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Español
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Published:
2023-02-20
Words:
4944
Chapters:
1/?

El Campamento Jupiter

Entire Work

Work Text

▪️Capítulo 1▫️En el campamento Júpiter, Reyna se encontraba mirando a la nada,pensando en donde podría estar Jason. Porque ella,a diferencia de Octavian,todavía creía que estaba vivo.—Desearia saber que le pasó — en ese momento una pila de libros apareció de la nada,al costado de sus perros quienes no emitieron sonido alguno. Se acercó con cuidado y leyó la nota en la parte superior. ▫️▪️▫️▪️▫️▪️▫️▪️▫️▪️▫️▪️▫️▪️▫️▪️▫️ En la cafetería Reyna por fin logró silenciar a todos. La desconfianza era evidente en sus rostros y como evitarlo, no todos los días aparecían libros diciendo que les permitirían conocer hechos del pasado y futuro,y además que el tiempo se detendría una vez que comenzaran la lectura. Mas importante para ella,podrían saber que le pasó al rubio.—Sigo diciendo que esto es un engaño — murmuró el augur. —Silencio. El primer libro se llama Percy Jackson y el ladrón del rayo. — leyó entrecerrando los ojos, ese nombre...Nadie conocía a un tal Percy Jackson lo que los hizo curiosos. Además ¿Como se podría robar alguien un rayo?—Y empezaremos directamente desde el capítulo cuatro ya que..hubo un pequeño incidente,y de ahora en más nadie excepto quienes yo diga tocaran estos libros — fulminó con la mirada a unos faunos que derramaron bebida sobre las primeras páginas haciendo incapaces de leerse — Pero según la nota en los primeros tres episodios se presentó a Percy Jackson de 12 años, quien vive con su madre y su padrastro,fue expulsado de numerosas escuelas y en ese momentos está de vacaciones con su madre en la playa. Su mejor amigo es un chico llamado Grover...Y luego de diez minutos lograron ponerse al día,no les fue difícil llegar a la conclusión de que era un semidiós.Los lares y los faunos chismosos se unieron a los demás para escuchar la historia. —Y ahora sin más comencemos.— suspiró la pretora ya cansada — El título del capítulo es "Mi madre me enseña a torear"—Titulo interesante —murmuró Hazel, recibiendo un asentimiento de parte de Frank.
Atravesamos la noche a través de oscuras carreteras comarcales. El viento azotaba el Cámaro. La lluvia golpeaba el parabrisas. Yo no sabía cómo mi madre podía ver algo,pero siguió pisando el acelerador. 
 — Oh cierto que parecían estar escapando de algo según la nota — murmuró Dakota dándose golpecitos para mantenerse despierto. Cada vez que estallaba un relámpago, yo miraba a Grover, sentado junto a mí en el asiento trasero, y pensaba que o me había vuelto loco o él llevaba puestos unos pantalones de alfombra de pelo largo. Pero no, tenía aquel olor de las excursiones al zoo de mascotas: olía a lanolina, de la lana; el olor de un animal de granja empapado. Hubo algunas expresiones de confusión ¿Quien usaría unos pantalones tan horribles?. Hubo unos murmullos de desaprobación por parte de hijos e hijas de Venus. 
—Así que tú y mi madre... ¿os conocíais? —se me ocurrió decir.
 
Los ojos de Grover miraban una y otra vez el retrovisor, aunque no teníamos coches detrás.
 
—No exactamente —contestó—. Quiero decir que no nos conocíamos en persona, pero ella sabía que te vigilaba.
 —¿Lo vigilaba? —A lo mejor vigilaba si había monstruos a su alrededor — respondió Gwen no del todo segura. Si el chico era un semidios ¿Por qué nunca lo vieron llegar al campamento? ¿Acaso había muerto en su viaje hacia el? —¿Que me vigilabas? 
—Te seguía la pista. Me aseguraba de que estuvieras bien. Pero no fingía ser tu amigo —añadió rápidamente—. Soy tu amigo.
 
—Vale, pero ¿qué eres exactamente?
 —¿Qué que es? —Eso no importa ahora. 
—¿Que no importa? Mi mejor amigo es un burro de cintura para abajo...
 Hubo algunas risitas de los que se imaginaba que criatura era el chico 
Grover soltó un balido gutural. —¡Cabra! —gritó.
 
—¿Qué?
 
—¡Que de cintura para abajo soy una cabra!
 
—Pero si acabas de decir que no importa.
 —Asi que es un fauno — por fin entendieron a que se refería con pantalones peludos. —¿Pero por qué un fauno vigilaba a un semidios? —¿Que importa? Viendo que nunca los conocimos probablemente hallan muerto por ahí — contestó el augur de manera desinteresada. Reyna le lanzó una mirada desaprobatoria. —¡Bee-ee-ee! ¡Hay sátiros que te patearían ante tal insulto! —¡Sátiro!— exclamó Don el fauno deteniendo su búsqueda de dinero. —¡Ese es el nombre griego! —exclamó alguien de la cohorte dos — ¿Segura que leíste bien? —Estoy bastante segura — frunció el seño la castaña — dice sátiro no fauno. Los faunos se miraron entre ellos pero decidieron no decir nada y fingir que seguían buscando monedas. —¡Uau! Sátiros. ¿Quieres decir criaturas imaginarias como las de los mitos que nos explicaba el señor Brunner? —Su profesor. — resaltó lo obvio Larry,un hijo de Mercurio. 
—¿Eran las ancianas del puesto imaginarias, Percy? ¿Lo era la señora Dodds?
 
—¡Así que admites que había una señora Dodds!
 
—Por supuesto.
 
—Entonces ¿por qué...?
 Gracias a lo que había dicho Reyna al principio sabían que era una profesora de álgebra que se había transformado en un monstruo. Y que todo el mundo actuaba como si nunca hubiera existido. —Cuanto menos sepas, menos monstruos atraerias —respondió Grover, como si fuese una obviedad—. Tendimos una niebla sobre los ojos de los humanos. Confiamos en que pensaras que la Benévola era una alucinación. Pero no funcionó porque empezaste a comprender quién eres. —Benévola — murmuró Frank — me gusta más esa manera de llamar a los monstruos. —La niebla...? 
—¿Quién...? Un momento. ¿Qué quieres decir?
 
Volvía oír aquel aullido torturado en algún lugar detrás de nosotros, más cerca que antes. Fuera lo que fuese lo que nos perseguía, seguía nuestro rastro.
 
—Percy —dijo mi madre—, hay demasiado que explicar y no tenemos tiempo. Debemos llevarte a un lugar seguro.
 —Sí, al campamento Júpiter — asintió la tercera cohorte —El lugar más seguro del mundo para gente como nosotros. —¿Seguro de qué? ¿Quién me persigue? 
—Oh, casi nadie —soltó Grover, aún molesto por mi comentario del burro—. Sólo el Señor de los Muertos y algunas de sus criaturas más sanguinarias.
 Los romanos retuvieron el aliento ¿El señor de los muertos? —¿Por qué lo perseguiría papá?—se preguntó a si misma una Hazel preocupada. —Parece que el señor Plutón lo quiere matar — sonrió sin gracia Michael Kahale. —Y solo tiene doce años. O bueno, tenía. —¡Grover! 
—Perdone, señora Jackson. ¿Puede conducir más rápido, por favor?
 
Intenté hacerme a la idea de lo que estaba ocurriendo, pero fui incapaz. Sabía que no era un sueño. Yo no tenía imaginación. En la vida se me habría ocurrido algo tan raro.
 Hubo pequeñas sonrisas que se deslizaron al por qué no tenía imaginación,pero las borraron rápidamente. 
Mi madre giró bruscamente a la izquierda. Nos adentramos a toda velocidad en una carretera aún más estrecha, dejando atrás granjas sombrías, colinas boscosas y carteles de «Recoja sus propias fresas» sobre vallas blancas.
 —¿A donde están yendo?— preguntó Laila,hija de Ceres,para si misma.  —No lo sé,pero te aseguro que no es hacia aquí — respondió un legionario de su cohorte — no hay ningún sitio parecido cerca. 
—¿A donde vamos? —pregunté.
 
—Al campamento de verano del que te hablé.—La voz de mi madre sonó hermética; intentaba no asustarse para no asustarme a mí—. Al sitio donde tu padre quería que fueras.
 — Está siendo perseguido por quien sabe que cosa aparte del señor Plutón y ella lo quiere llevar a un campamento de verano en medio de la nada — algunos no lo podían creer. ¿Acaso su madre no sabía que debía traerlo hacia San Francisco? Reyna apretó los labios,habia algo que le decía que la madre de Percy lo estaba llevando al lugar indicado. —Al sitio donde tú no querías que fuera. —Pobrecito, no debe estar entendiendo nada — una amable chica suspiró. —Por favor, cielo —suplicó mi madre—. Esto ya es bastante duro. Intenta entenderlo. Estás en peligro. 
—¿Porque unas ancianas cortan hilo?
 —¿Qué? —¿Se encontró con alguna anciana tejedora? —No eran ancianas —intervino Grover—. Eran las Moiras. ¿Sabes qué significa el hecho de que se te aparecieran? Sólo lo hacen cuando estás a punto... cuando alguien está a punto de morir. —Las...Moiras, las tres destino?—no entendían cómo podía tener tanta mala suerte. Estaban tan conmocionados por el hecho de que se le aparecieran al chico que se les pasó el nombre griego. En cambio,los lares se removían incómodos.  —Un momento. Has dicho estás. 
—No, no lo he dicho, he dicho alguien.
 
—Querías decir estás. ¡Te referías a mí!
 
—¡Quería decir estás como cuando se dice alguien, no tú!
 —Increible como tienen tiempo para discutir eso —masculló Reyna antes de retomar la lectura,escuchando una que otra risa por el comedor. —¡Chicos! —dijo mamá.Giró bruscamente a la derecha y vio justo a tiempo una figura que logró esquivar; una forma oscura y fugaz que desapareció detrás de nosotros entre la tormenta. 
—¿Qué era eso? —pregunté.
 Los oyentes querían saber lo mismo,por lo que se concentraron en escuchar la descripción de aquella cosa. 
—Ya casi llegamos —respondió mi madre, haciendo caso omiso de mi pregunta —. Un par de kilómetros más. Por favor, por favor, por favor...
 
No sabía dónde nos encontrábamos, pero me descubrí inclinado hacia delante, esperando llegar allí cuanto antes.
 —Asi que están por llegar al.. campamento de verano— Octavian acuchilló a un pobre peluche de oso panda mientras quitaba su relleno con fuerza, sabía que algo estaba mal. 
Fuera, nada, salvo lluvia y oscuridad: la clase de paisaje desierto que hay en la punta de Long Island. Pensé en la señora Dodds metamorfoseándose en aquella cosa de colmillos afilados y alas coriáceas. Me estremecí. Realmente no era una criatura humana. Y había querido matarme.
  Todavía les resultaba increíble que se hubiera enfrentado a aquella cosa solo,a pesar de no haber podido leerlo,pero debió ser impresionante.  
Entonces pensé en el señor Brunner... y en su bolígrafo-espada. Antes de que pudiera preguntarle a Grover sobre aquello, se me erizó el vello de la nuca. Hubo un resplandor, una repentina explosión y el coche estalló.
 —Nooo! — se lamentaron en silencio varias personas. En el auto no solo estaba el tal Percy,si no que también su madre. —Espero que no les halla pasado nada — dijo Frank nervioso, no quería que el chico también perdiera a su madre. 
Recuerdo sentirme liviano, como si me aplastaran, frieran y lavaran todo al mismo tiempo. Despegué la frente de la parte trasera del asiento del conductor y exclamé:
 
—¡Ay!.
 
—¡Percy! —gritó mi madre.
 Suspiros de alivio e incredulidad se oyeron en todas partes. Su coche explotó y solo decía eso. 
Intenté sacudirme el aturdimiento. No estaba muerto y el coche no había explotado realmente. Nos habíamos metido en una zanja. Las puertas del lado del conductor estaban atascadas en el barro. 
 —No puede ser... 
El techo se había abierto como una cáscara de huevo y la lluvia nos empapaba. Un rayo. Era la única explicación. Nos había sacado de la carretera. Junto a mí, en el asiento, Grover estaba inmóvil.
 
—¡Grover!
 —¿Un rayo? Uh, tal vez el señor Júpiter no se dió cuenta — trató de buscar una explicación una hija de Vulcano. Sin embargo casi nadie la escuchó,para este punto estaban metidos en la historia y en descubrir que pasaría con ellos tres y el misterioso monstruo. 
Tumbado hacia delante, un hilillo de sangre le corría por la comisura de los labios. Le sacudí la peluda cadera mientras pensaba: «¡No! ¡Aunque seas mitad cabra, eres mi mejor amigo y no quiero que te mueras!»
 Solo el y sus pensamientos podían hacer reír a alguien en un momento tan tenso. —Comida —gimió, y supe que había esperanza. —Grover me cae bien —Y a mí. 
—Percy —dijo mi madre—, tenemos que... —Le falló la voz.
 
Miré hacia atrás. En un destello de un relámpago, a través del parabrisas trasero salpicado de barro, vi una figura que avanzaba pesadamente hacia nosotros en el recodo de la carretera. La visión me puso piel de gallina. Era la silueta oscura de un tipo enorme, como un jugador de fútbol americano. Parecía sostener una manta sobre la cabeza. Su mitad superior era voluminosa y peluda. Con los brazos levantados parecía tener cuernos.
 —¿Pensaron lo mismo que yo?— soltó uno de los centuriones. —Siento que describió al...minotauro,el del laberinto...uh. Los que todavía no se habían dado cuenta soltaron un pequeño "oh" e hicieron una mueca. ¿Y ahora que haría? —Ni siquiera tiene un arma como para tratar de defenderse aunque sea. 
Tragué saliva.—¿Quién es...?
 
—Percy —dijo mi madre, mortalmente sería—. Sal del coche.
 —Al menos su madre estará bien,el monstruo la ignorará — se rió nerviosamente Gwen. E intentó abrir su portezuela, pero estaba atascada en el barro. Lo intenté con la mía. También estaba atascada. Miré desesperadamente el agujero del techo. Habría podido ser una salida, pero los bordes chisporroteaban y humeaban. —Dioses... —Vamos Percy — Hazel se mordía un dedo con preocupación —Sal del coche. 
—¡Sal por el otro lado! —urgió mi madre—. Percy, tienes que correr. ¿Ves aquel árbol grande?
 —¿Qué? —¿Acaso hay algo que los pueda ayudar cerca del árbol?¿Un arma quizás?  No encontraban otra explicación para correr hacia un árbol cuando te estaba por matar un hombre toro. 
Otro resplandor, y por el agujero humeante del techo vi lo que me indicaba: un grueso árbol de Navidad del tamaño de los de la Casa Blanca, en la cumbre de la colina más cercana.
 
— Árbol grande entoces...
 
—Ese es el límite de la propiedad, el campamento del que te hablé —insistió mi madre—. Sube a esa colina y verás una extensa granja valle abajo. Corre y no mires atrás. Grita para pedir ayuda. No pares hasta llegar a la puerta.
 Esta vez todos se quedaron callados y mirándose entre ellos,con las mismas preguntas en la mente. ¿Límite de propiedad?¿Ya estaba cerca del campamento? ¿Acaso había algún semidios poderoso viviendo en la granja,uno capaz de vencer al minotauro?  —Tal vez sea como la casa del lobo — pensó en voz alta una hija de Ceres. Reyna apretó el libro inconscientemente y el rubio como aspecto de espantapájaros lo miraba como si quisiera atravesarlo con su cuchillo. —Mamá, tú también vienes. —Tenía la cara pálida y los ojos tristes como cuando miraba el océano—. ¡Venga,mamá! —grité—. Tú vienes conmigo. Ayúdame a llevar a Grover... —¡Comida! —gimió Grover de nuevo. —Shhh! Va a terminar atrayendo al monstruo. —¡Vete ya chico!— exclamó Vitelio flotando alrededor de la mesa de Hazel y Frank. —¡Te atrapará si no! 
El hombre con la manta en la cabeza seguía aproximándose, mientras bufaba y gruñía. Cuando estuvo lo bastante cerca, reparé en que no podía estar sosteniendo una manta sobre la cabeza, porque sus manos, unas manos enormes y carnosas, le colgaban de los costados. No había ninguna manta. Lo que significaba que aquella enorme y voluminosa masa peluda, demasiado grande para ser su cabeza... era su cabeza. Y las puntas que parecían cuernos...
 —Tal como me lo imaginaba,es horrible. —Parece ser gigante,lo va a destruir... —Agradezco nunca haber tenido que luchar contra algo así. —No nos quiere a nosotros —dijo mi madre—. Te quiere a ti. Además, yo no puedo cruzar el límite de la propiedad. —Los mortales no cruzan — murmuró Nathan,otro campista, pensando en quien sabe que. —Esa línea de propiedad será como ¿Una barrera anti mortales? — preguntó a su lado Bobby,otro campista amigo de Jason. —Pero... 
—No tenemos tiempo, Percy. Vete, por favor.
 
Entonces me enfadé: me enfadé con mi madre, con Grover la cabra y con aquella cosa que se nos echaba encima, lenta e inexorablemente, como un toro.Trepé por encima de Grover y abrí la puerta bajo la lluvia.
 —Cuidado, el pequeño se enojó — uno de los chicos que siempre se burlaba de la cohorte cinco ahora se burlaba de Percy. —Nos vamos juntos. ¡Vamos, mamá! 
—Te he dicho que...
 
—¡Mamá! No voy a dejarte. Ayúdame con Grover.
 
No esperé su respuesta. Salí a gatas fuera y arrastré a Grover. Me resultó demasiado liviano para sus dimensiones, pero no habría llegado muy lejos si mi madre no me hubiera ayudado.
 —¿Terminará bien? —No puede dejarlos atrás...que amable de su parte — cualquier otro romano ya lo habría dejado,sin preocuparse por el fauno. 
Nos echamos los brazos de Grover por los hombros y empezamos a subir a trompicones por la colina, a través de hierba húmeda que nos llegaba hasta la cintura.
 —Una colina — Reyna tomó nota mental.  
Al mirar atrás, vi al monstruo claramente por primera vez. Medía unos dos metros, sus brazos y piernas eran algo similar a la portada de la revista Muscle Man:bíceps y tríceps y un montón más de íceps, todos ellos embutidos en una piel surcada de venas como si fueran pelotas de béisbol. 
  —Uy,suena a que de un golpe lo mata. —No lo dudes. 
No llevaba ropa excepto la interior — unos calzoncillos blancos—, cosa que habría resultado graciosa de no ser porque la parte superior del cuerpo daba tanto miedo. Una pelambrera hirsuta y marrón comenzaba a la altura del ombligo y se espesaba a medida que ascendía hacia los hombros.
 Hijos y legados de Venus hicieron una mueca de asco. —No hacian falta tantos detalles. —Debe estar en el top 10 de los monstruos más feos y mortales. 
De repente lo reconocí. Aquel monstruo aparecía en una de las primeras historias que nos había contado el señor Brunner. Pero no podía ser real. Parpadeé para quitarme la lluvia de los ojos.
 
—Es...
 
—El hijo de Pasífae —dijo mi madre—. Ojalá hubiera sabido cuánto deseaban matarte.
 —Parece que ella sabe muchas cosas — notó Lavinia. —Creo que ella siempre supo que su hijo es un semidios, así que estudió sobre los mitos — comentó la persona sentada a su lado. —Oh,puede que tengas razón. —pero es el Min... 
—No digas su nombre —me advirtió—. Los nombres tienen poder.
 Reyna asintió, eso era muy importante. 
El árbol seguía demasiado lejos: a unos treinta metros colina arriba, por lo menos.
 
Volví a mirar atrás. El hombre toro se inclinó sobre el coche, mirando por las ventanillas. En realidad, más que mirar olisqueaba, como siguiendo un rastro. Me pregunté si era tonto, pues no estábamos a más de quince metros.
 Para los que nunca habían visto al minotauro,osea todos, esto era algo muy increíble. Varios tomaban notas en latín sobre el monstruo por si de casualidad se les aparecía en alguna misión,cosa que esperaban no sea así. 
—¿Comida? —repitió Grover.
 
—Chist —susurré—. Mamá, ¿qué está haciendo? ¿Es que no nos ve?
 
—Ve y oye fatal. Se guía por el olfato. Pero pronto adivinará dónde estamos.
 —Puede que la lluvia ayude un poco a camuflar el olor, pero ella tiene razón,no están muy lejos y pronto lo sentirá. —Tienen que salir de ahí cuanto antes. 
Como si mamá le hubiera dado la entrada, el hombre toro aulló furioso. Agarró el Cámaro de Gabe por el techo rasgado, y el chasis crujió y se resquebrajó. Levantó el coche por encima de su cabeza y lo arrojó a la carretera, donde cayó sobre el asfalto mojado y patinó despidiendo chispas a lo largo de más de cien metros antes de detenerse. El tanque de gasolina explotó. 
 —Si que debe tener hambre si hace tanto escándalo por el semidios. —Si,me pregunto quién será su progenitor divino — más de uno ya quería saber la respuesta.  «Ni un rasguño», recordé decir a Gabe. 
¡Ups!
 La tensión desapareció unos segundos al escuchar esas palabras,pero volvió rápidamente. 
—Percy —dijo mi madre—, cuando te vea embestirá. Espera hasta el último segundo y te apartas de su camino saltando a un lado. No cambia muy bien de dirección una vez se lanza en embestida. ¿Entiendes?
 Los romanos asintieron, era un buen plan y lo mejor que podían hacer en ese momento. —Ahh por eso el nombre del capítulo. —¿Cómo sabes todo eso? 
—Llevo mucho tiempo temiendo este ataque. Debería haber tomado las medidas oportunas. Fui una egoísta al mantenerte a mi lado.
 —¿Al mantenerme a tu lado? Pero qué... Se mantuvieron en silencio,la verdad no tenían mucho para decir,entendían que no se quisiera separar de su hijo, pero era obvio que a medida que creciera mayor peligro correría. Pero al menos lo reconocía, además ¿Quienes eran ellos para juzgar? 
Otro aullido de furia y el hombre toro empezó a subir la colina con grandes pisotones. Nos había olido.
 El solitario pino estaba sólo a unos metros, pero la colina era cada vez más empinada y resbaladiza, y Grover nos pesaba más. El monstruo se nos echaba encima. Unos segundos más y lo tendríamos allí. Mi madre debía de estar exhausta, pero sostenía a Grover con el hombro. —Que gran momento para desmayarse — bufó alguien de la primera. —Fauno tenía que ser...— resopló otro. —¡Oye!— exclamaron los nombrados. —¡Márchate, Percy! ¡Aléjate de nosotros! Recuerda lo que te he dicho. 
No quería hacerlo, pero ella estaba en lo cierto: era nuestra única oportunidad.Eché a correr hacia la izquierda, me volví y vi a la criatura abalanzarse sobre mí. Los oscuros ojos le brillaban de odio. Apestaba como carne podrida. Agachó la cabeza y embistió, apuntando los cuernos afilados como navajas directamente a mi pecho.
   —¿Lo matará?— todos esperaban expectantes lo que sucedería a continuación. ¿Lograría saltar hacia un lado como lo había indicado su madre o sería atravesado por el minotauro? 
El miedo me urgía a salir pitando, pero eso no funcionaría. Jamás lograría huir corriendo de aquella cosa. Así que me mantuve en el sitio y, en el último momento, salté a un lado.

El hombre toro pasó como un huracán, como un tren de mercancías. Soltó un aullido de frustración y se dio la vuelta, pero esta vez no hacia mí, sino hacia mi madre, que estaba dejando a Grover sobre la hierba.
 —¿Eh? —¿Por qué va contra una mortal?. Se supone que los monstruos no les hacen nada... Eso era raro, no entendían porque atacar a un humano normal,ellos no llamaban la atención de los monstruos.bueno en realidad tendían a ignorarlos. 
Habíamos alcanzado la cresta de la colina. Al otro lado veía un valle, justo como había dicho mi madre, y las luces de una granja azotada por la lluvia. Pero estaba a unos trescientos metros. Jamás lo conseguiríamos.
 —No digas eso. 
El monstruo gruñó. Siguió mirando a mi madre, que empezaba a retirarse colina abajo, hacia la carretera, tratando de alejarlo de Grover.
 
—¡Corre, Percy! —gritó—. ¡Yo no puedo acompañarte! ¡Corre!
 —No va correr — se rió Frank nerviosamente — No parece de los que abandonan a los demás. —Creo lo mismo — respondió su amiga. 
Pero me quedé allí, paralizado por el miedo, mientras la bestia embestía contra ella. Mi madre intentó apartarse, como me había dicho que hiciera, pero esta vez la criatura fue más lista: adelantó una horripilante mano y la agarró por el cuello antes de que pudiese huir. Aunque ella se resistió, pataleando y lanzando puñetazos al aire,la levantó del suelo.
 Okey, definitivamente el minotauro era raro, no parecía tan inteligente como para pensar en utilizar a la madre del niño para atraerlo y matarlo, entonces por qué? —¡Mamá! ¡Aguanta que voy! 
Ella me miró a los ojos y consiguió emitir una última palabra:—¡Huye!
 
Entonces, con un rugido airado, el monstruo apretó las manos alrededor del cuello de mi madre y ella se disolvió ante mis ojos, convirtiéndose en luz, una forma resplandeciente y dorada, como una proyección holográfica. Un resplandor cegador, y de repente... había desaparecido.
 —¿Qué? —Eh? —Estoy bastante seguro de que los mortales y los semidioses no desaparecen en luz dorada cuando mueren —Dakota se acarició la barbilla pensativo. —Es que no lo hacen — Gwen parecía confusa. 
—¡¡Noooo!!

La ira sustituyó al miedo. Sentí una fuerza abrasadora que me subía por las extremidades: el mismo subidón de energía que me había embargado cuando a la señora Dodds le crecieron garras.
 —Uh.., —Siento que buscará pelea. 
El hombre toro se volvió hacia Grover, que yacía indefenso en la hierba. Se le aproximó, olisqueando a mi mejor amigo como dispuesto a levantarlo y disolverlo también.
 
—¡Deja a su amigo! 
 
No iba a permitirlo. Me quité el impermeable rojo.
 
—¡Eh, tú! ¡¡Eh!! —grité, mientras sacudía el impermeable, corriendo hacia el monstruo—. ¡Eh, imbécil!¡Idiota peludo!
 —No puede ser. —Alguien debe enseñarle a insultar. —¡Es un niño tonto!  —Esta bien,retiro eso pero no me pegues... —¡Brrrrr! —Se volvió hacia mí sacudiendo los puños carnosos. —No se si esto es muy valiente o muy estúpido — murmuró incrédulo el augur — probablemente la segunda. 
Tenía una idea; una idea estúpida, pero fue la única que se me ocurrió. Me puse delante del grueso pino y sacudí el impermeable rojo ante el hombre toro, listo para saltar a un lado en el último momento.
 
Pero no sucedió así.
 —¡pues claro que no iba a suceder así! — exclamaron casi todos. —Si hubiera ido a esa granja tal vez ya estaría a salvo —suspiró Lavinia. 
El monstruo embistió demasiado rápido, con los brazos extendidos para cortar mis vías de escape.

El tiempo se ralentizó. Mis piernas se tensaron. Como no podía saltar a un lado, salté hacia arriba y,brincando en la cabeza de la criatura como si fuera un trampolín, giré en el aire y aterricé sobre su cuello. ¿Cómo lo hice? No tuve tiempo de analizarlo. Un micro-segundo más tarde, la cabeza del monstruo se estampó contra el árbol y el impacto casi me arranca los dientes.
 La mayoría disimuló la sorpresa en sus rostros. —Imposible ¿Como diablos hizo eso?— frunció el seño un legionario. —Me gustaría tenerlo en mi cohorte — murmuró Dakota, al menos con el tal vez tuviera una oportunidad de ganar los juegos de guerra,pero quién sabe dónde estaba ese chico en estos momentos. 
Grover seguía gimiendo en el suelo. Quise gritarle que se callara, pero de la manera en que me estaban zarandeando de un lado a otro, si hubiese abierto la boca me habría mordido la lengua.
 
—¡Comida! —insistía Grover.
 —Ya denle algo de comer al pobre — se rió un hijo de Mercurio en voz baja, le daba algo de gracia que siguiera pidiendo comida mientras su amigo estaba a nada de morir. 
El hombre toro se encaró hacia él, bufó de nuevo y se preparó para embestir.Pensé en cómo había estrangulado a mi madre, cómo la había hecho desaparecer en un destello de luz, y la rabia me llenó como gasolina de alto octanaje. Le agarré un cuerno e intenté arrancárselo con todas mis fuerzas. El monstruo se tensó, soltó un gruñido de sorpresa y entonces... ¡crack! Aulló y me lanzó por los aires. 
 —¡¿Qué?! —¡Algo tiene que estar mal!¿Como puede arrancarle el cuerno así como si nada? —Debe ser un hijo de Marte — dijo Reyna con confianza, no había otra explicación del porque el aumento repentino de fuerza y reflejos. Apretó el libro en sus manos y continuó la lectura. 
Aterricé de bruces en la hierba, golpeándome la cabeza contra una piedra. Me incorporé aturdido y con la visión borrosa, pero tenía un trozo de cuerno astillado en la mano, un arma del tamaño de un cuchillo.
El monstruo embistió una vez más. —Ahora si que estará furioso... 
Sin pensarlo, me hice a un lado, me puse de rodillas y, cuando pasó junto a mí como una exhalación, le clavé el asta partida en un costado, hacia arriba, justo en la peluda caja torácica.
 Hubo risas de incredulidad mientras Vitelio apaludía ante tan grandioso acto. El hombre toro rugió de agonía. Se sacudió, se agarró el pecho y por fin empezó a desintegrarse; no como mi madre, en un destello de luz dorada, sino como arena que se desmorona. El viento se lo llevó a puñados, del mismo modo que a la señora Dodds. La criatura había desaparecido. —Si lo mató,increíble. —No sabía que se lo podía matar con su propio cuerno —Wow... Muchos estaban asombrados y otros envidiosos, asesinar al minotauro era algo genial para ellos. Podrían obtener reconocimiento y aumentar su estatus. 
La lluvia cesó. La tormenta aún tronaba, pero ya a lo lejos. Apestaba a ganado y me temblaban las rodillas. Sentía la cabeza como si me la hubieran partido en dos.Estaba débil, asustado y temblaba de pena. Acababa de ver a mi madre desvanecerse.
 —Cosa definitivamente anormal — repitió Gwen. 
Quería tumbarme en el suelo y llorar, pero Grover necesitaba ayuda, así que me las apañé para tirar de él y adentrarme a trompicones en el valle, hacia las luces de la granja. Lloraba, llamaba a mi madre, pero seguí arrastrando a Grover: no pensaba dejarlo en la estacada.
 —Es un buen amigo — sonrió la hija de Plutón —Su madre desapareció y está herido,pero aún así no abandona a Grover. —Por fin sabremos que hay en esa granja — suspiró un campista. 
Lo último que recuerdo es que me derrumbé en un porche de madera, mirando un ventilador de techo que giraba sobre mi cabeza, polillas revoloteando alrededor de una luz amarilla, y los rostros severos de un hombre barbudo de expresión familiar y una chica guapa con una melena rubia ondulada de princesa. 
 —Hasta ahora parece todo normal. 
Ambos me miraban, y la chica dijo:—Es él. Tiene que serlo.
 —Minimo un hola — Bobby hizo una mueca. —¿Tiene que ser qué? —Silencio, Annabeth —repuso el hombre—. El chico está consciente. Llévalo dentro. —¿Annabeth?— susurró Reyna frunciendo el seño aún más — Vamos a leer el capítulo que sigue. Nadie discutió, principalmente porque querían saber que pasaría a continuación.

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