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Las copas de los árboles han dejado atrás el rosicler del ocaso; aunque ha pasado al menos una hora desde que Riou apagó la fogata, el aroma que ha dejado tras de sí se le ha adherido a la ropa y prevalece en el aire. El instinto animal llama a unos a la caza y a otros al sueño, tal como hace con Riou.Riou, que disfruta de la disciplina y de seguir los horarios preestablecidos por la madre naturaleza para entrenar y, solo así, tener una buena noche de descanso.Sin embargo, ocurre que esta vez lo que le mueve no es la calma que cae junto con la noche, sino la misma sensación de alerta que le hizo sobrevivir en la guerra. Riou escucha el graznido de las aves que revolotean asustadas, se percata del movimiento extraño que producen unos arbustos a la distancia y cae en cuenta de que su arma más cercana es el cuchillo daga en su bota derecha. Lo nota: ni siquiera lleva su Hypnosis Mic consigo.Pero Riou no se asusta, por supuesto. En realidad, piensa que la peor decisión de quienquiera que pueda estar acechándolo es acercarse a un hombre como Busujima Mason Riou, quien vive entrenándose para la batalla.La oscuridad no es ningún impedimento para que Riou se levante de su posición sobre el suelo de hierba, pues sus ojos se han acostumbrado y él está listo para lo que sea que pueda venir. Hace un tiempo que no sufre una emboscada; puede que ésta, por ocurrir de noche, sea más interesante.Es cierto que Riou vive por la causa, listo para cuando llegue la inevitable guerra que surja de los dilemas que han creado esos Hypnosis Mic, pero ni él mismo puede evitar sorprenderse y dar un respingo ante el sonido de algo similar a un costal de papas aterrizando frente a sus pies.Su primera reacción es retroceder y aguardar, pese a que de sus lecciones ha aprendido a atacar antes de dar pie a ser atacado. Sus instintos de guerra le dice que esa es la mejor decisión que puede tomar en ese momento.Ah, y cuánta razón tenían.El hombre que cae cual costal de papas por entre los arbustos no es otro que un hombre convaleciente que lleva el costado rasgado y apenas una gabardina encima. Riou se acerca a él con la disposición de ayudarle a ponerse de pie para que pueda seguir su camino, hasta que se da cuenta de los bajos gemidos de dolor del hombre y se da cuenta de que en realidad parece un niño.Un niño herido, frente a él.Y Busujima Mason Riou podrá ser un hombre de piedra, pero tiene el corazón en donde debe y sabe que dejarlo ahí sería una falta a sus principios, por lo que, sin mediar palabra, lo carga cual princesa y decide llevarlo a su refugio para que se reponga. Pese a la situación, el chico no pudo quejarse, puesto que había caído inconsciente al sentirse a salvo por fin en brazos fuertes y cálidos. El aroma de la fogata es lo que despierta al chico de un profundo sueño no muy reparador. Por el modo en que despierta (exaltado y nervioso), Riou deja su posición junto a la fogata para ir con él y tranquilizarlo.—No deberías moverte: tu herida se abrirá de nuevo —suelta Riou al llegar junto a él. El chico ignora sus palabras y analiza todo en derredor con ojos curiosos. Riou aguarda pacientemente. El chico se toma su tiempo en detener los ojos nuevamente en él.Cuando habla, es con una voz rasposa y un acento extraño. —¿Estás con los tipos del bar? ¿Me secuestraron? Porque juro que puedo conseguirles el dinero que les debo si me dan un poco de tiempo, yo…Riou se ve obligado a abrir mucho los ojos antes de poder responder: más que sus preguntas, es la tranquilidad con que habla lo que le sorprende. Vaya chico más interesante.
Riou interrumpe sus palabras con una mano en alto que busca tranquilizarlo un poco. —No te secuestré y tampoco sé a qué sujetos te refieres, despreocúpate —habla solemne. En cuanto escucha esas palabras, el chico le obsequia una sonrisa.
—Genial —es lo primero que dice. Se toma su tiempo para soltar una risa y luego agrega—, entonces puedes llamarme Dice.—Busujima Mason Riou —se presenta él a su vez.Dice lo contempla durante un momento y luego vuelve a soltar una risita, siempre sin malicia. —¡Un gusto, Rioussan!
