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A Daniela, la princesa que se enamoró de Julieta.
(...)
Cabello rubio, piel pálida, de baja estatura y pecas por doquier; esas son las palabras usadas para describir a Peyton —apodada Peridot—, una muchacha que no aparentaba más de quince años.Estaba aterrada. Todo lo que creía conocer acerca de sí misma se había derrumbado a escombros cuando se dió cuenta de lo que sentía. Estaba enamorada de Leia Lazuli Gurrieri.Esa chica no era más que su mejor amiga. Sí, esa adolescente de piel bronceada; pelo teñido de azul y rasgos tan preciosos como los de una muñeca era solamente su mejor amiga... O de eso quería convencerse.Es decir, ella no podía estár enamorada de una mujer. No, no y no. Eso no estaba bien, se lo habían dicho sus abuelos; se lo dijo una vez la maestra de catequesis; se lo dijo una evangelizadora de esas que van de puerta en puerta, si tanto lo había oído, era por algo, ¿no?Sus pensamientos iban a volverla loca. Se supone que el amor es un sentimiento hermoso, pero ella no lo sentía hermoso para nada; sentía confusión y asco de sí misma.La carta que su mejor amigo, Steven, le había entregado unos días después de que ella le confesara que amaba a Leia no ayudaba, sólo la confundía más; en parte se sentía reconfortada por el apoyo de parte de Steven y el mensaje de aceptación, por otro lado, el contenido de la carta era una total contradicción a lo que le habían enseñado toda su vida.Sobre su cama, con el corazón latiendole a mil por hora y lágrimas secas en sus mejillas, Peyton sostenía aquel papel contra su pecho con mucha fuerza, y una vez más, lo releyó.
«De: Steven Quartz Universe.
Para: Peyton "Peridot" Yellow Elizabeth Diamond.
Recuerdo que hace tres días llegaste a mi casa llorando y balbuceando palabras inentendibles a mis oídos.
Pensé que algo realmente malo te había pasado. En ese momento mil y un escenarios trágicos se me pasaron por la cabeza, desde tu madre en un ataúd; hasta tú sentada en un consultorio médico mientras el doctor detrás de su mesita anunciaba "estás embarazada".
Y es que, seamos sinceros, aquel chico que tenías por novio hasta hace unas semanas no te convenía para nada, imagínate tener un hijo de ese patán... Bueno, creo que me fui por la tangente, volvamos a lo realmente importante.
Sequé tus lágrimas, aparentemente te habías calmado. Te llevé a mi cuarto para poder conversar mejor y sin que mi hermana estuviera entrometiendose, ya ahí, rompiste en llanto nuevamente.
Los balbuceos de palabras sin coherencia alguna volvieron, de todo lo que dijiste simplemente logré entender "Leia" y "amo".
Bajé a la cocina por un plato de tu sopa favorita y un vaso de agua. Luego de que te terminaras la sopa, verti un poco de la valeriana de Connie en el agua y la bebiste (lo siento por haber hecho eso) —"No me molestó realmente", pensó la rubia, ella sabía que Steven jamás haría algo malo—, finalmente te relajaste un poco.
Entonces lo dijiste claro: Estoy enamorada de Leia, amo a Leia.
Tras anunciarlo, lloraste de nuevo.
Te pregunté la razón de tu llanto, y con tu gangosa voz entrecortada me dijiste que te daba asco amar a Leia.
Querida, ¿por qué te da asco el amor? ¿Qué si Leia es una mujer?
Déjame decirte que en el corazón no se manda y por mucho que intentes negarte a amarla, ese sentimiento seguirá ahí.
El amor es algo totalmente hermoso, sobretodo cuando es correspondido y te ayuda a crecer, y querida, por las miradas de Leia puedo asegurar que así lo es.
No maldigas a Eros por flecharte con ella, más bien agradécele por darte a alguien tan maravillosa.
No es de sorprenderse si Leia también te ama, ambas fueron de total importancia para la otra. Como me dijiste ese día, entre las dos se ayudaron a salir de las mugres vidas que solían tener. Ella con anorexia y síndrome post-traumático, tú con el amargo divorcio de tus padres pesando sobre tus hombros, además de esa terrible ansiedad y depresión de las cuales nadie pudo sacarte . Realmente, están destinadas a ser.
Nuevamente, Peyton, que no te de terror ni asco amar, no hagas caso al odio y veneno que sueltan los demás, ama sin miedo.
Amar es algo totalmente humano, sin importar raza, género, religión ni sexualidad.
Y recuerda, por mucho que hayas nacido princesa, no todas ellas quieren un Romeo, algunas princesas se enamoran de Julieta.
—Steven».
Una vez más, Peyton volvió a llorar, había perdido la cuenta de cuantas veces lo había hecho en la semana. Esta vez no lloró por tristeza, lo hizo por felicidad ¿qué había hecho ella para merecer a Steven? Seguramente tenerlo como su casi hermano debe ser una recompensa por haber sido buena persona en alguna vida pasada o algo así, ese chico era un pan de Dios.Su llanto se transformó, dejó de ser de felicidad pero tampoco se convirtió en un llanto de tristeza, era más bien de pura frustración y confusión. Odiaba sentirse así, lo odiaba con cada pedacito de su pequeño ser.Entonces recordó que Steven le había entregado un cassette junto a la carta. La primera vez que abrió la caja con el contenido, no se animó a reproducir lo que sea que estuviera grabado ahí, ahora finalmente se sentía lista para escucharlo.Steven le había regalado un reproductor de cassettes hace varios cumpleaños, pues a través de estos era su manera de comunicarse, por así decirlo. Ah, eso sí que le traía recuerdos, una vez luego de una fuerte pelea con Leia, esta había roto el reproductor y le gritó, ya ni siquiera recordaba el motivo de la pelea. El asunto es que a las pocas horas la peliazul apareció arrepentida en la puerta de su casa sosteniendo el reproductor arreglado junto a una nota escrita a mano que decía "lo siento mucho, que jamás termine lo que inició por amor al arte". Sintió su corazón palpitar aún más fuertemente luego de eso.Se apresuró a buscar el aparato entre el resto de sus cosas, chatarra, piezas de sus inventos del taller de mecánica, maquillaje, accesorios para el pelo y algunas manualidades sin terminar. ¡Finalmente lo encontró!Insertó en la ranura indicada el mensaje pre-grabado por Steven, entonces escuchó la voz de su amigo.
—Querida amiga, el amor es algo hermoso, ¡no le tomes resentimiento y no le temas! No intentes alejar a Leia por el odio ajeno, y que no termine lo que iniciaron por amor al arte. Peyton, esto va para ti.
Luego de aquellas palabras, empezó a sonar la guitarra de Steven —corrección, de Greg, siento tocada por Steven—, seguida por las voces de Perla y Connie.
Por amor al arte,
dejaron de escribirse historias
para contarte,
se secaron los mares de sueños
para despertarte [...]
Al terminar la letra, las voces de sus amigas fueron bajando su intensidad hasta que sólo quedó el ruido de la guitarra, la cual al rato dejó de sonar. Ahora, fue Connie quien habló.—Peyton, sé que para muchos no soy más que "la nerviosa, tímida y ansiosa novia de Steven" y que además no siempre soy la mejor para los consejos, pero creo que esta vez puedo ser de utilidad.Conozco a Leia desde que soy una niña pequeña, podrá parecer dura al principio, pero es debido a sus inseguridades, recuerda que en un momento odió su cuerpo. Contigo sus muros están derribados, te considera su mejor amiga. Sin embargo en lo que a amor se refiere, eso para ella es territorio inexplorado. Pero, hey, no tiene porqué ser difícil, tú ya tienes su confianza, mientras seas suave y paciente con ella todo irá bien. ¡Buena suerte, Peyton!— Al fondo pudo oír a Perla y Amatista gritándole "buena suerte" en coro.Todo sonido emitido por el reproductor paró, había finalizado el cassette.De repente, las inseguridades sobre el qué dirán se desvanecieron de su mente. Después de todo, amor es amor. El amor siempre gana, ¿verdad?
Entonces finalmente se decidió, lo haría, contaría la verdad a su madre y se le declararía a Leia.Tal vez todo lo que necesitaba era entender que no todas las mujeres esperan un príncipe, algunas están en busca de su princesa. Tal vez solamente necesitaba un pequeño empujón de parte de sus amigos.
FIN
