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Solo un momentito para decir que esta pequeña historia está dedicada a las personas que amaron el OS de Año nuevo en "Polychristmas". Soy una fácil con lo de las contis, pero he de agradecer especialmente a LadySol09  por convencerme y darme ideas. Y por haberme recordado que Hermione es un poco egoísta a veces y siempre cree que tiene la razón.Son tres partes, en la central están recopilados los OS que ya están publicados, con un pequeño añadido. Espero que os guste, y esta vez prometo que no hay más.Ahm, en la conversación de wasap, Hermione está en letra normal, Harry en cursiva y Ron en negrita.Los personajes de esta historia no me pertenecen, yo solo les doy otra vida diferente a la que planteó JK. Y por supuesto no me lucro escribiendo esto.

Nochevieja 2011
Le sorprendió la llegada de aquella invitación, la verdad. Era papel de calidad, elegantemente impreso. No recibía demasiadas invitaciones formales para fiestas de Nochevieja, la verdad, pero supuso que era una cosa de sangrepuras, que eran muy protocolarios. Junto a la fina invitación había una nota manuscrita, que sacó con una sonrisa, imaginando de quien venía."Nos gustaría mucho que vinieras. Mucho. Muchísimo. TN"La vida había dado muchas vueltas desde la guerra y, ya empezando la treintena, se había vuelto habitual coincidir en eventos con antiguos compañeros de escuela de distintas casas. La sociedad mágica no era tan grande y Hermione se dedicaba a la política, se cruzaba a menudo con las familias que aún controlaban las grandes fortunas, tanto por trabajo como por las numerosas causas benéficas con las que Harry colaboraba.Hacia mucho que se habían dejado atrás rencores, pero aún así seguía habiendo pequeños roces, especialmente con Malfoy, por eso le había sorprendido la invitación para la fiesta de Nochevieja que daba cada año en su renovada mansión.Tomó el móvil y mandó un wasap. Benditos aparatos muggles y benditos los magos que trabajaban para que la tecnología fuera compatible con la magia."He recibido una invitación para la fiesta de nochevieja de Malfoy"
"Nosotros también. Ron aún está flipando"
"¿Por la invitación o por pensar en volver allí?"Sonrió mientras esperaba la respuesta de Harry y se levantó para ir a prepararse un té."Creo que ambas cosas"
"No estoy flipando. ¿Tú estás bien con la idea de volver ahí, Mione?"
Hermione abrió el armario para sacar la lata del té mientras reflexionaba su respuesta."¿Depende de mí?"
"Por supuesto. No te dejaríamos sola en esto"
"¿Iríais por mí sin que os apetezca? tampoco hace falta"
"La duda ofende"
"Sois terribles"
"Tus gays terribles, no lo olvides"
"Imposible olvidar"
"¿Vamos pues?"
"Nott me ha mandado una nota aparte insistiendo"
"¿Sigue tonteando? ¿No estamos mayores para eso?"
"Discúlpame por no saber ligar, señor llevo-millones-de-años-con-mi-novio"
"Haya paz. Si a ti te gusta, más excusa para ir. He oído que Malfoy es un hacha organizando fiestas"
Hermione se sentó a tomar el té en su taza preferida, acurrucada en el sofá. El móvil no volvió a activarse y sonrió para sí al pensar en sus dos amigos, en el refugio que era su pequeña casa de campo, haciendo la cena mientras se hacían mimos el uno al otro. Le molestaba, muchísimo, pensar en que ellos sentían la necesidad de esconderse porque temían las reacciones de los demás. Para ella verlos juntos era completamente natural desde que los había pillado en el verano de tercer a cuarto año, después de lo de la copa del mundo, acurrucados juntos en una cama. Ron siempre protector, envolvía a Harry en sus brazos y su amigo más menudo dormía contra su pecho.Ella había sido su pantalla desde siempre. La gente estaba muy acostumbrada a que ellos la acompañaran a cualquier evento, pero a Hermione le rompía el corazón saber que cuando iban a un baile benéfico, en realidad ellos querían bailar juntos, pero se turnaban para bailar con ella.Con un suspiro de resignación, volvió a tomar la nota y la invitación. Al revisarlas, frunció el ceño; acostumbraba a ver a Nott y Malfoy juntos en todos los eventos, normalmente con otros Slytherin, pero ¿mandar una nota en una invitación escrita por Malfoy? ¿Y sí...?Nott le gustaba, mucho. El tonteo, como lo llamaba Harry, duraba ya bastante tiempo. A ella le iba bien, estaba tan centrada en su carrera, que no se permitía mucho tiempo para lamentarse por su soltería. De hecho, no daba una mierda por todo eso de la pobre bruja soltera, que sola está. Era fuerte, era independiente y tenía una nutrida colección de juguetes sexuales cuando le picaba. ¿Que si le faltaba calor humano? pues algún rato sí, pero normalmente lo que hacía en ese caso era ir a visitar a Harry y a Ron y ellos la sentaban entre los dos en el sofá y la abrazaban mientras veían una película.Se permitió repasar un momento, con el ceño fruncido y la taza de té olvidada sobre la mesa, las últimas veces que había visto a Nott. En todos los eventos benéficos que habían coincidido, Malfoy estaba allí. Era curioso que la sociedad mágica los odiara pero a la vez contara siempre con ellos para ese tipo de cosas, en virtud del tamaño de sus bóvedas en Gringotts. Trató de verlo desde fuera, comparando con sus dos amigos, y se hundió un poco más en el sofá al darse cuenta: era la misma dinámica. Quería golpearse a sí misma por estúpida, la estaban usando de pantalla de nuevo pero esta vez sin su consentimiento.Miró la invitación y estuvo muy tentada de responder con un airado "No, gracias". Pero luego la leona que llevaba dentro intervino. Si Nott quería jugar a ese juego, podían jugar los dos. Y empezó a pensar en qué vestido se pondría.

Había que concederle a Malfoy que había hecho una cosa increíble con aquella casa. Desde las verjas abiertas de par en par, los cuidados jardines, el sendero adornado con pequeñas bolas de fuego que flotaban cerca del suelo de arena y gravilla, hasta el aspecto exterior de la propia casa, totalmente pintada ahora de blanco. Todo en la renovada mansión Malfoy hablaba de luz.En la puerta, Malfoy recibía a los invitados también vestido de blanco, con un smoking que le caía como un guante y el brillante pelo rubio peinado de manera que le caía hacia un ojo todo el rato, dándole un aspecto pícaro y divertido. Lo único oscuro en su atuendo eran las solapas negras de la chaqueta, a juego con la pajarita.— Buenas noches, Granger —la saludó cortés, inclinándose para besarle la mano—. Estás espectacular esta noche.Hermione sonrió, lo justo para ser cortés, y se mordió la lengua para no contestarle que él también, porque seguramente el ego de Malfoy no necesitaba más ayuda.— Gracias —respondió al final con una sonrisa educada.— Potter y Weasley ya han llegado —le indicó, mientras hacía una seña al elfo para que tomara su capa—. Resérvame luego un baile —le pidió con una sonrisa que hizo chispear sus ojos grises.Mientras seguía al elfo hasta el salón, brillantemente iluminado, esperó el nudo en el estómago por volver a estar allí, pero no apareció. El salón de baile, una inmensa estancia llena de ventanales que daban al jardín, estaba decorado con dorados y cremas que le daban aún más luminosidad. En un extremo había un gran árbol de navidad y en el otro una pequeña orquesta tocando música suave.Detectó enseguida a sus amigos, la altura de Ron, perfectamente vestido con un esmoquin oscuro que resaltaba sus anchos hombros, lo hacía visible como un faro. También el largo pelo pelirrojo, que siempre recordaba a Hermione a Bill cuando lo conoció años atrás. La edad sentaba bien a su amigo, estaba cada día más guapo.A su lado, Harry hablaba animadamente con Pansy Parkinson, con una mano en el bolsillo y la otra alrededor de una copa de champán. Era raro ver beber a Harry en reuniones sociales de ese tipo, solo lo hacía cuando estaba nervioso y necesitaba tener algo en la mano. Hermione sabía que Ron lo vigilaba en esos casos como un halcón, porque ya habían vivido antes que un Potter borracho era una fuente de magia fuera de control.Caminaba directa hacia ellos, con la espalda muy recta y sus tacones repiqueteando en la madera, disfrutando de la sensación del borde de su vestido de noche negro rozando en sus tobillos, cuando fue interceptada por otro moreno.— Hermione —le saludó con esa voz grave que le ponía todo el cuerpo de punta.— Nott —le respondió tendiendo la mano para que se la estrechara.Pero tal y como había hecho Malfoy un rato antes, Nott se inclinó en toda su altura y le besó la mano, sin separar los ojos verde pálido de su rostro.— Estás ...impresionante —prácticamente le ronroneó.— Gracias.Nott se irguió del todo y usó su mirada más penetrante.— ¿Todo bien?— Por supuesto. Si me disculpas, Ron y Harry me esperan.Y echó a andar con la barbilla levantada. Ron la vio venir con una ceja levantada y una media sonrisa.— ¿ Qué ha pasado ahí? —le preguntó en un murmullo mientras la abrazaba.— He tenido una iluminación. Creo que tiene pareja y me quieren usar de pantalla.Ron levantó la otra ceja también, sorprendido, pero enseguida lo vio mirando por encima de su hombro y llegando a conclusiones también.— ¿Cómo no lo hemos visto antes? —susurró él— Es tan obvio.— Son tan vosotros...— Pero con un palo en el culo.— Francamente, lo que hacen con sus culos me da igual. Pero lejos de mí.Su amigo apretó los labios y siguió mirando por encima de su hombro.— ¿Qué?— No lo sé, Mione. Nott te está mirando de una manera...Ella espantó la idea con un movimiento de mano y tomó una copa de la bandeja más cercana. Dio un largo sorbo y se giró para saludar a Harry y a Parkinson.

Tenían razón los que decían que las fiestas de Malfoy eran estupendas. La comida era buena, la bebida también y la música tenía el volumen perfecto para bailar o charlar. Hermione se sentía relajada, a pesar del martirio de los tacones altos, a los que no estaba acostumbrada. Había charlado con mucha gente, más o menos conocida, y a esas alturas, a treinta minutos de la medianoche, se había integrado en un grupo en el que estaban también Harry y Ron. Había descubierto, con gran alegría, que Ginny y su marido habían venido de Roma y ahí estaban, poniéndose al día mientras Zabini charlaba con Ron y Harry reía junto a Millicent Burstrode, que debía de estar contándole una anécdota bastante subida de tono a tenor del sonrojo de su amigo.— Necesito ir al aseo —le dijo a su amiga.Ginny le sonrió de una manera un tanto enigmática y cogió otra copa de las bandejas flotantes.— Mejor ve ahora. La fiesta de verdad empieza después de las campanadas.Se fue, con la misteriosa frase dando vueltas en la cabeza, pero al salir del aseo le distrajo un ruidito, como si alguien se estuviera ahogando. Preocupada de que alguien estuviera pasando un apuro y no tuviera ayuda, se asomó a la habitación. Y se quedó congelada en el marco de la puerta: era una habitación pequeña, seguramente un despacho, y, de frente a ella, Nott estaba apoyado contra un escritorio, con los pantalones abiertos, y delante de él, de rodillas, la cabeza rubia de Malfoy se balanceaba de una manera que no dejaba lugar a dudas.Debió de hacer algún ruido, fruto de la sorpresa, porque Nott abrió los ojos, que no cabía duda de que estaban cerrados porque disfrutaba mucho de la mamada que estaba recibiendo, y la miró fijamente. No dijo nada, solo mostró una sonrisa torcida y movió una de las manos, que estaban aferradas al borde del escritorio, para coger a Malfoy del perfecto pelo rubio y hacerle repetir ese ruidito de ahogamiento que había escuchado desde el pasillo.Sonrojada y bastante estupefacta, Hermione dio la vuelta y cerró la puerta a sus espaldas despacio. Necesitó tomar aire dos veces para recuperar la coordinación antes de volver a la fiesta, todavía con la cara ardiendo.Seguramente por eso, porque estaba bastante distraída por lo que había visto, casi no se enteró de las campanadas. Abrazó y felicitó de manera bastante automática a quien se acercó a ella, sin dejar de escuchar en bucle los sonidos húmedos y ver la cara de Nott. Y seguramente fue esa misma distracción la que permitió que, unos minutos después de la medianoche, una mano se tendiera hacia ella para bailar y ella dijera que sí.No fue hasta que vio la ceja levantada de Ron en una de las vueltas que se dio cuenta de que estaba bailando con Nott.— Pareces distraída, Hermione —le comentó cerca del oído, cuando tuvo que corregirle un paso para evitar que sus pies tropezaran.— Disculpa.— Respecto a lo de antes...— No tienes que explicarme nada.— Pero quiero hacerlo.Ella se apartó un poco para poder mirarle a los ojos. Ni aún con los altos tacones podía hacerlo sin echar la cabeza un poco hacia atrás.— Tu vida privada es asunto tuyo, Nott. Pero igual deberías aprender a bloquear puertas, creo que eres un mago bastante bueno.Él sonrió de un modo que la molestó, entre pretencioso y sangrepura que consigue lo que quiere.— ¿Te ha molestado?— Ver a otras personas teniendo sexo la verdad es que no es mi actividad favorita.— Eso ha sonado un poco prejuicioso.— Prejuicioso sería decir que los que sí gustan de mirar son gente con problemas. Y yo no he dicho eso, porque no lo creo.— Interesante.Y volvió a pegarla a él para seguir bailando. Lo que sí molestaba a Hermione era que ese hombre olía muy bien. Y bailaba muy bien, y tenía unas manos preciosas y... En general le molestaba que fuera tan perfecto y lo supiera. Maldito ego Sly.En cuanto acabó la pieza, Hermione se separó, dispuesta a buscarse una excusa y alejarse lo más rápido posible en dirección a su capa. Bailar con Nott le había hecho desear irse a casa y permitirse un montón de pensamientos muy subidos de tono. Igual si que le había gustado mirar, un poquito.Pero cuando ya se daba la vuelta, otra mano la atrapó al vuelo y la devolvió a la pista de baile.— Creo que te había dicho que me reservaras un baile —le dijo una voz suave al oído.O esos dos usaban la misma colonia, o se rozaban mucho y se le había pegado el olor, porque era el mismo aroma que había apreciado en Nott. Con una sonrisa tensa decidió que era la segunda opción.— Me estaba yendo a casa. Me matan los pies.— Bueno, nunca he entendido por qué las mujeres os machacaís con esto de los tacones pero he de reconocer que a ti te sientan de infarto.Ella se apartó como había hecho antes con Nott para mirarlo a los ojos. Por suerte, Malfoy no medía también metro noventa, se podía mirar con más fiereza si no tenías que echar la cabeza hacia atrás para mirar hacia arriba.— Deja de hacer eso.— ¿El qué?— El coqueteo. Es irritante.— ¿El coqueteo o que sea yo el que lo haga? Igual a Theo se le da mejor.— No voy a tolerar que os riais de mí.La sonrisa burlona desapareció de la cara de Malfoy. Serio, el parecido con su difunto padre era aún mayor, casi intimidaba.— Nada más lejos de nuestra intención, Hermione.Descubrió sorprendida que su nombre en labios de Malfoy sonaba muy bien.— ¿Sabes qué ha causado lo que has visto antes?— No soy un hombre, pero sé qué causa una mamada.— Me refiero a qué ha causado que mi correcto novio me haya arrastrado a su despacho, arriesgándose a que cualquiera nos pillara.Ella no contestó, los labios apretados en una fina línea, se limitó a acercarse un poco más a Malfoy y mirar por encima de su hombro mientras empezaba una segunda pieza.— Has sido tú. Tú y ese vestido, que tienen a Theo duro desde que has entrado por la puerta —siguió explicándole al oído, su aliento poniéndole el vello de punta—. Él quería sacarte a bailar después de las campanadas y necesitaba desfogarse para no incomodarte.— Eso es...— Theo coquetea contigo porque le gustas, Hermione, seguramente desde que los dos estabais en la escuela de leyes.— ¿Y a ti eso no te molesta? —preguntó sorprendida por el tono tranquilo y suave de Malfoy.— No. Yo sabía desde la escuela que serías una mujer impresionante.— Pues lo disimulabas muy bien.— Hacía mi papel, como todos.La pieza terminó y Draco por fin la liberó. Dio un paso atrás y la miró antes de hacer una pequeña inclinación y alejarse en dirección a Nott.Se incorporó de nuevo al grupito en el que estaban sus amigos y tomó una copa de lo primero que pilló. Se la bebió de un trago bajo la mirada divertida de Ginny.— Estás sonrojada como si hubieras corrido la maratón. ¿todo bien?— Sí, sí.Se dio cuenta de que su amiga miraba por encima de su hombro y sonreía de nuevo de ese modo enigmático. Curiosa, se giró para seguir su mirada y vio un grupo de invitados despidiéndose de Malfoy en la puerta. Solo entonces se dio cuenta de que en el gran salón apenas quedaban veinte personas, todos ellos jóvenes y del entorno cercano del anfitrión.En cuanto esos últimos invitados hubieron abandonado la casa, Malfoy le hizo una seña a la banda, que se retiró también, y se quitó la pajarita. Asombrada, siguió con la mirada sus finos dedos pálidos desabrochando un par de botones de su camisa y como usaba la varita para que empezara a sonar música mucho más moderna por una serie de altavoces muy bien disimulados en las molduras del techo.— ¿Pero qué...?— Ahora empieza la verdadera fiesta —le explicó Ginny, a la par que sacaba su varita para transformar su lujoso vestido de noche en un conjunto más cómodo y moderno—. Solo necesitas saber que lo que pasa cuando Draco se quita la pajarita, se queda entre estas cuatro paredes. No puedes contárselo a nadie ajeno a los que estamos aquí.— No entiendo nada.Se dio cuenta de que los únicos que no sabían de qué iba aquello eran Harry, Ron y ella. La fiesta cambió de tono rápidamente, la gente se lanzó a bailar mientras ellos tres permanecían mirando desde un lateral con la boca un poco abierta. En la vida habían visto bailar así a aquella gente, ni tan siquiera en la boda de Ginny y Zabini, que se había alargado hasta las tantas de la madrugada.— Esto... ¿es real? ¿había algo en la bebida? —preguntó Harry por lo bajo mirando su copa con sospecha mientras en la pista Nott y Malfoy bailaban juntos de una manera que en la vida habrían imaginado, intercalando carcajadas y besos.— Bueno —resolvió Ron, quitándose la chaqueta del smoking y enrollándose las mangas de la camisa—. Mi madre siempre dice que donde fueres, haz lo que vieres. ¿Quieres bailar?Hermione los miró, casi emocionada. Nunca se habían mostrado en público, su familia sabía que estaban juntos, igual que sus amigos más cercanos, pero aún así se permitían muy pocos gestos de cariño a la vista de nadie, así que sonrió entusiasmada cuando Harry tomó la mano que Ron le ofrecía y se dejó arrastrar hasta el grupo que seguía dándolo todo, donde los recibieron con aplausos y silbidos ya que Ron le tomó a Harry la cara con las dos manos y le besó como no había podido hacerlo al sonar las campanadas.Aprovechando que la gente estaba muy distraída, en la pista se empezaban a ver besos entre personas que no habían ido juntos a la fiesta, como Ginny y Parkinson, decidió que era el momento de salir de allí. Y decidió que lo haría a la francesa, sin despedirse, total estaba todo el mundo divirtiéndose, para qué interrumpir.Ya tenía la mano en la manija de la puerta, que Malfoy había cerrado nada más saber que estaban solos en la casa, cuando sintió un cuerpo tras ella y una mano se colocó sobre la suya.— La fiesta acaba de empezar —le susurró la voz grave de Nott.— No sé si es para mí. Y necesito quitarme estos tacones.— Eres una bruja, Hermione, y creo que una bastante buena, seguro que eso de los tacones tiene solución. Y lo primero... quédate un rato y averígualo. Esto solo pasa una vez al año, merece la pena probar, creéme.Y la arrastró hacia la pista sin darle la oportunidad de decir que no.

Despertó con resaca, pero más por el baile y lo que había venido después que por la bebida. Al menos se había quitado los tacones, pero le dolía aún así todo el cuerpo. Entreabrió los ojos y se encontró abrazada por los dos lados. Como manera de despertar, era al menos interesante. Despacio, hizo un intento de salir del doble nudo, pero lo único que consiguió fue que se apretara más y que los dos hombres a sus lados abrieran los ojos, como si estuvieran coordinados.— ¿A dónde crees que vas? —le preguntó Draco, con el ceño un poco fruncido y la voz ronca por el sueño y los excesos.— Necesito ir al baño. Y —miró a su reloj de pulsera, lo único que llevaba encima en ese momento— he quedado a comer con mis padres en una hora.— ¿Entonces no estabas huyendo de nosotros? —inquirió Theo, tirando de ella para pegarla más a su cuerpo.— La fiesta ha acabado, chicos. Fue divertido, pero... —respondió mientras se revolvía para intentar otra vez levantarse.— Uy, hay un pero, Theo —le hizo eco Draco, burlón.— Hay muchos peros, en realidad.— Estaremos encantados de escucharlos —intervino Theo.— Anoche me dijiste que esto era una vez al año. Muy bien, hasta el año que viene.— No, dije que lo que pasa en esta fiesta solo pasa una vez al año. Pero no me refería a nosotros en concreto, sino a la posibilidad de juntar a nuestra gente y de que cada cual decida con quién duerme.Hermione soltó aire ruidosamente por la nariz e hizo un tercer intento de levantarse. Esta vez los dos hombres, después de cruzar una mirada, la liberaron. Siguieron desde la cama sus movimientos mientras buscaba su ropa interior por el suelo y procedía a hacerle una limpieza con la varita y a vestirse.— ¿Tú quieres que esto pase solo una vez al año? —preguntó Theo por fin.Hermione los miró a los dos. Decidió ser franca, era más su estilo que dar rodeos.— ¿Qué queréis vosotros?— Más que un polvo en nochevieja, la verdad —respondió Draco, más serio.— Necesito pensar. Yo os escribiré.Y salió de la habitación y de la casa a toda velocidad, sin permitirse mirar atrás.Un par de días después, estaba acurrucada en el sofá de sus mejores amigos con un cuenco de helado en la mano y una manta en el regazo. Junto a ella, Harry le acariciaba el pelo, pensativo.— ¿Te gustan?— El sexo fue... increíble.— No te he preguntado eso.Ella suspiró y dejó el cuenco casi vacío sobre la mesita.— Me gustan —respondió por fin, rotunda.— ¿Entonces?— Harry... yo no soy Viktor. No puedo no implicarme, no funciono así.Vio la mandíbula de su amigo tensarse. Su relación con el famoso buscador no pasaba su mejor momento, se rumoreaba que había una oferta en alguno de los países de la antigua Yugoslavia y, tanto él como Ron le habían hablado de que tenían la sensación de que Viktor estaba retrocediendo en lo suyo, cada vez más frío y apareciendo solo para tener sexo.— Entiendo eso, Hermione. Ser el tercero cuando la otra pareja lleva muchos años junta tiene que dar miedo. Pero tú tienes algo que Viktor no tiene.— ¿El qué?— Tú hablas. No vas a dejar que ninguna situación se te escape de las manos, no lo has hecho nunca. Y realmente aún no los has escuchado, no sabes qué te van a ofrecer. Entiendo que te protejas, pero nena... yo no sé si te he visto alguna vez brillar como la otra noche cuando bailabas con ellos.

----- CHAPTER BREAK -----

Mundial de quidditch, 2018
— La final de hoy vuelve a enfrentar a Inglaterra y Bulgaria. Es la tercera final entre estas dos selecciones en los últimos años, el desempate definitivo tras una victoria para cada país. Y la última vez que veremos en el mismo campo de juego a Potter y Krum, porque los dos buscadores se retiran este año. Señoras y señores, ¡¡¡este es el partido del siglo!!!El estadio rugió. Ron lo sintió en el estómago, la tensión del público, la emoción, todo mezclado con sus propios sentimientos. Levantó un poco los ojos y lo miró, unos metros más arriba Harry observaba concentrado al árbitro a punto de soltar la snitch. Verlo así, sabiendo que era el último partido que jugarían juntos... le daba una pena infinita.Se habían incorporado a los Chudley Cannons nada más acabar la escuela. Durante los dos primeros años, ambos habían sido suplentes, Harry sufriendo por estar siempre a la sombra del buscador titular, ese mismo al que ahora se enfrentaba en su último partido.Buscó con la mirada a Viktor. Con 42 años, era el buscador con más años en activo en ese momento. Aparentemente, seguía físicamente a tope, pero él sabía que no, que el pago por ser el mejor buscador del mundo durante más de dos décadas era haber sido todo ese tiempo el objetivo de los golpeadores rivales. Había muchas lesiones y muchas cicatrices allí, aunque Harry no le iba a la zaga.A pesar de ser más joven, el buscador inglés arrastraba también su buen número de lesiones, más un problema cardíaco a consecuencia de todo lo que había pasado en la guerra. Para los sanadores, debería haberse retirado mucho antes.Y él... él seguiría jugando. Por ellos.Llegaron a casa de madrugada. Las celebraciones seguían, los más jóvenes del equipo no descansarían hasta ver salir el sol, el subidón de la victoria. Ellos lo habían disfrutado, por supuesto, pero la verdad era que la verdadera celebración estaba allí, entre las paredes de su pequeña casa en el campo.Harry se abalanzó sobre él en cuanto se aparecieron en el salón, aupándose a sus caderas para pasarle los brazos tras la nuca y besarle de un modo abrasador. Era un beso concentrado, denso, intenso, para sustituir a todos los que no le había dado en el vestuario tras el partido o durante la celebración.Lo sujetó fuerte contra él y, haciendo un alarde de forma física, lo acarreó hasta el dormitorio en el piso superior sin dejar de besarle. Tantos años juntos y aún seguía dejándose arrastrar por la energía inagotable de Harry cuando se trataba del sexo.De los dos, la gente pensaba que él era el tío grande de carácter fuerte y pocas palabras. Harry era el animado, el de la conversación y las risas. Poca gente sabía que ellos vivían juntos, mucho menos que eran pareja, y que tras las paredes de su casa, Harry era el fogoso temperamental y él el paciente.En ese momento no se trataba de sexo mimoso, sino que más bien era energía de polvo a lo bruto, así que Ron sacó la varita de su manga y los desnudó con un hechizo. Harry se lo agradeció susurrando "cama". Y cayeron en el amplio lecho con fuerza, él encima, con la mano morena agarrada a su más que interesado pene.— Si sigues haciendo eso es posible que esto no dure mucho, Harry —jadeó, lamiendo su cuello.— Soy fan de las segundas rondas, ya deberías saberlo —le contestó, dándole un apretón que Ron contestó con un mordisco que dejaría marca.Con la confianza de los años, Harry cogió la varita olvidada sobre la cama e hizo los hechizos de estiramiento y lubricante. Ron sonrió y, sujetando sus tobillos sobre sus hombros, se empujó dentro de su pareja sin mucha ceremonia, pero con sus ojos conectados.— ¿Crees que vendrá? —preguntó Harry entre jadeos.Ron dio un empujón más fuerte y se agachó a besarlo.— Tiene el flu abierto y aún puede aparecerse aquí.— Enhorabuena —intervino una voz ronca—. ¿Os he dicho como me gusta vuestra manera de celebrar las victorias?Los dos giraron el cuello para seguir a la voz hasta la figura menuda vestida con una túnica borgoña, sentada en una butaca a unos pasos de la cama.A Harry le brillaron los ojos y Ron, en contra de lo que cualquiera podía esperar, no sintió ni una gota de celos. Lo mejor de los enfrentamientos eran los reencuentros. Por la mañana tendrían que hablar de cuál sería la excusa a partir de ahora, pero en ese momento disfrutaría de ver a Viktor desnudarse y subir a la cama con ellos. De las caricias suaves en su espalda mientras volvía a follar a Harry. De los besos que recibía y los que los otros dos se daban. Y de ser estirado lentamente para permitir a Viktor participar también en su particular celebración.

Hermione salió de la red flu de la mansión Malfoy apenas media hora después de que se hubiera entregado el trofeo. Se había quedado lo justo para las fotos de rigor y volver a felicitar a su selección, especialmente a sus amigos. Era un día agridulce, ella sabía muy bien cuánto le había costado a Harry tomar la decisión de retirarse, pero se alegraba muchísimo de que lo hiciera tras una victoria.Verlos a los tres en el campo de nuevo le había revuelto cosas. Aunque sus amigos no se quejaban, sabía de sobras que no eran felices con la distancia impuesta por Viktor. No podía evitar recordar como se había comparado a ella misma con el búlgaro al principio de su relación. Harry había acertado al decir que ella lo llevaría de otra manera. Y así era, conforme el otro hombre se alejaba, ella se había pasado esos años buscando su espacio en la vida de Theo y Draco.Los encontró a los dos en la cocina. Supo que la esperaban porque no había elfos a la vista. Y porque iban los dos en bata, aparentemente sin nada debajo. Tiempo atrás eso la habría molestado, sentirse reducida a solo sexo cuando estaba de visita, pero por suerte esto ya era otra cosa, parte de un ritual de bienvenida: llevaba semanas inmersa en trabajo, varias leyes que había impulsado estaban a punto de votarse y había perdido la cuenta de los días que hacía que no pasaba tiempo con ellos.— No necesitáis comprarme con chocolate —les dijo mientras se acercaba atraída por el intenso olor, ya con los dedos en los botones en la blusa.La sonrisa malvada de Draco al girarse hacia ella debería haberle avisado de que el chocolate era parte del plan, pensaría después, mientras se debatía sobre la mesa de la cocina, las muñecas y tobillos mágicamente sujetas a la madera y Draco lamiendo largas líneas de chocolate artísticamente repartidas por su cuerpo mientras Theo la follaba con fuerza.— Vamos nena, déjanos escucharte —le picaba Draco, mordisqueando sus pezones, donde el chocolate se había enfriado y los hacía ver como pequeños bombones.Ese era su juego en días así, ellos esforzándose por hacerla gemir y gritar, y ella apretando los labios con decisión.En vista de que ella iba ganando, Theodore soltó sus tobillos con un susurro y levantó sus pies hasta apoyarlos en sus hombros, llegando mucho más profundo.— Draco, necesitamos más chocolate por aquí, cariño —le pidió, con voz ronca.Los ojos grises brillaron cuando entendió el gesto de la barbilla de Theo. Se subió sobre la mesa, y se colocó a horcajadas sobre la cintura de Hermione. Liberó sus muñecas al tiempo que acercaba a su boca su pobre y desatendido pene y cuando ella estuvo distraída con eso, metió el dedo en el aún cálido chocolate y pintó una larga ralla desde su ombligo hasta su clítoris, que borró enseguida con un lenguetazo.Los dos pudieron escuchar el gemido de Hermione, incluso con la boca ocupada, y se miraron triunfantes. Los sonidos húmedos, el chirrido de las patas de la mesa contra la baldosa del suelo, el olor a chocolate, el golpeteo de los testículos de Theo en el perineo de Hermione y, sobre todo, la evidente complicidad, hizo que los rogasmos comenzaran a brotar en cadena apenas cinco minutos después.Draco se dejó caer un momento sobre su chica, jadeando, a la par que Theo salía de ella. Si todo en su relación fuera tan sencillo como el sexo, otro gallo les cantaría, pensó Hermione sin perder de vista el pálido y firme trasero de Draco mientras Theo lo ayudaba a bajar de la mesa.Apenas diez minutos después los tres flotaban encantados en el jacuzzi, con una copa de vino y suave música soul de fondo.— ¿Cómo estaban Potter y Weasley? ¿Has podido verlos después de la entrega del trofeo?Ella asintió, relajada, un bajo gemido en su garganta por el masaje que Theo le estaba dando en los pies cansados.— Tristes, emocionados... un poco de todo.— ¿Iban a encontrarse con Krum? —inquirió Draco, que estaba detrás de ella, sirviéndole de respaldo, con los largos dedos trazando patrones en su vientre.— Supongo. Él nunca avisa, aparece o no y al día siguiente se va.— Quizá ahora la cosa cambie.Hermione respondió con un encogimiento de hombros. Su fe en el criterio de Viktor había descendido mucho los últimos años.— Te hemos echado de menos —le susurró Draco al oído.— Podíais haber venido vosotros.En semanas de mucho trabajo, se quedaba en su piso de Londres. Y luego el patrón de vuelta a casa solía ser ese: sexo loco, conversación sobre que la habían echado de menos.Lo más gracioso era cuanto les había costado llegar al punto de vivir juntos. Ella había querido ser independiente en un principio, y su piso estaba muy cerca del ministerio, pero con el tiempo había comenzado a anhelar dormir cada día con ellos, porque sentía que necesitaba ser más parte de su vida cotidiana. Pero ellos lo encontraban peligroso, desde que era ministra la prensa la acechaba y solía haber aurores protegiendo su casa.Había sido una lucha de voluntades, pensó Hermione con los ojos cerrados, la cabeza apoyada en el hombro de Draco, demasiado relajada para seguir discutiendo. Por supuesto, ella había ganado, había trabajado con su tenacidad habitual para ir conquistando espacios hasta hacerse con un hueco en su casa, pero no conseguía nunca que cuando ella necesitaba pasar tiempo fuera de casa, ellos se trasladaran a verla.— Tienes razón —concedió Theo—. La próxima vez iremos nosotros, no dormimos igual sin ti.Y Hermione sonrió, pensando ya en su siguiente pequeña batalla.

Año nuevo 2019
Ron se despertó muy cálido, aprisionado entre dos morenos. Y en otras circunstancias eso habría sido también despertarse muy caliente, pero esa mañana no, porque tenía una resaca épica. La fiesta de la noche anterior había sido... muy loca. El dichoso Malfoy sabía organizar fiestas; siempre empezaban muy finas, muy formales, y conforme avanzaba la noche y corría el alcohol, empezaba el desmadre. Lo hacía muy bien, porque para esas horas ya solo quedaban los de su círculo más íntimo, así que había confianza para besarse con quien no lo harías en público e incluso magrearse antes de empezar a desaparecer en las numerosas habitaciones de invitados.Seguramente ellos fueran de los pocos que se despertaban con su pareja oficial. Para eso Harry sí era un poco territorial, solo compartía con el otro que le estaba roncando en ese momento en la oreja, y por desgracia era un hecho que se daba pocas veces, porque Viktor en los últimos años había mantenido la costumbre de unirse a ellos solo en celebraciones de partidos. Ya era un logro que Malfoy lo hubiera convencido para que fuera a la fiesta. Ron tomó nota mental, mientras se movía despacio, de darle las gracias a Hermione, seguro que tenía algo que ver.Con cuidado, se desembarazó de los brazos que lo aprisionaban y se deslizó hasta poder bajarse por los pies de la cama. Aún desnudo, se giró a mirarlos a los dos un momento, mientras luchaba con el mareo de la resaca. Era la primera vez que veía a Viktor desde la noche de su retiro, y de eso habían pasado más de cuatro meses. Tras esa noche juntos, había quedado en el aire la duda de cuando volverían a verse, ahora que los enfrentamientos de quidditch ya no serían su excusa.Lo último que sabían de él era que seguía viviendo en Belgrado, a donde se había trasladado cuando dejó las Avispas para terminar su carrera en las Flechas doradas. Apenas habían hablado de su retiro a la mañana siguiente en el desayuno. Apenas hablaban de nada, en general. Pero lo echaban de menos.Se metió en el baño, agradecido de haber tenido la lucidez de haber vuelto a su casa, aunque el viaje en flú hubiera sido una pesadilla para su estómago. Recordaba de otros años lo que era la reunión de zombies en el comedor de la mansión de Malfoy a desayunar, o más bien a brunchear a mediodía, todos pidiendo pociones para la resaca antes del primer sorbo de café. Pensar en café hizo que se le revolviera un poco el cuerpo. Para el siguiente año tenía que decirle a Hermione que le dijera a Malfoy que la cena tenía que ser más que unos pocos canapés, ya no tenían edad para beber sin comer y en ese momento él no sabía si tenía malagana o hambre.Con un suspiro se metió en la ducha. El agua caliente le reconcilió un poco con la vida y relajó los músculos doloridos por la actividad de esa misma madrugada. Ninguno estaba tan borracho como para dejar pasar la oportunidad de tener sexo, al fin y al cabo para eso estaba Viktor allí. Ese pensamiento, ahora con la cabeza ya casi despejada, molestó a Ron. Se frotó el cuero cabelludo con más energía, extendiendo el champú con olor a hierbabuena que a Harry le gustaba, mientras le daba vueltas a la idea. No era la primera vez que lo pensaba, y sabía que a Harry le rondaba lo mismo. Ya no era suficiente follar un par de veces al año, ya no compensaba el vacío cuando se marchaba.Durante el tiempo que los tres habían compartido equipo, habían llegado a creer, los dos, que tenían una relación con Viktor. Pasaban tiempo juntos fuera de la cama, esa era la diferencia fundamental. Ellos, que basaban su vida de pareja en el poco tiempo que tenían para estar en casa, lo habían dejado participar en esa intimidad, pasando juntos muchos días de descanso del equipo tras los partidos. Lo que habían tenido en esos últimos años había sido un sucedáneo que, al final, sabía a poco.Estaba acabando de aclararse cuando la mampara de la ducha se abrió y una figura menuda se coló para colocarse tras él.— Buenos días —le saludó una voz con fuerte acento mientras le abrazaba la cintura con los dos brazos y se pegaba a su espalda.Ron sintió la frente de Viktor apoyada en el centro de su espalda y la caricia de la voluminosa nariz sobre su columna. Con un suspiro, puso las manos sobre las suyas y dejó que el agua caliente cayera sobre los dos un buen rato antes de hablar.— ¿A qué hora te vas?Viktor movió la cabeza, acariciando su espalda, y se apretó más contra él, un gesto que en cualquier otro momento habría sido el disparador para tener sexo loco en la ducha, pero que en esa ocación era solo una caricia, sin partes bajas que parecieran animarse.— No tengo prisa.La respuesta le pilló por sorpresa. Y el tono apagado le preocupó. Se giró con cuidado de no resbalar y lo tomó con una de sus grandes manos de la pronunciada barbilla para que le mirara a los ojos. Más allá de las consecuencias de la noche loca, había oscuras ojeras y los ojos negros no tenían el brillo habitual.— ¿Estás bien?— ¿Puedo quedarme un par de días?— Claro.Lo miró un largo rato, para luego besarle con una suavidad inusual entre ellos y después abrazarlo con fuerza.Al salir del baño les recibió el olor a café. Viktor fue a vestirse mientras Ron, envuelto en su cálido albornoz, se adentraba en la cocina dispuesto a ayudar con el desayuno.— Buenos días.Harry no se giró, siguió ocupándose de los huevos revueltos.— Ey —le saludó, colocándose junto a él— ¿Feliz primer día del año?— Ha traído una maleta.— ¿Viktor?Su compañero asintió a la par que empezaba a servir huevos en tres platos.— Debía de llevarla encogida en el bolsillo. Cuando me he levantado me la he encontrado abierta a los pies de la cama. Hay mucha ropa para una visita rápida.— En la ducha me ha preguntado si podía quedarse un par de días. ¿Estás molesto?— No habla. No lo hacía antes, mucho menos desde que se fue. No quiero eso para nosotros, Ron. Y menos ahora.Ron entendió. Desde que había dejado el quidditch, Harry se estaba replanteando muchas cosas. Habían pasado horas hablando de lo que quería hacer con su vida y de cómo querían los dos que fuera lo que atañía a su vida en común. Estaban de acuerdo en que había llegado el momento de dejar de esconderse.— Lo entiendo —respondió.Y luego le besó entre el pelo revuelto y cogió dos de los platos para llevarlos a la mesa. Terminaron de preparar el desayuno en silencio, y así los encontró Viktor, sirviendo el café.Apenas habían dado dos sorbos, cuando Harry soltó lo que tenía en la cabeza.— ¿De verdad vas a quedarte?— Un par de días —contestó Viktor, limpiándose los labios con la servilleta nerviosamente—. ¿Te parece mal?— Más bien me sorprende. En los últimos seis años ha sido un lujo desayunar contigo antes de que salieras corriendo.— Tenía una vida estresante, sabes cómo es.Harry simplemente apretó los labios y siguió con su desayuno en silencio. Ron le puso una mano reconfortante en la pierna, bajo la mesa, y tomó el relevo con voz calmada.— Sabes que eres bienvenido, eso no ha cambiado, Vik. Pero hace varios meses que tu vida ya no es estresante y ha hecho falta que alguien te convenza para venir a Inglaterra.— Tampoco vosotros me habéis invitado a venir.El tenedor de Harry hizo un ruido metálico cuando lo dejó con fuerza sobre el plato.— ¿De verdad, Viktor? te marchaste, y los tres sabemos que había ofertas mejores aquí en Reino Unido. Elegiste irte lo más lejos posible y convertirnos en un polvo de vez en cuando. Y aún así siempre has sido bienvenido, nuestra casa y nuestras piernas abiertas para ti.Viktor lo miró con un parpadeo sorprendido en sus ojos negros, poco habituado ya a la intensidad de Harry cuando se trataba de emociones.— Me enamoré —respondió sucinto.Ron alzó las cejas y preguntó por lo dos.— ¿Y te fuiste por él a Serbia?— No, me marché de Inglaterra por ellos. Es el mayor error de un unicornio, generar sentimientos por la pareja con la que se acuesta.Las patas de la silla de Harry rechinaron cuando la empujó hacia atrás por el suelo y salió de la cocina y se encerró en su habitación dando un portazo. Ron mantuvo la mirada en el pasillo unos segundos antes de suspirar y levantarse a rellenar la taza de café. Se apoyó en el mostrador junto a la hornilla y desde toda su altura, miró a Viktor.— El verano en que te fuiste, pasamos una crisis. Nos dimos cuenta de que no hablábamos, de que llevábamos desde la escuela en una huida hacia delante. Fue un detonante, los dos empezamos a ir a terapia, no éramos conscientes de lo dependientes que nos habíamos vuelto el uno del otro. Y de ti.— Yo no sabía... puedo marcharme si es necesario, Ron.— No te estoy diciendo eso. Hace un momento, mientras te vestías, Harry me ha dicho "No habla. No lo hacía antes, mucho menos desde que se fue. No quiero eso para nosotros, Ron. Y menos ahora".— Me educaron en el peligro de los sentimientos. No me resulta fácil, pero realmente he venido para pasar tiempo con vosotros e intentar saber si podíamos recuperar lo que teníamos entonces.— No somos los de entonces, Viktor. Y en unos días saldrá un reportaje en una revista hablando de nuestra relación. Es nuestro siguiente paso, Harry hace ya bastante tiempo que no quiere seguir ocultándolo.— ¿Por qué entonces habéis seguido recibiéndome?— Porque eres tú, y nos conformamos. Ve a hablar con Harry. No está enfadado, está abrumado.Viktor se puso en pie y se acercó a él.— ¿Y tú? siempre lo pones a él por delante.— Yo no estoy enfadado. Lo único que siento es que no lo hablaras con nosotros antes de irte.— No quería exponerme a perderos.— Ve a hablar con Harry —le insistió, acariciando su cara como había hecho en la ducha antes de besarlo con suavidad.Le dio otro beso y volvió a sentarse a la mesa para coger el periódico que esperaba sobre la mesa.Encontró a Harry tumbado en la cama, tapado hasta las orejas.— ¿Puedo pasar? —preguntó, alargando como siempre un poco la r.— Haz lo que quieras —contestó un poco belicoso, sin moverse.El búlgaro se quitó los zapatos y se metió en la cama detrás de él.— Tienes razón, no hablo.— Lo sé.— Y debí hacerlo hace seis años en lugar de marcharme.— También sé eso.— Quiero volver a Inglaterra, Harry. Me gustaría recuperar lo que tuvimos.— Eso no es posible, nosotros no somos los mismos, ninguno de los tres.— ¿empezar de cero entonces?— Eso quizá, conocernos de nuevo fuera de la cama. ¿Te ha dicho Ron lo de la entrevista?— Sí.— No vamos a escondernos.— Lo entiendo.— Esperamos que la prensa se vuelva un poco loca. Puede salpicarte.— No me importa. Sigo enamorado.— No es lo mismo el enamoramiento que afrontar la vida con alguien, Viktor —respondió Harry, girándose por fin hacia él—. No hagas promesas que no puedas cumplir.— ¿qué hago entonces, harry?— Ahora mismo volver a la mesa a desayunar. Y vamos viendo, y hablando.— ¿Puedo besarte antes de volver al café y los huevos?Harry sonrió un poco y le besó él mismo, con una mano sobre su pecho.

El artículo se publicó una semana después. O más bien cayó como una bomba sobre la pacata sociedad mágica británica. Sentada a la hora del desayuno delante de una tostada y un café que se enfriaban, envuelta en una cálida bata, Hermione lo leía concentrada, mordiéndose el labio inferior.— ¿Nivel de escándalo? —preguntó una voz suave en su oído antes de besarle la mejilla.— Bueno, hablan de su orientación, de sus problemas emocionales, de por qué lo han llevado en secreto y del mundo del quidditch profesional. Esto va a levantar ampollas.— Le han echado valor —comentó una tercera voz.Levantó los ojos de la revista y los miró a los dos. Draco, con su perfecto pelo rubio, sentado a su derecha con una taza de té entre las manos. Theodore, esperando junto al tostador con un plato en la mano que saltaran las tostadas.— Lo necesitaban. Estarán bien.Theo dejó sobre la mesa el plato lleno de tostadas y procedió a untar una recién hecha y cambiarla por la que se le había enfriado a Hermione, olvidada en el plato.— Veremos qué pasa en el próximo partido de Weasley. ¿Por qué no han esperado a que él se retirara también?Hermione mordió la tostada y dio un sorbo a su café antes de responder a Draco.— Porque están hartos de esconderse. Puedo entenderlo, la verdad.Los dos hombres se miraron entre ellos, conscientes de la indirecta.— No es lo mismo, Mione —contestó por fin Theo.Ella soltó aire por la nariz. Ya habían tenido esa conversación antes. La protegían, decían, porque, para empezar, la reputación de ambos estaba manchada por su pasado, un pasado que ya había quedado bastante atrás, pero nadie olvidaba. Ella sabía eso, racionalmente lo entendía, pero estaba cansada. Otra prensa, la sensacionalista, se cebaba con ella y su soltería cada dos por tres. Curiosamente no cuestionaban hasta entonces que los otros dos miembros del dichoso trío de oro estuvieran solteros con más de treinta y cinco, pero ella era por lo visto una solterona caduca ya. Hermione prefería los artículos que cuestionaban su capacidad de gobierno.— ¿Sabes qué quería Harry? poder besar en público a Ron. Han jugado quidditch juntos muchos años y nunca se han dado siquiera un abrazo para celebrar una victoria o para consolarse en una derrota. Quince años compartiendo vestuario y esforzándose para que nadie supiera que se quieren. Y le entiendo, porque yo ni siquiera puedo salir con vosotros en público.— ¿Y qué quieres, Hermione? ¿Estar todos los días en la picota? ¿Tener que dar explicaciones a cada paso sobre lo nuestro?— ¿Crees que a esas alturas me importa eso, Draco? Si me van a criticar haga lo que haga, al menos sería feliz.— ¿No lo eres ahora?Ella se frotó la cara con las dos manos.— Como ellos, limitada a estas paredes.— ¿Qué vas a hacer? ¿llevarnos a los dos a los eventos? ¿los compañeros mortífagos de la ministra de magia más joven de la historia?— Pues sí, Draco. ¿Crees qué a estas alturas me avergüenzo? Os afecta más a vosotros, me parece. ¿No quieres salir a cenar? ¿A bailar? ¿De viaje? ¿Que podamos visitar juntos la tumba de tu madre? ¿Es necesario que que te salude como a un conocido cualquiera cuando me encuentro contigo en el ascensor en el ministerio?— Hermione... —murmuró Theo, tratando de ser como siempre el conciliador.— No, Theo —respondió, levantándose y metiendo la silla bajo la mesa—, hay que decir las cosas como son. ¿A quién le dan más miedo las repercusiones? ¿A mí o a vosotros dos? ¿Se trata de nuestra relación o de la vuestra?Y salió de la cocina para vestirse y marchar al ministerio. Los dos hombres siguieron desayunando en silencio, Theo ojeando la revista que había dejado abandonada Hermione, Draco con el ceño fruncido y la mirada en su tostada.— ¿Crees que tiene razón? —inquirió por fin.— Suele tenerla —respondió sin dejar de leer— ¿En qué en concreto?— ¿Es peor ser maricón que mortífago?Ahí Theo sí que apartó la revista para mirarle.— Es innecesaria esa palabra. En todo caso bisexual.— Para la gente da igual, si tienes un sexo con un hombre, eres un marción.— En lo que tiene razón Hermione es en que hemos dejado que la opinión ajena sea más importante que la nuestra. ¿Tú crees que hay algo de malo en nuestra relación?— Por supuesto que no.— Pues en ese caso deberíamos pensar en porqué lo hacemos todo pensando en las consecuencias públicas. ¿Me quieres, Draco?— ¿Eres imbécil? por supuesto que sí.— ¿Y a Hermione?— ¿Es suficiente con quererla?— Debería serlo. Si ella está dispuesta a lidiar con las consecuencias, solo faltamos nosotros. El palco de autoridades del estadio de las Avispas era en ese partido uno de los focos de atención de la prensa. El otro era el guardián que flotaba cerca de los aros del equipo local, con gesto de absoluta concentración.En un gesto que todo el mundo había interpretado como de apoyo, la ministra había ido al partido y estaba sentada junto al ex buscador Potter. Al otro lado, Viktor Krum no perdía detalle del partido, con los brazos cruzados sobre el pecho y las cejas bajas sobre los ojos oscuros. Desde que habían salido al campo, los gritos y los silbidos al guardián pelirrojo habían sido un continuo. Maricón, chupapollas, muerdealmohadas... todo tipo de insultos que parecían resbalarle, a tenor de su gesto y del impecable juego que estaba desarrollando.Sentados en la fila tras la ministra, Theo y Draco veían el partido también en silencio. No eran ajenos a que su presencia allí también había atraído a la prensa, ese día el palco era una mina de cotilleos. Y eso que el público no sabía de la relación entre los dos famosos buscadores.— A Krum le va a reventar la mandíbula si aprieta más los dientes —murmuró Draco al oído de Theo.— Mira a Potter.Draco observó a su exnémesis. Parecía tranquilo, pero tenía los puños sobre las piernas tan apretados que los nudillos se veían blancos. A su alrededor crepitaba un aura de energía mágica. Los dos vieron como Hermione sacaba con cuidado la varita y hacía un hechizo de silencio alrededor de ellos cinco. Solo entonces la escucharon hablar, con la mano delante de la boca.— ¿Necesitas salir un rato? tu magia me está poniendo los pelos de punta, Harry.Krum pareció salir de su trance de concentración en el juego para girarse a mirar hacia Potter. Para sorpresa de la trieja, el búlgaro soltó los brazos cruzados y puso la mano sobre uno de los puños fuertemente cerrados. También Harry pareció sorprenderse por el gesto, porque despegó por primera vez los ojos del guardián y se giró a mirar a su vecino de asiento.No se dijeron nada, pero claramente algo pasó entre ellos dos con esa mirada, porque la magia de Potter se calmó visiblemente cuando abrió la mano para ponerla con la Palma hacia arriba y permitir que Viktor entrelazara sus dedos.— Joder —masculló Draco, al ver el flash de una cámara en la zona de prensa— qué huevos.Theo no dijo nada, se limitó a presionar sus rodillas y volver su atención al campo, alertado por un repentino silencio. Los dos buscadores se enfrentaban en ese momento en una carrera desesperada, mientras Ron detenía tres tiros seguidos sin pestañear.La nueva buscadora de los Chudley, digna heredera de los dos que estaban en la grada, hizo un vuelo a toda velocidad hacia el suelo con la mano en alto, triunfante, mientras la grada aplaudía. Ron acudió al centro del campo a reunirse con el resto de sus compañeros para celebrar la victoria, pero luego volvió a alzar el vuelo, acompañado por algunos de los veteranos, y dio una vuelta al campo con un dedo sobre los labios. Se paró justo a la altura del palco de autoridades, volviendo locos a los periodistas, y esperó.Con una sonrisa, Harry besó brevemente los nudillos de Krum antes de soltar su mano, ponerse en pie y acercarse hasta la barandilla para besar a su compañero.— Tienes razón —murmuró Theo a Draco.Draco no dijo nada, estaba más pendiente de Hermione, que miraba a sus dos amigos, que se hablaban en susurros todavía en la barandilla, con la gran mano de Ron en la nuca de Harry. La mirada de la ministra era de cariño, pero el rubio pudo detectar un resquicio de envidia.— ¿Crees que una acumulación de acontecimientos hace que se disuelva el drama? —preguntó.Theo se giró a mirarlo, sin entender, y lo que se encontró fue una sonrisa peligrosa y la mano de Draco sujetándole del abrigo un poco temblorosa.— Recuerda que os quiero cuando esto nos explote en la cara —susurró el rubio justo antes de besarle.

----- CHAPTER BREAK -----

Era temprano, muy temprano, pero ya hacía un rato que había sonado el despertador. La habitación estaba silenciosa, o casi. Pequeños suspiros, el roce de la ropa de cama, algún gemido aislado, los tres se movían sincronizados con Draco en el medio. No se trataba de sexo de bienvenida, sino de sexo de despedida, porque Hermione se marchaba diez dias a Italia para una cumbre de ministros de magia europeos.La ministra de magia inglesa no quería ir a la cumbre. Ella quería estar en casa, junto a sus compañeros, que llevaban una semana sufriendo las consecuencias de su beso en el partido de quidditch. Entre otras cosas porque se sentía muy culpable. Su terquedad, su necesidad de visibilidad, de ser libre de amarse los tres abiertamente, era lo que había activado todo aquello, y las consecuencias las estaban pagando ellos dos.Al día siguiente del partido, había tenido que salir de casa sin llegar a ver la prensa, a causa de una reunión de urgencia que le habían convocado relacionada con la cumbre. Al terminar, después de una agonía de discusión entre dos de los secretarios por cosas que eran meras formalidades relacionadas con el protocolo, algo que Hermione detestaba profundamente, le habían entregado un mensaje de Theo.Hermione se apareció con un ligero plop en las escaleras de entrada de Malfoy Manor. Con los años las protecciones de la casa habían ido permitiéndole cosas, pero aún no podía aparecerse dentro. Frustrada, aporreó la puerta. El elfo jefe de la casa le abrió y la saludó como siempre con una inclinación, mas esta vez no se quedó a charlar con él, directamente entró y se dirigió a las habitaciones que ocupaban los tres en el segundo piso. Subió las escaleras casi corriendo, preocupada. Era raro que ellos la molestaran en el trabajo, pero lo era aún más que escribieran pidiéndole que fuera a  casa porque había problemas.Maldijo entre dientes todo el largo pasillo del ala de la mansión que ocupaban las habitaciones privadas. Por fin, los encontró a los dos en la pequeña salita junto a su dormitorio. Era la única habitación que Draco no había redecorado, porque había sido el saloncito privado de su madre, su refugio en esa casa. Sentado en el coqueto sofá verde pálido, Draco tenía la cara entre las manos, Theo le pasaba un brazo por los hombros y le hablaba bajito.Sobre una mesita, había varias cartas abiertas y al menos tres periódicos diferentes. No había ceniza de vociferador a la vista, las protecciones de la casa les habrían impedido llegar.Sin pensar, se puso de rodillas delante de Draco y lo abrazó.— Lo siento, sea lo que sea que ha ocurrido siento haberos forzado a esto. Lo siento muchísimo, Draco —le dijo, sin ser consciente hasta ese momento de lo culpable que se sentía.Draco no levantó la mirada. Y ella miró a Theo, que le entregó una de las cartas. En un lenguaje muy formal, Andrómeda Tonks le comunicaba a su sobrino que para ella estaba muerto y que no lo quería cerca de su nieto. La última línea era una puñalada directa al corazón: "tu madre se moriría de vergüenza si te viera".— Harry ha recibido una parecida. Por suerte Ted ya es mayor y no está en la línea de pensamiento de Andrómeda. Pero igualmente es una mierda, cariño.Ahora sí que los ojos grises se levantaron hacia ella, enrojecidos e inflamados. Nunca lo había visto así de afectado.— Es mi única familia. Puede perdonarme ser un mortífago, porque es culpa de mi padre, pero no ser maricón —le dijo con voz apagada que hizo que Hermione volviera a abrazarlo con fuerza.— ¿Has ido a ver a Potter ya? La prensa se ha cebado con él aún más que con nosotros —le preguntó Theo con un tono peligrosamente neutro.Hermione reconoció la pregunta implícita. ¿Estabas en su casa en lugar de estar aquí con nosotros? y estalló.— No, he venido aquí directamente.Nott la miró con la duda en los ojos. Molesta, se apartó de Draco y se puso de pie.— He llegado tarde porque mi ayudante nuevo no me ha dado el mensaje hasta que ha terminado la reunión, pensando que no se podía interrumpir. Y de cualquier manera, habría venido aquí directamente al salir del trabajo, porque aunque os cueste creerlo, Theo, mi prioridad sois vosotros, ni mi familia ni mis amigos ni mi trabajo, vosotros.Vio en la cara de Theo como el enfado que había empezado a crecer, motivado por la necesidad de pagar su angustia con alguien, descendía y volvía a aparecer el gesto triste que tenía al llegar. Ella volvió a agacharse y abrazó a Draco antes de preguntar por el resto de lo que había sobre la mesa.— ¿Cómo de malo es?— Bueno, la prensa no dice nada que no hayan dicho otras veces. Lo de Potter es peor porque una cámara captó sus gestos con Krum. Las otras cartas son de parientes lejanos o socios de negocios, nada que realmente sea significativo. Y luego está esto.Le tendió una revista que reconoció de inmediato. Ella se incorporó lo suficiente como para sentarse en el sofá al otro lado de Draco, muy pegada a él, y cogerlo. El Quisquilloso seguía siendo propiedad de los Lovegood, así que seguía siendo peculiar, pero su amiga Luna escribía muy bien y sus artículos de opinión eran sorprendentemente terrenales y muy críticos con las actitudes anticuadas de su sociedad. Ella y su marido, un magizoólogo adorable, se habían integrado muy bien en su grupo un par de años antes cuando habían vuelto a instalarse en el país, después de viajar por todo el mundo durante años.Ojeó la revista y enseguida encontró el artículo. Una de las cosas que le había aportado a Luna su pasión por las criaturas mágicas y su afán por viajar para conocerlas era un gran conocimiento de otras culturas mágicas, por eso era especialmente crítica, y en esta ocasión había disparado sin tapujos contra las reacciones conservadoras antes de que llegaran. Había recordado a los lectores que Harry y Ron eran héroes de guerra, que literalmente habían salvado al país, y que Draco y Nott eran un ejemplo de jóvenes que habían madurado y demostrado a la sociedad mágica inglesa que eran personas excelentes que habían trabajado duramente para superar los actos de sus padres. Y que, al margen de ello, las relaciones entre las personas no eran un objeto de juicio y la orientación sexual ajena no era asunto de nadie.Dejó la revista sobre la mesa con una pequeña sonrisa y volvió a mirar a ambos hombres.— Ya sé que no vale de nada ahora que os lo diga, pero estoy terriblemente orgullosa de vosotros.Draco hizo otra cosa que no le había visto hacer nunca: apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos con un suspiro cansado.— Sí que vale, Mione. Sin embargo, necesito digerir esto antes de dar otro paso.A Hermione no le pasó por alto que no había dicho que ese fuera el límite, sino que contaba con dar otro paso posteriormente. Y, por una vez, decidió dejarles a ellos manejar los tiempos.

Una semana después, mientras Draco le hacía el amor despacio, con la frente apoyada en su hombro, Hermione tenía una de sus manos con los dedos entrelazados con los largos y pálidos, aferrándole fuerte por la cintura. A lo largo de esa semana había lidiado con la tristeza de Draco, la consecuencia más dura finalmente por su salida del armario, y estaba llevando fatal la idea de dejarle en esas condiciones para irse a Italia.— Deja de pensar, amor —le murmuró él al oído—. Esto es para que te vayas de viaje con mejor ánimo. Nosotros vamos a estar bien.Ella se pegó más a él con un gemidito de frustración. Una de las manos de Theo se soltó de la cadera de Draco para unirse a las dos ya entrelazadas. Y se dejó ir, sujeta a sus dos amores.

La cumbre de ministros de Magia de europea era ese año en Roma. Era lo único bueno de esa maldita y larga semana, la posibilidad de ver a Ginny.— ¿Cómo estás? —le preguntó mientras la abrazaba nada más abrir la puerta de su gran piso en una de las zonas más caras de Roma.— Estoy —respondió por fin cuando su amiga liberó el abrazo para mirarla con preocupación.— Pero Ron dice que todo está bastante calmado ya. Siéntate, anda.Hermione se dejó caer en el cómodo sofá y recorrió la habitación con la mirada. Como la última vez que habían estado los tres allí, no pudo evitar sonreír al ver la pared llena de fotos de su familia y amigos. Ese era el espacio privado de su amiga, ahí no entraba el lujo y el diseño que imperaban en el resto de la casa.— ¿Te ha contado lo de la carta de  Andrómeda?— Sí —respondió Ginny mientras le servía una taza de té .— Draco recibió otra. Está deshecho. Y me siento responsable de que haya perdido a la única familia que le quedaba.— Ay, amiga. —La abrazó con cuidado— Blaise habló con Theo anoche. Le dijo que Draco está más animado. ¿Pero cómo ha pasado todo esto?La ministra dio un largo sorbo de té, necesitaba un estimulante después de esa semana de trabajar sin cesar y dormir muy poco por darle vueltas a la cabeza.— Yo les dije que no quería que siguiéramos ocultándolo. Y bueno, parece que ver a tu hermano y a Harry besándose delante de todo el estadio hizo que Draco se lanzara.— ¿Por eso te sientes culpable? lo llevas escrito en la cara.— Mucho, muchísimo. Tengo la sensación de que llevo todos estos años estirando sus límites y esta vez me he pasado de frenada.Ginny bebió también y se mantuvo unos minutos examinando el rostro cansado y ojeroso de su amiga.— ¿Has pensado bien en las consecuencias si lo vuestro se hace público? para ti, para tu carrera política. Es cierto que ellos ya están en la peor situación y parece que es algo que se va a ir relajando, pero estar contigo los volvería a poner en el ojo público y después de eso quizá no volvería a relajarse.— Sí que lo he pensado.— Has luchado mucho para estar ahí, ¿renunciarías a eso por una relación? el Wizengamot tiene potestad para pedir tu dimisión si haces algo que deje en mal lugar al país.Hermione suspiró. Lo sabía, claro que sí. Dejó la taza sobre la mesa y echó las dos manos hacia atrás para quitarse las horquillas muggles que siempre usaba para retener su voluminosa melena en un respetable moño.— Mi mayor lucha ha sido para mostrar mi valía y si los ingleses reducen eso a mis elecciones personales, no se merecen mi tiempo. Ha habido ministros anteriores a mí muy cuestionables a nivel de gobierno con los que no se han metido, pero yo soy una mujer, de origen muggle y joven, desde el principio esas urracas del Wizengamot han tenido argumentos a manos llenas para atacarme.— Ya veo. En ese caso, lo único que necesitas es un plan B. ¿Has hablado con Luna estos días?— Hemos intercambiado mensajes, le escribí para agradecerle sus artículos —respondió con una ceja en alto, queriendo entender por donde iba el pensamiento de su amiga, que lucía su habitual sonrisa enigmática.— Pues si vas a lanzarte de cabeza a esto, deberías contar con ella. Creo que es un buen momento para que la gente de nuestra generación tome su lugar para que esas urracas sean conscientes de que nos deben la paz en la que viven. Somos muchos, déjanos que hablemos todos para defender el derecho a que la vida privada sea privada y no un arma arrojadiza.

Harry tomó El Quisquilloso de la pata de la lechuza con manos un poco temblorosas. Se sentía responsable de haber puesto en marcha esa bola de nieve con la decisión de dejar de ocultarse. La foto de la portada era significativa: en el centro Hermione, a los lados flanqueándola Nott y Malfoy, los tres mirando desafiantes a la cámara. Detrás de ellos un nutrido grupo de personas mirando también a la cámara: desde los profesores de Hogwarts hasta jugadores de quidditch de distintos equipos. Había personas pertenecientes a diferentes profesiones, la mayoría de ellos treintañeros supervivientes de la batalla de Hogwarts. Y otros como Edward Lupin, la familia Weasley al completo, trabajadores del ministerio de magia del equipo de Hermione y, por supuesto, Harry, Ron y Viktor en primera fila. Personas que no solo habían salido en la foto, sino que habían escrito un conjunto de 100 cartas de diferentes longitudes que se publicaban en ese número especial pensado para compensar el efecto de la aparición de Nott y Malfoy acompañando a la ministra Granger en el baile que se había dado en la cumbre de Roma.— La foto ha quedado impresionante —comentó Ron, apoyando la barbilla en su hombro a la par que le abrazaba por la cintura—. Luna ha hecho un gran trabajo.— "Dieciocho órdenes de Merlín, la plantilla de Hogwarts al completo, cuatro secretarios del ministerio de magia, la subdirectora de San Mungo, el jefe del cuerpo de aurores, seis miembros del Wizengamot, y así hasta sumar a cien personas para mostrar que el pueblo inglés no es estúpido y jamás dejaría escapar a la mejor ministra de magia que ha tenido en los últimos ciento cincuenta años por ser una persona con una vida privada. Una vida que es como cualquier otra en la que hay amor y una relación estable..." —leyó en voz alta Harry.Viktor los miró a los dos apoyado contra el mostrador con una taza de café en la mano. Esos dos hombres estaban liderando una pequeña revolución que le había abierto los ojos incluso a él. Estaba enormemente orgulloso de ellos.— El Profeta cuestiona la decisión del Wizengamot acerca de pedir la dimisión de Hermione —les dijo, señalando el otro periódico extendido sobre la mesa—. Y la prensa de otros países —les enseñó la pantalla del móvil en el que llevaba un rato viendo las reacciones gracias a las versiones digitales que se habían ido implementando en los últimos años— está siendo muy crítica también.Ron y Harry lo miraron en silencio.— ¿Qué? —preguntó sin entender esa mirada.— Nada —respondió Ron con una sonrisilla, avanzando hasta él para besarle—. Buenos días.Entonces entendió.— ¿Pensabaís que me había ido?— Dijiste que te quedarías un par de días y van dos semanas, Vik —se acercó también Harry a besarle—. No nos estorbas —le interrumpió, porque se lo leyó en la cara— Solo que con todo lo que ha pasado...— Habría sido lógico que me fuera —completó él—. Aún no sé exactamente que voy a hacer, Harry —le besó la mejilla al ver que el moreno se ponía a preparar el desayuno— pero precisamente con todo lo que está cayendo no podía marcharme sin más. Estamos juntos en esto.Harry dejó la sartén que llevaba en la mano y se volvió hacia él con una gran sonrisa.— Dilo otra vez —le susurró mientras Ron se colocaba alrededor de Viktor.— ¿Que estamos juntos en esto? ¿o que os quiero? eso no lo he dicho, pero tengo la sensación todo el tiempo de que lo llevo escrito en la cara.Ron soltó una carcajada y lo abrazó por la cintura justo antes de que Harry soltara la sartén y los abrazara a los dos.

Pequeño epílogo: la fiesta de la cumbre
Hermione se miró en el espejo con desgana. No había ese día túnica lujosa o maquillaje o peinado elaborado que la hiciera verse bien. Necesitaba volver a casa, la maldita cumbre había sido espantosamente larga e improductiva, meses de trabajo que no habían llevado a ninguna parte, y ella  mientras tanto había estado con la mitad de su hiperactivo cerebro todo el tiempo en Inglaterra.— ¿Estás lista? —le preguntó la voz de Ginny desde el otro lado de la puerta.Suspiró y se dio la vuelta para caminar con seguridad hasta abrirle la puerta. Al otro lado, su amiga llevaba una túnica verde con bordados plateados. Se alegraba infinito de que la organización hubiera invitado a personas influyentes de los países asistentes que vivían en la ciudad, como el matrimonio Zabini.— Vamos allá, cuanto antes llegue antes podré marcharme.— ¿A qué hora es el traslador?— A las seis de la mañana. Un par de conversaciones, una copa, tres canapés y me vuelvo al hotel para intentar dormir.Ginny se limitó a sonreír y tomarla del brazo. La fiesta se celebraba en el ostentoso ministerio de magia italiano, apenas a cinco minutos del piso de su amiga, así que acudieron los tres caminando, Blaise hablando con ligereza de su último viaje de negocios, del que había vuelto esa misma mañana. A Hermione le caía bien el marido de su amiga, seguramente porque a esas alturas de su vida estaba acostumbrada al sentido del humor Slytherin, pero es que además Blaise era encantador y cariñoso, daba muestras continuas de adorar a su amiga incluso después de más de diez años de matrimonio.Entraron a la sala donde se celebraba la fiesta, decorada con ostentoso lujo lleno de dorados y lámparas de araña que inmediatamente a Hermione le hizo comparar con sus propias fiestas en la mansión.— Qué exceso —escuchó comentar a Blaise a su lado—. Luego que el ministerio italiano siempre amenaza ruina, somos estúpidos.— Os gusta aparentar, querido —le recordó su esposa con una sonrisilla—. Los ingleses somos al contrario y pecamos de avaros la mitad de las veces. Menos la aquí presente —codeó a su amiga con una risita—. Aunque claro, ellos pagan las fiestas entre los tres.— Ja, ja. Vamos a tomar esa copa por favor. En media hora necesito que nos saques de aquí, Blaise, acuérdate.— ¿No vas a bailar? —La acompañó hacia la zona donde se servían las bebidas— Vas a tener que socializar algo, ministra.Los dos la escucharon gruñir con claridad justo antes de ponerse una sonrisa y acercarse a saludar a varios colegas. Eso la tuvo distraída un buen rato y no se dio cuenta de que le media hora había pasado de largo, hasta que la orquesta comenzó a tocar y una mano se posó en su brazo y la interrumpió en una charla con la ministra danesa.— Disculpe, ministra Granger, creo que tenemos un baile pendiente.Se volvió con sobresalto hacia la voz suave y vió asombrada a Draco inclinándose hacia ella mientras se llevaba su mano a los labios.— Ehm, sí, claro. Si me disculpa —se despidió de la ministra y se dejó arrastrar por la mano de Draco hasta la pista de baile.— ¿Qué haces aquí? —murmuró mientras la tomaba de la cintura para comenzar a deslizarse por la pista con su habitual habilidad.— Había una invitación, ¿no? la ministra podía llevar acompañante a la fiesta.— Draco —apoyó la frente con cuidado en su hombro con los ojos cerrados— no creo que te puedas imaginar cuanto os he echado de menos.— Como nosotros a ti. Han sido días largos. ¿Has dormido algo? —le preguntó con preocupación.— Soy yo la que debería preguntarte como estás.— Estoy mejor. Potter y yo comimos con Edward hace un par de días, fue muy reconfortante. Nos confirmó que sale con Victorie Weasley, se sonroja igual que Potter cuando habla de ella.Hermione soltó una risita, separando la frente de su hombro.— Gracias por esto.— Dáselas a Blaise, él lo ha organizado todo.Ella desvió la mirada hacia el matrimonio, que los miraba con complicidad mientras bailaban a unos metros.— ¿Y Theo? —preguntó.— Esperando su turno, bailar los tres a la vez esto es complicado.La ministra arqueó las cejas pero no llegó a decir nada porque la canción terminó y otra mano apareció delante de ella para pedir su baile. Conmocionada, aguantando las ganas de llorar, se dejó llevar entre los brazos de Theodore.— ¿Estás bien? —le preguntó en un susurró, besando con disimulo su sien.— No sé ni por dónde empezar. Gracias, cariño.— No las des. Era el siguiente paso. Y esta vez estamos preparados.No preguntó, definitivamente confiaba en que harían las cosas bien, porque la adoraban. Así que se relajó entre sus brazos, inhalando su olor. Y sonrió, porque sus dos amores seguían oliendo igual.

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