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mientras el mundo se

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Faltan granos de arena que sean equivalentes a las veces que lo anunciaron ㅡPor la televisión. Por la radio. Por todas las redes sociales habidas y por haberㅡ.Faltan dedos para contar las veces por minuto que la gente se acercó a la ventana a comprobar el cielo. En busca de alguna esfera extraña aproximándose ㅡo una bola de fuego. O una onda expansiva. No tenían ni idea de qué buscaban. Pero querían encontrar algoㅡ. Cualquier cosa.La señal definitiva de que el mundo llegaba a su fin.Los científicos y los políticos apenas dieron detalles. Mucho menos soluciones.Aquella vez no era una simple profecía maya mal calculada. Ni un augurio de un médium que cobraba por una tirada del tarot.Era una amenaza real.Inevitable.El mundo iba a acabar.Nadie sabía cómo ㅡal menos, no la gente de a pie. Y quienes tenían la más mínima información, estaban obligados a guardar silencio, por algún motivoㅡ.Nadie podía salvarse.Sólo esperar. Con la ansiedad de no saber cuándo rezar, besar, respirar, llorar por última vez.La situación apocalíptica del planeta los días siguientes del ultimatum era de esperar. Fue todo un milagro que no explotase por sí mismo tras tremendo caos.Kaito no quería recordarlo.Apenas quedaba comida. Apenas quedaba agua. Apenas quedaba humanidad-No, no, Kaito no quería recordarlo.En sus cortos diecisiete años había presenciado barbaries, pero oh, cómo se muestra la verdadera naturaleza del ser humano cuando entra en modo supervivencia.Había gente matándose en las calles. Dios sabe por qué.Kaito estaba en la comodidad ㅡpero no en la seguridadㅡ de su casa, que con suerte estaba intacta. Intentando ahogar los gritos agonizantes de desconocidos ㅡy de su propia mente. Que le repetía una, y otra, y otra vez que a morir sin haber cumplido con su cometido. Iba a morir sin haber encontrado a Pandora. Soltó una pequeña carcajada. Qué más daba. Por mucho que quien la tuviera hubiese conseguido la inmortalidad, de nada le iba a servirㅡ con la música puesta a todo volumenUn pequeño roce.Un pequeño roce en sus mejilla corta su vómito de pensamientos.ㅡ¿De qué te ríes?En la comodidad ㅡpero no en la seguridadㅡ de su casa, Kaito descansaba en su habitación. En su cama.Y acababa de recordar que no estaba sólo.Era muy impropio de un par como Shinichi y él quedarse quietos sin hacer nada ahí tirados. Siendo dos manojos de nervios con tantas cosas que hacer en el tintero ㅡincluso, aunque nunca lo admitieron en voz alta, tenían la típica tonta lista de "cosas que hacer antes de morirㅡ.Lo dicho; cómo se muestra la verdadera naturaleza del ser humano cuando entra en modo supervivencia.La forma en la que sus cuerpos habían decidido protegerse era con un artificial desapego emocional de la situación. Una fingida ignorancia. Intentaban exprimirla al máximo en un intento desesperado de no perder la cabeza.Y de poder aprovechar lo máximo posible el ㅡpocoㅡ tiempo que les quedaba juntos.Kaito lo miró.Miró sus somnolientos ojos celestes. Su brazo sobre su cadera. Su camiseta de vete-tú-a-saber-qué-grupo dos tallas más grande que la suya.ㅡNada. Sólo me acordé de un chiste malo ㅡmintió. Y ya. No iba a malgastar saliva ni tiempo contándole a su novio sus pensamientos depresivos.ㅡA ver, cuéntamelo. ㅡKaito le conocía como la palma de su mano. No quería oír el chiste. Quería ver qué tan malo era para luego burlarse de su sentido del humor.Para qué mentir, a Kaito le gustaba cuando se metía con él y empezaban una pelea de insultos que siempre desembocaba en una pelea de a ver quién decía la ñoñería más empalagosa.Soltó un largo suspiro para ganar tiempo y poder pensar un chiste.ㅡUn señor se encuentra a su amigo y le dice "¿Sabes? El otro día me compré cien palomas" "¿Mensajeras?" ㅡcambió su tono de voz para que se distinguiese el segundo personaje del chisteㅡ "No, no tensajero".Shinichi negó con la cabeza con su característica expresión de "estoy harto de tonterías" y le golpeó el pecho.ㅡEres imbécil. ¿En serio eres el gracioso de la relación?ㅡ¡Sí, y el guapo! ㅡrio con fuerza el mago. El otro puso los ojos en blanco, girando la cabeza. Kaito tomó su mentón entre sus dedos para obligarle a mirarle de nuevoㅡ Es broma, es broma. Tú eres el guapo. No es justo que yo lo tenga todo.ㅡTienes razón ㅡdijo el detective, enarcando una ceja. Mirándole con diversiónㅡ. Eres supuestamente gracioso, definitivamente imbécil, baboso, pedante... Si también fueras guapo, ya acapararías demasiados adjetivos.ㅡGracias.ㅡNo... no era un cumplido ㅡmusitó Shinichi, sonando más bien a una preguntaㅡ. Tonto. Ahora, haz el favor y cambia la música. Me está dando náuseas.Estaba sonando una canción lenta y romántica que, desde luego, no era para nada su estilo. Pero la tenían en esa playlist para ocasiones especiales.ㅡ¿Crees que voy a perder tiempo en moverme, levantarme de la cama, andar hasta el escritorio, coger el móvil y cambiar la canción hasta que suene una que te guste?Shinichi asintió con la cabeza.Kaito ya no sabía si estaba jugando con él o hablaba en serio.ㅡA lo mejor hay alguien más tonto que yo en esta relación... ㅡmasculló. Al ver que una sonrisa socarrona se había formado en los labios ajenos, supo que estaba, sin duda alguna, jugando con él. Subió una de sus manos a la nuca de su novio. Su pelo estaba muy suave. Cómo se notaba que lo había secado y peinado él mismo hacía un par de horasㅡ De verdad que me gustaría estar escuchando música que sea del agrado de ambos, pero no quiero perder ni un segundo que pueda pasar contigo.ㅡOh, vamos. ㅡEl detective se apuró en apartar el rostro de Kaito con ambas manos para que evitase que le viera sonrojarse. Pero Kaito ya sabía que ese gesto lo hacía justo cuando de sonrojaba; no tenía escapatoriaㅡ No va a pasar nada por un momento. Cambias la música o arruino el momento vomitádote encima. Tú eliges.ㅡEstá bien, está bien ㅡaceptó finalmente, suspirando derrotadoㅡ. Pero que sepas que lo hago porque no quiero tener que ducharme otra vez.Se separó de Shinichi. Se levantó a la cama. Caminó hasta el escritorio. Tomó su móvil.En vez de cambiar la canción sin más, miró por la ventana.Apartó la vista al instante.Se apresuró en buscar una canción que sabía que que Shinichi le gustaba. Tranquila, pero no cursi.Volvió a la cama. Envolvió sus brazos alrededor de la cintura contraria. Con la mirada clavada en la pared.ㅡ... ¿Qué pasa? ㅡse atrevió a preguntar Shinichi. Sus pupilas dilatadas, buscando una respuesta en sus ojos azules. Su respiración interrumpida. Sus manos agarrando con fuerza la tela de la camiseta de Kaito.El cielo estaba cubierto de nubes de colores que iban desde el rosa palo al negro.La ciudad estaba cubierta de una especie de niebla anaranjada. Arenosa.Partículas negras y rojas bailaban en la atmósfera. Cayendo sobre los pocos transeúntes que quedaban en las calles salpicadas de sangre y desechos humanos y no humanos.Todos miraban arriba con la misma ansiedad.Kaito no sabía qué pasaba. Pero por dentro sí sabía qué iba a pasar.De nuevo, subió una de sus manos a su nuca. Esta vez para acercar su cabeza a su pecho. Apretó el agarre en su cadera y la acercó también a la suya. Abrazándole con fuerza.Shinichi no sabía que pasaba. Pero por dentro sí sabía qué iba a pasar.Guardaron silencio por unos segundos.ㅡDentro de lo fea que está la situación... los colores son bonitos ㅡmurmuró Kaito, ahogando una risa.Shinichi no lo dijo. Pero Kaito sabía que le había llamado "tonto", una vez más, en su cabeza.ㅡ... Qué colores ㅡpreguntó con un hilo de voz.ㅡRosa, negro, naranja... Parece un atardecer.ㅡSe estará quemando algo.ㅡNo lo sé, Shinichi. No quiero saberlo.Otro silencio.ㅡ... ¿Quieres verlo?Shinichi asintió.Los dos se levantaron para mirar por la ventana. Cogidos de la mano.Toda expresión en el rostro del detective fue borrada, tal y como le pasó a Kaito.Se preguntó qué se le estaría pasando por la cabeza. Estaba claro lo que iba a pasar. Y que ya no iban a poder hacer tantas cosas. Al menos, pudieron hacer muchas otras.Pasaron tantas dificultades. Lucharon tanto para finalmente ser felices. Y ahora, de repente, todo lo que han construido se les arrebata en ¿cuánto? ¿Dos meses? Era cruel, tan cruel, todo lo que estaba pasando-ㅡQuiero salir ㅡsetenció el detective, mirando a su novio.ㅡ¿Cómo?ㅡQuiero salir a ver lo que sea que vaya a pasar. Subamos al techo.Iba a objetar que la situación estaba bastante fea ahí abajo en la calle. Pero sabía de sobra que Shinichi tenía estómago para soportarlo.Al abrir la ventana, ya se estaba arrepintiendo. Definitivamente, algo se estaba quemando. El aire era caliente. Pesado. Quemaba sus pulmones y les obligó a toser. Los gritos desgarradores de los habitantes de Beika se hicieron perfectamente audibles.ㅡ¿Sigues queriendo salir?ㅡSí.El techo estaba parcialmente cubierto por esas partículas oscuras y lo que parecía ceniza. Lo apartaron con las manos para sentarse en un huevo limpio ㅡlo hicieron por inercia porque, desde luego, ya no era necesarioㅡ.Se sentaron muy pegados el uno al otro. Abrazados. Shinichi apoyando su cabeza en el hombro de Kaito, y Kaito su cabeza sobre la suya. Olía a su champú.Las nubes se movían con rapidez.Aunque de forma mucho más tenue, la canción seguía escuchándose desde ahí arriba. Estaba por terminar. Shinichi la tarareó hasta que terminó.ㅡPonte a cantar. A ver si llueve y apaga el incendio ㅡle anima Kaito.El volumen de la música decreció aún más ya que el móvil de Kaito estaba siendo bombardeado con mensajes. Seguramente de su madre y amigos despidiéndose.ㅡIdiota... ㅡle dijo, una vez más, su novio.Kaito se separó lo suficiente para poder mirarle.Por algún motivo, Shinichi estaba sonriendo.Cuando se quiso dar cuenta, él mismo también lo estaba haciendo.Tenían una gran, enorme razón para llorar. Incluso para querer tirarse del techo y acabar de una vez con todo.Kaito no sabía bien por qué estaba pasando todo esto. Por qué tenía que terminar todo así. Por qué el destino, Dios, Buda, el universo, lo que fuera que estuviese causando esa catástrofe, así lo había elegido.Kaito solo sabía que, teniendo a Shinichi a su lado, tenía diez mil por qués para seguir sonriendo.ㅡTe quiero.Escapó sin querer de sus labios.Pensó que quizás había arruinado la magia. No era lo suficientemente cursi para ir diciéndolo en serio en momentos así. Pero era necesario.De hecho, pensó, que a lo largo de su vida debió decirlo más veces.Cuando creyó en él tras explicarle que no era un maleante, sino un pobre diablo que quería vengar a su padre. Cuando mintió a la policía con tal de evitar que lo llevasen a la cárcel. Cuando se le declaró. Cuando aceptó salir con él. Cuando le propuso ir a vivir juntos. Cuando le insultaba y en el fondo él también quería decirle que le quería. Por cada sonrisa, cada hora que pasaron juntos, cada abrazo...ㅡYo también te quiero.La sonrisa de Kaito se agrandó.Las nubes habían pasado de estar totalmente negras a tornarse rojo oscuro. Como si estuvieran hechas de sangre. El viento arañaba sus pieles y la presunta ceniza se impregnaba en su ropa. La camiseta que Shinichi llevaba ya no olería a él, pensó Kaito.Los alaridos de los transeúntes se intensificaron. Todos miraban al cielo y exclamaban, rezaban, imploraban clemencia al presunto Dios benevolente que les estaba castigando.Pobrecito, su querido Shin-chan. Iba a morir calcinado, aplastado, o quién sabe cómo. Con suerte Kaito moría antes o no lo presenciaba.Sus brillantes ojos celestes. Su suave piel ligeramente bronceada. Sus labios. Sus manos. Sus uñas. Su torso. Sus piernas. Todo lo material y no material que le importaba. Todo iba a ser destruido por la misma fuerza que lo creó.
ㅡSólo podía quedarse lo más pegado a él posible. Esperando que en el más allá, que en su siguiente vida o lo que sea, sigan juntos o se vuelvan a encontrar.ㅡ
Kaito colocó sus manos a ambos lados del rostro de Shinichi. Acarició sus mejillas con sus pulgares. Él cerró los ojos ante sus caricias. Kaito también cerró los ojos mientras acortaba poco a poco la distancia entre sus labios.Gritos ensordecedores.Un manto rojo cubriendo la ciudad. El planeta entero.Oscuridad.

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