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Español
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Published:
2024-02-13
Words:
10016
Chapters:
1/1

EL ULTIMO MULDER

Entire Work

Work Text

Título: El último Mulder.Autora: Sara LujánTipo: Post episode Closure. Sad. Humor. Real Communication. UST.Disclaimer: Los personajes no son míos. No obtengo beneficio económico de ellos, sólo un poco de felicidad junto a mis compañeros de vida desde hace treinta años.Nota: Casey, personaje de FTF. La escena con Mulder borracho en el bar de Casey fue corta, pero encantadora. Me sorprende que ese personaje no aparezca en ningún fic de los miles que he leído. Yo le recuerdo con mucho cariño. 
EL ÚLTIMO MULDER

“Tengo la impresión de que no está acostumbrado a que cuiden de usted”

“Bueno… dicho así da un poco de pena”.

(Chimera)

Apartamento de Dana Scully.

21:40 p.m.
 Causa de la muerte: Suicidio.Scully cerró el portátil que sostenía en las rodillas tras introducir los datos de toxicología y revisar por enésima vez las notas que tomó durante la ejecución de la autopsia de Teena Mulder; notas con las que mañana debía realizar el informe definitivo. Hoy no había tenido tiempo material de hacerlo después de toda la noche pasada y la mayor parte del día trabajando en las tumbas infantiles, siguiendo el protocolo para detener e interrogar a Ed Scruloff, e investigando los últimos pasos de Samantha antes de morir… 21 años atrás.Dejó el portátil en la mesita de café para frotarse los ojos tratando de aliviar el picor, el cansancio, el dolor y las lágrimas de un caso que sentía sobre los hombros como una losa. Después de siete años investigando con Mulder casos espeluznantes, inverosímiles, conmovedores… hoy había temido que este sería el que rompería el espíritu del agente.Aún faltaba descubrir qué había ocurrido con Amber Lynn Lapierre, pero verse frente a dos docenas de pequeñas tumbas en el mismísimo pueblo de Santa Claus, descubrir que Samantha no estaba en ninguna de ellas porque llevaba muerta desde los 14 años mientras Mulder seguía buscándola, y saber que Teena se había quitado la vida llevándose sus secretos, era más de lo que una persona normal podía procesar a pesar de las palabras del agente frente a la casa de Arbutus Ray.
            Soy libre.
Antes de dirigirse a su propio apartamento, Scully había dejado a su compañero en el suyo con la promesa de que se acostaría temprano e intentaría dormir. Ella planeaba hacer lo mismo, pero una vez en el silencio de su salón se sintió desvelada y superada por los acontecimientos y como cada vez que se sentía incapaz de enfrentarse a sus emociones y sentimientos, se había refugiado en el trabajo. Mulder parecía tan aliviado y exhausto cuando se despidieron que con suerte lograría dormir algunas horas. Tal vez debería llamarle para asegurarse de que era así, pero no quería arriesgarse a despertarle si por una vez el cansancio lograba vencer a su insomnio. Mañana por la mañana tendrían tiempo de hablar.
Mañana por la mañana…, día de San Valentín. Mulder se ha quedado solo en el mundo, sin una razón para seguir buscando a su hermana y sin el único miembro de la familia que le quedaba. La vida es difícil para todos, pero a veces no puedo dejar de pensar que alguien ahí arriba tiene una verdadera cruzada contra él.

La necesidad imperiosa e incomprensible de destruir su espíritu.
Scully entró en el baño para realizar su rutina nocturna con rapidez y seguir su propio consejo de meterse temprano en la cama. Ni siquiera eran las 22h, pero esta noche necesitaba cada minuto de sus 8 horas de sueño reglamentarias. Tal vez mañana, descansada, el dolor que sentía en la mente por la injusticia cometida contra esos niños y en el corazón por lo ocurrido a Mulder, fuera más soportable.Con los dientes cepillados y la piel limpia de maquillaje y polvo de la tierra removida, sólo le quedaba ponerse el pijama de algodón cálido que exigían las noches de febrero en Georgetown.Mañana será otro día, trató de animarse a sí misma una vez más, sino fuera porque será San Valentín… Es como si hasta el calendario quisiera burlarse de él.Una melodía discreta que provenía del salón detuvo su pensamiento. Se apresuró a coger el móvil con una sonrisa en los labios de la que no era consciente antes de leer el nombre en la pantalla.“Scully”, contestó sin necesidad, por mera costumbre.“Buenas noches. ¡Ummm!... ¿es usted Dana Scully?”.La pregunta le dejó tan descolocada como si le hubieran pedido las coordenadas del último avistamiento ovni en la ciudad.“Sí, soy yo… ¿con quién hablo?”, preguntó despegando el móvil del oído para comprobar que había leído bien la pantalla.
Mulder.
Sí, la llamada provenía del móvil del agente, pero la voz femenina al otro lado le resultaba totalmente desconocida.“Me llamo Casey. Verá, tengo aquí en mi bar un cliente llamado… ¿Fox?... sí, Fox Mulder. Llegó hace un par de horas y, bueno… ha bebido demasiado. Vino en coche, pero en este momento no está en condiciones de conducir. He intentado pedirle un taxi que le lleve a casa sano y salvo, pero se niega en redondo. Dice que sólo saldrá de mi bar si viene usted a recogerle”.La agente se llevó los dedos a la frente resoplando con fuerza.
Siete años… ¿qué demonios me hizo pensar que dejarle en su apartamento y aconsejarle que durmiera un poco funcionaría dos veces seguidas?.
“Voy ahora mismo, Casey. Sólo hágame un favor, vigílelo hasta que yo llegue y no le deje salir del bar bajo ningún concepto si cambia de opinión”.“Haré lo que pueda, aunque no le prometo nada. He comprobado que su amigo no es un hombre fácil de manejar. De todos modos ha dejado claro que no se irá sin usted. En este momento esta entretenido contando las servilletas que acabo de reponer en la barra, con suerte no habrá acabado la cuenta antes de que usted llegue”.Scully colgó y corrió a ponerse la chaqueta que horas antes había dejado en el respaldo de una silla; sus botines aún estaban bajo la mesita de café. No había tiempo para más, el resto de la ropa casual que vestía tendría que valer. Se aseguro de llevar lo imprescindible en los bolsillos, monedero, móvil y llaves, y salió en busca de su coche y su compañero.
Casey´s Bar.

22:25 p.m. Washington D.C.
El trayecto lo hizo en autopiloto y autoinculpándose por haber sido tan ingenua de pensar que Mulder estaría bien solo en su apartamento después de lo ocurrido en los últimos días.En una noche de febrero desapacible como esta no esperaba encontrar mucha gente en el bar. Mañana era San Valentín, pero no dejaba de ser lunes, día de trabajo. Al empujar la puerta le recibió primero la sensación cálida de la madera oscura, paredes de color rojo, y luz ambiental tìpica del estilo irlandés, y en segundo lugar la mirada de tres personas; dos clientes charlando en un extremo de la barra y una camarera detrás de ella sosteniendo una jarra enorme bajo el grifo de cerveza. La mujer, de su misma estatura, lucía un corte de cabello estilo bob de un bonito color rubio ceniza y unas mejillas rosadas que le daban un aire infantil en contraste con su atuendo formal de camisa blanca, chaleco y corbata negros. Más allá de su aspecto, lo que llamó la atención de la agente fue su expresión entre divertida y perpleja ante la persona sentada en el taburete frente a ella. No necesitó ver más que su espalda para reconocer a su compañero sentado en equilibrio precario, la parte superior del cuerpo inclinada sobre la barra y la cabeza apoyada en los brazos, aparentemente dormido. Casey notó la expresión preocupada de la pelirroja que acababa de entrar. Dejó la jarra frente a la pareja del extremo y señaló a Mulder con la barbilla preguntando con los labios, sin sonido.
¿Es este su amigo?.
Scully afirmó con un movimiento de cabeza acercándose despacio hasta quedar a su lado.“¿Mulder?”, llamó en voz baja.Para sorpresa de las dos mujeres, el agente se irguió al sonido de su voz y el movimiento repentino hizo que su cuerpo oscilara peligrosamente sobre el taburete. La rapidez de reflejos de Scully, agarrándole del antebrazo y soportando su espalda con la otra mano, evitó que acabara con sus huesos en tierra.“¡Wow!, cuidado”, le advirtió asegurándose de que recuperaba la verticalidad antes de soltarle.“¡Scuuuuuuully, has veniiiiiiido!”, proclamó con la voz arrastrada por el alcohol, y la mirada desenfocada. “¿Cómo me has encontrado?... ¡Ah, ya sé!, Casey te ha llamado, ¿verdaaaaaad?. Ven, te la voy a presentar. Es una amiga mía”.La mujer tras la barra elevó las cejas preguntándose cuándo había alcanzado tal categoría. Hasta dónde podía decir este hombre, Fox, era un  cliente esporádico. Había entrado tres veces en su bar, y dos había acabado borracho balbuceando absurdos sucesos sobre conspiraciones alienígenas, una hermana desaparecida y una compañera de trabajo que no se merecía. Casey adivinó que se refería a esta atractiva pelirroja que había entrado en su bar dispuesta a recoger los restos del hombre antes de que acabara de perder la dignidad y la razón con su desbordante imaginación.Mulder dejó caer el brazo sobre los hombros de la agente con demasiada fuerza tanto para reafirmar sus palabras como para no caerse del taburete.“Scully, esta es Casey. Hace el mejor tequila de todo Washington… ¡ji, ji, ji!”, declaró riéndose de su propia tontería. “Ya sé que sólo tiene que abrir la botella y servir, pero te juro que nadie lo hace como ella…”.Mordiéndose el labio inferior para no reírse con él, Scully pensó que Casey le debía su habilidad profesional al propio agente, ¿cuántas veces había abierto la botella esta noche para servirle?. Claramente las suficientes como para convertirla en una experta.“Casey, esta es mi mejor amiga Scully”, prosiguió. Las mujeres intercambiaron medias sonrisas de reconocimiento e impaciencia por igual. “Es agente como yo y puede confirmar tooooooodo lo que te he dicho… bueno, toooodo no. Cada vez que los alienígenas se dejan ver, ella suele estar inconsciente o mirando para otro lado, pero en cualquier caso es una médico exceleeeeeente. Siempre está cuidando de mí, por eso sigo vivo, y también es la mejor patóloga forense que tiene el FBIIIIIII. Le hace la autopsia a cualquiera que se ponga por delante… siempre que esté mueeeeeerto, quiero decir. Una vez se la hizo a un… ¡a un elefante!, ¿puedes creerlo?. Tenías que haber visto cómo cargaba los órganos internos del pobre animal para ponerlos en la balanza…”.Scully temía que los ojos de Casey se salieran de sus órbitas y decidió que era hora de terminar este alegato en su favor antes de que llamara a la policía para que se presentaran en su bar, a ser posible con una camisa de fuerza preparada.“Mulder, vamos a casa. Es tarde y Casey tiene trabajo aquí. Le estás haciendo perder el tiempo”.El agente arrugó el ceño. Echó una ojeada a lo largo de la barra y al resto del local por encima de la cabeza de Scully. Sólo había dos hombres charlando y bebiendo cerveza. Sabía que algo en sus palabras no era cierto, pero su mente se negaba a cooperar en el razonamiento que estaba ahí, perdido entre sus neuronas alcoholizadas.“¿Qué prisa hay?. No puedes… no puedes entrar en un bar y salir así, sin tomar nada…, es de muy maaaaaaaaala educación”, luego le dirigió una sonrisa forzada a Casey. “No sé qué le pasa hoy a la agente Scully, normalmente es la mujer más educaaaaada del mundo… mientras no le hagas enfadar; de lo contrario es capaz de sacar su lado marinero y soltar calificativos en tres idiomas, incluido el alemán”.Scully dio un tirón seco al brazo que aún estaba sujetando sin importarle la posibilidad real de que el agente acabara en el suelo al obligarle a ponerse en pie sobre sus piernas inestables.“Vámonos ahora mismo. Necesitas un par de tazas de café bien cargado y yo meterme en la cama”.“¡No, no, no, no, Scully!. Acabamos de cerrar un caso, ¿no nos merecemos un pequeño descanso juntos?. Vamos a tomar ese café que dices, pero aquíiiiiiii, ¿de acuerdo?. Es un bar muy agradable, seguuuuro que aprecias su característico estilo irlandés”.Mulder le puso la mano en la parte baja de la espalda y le empujó contra la barra haciendo un gesto amplio con el brazo para mostrarle la decoración de la pared detrás de Casey. Se dirigió a la camarera con ojos vidriosos y una sonrisa llena de dientes.“… Lo digo en serio, la agente Scully es una mujer de buen gusto y muuuuuy inteligente, sabe apreciar las cosas buenas; que no te engañe el aire casual y algo desaliñado que trae hoy. Habitualmente tiene mejor aspecto, pero es una persona maravillooooosa, mi mejor amiga, y desde anteayer la única familia que tengo… aunque no estoy seguro de que ella lo sepa”, afirmó bajando la voz y acercándose a la cara de Casey creyendo que de ese modo Scully no oiría sus últimas palabras.Se dejó caer de nuevo en el taburete de modo tan descuidado que sólo la colaboración de las mujeres evitó una vez más el desastre, Casey agarrándole del frente de la camisa, y Scully del brazo y el cinturón. En ese momento decidió que el café no podía esperar a llegar a casa.“Está bien, sentémonos en una mesa a tomar ese café, estarás más cómodo”.“¡Buena idea!”, bromeó como si la idea fuera de ella desde un principio.Se levantó del taburete con las mismas piernas temblorosas y miró la docena de mesas cuadradas con patas de hierro que recorría la pared opuesta a la barra. El resoplido largo que lanzó provocó que Scully pensara lo mismo que estaba pensando él.
Esas mesas están demasiado lejos.
Adivinando el problema, Casey salió de detrás de la barra y sin más ceremonia agarró el brazo del agente y se lo echó encima de los hombros.“Sujétale por ese lado”, ordenó a la agente.Scully elevó las cejas, pero obedeció. En unos segundos le tenían sentado en una silla de cuatro patas, mucho más estable para un hombre en su estado. Mulder dejó caer la cabeza atraído por la superficie barnizada de la mesa que había aparecido ante sus ojos.“Voy a por el café”, dijo Casey sin perder la media sonrisa y la compostura ante una situación que probablemente vivía con cierta frecuencia en su profesión.“Gracias. El suyo bien cargado y el mío descafeinado, por favor. Aún tengo la esperanza de dormir algunas horas antes de que amanezca”.Le dio el OK con el pulgar y volvió a la barra.Scully se sentó frente al agente observándole en silencio. Su cara mostraba una especie de rectángulo rojo que abarcaba las mejillas y la nariz y era evidente su esfuerzo por mantener los párpados abiertos. Sus ojos aparecían cubiertos por un entramando de capilares rotos que teñían de rosado la esclerótica.“Mulder, ¿qué ha pasado?... ¿Por qué no estás durmiendo en tu apartamento como te dije?”.Él asintió con la cabeza. Con el movimiento le sobrevino una punzada de dolor que le hizo contraer la mandíbula y llevarse la mano a la sien.“¡Ouch!... lo estaba. Me dormí en el sofá en cuanto te fuiste”, respondió sin mirarle. Scully supo que decía la verdad cuando se fijó en su camisa arrugada, como si hubiera dormida con ella puesta.“¿Y qué pasó?. ¿Por qué viniste aquí?”.Se encogió de hombros. La osadía alcohólica de hace un momento parecía estar desapareciendo y su apariencia se volvía sombría por momentos.“Hmmm…”, murmuró a modo de respuesta.Ella frunció el ceño. Tomó una de sus manos extendidas en la mesa para centrar su atención.“Mulder…”.“Soñé con mi madre”.Ella abrió la boca, la pregunta escrita en sus labios, pero esperó que elaborara por sí mismo.“Soñé con mi madre”, repitió afirmando con la cabeza.Casey se acercó portando una bandeja redonda. Dejó una taza de café humeante  frente a cada uno y sonrió a la agente con empatía.“Cierro el bar dentro de una hora, pero tómate el tiempo que necesites”.“Gracias. Sólo tiene que metabolizar un poco de todo ese alcohol que lleva dentro y podremos irnos a casa”.Casey asintió. Pareció dudar un segundo, pero se atrevió a poner la mano en el hombro del agente sin dejar de dirigirse a Scully.“No viene mucho por aquí y cuando lo hace es porque ha tenido un mal día”, dijo con un hilo de tristeza en la voz. “Cuídense, tengo la sensación de que en su trabajo ven demasiadas cosas que nadie debería ver”.
Si tú supieras…
“Todo el mundo tiene un mal día en el trabajo, pero estará bien”, le tranquilizó  Scully poco convencida.Cuando se retiró, Mulder comenzó a manipular el sobrecito de azúcar con dedos torpes hasta que se lo quitó para servirle ella misma antes de que acabara esparcido en la mesa.“¿Qué es lo que soñaste?”, preguntó entregándole la cucharilla confiando en que fuera capaz de remover el café sin peligro.“No era ella exactamente, más bien su… espíritu. Flotaba en medio del salón, cerca de mí, con una apariencia… fantasmal”.“¿Habló contigo?”.Mulder se llevó la taza a los labios para tomar un trago. El líquido osciló en su mano inestable y un par de gotas salpicaron el platillo al soltarla.“Al principio movía los labios, pero no emitía  ningún sonido…”.“¿Y luego?”.“Luego dijo Lo único que yo quería era una vida normal, Fox. Una familia, un marido a quien amar, unos hijos sanos…”.“Era una mujer de su tiempo, deseaba lo que le permitieron desear”, opinó la agente.“Me pareció… me pareció que lo que trataba de decirme es que no se llevó ningún secreto con ella, algo de lo que yo le he acusado desde… no estoy seguro desde cuándo. Supongo que desde que comencé a investigar las relaciones entre mi padre y el Fumador”.“No es probable que se llevara ningún secreto. Dudo que Teena estuviera al tanto de las maquinaciones de El Sindicato, e incluso aunque supiera algo a través de tu padre, no creo que tuviera la menor capacidad de maniobra o decisión. Para el Sindicato no era más que una ama de casa, alguien cuyas ideas, opiniones y proyectos vitales no importaban a nadie; una ciudadana de segunda en su época. Probablemente una víctima de la sociedad y de la Conspiración por igual”.Mulder levantó el rostro, consciente a pesar del alcohol de algo que no había tenido en cuenta ni una sola vez en veintisiete años.“Eso significaría… eso significaría que durante más de dos décadas le he culpado de algún modo de complicidad en la desaparición de mi hermana; de ocultarme información que no tenía… Durante veintisiete años me he alejado del único miembro de mi familia que estaba en el mismo lado que yo… y ahora está muerta”.
No tengo una respuesta para eso e incluso en su estado, Mulder puede leerlo en mi rostro.
“¿En qué me convierte eso?. De niño, ella no pudo ser la madre que necesité, y de adulto… yo no supe ser el hijo que ella necesitaba. Nunca intenté entender lo que pasó poniéndome en su piel, al contrario, investigué dando por sentado que la capacidad de maniobra de mi madre era similar a la de mi padre en el Departamento de Estado… cuando el status social de una ama de casa en los años 50 probablemente se parecía más a la de las personas negras treinta años atrás”.Scully se sorprendió de que en su estado fuera capaz de hacer esa reflexión que, como acababa de reconocer, no había hecho nunca estando sobrio. A pesar de ello, trato de ser justa con él.“Es difícil ver el dolor de los demás cuando tú mismo llevas dentro tu propio dolor, sobre todo si eres un niño”, razonó. “Pero mírate, todos estos años la herida de Samantha estuvo abierta y a pesar de ello has dedicado buena parte de tu vida a ayudar a otras personas que sufren”.“Todo lo que he hecho en mi vida… todo lo que he hecho en mi vida ha sido un medio para lograr un fin. Sólo quería saber la verdad de lo que le ocurrió a mi hermana. Todo este tiempo he sabido que jamás la recuperaría con vida, pero de todos modos necesitaba saber, y ahora que lo se…”.Hizo un gesto de negación.“Dijiste que eras libre”, le recordó Scully. “Has encontrado lo que buscabas. No es la conclusión que te hubiera gustado, pero sí la más probable, los dos lo sabíamos. Aun así no deja de ser la conclusión que necesitabas para poder avanzar con tu vida”.Mulder escuchaba con la mirada perdida más allá del ventanal que se abría a su derecha. Sólo alguna que otra persona paseaba caminando deprisa por la acera. La noche y el frío no invitaban a perder más tiempo del necesario en el exterior apenas iluminado por la luz de las farolas demasiado alejadas unas de otras.“¿Hacia dónde?”.“¿Qué quieres decir?”.“¿Hacia dónde va a avanzar mi vida a partir de ahora?. ¿Para qué me voy a levantar e ir al despacho mañana por la mañana?”.Scully miró en silencio su perfil dirigido a la calle. Una sensación de Dejá vù surgió en su mente, como si ya hubiera vivido este momento. Sabía que no era así, que ni siquiera había conocido este bar hasta hoy, y Mulder nunca había expresado en voz alta su temor ante su propio futuro una vez desaparecido el motor de su vida; sin embargo, esa duda había ocupado muchas veces su propia mente, ¿quién sería Mulder sin una verdad que descubrir, sin una pasión a la que dedicar su curiosidad y su energía arrolladoras?.“Aún hay gente que te necesita, Mulder. Amber Lynn Lapierre no está en ninguna de las tumbas, ¿y si estuviera viva?… y hay personas a quienes le importas. Tú mismo se lo has dicho a Casey hace unos minutos, ¿recuerdas?”.Apartó los ojos de la ventana para clavarlos en ella, la mirada confusa. El alcohol parecía haber convertido su memoria eidética en memoria a muy corto plazo.“¿Qué le he dicho a Casey?”, preguntó con una expresión alarmada, casi cómica. “Le dijiste que desde anteayer soy tu única familia, aunque no estás seguro de que yo lo sepa… Lo sé perfectamente”.En su frente aparecieron dos arrugas verticales. Por más que le daba a la tecla Rewind no encontraba en su disco mental la parte dónde debían estar grabadas esas palabras. Sintió cómo el pánico se dibujaba en su cara al pensar qué más había dicho en voz alta y no recordaba.“Desde que te conozco he pasado más tiempo contigo que con cualquier miembro de mi familia”, reflexionó para sí mismo más que para ella. “Sé que tenía a mi madre, pero la relación siempre fue forzada y superficial; tanto que me resulta difícil explicar este sentimiento de pérdida, esta sensación asfixiante de ser el último Mulder… ¿y ahora, qué?”.
Mi café se está enfriando y aún no lo he tocado, una buena excusa para evitar su mirada y ordenar mis pensamientos detrás de la taza antes de hacerlos palabras.
“Familia no es sólo quien comparte tu misma sangre. Es sobre todo quién te importa, quien cree en ti; quien sigue a tu lado cuando todos los demás desaparecen sin mirar lo que dejan atrás… Yo me considero tu familia desde hace mucho tiempo”.
Abre la boca para decir algo, pero creo que se ha quedado sin voz.
“Incluso mi madre te considera parte de nuestra familia”, añadió. “Puede que seas el último Mulder, pero no estás solo. Tienes gente en tu vida que te necesita, que valora tu presencia en la suya… que vendrá a recogerte para ponerte a salvo las veces que haga falta sea de un bar, un calabozo, o de una nave alienígena, porque eso es lo que hace la familia”.Los dos hombres al final de la barra se levantaron de sus taburetes. Después de pagar su consumición e intercambiar algunas palabras de despedida con Casey se dirigieron a la salida. Al pasar junto a la mesa de los agentes, uno de ellos se detuvo brevemente.“Hora de ir a dormir, amigo. Y si quiere un consejo, no haga eso a menudo. Su mujercita no vendrá siempre para llevarle a casa y soportar su borrachera. Un día se cansará de hacerlo y usted se quedará solo, rascándose la cabeza y preguntándose qué fue lo que hizo mal. Sé de lo que hablo”.Scully esperó a que salieran del bar para frotarse la cara con la mano y espirar el aire de sus pulmones con evidente frustración.“Me considero tu familia, Mulder, pero si alguien más se refiere a mí como tu mujercita sacaré mi arma reglamentaria y sea lo que sea que ocurra, alegaré locura transitoria”.La advertencia iba muy en serio, pero aun así esperaba que Mulder respondiera con una de sus habituales notas de humor o un comentario sarcástico. Lo que no esperaba es que sin moverse, con la mirada clavada en la taza, hiciera sobresalir su labio inferior y comenzara a llorar. Un llanto silencioso en forma de lágrima que dejó un rastro húmedo desde el párpado inferior hasta el borde de la mandíbula. Mulder cerró los labios con fuerza para ocultar el temblor, pero no pudo evitar un sollozo que sonó demasiado alto en el local ahora desierto. Casey dejó de sacar brillo a la media docena de vasos alineados en la barra para mirar a esta pareja que no había dejado de observar  con discreción, ni de escuchar retazos de su conversación.Scully volvió a coger la mano del agente preguntándose si este nuevo cambio de humor era también culpa del alcohol, o de algo más. Mulder aspiró con fuerza las lágrimas que estaban a punto de escapar por los orificios nasales y levantó la cabeza para echar una ojeada confusa más allá de su mesa como si hubiera olvidado por qué estaba ahí.“¿Dónde estaría un día como hoy si hubiera sabido que Samantha lleva 21 años muerta?”.Scully no sabía si era una pregunta retórica o si esperaba una respuesta.“No podemos saber qué habría sido de nuestra vida si hubiéramos tomado otras decisiones. Para bien o para mal tomamos la que creímos correcta, a veces la única posible. A partir de ahí, la que no elegimos no existe. No está ahí, esperando como si fuera la otra bifurcación de la carretera. Por mucho que a veces necesitemos imaginar cómo hubieran sido las cosas si…”.“Yo me lo he preguntado a menudo, pero no sé si realmente quiero una respuesta. En realidad, a veces me he sentido…un canalla”.“¿Por qué?”.“Si hace 21 años hubiera sabido la verdad sobre mi hermana no te habría conocido”, concluyó frotándose un ojo húmedo con la yema del índice y la voz de borracho casi desaparecida.La agente sonrió a pesar de sí misma.“No estoy tan segura, Mulder. Aunque no fueras agente del FBI, tu tendencia a meterte en problemas sería la misma. De un modo u otro, en algún momento acabarías en un hospital bajo mi cuidado”, aventuró tratando de animarle. “Una vez dijiste que puede que sean las reacciones de los demás hacia nosotros lo que nos convierte en lo que somos. No creo que sea del todo cierto. Los demás nos influyen, no hay duda, pero cada uno de nosotros nace con un germen que nos hace únicos. Por eso un Capitán de Marina con cuatro hijos a los que ha dado la misma educación, tiene una que cree que las piedras poseen propiedades curativas según su color, y otra no cree en alienígenas aunque haya visto una nave elevarse desde el hielo de la Antártida”.Dio resultado. Los ojos de Mulder se iluminaron.“¿Significa eso que reconoces que la viste?”, preguntó poniéndose derecho en la silla y más alerta de lo que había estado en la última hora.“Significa que tenía demasiado frío como para preocuparme de lo que vi. De hecho creo que tenía congelados hasta los ojos y seguramente no me funcionaron correctamente”, especificó dándole unos golpecitos de consuelo en el dorso de la mano.“Mi padre estaría de acuerdo con esa teoría del germen de la que hablas”, intervino Casey.Los agentes la miraron sorprendidos. Habían olvidado que estaba ahí, a poco más de seis metros de distancia, en un bar vacío en el que no hacía falta levantar la voz para que su conversación fuera audible. La mujer se encogió de hombros pidiendo disculpas por la intromisión con su lenguaje gestual.“Era irlandés”, prosiguió. “Durante diez años regentó un Pub típico en su país, hasta que mi madre y él vinieron a los Estados Unidos, dos años antes de que yo naciera. Aquí trabajaron de cocineros en un hotel. Mi padre no solía hablar de su trabajo en Irlanda y aunque yo conocía su etapa como dueño del Pub nunca trataron de dirigirme a ese tipo de trabajo. Querían que aprovechara la oportunidad de tener una educación mejor que la que tuvieron ellos… y después de varias curvas en mi vida aquí estoy, dueña de mi propio bar irlandés en los Estados Unidos. Mi padre no lo llamaba así, pero sabía que yo tenía ese germen que no pudo hacer desaparecer la influencia de un contexto distinto ni un país diferente”.Mulder escuchó la historia con toda su capacidad de atención, que aún no era mucha.“Ya sé…ya sé por qué me caíste bien desde la primera vez que te vi, Casey”, comentó señalándola con el índice. “Tienes algo en común con mi amiga Scully”.Las dos mujeres se miraron sin entender.“Ella también tiene familia de origen irlandés. Con su color de pelo y esa piel clara no me sorprendería que por sus venas corriera el germen de… Anne Bonny. De haber vivido en su época, Scully habría tenido su propio barco y… Anne y Mary Read habrían formado parte de su tripulación”.Por la expresión de su cara, Casey adivinó que la agente no tenía ni idea de qué  estaba hablando Mulder.“Fue una mujer irlandesa que ejerció la piratería en el Caribe a principios del siglo XVIII. Una de las pocas mujeres piratas conocidas”, explicó.“¡Oh!”.“Y su padre era Capitán de Marina. Definitivamente, algún germen rebelde y aventurero corre por sus venas, Casey, lo digo en serio”, añadió Mulder haciendo oscilar sus cejas de modo sugerente.“Por lo que he entendido hasta ahora diría que a los dos les atraen las aventuras, aunque cuando habla su amigo nunca me queda claro cuánto de lo que dice es real y cuánto consecuencia del alcohol. Estaría bien que un día se pasara por mi bar para hablar de su trabajo antes de empezar a beber, y no después”, comentó con humor.“La versión no cambia mucho, créame”, apuntó Scully.“Antes de que usted llegara, el agente Mulder me estaba diciendo que acaban de cerrar un caso especialmente difícil relacionado con el secuestro de niños”.“Así es. No hablamos de los casos que investigamos con personas ajenas al FBI, estoy segura de que lo entiende, Casey, sobre todo cuando hay niños implicados. Este caso ha tenido una conclusión inesperada que ha afectado personalmente al agente Mulder. Con el estrés de los acontecimientos no me paré a pensarlo, pero en un día como hoy era casi inevitable que acabara en un sitio como este y demasiado alcohol en el cuerpo”, reconoció Scully sin querer revelar más detalles.Casey asintió con la cabeza. No había más qué decir.Mulder parecía ensimismado en su propio mundo, ajeno a la conversación, cuando levantó la mano derecha como pidiendo permiso para hablar.“Casey, ¿qué te parece si la agente Scully y yo volvemos mañana por la tarde y cenamos aquí?. Te prometo que vendré sobrio”, sugirió con su mejor sonrisa.“¿Mulder…?”, intervino Scully con una sola palabra que era a la vez una pregunta.El agente le miró a ella y de nuevo a Casey hasta que cayó en la cuenta de que había hecho la pregunta a la persona equivocada.“¡Eeeh… sí!, Scully, ¿quieres cenar mañana conmigo a las 20h, aquí mismo?”.Su mirada desenfocada le hizo dudar de que hablara en serio; de que mañana por la mañana recordara sus propias palabras.“¿Me estás proponiendo una cita?”, preguntó sin querer confesar el detalle que tenía en mente.“Dijiste que te consideras mi familia… ahora mi única familia. Mañana es San Valentín, deberíamos celebrar que somos más que compañeros de trabajo… ¿no crees?. Nos vendría bien hablar con franqueza por una vez acerca de qué tipo de familia somos exactamente, entre otras cosas”.
¡Oh, sí!... Mulder también tiene ese detalle en mente.
El café empezaba a hacer su efecto y parecía bastante consciente de lo que estaba diciendo.“¿Una cita de San Valentín?”, insistió para asegurarse de qué terreno pisaban.“¿Qué otro tipo de cita se puede tener el día de San Valentín?”, preguntó a su vez. Tal vez con su mente aún en vías de recuperación había olvidado qué otro tipo de cita se podía tener en un día como el de mañana. “La que tenemos con Skinner a las 9h de la mañana para presentarle el informe del caso no cuenta”.“La reunión se ha aplazado hasta el martes. Skinner sabe que ha sido un caso difícil y quiere que mañana nos tomemos las cosas con un poco de tranquilidad. Sugirió que ya que es el día que es, salgamos antes de la Oficina y vayamos a un sitio… agradable, que te ayude a distanciarte de los acontecimientos de los últimos días. Es consciente de que a partir de mañana te enfrentas a un nuevo principio y quiere ayudar aportando su granito de arena… o más bien su puñado de dólares”.Scully sacó su monedero del bolsillo y buscó entre sus documentos personales. Él reconoció al instante la tarjeta.“¿Skinner te ha prestado la tarjeta de crédito del FBI por segunda vez?”.“¡Mmm hm!”, asintió, “pero no quiero que saques conclusiones precipitadas. Me la ha prestado para invitarte a cenar a ti… bueno, a los dos”.Mulder hizo oscilar sus cejas en la dirección de Casey, que se ocupaba de nuevo en la tarea de abrillantar vasos.“Los dos sabemos que soy un grano en el culo para nuestro jefe y aún así nos presta la tarjeta de crédito del FBI para pagarnos la cena de San Valentín. Tengo la teoría de que Scully debe estar haciéndole ojitos a mis espaldas. ¿Tú qué opinas, Casey?”.La mujer se limito a sonreír con los labios cerrados.“¡Yo no le hago ojitos a nadie!”, protestó.Mulder se encogió de hombros con un gesto de Si tú lo dices…“No me estoy quejando. Si ponerle ojitos a Skinner nos proporciona cenas gratis…”.La agente le calló con una mirada dura. Él entendió lo que implicaban sus palabras, pero no antes de que escuchara la risita discreta de Casey.“Tengo la impresión de que su trabajo consiste en investigar casos extraños y trágicos que impactan en su espíritu con frecuencia. Su jefe parece saberlo bien, e intenta cuidarles”.“Es una descripción bastante acertada”, opinó Scully.“Pero lo que veo sobre todo es que forman un buen equipo, que siempre están ahí, dispuestos a ir a dónde sea para ayudar al otro. La vida es difícil para todos, pero tener a alguien especial en la tuya lo cambia todo, y ustedes lo tienen. El agente Mulder me dijo una vez que acababa de volver de la Antártida, que fue solo y por sus propios medios para traer de vuelta a una amiga que no sabía cómo había llegado hasta allí. Pensé que eran palabras del mismo tequila que le hizo declarar que era la figura clave de una conspiración de nuestro Gobierno para ocultar la verdad sobre la existencia de extraterrestres… Ahora que les veo juntos sospecho que lo de la Antártida podría no ser consecuencia del tequila”.Casey hizo un gesto con la barbilla señalando las manos sobre la mesa. La de Mulder entre las dos más pequeñas de su compañera sin que ninguno de los dos fuera consciente de cuándo había tomado la del otro y ofrecido las suyas.“El agente Mulder se toma muy en serio su juramento de ayudar y servir a quien le necesita, tanto profesionalmente como en su vida personal”, afirmó Scully presionando con suavidad la mano entre las suyas.“No le creas, Casey, soy yo quien está en las mejores manos. Me ha salvado la vida más veces de las que puedo recordar; y si hablamos de salvarme de mí mismo, no le importa apuntar su arma contra mí para evitarme males mayores”.El agente tenía mejor control de sus movimientos, pero Scully no pudo evitar apretar los dientes al oír esas palabras. Aún le faltaba recuperar los filtros que le permitían discernir lo que era oportuno decir ante ciertas personas… y lo que era adecuado enseñar, pensó alarmada al verle agarrar su corbata suelta y el cuello de la camisa con dos botones desabrochados. Mulder tiró hacia abajo hasta que la cicatriz quedó a la vista en el lado izquierdo del pecho, bajo la clavícula.Casey abrió la boca sin poder creerlo. Este hombre, y ahora su compañera, le sorprendían con cada minuto que pasaba.“Su compañera… la agente Scully ¿le disparó a propósito?”, preguntó inclinada en la barra para ver mejor el recuerdo de la bala que resaltaba brillante y rosado sobre el resto de la piel.“Sólo para salvarle de sí mismo”, se apresuró a repetir ella.“En su defensa tengo que decir que no sólo me disparó, sino que también fue ella quien me curó, así que supongo que estamos en paz”.“Gracias, Mulder, apreció la observación”, replicó Scully con sarcasmo.“¿No han pensado en escribir un libro?”, preguntó Casey estupefacta. “¿Tengo la impresión, por lo que he oído hasta ahora, que tienen material suficiente para una novela de ficción no ficción. Estoy segura de que sería un éxito. Yo la compraría”.“Tal vez me lo plantee cuando seamos viejos; cuando nos jubilemos y tenga que empujar la silla de ruedas de la agente Scully con la mía… siempre que para entonces sigamos juntos y no se haya hartado de mí”, dijo Mulder haciendo sobresalir de nuevo su labio inferior.Sí, Mulder coordinaba mejor, pero aún mostraba poco control de las expresiones de su rostro.“Creo que se adelanta usted al futuro, agente Mulder. Ella tiene la tarjeta de crédito, pero aún no ha aceptado su cita para cenar mañana”.
¡Oh!, es verdad.
“¿Qué dices a eso, Scully, yo invito y Skinner paga?”.“Tú sí que sabes hacer que una chica se sienta especial el día de San Valentín”.“Puede que te haga un regalo”, añadió haciendo oscilar las cejas como si necesitara insistir para convencerla.“¡Oh!, en ese caso no me perderé la cita por nada del mundo”, bromeó.Casey extendió otra media docena de vasos en la barra.“Ponga atención, agente Mulder. El día que mi marido me regaló el anillo de compromiso quiso que le acompañara para que eligiera el que me gustara… y para pagarlo porque se olvidó la tarjeta de crédito en casa”.“¡Ouch!, tropezando al principio de la relación”, se lamentó Mulder.“Me devolvió el dinero ese mismo día, pero creo que todavía hoy, seis años después, teme que le abandone si comete otro error de ese calibre. Evidentemente, nunca lo haría, pero no está mal que mantenga esa idea en mente”, acabó Casey con una sonrisa de complicidad dirigida a Scully.“Los regalos del agente Mulder tienden a ser muy...sui generis, Casey. Además, nuestra relación no es de ese tipo… no estamos maduros para eso”, reflexionó dudando de las palabras que necesitaba para que entendiera una situación que ella misma no entendía del todo.“¿Tú también con eso de la madurez, Scully?. ¡Te aseguro que estoy maduro, estoy más que maduro; de tanto madurar, estoy podrido…!”.“¿De qué estás hablando?”, le interrumpió sorprendida de esa salida de tono a pesar de que en su condición, Mulder no parecía ser capaz de seguir del todo la conversación.“¡Eeeeh!... nada. Son cosas mías”, murmuró avergonzado y confuso por igual.“La madurez está sobrevalorada”, opinó Casey. “La vida es demasiado corta como para perder el tiempo pensando si es el momento adecuado o no. Conoces a la persona que te imaginas a tu lado y seis años después te preguntas por qué rayos esperaste tanto”.Los agentes observaban atentos la superficie plástica de la mesa que imitaba fielmente la veta de la madera.“A veces no es fácil. Hay obstáculos, el trabajo, las expectativas que los demás ponen en ti… Las cosas no siempre ocurren como necesitamos que ocurran”, pensó Scully en voz alta.“Yo creo que lo que necesitamos es pensar menos y dar el empujón necesario para hacer que las cosas ocurran; no basta con esperarlas y desearlas en silencio porque puede que no ocurran nunca. Cuando Mark y yo nos casamos no me sentía preparada para ser madre. Lo deseaba, pero sentía que no era el momento, que debíamos esperar y afianzar nuestra situación laboral. Todos los días me decía a mí misma que todavía no, que un poco más adelante, que había tiempo… Cuatro meses después de casarnos me diagnosticaron cáncer de ovario. Los médicos dijeron que la quimioterapia me dejaría estéril. Mi única opción de ser madre era congelar mis óvulos antes de iniciar el tratamiento…”El corazón de Scully dio un vuelco involuntario dentro de su pecho. No estaba segura de si Casey había dejado de hablar para controlar las lágrimas que amenazaban con subir a sus ojos, o si no quería decir más.  Puede que no fuera correcto preguntar, pero…“Tienes buen aspecto, Casey. Superaste el cáncer, ¿verdad?”.Ella asintió con la cabeza.“¿Lograste lo que deseabas?”.Volvió a asentir.“Elynn tiene ahora tres años y medio. Cuando la miro no puedo dejar de pensar que estuvo a punto de no existir porque el miedo me hizo creer que no era el momento adecuado. He aprendido la lección. Si quieres algo haz que ocurra, esperar puede hacer que pierdas la oportunidad en un segundo. El miedo a lo qué pasara si, no vale la pena. Al final la familia que has formado es lo más valioso que tienes al volver de noche a casa; lo único que te separa de una vida solitaria. Hubo un tiempo en que creí que nunca podría tener la familia que deseaba con la excusa del trabajo… Tengo la sensación de que ustedes trabajan demasiado para no volver por la noche a un apartamento dónde no les espera nadie. Usted mismo lo dijo la primera vez que entró en mi bar, señor Mulder”. El uno es un número muy solitario.“El agente Mulder no está tan solo como cree”, afirmó Scully dirigiéndose a Casey como si él no estuviera presente. “Hace siete años que nos conocemos y hemos vivido muchas cosas juntos, experiencias que no podía imaginar cuando decidí optar por el FBI en lugar de un trabajo más tranquilo en un hospital, como deseaba mi padre. El FBI me asignó un puesto a su lado con la intención de que le controlara, de que le hiciera volver al redil, por así decirlo…”.“… y en vez de espiarme para delatarme, como esperaban de ella, ¿sabes qué hizo?”, le interrumpió.Casey elevó las cejas en una interrogación.“Desobedecer la orden directa de sus superiores y apoyarme en el trabajo que pretendían arrebatarme. Trabajar a mi lado en la misión de descubrir a hombres corruptos y poderosos que desde el Gobierno y en la sombra conspiran contra el pueblo americano. Mostrarme su integridad como investigadora, científica y mujer… Convertirse en la mejor aliada y amiga que puedo imaginar”.Scully quiso puntualizar las palabras del agente para no alarmar demasiado a Casey, pero ella se le adelantó.“¿Se refiere a la misma conspiración en las más altas esferas de poder, de la que habló el año pasado sentado en este mismo taburete, para ocultar la verdad sobre la existencia de alienígenas?”, preguntó asombrada por lo que estaba escuchando.Casey estaba acostumbrada a las historias que sus clientes se empeñaban en contarle en cada uno de los grados de alcohol posibles; sin embargo, las palabras y el  lenguaje no verbal de esta pareja le pintaban una historia que le encantaría escuchar desde el principio y en orden una vez que el agente recuperara la sobriedad.“Me da la impresión de que además de material para una novela, tienen ustedes razones más que suficientes para celebrar mañana San Valentín”, se atrevió a aventurar  Casey con una nota de humor. “No consigo enterarme bien de lo que cuenta ni dejo de oír palabras como Conspiración, Verdad, Antártida… No acabo de ver el cuadro completo. Mañana, cuando vuelvan sobrios, me gustaría oír esa historia desde el principio y en orden”, confesó.“No es tan interesante como suena, a veces es más que nada aterradora”, apuntó Mulder.“Muchas veces increíble”, añadió Scully.“Y por lo que intuyo, también la razón de que ustedes se hayan convertido el uno para el otro en esa persona especial que todos necesitamos. Siempre me pareció una anécdota digna de contar a nuestros nietos que Mark y yo nos conociéramos al quedarnos encerrados una hora entera en un ascensor averiado... Después de oír trazas de la suya, cualquier historia de amor suena aburrida”.“¿Historia de amor?. ¿Quién ha hablado de historias de amor”, preguntó Mulder tratando de no perder el hilo de una conversación que le costaba seguir.  “Acaba usted de pedirle una cita de San Valentín a la agente Scully”, le recordó Casey sorprendida de que hubiera olvidado todo lo que había dicho hasta el momento. Tal vez debería ponerle otro café bien cargado.“Sí, bueno…”, titubeó. “Como he dicho, Scully es desde anteayer mi única familia. La gente celebra San Valentín con su familia o con quien quiere que se convierta en su nueva familia”.Se frotó la cara con las manos no muy seguro de lo que había querido decir.“¿Ella es su única familia?. Disculpe la pregunta, pero ¿le ha ocurrido algo a la suya?”.Scully se adelantó para evitar que Mulder tuviera que responder.“La madre del agente Mulder falleció hace dos días, era la única familia que le quedaba. Como he dicho, investigar este caso ha sido difícil para él por varias razones”.“¡Oh!, siento oír eso, agente”, respondió dejando el vaso y el paño en la barra. Su expresión era de empatía hacia este hombre que parecía llevar unos cuantos secretos sobre los hombros. Cuanto más le conocía, más curiosidad sentía hacia él.“Gracias”.Hubo un momento de silencio algo tenso que Casey trató de aliviar cambiando de tema.“A mí me gusta lo que hago”, dijo señalando la pared detrás de ella, donde una serie de baldas corridas sostenían un centenar de botellas en una amplia selección de diseños y colores, “sacar adelante el negocio que yo misma he levantado con mucho tiempo y trabajo, pero al final del día siento que lo que hago merece la pena porque Elynn y Mark me esperan en casa. Suelen venir aquí cuando mi hija sale del colegio para que podamos pasar tiempo juntas. Para mí es importante estar realmente presente en su vida preparando su merienda, haciendo juntas sus deberes, hablando de cómo le ha ido el día en el cole… No me imagino tener un trabajo peligroso como el suyo sin tener a alguien especial en la vida que dé sentido a lo que hago; que me escuche  si necesito maldecir a Dios al final del día, o compartir algo que ocurrió hoy que me hizo recuperar la fe en la humanidad. Amo mi trabajo, pero también quiero sentir que estoy viva y que importo en la vida de alguien; que soy esa persona especial para alguien que se preocupa y cuida de mí, y yo de ella. Ustedes parecen ser ese tipo de personas el uno para el otro, y por lo que he podido ver hasta ahora, tienen sobradas razones para celebrar San Valentín. Después de lo que ha dicho, que la única familia que le quedaba, su madre, acaba de fallecer… no debería descuidar…ninguno de los dos debería desechar la posibilidad de tener una familia y un hogar. Todos necesitamos tener un lugar donde sentirnos seguros y acompañados; aún más en un trabajo como el suyo. Todos necesitamos un refugio que nos proteja tanto de las cosas horribles como de las pequeñas frustraciones de cada día…”.Los agentes escuchaban con la boca abierta y las manos unidas sobre la mesa.“Casey… ¿qué era lo que tus padres te animaron a estudiar antes de que decidieras poner en marcha tu negocio?”, preguntó Scully.Terminados los vasos, se dedicaba ahora a la tarea de colocar algunas botellas en los huecos correspondientes de la pared.“No me animaron a estudiar nada concreto, querían que tuviera una buena educación, pero elegí libremente”.“¿Y qué eligió?”.“Siempre me interesó la psicología así que, al acabar el instituto me trasladé a Washington, estudié mis cuatro años de carrera, me licencié…y por ese germen del que hablaban acabé abriendo un bar irlandés a 5.500 kilómetros del país. Aunque ya lo ha superado, mi padre se sintió algo decepcionado con mi decisión. Le he prometido que algún día desempolvaré mis libros, repasaré mis apuntes y sacaré provecho de mi título, pero de momento estoy satisfecha con mi vida”.Mulder escuchaba en silencio, maravillado de las casualidades de la vida.“Cuando eso ocurra, Casey, quiero ser el primer paciente de tu consulta”, pidió.“Te anoto en mi agenda futura”, respondió con humor. “Creo que vas a ser todo un desafío como paciente”.“No estamos acostados en un diván, pero diría que acabamos de recibir nuestra primera sesión gratis”, apuntó Scully.Las mejillas de Casey se colorearon con el cumplido de la agente.“Gracias, pero esto es sólo intuición por deformación profesional debido a la cantidad de gente que pasa por mi bar. Imagino que en su trabajo también ha de ser importante tener buenas dotes de observación”.Mulder asintió sin palabras.“Sin embargo tengo la sensación de que esa cualidad no la aplican a ustedes mismos”.“¿Por qué dice eso?”.Casey apuntó a Scully con el índice.“Ella ha arriesgado su carrera por usted, por apoyar su trabajo y su búsqueda sea lo que sea que está buscando. Usted ha ido al fin del mundo para salvarle la vida a ella… y siete años después no han celebrado ni una simple cita de San Valentín… ¿A qué están esperando?”.“Nosotros no tenemos ese tipo de… relación, Casey. Somos buenos amigos y compañeros de trabajo, cenamos juntos con frecuencia. El agente Mulder me ha pedido una… cita, pero sinceramente dudo que mañana por la  mañana lo recuerde. Ya le he dicho que el trabajo nos obliga a pasar muchas horas juntos, y ahora que ha perdido la familia que le quedaba me necesita más que nunca…”“¿Otra vez, Scully?”, le interrumpió el agente.“¿Qué?”.El agente suspiró de impaciencia enderezando la espalda en la silla. Su mirada no acababa de enfocar, pero intentó aparentar toda la sobriedad de que era capaz.“La primera vez lo achacaste a la medicación y ahora al alcohol… ¿Qué tengo que hacer para que me creas cuando digo que Te quiero?”, preguntó levantando la voz más de lo necesario.La agente le miró estupefacta.“Si no has dicho… nada”, murmuró.Mulder se quedó en silencio repasando su mente en blanco. Debía de haberlo imaginado, pero en cualquier caso…“Te he invitado a una cena de San Valentín, ¿recuerdas?. Creí que quien no tenía la mente clara por el alcohol era yo, pero eres tú quien no lee entre líneas”.“Yo he leído”, señaló Casey levantando la mano como para responder la pregunta que nadie le había hecho. “Está claro lo que el agente Mulder quiso decir”.¿Qué pasa?. ¿Ahora estos dos se han aliado para atraparme entre la espada y la pared?, pensó hacia adentro.“Está bien, Mulder. Ya hemos quedado que mañana venimos a las 20h a cenar aquí a cargo del presupuesto del FBI, como amigos y familia de corazón. Para cualquier otra cosa prefiero esperar a que lo digas una vez más, a ser posible con la mente clara y el cerebro libre de fármacos y alcohol”.Mulder le dedicó una sonrisa bobalicona y unos párpados a media asta. Una expresión facial que no iba de acuerdo con la certidumbre de su afirmación.“Espera a mañana y oirás un Te quiero alto y claro. Te demostraré de una vez que yo no bromeo con esas cosas”.Ella le dio unas palmaditas en el dorso de la mano.“Vámonos ya. Casey tiene que cerrar e irse a casa, y yo necesito mi dosis de sueño diario”.El agente se puso en pie y buscó su tarjeta de crédito en el bolsillo posterior del pantalón con sólo una ligera oscilación de caderas al acercarse a la barra.“Yo pago, Casey. Si mañana voy a cenar gratis gracias a la agente Scully se merece que hoy le invite al café”.“Gracias”, respondió irónica desde su silla.“Son noventa y ocho dólares”, le informó. “Espero que su jefe le pague bien, señor Mulder. Su cuenta de alcohol aumenta un poco más cada vez que viene”, bromeó.“¿Noventa y ocho dólares?”, repitió él entregándole la tarjeta mientras trataba de recordar en qué había gastado tal cantidad.“¡¡¡Noventa y ocho dólares, Mulder!!!. ¿Cuánto has bebido exactamente?”, preguntó Scully más alarmada que él.El agente giró la cabeza mirando casi avergonzado por encima de su hombro.“No hagas preguntas cuya respuesta prefieras no saber”.Demasiado tarde, llevo siete años haciéndolas, murmuró entre dientes.Se levantó para dirigirse a la salida y en la puerta esperó a que el agente acabara con el pago de la consumición.“Gracias por tu paciencia, Casey, y por cuidar de él hasta que he llegado. A veces da un poco de miedo perderle de vista más diez segundos seguidos”, declaró más en serio que en broma.“¿Qué significa eso?”, preguntó el agente fingiéndose ofendido.“¿Bromea?. Son ustedes los clientes más interesantes que he tenido en mi bar en mucho tiempo”, reconoció Casey en actitud conciliadora.“¿En serio?”, preguntó Mulder, su expresión cambiando en un segundo a una de orgullo. “¿Ves, Scully?. No doy miedo, soy interesante”.“Totalmente”, aseguró Casey. “Tendrían que oír las historias que escucho los viernes por la noche, pero la suya le da cien vueltas a todas, y eso que tengo la impresión de que me falta por conocer los detalles más jugosos”.“Tendrá que ser en otro momento, el agente Mulder puede estar horas contando detalles jugosos”, aseguró Scully enfatizando la palabra.“Aquí les espero mañana. Para empezar, me gustaría que me explicaran por qué una pareja de competentes agentes especiales trabaja en un despacho apartado, en el sótano del FBI. ¿Tiene algo que ver con que sea usted un problema para sus superiores y un incordio para sus compañeros?”.Eso picó la curiosidad de la agente.“¿Qué le ha contado exactamente el agente Mulder?. Tengo la impresión de que estaba mucho más comunicativo antes de que yo llegara”.“Eso queda entre Casey y yo”, se apresuró a aclarar Mulder. “Todo el mundo sabe que el camarero del bar es el confesor de los ateos”.
¡Oh...!, si supieran los pecadillos que confiesa la gente en cuanto alcanzan un gramo de alcohol en sangre.
Scully levantó los ojos en blanco al cielo.“Anda, vámonos, Mulder. Esta noche te quedas en mi apartamento. Aún tengo que pensar como conseguir que mañana llegues al despacho sin que nadie a nuestro paso note que tienes una resaca tamaño Jumbo”.“¿Ves lo que te decía, Casey?. Si no fuera por Scully no habría sobrevivido más allá de los veinte años”, declaró juntando las palmas de las manos como si rezara a su santa favorita.“Te conocí cuando tenías 31años, Mulder”, le recordó.“Espero que el regalo que piensa hacerle esté a la altura. La agente Scully se merece algo mejor que Las Superestrellas de la Superball”, le advirtió Casey.Los dos abrieron la boca al unísono.“¿Cómo sabe…?”, comenzó Scully.“Pensé en una docena de rosas, pero temí dar el mensaje equivocado”, confesó él pisando las palabras de la agente.“¿Está seguro?. ¿Por qué tengo la sensación de que lo que temía era dar el mensaje correcto”, aventuró Casey entornando los ojos.“¿Qué… qué quiere decir?”, preguntó no muy seguro de que Casey quisiera decir lo que creía que quería decir.“Váyase a dormir, señor Mulder”, sugirió señalando la puerta. “Y mañana, cuando vengan juntos a cenar asegúrese de que ese regalo sea un complemento adecuado para un vestido de noche negro”.Scully se apresuró a poner la mano en la parte alta de la espalda del agente y empujarle al otro lado de la puerta que ella misma sostenía abierta.Casey les siguió con la mirada mientras le ayudaba a entrar en el coche aparcado en la acera. Sus movimientos aún torpes hacían difícil la tarea y tuvo que poner la mano en lo alto de la cabeza de Mulder para evitar que se golpeara con el borde del techo. Una vez sentado, ella misma le abrochó el cinturón de seguridad. Era evidente que estos dos habían vivido mucho juntos, pero Casey sospechaba que, aunque fuera verdad sólo una décima parte de las cosas que aseguraban haber vivido… lo que realmente parecía dar sentido a sus vidas era lo mismo que se lo daba a la de Mark y ella.Se tenían el uno al otro.Sólo faltaba que fuera tan evidente para ellos como lo era para ella, acostumbrada a leer  mentes y vidas en las personas que entraban en su bar a intentar ahogar su soledad en alcohol.Scully pasó por delante del coche para ir al lado del conductor cuando Casey notó la chaqueta del agente junto al taburete que había ocupado. Se apresuró a cogerla y salir del bar para devolvérsela, el motor ya en marcha.“¡Esperen!”, dijo sacudiendo la prenda delante del coche antes de dirigirse a la ventanilla del copiloto. Esperó a que la agente pulsara el botón de apertura automática en el salpicadero y se la entregó a Mulder.“Gracias. Sabes, Casey… tú también eres una buena amiga. Alguien… alguien me dijo una vez que mucha gente preferiría meter los dedos en un enchufe antes que pasar un minuto conmigo. Puede que tuviera razón, pero la agente Scully y tú sois la excepción. Casi nadie me aguanta sobrio y vosotras me escucháis incluso cuando estoy borracho”.Scully le puso la mano en la rodilla sonriendo con afecto.“Es difícil sustraerse a tu pasión por perseguir aquello en lo que crees, por muy inconcebible que nos parezca a las personas que nos guiamos por el sentido común”.“Para eso están los amigos, señor Mulder”, añadió Casey, “para escucharte cuando todos los demás te dan la espalda; y no todo el mundo tiene historias como usted, créame. En los siete años que llevo en mi bar he escuchado historias de todo tipo, pero usted ha dejado el listón demasiado alto. Duerma un rato y vuelvan mañana. Quedan invitados al postre a cambio de que comiencen a contarme la suya desde el principio”.
Dos personas dispuestas a escuchar y respetar lo que necesito decir; que aprecian mi compañía, aunque no compartan mis ideas… ¿No es eso lo que todos llaman familia?.
Mulder se inclinó hacia atrás en el asiento para apoyarse en el reposacabezas y cerrar los ojos. Una sensación de paz se extendió en su pecho. Desde anteayer era el último Mulder, pero nunca se había sentido menos solo desde que era un niño de doce años.
14 de Febrero de 2024

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