Work Text
Una vez Oz le dijo que su familia tiene la tradición de organizar una fiesta de té cada cierto tiempo. En realidad no hay grandes motivos para esa celebración más que para convivir con la familia. Esto no era una molestia para Alice. Si, al principio estaba desconcertada, ladeó su cabeza y miró a Oz en espera de que pudiera explicarle bien en qué consistía una «fiesta de té», él le dedicó una sonrisa tan hermosa que provocó que algo surgiera en ella. Cabe mencionar que esto lo mantuvo como un secreto para ella misma porque encontraba más importante saber lo que era una fiesta, aunque al final él le dijo que era mejor que esperara el día en el que hicieran una. Eso no resolvió sus dudas, solo se cruzó de brazos e hizo un puchero que en vez de mostrar lo molesta que estaba por no tener una explicación, causó que Oz se riera. Agradeció que la cabeza de algas no estuviera con ellos en ese momento porque estaba segura de que él también se habría unido a las carcajadas. Eso sí no se quedaba mirando a su joven amo con una expresión que hacía que Alice se percatara de que hay algo sospechoso; algo que le hacía recordar las novelas románticas de Sharon. Claro que no dijo nada porque terminó olvidándolo. Alice obtuvo la definición de una fiesta de té un día antes de esa celebración. Estaba emocionada porque le dijo que era algo que realizaban al aire libre; con música de orquesta, una decoración en el jardín con globos, comida deliciosa y té con aroma dulce. —¿Qué comida hay?Obviamente si Alice iba a asistir a una de esas fiestas tendría qué saber la comida que servirían. No le bastaba con que le haya dicho que era deliciosa. —Diferentes postres en elegantes expositores, carne y ensaladas. Carne. Oz si sabía cómo captar su interés, pero bueno, tampoco era como si pudiera faltar al vivir dentro de la mansión Vessalius. Por eso era que estaba conociendo las diferentes tradiciones de su familia. —¡Sí, carne! —exclamó, levantando sus brazos en señal de alegría. Casi podía dar pequeños brincos. Oz volvió a sonreír y de nuevo sintió esas cosas raras en el estómago. No trató de preguntarle acerca de lo que se sentía porque sabía que era debido a que hablar de comida le dio hambre. …En el día de la fiesta Alice se puso uno de los vestidos que Sharon le entregó y que irían bien con ella. Se miró en el espejo. Para Alice era extraño vestirse con ese tipo de ropa, pero lo haría con tal de tratarse de la primera fiesta a la que asistía y que era organizada por su familia. En un costado de su cabello se colocó un moño y para terminar cubrió sus manos con unos guantes. La verdad era que no sabía si esta era la vestimenta adecuada para la fiesta, aunque tenía que reconocer que le gustó cómo se veía. Antes de salir, miró a través de la ventana para ver lo que estaba sucediendo abajo. Desde que empezó a arreglarse pudo escuchar las voces de Gilbert y Oz, estaban riendo y ellos ya estaban vestidos de una forma elegante. Bien, al menos se había vestido acorde a la ocasión. Trató de no asomarse demasiado para que no se dieran cuenta de que los estaba observando, algo que no servía de mucho por tener en su cabello un moño que podría resultar llamativo y que combinaba con el color de su vestido morado. Tenía que admitir que estaba nerviosa al pensar en que ya tenía que bajar. Para dejar de sentirse así, se alejó de la ventana y se miró por enésima vez en el espejo para asegurarse de si se había puesto bien el vestido y si los listones de sus zapatos estaban bien amarrados. Sin embargo, en ella todo estaba en orden. No había ninguna arruga en la tela. Esto no significaba que ya quería salir. Podía quedarse otro rato dentro de la habitación, sin preocuparse por llegar tarde. Oz no le dijo ninguna hora, pero en ella había algo que le decía que ya bajara. Fue así que salió y se quedó en el pasillo, observó los dos lados. No había nadie, debía ser a causa de que todos los sirvientes estaban abajo para ayudar en la decoración. Esto era bueno. Bajó las escaleras y se detuvo cuando vio a algunos sirvientes con charolas, teteras y tazas, caminaban a un paso acelerado. Oz no había mencionado todo el esfuerzo que requería una fiesta de té. Bueno, se trataba de una tradición en la familia Vessalius, obviamente tenía que salir bien. Cuando volvió a avanzar se sorprendió por ver las mesas y sillas acomodadas, decoradas con un mantel blanco, vasos con flores muy coloridas, también vio los elegantes expositores que mencionó Oz. Las lámparas estaban acomodadas alrededor, lo que le hizo pensar en que esas fiestas duraban hasta la noche. No tenía ningún inconveniente porque algunas veces se aburría, así que estaba bien que pudiera entretenerse todo el día. Los integrantes de la orquesta estaban acomodando los atriles y sus instrumentos. A un lado vio otra mesa con la comida, sintió el aroma a carne, era delicioso. Hacía que los latidos de su corazón aumentaran porque en todas las veces en las comía carne, era tanta su emoción que hacía que pudiera olvidarse de todo para solo estar en una burbuja en la que estaban ella y esa comida que adoraba. —¿Alice? —Conocía esa voz. Era Ada Vessalius, ella tenía el cabello en un moño, su vestido era color rosa pálido. Rara vez Alice hablaba con ella, a pesar de que ya llevaba un tiempo viviendo en la mansión—. ¡Pero qué linda te ves! Le dio un rápido abrazo que le bastó para sentir el aroma de su perfume a flores. —Eh… gracias —murmuró. Se suponía que quería ir a la mesa donde estaba la carne para robar un pedazo. Tenía hambre. Cuando volvió a mirar las mesas, ya las teteras y tazas de porcelana blanca estaban acomodadas. A pesar de eso, los sirvientes todavía estaban caminando rápido. Dirigió su mirada en donde estaban Oz y Gilbert; ellos estaban junto a Óscar Vessalius. —¿Quieres ir a dónde está Oz? Alice sintió su rostro enrojecer, se estremeció por escuchar eso. La miró de reojo y en su rostro podía notar lo dispuesta que estaba por llevarla ahí. Notaba la calidez de su expresión y el cómo ella también estaba mirándolos. Quizás, Alice no era buena disimulando. No, no lo era, pero podía sentirse tranquila porque Oz y Gilbert seguían en lo suyo que todavía no habían mirado a su dirección. —Quiero comer. —Tienes que esperar a que los preparativos se terminen. —¿Cuánto falta para eso? Ada pensó por unos segundos. Recorrió con la mirada todo el jardín. Alice ladeó la cabeza. —Ya casi —dijo emocionada—, solo falta que llegue una última tetera, aunque puedo llevarte con mi hermano mientras esperas. —No quiero ir con Oz. Ella borró cualquier rastro de emoción en su rostro. La respuesta de Alice la dejó desconcertada, ahora en sus ojos estaba clara la preocupación. Le gustaría saber cuál era ese sentimiento que hacía que no quisiera ir con Oz, ¿era por la ropa que llevaba? ¿Porque era la primera vez que estaba en una fiesta? —¿T-te peleaste con Oz? —No es eso. Con su respuesta, Alice desvió la mirada para pasar sus dedos en su cabello, como si quisiera desenredar nudos invisibles. —La fiesta empezará en cualquier momento y no será bueno que tomes distancia con él —le recordó—, las fiestas de té son una tradición en nuestra familia y tenemos que crear recuerdos hermosos. Tenía que admitir que sintió como si estuviera escuchando a Sharon hablar, la realidad es que se trataba de Ada. Tenía sus manos entrelazadas y miraba con atención a Alice. —¡Alice!Oh. De nuevo una voz que conocía y esta vez de la persona que fue mencionada en su conversación con Ada. Ya no podía escapar y no iba a poder esconderse en ningún lado. Al ver que Oz se acercaba, su hermana empezó a caminar para alejarse de ellos y no causar molestias. —¡Oz, ya quiero comer!—Ya podemos comer…Alice se preguntaba cuál era la razón como para que Oz dejara de hablar. —Eh, Oz… —Alice… ¡Hoy te ves muy linda! Lo mismo que le dijo Ada, tenía una sonrisa en la cara y en sus mejillas notaba el color rojo claro, ¿así que era por verla con el vestido que hizo que se detuviera? —G-gracias… Su voz salió en un murmuro porque estaba avergonzada. Sí, eso tenía que ser el motivo por el que no quería acercarse a Oz todavía. Sin embargo, a pesar de sentirse avergonzada, también se sentía feliz. —¡Déjame darte un abrazo! Oh, no. Él extendió los brazos y empezó a caminar para acercarse a Alice. Quería correr hacia la mesa donde estaba la carne para escapar. Quería comer primero, luego dejaría que le diera un abrazo que esperaba que durara unos cuantos segundos. Alice caminó lo más rápido que pudo para acercarse hacia la mesa donde estaba Gilbert. —¡Ocúltame, cabeza de algas! Sus manos sujetaban la tela del traje de Gilbert. —¿Eh? ¿Qué estás haciendo? —Oz me quiere dar un abrazo. —¿Y solo por eso te estás escondiendo? También se escondía porque estar vestida con una ropa diferente a la que usualmente usaba y un moño en su cabeza la hacía sentir extraña y avergonzada. No podía aguantar la mirada de Oz sobre ella por mucho tiempo. Él ya estaba enfrente de ellos, por lo que ahora sabía que ya no podía seguir oculta. —Me da vergüenza que me veas así —respondió Alice, saliendo para dejar que Oz la viera. Levantó un pie para pisar fuerte, era como si estuviera a punto de hacer una rabieta. —Pero te ves muy linda, usualmente ya lo eres, pero hoy tu belleza está a un nuevo nivel. Alice miró de reojo a Gilbert, su mano sujetaba el tenedor, pero parecía haberse quedado congelado. Estaba segura de que ella también se encontraba así, solo que sus mejillas pudieron haberse coloreado de un color rojo. Lo que menos quería era ruborizarse. Tuvo que voltear a otro lado para disimular cualquier efecto que tuvo lo que dijo. Sintió como si empezara a flotar; como algo parecido a la sensación que causa sentir una brisa fresca en la primavera en la que los árboles agitan sus ramas y unas hojas terminan volando. Un sentimiento agradable y hermoso. —Yo… —comenzó a hablar Gilbert—. Yo… yo no sabía que Oz pudiera decir ese tipo de cosas. —Y estás tan sorprendido que lo llamaste por su nombre —respondió Alice, dándole un suave golpe en su hombro. —¿Qué? ¿Lo dije? Gilbert parecía estar procesando lo que pasó, quizás no estaba consciente de lo que dijo. Sonrió, ese tipo de escenas eran muy divertidas. —Eso me ha hecho muy feliz, Gil. Con eso, Oz quería abrazar a Gilberrt. Bien, esa situación Alice la aprovechó para ir hacia la mesa donde estaba la carne. Era bueno que al haber llamado a Oz por su nombre, pudo hacer que olvidara que tenía que darle un abrazo a ella. En un plato colocó un pedazo grande de carne, se sirvió té de durazno y se sentó en el lugar vacío que vio en la mesa. Estas fiestas eran una tradición en la familia Vessalius. Realmente sí eran para convivir con ellos y la hacía sentir muy feliz, se la estaba pasando bien. Era de esos momentos que quería que duraran para siempre. Eso era lo que pensaba mientras los veía a los lejos y se dejó envolver por la música de orquesta y por el sabor delicioso de la comida.
