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Apologia del depotismo

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Un maldito, fecundado con un retorcido espermatozoide, engendrado en un decadente útero y aprisionado entre degeneradas paredes, consumiendo la perversa ambrosía que fluía de mis progenitores.Heredero de todos sus pecados, fui sometido a una vida de negligencias y expiaciones espirituales que prometían curarnos a todos si me dejaba despedazar lentamente entre sus garras, renunciando a mi naturaleza y traicionando a mi verdadero Dueño, a quien verdaderamente pertenecía en carne y hueso y dejaría que consumiera mi sangre cual festín, ¡oh, Amo mío, cómo te adoro! ¡Cómo anhelo pertenecerte en este mundo y en todo otro en el que lo desees! ¡Y si renunciar a mis orígenes es tu voluntad, que así sea, que mi comienzo irrumpa en el olvido y que mi principio sea como tus sabias palabras lo dicten!

¡Ah, Polytropo, cómo me has seducido, sumiéndome en el hirviente azufre y el dolor del castigo, pero si mi suplicio es de tu agrado, entonces pereceré hasta la muerte con la mayor de las alegrías! Eres, después de todo, para quien fui creado. Mi cuerpo y mente solo responden a tu llamado celestial, Dios mío.Te amo. Te amo. Te amo.Te adoro; te adoro cual marea a la Luna, y no me basta con ser tuyo; mi amor por ti no está satisfecho con solo eso, quiero ser tú, quiero ser las venas que recorren tu paradisíaco cuerpo, las papilas que se sientan gustosas en tu refinada lengua y saborean con deleite cada una de tus afiladas palabras, los azules ojos que derraman acónito a cada pestañear y tus poderosas manos, por las que no temo renunciar hasta el último de mis alientos.Si Yo no soy lo que ansías, entonces hazme a tu imagen y semejanza, escúlpeme como a ti te plazca y a través de tus pulmones concédeme el placer de vivir, para así poder estimarte una eternidad, y mil más.
¡Bésame, verdugo, bésame, te adoro!

----- CHAPTER BREAK -----

No pertenecer a algún grupo, no identificarse a los principios de un colectivo nos deja aislados,

caídos

, deslocalizados, fuera del lazo social, un poco locos.

Huyo, pedaleo a más no poder, quiero alejarme del inminente pasar del tiempo y de la decadencia que ocurre a cada segundo en mi cuerpo.Mi madre siempre me ha dicho que me meto mucho en mi cabeza, que debo romper ese caparazón, pero yo pienso, mientras el frío de la noche me corta las mejillas, ¿qué tiene este mundo para ofrecerme? ¿qué maravillas puedo encontrar afuera que yo no tenga dentro mío? Necesito meterme dentro de mi cabeza, es la única forma en la que puedo hacer que los pensamientos no se descarrilen, no entren a un lugar donde no puedo alcanzarlos y pudran todo mi cerebro con tortuosas ideas, con sogas que aprietan demasiado fuerte mi garganta o con cortes tan profundos que ninguna sutura puede curar.Desacelero un poco al avecinarme a una curva, no sé específicamente hacia dónde me dirijo. Mientras atravieso las interminables casas con sus enormes patios veo cómo me alejó cada más de la civilización y comienzo a adentrarme en el gigante abrazo del bosque, quien de día ofrece un hábitat para criaturas y de noche es hogar de depredadores. Es el terreno prohibido. Decir que se considera "el otro lado" sería muy reduccionista de mi parte y pintaría una imagen muy ignorante de mi pueblo, pero es desconocido lo que habita luego de la casa de Mondré, existiendo al borde de ambos mundos.Me detengo para tomar un respiro. Mi pulmones están ardiendo y mi corazón golpea incesantemente contra mi caja torácica, la adrenalina infecta mis arterias y mi cabeza no se calla. Estos momentos son donde siempre tomo decisiones drásticas.Debería dar marcha atrás, irme a la casa de Porter a pesar de que son las 3 de la madrugada.Estoy en el borde, la cerca blanca de Adrian y el rocío de la noche sobre el pavimento me recuerdan que no es muy tarde para volver marcha atrás y escurrirse por la ventana, evitando la sospecha de que en algún momento dejé mi casa. Pero si vuelvo tendré que enfrentar a mamá. Si vuelvo, tendré que soportar sus sermones y me obligará a leer esos pasajes de nuevo.No, volver no es una opción.Con el vértigo de alguien que se encuentra frente al abismo, me vuelvo a montar a mi bicicleta y vuelvo a pedalear, con la sangre fluyendo por todo mi cuerpo, encendida. En mi boca puedo sentirlo, libertad.Miro hacia arriba y noto que ha comenzado a lloviznar, no me importa, ninguna fuerza me obligará a volver, se necesitaría al mismo diablo para que algo me hiciera retroceder. Cada gota en mi piel es como un beso de Dios, una bendición y un recuerdo de que no estoy entre esas cuatro claustrofóbicas paredes, que no estoy en esa sofocante casa con esa aberrante mujer. Estoy camino hacia mi nueva vida, con un par de cosas en mi mochila y snacks que robé, nada nunca se ha sentido tan liberador.Si una tormenta ha de ocurrir igual continuaré, si una terremoto ha de partir el suelo en dos, evitare las grietas y continuaré. No puedo volver, no ahora que sabe que no soy lo que todo este tiempo ella quiso.Ya he recorrido por lo menos un kilómetro porque la casa ha desaparecido y en su ausencia se ha llenado de alpinos, imponentes  en el manto de la noche, son lo único constante. Mis gemelos arden de todo el esfuerzo, pero la adrenalina mitiga todo dolor y me fuerza a continuar.Desde que cumplí los 16 mi cabeza es un completo caos, escucho la incesante voz de mi subconsciente gritarme por cada acción que tomo, guiándome en caminos desconocidos y demostrando nuevas actitudes que no creía poseer en mí. Ahora, con el calor del verano, mis inclinaciones son muy aparentes y mi madre ya no puede fingir que no existen, que mis ojos no observan por demasiado tiempo a los pechos desnudos de los hombres, que no anhelo sentir la aspereza de grandes manos sobre la mía. Por lo que me ha dado dos opciones, aprendo a vivir bajo sus reglas o comienzo a buscar un nuevo lugar donde vivir. Después de todo, un fenómeno es lo último que quiere como hijo.Pensé que podía adaptarme a sus demandas, para no tener que buscar un techo sobre mi cabeza, pero en medio de la noche mientras me retorcía en mi cama me di cuenta que no es posible. No puedo fingir algo que no soy, pero tampoco puedo acogerme completamente en mi naturaleza. Mis erráticos pensamientos siendo una prueba de la oscuridad que yace en mi psiquis. Pero hay una tercera opción, mi propia muerte. Soy muy cobarde como para elegirla, pero es una posibilidad con la que he fantaseado y me ha regocijado, me llena de tranquilidad el solo pensarla. Tal vez es la muerte lo que me motiva a tomar decisiones tan impulsivas, es la ruleta rusa del destino lo que hace que quiera seguir vivo sólo para saber qué será lo siguiente que pasará. Me detengo, posicionándome a un lado de la ruta de tierra para descansar e intentar acallar a la incesante  voz, siempre adentrándome en lo más retorcido y asqueroso de mí. ¿Qué tan lejos puedo llegar? Escucho ruido, música, y me vuelvo a subir a mi bicicleta. Si hay alguien cerca puedo pedirle refugio por esta noche y descansar un poco para continuar mi recorrido mañana. Hay una casa, solitaria en la inmensa noche con las luces prendidas, y mientras me acerco a ella puedo ver que hay alguien en el pórtico fumando.Es mi oportunidad.Por fin puedo escapar de este condenado pueblo y empezar una nueva vida.Si tan solo pudiera hablar con esa persona.Me detengo a unos pocos metros.Algo en mí, mi instinto tal vez, hace que deje de pedalear. Estoy solo a un par de metros y puedo ver a la persona mejor, es un hombre, alto y no lleva ninguna camisa puesta, y si me aventuro un poco más el cierre de su pantalón está abierto. Mi corazón late como loco, enviando sangre a cada uno de mis músculos en anticipación de una huida, por alguna razón él provoca un miedo irracional en mí. Me siento como un pobre pez que ha sido capturado en las garras de un oso y ahora sus últimos suspiros están llenos de agonía.El hombre se da cuenta que lo estoy mirando y me sonríe, pero en vez de consolarme, me aterra. Se reintegra, avanzando hacia mí y jamás en mi vida sentí tanto miedo como el que me provoca la azulada mirada de este extraño. Es peligroso. Y eso hace que una parte mía quiera sucumbirse en sus brazos y esperar cual sea mi sentencia.No puedo ver qué ocurre dentro de la casa pero el aura del extraño es tan invitadora como lo es lapidante, sé que de ser su voluntad no habría rastro de mí, que este hombre tiene un poder por sobre todos los que él desee y su majestuosidad no es una farsa.Pero antes de que me alcance me doy vuelta y comienzo a pedalear de vuelta a mi hogar, a lo seguro. Lo que sea que haya visto, no es de este mundo. Siento un vacío en el estómago, el cual se siente cuando se sabe que la vida de uno está en riesgo, cuando me enfrento a un depredador. Mi persona se encuentra dividida, polarizada, mientras más me alejo una parte  añora volver y entrar a la casa del extraño, pero mi sentido de auto conservación no está tan dañado. Todavía estoy lo suficientemente cuerdo como para no meterme en la boca del lobo voluntariamente. Es delirante, no puedo sacarme esos ojos azules de mi cabeza. Es como si me estuviera persiguiendo. Miro detrás mío un par de veces para asegurarme que no hay ningún auto que me esté siguiendo y solo me encuentro con la opacante mirada de la noche. Sin embargo eso no hace nada para tranquilizar mi corazón y mi mente, los pensamientos nublan mi juicio y alimentan mi paranoia. Miedo, tengo miedo. Incluso ya encontrándome de vuelta en mi pueblo, en las conocidas calles y a un par de metros de casa no puedo sacar el sentimiento asfixiante de lo que vi. Entro por la puerta principal, ya no me importa si mi madre se entera o no, estoy en llamas y necesito un vaso de agua. Dejo la bicicleta a un lado de la entrada, que de seguro me ganara un sermón en la mañana y me dirijo a la cocina con intenciones de calmarme, pero la fría luz no hace más que alterarme y el calor me consume como si fuera de leña, cada parte de mí arde y la respiración me falta. Es él. Lo que sea que me haya hecho me siguió hasta aquí y ahora me está torturando, me está matando, está en mi ropa, lo sé. Por lo que me desnudo.—¿Qué es todo este alboroto?  ¿Hugo?Mi madre aparece mientras estoy sacando todo lo que se encuentra en la heladera para poder meterme.—¡Mamá! ¡Lo vi, lo vi! ¡Es hermoso, pero es infernal, es del mismísimo tártaro y ha venido a la tierra tal como lo dijiste¡ ¡Está aquí!—¿Quién?—¡Va a matarme! ¡O por lo menos eso intentará, torturándome para toda la eternidad porque oseé mirarlo en los ojos! ¡Oh Dios, mamá!Me aferro a ella como si fuera un niño pequeño, mi histeria apoderándose de mí, y sollozo en sus pies por mi condenado futuro. —Ya, tranquilo, vamos a ponerte un poco de ropa.Me acompaña hasta mi cama y me acurruco. Me siento tan vulnerable, como si mi alma estuviera expuesta, a lo lejos puedo escuchar a mi madre hablar con alguien, pero es tan distante y el sueño es tan fuerte que solo escucho pedazos de su conversación, sea lo que sea, es obviamente sobre mí. Antes de caer rendido exhausto miró mi ventana, más por miedo que por hábito, y por suerte no encuentro nada allí, pero eso no sirve para detener los palpitantes pensamientos que corren libremente por mi cabeza y el frío que se ha alojado en mi espina dorsal, no he podido quitármelo.Intento dormir, con irises azulados quemados en mi retina y esa filosa sonrisa marcada en mi cerebro.

----- CHAPTER BREAK -----

El dolor es la única constante en mi vida.La exquisitez del sufrimiento siempre me ha hecho sentir vivo, atento, puedo sentir cada estímulo violento en cada superficie de mi piel y me encanta. Más de una vez me he ahorcada después de un largo día, sujetando una bufanda al picaporte de la puerta y tirándome para adelante, para aliviar la tensión de mi cuerpo y entregarme a ese ardor que me atormenta incluso varias horas después; pero claro, este secreto me lo llevaré a la tumba, no hay forma de que alguien pueda comprender por qué encuentro tan encantadora una experiencia tan horrible. Nadie puede saberlo.Soy un desviado sexual, o eso dice mi madre.Soy la suciedad, la corrupción, todo aquello impuro en este mundo, así reza ella cada vez que me ve, y ahora, con el pequeño episodio que tuve, no puede ni dirigirme la mirada sin que una mueca de asco se asome por su cara. Ha hablado con el pastor y este le ha dicho que no se preocupe, él siempre tan bueno, pero ella no lo escucha y en cambio me somete a 10 latigazos.Han pasado 3 días desde que intenté escaparme y mi espalda se encuentra al rojo vivo, pero yo no me quejo; lo disfruto. Lo disfruto para no darle en gusto de verme sumido en mis lágrimas, lo disfruto porque cada golpe deja un ardor exquisito sobre mi piel que se hunde en lo más profundo de mi ser.—Mira lo que me haces hacer. —escupe.Estaba de rodillas mirando hacia la pared, agarrado de ella, intentando no moverme para no enojarla más. Siento el cuero volver a besar mi piel y muerdo mis labios para no gemir, si supiera cuánto me gusta me ahorcaría ahí mismo, y tal vez muera de éxtasis.—¿Te crees que porque tu padre no se encuentra más puedes hacer lo que quieras? —otro golpe. — Se fue porque no soportaba tener un hijo tan horrible.El tiempo pasa volando, he aprendido a no escuchar lo que sale de su boca, porque las palabras se vuelven cada vez más hostiles y los latigazos ya no duelen tanto. No sé cuándo se detienen, pero en un momento deja el cinturón en el piso y se va de la habitación, ya es de noche, ¿estuvo toda la tarde azotándome?Me reincorporo lentamente, sintiendo cada cicatriz moverse por cada acción que hago, me sujeto de la pared y me tomo un minuto para respirar, para sentir cada extremidad de mi cuerpo. Estaba temblando de placer, tenía una erección que me dolía y mi visión estaba nublada, me encontraba en un estado de goce incalculable. Así, con cada musculo contraído del dolor, me dirijo a la ducha para intentar calmarme un poco, pero ni el agua fría puede con mis pensamientos.Comienzo por mi boca, introduciéndome dos dedos y explorando toda mi cavidad, pasándolos por mis dientes y mordiéndolos suavemente, imaginando que es un pene. Rápidamente me viene a la mente aquel hombre de la otra noche, tan guapo y peligroso, aviva en mí el fuego que despertó el despotismo de mi madre. Fantaseo con estar a sus pies, que me sujete por los cabellos y me fuerce con sus poderosos brazos hasta que me atragante, que acabe en mi boca y luego me obligue a tragarlo. Continúo por mis pezones, estremeciéndome cuando los muerde con tanta diablura, y termino por mi miembro, tirando y apretando, deseando que sus manos sean tan rudas conmigo cual le plazca. Me apoyo contra la pared y suspiro, estoy tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, no puedo concentrarme en nada, sólo lo veo a él y sus azulados ojos, atravesándome y consumiendo mi persona. Imagino que me empuja contra el piso y estando encima de mí me folla con toda la crudeza del mundo, me lastima a cada estocada y yo estoy convulsionando de placer y dolor.Acabo apenas imagino ese escenario, estoy sin aliento, salgo tambaleando de la ducha, entre el vapor y lo demás, estoy un poco mareado.Me siento sobre mi cama y me toco la espalda, tiemblo mientras mis dedos trazan una línea sobre los golpes, esta vez estaba muy enojada. Estoy al quiebre, por mas que intente encontrar una forma de amortiguar el dolor, su indiferencia me corta por dentro, yo la amo tanto y ella solo siente desprecio, ni una migaja de amor. Es que soy tan diferente a mis hermanos, Roma y Matthew, ellos son los ejemplos a seguir, el orgullo de mamá; ambos han sido los favoritos de mis padres, siempre excediendo las expectativas y yo solo soy un vago corrompido a los ojos de ellos, soy un monstruo. Ahora que no están, ella no puede ignorarme más.Miro hacia el cielo a través de mi ventana, que ahora se encuentra cerrada con llave, y veo lo oscuro que se encuentra, ni una luz hay. La noche es tan sofocante que casi me siento aliviado, se siente como ese estrangulamiento que entre tanta desesperación, al final, llega un momento donde es un alivio y la mente está tan nublada que solo puede entregarse a la excitación.Pienso en Porter, y como ahora debe estar cenando con su familia entera que lo ama tanto, como debe estar peleándose con sus hermanos y su madre los reta mientras pone la mesa, y eso es suficiente motivo para irme de este infierno. Tomo mi ejemplar de La Biblia, esos libros viejos que son pesados y lo tiro contra el vidrio, éste se rompe en millones de pedazos y me apresuro a salir, cortándome en el proceso, ¿pero qué diferencia hace un poco más de sangre?Escucho los pasos apresurados y me apresuro a correr al garaje, esquivando diferentes cosas que había guardado, adornos de navidad, ventiladores, y otras cosas para la casa que nunca iba a usar. Me acelero a encontrar mi bicicleta, mi fiel amiga, para que me saque de este lugar, y puedo ver que no está donde siempre la dejo. La habrá movido de lugar para que no pueda encontrarla.Mi corazón se paraliza y me recorre un escalofrío. Por favor Dios, déjame irme de aquí.Se encuentra cerca, la oigo bajar las escaleras a toda rapidez y yo estoy como desquiciado buscando mi única salida. La encuentro, escondida entre viejas televisiones y una estufa, me golpeo con todo lo que está enfrente mío, ya me preocuparé después por los moretones. Apenas la tengo entre mis manos, escucho la puerta abrirse, pero no miro para atrás y me dedico a correr con toda mi energía hacia la calle, donde una vez allí me subo y comienzo a pedalear a más no poder.Mi mente está decidida y me dirijo a lo de Porter.Estoy constantemente mirando hacia atrás, por alguna razón cuando miro para adelante tengo la sensación de estar siendo perseguido. Es ridículo, lo sé, pero a esta altura no me sorprendería que lo hiciera, está tan decidida a ocultarme del mundo que si fuera por ella me encerraría en mi cuarto y jamás me dejaría salir. Y es esta actitud suya la que me lleva a dudarme de mi mismo, de preguntarme si lo que estoy haciendo de verdad está tan mal, incluso ahora me pregunto si seré bienvenido en la casa ajena, ¿y si me rechazan? No tengo tiempo de seguir cuestionándome porque llego a la hermosa casa blanca, con su jardín de jazmines en la parte delantera. Me apresuro, casi corriendo, a tocar el timbre. Mientras espero no dejo de mirar para todos lados, esperando verla salir detrás de los arbustos y molerme a golpes.—¿Hugo? —dice alarmado.Mi respiración está agitada y sudo como un cerdo, lo primero que hago es adentrarme en la casa apenas abre la puerta.—Espera un minuto, ¿qué ocurrió?Toda su familia se encuentra la mesa, recogiendo los platos, y me están mirando como si me hubiera crecido otra cabeza.—Mi mamá, tuvimos una pelea.Veo que la señora Robinson se acerca preocupada y me da un abrazo.—¿Puedo quedarme aquí? —pregunto desesperado.—Claro, ven, come un poco. Estás muy flaco.Me siento en la mesa y me sirve un poco de lo que había quedado en la cacerola, como famélico, no recuerdo la última vez que probé un bocado durante el día. Pido otra porción y esta vez como más despacio, analizando todo lo que había ocurrido en tan pocas horas.—¿Qué fue esta vez? —me cuestiona sentado enfrente mío.Dudo en contárselo, no puedo decirle todo lo que ocurrió, pero tendré que omitir ciertos detalles.—La otra noche quise escaparme, tomé mi bicicleta y me fui hacia el campo, pasé la casa de Adrian.—¿Y por qué volviste?No podía decirle que fue por haber visto al mismísimo Belcebú, ese era mi pequeño secretito, era mío para regocijarme en ciertas horas del amanecer. —Tuve miedo—miento descaradamente.—¿Tu mamá se enteró?—Sí, y quiso prohibirme el salir de casa.Me mira shockeado, no pudiendo creer lo que escuchan sus oídos.—Así que volví a escaparme. —Dios, Hugo, no puedes estar así todo el tiempo. ¿Por qué te fuiste?Me tomo un segundo para beber agua y pensar en mi respuesta. No puedo decirle que fue por ser un maldito homosexual que solo puede pensar en ser usado y desechado como basura por hombres.—Ya sabes, problemas…—Yo también tengo problemas con mi mamá y no intento huir de casa. Suspiro, harto del interrogatorio.—De acuerdo, como digas, solo me quedaré una noche. —¿Qué harás luego? ¿Tienes un plan?—No. No lo sé, ya se me ocurrirá algo.—Hugo…En ese instante irrumpe su mamá, con el teléfono en la mano, mirándome con el entrecejo fruncido y titubeo en su voz.—Sí, se encuentra aquí. ¿Por qué?En ese momento se me hiela la sangre, no necesito que me lo diga para saber con quién está hablando. Miro a Porter, luego la miro a ella y siento que voy a vomitar. Me levanto de un golpe, poseído, y corro hacia la puerta, sin darles un segundo para registrar lo que está pasando.Me subo a mi bicicleta y me dirijo sin un rumbo, estoy desesperado por alejarme de ese lugar, pero mientras más pedaleo, más siento que retrocedo, siento que cada paso me acerca más a ella y no puedo alejarme de sus garras. Quiero llorar, mandar todo a la mierda y enfrentarla, sin embargo, soy un cobarde; una rata que se escurre hacia la oscuridad, donde se siente cómoda y bienaventurada, donde la basura le da un regocijo angelical.Estoy perdido. Miro hacia todos lados y no puedo reconocer dónde me encuentro, tampoco es como que me aventure mucho en el pueblo, pero creo estar cerca del centro, hay carteles de diferentes locales con sus luces encendidas en cada esquina.Me bajo y comienzo a caminar intentando no chocar con la gente que pasa alrededor mío, me hacen sentir como un forastero, un extraño. Incluso vistiendo una remera y jean negro no puedo pasar desapercibido, es como si todos mis secretos estuvieran a flor de piel para que cualquiera pueda leerlos y darse una buena risa. Me siento incómodo, como que no pertenezco ni donde he nacido, no hay lugar en esta tierra que me de alivio, no hay persona que me haga sentir seguro.Mis pies están exhaustos, cada paso es un dolor punzante que se extiende hasta mis rodillas, por lo que debo sentarme en la acera de una disquería, donde no dejo pasar la oportunidad de mirar si tienen alguna copia de Past Masters, lo que sea para calmarme en este momento. La música siempre ha sido terapéutica para mí, hasta el punto de querer dedicarme a producirla yo mismo, incluso convencí a mis padres cuando era pequeño de inscribirme a clases de piano que tomé con toda la alegría que puede tener un niño, eran mis momentos de escape, donde podía respirar.Escucho el sonido de un encendedor.—¿No tienes frío?Me giro para ver de dónde venía tan dulce voz, mi corazón deja de latir por un segundo, me atraganto con el aire de mis pulmones y mi mente grita.Es él.Siento un miedo apoderarse de mis entrañas y mis manos comienzan a sudar, mi cuerpo entero se encuentra en un estado de ansiedad terrible, listo para escaparse a la más mínima orden de mi cerebro. Pero mi mente está embelesada con su presencia, mis ojos no pueden captar lo suficientemente rápido su cuerpo, sus labios se encuentran sosteniendo un cigarrillo y siento como se me cierra la garganta, sus ojos están analizándome, intentando descifrarme.Recuerdo mi pequeña fantasía de esta tarde y mi cara arde de vergüenza, por supuesto que Dios iba a castigarme de esta forma por ser un pecador, haciéndome enfrentarme al origen de mis tentaciones. —Te hice una pregunta. Rápidamente salgo de mi trance.—Eh, no, estoy bien. Gracias.Se da vuelta y veo que rebusca en su bolsillo. ¿Un cuchillo? ¿Un arma? ¿Acaso va a intentar matarme? Por alguna razón, el hecho no me asusta tanto como debería, siempre quise morir a manos de un hermoso hombre. Era una llave.—Si quieres puedes pasar, no me importa esperar unos minutos más.—No, gracias, yo sólo estaba mirando. Dirige su mirada a mi bicicleta.—¿No es un poco tarde para estar aquí afuera? ¿Acaso no tiene escuela mañana?Que se interesara tanto en mí me hacía sentir dichoso de tener su atención.—Estoy de vacaciones. —Pero de todas formas, ¿tu madre no está preocupada?Me sorprendo un poco por la pregunta, y dudo en contarle, tal vez me lleve de regreso con ella y no sé que podría hacerme. —Es un poco complicado.—¿Se pelearon?Asiento.Se queda unos segundos parado, jugando con el cigarrillo en su mano, hasta que decide acercarse a mí. Me quedo congelado, esperando alguna reacción suya, algún golpe, pero en cambio siento una caricia en mi pómulo. —¿Cómo te llamas?Está tan cerca que puedo oler el humo de su boca, es intoxicante. —H-Hugo —trastabillo.—Qué lindo nombre. Soy Anton.Anton.Por fin podía ponerle nombre a mis deseos, el nombre de mis pasiones, ahora sabía qué gemir mientras soy torturado en el inframundo. —¿Tienes a dónde ir?Me descoloca un poco su pregunta y porque se aparta de mí, mi cuerpo añora su tacto y me siento un poco decepcionado.—No.—Si quieres, puedes pasar la noche conmigo, tengo una habitación extra. ¿De verdad quería irme con un desconocido? ¿Quería tentar a la muerte de esta forma? No hay nada que me mantenga unido a este pueblo, no hay razón para quedarme aquí. Tal vez extrañe a Porter, pero siempre puede venir a visitarme. No necesito pensarlo mucho para saber que quería estar a su lado, quería el calor de su casa y su abrazo, quería estar lejos de toda esta locura que me perseguía a cada segundo.—Tranquilo, no voy a matarte si eso es lo que te preocupa —ríe.Eso sería un sueño hecho realidad.—No, es solo que no sabría como agradecértelo. —Mientras me hagas compañía estará todo bien. El viaje hacia su casa se me hace familiar, creo reconocer que es el que hice cuando estaba en ese estado de manía, la noche que me escapé. En el trayecto me cuenta cómo es que llegó a vivir aquí, que la disquería era de su tío, pero la heredó él a sus 21 años y por alguna razón me hace sentir más cómodo, puedo relajarme en el mullido asiento de cuero y disfrutar de la vista. Dejamos la civilización para sumergirnos en la pradera, donde ocasionalmente se ve una liebre correr entre las hierbas y la naturaleza está calma. No pienso en ese entonces lo peligroso que es lo que estoy haciendo, ni sus consecuencias, porque lo único que quiero en este momento es estar lo más lejos posible de mi madre, de sus controladoras tendencias y vivir mi verdad como yo quiera. Quiero comenzar a no tener vergüenza de quien soy, a poder caminar con la cabeza en alto y amar a quien yo quiera, sin la mirada desaprobadora suya, sin ser constantemente juzgado. Así es como soy, un retorcido, un delirante que no puede contener sus impulsos y debe actuar en orden de sus deseos, no de su moral, quiero vivir una vida hedonista donde mi única preocupación sea con qué me divertiré luego. —Sabes, yo también tenía una relación un poco conflictiva con mis padres. —¿De verdad?—Sí, digamos que nunca fui un buen hijo —desacelera mientras llegamos a su casa—. Siempre me metía en problemas, ya sabes, saltaba clases y me iba a fumar detrás de la escuela. Se detiene y gira para mirarme.—Pero tú no tienes cara de chico malo. —sonríe con maldad—. Todo lo contrario.—Bueno, digamos que los problemas con mi madre son más personales.—¿Por ejemplo? Titubeo en contárselo, lo último que me hace falta es que él me eche de su casa y tenga que dormir a la intemperie. —Por cosas que no puedo controlar.Entro y me encuentro con una casa enorme. Cerca del umbral de la puerta, a la derecha se encuentra una habitación, donde puede verse una cama de 2 plazas y a la izquierda, se encuentra la cocina que cuenta con una barra enfrente de ella, es grande y parece que se usa mucho.—Ah, eso, es que me encanta cocinar.Luego, bajando un pequeño escalón, está el living, hay un sillón esquinero negro donde adelante está la televisión, siguiendo un poco más se encuentra el baño y luego la última habitación. Detrás de la casa hay un terreno vasto que está lleno de flores y diferentes plantas.—Ten, usa ésta. —señala al cuarto más grande—. Yo puedo dormir en la otra.—Gracias. Sonríe.—Buenas noches, Hugo.La forma en que dice mi nombre hace que arda en mí su voz, recitándolo como si fuera una plegaria, como si fuera un rezo. Me voy a dormir escuchándolo una y otra vez en mi cabeza, con esa dulzura que desborda cada silaba, mientras huelo la camisa que me ha prestado, me voy a dormir soñando con sus fuertes brazos y cómo me protegen. El amor de este extraño es adictivo.

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