila.

Cuando estuvo cerca de su espalda, Hiroshi se dio cuenta de su presencia pues inmediatamente se volteó. Sus ojos se conectaron y se quedaron viendo unos segundos. Entonces Hiro se dio cuenta de su situación y sonrojándose, se colocó la toalla hasta el pecho.

—Lo siento amo, estaba dándome un baño y—

Claude colocó un dedo sobre los rojos labios de Hiroshi, dándose cuenta de lo suaves que se sentían al tacto. No podía apartar su vista de aquel rostro.

—Amo...

Hiroshi veía las reacciones de su amo. Estaban muy cerca. Unos cuantos centímetros y podría... Claude estaba tan confundido. Había algo dentro de él que lo estaba impulsando a hacer algo que sabía no podía... no debía suceder...

Todo pasó demasiado rápido, sin darle tiempo a Hiroshi de reaccionar. Claude tomó los hombros del Hiroshi, acercándolo a él y unió sus labios. En un principio se congeló. No entendía la situación.

Lo estaba besando. Su amo lo estaba besando. La incertidumbre desapareció al segundo siguiente cuando respondió al beso con candor. Lo había deseado desde que sus pensamientos le habían asegurado que estaba enamorado de su amo. Pasó sus brazos sobre el cuello del otro, cerrando más el beso.

Claude simplemente no sabía que pensar. Su cuerpo lo había impulsado, ignorando su mente, a tomar los besos de su esclavo. No se imaginaba lo que Tohma le diría o lo que haría si se enterara de esto, pero simplemente pasó y no se arrepentía de ello. Ese toque sabía tan bien.

No supo que fue, probablemente el instinto, pero supo como recorrer aquella cavidad en su totalidad, jugando con la lengua de Hiroshi. Nunca había hecho algo como eso, sin embargo, parecía que en el más recóndito resquicio de su mente, aguardaba el recuerdo de lo que tenía que hacer. ¿Algún recuerdo evolutivo?

Cuando el beso terminó, se quedaron viendo, y un sonrojó invadió a Hiroshi. Claude tomó su mentón y volvió a levantarla.

—Hiro... no sé que me estás haciendo, pero en ocasiones me siento débil ante ti. —Claude lanzó una pequeña risita de resignación—. ¿Qué pensarían los demás kaizokus si me vieran hacer esto? Mostrar esta debilidad.

—Creo que eso lo hace ver más humano.
  —Salgamos a los jardines. —Hiroshi regresó de sus recuerdos para darse cuenta de que Claude estaba a diez centímetros de su rostro. Se asustó y se alejó un poco—. Tranquilo. No voy a morderte —añadió con una pequeña sonrisa.Hiro sólo asintió, se levantó y se dirigió a la puerta.No estaba muy de acuerdo en acompañarlo, pero como amo provisional, debía obedecerlo. Salieron de la mansión hacia los extensos jardines traseros. La noche ya había llegado y la luna se alzaba alta en el cielo. Llegaron hasta un llano donde en el centro se apreciaba una gran fuente rodeada de bancas de piedra.—Sentémonos allí.Claude señaló una banca frente a la fuente. Caminó hasta ella siendo seguido por Hiroshi y tomaron asiento. Ya ahí guardaron silencio por unos minutos, sólo observando la luna y el cielo surcado de estrellas, hasta que alguien decidió dar el primer paso.—Perdóname.Hiroshi volteó a ver a su antiguo amo, entornando los ojos de sorpresa al escuchar aquella palabra, tan sencilla de pronunciar, pero de un significado tan profundo que podían cambiar una vida.—Perdóname por todo lo que sucedió.—No me escuchaste...—Lo sé... y por eso te perdí...—Si me hubieras escuchado —agregó Hiroshi con dolor.—Lo sé... y eso me costó lo más valioso de mi vida. —Claude lo tomó de la barbilla y enfocó su mirada—. Me costó perderte.Hiroshi podía ver que los ojos de su antiguo amo emanaban una gran cantidad de sentimientos, siendo el mayor de ellos, un profundo arrepentimiento.—Perdóname Hiro... perdóname y regresa conmigo. *** Shuichi estaba exhausto. Después de hacerlo dos veces más, su amo se había quedado dormido. Él, del cansancio que sentía, no podía dormir. Sus ojos estaban a punto de cerrarse cuando recordó algo que hizo que su mundo se callera. Había olvidado tomar sus pastillas y ya habían pasado más de veinticuatro horas desde...

----- CHAPTER BREAK -----

«Podría ser que...».Inconscientemente, Shuichi se llevó una mano a su vientre. Habían pasado más de veinticuatro horas desde que había tomado la última pastilla, y había tenido sexo con su amo... varias veces. Las pastillas actuaban como si fueran anticonceptivos, y al no tomarlas...De tan rápido que había salido de la mansión, ni siquiera las había empacado pues las tenía Hiroshi. No quería ni pensar en lo que pudiera suceder en esa semana... tendría que tratar de mantenerse alejado de su amo por el resto de la semana... algo... prácticamente imposible... *** —Me sentí traicionado —gimió Hiro con tristeza.—Todo tiene una explicación.Hiroshi se había exaltado al escuchar eso ultimo. Para él solo había una explicación.—¿Una explicación? —El sarcasmo tiñó su voz—. ¡Qué mayor explicación podría haber que querer divertirse un poco!—Hiro, no es lo que tú crees.—¿¡¡Entonces que fue!!? —Hiroshi se levantó del asiento, al sentir su furia crecer dentro de él y se acercó a uno de los ventanales.—Hiro, tranquilízate.Claude se levantó también llegando a sus espaldas, sólo para darse cuenta de que ya había derramado algunas lágrimas.—Yo te amaba... y tú... tú me entregaste...—¡Eso no fue así!—¡Entonces que...! —Hiro se volteó, quedando frente a Claude—. ¿Entonces que fue...? Yo recuerdo todo... lo recuerdo todo...—¿Todo Hiro? —La voz de Claude se suavizó—. ¿Incluso nuestra primera vez?Entonces dentro de su llanto, Hiroshi se sonrojó. 
Sin darse cuenta del paso del tiempo, las inocentes caricias entre ambos habían continuado. Cuando estaban solos, Claude le robaba besos a Hiroshi diciéndole que era lo más dulce que había probado jamás.

Ambos se encontraban en el despacho de su amo compartiendo un beso. Claude estaba recostado en la parte de enfrente de su escritorio con Hiroshi recargado sobre él. Sus lenguas bailaban en sus bocas queriendo comerse "casi" literalmente.

Cuando el oxígeno escaseó, se separaron. Hiroshi tenía las mejillas totalmente arreboladas para el disfrute de Claude. Hiroshi recargó su cabeza sobre el pecho de su amo compartiendo su calor. Unos toques en la puerta ocasionaron que una distancia se formara entre ellos.

—¿Me llamó, amo?

El mayordomo de la mansión se anunció antes de abrir la puerta, permitiéndole a Hiroshi relajarse un poco. Aún estaban explorando esta... “relación” o lo que fuera, que parecía haber surgido entre ellos.

—Tranquilo Hiro. Sólo es Minoru... Adelante.

La puerta se abrió y Minoru entró mostrando una sonrisa al ver a su amo y al esclavo principal de éste, abrazados. Él sabía que eso podría significar el comienzo de un cambio para la raza humana. Desconocía si habría otros kaizokus en la misma situación, pero siendo su amo el kaizoku de alto rango que era, quizás podría hacer algo para liberar a la raza humana de su opresión.

—¿Solicitó mi presencia amo?

—Así es Minoru. Hiro ve a arreglarte. Vamos a ir a una exposición.

—Sí, amo.

Hiroshi se soltó del abrazo y salió por la puerta de despacho siendo seguido en todo momento por una mirada azul. La puerta se cerró y entonces Claude volvió a ver a su mayordomo quien lo veía expectante.

—Minoru.

—¿Sí?

—Quiero darle algo a Hiro y necesito que me ayudes a escoger.

El mayordomo se sorprendió. ¿Un regalo? ¿Un kaizoku quería hacerle a un esclavo un presente?

—¿Un regalo, amo?

—Sí... un regalo —repitió, volteándose y dándole la vuelta a su escritorio.

—¿Puedo saber la ocasión?

—Hace poco Hiro me dijo que se acercaba la festividad de su fecha de nacimiento.

—¿Su cumpleaños?

—Sí... así lo llamó él. Al principio no entendí, pero parece que los cumpleaños son festividades importantes para los humanos, ¿es así?

—Así es amo, pero al entrar a... "este mundo", dejamos de celebrarlos... —dijo con pesar, dando a entender que se refería a los kaizokus.

—Lo sé... por eso quiero celebrárselo pero no tengo idea de cómo... nunca he hecho algo así.

—Yo lo ayudaré amo. Hiro es un joven sencillo y no necesita muchas cosas para ser feliz —agregó con una sonrisa.

—Eso imaginé.

Minoru pudo ver como el semblante del kaizoku se dulcificaba al hablar del esclavo, algo que nunca había visto en un kaizoku. Era una visión en extremo extraña. ¿Sería acaso posible que...?

—Amo... disculpe mi imprudencia pero... ¿Usted siente algo por Hiro?

Minoru sabía que estaba tentando caminos peligrosos. Preguntarle o si quiera insinuarle a un kaizoku por algún “sentimiento” hacia un escavo podría llevarlo a una muerte segura, pero su amo no era cualquier kaizoku, de eso estaba seguro.

—¿Sentir algo? —preguntó Claude, levantando la vista y mirándolo fijamente—. ¿Cómo qué?

—¿Algún tipo de sentimiento positivo? ¿Amor quizás? —masculló Minoru, aventurándose.

Claude se quedó pensativo y elevó su vista al techo de la habitación. ¿Amor? Mitsu lo había mencionado en una de sus tantas reuniones donde seguía mostrándole videos de sus dos subordinados. Pero, ¿qué era el amor? ¿Cómo definirlo? ¿Cómo saber que lo estás sintiendo?

—Aún sigo buscando una definición exacta de esa palabra.

Minoru apreciaba mucho a su amo y comprendía que al ser un kaizoku nunca había tenido la oportunidad de desarrollar esos sentimientos por culpa de Seguchi Tohma, y ahora que se le presentaban por primera vez, estaba muy confuso.

—Amo... el amor no se entiende, se siente.

—¿Se siente?

—Así es amo. Es el sentimiento más puro que puede ser sentir una persona.

En ese momento, recordó lo que le había dicho Mitsu.

“Yo estoy seguro de que los kaizokus podemos sentirlo, pero debemos encontrar a la persona correcta”.

Claude caminó por el despacho hasta llegar a la ventana donde se podía apreciar el perfecto ocaso, un cielo rayado de haces de luz que se perfilaban entre las nubes.

—¿Cómo se puede saber si una persona está enamorada?

Minoru sonrió.

—Sólo con verla.

—¿Me veo como si estuviera enamorado?

Un silencio se instauró en el despacho. A falta de respuesta, Claude volteó a ver a su mayordomo.

—Profundamente, amo.

Un silencio se extendió en la habitación. Claude sopesando la información, aún sin poder procesarla por completo. Suspiró.

­—No entiendo que me está pasando Minoru —musitó.

—Amo... yo creo que todos los seres vivientes tienen sentimientos buenos, y no creo que los kaizokus sean la excepción.

—Nosotros nunca hemos tenido esa clase de... "sentimientos".

—¿No es un mal momento para empezar o sí?

***

Frías, crueles y llenas de kaizokus dominando a los humanos. Así eran las exposiciones, Hiroshi lo sabía muy bien. Estaba atento a todo lo que sucedía a su alrededor, como espectador de la exposición que sucedía frente a él entre el esclavo de Mitsu y el esclavo de otro kaizoku, se preguntaba si esa noche él tendría que participar.

Esa fue la primera vez que Claude puso plena atención al acto que concurría para su grupo de kaizokus, pues una duda había llegado a su mente. Todo era culpa de Mitsu y de sus insinuaciones.

¿Por qué le había dicho que lo intentara, que degustara los placeres carnales de los humanos? ¿Qué lo intentara con algún esclavo que le llamara la atención? Eso no había hecho más que acentuar un comportamiento poco conocido entre los kaizokus: la curiosidad.

Observó cómo los cuerpos frente a él se compenetraban y se entregaban mutuamente, aunque era algo diferente a las grabaciones que Mitsu le había mostrado. Algo hacía falta ahí y no sabía qué. Era lo mismo que cuando había puesto a Hiroshi a participar con alguna esclava. El comportamiento de Hiroshi al principio había sido nervioso y con algo de miedo, aunque parecía irse acostumbrando.

Pero... ¿qué era lo que hacía falta?

***

Al llegar a los jardines externos de la mansión, ya la luna se alzaba brillante y redonda en cielo. Hiroshi dormitaba frente a él en el asiento. Se había quedado más tiempo de lo normal, viendo exposición tras exposición, tratando de identificar qué era eso que había visto con los humanos que Mitsu le había mostrado.

Minoru los recibió en las puertas de la mansión y le indicó que llevara a Hiroshi a dormir y después lo viera en su despacho.

Claude tenía algunas dudas, y fue un bálsamo de tranquilidad que Minoru se presentara en su oficina pocos minutos después.

—Minoru. ¿Tú has llevado a cabo el acto sexual humano? —preguntó sentándose sobre su silla y cruzando sus manos sobre el escritorio.

Minoru abrió los ojos sorprendido y no pudo evitar que un pequeño sonrojo apareciera en sus mejillas.

—Sí... amo... —contestó con algo de pena, tratando de no bajar la mirada.

—¿Se siente bien? —agregó Claude, sin tomarle importancia al cambio de postura de su mayordomo.

—Sí, amo...

—¿Por qué?

—Po... ¿Por qué? —Minoru frunció el ceño confundido. ¿A dónde iba esto?

—Sí... ¿Por qué se siente bien?

Minoru ya sentía que se le trababan las palabras, pero, intentando entender hacia dónde iba la conversación, trató de explicarse lo mejor posible.

—Depende mucho de las circunstancias, amo. Primero hay un factor físico. En las condiciones adecuadas, en sí el acto representa placentero si se realiza bien. En segunda instancia, si hay un elemento además emocional, es placentero hacerlo con alguien hacia quien se tienen ciertos sentimientos. Esa es la diferencia entre tener sexo y hacer el amor.

—¿Amor? —¿De nuevo esa palabra? ¿Cuál era su relación con el coito?—. ¿Cómo relacionan el amor con eso? ¿Cómo pueden los esclavos de la exposición tener sentimientos entre sí si algunos es la primera vez que se ven?

—Está confundiendo las cosas, amo. —Minoru comprendió que aquello sería como explicarle a un niño—. La exposición es cosa aparte y se trata en su mayoría de puro sexo, pero en el mundo humano... el de los humanos libres —añadió en un susurro. Era doloroso decir eso—, hacer el amor significa entregarse a la otra persona en cuerpo y alma. Pertenecer en su totalidad a la persona amada. Algunas culturas lo consideran el mayor acto de entrega que puede existir.

Un breve silencio se instaló entre ellos.

¿Qué era el amor? ¿Cómo definirlo? Mitsu le había dicho que era un sentimiento positivo. Y muchas cosas más, pero aun así, no lograba terminarlo de comprender.

—¿Crees que Hiro... me ame? —preguntó, poniéndose de pie y dirigiéndose hacia el ventanal.

Minoru sonrió. Empezaba a comprender el asunto. Habría sido difícil no darse cuenta. Como su amo observaba a Hiroshi, no con malicia, ni con lujuria malsana como cualquier otro kaizoku. No. Su amo era diferente y ahora creía que empezaba a entender por qué.

—Estoy casi seguro de que así es —afirmó.

—¿Y crees que quiera hacer el amor conmigo?

Entonces a Minoru se le fue el aire. Un kaizoku... queriendo tener sexo con un esclavo... eso era impensable. ¿Qué contestar? Aunque la respuesta era obvia...

—No lo dudo amo... sólo que... sea... sutil.

—¿Sutil?

—Si amo... Hiro es... un chico muy especial y... bueno... quizás pueda sentirse cohibido por eso.

—Hasta donde sé, nunca ha practicado el sexo con un varón.

—Más aún amo. Nunca ha hecho eso.

—Yo tampoco, entonces, ¿cuál es el problema? —Minoru casi podía sentir como si una figurativa gota de sudor resbalara por su frente—. El cumpleaños de Hiro es mañana y quiero hacer el amor con él. ¿Qué puedo hacer para que acepte?

—Amo... no puede ser así... al menos no deberían de ser así —dijo Minoru con tristeza.

—¿Por qué no?

Claude comenzaba a impacientarse. Sentía algo por su esclavo y Minoru le decía que Hiroshi lo quizás amaba, lo que implicaría que tuviera sentimientos positivos hacia él, entonces, ¿cuál era el problema en querer tener sexo o hacer el amor con él el día de su cumpleaños? ¿Había alguna regla humana que lo prohibiera?

—Podría obligar a Hiro —continuó Minoru, esta vez con un tono poco amistoso—, pero no creo que lo siga amando después de eso.

—¿Entonces qué tengo que hacer?

Un kaizoku pidiéndole consejos a su mayordomo humano. Si cualquiera llegara a enterarse de esto sería la burla de toda la sociedad kaizoku, sin contar con que Tohma probablemente mandaría matar a Minoru por prestarse a eso y él mismo recibiría alguna reprimenda.

Minoru pensó un poco, imaginando la manera en que Hiroshi saliera bien parado y no lastimado de la situación. Entonces se le ocurrió,

—Hágale una cena. Que sea una cena romántica. Con velas y buen vino. Hable con él. Plantéele lo que quiere, que quiere hacer el amor con él y sobre todo, dígale lo que siente, que cree tener sentimientos por él.

Claude volteó a ver a Minoru. ¿Él tenía sentimientos por Hiroshi? Razonó un poco. Definitivamente Hiroshi no era como cualquier otro esclavo. Al lado de Hiroshi, los demás esclavos inmediatamente dejaban de tener importancia. ¿Sería cierto? ¿Qué él tuviera sentimientos por Hiroshi? ¿Qué él amara a Hiroshi?

—Prepara las cosas.

—Sí amo.

***

Hiro despertó temprano. Hoy era su décimo sexto cumpleaños. Le había hecho el comentario a su amo esperando alguna reacción suya, pero cuando este preguntó, ¿que era un cumpleaños?, abandonó toda esperanza que hubiera albergado en su pensamiento. ¿Qué había estado pensando en un inicio cuando se le había ocurrido decírselo? Era demasiado esperar que en aquel ambiente se festejaran esas cosas y menos de los esclavos, pero no importaba. Aun así, él amaba a su amo con locura.

Ahora que lo pensaba. ¿Cómo serían las cosas después? No podrían estar en esa situación para siempre. Y, a lo que sabía, los kaizokus no tenían sexo. Por una parte lo encontró deprimente. Esperaba con ansias el poder entregarse a su amo. En todo el sentido de la palabra, pero sabía que eso era imposible.

—Buenos días Hiro. —Minoru llegó con su desayuno tocando la puerta, sonriente y feliz—. Felicidades. —Dejó el desayuno en la mesa de noche y sacó de uno de sus bolsillos una pequeña caja con un moño—. Esto es para ti.

—Minoru, no te hubieras molestado.

—No es molestia, es sólo un pequeño detalle. —Hiroshi tomó la cajita y dentro se encontró un prendedor para el cabello que hizo que a Hiro se le saliera un pequeño sonrojo—. Creo que va perfecto con tu cabello.

—Gracias... ¿Dónde está el amo?

—De momento no está en la mansión. Tenía unos asuntos que resolver. —La mirada de Hiroshi se ensombreció. Esperaba poder pasar el día en compañía de su amado kaizoku, a pesar de que él no sintiera lo mismo—. Pero regresará al anochecer. Dijo que cuando regresara quería verte en su habitación.

—¿Y porqué en su habitación?

—No tengo idea —contestó, acercándose al armario y empezando a sacar ropa—. De momento, quiero que tengas un día relajante. Te preparé un baño de sales aromáticas para después del desayuno.

—¿Dijo algo antes de irse?

—No... no dijo nada...

Hiroshi puso cara de resignación. Quizás su amo tenía mucho trabajo y por eso había desaparecido tan temprano sin siquiera decirle nada. No que tuviera que avisarle sino que le hubiera gustado darle al menos un beso antes de que se fuera.

—Después de tu baño, el amo dio autorización de que me acompañes al centro a comprar unas cosas.

—¡¡Salir de la mansión!!

Hiroshi se sorprendió. Desde que había llegado a aquella mansión, no había vuelto a salir y ahora que posiblemente se le presentaba la oportunidad perfecta de escapar, ya no se le hacía tan tentador.

—Sí, siempre que uses tu collar de esclavo. Regresaremos a la hora de comida y en la tarde puedes hacer lo que quieras, pero debes de estar en su habitación a las ocho con un traje especial.

—¿Qué traje?

—Yo te lo daré más tarde.

Hiroshi desayunó mientras Minoru preparaba las sales aromáticas. Cuando hubo terminado su comida, tomó un baño en extremo relajante, dejándose llevar por los deliciosos aromas que salían del agua y se impregnaban en su piel.

El centro era un gran edificio de quince pisos con múltiples funciones, desde restaurantes —exclusivos para kaizokus ubicados en los últimos pisos—, locales de venta de ropa y accesorios con precios tan altos que sólo kaizokus y algunos humanos eran capaces de pagar y otras tiendas de conveniencia. Los primeros pisos estaban dedicados a amas de llaves, mayordomos y algunos esclavos.

Hiroshi estaba maravillado con el lugar. Nunca había ido allí, sólo había escuchado del lugar por algunos otros esclavos. Se sentía como un niño en parque de diversiones.

—Minoru, vamos al baño ―pidió después de que estuvieron unas cuantas horas caminando.

—Claro.

Dentro del sanitario vieron a un hombre sentado en el piso, recargado contra la pared, y cuando estaban a punto de salir, el hombre habló.

—Hey tú... esclavo. —Hiroshi volteó—. ¿No quieres un anillo de Kumiko?

—¿Kumiko?

Hiroshi volteó a ver a Minoru con cara de interrogación y se dio cuenta de que el mayordomo tenía el ceño fruncido.

—Vámonos Hiro.

—Pero...

—Dale una oportunidad de ser libre, mayordomo —masculló el hombre.

Minoru tomó la mano de Hiro y lo sacó del baño antes de que siguiera hablando.

—¿Qué pasa Minoru? ¿Por qué reaccionaste así? —cuestionó una vez que estuvieron lejos del lugar. Minoru aún tenía el semblante molesto.

—Hiro... ¿te sientes bien en la mansión? ¿Estás cómodo?

—¿Eh?... Bueno sí... no me quejo ¿Por qué?

—Si tuvieras la oportunidad de escapar... ¿escaparías?

¿Escapar? ¿Sí tuviera la oportunidad, escaparía? ¿Por qué Minoru le preguntaba eso? ¿Por qué ahora?

—Antes lo hubiera pensado, pero ahora... creo que no.

—El Kumiko es un material que interfiere con las ondas de radio emitidas por los anillos de los esclavos impidiendo su rastreo —Hiroshi abrió los ojos, entendiendo.

—¿Eso quiere decir qué...?

—Así es... con uno de esos anillos de Kumiko podrías evitar que rastrearan tu anillo. A pesar de no poder quitarlo por ti mismo, puedes interferir en la señal que emite.

Hiro estaba sorprendido. No creía que existieran ese tipo de dispositivos que prácticamente le aseguraban la libertad a un esclavo en caso de que pudiera escapar. Pero aún así, a como estaban las cosas actualmente, en realidad las ganas de escapar habían desaparecido.

—Minoru—

—Por favor Hiro... —masculló Minoru, volteando a verlo—. No abandones al amo... —añadió con una mueca de tristeza.

Hiro sonrió y puso una mano sobre su hombro.

—Minoru... no me iré... no ahora...

Ya más tranquilos, regresaron a la mansión. El mayordomo lo dejó en su habitación, diciéndole que tenía muchas cosas que hacer, que descansara y que a las seis regresaría por él para prepararlo.

***

—¿Estás seguro de esto Mitsu? —preguntó nuevamente Claude con algo de incertidumbre, algo extraño en los kaizokus.

—Por supuesto. Recuerda, llevo años estudiando las manifestaciones humanas, sus diversos comportamientos, los sentimientos y por supuesto, los placeres.

—¿Y tú... ya lo has hecho?

—Por supuesto...—dijo levantando una ceja, como indicando algo obvio—. Con algunos de mis esclavos y esclavas.

—¿Cómo se siente?

—No tengo palabras... creo que podría decir que es uno de los mayores placeres de la raza humana.

***

A las seis en punto de la tarde, Minoru llegó a la habitación de Hiroshi, encontrándolo sumido en una lectura.

—Es hora —anunció.

Hiroshi dejó su lectura de lado y fue con el mayordomo. Tomó otro baño de sales y cuando salió, encontró una caja roja sobre su lecho. Se enrolló una toalla y fue a sentarse a la cama colocando la caja sobre sus piernas. Encima de la caja había una pequeña nota.

“Para ti”

«¿Para mí?»

Al abrir la caja se encontró con una suave tela vaporosa, un collarín, unos motivos para los brazos y cabello, y ropa interior exquisita. Se sonrojó al ver el conjunto pues no estaba acostumbrado a utilizar "tan poco". Se empezó a vestir y cuando terminó, se miró al espejo.

Sobre su cuello descansaba un collar de oro que bajaba sobre su torso unos quince centímetros en forma de V. Tenía además, unos brazaletes sobre sus brazos. Su intimidad era cubierta por una amplia tela que se sujetada con un prendedor del lado izquierdo de su cadera.

—Hiro... el amo te espera —dijo Minoru, abriendo la puerta después de tocar y se quedó viendo al esclavo con una sonrisa—. Te ves bien.

Hiroshi se sonrojó un poco pero aun así caminó junto con Minoru hasta llegar a la puerta de la habitación de su amo.

—Suerte.

—¿Suerte? ¿Por qué?

Para cuando Hiroshi volteó, el mayordomo ya había empezado a caminar por el pasillo. Tomó una honda respiración y entró. No supo por qué se sentía nervioso cuando abrió la puerta.

La habitación estaba oscura. El suave ondular de una tela le indicó que la puerta del balcón estaba abierta, permitiendo la entrada de la ligera brisa de la noche.

—¿Amo? —Llamó esperanzadamente, sin escuchar ningún sonido o respuesta.

Se fue acercando al balcón y se sorprendió con lo que se encontró. Ahí, en el centro del balconcillo, había preparada una mesa con una exquisita cena para dos, con copas y velas. —Las mismas que había comprado Minoru en la tarde—. El mantel era de un color rojo pasión y las velas centelleaban con la ligera brisa de la noche.

Sintió una mano que se posaba sobre su abdomen, y de la sorpresa se volteó encontrando al amo de su corazón.

—¿Te gusta? —susurró su amo sobre el pabellón de su oreja.

—¿Qué es esto?

—Hoy es tu... cumpleaños. ¿No?

—Bueno si...

—Hice esto para ti.

Hiro se sonrojó. Claude tomó su barbilla y le dio un beso. Ya se había acostumbrado al candor de sentir esos suaves labios sobre los suyos. Cuando el beso se rompió, Claude tomó las manos de Hiro y lo vio a los ojos.

—Estás perfecto.

Hiro se sonrojó por el cumplido.

—Gracias.

—La cena nos espera.

Con las manos unidas, dirigió a su esclavo a la mesa y le retiró la silla para que se sentara. Hiroshi tomó asiento y vio a su amo rodear la mesa para sentarse en su respectiva silla.

—Cenemos.

Cuando iban a empezar a comer, Minoru apareció con una botella de vino. La descorchó frente a ellos y les sirvió dos copas, desapareciendo después por la puerta. Tuvieron una cena tranquila, hablando de lo que hicieron durante el transcurso del día. Hiroshi estaba nervioso, muy nervioso. No estaba seguro de cuántas libertades podría tener al hablar en una situación tan inusual como esa. Cuando la cena terminó, Claude tomó su mano y lo llevó hasta el barandal del balcón donde se apreciaba en el firmamento la blanca luna que iluminaba la noche.

—Hiro... yo...

—¿Qué sucede amo? —preguntó, instándolo a continuar al ver su indecisión, nunca había visto al kaizoku comportarse de esa manera.

—Hiro... últimamente me he sentido extraño.

—¿Extraño?

Estaba recargado sobre el barandal con su amo frente a él, sus manos reposando sobre su cintura.

—Cada vez que te veo, siento como si mi corazón saltara. Como si algo revoloteara dentro de mí estómago. Mi mente deja de razonar bien con tu simple presencia —dijo Claude, sin dejar de ver atentamente a los ojos chocolate de Hiroshi, tratando de hacerle entender su sentir—. Al principio fue muy confuso y recurrí a un colega mío que estudia la cultura humana... ¿sabes que me dijo?

—Qué... ¿qué le dijo?

—Algo que yo no creí posible... Que estoy enamorado. —Hiroshi abrió sus ojos con sorpresa. ¿Habría escuchado bien? Esto era increíble. No podía creerlo. ¿Su amor era correspondido?—. Yo nunca creí que un kaizoku pudiera tener ese tipo de sentimientos humanos. Mitsu cree que los kaizokus provenimos de los humanos. De ahí que tengamos muchas semejanzas fisiológicas. Él también cree que si nos parecemos físicamente, también podemos tener sentimientos semejantes. Lo último que me dijo fue que al igual que los humanos, los kaizokus podemos tener una persona especial en este mundo y... creo que encontré la mía...

Hiroshi se sonrojó más al momento en que sintió que sus manos eran tomadas.

—Hiro... ¿qué sientes por mí?

La respuesta era sencilla y la tenía clara desde hacía mucho tiempo.

—Yo... yo lo amo...

Claude sonrió y levantó la cara sonrojada de Hiroshi para besarlo nuevamente, entregándose ambos inmediatamente al beso. Hiroshi pasó sus brazos sobre el cuello de su amo mientras éste recorría la estrecha espalda con sus manos. Cuando el oxígeno se hizo vital, se separaron. Hiroshi se sentía muy feliz, tanto que abrazó a su amo recostando su cabeza sobre el firme pecho del kaizoku.

—Hiro... —Era el momento—. ¿Te entregarías a mí?

Hiroshi se separó sonrojándose en sobremanera tratando de aclarar sus pensamientos y rogando por haber escuchado bien.

—¿Qué?

—¿Harías el amor conmigo?

El esclavo se enfocó en los ojos de su amo tratando de leerlos, encontrándose con unas profundas orbes azules que mostraban determinación. No pudo más que sonreír, ponerse de puntas y unir sus labios en un dulce beso. Después de unos momentos, Claude los separó.

—Acompáñame.

Claude tomó su mano derecha y lo dirigió a la habitación donde los esperaba una amplia cama matrimonial con sábanas blancas. Ambos se sentaron en la cama y por unos momentos no se movieron, un silencio incómodo acompañándolos. Ninguno de los dos sabía cómo comenzar.

—¿Has hecho esto antes?... ¿Estar con un hombre? —preguntó Claude, volteando a verlo.

—No, amo.

Claude tenía en mente todas las veces que había visto hombres en las exposiciones durante el acto sexual y además le había pedido varios consejos a Mitsu que había terminado dándole una explicación completa y gráfica sobre como complacer a un hombre para no cometer ningún error.

Tomando la iniciativa, besó a Hiroshi recostándolo suavemente sobre la cama. El esclavo cayó sobre las almohadas sintiendo como su boca era devorada con ansia y hambre. El beso se rompió y Claude comenzó a bajar por la suave piel, probando y degustando de su cuello.

—Amo...

Claude recordó lo que le había dicho Mitsu unas cuantas horas antes.

«Entre los kaizokus se ha estigmatizado que tocar un esclavo es como ensuciarse las manos, pero yo creo que no es cierto, es sólo un intento de Tohma por apartarnos más de nuestros orígenes. Sintiendo lo que sientes, a tus ojos, tu esclavo será simplemente el ser más perfecto que pueda existir. Disfruta el momento y déjate llevar».

Con cuidado removió el collarín, dejando al descubierto el cuello completo de Hiroshi. Aspiró el dulce aroma que emanaba de tan suave piel, besando el cuello y bajando lentamente hasta el pecho.

«Los pezones, tanto en hombres como en mujeres, son zonas con una gran cantidad de terminales nerviosas, y por lo tanto, sensibles al tacto».

Con su lengua rodeó la areola del pezón para terminar con una mordida que hizo a Hiroshi liberar más gemidos de placer. Sus manos viajaban tocando el plano vientre, pasando por sus costados, deteniéndose en la cicatriz de su cadera. La piel en esa zona con el tiempo se había vuelto sensible, hecho que aprovechó para deleitar al esclavo con sus caricias.

—Ah...

Podía sentir el pezón de su esclavo endurecerse bajo su lengua, por lo que le dio el mismo trato al otro. Cuando sintió ambos completamente erectos, siguió bajando por el vientre hasta llegar a su intimidad cubierta por la tela del traje. Su vista se elevó hasta conectarse con la de Hiroshi pidiéndole mudo permiso para lo que seguía, obteniendo un asentimiento.

Regresó la mirada a la tela, y quitando los broches de los costados, la retiró, encontrándose la exquisita ropa interior donde claramente se hacía visible un bulto; muestra evidente de la excitación de Hiroshi.

—Amo...

Antes de que pudiera hacer otra cosa, Hiroshi se había incorporado para besarlo de nuevo y comenzar a desabrocharle la camisa. Había olvidado que aun seguía completamente vestido.

Sintiendo las pequeñas y suaves manos de Hiroshi tocar su piel cada vez que uno de los botones era liberado de su hoyuelo, sentía su excitación crecer al punto de sentir una incomodidad en su entrepierna dentro de su prisión de tela.

Quedando sólo en ropa interior, Claude volvió a acomodar a Hiro sobre las almohadas, decidido a retirar la última prenda de ropa que lo separaba de la intimidad de su amado esclavo.

Bajando lentamente la tela, el miembro de Hiroshi emergió ocasionándole un gran sonrojo al estar totalmente desnudo frente a su amo. Trató de cubrirse con sus manos, captando la atención de Claude.

—¿Qué sucede?

Hiroshi volteó a otro lado, mientras sentía su cara arder.

—Me... me da vergüenza...

Claude sonrió y subió hasta colocarse a la altura de Hiroshi.

—Hiro... —Con una de sus manos, tomó su mentón para besarlo larga y profundamente—. Eres prefecto Hiro... no te avergüences de tu cuerpo.

Claude tomó las manos de Hiroshi, alejándolas de su intimidad y bajando de nuevo, encontrándose frente al miembro erguido de Hiro.

«El miembro masculino es altamente sensible a cualquier tipo de estimulación... supongo que por como fuimos criados y a nuestro patrones de comportamiento, nunca desarrollamos la curiosidad de saber si nosotros podíamos sentir algo en ese lugar, pero la realidad es que sí podemos».

Claude tomó el miembro de Hiroshi con una de sus manos y comenzó a subir y a bajar, recorriendo su extensión. Hiroshi gimió.

—¿Se siente bien, Hiro?

—Ah... sí... amo... más... ah...

Las manos de Claude subían y bajaban por aquella extensión llegando hasta los testículos, rodándolos sobre su mano, bajando un poco más a la sensible zona de Hiroshi hasta dar ligeros toques sobre su entrada, regresando en el camino hasta el pene, instándolo a abrir más las piernas.

«Sabes... fue un gran descubrimiento la felación entre los humanos...».

Claude sacó su lengua, y acercándose, le dio una gran lamida. Hiroshi gimió sonoramente, arqueando su espalda. Ese gemido fue incentivo suficiente para que Claude se aventurara a realizar la "felación" que Mitsu se había molestado en explicarle ampliamente. Abrió su boca y con ella recibió el miembro de Hiroshi, escuchando como sus gemidos subían de intensidad.

»Amo... ah... deténgase... voy a...

Hiroshi sentía como se formaban ligeros espasmos en su bajo vientre, indicándole que el clímax se acercaba.

«He de decirte que en una ocasión llegué a probar semen y... no sabe tan mal...»

Claude aceleró sus movimientos, sintiendo los espasmos en el cuerpo de Hiroshi hasta que no pudo aguantar más y liberó su excitación directamente sobre la garganta de su amo. Con terror se dio cuenta segundos después de lo que había hecho. Trató de incorporarse rápidamente sólo para ver como su amo se estaba lamiendo sus labios.

—Lo siento amo... yo—

Sus labios se vieron sorpresivamente apresados por los de su amo, compartiendo el sabor de su esencia, haciendo del beso largo y hambriento.

—Amo... por favor...

Hiro estaba impaciente por sentirse completamente de Claude Winchester. Impaciente por sentirlo moviéndose dentro de él. Claude sonrió al escuchar su voz gimiente y ansiosa y volvió a bajar.

«Asegúrate de que esté bien preparado y lubricado si no quieres que sufra y después no quiera volver a repetirlo».

Alargó su mano hasta la mesa de noche a lado de su cama, del primer cajón sacó una pequeña botella de cristal y vertió un poco de su contenido en su mano.                                Un dedo entró en aquella intocada cavidad, sacando un gemido de pequeña incomodidad en Hiroshi. Lo movió en círculos un poco distendiendo el lugar, entonces introdujo un segundo, moviéndolos en círculos y haciendo tijeras, tratando de acostumbrarlo. Finalmente un tercer dedo acompañó a los otros dos moviéndose libremente. Hiroshi se ahogaba en gemidos, se sentía extraño e incómodo, con un poco de dolor.

Cuando los gemidos de incomodidad se fueron reduciendo, Claude supo que había llegado el momento decisivo. Retiró su mano sacando otro gemido de Hiroshi y lo miró fijamente.

—¿Estás listo?

—Sí...

Claude se acomodó tomando su erección, dirigiéndola a la pequeña entrada y empujó hasta que estuvo totalmente dentro. Al segundo siguiente sintió como si todo le diera vueltas. La sensación de calidez dentro de Hiroshi era apabullante. Al mismo tiempo sintió como el cuerpo bajo él se tensaba, y al levantar la vista, vio como unas cuantas lágrimas cristalinas resbalaban por las blancas mejillas de Hiroshi.

—Hiro...

—Amo... duele...

Hiroshi trataba de soportar el dolor. Estaba consciente que habría dolor, y aunque su amo se había esforzado en prepararlo, las betas del dolor seguían latentes. Sintió como Claude lamía sus mejillas recogiendo los rastros de lágrimas, para después besarlo de nuevo.

—¿Estás bien?

Como respuesta, Hiro movió su cadera haciendo la excitación de su amo llegar más profundo. Claude sintió como su miembro era rosado por aquella cálida cavidad y sin esperar, empezó a moverse. El vaivén de los cuerpos empezó entregándose plenamente en cuerpo y alma.

—Ah... amo...

—Hiro... eres tan... ahh...

Claude sintió como oleadas de placer se arremolinaban en su vientre conforme aceleraba las embestidas, al mismo tiempo que Hiroshi gemía más. Aquello era increíble. ¿Eso era hacer el amor?

Hiroshi extendió sus manos para atrapar el cuello de su amo y acercarlo a él, concertando un profundo beso, mientras el orgasmo se acercaba.

—Ah... amo... más...

—Hiro...

Las embestidas del kaizoku eran cada vez más certeras atinando en cada embate al punto de mayor placer de Hiroshi. El final se acercaba, las embestidas se volvieron erráticas anunciando la culminación del acto.

—Amo... ya no puedo... más...

—Hiro... juntos...

Claude tomó el miembro de Hiroshi para estimularlo al ritmo de los embates logrando venirse al mismo tiempo que él. Sus respiraciones estaban aceleradas. Claude salió lentamente, acostándose a su lado mientras este trataba de regular su respiración.

—Te amo Hiro...

¿Eso era hacer el amor? Era la experiencia más arrolladora que había experimentado en toda su vida.
 —Recuerdo perfectamente cómo te entregaste a mí esa noche, y muchas noches después de esa —dijo Claude, aferrándose al presente.—Eso ya es pasado. Pasado que tú destruiste.—Pero no fue mi culpa.—¡Tú confiaste en esos hombres a pesar de que yo te dije que algo estaba mal! —gritó Hiroshi, sintiendo como los ojos le picaban de las lágrimas contenidas.—Pero Hiro...—Recuerdas cuando te lo dije la primera vez que los vi... 
A tres años de ser esclavo de Claude, ambos seguían igual de enamorados que cuando consumaron su relación. A estas alturas, ya varios kaizokus se habían enterado de su relación, incluyendo al gran Tohma, quien, influenciado por Eiri, les dio su autorización, siempre y cuando mantuvieran esa relación en privado. No entendía cómo podía degradarse a sí mismo a tocar a un esclavo.

Ese pequeño rumor había sido el parteaguas para que poco a poco, ciertos kaizokus fueran “cayendo” en la tentación, difundiéndose la práctica entre la población kaizoku, siendo estos llamados los "caídos".

Ambos se encontraban en el despacho de Claude, besándose con candor. El comunicador sonó logrando ambos escuchar la voz de Minoru.

—Amo, su invitado acaba de llegar.

—Pásalo al recibidor Minoru, en seguida bajamos —indicó Claude, rompiendo el beso.

—¿Invitado? —preguntó Hiroshi cuando el mayordomo cortó la comunicación.

—Así es Hiro. Un colega acaba de llegar a la ciudad y quiero presentártelo. Acompáñame.

Después de un último beso, ambos salieron de despacho bajando las escaleras hasta llegar al recibidor donde un kaizoku de ojos verdes y cabellos castaños muy claros los esperaba.

—Tiempo sin verte, Claude.

—Mucho tiempo fuera, Kaho.

Hiroshi observó al kaizoku estrechar la mano de su amo, y al darse cuenta de su presencia, le dirigió una mirada que no auguraba nada bueno.

—¿Esclavo nuevo? —preguntó Kaho, recorriendo el cuerpo de Hiroshi con la mirada y haciéndolo sentirse incómodo—. Perfecto ejemplar el que tienes Claude, ¿ya lo probaste?

Hiroshi se sonrojó y bajó la mirada al sentir una mirada penetrante e insistente sobre su cuerpo.

—Esos son asuntos privados Kaho.

—Vamos Claude, no te gustaría jugar un poco con él.
 —Desde ese momento yo te había dicho que no confiaba en él. Que me miraba raro... ¡Pero tú siempre decías que eran ideas mías!Hiroshi presionó sus manos en el barandal de su habitación, viendo las amplias tierras que pertenecían a su amo. Claude se mantenía a sus espaldas a un metro de distancia.—Yo nunca te ignoré Hiro, fue por eso que hice esa promesa con Eiri... 
Claude se presentó en la mansión Uesugi un lunes por la mañana sin avisar. Un comportamiento extraño para un kaizoku, sin embargo, no quería aplazar más su decisión. Eiri lo recibió en su despacho.

—¿A qué se debe tu presencia sin previo aviso? —preguntó Eiri invitándolo a sentarse con un ademán y pidiéndole bebidas a su mayordomo.

—Hay algo que deseo pedirte Eiri, y sin importar lo extraño de mi petición, espero que pueda tomarla con toda la seriedad posible.

Eiri asintió, indicándole a su mayordomo que los dejara solos una vez que hubo servido las bebidas.

—¿Cuál es tu petición? —preguntó, sosteniendo su copa en su mano derecha y dándole un trago.

—Que si alguna vez Hiro necesita ayuda o protección, inclusive de mí... se la brindes.

A Eiri le pareció extraña esa petición. Más aún porque era a favor de un simple esclavo, sin embargo, no puso pretextos y aceptó cumplir una promesa.

—Eso no evitó que pasara lo que pasó. ¡Y más aún, lo invitaste a una cena de cortesía a la mansión por más que te rogué que no lo hicieras! —gritó Hiroshi. Las lágrimas corrían sin parar por sus mejillas.—¡Necesitaba cerrar un último trato para que él dejara la ciudad! ¡¡Acaso crees que no me di cuenta de cómo te miraba!! —Eso no lo sabía. Hiroshi se volteó hasta juntar sus ojos con los profundos mares de su antiguo amo—. Por favor Hiro... déjame contarte cómo sucedió todo... y si después de eso aun así no puedes creerme... te dejaré en paz... —dijo Claude, una mueca de profundo dolor en su rostro.Hiroshi bajó la mirada, rendido ante la insistencia de Claude y asintiendo a su petición.

La última firma del contrato se haría el segundo día de la cena de cortesía en casa de Kaho. Hiroshi había estado algo nervioso porque el día anterior, Kaho no le había quitado los ojos de encima. Ese día llevaba un conjunto de dos piezas compuesto por un short y un top unido a un collarín tipo haltera. Sencillo pero elegante.

Cuando la cena comenzó, y los esclavos salieron del comedor, Kaho volteó a ver a su invitado, una mueca de autosuficiencia en su rostro.

—Vamos Claude. ¿Cuándo me dejarás jugar con ese esclavo tuyo? Yo podría prestarte uno de los míos.

—Ya te he dicho que no Kaho —contestó Claude seriamente dando un trago a su bebida—, no sé porqué sigues insistiendo tanto.

—Tengo muy buenos esclavos que podrían satisfacerte Claude, sólo te pido el tuyo una sola noche.

—Olvídalo Kaho, no insistas pues no cederé en eso.

Kaho puso cara de fastidio ¿Por qué tan reticente a prestarle un esclavo? Eran simples objetos de placer. Vamos, incluso si se rompía podría regalarle otro. Con el ceño fruncido procedió a firmar los documentos de Claude y Kaho le hizo una señal a uno de sus sirvientes quien inmediatamente trajo dos copas y una botella de licor.

—Te invito un trago de algo un poco más fuerte, Claude.

—No acostumbro tomar bebidas embriagantes, Kaho.

—Vamos Claude, me voy de la ciudad y no sé cuándo regresaré. Un brindis.

Claude no pudo negarse y aceptó una copa. Segundos después de darle el primer trago a la bebida se sintió un poco mareado. Kaho lo observó atentamente. Con el pasar de los minutos, los movimientos de Claude se fueron haciendo más lentos y menos gráciles. Su mirada se perdía en el fondo de la habitación. Sonrió maliciosamente.

—Bien es hora de jugar. —Con un ademán llamó al mayordomo—. Que los esclavos regresen.

Hiroshi y el esclavo de Kaho, un joven llamado Taku, regresaron al salón tomando asiento en sus respectivos cojines.

—Entonces, ¿cuál es tu respuesta? —comentó Kaho dándole vueltas al líquido en su copa—. ¿Quieres jugar?

Claude estaba mareado. Escuchaba la voz de Kaho lenta, distorsionada y lejana. ¿Qué le habría preguntado?

—Sí.

—¿Cambiamos esclavos?

—Sí —repitió.

Hiroshi palideció. ¿Intercambiar esclavos? ¿Iba a suceder lo que creía que iba a suceder? Empezó a hiperventilar al ver a Kaho acercarse, y cómo lo tomaba de las manos con fuerza. ¿En verdad Claude había accedido a esto?

—Ahora veremos porqué Claude es tan resistente a prestarte a otros. Algo especial debes de tener. —Kaho volteó a ver a Claude que seguía sentado en su sillón—. Puedes hacer lo que quieras con mi esclavo Claude.

Todo pasó muy rápido, y para cuando se dio cuenta, se encontró totalmente desnudo sobre un diván, y el kaizoku le había dado una fuerte embestida, haciéndolo sangrar y gemir de dolor.

—Amo... —llamó, sintiendo que las fuerzas le fallaban y el llanto lo corrompía.

Al voltear, pudo ver a su amo, sentado en uno de los sillones, con la mirada perdida y un esclavo moviéndose sobre él.

—¿Porqué...? —gimió con dolor, sintiendo como los embates del kaizoku hacían estragos en su cuerpo—. Amo...

Hiroshi derramaba lágrimas de amargura al recordar lo que había sucedido esa fatídica noche. Como quedó terriblemente lastimado después de que ese kaizoku hizo lo que quiso con su cuerpo mientras su amo disfrutaba de otro. Recordaba que pasó la noche en aquel lugar, y al despertar en el piso del salón, semidesnudo y lleno de fluidos propios y ajenos, vio a su amo recostado en un sofá, con el cuerpo de Taku sobre él, y abrazándolo.No pudo más con el dolor en su corazón y huyó de aquel lugar. Los sirvientes no pudieron detenerlo. Corrió todo lo que sus adoloridas piernas podían, soportando la letanía del dolor en su espalda baja. Llegó a la mansión, gritando por Minoru quien llegó alarmado por los sollozos de Hiroshi.

—Por favor Minoru...
Ayúdame a escapar... necesito irme de aquí —gritó entre sollozos.

—¡¡Pero qué pasó Hiro!! ¿Por qué vienes así?

—Te contaré después, pero te lo ruego, no puedo pasar ni un minuto más en este lugar, quiero irme antes de que él llegue.
 Minoru le había regalado un anillo de Kumiko que él había conseguido hacía mucho tiempo, y actuando rápidamente, Hiro se bañó, tomó unas cuantas de sus ropas y salió de la mansión con un rumbo fijo: la casa de Eiri Uesugi. Le había contado todo lo sucedido y le rogó que no le permitiera a su amo acercarse a él nunca más. Uesugi había escuchado atentamente, y cumpliendo la promesa a Claude, protegió a Hiroshi de su mismo amo, no permitiendo saber de su existencia.Lo había regresado a su hogar en los suburbios aunque Hiroshi había regresado casi dos años después pidiéndole trabajo. No fue sino hasta la primera exposición de Shuichi que Claude lo había vuelto a ver.—Ese día, al despertar y no verte, salí corriendo de ahí odiando a Kaho con toda mi alma por no encontrarte. Cuando llegué a la mansión, me dijo Minoru que habías huido y no había podido retenerte. Cuando traté de localizarte por tu anillo... nunca te encontré. —Claude hablaba con profunda tristeza, recordando el vacío que sintió por haber perdido a su amado—. Sin entender lo que me había sucedido, esa misma tarde fui a hacerme unos exámenes de sangre, y los técnicos encontraron un compuesto llamado masoko en mi torrente sanguíneo. ¿Sabes lo que es? —Hiro asintió, aun derramando lágrimas—. El masoko hizo que perdiera la consciencia, actuando a conveniencia de Kaho. Si hubiera estado en mis cabales te juro que él nunca te hubiera puesto un dedo encima. —Claude acortó la distancia entre ellos—, pero eso ya no importa ahora. Kaho está muerto.—¡¿Muerto?! —Hiroshi casi gritó de la impresión, levantando la mirada.—Así es... esa misma noche yo tomé su vida entre mis manos... El masoko es ilegal entre kaizokus así que Eiri me ayudó a convencer a Tohma que lo hice por defender mi honor. —Claude se acercó a Hiro, tomándolo de sus hombros y acercándolo a su cuerpo—. Por favor Hiro... tienes que creerme... es la verdad.—Me... me es difícil... creer lo que dices...En verdad era difícil. ¿En realidad había pasado cuatro años viviendo en una mentira? ¿Podría perdonarle todo el dolor que le había hecho pasar? ¿El ser engañado, tomado contra su voluntad y abandonado en el piso de una mansión? Dolía. Dolía mucho.Claude observó a Hiroshi, sus brazos rodeando su cuerpo y las lágrimas surcando sus mejillas. ¿En realidad habría sido tanto el dolor como para no poder perdonarlo por algo que él no cometió en realidad? ¿Ese sería su destino? ¿No poder estar más con Hiroshi porque la sombra de Kaho siempre estaría sobre ellos?Suspiró. Si Hiroshi no le creía ahora que la verdad se cernía desnuda entre ellos, entonces jamás lo haría. ¿Era esto lo que Mitsu en alguna vez había llamado “sufrir por amor”? Tragó hondo viendo la falta de respuesta de Hiroshi. Si este era su destino, no lo quería, pero tampoco quería forzar a Hiroshi. Ahora lo entendía. Estaba devastado.Reuniendo todas sus fuerzas y tratando de ignorar el fuerte dolor en su pecho que amenazaba con dejarlo sin respirar, bajó los brazos, soltando a Hiroshi y poniendo distancia entre ellos.—Entiendo Hiro... lamento... todo lo que pasó... espero que... seas feliz...Claude se alejó de Hiroshi y se acercó a la puerta de la habitación. Le diría a algún esclavo que recogiera sus cosas y se iría cuanto antes, lo mejor era irse de nuevo de la ciudad. No soportaría estar en el mismo lugar que la persona más importante para él sabiendo que no podría volver a tenerlo jamás.—Le diré a Eiri que regresaré a mi mansión —musitó, llegando a la puerta de la habitación pero sin voltear a verlo—. No te preocupes... no volveré a molestarte... jamás...Hiroshi observó la silueta de su antiguo amo desaparecer por la puerta y esta se cerró, dejándolo sumido en la oscuridad de la noche, solo iluminado levemente por los rayos de luna que entraban por la ventana.Pensamientos comenzaron a revolotear por su mente a toda velocidad en cuanto había escuchado el cerrojo de la puerta al cerrarse.«Se va... se va... No volverá a molestarme... quiere decir que... nunca lo volveré a ver... nunca más... lo volveré a ver...».Como una revelación, todas sus dudas desaparecieron en el mismo instante de tiempo. Cuatro años sin él habían sido un completo suplicio, una daga constante en su corazón, clavándose más profundamente con cada pensamiento que le dedicaba al kaizoku, y el solo pensar que quizás no lo volvería a ver en toda su vida había hecho que esa daga prácticamente atravesara su corazón.Con todas las fuerzas que sus piernas se lo permitieron, corrió a la puerta de la habitación y la abrió, asomándose hacia ambos lados del pasillo e identificando la silueta del kaizoku avanzar por el pasillo a su derecha, casi llegando al final del corredor. Corrió como alma que lleva el diablo, apresándolo por la espalda y ocasionando que trastabillara pero sin lograr tirarlo.—¡No! Por favor... —dijo entre sollozos—. Por favor, no te vayas... te perdono... pero no te vayas... no te vayas... no me dejes solo de nuevo... no lo soportaría.Claude se sorprendió al sentir el fuerte abrazo sobre su cintura, y al voltear, Hiroshi se abrazó a su pecho con fuerza sintiendo inmediatamente la humedad de sus lágrimas sobre su camisa. ¿Había escuchado bien? ¿Hiroshi le estaba pidiendo que se quedara? Se sintió tan feliz que abrazó a Hiroshi con fuerza.Estuvieron abrazados varios minutos hasta que Hiroshi dejó de sollozar. Se separaron un poco y Claude atrapó sus labios. Tanto tiempo sin probar esos labios que ahora le sabían a puro éxtasis.—Te amo Hiro... —musitó sobre sus labios.—Yo también... amo...

----- CHAPTER BREAK -----

—Yo también... amo...Hiroshi se aferraba al pecho de Claude llorando amargamente. Muchas noches había derramado lágrimas por haberse alejado de su amo, pensando que había jugado con él y ahora que todo estaba claro, no quería volver a separarse de él, jamás.Claude rodeó su cuerpo con sus brazos, juntándolo más a su pecho, sosteniéndolo. Claude sentía que su corazón saltaba de gozo. Poder estrechar de nuevo el exquisito cuerpo de Hiroshi contra el suyo y sentir su cálida presencia no tenía precio.La luna ya se había elevado muy alta en el cielo, anunciando que ya la noche estaba muy avanzada. No supo en qué momento Hiroshi se quedó dormido, pero lo cargó con cuidado, sintiendo como Hiro se aferraba a su pecho, suspirando en descanso. Llegó a la habitación de Hiroshi y lo acostó sobre la cama. Se metió a la cama, y abrazando a Hiroshi, se quedó dormido. *** —Ah... Ryu...Tatsuha estaba recostado en su cama mientras que Ryuichi se movía vigorosamente sobre él. Tatsuha sostenía sus caderas con poderío, dejando marcas que después seguramente se convertirían en oscuros cardenales.Era ya la tercera ronda de la avanzada noche y el cuerpo de Tatsuha parecía no tener límite ni poder llegar a la saciedad. Ryuichi se deshacía en gemidos. Estaba en una fase en la que el dolor había desaparecido y sólo quedaba el placer.Con una fuerte y profunda arremetida, Tatsuha llegó al clímax dentro de su cuerpo, al mismo tiempo que arqueaba su espalda en un ángulo casi imposible, liberando su simiente.Lentamente Ryuichi se levantó, liberando el miembro flácido de Tatsuha, y se acostó a su lado guardando una distancia, respirando copiosamente y, esperando que al menos por esa noche su amo tuviera suficiente. Y parecía que así fue, pues a los pocos minutos Tatsuha se quedó dormido.Por unos minutos se quedó viendo el impasible rostro del kaizoku, respirando acompasadamente, muestra de su sueño profundo. Debía admitir que era un individuo extremadamente guapo. Liberó un suspiro silencioso de resignación.No sabía exactamente en qué momento se enamoró, pero suponía que todo comenzó la primera vez en que Tatsuha lo tomó en más de una ocasión, aquella vez en que Tatsuha literalmente echó a Takako de la habitación y lo tomó. Esa noche Tatsuha había caído dormido muy temprano y Ryuichi estaba física y mentalmente tan agotado que no se pudo levantar para regresar a su habitación.A la mañana siguiente, cuando Ryuichi despertó, se vio apresado por unos fuertes brazos y al levantar la vista se encontró con el rostro relajado y dormido de su amo. Se veía tan pacífico y tranquilo, en contraste con el usual rostro de lujuria y maldad que siempre traía consigo al estar cerca de él y que era indicio de su deseo.Era la primera vez que alguien —a excepción de Shuichi—, lo abrazaba con tanto candor, con tanta calidez. No quería que esa sensación terminara. Con cuidado, acostó su cabeza sobre el pecho desnudo y volvió a dormirse, después de todo, aún era muy temprano.Sobra decir que horas después, cuando Tatsuha despertó, casi lo tiró de la cama, aunque después de eso, volvió a tomarlo. A partir de ahí, a Tatsuha parecía no importarle el que Ryuichi durmiera en su cama, hasta parecía aprovechar ese hecho para poder tener sexo con él a primera hora de la mañana.Dicen que cuando el corazón elige, no hay nada que hacer. Ryuichi se había dado cuenta de eso perfectamente. Su corazón se había cansado de luchar, cediendo a la constante presencia de su amo en su vida y en su cuerpo. Para qué negarlo, hacía tiempo que había encontrado el gran placer del sexo a pesar del dolor inicial y de las ocasiones en que sólo había dolor.Parecía que se había convertido en una víctima más del Síndrome de Estocolmo. Una víctima destinada al más cruel de los sufrimientos: el no poder obtener el amor en reciprocidad por parte de su captor ni siquiera en la más remota oportunidad.Sintió el cuerpo a su lado moverse lentamente, reptando sobre su cuerpo. Seguramente Tatsuha se había despertado listo para una sesión nocturna. Sintió como sus piernas eran abiertas con un solo movimiento y sus manos eran apresadas sobre su cabeza.—Sabes... mi hermano me llamó en la mañana... se fue junto con tu amigo a nuestra casa de playa... sería divertido hacerles una visita.Al segundo siguiente sintió como el grueso miembro de Tatsuha se adentraba en él con fuerza. Oleadas de dolor y placer lo embargaron, haciéndolo derramar lágrimas. Tendría que guardarse sus sentimientos para siempre. *** JuevesShuichi se despertó muy temprano esa mañana y al ver a su amo profundamente dormido, decidió salir de la cama antes de que su amo quisiera un poco de acción pre-desayuno. Como se le habían olvidado las pastillas, trataría de alejarse lo más posible de su amo, mantener sus manos lejos de su cuerpo, al menos hasta que regresaran a la mansión y pudiera recomenzar su tratamiento.Salió de la cama y se metió a bañar. Aún era temprano, los rayos de sol entraban tímidamente por las ventanas de la ducha. Aprovechó para darse un largo y tranquilizador baño que su cuerpo tanto aclamaba. Cuando salió, se alegró de ver a su amo aún dormido.«No creo que se moleste mucho si salgo a explorar un poco».Shuichi salió sigilosamente de la habitación cerrando la puerta cuidadosamente, tratando de no hacer ruido. Salió al pasillo y empezó a caminar. A pesar de ser una simple casa de playa, ésta era muy grande y era muy fácil perderse. Esa mañana estaba usando un top sin mangas y unos shorts cortos a medio muslo. Ya se estaba acostumbrando a ese tipo de ropa. Encontró las escaleras que daban al primer piso del vestíbulo hasta dar finalmente con las grandes puertas de la entrada principal. Cuando salió, los rayos de sol acariciaron su rostro mostrándole un maravilloso paisaje. Al llegar el día anterior, no había podido ver nada, su amo inmediatamente lo había encerrado en la habitación y se la habían pasado ocupados.Era una playa hermosa, con aguas claras y someras, arena blanca y palmas por doquier. El mar era precioso. En su vida lo había visto y ahora se daba cuenta de lo que en su corta vida se había perdido. Corrió descalzándose los pies hasta que éstos tocaron el agua, dándose cuenta de que estaba fría debido al sereno de la mañana. Se quedó parado en la orilla, sintiendo como el agua hacía que sus pies se hundieran en la arena.Desafortunadamente no sabía nadar en ese tipo de aguas. No era lo mismo flotar en una alberca, donde el agua está confinada y eternamente en calma, a estar en un lugar de área incalculable con olas rompiendo en la playa y sin nadie cerca que pudiera rescatarlo por lo que decidió quedarse allí, sólo sintiendo los ríos de agua recorriendo sus pies. *** Ryuichi abrió sus ojos y se despertó como los últimos días. Sólo, cansado, agotado y adolorido. Sobra decir la razón. La puerta de la habitación se abrió mostrando al ama de llaves de la mansión cargando una bandeja con el desayuno.—¿Por qué haces esto? El amo Tatsuha se va a enojar si descubre que me trajiste el desayuno a "su" cama.—No te preocupes, el amo Tatsuha no está.Lentamente, Ryuichi se incorporó, sentándose sobre la cama y tratando de cubrir un poco su cuerpo mapeado con moretones.—¿No está? ¿A dónde fue?—Esta mañana me dijo que irían a la casa de verano de los Uesugi a pasar el resto de la semana y me pidió que preparara todo mientras él iba a arreglar unos asuntos.Ahora que Ryuichi hacía memoria, su amo, la noche anterior, le había comentado algo al respecto.—Voy... ¿vamos a la playa?—Sí.Noriko sonrió al acertar en sus pensamientos. Seguramente alguien del status de Ryuichi nunca había podido ir a la playa, un pequeño lujo que no cualquiera se podía dar, además de que quedaba a tres horas de viaje de la ciudad y la mayor parte estaba reservada por casas de playa de kaizokus.—Desayuna tranquilo y después báñate mientras termino las maletas. Partirán al mediodía.Noriko salió de la habitación dejando a Ryuichi descansar y desayunar a gusto. Cuando terminó, dejó todos los platos sobre la bandeja, y ésta sobre la mesa de noche, para que cuando vinieran los sirvientes a asear la habitación —quizás viniera Noriko—, se la pudieran llevar.Se levantó despacio, resintiendo aún la noche de pasión desenfrenada —que más bien sería lujuria mal contenida—, y buscó sus ropas que la noche anterior habían sido casi arrancadas de su cuerpo, encontrándolas abandonadas en una esquina de la habitación. Las recogió y se puso lo que pudo, sólo para cubrirse sus partes íntimas, y salió del cuarto en dirección a su habitación. El reloj de su mesa de noche le mostró que ya eran cerca de las diez de la mañana. En verdad se había levantado tarde. Entró a la ducha y comenzó a bañarse. *** —¡¡¡¿Cómo se te ocurre hacer eso?!!!Eiri puso cara de hastío. Hubiera sido mejor no contestar el teléfono, y ahora tenía a Tohma gritándole y preguntándole la razón por la cual había desaparecido de la ciudad tan tempestivamente.—¡No puedes salir de la ciudad sin avisarme Eiri!¿Qué acaso era un kaizoku joven que necesitaba cuidados especializados? Sus padres ya estaban muertos y él era un kaizoku adulto capaz de depender de sí mismo. ¿Por qué Tohma insistía en querer saber cada uno de sus movimientos?—Estoy en la casa de playa Tohma, no estoy tan lejos.—Aún así Eiri, tengo que saberlo. ¿Quién se quedó en la mansión?—Hiroshi está a cargo, además K está con él.—¿Winchester? —El tono de Tohma se mostró sorprendido, algo muy raro en él.—Sí, él. ¿Algún problema?—Por supuesto que no. Tu hermano Tatsuha ha venido a verme. En seguida te llamo.Eiri sólo terminó la comunicación. Esas conversaciones le desesperaban. Dejó el artefacto en su lugar y su vista se enfocó al otro lado de la cama, que en esos momentos se encontraba vacío. Suspiró.
«Ahora donde se metió ese mocoso».
Estaba a punto de levantarse de la cama cuando el teléfono volvió a sonar.—Acaba de decirme Tatsuha que al mediodía partirá hacia allá a pasar el fin de semana. Recuerden mantener sus... “actividades” —musitó en un tono de hastío—, lo más cautelosas posibles. No podemos permitir que otros kaizokus se enteren de ese comportamiento Eiri.—¿Por qué? —preguntó en tono serio—. ¿Alguna consecuencia?—No juegues conmigo Eiri. —La voz de Tohma se volvió seria y profunda—. Cuando regreses, ven a verme. Recuerda que los exámenes a tu esclavo y de Ryuichi aún están pendientes.—Lo sé. No tienes que recordármelo. Aunque la idea no me agrada mucho.—Es protocolario Eiri.—Aún así...Eiri ya había visto los exámenes de reconocimiento que les practicaban a los nuevos esclavos, y no eran nada agradables. A los que nunca habían tenido actividad sexual, sólo se les aplicaban exámenes de sangre y de orina, sin embargo, a los que no, además del examen de sangre y de orina, hacían exámenes de sensibilidad y respuesta a estímulos. Los estimulaban sexualmente, midiendo la intensidad de respuesta, con la finalidad de saber si valdrían la pena para las exposiciones. Eran métodos poco ortodoxos y haciendo introspección, no le gustaría ver a Shuichi bajo esos tratamientos. Por unos segundos se sorprendió de pensar eso.
«No quisiera ver a Shuichi así... siendo tocado por otras manos...».
Se aclaró la mente de esos pensamientos y volvió a contestar.—Ya veré cuando regrese.—Eiri —Tohma bufó al escuchar como la llamada se cortaba y desistió de llamar de nuevo porque sabía que Eiri no iba a contestar—. Pronto Eiri... prontoEiri colgó el teléfono y se sentó en la cama, bajando los pies hasta tocar el piso. Le quedaban cuatro días libres de trabajo que pensaba aprovechar "muy" bien. Se levantó y se dirigió al baño a ducharse, dispuesto a salir después a buscar a su escurridizo esclavo. *** Abrió lentamente sus ojos, sintiendo un suave pero firme abrazo alrededor de su cintura. Levantó la vista hasta enfocarse en unos mares que lo veían fijamente.—Hola.Claude le sonrió. Había despertado hacía unos minutos pero no había querido despertarlo pues se veía tan tranquilo durmiendo que se le hacía una crueldad sacarlo del mundo de los sueños.Hiroshi entonces se dio cuenta que estaba plácidamente recostado sobre el amplio y desnudo pecho de Claude, sonrojándose al instante y apartándose con sus manos, sin lograrlo por completo pues el abrazo aún se cernía sobre su cintura.—¿Qué sucede? —preguntó Claude al sentirse súbitamente separado de la cálida presencia de Hiroshi. Antes de que pudiera alejarse más, afianzó el abrazo sobre la delgada cintura, impidiéndole hacerlo.—Yo... yo...Hiroshi estaba nervioso. Había pasado muchas cosas entre ellos y ahora, volver a estar entre esos conocidos brazos, le parecía aún un sueño. Claude lo observó atentamente, sin estar seguro de que pudiera identificar la razón de su nerviosismo.—Hiro... tú has... ¿Has estado con alguien más... después de lo de nosotros?Hiro se sonrojó furiosamente y bajó la mirada para seguidamente negar con su cabeza. Cómo decirle que después de su separación, no había podido acercarse a otro candor humano porque tenía sentimientos de culpa de estarlo engañando, a pesar de lo que había sucedido.Claude sintió que su pecho se llenaba de gozo al saber que ninguna otra alma había tocado el cuerpo de su amado, ningunas otras manos había tocado su suave piel ni se habían deleitado con sus musicales gemidos. Se acercó a él y le plantó un beso inocente en la frente.—Tranquilo Hiro. Esperé cuatro años para volver a sentirte entre mis brazos y ahora que estás conmigo no pienso dejarte ir.—Pero yo——Shhh... —susurró, callándolo—. No hay prisa... tenemos toda la vida por delante. —Hiroshi sonrió y se volvió a pegar al pecho desnudo del rubio pasando sus brazos hacia la espalda sintiendo su calor—. Duerme un poco más. Aún es temprano.—Sí.Se acomodaron en la cama y volvieron a caer en los brazos de Morfeo, entregándose a un sueño que estaba a punto de volverse realidad.
«Me ama... en verdad me ama».
 *** —Ah...Tatsuha y Ryuichi iban en camino a la casa de playa de los Uesugi. Ryuichi se encontraba hincado sobre el piso del vehículo, dándole una felación a su amo. Recorría el miembro enhiesto de Tatsuha, dando lamidas por los costados, bajando hasta los testículos. Chupaba y mordía ligeramente el escroto, sólo lo suficiente para mandarle corrientes de placer a su amo.Estando al tanto de sus sentimientos, ahora Ryuichi hacía todo lo posible por darle el mayor placer posible a su amo que su inferior cuerpo pudiera otorgarle. Viviendo una vida donde nunca sería correspondido, por lo menos, siempre que su amo lo quisiera, se entregaría en cuerpo y alma.Volvió a subir lamiendo hasta la punta para después tomar todo lo posible en su boca. Relajó la garganta y los músculos de sus mejillas para darle más espacio. Empezó a bombear, entrecerrando su boca para rozar con sus dientes la sensible piel.Sintió como unas manos se posaban sobre su cabeza presionándola y aumentando el ritmo, anunciándole que su amo estaba a punto de venirse. Tatsuha trataba de controlar sus gemidos, pero la cálida cavidad que se movía sobre su pene lo volvía loco. Tenía que admitir que en los últimos días su esclavo había mejorado en sus técnicas.Con un gemido ahogado, se corrió abundantemente en la boca de Ryuichi quien tragó con hambre aquel néctar hasta que los pequeños espasmos en el cuerpo de su amo menguaron.—Ven acá. —Tatsuha jaló a Ryuichi y lo atrajo hacia su cuerpo haciendo que se sentara sobre su regazo, con las piernas abiertas hacia los costados. Tenía una perfecta vista del excitado miembro de su esclavo—. Hora de jugar *** Eiri ya estaba desesperado. Había buscado en casi toda la casa, preguntando a los sirvientes y no podía encontrar a su esclavo. Había dejado el transmisor en la mansión por lo que no podía usar el anillo para localizarlo. Decidió salir de la casa hacia la playa y ahí lo vio. Shuichi estaba sentado sobre la arena, sus piernas recogidas en su pecho y la cabeza recargada sobre sus rodillas. El viento mecía sus cabellos en una suave caricia mientras los rayos del sol caían como ríos de luz sobre su piel, bañándolo por completo.Cualquier cosa que estuviera pensando en ese momento desapareció de su mente ante tal visión. Caminó lentamente por la arena, sin hacer el menor ruido hasta estar a sus espaldas. Pudo darse cuenta de la mirada anhelante del esclavo estaba sobre el horizonte que se perdía al nivel del mar.—No recuerdo haberte dado permiso para salir de la cama.Shuichi se asustó al escuchar la voz de su amo y trató de levantarse, sin embargo, sus piernas entumecidas por la posición que tenía, no le respondieron, ocasionando que su cuerpo se precipitara contra el suelo. No alcanzó a tocarlo pues unos fuertes brazos lo sujetaron. Eiri al ver que no podía pararse bien, lo sujetó acercándolo a su cuerpo.—Perdón.Shuichi se sonrojó furiosamente al sentirse entre los brazos de su amo, sonrojo que no pasó desapercibido por el dueño. Ya con sus piernas despiertas, Shuichi se separó.—Lo siento... Es que me desperté temprano, y no quise molestarlo, amo. Yo——¿Por qué no estabas nadando?Shuichi detuvo su explicación, sorprendido un poco por la pregunta, entonces bajó la vista, avergonzado y con un nuevo sonrojo en sus mejillas.—Yo no... Yo no sé nadar muy bien...Eiri puso cara de incredulidad. ¿Qué acaso no nadaba continuamente en la piscina de la mansión?—¿Ya comiste algo?—No...—Come. Te espero a la una en mi habitación. Tatsuha llegará a las tres con su esclavo. —La mirada de Shuichi brilló. ¡¡Vería a Ryuichi!!—. Cualquier comportamiento inapropiado será castigado, independientemente del comportamiento del esclavo de Tatsuha. ¿Entendido?—Si amo.—Y cuando vayas a mi habitación... sólo llévate una bata —dijo Eiri con una mirada lujuriosa, dejando en claro para qué lo quería en su habitación. Asintió mientras veía a su amo dirigirse de nuevo a la entrada de la mansión.Dando un último vistazo al horizonte, se dirigió también a la mansión a comer, pues ahora que lo pensaba bien, su estómago comenzaba a gruñir. *** Era obvio que Tatsuha se recuperara en poco tiempo. El kaizoku lo había acomodado sobre sus piernas y de una sola y certera embestida se había adentrado en él. Ryuichi lanzó un grito de dolor. Por más que lo hacía con su amo, no lograba acostumbrarse a la penetración inicial, menos aún porque su amo nunca se preocupaba siquiera de prepararlo, nunca se preocupaba por él, sólo le importaba obtener su propio placer. Nada fuera de lo común. Inclusive hubo algunas ocasiones en que Tatsuha terminaba y Ryuichi no lograba alcanzar el clímax, sintiendo sólo dolor e incomodidad. Por fortuna ya no sangraba, aunque los moretones y las marcas de manos sobre sus caderas parecían no querer desaparecer.Ahora estaba tratando de relajarse un poco para amainar el dolor, aunque esto estaba resultando algo complicado porque Tatsuha ya se estaba moviendo impacientemente. Sosteniendo fuertemente su cintura, comenzó a empujar, obligando a Ryuichi a cabalgar sobre él.—Ah... ¡amo!Tatsuha no escuchaba las súplicas de su esclavo. Estaba perdido en la asfixiante sensación de su cálido interior. El exquisito cuerpo de Ryuichi se estaba convirtiendo en una droga para él aunque nunca lo admitiría pues era un hecho que ni siquiera él comprendía bien. Teniendo esclavos desde los doce años y teniendo sexo con ellos desde los catorce, nunca había sentido tal "adicción" por el cuerpo de un único esclavo.Ryuichi gemía fuertemente mientras sus caderas se movían sobre el miembro de su amo. Tatsuha había presionado un pequeño botón en el control localizador del anillo de Ryuichi, impidiéndole que pudiera aumentar de tamaño y conteniendo la erección del esclavo.—No... Por favor... eso no...—¿De qué hablas? Ah... si sé que te gusta.Tatsuha aumentó el ritmo de las embestidas, ocasionando placer y frustración. Estar al borde del orgasmo y no poder liberarse era un verdadero suplicio. Lágrimas escapaban de los ojos de Ryuichi quien los tenía cerrados con fuerza. A Tatsuha le encantaba escuchar a su esclavo suplicar porque le permitiera correrse. Le encantaba llevarlo hasta el último atisbo de cordura, para después dejarlo.El ritmo aumentó, marcando el final de la sesión. Tatsuha sostenía cada vez más fuerte las caderas de Ryuichi, dejando marcas que de seguro más tarde se volverían oscuros cardenales. Ryuichi sentía que se asfixiaba. La conjunción de dolor y placer le nublaba el pensamiento. Ryuichi se sostuvo con fuerza del cuello de Tatsuha, quien no le tomó importancia sumido en su propio placer.—Amo... por favor...Tatsuha empujó una última vez, enterrándose profundamente en el cuerpo de Ryuichi quien lanzó un fuerte gemido de dolor y placer. El cuerpo de Ryuichi estaba muy tenso, entonces Tatsuha presiono nuevamente el botón, permitiendo a Ryuichi lanzar en esta ocasión un gemido de puro placer, liberando su esencia sobre el vientre de ambos. Su cuerpo cayó laxo sobre el pecho de Tatsuha.—Muévete. —Ryuichi tembló al escuchar estas frías palabras. Con dolor, lentamente se levantó del regazo de Tatsuha—. Vístete.Asintiendo con la mirada baja, se movió buscando su ropa y se vistió. Después tomó asiento sin poder evitar una mueca de dolor. Tatsuha presionó un botón que estaba en el reposa brazos.—¿Cuánto falta para llegar? —preguntó al chofer.—Treinta minutos, señor.Tatsuha sólo sonrió.

----- CHAPTER BREAK -----

Se despertó cuando al acomodarse en la cama, sintió un vació a su lado. Se sentó en la cama buscando a su amado y al no encontrarlo, se levantó, metiéndose a bañar. Mientras sentía como el agua templada caía sobre su rostro, recordó la noche anterior. Finalmente se había reconciliado con el dueño de su corazón y había dormido mejor que los últimos cuatro años. Sentir el calor de su ahora pareja nuevamente junto a él había sido un bálsamo.De tanto pensar en él se dio cuenta de que su hombría estaba despertando. Sonrió. Un simple pensamiento le provocaba eso. Dirigió una de sus manos hacia su miembro y dejó a su mente recrearse en los recuerdos de su amado. Su bello rostro, tallado con suaves y delicadas facciones. Un cuello perfecto que embonaba con el suyo. El torso lampiño y ligeramente esculpido, adornado con dos rosadas tetillas que incitaban a morderlas. Su esbelta cintura. La inolvidable cicatriz de su cadera, tan sensible al tacto. Su miembro que al excitarse clamaba que lo probara. Las largas piernas bien torneadas y tonificadas. Finalmente su larga y sedosa melena pelirroja que clamaba al tacto.Aumentó el ritmo impuesto por su mano sobre su miembro, mientras el orgasmo se acercaba. Trataba de reprimir sus gemidos sin lograrlo mucho. Posó una mano sobre la pared tratando de mantener el equilibrio. El clímax estaba a punto de llegar.—¡Hiro!...Al segundo siguiente su cuerpo se relajó. Terminó de bañarse y se colocó una pequeña toalla sobre su cintura. Al salir del baño, vio que la cama ya estaba hecha y había ropa sobre ella.—No sabía que los kaizokus supieran auto complacerse.Claude se volvió al escuchar aquella voz y vio a Hiroshi recargado sobre la pared al lado de la puerta del baño, portando un gran sonrojo en su rostro. Sonrió. Se veía adorable.—Lo aprendí de ti.—¿De mí?—Cuando te fuiste, me di cuenta de que a veces... sólo ocurría... cuando pensaba en ti.Hiroshi se sonrojó más y le fue imposible sostener la vista más tiempo.—¿Pensabas en mí?—Cada segundo de mi vida.Claude se acercó a él y sostuvo sus hombros mientras una de sus manos levantaba el rostro para darle un beso. Un beso que le quitó el aliento. Con algo de pena se separó de Claude, pues al verlo con sólo una diminuta toalla cubriendo sus partes nobles, lo estaba haciendo desvariar.—Ya... ya ordené el desayuno... bueno, sería la comida pues ya casi es mediodía. Te espero en el comedor.Hiroshi salió de la habitación algo abochornado por la situación, mientras Claude sólo sonrió al saber que aun lograba hacerlo sonrojar. *** Shuichi se tomó más de la cuenta en desayunar y hasta se puso a platicar con los pocos empleados. Para cuando se dio cuenta, ya pasaban de la una. Salió corriendo con rumbo a su habitación para quitarse la ropa y ponerse una bata. Sólo esperaba que su amo no estuviera enfadado.Cuando llegó a la habitación y tocó, escuchó un escueto «adelante». Armándose de valor entró en la habitación. Todas las ventanas estaban cerradas pues a pesar de ser mediodía el cuarto estaba en penumbras. Con paso lento se dirigió al centro de la habitación donde su amo con evidente molestia lo esperaba sólo con unos pantalones delgados sobre la amplia cama. Su rostro mostraba un evidente ceño de enojo, y como no, si llevaba esperándolo cerca de una hora.—¿Porqué tardaste tanto? —preguntó con una voz pausada y fría que causó un escalofrío en Shuichi.—Lo siento amo... —contestó bajando la vista—. Me... me entretuve en la comida y... en el baño...Eiri quiso castigarlo. Mostrarle que él era el amo, y que su palabra era la ley, pero al escucharlo disculparse y ver la mirada de arrepentimiento, no supo porqué, el enojo se fue, pasando a un sentimiento de lujuria al saber que Shuichi tenía sólo una capa de tela cubriendo su cuerpo.—Quítate la bata.Shuichi levantó la mirada para observar la vista decidida de su amo. Lentamente deslizó la prenda sobre sus hombros, quedando en pocos segundos completamente desnudo. Eiri se deleitó con la vista. La nívea piel sin una sola marca, tan suave al tacto, sólo adornada por el collar que Shuichi casi nunca se quitaba y el exquisito anillo de esclavo alrededor de su pene.—Acércate.Shuichi caminó hacia la cama y se subió en ella, quedando de rodillas frente a su amo. Eiri se bajó el pantalón y sacó su miembro semierecto dándole una muda instrucción de lo que debía de hacer.Shuichi se inclinó sobre la entrepierna de su amo. Ya estando acostumbrado a hacerlo, sacó la lengua y le dio una lamida a la punta. En ese instante se le figuró escuchar un suspiro de boca de su amo.Se acomodó sobre las sábanas. Tomó el miembro de su amo y empezó a frotarlo mientras con su lengua sólo se encargaba de la punta. Rodeaba el glande y estimulaba el orifico de la uretra mientras que con sus manos recorría la longitud y tentaba sus testículos, haciéndolos rodar sobre su mano. Eiri tomó sus cabellos entre sus manos, indicándole lo que seguía, que pasara a lo siguiente. Shuichi abrió su boca y tragó todo lo que pudo de aquel miembro.Eiri no pudo evitar que un suspiro saliera de sus labios. Sus ojos no perdían detalle de cómo su miembro aparecía y desaparecía de la delicada boca de su esclavo. Cómo sus rosados labios causaban fricción en tan sensible piel.Shuichi recorrió aquel miembro con vehemencia, perdiéndose por unos momentos en el sabor de las pequeñas gotas de pre-semen. Lo hacía de una manera extremadamente lenta. Alargando lo más posible el orgasmo de su amo para que quedara cansado y tal vez que se librara de acostarse con él.Su boca se movía incesantemente. En ocasiones liberaba el miembro de su amo para bajar y chupar sus testículos, dando suaves mordidas en la sensible piel del escroto. Eiri sentía el orgasmo acercarse, así que posó sus manos sobre la cabeza de Shuichi y le implantó un ritmo más acelerado. Sus caderas comenzaron a moverse empujando dentro de su boca. Con un gemido sordo, se corrió abundantemente directo a la garganta de su esclavo, obligándolo a tragarlo.Terminando de tragar, Shuichi liberó el miembro de su boca y levantó su rostro para ver a su amo, esperando la siguiente indicación.—Complácete para mí.Eiri quería tomarse su tiempo, reposando para tomar energía mientras Shuichi se auto complacía para él. Con una de sus manos tomó un pequeño aparato de la mesa de noche que Shuichi no había visto. Un estimulador en forma de hélice de dos aspas con una protuberancia dentada.—Usa esto.Shuichi se fijó en el estimulador y lo agarró con sus manos. Se acomodó sentado de frente a su amo y olvidando el pudor, abrió las piernas. Que su amo disfrutara su cuerpo todo lo que pudiera pues escaparía pronto a como diera lugar. Sabía que esto era para excitar a su amo y trataría de hacer hasta lo imposible por evitar tener sexo con él.Su miembro ya estaba semierecto así que lo tomó entre sus manos y empezó a darse placer mientras que con la otra mano se estimulaba las tetillas. Suspiros y gemidos pequeños empezaron a escapar de sus labios. La mano sobre sus tetillas subió a su boca y lamió tres de sus dedos pasando su lengua por ellos, entonces volvió a bajarlos sensualmente sin perder la vista de la mirada lujuriosa de su amo. Su otra mano abandonó su longitud para inclinarse hacia atrás y sostenerse sobre la cama.Sus dedos humedecidos llegaron hasta su perineo y comenzó a rodear su entrada, entonces introdujo un dedo. Un segundo dedo acompañó al primero en poco tiempo y ambos se movían en su interior. Los sacó y tomó el estimulador de las dos "hélices" y lo dirigió a su boca para lamerlo ante la falta de lubricante, lamiéndolo como lo hiciera hace unos minutos con sus dedos, recorriendo la protuberancia dentada que entraría en él. Cuando se aseguró de que estaba bien lubricado, lo volvió a bajar hasta su intimidad, y lo hizo entrar. La suave curvatura del estimulador —sus protuberancias dentadas—, estaban diseñadas para una estimulación directa de la próstata.Al hacerlo girar con las hélices, la protuberancia golpeaba continuamente la sensible próstata de Shuichi. Eiri estaba extasiado con la vista. Su erección había regresado por completo. Ver la perlada piel de su esclavo mientras su cuerpo se retorcía del placer que estaba a punto de llevarlo nuevamente al orgasmo era demasiado incitante.Shuichi ya se había derrumbado en la cama, víctima del placer. Le había agarrado gusto al estimulador y por un momento se olvidó de donde estaba. Volvió a la realidad cuando una sedosa voz habló a su oído.—¿Te diviertes? —Abrió sus ojos y se encontró a su amo trepado sobre su cuerpo. Su erección estaba "lista".—Yo... hmm...Shuichi ahogó un gemido cuando sus labios fueron casados por la hambrienta boca de su amo, quitándole el aliento. Sintió como las manos de su amo iban a su zona baja y sacaban el estimulador de su interior. Eiri estaba que ardía en lujuria de ver a su esclavo complaciéndose. Shuichi abrió sus ojos al saber lo que vendría. Lo iba a tomar.—Amo... ah... no...Eiri dirigió su hombría hacia su esclavo, y estaba punto de penetrarlo cuando tocaron la puerta. Muy enojado por la interrupción, se levantó y se colocó una bata. Había dado instrucciones de que no lo molestaran a menos de que fuera algo en extremo importante.—¿Qué sucede? —preguntó con enojo, abriendo la puerta—Lamento molestarlo amo, pero el joven Tatsuha y su esclavo han llegado.Eiri puso cara de fastidio.
«Buena hora para llegar... podría haber llegado veinte minutos más tarde»
—Bien, en seguida bajo.Cuando Eiri regresó a la habitación, Shuichi lo esperaba con la mirada baja y cubierto con las sábanas blancas de la cama.—Vístete, vamos a recibir a mi hermano.Eiri estaba hastiado de los protocolos, pero era su deber, ya más tarde tendría una larga sesión con su esclavo. Shuichi suspiró de alivio, se había salvado de momento *** —Hola hermano.Tatsuha estaba sentado en un sillón en la sala de estar mientras su esclavo reposaba sobre un cojín en el suelo a su lado. Se veía bastante desmejorado desde la última vez que lo había visto.—Tatsuha, ¿qué haces aquí? —masculló Eiri con molestia.—Sólo tenía deseos de alejarme un poco de la ciudad —dijo Tatsuha, quitándole importancia al asunto.—Toma tu habitación de siempre y no causes problemas.Cuando se volteó para volver a su habitación, se encontró con la mirada estupefacta de Shuichi que veía atentamente a su amigo. Su semblante de preocupación era palpable. Suspiró. Ahora su esclavo no podría concentrarse por estar pensando en el esclavo de su hermano. No supo si quiera porqué se preocupó por eso.—Tatsuha...Tatsuha ya se había puesto de pie, y le había hecho una señal a su esclavo para que lo siguiera a su habitación.—¿Qué sucede?—Préstame a tu esclavo.—¡¿Qué?! —preguntó Tatsuha sin entender la petición. ¿Desde cuándo su hermano pedía prestados los esclavos de los demás?—Solicito que me prestes a tu esclavo un par de horas —dijo sin inmutarse.—Tienes que estar bromeando Eiri, yo vine a descansar y a divertirme, precisamente para eso me traje a mi esclavo.—Tranquilo Tatsuha. —El disgusto de su hermano era palpable. Quitarle su juguete parecio hacerlo enojar—. Recuerda que yo te encomendé a ese esclavo, entonces técnicamente me pertenece.—Pero——Sin peros Tatsuha —respondió cortante—, ahora ve y manda a llamar a algún otro esclavo tuyo, me quedaré con él hasta el anochecer.Tatsuha puso una cara de enojo, pero no pudo debatirle nada pues tenía toda la razón. Él le había encomendado ese esclavo hasta nuevo aviso por lo que realmente le pertenecía. Salió de la sala echando humo, dispuesto a llamar a su mansión para que le mandaran varios esclavos de repuesto. ¿Qué demonios sucedía con su hermano? ¿De dónde había salido ese comportamiento tan inusual? ¿Por qué le molestaba tanto que quisiera utilizar a su esclavo? Resopló. No permitiría que ese inconveniente le arruinara el fin de semana.Cuando Tatsuha salió del salón, Eiri se volteó a ver a su esclavo.—Shuichi, te espero a las nueve de la noche en mi habitación, y a esa misma hora, él debe regresar a la de Tatsuha. Ni un minuto más. ¿Quedó claro?Shuichi no salía de su asombro. ¿Acaso su amo acababa de darle la tarde libre? Más aún, ¿le había dado la oportunidad de pasar la tarde con Ryuichi?—Gracias amo. —Trató de que su voz no temblara haciendo una reverencia.La cara de felicidad que había puesto Shuichi había causado un sentimiento extraño en Eiri, quien sólo salió de la habitación.—¡Ryuichi! —El esclavo levantó el rostro y sonrió. Abrió sus brazos y abrazó a Shuichi que había corrido hasta él. Fue un abrazo efusivo—. Ryuichi... te extrañé tanto.—Yo también Shu.Shuichi se separó de su amigo y hasta ese momento se fijó en la pinta que traía. Portaba un traje de una pieza sin mangas que le llegaba a medio muslo, y comenzaba en un collarín. Empezando con su rostro, tenía una marcadas ojeras que mostraban noches de desvelo. En sus piernas también había unos cuantos moretones, así que no quería imaginarse que pudiera haber debajo de lo que alcanzaba a cubrir la ropa.—Ryu... vamos a la playa.Shuichi le dirigió una sonrisa conciliadora recibiendo de Ryuichi una sonrisa de agradecimiento y ambos se dirigieron a la salida de la casa. *** Abrió sus ojos lentamente. Trató de voltearse pero una mano apresaba su cintura. Con cuidado se fue volteando hasta quedar frente a la persona que lo abrazaba. Recorrió sus facciones deleitándose con lo guapo que era.Se acercó lentamente hasta tocar sus labios en una suave caricia. Cerró sus ojos y se dedicó a saborear esos labios hasta que estos le correspondieron. Lo que comenzó como una suave caricia, se convirtió rápidamente en un hambriento beso en donde cada uno quería beber el elíxir de la boca del otro. Cuando la falta de oxígeno se hizo presente, se separaron.—Bonita manera de despertar —dijo el otro.—Ya es muy tarde —replicó el chico.—¿Qué hora es?—Cerca de las cuatro.—Tenemos mucho tiempo, ¿sabes?—Has estado mucho tiempo aquí.—Aprovechando que el amo no está —dijo con sorna—. ¿Te molesta mi presencia? —preguntó con una mirada de lujuria y profundo deseo, ocasionando que el otro se sonrojara.—Claro que no.—Entonces... hagámoslo de nuevo.—¿Qué? Pero—Ya no pudo agregar más pues sus labios se vieron apresados por la boca hambrienta de su amante. Tenían cinco días sin su amo para mostrarse su amor. *** Shuichi y Ryuichi se sentaron en la cálida arena de la playa debajo de una sombrilla. El sol se elevaba en lo alto, bañando de luz todo el extenso de la playa.—¿Cómo has estado Ryu? —Ryuichi tardó en contestar la pregunta, notando las notas de sutilidad en la voz de Shuichi. ¿Cómo había estado? ¿Cómo describirlo?—. Bien... —Ryuichi titubeó—Dime la verdad Ryu.—Estoy como me vez Shu.—Te... ¿te maltrata... mucho?Ryuichi sólo bajó la mirada en una muda afirmación.—Han pasado muchas cosas en el tiempo que hemos estado separados Shu.—No te preocupes Ryu, pronto lograremos escapar, ya verás, sólo tenemos que pensar en algo.Ryuichi volteó a verlo, sonriendo por primera vez con sinceridad hacia el optimismo del que era su mejor amigo.—Gracias Shu.Shuichi sólo sonrió y lo abrazó. Ninguno de los dos se dio cuenta de que eran observados por dos pares de ojos. *** Eiri estaba en su despacho en el segundo piso de la casa de playa leyendo un libro, mientras dejaba pasar el tiempo, contando los segundos hasta que fueran las nueve de la noche. Desde el inicio se estaba arrepintiendo de haber tomado esa decisión, pero al ver como el rostro de su esclavo se había iluminado cuando le dio su autorización, no supo por qué pero volvió a sentir un calorcito agradable en su pecho.
«¿Qué me está pasando? ¿Será lo que dijo K? Qué tontería...».
Escuchó los toques de alguien pidiendo autorización para entrar. Era su hermano Tatsuha.—Ya mandé llamar a mi mansión —informó—. Y en cuanto lleguen serán enviados a mi habitación. No tienes que recibir a nadie.—Está bien.Tatsuha estaba punto de salir de la habitación cuando decidió acercarse a la gran ventana del despacho con vista al mar.—¿Por qué lo hiciste? —preguntó seriamente viendo a los esclavos sentados a la orilla de la playa.—¿Qué cosa?—¿Qué es lo que te sucede? —insistió.—¿De qué hablas? —Eiri quería obviar las preguntas. No estaba de ánimos de contestar a cuestionamientos de los que ni siquiera él sabía la respuesta correcta.—Darle ese tipo de permisos a un esclavo.Eiri abandonó su libro y se levantó de su sillón para acercarse también a la ventana.—La verdad... no lo sé...—No pierden el tiempo.Eiri no supo a qué se refería hasta que vio como en la orilla de la playa dos siluetas sentadas estaban fusionadas en un abrazo. El color rosáceo de la cabellera de su esclavo era evidente, así como la cabellera castaña del esclavo de su hermano. Nunca admitiría que esa actitud amistosa entre esos esclavos hizo que el calorcito incómodo regresara a su pecho con una magnitud diferente en esta ocasión. *** En la mansión de Eiri Uesugi, Hiroshi y Claude pasaban tiempo juntos. Habían comido uno junto al otro en el comedor, para después, por sugerencia del kaizoku, dar un paseo por los jardines, hablando de todo lo que había sucedido en sus vidas desde que se separaron.Ya en la tarde, se recostaron a la sombra de un gran árbol. Claude estaba apoyado sobre la dura corteza del árbol mientras Hiroshi reposaba a su lado con la cabeza recostada sobre sus piernas. Sus mirabas estaban conectadas. Claude pasaba su mano sobre las suaves hebras de fuego que era la cabellera de Hiroshi.—No sabes cuanto añoré volverte a tener conmigo Hiro.Hiroshi sonrió y se incorporó un poco, acercando su rostro al de su antiguo amo, y en un acto totalmente inesperado, atrapó sus labios en un beso. Un simple y sencillo beso cargado de sentimientos. Cuando se separó, sólo le dijo aquellas palabras que el kaizoku tanto ansiaba escuchar.—Te amo.

----- CHAPTER BREAK -----

La tarde se había ido. El agua de mar ya alcanzaba a mojarles los pies donde la marea estaba subiendo. El sol estaba cayendo matizando el cielo de rayos naranjas.—Ryu...La respiración de su amigo le mostró que se había quedado dormido en su abrazo.
«Ryu... debes de estar muy cansado».
Shuichi acomodó a su amigo sobre sus piernas. Ryuichi solía ser una persona muy hiperactiva y no se imaginaba lo que debería de haber pasado para que se hubiera quedado dormido en su regazo a media tarde. *** Tatsuha había mandado traer a dos de sus mejores esclavos —los que más solía usar antes de la llegada de Ryuichi—. Un chico y una chica. Takako y Aiya. En esos momentos se encontraba en plena sesión. Aiya estaba dándole sexo oral mientras Takako la tomaba por detrás. Esto solía excitarlo mucho pues su vena voyerista salía a flote, pero ahora había algo diferente. No se sentía igual de excitado que otras veces y no sabía porqué.Tomó la cabeza de la chica y empezó a empujar, sintiendo que el orgasmo se acercaba y con un gemido ahogado se corrió en su boca, pero aún se sentía insatisfecho. Ni siquiera puso atención cuando la chica y el chico llegaron al clímax, pues su mente inmediatamente evocó una imagen... la de Ryuichi gimiendo bajo su cuerpo. Aclaró su mente y regresó a lo que estaba. Ahora quería tomar a Takako.—Ven aquí Takako, ya sabes que hacer.A Takako le gustaba "dar" tanto como le gustaba "recibir". El sabía que era uno de los favoritos de su amo. Se había dado cuenta de que su amo sí sabía usar lo que tenía. Pero últimamente ya no lo llamaba y conocía la razón a la perfección: Ryuichi Sakuma. El favorito de Noriko y ahora de su amo.Ese muchacho le estaba quitando su lugar como el favorito del amo y no iba a permitirlo. Algo que le llamó la atención fue que su amo quería que le diera sexo oral. Sabía de antemano que los kaizokus —al menos los caídos—, sólo podían tener una erección cada cuatro a seis horas, y que después de unos minutos quisiera una segunda ronda era extraño, pero aun así no dijo nada y procedió a darle placer a su amo. Los minutos pasaron y su erección no regresaba a pesar de que Takako estaba utilizando sus mejores técnicas. Viendo los esfuerzos infructuosos de sus esclavos, se los quitó de encima, se levantó de la cama y se puso una bata.—Quédense aquí.Takako y Aiya se dirigieron miradas de confusión e interrogación, quedándose solos en la cama mientras su amo abandonaba la habitación.—¿Se estará volviendo loco?—¿Porqué lo dices?—Quería que lo excitaras de nuevo —cuestionó la chica.—Es extraño... no lo vi como si estuviera disfrutando.—De seguro ahora prefiere a ese tal Ryuichi. —La mirada de Takako se llenó de furia—. ¿Celoso Takako? Te están reemplazando.—Por favor... ese enano nunca podrá quitarme mi lugar. *** Tatsuha caminaba por el pasillo exterior. La tarde ya había llegado y estaba impaciente, faltaban cerca de cuatro horas para que pudiera volver a tener a Ryuichi entre sus piernas. Mientras caminaba por el corredor, no pudo evitar dirigir su mirada hacia la orilla de la playa. Allí, justo donde se estaba ocultando el sol, donde antes había dos siluetas, ahora había una... ¿Y media?Enfocó su vista y entonces lo vio claramente. El esclavo de su hermano estaba sentado en la arena de la playa y Ryuichi estaba recostado plácidamente sobre su regazo.Se acercó un poco para tener una mejor vista. Caminó hasta estar a unos diez metros de distancia por un costado, oculto detrás de una palmera. Quien lo diría. El gran kaizoku Tatsuha Uesugi escondiéndose.Ahí lo vio. Las calmada facciones de Ryuichi. Un rostro relajado que nunca había visto. Por primera vez en su vida sintió un calor incómodo en su pecho. Una sensación indescriptible al ver a Ryuichi con una sonrisa en su rostro mientras dormía en el lecho del otro esclavo.No supo durante cuánto tiempo estuvo observando aquella faceta desconocida en su esclavo. Alcanzó a ver como el cuerpo de Ryuichi empezaba a despertar y decidió que era hora de irse, ya vería como le hacía para aguantar tres horas más. *** Ryuichi empezó a despertar de su tranquilo sueño. Cuando abrió sus ojos en una estrecha franja, se le figuró ver una silueta conocida detrás de una palmera, pero cuando se talló los ojos, la sombra había desaparecido. Le quitó importancia y se levantó.—¿Descansaste?Fue hasta ese momento en que se dio cuenta que se había quedado profundamente dormido en el regazo de su mejor amigo. Levantándose con rapidez, se disculpó con Shuichi quien sólo le sonreía.—Ah... lo siento, yo——Tranquilo, se te notaba muy cansado... ¿te sientes mejor?—Sí, gracias —dijo con una sonrisa.—Ya son cerca de las seis, porqué no vamos a nadar un rato a la piscina y después a cenar, recuerda que tenemos hasta las nueve de "libertad" —mencionó Shuichi, dibujando unas comillas en el espacio, con una nota de sarcasmo.—Está bien, vamos.Ambos se levantaron y se sacudieron la arena para después ingresar a la mansión. *** El tiempo parecía volar cuando estaban juntos. No sabían cuanto tiempo habían estado en la misma posición, pero no importaba.—Hiro...—¿Hmmm?Hiroshi dormitaba a ratos sobre el cálido pecho de su amado.—Debemos entrar, está empezando a refrescar y podrías enfermarte.—Está bien.Claude separó el cuerpo de Hiroshi y se levantó primero, para después ayudarlo a incorporarse. Después de estar varias horas en la misma posición, las piernas no le respondieron y se tambaleó, siendo atrapado por los brazos del kaizoku.—Parece que siempre quieres terminar en mis brazos... —dijo Claude con una sonrisa. Hiroshi se sonrojó, e iba a separarse, pero lo pensó mejor y se acurrucó más. Ahora que lo tenía con él iba a recuperar todo el tiempo perdido—. Vamos, cenemos algo —añadió Claude, dirigiéndolos a la mansión. *** La noche llegó más rápido de lo que había pensado, pero aún así faltaba tiempo. Tatsuha estuvo tratando de pasar el rato leyendo, viendo el imagor, o molestando a su hermano —que ya lo había echado de su despacho por segunda ocasión—, pero aún faltaban unos cuantos minutos para las nueve.Cansado de esperar, regresó a su habitación donde se dio cuenta de que les había dado la orden a sus esclavos de esperarlo ahí. También se había puesto a pensar porqué no había podido tener una segunda erección, asumiendo quizás que había sido por el enojo que su hermano le hizo pasar.Sobre su cama estaban sus dos esclavos. Aiya estaba dormida y Takako estaba despertando por el sonido de la puerta.—Váyanse —gruñó.Sin sentirse con ánimos de "jugar" les ordenó que se fueran. Aiya estaba cansada, así que salió de la habitación de inmediato pero Takako tenía otros planes. Al ver a su amo acostándose en la cama, decidió tentar a su suerte y actuar. Ya casi habían pasado cuatro horas, con suerte y podría lograr una mediana erección en su amo.Tatsuha se había lanzado a la cama, acostándose boca arriba, dispuesto a esperar a que los minutos faltantes corrieran. Colocó su mano derecha sobre su rostro, nublando su vista. Takako empezó a reptar en la cama hasta estar a la altura de la cintura de su amo.—Takako... Te dije que te fueras...Tatsuha seguía usando la misma bata con la que había salido, así que detrás de esa delgada capa de tela estaba totalmente desnudo. Estaba ya pensando en Ryuichi, en que faltaba muy poco tiempo para que viniera a su habitación, para que pudiera hacerlo suyo de nuevo.Takako, viendo que su amo se relajaba en la cama, se movió rápidamente, pero sin perder la sutileza. Removió la tela que cubría el miembro de su amo y empezó a darle una felación. Tatsuha ahogó un gemido, su mente divagaba hacia Ryuichi, y sin quererlo, su entrepierna comenzó a reaccionar.—Vete de aquí, Takako.Takako se sorprendió de que su amo se rehusara a que le diera sus atenciones. ¿Desde cuándo su amo renegaba del placer de un esclavo?—Pero amo——Lárgate... no me hagas repetirlo.—Sí... amo... *** —Creo que es hora de regresar —dijo Shuichi, levantándose de la mesa donde habían cenado.—Sí... gracias por la cena Shu... y por acompañarme...—Ryu...Shuichi había notado un comportamiento raro en Ryuichi durante la tarde, sobre todo cuando se había enterado por medio de unos sirvientes que Tatsuha, su amo, había mandado a pedir dos esclavos a su mansión. El semblante le había cambiado, oscureciéndose, y al preguntarle, Ryuichi simplemente le había contestado que estaba bien, que no pasaba nada.Cuando llegaron al tercer piso de la casa de playa, se separaron en el primer pasillo.—Bueno Ryu... nos vemos mañana.—Sí...Shuichi abrazó a Ryuichi tratando de subirle el ánimo y finalmente cada uno partió a la habitación de sus respectivos amos. Shuichi hacia la izquierda y Ryuichi a la derecha. *** Ryuichi iba caminando lentamente hasta la única puerta que alcanzaba a ver. En ese tercer piso sólo había tres habitaciones correspondientes a cada uno de los miembros de la familia Uesugi.Al llegar a la última puerta, tocó. Tres simples toques lo suficientemente audibles para quien estuviera en el interior. Esperó unos minutos y no obtuvo respuesta. Volvió a tocar. En esta ocasión infringiéndole un poco más de fuerza. Nadie contestó.
«Esto es extraño».
Dirigió su mano a la manija dorada y la giró, dándose cuenta de que la puerta estaba abierta. Dio un profundo suspiro, y armándose de valor, empujó la puerta con lentitud. La primera sección de la habitación estaba a oscuras.Avanzando con cuidado en penumbras, alcanzó a tocar unas figuras que supuso eran muebles, y casi tropieza con una mesa enana. Alcanzó a ver un atisbo de luz por un pasillo y lo siguió. Al final había una puerta. Cuando se acercó a abrirla, esta fue estrepitosamente abierta y de ella salió Takako casi echando chispas. Takako al verlo, le dirigió una mirada de odio.—Vaya... hasta que llegó el "esclavo favorito". —La cara de confusión de Ryuichi hizo enojar más a Takako—. No entiendo que tienes de especial. Es cierto que tienes buen cuerpo, pero de ti a mí...Juntando el orgullo que le quedaba, Takako abandonó la habitación con paso apresurado.Ryuichi dio una profunda inhalación antes de empujar la puerta y adentrarse a la habitación. *** Hiroshi y Claude estaban cenando en la habitación del mayordomo. El kaizoku lo había decidido así para tener un ambiente más íntimo, estar más juntos uno con el otro. Sentados juntos en la cama, con una mesa frente a ellos, un poco de fruta y yogurt con miel era la cena, algo sencillo para dormir bien.Sus miradas que en ocasiones se conectaban, destilaban amor puro. Mientras Hiroshi comía un trozo de melón con miel, Claude no podía apartar la mirada de aquellos rosados labios que engullían la fruta con placer.Claude no pudo detener el impulso de probar esos labios y los reclamó con los suyos, sacándole a Hiroshi un pequeño gemido. Recorrió aquella cavidad con hambre queriendo captar hasta el último resquicio de aquel sabor impregnado con miel.El beso continuó, lento y asfixiante hasta que tuvieron que separarse. Hiroshi tenía la respiración acelerada y sus mejillas arreboladas, mientras Claude sonreía con satisfacción. En realidad había extrañado aquellos besos llenos de amor y dulzura.Cuando terminaron de cenar, Claude llamó a uno de los sirvientes de la mansión para que retirara los platos.—Es hora de dormir.Cuando estas palabras llegaron a oídos de Hiroshi, no pudo evitar mostrar un furioso sonrojo. Claude inmediatamente comprendió el contexto que le había dado a sus palabras. Se acercó lentamente al rostro de Hiroshi, le dio un suave beso en la mejilla y se levantó de la cama.—Buenas noches mí amado Hiro...Hiroshi no tuvo palabras al ver a su amado salir de la habitación y dirigirse a la que los sirvientes le habían arreglado. Entendía que le estaba dando su espacio y lo agradecía mucho. Se levantó también de la cama para cambiarse y ponerse el pijama. *** —Dime... te divertiste con el enano ese, ¿¡verdad?!—Ah... amo... por favor... ¡no!Tatsuha embestía con furia el pobre cuerpo de Ryuichi. Al verlo llegar a la habitación, lo había llamado al lecho e inmediatamente lo había colocado de espaldas a la cama y empezó a embestirlo sin piedad. Había recordado la escena que había visto en la playa y ese incómodo calor en su pecho había regresado. No razonaba bien. Enceguecido por un sentimiento desconocido, sin darse cuenta de sus actos, hacía daño a una persona inocente.—Te hubiera gustado revolcarte con él. ¡¡¡¿Cierto?!!!—No... amo... eso no... ¡por favor!Con una mano tenía fuertemente agarradas las muñecas de Ryuichi, mientras que la otra tenía un agarre de acero en su cadera. De seguro volvería a dejar marcado y mancillado el cuerpo de aquel inocente. Ryuichi derramaba mares de lágrimas de dolor y tristeza. A su mente llegaba la pregunta constante: ¿Por qué?
«¿Porqué está tan enojado? ¿Qué fue lo que hice?».
Tatsuha estaba perdido. Ese "sentimiento desconocido" le nublaba el pensamiento. No se daba cuenta de los gritos de dolor y sufrimiento que daba su esclavo, ni siquiera de los hilos de sangre que empezaban a manchar su miembro. Sólo quería marcar a su esclavo, demostrarle que le pertenecía, que era suyo y de nadie más. Esa vena de posesividad que Tatsuha tenía con las cosas que le pertenecían estaba haciendo mella en esta situación.Con una fuerte embestida, Tatsuha liberó su esencia dentro de Ryuichi, causándole escozor al instante. Para Ryuichi todo fue dolor. Las lágrimas inundaban su rostro. Sintió a su amo quitársele de encima rápidamente y recostarse a su lado para inmediatamente quedarse dormido.
«¿Por qué?... ¿Nunca podrá sentir por mí algo más que deseo?... Me usa a su antojo... y aun así... te amo tanto... »
 *** Shuichi llegó a la habitación de su amo y tocó la puerta.—Adelante.Dando un profundo suspiro, giró la manija y empujó la puerta. Ahora sí venia la prueba de fuego... alejar las manos de su amo de su cuerpo...

----- CHAPTER BREAK -----

Eiri estaba sentado en un pequeño despacho de su habitación. Sabía que faltaban pocos minutos para que su esclavo apareciera y... su paciencia se estaba acabando. Él había visto a los esclavos muy juntos cuando les dio el permiso, y sabiendo lo impulsivo que era Tatsuha, de seguro dejaría a su esclavo fuera de combate. Esto no permitiría que Shuichi pasara demasiado tiempo con él. Una manera fría de pensar para quien no quiere reconocer que le incomodó el hecho de ver a su esclavo con una plácida sonrisa en su rostro al ver al otro esclavo.Escuchó un toque en la puerta de su habitación. Volteó a ver una pantalla flotante en una de sus paredes donde se marcaban las nueve de la noche con dos minutos. Tarde para variar.—Adelante.Se quitó sus lentes y apagó su terminal. Ya trabajaría en sus pendientes después. Ahora era el momento de cobrarse el hecho de que su hermano los hubiera interrumpido al mediodía. Salió del despacho hasta la sala, donde estaba su esclavo esperando.—Ve a la habitación.Shuichi solo asintió en silencio y caminó hacia la habitación bajo la mirada atenta de su amo, hasta desaparecer por una puerta. Mientras, Eiri se acercó al bar y se preparó una bebida muy cargada con alcohol, tomándosela rápidamente. Se encaminó, siguiendo los pasos de su esclavo hasta su propia habitación, y al entrar, lo vio sentado en la amplia cama. Shuichi al percatarse de la presencia de su amo, se levantó.—¿Te la pasaste bien con el esclavo? —preguntó acercándose a Shuichi.—Ah... yo...Shuichi se sintió intimidado por la mirada penetrante de su amo. Normalmente le gustaba llevarle la contraria, pero esa mirada tan profunda no tenía anonadado. Sin siquiera esperarlo, de un momento a otro, sintió sus labios apresados por una boca hambrienta, quitándole la respiración. *** —Ah... más rápido...—Ya... casi...—¡Ah!Con un fuerte gemido a coro, dos cuerpos llegaron a la culminación. Ambos chicos estaban disfrutando lo que pareciera su luna de miel. Aprovechando que su amo se había ido unos días, podían estar juntos más tiempo, sin la preocupación de que llamara a alguno de los dos. Aún así, debían ser cautelosos, pues cualquier otro sirviente de la mansión podría delatarlos. Al sentir que sus respiraciones regresaban a la normalidad, el mayor se levantó lentamente del cuerpo del su amado.—No recuerdo cuando fue la última vez que el amo salió de la mansión por tantos días.—Yo tampoco...—Ahora tenemos mucho tiempo para nosotros.—Aún así no te acostumbres, además, tengo cosas que hacer.El otro se incorporó, viendo fijamente a su pareja con cara de sufrimiento.—Por favor, tómate un tiempo para nosotros.—Pero la mansión...—La mansión sobrevivirá unas horas sin su director, no te preocupes —le decía mientras devoraba uno de sus pezones con hambre y ganas de otro round.—Ahh...—¿No tienes ganas de jugar otra vez?Una mirada pícara fue la única respuesta, después de todo, ¿cuándo podría volverse a presentar una oportunidad como esta?                                                      *** Sentía que el oxígeno abandonaba sus pulmones. Algo tan simple como un beso le estaba quitando el aire. Confundido, pero dejándose llegar, Shuichi había caído en la garras de su amo. Ese beso tan intempestivo y feroz los tumbó a ambos a la cama. Se besaban como si no hubiera un mañana.Los pensamientos de Eiri empezaban a nublarse. Esa dulce boca seguía sabiendo igual que antes. Shuichi trataba de eludir los embates de aquella boca sobre la suya sin tener mucho éxito, debía de admitir que después de unos cuantos intentos, ahora su amo dominaba el sagrado arte de robarle el aliento.Su amo arrancó sus escasas ropas antes de que pudiera darse cuenta. Cuando sus bocas se separaron, sus ojos se encontraron. Por más que lo intentó, Shuichi no pudo descifrar la mirada enigmática que su amo le dirigió. Esos profundos ojos ámbar... no podía leerlos.Eiri volvió a besarlo. No entendía porqué sentía este impulso de reclamar sus labios, su cuerpo como suyo. Nunca admitiría que después de verlo tan a gusto con el otro esclavo se sintió incómodo durante toda la tarde. Quería que el cuerpo de su esclavo estuviera impregnado con su esencia. Sin siquiera pensarlo, su boca abandonó los labios de su esclavo y bajó a su cuello, degustando la piel.Shuichi ahogó un gemido. No quería darle la satisfacción de saber que estaba disfrutando esas caricias... aún. Eiri, sacó su lengua y lamió los pezones de su esclavo haciéndolo suspirar.«¿Pero que está haciendo?... ¿Se ha vuelto loco?... Me está... ah... lamiendo...».El kaizoku lamió la punta de un pezón, sintiéndose encantado por los ahogados gemidos que alcanzaba a escuchar. Aún podía darse cuenta de la reticencia de su esclavo a entregarse completamente. Siendo cegado por el deseo, lamió sus tetillas hasta dejarlas duras. Nunca había hecho eso, pero sólo verlas, su color, su forma, su textura, no podía evitar probarlas.—Ah... no...Eiri siguió bajando, besando esa suave y tersa piel, deleitándose con los pequeños temblores de aquel delgado cuerpo. Cuando estuvo a punto de llegar a la hombría de su esclavo se detuvo. Observó aquel falo con detenimiento y un recuerdo llegó a su cabeza... el de la primera exposición de su esclavo. Shuichi abriendo sus piernas, quedando totalmente expuesto a Ryuichi y a todos los kaizokus que podían apreciarlo. Ryuichi tomando el sexo de Shuichi y empezando a frotarlo. Los gemidos no haciéndose esperar. Entonces Ryuichi se inclinando sobre sus piernas y atrapando su erección dentro de su boca. Shuichi gimiendo el nombre del otro.En esa ocasión, el enano del demonio —como había decidido llamarlo—, le había hecho "eso" a su esclavo, y vaya que Shuichi lo había disfrutado. Se la había pasado gimiendo el nombre del esclavo de Tatsuha.«¿Debería hacerlo?»Su esclavo ya le había practicado varias veces la felación y sabía que se sentía muy bien. Pero él hacérselo a un esclavo... Levantó su vista, encontrándose con la cara sonrojada y la respiración entre cortada de Shuichi quien mantenía los ojos cerrados, tratando de resistirse a las caricias.La vista de ese cuerpo de piel tostada, perlado por el sudor, teniendo ligeros temblores de placer le aclaró la mente. Quería oírlo gemir más. Bajó su rostro y atrapó la hombría de su esclavo, escuchando al instante un gemido ahogado.Shuichi sintió su cuerpo estremecerse. El sentir la ardiente cavidad rodear su miembro era intoxicante. Su cuerpo se tensó.«¿Qué está pasando?... Se siente... bien...». Fue entonces que reaccionó. «¡¡¡Me está haciendo una felación!!!»Estaba en shock. Su amo estaba rompiendo todas las reglas. Le estaba prodigando placer de una manera dogmatizada como prohibida entre los kaizokus. Eiri empezó a moverse sobre aquel falo. De arriba abajo. Ahora que lo hacía, no le parecía tan horroroso como lo había pensado en un principio, cuando recordaba esos actos en las exposiciones.«Las exposiciones... tendré que hacer algo con eso... no quiero que Shuichi siga participando en esas cosas...».El miembro de Shuichi entraba y salía de la boca de su amo. El esclavo aún no podía creer completamente lo que estaba sucediendo. Su cuerpo se arqueaba ante las lamidas de su amo sobre su miembro. Era una sensación increíble. La única ocasión en que había experimentado algo parecido había sido en la exposición con Ryuichi, pero esto se sentía totalmente diferente. Entonces Shuichi sintió como algo se concentraba en su vientre queriendo explotar.—Amo... no más... voy a...Eiri sintió las manos de su esclavo sobre su cabeza, tratando de apartarlo. Sabía lo que se avecinaba. Entonces recordó algo que le había dicho Claude hace mucho tiempo. Antes de que Hiroshi huyera de él. 
—¡¿Qué has hecho que?!

Eiri y Claude se estaban tomando una copa de vodka en la mansión Winchester, hasta que Claude había empezado a hablar con el otro kaizoku de su vida con Hiroshi.

—Eiri, no te exaltes.

—¿Qué acaso estás demente? Ya paso que tengas sexo con tu esclavo, pero hacer... ¡¿eso?!

—Eiri...

—¡¡¡Es denigrante!!!

Eiri se había acabado su vodka de un solo trago al escuchar la confesión. Que él... a su esclavo... ¡¡¡¿Sabía bien?!!! Por favor, Claude debía de estar completamente loco.

—¿Seguro que ese esclavo tuyo no ha puesto masoko en tus bebidas?

—Que gracioso eres Eiri... esto es amor.

—¿Amor?
 «¿Amor? ... Por supuesto que no... sólo curiosidad...»Tenía curiosidad por saber... Recorrió con más intensidad el miembro de Shuichi, sacándolo de su boca para darle lamidas, y volviéndolo a atrapar con sus labios.Shuichi estaba cerca. Demasiado cerca. Cada vez que su amo pasaba su lengua por tan sensible piel, se sentía desvariar. Viendo a su amo recorrer su miembro, siguiendo el camino de las venas dorsales hasta casi tocar su vientre y regresar hasta la punta del glande.No pudiendo aguantar más la excitación, Shuichi se dejó ir y Eiri lo tomó todo. Al darse cuenta de lo que había hecho, se incorporó con las pocas fuerzas que le quedaban y vislumbró la figura que estaba entre sus piernas con la cabeza gacha. De seguro estaría furioso y ahora se ensañaría con él, haciéndole daño. Lo mataría, lo desaparecería, lo...Eiri estaba congelado. Aquel sabor...«No sabe tan desagradable... de hecho...».Shuichi vio como una gota de su simiente escurrió por los labios del kaizoku hacia su barbilla, pero nunca se esperó ver como la lengua de su amo salía de entre sus labios para atrapar aquella pequeña fugitiva, relamiéndose los labios en el acto. La mirada de Eiri se conectó con la del esclavo, mostrándole un profundo deseo.Eiri tenía sus sentidos nublados. Al beber del semen de su esclavo, un inexplicable deseo lo inundó, mandándole un único mensaje a su cerebro.«Tómalo...».Se incorporó con rapidez, tomando la boca de Shuichi con hambre, compartiendo aquel sabor combinado con sus salivas. Shuichi sintió como los dedos de su amo empezaban a tantear su entrada. Estando ligeramente húmeda debido a la saliva y a su reciente eyaculación, no le fue difícil introducir el primer dedo.Shuichi rompió el beso, empezando a gemir al sentir pronto dos dedos moviéndose dentro de él. Ya no podía resistir más ese juego. Tratar de acallar sus emociones se hacía cada vez más difícil. Pero ahora ya era tarde. Ahora no habría ningún milagro que impidiera que su amo lo tomara esa noche.La mente del kaizoku era un caos. El beber de su esclavo había nublado completamente su raciocinio. Esa pequeña voz en su subconsciente ahora era un caos total, gritándole.«Tómalo... es tu esclavo... ¡¡¡Su única función es la de satisfacerte!!!»Se posicionó entre las piernas de Shuichi, acomodándolas a cada lado de sus caderas y de una sola embestida se adentró en Shuichi, escuchando al instante, un alarido de dolor. El cuerpo bajo el suyo se tensó. Levantó su rostro, encarando al de su esclavo y lo que vio fueron lágrimas de dolor.Shuichi gritó, arqueando su cuerpo ante la inesperada penetración. Perdió la respiración por unos segundos, tratando de soportar aquel agudo dolor. No había estado bien preparado y ahora afrontaba las consecuencias. Cerró sus ojos y trató de respirar lentamente, tomando bocanadas de aire, para sobrellevar el dolor. No pudo evitar que unas lágrimas salieran de sus ojos. Sus manos agarraban fuertemente las sábanas, dejando sus nudillos blancos. Ahora sólo tendría que esperar a que su amo comenzara a moverse y terminara rápido con esto.Durante unos segundos nada sucedió. Algo extraño, pero más tranquilo porque el dolor menguaba. Abrió sus ojos sólo para encontrar a su amo viéndolo intensamente con aquella dorada mirada que era todo un misterio para él. Cuando Eiri se dio cuenta de que Shuichi estaba sufriendo, no supo porqué su cuerpo no reaccionó. Esperó y esperó hasta que la mirada amatista se reveló ante él. Subió a besar sus... dulces labios.«¿Dulces labios?... ¿Qué me está sucediendo?... Todo es culpa de K».Si... toda la culpa la tenía Claude por meterle esas absurdas ideas de hacer aquellas cosas con su esclavo, por insinuarle que pudiera sentir "algo" por su esclavo... ¡Qué tontería!Mientras se hacía de los labios de su esclavo, y al ver que el llanto había cesado, comenzó a moverse lentamente, como queriendo lastimarlo lo menos posible, aunque esto último, nunca lo admitiría. En pocos minutos, ya tenía a Shuichi gimiendo fuertemente, mientras el ritmo de las arremetidas aumentaba.Eiri se deleitaba acallando los gemidos de su esclavo con sus labios, besando su níveo cuello y chupando el lóbulo de la oreja de su esclavo. Todo era tan excitante. Le encantaba escuchar los gemidos hambrientos de Shuichi. Ahora que lo pensaba, nunca se había sentido tan ansioso antes, ni cuando, en el tiempo que lo estuvo buscando, más de cincuenta cuerpos pasaron bajo su cuerpo.Eiri sintió convulsionarse el cuerpo bajo él. En señal del cercano orgasmo. Aumentó el ritmo de las embestidas hasta un ritmo frenético, disfrutando del efímero roce que cada embate le prodigaba a su miembro. Shuichi estaba llegando a su límite nuevamente. Todas aquellas caricias que su amo le prodigaba terminaría por volverlo loco.Con un grito y un gemido ahogado, ambos liberaron su simiente. El cuerpo de Shuichi se volvió laxo sobre la cama, mientras sentía como el cuerpo de su amo caía sobre él con la respiración acelerada.Shuichi estaba tan perdido en su nebulosa que no se dio cuenta cuando su amo le robó un último beso, para después salir de él y acostarse a su lado. Fue unos minutos después cuando finalmente sintió el rastro de calor sobre sus labios, y al voltear a ver a su amo, se dio cuenta de que éste ya estaba dormido.«Se ve tan tranquilo durmiendo... si tan sólo nos hubiéramos conocido en otras circunstancias... en otro tiempo... debo escapar de aquí cuanto antes...».Dando un profundo suspiro, se dispuso a dormir. *** Hiroshi daba vueltas sobre su cama. Desde hacía una hora estaba tratando de conciliar el sueño, pero el saber que su amado estaba a tan sólo unos metros de él...Con decisión se levantó de la cama y se dirigió a la puerta de su habitación. La abrió sigilosamente, tratando de no hacer ruido. Caminó unos cuantos metros hasta la habitación que sabía ocupaba el kaizoku y trastabilló un poco. ¿Debería tocar la puerta?De seguro Claude ya estaba dormido, y si tocaba lo iba a despertar. Giró lentamente la perilla y abrió. Se asomó por el resquicio de la puerta. Dentro todo era oscuridad, entró y cerró la puerta.Ya que sus pupilas se ajustaron correctamente, dilatándose para captar hasta el más mínimo atisbo de luz, empezó a caminar y distinguió el filo de la cama. Su meta. Con cuidado empezó a tantear las sábanas hasta sentir el cuerpo de su amado. Lentamente levantó las sábanas y se acostó junto a él, para finalmente, quedarse dormido. *** ViernesSus párpados se abrieron lentamente. Se sentía un poco cansado, pero había dormido muy bien. Trató de incorporarse, sin embargo, sintió un peso en su pecho que le impidió moverse.Bajó la vista hasta encontrarse con una inconfundible cabellera rojiza y entonces sonrió. Claramente recordaba las primeras noches en su mansión después de haber hecho el amor, cuando Hiroshi se colaba a su habitación. No lo había sentido cuando había entrado a su habitación.Aspiró el aroma que despedía la cabellera del mayordomo, deleitándose con un suave olor a jamaica. Se dio un poco la vuelta para acomodarse y abrazar mejor a Hiroshi, y decidió volver a dormirse. Aún era muy temprano. *** Cuando Shuichi despertó, se encontraba solo en la cama. Podía escuchar el sonido del agua caer desde el baño de la habitación, así que asumió que su amo debería de estar bañándose. Suspiró. Como odiaba su vida. Debía de hacer un plan para escapar con Ryuichi cuanto antes.La ducha dejó de escucharse y de ella salió su amo con una toalla amarrada a la cadera. Shuichi no pudo menos que sonrojarse y voltear la mirada avergonzado, tratando de cubrirse un poco con las sábanas. Eiri se dio cuenta del gesto e hizo una mueca imperceptible para el esclavo. Caminó hasta el armario de su habitación, cuando escuchó la voz de su esclavo hablarle.—A... amo...Eiri volteó a verlo, notando como su voz sonaba tímida... como si quisiera pedirle algo.—¿Qué quieres?—Quisiera... ¿podría ir a ver a... Ryuichi...?Ahí estaba de nuevo, esa molestia en su pecho que aparecía cada que su esclavo mencionaba al otro enano.—¿Para qué quieres verlo?Shuichi pudo notar el tono de disgusto en la voz de su amo, así que armándose de valor, sin parecer altanero contestó.—Hace mucho tiempo que no lo veía... amo... Quisiera pasar un poco de tiempo... con él...Eiri respiró profundo. Si sus pensamientos iban bien encaminados, los más seguro era que Tatsuha se le hubiera pasado la mano la noche anterior, y el otro humano, y no podría pasar tiempo con Shuichi.—Ryuichi estará en la habitación de Tatsuha. Báñate y ponte el traje que está en el segundo cajón. No tardes.—Sí.Shuichi se levantó y rápidamente se metió a bañar, con ansias de ver a Ryuichi, para empezar a planear su escape. Cuando salió, tomó el traje que le correspondía. Un conjunto de dos piezas. La superior, era de tirantes, y en el centro de la parte delantera estaba unida por un par de cordones. De la misma manera, el short era mantenido unido por un par de cordones.Salió de la habitación y se encontró a su amo en la sala de estar, revisando algo en una tableta electrónica. Al percatarse de la presencia de su esclavo, dejó la tableta dentro del cajón de una mesa y le llamó.—Vamos.Ambos se dirigieron a la habitación del menor de los Uesugi. *** Tatsuha abrió sus ojos lentamente. Se sentía muy cansado. Se incorporó lentamente, barriendo la habitación con su mirada, tratando de recordar lo que había sucedido la noche anterior. Cuando su mirada llegó al lado opuesto de su cama, entonces lo recordó.A su lado, estaba Ryuichi. Sólo podía ver su cabellera y su espalda, pues estaba hecho un ovillo hacia el otro lado de la cama. Se le hizo extraño notar unos erráticos temblores en aquel cuerpo.—Oye enano... —le habló, sin embargo, no tuvo respuesta—. Enano, te estoy hablando... ¡Contéstame!Tatsuha se enojó porque su esclavo no le respondía. Él era Tatsuha Uesugi. Nadie en su sano juicio debe de ignorarlo, claro, nadie a excepción de su hermano mayor. Con rabia jaló las sabanas para destapar el cuerpo de su esclavo, y se sorprendió con lo que encontró.El cuerpo de Ryuichi se convulsionaba levemente y quedos sollozos salían de su boca. Había grandes moretones en el área de las caderas. Recorriendo el frágil cuerpo de su esclavo con la vista, llegó hasta su espalda baja. Entre sus glúteos había claros signos de sangrado, y en las sábanas bajo su cuerpo, una mancha oscura.«Felicidades Tatsuha... rompiste a tu esclavo». Liberó su furia dando un fuerte golpe sobre la cama. Sacando su frustración, estiró su mano para tocar la espalda de su esclavo.«Está ardiendo».En eso tocaron la puerta de la estancia. No tenía ganas de levantarse, así que sólo gritó desde la habitación.—¡Adelante!Tatsuha se levantó de la cama y se puso una bata para cubrir su desnudo cuerpo. Se escuchó como la puerta se abría y después de unos segundos se volvía a cerrar. Pasos que se acercaban a su habitación. Entonces, la puerta de su habitación se abrió.—Eiri, ¿a qué debo tu presencia en mi habitación?Inmediatamente, Tatsuha se dio cuenta de que su hermano no venía sólo, sino que venía con su esclavo.—Vaya... y hasta trajiste a tu―—¡¡¡Ryuichi!!! —Shuichi salió corriendo de espaldas de su amo para ir hasta la cama donde Ryuichi respiraba aceleradamente—. ¡¡Ryu!!... ¡Despierta!Shuichi tocó la cara de su amigo, dándose cuenta de que estaba ardiendo en fiebre. Inmediatamente se levantó y fue hasta su amo.—¡Amo!... por favor, ¡hay que llamar a un doctor...!Una lágrima escapó de los ojos del esclavo. Eiri le dirigió una mirada a su hermano.—Congratulaciones Tatsuha —dijo con sarcasmo, pero sin poder evitar sentirse incómodo con la actitud de su esclavo.―No entiendo el problema. Unos días y estará bien... —replicó con una sonrisa de autosuficiencia en su rostro. Shuichi se volteó a verlo, enojado por su actitud de desprecio y poco interés por la salud de su amigo—. Lo único malo es que me quedé sin diversión. Quizás podrías prestarme a tu esclavo —agregó mientras jalaba a Shuichi y apresaba su cintura, acercándosele como depredador. La mirada de Shuichi fue de temor.—¡¡¡Tatsuha!!!Tatsuha no pudo reaccionar. En menos de un segundo, Eiri le había arrebatado al esclavo y lo había empujado a la pared, atrapando su cuello con una de sus manos. Una mirada furiosa en su rostro.—Ni se te ocurra... volver a tocarlo...

----- CHAPTER BREAK -----

—Ni se te ocurra... volver a tocarlo.La mirada de Eiri destilaba rabia. Shuichi estaba en el piso. De tan rápido que se había movido su amo, lo había aventando y terminó cayendo de sentón. Su mirada estaba absorta. La manera de reaccionar de su amo lo había sorprendido por completo. Verlo enfrentar a su hermano con esa mirada de furia lo hizo sentirse extraño. Lentamente se levantó, y se colocó a espaldas de su amo.—¿Me escuchaste claramente, Tatsuha?Tatsuha se sintió asustado por primera vez en su vida. Nunca había visto a su hermano reaccionar de esa manera. Trató de mantenerse lo más impasible posible.—Si ya... ya entendí...Eiri lo soltó lentamente y volteó a ver a Shuichi.—¿Estás bien?Shu se descolocó poco por la pregunta. ¿Qué si estaba bien? ¿Se estaba preocupando por él? ¿O por lo que le pudiera hacer a alguna de sus posesiones?—S... sí...Tatsuha ahora estaba entrando a un estado de enojo. Su hermano prácticamente lo había dejado en ridículo frente a un esclavo. ¿Qué le estaba pasando? Desde que esos esclavos habían entrado a sus vidas, solo en cuestión de semanas su hermano estaba cambiando.Tomando la dignidad que le quedaba, se encaminó al baño. Presionó un botón que se encontraba en la pared cerca de la puerta del baño y un sirviente hizo acto de aparición tocando la puerta de la habitación.—Llévenselo de aquí —dijo mientras veía a Ryuichi que seguía con su respiración acelerada y las mejillas sonrosadas.—Shuichi. —El esclavo volteó a ver a su amo—. Dile a uno de los sirvientes que llame a un doctor y que lo trasladen a una de las habitaciones de esclavos.—Sí amo.Shuichi salió corriendo de la habitación para llamar a un doctor lo más pronto posible y poder regresar con Ryuichi.Eiri miró fijamente a la cama. Analizaba una y otra vez al esclavo de Tatsuha que estaba acostado sobre las sábanas de seda. ¿Qué tenía ese mocoso que hacía a Shuichi reaccionar así?«No tiene nada de especial... es sólo un simple esclavo». *** Shuichi llegó corriendo a la habitación. Había hablado con el primer sirviente que se había encontrado para que le dijera cómo o dónde localizar a un doctor. Recuperando la respiración por la acelerada carrera, se acercó a la cama donde Ryuichi yacía. Se veía tan pequeño e indefenso. Su cuerpo lacerado apenas cubierto por la sábana.—Ryu... ¿Por qué no me habías dicho de esto?Se estiró un poco para alcanzar la manta y taparlo. Tocó su frente y la sintió ardiendo. Iba a levantarse al baño por agua y una toalla, sin embargo se arrepintió al recordar que el amo de Ryuichi había entrado hecho una furia. Se volvió a sentar en la cama y tomó la mano de su amigo.—Resiste Ryu... pronto llegará el doctor. *** Los rayos del sol comenzaban a despertarlo. Podía sentir un rayo de luz que caía directamente sobre su cara así que se acurrucó más en la cama. Fue entonces consciente de que se encontraba solo. El lado de la cama desocupado aún permanecía tibio, lo que quería decir que su acompañante acababa de despertar.Se incorporó algo desorientado, tratando de habituar sus pupilas al exceso de luz que entraba a la habitación por la ventana, cuyas cortinas habían sido corridas.—Buenos días.Hiroshi se volteó a ver hacia donde escuchó la voz. Claude acababa de salir del baño y estaba envuelto en la brumosa bata.—Te veías tan bien dormido que no quise despertarte.—Lo siento —dijo Hiroshi bajando la mirada. Claude puso cara de confusión—¿Porqué te disculpas?—Yo... anoche...—Tranquilo. Te dije que ahora tenemos todo el tiempo del mundo.Claude se acercó a Hiroshi y lo encerró en un cálido abrazo. Hiroshi se sonrojó, pero aún así, recostó su cabeza sobre el fornido pecho. Hiroshi quería dar el siguiente paso, pero tenía miedo. Todos los recuerdos de sufrimiento se agolpaban en su cabeza, impidiéndole disfrutar plenamente del momento. Con lentitud, se separó del pecho de Claude y lo besó. *** El doctor había llegado pocos minutos después de que Shuichi lo había ido a buscar. Con cuidado había removido las sábanas para dejar el cuerpo de Ryuichi al descubierto. Una pequeña brisa se coló por una de las ventanas ocasionando que la piel de Ryuichi se erizara y comenzara a despertar.—¿Ryu?Shuichi se incorporó y se acercó a su amigo del lado contrario de la cama a donde se encontraba el doctor. Ryuichi giró su cabeza varias veces, tratando de aclarar su mente. Entonces, cuando finalmente abrió sus ojos, la primera silueta que vio fue la de Shuichi.—Shu...Su voz sonaba débil. Trató de incorporarse sin embargo lo único que hizo fue lanzar un quejido de dolor y recostarse de nuevo.—No se mueva aún joven Ryuichi. Necesito curar sus heridas.Fue en ese momento en que Ryuichi se dio cuenta de otra presencia en el cuarto y su mirada fue de miedo.—¿Quién es usted? —preguntó con voz trémula y tratando de alejarse—Tranquilo Ryu, es sólo el doctor.                 Ryuichi tranquilizó su respiración y se acostó de nuevo, sin poder evitar lanzar un quedo gemido de dolor. Al momento en que el doctor iba a empezar a trabajar, se escuchó como la puerta del baño era abierta y por ella salía un Tatsuha bañado y vestido solamente con una bermuda. Su ceño se frunció al ver al esclavo de su hermano.—Sáquenlo de mi habitación —gruñó dirigiéndose a la puerta.—Amo...Ryuichi sintió como si su corazón se rompiera... una vez más... ¿Tan poco le importaba a su amo...? ¿Tan prescindible era...? Su voz se apagó y su mirada se bajó mientras que Tatsuha caminaba hacia la puerta.—Que lo lleven a su habitación. No quiero verlo de momento.Sin decir más, salió de la habitación cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.«¿Porqué me odia tanto?».Ryuichi se sentía destruido. No terminaba de acostumbrase a los duros actos de su amo. Shuichi se dio cuenta del cambio en el semblante de Ryuichi y solamente lo abrazó. Ryuichi correspondió al abrazo, liberando sus lágrimas. Los minutos pasaron mientras el doctor veía el intercambio mudo de sentimientos. Dolor por una parte. Entendimiento por la otra. Al cabo de unos minutos, Ryuichi se separó y le dirigió una mirada de agradecimiento.—Gracias Shu.—No hay de que. Ahora es momento de curarte y llevarte a tu habitación. *** Hiroshi y Claude estaban desayunando en la habitación. Como se estaba haciendo costumbre en las últimas comidas, compartían besos mientras se pasaban los alimentos. Hiroshi se sentía en las nubes. Sutilmente estaba siendo cortejado por su... pareja... Qué bien se escuchaba. Cada vez que lo pensaba sentía mariposas en el estómago. Su piel ardía cuando Claude tocaba sus manos o rozaba sus mejillas, haciéndolo sonrojar en el acto. Cada que el kaizoku veía como la sangre se arrebolaba en sus mejillas, sólo le dedicaba una sonrisa conciliadora. Cuando terminaron de desayunar, un sirviente fue a recoger la bandeja y los platos que habían utilizado.—Hiro, ¿quisieras bajar a la piscina? —preguntó Claude, poniéndose de pie y acercándose a la ventana. El día pintaba a ser cálido.—Sí... me encantaría.Claude volteó a verlo con una sonrisa.—Anda, ve a bañarte. Iré a mi habitación a asearme también. Nos vemos en el vestíbulo en media hora con la ropa de baño.—Sí.Hiroshi suspiró al ver el torneado cuerpo del kaizoku salir de la habitación. Se levantó de la cama y se dirigió a su armario. Fue en ese momento en que se dio cuenta de un detalle y sus mejillas ardieron.Entrarían a la piscina con una minúscula pieza de tela que a duras penas cubriría sus intimidades, dejando mucha piel al descubierto. Empezó a rebuscar entre su ropa, buscando algo que ponerse.«Esto no... muy grande... muy pequeño... demasiado... definitivamente no... ¡¡¡Qué me pongo!!!». *** Para el mediodía, Ryuichi ya estaba instalado en una de las habitaciones de esclavos y Shuichi no se había separado de su lado. El doctor había curado sus heridas externas e internas —causando que Ryuichi casi muriera de la vergüenza—, y se había retirado recetándole una pomada de rápida regeneración celular para que se pusiera ese mismo día cada dos horas, diciéndole que para el día siguiente ya se encontraría en perfectas condiciones.—Bien jóvenes, me retiro. Iré con el amo Tatsuha para informarle de su estado.—No creo que sea necesario doctor —acotó Ryuichi con una mirada triste—. Él no necesita saber mi condición. Sólo cuando podrá volver a usarme.El doctor no contestó, simplemente se dirigió a la puerta y salió de la habitación. *** Eiri estaba en su despacho y en estos momentos estaba enojado. Había recibido otra llamada de Tohma, molestándolo, preguntándole cuándo iban a regresar, pues sus esclavos aún estaban pendientes para la revisión obligatoria entre los esclavos nuevos.Seguía sin estar de acuerdo en ese punto. Lo bueno era que no tendrían que hacerles los exámenes de respuestas fisiológicas a estímulos, pues ya ambos habían demostrado su capacidad durante su primera presentación en la exposición anterior.Necesitaba descansar un poco. La tensión estaba haciendo estragos en él. Salió de su despacho con dirección a su habitación. Después de todo, no muy seguido podía ir a la casa de playa, que mejor que aprovechar el momento. En su camino a su cuarto, interceptó a uno de los sirvientes de la mansión y le dio un encargo. *** —En un rato más traerán la comida Ryu.—Gracias Shu.Ryuichi estaba acostado de lado en el centro de la cama y Shuichi estaba sentado a su lado cepillando con suavidad los cabellos sobre su frente.—¿Cómo te sientes?—Normal... ya me estoy acostumbrando a estas cosas.—Ryu... tenemos que averiguar una manera de escapar de aquí.—Shu... después pensaremos en eso... —Shuichi iba a replicar cuando alguien tocó a la puerta.—Adelante.Uno de los sirvientes se apareció ante ellos.—Joven Shuichi. El amo Eiri solicita su presencia inmediata.Shuichi se extrañó pero aún así no debatió. No quería que su amo le impidiera ver a Ryuichi después, así que se despidió de su amigo y se dirigió a la habitación de su amo. *** —¿Me mandó llamar amo?Shuichi entró a la habitación pensando que su amo lo estaría esperando en la sala de estar, sin embargo, ésta estaba vacía. Iba a preguntar de nuevo, cuando vio a su amo aparecer por la puerta de la habitación. Estaba cubierto con ropas de playa. Una playera sin mangas y unos shorts a la rodilla. Eiri caminó hasta estar frente a él.—Ve a la habitación. Colócate las prendas que dejé sobre la cama. Te espero en diez minutos en la piscina privada. ¿Entendido?—Sí, amo.El kaizoku salió de la habitación sin decir nada más, mientras Shuichi se dirigía a la habitación a ver qué ropa le había dejado su amo. *** Cuando Hiroshi bajó las escaleras, estaba cubierto con una bata de seda blanca y en el vestíbulo lo estaba esperando Claude también usando una prenda similar.—Vamos, mi amado Hiro.Hiroshi se sonrojó, y sintiendo como el kaizoku pasaba uno de sus brazos sobre sus hombros, se encaminaron hacia la piscina de la mansión dedicada exclusivamente a kaizokus. Cuando Hiroshi se dio cuenta de hacia dónde lo llevaban sus pasos, se detuvo a medio camino.—¿Qué sucede Hiro?—Ese lugar... es solo para kaizokus... los esclavos y sirvientes no podemos nadar ahí.Claude sonrió y se detuvo frente a Hiroshi, tomándolo de los hombros y acercándolo a su cuerpo.—Yo soy un kaizoku. Y te estoy llevando como mi pareja. No hay ningún problema.—Pero...Claude volvió a tomarlo de los hombros y a obligarlo a avanzar. En pocos minutos llegaron a la piscina mayor. Era muy diferente a la que estaba dedicada a los esclavos. El bar estaba más surtido y tenía las mejores bebidas del mundo. Los camastros eran de la mejor calidad. Había sombrillas sobre cada camastro y un gran imagor al fondo del recinto. El lugar, al contrario de la piscina de los esclavos, estaba techado con un cristal polarizado de manera que los rayos de sol que entraban no dañaban ni quemaban la piel de los kaizokus.Hiroshi veía todo esto maravillado. Era muy diferente la perspectiva de un sirviente o un esclavo que sólo podían contemplar el lugar, a la de una persona que estaba a punto de usarla. Claude tomó su mano y lo instó a acompañarlo primero al bar.—¿Gustas algo de tomar?—Sí.Claude preparó dos copas de vino y le pasó una a Hiroshi.—Un brindis...—¿Por qué? —preguntó Hiroshi viendo su copa confundido—Porque finalmente estamos juntos de nuevo. Y porque no pienso volver a dejar que te vayas de mi lado.Hiroshi se sonrojó cuando Claude cruzó sus manos para tomar sus respectivos tragos igual a como lo hacían los humanos de antaño en las bodas. Al terminar su bebida, Claude atrapó sus labios en un beso dulce y suave, degustando la combinación del sabor del vino con sus propios jugos. Hiro tenía sus sentidos embotados. La dulce boca que aclamaba a la suya le nublaba el raciocinio. Cuando el oxígeno de sus pulmones comenzó a escasear, sus labios dejaron de tocarse.—Sabes igual de cómo recordaba.Hiroshi volvió a sonrojarse y bajó la mirada. Sintió como Claude tomaba su mano y lo jalaba.—Vamos. *** Shuichi llegó a la piscina de la mansión con una bata de baño puesta sobre su cuerpo. Vio a su amo recostado en uno de los camastros tomando una bebida, utilizando lentes de sol negros, y sorpresivamente para Shuichi, totalmente desnudo. Cuando Eiri se percató de su presencia, se quitó sus lentes y le hizo una señal.—Acércate —Shuichi asintió y caminó hasta encontrarse a medio metro de su amo—. Quítate eso.Shuichi deslizó la prenda por sus hombros, mostrando un sonrojo. Era una prenda demasiado reveladora. Aunque por el frente pareciera una ropa interior atada con lazos, la parte trasera se encontraba prácticamente descubierta.Al ver la prenda sobre la cama de la habitación, inmediatamente se había cubierto con una bata. No pensaba andar por los pasillos con esa prenda, enseñando su humanidad. Sintió como la suave tela abandonaba su cuerpo hasta tocar el piso y quedaba semidesnudo delante de su amo.—Veo que la prenda te quedó bien. Ven aquí. Siéntate en mis piernas.Shuichi se acercó aún más y al sentarse, quedó con las piernas abiertas a cada lado de las piernas de su amo. La posición era por demás, vergonzosa.Eiri se incorporó del camastro, quedando sentado y con Shuichi sobre su cadera. Sus manos viajaron rápidamente al trasero de Shu, tomándolo y estrujándolo con fuerza, sacándole un gemido a Shuichi y ocasionando que recargara sus manos sobre su pecho.—Muévete... excítame...Shuichi no se movía.—Con que te resistes, ¿eh...? Te haré rogarme.Una de las manos de Eiri viajó a las cintas sobre su ropa y empezó a desanudar la prenda, quedando su flácido miembro al aire.—Vaya... que poco ánimo.Eiri sentía que su excitación crecía con el simple hecho de ver a Shuichi frente a él, y más al ver como su esclavo se resistía a sus caricias. El roce de su esclavo estaba haciendo que su hombría le reclamara por caricias. Con su boca atrapó una de las tetillas del joven y comenzó a morderla y a lamerla con su lengua.Shuichi trataba de acallar sus gemidos, sin embargo, su fuerza de voluntad ante aquellas caricias menguaba con cada roce. Eiri tomó las manos de Shuichi y las dirigió a sus miembros que ya estaban excitados. Las colocó de manera que rodearan ambos falos. Y le susurró al oído.—Vamos... ya sabes qué hacer...Mordió el lóbulo de su oreja y lo lamió, sacándole más gemidos. Shuichi comenzó a mover sus manos, tratando de satisfacerse, haciendo lo mismo con el miembro de su amo. Pronto se encontró jadeando. La combinación del movimiento de sus manos sobre su miembro con las caricias que su amo le estaba prodigando en sus pezones, su vientre y sus caderas lo estaba haciendo delirar, sin embargo, trataba de ahogar sus gemidos.—Gime... gime para mí... —dijo Eiri, sus manos bajando por sus caderas. El clímax estaba cerca, ambos podían sentirlo.—Amo...Shuichi aumentó el ritmo de sus manos, causando que la fricción entre ambos se hiciera mayor. Ambos llegaron al clímax al mismo tiempo. Eiri sintió como el cuerpo de Shuichi se volvía laxo y sentía la respiración acelerada de Shuichi sobre su pecho.—Esto aún no termina —dijo, mientras sus manos se dirigían a su intimidad. *** Tatsuha estaba en la playa. No sabía porqué sentía una incomodidad en su pecho. Se había arrojado a las embravecidas olas, nadando contra la corriente, tratando de liberarse de este sentir. Después de unos minutos se sintió agotado y dejó que lo arrastrara la corriente hasta llegar a la playa.Se quedó recostado sobre la arena, y su mente evocó la imagen con la cual había despertado. Ryuichi. Todo lo que le había hecho. Pero no podía evitarlo. La más mínima insinuación de que su esclavo podría estar con alguien más hacía que le hirviera la sangre.«¿Qué me está pasando?».

----- CHAPTER BREAK -----

Cuando Hiroshi y Claude llegaron a la orilla de la piscina, Claude se deshizo de su bata, mostrando un traje de baño de una pieza color azul, dejando al descubierto su amplio y lampiño pecho con sus marcados músculos torácicos. Sus anchos brazos que solían abrazarlo con tanta ternura y aquellas piernas torneadas que tenían un grácil caminar. Hiroshi se sonrojó al ver el diminuto trozo de tela cubriendo aquella intimidad.—Vamos. —Claude vio como Hiroshi se mostraba reacio a quitarse la bata por lo que se acercó a él y colocó sus manos sobre los hombros de Hiroshi—. ¿Qué sucede?—Me... me da pena... —decía Hiroshi mientras su adorable sonrojo aumentaba y bajaba la cabeza.—Lo que sea que te hayas puesto está bien.Hiroshi asintió mientras la tela de la bata se deslizaba por su cuerpo. Claude se maravilló ante la vista. Comprendiendo que Hiroshi aún no quería mostrar mucho, estaba usando un traje de cuerpo completo en color negro. La parte del pecho estaba dividida y unida con unos pequeños lazos, dándole una placentera vista de la suave piel de esa área. El oscuro color contrastaba a la perfección con su piel lechosa. Los ojos de Claude parecían brillar. Hiroshi se veía tan sexy e inocente. Sus mejillas refulgían en rosa.—Te ves...Claude no tenía palabras. Hiroshi malinterpretó este silencio, pensando que no le gustaba su atuendo a su antiguo amo.—Lo siento... —masculló apenado—. No sabía que ponerme y——Perfecto.Hiroshi sólo sintió como sus labios eran atrapados por su antiguo amo. Los hambrientos labios de Claude recorrían su boca ávidamente hasta sacarle un gemido. Cuando el oxígeno escaseó en sus pulmones, sus bocas se separaron. Hiroshi tenía la respiración acelerada, mientras Claude sonreía.—Vamos al agua.Claude introdujo sus pies en el agua templada mientras Hiroshi lo seguía. En poco tiempo se encontraron en el centro de la piscina. Claude podía ver como su Hiroshi estaba demasiado cohibido, así que para tratar de aliviar la tensión empezó a arrojarle agua. Hiroshi por un momento se confundió, pero un segundo después entendió y le siguió el juego. Ambos parecían un par de niños jugando en el agua. *** Ryuichi estaba en su habitación, aún seguía recostado. Las últimas dos horas había tratado de dormir, sin embargo, no pudo hacerlo. El doctor le había recomendado que reposara todo el día, pero no pudo aguantar el ver de nuevo a su amo. Lentamente se incorporó y caminó hacia la puerta de la habitación. A pesar de los medicamentos y las pomadas, aún le dolía su cuerpo. Aguantando sus dolencias, salió y recorrió el pasillo hasta quedar frente a la habitación de su amo. Iba a tocar cuando escuchó unos extraños sonidos a través de la puerta. Con curiosidad se acercó a escuchar y entonces los distinguió.Gemidos.No le quedaban dudas. Esa voz era de Takako. Sintió como si su corazón se comprimiera. Unas pequeñas lágrimas escaparon de sus ojos. Tendría que aprender a vivir con aquel dolor.«No puedo evitar sentir esto por él... lo amo tanto...»Con pesar volvió a su habitación. Trataría de dormir, aunque fuera un poco. Tratando de alejar el dolor de su corazón. *** Shuichi alcanzó el clímax una vez más. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces lo había hecho ese día. Su amo parecía insaciable. Lo habían hecho sentados, en el piso, dentro de la piscina, en el bar, y no recordaba en cuántos lugares más.Quería descansar un rato, sin embargo, Eiri aún lo tenía apresado de la cintura. Sentía el pecho subir y bajar de su amo en su espalda. Su respiración acelerada le mostraba que él también estaba un poco cansado. No se dio cuenta en qué momento se vio vencido por el sueño. *** Hiroshi y Claude se encontraban en una de las orillas de la piscina. Se habían cansado de jugar y se habían quedado apoyados en el borde. Claude estaba contra la pared de la piscina con Hiroshi recargado sobre su pecho.—No sabes cuánto ansié estar así nuevamente contigo. ―En el abrazo, Claude aprovechaba para recorrer sutilmente el cuerpo de Hiroshi. Inocentes toques en su cintura y su abdomen.La tarde estaba cayendo. A través del cristal protector del techo podían ver como el sol recorría la bóveda celeste para acercarse lentamente al poniente. Hiroshi suspiró. Todo el ambiente era muy romántico, y, si por un momento pensó que su antiguo amo querría propasarse con él aprovechado la situación, estaba totalmente equivocado... y a la vez un poco frustrado.—Se está haciendo tarde. Entremos y comamos algo.—Sí.Ambos se dirigieron a las escalerillas. Claude salió primero, para después ayudar a Hiroshi a salir. Mientras le ponía la bata, aprovechó para recorrer su cuerpo una vez más. El kaizoku tomó la mano de Hiroshi y se dirigieron a la mansión. Mantuvieron una cena armoniosa. Comentaron cosas que habían hecho esos cuatro años de separación y finalmente se fueron a dormir. *** Sábado.Shuichi abrió sus ojos lentamente. Se sentía muy cansado.«¿Dónde estoy?»No reconocía el lugar como la piscina sino más bien como la habitación de su amo. Se dio cuenta de que aún seguía desnudo, así que, con algo de vergüenza, se volvió a tapar con las sábanas hasta el pecho.«¿Cómo llegué aquí?»Si no mal recordaba había estado teniendo sexo con su amo en la piscina hasta muy tarde. Trató de recordar que fue lo último que había hecho, sin embargo, no pudo. Había un pequeño vacío en su mente. Quizás producto del "agotamiento físico". Fue en ese momento que escuchó la voz.—Vaya... hasta que despertaste.Hasta ese instante se dio cuenta de que su amo estaba sentado en un sillón frente a la cama. Lo miraba fijamente, como queriendo comerlo con la mirada.—Que... ¿qué sucedió?Eiri se levantó del sillón y se acercó lentamente a la cama.—Te desmayaste.Había un ligero tono de reproche en sus palabras. Shuichi bajó la mirada.—Lo siento... amo...—No importa. —Eiri comenzó a dirigirse hacia la puerta de la habitación—. Ya amaneció. Aséate y baja a desayunar.Fue hasta ese momento en que su estómago rugió sonoramente, haciéndolo sonrojar al instante. *** —¿Y bien?... ¿Ya está repuesto? —preguntó Tatsuha con desesperación.Estaba en la habitación de Ryuichi; el doctor revisaba al esclavo bajo la impaciente mirada de Tatsuha. El día anterior se había tenido que conformar con Takako y su otra esclava, pero por alguna razón que aún no podía descubrir, sólo había podido tener una sola erección. Era tan desesperante una vez que se había acostumbrado a las multi sesiones con Ryuichi.—Las heridas del joven Ryuichi ya casi han desaparecido. Recomendaría un día más de descanso, amo Tatsuha.—¡Un día más! —La ansiedad en la voz del kaizoku era palpable. Le dirigió una mirada de enojo a Ryuichi y se volteó para salir de la habitación—. Te espero en la noche en mi habitación, Ryuichi.Ni siquiera esperó al que el esclavo le contestara pues ya había cerrado la puerta de la habitación. Ryuichi bajó la mirada. No podía evitar sentirse triste ante el obvio interés de su amo exclusivamente sobre su cuerpo.—Joven Ryuichi... —El médico le llamó—. Le aplicaré un poco más de regenerador de tejido. Si me hace el favor.—Sí...Tendría que pasar doce horas más encerrado en su habitación. *** Cuando Hiroshi se despertó, se encontró sólo en su habitación. Algo distraído, se incorporó sobre la cama. Encontró a lado de su cama una mesa con una bandeja cubierta. Se sentó en el borde del colchón y quitó la tapa. No pudo evitar sonreír.En la bandeja había un desayuno completo. Huevos con jamón y pan tostado. Melón y papaya con yogurt, leche, jugo de naranja y café. A un lado había una rosa roja con una nota encima. Tomó la nota y la flor. Aspiró el suave aroma que esta despedía, deleitándose con la sensación de frescura. Entonces leyó la nota.

Desayuna bien. Tuve que salir. Regresaré al atardecer.

Te amo.

W.

Sonrió y volvió a aspirar el dulce aroma de la rosa antes de desayunar. Se puso a pensar en que haría gastaría su tiempo hasta que Claude regresara. Había cosas que hacer en la mansión. *** Cuando Shuichi salió de bañarse, encontró una caja sobre la cama. Asumiendo que sería su ropa de ese día, lo abrió y empezó a vestirse. El traje para esta ocasión era decente. Un traje de dos piezas, un hot pants corto que no bajaba del inicio de las piernas y un top sin mangas con forma de diamante. Se dirigió al tocador de donde tomó un cepillo y comenzó a cepillar su cabello. En ese momento se puso a pensar.«Hace ya tres días que no tomo la pastilla... ¿Estaré...? No quiero ni imaginarlo... ¿Qué haría en ese caso?... Sólo espero que no haya pasado nada... no puedo embarazarme... no ahora...».Dejó el cepillo sobre el peinador y bajó a almorzar. *** Hiroshi terminó de desayunar y decidió ir a la biblioteca a pasar un poco de tiempo en lo que llegaba Claude. En su camino se encontró a uno de los tantos sirvientes de la mansión.—Buenos días, joven Hiroshi.—Buenos días, Kobayashi —respondió Hiroshi al saludo.—Hoy se ve más feliz que de costumbre señor.—¿Tú crees? —preguntó Hiroshi mientras un leve sonrojo cruzaba sus mejillas.—Sí.—Kobayashi, ¿viste al amo Winchester esta mañana?—Sí, lo vi cuando estaba a punto de salir en el vestíbulo.—¿Te dijo a donde iba?—No, sólo que regresaba en unas cuantas horas.—Ah... bueno... estaré en la biblioteca...—Sí, joven Hiroshi.Hiroshi continuó su camino a la biblioteca. Ahora que su amo no estaba en la mansión tenía más tiempo libre y después de organizar las labores del día, podría dedicarse a leer un rato. *** Cuando Shuichi terminó de almorzar, se dirigió al despacho de su amo donde le habían dicho que estaba. Cuando llegó a las puertas del despacho tocó tres veces y esperó una respuesta.—Adelante. —Shuichi empujó la puerta, encontrándose a su amo sentado en su escritorio, revisando su terminal—. Siéntate en el sofá y no hagas ruido.Silenciosamente, Shuichi obedeció la orden, sentándose en el cómodo sofá negro en un costado del despacho. Eiri sólo le dirigió una mirada antes de volver a su lectura. Los documentos que se desplegaron en la pantalla frente a él eran las pruebas que tendrían que hacerle a Shuichi al regresar, como esclavo que era. Pruebas de sangre, glucosa, electrolitos, perfil lipídico, biometría hemática completa, pruebas para enfermedades completamente desconocidas para él que pueden ser letales en los humanos. Todas estas pruebas normalmente se hacían mucho antes de adquirir a un esclavo.Cuando los kaizokus adquirían nuevos esclavos, estos ya habían pasado por estas pruebas. Aún era capaz de recordar la rabia que montó Tohma cuando se enteró de que había mantenido relaciones sexuales con un humano desconocido de la calle y Tatsuha también. Ahora los estaba obligando a hacerles esos exámenes a los esclavos.En todos los largos años de Tohma, considerando su origen, ningún kaizoku se había enfermado alguna vez de enfermedades humanas, pero considerando que constantemente se encontraban en compañía de simples e inmundos humanos y siendo estos, las débiles y frágiles criaturas que son, era indispensable tener un alto control en este aspecto. Por eso tantas pruebas.Sus ojos volaban sobre aquellos documentos. Leía detenidamente cada uno de los exámenes, su forma y tiempo de aplicación y la posible respuesta de los esclavos a estas pruebas tanto fisiológicas como mentales. Efectos alternos o secundarios, secuelas, etc. Inclusive, qué medidas debían tomarse si algunas de estas pruebas daban positivas. Las pruebas eran diferentes en hombres y en mujeres. Además del perfil de hormonas, en mujeres se efectuaba la prueba de embarazo.Tenía mucho material y quería revisarlo todo antes de volver a la mansión. Sabía que, al poner el primer pie en la mansión, Tohma lo atosigaría y lo obligaría a que su esclavo se hiciera las pruebas. Ya era mucho el tiempo que había pasado desde que había adquirido a Shuichi, se le estaban acabando las excusas.El tiempo transcurrió lentamente hasta que dio con los exámenes que en realidad le interesaban y leyó el encabezado.PRUEBAS DE RESPUESTAS A ESTÍMULOS NATURALES Y ARTIFICIALESEsto era lo que le interesaba. Un documento de veinte páginas, con ilustraciones incluidas. Empezó a leer página por página. Cada una de las pruebas que hacían era para determinar el tipo de estímulo y la intensidad de respuesta en diferentes situaciones. Respuestas a situaciones intensas o estresantes y posibles acciones de furia. Todo esto para la seguridad de los kaizokus, pues a pesar de que estos eran más fuertes que los humanos, se tenía documentado que la raza humana, en situaciones de riesgo y estrés, sufrían una carga de adrenalina que podría aumentar hasta diez veces su fuerza, y con la cantidad de cosas que pasaban allí, Tohma no planeaba tener una revuelta de esclavos.Sus ojos volaban por las páginas, leyendo los procedimientos que cada vez le gustaban menos. El saber que su esclavo estaría bajo otras manos le incomodaba. No sabía por qué, pero regresaba ese nudo en su pecho que lo hacía sentir mal.Para cuando terminó de analizar todos los documentos y pruebas dio un vistazo hacia su ventana, dándose cuenta de que el sol se estaba poniendo sobre el horizonte. Su vista se volvió hacia el sillón principal y se encontró con un Shuichi profundamente dormido, recostado a lo largo del cómodo sofá.Suspiró. Se le había ido el día. Miró su reloj que marcaba las siete de la tarde. Ya sólo le quedaba menos de un día en ese lugar, tenía que regresar a su mansión al día siguiente en la noche.Terminó de recoger sus cosas para después pararse y dirigirse hacia el sofá. Shuichi estaba boca arriba, respirando lenta y parsimoniosamente, delatando el profundo sueño en el que se encontraba. ¿Tan cansado estaba que ni siquiera había notado que se habían saltado las comidas del día? Con cuidado lo levantó en brazos, recargándolo sobre su pecho. Shuichi al sentir la calidez, se acurrucó más sobre el cuerpo de su amo. Eiri sonrió imperceptiblemente para después dirigirse hacia su habitación con una preciada carga en sus brazos. *** Hiroshi se talló los ojos para después abrirlos lentamente. Pensó que se había quedado dormido mientras leía en la biblioteca, pero cuando se levantó, se percató de que ya no se encontraba ahí sino de vuelta en su habitación. Antes de que cualquier pensamiento llegara a su mente, la puerta de la habitación se abrió, mostrando a un sonriente Claude.—Veo que ya despertaste. Te veías algo incómodo en aquel sillón, así que te traje de vuelta a tu habitación.—¿Llegaste hace mucho?—No. Tengo poco tiempo de haber llegado.—¿Dónde estuviste toda la tarde? Claude caminó hasta la cama y se sentó frente a él.—Estuve arreglando algunas cosas —dijo dándole un suave beso. Hiroshi adoraba el sabor de aquellos labios. Trató de ahondar el beso un poco más, pero el kaizoku se lo impidió—. Tengo una sorpresa para ti.En ese momento, Claude le mostró una caja que hasta ese momento no había visto. Era de un color rojo oscuro como su cabello.—Vístete con esto, te espero en veinte minutos en la tercera habitación de3l ala oeste del segundo piso —Le dio un beso corto—. No tardes.Sin decir más, salió de la habitación. Hiroshi se quedó viendo la caja, hasta que se decidió abrirla. Vació la caja sobre la cama y acomodó la ropa. No pudo evitar su asombro al ver el mismo traje de esclavo que había utilizado el día de su cumpleaños.Se sonrojó. No tenía idea de que traía Claude en mente, pero aún así, comenzó a cambiarse. Normalmente todos los trajes para esclavos eran diseños únicos, por lo que por un momento pensó que quizás ya no le quedaría. Habían pasado casi seis años desde la última vez que lo usó.Terminó de quitarse la ropa y empezó a vestirse. Primero la exquisita ropa interior y después el faldón. Los braceros y las muñequeras le quedaron a punto e inclusive el collarín le quedó perfectamente. Parecía como si nada hubiera cambiado.Salió de su habitación con dirección al segundo piso. Subió las escaleras y caminó hasta la última habitación que era la tercera. A través de las ventanas pudo ver que el sol ya se había ocultado y sólo quedaban pequeños atisbos de luz en el horizonte. Llegó hasta la puerta y tocó.—Adelante.Hiroshi abrió la puerta y se encontró con una envolvente oscuridad. El único sonido que le llegó fue el sonido del viento que llegaba a través de las ventanas abiertas del balcón al otro lado de la habitación. Caminó hasta el fondo del dormitorio. Pudo divisar como las cortinas serpenteaban con un suave viento y una luz titilante llegaba desde el exterior. Llegó al borde de las cortinas, y al asomarse, los ojos se le iluminaron.—Buenas noches, mi dulce Hiro.Ahí en el balcón había una mesa para dos, con velas y una suculenta cena. Hiroshi volteó a ver al kaizoku quien le ofrecía una pequeña sonrisa.—Como si fuera la primera vez Hiroshi. —Claude se acercó a él, contemplando su torso desnudo—. Te sigue quedando perfecto.Hiroshi se sonrojó, bajando la cabeza. Claude tomó su barbilla levantándola de nuevo y le dio un beso en la mejilla. Se separó y se dirigió de nuevo a la mesa, separándole una silla en muda indicación de que se sentara. Hiroshi se sentó en la silla y al instante siguiente sintió las manos de su antiguo amo sobre su rostro. Entonces lo besó. Un beso corto y dulce.Se dedicaron a comer y a platicar. Claude abrió una botella de vino de la más alta calidad y le convidó una copa a su amado.—Por nosotros —dijo mientras levantaba la copa en alto. Hiroshi hizo lo mismo y repitió la oración.—Por nosotros.Bebieron sus copas. Para cuando Hiroshi terminó la suya, se dio cuenta de que Claude se había acercado y estaba parado frente a él, ofreciéndole su mano. Hiroshi la tomó y se levantó. Sintió como el kaizoku rodeaba su cuerpo con sus brazos, encerrándolo en un cálido abrazo. El tibio aliento llegó hasta su oído para susurrarle unas palabras que por un instante creyó nunca poder volver a oír.—Hiroshi... ¿quisieras hacer el amor conmigo?

----- CHAPTER BREAK -----

—Hiro... ¿quieres hacer el amor conmigo?Hiroshi abrió sus ojos con sorpresa. Sintió un calor rebosante en su pecho y salió de los brazos de Claude para encararlo. Podía ver como el semblante del kaizoku estaba serio, esperando una respuesta, y su único impulso fue besarlo.Claude sólo pudo sonreír unos segundos dentro del beso, antes de entregarse por completo a este. Recorriendo con hambre la cálida boca de su amado Hiroshi, estableciendo una batalla de lenguas para determinar quien dominaba a quien.Lentamente fueron caminando dentro de la habitación hasta estar cerca de la cama. Entonces, Claude cargó a Hiroshi en sus brazos, sacándole un aullido de sorpresa para colocarlo cuidadosamente en la cama como si fuera una de las piezas más finas de cerámica.Claude se posó sobre su cuerpo, sus manos a ambos lados del rostro de Hiroshi, quien tenía sus mejillas arreboladas. Se acercó y unió sus labios en un hambriento beso, sus lenguas recorriendo sus bocas con avidez, reconociéndose mutuamente. Hacía tanto tiempo que no se encontraban así y planeaban reponer todo el tiempo perdido.Claude rompió el beso, descendiendo por la barbilla de Hiroshi hasta llegar al cuello. Allí se dedicó a posar besos de mariposa, suaves caricias recorriendo la sedosa piel. El kaizoku se levantó para quitarse el saco y Hiroshi se incorporó, jalando sus ropas y atrapando sus labios. Mientras era besado, Claude se despojó de su camisa y volvió recostar a Hiroshi sobre la cama. Besó el cuello nuevamente, bajando un poco hasta llegar a la concavidad de la clavícula. Mientras Hiroshi comenzaba a suspirar, Claude bajó hasta su pecho y dio una lamida a una de sus tetillas.Un pequeño gemido ahogado salió de sus labios. Claude atrapó el pezón entre sus dientes y empezó a lamerlo, succionando en ocasiones, dejando al pezón totalmente erecto y sensible. Decidió pasarse al otro pezón y darle el mismo tratamiento, degustando la suave piel. Hiroshi gimió al sentir el sensible tejido de esa área siendo estimulado por la ansiosa lengua de su antiguo amo. Sentía las mariposas en su estómago volar despavoridas.Claude bajó por el abdomen, sintiendo en su movimiento la respiración acelerada de su pareja bajo sus labios. Llegó hasta el ombligo e introdujo su lengua.Soltó un pequeño gemido.En poco tiempo se encontró frente a la delgada tela vaporosa que cubría sus piernas. Sus dedos bordeaban el fin de la tela introduciendo las yemas de los dedos bajo la cinturilla de la prenda, deslizándola por la nívea piel hasta deshacerse de ella y que quedara olvidada en algún lugar de la habitación. Su boca se movió por el bajo vientre, ladeándose hasta la cicatriz en un costado de su cadera, lamiendo la antaño lastimada piel que hacía años había dejado de doler. Se movió, evitando concienzudamente la excitación de Hiroshi, como quien deja el bocado favorito para el final, bajando por las piernas. Sus labios se deslizaban por la tersa piel.Se levantó un poco, sosteniendo la pierna derecha en alto y besó el empeine. Suavemente le quitó la sandalia como quien le quita un pétalo a una flor y atrapó uno de sus dedos, lamiéndolo, deslizando su lengua entre las coyunturas.—Ah... amo...Hiroshi sentía su excitación crecer. Su pene estaba totalmente erecto y clamando atención, liberando pequeñas gotas de pre-semen. Podía sentir las hebras doradas de su antiguo amo rozando su piel, mandándole sensaciones inimaginables por cada uno de sus poros.Claude se pasó a la otra pierna y le quitó la otra sandalia, repitiendo sus acciones. El saber que el centro receptor sensorial de los pies se encontraba al lado del centro del placer sexual era una gran ventaja, pues un simple masaje en los pies durante el acto sexual era suficiente para volver loco a su amante. Claude volvió a subir, llegando a la diminuta prenda de ropa que lo separaba de la masculinidad de su amado. Sus manos viajaron a los bordes de la prenda y le dio un beso a Hiroshi mientras deslizaba la tela por las piernas. Hiroshi volvió a ruborizarse y trató de tapar su miembro con las manos. Claude soltó una armoniosa risa y lo besó de nuevo.—Eres hermoso Hiro... no te avergüences de tu cuerpo... eres perfecto—Usted es más hermoso que yo... yo sólo soy un simple humano —decía Hiroshi mientras volteaba su rostro tratando de ocultar su sonrojo. Claude posó sus manos sobre las mejillas del otro hasta tener su boca a pocos centímetros de distancia—Pero eres mi humano... mi hermoso y perfecto humano.Le dio un beso arrebatador, de esos que quitan el aliento. Hiroshi no se dio cuenta en qué momento el kaizoku se quitó la ropa interior, pues sentía la erguida masculinidad del otro a la altura de su cadera.—Hiro... por favor...Hiroshi removió sus manos para pasarlas por el cuello del otro y lo jaló para darle un beso al tiempo sentía como sus miembros empezaban a frotarse. Mientras el beso los consumía, Claude se movía sobre él como su lo estuviera embistiendo, haciendo que sus miembros bailaran entre sus cuerpos.—Te daré un inigualable placer, mi amado Hiro.Claude se incorporó y descendió por su cuerpo hasta llegar a su miembro. Tomó aquel falo con sus manos y lo frotó lentamente de arriba abajo.—Ah... K-sama...En poco tiempo tuvo a Hiroshi deshaciéndose bajo su toque. Sacó su lengua y le dio una lamida. Hiroshi arqueó un poco la espalda, liberando un gemido ahogado. Claude lamió, deslizando su lengua por la sensible piel, recorriendo cada vena, llegando al glande e introduciendo la punta de su lengua en la entrada de la uretra. En poco tiempo estaba de regreso, en esta ocasión mordiendo levemente los testículos.—Más...Claude sonrió y se introdujo el miembro de Hiroshi en su boca. Sus gemidos aumentaron de volumen, siendo cada vez más difícil acallarlos. El kaizoku usaba sus labios y lengua para provocar placer a su amado...—K-sama... apártese... ya no...Claude sabía lo que se avecinaba, lo sentía en las caderas de Hiroshi moviéndose, tratando de apartarlo.—Déjame probarte Hiro.Volvió a atrapar su miembro, para, en pocos segundos, sentir la simiente del mayordomo en su boca. Los gemidos de placer inundaron sus oídos, los ojos de Hiroshi cerrados y su respiración acelerada. Claude subió hasta encontrarse a su altura. Sus mejillas arreboladas y su cabello de fuego extendido sobre las sábanas blancas era una visión excitante. Recordaba perfectamente todas y cada una de las ocasiones en las que había tenido a su amado en esa posición, y ninguna era comparable con esta. Una perfecta reconciliación.—Hiro...Abrió sus ojos y se encontró con unos profundos ojos azules que lo veían con tanto amor y devoción. No pudo evitar estirar los brazos y atrapar su cuello para besarlo. Un beso lento, entregándose a la degustación de su boca. El sabor de su simiente combinado con el propio sabor del otro daba una sensación embriagante.—Mi amado Hiro... te extrañé tanto... —Claude se abrazó al mayordomo, aspirando su aroma, inundando sus sentidos—. Hiro... ¿quieres continuar?Claude se incorporó, enfocando su mirada de nuevo en su amado quien le dirigió una sonrisa y enmarcó su sonrojo.—K-sama... yo lo amo más de lo que se podría amar a una persona... usted es mi todo... yo... yo quiero...Claude sonrió sinceramente, sintiendo como su corazón brincaba de alegría al escuchar aquellas hermosas y deleitantes palabras. Le dio un beso corto para después bajar a la zona genital. Estimuló un poco el pene haciendo que volviera a excitarse. El kaizoku aún mantenía su erección aguantando las ganas de hacer suyo a aquel que estaba entre sus brazos.Colocó un almohadón bajo Hiroshi, levantando su cadera. Bajó hasta los testículos y los lamió. Podía sentirlos duros y contraídos por la excitación. Su lengua llegó hasta el perineo. Ejerció un poco de presión en ese punto y arrancó un gran gemido de Hiroshi. Aquel lugar tan sensible, en el cual, tras una delgada capa de piel se encontraba su próstata. Con un poco de estimulación externa era suficiente para hacer alucinar a cualquier hombre. Lamió el perineo, tentando suavemente la piel, mientras Hiroshi abría más sus piernas para darle más espacio.La lengua de Claude sondeó la entrada de Hiroshi, lubricándolo y empujó un poco, haciendo presión en la reducida entrada. La respiración de Hiroshi se aceleraba cada segundo que pasaba. Un dedo se introdujo en él, sobresaltándolo. No dolía, pero incomodaba. La falange se movió dentro de él y en poco tiempo eran dos las que hacían tijeras en su interior.—K-sama... por favor...Claude subió a su encuentro y lo besó mientras dirigía su miembro.—¿Estás bien?—Sí...Claude empujó y se detuvo al sentirse completamente dentro de esa húmeda y caliente cavidad, el cuerpo bajo él se tensó. Hiroshi hiperventilaba tratando de soportar el dolor.—Ha pasado mucho tiempo, mi amado Hiro.Claude lo besó, tratando de calmarlo. Los minutos pasaron hasta que sintió como Hiroshi movía un poco su cadera, entonces todo comenzó. El cuerpo de Hiroshi era una bienvenida al pecado. Ahora ese ángel caído era totalmente suyo de nuevo. A pesar de todo lo que había pasado y del tiempo transcurrido, el cuerpo de su amado lo recibía con el mismo candor que antaño. El fuego de amor entre ellos ardía tanto como la pasión del momento. Sus caderas se movían al compás de la música de sus gemidos. Las respiraciones desbocadas eran interrumpidas por besos avasalladores, intercambiando sus respiraciones.—Te amo tanto Hiro...—K-sama... ah... yo también...El ritmo era constante, mientras el tiempo pasaba. Recordando lo que vivieron en el pasado y lo que hubiera sido si nada malo los hubiera separado. Era momento de empezar de nuevo.—K-sama... ya no...El kaizoku entendió, tomó el miembro de Hiroshi que se movía entre sus caderas y lo frotó con más velocidad. El clímax se acercaba, podía sentirlo en su bajo vientre. Sólo faltaron unos pocos movimientos para que la mano del kaizoku quedara manchada de una sustancia blanquecina, mientras que Hiroshi sentía como su interior era llenado copiosamente.Claude salió suavemente de Hiroshi y se recostó a su lado, cobijándolo entre sus brazos, sintiendo su respiración acelerada debido al reciente orgasmo.—Ha sido...—Maravilloso... *** Ryuichi llegó a la habitación de su amo y justo cuando iba a tocar la puerta, esta se abrió mostrando a un enojado Takako.—Ah... así que por eso me dijo que me fuera... llegó su basura favorita.Ryuichi se mantuvo la mirada desafiante mientras lo veía desaparecer por el pasillo. Tomó aire y se adentró en la habitación donde lo esperaba su amo.—Ansiaba verte... Ryuichi... *** Eiri contemplaba a Shuichi dormir en la amplia cama de su habitación. El pecho del joven subía y bajaba con parsimonia. El día siguiente sería el último día que estarían ahí. Podía ver claramente que Shuichi estaba agotado, y como no, si se la habían pasado teniendo sexo casi a todas horas.Al día siguiente disfrutaría de lo que quedaba de sus "pequeñas" vacaciones. *** —¡Ah!... Amo... por favor... ¡no!Ryuichi gemía fuertemente mientras su amo lo embestía, entrando y saliendo con vehemencia sin escuchar las súplicas de su esclavo. Ryuichi sentía dolor en sus muñecas ante el agarre de acero que ejercía. Sentía su interior arder por las duras arremetidas. Todo su cuerpo se convulsionaba por el onírico elixir del dolor y el placer.Tatsuha estaba enceguecido por el goce. La estrecha y húmeda cavidad que envolvía celosamente su miembro le daba grandes oleadas de placer. Mientras apresaba fuertemente las manos de su esclavo con su mano derecha, la izquierda se encargaba de friccionar sus pezones y recorrer su estrecha cintura. Sus embestidas causaban estragos en el esclavo, sin embargo, no se percataba de ello, su mente estaba obnubilada por el deleite.Las lágrimas escapaban de los ojos de Ryuichi cual afluente embravecido. Ya debería irse acostumbrando a esta vida, pero el dolor en su corazón aún era muy grande. Había pasado de ser un simple humano a un objeto para el mero disfrute y placer de otro. Y lo irónico del asunto... es que no quería irse de allí...—Ah... amo... *** Cuando Hiroshi despertó, los rayos del sol apenas comenzaban a entrar tímidamente a la habitación, llenando lentamente el recinto de una cálida luz. Se sentía relajado y descansado, como hacía mucho tiempo no se sentía.Inmediatamente se vio envuelto en un fuerte abrazo que le impedía moverse. Se giró un poco, pero lo único que logró fue que el abrazo se cerniera más sobre su cintura.—Buenos días, Hiro ―susurró una ronca voz a sus espaldas.—Buenos días, K-sama.Claude atrapó sus labios en un rápido beso.—¿Cómo te sientes?—Relajado —respondió con una sonrisaSus cuerpos no tuvieron suficiente con una sola ocasión, y para cuando se dieron cuenta, ya eran las cuatro de la mañana. Claude sonrió y le besó la frente.—Quedémonos un rato más *** Shuichi abrió los ojos y se encontró con que estaba nuevamente sólo en la habitación de su amo. Lo que le extrañó fue que su cuerpo no le reclamara nada, como si no lo hubiera tocado en toda la noche.«Parece que calmó su libido». Se levantó y se metió a bañar, recorriendo su cuerpo con una suave esponja. «Hoy en la noche regresamos a la mansión».Al fin era domingo. En la noche regresaría a la mansión y su amo volvería a sus labores habituales por lo que podía asumir que la "demanda de sexo" iba a disminuir.Cerró la llave del agua y salió a cambiarse. Como su amo no le dejó ropa, se pondría algo cómodo. Una chaquetilla de zipper sin mangas y unos pantaloncillos cortos a medio muslo. Quería hablar con Ryuichi antes de irse para empezar a planear su escape. *** —Amo... podría... ¿podría ver a Shuichi hoy?Tatsuha dejó de vestirse y volteó a ver a su esclavo. ¿Le estaba pidiendo ver al esclavo de su hermano? ¿A ese chiquillo que no soportaba? Cada vez que pensaba en ese enano, un calor incómodo se asentaba en su pecho.—¿El esclavo de mi hermano?—Sí...Ryuichi bajó un poco la mirada, esperando una inminente negativa.—Voy a nadar. Haz lo que quieras. Te quiero de vuelta a las cinco.Tatsuha salió rápidamente de la habitación, no dándole la oportunidad a Ryuichi de ver su cara de inconformidad.Ryuichi se metió a bañar. Tallaba con cuidado, con movimientos suaves, tratando de lastimar lo menos posible su lacerada piel. Cuando salió de la ducha, se quedó viendo al espejo. Tenía nuevos moretones. Iba saliendo del baño cuando Shuichi estaba entrando a la habitación.—Hola Ryu. Me encontré a Tatsuha en el pasillo y me dijo que querías verme.—¿Eso dijo?—Bueno... más o menos.Shuichi no iba a decirle que el kaizoku casi le había rugido: «el enano quiere verte». Ryuichi estaba parado en la puerta del baño cubriéndose con una toalla hasta el pecho. Tenía una mirada cansada.—Ryu... ¿estás bien?—Shu, ¿podrías pasarme un poco de ropa?Shuichi se dirigió al armario y sacó un conjunto sencillo y cómodo de dos piezas en color azul. Cuando le pasó la ropa de Ryuichi y éste trató de agarrarla, sin querer su toalla se soltó, mostrando su maltrecho cuerpo.—¡¡Ryu!! ¡¡¿Qué te pasó?!!La mirada de Ryuichi estaba baja. Se apresuró a recoger la toalla y cubrirse de nuevo.—Es la marca de mi esclavitud Shu.—¡¡Eso no es justo!! —chilló Shuichi indignado—. No debería de tratarte así.—No hay nada que pueda hacer.—¡Tenemos que escapar! —Ryuichi se mantuvo en silencio—. Espera un momento, no te vistas.Shuichi dejó la ropa sobre la cama y salió de la habitación con paso presuroso para regresar unos minutos después con un pequeño frasco de cristal lleno de una sustancia cremosa de color rosa pastel dentro.—¿Qué es eso?—Es una pomada para moretones y dolores muy buena. Me la regaló Hiro cuando llegue a la mansión.—¿Funciona?—Claro. Recuéstate —Las mejillas de Ryuichi refulgieron en rosa con la petición de Shu. No quería que lo viera en esas condiciones—. Vamos Ryu. No te apenes. Te hará sentir mejor.Ryuichi se recostó en la cama mientras Shuichi le aplicaba la pomada en la espalda y en la parte trasera de las piernas. Después se dio vuelta, para poder aplicarla en el pecho, abdomen y piernas. Cuando terminó de aplicarla, le ayudó a Ryuichi a cambiarse.—Deberías de descansar Ryu...—Shu... casi no nos hemos visto.—Lo sé. Pero nos seguiremos viendo, ¿no?—¿Porqué lo dices?—Trataré de convencer al amo de vernos.—¿Y cómo lo harás?—Ya veré, aunque tengo buenos métodos de "persuasión".Ambos rieron por el comentario, sintiéndose por unos momentos como si fueran libres de nuevo. *** —Sabes... el amo no debe de tardar en regresar a la mansión.—Lo sé.—En teoría debería de regresar hoy en la noche, pues es cuando regresa Uesugi-san.Un chico moreno y uno con cabellos verdes estaban en la cama del segundo abrazados. Ya habían perdido la cuenta de cuantas se habían entregado a los brazos del otro, disfrutando que, por una contada ocasión, su amo había salido de la mansión por un par de días.—Extrañaré estos días.—Quizás en alguna ocasión el amo vuelva a salir por muchos días.—Eso espero...El menor se irguió y se sentó en la cama, para empezar a levantarse.—¿A dónde vas?—Vamos a comer. Tengo hambre *** Claude y Hiroshi estaban en la gloria. Se habían levantado para almorzar. Después de eso habían ido un rato a la piscina donde se estuvieron tocando, y terminaron compartiendo caricias en uno de los camastros.Llegando la hora de comida, se habían detenido en el comedor para después ir al gran patio de la mansión a caminar un poco. Mientras admiraban la exótica vegetación que el amo de la mansión tenía en ese lugar, el kaizoku se decidió empezar una conversación.—Hiro...—¿Sí?—Sé que es un poco apresurado... pero quisiera preguntarte algo.Claude los dirigió a una de las bancas que adornaban el entorno e instó a Hiroshi a tomar asiento al mismo tiempo que él lo hacía. El rubio tomó una de sus manos y él la envolvió con las suyas.—Hiro... ¿quisieras ir a vivir a mi mansión... conmigo?Hiroshi abrió los ojos por la imprevista petición. Pero aun así... tanto tiempo, separados... tanto tiempo sufriendo cada uno por su lado, sin saber que todo era producto de una mera confusión... confusión que hora ya no existía en su corazón.—Sí... amo... quiero regresar a la mansión *** Shuichi estaba sentado sobre la cama, velando el sueño tranquilo de Ryuichi. Habían pedido algo para desayunar y después de eso, se recostaron un rato. En eso, tocaron la puerta.—Adelante ―dijo Shuichi.Por el marco entro uno de los sirvientes de la casa de playa.—El amo Uesugi solicita su presencia en la playa, joven Shuichi.—¿Cuál Uesugi?—El mayor, joven Shuichi.—En seguida iré.—Solicita su presencia inmediata...—Ya lo sé. Iré en un momento.El sirviente salió dejando solos a los muchachos. Ahora tendría que irse a ver a su amo sin haber podido hablar con Ryu sobre su escape. Bueno... ya lo hablarían en otra ocasión. *** Shuichi caminó hasta la entrada trasera de la casa que daba a la playa. Desde ahí pudo ver a su amo recostado en un camastro tomando el sol. Se acercó hasta estar frente de él.—¿Dónde estuviste toda la mañana?—Estuve con Ryuichi.—¿Y quién te dio autorización?—Como no lo vi esta mañana, y no dejó órdenes para mí, me tomé la libertad de visitarlo ―contestó Shuichi con autosuficiencia. ¿Que acaso ese kaizoku se creía el dueño del mundo?Eiri se levantó y quedó frente a él, marcando una notoria diferencia de estatura. Con sus manos rodeó la cintura de Shuichi y lo pegó bruscamente a su cuerpo.—Tú eres mío, ¿entiendes?Shuichi se sintió un poco incómodo por la rápida acción, pero aún así, no dudó en contestar.—Quizás seas mi amo, pero no has cumplido con lo que me prometiste.—¿Qué te prometí?—Ryuichi. Tu hermano lo está haciendo sufrir mucho y―—No mal entiendas ―lo interrumpió Eiri―. El trato fue que no terminaría en el mercado de esclavos. Nunca te prometí nada acerca de su integridad.—¡Eres un maldito!Shuichi forcejeó dentro del abrazo de acero, pero Eiri lo afianzó aún más.—Recuerda tu posición. Recuerda lo que eres.—¡¡Lo sé!! ¡Soy un esclavo! Un simple esclavo... un juguete... una... cosa...Eiri mostró una sonrisa de autosuficiencia.—Así es... “mí” juguete —respondió, haciendo énfasis en el pronombre.El tono de posesión que Shuichi escuchó no le agradó para nada, pero no pudo negarse a ser tomado por su amo en ese mismo lugar, sin importar que cualquiera pudiera verlos. *** Cuando la tarde llegó, los hermanos Uesugi ya estaban listos para regresar cada uno a su respectiva mansión. Sus pertenencias ya estaban listas en los vehículos. Ambos se encontraban en las puertas de la mansión y un poco lejos de ellos, estaban Shuichi y Ryuichi.—Tenemos que idear un plan para escapar, Ryu.—Lo sé —contestó Ryuichi con la mirada retraída.A cierta distancia, Eiri veía a los esclavos hablando para después darse un abrazo. Sus pensamientos fueron interrumpidos por su hermano.—Me llamó Tohma esta mañana. Como ya sabe que regresamos, quiere hacerles pruebas a ambos.—Ya lo sé.—Voy a disfrutar viendo como le hacen las pruebas —dijo Tatsuha con sorna en su voz, sin embargo, a Eiri no le gustó este comentario. Tenía cosas que hacer al llegar a la mansión—. ¡Ryuichi vámonos!Ryuichi se separó del abrazo de Shuichi, y despidiéndose, se metió al automóvil de su amo. Segundos después, el vehículo partía con rumbo a la ciudad. Tendría que esperar a la oportunidad de verlo de nuevo.—Shuichi.El esclavo reaccionó y se encaminó al vehículo. Ya estando dentro de la unidad, el chofer puso en marcha el vehículo. Shuichi comenzó a divagar.«Regresaré a la mansión... todo volverá a ser igual. Él comenzará a trabajar de nuevo y yo volveré a mi aburrida rutina. En las noches llegará y me obligará como siempre, aún contra mi voluntad. Al día siguiente llegará Hiro con mi desayuno y con mi...»Ahí los pensamientos de Shuichi se congelaron. *** En la mansión de Eiri Uesugi, Hiroshi y Claude estaban en la habitación del primero, más específicamente en la cama, compartiendo besos hasta que Hiroshi tomó un poco de distancia.—Debo ducharme.—¿Para qué?—El amo llegará hoy en la noche y tengo que recibirlo.—Sí, y será cuando le digas que te irás a vivir conmigo.Hiroshi sonrió.—Sí, eso le diré, pero primero tengo que bañarme.—Y yo te acompañaré.La ducha tomó un poco más de tiempo que el estimado pues Claude no perdía oportunidad para toquetear a su pareja. Para las ocho de la noche, ambos se encontraban en el vestíbulo de la mansión, besándose de nuevo. Las rejas de la mansión se abrieron, dando paso al vehículo de su amo.—Ya llegaron.Hiroshi abrió la puerta, pero su sonrisa se congeló en ese instante. Bajando del vehículo estaba su amo, y seguido de él, con la mirada baja estaba su mejor amigo. Un solo pensamiento llegó a su mente.«Shuichi... tus pastillas...»

----- CHAPTER BREAK -----

—Bi... bienvenido... amo —masculló Hiroshi algo nervioso.—Hiroshi... K... ―saludó Eiri con un leve asentimiento de cabeza, no extrañándose por la presencia de Claude en su hogar.—Eiri. ¿Cómo fueron tus pequeñas vacaciones? —preguntó Claude a quien le extraño un poco la estupefacción de Hiroshi.—Bien. Espero que tú también hayas aprovechado el tiempo que te di —respondió con sarcasmo.—Claro que sí —rectificó con la misma seriedad—. De hecho, Hiroshi quiere decirte algo.Hiroshi tomó una de las manos de Claude con fuerza y comenzó a hablar.—Yo... yo quería agradecerle este tiempo a solas con K-sama. Nos fue de mucha ayuda para aclarar las cosas.Claude reprimió su sorpresa. Esperaba que Hiroshi le informara a Eiri de su decisión de irse con él. Un apretón en su muñeca por parte de Hiroshi le indicó que había algo más ahí.—No tiene importancia. Ahora lleva a Shuichi a su habitación. Estaré en mi despacho si gustas acompañarme K.―Eiri, si no te importa, me quedaré una noche más —improvisó Claude.—Claro. No hay problema.Claude le dirigió una mirada a Hiroshi en muda indicación de que hablarían más tarde.—Vamos Shu.Hiroshi puso una mano sobre el hombro de Shuichi y lo empujó suavemente por el vestíbulo hacia la escalera.—K-sama... —dijo antes de subir el primer escalón—. ¿Podría acompañarnos?—Por supuesto.Shuichi se sorprendió por el hecho de que Hiroshi invitara a ese kaizoku después de todo lo que le había contado de su pasado. ¿Qué habría pasado en esos días en que había estado afuera?—Tranquilo Shu. Es de confianza —afirmó Hiroshi en susurros.Shuichi se le quedó viendo al kaizoku con una mirada inquisitiva para después caminar detrás de Hiroshi. Al llegar a la habitación, Shuichi se sentó sobre su cama mientras Claude cerraba la puerta.—¿Qué hace él aquí? —preguntó Shuichi con brusquedad a pesar de su inferior posición.—Lo perdoné Shuichi —Los ojos de Shuichi se abrieron por la sorpresa.—¡¡Pero él te engaño!! —explotó levantándose de la cama por la exaltación.—Todo fue un malentendido.—¡¡¿Y le creíste?!!—Pero Shu...—Escucha Shuichi. —Fue la primera vez que Claude le dirigía la palabra. Su tono imponente de voz hizo que ambos callaran—. Entiendo tu enojo, pero todo fue ocasionado por un kaizoku llamado Kaho, que yo mismo me encargué de eliminar ―explicó Claude, frunciendo el ceño.Shuichi se sorprendió nuevamente. Nunca había escuchado que un kaizoku asesinara a otro. No estaba dentro de la naturaleza de los kaizokus el tomar la vida de un prójimo. Eran una sociedad demasiado consciente de ellos mismos, demasiado ordenada, demasiado avanzada.—Ambos estuvimos sufriendo durante años por culpa de un desventurado que ahora está muerto. Finalmente pudimos aclararlo todo y ahora no pienso volver a separarme de Hiroshi.Shuichi sonrió.—Vaya Hiro... qué suerte tienes. En verdad se preocupa por ti...Los aludidos sonrieron y Claude no pudo evitar robarle un beso a Hiroshi. Entonces el kaizoku se puso frente al esclavo y extendió su mano.—Empecemos de nuevo. Mucho gusto en conocerte. Soy Claude Winchester.Shuichi extendió su mano y estrechó la que el kaizoku le ofrecía sintiéndose raro por la conducta cordial de un kaizoku hacia un esclavo.—Shuichi Shindou.Hiroshi y Claude tomaron asiento en un sillón que quedaba frente a la cama donde Shuichi estaba sentado.—Entonces supongo que habrá que contarle todo a él.—Si es que no te incomoda, Shu.—No hay problema. *** Eiri estaba revisando nuevamente unos documentos en su terminal. Con ellos en la mano, estableció un enlace de comunicación con NG.—Oficina central —respondió una dulce voz.—Comuníqueme urgentemente con Seguchi Tohma.—El señor Tohma no...—Habla Eiri Uesugi.La secretaría, una kaizoku de bajo rango, conocía ese nombre a la perfección. Eiri Uesugi significaba llamada inmediata, independientemente de lo que estuviera haciendo el gran Kaizoku.—Un momento por favor. Lo comunico.Quince segundos después, una voz conocida le contestó.
—Eiri. ¿En qué puedo ayudarte?
—Necesito hablar contigo sobre las pruebas.
—¿Quieres hablar de eso de nuevo?
—Así es.
—Eiri, esas pruebas son reglamentarias.
—Hay unos aspectos que quiero discutir contigo.Por el auricular, Eiri escuchó un suspiro de resignación.
—Está bien... puedes venir a mi oficina mañana a las diez de la mañana.
Tohma escuchó como del otro lado de la línea se cortaba la comunicación, cosa que no le sorprendió en absoluto. *** Ryuichi suspiró al entrar a la mansión siguiendo a su amo de cerca. Estaban ya de regreso, y aunque sabía que las cosas no serían diferentes, al menos ahí no estaría solo, ahí tendría a Noriko para acompañarlo durante sus recuperaciones—Ryuichi... —Ryuichi volteó a ver al kaizoku que había detenido su paso y lo había llamado.—¿Si amo? —preguntó.—Descansa bien esta noche... pues a partir de mañana espero que satisfagas mis necesidades ―dijo con una sonrisa sínica.—S... sí...Tatsuha subió por las escaleras principales hacia su habitación, dejando a Ryuichi con una cara de tristeza.«Duele... duele mucho...». *** Después de una hora de explicación, Shuichi llegó al punto del uso de las pastillas.—Llevo cinco días sin tomarla y mi... amo estuvo algo... incontenible mientras estuvimos allá...A Shuichi aún le costaba pronunciar esa palabra. Claude estaba sorprendido.—Es increíble... ―musitó―. Nunca había escuchado algo así de un varón humano... entonces... ¿puedes embarazarte?—¿Cómo sabes qué es un embarazo? —preguntó con curiosidad—. ¿No se supone que los kaizokus están hechos en laboratorio y las esclavas son estériles?—Así es, pero yo tenía un... amigo que estaba obsesionado con la raza humana, sobre todo por nuestro parecido con ellos. Cuando lo visitaba, solía contarme muchas cosas sobre ellos, y así fue como me enteré de que los humanos nacen del vientre materno. Aquí hay mucho control sobre las féminas, por lo que nunca verás a una esclava embarazada. Tohma no quiere que los kaizokus tengan ese tipo de conocimiento. Pero tú... Mitsu nunca me dijo que esto fuera posible.—Eso es porque es un fenómeno que sólo se presenta en los varones de mi familia cada cinco o seis generaciones, más o menos cada cien años. No es un hecho que anden difundiendo por ahí.Shuichi tuvo un escalofrío al imaginar que su amo supiera que podría quedar embarazado.—¿Y cómo han sorteado tus antepasados el alumbramiento?—Bueno, a pesar de que mi padre me dijo algunas cosas antes de morir, no me dijo todo, pues él nunca pensó que yo llegaría a... necesitar esa información... Antes de venir aquí, me gustaban las chicas... Lo que sí sé, es que hay una familia de doctores en los suburbios que siempre se han dedicado a atender a mi familia.—¿Una familia?—Sí. Siempre han sido doctores... se pasan información de generación en generación o algo así.—¿Y qué harás ahora, Shu? ―preguntó Hiroshi―. ¿Seguirás tomando las pastillas?—No lo sé... fueron cinco días Hiro —dijo con pesar—. Necesito una prueba de embarazo.—¿Alguna en especial?—No, cualquiera funcionará. ¿Crees que pudieras conseguirme una Hiro?—Pues... quizás sea un poco difícil. Tendría que ir con el amo Eiri para pedirle su autorización para salir de la mansión e ir a los suburbios y——Yo podría ir.Shuichi y Hiroshi voltearon a ver a Claude con cara de estupefacción y asombro. ¿Un kaizoku en los suburbios comprando pruebas de embarazo?—¿Estás seguro?—¿Por qué quisiera ir? —preguntó Shuichi. Definitivamente ese kaizoku no era como los demás.—Eres amigo de Hiro y si ayudándote, Hiro es feliz, eso es suficiente para mí —afirmó Claude con convicción.Shuichi sonrió con sinceridad.—Gracias.—Bien, ¿qué tengo que hacer?—Lo único que se me ocurre es que la compre en los suburbios, dudo que en las tiendas de los kaizokus vendan pruebas de embarazo.—Definitivamente, nunca he visto una —afirmó Claude—Pero Shu —acotó Hiroshi—, un kaizoku en los suburbios sería demasiado extraño.—Podría disfrazarse.—Pero——Tranquilo Hiro —dijo Claude con confianza. Hiroshi estaba nervioso al pensar que su amado iba a ir sólo a los suburbios—. Iré durante la madrugada, mientras la mayoría duerme.El plan fue realizado. Hiroshi conseguiría ropa común para que el kaizoku pudiera pasar desapercibido, aunque sus proporciones fueran un poco más grandes que la de los humanos promedio. Esperaba que el plan funcionara sin problemas.—No te preocupes Shuichi, tendrás tu prueba de embarazo al amanecer ―dijo Claude, dirigiéndose a la puerta de su habitación con Hiroshi detrás de él.—Muchas gracias. Por cierto... ―llamó, deteniendo el andar de la pareja en la puerta.—¿Sí?—Sería mucho pedir si pudiera distraer a... mi amo... sólo por esta noche...—Claro, cuenta con ello.Hiroshi y Claude salieron de la habitación dejándolo solo. Shuichi decidió tomar un baño, esperando a que su amo no decidiera llamarlo esa noche. Se sentía muy cansado y su cuerpo le reclamaba un merecido descanso.Manipuló el controlador del agua para regularla y que quedara ligeramente tibia. Se dirigió a un estante dentro del amplio baño y observó todos y cada uno de los botes multicolores que había ahí.«No me vendría mal un baño con sales aromáticas».Tomó un frasco que decía lavanda y vació una generosa cantidad en la tina. Quitándose todas las prendas de su cuerpo, se metió al agua y se sentó, dejando solamente su cabeza al aire. Aspiró el dulce aroma de las sales y sentía como éstas impregnaban su piel.Media hora después, cuando el agua había alcanzado la temperatura ambiente, decidió que era hora de salir. Esperaba que Claude pudiera mantener las manos de su amo lejos de su cuerpo por lo menos esa noche, hasta que se pudiera hacer la prueba de embarazo, y en caso de saliera negativa, empezar a tomar la pastilla de nuevo. *** —Eiri.Claude tocó la puerta del despacho principal donde, según los sirvientes de la mansión estaba el dueño de esta.—Adelante.Claude entró en el despacho y encontró al kaizoku enfrascado en una lectura en su terminal personal.—¿Qué vas a hacer esta noche?Eiri apartó la mirada de su terminal.—Quisiera pasar un poco de tiempo de calidad con mi esclavo —respondió sin inmutarse.—Déjalo descansar un poco Eiri —dijo Claude en un tono condescendiente—. Mejor tomemos algo.Eiri suspiró. En ciertas ocasiones se le hacía muy difícil negarle algo a Claude. Quizás podría considerarlo. Había visto a Shuichi muy cansado estos últimos días, así que un día no le vendría mal.—Está bien. Vayamos al salón.Ambos kaizokus se enfrascaron en una conversación de política, sobre su dirigente y el rumbo que estaban tomando las acciones de los kaizokus para terminar de dominar los territorios humanos restantes en ese continente. Claude trataba de siempre tener un tema de que hablar para que Eiri siguiera tomando y no considerara ir a la habitación de su esclavo esa noche. *** Tatsuha observaba la cabeza del esclavo subir y bajar sobre su intimidad, tomando todo lo posible dentro de su boca, succionando un poco. Takako parecía estarse esforzando, liberando ocasionales gemidos cuando su miembro tocaba la parte trasera de su garganta, sin embargo, no terminaba de excitarse con eso. No era suficiente.—¿Sucede algo amo? —preguntó Takako después de ver sus intentos infructuosos y que el miembro de su amo no estuviera aún lo suficientemente erecto.Tatsuha no lo escuchó. Sus pensamientos estaban enfrascados en el esclavo que se había quedado dormido durante todo el trayecto, clara señal de un cansancio extremo.—¿Amo?—Lárgate —masculló Tatsuha.El esclavo puso cara de confusión.—¿Lo estoy haciendo mal amo?—Dije lárgate.A Takako no le quedó más que obedecer, con su orgullo herido. Sin embargo, sabía de quien era la culpa.«Ese maldito enano...». *** Hacia las tres de la mañana, Eiri terminó de beber su última copa de güisqui. Se sentía un poco mareado y decidió que era momento de parar.—Estoy cansado, creo que me iré a dormir —dijo Eiri, levantándose de su asiento.—Te acompaño Eiri.Claude también se levantó, dejando su copa a medio tomar y siguió a Eiri fuera del salón. Ambos empezaron a caminar con rumbos diferentes.—¿Qué habitación escogiste?Claude volteó a verlo, enarcando una ceja, a punto de acotar una obviedad.—La de Hiro... obviamente...Eiri negó con la cabeza.—No entiendo tu comportamiento.—Lo harás pronto Eiri —contestó Claude mientras se volteaba y comenzaba a caminar por el pasillo hacia la zona donde dormían los sirvientes.«¿Pronto? ¿A qué se refería?». *** —¿Está seguro de esto, K-sama?—Estoy seguro Hiro...Era la cuarta vez que Hiroshi preguntaba lo mismo, mientras terminaba de acomodarle un collar en el cuello.—¿Y dónde conseguiste esto?—En el mercado negro... —masculló Hiroshi con pesar—, después de... escapar.Lo que Claude estaba usando era un collar especial que podía crear una ilusión, un holograma, cambiando la apariencia del rostro de una persona. Después de que Hiroshi presionara un botón, Claude pasó de ser un kaizoku rubio, de ojos azules y piel blanca a un humano moreno, de ojos ámbar con la piel aperlada. Volvió a presionarlo y Claude regresó a su apariencia natural.—¿Después de escapar?—Si bueno... digamos que mi cabello era muy llamativo y... en esos momentos no quería que me encontraras... Minoru me ayudó.—Supongo que fue útil... nunca te encontré. —Claude se levantó de la cama y se volteó para abrazar a Hiroshi y besarlo de forma hambrienta—. No pienso volver a dejarte ir.—Yo tampoco.—Bien, debo partir. —Hiroshi le explicó a dónde debía de ir, la localización de la farmacia más cercana a la zona kaizoku en los suburbios que tenía servicio 24 horas—. Regresaré pronto Hiro.—Cuídate mucho.Escabulléndose entre las sombras, Claude salió de la mansión sin ser detectado y subió a su limosina que había llamado durante la noche. Le ordenó a su chofer que lo llevara hasta los lindes entre la ciudad kaizoku y los suburbios bajos.—Espérame aquí —informó a su chofer, abriendo la puerta del vehículo.—¿Señor?—Sólo espérame aquí. Apaga el vehículo y no hables con nadie. ¿Entendido?—Sí amo.Claude salió del vehículo y vio su destino. Los suburbios. Un lugar sombrío, donde en ocasiones podía escuchar gritos o risas. Dio una profunda inspiración y comenzó a caminar con paso apresurado.«Lo que se hace por amor».Quince minutos de caminata después, estaba llegando a un lugar con apariencia de droguería, justo donde le había indicado Hiroshi. La fachada estaba desgastada y sucia, solo podía dilucidar la identificación del lugar por un anuncio medio caído en la parte superior que rezaba “Goods”. Sin duda, gracias al poderío kaizoku, la sociedad humana estaba cayendo en decadencia. Abrió la gastada puerta y sonó una campanilla. Detrás de un mostrador, se encontraba una jovencita.—¿Qué le puedo ofrecer? —dijo la chica con una sonrisa.Claude se acercó al mostrador y habló.—Necesito una prueba de embarazo.La chica presionó un botón sobre el mostrador y se apareció una pequeña pantalla en un costado mostrando diferentes productos.—¿Alguna en especial? Tenemos de las normales, con una o dos señales, detectores de hormonas, gonadotropinas, estrógenos, progesterona y otra variedad que detecta cambios en temperatura y mucosidad funcionales a partir de los 3 días de sospecha.Claude estuvo algo confundido por toda la información que le decía la chica. Según recordaba, Shuichi le había dicho que no importaba, así que decidió tomar la solución más lógica.—Deme una de cada una.Veinticinco minutos después Claude estaba regresando a la limosina con un paquete lleno de pruebas, para ir directo de vuelta a la mansión, desactivando su collar holográfico. Estaba a punto de amanecer y quería descansar, aunque fuera una o dos horas. Más tarde debía ir a NG.Al llegar a la mansión, vio que Hiroshi lo esperaba diligentemente en la puerta principal, solo, con una bata de noche. Sonrió, un gesto que solo estaba dedicado a él. Bajó del vehículo y se dirigió a Hiroshi.—Pensé que estarías dormido.—Quería esperarte.Hiroshi se acercó a él, mostrando bajo la bata estaba usando solo un pantalón. Llegó hasta el kaizoku, y rodeó su cuello con sus brazos, plantándole un beso. Claude abrazó a Hiro, juntándolo a su cuerpo. A través de la delgada tela podía sentir perfectamente la estrecha cintura de su amado y la calidez que su cuerpo emanaba. Sería tan sencillo deslizar la tela...«No creo que importe si no duermo mucho...», pensó, cerrando la puerta principal y dirigiendo a Hiroshi hacia sus habitaciones. *** Shuichi despertó la mañana siguiente, completamente descansado, y se preguntó si la pareja de Hiroshi habría conseguido las pruebas sin ser detectado. Había dormido profundamente toda la noche. Se levantó de la cama estirando sus embotados músculos y se metió a bañar.Cuando salió, se fijó en el reloj que estaba en su mesa de noche. Eran cerda de las nueve de la mañana. Si su amo no había venido a verlo, lo más seguro era que no supiera de él hasta avanzada la tarde. Lo que también se le hacía extraño era que Hiroshi no hubiera ido a verlo ya. Salió de la habitación y se encaminó a la de su amigo. Cuando estaba por tocar la puerta, ésta se abrió dando paso a un Claude, ya listo para salir.—Buenos días, Shuichi.Shuichi estaba un poco sorprendido de su presencia ahí, pero después pensó que no sería tan descabellado que ese kaizoku en particular hubiera pasado la noche en la habitación de Hiroshi.—Buenos días, Claude-sama.—Justo iba a verte, conseguí estas, espero que te sirvan —explicó mientras le pasaba una caja y cerraba la puerta de la habitación por la que Shuichi pudo distinguir la silueta semidesnuda de Hiroshi sobre la cama.—¿Hiro está bien?—Sí, sólo un poco cansado. Te agradecería si no lo molestaras de momento. Eiri salió temprano a ver a Tohma, por lo que no veo la necesidad de levantarlo aún. Yo tengo que irme, tengo unas cuantas cosas que hacer en NG.—Entiendo. Gracias —dijo Shuichi, tomando la caja con las pruebas de embarazo.Shuichi se fue a su habitación después de ver a Claude dirigirse al vestíbulo de la mansión. Llegó a su baño y volteó la caja sobre el lavabo. Había unas quince cajas, entonces una gota bajó por su nuca.«Le dije que cualquiera funcionaría...».Tomó la primera que vio y leyó el nombre.

Predico.

Prueba simple para predicción del embarazo.
 La abrió y se encontró con una hoja que debía ser las instrucciones y un aparato extraño alargado. Les dio una leída rápida a las instrucciones, entendiendo que debía colocar unas cuantas gotas de orina sobre un orificio en uno de los extremos de la tira. Si estaba embarazado debía de aparecer una línea rosa, si no, sería azul.Dio una profunda inspiración y procedió a hacer lo que le decían las instrucciones. Listo. Ahora debería esperar cinco minutos...Sólo cinco minutos...

----- CHAPTER BREAK -----

«Cinco minutos... sólo cinco minutos...». *** —No... es vergonzoso...—Sabes que te amo, ¿verdad?—Sí... ¡ah!—Ryu...Ryuichi estaba recostado en una cama matrimonial con sábanas rojo carmín y un traje demasiado revelador. Sus piernas estaban cubiertas por dos tubos de tela amarrados con cintas desde el empeine hasta medio muslo. Dos botones unidos a un lazo sujetaban cada tubo a un pequeño cinturón en su cadera, dejando su masculinidad al descubierto. Sobre su pecho, un pequeño top con mangas largas anudadas con agujetas y del cual bajaba una tira de cuero que terminaba en una argolla por donde se sujetaba dos tiras más que rodeaban su abdomen. Tatsuha se recostó sobre él y atrapó su boca en un beso hambriento que dejó a Ryuichi sin aliento. La leve penumbra de la habitación le permitía a Tatsuha admirar a la perfección el bello rostro de su acompañante. Aquellos ojos azules que destellaban cual estrella en el firmamento. La piel tersa y lechosa. Era una estampa excitante. Ryuichi exudaba sensualidad por cada uno de sus poros.Tatsuha besó a Ryuichi nuevamente. Bebió de su boca tragando sus suspiros mientras sentía las manos de Ryuichi sobre su nuca. Rompió el beso para viajar al cuello cubierto por el collarín. Las manos de Tatsuha desataron el broche que lo mantenía en su lugar y posó sus labios en un costado, sintiendo bajo sus toques los acelerados latidos de la yugular de Ryuichi, y haciéndolo suspirar.Tatsuha lamió su cuello, bajando por la clavícula, llegando al top. Cambió de rumbo y se dirigió al hombro derecho. Con sus dientes desbarató el nudo que formaban los lazos y deshizo el entrelazado, revelando por completo uno de los brazos de Ryuichi. Siguió el camino que marcaba la extremidad, culminando con un beso en el dorso de la mano.Regresó al torso de Ryuichi y repitió el mismo procedimiento con el otro brazo. Sus manos recorrieron la parte central de la prenda tocando suavemente la piel, estimulando sus poros y sacándole un fuerte suspiro de satisfacción, terminando por deshacerse totalmente del top.La mirada de Tatsuha se enfocó en aquellos dos botones que se erguían gustosos en el pecho de Ryuichi como si estuvieran a punto de florecer. No pudo resistir la tentación de saborearlos.Ryuichi volteó el rostro ante la ola de placer que lo embargó al sentir una sutil succión en uno de sus pezones. Aquella lengua se deleitó recorriendo la sensible piel de la aureola, estimulando cada una de las terminaciones nerviosas presentes.—Ah... amo...Tatsuha abandonó la tetilla, dejándola totalmente erecta y se pasó a la otra, compartiéndole el mismo trato que le había otorgado a su gemela. A cada caricia se deleitaba con el dulce sabor de esa piel. Intercambiaba suaves lamidas y hambrientas succiones, probando el exquisito bálsamo que era la piel de su esclavo. Comenzó a bajar por el abdomen, llegando al pequeño hundimiento que era el ombligo de Ryuichi y metió su lengua.El cuerpo de Ryuichi empezó a retorcerse un poco. Tatsuha bajó un poco más ignorando olímpicamente el centro de placer de Ryuichi. Lamió con gula hasta llegar a la tela que cubría sus piernas.—Mi dulce Ryuichi.Desanudándole la cintilla, fue deslizando lentamente uno de los tubos de tela por su pierna, besando cada porción de piel que iba apareciendo. Besó el empeine y subió nuevamente besando la parte interna de la extremidad, entreteniéndose en la concavidad que se formaba detrás de su rodilla. Tatsuha desanudó el otro tubo de tela y repitió la operación. Cuando se deshizo de todas las prendas, se incorporó de la cama.—Espérame un poco, amor.Ryuichi se sintió en las nubes al escuchar tan dulce palabra. Tatsuha se dirigió a la mesilla de noche y tomó una botella de vino para regresar a la cama, colocándose en su antigua posición. Ryuichi tenía la respiración acelerada por encima de lo normal. Sus ojos recayeron en la misteriosa botella y no pudo resistirse a preguntar.—Que... ¿qué es eso?Tatsuha sonrió de forma seductora.—Este es un vino especial. Se llama Namu y tiene quinientos años de añejamiento. Tiene las esencias de una gran cantidad de frutas y una selecta mezcla de afrodisiacos. Su sabor es dulce al paladar. Te gustará.Tatsuha tomó un sorbo de la botella y mantuvo el líquido en su boca. Dejó la botella en la mesilla de noche y atrapó la boca de Ryuichi dándole a probar el vino y bebió de aquellos labios que le ofrecían el elíxir. Sus lenguas se encontraron en un beso hambriento, bailando una danza milenaria. Sus respiraciones se aceleraban tratando de seguir con el beso, al tiempo en que sus cuerpos se movían, rozándose entre sí, tratando de fundirse con la piel del otro.Los brazos de Ryuichi rodearon el cuello de su amo y lo atraparon, jalándolo hacia él, haciendo el beso más intenso y estrechando sus desnudos cuerpos, rompiendo el contacto cuando sus pulmones empezaron a arder por la falta de oxígeno.¡El vino era exquisito!Tatsuha recuperó la botella y derramó un poco de líquido sobre su pecho, viendo como las traviesas gotas se dispersaban en todas direcciones.—Quiero probarte.Rápidamente siguió una de las vertientes con su lengua, atrapando una de sus tetillas. La lamió hasta que estuvo completamente limpia. Siguió el rumbo de otra gota que terminó en el ombligo de Ryuichi.—Tat-sama... aahhh...Los gemidos de Ryuichi lo estaban encendiendo. Se incorporó contemplando a ese ángel en su cama. La respiración de Ryuichi parecía acelerarse con el paso de los minutos. Su mirada viajó hasta detenerse en el erguido miembro de Ryuichi que reclamaba a gritos atención.—Tat-sama... por favor...Tatsuha tomó nuevamente la botella y derramó el exquisito líquido sobre el miembro de Ryuichi ocasionándole un suspiro. Los afrodisiacos estaban comenzando a surtir efecto. Ryuichi gimió cuando la lengua de su amo recorrió su longitud. Tatsuha se engolosinaba con aquella extensión. Iniciando en el glande, metiendo la lengua en la punta de la uretra, mandando corrientazos de placer a Ryuichi. Bajaba lentamente, chupando la delicada piel, llegando a la unión con los testículos. Lamió y chupó las gónadas, sobándolas con su mano al tiempo en que su lengua subía de nuevo al pene.Ryuichi sentía como si fuego corriera por sus venas. Sus puntos más eróticos estaban siendo estimulados de tal manera que le nublaba el raciocinio. Su cuerpo se arqueó cuando sintió una ardiente cavidad rodear su masculinidad. Tatsuha había comenzado a subir y a bajar, haciendo presión con su lengua sobre él. Sus caderas empezaron a empujar involuntariamente, tratando de entrar un poco más en la boca de su amo.—Amo... voy a... apártese...Ignorando la advertencia, Tatsuha siguió lamiendo el miembro de su esclavo hasta que sintió como su simiente se disparaba contra su garganta. Chupando hasta la última gota, se incorporó para ver su obra.Ryuichi cayó laxo sobre las sábanas con la respiración acelerada. Sus mejillas refulgían en un rosa intenso y su mirada estaba nublada. Su piel ligeramente aperlada lo invitaba al tacto.—Ryuichi...Tatsuha se inclinó para atrapar sus labios en un suave beso, dándole a probar de su propia esencia, combinándolo con el sabor del vino añejo y la dulce boca de su esclavo.—Tatsuha-sama... tómeme...Tatsuha tomó la botella nuevamente y descendió hasta la intimidad de Ryuichi quien estaba volviendo a recuperar su erección. Él sentía la propia a punto de estallar, pero no quería hacerle daño a su pequeño, debía prepararlo primero. Derramó otro poco de vino sobre la intimidad de Ryuichi y se inclinó, atrapando las gotas mientras caían. Lamió la zona del perineo, mandando señales de placer y empujó con su lengua en la pequeña entrada, forzándola lentamente para dilatarla.Cuando la sintió bien lubricada, introdujo uno de sus dedos, llenando sus oídos de los dulces gemidos de su esclavo. Conforme iba sintiendo que el cuerpo de Ryuichi se relajaba y el número de dedos aumentaba, estuvo seguro de que su esclavo estaba listo. Se incorporó y llegó hasta la altura de Ryuichi.—¿Estás listo? —preguntó, susurrándole al oído.Las mejillas de Ryuichi refulgían en rojo. Sus latidos parecían querer hacerle competencia a los de un conejo de lo rápido que iba, haciendo que su sangre fluyera velozmente por sus venas, sintiendo como si fuego lo recorriera. Asintió moviendo la cabeza lentamente, tratando de salir del estupor en el que se encontraba debido a los afrodisiacos.Tatsuha dio un trago más al vino y atrapó los labios de Ryuichi en un beso hambriento mientras tomaba su hombría y la dirigía hacia Ryuichi. Con una sola y certera embestida se adentró completamente en Ryuichi, ahogando su grito de dolor y placer con un beso. Las manos de Ryuichi se fijaron en la espalda de su amo como garras tratando de resistir la ola de sensaciones.Tatsuha mantuvo su posición unos segundos en los que su esclavo se acostumbraba a la intromisión. Se separaron del beso y un pequeño gesto de Ryuichi le indicó que ya podía moverse. Jaló sus caderas saliendo un poco para después empujar y volver a entrar completamente.—Ah... amo...Ese dulce y anhelante gemido incentivó al kaizoku a ir más allá. Sus cuerpos danzaban al ritmo impuesto por el amo. Sus cuerpos perlados brillaban bajo la luz de la luna que entraba por la ventana. Ryuichi sintió que con cada embestida su amo daba golpes certeros a su próstata, ocasionándole espasmos de placer que lo estaban volviendo loco.Tatsuha se sentía en las nubes. La estrecha calidez que envolvía su miembro era intoxicante; cada vez que rozaba el suave interior, ondas de placer inundaban sus sentidos. Olas de placer empezaban a concentrarse en su bajo abdomen indicándole un orgasmo inminente.—Ryu...—Ah... amo... ya no aguanto...Tatsuha rodeó el miembro de su esclavo con una de sus manos estimulándolo al ritmo de los embates. Faltó poco tiempo para que Ryuichi liberara su esencia en los vientres de ambos y pocos segundos después, sintiera su interior ser bañado por la simiente de su amo.La respiración de ambos estaba acelerada. Tatsuha se inclinó a darle un último beso para después salir lentamente de su interior y recostarse a su lado. Ryuichi se movió un poco acomodándose sobre el fuerte pecho del kaizoku.—Ryuichi...—Nani...—Te amo... te amo... te amo... te amo...  —Ryuichi... Ryuichi... ¡Hora de despertar Ryuichi!Una voz saltarina invadió los sentidos de Ryuichi sacándolo de su ensoñación. Los ojos de Ryuichi se fueron abriendo para revelar unos preciosos faroles azules. Parpadeó varias veces para acostumbrar a sus ojos a los raudales de luz que entraban por la ventana. Se cubrió con uno de sus brazos y resopló.«¿Fue sólo un sueño?».—Vamos Ryuichi, ya son las ocho de la mañana. El amo está desayunando, va a salir a arreglar unos asuntos a NG y regresa al mediodía. Para esa hora te quiere en su habitación, listo para recibirlo. Tienes tiempo para desayunar y hacer un poco de ejercicio antes de arreglarte.Ryuichi suspiró.«Fue un hermoso sueño...». *** Eiri llegó al último piso de NG, cinco minutos antes de las diez y se aproximó a la esclava que atendía la recepción.—Eiri Uesugi, ¿Tohma ya llegó?—Sí joven Uesugi, permítame anunciarlo.Eiri ni siquiera esperó a que la mujer se levantara pues inmediatamente entró a la oficina alarmando a la esclava.—¡Espere joven Uesugi! ¡No puede entrar así! ¡Tengo que...!—Déjalo Nami.La imponente figura de Seguchi Tohma se erguía contra una de las ventanas de la impresionante oficina. Nami hizo una pequeña venia y cerró la puerta de la oficina.Eiri se acercó con su grácil caminar hasta el escritorio y arrojó una tableta electrónica con los documentos de su propiedad sobre Shuichi y los concernientes a las pruebas que deberían de hacérsele para cumplir con la regulación de esclavos.Tohma sonrió al escuchar el sonido de la tableta tocando la costosa madera de su lujoso escritorio. Se volvió, empezando a caminar hacia su propio escritorio y tomó haciendo en la cómoda silla.—¿En qué puedo ayudarte mi querido Eiri?—Ya sabes a lo que vengo Seguchi, dejémonos de rodeos y discutamos el punto.—¿Y cuál es el punto?—Las pruebas que le realizarán a Shuichi. *** «Cinco minutos... sólo cinco minutos...».Las ideas atravesaban la mente de Suichi con una velocidad impresionante.«¿Y si estoy embarazado?, ¿qué haré?, ¿le diré a mi amo?... ¿Y si no lo estoy? Todo regresaría a la normalidad. Ryuichi y yo tenemos que escapar de aquí cuanto antes. Si estuviera embarazado... tengo que localizar a la familia de doctores que mencionó papá. ¿Pero y si no? No tendría caso... ¿Por precaución? ¿Por qué me siento tan ansioso?».El lento pasar de los minutos se le estaba haciendo eterno. Cada que veía al reloj que estaba en la pared del baño parecía como si la aguja del minutero se estuviera moviendo más lentamente a propósito alargando su agonía. Volvió a leer las instrucciones el empaque para ver si había hecho lo correcto, y los resultados que deberían de aparecer.«¿Rosa o Azul? ¿Azul o Rosa? ¿Rozul o Azsa? Dios ya estoy delirando».Faltaba menos de un minuto para saber el tan esperado resultado. Sentía que su corazón se empezaba a acelerar y su respiración era un poco más rápida. Sus ojos volvieron a ver el reloj de la pared.—Cinco minutos.Cumpliendo el tiempo establecido, cuando sus ojos volvieron a dirigirse a la prueba de embarazo, sólo tuvo una reacción. Una de sus manos se posó sobre su abdomen mientras una lágrima corría por su mejilla.

----- CHAPTER BREAK -----

Hiroshi abrió lentamente sus ojos y se estiró en la cama como si fuera un gato. Estaba muy relajado. Se sentó lentamente cuidándose del dolor que sabía sufriría si se movía de forma brusca. Se extrañó de no ver a Claude a su lado hasta que sus ojos dieron con un papel con una rosa roja sobre él, encima de la mesa de noche. Aspiró el dulce aroma de la flor y leyó el mensaje escrito con una preciosa letra estilizada.

Salí a arreglar unos asuntos a NG.

No quise despertarte porque te veías adorable durmiendo.

Estaré de regreso para la hora de la comida.

Te amo

Claude Winchester

Ya le entregué las pruebas a Shindo

Hiroshi sonrió y suspiró. Como amaba a ese kaizoku. Se levantó con cuidado y se metió a bañar. Quería ver a Shuichi y probar los productos que había traído Claude la noche anterior para ver si estaba embarazado.Cuando estuvo listo, salió de su habitación y le ordenó a un sirviente que preparara un desayuno para él y para Shuichi y que se los llevara a la habitación del esclavo. Caminó por los pasillos hasta llegar a la habitación de Shuichi y tocó la puerta.—¿Shuichi? ¿Shuichi ya despertaste?Al no recibir respuesta, posó su mano sobre el lector de huella digital que estaba sobre la pared al lado de la puerta. Al ser el mayordomo en turno de la mansión, tenía acceso a casi todas las áreas y las habitaciones del lugar.La puerta se abrió y su mirada se enfocó en la cama deshecha y en la caja de las pruebas de embarazo que había traído Claude. Le llamó la atención que la puerta del baño estaba abierta y la luz encendida.—¿Shuichi, estás en el baño?Caminó con paso apresurado. Sintió preocupación agolparse en su pecho. Cuando cruzó el umbral de la puerta, se encontró a un Shuichi dándole la espalda y sosteniendo algo en sus manos.—Shuichi... ¿estás bien?Shuichi volteó lentamente. Hiroshi pudo ver el rostro lloroso de su amigo y que en una de sus manos sostenía los que pensó era una prueba de embarazo, mientras que la otra mano estaba sobre su vientre, entonces se imaginó el resultado.—Shuichi... ¿Cuál es el resultado?—Es rosa... es rosa... Hiro... yo... yo estoy...Hiroshi se adelantó y abrazó a Shuichi antes de que colapsara.—Tranquilo Shu... vamos a usar las demás pruebas antes de sacar una conclusión. Tranquilo.Shuichi asintió y ambos salieron del baño. Utilizaron todas las pruebas. Algunas requerían orina, otras, saliva, incluso había una que se colocaba sobre el vientre y tomaba la temperatura de esa área. Después de dos horas y quince pruebas positivas, no les quedó duda. Shuichi estaba embarazado. Ambos terminaron sentados sobre la cama. Shuichi recostado en el pecho de su amigo con la vista perdida mientras Hiroshi lo abrazaba.¿Qué iba a hacer ahora?, ¿cómo proceder? Un bebé lo cambiaba todo ¿Ahora cómo iba a escapar?, ¿escaparía?, ¿se quedaría? ¿Cómo iba a mantener a su bebé? ¿Cómo iba a tomar la sociedad a un hombre embarazado? ¿Cómo le habían hecho sus antepasados? ¿Y a su bebé?, ¿debería tenerlo?, ¿abortar...?, ¿le diría al padre? Muchas más preguntas se agolpaban en su cabeza, algunas negándose a terminar de enunciarse.—Shuichi... —Hiroshi necesitaba hacer esa pregunta, era de vital importancia—. Shuichi... ¿Qué vas a hacer?... ¿Vas a tenerlo? o...Shuichi negó antes de que Hiroshi terminara la pregunta. Una cosa era pensarlo, pero escucharlo parecía hacerlo más real.—No Hiro... no tengo corazón para deshacerme de él... no podría... deshacerme de... mi bebé...Hiroshi asintió. Comprendía su sentir. El futuro ahora era incierto, pero de una cosa estaba seguro. No podía abandonar a Shuichi e irse con Claude... no ahora... *** —No quiero que se le practiquen esas pruebas a Shuichi.Eiri había ido directo al grano.—¿De qué estás hablando Eiri? Quedamos en que podrías conservar a Shindo a pesar de que fuera mayor de edad, pero con la condición de que se le realizaran las pruebas pertinentes a su condición de esclavo.—Lo sé. Estuve leyendo esas pruebas y hay algunas en las que no estoy de acuerdo en que se le practiquen.—Eiri... Eiri... Eiri... —Tohma se levantó de su escritorio y empezó a caminar, rodeándolo—. Eiri... ¿cuántos esclavos has tenido?, ¿cinco?, ¿diez? Muy pocos en realidad, a comparación de tu pequeño hermano Tatsuha que lleva más de cien... con algunas fatalidades por cierto... Todos y cada uno de esos esclavos han pasado por las mismas pruebas y nunca habías objetado nada ¿Porqué ahora? ¿Qué tiene este esclavo en particular?Tohma se había detenido frente a uno de sus libreros y sus ojos se detuvieron en un viejo ejemplar de anatomía humana. Recordaba todas y cada una de las veces que lo había leído por completo, tratando de hacerlo concordar con el viejo documento que había encontrado. Conocía a la perfección el cuerpo femenino y mil y unas técnicas para quitarles a las esclavas la habilidad de procrear para evitar "problemas". Sin embargo, aún no hallaba la manera en que un varón pudiera concebir. ¿Cómo podría ser esto posible? ¿Cómo podría evitarlo? Guardó silencio mientras esperaba una respuesta de su kaizoku favorito que no tardó en llegar.—Nada en especial Tohma, pero es mi esclavo y no quiero que otros kaizokus lo estén manoseando.—Eiri, sólo son kaizokus de baja categoría. No se atreverían a tomar a tu esclavo si no se los permito.—Aun así, Tohma... me niego... *** —Aahhh... para... por favor...—Un poco más... sólo un poco...Tenían poco tiempo, solo el suficiente para un intenso frottage. Simulando embestidas, el de mayor estatura se aseguró de que sus miembros se rozaran el uno contra el otro, ocasionando una deliciosa fricción que minutos después causó la liberación de ambos. Sus respiraciones estaban aceleradas.—Genial... ahora tendré que bañarme... de nuevo...—Yo podría ayudarte...—No gracias... contigo cerca no me dejas trabajar y el amo podría arrepentirse de salir nuevamente.El menor se levantó de la cama y se dirigió al baño a darse una lucha rápida antes de que su pareja decidiera seguir con el juego. Quince minutos después, ya estaba listo y desempeñando sus labores como mayordomo de la mansión.Un sirviente que venía corriendo lo llamó a medio pasillo.—¿Qué sucede?—El amo... el amo ha regresado... —masculló entre respiraciones.El mayordomo abrió sus ojos y corrió hacia el vestíbulo. No esperaba que su amo regresara tan rápido de sus "pequeñas vacaciones". Cuando se encontró frente a la puerta principal, se acomodó un poco el cabello y su camisa para proceder a abrir.—Buenos días amo —dijo abriendo la puerta—. No esperaba tan pronto su regreso.—Lo sé, había dicho que estaría fuera más tiempo. Estaré fuera toda esta tarde también y posiblemente la noche. Yo te avisaré—Si amo... ¿Amo...?—¿Sí?—¿Encontró lo que estaba buscando?Claude se volteó y le dirigió una sonrisa a su mayordomo.—Sí... Suguru... encontré lo que estaba buscando... llama a Sakano, quiero verlo en mi despacho en cinco minutos.—Sí... si señor...—¿Disfrutaste mi ausencia?Suguru se descolocó un poco por la pregunta de su amo. ¿Sabría algo? ¿Los habría visto a él y a Sakano haciendo...? ¿Los separaría? ¿Los castigaría?—¿A qué se refiere, amo?—No nada, olvídalo.Claude continuó su camino mientras Suguru desaparecía por una puerta rumbo a la habitación de uno de los esclavos del amo. *** —¿Se lo dirás?Hiroshi estaba sentado en un sofá con Shuichi recostado sobre sus piernas, pasando una de sus manos por las suaves hebras de su cabello. Quería a Shuichi como si fuera su hermano menor, a pesar de que tenían prácticamente la misma edad. Shuichi dio un profundo suspiro para después contestar.—No Hiro... no se lo diré...—¿Estás seguro?—No quiero...Hiroshi suspiró, comprendiendo la situación. Era un esclavo cuyo dueño era uno de los kaizokus más conocidos de la ciudad capital. Además, de seguro su amigo estaba aún abrumado por la noticia de que iba a ser padre...—Yo te apoyaré Shuichi... te apoyaré en todo... *** Eiri manejaba hecho una fiera. Había sacado a su chofer casi a patadas del vehículo y le había dicho que regresara a la mansión como pudiera. Había tratado de convencer a Tohma de no practicarle las pruebas, pero no había salido del todo airoso. 
—Aun así, Tohma... me niego...

Tohma regresó a su escritorio y empezó a revisar los documentos de Shuichi y las pruebas que había ordenado hacerle. Le fastidiaba que Eiri se pusiera en ese plan pues a su hermano Tatsuha le había pedido las mismas pruebas a su esclavo y éste le había dicho que estaría gustoso de incluso estar presente mientras se las practicaban.

—Eiri... es por la seguridad de todos los kaizokus que he ordenado estas pruebas. Sólo por seguridad de la raza kaizoku y deberías de saberlo a la perfección.

—Algunas son innecesarias Tohma. Mi esclavo no necesita las pruebas de estímulos.

Tohma liberó un suspiro de hastío. No le gustaba hacer enojar a su kaizoku favorito, pero a veces podía llegar a ser tan necio... parecía humano...

—Eiri, debes entender que la manera en que adquiriste a ese esclavo está fuera de todas las normas. Todos los kaizokus que adquieren nuevos esclavos los han comprado y dichos esclavos ya han pasado por todas las pruebas pertinentes, asegurando la integridad de la raza kaizoku —Tohma suspiró—. Eiri... haremos esto... no puedo exentarlo de todas las pruebas puesto que como ya presentaste a tu esclavo en la exposición, los demás kaizokus podrían preguntar, misma razón por la cual, ahora estás obligado a asistir a ellas—

—No pienso dejar que—

—Tranquilo... —dijo, cortando su réplica—, dije asistir, no hacer participar a tu esclavo. Parece que últimamente te has vuelto muy receloso con tus cosas Eiri.

—Tú lo has dicho... son mis cosas —respondió, haciendo énfasis en el pronombre objetivo.

A Tohma le parecía muy sospechosa esta manera de actuar y cada vez le gustaba menos que tuviera a ese esclavo en su poder. Si esto continuaba así... tendría que tomar medidas...

—Como estaba diciendo... puedo anular las pruebas de respuestas a estímulos... si es que dices que ya lo tienes controlado... pero las pruebas fisiológicas son obligatorias... hay que ver no tenga ningún defecto o infecciones que tienden a aquejar a los humanos. Tráelo la semana entrante que es cuando vendrá tu hermano con su esclavo.
 Eiri salió de ahí hecho una tromba. Sin embargo, sabía que no había nada que hacer. Tohma era el "rey Kaizoku"... su palabra era ley. Sabía que tenía cierta influencia sobre él, pero no podía tentar a su suerte pues en menos de un respiro podría quitarle a su esclavo.Necesitaba liberar la tensión y que mejor que con su esclavo... *** Para cuando Claude regresó a la mansión Uesugi, ya eran casi las doce del mediodía. Saludó a los sirvientes que se cruzaban en su camino y se dirigió a la habitación de Shuichi donde de seguro encontraría a Hiroshi. La puerta estaba entreabierta, así que se aventuró a entrar sin tocar.Lo que se encontró fue a Hiroshi y a Shuichi, ambos recostados en la cama. Shuichi estaba profundamente dormido, pero sus ojos se encontraron con los de Hiroshi. Éste se levantó con cuidado de no despertar a Shuichi y tomó la mano de Claude para sacarlo de la habitación y cerrar la puerta. Afuera, Claude lo apoyó en la pared y puso sus manos en la delgada cintura.—Espero que no me estés engañando con Shuichi —preguntó con una mirada de superioridad.—Sabes que sólo tengo ojos para ti. —Hiroshi se levantó un poco, atrapando los candentes labios de Claude en un beso hambriento y desesperado. Cuando el aire escaseó se separaron—. Tenemos que hablar. Vamos a mi habitación. Shuichi dormirá un poco más, estaba muy cansado y le dolía la cabeza.La voz seria y angustiada que escuchó del mayordomo no le gustó mucho, pero, aun así, lo siguió. Cuando llegaron a la habitación, se sentaron en un sillón y se quedaron viendo.—¿Cuál fue el resultado de la prueba de embarazo?—Positivas... todas fueron positivas... no le queda ninguna duda. Está embarazado. —Claude sólo suspiró. Se imaginaba todos los problemas que surgirían ahora—. Comprenderás... que con la situación actual... no puedo dejar a Shuichi sólo en este lugar...—Fue lo que pensé...Claude bajó la vista... había pensado que ahora que había reencontrado a su amado Hiroshi podría estar con él y nombrarlo pareja oficial, aunque se fuera en contra de Tohma, pero ahora... Hiroshi tomó su cara y lo miró fijamente.—Te amo demasiado... como no tienes una idea... —afirmó—, pero ahora Shuichi está embarazado y no puedo dejarlo sólo. El amo no sabe nada de sentimientos y una persona embarazada es muy débil sentimentalmente. Moriría de tristeza si lo abandono aquí... Además, necesitará mi ayuda. No podría sobrellevar este embarazo sólo... menos con un kaizoku que sólo lo usa como si fuera un juguete. Necesita sentir cariño.—Entiendo.Hiroshi sonrió. Claude estaba reaccionando mejor de lo que hubiera pensado. Eso lo llenaba de alegría, el saber que su gran amor lo apoyaba en esto. En eso escucharon que las rejas de la mansión se abrían. *** Un poco más relajado después de haber cruzado las calles de la ciudadela, Eiri finalmente llegó a su destino. Dejó el vehículo en manos de uno de sus sirvientes y se dirigió a la entrada del edificio, encontrándose con Hiroshi y Claude en el vestíbulo.—¿Sigues aquí?—Sí, espero que no te importune.—No hay problema. Tendrás que darme tiempo para conseguir otro mayordomo —masculló—. Hiro...—¿Sí, amo?—¿Dónde está Shuichi?—Él... él está durmiendo señor... —dijo Hiroshi—, no pasó una muy buena noche... —añadió, con esperanzas de que lo dejara descansar.Genial. Necesitaba liberar tensiones y su esclavo estaba dormido.—Despiértalo y mándalo a mi habitación en veinte minutos. Que use lo que quiera.—Sí... sí amo...Eiri se fue a su habitación y fue ahí cundo Hiroshi volteó a ver a su amado, suspirando y con un triste pesar en su semblante.—Esa es la principal razón por la que no puedo dejar a Shuichi sólo en este lugar. *** —Shuichi... Shuichi... —llamó Hiroshi.Había regresado junto con Claude a la habitación de Shuichi donde lo habían encontrado nuevamente profundamente dormido. Daba pena despertarlo de lo que parecía un tranquilo sueño.—¿Hm? —Shuichi se removió y abrió sus ojos—. ¿Qué sucede?—El amo ya regresó... quiere verte.Shuichi sólo asintió y se levantó de su cama con dirección al baño para darse una ducha rápida. Ahora más que nunca debía tomar un rol completamente sumiso, aunque le fuera muy difícil por el bien de su bebé.Al salir del baño, Hiroshi lo estaba esperando con un traje de dos piezas. Un top y unos shorts cortos, y vistiéndose sin pudor, aunque Claude estuviera presente, salió de la habitación con rumbo a la alcoba principal.Hiroshi y Claude lo vieron salir de la habitación, derrotado.—Supongo que no hay más que hacer por el momento.—Supongo que no... —dijo Hiroshi en un suspiro.—Vamos a tu habitación. *** Shuichi llegó y entró a la habitación principal donde su amo estaba esperándolo recostado en la cama.—Debes tocar la puerta antes de entrar.—Lo siento... amo...Eiri se levantó y con una sonrisa lujuriosa se paró frente a Shuichi, pasando su mano derecha por su cintura y atrayéndolo hacia él. Shuichi posó sus manos en aquel fornido pecho tratando de dejar un poco de distancia sin esforzarse tanto.—Recuerda que soy tu amo... —Su mano izquierda se movió por la cintura hasta llegar al vientre de Shuichi—. Tú me perteneces... —La mano siguió bajando hasta llegar a la intimidad de Shuichi quien no pudo evitar dejar escapar un gemido y echó su cabeza hacia atrás suspirando—. Tu existencia es mía...

----- CHAPTER BREAK -----

—¿Mejor?—Sí... creo que sí...—Bueno... creo que esto termina por confirmar tu estado —comentó Hiroshi con una sonrisa en el rostro.Hiroshi había ido la mañana siguiente a la habitación de su amo después de no saber de Shuichi desde el mediodía del día anterior. Sólo le había mandado a pedir los alimentos de la cena. Se encontró a su amo dormido pero un ruido en el baño le alertó que lo más seguro fuera que Shuichi estaba vomitando.—Tengo que ir con el doctor de mi familia.—Shuichi... no creo que el amo te deje salir de la mansión.—Lo sé... —masculló, sintiendo la boca ácida—, pero debe de haber una manera...—Quizás podría pedirle permiso para llevarte conmigo y K-sama a los suburbios... como un pequeño viaje de placer.—¿Lo harías? —preguntó Shuichi con el rostro iluminado.—Claro.Hiroshi le sonrió. Shuichi se lavó la boca y la cara, ya sintiéndose un poco mejor y salió de la habitación junto con Hiroshi.—¿Quieres desayunar algo?—No lo creo... —apuntó, posando su mano sobre su vientre—. Mi estómago aún está sensible y devolví toda la cena de anoche.—Está bien, entonces, ¿qué harás?—Creo que saldré un rato al patio. Quisiera tomar un poco de aire fresco antes de que el amo me mande llamar. Me siento algo encerrado.—Perfecto. Te tendré un ligero almuerzo en una hora para que comas algo. Recuerda que ahora no eres sólo tú.Hiroshi sonrió, señalando el estómago de Shuichi.—Gracias Hiro... por cierto... ¿Dónde quedó...?—Fue a trabajar Shu, aún siendo kaizokus de alto rango, tienen cosas que hacer.—Entiendo. *** Cuando Eiri despertó, se encontró absolutamente sólo en su habitación y eso le incomodó. Ese esclavo suyo no terminaba de entender su posición. ¡Era su esclavo! ¡Debía estar siempre a su disposición! En ningún momento del día anterior le había dicho que podía abandonar la habitación al amanecer.Suspiró y se levantó.En ocasiones esa actitud lo exasperaba, pero sin duda era mucho mejor que la actitud en extremo sumisa que sus otrora esclavos del pasado habían llegado a tener. Que en ocasiones se mostrara reticente a sus caricias... lo calentaba más...Se metió al baño a darse una ducha. Tenía que trabajar. Su fortuna y posición no se mantendría sola. *** Hacerse cargo de una mansión tan grande hubiera sido una tarea titánica si su amo no hubiera tenido tantos sirvientes a su cargo, y Hiroshi se había encargado de repartir las tareas de tal manera que el tiempo de todos era provechoso sin llegar a ser extenuante. Eso implicaba que él, además de sus labores de administración y dirección, también se hacía cargo de ciertas labores, como su propia habitación.Había dejado a Shuichi descansando en los jardines exteriores, eso le daría tiempo para cambiar las sábanas de su habitación y de la de Claude —aunque el kaizoku no hubiera dormido en ella—. Luego de cambiarlas, salió de la habitación para dirigirse a la suya cuando se encontró a su amo saliendo de su habitación.—Hiroshi.—¿Sí, amo? —preguntó agarrando bien las sábanas restantes.—¿Claude ya se fue?—Sí, amo. Dijo que volvería alrededor de las seis de la tarde.—Ya veo —musitó, observándolo atentamente—. ¿Cuánto tiempo planeas quedarte aquí?—¿Quedarme? —Hiroshi enarcó una ceja.—¿No piensas irte con él? —preguntó levantando una ceja, imitando el gesto de su mayordomo. Hiroshi suspiró.—De eso quisiera hablar con usted, amo.—Bien... tengo un poco de tiempo, vamos a mi despacho.Hiroshi le dio las sábanas a un sirviente y se dirigió al despacho de su amo. Ahí dentro, Eiri le pidió que tomara asiento mientras él se servía una copa de güisqui.—¿Qué querías decirme Hiroshi? —preguntó, digiriéndose al ventanal y dándole la espalda al mayordomo.Hiroshi sopesó la situación. ¿Cuál podría ser una buena excusa para querer quedarse más tiempo después de haber aclarado la situación con Claude? ¿Cómo podría convencer a su amor de que quería quedarse más tiempo, al menos hasta averiguar cómo podría ayudar a Shuichi?—Quisiera... quisiera quedarme... un poco más.—¿Más?Eiri se volteó y miró atentamente a Hiroshi. Le extrañaba su actitud ahora que, según sabía, había aclarado las cosas con su antiguo amo.—¿Hay algún problema? —preguntó suspicaz.—No, claro que no, pero... quisiera estar con Shuichi un poco más de tiempo.Eiri frunció el ceño con sospecha. Era una petición extraña y no sabía qué pensar al respecto.—¿Y Claude?—Habría algún problema si... ¿él viniera a visitarme... seguido? —Eiri suspiró, pensando que podría aprovechar para saber qué estaba sucediendo entre aquellos dos.—No... por supuesto que no... ¿Algo más?—Gracias amo... es todo...—Bien... puedes retirarte.Hiroshi salió con una sonrisa en su rostro y se dirigió a cumplir sus obligaciones. *** —Amo...Hiroshi se presentó en el despacho de su amo durante la tarde. Iba a plantearle el permiso para que Shuichi lo acompañara a ir "de compras" a la ciudad.—¿Qué sucede, Hiro? —preguntó Eiri levantando la mirada.—Deseo pedirle su autorización para ir a la ciudad con el amo Claude.—Sí, claro, no hay ningún problema, siempre y cuando dejes todo en orden —musitó, regresando la vista a su ordenador.—Gracias... una cosa más amo... —agregó, logrando que amo volviera a levantar el rostro.—¿Sí?—¿Podría acompañarme Shuichi?Eiri cambió su postura en lo que Hiroshi se le antojó una pose a la defensiva, la espalda erguida y los hombros rectos.—¿A qué viene esa petición?—Bueno... Shuichi se la pasa todo el día en la mansión y——No creo que pudiera aburrirse aquí —cortó Eiri—. Tiene una biblioteca, una piscina, y áreas recreativas, objetos que nunca hubiera tenido en esa pocilga a la que llamaba hogar.—Sí, eso lo sé —masculló Hiroshi, tratando de no mostrarse nervioso—, pero Shuichi no es una persona que pueda mantenerse quieta mucho tiempo y creo que le haría bien salir un poco de la mansión.—No lo creo Hiro. Shuichi aún no está lo... "suficientemente domesticado" como para salir de la mansión.—Pero amo... le prometo que estará bien... llevará su collar y el amo Claude irá con nosotros.Eiri suspiró. Era un riesgo muy grande dejar a Shuichi salir de la mansión, y conociendo el carácter rebelde de su esclavo, le sería muy sencillo escapar.—Por favor amo... confíe en mí...Eiri suspiró y se frotó el puente de la nariz con sus dedos.—¿Cuándo piensan ir?—Mañana, si fuera posible...Los segundos pasaron, y por un momento Hiroshi pensó que su solicitud sería denegada, lo que implicaba empezar a planear un plan para que Shuichi pudiera salir de la mansión para acudir con su doctor.—Bien... está bien... —El rostro de Hiroshi se iluminó—. Quiero que K venga a mi despacho en la noche cuando regrese. Necesito hablar con él.—Sí amo. Gracias, muchas gracias. *** —Chi... ichi...Una lejana voz le estaba llamando, no podía distinguirla bien. Le dolía mucho la cabeza y sentía los ojos pesados. Aún así, hizo un esfuerzo por abrirlos lentamente, llegando a sus ojos la luz de la mañana.—Ryuichi... ¿te sientes bien? —Esa voz se le hacía conocida... demasiado conocida... era la voz tenía que ser de Noriko... como olvidarla... ¿Qué había sucedido?—. Ya deberías de sentirte mejor.Oh, sí, claro. Ahora lo recordaba.—¿Cuánto tiempo he dormido?—Treinta y seis horas Ryu.Treinta y seis horas... hacía dos noches su amo había llegado "ligeramente ebrio" —según sus balbuceos—, y lo había llamado a su habitación... junto con Takako. No recordaba cuantas veces había sido tomado esa noche por parte de ambos pues Takako se había mostrado muy cooperativo en la parte de hacerlo gritar.Habían sido horas de "tortura" aunque debía confesar que las veces en que su amo lo tomaba, a pesar del dolor, era extasiantes. Sentir el cuerpo de su amo sobre él, mandando su mente a fantasías en las que su amo le repetía una y otra vez cuanto lo amaba y que nunca lo dejaría. Pero eso no pasaba de un sueño que se repetía una y otra vez.—Te desmayaste y el amo se enojó, pero me permitió llamar al doctor. Dice que fue agotamiento. ¿No te has estado alimentando bien?Ryuichi bajó la mirada, sintiéndose menoscabado. ¿Alimentarse bien? ¿Cómo hacerlo cuando a veces se sentía tan decaído, tan deprimido, tan... solo...  —Es que a veces no me da hambre ―dijo a modo de excusa.—Ryu... no puedes dejar de comer... necesitas energía para——Sí, lo sé —La cortó—. Es... mi deber... *** —¡¿En serio, Hiro?!Shuichi salió rápidamente de la piscina mostrando su desnudez sin pudor y corriendo al encuentro de Hiroshi quien lo esperaba con una toalla. Le acababa de decir que su amo había autorizado su salida el día siguiente. Con una sonrisa, Hiroshi sentó a Shuichi en uno de los camastros y comenzó a secarle el cabello con una toalla.—Hace unos minutos hablé con él; le pedí autorización para ir a la ciudad y llevarte conmigo. Aceptó con la condición de que lleves tu collar de esclavo.—Sí, está bien, no importa, con tal de salir un poco de aquí. Sirve que investigo como podría salir de la mansión junto con Ryuichi.Hiroshi suspiró. El empeño que tenía Shuichi en que alguna vez iba a salir de ahí le sorprendía, aunque...—¿Tienes hambre?—Sí, nadar me despertó el apetito—Bien, vamos al comedor. *** Para cuando Claude regresó, el sol ya se estaba ocultando. Observó el reloj que estaba sobre el tablero del vehículo que conducía. Eran las cinco de la tarde con diez minutos. Aún faltaban un par de horas para la cena.En pocos minutos llegó a la mansión Uesugi y le dejó el vehículo a uno de los sirvientes. Se adentró a la mansión y empezó a buscar al mayordomo, encontrándolo cuando subía las escaleras.—¡Regresaste!Hiroshi corrió y saltó a su encuentro. Claude lo atrapó entre sus brazos y cazó sus labios en un beso. Ahora que estaban juntos, no pensaban desaprovechar ningún momento. Cuando el aire comenzó a escasear en sus pulmones, se separaron y Hiroshi tomó un respiro para hablar.—El amo quiere verte.—¿Sucedió algo malo? —preguntó Claude con el ceño fruncido. Le parecía un poco extraña la petición.—No lo creo —comentó Hiroshi restándole importancia—. En realidad, no... fui con él esta mañana para pedirle la autorización de salir de la mansión y llevar a Shuichi conmigo.—¿Qué fue lo que te dijo? —cuestionó mientras se dedicaba a besar el cuello de Hiroshi entre sus brazos.—Dijo que sí... pero quería hablar contigo... cuando llegaras... Ah... Ahora debería de estar en su despacho...—Bien. —Claude le dio un beso más y se separó, empezando a subir las escaleras—. Iré a verlo... ¿Dónde estarás? —preguntó, deteniéndose a media escalera.—Iré a mi habitación. Shuichi está durmiendo y de momento no tengo nada que hacer, ya terminé con mis deberes de momento y falta poco más de una hora para que empiece a ordenar la cena.—Perfecto. Iré a tu habitación cuando termine con Eiri.Se despidieron con un beso y partieron en rumbos diferentes. *** —Adelante.Eiri levantó la vista cuando la puerta del despacho se abrió.—¿Querías verme?—Sí... toma asiento.Claude avanzó lentamente por el enorme despacho, tratando de descifrar la máscara de seriedad que mostraba Eiri sin mucho éxito.—¿Sabías que Hiroshi vino a pedirme permiso para salir mañana a la ciudad? —dijo sin mucho ánimo, como tratando de quitarle importancia al asunto.—Sí. Me pidió que lo acompañara y lo haré con gusto.—También me pidió permiso para llevar a Shuichi con él —añadió, quitándose los lentes con los que había estado leyendo.—¿Hay algún problema con eso? —preguntó Claude.Eiri guardó silencio unos segundos, acomodando sus ideas antes de expresarlas.—Shuichi no ha salido de la mansión desde que llegó. Aún no tiene el... "entrenamiento" apropiado para salir.—¿Temes que escape? —Claude enarcó una ceja.—Es mi esclavo. Todas sus acciones representan el entrenamiento otorgado por su dueño, y temo decirte que aún no le he enseñado a comportarse fuera de la mansión.—Pero es una simple salida a la ciudad Eiri, no iremos a ningún lugar influyente.Eiri estaba empezando a perder la paciencia. A veces su amigo podía actuar como un simple humano y eso lo exasperaba.—Por favor Eiri. Acepta que lo extrañarías si él se fuera de aquí.Esa fue la gota que colmó el vaso.—¡¡Por supuesto que no!! —estalló, estampando sus manos en el escritorio. No quería aceptar lo que Claude le estaba insinuando. ¡Eso era inverosímil! ¡Él no caería tan bajo!—. ¡El que tu hayas perdido la cabeza por un simple esclavo no significa que yo actuaré como tal! —espetó hiperventilando.«No me importa en lo absoluto perder a este esclavo. Es igual a cualquier otro, pero sería demasiado tiempo desperdiciado sacar los papeles para otro juguete. Eso es todo. Me gusta cuidar mis cosas. Eso es todo», pensó.Trató de calmar la respiración. Él era un kaizoku de alto rango por todos los cielos. Dio un profundo respiro y enfocó la vista hacia el otro kaizoku, empezando a hablar más tranquilo.—Sólo cuido mis cosas.A Claude le había sorprendido la manera en que le había contestado. Parecía tener una lucha interna muy fuerte. Sonrió. Estaba empezando a sentir confusión. Eso era lo que le estaba pasando. Ese era el primer paso...—Lo haré... te lo regresaré intacto —dijo con un pequeño tono de burla en su voz y salió rápidamente del despacho antes de que Eiri se recuperara de su ensimismamiento y pudiera decirle algo. Ya en el pasillo aminoró el paso. Creía entender lo que le pasaba a Eiri. Según su amigo Mitsu antes de desparecer... Eiri Uesugi había encontrado su equivalente. *** —¿Estás listo Shuichi? ¿No te lastima el collar? ―preguntó Hiroshi, acomodando el collar sobre el delicado cuello de Shuichi.—No. Estoy bien. Ya listo.—¿Seguro que no quieres desayunar algo?—No Hiro. En serio. Quizás más al rato.—Pero el bebé...—Te prometo que comeré después de ver al doctor.Hiroshi y Claude estaban en la habitación de Shuichi. Se había levantado nuevamente con nauseas y vomito. Hiroshi lo había ayudado a salir de la habitación de su amo quien afortunadamente había salido temprano de la mansión, y lo había llevado a su habitación para ayudarlo a arreglarse. Como esclavo que era, debía de portar el collar que lo designaba como tal, y que incluía un rastreador adicional al que tenía en su anillo. Llevaba puesto un conjunto de dos piezas en color azul rey. Un short corto y una camisa sin mangas abierta en el área del vientre y que en la espalda llevaba el símbolo de la familia Uesugi: la flor de cuatro pétalos.Shuichi no había querido desayunar debido a que su estómago parecía reacio mantener algún alimento dentro de él.—Prometo comer bien a la hora del almuerzo.—De acuerdo, entonces vámonos.Los tres salieron de la mansión en una limosina del kaizoku y ésta salió de los terrenos de la mansión, siendo seguida por unos ojos ambarinos. *** —Shuichi... ¿sabes dónde vive ese doctor?—Tenemos que llegar primero a mi casa.—Está bien.Claude iba manejando pues no querían testigos de los lugares que visitarían. Hicieron una parada en una zona cerca de los suburbios donde escondieron el vehículo del kaizoku y rentaron un auto viejo para moverse por los suburbios y no llamar la atención. Claude llevaba su collar de mimetismo. Un kaizoku en los suburbios siempre llamaría la atención.Hiroshi le dio instrucciones de cómo llegar al lugar y en poco tiempo estuvieron allí. Los tres bajaron y se enfilaron a una puerta vieja a la entrada de un callejón.—¿Aquí vivías Shuichi?Claude no puedo reprimir un tono de incredulidad ante la "pocilga" que se encontraba frente a él. El pequeño cuarto se encontraba en pésimas condiciones de aseo.—Sí... éste "era" mi hogar, hace mucho que no limpio... je... —dijo Shuichi, tratando de aligerar el ambiente. Todo eso le causó nostalgia. Instintivamente se llevó una mano al colgante que descansaba en su pecho el cual casi nunca se quitaba. Aquel símbolo que marcaba su don.—¿Qué buscamos, Shuichi?Shuichi reaccionó al escuchar la voz del kaizoku. Se adentró en el pequeño cuarto hacia el rincón de la habitación, siendo seguido de cerca por los otros dos.—Lo guardé antes de irme pues no quería que nadie lo descubriera.Hiroshi y Claude no entendían a qué se refería hasta que vieron a Shuichi levantar un cuadro del piso que, si no lo hubiera tocado, no se hubieran dado cuenta que era un compartimiento secreto. Debajo del cuadro del piso, había una pequeña caja de metal que se veía vieja, sucia y desgastada.—¿Qué es eso Shu?—Ésta... —empezó a hablar mientras tomaba su pendiente—, esta caja me la regaló mi padre... aquí guardo mis... cosas importantes...Introdujo el colgante en una ranura de la caja y esta se abrió. Shuichi emitió una leve sonrisa mientras buscaba entre las cosas y papeles hasta que dio con un trozo de papel viejo, mallugado, arrugado y manchado en ciertas partes.—Esta es la dirección... me la dio el abuelo por si... algún día la... necesitaba...Shuichi volteó la vista, sintiendo como las lágrimas se abultaban en sus ojos.—Shuichi... —Hiroshi se adelantó y abrazó a su amigo mientras éste rompía en llanto—. Tranquilo... tranquillo —susurraba sobando su espalda, tratando de confortarlo.—Solo quisiera... que esto hubiera sido... diferente... —dijo entre sollozos.—Lo sé y te entiendo Shu... —Hiroshi lo confortó separándolo de su abrazo y limpiando las lágrimas de sus mejillas con el dorso de la mano—. Tienes que ser fuerte Shu... además, no estarás sólo, yo estaré ahí.—Nosotros estaremos ahí —agregó Claude, acercándose—. Sé que Eiri tiene uno de los caracteres más fríos de la capital, pero no tengo dudas de que tiene su lado bueno, aunque aún no se haya dado cuenta.—Gracias —contestó Shuichi calmando su respiración y sintiéndose más tranquilo. Tomó el papel con la dirección y volvió a guardar la caja.Localizar al doctor había sido más difícil de lo que se habían imaginado. Con lo intrincado de las calles en los suburbios, habían tenido que preguntar varias veces pues en realidad no tenían demasiada información. Después de casi una hora, localizaron el consultorio en una zona muy lúgubre casi a orillas de la ciudadela.—¿Alguna vez habías estado por aquí, Shu?—Nunca en mi vida Hiro.—Aquí dice que es el número cuatrocientos siete —indicó Claude, observando atentamente el papel que Shuichi le había dado—. ¿Lo ven en algún lado?Con su vista recorrieron la calle, enfocándose en los números de las casas hasta que Hiroshi habló.—Creo que es ahí.Todos voltearon a ver al lugar que señalaba Hiroshi. Era una vieja casa en medio de otras dos. No tenía número, pero las casas aledañas tenían los números cuatrocientos seis y cuatrocientos ocho, así que por deducción ése tenía que ser el lugar. Estacionaron el vehículo y salieron. Shuichi tocó a la puerta tres veces y luego de unos minutos, la puerta se abrió.—¿Sí? —Quien había abierto la puerta era un joven en sus veintes, de cabellos castaños, ojos en color azul rey y de complexión delgada—. ¿En qué puedo ayudarlos?—Eh... yo...Shuichi se quedó sin habla por unos instantes, sin saber exactamente qué decir. “Hola, necesito ayuda, creo que estoy embarazado”, no era exactamente una premisa muy convincente. Hiroshi, al ver su titubeo, decidió intervenir.—¿Vive algún doctor aquí?—Sí. Yo soy doctor ¿En qué puedo ayudarlos?—Mi amigo tiene un problema. ¿Podríamos pasar?—Sí claro. Adelante —contestó sonriente.El joven se movió dejándolos entrar. El interior de la casa estaba un poco más decente que el exterior, aunque las paredes y los muebles dejaban ver que habían pasado por mejores épocas.—Siéntense donde gusten.El muchacho desapareció tras una puerta que, por lo que alcanzó a ver Shuichi, era la cocina. La casa era pequeña. De donde ellos estaban, alcanzaban a ver una pequeña sala con dos muebles dobles con el tapiz viejo y manchado en algunas partes. Del lado izquierdo se podían ver unas escaleras que llevaban a un segundo piso.Shuichi se dirigió a uno de los sillones y tomó asiento, siendo seguido por Hiroshi y Claude. Pocos minutos después, el joven reapareció cargando una bandeja con algo parecido a una tetera y varias tazas.—Primero que nada, mucho gusto, soy Keitaro Miyamoto —dijo el joven, presentándose y empezando a servir té en las tazas.—Yo soy Shuichi Shindo, y ellos son mis amigos Hiroshi y el kaizoku Claude Winchester. ―Habían considerado que la mejor opción era ser directos—¿Un kaizoku? ―repitió, deteniéndose de servir el té y observando atentamente a Claude―. Vaya... eso es extraño... —dijo con confusión—, pero su apariencia...—Estoy usando un collar de mimetismo.El doctor pestañeó. ¿Qué demonios hacía un kaizoku usando un collar de mimetismo junto dos humanos en los barrios bajos de los suburbios?—Tengo mucho que explicar —masculló Shuichi.—Eso lo imagino. ¿Gustan té de Jazmín? —preguntó Keitaro, pasándoles las tazas.—Sí, gracias.—¿En qué puedo ayudarlos? —cuestionó, fijando su mirada en Shuichi.—Eh... bueno... verá yo——¿Quién es, Keitaro?Una voz interrumpió el intento de Shuichi por explicar la situación mientras que un anciano bajaba lentamente las escaleras, a toda la velocidad a las que sus envejecidas piernas le permitían.—Abuelo. —El anciano se acercó hasta la sala y escudriñó a los presentes—. Abuelo, ellos acaban de llegar, estaban buscando un doctor.—¿Quiénes son ustedes?—Disculpe las molestias señor, mi nombre es Shuichi Shindo y yo―—¿Shindo?El anciano aceleró su paso y se detuvo frente a Shuichi. Empezó a rebuscar entre sus viejas ropas hasta sacar unos lentes y se los colocó, pestañeando un poco, para enseguida tomar el rostro de Shuichi y mirarlo fijamente a los ojos.—Vaya... sí que eres un Shindo... esos ojos no se ven en cualquier lado.—¿Lo conoces, abuelo? —preguntó Keitaro.—A él no, pero sí conocí a tu tatarabuelo —mencionó con una sonrisa. Shuichi abrió los ojos, sorprendido, y sus acompañantes pusieron cara de sorpresa.—¡¡A mi tatarabuelo!!—Así es... y creo saber el porqué estás aquí...

----- CHAPTER BREAK -----

—¿Estás embarazado verdad?Sin poder articular palabra de la impresión, Shuichi solo asintió en silencio.El anciano se acercó lentamente hasta estar frente al Shuichi y tomó su rostro con sus viejas y huesudas manos. Sus seniles ojos de un color gris borrado se enfocaron en los sorprendidos orbes de Shuichi.—Eres idéntico a tu tatarabuelo, y el hecho de que estés aquí me lo confirma. —El anciano sonrió—. Pongámonos cómodos, tenemos mucho de qué hablar. *** Eiri se sentía inquieto. Hacía veinte minutos que su esclavo se había ido con su mayordomo y ya comenzaba a sentir ansiedad. ¿Cómo se estaría comportando su esclavo? ¿Estaría bien?«Eso no me importa...».Aunque no quisiera, esos pensamientos llegaban a su mente. ¿Y si huía? ¿Y si Hiroshi y Claude no se daban cuenta de sus intenciones? Un fuerte impulso tentaba con obligarlo a localizar a Shuichi por su anillo para saber dónde estaba, sería tan sencillo como presionar un botón.«No... Claude me prometió que me lo regresaría intacto...». *** —Supongo que tendrás pregunta, muchacho ―dijo el anciano, mientras observaba a su nieto terminar de servir unas tazas de té.—Sí... de hecho sí... primero que nada... ¿Cómo es que conoce a mi tatarabuelo? Si él murió hace muchos años...El anciano sonrió.—Ese es un hecho algo curioso. Los varones de tu familia tienden a tener descendencia, muy jóvenes.—Pero mi tatarabuelo... debió haber nacido hace... hace más de cien años.—Mi familia siempre ha sido muy longeva. Yo estuve presente cuando tu bisabuelo nació, hace casi 60 años...Shuichi y Hiroshi ahogaron una exhalación de la impresión, y si Claude hubiera sido un humano, de seguro también lo hubiera hecho.—En ese entonces yo tenía poco más de 20 años... Ahora... tengo la fortuna de ver a otro de los afortunados con este precioso don.Shuichi bajó el rostro con pesar.—No creo que éste sea el mejor momento para ser tan afortunado ―dijo Shuichi con pesar.—Pues yo creo que es maravilloso —interrumpió Keitaro—. Es increíble el don de la familia Shindo y me considero afortunado por poder tratarte.—¿Tú cómo sabes de mi condición?—Soy el siguiente doctor en la familia —agregó con una sonrisa—. Mi padre desafortunadamente falleció antes de conocerte.—¿No que eran muy longevos? —preguntó con escepticismo.—Sí, pero falleció en un accidente hace algunos años.—Lo lamento —contestó Shuichi, tratando de expresar sus condolencias.—No hay problema. Al contrario, me siento feliz. No es lo mismo estudiarlo a verlo por ti mismo.—Keitaro... ¿Cómo han adquirido esos conocimientos? —preguntó el único kaizoku de la habitación.—Todo ha sido como quien dice "de palabra". ¿Sabes la historia de tu don, Shuichi? —cuestionó el anciano mirando al esclavo.—No...—¿Te gustaría saberla? —Shuichi asintió—. Esto se remonta a hace más de dos mil años. No sé si sabrás que tu familia es muy antigua, así como la mía.—No tenía idea —indicó Shuichi con admiración.—Bueno. Hace más de dos milenios años, un varón de la familia Shindo con preferencias homosexuales empezó a tener un extraño síndrome. Mareos, vómitos, desmayos, etc. En ese entonces pensaban que alguien le había hecho brujería, sobre todo cuando su abdomen comenzó a crecer...—Estaba embarazado...—Así es. Mi familia ha estudiado medicina desde tiempos ancestrales. Tu antepasado decidió ir con el mío y viendo su sintomatología le dio su diagnóstico. Él obviamente no le creyó pues implicaría admitir que era homosexual, lo que era altamente penado en esa época.—¿Y regresó?—Sí... cuando empezó a sentir movimiento... patadas... regresó con su pareja tres meses después y pactaron que todo lo que sucediera en este lugar se quedaría aquí.—¿En este lugar? ¿Desde ese entonces viven aquí? —Eso explicaba el aspecto antiguo de la propiedad.—Tu antepasado se quedó en este lugar durante su gestación para evitar problemas. Mi antepasado estaba maravillado con el proceso y decidió estudiarlo, sin embargo, en ese entonces Shindo era la única persona que había tenido ese fenómeno. Lo que hizo fue escribir todo lo que observó durante el embarazo y se lo heredó a su hijo por si acaso el hecho se repetía. El fenómeno ocurrió nuevamente aproximadamente ochenta años después. El caso fue muy similar y otro de mis antepasados, el doctor en turno estaba maravillado.—¿Y porqué sucedió esto?—Bien. Conforme ha avanzado la tecnología, hemos podido hacer algunos estudios con muestras de varones que se han embarazado y hemos llegado a varias conclusiones a pesar de que no contamos con muchos recursos. Ésta peculiar característica está dada por un grupo de genes recesivos específicos de tu familia.—¿Cómo es posible que esto suceda? ¿Que no se haya diseminado al resto de la población en tanto tiempo? —preguntó Claude, intrigado.—Muy simple. Rastreando el árbol genealógico de su familia, encontramos que los Shindo sólo suelen tener solo un hijo. Es muy raro que tengan más, y sólo se pasa a los varones al encontrarse estos genes en el cromosoma Y. Es por eso por lo que los genes se han conservado. Este grupo de genes saltan generaciones por su carácter recesivos y reaparecen cada cuatro o cinco generaciones.—¿Y qué hacen estos... genes? —preguntó Hiroshi, sin terminar de entender muy bien.—Es un proceso muy interesante. Estos genes crean un individuo con intersexualidad gonadal o hermafroditismo. El individuo es un hombre externamente, pero en su interior posee ambos aparatos reproductores.—O sea que yo——Así es Shuichi... vendrías siendo mitad y mitad...Shuichi abrió los ojos de la sorpresa y Hiroshi no pudo evitar reprimir una risita.—Vaya, ahora tengo una amiga ―dijo Hiroshi con una risilla picarona sin poderlo evitar.—¡¡Hiro!! —chilló Shuichi con las mejillas encendidas mientras le daba un leve golpe en el brazo.—Continúa Keitaro —lo incitó el anciano, tratando de recuperar el orden de la habitación.—Bueno, este aparato reproductor femenino que tienes empieza a funcionar aproximadamente a los veinte o veintiún años, varios años más tarde que lo que es común en las mujeres. Tu cuerpo comienza a generar una gran cantidad de hormonas femeninas. Estrógeno y Progesterona. Con ayuda de estas hormonas, tus "ovarios" comienzan a madurar óvulos que, si no son fecundados, son destruidos al llegar a la matriz.—¿Hay sangrado? —Hiroshi y Shuichi voltearon a ver a Claude, que había realizado la pregunta y en sus rostros se mostraba el mismo cuestionamiento, ¿cómo es que sabe eso? Claude sonrió—. Recuerden que mi amigo Mitsu amaba estudiar a los humanos. De ahí que yo me haya enamorado de uno...—No Winchester-san. No hay sangrado debido a que el óvulo es reabsorbido por el cuerpo y convertido en nutrientes para el mismo.—¿Y cómo se da la fecundación? ¿Hay alguna conexión?—Eso es muy sencillo Winchester-san. El epitelio que recubre la pared de la región colon-rectal de un hermafrodita tiene una permeabilidad selectiva. Esto quiere decir que permite el paso de ciertos tipos de células y compuestos.—¿Qué cosas?—Ya te imaginarás Shuichi.—Semen —contestó Shuichi con un ligero rubor en sus mejillas.—Así es. Entre otras cosas. Es así como se da el embarazo. Los espermatozoides se difunden por esta pared llegando hasta las trompas de Falopio donde se lleva a cabo la fecundación. Es parecido al proceso de regeneración de una herida donde los capilares sanguíneos se vuelven permeables a los glóbulos blancos para que puedan atacar infecciones. Ahora en cuanto a los detalles del embarazo. A comparación del embarazo común en las mujeres, éste tiene una duración de dos tercios de lo normal, seis meses aproximadamente. Esto debido a que como los varones tienes más fuerza y energía y por ende consumen más nutrientes, el crecimiento del producto es más acelerado. Las molestas desafortunadamente son las mismas. Mareos y vómitos los primeros dos a tres meses. Los talones se hinchan. Aumenta el apetito y los antojos. Inclusive, estos síntomas, debido a que el embarazo es más corto, aparecen más rápido. Supongo que para este momento ya has de haber experimentado algunas molestias.—Vomité esta mañana.—Ese es un hecho perfectamente normal, no te preocupes por ello.—¿Cuánto tiempo durarán las molestias?—Serán los primeros dos meses aproximadamente.—¿Porqué aparecen los síntomas tan rápido? —preguntó Hiroshi, recordando cuando su madre le había platicado de su embarazo.—Eso es porque, debido a la manera en que se lleva a cabo la fecundación, la zona en la que es liberado el semen se encuentra muy cerca de las trompas de Falopio de tu aparato reproductor femenino, por lo que, a diferencia de las mujeres en que la fecundación y posterior implantación ocurre entre los primeros cinco y siete días ya que los espermatozoides puedan viajar desde el tracto vaginal hasta las trompas de Falopio donde se encuentra el óvulo fecundable, en tu caso, al segundo o tercer día se lleva a cabo la implantación. De ahí que los síntomas aparezcan tan rápido.Shuichi escuchaba tratando de recordar todo lo que estaba diciendo. Todo era muy importante hasta que se le ocurrió la pregunta del millón.—Y cómo... ¿cómo nace el bebé? —Fue la pregunta inocente de Shuichi que llamó la atención de sus amigos. Esa era una muy buena pregunta. Si externamente era un varón... ¿cómo...?—Hacia el mes cinco —comenzó a explicar Keitaro—, el gestante comienza a experimentar unos cambios en sus genitales.—Ca... ¿cambios? —repitió Shuichi con nerviosismo.—No te preocupes Shuichi. Lo que sucederá es que, debido a la gran concentración de estrógenos en tu cuerpo, en la zona del perineo se comenzará a formar una abertura. Una oquedad. Cuando esté totalmente formada, al final del sexto mes, permitirá una conexión con el útero y así se dará el alumbramiento.Shuichi estaba más nervioso que antes.—¿Dolerá?—No joven Shuichi —continuó el anciano—. La formación del canal es indolora, sin embargo, el alumbramiento sería como el de una mujer.Shuichi recordó lo que había escuchado cuando pequeño. De lo doloroso que era el parto. La sangre... El anciano golpeó su espalda.—Tranquilo muchacho. Nosotros te ayudaremos cuando llegue el momento.—Una vez pasado el alumbramiento, la oquedad desaparecerá en menos de un mes, es como si se cerrara una herida —siguió explicando Keitaro. Shuichi sonrió.—Bien. Ya que quedó todo explicado, podemos empezar. Supongo que usted es el padre —preguntó Keitaro, refiriéndose a Hiroshi.—No. Él es mi pareja —afirmó Claude mientras pasaba uno de sus brazos por sus hombros.—Oh. Lo lamento, entonces...Shuichi bajó el rostro y puso una caja de tristeza mientras sobaba su vientre.—El... el padre de mi bebé... es mi amo...Fue hasta ese momento en que Keitaro reparó en el collar que Shuichi portaba en el cuello. Marca indiscutible de esclavitud.—Tu... ¿amo?... te refieres a... ¿un kaizoku?Shuichi asintió. Keitaro y su abuelo intercambiaron miradas de confusión que no pasaron desapercibidas para los presentes—¿Hay algún problema? —preguntó con curiosidad.—Bueno... —Keitaro volteó a ver a su abuelo.—Esta es la primera vez que vemos un caso así, joven Shuichi.—¿La primera vez? —Claude tenía la mirada perpleja.—Los kaizokus tienen poco más de mil años de existir. En ese tiempo ninguno de mis antepasados había visto algo similar.—¿Y en qué puede afectar eso, Keitaro?—El organismo de los kaizokus es diferente al de los humanos a pesar de las similitudes físicas. Su metabolismo es más rápido y tienen más energía que los humanos, son ligeramente más longevos y su fisiología anatómica difiere en ciertas características también.—¿Y eso qué...?—La naturaleza ha ideado mecanismos para que organismos de especies diferentes no puedan reproducirse como la incompatibilidad de genitales o de células sexuales, sin embargo, al tratarse de organismos tan similares, como son el homo sapiens y el kaizoku, estos mecanismos aún no se han desarrollado perfectamente. Aún así, tomando en cuenta que, según el esquema social de los kaizokus, no deben de mantener relaciones sexuales con humanos, algunos lo han hecho. Sin embargo, el control que llevan de las esclavas es demasiado riguroso, llegando en ocasiones a esterilizarlas para evitar "problemas". Pero en este caso...—No tenemos idea de lo que podría suceder... —completó el anciano. Shuichi se preocupó.—¿Nacerá mal?Keitaro suspiró.—No lo sabemos... no tenemos tecnología muy avanzada disponible debido al régimen kaizoku, pero sí la suficiente para atender un embarazo normal de un varón de tu familia. Vamos a monitorearte durante todo el embarazo mientras no presentes algún síntoma adverso. Supongo que por tu condición de esclavo no puedes salir muy a menudo.—Sí. De hecho, esta es la primera vez que salgo...—Quisiera hacerte una pregunta muy importante. ¿Estás seguro de que tu hijo es de tu amo? Conozco las costumbres kaizoku, y las exposiciones son una de ellas. ¿Cómo estás tan seguro?—Por mi padre... él me dijo cómo cuidarme, pero salí de la ciudad con mi amo y no llevé mi tratamiento.—Supongo que tu amo es de los caídos.—Sí —señaló Shuichi recalcando lo obvio.—¿Qué cuidados deberá llevar Shuichi? —preguntó Hiroshi, tratando de cambiar un poco el rumbo de la conversación.—Bien. Primero, ¿tienes idea de cuándo fue concebido?—Hace... algunos días... pocos en realidad... —contestó Shuichi mientras un rubor se dibujaba en su rostro y de pronto sus uñas le parecieron de lo más interesantes.—Deberá tener una dieta balanceada rica en vitaminas y minerales. No podrás saltarte comidas... —Hiroshi le dirigió una mirada de reproche al recordar que no había desayunado por las náuseas—. Bueno, tomando en cuenta tu condición de esclavo, quisiera poder verte cada quince días para llevar un control riguroso, puesto que, como su otro padre es un kaizoku no sabemos cómo podía reaccionar tu cuerpo al metabolismo híbrido de tu bebé.—Deberás tener un buen comportamiento Shindo, para que Eiri no tenga reparos en dejarte salir con Hiroshi —acotó Claude.—Lo sé...—Entonces sería todo por el momento.—Una pregunta más... —agregó Shuichi con un tono impaciente.—¿Sí?—¿Cuándo se empezará a notar? —preguntó con desgano y Hiroshi y Claude entendieron el porqué de la pregunta.—Bien, haciendo cálculos, al tercer mes se debería de empezar a notar.Shuichi suspiró. Tenías tres meses para planear qué haría antes de que comenzara a notarse.—Muchas gracias por todo, Keitaro.Keitaro asintió. Se levantó, pidiéndole a Shuichi que lo acompañara a su consultorio para tomarle medidas y una pequeña muestra de sangre para iniciar con su régimen. Después de unas cuantas indicaciones más sobre su alimentación, Keitaro los dirigió a la puerta, acompañado por su abuelo. Vio a la extraña combinación de personas alejarse hacia un vehículo viejo y partir hacia la capital kaizoku.—Esto es muy extraño abuelo —masculló Keitaro cuando el carro desapareció por la callejuela.—Lo sé... nunca había pasado algo parecido...—Hablamos de un kaizoku... un ser sin sentimientos... *** —¿Qué es lo que le pasa? —preguntó Eiri saliendo de la ducha.Ver a Shuichi salir corriendo de la cama a vomitar en el baño por tercer día consecutivo definitivamente no era una conducta que se pudiera considerar normal. Algo tenía que estar mal.—No es nada grave, amo —respondió Hiroshi cambiando las sábanas de la cama, tratando de restarle importancia al asunto. Shuichi se duchaba en su habitación después de haber devuelto la cena.—Hiroshi... —insistió con dureza en su voz, obligando a Hiroshi a decir una "pequeña" mentira.—Es sólo un síndrome tropical de los humanos, amo. Nada de qué preocuparse.—¿Contagioso? —cuestionó con seriedad, no dejando entrever su preocupación, aunque nunca hubiera escuchado de algo así.—No amo——¿Y cómo lo obtuvo? —insistió.—Eh... comió algo... sí... un melón tropical cuando fue conmigo a la ciudad, no pudo resistir el antojo... Da náuseas y uno que otro mareo por uno o dos meses, y son sólo matutinas amo, no hay nada de qué preocuparse, se cura solo. Ya lo revisó un médico de la mansión.—No estoy preocupado.Aún teniendo sus dudas, Eiri terminó la conversación. *** —¿Estás listo Shu? —preguntó Hiroshi. Hoy sería el día en que le harían las pruebas al esclavo y estaba un poco nervioso, pero entusiasta. Quizás hoy tendría una oportunidad para ver a Ryuichi.—Sí.Vestido con sus prendas de esclavo, Shuichi y Hiroshi bajaron al vestíbulo.—Recuerda que no podré acompañarte. Cuídate, Shu, y ten cuidado.—Sí.Eiri lo esperaba en el vestíbulo. *** —Ah... no... ah... —rogaba Ryuichi con la voz quebrada. Tatsuha lo embestía con fuerza, sujetando sus caderas elevadas mientras él trataba de sostenerse con sus manos de la cabecera de la cama. Tatsuha se reclinó hasta estar cerca de su oído.—Sabes... estoy aprovechando... después de las pruebas... los esclavos deben de... reposar cuarenta y ocho horas... ah... es el reglamento...Ryuichi no podía pensar claramente del dolor que sentía. Las pruebas... ¿ya era tiempo? Sólo esperaba poder sobrevivir a ellas...

----- CHAPTER BREAK -----

Eiri observó al kaizoku que los esperaba en la entrada de NG. Un kaizoku de baja categoría, parte de aquellos que tenía las características fisiológicas, aunque no los coeficientes intelectuales menos sobresalientes entre la población kaizoku y que Tohma les asignaba los empleos más banales.—Buenos días, Uesugi-san —dijo con voz pausada—. Los acompañaré a los laboratorios.—¿Ya llego Tohma? —preguntó Eiri deteniéndose frente a él.—Sí Uesugi-san. Se encuentra en su despacho.—Vamos, Shuichi.Eiri pasó al lado del kaizoku, siendo seguido por su esclavo. Shuichi observó las instalaciones con asombro. Varias personas recorrían enérgicamente los pasillos, principalmente kaizokus pavoneando esclavos.Llegaron al fondo del vestíbulo donde una puerta metálica indicaba los ascensores. Eiri presionó su palma sobre un panel liso y la puerta desapareció. Shuichi abrió los ojos, sorprendido. Nunca había visto puertas así.—Entra —le indicó a Shuichi—. Despacho principal —musitó cuando ambos estuvieron dentro.Al instante, el cubículo cerró la puerta y comenzó a moverse, subiendo los numerosos pisos del edificio. La parte trasera del cubículo estaba hecha de cristal, permitiéndoles ver la ciudad mientras subían. Shuichi observó maravillado la hermosa vista de la gran urbe conforme amanecía y el cielo se despejaba, eso era, hasta que llegaba a los lindes de los suburbios, donde contrastaba en altura y luminosidad.Cuando el cubículo se detuvo, la puerta desapareció nuevamente y ante ellos se mostró una amplia estancia casi vacía y al fondo una mujer estaba sentada frente a un escritorio. Una esclava, dedujo por su collar.Cuando su amo comenzó a caminar, Shuichi salió de su ensimismamiento y caminó detrás de él.—Uesugi-san. —La chica se dio cuenta de su presencia—, si me permite yo—Antes de que pudiera decir algo, Eiri ya estaba presionando su mano en un panel y la puerta del despacho del gran kaizoku se había abierto. La esclava suspiró. Nada se le negaba a Eiri Uesugi.La oficina central del gran kaizoku era el epítome de la modernidad con su terminal conectada al núcleo central de todo el edificio. Tohma ya lo esperaba, y con una sonrisa se levantó la mirada al verlo.—Eiri... tan puntual como siempre.—Quiero que se cumpla lo que pactamos, Tohma —masculló Eiri, acercándose a su escritorio.—Pruebas parciales es lo que he ordenado para tu esclavo —afirmó.—¿Tatsuha ya llegó?La mirada de Shuichi se iluminó. Probablemente podría ver a Ryuichi en ese lugar.—Sí, se encuentra en el área de fisiología. Sus pruebas comenzaron hace unos minutos.—Amo... —Una dulce y tímida voz llamó la atención de los kaizokus—. Amo... podría... —Shuichi trataba de usar su voz más suplicante—, ¿podría ver a Ryuichi?Eiri observó atentamente aquellas impresionantes pupilas que parecían no ser capaces de ocultar sus sentimientos. Súplica, timidez, vergüenza, añoranza. ¿Cómo se podían expresar tantas cosas con una sola mirada? ¿Sería que todos los humanos podrían hacerlo y nunca se había dado cuenta?—Por favor...Tohma observó el intercambio de miradas y frunció ligeramente el ceño. ¿Qué demonios estaba pasando ahí? ¿Desde cuándo Eiri dejaba que un esclavo se tomara tantas libertades como para hacerle esa petición? Algo había ahí que no le estaba gustando nada. Investigaría la situación, y de ser necesario, tomaría cartas en el asunto, pero mientras debería zanjarlo.—¿Qué respondes Eiri?—Sí... está bien... después de las pruebas...—Gracias amo...Shuichi no pudo reprimir una sonrisa que para su amo no pasó desapercibida.—Síganme, los llevaré a la zona de pruebas.Eiri comenzó a caminar tras Tohma siendo seguido por su esclavo. Volvieron a tomar el cubículo que en esta ocasión descendió varios pisos para detenerse de nuevo. La puerta del elevador desapareció de nuevo y Tohma los guio hacia otra puerta, abriéndola con la impresión dactilar de sus manos sobre un panel.—Aquí es.Shuichi observó el lugar cuando la puerta se abrió. Se podía ver un largo corredor con una gran hilera de puertas a la izquierda.—Sus puertas son la cinco y la seis.Las puertas iban en pares. En la primera entraba el esclavo y un grupo de doctores lo esperaba para realizar los estudios, mientras que la segunda puerta daba a un cubículo donde los kaizokus podían observar los procedimientos realizados.—Puerta número cinco, Shindo.Shuichi se dirigió a la primera puerta que se abrió antes de que siquiera la tocara. Al entrar, lo primero que captó su visión fue una plancha metálica con unos estribos a los costados de la parte posterior, muy similar a las que se solían usar en los centros de ginecología de los suburbios. A Shuichi, ver esa mesa le dio una sensación de incomodidad. Al fondo, tres personas ataviadas con batas blancas lo miraron fijamente.—Remueva su ropa —le indicó uno. *** —¿Dónde está mi hermano? —preguntó Eiri cuando Shuichi desapareció dentro del laboratorio y la puerta se cerró.—En la sala tres, viendo las pruebas de su esclavo.Eiri se dirigió hacia la puerta que portaba una placa con el número tres y posó su mano en ella. Al instante desapareció y le mostró a su hermano sentado en un cómodo sillón mientras observaba a través de un cristal.—Vaya, llegaste —dijo Tatsuha dándole un trago a un vaso de cristal que traía con él—. ¿Qué puedo hacer por ti?—¿Tú harías algo por mí? —preguntó Eiri con un evidente tono de incredulidad y sarcasmo en su voz.—Por supuesto. Si no hubiera sido por ti, no hubiera conocido a este delicioso esclavo.—Te dobla la edad.—Eso no importa —contestó Tatsuha ondeando su mano—. Es estupendo para "relajarme".—Tú y tus ideas... ¿Vas a dejar a tu esclavo aquí?—Eso es obvio. Órdenes de Tohma.Eiri guardó silencio y salió de la habitación dejando sólo a su hermano. *** —Que me quite——Sí, remueve tu ropa. Entre más pronto empecemos más pronto terminaremos.Shuichi se ruborizó furiosamente. Aunque Hiroshi le había explicado en qué consistían las pruebas que él también había tenido que pasar cuando fue esclavo, no pudo evitar sentirse nervioso.—Pero——¿Qué esperas?La voz de su amo se escuchó en el recinto, sin embargo, no pudo ubicarla. Aún un poco renuente, Shuichi se quitó las escasas ropas que cubrían su cuerpo hasta quedar sólo con su piel. Instintivamente sus manos corrieron a cubrir su intimidad mientras un tenue sonrojo aparecía en su rostro.—Recuéstate sobre la plancha.Siguiendo las órdenes, los médicos comenzaron a moverse, acercando máquinas y mesas con instrumentos extraños para Shuichi, asustándolo un poco, pero confió en que su amo no permitiría que nada malo le pasase. *** —Qué... ¿qué es eso?Ryuichi observó con asombro la máquina que habían colocado cerca de sus piernas. Estando totalmente desnudo, y ya le habían sacado muestra de sangre, saliva y orina. Le habían puesto unas ventosas en su cabeza conectadas a una máquina que tomaba una lectura constante de sus ondas cerebrales. En su mano derecha tenía una aguja que le inyectaba constantemente suero mientras que, en la izquierda, tenía conectado un monitor de signos vitales.—Comenzaremos con las pruebas fisiológicas y de resistencia.Empezó a sentirse inquieto. Esto no auguraba nada bueno. *** —¿Porqué te ves tan feliz Takako? —preguntó Aiya.Takako y Aiya se encontraban en la piscina de la mansión tomando un pequeño descanso, aprovechando que no estaba, aunque últimamente no había requerido de sus servicios pues se pasaba la mayor parte del tiempo con su nueva adquisición.—En estos momentos le están haciendo las pruebas al enano.—¿Y eso qué importa?—Aiya, Aiya, piensa un poco más. Después de las pruebas, el enano no estará disponible por al menos un par de días. Tiempo suficiente para reivindicarme con mi amo.—¿Te lanzarás? —preguntó la esclava con sorna.—He estado mucho tiempo aquí como para que un viejo enano venga y me quite a mi lugar. Además, el amo Tatsuha es demasiado bueno en lo que hace.Aiya no pudo evitar soltar una risa.—Y yo que pensaba que no te gustaba estar con él. Con lo que gritas...—Tú lo sabes Aiya. Le gusta escucharlo. Eso lo excita.Aiya se alejó nadando mientras Takako sólo se quedaba flotando en la orilla.«Ese enano no me quitará mi lugar». *** —Ouchi... ―Shuichi chilló cuando la aguja entró en su brazo.El asistente que realizó el procedimiento rodó los ojos con exasperación. No estando acostumbrado a las inyecciones, Shuichi hacía muecas de dolor con cada pinchazo. Acababan de colocarle una vía de suero en uno de sus brazos.—Aplicaré un poco de anestesia local en la zona del vientre para obtener una muestra de orina.—¿Anestesia? ¿Para qué?—Para que no te duela cuando entre la jeringa.Los ojos de Shuichi se entornaron.—¿Jeringa? ¿Dónde? ¿No podría simplemente ir al baño?—Por supuesto que no. Al salir la orina se encuentra expuesta a patógenos que podrían nublar el examen, por eso es mejor obtener pura directamente de la vejiga.Shuichi tembló. Le introducirían una aguja en el vientre. El vientre. Donde en estos momentos estaba su bebé. No podía decir nada. Oponerse implicaría sospechas. Sólo esperaba que los médicos lo hicieran lo suficientemente abajo como para no dañar a su bebé.Detrás del cristal, Eiri tenía plena vista del rostro de sufrimiento de su esclavo, y a su lado, Tohma veía con satisfacción.—Tranquilo Eiri. Es sólo un esclavo.«Es sólo un esclavo... un esclavo...».No supo por qué, pero esa simple y sencilla oración no le gustó para nada. *** —¡No más!... ¡No!... ¡Por favor!Ryuichi estaba sufriendo enormemente mientras Tatsuha observaba con placer a través del cristal. Los gemidos de su esclavo eran una ambrosía para sus sentidos. Le habían colocado unas ventosas alrededor del pene que le estaban enviando pequeñas descargas, revisando su actividad cerebral en respuesta a los estímulos recibidos.Era elemental observar que, en casos de estrés y desesperación, sus ondas mentales no viraran hacia algún intento de atacar a su amo. Era posible identificar patrones de onda cerebrales que indicaban posibles comportamientos hostiles.El hecho de dejar descansar a los esclavos durante cuarenta y ocho horas después de realizadas las pruebas se debía a que llevaban los estímulos hasta el último extremo y atisbo de consciencia del esclavo, para seguridad de los kaizokus. Órdenes de Tohma.Ryuichi sentía como si lo estuvieran quemando, y no podía hacer nada, sus manos habían sido atadas hacia los costados de la plancha para que no pudiera moverse.—Amo... por favor...—Ryuichi... no seas aguafiestas... esto apenas acaba de comenzar —dijo Tatsuha por el intercomunicador. *** —Duele...—No seas quejumbroso niño.El kaizoku a su derecha se vio obligado a obtener la muestra de sangre de las venas de la mano a Shuichi pues las de su antebrazo no eran visibles o identificables y había dado un pequeño grito de dolor ante el grosor de la aguja.Shuichi puso cara de disgusto al escuchar al otro llamarlo niño por segunda vez. Tenía veintidós por todos los cielos. ¡Estaba embarazado! ¿Qué otra prueba de que no era un niño necesitaba? Sólo suspiró.—Listo, ahora abre la boca.Shuichi obedeció, sintiendo como introducían un hisopo y con ligereza, raspaban el epitelio interno de sus mejillas, obteniendo células y saliva, mientras que otro doctor le colocaba un baumanómetro para medirle la presión. *** Tatsuha agradecía que el cristal fuera de una sola vista y no pudieran observarlo. Poco le importaba que entrara Tohma o su hermano en esos momentos, pero no quisiera que kaizokus de baja categoría como lo eran los doctores lo vieran. El hecho de estarse masturbando ante la vista de su esclavo gimiendo y gritando por piedad lo estaba calentando. Su piel sudorosa y roja en algunas zonas, sus piernas totalmente abiertas, permitiéndole una perfecta vista de lo que le pertenecía, a pesar de que en esos momentos estuviera siendo profanado por una máquina. No importaba. Ese esclavo era y siempre sería suyo y de nadie más.Ryuichi estaba hecho un mar de lágrimas. Por más que rogaba y gritaba, el dolor no se iba. Sentía como si lo estuvieran partiendo en dos. Sentía sus músculos entumidos por las descargas y su cabeza daba vueltas. El dolor amenazaba con hacerlo delirar. Sólo esperaba que la tortura terminara pronto. *** —Por último, necesitamos una muestra de semen.—Se... ¿semen?—Sí. Semen. Y dado que tu amo prohibió el uso de máquinas estimuladoras, necesitamos que te provoques una erección.Las mejillas de Shuichi refulgieron en rosa. ¿Acaso le estaban pidiendo que se masturbara enfrente de ellos?—Pe... pero yo... yo no——Vamos niño. No nos hagas perder el tiempo.A través del cristal, Eiri observaba fijamente los ojos de su esclavo. Podía ver la angustia y la vergüenza. Suspiró. ¿Qué haría su esclavo ahora? *** —Hemos terminado —anunciaron los doctores, mientras el cuerpo inconsciente de Ryuichi permanecía estático sobre la plancha.Tatsuha había entrado a la habitación a observarlo. Aún eran visibles los rastros de las lágrimas en las suaves mejillas. El rostro aún conservaba una dureza debido al dolor.—Podrá salir pasado mañana al mediodía, Tatsuha-san.Tatsuha no contestó nada, simplemente salió de la habitación con dirección a donde se encontraba su hermano en el cubículo número seis. *** —Ya me voy, hermano —anunció Tatsuha al entrar al cubículo, pero no recibió respuesta.Eiri veía fijamente a través del cristal. Tatsuha, llamado por la curiosidad, se acercó al cristal, y lo que vio lo hizo levantar una ceja con un deje de superioridad.—Pero qué esclavo tan enclenque, hermano. Ni siquiera puede tocarse bien con audiencia.Eiri observaba los vanos intentos de Shuichi por excitarse. A pesar de estar usando sus temblorosas manos, por la vergüenza simplemente no podía excitarse. La pena, la vergüenza y el saber que otras personas lo estaban viendo mientras se tocaba, aunado a su embarazo, era suficiente para bajarle la libido.—Si quieres yo podría echarle una mano... no me molestaría —masculló Tatsuha.—Lárgate de aquí, Tatsuha.Tatsuha hizo un mohín y se acercó a la puerta de salida.—Yo que tú le daría una mano si no es que quieres pasar todo el día aquí.Eiri se quedó observando a su esclavo y como en su rostro era clara la frustración que estaba sufriendo al no conseguir lo que se le estaba pidiendo. Su semblante, más que el placer que debería de estar sintiendo se doblegaba en sufrimiento, quizás por algún posible castigo que podría recibir si no cumplía con la encomienda. Dio una profunda inspiración y salió de su sala para dirigirse al laboratorio. *** «No puedo... no puedo...». Shuichi estaba frustrado. No podía. Simplemente no podía excitarse. La desesperación comenzaba a inundarlo. «Me va a castigar... me van a castigar... no... mi bebé... no puedo...».Escuchó que la puerta se abría. Su mirada corrió a ver quien había entrado y el pánico lo inundó, una mirada dorada lo envolvió.—Lo siento... amo... yo no... lo siento... —suplicaba mientras una lágrima surcaba su mejilla. Al diablo el orgullo, si su bebé se ponía en riesgo por un castigo sólo le quedaba suplicar—. Amo, perdóneme... yo...—Oye tú.La voz de su amo dirigiéndose a uno de los doctores lo hizo callar.—S... ¿sí? ¿Uesugi-san?—¿Dónde se recolecta la muestra? —preguntó de manera fría y con una amenaza implícita. Con manos temblorosas, el doctor sacó un pequeño tubo de un contenedor y se lo mostró al kaizoku de alto rango.—En este tubo... Uesugi-san...Eiri tomó el tubo y lo observó con detenimiento. Un simple tubo de ensayo con rosca.—Lárguense de aquí.Los doctores se voltearon a ver entre ellos, tratando de comprender la orden.—Pe... pero Uesugi-san... aún no terminamos... falta...—Lárguense. Esperen afuera. Ahora.El kaizoku les dirigió una de sus más frías miradas y los doctores se movieron sin chistar. Mientras Shuichi veía como los doctores salían del laboratorio, sus más oscuros temores iban tomando forma. Lo iba a castigar... su bebé...—A... amo... por favor perdóneme, lo intentaré de nuevo...Eiri se iba acercando a pasos lentos hacia la plancha con estribos y esto aumentaba el nerviosismo del esclavo. Cuando estuvo frente Shuichi, éste paró de hablar y lo único que pudo hacer fue sonrojarse ante la vista de su amo. Aquella mirada ambarina que parecía querer comérselo, y ese brillo que denotaba un deseo reprimido.Estaba totalmente desnudo recostado sobre la plancha. Por suerte sus piernas permanecían rectas y no sobre los estribos o definitivamente se sentiría peor.—¿Porqué no has obedecido lo que se te ordenó Suichi?—Lo siento amo... yo... ¡ah! —Shuichi se sorprendió cuando sintió la mano de su amo sobre su miembro. Su sonrojo aumentó cuando esta mano se comenzó a mover—. A... amo...—Te has portado muy mal Shuichi —le susurró al oído con voz sibilante.—Ah... lo siento...Eiri podía sentir como el miembro de su esclavo crecía rápidamente entre sus manos. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué estaba actuando así? No entendía. Simplemente sabía que estaba disfrutando tener a su esclavo en esa posición tan indecorosa, completamente desnudo, tan vulnerable a su toque.Shuichi estaba que se desmayaba del placer. Su cuerpo le reclamaba doblegarse ante su amo, aunque su mente le gritara que se estaba haciendo el fácil. ¿Por qué su amo estaba haciendo eso? ¿Por qué se estaba excitando después de varios minutos de intentarlo él sin obtener nada? No entendía. ¿Dónde estaba el castigo? ¿Sería una nueva manera de hacerlo sufrir?—Amo... por favor...La mano de Eiri se movía de manera lenta y pasmosa, como queriendo retardar el momento. La cara de su esclavo mostraba frustración y desespero. Sus mejillas arreboladas refulgían contra la luz de las lámparas y su piel comenzaba a perlarse del sudor. Su boca se abría y se cerraba con cada respiración forzada, expulsando sus gemidos de goce, mientras sus ojos estaban fuertemente cerrados. Las piernas se flexionaron y su cadera se movió. Esos labios lo llamaban con fuerza. Parecían recitar un mantra que decía "bésame... bésame...". Lentamente se fue acercando hacia aquel rostro.Shuichi abrió los ojos en cuanto sintió que sus labios eran tomados en un beso furioso y hambriento. Su cuerpo comenzaba a convulsionarse ante lo inminente del orgasmo. Sus manos viajaron al pecho de su amo, sin saber si hacer presión para que se alejara o agarrar la camisa para jalarlo y profundizar el beso aún más.Eiri estaba confundido. Su impulsiva acción ahora lo hacía querer retractarse, pero los gemidos ahogados de su esclavo lo incitaban a profundizar la caricia. Cuando sintió las manos de su esclavo posarse en su pecho, aumentó el movimiento de su mano.—Ah... amo...—musitó Shuichi dentro del beso.Tenía la mente nublada. Los espasmos comenzaban a acumularse en su cuerpo, el orgasmo se acercaba. Sus gemidos eran ahogados por los hambrientos labios de su amo quien parecía querer comérselo con aquel contacto. Shuichi se arqueó rompiendo el beso y corriéndose en la mano de su amo. Su respiración estaba acelerada.Eiri tomó el tubo de ensayo y recogió unos cuantos restos de semen. Eso tenía que ser suficiente. Sin esperar a que Shuichi recuperara la respiración, se encaminó a la puerta.—A... amo...—Ryuichi está en la sala de recuperación a donde te llevarán en unos minutos. Regresaré por ti en dos horas.Sin voltear a verlo, salió del laboratorio, dándole la muestra a uno de los doctores que estaban esperando afuera para después salir del edificio.Detrás del cristal de una sola vista, Tohma aún no podía creer lo que había visto.«No Eiri... tú no...».

----- CHAPTER BREAK -----

Cuando a Shuichi lo instalaron en su cubículo de recuperación, observó que era una sala con diez cubículos separados por paredes holográficas para dar privacidad. En esos momentos solamente dos camas aparte de la suya estaban activadas, así que, en uno de esos cubículos debía de encontrarse Ryuichi.Asegurándose de que todos los enfermeros habían salido y se encontraba solo, se levantó de su cama, caminó con pies descalzos hasta el primer cubículo y atravesó el holograma encontrándose con un muchacho de poco más de quince años de cabellos negros y piel clara.«Pobre... su condena apenas comienza».Salió del cubículo y se dirigió al segundo, ahí lo encontró. Ryuichi se encontraba recostado sobre la cama con varios aparatos a su alrededor, lo que le llamó la atención. Él solamente traía un brazalete que enviaba señales a un aparato al lado de su cama, en cambio, Ryuichi tenía tres brazaletes y varias ventosas en la frente y en el pecho. Sólo de verlo, le dieron ganas de llorar«Ryu... ¿qué te hicieron...?». Una lágrima escapó, rodando por su mejilla y se acercó a abrazar a su amigo, rompiendo a llorar. «Saldremos de aquí Ryuichi... te lo prometo... saldremos de aquí...».—¿Qué haces aquí?Shuichi ahogó un suspiró y su cuerpo se tensó. *** —¿Crees que esté bien?... Ah... —preguntó Hiroshi ahogando un gemido.—Claro... eso te lo aseguro...Hiroshi se acomodó sobre el pecho de Claude, sintiendo como besaba su cuello y sus manos se deslizaban por su pecho, viajando hacia el sur. La tibia agua de la bañera cubría la mayor parte de sus cuerpos.—Ah... pero Shu...—Él estará bien... —insistió, besando el otro lado de su cuello—. Hablé con Eiri y me dijo que no permitiría que le aplicaran todas las pruebas.—¿En serio? —preguntó Hiroshi con asombro.—Sí. Si lo hubieras visto, quizás te hubieras dado cuenta del tono de celos con el que me lo informó —dijo sobando el vientre de Hiroshi.—Esas pruebas... son horribles... —acotó Hiroshi, recordando cuando había sido su turno.—Lo lamento tanto Hiro... si hubiera sabido...—No importa... —Hiroshi se volteó un poco para ver a los ojos a su amado. Posó una de sus manos sobre su mejilla y lo acercó para besarlo—. Ahora quiero que me compenses... —susurró con un tinte de lujuria en su voz, su otra mano viajando hacia la intimidad de su amado.—Tenemos un poco de tiempo antes de que Eiri regrese.—Aprovechémoslo... *** —Contéstame... ¿qué haces aquí?Shuichi se relajó al ver que quien le hablaba era uno de los enfermeros humanos.—Lo siento yo... yo estaba en el otro cubículo y quería ver a mi amigo. Mi amo regresará en poco tiempo.—Sí, sé que eres un paciente por tu brazalete, pero... ¿cómo es posible que te hayas levantado? Deberías de estar en cama como este muchacho. Te acaban de practicar las pruebas, ¿no?—Sí... así es... ¿por qué? ¿Hay algún problema?—Es extraño... —dijo, acercándose a la cama donde debía de estar Shuichi y tomando sus informes.—Mi amo no dejó que me las hicieran todas.—Entonces eso fue... —La mirada de duda que mostró Shuichi, el dijo al enfermero que necesitaba una explicación—. Normalmente, después de las pruebas, los esclavos quedan muy agotados. A mi parecer, esas pruebas son demasiado crueles y no deberían de practicarse. Algunas inclusive son innecesarias.—Lo imagino... ¿entonces Ryu...? —preguntó Shuichi, removiendo un mechón que se había salido de su lugar.—Dormirá por lo menos veinticuatro horas —Shuichi suspiró—. Bueno. Sólo venía a checar sus signos, que por lo veo están bien. Deberías acostarte.—Quiero... quisiera quedarme un momento con Ryu.—Está bien, pero después descansa un poco.—Sí.El enfermero le dirigió una cálida sonrisa y se fue del cubículo. Shuichi volteó a ver a Ryuichi y sintió una presión en su corazón al saber que se iría sin siquiera hablar con él.—Ryu... —Tomó la mano laxa y la dirigió hacia su abdomen—. Ryu... te necesito... estoy embarazado... *** En su oficina, Tohma analizaba una y otra vez el video de los exámenes del esclavo de su kaizoku predilecto. Más específicamente al parte donde ambos unían sus labios. Él sabía perfectamente qué era eso...«Un beso...».Un beso. Un maldito beso. Un intercambio no aséptico de saliva entre dos personas.«Pero por qué...».Entrelazó sus manos mientras sus ojos seguían enfocados en la pantalla de su computador personal. Tenía que hablar seriamente con Eiri. Si eso se llegara a saber entre los demás kaizokus... sería el acabose. Si los demás se enteraran de que el favorito del rey kaizoku tenía esas andadas con un esclavo, en poco tiempo los demás lo empezarían a copiar creyendo que era una buena conducta, su especie comenzaría a mezclarse con la escoria humana y eso no podía permitirlo. No permitiría que la raza kaizoku fuera rebajada de esa manera«Tengo que averiguar qué te tienes con ese esclavo».       Tohma presionó un botón en el conmutador de su escritorio y de inmediato se escuchó una voz.—¿Sí, Tohma-sama?—Comunícame con el laboratorio.—En seguida —contestó su asistente.No tuvo que esperar ni siquiera un minuto cuando la voz de uno de los doctores le contestó.—¿En qué puedo ayudarle, Tohma-sama?—Quiero los resultados de Shuichi Shindo a la brevedad.—Sí, señor. *** Cuando Eiri llegó a la mansión, Hiroshi y Claude ya lo estaban esperando en el vestíbulo.—¿Cómo les fue en las pruebas? —preguntó Claude en cuanto Eiri bajó de su vehículo cruzó la puerta de entrada. El kaizoku ni siquiera contestó y pasó de largo—. Siempre tan comunicativo...—Hiroshi —dijo Eiri antes de empezar a subir las escaleras de la entrada.—¿Sí, amo?—En dos horas ve por Shuichi a NG.—Sí, amo. *** —¿No te las aplicaron todas? —preguntó Hiroshi en cuanto entraron a la habitación.Shuichi suspiró sentándose sobre su cama y viendo como Hiroshi y Claude se sentaban en un sillón doble frente a él.—No, Hiro. Sólo me sacaron sangre, saliva y orina, que por cierto me dolió mucho esa última —gruñó tocándose la parte baja del vientre—. Sólo espero que no le hayan hecho nada a mi bebé.—He de decirte Shindo que me sorprende que Tohma haya accedido a realizarte sólo algunas de las pruebas. Aunque siendo Eiri quien las pidió... —añadió, dejando el pensamiento en el aire.—¿Eso que tiene que ver?—Eiri cuenta con una gran cantidad de privilegios que muchos de nosotros no tenemos.—¿Tanto así? ―preguntó Shuichi con incredulidad.—Eiri es uno de los favoritos de Tohma, Shuichi.Eso a Shuichi no le gustó. Siendo su amo alguien tan cercano al rey de los kaizokus, no podía imaginar cuál sería el destino de su bebé.—¿Pudiste ver a Ryuichi?  —preguntó Hiroshi.—Sí... pero estaba dormido.—Es natural. Yo dormí día y medio después de eso.—Por favor Hiro, no me lo recuerdes —susurró Claude.Hiroshi volteó a ver a su pareja posando una de sus manos sobre la mejilla. Claude se acercó a tomar sus labios en un beso dulce y cálido. Shuichi se les quedó viendo con añoranza en su mirada. El amor que entre ellos se profesaban era palpable. No pudo evitar bajar la vista hacia su vientre aún plano y posar una mano sobre éste.«Como quisiera... que todo hubiera sido diferente... así quizás... podrías crecer junto a él...». *** Eiri se encontraba en su despacho cuando su comunicador personal sonó. Había muy pocas personas que tenían acceso a esa línea. Y aún menos las que se atrevían a hablarle.No tenía ganas de contestar llamadas pues su mente aún se encontraba inmersa en lo que había acontecido hacía menos de tres horas. ¿Qué le había sucedido?Por Dios. Se puso a complacer a su esclavo. ¿Pero que bestia lo había poseído para hacer un acto tan bajo? Tenía la mente nublada. Lo único que recordaba de esos momentos eran los gemidos ansiosos de su esclavo y la piel perlada que temblaba bajo su toque. El sabor de aquellos labios cuya ambrosía había probado y lo había encandilado. Definitivamente algo le estaba pasando para ponerse a pensar de esa manera. ¿Sería alguna enfermedad humana que lo estaba afectando?«Si es sólo un esclavo...».Sus pensamientos fueron interrumpidos por el insistente tono de llamada. Se asomó a ver la procedencia en la pantalla y puso cara de desagrado al identificar el nombre de “Tohma Seguchi”. Sabía que tenía que contestar, de lo contrario, el comunicador seguiría sonando por horas más, o peor, Tohma haría acto de presencia. Dirigió su mano hacia uno de los muchos botones y presionó.—¿Sí?—Eiri, debo hablar contigo. Es urgente.Al instante, del comunicador salió una luz que se enfocó en el centro de la habitación y se empezó a hacer más grande hasta mostrar una copia holográfica exacta de Seguchi Tohma.—¿Qué quieres, Tohma?—Quiero que me expliques esto.A un lado de Tohma apareció una pequeña pantalla que comenzó a proyectar un video de las pruebas de Shuichi. Más específicamente de la última parte de la sesión.—No entiendo qué es lo que tengo que explicar —contestó sin cambiar su semblante.Tohma adelantó un poco la grabación, la detuvo en la parte en la que Eiri besaba a su esclavo y la amplió.—Eiri... es un simple e inmundo esclavo. Cómo puedes siquiera tocarlo. ¿Tienes idea de la cantidad de bacterias y microorganismos presentes en la saliva humana?—Como lo has dicho Tohma... es mi esclavo... puedo hacer lo que quiera con él.—Esto no puedo permitirlo, Eiri. Al principio esto era sólo un capricho, pero no puedo permitir que avance.—¿Avance?Tohma reconsideró sus palabras. No quería que Eiri se hiciera ideas.—Me temo que tendré que quitarte ese esclavo Eiri.Las pupilas de Eiri se dilataron. Golpeó a su escritorio a la vez que se ponía de pie.—¡Es mi esclavo Tohma! —dijo con voz fiera—. Esa no es ninguna razón para que me quites mis pertenencias por un "capricho".Al rey kaizoku le impresionó ese despliegue de ira de su kaizoku favorito, una faceta desconocida para él. No quería ganarse el desprecio de Eiri. No... Frunció el ceño. Debería buscar otra manera sutil de deshacerse de ese esclavo. Ya buscaría la manera. Además, pronto tendría los resultados, y si ahí había suficiente material para deshacerse de él, lo aprovecharía.—Está bien, Eiri. Quédate con tu esclavo... por ahora.El holograma y el video desaparecieron dejando el despacho en silencio, y a Eiri con una pesadez en su pecho. Tohma era el rey kaizoku. La persona con más poder sobre el planeta. No evitaría usar su poder en un simple esclavo... *** —Le traigo los resultados, señor —dijo un doctor, ofreciendo una tableta electrónica.Tohma tomó la tableta y presionó la pantalla táctil observando los resultados con premura. Sus ojos corrieron rápidamente por el detallado documento. Diez minutos después, sus ojos se elevaron hacia el doctor.—¿Todo está correcto? —preguntó después de no encontrar nada que fuera excepcional.—Falta correr aún algunas pruebas de laboratorio, pero de manera preliminar, sólo encontramos un inusual incremento hormonal.—¿Algo de qué preocuparse?—No, señor.Tohma frunció el entrecejo. Unas pocas hormonas arriba.—Termina el informe y mantenme informado.—Sí, señor. *** —Bienvenido, Shuichi.—Hola Keitaro.Quince días se había cumplido y era momento de la revisión de Shuichi. Tratando de comportarse bien en la mansión, Eiri había permitido que Shuichi acompañara a Hiroshi a la ciudad, siempre y cuando el esclavo llevara su collar de esclavo. Lo que Eiri no sabía era que, en lugar de ir a la ciudad, iban a los suburbios humanos.—¿Cómo te has sentido Shuichi? —preguntó Keitaro, indicándole que se recostara sobre la camilla.—Bueno, tengo mareos y nauseas todas las mañanas.—Eso es normal.—Y... quería preguntarte algo...—¿Sí? —Shuichi se sonrojó.—Cómo sabrás, soy un esclavo y... mis deberes...Shuichi no sabía cómo plantear la pregunta. Sus mejillas refulgieron en rosa, y Keitaro pareció entender el cuestionamiento.—No te preocupes Shuichi. No hay problemas en tener relaciones sexuales, siempre y cuando estas no sean bruscas y no se presente un sangrado. Serán seguras hasta un mes antes del nacimiento. Entonces los contactos sexuales deberán evitarse para mayor protección.—Está bien.—De momento sólo te sacaré un poco de sangre.—Otra aguja... —chilló Shuichi con aprensión.Una hora después, Keitaro le mostraba los resultados, diciéndole que tenía que aumentar su consumo de vitaminas y le recetó unas pastillas. Estaba ligeramente anémico, pero nada de qué preocuparse. *** —Señor, le traigo los resultados.Tohma tomó nuevamente la tableta y recorrió rápidamente los resultados con la vista.—¿Porqué les tomó tanto tiempo? ―gruñó. Habían pasado varios días ya desde las pruebas de Shuichi, algo inusual en cuanto a tiempo de entrega.—Esto es muy inusual señor. El joven Shindo tiene una concentración muy alta de hormonas femeninas en su cuerpo. Rehicimos los exámenes varias veces con las muestras que quedaban para evitar errores, pero los resultados siempre fueron los mismos.—¿Habías visto esto antes?—No señor, al menos no en varones.Tohma retiró la vista de los documentos y la posó sobre el nervioso doctor que estaba frente a su escritorio. ¿No en varones? Qué había querido decir.—¿A qué te refieres?—Bueno... estas altas concentraciones de hormonas son normales en las mujeres humanas durante cierta etapa de su vida.—¿Cierta etapa?—Sí señor. Durante el embarazo.

----- CHAPTER BREAK -----

—Sí señor. Durante el embarazo... pero ese no es el caso, después de todo, estamos hablando de un varón.Tohma guardó silencio. ¿No era el caso? ¿En realidad no sería el caso?—Quiero que me den una lista de todas las posibles causas por las que las hormonas estarían desequilibradas.—Pero señor, las causas no son muy claras puesto que se trata de un humano varón —insistió el doctor—, podrían llevarnos semanas esa lista——Tienen una semana. Ahora largo.El doctor salió de la oficina con rumbo a su laboratorio. Tendría que poner a todo su equipo a trabajar para averiguar porqué un hombre tenía tantas hormonas femeninas en el cuerpo de un aparentemente saludable varón. *** Cuando Ryuichi despertó, unas manchas nublaban sus ojos y dejó pasar unos minutos en lo que sus ojos se acostumbraban a la luz. Se sentía exhausto. Después de las pruebas, había estado inconsciente más días de lo normal. Los doctores lo habían atribuido a lo invasivo de las pruebas, por las cuales Ryuichi había estado una semana en recuperación. Lo malo fue el humor con el que lo recibió Tatsuha la noche después de su despertar.Al momento de despertar, Noriko le había informado que su amo lo había estado esperando en su habitación y que se dirigiera hacia allá a la brevedad.—Tardaste demasiado... esclavo... —dijo Tatsuha, dirigiéndole una mirada de lujuria justo cuando había abierto la puerta. Tatsuha se encontraba totalmente desnudo y sólo estaba cubierto por una sábana que a duras penas tapaba lo estrictamente lo necesario.—Dormiste demasiado tiempo de más, Ryuichi...Por unos momentos, a Ryuichi le aterró la mirada que le mandaba su amo, no augurando nada bueno. Esa mirada depredadora que emanaba cientos de promesas sobre lo que podría suceder en las siguientes horas.—Lo siento amo... yo——Acércate... —Ryuichi caminó lentamente, acercándose a la cama de su amo—. Ven... Compláceme...Tatsuha removió las sábanas, dándole a su esclavo una vista completa de su miembro semierecto. Sus ojos brillaron al ver la cara de resignación de Ryuichi. Nunca iba a admitir que había extrañado enormemente aquel cuerpo. Esos ojos azules que brillaban cuando se acercaban al orgasmo. Ese cuerpo que temblaba de placer siempre que estaba bajo su toque. Esos gemidos que eran música para sus oídos.El cuerpo de Ryuichi, ataviado con el típico traje de esclavo, despertaba en él las más oscuras pasiones. Ese cuerpo le gritaba que lo reclamara como suyo de todas las maneras posibles, cosa que no había sucedido con ningún otro esclavo, ni siquiera con Takako, que solía ser su favorito.Ryuichi se acomodó de manera que la masculinidad de su amo quedó frente a su rostro, y sin esperar otra instrucción, la engulló. Esa noche su amo lo tomó de manera salvaje, como si hubiera estado añorando su cuerpo.Trató de ignorar los rayos de sol que entraban por la ventana y se acomodó en la cama dispuesto a dormir, aunque fuera otro rato antes de que su amo despertara, cuando sintió una mano aferrarse a su cadera y jalarlo.—Buenos días, Ryuichi... — dijo Tatsuha con su sedosa voz, frente a él.Tatsuha se le acercó, permitiéndole sentir la erección mañanera que se erguía orgullosa contra su vientre. El movimiento no impidió que sus virilidades se rozaran, ocasionándole a Ryuichi un gemido de puro placer.—Ah... amo...Esa sencilla palabra dicha con aquel tono de voz fue como un potente afrodisiaco para el kaizoku quien, levantando una pierna de su esclavo, se enterró con premura en aquella sensible cavidad.Ryuichi liberó un grito de sorpresa, dolor y placer. El no haber sido preparado con antelación, ocasionó que la entrada fuera brusca y dolorosa. Aún así, el dolor rápidamente fue acompañado por un inmenso placer. El placer ocasionado por la fricción del miembro de su amo contra su próstata. El placer de sentir su propio miembro ser aprisionado entre los dos vientres en movimiento. El placer de sentirse llenado por la persona que amaba profundamente era simplemente inigualable.Ryuichi sentía como una fuente de calor se acumulaba en su vientre, anunciando el inminente orgasmo. Tatsuha podía sentir como el interior de su esclavo se contraía cada vez con más fuerza sobre su miembro.Acelerando el ritmo, se vació abundantemente, dejando a un Ryuichi con la respiración acelerada, recostado en la cama.—Levántate esclavo... ayúdame a asearme... —ordenó Tatsuha, dirigiéndose al baño. *** —Señor... tenemos la información que nos solicitóUna semana después, el grupo de doctores e investigadores de NG se encontraban en la oficina del rey kaizoku cargando una gran cantidad de documentos y carpetas.—¿Qué encontraron?—Hay aproximadamente quinientas setenta y un enfermedades y síndromes humanos que pudieran ocasionar una elevación significativa de hormonas femeninas.—Dejen los documentos en mi escritorio junto con los resultados obtenidos de sus exámenes —solicitó Tohma mientras observaba la ciudad por la ventana de su oficina. Quería leer él mismo toda la información antes de tomar acciones sobre el esclavo de su kaizoku favorito. Podrían llamarle obsesión, pero simplemente Eiri era una persona demasiado importante para él.Tenía una leve sospecha de lo que podría estarle pasando a ese esclavo, pero quería antes descartar cualquier posibilidad por mínima que fuera. *** Era más temprano de normal para él, pero, aun así, Claude regresaba a su mansión. Pasaba la mayor parte del tiempo en la mansión Uesugi junto a su amado, pero no podía descuidar sus negocios sin despertar sospechas de Tohma. No había planeado la ida, ni siquiera había llamado para avisar. Tenía planeado hacer algo importante y esperaba poder hacerlo hoy.Su llegada fue silenciosa. Él mismo iba manejando su coche. Al llegar al vestíbulo, se encontró con uno de sus sirvientes quien se puso nervioso al verlo llegar tan repentinamente.—A... amo... no lo esperábamos hoy... ¿gusta algo de tomar? ¿O quiere que le prepare un baño?—No, ahora no. ¿Dónde está Suguru?—Eh... está en su habitación... pero de seguro usted estará cansado de su viaje amo, lo mejor sería que descansara un poco y yo le diré a Suguru-san que lo busque en su habitación —dijo el sirviente con evidente nerviosismo.—Prepárame un baño.—Sí, amo —contestó el esclavo con efusividad mientras subía a la habitación de su amo a preparar la tina con sales aromáticas.Claude esperó a que su sirviente desapareciera por las escaleras y se encaminó a la habitación de su mayordomo que, como ya se imaginaba, no estaría solo...Recorrió varios pasillos hasta legar a una amplia puerta y entró sin tocar, posando su mano sobre el panel lateral, dejando actuar sus huellas como llave maestra. La puerta se abrió permitiéndole observar una amplia y ordenada habitación. Al fondo se encontraba una cama donde dos cuerpos descansaban fundidos en un abrazo.Posó el dorso de su mano sobre la pared de la entrada y tocó con sus nudillos, haciendo un ruido seco que resonó en la habitación, despertando al a uno de los ocupantes de la cama. *** Suguru abrió lentamente sus ojos y lo primero que su mirada enfocó fue el rostro dormido de su amado y suspiró. La noche anterior Sakano le había propuesto que se escaparan, que él conseguiría un anillo de kumiko en el mercado de esclavos y así podrían ser libres. Podrían amarse siempre que quisieran. Profesarse sus sentimientos sin tener que esconderse o temer por un posible castigo en caso de que los descubrieran.Suguru se había negado. Su amo era demasiado bueno, era muy buena persona. Inclusive, no sabían si era coincidencia o no, pero las pocas veces en que tenían que ir a las exposiciones obligatorias, Sakano casi no participaba, o sí lo hacía, era emparejado con mujeres. Nunca con chicos. Eran demasiadas cosas buenas por las cuales Suguru no quería irse y dejar a su amo sólo. No ahora que había encontrado a Hiroshi.Su mirada empezó a recorrer la habitación hasta detenerse en la figurada que estaba parada frente a su cama. Entonces su mundo se vino abajo. Trató de hablar, pero las palabras se atoraron en su garganta.—Suguru... vístete y ven a mi despacho... no despiertes a Sakano... —dijo Claude en voz baja.La mirada neutra de su amo lo puso nervioso. Lo vio salir de la habitación con paso lento y monótono. Empezó a hiperventilar. Se habían confiado. Descuidado. ¿Qué haría su amo?... ¿Los castigaría?... ¿Lo convertiría en esclavo?... ¿Regresaría a Sakano al almacén?Su corazón se aceleró... ¿Regresaría a Sakano al almacén? Si eso sucedía, podrían destinarlo a cualquier otro amo y quien sabe que pasaría entonces. ¿No volvería a verlo jamás? No todos eran tan benevolentes con sus esclavos. Sólo había que ver al esclavo de Tatsuha Uesugi para imaginar lo peor.Estaba decidido... haría cualquier cosa, aceptaría cualquier castigo, inclusive se convertiría en esclavo con tal de salvar a su amado. Se giró hacia Sakano que dormía profundamente a su lado y se inclinó a darle un delicado beso en los labios, lo suficientemente suave como para no despertarlo.—Te amo, Sakano.Se levantó silenciosamente y se vistió con un pantalón y una camisa sencilla, junto con sus zapatos y se acercó a su mesa de noche para tomar papel y pluma, y anotar un rápido mensaje. Dejó el papel a un lado de Sakano y salió sigilosamente de la habitación.En pocos minutos llegó al despacho de su amo y tocó, esperando una señal para pasar.—Adelante.La voz de su amo le indicó que se adentrara en aquel recinto. Claude Winchester se encontraba sentado en un amplio diván, degustando una copa de su mejor licor. Suguru caminó hasta quedar frente a su amo y empezó a hablar.—Amo, yo——Suguru... —Lo cortó—. Lo que acabo de ver——¡Amo, perdóneme! ¡Fue mi culpa! ¡Yo lo obligué a estar conmigo! ¡¡Él es inocente!! Por favor no lo regrese al almacén —pidió Suguru rápidamente arrodillándose suplicante. Lágrimas recorrían sus mejillas—. ¡Yo lo seduje! ¡Él no quería!... Yo... yo... yo lo drogué... ¡Todo es mi culpa!Claude sonrió de manera cínica ante lo que le estaba diciendo su mayordomo. Terminó su bebida y dejó la copa en una mesilla.—Estuviste con un esclavo de mi pertenencia sin mi autorización Suguru. Eso es imperdonable.—Lo siento amo... ―Suguru masculló entre sollozos―, fue mi culpa por favor, no regrese a Sakano al almacén... yo——Suguru... —El tono de voz del kaizoku se volvió repentinamente más grave—. ¿Qué estarías dispuesto a hacer para "salvar" a Sakano? *** —Hiro... tengo hambre... ¿podrías pedirme el desayuno? —pidió Shuichi mientras Hiroshi recogía la habitación de su amo. Eiri Uesugi había salido temprano, dejando a un Shuichi profundamente dormido en su cama.—Claro Shu... ¿qué se te antoja?—Dos huevos estrellados con jamón y tocino, salchichas, panqueques con mantequilla y miel, melón con queso cottage, leche y jugo de naranja —dijo efusivo.—Vaya, nos levantamos con hambre —agregó Hiroshi con una sonrisa, pasándole a Shu una bata.—Después del "ejercicio" de anoche, me levanté hambriento. Además, alguien más tiene hambre —dijo con una sonrisa, sobando su vientre aún plano.—Está bien, Shu. Báñate y después baja a desayunar.—Gracias Hiro —respondió con una sonrisa mientras desaparecía por una puerta. A Hiroshi le asombraba lo bien que estaba tomando Shuichi su embarazo, dada su situación de esclavo. *** Sakano se removió en su cama y estiró su brazo tratando de alcanzar a su amante, pero al no encontrarlo, se levantó rápidamente.«Quizás esté en el baño...», pensó, pero entonces vio una hoja de papel con su nombre y un tipo de letra demasiado conocida para él.

Sakano:

Buenos días, mi amor.

Espero que hayas dormido bien. Fue una noche maravillosa y lamento decirte que quizás haya sido la última. Hay malas noticias. El amo Claude nos descubrió está mañana mientras dormíamos. No quise despertarte pues te veías tan bello durmiendo. No te preocupes, yo arreglaré todo para que no te envíen de regreso al almacén

No olvides que te amo. Fuiste el primero en mi vida y nunca podré amar a nadie más como te amo a ti. No te preocupes por mí, yo estaré bien. Por favor, huye y consíguete un anillo de kumiko.

Espero poder volver a verte algún día.

Con amor

Suguru

Para cuando Sakano terminó de leer la carta, ya había empezado a vestirse y en menos de cinco minutos ya estaba corriendo por los pasillos. Al doblar una esquina se encontró con un sirviente y, tomando aire preguntó:—¿Has visto a Suguru?—Sí, hace unos minutos lo vi entrar al despacho del amo Winchester. Lo siento mucho Sakano, traté de que no los fuera a buscar, pero...Ese chico era el único al que le habían confiado su relación. Sin duda alguien en quien confiar, pero ahora eso ya no importaba. Los habían descubierto. Las pupilas de Sakano se dilataron y comenzó a correr—Hey, ¡espera! —Pronto la voz del sirviente se perdió en un eco, mientras recorría los extensos pasajes de aquella enorme mansión.Suguru estaba con su amo. Si éste los había descubierto, no quería ni imaginar lo que haría. Tenía relativamente poco tiempo con él. Casi dos años sirviendo a ese kaizoku y aunque nunca había visto su faceta enfadada, no dudaba que como todo kaizoku... la tenía. ¿Qué haría con Suguru? ¿Lo castigaría?... ¿Lo convertiría en esclavo?... ¿Lo... mataría?«No... no... no puedo permitirlo... Suguru... yo te salvaré...». *** Suguru levantó su rostro lloroso y con el dorso de su mano aclaró su mirada.—Lo que sea... amo...En un rápido movimiento, Claude se levantó y jaló a Suguru, recostándolo en el diván y posicionándose encima de él, atrapó las manos del mayordomo encima de la cabeza mientras que con su otra mano se sostenía a sí mismo. Con una mirada lasciva, volvió a preguntar.—¿Lo que sea?Suguru enfocó su mirada en aquellos ojos azules como el cielo, dándose una idea de lo que su amo quería... su cuerpo... ¿Se habría enojado con Hiroshi? Porque lo último que sabía era que se habían reconciliado. Pero eso no importaba. Él estaba dispuesto inclusive a morir para salvar a Sakano, y si el pago a cambio de la seguridad del esclavo era su cuerpo, estaba dispuesto a pagar ese precio una y mil veces más pues, aunque su cuerpo fuera tomado por otro hombre, su corazón siempre pertenecería a una sola persona.—Lo que sea... amo...Con una de sus manos, Claude comenzó a desabotonar la camisa de Suguru para dejarla totalmente abierta, dejando expuesto el lampiño pecho del mayordomo. Era hermoso, no podía negarlo, pero no era nada comparado con el angelical cuerpo de su amado Hiroshi. Era hora de terminar con esta faramalla.Posó una de sus manos gentilmente sobre el vientre del menor y alcanzó a escuchar un sollozo. Al levantar la vista se encontró con el rostro de su mayordomo anegado en lágrimas. Sonrió.—Dime algo Suguru —acotó, acercando su rostro hasta quedar muy cerca de él—. ¿Qué sientes por Sakano? Y quiero la verdad.Suguru parpadeó tratando de entender la pregunta. A qué venía eso. Qué importancia tenía en este momento sus sentimientos por Sakano. ¿Afectaría en algo? ¿Lo usaría para torturarlo?—Yo... yo lo amo... amo a Sakano...En eso la puerta se abrió. *** Sakano llegó hasta la puerta del despacho de su amo. Sabía que no podría entrar si el seguro estaba activado, pero milagrosamente la puerta no tenía seguro. Sintió que su corazón se detuvo cuando abrió la puerta, al ver a un Suguru lloroso siendo sujetado de las manos por su amo. Quiso correr a liberar a su amado de aquel agarre, pero antes de poder actuar, vio que su amo se levantaba y al instante su cuerpo se paralizaba.—Mala manera de actuar Sakano —dijo Claude con suavidad, entonces Sakano vio que su amo tenía un pequeño control en su mano y entendió que la parálisis venía de su anillo de esclavo. Suguru veía asustado como su amo caminaba hacia Sakano y cómo este empezaba a hablar.—Amo... Suguru es inocente... yo lo tomé en contra de su voluntad... yo lo forcé a estar conmigo... por favor... no lo castigue...Suguru reaccionó y rápidamente se fue a arrodillar a los pies de su amo.—Amo, no lo escuche... sigue drogado y está alucinando.—Su... Suguru...—Cállate Sakano —pidió Suguru mientras las lágrimas recorrían sus mejillas—. Sigues drogado, yo te drogué... —chilló con desesperación—. Amo por favor, perdónelo y castígueme a mí, haré lo que sea.Claude observaba el intercambio de palabras entre su mayordomo y su esclavo. Habían pasado la prueba.—Guarden silencio los dos —dijo firme.Claude caminó hacia su escritorio mientras liberaba a Sakano de su parálisis y éste caía al suelo. Suguru corrió a abrazarlo mientras veía a su amo sacar un control de un cajón de su escritorio. Al presionar un botón, un rectángulo translúcido apareció en medio de la habitación. Segundos después, una secuencia de imágenes comenzó a correr. Todas eran de Suguru y Sakano juntos en diferentes situaciones, y la mayoría de ellas eran comprometedoras. Ellos en la cama. Ellos besándose. Ellos tocándose. El mayordomo y el esclavo no podían creer lo que veían. Era su fin.—¿Co... cómo?—Yo ya conocía lo que sucedía entre ustedes desde hace mucho tiempo. Mucho antes de adquirirlos.—Mitsu-sama... —susurró Suguru con voz ahogada.—Así es... sin querer, ustedes se convirtieron en su principal sujeto de estudio sobre las relaciones humanas.—Amo...—Tranquilo Sakano. No te regresaré al almacén, ni convertiré a Suguru en esclavo. No habrá castigo —dijo Claude mientras las imágenes desaparecían. Sakano y Suguru se abrazaron, aliviados por las palabras de su amo—. Ustedes me ayudaron a entender mis sentimientos por Hiroshi y se los agradezco. Antes de que Mitsu desapareciera, él me pidió que me hiciera cargo de ustedes, si algo llegaba a sucederle. Siéntense.Suguru ayudó a Sakano a levantarse y ambos se sentaron en un sofá. El mayordomo tenía una duda.—Amo... Mitsu-sama...—Él no murió... desapareció... ―El mayordomo y el esclavo abrieron sus ojos sin poder creer la aseveración del kaizoku—. Podrán seguir juntos, pero les pido discreción. Si alguien más se entera que mi mayordomo y mi esclavo principal están juntos, Tohma podrían involucrarse y tratar de quitármelos. No podría hacer nada por ustedes.—Gracias amo —respondió Suguru con lágrimas mientras abrazaba a su amado. Entonces Sakano habló:—Amo... hay algo que quiero preguntarle, si me lo permite.—¿Sí?—En las exposiciones... usted siempre...—Ah sí... las exposiciones —lo cortó—. Si yo estuviera en su misma posición, no me gustaría que Hiro estuviera con alguien más. Sabiendo que las mujeres no son de tu agrado, fue lo único que se me ocurrió, siendo que es obligatorio que todos los esclavos participen en una exposición al menos una vez al mes. Es lo mismo que hacía cuando Hiro era mi esclavo.—Y amo... lo de hace rato...—Los estaba probando. Quería saber que tan fuertes eran sus sentimientos y ahora lo sé. Para que hayan sido capaces de mentirle a un kaizoku...Ambos se ruborizaron. Por el verdadero amor uno era capaz de dar lo que fuera.—Lo sentimos amo.—No importa, pero ahora, hay algo muy importante que quiero pedirles...

----- CHAPTER BREAK -----

—Muy bien Shuichi, ya has completado el mes y todo parece ir de maravilla —dijo Keitaro retirando el ecógrafo y pasándole una toalla a Shuichi para que se limpiara el gel—. Tus exámenes de sangre muestran una ligera anemia, pero nada de gravedad, sólo hay que cambiar tu dieta y agregar más nutrientes —agregó con una sonrisa.—Gracias Keitaro —Shuichi se levantó de la mesa de exploración, limpiándose el gel frío, y acomodándose la parte superior de su ropa de esclavo.Un mes. Era increíble que ya hubiera cumplido un mes desde que toda esta aventura había comenzado. Desde que su destino había sido influenciado por una pequeña personita que ahora crecía en su vientre. No se arrepentía de la decisión que había tomado.—¿Cuándo comenzará a notarse? —preguntó Hiroshi que estaba sentado en un sillón.—Bueno, como eres primerizo, tardará un poco más en notarse. Calculo que para el tercer mes empezará a crecer más rápido y tu abdomen empezará a abultarse —explicó, apagando el ecógrafo y alejando la máquina.—Está bien.Keitaro hizo unas cuantas anotaciones en una hoja sobre los ajustes que tendría que hacer Shuichi en su dieta, pasándosela después a Hiroshi, pues sabía que el mayordomo se encargaría de hacerle llegar las indicaciones a las cocinas.—Tienes buen peso Shuichi, solo sigue las indicaciones que le acabo de pasar a Hiro y nos vemos en unos cuantos días. ¿Está bien?Shuichi asintió. En poco tiempo, Shuichi y Hiroshi se encontraban en su trayecto de vuelta a la mansión. *** —¿Has encontrado algo? —Suguru se separó de la computadora en la que estaba, suspirando y levantando las manos para estirarse, alcanzando a escuchar el sonido de sus vértebras tronar al haber estado ya varias horas en la misma posición.—No... sólo más información de tú y yo... —respondió Sakano, desplazándose entre los archivos del ordenador—. No sabía que el amo Mitsu nos había investigado tanto —masculló, topándose con otro video de Suguru y él teniendo sexo en una de las habitaciones. ¿Qué acaso había cámaras en todas las habitaciones, pasillos y estancias de esa mansión?Sakano y Suguru se encontraban en el sótano de la mansión de Mitsu, sede de la investigación del kaizoku.—¿Tienes idea de porqué el amo quiere esa investigación, Sakano?—No lo sé Suguru... —respondió recordando la conversación que habían tenido con su amo unos días atrás. 
—No importa, pero hay algo muy importante que tengo que pedirles...

—Lo que sea amo...

Ambos estaban dispuestos a hacer lo que fuera para complacer a su amo después de la gran oportunidad que les estaba dando.

—Cuando Mitsu desapareció hace poco más de un año, todos sus bienes, acciones y propiedades fueron pasadas automáticamente a mi nombre según las estipulaciones de su testamento. La guardia de Tohma entró a la mansión según buscando información acerca de la posible causa de su muerte, pero se fueron sin encontrar nada. Yo estaba seguro de que estaban buscando otra cosa, y hasta hace poco vine recordando sus investigaciones. Todo su material estaba en una habitación secreta que me enseñó unas cuantas veces. Ahí él estaba estudiando a los humanos. Sobre todo, a ustedes.

Sakano y Suguru se miraron entre ellos. Nunca se imaginaron que todo este tiempo hubieran estado siendo investigados por un kaizoku a pesar de que, según ellos, se cuidaban demasiado para no ser descubiertos.

—Yo de momento no tengo el tiempo suficiente para lo que les voy a pedir. Quiero que vayan a su laboratorio y me busquen cierta información.
 Después de eso, Claude los había llevado a escondidas hasta la mansión de Mitsu junto con uno de sus sirvientes para que se quedaran a vivir ahí y buscaran toda la investigación de Mitsu, con el afán de encontrar algo que incriminara al rey kaizoku.—Aquí hay más fotografías de tú y yo —señaló Suguru con un sonrojo. Sakano se acercó y agarró las fotografías. Eran ellos en una cama desde varias perspectivas. Sakano sonrió.—Me gustaría conservar una.—¡Sakano!—¡¿Qué?!—Deja eso... —dijo con voz trémula—, de todas maneras, ¿para qué querrá esa información?—No lo sé Suguru. Pero no nos rendiremos hasta encontrarla, después de la oportunidad que nos dio... —Sakano levantó el rostro de su amado atrapando sus labios. *** —No acalles tus gemidos Shuichi.Eiri embestía profundamente el cuerpo de su esclavo, sintiendo los temblores de su humanidad. Podía ver como su esclavo aún era reacio a aceptar lo inevitable. Que su cuerpo reaccionaba al más mínimo estímulo proporcionado por su amo. Cómo cubría su boca tratando de acallar sus gemidos que cada vez eran más seguidos y subían de intensidad.Shuichi se sentía en la gloría. No cabía duda de que, en pocos meses, su amo se había convertido en todo un experto prodigando placer. No entendía porqué le dolía pensar con cuantos esclavos habría "practicado" antes de estar con él, pero ahora era como si conociera a la perfección cada parte de su cuerpo. Como si supiera qué partes tocar para hacerlo enloquecer de placer y que su espalda se arqueara sin compasión.Sintió que su excitación aumentaba. Su miembro aprisionado entre ambos vientres le mandaba grandes oleadas de placer, así como la fricción del miembro de su amo contra su próstata. Un calor abrazador corría por sus venas, acumulándose rápida y furiosamente en su virilidad.Eiri podía determinar a la perfección cuando su esclavo estaba a punto de correrse. Su piel se aperlaba y sus mejillas se enrojecían con intensidad. La respiración se le aceleraba y cerraba los ojos. Sabía que era el momento.Apoyándose bien en la cama, aumentó las embestidas, golpeando fuertemente y con precisión el centro de placer de su esclavo. En pocos minutos, Shuichi liberó su simiente, sintiendo a los pocos segundos, su interior ser inundado por la semilla de su amo.Eiri se levantó, observando su obra de arte. Un Shuichi con la respiración acelerada, las mejillas arreboladas y su vientre cubierto de semen. Con una de sus manos, tomó un poco y se lo llevó a la boca, degustándolo frente a la mirada de asombro de Shuichi—Tu sabor ha cambiado... —dijo con un tono malicioso en su voz—. Ahora es más... dulce... ¿Has comida mucha miel últimamente?Shuichi volteó el rostro mostrando un fuerte sonrojo. ¿Dulce? ¿Qué le pasaba a su amo? ¿Por qué le decía esas cosas tan poco... propias de un kaizoku? No pudo seguir pensando pues su amo le agarró el rostro y lo besó con hambre, haciendo sus lenguas bailar y tocarse con ansiedad. Trató de resistirse, pero era imposible. Su amo había agarrado su rostro, impidiéndole alejarse. *** —Shuichi... ¿Tienes alguna idea de qué vas a hacer cuando empiece a notarse? —preguntó Hiroshi. Iban saliendo de casa de Keitaro después de su quinta revisión y estaban en el vehículo con rumbo a la mansión. Claude manejaba pues querían evitar la presencia de choferes chismosos.—Aún no lo sé —respondió Shuichi viendo por la ventana hacia la ciudad, donde se podía admirar la imponente torre de NG en medio de la gran urbe.—Ya tienes dos meses y Keitaro dice que tienes que comer un poco más de vitaminas.—He estado comiendo bien —chilló—, no entiendo porqué la anemia no se me ha quitado. Lo bueno es que el bebé está bien.—Quizás lo que comes ahora no es suficiente, pero lo más importante Shu... ¿vas a decirle...?—¡¡No!! —contestó de manera cortante, asustando un poco a Hiroshi y llamando la atención del kaizoku presente.—¿Porqué? Es su padre... tiene derecho...—No... es un kaizoku, Hiro... sin ofender K-san, pero él no es como usted... usted es una persona amable, comprensiva, que ama profundamente a Hiro, un humano como yo, en cambio él... Yo sólo soy una más de sus pertenencias... a él no le importa nada más que su propia satisfacción. No siente el más mínimo aprecio por mí. Si se enterara de que estoy embarazado, podría obligarme a abortarlo para poder seguirme usando como su juguete, quitármelo para hacer experimentos o... para convertirlo en esclavo —terminó Shuichi en un susurro con un deje de miedo y dolor en su voz y se abrazó a sí mismo—. Yo no quiero que mi hijo sea un esclavo.A Hiroshi se le oprimió el corazón. Sabía que él nunca podría tener ese sentimiento de pertenencia y devoción por un hijo propio pues amaba a un hombre, pero lo apoyaría en todo lo que pudiera. Se acercó a su amigo y lo abrazó.—Yo te ayudaré en todo lo que pueda Shu. *** ―¿Me llamó amo? —preguntó Hiroshi, cerrando la puerta detrás de él. Uno de los sirvientes le había informado que el amo lo estaba buscando.—Así es. Escoge un traje para Shuichi. Mañana iremos a una exposición. La obligatoria mensual.—Sí amo —Hiroshi estaba a punto de irse cuando recordó algo que estaba ansioso por preguntar—. Amo... ¿podría hacerle una pregunta?Eiri levantó el rostro y asintió.—¿Sí?—¿Va a ir el amo Tatsuha?Eiri sabía a qué venía esa pregunta. En la exposición anterior había visto a Shuichi demasiado ansioso y se dio cuenta de su rostro decaído cuando se enteraron de que Tatsuha no iba a ir.No entendía qué tenía el esclavo de Tatsuha en especial como para que quisiera verlo de nuevo. En aquella ocasión, Tatsuha no había asistido porque había tenido negocios que atender ese día, pero en esta ocasión si había confirmado su asistencia.—Probablemente —contestó de manera seca.—Gracias... Con su permiso...Hiro se retiró con una sonrisa en el rostro. Al menos tenía una buena noticia para Shuichi.  —¿Qué te sucede Takako?—¡¡Estoy harto!! —gritó el esclavo, lanzándose con fuerza al agua de la piscina. Aiya estaba tomando el sol, totalmente desnuda, sentada sobre uno de los camastros y se sorprendió de ver al esclavo con cara de enojo. Segundos después, Takako apareció de nuevo tomando una gran bocanada de aire y nadando un poco.—¿Y ahora qué pasó? —preguntó Aiya con curiosidad. Takako se negó contestar. Aún estaba ofuscado por lo que había sucedido hacía unos minutos. Su amo lo había llamado a su habitación y él gustoso lo siguió, pensando que tendría una placentera tarde de sexo desenfrenado, pero cuál no fue su desilusión al enterarse que su amo quería que le hiciera sexo oral a Ryuichi mientras él lo penetraba. Había tenido que obedecer a regañadientes, aguantándose profundamente las ganas de morderlo y convertirlo en un eunuco, pero ganas no le faltaban—. Oh, vamos, no me digas que sigues resentido por lo que pasó cuando "supliste" al enano —La voz de Aiya era sarcástica, haciendo un énfasis malicioso en la palabra sufrir.—Ni siquiera me lo recuerdes.Eso era algo que no quería ni recordar. Era demasiado humillante incluso para él solo de recordarlo.  
Takako estaba feliz. Su amo acababa de llegar después de dejar al enano en los laboratorios donde les hacían las pruebas a los esclavos y lo había llamado a su habitación. Ya se lo imaginaba. Tendría cuarenta y ocho horas para ganarse de nuevo a su amo y volver a ser el favorito. Antes de entrar se acomodó un poco el cabello y tocó la puerta.

—Adelante.

Takako se adentró en la habitación. Todo estaba bien ordenado y al mismo tiempo vacío. Una puerta a un costado se abrió, dejando ver su amo, con el cabello mojado y cubierto con una minúscula toalla.

—A... amo...

Tatsuha le dirigió una mirada lujuriosa.

—A la cama Takako.

Los ojos de esclavo brillaron de expectación. Se recostó en su cama y vio como su amo se acercaba a una cómoda y sacaba algo de un cajón que no pudo ver hasta que su amo se lo puso. Un collar de mimetismo. ¿Por qué...?

Tatsuha presionó unos botones y Takako notó que un holograma se formaba sobre su rostro. Volteó hacia el gran espejo sobre el peinador y su respiración se detuvo. El rostro que se reflejaba era el de su peor pesadilla. Ryuichi Sakuma.
  Esos dos días se la había pasado escuchando a su amo gemir un nombre que no era el suyo. Siendo tomado cada cuatro horas, su orgullo se fue al suelo. Odiaba más que nunca al enano. Que él, un esclavo en su apogeo, con dieciocho años y un cuerpo envidia de muchos, fuera desplazado por un esclavo viejo de treinta y seis años con cuerpo de niña, era una abominación. Se vengaría. Se desharía de ese maldito esclavo.  —Hasta que te veo, hermanoTatsuha estaba sentado en un cómodo sillón, viendo como un esclavo penetraba a Ryuichi haciéndolo gemir sonoramente en la tarima que estaba frente a él. Shuichi se sentía terrible al ver a su amigo en esa situación. Siguió a su amo hasta que se sentó en otro sillón, acomodándose él en un almohadón.Shuichi dio un amplio vistazo a todo el recinto. Había muchas tarimas con esclavos complaciendo visualmente a sus amos. Parejas diversas se veían por doquier. En algunas tarimas, los esclavos se autocomplacían con dildos o con sus propias manos. Por unos momentos sintió terror y se llevó una mano a su vientre. Esperaba que su amo fuera clemente con él. En la exposición anterior, todo había sido tranquilo y por fortuna no le había tocado participar en nada, pero nunca se sabía.—Tatsuha... al contrario de ti, yo no puedo venir cada tercer día.—Oh hermanito, te divertirías tanto.Lo que el Eiri no había querido decir ,era que en realidad no quería venir. Si por él fuera, encerraría a Shuichi en su mansión, pero no quería darle armas a Tohma y asistía a las exposiciones estrictamente necesarias: una vez al mes.Unas horas más tarde, Eiri y Tatsuha se levantaron para hablar de unos cuantos negocios con otros kaizokus, dejando a ambos esclavos solos. Tatsuha a pesar de su corta edad ya estaba siendo "entrenado" por su hermano para manejar las finanzas de la familia. En el momento en el que se fueron, Shuichi aprovechó para acercarse a Ryuichi quien parecía estar a punto de quedarse dormido.—Ryu...Ryu...Shuichi sacudió lentamente su hombro, llamando su atención.—Hola Shu... No te había visto —respondió con una mirada cansada.—Ryu... ¿Te sientes bien?—Sí... Sólo estoy un poco cansado.—Ryu. Tengo un plan para escapar. —Al escuchar la palabra escape, Ryuichi abrió sus ojos y enfocó a su amigo. ¿Escapar? ¿Salir de ahí? ¿Abandonar a su amo?... ¿A su amado?—. Podemos conseguir unos anillos de Kumiko para interrumpir las señales de rastreo y entonces podríamos...—Shu... Shu espera... —Lo detuvo Ryuichi posando sus manos en el pecho del otro esclavo y empezó a hablar—. Yo... Yo no puedo... Yo no quiero irme Shu...

----- CHAPTER BREAK -----

―Yo... Yo no puedo... Yo no quiero irme Shu... ―dijo Ryuichi con voz temblorosa y la mirada baja. Shuichi no podía creer lo que estaba escuchando. ¿No quería irse? ¿Después de todas las vejaciones que había sufrido a lado de su amo?―¡¡Te volviste loco!! ―gritó sin poder evitar levantar la voz, llamando la atención de otros esclavos que estaban cerca de ellos, pero inmediatamente volvió a susurrar―. Ryu... Mírate... Tu amo es un monstruo... Te trata como basura, lo mejor es irnos, seríamos libres y...Shuichi sujetó los hombros de Ryuichi, tratando de hacerlo entrar en razón.―Lo siento Shu... pero yo... yo... ―Ryuichi sentía que las palabras se le atoraban en el fondo de la garganta. Era más difícil decirlo que sentirlo, pero no podía negar sus sentimientos por más tiempo. Tenía que decírselo―. Yo... Yo amo... a Tatsuha-sama...Los ojos de Shuichi parecieron salir de sus órbitas y su pulso se aceleró.―¿Q... Qué?―Yo lo amo Shu... Lo siento... No puedo irme... No quiero irme...―Pe... Pero Ryu ...Shuichi sintió de la nada unas ganas inmensas de llorar. Sus planes se estaban viniendo abajo con la negativa de su amigo.―Perdóname Shu... Creo que lo mejor es que te escapes tú... Es más fácil que se escape un esclavo a que se escapen dos, y más si son de diferentes amos...Shuichi se acercó a abrazar a Ryuichi quien le devolvió el abrazo.―Pero Ryu...―Lo siento Shu... Pero no puedo evitar sentir lo que siento...Una lágrima de dolor recorrió la mejilla de Shuichi. No quería despedirse. No quería abandonar a uno de sus mejores amigos en esa vida. Apretó aún más el abrazo. En eso llegó Tatsuha llamando a su esclavo.―Vamos Ryuichi, es hora de divertirnos ―masculló el kaizoku con malicia. Shuichi iba a decir algo cuando su propio amo lo llamó.―Hora de irnos, Shuichi.  ―¿Entonces no se quiere ir?―No...Ya en la mansión, Shuichi había tomado un baño y le contó a Hiroshi la conversación que había tenido con Ryuichi mientras éste le secaba el cabello con una toalla después de tomar un relajante baño.―¿Le dijiste de tu embarazo?―No... No le vi el caso hacerlo... ¿Qué voy a hacer Hiro?―¿En serio quieres escapar? ¿No te has puesto a pensar en lo que sucederá con el amo Eiri? ¿Has pensado en sus sentimientos?―Hiro... ―empezó a hablar Shuichi mientras le quitaba la toalla para terminar de secarse él mismo y voltear a verlo―. Sólo soy un esclavo... Puede conseguirse mil más que lo satisfagan si él quisiera.Sin querer, el pecho comenzó a dolerle al imaginarse esa situación, pero trató de ignorar la imagen de su amo rodeado de otros esclavos.―Pero estás embarazado.―Lo sé Hiro. Pero no seré la primera ni la última persona en criar a un hijo sólo. No es imposible, no te preocupes tanto por mí.―¿Cómo planeas escapar?―Tengo que planearlo bien, pues no quiero que te veas involucrado por ser mi amigo, ni tu ni K-san, pero voy a necesitar tu anillo de Kumiko.Hiro trató de hacer memoria de donde estaba en esos momentos su anillo, y llevó una mano a su cabeza en un gesto de desesperación.―Lo siento Shu, pero mi anillo lo tiene el amo Eiri. Me lo pidió desde que le pedí permiso para que salieras conmigo.―Demonios... Tendré que robárselo.  ―Hoy tengo algo muy especial para ti... Ryuichi...El traje que estaba usando Ryuichi era uno de los favoritos de Tatsuha. Consistía en un top con mangas largas y cintillas que recorrían en cruz desde los hombros hasta las muñecas. Del centro del top bajaba una correa que se unía a una cinturilla. Esta cinturilla tenía dos correas más que se unían a dos tubos que cubrían sus piernas por completo pero dejaban su intimidad al aire.Tatsuha se acercó lentamente a su esclavo hasta quedar frente a él. Su depredadora mirada viajó hasta las rosadas tetillas que se traslucían a través de la tela.―Tus pezones son muy tentadores y no pude evitar el impulso de conseguirte algo especial para adornarlos. Ponte cómodo ―dijo con una mirada lujuriosa mientras con una de sus manos señalaba la cama.Ryuichi se recostó sin perder de vista la figura estilizada de su amo. El kaizoku se acercó a su peinador y de un cajón sacó una caja pequeña de color negro y algo que parecían ser unas pinzas, caminó un poco hasta la cama y antes de que Ryuichi pudiera darse cuenta, en unos segundos, unas correas habían salido del cabezal de la cama, atrapando sus manos.―A... amo... ―rogó Ryuichi con temor al ver las pinzas y cómo había sido inmovilizado.―Es sólo para que no te muevas... Ahora mira lo que te conseguí.Tatsuha abrió la cajita negra y el esclavo pudo ver dos grandes argollas de oro blanco con incrustaciones en diamante que formaban a la perfección la palabra T. Uesugi en cada una de ellas. Ryuichi las vio brillar bajo la luz de la luna que se colaba por una de las ventanas y la ansiedad lo invadió.―Así... cualquiera que te vea sabrá que eres de mi propiedad y no debe de tocarte sin mi permiso.―Amo por favor... No... ―pidió Ryuichi con un temblor en su voz. Tatsuha sólo sonrió con arrogancia.―Sabes... Se recomienda usar un anestésico local para aminorar el dolor, pero... A mí se me ocurrió algo mejor... ―El kaizoku desapareció por unos momentos de la habitación y al regresar, traía consigo un recipiente de cristal lleno de pequeños cubos y esferas de hielo―. Hoy vamos a divertirnos mucho...Lentamente con una de sus manos liberó el lazo que cerraba el chaquetín de su pecho, mostrando sus rosadas tetillas.Tatsuha tomó un cubo de hielo y lo posó sobre una de las tetillas del esclavo, sacándole un gemido ante la electrizante sensación del frío sobre su piel. La rápida respiración, el pecho que subía y bajaba, junto con el pezón que se erectaba bajo el cubo eran buenas señales para el kaizoku.―Aahhh... No... Amo... No...Ryuichi tenía los ojos cerrados y la respiración acelerada. Tatsuha aprovechó este momento de distracción para tomar las pinzas y presionarlas sobre uno de los pezones que estaba tocando con el hielo, haciendo a Ryuichi gritar de dolor.―¿Conoces el funcionamiento de estas pinzas Ryuichi?Ryuichi negó con los ojos cerrados mientras ríos de lágrimas viajaban por sus mejillas. Por unos segundos había sentido un calor abrazador atravesando la piel, seguido de un latigazo de dolor.―Estas pinzas generan en sus puntas un láser que atraviesa la piel y la cauteriza al instante para evitar sangrados en infecciones que pudieran aparecer al hacer la perforación ―decía mientras quitaba las pinzas y colocaba la primera argolla―. Sería indoloro si te hubiera anestesiado, pero eso le quitaría lo divertido... ¿No lo crees así?Tomó otro cubo de hielo y lo posó en la otra tetilla para después repetir de nuevo la acción con las pinzas, causándole más dolor al esclavo, que no podía hacer nada más que afianzar su agarre en el cabezal de la cama y gritar.―Perfecto ―susurró Tatsuha al ver aquellas argollas brillantes en el pálido pecho que se movía con cada respiración. Las tetillas enrojecidas por la quemadura le llamaban inconscientemente, pero no sabía a qué...Se acercó nuevamente al recipiente y en esta ocasión tomó un hielo esférico. Ryuichi abrió los ojos al ver aquel pedazo de hielo y cómo su amo lo dirigía hacia su bajo vientre. Su piel tembló ante el cambio de temperatura.Tatsuha movió y hielo por el miembro de Ryuichi que ya estaba totalmente erecto, subiéndolo por el cuerpo carnoso hasta la punta. Debido al calor emanado por el cuerpo del esclavo, el hielo se derritió muy rápido, disminuyendo su tamaño hasta quedar del tamaño de una canica pequeña.―Estás muy caliente Ryuichi... Tenemos que bajarte la temperatura... Enfriarte un poco... ―El kaizoku tomó lo que quedaba del hielo y lo empujó dentro de la cavidad anal del esclavo, sacándole un gemido de sorpresa y placer―. Mmmhh... Esto será interesante.Tomó dos esferas más y las empujó dentro de Ryuichi quien se retorció al sentir como el hielo quemaba en su interior. Con sus ojos brillando de lujuria y deseo, repitió la acción con tres esferas más de hielo.La espalda de Ryuichi aperlada y completamente arqueada expresaba su sentir. Su esfínter se contraía rítmicamente tratando de expulsar los cuerpos extraños que quemaban su interior.―No, no, no Ryuichi... Ahora viene lo mejor.Sin dejarlo reaccionar, Tatsuha abrió sus piernas, afianzándolas a su cadera y empujó adentrándose profundamente en su esclavo, soltando un suspiro. El contraste del frió del hielo con el calor de las paredes carnosas que rodeaban su miembro era delirante. Tuvo que respirar profundamente y acostumbrarse por unos segundos al cambio de temperatura.Ryuichi ahogó un grito. El pene de su amo había empujado los hielos aún más hacia adentro, ocasionándole temblores en el cuerpo. Se sentía completamente lleno. No podía aguantar más.Sus manos se aferraron al cabezal de la cama. Tratando de regular un poco su respiración, abrió sus ojos los cuales había cerrado hacía unos minutos y vio el rostro de su amo. La frente aperlada, la respiración acelerada, quizás la misma estampa que tuviera él en ese momento. Su amo era perfecto.―Amo...Debía aceptar que empezaba a sentirse en la gloria. El hielo dentro de él comenzaba a derretirse y el grueso miembro de su amo le mandaba oleadas de placer al rozar su próstata.Tatsuha veía las argollas resplandecer por el movimiento impuesto. Los gemidos de Ryuichi eran delirantes. Hacían que su excitación aumentara. Escucharlo decirle amo en cada gemido lo hacían aumentar el ritmo.Poco faltó para que ambos se vinieran en un grito de placer. Tatsuha se incorporó, viendo lo que había logrado. Una marca permanente en su esclavo. Unas argollas que sólo podrían ser retiradas por él...  Tatsuha estaba enojado. Su esclavo había vuelto a enfermar. Esa mañana, cuando se había despertado, había sentido un peso en su pecho encontrándose con su esclavo acurrucado ahí. Iba a arrojarlo de la cama por su desfachatez, cuando notó que temblaba y al tocarle la frente, sintió la piel hervir bajo su toque.Sin importarle su desnudez, había salido de la habitación, gritándole a Noriko que le llamara al doctor y después le preparara un baño.Después de diez minutos de estarlo revisando y de que Tatsuha confesara lo que había hecho la noche anterior con el hielo. El doctor anunció su diagnóstico: un resfriado.Cuarenta y ocho horas en cama serían necesarias para la total recuperación del esclavo. Él estaba dispuesto a "acompañarlo en cama" pero el doctor le dijo que necesitaba reposo absoluto, pues el sistema inmune de Ryuichi estaba un poco débil, lo que arruinó sus planes de poder estrenar las argollas en los pezones de Ryuichi.Ahora tendría que conformarse con otros esclavos, pero no era lo mismo. Aún seguía sin entender porqué con otros esclavos sólo podía tener un orgasmo cada cierto periodo de tiempo, pero con Ryuichi podría estar toda la noche.Un verdadero misterio...Bueno, podría aprovechar para realizar unas compras...

----- CHAPTER BREAK -----

­­—¿Quieres saber el sexo del bebé Shu? —preguntó Keitaro mientras movía el mango del ecógrafo por su abdomen con ayuda de un gel frío.—¿Ya se puede saber?—Claro. Ya a los dos meses y medio es posible determinar el sexo del bebé en el caso de los varones de tu familia.Shuichi suspiró. Estando recostado, podía ver claramente las imágenes que proyectaba el ecógrafo, aunque no entendiera ni la mitad de ellas.—No... Aún no... Quiero que sea sorpresa —contestó con una sonrisa.—Bien... bueno, aquí vemos la cabeza, tiene buen tamaño... brazos... piernas... esa cadena de perlas es su columna vertebral...Shuichi sentía lágrimas acumularse en sus ojos de la emoción. Al ver la silueta de su bebé en esa vieja pantalla, sintió el mayor gozo que pensó podría sentir alguna vez en su vida. Sin poder evitarlo, las lágrimas surcaron su rostro.En su asiento, Claude observaba embelesado la escena. El ver un nuevo ser creciendo en el vientre del esclavo era algo totalmente asombroso. Habiendo nacido kaizoku, nunca había visto algo como eso. Shuichi parecía brillar de la emoción. Estaba impaciente por ver crecer ese pequeño ser.  Tohma ya estaba harto. Había terminado de leer todos los documentos que le habían traído los doctores y ninguna cuadraba a la perfección con los resultados de los análisis obtenidos.«No... no puede ser eso... no ahora, después de todas las precauciones que he tomado...».Sólo le quedaban dos opciones que podían explicar esa subida de hormonas: embarazo y algún tipo de estrés. Tenía que comprobarlo, pero había un problema. Todos los fluidos de Shindo habían sido completamente utilizados haciendo las comprobaciones de los resultados y no había quedado lo suficiente para una prueba de embarazo. Debería pedirle a Eiri una repetición.  —Me reúso Tohma... Ya le hiciste las pruebas, accedí a hacerlo porque tú me lo pediste, no entiendo para qué quieres repetirla, nunca las repiten —Eiri hablaba con voz hastiada a través de un comunicador. No había accionado la comunicación visual pues no tenía ganas de ver a Tohma, ni que éste viera su humor—. No Tohma. Voy a salir de la ciudad por negocios y me lo voy a llevar. Salgo mañana... Yo ya cumplí Tohma —dijo el kaizoku antes de colgar la comunicación y que la voz del otro terminara de escucharse.¿Para qué querría repetir las pruebas? Las copias que le habían entregado con los resultados del esclavo decían que Shuichi gozaba de estupenda salud. Sólo un pequeño incremento de hormonas que podrían ser por estrés.Algo debía querer Tohma. Lo bueno es que se alejaría de la ciudad y de Tohma por dos semanas y se llevaría a Shuichi con él.  —Bienvenido joven Tatsuha. Es un honor verle de nuevo por aquí. ¿En qué puedo servirle?Tatsuha entró en una conocida tienda de implementos para esclavos, conocida por él y por los kaizokus caídos claro está.—Hola Yargo. Vengo a ver que tienes de nuevo.—Pase por aquí señor —dijo el kaizoku de baja categoría que atendía aquel local mientras salía de detrás del mostrador y le abría una puerta para que pasara a la parte trasera de la tienda donde estaba la mercancía—. Espero que le hayan gustado el par de argollas que le diseñé.—Estuvieron perfectas —contestó Tatsuha al recordar las joyas que ahora reposaban en las tetillas del esclavo.—Me acaba de llegar un nuevo cargamento de estimuladores que...El vendedor empezó a hablar acerca de sus nuevos productos y las mil y una funciones que tenían. Tatsuha observó varios objetos, entre ellos dildos, esferas chinas y anillos. Conforme le iba indicando al vendedor, éste iba anotando para después llevarle el pedido a su mansión. Casi había terminado su visita hasta que sus ojos fueron llamados por una caja negra con incrustaciones en plata encima de un estante. Se acercó hasta ella y la abrió.—¿Qué es esto?El vendedor que ya se había alejado un poco regresó y posó su atención en el objeto.—Oh joven Tatsuha, lo siento, pero eso ya está apartado.—¿Qué es? —preguntó con curiosidad mientras veía dos pequeñas esferas de color rojo con estrías en la superficie en un complicado diseño.—Eso señor, son semillas de una rara planta carnívora llamada el lazo del diablo. Es una planta muy peculiar. Cuando llega a la madurez, se coloca en el abdomen del esclavo y ésta se abre, liberando unos tentáculos con ventosas que atrapan a su presa.—¿Qué tiene eso de placentero?El vendedor sonrió.—Verá. A esta planta le gusta el calor y la humedad. Se le llama carnívora, no porque coma carne, sino porque se alimenta de fluidos humanos: orina, sangre, sudor y fluidos genitales. Hará todo lo posible por obtenerlos una vez que tenga atrapada a su presa. A este punto podrá imaginarse lo que hace la planta. Debería considerársele un animal por su manera de actuar, pero debido a su color y a que proviene de una semilla se le considera una planta. —A Tatsuha le brillaron los ojos de expectación—. Sin embargo, su tiempo de vida es muy corto. Después de salir de la semilla, muere a los quince minutos, pero es toda una experiencia que muy pocos esclavos ha podido repetir... —terminó con un tono de misterio en su voz.El kaizoku observó aquellas dos semillas rojas como la sangre y una oración apareció en su mente: «La quiero».—¿Cuál es su precio?—Lo siento señor, esas dos ya están apartadas, pero me llegará un nuevo cargamento en seis meses y...—¿Cuál es su precio? —preguntó de manera cortante mientras cerraba la caja, asustando al otro kaizoku.—Cien mil K’s por semilla señor.—Te pagaré el triple por ambas. Pago de inmediato.El kaizoku se sorprendió por el ofrecimiento. No tuvo ninguna duda en contestar.—Trato hecho señor. Pero estas semillas aún no maduran.—¿Cuánto tiempo necesitan?El vendedor tomó la caja y observó atentamente las semillas para después contestar.—Aproximadamente un mes. En un mes se volverán de un color blanco. Cuando eso suceda, estarán listas en seis horas y entonces germinarán.—Bien. Mándame la factura y todo lo demás a mi mansión, te depositaré en electrónico y vendré por las semillas en un mes.  Shuichi podía ver el inmenso mar frente a sus ojos. No tenía ni la menor idea de donde estaban, pero la vista era preciosa. Apenas tenían dos días ahí y ya se sentía un poco cansado, a pesar de que sólo veía a su amo durante las noches. Esa era una cabaña propiedad del kaizoku y lo dejaba ahí para irse a trabajar, y al regresar sólo venía con ganas de tomarlo una y otra vez. El viento sopló y movió sus cabellos, meciéndolos sobre su cabeza. Caminó hasta que el agua de las olas acariciaba las puntas de sus pies y empezó a cavilar.«Ya sé qué hacer... No quiero que Hiro y K-san sean culpados por mi escape, así que sólo me queda una cosa por hacer...».Sintió como unas manos rodeaban su cintura y el fibroso cuerpo de su amo se acopló a su espalda a la perfección—Hola Shuichi... —susurró al oído con una voz lujuriosa. Iba a besar sus labios, pero Shuichi volteó la cabeza. Una de sus manos subió y se coló por debajo de la tela del top que cubría su pecho y acarició una de las tetillas.Shuichi gimió.—¿Porqué te sigues resistiendo?La otra mano viajó al sur hasta posarse encima de su miembro dormido.—No...—Acéptalo... No puedes resistirlo.Rápidamente le dio vuelta dejando al esclavo frente a él y atrapó su cintura con una de sus manos. La otra tomó el rostro de Shuichi y lo encaró, observando esas amatistas desafiantes. La mano que estaba en su cintura bajó hasta su bañador, metiéndose bajo la tela y agarrando con fuerza uno de sus glúteos.Shuichi jadeó.Aprovechando la sorpresa, Eiri tomó con hambre los labios del esclavo, bebiendo de ellos como si la vida le fuera en ello. No entendía nada. ¿Qué le estaba pasando con ese esclavo? ¿Por qué esa ansia de tenerlo con él? Desde que había probado sus labios por primera vez se había vuelto adicto a ellos. ¿Le pasaría lo mismo a algún otro kaizoku?... ¿Sentiría Claude lo mismo?...  —¿Te has sentido bien Shuichi?—Sí, pero me he sentido cansado... —decía Shuichi mientras se incorporaba de la mesa de exploraciones—. Más de lo normal.—Es la anemia Shu... Debes comer más o podría ser malo para el bebé.—Lo sé, pero ya estoy comiendo mucho, antes mi amo no se ha dado cuenta.—Eso es extraño. No quisiera recetarte multi vitamínicos pues como es un bebé de un kaizoku, no sé cómo respondería al tratamiento...—Entonces tendré que comer más...—Sí Shuichi. Será lo mejor por ahora. En estos momentos el bebé está experimentando el desarrollo de sus órganos por lo que no hay problemas, pero si esto persiste, cuando el bebé comience a crecer, habría que idear algo para darte lo que necesitas.Shuichi se bajó de la mesa de exploraciones acomodándose su ropa, dudando en si pedirle o no ayuda a Keitaro con lo que planeaba hacer, pero no tenía otra opción. Estaba a pocos días de cumplir tres meses y le sería imposible seguir ocultando su embarazo. Hiro y Claude se levantaron y se despidieron de Keitaro, dirigiéndose al coche, momento que Shuichi aprovechó para hablar con su doctor.—Keitaro...—¿Sí?—Hay algo que quisiera pedirte...—Lo que sea Shuichi —contestó el doctor con una sonrisa.—Quiero escapar.Keitaro dejó lo que estaba recogiendo y se acercó a Shuichi con un deje de mortificación en su rostro.—¿Estás seguro?—Sí —confirmó bajando el rostro—. Ha llegado la hora, no puedo esperar más. Tengo mis razones, pero lo que quería pedirte es que me dejes permanecer aquí contigo hasta que termine mi embarazo.Keitaro sonrió.—Claro que sí Shu. Mi abuelo está de viaje recolectando plantas medicinales y fármacos y se tardará unos meses en regresar. Podrías ocupar su habitación.—¡Gracias Keitaro! —gritó efusivamente, sin evitar abrazar fuertemente a su doctor—. Entonces quiero que me ayudes con algo...  Dos días después...—Aaahhh... amo... —gimió Shuichi mientras su amo le practicaba un fantástico sexo oral.Se sentía en la gloria pues el kaizoku era muy hábil con su lengua. En muy poco tiempo, su amo había pasado de ser un kaizoku en toda regla de los que no tocaban a los esclavos más que para limpiarse las manos, a ser el más bajo de los caídos —según Shuichi—, al practicarle sexo oral a su propio esclavo.No entendía porqué su amo hacía eso, significaba rebajarse hasta lo más hondo de la sociedad, pero no se quejaba pues el kaizoku se había convertido en todo un experto en pocas semanas.Eiri degustaba la hombría de su esclavo con placer. Sabía que estaba mal, pero no podía evitarlo. Todo el cuerpo de su esclavo lo llamaba a probarlo por completo y prefería las zonas que lo hacían gemir más como su cuello o su miembro.―Amo... por favor...Shuichi sentía que un calor se aglomeraba en su bajo vientre, signo inequívoco de que estaba a punto de terminar. El kaizoku entendió lo que le estaba pasando. Con una de sus manos, apretó la base del miembro de Shuichi, causándole una incómoda sensación de insatisfacción. Con su otra mano, lo empezó a preparar y en poco tiempo, tres dedos se movían dentro de él con presteza. Se incorporó aún sin soltar el miembro de Shuichi y sin esperar, se adentró en aquella cálida cavidad.Shuichi gimió sonoramente. Yuki atrapó los labios de su esclavo, acallando sus gemidos de placer y se empezó a mover, Eiri empujando la cadera de Shuichi con cada arremetida.Shuichi jadeaba de placer. Esta sería la última vez. Dejaría que su amo hiciera todo lo que quisiera. Su corazón se comprimió con ese pensamiento. ¿Sería que estaba empezando a sentir algo más? Si, claro que si... Pero, no importaba. Lo más importante era su bebé, así que dejaría a su "padre" disfrutar de una última vez.Shuichi pasó sus manos por la espalda de su amo y lo abrazó, besando sus labios con premura y deseo. Esta también sería una despedida para él mismo. Aunque lo negara, había nacido en él un sentimiento hacia su amo que no debía de existir.Eiri sintió diferente ese beso. Hambriento, deseoso, como si quisiera quedar impregnado con su esencia. No sabía porqué, pero no quería que ese contacto terminara.Eiri fue recorriendo con sus manos el cuerpo de Shuichi desde el pecho hasta el abdomen. Ahí notó algo extraño. En el vientre del menor había aparecido una curva, imperceptible para muchos, pero para él, que conocía el cuerpo de su esclavo a la perfección, era muy notorio. Siguió moviéndose sin dejar de observar ese pequeño abultamiento, deslizando su mano hasta el pene que parecía a punto de explotar. Con su otra mano, frotó uno de los pezones del esclavo quien gimió fuertemente. Ahora estaban más sensibles.En pocos minutos, Shuichi liberó su simiente en su vientre, y pocos minutos después sentía cómo sus entrañas eran llenadas por su amo. Con la respiración acelerada, vio como su amo se levantaba para salir de él y se acostaba a su lado.Había sido diferente a las ocasiones anteriores. Shuichi había estado más entregado, más dócil que otras veces y Eiri lo notó. Estaba a punto de quedarse dormido del cansancio cuando escuchó la voz de su amo—Has subido de peso Shuichi...Las pupilas del esclavo se dilataron y su respiración se detuvo. ¿Había visto su abdomen? ¿Lo había notado? ¿Tan metido estaba en su propio placer que no se había dado cuenta de cuando lo había tocado lo suficiente como para darse cuente de ese "pequeño" detalle?Hacía tres días que había notado que su vientre había crecido unos cuantos centímetros, pero no pensó que su amo lo notara, no tan pronto.Volteó a ver a su amo, encontrándose con una absorbente mirada gatuna que parecía querer tragarlo.—Yo... —La mano de su amo viajó hasta su vientre ligeramente abultado, asustando a Shuichi—. A... amo... —Shuichi lo miró con miedo en su rostro.—Deberé decirle a Hiro que ajuste tu dieta...Shuichi suspiró aliviado.  —Tiene que ser esta misma noche Hiro —rogó a Shuichi a la mañana siguiente, cuando Hiro le ayudaba a arreglarse como todas las mañanas—. Me tocó... Me tocó Hiro...—¿Te toco? —Hiro no entendía. Si tenía sexo con él casi todas las noches, porqué ahora salía con que lo había tocado—. No entiendo.—Me tocó el vientre Hiro. Notó que está creciendo. Me dijo... Me dijo que te iba a decir que me pusieras a dieta...Oh...—Está bien Shu, pero aún no me dices cómo lo vas a hacer.—Ni te lo voy a decir Hiro. No quiero involucrarte y quiero que después de esto te vayas a la mansión Winchester con K-sama.—¿A dónde irás? —preguntó Hiroshi con preocupación.—Estaré un tiempo con Keitaro, pero después del parto me iré. No me busques Hiro porque podrían seguirte y darían conmigo.—Está bien. Averigüé donde está mi anillo como me lo pediste. Está en un cajón de su escritorio protegido por una combinación. ¿Cómo le harás para sacarlo?—No te preocupes Hiro, tengo una idea —terminó con una mirada decidida.  Por más que le insistió a Shuichi, Hiro no pudo sacarle cuál era su plan y siempre obtenía la misma respuesta:«No quiero que se involucren. Estaré bien».Lo único que Shuichi le había dicho era que iba a actuar esa misma noche durante la cena, cosa que le extrañó a Hiroshi. No se imaginaba que Shuichi estuviera listo para escapar tan pronto. Durante varios minutos, Hiro abrazó al esclavo, dándole recomendaciones de que se cuidara. Que dejaría pasar un tiempo y después lo iría a visitar a casa de Keitaro.—Cuídate mucho Shu.—Lo haré y... Hiro...—¿Sí?—Si tienes la oportunidad de convencer a Ryuichi para que se escape...—Lo intentaré Shu.  Esa noche, Eiri y Claude llegaron a la mansión Uesugi en el mismo vehículo pues ambos se habían pasado por NG. Iban en silencio hasta que Claude decidió hablar. Sabía que Shindo estaba a punto de irse y su amigo sufriría, aunque no lo admitiera. Bastaba con verle los ojos cuando veía a su esclavo.—¿Cómo te has sentido últimamente Eiri?—¿A qué te refieres? —le preguntó mientras caminaban hacia la entrada de la gran residencia.—Sabes de qué estoy hablando Eiri. De tu esclavo Shindo.—¿Qué con él? —cuestionó de manera cortante, renuente a dar alguna explicación—¿No te has dado cuenta aún? Obsérvate. Algo estás sintiendo y...—¡Yo no siento nada! ¡Es sólo un esclavo! ¡Un mísero objeto!Claude suspiró y bajó la cabeza. Siguió caminando, dándole la espalda al otro kaizoku que se había quedado parado y entró a la mansión, no sin antes dirigirle una mirada de tristeza por la crueldad de sus palabras.—Vas a sufrir mucho con tu actitud Eiri. Uno no sabe lo que tienen hasta que lo pierde.  La hora de la cena llegó y los dos kaizokus estaban en el comedor principal. Claude había insistido en que los esclavos comieran con ellos a lo que Eiri no se había negado. Qué mejor que tener a tu esclavo favorito a tu lado para meterle mano.Los sirvientes llegaron con una grandiosa cena y uno de los mejores vinos de la cava Uesugi. La cena se estaba llevando a cabo en un silencio algo incómodo entre los kaizokus. Claude trataba de evitar ver al dueño de la mansión y en cambio volteaba ver a su amado que le sonreía y le dirigía mirada de puro amor. Shuichi no podía evitar verlos. Los vio besarse fugazmente, aprovechando que no había nadie más que ellos cuatro.Eiri, a pesar de que parecía estar muy concentrado en su comida, no escapó de su vista como uno de sus pocos amigos besaba a su mayordomo. No era un beso cualquiera, eso podía notarlo. Cuando él besaba a Shuichi era con toques de ansia, deseo y lujuria, pero ese beso...Ambos tenían los ojos cerrados y estaban totalmente entregados a ese beso que terminó segundos después. Hicieron un pequeño brindis con sus copas y bebieron del vino.Entonces reflexionó sobre lo que le había dicho Claude un par de horas antes. ¿Podría estar él sintiendo algo por su esclavo? ¿Qué podía sentir? Él era uno de los kaizokus de más alto rango, el favorito del rey kaizoku. Sentir esa obsesión por un esclavo era inverosímil. Volteó a ver a su esclavo quien tenía la mirada perdida en la pareja sonriente. En sus ojos era visible un atisbo de añoranza por algo faltante. Trató de quitar esos pensamientos de su mente y le dio el primer trago a su copa de vino.A los pocos minutos se empezó a sentir extraño. Su cuerpo se volvió pesado y su mirada de empañó. Volteó a ver a Claude y éste se había vuelto serio, al igual que su mayordomo. Giró su rostro hacia su esclavo y éste tenía una sonrisa triste en su cara.Shuichi se puso de pie. Iba a decirle que se sentara, pero ningún sonido salió de su garganta.—Amo... Póngase de pie. —Iba a gritarle por tener la insolencia de "ordenarle" que se levantara, pero se asustó —aunque su rostro no lo expresara—, cuando su cuerpo se fue incorporando hasta estar totalmente de pie—. Parece que funcionó...Shuichi volteó a ver a su mejor amigo que tenía la mirada perdida, pero estaba seguro de que podía escucharlo.―Hiro... lamento esto, pero era lo mejor... Así no podrán seguirme, ni ser culpados... Quédense aquí hasta que pase el efecto. —Entonces volteó a ver a su amo—. Amo... Vamos a su despacho.Eiri comenzó a caminar, siendo seguido por Shuichi. A los ojos de los demás sirvientes, era una situación plenamente normal, sin pensar que algo extraño estuviera sucediendo.Llegaron al despacho y Eiri abrió la puerta, adentrándose en la habitación hasta que entró Shuichi y cerró la puerta.―Amo... Por favor. Deme el anillo de kumiko de Hiro.Sin poder evitarlo, su cuerpo se dirigió hacia su escritorio y tecleando una combinación en un panel, uno de los cajones se abrió, mostrando el dichoso anillo. Lo tomó y se acercó nuevamente a su esclavo, mostrándole el dispositivo.Shuichi lo agarró y empezó a hablar.―Amo... Lamento hacer esto, pero yo no puedo más. No puedo seguir aquí —empezó a decir, uniendo sus manos sobre su pecho y bajando la mirada—. Yo quiero lo que Hiro y K-sama... Quiero ser libre... Amar y ser amado... Y eso no puedo obtenerlo aquí...—N... No... —masculló Yuki con esfuerzo.—No se esfuerce amo... Utilicé Masoko en las copas... El efecto desaparecerá en una hora... —A pesar de que el kaizoku no podía hablar o moverse, su mente revolucionaba a mil por hora. ¿Cómo había pasado esto? ¿Shuichi se estaba despidiendo? ¿Lo iba a abandonar? ¿De dónde sacó el masoko?—. Yo quiero a alguien especial para compartir mi vida... Iba a irme junto a Ryuichi, pero sucedió algo increíble... —Shuichi se acercó más a su amo hasta quedar a treinta centímetros de distancia de su rostro—. Se enamoró de su amo... De ese... monstruo que tiene por amo... No entiendo cómo pudo suceder, pero sé que no es imposible. Sólo basta ver a Hiro y a K-sama. Me da tristeza la condición de Ryuichi. A las pocas exposiciones que fuimos era obvio que estaba muy maquillado para ocultar las atrocidades a las que lo sometía su amo.»He de decir que usted no me es indiferente... Después de meses de estar en su cama, era imposible que no pasara... Si las circunstancias hubieran sido diferentes... Quizás me quedaría... Pero debo irme... Sólo soy un simple esclavo... Podrá conseguirse otro fácilmente... Sólo quiero pedirle algo... No lo tome contra Hiro y K-sama... Ellos no sabían nada de esto. Deje que Hiro se vaya a la mansión Winchester, ellos quieren... necesitan estar juntos... Y por favor... No le haga nada a Ryuichi... No lo regrese al almacén... Se lo ruego...Shuichi se volteó listo para irse, pero antes, regresó hacia donde estaba su amo para darle un último beso. Pasó sus brazos por el cuello del kaizoku y lo besó hasta que el oxígeno le faltó. Dando un último suspiro se dirigió de nuevo a la salida.―Adiós... amo...

----- CHAPTER BREAK -----

Shuichi salió del despacho de su amo, corrió a su habitación y sacó de su clóset una vieja mochila que ya tenía preparada con ropa normal que le había dado Keitaro. No había podido aspirar a algo más dada su condición. De momento se quedaría con su ropa que traía puesta para no levantar sospechas, pero aprovechó para ponerse el anillo de Kumiko sobre su anillo de esclavo para bloquear la señal de rastreo. Antes de irse, se observó en el espejo de su habitación. Traía un minishort y unas correas sencillas que cruzaban su pecho cubriendo su pecho. Tomó unas cuantas más de sus escasas pertenencias y salió de la habitaciónRápidamente se dirigió a la puerta principal. Trató de actuar con naturalidad, pasando desapercibido por varios sirvientes. Al llegar a la reja, se topó con un guardia de la entrada, pero ya lo tenía cubierto.  
Antes de salir de despacho, Shuichi recordó decirle algo a su amo.

—Vea a través de la ventana. Cuando me vea llegar con el guardia, use el intercomunicador y dígale que me deje salir, que usted me da permiso de salir a la ciudad y que regresaré más tarde.
  El guardia iba a preguntarle a dónde iba cuando la voz del amo se escuchó fuerte y claro por el intercomunicador en un tono neutro y sin emociones.—Déjalo salir. Tiene mi autorización. Regresará más tarde.El guardia, algo renuente ante lo insólito de la petición, accionó un switch y la reja desapareció. Shuichi salió caminando, tratando de guardar las apariencias. Contando el tiempo, aún le quedaban unos treinta minutos antes de que el efecto desapareciera en Hiro y Claude y unos cuarenta para su amo.Caminó con rapidez hasta donde terminaba la zona residencial y entró en la zona "pobre" de los kaizokus, donde había casa un poco más decentes de los kaizokus menos acaudalados, pero sin dejar de ser propiedades ostentosas.Viendo la calle vacía, se metió en un callejón y ahí se puso por encima unas ropas viejas de Keitaro. Del fondo de la mochila sacó el collar mimético que solía usar Claude y lo activó, pasando de ser un chico de cabellos rosados y ojos amatistas a ser un chico de cabello castaño oscuro y ojos cafés Ya más tranquilo siendo resguardado por su disfraz, caminó hasta llegar al límite de los barrios bajos y llamó a un viejo taxi para llegar a casa de Keitaro.  Cuando Hiro y Claude se recuperaron de los efectos del Masoko, Hiroshi abrazó a Claude, sollozando.—Ven... Acompáñame.Claude abrazó a Hiroshi y lo instó a levantarse para dirigirse al despacho principal. Al llegar vieron que la puerta estaba abierta. Claude fue el primero en entrar, siendo seguido por Hiroshi que tomaba su mano.Al fondo del recinto se encontraba Eiri mirando por una ventana. Claude le hizo una señal a su amado para que lo esperara y lentamente se fue acercando al amo de la mansión, sopesando todas las posibles reacciones que pudiera tener el kaizoku.—Eiri... Eiri... ¿Te encuentras bien? —Llegó hasta quedar detrás del otro—. ¿Eiri? —Trató de captar la atención del otro.—Qué... ¿Qué es esto? —preguntó Eiri con voz temblorosa. Claude no entendió la pregunta, pero vio como Eiri levantaba lentamente una de sus manos y la dirigía hacia su rostro, frotándola contra su mejilla.Claude le dio la vuelta, quedando frente a él y lo que vio lo dejó helado. Eiri estaba llorando. El localizador de esclavos en su manos mostrando la fotografía de Shuichi y el mensaje “Esclanvo No Localizado” parpadeando en letras rojas.—¿Qué es esto? —preguntó de nuevo con la voz entrecortada y una mirada de enojo mientras sentía las gotas de agua caer desde sus ojos. Claude le mandó una mirada de tristeza.—Eso mi amigo, son lágrimas... Indican algunos sentimientos como la tristeza, la congoja y...—¡No! ¡Yo no tengo sentimientos humanos! ―gritó con furia, las lágrimas sin dejar de correr por su rostro.—Eiri... Es normal que te sientas así... Dadas las circunstancias...—¡¡No!! —gritó nuevamente encolerizado y se volteó a ver a Hiroshi. Caminó rápidamente, tomándolo con fuerza de los hombros y comenzó a estrujarlo al tiempo que le gritaba con furia—. ¡Es tu culpa! ¡Por tu culpa Shuichi se fue! ¡¡Tú...!!Claude se apresuró a agarrarlo antes de que siguiera lastimando a Hiroshi quien seguía llorando. Claude jaló a Eiri hasta tumbarlo sobre el diván y obligarlo a sentarse.—¡¡Escúchame Eiri!! —Eiri detuvo su forcejeo al escuchar la voz firme del otro—. ¡Yo te advertí que esto pasaría si no cambiabas tu actitud!Eiri hiperventilaba. Aún las lágrimas nublaban su vista y sentía un dolor muy fuerte en el pecho. Sin pensarlo, su cuerpo se movió, empujando a Claude para salir corriendo de la habitación. Hiroshi iba a seguirlo cuando su mano fue apresada por una más grande.―Déjalo ir.—Pero...—Déjalo ir... Necesita tiempo...Hiro lo miró con duda.—¿Tú cómo lo sabes?—Yo sé lo que se siente Hiro... —agregó con tristeza—. Sentí lo mismo cuando te fuiste.... De seguro fue con Tohma.  —Bienvenido Shuichi. —Keitaro abrió la puerta de su casa invitando al esclavo a pasar—. Casi no te reconozco con esa pinta.—Hola Keitaro. Es sólo un disfraz —contestó mientras se quitaba el collar y recuperaba su apariencia normal. Entonces Keitaro recabó en su ropa.—¡Vaya! Te ves bien con ropa normal —dijo con una sonrisa.—Sí, me quedó bien la ropa que me prestaste.—Ven, te mostraré cuál será tu habitación.Keitaro lo condujo por un pasillo hacia el fondo de la casa y le mostró lo que sería su habitación por los próximos tres meses. Era un cuarto sencillo con una cama amplia, una cómoda y un closet.—El baño está al fondo del pasillo. Sólo hay uno, así que lo tendremos que compartir —explicó frotándose la nuca.—No te preocupes por eso, al contrario, te agradezco todo lo que has hecho por mí.—Bien, sólo hay algo más que tengo que mostrarte. —Keitaro le indicó con la cabeza que lo siguiera hacia una de las habitaciones cerca de la suya—. Por aquí.Keitaro abrió la puerta que estaba enseguida de su propia habitación y dejó pasar a Shuichi. Era un cuarto igual de sencillo que el suyo. La cama estaba ocupada por un cuerpo que parecía dormir si no fuera por el aparato que estaba a su lado y que emitía un sonido intermitente.—¿Es un paciente? —preguntó Shuichi, viendo el cuerpo conectado a un par de aparatos. No se imaginaba que Keitaro tuviera a alguien en cuidado continuo.—Algo así. Ven —indicó acercándose a la cama—. Acércate y dime qué ves.Viendo a Keitaro del lado derecho de la cama, cerca del aparato que Shuichi no conocía, el esclavo se acercó por el lado izquierdo y cuando lo vio, sus ojos se abrieron de la sorpresa.—Pero ¡qué!Era inconfundible. Esa estructura ósea. Ese porte que, aunque estuviera aparentemente dormido, no lo abandonaba. Esa estatura. No había duda,Ese hombre era un kaizoku.  —¡Sakano! ¡Creo que lo encontré!Sakano corrió hasta donde escuchaba la voz de Suguru. Estaba parado frente a una puerta que daba a un cuarto oscuro.—Esa puerta...—Sí, lo sé. No estaba aquí hace unos momentos. Me iba a caer y al apoyarme, presioné un botón que se mimetiza con la pared y la puerta se abrió ―explicó, señalando un panel rectangular al lado de la puerta que, en efecto, no había estado ahí antes.Sakano se adelantó y atravesó la puerta. Palpó la pared buscando algún interruptor y lo activó al encontrarlo. Ante ellos se iluminó una amplia estancia con varios ordenadores, libreros llenos de objetos, además de varias mesas con instrumental de laboratorio.—Hay que llamar al amo.  ¿Por qué demonios tenía Keitaro a un kaizoku dormido en su casa? No podía equivocarse. Cubierto por una sencilla sábana, el hombre respiraba lenta y pausadamente. Sus cabellos castaños se arrebolaban sobre la almohada. Estaba vestido con un pijama viejo pero limpio.—Sé lo que te estarás preguntando. ¿Por qué tengo un kaizoku aquí? —Shuichi sólo asintió—. Bien. En realidad, a él lo encontré hace casi un año en un callejón cerca de aquí. Estaba muy mal herido y apenas respiraba. Yo acababa de atender a un paciente e iba de regreso a casa.Keitaro acomodó un mechó de cabello del kaizoku que se había salido de su lugar.―Era de noche y ya casi no había nadie en las calles. Lo cubrí con mi gabardina y como pude lo traje aquí. Antes de poder acostarlo, me miró a los ojos, presionó un botón en el reloj de su muñeca y se desmayó.»No sabía qué hacer. Es un kaizoku, eso es obvio, pero no podía sólo dejarlo ahí a morir. Nadie se merece eso. Después de curarlo traté de despertarlo, pero no pude hacerlo. Lo he intentado todo, pero no despierta. Está en un tipo de coma, es como si su mente no estuviera aquí. Pero no conozco mucho de fisiología kaizoku para estar seguro.—Keitaro... Es peligroso que esté aquí. Lo hubieras regresado con los suyos.—Lo sé, tienes razón, pero no puedo dejar de pensar en qué hacía un kaizoku en los suburbios y tan mal herido. Parecía como si en realidad hubieran querido deshacerse de él. —Una mirada de tristeza se instaló en el rostro de Keitaro—. He estado pensado últimamente en comentarle a Winchester-san la situación. Quizás él lo conozca.Shuichi guardó silencio. ¿Sería seguro quedarse ahí después de todo, con un kaizoku en coma? No tenía de otra. Si ese kaizoku ya llevaba un año ahí, confiaría en Keitaro. Sólo tenía una duda. ¿Quién sería ese kaizoku?  Tohma estaba a punto de salir de su despacho para ir a casa de Eiri, ya tenía planes para quitarle ese odioso y estorboso esclavo. Terminaba de acomodar unos documentos en su escritorio cuando su puerta se abrió de manera intempestiva y apareció el kaizoku en el cual había estado pensando con una mirada rojiza extraña y aspecto furioso.—Seguchi, necesito un amplificador de señal.—¿Qué? —preguntó con una marcada duda en su rostro.—¡Shuichi huyó!Entonces el rostro de Tohma se ilumino por un segundo. ¿Huyó? ¿El maldito esclavo huyó? Eso era fantástico. Ahora todos sus problemas estaban resueltos. Ya no tendría que idear una manera de deshacerse del esclavo sin llevarle la contraria a Eiri, sin embargo, no le estaba gustando para nada la actitud de su kaizoku. ¿Para qué querría localizar al esclavo? Sería mucho más rápido y sencillo comprarle otro.—¿Huyó? —volvió a preguntar con inocencia, neutralizando instantáneamente sus facciones, como si no entendiera el concepto.—Sí. Me robó un anillo de Kumiko y huyó.He ahí su excusa perfecta.—Lo siento mucho Eiri, pero si Shindo tiene un anillo de Kumiko en su poder, me temo que no podremos hacer nada para encontrarlo o dar con su paradero actual.—¿Q-Qué? —tartamudeó sin poder evitar un pequeño temblor en su voz que no pasó desapercibido por Tohma.—Hemos estado trabajando mucho, pero aún no hemos podido dilucidar cuál es el mecanismo que utilizan los anillos de Kumiko para ocultar la transmisión de señal a nuestra central. Aparentemente utilizan un material natural que inhibe la transmisión de impulsos electrónicos.Eiri sintió que la ira y la desesperación se agolpaban en su ser. ¿Cómo era eso posible? Que un sencillo artefacto lo separara de su esclavo. ¿Había perdido a Shuichi? No. Eso no podía estar pasando.—Quiero un equipo de búsqueda.—¿Qué? —Seguchi tenía un deje de incredulidad al no querer creer lo que había escuchado.—Voy a buscarlo, dame un equipo de búsqueda.—Lo siento Eiri, pero no puedo hacer eso...  Hiro y Claude estaban en la habitación del segundo, acostados en la amplia cama. Después de ver a Eiri salir corriendo literalmente, habían decidido esperarlo en ese lugar.—¿Qué crees que suceda? —murmuró Hiro desde su refugio en los fuertes brazos del kaizoku.—No lo sé... Pero hablaré con él más tarde... Tengo que hacerlo entender lo que siente.—Según tú, ¿cómo se siente? —preguntó con curiosidad mirando al de ojos azules.—Eso es obvio —empezó con una sonrisa—. Está enamorado y al mismo tiempo destrozado...—¿Cómo estás tan seguro? —cuestionó Hiroshi, algo sorprendido con la revelación.—Estos últimos meses ha mostrado un comportamiento muy inusual. Poco apropiado para un kaizoku... Tú deberías haberlo notado... Es casi como cuando te conocí... Muy condescendiente... Aguanta los desplantes de Shindo, sin contar con que, si el amo fuera otro, al primer desplante ya lo hubiera mandado al almacén... Demasiada coincidencia resalta lo obvio...Hiro se reacomodó, pensando en las palabras de Claude. ¿Su amo enamorado? Eso sería estupendo para Shuichi... Shuichi...«Me pregunto si habrá llegado bien...».El teléfono de Claude sonó, levantándose para tomarlo de la mesa de noche y contestó. Apareció una pequeña pantalla frente a él donde podía ver a Sakano y a Suguru.—Amo, creo que hemos encontrado lo que nos pidió.—¿Cómo?.—Suguru lo encontró, amo. Había una puerta camuflajeada, invisible a simple vista y por error Suguru presionó el botón que activaba su revelación.—¿Por error?—Iba a caerme... —contestó Suguru con las mejillas arreboladas.—¿Qué encontraron?—Cinco súper computadoras y una gran cantidad de libros y anotaciones, algunos escritos por Mitsu-sama, además de esquemas de anatomía humana y cosas por el estilo.—Interesante... Bien, quiero ver esa información. Descansen, iré en cuanto pueda.La comunicación se cortó y Claude notó que Hiroshi lo veía con confusión.—¿Qué encontraron?—Algo muy importante que quiero investigar.  —¡¡Cómo que no puedes hacerlo!! —gritó Eiri mientras caminaba presurosamente y estampaba sus manos en el ostentoso escritorio de Tohma con enojo—. ¡¿Por qué?! ¡Se supone que eres el rey! ¡El todopoderoso! ¡Podrías encontrar a un esclavo donde quiera que estuviera!—¡Deja tus caprichos Eiri! —contestó Tohma levantando la voz, amedrentando un poco al kaizoku que nunca había visto así al otro—. Entiende. No puedo movilizar a la guardia por algo así.—¡Pero es mi esclavo! Cuando los esclavos se escapan siempre mandas a buscarlos.—Lo hago cuando cometen algún delito que merece castigo, además, ¡es un simple objeto! ¡Sólo sirve para darte placer! ¡Eso te lo puede dar cualquiera!Un objeto... un objeto... un objeto para dar placer...Esas palabras resonaban en su cabeza. Eran las mismas que él había dicho hacía unas cuantas horas, pero sonaban demasiado diferentes. ¿Qué cualquiera se lo podía dar? No, eso no era así, nadie podría satisfacerlo como lo hacía la simple presencia del esclavo.«No... Nadie... Nadie puede reemplazar a Shuichi... Nadie...».Sin quedarse a escuchar más, pero asegurándose de que Seguchi viera su mirada de odio e inconformidad, salió del despacho.Tohma lo vio partir y una gran sonrisa apareció en su rostro.«No puedo creer que todo haya sido tan sencillo... Ni siquiera tuve que mover un solo dedo para que desapareciera... Ahora todo será mejor... Ni siquiera tendré que ocuparme de ese asunto de las hormonas... Eiri... Hay miles de esclavos... Yo te daré los que desees con tal de que olvides a ese tal Shuichi Shindo…».

----- CHAPTER BREAK -----

Eiri manejaba a alta velocidad por las amplias y bulliciosas calles de la ciudad, esquivando a los demás vehículos de forma magistral. Decir que estaba enfadado era poco. Estaba furioso. Lo que más le enojaba era esa sensación de debilidad que le daba el no saber dónde podría estar su esclavo en esos momentos.Había llegado a la antigua casa de Shuichi casi derrumbando la puerta, pero sólo encontró un cuarto vacío y frío. La leve esperanza que había tenido de encontrarlo en su casa se desvaneció en menos de un segundo con la soledad de aquella vivienda.No tenía ni la menor idea de dónde buscar pues, ahora que lo pensaba, no sabía nada de su esclavo más que su nombre y su cuerpo. Nunca se preocupó por preguntarle a su mayordomo a dónde lo llevaba cada quince días como había autorizado. No sabía qué le gustaba hacer o qué lugares le gustaba frecuentar, y aunque lo supiera, de seguro no serviría de nada. Ya había pasado casi una hora desde que Shuichi se había ido, podía estar en cualquier parte o incluso ya fuera de la ciudad. Lo mejor era regresar a la mansión y ya con la cabeza más fría, pensaría que hacer.  Hiro y Claude bajaron al vestíbulo después de un tiempo de estar esperando a que el dueño de la mansión regresara pronto. Había salido casi volando hacia uno de los vehículos y no le habían visto ni el polvo, aunque no imaginaban hacia adónde pudiera haber ido.Un fuerte sonido en la entrada les indicó su llegada y minutos después, el kaizoku aparecía por la puerta principal.—Eiri...—Déjenme sólo —dijo con voz neutra mientras pasaba por su lado caminando presurosamente, desapareciendo por las escaleras del segundo piso, encerrándose en su habitación.Hiro volteó a ver a Claude quien sólo le regresó una mirada triste.—Hablaré con él mañana... ―dijo―. En estos momentos necesita soledad.  Fuertes gemidos inundaban la habitación. Sonidos húmedos e indecentes retumbando las metálicas paredes. Tatsuha sujetaba fuertemente las caderas del esclavo que bailaban sobre su miembro, instándolo a aumentar la velocidad de sus movimientos. Estando él recostado y Ryuichi sentado sobre él, moviéndose sobre su pene, le otorgaba una vista perfecta de su lampiño pecho y veía aquel par de argollas emanar destellos de luz. De cuando en cuando con una de sus manos, las jalaba un poco, lo suficiente para sacarle gemidos de dolor y placer.En poco tiempo, esas argollas se habían convertido en uno de sus juguetes preferidos. Ahora, contaba impacientemente los días para tener sus semillas del lazo del diablo.  El sol estaba saliendo, dándole a la bóveda celeste un asombroso espectáculo, tamizado en diferentes tonos de rojo, naranja, rosa y amarillo. Poco a poco la mañana iba llegando.Claude abrió sus ojos lentamente, acostumbrándose a la incipiente luz de la mañana. La primera imagen que observó era la que estaba acostumbrándose a ver con todo gusto, y esperaba seguir viendo por el resto de su existencia. Hiro recostado sobre su pecho, profundamente dormido. Sus cuerpos estaban cubiertos por una fina sábana de seda. Se inclinó un poco para besar la cabellera pelirroja que se removió bajo su toque.—Hm... Buenos días... —saludó Hiroshi desperezándose un poco.—Buenos días, Hiro.—¿Qué hora es?—Temprano aún —contestó Claude, robándole un beso.—Tengo que levantarme ya. La mansión no se organiza sola y tengo que pedir el desayuno.—Está bien.Se bañaron juntos entre besos y caricias, y media hora después ya estaban listos y presentables.—Ve a ordenar el desayuno, yo iré a ver a Eiri.  —¡¿Cómo que no lo has encontrado?! —Escuchó Claude cuando pasó por el despacho del dueño de la mansión por lo que asumió que ahí estaba. Llegó y tocó pero sólo siguió escuchando la voz colérica del kaizoku—. ¡Han pasado ocho horas! ¡Es tiempo suficiente!Sin esperar autorización, entró. Eiri estaba parado detrás de su escritorio, gritando por teléfono. Se le veía desaliñado. Unas sombras bajo sus ojos denotaban la falta de sueño y descanso.»¡No me importa! ¡¡Encuéntralo!!Colgó el aparato con furia. Ante la mirada atónita de Claude, Eiri empezó a teclear furiosamente en su ordenador.—Eiri... ¿Qué estás haciendo?—¡Cállate! —gritó encolerizado, regresando a teclear furiosamente en su terminal.Claude se acercó al escritorio y lo rodeó hasta quedar detrás de Eiri y observó la pantalla. Entonces entendió todo. Ahí en la pantalla había un documento abierto con una foto de Shuichi y la leyenda de "Se busca. Recompensa: Diez millones de K’s".Estaba hackeando el ordenador principal de NG, con la intención de enviar ese documento a todas las bases de datos existentes. Todos los que tuviera una terminal en todo el mundo serían capaces de ver ese anuncio.Claude comprendió su desesperación. Y vaya que lo entendía. Él sentido lo mismo y eso que aún no pasaban veinticuatro horas.Ahora venían las malas noticias.—Eiri... No creo que eso funcione...—¿De qué estás hablando?—Eiri... Shindo se llevó el collar de mimetismo de Hiro.Eiri dejó de teclear y alejó sus ojos de la pantalla para voltear a ver a su "amigo". Su rostro cambió en menos de un segundo e hizo el amago de levantarse, plantando sus manos en el escritorio.—¡¿Qué?!—Lo siento Eiri, pero no pudimos hacer nada.En un arranque de furia y desesperación, Eiri tiró todo lo que estaba a su alcance, destruyéndolo en el proceso. Unos cuantos minutos y muchos destrozos después, Eiri estaba en el centro del despacho con la respiración acelerada, pero aparentemente más tranquilo. Ese estallido de furia había mermado sus energías.El sonido de nudillos sobre una superficie lisa se escuchó. Alguien estaba tocando la puerta.—Adelante —indicó Claude, viendo instantáneamente la figura de Hiroshi.—El desayuno está listo ―anunció, inclinando su rostro.—Enseguida bajamos —Claude se acercó al rubio que tenía la cabeza baja y no se asombró al ver que lloraba de nuevo—. Eiri... Vayamos a tu habitación. Debes descansar.Claude apoyó su mano en su espalda, instándolo a caminar. Le sorprendió la docilidad con que el kaizoku se movió. Lo dirigió lo por amplios pasillo de la mansión, pues Eiri parecía ido. Por el camino, Claude le ordenó a un sirviente que mandara llamar al mayordomo a la habitación principal. Hiro llegó cinco minutos después.—¿Qué sucede, K? —preguntó Hiroshi en cuanto abrió la puerta.—Hiro. Desayunaré con Eiri aquí. Lamento dejarte comer solo, pero ¿podrías traernos los servicios?—Sí claro. No te preocupes —dijo a la vez que observaba a su amo que estaba sentado en su cama con la mirada perdida.Cuando la comida llegó, Claude trató de hacer comer a Eiri, pero sólo logró que ingiriera unos cuantos bocados. Cuando terminaron, Claude lo ayudó a recostarse en la cama, de donde Eiri ya no se movió.  —¿Cómo está? —preguntó Hiroshi entrando a la habitación de Claude.—Descansando ahora.Eiri estaba revisando unas fotografías que le había enviado su mayordomo del proyecto en el que estaban trabajando en la mansión de Mitsu.—Tú...Claude escuchó la pregunta de Hiroshi y observó su semblante dudoso de preguntar.—¿Qué sucede Hiro? —instó a que terminara la pregunta. Hiroshi observó aquellos mares profundos que tanto amaba y tratando de modular su voz, preguntó:—Tú... ¿Pasaste por lo mismo?Claude se alejó de computador y le dirigió al pelirrojo una sonrisa triste, casi dolorosa. Se levantó y caminó lentamente hacia su amado que lo veía atentamente. Se detuvo cuando estuvo a treinta centímetros de él y con una de sus manos le acarició la mejilla.—Sí... Pasé por lo mismo.Hiro pudo notar el dolor con el cual esas palabras fueron pronunciadas. No pudo evitar preguntar. Quería saber. Necesitaba saber.—Cómo... ¿Cómo te sentiste?Claude suspiró. A pesar de los años pasados, aún podía recordar a la perfección lo que había ocurrido. Cómo su corazón había sangrado.—Fue... como morir... —empezó Claude jalando a Eiri para instarlo a sentarse en un cómodo sillón, sentándose él a su lado—. Al principio sentí mucha ira... Enojo... Odio contigo por haberme dejado. Unas horas después, cuando se me enfrió la cabeza, me enojé conmigo mismo por todo... Por haber confiado en Kaho... Por haberlo traído a la mansión... Por no haber podido protegerte. —Hiro escuchaba atentamente la suave voz de su kaizoku. Él también había sufrido mucho. El sentirse traicionado y usado le había roto el corazón. Había sufrido por días antes de recurrir al amo Eiri y pedirle cobijo—. Hice hasta lo imposible por encontrarte. Le pedí ayuda a Seguchi pero él me dijo que no podía ayudarme. Me sentí destruido... No quería comer, sólo dormir, pues sólo en mis sueños podía verte sonreír. Te veía conmigo... A mi lado... Cuando Eiri se dio cuenta de lo que sucedía, vino a verme. Venía a diario y trataba de sacarme de mi estado de perdición. Yo estaba catatónico. Me insistía que sólo eras un esclavo más. Que no valías la pena mi sufrimiento. Él no entendía el porqué de mi dolor.»Días después, cuando ya me encontraba un poco repuesto, le conté lo que había sucedido y él solo suspiró... Quizás pensó que regresar contigo me destruiría y por eso nunca me dijo que estabas con él. El tiempo pasó y con ayuda de Eiri y de Omi me fui recuperando poco a poco. Pero no fui el mismo... Hasta que te encontré... —Claude tomó el mentón de Hiroshi que tenía la mirada empañada, y lo acercó para darle un dulce beso—. Vamos a olvidar lo que pasó.—Sí...  Hiro y Claude estaban recostados en la cama del segundo, descansando. Hiroshi estaba profundamente dormido, abrazado al cuerpo del otro. Claude lo observaba dormir. Se veía tan perfecto. Era en esos momentos cuando se daba cuenta de que, si su amado no estuviera con él, en algún punto hubiera muerto de tristeza. Conocía perfectamente los sentimientos de enojo, desesperación y angustia por los que estaba pasando Eiri. Él los había sentido todos y cada uno de ellos.Su mirada viajó hacia la ventana desde donde la luz de la luna se colaba hasta tocar los pies de la pareja. La bóveda celeste se alzaba en plena oscuridad anunciando el inicio de la noche.Dio un suspiro. Era hora de ir a la mansión de Mitsu donde Sakano y Suguru ya lo esperaban. Se levantó lentamente de la cama, no sin antes robarle un pequeño beso a su amado. Le dejó un mensaje en la mesa de noche indicándole que le diera de cenar a su amo y salió de la habitación.  —Buenas noches K-samaEl kaizoku fue recibido por sus subordinados con una venia.—¿Dónde está? —preguntó sin dilación.Claude fue al grano. Le urgía revisar esa información. Siguió a los jóvenes a través de los pasillos de la mansión con dirección al sótano. Tras pasar varias puertas, observó una entrada que no había visto antes.—Esa es K-sama... El switch se mimetizaba con la pared y por eso no lo habíamos visto antes, hasta que Suguru lo presionó por error.Claude observó el interior de aquella habitación. Cinco súper ordenadores y decenas de libreros. Dos mesas de trabajo llenas de documentos en papel y en electrónico y unas cuantas vacías más pequeñas. Todo un acervo bibliográfico impresionante.
«¿En qué estaba trabajando Mitsu?».
Se adentró y con la vista recorrió los anaqueles. Se dio cuenta de que la mayor parte de los libros eran de humanos. Entonces volteó a ver a sus subordinados.—Ayúdenme a mover esto...Sacaron varios paquetes de libros, documentos y algunas tabletas electrónicas que Claude les iba indicando. Veinte minutos después, varias de las mesas estaban llenas de material bibliográfico.»Esto es todo, vayan a descansar.—Pero K-sama... ¿No quiere que le ayudemos en algo más?—No Suguru. Ya me han ayudado bastante. Esto debo de hacerlo sólo. Vayan a descansar.—Está bien, K-sama...Sakano y Suguru estaban a punto de salir del sótano cuando la voz de su amo se oyó una vez más.—Sakano... ¿Cuándo cumples veinte uno?—¿Eh? —A Sakano le sorprendió un poco la pregunta, pero aún así contestó—. En tres meses amo.—Bien... empezaré a hacer los trámites de tu libertad —dijo con una sonrisa.Sakano abrió sus ojos de la impresión ¿Su libertad? Su amo lo iba a liberar...—A... amo...Su voz tembló. Volteó a ver a Suguru que tenía la misma cara de impresión que él. Iba a ser libre.—Lamento que sea hasta ese momento, pero si yo te libero de mis servicios antes, regresarías al almacén y te entregarían al servicio de otro kaizoku hasta que cumplieras los veinte uno y eso suponiendo que te dejaran ir.Sakano se arrodilló ante su amo y bajó la cabeza.—Gracias amo, gracias. Estaré eternamente agradecido con usted.Libre... Sería libre... Pensaba que cuanto fuera mayor su amo lo delegaría a otras funciones de sirviente, pero sería libre. Libre para estar con Suguru. Pero... ¿Y Suguru?—Levántate Sakano... Cuando seas libre, Suguru se irá contigo.Suguru ayudó a su amado a levantarse y lo abrazó con felicidad.—Amo... ¿Qué sucederá con usted?—Hiro vendrá y se hará mi mayordomo. Si lo trajera en este momento, sería en calidad de esclavo o sirviente y no quiero que sea ninguno de los dos.  Esa noche Claude no regresó a la mansión Uesugi. Le llamó a Hiro para avisarle que pasaría la noche en la mansión de Mitsu y para recordarle que alimentara personalmente a su amo.—Asegúrate de que coma y si hace falta, aliméntalo tú.—Sí, está bien, no te preocupes... Te amo... —dijo Hiroshi con una sonrisa dulce.—Yo también te amo... Nos veremos mañana Hiro.
—Sí... Cuídate mucho.
—Tú también —contestó a la vez que su mano holográfica tocaba la mejilla de Hiro, causándole un cosquilleo por la estática, para después desaparecer.  —¿Quieres cenar algo más Shu?—No gracias Keitaro, ya me siento muy lleno.Ambos se encontraban en la cocina de la humilde casa del doctor. Keitaro había preparado una abundante cena y, como había comprobado. Shuichi tenía muy buen apetito, lo que no explicaba su constante anemia.—Vigilaré muy de cerca tu dieta Shuichi. No quiero que esa pequeña anemia que tienes empeore.—Gracias Keitaro —contestó mientras engullía una última rebanada de pie de fresa—. Como vez, tengo buen apetito, pero aún así, a veces me siento muy cansado.—Ya pensaré en cómo resolverlo —agregó con optimismo—. Sabes... he estado pensando y creo que tu collar de mimetismo nos servirá de mucho, inclusive podrías ayudarme con mis consultas.—¡¿En serio?! —preguntó Shuichi con emoción. Desde que había llegado le había dicho que no quería estar de flojo y quería ayudarle con algo. Lo que fuera.—Por supuesto... Podrías ser mi enfermera.La sonrisa de Shuichi se congeló mientras que la del doctor se hacía más grande.—En... Enfermera... —repitió y un tic apareció debajo de uno de sus ojos―. Enfermera... ¿mujer?—Pues sí, verás. El don de preñez de los Shindo es un secreto, y si de la nada apareciera un hombre embarazado en la ciudad, causarías una conmoción y ten por seguro que tendríamos al mismísimo rey kaizoku tocando nuestra puerta antes de que te dieras cuenta. Además, no creo que quieras pasarte tres meses encerrado aquí ―explicó Keitaro con una sonrisa.—No... Claro que no... ―contestó Shuichi, bajando los hombros y perdiendo un poco de la emoción―. Está bien, seré tu enfermera...—Bien, ahora, si me disculpas, tengo que ir a revisar a nuestro invitado. ―Keitaro recogió su plato y lo dejó en la cocina para después ir a la habitación donde el kaizoku reposaba.Durante los últimos meses, él mismo se preguntaba por qué seguía atendiendo a ese kaizoku en su casa. ¿Por qué no lo regresaba a la ciudad kaizoku? Él mismo desconocía la respuesta.Acomodó un mechón que había caído de la cabellera sobre los ojos de los cuales ya conocía su color. Se preguntó, cómo sería ese kaizoku, cuál sería su personalidad. ¿Sería como Eiri, el amo de Shuichi? ¿Cómo el conocido Tatsuha Uesugi? ¿Cómo Winchester-san? Inconscientemente, esperó que fuera así...  Una semana pasó, y las cosas en la mansión Uesugi no mejoraron.Eiri se había mantenido en estado de fuga. No hablaba y comía poco. Entre Hiro y Claude se encargaban de asearlo la mayor parte de las veces con cleaners. Las pocas veces en que lo habían visto reaccionar era cuando Seguchi Tohma iba a visitarlo.Había ido dos veces a la mansión y en ambas ocasiones, Eiri lo había expulsado a gritos, reclamándole que todo lo que le estaba pasando era por su culpa, y cuando el rey kaizoku se iba, regresaba a su estado de fuga.Claude se iba todas las mañanas después de desayunar a la mansión de Mitsu y regresaba  para la hora de la cena. Iba avanzando lentamente en la revisión de la investigación de Mitsu. Claude se encontraba frente a uno de los ordenadores, la desesperación comenzaba a embargarlo. Toda la información estaba protegida por una contraseña maestra. Se había pasado los días revisando apuntes e introduciendo palabras y oraciones sin tener éxito alguno.«¿Qué palabra usaste Mitsu?».Ocultó su rostro entre sus manos tratando de pensar y recordar sus conversaciones con él.  —¿En qué trabajas tanto Mitsu?El kaizoku sonrió ante el cuestionamiento. Degustó un trago de su copa y contestó:—Es un proyecto muy importante. En estos momentos no puedo decirte mucho, pero algo si te puedo afirmar... En algún momento... tú tendrás un papel importante...  
«
¿Yo tendré un papel muy importante?
»
.
Entonces se le ocurrió probar algo. Sus manos viajaron al teclado y sus dedos comenzaron a bailar sobre las teclas, haciendo aparecer dos palabras en la pantalla. Claude Winchester Presionó Enter y la pantalla se oscureció.«Bravo K... Ya lo descompusiste», pensó, cerrando sus ojos, pero los volvió a abrir cuando una conocida voz le llamó y una imagen apareció en la pantalla.—"Hola K..."—Mitsu...Un Mitsu sonriente había aparecido.

----- CHAPTER BREAK -----

—Mitsu...—"Hola K".Claude no podía creer lo que estaba viendo. En la pantalla se encontraba una imagen de su mejor amigo Mitsu, quien había desaparecido hacía unos meses. Portaba un semblante serio y tranquilo. ¿Sería una grabación?De la nada, la figura pareció salir de la pantalla, materializándose en una nube de estática y formando un holograma frente Claude.―"Parece que adivinaste mi palabra secreta K, espero no hayas tardado demasiado ".—Pero... cómo...―"Si me estás viendo en estas circunstancias, quiere decir que muy probablemente ya no me encuentro entre los vivos o que Tohma se hizo cargo de desaparecerme antes de que yo pudiera revelarte esta información".—¿Qué eres? —preguntó Claude, tratando de salir de su ensimismamiento al ver a su mejor amigo a quien creía desaparecido.--"Este es un programa bioinformático diseñado por mí, en donde he introducido todas mis memorias, recuerdos, conocimientos, patrones de comportamiento y características de personalidad, así como mi modus operandi, creando una copia cibernética inteligente de mí con un patrón de actualización semanal. Así que... K... Esta sería mi manera de vivir para siempre como un programa".—Pero cómo...—"Me infiltré en la red de NG y robé un poco de información tecnológica" —terminó con un gesto que Claude sabía, era específico de Mitsu, ese gesto en donde le gustaba poner en claro que su inteligencia era superior.Claude tuvo que tomar asiento mientras el holograma de Mitsu le sonreía de una manera que a Claude le extrañó.—¿Qué sucedió Mitsu? ¿Dónde estás?—"Esa es una muy buena pregunta K... Dónde estoy o, mejor dicho, dónde quedó mi cuerpo, o si es que quedó algo de él. Rebuscando en la base central de noticias de NG, encontré que reportaron mi desaparición como un incidente menor, pero estoy seguro de que no fue así... Tohma debe haber hecho algo para desaparecerme del mapa".—¿Y eso porqué?El holograma comenzó a caminar a través de la habitación, hablando al mismo tiempo.—"Bueno... ¿Recuerdas mis estudios K?"—Sí, los de conducta humana.Era curioso ver cómo el holograma atravesaba la gran mesa por un lado y reaparecía al otro lado ésta mientras hablaba.—"Bueno, eso fue al principio, me interesaban demasiado los humanos, su comportamiento, su manera de socializar, de reproducirse, lo parecidos que somos a ellos y, sobre todo, la manera de expresar sus sentimientos. Te sorprendería la gran cantidad de sentimientos que puede sentir un humano en un minuto K, y desafortunadamente, gracias a Tohma, sólo conocemos una estrecha gama de ellos".—¿Pero cómo podríamos conocerlos todos? —preguntó Claude con la curiosidad plasmada en su rostro, sin detener ahí su práctico cuestionamiento—. Somos kaizokus, especies diferentes. Apenas conocemos una pequeña gama de ellos y son los que Tohma nos ha inculcado desde que somos concebidos en el laboratorio.—"He ahí el punto principal de mi investigación K... He llegado a la conclusión de que nosotros provenimos de los humanos..."  —¿Estás seguro de esto?Se escuchó una voz temblorosa y apenada. Shuichi se seguía viendo al espejo, dándose vueltas una y otra vez. Aún no terminaba de aceptar la imagen tan bizarra que le devolvía el espejo.Keitaro le había conseguido un traje de enfermera que con el tiempo tendría que modificar pues ya se le empezaba a notar una ligera curva en su otrora plano vientre. Mientras se cambiaba, no pudo evitar pasar una mano por su ligera redondez, pensando que en tres meses más, tendría a su pequeño en sus brazos. Sólo esperaba que naciera completamente sano, y que su cuerpo pudiera soportar el alumbramiento sin ninguna complicación para él o para su bebé.Ahora, viéndose al espejo, no estaba tan seguro de que la idea de Keitaro fuera a funcionar. En esos momentos era un moreno de ojos negros con rasgos muy estilizados. Con su cuerpo exquisito y delgada figura, podría pasar por una mujer muy delgada y estilizada, pero cómo podría explicar la falta de cierto "par" de atributos en la parte superior de su pecho...—No te preocupes Shu. Conforme avance tu embarazo, crecerán un poco —agregó Keitaro al ver cómo se observaba su plano pecho.—¡¿Crecerán?! ―Shuichi volteó a verlo con el asombro tatuado en su rostro. ¿Cómo que crecerían?—El bebé tendrá que alimentarse de cierta manera ¿No lo crees? —explicó Keitaro, como recalcando un punto que era demasiado obvio.—Sí, pero...—Los varones también tenemos glándulas mamarias como las mujeres, aunque no tan desarrolladas, la prueba es que no tenemos directamente la caja torácica debajo de la piel de nuestro pecho, tenemos tejido mamario e inclusive podemos sufrir de cáncer de mama. A diferencia de las mujeres, en las que la leche les viene unos días antes del parto, tus glándulas mamarias se llenarán mucho más lentamente y tus glándulas irán creciendo por lo que resta del embarazo.—Que... ¿Qué tanto crecerán? —preguntó Shuichi con miedo en su voz, apareciéndole inmediatamente una imagen mental de él con unos senos talla doble D y dolores de espalda además de tener que usar brassier rojo con corazoncitos blancos. Keitaro sólo pudo soltar una risita al ver la frustración en su rostro.—No te preocupes, crecerán muy poco, a lo mucho que llegarás será a una talla A de mujer, la que sería la talla más pequeña de una mujer adulta en etapa de lactancia. Una vez pasado el parto, se mantendrán por unos dos a tres meses y después el tejido mamario se reabsorberá, ya que el bebé comience a comer otras cosas. Así ha sido con todos los Shindo, según los conocimientos pasados a mí.A Shuichi no terminaba de gustarle la idea de prácticamente transformarse en mujer, pero si era para alimentar a su futuro bebé, lo soportaría.  En la oficina central de NG, Tohma estaba sentado frente a su escritorio, reflexionando sobre la última visita que había efectuado a la mansión de su kaizoku favorito, y cómo éste casi lo había echado a patadas de su residencia. Una parte de su plan ya estaba hecha. Shindo había desaparecido y sin que él tuviera que entrometerse. Ahora le quedaba averiguar cómo "contentar" a Eiri.Se levantó de su escritorio, se dirigió a la parte trasera de su oficina y presionó un botón que estaba mimetizado con la pared. Un gran cuadro de él mismo desapareció y la pared se recorrió hacia la derecha, mostrándole un cuarto blanco casi vacío, a excepción de dos artículos.Un cómodo sillón  en color beige, y una pequeña plataforma circular, sobre la cual, una especie de bruma flotaba. Se acercó hacia la plataforma y ante él, la bruma tomó forma humanoide. Era el momento.—Júpiter... Necesito tu ayuda.  Durante el mediodía, Hiro decidió que era buena hora para ayudar a su amo a ducharse. Dejó instrucciones a los sirvientes de ir preparando la comida y arreglar unas cosas en la mansión. Entonces se dirigió a la habitación principal, donde su amo se encontraba recostado como todos los días, observando fijamente hacia la pared.—Amo, es hora de su baño.Hiro levantó las cobijas, y ayudó a su amo a ponerse de pie, para después dirigirlo hacia el amplio baño. Ahí, le fue quitando las prendas una por una, hecho que ya se había convertido en un ritual desde que su amo no hacía nada más que respirar.Se arremangó y lo sentó en un banco, comenzando a tallar su espalda con jabón lentamente, trazando círculos por toda la espalda, tratando de ofrecerle un masaje relajante a su amo.—Todo fue mi culpa... ¿Verdad?Un sonido que no había escuchado en al menos una semana llegó a sus oídos. Hiro se sorprendió al escuchar la voz de su amo. Por unos momentos pensó que había sido su imaginación, así que se paró de donde estaba y rodeó a su amo, hincándose frente a él, y observándolo fijamente.—¿Amo? —preguntó, dudoso de obtener respuesta alguna por parte de quien hasta ahora había actuado como zombi. Entonces sus labios se movieron de nuevo.—Todo fue mi culpa... Si yo no hubiera... —Su mirada seguía perdida, pero sus labios se movían lentamente, dejando al pelirrojo escuchar un compás de palabras impregnadas de dolor—. Si yo no hubiera... sido así...Hiro veía con horror como los ojos de su amo se empañaban y una traicionera lágrima rodaba por sus mejillas. No pudo evitar el impulso de abrazarlo.—Amo... No se torture así...Por un momento, Hiro se preguntó si Shuichi había hecho lo correcto, si no hubiera sido mejor que se quedara y que le planteara a su amo las cosas, sobre su embarazo y su reticencia a dejar que su hijo se convirtiera en un esclavo o peor, en sujeto experimental.Quizás podría plantearle esas posibilidades la próxima vez que tuviera la oportunidad de verlo.El cuerpo dentro de su abrazo empezó a temblar para después sentir cómo el cuello de su camisa se humedecía y sollozos se escuchaban en el baño.  Claude tuvo que detenerse de una mesa ante tal revelación. ¿Ellos? ¿Los kaizokus provenían de los humanos? ¿Cómo podía ser eso posible?—¿Estas consciente de lo que estás diciendo Mitsu? ¿Sabes la cantidad de problemas en los que te meterías si siquiera insinuaras que...? ―Claude ya no continuo la pregunta, era  obvio lo que pasaría... Lo que había pasado...—"Ahora lo entiendes K... Tohma averiguó lo que yo estaba investigando y se encargó de desaparecerme del mapa... No tengo idea de donde haya quedado mi cuerpo... O si aún existe".La imagen cibernética de Mitsu mostró un gesto de desdén. No había duda de que Mitsu era un genio al haber creado esa persona virtual con todas sus características.―"Según lo que pude llegar a averiguar, nosotros representamos una bifurcación de la siguiente etapa evolutiva del Homo sapiens con características más evolucionadas, una mejor resistencia a enfermedades y mayor fuerza y vigor físico. Desafortunadamente, no tuve el tiempo suficiente para terminar mi investigación que consistía en un estudio de comparación completa del genoma humano con el genoma del kaizoku. Es por eso por lo que quiero pedirte un gran favor K... Quiero que termines mi investigación".Al Claude le extrañó esa petición.—¿Para qué?—"¿No lo entiendes K? Probar que venimos de los humanos sería el comienzo del fin de la tiranía de Tohma. Sé que, aunque nadie se ha quejado, hay una gran cantidad de kaizokus que están en su contra, pero debido a su gran poderío, no se han revelado. Además, encontré algo muy interesante acerca de nosotros los kaizokus".—¿Qué? ¿Aún hay más?—"Así es... y esto te va a sorprender. Esto lo aprendí a base de ti, de mí y de otro kaizoku".—¿Qué cosa?—"Aparentemente, los kaizokus nacemos con un alma gemela en este mundo".

----- CHAPTER BREAK -----

—Aparentemente, los kaizokus nacemos con un alma gemela en este mundo...  —¿Así está bien? —preguntó Shuichi con voz dudosa mientras sostenía unos vendajes que Keitaro le aplicaba a un paciente.—Sí, buen trabajo Shu.—Qué bonita enfermera se consiguió doctor...El paciente, un hombre de unos treinta y cinco años, moreno de ojos negros se le quedó viendo a Shuichi con una sonrisa pícara en su rostro, haciendo a Shuichi sonrojar.—¿Verdad que sí, Kyousuke? —dijo el doctor con sorna, tratando de aguantar la risa.—¡Keitaro!Shuichi le gritó al doctor por haberle dado la razón al paciente, haciendo a ambos hombres reír.—Ya tranquilo Shu, no pasa nada, es sólo que en realidad te ves bien.Keitaro terminó de colocar las vendas y despidió al paciente, quien se retiró, no sin antes lanzarle unos cuantos piropos a Shuichi.—¿Siempre será así? —preguntó Shuichi con un sonrojo mientras le ayudaba a Keitaro a recoger.—No Shu. Kyousuke es un mujeriego de lo peor, pero tiene buen corazón, sólo estaba jugando, no te preocupes. Mis demás pacientes son más nobles —terminó de decir el doctor mientras recogía las vendas y los implementos utilizados y salía de su consultorio seguido de cerca por un Shuichi vestido de enfermera.  —No entiendo... —acotó Claude perplejo mirando el rostro virtual de su amigo Mitsu.—"Tú mismo lo habrás sentido. Antes de que Hiro llegara a tu vida, nunca te habías relacionado con ningún esclavo".—Eso no está relacionado, Mitsu, así nos lo ha inculcado Tohma, los esclavos son... inmundicias... Sólo los que habían caído por el tacto de la carne, los caídos lo hacían y, aun así, cambiaban de esclavos como se compraban cosas nuevas.La voz de Claude se cargó de dolor al recordar que en cierta etapa de su vida así habían sido sus pensamientos.—"Pero cuando viste a Hiro, desde el mismo momento en que sus ojos se encontraron con los tuyos, algo ocurrió... ¿No es así?"Claude recordó el momento en que había sido arrastrado por Mitsu a adquirir nuevos esclavos a aquella feria que tan mala vibra le traía. El segundo en que su respiración se había detenido al ver a Hiroshi por primera vez. Su cuerpo perfecto, aquella mirada cargada de miedo y ansiedad. Como su piel tembló cuando posó su mano en su rostro y un escalofrío recorrió su espaldaSí, definitivamente algo había ocurrido en esa ocasión, pero... ¿Qué?"Yo creo que nuestra especie de alguna manera ha desarrollado algún patrón de comportamiento que escoge a una sola persona para toda la vida. Alguien especial. Entre los humanos, se han desarrollado estudios de ciertas especies animales que tienen una sola pareja para toda la vida, como el pingüino emperador, las orcas y ciertas especies de ardillas. Siguiendo mi razonamiento de que somos el siguiente paso evolutivo del hombre, quizás haya sido alguna treta genética. Aparentemente este mecanismo sólo funciona entre kaizokus y humanos pues nunca se ha reportado el tipo de comportamiento que hemos tenido entre dos kaizokus. Además, nosotros nunca podemos escoger, siempre se nos impone alguien por motivos meramente de conveniencia. Aún no puedo asegurarlo, pues hubiera necesitado hacer más estudios, solo formulé la hipótesis de estar relacionado con feromonas compatibles entre humanos y kaizokus, pero si pudieras ayudarme..."—Cuenta conmigo, Mitsu.Claude se levantó de su asiento y se acercó a la computadora. Ese tema era demasiado interesante y definitivamente quería respuestas.  Al llegar la noche, Claude, acompañado de Suguru y Sakano, quienes se habían autoimpuesto la misión de hacerle compañía en la mansión, subieron al vehículo del kaizoku para regresar a casa.—Voy a dejarlos en la mansión Winchester. Comprenderás Suguru que te necesito ahí también para que la mansión no pierda el orden y no haya sospechas por parte de Tohma.—Sí, amo.Ambos venían tomados de la mano y se mandaban miradas de cariño. Claude no pudo evitar observar el gesto, y se dirigió a ellos nuevamente.—Sé lo que sienten, y por lo mismo, voy a pedirles discreción en todos sus actos —Ambos subordinados voltearon a verlo, y no pudieron evitar un leve sonrojo, a la vez que asentían silenciosamente—. Ahora lo que menos necesito en estos momentos es la mirada de Tohma sobre mi espalda, así que una actitud sospechosa entre mi mayordomo y uno de mis esclavos podría ser información fácilmente obtenida de cualquiera de mis sirvientes bajo las órdenes rigurosas de Seguchi. ¿Comprenden eso?—Sí, amo. Seremos discretos...  Al llegar a la mansión Uesugi, Claude se encontró a Hiroshi sentado en el vestíbulo, esperándolo. Cargaba una mirada baja y una figura meditativa. Cuando un sirviente cerró la puerta, se acercó silenciosamente hacia su amado, alertándolo de su llegada.—¿Sucedió algo, Hiro?Hiroshi se levantó de la butaca en la que se encontraba sentado hasta hacía unos momentos y caminó con paso rápido y ansioso hasta el Claude, atrapándolo en un abrazo añorante y capturado sus labios en un dulce beso.Claude se asustó y aún dentro del beso, volteó a ver a los alrededores, calmándose al ver que no había nadie cerca en ese momento. Nunca estaba de más guardar discreción sobre su relación, podían sobrar oídos en las paredes.Terminó el beso dulcemente y se enfocó a los ojos cafés del mayordomo de la mansión que guardaban cierto halo de tristeza.—¿Qué mal te aqueja, mi amado Hiro?Hiroshi tragó antes de responder.—Él... Él está sufriendo...  Después de ordenar un par de tazas de té a un sirviente y sentarse en la habitación del Hiroshi, éste le contó todo lo que había sucedido mientras se encargaba del aseo personal del amo de la mansión. Relató lo que su amo le había dicho sin omitir detalle alguno y al terminar el relato, se quedó viendo a la taza humeante que reposaba en sus manos.—Pasó más rápido a la etapa del resentimiento propio que yo —dijo Claude tratando de aligerar un poco el tenso ambiente que se había posado sobre sus cabezas, pero aparentemente fallando en el intento al ver que el semblante de su pelirrojo no cambiaba—. Hiro... Aparentemente es algo que debe de pasar... Conmigo fue igual, pero yo tardé un poco más en reaccionar...—Me duele verlo así... —cortó Hiroshi con voz trémula—. El sólo pensar que tú estabas en la misma situación... No lo entiendo... Son kaizokus... Nunca había escuchado que un kaizoku sufriera de esta manera por un simple esclavo... O que tuviera sentimientos tal cual...—Hiro... hay algo de lo que tengo que hablarte...Hiroshi volteó a verlo, captando el cambio de voz a uno más serio.—¿Sobre qué?—Hoy... averigüe a contraseña de la base de datos central de Mitsu...Las pupilas de Hiroshi se dilataron al escuchar eso, pues cada noche Claude regresaba abatido al no haber podido acceder a la información que buscaba.—¿En serio? ¿Cuál era?Claude le dirigió una leve sonrisa.—Mi nombre... A Mitsu sí que le gustaba bromear.—Vaya... quien lo hubiera imaginado... ¿Qué averiguaste?—Muchas cosas muy interesantes, pero lo más importante, en esa computadora se encuentra un Mitsu virtual...  —Me voy Noriko. Para cuando regrese espero que hayas podido bajarle la fiebre.—Sí, amo.Tatsuha dio un último vistazo a la cama donde un Ryuichi inconsciente reposaba con la respiración acelerada y las mejillas arreboladas. Parecía que se había pasado de nuevo. Últimamente no podía dejar de sentir esa ligera incomodidad en su pecho cada vez que dejaba a Ryuichi en esas condiciones, pero no podía evitarlo.Escuchar a su esclavo gemir de placer hasta las últimas consecuencias y que durante el orgasmo gritara su nombre y no "amo" lo llevaba a la locura. ¿Qué le estaba pasando?Las últimas semanas había ido cada vez menos a las exposiciones. Estando acostumbrado a ir de tres a cuatro veces por semana, se sorprendió de su propio comportamiento cuando sentía una incomodidad en el pecho al ver a su Ryuichi tomando y siendo tomado por otros esclavos.Tohma lo había cuestionado pues era algo demasiado extraño en un ser tan perverso como Tatsuha, pero él simplemente había contestado que tenía otras cosas que hacer.Sin quedarse a pensar más en el asunto, salió de la habitación.Noriko volteó a  ver al esclavo que se había convertido en su mejor amigo. Ya no sabía qué decirle, pues todo tipo de consejos y advertencias se le habían acabado. Sólo le quedaba ayudarle en todo lo que pudiera.Noriko se acercó a la cama donde Ryuichi comenzaba a despertar y movía su cabeza tratando de despejar su visión.—¿Ryu?—No... Noriko...—Ryu, que bueno que despiertas. ¿Cómo te sientes?—Como si me hubiera pasado una aplanadora por encima —contestó Ryuichi con un tono de burla en su voz.—Iré a traerte un poco de sopa y medicina que te recetó el doctor mientras dormías.—¿He dormido mucho?—Unas tres horas.Ryuichi resopló. Lo peor era que se había desmayado "durante" un momento de acción. Su amo de seguro lo castigaría.Noriko salió de la habitación y un minuto después la puerta se volvió a abrir. Ryuichi pensó que era demasiado pronto para que Noriko regresara, pero se sorprendió al ver a Takako entrar.—Hola enano. —Había un tono de acidez en su voz que no se molestó en ocultar. Caminó con altanería hacia la cama, presumiéndole a Ryuichi uno de los mejores trajes de esclavo que tenía—. Hoy yo iré a la exposición en tu lugar.Desde que Ryuichi iba a la mansión, eran cada vez menos las veces en que Tatsuha llevaba a Takako a las exposiciones. Una razón más para que el esclavo guardara un profundo rencor hacia Ryuichi por haber sido desplazado de su lugar como el favorito del amo.Se acercó hasta la cama y se trepó en ella hasta estar encima de Ryuichi, presionando el adolorido cuerpo del esclavo que sólo pudo soltar un leve gemido de dolor.―¿Te duele? —preguntó cínicamente, apoyándose sobre la cintura del esclavo. Ryuichi gruñó levemente y lo encaró—. Sigo sin entender que ve en ti, si sólo eres un quejica. Pero ya llegará el tiempo en que vuelva a prescindir de ti, después de todo, yo estoy en la flor de mi juventud y tú ya la dejaste muy por detrás.Dejando la amenaza en el aire, salió de la habitación riendo con cinismo. Ryuichi se quedó en la cama con los ojos abiertos y una sola lágrima cruzó su mejilla. ¿Qué pasaría cuando Tatsuha se cansara de él?

----- CHAPTER BREAK -----

Otro día en que había hecho un espacio en su ocupada agenda para visitar a Eiri Uesugi y otro día en que éste le había gritado, fuera de sus cabales, que se fuera, que todo era su culpa y que, si él no existiera, todo hubiera sido mejor.No entendía. Simplemente no terminaba de entender el comportamiento del kaizoku. Se había dado a la tarea de preguntar a sus doctores. A pesar de que Eiri se había negado rotundamente a ser examinado, los galenos le habían podido dar un diagnóstico aproximado en base a lo que el rey kaizoku les había contado, teorizando que Eiri Uesugi tenía un comportamiento similar a la depresión humana.Tohma casi manda a degollar al doctor al siquiera insinuar que Eiri Uesugi, un kaizoku de alto rango experimentara un sentimiento humano.Se le empezaba a ocurrir una manera de arreglar la situación. Si Eiri se había puesto así por el escape de su esclavo, podría regalarle otro... Muchos otros... Cientos. Uno que se pareciera a él. Sería demasiado sencillo. Ordenaría para él mismo la próxima carga de esclavos que llegara a la ciudad. Conocía la predilección de Eiri por esclavos varones sumisos pues era lo único que pedía antes de haberse apoderado de Shuichi Shindo.Ya pensaría bien en eso después, ahora tenía algo muy importante que hacer. Había sido llamado por Júpiter.La Eva de su especie.Cuando él se encontró sólo, después de asesinar a aquellos seres que se hacían llamar sus padres, hacía más de mil años, vagabundeó por el mundo, viendo los fútiles intentos del ser humano por sobrevivir en un mundo decadente.Conoció una gran cantidad de lugares y seres inferiores. Llegó un momento en el que su conocimiento del ser humano lo llevó a decidir que él, como nueva especie, no podía mezclarse con seres tan mundanos e inferiores como el Homo sapiens, entonces conoció a Júpiter.Con sus avanzados conocimientos se infiltró en una de las más grandes y avanzadas edificaciones construidas por el ser humano. La famosa zona cincuenta y uno. Ni siquiera entendía por qué la habían llamado así, una reverenda tontería.Fue demasiado sencillo para él deshacerse de todos. Un gas venenoso indetectable de su invención en la planta central y en menos de quince minutos el lugar se encontró lleno de cadáveres. ¿Por qué estaba ahí? Simple y llana curiosidad. Los humanos mencionaban con insistencia esa zona y muchos dudaban de su existencia. Encontrarla fue cosa de niños.Caminó con paso lento hacia lo que los pequeños cartelones pegados en las paredes que señalaban el recinto como la zona central y ahí la vio. Nunca admitiría que en un principio sufrió un sobresalto cuando vio una bruma electrostática ubicada sobre un panel tomar forma humanoide y le había dirigido la palabra.—“Me identifico como Júpiter. Una inteligencia artificial que representa la culminación de la inteligencia humana. Demasiado avanzada para su propia comprensión. Una inteligencia artificial que no fueron capaces de apagar a tiempo”.Eso era el colmo. Que el ser humano hubiera creado algo que ni siquiera ellos pudieran comprender hasta cierto punto le causaba gracia. Quedó maravillado.—¿De dónde proviene tu información?—“Tengo acceso a todas las bases de datos humanas que han sido creadas. Mi cuerpo es una nube electromagnética capaz de analizar de cualquier cosa”.—¿Puedes demostrarlo? —preguntó Tohma con suspicacia.Lo que sería el rostro del humanoide sufrió una turbación que a Tohma se le figuró una mueca.—“Acércame tu mano” —Con una ligera sombra de duda, Tohma acercó su mano y la bruma electrostática formó una mano que rodeó la suya causándole un leve cosquilleo—. Tú no eres humano... Al menos no completamente... Tu genoma es diferente en ciertas secuencias.Tohma le dirigió una mirada de autosuficiencia.—Así es... Soy un organismo superior... He dejado muy lejos al Homo sapiens en cuanto a fuerza e inteligencia, una nueva especie... soy... un kaizoku.—Eres el único de tu especie... En los registros humanos no hay rastros de otro como tú... Tus células son incapaces de reproducirse de manera natural. Son estériles —Ese fue un argumento que Tohma no pudo refutar—. Yo puedo encontrar una solución a ese dilema...  Ese había representado el comienzo de su raza. Con la ayuda de Júpiter y todos sus conocimientos, empezó a hacer clonaciones de él mismo, introduciendo pequeñas modificaciones en características físicas para que no fueran iguales a él, sin embargo, esas modificaciones terminaron disminuyendo la esperanza de vida de los organismos creados.No sabía cuánto viviría él mismo, pero no había duda de que muchos años más de los que tenía. Con el pasar del tiempo fue creciendo la población de kaizokus. Moldeándolo a su antojo, alejándolos de los burdos placeres carnales y denigrantes que los humanos tenían.Después de varias generaciones, empezó a crear bebés probeta de sus "clones". Debido a la ausencia de un "ejemplo" los kaizokus no tenían libido y fue sencillo realizar uniones por conveniencia para aumentar la extensión de su poderío. Para tener descendencia, los kaizokus interesados iban con él a plantear su petición.Tal como él, sus kaizokus eran prácticamente infértiles, y sólo con sus técnicas de ingeniería genética era como lograba "crear" un ser con las características de sus progenitoresAsí comenzó la esclavitud de los humanos. Necesitaba peones que cuidaran a los recién nacidos en lo que alcanzaban la "pre-madurez" a los catorce años. Durante ese tiempo, tutores especializados kaizokus, se encargaban de enseñarles todo lo que Tohma autorizaba, para que, al llegar con sus padres, comenzaran con su rol en la sociedad kaizoku.Con todos sus avances y el aumento de la comunidad kaizoku, Tohma se había apoderado de todo el continente americano y había grandes colonias de kaizokus en Europa, Asia y África, quedando aún, grandes colonias de humanos que se negaban a estar bajo sus dominios, pero ya llegaría el momento en que sería el dueño total y absoluto del planeta.Con los humanos capturados, había establecido granjas de esclavos, reproduciendo a los humanos como ganado para obtener mejor descendencia, entrenándolos para entregarlos a los kaizokus como esclavos al cumplir los quince, y pidiéndolos de vuelta al llegar a la veintena para después reentrenarlos y que sirvieran como sirvientes.Tohma llegó a la zona "J" donde Júpiter, la inteligencia artificial, se encontraba. Atravesó un par de puertas dobles de metal donde introdujo su huella digital y firma ocular. Entonces se encontró en aquella conocida sala. La bruma de electrostática materializándose mientras se acercaba.—“Tohma...”.La voz digitalizada de Júpiter llegó hasta él.—Mí estimada Júpiter... He acudido rápidamente a tu llamado... ¿A qué debo tu repentina necesidad de verme?—“El sujeto 626 ha muerto... No soportó la transferencia... Sus ondas cerebrales sufrieron un colapso antes de llegar al 27%. —Tohma frunció el ceño. Otro intento fallido—. Su estructura celular neural no fue lo suficientemente resistente y las redes nerviosas no crearon el impulso nervioso necesario, lo que ocasionó el colapso. —Tohma leyó el reporte que sus científicos habían mandado a Júpiter vía electrónica—. Habrá que repetir el ensayo de nuevo. Se han logrado avances significativos. Tu ADN no es funcional para el ensayo pues tus células han entrado en hibernación, por eso sigues conservando tu juventud. De igual manera, el DNA de un humano es demasiado débil y susceptible a rupturas. Necesito una quimera estable”.  —Míralo, ahí está. Sigue creciendo sano.Keitaro y Shuichi se encontraban en el pequeño consultorio, ya cuando sus consultas del día habían terminado. Shuichi estaba recostado sobre la mesa de exploración con sus pantalones bajados un poco dejando ver su abdomen y una ligera camisa sin mangas arremangada hasta el pecho. Keitaro le había aplicado un poco de gel que siempre estaba helado y había encendido la máquina.Veía como Keitaro movía el mango del ecógrafo sobre su levemente abultado abdomen para después dirigir su mirada hacia la pantalla donde podía ver una imagen tridimensional perfectamente nítida de su bebé. Era hermoso. Simplemente perfecto. Keitaro congeló la imagen donde se podía ver el cuerpo del bebé y después apagó la máquina.―Podremos saber el sexo en unas dos semanas, ya que sus órganos terminen de diferenciarse. ¿Cómo te has sentido últimamente?—Bien... Un poco cansado solamente.La verdad era que en los últimos días se había sentido muy cansado. Demasiado cansado. Había días en que en realidad se le hacía difícil levantarse y se excusaba con Keitaro diciéndole que era a causa de las persistentes náuseas y los dolores de espalda, aunque esto no era enteramente una mentira.No quería que Keitaro se preocupara de más por él, ya suficiente hacía teniéndolo a él en su casa y convidándole de su comida. Lo importante era que su bebé estuviera bien.Faltaban pocos días para que pudiera volver a ver a Hiro, pues él le había prometido que lo visitaría cuando cumpliera los cuatro meses. Ya que pasara un poco de tiempo desde su huída. Ya que las cosas se calmaran un poco.Aún y con todo eso, no creía que Eiri lo buscaría. No era tan importante. Sólo un simple esclavo. Rápida y fácilmente reemplazable. Quizás estaba tomando demasiadas medidas de seguridad y la realidad era que su amo se había conseguido un esclavo nuevo al segundo de haberse ido.Una presión rodeó su corazón, causándole un dolor que no pudo atribuírselo a otra cosa más que a su amo. Con los días se había dado cuenta de que lo extrañaba. Aún y semanas después de estar lejos de él, lo añoraba al punto de querer regresar, pero había algo que lo detenía. Ese algo era la vida que crecía ahora en su vientre. Ese bebé que había engendrado bajo ciertas circunstancias que hubieran podido ser mejores. Que hubiera deseado que fueran mejores.Pensaba que, si hubiera conocido a Eiri en otro momento y en otras circunstancias, hubiera estado gustoso de tener ese bebé y quien sabe... Tal vez más...Entonces abrió sus ojos.»¿Sucede algo Shuichi?Shuichi no escuchó la voz de Keitaro. Razonó su último pensamiento. ¿En realidad esa imagen había pasado por su mente? ¿La de él y su amo juntos criando a un bebé?Una lágrima cayó por su mejilla.
«Oh no... Lo amo... Me he enamorado de mi amo...».
  —Ya hemos intentado quimeras estables y no ha funcionado antes —expresó Tohma con voz cansina mientras bebía de su copa de vino, estando sentado en un diván frente a la súper computadora.—“Es lo mejor. Sólo nos falta encontrar un buen arreglo del genoma para lograrlo”.—¿Estás segura?—“No dudes de mi lógica, Tohma”.Tohma se tocó el puente de la nariz y presionó un poco. Una quimera estable. Una mezcla ente un kaizoku y un humano, algo a su parecer desprestigioso para su raza, pero todos los estudios indicaban que era lo mejor.Las células puras de los kaizokus, por su esterilidad, no tenían la plasticidad necesaria y las células humanas eran demasiado débiles para el procedimiento, pero su plasticidad neural era envidiable.¿Conclusión? Un híbrido... Una quimera... Mitad kaizoku, mitad humano¿Lo difícil? Encontrar una combinación perfecta, estable y viable entre el ADN humano y el ADN de un kaizoku. Que se creara un organismo completo y que soportara el procedimiento.  Después de asegurarse de que Shuichi estaba bien, Keitaro tomó unas toallas y una esponja y se dirigió a la habitación donde el kaizoku se encontraba. Dejó las toallas en la mesa al lado de la cama, retiró las sabanas y empezó a despojar al kaizoku de sus ropas. Este era un ritual que se había convertido en rutina desde que se había dado cuenta de que no podía usar un cleaner al no poder incorporar al kaizoku.Mojó la esponja en un poco de agua con una solución limpiadora que no maltrataba la piel y comenzó a recorrer ese firme cuerpo. Había ocasiones en las que no podía esconder su sonrojo por más que lo intentara. Ese hombre era perfecto.Recorrió su torso, su rostro y las piernas, siempre esquivando su intimidad, aunque sabía que al final debía asearlo por completo. ¿Por qué el destino le había enviad esa prueba? ¿Despertaría ese kaizoku alguna vez? Había hecho todo lo posible por despertarlo del coma en el que estaba, pero no había tenido éxito. Sólo quedaba esperar.  Shuichi estaba recostado en su cuarto con la mirada perdida en el viejo techo de la habitación. Después de convencer a Keitaro de que lo que le pasaba se trataba de un común suceso hormonal y que lo único que necesitaba era descansar, se fue a su habitación.¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarle esto a él? Tanto que había renegado de los sentimientos que Ryuichi había desarrollado hacia el monstruo de su amo, y ahora él estaba en la misma situación.Una de sus manos viajó a su abdomen, posándose en la curva que revelaba su embarazo. Cerró sus ojos y suspiró.
«En qué lío me he metido...».
Era lo mejor. Si se hubiera quedado... No quería ni imaginar lo que sucedería. Primero lo enclaustrarían en un laboratorio. Debido a lo extraordinario de su condición, lo someterían a un sinfín de estudios. Le quitarían a su bebé y también le harían estudios al pequeño. La imagen le vino de golpe y abrió los ojos.—Fue lo mejor...Lo que más le dolía ahora, era estar lejos de él.Habiendo aceptado sus sentimientos, entendió a la perfección que el dolor que sentía en su pecho cada que pensaba en su amo era porque lo extrañaba y cada que pensaba en que iba a ser reemplazado, sentía celos.―Sabes... Me he dado cuenta de que... amo a tu padre... —En los últimos días había comenzado a hablar con su bebé. No tenía ni la menor idea de si era escuchado, pero no importaba. Disfrutaba haciéndolo—. Pero no podemos estar con él... Yo cuidaré de ti. No te faltará nada, yo me aseguraré de ello. Seremos sólo tú y yo... Ah, y tu tío Hiro y también tu tío K... ¿Qué opinas? —preguntó con voz jocosa como esperando una respuesta.Entonces sus pupilas se dilataron y su respiración se cortó. Sí, no se equivocaba, lo había sentido... Volteó a ver su vientre... Sí... Ahí estaba otra vez...Una lágrima surcó su rostro...Su bebé estaba pateando.

----- CHAPTER BREAK -----

Ya entrada la noche, Tatsuha observaba —o al menos lo intentaba—, cómo Takako era tomado por un esclavo alto, moreno y con buen cuerpo. Takako se desvivía gimiendo, tratando de sostenerse con sus manos apoyadas en el suelo mientras era embestido con fuerza. Su mirada viajaba continuamente hacia su amo. Los ojos negros estaban fijos sobre él, pero no era igual que siempre. Su mirada solía ser lujuriosa, intensa y hambrienta. Ahora se veía impaciente y hasta cierto punto, distante.¿Qué estaba sucediendo? ¿Ya no lo excitaba igual que antes?Aguantando con uno de sus brazos, comenzó a tocarse, sobando sus pezones y tomando su pene para proporcionarse placer, mientras aumentaba sus gemidos. Su vista barrió a los kaizokus que lo observaban. Era fácil distinguir a kaizokus rectos de kaizokus caídos.Los primeros asistían a exposiciones de esclavos como si fuera una exposición de caballos. Presumir lo bien cuidados que estaban sus esclavos y su "pedigrí", era la finalidad. Sus miradas eran serias y evaluadoras.Los segundos eran diferentes. Antes eran una minoría, sin embargo, en los últimos meses, el número había aumentado, considerándose un secreto a voces. Sus miradas anhelantes y hambrientas los delataban. Hombres y mujeres por igual parecían querer aprender las técnicas para después ponerlas en práctica. Él lo sabía. Muchos kaizokus querían ser sus dueños. Estando en el clímax de su vida como esclavo, sus técnicas eran envidiables. Era capaz de satisfacer a cualquiera, pero desde que ese enano había llegado a la mansión, las cosas habían empezado a cambiar.No pudo seguir pensando pues el orgasmo le llegó de golpe, nublándole los sentidos. Ese esclavo sí que era bueno. Su acelerada respiración fue acompañada por una mano sobre su hombro y una sedosa voz que golpeó su oído, sintiendo después una nalgada.—Estuviste estupendo... Estás muy apretado... Fue muy placentero...Takako hizo una mueca. Se separaron y ambos siguieron a uno de los encargados de los cleaners para asearse.Cuando ambos esclavos se fueron dejando la tarima sola, un kaizoku de mirada ardiente volteó a ver a Tatsuha.—Estupenda la actuación de tu esclavo Tatsuha... Habrías de prestármelo en alguna ocasión...Tatsuha volteó a ver al kaizoku que le hablaba. Sus ojos estaban velados en lujuria. Sin ninguna duda podría afirmar que era un caído igual que él...—Claro... No hay problema... Cuando gustes... —contestó con voz neutral.  En la zona de esclavos, Takako esperaba a que el cleaner terminara de recorrer su cuerpo para vestirse pues podía sentir una mirada depredadora sobre su cuerpo, la del esclavo con quien había tenido sexo hacía unos minutos.El humano frente a él, que lo atendía en ausencia de Noriko, manipulaba el cleaner con maestría y cuando terminó tomó su traje de esclavo y comenzó a vestirse.Cuando el otro esclavo se encontró totalmente ataviado con su uniforme de esclavo, se acercó a él y extendió su mano.—Soy Kaoru. ¿Cuál es tu nombre?Takako volteó a ver al esclavo mientras terminaba de vestirse, dirigiéndole una mirada despectiva, examinándolo con sus ojos mieles. Era más alto que él por unos diez centímetros. Su corta cabellera de un tono negro azulado se movía con gracia cada vez que inclinaba la cabeza y sus ojos, tan negros como una noche sin estrellas no le quitaban la mirada de encima.—¿Para qué lo quieres saber? Ya tuvimos sexo, no veo necesario que hablemos más.Sus palabras estaban cargadas de arrogancia y acidez, dejándole en claro al otro sus intenciones.—Yo no estoy de acuerdo con eso.—¿Qué te hace pensar que estás a mi altura? —masculló con desdén—. Mi amo es un kaizoku de alto rango, considérate afortunado de haber gozado la dicha de haber tenido sexo conmigo. Lo más seguro es que nunca se repita.Takako caminó con la cabeza en alto, pasando enfrente del esclavo con rumbo a la salida para volver con su amo, cuando sintió un jalón en la muñeca. Después, unos fuertes brazos envolvieron su esbelta cintura y unos cálidos labios cubrieron los suyos.El movimiento lo tomó por sorpresa y pudo reaccionar unos segundos después cuando una envalentonada intrusa quiso entrar en su boca. Entonces tomó fuerzas y empujó al otro mientras se abrazaba a sí mismo sintiéndose ultrajado, y un furioso sonrojo invadía sus mejillas.—¡¡Idiota!!Se fue con paso apresurado sin voltear atrás para sentarse en su cojín a la diestra de su amo. Tatsuha sólo vio llegar a su esclavo sin tomar en cuenta su desgarbado aspecto.Desde donde se encontraba, Kaoru tenía una vista perfecta de Takako y de sus movimientos nerviosos y vacilantes. Le parecía interesante y llamativo. Era la primera vez que observaba a otro esclavo de esa manera. Su piel lechosa y sedosa al tacto. La manera en que se desenvolvía durante el sexo, arqueando su espalda, moviendo sus caderas y gimiendo como animal en celo. Cómo su piel se había aperlado al alcanzar el orgasmo y había apretado su interior.Definitivamente le atraía.Sin embargo, no le pasó desapercibido la mirada que su propio amo le dirigió a Takako y se sintió un poco nervioso.  Cuando regresaron a su mansión, Takako esperó órdenes de su amo. Al estar Ryuichi imposibilitado por fiebre, el esclavo esperaba que su amo le pidiera pasar la noche con él. Necesitaba que su amo le quitase de la mente aquel esclavo que le había robado un beso. Necesitaba una distracción. Lo único que obtuvo fueron un par de palabras a manera de una orden no deseada.—Ve a tu habitación.Takako se descolocó un poco con la orden, pero aún así obedeció y al minuto siguiente, había desaparecido de la vista de su amo, yéndose a enclaustrar en sus aposentos.Tatsuha se dirigió a la habitación donde reposaba uno de sus esclavos. Sus pasos lentos y sigilosos dejaban un eco por los pasillos que resonaban en la oscuridad. El astro rey se había escondido por completo hacía unas horas, dejando a su paso una lluvia de estrellas surcando el firmamento.Cuando llegó a la habitación de su esclavo y abrió la puerta electrónica, se encontró con una visión que no le gustó. Su ama de llaves sentada en una silla con el torso medio recostado sobre la orilla de la cama, su cabeza apoyada sobre uno de sus brazos cuya mano sostenía la mano izquierda de Ryuichi.Se encontraba dormida. Su mirada viajó a ese par de manos que se mantenían firmemente unidas y un incómodo calor se alojó en su pecho. Sus ojos se estrecharon.―Noriko.Su voz fría y dura logró despertar a la ama de llaves quien, dándose cuenta de su posición, se paró rápidamente soltando la mano de Ryuichi en el proceso y juntando sus manos tras su espalda.—A... Amo... No lo escuché llegar...—Sí... Me di cuenta de eso...Su voz era ácida y llena de un sentimiento que Noriko no pudo descifrar, al igual que sus ojos que parecía más oscuros que antes. Sin quitar la vista de su ama de su ama de llaves, Tatsuha caminó con paso lento hasta quedar a la derecha de la cama donde Ryuichi reposaba, justo frente a Noriko.—¿Ha despertado?Con un miedo palpable en su voz, Noriko contestó.—Hace unas horas, estuvo despierto por unos minutos y después se volvió a dormir. Su temperatura bajó un poco, pero sigue arriba de lo normal.Tatsuha volteó a ver a Ryuichi. Su respiración era lenta y parsimoniosa y tenía las mejillas arreboladas. Su piel estaba cubierta por una finísima capa de sudor. Sobre su fuente reposaba una tela que siempre se mantenía húmeda mediante un polímero que no permitía la evaporación de líquidos, por lo que evitaba la necesidad de estarla remojando con agua fresca.Se quedó viendo por unos instantes a su esclavo. ¿Por qué no había disfrutado tanto viendo a Takako en la exposición? ¿Por qué razón, el ver a su mejor esclavo jadeando de placer, no lo hizo sentir absolutamente nada?Volteó a ver a Noriko que no se había movido de su lugar y sólo lo veía atentamente.—¿Sigues aquí?Noriko espabiló y salió del trance en el que se encontraba, y dándole una rápida ojeada a su amigo, hizo una leve reverencia a su amo para después salir de su habitación.«¿Qué fue eso?».Fue la pregunta que cruzó por la mente de Noriko al salir y recargarse en la pared contraria del pasillo que a esas horas de la noche se encontraba ya completamente desierto.¿Qué era eso que había visto en la mirada de su amo? Una mezcla de confusión y ansiedad se había anidado en la negra mirada y había ocurrido en el momento en el que sus ojos se habían posado en Ryuichi.Volteó a ver la puerta que ahora estaba cerrada con su amo adentro y suspiró. Sólo esperaba que su amo no cometiera durante la noche una locura, ahora que Ryuichi había comenzado a sanar.  Dentro de la habitación, Tatsuha seguía parado a la derecha de la cama. Observaba con atención la respiración acompasada de su esclavo.Lentamente se fue inclinando, doblando sus piernas, hasta quedar sentado a la orilla de la cama. Su mano izquierda viajó a la mejilla de Ryuichi y con el dedo índice recorrió la suave y tersa piel en una dulce caricia nada propia de un kaizoku.Ryuichi se removió en sueños e inconscientemente recargó su rostro sobre la mano que lo había tocado.—Amo...Los labios de Ryuichi pronunciaron aquella palabra en sueños, mandándole a Tatsuha un escalofrío que no supo descifrar.—¿Qué me está pasando?Tatsuha necesitaba respuestas y sólo había una persona en la que confiaba lo suficiente como para preguntarle asuntos de esa índole... Su hermano.  —Buena suerte.Hiro se despidió en la puerta principal de la mansión Uesugi para después ver a Claude partir en su vehículo particular. El auto enfiló por la calle principal desapareciendo a los pocos segundos de su vista. Ese día Claude empezaría a rebuscar en la terminal de Mitsu toda la información que pudiese obtener sobre los humanos y los kaizokus.Cuando Claude se encontró en el laboratorio, Mitsu le dio acceso a su base de datos central. Le tomaría varios días revisar todo aquel cúmulo de datos que Mitsu había logrado juntar, y lo mejor era empezar cuanto antes.  —Buenos días Shuichi... Hoy te vez radiante. ―Y vaya que era verdad.Esa mañana Shuichi había amanecido diferente. Después de haber aclarado sus sentimientos la noche anterior, a pesar de saber que estaba alejado de él, en esos momentos, se sentía tranquilo. Una presión de incertidumbre había desaparecido de su pecho.—¿Qué se te antoja para desayunar Keitaro?Una de las obligaciones que se había autoimpuesto desde que había llegado era la elaboración de los alimentos. Tenía que admitir que no era un cocinero de primera, pero recordando la época en que vivía solo y que debía procurarse alimento a sí mismo, no cocinaba tan mal.—Lo que tú quieras Shuichi.—Tengo antojo de hot cakes —dijo con una sonrisa mientras ingresaba a la cocina y empezaba a cocinar, tiempo que Keitaro aprovechaba para ordenar su consultorio a espera de sus pacientes.—El desayuno está listo —anunció pocos minutos después.Keitaro entró a su humilde cocina, encontrándose con un suculento desayuno. Servidos en platos, dos torres de hot cakes, una el doble de la otra. —Se imaginaba que la más grande era de Shuichi—, fue lo primero que vio en la mesa. Había además fruta cortada con miel y avena, jugo de frutas, leche y café.—Nos levantamos con hambre —agregó con una sonrisa que fue correspondida y sentándose, ambos empezar a comer―. ¿Qué sucedió Shuichi? Te ves más animado que otros días.Shuichi dejó su tenedor y volteó a ver al doctor. Lo consideraba una persona de confianza y quería contarle a alguien. En vista de que no vería a Hiro hasta dentro de dos semanas más, se abriría un poco al doctor.—Ayer... Me di cuenta de que... Amo a mi antiguo amo.Keitaro detuvo su tenedor que estaba a punto de entrar a su boca y abrió los ojos en sorpresa. Shuichi había continuado comiendo como si nada pasara, sonriendo cada que los trozos de hot cakes bañados en miel tocaban su paladar.—Shuichi... Ese es un sentimiento muy bonito... Pero dada tu situación actual...—Sé cuál es mi situación actual. —La sonrisa de Shuichi se entristeció un poco—, pero quiero ver el lado positivo del asunto... Este sentimiento me hace feliz... Me llena por dentro... Además, estoy embarazado, tengo un pedacito de él conmigo, aunque él no lo sepa... Nunca estaré sólo...El rostro de Shuichi volvió a brillar y Keitaro comprendió que trataba de ser fuerte y él por supuesto, lo apoyaría.  "El genoma humano contiene aproximadamente de 25,000 genes...""Esperanza de vida dependiente de la zona y estatus social, periodo aproximado de 80 años...""Base genética: ADN..."Claude estaba abrumado.Llevaba unas cuantas horas revisando documento tras documento, y todo lo que había visto hasta el momento le indicaba, a grandes rasgos, una enorme similitud entre kaizokus y humanos.No había revisado ni siquiera el cinco por ciento de la información que la supercomputadora albergaba y ya había saltado a esa conclusión. Estaba impresionado del trabajo de Mitsu. Si todos esos datos eran correctos, sería el acabose de la supremacía de Tohma sobre la raza humana.Le tomaría tiempo obtener resultados concluyentes, pero no estaba solo. Hiro lo apoyaba, Sakano y Suguru también. Estaba seguro de que Eiri también le brindaría su ayuda con el tiempo. Además, el Mitsu virtual se comportaba como si en realidad tuviera a su viejo amigo ahí con él.Sería difícil pero no imposible...  Ryuichi suspiró y abrió sus ojos. Estaba oscuro, sin embargo, una pequeña lámpara alumbraba la habitación dejándola en una leve penumbra. Se sentía cansado y un poco mareado. Iba a mover su mano para tocar su frente, pero no lo logró. Se incorporó un poco y lo que vio lo desconcertó. Tomando su mano, Tatsuha se encontraba recostado a su lado, profundamente dormido.—Debe ser otro de mis sueños...Totalmente convencido de ello, se acurrucó sobre aquel cuerpo que no soltaba su mano y volvió a dormir, sin imaginarse si quiera que esa situación, era real.

----- CHAPTER BREAK -----

Al tercer día, Ryuichi ya se encontraba en perfectas condiciones. Su temperatura había regresado a la normalidad y sus heridas estaban completamente sanadas. Comía su desayuno alegremente en su habitación. Se había negado renuentemente a la petición de Noriko de comer en el comedor de esclavos junto con todos los demás, pero Ryuichi sabía que Takako se encontraría ahí y no tenía ganas de verlo, y menos que aprovechara la oportunidad para restregarle en cara lo bien que se la había pasado teniendo sexo con su amo durante los tres días en que su salud había sido menguada, sabiendo las ansias de sexo que tenía su amo.Esto sólo había sido posible porque Tatsuha había salido muy temprano de la mansión. Tohma lo había llamado para que fuera a suplir el lugar de su hermano mayor en la empresa. Esa llamada había lo extrañado. Eiri era el que se encargaba de la empresa mientras Tatsuha seguía en entrenamiento.Uesugi Corp, la empresa multinacional, había detenido sus funciones sin mayor razón aparente que la ausencia prolongada del director general. Cuando Tatsuha preguntó qué había sucedido con su hermano, los empleados le dijeron que el rey kaizoku había informado de la indisposición de Eiri Uesugi y que faltaría unos días, sin especificar cuándo regresaría.  —¿Por qué no me dijiste nada?Tatsuha estaba exaltado. Había ido a la oficina de Tohma a preguntarle, o mejor dicho, reclamarle por qué no le había dicho que Eiri estaba ausente en la empresa.—Deja esas tontas emociones Tatsuha. No son propias de un kaizoku. —Tatsuha inspiró y expiró sonoramente unas cuantas veces, normalizando su expresión y obligándose a tranquilizar sus bríos—. Eso está mejor... Eiri se encuentra un poco indispuesto pero no es nada de gravedad, así que no te alarmes y te recomiendo que lo dejes en paz. Por otro lado, no te había hablado porque la empresa se había estado sosteniendo muy bien sola, pero hay transacciones que requieren forzosamente la firma de un Uesugi y no quiero entrometerme en esos asuntos para no perder el orden, además de que Mika se encuentra fuera de la ciudad. Ahora, lo mejor es que regreses a la compañía y arregles todos los asuntos pendientes, como el Uesugi que eres.Tatsuha salió de la oficina con paso apresurado para regresar a Uesugi Corp. Ya más tarde iría a visitar a su hermano. No había creído por completo la historia de Tohma.Tohma se había quedado tranquilo. Conocía a Tatsuha Uesugi a la perfección, siempre despreocupado como era por asuntos familiares y sabía que al final no le tomaría importancia al asunto. Estaba equivocado.  —Tócalo Keitaro, aquí están sus deditos.Keitaro estaba maravillado. Una cosa era saberlo y una muy diferente era verlo en acción.A los diez días aproximadamente de cumplir los cuatro meses de embarazo, Keitaro despachaba un paciente cuando un Shuichi, vestido de enfermera había casi corrido hacia él, con su ahora notable vientre, diciéndole que el bebé se estaba moviendo.Se había desabotonado la blusa blanca para mostrarle como un diminuto pie se proyectaba sobre la delgada piel del estómago. Se alcanzaban a ver los cinco deditos del pie izquierdo del bebé.—Ouch.Un giro del feto hizo que Shuichi se quejara y el pie desapareciera.—Es fascinante —argumentó el doctor.Shuichi internamente hubiera deseado con toda el alma compartir ese momento tan especial con el padre de su criatura.  El sol se ocultaba sobre el horizonte, lanzando sus últimos destellos de luz antes de desaparecer por completo, dejando a las millones de estrellas cubrir con su brillo la negrura infinita del firmamento.Tatsuha iba saliendo de Uesugi Corp. La ausencia de su hermano sí había hecho mella en la empresa contrario a lo que Tohma le había dicho. Tendría que seguir yendo a la empresa por unos cuantos días. A él aún le faltaba entrenamiento en esa área, pero se había podido desenvolver con fluidez, después de todo, se trataba de su patrimonio.Entró en el asiento de pasajeros de su auto y se acomodó despreocupadamente sobre el asiento. Estaba cansado y necesitaba relajarse, y ya sabía quién le ayudaría en ello. Noriko le había confirmado que Ryuichi había amanecido en perfectas condiciones, pero eso sería más tarde, antes tenía que hacerle una visita a su hermano.  Anochecía y Ryuichi extrañaba a su amo. Se encontraba en la piscina de la mansión. Sobre él se podía ver, a través del techo de cristal, las estrellas brillar por el firmamento. Suspiró.Había logrado evadir a Takako durante todo el día, y ahora sólo deseaba ver al dueño de su corazón. Suspiró de nuevo. No podía evitar amar a aquel ser que le causaba tanto daño físico y psicológico. Su corazón sangraba cada vez que su condición de esclavo le era recordada."Vamos mueve esa boca esclavo...""Gime como el esclavo que eres...""Eres mi esclavo, no lo olvides..."Todas esas palabras se le clavaban en el corazón como dagas, pero no podía dejar de amarlo. Sabía que habría un momento en que su cuerpo no aguantaría. Ya no era un jovencito, pero mientras tanto, estaría todo el tiempo posible con su amo, hasta que su cuerpo desistiera o hasta que su amo se cansara de él.Nadó hacia la orilla de la alberca y llegó hasta el borde, dejando su cuerpo totalmente desnudo, flotando en las cristalinas aguas que eran iluminadas por fuentes de luz artificiales, creando un efecto casi místico por las ondulaciones.Escuchó que una de las puertas del recinto se abría, haciendo un eco de sonido electrónico similar a un bit. Estando de espaldas, no se molestó en voltear a ver quién había llegado.
«De seguro es un sirviente».
—Hola enano. ―Esa voz... Esa odiosa voz con su tono arrogante y ácido que había estado evitando toda la mañana, al fin se había hecho presente.Ryuichi volteó, sólo para ver como entraba un Takako envuelto en una bata de baño. Caminó hacia la orilla con paso petulante y se acercó a un camastro, quitándose la delgada tela, mostrando una desnudez igual a la de Ryuichi. En un abrir y cerrar de ojos se lanzó al agua, interpretando un salto en el aire, arqueando su espalda y cayendo en un clavado perfecto.Ryuichi lo observó con impaciencia. «Sólo quiere lucirse».Decidió que era hora de salir de ahí. No le gustaba compartir tiempo con aquel esclavo que desde un principio se había mostrado renuente a su presencia en aquel lugar.Ya estaba subiendo por una escalerilla para salirse cuando de pronto, una mano sujetó uno de sus tobillos y lo jaló fuertemente, enviándolo al agua de golpe. El súbito movimiento le hizo tragar una bocanada de agua, haciendo que le ardieran los pulmones al boquear para tratar de obtener oxígeno.—¡¿Qué te pasa?! —gritó Ryuichi entre boqueadas y aspavientos. Su respiración se había acelerado y sus mejillas se tiñeron de escarlata.Takako sólo río.  En pocos minutos, Tatsuha se encontró frente a la grande e imponente mansión Uesugi. Hacía meses que él no iba a ese lugar. La verdad era que la familia Uesugi no era muy unida, tomando en cuenta que los kaizokus no tendían a mostrar sentimentalismos hacia la familia.Cuando el patriarca Uesugi y su mujer fallecieron en un accidente provocado por humanos, y Mika se había casado con Tohma para afiliar Uesugi Corp a NG, Eiri tomó el rumbo de la compañía y se quedó con la mansión. Tatsuha, queriendo su propio espacio, con su parte de la compañía se había independizado a los catorce años.Desde entonces, las veces en que veía a su hermano se reducían a las ocasiones en que Tohma los citaba para revisar las acciones de la empresa, y recientemente en las exposiciones, aunque su hermano casi no iba, y él había dejado de ir tan seguido.Bajó del vehículo. Con una oración le indicó a su chofer que regresara hasta que él se lo indicara. El automóvil arrancó y él se enfiló a la entrada. Cuando se encontró delante de la puerta, ésta se abrió dejando ver a quien supuso era el mayordomo.—Buenas noches joven Tatsuha. Mi nombre es Hiro y soy el mayordomo de la mansión.Hiroshi hizo una venia mostrando sus respetos al kaizoku y se apartó un poco para permitirle el paso.—¿Dónde está mi hermano?Hiroshi dudó un poco en contestar.—El amo Eiri se encuentra indispuesto en estos momentos, no creo...—¿Tatsuha? —Una voz grave los interrumpió y ambos voltearon a ver a Claude que iba bajando de un vehículo. Con paso apresurado llegó al pórtico, y posándose a la izquierda de su pareja, encaró a Tatsuha.—¿Qué haces tú aquí? ―Tatsuha habló con una voz fría y seria.Ese kaizoku no le agradaba mucho. Lo conocía muy poco y de lo poco que sabía, era que era amigo de Eiri y que estuvo indispuesto y fuera de la vista de cualquier otro kaizoku por casi tres años.Claude no conocía mucho al menor de los Uesugi y no sabía a qué atenerse. Sabía que tenía un gran harem y que cambiaba de esclavos constantemente. Sin duda un caído. Amante del sexo y la sumisión de esclavos. Debía mantener un bajo perfil.—Estaré viviendo aquí unos días. Tengo unos asuntos que arreglar con Eiri.—¿Dónde está mi hermano? ―Volvió a preguntar con impaciencia.—No creo que sea el mejor momen―—¡¿Dónde está mi hermano?!El elevado tono de su voz y la postura de su cuerpo desconcertaron a la pareja. Era extraño que un kaizoku se expresara de esa manera. Demasiado humana. Su mirada gélida estaba enfocada en él.
«Podría ser posible que él...».
—Acompáñame Tatsuha. Te llevaré con tu hermano.Hiroshi volteó a ver a Claude con la mirada desorbitada y un velo de miedo en sus ojos. ¿Qué pretendía al llevar a Tatsuha a ver a su hermano en esas condiciones? ¿Tendría algún plan? Eso supuso al ver el brillo en su mirada. Sabía que no lo había saludado como siempre por la presencia del kaizoku. Ya hablarían cuando Tatsuha se fuera.Caminaron a paso lento por los pasillos donde las luces ya estaban encendidas para espantar la oscuridad. Sus pasos resonaban en un lúgubre eco  por todo el corredor.―Aquí es.Se detuvieron frente a una habitación que Tatsuha reconoció como la que solía ser de sus padres. No se sorprendió. A un movimiento de Claude, la puerta se abrió. La habitación estaba levemente iluminada por una luz mortecina.—¿Eiri? —Tatsuha avanzó con paso trémulo hacia donde se dibujaba la silueta inmóvil de su hermano junto a la ventana—. ¿Eiri? —Volvió a preguntar. Con pocos pasos se encontró frente a él. Se veía más delgado, no había duda. Cuando pudo ver su rostro en un reflejo de luz, se asustó—. ¡¿Qué...?!¿Qué era eso? Esos ríos en sus mejillas. ¿Por qué sus ojos estaban rojos? Tal y como Ryuichi... ¿Qué significaba eso?—Él está ahí... —La voz cansada de Yuki se escuchó, causando un sobresalto en los presentes—. Él está ahí... Lo sé... Él regresará...—Acompáñame Tatsuha —habló Claude, no quería que la presencia de Tatsuha causara estragos en Eiri cuando apenas mostraba una mejoría.—¡No! ¡Exijo que me expliques qué pasa aquí! —Claude volteó a ver a Hiroshi, pidiendo en silencio que le dejara todo a él—. ¡¿Por qué mi hermano está así?!—¡Cállate Tatsuha! —Todos voltearon a ver con asombro al dueño de la voz—. Lárguense. Déjenme solo.Las palabras fluían sin que Eiri se moviera. Su mirada seguía perdida, pero no había duda de que había hablado.—Acompáñame Tatsuha. Te explicaré y te haré unas cuantas preguntas. Vamos al salón ―insistió Claude. Algo renuente, Tatsuha lo siguió fuera de la habitación con dirección al salón de té.Dentro de la habitación, Hiroshi se acercó a su amo y posó su mano sobre el hombro del kaizoku causándole un imperceptible sobresalto.—Amo... Olvídelo... Es mejor que lo olvide... Siga su vida... Consiga a otro esclavo...Hiroshi sabía que el kaizoku no lo escucharía, pero debía intentar.—No Hiro... Él regresará... Él regresará...Hiroshi suspiró. Era más de lo que había hablado en todo el tiempo que habían pasado desde la partida de Shuichi. Le dolía verlo así. Al punto del colapso emocional. Cuando viera a Shuichi le diría unas cuantas cosas.Salió de la habitación, cerrándola y se fue a buscar a su amado al salón.  —Ponte cómodo Tatsuha.Tatsuha se acercó a una de las grandes pinturas que engalanaban el salón. Cuando vio que Hiroshi entraba, llamó su atención.—Hey mayordomo. Tráeme algo de tomar.Algo impresionado por el tono hosco del kaizoku, preguntó―: ¿Qué desea joven Tatsuha?—Una bebida fuerte, lo que sea.—En seguida.Hiroshi hizo una venia y volteó a ver a Claude quien se había sentido ofuscado por la manera en que Tatsuha se había dirigido a él, pero debía guardar las apariencias, al menos por el momento.Se dio cuenta de que Hiroshi lo veía fijamente. Como mayordomo, debía ver por las necesidades de sus amos, y era evidente que esperaba que le pidiera algo de tomar.—Trae un poco de té, por favor.Tatsuha, quien se había enfocado a ver por una de las ventanas, volteó a ver como el mayordomo salía de la estancia para inmediatamente voltear a ver a Claude.—Es sólo un sirviente, no hay que pedirle las cosas así.—Siéntate, Tatsuha. —Con renuencia, Tatsuha se sentó en un cómodo diván de manera desordenada mientras Claude se acomodaba en sillón frente a él—. Antes de que hablemos de Eiri, quiero que me expliques esa reacción tuya de hace unos momentos.Tatsuha se hundió de manera incómoda en el diván y eludió su mirada.—No lo sé... No sé qué pasó.—Yo creo saberlo... ¿Has tenido algún esclavo o sirviente nuevo últimamente?

----- CHAPTER BREAK -----

—Yo creo saberlo. ¿Has tenido algún nuevo esclavo o sirviente últimamente? —El semblante de Tatsuha cambió. ¿Un esclavo nuevo? ¡Claro que tenía un esclavo nuevo! Y vaya esclavo. Uno muy excitante, sensual y complaciente. ¿Pero eso qué tenía que ver en todo esto?—. Puedo ver por tu actitud que no estoy del todo equivocado.¿Qué planeaba? ¿Ponerlo en ridículo?—Eso no―—¿Sientes algo por esa persona?Eso lo descolocó. ¿Sentir? ¿Sentir qué? ¡¿Lo estaba comparando con un humano?!—¡¿Sentir?! ¡¿De qué estás hablando?!Unos toques en la puerta llamaron la atención de ambos. Ante la afirmación de Claude, permitiendo el acceso, las puertas del salón se abrieron nuevamente, mostrando la estilizada figura del mayordomo cargando una bandeja con lo que habían encargado. Se acercó a los kaizokus notando al instante el ambiente extremadamente tenso de aquella habitación. Posó la bandeja sobre una pequeña mesa. Tatsuha inmediatamente tomó su bebida para darle un buen trago, casi terminando con el líquido ambarino y cerrando los ojos al saborear el licor.Hiroshi preparó una taza de té de manzanilla agregándole una pisca de azúcar como sabía que le gustaba a Claude y le pasó la taza, viendo con deleite como tomaba un sorbo y suspiraba deleitándose con e suave sabor.―¿Sigues aquí?Hiroshi volteó a ver a Tatsuha quien lo observaba con el ceño fruncido. Se puso de pie dispuesto a retirarse. Como mayordomo, ya no tenía nada más que hacer ahí pues era una reunión entre kaizokus y su presencia ya no era requerida.—Aguarda Hiro...Toma asiento.Las pupilas de Tatsuha se dilataron—¡¿Qué?! ¡¿Qué pretendes K?! ¡Esto es privado!—Tatsuha... Lo que vamos a hablar es un tema muy delicado y voy a confiar en tu madurez y amplio criterio. Necesito que me prometas que lo que hablaremos aquí no saldrá de estas cuatro paredes.Tatsuha frunció el entrecejo y sólo asintió brevemente.Claude no estaba muy seguro, pero aún así, no había de otra. Sólo le quedaba confiar en ese instinto de hermandad humana que en los kaizokus estaba minimizado.—¿Sientes o no algo por esa persona?La voz de Claude era terminante. Sí o no. Tatsuha razonó su respuesta. ¿Sentía algo por Ryuichi? ¿Pero qué podía sentir? ¿Deseo? ¿Lujuria? ¿Qué sería esto diferente a lo que había sentido con otros esclavos? Takako, por ejemplo. Aunque ahora que razonó, en los últimos meses casi no lo había tocado. Algo había, estaba seguro. Algo era diferente con Ryuichi. Aun así, respondió.—¿Y que si así fuera?Hiroshi abrió los ojos sorprendido y Claude formuló una sonrisa. Tatsuha prácticamente estaba confesando. Claude comprendió la sombra de duda que se había instalado en el rostro del otro. Siendo un kaizoku criado bajo el yugo de Tohma Seguchi, su aversión al conocimiento de los nobles sentimientos humanos era palpable, pero no debía olvidar que Tatsuha aún era un pequeño kaizoku de dieciséis años. Aún era rescatable.—Tatsuha... ¿Qué sabes de un kaizoku llamado Mitsu?—¿Mitsu? —Observó al mayordomo que ahora se encontraba sentado al lado del kaizoku. Su presencia le incomodaba. Esta era una charla a su parecer, privada. Trató de hacer memoria de dónde había escuchado ese nombre—. Sólo escuché ese nombre una vez... En una sesión con Tohma... Alguien que hacía investigaciones que a la compañía no le convenían.Eso terminó por confirmarle a Claude sus sospechas. Algo le habían hecho a Mitsu. Ya averiguaría después.—Mitsu fue un gran amigo mío y conocido de Eiri. Un kaizoku de nivel medio. En los últimos años le había entrado la curiosidad de saber porqué nos parecíamos tanto a los humanosTatsuha comenzó a ponerle atención seriamente. Tenía curiosidad. Claude decidió que le contaría... Una parte de la historia al menos, hasta que fuera seguro revelarle el resto de la información.―Lo habrás notado... Nuestra fisiología, nuestro comportamiento, algunas costumbres... La libido... Con el tiempo inclusive hemos llegado a copular con ellos por placer, al menos los que nos hemos "rebajado" a hacerlo. ¿Te habías dado cuenta?Tatsuha reflexionó. Era algo tan obvio que nunca se lo había preguntado. Estaba acostumbrado a tratar a los humanos como escoria, simples y llanos objetos de placer. Eran muy similares, sin embargo, Tatsuha se había empeñado en ocultar tal obviedad. Entonces se dio cuenta de algo.—¿Qué quieres decir con "hemos"? ¿Qué te hace pensar que yo...? ¿Acaso tú...?Las dudas se agolpaban en la mente de Tatsuha impidiéndole coordinar sus ideas. Claude suspiró.—Sé que eres uno de los kaizokus caídos Tatsuha. Basta con ver tu mirada en las exposiciones. No es la misma a la de la mayoría de los kaizokus. Hambrienta... Llena de deseo... Yo te entiendo...—Tú--La pregunta de Tatsuha estaba implícita. Claude asintió.—Así es... Yo también soy un caído...Tatsuha no cabía en sí de la impresión. ¿El todo correcto Claude, un caído? No lo conocía muy bien, pero sabía de él por su hermano. Era un kaizoku con una vida normal, que solía tener un solo esclavo y sólo iba cuando era estrictamente necesario.Creer que un kaizoku tan... "correcto" como él, pudiera ser un caído... No terminaba por entenderlo...―Creo que te sorprendes...Hiroshi también lo estaba. Confesar información de esa índole era demasiado arriesgado. Sobre todo, con alguien como Tatsuha, que no sabía cómo podría utilizar esa información. Volteó a ver a su amado. No podía interpretar su rostro. Sintió miedo.  —Shuichi...Eiri seguía con la mirada perdida sobre la ciudad. Su roto corazón le decía que esa persona importante estaba ahí, en algún lado.«Persona importante...».Por qué dolía tanto...«¿Por qué su ausencia me lastima tanto...? Siento mi corazón romperse en miles de pedazos al pensar que no volverá. ¿Qué es esto? No lo entiendo. Sólo quiero que vuelva. Quiero sentirlo de nuevo en mis brazos. Volver a juntar mis labios con los suyos. Sentir su piel bajo la mía. Tenerlo a mi lado».Una nueva tanda de lágrimas rodaba por sus mejillas. Ya había perdido la cuenta de cuántas lágrimas había derramado. Cuántas veces había llorado por la ausencia de esa persona.Cuantas veces sus ojos se habían cerrado, consumiéndose en la oscuridad, soñando con unos hermosos ojos y una bella sonrisa.Suspiró.«Volverá... Sé que volverá...».Ese pensamiento se aferraba a su mente, no queriendo desaparecer.  Tatsuha se levantó de su lugar y caminó por la estancia. Necesitaba reacomodar sus ideas.—Veo que tenemos los mismos gustos. —Trató de que su voz sonara segura, arrogante, contrario a la flaqueza que lo comenzaba a invadir—. Los humanos son excelentes prodigando placer...—Tatsuha, lo que está sucediendo va más allá de obtener placer de un humano.Mientras Tatsuha estaba volteado, Claude alargó su brazo, atrapando una de las manos de un distraído Hiroshi, quien lo miró con inseguridad.
«¿Estás seguro?».
La muda pregunta estaba plasmada en su rostro. ¿Sería lo correcto revelarle a Tatsuha su situación? Si Tohma se llegara a enterar, fácilmente podría desaparecer a Hiroshi de la paz de la tierra.—Tranquilo. Todo estará bien —le susurró Claude de manera que sólo Hiroshi pudiera escucharlo, infundiéndole fuerza para el paso que estaba a punto de dar.Tatsuha volteó a ver a Claude y se sorprendió al verlos tomados de la mano. Rápidamente saltó a una conclusión.—Ya veo con quien has caído y cuáles son tus asuntos pendientes en la mansión de mi hermano —comentó con una voz ácida y una mirada petulante. Se acercó a Hiroshi y sus ojos recorrieron su cuerpo, como evaluándolo, haciendo que el otro se sintiera incómodo y rodeara su torso con sus brazos—. ¿Mi hermano sabe de esto? Espero que eso no interfiera en sus obligaciones como mayordomo. Mi hermano es muy exigente en ese aspecto. No es un mal espécimen después de todo.Tatsuha se había acercado al mayordomo y antes de que Claude se diera cuenta, había tomado una de las manos de Hiroshi, estirándolo y haciendo que se pusiera de pie para examinarlo bien.―Yo mismo podría considerar...—¡¡Ya basta Tatsuha!!Tatsuha detuvo su habladuría cuando sus manos soltaron a Hiroshi al ser éste jalado fuera de su alcance.—Pero ¡¿qué te sucede K?!Hiroshi estaba abrumado. Por unos momentos, su mente había viajado cuatro años atrás. Por unos segundos Tatsuha se había transformado en un hombre de cabellos castaños y ojos verdes de nombre Kaho. Sintió terror de que, por un momento, todo se repitiera de nuevo.—Escúchame bien Tatsuha —empezó Claude mientras rodeaba a Hiroshi con sus brazos. Vio el pánico en aquellos ojos azabaches y supo en ese mismo instante que tenía que ayudarlo, sacarlo de las garras de ese kaizoku hambriento de sexo—. Siéntate. —Su voz se había endurecido de nuevo. Se sentó de nuevo, jalando al otro en el proceso. Hiroshi hiperventilaba levemente—. Tranquilo Hiro. Todo está bien.—¡¿Qué demonios es esto?!—Tatsuha, te pido que tomes asiento y me escuches. —Renuente, Tatsuha regresó a su asiento, entonces Claude comenzó a hablar con voz seria y pausada—. Entre las múltiples investigaciones de Mitsu, una estaba enfocada a nosotros, los llamados... kaizokus caídos... —Había decidido no contarle lo de la relación filogenética de los kaizokus con los humanos, al menos por el momento—. ¿Por qué buscábamos contacto con los humanos?—Eso es obvio —lo cortó Tatsuha—. Por placer. Por el hecho de saber que es algo prohibido. Tohma nos impone lo contrario, pero aún así, si lo hacemos, no toma represalias mientras no se haga público.Claude no pudo evitar una leve sonrisa. Eso era exactamente lo que Tohma les decía a todos los caídos: "Puedes hacerlo, pero que nadie más se dé cuenta"—Eso es cierto, sin embargo, no es la verdadera razón. Ahora no puedo decirte mucho, pero con respecto a esa persona por la que pudieras "sentir" algo, sí puedo orientarte. Mitsu creía que los kaizokus tenemos un alma gemela.—¿Alma gemela?—Sí, alguien a quien nuestra biología selecciona, y con la que instintivamente deseamos pasar el resto de nuestros días.—Eso no es nuevo, los matrimonios...—No Tatsuha —lo interrumpió Claude, haciendo que frunciera el ceño—. No confundas esto con nuestros "matrimonios" con fines materiales. Esto va más allá que unir bienes y engendrar herederos en laboratorios. Se trata de una compenetración física, mental y emocional con la pareja. Como un lazo.Tatsuha estaba confundido ¿Un lazo? ¿Se había vuelto loco? ¿Acaso estar con ese humano le había robado la cordura?—¿De qué estás hablando?—Entre diversas especies animales, hay algunas que sólo tienen una sola pareja toda su vida y una vez que ésta muere, no vuelven a tener otra y en ocasiones mueren poco después de tristeza o depresión.—Ahora nos comparas con animales —agregó Tatsuha con cinismo.—Lo que trato de decir es que los kaizokus podemos tener un alma gemela, una pareja para toda la vida y que según las investigaciones de Mitsu, ésta suele ser un humano.Un incómodo silencio se instaló en la habitación. Tatsuha se quedó serio. Lo que siguió fue una risa. Una fuerte risa de incredulidad.—¡¿Estás demente?! ―chilló Tatsuha entre risas cínicas.—Esto es serio, Tatsuha. Los kaizokus establecemos una codependencia con los humanos y...—¡¿Codependencia?! —El semblante de Tatsuha había vuelto a cambiar, en esta ocasión adoptando un tono colérico—. ¡¿Te estás escuchando?! ¡¡Somos kaizokus!! ¡¡Los dueños del mundo!! Sólo queda una minoría de ellos que Tohma pronto se encargará de volver en esclavos. ¡¡Nunca dependeremos de los inmundos humanos!! ¡Ellos están para obedecernos!—Tatsuha...—¡¡No!! —Tatsuha se levantó y con paso decidido se dirigió a la salida del salón—. No pienso seguir escuchando más tonterías. Me voy.Claude se levantó del asiento dejando a Hiroshi atrás y siguió a Tatsuha en su rápida carrera hacia la salida de la mansión.—¡Tatsuha, espera! —En su persecución, Claude lo alcanzó en la puerta y atrapó su mano, deteniendo su avance—. ¡Prometiste no decir nada de esto!—¡Ni lo haré! —gritó moviendo su brazo para soltarse del agarre y reanudó su andar—. No quiero que me tachen de loco por esas estúpidas investigaciones. Un kaizoku y un humano codependientes. ¡Por favor!Tatsuha se dirigió a su vehículo que ya estaba estacionado en la entrada esperándolo.—Tatsuha, escúchame. —Tatsuha se detuvo en la puerta del auto y volteó a verlo—. Sólo te advierto que no hagas nada con esa persona de lo que después te puedas arrepentir.Tatsuha se quedó viendo a Claude por unos segundos para después meterse al auto.—Vendré después a ver a mi hermano.El auto pronto estuvo en marcha y se dirigió rápidamente a su mansión.
«Arrepentirme... Eso es absurdo...».
  Ryuichi respiraba trabajosamente mientras se sostenía del borde de la piscina. Cerca de él, Takako seguía riendo.Esa caída tan inesperada lo había asustado. Volteó a ver al joven esclavo que cínicamente seguía carcajeándose. Sabía de antemano que, si se ponía al tú por tú con él, no se lo quitaría de encima. Lo mejor era ignorarlo.Subió nuevamente la escalerilla con prisa y algo de vergüenza. Sabía que su cuerpo no era tan espectacular como el de Takako, siendo este alto y atlético mientras él era de baja estatura y poca musculatura. Un hombre común y corriente, más corriente que común.Se acercó al camastro donde había dejado su toalla y se enrolló con ella, cubriéndose hasta el pecho, costumbre que había adoptado desde hacía unos meses atrás por la timidez.—Vaya... Hasta te cubres como chica.Tan metido estaba en sus pensamientos que no se había dado cuenta de en qué momento Takako se había colocado detrás de su espalda. Peligrosamente cerca.—Yo ya me voy.Una mano se cerró sobre su muñeca.—No lo creo.Ryuichi volteó a verlo y lo desafió con la mirada.—Suéltame.—Claro...Lo soltó, pero no de la manera en que hubiera querido. En un ágil movimiento, había empujado a Ryuichi hacia el camastro.Un leve gruñido dolor soltó Ryuichi cuando su espalda golpeó el duro material, mas el ceño de dolor cambió a miedo cuando sus manos fueron apresadas por otra y un cuerpo se posaba sobre el suyo.—Sabes... Quisiera saber que tienes de maravilloso. Normalmente me corro en tu boca, pero ni para eso eres bueno... Quizás probándote sin que el amo esté cerca...—No...La voz de Ryuichi temblaba al ver la mirada lujuriosa del otro esclavo. Sus manos estaban fuertemente inmovilizadas y por más que las movía, no podía soltarse. Era en esos momentos cuando maldecía su debilidad.—No seas hipócrita, ya le has abierto las piernas al amo Tatsuha cientos de veces, no habría diferencia, te aseguro que soy igual de bueno que él.—No por favor.Ryuichi forcejeó más al sentir una mano subir por sus piernas y una lágrima recorrió su mejilla de impotencia.—¡¡Takako!!

----- CHAPTER BREAK -----

Claude observó como el auto de Tatsuha Uesugi se enfilaba por los terrenos de la mansión hasta llegar a la entrada y finalmente desaparecía de su vista. Entonces suspiró apresumbrado.Las cosas habían salido peor de lo que había imaginado y ahora su situación estaba en riesgo. Tohma podría enterarse de que él sabía de las investigaciones de Mitsu. No quería ni imaginarse qué sucedería. Sólo podía confiar ciegamente en el honor de Tatsuha como kaizoku ante las promesas.—Hiro... —Entonces recordó. Había dejado a su amado aún consternado en el salón, por lo que se apresuró hacia el lugar. Durante el trayecto se topó con un sirviente y lo detuvo para hacerle una petición—. Prepara la tina de mi habitación inmediatamente.—Sí, señor.Reanudó su andar en rumbo contrario al sirviente, y en pocos minutos estuvo de nuevo en el salón. Hiroshi seguía en la misma posición en la que lo había dejado y éste volteó a verlo cuando entró a la estancia con paso lento.—K...Hiroshi se levantó del sofá y corrió con prisas a los brazos de su amado quien lo atrapó en un cálido abrazo. Amaba esos brazos que conformaban el lugar más seguro que pudiera existir sobre la faz de la tierra para él.Suspiró.―Lamento mi comportamiento.La dulce voz se oyó temblorosa, casi sollozante.—Tranquilo Hiro. Vamos a tomar un baño.Claude se encargó de remover las ropas Hiroshi y las suyas cuando ambos se encontraron en el amplio baño de la habitación del kaizoku.—Ven...Estiró su mano para que Hiroshi pudiera tomarla y ambos se sentaron en la bañera. Hiroshi recargado sobre el fuerte pecho del otro.—K...—¿Hmm?—Te amo...Claude suspiró sonriente y depositó un beso en la ahora mojada cabellera.—Yo también... —respondió. Con lentitud y devoción. Claude se encargó de lavar cuidadosamente ambos cuerpos, depositando gentiles caricias sobre la suave piel del otro.—Por un momento... Recordé a Kaho...—Fue lo que pensé.—K... —Hiroshi volteó a verlo fijamente. Sus pupilas parecían brillar. Se acercó a él lentamente y atrapó los labios del otro en un corto beso—. Te necesito...Las palabras fueron concisas, demandantes, casi suplicantes. Sus cuerpos se movieron solos, saliendo de la bañera y secando sus cuerpos, llegando hasta la cama. Sus bocas siempre unidas.—Hiro...Claude abandonó sus labios y bajó por el cuello, mordiendo y lamiendo, reclamando esa ardiente y adictiva piel como suya una y otra vez. Con todo lo que había sucedido, no habían tenido la oportunidad de estar juntos en varios días. El deseo estaba a flor de piel y la situación era prometedora.Sus manos recorrían aquel cuerpo con maestría, tocando toda la piel que se le ofrecía. Se entretuvo un rato en la delicada y sensible piel de los pezones Hiroshi, besando, chupando y mordiendo suavemente, obteniendo deliciosos gemidos.—Aahh... más...Sus sentidos se deleitaban con tan ansiosas exclamaciones que no perdía tiempo en obedecerlas. Abandonó los pezones dejándolos completamente erectos y siguió bajando. Besó la tersa piel del abdomen y se movió hacia la cicatriz que adornaba la cadera de Hiroshi. Esa piel tan sensible era blanco perfecto de sus caricias.Hiroshi gimió cuando Claude se zambulló entre sus piernas atrapando su hombría. Su espalda se arqueó y sus manos viajaron a la rubia cabellera, tratando de imponerle un ritmo a esa deliciosa caricia. Su respiración acelerada y sus mejillas arreboladas indicaban cuan excitante era ese toque.Claude movía su lengua hacia arriba y hacia abajo, abarcado lo más que podía de aquel creciente miembro para proporcionarle el mayor placer posible a su amado. Chupó y lamió hasta que sintió en su paladar las primeras gotas de presemen.―Aahhh... K... Te necesito ya...Claude abandonó aquel falo para bajar hasta aquel lugar que por derecho le pertenecía y que iba a tomar. Ensalivó sus dedos y los fue introduciendo lentamente uno por uno. Hiroshi sentía aquellas falanges entrar en él, moviéndose con maestría, buscando su próstata y ensanchando el lugar para lo que vendría.―Ya no aguanto más...Estaba listo para recibirlo. Su cuerpo clamaba su dueño. Claude se incorporó, retomando su posición de nuevo sobre Hiroshi y tomando su miembro, lo dirigió hacia Hiroshi, entrando de una sola embestida. Hiroshi gimió sonoramente ante la invasión, Claude gimiendo su nombre entre suspiros.Ambos respiraban aceleradamente. La temperatura del cuarto iba en aumento. Sus cuerpos se aperlaron. Claude atrapó los labios del otro y comenzó a empujar. Rítmicamente sus caderas se acoplaron a las de su pareja en un vaivén cadencioso.Sus cuerpos se acoplaban a la perfección. Hiroshi pasó sus brazos detrás del cuello del otro, atrayéndolo hacia él, profundizando las embestidas. Claude empujaba sus caderas con maestría, tocando en cada embate aquella zona tan sensible que le hacía delirar de placer.El tiempo se enlenteció, para ellos sólo existía el lapso de entrega y placer del momento. Su objetivo: expresarse lo mucho que se amaban. Según Claude, era el momento perfecto.―Hiro... Es hora de... liberarte...Hiroshi no entendió la oración dentro de su nube de placer hasta que sintió la mano de Claude rodear su pene. Gimió cuando esos dedos se movieron sobre toda su longitud mandándole descargas de placer.—Aaahh... No aguantaré... mucho...Estando a pocos segundos de terminar, Claude atrapó de nuevo su boca mientras el anillo de esclavitud era retirado de su miembro. Aquella banda que lo había acompañado por seis años y que Eiri, al no ser su amo, no había podido retirar. Eso fue suficiente.Su espalda se arqueó en un ángulo casi imposible, su piel aperlada brilló y en un acto de culminación orgásmica liberó su simiente sobre ambos abdómenes, sintiendo pocos segundos después, su interior ser bañado por semen ardiente.Claude se dejó caer al lado Hiroshi con la respiración acelerada y en poco tiempo, Hiroshi se acomodó sobre su pecho.―¿Dónde está? —Claude no entendió hasta que Hiroshi le señaló el anillo que reposaba dentro de una de sus manos y se lo pasó—. ¿Por qué me lo quitaste? —preguntó Hiroshi tomando la banda que había representado su esclavitud y un recuerdo de los cuatro años que había estado separados por culpa de una simple confusión.—Ya no eres un esclavo. No aquí.—Pero...—Y cuando vengas conmigo a mi mansión, no será en calidad de esclavo. Serás mi mayordomo. Quisiera que el mundo entero supiera que eres mi pareja, pero debemos actuar con cautela al menos por el momento.Hiroshi se sorprendió.—Y... ¿Suguru?—Suguru y Sakano están juntos —contestó rápidamente, observando la reacción Hiroshi—. No luces muy sorprendido—Si bueno... Eran demasiado obvios, aunque para un kaizoku quizás... pudieran pasar desapercibidos.—Sakano cumplirá veintiuno en tres meses. Su pacto de esclavo termina.Hiroshi se incorporó un poco.—¿Lo regresarás? —preguntó Hiroshi con preocupación. Él había mandado a muchos esclavos al almacén por órdenes de su amo. Ahí les borraban la memoria y eran destinados a trabajos degradantes. Si tenían suerte, terminaban como sirvientes.Claude comprendió su miedo.—Por supuesto que no, Hiro. Tramitaré su libertad.Esa sencilla oración ejerció un cambio sorprendente sobre el semblante Hiroshi. Sus ojos brillaron y una deslumbrante sonrisa surcó su rostro. En un arranque de impulsividad, Hiroshi lo abrazó y atrapó sus labios.—Por eso te amo tanto...  —¡¡Takako!!Ambos esclavos se congelaron al escuchar aquella colérica voz. Takako se levantó del camastro y pronto se vio siendo objetivo de la mirada colérica de su amo.Tatsuha había llegado apenas unos minutos antes y al preguntarle a Noriko por el paradero de su esclavo "favorito", la chica le había contestado que hacía un rato lo había visto en la piscina.Buena sorpresa se encontró cuando vio a Ryuichi moviéndose sugerentemente debajo de un Takako que sostenía sus brazos sobre la cabecera del camastro. Una escena sin duda inadmisible.Una rabia incontrolable se había apoderado de su ser al ver a Ryuichi con ese esclavo.―¡¡Takako!! Ve a tu habitación y no saldrás de ahí hasta nuevo aviso.Ryuichi sólo veía la escena sin saber qué hacer. Takako le dirigió una mirada de odio y desprecio para después cumplir la orden que le había dado su amo, saliendo de la zona de recreación y dirigiéndose a su habitación.Tatsuha lo siguió con la vista hasta que salió por la puerta. Entonces su mirada se volvió hacia el otro esclavo.―Ryuichi...—A... Amo... No es lo que usted piensa, él me atacó, yo no...—Cállate —Tatsuha caminó hasta el camastro donde Ryuichi seguía inclinado mostrando completamente su desnudez—. Parece que ya te sientes mejor como para andar incitando a otros esclavos...—¿Eh?Ryuichi sólo vio como su amo se abría la bragueta de sus pantalones. Y pronto se encontró encima de aquel cuerpo gimiendo conforme las embestidas golpeaban su centro de placer.No entendía la reacción. Enojado, casi... Celoso al verlo con el otro esclavo. Pero eso no importaba ya. Se movía con pericia sobre aquel miembro que con cada embate llegaba a los más profundo de su ser.Sus manos reposaban sobre el pecho de su amo, tomando equilibrio con cada movimiento en tanto que Tatsuha movía sus caderas vigorosamente entrando en él como si la vida se le fuera en ello, como si quisiera marcarlo de alguna manera.Las manos de Tatsuha reposaban sobre sus caderas, apretándolas hasta dejar sus dedos marcados. A pesar del dolor, aquello era delicioso, le hacía sentir deseado, casi amado, aunque sabía que aquello era imposible, o era más que una vana ilusión de su mente corrompida.Conforme pasaban los minutos, el placer iba en aumento.Tatsuha estaba deslumbrado. Había tenido una sensación agobiante al ver a Ryuichi debajo de aquel esclavo, pero ahora todo era diferente. El cuerpo perlado de Ryuichi, sus gemidos deseosos, sus movimientos sensuales que parecían incitarlo a pecar, todo ello le gustaba. Le encantaba.El clímax estaba cerca, podía sentirlo. Los movimientos de Ryuichi eran cada vez más apremiantes. Su vientre se ondulaba causando la fricción de su propio miembro que parecía a punto de explotar.Las manos de kaizoku viajaron a los titilantes zarcillos que colgaban de los rosáceos pezones del escavo incitándolo en una danza homónima a la que hacían las caderas que se bamboleaban sobre su pene. Tiró un poco de ellos ocasionando que Ryuichi gimiera más.Fuego corría por sus venas. En un arranque implacable de placer, Ryuichi liberó su simiente sobre su vientre segundos antes de que él mismo liberara la suya dentro del esclavo. Ryuichi se desplomó sobre su pecho, inconsciente. La excitación había sido demasiada.Como pudo se incorporó y recostó a Ryuichi en el camastro mientras él arreglaba sus ropas, para después cubrir al esclavo con la bata que con la que supuso el esclavo había llegado y lo cargó en brazos para llevarlo a su habitación.Durante su trayecto, algunos de los sirvientes se le quedaron viendo con la mirada desorbitada. ¿Qué hacía el amo de la mansión cargando a un esclavo aparentemente dormido cuando podría decirle a algún sirviente que lo llevara por él? ¿Por qué se tomaba la molestia? Definitivamente algo le estaba pasando a Tatsuha Uesugi.Cuando dejó a Ryuichi en su habitación y cerró la puerta, Noriko llegó hasta él.—Amo, ha llegado un paquete para usted.Noriko le pasó un pequeño paquete y después se retiró. Entonces Tatsuha se fue a su habitación.Cuando abrió el paquete se encontró con una pequeña caja negra con adornos y una tarjeta. Lo primero que hizo fue abrir la caja encontrándose con dos esferas perfectamente circulares de color blanco. Entonces leyó la tarjeta.

Joven Tatsuha Uesugi:

Aquí le envió las semillas del lazo del diablo completamente maduras. Están en periodo de germinación el cual durará una semana. Si dentro de ese tiempo no las utiliza, las semillas morirán. Lo único que tiene que hacer es colocarla sobre el abdomen de su esclavo y al contacto con una mínima gota de sudor de este, germinarán. Espero las disfrute.

Yargo

El comerciante

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