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Deseos por cumplir

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En el orfanato, le habían enseñado a rezar antes de dormir. No sabía bien para qué, pero en su pequeña cabeza de un niño de siete años, pensó que rezar significaba que Dios le cumpliría sus más anhelados deseos.Y él, tenía un deseo igual de ardiente que el sol en su corazón.— ¡Deseo una mamá para el festival del día de las madres! — Exclamó, juntando las palmas de sus manos.Obviamente, rezarle a Dios no cumpliría sus deseos como si fuera un mago de la lámpara cómo el de los cuentos.Pero Dice no sabía eso. No esperaba que de la nada misma, de manera espontánea apareciera una madre frente a él.Pero, Dice pensaba que su deseo había sido escuchado.Apagó las luces de su habitación, vacía ya que era el único niño entre tantas camas sin dueño.Sus pies descalzos caminaron hacía su propia cama, pero algo llamó su atención antes.Estaba seguro de que una figura blanca se reflejó en el espejo por un segundo. Dice tuvo miedo, ¿Dios lo estaba asustando a cambio de darle una madre?La flama de la vela que iluminaba tenuemente su habitación, flaqueó. Y si Dios estaba jugando con él, ¡No era nada divertido!Se subió rápidamente a su cama, arropandose de pies a cabeza.— Eres Dios, ¿No? — Dice intentó no sonar asustado, pero su voz flaqueante lo delató. — Por favor, dame una madre para el día de las madres.Hubo un silencio, luego escuchó la risa de una mujer, cómo si estuviera muy, muy lejos de él.— ¿Qué te hace pensar que soy Dios?Aquella voz le heló la sangre. Sintió cómo si la voz provenía de sus más horribles pesadillas.Aún así, si esto era una prueba para conseguir una mamá… Dice se mantendría fuerte. — Porque recé muy muy fuerte para que me escucharas.Rezó con tanta intensidad, solamente para asegurarse que Dios lo escuchará únicamente a él y a nadie más. Quería que su deseo fuera escuchado.— Las oraciones no funcionan así, querido.Otra voz se escuchó en la habitación. Diferente a la anterior; una voz llena de calma, suave cómo una nube.Pero estaba confundido. ¿No había solo un único Dios? Eso le habían enseñado las monjas del orfanato.— ¿Dos dios?La primera voz volvió a reír, cómo si Dice hubiera dicho un chiste gracioso. Esta vez, no sintió que fuera la voz de un monstruo de sus pesadillas, más bien, fue dulce cómo un caramelo.Dice escuchó un aleteo, cómo el de los pajaritos de la ventana en la mañana, pero fue un sonido mucho más fuerte que un pajarito pequeño.Se sintió brevemente mareado, abriendo los ojos para encontrarse con una mujer castaña, vestida completamente de blanco y con los ojos verdes más lindos que Dice haya visto alguna vez en su corta vida.— En todo caso sería "Dos dioses". — Corrigió el error del pequeño, sonriéndole.La mujer lo observaba frente a su cama, Dice salió de entre las sábanas para saludarla.— ¡Ah! ¿Eres dios? — Dice no tuvo miedo, no sabía cómo explicar lo que sentía, pero su instinto le decía que no era un ente malvado ni satanás.— No, pero soy uno de sus ángeles. — El ángel paseó por la habitación, cómo si estuviera buscando a alguien. — Y tú, demonio, aparece de una vez.¿Demonio? ¿Acaso había un demonio en su habitación? Dice dudó, quizá no debió rezar tanto.— ¡Que impaciente! — La voz dulce cómo el caramelo volvió a escucharse y Dice no estaba seguro de que alguien con una voz tan bonita sea un demonio.Las llama de la vela volvió a flaquear hasta apagarse completamente y dejar la habitación a oscuras. Dice agarró la mano del angel antes de quedar completamente ciego, temeroso de que el demonio le pudiera hacer algo malo.Y si estaba al lado de un ángel, quizá no le haría daño.El ángel, en silencio, le transmitió seguridad. Cómo si supiera de primera mano a qué clase de Demonio se enfrentaba.La luz volvió a la habitación, ya no estaba agarrando la mano del angel vestida de blanco, sino que la mujer a su lado llevaba un vestido completamente negro, más baja de estatura que el ángel y unos cabellos rosas tan bonitos que contrastaban su manera de vestir.— ¡Hola!Cuando la mujer a su lado sonrió, pudo ver sus colmillos. Dice se asustó, retrocediendo y chocando contra las piernas del ángel.— Oh, ten cuidado. — La mujer de blanco lo levantó del suelo sin ninguna complicación.— ¡Hazle caso a Gentaro! Podrías lastimarte. Los niños se lastiman muy fácilmente~ — La otra mujer, acarició sus cabellos cómo si fuera su propia familia.Dice no supo cómo reaccionar ni que decir, ¿Cuál podría ser la reacción esperada de un niño al estar frente a dos entes sobrenaturales? Llorar, gritar o maldecir podría ser normal, pero Dice solo tenía un pensamiento rondando por su mente.— Entonces, ¿ustedes serán mis madres?Estaba confundido. ¿No debería haber una mamá y un papá? Eso le enseñaron las monjas. ¡Aunque dos mamás sonaba el doble de divertido!— Tienes a un demonio y un ángel frente tuyo, ¿Y piensas en eso? — El ángel inquirió, cómo si hubiera echo las preguntas incorrectas.— ¡Es que recé para eso! — Rezó tanto, que hasta un Demonio lo escuchó. ¡Se sorprendía de sí mismo!— Yo creo que sería divertido ser sus madres por un día~ — El Demonio acotó a su favor, sonriente.El ángel se vió dudosa, no estaba segura de aceptar.— ¡No pongas esa cara de duda! Será divertido, mira que lindo es él. — El demonio pellizco sus mejillas para probar su punto. A Dice no le gustó para nada, sus mejillas dolían.El ángel suspiró, quizá no tenía otra opción más que aceptar. — Ciertamente, salir de la rutina un rato podría ser beneficioso para ambas.Dice y el demonio festejaron juntos el "sí" del ángel, cómo si minutos antes Dice no estuviera aterrado de ella.Dice las invitó a sentarse en su cama, el demonio de cabellos rosas rápidamente aceptó la invitación, pero el ángel veía más productivo ordenar el desastre de ropa sobre la cama.— Si van a ser mis mamás, ¡Entonces necesito saber sus nombres! — Dice les sonrió. ¿Tendrían nombres como en la Biblia?— Me llamo Gentaro, encantada. — El ángel se presentó primero, haciendo una pequeña reverencia al nombrarse.— ¡Yo soy Ramuda! — El demonio no fue tan formal cómo Gentaro, pero le regaló la misma sonrisa que el ángel.— ¡Y yo soy Dice! Tengo siete, me gustan los autos y los gatos. ¿Y a ustedes? — Pensaba que si le preguntaba las cosas que les gustaban, podría conocerlas un poco más.— Los libros, el té y el silencio. — Los gustos de Gentaro eran lo que Dice esperaría de un ángel.— Los dulces, la moda y Gentaro! — Y los gustos de Ramuda se acoplaban bien a un demonio.Aunque no entendió que significaba que le gustara Gentaro, pero la castaña no pareció inmutarse. Era como si estuviera acostumbrada a ese tipo de comentarios.— Tengo curiosidad, ¿Por qué necesitas una madre? — El ángel inquirió.— Pasado mañana habrá un festival por el día de las madres en mi escuela. Todos llevarán a sus madres para pasar el día allí. — Y cómo era de esperarse, desde que ingresó a la escuela, ha pasado esos festivales solo.Deseaba tanto poder pasar ese festival con su madre, su madre biológica. Pero, Dice tenía el presentimiento de que ya no podría volver a verla.Así que, estaría bien si dos entes sobrenaturales lo acompañaban. — Habrá juegos, picnic, competencias y premios. — No quería volver a sentirse solo mientras veía a los demás felices con sus madres. — No quiero ser el único sin mamá.. No otra vez.Gentaro sintió los sentimientos de Dice cómo los suyos propios. Sintió tristeza por él, por todo lo que ha tenido que pasar con su corta edad.— Suena divertido~ ¿Quieres que gane el primer lugar para ti? — Ramuda le sonrió, no podía comprender exactamente bien las emociones humanas, pero entendía lo que era la soledad.— No me interesa ganar o perder.. solo quiero pasar un día divertido con dos mamás..Mientras hablaba, en su mente, solo podía ver el rostro distorsionado de su madre. No lo recordaba del todo, y eso le asustaba.Quería divertirse con ellas, justo cómo lo haría con su verdadera madre.— Bien, entonces haremos que sea el día de las madres más memorable para ti, ¿Te parece bien? — Gentaro acarició los cabellos ajenos, esperando demostrar calidez.— ¡Sí! — Dice asintió, dejándose mimar.— Ahora duerme, ¿No necesitan los niños dormir más de ocho horas diarias para crecer?Dice se arropó entre las sábanas de su cama, tenía razón. Además, ya tenía demasiado sueño. — Cuando despierte, ¿Ustedes estarán conmigo?Las dos asintieron, casi al mismo tiempo.— Si quieres, me quedaré contigo hasta que te duermas, ¿Si? — Ramuda se sentó nuevamente al lado de Dice, acariciando sus cabellos.— ¡Si! Gracias, mami.Dice lo dijo tan despreocupadamente que tomó desprevenida al demonio que ha atormentado tantos humanos desde el inicio de los tiempos.Sintió cómo su negro corazón palpitara de nuevo con una alegría inmesurable. Maldito mocoso.— Ten, aquí tienes este osito. — Queriendo olvidarlo, le extendió un oso de peluche muy viejo para hacerle compañía. Se notaba que la caridad de las personas era limitada.Dice lo tomó en sus manos, abrazándolo.— Arropate bien, las noches son frías. — Gentaro se agachó para tapar al niño, no podía enfermarse el primer día que lo cuidara.Dice les sonrió a ambas, y esperando que todo no fuera un agridulce sueño, cerró los ojos para descansar...Dice despertó, pero no vió a ninguna de sus madres con él. Entonces, ¿Todo fue un sueño? Dice no podía creerlo, se sintió tan real.. ¿Todo fue producto de su imaginación?Se incorporó de su cama, sus pies tocaron una superficie suave, que raro. Siempre sentía el frío piso de madera del orfanato.Miró hacia abajo, y plantadas debajo de sus pies, habían unas pantuflas de algodón con forma de conejito. ¿Desde cuándo tenía pantuflas? Es más, ¿Desde cuándo tenía habitación propia?Ya no estaba en la habitación sombría del orfanato, ya no habían camas vacías alrededor de la suya.Las paredes de la habitación ya no estaban pintadas por un blanco viejo y sucio, el color amarillo le daba un toque menos frío y más ameno. Incluso podía ver la luz del sol detrás de las cortinas. Tantos detalles habían cambiado que no podía verlos todos.Escuchó que alguien tocaba su puerta. — Buen día, Dice. El desayuno ya está listo, ¿Podrías bajar?Era la voz de Gentaro, estaba seguro. Dice tuvo que retener las lágrimas, estaba feliz de que no haya sido un sueño.Con su mejor sonrisa, respondió. — ¡Sí! Ya voy! Escaleras abajo, Dice podía escuchar la conversación ajena mientras se acercaba. Era temprano por la mañana, pero ellas estaban muy animadas.— ¡Ramuda! Deja de comerte la crema. — Gentaro reprochó, alejando el plato de Ramuda. ¿Sabe cuánto tardó en hacerlo?— ¡Es solo un poco! — No entendía por qué se molestaba tanto, era solo un poco de crema.— Siéntate. ¿Acaso estoy cuidando de una niña?Ramuda pensó que estaba actuando más como una anciana que cómo una madre. Le sacó la lengua. Sonriendo cuando vió a Dice en las escaleras. — ¡Buen día!— ¡¿Esta casa es tuya?! — Dice saltó desde las escaleras hasta la mesa, asombrado por la casa en la que estaba.— Sí, ¿Por qué? — Ramuda le sonrió, qué divertidas eran las reacciones de Dice.— Ayer estábamos en el orfanato y ahora en una casa gigaaante, ¡Es increíble!Gentaro le hizo prometer que no diría que ganó la casa en una apuesta contra un hombre borracho, decía que no era apropiado.Y ahora lo entendía, Dice estaba emocionado por tener su propia casa, no quería decir nada que borrara esa sonrisa de su rostro.— Siéntate, por favor.Gentaro le invitó a sentarse, y Dice hizo caso a sus palabras. Frente a él, un plato de pancakes sobre la mesa.En el orfanato, ni en un millón de años podría desayunar algo así. Tomó los utensilios de cocina en sus manos, cortando en pequeños pedazos su desayuno.A Gentaro le sorprendía que un niño de siete pudiera tener tan buen manejo cortando. — ¿Sabes usar cuchillos?— Si, no te preocupes, ¡Puedo cortarlo yo mismo! — Comentó orgulloso de sí. — En el orfanato nos enseñan a valernos por nosotros mismos, tenemos que ser independientes.Ramuda sintió un poco de pena al escucharlo. Es decir, pensaba que los niños debían ser independientes.. Pero no cuando estaban solos en el mundo.Dice se llevó un bocado a la boca, luego de ponerle bastante crema. Su rostro no podía mentir, le había encantado la explosión de dulzura en su paladar.— El festival es mañana, y tenemos que actuar como una familia. — Dijo, pensando en como debería pedírselo. — Así que.. Estaba pensando en salir los tres juntos.Además, estaba emocionado de compartir momentos con sus nuevas madres. Quería salir y que todo el mundo viera que tenía dos madres.— ¿Salir, a dónde? — Gentaro Inquirió. Nisiquiera habia terminado de desayunar, y Dice ya estaba haciendo planes.— Al centro comercial.Ramuda escuchó la palabra "centro comercial" y sus ojos se iluminaron. — ¡Hecho! — Aceptó de inmediato, tanto que sorprendió a Dice.— ¡Aceptaste muy rápido! — Dice reprocha con una sonrisa.— Amo ir de compras. Nos vendría bien comprar ropa, ¿Quieres comprar algo en específico? — Ramuda estaba feliz. Pensaba que sus días iban a ser completamente aburridos mientras cuidaba de un mocoso, pero quizá podrían entenderse.— La ropa está bien.. ¿Y tú, mami dos? — Volteó a ver a Gentaro, la castaña se extrañó al ser llamada de tal forma.— ¿"Mami dos"? — Arqueó una ceja.— Ramuda es mami uno, tu mami dos. — Explicó con toda la naturalidad del mundo, en su pequeño mundo tenía sentido.Ramuda se atragantó con su café, evitando soltar una carcajada. Ah, casi escupe su bebida favorita. No levantó la mirada, sabía que Gentaro estaría fulminadola con la mirada.— No, estoy bien así. — Gentaro se negó, tomando su té.— Te compraré un outfit bonito, no puedo creer que te dejes ver con esos trapos viejos. — ¿Gentaro no usaba más que vestidos y kimonos pasados de moda? Y ni siquiera tenía una variedad de color, solo tonos de blancos.— Es un vestido normal, ¿Que tiene de malo? — No estaba acostumbrada a usar tantos estilos de ropa como Ramuda, le bastaba con lo que ya tenía.— Pues ninguna de ustedes puede entrar a la escuela vestidas así. ¡Tienen que vestirse más normales! — Dice quería que se vieran más como madres y no como seres sobrenaturales a punto de pelearse.— Ah, algunos humanos no saben nada de moda. — Ramuda resopló, ella era la mejor vestida entre todos los mundanos humanos.— ¿Luego podemos ir al parque? También quiero hacer una pijamada. — Dice estaba emocionado, tenía tantos planes para hacer.— Oya, son demasiados planes para hoy. — Gentaro intentó calmarlo, pero no parecía que funcionara.— ¿Qué tiene? ¡Ambas son inmortales! No sé cansan, ni siquiera sudan, ¡Tengo toda la energía del mundo!Dice sonrió, y Ramuda sintió que no pudo negarse a nada de lo que pidiese. — A dónde quieras ir, iré! menos a una iglesia.— ¿Te quemas como en las películas? — Preguntó Dice, con curiosidad.— ¿Qué clase de películas veías con las monjas? — Gentaro no pudo evitar mirarlo con consternación. ¿Ponían películas no aptas para niños en el orfanato?— No, no soy débil. Pero si me hacen sentir un poco mareada~ — Odiaba el ambiente de las iglesias, preferiría no ir jamás.Gentaro decidió intervenir, si no, quizá Ramuda hablaría de más sobre el tema. — Basta de charlas, come, Dice.— Ustedes solo desayunan té y café.. — Dice observó las tazas ajenas. La de Ramuda era de color rosa y con stickers lindos. Mientras que Gentaro degustaba su té en un yunomi simple. — ¿No quieren mis pancakes? — Ofreció, pensando que pasarían hambre.— No, no hace falta. No necesitamos comida. — Se negaron amablemente, Dice pensó que era genial no necesitar comida.. Pero luego pensó, que la comida era lo mejor del mundo. Así que sentía pena por ellas.Dice empezó a devorar sus pancakes casi de un mordisco. Ramuda sonrió, le recordaba a los demonios desesperados por comer. — Come despacio~Gentaro suspiro, limpiando la mejilla sucia de Dice con cuidado. Ramuda pensó que Gentaro sería una buena madre, incluso con niños como Dice.

----- CHAPTER BREAK -----

Al llegar al centro comercial, Dice estaba más que sorprendido. El lugar era más grande de lo que imaginaba.— ¡Es gigante! ¡Nunca estuve en un centro comercial! — Grande, reluciente y lleno de personas. Justo cómo en las películas.— ¿A dónde vamos primero? — Ramuda tomó la mano de Dice mientras preguntaba, no quería que se perdiera entre la multitud.— La prioridad es Dice, vayamos a una tienda infantil. — Gentaro observó a su alrededor, también era su primera vez en un centro comercial.— ¿Qué es lo que quieres comprar, Dai? — Ramuda animó a Dice a pedir lo que quisiera.— Necesito zapatos buenos para correr, y un pantalón que soporte jugar, ¡Quiero muchas cosas! — Estaba emocionado. Por primera vez tendría ropa completamente suya y no ropa que otras personas donaban.— Pide todo lo que quieras, yo te cubro~ — Soltó una risilla, podía afrontar cualquier gasto.— ¿Cómo es que Ramuda tiene mucho dinero? — Inquirió, ¿No era un demonio? ¿Cómo podía tener dinero humano?Ante la mirada llena de curiosidad de Dice, Ramuda sintió que debía decirle la verdad.— Mm, ven. — Ramuda lo guío hacia la vitrina de una tienda de ropa para mujeres. — ¿Ves la ropa en esta vitrina? Yo las diseñé.— ¡¿Diseñas ropa?! — Dice se giró sorprendido, no esperaba que Ramuda fuera diseñadora de ropa tan linda. Colores pasteles, cálidos y suaves… No quedaban para nada con la imagen de un demonio.— Si! Simplemente me hago pasar por humana.. hasta tengo un estudio en Shibuya.Ramuda le sonrió, orgullosa de si misma. Dice quería conocer su oficina también. Quería conocer todo sobre ellas.— ¿Gentaro también se hace pasar por humana? — El menor se acercó a Gentaro, pero no respondió.Ramuda sabía que a Gentaro no le gustaba hablar sobre lo que hacía cuando bajaba a la Tierra. No le gustaba la idea de que algún ángel se enterase que paseaba junto con los humanos.— ¿Te digo un secreto? Lo hace. Pero no le gusta hablar de eso. — Posó sus manos sobre los hombros del menor, dándole una palmadita reconfortante.— ¿Al menos puedes decirme qué haces? — Bueno, entendía que hay cosas que no se quieren decir a nadie, pero tenía curiosidad.— Soy escritora. — Fue lo único que dijo, con una sonrisa ladina y esperando que dejara de hacer preguntas.— Ustedes tienen muchos secretos.. — ¿Qué más ocultaban? Le gustaría desglosar todos los secretos que estuvieran a su alcance.— Vayamos a la tienda mejor. — Gentaro habló, y Dice tomó su mano. Gentaro no se lo había pedido, así que se sorprendió al sentir la calidez ajena.Dice hizo un ademán a Ramuda, esperando que ella también tomara su mano. La mujer le sonrió con la mirada, aceptando la invitación..Dice notaba que ambas no se llevaban tan bien, pero no esperaba que discutieran tan pronto.— ¿Quieres que Dice se vista como un testigo de Jehová? — Ramuda se negó a que Dice llevara ropa tan pasada de moda. Devolvió el pantalón y la camisa a su puesto.— Ser testigo de Jehová no tiene nada de malo. Tu eres la que escoge ropa poco apropiada para un niño de siete. — Gentaro también se quejó, poniendo dicha prenda de vuelta en el estante.— ¿¡Poco apropiada!? Solamente es un jean con roturas en las rodillas, ridícula. — Gentaro tenía una mentalidad demasiado conservadora, según Ramuda.Ambas parecían a punto de pelear. Dice las observó deseando que pararan.— Cuida tu boca, mundana. — Gentaro amenazó, y no le hizo ninguna gracia a Ramuda ser llamada "mundana".Iba a devolverle el insulto, pero Dice saltó en frente de ellas para detenerlas. — ¡No peleen! Las mamis no pelean..Ramuda suspiró al escuchar a Dice. Los ojos del menor reflejaban temor, y Ramuda se sintió culpable. — Cierto, lo olvidé.. Estamos en una misión~— Disculpa, Dice. — Gentaro se disculpó sinceramente, viendo al más pequeño pasar por un mal momento por su culpa. — Puedes elegir lo que tú desees.— Encontré está remera de dinosaurio, ¿La puedo llevar mañana? — Dice les mostró la camiseta que había escogido, le gustó el estampado así que se moría de ganas por enseñarselo a sus madres.— Si te gusta, adelante. — Gentaro le sonrió y Dice entró rápidamente al probador.Ramuda le acercó un par de pantalones, pidiéndole que se los pruebe también. Gentaro le pasó un par de zapatillas que había escogido bajo la supervisión de Ramuda.Ambas escuchaban como Dice luchaba para ponerse la ropa. Cruzaron miradas, esperando que no rompiera nada dentro del probador.Luego de un largo rato, salió.— ¡Miren! Así me queda, ¿Que opinan?A decir verdad, Ramuda odiaba que no combinara bien. Aunque claro, era un niño, no le importaba combinar o no sus ropas. Mientras fuera feliz, no le importaba.En cambio, a Gentaro le gustó. Era de su estilo y a Dice le encantaba. Era suficiente para ella.Ramuda se agachó, ajustando y midiendo el pantalón. Dice se quedó quieto, cómo si fuera un maniquí. El talle estaba bien, podría hacerle algunos retoques si no se ajusta bien.— Ven, déjame atar tus cordones. — Dice se acercó más a Ramuda, para que fuera más fácil atar sus cordones. Estaba tan cerca, que sintió por primera vez el perfume frutal que usaba. Le gustó, aunque era demasiado fuerte para su olfato.— ¿Te gusta que tenga estampado de dinosaurios? — Gentaro inquirió cuando vió lo feliz que se veía Dice en el espejo.— ¡Sí! — Dice respondió con tanto ánimo, que podría contagiarle algo de su energía ilimitada.. . . . .Luego de varias compras más, era tiempo de dejar la tienda e ir a otra.— Bueno, tres bolsas es un buen comienzo. — Ramuda sonrió, satisfecha. Había comprado mucha ropa linda para Dice. Gentaro la observó, sabía que no podía alejar a Ramuda de las compras innecesarias.— ¡Ahora vamos a buscar un poco de ropa para ustedes! — Dice corrió, buscando una tienda de ropa femenina.— Ramuda, antes de entrar quiero que me prometas algo. — Gentaro la detuvo, Ramuda pensaba que le diría otro comentario conservador y aguafiestas.— ¿No vestirme de forma reveladora? — Se burló, sonriente.— No, que no compres impulsivamente. — Gentaro lo dijo tan seriamente, que parecía una amenaza directa.Ramuda mordió sus labios. — No prometo nada.Entraron a la tienda, y Gentaro tuvo que retener a Ramuda, agarrándola de su blusa, porque sino iba a desaparecer entre toda esa ropa.— Quieta.Ramuda bufó, ¿Cómo podía contenerse si había ropa tan linda?— Recuerda lo que hablamos. — Volvió a recordarle, en un tono rozando la amenaza.— Si, si, claro, ¡Lo prometo! — Le restó importancia, pero no se negó.Dice y Ramuda desaparecieron juntos en el instante que Gentaro la soltó de su agarre. Si seguía así, Dice iba a ser igual de irresponsable con el dinero cómo lo era Ramuda.Gentaro se quedó en la puerta, suspirando.. . . . . . — ¿Cómo me veo? — Ramuda salió del probador, mostrando un look completamente nuevo.Sabía que Ramuda amaba usar el color negro y prendas engomadas, era algo que Gentaro estaba acostumbrada a ver. Pero esta vez sus ojos se encontraron con Ramuda en un estilo formal que jamás espero ver en ella. Usando una camisa blanca aterciopelada con un pantalón de vestir color beige, no parecía la misma demonio de siempre.— Bien. — Fue lo único que dijo, escondiendo su sorpresa mirando hacía otro lado. ¿Cómo era posible que Ramuda se viera tan bien con cualquier cosa que se pusiera encima? Odiaba la idea de admitir que la consideraba guapa, pero no era más que la verdad.— ¿Nada más para agregar? — Ramuda se dió cuenta, y no iba a desaprovechar una oportunidad de molestarla. Sería el fin del mundo si Gentaro admitiera que se veía hermosa.— Te ves bien, Ramuda. Cualquier cosa que te pongas te quedará bien. — No necesitaba decir nada, ¿Verdad? Ramuda sabía lo hermosa que era.Ramuda sonrió, no le costaba nada ser un poquito sincera. ¿No? — Y tú, ¿Qué elegiste? ¿No te lo vas a probar?— No hace falta. — Se negó, no le gustaba hacer cosas de humanos. Había tanta gente que la abrumaba, y quería irse. — Luego de esto iremos por zapatos, ¿Podrías elegir por mi?— Claro. — Ramuda no insistió, de cualquier forma le compraría algo de su estilo por las dudas. Y si le quedaba grande, ella era una buena costurera.Y mientras Ramuda y Gentaro charlaban tan amenamente, Dice observaba a una pareja de casados.Específicamente, miraba sus manos. Tenían anillos de compromiso… Eso significaba que estaban casados, ¿No?Entonces, ellas también necesitaban anillos para estar casadas, ¿Verdad? Con eso en mente, volvió con sus madres. . Luego de las compras, Ramuda compró un sándwich gigante a petición de Dice. Tenía hambre, pero Ramuda no estaba segura de que pudiera terminarlo.Mientras los tres se sentaban en una banca de un parque, Gentaro suspiró.— ¿Seguro que vas a comerte todo ese sandwich tú solo? — Gentaro inquirió. ¿Acaso el estómago de Dice era infinito?Dice asintió, feliz. No podía hablar con la boca llena, era algo que le enseñó Gentaro.— El mundo ha cambiado mucho. — Comentó Gentaro, Ramuda le devolvió la mirada.— ¿Si? Para mí sigue igual. — Subió sus hombros, restándole importancia mientras arreglaba su maquillaje usando un pequeño espejo rosado.Gentaro suspiró, era la cuarta vez en el día que sacaba ese maldito espejo para maquillarse.Pero para una ángel que solo baja una vez cada tantos años a dejar sus manuscritos, obviamente el mundo había cambiado.Para Ramuda, una demonio que pasa la mayor parte de su inmortalidad junto con los humanos, no era gran cosa.Si Gentaro estaba asombrada por lo que los humanos habían logrado, Ramuda diría que no era nada de que asombrarse.Dice las observó con curiosidad. — ¿Cuántos años tienen?— Desde el inicio de los tiempos hemos estado aquí.Gentaro no respondía directamente cuando le preguntaba algo sobre ellas, a Dice no le gustaba para nada.— Entonces son unas abuelas, no unas madres.— ¡¿A quién llamas abuela?! — Ramuda saltó, enojada. ¿Se atrevía a llamarla anciana?— ¿Y desde cuándo se conocen? — Dice cambió de tema, volviendo a preguntar sobre su vida.Ambas mujeres se miraron, transmitiendo la misma pregunta. Ninguna de las dos lo recordaba realmente.— Desde el inicio de los tiempos. — Volvió a responder la castaña.— Entonces, desde que abrieron los ojos han estado juntas? — Dice quiso darle sentido a sus vagas respuestas.— Algo así. — Gentaro asintió.— ¿Y que piensan de la otra? — Dice tenía curiosidad, quería saber que tan bien se llevaban.— Gentaro es una aguafiestas pasada de moda. — Ramuda comentó sin ningún tipo de restricción en su lengua.— Ramuda es demasiado infantil y difícil de tratar. — Gentaro le devolvió los comentarios.Dice suspiró, a este paso no podrían ser sus madres en el festival.. ¡No si se llevaban tan mal! — Deben tener cosas en común, ¿No? ¿Cuál es su bebida favorita?— Café. / — Té.Ramuda y Gentaro respondieron al mismo tiempo, pero sus respuestas eran completamente diferentes. Mientras a Ramuda le agradaba el café con mucho azúcar, el paladar de Gentaro prefería algo más suave cómo el té.— ¿Su color favorito? — Al menos sus colores favoritos deberían ser parecidos, ¿No?— Negro. / — Blanco.Dice perdía las esperanzas. Eran polos completamente opuestos. A Ramuda le gustaba el negro, mientras que Gentaro prefería los tonos blancos.— ¿Pelis o libros? — Volvió a preguntar.— Películas. / — Libros.Ambas, nuevamente, contestaron al mismo tiempo pero con respuestas diferentes.— Va a ser difícil que actúen como esposas mañana. — Dice empezaba a pensar que no era buena idea. — ¡Ni siquiera tienen anillos de compromiso!Dice señaló sus manos, vacías. Gentaro no tenía ningún anillo, pero Ramuda tenía la mayoría de sus dedos adornados de anillos color negro.— … ¿Es necesario? — Gentaro inquirió, no le gustaba usar accesorios sin sentido.— ¡Si! Tienen que actuar como si estuvieran enamoradas, y tienen que usar anillos! — Y tampoco podía decirle que no a Dice.Sin poder negarse, su mano derecha emana una luz casi segadora para Dice. Un par de anillos plateados surgen de la luz, reposando en la palma de su mano. — Quizá esto sirva.— ¡¿Hiciste anillos de la nada?! — Dice se quedó completamente sorprendido. Observando de cerca los anillos que Gentaro hizo con solo un destello de luz.— Gentaro puede hacer incluso oro de la nada misma. — Ramuda comentó, sonriente. Pensaba que Gentaro no usaría ninguno de sus poderes frente a Dice. ¿Quizá podía usar sus propios poderes, ya que ella lo hizo?Cómo si Gentaro pudiera leer su mente, le daba uno de los anillos con una mirada fulminante. — Ten, póntelo.— ¡No! ¡Así no! Gentaro tiene que proponerle a Ramuda! — Dice protestó, ¿Acaso no era escritora? ¡Debía saber que una propuesta de matrimonio debe ser romántica!Gentaro lo observó confundida.— Él quiere que te arrodilles ante mi y pidas mi mano~ — Ramuda se burló, no tenía ningún problema en ser ella quien se propusiera, pero Dice estaba decidido a que sea el ángel quien tuviera el honor.Y, ¿Quién era ella para negarle un capricho a Dice?Pero Gentaro sabía que solamente lo hacía para molestarla. Lo estaba disfrutando, seguramente.— No planeo arrodillarme frente a un demonio. — Fue tajante, pero las súplicas de Dice no la dejaban negarse.— ¡Tienes que hacerlo! ¡Si no, no serán esposas! — Dice empujó de la banca a Gentaro, diciéndole que se levante.Gentaro suspiró, levantándose por su cuenta. Frente a Ramuda, observándola cómo si fuera la molestia más grande de su vida, se arrodilló lentamente.— Ramuda.. ugh.. — Suspiró , tomándose un momento. — ¿Te casarías conmigo? — Le entregaba uno de los anillos, esperando que Ramuda le siguiera el juego y pusiera de una maldita vez su mano.Pero lo único que obtuvo de ella fue una mirada de superioridad, qué egocéntrica era. Tenía a Gentaro arrodillándose frente a ella, era un sueño hecho realidad.— Qué propuesta más simple. — Se burló, pero sabía cuándo dejar de hacerlo. no quería que Gentaro la prendiera fuego o algo así. — Acepto.Ramuda le sonrió, dejando que Gentaro pusiera el anillo en su dedo. La mano de Ramuda era fría, contrastaba muy bien con la cálida mano de Gentaro.Le pidió con un ademán que le diera el otro anillo, poniendo en el dedo del ángel el anillo. Las manos de Gentaro eran más bonitas adornadas, le encantaría que usara anillos más seguido.Sus manos eran verdaderamente bonitas.. Era un desperdicio.Las miradas de ambas se encontraron por un brevemente momento, los dos entes sintieron una emoción que jamás habían experimentado antes.Dice observaba todo con un brillo indescriptible en sus ojos, estaba feliz de que por fin fueran esposas de verdad. ¡Justo cómo en la telenovela que las monjas veían!— ¡Y ahora las declaro, esposas! ¡Ya pueden darse un beso!Gritó, felizmente. Ambas al escucharlo, se alejaron de la otra. Aquel sentimiento cuando sus miradas se cruzaron había desaparecido completamente.— ¡Ni loca! / — Jamás.Era divertido para Dice ver qué aunque tuvieran gustos completamente diferentes, siempre respondían al mismo tiempo.— ¡Solo uno! — Volvió a insistir.Ramuda notó lo incómoda que estaba Gentaro. Tampoco quería que Dice siguiera insistiendo, así que volvió a tomar la mano ajena.El ángel volteó a verla, confundida y sorprendida de que decidiera tocarla.Ramuda dejó un suave beso en los nudillos ajenos, sonriéndole. Gentaro no pudo evitar que sus mejillas se sonrojaran levemente.Era la primera vez que Ramuda hacía algo como eso, y además, se sintió extrañamente… Bien. La sonrisa de Ramuda se quedó grabada en su mente, cómo si estuviera flotando en una nube.— Con eso debería bastar, ¿No?— ¡Tiene que ser en los labios, cómo en las películas! — Dice protestó.— Pero son películas humanas~ Nosotras tenemos otro tipo de forma para mostrar nuestro cariño. Ahora, cállate y vamos por algodón de azúcar~Dice estaba molesto, siguió protestando pero Ramuda hacía oídos sordos a sus quejas. Aún así, aceptó el algodón de azúcar. No podía negarse al algodón de azúcar, así que tomó la mano del demonio y se alejaron de Gentaro.Dice se despidió de Gentaro diciéndole, "¡Ya volvemos!" Pero la castaña no contestó. Estaba demasiado ocupada pensando en por qué se sonrojó por algo tan simple.Pero quizá no fuera el acto en sí, sino la persona que lo hizo. ¿Desde cuándo Ramuda era linda a sus ojos? — ¿En qué estoy pensando…?No, se negaba a volver a pensar en eso. Debía olvidarlo.Mientras Ramuda y Dice caminaban hacia la tienda, la mayor gritaba internamente por lo que acababa de hacer. …. Luego de un rato, regresaron. Dice estaba comiendo felizmente un gran algodón de azúcar. No estaba segura de que fuera algo adecuado para la salud de un niño, pero cuando sonreía de esa forma, no podía negarse.Se sentaron de nuevo, con Gentaro en medio. Dice pensó que era injusto que Ramuda haya probado su algodón y Gentaro no, así que le ofreció un poco. — ¡Prueba, Gentaro!— No me gusta lo dulce, lo lamento. — Gentaro se negó.A decir verdad, odiaba lo dulce. Prefería las comidas saladas, o al menos algo que fuera dulce naturalmente, cómo las frutas.Y Ramuda sabía lo mucho que odiaba los dulces llenos de azúcar, así que aprovecharía la oportunidad para molestarla. — Vamos, solo un poco~Gentaro la observó, y cómo si su mirada pudiera ahorcarla, sintió la necesidad de alejarse. Dice aún esperaba el "si" por parte de Gentaro.Acorralada, tomó un pequeño pedazo en sus manos y se lo llevó a la boca. Hizo una mueca al sentir su paladar empalagarse de tanto dulzor.Volteó a ver a Ramuda, quien sonreía plácidamente. — Disfrutas torturarme, ¿No?— Claro que sí. — Asintió, como si fuera lo más normal del mundo. — Es rico, solo que Gentaro tiene mal gusto.Además, le gustaba ver el rostro de Gentaro. Haciendo muecas, sonriendo, llorando, cualquier gesto que hiciera para ella era muy lindo. Aunque claro, Gentaro no sabía de eso.. Y jamás lo sabrá.Gentaro suspiró, ¿Hasta cuánto tendría que soportar a Ramuda pisándole los zapatos? — Se está haciendo tarde, deberíamos volver a casa. .Llegando a casa, Dice pensó que sería buena idea explorar toda la casa. Ya que no había tenido tiempo en la mañana.La casa era espaciosa, Ramuda la había decorado totalmente a su estilo, y le gustaba como se veía ahora.Su habitación favorita, obviamente, era su propia habitación. No sabía cómo Ramuda la había decorado tan rápido. Bueno, ¡Es un demonio! Puede hacer cualquier cosa.Mientras, Ramuda y Gentaro se encontraban en la cocina. Ninguna de las dos tenía particular talento para cocinar, ya que no lo necesitaban. Así que se estaba guiando de una receta de spaghetti que recordaban de la Italia Renacentista.Ah, qué recuerdos. Tantas cosas buenas salieron de esa época.. Para Ramuda. Para Gentaro, fue un martirio estar detrás del demonio rosado para que no hiciera más desastres entre los mortales.Decidieron repartirse tareas, mientras Gentaro terminaba la masa de los spaghettis, Ramuda cortaba los tomates para la salsa.Dice ya había terminado de explorar cada rincón, así que fue a "molestar" a sus madres. Ramuda le había puesto DVDs de películas infantiles, pero no quería verlas solo. — ¿Quieren ver una película conmigo?— Oh, Dice… Estamos cocinando ahora. — Gentaro se giró a verlo, Dice entró a la cocina para observarlas cocinar.— Lo siento, pajarito~ Más tarde veremos algo juntos, ¿Te parece? — Ramuda despeinó sus cabellos.Dice abrazó la falda larga de Gentaro, aferrándose a la castaña. — ¡Por favor! ¡Me aburro!Gentaro no sabía lidiar con un berrinche de un niño pequeño. Así que observó a Ramuda en busca de ayuda.— Si no cocinamos, no cenarás. ¿Acaso no tienes hambre? — Ramuda intentó salvarla, con lo que más amaba Dice.. Comer.— ¡Si tengo hambre! Pero quiero estar con ustedes. — Dice se negó a dejarla ir.¿Qué podía hacer? Ramuda tenía un corazón demasiado blando si se trataba de Dice, aunque ella fuera un demonio. — Entonces, ¿Te parece si pedimos algo para comer?Dice exclamó un gran "¡Yay!"— ¡Ramuda! — Gentaro regañó. — Dice debe comer bien, no comida chatarra.Bueno, ¿Quería parar su berrinche o no? Ramuda bufó. — Mañana cocinaremos algo juntas, Gen~ — Quiso restarle importancia, aunque sabía que la mataría si volvía a llamarla "Gen".— Apenas es el primer día, y ya los estás malcriando.. — Gentaro no estaba segura si fue buena idea pedirle ayuda a Ramuda.. Quizá debió encargarse ella misma.Ramuda rió, limpiando sus manos con una servilleta. Luego entrelazó las ajenas con las propias. — Mm~ Solo ven, aguafiestas.Cuando tomó su mano, un sentimiento cálido inundó su corazón. Gentaro no entendía por qué ahora se sentía tan extraña a su lado. Le gustaría saber qué es lo que verdaderamente Ramuda pensaba de ella.Aprovechando el momento, Dice tomó su otra mano. Estando rodeada, no pudo negarse.

----- CHAPTER BREAK -----

El día había llegado. Gentaro miraba el anillo en su dedo, preguntandose si todo saldría bien. Esperaba que Ramuda no asesinara a nadie, o que no iniciara una masacre.Ramuda, que estaba a su lado esperando a Dice, pudo deducir vagamente los pensamientos del ángel. ¿Tan poca fé le tenía?— Estoy nerviosa.. — Finalmente suspiró, dejando su anillo en paz.— Cualquiera que diga algo irá directo al infierno, no te preocupes~ — Ramuda rió, su jefe estaría feliz de tener nuevas almas en desgracia.— Eso es lo que me preocupa..Dice bajo las escaleras corriendo, acercándose a ambas. — ¡Estoy listo! — No encontraba su chaqueta, Gentaro le dijo que no irían si no se abrigaba.. Así que obviamente le haría caso aunque no tuviera frío.— Bien, ¿Ya saben sus líneas? — Gentaro se quiso preparar por última vez.— ¡Me adoptaron hace unos meses! — Dice respondió con entusiasmo.— Yo trabajo en una pequeña pastelería en el centro de la ciudad~ — Ramuda repitió lo que Gentaro le había dicho que dijera.— Y yo soy profesora de literatura en una secundaria. — Sus trabajos quedaban bien con sus personalidades, ¿No?— ¡Ahora! ¿Cómo se conocieron? — Dice siguió.— En una junta de trabajo, Ramuda fue invitada de un compañero y la conocí allí.— ¿Y cuando se casaron? — Para Dice, la pregunta más importante.— Hace cuatro años~ — Ramuda contestó. — ¿Ya nos podemos ir? ¡Vamos a llegar tarde!Dice tomó la mano de Gentaro mientras Ramuda abría la puerta con impaciencia..Para Dice aún era sorprendente como Ramuda elegía conducir un auto, de lujo, por cierto, a usar sus poderes. También le era gracioso como Gentaro se aferraba al asiento cada que Ramuda aceleraba. No confiaba en ella, y a Ramuda le gustaba molestarla.Al fin, habían llegado a la escuela. Toda la institución estaba decorada con mucho esfuerzo, incluso había puestos de juegos, simulando un mini-festival cultural.Estaba emocionado. Era su primer día de las madres con una madre de verdad.. ¡Y ahora tenía dos madres!Había tantas cosas que quería hacer, que no podía decidirse. Dice corrió, adentrándose entre la multitud al grito de Gentaro "¡No corras!" Pero ya era demasiado tarde, Dice no la escuchó.Ramuda rió, diciéndole que no se preocupara. Ambas caminaron hacía Dice, quien se había embobado con uno de los premios en los juegos.— ¡Si juntamos tickets podemos intercambiarlos por premios! — Dice iba a conseguir ese peluche de gato gigante, costara lo que costara.Sin mediar palabra, le dió la pelota del puesto a Gentaro. Ella lo observó, confundida.— Gentaro, tienes que embocar la pelota en la cesta. — Tuvo que explicarle al ver su rostro confundido.— No soy buena jugando, quizá Ramuda debería hacerlo. — Quiso darle la pelota a Ramuda, pero ella se negó, retrocediendo con malicia.— Recuerda Gen, Dice espera intercambiar premios~ — Le sonrió. No iba a hacer todo el trabajo.Gentaro suspiró, mirando la pelota. Nunca había participado en un festival, mucho menos participado en juegos.Viendo la cara de ilusión de Dice, no quería fallar. Si embocaba la pelota en el aro dorado, tendría 100 tickets en sus manos y con el peluche asegurado.No podía fallarle.Ramuda sintió que el ambiente cambiaba. El viento se detuvo, ya no escuchaba el bullicio de las personas ni el sonido de la naturaleza.— ¿Acabas de detener el tiempo? Dijiste que no usarías tu magia si intervenía con la vida humana. — Ramuda echó un vistazo alrededor, era divertido como todo parecía ser una película en pausa. Incluso las aves en el cielo parecían congeladas en el aire.— … Dice es más importante..Ramuda sonrió, ella también pensaba lo mismo.En un abrir y cerrar de ojos, Dice apenas pudo ver cómo Gentaro ganaba 100 tickets para él.— ¡Fue tan rápido que no pude verlo! — Exclamó. Incluso el señor de la tienda estaba confundido, ¿Cómo pudo hacerlo en un solo tiro?Ramuda tomó los 100 tickets, tomando también el premio mayor, el peluche de gato. Aún pensaba en cómo los valores de Gentaro cambiaron por un niño humano… ¿Será que Dice tenía algo en especial para que dos entes sobrenaturales quisieran darle el mundo entero?Dice estaba muy feliz, dando saltos con su peluche en mano, pensando en qué nombre ponerle. — ¿Y si le pongo Doppo?— ¿Doppo? — Ramuda rió, ¿De dónde había sacado ese nombre?— Es que tiene cara triste y ojeras. Tiene cara de Doppo.Para Dice tenía lógica, pero Ramuda no lo entendía. Gentaro pensaba que el peluche era horrible.Siguieron caminando, hasta que Dice vió algo que le llamó la atención: un inflable. Nunca en su vida se había subido a uno, así que estaba emocionado.— Quiero ir al inflable, ¡vayamos por favor! — Tironeó de la mano a Ramuda, quien se quejaba de que la haría caer por sus tacones de aguja.Gentaro tomó el hombro de Ramuda, para que no perdiera el equilibrio. — Ya vamos, no te apresures.Ramuda observó la mano de Gentaro en su hombro. Cómo si no pudiera creer que la castaña la tocara sin poner una cara de asco.— Mientras estás aquí, iremos a comprar agua, ¿Si? No tardamos. — Gentaro le sonrió, mientras Dice se sacaba los zapatos y entraba al inflable.— Regresen pronto, quiero que vean lo alto que puedo saltar! — Dice se despidió, dando saltos dentro.— Ya regresamos~ — Ramuda se despidió, y ambas fueron al puesto más cercano.Dice se quedó dentro del inflable, saltando lo más alto que podía. Se preguntaba si Gentaro podía conseguir más tickets, así podía comprar todos los premios de los juegos.Estaba feliz, Ramuda se había llevado el peluche para que no lo perdiera, así que no tenía nada de que preocuparse más que saltar y gastar energías.Pero, su alegría duró poco. Uno de los otros chicos que estaban en el inflable, le hizo perder el equilibrio y caer al suelo del inflable.— ¡Oye! ¿Qué te pasa? — Dice solamente estaba saltando sin molestar a nadie, ¿Quién se creía que era?El otro chico lo miró, con asco. — ¡Qué asco! ¡Tienes dos mamás! — Le recrimina, a sus ojos era algo completamente antinatural.— Mi mamá dice que dos mujeres no pueden tener hijos. — Otro chico se sumó, y mientras Dice intentaba pararse, lo empujó.— ¡Una familia es una mamá y un papá, no dos mamás! — El primer chico volvió a gritarle.Dice se abalanzó sobre él, gritándole mientras jalaba su cabello. — ¡Cállate! — Ellas eran sus madres, no las de él. No tenía derecho a hablar así de ellas sin conocerlas.Mucho menos de decir que ambas daban asco, cuando eran las mujeres más buenas que había conocido.Hubo gritos de los demás niños, y rápidamente las madres cerca de allí los sacaron del inflable.El niño al que Dice le había jalado el pelo lloraba en los brazos de su mamá, mientras otras mamás le recriminaban a él.Ramuda y Gentaro llegaron, Dice se escondió detrás de la falda de Gentaro, abrazando sus piernas.Ramuda les pidió explicaciones, pero ninguna de las madres respondía. Le encantaría hacerlas pedazos ahora mismo. ¿Quiénes se creían para gritarle a Dice?— ¿Qué clase de ejemplo le están dando a su hijo ustedes dos? — Una de las madres se sintió con todo el derecho del mundo a cuestionarlas.— ¿Disculpe? — Ramuda intentó sonreír, no quería hacer una escena frente a Dice, pero estaba perdiendo la poca paciencia que tenía.— ¡Que se disculpe ya con mi hijo! — La madre del niño, que aún lloraba en sus brazos, demandó con autoridad en su voz.Antes de que Ramuda pudiera decir algo más, Gentaro se agachó para estar a la altura de Dice.— Dice, cuéntanos que pasó. — Dice, temblaba y lloraba en silencio, así que Gentaro limpió sus lágrimas con su pulgar.No le gustaba verlo llorar desconsoladamente, le partía el corazón.— ¡Él estaba diciendo que ustedes daban asco, que dos mujeres no podían ser mis mamás! — Entre llantos e hipo, Dice intentó explicarles. ¡Estaba diciendo cosas horribles de ellas sin conocerlas!Se largó a llorar en los brazos de Gentaro, y no tuvo más remedio que alzarlo en sus brazos. Lo abrazó, intentando que dejara de llorar.— No llores, no vale la pena derramar lágrimas por personas así. — Intentó consolarlo, pero Dice no escuchaba.Ramuda, viendo el rostro lloroso de su niño, no pudo controlarse. Volteó a ver a la mujer, acercándose a ella. — Escuché bien, señora. Aléjese de mi hijo y mantenga a su mocoso lejos. — Quería golpearla, o arrancar su alma de su cuerpo, lo que fuera. — Aprenda usted a enseñarle a no juzgar a las personas.La mujer se quejó, y Gentaro tomó la mano de Ramuda. No quería que las cosas empeoraran, sabiendo lo que era capaz de hacer, prefería marcharse de allí.— Vinimos aquí a disfrutar con nuestro hijo, al igual que usted con el suyo. Debería dejar de contaminar la cabeza de su hijo, y concentrarse en disfrutar cada momento con él. — Gentaro intentó mantener su cortesía de siempre, aunque era difícil. — Con su permiso. — Jaló la mano de Ramuda, mientras con la otra sostenía a Dice.Ambas, se alejaron del lugar. Yéndose del lugar que Dice estaba tan emocionado por ir, fueron a un parque cerca de la escuela.— Ya no llores, Dice. Me parte el alma verte así! — Ramuda limpió sus lágrimas con su manga, no quería verlo triste, mucho menos por la estupidez de esa gente ignorante.— ¡Tu no tienes alma, eres un Demonio! — Reclamó, con lo poco que recordaba de lo que las monjas le habían enseñado.— Es una forma de decir… — Ramuda suspiró, mirando a Gentaro. Las dos estaban preocupadas ya que Dice no dejaba de llorar.— ¿Por qué la gente es tan mala? ¡Estoy harto! — Dice apretó los puños, tan fuerte que parecía que iban a sangrar. — Primero papá lastima a mamá, luego mamá no puede hacerse cargo de mi y me llevan al orfanato..— Era la primera vez que ambas escuchaban a Dice hablar de su familia biológica, se notaba en la voz del niño lo lastimado que estaba. — ¡Ahí las monjas son igual de malas que papá! Luego en la escuela me dicen cosas por ser huérfano..— Limpió sus propias lágrimas, sus ojos hinchados de tanto llorar se nublaban nuevamente. Sus sentimientos brotaban tan intensamente que no era capaz de controlarlos.— ¡Y ahora dicen cosas feas de ustedes! ¿Por qué no puedo ser feliz? (...) ¿Por qué dios me odia?Gentaro sintió un puntazo en el corazón. Cómo si un cuchillo atravesara su pecho. Escuchar a Dice decir que su Creador lo odiaba, era doloroso para ella. — Dios no- (...) — "Dios no te odia" quiso decir. Pero ¿Cómo iba a creer sus palabras después de todo lo que pasó con siete años?— Ven aquí, no hiciste nada mal, ¿Escuchaste? No es tu culpa. — Gentaro lo abrazó con fuerza, Dice escondió su rostro en su pecho mientras Ramuda acariciaba sus cabellos.Ambas se miraron, cómo si fueran cómplices de su dolor.— Ya no quiero estar aquí, quiero morir.. — Dice susurró entre llantos y suspiros.— ¡No digas eso, oye! — Ramuda odiaba escuchar a los humanos decir "quiero morir" cómo si la vida no valiera absolutamente nada. Pero, más le dolía que fuera un niño maltratado quien dijera eso. — Escúchame bien, Dice. ¡Nada de lo que te pasó es tu culpa! ¿Okay? ¡Eres solo un niño! — Ramuda lo obligó a mirarla, tomándolo de la barbilla. Dice no abría los ojos, seguía derramando silenciosamente lágrimas llenas de dolor. Y Ramuda no podía enojarse con un niño lastimado.El demonio acarició sus cabellos, sentándolo en sus piernas. — Con nosotras a tu lado, no volverás a sufrir. — Rodeó el pequeño cuerpo de Dice con sus brazos en un fuerte abrazo.Ramuda entendía lo que era la soledad. Vivió toda su inmortalidad sin nadie a su lado más que Gentaro, entendía lo que se sentía estar en la oscuridad.Pero para un niño, debía ser peor. Los niños no debían vivir en la soledad.Dice hipó, observando a Ramuda cómo si fuera la reina de las mentiras. — Es mentira. Mañana se irán. Solo estarán aquí por hoy. — Dice ya no quería ilusionarse, ¿Por qué se ilusionó tanto si sabía que no iba a durar por mucho tiempo?La casa, su ropa, los peluches, la compañía de ambas.. Todo iba a desaparecer mañana. Solo quería sentir el cariño de una madre, la calidez de una familia… Cómo todo niño debería.. Aunque sea por un día.Gentaro pareció dudar, pensando en si lo siguiente que diría fuera lo correcto. — ¿Y si nos quedamos contigo por siempre?— ¿Eh? — Dice la miró, confundido.— Puedo quedarme a tu lado por siempre. — Le sonrió, con una dulzura que Dice no había experimentado jamás.¿Era acaso la dulzura de una madre?Ramuda no podía creer lo que Gentaro estaba diciendo, no podía creer que un ángel hiciera un sacrificio tal por un humano.Y si Gentaro había decidido dejar su estatus atrás y quedarse con Dice, no iba a quedarse atrás. Después de todo, ¿Qué podía perder ella? Ya perdió sus alas una vez.— Yo también, ¡jamás te soltaré la mano!Ambas posaron sus manos sobre las de Dice, tomándolas con fuerza. Gentaro se sintió aliviada, Ramuda no la había dejado sola en su decisión. Las dos sostuvieron miradas, agradeciendo la compañía de la otra en silencio.Estaban felices de estar juntas otra vez.— ¿No están mintiendo..? — Dice, aún incrédulo, las cuestionaba.— No, estamos siendo honestas.Gentaro sintió cómo Ramuda apretaba con fuerza su mano, la hacía sentir segura y acompañada. Estaba feliz de contar con su apoyo.— Pero ustedes se odian… dijeron que ya no querían verse la cara. — Dice no podía imaginarlas viviendo en la misma casa. Menos conviviendo con él cómo sus madres.Ramuda rió, queriendo decir algo. Pero, Gentaro la interrumpió. Con labios temblorosos, habló. — Ramuda me gusta.Sus palabras sonaron tan claras, que ni siquiera se notaba lo nerviosa que estaba si no fuera por su rostro sonrojado.Dice arqueó las cejas, con sorpresa infantil. Ramuda pareció ahogarse con su propia saliva. Los dos, la observaron incrédulos.Ante las miradas de ambos, Gentaro tuvo que explicarse. — Solo actuaba cómo si la odiara porque odio la idea de estar enamorada de un demonio. — Cómo un ángel, no quería admitir que un demonio hubiera cambiado su propósito de servir al Creador. Aunque, ya no importaba. Ahora tenía algo más importante que proteger. — Pero, en realidad me gusta.Ramuda no podía creer en sus palabras. Luego de tantos miles de años, ¿Era cierto? Aún no quitaba la sorpresa de su rostro. ¡Ni siquiera podía procesar lo que Gentaro decía! ¿Estaba siendo honesta? ¿¡O era una más de sus mentiras!?Para ella, Gentaro siempre fue hermosa. Era una ángel después de todo, así que era increíblemente bondadosa. Eso era lo que más amaba de la castaña, aunque preferiría morir antes de decírselo a la cara. Dice sacudió su hombro, sacándola del trance. — Ramuda, tienes que decir que te gusta Gentaro.Ah, ¿Pero le gustaba? Es decir, era hermosa como cualquier ángel, y estaba con ella desde el inicio de la humanidad.No había otra compañera para ella.. Siempre han estado juntas. Se veían a escondidas, para que ni el Cielo ni el Infierno pudieran verlas juntas.Incluso aunque no parecieran llevarse bien, Ramuda estaba agradecida de la compañía de Gentaro. Amaba molestarla, pero más amaba tenerla a su lado.Gentaro era la única a su lado, y desde el inicio de los tiempos, siempre fueron ellas dos.Pero.. ¿Era realmente amor? ¿Acaso un demonio cómo ella podía amar? Tenía miedo. Tenía miedo de lastimar a la única persona que ha estado a su lado, y también de lastimar al niño que juraba proteger.— Yo.. No sé qué decir.. — No podía aceptar sus sentimientos, no ahora. Estaba demasiado confundida. Entre los sentimientos de Gentaro y su propia naturaleza como demonio, no estaba segura de lo que realmente sentía.— Está bien si no aceptas mis sentimientos. Solo quiero que Dice nos tenga a las dos. — Gentaro le sonrió, demostrándole que no pasaba nada. No podía enojarse con Ramuda por no corresponder sus sentimientos. Después de todo, incluso si decía que no, estarían juntas. Cómo siempre. — ¿Podrías hacer eso por mi… Por nosotros?Sus miradas se cruzaron nuevamente, pero está vez, Ramuda sintió que fue completamente diferente a las miles de miradas de antes. Había un nuevo brillo en la mirada esmeralda de Gentaro, un brillo que nunca había notado antes.Apretó los labios, devolviéndole la sonrisa. — Claro.Dice las observó, en silencio. Sabía que necesitaban tiempo, y ellas tenían mucho tiempo de sobra. Será un viaje largo, pero Dice estaba seguro que Ramuda y Gentaro eran almas gemelas. Tarde o temprano, se entenderían.Estaba feliz, por ambas, y por él mismo. Al fin, podría tener la familia que tanto había soñado. Tenerlas junto a él era el mejor regalo que la vida le pudo dar.. Y estando con ellas, Dice no tenía nada que temer.

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