Work Text
Por milenios los humanos le han temido a la oscuridad, han tenido un miedo primordial a lo desconocido, de descubrir los horrores que la oscuridad resguarda dentro de sus entrañas. Sin embargo, son sus crías quienes más susceptibles y débiles se han mostrado ante ella.No es de extrañar que en medio de la noche se despertaran llorando después de sentir como una mano fría agarraba fuertemente sus tobillos en un intento de arrastrarlos hasta el frío suelo; los gritos y llantos de los niños despertaban a los padres, quienes alarmados se levantaban para verificar que todo estuviese bien.En medio de las penumbras los pequeños humanos sentirían que alguien los observaba, un sudor frío recorrería cada parte de su cuerpo, adueñándose de su increíble imaginación, provocando que los ojos se llenaran de lágrimas y quisieran salir corriendo. Cuando los adultos acudían a sus gritos de ayuda, por lo general abrazarían a sus hijos y con gentiles palabras les aseguraron que no había nada que temer, algunos se quedarían a dormir con ellos, otros se los llevarían cargando y los más crueles solo saldrían de la habitación justo después de que el llanto se apagara.Claro, eso si tenían la suerte de tener a alguien que ni siquiera mostrara el mínimo interés por él.— No te preocupes mi pequeño, mamá siempre te protegerá —Sonó un susurro proveniente de la oscuridad. Un susurro olvidado en el tiempo.Puede que ahora los padres tengan razón, no hay nada debajo de la cama, no existe un monstruo que sea capaz de salir de las tinieblas para raptar niños y llevarselos a un horrible lugar.Ahora ya no existe. Sin embargo, hubo un tiempo en que sí lo hubo.—Mamá está aquí —Esa afirmación llena de melancolía resonó en la vastedad del infinito.Mucho tiempo atrás, existía una entidad que se alimentaba del temor y llanto de los humanos, para conseguirlo recurría a diversos trucos, se escondía debajo de la cama, dentro de los roperos e incluso se sentaba en una silla de la habitación, observando como ellos. . . Pasaban de pensar que solo era ropa que creaba una extraña silueta al darse cuenta de que en realidad había "algo" ahí sentado.Él era el terror personificado, las más temibles pesadillas y los más oscuros secretos.En su vida no había nada mejor que quedar a reventar gracias a una buena cena de lamentos humanos, ¡esa sí que era una buena existencia!***—La muerte te anda buscando~ —Sonó un frío cántico proveniente de la oscuridad. Seguido por el sonido de garras afiladas chirriando por el suelo.El pequeño niño pelirrojo tomó su peluche para utilizarlo como una especie de escudo. Tanto sus piernas y brazos temblaban incontrolablemente a causa del pavor que se extendía a través de cada latido. A pesar del miedo que sentía, reunió la valentía de empujar a su hermana menor, Naomi, detrás de él; Necesitaba protegerla de todo mal. En las tinieblas, una risita sádica se escuchó.—¡N–No te nos acerques! —gritó el pequeño pelirrojo con sus mejillas bañadas en lágrimas— ¡Llévame, pero no toques a mi hermana! —El monstruo se sorprendió un poco debido a que a pesar de lo aterrado que el niño estaba, aún era capaz de “enfrentarse” a él por su hermana. Eso le gustó, apreciaba a las personas valientes.Sin embargo, necesitaba alimentarse y lo que hasta ahora había conseguido no era suficiente. Mostrando misericordia por el par de niños, tomó la decisión de ir a otra casa en donde pudiera conseguir más gritos y llantos; esta noche se le antojaba el sufrimiento de un adulto.Ese monstruo nunca permanecía solo en un lugar, viajaba alrededor del mundo en busca de más y más presas, a quienes atormentaría el tiempo suficiente antes de ir en búsqueda de una nueva víctima. En ocasiones se quedaba atormentando a las personas durante semanas o meses, todo dependía de la calidad de la comida que podía darle.La noche siempre fue la fiel compañera de Akutagawa, el monstruo de los terrores nocturnos, ¿y cómo no iba a serlo? La oscuridad era donde él tenía más movimiento, podía ir y venir libremente a cualquier lugar, no había nada ni nadie que lo detuviera, él era el rey de la noche.***—¡Ya te dije, mujer estúpida! ¡A mí me gusta la sopa caliente! ¿¡Es que acaso ese niño no sabe hacer nada bien!? —gritó con enojo aquel imponente hombre, a la vista del pequeño niño, ese señor a quién llamaba “padre” era tan alto como una palmera y tan ancho como una ceiba.—¡Perdón, perdón! ¡Fue mi culpa! —respondió la mujer mientras se arrodillaba delante de su hijo en un intento de protegerlo con su cuerpo.—¡YO LE DIJE A ESE INÚTIL QUE CALENTARA LA SOPA! ¿POR QUÉ TE METES DONDE NO TE LLAMAN? —El sujeto no escatimó sus fuerzas cuando levantó la mano en contra de su esposa, enviándola lejos de una palmada.El vestido solo con harapos se levantó de un brinco al ver como la mujer a la que más amaba salía volando por defenderlo. Sus ojitos se llenaron de lágrimas al ver esa escena, pero no debía llorar, si lloraba, entonces su padre lo golpearía por ser una marica, no debía llorar, no debía llorar.Sin embargo, no importó la cantidad de veces que repitió las mismas 3 palabras en su mente, solo era un niño al final. Pesadas lágrimas se derramaron silenciosamente por sus mejillas; sus manos intentaban sin éxito limpiarle la cara antes de que su padre lo viera. Fue un fracaso total.— ¿Estás llorando, maldito adefesio? —preguntó con enojo y burla en sus ojos amarillos—, ¡yo te daré razones para llorar!La casa se llenó de gritos, llantos y súplicas que nadie escuchó, y si lo hicieron, no se molestaron en ayudar, al fin y al cabo, no era su problema.Los ruidos solo se callaron cuando el malvado hombre salió a “despejar la mente”, su esposa e hijo lo tenían agobiado de tanto ruido que hacían, él necesitaba un descanso de todo eso, y no había mejor lugar para desahogarse que la cantina del pueblo. . . , en ese sitio al fin podría tener un respiro de la dura tarea de educar a esas bestias que se supone que eran su familia.—Muy bien, Atsushi, papá ya se fue, todo estará bien, ¿me oyes? No debes tener miedo —La sonrisa de la mujer era brillante y hermosa, aunque sus ojos demostraban lo cansada que estaba de todo—, ven mi amor, puedes ir a jugar un poco si quieres.El resto del día, su madre hizo los quehaceres domésticos, mientras el albino corría de un lado a otro persiguiendo mariposas. A veces él solito se metía zancadilla, pero esas caías no dolían, nunca podrían compararse con las golpizas que su padre le daba; como los golpes accidentales eran tan leves, él rápidamente se levantaba y seguía corriendo entre risas.Fue a las 6 en punto, cuando el sol empezaba a ocultarse que su madre le dijo que se callara y entrara a casa. Cosas muy malas podrían pasar si el hombre malvado lo veía jugar afuera. La joven mujer miró con una sonrisa triste a su hijo, ella daría la vida por tal de verlo siempre sonreír, es por eso que, en un intento de darle, aunque sea una migaja de vida digna, le pidió a su esposo una cama.Lo que ella le dijo fue que Atsushi estaba creciendo, y luego de una tormentosa sesión de quejas y gritos de parte de ese hombre, este le terminó comprando una nueva cama a su hijo. La cama era muy sencilla, de una madera muy vieja, y el colchón parecía haber sido hecho el siglo pasado, pero era lo suficientemente cómodo como para descansar bien en ella.—Escúchame bien, mi amor, cuando papá venga debes de esconderte debajo de la cama, ¿me entiendes? —preguntó la mujer con preocupación y dulzura.—Sí, mamá, ¡Me esconderé muy bien! —Contestó el niño con una gran sonrisa en los labios.—Ese es mi niño —dijo la mujer mientras con cariño pellizcaba una de sus mejillas.La cama nueva de Atsushi había sido elegida por su madre con el propósito de que el pequeño tuviese un lugar en el cual refugiarse, para cuando su esposo se pusiera violento, de esa forma él solo la dañaría a ella y no a su niño; lo que ella no esperaba, es que ese cambio de mueble pudo asegurar la seguridad de su hijo de una forma en la que jamás hubiera pensado.***Eran alrededor de las 8 de la noche cuando Akutagawa dejó la casa de los Tanizaki en busca de una nueva víctima. Se paseaba por las sombras en busca de una casa que pudiese llamar su atención, avanzó y avanzó, no paró incluso cuando las calles se volvieron de tierra, y siguió a pesar de que ya había dejado la urbanidad; él tomaba su tiempo, el tiempo era algo que le sobraba.La sombra se detuvo al toparse con una pequeña y vieja casa hecha de madera, no se veía ni siquiera la tenue luz de una vela alumbrando el lugar, a Akutagawa le pareció un buen sitio para encontrar comida. Las personas que vivían en lugares rurales tendían a asustarse más fácilmente.La figura se disipó en una espesa neblina negra para poder entrar por la ranura de la puerta. Guiado por su olfato, llegó a la habitación del niño que residía en el lugar, una fría sonrisa de deslizó en sus labios, se preguntaba que expresión de terror pondría al niño cuando apareciera frente a él. Con un sigilo propio de años de experiencia se metió bajo la cama, pero vaya que el susto se lo llevó él.Por primera vez en los cientos de años de su existencia sintió una punzada en su estómago, él nunca había tenido una sensación tan extraña, y solo años después se daría cuenta que el malestar que sintió fue debido al susto que se llevó en ese instante. ¿Quién pensaría que el dueño del terror podría asustarse?La imagen tan terrorífica que hizo que el mismísimo amo y señor de los terrores nocturnos se asustara no fue nada más ni nada menos que un niño albino que dormía plácidamente bajo su cama aferrado a una mantita azul. Akutagawa procesaba por qué carajos un niño humano estaba durmiendo en ese sitio cuando se suponía que ese era su lugar.El pequeño estiró la pierna, causando que por accidente tirara la manta a otro lugar, con su mano tanteó el piso en busca de su fiel compañera, y sonriendo al agarrarla; lo que el humano no sabía es que la cosa que agarró no era su manta, sino el abrigo negro del demonio.Akutagawa: ¡!¡Nunca nadie se había atrevido a tocarlo! ¿Qué clase de humano era ese? Lo normal es que las personas temblaran de miedo o incluso se orinaran ante la idea de que el demonio de la noche las arrastrara debajo de la cama, ¿es por eso que se había metido ahí? ¿Para que él no se lo llevará? El azabache no sabía si esa era la idea más brillante o estúpida que había presenciado.Los minutos pasaron en silencio, Akutagawa no sabía bien lo que se supone que debía hacer, ¿se iba? ¿Despertaba al niño para asustarlo?Mientras el demonio pensaba sobre su siguiente movimiento, el niño se acurrucó a su lado, abrazando con más fuerza la gabardina negra, babeándola.—¡Maldito mocoso! –exclamó en un susurro— ¡Pagarás por esa falta de respeto! ¡Lo prometo! —Con un brusco movimiento jaló su saco para alejarlo de la baba del niño, con la esperanza de despertarlo, pero al contrario de todas sus expectativas, la criatura humana solo arrugó la nariz y se acurrucó para conservar calor.Akutagawa:…Ya estando harto, tomó al niño desde el cuello de su camisa con el propósito de sacarlo de debajo de la cama, en ese momento escuchó pesados pasos acercándose hasta esa puerta, el azabache estaba casi seguro de que todas las personas dentro de la casa estaban dormidas, entonces ¿quién demonios era ese?—¡DÓNDE ESTÁS, INEPTO!? —gritó una voz masculina al abrir la puerta de la habitación, y al notar que no había nadie solo se limitó a golpear la pared con fuerza antes de darse la vuelta furiosa.El monstruo dirigió su mirada al niño cuando este empezó a temblar del miedo, el hecho de que siguiera dormido no sirvió para mitigar el fuerte sentimiento de terror se desprendía de su pequeño cuerpo. Ese miedo que Akutagawa percibió era completamente diferente a todos los temores que había saboreado antes. No sabía cómo explicarlo, pero en ese instante el demonio sintió que los humanos imponían incluso más terror que él.Luego de escuchar gritos de parte de una mujer y del hombre que minutos antes había irrumpido en la habitación, el monstruo decidió dejar al niño debajo de la cama, y en cambio, eligió quién sería su comida esa noche.Esperó hasta que las velas estuvieran apagadas nuevamente antes de salir arrastrándose como una serpiente en dirección a la habitación que más energía yang emanaba. Los ronquidos eran audibles en toda la casa, Akutagawa odiaba los ronquidos.El demonio soltó un soplido fuerte, el cual robó toda la calidez del cuarto. Con ayuda de Rashomon, como había llamado a la oscuridad que siempre lo rodeaba y que podía manipular, jaló de forma rápida la chamarra del hombre, solo fue cuestión de segundos para que empezara a temblar como un perro recién bañado.Soltó una leve risa cuando percibió el miedo que el hombre empezaba a soltar. Con sus garras rasgó el suelo de madera, mientras que Rashomon envolvía con finos hilos a su víctima, impidiéndo que se moviera, volviéndolo esclavo de su cama. Soltó un soplido gélido en su oído, mientras tarareaba una melodía suave pero terrífica, por algún motivo a los humanos siempre les aterraban cuando él les cantaba.Akutagawa: Solo intento cantarte, ¿te estás orinando por la emoción?El hombre estaba atado boca arriba, sin poder mover nada más que sus ojos, y desde su rabillo pudo ver una sombra más negra que la noche que le sonreía con afilados colmillos desde una esquina, sus ojos brillaban en rojo sangre y las afiladas garras parecían saludarlo desde la distancia con la emoción de cortarlo en pedacitos. Sintió tanto miedo que solo pudo desmayarse.— ¿Eh? ¿Solo eso? —Akutagawa no sabía si reír o llorar ante la patética escena que acababa de presenciar. Era tan ridículamente hilarante que solo tenía deseos de rebanarle el cuello al asqueroso cerdo que tenía enfrente. Para su desgracia, era algo que no podía hacer.Si bien la experiencia fue ridícula, su víctima soltó el suficiente terror como para que el demonio quedara lleno. Con su propósito cumplido, salió de esa casa para adentrarse en la oscuridad de la noche.
////
Pequeño extra:
Akutagawa: ¡Soy el amo y señor de la noche! ¡Yo soy los más profundos miedos personificados! ¡Tiembla ante mí!Atsushi: Señor de la noche, ya entiendo que no tiene amigos, ¿puede callarse? Intento dormir, gracias.El amo y señor de la noche que acaba de ser exhibido por un humano: ...
----- CHAPTER BREAK -----
Atsushi caminaba emocionado, ese era su primer día de escuela, ¡se sentía tan extasiado! Tan solo no había asistido durante un par de meses debido a las vacaciones, pero para él era como si no hubiese visto a sus amigos en mil años.—¿Crees que mis amigos me hayan extrañado, mamá? —Preguntaba el chico mientras corría en círculos alrededor de ella.—Claro que sí, mi vida —dijo dando un par de palmaditas a la cabeza del inquieto niño.Para muchas personas asistir a clases era equiparable a sufrimiento, levantarse temprano y verse obligados a pasar horas sentados escribiendo innumerables palabras en sus cuadernos no es divertido. Sin embargo, para Atsushi, estar en la escuela significaba no pensar en las cosas que sucedían en su hogar.Él entraba en la mañana y salía durante la tarde, si el universo estaba de buenas, entonces su padre llegaría hasta ya entrada la noche o lo suficientemente cansado como para no tener energía para hacer otra cosa que comer e ir a dormir.Salió corriendo desde que atravesó la pequeña zanja que marcaba el inicio de la escuela, la emoción que tenía era tal, que pareciera que no estuvo jugando durante todo el trayecto; la mujer sonrió tanto como el moretón de su rostro la dejó.Atsushi dedicó todo el día a correr, gritar y divertirse con sus amigos, poniéndose al día de todas aquellas aventuras que tuvieron mientras no se vieron, un día lleno de juegos, tal y como debería de ser la vida de cualquier chico de su edad.Durante las tardes él se encargaba de regresar solo a casa, muy pocas veces su madre tenía la oportunidad de irlo a dejar o a recoger, aunque eso no importaba, él era feliz con que tan solo una vez al mes ella pudiera ir a su lado.—¡Mamá! ¡Ya llegué! —gritó caminando hacia el patio para ir a buscarla. Él ni siquiera se percató de lo lleno de lodo que había terminado.—Qué bueno que ya estés aquí… —saludó con una sonrisa, la cual no le duró demasiado en el rostro—, ¡santo cielo! —exclamó al verlo, frunció el ceño con molestia mientras sacaba un palo desde una pila de leña que tenía cerca—, ¡vete a bañar y lava esa ropa, cochino! ¡Ya verás si no lo haces! —Atsushi tembló ante la amenaza, por lo que corrió con todas sus fuerzas hasta el baño, en donde un bote de madera con agua helada lo esperaba.Se quitó la ropa y procedió a bañarse a guacalazos, procurando quitar toda la sucedía de su cuerpo; cuando ya estuvo seguro de haber quitado todo rastro de tierra, se cambió a unas nuevas prendas hechas con tela que la albina había comprado en la ciudad unas semanas atrás. Sacó agua del pozo y la colocó en la misma cubeta con la que se había bañado; acompañado con un lavadero metálico se aproximó hasta donde su madre estaba para poder restregar la ropa a su lado.Al no tener tanta experiencia, tardaba mucho tiempo en poder lavar de forma correcta las prendas, siendo regañado algunas veces por hacerlo demasiado fuerte o muy flojo. No le importaba ser regañado, el ambiente era ameno de todas formas.—¿Qué se supone que está haciendo? —preguntó una voz grave, profunda y absolutamente aterradora. Atsushi sintió todos los vellos de su cuerpo erizarse, mientras un sudor frío empezaba a deslizarse por su espalda. Con temor miró a la albina, quién tenía la cara tan pálida como un muerto.—Mi amor, llegaste temprano —dijo ella forzando una sonrisa, mientras dejaba a un lado la ropa que lavaba—, ¿quieres que te haga la cena? —preguntó a pesar de ser temprano para la comida, la voz le temblaba un poco mientras le hacía señas a Atsushi para que dejara de lavar, cosa que él obedeció.—¿Acaso estás sorda, Chiyo? —La cara del hombre se enrojeció de la ira—, pregunté qué está haciendo ese mocoso de mierda —Con cada palabra su tono de voz aumentaba sin llegar a gritar.Las manos de la mujer empezaron a temblar, ni siquiera clavarse las uñas en las palmas podía aliviarlo.—Ah, es que se–se manchó, entonces l–lo puse a lavar su ro–ropa —habló sin quitar esa tensa sonrisa de su rostro; mientras que por dentro se mordía la lengua hasta hacerla sangrar.El hombre se acercó a grandes zancadas hacia la dirección de ambos, sus pisadas eran tan fuertes y furiosas que Atsushi sentía que las huellas que dejaba en el suelo debían de servir para sembrar cebollas.—¿¡Acaso ves que es una mujer!? ¡Es un hombre! —gritó pateando la cubeta de madera—, ¡gracias a las cosas que le pones a hacer es que él es un afeminado! —rugió—, bájale los pantalones, ¿ves una asquerosa vagina? ¡No!Atsushi se hizo una bolita en su lugar, con el deseo de desaparecer de la faz de la tierra. <<Si no me muevo no me mira, si no me muevo no me mira>>. Repitió en su cabeza sin parar, apretando fuertemente sus ojos.—¡Solo míralo! —exclamó mientras tomaba al niño por el cuello de su camisa— ¡Está temblando y llorando! —Esto lo dijo en dirección a su esposa— ¿¡CUÁNDO HAS VISTO A UN HOMBRE LLORAR!?El simple toque a la ropa del niño le provocaba asco, quizás lo marica se le iba a pegar si lo sostenía cerca demasiado tiempo; arrojó el cuerpo como si de un saco de papas tratase.Aunque el césped amortiguó un poco la caída, el impacto contra el suelo había sido fuerte, causando que punzadas de dolor le recorrieran desde el pie hasta la coronilla de la cabeza. El albino se mordió los labios hasta hacerlos sangrar para evitar soltar un solo quejido. Si en su ciega locura se le ocurriera soltar un sonido, su padre lo golpearía más fuerte.—Ya estoy harto de verlos —Acompañando esa afirmación, el hombre soltó un escupitajo hacia la dirección del niño que seguía sin moverse—, ¿qué haces ahí parada viendo como una estúpida? ¡Ve y sirve mi comida! —exigió con un grito, y sin siquiera darle tiempo a su esposa de moverse, añadió:—, ¿sigues ahí parada? ¡Apúrate o te tendré que enseñar que a los hombres no se les debe dejar esperando!La mujer vio con tristeza a su hijo, aunque sabía que ese horrible monstruo que tenía como esposo era capaz de arremeter en contra de Atsushi si ella no lo obedecía, ya una vez en el pasado cargó a su hijo para llevarlo a su cuarto y él la azotó tanto a ella como al niño, porque “debían aprender que los hombres deben ser independientes”, por lo que en su corazón solo podía desear que su niño estuviese bien: <<no te preocupes mi amor, mamá alejará a este hombre de ti>>.El pequeño Atsushi observó como la blanca cabellera de su madre se alejaba a pasos apresurados hacia la casa mientras él seguía tirado en el suelo. De repente sintió mucho frío a pesar de estar en pleno verano, aunque el viento helado solo soplaba dentro de su corazón, haciéndolo doler de tal forma que ya no pudo sentir la lesión del tobillo.Media hora después, cuando estaba seguro de que su padre ya había terminado de comer, se animó a levantarse por fin; cojear en medio de la grava y piedras no es tarea fácil, tardó mucho en alcanzar la entrada de la casa, y suspiró de alivio al percatarse que el hombre malvado no se encontraba en ningún lugar.—Ya se fue a dormir —El albino brincó al escuchar que le hablaban de la nada, pero su corazón se tranquilizó cuando se dio cuenta que fue Chiyo quién le había hablado—, mañana va a partir temprano a un viaje de negocios, así que no hagas ruido para despertarlo —Una brillante sonrisa se extendió en el rostro del albino, amaba cuando su padre se iba por días a sus viajes—. Ven aquí, vamos a ver tu tobillo.En silencio ambos se sentaron en una vieja pila de lo que podría describirse como un sofá improvisado que adornaba la sala. La lesión que tuvo Atsushi no parecía ser tan grave, solo se veía un pequeño moretón, el cual desaparecería conforme el pasar del tiempo.Chiyo se lamentó dentro de sí, si tan solo tuviera un poco de hielo podría hacer que la hinchazón bajara y el tiempo de recuperación de su hijo sería menor, pero era pleno verano, en esa época, solo la gente de alta alcurnia tendría la capacidad de permitirse tener hielo. Todo lo que ella pudo hacer era frotar algunas hierbas medicinales sobre el área afectada y prepararle un té para el dolor; después del decadente tratamiento médico, ella le indicó a Atsushi que se apresurara a terminar los deberes aprovechando la luz del día, ya que no les quedaban suficientes velas como para que él pudiera usarlas durante la noche.Y así fue como transcurrieron el siguiente par de horas antes que el sol se ocultara por completo. Atsushi y su madre comieron sus cenas en silencio antes de que cada uno fuera a dormir a su respectiva habitación.***Akutagawa regresó esa noche.No podía concebir la idea de no ser capaz de asustar a un simple niño humano; probablemente el chico solo tenía un sueño profundo, quizás es un poco extraño que duerma como un muerto, aunque no sería la primera vez que se topara con alguien similar. En esta ocasión solo haría más ruido para que pudiese percatarse de su presencia.Con destreza se deslizó cual serpiente en dirección a la habitación de la cría humana. Se paró frente a la puerta y tocó un par de veces, luego de una pequeña pausa volvió a golpear la puerta varias veces desde la parte superior de la puerta hacia la inferior. Los golpes se volvieron a detener antes de que la puerta se empezara a abrir con lentitud. Sus ánimos se hundieron al escuchar el ronquido del chico.Akutagawa: ¿¡Es que este ser tampoco es humano!?El peligro azotó la puerta con fuerza, sintiéndose satisfecho al percibir que el niño pasaba a un sueño más liviano, ahora necesitaba seguir haciendo unos ruidos más para despertarlo y así poder alimentarse. Con solo un soplido, la temperatura de la habitación descendió a una heladez espectral.Pequeñas tiras de oscuridad se arrastraron en el suelo, sonando como chirridos de perros agonizantes, se deslizaron hasta tomar la manta del chico, pero esta no se movió ni un poco.Akutagawa: ¿?Tiró otra vez de ella, sin embargo, solo se deslizó un poco en su dirección antes de que el niño volviera a jalarla. Así fue como un demonio y un humano iniciaron con un combate del tira y afloja para determinar quién de los dos se quedaría con la manta, saliendo victorioso el demonio. En medio de la oscuridad sacó su dedo medio hacia el chico, ¡qué pérdida de tiempo!El niño se hizo un ovillo en sí mismo para preservar el calor, al final, la baja temperatura terminó siendo la culpable de despertarlo; lo primero que escuchó fue una risa que resonó en medio de la oscuridad, Atsushi sintió que su estómago se retorcía de forma desagradable, ¿era posible que...? Sus pensamientos quedaron interrumpidos cuando una delgada y fría mano se posó en su palpitante tobillo.—Tú… Tú no eres mi papá, ¿cierto? —preguntó con un temblor en la voz. Sus manos estaban cerradas en puños sosteniendo el borde de la camisa de pijama, con unos ojos que se negaban a abrirse, no quería ver.Akutagawa aspiró profundo al sentir el torrente de miedo salir del niño, era muy potente, incluso se atrevería a decir que muy pocas veces alguien había desprendido ese tipo de miedo. Sabía tan apetecible que tuvo ganas de asustarlo hasta que dejara de respirar.—¿Por qué? ¿Quieres a tu papi para que te salve? —soltó una risa burlona, llena de un sentimiento maniático—, lamento decirte que tu padre no va a venir por ti.Atsushi suspiró de alivio, e inmediatamente todo el temor que hace un par de segundos estaba desprendiendo se detuvo en seco. Ese suceso fue algo que el demonio jamás había previsto ni en sus más oscuros sueños.Justo en este momento el demonio más temido, aquel que gobernaba las tinieblas, quien hacía gritar y hacerse orinar tanto a hombres como mujeres por igual, estaba parado a los pies de la cama del albino.¡Y no solo eso! Lo estaba agarrando del tobillo con el propósito de arrastrarlo hacia el mundo de las pesadillas, las cuales lo harían desear retorcerse en el mismo infierno, ¿y ese humano se sentía aliviado de que no fuera su padre?¿Qué sigue? ¿Perros y gatos llevándose bien? ¿Un conejo durmiendo junto a un tigre? ¡Inaudito!Se sintió ofendido.—Oh, ¡que alivio! Ya estaba asustado —murmuró al fin soltando los puños, relajándose al instante—, ¿quién eres tú, entonces? —Se intentó incorporar un poco, pero el firme agarre en su tobillo le impidió darse la vuelta del todo.Akutagawa se quedó atónito por un momento.—El demonio de la noche y de los terrores nocturnos —Acompañando las palabras, una inmensa oscuridad se ciñó en la habitación, tragándose la luz que entraba por la ventana, dejando el lugar en penumbras. En medio de la oscuridad, solo destellaban los ojos rojos como la sangre, acompañados de una sonrisa que dejaba ver sus afilados dientes, preparados para desgarrar carne en cualquier momento.En lugar de sentir miedo, Atsushi quedó fascinado por los hipnóticos ojos, ¿acaso ese hombre tenía la capacidad de almacenar la luz de una fogata en su mirada? ¿O cómo era capaz de hacer que brillen de esa manera? Y sus dientes...¡Wow! ¡Él también quería parecer una bestia gigante! Quizás si fuera un depredador su padre no se atrevería a volver a golpearlo, ¡y podría proteger a su madre!—Disculpe, señor demonio —susurró el chico sin apartar la mirada de sus ojos—, ¿podría volver a colocar su mano en mi tobillo? Está fría, y hace que deje de doler —Era cierto, antes de que esa sombra negra apareciera, su tobillo estaba caliente y palpitante, pero luego de tener algo frío posando en ese sitio por un tiempo la incomodidad disminuyó.—¿Eh?—¡Sí! Lo que sucede es que estar junto a usted me ha hecho sentir mucho mejor, entonces me preguntaba si podría volver a poner su mano en mi tobillo torcido.—¿¡Eh!? —Las tinieblas se disiparon, dejando ver a un joven parado justo a los pies de la cama. Atsushi no podía distinguir un aproximado de la edad de la persona, ya que la oscuridad seguía siendo demasiado espesa como para verlo bien, dejando apenas visible la silueta de la gabardina negra que vestía—, ¿por qué debería de hacer eso?—¡Por favor! —suplicó en un tono más alto de voz.Sin embargo, alcanzó a ser escuchado por otra persona ajena a la conversación, alguien que no estaba nada contento de oír su voz.—¿Se puede saber con quién demonios estás hablando a estas horas? —cuestionó su padre entrando de golpe a la habitación. El hombre estaba de muy mal humor, el escándalo que Akutagawa había causado instantes antes lo despertó, y al único culpable que localizó no fue a nadie más que esa porquería que decía ser su hijo.Akutagawa se escurrió debajo de la cama en menos de un parpadeo.—Uh, yo… Solo tuve una pesadilla —De nuevo el ambiente se llenó del terror del niño. Akutagawa se deprimió un poco en su corazón, ¿acaso un humano en verdad era más terrorífico que él?Tabito hervía en furia, ese bastardo solo lo veía como un ciervo asustado, seguro ni siquiera era de su linaje, le era impensable que algo tan desagradable saliera de él.Desde donde estaba acostado, Atsushi sintió la presencia de su padre mucho más imponente de lo normal; no tenía a donde huir o un lugar en donde pudiera esconderse, lo único que le quedaba era rogar al cielo que ese hombre perdiera el interés en él y se fuera. Quizás si solo se quedaba quieto...—¿Una pesadilla? Ja, ¿Es por eso que estás hablando solo en medio de la noche? —Tabito le dirigió una mirada que Atsushi no supo interpretar, se sintió como si le estuviese clavando varios cuchillos de hielo—, hijo —susurró con una voz extrañamente cariñosa—, ¿podrías dejar de hacer ruido?Con cada palabra que dijo avanzaba unos pasos más hasta quedar al costado de la cama. El albino tenía muchas ganas de esconderse bajo su manta, pero el “demonio” se la había arrebatado, estaba al descubierto, desprotegido.—Hijo —repitió nuevamente Tabito— ¿podrías callarte para siempre? —Con un rápido movimiento, tomó una almohada y la presionó sobre la cabeza del niño, mientras que con la otra mano restringió los movimientos desesperados que hacía Atsushi para quitar ese objeto que le impedía la respiración—, ¿¡cuántas veces te he dicho que no debes de hacer ruido por la noche!? —gritó con enojo— ¡TÚ ME HAS FORZADO A HACER ESTO!Las mejillas del niño estaban empapadas de lágrimas, la desesperación de estar siendo asfixiado era demasiado grande; no podía pensar bien, y ya había comenzado a hipar, sacando así el poco aire que logró reunir, si seguía de esta forma por más tiempo, moriría.—¿¡Ya estás llorando!? ¿¡Es que acaso no puedes soportar esto!? —El puño que sostenía las manos del niño se quitó por un momento, con el propósito de darle un fuerte golpe en el estómago, aunque el golpe nunca llegó, al contrario, toda la presión ejercida sobre el niño desapareció en un segundo.Sin dejar de llorar a lágrima viva, Atsushi se quitó la almohada de la cabeza, agradeciendo el oxígeno que entraba de nuevo a sus pulmones. Tosió entre sollozos, rezando porque su padre no volviera a lastimarlo por ser débil; sin embargo, ese gran y "fuerte" hombre yacía inconsciente en el suelo.Una cosa de contextura similar a la brea parecía estar entrando en el cuerpo de Tabito por medio de las fosas nasales y boca, esto era un engrudo especial que Akutagawa vertía en algunas personas que lo sacaban de sus casillas, no podía herir tal cual humanos, pero eso no impedía que hubiera encontrado otras formas de tortura no reguladas.El monstruo se alzó imponente sobre el frágil humano.—No parabas de hablar, odio a las personas ruidosas —dijo para sí mismo Akutagawa, pateando con tanta fuerza que escuchó un hueso crujir—, ¿uh? ¿Se rompió solo con eso? Que juguete tan aburrido —murmuró. Bueno, todo mundo comete errores, ¿no? Un hueso más, un hueso menos; si lo descubren, todos podrían entender que a veces los humanos no podían aguantar ligeras caricias.El niño vio atónito la escena, tan asombrado estaba, que dejó de llorar, olvidando por completo el susto que acababa de pasar. Sí, tenía razón, si tan solo fuera como ese ser podría defenderse para siempre de su papá.Cuando Akutagawa volteó hacia la cama, solo se topó con una mirada brillante de admiración.—Señor demonio, ¡Usted es increíblemente fuerte! —exclamó el niño casi en un grito. Akutagawa solo arrugó el rostro con disgusto—, ¡muchas gracias! —Fue lo que logró escuchar antes de salir arrastrando el cuerpo del hombre hasta la pequeña sala de la casa, no sin antes tirarle la manta en la cara a Atsushi.Un extraño sentimiento se removió en el estómago del demonio, algo parecido a… Satisfacción, jamás nadie le había dicho palabras como aquellas, y se sentían poco bien de escuchar.Esa noche no pudo lograr su cometido, pero en definitiva iba a hacer que ese humano le tuviera pavor, tenía mucho tiempo para lograrlo.***Atsushi volvió a dormir, sintiéndose un poco inquieto debido a que había vuelto a lastimar su tobillo durante el forcejeo, sin embargo, una fría y firme presión en el área hizo que la incomodidad se esfumara. Soltó un suspiro de alivio y prosiguió a seguir soñando con un mundo en donde nadie lo lastimara.
////
Pequeño extra:
Akutagawa: Malditos humanos, los odio. ¡Juro que algún día me haré un festín con sus órganos!Atsushi: ¡Señor demonio! ¡Me lastimé de nuevo, ayuda!Akutagawa yendo deprisa a su auxilio: ¿Desde cuándo me convertí en un enfermero? ¡Tú vas a ser el primero a quién mataré!Atsushi: ¡Gracias por ayudarme! Te quiero mucho.Akutagawa: … Bueno, tal vez no mate a todos los humanos.
----- CHAPTER BREAK -----
Varios días transcurrieron en calma debido a la ausencia de Tabito; durante ese tiempo, Atsushi consiguió un nuevo y extraño amigo que llegaba a visitarlo todas las noches. Era muy entretenido, solían jugar un peculiar juego en donde el muchacho de negro aparecía de la nada e intentaba sacarlo de la cama diciendo cosas como que iba a llevarlo al "infierno", y hasta el momento, Atsushi había ganado todas las rondas del juego. ¡Era un niño muy fuerte!De vez en cuando su nuevo amigo se escabullía debajo de la cama o dentro del pequeño ropero que tenía en un intento vano de asustarlo. Sin embargo, el albino siempre ha sido valiente, así que apenas se inmutaba ante los repentinos "¡Boo!" o las carcajadas siniestras que se escuchaban en medio de la penumbra. A veces, cuando las cosas eran demasiado inesperadas sí soltaba un gritito, pero estos rápido se transformaban en una carcajada.El niño no lograba identificar algo malo en el pelinegro, tal vez fuera un poco extraño, aunque hasta ahora no había intentado golpearlo o algo más, no tenía nada de qué temer; algo de lo que estaba seguro, es que nada podría ser peor que su padre, además, ¡él lo había salvado la última vez! No había razón para tener miedo de un héroe.En cambio, para Akutagawa esto era como el colmo, en todo el tiempo que llevaba existiendo jamás se había sentido tan abatido. ¿Por qué esa criatura humana no dejaba de verlo con esos grandes y brillantes ojos que reflejaban admiración? Mentiría si dijera que esa mirada era del todo repugnante, aunque tampoco era verdad el hecho de que le agradara, le provocaba un ligero y extraño sentimiento; siempre ha estado acostumbrado a que los humanos huyeran y le temieran hasta los huesos, por lo que no sabía cómo reaccionar ante otro trato.—Tsss —susurró el albino en medio de la oscuridad—, ¿señor demonio? ¿Ya llegó? —Su mirada recorrió a lo largo y ancho de su habitación iluminada por la luna, y no vio ninguna sombra fuera de lo normal. Por lo general, cuando la luz de la luna dejaba de cubrir la mitad de su habitación era el momento en que el autonombrado demonio de la noche llegaba a intentar asustarlo, pero hacía un tiempo que su habitación apenas estaba iluminada y él aún no llegaba.Atsushi no pudo evitar sentir tristeza al pensar que su nuevo amigo quizás ya se había aburrido de él y ya no quería hablarle, igual que Fyodor. Fyodor se había enojado ese día porque cuando le pidió su comida, el albino no se la quiso dar; él era uno de sus mejores amigos, por lo que cuando lo golpeó por desobedecerlo, le dolieron más sus palabras que los golpes en sí.Deseaba contarle a alguna persona lo que había sucedido esa mañana, sin embargo, cuando intentó hablar con su mamá, ella lo apartó con la excusa de estar ocupada y que podrían hablar más tarde; durante la cena no le prestó atención a su historia y solo le contestó con monosílabos. El niño aún conservaba la esperanza de poder conversar con el monstruo esa noche, y esta esperanza se fue haciendo añicos con el paso del tiempo, él no se había presentado.¿Es que acaso estaba maldito? ¿Era esa la razón por la que no podía encontrar cariño en ninguna parte? Tal vez es lo más lógico. Solo deseaba refugiarse en el regazo de su madre, o que al menos su padre le dijera que estaba orgulloso de él, aunque solo podía soñar con que esto último se hiciera realidad algún día; estaba seguro de que su madre lo quería, solo no lo expresaba lo suficiente, en cuanto a Tabito... Ese hombre definitivamente lo odia.Atsushi apretó los ojos sintiendo algunas lágrimas deslizarse por sus mejillas, con brusquedad limpió esas gotas rebeldes, no debía llorar, los hombres no lloraban; pero dolía tanto, su corazón se revolvía como si mil espinas se le estuvieran clavando, ¿cómo podría deshacerse del dolor si no tenía permitido llorar?Unos minutos después, Akutagawa por fin hizo acto de presencia, en silencio se deslizó por debajo de la ranura de la puerta, entrando en la cálida habitación. Ya era muy tarde, por lo que agudizó su audición para saber si Nakajima Atsushi, como se había presentado el niño, seguía despierto; se sorprendió un poco al escuchar hipidos a duras penas audibles provenientes de la persona que descansaba hecha un ovillo sobre la cama.Las sombras se moldearon hasta asemejar una forma humana, la cual se acercó con cautela hacia la cama, entonces una voz lo hizo detenerse en su lugar.—¿Ya llegaste? —cuestionó la bolita con la voz rota. Akutagawa no supo que contestar, había sido descubierto otra vez por esa inmunda criatura. ¿Debería hacerse el loco e irse, o quedarse para ver si conseguía al fin sacar un poco de comida? De todas formas, ya estaba lleno, tal vez era mejor regresar al día siguiente o dentro de dos días, cuando el niño no estuviese esperando su llegada.Estaba decidido. Akutagawa dio media vuelta para largarse.—No te vayas, por favor —susurró Atsushi destapando su cabeza, desde su posición únicamente veía una mancha más negra que la oscuridad misma, sabía que era la espalda del monstruo y que él estaba listo para irse; entonces volvió a hablar con cierto titubeo—. No sé por qué llegaste tarde hoy, ¡pero eso no importa! Puedo esperar, solo… No me dejes solo…Akutagawa quedó paralizado; de todas las cosas que pensó que podrían sucederle en su eternidad, jamás se le había pasado por la cabeza que alguna vez alguien necesitaría de él hasta el punto de suplicar por su estancia.La forma física del monstruo explotó en sombras, las cuales se esparcieron por el cuarto, disolviéndose en el aire. Atsushi se sintió abatido ante el evidente rechaza del demonio, y sus ojos nuevamente se pusieron llorosos.—Deja de llorar, estoy aquí —dijo una voz proveniente desde debajo de la cama. El albino que hasta hace un par de segundos estaba casi llorando, inmediatamente estalló en una gran sonrisa; con su manita se restregó los ojos y se acostó boca arriba, dejando al descubierto sus brazos; ahora que se dio cuenta que no lo habían abandonado de nuevo se sintió mejor. Un par de minutos pasaron antes que el chico pudiera armarse de valor y preguntar:—¿Por qué llegaste tarde?—¿Debería de darte explicaciones? —respondió devolviendo la pregunta; Atsushi se sintió un poco acorralado debido al tono que el demonio había usado con él, pero de todas formas no le importó; él era una persona que agarraba rápidamente confianza con los demás, por lo que creyó que su amigo solo era algo reservado con la información que compartía.—Solo tenía duda, siempre llegas cuando la luna está en la misma posición, aunque hoy tardaste más… Creí que no vendrías —Esto último fue dicho en un murmullo.Akutagawa sopesó por un instante si debería de contestar o no.—Fui a comer —respondió al fin.—¿A comer? ¿A esta hora? ¿Eso no te hará que te duela el estómago? —cuestionó el albino asomando los ojos por la orilla de la cama. El pelinegro emitió una leve risa ante las preguntas tan sin sentido.—No me duele el estómago porque no tengo, yo no como la misma comida que tú —La curiosidad del chico se disparó a los cielos cuando escuchó eso, ¿Qué podría comer el demonio? Imaginó a esa sombra negra bebiendo la sangre de las ovejas como en las leyendas que ha escuchado, pero si no fuera eso, quizás se alimentaba de la luz de la luna, como si fuera una flor lunar, aunque siendo sincero, no podría imaginarlo pretendiendo ser un árbol, parado con los brazos extendidos en plena calle.er un árbol, parado con los brazos extendidos en plena calle.—¿Qué comes entonces?—Yo me alimento del terror —Akutagawa sacó su cabeza para de esa forma poder devolverle la mirada al niño que lo observaba desde arriba. Sus ojos eran rojos como la sangre, con una línea fina que los atravesaba, tal y como los de una serpiente; la sonrisa que le dedicó al niño era amplia y hambrienta, llena de colmillos filosos como los de un tiburón—, el sonido de los gritos son música para mis oídos, el pánico que los humanos muestran en su mirada son mi motivo para vivir —Una larga lengua bípeda se asomó entre los labios, extendiéndose hasta su barbilla, dentro de ella, se podían ver pequeñas protuberancias que se retorcían y chillaban.Atsushi olvidó respirar debido a la apariencia del monstruo, jamás se acostumbraría a verla; si bien no le provocaba miedo, a veces sentía un poco de asco, y contemplarla demasiado tiempo podría tornarse incómodo, cuando lo veía de esa forma se sentía como si estuviese observando su alma. Sin embargo, a pesar de todo eso, también le daba cierta fascinación, creando en su interior un remolino de sentimientos que no convergen en nada.—¿Cómo lo haces? —Akutagawa bufó otra vez al no percibir aquel terror que quería provocar, dehizo su máscara, dejando a la vista solo dos ojos grises que parecían brillar en la oscuridad; al albino le gustaba más esa mirada.—Entro a la casa de las personas con esa apariencia y las asusto —contó regresando por completo a la oscuridad.—¿Uh? ¿La gente se asusta con eso? —cuestionó el albino ligeramente sorprendido; no podía imaginar a las personas asustarse por esa mirada tan bestial, para él, era similar a ver a un perro desde lejos, los perros rabiosos miran feo y gruñen amenazantes, pero no atacan a menos que se sientan en peligro; ese demonio se veía como un gran perro rabioso para él.Akutagawa se sintió impotente otra vez.—A la gente normal sí, por eso es que fui a buscar comida a otro lado.—Si tú no me das miedo, ¿significa que soy más valiente que el resto de las personas a pesar de ser un llorón? —El demonio alzó una ceja.—Sí, eres muy valiente —Los ojos de Atsushi se iluminaron; ¡Él era muy valiente! Su papá solo era un mentiroso que no podía ver cuan valiente era en realidad.—Hoy en el colegio me sentí triste —contó—, un par de mis amigos me dieron una paliza por no —Cabeceó—, haberles dado mi almuerzo —Su tono era lastimero, como si contar la historia le hiciera sentir dolor físico—, F–Fyodor dijo que si fuera su mejor amigo de verdad le daría mi comida y dinero sin rechistar —Bostezó—, pero tenía mucha hambre…Los párpados de Atsushi empezaron a pesar más y más; sin embargo, no quería dormir aún, todavía quería seguir hablando con el monstruo, pero era como si su lengua pesara mucho más de lo que debería cada vez que intentaba hablar, lo que provocaba que sus palabras tropezaran unas con otras.—¿Sabes dónde vive?—¿Uh? El viveee ce–cerca… del… río… Su casa es linda, yo también quiero que… mi casa sea amarilla —Antes de que se diera cuenta, el sueño le ganó la batalla, y pronto ya se encontraba dormido.—¿Por él lloraba? —Se cuestionó una voz desde las tinieblas hablando consigo mismo—, hum, así que Fyodor.***Eran las 4 de la mañana cuando un niño pelinegro despertó a causa del nauseabundo olor que inundaba su habitación; el aroma era incluso peor que el de un conejo muerto dejado a la intemperie por varios días.Se vio obligado a sentarse cuando una arcada arremetió en contra de él, era demasiado pronto como para que esa cosa empezara a oler feo, ¿entonces cuál era el motivo de esa peste?Su estómago parecía retorcerse dentro de él, el ácido estomacal pasó quemándole la garganta, dejando una horrible sensación de ardor. Puso una mano sobre la boca y salió con rapidez de la cama, con el único propósito de alcanzar el baño y vomitar.Logró dar un par de pasos antes de que su tobillo fuese agarrado con fuerza y jalado en dirección de la cama; esta acción lo hizo caer sobre sus rodillas y manos; sudor frío le recorrió la espalda, ¿era esto el karma universal del que había leído?Temblando, volteó.Lo primero que logró observar fue a la esquelética mano que lo mantenía prisionero en un fuerte agarre, más allá de ella, un par de ojos rojos como la sangre recién derramada le devolvieron la mirada; sin embargo, esa no era la peor parte; el rostro de esa cosa que estaba debajo de la cama es algo que no podría olvidar por el resto de su vida.Pedazos de piel se desprendían de ese macabro rostro que parecía ser perteneciente a un perro; bajo la tenue luz de la luna es posible ver partes del cráneo expuesto y de la materia gris que se desparramaba en el piso. En medio de toda la carne putrefacta había cientos de gusanos que se retorcían en todas las direcciones, dándose un festín. La asquerosa criatura pronunció su nombre exhalando un aroma que derritió sus fosas nasales; decenas de gusanos cayeron de la boca de aquel monstruo, arrastrándose por el suelo hacia su dirección.Entró en pánico, con fuerza sacudió todo su cuerpo en un intento de librarse del agarre.<<Me duele la garganta>>
<< ¿Estoy gritando? No lo sé >>
Todos sus intentos fueron en vano; conforme el pasar del tiempo, comenzó a sentir como los gusanos ya lo habían alcanzado y escalaban por su cuerpo; esas bestias blancas y regordetas picaban su piel con el propósito de internarse en ella y comerlo desde adentro.Vomitó. La comida que aún no había sido procesada se amontonó a borbotones buscando una salida, hiriendo de tal forma su garganta ya lastimada que pudo sentir un sabor metálico. Acompañando al vómito, sintió en sus pantalones un líquido cálido; y fue en ese momento que todo desapareció; ya no había gusanos, y tanto la cara pútrida como la mano que lo sujetaba se evaporaron.El niño respiraba pesadamente. En sus once años de vida, nunca había experimentado tanto miedo.<< Mierda, esto fue demasiado para mí >> Pensó. << ¿Qué carajos era esa cosa? ¿Un espíritu rencoroso que venía a vengarse? Tengo que mejorar mi habilidad para enterrar>>En su interior se dijo que esta fue la primera y última vez que algo como esto le sucedía, ya ningún ente de pacotilla volvería a asustarlo, o dejaría de llamarse Fyodor.El chico se sentió humillado al ver sus desperdicios regados por el piso, entonces sin perder tiempo, salió en busca de cosas para limpiar el suelo sucio y procedió a bañarse; a pesar de que en el exterior se mostraba serio y enojado, por dentro temblaba cada vez que creía ver el más mínimo movimiento en las penumbras. No pudo pegar un ojo el resto de la madrugada.***A la mañana siguiente Atsushi estaba aún infeliz, por eso forzó una sonrisa en los labios, convencido que si sonreía tarde o temprano volvería a sentirse alegre; además, no había forma mejor de atraer a las personas si no era sonriendo. Estaba dispuesto a llegar con Fyodor para hacer las paces debido a lo que sucedió el día anterior.Fyodor no se presentó en toda la jornada de clases; preguntó a los profesores y a Nikolai, quién era un amigo cercado del otro niño, pero nadie lo había visto o sabido de él.El albino creyó que a lo mejor ese día estaba enfermo, por lo que decidió visitarlo al salir del colegio y llevarle algo de comer para que se sintiera mejor. El tiempo se sintió como si estuviese congelado, él ya no hallaba las horas en que la campana que marcara el final de las clases sonara y así pudiera ir a su casa por algo de comida para llevarle de regalo.Cuando al fin la eterna espera terminó, corrió lo más rápido que pudo hasta su hogar para pedirle a su madre un poco de fruta para que así su mejor amigo se sintiera mejor. Chiyo aceptó dársela, con la condición de que llegara para la cena, Atsushi estuvo de acuerdo..Con alegría se dirigió camino al río, como si Fyodor y él nunca hubieran tenido esa disputa el día anterior. Al llegar tocó la puerta, nadie respondió, intentó ver por las ventanas si había alguien en casa, aunque tampoco se veía que alguna persona estuviese dentro.Pensó que quizás la madre del pelinegro aún seguía en el trabajo, y que él no escuchaba los toques en la puerta debido a que se encontraba dormido. Dio un par de vueltas alrededor del terreno, decidiendo que la mejor manera de entrar era a través de la cerca de madera y alambre; al intentar pasar se cortó un poco la piel que su pantalón corto no cubría. Apenas sintió el ardor de tan concentrado que estaba en que la bolsa de manzanas no se rompiera.Un sonido similar a un "chash, chash, chas" proveniente del lado trasero lo recibió. Se acercó cautelosamente y con cierta timidez. Lo que vio, era muy alejado de cualquier cosa que en su corta vida hubiera podido imaginar.Ante él estaba Fyodor con medio cuerpo metido dentro de la tierra, cavando; y a su lado se encontraba el cadáver de un perro que tenía rastros de sangre en su cabeza y tórax, no sería ninguna sorpresa si el pobre animal hubiese muerto atropellado por una carreta para tener esas heridas.<< ¿Desde cuándo Fyodor tiene perro? >> Se preguntó con extrañeza, hasta donde sabía, a su amigo no le agradaban para nada esos animales luego de que uno lo mordió hacía un tiempo.Dudó entre si acercarse o no, se sentía un poco incómodo, no había visto con anterioridad a alguien sepultar un cuerpo, sabía que era una práctica que se realizaban, aunque hasta el momento no había ido a la vela de nadie.Si iba con él, ¿qué debería de decirle? ¿”Creí que no te gustaban los perros” u “¡Oh! Lo lamento, te regalaré otro”? Ninguna sonaba como una buena opción. Pero antes de que pudiera tomar una decisión, su presencia fue descubierta por el niño ruso.—¿Quién está ahí? —La voz sobresaltó a Atsushi, quién pensaba que estaba en el escondite perfecto; ya no tenía otra opción más que acercarse a ayudar. Paso a paso fue poniéndose a la vista—, Atsushi… ¿Qué haces aquí?—Uh —La mirada que su amigo le dedicaba era oscura, parecida a la que su padre hacía antes de golpear a mamá y a él—, ya sabes, no fuiste al colegio, a–así que pensé que debería venir a visitarte.—Ya veo… —A pesar de que tenía una sonrisa en labios, el semblante del chico seguía siendo oscuro—. ¿Hace cuánto tiempo estás ahí parado? —cuestionó saliendo del agujero, sacudiendo sus manos en el pantalón lleno de tierra y de lo que parecía ser lodo oscuro.—Ah, yo —Medio murmuró dando un paso atrás—, no he estado aquí más de cinco minutos.—¿Seguro? Entonces, ¿por qué no me habías hablado? —Se acercó un poco más, al mismo tiempo que Atsushi retrocedió ante esa intensa mirada que le calaba los huesos. Un sentimiento de alerta se asentó en el estómago del albino.—Y–Yo no sé —No logró salir corriendo o inventar una mejor excusa antes de que un fuerte dolor se instalara en la parte posterior de su cabeza, el mundo dio un vuelco, tiñéndose de puntos negros antes que todo se quedara oscuro.Una solitaria manzana rodó por el suelo.Atsushi soñó con un campo lleno de flores de todos colores, el viento era fresco y el aroma era como una caricia para sus fosas nasales; pronto el cielo celeste se tiñó de gris oscuro, el sol desapareció y grandes rayos hacían retumbar la tierra; las flores se marchitaron llevándose el dulce olor con ellas, dejando el ambiente impregnado a azufre.Al despertar lo primero que sintió fue un repentino calor quemando su cuerpo, acompañado de la vista de una fogata en pleno apogeo, luego de unos segundos su vista pudo acostumbrarse a la repentina luz del fuego; estaba tirado en la tierra, sus huesos crujieron gracias a la soga que sostenía sus manos tras la espalda, haciendo que incorporarse fuera un poco más difícil para él.El cielo oscuro era decorado por nubes que reflejaban la luz de la luna llena; la tranquilidad de la noche no contrastaba con el concierto de latidos frenéticos que el corazón de Atsushi tenía. Por la posición de la luna, el niño sabía que hacía mucho que el sol se había ido, dejando al cielo en penumbras. Tembló al recordar como la última persona a quién vio era Fyodor, pero no tenía sentido que fuera él quien lo atacara, ¿qué había sucedido? La probabilidad de que todo haya sido un mero accidente era nula, y no ayudaba la posición en la que se encontraba en la actualidad.—¡Oh! ¡Ya despertaste! —exclamó una voz escalofriantemente conocida.—¡Perfecto! —habló una segunda persona—, ¿ahora ya podremos empezar con su purificación, Fyodor? —No se esforzó en disimular la emoción en las palabras que pronunció, al contrario, en su rostro tenía plasmada una amplia y psicótica sonrisa.—¿Eh? Pu-Puri- Purificar? —tartamudeo Atsushi con el miedo creciendo desde lo profundo del estómago, la frialdad de ese sentimiento se esparció por cada rincón de su cuerpo, helando sus sudorosas manos que a tientas buscaban algún objeto que sirviera para protegerse, lo único que pudo agarrar fue mala hierba.—Bueno, resulta que tengo un pasatiempo —comenzó a contar el ruso—, y ayer en la noche llegó a cobrar factura —El tono de voz se volvió agrio al recordar la terrible experiencia que tuvo. Se acercó poco a poco hasta donde el albino se encontraba, sentándose a un costado de la fogata, en una buena posición en donde pudiese ver a Atsushi—, entonces Nikolai me dijo que para que los espíritus de los animales descansen en paz, tengo que —Hubo una pequeña pausa mientras un extraño brillo iluminó el rostro del ruso— hacer un pequeño sacrificio de una persona que sufra, ¡Y así todos descansarán en paz! Tú eres el afortunado.Hielo recorrió las venas de Atsushi ante esa declaración, Fyodor hablaba como si le estuviera presentando la mejor de las ideas del siglo, y no como si quisiera matarlo.Atsushi ya había oído hablar sobre lo que era un sacrificio, recordó una historia que contaban en la iglesia sobre como en el pasado mataban animales o humanos como sacrificio para los dioses paganos. Cuando escuchó la historia se puso a llorar por los pobres animalitos que no habían hecho nada terriblemente malo como para que los asesinaran. Nunca pensó estar en la misma situación.—N–No entiendo, ¿por qué yo? —cuestionó con las lágrimas empezando a deslizarse por sus mejillas, los dientes le castañeaban y se lastimaba las manos en el forcejeo por soltarse.—Ay, ¿estás llorando, mi bebé? —El sarcasmo en la voz era tan venenoso que dolía—, no te preocupes, luego de esto —Hasta este punto, el tono que usaba era de total empatía como si en verdad sintiera el terror que el otro niño estaba pasando, pero en la siguiente parte de la oración fue como si Nikolai se hubiese quitado esa máscara de hipocresía, dejando salir la emoción que en realidad sentía: — ¡ya no llorarás más! Y podrás ser feliz, ¿verdad que nosotros somos misericordiosos?El pánico comenzaba a invadirlo, no tenía idea de cómo lo matarían o dentro de cuánto tiempo planeaban comenzar con su plan, y la incertidumbre solo lo carcomía por dentro.—¡Yo no quiero morir! —gritó a todo pulmón, forcejeando con la soga que tenía sus manos atadas—, ¡ustedes están muy locos! —Esto lo gritó cuando tuvo la certeza de que ya podía levantarse, y que, si se echaba a correr de forma inmediata, tendría una oportunidad de huir.Con lo que no contaba el albino es que tener las manos atadas entorpecía su carrera, haciendo que a pesar de que él fuera el más veloz de toda la escuela, no pudiera evitar tropezarse y, debido a ese pequeño retraso lo atraparan. Recibió una nueva paliza, mientras le recriminaban lo malo tomando decisiones que era, e intentaban convencerlo de que dejar de sufrir yendo al descanso eterno era la mejor forma de ser feliz; pero Atsushi peleó con todas sus fuerzas, mordiendo, pataleando y escupiendo.La tristeza lo comía desde adentro, para él, sus mejores amigos eran personas que querían asesinarlo, y a pesar de todo lo que estaba ocurriendo, él no podía solo matar sus sentimientos; sin embargo, su cuerpo ya había entrado en modo de supervivencia, por lo que luchaba con lo que tenía para librarse. No lo logró.Al final, la ventaja de fuerza de 2 personas libres contra 1 atada era demasiado grande.***Akutagawa acababa de llegar a casa del dolor de huevos a pesar de que anteriormente había acordado consigo mismo que regresaría hasta dentro de dos días.Lo que le dio la bienvenida fue un cuarto vacío, el cual parecía no haberse tocado desde la mañana. La luz apenas visible de una moribunda vela se colaba a duras penas en la rendija de la puerta, dando a entender que existía la posibilidad de que hubiera alguien despierto a pesar de la hora.Con algo de extrañeza, el azabache hizo un recorrido rápido de la casa, percatándose que no había rastro del niño por ningún lugar; la única persona que se encontraba en el sitio era la madre de Nakajima Atsushi, quién estaba dormida en la mesa, con una vela casi derretida en su totalidad frente a ella.<<¿Dónde se habrá metido el mocoso?>> Se preguntó para sus adentrosApenas hacía casi una semana que se conocían, pero estaba seguro de que ese niño no era la clase de persona que se escaparía solo porque sí; en su interior se dijo que no importaba, que lo mejor era salir a cazar una nueva presa, que ya después se olvidaría del albino. Al salir, y sin ninguna razón aparente, apagó la vela que estaba sobre la mesa.El monstruo pensó en su próxima parada, ¿debería ir a una nueva casa o regresar a alguna ya conocida?Estaba tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta en qué momento empezó a dirigirse hacia un fuerte aroma de terror ya conocido, el cual era particularmente más intenso que el de los demás niños del área. Cuando menos supo, la casa amarilla cerca del río de ese tal niño Fyodor a quién había ido a visitar la noche anterior se alzaba frente a él.El pelinegro sintió un repentino interés sobre el motivo por el cuál aquel intenso olor a terror estaba tan impregnado en el aire.<<Un momento>>. Pensó deteniéndose en seco. <<¿Qué acaso ese no es el aroma de…?>>Un repentino grito rompió el silencio, llamando su atención.—¡No me toques! —sollozó.
<<Sí, es su voz>>.Con sigilo se dirigió hacia el lugar donde el terror se sentía más fuerte; ¿qué tenía ese chico que siempre se encontraba con problema tras problema?—¡Demonio de la noche, ayuda! —Akutagawa quedó un momento petrificado, ¿el niño sabía que él estaba ahí? Imposible.La realidad es que Atsushi había gritado por él unas veces antes, con la esperanza que acudiera otra vez a su rescate.Además del grito del niño, otras voces se reían con burla.—¿A quién le estás hablando? ¡El señor de la noche soy yo! ¡El grandioso Nikolai! —Canturreó con alegría—, y ya te dije que no te preocupes, pronto serás libre… —Nikolai lo decía muy en serio a pesar de su tono burlón, él creía firmemente que solo de esa forma Atsushi podría alcanzar la paz que tanto anhelaba, y, además, podrían curar la persecución de espíritus de Fyodor ¡dos pájaros de un tiro!Atsushi estaba acostado otra vez en el suelo boca arriba, para que fuese más difícil para él levantarse sin que Fyodor o Nikolai se dieran cuenta. Ambos niños acababan de sentarse frente al albino con el cuchillo todavía en mano, por lo que no se dieron cuenta que desde su espalda una gran sombra negra se levantó imponente. Atsushi sí lo vio.Akutagawa sintió el cambio de sentimientos del albino, ya que el terror que segundos antes había estado apestando el aire, ahora se redujo en gran medida.—Creo que te confundes en eso, niño —susurró Akutagawa en medio de los rostros de ambos—, si alguien puede jactarse de tener ese título, soy yo.El siseo de la bestia erizó cada vello de sus cuerpos, con temblores se levantaron de un salto para poner distancia entre ellos y ese ser espectral que acababa de aparecer. Sus corazones dieron un vuelco cuando lo vieron de frente; la criatura que estaba siendo iluminada por la luz del fuego era una mancha negra con largas extremidades; Fyodor y Nikolai estaban demasiado abrumados para discernir exactamente lo que veían sus ojos, por lo que pensaron que estaban viendo a una gran araña negra con ojos rojos, cara humana y una marca blanca en el pecho que posiblemente significara que era una aterradora bestia.La visión que Atsushi tuvo era diferente, sabía que no era una araña gigante, sino que era una entidad con apariencia similar a la de un humano; sin embargo, lo asombró la forma que adoptaban esas cosas negras que se desprenden de la gabardina del demonio, siempre las veía como si fuesen serpientes flexibles, pero justo ahora eran como columnas sólidas con articulaciones que sostenían al azabache un par de centímetros del suelo. La luz de la fogata dejó a la vista por primera vez el rostro del demonio, era extremadamente delgado y pálido, con un mentón perfilado que encajaba perfecto con su apariencia enfermiza, a pesar de eso, la silueta humana recubierta por la gabardina negra era de porte elegante, haciéndolo ver como un joven nacido de alta alcurnia.<<Es guapo>>. Se halló pensando Atsushi.El espeso manto de oscuridad pasó volando con una brisa helada, apagando el fuego en su totalidad.—Soy el demonio de la noche.Saliendo de su aturdimiento, Nikolai habló sin pensar demasiado, creyendo que sus intenciones habían atraído hasta ellos al señor a quién le darían su inmolación.—¡Oh! Señor, perdone por la falta de respeto —se disculpó sin sentirlo del todo, creyendo estar en un puesto alto ante los ojos del ente—, nosotros tenemos aquí un sacrificio para usted, es este niño —la enorme sonrisa había regresado a su rostro.—¿Él? —cuestionó apuntando con rashomon a la dirección de un magullad Atsushi; la respuesta que recibió fueron leves asentimientos—, ¿qué es lo que buscan a cambio?Fyodor se sintió complacido de que hablaran el mismo idioma que el demonio, era obvio que no es necesario irse por las ramas para resolver este asunto, solo era un intercambio entre ambas partes, y la entidad parecía estar de acuerdo con eso.—Los espíritus de algunos animales me han seguido, así que quiero que ellos sean libres y me dejen de molestar —Intencionalmente omitió la petición de que Atsushi pudiera también obtener esa libertad de la que tanto hablaron con él, temiendo que fuera demasiado exigente y el demonio ya no hiciese ningún trato.Ninguno de los chicos recordó que momentos antes Atsushi había gritado por el demonio de la noche para que acudiese a su ayuda. Ellos simplemente pensaron que el albino quedó tonto y estaba delirando debido a los golpes. Fatal error.—Entiendo —Akutagawa se aproximó a Atsushi, quién seguía viéndolo con esperanza en los ojos; su cuerpo estaba lleno de moretones debido a los golpes. Algo que llamó la atención del monstruo fue un corte que tenía en la pierna, si bien no era demasiado profundo, sí que era escandaloso. Los humanos sin duda eran criaturas repugnantes.—Señor, ¿Cuál es su nombre? —cuestionó Fyodor.—Para ti, soy el demonio de los terrores nocturnos —Ante la vista de los dos chicos, el rostro de la criatura se transformó en aquella cosa que la noche anterior apareció bajo la cama de Fyodor, pero Atsushi seguía mirando el mismo rostro sin ningún cambio—, y para ti —dijo volteando hacia el albino—, soy Akutagawa.Atsushi casi lloró de alivio cuando el monstruo llegó a su auxilio; enterró su cara llena de lágrimas y mocos en el pecho del pelinegro, ensuciándolo; a Akutagawa le dio asco esa acción, aunque decidió que solo por esa ocasión lo dejaría pasar.Esa noche atormentó psicológicamente a Nikolai y Fyodor, haciendo que aquellos animales que juntos mataron salieran de sus tumbas y fueran a por ellos en busca de venganza; todo era solo una manipulación mental para que
vieran sus pecados regresando con la fuerza de una arrasadora ola.La tierra se abrió de par en par como si fuera la boca del mismo infierno. De ella salieron incontables esqueletos que les pertenecían a diversos animales pequeños, entre ellos había gatos, conejos y perros, algunos presentaban un estado de descomposición más avanzado que otros. La peste era horrible, el olor era tan potente que no tardaron demasiado tiempo en vomitar todo lo que habían comido a lo largo del día.El traqueteo infernal de los huesos chocando entre sí mientras se acercaban a ellos era escalofriante, es como si pudieran oír a la muerte susurrando sus nombres; intentaron escapar sin ningún éxito, no importaba en donde pusieran los pies, ellos estaban por todos lados. Las cosas se tornaron peores cuando los cuerpos medio descompuestos de varios pajaritos los alcanzaron desde el cielo, picoteando cada parte de su piel expuesta.Ellos gritaban del terror, se arañaban una y otra vez para quitarse los cadáveres que trepaban por sus cuerpos, aunque en la realidad, lo único que hacían era rascarse hasta que la sangre salía. Los gusanos que acompañaban esas pútridas cosas se metían por cada agujero de su rostro, causándoles arcadas y una desesperación horrible por quitárselos de encima.—Akutagawa, ¿qué están haciendo? —preguntó un preocupado Atsushi que no había soltado su gabardina.—Nada, es solo que están pagando por sus pecados —contestó. Él no perdió el tiempo, y se llevó al niño antes de que este viera cómo las cosas terminarían de desarrollarse. Lo último que Akutagawa vio antes de desaparecer por completo junto con el albino, fue como los dos chicos huían en dirección al río.Ninguno de los esqueletos o gusanos fantasmales salieron del perímetro de la casa, fueron ellos por sí mismos quienes decidieron adentrarse a las turbulentas y traicioneras aguas. Nadie podría acusar al pelinegro de haberlos asesinado.El cansancio físico y mental de Atsushi le estaba cobrando factura, la adrenalina ya había bajado y lo único que quería era dormir, apenas fue consciente de cuando sus dos “amigos” empezaron a correr gritando, a duras penas escuchó la respuesta del monstruo antes de quedar inconscientePara el albino, la diferencia que tenían los humanos con Akutagawa era que las personas siempre ocultaban lo terroríficas que pueden llegar a ser o sus verdaderas intenciones, mientras que el demonio de la noche nunca ocultó su verdadero ser; para Atsushi, daban más miedo los monstruos disfrazados que los reales.
////
Pequeño extra:
Akutagawa: ¡SEÑOR JUEZ, YO SOY INOCENTE!Pre–pubertos psicópatas: ¡Eso no es cierto! ¡Él nos engañó para que nos metiéramos al río!Juez: Según lo que veo, él solo estaba mostrando algunas de las víctimas que ustedes dejaron, y estas en ningún momento dejaron un perímetro establecido.Pre–pubertos psicópatas: ¡Pero él…!Juez: Además, ustedes tuvieron muchas más opciones para huir, ¿Por qué solo al río?Pre–pubertos psicópatas: ¡P–Porque…!Juez: como las acciones fueron en defensa de Nakajima Atsushi, y en ningún momento el acusado los obligó a entrar al río, declaro al imputado ¡Inocente! *golpea el martillo contra la mesa*.
