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No era la primera vez que Ayato le regalaba algo extraño.  Era normal que en días de trabajo, ninjas llegaran con bocadillos o bebidas “ingeniosas” (para no decir “completamente raras”) o que en los juegos de “Olla Caliente” fuera él quien agregara los ingredientes más inusuales insistiéndole en comerlos.  Sin embargo este era un nuevo nivel de “extraño”, el tipo que lograba que una oleada de calor se extendiera por su rostro y estomago.  En medio de la elegante caja y tela satinada yacía un vestido blanco y negro.  Era corto, lleno de olanes y moños, y aunque fuera suave y ligero al tacto, por las costuras y la elegante envoltura podía deducir que no había sido un atuendo barato, aun así no era menos escandaloso.  Del otro lado de la mesa se encontraba el perpetrador de atrevida broma, quien con una astuta sonrisa lo miraba mientras bebía su té, como si estuviera visualizándolo en tan osada vestimenta.  Thoma sintió un escalofrío por su espalda.  ¿Cuál era el significado de dicho regalo? ¿Qué intentaba comunicarle? ¿Solo era una de sus usuales bromas o tal vez era algo más…? Thoma era consciente de la danza que habían ejecutado los últimos años, el vaivén de intenciones que no se atrevían a hablar por temor a romperlo todo.  Desde sus días de adolescencia, cuando los antiguos Comisionados vivían y el mundo parecía más fácil, Thoma supo que estaba enamorado de él, incluso hubo una época en la que llegó a pensar que Ayato le era recíproco. Sin embargo, las dificultades generadas por la muerte de los señores Kamisato, la ascensión al poder del nuevo Comisionado y los problemas políticos que enfrentaba el Clan hicieron que sentimientos tan innecesarios quedaran enterrados en los deberes de ambos.  No obstante, desde que Inazuma había entrado en una época de paz y prosperidad, sus sentimientos habían resurgido y florecido bellamente como las camelias del jardín.  Ligeros roces de manos al caminar juntos, miradas sugestivas, sonrisas nerviosas e incluso habían empezado a abandonar los honoríficos cuando estaban solos. Volver a llamarlo por su nombre había derrumbado parte de la profesionalidad en la que tantos años se habían escondido.  Ayato recibía con los brazos abiertos cualquier intento de cariño que Thoma le mostrara, incluso los devolvía.  Todavía recordaba como la mañana en que regresó, vio su emoción por el reencuentro reflejada en sus ojos y sin pensarlo se lanzó a sus brazos. Por el contrario de lo esperado, en vez de apartarlo, Ayato le correspondió y lo envolvió aún más en su calor, no importándole las miradas curiosas que habían atraído.  “¿Thoma…?” Tan perdido estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta que Ayato lo llamaba. En el rostro del Comisionado su sonrisa estaba un poco apagada.  “Oh, sí… gracias por el regalo” Thoma esbozó una de sus usuales sonrisas y abrazó el vestido a su pecho, esperó que su rostro no delatara lo avergonzado que se sentía.  “Te pido que me disculpes Thoma, esta vez me he sobrepasado, fue cruel hacerte esto el día de tu cumpleaños…” Ayato hablaba calmado y gentil, sin embargo sentía que algo iba mal. “Puedes devolvérmelo, estoy seguro que me lo podrá cambiar por un verdadero regalo para ti” “Oh no, no se preocupe…” Se apuró a decir, por alguna razón no lo quería dejar ir “Realmente está bien hecho, estoy seguro de que la Señorita Chiori habrá puesto muchos esfuerzos en hacerlo con tanta premura, no sería justo descartarlo de esa forma…” Así que doblándolo cuidadosamente y casi con cariño lo depositó en la caja “Además, tú has sido quien me lo ha regalado, así que lo atesoraré, estoy seguro que le encontraré un buen uso…” Con una sonrisa, reconfortó a Ayato, quien volvía a sonreír como siempre y había recuperado su semblante astuto.  Esa era la única manera en que quería verlo.   '*•.¸♡ ♡¸.•*''*•.¸♡ ♡¸.•*' Sus cumpleaños siempre habían sido discretos, rodeado de sus amigos más importantes y a veces de las otras personas que residían en la Hacienda.  Ese cumpleaños no era la excepción.  Los invitados disfrutaban el fastuoso banquete de delicias de Mondstadt, las risas se escuchaban por todo el lugar mientras los hermanos y cierta persona rubia junto a su acompañante voladora hablaban de su viaje a Fontaine.  Thoma lo podía visualizar tan claramente como una kinografía. Los altos y majestuosos edificios, las flores, la gente, incluso podía recordar el sabor de los bocadillos que le habían traído los hermanos.  Pronto lo invadió un sentimiento de añoranza, añoranza a algo que jamás había conocido. Se preguntaba cómo habrían salido las cosas de ir con ellos.  Servirle café a Ayato en la mañana, disfrutar fiestas de té a su lado, haberles ayudado en la producción del cortometraje, pasear entre los jardines al atardecer y en la noche… Ayato portando uno de esos trajes elegantes de Fontaine, besando delicadamente el interior de su muslo, mientras que él, usando el revelador vestuario que le había regalado, se aferraba a las sedosas sábanas luciendo completamente extasiado.  Sacudió su cabeza ante la explícita imagen mental, no era adecuado que fantaseara con el hombre que ahora le sonreía como si leyera su mente. Carraspeó y se levantó de su asiento.  “Iré a dejar estos trastes a la cocina” Furuta empezó a reprocharle sobre que no lavaría en su cumpleaños, sin embargo solo sonrió y se dirigió a la cocina.  Necesitaba despejarse, salir de la intoxicante mirada de Ayato, disculparse con los cielos por ser tan débil.  Las personas en esa habitación no tenían idea de los momentos secretos compartidos entre Ayato y él, aún así no podía evitar pensar que la sola presencia de Ayato dejaría una profunda y evidente marca en él que sería visible por todos.  No podía permitir que todo se arruinara incluso antes de empezar.   Entonces lo sintió, aquel ligero roce en la parte baja de su espalda que hizo que se curvara y soltara un jadeo de sorpresa. A su lado Ayato lo veía con una sonrisa “No tienes que hacerlo, es tu cumpleaños…” Aunque Ayato seguía intentando que volviera a la fiesta, Thoma no lo escuchaba, en lo único en que podía enfocarse era en cómo la calidez de su toque se esparcía por todo su cuerpo, su estómago hormigueando, su pecho deseando… ¿Cómo era posible que tan ligero contacto hiciera que su cuerpo entero se sintiera imbuido en fuego abrasador? Los labios de Ayato se miraban cercanos y accesibles, tal vez si cerraba la distancia podría… “Thoma…”  Del otro lado de la cocina escucho la voz de la Señorita Ayaka y se separó completamente de Ayato.  Ella también había venido por él.  Acorralado por aquellos dos, no tuvo de otra sino seguirlos, aunque sintiera sus piernas temblar ligeramente.  Cuando se sentó frente a la pequeña Paimon, pensó que por fin estaría a salvo de la cruel fuerza seductora del Comisionado Yashiro, sin embargo este se acomodó a su lado y puso su mano cerca de su cintura.  Silencio y paciencia Silencio y paciencia  Esa fiesta sería eterna ¿no es así?  '*•.¸♡ ♡¸.•*''*•.¸♡ ♡¸.•*' Cuando el último invitado abandonó la Hacienda y la señorita Ayaka se retiró a sus aposentos, Thoma ofreció prepararle un baño a Ayato.  Ayato se había negado al principio pero después de mucha insistencia lo aceptó.  Thoma tenía un plan, y no dejaría que se le escapara de las manos tan fácilmente.  Después de esa tarde de dulce pero tortuoso anhelo y anticipación, se dio cuenta de que no podría vivir sin poner las cartas sobre la mesa.  Necesitaba saber si Ayato lo deseaba tanto como él lo deseaba, si ansiaba desesperadamente que años de contención y frustración terminaran, si… su corazón albergaba el mismo amor.  No. Que Ayato lo amara parecía tan real como alcanzar el brillante cielo estrellado con las manos.  Deseo y amor eran cosas totalmente diferentes. Tal vez él sintiera profundos sentimientos románticos y su corazón ya le perteneciera al joven de cabellos azules y ojos lavanda. Pero eso no significaba que Ayato sintiera lo mismo, tal vez solo necesitaba satisfacer su curiosidad, darse cuenta de que lo que sentía por él era un simple capricho, que era alguien con quien solo pasar el rato… Thoma detuvo sus pensamientos antes de hundirse en sentimientos negativos y arruinar su noche  Tenía un plan, y lo llevaría hasta las últimas consecuencias aún si eso significaba destruir su corazón  Al fin y al cabo ya no podía tener a Ayato solo como Mejor Amigo.  Con delicadeza cepilló su cabello por última vez, esa noche lo dejaría suelto utilizando únicamente la cinta de olanes blancos en su cabeza.  Su reflejo en el espejo volteó a verlo y se ruborizó, un vestuario revelador que llegaba arriba de sus muslos, medias que no eran lo suficientemente largas para ocultar sus largas piernas y una gargantilla negra con un dije que mostraba el emblema Kamisato.  Un aspecto escandaloso, sin duda.  Todavía podía irse, podía correr hasta su cuarto y esconderse hasta que la vergüenza y sus sentimientos murieran. Pero no lo haría.  Estaba de espaldas cuando escuchó la puerta abrirse y a Ayato detenerse en seco.  “Mi Señor…” Las palabras familiares escaparon de su boca sin poder frenarlas mientras lo volteaba a ver.  Se preguntaba si Ayato realmente era quien había caído en su travesura, pues con solo su ligera vestimenta para dormir y su cabello húmedo había logrado dejar a Thoma sin palabras.  Con pasos pausados se aproximó a él, sus manos temblaban por contenerse, aún así logró llegar hasta él sin tropezar.   Podía sentir la intensa mirada de Ayato en él, deseándolo, sus respiraciones eran entrecortadas, los dos ardían en anticipación.  Thoma solo pudo poner su mano en su pecho y logró susurrarle: “He venido a agradecerle por mi regalo de cumpleaños” Entonces lo besó.  Un ligero roce que se intensificaría cuando rodeara su cuello con sus brazos y Ayato atrajera su cuerpo por la cintura.  Una danza de besos necesitados que los arrastró a la cama. Ambos buscándose, ambos alcanzándose.  Realmente era todo lo que había deseado.  10 años… 10 largos y tortuosos años de amar a Ayato en secreto, de soñar con sus labios y brazos.  Entonces Ayato abandonó su boca y besó con lentitud su cuello, Thoma solo pudo suspirar.  Sus manos viajaron a la cinta que mantenía cerrado el Haori del Comisionado y lo desató, revolviéndose entre sus brazos trató de desnudarse.  Sin embargo, la pausa en los besos de Ayato lo hizo detenerse.  Ahora sus ojos entrecerrados miraban la figura que se posaba sobre él y lo enjaulaba en la cama, Ayato con el torso desnudo y brillando a la luz de la luna se veía etéreo, sintió que podría morir allí mismo.  ¿Por qué se detuvo? ¿Por qué no continuaba? ¿Acaso no le había comprado ese vestido con el único propósito de quitárselo?   “M-mi... señor.. por favor…." Suspiró agonizante cuando sintió la mano de Ayato colocar un mechón de cabello delicadamente tras su oreja.  "Thoma..." con voz ronca Ayato suspiró cuando el otro consiguió que sus caderas hicieran fricción "Tienes que decirlo Thoma... no puedes solo entrar en mi recámara así y pretender que te complazca sin que me lo digas..." "M-mi señor… yo…" las palabras de Thoma estaban encerradas en su garganta, sabía lo que quería decir, sabía que necesitaba decirlo, pero le daba miedo que no fuera lo que Ayato esperaba y se apartara para siempre.  Podía decirle que lo necesitaba, que lo anhelaba, que tantos años ansío que lo reclamara como su suyo… pero eso no era lo único que quería, no, él era codicioso… también quería su corazón.  Los ojos de Thoma empezaron a lagrimear, el deseo era abrumador al igual que los sentimientos complicados que amenazaban estallar en su interior.  Ayato pudo reconocer la batalla interna de Thoma y volvió a acariciar su rostro, depositando un beso suave en su frente.  "Thoma… no tienes que forzarte y decir algo que no sientes si no es así… aún así ¿No crees que hemos jugado este juego por mucho tiempo...? No quiero que esta sea una noche más, una experiencia tomada por el calor del momento de la que te arrepentirás por siempre" "Ayato..." Las lágrimas escapaban de sus ojos y aterrizaban en los dedos de Ayato quien las limpiaba con dulzura "Thoma…” Los ojos de Ayato lo miraban con intensidad, como si estuviera de frente a un acantilado y deseara hacer el salto de fé “…te he amado por tantos años que no soportaría despertar y encontrar que al amanecer ya no estás a mi lado…" Las palabras de Ayato se sintieron como ser rescatado en plena caída libre.  Ayato le había dicho que lo amaba… A través de sus lágrimas le sonrió como si hubiera ganado un gran premio, porque así se sentía.   Ya no había nada que temer… porque Ayato lo amaba… Estiró sus brazos y alcanzó su rostro, poniendo todo su corazón en sus palabras  "Te amo Ayato… también te he amado desde hace mucho... desde que llegué a Inazuma y me diste la oportunidad de hacer una vida contigo... jamás podría irme, jamás podría dejarte…Mi corazón, mi alma, mi lealtad, mi cuerpo siempre ha sido tuyo... por favor, no hay que esperar más..." La enorme sonrisa de Ayato podría parar su corazón, así que volvió a besarlo.  Entre suspiros y caricias ambos se enredaron en las sábanas.  Esa noche el Comisionado besó cada parte de él: su rostro, sus manos, su pecho, su abdomen…Desnudándolo con lujuria, el trazo de sus manos se sentía como una quemadura que escribía su nombre en cada pedazo de su cuerpo… Su íntima danza se volvió un secreto a la luz de la luna.  Ayato dejaría su marca en él y las manos temblorosas de Thoma se aferrarían a su espalda, como si intentara fundirse más de lo que ya estaba con él. Que tontos habían sido, esperar tanto tiempo cuando era claro que ambos siempre habían pertenecido al lado del otro.  Cuando los movimientos se ralentizaron y lo único que quedó fueron los jadeos cansados de los dos, Ayato lo atrajo por última vez, besándolo con adoración y acariciando su cabello como una suave brisa.  Estar en sus brazos era sentir la libertad y la eternidad. No necesitaba nada más.    '*•.¸♡ ♡¸.•*'FIN'*•.¸♡ ♡¸.•*'

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