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La Marca del Leon

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James Potter no era el único en la multitud; sin embargo, era el más joven. Observaba cada detalle con asombro y escuchaba las persuasivas palabras del mago con mucha atención. Él tenía razón, por Merlín. ¿Por qué nadie podía verlo desde su perspectiva?, se preguntaba antes de recordar que era sangre pura. Sólo ellos tenían la verdadera magia corriendo por sus venas, sólo ellos tenían derecho a ser magos y brujas. Ni siquiera los mestizos o en el peor de los casos, los muggles.—Únanse a mí, verdaderos portadores de magia. -La persuasiva voz del mago era hipnotizante como escalofriante. —Limpiemos nuestra historia borrando todo impuro que envenena nuestra sociedad.Los magos oyentes alzaron sus varitas para mostrarle su apoyo, de ellas salía humo grisáceo que formaba una gran calavera arriba de sus cabezas. El espectáculo brillaba ante los ojos de Potter, inconscientemente sonrió alzando su varita a pesar de que no era miembro. En cuanto se enteró de que Voldemort haría una reunión, no tardó en salir de su hogar con una túnica puesta para cubrir su cabeza. No podía acudir a ese tipo de reuniones porque era estudiante y aunque sólo le faltaba un año, James no podía esperar a obtener la marca tenebrosa. Era lo que más anhelaba, desde pequeño creía que los sangre pura como él merecían ser tratados con superioridad. Su padre Fleamont se hacía cargo de recordárselo cada vez que veían a un muggle en la calle. Su madre Euphemia, por otro lado, no soportaba verlos disfrutar de su privilegio mágico. La familia Potter era parte de los sagrados veintiocho, los sangre pura. Ellos jamás le darían la espalda a las demás familias como algunos desertores, como los Weasley o Lovegood que prefirieron abandonar a su raza por unos humanos sin magia. Incluso al pensarlo, le provocaba náuseas.—Acérquense para reafirmar su lealtad, mis mortífagos. -Pronunció el mago de ojos rojos haciendo un énfasis en la última palabra.Sus ojos brillaron ante la idea de obtener la marca. Se imaginó como el mejor de su ejército, tenía habilidad para la comunicación, podía conversar con cualquier ser mágico o no para su antojo. Podía manipular sin que se diera cuenta el otro sujeto, e incluso podía persuadirlo y en el peor de los casos, presionarlo para obtener lo que quisiera. Pero no solo resaltaba por ello, era muy inteligente, carismático y tenía una gran talento con su varita mágica. Su narcisismo lo cegaba completamente, además era un Potter y pertenecía a la casa de las serpientes. Pensó en los beneficios que podría obtener, sería el mortífago más joven del ejército y aquello le daba puntos. Si tan sólo no fuera un estudiante…se lo prometió a sus padres después de todo, acabar sus estudios antes de ser parte del ejército más grande del mundo. Jamás rompía una promesa, era su lema. ¿Cómo podía hacer que confiaran en él si rompía su palabra?Antes de que algún mago pudiera moverse, en un abrir y cerrar de ojos explotó una de las paredes del salón de la reunión, dejando entrar a los aurores. Voldemort enseguida desapareció junto con sus más leales mortífagos. Algunos de los magos combatieron a los aurores, mientras que los demás empezaron a desaparecer por cada segundo que transcurría. James corrió por el pasillo más cercano a una de las salidas, no dominaba el encantamiento de desaparición aún. Su corazón latía con fuerza al sentir la adrenalina de no ser descubierto. Para su suerte ninguno de los aurores le prestó atención. Huir de una pelea no era su estilo, pero no estaba acostumbrado a situaciones peligrosas. Sus padres lo castigarían si se enteraban que había ido a una reunión del Señor Oscuro.—¡Detente! -Un auror le lanzó un hechizo que casi lo interceptó. Pero él siguió corriendo, ignorando los llamados de la autoridad. —¡Te he dicho que te detengas!Potter corrió sin antes lanzarle unos cuantos hechizos para desarmar al auror. Sabía que no podía derrotarlo en batalla, pero su ego y arrogancia le hacían creer lo contrario. Se giró para lanzar otro hechizo hasta que alguien lo jaló del brazo. Todo a su alrededor se distorsionó con rapidez. La poca iluminación grisácea se volvió anaranjada, el piso ya no era liso, el olor húmedo había desaparecido junto con los mortífagos y aurores…ya no estaba en el pasillo del salón de reuniones, sino en un rincón de la ciudad, alejado de Londres a su perspectiva. Lo sabía por la nitidez que poco a poco fue visible para sus ojos. Se había teletransportado a otro lugar.No estaba sorprendido, pero estaba aterrado. Jamás había convivido con un mortífago real y aquello podía perjudicarlo. —¿Quién eres? -Sacó su varita apuntando a la figura misteriosa que tenía enfrente. —¿Por qué me trajiste aquí?, ¿dónde estamos?—Estás muy lejos de casa. -Respondió la figura con un acento francés. Su voz femenina provocó que levantara una ceja con curiosidad.—Eso no fue lo que pregunté. -Respondió con valentía apretando el agarre de su varita, si tenía que asesinar para defenderse lo haría sin pensarlo. No podía ver el rostro de la figura porque estaba cubierto por la capucha de la túnica extrañamente elegante.—Tú eres James Potter, ¿no es así? -Preguntó la bruja acercándose a él, su tono tranquilo no le gustó para nada. —Puedo conseguir lo que tu quieras a cambio de algo.Aquello era interesante, no solo porque la misteriosa figura femenina supiera su nombre, sino por la propuesta que estaba a punto de escuchar. Una parte de él quería huir, pero su ambición no lo dejó pensar con claridad. Era uno de los defectos que reconocía que tenía, su impulsividad podía ser bastante peligrosa. Bajó su varita para escuchar a la bruja, esta reveló su rostro revelando su identidad, no pudo evitar abrir los ojos al ver de quién se trataba. No lo esperaba. Usualmente hacía tratos con alumnos, pero jamás con adultos.—Si tiene que ver con…—Necesito que mi hijo regrese a casa. -Lo interrumpió ella sin apartarle la mirada de encima, confundiendo aún más a James. —Haz que mi hijo regrese a casa y te daré lo que quieras.Potter pensó muy bien sus palabras antes de continuar. —¿Y porqué debería ayudarle?, ¿por qué cree que puedo hacer cambiar la opinión de un…?—No lo digas. -Lo interrumpió la bruja con un tono frío, a pesar de ello, seguía siendo una madre. —Sólo quiero que regrese, es su deber reclamar lo que le pertenece. Me han hablado bien de ti, sólo tú puedes ayudarme.James analizó la petición de la bruja con rapidez. —Me halaga que me haya buscado para pedirme ayuda, pero me temo que no podré hacerlo. -Respondió con cierta arrogancia. —Además no creo que el regreso de su hijo valga lo que yo deseo, sin mencionar que usted lo puede hacer sin ayuda de un estudiante.—No creo que por tu cuenta puedas llegar a ser mortífago, eres demasiado joven. -Contestó la bruja con frialdad, acercándose lentamente a James haciéndolo sin despegar la mirada de él. — ¿Por qué quieres ser un mortífago?, solo eres un niño mimado que lo tiene todo. ¿Acaso quieres ser diferente?, ¿estás en una etapa de rebeldía?, ¿realmente entiendes lo que conlleva ser un mortífago? El señor oscuro necesita magos con experiencia en su ejército, no niños arrogantes que no tienen el valor de mostrar su rostro.Si había algo que enfurecía a James Potter era que lo llamaran cobarde. Ella lo juzgaba tontamente, no le diría sus razones, pero tampoco podía estimarlo de esa manera. Apretó su varita con fuerza conforme controlaba sus emociones. —Al menos yo no tengo que recurrir a la ayuda de un niño para recuperar a un traidor de sangre.En un abrir y cerrar de ojos se encontró pegado a la pared, su varita estaba a pocos metros de él. La bruja sostenía su pecho y apuntaba su varita al pecho del mago. Potter no tardó en sentir el dolor en su cuerpo. Había elegido mal sus palabras.—Mi hijo no es un traidor de sangre. Sólo se ha dejado influenciar por los sangres sucias. -El acento marcado de la bruja lo intimidó un poco. —Sólo tengo que pronunciar unas bellas palabras para que sueñes profundamente, Potter. Sería una lástima para tus padres perder a su único hijo porque no usó correctamente su pequeño cerebro.No tenía muchas opciones, si se negaba la bruja no lo asesinaría, lo sabía por la mirada de la mujer. Sólo era una madre que quería a su hijo de vuelta. —¿Y cómo cree que pueda ayudarle?, si no le han informado, no le…—Quiero a mi hijo de vuelta, Potter. -La bruja presionó su varita contra el pecho del mago. —No sé cómo le harás, no me importa lo que tengas que hacer, pero harás que vuelva a mi. Te ofrezco algo muy sencillo para darte lo que quieres. Yo tengo mucho que perder a cambio de ti, pero sé que valdrá la pena en cuanto mi hijo vuelva conmigo.James escuchaba atentamente sus palabras. ¿Qué tan lejos podría llegar una madre para recuperar a su hijo, arriesgar su vida para convertirlo en mortífago? —¿Cómo sé cumplirá su palabra?, ha dicho usted misma que es algo muy sencillo lo que me pide.La bruja entrecerró sus ojos como si analizará sus palabras. Lentamente se alejó del otro dando unos pasos hacia atrás para mirarlo frente a frente. —¿Conoces lo que es un juramento?Potter abrió sus ojos con sorpresa, el juramento inquebrantable era el contrato mágico más peligroso que existía. Si uno de los dos involucrados no cumplía el juramento, moría. Había leído historias de las víctimas de aquel tipo de juramento durante su tiempo libre y todas ellas lo aterraron. La bruja debía estar completamente desesperada por llegar hasta ese punto.—No conozco bien a su hijo y tiene que saber que no le agradó, y no me agrada. -Respondió con un poco de nervios, aclarando las cosas. —Yo soy todo lo que su hijo odia, no creo poder fácilmente cumplir lo que me pide.La mirada de la bruja era indiferente. —¿Quieres ser un mortífago o no?Era todo lo que James quería. Su arrogancia lo orillaba a impresionar a Voldemort por su cuenta, pero su ambición era más fuerte. ¿Cómo podía rechazar lo que deseaba si se lo ofrecían en bandeja de plata? Era un tonto si no lo aceptaba. Su ego lo convenció de cumplir fácilmente la petición de la bruja e incluso sonrió al imaginarse con la marca tenebrosa tatuada en su antebrazo.—Establezcamos unas consideraciones antes de llegar a un acuerdo. -Dijo él alzando la cabeza, recibiendo un acierto de la bruja. —No quiero que se defina fecha para cumplir lo que me pide. Su hijo será difícil de persuadir.La bruja alzó una ceja con curiosidad. —No me gustaría esperar mucho, joven Potter. Quisiera que él volviera antes de Navidad.—Es muy apresurado, tal vez podría convencerlo antes de que se acabe el ciclo escolar.—Me parece bien. -Respondió ella. —¿Es tú única condición?—No, quisiera que nos mantengamos informados de nuestro mutuo acuerdo…-James dio un paso al frente retando a la bruja. —Para saber que el otro no está fallando su parte del trato.La mujer sonrió levemente. —Estoy de acuerdo contigo. Ahora mis condiciones…-Ella elegantemente dio algunos pasos. —No quiero que lo convenzas de regresar por medio de algún maleficio, ni amenaza. Si me entero que le has hecho daño, yo misma te mataré, ¿oíste? Si eres tan bueno persuadiendo como dice Regulus entonces no tendrás porque decepcionarme, así como no te decepcionaré si cumples.James alzó una ceja con una sonrisa arrogante. —¿Eso dijo Regulus?—Confío en su juicio. -La mujer se detuvo para mirarlo con extrañeza. —Entonces, ¿acepta, joven Potter?El mago frunció sus cejas analizando lo que quería decir, ningún detalle que pudiera perjudicarlo podía escapársele. —Hay otra condición que quisiera agregar.—Lo escucho.—Nadie debe de enterarse de esto, ni ahora, ni nunca, ni cuando hayamos cumplido nuestro juramento. No se lo diremos a nadie, ni siquiera mencionarlo. Esto que estamos haciendo usted y yo, jamás pasó.La mujer sonrió fríamente a pesar de qje parecía estar divirtiéndose ante las palabras del estudiante. —Qué astuto eres, joven Potter. Es tú primer juramento inquebrantable, ¿no es así?, bien acepto.—Hagámoslo entonces. -James extendió su brazo y sacó su varita esperando a que la mujer hiciera lo mismo; sin embargo, ella chasqueó sus dedos con elegancia y a su lado apareció la figura de un hombre.—Mi marido lanzará el hechizo, si no te molesta él será el único que sepa de este pequeño trato. -Comentó ella observando cómo su marido sacaba su varita.—No nos va a fallar, ¿o si? -La voz del hombre era profunda y fría, llevaba una túnica parecida a la de la mujer, pero este tenía el rostro descubierto. No corrían peligro de que alguien los viera, estaban a las afueras de la ciudad.—No, no lo hará. -La bruja extendió su mano hacia James acercándose a él.En cuanto sus manos se tocaron, las subieron hasta el antebrazo del otro sin dejar de mirarse. El hombre lanzó el conjuro hacia ellos, de su varita se desprendió una víbora translúcida color escarlata que rodeaba sus manos, por cada centímetro de piel que recorría, James sentía un poco de dolor. Pero ya no podía arrepentirse, era demasiado tarde.—Tú, Walburga Black, -La voz del mago, Orion Black, era fuerte. — harás que James Potter sea un miembro oficial de los seguidores del Señor Oscuro.—Lo juro. -Walburga apretó un poco su agarré afirmando su determinación.—Walburga Black, convertirás a James Potter en un mortífago de acuerdo a tu palabra.—Lo juro.—Walburga Black, no comentarás del acuerdo con James Potter, ni hablaras de ello a pesar de que tu vida dependiera de ello.Las últimas palabras lo intimidaron un poco. —Lo juro.La serpiente apretó un poco su agarre provocando que James ocultara su mueca de dolor. Orion Black se paró al lado de su esposa para mirarlo fijamente, su mirada era igual de pesada como la de su esposa.—Tú, James Potter, serás el responsable del regreso de nuestro primogénito y heredero de la fortuna Black, Sirius Black, a la ancestral y noble casa de los Black. Su hogar.—Lo juro.La serpiente enroscada apretó su agarre.—James Potter, por ningún motivo usarás un conjuro que implique lastimar a Sirius Black en su regreso a la ancestral y noble casa de los Black.Se maldijo por dentro. —Lo juro.—James Potter, no comentarás del acuerdo con Walburga Black, ni hablarás de ello a pesar de que tu vida dependiera de ello.—Lo juro.La serpiente rojiza apretó su agarre una vez más brillando con intensidad, hasta que fue desapareciendo lentamente de su vista. Ambos alejaron sus manos del otro. El juramento estaba hecho.—Espero que haya valido la pena hacer un trato contigo. -Comentó Walburga agarrando el brazo de su marido.James sonrió, su último año escolar no sería aburrido como había pensado. Tenía mucho que hacer y que planear. Sería interesante y hasta cierto punto desafiante. Sirius Black sería su mayor reto y él amaba los retos.

----- CHAPTER BREAK -----

Sirius Black escuchaba a sus amigos sin comentar nada al respecto, era extraño verlo de esa manera. Él era el principal alborotador de la casa Gryffindor, debía de estar haciendo ruido en el comedor junto con sus amigos, pero él estaba enfocado en el periódico que leía. —¿Qué lees, Sirius? Black alzó la mirada al escuchar la voz de uno de sus amigos, dejando la página que leía en la mesa. En ella había una imagen de un hombre sonriente que era escoltado por dos aurores, el protagonista de la foto era un mortífago, uno de los pocos amigos de su familia.—Nada en especial, atraparon a otro mortífago.Carraspeó cambiando de tema, pretendiendo que le ponía atención a sus amigos. Últimamente le habían estado llamando la atención las noticias con títulos amarillistas de los periódicos mágicos, tal vez había sido culpa de su tío Alphard, que durante el verano había estado escribiendo para el Profeta y acomodando fotos que sus trabajadores le enviaban. Sirius conocía a cada uno de ellos, su familia lo había obligado a aprenderse cada uno de sus nombres para poder hacer negocios con ellos en un futuro que ahora era inexistente desde que los abandonó y empezó a vivir con su tío un verano antes de empezar el sexto año de Hogwarts. A veces, cuando se aislaba en sus pensamientos, imaginaba ver a algún miembro de los Black en la portada de algún periódico, aunque solamente a los más jóvenes a excepción de Andrómeda,que fue la primera en abandonar a su familia por amor, sus padres y tíos cuidaban demasiado su reputación. Sus primas Bellatrix y Narcissa eran más probables de convertirse en mortífago, más Bellatrix que Narcissa, y su hermano menor Regulus. Frunció el ceño levemente al pensar en el último. Regulus había cambiado desde que fue sorteado en la casa de las serpientes y para empeorarlo, pertenecía a la pandilla de los Slytherin que creían en la supremacía de sangre. Odiaba a cada miembro de ese grupo, ya que eran todo lo que él detestaba.—Ya es hora de irnos, será mejor que empecemos a caminar si no queremos llegar tarde. -Comentó Remus Lupin, su amigo con cicatrices.Se levantó de su asiento para irse con sus amigos, compuesto por Remus “Moony, el licántropo”, Peter Pettigrew “Wormtail, su seguidor” y Lily Evans “La flor verde”. Era un extraño grupo, pero a la vez muy popular, ya que un sangre pura, dos mestizos y una muggle no era muy común que fueran amigos. Cada uno tenía un rol, Lily era la Premio Anual, Remus era el querido de los profesores, Peter era el que pedía ayuda a sus amigos para aprobar las materias y él era el alborotador de Hogwarts. Su popularidad era mayor que la de los demás, ya que además de ser un bromista, era inteligente y muy atractivo. —¿Creen que vendrán muchas cosas difíciles en el examen? -Preguntó Peter mientras mordía sus uñas de los nervios.—No lo creo, Peter. Todo lo que nos enseñó Flitwick es muy sencillo. -Le respondió Lily dulcemente, la bruja era la persona más amable que conocía.—Lo dices porque tú eres el Premio Anual. -Peter agarró su mochila con un poco de fuerza.—Vamos Peter, no es tan difícil. -Remus intentó levantarle el ánimo a su amigo.—¡Claro que sí lo es! -Chilló Peter.—Para ti todo es difícil, Wormtail. -Rodó sus ojos Sirius, recibiendo un empujón por parte de Remus y Lily.—No seas grosero, Sirius. -Lo regañó Lily, para después dirigirse a Peter que le pareció haber afectado sus palabras. —-No le hagas caso, Peter. Tienes razón, algunas cosas son muy complicadas de aprender.—Discúlpate Sirius. -Remus frunció su ceño levemente.—No uses tu tono de prefecto conmigo Moony. Lo siento Peter. -Black miró a otro lado, ignorando la conversación de sus amigos.Algunas veces podía ser demasiado directo con lo que decía, no siempre pensaba antes de actuar, una característica de los miembros de la casa de los leones, y algunas veces estaba consciente del daño que hacía con sus acciones y palabras; sin embargo, pocas veces se arrepentía de ello, como la broma que casi rompe su amistad con Remus gracias a Snape. En su trayecto hacia el salón de Encantamientos vió a la pandilla de Slytherin que odiaba con todo su ser. El grupo estaba recargado en una de las paredes, reían y miraban a todos los que pasaban frente a ellos. Regulus estaba recargado en la pared junto con dos de sus amigos, Barty Crouch Jr, hijo del director del Departamento de Seguridad Mágica, y Evan Rosier. También estaba Severus Snape que se reía desagradablemente junto con Mulciber, Avery y Wilkes. Cada uno de ellos se había enfrentado a él por medio de bromas, en las que Sirius siempre ganaba, a excepción de uno en particular, que era el peor de ellos. Él le daba la espalda con las manos metidas en su túnica. Aquel mago era la representación de Slytherin en persona. Black sintió un desagrado profundo, provocando que Mulciber lo viera y le susurrara algo a él, que enseguida se giró para verlo y que unos segundos después, sonriera con malicia.Apartó la mirada, no iba a subirle el ego a aquel estúpido mago. Se concentró en llegar al salón tranquilamente con sus amigos. Una vez que llegaron, Flitwick les entregaba a cada uno el examen, se sentó en la butaca más cercana y sacó su pluma y tintero para empezar a contestar. El examen no era difícil, lo habían repasado demasiadas veces en clase. Terminó de contestar el pergamino y guardó sus cosas en su mochila; sin embargo, esperó unos minutos para poder entregarlo, no quería ser el primero en dárselo a Flitwick. Esperaría que Lily o Remus lo entregaran primero para darles créditos. Observó con detenimiento el salón de Encantamientos, le gustaba analizar cada detalle para poder llevar a cabo sus bromas y cómo podía entrar al salón a través de los túneles secretos del castillo, que se los sabía de memoria gracias al mapa merodeador. Un artefacto mágico creado por él y sus amigos. No le vendría mal un baño de pintura a las mesas, hasta creo que me lo agradecería Flitwick si es de color azul, pensó.Nuevamente miró a sus amigos para entregar su pergamino. Lily tenía el ceño fruncido, Remus estaba muy concentrado escribiendo y Peter se mordía las uñas. Sirius se preguntó si él había terminado muy rápido o si el examen estaba difícil, lo revisó nuevamente y sus respuestas estaban correctas. Decidió contar unos segundos para darles tiempo, pero una vez que llegó al cien miró a sus demás compañeros que estaban muy concentrados. Por Merlín, ni siquiera está complicado, pensó.Se levantó y le entregó el examen al profesor. Una vez que le agradeció se dio la vuelta y salió del salón para recargarse en una de las paredes, cuando recordó que aún le sobraban un par de cigarrillos. Sin pensarlo dos veces, se alejó para dirigirse a uno de sus escondites preferidos para relajarse un poco. Aquel lugar estaba un poco lejos de la visibilidad de los profesores y alumnos, si alguien quería llegar podría ser por vía área o simplemente tenía que usar los túneles secretos del castillo. Una vez que llegó al cuadro de las frutas verdes, miró a su alrededor para cerciorarse de que nadie lo seguía y con su varita golpeó cuatro veces las uvas. De pronto el cuadro se deslizó y el mago entró sin antes conjurar un hechizo para iluminar su camino, en lo que caminaba escuchó el cuadro deslizarse nuevamente. A veces le gustaba estar solo, desde que sus amigos comenzaron a tener deberes se acostumbró un poco a la soledad que tanto le disgustaba, pero no tenía opción. Después de unos minutos una reja oxidada apareció ante él y con un conjuro hizo que esta se abriera. Siguió su camino hasta bajar por unas escaleras, las paredes ya no estaban cubiertas de telarañas como al principio del camino, tampoco húmedas, estaban secas. Al ver el primer rayo de luz metió su varita al pantalón y siguió bajando hasta ver las verdes plantas iluminadas por los rayos del sol. Una vez que llegó respiró profundamente y observó el bello paisaje de su escondite. Era un lugar lleno de hierbas que llegaban a sus rodillas, no había árboles, ni tampoco animales o criaturas fantásticas. Si caminaba un poco más podía sumergir sus pies en el lago, en aquella parte era la más segura si no quería ser atacado por una criatura marina y si caminaba a la derecha podía descansar sin que le diera el sol. Era el lugar perfecto para fumar un cigarrillo.Arrojó su mochila a la pared y se sentó en dirección para ver el paisaje sin que le molestara el sol. Suspiró profundamente y recargó su cabeza en la pared. —No imaginé que también tuviera momentos de soledad en mi último año. -Se dijo así mismo, antes de pensar en una buena broma para los Hufflepuff. En cuánto sacó la cajetilla de cigarros y tomó uno, vio que algo pasó rápidamente frente a él. Se quedó pensativo unos segundos y se llevó el cigarrillo a la boca sin importarle mucho lo que había visto, hasta que un destelló dorado volvió a pasar frente a él. Esta vez se levantó y trató de buscar ese objeto a su alrededor, agudizó un poco la mirada para poder divisarlo, hasta que el destelló dorado salió de uno de los arbustos y se paró frente a él sin dejar de mover sus alas. Era una snitch dorada. ¿Qué hacía una snitch dorada ahí?, Sirius extendió su mano para agarrarla, pero esta se movió a su derecha, nuevamente trató de alcanzarla pero la snitch era más rápida que él. Guardó la cajetilla de cigarros y mordió el cigarrillo para poder agarrar el objeto volador. Si la atrapaba, el buscador no la encontraría y su escondite sería un descubrimiento para alguien más. Sacó su varita y le lanzó hechizos a la snitch, que ágilmente esquivó. En su desesperación mordió fuertemente el cigarro, cayendo el tabaco en su boca, escupió el cigarro y el tabaco. Tosió fuertemente en su afán de quitarse el asqueroso sabor de su boca, se limpió la lengua en una de las mangas de su camisa, soltó su varita y corrió al lago para agarrar para agarrar un poco de agua. El agua, para su suerte, estaba limpia. Tosió un poco más y agarró más agua para limpiarse la boca. Cuando por fin logró quitarse el horrible sabor, suspiró y dejó caer su peso en ambas manos.—Por Merlín, que asco. -Se dijo así mismo.—¿Lo dices cuando te gustan estas cosas?Al escuchar aquella voz, sintió un desagrado mayor que el anterior. Lentamente giró su cabeza para mirar al dueño de la voz que lo miraba con la snitch dorada en una mano y en la otra apoyada en la escoba voladora.—Jamás creí verte en esa posición Black. -Sonrió el mago con malicia.—Cierra la boca Potter. -Sirius inmediatamente se levantó sin quitarle la vista al Slytherin. —¿Qué haces aquí?—Te pregunto lo mismo. -De un movimiento, James Potter colocó la escoba detrás de su cuello. —La snitch me trajo hasta aquí. ¿Sabes es un lugar perfecto para que nadie te encuentre?...no me digas que te estás escondiendo de alguien.—Ni que fuera tú, Potter. -Black rodó sus ojos. —Me encontré este lugar por accidente creyendo que podría alejarme de la estupidez en persona, pero veo que no. Ahora me encuentro hablando con algo más grande que un estúpido o imbécil.—Por favor Black, no te proyectes. -Potter no dejó de sonreír, incomodando al otro. Guardó la snitch en uno de los bolsillos de su pantalón y agarró del suelo la varita del Gryffindor. —Siempre creí que tu varita era más larga, pero creo que se acopla al dueño.Sirius se rió fuertemente. —Deja de proyectarte Potter. He oído que tu varita está torcida y es ineficiente.James apretó la mandíbula, pero en vez de responder le arrojó su varita, sorprendiendo al otro. Últimamente, Potter no lo molestaba y era muy extraño, ya que cada vez que se encontraban se maldecían. El Slytherin agarró el cigarro mordido y lo observó detenidamente.—¿En serio, ligero? -James alzó una ceja con burla.—No te importa. -Sirius se dirigió hacia donde estaba su mochila, empujando al otro para interponerse. No tenía ganas de hablar con él. Agarró sus cosas y lo apuntó con su varita, nadie podía saber del túnel secreto. —Si no te importa, largo.—¿Ya tan pronto me corres?, no veo ninguna señal de que este lugar sea tuyo. -James se recargó en una de las paredes con una sonrisa arrogante.—Tampoco es tuyo. -Respondió Black apretando el mango de su varita. —Largo Potter, no te creo que te guste que arruine esas horribles gafas que llevas. Dime, ¿cómo alguien tan ciego puede ser un…?—No seas grosero, Black. ¿Qué acaso los Gryffindor no pueden defenderse sin decir groserías? -James lo interrumpió borrando su sonrisa, sin ocultar el desprecio de su rostro. —Supongo que es por influencia de los sangres sucia.Sirius no dudó en abalanzarse sobre él, pegandolo a la pared. La punta de su varita tocaba el pecho del otro. Odiaba que se burlaran de sus amigos. —-¡Retráctate!, al menos ellos tienen más habilidad que otros magos que se consideran sangre pura. ¿Acaso crees que eres único y especial, Potter? Siento un profundo asco por los de tu especie.—Cuidado con tus palabras Black. También eres un sangre pura. -James no despegó su vista de los ojos del otro. —-En tus venas también corre sangre pura, -sonrió — incluso más pura que la mía. Hasta donde yo sé, mis padres no son primos.Sirius agarró a James por la camisa golpeándolo contra la pared. Si había algo que odiaba, era que le recordaran que era un Black. —¡Cierra la boca!—¿La locura también es heredada? -Sonrió cínicamente James.De pronto Sirius se echó hacia atrás gracias a la patada que le dio el otro. James arrojó su escoba y sacó su varita para defenderse. Black se levantó y le lanzó un hechizo a Potter, que esquivó. Ambos comenzaron una pequeña batalla que ambos anhelaban tenerla, eran rivales después de todo. Las luces plateadas y doradas chocaban en las paredes, cualquiera que estuviera en los cielos podría verlos fácilmente. Ninguno de los dos alcanzaba a hechizarse a menos que estuvieran distraídos. Su rivalidad había empezado desde que fueron sorteados en sus respectivas casas. Ninguno de los dos se toleraba. Y cada vez que se enfrentaban, terminaban en la enfermería por los conjuros que se lanzaban. Era peligroso meterse en alguna batalla para separarlos.—Combat bolt -Conjuró Sirius dando un paso hacia delante.James logró esquivarlo y al levantar su varita abrió la boca para conjurarlo; sin embargo el mago abrió sus ojos, cayendose hacia atrás. Potter soltó su varita y con su otra mano agarró su muñeca que se aferraba a su camiseta. Sirius no entendió lo que había sucedido, pero sabía que el mago estaba asustado, jamás lo había visto así. Su respiración agitada lo puso nervioso, si algo le pasaba, le echarían la culpa y esta vez lo expulsarían definitivamente de Hogwarts. En contra de su buen juicio se acercó a él, lo agarró de la camiseta y lo golpeó contra la pared para que se sentara.—¡Por Merlín!, ¿qué te sucede? -Black a pesar de que estaba confundido, no soltó su varita.James cerró sus ojos intentando calmarse. Sirius no entendía qué sucedía, ninguno de sus hechizos lo había tocado. Se mantuvo alerta al apretar su varita. Después de unos minutos, la respiración del Slytherin se regularizó, su mano que apretaba la camisa se relajó y lentamente abrió sus ojos, a través de sus gafas miró a Black con un sentimiento que no pudo interpretar muy bien el otro; sin embargo, había una pizca de derrota y odio entre ellos.—Jódete Black. James se levantó con dificultad, recargándose en la pared. Sirius hizo lo mismo, sin antes agarrar la varita del otro.—¿Estás ien? -Preguntó Black con cautela.—Por favor no tengas compasión. -Respondió Potter con dificultad. —Ojalá y te…-Cerró sus ojos con fuerza antes de volver a respirar con tranquilidad. —Jódete Sirius Black.—¡¿Qué carajos te ocurre?! -Sirius no entendía que trataba de hacer el otro. —Iremos a enfermería.De pronto James agarró a Sirius de la camisa para acercarlo. Black se impresionó por la fuerza que tenía a pesar de ello. —No, no me llevarás ahí. -Pronunció Potter sin despegar su mirada del otro.Ninguno de los dos había estado tan cerca del otro a pesar de que peleaban cada vez que podían. James fue el primero en apartar la mirada y acto seguido lo soltó para levantarse. Sirius lo miraba desde el suelo sin comprender lo que sucedía. Potter agarró nuevamente su escoba su escoba para apoyarse, sin apartar la mano en su muñeca. ¿Se había lastimado? Si era así era un estúpido.—No pretendía llevarte, sólo lo dije para…—¿Que no te expulsaran? -Lo interrumpió James sin mirarlo.Sirius no dijo nada, el recuerdo de la broma de quinto año invadió su mente. Aún podía sentir su terror en aquella aula con el director. James se dio la vuelta con la misma mirada de aquel día. Si no hubiera sido por él, Snape estaría muerto, Remus estuviera expulsado y él estaría en Azkaban. Potter entrecerró sus ojos con aborrecimiento y unos momentos después sonrió forzosamente.—Tienes mucha suerte, lo sabes ¿verdad? —No diría lo mismo de ti. —Ni yo en otras circunstancias. -Dicho aquello Potter sacó su varita e hizo levitar la cajetilla de cigarrillos para dárselos al otro. Sirius con desconfianza agarró la cajetilla cuando le dio un gesto “amigable”. Sacó un cigarro y para su sorpresa James conjuró un pequeño hechizo para que saliera una flama roja de la punta de su varita. Black lo miró desconfiando en él. ¿Cómo podía aceptarlo después de lo sucedido?—No soy tan estúpido como para aceptarlo. -Sirius cruzó sus brazos sin apartarle la mirada.—¿Rechazas mi fuego? -Potter sonrió levemente con arrogancia.—Tampoco es que seas amable conmigo porque no me aproveché de tu incidente. Te conozco bien Potter. Si yo hubiera estado en tu lugar, me torturarías. Sin embargo; no lo hice. -Sirius no dudó en mostrar el arrepentimiento de sus palabras, en otras circunstancias hubiera hecho lo mismo. Torturarlo. —No quiero tu compasión ni nada. James lo miró unos largos segundos, como si analizará las palabras de otro y su respuesta. —Yo tampoco la quiero, pero es estúpido querer matarnos cada vez que nos vemos.Black soltó una sonora carcajada. Debía ser una jodida broma.—¡¿Quieres dejar de pelear?! -Encontraba demasiada extraña su petición. —No cooperas Potter, te recuerdo que tú eres el que molesta, no yo. —¿Y crees que porque yo lo hago de frente no me doy cuenta que lo haces a mis espaldas? -James frunció el ceño. —No me culpes solo a mi Black, recuerda que tú solo estás a un paso de ser expulsado…-Potter se acercó peligrosamente a él sin apartar su varita. —Y créeme, me encantaría verte en las preciosas celdas de Azkaban. ¿Sabías que una está libre?, hasta donde yo recuerde tiene tu nombre escrito. Deberías de agradecerme por no haberte enviado ahí.Sirius apretó sus puños, pero antes de que pudiera contestarle o hechizarlo siquiera, James sacó un cigarrillo de la caja sin apartarle la vista, se lo llevó a la boca y lo quemó. Black no sabía que él fumaba y le sorprendía un poco que lo hiciera.—De ahora en adelante, no te molestaré más y tampoco quiero que lo hagas tú. -James exhaló el humo frunciendo levemente sus labios. —¿Qué tramas, Potter? Sirius no podía confiar en él. Estaría demente como para hacerlo. —Quiero terminar con esto, ¿acaso no puedo pedir paz? -James le dio otra inhalada al cigarro. —¿Lo pides después de tratar de hechizarme?—Tú no cooperas. -Exhalo el humo en el rostro del otro, que ni se inmutó. —Pero si tú lo haces, yo lo haré. Además ya no es divertido, ya no tenemos trece años.James le dió una última exhalada al cigarro antes de tirarlo y pisarlo en el suelo. Su mirada era muy intensa al igual que la de Sirius, hasta que se dio la vuelta para subirse en su escoba mágica. Antes de despegar, lo miró nuevamente.—Considera mis palabras Black. Te beneficiaría después de todo ese historial que tienes.Al irse, Sirius sintió una profunda confusión y no descansaría hasta saber lo que tramaba James Potter

----- CHAPTER BREAK -----

James Potter miraba desde lejos, habían pasado dos semanas desde su encuentro con Sirius Black. Y había cumplido sus palabras, no lo molesto durante esos días. Su plan era acercarse a él y aunque sonará fácil, era jodidamente difícil. Ambos se odiaban y preferirían lanzarse al lago que relacionarse. Pero él había hecho un juramento y su vida dependía de ello. A pesar de que pensó que sería difícil, era aburrido. Jamás creyó que tendría que observar al “heredero Black” por beneficio propio. Tenía que apresurar las cosas. —¿Qué tanto miras Potter?—Nada que te importe Snape. -Respondió apartando la vista de la mesa Gryffindor. —Sólo pienso si te vendría bien una coleta o una trenza para ese cabello de princesa que tienes.Severus le dio un golpe en el hombro. A pesar de que se consideraban amigos, su relación era extraña. —Muy gracioso Potter, deberías ser comediante.El comedor estaba más lleno de lo habitual y ni siquiera era Jueves de Postres. James y sus amigos realizaban sus tareas, ya que la sala común de Slytherin estaba en remodelación. Potter, terminó sus pendientes antes que sus amigos para enfocarse en su plan. Estaba comenzando a estresarse, ¿cómo iba a acercarse a su peor enemigo para congeniar?—¿Estás ocupado, Potter? Regulus lo llamaba, a su lado estaba Barty Crouch Jr., el hijo del director del Departamento de Seguridad Mágica. Crouch había encarcelado a un sin número de mortífagos, Potter lo consideraba un enemigo a pesar de no conocerlo, sin embargo; Barty también anhelaba ser un mortífago como él. —¿Qué necesitas? —Explícanos un conjuro de Defensas Contra las Artes Oscuras. -Respondió Barty. —Si no es molestia.James miró a Regulus unos segundos. El menor de los Black sentía una gran admiración por él, a tal punto de convencer a su madre de que podría ayudarlos a recuperar al heredero. Bajó su mirada sorprendiéndose al ver a Sirius mirar a su pequeño hermano. Potter desconocía un poco sobre lo que había sucedido entre ambos, el slytherin no era de muchas palabras.—Claro, ¿por qué no? -Con un gesto los invitó sentarse en la mesa. A veces le gustaba asesorar a los estudiantes para demostrar el gran mago que podía ser. Se preguntaba por qué no era Premio Anual, pero la respuesta era simple, lo rechazó. Ya tenía demasiado trabajo como para enfocarse en esas actividades, sin mencionar que despreciaba a los muggles. —¿Qué no entienden?El tema no era difícil, pero si era complicado de entender. Una vez que les quedó claro a los slytherin, estiró sus piernas bajo la mesa.—Gracias Potter. -Agradecieron ambos estudiantes y se fueron inmediatamente. Y con ellos la atención de Sirius.—Tienes talento para ser docente. -Comentó Wilkes, que estaba a su lado.—No me halagues Wilkes, ambos sabemos que sería un pésimo docente, pero no tanto como Snape. -Se burló con una sonrisa.Snape también asesoraba a los alumnos; sin embargo, solo a los que le agradaban, además podía ser muy duro.—La diferencia entre tú y yo Potter es que soy selectivo. -Snape miró a ambos con seriedad. —Además tú eras más impaciente que yo.—Sólo algunas veces. -Se excusó.—Al menos ninguno ayuda a esas asquerosas sangres sucias. -Comentó Wilkes con desagrado. —Ni si quiera deberían permitirles de estudiar con nosotros, a este paso contaminarán todo.Aquel comentario provocó que algunos Ravenclaw de sangre muggle se girarán para verlos. El insulto de Wilkes era considerado el peor de todos los insultos mágicos, Albus Dumbledore y algunos profesores castigaban a todo aquel que lo dijera. James procuraba limitarse a decirlo, preferiría hechizar o conjurar hasta reírse de ellos a carcajadas. Le gustaba divertirse por medio de bromas, era el alborotador más grande en Hogwarts. Sirius Black era otro. Ambos eran los mejores, teniendo como otra excusa más, la justificación de su rivalidad.—Será mejor no hablar de ellos. Es muy temprano como para recibir un reporte. -Dijo Snape haciendo reír a Wilkes.—Será mejor que le hagan caso, no querrán problemas. -Dijo un Ravenclaw con tono amenazante.Los amigos de James que se encontraban en la mesa y él, detuvieron lo que hacian para mirar despectivamente al valiente o estúpido Ravenclaw. —Parece que no les enseñan a los de su especie que no deben meterse en conversaciones ajenas. -Mulciber alzó una ceja.—Por Merlín, Mulciber. Son muggles, ¿qué van a saber de educación? -Avery ni se molestó en demostrar el desprecio de sus palabras.—¡Cierra la boca Avery! -Dijo otro Ravenclaw. —Nosotros tenemos la sangre más limpia que ustedes.Toda la mesa Slytherin se rió al escuchar aquello, provocando que los Ravenclaw y los de las demás casas prestaran atención.—¿Entonces porque a ustedes se les llama sangre sucias? -Wilkes sonrió.Un Ravenclaw se levantó de la mesa, pero sus amigos trataban de detenerlo para que no se acercase a la mesa de las serpientes. —Dejen al cuervo, que pruebe un poco de veneno de serpiente. -Comentó Snape con una sonrisa.El Ravenclaw sacó su varita y James se levantó de la mesa, pegando sus manos a ella sin quitarle la vista. Sabía que ahora era el centro de atención y le encantaba.—Baja esa varita, no querrás tener problemas. -James cuidó cada una de sus palabras. El Ravenclaw le sostuvo la mirada, esta estaba llena de odio. Potter conocía bien esa mirada, la había visto en las reuniones de los mortífagos, en sus padres, en los estudiantes e incluso en la de Black. No era común que le dirigieran ese tipo de miradas, a excepción de Sirius Black, que era mutuo.—Baja la varita. -Repitió ocultando su diversión.El Ravenclaw se enfureció y a los pocos segundos de mover un centímetro de su varita, James sacó su varita y le lanzó un conjuro al Ravenclaw, convirtiéndo al estudiante en un balde de agua sucia. Los Slytherin estallaron a carcajadas, incluso algunos Ravenclaw. James Potter era de los pocos magos con grandes habilidades mágicas, más avanzado que otros estudiantes sin mencionar que las calificaciones de sus T.I.M.O.S. fueron Extraordinario. Y Potter jamás dejaba que alguien pensara lo contrario.—¡Ahora es más sucia! -Exclamó Avery a carcajadas.Los amigos cercanos del Ravenclaw exclamaron con horror y enseguida agarraron el balde para poder revertir el hechizo. James apenas sonrió cuando el grupo de Gryffindor que detestaba se levantó.—¡Revierte el hechizo enseguida Potter! -Le ordenó la atractiva pelirroja. —¿O qué, Evans? -James alzó una ceja con diversión. —Es sólo un juego.—Revierte el hechizo Potter. -El chico de las cicatrices se cruzó de hombros, provocando que James solo rodará los ojos.—Por Merlín, ¿los Premio Anual siempre repiten lo que el otro dice? -Se quejó Wilkes. —Cálmense, solo estábamos jugando.—¡Mentira! -Gritó una Ravenclaw.—Veinte puntos menos a Slytherin. -Anunció Evans con fuerte voz, provocando que borraran sus sonrisas, a excepción de James.—¿Sólo por eso, Evans? -El tono del Slytherin fue demasiado arrogante al cruzarse de brazos. —Por Merlín, ni que fueras Dumbledore para quitarnos más puntos.—Treinta puntos menos. -Lupin lo miró con más odio. —No menciones al profesor Dumbledore.Wilkes y Snape jalaron sutilmente la camisa blanca de James para que no les quitaran más puntos, pero a él no le importaba, ya después encontraría la manera para rebajar los puntos de las demás casas, como si no lo hubiera hecho antes. —Potter…-Advirtió Mulciber.—Pues así se apellida, ¿no? -Bromeó Potter.—¡Sólo lanza el contra hechizo! -Estalló Evans llena de ira.James no se inmutó. —¿Sabías que es malo enojarse, Evans? Pueden salirte canas, que a decir verdad quedarían de maravilla, así combinaría tu carácter con tu apariencia. -Rodó sus ojos nuevamente alzando su varita. —Les diría que revirtieran ustedes mismo el hechizo, pero dudo que lo conozcan. ¿Verdad Pettigrew?Peter se ruborizó, haciendo enfurecer más a la pandilla de Gryffindor. James, con una risita, movió su varita y el balde de agua sucia se transformó en el Ravenclaw que los amenazó, su apariencia era terrible como si hubiera comido un montón de caracoles. —¿Lo ven?, de vuelta a la normalidad, sigue teniendo esa…-James fue interrumpido, jamás le había pasado aquello. Lentamente miró a Black, que sonreía con malicia. Sin embargo, al abrir la boca sintió un profundo asco, algo viscoso subía por su garganta. Abrió sus ojos entrando en pánico. No iba a vomitar frente a todos. No. —¿Potter? -Lo llamaron sus amigos.—¿Ocurre algo Potter? -Sirius se acercó a sus amigos sin borrar su estúpida sonrisa. —¡Por Merlín!, te ves muy pálido. Como si hubieras comido babosas.—¿Potter, estás bien? -Wilkes alzó una ceja.James no respondía, simplemente mantenía la vista en Black que comenzaba a reírse. Lupin, Pettigrew y Evans estaban confundidos al igual que los Slytherin. Los Ravenclaw esbozaban pequeñas sonrisas de triunfo.—Vamos Potter, habla. -Se burló Sirius. —Sigue hablando.—¿Potter? -Snape lo jaló de la túnica.James no podía soportarlo más. La babosa en su garganta golpeaba su campanilla.—Vamos Potter. -Insistió aún mas.Le dió un profundo asco.—¡Por Merlín, James! Lo giró Snape en el momento en el que James vomitó una horrible y asquerosa babosa en su regazo. Los Slytherin se alejaron para presenciar aquello, y algunos de ellos miraron al mayor de los Black con odio, mientras que este se reía a carcajadas al igual que los presentes. Potter estaba muy avergonzado, ya no podía controlarse, pero esta vez se escondió detrás de Snape para vomitar las babosas que salían de su garganta. Pero antes de que sus amigos se levantaran de la mesa para reprender al Gryffindor, le lanzó un hechizo no verbal a Sirius. —¡Vaya Black, te queda muy bien ese color! -Rió a carcajadas Avery.James, al alzar la vista, sonrió antes de vomitar al ver a Sirius Black de color verde, su piel, su vestimenta, su cabello, todo era verde. Detonado una batalla en el gran comedor. Slytherins, Gryffindors, Ravenclaws e incluso Hufflepuffs lanzaban hechizos unos contra otros. Ni siquiera los Premio Anual tenían el control para detenerlos, a pesar de que fueron interceptados por algunos hechizos. Black y Potter solamente se lanzaban hechizos entre ellos, cuando Snape le lanzó uno a Black, inmediatamente lo empujó antes de vomitar, era su batalla con él. Nadie más debía de interponerse, y a pesar de que no podía lanzarle hechizos que pudieran lastimarlo, hizo lo posible para derrotarlo.De pronto, a los pocos minutos, la profesora McGonagall entró al gran salón a mantener el orden, inmediatamente los alumnos se detuvieron con vergüenza, pero él y Black seguían en la batalla. Hasta que la profesora con un hechizo los separó.—¡Por Merlín, ¿qué está sucediendo aquí?! -Exclamó ella con furia.Enseguida los Premio Anual corrieron a ella para explicarle lo sucedido, al igual que algunos Slytherins y poco Ravenclaws. La información se distorsionó con el afán de proteger a los involucrados, la profesora al confundirse calló a todos los alumnos.—¡Suficiente, diez puntos menos a cada casa!, ¡Treinta puntos menos a Gryffindor y a Slytherin, veinte puntos menos a Ravenclaw y diez puntos menos a Hufflepuff! -Exclamó furiosa. —¡Ahora, Black y Potter vengan conmigo!Ambos se miraron con odio, antes de avanzar hacia la profesora. James trataba de aguantar sus ganas de vomitar por cada paso que daba, tenía unos grandes cuernos de ciervo que pesaban demasiado, una parte de su cara tenía una mancha roja que podía confundirse con sangre, una pierna suya era de un león y una mano era tan grande como un hipogrifo. Pero no era el único que parecía un animal de circo, Black, además de ser verde, tenía unos dientes de conejo que tocaban el suelo, la parte inferior de su cuerpo era de un canguro, su cabello crecía descomunalmente conforme caminaba y su lengua era el de una serpiente, no podía evitar abrir la boca para sacar su delgada lengua. Ambos sabían que eran el centro de atención y cuando la profesora se giró para llevárselos, ambos se lanzaron un hechizo.—¡Por Merlín! -Exclamó la profesor al darse vuelta. Los alumnos los habían delatado. —¡Cuarenta puntos menos a Gryffindor y a Slytherin!Black al abrir la boca, un chillido de cerdo provino de él, su pequeña lengua de serpiente salía más de su boca. El Gryffindor desesperado intentaba hablar, pero sólo salían chillidos de él. James se rió a carcajadas después de vomitar por su pico de pelícano. Sirius al darse cuenta lo pateó con sus piernas de canguro, Potter cayó al suelo pero se levantó rápidamente y con sus cuernos rasguño una pata de canguro del otro. Los alumnos se reían a carcajadas. Evans y Lupin, hartos de ellos, con sus varitas los inmovilizaron y siguieron a la profesora McGonagall harta de no poder bajarles más puntos. Al abandonar el gran salón, la profesora los condujo hacia enfermería. Donde Madam Pomfrey, al verlos, gritó.—¡Por Merlín!, ¿qué es esto?—¿Puedes hacer algo por ellos?, es imposible ponerles un castigo en estas condiciones. -Exclamó la profesora con fastidio. Pomfrey se acercó a James para ver con detenimiento el pico; sin embargo, el Slytherin vomitó una enorme babosa seguido de otras y el Gryffindor se rió a carcajadas con chillidos irritantes de cerdo, su lengua de serpiente se movía en zig zag.—¡Merlín! -Pomfrey abrió sus ojos. —Lupin, Evans acomoden a sus compañeros. Que no estén juntos, quitenles sus varitas. ‐Ordenó Pomfrey e inmediatamente Evans lo dirigió a la cama más cercana. —Estarán bien, reposarán unos días. No es tan grave aunque parezca.La profesora suspiró aliviada. —Es un alivio escucharlo; sin embargo no sé qué haré con esos dos.Fácil, expulse a Black, pensó James. A pesar de que no parecía escuchar a las brujas, sí lo hacía. Sirius Black, pagaría por lo que había .Notó que ambas brujas los miraban. Al sentarse en la cama vio que Black trataba de sentarse en la cama, con su gran cola de canguro. Y al verlo, se rió para después vomitar nuevamente por su estúpido pico de pelícano.—Ya veré después que hacer, tengo que pensar en un buen castigo. Su pequeña rivalidad ha sido una tortura. -Dijo la profesora.—Es su último año, Minerva. Ya después los extrañaras. -Sonrió Pomfrey.—En el fondo. -Bromeó la profesora.James sonrió levemente pensando en ello. Su último año en Hogwarts para después convertirse en mortífago…si cumplía su juramento y para ello primero debían de ponerle un castigo junto a él, podía acercarse más a Black. Era su gran oportunidad. Y aunque no le gustará, tendría que aprovecharla para cumplir con el juramento.

----- CHAPTER BREAK -----

Sirius estaba fastidiado, quería irse lo más pronto posible de la enfermería. Según él ya se habían revertido los hechizos de Potter, ya no era de color verde, sus dientes habían vuelto a la normalidad, su cabello dejó de crecer e inclusive aprovechó para cortárselo, la parte inferior de su cuerpo ya no era de un canguro y para su alivio, su voz había vuelto a la normalidad…sólo quedaban algunos ligeros detalles, su lengua aún tenía forma de serpiente y aún tenía la incómoda cola de canguro.

—¿Cuándo podrá regresar mi varita

madame

? -Usó su tono seductor con una sonrisa coqueta.

—Ni siquiera lo piense señor Black. -Le respondió la sanadora sin mirarlo. —Guarde sus comentarios para alguien más joven.

—Pero, ¿qué está diciendo? Sí podrías ser…

—¿Tú hermana? -Lo interrumpió Potter desde su cama. —Vaya, no creí que te tomaras en serio seguir con la línea sanguínea. Compadezco a Regulus, tuvo suerte de no ser una chica.

—Cierra la boca Potter, puedo hacer que te crezcan más esos cuernos.

James Potter reposaba en la cama de enfrente, la mancha roja de su rostro desapareció junto con el pico de pelícano, su mano había vuelto a su tamaño, su pierna de león volvió a ser la de un humano; sin embargo, los cuernos de ciervo encogían unos centímetros conforme pasaban las horas y a pesar de ello, aún eran llamativos.

—¡Por Merlín, chicos! -Exclamó la sanadora con molestia. —Guarden silencio o prometo que yo misma haré que pasen más tiempo aquí.

Madame Pomfrey se alejó de él para dirigirse hacia la puerta de enfermería. Miró de reojo la puerta oscura que estaba detrás de un escritorio, ahí la sanadora guardaba sus cosas, debía de estar su varita escondida en algún lugar detrás de la puerta.

—Iré con la profesora McGonagall para informarle que los efectos de los conjuros no son impedimento para que vuelvan a clase, si siguen tomando la poción por tres días más volverán a la normalidad. -Anunció la bruja con voz clara. —Sólo serán cinco minutos, si los veo peleando o haciendo otra cosa, yo misma haré que su castigo se extienda, ¿me entendieron?

Ambos asintieron la cabeza sin antes mirarse con desagrado.

—Bien, en un momento regreso. -La sanadora salió de la enfermería con la barbilla en alto y justo después de que cerrará la puerta, Sirius saltó de la cama por medio de su cola de canguro y corrió hacia el escritorio de esta.

—¿Dónde estás? -Repitió varias veces conforme abría los cajones para buscar la llave que abría la puerta donde se encontraba su varita.

—¿Acaso no escuchaste lo que dijo Madame Pomfrey, Black? estoy seguro que no hechice tus oídos. -Escuchó la arrogante voz de James Potter detrás de él.

—Cállate.

Sirius movió un par de papeles hasta que encontró una pequeña llave dorada, la alzó con triunfo y se dirigió a la puerta negra, con cuidado introdujo la llave en la puerta y ésta se abrió. Sacó la llave y entró a la habitación oscura, había papeles e instrumentos de sanadores por todos lados, frascos de pociones, matraces…era un pequeño laboratorio. Los rayos del sol iluminaban perfectamente el lugar, no había necesidad de encender velas.
Agudizó un poco la vista para buscar su varita, dando pequeños pasos para moverse. De pronto, la vio. Su varita estaba en un estante dentro de una vasija de cristal, junto a ella estaba la de Potter.  A paso veloz se acercó para alcanzar el estante, subiéndose a una mesa para poder alcanzarlo, su cola de canguro no era de mucha ayuda, ya que con ella había tirado un par de matraces. Estiró su mano para alcanzar la vasija parándose de puntitas. Sin embargó se cayó hacia atrás porque lo había jalado hacia atrás. El impacto le dolió un poco, pero sintió el coraje en sus venas cuando escuchó la escandalosa risa de Potter.

—Por Merlín Black, que desesperado eres. -James se dió media vuelta hasta llegar a la puerta, se recargó en la pared detrás de la puerta con el brazo apoyado en ella mostrándole la llave en esa mano. Su sonrisa arrogante era insoportable. —Me pregunto qué hará Madame Pomfrey cuando te encuentre en su laboratorio. -Extendió su mano libre. —

¡Accio vasija!

La vasija con las varitas levitó velozmente del estante para dirigirse al brazo libre de Potter. Sirius se levantó rápidamente para alcanzarlo pero a los pocos segundos de acercarse a la puerta, Potter la cerró en sus narices. Golpeó fuertemente la puerta con sus puños, la risa del Slytherin solo empeoró las cosas.

—¡Déjame salir! -Gritó.

—¿Por qué lo haría? -Escuchó decir del otro lado.

—¡Sólo déjame salir asquerosa y vulgar serpiente! -Su acento marcado le dio más fuerza a su grito.

—Así no se piden las cosas Black, ¿no te enseñaron modales?

Sirius golpeó con más fuerza la puerta, no solo con sus puños, también con su cola de canguro, sin dejar de maldecir.

—¡Merlín, esa boquita Black!, creí que los Black eran más educados. Aunque Regulus de vez en cuando maldice, pero no como tú. Son tan parecidos…

El comentario de Potter provocó que la magia de Black tomara fuerza, los magos pura sangre solo tenían esa habilidad, y sin siquiera tocar la puerta, esta salió volando gracias a su magia. Sirius se abalanzó sobre Potter que cayó sobre el escritorio, la vasija de las varitas se quebró por el impacto y las varitas en el suelo ni siquiera les dio importancia. Sólo tenía una cosa en mente.

Black rodeó a Potter por el cuello con su brazo, mientras que con el otro sostenía su cintura. Sus piernas rodearon las del otro para inmovilizarlo. Su cola de canguro sostenía su cuerpo para mantener el equilibrio. El Slytherin estaba indefenso, sus manos se apoyaban en el escritorio para no ceder frente a él. —No vuelvas a decir eso, ¿me oíste?

Su magia provocó que la habitación se tornara oscura, la intensidad del color ocultó los rayos del sol que traspasaba las ventanas. Aquel tipo de magia surgía por un sentimiento grande, casi como lo era el patronus.

Potter como respuesta sonrió cínicamente, provocando que la mano de Sirius que sostenía su cintura agarrara el cabello del Slytherin hacia atrás con fuerza. Pegando su cuerpo al de él. —¿Me entendiste, Potter?

Potter giró su cabeza levemente sin que sus cuernos tocaran el rostro del otro. James Potter tenía una pequeña herida en su labio inferior y no dejó de sonreír. Su penetrante y retadora mirada encontró la suya. Las gafas del Slytherin se habían deslizado por el tronco de su nariz debido a la ligera respiración.—No necesitas repetirlo,

Black

.

De pronto, Sirius sintió una punzada en el pecho.

—¡Por Merlín! -Exclamaron Madame Pomfrey y la profesora McGonagall.

La magia de Black poco a poco se desvaneció conforme la cordura le hacía entender lo que estaba haciendo.

Ambos fueron separados por ellas mientras que ambas brujas los regañaban. Sirius no le prestó atención a las palabras de sus autoridades, su mente estaba enfocada en las palabras de James Potter. ¿Cómo se había atrevido a compararlo con su hermano?, él no era Regulus. Se había esforzado para no ser comparado con él. Recordó los regaños de sus padres, especialmente de su madre. Él ya no pertenecía a la familia Black aunque compartía el apellido.

—Ambos ayudarán a Madame Pomfrey por un mes, ese será su castigo. No importa que intervenga en sus prácticas de Quidditch, señor Potter o en su tiempo libre, señor Black. -Escuchó decir a la profesora. —Y sus varitas solo se les entregarán en hora clase hasta que termine su castigo con Madame Pomfrey.

—De acuerdo. -Respondieron ambos magos sin antes mirarse.

—Ahora, ¿quién entró al laboratorio? -Los interrogó la sanadora. Y antes de que Sirius pudiera abrir la boca, James se le adelantó.

—Fui yo, me dolía la cabeza y quería buscar si había una poción para ello en el laboratorio.

Black lo miró con molestia. ¿Por qué se había echado la culpa?, ¿quería que le devolviera el favor?, ¿cuál era su razón?, no tenía sentido alguno. Las brujas alzaron una ceja como si no creyeran la mentira de Potter. Sin embargo, lo miraron y optaron por creerle. Si Sirius hacía otro disturbio lo expulsarían.

—Bien, señor Potter limpie el laboratorio y señor Black retírese por favor. -Le ordenó la profesora y Sirius obedeció.

Se dirigió hacia la puerta sin antes darle un mirada a Potter, este se la devolvió unos largos segundos antes de que cerrara la puerta. No quería devolverle ningún favor a esa estúpida serpiente y no pretendía hacerlo. Cuál fuera su propósito lo descubriría. Su mente analizaba las posibles razones por las cuales se había echado la culpa y ninguna tenía sentido. Conforme caminaba por los pasillos mantenía la vista al frente, no le importaba que los pocos estudiantes que pasaban e incluso fantasmas lo miraran no solo por su cola de canguro, si no, por su apariencia. La magia que había desprendido afectó su apariencia, lo rodeaba una luz oscura brillante, su intensidad había bajado.

Pensó en dirigirse a la sala común de Gryffindor con sus amigos; pero cambió de opinión al ver al mago que estaba recargado al final del pasillo.

—Creí que estabas en clase. - Sirius caminó hacia él.

El mago lo miró con los brazos cruzados. Su túnica oscura apenas podía diferenciarse del azul de esta.

—Escuché que la profesora McGonagall no dará clase por otros asuntos. Según entiendo, tiene algo muy importante que hacer. ¿No tienes nada que ver con ello?

Percival Parkinson era un Ravenclaw sangre pura. El chico conocía los más íntimos secretos de todos los que estudiaban en Hogwarts, sabía todo de todos.

Sirius rodó los ojos. —Si estuviera involucrado, ¿tendría esta conversación contigo? Como sea no quiero hablar de eso. ¿Qué quieres?

—Tú sabes lo que quiero. -Respondió ágilmente Parkinson.

Black parpadeó lentamente. —¿Ahora?, ¿no ves lo jodido que estoy?

—¿Tú no quieres? -Alzó la ceja Parkinson.

Sirius lo pensó unos segundos, habían pasado semanas desde la última vez que se vieron. Asintió después de unos segundos y ambos magos caminaron sigilosamente por el pasillo.

—¿Y tú varita?

—Castigada. -Respondió cortante.

Sin decir otra palabra llegaron a un pequeño salón que usaban los del club de ajedrez, aquel lugar solo se usaba un día a la semana y ese día no era uno de esos. Percival, con su varita, abrió la puerta permitiendo que Sirius entrara primero antes que él. El pequeño salón tenía tres hileras de grandes mesas, al frente se encontraba un reloj entre dos ventanas con dibujos de piezas de ajedrez. El Ravenclaw cerró la puerta tras él con un fuerte golpe. Hechizó el salón y la puerta consigo para no ser molestados.

—Bonita cola de canguro. -Percival se acercó a una de las mesas para dejar su varita

—Cierra la boca, en cuanto desaparezca me vengaré de Potter. -Sirius agarró una de las sillas para sentarse con las piernas abiertas. Era un poco incómodo con la cola del animal estorbándole. —Como sea, ¿qué quieres hacer?

Percival desabrochó su corbata al caminar hacia él. Una sonrisa pícara se asomó en su rostro. —Creí que me conocías bien Black.

Sirius alzó una ceja con cierto aburrimiento, observó como el Ravenclaw se ponía de cuclillas entre sus piernas. Las manos de Parkinson tocaron gentilmente los muslos, trazando un camino hacia el cinturón del pantalón que con cuidado y sensualidad lo desabrochó junto con el pantalón. Percival sonrió al acercarse hacia el bulto que ocultaba la ropa interior de Black y rápidamente lo lamió. La humedad de la saliva sobre la tela provocó que el Gryffindor se acomodara mejor.

—¿Qué tan necesitado estás? -Black no le apartó la mirada. Percival alzó los hombros y continuó estimulando el bulto con su lengua.

Sirius tenía un acuerdo con él. Cogían en secreto a cambio de todo tipo de información que podrían brindarse. “

Amigos con derechos

” era una etiqueta que le desagradaba al Gryffindor. Sin embargo, era la única manera en la que podía satisfacer sus verdaderos deseos. Su apariencia de rebelde heterosexual solo era una mentira para pasar desapercibido. Sus años en Hogwarts se tornaron difíciles conforme aceptaba su sexualidad, pues el colegio aún conservaba sus costumbres conservadoras. Los pocos que habían salido del clóset sufrieron a tal punto de cambiarse de colegio o incluso ingresaron a instituciones especiales. Y él no quería correr ese riesgo. Parkinson, por otro lado, corría más riesgo que él porque estaba comprometido con una mujer de sangre pura. Black estaba vetado de la familia, pero Percival no.

—¿Te gusta? -El Ravenclaw deslizó la ropa interior por los muslos, acercándose al miembro excitado del otro.

Como respuesta, Black agarró el cabello de Parkinson. —Eso lo veremos.

Percival bajó la mirada para lamer el miembro a un ritmo lento a movimientos constantes, pasaba su lengua desde la punta hacia abajo del miembro. Sirius retenía sus gemidos al presionar su mano libre contra la pata de la silla. Su respiración era lenta y el placer recorría cada parte de él. El Ravenclaw abrió la boca para chupar la punta con delicadeza, bajaba y subía deslizando su lengua en el miembro. Sus lentos movimientos poco a poco se tornaron rápidos. Black no era el único que los disfrutaba, pues Parkinson bajó sus manos hacia el suelo para apoyarse, siendo guiado por la mano en su cabello. El Gryffindor entreabrió la boca para gemir en silencio a pesar de que la habitación estaba hechizada. Intentó mover sus caderas pero la cola de canguro era demasiado incómoda está golpeaba las patas de la mesa con fuerza.

Maldijo a Potter en su interior. Recordando la estúpida sonrisa del Slytherin. Sus pensamientos provocaron que su agarre fuera más fuerte. Parkinson estaba a su merced, pues no solo lo deseaba físicamente, también románticamente y Sirius lo sabía. Percival con desesperación desabrochó sus pantalones y su ropa interior para masturbar su miembro con una mano. Black era más brusco, a veces se desesperaba por lo gentil que podía ser el otro. Se impresionaba por lo sumiso que podía ser el Ravenclaw e incluso se burlaba de él en su interior. La sumisión era reflejo del amor que sentía por él y el Gryffindor abusaba de ello.

Su mente se concentró en el odio que le tenía a Potter, en lo que había sucedido en enfermería, cuando lo inmovilizó contra el escritorio, al culparse por el cometido…Sus pensamientos enfocados en el Slytherin eran tan fuertes que manejaban el placer de su cuerpo.

Potter

Embestía la húmeda boca de Percival.

Potter

Su agarre era más fuerte.

Potter

El placer lo inundaba.

Potter

Y de pronto, su cuerpo y su mente se conectaron. Sirius reaccionó muy tarde cuando se dio cuenta. Extendió un poco sus piernas y su cola de canguro derribó la mesa. De su boca salieron sonidos desconocidos. El placer recorrió cada parte de su cuerpo, la sangre salía disparada por sus venas y su respiración se agitó. El clímax que experimentaba era nuevo. Abrió sus ojos haciendo una mueca de terror y confusión mientras era víctima del gran orgasmo que había alcanzado. Estaba aterrado, molesto y relajado. ¿Qué había sucedido?

Percival se alejó para apoyarse en el suelo, su boca rojiza estaba cubierta de un espeso líquido blanco de igual manera su mano estaba cubierta de su semen. Black lo miró sin bajar la cabeza. Los músculos del Ravenclaw eran visibles gracias al sudor, su agitada respiración y su cabello revuelto fue agradable a la vista. Ignoró lo que había pasado y levantó la barbilla de Percival, su mirada sumisa ni siquiera le ablandó el corazón; sin embargo le gustaba verlo así.

—¿Qué tienes para mí? -Era hora de intercambiar información.

Percival soltó un pequeño gemido. —El viernes llegará un pedido de babosas explosivas a la nueva tienda de Hogsmeade, el grupo de Slytherins quiere robarlos para hacer bombas y ponerlas en el partido de quidditch contra Gryffindor.

Sirius analizó la información pensando en lo que haría para recuperar los puntos que perdió por culpa de Potter. Se acercó al mago para besar su frente con falsa gentileza.

—Me la pasé bien contigo, Perci.

Percival se ruborizó y le sonrió tontamente. Sirius creía que era patético. El amor era estúpido a su perspectiva. ¿Perder la dignidad y la razón por otra persona? Era una estupidez. En especial cuando se actuaba sumisamente.

----- CHAPTER BREAK -----

James miraba su antebrazo. En cuanto cumpliera con el trato tendría la marca tenebrosa tatuada en su piel. Era una agradable imagen que le gustaba visualizar en su tiempo libre. Imaginaba lo orgulloso que estarían sus padres de él, después de todo también creían en la supremacía de sangre.—¿Quieres acompañarnos a Honeydukes?Alzó la vista con desinterés. —Me encantaría perder el tiempo con ustedes, pero tengo un castigo con la profesora McGonagall.—No me acordaba. -Mulciber frunció sus labios. —¿Desde cuándo sigues las reglas?—Es nuestro último año, no pienso que me expulsen antes de graduarme. Además extraño mi varita para molestar.Su varita mágica había estado confiscada por los profesores, pues aún no cumplía su castigo con la profesora. Estaba un poco desesperado por ello.—No estamos hablando de Black. -Comentó Snape con odio en su voz. —Ese imbécil solo necesita hacer algo estúpido para que lo expulsen. Así todos seríamos felices.James conocía la razón por la que Snape odiaba a Black; y aunque pensaba lo mismo de él. No podía hacer que lo expulsaran, todas las consecuencias de Sirius Black las asumiría para conseguir lo que quería. Pero tampoco podía arriesgar su vida por algo tan estúpido como la rivalidad de Snape con el Gryffindor. —¿Y con quién me divertiría entonces?, así es más entretenido.—¿Entretenido? No sé por qué pierdes tu tiempo con él. -Snape se cruzó de brazos. —¿Qué puedes ver en él?Mi futuro, pensó.—No lo entenderías Snape. -Se alejó de ellos a paso lento. —Nos vemos después.James se dirigió al aula donde la profesora los citó. Habían pasado tres días después del incidente de enfermería. Sus cuernos de venado habían desaparecido. Su castigo apenas comenzaría, como su plan para acercarse al Gryffindor. Cada vez que lo imaginaba se despreciaba asimismo, era demasiado humillante para él. Pero tenía un sueño y su vida estaba en riesgo. Aunque podía llevar a cabo su plan de manera pacífica, claro, con un poco de violencia si lo necesitaba. Se trataba de Sirius Black, claramente la violencia intervendrá. Al doblar el pasillo encontró a Black hablando con un Ravenclaw, Percival Parkinson. Se escondió inmediatamente detrás de la pared para escuchar su conversación. No tenía idea de que ambos fueran amigos o siquiera cercanos. Ambos pertenecían a diferentes casas, además Parkinson tenía creencias puristas.—¿Seguro que es todo?—Seguro, Black. Sabes que no te mentiría después de nuestro intercambio. Además, te lo mereces, pues estoy satisfecho.¿Intercambio?, ¿satisfecho?, ¿merecido?, aquello le llamó la atención. —No te da vergüenza decirlo, ¿cierto?—Nos vemos después, Black.—Adiós.James esperó a que el Ravenclaw pasará a su lado, este no se había dado cuenta que los había escuchado. No le quitó la vista de encima a Parkinson después de unos largos segundos. No le agradaba aquel mago en absoluto, ni tampoco le interesaba hasta ese día. ¿Qué asuntos tenían aquellos dos sangre pura? Salió de su escondite dirigiéndose hacia donde se encontraba el Gryffindor que al verlo rodó los ojos.—¿No me vas a saludar?, Qué modales Black. -Comentó. —Ni siquiera porque me ofrecí a limpiar el desastre que causaste hace unos días.—Yo nunca te pedí nada, ni tampoco esperes que te lo agradezca. -Respondió Black con molestia. —Por qué lo único que siento por ti es lástima. Limpiar desastres ajenos solo demuestra que eres un patético adulador. —Al menos no estoy al borde de la expulsión. Créeme que cuando suceda eso haré una gran fiesta. —No sabía que te importaba. -Black lo miró fijamente a los ojos.—¿Tú?, por supuesto que no. ¿Qué te expulsen?, si. Y por ello espero que lo hagas con gracia, no por algo patético cómo limpiar un desastre de laboratorio.Antes de que Black pudiera responderle, la profesora McGonagall llegó. La profesora les explicó a ambos su castigo, llevándolos hacia la bodega donde guardaban los trofeos de Hogwarts. El lugar no era tan grande, pero si estaba lleno de vitrinas que protegían las copas de quidditch, medallas, retratos y objetos mágicos. Su tarea consistía en limpiar la bodega como los artefactos. —Vendrán a limpiar por dos horas cada día hasta que este lugar brille. Al terminar les entregaré sus varitas, pues no pueden solo usarlas en clase, eso limitaría sus aprendizajes. -Carraspeó la profesora. —Si intentan escapar, será en vano. La puerta sólo se abrirá hasta que transcurran las dos horas. Y si intentan pelear, las vitrinas detectarán la violencia y los encerraran en ellas y solo podrán salir si alguien los encuentra. ¿Entendido?James asintió junto con Black. Estar encerrado con él dos horas por día sería una tortura, pero era una oportunidad para acercarse a él. Si no podía usar la violencia para obligarlo a volver con su familia, podría ganar su confianza y una vez que lo consiguiera, lo persuadiría. No tenía interés en convertirse en su amigo, pero si le interesaba conocerlo. Era importante tener a los amigos cerca, pero a los enemigos aún más. Si encontraba algo en él que le resultara importante, lo podría usar, si no. Una vez que cumpliera su promesa, lo cazaría. No sería sencillo, pero su vida dependía de ello.—Los artefactos de limpieza están en las orillas, jóvenes. La profesora se dio media vuelta y abandonó la bodega. La puerta se cerró de un golpe tras ellos. Las antorchas mágicas se iluminaron y revelaron un largo pasillo lleno de vitrinas. James se preguntó si realmente se encontraban todos los trofeos del colegio, con suerte podría ver alguno de sus padres. De mala gana agarró un trapo violeta que se encontraba en una pequeña cubeta de madera. —Este es tuyo. -James se lo aventó a Black y agarró otro trapo menos viejo que el anterior, pero este era de color azul. Enseguida se dirigió a una de las vitrinas, el cristal que protegía los artefactos desapareció. Había polvo en todos los rincones de la vitrina, alrededor de los trofeos, en los trofeos y dentro de ellos. Agarró una copa plateada. 
Premio de Servicios Escolares
Amanda Jones  James suspiró en silencio.Los minutos pasaron y no se atrevió a dirigirle la palabra o la mirada siquiera. Esperó a limpiar completamente la primera vitrina para poder hablar. En su mente repasó una y otra vez lo que le diría para romper la incómoda tensión.—¿No vas a decirme algo? James giró su cabeza con sorpresa. —¿A qué te refieres, Black?—No me hagas reír Potter. -Black rió sarcásticamente. —Sabes a lo que me refiero. Si piensas que voy a devolverte el favor de haber asumido mi responsabilidad en la enfermería, eres un idiota. Se sorprendió al enterarse que Sirius pensaba lo mismo que él. Potter había estado pensando en las palabras adecuadas para decirle al gryffindor lo que haría para devolverle el favor. Sin embargo, se le ocurrió una idea.—¿De verdad piensas que te pediría un favor? -Usó su tono arrogante al girar su cabeza para continuar con la limpieza. —Estaría loco si quisiera un favor tuyo, además si quiera un favor tuyo sería que…—Me pedirías algo como darme de baja del colegio o lanzarme al lago. -Lo interrumpió el otro. —Vaya, me sorprendes. Finalmente usas tu cabeza para pensar.James pasó con fuerza el trapo por la copa de quidditch que limpiaba. —Me agradan tus ideas, pero no es lo que te pediría. Sólo que te callaras, lo cual me complacería en estos momentos.—Me temo que no podré cumplir tu extraña petición. Si estás bromeando conmigo, eres pésimo. -Bufó Black. —No puedo creer que tendré que pasar dos horas contigo cada día hasta limpiar estos tesoros. No quiero estar encerrado contigo.—Estar encerrado conmigo, ¿es tan malo? -James sonrió al alzar el mentón. —Agradezco saber que es una tortura para ti. —Yo no estoy encerrado contigo, tú estás encerrado conmigo. -Escuchó decir a Black.James se rió secamente. —Tú estás encerrado conmigo Sirius Black. Yo decidí cumplir este castigo contigo, después de todo me dijeron que mi castigo ya había sido absuelto.—Mentiroso.—Pregúntale a madame Pomfrey, después de limpiar tu desastre decidí ayudarla con la preparación de pociones en mis tiempos libres. Y por mis actos serviciales, la profesora Minerva me sacara antes de completar las dos horas. -Había dicho la verdad a medias, James había creído que ayudar a la sanadora como acto de arrepentimiento lo salvaría de su castigo con Black. Madame Pomfrey se compadeció de él y le pidió a la profesora Minerva que lo dejara salir antes de su castigo, pero ella se negó. Cumpliría su castigo. —Tú, por otro lado, no mostraste arrepentimiento de tus acciones.—Eres un adulador, Potter y mentiroso además, ¿crees que creeré en tus estúpidas mentiras? ¡Por Merlín!, ni que fuera uno de tus seguidores.—Piensa lo que quieras Black. Sólo hazme un favor y cierra la boca.James sabía que el Gryffindor odiaba que le ordenarán, así que solo esperó pacientemente hasta que Black lo tomará por los hombros y lo girará. Sonrió con arrogancia en cuanto sintió una mano en su hombro. Era demasiado fácil de predecir. —Eres demasiado fácil de leer. -No borró su sonrisa cuando Black lo giró. James subió la copa entre ellos para seguir limpiándole. —¿Ahora vas a golpearme y encerrarme en la vitrina?, si me encuentran así estarás expulsado y lo disfrutaré. Si no haces nada, diré que me golpeaste de todas maneras aunque no lo hayas hecho. Observó como el Gryffindor entrecerró sus grisáceos ojos con molestia. Lentamente Black le quitó las manos de encima sin apartar su mirada. Era satisfactorio tenerlo a su merced, por un momento disfrutó tener el control.—Elegiste bien Black, me alegra que aprendas qué yo siempre gano. -Alzó el mentón con orgullo.Sirius Black sonrió de lado. —¿Ganar?Black lo empujó con fuerza hacia atrás, James olvidó por completo su tranquilidad y le devolvió el empujón. El Gryffindor se dejó caer adentro de la vitrina y en unos pocos segundos el cristal apareció. Dejando encerrado a Sirius Black.—¿Ahora a quién van a culpar? -Black sonrió colocando sus manos atrás de la nuca. —¿Quién ganó?James sintió un gran odio hacia él. Apretó su mandíbula al forzar una sonrisa. —Al menos yo saldré antes y tú te quedarás encerrado. —¿No te cansas de mentir? -Black rodó sus ojos. —Deja de hablar y sigue limpiando, que estaremos libres en cuanto dejemos estas medallas limpias. James no dijo nada al respecto y siguió limpiando las medallas de mal humor. Mientras los minutos pasaban, su desesperación incrementaba, ya que el Gryffindor no paraba de hablar. Por un momento consideró tumbar la vitrina en la que estaba Black, pero de nada serviría su plan de ser amable con él. Una vez más lo había echado a perder. —Vamos Potter, los trofeos deben brillar como estrellas. ¿Jamás has limpiado?, eres tan inútil que apuesto que tus elfos domésticos mastican tu comida para que puedas ingerirla. -Black se rió a carcajadas. —Al menos yo no vivo en una pocilga con mi tío. -James sonrió de lado. —Es extraño que tu tío no se haya casado, me pregunto si es tan patético con las mujeres o tiene una debilidad por su sobrino.Escuchó a Black golpear el vidrio. —¡Jódete! Estoy harto de tus contestaciones en torno al incesto. ¿Acaso no tienes otros argumentos? —Entonces, ¿no lo niegas? -James alzó una ceja al quitar una mancha de la medalla qué sostenía.—Sé que te atrae la idea del incesto pero no te proyectes en mi, Potter. —Estaría enfermo si me atrajera, pero afortunadamente no soy un Black. -Alzó la medalla para verla brillar. —¿Sabes que todas las familia puras practican el incesto?James bufó. —No tanto como la tuya. ¡Por Merlín!, mis padres no son primos. Escuchó nuevamente golpes y maldiciones. Potter dejó la última medalla en una de las vitrinas y caminó hacia la de Black. Se cruzó de brazos al observar.—Pareces un animal, bueno, ya lo eres. -Se burló de él.—Mira quién lo dice, con esos cabellos de espantapájaros. ¿Seguro que si eres hijo de tu padre?—Admito que no soy un Potter al cien, pero tú sí que eres cien por ciento Black. Sirius Black golpeó nuevamente el vidrio. James se rió de lo patético que se veía. Se acercó a la vitrina con burla.—Estás encerrado. No puedes romperlo. -Golpeó el vidrio. —¿Lo ves?De pronto, el cristal desapareció y James cayó en la vitrina antes de que el cristal volviera a aparecer.—Ahora estás encerrado conmigo, Potter. -Escuchó reír a Black.James se abalanzó sobre él. Ambos se golpearon levemente ya que el espacio era demasiado estrecho para ellos. Conforme se movían, la vitrina también. En pocos minutos la vitrina se despegó y cayó al suelo, los objetos se estrellaron contra el cristal, sin sufrir daño alguno. Sin embargo, los magos seguían forcejeando hasta que por inercia la vitrina rodó debido al cristal ovalado, los objetos se estrellaron contra la madera, así la vitrina quedó en dirección al techo. —Mi espalda…-Se quejó Black al sentir la dura madera.—Mis gafas…Carajo… -James había perdido sus gafas, no tenía idea en qué momento los había perdido hasta que se golpeó contra el cristal.Poco a poco los nervios se apoderaron de él. No era que estuviera completamente ciego, si no, no podía ver bien de lejos. Con su mano empezó a tocar cada rincón de la vitrina, sus dedos se deslizaban por cada rincón. Intentó tranquilizarse conforme movía su mano. Sintió la áspera madera, el cristal, las medallas y las copas, e incluso el polvo. Pero no había rastro de sus anteojos.—¿Buscas esto? Giró su cabeza hacia donde yacía Black, entrecerró sus ojos para enfocar lo que el gryffindor tenía en la mano. Se mantuvo quieto, cualquier comentario o movimiento podría provocar al orgulloso mago.—Dámelos.Pudo enfocar la sonrisa maliciosa de Sirius Black. —Me impresiona que molestes a quienes consideras inferiores y ni siquiera puedes ver. Es ilógico, ¿no crees?—Ilógico es que seas el único Black de Gryffindor. Falla. -La última palabra salió de sus labios como el siseo de una serpiente. —Dime por qué te ofreciste a cumplir mi castigo. -Black esquivó el tema. —No entiendo qué puedes conseguir con eso, si sabes que jamás te devolveré el favor.James se acomodó. —¿Eres estúpido? No voy a pedirte nada a cambio, ¿qué podrías darme tú si eres tan inútil como los muggles que te rodean?, ¿qué podrías ofrecerme? -Black abrió la boca pero, Potter lo interrumpió. —Exacto, nada. Ahora dame mis gafas.Por unos momentos, James, ingenuamente, creyó que Black se los aventaría. Pero se sorprendió al escuchar el sonido de sus gafas romperse. El sonido seco del vidrio al caer en la madera despertó una chispa en él que jamás había sentido. Era diferente al odio o la malicia. En aquel instante, Sirius Black había marcado su destino con él. Si ser “amable” con él no resultaba, había otras maneras para conseguir lo que quería. —Ups. -El tono sarcástico de Black provocó que una corriente helada invadiera su cuerpo. —Sé me cayeron.Potter no dijo nada al respecto, simplemente forzó una sonrisa al mismo tiempo en el que se acomodó nuevamente en su lugar.—¿No vas a decirme nada? -Escuchó preguntar a Black.—Eres patético. -James intentó que su tono de voz fuera lo más creíble posible. Anhelaba maldecirlo hasta que se quedara sin voz. Suspiró con cansancio. No podía creer que se humillará de esa manera. —Es inútil volver a pelear contigo. De pronto, el cristal de la vitrina desapareció. Potter se sorprendió tanto como el otro, hasta que recordó que era una vitrina mágica que encerraba la furia cuando dos magos peleaban. Inmediatamente salió de ahí, mirando a su alrededor el desastre que habían hecho. Fue entonces cuando una idea atravesó su mente, no pudo evitar sonreír con maldad por unos leves segundos. Borró su sonrisa como el buen actor que era al dirigirse al Gryffindor que lo observaba. James le ofreció su mano.—¿Quieres que te expulsen?, tenemos mucho trabajo que hacer. -Antes de que Black abriera la boca, James se le adelantó. —Si te encuentran aquí, nos va a ir mal a los dos. ¿Un castigo no es suficiente para ti?, sé que preferirías lanzarte al lago, pero ¿acaso merece la expulsión esto?Black tendría dos favores que le debería, este no los cumpliría, por ahora. Con el tiempo, tal vez James se los pediría. El Gryffindor no tenía opción más que aceptar su ayuda, estaba por cruzar la última línea de tolerancia. El odio en los ojos grisáceos reflejaban la emoción que sentía por él. Potter se había acostumbrado tanto a esa mirada que le dio completamente igual, si Sirius Black creía que lo intimidaba siquiera, estaba equivocado. Nadie podía intimidar a James Potter, disfrutaba del riesgo y la adrenalina que lo provocaba.Black golpeó su mano y salió de la vitrina por su cuenta.—¿Es tan malo tomar mi mano?—Cierra la boca y acomodemos este lugar. -Black se dirigió a uno de los extremos de la vitrina para levantarla.

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