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Desde siempre Helga acaparó su corazón, tal vez no fue por completo, pero sí era un constante, ya que nunca salía de él del todo. Puede que no se haya dado cuenta en un inicio, pero cuando esa bien conocida debilidad en las piernas que le causaba no desapareció al dejar de tenerle miedo, simplemente supo que se debía a algo más allá de su comprensión. Así que comenzó a prestarle atención a cualquier acción de Helga. No importa lo pequeña que fuese, de hecho, estas eran de las mejores, porque grandes eran sus muestras de ira, fuertes e imponentes ante cualquier transeúnte. El contraste se hacía obvio cuando una avalancha de emociones se apoderaba de ella cada vez que se leía un poema de "anónimo". O esa mirada desconcertada que a menudo portaba solo para enmascararla rápidamente con el omnipresente ceño fruncido.Incluso cuando más personas se unían o alejaban de la pequeña pandilla, el grupo de alguna extraña manera nunca se separó desde su inicio en "urban tots". Crecieron juntos, fueron a todas las escuelas juntos, así que sin esperarlo, se mantuvieron cerca y así fue que vio cómo la rubia nunca cambió. Al menos no significativamente. Espontáneas, muestras de emociones intensas, rápidamente escondidas tras una máscara. La forma en que el disfraz se presentaba fue el único cambio aparente a lo largo de los años, primero con ira incontrolable, después una mezcla de desprecio y desdén y, más recientemente, con apatía. Fue curioso cómo el chico le prestó atención, y la observaba, inconscientemente.Nunca ocultó el hecho de que la encontrase atractiva, mientras no frunciera el ceño, por supuesto, pero tampoco lo gritaba a los cuatro vientos. Sin embargo, cuando aceptó ser su novio de alquiler, bueno, sorprendentemente se encariñó mucho con su amplia y profunda gama de emociones, incluso con ese ceño fruncido. Lástima que Helga rechazara todas y cada una de sus declaraciones de amor con palabras tan cínicas e hirientes.
-Escucha, Stinky, no va a funcionar ni ahora, ni nunca.
Es curioso cómo el tiempo desmintió las dos pequeñas palabras al final de su declaración. Actualmente, el chico está sacando su suéter debajo de la almohada de Helga, el mismo que lo llevó a donde está ahora. A su vez, reconociendo lo cursi que era en realidad. No solo por haber guardado el suéter; después de todo, había sido el primero de muchos obsequios, sino por mantenerlo cerca de ella en un lugar tan íntimo como lo es su cama. Doblando la prenda y colocándola de regreso a su lugar, la mente de Stinky divago hasta recordar el desarrollo de su relación.Por supuesto que lo escuchó, incluso lo vio, el comienzo del final de "Arnold y Helga". De la superpareja que surgió después de ese viaje a San Lorenzo en las vacaciones después del quinto año. Sin embargo, reconoció las posibles consecuencias de preguntarle directamente y simplemente optó por no entrometerse. Resultando en únicamente saber aquello con lo que todos los demás estaban familiarizados. Después del noveno grado, Helga fue a un lujoso campamento de artes y Arnold fue a San Lorenzo con sus padres. Si bien no era inusual que pasaran tiempo separados, especialmente durante el verano dados sus viajes, campamentos y amigos, lo que era inusual es lo que pasó con Arnold. Toda la familia no volvió cuando lo acordaron. Se suponía que Arnold estaría de vuelta dos semanas antes del décimo grado. Y actualmente se acercan las vacaciones de verano del décimo año y la única señal de que Arnold todavía está vivo es la postal mensual que Gerald y sus abuelos reciben y mencionan en escasas ocasiones. Bueno, por lo menos al parecer de Stinky.Después de esos cuatro años de relación que fuese interrumpida de esa manera, esperaba que Helga estuviera disgustada, era lo natural. Él lo vio en la forma en que el brillo en sus ojos disminuyó, o como ella tenía un arrebato de ira con más frecuencia e intensidad.Noviembre del décimo grado, para ser específico o por lo menos Stinky suponía; fue en ese entonces cuando lo vio por primera vez. Él estaba familiarizado con las costumbres de la chica, tal como el resto de la pandilla original de P.S.118. Quienes sabían cuando distanciarse o cuando era seguro acercarse. Así que se alejó, asegurando su bienestar lejos de Helga durante este tiempo. Hasta que un fuerte frente frío llegó a la ciudad de Hillwood un mes después, a principios de diciembre. La helada llegó de la nada para todos, excepto para él, presintió que esta llegaría pronto. Se convirtió en un sexto sentido para él desde que la agricultura se convirtió en su mayor interés. Así que cuando se despertó esa dichosa mañana sabía qué temperaturas lo esperaban. Ese día, colocó algunas camisas formando capas que lo mantendrían caliente, finalizando su atuendo del día con una cálida sudadera con capucha verde y comenzó su caminata a la escuela. Solo que, se detuvo cuando vio a Helga muy irritada caminando del otro lado de la calle, con solo una blusa y unos pantalones de mezclilla. Lo único de su atuendo que parecía encajar con el clima era el gorro en su cabeza. Sin dudarlo, comenzó a tomar acción apenas y le llegó la idea. Se quitó la sudadera y comenzó a caminar hacia ella, para luego detenerse cuando tomó en cuenta lo que sabía de la rubia. Ella era alguien demasiado orgullosa como para aceptar la sudadera de esa manera tan abnegada. Ella no era una obra de caridad, solamente podía ayudarla por mera casualidad, así que la escondió torpemente en su mochila y la llamó. Cuando comenzó a sacar el suéter de su mochila para dárselo, la expresión en su cara indicaba saber hacia dónde apuntaban sus intenciones. -Tome, señorita Helga, seguro que se congelará si se queda así-Estaba a punto de lanzarle un ‘lárgate, déjame en paz’, cuando una fuerte ráfaga de viento helado la detuvo. Aceptando su sudadera de capucha con un inusualmente suave -Gracias, Stinky-, ella se la puso e inmediatamente supo lo que realmente hizo él, las mangas estaban un poco metidas, y el calor y el olor que la envolvieron lo delataron. Sin embargo, ella decidió no mencionarlo para mantener algo de dignidad. No solo eso, había descubierto algo sorprendente, lo mucho que le gustó todo al respecto. La colonia que llevaba, era deleitable, casi embriagadora, y la sensación de ser cuidada era agradable, por decir lo menos. Sin embargo, la ligera sensación de culpa que de repente sintió no fue agradable, y le trajo de vuelta su mal humor y la hizo continuar su caminata a la escuela con pasos pesados; con Stinky caminando en silencio a su derecha, poniéndose entre los autos circulantes y ella.Stinky, a pesar de no tener ningún compromiso hacia la chica enojada, nunca se despegó de su lado, de hecho fue a su primera clase, donde se despidió. El joven del campo no lo habría dicho entonces, pero descubrió que le gustaba la forma en que la sudadera con capucha se veía en Helga, que fue en parte la razón por la que se quedó con ella hasta que no tuvo más opción que retirarse, mirando a hurtadillas lo grande que quedaba y por ende adorable. Definitivamente, no es algo que le diría si le gustaba respirar por la nariz. Siendo lo suficientemente inteligente, se mantuvo callado todo el tiempo. Cuando se volvieron a ver, fue al final del día, ella estaba en camino a él para devolverle su suéter.-No voy a dejar que lo devuelvas mientras todavía hace frío ahí fuera. Quédate el suéter- mientras su ceño fruncido empezaba a formarse en su cara, continuó: -Iré contigo a tu casa y cuando lleguemos allí puedes devolverlo. ¿Qué tal?-Ella levantó un dedo amenazante hacia su cara, pero se detuvo con un suspiro derrotado. Últimamente, no tenía energía para involucrarse en ningún tipo de pelea y era Stinky, el inofensivo, Stinky. Ella sabía lidiar con él, se habían conocido durante toda su vida y nunca había sido más que una ligera molestia cada vez que hacía un comentario coqueto. Ella no era ajena a ellos, pero sabía que él no la había estado persiguiendo durante años. Después de todo, frecuentaban el mismo círculo de amigos y las múltiples citas en las que había estado eran de conocimiento público, al igual que el hecho de que nunca resultó en algo serio. Helga casi se sintió mal por él, ya que el no era un idiota y podía ser una buena pareja, mientras que otros, como ella, podrían ser difíciles de tratar, y aun así tenía una larga y satisfactoria relación con el objeto de sus jóvenes afectos, Arnold. No es que actualmente estuviera viviendo el ‘y fueron felices por siempre’ pero aun así ella solo contaba los días a que llegara Arnold y todo sería como antes. Y vaya que la rubia no quería equivocarse con eso.Lo que no era de conocimiento público eran las extrañas similitudes en las que a Stinky se le rechazó. Tan dulce y tierno como era Stinky, él compartía poca o ninguna química con ninguna de las chicas con las que había salido. El resultado, nunca recibir el título de ‘novio’ a pesar de la cantidad de citas y castos besos de despedida. De una manera, entendió, después de todo, él nunca ‘amó’ a ninguna de las niñas con las que se encariñaba y salía. Él pensaba que el amor era algo que crece con cuidados y atenciones especiales al igual que con su primera calabaza. Al menos, eso es lo que aprendió después de la primera vez que le lanzó esa palabra a alguien. Aun así, aquí se encontró empezando a cuidar y ofreciendo apoyo a esa misma persona. Y sin esperar realmente que algo surgiera de eso, maldita sea, ¿era ella su debilidad?Así es cómo comenzó ese día, en la caminata a casa de Helga, se enteró de por qué no llevaba una chaqueta. Al parecer, ella había salido corriendo de su casa después de una discusión con Miriam luego de que Helga encontrará una botella de licor sin abrir en el gabinete del baño, su madre, que le explicó a Helga que solo la había comprado, no había bebido de ella y tenía la intención de devolverla. Si hubiese sido hace tres años, podría haberle creído a su madre, pero con los deslices que Miriam ha tenido, ya no podía creerlo. Y Helga, en un ataque de cólera, lanzó la botella al suelo rompiéndola, después del intercambio emocional salió corriendo. Las recaídas que Miriam experimentó no fueron frecuentes, pero fueron capaces de poner a Helga en el estado de ánimo más irritable conocido por el hombre. Por lo general, Arnold, siendo el tipo siempre amable y considerado, se aseguraba de que la gente se mantuviera a salvo y también haría algún gran gesto que provocaría la envidia de todas las chicas. Sin embargo, lo que parecía más efectivo para llevar a Helga a un mejor estado de ánimo fue simplemente una presencia ofreciendo apoyo. Algo que el gran observador que era Stinky notó y decidió hacer precisamente eso. Los días posteriores a ese incidente, se aseguró de distraer a Helga con cualquier salida que se le ocurriera, comenzando con las reuniones navideñas entre el grupo. Sin embargo, a pesar de todo su esfuerzo, cuando llegaron las vacaciones de invierno y se acercó el 25, Helga se puso aún más irritable, llegando a su límite, por lo que él se esforzó más, simplemente estuvo presente y no pidió ningún detalle.La temporada de fiestas y reuniones finalmente terminó, lo que lo llevó a asumir la responsabilidad de crear estas salidas que naturalmente eran más íntimas, ya que ahora eran solo los dos. Él estaría mintiendo si dijera que era solo por preocupación, su presencia era agradable incluso cuando se quejaba, o refunfuñaba y a finales de enero ciertamente se habían convertido en grandes amigos. De hecho, eran tan cercanos que su círculo de amigos se había acostumbrado a verlos juntos en todas partes y no pensaban nada de ello. Lo que ayudó a mantener el cambio repentino en su relación en privado, incluso para sus respectivos mejores amigos. El cambio se produjo entre ellos cuando sus reuniones semanales en el cine les presentaron unas opciones inusuales para ellos. Después de todo fue, el mes de febrero y las opciones se limitaron al romance dramático, sus variaciones y en el mejor de los casos, al romance de acción, de cualquier manera se podría decir que ‘el amor estaba en el aire’. El siguiente conjunto de eventos ocurrió tan rápido que no había un orden claro de lo que ocurrió exactamente. De cualquier modo, hubo un intenso contacto visual compartido entre ellos, uno que llevaba tensión, algunas caricias y mejillas rojas, después de un inevitable beso mutuo.Ninguno de los dos se atrevió a reconocer lo que sucedió, sin embargo, no evitó que sucediera de nuevo, una y otra vez, incluso sin la excusa de una película o actividad.Ya sea atracción, familiaridad, hormonas o sentimientos, no podían dar una explicación de por qué estaba sucediendo. Sin embargo, Helga fue la primera en mencionarlo, unas dos semanas antes de su cumpleaños reunió el valor de hacer una pregunta con el poder de cambiar su dinámica. Fue durante una ‘salida’, está un pícnic en el parque. -Stinky, esto... ¿Es una cita?Su pregunta tenía razón de ser, después de todo, desde su primer beso compartido, ambos se sorprendieron poniendo un poco más de esfuerzo en su apariencia. Además, los comentarios más atrevidos se hicieron recurrentes por parte de ambos, algo que solo se describe como coqueteo desvergonzado, sin mencionar sus espontáneas muestras de afecto. Ahora, en lo que respecta al pícnic actual, todo parecía exagerado, especialmente con el ramo de flores que su ‘amigo’ le había traído. En cuanto a Stinky Peterson, era un tipo atrevido, pero no estúpido, respondió de una manera que transmitía sus recién nacidas esperanzas, pero de una manera lúdica si necesitaba un plan de escape. -Claro que sí, mi reina- terminando con un guiño. Helga parecía aceptar esta respuesta sin objeciones. Por lo tanto, al final de la ahora ‘cita’, la ‘pareja’ ya había establecido entre sí su nuevo estatus de relación.Eran una pareja privada, no estaban interesados en las muestras públicas de afecto, sin embargo, tampoco lo evitaban a toda costa. Cuando finalmente sucedió, la primera reacción de la gente fue ser escéptica, después de todo, ambos son ávidos bromistas y fue el 1 de abril. Excepto que el incidente se repitió y la especulación comenzó a reemplazar el escepticismo inicial. La confirmación vino de Peterson, él era la parte más accesible, era la opción más segura y razonable. Las noticias viajaron tan rápido como lo confirmó, al igual que la aprobación colectiva de dicho desarrollo. No es que lo necesitaran, su relación solo los involucra a ambos y todos los demás pueden ‘irse al demonio’ como Helga lo expresó tan amablemente.Sin embargo, el mes desde la gran revelación, había sido agradable no lidiar con el rechazo y el posible drama posterior, si la situación se hubiese desarrollado de manera diferente. La feliz pareja estaba disfrutando del aire acondicionado en la casa de Helga en este caluroso día de mayo. Sonriendo ante los recuerdos de los últimos meses, Stinky se dio cuenta de que Helga estaba tardando demasiado en volver a su habitación. Pensando que ella podría necesitar un poco de ayuda, comenzó a bajar las escaleras, cuando sonó el timbre mientras se acercaba a la planta baja. Helga, sosteniendo un tazón de palomitas de maíz y algunas bebidas, estaba ahora en el pasillo principal a la vista de la puerta y ahora, Stinky. Él sonriéndole, casi como si leyera sus pensamientos, dijo. -Yo abriré, cielitoHelga puso los ojos en blanco ante el uso del apodo cursi, pero no dio ninguna otra señal de desaprobación y simplemente respondió. -sí, sí, muévete StinkoCuando la puerta principal se abrió, un tipo con cabeza de balón se observaba del otro lado y la mirada esperanzada que portaba al inicio, se transformó rápidamente en una de disgusto. Los ojos de Arnold se estrecharon y, con un desdén poco característico, solo pudo soltar una sola palabra. -Stinky
----- CHAPTER BREAK -----
Una verdad no siempre se basa en hechos, puede también basarse en una creencia profunda, tal como en las religiones o fundamentos morales. Y el no poderse comprobar o desmentir, les otorga una ambivalencia envidiable, ya que son verdades para quien la acepte como tal o rechazadas y aun así tener la razón. A diferencia de los hechos que son respaldados con evidencia, precedencia o el paso del tiempo, de ahí solo un lado tiene la razón. Algunos, como Arnold Shortman, toman una verdad personal y un hecho a significar lo mismo, la verdad única y universal. Cuando él creía en alguien o en una causa, lo veía como una verdad universal. Lo cual por mucho tiempo estuvo a su favor, ya que demostraba su fe y creerlo de todo corazón se volvía realidad. Llámalo optimista o ingenuo, pero he ahí la base de su personalidad.
Los primeros tres meses desde su ausencia transcurrieron sin algún percance para la superpareja “Helga y Arnold”. Después de todo, tenían una sólida fundación en su relación, de las más fuertes, incluso entre las de sus compañeros mayores. La larga distancia para ellos fue simplemente un pequeño bache en su supuesto final de "juntos hasta el final de los tiempos". Al inicio hubo una alta frecuencia en la cantidad de cartas enviadas entre ellos, tratando de mantener al otro al tanto en los acontecimientos y más. Por no hablar del infinito intercambio de ‘te amo’ o ‘te extraño’ y lo hacían, de hecho fueron exagerados esos sentimientos. Incluso se manifestaba de manera obvia; en la forma en que sus estados de ánimo se vieron decaídos, haciendo que Arnold fracasara en hacer lo que mejor sabe hacer. Lo correcto. Hacer el bien, y ser un compás de moral y simpatía había llegado tan natural como el respirar para Arnold; y ahora estaba teniendo dificultades con ello.
Recientemente, descubrió el porqué algunos de sus compañeros a menudo tenían problemas para hacerlo. Comprendiendo ahora que estaba en su lugar. Especialmente con la disonancia entre lo que necesitaba hacer y lo que quería. Lo que quería tan desesperadamente era poder volver a Hillwood. Porque parecía que parte de él se quedó allí, con todos los que formaban parte de su vida diaria. Lo que el chico optimista quería era que la fecha de regreso fuera pronto, a tiempo para la próxima ocasión especial. Tanto es así que hizo promesas descuidadas de que volvería por cualquier día festivo importante que estuviera más cerca y cada vez que lo hacía no lo lograba. Lo que necesitaba hacer, era aceptar que no sabía en realidad cuando volvería y compartir ese hecho.
En cuanto a Helga, su cadencia y movimiento perdió alegría, no era tan propensa a hacer bromas o burlarse y reírse como antes, pero esperaba que todo regresara a la normalidad con el tiempo. Al menos durante esos tres meses, desde julio, de octubre en adelante, ya fue otra historia.
En su vida, Arnold fue la única constante de honestidad y esperanza. En especial tomando en cuenta que su mundo era uno repleto de promesas incumplidas y decepciones de parte de las relaciones vitales a lo largo de su existencia. Y aunque eso podría haber sido un papel demasiado importante para una persona, ella confiaba en él. Tal como la rubia también confió en su mejor amiga Phoebe, para ser la voz de la razón y la personificación de la lealtad en su mundo rodeado de sus ‘bobos’ compañeros de clase.
No fue de extrañar cuando se convirtieron en los seres más importantes para ella, y el maravilloso trabajo que hacían al mantenerlo así era admirable. Phoebe, siempre recalcando las posibles malas consecuencias de sus acciones u ofreciendo consejos a sus dilemas sin ser condescendiente. Porque Phoebe siempre supo que Helga no era tonta, pero su juicio podría verse nublado por la impresión inicial y simplemente estaba allí cuando tuviera la cabeza caliente. Leal, incluso a través de los oscilantes estados de ánimo que tan a menudo acompañaban a su amiga rubia. No es que la joven asiática-americana fuera permisiva ante los arrebatos de su alta amiga, pero había aceptado hace mucho tiempo que cargaba con un enojo ante sus circunstancias y simpatizaba con ello, e incluso sentía un desdén por quienes lastimaban a su querida amiga Helga. Con Arnold, él estaba allí para recordarle que las cosas también podían resultar a su favor. Para disfrutar de ello si lo hacía, y apreciar esas victorias sin importar cuán grandes o pequeñas sean. Para luchar por algo aun si parecía inalcanzable. El samaritano de buen corazón siempre había demostrado que la gente puede mantenerse fiel a sus palabras y lo haría. Incluso en momentos en los que se convertía en un inconveniente, la existencia de ese principio era suficiente.
Desde que podía hablar y pedirle cosas a su familia, Helga se había sentido decepcionada, al no recibir nada más que indiferencia. Por lo tanto, sus expectativas cayeron a la inexistencia. Pero estas renacen esporádicamente con un simple acto, convirtiéndose en un anhelado rayo de luz. Cada vez que se asemejaba un cambio, sus esperanzas crecían desenfrenadamente solo para caer fuertemente en decepción; dejándola desconsolada. Incluso ahora ella mantiene ese rasgo gentil indicativo de ser una chica con un corazón demasiado grande para su propio bien, propenso a la decepción. Decepción inevitable. Visto cada vez que creía que su madre estaría presente, sólo para priorizar el trabajo poco después. O cuando le creyó cuando comenzaron las reuniones de AA, sólo para recaer constantemente, al menos al principio con períodos de sobriedad más largos después, pero las caídas ante esas crecientes esperanzas también aumentaban en el dolor posterior. Incluyendo el desencanto con su padre cuando prometió estar más presente emocionalmente, solo para olvidarse de su intereses o gustos y menospreciarlos cuando los recordaba.
Era de esperarse cuando se independizó a corta edad y usó todo tipo de trucos y esquemas para conseguir cualquier cosa. Endulzando el oído de su padre, usando el remordimiento de su madre a su favor, no había nada de lo que no fuera capaz de hacer. Helga no pedía cosas; las tomaba a la fuerza y retaba a quienes se interpongan. Sin embargo, no era despiadada, lo que sea que tomara rara vez era por razones egoístas. Incluso cuando los que la rodeaban le ofrecían su cuidado y atención, era difícil de recibir, lo que a menudo llevaba a mantener su distancia. Quien se acercara termina quemado. Arnold, sin embargo, era como una polilla a las llamas en ese aspecto, así es como terminó con Helga dependiendo de su sinceridad, sus promesas. Todos con un gran potencial de desilusión.
Arnold había anunciado que su primer regreso sería antes del comienzo del nuevo año escolar. Luego le dijo a Helga que sería ‘antes de mi cumpleaños’, ‘bueno, umm después de mi cumpleaños’, ‘no, no, a principios de noviembre’, ‘bueno, ¿qué tal el Día de Acción de Gracias?’
Culminando con una última promesa vacía de ‘no, no, te prometo que será Navidad’. Solo una verdad percibida disfrazada de "la verdad" a los ojos de Arnold. O "basura" si se le preguntase a Helga. Su novio hizo promesas vacías que solo servían para despertar la esperanza en ella y luego aplastarlas por completo. Lo que la llevó al límite con la frustración acumulada de las últimas semanas. Todo esto fue durante las escasas llamadas que solo se podían hacer cuando estaba en la ciudad, siendo este el martes de la semana de Acción de Gracias. Resultando en palabras que sellaron su destino durante esa última llamada.
-Oh, ¿Enserio, cabeza de balón? Bueno, apostemos si es que estás tan seguro- La exasperación en su voz se filtró por el otro extremo haciendo que el estómago de Arnold se llenará rápidamente de temor. -Vamos, si estás seguro de que volverás para Navidad, no me hables, no me escribas, no soy nada para ti hasta que realmente vuelvas, ¿qué dices?-
Durante la última declaración, Arnold tuvo un debate interno entre el lado optimista y la aterradora sensación de premonición creciendo en sus entrañas. Sin embargo, siempre fue audaz, y habló de la grandeza que aún no lograba, pero esperaba alcanzar. Y ese es el lado de él que respondió con una convicción inquebrantable
-Nos vemos en Navidad Helga- contestó antes de colgar.
Arnold aún no se había dado cuenta de los paralelismos entre sus promesas vacías y las promesas vacías de los progenitores de la joven Pataki. Imitando las renovadas altas esperanzas y las caídas duras que herían a la chica.
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La mirada penetrante de Arnold hizo que el más alto entrará en pánico, intentando desesperadamente encontrar su lugar en el creciente conflicto. Mientras que los pensamientos del intruso se enfocaron en el aspecto de los dos en el interior. La ropa de Stinky estaba ligeramente arrugada, su cabello desordenado en la parte de atrás y los lados, y los zapatos parecían haber sido atados torpe y apresuradamente. Se hizo obvio para Arnold, como el "gran" Stinky Peterson se había puesto cómodo en casa de Helga, posiblemente en la habitación también.Su imaginación se volvía loca con el conocimiento de que alguien rara vez estaba en casa. Big Bob, que siempre estaba fuera, tratando de mantener un ingreso decente; y las reuniones de AA de Miriam, a las que asiste sin falta alguna para mantenerse alejada de la bebida.Con los celos que amenazaban con estallar fuera de control, Arnold buscó con sus ojos a Helga. Y se reconfortó de inmediato en la falta de desorden en su aspecto. Cabello y ropa, intactos, pero evitó detenerse en su cara, especialmente sus ojos; tenían el poder de hacer que perdiera la compostura, y doblegarse ante sus deseos, por lo que volvió la mirada a Stinky.Si bien Arnold no la miró a los ojos, Helga sintió su mirada examinante y logró despertarla de esa paralizante tensión que le trajo el inesperado regreso de su ex.La indignación e ira la inundó. ¿Cómo se atreve a venir sin aviso y empezar a lanzar desdén con su mirada sin siquiera un saludo?Una sonrisa amenazante se formó en sus labios y con un repudio tan característico que no había dirigido hacia Arnold en años, dijo -Oye, cabeza de balón, espero que no estés aquí para celebrar la Navidad en mayo. Ni siquiera tu abuela hace algo así-. Con los labios fruncidos aparentando pensar profundamente, continuo -¿mm julio? Claro, bien lo sabes. ¿1 de abril? Solo cuando se quiere divertir un poco, ¿pero mayo? ¡Es un poco descabellado, incluso para un zopenco como tú!- Para ese punto, su sonrisa solo creció, sus dientes se asomaron, altivamente. Levantó la barbilla en un intento de ocultar lo pequeña que se sentía.Eso no fue un saludo inofensivo, o algún tipo de broma para esparcir la tensión, fue un golpe altamente calculado. Un rechazo a su presencia, viciosa e hiriente, pero sin desacierto.No es que haya cortado la comunicación con ella después de esa llamada telefónica. Se arrepintió tan pronto como colgó, pero ya estaba hecho. Incluso después de Navidad, en esos días escribió aún más, pero nunca recibió nada de vuelta. Ni siquiera se abrieron, él supuso y no la culpa. Además, no eran muy importantes, después de todo, él estaba aquí. Dispuesto a reiterarse las veces que fueran necesarias. Esas cartas habían cambiado de naturaleza, pasando de contarle sobre su día, a suplicar por su comprensión y un sin fin de razones por su retraso. O si se era realmente honesto consigo mismo, excusas.Sin embargo, el hecho de que las palabras fueran dirigidas a él, instintivamente le hizo dirigir la mirada hacia ella. Y verla. Vaya, qué error cometió... La mirada en sus ojos tenía un aire de apatía. El que llevaba cuando Big Bob se había burlado de la poesía durante un evento en el que los estudiantes leían su trabajo, incluido el de ella. Similar a cuando Miriam tuvo una breve recaída, la segunda, y él supuso todas las posteriores. Odiaba esa mirada. Ya que es una señal, la calma antes de la tempestad. -Helga yo…- No llegó más lejos, las palabras murieron en su boca cuando la puerta le golpeó en la cara después de que Helga la hubiera cerrado de una patada.-Vámonos, Stinky, que no se te olvide cerrar bien la puerta-, dijo Helga sobre su hombro mientras se dirigía a su habitación. El golpeteo a la puerta y el llamado a Helga por parte de Arnold, hicieron que Stinky dudara. Al final, él concluyó que esa no era su casa e hizo lo que ella le pidió, siguiéndola.Un Arnold ligeramente derrotado dio marcha atrás, viendo al taxista cerrar la puerta y alejarse a toda velocidad. Normalmente, habría ayudado a descargar su maleta, pero se había olvidado por completo de ello y se bajó tan pronto como pagó la tarifa y corrió hacia la puerta principal hacia la casa de Helga. Afortunadamente, el conductor había dejado sus cosas en la acera. Intentando ver el lado positivo, como lo hacía a menudo, apreció la oportunidad que la caminata a la casa de huéspedes le brindó para pensar en su próximo plan de acción.Era su primer día de vuelta, de hecho, fue repentino y nadie sabía o escuchó sobre su regreso. Incluso sus padres solo lo sabían porque eran ellos los que pagaron el vuelo. La decisión repentina se debió a la carta de Gerald la cual lo informó sobre los acontecimientos actuales de su círculo social, recibida a finales de abril.Gerald había estado al tanto de la situación entre su mejor amigo y su novia/exnovia. Por lo tanto, cuando se enteró de la íntima naturaleza de la relación entre Helga y Stinky, se las arregló para que Sid le preguntara a su mejor amigo al respecto. Cuando Sid reunió el valor para preguntarle finalmente a su amigo más cercano sobre la naturaleza de su relación con Helga, y obtener la confirmación de un romance; Gerald estuvo presente. Con su plan de investigación finalizado, siguió la siguiente fase. Como el leal mejor amigo de Arnold, decidió transmitir la información lo antes posible. Sabiendo que no podía confiar en la señal celular de su amigo, Gerald era consciente de que no podía llamarlo, pero tampoco estaba seguro de cuándo Arnold llamaría. Así que una carta era lo más razonable. En la carta, contó cada detalle de los rumores. Redactando sobre el desarrollo de su amistad. La cual, desde su punto de vista, había comenzado en enero. Incluyendo las menciones de varios testigos, sobre salidas frecuentes que retrospectiva hicieron la conexión para referirse a estas como sus primeras citas. Incluyendo recuentos de sus muestras de cariño, algo escasas al público, pero la existencia de sí. Gerald dejó muy claro que la información confiable y detallada era casi imposible de obtener, ya que la pareja era muy privada y todo lo que sabía era especulación o un ocasional avistamiento.Helga ponía los bocadillos en su escritorio, cuando llegó Stinky cerrando lentamente la puerta de su habitación en un intento de conseguir más tiempo para entender la situación.Antes de que pudiera comenzar a hacer una pregunta adecuada sobre el encuentro reciente, o incluso hacer un comentario sobre la actitud inusual con la que Arnold los había saludado. Helga gruñó con exasperación, antes de que todo comenzara a salir de ella: -¿Quién diablos se cree que es?- se volteó para mirarlo y su expresión pasó de molestia a preocupación. -¡Y venir aquí, así sin más! ¿Tratar de intimidarte? ¿No sabe que ese es mi trabajo?Optando por dejarla continuar, no dijo nada. Su única respuesta fue una ligera sonrisa ante el último comentario, que ella notó y tomó como invitación a proseguir. Stinky ahora se sentó al borde de la cama y vio cómo comenzaba a caminar por la habitación mientras sus pensamientos salían de ella. Fue entonces cuando su actual novio escuchó por primera vez los detalles de la serie de eventos que los llevaron hasta la actualidad. Stinky solo tenía una ligera idea de los hechos transcurridos, pero nunca su punto de vista. La razón por la que ella salió lastimada. La diatriba en la que expresó los altibajos de sus acciones, las falsas esperanzas en sus palabras, y lo cansada que se sintió hacia el final.En algún momento, Helga había comenzado una lucha por cada respiro contra la creciente presión en el pecho. Fue entonces que sintió unos bien conocidos brazos rodearla. Regresándola al aquí y ahora. Guiándola hasta sentarla en una de sus piernas, acariciando su brazo lentamente de manera reconfortante.-Cielos Helga, probablemente no debería decir esto, pero si todavía duele como parece... entonces tal vez todavía... lo amas- En esas últimas palabras, inconscientemente la había abrazado más fuerte.La rubia, por supuesto, conocía las implicaciones de sus acciones y empatiza ante el sentimiento. Llevándola a tomar una decisión impulsiva.-No, no es eso Stinky. Solo estoy tan, pero tan enfadadaPoniéndose de pie, ahora entre sus piernas. Él solo aflojó su agarre sobre ella lo suficiente como para permitirle esa pequeña maniobra, pero evitó soltarla del todo. Sus movimientos contenían tal sincronía que parecía ensayado, natural. Ella lo agarró por el cuello de su camisa. Acercándose de una manera que le recordó las veces que ella trató de intimidarlo a propósito. Y sorprendentemente, sintió exactamente la misma sensación ahora, que entonces. Encantado de estar a su merced, tembloroso por la adrenalina ahora corriendo por todo su cuerpo. Emocionado. Disfrutando de cualquier contacto que le ofrecía, anhelando más y agradecido por estar en su presencia.-Rayos ¿Conmigo, Helga?- Preguntó un novio muy nervioso. No es que él realmente pensara que ella estaba enfadada con él. Pero él sería un descerebrado si ella alguna vez se enfada con él y él lo permitió. Más vale prevenir que lamentar.-Oh mi adorable idiota- Ella sonrió a pesar del pequeño dolor en su corazón, el mismo que acaba de negar y continuó. -Por supuesto que no contigo, y te lo demostraré- Cerrando la distancia entre ellos, ella lo besó. Aun agarrándose del cuello de la camisa del chico. Él a su vez apretó su agarre -Vamos, hay que dar el siguiente paso en nuestra relación- Helga, ahora llevaba una mirada... suplicante.-Espera, te refieres a...Helga asintió.Fijando su mirada hacia ella fue cuando se dio cuenta. Un brillo en sus ojos. Para cualquiera, el brillo se confundiría con una adición a su encanto, y la atención se desviará a sus mejillas enrojecidas, su boca ligeramente abierta irresistiblemente cerca de la suya. Pero este "brillo" NO era bueno. El destello es en realidad, lágrimas.Solo encubriendo sus ojos. Sin derramar, no, no se atreverían. Una ligera capa de cristal sobre su mirada. Todo perfectamente contenido.Indistinguible.Pero había prestado suficiente atención a las expresiones de Helga como para ver lo que era invisible para los demás.Había un enrojecimiento en la esquina exterior de sus ojos que casi se mezclaba con el resto de su sonrojo. La única expresión que le indicaba a Stinky la existencia de dichas lágrimas. Tal vista le quitó todo entusiasmo y fervor para ser reemplazada por preocupación.Con una pesadez en el estómago, se puso de pie y sostuvo sus manos entre las de él, que aún permanecían en el cuello de su camisa. Le dio un ligero apretón a sus manos, procedió.-Supongo que… no pareces estar demasiado entusiasmada como me gustaría-Pero...Cualquier argumento que ella tuviera para tal declaración seguía siendo desconocido para él. No es que le hubieran cambiado de opinión. NO se aprovecharía de su novia sabiendo que padece cualquier aflicción. De ninguna forma, la quería mucho para eso. Así que antes de que pudiera decir cualquier cosa él no la dejó hablar.-No es de que yo no quiera, Helga- Y por primera vez fue consciente de su diferencia de estatura al tener que mirar hacia arriba para mirarlo. Extrañamente, también la hizo sentir como si no tuviera el control, algo completamente nuevo en su relación. Él también se veía diferente, había perdido ese aire juguetón volviéndose serio y apesadumbrado. Con una pequeña sonrisa forzada, continuó. -Pero ciertamente, quiero más para que sea un deseo mutuo. Y aún más que seas feliz-. Ante eso, realmente sonrió imaginándose a una Helga dichosa, despreocupada y salvaje. Motivándolo para continuar. -Y nunca quiero ser lo que te detenga, nunca-.Al no terminar con su discurso, levantó la vista con una sonrisa lejos de la rubia.-Sabes, en realidad nunca me dijiste que habías dejado de quererlo, Helga-Abriendo los ojos con sorpresa, a punto de negar, negarlo todo, pero le pareció imposible. Así que ella estaba agradecidamente callada cuando él procedió antes de que su falta de respuesta se hiciera evidente.-No te culpo, es un gran sujeto y amigo. Pero deberías decidir a quién quieres más. No te presionaré, así que tómate el tiempo que necesites, cielito. Aunque, no me dejaré vencer tan fácilAl lanzarle un guiño ella sonrió, contenta de que nada drástico hubiera resultado de la situación. La besó en la frente durante una pequeña y agradable eternidad, un acto acompañado de un fuerte abrazo.Estas acciones son una verdadera representación de su amor y cuidado por Helga. Un resumen del tipo de relación que tienen, tranquila, serena, fácil.-Espero que Arnold intente recuperarte, pero yo también te seguiré conquistando, y no me detendré hasta que le digas a uno de nosotros que pare. Pero te dejaré descansar un poco. Tal vez tengas ganas de escribir para distraerte un poco. Ya me sé el camino a la salida-. Con eso, le dio un beso rápido en los labios y se fue.
----- CHAPTER BREAK -----
Al escuchar la entrada principal cerrándose, Helga se dejó caer en su
cama,
sintiéndose agotada. Después de casi quedarse dormida, hizo planes para que Phoebe viniera. Pensó que necesitaba distraerse antes de actuar sobre la tormenta emocional que comenzaba a surgir. Lo que acababa de suceder era una indicación de ello. No había necesidad de marchar hacia Sunset Arms y desatarse violentamente contra Arnold. O intentar seducir a Stinky (por segunda vez) en un intento de deshacerse de la culpa por no haber superado completamente a Arnold.
Así que, mientras esperaba la llegada de Phoebe, escribió. Un poema, la punta del iceberg sobre sus sentimientos. Ella notó, justo antes de concluir, que estos sentimientos y pensamientos la conducían por un camino demasiado peligroso. Con un creciente temor de confrontarlos, dejó que la indecisión postergara en la página.
Rápidamente,
colocó la hoja de papel con el escrito del que se quería esconder, en el cajón superior del escritorio. Alejándolo de su vista, y con suerte, también de su mente.
Quizás pronto pueda volverlo a ver, cuando ya no sea un caso perdido. Cuando pueda compartirlos consigo misma.
Helga, incluso antes de tener a Phoebe como amiga, se guardaba la mayoría de los aspectos sentimentales de su vida sin comprarlos con alguien. Claro que no tenía ningún problema en desahogarse ante cualquiera que estuviera cerca sobre las desgracias de su vida. Quejándose hasta el cansancio, pero estará dos metros bajo tierra antes de hacer lo mismo y compartir cómo la hacía sentir todo eso. A menos que fuera indignación o rabia o alguna variación de ello, nadie se enteraría jamás. Preferiría convertirse en alimento para gusanos antes que exponerse así. La ira, la hacía parecer violenta, dura, demasiado fuerte como para meterse en sus asuntos, eso le encantaba. Muy similar a un lecho de clavos, aunque no lo supiera. Una pequeña y sutil petición de tratarla con delicadeza.
Algo que a Helga le encantaba de su amistad con Phoebe es lo bien que respetaba los límites. Tanto Phoebe como Helga sabían cuando algo andaba mal con la otra, pero nunca habría preguntas incesantes
, ya que
a menudo eso significaba que querían sentir las cosas en lugar de una crítica objetiva
El día de hoy no fue diferente. Phoebe sintió la perturbación que irradiaba la rubia y no dijo nada al respecto, le brindó compañía y pasó el día juntas hablando sobre lo mundano sin preocupación alguna. Discutieron planes de verano para hacer una excursión de un día justo después de obtener su licencia. Empezando por ‘convencer' a Miriam para que les preste su coche. Todo mientras se peinan la una a la otra.
Principalmente,
cepillarse y trenzarse, o peinarse como una actividad relajante tomando regocijo en la compañía. En lugar de quemarse el cabello, como aprendieron por las malas hace años al comprobar por sí mismas que las planchas de pelo no era para ellas.
Ahora que se acercaba la hora de ir a dormir en lo que se había convertido en una pijamada, Helga se debatió en
sí
debería contarle a Phoebe sobre la situación. Rara vez hablaban de su vida amorosa. Sus relaciones y circunstancias siempre habían sido muy diferentes y, a menudo, simplemente compartían con el otro los hitos logrados o simples novedades.
La relación de Gerald y Phoebe había sido extrañamente lenta y rápida al mismo tiempo. No hubo
confesiones
de amor eterno, ni etapas donde fueran inseparables; pero siempre fueron cercanos y afectuosos desde la primaria. Siempre constantes, a veces despertaba celos en ella, añorando tener una relación más fácil. O ‘idilio’, eran exclusivos
, pero
no tenían título de ‘novios’ o al menos lo negaban, pero cualquiera que los viera sabía que no debía intentar iniciar un romance con ninguno de los dos. Todos los veían juntos en público, siendo testigos de sus abrazos y tomados de las manos demasiado para ser solo amistoso. Incluso los profesores bromeaban de que eran una pareja casada o si no los conocían, decían qué estaban enamorados uno del otro sin saberlo. El consenso fue que a Phoebe no se le permitía tener novio, lo que resultó en tener un ‘mejor amigo’. Una relación tranquila basada en dar y recibir.
Concluyendo en que Phoebe eventualmente verá a Arnold en algún momento ahora que él regresó, optó por comenzar con ello. Helga abrazó sus rodillas en un intento de consolarse y simplemente lo dijo.
-Hoy... Arnold vino a verme
Phoebe estaba preparando su saco de dormir cuando escuchó sus palabras. Deteniéndose, concentrándose en repetir las palabras que acababa de escuchar, para que Helga no las repitiera, especialmente teniendo en cuenta lo que realmente significaban. -Él está de regreso entonces- Una declaración, no una pregunta. No sabía si era para asimilar el hecho o para no asustar a Helga y hacerla sentirse interrogada, pero de cualquier manera Phoebe estaba empezando a entender. La energía que rodeó a Helga durante todo el día se debió a los pensamientos que habían estado ocupando su mente como resultado de eso.
-Ajá- murmuró distraídamente como respuesta y girándose para mirarla continuó -Pheebs, digamos que yo… bueno, amo una… montaña rusa y desde siempre me encantó, pero notas que puede hacerte sentir tan miserable como feliz. Ya sabes vomitar y esas cosas-. Diciéndolo con un gesto de desinterés con la mano y se puso de pie paseando por la habitación. -Y luego está este carrusel que es agradable y tal vez no sea tan emocionante, pero no hay ni vómitos, ni mareos y tal vez un poco menos apreciado, pero
aun así
es genial, tal vez... tal vez mejor que genial-.
Phoebe pudo ver que su amiga se acercaba a una tangente interminable y decidió interrumpirla antes de que empeorara. -Bueno, Helga, supongo que debes tener en cuenta que tal vez hubo algo además de eso, que te había hecho más susceptible a... esos malestares y los sentimientos intensificados que acompañaban a la montaña rusa solo las hacían prominentes. Además, ¿necesito recordarte esa vez que regurgitaste sobre Harold hace dos años y aun así montaste la montaña rusa dos veces más?- Phoebe sabía el motivo de la pregunta, ya que no era literal, pero esperaba aligerar el ambiente recordándole ese evento.
-¡Ja! El niño rosa no debería haber comprado más comida de la que podía comer durante la fila para el paseo, de lo contrario no habría tenido que ayudarlo. Y mira qué bien hizo, mi buena acción de la semana. ¡Ja!-
-¡Helga! Estábamos todos celebrando
su
cumpleaños y
él
fue el que terminó cubierto de
tu
contenido estomacal,
oh
y el olor uf- Phoebe se dio la vuelta arrugando la nariz con disgusto ante el recuerdo.
Pero ahora Helga se reía de buena gana ante ese mismo recuerdo. -Oh, no me lo recuerdes, Pheebs, me reí tanto que Arnold seguía dándome sus sermones, ¡uf y sus molestas miradas!-
Al mencionar el nombre de uno de los integrantes en la situación, Phoebe retomó el tema del dilema de su mejor amiga. Pero esta vez con una reprimenda silenciosa, por
aún
después de todo este tiempo, no ser directa con ella. -Y de cualquier forma Helga, recuerda que aún puedes montar ambos y ver cuál es el que te gusta más, no es que no puedas subir a ambos-. La sonrisa en el rostro de Phoebe era inocente y soberbia, acompañada de una inclinación de su cabeza aún más burlona.
-
Uh
, sí-, respondió
Helga,
ahora completamente quieta, y absorbiendo el comentario, esperó que el flujo de sangre a su rostro fuera atribuido a la risa en lugar del comentario de Phoebe. -Claro, no hay necesidad de elegir. Puedo disfrutar de ambos… si no me siento contenta con
uno,
pues... ya sabes... estará el otro... disponible…- Tragando saliva, trató de no pensar demasiado en lo que acababa de decir. Ahora realmente
está
batallando por contener el sonrojo. -Así que uh sí, gracias Pheebs. ¡Buenas noches
, Pheebs
!
"Buenas noches
, Helga
" mientras ambas reanudaron su rutina para prepararse a dormir.
Incluso a pesar de lo oscura que estaba la habitación, Helga todavía podía ver el contorno de la muñeca Raggedy Ann sentada en la esquina del otro lado de la habitación. Algo que hacía para obtener algo de consuelo, ya que ya no sentía que pudiera dormir con ella.
Solo
podía alejarlo más de su cama y aumentando la distancia a medida que pasaban los años. Sin embargo, no podía desprenderse de ello, ni siquiera guardarlo en el armario, ya que alguna vez le había brindado consuelo durante años, incluso antes de aprender a escribir su nombre. En lugar de eso, optó por sacar una sudadera verde debajo de la almohada y disfrutó de su olor y sensación. Suave, acolchonada y cálida, siempre había sido cálida en todo el sentido de la palabra.
----- CHAPTER BREAK -----
Una idea rondaba incesablemente en la mente de Arnold. Cada vez que intentaba ahuyentarla, seguía regresando, hostigándolo, royendo su mente desde lo más profundo, creciendo y alimentándose de su imaginación. Creciendo hasta el punto de creer haberse vuelto loco.Lo dejó inquieto, y emocionalmente cansado. Porque físicamente no hizo mucho ese día, el equipaje que Arnold había cargado desde casa de Helga hasta Sunset Arms no pesaba mucho. Solo era la maleta con su ropa y una mochila con todas los recuerdos y regalos que repartirá a sus conocidos. Tampoco fue la bienvenida que recibió de sus abuelos y de los inquilinos, ya que les pidió que continuarán más tarde porque no se sentía bien.Incluso después de estar acostado en su cama durante algún tiempo, se sentía agotado, con los pensamientos yendo a mil por hora mientras su cuerpo se quedaba inmóvil, ahogándose en su propia miseria. Es curioso cómo normalmente a él nunca le molestó todas esas veces cuando Helga se quedaba sola. Pero en realidad no está sola ahora, está con Stinky. Él es quien le hacía compañía, y quién sabe cuánto tiempo ha sido así. Esto realmente le molestó. Además de eso, le molesta que eso le moleste en primer lugar, pero tenía un pequeño, bueno, un diminuto e insignificante secreto. Él es un poco… egoísta, con la atención y el amor de quienes lo rodean. No, él no se llamaría a sí mismo "celoso", esa es una cualidad que oculta hasta de sí mismo y con Helga nunca hubo un momento en el que se sentía olvidado. Helga realmente le prestaba toda la atención del mundo y él la tomaba con tal vil avaricia. Tal vez era egoísta, pero ella era altamente adictiva o quizás él era empalagoso. Menos mal que sus mejores amigos eran... algo y podrían estar todos juntos sin dañarse su vida social. Eso es algo que apreciaba, al igual del hecho de que Helga mantenía a todos un tanto alejados e hizo que fuera más fácil mantener su atención sin tener que buscarla incesantemente. Ella también era algo inaccesible para la mayoría de los chicos, lo cual era una bendición porque entonces no había necesidad de él intervenir. Ocultando así su codicia hacia la presencia de la chica. Entonces podría mantener encerrados esos sentimientos en su subconsciente por el resto de la eternidad.Excepto que ahora están saliendo a la luz.Y de alguna manera no puede hacer nada al respecto. Supone que eso es lo que sucede después de dejarla sola por mucho tiempo… Fue entonces cuando se dio cuenta.La dejo sola .Por meses, cuando por años, él había sido su "única" compañía.Ella en realidad no quiere a Stinky.Era simplemente que ella se sentía sola. Por lo cual no la podía culpar. Todavía podría arreglarlo. Hacerle ver que no la dejará sola por nada del mundo.Ni por su vida.Definitivamente ella todavía lo ama y… tal vez solo se siente algo cómoda con Stinky.Ella debe saber que no siente nada más que amistad hacia él.Incluso ella podría estar haciendo esto para molestarlo.Sí, lo hacía a menudo, lo fastidiaba para enfadarlo.Puede que lo haya logrado, pero está bien. Eso solo significaba que definitivamente podría recuperarla. Ante esto, la sensación de molestia que lo devoraba disminuyó. Lo suficiente como para cerrar los ojos mientras los tonos naranja y azul del cielo se combinaban y filtraban a través del tragaluz. Cuando Helga abrió su casillero el lunes después de su conflictivo fin de semana, encontró una flor y una pequeña nota.
Te amo
Te lo demostraré
-Tu amado
Miró la flor, un aciano azul. Si no hubiera sido obvio por la nota, definitivamente supo que había sido Arnold tan pronto como vio la flor. Eso la dejó en conflicto, por un lado, estaba lista para caer en un monólogo sobre cómo Arnold estaba nuevamente enmendando su error, por el otro lado se sentía culpable. Ella estaba con Stinky y no debería aceptar esto, sin embargo, no estaba segura si Arnold lo sabía o no y también se sentía terrible por no decírselo. Tal vez… tal vez debería hablar con él.El fin de semana había sido muy ocupado para Arnold. No era conocido por pedir favores, sino por su naturaleza generosa, así que eso fue lo que hizo. Ofreció hacerle favores que le permitieran hacer lo que necesitaba para su plan. Todos ganaban. Había estado muy orgulloso cuando se le ocurrió ese plan, es algo tramposo, pero pasar tiempo con Helga le enseñó mucho.Básicamente, Arnold había continuado su educación en el ‘hogar’ durante el décimo grado y ahora tenía planes de continuar en el campus por el resto de su experiencia escolar. Entonces fue y compartió sus planes con el director de la escuela y después de tal reunión, se ofreció ‘desinteresadamente’ a ser voluntario en la escuela para mostrar su compromiso. Algo que la administración aceptó con agrado. Así fue como Arnold obtuvo acceso al casillero de Helga, o bueno, a Helga en un espacio neutral donde no lo pudiera alejar. Era perfecto, bueno, tal vez tedioso, pero hacer que Helga escuche siempre era una imposible y requería cierto nivel de habilidad.Cuando Arnold se acercó a su casillero para colocar la nota, estaba ansioso por saber si su cerradura guardaba la combinación de cuando estaban juntos. Fácilmente, encontró el candado rosa con una calcomanía de un corazón azul en la parte posterior e intentó la combinación 04-09-00, era el día en que se conocieron. Helga había cambiado el 1990 a 00, ya que los números no llegaban a 90. Estaba tan aliviado cuando vio que funcionó, el candado se abrió, de lo contrario... Se negó a pensar en las posibles implicaciones de eso, y optó por regocijarse en el hecho de que funcionó, concluyendo que el número todavía era importante para ella. Olvidando que había sido él quien cambió la combinación predeterminada de cerradura cuando ella la compró antes del inicio del noveno grado. Cuando aún eran pareja. Algo que ella le pidió que hiciera, ya que en sus propias palabras había dicho -¡ Cáspita ! ¡Cómo se supone que voy a recordar mi combinación y la tuya! ¡Deberían ser iguales! Fue entonces cuando él se ofreció a cambiar las combinaciones de ambas preguntándole cuáles deberían ser. Ella le dio el número sin dudarlo. Arnold, sorprendido por esto, preguntó por qué, y supo que ese número tenía un significado mayor para ella que su aniversario. Fue cuando se enamoró y aprendió que no todos son crueles en este retorcido mundo, el nacimiento de la esperanza en su corazón. El día que se conocieron.El plan de Arnold estaba funcionando magníficamente, la nota era lo suficientemente pequeña como para que Helga pudiera leerla aunque sea sin querer con solo una mirada. Deliberadamente conciso si es que ella no quería escucharlo y solo lo leyera accidentalmente justo antes de tirarlo a la basura. La flor, sin embargo, no estaba seguro de si ella sería capaz de ver que era un símbolo de su esperanza, la esperanza de reunirse. Porque casualmente también era la forma en que ella se refería a él en varios de sus poemas que, después de mucha persuasión, compartió con él. Sin embargo, envió el mensaje de que compensará cualquier terquedad que lo haya poseído para colgar ese día. El último día que hablaron.
----- CHAPTER BREAK -----
La flor en su mano provocó una cacofonía de pensamientos que la dejó absorta en el sorpresivo contenido de su casillero. Tanto fue su fijación que llegó al punto de no darse cuenta de que entre la manada de estudiantes reunidos en sus propios casilleros había un par que se acercaban a ella por detrás. La repentina obstrucción de su visión, la sobresaltó, pero la consoló la familiaridad de la presencia, así como el sonido acompañante de (en su opinión) una voz molesta que decía -adivina-Inclinándose hacia atrás hacia el pecho de uno de los recién llegados, optó por no responder a la voz molesta y decir sobre su hombro -Sabes, Stinky, cuando dijiste que volverías, no pensé que traerías a tu pequeño secuaz-.-Vamos, Helga Sid no es tan molesto y además se supone que debe ayudarme con algo-, respondió Stinky mientras quitaba las manos de sus ojos y la envolvía en un abrazo desde detrás tomándola de sus hombros.-Sí, claro, como sea- interrumpida en medio de despreciar la presencia de Sid, el aludido habló. -¡Rayos Stinky! ¿Ya empezaste? ¿Y con flores? ¿De qué clase es esa?- agachándose ligeramente para ver la inusual flor en la mano de Helga.Helga se congeló en ese instante y antes de que pudiera decir algo, Stinky respondió. Pero no sin antes tomar la mano que Sid estaba observando entretenidamente y acercarla a sus ojos -Es una flor de aciano, son una especie ligeramente invasora. Tuve que arrancar algunas de mi parcela para que no lastimen el resto de mis cultivos. ¡Y yo no fui! Debió haber sido Arnold tratando de reconquistarla. ¡Sería un tonto si por lo menos no lo intentara!-¡Hey! ¡Hey hey hey!- Stinky sintió que Helga se alejaba de él mientras decía esto. En respuesta, él le dio un beso en la sien antes de soltarla. Un pequeño acto que demuestra que él no se lo reclamaba o tomaba a pecho. Con la esperanza de atenuar su agresividad antes de que se pusiera innecesariamente a la defensiva. Tenía una habilidad casi innata para leerla.La rubia frunció el ceño. Se sentía expuesta, descubierta con las manos en la masa. Quería defenderse desesperadamente, pero solo podía concentrarse en el hormigueo que dejaba el ligero contacto de los labios de Stinky. No es que tuviera tiempo para responder cuando la sonrisa de Stinky se volvió un tanto burlona y dijo -Vamos Helga, no quieras decirme que eso no es cierto, ¿verdad?-Y ahí estaba, esa mirada desconcertada y desprevenida que Stinky adoraba. Y, sin embargo, el fruncido volvió casi de inmediato murmurando un -Oh tú ¡Cállate!- mientras guardaba la flor y la nota en su casillero. A su vez tomando lo que necesitaba. Al terminar intentó alejarse, escapar lo más rápido posible.Tratando de no pensar en cómo no podía con todo el pesar de su corazón desechar aquello con parecido a Arnold. O su nota. Así que huyó, evadiendo el camino por donde la llevaban sus pensamientos.Sid simplemente se quedó allí asombrado por lo que estaba presenciando por primera vez. Una Helga nerviosa y sonrojada, luchando contra la sonrisa que se escabulle a su rostro contra su voluntad. Sí, por primera vez la vio linda, atractiva. Ahora entendía todas esas veces (cuando solo estaban los chicos) que algunos de los miembros más nuevos de la pandilla preguntaban en algún momento ‘¿Pataki o Heyerdahl?’. Bueno, entendía a los otros dúos como Rhonda y Nadine, pero Helga nunca se le presentó en la mente como una ‘chica linda’, solo como una presencia de la cual hay que huir.Sin embargo, ahora estaba procesando que en realidad era una pregunta que se había convertido en un debate frecuente recientemente. Aquel ‘¿Pataki o Heyerdahl?’. Principalmente, porque los chicos más nuevos nunca habían presenciado la furia de Helga ‘El terror Pataki’. De hecho, él mismo no había visto 'El terror Pataki' desde hace tiempo. Más aún, últimamente era extremadamente sociable.Casi… amable. Sid hizo todo lo posible para recordar cuándo ocurrió este cambio porque sí, ella era mucho más afable.Bueno, no es que se arriesgara a jugarle una broma, pero sí lo suficiente como para no tener un pie en la puerta cada vez que intercambiaban algunas palabras. ¿Fue el mes pasado? ¿Marzo? Ella había hecho todo lo posible para invitar gente a su cumpleaños, algo que no haría ella. ¿Febrero? ¡Vaya en ese entonces hasta se acercó a él y a Harold para planear algo para el cumpleaños de Stinky! ¡¿Cómo no se dio cuenta de esto antes?! Y… ¡Las fiestas de Navidad y Año Nuevo! ¡Sí! En algún momento desde entonces, ella realmente apareció con frecuencia en las reuniones del grupo, incluso más a menudo que cuando Arnold y Helga eran pareja.¡Qué revelación!Al otro lado de la manzana había un gigante de hombre. Quien aparentaba buscar algo importante en un escritorio, el cual podría decirse que era demasiado pequeño para ser considerado suyo. Debió haber encontrado lo que estaba buscando, ya que se llevó un papel a la cara. Escaneando las palabras, murmuró algunas de ellas con una mueca de concentración. El contenido debió ser aceptable porque sin leer todo el contenido del papel una mirada de desinterés se presentó en su rostro. Diciéndose a sí mismo -Ni siquiera voy a preguntar.No mucho después estaba completando algunos formularios. Cuando finalmente terminó, tenía una sonrisa orgullosa y dijo: -¡Vas a acabar con estos perdedores, Olga!Durante las siguientes dos semanas, Helga se la pasó como un pollo sin cabeza corriendo de un lado a otro, abrumada por los sentimientos que el par de tontos le provocaban. Fue una locura.Primero, Arnold de alguna manera había logrado trabajar en la cocina durante su almuerzo. Lo cual hubiera sido tolerable, pero no todos los días, de alguna manera se las arreglaba para darle algunas de sus comidas favoritas. ¡TODOS los días!Lo tenía que ver y soportar.No eran cosas del menú normal de la escuela, ¡No señor! Pero aparentemente incluso las otras personas a cargo del almuerzo eran cómplices, porque permitían este trato especial . También debió haberlo pagado, ya que rápidamente se dio cuenta de que no estaban tratando de cobrarle por cualquier extra que tomara, ni agregarlo a su cuenta. Y bueno, para ser sincera, no iba a decir que no a su pastrami. O cualquier delicia que Arnold le hubiera traído, pero maldita sea, la hacía sentir culpable por el revoloteo en su estómago causado por esa atención excepcional. Así se la pasó el almuerzo.El incidente del casillero se había convertido en una rutina. Rosas, tulipanes, margaritas, dalias, lirios, cada día una flor diferente. No solo eso, las notas que acompañaban a dichas flores. No pudo evitar guardar las notas para leerlas en la comodidad de su habitación.¡Dios! Hacía que su corazón se derritiera.Sin Falta alguna.Era vergonzoso lo débil que se volvía ante las palabras de Arnold. No es que ella se lo hiciera saber. También trató de no pensar en que si no fuera por Stinky se habría lanzado sobre Arnold durante el incidente del jueves...¡Oh pero, Stinky!Cuando se acercaron por primera vez en diciembre pasado, él era una molestia. Simplemente por su disruptiva entrada a su vida. Porque, a decir verdad, él no la estaba molestando ni haciéndole la vida más difícil, simplemente estaba presente. Dándole suficiente espacio para no sentirse asfixiada y lo suficientemente cerca para que dejara de sentirse tan… sola . Nunca pidió ningún detalle íntimo y simplemente brindó un apoyo implícito, teniendo un respeto muy similar al que Phoebe tenía hacia los límites. Fue agradable con la ventaja adicional de no usurpar tiempo de las actividades y ambiciones académicas de Phoebe.También vio cómo él se convirtió en una especie de amortiguador en su reintegración social. Stinky no fue un mediador que se convertía en la personificación de Suiza. Él se puso de su lado siempre, incluso cuando ella sabía que estaba equivocada. A veces ella se mantenía firme solo para ver cuánto tiempo él realmente la apoyaría. No fue por malicia, sino más bien por aprensión; que alguien alguna vez haría tales cosas por ella. Era algo que ella nunca había tenido. NUNCA. Alguien incondicionalmente de su lado. A menudo ocurría que la ignoraban, tal como lo hacían en su casa. O incluso hacerla empatizar con la otra persona, como lo hacían Phoebe o Arnold; completamente en contra de su voluntad. Es cierto que en su mayoría eran discusiones con orígenes mundanos, pero aun así se evocaba esa actitud combativa. No es de extrañar dados sus elevados instintos de lucha o huida.Lo que ocurrió fue que Stinky sintió que el argumento dado no se trataba en absoluto del tema original de la discusión. Que había algo escondido detrás de su retorcido razonamiento. Él cedió cada vez, y no es que en realidad estuviera de acuerdo siempre o que fuera un ingenuo, fácil de convencer. Pero después de ver la primera disputa, se dio cuenta de lo fácil que era para la mayoría condenarla al ostracismo por su franqueza, claro su comentario pudo haber sido grosero, pero había escuchado cosas peores que se decían a espaldas de la gente sin un trato similar. Así que, sí él estaba de su lado en espíritu y presencia, a veces era divertido.Después de uno de los primeros debates presenciados, después de que todo fuera dicho y hecho; tuvieron un entendimiento. Ella le agradeció por no ir en contra de ella y, finalmente, confesó que entre gritos y reclamos se dio cuenta de que estaba equivocada, pero no tenía ganas de admitir que sus palabras fueron las causantes. Finalmente, después de algunos acontecimientos similares, ella lo aceptó en su pequeño círculo de confianza. Permitirle entrar incluso cuando al principio no fuera de su agrado. A finales de diciembre era una persona bien recibida. Además, era reconfortante tener una presencia constante. Tanto que empezó a salir de su zona de confort porque finalmente se sintió lo suficientemente segura como para hacerlo. Su vida comenzó a volverse más social con esta nueva sensación de tranquilidad a su alrededor. Comenzó a mostrar más empatía y compasión imitando el nuevo trato que estaba recibiendo. Las relaciones en su vida social comenzaron a crecer mientras otras nacieron.Momentos antes de su primer beso, ella observó un anhelo en sus ojos. Uno que supuso debía ser similar al de ella. Con la sed de profundizar su conexión, procedieron a conceder ante ese deseo de su más recóndito ser. Ese primer beso la llenó de calidez. Puede que no le haya encendido la sangre en pasión pura, ni haya hecho que su ser llegue hasta el cielo con cada roce de contacto; pero esa calidez era exactamente lo que necesitaba. Además, ella no estaba dispuesta a perderlo, al menos no en ese momento. Recurriendo a entregarse inconscientemente a él. Sin darse cuenta del control que estaba cediendo por primera vez. Ella confiaba en él, pero no sin mérito. Al mismo tiempo, no quería saber cuánto de sí misma le había dado; Como resultado, se evitó el tema, lo que nació ese día no fue reconocido, al menos abiertamente. No fue hasta que Miriam hizo una pequeña pregunta inocente. Bien se podría señalar como el catalizador de una eventualidad. Un día, un par de semanas después de ese primer beso. Helga se estaba poniendo un poco de rímel para acompañar con el delineado de ojos difuminado, asegurándose de obtener los resultados exactos que imaginaba. -¿Ay, cariño, preparándote para una de tus lindas citas?- ¡¿Citas?! ¿Era eso lo que eran? Y ¿ POR QUÉ A ella no le importaba que lo fueran? Claro, empezando con el hecho de que ella no las reconocía como citas, pero si cumplían muchos de los requisitos y, sorprendentemente, no querían que terminaran. Sin embargo, no respondía ninguna de las preguntas que surgieron. En ese momento ella había tomado la resolución de preguntar sobre ello y aclarar las cosas con Stinky. Ella no lo sabía conscientemente, pero aceptaría cualquiera de sus condiciones y conciliaría cuando fuera necesario. Un producto de la confianza que el chico alto se había ganado.Después de que ambos confirmaron el estado de su relación, Helga comenzó a verlo con otros ojos, apreciando cómo su sonrisa siempre apuntaba hacia el mismo lado del que su cabeza estaba inclinada. La forma en que se colocaba sobre ella después de un comentario atrevido . Descubrir cuánto le gustaban esas cosas y, finalmente, encariñarse con ellas. Ella realmente aprendió a amar a Stinky, especialmente durante el corto período de su relación. Quizás no estaba locamente enamorada, o sentía el tipo de amor que le provoca pensar en él cada vez que ve la luna. Era un amor tranquilo, cálido y acogedor. Sería lo más difícil del mundo si lo dejara ir. Helga, efectivamente era alguien que amaba demasiado.No es que Stinky y su adorable personalidad ayudaran.Tan... tan... lindo y dulce, tan cariñoso.Y comprensivo.Oh…¡OH! La agonía.¡Bah! Los recuerdos de aquel jueves¡AH!Ese jueves, cuando regresaba de llevar unos papeles al director, un encargo de su maestro, cuando él la encontró. Él estaba tan sorprendido como ella, no esperaba hablar con ella a solas. No planeaba hacer eso aún, sus encuentros habían sido bajo el atento ojo de sus compañeros. Sabiendo lo privado que era el asunto, recurrió a limitarse a elogios discretos. No esta vez.Para entonces, el hecho de que él hubiera regresado o estuviera aquí para quedarse era irrelevante para Helga, pero más bien era lo herida que quedó después del hecho. Cada vez que lo veía le recordaba aquella promesa incumplida, el hecho de que él sabía lo que anhelaba su corazón y lo presento justo frente a ella. Mintiendo, que estaba a su alcance solo para arrebatárselo sabiendo que le devastaría el resultado. Ella lo amaba, pero la esencia del resentimiento aún persistía en su corazón. Un resentimiento que nació después de que colgó el teléfono. Ella inconscientemente sabía o temía que tuviera razón y él estuviera mintiendo. Por eso nunca abrió sus cartas posteriores y, cuando llegó la Navidad, quiso quemarlas y leerlas todas simultáneamente. Decidiendo entonces guardarlas; las escondió lejos de ella y de los demás. Ojos que no ven, corazón que no siente.Como solía suceder, fue Helga quien rompió el silencio. -¡A-Arnold!--¡Hola, Helga! Te ves bien… Como siempreCasi como si eso hubiera servido de indicación, Helga se sonrojó y frunció el ceño dirigiendo su mirada hacia el suelo. A esto se limitaban sus interacciones en los últimos días. Pero esta vez fue diferente porque Helga no se alejaba debido al movimiento constante de otros estudiantes que se abrían paso en la fila de la cafetería. Hoy el pasillo estaba desolado y silencioso. Otorgándoles privacidad implícita, sin responsabilidades inmediatas y sin un timbre que marcará su retraso y ambos lo sabían.Cuando Helga levantó la vista, intentó mostrar seriedad lo mejor que le permitiera el enrojecimiento que aún permanecía en su rostro. -He querido hablar contigo sobre eso, Arnold. No puedes seguir diciéndome esas cosas. Ya sabes tus comentarios innecesarios. Esperas que siempre caiga a tus pies y eso no está bien.-¿A qué te refieres? Sé que desde que me fui, no estamos… quiero decir, tú dijiste… bueno, de todos modos quiero que estemos juntos de nuevo. Espero hayas leído mis notas, las que te dejé en tu casillero.-Sí, sobre eso Arnold, ahora estoy con Stinky. Me refiero a… ya sabes más que amigosAnte eso, Arnold sonrió y casi se echó a reír. -Helga, cualquiera puede ver eso, ¿por qué crees que he vuelto? ¡Hasta allá me llegó la noticia! Cruzando líneas internacionales, jungla, hasta la punta del cerro.Antes de que Arnold pudiera continuar, fue interrumpido por Helga -¿Y crees que Stinky es un reemplazo temporal, un calentador de manos que desecharé porque ya llegaste? ¿Es eso lo que estoy escuchando? ¿Crees que eso esté bien, Arnold?- Las emociones siempre eran intensas cuando estaban juntos. Un pequeño comentario hizo que la chispa estallara en llamas.-No sería la primera vez que usas a Stinky para tratar de llamar mi atención- Arnold no fue la excepción, de su boca las palabras salían más rápido de lo que el cerebro las comprendía. Un rasgo que lo metía en problemas más de una vez. Además, ya estaba frustrado consigo mismo por no haberse acercado antes a ella, al menos cara a cara.El largo cabello rubio se movió hacia atrás junto con el movimiento involuntario de la cabeza, sorprendida por su respuesta, usando una vieja confesión suya para favorecer su punto. -No lo estoy usando para ponerte celoso, simplemente paso y ¿sabes? Me agrada un poco, bueno podría decirse que me agrada mucho…- una nostalgia agridulce la invadió, provocada por el recuerdo de una confesión similar de sentimientos. Pero de alguna manera sentía que confesarlas a Arnold cortaría los lazos con él por completo. Definitivamente, quería evitar eso, él era muy especial para ella. -él está bien y… es un buen chico-¡Bien! Ya entendí- Arnold interrumpió. -No estás saliendo con él para molestarme, eso ya lo tengo claro. ¿Pero lo amas tanto como a mí? Ya sabes, básicamente éramos inseparables porque no podíamos evitarlo. ¿O acaso te hace casi desmayarte con cada beso?- Para entonces, Arnold había comenzado a entrar en el espacio personal de Helga y la había atrapado con su precedencia en lugar de su cuerpo. Resistiendo el revoloteo de su estómago, disfrutando de la sensación de su cercanía. La sangre corriendo hacia sus extremidades provocando transpiración en las palmas de sus manos, una ligereza en su cabeza y sus pies a punto de ceder ante su peso. Todo causado por él, sus palabras le traían recuerdos de cada vez que lograba hacerla desmayarse hasta el punto de un breve desmayo. -¿Te hace escribir esa poesía que no compartes con nadie más que conmigo, sobre cómo... tiemblas por todas partes?- Preguntó Arnold. Sabía exactamente de qué estaba hablando. Pero también sabía que él no era alguien que reitere la naturaleza explícita de sí porque él no era así. De hecho, ella nunca compartió ninguno de ellos con él. Él los encontró, y como solía suceder, la dejó mortificada. Ella se había resignado a aceptar su rechazo de estos e incluso una posible ruptura, pero él se mostró sorprendentemente receptivo hacia ellos. Incluso pidió que no se le ocultaran aquellos que fuesen similares. Disuadiéndola de escribir más hasta que… bueno, simplemente salieron de ella sin piedad.-¿Sueñas con él? ¿O sobre nosotros como lo hago yo, como lo hacemos, Helga?- Él continuó. Ahora en su cara lo suficientemente cerca como para que si se pusiera de pie correctamente en lugar de inclinarse hacia atrás podría besarlo. Realmente podía, el fantasma de sus labios ya estaba tocando los de ella y en su mente ya se estaban besando. Todos los recuerdos de ellos, cada caricia que él le había dado, ahora los sentía ella misma, ardiendo en su piel. Incitándola a finalmente ceder. Para ser honesta, ni siquiera estaba segura de qué la estaba deteniendo en ese momento. Stinky no tenía por qué saberlo y si se enteraba, lo entendería y… si ella lo dejaba, no importaría. ¿Cierto? Pero no estaba bien y ella lo sabía perfectamente. En su conciencia, era un hecho, no un tal vez. Además, provocaría un distanciamiento entre ellos y ella ya podía sentir el duelo por ese tipo de pérdida. -Yo-quiero decir que no es...Helga nunca tuvo razón para resistirse a una invitación de Arnold de esta naturaleza. Cualquier rechazo hacia él a favor del otro chico intentaba llegar a su cerebro. Sin embargo, su cercanía a ella evitó todas y cada una de esas amenazas a su unión. Los vapores de sus alientos se mezclaban entre sí, convirtiéndose en el único aire que compartían. Arnold tomó su mano, en respuesta innata cerró los ojos esperando su inevitable beso. Excepto que nunca llegó. Al menos no donde ella lo esperaba. Arnold tomó su mano y la besó allí.-Vamos, tenemos que irnos. Sé que harás lo correcto, HelgaSolo entonces abrió los ojos. Justo a tiempo para verlo guiñar. Con un apretón de manos a modo de despedida, se fue. Dejándola hirviendo en una mezcla de frustración y deseo.
----- CHAPTER BREAK -----
Soñaba con ello, anhelaba tener por lo menos una fracción de la atención que recibía Olga. Incluso, ella se hubiera conformado con migajas, los restos de cualquier atención que Olga sentía que era demasiada.
Nunca lo fue.
Una vez, aunque le resultaba difícil recordar si estaba en tercer o cuarto grado, había tomado uno de los obsequios de Olga. Un vestido rosa de Oleg Caprini, se lo puso pretendiendo ser una versión diferente de sí misma. Una en la que tomaba la situación de Olga dándole su toque personal, la naturaleza seductora y astuta que escondía; la gracia que esperaba llegaría con la edad, permitiéndole aceptar la adoración de los pretendientes que estaba segura conseguiría. Su imaginación le había otorgado la creatividad suficiente para actuar un escenario en el cual entretendría las adulaciones de Price aunque saliera con el estudiante de medicina y el estudiante de leyes. Ambos buenos partidos sin duda alguna.
A su parecer Olga tenía todo y solo lo desperdiciaba. El cariño de sus padres, éxito, ese irrevocable toque de Midas, y más pretendientes de los que podría desear. De ahí conoció la envidia; porque antes, sabía y reconocía que ella poseía muchas cualidades. Tenía la seguridad de que aunque no fueran reconocidas ella las poseía y eso era suficiente.
Los celos hacia su hermana nacieron cuando se comenzó a preguntar ¿qué es lo que Olga tenía? ¿Qué era lo que la hacía tan especial?, que todos la amaban sin excepción. Primero comenzó con comparaciones, tratando de contestar esas crecientes dudas. Esas comparaciones fue lo que le dio pie a lo demás; que la envidia se convirtiera en autodesprecio. Comenzando a ver cosas que antes eran obviadas, o cosas que antes consideraba insignificantes. Empezando con la belleza, o esa amabilidad que no podría recrear naturalmente en toda su vida. De ahí surgieron las primeras dudas en su persona. Viendo por primera vez defectos en ella misma que una vez vistos no pudo olvidar. Quedando grabados en su cabeza. Creando inseguridades y cada vez que veía a alguien que se asemejaba a su hermana le recordaba sus carencias.
Sin falta se comparaba.
Tampoco ayudaba que su padre fuera quien hacía explícita la comparación. Intento no compararse a las demás personas cuando se dio cuenta de lo que hacía. Pero fue difícil al menos al principio. Y más alrededor de personas como Lila, a quien veía como una versión de Olga pero mejor. O cuando se le dificultó ver que lo hacía, porque era una reacción inconsciente al ver personas quienes tenían lo que ella deseaba. Eventualmente, logró no hacerlo o detenerlo si es que era subconsciente. Ahora odiaba las comparaciones, el ver quién era mejor que quién.
El repudio era tanto que siempre se le revolvía el estómago cuando sucedía. Le recordaba las inseguridades que nacían en ella. El daño que provocan esas acciones.
Y ahí estaba comparando a dos personas que ocupaban un lugar especial en su corazón.
Eran deplorables sus acciones.
Aun así lo hizo desde que Arnold llegó.
No se dio cuenta de ello hasta una noche de sábado; antes de la última semana de clases en la que los puso a ambos en la balanza tan descaradamente que no tuvo alternativa más que verlo a plena luz del día, literalmente.
Comenzó después de no poder conciliar el sueño, giraba incómodamente en su propia cama hasta que sus ojos se encontraron instintivamente con algo. Era su muñeca Raggedy Ann, busco en ella el consuelo que tanto necesitaba. La observó detenidamente, pero de un momento a otro pareciera que la muñeca la observaba a ella, esos ojos oscuros que la tenían ilógicamente incómoda, pero era su subconsciente recordando aquellos eventos de hace años. Eventualmente, desvió la mirada hacia el pequeño gorro que la muñeca portaba. Debajo de él, se encontraba un moño, un conjunto similar al que ella recientemente acostumbraba portar. Ahí acabaron las similitudes, ya que ella usaba el gorro en un intento mediocre por olvidar lo del moño sobre su cabeza; si no lo ve no existe. Mientras que el gorro de la muñeca Ann era un recuerdo. De hecho el gorro no era de la muñeca, era originalmente de Raggedy Andy la otra parte del set. Helga era muy apegada a ambas, no tenía más de tres o cuatro años cuando perdió trágicamente a Andy; todo por su descuido, al menos así lo sentía.
Fue durante unas de las recurrentes peleas de Bob y Miriam, cuando Andy terminó como daño colateral.
En ese entonces Miriam solía defenderse; entre gritos y argumentos también hubo platos y vasos lanzados durante esa cena y Andy se ensució. Tenía restos de comida al igual que pequeños fragmentos de vidrio y cerámica. Sabiendo bien que en ese estado ninguno de sus padres le prestaría la atención necesaria para ayudar a limpiarlo o que Olga no estaba en casa en ese momento, decidió resolverlo sola. Arrastrando una silla al cuarto de lavar se subió a ella para alcanzar los controles, y torpemente inició el ciclo de lavado después de agregar una cantidad obscena de detergente y girando el botón hasta el final en el control de ciclos de la lavadora. Al terminar del electrodoméstico, vio que el muñeco no estaba, bueno no completo. Durante el lavado se atoró en la parte inferior del agitador de la lavadora, destruyéndolo. Lo único que quedó casi intacto fue el gorro que después de muchos esfuerzos logró sacar, ya que no alcanzaba el fondo de la lavadora.
Tiempo después vio a su mamá sacar a Andy de la lavadora la escuchó decir:
–Oh no, esto debió ser lavado en un ciclo más delicado… o a mano. Mmm. Espero que Helga no se dé cuenta, bueno tiene dos no importa.
Delicado. Claro, si tan solo supiera leer hubiera entendido las palabras alrededor del botón.
Si se hubiera esperado a que alguien pudiera ayudarle.
Si hubiera sido más valiente como para lavarlo en el lavabo del baño a mano, pero ya se había pinchado la mano como para enjuagarlo ella misma.
Se culpaba por no ser más cuidadosa con algo que consideraba una extensión de ella misma.
Se propuso a valorar el cuidado y delicadeza sobre todo.
Recordado actualmente ese propósito con un ardor en los ojos, pensó en el dilema que abarcaba una ridícula porción de su mente. Stinky, era cariñoso y considerado con ella, delicado. Mientras que Arnold era la materialización de todos sus sueños y deseos, solo tenerlo cerca la consumía, el simple contacto le provocaba una euforia inigualable.
Lo cual generaba problemas, unos que no consideraba que tuviera por falta de punto de comparación. Ahora lo tenía, Arnold era una adicción para ella, estar lejos de él la ponía de malas. La irritación no solo se manifestaba al estar lejos, sino también al momento de ‘compartir’; Arnold era una persona popular, en el sentido de que conocía y ayudaba a todos. Cada que lo veían lo entretenían por lo menos cinco minutos en donde le explicaban una situación buscando un consejo. Arnold, él como siempre encantado de ayudar y brindar palabras consoladoras o de sabiduría. Verlo en ese estado le fascina a Helga, poder estar en presencia de tal benévola persona y sentía que cada vez se enamoraba más. El problema que notaba ahora eran los sentimientos que experimentaba en ciertas
situaciones
, las chicas entraban en total confianza a presencia del chico. Aunque ellas nunca sintieran ninguna atracción hacia el joven samaritano por ser ‘demasiado bueno’ no las detenía al acercarse demasiado, hasta invadir su espacio personal. Ya sea por la naturaleza casi magnética del chico o su manera de hacer sentir a las personas protegidas. Arnold gozaba de un trato superior al de un mejor amigo, mientras que a otros chicos se les guardaba cierta distancia remarcando su relación de compañero o conocido. Al ver esto Helga siempre sentía
algo.
Sin contar como Arnold nunca pareciera molestarle o al menos notar la cercanía de estas chicas. Nunca retomaba su distancia, o alejaba esas manos exploradoras de su cabello, o detenía esos abrazos demasiado largos.
A ese
algo
nunca le puso nombre, no, no eran celos, solo la incomodaban cuando estaba presente. Nunca se lo dio a saber o reclamar, el conflicto entre amar su benevolencia y su incomodidad al estar presenciándolas, nunca la dejaron.
Incluso si quisiera, habría tenido dificultades para señalar el problema o mencionarlo. Pero ahora que tiene situaciones similares con Stinky, era diferente. No es que no le importara el joven Peterson porque lo hacía, había algo más sucediendo. Fue sorprendente la primera vez que se dio cuenta, pero a veces las niñas también eran demasiado
amigables
con Stinky. Sin embargo, de alguna manera él logró manejar las cosas de manera diferente. No solo tenía un talento para respetar los límites de otros, sino también los suyos. Esa vez, cuando una compañera de un proyecto entró ligeramente en su burbuja personal, él dio un pequeño paso atrás. Un movimiento tan simple. Sin embargo, Helga lo notó, porque por alguna razón estaba teniendo un tipo de déjà vu antes de que él diera ese ligero paso atrás. Ella se había retorcido internamente y miró a un lado para intentar prepararse para la sensación entrante de ese
algo
familiar. Pero después de verlo moverse, ella se quedó estupefacta, nunca llegó ese
algo
. Pensando que podría haber sido una coincidencia que siguió atenta a ocasiones similares. Descubriendo rápidamente que no era casualidad, ya sea por respeto a la chica o respeto por sus propios límites y espacio personal, siempre mantenía una distancia. Nunca hubo manos traviesas, principalmente debido a la falta de oportunidades. También fue astuto al respecto, acercándose con una ligera inclinación y agregando una gran distancia al enderezarse poco después. Era brillante, nadie lo notaría a menos que se le observará a él específicamente. Nunca hubo abrazos, a lo mucho, hubo una mano simpatizante al hombro. Además, cuando ella estaba presente, la buscaba, tomando su mano o colocando un brazo sobre su espalda, incluso llegando a ponerla en medio una o dos veces. Ni una sola vez se sintió ignorada o como lo hacía en casa cuando Olga estaba en casa.
Sin embargo…
Cada vez que miraba a esos encantadores ojos verdes, no podía importarle el resto del mundo. Cualquier dolor o angustia se evapora con esa mirada. Si el mundo se quemaba, podría arder en él siempre y cuando su amado de la cabeza de balón la sostuviera.
No había cómo negarlo. Era una cuestión de la mente contra el corazón.
La parte lógica en ella le gritaba que se quedara con el chico de campo. Ella quería. Lo intento una vez. Le dijo a Shortman que estaba con alguien. Sin mucha firmeza o éxito pero lo hizo. Él necesitaba dejar de insistir para que ella pudiera continuar con su vida sin esa droga que era su amor.
Ahora, con el joven Peterson, no era una relación adictiva. El resultado: paz, tranquilidad y felicidad. Cuando estaba lejos de Stinko, no solo pensaba en volver a verlo cada segundo que estaban separados. Tampoco irritabilidad cuando tenía que irse. Y cuando estaban separados no hubo ningún impulso de buscarlo si ella no sabía dónde estaba. Sin embargo, con Shortman. Todo eso y más pasaba. Ella era empalagosa con Arnold y él lo permitía. Incluso él lo reconoció. Recordando su momento del jueves, sabía que ambos estaban demasiado apegados al otro. El extrañarse de esa forma mutuamente no podría ser bueno, ahora al no tenerlo, podía ver los cambios que eso hizo en su vida.
Helga ya no necesitaba estar con Arnold para ser tolerable con las personas que la rodean. Sin notar que ahora se le era apreciada. O más bien, más que apreciada, la gente se interesaba en ella, se preocupaban, solo se dio cuenta de este hecho en los últimos días que Arnold regresó. Esos nuevos amigos habían estado preguntando si algo ocurría, si se encontraba bien. Debido a la apariencia preocupada, cansada y ligeramente molesta. Incluso ofreciendo ayuda. Estaba acostumbrada a quedarse sola cuando estuviese en ese estado, o cuando tuviese un percance. Normalmente, si no gritaba a los cuatro vientos sus penas, solo tenía a dos personas en las que podía confiar sus problemas más delicados. Arnold quien la acosaba hasta saber que le preocupaba, y Phoebe quien la miraba expectante, con una pregunta en los ojos que estaba de más.
Aunque agradecía eso, también la hacía sentir sola, pero permitía que la situación evolucionara y le otorgaba tiempo para lidiar con eso. Ante sus preguntas ella quería quejarse con cualquiera que escuchara, pero no sabía como no sonar como una demente, por lo que se abstuvo.
En la competencia entre los dos chicos, Stinky había ganado. Ella solo necesitaba anunciarlo.
Decirlo con toda seguridad que Arnold necesitaba aceptarlo y dejarla. Stinky era la mejor opción para ella.
Los rayos del sol comenzaron a inundar la habitación con luz.
Stinky era lo mejor para ella.
Un vacío en su estómago.
Pecho comprimido.
La habitación ahora estaba completamente iluminada.
El aire se le escapó de sus pulmones.
'Mejor'. Pensó.
La idea le llegó de golpe, "mejor" implica una comparación. Ella enumeró todos los pros y contras. No había forma de que ahora pudiera decirles a cualquiera de ellos con quien se quedaría. Ella sabía a quién prefería.
Ella los había comparado todo este tiempo.
Solo que ahora era sumamente consciente de que lo hacía. Reconocía el daño que era capaz de provocar el crear una lista de razones por las cuales estar con alguien y no con el otro y viceversa. Se propuso no continuar.
Con esta nueva meta en mente fue que pudo conciliar el sueño. Juzgando por la luz que entraba a su habitación eran las 5 AM del domingo así que no gasto tiempo en poner la cabeza en la almohada. Con suerte obtendrá un par de horas de sueño.
----- CHAPTER BREAK -----
Arnold nunca le facilitó la vida. Stinky, tan dulce y amoroso como siempre, continuaba con el tipo de gestos románticos de antes, pero con más frecuencia. Mientras que Arnold los tomaba como una base para su próxima hazaña.Tal como lo fue ese día, el domingo antes de la última semana de clases, Stinky la sorprendió. Somnolienta y con ojos pesados Helga estaba sentada en su cama tratando de juntar las fuerzas para empezar su día. Cuando el bullicio y risas se escucharon justo afuera de su casa frente a su ventana. La curiosidad le ganó al escuchar una voz muy conocida y se asomó por su ventana. Ahí observó a un muy nervioso Stinky tratando de calmarse por medio de respiraciones profundas. Lo que no alcanzo a ver la chica fueron las manos temblorosas del mismo. La razón, lo que él estaba a punto de hacer era un poco descabellado. En la mañana, sabiendo perfectamente la hora en la que despertaba Helga, Stinky aprovechó para ser su despertador. Llevó a Harold y Sid quienes servirán de apoyo moral, pero actualmente prefirieron reírse del hecho de que bien podrían despertar a toda la cuadra; o correr el riesgo de poner a Helga de mal humor y salir mojados. Las risas ante el nerviosismo de todo lo que podría salir mal si alguien fuese incapaz de encontrar gracia a sus acciones fueron disminuyendo al acercarse la hora. Previamente, ellos llamaron a la locutora para pedir una canción a cierta hora, el plan era llevar el radio con la intención de tocar una canción, la más cursi que Helga jamás haya escuchado. Cuando el locutor comenzó la introducción de la petición, las risas cesaron por completo, el par tomó un póster, Stinky un último aire alentador subiendo el volumen y alzando el aparato sobre su cabeza, volteo hacia Helga con una sonrisa mientras se escuchaba de la radio:–Con mucho amor de Stinko.La canción comenzó con un volumen ridículamente alto, y en efecto llamó la atención de transeúntes y vecinos haciéndolos voltear y salir de sus casas. Plasmada, Helga desvió sus ojos al otro par, quienes tenían un letrero al revés. Inclinando la cabeza intentando leer el contenido, y reconociendo una cara de confusión que le era más que familiar, Harold fue quien se dio cuenta de que el letrero estaba al revés. Avergonzados Sid y Harold enderezaron el letrero y se cubrieron los rostros con él. Ahora con mejor visualización pudo leer el "Para ti mi reinita" inscrito en él.Volteo para ver a Stinky quien se movía de lado a lado al compás de la música suavemente mientras sus labios murmuraban las palabras de la canción.
Mi amor, aquí para quedarse, nunca se irá
agradezco que te hayas enamorado de mí 1
Al cruzar de sus miradas Stinky cesó cualquier movimiento, sonrió esperanzado, buscando una señal de su aprobación. No esperó mucho, pues encontró una sonrisa en ella acompañado de una sacudida de cabeza en incredulidad a lo que estaba pasando. Fue toda la motivación que necesitaba para continuar más entusiasmado, ahora gritando a todo pulmón la letra de la canción con movimientos tan alegres que demostraban su sentir. Los cuales reflejaban la premisa de la pieza musical, una felicidad al estar con esa persona especial. Aunque tuvieron la aprobación de quien importaba, el trance en el que estaban los demás expectantes fue disminuyendo, y los movimientos de Stinky no fueron suficientes para entretener al dueño de la voz que se escuchó a lo lejos -¡Ya cállense!- algo fuerte, molesta y amenazadora. Con mirada suplicante Helga se puso un dedo en los labios tratando de comunicar que se callaran. Al final solo bajó el volumen para que no fuera tan molesto, pero terminó la canción sin más interrupciones, Sid y Harold tomaron el aparato y emprendieron su camino, tal y como lo planearon para darle tiempo a solas a los tortolitos.Helga bajó a recibirlo agradeciendo la pequeña serenata. Aunque todavía tenía sueño, había pasado por cosas peores y la hilaridad de todo lo sucedido la puso de buen humor. Después de invitarlo a esperar mientras ella se arreglaba, se fueron a desayunar en el café de Bigal. Un comienzo simple para el día, seguido por una película en casa de Helga. Durante el cual el agotamiento fue insoportable e inevitablemente se quedó dormida.Pasó mucho tiempo antes de que se despertara, el sol se acercaba al horizonte y coloreaba la ciudad con una mezcla brillante de amarillo y naranja. Rápidamente, vio una nota de Stinky avisando sobre su intención de unirse a la cena con su familia, un tema ya tocado ligeramente. La discusión que había terminado en incertidumbre por parte de Stinky señalando cómo necesitaba terminar algunos quehaceres o no podría ir, pero asegurándose que, sea cual sea el caso, al menos llamaría para hacérselo saber.Aún somnolienta y desorientada por el tiempo que había pasado, escuchó un ruido inesperado, el mismo que la había despertado. Un toque muy familiar en la ventana. Uno causado por el duro golpe de frijolitos estrellándose con el vidrio, solo una persona tenía que usar frijoles cuando trataba de llamar su atención desde el exterior. Uno cuyo lanzamiento era demasiado fuerte y tenía un antecedente de ventanas rotas cuando usaba pequeñas piedras. Como siempre, le trajo el bien conocido revoloteo de mariposas al estómago, y la adrenalina que la inundó tampoco fue una sorpresa, ambas la despertaron repentinamente.No pasó mucho tiempo antes de que él estuviera allí, frente a ella, en su habitación. Causando un cambio en el ambiente, el aire se sentía pesado haciéndole difícil cada respiro; igual que la tensión, tan densa y obvia para cualquier ser vivo a varios kilómetros a la redonda. Tomando respiraciones pequeñas y contenidas, ella trató de recobrar su compostura, esperando que él no viera nada de eso. Dándose de patadas a sí misma por cada estupidez que la llevó a estar en esta posición.La primera fue abrirle la ventana a quien sabía que estaba al otro lado. Arnold. Fue completamente por instinto, durante toda su relación se vio en una situación similar, Arnold despertándola a mitad de la noche buscando ayuda para un proyecto caritativo u otra de sus misiones a la que ella, sin falta, se unía. El segundo error fue dirigirse a él y hacerse disponible a sus caprichos con su habitual: -Lo que sea que quieras, que sea rápido, no tengo todo el día, ¿sabes?Arnold no era de los que veían una oportunidad y no la tomaba, así que comenzó su espectáculo, un plan elaborado y astuto para superar a Stinky. El niño de cabeza oblonga simplemente respondió: -Solo relájate y escucha Helga- con una de sus sonrisas distintivas, de esas que nunca fallaba al hacerla desmayar. Simultáneamente, indicando a su mejor amigo que empezara con el teclado, el plan, cantaría mientras Gerald tocaba. Tal vez Gerald era el cantante de los dos, pero para Arnold, se sentía como si fuera algo que tenía que hacer para demostrar que era desde el corazón. Así que cantó, cantó con todo su corazón.
Sabes que te quiero
Y eso no va a cambiar
Y aunque no estés aquí conmigo ahora
Mi amor por ti sigue siendo el mismo 2
El tercer error que cometió vino después de su presentación, causada por una inundación de confianza que se desvaneció tan rápido como llegó. Una resolución de dejarlo para siempre hizo que ella aceptara su súplica de hablar con ella cuando terminó su serenata. Ella lo llamó arriba, mientras Gerald recogía y se retiraba. Ella sabía, inconscientemente, que tenía que evitar que Arnold se acercara a ella, rechazando su coqueteo, ya que incluso hacía lentamente de su "triángulo amoroso" la charla de la escuela. Pero no pudo. En su corazón, no había manera de que pudiera rechazar a Arnold Shortman, la persona de la que había estado enamorada desde que tiene memoria.Ciertamente, no estaría en esta situación si sus decisiones hubieran sido diferentes en las tres oportunidades dadas. Su determinación había desaparecido en el momento en que puso un pie en su habitación. La razón principal: ese dulce olor que siempre había tenido, ahora llena la habitación haciéndola suya, marcándola. Una pequeña cosa que ella amaba de él, la embriaga de su presencia. Antes de ser pareja, ella le cortaba mechones de pelo solo para olerlo cuando estaba lejos, cada vez que pasaba, se detenía y olía esa esencia persistente que marcaba su camino. Cuando comenzaron a salir, ella expresó ese gusto, y Arnold cumplió al no cambiar nunca sus productos. Ahora, ese mismo olor le recordaba lo irresistible que era. Ella tenía un objetivo en mente, y se iba a apegar a este, claro que, nadie dijo que sería fácil.–Arnold sa-Arnold no perdió el tiempo en avanzar en su propio objetivo, interrumpió de manera efectiva. –¿Por qué sigues con él? No. No. Para empezar, ¿Por qué sales con él, Helga? ¿Y solo un mes después de que no volviera?Este no era el plan; se suponía que no debía analizar sus acciones. Hacer que se cuestione a sí misma, él solo escucharía. El nuevo plan de contingencia, imitar su molestia. –¿De qué estás hablando? ¡Mañana apenas llegaremos a los tres meses! ¡Pero eso no importa, me mentiste!–¡Estaba salvando vidas, Helga!- Un tecnicismo, porque lo que hizo no era esencial ni especial, cualquiera podría hacerlo.–Ya sé todo sobre eso Arnold– Ella no estaba mintiendo, la cantidad de tiempo que estuvo en la sala de investigación de Stella fue casi criminal, bien pudo haber sido una empleada. Sin embargo, no fue el pago inexistente lo que la mantuvo en esa habitación, fue la amabilidad que Stella mostraba al explicar todas esas preguntas agresivamente aprensivas que Helga tenía. Le gustaba saber todo lo que había que saber, cuestionar el cómo y el porqué de todo, y el obtener respuestas, no es que le importaran mucho. –Ahí estaba cuando tu madre acababa de encontrar una manera de inocular la enfermedad del sueño. ¡Conozco todos los términos médicos de los que habló! Era lo más importante para ella. ¡Ese NO es el punto! ¡Te habría esperado! ¡AÑOS! –Fue esa última declaración la que enfureció a Arnold. "Años", sí, claro. –¡No lo hiciste! Por lo que he oído, andaban muy a gusto juntos desde que me fui.Furia, rabia desbocada. Continuó con un murmullo a lo bajo, tan inusualmente bajo y calmado. -Bueno, lo hice, y lo sabes. Casi DOS. Años. Esperando. Rogándole a los cielos por una señal. Y ni una sola vez miré a nadie más, SOLO a ti–. Un reproche por todos los años de amor no correspondido después de su primera confesión, la que fue ignorada. –Incluso antes de eso. Seis Años–.Sin ganas de hablar sobre eso, redireccionó, retomando la meta inicial. –Está bien, está bien, pero como he dicho antes, estoy aquí ahora y no me iré. No dejaste de quererme, ¿verdad? - Ahora la estaba mirando tan atentamente que la dejó congelada.Esto siempre fue lo más difícil para Helga, enfrentarse al hecho de que, sí, ella lo amaba. La amaba tanto como al principio. No había forma de que ella pudiera negarlo, al menos no con la cabeza en alto. Cuando una respuesta se estaba gestando en su cabeza, su garganta se cerró. Cerrándose a la mentira y la falsa negación, su cuerpo rechaza tal posibilidad.-Todavía podemos estar juntos, ¿Quieres? - Ella no lo estaba mirando mientras él decía esto, su atención estaba dentro, dejándola con una mirada vacía. La reflexión que hacía y la interrogación de Arnold la habían distraído de la disminución de la distancia entre ellos.Ese hechizo bajo el que estaba se rompió de repente. Sintiendo un par de manos que se agarran justo por encima de sus codos, con la respiración caliente que acariciaba la parte inferior de su cara y la parte superior del pecho. El momento en que sus ojos se encontraron con el conocido y reconfortante verde que durante tanto tiempo fue el ancla de la cordura y la vida misma, fue el momento en que su resolución se debilitó.Lo vio, lo sintió. El magnetismo, la colisión inminente de sus seres. Tomando otra apertura, continuó con su instigación. –Sé que fuiste tú quien me lo decía antes, pero no te desharás de mí tan fácilmente–.Aún incapaz de decir lo que NECESITABA decir, su respuesta fue laboriosa. –Traté de decírtelo. Simplemente... no lo oirías. Dijiste que lo sabías. Y. ¿Por qué sigues preguntando? - Era casi incoherente dado su repertorio de vocabulario. - ¡Ya sabes la respuesta! No sigas insistiendo, por favor-.Todavía agarrándola por los brazos, la llevo a su cama, sentado con ella de pie ahora entre sus piernas. Ella se dejó guiar por él, él siempre tuvo ese poder sobre ella, haciéndola sentir como una nube, lo suficientemente ligera como para ser manipulada a su voluntad. Él la miró, desde abajo su cabeza apoyada en su pecho, abrazándola por la cintura. –¿Cómo no hacerlo? ¡Básicamente, planeamos nuestras vidas juntos, iglesia, luna de miel, nombres, NOMBRES Helga!- en ese momento su agarre en su cintura se apretó momentáneamente, alejándose solo para comenzar un movimiento de caricias en su espalda.Su mirada estaba dirigida a él, pero en su mente había vuelto a esa conversación hace poco más de un año. Planificación familiar a la sombra de un árbol después de una pelea particularmente larga, compensándose, prometiéndose mutuamente que no se irán, no realmente. Tal vez podrían ser amigos, buenos amigos, nunca lo han intentado. Sin que ella lo supiera, había estado acariciando la parte superior de la cabeza de Arnold con su mano izquierda, con los dedos corriendo por su cabello. Cuando ella lo miró, se detuvo, tomando nota de cómo él se regocijaba a su tacto, con los ojos cerrados y una mueca de felicidad en su cara.Por el momento, no podría haberle importado la respuesta de ella, extrañaba esto. Su tacto siempre fue de alguna manera tan suave mientras lo sostenía. Se sentía amado. El centro de su mundo. No había manera de que ella quisiera a alguien más por encima de él. Él lo SABÍA. Exhaló por su boca mientras sentía su otra mano ahora en su cara, corriendo de sus ojos a sus oídos y permaneciendo allí para acunar su cara como lo hacía a menudo. Los dedos se deslizaron a lo largo de su mandíbula hasta su barbilla y fue entonces cuando lo sintió. Los labios aún separados le permitieron sentir esa presencia en su labio inferior, un dedo trazando el contorno. Quería tomarla dentro de él y envolverla para no dejarla ir.Arnold no era el único con los ojos cerrados, Helga, cuando su pulgar trazó el labio de Arnold, también estaba cerrando los ojos. Disfrutando de la sensación de ellos casi en una especie de beso fantasma. O un beso de muerte si se apegaba a su objetivo. -Oh, Arnold-. Fue entonces cuando abrió los ojos. En lugar de verlo, su atención se fijó en la pulsera con tachuelas de su mano derecha, la que Stinky le había dado. Recordándole su objetivo, se aclaró la garganta e intentó empezar de nuevo.Sintiendo lo que puede estar en el camino, Arnold la detuvo. La jalo hacia abajo con él mientras él se reclinaba en su cama. -No, todavía no-. Rodó hasta dejarlos de lado y la abrazó más fuerte. Respirando profundamente, cerró los ojos y se negó a dejarla ir.Ella lo dejó porque sentía que ahora tenía la fuerza para rechazarlo, pero también sabía que sería difícil para ambos.-Todavía estamos enamorados. ¿No es así? Amor. Una vez más, el concepto de amar, ella todavía no podía negarlo, sin importar cuánto quisiera.Podía sentir los latidos de su corazón, era rápido, así como los escalofríos mientras la acariciaba de arriba abajo por la espalda. SABÍA que era mutuo. Así que finalmente dejo de hacerse de la vista gorda, mencionando lo que ignoraba. -No me iré hasta que lo digas-.-Si sabes que te deberías ir, ¿por qué no lo haces?-No puedo. Si fueras yo, ¿podrías?-No soy tú. No es lo mismo y lo sabes-. Ella lo estaba abrazando en ese momento, era un abrazo suave y débil. Arrastrando su dedo por sus hombros.Hubo un fuerte golpe en la puerta. -Oye, ese campesino tuyo llamó, dice que va a venir. Me pidió que te avisara-. Fue Bob, esa voz áspera que separó a la pareja, completamente por costumbre, dejándolos a lados opuestos de la cama. Sin embargo, no entró y simplemente se fue.En el interior, Helga le dio una mirada suplicante a Arnold. Entendiendo, simplemente asintió y se levantó con la intención de irse. No es que quisiera quedarse sabiendo quién estaba en camino. Todavía no había salido victorioso. Todavía no había oído lo que quería y hasta entonces, no se daría por vencido.
