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Una brisa de primavera hacía presencia a través de la ventana, refrescante y sanadora. Era lo único que pudo sentir en su maltrecho cuerpo. Las paredes de esa sala estaban pintadas de un hermoso color azul. Su color favorito. El único detalle que también pudo percibir fue un delicado dibujo de líneas horizontales en la cortina que le acariciaba cada pocos segundos.Paz. Eso era todo lo que sentía.Intentó girar su cabeza para seguir investigando qué más había en esa habitación pero un destello cegador le impidió continuar, despertándolo.Keigo abrió los ojos, mirando al techo de su habitación. Un techo pintado con nubes y lleno de piedras que reflejaban los colores del amanecer. Sorpresivamente no estaba alterado. Solo sentía un corazón calmado y una respiración relajada. Sin embargo, no tenía tiempo de pensar en qué había sido ese extraño sueño. Un ángel no tiene recuerdos de su vida anterior para que esta no interfiera en su misión de servir en el cielo. ¿Por qué tenía entonces esa extraña sensación? Imposible. Nada podía haberlo alterado tanto como para recordar algo así. Un recuerdo sin sentido en el que no había nada salvo una habitación casi vacía.Se sentó al borde de la cama, rascándose la nuca y bostezando. Un nuevo día comenzaba y él tenía otros deberes y obligaciones. Tenía que recoger a su joven discípula y cumplir con la lista de tareas asignadas. Incluso descalzo, caminó hasta el balcón y se asomó para contemplar el nuevo día en el cielo. Todo estaba como siempre, un hermoso campo lleno de flores, cielos azules, hermosas estructuras de cristal y mármol que conformaban una hermosa ciudad a base de casas, plazas, puentes, pasarelas… No podía recordar cómo había sido su vida anterior, pero seguro que no podría tener una vista tan hermosa como de la que gozaba en la Colina de los Ángeles.Todos esos pensamientos se vieron nublados cuando sonó la puerta de sus aposentos. Keigo se puso corriendo su bata y se dirigió a la puerta. Una joven de pelo y ojos castaños, vestida con una pequeña túnica blanca y atada a la cintura entró emocionada mientras daba palmadas. Keigo se apartó un poco para dejar paso a su joven alumna.-¿Ochaco? –dijo bostezando.-¿Hoy es el día, verdad? –juntó las yemas de sus dedos, mirándole y esperando una respuesta. Keigo la miró arqueando una ceja y bostezando por segunda vez casi al mismo tiempo. Miró hacia el techo mientras se mordía ligeramente su labio inferior tratando de repasar mentalmente su agenda.-Ah, sí, claro… eh… -Ante la dudosa memoria de su profesor, ella infló las mejillas, suspirando.-Hoy íbamos a ir a buscar al chico nuevo… -dijo poniendo los brazos en jarra mientras le miraba. Keigo abrió los ojos realmente sorprendido.-¡Oh, cielos! ¡Es verdad! –se llevó la mano a la frente- ¿ya estamos a 20 de abril?-Así es… -Ochaco entró hasta el final de los aposentos de Keigo y se sentó, esperando a que se cambiase de ropa para irse mientras sacaba un papel dorado que emanaba una ligera luz cálida- las instrucciones decían que moriría en el hospital a las 7:15 de la mañana…Keigo se frotó ligeramente los ojos mientras miro hacia su joven compañera, estirando la mano para pedirle las instrucciones que habían recibido un par de días atrás. No hacía falta ser un lince para saber que a Ochaco le hacía gran ilusión tener un nuevo compañero. Era como un niño que no había parado hasta conseguir un hermanito y ahora estaría a punto de tenerlo. Además, conociéndola, seguramente estaría sobre el nuevo joven que recogerían como una madre más. No era de extrañar que con esa actitud, hubiese sido elegida para convertirse en un ángel. Keigo estaba seguro de que conseguiría sus alas en poco tiempo.-15:07… -dijo sin apenas emoción en su rostro cuando leyó mejor la carta. Internamente daba saltos de alegría pudiendo pensar en unas horas más de descanso. Sin embargo, esas horas debería emplearlas en preparar la nueva habitación de su recién llegado.-¿Qué? ¡Como que lo he leído mal! –Ochaco se echó sobre su maestro para comprobar la información, a lo que este le mostró la carta. En efecto, había leído mal. Menos mal que ella todavía era una aprendiz y que tenía muchas cosas aun por aprender. Quizás sus intenciones eran buenas, pero su cabeza necesitaba centrarse muchos más.-Agradece que no hemos llegado tarde… -dijo Keigo- si hubiese sido al revés y lo hubieras leído mal, posiblemente algún demonio habría aprovechado para llevárselo. Cuando se trata de llevarnos a los nuestros, debemos de ser rápidos. No sabemos quién puede estar rondando por ahí… -le revolvió el pelo cariñosamente a Ochaco y le devolvió el papel para ir a cambiarse y emprender su viaje para recoger a ese nuevo compañero.-¿Alguna vez ha habido algún problema con los demonios? –le miró con curiosidad. Keigo se llevó la mano al mentón, repasando alguna situación en su cabeza.-La verdad es que no recuerdo ninguna pero… no me extrañaría que algún alma se hubiese perdido después de morir y fruto de ese desconcierto… -suspiró antes de terminar- es una verdadera pena que las almas se corrompan…-Sí. ¿Cuánto puede sufrir un alma para desear la muerte o para ser arrastrada al infierno? –suspiró Ochaco. Aún mantenía perfectamente sus recuerdos sobre su vida humana y salvo pequeños problemas económicos, no recordaba momentos tan tristes y tenebrosos.-Por desgracia, nosotros desconocemos lo límites del sufrimiento humano… -dijo Keigo mientras se cambiaba a su ropa blanca de trabajo.A las pocas horas, ya se encontraban en los pasillos del hospital, deambulando sin ser percibidos por nadie en absoluto. Ochaco buscaba el número de la habitación en la que el joven que iban a reclutar iba a morir en pocos minutos. Por su parte, Keigo no paraba de mirar a sus espaldas, notando cierto aroma a putrefacción y azufre. Estaba claro que por esas habitaciones rondaba un demonio y el seguro que iría por ese chico que se convertiría en aprendiz de ángel. Acabaría rápido con él y se lo llevaría al cielo para mantenerlo seguro. De pensar tanto y vigilar sus espaldas, estuvo a punto de chocarse con un joven de pelo rojo y blanco, apartándose lo más rápido que pudo y sin recordar que prácticamente, podría traspasarlo. Sintió una punzada en el corazón por menos de un segundo al ver sus ojos. Estaba seguro de que ya los había visto antes en alguna parte pero no sabía dónde. Era un recuerdo lejano, de otro mundo.-¡Aquí, es aquí! –Ochaco tiró de la túnica de Keigo, sacándole por segunda vez en ese día de sus pensamientos.Él la miró y después al número de la sala. Asintió y entró con ella, asomándose a la cama junto con Ochaco, revisando sus papeles y apuntando con una pluma los datos que tenía que rellenar. Ese era el chico que se llevarían al cielo para ser entrenado y convertido en ángel: Katsuki Bakugou.
----- CHAPTER BREAK -----
Tanto Keigo como su joven estudiante se asomaron sobre la cama del joven para examinarlo bien.
No tendría más de 18 años. Posiblemente no habría terminado siquiera sus años de instituto. Su cuerpo mostraba sin dilación los restos de una dura y pesada enfermedad. Su cabello estaba totalmente ausente, pues usaba un pañuelo atado a su cabeza, la cual se la tapaba casi por completo. En su cara podían ver el agotamiento y la carga de su enfermedad. El hueso de sus pómulos se marcaba a través de su ya pálida piel, así como las venas en el resto de su cuerpo. Ochaco bajó la mirada hacia el cuerpo del joven viendo además que le faltaba su pierna derecha, incapaz de reprimir una exhalación de sorpresa. Keigo al ver esto suspiró:-Hay enfermedades que son horribles… -dijo pasando levemente sus dedos sobre los tubos que le proporcionaban oxígeno al joven. Ella asintió, sintiendo un escalofrío. Afortunadamente, sentía el consuelo de saber que, cuando se convirtiera en un ángel guardia, perdería todos sus recuerdos de su vida como humana y que ese sufrimiento sería como si nunca hubiese existido.Katsuki respiraba muy débilmente. Sus ojos apenas aguantaban ya abiertos y tenía la suerte de en ese momento, su madre estaba dándole la mano mientras trataba de aguantar las lágrimas que caían por sus ojos. No sabía si Katsuki estaba pendiente, pero por si acaso, no quería que lo viese llorar. La puerta se abrió y pudieron ver como un hombre de pelo castaño entraba en la habitación. Por el gran parecido, pudieron imaginar que era su padre. En gran parte, era un consuelo que se despidiera del mundo rodeado de sus padres.El sol penetraba ligeramente por la ventana, iluminando la habitación y al momento en el que ambos notaron un aroma a flores, supieron que Katsuki había dejado el mundo. Keigo agarró la mano del joven y tiró de ella, despegando su alma del maltrecho cuerpo. Pudieron observar como su pelo era rubio y estaba cortado de una manera alborotada y rebelde. Su cuerpo de hecho también había cambiado mucho, mostrando una piel con un aspecto mucho más saludable e incluso músculos que habían desaparecido durante el padecimiento del joven. Katsuki estaba atontado. No tenía muy claro y solo podía respirar mientras miraba a su madre y a su padre. Estaban empezando a notar que su hijo había fallecido.-No te preocupes, estas en buenas manos… -dijo Keigo mientras le sonreía al joven con una voz calmada y relajante.-Oye viejo, pero quien te crees que eres para tocarme, ¿eh? –le respondió el joven mientras apartaba la mano que le tenía cogida. Tanto Keigo como Ochaco se miraron el uno al otro por, principalmente, dos motivos. Cuando alguien fallece, suele preferir que alguien le calme y este a su lado en el otro lado de la vida. En segundo lugar, no se esperaban que alguien destinado a ser un ángel guardián respondiese de esa forma. – ¿Acaso de me has oído o qué?-Maestro, creo que nos hemos confundido de persona… -dijo Ochaco con la intención de justificar un poco el comportamiento de Katsuki. Keigo revisó su lista.-N-no, no… es él. Katsuki Bakugo… ¡La fecha y la hora de la muerte son estas!-¿Pero qué tonterías estas diciendo? –preguntó ya Katsuki claramente con cierto tono de alarma. Se giró para mirar a su madre, sin poder creerse lo que estaba viendo. Su propio cuerpo ya sin vida. Tardó un poco en reaccionar hasta que terminó por exclamar- ¡Me cago en Dios! ¡Pero qué mierdas está pasando!-¡No insultes al jefe! –dijo Keigo dándole una colleja en la cabeza. Katsuki gruñó, respondiendo.-Oye, pedazo de friki, ¿Quién te crees tú acaso que eres para hacer eso? –le cogió del cuello de su camisa, pero más pronto que tarde, le agarró la muñeca y le hizo bajar el brazo. Katsuki gimió.-Ya te he dicho que te relajes… -bufó.- Veo que no comprendes lo que está pasando y me estoy tomando la molestia de explicártelo todo. Estás muerto y ahora mismo, nos vamos al cielo…-¿A dónde has dicho? –eso ya acabó dejando a Katsuki en shock total.-Al cielo. Somos ángeles y venimos a llevarte al cielo para que también te conviertas en uno.-¿Y quién te ha dicho que voy a aceptar esa tontería? –a pesar de estar todavía temblando por la impresión, había sido un chico duro no iba a dejar que nadie le amedrentara. Ni un ángel.-Vas a ir porque Dios ya te ha elegido. Todos estamos predestinados a algo en nuestra vida.-No si me largo. –dijo tratando de mantener su porte. Keigo apretó el agarre de la muñeca del joven.-Nadie puede huir de Dios ni de su destino. Desde antes de nacer ya ha establecido tu destino, así que levántate y vámonos. No creo que te guste saber que hay un demonio rondando por aquí.
Ochaco abrió los ojos sorprendida, mirando a su maestro.-¡Cielos, ya la había olvidado! ¿Qué vamos a hacer con él? –escucho la puerta de la habitación ser forzada con fuerza, algo de lo que los padres de Katsuki parecían no darse cuenta. El pavor de Ochaco aumentó cuando notó el olor a azufre que emanaba de la puerta. Keigo suspiró.-Me había asegurado de poner un sello en la puerta, pero imagino que nos estamos demorando… -dijo mirando la hora- no esperaba que nos fuera a costar tanto tiempo llevarnos a nuestro nuevo amigo… No durará mucho. ¡Vamos! –tiró de su mano--¡Por si no te has dado cuenta, idiota, me falta una pierna! –Katsuki se retiró la sabana que le cubría para enfatizar su obviedad cuando abrió la boca de impresión al ver que su pierna había vuelto y que mantenía la musculatura que esta tenía antes del cáncer.-Exacto –dijo con ironía- ¡ahora, corre! –se echó hacia atrás tirando con tanta fuerza que lo sacó de la cama, poniéndolo de pie. Katsuki se miró. Por primera vez en casi un año estaba de pie. El solo y sin ayuda de nada ni de nadie. Incluso a través de su carácter de tipo duro pudo apreciarse una imagen de auténtica alegría y liberación. Keigo pudo apreciar incluso una pequeña lágrima que se formaba en el ojo izquierdo del joven, la cual se recogió discretamente con uno de sus dedos.
Keigo agarró al joven de la cintura, mirándole.-Posiblemente te marees en tu primer viaje hasta el cielo. El cambio de presión a veces juega malas pasadas a los recién llegados. –Ochaco también se agarró a Keigo, suspirando- menos mal… odio además ese olor… Eugh, azufre y putrefacción…¿Azufre y putrefacción? Katsuki la miró de reojo, extrañado. Él no había olido nada de eso. De hecho… era un aroma florar. Un aroma floral y familiar. Todos esos pensamientos se disiparon cuando en un pestañeo, se encontró en el cielo. En el Reino Celestial.La temperatura era cálida pero la brisa fresca y el cielo estaba totalmente despejado, cosa que era totalmente obvia ya que estaban puramente en él. Los campos eran de un verde como nunca había podido ver en los prados de la tierra y estaban cubiertos de flores blancas, rosas, amarillas… Las casas eran de blanco puro y parecían nunca ensuciarse. La gente que paseaba por esos senderos llevaba diferentes ropas también de colores blancos e inmaculados, sin arrugas ni manchas. Todo era perfecto e ideal, una estampa digna de un cuadro. Katsuki se miró. Se sentía mejor que nunca. Totalmente en paz. No sentí ninguna pena o asuntos que dejar atrás. No podía negar que esa sensación había sido lo mejor que le podía haber pasado tras estar meses en la cama sin poder andar, sufriendo el dolor y la muerte en sus propias carnes y un dolor en su corazón aún mucho más doloroso.-Bienvenido al cielo, Katsuki… -dijo Keigo sonriéndole. Katsuki le miró, bufando.-¿Y qué se supone que debo hacer ahora?-Iremos a la Academia de ángeles. Ahí formalizaré tu inscripción como mi alumno… conocerás otros estudiantes para ángel guardián… y podrás encontrar muchos escritos sobre el significado de la vida y la justicia. Vamos, lo más importante que debes saber… -le respondió poniéndose en camino. Bakugo le miró mientras iban andando hacia el gran edificio de la Academia.-Ey, ey, en un momento… ¿Por qué yo no tengo alas? Menuda chorrada eso de ir andando…-No todo el mundo que asciende al mundo de los cielos recibe el don de las alas. Los ángeles guardianes son los únicos que reciben alas como premio a su nueva identidad…-¿Y esa es la cursilería en la que me quieres convertir, no?-Bueno, si… -dijo Keigo apretando los dientes- ser ángel guardián es una de las misiones más nobles que podemos recibir las personas. Dios solo escoge los corazones más puros…Katsuki se detuvo en ese momento y abrió los ojos, como si hubiese tenido una visión. Se había dado cuenta de algo muy importante. Sí. Si las personas más nobles y puras estaban destinadas a convertirse en ángeles guardianes, él debería estar ahí, en la academia. Echó a correr con gran velocidad hasta el gran edificio de mármol y cristal. Seguramente estaría estudiando sobre el bien y el mal, sobre lo importante que era ser justo y sacrificarse por el bien de las personas más débiles. Sería el alumno más querido de otro ángel guardián que estaría orgulloso de su pupilo y que lo promocionaría para ascender muy pronto.
Entró de golpe en el gran vestíbulo de la Academia y corrió por toda esta, buscando en las clases, los salones, el jardín… pero ni rastro de él.-Maldita sea, donde estas, maldito nerd…-¡Katsuki, por favor, espera! –Ochaco llegó corriendo, casi asfixiada ante la gran carrera de Katsuki. -¡No eches a correr así, qué susto!-Ah, cállate, cara redonda… -gruñó- ¿Acaso no ves que estoy buscando a alguien?-¿Hm? –miró a su alrededor- ¿A alguien? ¿Justo en la Academia?-Pues sí. Es una persona que… que claramente iba camino de convertirse en un ángel guardián… es una persona tal y como ha descrito el rubiales… -Ante esto, Ochaco le sonrió y le cogió de la mano.- Entonces lo buscaremos en los archivos de la Academia… Allí hay un registro de todas las personas que estamos matriculadas. Si ha pasado por aquí, lo sabremos y podrás encontrarle…
-Está bien… llévame, vamos…-¿No conoces las palabras “por favor” y “gracias”? –dijo ella inflando las mejillas.-¡Que te calles y me lleves! –bufó.Ella rodó los ojos y le llevó a la gran sala de los archivos. Sabía que si había sido elegido por Dios, algo bueno tenía que tener y si algo le habían enseñado, es que no podía juzgar a nadie nada más conocerlo. Mientras Keigo estaba terminando de dar parte de su misión con el nuevo ángel en prácticas, ellos aprovecharían para ver los archivos. Afortunadamente, no había conocimientos prohibidos en el cielo. Cuando llegaron, Ochaco le miró:-Y bien, ¿Cuál es el nombre de esa persona a la que buscas?-Dek- … digo… Izuku Midoriya… -suspiró.-Está bien, vamos a buscarlo. ¿Sabes en que año murió?-Ah… hace cuatro años…-Oh, está bien… quizás sigue siendo un aprendiz…
Empezó a sacar varios libros con los registros de los alumnos que habían pasado ese año por la academia pero no encontró el nombre por ningún lado. Ya habían pasado dos horas y no habían parado de leer todo tipo de archivos sin tener un simple rastro del tal Izuku y ella suspiró.-Ah, es imposible… No encuentro su nombre por ningún lado. –Se sentó en el suelo, rascándose la nuca- ¿Estás seguro de que tenía un corazón tan puro que debería estar en la Academia de ángeles? Quizás no cumplía con todos los requisitos y simplemente es un habitante más del cielo...-¡Que no! Ah, joder… le conocía a la perfección y ese tonto sería capaz de sacrificarse por toda la humanidad. Protegía a los niños pequeños, llevaba las bolsas de la gente mayor,
ayudaba a cruzar a la gente ciega… No me imagino otra persona más propia para convertirse en ángel. No estamos buscando lo suficiente.-¿Y por qué esa obsesión con encontrarlo ya? –Ochaco miró a Katsuki y ante esa palabra, se quedó mirando hacia la nada, suspirando.-Yo… quiero disculparme por… cosas que hice. ¿Qué te importa? Vamos a seguir buscando, joder… -Ante esas declaraciones, ella le sonrió, cogiendo más libros.-Vale, vamos entonces a repasar las cosas… Izuku Midorima…-Midoriya… -le corrigió, sentándose en el suelo y rodeado de libros que habían desechado.-Pues, Izuku Midoriya… muerto con catorce años… ¡Oh! ¿De que murió? Quizás así pueda encontrar algo… -Tras esa pregunta, Katsuki se quedó en silencio, tratando de morderse el labio- ¿Un accidente? ¿Una enfermedad?-Él… -apretó el puño con fuerza- él se suicidó… -dijo finalmente cargando con una culpa más fuerte que mil toneladas de hierro. Ochaco se sorprendió e incluso se tapó la boca de sorpresa, bajando la mirada y respondiéndole con un tono triste y decepcionado.-Un suicida nunca puede entrar al Reino Celestial. Izuku… tu amigo… está en el infierno…
