Work Text
–Estaba pensando…Cuando Yuki entró a su habitación a eso de las siete menos quince, Akihiro se imaginó que vendría a quejarse del entrenamiento, de Haiji, o de cualquier otra cosa relacionada a Hakone que le estuviese poniendo los pelos de punta. Se imaginó todo menos que estaba allí para traer a la mesa un asunto que él había dado por olvidado.–Nunca hablamos sobre qué ganamos por esa apuesta.–¿Apuesta? –el tema había quedado tan atrás, que Akihiro tuvo problemas en recordar exactamente de qué apuesta Yuki estaba hablando, hasta que enarcó una ceja para hacer énfasis en sus palabras y mostrarle su impaciencia–. Ah... Pero fue un empate, ¿no es así?Haiji y Kurahara se habían desplomado al mismo tiempo, no había forma humana de poder descubrir quién había demorado una milésima de segundo más que el otro. Él podía dejar el asunto en que ninguno de los dos iba a sacar provecho de esa situación, simplemente porque había sido un empate y ya. Yuki, al parecer, tenía otros planes.–Un empate es, técnicamente, una media victoria.–O una media derrota.Yuki se cruzó de brazos, apoyando la mitad de su cuerpo en la puerta. Todavía tenía una toalla sobre los hombros, pero parecía que no se había cambiado todavía a su ropa de dormir. Quizás estaba teniendo planes para salir, tampoco era nada raro.–¿Vas a negar la parte que te toca por un tecnicismo?–Eres tú quien empezó con los tecnicismo, la verdad –se alzó de hombros, volviendo su mirada hacia la pantalla de su computador.Sus ojos estudiaron la figura de Yuki en el reflejo del cristal, notándolo irritado. Yuki estaba esperando una respuesta de su parte, una sola respuesta y esa era una positiva. No podía evitar algo de curiosidad al respecto, si estaba tan entusiasmado con el asunto era únicamente porque algo traía entre manos. Ciertamente era interesante ver que se había tomado tan en serio esa apuesta como para querer continuar con ello. Jugueteó con sus dedos, dejando escapar un suspiro, indicando así que se daba por vencido. Ya qué. –¿Y qué tienes en mente? –Vamos a la disco. –¿Qué? Akihiro había contemplado algunas posibilidades de parte de Yuki, el trato que habían hecho era que el perdedor tenía que hacer lo que el otro quisiese y, por supuesto, había imaginado que, probablemente, le diría algo así como que se rehusase a seguir con el régimen de entrenamiento al que Haiji los tenía sometidos. Negarse a formar parte en la loca idea de participar en Hakone, le parecía algo más lógico que lo que Yuki acababa de decir. Pff, es que hasta obligarle a hacer sus quehaceres por al menos un mes… ¿Ir a una disco? –Ya me escuchaste, vamos a la disco y allí me invitas un trago –Yuki se veía tan serio como cuando estaba recitándole sus notas de un caso hipotético que había analizado para sus exámenes universitarios–. En ningún momento estipulamos cuáles serían las condiciones, te lo recuerdo.–¿Y por qué no puedo quejarme? Yo fui quien propuse la apuesta –Akihiro quizás no era un abogado, ni siquiera tenía muy claro ciertos asuntos legales, pero no se iba a dejar engañar así tan fácil. Técnicamente, fue idea suya, así que deberían de ser sus reglas. –Debiste haber sido más explícito entonces, pero eso ya es cosa tuya.Chasqueó la lengua, frustrado. ¿Una disco? ¿En serio? Yuki tenía que estar completamente loco, ¿por qué diablos iba a querer arrastrarlo a un hueco como ese? Si lo que quería era ponerlo en vergüenza o algo así, mejor que le pidiese que se la pasara desnudo todo el día y aún así sería menos engorroso y fastidioso que tener que meterse en un sitio de esos. Preferiría irse a un bar, si el punto era consumir alcohol.–No te quejes tanto, ¿no fue un empate? Técnicamente entonces, también puedes reclamar un premio para ti después. Antes que Yuki mencionase eso, Akihiro ya había contemplado esa posibilidad y por supuesto que iba a reclamar su victoria también después. Le haría pagar esta decisión tan absurda. Yuki tenía esa sonrisa afilada en los labios, una que no le gustaba para nada. Era su típica expresión de abogado socarrón que sabía que lo tenía justo donde quería, que tenía la sentencia del juez a su favor por más que se quejase y clamase por piedad. Condenado bastardo, no iba a darle el placer de burlarse de él como quisiese. ¿Quería que fuese a una disco? Pues vale, reto aceptado. –Pues tú dirás –alzó sus manos, rindiéndose una vez más. Esperaba no arrepentirse de seguir adelante con esta tontería. –Nos vamos en una hora. Ponte algo apropiado para la ocasión, Nico-chan senpai. Cortar con la nicotina era probablemente una de las decisiones más difíciles que había tomado en su vida, porque en ese preciso momento habría dado todo por tener un paquete sellado frente a él. Condenado Haiji y sus planes por querer convertirlos en compañeros de entrenamiento, condenado Hakone y condenado Yuki y sus maravillosas ideas. Alargó su mano para atrapar el alambre que tenía junto al teclado, observando el reloj. Le quedaba tiempo para encontrar algo qué ponerse entre su aburrida colección de ropa, pero necesitaba primero controlar la urgencia que tenía de pillar un cigarro. Esta iba a ser una larga noche sin duda. En sus casi veintiséis años de existencia, Akihiro habría pisado una disco en al menos dos ocasiones y francamente, no había extrañado para nada la experiencia. Era incómodo, tanto la música estridente como la aglomeración de personas, apretujándose para aproximarse a la pista de baile. Quizás era porque su personalidad era casi como la de un ermitaño, prefería la tranquilidad de su habitación, este no era el tipo de lugares que le inspiraban para pasar un buen rato sino todo lo contrario. Eso sin mencionar que todos los rostros que veía danzar a su alrededor eran de casi chiquillos que recién habían alcanzado la mayoría de edad. Podría ser tan sólo un par de años mayor que todos y aún así se sentía extrañamente viejo, un dinosaurio al lado de todos ellos. Yuki por otra parte, era un pez en el agua. Con una sonrisa, moviendo sus hombros y su cabeza rítmicamente con la música del local, era capaz de darle un buen sorbo a su cóctel sin derramar ni una sola gota en el proceso. Sus ojos daban vueltas por todas partes también, probablemente buscando alguna chica que le resultase lo suficientemente guapa como para coquetear. No le sería difícil dar con alguna que estuviese interesada en él, Yuki no era de mal ver. De hecho, le resultaba tan dispareja la pinta de los dos allí, físicamente no hacían mucho juego. No era que Akihiro perdiese mucho la cabeza pensando esas cosas, pero a veces cuando veía a Yuki pensaba en ello.–¿Contento? Me trajiste aquí para fastidiarme –tuvo que alzar un poco la voz para iniciar la conversación y, aún así, estaba convencido que Yuki probablemente no iba a escucharle bien. Suerte para él, Yuki parecía estar completamente condicionado a la vida nocturna y ni siquiera parpadeó cuando le habló. Al contrario, tan sólo se sonrió todavía más y alzó su trago, como si brindase. –Traerte aquí y que me pagases un trago era mi premio, que te jodas de camino ya es algo extra. Gruñó por lo bajo cuando Yuki golpeó su vaso cuando su tarro de cerveza, seguramente estaba encontrando todo esto demasiado gracioso: sacarlo de su zona de confort y arrastrarlo a una disco. Debería de estar agradecido que siquiera pudo haber encontrado algo semi decente que ponerse para salir, tuvo que desempolvar un poco su chaqueta de cuero que había conseguido hacía milenios para aguantar el otoño. Lo único positivo de todo ello, fue que pudo hacerse con algo de cerveza para él. Era difícil soltar un vicio sin darle al menos un par de estímulos a su cerebro. Apenas estaba comenzando a desintoxicarse gracias a los entrenamientos diarios, pero correr otra vez alteraba sus nervios y traía recuerdos a su cabeza que lo hacían sentirse en conflicto. Un poquito de ayuda para relajarse y desconectarse al menos unos minutos no le caía nada mal. –¿Ya me vas a decir cuál es tu fijación? Akihiro no supo si entendió mal la pregunta de Yuki porque no le escuchó bien o si era que se había perdido de un cacho de la conversación. Se le quedó mirando fijamente, como esperando a que su expresión le revelase algún detalle extra de qué había querido decir con eso, pero tan sólo se encontró con su mirada caída, perdida en su vaso. Evitaba mirarle a los ojos porque le incomodaba, ya lo conocía bien. –Nunca has mostrado mucho interés por ningún nuevo integrante. Las palabras hicieron timbre en su cabeza, ya creía haberlas escuchado antes. Fue como un déja vú a esa noche en la que hicieron la apuesta, con todos los demás haciendo comentarios al respecto de la cabezonería de Haiji y Kurahara. Ah, ¿Yuki no le había dicho algo así? Era obvio que Hakone le estaba comiendo la cabeza, por más que fingiese que todo el asunto le era indiferente o que le daba repelús. Yuki estaba tan al pendiente de ello, que cualquier mínimo detalle no se le escapaba, incluso si era algo tan mínimo como que de vez en cuando se lo topaba hablando con Kurahara. Tendría ganas de saber si era que se estaba perdiendo él de algo, quizás, pero a Akihiro le causó gracia cómo parecía estar más indignado que curioso. –¿Ah? ¿Estás preocupado que ya no sigas siendo mi preferido? Qué conmovedor, Yuki, no sabía que te sentías así. Cuando vio la expresión de fastidio de Yuki, con una pequeña sombra sobre sus mejillas, Akihiro se olvidó que estaba incómodo en esa disco. De hecho hasta se rió a sus anchas, tocando el vaso de Yuki con el borde de su tarro de cerveza, brindando por su pequeño triunfo. Sacar de sus casillas a Yuki era tan fácil, y tenía ya casi un par de horas que no había saboreado el hacerlo.–Asco, ¿tienes idea de lo horrible que suena eso?–No tienes que sentir vergüenza, Yuki, está bien. –¡Que estoy hablando en serio! Aunque se rió nuevamente, decidió que ya había hecho suficiente. Cuando Yuki se cruzó de brazos y comenzó a resoplar, cabreado, Akihiro se dijo que podía dejar de lado sus bromas para brindarle una respuesta que lo dejase satisfecho. Ah, ¿qué podía decir? Tampoco era como si Akihiro fuese un grosero con el resto de sus compañeros. De hecho, recordaba haber sido cuando menos lo suficientemente amable, presentándose e incluso ayudando si necesitaban algo en específico con lo que él pudiese ayudar. Que no fuese tan sociable no le impedía al menos convivir con todos los que vivían bajo el mismo techo. Pero Yuki no dejaba de tener un punto: quizás Kurahara sí tenía algo en especial y él no podía exactamente negarlo así como así. Kakeru le recordaba a esos días de preparatoria, su rostro podría ser distinto pero su talento traía el fantasma de sus antiguos compañeros, de rivales. Demasiado dedicado con su entrenamiento, con el cuerpo moldeado para correr, derrochando talento con cada pisada que daba. Era difícil para él no… ¿Admirarlo quizás era la palabra que buscaba? No sabía cómo decirlo, era como si fuese una polilla y Kurahara una fuente de luz en medio de su batalla constante de querer dejar ir el pasado. Le caía bien, como todo atleta estaba demasiado obsesionado con su deporte, tenía conflictos para expresarse y era terrible para socializar. Era joven, un chiquillo que todavía no entendía cómo se suponía que tenía que funcionar el mundo y quizás, por eso Akihiro se molestaba en tratar de estar pendiente de él y aconsejarle. ¿Tal vez se veía de cierto modo reflejado en él? Ah, podía ser. Claro, que explicarle todo esto a Yuki podría ser más complejo y terminaría por enredar más que esclarecer las cosas. Así que escogió las palabras lo mejor que pudo: –Yo también corrí en mi adolescencia, supongo que tenemos eso en común y me llama la atención. Quiso añadir que Kurahara no le llamaba la atención de la misma forma que él, para fastidiarlo otra vez, pero eso podía interpretarse de mala manera. No era como si estuviese mintiendo exactamente, pero Yuki no tenía por qué saber eso, aún. –¿Osea que te ha pegado la vena nostálgica? ¿O es que realmente estás considerando hacerle caso a Haiji…? Akihiro dudó por unos breves instantes, preguntándose por qué realmente estaba corriendo. No era como si realmente le hiciese ilusión correr una maratón en medio del invierno, frente a un montón de cámaras y otros competidores respirándole en la nuca. Pero aún así, no despreciaba el concepto de ir. Se alzó de hombros, no estando muy seguro de qué sentía todavía. –Me gusta correr. Su yo adolescente habría dicho que amaba correr, que amaba la sensación del viento golpeando contra su rostro mientras aumentaba la velocidad de sus zancadas. El sudor empapándole la nuca, el aire caliente que expulsaba por su nariz, los latidos agitados de su corazón… Todo lo que otros podrían encontrar incómodo, engorroso y fastidioso, él atesoraba dentro de sí. Su mente se mantenía ocupada mientras corría también, a pesar que pareciese estar en blanco. Toda su concentración estaba puesta en el camino que tenía frente a sí y nada más. Era de cierta forma liberador, podría decirse. Claro que se dio cuenta que correr a sus veintiséis no era lo mismo que diez años atrás, su cuerpo había cambiado bastante y no se estaba refiriendo únicamente a su edad. Se había descuidado mucho, muchísimo, durante todo ese tiempo, sus músculos apenas y recordaban lo que era ejercitarse. Todo le dolía después de cada entrenamiento, tanto que tenía ganas de quedarse en la cama y mandar todo al demonio. Quería correr a comprarse un paquete de cigarros y continuar con su vida, olvidarse de Hakone. Pero era difícil renunciar, muy aparte que Haiji era realmente un maestro del convencimiento, Akihiro encontraba difícil renunciar a su nuevo estilo de vida. –Qué ganas de ser masoquista, en serio. Yuki parecía tener una opinión muy distinta a la suya, no obstante. Ya lo había notado antes: de todos, el que se quejaba más abiertamente del entrenamiento, quien se la pasaba diciendo una y otra vez que era ridículo todo lo que hacían porque no iban a llegar a ninguna parte, era Yuki. Desde el día uno estuvo tratando de convencer a todos para que ignorasen a Haiji y su petición “absurda”. Lástima para él que la astucia y labia de Haiji pudieron más que su necedad. Un par de semanas después y aún no había cambiado de parecer, por lo que veía. –Te ha ido mejor que a mí, no sé de qué estás hablando –y no mentía, Yuki era uno de los que parecía no tener tantos problemas para adaptarse al correr. Si bien se notaba que ninguno, salvo Kakeru y Haiji, eran atletas dedicados a correr, Yuki no estaba tan mal. Ya antes había notado que tenía una pequeña rutina de ejercicios, como para mantenerse más o menos en forma. No diría que había estado espiándolo, exactamente, pero Akihiro era observador. –No estoy en las condiciones para llegar a ningún récord oficial ni voy a estarlo en unos cuantos meses tampoco. El único que tiene posibilidades de llegar al tiempo estipulado es Kurahara y permíteme recordarte que, si Haiji pretende que participemos en Hakone, todos tenemos que clasificar. –No te imaginaba como el tipo de persona que no piensa que puede conseguir sus metas. –Hakone no estaba en mis planes y estoy siendo realista. Llevaba ya casi cuatro años conviviendo con Yuki y, ciertamente, aunque no lo había dicho en parte en broma, era probablemente con quien tenía más cercanía, pero era la primera vez que lo veía tan afectado por un asunto que no tenía que ver con su familia. Yuki era extremadamente orgulloso, cualquiera podía notarlo desde que se ponía a hablar de sus logros académicos, de lo obsesivo que era con obtener la calificación máxima y mantener un récord perfecto. No había absolutamente nada que él quisiese hacer que no pudiese conseguir, porque tenía la determinación (y la cabezonería) para lograrlo. Era raro escucharlo hablando de esa manera, aunque tuviese razón. –¿Sabes cuánto tiempo llevan entrenando todos los participantes de Hakone? Probablemente la mitad de sus vidas. ¿Cómo vamos a compararnos nosotros con ellos? Es absurdo –Yuki dio un trago a su vaso, frunciendo el ceño–. Mejor sería dejar morir el asunto antes que sea demasiado tarde. Nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza y decepción. Akihiro no dijo nada en un principio, porque tampoco estaba del todo en desacuerdo. Él, más que ninguno de los demás, excepto quizás Prince, sabía que estaba muy fuera de forma y que era imposible compararse con alguien con talento y años de práctica. La lógica le decía que no iban a llegar a clasificarse, que podrían soñar todo lo que quisiesen, pero no todos iban a alcanzar a dar con los tiempos de clasificación y terminarían por haber perdido tiempo valioso de sus vidas persiguiendo un sueño de Haiji que no iba a materializarse nunca. Lo lógico, sería renunciar antes que todo se pusiese demasiado complicado. Pero aún así la idea de echar por la borda todo porque simplemente todo pareciese ir en contra, le sabía tan ruin. –Cincuenta y cincuenta. Akihiro estaba mirando su reflejo en su tarro de cerveza. La imagen que le devolvía el reflejo no era exactamente igual a la de su yo adolescente, ese que cuando llegó a su casa destruyó casi todo lo que tenía frente a sí, después que su entrenador le dijese que mejor se dedicase a otra cosa. Lo entendía y sabía que tenía razón, su parte racional le había dicho que su entrenador tan sólo le dijo la verdad y lo que necesitaba escuchar. Pero eso no había impedido que las palabras le supiesen a hierro… Le costó mucho lidiar con ese asunto y, ahora que de pronto una oportunidad se le presentaba para hacer paz consigo mismo finalmente, Akihiro sentía tan ruin dejar todo una vez más, ahora por decisión propia. –¿Eh? –Hay un cincuenta y cincuenta por ciento de posibilidades. Quizás la balanza se incline hacia el otro lado al final. –No estarás hablando en serio… –la mueca de incredulidad de Yuki era tan pronunciada que Akihiro quiso soltar una carcajada, pero tan sólo se encogió de hombros. –Ya te lo dije, me gusta correr y no me importa seguir haciéndolo. No me discutirás que es bueno para mi salud, y además… –alzó su tarro y señaló a Yuki con este, sonriéndole–, para alguien que se la pasa diciendo que no le interesa en lo más mínimo todo este asunto, pareces haberle echado mucha cabeza a la clasificación. Si no te conociese, diría que estás preocupado. Brindó ante las mejillas sonrojadas de Yuki y su resoplido de fastidio. No estaba seguro si era el momento, el hecho que le había dado una especie de estocada en las costillas a Yuki o simplemente admitir abiertamente que en el fondo estaba disfrutando correr otra vez, pero ese último sorbo de cerveza le supo a elixir. –Sólo no quiero que se quejen luego, eso es todo. Pero Yuki mentía. Akihiro lo conocía demasiado bien, conocía cómo evitaba mirarle a la cara cuando hablaba de un asunto que realmente le importaba. Se ponía nervioso ante el escrutinio, incómodo de sentir una mirada pesada sobre sí mientras dejaba escapar sus verdaderos sentimientos. Y era realmente muy orgulloso, no le gustaba admitir que en realidad tras esa fachada de apatía y desinterés, se ocultaba un joven adulto con buenas intenciones que estaba comenzando a mostrar curiosidad por su grupo de compañeros. Yuki no iba a admitir abiertamente que estaba preocupado por si llegarían o no llegarían, porque en el fondo tenía una pizca de curiosidad y esperanza. Le gustaría cortar el asunto de raíz por temor a ilusionarse y fallar. Pero ese era el precio a pagar en los deportes y Akihiro lo sabía muy bien. –Quizás si lo ves como un reto para ti, te iría mejor –propuso, queriendo despertar su lado competitivo. –¿Sabes? La idea era que me pagases un trago, no que me dieses consejos para la vida. Pareces un abuelo, Nico-chan –Yuki fingió seguir molesto, pero el rubor de sus mejillas persistía, hipnotizándolo un poco. –Siempre estás insinuando que estoy viejo, ¿no? Le sonrió sinceramente, pronunciando el gesto cuando Yuki chasqueó la lengua. Imaginaba que por eso lo había invitado a salir, ¿verdad? Yuki quería hablar con él en un ambiente lejos de personas que pudiesen entrometerse en la conversación, además quería llevarlo a un lugar en donde se sintiese en su territorio y él fuera de su zona de confort para obligarlo a abrir la boca. Probablemente lo que no estaba calculando era que al final de la noche, iba a terminar por verse en el lado contrario. Lástima, porque Akihiro por unos breves instantes, quiso pretender que la salida era otra cosa. Llevaba muchos años en soledad, normal que fantasease en secreto. –¿Quieres bailar, Nico-chan? –la sonrisa socarrona y burlesca de Yuki estaba de vuelta, mientras volvía a mover su cuello y hombros al ritmo de la música. Quiso reírse, porque aquello sí que parecía inclinarse hacia aquel lado de fantasías en su cabeza, pero evidentemente, todo era una broma. Como casi todo entre los dos: Un tal vez, un puede ser, un constante empate. –El contrato verbal no incluía baile, sólo el trago. Regresaron a una hora decente. Decente bajo estándares de Yuki, claro, porque cuando salía a pescar alguna diversión nocturna, a veces regresaba hasta altas horas de la madrugada o al amanecer. O quizás, si había tenido muchísima suerte, no regresaba sino hasta bien entrado el día siguiente. Akihiro pensaba que probablemente esta fue una de las ocasiones menos divertidas para Yuki, aunque no lo escuchó quejarse mucho de su compañía. Seguramente podría haber tenido mejor suerte con alguna otra persona, con alguna de las chicas que lo habían estado observando durante toda la noche. Una cosa que Akihiro se llevaría a la tumba, no obstante, era que se alegraba que no hubiese sido así. Era un pequeño detalle, un renglón más entre su larga lista de cosas absurda que de vez en cuando pensaba y que dejaba guardado en lo más profundo de su interior. –Ojalá pudiese estar así de silencioso todo el tiempo –susurró Yuki cuando hubieron dejado sus zapatos perfectamente acomodados en la entrada. La vida nocturna parecía haber llegado a su fin en el Chikuseisou, por suerte para los dos. No era extraño encontrarse a los gemelos correteando por los pasillos, viendo a quién se le podían pegar e importunar por un par de horas. Tampoco era extraño ver a Haiji trasteando en la cocina, asegurándose que todo estuviese guardado en su lugar y limpio. Últimamente Kurahara se había unido también en la labor de limpieza, probablemente para preguntarle un par de cosas a Haiji sobre los entrenamientos. Él también era un animal nocturno, pero por lo general se la pasaba encerrado en su habitación, esperando que los gemelos no les diese por querer entrar y pasar tiempo de calidad con él. Creía que tan sólo podía escuchar el rumor de la televisión, así que quizás alguien estaría viendo algún programa o película en su habitación, pero por lo demás tan sólo escuchaban silencio. –Será mejor que no hagamos mucho ruido entonces, no vaya a ser que Jota y Joji se despierten o algo –sugirió, rascándose la nuca. No estaba realmente cansado, quizás el escándalo de la música que aún resonaba en su cabeza y el alcohol que había ingerido lo había dejado en un estado más o menos de alerta, pero sabía que en cuanto pusiese su cuerpo sobre el futón, probablemente iba a sentir todo el peso del cansancio sobre sí. Era lo que tenía estar recobrando su rutina de ejercicios, su cuerpo terminaba por resentir todo el esfuerzo al que lo había sometido por la noche, como si le estuviese vengándose de él por esas horas de descanso robadas. Eso y que, indudablemente, estaba haciéndose viejo. –¿Y bien? ¿Qué vas a querer? Yuki se dirigió a él cuando estaba por abrir su puerta y cambiarse de ropa. Estaba sobre la puerta de su habitación, frente a él, cruzado de brazos y con los ojos en el suelo. –Es lo justo, ¿no? Ya me cobré mi premio, ¿qué vas a querer que haga? Ah. Ese asunto. Lo cierto era que apenas Yuki había dictado su sentencia, Akihiro no había pensado particularmente en nada para “vengarse”, si bien había contemplado la posibilidad de hacerlo. Aunque bueno, podía de pronto tener un par de ideas. Un trato era un trato, Yuki había aceptado que haría lo que él quisiese, tal y como él ya había cumplido, así que técnicamente podía pedir lo que fuese. La cosa era que no estaba muy seguro sobre qué suelo andaba pisando, no sabía qué partes eran imaginaciones suyas y qué partes eran reales. Yuki siempre se cuidaba perfectamente bien de no dar demasiados detalles de sus verdaderos deseos porque era demasiado orgulloso y él era demasiado torpe como para actuar sobre ello. Podría pedirle que fuese sincero con él y le dijese qué sentía por él, si era mentira que él andaba imaginando que entre los dos había un tira y jala desde hacía ya un par de años. Pero pensó que tocar ese tema en medio del pasillo, pasadas las doce de la noche, no era un buen momento. Así que resolvió por escoger lo segundo mejor. –Salgamos otra vez. Aquella salida fue más un “ajuste de cuentas” que otra cosa, pero Akihiro tenía ganas de fantasear con que fue lo más cercano a una cita que podrían concretar los dos. Además, había disfrutado mucho de pasar tiempo a solas con Yuki. –¿Eso es lo que quieres? –Yuki lucía tan incrédulo, que parpadeó un par de veces–. Pensé que ibas a pedirme que continuase corriendo con ustedes. –Eso lo terminarás haciendo por tu cuenta. Aunque Yuki arrugó la nariz, Akihiro no dejaba de tener la razón. Yuki podría haber renunciado si le daba la gana, no era su estilo ceder ante la presión de los demás. Si decidió salir con ellos a correr por las mañanas, por las tardes, era porque realmente tenía ganas de ello. No estaba seguro qué era lo que ocultaba tras su frustración al respecto, pero ya con el tiempo suponía que lo descubriría. Pero lo cierto era que Yuki no despreciaba tanto la idea de Hakone como se encargaba de repetir todos los días. –O un beso, quizás. Fue como si siguiese en la disco, porque Akihiro estaba convencido que no le había escuchado bien. Pudo haber sido que seguía un poco sordo por el estruendo del lugar o que su cabeza definitivamente estaba jugando con él, alimentando su fantasía absurda. Pero Yuki seguía parado frente a su puerta, sin la más mínima intención de moverse un milímetro. Sus ojos ahora estaban mirándole muy fijamente, esperando sin duda una respuesta de su parte. Ah, carajo, ¿entonces lo había dicho en serio? Se preguntó si el rosado de sus mejillas era cosa del momento o del trago que debería de seguir paseándose por su organismo. Akihiro se sentía acorralado, como cuando alguien se le declaró cuando adolescente y él francamente nunca se había esperado algo parecido. Que Yuki, especialmente él, le estuviese diciendo esas cosas era definitivamente una de las experiencias más fascinantes de su vida. Pero intentó jugárselas y actuar como si realmente no estuviese con ganas de decirle que había estado esperando que le dijese eso desde que soñó con él la primera vez. –Eso lo harás por tu gusto. Demasiado orgulloso, demasiado arrogante para haber salido de sus labios, pero aún así no dejaba de tener razón. Yuki se echó a reír entre dientes, exagerando su gesto para acentuar su burla. ‘Estás demente’ parecía decir con sus ojos, ‘Ni en tus puñeteros sueños’ le bailaba en la garganta, lo podía ver desde su posición. Pero Akihiro tan sólo se cruzó de brazos también, apoyando su espalda en la puerta. Era como si estuviese ofreciéndole un reto, una nueva apuesta entre los dos. ‘A que no te atreves, cobarde’. Y Yuki lo pilló de una, apretando más el agarre de sus brazos cruzados y parándose firme en su posición. Primero muerto antes que bajar la cabeza ante él y admitir que él también estaba muriéndose por hacerlo desde hacía ya mucho tiempo, ¿no? Así se quedaron por quién sabía cuánto tiempo, mirándose y aguantando las ganas que tenían por mandar al carajo sus egos y simplemente hacer lo que querían hacer desde el principio. Akihiro tenía su dignidad a pesar de sus años y Yuki tenía todo el peso del orgullo sobre sus hombros. Ninguno se puso a pensar en lo ridículos que se veían haciendo todo eso, hasta que alguno se movió, pero él no supo quién de los dos fue. Honestamente lo único que le quedó claro es que eventualmente los dos colisionaron en un beso húmedo y descuidado, mordisqueándose los labios y agarrándose la ropa hasta arrugarla. –¿Empate? –preguntó Yuki, empujándolo contra la puerta de su habitación, mientras intentaba abrirla a ciegas. –Empate –aceptó, atrayéndolo de vuelta para arrancarle esa socarrona sonrisa que Yuki tenía en los labios. Cuando Yuki le arrancó sin mucha ceremonia la chaqueta y la camiseta, Akihiro estuvo muy de acuerdo con lo que había comentado hacía horas atrás: Definitivamente, empatar bien podría ser una media victoria, si lo pensaba bien.
