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Son las 8:47 de la tarde y estoy en la vuelta a casa después de un aburrido día en la uni. Me encantaría saltar a las cosas importantes de la música en lugar de que siempre me enseñen sobre los mismos compositores y como modificaron este arte y bla bla bla. A Ibuki le encantaría tomar control de la agenda que traen y modificarla para que enseñen algo que si sea relevante a este nivel. Desgraciadamente, la última vez que Ibuki intentó eso casi la expulsan de la secu.El cole se llena rápido, como la mayoría de veces -este es el colectivo mas común para los laburantes y los estudiantes que no tienen movilidad propia- y me alegro una vez más de haber escogido apropiadamente que parada tomar para conseguir un asiento. Cuando tu casa queda a dos horas en cole, te gusta pasar ese tiempo en un asiento en la parte trasera, esa parte a la que no llegan muchos viejos, niños o embarazadas como para que les tengas que dar tu asiento.Suelto un suspiro que es una mezcla entre satisfacción y cansancio, sólo puedo pensar en dormir. No me importa si es en mi casa o si es en el cole, no sería la primera vez que lo hago, pero no puedo evitar notar que la idea de dormir acolchada en mi cama es más apetitosa de lo normal. Antes de cerrar los ojos, me acomodo en el asiento y miro a mi alrededor. Normalmente nadie capta mi atención como para que me fije en como visten, pero hoy mis ojos se pegan en la chica parada frente a mí. Tiene el pelo largo y violeta, con mechones desparejos y va vestida con un uniforme escolar que parece que es par de talles mas chicos de lo que debería usar. Bonita. Le pediría el número de no ser que probablemente no me va a escuchar.Cierro los ojos y empiezo a imaginar una discusión en la que nunca voy a participar, pero antes de que llegue a dormirme completamente, un sacudón me despierta sin mucha dificultad. --- Son las 12:02 de la mañana y por fin estoy en mi casa, cocinando unos fideos para mí y para la chica que todavía me cuesta creer que conseguí invitar a la casa. Mi mente reproduce una y otra vez la interacción que tuvimos en el colectivo de manera pausada, buscando detalles que no haya visto antes. "Justo después del sacudón y antes de que pueda abrir los ojos, siento un peso sobre mi cara. Cuando intento procesar que acaba de pasar, una voz tímida hace presencia.
—¡P-Perdón! No era mi intención que pase esto ¡Por favor p-perdóneme!—
El peso se aleja y por fin puedo entender que acaba de pasar. El cole por algún motivo fuera de mi conocimiento hizo un freno brusco, casi tira a todos a la mierda y justo la piba que tengo en frente me tiró las tetas en la cara. Gracias papá dios.
—No no, gracias jaj—
La cara de confusión que pone me hace darme cuenta de lo que dije. El chofer interrumpe a la chica, si es que quería responder, anunciando que el móvil está roto y que hay que esperar hasta el próximo. La cara de la chica tarda menos de un segundo en pasar de confusión a una marcada angustia.
—No, no, no, no puede pasar esto, no, no ahora, no hoy— La escuchó murmurar.
Me bajo junto con todos y me pongo a la espera, no me queda otra alternativa ya que los taxis cobran caro. Por el rabillo del ojo capto como parece que está a punto de desmayarse. Desde pequeña me conocen como una luz que aligera el ambiente en cualquier lugar, así que me le acerco con intenciones de calmarla suavemente.
—Eu, ¿Todo bien?—
—¿Ah? E-Eh, no ¿Por qué?—
—Es que me da curiosidad saber que pasó, de pronto estabas re nerviosa y a Ibuki le llama la atención. No tenés que decirle qué pasó, si te incomoda—
—O-Oh, es que es el ú-último bus que queda para i-ir a mi casa... y-y no tengo dinero para un taxi... o la c-casa de alguien para quedarme... y queda a unas c-cinco horas caminando...—
Mi corazón me ruega que la ayude porque la expresión de tristeza que hace se me hace muy tierna, pero mi lado lógico me dice que puede que simplemente se haga la víctima y que si la ayudo en cualquier momento me pega un navajazo y chau riñón y billetera. Carajo, soy más amable de lo que debería ser.
—Che— le toco ligeramente el hombro para llamar su atención —si querés, te podes quedar en mi casa esta noche. Está a unas dos horas caminando, si caminamos rápido, sino a casi tres—
Me mira como si le hubiese dicho que la tierra es plana. Tiene sentido, apenas y si entablamos una conversación de menos de un minuto. Poco me importa, bueno si me importa porque en realidad cualquiera de las dos puede salir sin un riñón del encuentro. No digo nada y simplemente le dedico mi más genuina sonrisa para tratar de transmitirle confianza y seguridad. No estoy muy segura de si consigo lograrlo.
Niega con la cabeza vagamente —No tengo plata, no te voy a poder pagar—
Sonrío una vez más —No tenés que pagarme, es un favor—" Eso es todo lo que puedo recordar. A mitad de camino, apareció el cole y fue más rápido tomarlo que seguir caminando. Me dijo su nombre y me presente formalmente, se llama Mikan y está estudiando para ser enfermera.Casi todo el tiempo estuvo tartamudeando excepto cuando empezó a hablar de ser enfermera y todo lo relacionado a la enfermería. En ese momento casi que le radiaban los ojos de la felicidad que le provoca.También intercambiamos números. No somos muy parecidas en cuanto a nuestros gustos refiere, pero me resulta interesante de todos modos.Miro a mi izquierda y veo que los fideos no se pasaron porque dios me ama. Hago lo que puedo para evitar volver a cocinarlos. Saben un poco mal, pero nada que un poco de crema de leche no pueda solucionar. No es la mejor presentación ni tampoco es una comida gourmet, pero es disfrutable.Preparo dos platos y los llevo al comedor, donde me estuvo esperando por los últimos minutos. Está un poco menos tensa que la primera vez que la vi.—Ey, si en algún otro momento necesitas quedarte en la casa de alguien por el motivo que sea, llámame.— Le hago saber.—A-ah, s-sí, sí, claro, claro— Responde mientras agarra los cubiertos y se reacomoda en la silla para comer.¿Puedo hacer que se convierta en mi amiga? Tal vez, ¿Puedo hacer que se convierta en mi amada? Sólo el destino lo dirá.
