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Canelita y Ron Amargo

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Ashido pasa los dedos con cuidado por el cabello de Bakugō, ella es meticulosa y tan suave como los mechones cenizos todavía húmedos en su palma. Se centra en su tarea pero el rostro relajado y soñoliento de su amigo atrae su mirada una y otra vez al espejo de su tocador; él es hermoso, lo sabe y hay algo en la belleza que parece irradiar tenuemente en los días de lluvia; el resto es brillante, una bomba, pero hoy la energía se le evapora del cuerpo.Ella lo convencerá estos días de secarle el pelo, ponerse mascarillas, pintarse las uñas. Ponerse lindos; Algo que suele hacer con Denki pero esto parece ser más íntimo, más especial. Él deja que lo cuiden, se vuelve manso y totalmente suave. A veces, cuando Bakugō le devuelve el trato y la peina tan bonita, cuando le pinta los labios y le pone sombras brillantes como sabe que le gusta; él solía tomar su rostro y suspirar un beso lleno de calidez en sus labios, con las mejillas espolvoreadas de rosa y el ceño fruncido levemente. Se sintió como agradecimiento, como cariño condensado y un te quiero pintado en la boca.Ella también lo quiere, el calor que se sitúa en los rincones de su corazón y le da esa sensación agradable en el estómago la hace decirle con tanta sinceridad y adoración que lo ama. Pero él ya está suspirando corto y lento, dormido sobre su pecho con el cabello totalmente seco y la lluvia atenuando.Le acaricia el rostro con reverencia, alisando con la punta de sus dedos las líneas tensas que crea su sueño, recorriendo las pequeñas cicatrices hasta que desaparece la incomodidad.Aparta las hebras tersas del camino y le besa la frente apenas en un roce, sus dulces deseos para que las pesadillas no vuelvan a consumirlo por las noches, pero sabiéndolo mejor lo toma en brazos con un poco de dificultad y lo recuesta entre las almohadas de peluche y sus cobertores moteados. Esperando hasta que la noche caiga por completo y sea el turno de Ei para abrazarlo en la oscuridad de su propia habitación.

----- CHAPTER BREAK -----

Observa con nerviosismo el cuerpo tembloroso, espasmódico, perlado de sudor rodeado por una maraña de sábanas y mantas. Sus propias manos se endurecen por pura impotencia, exprimiendo una cantidad innecesaria del gel analgésico.Verlo en ese estado le asusta, los quejidos húmedos son lo único que puede escuchar; al parecer el dolor se ha llevado el llanto. Parte de su rostro contraído y dolorosamente rojo se asoma por las almohadas maltrechas. El rastro de lágrimas en sus mejillas le rompe un poco más el corazón.Camina hacia él casi trotando, encontrándose con una que otra prenda o algo duro bajo sus pies. La habitación es un desastre tanto como su cabeza y sus piernas tropiezan con el borde de la cama, se sube con cuidado, expectante de los movimientos que cree podrían causarle algún roce a la piel sensible.Se acomoda con cuidado sobre Denki, calentando la mezcla en sus manos y posando levemente la punta de los dedos, en su espalda siente la inestabilidad, la electricidad le recorre con pequeñas descargas el antebrazo. Sus propios ojos comienzan a humedecer, vulnerable le promete con la voz rota que no volverá a pedir una sesión de entrenamiento tan intensa.No podría perdonarse si lo vuelve a ver caer de esa forma,  retorciéndose desesperado por respirar y el cuerpo marcado de quemaduras en carne viva.Mismas que ahora están cicatrizadas, formas arborescentes con relieve a las que le desliza las palmas de la mano con lamento, presionando para masajear los músculos debajo de ellas y besando cada uno con sentimiento cuando calma la rigidez de la contractura muscular.La respiración le falla cuando pequeños y finos dedos se envuelven en su muñeca, deteniendo los movimientos que ejerce en sus hombros, su corazón traquetea incontrolable cuando deja pequeños besitos de labios secos en aquel lugar; pidiendo que le perdone de igual manera, pues él sabe que la zona en la que su boca descansa dejó quemaduras ahora casi imperceptibles.Pero no fue su culpa, Denki no insistió. No puede perdonar algo que él mismo cometió.—Está bien, Kiri— le dice con la voz entrecortada—. Estoy bien. No es tu culpa.Y él se permite llorar en silencio.Con el corazón roto de dolor, de amor y una sensación vertiginosa que le revuelve el estómago.

----- CHAPTER BREAK -----

—Te amo.—Lo sé.—¿No me amas también? Se supone que tienes que devolver el te amo.—Ya hemos hablado de esto. Muchas veces. Sabes que no puedo, Denki, no te puedo mentir todos los días.Y él lo sabe, han comenzado esta cosa que no saben nombrar desde hace ya demasiado tiempo. Tanto que ha olvidado todas las veces que recorrió su piel con las manos, con la lengua, los dientes, los labios. Todo el cuerpo lo ha usado para grabarse la suavidad al tacto de su piel rosada, de sus caderas rotando en su pelvis, ha olvidado la adrenalina de algo que se supone no debería hacer. Ha olvidado que sus te amo no son de verdad, que su cariño de terciopelo no es más que eso, que el fuego en el que se envuelven es solo la combustión del momento. Él sabe que lo desea, que los suspiros extasiados no son solo suyos, que sus cuerpos son transpiración de hidromiel.Y todas esas veces le pidió perdón al tipo con el que salía en la cumbre de su excitación de sus cuerpos en fricción.Él la desea, la ama o eso cree, el pecho se le aprieta desagradablemente cuando sus labios pintados se acercan al oído de ese tipo y los escucha susurrar palabras melosas y coqueteos de manos jugando en las piernas del otro. Odia eso porque es tan parecido cuando ella lo toma de la gargantilla y lo usa para impulsarse hacia el tirón involuntario de su cadera, calentándole la carne con sus jadeos y la forma en la que su sedosidad se envuelve por completo en él, sacándole el aire a mordiscos de los labios.Mina sabe bien cuando su sabor se combina con el suyo, el cítrico y el almizcle es suave y pesado al gusto, el tipo de néctar que te vuelve loco. Espera que su novio lo sepa.Pero sobre todo, él desea tocar su piel por más tiempo, deteniéndose más de lo necesario con las manos a los costados de su cara y los dedos rozando los pequeños rizos de su nuca, los pulgares mimando sus mofletes sonrojados y pasando por sus párpados apenas haciendo contacto con sus pestañas de morpho anaxibia; el tiempo es limitado y los días se acortan sin su presencia o en la intimidad de su habitación donde nada es suficiente.Ella se mezcla con las luces cambiantes de las fiestas, bailando etérea con movimientos de humo se desvanece en sus sueños donde la respira y su solidez se derrite en agua de rosas inolora.La sueña eternamente con matices tristes y pasiones de colores que nunca contrastan con el amarillo líquido en el que se convierte.

----- CHAPTER BREAK -----

Hay algo en sus ojos de oro liquido que lo atormentan, fundiendo los sueños con su realidad inherente e iluminando la oscuridad envolvente que alguna vez él describió que era. Algunas veces puede jurar que lo tiene en frente y los espirales del porro no hacen más que difuminar la realidad de su entorno, puede sentir el hormigueo de su toque firme, sus besos de mariposa en la mejilla o la especial atención que le daba a sus manos y brazos; otras tantas siente las mordidas sobre su carne, su lengua suave recorriendo hematomas como bálsamo para el dolor. Pero su mirada, eléctrica en su interior, lo tiene inmóvil; le pesa en el alma y en el bolsillo trasero de su pantalón.Kaminari era la persona que más extrañaba y también la que deseaba tener lo más alejada posible, por esa razón no lo detuvo de hacer las maletas a primera hora de la mañana para tomar un vuelo a Chicago donde lo esperaba su actual pareja, pues hace ya casi tres años de ello.Él lucha contra la cobardía y el ansia de perder la llamada, tratando de no sobre pensar un significado inexistente. No era por hacerse daño, no era porque quisiera que su ilusión se hiciera realidad; era, más bien, el cierre que necesitaba porque después de responder el teléfono borrará su contacto y tal vez, tan solo tal vez, podrá empezar de nuevo.—Hanta.—Kaminari—. Escuchar su voz solo una vez más lo hizo vacilar, una inquietud que se arrulla en la risa nerviosa al otro lado de la línea.Hay algo suave en su pecho que se aprieta en toda la conversación, algo desagradable que corroe su mente y mentiras incontrolables que se sienten como el ácido, que le sube por la garganta como la billis. Lo único que pudo reunir con total sinceridad fue un simple "adiós y que te vaya bien". Y, en completa soledad, con el atisbo que es su mirada cual cauce de luz, se permite darse un respiro bien merecido. Ignorando los recuerdos que ese apartamento ha guardo recelosamente. Doblando la última de sus camisetas en su propia maleta, se decidió a finalmente a salir de allí sin mirar atrás con toda la fuerza de voluntad que le quedaba.

----- CHAPTER BREAK -----

No se le concede el lujo de tener el sueño pesado, a ninguna chica de Creati en realidad, por mucho que sea la favorita de su señora; sin embargo, es constantemente atraída por un sueño sin sueños, la calma efímera que se crea en la oscuridad de largas sombras lamiendo el suelo por luces parpadeantes de neón y el suave retumbar de la música en las paredes convexas donde todas duermen.Está navegando entre la nebulosa de la inconsciencia, sabiendo que pronto las luces se encenderán como una constante para retocar su maquillaje de tonos violáceos y estar lista para los clientes. En lo cóncavo que crea el hueso de su cadera siente las uñas largas tantear el borde de su falda corta; Mina, la chica que llegó al burdel al mismo tiempo que ella, está despierta y como siempre le da los buenos días antes de la llamada para poder prepararla de la jornada completa. Ella desliza caminos multicolores por sus muslos hasta el pliegue entre sus piernas y las separa con cuidado, acariciando sobre la delgada tanga que cubre su intimidad, suspirando al ras de su oreja donde se encuentra un tatuaje similar al suyo y succionando la piel en la curva sutil de su garganta, ella presiona sus pechos casi desnudos en su espalda. Se deja hacer en sus brazos, demasiado cansada para poder hacer algo, débilmente se siente ser reposicionada en ambos futones y una presencia sobre ella que la maneja para apartar sus ropas solo un poco, para no mancharlas por completo.Puede sentir cómo baja entre sus piernas; juega a trazar formas sin fin con la lengua sobre las líneas marcadas de sus costillas donde la piel se estira más fina, descansando en la planura de su esternón donde los pequeños pigmentos de lunares son abusados a su disfrute y el relieve de su pecho es tomado entre sus dedos para estimular el botón entre ellos. Se tensa cuando el deslizamiento casual de su brazo se engancha a su cintura y poco después, perezoso se acerca a ahuecar su sexo, tocando superficialmente sus labios afelpados que de a poco se humedecen con sus fluidos.Se hace temblorosa con los puntos sensibles que Mina conoce tan bien de su cuerpo, no puede ignorar lo bien que se siente que la toquen con tanta calma y sintiéndose más como una persona, no como la chica desechable de un burdel que nunca se siente bien en la intimidad. Esta madrugada es Kyōka, no Jack. No la puta favorita de Creati, no la muñeca de algún cliente. Al menos puede elegir a Mina en esto.Un solo toque de los rizos esponjosos en su entrepierna le pone la piel de gallina, la respiración humada ocasiona escalofríos a su columna que se arquea cuando chupa el capullo de nervios y se siente gotear en su boca que toma gustosa. Abre las piernas como una mariposa para dejarse expuesta completamente cuando Mina desliza dos dedos en su cavidad. Completamente despierta, mordiéndose los labios para callarse y el chapoteo escondido por el ruido del exterior, chorrea sobre su boca.La toma por el cabello cuando la sobreestimulación hace de su cuerpo una masilla espasmódica y temblorosa de jadeos pesados. Ella parece no querer parar ni soltarla cuando trata de alejarse, la patea un poco y la jala hacia ella, sus caderas incontenibles moviéndose sobre el charco debajo de sus glúteos, y la besa con dientes lastimando sus labios de chicle, recorriendo el interior de su boca donde se saborea a sí misma y resulta ser de un calor abrasador como el que todavía siente como un nudo. Le permite trazar mapas inexactos debajo de su estomago y los huesos que sobresalen allí sabiendo que trata de calmarla del trozo de sensaciones que la dejan letárgica.Se quedan un momento así, con la luna bañando ahora sus pieles sudorosas. Antes de que vengan a llamarlas, antes de que Jack marchara a satisfacer a Creati como lo había hecho Mina con ella, aunque sin sentimiento, antes de que diversos cuerpos sin rostro la encadenaran y racimos de heridas violentas salpicaran su cuerpo, antes de que nuevas ampollas de calor sustituyan las viejas en la espalda de Mina y haya un nuevo collar de hematomas pintando su cuello.Antes de que deseen evaporarse juntas.

----- CHAPTER BREAK -----

hilos despedazados de sangre muerta,

rayos de tiempo en retroceso,

calor ahogado de fría ausencia,

sueños de infancia en olvido,

alma de palabras insípidas y

melodías en pausa atrapadas en cuerpos desdibujados,

voces al viento que murmuran anhelos y

tinta que desnuda cariños sobre memorias de papel.
 
amanecer púrpura de un cuerpo inerte,

destellos de labios en media luna,

ecos de sirenas en reversa,

humedales y melancolía a los pies,

sombra de salsa seco en transparencia,

nubes tornasol cargadas de líquido agrio y

ojos opacos en lejanía de melancolía,

pájaros hambrientos de sentimientos de un espectro.
 
brota lágrimas el carmesí,

carencia de luz que alimenta el abismo,

eclipse eterno de sensaciones en extinción,

pesadillas de un rostro desvanecido y

mitad del alma perdida donde anida soledad

que echan raíces al deceso.
  Su respiración se ataca en vapores opacos que empañan el vidrio donde dibuja media lunas con la punta del dedo, iluminadas apenas por la luz de las farolas. Se acomoda en el respaldo de la silla sin despegar la mirada de la ventana, tratando de calcular el tiempo para su primera hora de clase pues no hay más que oscuridad; temprano en la mañana hace frío y hace jirones la bufanda descolorida para encontrar un calor en especial que hace mucho se ha perdido.Hay un ruido sordo en estática, su mente se vuelve confusa cuando se pierde en sí mismo. Detrás de sus párpados hay colores vivos que revuelven su estómago y humedecen sus lagrimales, hay voces en su cabeza tan reales como difusas; risas aniñadas, peleas de espadas con palitos de madera, presentes de insectos muertos y promesas para toda una vida.Cuando tiene esos impulsos se dedica a escribir ya leerse, no importa si toma horas o si cuesta trabajo pensar que es realidad, su realidad. Una que se vuelve fantástica pues el miedo hace de él el más cobarde, atemorizado de exponer los secretos de su pasado y deseos.No hay nadie. Nadie en el salón, nadie a su lado, nadie en su interior. Su vida está vacía, muerta junto con Beth que cada día solo se desvanece más y más, se siente culpable y solo, amargado con su existencia y enojado con el mundo, con su sangre y la de él.Hay algo que no le permite tomar aire, no le permite avanzar y dejar todo atrás. Quiere decir que es él, que le hace tanta falta que el hueco con que lo ha dejado no se cierra.Entonces, como es costumbre desde aquel día. Se perdía escribiendo en sus ratos libres, recostado sobre el pupitre con la mirada borrosa, cada palabra la trabajaba con cuidado, con desespero, buscando en sus letras su sonrisa de luna creciente de brillo estelar.Es invierno y la bufanda que compartían no calienta, hace tanto, tanto frío pero apenas se frote las manos recordará cómo entrelazaban sus dedos de puro capricho, dejando sus corazones al descubierto en días nevados.Seguía escribiendo, le seguía esperando.En su habitación bajo la cama, en montones de cajas de zapatos, al fondo de su armario y en casi todos sus cuadernos hay millas de notas, cartas y libretas que nadan en mares de tiempo cortos y pausados, solo para encontrar una vez más, para anhelar sus afectos y el cariño infinito que sabe no se merece.Porque recordarlo tanto desgastó su memoria y lo único que queda son toques ya helados, cercanía fría de tiempo y sangrante de presencia. Donde la necesidad visceral desgarra su interior.Pues por más que quisiera, las historias siguen siendo historias. Una tan suya que fue, que es; que ahora solo las páginas desgastadas guardan personajes de su imaginación.
— ¿Quién está ahí?

—Es Bakugō.

— Seguro está suspirando de nuevo contra la ventana. Hombre, me tiene harto, cada que lo veo me deprimo.

— ¿Por qué hace eso todas las mañanas?

— Bueno, tengo un amigo que fue a la misma escuela secundaria que él, dijo que su amigo de la infancia se suicidó. Al parecer el tipo era de esos, ya sabes, raritos. Creo que hoy es el aniversario de su fallecimiento o eso escuché.
No le importaban los susurros, ya no. Hace años que dejó de pelear con todos, hasta consigo mismo. Los días son los mismos, llenos de monotonía e imágenes oníricas que se pudren, llenos de odios y confesiones jamás dichas. Secretos lavados por viento y lágrimas falsas.Porque a quien más odia después de sí mismo es la familia de Eijirō. Una comunidad religiosa estricta, cerrada en pensamientos que llevaron a su hijo al punto de quietud, llenando su cabeza de mentiras que acordaron con su propia madre; donde lo matan después de un largo viaje y haciéndole ver que un hombre no puede amar a otro hombre como se hace con una mujer.Lo fragmentaron y aún después de recoger su cuerpo del sauce de su infancia, aún así, hablaron de él cuando obtuvieron lo que deseaban: no tenerlo cerca.Se olvidaron del amor que les tenía como parte de sí mismo, de sus dulces deseos y del niño al que criaron como suyo. Todo lo reemplazaron por repulsión, alguien desconocido, un degenerado. Hablaron de él tanto como fuera posible. Como si tuvieran el maldito derecho, como si no lo hubieran tenido de frente; pálido, en suspensión, con esa mirada tan triste y perdida.Sus últimas palabras fueron un "te amo" para él y para todos.

----- CHAPTER BREAK -----

Le gusta viajar en tren por la madrugada, fascinado de presenciar el amanecer donde los rayos del sol traspasan los vidrios empañados. No haciendo más que bosques de cuerpos pasajeros y destellos de objetos inanimados con grafito, hasta la llegada de Kirishima.Toman el mismo rumbo pues la facultad de artes es vecina de la facultad de música, se conocieron por esa razón y también porque ese día se decidió a llevar los brazos descubiertos, donde la tinta se extiende interminable aún por debajo de la tela; diseños propios que el desconocido recorrió cada segundo con su mirada impenetrable.Ese día se enamoró de un tipo obsesionado con el ejercicio que tararea melodías sin letra e improvisa canciones que susurra sobre su piel como historias para las imágenes que solo fueron creadas para ser observadas, inconsciente del efecto que tiene sobre él. Al igual que sin previo aviso, encontró la inspiración en su sonrisa afilada y su mirada de tonalidades rojizas que dejan su alma traslúcida.Son conocidos que no han tenido la oportunidad de interactuar fuera de las paredes metálicas y hablar de nada más que las artes que los componen o, como hoy, que no hablan de nada concentrados en otras cosas pero conscientes del otro. Él toma sus oleos, no importa el movimiento, la incomodidad o la gente que se empieza a amontonar en los asientos libres; desea con todo su ser plasmar el momento ante sus ojos, deslizar el pincel en el boceto con trazos imprecisos de colores que simulan una tez atezada, darle vida a la arruga en su entrecejo con el complejo de pensamientos que se arremolinan en esa simple acción, la fuerza de sus músculos flexionados que sostienen un libro en posición oblicua, la confusión en sus ojos ausentes que de vez en cuando se encuentra con los suyos y se acumulan en nerviosismo que disimula con una sonrisa temblorosa de luz solar y nubes rosas de atardecer que se esparcen en sus mejillas. Es sensible, se siente expuesto a sus anhelos con cada pincelada y los nervios en su cuerpo hormiguean cuando jura que puede sentir el calor de otro cuerpo en sus dedos que se limitan a combinar pinturas, preso de la línea imaginaria que hay entre ellos y deseando mucho más que la textura de una obra terminada.Se desliza en su asiento, impresionado del cambio de la luz que simula un halo sobre sus cabellos fluviales sangrientos de raíz oscura que caen en sus hombros, marcando sus ojos rasgados de pupilas dilatadas. Es cegador, en realidad. Hay algo que le debilita las rodillas y le acorta la respiración en una llamada desde el pecho; no sabe si es por la inclinación de sus labios en un puchero, su manzana de Adán en movimiento pausado, músculos faciales contraídos, o quizás palabras cubiertas de miel en armonía con el retumbar de cuerdas vocales que apenas y logra distinguir entre la multitud.Canción que baila en bullicio de conversaciones diluidas entre sí y el inconfundible sonido de las vías del tren. Esa que habla de tinta negra y té verde, de una mirada tranquila y sonrisas coquetas, de pinturas vivas y letras memorizadas a pie de página.

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