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Lupul si cioara

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Los lobos han impregnado leyendasa lo largo de la historia.

Hace miles de años, merodeando las tierras antiguas como amo y señor; el mayor depredador, el lobo.

Los dacios miraban a estos animales como un tótem. Significaba para ellos un símbolo de protección y veneración. Representaba luz del sol y el fuego. Creían fielmente en una conexión ancestral, mítica.A modo de ritual vestían sus pieles; ondeaban banderas con cabeza de lobo y cuerpo de serpiente lo que simbolizaba el universo cíclico de las cosas. Luz y oscuridad representada en un animal.El lobo blanco era el más poderoso de todos. Las leyendas cuentan que un sacerdote del dios Talmoxis se sacrificó convirtiéndose completamente en lobo. En el más fuerte; con su aullido podía llamar a los demás lobos para ayudar en las batallas a los dacios.De esta forma, los guerreros y todo el pueblo empezarón a ver a los lobos como protectores.Su naturaleza poderosa, sus miradas penetrantes y aullidos escalofriantes aun inspiran adoración.Pero eso fue hace miles de años.La historia empieza una mañana de invierno en el bosque.Una manada de lobos puede estar formada de tres o hasta treinta caninos. Los líderes de una manada son una pareja alfa quienes dirigen a los demás y que están unidos de por vida.Esto no siempre es universal. En cada clan existen varias excepciones.Un macho ha retado al líder, al alfa. Aunque estos enfrentamientos son frecuentes en la manda, los jóvenes desafían por quitarle la jerarquía. Pero un jefe no sede su puesto fácilmente. Tad, no ha disputado el trono para coronarse.Uno se impone y el otro resiste.La riña ha empezado por culpa de otro lobo igual de joven que Tad.Gruñen, lucen sus brillantes y afilados incisivos para intimidarse. Rugen en la feroz batalla de mordidas. Y antes de que haya un vencedor o un perdedor. Adam huye.Obliga a sus patas a dejar el lugar donde ha crecido. Corre. Huye. Estará solo; y si no encuentra una manada que lo acoja, morirá. Tristemente, nadie lo aceptará. Los lobos viejos y heridos son apartados, son dejados a tras para morir.Ha bajado lo suficiente como para toparse con una vieja, arruinada y abandonada chosa.Si los lobos son peligrosos, los rastros de los hombres dejados atrás lo son aún más. Su instinto le dice que nunca debe cruzarse con uno de ellos. Son letales. Sabe que no debe enfrentarse a él o a lo que posee.La información que posee se lo han dicho desde que era cachorro. Humanos con lanzas que abren los estómagos de lobos desobedientes, caprichosos lobeznos que desafían a mamá son cortados con el filo de estas, sus entrañas son arrojadas al fuego, las aves rapaces se alimentan de los restos y los hombres se visten con sus pieles.Adam nunca podía dormir bien desde que esa historia quedó grabada en su cabeza. Todas las noches le pedía a la luna que lo alejara de esos terribles monstruos. Pero ahora aquí estaba. En el territorio de las bestias crueles y despiadadas. Se preguntaba si alguno en su manada se preocuparía por él. No. No lo harían. Ni siquiera él…Sopesó la idea de volver. Bajó la cabeza, ¿a dónde regresaría? ¿A una muerte segura? No tenía la culpa de nada, más sin embargo sabía que la situación lo ameritaba. Adam debía irse.Ha vagado, sin rastros de hombres, sin rastro de lobos. No ha cazado. Tiene hambre, necesita tres kilos de carne al día para sobrevivir. No todo es malo. Ha encontrado un arrollo. Bebe y sacia su sed, aunque el gruñido de sus tripas persiste.En una de las ramas más secas y delgadas de un alto árbol hay un pájaro negro que no ha apartado su vista del lobo. Adam, agradece a la luna por su ayuda. Entiende de inmediato los motivos de su presencia. También ha escuchado de ellos, los lobos del cielo. El cuervo deja las raquíticas ramitas en lo alto para descender frente él. Nunca antes había tenido contacto, a lo mucho sólo los había visto cerca de ellos por lo que no sabe cómo proceder ante él. Agacha su cabeza y retrocede unos pasos. Teme al pico curvo que puede sacarle los ojos. Demostrar respeto es una manera sencilla de presentarse. A su vez, le responde con brincos. Incitándolo, invitándolo a que lo siga.¿Tendría una presa lista?El ave y el canino pueden estrechar una aprovechada amistad. Por sí sola un ave no puede cazar un animal que es dos o tres veces su tamaño; así, un lobo no puede divisar una presa desde lo alto en el cielo. Le interesa. Necesita al pájaro para detectar a una presa. Es quien mejor situado está, desde arriba, nadie sospecharía de él. A su vez, el lobo está dotado para matar, despedazar e invitar la cena. Dejarle al ave unos pedazos. Darle a Adam un festín. Ambos saldrían ganando.El cuervo prende vuelo. Adam lo sigue desde el suelo. Al principio no vuela alto, pero no dura para siempre. Se ha elevado, vuela magnifica y elegantemente. Adam está cansado, en un día a visto una riña, le ha entrado pánico, ha huido, se ha topado con la civilización más peligrosa para él y tiene hambre, mucha. Sin embargo, ha apostado al ave. Ambos, Ave y lobo, recorrer kilómetros sin perderse de vista. El pájaro se ha convertido en un valioso guía para Adam.Han llegado a territorio del hombre. Lo sabe con tan solo ver los campos y praderas. El aire lo confirma. Adam ha cometido un error. Un maldito error que podría costarle la vida. Apostó ciegamente. El ave lo guiaba a su muerte. Tenía que retroceder. Tenía que abandonarlo. Debía mantenerse a salvo, el hambre no era tan importante ahora. No obstante, el ave posó en una rama. Acechaba el rebaño de ovejas. Las plumas negras aletearon y descendieron hacia un tronco, casi a la altura de Adam. Por el miedo, había perdido visión, olfato y su único oído que tenía. Ovejas. El balido de estas le recordaba lo que era: un depredador.Le toca observar. El cuervo ha hecho su trabajo, falta Adam. Y aunque quisiera maldecirlo por llevarlo tan lejos para una comida fácil, debe aguardar. Su olfato lo alerta, el pastor está cerca de sus ovejas. Peligro. Debe cambiar su posición para que el viento no revele ni altere con su presencia a ninguno.Su trabajo consiste en buscar a la presa más débil. Tarde o temprano terminará por apartarse del resto y aprovechará el descuido. La oportunidad tal vez se vea tarde. La gravedad revela más problemas de los que ya enfrentaba. Santa Luna. Han aparecido cinco perros. Con habilidades y características como las de él: pelaje, hocico alargado, agresividad, resistencia e inteligencia. Dotes que no se suprimen solo por estar domesticados. Fueron entrenados para nunca apartarse del rebaño, ni de noche ni de día, sin descanso alguno. Está perdido. Fracasará. Es una misión imposible.¿Debería comerse al cuervo?El pájaro no tendría que enfrentarse a los perros. Adam no podía contra un lobo, menos contra cinco perros. Sin posibilidades, la única opción es comerse al cuervo en venganza. Lo ha llevado a una trampa no a un valle repleto de linces, renos o ciervos. No hay oportunidad. Observa nuevamente a los perros, tranquilos y apacibles; sin embargo Adam conoce su naturaleza. Su instinto le dice que no tendrán piedad. Los perros están dispuestos a perder la vida en una pelea, así que lucharán, no se rendirán hasta que uno quede tendido. Tal vez ese era el plan del cuervo. El perro o el lobo, de alguno se alimentaría.Merodea. Piensa en lo que debe hacer.El aroma a sangre le inunda las fosas nasales. Apresura a llegar hacia el aroma. Su olfato lo guía hasta una oveja y su cría. Decidido. Adam debe marchase, prefiere morirse de hambre.Cuervo y lobo. El emplumado no ha dejado su posición en las ramas. Adam quisiera decirle que buscará algún fallo, pero no lo encuentra. Ha ido a cada punto, ninguna vulnerabilidad.El invierno siempre es una estación crítica. Las y los omegas dan a luz a sus crías. La época induce a los lobos adultos a ser osados. No le sorprendería ver a alguno cerca. Tal vez si eso llegara a pasar aprovecharía la confusión y el desorden para atacar. El ladrido de uno de los perros lo alarma. Sabe que está diciendo. Llama a su amo, le avisa de una oveja y su cordero. Los ha visto, Adam ignoró el hecho de que estaban desprotegidos, que podía enfrentarse al perro. Si salía victorioso tendría dos presas. Agazapado en la oscuridad, sentía los ojos del cuervo recriminándole. El hecho de que el cuervo se haya dado cuenta de la ineptitud de Adam, este no lo ha abandonado.No muy lejos de las tierras del hombre, el cuervo lo llama. Una presa sin guardianes.De entre las hojas caídas y secas, brinca y se acerca para analizar a la enorme masa de cien kilos. Preguntándose si será capaz de cazarlo. El ave lo examina, ¿será un alimento fácil? ¿Ambos comerán este nuevo día? Avisa a su socio.Adam escucha los graznidos, se levanta, se concentra, se pone en marcha. El jabalí disfruta su día tomando un baño de lodo. Detiene la ducha, el aroma peculiar del lobo amenazante le ha llegado, le advierte. Debe huir. El jabalí sabe que está en peligro y corre. No espera a ver colmillos para moverse lejos de allí. Frenético, ha dejado su lecho sin percatarse que el peligro no es de vida o muerte. Lentamente detiene su marcha. Es un lobo y no una manada.¿Por qué debería de huir?Es un lobo, sí. Pero se ve agotado y sobretodo solo. Ante su error, el jabalí regresa. El adversario, desválido y probablemente exiliado no es un rival. Cambio de planes, no abandonará su territorio.Adam es consciente de lo arriesgado que es atacar a un jabalí él solo. Podría romperle los huesos si le ataca. Pero tiene hambre y duda que la luna le presente otra oportunidad como esta; ahora o nunca. Actúa. Lanza el primer golpe, que ocasiona la reacción de los cien kilos del jabalí. La piel de este resiste los mordiscos. Contesta de inmediato haciendo que el lobo corra. La persecución se torna cómica. El depredador está siendo intimidado. Aunque, de hecho, el depredador hostil sigue fielmente una estrategia: hostigar para agotar. Ante ellos, el espectador no entiende nada. El cuervo los ve jugar, ¿quién está cazando a quién? ¿Acaso no era más sencilla esta presa solitaria?Ser un lobo solitario es una catástrofe. El jabalí sacó ventaja, ha dominado, no ha mostrado signos de debilidad y no cederá. Se ha impuesto sobre el depredador. La sensatez e instinto le dicen al lobo que debe retirarse. Si resultase herido estaría condenándose a morir solo. Abandonará, cede la victoria indiscutible al retador de cien kilos. Carga la derrota, da media vuelta. Hoy no hay victoria.Aúlla.Está frustrado, enojado, cansado y triste (aunque no quiera admitirlo).Su socio es el más próximo a escucharlo. Los perros y seguramente otros lobos también, así que, antes de que se termine el contrato debe buscar otra presa adecuada. La alianza debe perdurar si quiere comer. La caza deber ser menos combativa. Una oportunidad más. Camina nuevamente entre las hojas, acercándose para investigar. El pobre conejo se esconde. El ave grazna para dar aviso. Su compañero de caza no tendrá inconvenientes. Puede asegurarlo, el conejo, aterrorizado, ha huido a un hueco dentro de un tronco. Y como si pudiera impedir su escape, el pájaro lo vigila parándose en él. Picotea el asomo de una oreja peluda. La curiosidad o el miedo del conejo no lo deja tranquilo. Insiste, el cuervo vuelve a graznar. Ven rápido. Lo tengo justo debajo de mí. Picotea el tronco sin saber qué más podría hacer.Han pasado semanas desde que ninguno se alimenta. El lobo le escucha y acude al llamado salvaje. Tiene hambre. Está débil y debe de hacer un esfuerzo sobrenatural para cazar algo tan pequeño como un conejo, pero veloz, sin embargo no tiene posibilidades. Atrapado entre las fauces del lobo, es una victoria para el dúo inusual. Ahora el cuervo debe esperar las migajas de su compañero. Le persigue cerca del suelo, camina y aletea, salta, vuela y aterriza no tan cerca. Cuando el lobo no está es tiempo de acercarse y tomar lo suyo. La táctica ha dado frutos. Cada uno ha recibido su parte. El cuervo ingiere los trozos. Degustando, feliz. A pesar de que no es el conejo que aprisionó, está contento que el lobo haya tenido éxito.¿Bastaría el aperitivo para el lobo?El impulsivo cuervo no teme por su seguridad y se adentra hacia la granja. Las ovejas gozan despreocupadamente dentro del establo. Ha entrado para asegurarse de algo. Le distraen de su objetivo un par de cachorros. Perros jóvenes que intentan escapar, divertirse lejos del encierro. Salen, escapan sin saber que están apunto de cruzar el umbral de lo salvaje. El ave los sigue desde las alturas. Los observa desde las ramas. Juegan, se divierten sin tener miedo, sin saber que pronto los acechará un depredador. Han entrado a los dominios de los lobos. Esta es su tierra. Su socio se acerca a ellos, curioso, sigiloso. Probablemente se ha despertado de una siesta, perezoso, no los sigue. El par podrían ser un banquete. Pero el lobo los deja pasar. Ellos regresan al territorio del hombre.¿Qué ocurre con ese lobo?Sus ojos negros han visto un montón de veces como otros lobos aprovechan el comportamiento descuidado de los jóvenes para devorarlos y enseñarles una lección. Dentro del territorio de lobos es válido. Muchos otros se arriesgan a bajar y raptar a una oveja. No temen enfrentarse a los perros. No detienen sus dientes ante una cordero. Abren sus fauces para alimentarse.Cae la niebla. Peligrosa. Aliado del depredador.La capa de invisibilidad del lobo. La bruma enmascara las siluetas y los olores. El ave negra, como un mal presagio se posa en las alturas esperando que la tragedia dé inicio. El lobo resurge de entre la boca de la noche. En el aprisco la despreocupación ha dejado paso a la inquietud. Intuyen una presencia extraña.Aullidos. Aullidos rompen el silencio, la tensión.El lobo varía el tono, y, en varias direcciones multiplica las llamadas.Su aullido sigue penetrando la noche. Abrumador, amenazante.Si pudiera aplaudir la gran estrategia del lobo, el cuervo lo haría. El lobo es un gran estratagema. Le hace creer a los perros que están rodeados por una manada dispuesta a atacarlos. Crea pánico. Incita los errores que podrían cometer los guardianes.Al amanecer el canino y el ave no despiertan con el desayuno servido. Sin embargo, el lobo sigue merodeando bajo la persistente niebla.La oportunidad soñada regresa. Perros, ovejas, el hombre ha salido. Las presas necesitan pastar. Es hora de que el lobo penetre el corazón, las tierras del hombre. Sin embargo, desconfía de todo. No podrán estar en casa; es el olor el que lo mantiene cauteloso. Ha localizado donde se esconde el resto del rebaño. El olfato inefable le advierte no solo cautela, peligro, sino que, también enemigos. Los cachorros se mantienen al margen, esperando las acciones del lobo. Acto reflejo, los perros comienzan a ladrar. El lobo huye.Sorprendido, se aleja. Las presas no eran tan fáciles como creyó. Los perros, aunque cachorros, han defendido la tierra de su amo.Arte la advertencia de los jóvenes cachorros, la prudencia del lobo le indica marchar una retirada pues enseguida, los perros adultos han acudido corriendo.A pesar de la osadía de los lobos, el hombre no hace nada por cazarlos. No obstante, el pastor se impone a su manera. Ha dejado a sus ovejas al cuidado de los perros para internarse al territorio de los lobos. Él no lo verá, pero el animal sentirá su presencia. Es arriesgado.El lobo lo observa desde la espesura de la noche. No, no lo atacará.Le teme.No hay opciones, ni aperturas. El pastor está allí, el lobo no puede atacarlo ni a él ni al rebaño. Y el pastor lo sabe. Le dice al animal: estoy aquí, no puedes tocarme. Pero no puedes ir por mis ovejas porque están mis guardianes.Los día pasan. Las noches son frías y solitarias. Los aullidos silenciados por el bosque.Deambular en solitario supera sus fuerzas. Melancólico, aúlla. No responderán. Nadie lo ha hecho.Su guía, el ave negra se extiende y planea alrededor. Sus majestuosas alas le permiten ser libre. Su audacia le permite aterrizar en el lomo del lobo, éste no se molesta en atacarlo o sacárselo de encima.El cuervo se dio cuenta de algo muy importante.El lobo anhela compañía. El cuervo, convencido de que puede dársela se ha acercado más a él. Teje lazos de confianza a través de las presas que le sugiere cazar. El trato al que han acordado instintivamente aun sigue firme.

----- CHAPTER BREAK -----

—Dios. Eres perfecto.Las primeras palabras de Ronan admiraron la belleza del que ahora se convertía en humano. El lobo gris, cambió su forma dolorosamente. Tal vez por eso se debía aunque no quería hacerlo. Ronan lo orilló para que sucediera.Regresaron a la cabaña abandonada. Un incendio provocó el abandono de esta. El pastor, sin importarle nada decidió buscar otro lugar para asentarse. Tan solo necesitaba sustituir la madera, pero el perezoso fue por la vía más fácil.El lento proceso del cambio del lobo era diferente al de él. Pasaba de ser cuervo a humano en un santiamén. Indoloro, rápido, fácil. En cambio, el lobo dudó, esperó, volvió a dudar y por fin su piel empezó a caer, sus huesos tronaron, mudó de piel, la cual fue siempre suya. Un hombre perfecto. Ronan se lo había dicho. Alto, cabellos arenosos, ojos azules, piel bronceada. Ronan quedó fascinado ante la imagen. Los pequeños puntos que se esparcían en el puente de esa nariz perfecta lo tentaban. Pero no era el momento de intentar algo. El lobo había cambiado y probablemente había sido su primera vez. Le arropó enseguida. Su mirada cristalina le conmovió.—Ahora podemos entendernos. —apartándose de él, Ronan decidió ir por la bebida caliente que había preparado. El lobo, ahora humano, seguía en el suelo en un ovillo. Tal vez los lobos no hablaban su idioma. Al voltearse de nuevo vio cómo el depredador se observaba a sí mismo. Sus manos, Ronan también siguió el recorrido de ellas. —Así que… —aclaró su garganta —¿La primera vez duele? —mierda, ¿qué estaba diciendo? —Quiero decir, transformarte.—No.Su respuesta fue corta, fría, molesta.—Lo odio.—Se nota. —dejó el té junto al lobo. —Soy Ronan. —debió hacer un movimiento que alteró al lobo. —Recuerda, te dije que cambiaras para curar tu herida. —señaló hacia lo que parecía una abertura superficial en el tobillo izquierdo de su compañero de caza.—Aun sigo preguntándome cuál es la diferencia.—Sana más rápido. —aunque se lo haya explicado, no parecía ceder.—El calor, me es difícil recuperar el calor.Claro, sin todo ese pelo y piel gruesa cualquiera se moriría de frío. Pero no era invierno. Estaban en plena primavera.—Jesús. Si vas a invitarme a acurrucarme contigo lo haré después de sanarte.—Adam.—Es bueno saber el nombre de mi compañero de caza y de calor.La piel que lo cubría resbaló por sus hombros. Ronan negó. —No necesitas destaparte todo, ¿puedo? —extendió sus brazos. —Seguramente te cueste un poco moverte ahora. Te cargaré hasta la cama, tendrás más pieles para cubrirte. —su compañero aceptó.Antes de ir a la cabaña, Ronan puso a disposición todo lo que podría necesitar. Porque el lobo no iba a encontrar manada. Porque Ronan no quería abandonarlo. Iba a decirle pronto de su plan, pero un accidente provocó que todo sucediera rápidamente. No lo causó un jabalí, ni un juego con él. El lobo cayó mal al proteger la cría de un pájaro. Dios. Ronan cambió de inmediato y lo llevó en sus hombros hacia la cabaña. La ventaja era que podrían hablar, podrían entenderse, podría conocerlo mejor. Aunque cerca, Ronan no dejaba de estar desnudo, en un clima fresco. Era vergonzoso, pero estaba seguro que tampoco el lobo estaba disfrutando el viaje. Mas Ronan, sentía el calor del lobo en sus hombros y eso le reconfortaba.Conseguir las hojas era fácil. Hacer la bebida y el ungüento también. El lobo terco era el problema. Tomó tres días convencerlo. Cambió y ahora se comportaba como un niño. Ronan estaba odiando ser el maduro entre ellos. El papel fundamental que desempeñaba en su familia era de “oveja descarriada”, “rebelde”, “infantil”, y un sin fin de sobrenombres que describían a Ronan como un hijo malagradecido.—Tengo frío. —insistió. Al menos el corte estaba cubierto. Ronan asintió. No podía darle el mismo calor que otro lobo, pero tendría la oportunidad de acurrucarse con él.Durante un tiempo no dijeron nada, Ronan le escucho dormir. Protegidos dentro de las pieles, sentía calor, pero el lobo no. Soportó el infierno, él se lo había buscado.—¿Cómo supiste que era un cambia formas?—Tu comportamiento. —respondió. Estaba por dormirse cuando la voz del lobo entró en su cuerpo. Se sentía bien. Sin recibir respuesta supuso que el lobo estaba conforme, pero entonces los ojos azules le perforaban. Bajó la mirada para enfrentarlo. Quería saber más. —Un animal no razona. Tuviste oportunidades para comerte una cría, pero no lo hiciste. Cualquier otro lobo lo habría hecho.—Aun si no fuera cambia forma. —apartó sus hermosos ojos claros. El cielo, Adam tenía el cielo en su mirada. Ronan lo abrazó con fuerza. Su respiración lenta chocaba en su pecho, ojalá estuviera desnudo como él para que le hiciera cosquillas.—La vida es dura.—Tú no tienes que separar a una familia para saciar tu hambre.—No. Pero tengo mis propios problemas.—Entonces a todos nos persiguen los demonios.Sí. No. Los demonios no vivían fuera de ellos para atormentarlos.—Cada uno de nosotros los alberga.Tal vez el animal estaba hecho para que el hambre no lo debilitara. Pero el hombre no podía resistirla. Ambos necesitaban ingerir más que agua con hojas.—Iré al pueblo para comprar algo.—¿Pueblo? ¿Comprar? ¿Saldrás?Como un cachorro ansioso y asustado, Adam se sentó en la cama, sus ojos se anegaron.—Tranquilo, está cerca y volveré pronto.—¡No! Va a oscurecer. Llévame. —trató de levantarse, pero era difícil manejar sus extremidades.—Si cambias, tu herida no sanará correctamente y probablemente tenga que arrancarte la pierna, ¿prefieres que cenemos eso a que consiga algo de pan?—¡Es peligroso! Anochecerá. No sé qué es pan, no lo necesitamos, puedo… podemos cazar, mañana… estoy bien. —un intento fallido de levantarse lo frustró. Ronan negó, dejó de ponerse las pieles quemadas y las botas.—Si no entiendes a dónde voy, ¿por qué te preocupas?Los ojos azules le respondieron. Soledad. El brilló se esfumó.—Idiota, ¿crees que abandonaré a mi depredador? Sin ti moriría. Sin mí morirías. Todo este tiempo hemos trabajado juntos para no morir de hambre, no voy a sacar mis alas y volar lejos. Adam, yo siempre regreso, ¿no te lo he demostrado?—Cuando eres un cuervo. Cuando tus plumas se elevan y se agitan en el cielo tengo miedo de que te alejes, de que el viento te lleve lejos; sin entenderte espero escuchar tu llamado. Sólo cuando eres cuervo.Entonces no confiaba en Ronan, en su forma humana.—Puedes empezar a acostumbrarte, lobo. Porque, ni como hombre ni como cuervo sería capaz de abandonarte.—Cuando las estrellas se alineen. Estaré allí. Susurró en otro idioma que Ronan no comprendió. Melancólico, volvió a ser el lobo que lloraba todas las noches. Regresó a las pieles y escondió su cabeza. Ronan no comprendía lo que sucedía y se odiaba por tener que dejarlo. Pero no iba a lamentarse más, no permitiría que pasaran hambre teniendo todo para sobrevivir.—Regresaré pronto.Prometió. Ronan no lo habría hecho sino fuera a cumplir su palabra. Tendrían comida. Adam no volvería a llamar a los lobos. Adam no volvería a convertirse en animal. Algo lo atormentaba y esperaba que le permitiera ayudarlo.Pero como si los meses de invierno que pasaron juntos no hubiesen existido. El lobo no estaba en la cabaña. Adam no confiaba en él. Ronan no era parte de su manada, no era un maldito lobo. Creyó ciegamente que el lazo que los unía era fuerte, era amistoso, leal y único. No esperaba encontrar compañía tan rápidamente, no esperaba que el lobo fuera a dejarlo a penas Ronan se diera la vuelta. No esperaba que fuera tan estúpido. El no era responsable de lo que sentía, ¿por qué fue atraído en primer lugar? ¿Por qué fue un lobo y no otro cuervo? Porque Ronan sabía que había más que una amistad provechosa para sobrevivir. Sentía en todo su cuerpo y en su corazón que no se trataba de un mero acuerdo. El destino los entrelazó no para que se ayudaran mutuamente y cazar. Trascendía. Fueron alcanzados, unidos. Probablemente los últimos cambia formas. Los que llevarían en sus hombros el pesar de los últimos recuerdos, la última línea. Y aunque Ronan no lograra saber por qué eran de diferente especie, entendía que no estaba obligado por el destino a seguir lo que ordenaba. Sin embargo, lo que sentía parecía sólo sentirlo él.Suponía que la unión entre destinados era reciproca. Sin embargo, Ronan era el que estaba solo en una cabaña quemada. Con el corazón estrujado. Con la mente echa un caos. Con el alma siendo quemada por las llamas del infierno. No era justo que fuera el único al sentirse de esa forma, ¿qué había hecho para merecer ese castigo?El aullido cruzó sus oídos. Lo ignoró. Sabía que el lobo persistiría para encontrar a su manada. Ronan debía morir si su alma gemela lo rechazaba y era malditamente injusto.Si el destino jugaba de esa forma con él, entonces que se fuera a la mierda. Entró a la cama, desquitó su rabia dejando salir gruesas lágrimas. Todo era su culpa. No debió llegar ante el lobo, no debió seguir su corazón. Todo fue un error.El sueño le había absorbido su pesar. Un aullido más sonoro terminó de despertarlo. Insistía. Fuera de la cabaña, un lobo estaba aullando. Ronan lo identificó. Los había escuchado a todos, los lobos sonaban diferente.Corrió desesperado aun con las botas de piel en sus pies. Abrió la destartalada puerta y allí estaba. Un lobo gris, con la oreja ligeramente dañada, un corte rojo en el tobillo izquierdo. Un venado.—Te dije que yo traería la cena.El lobo se apartó del humano. Cuando Ronan bajó hasta a él, el animal salvaje retrocedió.—¿Quieres que me acabe todo esto yo solo?No hubo respuesta.—Deseas entrar al bosque, ¿verdad? Vivir como un lobo y no como un ser humano.Sin reacción. Tal vez no se daba a entender. Ambos tendrían que cambiar para entenderse con el lenguaje de los hombres. El aullido lejano los alertó. Hasta ahora, Ronan se había sumergido en su miseria y en la dicha de perder y volver a encontrarse con Adam. El hocico del lobo estaba ensangrentado, su pelaje estaba sucio. Dios. Un lobo apareció frente a ellos. Su compañero de caza gruñó. Habían más lobos, Ronan no podía ayudarlo siendo un pájaro, pero sí siendo hombre. Esperaba no asustar a Adam, el fuego era el único elemento al que los animales temían por instinto. Era una buena idea, sin embargo no la ejecutó debido a la aparición de otros lobos. Mierda.Bien, maldijo un poco al destino, su vida, la vida de otros, a su padre. Pero se arrepentía por haber maldecido su encuentro con el lobo. Estaba mal, lo reconoce, pero no era forma de castigarle y enseñarle una lección. El primer zarpazo lo dio Adam. Dios.¿Qué mierda iba hacer Ronan entre una jauría de lobos? Tenía una bota…El disparo al aire detuvo a los demás lobos de acercarse a Ronan, evitó que el lobo que atacaba a Adam lo tomara del cuello.—Mis perros comenzaron a ladrar no muy lejos de aquí. Hay varios lobos merodeando cerca mío. —anunció el pastor. Adam y Ronan lo conocían. No de la forma convencional. Apuntó hacia el lobo restante. Este respondió amenazante.—¡Ah! ¡Es mío! Lo domestiqué, ¿verdad? Vamos, chico. Hiciste una buena caza. —Ronan se acuclilló junto al lobo. —Metamos este banquete a casa.—¿Te estás quedando en esa pocilga?—Es temporal.—Mas te vale, podría caerte encima.—Gracias.—Puedo ayudarte con… —el lobo gruñó ante los pasos del pastor.—Lo haré solo. Este chico piensa que le quitaran su bocadillo. —se echó al hombro la presa y silbó para que el lobo entrara detrás de él. Dios.—Bien, hasta luego.—Claro. —no mostró más modales. Levantó la mano libre para despedirse y entraron. —¿Pero qué mierda fue todo eso? —aventó con fuerza el cadáver del venado. —¿De dónde sacaste eso? —Adam no le contestó y mucho menos tenía la intención de cambiar. —Si lo robaste me da igual. —un gruñido fue lo que obtuvo del lobo. —Bien podrías decírmelo, contarme en qué mierda estabas pensando.Tomó de nuevo al venado y lo llevó para cocinarlo. Ronan le aventó un trozo al lobo. No estaba tan loco para cocinar afuera, probablemente los lobos estarían acechando. Merodeando como lo había hecho Adam con el pastor, vigilando sus ovejas y esperando un descuido.—Tendremos que dejar esta choza, ¿estarás feliz?Le era imposible actuar enfadado cuando su corazón latía de alegría. El lobo fue a cazar para él. No había sido abandonado. Ambos estaban preocupados por la cena. Se preocupaban el uno por el otro. Ronan lo aceptó. Fuese como fuese estaba dispuesto a seguir con el lobo a contarle lo que ocurría. El miedo se asomaba, pero no podía vivir por siempre atemorizado.Al terminar la cena, Ronan se acostó a la cama, el lobo se quedó en el piso. Lo llamó. —Puede que tú no sientas frío ahora, pero yo me estoy congelando. —Mentía, le daba igual, pero quería tenerlo cerca.

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