Actions

Work Header

Limerencia Libro 1

Entire Work

Work Text

Link de playlist en youtube con subtítulos: https://www.youtube.com/playlist?list=PLh_I2PadL0vX5hwQxW6INl2HQ-cZQl-3z

[Takemichi] - Residencia Hanagaki
Hay un día por excelencia que todo adolescente en etapa de estudios, también algunos adultos, odia: El lunes.Sufro la llegada del lunes. Otra vez la rutina. Otra vez la escuela, las obligaciones como estudiante y presidente del consejo, el papeleo, las responsabilidades, los problemas… ¿Quién dijo que el instituto debía verse como un segundo hogar? El que lo haya dicho mintió. Lo único que podía empeorar el día era la lluvia y, sorpresa, estaba lloviendo… genial, absolutamente genial. No hay dudas de que hoy será un gran día; nótese el sarcasmo. Suspiré dando media vuelta sobre la cama y de espaldas a la ventana, escuchaba claramente el golpeteo de la lluvia contra el cristal, a un ritmo pausado que no me relajaba como a muchas personas.Odia la lluvia. A tientas y aún sin abrir los ojos, agarré la manta de la cama para cubrirme hasta la cabeza, intentando desaparecer del mundo. Sé de sobra que no pasará mucho tiempo hasta que suene el despertador, la mayoría de los días ni siquiera lo necesito, me despertaba solo, el instinto de supervivencia se ocupaba de ello, y lo cierto es que esa práctica ya se había vuelto casi una costumbre. En un día normal suelo levantarme de la cama y prepararme para empezar el día, sin problema, sin necesidad de quedarme o tener cinco minutos de pereza, pero este lunes por la mañana me encontraba mal, sumamente mal y era raro, tenía un buen sistema inmunológico. Sin embargo, sentía frío y nada tiene que ver con el aire acondicionado echando aire caliente, ¿Por qué siento tanto frío? Apenas acaba de empezar el año escolar y recién está entrando el otoño, era imposible que las temperaturas fueran tan bajas. Hasta la semana pasada los alumnos caminaban por los pasillos del instituto en manga corta.¡Imposible que el invierno hubiera llegado de golpe!De todas formas estaba helado. Mis manos, mis pies y sobre todo el pecho. Sentía el frío dentro del cuerpo, no obstante la cara ardía de un modo insoportable. Permanecí unos minutos más acurrucado sobre mi mismo bajo la manta, hasta que dicho ardor se volvió inaguantable.En el instante en que decidí destaparme intentando refrescar su rostro con una bocanada de aire fresco, el despertador comenzó a sonar. Era la misma melodía monótona, aguda, irritante y desagradable de todas las mañanas, ¿Cómo esperaba tener alguna vez un buen día si siempre amanecía con esa música tan horrible? Estiré el brazo y con un golpe más brusco del necesario presione el interruptor apagando el sonido. No quiero, de verdad que no quiero salir de la cama, me encontraba tan mal de salud que me siento desvanecer en cualquier segundo. Me deje caer de nuevo sobre la almohada llevando una mano a la frente e inmediatamente la retiré, tal como sospechaba estoy ardiendo en fiebre. Ya había tenido fiebre en otras ocasiones y de todas formas fui a clases, pero esta vez… esta vez no era solo un poco de temperatura alta, estoy ardiendo, literalmente.Un pensamiento pasó por mi mente en ese momento, daría cualquier cosa con tal de que me dejaran quedarse en la cama y olvidar el mundo por un día, tan solo un día. Pero no. Sé de sobra que no lo iban a permitir, ni siquiera un ataque de apendicitis hace cinco años había sido excusa para faltar a mis obligaciones. Aquella vez estuve de pie hasta que el dolor se volvió insoportable y no quedó más remedio que llamar a una ambulancia en plena jornada escolar, claro que en su momento nadie pudo deducir que era apendicitis y por eso las cosas escalaron tanto, mi padre no creyó que fuera verdad mi sufrimiento y le resto importancia hasta que las cosas llegaron al límite y fue innegable mi estado de salud. Aún recuerdo aquel día de invierno, estaba lloviendo justo como en este momento. Desde ahí debe haber iniciado mi odio por la lluvia.Dejando a un lado mis recuerdos inhale profundamente, armsndome de valor y saliendo de la cama sin pensarlo. Ya había perdido mucho tiempo dialogando conmigo mismo y debía apresurarse para que todo estuviera listo para el desayuno.A medida que me vestía continuaba escuchando la lluvia golpeando el cristal, no se oía nada más; en casa reinaba el silencio igual que cada mañana. Como era habitual, me vestí formal, con camisa y corbata, y cepille su pelo azabache varias veces frente al espejo. Me tome más tiempo de lo normal porque sinceramente apenas podía mantener los ojos abiertos. Incluso si iba a una secundaria que no exigía uniforme, estoy obligado mantener una apariencia prolija.Cuando acabe, hice la cama con cuidado y doble el pijama, no había nada fuera de lugar en mi cuarto, solo así pude salir de la habitación con confianza. El largo camino desde el pasillo hasta las escaleras que conducen a la planta inferior nunca se sintió tan pesado, sentí como flaqueaban mis piernas a cada paso que daba. Estaba mareado y el frío en el cuerpo no hacía más que aumentar. Me encontraba tan mal que sinceramente no tengo idea de cómo voy acabar el día en mi estado actual. Al llegar a la cocina, hice lo posible por ignorar el dolor, necesito de toda mi concentración si quiero que el tiempo alcance para hacer todo lo que debo. No tardé más de quince minutos en preparar el desayuno: Tostadas y café para sus padres y cereales con fruta para mi hermano Kazutora. Acababa de empezar una nueva dieta y no quería calorías en su comida, tengo curiosidad por ver cuánto duraba en esta ocasión su dieta.Era el cuento de todas las semanas: Se miraba en el espejo sintiéndose gordo —lo cual era una vil mentira porque un poco más y estaba hasta los huesos—, luego iba al centro comercial para probarse ropa que no era de su talle y confirmar sus acusaciones y, como le quedaba mal, se pasaba varios días quejándose de que había subido de peso. Kazutora buscaba dietas rápidas en internet, de esas que asegura a los ingenuos consumidores que se tragan todo lo que ven en las redes, con la promesa de que van a quedar como modelos en menos de una semana. Y realmente eso era lo que le duraba la decisión a Kazutora: Una semana, ni un día más y ni uno menos. Cuando acababa la dieta tenía atracones de comida dulce y chatarra, volvía a sentir culpa y de vuelta todo el proceso. Varias veces he intentado hacerle ver a mi hermano que aquel estilo de vida era malo para su salud y más cuando despertaba a mitad de la noche por el hambre, pero Kazutora estaba en una postura de absoluta negación donde solo escuchaba su propia voz y nuestros padres lo consienten en todo, era mejor ignorar el problema que tener que enfrentar al monstruo.Suspiré al acabar de poner la mesa. Ya estaba todo listo, por suerte, me quedó suficiente tiempo para verificar que nada estuviera fuera de lugar.Apenas me deje caer en una de las sillas cuando los mareos incrementaban, pudo oír las voces en el piso de arriba. Ya estaban despiertos. Rápidamente me volví a incorporar y eché un último vistazo a la mesa. Si… estaba todo bien. Primera fase del día superada. Pasados un par de minutos se abrió la puerta y entraron mis padres en el comedor.—Buenos días, papá. Buenos días, mamá —Me apresure a saludar.—Buenos días, cariño –Respondió mi madre mientras esbozaba una media sonrisa. Se la veía cansada y decaída, nada nuevo en realidad. Ambos se sentaron a la mesa sin pronunciar una palabra más. No notaron que tengo fiebre, pero realmente no fue una sorpresa, era lo mismo de siempre.Me apresure a acompañarlos y dedicaron los próximos diez minutos a esperar a Kazutora. Siempre es el último en bajar ya que se queda hasta altas horas de la madrugada jugando videojuegos o hablando con su teléfono, eso sí no es fin de semana, cuando llegan los viernes y sábados desaparece de la casa para irse a alguna fiesta. Cuando finalmente bajó lo hizo con protestas porque estaba lloviendo y debido a eso sus nuevo peinado con mechas rubias iba a quedar estropeado. Durante todo el desayuno estuvo quejándose por lo mismo, hasta que finalmente nuestro padre se dirigió a él: —No te preocupes, te acercaré en coche al instituto y todo resuelto.Kazutora sonrió ampliamente y se dedicó a terminar sus cereales. Una vez que acabaron de desayunar, levante los platos para ir al fregadero y lavar las cosas sucias. Es preferible hacerlo antes de ir a clases, ya que de ese modo puedo dedicarme toda la tarde a sus deberes, por desgracia ni siquiera yo pudo pasar desapercibido que tarde más de lo normal, todo porque sentía cómo la fiebre incrementaba y por un instante tuve miedo de que me fallaran las manos, lo último que necesito es romper alguno de los vasos. Precisamente cuando estaba pensando en la fortuna que iba a suponer ir en coche al instituto teniendo en cuenta su malestar, mi padre se asomó en la cocina:—Takemichi, no podemos esperarte porque tengo una reunión urgente así que tendrás que ir caminando. Voy a llevar a tu hermano al instituto, así que nos vamos ya. Deja todo limpio, y no quiero recibir un reporte de que llegas tarde a clases.Y sin decir una palabra más, salió de la cocina. —El día va de mal en peor —Suspire para mi mismo.Una vez que acabe de limpiar me despedí de mi madre que estaba aplicando un poco de maquillaje en las marcas moradas de sus brazos antes de salir a una de sus reuniones con amigas, yo no hice ningún comentario y solo fui por mi paraguas antes de irme. Caminar bajo la lluvia con esta fiebre va a sentar como una patada, me cubrí de las gotas con el paraguas verde con un pingüino de juguete colgando de un extremo.No tengo idea de cómo, pero afortunadamente logré llegar a mi destino, aunque estuve al borde del desmayo en más de una ocasión. Mis mareos aumentaban a pasos agigantados, nunca estuve tan feliz de llegar a la secundaria como hoy. De cualquier forma acabé un poco mojado, el paraguas debía tener un agujero o algo me tambalee tanto que no pude cubrirme bien, eso solo aumentaba mi hipótesis de que el mundo estaba en mi contra, me seque cuanto pude y fui directamente a la sala del consejo estudiantil. Atsushi Sendō, mejor conocido como Akkun, ya estaba ahí y me dirigió una amplia sonrisa, Akkun era de las pocas personas que me cae bien. Se podía decir que eran… ¿Amigos? Bueno, él era lo más parecido a un amigo que tenía, además era la única persona de todos en la escuela con la que hablaba por voluntad propia de ambos y no solo para pedirle los apuntes.—Llegas un poco más tarde de lo habitual —Sonrió mientras le entregaba un pañuelo para secarse las gotas que alcanzaron mi cara en el proceso de cerrar el paraguas —La directora me dio estos papeles para ti. Creo que quiere que los clasifiques, son expedientes de antiguos alumnos.—Gracias, Akkun —Respondí tratando de enfocar mis ojos hacia los papeles que le daba y no demostrar lo mareado que me sentía.—Oye, ¿te encuentras bien? Pareces enfermo—Sí, no te preocupes, solo estoy mareado. Voy a clasificar los papeles durante el descanso, ahora tenemos clase… ¿Vamos?—¡Sí! —Respondió animándose de pronto sin motivo aparente —Clase de historia, con el señor Smith, vamos.Tras decir esto me agarró de la mano arrastrandome por los pasillos hasta el aula.Sinceramente, lo agradecía, cada vez estaba más mareado y no estoy seguro de haber podido llegar hasta la clase por mis propios medios. Cuando entraron al salón cada uno se dirigió a toda prisa hacia su escritorio correspondiente, contrario a la calma que mostraba ante Akkun, me deje caer en mi lugar como peso muerto. ¿Cómo no hacerlo cuando le pesaba tanto el cuerpo? Y continuaba haciendo frío, estaba temblando, en verano fue una buena idea sentarse en el primer escritorio cerca de la ventana, pero ahora lucía como la peor idea que se le pudo haber ocurrido. El viento lo abofeteaba.Me acomode tanto como pude e hice un escaneo general por la clase.Ya estaban todos… o casi todos. Takuya Yamamoto y Chifuyu Matsuno charlaban en el fondo del aula compartiendo un cómic de superhéroes, Yuzuha Shiba miraba una revista cuya portada no pudo apreciar porque presionar su vista solo le daría problemas, Makoto Suzuki brillaba por su ausencia, Rindō Haitani estaba mirando por la ventana mientras escuchaba música con unos enormes audífonos azules, los gemelos Sōuya y Nahoya Kawata hablaban a gritos sobre algo que debía ser maravilloso a juzgar por lo animados que estaban, tanto para ellos como quienes los escuchaban, Hinata se había acercado a consultar algo de sus deberes a Akkun, Pah se había quedado dormido sobre un pupitre al final del aula, y Manjirō…—¿Y Manjirō? —Susurró para sí mismo al notar la ausencia del individuo que probablemente más problemas le había dado en la vida.Lo más probable es que haya vuelto a faltar, saltarse las clases era normal para él o quizás usaba la excusa de la lluvia para no ir al colegio, he oído esa justificación muchas veces. Por ese motivo voy a tener que rellenar un nuevo informe sobre su mal comportamiento esta misma tarde.Manjirō Sano tenía más documentos, reportes y fichas de mala conducta que todos los alumnos de la clase juntos. A mis ojos era realmente insoportable, un malhablado, un engreído, un…—¿Preguntando por mi? Qué enternecedor —La irónica (y desagradable) voz Manjirō me sacó de mis propios insultos mentales hacia él. Había entrado al aula enfrente de mis narices y ni me di cuenta.Indudablemente, la fiebre continuaba subiendo. Sin dirigirle la mirada pasó por mi lado y alcancé a oír cómo tiraba, literalmente, su mochila a la mesa a sus espaldas.—Sí, de hecho, tenía la esperanza de que no aparecieras —Murmure sin volverse a mirarlo. —¿Sabes? Me vi tentado a hacerlo, pero entonces me dije a mi mismo… ¿Por qué privar a nuestro presidente perfecto de mi presencia? Y aquí me tienes, dispuesto a hacerte el día lo más imposible que pueda. —Búscate una vida, Manjirō, así no tendrás que preocuparte por joder la de los demás.Cada uno hablaba sentado en su escritorio, uno detrás del otro, yo delante, dándole la espalda y Manjirō mirando por la ventana. Sé de sobra que es un gesto de muy mala educación hablar de esta manera, pero simplemente no quiero girar y verle la cara, no quiero mirarlo, de seguro que se me subiría la fiebre si lo miro.¡Manjirō es insoportable, siempre saca lo peor de mi! Algo que nadie es capaz de hacer, parece ser un talento o un derecho exclusivo del rebelde chico que siempre buscaba un motivo para pelear.—¿Llamas vida a correr tras la directora cada día como perro faldero? Agradece que te moleste un poco, por lo menos así pasa algo interesante en tu vida.Aquello fue la gota que colmó el vaso. En un impulso arrebatado me incorporé de la silla bruscamente y me voltee hacia mi rival, echando fuego por los ojos.Manjirō estaba sentado muy tranquilo con los brazos cruzados bajo la nuca, una mueca burlona en su rostro y los pies sobre la mesa, al lado de su mochila. Esa imagen pudo molestarme aún más, puedo sentir que me hierve la sangre, no sabe si de la furia contenida o la fiebre, pero instintivamente empujé sus pies hacia el borde con toda la fuerza que fui capaz de reunir y agarre su mochila arrojándola al suelo. Fue un gesto infantil, lo supe apenas después de haberlo hecho. Pero es que con Manjirō todo era así, impulsivo, loco, acabo haciendo todo sin pensar y eso me saca de quicio, porque cuando se hacen las cosas sin pensar en las consecuencias… las consecuencias son mucho más graves que la propia acción.La peor parte es que Manjirō no parecía darse cuenta de lo que provocaba, es más, parecía ser la única persona del mundo que hacía lo que le daba la gana y nunca sufría consecuencias, ¡Nunca llegaban las consecuencias para Manjirō Sano! Era el colmo. Solo hay que verlo: Continuaba en el instituto cuando cualquier otro alumno en su lugar ya habría sido expulsado por lo menos diez veces. Tenía tanta suerte que me siento enojado con él y todo el mundo, si el mundo me odia, es definitivo que a Manjirō lo ama.Espere pacientemente a que se riera de él o que dijera algo así como: “—¿Sigues en la época de primaria donde los niños se hacen los fuertes tirando las cosas de los demás al suelo?”. Sin embargo no lo hizo.Para sorpresa de Takemichi, acabó bajando del todo los pies de la mesa y se había inclinado hacia adelante con un gesto serio, aún sin levantarse de la silla. Me miró a los ojos intensamente mientras fruncía el ceño y se le endurecía la mirada. Fue extraño sentirse analizado de manera tan directa. Era la primera vez que Manjirō me mira de aquella forma… bueno, más bien era la primera vez que me miraba sin pronunciar alguna palabra malintencionada. Es decir, sí me miraba y eso pero, no lo hace de verdad, bueno, ese no es el punto, sino que no supe cómo reaccionar.¿Qué debo hacer ahora? ¿Atacar con un nuevo comentario hiriente antes de que él lo hiciera y poder ganarle al menos por una vez? ¿Ignorarlo y volver a sentirme mal en mi escritorio? ¿Preguntarle a qué viene esa cara? ¿Debe hablar? ¿Callar? ¡Maldita sea, Manjirō, di algo! No sé cómo contraatacar a esa mirada.—¿Tienes fiebre? —Preguntó entonces con voz ronca....—¿Qué? —Fue lo único que pude de decir, algo desconcertado y llamando de golpe aquel diálogo interno que se había generado en mi cabeza.¿Eso era todo? ¿Ese era su ataque sorpresa? Espera… ¿Acaba de notar que estoy enfermo? Seguía mirándome bastante serio. Por un instinto de esos que a veces no somos capaces de explicar, acabe mirándole con la misma intensidad. Fue muy extraño, pero bastó un segundo, no más, para comprender que aquello no era ningún ataque sino que simplemente fue una pregunta sin trampas, sin comentarios hirientes o palabras escondidas detrás.Le hubiera sorprendido, aliviado, incluso alegrado si no fuera porque realmente no sé hablar con Manjirō de otra forma que no fuera para hacernos daño. Así que no dije nada. ¿Qué hubiera podido decir?En ese momento se abrió la puerta del aula y entró el profesor Smith pidiendo orden y silencio. Fue difícil romper aquel contacto visual con Manjirō, y no sé por qué, quizás porque al verle tan serio por primera vez me había quedado un poco descolocado… y sinceramente, tardé en reaccionar.El profesor Smith pidió atención y, finalmente, volví a girar en mi asiento dándole la espalda a mi rival. Lo mejor era concentrarse (al menos tanto como pudiera dado que a cada segundo que pasaba me encontraba peor) en la clase y no pensar en más tonterías. Abrí mi libro de historia dispuesto a escuchar al profesor, ignorando por completo la mirada clavada en mi nuca.
[Manjiro] - Preparatoria Ymir Freiheit
La indignación debía estar impresa en mi cara.¡No solo le giró la cara sino que encima se sienta a escuchar la clase el muy imbécil! ¿A quién diablos se le ocurre venis con fiebre a clases? Yo he faltado por razones menos importantes, como la necesidad de hacer fila un día de semana para sacar las entradas de mi banda favorita.Definitivamente Takemichi es un chico que no anda bien de la cabeza, es decir, siempre he sabido que no estaba muy cuerdo, ya había llegado a un punto en que no existe día en la semana que el caballero no se luzca frente a todos, pero hoy se ha superado, vaya que lo hizo.Por favor, se le notaba a leguas que no era un simple resfriado, lo pude notar claramente al mirarle a la cara, estaba que ardía en fiebre con un leve rubor en las mejillas que no podía ser natural. Digo yo que cualquier persona normal, recalco, “NORMAL” se queda en casa, se acuesta en el sofá, se toma alguno de esos medicamentos que siempre hay en casa… alto, ese último no, la automedicación es mala y no hay que hacerlo, pero, mierda, una buena siesta le viene bien a cualquier enfermo. Si le viene bien a alguien sano, pues mucho más a alguien que se encuentra mal.Sin embargo, no, el señorito tiene que lucirse y mantener su buena apariencia.Hay momentos como este donde me saca de quicio, no lo aguanto, definitivamente no lo aguanto. ¿Qué pretende al hacerse el valiente? ¿Es tan importante quedar bien? ¿Busca que le aplaudan? Quizás quiere que lo feliciten mientras dice: “—Mírenme. Soy el pobre presidente estudiantil que está enfermo y aún así vengo a clases, porque si me quedo un día sin chuparle el culo a los profesores me muero”.Al demonio, no me haré mala sangre tan temprano en la mañana, ¿A quién le preocupa? Más bien, ¿Qué hago yo comiéndome la cabeza por el tonto que siempre señala cada uno de mis errores por mínimo que sea? Si se quiere poner peor, allá él.…Aunque pensar en el asunto es más interesante que la clase.Lo que más me molesta es que después de todo, Takemichi tiene suerte, porque no hay un maldito día en que no se escuche a todos los profesores y a los alumnos, incluso los de otros cursos, idolatrar a Takemichi. “¿Qué haría este instituto sin Takemichi?”, “Todo fue bien gracias a Takemichi”, “Siempre se puede contar con Takemichi”, “Pero qué muchacho tan ejemplar es Takemichi”, “¡Gracias por salvar a mi gato del árbol, Takemichi!”, “Takemichi esto, Takemichi lo otro, ¡Takemichi, Takemichi, TAKEMICHI!”, Siempre Takemichi. Señor perfecto. Siempre acumulando gloria, siempre haciendo todo desagradablemente bien, siempre señalando mis errores, siempre con algún comentario sobre mis jeans rasgados, los piercings en mis orejas o por mi manera de hablar, siempre logra sacar lo peor de mí.Decidí no darle más vueltas. ¿Para qué? ¿Para ponerme de peor humor? Es lunes, mejor no empezar la semana con el pie izquierdo.Tampoco es como si me importara lo que estuviera diciendo el profesor… ¿Sigfrid? ¿Zafiro? ¿Escuti?? Bueno, como se llame, el caso es que me importa muy poco su clase, así que abrí un cuaderno cualquiera y me puse a garabatear en una hoja.Lo primero que dibujé fue una calavera, lo sé, es un cliché viniendo de mi pero es inevitable no seguir mis instintos. A diferencia de otros dibujos esta vez me estaba quedando original. La calavera tenía la boca abierta, y dentro de ella estaba el presidente con cara de pánico, llorando como un bebé y gritando socorro. Já, soy un genio. Solo me faltaba dibujarme a mí mismo en la otra parte de la hoja burlándome de él.Antes de hacer la segunda parte de mi dibujo pude notar, sin querer, por el rabillo del ojo que algo no andaba bien. Takemichi no ha estado muy quieto todo el rato, nada muy diferente de lo normal, pero de repente se estaba moviendo mucho, tenía ambas manos apretadas en el borde de la mesa, agarrándose a ella y por su cuello corrían algunas gotas de sudor que le resbalaban hacia abajo y se perdían en su camisa. Además estaba temblando; literalmente.Como estaba de espaldas no pude verle la cara, aunque seguro que no estaba en su mejor momento. En un par de ocasiones me dio la impresión de que se resbalaba o se caía hacia los lados, no sabría explicarlo porque no soy médico ni una persona, pero era como si se tambaleara y fuera a caerse. Cuando se inclinaba demasiado ya estaba preparado para que yo llegara en el momento justo, pareciendo un completo idiota que se preocupaba por el tonto que quiso ponerle un reporte por llegar en motocicleta a la escuela, y alzaba los brazos para atraparlo y que no se diera el golpe de su vida contra el suelo. Miré a mi alrededor, nadie se daba cuenta de nada, increíble teniendo en cuenta lo grandioso que era Takemichi para todos, nuestros compañeros estaban muy ocupados escuchando al profesor… ¿Sighi? ¿Might? ¿Fabu? Mierda, ni que fuera muy interesante la clase, vamos, todos están idiotas. Muy atentos para ver a su perfecto alumno dispuesto a ayudarlos, pero ignorando que Takemichi iba de mal en peor.Me mantuvo preocupado un rato más, viendo como el temblor en su cuerpo aumentaba, y yo cada vez me inclinaba más hacia adelante, logrando reaccionar en el momento justo. El cuerpo de Takemichi dio una última sacudida y se dejó caer hacia un lado. En menos de un segundo salté de mi silla y me situé a su lado, agarrándolo de la camisa y dejando que todo su peso impactara sobre mí, en el suelo. Me había quedado semi-tumbado, con el presidente encima de mí.Rayos, esto iba a acarrear chistes hasta el día del juicio final. Al diablo mi reputación.En ese momento la clase enmudeció. Ahora sí que se daban cuenta de que pasaba algo, hay que joderse en todos.—¿Se encuentran bien? —Fue todo lo que se le ocurrió preguntar al profesor.Me controlé para no contestarle como quería porque entonces sí que no me iba a librar nadie de la expulsión definitiva. Aunque visto que era un tipo medio tonto que piensa en la redención con el poder del amor, la amistad y terapia, ni se daría cuenta de que estoy tomándole el pelo.—¡Takemichi! ¿Qué te pasa? —Aquel grito agudo y desagradable me tomó por sorpresa. ¿En qué momento ese chico pelirrojo se había puesto al lado nuestro? Sendō, creo que era, los nombres no son lo mío y por eso me guío por los apodos que le doy a cada uno de mis amigos. Era más fácil.—Está perfectamente, ¿No ves que el golpe me lo he llevado yo? —Le respondí con brusquedad incorporándome un poco.Con la otra mano agarré a Takemichi del brazo y le ayudé a levantarse también. Por suerte estaba consciente, no había sido un desmayo, desmayo, con todas las letras de la palabra, aunque era seguro que en aquel momento estaba totalmente descolocado y no se enteraba de nada, tampoco creo que esté lejos de un verdadero desmayo.Lo peor es que todos continuaban quietos, mirando la escena como si aquello fuera un espectáculo. De verdad, no debí venir hoy a clases, siempre falto cuando llueve usando de excusa que vivo lejos y la lluvia podría hacerme mal.Por supuesto que me hago la mosca muerta. Hasta he tenido carreras en motos bajo la lluvia —No pasa nada, aquí el presi está medio enfermo y se ha mareado, ya está, no hay más misterio en el tema —Dije con obviedad —Tomando un poco el aire se le pasa, así que yo lo acompaño afuera.En vista de que nadie dice nada, era mejor ir directo al punto. Vaya grupo de inútiles que hay aquí, sin ofender a mis amigos.Quizás pueda aprovechar este momento para escaparme de la clase.Sin esperar respuesta de nadie, ignorando al asfixiante Sendō que más que ayudar estaba invadiendo el espacio personal de su amigo cortando el poco aire que le llegaba al cerebro, ya que parecía querer abalanzarse sobre el presidente de un momento a otro, pase olímpicamente del profesor y el resto de los alumnos que seguían mirando con la boca abierta, agarré a Takemichi del hombro y le guié hasta la salida del aula. —Usted siga con su clase, profesor Smarth… quiero decir, profesor Ersit, o… Seti, ya, da igual, siga con lo suyo.Takemichi y yo salimos del salón de clases, avanzamos por el pasillo sin abrir la boca. Lo mejor hubiera sido ir afuera, que le diera el aire, pero continuaba lloviendo y como las aulas estaban ocupadas nos dirigimos (muy a mi pesar) a la sala del consejo.Ese asfixiante cuarto que era como su hogar, entramos aún en silencio y solo al cerrar la puerta tras nosotros me di cuenta de que aún tenía la mano puesta sobre el hombro de Takemichi. Sin pararme a pensarlo la aparté con brusquedad y me dirigí a un lado del aula, apoyándome en la pared y cruzándome de brazos. El mundo ya puede estar contento conmigo, hice mi buena acción del día por lo menos para dos meses. El presidente se dirigió a una de las sillas y se sentó sin musitar palabra, apoyó la cabeza en sus manos y suspiró con pesar.Sin darme cuenta me quedé mirándolo. Se veía tan débil, nunca lo ví de esta forma. Me daban ganas de… no sé, atenderlo… cuidarlo… ayudarlo a sentirse mejor… ¡Vamos Mikey! ¿Qué demonios estás pensando ahora? Una buena acción es grandioso, ¿Pero dos? Ni que fueras la madre Teresa de Calcuta, retiro todo lo dicho. No daban ganas de eso. Para nada.Casi puede visualizar a su voz de la razón, manifestado en un ángel de su querida hermana Emma.“—Vamos, míralo bien, no me negarás que se ve tierno ”.¿Tierno? ¿Ese tonto de peinado ridículo? Já, já y JÁ. Ahí tiene mi respuesta esa vocecilla ridícula que había sonado en mi cabeza sin venir a cuento, hizo desaparecer la presencia de Emma. Por eso siempre escucho a la voz de Izana, él me diría que no me involucre y siga con mi vida.Debo estar volviéndome loco, hasta Mini Mikey, mi labrador retriever, es mil veces más tierno que Takemichi. Pasados unos minutos al fin lo si alzar la vista y suspirar con calma.—Puedes volver al aula, Manjirō, no quiero que pierdas más clases por mi culpa.Y encima nos sale agradecido el caballero.—Okey, de nada, por una vez que te hago un favor —Bufé con desgana aproximándome a la puerta —Solo te digo una cosa: Vete a casa porque no vas a aguantar de pie hoy todo el día y la próxima vez no seas tan imbécil de venir con fiebre, por mantener tu imagen de alumno perfecto te vas a matar.—Mejor no hables de lo que no sabes y lárgate —Susurró débilmente.—¿Cómo? ¿Me estás diciendo que después de todo esto, te vas a quedar aquí? Eres la persona más rara que he conocido. ¡No te vas a morir por faltar un día! Hay más tontos en el consejo y tú estás en-fer-mo. ¿De verdad hay que explicártelo como a los niños? ¿Se supone que eres el inteligente, no?—Por dios, ¿Crees que lo sabes todo? ¿De verdad crees que estoy aquí en mi estado por gusto propio? Estoy aquí porque tengo obligaciones que cumplir, ¿Bien?—¡Mira que eres terco! Pues cuando te pongas peor, a ver qué obligaciones vas a cumplir. Hablábamos, o discutíamos, alzando la voz poco a poco sin darnos cuenta. Pero yo sabía que me hervía la sangre, el problema era como sumar dos más dos, y Takemichi no lo entendía.—¡No busco quedar bien! —Terminó gritando levantándose de la mesa con brusquedad —¡Simplemente no puedo volver a casa! ¡NO PUEDO! Tú… tú no entiendes nada.—¿Eh? —Ladee la cabeza bastante extrañado, calmando el tono de voz de golpe. Eso sí que no me lo esperaba, no tenía sentido —¿No puedes volver a casa? ¿Por qué?Se quedó unos minutos en silencio con la cabeza agachada. Se había puesto rojo, era definitivo, algo le pasaba. Algo aparte de la fiebre, algo aparte del malestar, cuando alzó la vista y unió su mirada a la mía, sentí por un momento que iba a revelarme algo… algo importante. Sin embargo carraspeó y me dio la excusa más absurda que había oído nunca. Y mira que he oído excusa, yo soy experto en usarlas.—No tengo llaves, mis padres no vuelven hasta tarde y no quiero interrumpir la xlsse de Kazutora. Como siempre salgo de clases al atardecer, cuando llego, ellos ya están ahí, pero ahora es inútil volver porque no puedo entrar.Claro. Fui estúpido por pensar que podría llegar a contarme alguna clase de secreto importante. A mí. Su peor enemigo. Pero, ¿Para qué discutir más? Para ser sinceros, no me apetecía, así que no dije nada a aquella excusa estúpida y tampoco contraataque cuando yo sé que su hermano suele saltarse las clases cuando quiere e irse a casa. Le dejé mantener la tapadera de algo que, al menos a mí, no me corresponde averiguar.En su lugar, hice algo aún más absurdo que el presidente poniendo excusas, si aquello era posible: Con un suspiro de resignación, introduje mi mano en el bolsillo izquierdo de mis pantalones de cuero y saqué las llaves de mi casa. —Toma, antes de que me arrepienta —Le lancé las llaves por el aire y las atrapó al vuelo —Ve a mi casa y duerme. Ver tu cara de muerto viviente lo que queda del día va a ser molesto, así que lárgate. Yo se lo digo al tipo este, el profesor Swin, o Edwin o como se llame, y te llevo la mochila más tarde.Mantuvo la mirada en las llaves un momento, bastante sorprendido, y luego me miró a mí. Debe estar pensando que está alucinado por la fiebre, normal, si hasta yo siento que estoy alucinando. Espero que no piense que voy a ser igual de amable siempre.Al final sonrió un poco. No como sonreía siempre, de esa forma que parecía un robot, sonriendo por aquí, por allá, con la misma mueca cordial que no cambiaba para nadie. Esta vez sonriendo de verdad. No veía esa sonrisa desde que éramos unos niños. ¿Hace cuántos que nos conocemos? Me di la vuelta y agarré el pomo de la puerta para salir. En el último momento escuché su voz y me paré en seco. —Manjirō.—¿Si? —Gracias.—Si, bueno, quizás algún día te pida la tarea —Bufé terminando de salir de la sala y cerrando la puerta detrás de mí.Lo dije muy de prisa, de esa forma evité que viera como al final, yo también había terminado sonriendo. Takemichi es realmente un caso, iniciando por el detalle que es el único que me llama por mi nombre en lugar de usar mi apodo.

----- CHAPTER BREAK -----

[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
¿Qué acababa de pasar? En la vida me hubiera imaginado algo así.A ver, ¿Cómo llegamos a esto? Era casi imposible de creer y, sin embargo, ahí estaba la pequeña llave, girando entre mis dedos. La llave de la casa de Manjirō, la persona que más me odia en todo el mundo y la única que acaba ayudándome.¿Ahora qué? No voy a mentir, me apetece descansar. ¿Y si lo hago? ¿Tan, tan descabellado sería si decido llevar a cabo esa locura? No lo sé. Lo único de lo que soy consciente en este momento es que por una vez en mi vida estou cansado, demasiado cansado como para pensar en los pros y las contras de una decisión, estaba demasiado cansado como para analizarlo todo a detalle, estaba demasiado cansado como para pensar en las consecuencias. Agarré mi paraguas, el cual había dejado ahí al llegar y por un momento cerré los ojos, cuando los abrí, vi con sorpresa cómo a pesar de que la fiebre seguía y el malestar también, el frío, el mareo y sobre todo el vacío habían desaparecido como por arte de magia. Antes de salir no pude evitar recordar cuál había sido mi primer pensamiento esta mañana. Todo el mundo está en mi contra, quizás si fuese dramático. De repente la lluvia no me parecía tan horrible ni tampoco el hecho de que fuera lunes, siquiera el estar enfermo, mientras caminaba por las mojadas calles la tensión en mis hombros se desvaneció y no por la amenaza de un desmayo.Hace años que no paso por el vecindario donde vive Manjirō.Si al despertarme alguien me hubiera afirmado que en horario de clases iba a estar caminando por esas calles, las calles que llevaban a la casa de Manjirō, probablemente me hubiera parecido el mejor chiste del mundo. No obstante, aquí estaba yo, recorriendo ese camino que nunca creí volver a recorrer. Me sorprendí al comprobar cómo era capaz de recordar perfectamente la dirección. Es cierto que cuando era un niño fui muchas veces a casa de Manjirō, pero eso fue hace tanto tiempo que me tomó por sorpresa el hecho de probarme a mí mismo que habría sabido llegar hasta aquí con los ojos cerrados. En cada esquina me topaba con un recuerdo diferente, recuerdos que ya consideraba olvidados y no, resulta que estaban ahí, dentro de mi cabeza muy escondidos, sí, pero nunca se habían borrado por completo y continuaban latentes, en un estado de suspensión donde esperaban cualquier estímulo para volver la consciencia.Ahora, al mirar el vecindario, las calles, las casas, los árboles, el parque, acababan de activar esos recuerdos como por arte de magia. 
Es verano, recorremos las calles como flechas, ignoramos el calor, ignoramos el peligro que supone cruzar la carretera sin mirar a ambos lados, ignoramos el mundo.

—¡Takemitchy, espera! Saliste primero, no es justo.

—Vamos, ¡Date prisa! ¡Voy a ganarte esta vez!

Paramos la carrera junto al parque y nos dejamos caer al suelo. Estamos jadeantes pero sonreímos con felicidad, no hemos parado en todo el día, parecemos un par de torbellinos de energía inagotable.

Está atardeciendo, es hora de volver y sin embargo…

—Takemitchy, no tengo ganas de volver a casa.

Mikey se tumba en el suelo sonriendo, con la espalda recostada en el tobogán y con la vista perdida en el cielo. La suave brisa del atardecer alborota su cabello rubio y en sus ojos reluce un brillo travieso, ansioso de aventura. Acabo asintiendo acostándome a su lado y miro las nubes teñidas de rosa en el horizonte, empiezo a sentir un impulso incontrolable de jugar a buscarles forma.

—Yo tampoco —Mikey vuelve a sonreír antes de hablar —¿Nos quedamos?

—Nos quedamos.
Sin darme cuenta me había quedado sonriendo tontamente.El parque, toda mi infancia la he pasado jugando en ese parque, con Manjirō. Por desgracia tuvo que crecer y volverse un completo imbécil, me encogí de hombros y aparté la vista de los columpios que tenían pintura vieja, metal oxidado y cadenas poco confiables, me alejé dando un suspiro. Las cosas cambian, es inevitable. El Mikey que un día fue mi compañero de juegos ya no existe, ahora es Manjirō, y yo tampoco soy el mismo. El “yo” del presente nunca llegaría tarde a casa por quedarme jugando en el parque, sintiera la clase de impulso que sintiera. ¿Duele? Nunca me lo había planteado, pero ahora, estando allí, la pregunta ha llegado a mi cabeza casi de golpe. No me gustaban los asuntos sin resolver. Las cosas a medias. Las respuestas incompletas. No me gustan nada, siempre que me surge una duda tenía que resolverla, siempre. Ya fuera algo de clases o algo personal, no podía irme a la cama haciéndome preguntas, era superior a mí, y por alguna extraña razón, en ese momento, evadí mi propia duda.¿Me dolía? No quiero pensar en ello. No quiero saberlo. No en este momento.Llegué a casa de Manjirō pasados unos minutos. Realmente no estaba lejos del instituto, lo cual me recordaba lo vago que es para saltarse la escuela por lluvia o cualquier excusa absurda, pero me había entretenido cada dos por tres y por eso tardé bastante en llegar. Sabía que la fiebre no me había bajado, pero al menos ya no me siento tan mareado como antes. Me quedé un momento frente a la puerta de entrada sin creer todavía que volviera a estar aquí, tengo curiosidad por saber si por dentro la casa continuaba igual.Esa es una pregunta para la que tengo una respuesta: No.Los padres de Manjirō ya no vivían allí, era imposible que aquel hogar fuese el mismo de entonces. Los recordaba muy bien a los dos, eran personas buenas y cariñosas, siempre me habían tratado bien, en especial la madre de Manjirō que tantas travesuras nuestras había encubierto ante todos. Además siempre nos hacía pasteles los domingos, recuerdo una vez que quisimos ayudarla y volcamos medio paquete de sal en la masa creyendo que era azúcar, como se reía al ver nuestras caras cuando lo probamos. Eran lejanos recuerdos, antes de que la familia Sano se destruyera poco a poco, uno de los motivos por los que mi padre hizo todo lo posible para mantenerme alejado de ellos.Prefiero quedarme con los buenos recuerdos, donde tengo me burlaba porque Manjirō no se parece en nada a Sakurako Sano, eso es evidente. Fruncí el ceño mientras introducía la llave en la cerradura y me concentré en el presente.En el Manjirō del presente, recuperé el sentimiento de odio que nos ha caracterizado los últimos años. Lo odiaba por ser irresponsable, lo odiaba porque siempre salía bien parado de todos sus líos, lo odiaba por permitir que nuestra amistad llegara a este extremo y lo odio porque es un maldito idiota. Tiene una suerte que no se merecía. Si yo hubiera estado en su lugar, si mi familia hubiera sido como la suya, yo jamás los habría dejado de lado buscando la emancipación a los 15 años.La puerta se abrió con un sonoro chasquido y me dirigí hacia dentro observando todo con interés. Tuve razón en suponer que la casa había cambiado, justo al entrar se apreciaba el salón. En otros tiempos lo recordaba muy ordenado, decorado con tonos anaranjados, verde manzana y crema, con un aspecto bastante acogedor y hogareño. Ahora, en el presente, tenía un cierto aire al salón de entonces pero había cambiado la disposición de los muebles: En el fondo a la izquierda había un sofá frente a una pequeña mesita y un televisor de plasma, a la derecha una mesa no muy grande con un par de sillas alrededor, la cocina estaba en la misma habitación, pegada a la pared en el extremo derecho y una barra en el centro que dividía la sala de la cocina, las estanterías contenían todo tipo de condimentos. Y había un par de ventanas que daban luz al lugar y al fondo del salón estaban las escaleras.Antes de seguir la inspección volví a cerrar la puerta usando la llave.Ya sabía que en la planta superior se encontraban las habitaciones y el baño. Me acerqué a la mesa y deposité sobre ella las llaves de la casa cuando de pronto escuché unos ruidos procedentes de arriba.Me quedé un momento quieto. Si mal no me equivocaba… en la casa no podía haber nadie. Manjirō vivía solo, ¡Lo que me faltaba es toparme con ladrones! No, no pienses tonterías, Takemichi. Leer tantas novelas de misterio te está haciendo ver fantasmas, relájate.Traté de tranquilizarme a mí mismo, sin éxito alguno, y tras un par de segundos de cavilación decidí asegurarme de que todas las habitaciones de la casa estuvieran vacías. Luego, podría echarme en el sofá y descansar un poco, no lo voy a negar, los ruidos no cesaban y tengo miedo, aunque quisiera no podría dormir con ese ruido. Tampoco puedo salir corriendo dejando las cosas así, no me considero valiente pero soy yo el que está aquí, y de algún modo eso me hace en cierta forma responsable de lo que ocurre. Necesité un par de minutos más para situar mi pie derecho sobre el primer peldaño.Empezar fue difícil, después solo hizo falta seguir y casi sin darme cuenta había llegado arriba. Se veía un pasillo bastante largo, con dos puertas en el lado derecho y una en el lado izquierdo.Los ruidos provenían de la puerta situada al fondo a la derecha. Esa era la habitación de Manjirō, si no recordaba mal, tragué saliva y avancé un paso con cautela, procurando no hacer ruido y rezando porque al imbécil de Manjirō no se le hubiera olvidado dejar su ventana abierta o algo así, eso era mucho mejor que su teoría de ladrones. Aunque viendo la inteligencia limitada de Manjirō y las pocas neuronas que tenía en su diminuto cerebro todo era posible… ¡En la vida iba a madurar! Si yo tengo la mala suerte de toparme con ladrones en su propia casa, será por su culpa, y lo último que necesitaba para cerrar con broche de oro este horrible día. Me tomé un par de segundos para inhalar aire. Pude avanzar hasta situarme frente a la puerta y había estirado mi brazo hacia adelante, rozando con mis dedos el picaporte, tragué saliva, se oía con toda claridad, desde esa posición el ruido se había hecho más audible; algo estaba rascando la puerta.La idea de ladrones asaltando la casa de Manjirō empezó a desaparecer de mi cabeza, evidentemente un malhechor no se entretendría en “rascar” la puerta. Más bien empezaba a plantearme si aquel asunto no era obra de roedores o algo por el estilo.Ya más calmado ante esa nueva perspectiva no me entretuve más y empecé a abrir la puerta muy lentamente, apenas la desbloquee ví a un gran animal de pelaje marrón saltando sobre mí, me hizo caer de espaldas al suelo en un grito de pánico mientras daba manotazos al aire. Había cerrado los ojos, en parte por inercia, y en parte a causa del golpe que me había dado.Genial, ahora a la fiebre se le sumaría un fuerte dolor de cabeza.—¿Pero qué…? —Alcancé a decir entreabriendo los ojos un poco.El bulto enorme estaba tirado encima de mi estómago y tenía una boca enorme, a escasos centímetros de mi cara. ¡Un perro! ¡Era un perro! Lo que me faltaba, no me gustan los perros, soy una persona con preferencia por los gatos.El animal pareció no haber captado el concepto “fuera de aquí” porque en lugar de apartarse se acomodó sobre mis costillas y acercó su hocico a mi cara. Volví a cerrar los ojos apretándolos, esperando la mordedura, esos dientes acabarían en mi cuello, estoy seguro, ¿Quién me manda a mí a aceptar favores de Manjirō? Este era el final o eso creía hasta notar que la mordedura no llegaba. En su lugar sentí algo rasposo y lleno de saliva lamiendo mi cara de abajo arriba.¡Con que el perro era cariñoso!Sin duda esta imagen mía tirado en el suelo con el perro encima de mi estómago lamiéndome la cara debe ser patética, al menos me dio confianza para moverme y apartarme como pude. Cuando me levanté del suelo lo miré, era negro y marrón , más importante, bastante grande. Podría intimidarme si no fuera porque estaba moviendo el rabo de forma juguetona y tenía la lengua fuera, no me deje llevar por su aparente amabilidad, a mi me daba igual que el animal fuera pacífico, lindo, cariñoso o lo que sea, ¡No me gustan los perros! Avancé hacia atrás, tomé el picaporte de la puerta con mi mano, la abrí y velozmente me encerré en la habitación de Manjirō. Suspiré de alivio apoyándome en la puerta, al menos el perro no entrará aquí.Una vez que mi respiración se pausó, recorrí la habitación con la mirada.No quedaba ni un ápice de aquel cuarto infantil que yo recordaba, a pesar de que el espacio era el mismo. Las paredes estaban pintadas de negro —que inteligente, Manjirō, si crees que así le darás luminosidad a la habitación— y en la pared de la izquierda solo había un armario y una barra de metal donde colgaba varias prendas. La pared frontal repleta con pósters de bandas que no conozco, un pequeño escritorio en el cual no se veían más que discos de música y una guitarra eléctrica. ¡Ni un solo libro! Por último, en la derecha, estaba la cama, las colchas eran rojo sangre. Qué mareo de colores, ¿A quién se le ocurre esa combinación? Solo a Manjirō. Suspiré con desaprobación y me acerqué al escritorio. Curioseé un rato los discos, e incluso me atreví a tomar la guitarra y tocar las cuerdas. Fruncí el ceño al leer los títulos de las bandas, me gustaba la música en general, no soy un ignorante en asuntos musicales, pero nadie me quitaría de la cabeza nunca que eso que Manjirō hacía era más ruido que otra cosa, y los discos todos eran de rock, punk, electrónica y géneros que no conozco. No había música que llamara mi atención a primera vista, prefiero algo clásico o tranquilo con tonadas románticas como Mozart, Chopin, Backstreet Boys, Taylor Swift, Bruno Mars, Whitney Houston, ¿Pero rock? En realidad nunca he oído rock, así que no tengo ninguna opinión formada. En mi rostro se dibujó una mueca y tuve una idea, no estaba seguro de si era buena o mala pero no me paré a pensarlo.Tomé uno de los discos al azar y rebusqué entre las cosas hasta dar con lo que buscaba… estaba seguro de que Manjirō debía tener uno de esos aparatos para oír música con los audífonos. Al fin di con ello, el aparato y los audífonos rojos, ya nadie usaba esas cosas vintage, pero si Manjirō tenía discos debía tener algo con qué escucharlos, puse el disco y me eché sobre la cama. Apoyé el aparato en mi vientre y cerré los ojos, decidido a concentrarme en la música. Era una música que no había oído nunca y no me desagradó. Las canciones eran en inglés y no entendía mucho porque quien sea que estaba cantando lo hacía muy deprisa, sin embargo, en aquel momento, allí sobre la cama, con los ojos cerrados y escuchando música que creí nunca escuchar, realmente llegué a pensar que aunque esas canciones no tengan el estilo de cantantes o compositores clásicos que me gustan, pero las sentí auténticas, estaban cargadas de… ¿Historias? ¿Sentimientos? ¿Recuerdos? ¿Ideas? O quizás todo, transmitían algo, eso era innegable. Así, relajándome y escuchando, sin darme cuenta, la fiebre me venció y me fui quedando dormido entrando en un sueño que a día de hoy no puedo recordar, salvo por el detalle de que era tranquilo y apacible, la perfecta medicina para alguien enfermo.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
Me tomé mi tiempo para volver a la clase. Total, para escuchar tonterías siempre hay tiempo.Moría por un cigarro, pero la maldita lluvia no paraba y no era conveniente fumar por los pasillos cuando de un momento a otro podía presentarse la directora como un horrible fantasma. Al final me fui al sótano, donde de vez en cuando me escondía para ensayar con Rindō Haitani y Draken Ryūguji. Rindō cantaba, Draken acompañaba con una caja de percusión y yo tocaba la guitarra.Nos sincronizamos bastante bien, nuestra música era buena y a menudo nos imaginábamos dando grandes conciertos. Sueños tontos e imposibles, porque imaginar es muy bonito y todo eso pero a la hora de la verdad, ¿Quién vendría a escucharnos? A mí me daba igual. No tocaba para que la gente nos oyera, tocaba porque me desahogaba, porque me gustaba, porque me expresaba, porque me daba la regaladisima gana, y punto. Y lo mismo pensaban mis amigos, en especial Rindō. Él tenía un don especial para cantar y componer las letras de todas nuestras canciones. Él la letra, Draken hacía las correcciones y yo improvisaba la música con acordes al azar. Hay que reconocerlo, Rindō y Draken eran lo mejor que tenía este instituto de aburridos.Nos conocíamos desde hace un par de años y siempre pudimos congeniar, ni idea de porqué, porque más distintos no podemos ser. Pero simplemente nos entendíamos el uno al otro, o al menos lo intentábamos, claro que a veces Rindō se pasaba de raro y entenderlo era complicado mientras que Draken se distraía con el asunto de la música por sus múltiples trabajos. Al menos nos respetábamos, que era lo importante.Mi relación con Rindō y Draken era todo lo contrario a la relación que tengo con Takemichi, a pesar de que a él le conocía desde hacía muchos, muchos años. No siempre nos llevamos tan mal, pero, ¿Qué importa el pasado? Hay que vivir en el presente, y en el presente, Takemichi y yo nos odiamos. Las cosas son como son, que le hubiera hecho un favor, prácticamente por accidente, no significaba nada.No soy del tipo de personas que hace favores, es más, en toda mi vida no le he hecho un favor a nadie sin recibir nada a cambio, pero es que… Takemichi estaba enfermo, tampoco soy una bestia como para que su cara de cordero degollado ardiendo en fiebre me fuera indiferente, además, la verdad es que no sé qué hago dándome un monólogo a mí mismo sobre la situación buscando justificar lo que acabo de hacer. Lo hecho, hecho está, no queda nada que hacer. Lo ayude, no porque me importara, solo me importaba que tuviera fiebre y estuviera por ahí haciendo el papel abnegado y poniéndose peor, pero no me importaba él en sí…Rayos, qué lío, necesito terapia.Acabé de fumarme un cigarro y automáticamente encendí otro. Me senté al fondo del sótano entre las cajas con trajes del club de arte dramático, apoyando la espalda en la pared y me dediqué a hacerle formas al humo del tabaco con la boca. Lo que hace el aburrimiento.Al rato escuché pasos y Draken entró al sótano en compañía de Rindō. Parecían ausentes, como si no supiera muy bien donde estaban parados, yo ya estaba acostumbrado a esas caras, eran las únicas que tenían desde principio del año. Cuando Emma se mudó con su madre biológica y Rindō inicio una extraña guerra civil con su hermano en busca de independencia, o algo así, ya no sé si era eso o que pelearon por no saber a quién le tocaba lavar los platos.—Ya sabía que te encontraríamos aquí —Dijo Draken sentándose a mi lado sin mirarme. Automáticamente después de acomodarse, alzó la mano con suavidad, agarró el cigarro que estaba llevándome a la boca (el tercero o cuarto ya no llevaba la cuenta) y con un gesto de quién hace las cosas con la mayor tranquilidad del mundo me lo arrebató, lo puso en el suelo y lo pisó ligeramente.—No fumes —Añadió con voz paciente.—Pero… ah, olvídalo —Es mejor no discutir con él. Me repetía hasta la saciedad que no fumara. ¡Ni que fuera mi jefe! No dejaba el bendito tema tranquilo, cuando me veía fumando, lo único que hacía era quitarme el cigarro. Sin regaños absurdos ni nada. Era para volverse loco, retiro lo dicho antes de que nos entendíamos. En la vida iba a entender a Draken —¿No vas a preguntarme qué hago aquí?—¿Saltarte las clases? —Inquirió dibujando una media sonrisa en su rostro —Es lo que haces siempre, ¿Por qué iba a ser diferente hoy?No respondí. Sí, era lo que hacía siempre. Entonces, ¿Por qué es diferente hoy? —¿Cómo está el presidente? —Preguntó Rindō mientras empezaba a rebuscar en su bolsillo derecho del que sacó una diminuta libreta color azul con un bolígrafo colgando. —Creo bien, ¿Cómo va a estar? Hierba mala nunca muere —Recité con voz irónica recostándome en el suelo y cruzando mis brazos debajo de la cabeza —Solo necesitaba dormir, así que se ha largado. —Genial —Murmuró Rindō con desinterés mientras comenzaba a escribir anotaciones incomprensibles en su libreta.—Espero que mejore.—De verdad, es de idiotas venir enfermo a clases y así se lo he dicho, no crean que no —Draken asintió y Rindō se encogió de hombros.—Ya veo.—Pero ahí va él con su vida pendiendo de un hilo, si le preocupa más mantener su fachada de alumno perfecto que su salud, no es mi problema.—Claro.—¿Quieren dejar de contestarme como quien le habla a un loco, dándole la razón para tenerlo contento? —Mikey ya no soportaba recibir monosílabos como respuesta —Kencgim, te conozco, quieres decir algo que contiene más de dos palabras así que dilo. Draken sonrió un momento antes de responder. —No ocurre nada, solo que me ha sorprendido que de entre toda la clase hayas sido precisamente tú quien ha prestado ayuda a Hanagaki cuando supuestamente no pueden verse ni en pintura.—¿Y viste a alguien más dispuesto a hacer algo? Si yo no reacciono, ese tonto podría haberse golpeado contra el suelo y crear un charco de sangre.—Si, reaccionaste muy rápido. Lo agarraste al instante —Dijo Rindō en un tono burlón.—Vaya, sí que me estabas prestando atención, se ve que no te has perdido ningún detalle —Le dije con voz sarcástica mientras me levantaba del todo.No sé por qué pero no podía mantenerme quieto. Me estaba empezando a poner nervioso otra vez, lo poco que había conseguido tranquilizarme fumando antes lo acaban de arruinar mis amigos con un par de comentarios. ¡Qué habilidad!—Tranquilo, Mikey, esto no es un ataque —Sonrió Draken enfocando sus ojos en los míos —Nos alegra de que le ayudaras.—Bien, pues yo no. Porque a saber ahora si el instituto va a empezar a creer que me he vuelto bueno o algo, tengo una reputación que mantener, ¿Sabes? —Vestirte como chico malo, no te hace un chico malo —Bufó Rindō con una sonrisa —En realidad eres amable.—Ya debe haber acabado la clase, vámonos, estoy harto de estar aquí.—Vamos.—Los sigo en un rato, no quiero perder la inspiración. Terminó esto y voy —Rindō subió los audífonos a sus orejas volcando su concentración en su cuaderno y la música.—Como quieras —Acepté encogiéndome de hombros. Después me giré y alcé el brazo a modo de despedida antes de salir del sótano. De repente, la necesidad de sentir aire fresco se había vuelto urgente, así que me fui de allí lo más deprisa que pude.Las horas de clases transcurrieron sin mayor problema, de Rindō no se vio ni su sombra, lo normal cuando encuentra inspiración para sus canciones.No sé cómo pude aguantar hasta que acabaran las clases, en un día normal me despejo saliendo al patio o me salto alguna hora y me voy a la azotea que es como mi sitio secreto, desde allí arriba se ve la ciudad tan pequeña que todos los problemas parecen estúpidos, pero claro, no había dejado de llover en toda la tarde, así que tuve que soportar todas las clases, una a una.Cuando llegó la hora de la salida la cabeza me daba vueltas. ¡En la vida volvería yo a aguantar toda una mañana sin saltarme una clase! Estaba de tan mal humor que por poco se me olvida darle al profesor de nombre tan raro el recado de Takemichi. Por suerte, el profesor no hizo un escándalo y no preguntó nada, solo le dije que el presidente se encontraba mal y que se había ido a casa.Normalmente soy el primero en salir corriendo cuando se acaban las clases, sin embargo, hoy también tengo que cargar con la mochila de Takemichi, y sinceramente no me apetecía que me vieran con ella porque los chismes corren rápido, así que esperé a que se fueran todos. Parecía un completo idiota apoyado en las taquillas viendo salir a la gente, por suerte nadie me preguntó nada. Solo Draken notó algo, ¿Quién si no? Me conoce mejor que nadie.—¿No te vas a casa? —Me preguntó clavando sus ojos en los míos con interés, fingiendo que no se dio cuenta de que notaba la mochila de Takemichi en el banco delante del mío.—Sí, pero la directora me llamó a último momento —Improvisé —Me querrá amenazar con echarme por algo, como siempre, o felicitarme por ir a todas las clases. Así que aquí estoy, esperando porque está reunida con no sé quién, entraré cuando me avisen.Draken no dijo nada. Para mí que no se lo tragó, normal, ¿Quién se iba a tragar que yo preferiría escuchar a la directora decir tonterías que irme a casa? Pero bueno, si se lo tragó o no, no me discutió.—¿Vienes esta tarde a casa de Ran? —Soltó de golpe.—Si, no tengo nada que hacer.Ran es el hermano de Rindō. Igual de raro que él, y no se parecen mucho, solo en que los dos tienen apariencia llamativa y cabello bien cuidado. Son un par de hermanos que hace cuatro años atrás causaban problemas en las calles, hasta que uno de mis hermanos mayores los condujo por el buen camino, desde entonces han estado tranquilos. Los dos se alquilaron un piso en el centro hace unos años y desde entonces viven juntos. De sus padres no sé mucho, solo que no estaban en condiciones de criarlos y por eso crecieron en las calles, ahora Ran trabaja en una pequeña tienda de ropa con estilos grunge o lolita más raros de toda la ciudad, pero es el que más vende con sus modificaciones y gana buen dinero, no voy a negarlo.A veces por las tardes acabamos reunidos en el departamento de los hermanos Haitani o en la tienda que se encuentra en el primer piso. Rindō, Ran, Yuzuha, la novia de Ran, Draken y yo pasamos la tarde juntos.Conforme a mi respuesta, Draken sonrió y se dirigió a la puerta de salida.—A las seis —Añadió antes de salir.Esperé un rato más hasta que el instituto se vació y entonces tuve confianza para levantarme de mi asiento en el aula, guardé el cuaderno en el que había estado garabateando durante mañana, pasé las correas de mi mochila a un hombro y fui por la del presidente para colgarla en el otro.—¡Hijo de puta! —Solté al comprobar el peso de la mochila.¿Takemichi se trajo a clases ladrillos en lugar de libros o qué? Es para matarlo, ¿Quién diablos quiere tantos libros?Yo llevo la mochila prácticamente vacía  cada día y sobrevivo perfectamente, obviando el hecho de que repetí curso, pero no fue porque me faltaran las cosas.Cada vez, Takemichi me resulta más desesperante, ya no me entretuve más. Teniendo la absurda esperanza de que a partir de ahí todo serían sencillo para llegar a casa me puse en camino y me topé con que a la salida del instituto me estaba esperando la persona más insoportable de toda la preparatoria, no me extrañaría siquiera que fuera la persona más insoportable de todo el país.—¡Hola, Mikey! Te estaba esperando —Soltó Kazutora con su ridículo tono de voz falso.—¿A qué viene el privilegio? —Le solté con sarcasmo y una mueca de asco al ver como se acercaba despacio, sus ojos dorados brillaban con astucia, algo en él siempre me hacía ver banderas rojas a su alrededor.—¿Quieres ir comer? —Inquirió ignorando completamente mi pregunta y expresión.—Deja que lo piense, um…. no —Dije pasando por su lado y empezando a caminar calle abajo. Paso de perder el tiempo con jueguitos, era lo mismo todos los días. Según Draken y Rindō, yo le gustaba a Kazutora… ¡Já! Ese chico solo ama a su propio reflejo y no estoy tan loco como para involucrarme con él. Todos los días se presentaba un momento en que Kazutora se acercaba con intenciones coquetas, y yo siempre le dejaba en claro a cada rato mi rechazo.No obstante, nada le afectaba y continuaba insistiendo. Espero ansioso por el día en que llegue un novio o una novia que lo mantenga ocupado por más de un mes, a ver si de esa forma se olvida de mí, porque mucha paciencia no me queda después de aguantar lo mismo tantos años. Conocer a Takemichi por tantos años también era sinónimo de conocer a Kazutora, claro que cada uno es muy diferente.Creo que no hay dos hermanos mas opuestos en toda la ciudad como lo eran ellos dos.—¡Oh, vamos Mikey, no te hagas de rogar! Si estás desean… —Se calló en seco tras haber empezado a soltar su chorro de babas. Me di la vuelta y vi como me miraba fijamente con una ligera mueca de malicia en la cara.Este chico está loco.Lo miré como quien mira a un bicho raro durante un momento, y cuando iba a seguir mi camino, Kazutora reaccionó.—Mejor dejamos lo de la comida para otro día —Empezó a decir muy lentamente mientras empezaba a sonreír de medio lado —Tengo que hacer algo en el instituto.Sin decir nada más, me guiñó un ojo y echó a correr hacia dentro. ¿Qué mosca le ha picado? Mi cara en ese momento tenía que ser todo un poema, vaya día, el mundo estaba volviéndose loco o algo no andaba bien en mi cabeza, definitivamente. Quizás es de familia la locura, tanto Takemichi como Kazutora tienen varios tornillos sueltos.No tardé mucho en llegar a casa. La verdad es que me di prisa: Había sido un día agotador, y necesitaba descansar ahora mismo, iba con la idea de tirarme en el sofá y no hacer nada hasta la hora de irme al departamento de los Haitani cuando, parado frente a la puerta me topé con el primer problema: Mis llaves las tenía Takemichi, y lo más seguro era que con la fiebre que llevaba se hubiera quedado profundamente dormido, así que es hora de improvisar y ver cómo entro yo a mi propia casa. Llamé al timbre un par de veces, grité, golpee la puerta e incluso le metí una patada y no pasó nada, salvo que el dedo gordo de mi pie sí sufrió el golpe.¡Esto no puede ir peor!Cojeando como un completo idiota y jurándome que aquella era la última vez que le hacía un favor al soldadito de plomo que tenemos por presidente, le di la vuelta a la casa hasta llegar a la parte de atrás. Nunca cerraba la ventana del baño, era una manía —no una buena manía —lo sé, pero es una manía y las manías nunca son buenas. Sea como sea, aquel día me ayudó bastante, porque me colé por ahí y así fue que pude entrar. Aunque en la caída me llevé otro golpe contra el suelo, se nota que el día estaba decidido a brindarme golpes.—Dios, me la debes —Farfullé tirado en el suelo.Estaba de un humor de perros, solo tenía ganas de encontrar al presidente, mandarlo a su casa y tirarme un rato en el sofá.Entré al salón y no estaba. ¿Ya se había largado? ¡¿Y con mis llaves?! Hice un recorrido rápido por el salón y al no ver nada raro me fui a la planta de arriba, tras dejar las dos mochilas junto a las escaleras, nada más llegar encontré a Mini Mikey que vino corriendo a mí como siempre, meneando el rabo y soltando babas.—¿Qué pasa, bebé? —Le sonreí acariciándolo. Mini Mikey era, junto a mis hermanos, Draken y Rindō, lo único capaz de alegrarme el día. Era un labrador retriever enorme, lo tenía desde que era un cachorro y siempre ha estado conmigo.—Un momento, yo te había dejado en mi cuarto —Susurré cayendo en cuenta de que mi hijo no podía haber salido solo al pasillo.¿Era posible que…?Me deshice de mi mejor amigo, perdónenme Draken y Rindō, y abrí la puerta de mi dormitorio. ¡Ahí estaba el señorito! Tan tranquilo, tumbado en MI cama, con mi… espera, ¡Con mi reproductor de música y mis audífonos. Estaba durmiendo como un ángel. ¡Durmiendo! Así que no había escuchado el timbre, ni los golpes, ni los gritos por ese motivo, a este le entran a robar y puede seguir durmiendo tranquilo, Takemichi es demasiado para cualquier ser humano.Me acerqué con paso firme a la cama, me agaché a un lado para zarandearlo un poco, fui hasta delicado, solo porque recordé que estaba enfermo.—Oye, despierta —Susurré en un tono bastante alto, en vano, porque no se despertó.En lugar de eso se dio la vuelta, quedando de cara hacia mí.Los audífonos se le resbalaron de las orejas y arrugó la nariz en un gesto infantil. Paré en seco de zarandearle y de susurrar, permanecí mirándolo, en ese momento sentí algo a la altura del pecho. Algo que era muy raro, algo que dolía, se veía diferente a todos los días, lucía… ¿Lucía... tierno? Fue un impulso. Un instinto. Algo que no supe explicar. Algo que a día de hoy no sé explicar. Solo lo hice, quería, necesitaba comprobar si ese chico que dormía de una forma tan adorable era el mismo que yo veía a diario en los pasillos sonriendo a todo el mundo como una marioneta y señalando mis errores.Alcé la mano y con mucho cuidado, muy despacio, posé mis dedos en su frente y pude suspirar aliviado al ver que no estaba demasiado caliente. Parecía que la fiebre ha bajado, menos mal. Aparté un mechón negro de su cara y acaricié el contorno de sus ojos, de su nariz, de sus mejillas, de sus labios, sus labios… tragué saliva.¿Qué diablos estoy haciendo?Sí no fuera porque sentí la mirada de Mini Mikey juzgandome desde la puerta, mi cabeza hubiera continuado en ese rumbo desconocido que no quería averiguar.—¿Qué estás mirando? —Le bufé a mi amigo, ocultando mi rostro entre las manos, agotado por el día y mis propios pensamientos.
[Rindō] - Preparatoria Ymir Freiheit

Cerrar los ojos no ayuda a darle la espalda al miedo. Más bien nos hace toparnos con el efecto boomerang. Cuanto más apretemos los ojos… mayor será el miedo.

Miedo.

No pude escribir más. Así es la inspiración, viene tan rápido como se va y esta había desaparecido en el mismo momento en que Mikey salió por la puerta. Suspiré cerrando el cuaderno. Bastardo.Mikey ha cambiado. En tan solo un día ha cambiado. Bastaba mirarle, bastaba hablar con él, bastaba… bastaba ser uno de sus mejores amigos para saberlo. A todos nos cuesta cambiar, por eso, los grandes cambios de la vida se producen tan lentamente, por eso los continentes tardaron siglos en formarse, por eso la luna solo adopta una misma forma cada mes, por eso las estaciones duran tantas semanas, por eso el planeta tarda veinticuatro horas en girar hasta un nuevo amanecer. Si todo cambiara a la velocidad del rayo probablemente terminaríamos consumiéndonos a nosotros mismos.Nada ni nadie cambia en cuestión de minutos. Eso estaba claro.Sin embargo, no podía quitarme de la cabeza la idea de que Mikey había sufrido, aquel lunes, una metamorfosis inmediata. Rasgué la punta del bolígrafo sobre la hoja de papel una vez más y terminé la frase con tres puntos suspensivos.

Cerrar los ojos no ayuda a darle la espalda al miedo. Más bien nos hace toparnos con el efecto boomerang. Cuanto más apretemos los ojos… mayor será el miedo.

Miedo.

Miedo a la metamorfosis...

Cerré mi cuaderno y me incorporé para salir de allí. Solo espero que Mikey sea lo suficientemente fuerte como para soportarse a sí mismo a partir de ahora y yo también tengo que serlo, le prometí a Emma e Izana que mantendría un ojo en su hermano y Draken.
Playlist de LIMERENCIA en youtube ✨

----- CHAPTER BREAK -----

[Kazutora] - Preparatoria Ymir Freiheit
No pued creer lo que acababan de ver mis ojos.Había esperado a Mikey a la salida porque no tenía ganas de encerrarme en casa, Hanma estaba haciendo alguna de sus estupideces ilegales con drogas y Kisaki intentaba detenerlo, así que se me ocurrió molestar un poco a Mikey para matar el tiempo. Ya me había rechazado en otras ocasiones, pero era lo más cercano que tengo a un amigo de la infancia y sé que solo se hace el duro para imitar a sus hermanos mayores. Quería mantener esa imagen de chico malo que los Sano tienen.El caso es que, al principio, cuando salió por la puerta no me había dado cuenta de nada pero, una vez que se giró, pude verlo y no era posible, ¿Qué podía hacer Mikey con la mochila de mi hermano?No era algo que se viera todos los días, en especial porque era de conocimiento público que no se soportaban el uno al otro, era muy extraño. Al acabar las clases siempre me voy a casa solo o salgo a algún lado con mis amigos, Takemichi se queda hasta la tarde arreglando papeles o lo que sea que haga con el consejo estudiantil, por eso hoy tampoco me había extrañado no verlo salir junto a los demás, ni siquiera me di cuenta de que no lo he visto por los pasillos en todo el día, no compartimos las mismas clases porque soy un año mayor, así que no tengo mucho contacto con él. Normalmente se pasa los ratos libres metido en la biblioteca o en la sala del consejo, en casos excepcionales lo he visto en el club de jardinería leyendo algún libro.No es como si estuviera convencido, porque nunca se lo he preguntado, más que nada porque no me interesa, pero al ser una figura relativamente popular entre alumnos y profesores no es difícil imaginar su rutina. Por mi parte, es mejor la distancia, nunca hemos tenido una buena relación y hay que mantenerlo así.Siquiera me había dado cuenta de que no le he visto desde la mañana en casa, es cierto que no tenía buena cara, pero no dijo nada sobre cualquier posible molestar y se esforzaba por lucir perfecto, con el tiempo ya no me ha interesado lo que le pase. Es mi hermano menor, sí, pero simplemente, no es mi asunto. Takemichi es demasiado aburrido e introvertido como para interesarme y para que las cosas funcionen —de manera disfuncional— en casa, cada uno juega su papel. El punto es que no lo he visto en todo el día y ahora veo a Mikey que se marcha del instituto con su mochila, algo no encaja. Por ese motivo, decidí no insistir con molestarlo y volver al instituto a averiguar el paradero de mi hermano.Takemichi no dejaría su mochila llena de libros estúpidos en manos de Mikey, si eso estaba pasado es que algo no marchaba con normalidad y si algo no marchaba con normalidad, yo lo iba a descubrir. No voy a perder la magnífica oportunidad de meter al perfecto de mi hermano en problemas, quizás con este problema ignoren mi último examen reprobado.Recorrí los pasillos un rato, pero al no ver a nadie, decidí probar suerte en la sala del consejo. Allí estaba el chico baboso que iba detrás de mi hermano... ¿Sendō?—Oye, ¿Takemichi está aquí? —Le pregunté secamente. Me miró un momento extrañado y frunciendo el ceño, es evidente que mi pregunta le había tomado por sorpresa.—¿No lo sabes? —Respondió dejando los papeles que tenía en la mano a un lado.—¿Qué se supone que tengo que saber? No desperdicies mi tiempo y solo dime —Me dirigió una mirada dolida.—Tu hermano se desmayó esta mañana, durante la primera clase. Al parecer tenía mucha fiebre… Mikey fue muy amable al ayudarlo y lo acompañó fuera. Luego me enteré por el profesor Smith que Takemichi se fue a casa —Me quedé con los ojos abiertos de par en par —Siendo tu hermano, supuse que lo sabías, además-—Ya, ya, cállate, no pedí tu opinión —Le gruñí. ¡Qué chico más pesado! Sin dejarlo terminar de hablar me marché y decidí irme a casa. Me urge comprobar que Takemichi estaba allí, sé de sobra que papá nunca le daría permiso para perder un día de clases, por muy enfermo que estuviera. Por eso no me cuadraba que estuviera en casa y menos aún que fuera Mikey quien llevara su mochila. Siquiera confiaba en mí para llevar su estúpida mochila, bah, esto me huele a problemas y no precisamente para mí.Tengo que llegar a casa antes de que papá lo haga, o las cosas se pondrán mal, para todos.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
Reaccioné y paré de golpe. Fue como un “click” en mi cabeza que me hizo volver a la realidad.Aparté la mano de su cara y me eché atrás sorprendido de mí mismo, ¿Qué diablos estaba pensando? ¿Yo, creí que era tierno? ¿Porque estando dormido parecía diferente? Era el mismo de siempre, por favor, el mismo presidente que solo vive para molestarme día tras día y se la pasaba todo el tiempo ayudando a los demás como el gran santo.No es tierno, ni adorable, nada. Tuve un momento de debilidad porque estoy demasiado cansado y fue un día raro, no hay otra explicación, el golpe que me di al entrar por la ventana me hizo mal. Hay muchas cosas que no entiendo en el mundo, pero esta… esta que acababa de hacer, se había puesto en el primer lugar de la lista, ¡Me volví loco del todo! ¿Cómo siquiera por un asqueroso segundo pude pensar que es  lindo? Hasta la palabra es incómoda de pensar. Se trata de Takemichi, por Dios.—Vale, Mikey, cálmate —Me dije a mi mismo tirado en el suelo del cuarto, pero no conseguí nada, solo sentí la necesidad de salir de mi propia habitación.Por segunda vez en el mismo día noté que la ansiedad de buscar aire fresco era una urgencia, no hice un nuevo intento de despertarlo, ya se despertará solo y después se irá a casa, quizás no me de cuenta, mejor porque no quiero verlo.Me levanté dando traspiés, más corriendo que andando, salí de mi cuarto y me fui abajo. Apenas llegué a mi destino caí en el sofá e hice todo lo posible para relajarme, cosa que, por suerte, conseguí tras fumar un cigarrillo y jugar un rato con el teléfono a un juego donde debía explotar burbujas. Al cabo de poco rato se me agotó la batería, pero como pasaba de subir a buscar el cargador, me dediqué a mirar el techo. Al final me entró hambre y costó una vida levantarme del sofá, solo porque mis tripas ya llevaban un buen rato rugiendo y se estaban poniendo pesadas es que me fui a la cocina y abrí la nevera con desgana.Mis ánimos para cocinar eran nulos, tampoco es como si fuera el mejor, mis hermanos mayores solían encargarse de todo. Así que busqué por encima hasta dar con una pizza congelada.Iba a quitarle el envoltorio cuando oí pasos detrás de mí, instantáneamente me giré y vi a Takemichi al pie de las escaleras, con cara de sueño y frotándose los ojos. Tenía el pelo revuelto en todas direcciones de una manera que solo le he visto en contadas ocasiones, la camisa toda arrugada y la corbata floja hasta la altura del pecho. Sinceramente, me hizo gracia, era la primera vez que lo veía de esa forma cuando normalmente va todo perfecto y alineado hasta en los mínimos detalles.Todo lo contrario a mi que uso lo primero que encuentre en el armario y como casi todo lo que tengo es de color negro, rojo, blanco, gris y azul, combinan a la perfección.—Alguien estuvo muy cómodo en cama ajena —Comenté en voz alta volviendo a girar, dándole la espalda. Inexplicablemente había vuelto mi buen humor y mis ganas de molestarlo, no hay quien entienda mis cambios de ánimo, solo faltaba volverme bipolar —¿Quién te dio permiso? Alguien normal duerme en el sofá.—Me habría quedado en el sofá si tu perro no me hubiera asustado, se me tiró encima y me lamió toda la cara —Respondió acercándose a mí, arrastrando los pies.—¿En serio? Normalmente no es tan amable.Y es verdad, Mini Mikey no suele “saludar” de esa forma a los extraños, desde cachorro le había enseñado a no fiarse ni de su sombra. Que se mostrara tan dócil con el presidente sí que es raro, dicen que los perros se parecen a los dueños, yo creo que es mentira, Mini Mikey no se parecía en nada a mí. Para que le caiga bien Takemichi cuando yo no podía ni verlo, era de locos.Aunque si de verdad no pudiera ni verlo, no estaríamos en esta situación, en mi casa, hablando tan normal y sin insultos de por medio, definitivamente es un día rarísimo. Si él también notó que acabábamos de iniciar una conversación normal, sin peleas ni malas caras, no dijo nada. —¿Esa va a ser tu comida? —Preguntó llegando a mi lado, señalando la pizza con el dedo índice y poniendo cara de asco.¿Ahora qué problema tiene con la pizza? No me digas que nuestro momento de paz será roto por la pizza que es sagrada, por ella he sobrevivido muchas veces desde que mi familia se dispersó.—¿Tienes algún problema? —Inquirí con una mueca de indignación, subiendo mucho las cejas y mirándole de reojo —No lo veas como si fuera comida chatarra, sino como lo más sano que hay en el mercado, pan estirado con verduras encima. Y es barato.—¿Pan estirado con verduras encima? —Repitió perplejo, y después comenzó a reír a carcajadas, era un sonido que no había escuchado desde hace años. No pude evitar quedarme mirándolo fijamente. Hacía tanto, tanto tiempo que no le veía reír así, tanto tiempo que no le veía reír en general —¿Por qué no te dedicas a escribir las definiciones de los nuevos diccionarios? Seguro que te dan un premio al mejor cómico del año.—Oye, yo no soy ningún payaso —Traté de parecer enfadado pero en realidad no lo estaba. ¡Se acababa de meter conmigo y no me había enfadado! Qué día más ra-ro.—Yo no he dicho eso —Sonrió arrebatándome de las manos la pizza casi sin que me diera cuenta. Primero Draken hace eso con mis cigarros y ahora él con mi pizza, solo falta que Rindō agarre mis cosas sin que me diera cuenta —Deja eso, no es una pizza, ni es un pan estirado, solo es comida congelada muy mala para tu salud. Abrió el frigorífico y la volvió a guardar mientras yo le miraba con la boca abierta. ¡Como Pedro por su casa! De repente empezó a sacar cosas, y cosas y cosas que yo ni sabía que guardaba en mi nevera, cada vez más rápido, usando los brazos como si fueran aspas de molino. ¿Fue Emma quien compró esas cosas con la esperanza de que aprendiera a cocinar? Pero ella vino hace un mes…—De la comida me encargo yo, así te pago el haberme ayudado antes —Dijo con un montón de cosas en la encimera. Me quedé mirándolo fijamente, aun con la boca abierta y cuando reaccioné, solo sonreí de medio lado.Voy a ignorar que va a pagarme con mi propia comida.—¿Sabes cocinar? —Me crucé de brazos.—Puedo defenderme en el arte culinario —Respondió encogiéndose de hombros. Durante un breve momento nuestras miradas se cruzaron, pero él se apresuró a desviar la vista hacia un lado, y sin decir nada más empezó a maniobrar con el montón de comida.Se había puesto rojo, ¿Se había sonrojado de verdad? ¿Por qué se habrá puesto rojo? ¿O yo estoy viendo mal porque la fiebre se contagió? No, más bien la pregunta es: ¿Por qué estamos hablando sin pelear? Hacía muchos años que eso no ocurre, ya había dejado de esperar que volviera a ocurrir. Nunca creí que algo cambiaría en un lunes cualquiera, sin motivo aparente, solo porque sí. Me toqué la cara, estaba ardiendo, ¡No quiero pensar que me sonrroje también! Lo miré y luego el montón de comida, después volví a mirar al presidente.Esta situación no es normal, casi hubiera preferido que alguien saliera con una cámara oculta y gritara: ¡Inocente! Pero como nadie lo hizo, lógicamente, decidí volver a hablar:—¿Te encuentras mejor? —Pregunté con voz ronca.¿No había otra pregunta? ¿Alguna que no demostrara interés en su malestar?—Si —Murmuró dejando el quehacer y volviendo a mirarme. Al final esbozó una sonrisa leve —Mucho en realidad.Otro silencio. Otra vez mirándonos. Y de nuevo sintiéndome tan raro como me había sentido en el dormitorio, otra vez esa sensación rara, otra vez esa punzada a la altura del pecho.Esto es incómodo. Necesito salir de aquí.—Bueno, te esperaré en el salón entonces —Terminé soltando tras carraspear un poco. Me sentía incapaz de seguir allí un segundo más —Espero que me sorprendas con tu comida.Fue lo último que dije antes antes de alejarme a grandes zancadas. Una vez en el salón, me dejé caer en el sofá y me llevé una mano a la frente, continuaba caliente, solo faltaba que se me pegara la fiebre, sería perfecto para cerrar el día con broche de oro.Aunque no era tan malo, no solo porque tendría excusa para faltar a clases sino que podía usar esta consecuencia como una excusa por actuar tan raro, perfecto para que mañana pueda volver a molestarlo como de costumbre porque, aquel juego tan raro que habíamos empezado de “llevarnos bien” no me daba pistas sobre cómo reaccionar. ¿Desde cuándo yo necesitaba una excusa para molestarlo como de costumbre? Y además, ¿No había decidido antes que en cuanto se despertara se largaría de mi casa? Pues no, resulta que había acabado en mi cocina preparando la comida, sucedió tan natural que no pude detenerlo. Solo me faltaba ver entrar a Draken con un vestido por la puerta o Rindō con una mochila volviendo a declarar una huelga contra su hermano.Miré de reojo la cocina, por un momento me pregunté si nuestra relación seria así de natural si las cosas no estuvieran tan mal entre nosotros.
[Takemichi] - Casa de Manjirō
Era realmente una suerte que yo tuviera tanta experiencia en la cocina: De ese modo, podía dejar que mis manos se ocuparan por costumbre de todo el trabajo y yo, mientras tanto, me dedicaría a analizar la situación: Me había despertado enfermo, fui a clases a pesar de todas las banderas rojas, me desmayé en medio de una clase, de entre todos mis compañeros el que acabó por ayudarme era con el que peor me llevaba de todos, me ofreció su casa para descansar, yo me había dejado llevar y acabé por saltarme todas las clases restantes, un perro enorme acabo lamiendo mi cara, me quedé dormido escuchando The Offspring que es una banda punk, al despertarme y bajar las escaleras había entablado una conversación de lo más normal con esa misma persona que me declaró la guerra hace años, hablamos sin peleas, gritos, insultos ni malas caras y para acabar estoy preparando la comida.¿Algo de todo eso tenía sentido? Nada. Nada en absoluto. Lo más extraño es que de entre todo aquello que había pasado, solo una cosa resaltaba en mi cabeza: La forma en la que Manjirō me había mirado, igual que aquella mañana en clase cuando se dio cuenta de mi malestar, ya iban dos veces que me miraba de aquel modo y también fueron dos las veces en las que me había sentido incapaz de sostenerle la mirada.¿Por qué? ¿Me intimidaba? No me sentía intimidado, entonces, ¿Qué era y por qué me ardía la cara? Desperté sintiéndome mucho mejor, ya no siento mareos y estoy seguro de que la fiebre había bajado, suspiré mirando el reloj con forma de manzana colgado junto a las especias. No debía dejar que corriera la hora en la que normalmente llego a casa. Hoy hice una excepción demasiado peligrosa, me había dejado llevar por lo cansado que me encontraba, pero eso no puede volver a ocurrir. No era propio de mi saltarme las clases de esta forma y menos dejar el trabajo a medias, además, aquello podría traerme muchos problemas si los profesores decidían llamar a mis padres por cualquier motivo, así que más me valía ser precavido.Voy a terminar de cocinar, comeré algo y me voy a casa. Con este pensamiento en mente terminé de preparar la comida.Al final había optado por hacer fideos con trozos de carne y una ensalada simple de lechuga y tomate. Realmente, tampoco es que hubiera tenido mucho donde elegir porque Manjirō tenía una nevera que daba pena, para vivir por su cuenta es un desastre con piernas. Con un suspiro de resignación tomé los platos y me dirigí hacia el salón. Al situarlos sobre la mesa me fijé en que Manjirō había encendido la televisión y pasaba de un canal a otro tan deprisa que apenas daba tiempo a ver nada.—Que gran capacidad para ver todos esos programas a la vez —Dije sentándome en una de las sillas.—Muy gracioso, lo que pasa es que no hay nada bueno —Murmuró caminando hacia la mesa todavía con el control remoto en la mano, continuaba pasando canales mientras agarraba el tenedor para comer —Cada día hacen programas más estúpi… ¡Vaya! Sí sabes cocinar.Se quedó mirando la comida con la boca abierta y yo no pude menos que sonreír. Realmente, aquello había sido más de lo que me decían la mayoría de las veces que preparaba algo en casa.—Si dejas un canal cinco segundos, a lo mejor descubres si el programa es interesante o no —Respondí enarcando las cejas y hablando muy despacio, como quien le explica algo a un niño pequeño.—A ver, niño listo, elige un canal —Bufó poniendo el control delante de mis ojos, luego se sentó en la otra silla y empezó a comer con el ceño fruncido. Qué carácter.Lo miré un momento con las cejas arqueadas, sorprendido por su reacción, y sin decir nada fui a la sección de aplicaciones eligiendo la de Netflix, abrí la cuenta ignorando por completo los perfiles en la tele, reconocí a quién pertenecía cada uno: Best Big Brother no era otro que Shinichirō Sano, el mayor de los hermanos, Queen debía ser Emma, la única mujer, Prince of Heaven de seguro era Izana Kurokawa, recuerdo que era más grande y siempre actuaba como si fuera un ser todopoderoso, y Head of House debía ser Manjirō por descarte. Fuí a una de las series que estaba viendo que hablaba sobre asesinos seriales.Realmente soy más de leer novelas de ese género que de ver películas, normalmente no me permiten ver televisión porque según mi padre es tiempo perdido que puedo dedicar a otras cosas, como por ejemplo, estudiar. Eso no evitaba que viera algunas series de vez en cuando durante la noche en las pocas ocasiones que tenía tiempo.—¿Esto te gusta? ¿Ver gente siendo desgarrada por el cuello mientras estamos estás comiendo? Que morbo —Dijo Manjirō antes de seguir devorando los fideos, como continuaba hablando mientras comía iba por terminar atragantándose.No me molesté en responder. Sabía que pocas personas compartían mi gusto por estos programas, algunos lo considerarían morbosos, y mucho más Manjirō, cuyas aficiones difieren de las mías absolutamente en todo, o al menos eso creí hasta este momento porque igual que había empezado diciendo que era un morbo, a menos de los ocho minutos empezó a mostrar interés y terminó enganchado a la serie. Se quedó más de una vez con la boca abierta mirando la pantalla y cuando escuchaba al historiador narrando lo que sucedía como si fuera una serie en lugar de un caso policial, Manjirō empezaba a protestar y a pelearse con la televisión. Ignoraba por completo que la situación del pasado y la actual no era lo igual, antes no había forma de hacer exámenes de ADN o notar la ausencia de las minorías sociales como gente de piel oscura, homosexuales o extranjeros.Hasta el perro bajó corriendo las escaleras, probablemente asustado por los gritos de su dueño. Sin saber cómo, terminamos de comer y acabamos sentados en el sofá frente al televisor porque Manjirō se empeñó en ver el final, a pesar de que le dije que es un caso resuelto y podía buscar el desenlace en wikipedia.Cuando me ofrecí a recoger la mesa mientras él disfrutaba del cine me agarró de la camisa y me sentó en el sofá sin decir ni una sola palabra, como ya conocía la historia oficial, me hacía preguntas sobre lo que sucedió antes y le respondí para ponerlo en contexto. Por eso estuvimos un rato más los tres, sí, los tres porque el perro se había unido, mirando la serie.Al final acabó la historia y en la sección de recomendaciones apareció un caso similar. También vimos el primer capítulo, luego otro más, se me fue el santo al cielo y me olvidé de todo, hasta de la hora.Lo estaba pasando tan bien, realmente bien. No recordaba la última vez que pasé una tarde tan entretenida. Durante un descanso, Manjirō desapareció amenazando con que no me moviera, yo permanecí quieto con el perro sobre mis piernas y él volvió con un recipiente repleto de comida dulce de diferentes colores. Cuando le dije que no me gustaba ese tipo de golosinas porque eran malas para los dientes se limitó a mirarme raro y se abrazó al recipiente, un poco feliz de tener todo para él.De vez en cuando, le daba algo al perro alguna golosina de perro —quiero creer que es para perros —y continuaba atento a la televisión. Cuando finalmente acabó el tercer capítulo de la serie, ya era bastante tarde. Hace un buen rato que había dejado de preguntarme el sentido de esta situación. Simplemente me había dejado llevar y disfrutado como nunca. La oscuridad empezaba a hacerse presente en el cielo a través de las ventanas, apenas me fijé en ello, lo que sí noté era que tenía las piernas entumecidas. Predecible teniendo en cuenta que llevaba horas sentado en el sofá sin moverme.Me levanté un rato y aproveché para recoger un poco la mesa y los envoltorios de dulces que había tirados por el suelo. El desorden era superior a mí, había desarrollado un TOC contra el que no podía luchar.—Deja eso —Dijo Manjirō acostándose en el sofá. Había aprovechado que me levanté para estirarse a lo largo, algo me dice que estaba esperando por ese momento.—Esto es un desastre, Manjirō.—¿Y? Es mi desastre y me gusta como está. —Bueno, pues cuando me vaya, puedes hacer un desastre otra vez.Manjirō se removió murmurando algo que sonó parecido a “tonto” y al final se levantó aceptando recoger lo que había tirado, solo el perro siguió tumbado, mirándonos con la lengua fuera.Cuando terminamos, había oscurecido por completo, fue necesario encender la luz, ya que apenas se veía algo y distinguimos nuestros cuerpos por la luz de la televisión. Con las luces encendidas por fin pude salir de aquella extraña ilusión en la que me había envuelto la tarde sin darme cuenta. En aquel momento me percaté de la hora y del lío en el que seguramente me había metido. —Tengo que irme —Murmuré distraído mirando por la ventana .—¿Ya? Y yo que tenía la ilusión de que también me hicieras la cena —Se burló Manjirō con una media sonrisa.—Para cenar te preparas el pan estirado, noté que te quedaste con las ganas —Repliqué sonriendo también, pero sin mirarle. ¿Por qué me costaba tanto mirarle a la cara?Me acerqué al pie de las escaleras y recogí mi mochila. Luego me acerqué a la puerta para salir, Manjirō me siguió arrastrando los pies, una vez fuera me volví hacia él.—Bueno —Murmuré pasando mi peso de un pie a otro. De repente volvía a estar nervioso, cuando estuve toda la tarde tranquilo y relajado —Nos veremos mañana, supongo —Volví a apartar la mirada. ¿Por qué siempre tengo que esquivarlo? —Y gracias, otra vez, por lo de esta mañana.Preferí obviar el hecho de que me había pasado toda la tarde en su casa, viendo series de mi género favorito, como si aquello fuese lo más normal entre Manjirō y yo. Sentí que si lo mencionaba, ocurriría algo que lo cambiaría todo. Sin embargo, ¿No había cambiado algo ya? ¿Algo entre nosotros? Cinco horas exactas estando juntos y sin una pelea cuando hasta ayer mismo, en apenas cinco minutos, nos habíamos dicho de todo por lo menos quince veces. Estaba claro que algo había cambiado, solo que no sé en qué momento ni por qué y, lo más importante, ¿Qué sigue ahora? ¿Cómo debemos tomarnos este día? ¿Era posible que en tan solo una tarde Manjirō y yo hubiéramos superado nuestras diferencias? ¿Qué ocurrirá mañana cuando nos encontremos en clases? ¿Podremos hablar normalmente como hicimos hoy? ¿Lo que acabábamos de empezar avanzaría hasta convertirse en algo parecido a una amistad de nuevo o por el contrario volveríamos a lo de siempre, y lo más amable que haríamos el uno por el otro sería no mirarnos? De repente, esa idea me dio miedo. ¿Y si lo de este tarde solo había sido un paréntesis en nuestra relación? ¿Un, “vamos a jugar a llevarnos bien, al menos por un día” y mañana todo volverá a ser como siempre entre nosotros?Eran demasiadas preguntas y muy pocas respuestas. Sin embargo, en aquel momento solo necesitaba saber una cosa: ¿Que pasaría a partir de aquel instante entre Manjirō y yo? Y fue ese miedo que sentí a que todo lo que había ocurrido hoy se perdiera o se olvidara, el que precisamente me respondió una pregunta importante. No la que más ansiaba saber, pero sí una que, probablemente, era el núcleo de todo. ¿Algo había cambiado? Sí. ¿Por qué? Porque de repente, en aquel momento, en aquel lugar, yo ya no quería llevarme mal con Manjirō y fingir que nunca hubo malentendidos entre nosotros, deseaba continuar como si tuviéramos una amistad de la infancia normal. Yo ya no quería más días dedicados a hacernos la vida imposible, no me era indiferente que me odiara, quizás nunca lo fue y no quería que me odiara. Me daba miedo que llegara mañana y descubrir que aún me odiaba. Algo ha cambiado. Algo dentro de mí. Pero, ¿Y en él? ¿Habría cambiado algo también en él?Quise preguntárselo, ¿Por qué no? Le había hablado con total confianza hace diez minutos, ¿Por qué no hacerle una simple pregunta antes de marcharme? Pero le miré a los ojos y supe que no podía hacerlo.Sin embargo, ocurrió algo, por primera vez en todo el día o quizás en años, fui capaz de sostenerle la mirada. Él también me miró. Se había cruzado de brazos y estaba apoyado en la puerta, su mirada no era seria como la de aquella mañana, ni desconcertante, como la del medio día… no, era una mirada normal, sin nada escondido detrás y parecía tranquilo. El pelo rubio continuaba brillando debido a las farolas en la calle y en aquel momento no pude evitar notar que, por segunda vez en el mismo día, acudiera a mi mente el recuerdo de un parque infantil en el que una tarde cualquiera de verano había estado pasando el rato con el mismo chico que ahora tengo delante hasta que la noche hubiera caído. Igual que hoy. Acabábamos de hacer lo mismo que cuando éramos niños.Suspiré. Realmente, me costaba marcharme después de las extrañas circunstancias que habían ocurrido, pero yo ya no soy el niño de mis recuerdos que no pensaba en las consecuencias de sus decisiones, tengo que marcharme o el lío en el que de seguro me había metido se volvería mucho más grave.—Adiós, Mikey —Dije, soltando de manera inconsciente su apodo, antes de girarme y comenzar a caminar calle abajo.—Adiós… —Oí que murmuraba algo más y sentí el impulso de dar media vuelta, que locura, lo mejor era correr y volver a casa. Con este pensamiento en mente, eché a correr.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
—Adiós… —Murmuré mientras observaba como el presidente empezaba a correr. Por un momento me pareció que quería decirme algo, al final, solo se había despedido. Me había pasado lo mismo esta mañana, justo antes de darle las llaves de casa, creí que estaba a punto de contarme algo y al final dio esa excusa para justificar el motivo de su presencia en clases a pesar de estar enfermo y ahora yo vuelvo a pensar lo mismo. Está claro que no aprendo. Suspiré y descrucé los brazos esperando a que su figura se perdiera en la oscuridad de la noche. Solo entonces terminé la frase —Adiós, Takemitchy. 
[Rindō] - Departamento de los Haitani
La noche parecía cálida y sin brisa. La mayoría de las tiendas habían cerrado y Ran hace rato que hizo lo mismo, con Yuzuha decidimos ayudarlo a recoger algunas cosas y llevarlas al departamento para terminar los pedidos que le faltan.Me acerqué a la ventana y mi vista se dirigió al cielo oscurecido, la luz de la ciudad no permitía que el esplendor de las estrellas fuera claro. Algunas estrellas tintineaban, pero no eran demasiado visibles debido a la luz de las farolas. Hay veces donde quiero tomar todas mis cosas e irme al campo, disfrutar de lo despejado que se presentaba el cielo por las noches, facilitando la observación de estrellas y vivir en completa paz, sin demonios que vengan a visitarme cada noche en forma de sueños. Siempre me ha cautivado un ambiente de paz, contrario a la actitud que muestro ante todos y el placer que parezco sentir cuando voy a fiestas, pero son estas noches tranquilas las que me inspiraban en mis canciones. Incómodo conmigo mismo, introduje mi mano en el bolsillo del pantalón y saqué el teléfono. Decidí intentarlo una última vez, aunque algo me dice que es inútil.—¿Sigue Mikey sin atender tus llamadas? —La amable voz de Yuzuha me hizo alzar la cabeza.—Parece que sí —Confirmé al no obtener respuesta una vez más. —¿Dijo que vendría?—Eso le dijo a Draken.—Bueno, no te preocupes —Sonrió antes de girar y hacerle una seña para ir a la cocina donde Ran y Draken parecían estar luchando con las instrucciones del arroz, debatiendo si era del tipo que debía estar cierto tiempo en agua caliente o el que se convertía en una masa espesa si lo dejaba ucho tiempo —Quizás ha tenido algún problema, o simplemente se ha quedado dormido, ya lo conoces. Mañana tendrá una nueva excusa.La ví correr hasta saltar sobre la espalda de su novio, guardé el teléfono sin apartar la mirada de mis amigos y hermano.—Ese es el problema, lo conozco —Murmuré para mí mismo.Después introduje mis manos en los bolsillos y me dirigí hacia ellos, sacándoles el paquete de arroz  anunciando que yo iba a cocinar. Si fuera por Ran, me alimentaba con comida chatarra como cuando éramos niños, Yuzuha ha vivido toda su vida bajo el exhaustivo cuidado de su hermano mayor y Draken… él directamente no sabe cocinar más que lo mínimo y necesario.Si no soy yo el que cocina, nunca vamos a cenar.
[Takemichi] - Calle
Durante todo el camino fui generando una historia en mi cabeza que justificara mi retraso argumentando que el papeleo del consejo fue demasiado para una tarde porque debí ver formularios de estudiantes nuevos que venían de intercambio. No se me ocurría otra cosa mejor, además, ciertamente era lo más creíble ya que en otras ocasiones ha sucedido de verdad.Claro que esta es la primera vez que se me hizo de noche antes de volver a casa, pero debo confiar en que todo salga bien, normalmente no me hacían muchas preguntas y no hay razón por la que esta vez fuera diferente.Si, tiene que salir bien. Me repetí esto a mí mismo varias veces frente a la puerta de casa. Estaba nervioso, era innegable.Sin embargo, gracias a lo mucho que disfruté esta tarde mi cuerpo ha generado en mí un renovado optimismo que me hizo tomar las fuerzas necesarias para entrar. No había nadie en el vestíbulo.—¿Hola? —Pregunté en voz alta esperando oír algún indicio que me hiciera saber dónde se encontraban mis padres —Ya he vuelto.Con cada paso que me dirigía al salón sentí que caminaba a la horca, dejé la mochila en el suelo y ahí estaban los dos sentados en el sofá. —Takemichi —Susurró mi madre girando su rostro hacia mí. Estaba muy seria, sus ojos decaídos denotaban cansancio y fragilidad, algo en su postura se sintió como una advertencia, la señal para saber qué debía ir con cuidado. Me bastó mirarla para comprender que algo marchaba mal. Muy mal.—¿Por qué llegas a esta hora? —La gélida voz de mi padre me hizo estremecerme de arriba abajo. Lo miré. Nada, ningún sentimiento, como siempre. No hay expresión en su rostro.—Y-Yo… tuve que hacer algunas cosas con el consejo estudiantil —Murmuré con la voz trabada. Apenas terminé de pronunciar esas palabras ví a mi padre levantarse del sofá de forma brusca y di un paso atrás.Vi a mi madre ahogando un sollozo entre sus manos. Lo sabía, era una señal, la postura de mi madre era una advertencia.—Eres el primero en llegar a clases, apareces a esta hora y, para acabar el día, mientes. Ya sabes lo que conlleva esto, ¿Verdad, Takemichi?Sí, lo sabía, pero no fui capaz de responder. En su lugar di otro paso atrás. Sentía la garganta totalmente seca y nuevos escalofríos recorrían mi cuerpo en toda su totalidad.—A tu habitación —Añadió mi padre.Quise protestar. Gritar. Tal vez desafiarlo y salir corriendo, pero no hice nada.Antes de dar media vuelta le dirigí una mirada suplicante a mi madre, pero tampoco ella hizo nada salvo agachar la cabeza con los hombros temblorosos, luciendo tan frágil como siempre. Subí las escaleras igual que las había bajado aquella mañana: Temblando, solo que esta vez fue por motivos diferentes. Escuchaba con toda claridad los pasos de mi padre detrás de mí y antes de entrar en mi habitación, vi a Kazutora en el fondo del pasillo con unos enormes audífonos cubriendo sus orejas, tenía los bordes de sus ojos rojos como si hubiera llorado, cualquier signo de humanidad fue reemplazado por la orden de nuestro padre de volver a su habitación y no salir.Ya no hay nada que pueda decir, solo queda apretar los dientes e imaginar que estaba en otro lugar, con otras personas, lejos de toda la violencia, así el dolor iba a ser soportable.

----- CHAPTER BREAK -----

[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freihei
—Ya se los expliqué, apenas me tire en el sofá no pude evitar quedarme dormido, lo siento.—¿No oíste ninguna de las llamadas? —Preguntó Rindō con desconfianza.—Se me agotó la batería. Draken, Rindō y yo estábamos en la azotea de la escuela. Era temprano, todavía no empezaron las clases, había tan buen tiempo que estaba empezando a dudar seriamente si aparecer por el aula o no.—De acuerdo —Aceptó Rindō cruzando los brazos sobre la barandilla —Me extrañó que te perdieras una juntada, es todo.—No sé por qué, ya sabes que nunca me niego a una buena siesta —Repliqué mientras lo imitaba. Desde aquí arriba podemos ver cómo iban llegando cada uno de los alumnos.—Pero vienes siempre porque no sabes cocinar y en casa de Haitani siempre tendrás comida —Las acusaciones de Draken entraron por un oído y salieron por otro.—He escrito algo nuevo —Bendito Rindō que sabe cuándo cambiar de tema —Te lo enseñaré durante el descanso.Asentí en silencio. Estaba concentrado mirando hacia abajo.—Porque imaginamos que con este buen tiempo no aparecerás por clase.—Adoro que me conozcan tan bien —Confirmé encendiendo un cigarro y mirando la hora en mi teléfono, en el fondo se apreciaba una fotografía con mis tres hermanos en la última reunión familiar, sin nuestros padres, obviamente.Faltaban minutos para la primera clase y Takemichi no había aparecido, espero que su resfriado no haya escalado a una gripe. No sé por qué decidí no contarle a mis amigos lo que sucedió el día anterior, quizás porque pensándolo con lógica, no hay problema alguno en ser honesto en lugar de ocultarme tras una mentira blanca, ellos son mis amigos y están para escucharme, pero no dije nada. Al final evité el tema.Siendo sinceros, ayer se me cruzaron los cables de la cabeza cuando decidí pasar toda la tarde con Takemichi, me había quedado enganchado al televisor de una forma que pocas veces ocurre, no soy un fanático de los programas. Claro que lo raro no era eso, sino que no me había enganchado a cualquier programa, sino a una serie de asesinos seriales con toda clase de parafilias sexuales nada dignas de rememorar, mejor dicho, me enganche a más de seis capítulos de documental. Sí, seis capítulos me había tragado con la boca abierta mientras comentaba con Takemichi lo que pasaba y me quejaba del sistema por no hacer nada para evitar que haya más víctimas.No es que no se lo quería contar a Draken y a Rindo, era que… ¿Cómo cuentas algo así sin parecer tonto? Además, probablemente ni se lo hubieran creído y con toda razón. Estaba por darle la primera calada al cigarro cuando de repente este me desapareció de las manos. —¿Pero qué? —Me quejé justo a tiempo para ver cómo Draken lo retorcía entre sus dedos y lo pisaba —¿Sabes que son caros?—Si te preocupa tu caudal económico, no los compres y mejor vuelve a tu adicción de Coca-Cola —Respondió con la mayor tranquilidad mientras volvía a acomodarse. —Oigan, ¿Notaron que Hanagaki todavía no ha llegado? —No pude ocultar mi interés ante la pregunta de Rindō, me hizo levantar la cabeza con brusquedad para mirarle fijamente. De pronto y sin venir a cuento ya me encontraba nervioso otra vez.—¿Y por qué tendría que fijarme en algo así? —Bufé de mal humor mientras fruncía el ceño —No somos amigos y no me preocupo por lo que hace, donde está o si viene a molestarme.Me sorprendí de mi propia reacción, pero sinceramente no pude reprimir el impulso por defenderme ante acusaciones inexistentes, Draken y Rindō me miraban como quien mira a un loco. Eso solo me hizo sentir peor, me daba rabia admitir que en realidad eso era en lo que yo también estaba pensando, en que Takemichi no había llegado.¿Y si estaba peor? Rayos, hace una semana a mi no me importaba cómo estaba o dejaba de estar. ¿Qué pasa conmigo? ¿Cinco capítulos de asesinos seriales, una comida casera y algunas risas lo habían cambiado todo de repente?—Solo era un comentario —Dijo Rindō mientras se encogía de hombros con indiferencia y Draken volvía enviar mensajes con su teléfono, de seguro a Emma.¿Ellos nunca se alteraban? Yo estoy de los nervios casi todos los días.Ahora tengo más claro que nunca que al menos en unas cuantas horas no me verán el pelo por la clase, necesito un poco de tranquilidad, si es que aquello era posible. Estaba por confirmarle a los chicos mi decisión de faltar a clases cuando, de repente y por el rabillo del ojo, alcancé a ver como el presidente estudiantil ingresaba a la preparatoria por la entrada principal, junto al imbécil de su hermano. No pude evitar suspirar de alivio. Al menos esto descarta la teoría de que se hubiera puesto peor o acabara desmayado a mitad de la calle.Me quedé mirándole fijamente cruzando el patio para entrar al edificio cuando de pronto, estando a medio camino, detuvo su andar y levantó la cabeza hasta enfocar sus ojos en los míos. Me recorrió un escalofrío de arriba abajo.¿Cómo había notado que estoy en la azotea? Y lo más importante, ¿Qué hago yo ahora? Lo normal hubiera sido gritarle algún comentario hiriente que denigrara su elección de camisa blanca para venir a clases, arrojarle una bola de papel, un chicle masticado o, si estaba de muy buen humor, simplemente ignorarle, pero después de la tarde de ayer nada de eso me salió y  lo intenté. Traté de ponerle mala cara, traté de pensar en algo hiriente que decirle, incluso pensé en rebuscar por mis bolsillos a ver si encontraba algo para tirarle, sin embargo, no sentí el impulso de hacer cualquiera de esas cosas tan normales y en su lugar, lo único que terminé haciendo, fue esbozar una media sonrisa leve mientras le mantenía el contacto visual. ¿Por qué? ¿Por qué vuelvo a sonreírle? Ni idea, definitivamente me estoy volviendo loco.Entonces hizo algo que me dejó sin palabras, endureció la mirada y bajó la vista. Después hizo un movimiento suave con la cabeza mientras me giraba la cara, permaneció así un momento, mirando hacia otro lado con una expresión seria y siguió su camino con pasos lentos. Conforme él entraba por la puerta, mi sonrisa fue disminuyendo hasta terminar convirtiéndose en una mueca de enfado al tiempo que arqueaba las cejas con el ceño fruncido. ¿Y ahora qué le pasa?—No parece de buen humor —Dijo Rindō a mi lado. Lo ignoré.¿Se puede saber cuál era el jueguito de ese tonto? ¿Quién se creía que era para girarme la cara de esa forma? ¿Ya se le ha olvidado que fui el único que se había dignado a ayudarle cuando casi se desmaya por culpa de la fiebre e incluso le presté mi casa? ¿Tan fácil ha olvidado todo lo de ayer? ¿O es que yo había sido tan imbécil como para darle una importancia que no tenía?Pues claro, ¿Qué importancia iba a tener? ¡Qué tontería pensar que todo lo que nos ocurrió podría significar algo! Siempre yo soy el último en enterarse de las cosas, sucedió con mis padres y luego con mis hermanos, mi situación con Takemichi obviamente no sería diferente. Supongo que sigo siendo ingenuo, sigo con esta estúpida idea, que me vino a la cabeza anoche, de que algo podía haber cambiado solo porque pasamos una tarde sin pelear como cuando éramos niños tontos.Bien, genial, no hay ningún problema. Ahora sé lo que tengo que hacer si me queda algo de dignidad, seguir con mi vida y no pensar más en su existencia a menos que me lo cruce por los pasillos.Cuando eso suceda, debo dedicarme a molestarlo… a molestarlo como nunca. Así que realmente no sé a qué vino lo que hice a continuación.—Chicos, vamos a clase —Declaré agarrando a cada uno del brazo y llevándomelos a rastras, sin dejarle contestar o preguntar a qué venía mi cambio de decisión cuando supuestamente yo iba a saltarme todas las horas aquel día.Suerte que no lo hicieron, Draken solo se quejaba por interrumpir su conversación con Emma y Rindō respetaba mis momentos de impulsos, para detenerme cuando pasara a un límite peor, de cualquier manera, ¿Qué les hubiera contestado? ¿Qué necesitaba mirar el idiota del presidente a la cara y preguntarle si para él realmente no había cambiado nada luego de la tarde anterior? Esa hubiera sido la verdad, pero no, ni borracho admitiría algo así.Antes de que esas palabras salieran por mi boca tienen que matarme. 
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
Me encontraba sentado en mi escritorio, listo para la primera clase. Prácticamente, todos mis compañeros habían llegado y solo faltaba que el profesor entrara por la puerta para que diera comienzo la lección. Hoy vine directo al salón de clases, a pesar de que sabía que el trabajo en la sala del consejo empezaba a acumularse y debía revisar las propuestas de los alumnos para mejorar la vida estudiantil, esperaba tener tiempo de sobra durante el descanso para terminar los informes que Akkun me había dado ayer. No fui a la sala porque no deseaba verlo, no es que no me apeteciera ver a Akkun en concreto, solo no tenía ánimos de enfrentar a nadie y escuchar sus quejas, aceptando ayudarlos en algo o pasando mi tarea.Por desgracia, tal parece que cuanto más solo uno quiere estar, más rodeado me encontraba. Algunos compañeros se habían acercado a mi mesa para preguntar por mi malestar del día anterior, entre ellos, Yuzuha, Hinata, los gemelos, Angry y Smiley, y el propio Akkun. No es que normalmente hablara mucho con ninguno de ellos, exceptuando a Akkun no suelo hablar con nadie a menos que sea necesario o por algún tema en concreto, supongo que decidieron acercarse por cortesía o algo así. No me parezco en nada a los llamativos gemelos con sus cabellos coloridos, la hermosa Hinata que brillaba por su presencia y la cautivante Yuzuha que era bien conocida por su fuerte personalidad, también porque le dio una paliza a un chico de cursos superiores que molestaba a una amiga, los cuatro eran presencias muy llamativas que resplandecían en color, estilo y personalidad.A pesar de que mi yo interior les gritaba con todas mis fuerzas que se alejaran y me dejaran en paz, mi yo externo se limitó a responder sus preguntas con la mayor brevedad posible y esbozar una sonrisa automática a cada una de sus palabras. En realidad no los estoy oyendo, solo aparentaba que si con la esperanza que de pronto recordaran que tienen algo que hacer o simplemente se aburrieran de estar conmigo. Sin embargo, no fue hasta que el profesor Smith entró al aula que todos terminaron de alejarse para volver a sus pupitres.El profesor pidió silencio y procedió a comenzar con la lección cuando de pronto la puerta se abrió en un sonoro estruendo de par en par. La única persona capaz de hacer una entrada tan dramática era solo uno. En el umbral aparecieron Manjirō, quien jadeaba como si acabara de correr un maratón, Draken que estaba escribiendo algo en su teléfono a toda velocidad, a pesar de que esta siquiera era su clase, y Rindō, que no parecía muy seguro de saber donde se encontraba exactamente, se dejaba arrastrar por Manjirō.—Perdone señor Sevin, digo, profesor… como sea, vamos a fingir que lo dije bien y que todos me entendieron —Dijo Manjirō al cabo de un par de segundos parado junto a la puerta.A pesar de estar dirigiéndose al profesor, no lo miró ni una sola vez, es más, lo ignoró por completo. Sus ojos se habían enfocado en los míos en cuanto apareció por la puerta. Esta vez no me preocupé por sostenerle o no la mirada. Simplemente bajé la cabeza en un gesto automático y desvié mi vista hasta el libro que tenía delante.“—¿Por qué no te quedaste en la azotea o en el sótano como siempre?” Oí que el señor Smith los disculpaba por la tardanza, luego se oyeron los pasos de Rindō, lentos y tranquilos dirigiéndose al fondo del aula, Draken bloqueando su teléfono tratando de recordarle a su amigo que ya no eran compañeros de clases, ambos con una actitud que contrastaba con las zancadas de Manjirō que se escuchaban bastante apresuradas. Era increíble que fueran amigos, siendo como el agua, el vino y el aceite. Sentí que Manjirō se sentaba dejándose caer en un golpe seco a la mesa a mis espaldas, me limité a hundir mi nariz en el libro y contener la respiración, sin embargo, y a pesar de mis esfuerzos, no podía dejar de sentir su mirada clavada en mi nuca.La lección dio comienzo, pero en toda la hora no fui capaz de concentrarme ni un poco. Sabía de sobra que Manjirō continuaba mirándome y aquella circunstancia hacía que me fuese totalmente imposible estarme quieto o prestar algún tipo de atención a la clase. Además, si lo conocía bien, probablemente estaba matándome con la mirada y eso no era precisamente tranquilizador.Sinceramente, al llegar y verle en la azotea, mi primer impulso había sido devolverle la sonrisa que me había regalado, ¿Quién lo iba a decir? Manjirō sonriéndome, ya iban dos veces en menos de 24 horas, ¿Cómo debía interpretar aquello? ¿Estaba tratando de ser amable? No, qué tontería, eso era del todo imposible. Manjirō no sabe ser amable y menos conmigo, nunca se ha portado bien con nadie, excepto, tal vez, su hermana Emma que era la favorita de todos sus hermanos y sus dos amigos, parecía ser amable con Draken y Rindō. Sumido en mis propios pensamientos, fruncí el ceño ante esta nueva idea que se me había cruzado por la mente.De repente me sorprendí a mi mismo molesto y de mal humor, tenía unas inmensas ganas de que terminara la clase para poder levantarme y hacer algo más que estar allí sentado, fingiendo concentración y sintiéndome cada vez más nervioso ante la inminente mirada de Manjirō detrás de mí.No entiendo por qué me había puesto así de repente, pero realmente no tengo ánimos ni ganas de pensar en ello, no tenía fuerzas para pensar en nada. Apenas me quedaban energías para fingir que todo estaba bien, mis pocas fuerzas se drenaron después de lo que había ocurrido ayer al llegar a casa. Me removí un poco en mi asiento y miré el reloj con cierta ansiedad. La cabeza me daba vueltas y me obligaba a mí mismo a no pensar, pero tal parecía que mi mente había decidido actuar por cuenta propia, porque no hacía sino trabajar a toda velocidad haciendo que a cada segundo que pasaba me plantease preguntas, preguntas y más preguntas, a las cuales no tenía respuestas, simplemente no las tenía y nunca las tendría incluso si leyera todos los libros del mundo. Tampoco me apetecía buscarlas, era un poco aterrador lo que podría descubrir. Suspiré. En realidad, sí que tengo una respuesta, pero de algún modo me dolía pensar en ella.Esa respuesta era el motivo por el cual yo había decidido no devolverle la sonrisa a Manjirō en el último momento cuando nuestras miradas se cruzaron en la entrada, el por qué había terminado girando la cara en un gesto de lo más hosco y es por aquella razón que había decidido no tener ningún tipo de contacto con él; es más, ni siquiera estaba dispuesto a permitir una evolución de nuestra relación, un avance del odio a la tolerancia. No. No quería nada. Ayer en su casa, mirando series, viéndole comportarse como un niño y  riéndome por sus chistes tontos, había disfrutado como nunca. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que una tarde en mi vida mereció la pena ser vivida, hasta que me di cuenta de que olvidé algo muy importante: Olvidé que yo tengo prohibido pasarlo bien, que a mí no me permiten tener ese tipo de tardes en mi vida, había olvidado que yo no podía hablar con la gente que me rodeaba para algo más de lo imprescindible.La tarde anterior en casa de Manjirō fue un error que no puede volver a suceder. No. No debo olvidar que mi vida debía centrarse en el instituto y las obligaciones de casa. No puedo olvidar que dejarse llevar trae consecuencias y las consecuencias de esta ocasión fueron grandes. De hecho, tanto mi espalda como mis brazos eran testigos de ello. En definitiva, no voy olvidar quién soy yo realmente. O mejor dicho, quién debo ser. La clase finalizó al cabo de un rato. En cuanto el profesor lo autorizó, todos los alumnos comenzaron a levantarse y charlar entre ellos. Algunos optaron por dirigirse al pasillo, quizás para despejarse, otros salieron dispuestos a dirigirse a la siguiente clase, o quizás simplemente para saltarse la hora. Inmediatamente los imité: Realmente necesito salir de aquí. Me levanté en un gesto rápido y salí fuera del salón, lo más deprisa que pude, sin hablar con nadie e ignorando a las pocas personas que intentaron acercarse con alguna pregunta que de seguro tenía como objetivo obtener la tarea. Una vez en el pasillo, suspiré recostándome sobre la pared.Fue una hora horrible y Manjirō…—¿Vas a volver a ignorarme y salir corriendo? Porque ni pienses que voy a ir detrás de ti por todo el instituto —La voz de Manjirō me hizo girar la cabeza bruscamente a la derecha.Ahí estaba, con el ceño fruncido en una expresión de enfado y los puños apretados con fuerza, ¿De verdad me siguió? Oh, no, de vuelta la sensación de asfixia.—Nadie te ha pedido que lo hagas —Dije en tono cortante y dándole la espalda.Lo único que quiero es que se aleje, que no me busque, que no me hable, ¿Tan difícil era para él? ¿Tan aburrido estaba que tiene que dedicarse a incomodarme todo el tiempo? ¿De verdad no tenía otra cosa que hacer? De pronto sentí como agarraba mi camisa por detrás a la altura del hombro y realizaba un movimiento rápido de muñeca que me hizo volver a girarme hacia él hasta quedar frente a frente. Dio un paso adelante al tiempo que yo lo daba hacia atrás.—Esta es la última vez que me giras la cara —Declaró alzando la voz mientras endurecía aún más su gesto —¡Eso no se lo aguanto a nadie y menos a ti! ¿Quién te has creído?—¡Pues ignórame! ¡No es tan difícil, Manjirō, ni siquiera para tu diminuto cerebro! —Repliqué en su mismo tono apretando mi torso, mi corazón latía desbocado y necesitaba aferrarme a algo para no sufrir un ataque de pánico —Además, ni que fuera la primera vez que lo hago, no sé porque te sorprendes.—No, pero sí que es la primera vez después de lo que pasó ay-—¡Cállate! —Le corté en un grito desesperado mientras me dejaba llevar por un acto impotente y posaba mis manos en su pecho para, seguidamente, empujar con todas mis fuerzas hacia atrás. El golpe que produjo su espalda al chocar contra las taquillas no se hizo esperar. Inmediatamente miré mis manos, sorprendido a la vez que asustado por mi atrevimiento y el haber empleado la violencia, ahora mis palmas temblaban y las oculté tras mi espalda. Acto seguido enfoqué mis ojos en Manjirō.Me miraba. Me miraba de una forma que no me había mirado nunca, no es una mirada que recibí una vez hace muchls alos, cuando todo se arruinó entre nosotros. Por una breve milésima de segundo, temí que su puño se estampara en mi cara, pero al fijarme más detenidamente puede apreciar que tanto la furia como la ira habían desaparecido de su rostro. Ahora, su expresión solo reflejaba amargura, sus ojos estaban cargados de aflicción y desasosiego, eso solo empeoró la sensación de asfixia en mi cuerpo que se manifestaba en el tic en mis dedos que se retorcían. —Manjirō, yo… —Comencé a decir, pero callé al no encontrar las palabras adecuadas. Quería disculparme por haberle empujado y haber sido tan hosco, por hablarle de mala manera, aclararle que no era mi intención fingir que no había cambiado nada desde la tarde anterior y decirle que todo es mi culpa, nunca quise hacerle pagar la rabia que sentía contra el mundo. En ese instante deseé con todas mis fuerzas tener el valor suficiente como para pedirle una tregua y gritarle que por más que me empeñara en fingir lo contrario, yo sí quería que las cosas cambiaran entre nosotros, quería que lo de ayer no quedara en el olvido, quería más tardes a su lado olvidándonos de todo por la simple y sencilla razón de que aquello me había hecho más feliz que cualquier otra cosa en el mundo.Quise gritarle lo asustado que me encontraba, ese miedo atroz que sentía todo el tiempo, la ansiedad que corría mis huesos, quería explicarle que si me había comportado de ese modo… si había pretendido evitar más momentos futuros con él fue precisamente por el maldito miedo a no ser capaz de dejarlos ir y mi deseo de no querer involucrarlo en mis problemas.Yo no quiero pretender que podía borrarlo todo con solo quererlo, había funcionado la tarde anterior y volvimos a ser los amigos de la infancia normales que siempre debimos ser, ese pensamiento era bello, pero no puedo engañarme a mí mismo. Luché. Luché para que de mi boca saliera algún sonido en aquel momento, algo que resumiera todo lo que sentía en una mísera frase, sin embargo, no dije nada. Mis palabras se quebraron en un escalofriante silencio y había comenzado a lastimarme los dedos con mis uñas, lastimando los bordes o apretando disimuladamente los golpes en mis brazos para recordarme mi realidad. De hecho, en el pasillo reinaba el silencio, todo el mundo hizo a un lado lo que fuera que estuvieran haciendo para mirarnos a Manjirō y a mí. Al cabo de lo que parecieron horas pero que en realidad solo fueron un par de minutos, Manjirō sonrió.Aquello me dolió mucho más que si me hubiese gritado o dado un puñetazo. Esbozó una media sonrisa cargada de amargura y se removió un poco antes de hablar:—Bien, lo entiendo perfectamente —Dijo en voz baja, sin llegar a susurrar —A partir de ahora hablemos como si no hubiera pasado nada.Tras las últimas palabras de Manjirō, mi presencia en aquel lugar se hizo insoportable, me estaba quedando sin aire en un lugar público.En ese momento hubiera dado lo que fuera con tal de no seguir soportando esa mirada tan hiriente, con tal de no haber escuchado lo que dijo, con tal de que todos dejaran de mirarnos. No podía más. No podía seguir allí, era demasiado para soportar en tan pocos minutos, era superior a mis fuerzas. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, me removí y logré avanzar. Un paso, dos y tres fueron suficiente, a partir de ahí, fue fácil dar media vuelta y echar a correr.
[Rindō] - Preparatoria Ymir Freiheit
—El espectáculo ha terminado —Anunció Mikey tras carraspear un poco una vez que Hanagaki se fue corriendo.Una cantidad considerable de personas se habían reunido fuera del salón, Mikey lucía enojado a pesar de que intenta mantener una postura serena, si Draken no hubiera desaparecido para cumplir con su videollamada diaria con Emma, las cosas no habrían escalado tanto.Mikey pasó por mi lado, una leve negación con su cabeza fue suficiente señal para entender que necesitaba un momento a solas. Lo ví yendo a la azotea mientras conectaba sus audífonos inalámbricos al teléfono.Suspiré con preocupación.Las cosas estaban sucediendo mucho más rápido de lo que pude imaginar en un principio. Una vez que Mikey y Hanagaki se fueron en direcciones opuestas, el resto de los alumnos se dedicó a cuchichear un rato más. Entre todos ellos, distinguí a un chico de lentes y cabello castaño, que se dedicaba a entrevistar a todo el que veía para recaudar tanta información que le fuera posible y subirlo a la página escolar que en realidad era un tablero de chismes. Negué con la cabeza en señal de desaprobación, todavía no olvido que ese idiota publicó que Ran abandonó la escuela porque no teníamos dinero para la matrícula y tuvo que empezar a trabajar para cubrir los gastos, solo porque nuestros padres preferían utilizar el dinero en drogas y alcohol. Esto es una de las cosas que no puedo soportar de la escuela: La tendencia desenfrenada al chisme, el querer saber todo lo que pasa incluso cuando no tiene nada que ver con uno, estoy convencido de que la noticia del enfrentamiento entre Hanagaki y Mikey aparecerá en el muro de la página escolar.Esto dará mucho de qué hablar durante algunas semanas, la enemistad entre ambos debe ser el tema de conversación más público, una vez escuché qué incluso los profesores hablaban sobre ellos comparando su relación actual con sus primeros años escolares.—¿Viste todo eso? —La ansiosa voz de Yuzuha me sacó de mis cavilaciones.Siquiera me había percatado de que se situo justo a mi lado. Tenía una paleta roja en la boca y apoyaba el codo en mi hombro.—Sí, por supuesto —Le contesté.—Mikey y Hanagaki han tenido un percance y ahora todos quieren saber qué ha ocurrido, especialmente Yamagishi —Dijo para sí misma, de repente se separó con sus ojos brillando —¡¿Lo notaste Rin?! —¿Debería haber notado algo?—Cielos, Rin —Se quejó situándose con presura frente a mí y mirándome a los ojos mientras sonreía pícaramente —Me refiero a eso.—Oh —Comprendí, creo —Sí, lo he visto. Lo llevo viendo desde hace tiempo.—¿Desde hace tiempo? —Repitió Yuzuha acentuando su sonrisa. Acto seguido, me tomó de la mano y me guió a través de la multitud hasta situarnos en el hueco de las escaleras. Allí había menos gente y lo cierto es que la comunicación era más sencilla —¿Él no te ha dicho nada? Yuzuha tiene una mirada ansiosa. Realmente no comprendo por qué se encuentra tan emocionada.—Él ni siquiera lo sabe, Yuzuha —Murmuré —Lo que me sorprende es que te hayas dado cuenta, no sabía que fuera tan evidente.—Por favor, Rin. ¡Mikey lo lleva escrito en la frente! ¿Cómo no iba a darme cuenta?No respondí. Me apoyé en la barandilla de las escaleras y de repente sentí una oleada de inspiración. Busqué en mis bolsillos pero tal y como me temía, mi cuaderno de canciones no estaba allí y desafortunadamente tampoco recordaba dónde lo había dejado. Iba a pedirle ayuda a Yuzuha para buscarlo cuando volvió a hablar callando mis palabras.—Quién lo iba a decir, Mikey enamorado —Suspiró con los ojos brillantes. — Enamorado es una palabra demasiado grande, Yuzuha —Dije vaciando mis bolsillos y percatándome de que tampoco encontraba mi teléfono para usar la aplicación de notas.—Pero sabes que hay algo desde… siempre, ambos lo sabemos. Tú porque eres uno de sus mejores amigos y yo porque soy una chica con un excelente sexto sentido, y las chicas increíbles como yo sabemos ese tipo de cosas.Asentí ante su comentario dando por finalizada mi búsqueda, sin haber obtenido resultados.—El único que falta por saberlo es Mikey —Yuzuya sonrió. —Y Hanagaki.No conocemos todos los detalles de su historia, pero oímos mucho de Emma y Draken, ellos tienen una historia profunda que se remonta a cuando eran unos niños, incluso desde mucho antes de la ruptura de la familia Sano. Lástima que hay mucho rencor en medio de ellos y malentendidos que siquiera los ajenos al tema comprenden, por eso no podemos intervenir para ayudar, tenemos miedo de hacer o decir algo equivocado.Estuvimos allí un rato más, esperando por si Mikey bajaba de la azotea. Como no sucedió, sugerí volver a clase. No serviría de nada perdernos una lección más a pesar de todo lo que ha sucedido, alguien necesitaba tomar notas para pasarle más tarde.Yuzuha aceptó y volvimos al aula. Antes de entrar, se dirigió a mí una vez más: —¿Sabes? No estaría de más invitar a Hanagaki algún día a salir con nosotros. Es lindo —Ella apoyo su paleta sobre los labios con una sonrisa inocente —No le digas a Ran.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
Era toda una suerte que Rindō no me hubiera acompañado y que Draken justo estuviera en su videollamada diaria con Emma que vivía en Manila con Izana, se mudaron con la intención de darle una segunda oportunidad a su madre. Gracias a eso pude salir a fumar cuatros cigarros del tirón sin soportar regaños de ninguna clase ni comentarios absurdos donde iban a psicoanalizarme hasta por la posición de mis manos. Me había tirado en el suelo, con la espalda recargada en el muro y la vista perdida en el cielo. Llevaba allí un par de horas, y sinceramente, no tenía planes de levantarme, es casi seguro que me quedaré hasta el final de la mañana.No tengo ganas de nada. Takemichi drenó mis fuerzas, vaya que tiene talento.Mientras encendía el quinto cigarrillo escuché unos pasos lentos que se aproximaban escaleras arriba y suspiré con mal humor. ¿A qué imbécil se le ocurre venir a molestarme? Estaba por subir el volumen de mis audífonos para aislarme completamente del mundo y quién sea que esté subiendo las escaleras, cuando la puerta de la azotea empezó a abrirse y vi a Takemichi en el umbral, un resoplido molesto y me giré decidido a ignorarlo.¿Qué pasa ahora? ¿No podía aparecer otra persona? ¿Tenía que ser él? Oí como se acercaba arrastrando los pies hasta situarse a mi lado, y luego se arrodilló en el suelo, junto a mí.—¿Podemos hablar? —Susurró con la voz trabada.—No sé, ¿Podemos? Déjame pensarlo.—Manjirō.—No —Respondí de mala forma dándole una calada al cigarro.—Manjirō, lo siento, de verdad. Sé que tuve un comportamiento horrible. Te portaste muy bien conmigo ayer y yo ahora…—¿Ayer? —Repetí irónicamente en medio de una carcajada sarcástica —No sé de qué me estás hablando.El presidente suspiró con pesar y permaneció un momento en silencio.—Por favor, no hagas esto, ambos sabemos de lo que estoy hablando y no quiero hacer como si no hubiese pasado nada.—No hay quien te entienda —Repliqué levantándome del sueño y arrojando el cigarro a un lado mientras lo miraba con dureza para luego guardar mis audífonos en la pequeña caja. Alguna vez creí que yo era el único capaz de entenderlo y él a mi, las cosas ya no son como en el pasado —Primero quieres ignorar a Mikey, luego quieres empujar a Mikey, ahora quiero hablar con él de buenas maneras y decirle que ya no quieres ignorar nada. ¿Se puede saber qué buscas? —Solo sé que esto no… —Susurró Takemichi bajando la cabeza y lo miré. Realmente parecía que estaba hecho un auténtico lío, quizás era cierto que estaba arrepentido, aunque ya me daba igual.El daño estaba hecho.—Escucha —Dije cortando el silencio —Olvídalo, ¿Si? La culpa ha sido mía por pensar en estupideces y después creer en mis propias ideas, mejor lárgate, me estás alterando más que antes y los cigarrillos se me están acabando.—Manjirō, por favor —Musitó con la voz quebrada —No has tenido la culpa de nada,  yo era el que estaba enfadado y lo pagué contigo que no tenía nada que ver con mi problema. No estuvo bien haberte tratado como lo hice, además… —Lo miré en silencio, esperando que acabara la frase. ¿De verdad sería capaz? ¿De verdad iba a admitirlo? —Además, para mí sí cambió algo entre nosotros ayer y durante toda la noche me estuve preguntando si fue lo mismo para ti, no has pensado en ninguna “estupidez”, Mikey, solo pensaste en lo que de verdad sucedió, fui yo el que ha querido negarlo y no me salió bien.—Bien —Le corté —Todo está bien, de verdad. La situación se me estaba saliendo de las manos y no quería verme de repente metido en una escena cursi y sentimental. Me froté los ojos un momento tratando de enfocar mejor la mirada en Takemichi, tantas horas mirando el sol era malo, él me miraba con las cejas arqueadas.Sentía mis ojos picando por el sol, no porque estaba un poco emocionado de escuchar mi apodo de su boca.—Es el sol —Dije como explicación a mis ojos y volví a recostarme. Permanecimos un rato en silencio. Takemichi se había recostado a mi lado y miraba al cielo con la mirada perdida. Me hubiera gustado preguntarle el por qué quiso negarlo y porque admitió que lo había hecho, porque no me ha dado una verdadera explicación.Abrí la boca para preguntárselo, pero finalmente fueron otras las palabras que salieron de mi boca:—¿Y qué quieres hacer ahora? —Susurré pasados un par de minutos. El presidente sonrió débilmente antes de responder. —Quiero que me vuelvas a invitar a tu casa —Dijo con una pequeña sonrisa y yo lo miré un momento con la boca abierta, no pude evitar que la risa fluyera. Él también empezó a reír y al final nos costó bastante rato dejar de hacerlo. Aquello era de locos, definitivamente. Cuando logramos tranquilizarnos ya había pasado un rato. Por primera vez en todo el día, me sentía tranquilo y relajado, me sentí bien, me sentí… igual que cuando era un niño. No. Mejor que cuando era un niño que vivía rodeado de mentiras, traiciones, infidelidades y rencor. Esto era real y sincero.—Deberíamos volver a clases —Sugirió Takemichi al cabo de un rato mientras se incorporaba y quedaba sentado frente a mí. Lo miré fijamente, esta vez llevaba una camisa celeste y una corbata blanca, su cabello negro cubría parte de sus ojos. Otra vez esa maldita punzada a la altura del pecho. ¿Qué me estaba pasando? Era la misma sensación tan rara que había tenido ayer al verle dormido, otra vez se veía…  se veía demasiado tierno para ser él, quizás Draken tiene razón y necesito hablar de mis asuntos con alguien profesional o acabaría por volverme completamente loco. Takemichi me miraba esbozando una media sonrisa bastante adorable, una que no iba en un chico a menos que fuera un niño. Aquello fue la gota que colmó el vaso. Sin poder resistir el impulso, alcé la mano y pasé el dorso de mis dedos por su cara, acariciándole muy despacio.Takemichi abrió mucho los ojos y me miró sorprendido. Por un momento pareció que iba a decir algo, al final no dijo nada. Tragó saliva y se echó hacia adelante, quedando a gatas sobre el suelo.Seguí acariciándole con la otra mano, agarré esa corbata tan ridícula que llevaba puesta y tiré de ella ligeramente, él avanzó despacio dejándose llevar hasta quedar apoyado sobre mí. Su respiración se oía acelerada y yo sentía que el pecho me iba a estallar, esa punzada no disminuía sino que aumentaba cuanto más le acariciaba, cada vez estaba más cerca, y lo peor de todo es que a medida que dicho pinchazo incrementaba, más quería yo sentir su cercanía. Me incliné hacia él muy despacio sintiendo que me volvía loco del todo.Takemichi estaba muy cerca.

----- CHAPTER BREAK -----

[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
Había cerrado los ojos dejándome llevar tanto por las caricias del viento como por las manos de Manjirō. No podía verlo, pero notaba su respiración a escasos centímetros de mi cara y se oía agitada, quizás un poco nerviosa, produciendo un sonido que no hacía nada más que estremecer mi cuerpo una y otra vez. Siquiera me di cuenta de que acabé avanzando hasta apoyarme en mis rodillas, inclinándome hacia delante, hacia él.No tengo la menor idea de lo que estamos haciendo y mucho menos de por qué, sin embargo, no me importó en lo absoluto. Sus manos me acariciaban muy despacio y se sentía bien, se sentían… como pasos acompañados de voces.El sonido de esta abriéndose fue como caer en picado desde una gran altura, no tardamos ni una milésima de segundo en reaccionar. Como un resorte, abrí los ojos saliendo del trance y rodé sobre mí mismo hacia a un lado hasta quedar sentado en el suelo junto a Manjirō. Lo miré un segundo antes de que la puerta terminara de abrirse en un sonoro chirrido, mantuve la mirada perdida en el cielo y los puños apretados a ambos lados de mi cuerpo. Manjirō todavía se oía jadeante cuando la puerta se abrió, Draken, Rindō y Yuzuha se adentraron en la azotea.Fue una verdadera suerte que hubieran decidido acercarse haciendo tanto ruido, de lo contrario lo habrían visto todo, Manjirō me miró un momento y asintió ligeramente. En aquel instante, sin saber cómo exactamente, supe que estaba pensando lo mismo que yo y también supe que ambos estábamos haciéndonos la misma pregunta: ¿Qué acaba de pasar? —Así que sigues aquí —Dijo Draken dirigiéndose a Manjirō mientras se acercaba a pasos lentos. Rindō lo seguía con la mirada perdida y con Yuzuha colgada de su brazo —¿Piensas dejar que te vean la cara en alguna clase?—No me ofendas, fui a la primera —Respondió Manjirō en un gesto irónico hablando como si tal cosa fuera digno de presumir. Él es increíble, se comportaba con la misma tranquilidad que si hubiera estado durmiendo, qué capacidad para no preocuparse por nada, y yo seguía temblando.Yuzuha sonrió y se sentó en el suelo, frente a Manjirō, tirando de Rindō que la imitó inmediatamente sin abrir la boca y Draken del otro lado. Al sentarse Rindō me miró durante un breve instante pero le desvié la mirada casi al momento y me dediqué a observar las grietas del suelo, temía que si miraba a alguien a los ojos en ese momento, a quien fuera, se hiciera transparente todo lo que estaba pensando y no podía dejar de revivir en mi cabeza lo que acaba de pasar con Manjirō.Así, concentrado como estaba, apenas escuché las siguientes palabras de Yuzuha. —Rin me djo que ayer nos cambiaste por el sofá, así que venimos a proponerte algo.Automáticamente, levanté la cabeza sorprendido. ¿Ayer? Entonces, ayer cuando Manjirō decidió pasar el día conmigo, ¿Había quedado con sus amigos y no fue? ¿Prefirió estar conmigo que con ellos? Aquello era demasiado en muy poco tiempo, necesitaba pensar, ordenar ideas, tal vez plantearme nuevos “porqué”, a pesar de no haber resuelto mis primeros planteamientos. Estaban pasando demasiadas cosas en un periodo de tiempo muy corto y que eso le ocurra a alguien que está acostumbrado a una rutina en la que nada se sale de su lugar ni siquiera por equivocación era para volverse loco. —Bueno, yo voy a dejarlos —Dije haciendo ademán de levantarme, pensando en dejarlos a solas, al fin y al cabo, yo no era amigo de ellos y prefería retirarme por mi cuenta a permanecer y sentir que estaba sobrando, además, realmente necesito pensar. No tuve tiempo para levantarme cuando Yuzuha se dirigió a mí. —No, no te vayas, Hanagaki, lo que venimos a proponer también te incluye a ti —Dijo con una amplia sonrisa.No pude evitar mirarla sorprendido.¿A mí? ¿Me estaba incluyendo en sus planes? ¿Por qué? ¿Qué tengo yo que ver con ellos? Miré a Manjirō y vi que también estaba intrigado, sus cejas se arquearon en señal de sorpresa que seguramente se debía ver muy similar a mi cara. Estaba claro que la noticia le había tomado igual de desprevenido. Por un momento pareció que estuvo a punto de objetar algo, pero finalmente, se contuvo y se cruzó de brazos esperando una explicación. Yuzuha, que no parecía intimidada en lo más mínimo, acentuó su sonrisa y prosiguió a explicar.—Hemos decidido salir el próximo sábado todos juntos, nosotros cinco, y Ran, ¿Qué piensan?¿Cuándo decidí eso?Mi cara debía ser todo un poema en este momento. Apenas me había dado cuenta que me quedé con la boca abierta hasta que Draken me avisó con un gesto de lo más tranquilo que cerrara la boca. No tuve tiempo de darle las gracias cuando Manjirō habló:—¿Qué te hace pensar que yo voy a desperdiciar un sábado con ustedes? Suficiente los veo en clases y después de ellas.—Ademas —Añadí —¿Por qué quieren que vaya yo?—Bueno —Continuó Yuzuha, quien dicho sea de paso, parecía disfrutar enormemente de la situación situación a juzgar por la manera en que miraba sus uñas azules con un destello de burla en su postura —Como ya he dicho, es una compensación por dejarnos plantados ayer y en cuanto a Hanagaki, bueno, hemos pensado que sería una buena idea. Ya es hora de que hagan a un lado sus  diferencias, ¡No está bien pelearse todo el tiempo y como hicieron esta mañana!Nos señaló con un dedo acusador y me sentí un poco mal. Ahora Yuzuha parece una madre regañando a sus hijos por portarse mal, me había vuelto a quedar con la boca abierta y, una vez más, solo me di cuenta ante el aviso de Draken. Tampoco esta vez tuve tiempo a darle las gracias porque Manjirō interrumpió la explicación, o mejor dicho, el monólogo de Yuzuha acerca del compañerismo, la amistad y la paz.—Nosotros no nos peleamos —Todos miramos a Manjirō elevando una ceja, debe ser el único que se cree eso.—Ya arreglamos lo de esta mañana y estamos bien —Aclaré al contemplar la expresión irónica de Yuzuha ante la afirmación de Manjirō. Debido a mi último comentario, ella dio una palmada volviendo a sonreír ampliamente.—Entonces, ¡Mejor! No tendrán ningún problema en querer juntarse, podemos salir para celebrar este milagro de que ya arreglaron sus diferencias.—No hay ninguna diferencia.—Además, así podremos crear nuevos lazos entre nosotros, y fortificar los ya existentes —Continuó Yuzuha con los ojos brillantes de emoción mientras ignoraba olímpicamente a Manjirō —¡Te lo pasarás muy bien con nosotros, Hanagaki! Pronto te darás cuenta de que somos un grupo de lo más original y agradable.De eso no me cabía la menor duda.Yuzuha no es famosa, pero su popularidad era innegable, tanto entre chicas como los chicos, su personalidad atraía a las personas como polillas a la luz y ni hablar que era hermosa, su largo cabello castaño siempre estaba arreglado en un peinado diferente y tenía un estilo increíble. Por otro lado, Draken era conocido, mejor dicho, su historia con la hermana de Emma era bien conocida cuando hace un año le regaló un peluche rosa junto a una dulce confesión pública antes de que ella se mudará al extranjero. Rindō también era atractivo y eso era motivo suficiente para hacerlo popular entre los alumnos, su cabello rubio teñido con puntas celestes gritaba por atención y también era un buen estudiante, lo suficiente como para ayudar cuando algún compañero necesitaba guía.En pocas palabras, ellos eran personas geniales y yo alguien insípido como lechuga, sin nada de personalidad ni estilo.Sin ir más lejos, me había vuelto a quedar con la boca abierta, solo que esta vez me di cuenta por mí mismo, sin necesidad de que Draken me avisara. ¿Qué se suponía que tenía que hacer yo ahora? Para ser sinceros, Yuzuha me miraba con una expresión que claramente me instaba a echar a correr por mi vida en caso de que se me ocurriera declinar la invitación, pero es que me imaginaba saliendo con ellos y era demasiado extraño como para que mi mente lo asimilara.Hay cosas que son fáciles de acomodar en mi mente, sin embargo, también existen otras que las mires por donde las mires te van a parecer raras y esta situación sin duda pertenecía al segundo grupo. Por otra parte, sería la primera vez que iba a salir  con alguien porque realmente no tengo amigos, aparte de Akkun, así que nunca pude disfrutar de una salida a ningún otro lugar que no fuera la biblioteca o la escuela. Excepto cuando era pequeño, claro que me pasaba las tardes con Manjirō, ahora resulta que se me presentaba la oportunidad de volver a pasar una tarde con él. ¿Cómo debería tomarme esto? Y más aún, ¿Cómo debía tomármelo después de lo que acababa de pasar entre él y yo? Ni siquiera estoy muy seguro de qué era lo que acababa de pasar, llevo un rato dándole vueltas y a la única conclusión que había llegado era que debo estar por insolarme.No estaba seguro de que me permitan salir, aún en el caso de que me atreviera a pedir permiso, y aún peor, después de lo de ayer, nunca me dejaban ir a ninguna parte, aunque también era cierto que tampoco intentaba hacerlo. Lo más probable es que deba ir a escondidas, ¿Sería posible? ¿Podría tener un día como cualquier chico de mi edad, saliendo con mis compañeros? ¿Atreviéndome a llamarlos “amigos”?Instintivamente miré a Manjirō. Este contemplaba a Yuzuha como si fuera un extraterrestre, aunque estaba claro que ella no se encontraba afectada por su mirada.Me hubiera gustado saber qué era lo que estaba pensando Manjirō, para él también debía ser muy raro todo esto y debe estar teniendo su propio drama mental, puede que sea más extraño que para mí teniendo en cuenta que son sus amigos y los conoce. ¿Y si él no quiere que vaya? Esperé un segundo deseando que me mirara para recibir algún indicio de lo que sea, tratando de adivinar sus pensamientos, pero no lo hizo. En su lugar, rebuscó en sus bolsillos una caja de cigarros y se dispuso a encender uno.Apenas me fijé cuando en un movimiento fugaz que pasó por mi lado. Cuando reaccioné, ví que aquello fue Draken, quien se había encargado en un tiempo récord de arrebatarle el cigarro a Manjirō de las manos y aplastarlo contra el suelo.Una vez pasada la sorpresa inicial, y mientras escuchaba cómo Manjirō le decía de todo a Draken echando humo por las orejas, no pude hacer otra cosa que empezar a reír a carcajadas. Aquello debió bastarle a Yuzuha, pues también empezó a reír mientras daba un aplauso triunfante.—Está decidido —Gritó con entusiasmo.En aquel momento pude haberme negado al recordar las consecuencias que me había traído desobedecer a mis padres ayer, pude haber alegado una excusa de lo más absurda, pude haber cerrado los ojos para dar media vuelta e ignorar todo lo que había pasado en mi vida desde el día que amanecí enfermo, pero simplemente no me apetece. No quise hacerlo. Así, enfoqué mis ojos en Yuzuha y asentí a su afirmación con una sonrisa de oreja a oreja.
[Manjirō] - Calle 
El tiempo hasta el sábado pasó volando, casi ni cuenta nos dimos.Nos reunimos una vez más durante los descansos entre clases un par de veces para ir discutiendo el destino de la salida, como lo único que conseguimos fue agotarme con la falta de decisión, al final decidimos dejar que Yuzuha nos sorprendiera.—Casi prefiero habernos quedado en mi casa viendo películas, ¿Se puede saber de quién fue la idea de dejar que ella eligiera el lugar?—Lo decidimos entre todos, recuérdalo —Respondió Rindō a mi lado cubriéndose los ojos con unos enormes lentes oscuros.—Vampiro otaku.—Cállate, punk cliché.El sábado había llegado, Draken, Rindō y yo caminábamos por la calle en dirección al complejo de departamentos donde viven los Haitani, Rindō se había quedado a dormir en mi casa para trabajar en unas canciones y perder el tiempo, al día siguiente nos reuniremos con la pareja del año y después solo nos quedaba buscar a Takemichi en su casa. Cuanto más lo pensaba, más raro me parecía todo, siquiera entiendo qué hago en este lugar, preparándome para ir a una excursión con los dos raros que tengo por amigos, una pareja melosa, y encima de todo, con Takemichi.Desde el lunes pasado no he tenido un día normal en mi vida, todo había empezado aquella mañana con el presidente enfermo, a partir de ahí no habían hecho sino pasar cosas y cosas que cada vez me mareaban más. El colmo había sido lo que sucedió en la azotea, a pesar de no haber dejado de darle vueltas recordando aquel momento una y otra vez, seguía sin ser capaz de entender del todo qué diablos había pasado exactamente. Además, no dejaba de hacerme la misma pregunta una y otra vez, ¿Qué hubiera pasado si no nos hubieran interrumpido? Porque si algo es seguro es que tanto él como yo sabemos perfectamente lo que estuvimos a punto de hacer, la locura más rara de todas, y una vez creí que era buena idea cambiar el shampoo por miel a Izana, hasta esa idea era mejor. Desde que sucedió aquello en la azotea no he vuelto a estar con él a solas, si intercambiamos algunas palabras en clase o cuando lo encontraba por los pasillos, pero todo muy formal y sin la cercanía innecesaria.La mejor parte es que no he vuelto a discutir con él, dos días y medio sin discutir con Takemichi, aquello es un record, sin duda. El caso es que como no hemos quedado solos tampoco tuvimos la oportunidad de hablar las cosas en condiciones, por eso traté de buscarle durante los descansos y abordar el tema, pero siempre me echaba atrás en el último momento porque, pensándolo bien, ¿Qué hubiera podido decirle? ¿Cómo se trata de aclarar algo que ni uno mismo entiende? Siquiera estoy seguro de si quiero o no mencionar aquel momento en voz alta, y menos con él, ¿Acaso no llevaba pensando en eso cuando tenía un momento a solas con mi cerebro? Esa también es la razón por la que le ofrecí a Rindō quedarse a dormir, porque no quería pensar y él lo ayudaba a no hacerlo durante sus improvisados ensayos.Lo cual no sirvió de mucho porque hasta había soñado con la dichosa escena, y también en el sueño aparecían mi psicólogo y cuñado Draken, mi gran amigo Rindō y la loca de Yuzuha a interrumpirme el momento.Hasta les estaba tomando asco por interrumpir, aunque sé que eso era lo mejor, ¿No? Era bueno que nos hubieran cortado, sino, probablemente hubiéramos acabado… no, no, no, no, no, eso sí que no. Seguro que al final habría reaccionado, sí, era del todo imposible que nos hubiéramos dejado llevar hasta ese punto y menos yo que siempre tuve claras mis preferencias, creo, ya ni estoy del todo seguro. No puedo engañarme por completo, en aquel momento me había sentado como una patada la interrupción de mis amigos y eso no tenía ningún sentido, eso no tenía que ser así ni por equivocación.Un profundo suspiró se deslizó desde lo profundo de mi alma. Nada de eso importaba, lo que de verdad importa es el porqué había pasado y tal parecía que cuanto más trataba de responder esa pregunta más vueltas me daba la cabeza.—Al fin llegan —La voz de Yuzuha me sacó de mi propio enredo mental.Finalmente llegamos al complejo y ni cuenta me había dado, la pareja nos estaba esperando fuera.Yuzuha llevaba un jean celeste ajustado a la cintura con un grueso cinturón negro, top escotado que dejaba al descubierto parte del torso y una camisa a cuadros, Ran tenía un estilo casual con una chaqueta holgada sobre los hombros, el cabelo rubio y negro atado en trenzas y una mochila donde seguramente llevaba todas sus pertenencias y las de su novia.—¿No tienes trabajo hoy? —Pregunté a Ran.—La mayoría de los pedidos están cubiertos —Respondió simplemente. Estaba claro que era de tan pocas palabras como su hermano, excepto cuando Yuzuha o Rindō le hablan.—¿Nos vamos? —Inquirió Yuzuha, y sin esperar respuesta por parte de nadie agarró a Ran de la mano y tomó la delantera.—¿Ya podemos saber a dónde vamos? —Pregunté siguiéndoles junto a Rindō y Draken que miraba su teléfono cada tanto.—No, no —Respondió en ese tonito emocionado que llevaba usando toda la dichosa semana, luce tan feliz a pesar de que no es nuestra primera salida todos juntos —No hasta que nos reunamos con Hanagaki y…Se detuvo a mitad del camino con expresión preocupada.—¡No le preguntamos su dirección! —Sus ojos marrones se dirigieron a mi —Me pregunto si alguien tendrá su número de teléfono.—Ni te molestes —Dije pasando por su lado y tomando la delantera —Yo sé donde vive.
[Takemichi] - Residencia de los Hanagaki
De acuerdo, esto tiene que salir bien sí o sí. Llevo toda la semana planeando esta salida, ni siquiera cuando tengo papeleo en la sala del consejo me esmeraba tanto, pero esto significa mucho para mí y si sale mal, las consecuencias serían graves. Apenas pude dormir la noche anterior porque no podía creérmelo, ¿De verdad voy a salir con mis compañeros? Iba a ser mi primera salida con un grupo de chicos normales, de mi edad, entre los cuales estaba nada más y nada menos que Manjirō. ¿Cómo se suponía que habíamos llegado a eso? Cuantas más vueltas le daba, más me confundía, sobre todo desde el otro día en la azotea. Puedo decir que ambos estuvimos evitando el tema toda la semana pero, ¿Qué haré hoy donde voy a pasar todo el día a su lado? Estaba nervioso, eso no se podía negar, es obvio que algo había cambiado por completo: Manjirō y yo no hemos vuelto a discutir, tampoco hablamos mucho, y no hubo motivos para estar alterados. ¿Esto era un paso, no? ¿De verdad podríamos llegar a llevarnos bien otra vez? Llevo haciéndome esa pregunta toda la semana, no he dejado de pensar en todo lo que había pasado, no pude dejar de pensar en él.Estaba claro que algo no funcionaba como siempre dentro de mi cabeza, me pasaba el día recordando una y otra vez cada momento vivido con Manjirō, ya fuera malo o bueno para analizar cada recuerdo con mayor profundidad, me pasaba el rato en la sala del consejo mirando a la puerta por si lo volvían a traer castigado o algo así y me pasaba las noches dando vueltas en la cama sin poder dormir mientras la cara me ardía intensamente.En esos momentos recordaba lo que casi sucede en la azotea y, cuanto más lo pensaba, más me costaba conciliar el sueño. Así he pasado el tiempo hasta hoy. Poco a poco, les había ido contando a mis padres lo de la salida aunque por supuesto, había añadido y cambiado algunos detalles sin importancia. Bueno, en realidad eran detalles de mucha importancia, sin ir más lejos les dije que teníamos un examen muy importante y que me iba a pasar el día en la biblioteca con Akkun. Lo bueno es que conocían a Akkun, así que eso facilitó mucho las cosas. Obviamente no me gustaba mentir, pero si no lo hubiera hecho no solo me hubiera ganado quedarme sin la salida sino también una buena reprimenda simplemente por pensarlo y quién sabe si un castigo.El caso es que finalmente me dieron permiso. Mi padre se había mostrado un poco reticente pero, finalmente, aceptó con la influencia pasiva de mi madre, no sin antes advertirme que se iba a asegurar personalmente de que en el examen sacase la máxima nota. Lo del examen no era mentira y me la estaba jugando perdiendo un día de estudios, por suerte no me considero débil en mis lecturas, pero esta salida significaba mucho para mí y por ello estaba decidido a sacrificar mis noches del fin de semana para estudiar.Al principio, Kazutora se había interesado mucho en el tema porque necesitaba con urgencia mejorar sus calificaciones, pero al oír el supuesto plan de estudios que les había narrado a mis padres, perdió todo el interés en conocer los detalles. Si mal no recordaba, él iría al centro comercial y al cine, donde se pasaba todas las tardes con sus amigos, Hanma y Kisaki. El chico que siempre te facilita las drogas y el que organizaba las mejores fiestas en su lujosa casa.Debo recordarle a Yuzuha que no debemos pasar por el centro, lo último que me faltaría es que Kazutora me pillara en la mentira. No, no quiero ni pensarlo. Mis padres salieron temprano y Kazutora también cuando Hanma vino a buscarlo en su auto. Ahora me encontraba solo en casa, sentado frente a la puerta principal y esperando a que llegaran.Según mi reloj, no pasó mucho tiempo, lo cierto es que el tiempo desde que me desperté hasta que sonó el timbre se me hizo eterno. Abrí la puerta con una sonrisa de oreja a oreja lo más deprisa que pude.Allí estaban, Yuzuha, sonriendo ampliamente con un conjunto increíble y sujetando la mano de Ran, a quien conocía desde antes de que dejara la escuela hace tres años, claro que nunca hablamos, Rindō, con su aire ausente de siempre, Draken saludando con su teléfono en mano desbloqueado en el fondo de pantalla donde se apreciaba a él besando la mejilla de Emma y al fondo estaba Manjirō. Enfoqué mis ojos en él en cuanto la deslumbrante luz del sol me lo permitió y le sonreí. Estaba cruzado de brazos, con una camiseta blanca que tenía el logo de AC/DC en el centro, pantalones negros con roturas en las rordillas y una cadena en el cuello, el pelo se veía más rubio que nunca a causa de la luz y un chalecto negro con pendientes de metal colgando.Me miró un momento y, al final, esbozó también una media sonrisa. En aquel instante, sentí un impulso desmedido que me instaba a hacer una locura, ni más ni menos, una locura que no implicaba otra cosa que lanzarme a sus brazos. ¿De verdad acabo de pensar en eso? Manjirō iba a terminar volviéndome loco.Yo no era alguien impulsivo, pero en los últimos días los estaba teniendo a montones, es muy probable que esta nueva tendencia mía a actuar sin pensar me acabe metiendo en más de un problema, sin embargo, una vez que empecé a practicarla, supe casi al instante que ya nunca podría dejarla atrás.Concentrado en mirar a Manjirō apenas me percaté cuando Yuzuha carraspeó un par de veces tratando de captar nuestra atención. —Bueno —Comentó con una mirada un tanto traviesa que no entendí del todo. Acto seguido, le dirigió una mirada similar a Manjirō y procedió a seguir hablando —Si quieren los dejamos solos.Enrojecí hasta las orejas con el comentario de Yuzuha mientras oía como Manjirō envolvía su cuello con los brazos intentando privarla del aire, Ran se apartó riendo mientras Draken tomaba algunas fotos. Afortunadamente, Rindō intervino a tiempo.—Ya estamos todos, cuñada, ¿Qué tal si nos revelas ahora el destino de nuestra salida? —¿Preparados? —Yuzuha se deshizo del agarre.—¿A dónde se supone que vamos? —Pregunté en un vano intento de borrar del mapa lo ocurrido hace tan solo unos segundos.—Caballeros, me complace anunciarles que nos dirigimos a…. redoble de tambores, amor —Ran hizo lo que decía su novia —¡El parque de atracciones!Yuzuha abrió mucho los brazos, como quien anuncia un espectáculo y estaba orgullosa de ello. El silencio que se hizo tras su revelación, sólo fue interrumpido pasados un par de minutos, por un chasquido de Manjirō.—No —Dijo moviendo la cabeza a un lado y a otro, como quien trata de convencerse de algo — Yo creo que hay que someterlo a votación… ¡Oye!Pero Yuzuha ya había echado a andar con Ran cantando alegremente una canción de Shakira sin hacerle caso a Manjirō. Rindō se apresuró a seguirlos junto a Draken y solo quedó Manjirō, que se había quedado con la boca abierta ante la indiferencia de su amiga.—Yo voy a tirarla de algún juego, te lo advierto —Bufó antes de comenzar también a caminar.Me apresuré a cerrar la puerta de casa y les seguí con pasos ligeros. El parque estaba lejos, aunque el paseo se me hizo bastante corto, quizás porque Yuzuha no cerraba la boca en ningún momento, por lo que siempre había algún tema de conversación en el aire. Todo lo contrario eran Rindō y Manjirō quienes se limitaban a seguir al grupo con la mirada perdida y asentir de vez en cuando ante algún comentario o responder con palabras cortas una que otra pregunta.En cuanto a Manjirō, bueno, no abandonaba el mal humor. Al final alegó, literalmente, que se veía incapaz de soportar tantas estupideces de niños juntas, así que se puso primero en la fila con las manos en los bolsillos y anduvo todo el camino con pasos rápidos dando grandes zancadas. Al menos así estuvo hasta que, de pronto y sin saber del todo bien por qué, me vi empujado por Yuzuha hacia adelante y acabé al lado de Manjirō el resto del camino.—¿Por qué no te gusta el parque de atracciones? —Le pregunté caminando junto a él tratando de romper el hielo de alguna manera.—¿Quién dice que no me gusta? —Inquirió enarcando una ceja.—No lo sé, como estás tan mal humor de repente.—Yo siempre estoy de mal humor —Alegó sacudiendo la mano en el aire, como si aquello fuera algo obvio y normal, lo cual si es en realidad —No es que no me guste, es que hace muchos años que no voy, además que las ideas locas de Yuzuha siempre me dan mala espina. En todas nuestras salidas ocurre algo y, la mayoría de las veces, es su culpa.Sonreí mientras le oía hablar. Otra vez estábamos manteniendo una conversación sin peleas, lo extraño era que de repente esto me parecía lo más agradable del mundo. —Yo solo fui una vez, cuando era niño. Recuerdo que me lo pasé muy bien, hasta el momento en que me tropecé y dejé caer al suelo el helado de mi hermano.—Já, vas a empezar a ganarte mi respeto si me cuentas como el perfecto alumno intimida a su hermano —Comentó con las manos en los bolsillos y sonriendo burlonamente.—No —Murmuré en voz más baja —No estuvo bien, desde entonces no me dejaron volver al parque de atracciones porque mis padres se enfadaron mucho, además al llegar a casa mi padre-Callé en seco. Había hablado demasiado, ¿Por qué siempre me dejo llevar cuando se trata de Manjirō? —¿Tu padre, qué? —Preguntó borrando la sonrisa y bajando también el tono de voz.—Nada, me regañó mucho por hacer llorar a Kazutora.Por un momento pareció que Manjirō iba a decir algo, pero sus palabras quedaron ahogadas por el grito de júbilo de Yuzuha: —Chicos, llegamos. ¡Ahora a divertirnos! —Exclamó con los ojos llenos de emoción parada en la entrada del parque.No note que ya habíamos llegado, compramos las entradas y corrimos hacia adentro. Una vez allí, simplemente me olvidé del mundo. Todo eran luces, color, música, un mundo que no conocía, un mundo en el que no existían documentos que firmar, ni informes atrasados, exámenes, responsabilidades y tan solo había risas, diversión y una compañía inmejorable.Me reí mucho durante todo el día con Yuzuha. Al final iba a acabar dándole la razón a Manjirō en afirmar que estaba un poco loca, no le afectaban los juegos, tan pronto bajaba de la montaña rusa, corría al puesto de helados y luego iba a participar en los concursos de tiro.Cuando llegó la hora de entrar al castillo del terror, lo disfrutamos todos, Yuzuha estuvo todo el recorrido gritando de emoción y alegando que aquello era igual que una película, mientras Ran la seguía un tanto mareado y Rindō no se alteraba con nada, Draken llevaba a Manjirō en la espalda y yo los seguía de cerca sujetando la camisa de quién estuviera más cerca. Tal parecía que el terror no era lo de Manjirō a pesar de que quiso hacerse el fuerte antes de entrar. La situación me hizo mucha gracia, y cuando me giré para comentárselo a Manjirō me encontré con que tenía la misma cara de disgusto de Ra , y trataba de no prestar demasiada atención a las trampas y los trucos que nos íbamos encontrando. Tardé bastante tiempo en dejar de reír, él insistía una y otra vez en que no estaba asustado, afirmando que “le daba ocho vueltas a esos fantasmas de cuarta”, lo que se contradecía al verlo todavía en la espalda de Draken. No engañó a nadie, siquiera a las chicas que caminaban delante de nosotros, tan pronto como terminamos el recorrido respiró con tal alivio que parecía como si le hubiesen quitado un gran peso de encima. Como no podía dejar de reír con tal situación, al final acabó gritando que me retiraba la palabra indefinidamente.Estábamos por ir a la siguiente atracción cuando Draken nos informó que había perdido su teléfono en alguna parte del castillo, con lo cual, después de soportar un torrente de palabras cargadas de mal humor de Manjirō, tuvimos que volver a entrar. Al final, el teléfono estaba tirado en medio del primer corredor, el mismo dónde Manjirō había saltado sobre Draken, tuvimos bastante suerte de que no se la llevara nadie.El mal humor de Manjirō no mejoró en la atracción del laberinto, gritaba una y otra vez cosas parecidas a: “en este lugar lleno de pasillos se pierde cualquiera” y “ustedes se pusieron de acuerdo para alterarme”, juró venganza un par de veces, aunque lo ignoramos. Para sorpresa de todos, Rindō fue quien consiguió encontrar primero la salida, incluso el encargado le regaló un vale de descuento en los locales de comida, afirmando que había sido el primero de todo el parque en encontrar la salida al laberinto en un tiempo récord. Por suerte, en la montaña rusa Manjirō se lo pasó mejor, parecía que disfrutaba enormemente con la velocidad y las alturas, estuvo gritando de júbilo todo el recorrido hasta que vio de reojo como Draken se dedicaba a escribir en su teléfono en plena atracción para contestarle a su novia. Entonces, cambió sus gritos de entusiasmo por gritos a Draken, diciéndole una y otra vez que estaba loco, que era el chico más raro que ha conocido en toda su vida y Emma no iba enojarse porque tardara algunos minutos en responder. Draken, se limitó a encogerse de hombros y alegar que justo Emma le envió una foto.Nos dirigimos a la zona de comidas para ingerir una buena ración de bocadillos, papas fritas y helados, luego deambulamos un rato por los juegos con premios, en los cuales Manjirō y Ran se pasaron enfrascados más de una hora, tratando de conseguir cada premio que veían mientras Rindō, Yuzuha y yo esperábamos a un lado escuchando Échame La Culpa resonando a través de los parlantes.Al final, ganaron varias cosas, entre ellas, Ran consiguió una pelota inflable y un par de muñecos de peluche que fueron a parar bajo el poder de Yuzuha. Como Manjirō no hacía sino afirmar que los peluches eran una estupidez, también acabó por darle sus premios ella para quedarse con un par de llaveros y un colgante en forma de cruz color negro, Yuzuha me regaló uno de sus peluches de menor tamaño con la forma de conejito con una zanahoria.Se hacía tarde, y se acercaba la hora de regresar, no estaba preocupado pues sabía que mis padres estaban convencidos de que estaba en la biblioteca, pero de todas formas no tengo intenciones de tentar a mi suerte. A pesar de ello, Yuzuha insistió en montar en una última atracción: La noria. En cuanto nos acercamos para subir, sentí como Yuzuha me empujaba a una de las cabinas con todas sus fuerzas, con lo cual caí disparado hacia adelante en medio de una gran confusión, antes de que se cerrara la puerta, alcancé a ver que hacía lo mismo con Manjirō, el cual se encargó de quejarse, hasta que la atracción se puso en marcha. A través del cristal, vimos como ella subía a otra de las cabinas junto a Ran con una gran sonrisa de satisfacción en su rostro, Draken y Rindō subieron la siguiente con muecas inconformes. La noria empezó a subir al cabo de un rato. Manjirō y yo estuvimos en silencio los primeros minutos, en aquel momento, sentado allí junto a él, me vino a la cabeza una vez más lo que sucedió entre nosotros en la azotea y lo que ha estado ocurriendo toda la semana, lo mucho que hubiera  cambiado las cosas no puede ser para tanto. ¿O si?Volví a sentirlo. Un impulso. Unas ganas desenfrenadas de acariciarle, abrazarlo y de… sacudí la cabeza, ¿A qué venían esos pensamientos? Yo nunca he experimentado nada similar por nadie, es más, nunca llegué a imaginar sentir algo así algún día y mucho menos por Manjirō, hasta llegue a creer que soy asexual, pero no puedo mentir, lo que siento es de verdad y no puedo evitar sentirlo, lo sentó en mis entrañas y en la puntas de mis dedos, así que lo miré.Contemplaba la vista con una media sonrisa en el rostro. Lo cierto es que desde aquí arriba se ve toda la ciudad.—Bonito, ¿Verdad? —Preguntó y me miró. —Más que eso —Dije susurrando, enfrascado en las luces que brillaban con tanta intensidad —Mucho más, aquí te olvidas de todo.Manjirō acentuó su sonrisa antes de responder.—Eso es porque los problemas no saben subir hasta aquí arriba y cuando miras afuera no puedes evitar tener la sensación de que desde lo alto todo se ve más pequeño, como si los problemas también lo fueran.Algo se removió en mi pecho con sus últimas palabras. Lo miré. Aún sonreía y no comprendía por qué no era capaz de ver esa expresión más a menudo, teniendo una sonrisa tan bonita.Ese impulso en mi pecho crecía, girando y subiendo tan alto como nosotros, hice todo lo posible para no pensar en que le tenía cerca, en que si prestan atención podría escuchar su respiración perfectamente, confirmando que estaba aquí, a escasos centímetros de mí. Sentí su dedo rozar el mío y supe que no podía más, me giré quedando de frente a él y recordé la última vez que estuvimos tan cerca, en ese momento, nos habíamos entretenido con caricias y silencios llenos de palabras, eso no nos dio tiempo a terminar lo que sin duda estábamos deseando, nos habían interrumpido antes de dejarnos llevar por completo.¿Era malo dejarse llevar? Ya no estoy seguro, tampoco me importa. En este momento, solo no quiero dejar que una nueva interrupción se vuelva a interponer entre nosotros, así que tan solo en una milésima de segundo, decidí no perder más tiempo y me incliné hacia él sintiendo como la cabina en la que viajábamos subía más, mucho más, antes de cerrar los ojos.Mi estómago dio una sacudida inmensa y por acto reflejo posé mi mano sobre la suya, simplemente lo hice. Por primera vez en toda mi vida me dejé llevar de verdad. Cuando finalmente posé mis labios sobre los suyos, fundiéndose en un beso que me hizo perder el aliento, sentí como si la cabina saliera desprendida de la noria hacia el cielo haciéndonos volar muy, muy alto.

----- CHAPTER BREAK -----

[Rindō] - Departamento de los Haitani
Faltaba poco para la media noche. A través de la ventana se apreciaba la calle desierta, inundada de oscuridad, vivíamos en un vecindario que no era del todo seguro pero cumplía con el presupuesto de mi hermano, por lo tanto tampoco había muchas farolas. Las pocas que iluminaban la calle tintineaban o estaban rotas, solo brillaban un par de luces parpadeantes en la lejanía, apenas visibles si uno agudizaba la vista. Me había pasado los últimos veinte minutos sentado frente a mi escritorio que estaba delante de la ventana, mirando hacia fuera y escuchando música con mis audífonos.La intención inicial era acomodarme para escribir durante un rato, por desgracia la inspiración había desaparecido en cuanto abrí mi cuaderno de ideas y en lugar de palabras, en la hoja se apreciaba unas extrañas flores alrededor de diamantes y graffitis con mi nombre. Aún así, decidí quedarme un rato allí, relajándome mientras observaba cada uno de los contornos que se distinguían en la calle cubierta de sombras y pensaba en todos los secretos que ocultaba la oscuridad, la mayor aliada de las personas. Me encanta la noche porque daba una gran sensación de libertad y tranquilidad, como si pudiera hacer lo que quisiera y nadie podría juzgarme.Ran se fue a la cama en cuanto terminamos de cenar, creo que Yuzuha está durmiendo con él, a pesar de que todos sabemos que mañana su hermano mayor iba a darle el sermón del año por quedarse en la casa de su novio. No le hice saber mis preocupaciones porque ya era su asunto, lo mejor era descansar bien para estar listos en el enfrentamiento de mañana con el mayor de los hermanos Shiba, Taijū. Yo tengo examen, así que hubiera sido adecuado seguir sus pasos y dormir, pero por alguna extraña razón, no tenía ni un ápice de sueño. Me incliné hacia adelante y abrí la ventana a través de la cual llevaba contemplando la calle, permitiendo de este modo que la suave y fresca brisa nocturna entrara en la habitación. Cerré los ojos dejando que el viento alborotara mi cabello durante un momento, hasta que finalmente, y pasados unos minutos más, tomé la determinación de ir en la cama y tratar de descansar un poco, a pesar de estar tan desvelado.Lo hice a sabiendas de que sería inútil, incluso puse mi playlist especial con canciones melancólicas, tristes y perfectas para cortarse las venas titulada “Rindo's Depression”, hace un tiempo que cree esa lista de reproducción porque llevo semanas sin poder conciliar el sueño en un horario adecuado, puedo decir que tengo el sueño invertido.Justo había acomodado mi cabeza sobre la almohada cuando oí que mi teléfono empezaba a vibrar con intensidad en el escritorio. Sorprendido, miré el reloj: 00:49.¿Quién es el loco que puede estar llamándome a estas horas?En cuanto tomé el teléfono en mis manos, me apresuré a identificar el nombre del llamante y suspiré. Mikey, claro, ¿Qué otro loco podría ser si no era el dramático por excelencia? ¿A qué otra persona le daría igual llamar a alguien a estas horas de la madrugada? Deslice mi dedo sobre la pantalla descolgando la llamada.—Se ha comunicado con el teléfono de Rindō Haitani, si él le debe dinero, este ya no es su teléfono —Respondí echándome en la cama otra vez, esto promete ser interesante.Si está hablando conmigo en lugar de llamar a Draken, más apropiado para ser un psicólogo de madrugada, significa que está desesperado por una respuesta y sabe que Draken no le responderá porque él si tiene un horario de sueño normal.«—Rindō, ¿Estás despierto? »Miré el teléfono con desagrado, si pudiera ver a Mikey, lo golpearía en la cara.—No —Dije en tono irónico.«—Perdón, eso fue muy estúpido —Permaneció un rato en silencio, el cual decidí no romper por respeto, tal como hace Draken cuando espera pacientemente a que Mikey se quiebre. Spoiler, no funcionó. Al cabo de un par de minutos comprendí que de seguir los dos callados durante toda la noche, probablemente la próxima factura de teléfono de Mikey contendría unas cifras un tanto preocupantes de pagar.»—Mikey, ¿Todo bien? «—Sí, claro, ¿Por qué iba a ir mal? ¿Alguien te dijo lo contrario? »—Nadie me dijo nada, solo es sorprendente que permanezcas en vela pasada la madrugada, cuando habitualmente disfrutas tanto dormir, en cualquier horario.«—No cuestiones mi insomnio ¿Me ves cuestionando que estés despierto también a esta hora? No, así que espero un poco de la misma comprensión.»Estuve a nada de colgar el teléfono y volver a luchar con mi insomnio.—¡Oh, disculpa! Simplemente me parece extraño que a estas horas no estés durmiendo y me preocupo por tu salud —Dije en tono irónico —¿Mejor?«—Bueno, sí, gracias y lo siento por reaccionar como un idiota.»Al menos lo reconoce, eso es algo que le diré a Draken cuando tenga la oportunidad.—Entonces, ¿Qué pasa? Mikey guardó silencio un par de minutos más, antes de seguir hablando.«—Solo no puedo dormir. Lo único que hago es dar vueltas en la cama y no hay manera de que venga el sueño, hasta Mini Mikey está durmiendo más que yo. Mi propio perro se burla.»—No creo que Mini Mikey se este burlando —Aunque puedo imaginar la escena, puedo ver su frustración por la forma en que se expresaba en un tono de voz alto. Sí conocía bien a Mikey, probablemente se encontraba bastante alterado. Se supone que ahora debo actuar como psicólogo y hacer lo mismo que hace Draken, pero es difícil, así que voy a imitar lo que ví en la televisión —¿Estás preocupado por algo? Normalmente el insomnio aparece cuando algo nos preocupa o nos inquieta. ¿Es por el examen de mañana?«—¿Qué me va a preocupar eso a mi Rindō? No digas estupideces.»Maldito seas Draken, como estás dormido o teniendo alguna llamada sexual con tu novia, yo tengo que lidiar con esto en un horario dónde debería estar durmiendo. Esto va a tener su compensación, lo juro.—Solo es una idea. Es cierto es que has estado un tanto extraño desde el otro día. Otro silencio. Me removí un poco en la cama y finalmente, me levanté y anduve hacia la ventana con pasos lentos. La calle seguía igual de oscura y solitaria que antes.Yo no soy bueno en esto, me preocupa decir algo que le haga tomar malas decisiones, Mikey es impulsivo y a veces mis consejos pueden tomarlos literalmente.Aplicaré la vieja confiable, imitar el comportamiento y los consejos de la televisión. Tantas horas frente a la pantalla me prepararon para muchas situaciones, desde las más ridículas hasta las tristes. Yo puedo. ¿Qué tan difícil puede ser? Es Mikey.—¿Quieres contarme algo? —Pregunté amablemente, pero Mikey continuaba sin responder. No obstante, sé que no ha colgado, puedo percibir con toda claridad su respirar inquieto al otro lado del teléfono —Mikey —Añadí en un tono más bajo, casi susurrante —Puedes contarme lo que sea, no te voy a juzgar.«—Lo sé —Murmuró casi al instante —De verdad, Rindō solo que… no es nada, todo el mundo tiene insomnio alguna vez, ¿No? »—Eso supongo.«—Oye, te veo mañana, ¿De acuerdo? »—Muy bien —Acepté en un suspiro de resignación, si no quiere hablar, no puedo obligarlo  —Hasta mañana. Tras colgar, deposité el teléfono en el escritorio y me senté en la silla, inclinándome hacia adelante con los codos. El cuaderno continuaba ahí, abierto y esperando ser llenado con palabras. Agarré el bolígrafo y lo sostuve sobre la hoja en blanco unos segundos.—Nada de insomnio, Mikey, lo único que ocurre es que te has enamorado —Dije para mí mismo antes de comenzar a rasgar la punta del bolígrafo sobre el papel.
[Takemichi] - Residencia Hanagaki
Aquel día abrí los ojos mucho antes de que el despertador sonara. También me vestí, ordené mi cuarto e hice el desayuno de toda la familia en tiempo récord. Estaba sentado a la mesa del comedor, esperando a que llegara la hora habitual en la que mis padres y Kazutora bajan a desayunar. Lo cierto es que no tengo nada de hambre, pero necesitaba fuerzas para afrontar el día porque es lunes y tenemos examen, así que necesito estar en forma. Durante toda la noche no dejé de dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño, no podía quitarme de la cabeza que hoy iba a volver a ver a Manjirō por primera vez desde… desde lo que había ocurrido en la noria. No pude dejar de revivir aquel momento en mi cabeza desde entonces, una y otra vez, sintiendo mi pecho estallar cada vez que la escena se hacía presente en mi mente.
Tan solo un roce de labios, nada más, únicamente terminar lo que no pudimos concretar en la azotea. Eso era lo que me repetía una y otra vez en mi cabeza tratando de mantener la compostura, tratando de mantener la sensatez, pero de nada sirvió.

Ese tímido roce de labios comenzó a crecer sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo, sentía el aliento de Manjirō penetrar en mi boca con desesperación y ansias, sentía sus manos acariciando mi rostro desenfrenadamente y su corazón palpitando con anhelo. No sé en qué momento mi espalda chocó contra el cristal de la cabina hasta que sentí la superficie fría atravesar la fina tela de mi camisa, no supe en qué momento mis brazos acabaron rodeando a Manjirō y atrayéndolo hacia mí, de lo único que me preocupaba era de besarle y sentirlo cerca, sin ni siquiera pretender respirar.

De pronto, penetró en nuestros oídos el característico sonido que daba fin a la atracción. Nos separamos casi al unísono, nos miramos a los ojos jadeantes y con el corazón bombeando a más no poder, evitando hablar, sabíamos que si hablábamos se perdería todo.

—¡Chicos! ¿Piensan bajarse algún día? Tenemos que volver

Un rápido movimiento de cabeza nos hizo observar a nuestros compañeros que nos esperaban abajo. Salimos de la atracción sin cruzar ni una sola palabra y caminamos en silencio por la calle, incluso nos despedimos con un simple movimiento de cabeza, ninguno quería hablar.

No sé lo que pensaba él, pero yo solo queríamos seguir besándolo.
Otra vez. Otra vez acababa de revivir cada detalle de todo lo que había ocurrido y otra vez sentí que me ardía la cara al recordar.Faltaba escasamente una hora para verle, ¿Qué iba a decirle? ¿Qué me diría él? ¿Cómo acabamos de este modo? Recordé como hace escasamente una semana me había despertado ardiendo en fiebre y había llegado a clases con el mismo pensamiento de todos los días, que lo odiaba, que me odiaba, que nos pelearemos, nos gritaremos, que nos pasaríamos la vida detestándonos. Siete días han pasado y con ellos, infinidad de cosas. De pronto, como por arte de magia, solo quedaban los estragos del odio, el rencor, la rabia y el resentimiento. ¿Cómo pudo suceder esto? ¿En qué momento? ¿Qué sentía ahora por él? ¿Qué sentía él por mí?Hasta que mis padres y mi hermano no bajaron y se sentaron a la mesa no me percaté de su presencia sumido en mis pensamientos como estaba, los ignoré por completo. Rápidamente, me dispuse a servirles el desayuno, no quiero dar ninguna razón para que se enfaden conmigo, así que me limité a hacer mis tareas en silencio.Desayuné, limpié los platos, recogí un poco sus habitaciones y me dispuse a ir a clases. 
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit 
Este fue, que yo recuerde, el día que más temprano me he levantado en toda mi vida, ni me había ido a dormir. ¿Para qué dormir? Dormir es para débiles.Sentía que la cabeza me iba a reventar de tanto darle vueltas a lo mismo, cuando yo normalmente solo pienso las cosas lo justo y necesario, a veces ni las pienso. Todo el fin de semana me lo había pasado como si fuera un alma en pena, paseando de aquí a allá y pensando, todo el tiempo pensando.Necesitaba saber por qué demonios nos habíamos besado, por qué nos habíamos besado de esa manera tan apasionada. ¿El mundo se había vuelto del revés, o qué carajos pasaba? Lo normal es odiarlo, detestarlo, humillarlo… eso era lo normal, lo lógico, entonces, ¿Por qué yo estoy haciendo exactamente todo lo contrario? ¿Por qué? Era el mismo por qué de todos los días. No me importaría tanto si besarle me hubiera dado igual, si no se hubiese removido nada en mi estómago como con las chicas que conozco en alguna fiesta, pero desde aquel momento tenía una especie de cosa girando muy deprisa en el estómago que subía, bajaba, y volvía a subir, el pecho me hormigueaba y continuaba sin encontrar respuestas. Lo que más me alteraba y de lo único que tenía ganas, era de ir a buscarlo.Necesitaba a alguien un poco más hablador que Mini Mikey al que contárselo todo, si no siento que acabaré por volverme loco en cualquier momento, así que había decidido llamar a Draken la noche anterior, pero me mandó al demonio con un audio y luego llame a Rindō, aunque inmediatamente después de que me respondió supe que no podría decirle nada a ninguno, la sola idea de contarlo en voz alta hace que me duela el alma y no se podía decir que Rindō fuera mucho más hablador que Mini Mikey, tampoco entendía mis silencios como Draken, la verdad es que mucha diferencia entre mi perro y Rindō no hay. Por supuesto que notó que me pasaba algo, siendo uno de mis mejores amigos era lo lógico, pero de todas maneras no fui capaz de contarle, simplemente no pude.Colgué sin haber conseguido mucho y volví a dar vueltas hasta que el bendito lunes llegó.Aquí estaba yo, en la secundaria y había llegado más temprano que nunca, estar sin dormir tampoco me ayudaba a sentirme mejor. No puedo creer que vine rápido porque quería verlo, todo por el absurdo deseo de verlo, ¿Por qué quiero verlo? Lo del sábado no puede repetirse, pero tampoco quiero volver al odio del principio, todo ha pasado tan rápido que no sé qué es lo normal ni lo anormal en este asunto. En una semana habíamos pasado de un extremo al otro, ahora estoy en un extremo que superaba el título de amigos de la infancia, ¿Por qué no pueden ser las cosas normales con él? Nunca pueden ser de esa forma si el problema relacionado a Takemichi, hasta lo simple se vuelve complicado.Comienzo a creer que al final es verdad que del odio al amor solo hay un paso y… alto, ¿Amor? ¿En qué momento alguien ha hablado del amor? ¡Solo fue un beso! Un beso, no tiene por qué significar nada. Solo me faltaba tirarme del pelo con tanto monólogo mental, y apenas eran las siete de la mañana, esto no es bueno para mi salud mental.Caminaba por los pasillos chocando contra todo ser viviente que me cruzaba y sintiendo unas ganas cada vez mayores de golpearme con las taquillas, tenía media hora hasta que empezaran las clases y ni idea de qué aula tocaba. ¿Rindō no dijo algo sobre un examen hoy? Pues entonces es el salón del primer piso, exactamente la dirección contraria que yo estaba tomando.Con un suspiro de resignación giré sobre mis talones con la idea de llegar a clase, dejar caer mi cabeza en una mesa y dormir al menos dos horas, pero entonces, cuando giré sobre mis talones para tomar el camino correcto, ví a Takemichi al fondo del pasillo. Llevaba horas pensando en qué iba a decirle y ahora que lo veía me quedé totalmente en blanco, me había quedado como un completo idiota parado en medio del pasillo mirándolo fijamente, observando cómo sonreía a todo el mundo como cada mañana. Apreté los puños. Esa no era su sonrisa de verdad, la ensayada que iba dirigida a todos, esa que le muestra al mundo y servía como un acto automático, no, su sonrisa de verdad era diferente, era la que me había mostrado a mí sin saber bien por qué.¿Por qué sonreír con tanta falsedad? ¿Por qué esa tendencia a ser amable con todos? Al final todo resultaba demasiado antinatural, demasiado forzado, ¿Tan difícil le resultaba ser él mismo? ¿No era capaz de sonreír solo cuando le apeteciera y no como rutina?—¿Por qué, Takemitchy? —Murmuré en un susurro casi inaudible.Sin embargo, como si me hubiese oído a pesar de saber que aquello era imposible, se giró enfocando su mirada en la mía. No sé cuánto tiempo pasó, parecieron horas y la gente seguía con sus cosas alrededor mientras nosotros decidíamos emplear el tiempo en mirarnos, cada uno en un extremo del pasillo.Al final, esbozó una sonrisa leve sin moverse. Esa… ¡Esa era su verdadera sonrisa! La sonrisa que no me había dejado dormir en dos malditas noches, la sonrisa que me hacía creer una y otra vez que me iba a volver loco en cualquier momento, la que me hacía perder los papeles y dejarme llevar. Casi ni cuenta me di de que había empezado a caminar hasta que lo hice, no me fijaba en si alguien  chocaba conmigo, o en si alguien me hablaba, no me preocupé de nada más que de no perder el contacto visual con él. En este momento no tenía muy claro qué haría cuando estuviéramos frente a frente, si darle un puñetazo por sonreírme de esa manera haciéndome perder la cordura o besarle hasta dejarle sin respiración por la misma razón, las dos cosas me eran opciones atractivas.No obstante, llegué hasta él y comprendí cuál era mi prioridad, entonces pasé por su lado sin mirarle, pero antes estiré el brazo tomando su mano izquierda entre la mía y arrastrándolo tras de mí. No vi el nombre del aula a la que entramos, no me importaba nada, en cuanto se hubo cerrado la puerta tras nosotros solo me preocupé de empujarlo contra la pared y lanzarme a sus labios.Cuando alzó los brazos para rodear mi cuello atrayéndome hacia él, dejó caer al suelo todos los papeles que llevaba en la mano, quedando esparcidos y desordenados a nuestro alrededor. En otras circunstancias me hubiera dicho de todo por alterar su trabajo, pero ahora no dijo ni hizo nada por quejarse, salvo responder al beso con una intensidad que casi asustaba. Estaba temblando, podía oír y sentir los latidos de su pecho vibrando con vigor, al mismo ritmo que el mío. Necesitaba tomar aire pero no me separé de él en ningún momento, todo lo contrario, me acerqué más pegándome a su cuerpo en la medida que fuera posible, alzando mis manos y sujetando ambos lados de su cuello acariciándole despacio, esto es una completa locura.—¿Hay alguien ahí? —Preguntó una voz al otro lado de la puerta, dando unos ligeros golpes en esta.—Manjirō —Logró articular Takemichi echándose atrás y golpeando su cabeza en la pared —Tenemos que-—No —Fue mi única respuesta antes de volver a atrapar sus labios con los míos. Permanecimos así unos segundos, minutos, no tengo ni idea, pero los golpes en la puerta insistían, y el pomo había empezado a moverse.—Van a entrar —Jadeó Takemichi girando la cabeza y logrando separarse de mí —Tenemos que salir de aquí.Lo miré con la respiración acelerada, controlándome enormemente por no volver a callarle a besos, aún tenía el sabor de su boca en la mía y reprimir ese impulso estaba siendo muy difícil.—Esto es una locura —Suspiró cerrando los ojos. La puerta había comenzado a abrirse.—Vaya —Susurré acercándome a él, quedando a escasos milímetros de sus labios —Creo que por primera vez estamos de acuerdo en algo.La puerta terminó abriéndose de par en par en el mismo momento en que yo me separaba finalmente del presidente en un rápido movimiento. Era el profesor con el nombre que nunca podía recordar, nos miró un momento desde el umbral ladeando la cabeza, como no pillando del todo qué hacíamos allí.—Alumnos —Dijo con paciencia —Si no me equivoco les toca un examen, ¿Cierto? Vayan a su aula, enseguida iré, en cuanto reúna unos papeles.—Oh, profesor Smith —Exclamó una voz conocida desde afuera del aula.No pude hacer menos que llevarme una mano a la cara dándome una pequeña palmada, de todos los profesores en la escuela, ¿De verdad tiene que ser la directora? Que mala suerte.—¿Sí, señora directora? —El profesor se giró dándonos la espalda y se puso a hablar con la directora, momento que Takemichi aprovechó para agacharse y empezar a recoger la tonelada de papeles que antes habíamos dejado caer al suelo.En silencio lo imité, recogeríamos todo y luego saldríamos al aula, él a resolver el dichoso examen y yo a dormir, o tal vez a preguntarme qué demonios acababa de pasar entre nosotros. 
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit 
—Profesor Smith, si no me equivoco le toca presenciar un examen en el aula 3-A, ¿No es así?—Sí, así es, señora.Oíamos al profesor Smith y a la directora conversar a dos metros escasos de nosotros mientras Manjirō y yo recogemos los papeles del suelo, ordenarlos me iba a costar al menos media hora, eran muchísimos formularios que estaban ordenados por nivel de importancia para los alumnos según las últimas encuestas y habían quedado totalmente desorganizados.Trataba de concentrarme en mi quehacer, obligando a qué mi mente no divagara recordando lo que había ocurrido hace unos minutos, intentando controlar cada escalofrío que recorría mi cuerpo cuando mi mano rozaba la de Manjirō, y de pronto ocurrió algo. Algo que me provocó un escalofrío mucho mayor que cualquiera de los anteriores.—Verá, profesor Smith, debo informarle de algo antes de que se dirija al aula. He estado revisando los expedientes de sus alumnos y me he percatado de que hasta el día de hoy, el señor Manjirō Sano no ha logrado aprobar ninguno de los exámenes. Es cierto que no llevamos mucho de curso, pero necesito que lo observe atentamente; si su alumno no me presenta al menos una nota positiva en las próximas semanas no me quedará otro remedio que llamar a sus padres y discutir con ellos las medidas oportunas a aplicar, ¿Lo ha comprendido?—Oh, sí, señora, perfectamente.—¡Magnífico! Apresúrese y disculpe la interrupción.—Sí, señora, como usted ordene.Las voces del profesor Smith y de la directora se perdieron por el pasillo. Me había quedado totalmente helado con lo que acababa de escuchar. Automáticamente me giré hacia Manjirō, el cual sonreía de medio lado mientras se incorporaba y depositaba el montón de papeles que había recogido en mis brazos. —Alguna vez tenía que pasar, ¿No? —Repuso con desdén. Lo miré, completamente serio.—¿Has estudiado? —Pregunté enfocando mis ojos en los suyos.—Como si no me conocieras —Bufó sin borrar la sonrisa burlona de su rostro y saliendo del aula.Me quedé allí parado con el montón de papeles en las manos y sintiendo mi garganta totalmente seca. ¿Por qué siempre tenía que hacer lo mismo ese idiota? Siempre igual, siempre ignorando las consecuencias de todo, yo conocía de sobra el procedimiento de la directora y ponerse en contacto con los padres de un alumno no era ninguna tontería. ¡Pero a él le daba igual! Todo le daba igual.Bien, pues a mí no. A mí no me daba igual, tal vez hubo un día en el que todo lo relacionado con él me era indiferente, es posible que tiempo atrás la noticia de que se hubiese metido en problemas me hubiera incluso alegrado, ahora no. No sabía por qué, ni cómo había pasado, tampoco cuando, ni nada, no sabía nada. Solo que de repente, me importaba lo que le ocurriese, me importaba demasiado. Tragué saliva dejando los papeles en la sala del consejo y cuando salí, supe que solo había una solución posible.Llegué al salón 3-A en último lugar, todos estaban sentados y listos para comenzar el examen. Me disculpé ante el profesor Smith y me dispuse a tomar asiento en mi lugar habitual, justo delante de Manjirō. Estaba nervioso, no, estaba muy asustado, conozco perfectamente las consecuencias en caso de que me descubran, pero no podía hacer otra cosa. Simplemente no podía. Al sentarme, dejé caer un pedazo de hoja de papel en el pupitre de Manjirō, le dirigí una mirada de advertencia y rápidamente me giré dándole la espalda. Antes de hacerlo, apenas me dio tiempo a observar su expresión incrédula mientras se encogía de hombros.El examen dio comienzo pocos minutos después. Rápidamente me puse a escribir, lo más rápido que fui capaz, no me detuve a comprobar el tiempo, ni me distraje en averiguar a qué se dedicaban nuestros compañeros, solo escribí y escribí. Únicamente cuando estuve satisfecho con el resultado alcé la vista. El profesor Smith escribía algo en la pizarra, deberes probablemente, y tragué saliva. Bien, era mi momento, rápido y veloz, sintiendo como si el corazón fuera a salir de mi pecho disparado, me giré hacia atrás, e ignorando tanto el susurro interrogante de Manjirō como su mirada atónita, deposité mi examen en su mesa y tomé el suyo llevándomelo.—Veinte minutos, chicos —Anunció el profesor con voz monótona.El sudor me resbalaba por la frente, sentía mi pecho estallar cuando empecé a resolver el examen lo más deprisa que pude, sin embargo, dicen que el tiempo nunca corre del modo que nos gustaría y en esta ocasión, se demostró con creces; los veinte minutos pasaron en un abrir y cerrar de ojos, apenas me dio tiempo a resolver un par de preguntas antes de que finalmente el profesor recogiera los exámenes y saliera del aula. Fue una locura intentar hacer un examen de historia en veinte minutos.Suspiré y me eché atrás en la silla acariciando mi muñeca. Ya había pasado lo peor, no fue tan bien como quisiera, pero al menos había terminado y me encontraba agotado, necesito descansar, lastima que Manjirō no pareció entender mis intenciones, puesto que en un movimiento fugaz, me vi arrastrado al pasillo sin darme cuenta.—¿A ti qué diablos te pasa? —Me espetó con su mal humor de siempre —¿Se puede saber a qué ha venido eso? Voy ahora mismo a hablar con el profesor. Se te cruzaron los cables, ¿Acaso no piensas o-? —¡No, no lo hagas! —Exclamé abriendo mucho los ojos —Si vas a hablar con él todo esto no habrá servido de nada.—¿Qué es todo esto ? ¿A qué ha venido la nota de artes? —Inquirió mientras rebuscaba en su bolsillo derecho. Acto seguido sacó el trozo de papel, bastante arrugado, que yo le había pasado. En él, tan solo había escritas tres palabras: “No escribas NADA”. Miré a Manjirō y suspiré. —Simplemente te he hecho el examen, no hay nada más que explicar, resolví mi examen y lo firmé con tu nombre, luego lo cambié por el tuyo y también lo resolví solo que firmando con mi nombre.—Ah… simplemente, nada más que explicar, está todo clarísimo —Ironizó alzando la voz —Estás mal, voy a decírselo a-—¡No, Mikey! —Exclamé tomándole del brazo justo cuando ya se estaba girando para irse —¡Tenía que hacerlo! No estudiaste y la directora ya lo ha advertido, necesitas al menos un aprobado si no quieres que llamen a tus padres, ¿Qué querías que hiciera? Solo imaginar que estarías en problemas y yo…Callé de golpe, sintiendo que se me cortaba la voz. Sin poder evitarlo agaché la cabeza avergonzado, no me arrepentía de nada, es cierto que nunca he copiado, mentido o hecho trampas en los exámenes, pero simplemente no me arrepentía, sé que me acabo de meter en un buen problema y que mi examen estaba prácticamente en blanco, de esa forma se echaría a perder mi promedio, no terminaría la escuela y viviré bajo un puente. Por no mencionar que probablemente a los padres que llamarán van a ser los míos y mi padre volvería a… no, no me importaba. No si con mi acción había ayudado a Manjirō a librarse de un problema.—¿Tu, qué? —Preguntó Manjirō en un tono más calmado. Ante su pregunta, no pude hacer menos que esbozar una sonrisa amarga, sabía que si le contaba la verdad iría corriendo con el profesor Smith.—Yo nada —Dije elevando los hombros —Primero hice tu examen y después el mío, todo salió bien.—¿Te dio tiempo a terminarlos? ¿A los dos? Lo miré. Estaba serio, completamente serio, frunciendo el ceño con las cejas arqueadas. Sí, era real, se estaba preocupando por mí de verdad. ¿En qué momento empezó a preocuparse por mí? ¿En qué momento empecé yo a mentir para sacarlo de un problema? ¿En qué momento cambiaron nuestras prioridades? —Sí —Dije finalmente —Obviamente me encargué de no hacer tu examen perfecto, hubiera sido demasiado sospechoso, pero está aprobado. Así que todo bien, es mi compensación porque me ayudaste la semana pasada, yo te ayudo ahora y ya no hay deudas.Sonreí antes de girarme y comenzar a caminar por el pasillo alejándome de él. —¿Desde cuándo es tan importante para ti ayudarme? —Oí que preguntaba tras de mí. Sin girarme, acentué mi sonrisa antes de responder.—Desde que te convertiste en mi prioridad.—Vaya —No necesito verlo para saber que estaba sonriendo con arrogancia —Deberías llamarme por mi apodo como mis amigos, ya somos cercanos, ¿No?Le miré de reojo sin dar respuesta. Hace poco me salió decirle Mikey por impulso, creo que puedo aplicar su apodo como cuando éramos niños.
[Rindō] - Calle 
Al fin las clases terminaron, hoy fue un lunes especialmente largo y duro, en pleno examen había sentido una gran oleada de inspiración que me distrajo completamente y acabé por escribir mi idea sobre el escritorio, al finalizar el examen le tome una foto y lo borré, aunque ahora no estoy del todo seguro de si resolví el examen contestando las preguntas correctas o escribiendo algunas de mis canciones.Caminaba por la calle con los audífonos en los orejas. Estaba nublado, tal como me gusta, me encantan los días nublados que anunciaban lluvia. Tenía el tiempo justo para llegar a casa, comer algo e ir a buscar a Mikey y Draken para ensayar, como no tenemos un lugar propiamente establecido, ensayamos en el sótano del instituto, por suerte, las puertas no cierra hasta entrada las 18:00, así que no había problema en ir a casa para cambiarme por algo más abrigado y buscar mi ukelele. No se podía decir que lo que hacíamos estuviese bien al ocupar sin permiso la propiedad escolar para nuestros propios fines, pero realmente no teníamos otro lugar para hacerlo. Hanagaki lo sabía desde el día que nos descubrió en pleno ensayo, y él es el presidente del consejo estudiantil, así que se puede decir que también tiene un cierto grado de autoridad en el instituto, su pseudo-autorización, en cierta forma, limpiaba nuestra consciencia.Al menos la mía, a Mikey le era completamente indiferente que estuviera permitido o prohibido, si quería hacerlo, lo hacía. Divagaba sobre las nuevas canciones que debíamos ensayar cuando llegué a casa. Al doblar la esquina, dirigí mi mirada hacia la puerta del piso que compartía con mi hermano Ran. Había una persona apoyada en el muro, al principio no distinguí bien de quién se trataba, pero me bastó dar un par de pasos más para terminar de reconocer su identidad:—¿Qué haces aquí? —Pregunté sorprendido a tiempo para ver como sonreía ampliamente ante mis palabras mientras yo bajaba los audífonos.—Te estaba esperando, Rin.

----- CHAPTER BREAK -----

[Yuzuha] - Calle
¡Qué aburrimiento! La mañana ha sido eterna, el examen no fue tan bien como me hubiera gustado y para colmo de males, Ran se estará todo el día ocupado en unos pedidos de recreación de ropa, al parecer había muchas cosas que organizar y modelos nuevos que exponer en su página. Me había pasado un momento por su casa para ver si necesitaba algo después de clases y lo ví hundido en metros de tela, nuevas ideas para crear y su máquina de coser, apenas pude hablar con él un poco. No quería entorpecer su trabajo, así que decidí marcharme a lo que se me presentaba como un prometedor largo e inactivo día por delante.¿Qué podía hacer? Mi primera idea fue llamar a los chicos para salir, hasta recordé que tenían ensayo. De cualquier modo, pensándolo bien, puedo llamarlos de todas formas porque no tengo nada que hacer, y siempre era mejor sentarme a verles tocar que dar vueltas por la calle o quedarme en mi casa viendo a Taijū estresado por la universidad y a Hakkai jugando videojuegos encerrado en su cuarto.Con esa idea en mente, decidí finalmente llamar a Rindō. Tras esperar unos minutos con el teléfono pegado a la oreja, me saltó el buzón de voz y suspiré en un acto de resignación. Seguro perdió el teléfono, no pierde la cabeza porque la tiene pegada. Moviendo la cabeza en señal de desaprobación, decidí probar suerte con Mikey, afortunadamente, él sí respondió a mi llamada, aunque se le notaba tal aire de desorientación que parecía como si estuviera hablando con el propio Rin. —Mikey, ¿Estás con Rin?.«— No, pero quedamos en vernos más tarde .»—¿En el instituto?«—Si,  eso creo…»—¿“Crees”? ¿Cómo que crees? —Inquirí desconcertada.«—No, digo sí, quedamos en el instituto.»—Mikey, ¿Estás bien?«— ¡Por supuesto que sí! ¿Cómo voy a estar? —Oí que exclamaba subiendo la voz.»—Bien, bien, entonces voy para allá. Ran está ocupado y no tengo nada que hacer.«—De acuerdo, hasta ahora —Dijo antes de colgar.»Sorprendida, me quedé mirando el teléfono con aire de desconcierto. ¿Qué mosca le ha picado ahora? Nadie puede entender a Mikey, quiero decir, ya de entrada era raro pero desde que andaba atraído por Hanagaki estaba peor que nunca. Comencé a caminar sumida en mis propios pensamientos, tras darle varias vueltas a este último pensamiento que se me había pasado por la cabeza, paré en seco mientras notaba como una gran idea acudía a mi mente. ¡Pues claro! Hacerles pasar un día juntos en el parque de atracciones había estado muy bien, pero necesitaban más empujoncitos. Y muchos más realmente, si no, nunca se atreverían a nada. Ya lo decidí: Llevaría a Hanagaki al ensayo.Gracias a la salida del sábado conozco su dirección y quedaba bastante tiempo para ir y venir en menos de treinta minutos.Realmente no tardé demasiado en llegar a su casa. Había tocado el timbre y ya comenzaba a inventar alguna excusa para llevármelo al instituto, a pesar de haber terminado las clases hacía escasamente un par de horas, cuando la puerta se abrió y en el umbral apareció nada más y nada menos que Kazutora.Chasqué la lengua frunciendo el ceño. No había contado con el bobo de su hermano, que piensa que es muy cool salir todos los fines semana de fiesta, meterse basura en el sistema y bebiendo alcohol hasta desmayarse, no hay nada que hacer, es el hermano de Hanagaki y no tengo más remedio que hablar con él.—¿Qué quieres? —Me preguntó con sorpresa poniendo un gesto de lo más ordinario.—Hola, Kazutora, siempre mostrando tanta educación —Le sonreí irónicamente sin obtener una reacción —¿Se encuentra tu hermano en casa? —¿Por qué le buscas? —Dijo con altivez —Ni que fuera tu amigo.—Primero, el porqué le busco no es de tu incumbencia —Dije endureciendo la voz mientras realizaba un gesto de negación con mi dedo índice —Y segundo, ¿A ti quien te ha dicho que no somos amigos? —¿Qué? —Preguntó con una mueca burlona —Oh, vamos no me hagas reír, mi hermano no tiene amigos.Suspiré con pesar tratando de controlar las enormes ganas que me estaban dando de arrancar uno a uno esos mechones rubios que modelaba tan orgulloso.¿Cómo los hermanos pueden ser tan diferentes? Hanagaki es introvertido, humilde, servicial, dulce e inteligente, mientras que Kazutora es el típico niño rico que se vive la vida en fiestas, subiendo fotos fumando, yendo de compras y presumiendo su buena vida, por no mencionar que es desagradable. Podría ser desagradable estilo Regina George, pero en su lugar es la versión joven de Miranda Priestly.Aunque compararlo con Meryl Streep es un insulto a la actriz.—Sí, sí, lo que digas. ¿Sabes dónde está o no?—Takemichi está en el lugar de siempre, se pasa la vida metido en la sala del consejo. Honestamente, siendo “su amiga” me extraña que no sepas dónde pasa las tardes —Comentó con ironía.Mi deseo de golpearlo iba en aumento, pero afortunadamente me contuve recordando a Taijū diciéndome que solo puedo golpear a la gente para defender mi honor o el de los demás, y si tratan de atacarme primero.Si Hanagaki estaba en el instituto eso facilitaría mucho las cosas, podría convencerle de despejarse del trabajo un ratito y llevarlo conmigo a ver el ensayo de los chicos. Estoy emocionada por hablar un poco más con él, nunca hemos tenido la oportunidad a pesar de ser compañeros.—Bien, gracias —Dije antes de dar media vuelta y comenzar a caminar.
[Kazutora] - Casa de los Hanagaki
¿Yuzuha Shiba en mi casa preguntando por mi hermano? ¿Y diciendo que eran amigos? ¿Qué se supone que está pasando? Takemichi no tiene amigos. Mantenía su distancia de todo el mundo y no dejaba que nadie entrara en su zona de confort. ¿Qué pasa si a Yuzuha le gusta mi hermano? Sería el colmo, primero el tal Sendō y ahora también Yuzuha.¿Qué le ven al aburrido de Takemichi? Tal parece que mi querido hermano está metido en algo, algo malo que le traería problemas con papá, necesito saber al respecto y para eso tengo que atraparlo en algún error, por mínimo que fuera y actuar antes de que se repita lo de hace una semana. Mi cabeza palpito de dolor, por alguna razón sucede esto siempre que pienso en mi padre, especialmente a él junto a Takemichi, hay algo que estoy pasando por alto. Incluso si no hago nada, todavía tengo la mosca detrás de la oreja y ya me estaba picando la curiosidad por averiguar qué se traía Yuzuha con mi hermano.—¡Voy a salir! —Anuncié a gritos desde la puerta, y acto seguido eché a correr en dirección a la secundaria.No necesito obtener permiso ni recibir alguna charla sobre ser cuidadoso, me dejaban ser libre en su totalidad y nunca me pusieron un límite. Algo que aprovechaba al máximo.
[Rindō] - Departamento de los Haitani 
—Me has sorprendido, Luna, supuse que estabas en un viaje escolar.La había reconocido en cuanto me acerqué un par de pasos más: Luna Mitsuya, la conocía desde hace tiempo porque es la hermana de Mitsuya y fui a una exposición en su escuela, desde que me vio ha estado cerca, muy cerca de mi.Luna era una chica bastante agradable la mayoría de las veces, tenía un largo cabello rosa pastel atado en dos coletas y ojos púrpura, es una niña de trece años con una fuerte personalidad (es la única forma que tengo de descubrir su llamativa ropa), tenía un conjunto que daba las mismas vibras que la princesa de la Bella Durmiente, incluso tenía una diadema que ocupaba el lugar de corona. Por muy agradable e interesante que sea su ropa, siempre hacía acto de presencia en cuanto gozaba de un momento de libertad lejos del cuidado de su hermano mayor.—¡Te dije que volvía ayer! Adoro ese carácter tuyo tan olvidadizo, Rin, eres tierno —Dijo con entusiasmo mientras se acercaba con rapidez arrojándose a mis brazos.Por acto reflejo, logré sujetarla a tiempo para que no se diera un buen golpe contra el suelo, lo cierto es que se había lanzado con demasiado ímpetu. Fue tan brusca que ignore que me haya llamado olvidadizo, solo por perder algunas cosas y no saber ubicarme en las calles.—Luna —Repliqué mientras la enderezaba situando mis manos en sus hombros. Por un momento la miré fijamente notando que sonreía emocionada a pesar de mi tono firme, siempre que me veía sonríe de la misma forma —Ten cuidado, puedes caerte.Discutir con ella es en vano, se siente como pelear con Miley, dos niños que siguen sus impulsos y solo oyen su propia voz.—¿Te preocupas por mí Rin? ¡Gracias! —Exclamó con más viveza que antes volviendo a abrazarme. Una vez más la aparté cuidadosamente.—Luna, en serio lo lamento, pero tengo que marcharme. Ya he quedado con mis amigos y vamos a ensayar en la escuela. —Entonces, ¿Puedo acompañarte, Rin? ¡Por favor! ¡No podré dormir esta noche si no te escucho cantar! —Pidió juntando las manos y pegándose más.Suspiré con resignación. Aprecio mucho a Luna, pero a veces me preocupaba ese cariño tan desmesurado que siente por mí y su manera de salir de casa sin decirle a nadie, siento un poco de pena por Mitsuya, mi ex compañero de clases, antes de repetir curso por segunds vez.—Muy bien —Acepté preguntándome qué dirá Mikey cuando me vea aparecer en el instituto con compañía —Espérame, voy a dejar mis libros en casa, busco algo de comer y cambiarme de ropa, luego emprenderemos camino.También voy a mandarle un mensaje a Mitsuya para evitar que se preocupe.No creo que sea adecuado dejarla pasar a la casa teniendo en cuenta que está un poco obsesionada, tampoco puedo dejarla en la calle, así que le dije que me esperara en la entrada.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit 
Aquí estoy yo, en el sótano esperando a Rindō, llevaba una hora tonteando con la guitarra, ya que, para no variar, uno de mis mejores amigos llegaba tarde y el otro tenía una especie de cita virtual con mi hermana. No sé cuál es peor. Resoplé con mal humor tras el cuarto acorde mal tocado, llevaba varios minutos equivocándome, no tengo idea de cómo íbamos a ensayar si yo no concretaba ni una melodía con la guitarra.Dejé un momento de tocar y me eché hacia atrás en el suelo frotándome la frente. Estoy desconcentrado, eso es lo que me pasa, no se me iba de la cabeza lo que viví hace unas horas. Cada vez que cierro los ojos ahí estaban las dichosas imágenes, los dos en el sofá de casa viendo documentales de asesinos seriales, juntos en la azotea a solo milímetros de distancia el uno del otro, en la noria perdiendo el aliento por un beso, en el aula besándonos de aquella forma tan pasional y en el pasillo, oyendo  una confesión que no me esperaba: “Desde que te convertiste en mi prioridad”. Repetía las palabras en mi cabeza una y otra y otra vez.¿Por qué? ¿Por qué había pasado? ¿Por qué no se me iba de la cabeza? ¿Por qué tengo estas ganas de ir a buscarlo, arrinconarle en la pared y besarlo? ¿Por qué me había dicho eso? Su prioridad… yo soy su prioridad, ¿Desde cuándo? ¿Cómo?—Demonios, Takemitchy, me vas a volver loco —Acabé susurrando sin darme cuenta, tirando la guitarra a un lado. Estuvo a punto de caer al suelo, pero por suerte tuve suficientes reflejos para atraparla, aunque al final, el que se dio el golpe fui yo —Hace rato que no me golpeaba con algo. Permanecí tirado en el suelo. ¿Por qué siempre acababa dándome un golpe? Tengo la peor de las suertes.Suspiré sin levantarme y traté de relajarme en la misma posición abrazando la guitarra contra mi torso. No puedo seguir así, me va a estallar la cabeza si no encuentro una respuesta racional a todo esto, no han desaparecido los malditos “porqués” de mi mente en siete días y aquello no puede ser normal, se me está saliendo todo de las manos y no podía controlarme cuando lo tenía delante. Sé que he perdido el control sobre mí mismo, mi cuerpo actúa solo, mi mente también y no puedo seguir, necesito tener las cosas claras, de lo contrario, sería demasiado tarde.Esto de pensar en lo mismo por tanto tiempo no es lo mío, en especial cuando yo no soy de pensar en nada más de dos minutos seguidos y me limitó a actuar según lo que siento.He estado pensando en más cosas durante la última semana que en toda mi vida y ya estoy estresado, simplemente quiero cerrar los ojos y descansar sin que fuera su sonrisa lo primero que se me apareciera en la mente. ¿Por qué está pasado todo esto? ¿Por qué de repente me levanto un día y cuando lo veo no me salen insultos ni malas caras? ¿Por qué lo único que me provocaba ahora al verle eran ganas de besarlo, abrazarlo y tocarlo con ansiedad, casi con desesperación? Otra vez los malditos “porqués” invaden mi mente.Estoy preocupado, nada de esto ha sido normal, y sinceramente, estoy empezando a tener cierta ansiedad ante la incertidumbre, porque el pecho me dolía y dolía de una forma que me asustaba. ¿Qué debo hacer? Por un lado quiero evitar verlo hasta poner en orden mis sentimientos y no volver a acabar encima de él besándole como esta mañana, pero por otro lado es difícil, incluso cuando estábamos en malos términos era imposible mantenernos lejos ya sea para pelear o señalar lo que nos molesta del otro.Me llevé una mano a los labios y tragué saliva, aún siento el sabor de su boca, ¿Vamos a hablar algún día de esto o lo dejaremos pasar? ¿Seguiremos besándonos en las esquinas durante un tiempo o no volvería a pasar nunca más? ¿Nos haríamos amigos con ciertos derechos o volveríamos a odiarnos? No, eso último no, por favor. Hay mil preguntas y solo una respuesta. Nunca, en toda mi vida me había sentido así, nunca. Ni siquiera cuando ella estaba conmigo.Cerré los ojos aún tirado en el suelo y traté de relajarme, misión difícil cuando sabía perfectamente que la persona que me volvía loco, de todas las formas posibles, estaba en la sala del consejo, en el piso de arriba, tan cerca. Giré sobre mi eje abrazando la guitarra roja.—Takemitchy —Susurré —¿Qué me estás haciendo?
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit 
—Hanagaki, ¡Hanagaki! ¿Me oyes? ¡HANAGAKI!—¿Eh? ¿Qué ocurre? —Exclamé en cuanto esa voz me sacó de mis cavilaciones.Me encontraba totalmente desorientado y por un momento ni siquiera supe con exactitud donde me encontraba, al desviar los ojos hacia la izquierda vi el rostro de Akkun contemplándome con el ceño fruncido.—Pareces estar en las nubes, ¿Te encuentras bien?—¡Claro!Estoy en la sala del consejo, rellenando informes con Akkun sobre la solicitud de los alumnos por un menú vegetariano y mayor variedad en las máquinas expendedoras. ¿Cómo pude distraerme de mi trabajo? Había quedado sumido en mis propios pensamientos y no me di cuenta ni siquiera de que Akkun me estaba hablando.—Lo siento, Akkun… ¿Decías? —Pregunté aún algo desorientado.—Te preguntaba dónde debo dejar estas encuestas que ya fueron pasadas al archivo para la directora, ¿En esta carpeta para relectura o en la verde de archivos finalizados? Personalmente pienso que primero deberíamos dárselo a algún profesor y recibir su apoyo para el debate a fin de mes por la propuesta del nuevo menú.Se me pasó por completo la estrategia básica para debatir con la directora que era una mujer poco flexible y que consideraba a los vegetarianos como adolescentes con problemas de salud que iban contra lo normal, a los que tienen una orientación sexual inusual como asexual o pansexual los llamaba raros o a los chicos y chicas que usan ropa que no correspondía a su género eran inadecuados, para convencer a alguien como ella debo tener el apoyo de los profesores y si es uno de los jóvenes, con gran atractivo, sería mucho mejor obtener su aprobación. Conozco el procedimiento al pie de la letra, hace una semana podía hacerlo con los ojos cerrados, pero ahora no puedo dejar de pensar en todo lo que ha pasado.En el parque de atracciones, en lo bien que me lo había pasado saliendo con los chicos, en Manjirō, en cómo nos habíamos besado esta mañana, en mi examen que será reprobado con toda seguridad, en lo que ocurriría en mi casa con mi padre cuando supiera mi calificación…—Entonces, ¿Estás de acuerdo en pedirle apoyo a la profesora Zöe y al profesor Hīragi? —Oí que preguntaba Akkun mirando los archivos.—¿Qué? Disculpa, Akkun, no he oído ni una sola palabra de lo que has dicho —Entiendo la intervención del profesor Shinya que es atractivo, pero no el de la profesora.—Definitivamente tienes la cabeza en otra parte —Suspiró con pesar.Sí. La tengo, mi cabeza estaba exactamente unos metros por debajo de nosotros, más concretamente en el sótano del instituto. —Entiendo que no te encuentras en tu mejor día —Se apresuró a añadir Akkun  —Pero por favor, trata de prestar más atención a esto o de nuevo tendremos a los estudiantes realizando protestas, sentadas o carteles acusándonos de privarlos de su libertad.—Sí, lo siento, tienes razón —Acepté con un movimiento afirmativo de la cabeza.Akkun tiene razón, los alumnos más radicales, por llamarlos de una manera amable, solían hacer escándalos en cada trimestre por la razón de moda o si ven algo que atenta contra su libertad. A principio de año tuvimos un serio problema sobre las limitaciones con la ropa y hace un año sucedió lo mismo con las clases mixtas de gimnasia, algunos alegaban que era discriminación creer que se necesitaba dividir a las chicas de los chicos y otros aceptaban la separación porque, le duela a quien le duela, era necesario y no solo por una diferencia de fuerzas o para evitar heridos, sino porque también era una manera de evitar que los chicos y las chicas coincidieran en los vestuarios. Ya saben, para que nadie… tenga ideas +18 ni que se presente algún caso de acoso o incomodidad en el alumnado.El resultado fue mantener las clases mixtas, eso tuvo como consecuencia más protestas de otros alumnos, algunas tenían mucho sentido y otras claramente servían solo para darle trabajo al consejo estudiantil.Hice a un lado mis pensamientos, es hora de ponerse a trabajar.Justo en ese momento, la puerta de la sala se abrió de par en par con un sonoro estruendo, con el cual Akkun y yo giramos automáticamente nuestras cabezas hacia el umbral esperando a un alumno enojado por algo nuevo, en lugar de una persona desagradable vimos a Yuzuha bastante jadeante y con su bolso colgando en su codo.—¡Te encontré, que suerte! Vamos, tenemos que ir a un lugar muy importante —Dijo de repente mientras se acercaba a toda prisa hacia mí y tiraba de mi brazo pretendiendo levantarme de la silla.Akkun la observó frunciendo aún más el ceño mientras yo terminaba por pararme boquiabierto.—Yuzuha, ¿Qué sucede? ¿Necesitas a Hanagaki para algo?—Ya lo dije —Insistió sujetando mi muñeca —Tenemos que irnos, rápido.—Pe-pero no puedo, estoy trabajando, Yuzuha. Si necesitas ayuda con algo de la escuela o tienes una queja, llena el formulario-—Oh, Hanagaki, esto es más importante, el trabajo puede esperar, no te vas a morir por tomarte un break —Entrelazó su brazo con el mío —Además, no iremos muy lejos.No pude hacer otra cosa que dejarme arrastrar totalmente desconcertado y curioso.—Akkun, discúlpame, ¡Adelanta lo que puedas por favor, volveré enseguida! —Alcancé a decir antes de que Yuzuha me sacara de la sala.Sin poder hacer otra cosa, seguí a Yuzuha por los pasillos del instituto con su mano agarrando con fuerza mi brazo. Todas las preguntas que le hice, una a una, las ignoró completamente. Cuando comprendí que nos estábamos acercando al sótano, comencé a ponerme nervioso.—Dime que no vamos a bajar —Murmuré sintiendo como mi pecho comenzaba a acelerarse. Allí estaba Mikey, ¿Le había pedido que me llevara? Yuzuha solo me dirigió una sonrisa traviesa y comenzó a bajar tirando de mi brazo.—¡Con permiso! —Dijo antes de atravesar la puerta para entrar en el sótano —Vaya, vaya, ¿Venimos a ver un ensayo o verte dormir? —Preguntó con burla cuando vimos a Mikey tumbado en el suelo con los ojos cerrados y abrazando su guitarra.—Sin Rindō y Draken, no puedo hacer mucho y como uno de ellos tiene una cita virtual y el otro llega tarde... para no perder la costumbre estoy durmiendo —Murmuró sin abrir los ojos.Lo miré curioso por su pereza. No dije nada, solo me limité a mirarlo. Sí, era el mismo Mikey de siempre, el mismo que una vez me robó las llaves de algunos salones para sacarle una copia a la del sótano y usarlo sin permiso. Todo continuaba igual, entonces, ¿Era yo el que había cambiado? Viéndolo ahí tirado en el suelo, me recordó a cuándo éramos pequeños y siempre andaba tirado en la hierba del parque, en el salón de su casa, una vez en medio de la calle, decía que era la mejor forma que existía de mirar hacia arriba y disfrutar del cielo.Sonreí sin darme cuenta, lo hice desde el fondo de mi corazón, y sentí que podría pasarme la vida mirándolo y pensando en él.—¿Es necesario esperar a Rindō ahí tirado? Te vas a resfriar —Continuó Yuzuha entrando del todo en el sótano y dejándose caer en una de las sillas que tenían allí Mikey y los chicos, tiró su bolso a sus pies.—No me molestes, hace demasiado calor y el suelo se siente bien. Se supone que está entrando el otoño, así que no entiendo este calor.—Sí, en eso tienes razón —Suspiró Yuzuha.Yo seguía la conversación pasando mi vista de uno al otro sin abrir la boca. Lo lógico hubiera sido preguntarle a Yuzuha porque me trajo aquí, pero no dije nada. Ella tampoco me instó a hablar, así que preferí guardar silencio. —Yuzuha —Murmuró Mikey sin abrir los ojos —¿Has visto si el presi anda por arriba? —¿Hanagaki? —Preguntó sonriendo.—No, el profesor de nombre raro —Dijo en tono irónico.Me removí, sintiendo como mi estómago daba una sacudida inmensa. Esta mañana se había preocupado por mí, ahora se interesaba en dónde estaba y yo no había dejado de pensar en él. ¿Qué nos estaba pasando?—No, no está arriba —Respondió Yuzuha acentuando su sonrisa y mirándome un momento —No está arriba porque, no estoy segura, pero creo que está aquí abajo.El salto que dio Mikey no fue nada comparado con el grito que profirieron sus labios.—Pero, ¿Qué rayos? —Farfulló incorporándose de golpe y enfocando su mirada en mí sin dejar de abrazar su guitarra—¡¿Qué estás haciendo aquí?! —Eh… —Me removí incómodo, yo tengo la misma pregunta, ¿Qué hago en este lugar? —Yuzuha fue a buscarme y me dijo que la acompañara, no sabía que nos dirigíamos hacia aquí hasta que llegamos.—¿Y por qué le haces caso? ¡Está loca! Podría haberte llevado a la otra punta del país y seguirías tranquilo —Protestó Mikey incorporándose del todo y levantándose finalmente del suelo apoyando la guitarra en la pared.—Es que se trata de ella, es una… amiga —Dije la última palabra con cierta pena.—¡Claro que somos amigos! Como amigos declarados, ¿Puedo llamarte Takemichi?—Seguro.—¡Bien, gracias Takemichi!—Pero me dijiste que era de vital importancia venir —Le recordé a Yuzuha fijando mis ojos en ella. Continuaba sentada, con una sonrisa divertida en el rostro y desviando la mirada de Mikey a mí, conforme fuésemos hablando.—¡Y lo es! —Afirmó —¡Venimos a ver el ensayo de Mikey, Draken y Rindō, es pura cultura musical! Aprender cultura musical es muy importante.—¿De qué hablas ahora? —Dijimos Mikey y yo al unísono. Acto seguido nos miramos, lo único que me faltaba para terminar de enredarlo todo en mi cabeza era precisamente esto, que de repente también empezáramos a hablar a la vez.—Vamos, Mikey —Ronroneó Yuzuha en tono conciliador —Déjalo quedarse, seguro que tiene muchas ganas de verte, digo, verlos ensayar.—Bueno, yo… —Comencé, pero acto seguido Mikey me miró y ahogó las palabras en mi boca.—¿Quieres quedarte? —Preguntó duramente. Ante sus palabras tragué saliva y terminé asintiendo con un movimiento suave, sin entender realmente por qué me siento avergonzado —Bien, pero hasta que no llegue Rindō, poco puedo hacer.Tal y como si lo hubiese invocado, en ese momento se abrió la puerta y apareció Rindō, seguido de una chica a la que no conocía. No pude evitar fijarme en ella, tenía el cabello rosado y largo, recogido en dos coletas altas sujetas con moños dorados y una diadema, los ojos de un púrpura bastante inusual y vestía un conjunto rosa que le daba un aura  de princesa en un cuentos de hadas. Venía colgada del brazo de Rindō. —¡Ya era hora! —Comenzó Mikey, se paró en seco al ver a la chica —Luna, ¿Qué haces aquí?Lo miré. ¿Acaso la conoce? ¿Quién era esa chica? Luce demasiado pequeña para ser una estudiante de preparatoria. En ese momento, una inquietante duda atravesó mi mente como una flecha, ¿Qué tenía que ver ella con Mikey?—¡Mikey! ¿Cómo estás? —Sonrió.Sin dar tiempo a que Mikey volviera a abrir la boca, Rindō intervino.—Lo siento, estaba esperándome en casa y me ha pedido venir, espero que no sea ningún inconveniente.—No, claro que no tengo problema, tu los tendrás con Mitsuya  porque de seguro ella vino sin permiso —Dijo encogiéndose de hombros —Entra y siéntate muy callada —Le dijo a la chica que ahora sé que es hermana menor de Mitsuya Takashi, un ex-compañero de Mikey, antes de repetir curso. Luego se dirigió a Rindō —Trae las canciones.No me di cuenta de que había apretado los puños hasta que empezaron a dolerme los dedos, de repente me encontraba de muy mal humor, ¿Por qué no hay ningún problema en que ella se quede y en cambio antes, al llegar yo, Mikey había puesto el grito en el cielo?—Yo mejor me voy —Dije fríamente, pero apenas me dio tiempo a comenzar a caminar cuando Yuzuha se levantó a toda prisa y por segunda vez en el día, me agarró del brazo arrastrandome a los asientos, junto a ella.—¡Oh, vamos no seas tonto! Luna, este es Takemichi Hanagaki, el presidente del consejo estudiantil —Me presentó a la chica, que también se había sentado a nuestro lado.—¡Un gusto, Hanagaki! —Sonrió, y aunque aún me sentía de mal humor, no pude hacer menos que devolverle el saludo y suspirar quedamente. Sigo sin comprender qué hago yo aquí.—Bien, ¿Podemos empezar? —Preguntó Mikey mirándonos fríamente, y acto seguido se inclinó sobre el cuaderno que Rindō le mostraba.Sin embargo, apenas le dio tiempo a acomodar sus dedos en un acorde cuando la puerta del sótano volvió a abrirse en un golpe seco, dejando ver en el umbral a Akkun con el ceño fruncido. —¡Hanagaki! Te he buscado por todo el instituto! —Exclamó —Prometiste volver pronto, tenemos que trabajar, ¿Recuerdas? —Lo que me faltaba —Gruñó Mikey en voz baja cruzándose de brazos y alzando la voz. Era evidente que comenzaba a ponerse nervioso —Oye, no recuerdo tu nombre, pero pasa si quieres y no hagas ruido —Continuó incrementando el tono irónico de su voz —Total, uno más, uno menos no marca la diferencia.Akkun abrió la boca, evidentemente para protestar, pero fue interrumpido nuevamente por la puerta, que de nuevo se abría con más fuerza que antes. Solo que en esta ocasión, al ver a la persona que acababa de entrar, más de uno nos quedamos con la boca abierta, empezando por mí.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
—Esto tiene que ser una broma —Grité ya sin importarme el haber alzado la voz —¿Alguien puede explicarme que hace él aquí?Ahí estaba el irritante de Kazutora, con su misma cara arrogante de siempre, su expresión altanera y con una mirada que te hacía sentir insultado. Tal vez no tan así, pero era lo que transmitía con su postura.—¡Takemichi! —Exclamó mientras yo suspiraba, hasta su voz es irritante —Así que trabajando, ¿Eh?—No, Kazutora, puedo explicarlo —Takemichi le cortó incorporándose del asiento con brusquedad y acercándose a a su hermano —Sí, vamos, explícalo —Dije para mí mismo —No quiero oír sus dramas fraternales, así que si van a tener un momento de hermanos, vayan arriba.—Mikey —Los ojos dorados se fijaron en mí y usé la guitarra para cubrirme —No me había fijado en que estabas aquí.Su expresión arrogante fue reemplazada por una de falsa inocencia sonriendo mientras se acercaba a mí, pegándose a mi brazo y dándome un abrazo, apoyando la cabeza en mi hombro. Esto ya es demasiado.Estaba tratando de quitármelo de encima, como de costumbre, cuando por el rabillo del ojo acerté a ver un movimiento fugaz. Apenas me di cuenta de qué fue lo que pasó hasta que sucedió, Takemichi había agarrado a Kazutora del brazo y tiró de él hacia atrás con fuerza separándolo de mí por completo en un gesto furioso. Lo miré, sin moverme, no podía creerlo, nunca lo había visto así.—No lo toques —Dijo soltando a Kazutora en su sacudida.Por un momento, se hizo el silencio total. Yuzuha y Luna se habían incorporado y lo miraban todo con la boca abierta, la más pequeña corrió hasta ocultarse tras Rindō, no porque estuviera asustada sino porque aprovechaba la oportunidad para jugar el rol de niña asustadiza que necesita protección. No podía ver a Rindō, porque estaba detrás de mí, pero supongo que tendría una expresión similar a la mía, aunque conociendo a Rindō, nadie estaba seguro de lo que pasaba por su cabeza, y el chico que siempre estaba con Takemichi en el consejo se había llevado las manos a la boca.Takemichi había relajado su expresión y tal y como miraba a su hermano, parecía que empezaba a ser consciente de lo que acababa de hacer, ahora su rostro solo reflejaba angustia y Kazutora miró a su hermano un momento con odio, era una mirada que nunca le había visto y casi creo que no era él sino una persona totalmente diferente, pero inmediatamente después endureció la mirada y asomó una sonrisa de lo más ruin.Su postura ya no era arrogante, sino de falsa tristeza.—¡Ay, me duele, imbécil! —Empezó a decir mientras se agarraba un pie de una forma totalmente falsa —Por tu culpa me he torcido el tobillo.Pero si te agarró del brazo.—No te lastimaste —Empecé a protestar cuando Takemichi me cortó casi al momento alzando la mano.—Te llevaré arriba, hay más luz y podremos ver esa torcedura —Dijo con pesar agarrando a Kazutora del brazo, él sonrió de una forma que me heló la sangre.Conozco a Takemichi desde niños, en consecuencia también a Kazutora, siempre fue un mocoso caprichoso y arrogante, pero algo en él ahora mismo no se parecía a la persona que conozco. —¡Te ayudo! —Exclamé acercándome y sujetando a Kazutora del otro brazo.—No es necesario que…—He dicho que te ayudo —Repetí, y acto seguido salimos del sótano en completo silencio.Los demás nos siguieron con la mirada, llegamos a las escaleras pude oír a Yuzuha acusando a Kazutora de mentiroso y a Rindō tratando de calmarla.Cuando llegamos a la sala del consejo, Kazutora se dejó caer en una de las sillas frotando su pie y repitiendo hasta la saciedad que le dolía mucho, daba muchas ganas de callarlo a golpes. Está claro que todo lo hacía por incordiar, no se había doblado el tobillo, ¡Ni siquiera sabe dónde está el tobillo, se masajea la pantorrilla!—¿Podemos ayudar? —Oí que preguntaba Rindō detrás de nosotros mientras Takemichi le quitaba la zapatilla a Kazutora. Me giré y ahí estaba toda la comitiva que nos había seguido, creí que los dejamos discutiendo en el sótano y por eso había tanto silencio, en realidad estaban callados por un milagro.—Esto no es ningún espectáculo, ¿Quieren hacer el favor de volver abajo? —Dije de mala forma.—Relájate Mikey y no seas dramático. Solo queremos ayudar a Takemichi, por supuesto, no a Kazutora.—Yuzuha —Murmuró Rindō en tono de reproche.—Muy bien, entren —Dije resignado. Takemichi palpaba el tobillo de Kazutora mientras esta no hacía sino gritar que le dolía una y otra vez, me estaba alterando de los nervios con su afán de mantener la mentira, y Takemichi no quitaba esa expresión de angustia, a cada minuto que pasaba se le veía más preocupado. Fui a decirle algo cuando de pronto, la puerta de la sala se abrió y aparecieron dos chicos con la misma cara aunque diferente ropa y color de cabello, esos genelos que tenían personalidades tan opuestas.Sōuya Kawata, el hermano que siempre estaba corriendo de un lado a otro ayudando a los demás o prestando servicios a los clubes porque pertenece al club de enfermería, una vez lo vi colgado de un árbol para bajar un gatito. Tenía el cabello rizado de color azul pastel y un enorme cárdigan a juego que podría usar de manta, siempre parecía estar de mal humor cuando en realidad era el más agradable de los gemelos, por eso fue apodado Angry cuando se transfirió hace dos años. En cuanto a Nahoya, apodado Smiley por siempre estar sonriendo incluso cuando se mete en peleas, era un chico con el cabello teñido de rosa y un estilo grunge que era todo lo contrario a su hermano, pertenece al club de básquet y siempre acompaña a su gemelo para evitar que lo intimiden, lo cual es casi imposible, creo que Angry se lleva bien todos en la secundaria.Hay algo que siempre me causa mucha curiosidad, sé que todos somos individuos con características propias, pero hay ciertos hermanos que son tan diferentes que no parecen ser criados de la misma forma.  Por un lado Takemichi tan perfecto y ordenado tiene un hermano como Kazutora que es fiestero y arrogante, luego los hermanos Kawata con la misma cara y actitudes tan opuestas, hasta mis propios hermanos y yo somos diferentes. Shinichirō es un adulto con hambre de aventuras, Izana alguien que vive la vida al máximo, Emma es la dulzura personificada y yo que soy un problemático que va por la vida con una guitarra colgada en el hombro.Como si ya no hubiera suficientes personas en la sala del consejo, ahora los gemelos se unen a nosotros.—No me lo puedo creer, aquí tiene que haber una cámara oculta o algo —Farfullé mientras Yuzuha los miraba sorprendida. —Angry, Smiley, ¿Qué hacen aquí? —Estábamos en casa cuando nos dimos cuenta de que a mi querido hermanito se le había olvidado su cuaderno de dibujos en el laboratorio, así que hemos vuelto a por él —Explicó alegremente Smiley.—Culpable, lo siento —Dijo Angry bajando la cabeza avergonzado —¿Qué hay de ustedes?—Es cierto —Smiley se recargo en su hermano menor —¿A qué se debe esta reunión? Los oímos desde el final del pasillo y sentimos curiosidad.—¡No hay ninguna reunión! —Respondí frustrado. —Casi parece que nos hacen falta más horas de clases, todos acabamos aquí —Comentó Smiley acentuando su sonrisa e ignorando completamente mi comentario. —Smiley, no te burles —Angry tiró de la manga de la chaqueta negra de su hermano.—Chicos, aquí no le veo nada a Kazutora —Intervino Takemichi.—¡Porque no tiene nada! —Exclamé frustrado.—Voy a llevarlo a la enfermería para aplicarle alguna de las pomadas que se guardan y lo llevaré a casa.—Entonces te ayudo de nuevo —Acepté resignado y preparándome para volver a cargar a su hermano —No es necesario que vengan todos.—Nosotros podemos ayudar, Angry sabe primeros auxilios y es bueno en eso –Dijo alegremente Smiley abrazando a su hermano por los hombros —¿Verdad?—Por supuesto —Sonrió el otro —No entiendo lo que pasa, pero si puedo ayudar, lo haré.—Y esto es muy interesante —Oí que murmuraba el gemelo sonriente.—Demonios —Alcancé a decir antes de que Yuzuha interviniera.—Bueno, si vamos todos, primero voy a dejar aquí mi chaqueta porque hace un calor insoportable.En eso, sorprendentemente, estuvimos todos de acuerdo, así que tras dejar todas nuestras chaquetas y pertenencias en la sala del consejo, una vez más Takemichi y yo cargamos a Kazutora hasta la enfermería mientras todos nos seguían. ¡Ni que esto fuera una excursión! Yuzuha hasta había entablado una animada conversación con los gemelos, saltando emocionada por ver a dos personas tan iguales y, a la vez, diferentes. Somos compañeros de clase, pero rara vez interactúan fuera del ámbito escolar.Una vez en la enfermería no nos entretuvimos mucho, Angry amablemente se ofreció a aplicar la pomada en el tobillo de Kazutora, por su cara de desconcierto supimos que no había tal herida y solo estaba siguiendo las indicaciones de Takemichi por amabilidad. Los demás decidimos esperar un rato por si se le pasaba el dolor para que pudiera caminar. Kazutora seguía y seguía quejándose, y a mí se me estaba acabando la paciencia, sobre todo cada vez que miraba la cara angustiada de Takemichi y sentía que me hervía la sangre, yo también me preocupo muchos por mis hermanos si están lastimados, pero Kazutora solo estaba armando una escena y no estaba herido, así que su preocupación es innecesaria. Al final le dirigí una mirada a Kazutora cargada de tanto odio que, seguramente, lo hizo terminar de decidirse a acabar su mentira y levantarse como si nada hubiera pasado. —Bueno —Dijo con un tono de mosquita muerta, ¡Como si no nos hubiera robado media hora de nuestra vida! —Aún me duele, pero creo que podré caminar.—No creo que tengas na-—Sabia decisión —Asintió Rindō interrumpiendo a Angry, hicimos un pacto silencioso en fingir que le creemos su mentira, para evitar más dramas y porque la cara de Takemichi ya daba pena —Se hace tarde y debe haber comenzado a oscurecer, será mejor que nos vayamos.Suspiré de alivio. Al fin se iba a terminar este día de locos, fue un desperdicio no haber podido ensayar. Salimos al pasillo, ahora en penumbra debido a la hora que cayó sobre nosotros y nos dirigimos hacia la sala del consejo para buscar nuestras cosas antes de salir. Sin embargo…—No se abre —Dijo Takemichi con la voz quebrada tras haber girado el pomo un par de veces.—¡No bromees con eso! —Exclamé irritado, pero de nada sirvió. Lo intentamos entre dos, entre tres, entre cuatro, entre todos, ya ni sabía cuántos éramos allí, pero la puerta no se abría.Ahí estábamos, preguntándonos quién demonios habría cerrado la puerta cuando la expresión de Takemichi cambió por completo en apenas un segundo. Llevaba todo el rato expresando angustia, pero de buenas a primeras, su rostro se desfiguró en una expresión de pánico.Sin decir nada, corrió por el pasillo hasta la puerta principal de la escuela y se dispuso a abrirla, cuando se volvió hacia nosotros tras un par de intentos fallidos, comprendimos inmediatamente el por qué de su alarma. Tragó saliva antes de hablar.—Estamos encerrados.La peor pesadilla de todo adolescente, quedarse encerrado en la escuela.

----- CHAPTER BREAK -----

[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
No puede ser cierto, imposible que esto esté sucediendo, nunca se me habría ocurrido que algo así pudiera pasarnos a nosotros, que algo así pudiera pasarme a mí y ahora sí que estábamos metidos en un buen problema, yo más que cualquiera.—¿Qué estás diciendo? —Inquirió Mikey en un tono que me puso los pelos de punta. Miedo me daba mirarlo, conociéndole, seguro que estallaba de un momento a otro y es lo último que necesito, mi propia ansiedad ya es demasiado.—¿Estás insinuando que no podemos salir? —Gritó Kazutora con voz aguda abriendo mucho los ojos.—Un aplauso al mayor razonamiento del año —Ironizó Mikey alzando los brazos. —¿Cómo ha podido ocurrir? No lo comprendo —Dijo Yuzuha inmediatamente después.Agaché la cabeza avergonzado, lo normal es que yo tenga la respuesta para mis compañeros, yo siempre sé lo que está pasando y lo que puede pasar, pero no lo entiendo. La situación era simple en rasgos generales: La puerta estaba cerrada con llave, no se podía entrar o salir del edificio y nosotros nos quedamos atrapados adentro.—¡Esto no puede ser! No había nadie aquí que pudiera haber cerrado la puerta —Intervino Akkun con angustia.—La directora estaba en su oficina y los conserjes terminaron de limpiar temprano —Le recordé con pesar acercándome nuevamente al grupo.La oscuridad comenzaba a hacerse presente y el pasillo estaba sumido en una ligera penumbra que, dadas las circunstancias, parecía escalofriante.—¿Me estás diciendo que la vieja está aquí? ¡Lo que me faltaba por escuchar! Entonces, ¿Quién ha cerrado la puerta? —Preguntó Mikey alzando la voz.Su eco resonó por las paredes, lo cual hizo que se me erizara la piel, realmente no estoy acostumbrado a ver el pasillo tan solitario y silencioso, cada vez que uno de nosotros hablaba, su voz se multiplicaba por diez. —Vamos a calmarnos —Propuso Angry abrazando el brazo de su hermano —Las cosas se solucionan dialogando.—Tiene razón —Dijo Rindō cruzándose de brazos —Yo opino que debemos dirigirnos a la oficina de la directora para comprobar si se encuentra aquí.Todos reconocimos que Rindō tenía razón y la paz que transmitía Angry nos sirvió para relajarnos, incluso Mikey aceptó la propuesta a regañadientes.Nos dirigimos con pasos lentos hasta la oficina de la directora. El ruido de nuestras pisadas resonaba por todas partes y no pude evitar estremecerme otra vez, no me gusta esta situación. Odio esta oscuridad que cada vez se extendía más y más a nuestro alrededor, en cuanto llegamos, me apresuré a tocar la puerta, pero tras un par de insistencias, comprendimos que allí dentro no había nadie.—Estamos solos —Dije de espaldas al grupo. En ese momento, oímos el característico ruido de la lluvia azotando el exterior. Cerré los ojos un momento con pesar, lluvia no, por favor, lluvia no.—Lo que nos faltaba —Farfulló Manjirō dirigiéndose a la ventana más próxima y mirando al exterior.—Al menos aquí no nos mojaremos —Dijo Angry con una pequeña sonrisa tímida ganando una palmada de Smiley, eran dos hermanos muy adorables, diferentes a mi y Kazutora.—¿Qué? —Preguntó Mikey girándose hacia Angry, que retrocedió un paso hasta ocultarse tras Smiley —Hablas como si fuésemos a pasar la noche. —Mikey, cálmate —Pidió Yuzuha —Rin tiene razón, las cosas se solucionan usando la cabeza, no cediendo al estrés.—Lo único para lo que me sirve a mí cabeza ahora mismo es para que me duela —Gritó Mikey dándose la vuelta y caminando de un lado y a otro en el pasillo.—¿Y si pedimos ayuda? —Sugirió Angry saliendo de su escondite tras su hermano —¿Nadie tiene un teléfono? Yo dejé el mío en mi mochila dentro de la sala del consejo.—Me temo que el mío también está ahí, en mi chaqueta —Comentó Akkun —De todas formas, conviene que revisemos nuestros bolsillos.Todos lo hicimos, pero sin éxito alguno. Era oficial: Estábamos atrapados e incomunicados.—Vamos, no pueden decirme que todo el mundo ha dejado su teléfono en la la sala del consejo —Nadie dijo nada ante la acusación, Smiley tuve el descaro de elevar los hombros en un gesto de burla que no le hizo gracia a Mikey —Ya pueden darnos el mejor premio a los mayores estúpidos del año.—Mikey, por mucho que no nos guste, así están las cosas —Dijo Rindō apoyándose contra las taquillas.—Pero es que no me explico cómo pudo suceder esto, es ridículo.—Creo que sé lo que ha pasado —Intervine con la voz entrecortada.Es la primera vez que hablo desde que verificamos la ausencia de la directora y llevaba dándole vueltas a una teoría hace un buen rato, y finalmente me siento incapaz de permanecer callado más tiempo. Por un momento, retuve la respiración cuando todas las miradas se posaron en mí y, tragué saliva procediendo en mi explicación como si estuviera dando un examen oral frente a los profesores.—Como saben, Akkun y yo nos habíamos quedado trabajando, la directora lo sabía, de modo que nos encargó leer algunas encuestas y armar un documento de presentación con la última propuesta estudiantil, ella después se fue a su despacho a terminar de revisar algunos documentos con el profesor Smith. Me advirtió que debíamos terminar el trabajo antes de las siete, ya que es la hora a la que ella tiene que marcharse y hoy en particular como faltaron algunos profesores por una reunión de maestros se cancelaron las últimas clases vespertinas, los alumnos salieron temprano y los conserjes hicieron su trabajo rápido —Todos me prestaban mucha atención —Sin embargo, no tuvimos en cuenta nada de eso cuando bajamos al sótano, ni cuando después nos marchamos a la enfermería a revisar el tobillo de Kazutora, supongo ya son más de las siete, por lo que deduzco que mientras estábamos en la enfermería al final del pasillo, la directora de seguro pasó por la sala del consejo y al no ver a nadie, pensó que ya nos habíamos marchado y que yo había olvidado cerrar la puerta, por lo cual ella lo hizo. Después, se marchó del instituto y también cerró la puerta de salida, supongo que esto ocurrió… es solo una teoría.Tras acabar con mi teoría, tomé aire y vi los rostros de mis compañeros.—Lo siento —Añadí con pesar —Estamos en esta situación por mi culpa y-—¡Por supuesto que es tu culpa! —Gritó Kazutora dando un paso al frente. Sus ojos echaban chispas —No puedo creer que tenga que pasar la noche en este asqueroso lugar por tu olvido, ¿No te llega la sangre al cerebro o qué? ¡Eres un completo imbécil!En ese momento, Kazutora alzó su brazo derecho en un movimiento furioso y abrió la palma de la mano dispuesto a descargar su rabia. No me dio tiempo a reaccionar, no hice nada para defenderme simplemente porque yo nunca había aprendido a defenderme en ese tipo de situaciones, a pesar de vivirlas a todas horas, así que no hice nada, salvo esperar la bofetada dando un paso atrás y sintiendo mi espalda chocar contra la pared.Hay veces donde Kazutora parece tan débil como mi madre, incapaz de dañar una mosca, y en otras… luce idéntico a nuestro padre.Sin embargo, el golpe nunca llegó. Me costó unos segundos comprender lo que estaba pasando, Mikey había agarrado el brazo de Kazutora en el aire y lo había apartado de mí con un movimiento un tanto brusco. Kazutora siquiera me iba a golpear realmente, sino que levanto los brazos en un gesto de furia, pero yo reaccione antes de comprender ese detalle.—¡Mejor cierra la boca! —Le espetó Mikey —Porque si alguien tiene la culpa, eres tú con tu maldito tobillo al que no le pasaba nada, ¿Te enteras? —Soltó su brazo bruscamente —Esto es así, te quiero callado lo que queda de noche porque mi paciencia no es eterna, ¡Y ya la estás agotando!Kazutora lo miró completamente serio y con los ojos muy abiertos, aquel brillo peligroso volvía a estar presente, un esplendor que reemplaza esos momentos de debilidad que uno era capaz de ver cuando él estaba tranquilo. Es evidente que no se esperaba aquella reacción.En cuanto a mí, me había quedado totalmente paralizado y era incapaz de apartar la mirada de Mikey, Cuando tragué saliva, me percaté de lo mucho que se me había acelerado el pulso.Por un momento, cuando Kazutora me estaba gritando, llegué a sentirme exactamente igual que en casa, igual que cuando me castigaban, la misma sed de violencia palpable en el aire. Había sido el mismo frío clavado en el pecho, los mismos estremecimientos incesantes, la misma sensación de ahogo y pánico, había visto a mi padre con toda claridad en los ojos de mi hermano, notando que realmente eran iguales y sentí un miedo helado, el mismo miedo de siempre, ese miedo que no desaparecía. Por un momento sentí que ese sentimiento me consumía hasta tragarme en la profunda oscuridad, sin embargo, Mikey me había defendido. Él… Mikey… le había parado los pies, le había plantado cara y en ese momento, agradecí con toda mi alma que Mikey estuviera aquí esta noche con nosotros, conmigo, porque estoy seguro de que sin él, la angustia me habría vencido y esa angustia que no me dejaba calmarme del todo ni dejar de temblar, esa angustia que me recorría todo el cuerpo al saber lo que ocurriría una vez llegáramos a casa… se calmaba por un instante.—Hanagaki, ¿Estás bien? —La voz de Akkun, me hizo apartar la mirada de Mikey y enfocar mis ojos en él. Ante su pregunta, simplemente asentí con un movimiento leve de cabeza.—Será mejor que nos tranquilicemos, no vamos a conseguir nada siendo agresivos —Intervino Angry con cierta timidez.—Tranquilo hermanito, yo soy calmado como Buda.—Que vil mentira, Smiley.—Oígan —Prosiguió Rindō ignorando completamente a los gemelos —Pienso que no sería mala idea buscar un aula que esté abierta. Debemos instalarnos lo mejor posible, no olvidemos que tenemos una larga noche por delante.—¡Siempre tan listo, Rin! —Dijo entusiasmada Luna dándole un repentino abrazo. Este la apartó cuidadosamente y prosiguió.—Gracias, Luna. Al menos sabemos que la enfermería está abierta ya que venimos de allí.—Y el sótano —Recordó Yuzuha —Además, tienes allí tu guitarra, Mikey.—Cierto —Eso parecía relajarlo un poco —Vamos allá entonces, debe ser el lugar más caluroso y me estoy poniendo nervioso aquí parado sin hacer nada.Si alguien tenía alguna objeción, no la expuso. Antes de comenzar a caminar, Kazutora me dirigió una mirada cargada de odio y desafío que no era propia de alguien que se supone era mi hermano.—Papá se enterará de esto —Susurró con desprecio, y acto seguido se dispuso a caminar —Y nadie estará bien.En silencio lo seguí, deseando con toda mi alma que nunca, nunca amaneciera.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
La oscuridad ya era total. Apenas se veía un carajo por los pasillos mientras nos dirigimos al sótano.Como de costumbre, Rindō caminaba en silencio perdido en sus pensamientos con Luna pegada a él, los gemelos comentaban la situación, uno de ellos emocionado por la experiencia y el otro intentando calmarlo, miré a Smiley con molestia, porque no hay nada por lo que emocionarse, pero está claro que luce encantado con la dichosa situación, el amigo de Takemichi hablaba en susurros con Yuzuha, Kazutora por suerte no había vuelto a abrir la boca, y espero que siga así el resto de la noche, y Takemichi caminaba al final del grupo, con la cabeza agachada en completo silencio.Giré el cuello hacia atrás un par de veces para mirarlo y no mostró signo de haberme visto. Apreté los puños y suspiré, ¿Qué puede estar pensando? Luce angustiado, sin duda, desde el asunto con su hermano en el sótano ha estado así, y ahora, con lo que acababa de pasar con Kazutora estaba peor. Era insoportable verlo así y todo por culpa de su hermano, como lo odiaba.Sin darme cuenta, comencé a caminar más despacio dejando que los demás pasaran de largo mientras ya no quedaba atrás, hasta que al final, me vi junto a Takemichi. La verdad, me sorprendí cuando me di cuenta de que había acabado junto a él y no lo notara, miré hacia adelante notando como la dichosa comitiva se fundía con la oscuridad del pasillo. El presidente y yo habíamos empezado a caminar más despacio, mucho más despacio, la lluvia se oía más fuerte y, de pronto, escuchamos el ruido que producía un trueno caer en algún lugar de la ciudad y el resplandor del rayo colarse por las ventanas. Por un segundo, el pasillo se iluminó. En ese momento, Takemichi paró de caminar y lo miré, la oscuridad había vuelto, pero no fue difícil adivinar que estaba temblando.¿Qué le ocurría? Me paré junto a él y le miré con el ceño fruncido.—No me gusta la lluvia —Susurró con la voz temblando. No supe por qué, de verdad que no, pero sentí un escalofrío que me hizo estremecerme de arriba a abajo cuando lo oí.No dijo nada especial, nada del otro mundo, pero su tono de voz, su expresión y su cuerpo incapaz de dejar de temblar, me hizo estremecer y yo también había comenzado a temblar. Miré hacia adelante un momento, el grupo se había perdido de vista y ya ni siquiera se escuchaban sus pasos, instintivamente y reteniendo la respiración, alcé mi brazo, hasta encontrar el de Takemichi para tomar su mano con fuerza y di un paso hacia él.No hizo nada, no dijo nada, no me miró, sino que me apretó la mano como un niño asustado aprieta su peluche favorito en una noche de tormenta.—¿Qué te ocurre? —Murmuré mirándolo fijamente. Ante mi pregunta, aspiró aire con fuerza y negó con la cabeza. Rayos, ¿En qué pensaba? ¿Qué se le estaba pasando por la mente? ¿De qué tenía miedo? Tragué saliva acercándome más, sin soltar su mano y, por primera vez en años, me atreví a hablarle de verdad, a hablarle igual que lo hacía antes cuando éramos tontos niños que corrían en el parque buscando aventuras.—Takemitchy, ¿Qué te pasa? —Susurré finalmente en voz baja.A través de su mano sentí como su cuerpo dio un último temblor, y entonces, solo entonces me miró. Lo hizo en un movimiento rápido, fugaz y veloz. Tenía los ojos brillantes, tanto que no importaba la oscuridad porque podía verlos a la perfección. Ese resplandor azul que resaltaba entre las sombras.—Hace mucho tiempo que no me llamabas así —Dijo en tono susurrante con la voz quebrada y entonces se derrumbó, agachó la cabeza comenzando a temblar de nuevo, su cuerpo daba sacudidas y respiraba con mucha fuerza.—Tranquilo, no pasa nada, todo está bien —Susurré al tiempo que le atraía finalmente hacia mí y le estrechaba entre mis brazos.Takemichi se abrazó a mí, enterrando la cara en mi pecho y lloró con más fuerza. Cerré los ojos apretando su cuerpo y un pensamiento, tan solo un pensamiento, cruzó mi mente en aquel momento donde así, pegado a mí como estaba, lo quería siempre, ni siquiera a un milímetro más de distancia. Así, conmigo, siempre conmigo uno junto al otro en este mundo repleto de mentiras y traiciones.
[Rindō] - Preparatoria Ymir Freiheit
—¿En qué momento se han alejado? ¿Alguien los ha visto? —Todos negamos ante la pregunta formulada por Yuzuha.—Una vez vi una película que iniciaba así, con personas desaparecidas —Dijo Smiley —Las primeras víctimas.—¿Y cómo termina? —Preguntó Luna llena de curiosidad.—No me acuerdo, creo que todos se mueren y solo sobrevive la rubia —Ante las palabras de Smiley, Luna retrocedió hasta ocultarse tras mi espalda, mirándolo con enojo por asustarla.Habíamos llegado hasta la puerta del sótano sin contratiempos y justo cuando íbamos a entrar, Akkun exclamó bastante inquieti que Hanagaki no se encontraba con el grupo. Tras observarnos detenidamente unos a otros, nos percatamos de que también faltaba Mikey, ninguno de los dos se encontraba entre nosotros.—No lo entiendo, se han esfumado —Comentó Smiley con la boca abierta antes de recuperar su enorme sonrisa y seguir con su broma —Angry, ¿No te parece que es como ese fantástico juego de terror que probamos hace tiempo? La situación es casi la misma: Una tormenta, desapariciones de compañeros y espíritus malignos.—Aquí no hay espíritus —Dijo Angry estirando las mangas de su cárdigan cubriéndose las manos.—¡Hasta donde sabemos! Esto es excitante.Suspiré. No encontraba una palabra exacta para definir esta situación tan extraña, pero desde luego, nunca se me habría ocurrido utilizar el adjetivo “excitante”.—¿Y qué pasó al final de ese juego? —Intervino Kazutora con recelo. Obviamente se sentía más confiado ante la ausencia de Mikey.—Obvio los mataron a todos, uno de los compañeros era el asesino —Explicó alegremente Smikey esbozando una amplia sonrisa.Ante su comentario, Kazutora abrió mucho los ojos con una expresión asustada y miró a un lado y a otro el pasillo, bastante nervioso.—Yo creo que deberíamos ir a buscarlos, ¿Y si les ocurrió algo? —Propuso Sendō con un ligero tono de ansiedad en la voz.—Ni pienses que me voy a poner a buscar a esos dos ahora, si les ha ocurrido algo es problema suyo, no voy a arriesgarme a que me pase nada a mí también —Le espetó Kazutora con mal humor.—Gracias Kazutora, siempre tan solidario —Yuzuha todo los ojos —Por cierto, voy a contarle a Mikey que no te quedaste callado como dijo, a ver cómo se lo toma.Kazutora fue a abrir la boca para protestar, afortunadamente fue interrumpido por Angry.—No es necesario que vayamos todos, puede ir una persona o quizás dos, mientras los demás esperan en el sótano —No miraba a nadie mientras jugaba con las mangas de su cárdigan —Dudo que les haya pasado algo, aquí no hay nadie aparte de nosotros, y dudo de las posibilidades que propuso Smiley basadas en una película y un videojuego.—¿Por qué habrían de alejarse? —Insistió Sendō —No tiene sentido.—Quizás hayan ido al baño —Sugerí finalmente —¿Por qué no entramos y les esperamos abajo? Sabían que veníamos al sótano, si no llegan en unos minutos, iremos a buscarlos.Afortunadamente, todos dieron la propuesta por válida y procedimos a entrar, pese a que Sendō aún no se encontraba del todo convencido. Uno a uno fueron pasando, y al final solo quedamos Yuzuha y yo.—¿No vas a entrar? —Le pregunté.—Tú sabes algo —Declaró mirándome a los ojos esbozando una media sonrisa. No era una pregunta, sino una afirmación —Te conozco, cuñado, sabes algo. ¿Dónde están? —No tengo idea —Le respondí bajando la voz —Pero sí es cierto que los vi quedarse atrás poco a poco, Hanagaki no parecía muy animado y…—Y seguramente Mikey lo notó, por eso se quedó atrás con él —Completó Yuzuha asintiendo lentamente —Hay que asegurarnos que ninguno de estos vaya a interrumpirlos, ¿Me oyes? Nuestro plan va de maravilla.—¿“Nuestro” plan, dices? —Pregunté alzando una ceja —Nos quedamos atrapados en la escuela, ¿Cómo esto va según el plan? ¿Y de qué plan hablas? ¡Oye!Yuzuha sonrió antes de cruzar el umbral. Suspiré y dirigí una última mirada al pasillo en penumbra antes de seguirla.Al llegar, encendimos la luz y nos habíamos acomodado en los asientos de la mejor forma posible, pero los minutos pasaban y tanto Mikey como Hanagaki no regresaban, de igual forma pudimos mantener cierta tranquilidad, los gemelos eran buenos llenando el silencio con cualquier tema de conversación ya sea ropa, deportes, videojuegos o los estudios. Smiley era el más parlanchín, aunque Angry no se quedaba y sus comentarios dejaban al descubierto algunos secretos vergonzosos de su hermano, Luna se había unido a ellos atraída por la luz que irradiaban a pesar de las terribles circunstancias.Kazutora se mantenía al margen sin pronunciar palabra, Yuzuha intentaba hablar con los gemelos, por desgracia, al cabo de diez minutos fue imposible mantener la calma con Sendō que insistía en ir por Hanagaki y Mikey.Sendō se había encontrado muy inquieto todo el tiempo, hasta que finalmente parecía dispuesto a ir a buscarlos.—No, no y no. Ya esperamos lo suficiente y no han regresado, lo siento, pero yo voy a ir a buscarlos —Declaró Sendō poniéndose en pie de un salto.—¿Y si esperamos un poco más? Solo un poco —Sugirió Yuzuha con voz suplicante. Sonreí levemente al mirarla. Sé que estaba tratando de evitar a toda costa que alguien pudiera encontrarlos porque quería darles más tiempo a solas, solucionando sus asuntos o pasando el rato, lo que sea que estuvieran haciendo.—No, Yuzuha, lo siento de verdad, pero estoy preocupado. Pueden quedarse aquí, no tardaré.—¡En toda película de terror es ley no irse solos! —Gritó Smiley.Sendō no le hizo caso y paso por al lado de Yuzuha, no le dio tiempo a ninguno de los presentes a objetar nada, y salió por la puerta del sótano.—Pensándolo bien —Dijo Kazutora acercándose a la puerta listo para seguir los pasos de Sendō —Yo también voy, aquí me aburro y es raro que mi hermano esté por ahí con esta… como sea, solo voy a ir.—¿No te daban miedo los fantasmas de los que hablaba antes Smiley? —Gritó Yuzuha sin éxito alguno, Kazutora ya había salido. —¿Los de mi juego? —Repuso Smiley —No eran fantasmas, sino asesinos. Buscaba venganza contra los que…—Sí, sí, lo que digas —Le cortó Yuzuha antes de dirigirse veloz hacia mí. Acto seguido, agarró mi brazo y me obligó a levantarme de un tirón —Rin, nosotros también vamos, debemos encontrarlos nosotros primero.Sabía que era inútil discutir con ella, así pues me dejé llevar, y salimos del sótano con pasos ligeros. Una vez afuera, se nos unió Luna, quién no parecía dispuesta a quedarse esperando en el sótano. Ante su insistencia, Yuzuha no tuvo más remedio que aceptar con un suspiro de resignación.Los gemelos se quedaron alegando que iban a cuidar la “base operativa”.
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
No me fijé en cómo llegamos a la enfermería, lo cierto es que estábamos solos y eso servía a mis nervios. Lentamente me había aproximado hasta la camilla en la que le había revisado el tobillo a Kazutora hacía escasamente una hora y me senté. No había soltado la mano de Mikey, la apretaba con tanta fuerza que por un momento temí estar haciéndole daño, los temblores no habían desaparecido, pero de pronto en aquel momento, en aquel lugar y sintiéndolo tan cerca, me sentí mejor. Mucho mejor. Estuvimos en silencio los primeros minutos sin mirarnos, sin hacer nada, hasta que pasado un rato Mikey se inclinó ligeramente hacia mí.—Takemitchy —Me estremecí al oírle susurrar en mi oído —Voy a soltarte un minuto, ¿De acuerdo?Instintivamente apreté su mano con más fuerza. No quería soltarlo.—Solo un minuto —Insistió aún susurrando —No me iré, te lo prometo.Otro estremecimiento. Una oleada de calor invadiendo mi pecho, era su voz, el efecto de su voz.Asentí suavemente y retiré mi mano de la suya con sumo cuidado, sin despegar mi vista del suelo. Por el rabillo del ojo, observé como Mikey aguardó unos segundos antes de moverse y caminar hasta el otro extremo de la enfermería para pulsar el interruptor de la luz. La estancia se iluminó al instante, las sombras se apagaron y de repente, el lugar ya no parecía tan aterrador como antes, alcé la mirada y contemplé a Mikey bajo la luz amarillenta. Había abierto uno de los armarios para tomar una sábana pequeña de las que se usaban para cubrir la camilla, cerró el armario y se acercó a mí arrastrando los pies. Sacudió la sábana entre sus manos y me la echó por los hombros, sentándose a mi lado.—Mejor esto que nada, supongo —Suspiró y sonreí levemente, otra vez busqué su mano tomándola con fuerza.—Gracias —Logré susurrar.Los escalofríos habían disminuido considerablemente y los temblores también, de repente, me encontraba mucho más tranquilo, mucho más seguro, y todo gracias a él, no entiendo cómo puede causar este efecto tan extraño en mí, tan especial.—¿Quieres hablar? —Preguntó mirando al frente.Lo miré. ¿Quiero hablar? ¿De qué le hablaría? ¿Cómo puedo explicar lo que acababa de suceder? Me había asustado, me asusté tanto porque lo ví con toda claridad a mi padre reflejado en mi hermano y luego, para rematar, cae un trueno. Sé que Kazutora no se quedará de brazos cruzados, lo había sabido desde el altercado del sótano, desde que me había atrevido a hablarle de esa manera al separarlo de Mikey con aquel empujón y desde ese momento comenzó a quejarse por su tobillo como una burda excusa y desde ese momento también supe que al llegar a casa, gritaría a los cuatro vientos que yo lo había lastimado.Para acabar, nos habíamos visto encerrados en el instituto de un momento a otro y Kazutora estaba mas enfurecido, mucho más, sabía que cuanto más enfadado estuviera, más pagaría yo las consecuencias después y lo había confirmado con aquella amenaza. No tuvo ningún reparo a la hora de confirmar lo que más me estaba temiendo: “—Papá se enterará de esto”.Ya sé lo conllevaba eso y él  también, probablemente, nada que no hubiera pasado antes, aunque esos castigos suelen ocurrir en ausencia de Kazutora y él solo ve los gritos, no más, porque es enviado a alguna habitación lejana.Conozco las consecuencias que van a caer sobre mí, pero la oscuridad, la lluvia y el miedo simplemente fueron superiores a mí, y no había podido evitar derrumbarme. ¿Estaba mal? ¿Estaba mal flaquear tan solo una vez después de soportar lo mismo día tras día, año tras año? ¿Y contárselo a Mikey? ¿Estaría mal eso? ¿Estaría mal compartir con alguien al fin ese secreto que me atormentaba desde que tengo uso de razón? ¿Confiaba en Mikey hasta ese punto? Sí, por alguna extraña razón confiaba en él, no sabía por qué con exactitud ni cómo, no tenía ni idea de por qué tan solo en una semana habían cambiado tanto mis sentimientos hacia él, pero lo cierto es que así era.De entre todas las miles de preguntas que me había estado planteando esos días con relación a Mikey, aquella fue la única a la que había encontrado respuesta casi al instante, ¿Confiaba en él? Sí. Lo hacía, confiaba en él más que en ninguna otra persona como cuando éramos niños, como si los años distanciados no hubieran pasado. Entonces, ¿Qué me impedía contárselo? No lo sabía, solo me veía incapaz de hacerlo porque… ¿Cómo cuentas algo que te hace temblar simplemente con pensar en ello?Confío en Mikey, de verdad, el problema es que no estoy preparado para poner mis traumas en palabras.—No puedo —Dije finalmente —Lo siento, no puedo.Mikey sonrió levemente, aún mirando al frente.—¿Estás enojado conmigo? —Murmuré con la voz temblorosa, incluso sonando infantil, pero no pude evitarlo. En aquel momento soportaría cualquier cosa, excepto el enojo de Mikey. —No —Respondió bajando la voz —Solo me preocupo.—¿Te preocupas? ¿Desde cuándo? —Pregunté dibujando yo también una media sonrisa.—Bueno —Empezó a decir girando la cara y mirándome con una mueca burlona —Desde que… espera, ¿Cómo era? Ah, sí —Se acercó, dejando sus labios a escasos milímetros de mi cara —Desde que te convertiste en mi prioridad.Al oír de sus labios esas palabras, las mismas que yo le había confesado tan solo unas horas atrás, temblé de emoción. El oírle decir eso y saber que me lo decía a mí, conocer qué significaba realmente esa frase, fue inevitable no temblar, sentí una gran oleada de calor recorrer mi cuerpo de arriba abajo.De repente, me ardía la cara y me encontraba ardiendo, sudando por una mezcla de felicidad y pena. Sin darle tiempo a retirarse, me aproximé hacia él terminando de acortar la distancia que nos separaba y posé mis labios en su cuello, besándole suavemente.Los escalofríos habían vuelto, excepto  que ahora no eran de terror, ni de miedo, eran los que él me provocaba, los que ansiaba sentir todo el tiempo desde que los había probado aquella tarde en la noria. Lentamente, fui depositando pequeños besos por su cuello, dejándole un pequeño rastro de saliva en la piel.—Takemitchy —Jadeó, fue automático y no podía escucharle pronunciar mi nombre usando aquel apodo infantil sin volverme loco, sin que se me acelerara el pecho a mil latidos por segundo, sin sentir que moría, así, lo besé con más intensidad rodeando su barbilla.—Por favor, di mi nombre —Le pedí en un susurro quebrado sin dejar de saborear su piel.Había pasado demasiado tiempo sin oírlo llamarme por aquel apodo, y ahora necesitaba escucharlo sin cesar, necesitaba escuchar su voz llamándome.—Takemitchy,  Takemitchy —Susurraba una y otra vez en pequeños gemidos —Takemitchy.No pude más. Simplemente, no pude, sin poder resistirlo ni un solo instante, me lancé a sus labios y me dejé llevar, perdiéndome de nuevo en el sabor de su boca.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
A cada segundo que pasaba se me hacía más difícil pensar con racionalidad, estábamos llegando a un punto en que ni siquiera podía pensar ya fuera con cordura o sin ella. La necesidad de tomar aire pasaba a un segundo plano cuando se trataba de besarlo, aquello era una completa locura, simplemente porque me estaba volviendo adicto a su sabor, a tenerle cerca, a respirar su aliento. Me había inclinado sobre él y poco a poco lo fui recostando en la camilla hasta quedar encima suyo.Dejamos caer la sábana al suelo sin darnos cuenta, no había soltado sus labios ni un solo segundo, no quería soltarlos nunca más.En la habitación hacía calor, mucho calor, sentí mi cuerpo ardiendo y su piel hervía, a pesar de ello, no dejaba de acariciar su rostro, su cuello, su pelo… ¿Por qué esta enorme necesidad de sentirle todo el tiempo?—Vas a volverme loco —Susurré antes de lanzarme a su cuello, el cual mordí, besé y succioné con desesperación y mientras lo hacía, él jadeaba, eso despertó en mi pecho un instinto animal que me hizo querer saborear su piel con más intensidad, mucha más.Tenía sus dedos enredados en mi pelo mientras me empujaba hacia él con ansias sin dejar de temblar. Desesperado por sentir más del otro, eché su corbata a un lado y me apresuré a desabrochar el botón más alto de su camisa con un movimiento torpe, no podía ni coordinar mis dedos.—¿Qué haces? —Jadeó cerrando los ojos.—Shh —Lo callé desabrochando el siguiente, el siguiente y el siguiente.No me dio tiempo a más, volvió a empujar mi cabeza hacia él y seguí besándolo sintiéndome más desesperado que nunca por sentir sus labios, su cuello y su barbilla, pocos a poco fui bajando hasta su pecho, hasta donde me permitía su camisa semi abrochada. Cada vez hacía más calor y todo se iba de mis manos, estoy seguro de que no pasaría mucho tiempo hasta que me sintiera enloquecer por completo.Entonces, fue un simple parpadeo, un movimiento fugaz por el rabillo del ojo… apenas lo capté en un segundo, se trataba de una simple sombra junto a la puerta, seguida de unos pasos que se alejaban a toda velocidad por el pasillo. No es imposible que  hubiera alguien ahí, de pronto, todo el calor de la habitación se había esfumado.—¡Mikey! ¡Takemichi! ¿Dónde están?Aquel grito nos hizo reaccionar de golpe. Nos incorporamos a la vez, yo primero y él después, mirándonos a los ojos, siento que mi pecho está por estallar.—Yuzuha —Susurramos al mismo tiempo, rápidos y veloces salimos de la camilla. Corrí a cerrar la puerta mientras Takemitchy se abrochaba la camisa con la respiración aún acelerada.—Yo la mato —Murmuré con mal humor parado junto a la puerta por el susto que acababa de tener —A veces siento que la odio.—Vámonos —Dijo Takemitchy con la voz entrecortada mientras terminaba de recoger la sábana del suelo y la tiraba dentro del armario.Sin decir nada más, terminamos de abrir la puerta y echamos a correr pasillo abajo, en la dirección que nos había parecido escuchar la voz de Yuzuha hasta que al doblar una esquina nos topamos con ella que venía acompañada de Rindō y Luna, quien continuaba pegada a él como si estuvieran unidos por pegamento.—¡Al fin! ¿Dónde estaban? —Preguntó con el ceño fruncido.—Eh… —Empezó Takemitchy, pero al momento le corté.—En el baño primero y en la enfermería después, queríamos ver si encontrábamos alguna sábana o almohadas para pasar la noche.—No veo que tengas nada —Comentó Luna sin soltar a Rindō.—Porque no estaban, niña tonta. —Por eso no me gustas tanto como Rin y Draken, eres malo.—¿Y eso qué me importa?—Mikey, es una niña.—Soy una mujer —Dijo Luna agitando sus pestañas mirando a Rindō.—Jajajajaja —Comencé a reírme _¿Sabes lo que te falta para llegar a mujer?—Eres-—Volvamos al sótano —Sugirió Rindō cortando la discusión infantil entre su amigo y su fan —¿Se cruzaron con Sendō o con Kazutora? —No, ¿Por qué? —Takemichi ladeó la cabeza extrañado.Justo en ese momento, aparecieron Kazutora y Sendō en el otro extremo del pasillo alegando que también nos buscaban. Yuzuha les hizo un resumen de los hechos y al final decidimos volver al sótano. Ella y Rindō charlaban sobre lo preocupado que debe estar Ran, Luna seguía muy entretenida en abrazar a Rindō, seguro para no pensar en la culpa de debe carcomerla por no poder comunicarse con su hermano, Sendō caminaba en silencio, Kazutora había recuperado su postura altanera de siempre mientras observaba su teléfono sin batería y Takemitchy claramente se encontraba más animado que hace un rato, pero yo no estaba tranquilo. Porque sé que alguien nos vio en la enfermería, estoy seguro de que ví a alguien junto a la puerta.Tras darle mil vueltas, decidí no contarle nada a Takemitchy, se asustaría demasiado y no necesitamos más dramas. Claro que yo no iba a sacarlo de mi cabeza.¿Quién puede haber sido? ¿Mis amigos? No, imposible, habíamos oído a Yuzuha gritar justo en ese momento y su voz había sonado bastante lejana, pero si no fueron ellos, ¿Quién pudo ser? ¿El amigo de Takemitchy? ¿Kazutora? Yo nunca fui de creer en presentimientos ni el sexto sentido como Yuzuha con su “instinto de mujer“, pero esta vez, no pude ignorar la sensación de que estábamos metidos en un buen problema y que se avecinaban más, muchos más.

----- CHAPTER BREAK -----

[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
El resto de la noche transcurrió sin complicaciones, la tormenta disminuyó de intensidad al cabo de un par de horas y nosotros no nos movimos del sótano en ningún momento, tratamos de relajarnos y recuperar fuerzas, pero lo cierto es que apenas fuimos capaces de dormir. Estuve todo el tiempo recostado en una silla, oyendo a medias la conversación que mantenían mis compañeros mientras me dedicaba a revivir una y otra vez en mi cabeza lo que había ocurrido con Mikey en la enfermería.Cada vez que mis ojos se desviaban hacia él, me preguntaba si también estaba pensando en eso, si era consciente de lo que había pasado, si se preguntaba, al igual que yo, hasta dónde pudimos haber llegado de no haber sido interrumpidos en ese momento. No puedo evitarlo, en cuanto esa idea se me pasa por la cabeza sentía como comenzaba a subir la temperatura del lugar y me encontraba ardiendo cada vez más.¿Hasta dónde habríamos llegado? ¿Hasta dónde? La pregunta me daba vueltas y vueltas en la cabeza, cuanto más pensaba en ello, más sentía mi cara arder intensamente, incluso hubo un momento, en el que Yuzuha me preguntó si me sentía mal y Angry me revisó la temperatura, ya que le pareció que tenía fiebre al verme con las mejillas totalmente encendidas. Ante sus comentarios, lo único que conseguí fue sonrojarme más, no pude evitarlo, cerraba los ojos y me parecía sentir los labios de Mikey en mi piel, sus dientes mordiendo mi cuello, sus manos desabrochando mi camisa y seguía sintiendo que subía la temperatura de golpe. Cada vez más y más y más.En cuanto mi mente procesó la pregunta de Yuzuha, lo único que pude hacer fue negar con la cabeza de un lado a otro con vehemencia. No me salían las palabras, ¿Qué hubiera podido decirle? “—No, Yuzuha, no estoy enfermo, solo estoy sonrojado porque no dejo de pensar en Mikey”. No, definitivamente no podía.Sin embargo, la cosa no quedó ahí. Ese movimiento de negación que realicé con tanta ímpetu sirvió para que Yuzuha planteara una nueva pregunta, aún más embarazosa que la anterior.—¿Qué te ha pasado en el cuello? Tienes unas marcas muy extrañas.El calor que había estado sintiendo antes en mis mejillas no fue nada comparado con el ardor que comencé a sentir por esa pregunta. ¿Marcas? No, no puede ser cierto, no puedo creer que Mikey me hubiera dejado el cuello lleno de marcas. Apenas logré murmurarle a Yuzuha algo que sonó parecido a “reacciones alérgicas” justo a tiempo para ver por el rabillo del ojo como Mikey me dirigía una mueca burlona y reía en voz baja.Estaba claro que se sentía de todo menos avergonzado y que se lo estaba pasando estupendamente, vamos, que se estaba, muriendo por reírse en mi cara. Ante aquella situación, decidí agachar la cabeza y esperar hasta que amaneciera, a pesar de saber lo que conllevaba eso.Sí, soy perfectamente consciente de lo que ocurrirá una vez llegue a casa, incluso me atrevo a suponer que esta vez sería aún peor, el habernos quedado encerrados en el instituto es culpa mía, es muy probable que la directora vaya a quejarse a mis padres y si a eso le sumamos las quejas de Kazutora… rayos, no quiero que amanezca. De verdad que no, cuanto más me empeñaba en que el tiempo transcurriera lento, más corrían las agujas del reloj, hasta que por fin llegó la hora en la que normalmente se abrían las puertas de la escuela, y Rindō sugirió subir y quedarnos cerca de la puerta principal para hablar con la directora en cuanto llegara. No hubo quejas ni protestas a sus palabras, estábamos demasiado cansados y hambrientos como para disputar entre nosotros, incluso Kazutora aceptó de buena gana la idea, así que tras levantarnos con un considerable esfuerzo, dado que teníamos los músculos entumecidos, nos dirigimos hacia la planta superior arrastrando los pies.Atravesamos los pasillos sin abrir la boca, ya habíamos tenido suficiente horas de charla durante noche, realmente, me moría por una cama caliente y algo de comer, pero tampoco tanto como para querer volver a casa. Soy, de entre todos los que estamos aquí, el que probablemente menos ganas tenga de que terminara todo. Una vez más la suerte no estuvo de mi lado, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, la puerta principal comenzó a moverse en cuanto nosotros hicimos acto de presencia en el pasillo. No tardó en aparecer la directora en el umbral, lista para emprender un nuevo día de trabajo vestida como de costumbre, con uno de esos trajes elegantes de colores chillones, su collar de perlas y el cabello negro con mechones grises recogido en un alto moño, llevaba una enorme carpeta de la que sobresalían papeles, la cual salió volando por los aires cuando se percató de que no estaba sola.Angry fue el único dispuesto a recoger los papeles.—¡¿De qué se trata todo esto?! ¿Se puede saber qué hacen ustedes aquí, alumnos?  Desde luego, no me dirán que no eran capaces de soportar las ganas de venir a clases porque no creeré ni una sola palabra.—Eso no se lo cree nadie —Dijo Mikey por lo bajo, ante lo cual, todos le dirigimos una mirada de advertencia y yo un codazo.Demasiado tarde. La directora estaba mucho más enojada por el comentario.—¡A mi oficina! —Gritó —Muero por saber cuál es su excusa de esta vez, señor Sano. Así que irá primero.Mikey fue el primero en ingresar a la oficina, pasamos uno a uno como testigos que hablan con la policía por separado. Fui el segundo, luego Rindō, Yuzuha, Kazutora, Smiley, Angry, Akkun y Luna, que ni siquiera pertenecía a la escuela.Tras siete llamadas de teléfono, incluyendo a los Mitsuya porque el hermano de Luna si formaba parte del alumnado y la directora tenía su información, nueve declaraciones, entre ocho y diez gritos dados por su parte y un gran dolor de cabeza general, nuestra reunión con ella llegaba a su fin dos horas más tarde.Las clases habían dado comienzo, pero lógicamente, ninguno de nosotros asistió, algo que Mikey agradecía. Tal y como suponíamos, la directora llamó a nuestros padres mientras estábamos esperando el castigo fuera de su oficina, oí que llamaba a mi casa y explicaba todo lo sucedido mientras sentía como se me congelaba la sangre en las venas. La directora se había ensañado, especialmente, conmigo, lógico, pues al ser el presidente del consejo estudiantil y representante del alumnado, mi falta de responsabilidad era más grave que la de mis compañeros. Con la cabeza agachada, soporté las críticas que vinieron en el absoluto silencio.No tengo nada que reprochar, era mi culpa y lo asumo.—Él no fue el único que olvidó la hora, lo hicimos todos —Intervino Mikey con dureza en cuanto la directora calló un segundo para tomar aire. En cuanto lo oí, sentí un cosquilleo extenderse por todo mi cuerpo, otra vez me estaba defendiendo, lentamente, alcé la cabeza y le dirigí una media sonrisa cargada de agradecimiento.—Es cierto, señora, yo soy la principal responsable porque lo distraje de su trabajo a pesar de saber que estaba ocupado —Corroboró Yuzuha.—Todos tenemos la culpa —Oí que afirmaba Rindō tras de mí.—Sí, nosotros llegamos un poco más tarde pero podemos secundar lo que dicen los chicos —Le cortó Smiley.—Además, Takemichi solo se preocupó por el tobillo de Kazutora, él siempre ha sido responsable con todo y por todos —Añadió Angry. —Yo apenas lo conozco desde ayer, ni siquiera pertenezco a la secundaria, pero creo que es un chico responsable. No tiene que acusarlo de esa manera —Declaró Luna finalmente.Ese cosquilleo siguió extendiéndose hasta convertirse en un calor de lo más agradable, era la primera vez que alguien daba la cara por mí de esa forma, la primera vez que me sentía arropado de verdad por un auténtico grupo de amigos. Lo que acababan de hacer hablaba perfectamente de ellos, ni siquiera importó que Kazutora interviniera en aquel preciso momento alegando que su tobillo estaba perfectamente y que no tenía ni idea de lo que estábamos hablando. No. No me importó, para mí fue mucho más importante que todos hablaran a mi favor, sentir eso no tuvo precio. Mikey defendiéndome por segunda vez en un escaso periodo de tiempo de tan solo horas, Yuzuha, tan directa y haciéndose cargo de sus acciones, Rindō siempre sabiendo qué decir pese a no ser cercano, los gemelos con los que ni siquiera tenía mucho trato también habían intervenido, hasta Luna, a pesar de que acababa de conocerla y era una niña, estaba mi favor.El regaño, el castigo y el mal trago que me esperaba, pasaron a un segundo plano durante ese instante, ellos me hicieron sentir mejor.—Lo siento chicos, pero nada de lo que puedan decir, me convence. No tengo dudas de que que ustedes son tan culpables como él, sin embargo, su cargo como presidente del consejo estudiantil me hace ver esta falta de responsabilidad como algo alarmante, con lo cual no me queda más remedio que aplicar una serie de medidas oportunas.  Ahora, si son tan amables de esperar fuera mientras tengo unas palabras con él.Por el rabillo del ojo, alcancé a ver como Mikey apretaba los puños dispuesto a protestar pero, afortunadamente, Rindō puso una mano sobre su hombro y logró apaciguar su arrebato. Suspiré aliviado, lo menos que quería es que se metiera en más problemas por mi culpa.En cuanto me quedé solo con la directora, inició con tono amable pidiendo disculpas pero su severidad, pidiendo comprensión ya que estaba decepcionada de que estuviera involucrado en este asunto, pero luego habló de algo mucho más aterrador: Mi examen. Ella misma lo corrigió la tarde anterior porque el profesor Smith se acercó a ella para mostrarle su sorpresa ante tan horrible reprobado y, evidentemente, se había sentido igual de sorprendida al comprobar que solo había resuelto un par de preguntas y con respuestas cortas para un examen de historia.Me repitió una y otra vez lo decepcionada que se encontraba con mi comportamiento de los últimos días mientras yo soportaba con la cabeza agachada ese torrente de palabras cargadas de críticas y reproches. No podía decir nada, solo asumir lo que viniera. No iba a meter en problemas a Mikey por el examen, esa era una carga que había decidido soportar.En cuanto a lo de pasar la noche en el instituto, asumo que la mayor parte de la responsabilidad cae sobre mí, por eso no me sentí mal cuando la directora me ordenó llevar el examen a casa y traerlo nuevamente firmado por mis padres, ni tampoco cuando mandó llamar nuevamente a los chicos y nos anunció que quedamos suspendidos del instituto por el resto de la semana. El castigo, por supuesto, no afectó a Luna, pero sí a los demás. Cuando la directora terminó de hablar, Kazutora comenzó a llorar y suplicar que no lo expulsara, que él no tuvo nada que ver y siquiera recordaba los detalles del día anterior.Obviamente no lloraba de verdad, conocía esas lágrimas a la perfección, era las que usaba cada vez que quería conseguir algo. Al mismo tiempo escuché a Mikey murmurar algo parecido a “esto es tan penoso” y la directora se preparó para gritar de nuevo. Afortunadamente, Kazutora captó a tiempo su expresión y decidió dejar de quejarse.Poco más quedaba por hacer cuando la directora nos echó de su oficina, salimos bastante desanimados. Anduvimos a lo largo del pasillo en dirección al patio, antes nos pasamos por la sala del consejo para buscar nuestras pertenencias. Caminábamos todos juntos con pasos lentos, excepto Akkun, quien antes de salir por la puerta a todo correr solo alcanzó a decirnos que tenía mucha prisa en buscar algo.Fruncí el entrecejo mirando cómo se alejaba, ha estado muy extraño, apenas abrió la boca durante la noche y tampoco se quejo mientras la directora nos gritaba como si fuéramos la mayor decepción, creo que se siente inquieto con todo el asunto, decidí hablar con él cuando tuviera la oportunidad.Pocos segundos después, los demás nos encontrábamos a la salida del instituto. Ya me estaba preparando para despedirme cuando de repente un coche aparcó en la calle. Me estremecí sin poder evitarlo. Conocía ese coche, era mi padre, tenía la tonta esperanza de que viniera mi madre.—Es papá —Dijo Kazutora mordiendo su pulgar antes de dirigirme una mirada fría —Vaya, este es un golpe de suerte, Takemichi, papa vino a buscarnos y no debemos caminar.En silencio, y sintiendo como de repente la temperatura bajaba de golpe, observé a mi padre saliendo del auto y haciéndonos señas para que nos acerquemos a él. Kazutora tropezó con sus pies al dar el primer paso, lo atrapé del brazo, notando que se tocaba la frente con dolor y un poco de sudor le caía por el cuello. Me miró de reojo recuperando esa mirada arrogante que tanto lo caracteriza y en un gesto brusco me apartó.Lo ví corriendo hacia nuestro padre como todo un niño. Tragué saliva. De repente, el otro extremo de la calle parecía tan aterrador.¿Puedo echar a correr? No, qué tontería, no serviría de nada, nada servía nunca, desde su posición me miró mientras acariciaba la cabeza de Kazutora y sentí que el frío incrementaba, la frialdad en sus ojos era la misma de siempre, se me metía en el cuerpo cada vez que lo tenía cerca.Frío, frío como él y sus ojos dorados.Otra vez estoy temblando, otra vez los estremecimientos, otra vez sintiendo el aire desvanecerse a mi alrededor, otras vez esas ganas de lanzarme hacia algún rincón escondido y acurrucarme allí hasta que pasara todo. ¿Hasta que pasara? No, nunca pasaba, solo se alejaba un poco para después volver con más fuerza, con más poder, con más…. con más frío.—Takemichi, ¿Todo bien? —Oí que preguntaba Yuzuha tras de mí.No. Por supuesto que no, nada estaba bien a partir del momento que pusiera un pie fuera de la escuela, nada estaría bien cuando llegara a casa. Tras suspirar y cerrar los ojos un momento, me di la vuelta y me dirigí al grupo.—Todo bien —Sonreí finalmente —Quería darles las gracias por dar la cara por mí antes.—Los amigos deben ayudarse —Dijo Yuzuha encogiéndose de hombros siendo secundada por el resto del grupo.Sonreí ampliamente al sentir una gran sacudida en el estómago. Entonces era oficial, es cierto que tengo amigos, no fueron ideas mías, es real. Me hubiera gustado explicarles lo que significaba aquello realmente para mí, la profundidad de la importancia de recibir su amistad, o al menos intentarlo porque lo cierto es que ni siquiera yo lo entendía, pero no supe hacerlo, simplemente no encontré las palabras. Siempre he sabido improvisar con tecnicismos y hablar bien en reuniones y expresarme de forma correcta rellenando informes, pero nunca aprendí a hablar sobre mis sentimientos.—Debo irme, me esperan —Dije al final. Los chicos asintieron y alegaron que también se marchaban a casa, aunque antes Rindō acompañaría a Luna a enfrentarse con Mitsuya que se acercaba a grandes zancadas seguido de sus padres y su otra hermana menor.Antes de dar media vuelta, les miré a todos un instante sintiéndome mucho mejor de repente, ¿Qué importaba lo que me pudiera pasar si los tenía a ellos? Entonces, fijé mis ojos en Mikey. Me miraba fijamente y le dirigí una media sonrisa que no me devolvió. Estaba serio, cruzado de brazos con el entrecejo fruncido, ¿Está bien? ¿Qué le ocurría? ¿Qué estaba pasando por su mente? Era tentador preguntarle, tremendamente tentador el quedarme ahí de por vida mirándole, pero sé que cuanto más tardara, peor sería para mí.Terminé por girarme del todo y comenzar a caminar en dirección al coche.
[Manjirō] - Parque
El empujón me tomó por sorpresa. Estaba sentado en el borde del respaldo de uno de los bancos del parque, con los pies en el asiento cuando el golpe llegó.Me dio de lleno en la espalda e hizo que cayera hacia delante, quedando tirado en el suelo, lleno de tierra.—Ya es la tercera —Dijo Rindō sentado del otro lado del banco levantando ligeramente la vista de su teléfono donde miraba las últimas tendencias en twitter —Eso te pasa por sentarte en el borde, te lo advertí.—No —Declaré de mal humor mientras me levantaba y sacudía la tierra de mis pantalones —Esto me pasa porque tener un perro tan traidor.—No culpes a Mini Mikey, solo quiere que le prestes atención.—Lo traje al parque y le tiré el palo cuatro veces, ya debería estar harto de correr —Repliqué sentándome a su lado y extendiendo la mano para acariciar a mi perro que se había acercado corriendo meneando el rabo con fuerza.Sí, fue Mini Mikey el que me había tirado, al parecer le divertía apoyar sus patas en mi espalda y tirarme hacia adelante mientras yo estaba sentado de lo más tranquilo, ya lo hizo cuatro veces y acabé en el suelo lleno de tierra en la última hora.Hoy es viernes. Ya pasaron cuatro días desde todo el asunto de la noche en la escuela y la suspensión, Rindō y yo nos pasamos las tardes en el parque con Mini Mikey porque no tendríamos clases hasta el lunes y Draken, como el buen alumno que era, ha estado yendo sin saltarse ninguna clase porque nada tuvo que ver con el problema y se salvó porque la videollamada con Emma le tomó más tiempo del normal, así que esto era como una especie de vacaciones temporales.—Estoy seguro que soy la única persona que es tirado por su perro, supuesto mejor amigo del hombre —Protesté agarrando el palo con el que había estado jugando con Mini Mikey y volviéndolo a lanzar lejos. Al momento, mi perro echó a correr ladrando alegremente —Que bien vive él, sin problema de ninguna clase y tranquilo.—¿Dices que tienes problemas? —Preguntó Rindō a mi lado, tomaba una foto al paisaje para subirla a sus redes que de seguro iba a adjuntar con alguna de sus canciones favoritas.—No —Respondí casi al momento rascando la pintura del banco, en cuanto lo dije, me arrepentí porque quizás había contestado demasiado rápido dejándome en evidencia.Realmente no tengo ningún problema, yo nunca tengo problemas desde que por fin rompí lazos con mi padre y tuve la oportunidad de la emancipación. Entonces, ¿Qué me pasa? ¿Por qué sigo sin poder dormir? ¿Por qué sigo preocupado por Takemitchy?Le había visto tan vulnerable al despedirnos el otro día, había algo en su cara que reflejaba claramente que algo no estaba bien. ¿Qué era? ¿Qué le pasaba? ¿Por qué vivía escondiendo sus sentimientos? Fue capaz de despedirme con una sonrisa, sí, pero aquella había sido una sonrisa cargada de tristeza, de desesperación, cada vez que la recuerdo el escalofrío que me recorre se asemeja a lo que sentí cuando comenzó a caminar en dirección al coche donde le esperaban su padre y Kazutora. ¿Por qué este mal presentimiento de que algo malo iba a pasarle?—Bueno —Empecé a rectificar, ante lo cual Rindō dejó de buscar algún efecto para su fotografía y me miró —Quizás sí que tengo algún problema.—¿Y tiene solución? —Preguntó con voz tranquila.—No lo sé, no depende solo de mí.Hubo un momento de silencio. Rindō volvió a mirar su teléfono mientras Mini Mikey regresaba corriendo con el palo entre los dientes. Cuando llegó hasta nosotros, se lo quité de la boca y volví a lanzarlo con fuerza, esperando que se tomara más tiempo.—Eso quiere decir que tampoco depende de la otra persona involucrada —Murmuró pasando su dedo sobre la pantalla del celular.—¿Cómo? —Pregunté enfocando mis ojos en él.—Es simple, de ti depende una mitad y de la otra persona depende la otra mitad, ¿No es así? —Asentí en silencio escuchándolo con atención. Mini Mikey había vuelto, pero no le presté atención porque estaba concentrado en oír a Rindō —Entonces, este problema no se arreglará a menos que las dos partes interfieran y si una de ellas se trata de ti, ¿Por qué no dar el primer paso? Solo entonces sabrás si tu asunto tiene o no solución, en cuanto a la otra parte, es posible que responda si haces algo.—¿Y si no responde? —Susurré con un poco de súplica en la voz.De repente esa idea me dio miedo, a mí, a mí que nunca sentí miedo de nada, siquiera cuando mi madre estaba al borde de la muerte, nunca me asustaba lo que pudiera pasar en mi vida, pero ahora tengo miedo. Estaba asustado con todo lo que había pasado, estoy literalmente, intimidado, porque lo que comenzaba a sentir por Takemitchy se estaba volviendo demasiado fuerte como para controlarlo. —Entonces no podrás decir que no lo intentaste y ya no va a molestarte, al menos por un tiempo. —¿Merece la pena arriesgarse, Rindō? Mi asunto no tiene pies ni cabeza, es algo tan absurdo que es muy probable que al final salga mal —Cada vez estoy más convencido de que Rindō sabe perfectamente de qué estamos hablando.—Mikey —Susurró bloqueando finalmente su teléfono para mirarme a los ojos —Si no te arriesgas, no te lo perdonarás el resto de tu vida, si no lo haces por temor a perder la jugada, probablemente llegue un día en que será demasiado tarde para pensar siquiera en intentarlo.Mantuve la mirada en sus ojos violetas que parecían atravesar mi alma, por un momento vi algo extraño en su mirada, algo que se alejaba enormemente de ese aire ausente que siempre tenía, me sorprendió oírle hablar con tanto sentimiento en lugar de su tono irónico e indiferente, a veces olvidaba que él también sabe sentir, sabe querer, odiar, reír, no estoy acostumbrado a verle de esta manera, expresando algo con esa mirada que normalmente siempre tiene la misma aura de un ser inalcanzable, esa expresión invariable, pero no en este momento donde lucía honesto.Realmente siente lo que está diciendo y por eso supe que su consejo era sincero, supe que era el mejor consejo que podía seguir. Hasta podría ser mejor que algo que me hubiera dicho Draken.A veces olvidó que fue Rindō el que le insistió en que le confesara su amor a Emma hace un año, cuando Draken estaba decidido a mantenerlo como un secreto porque ella se mudaba, fue Rindō quien lo convenció de intentarlo y esforzarse por hacer funcionar su relación a distancia. Lo cual parece funcionar de maravilla.—Gracias, Rindō —Susurré incorporándome —Tengo que irme a…—Lo sé —Asintió asomando una leve sonrisa —Te veo mañana.—A veces eres mejor que Kenchin.—Voy a decirle que dijiste eso.—¡Te lo permito! Por ayudarme hoy, te dejo presumir todo lo que quieras.Eso es lo bueno de Rindō, que nunca hacía preguntas y, sin embargo, siempre tiene todas las respuestas, nunca es necesario contarle nada, él ya lo sabe de antemano. Sin entretenerme más, le dirigí una última sonrisa antes de atarle la correa a Mini Mikey, las llaves de mi casa para dejarlo si se aburría y salir del parque echando a correr calle abajo.
[Takemichi] - Casa de los Hanagaki
Estaba atardeciendo. A través de la ventana se apreciaba parte del cielo recortado por los edificios de la ciudad.Debido a la hora, parecía teñido de un vigoroso color anaranjado acompañado de un pálido rosa, pero en el oeste, destacan destellos de rojo. Aquel podría parecer un espectáculo hermoso si no fuera porque mi estado anímico no me permitía ni siquiera levantarme de la cama, llevaba varias horas acostado con las piernas abrazadas al cuerpo y la cabeza recostada sobre la almohada. Desde mi posición podía observar parte del cielo, en el que llevaba enfrascado un buen rato, la habitación se oscurecía cada vez más, pero ni siquiera tenía ganas de alzar el brazo para encender la luz. No tenía ganas de nada.Aquel era el primer rato que me encontraba solo en casa desde hacía cuatro días, desde que llegamos del instituto después de aquella noche. Tal y como me había esperado en un principio, me habían castigado, Kazutora se había desmayado y tengo entendido que estuvo en cama varias horas, claro que no pude preocuparme por él porque debía enfocarme en mi. Desde el martes no pude dormir, en cuanto cerraba los ojos, me parecía oír la puerta de mi dormitorio abrirse lentamente y los pasos de mi padre aproximarse hacia mi cama. El miedo no me dejaba descansar, no fui capaz de dejar de temblar ni un solo instante, siempre, siempre lo pasaba sumamente mal cuando era castigado, pero aquella vez, la sensación de asfixia fue mucho más real como si de verdad me estuvieran empujando bajo el agua, el frío era más penetrante y el dolor… el dolor simplemente fue más doloroso, no había otra manera de describirlo.Cuatro días pasaron sin que desaparecieran esos horribles estremecimientos, cuatro días aislado del mundo exterior en casa, deseando con todas mis fuerzas que aquella horrible semana terminara lo antes posible, ansiaba regresar al instituto cuanto antes, al menos, así pasaría las mañanas lejos de casa y cerca de Mikey.Cerré los ojos tras respirar hondo un par de veces. Necesitaba relajarme y disfrutar de mi pequeño rato de soledad, en cualquier momento mi familia iba a volver y yo estaría obligado a levantarme para preparar la cena.Aquí, con los ojos cerrados, enfrascado en mis propios pensamientos y removiéndome cuidadosamente tratando de encontrar una postura en la cual el dolor se hiciera soportable, apenas escuché el primer chasquido en el cristal de la ventana. El segundo fue más perceptible. Extrañado abrí los ojos y traté de enfocar mis ojos en la ventana cuando el tercer guijarro impactó contra el vidrio. ¿Quién estaba arrojando piedras? Por un momento, aprecié la posibilidad de volver a cerrar los ojos e ignorarlo, pero en ese momento, oí un cuarto chasquido más fuerte que los anteriores. A este paso iban a romper la ventana y dudaba que eso le hiciera alguna gracia a mi padre.Lentamente, comencé a moverme, los brazos y las piernas dolieron cuando me incorporé de la cama e hice un gesto de dolor que me obligó a detenerme un momento. Tenía el cuerpo entumecido e incluso caminar me costaba. Me aproximé a la ventana con pasos lentos y la abrí despacio. Afortunadamente, tengo algunos reflejos y pude esquivar una quinta piedrita que fue a impactar contra el armario que quedaba tras de mí. Me incliné sobre el alféizar mirando hacia la calle, esperando encontrar algunos niños de la cuadra o quizás adolescentes jugando el papel de tontos, hasta imaginé a Hanma lanzando piedras en mi ventana porque volvió a equivocarse creyendo que era la de Kazutora, pero al ver de quien se trataba mi estómago dio una sacudida. De todo me esperaba, menos encontrarme a Mikey parado abajo, en la calle y preparándose para lanzar una sexta piedra hacia la ventana de mi habitación.Mikey, ¿Qué se supone que hace aquí? No puedo creerlo. ¿Y si lo estoy imaginando? ¿Es posible que el dolor y la soledad tengan esos efectos? No, no eran imaginaciones mías, allí estaba con sus pantalones de cuero manchados de tierra, un jersey rojo y el cabello rubio sujeto en su típica coleta. Alzó la vista enfocando sus ojos en los míos. De repente, mi pecho comenzó a latir muy deprisa, sentía una especie de cosquilleo al que comenzaba a acostumbrarme, el cual subía a toda velocidad por mi estómago hasta mi garganta y no me dejaba ni hablar. Quise decirle algo, pero apenas logré balbucear unas cuantas palabras. Decidí concentrarme en su mirada, casi había olvidado lo mucho que me reconfortaba mirarlo.—¿Qué haces aquí? —Logré articular mientras apretaba los dedos contra el borde del alféizar. Ante mi pregunta, simplemente se encogió de hombros y esbozó una sonrisa leve.Otra sacudida de estómago.No, Mikey, no sonrías así, no sonrías de esa forma porque me gustas un poco más y pierdo el control.—¿Me abres? —Preguntó acentuando su sonrisa. ¿Qué hago? Mis padres están a punto de llegar y mi estado… no, él no puede verme así, mi situación ya es demasiado delicada como para tentar a la suerte. ¿Qué pasa si lo encuentran aquí? Lo más sensato es negarme, decir que estoy enfermo o algo parecido, algo me dice que hubiera creído cualquier cosa aunque fuera una obvia mentira. Al final lo miré a los ojos y supe que no podía pedirle que se fuera cuando él era lo único que me hacía sentir bien de verdad.—Enseguida bajo —Le respondí, y acto seguido, me separé de la ventana.Antes de salir de mi cuarto cubrí mis piernas con unos holgados pantalones azules y un buzo blanco que cubría todo lo que necesitaba cubrir. Bajé las escaleras a paso ligero, a pesar de que el dolor en mi cuerpo incrementa notablemente cuando me movía deprisa, necesitaba abrir la puerta y comprobar que ver a Mikey en la calle no fue ninguna alucinación. Cuando pude abrir la puerta sentí la suave brisa de la tarde impactando en el rostro y alborotando mi pelo.El sol estaba muy bajo ya, casi no se veía a causa de los edificios, pero sorprendentemente no hacía frío. Giré mi cabeza a un lado y allí estaba, parado con las manos en los bolsillos, no me hubiera imaginado que vendría a visitarme, de verdad, estaba aquí.Por primera vez en cuatro días sonreí con sinceridad.—Um… pasa… —Dije en cuanto se acercó a mí arrastrando los pies.Con un leve movimiento de cabeza asintió pasando al interior de la casa, cerré la puerta y subimos las escaleras en silencio.—¿Estás solo? —Preguntó una vez que entramos en mi habitación.—Sí, todos salieron por separado, siéntate donde quieras.Silenciosamente llegamos hasta mi cuarto, donde optó por sentarse en el escritorio, no la silla del escritorio, sino el escritorio. Fruncí el ceño cuando lo vi acercarse hasta la pequeña mesa y sentarse encima como si nada, estaba claro que le gustaban las alturas, por algo siempre andaba saltándose las clases para irse a la azotea.Dicen que a los tontos les gustan las alturas.—Bueno —Murmuré sentándome en la cama, frente a él —¿Qué haces aquí?—La verdad, no tengo ni idea —Respondió en una mueca extraña —Estaba con Mini Mikey en el parque, entonces llegó Rindō, empezamos a hablar, hizo el papel de psicólogo porque Draken está en la escuela y al final empezó con una de sus fantásticas interpretaciones de la vida que me hizo pensar —Sonrió de lado ante mi expresión  —Si, me hizo pensar, lo más raro del mundo, y nada, al final me dije: ¿Por qué no hacer caso alguna vez a sus consejos? Dejé a mi perro con él y vine aqui.Me quedé con la boca abierta. No entendí nada.—Oh, pues… la verdad es que no entiendo mucho —Le dije muy despacio. Me miró y rió al ver mi cara, probablemente era todo un poema en este momento, en mi defensa, ¿Qué pretendía? ¡Lo que acaba de explicar es del todo inentendible!Salió al parque con su perro, luego vino Rindō, hablaron un poco sobre algo que desconozco pero que le hizo darse cuenta de algo y ahora estaba aquí. Me disculpo por haber perdido el hilo de la historia.—Ni intentes entenderlo —Dijo levantándose y acercándose a mí, antes de responderle, se sentó a mi lado en la cama —Hay cosas a las que no puedes encontrarle lógica, las mires por donde las mires.—Y…. —Susurré. Apenas me di cuenta de que había bajado la voz —¿El hecho de que estés aquí es una de esas cosas inexplicables?—No lo sé —Dijo en mi mismo tono, acercándose mucho más. El pecho, me había comenzado a latir deprisa —Aún estoy tratando de descubrirlo.No dijo nada más pero continuaba acercándose. En ese momento, cerré los ojos y cuando sentí sus labios unirse a los míos suspiré con anhelo, ¿De verdad solo pasaron cuatro días? Había echado de menos su sabor.Me besaba despacio, aún tenía los ojos cerrados, por lo que no pude evitar dar un respingo cuando comencé a sentir que sus manos se posaban en mis rodillas y subían con mucha suavidad, lentamente alcé mi mano derecha y acaricié su cuello mientras no dejaba de besarlo, sentía que el corazón se me saldría del pecho en cualquier momento. Es oficial, lo necesitaba. Todas las desgracias de mi vida las borraba con su presencia, con su sonrisa, con sus caricias, con sus besos y cuando él estaba conmigo no existen el dolor, ni las tristezas, ni los miedos, no había nada eso.No me di cuenta de que me había recostado en la cama hasta que sentí su peso caer encima de mí. Había comenzado a besar mi cuello con intensidad, otra vez, de nuevo esa sensación de ardor, de nuevo sentía como la temperatura subía de golpe.—Mikey… —Jadeé al sentir sus dientes atrapar el lóbulo de mi oreja.—Está bien esto, ¿No? —Susurró con voz ronca antes de volver a mi cuello.Ante su comentario gemí con más ímpetu, lentamente, y sin ser del todo consciente de lo que estaba haciendo, fui deslizando mis manos a través de su espalda, introduciéndolas por debajo de su camiseta y subiendo la prenda poco a poco. Estaba hipnotizado, sentía como mi cuerpo se movía en respuesta a los besos y caricias de Mikey. No podía controlarme, solo quería sentirlo más, mucho más.De pronto algo me detuvo, fue apenas una milésima de segundo, pero me bastó para volver al mundo real, para ser consciente de la situación, para detener aquella locura antes de volver a caer hechizado por sus besos. En cuanto sentí sus manos penetrar por debajo de mi camisa buscando acariciar mi pecho logré reaccionar.—No —Susurré con voz suplicante, empujándolo un poco hacia atrás, no podía dejar que ocurriera, no en este momento donde mi cuerpo se encontraba tan lastimado y con marcas moradas.En un principio se resistió, pero lo empujé con más fuerza y desesperación hasta que logré que se detuviera.—Takemitchy, ¿Qué sucede? —Preguntó mirándome a los ojos.No lo miré, solo me apresuré a incorporarme y quedar sentado en la cama. Cerré los ojos con pesar, no puedo, no es posible continuar, porque si lo hago… si lo dejaba seguir iba a descubrir todo, bastaría apenas que subiera un poco mi camisa para que las marcas que permanecían grabadas en mi piel, desde el lunes pasado se hicieran visible y las nuevas no ayudaban a qué me viera mejor.Si Mikey las veía no habría forma de ocultarlo. Además, en mi habitación no puede suceder, es imposible que algo que anhelo tanto ocurra aquí donde sucedieron tantas cosas malas, entre estas cuatro paredes que fueron testigos de demasiado dolor, el odio que guardaba hacia este lugar me impedía dejarme llevar, me era del todo imposible relajarme, simplemente no podía.—Lo siento —Logré susurrar avergonzado —Pero ahora no, aquí no. Este lugar…—¿Qué le pasa? —Preguntó Mikey sentándose a mi lado, acomodándose bien la camiseta —No es que tu habitación sea más cómoda que la mía, a mí no me importa el lugar —Añadió con voz burlona —Mientras esté contigo.No pude evitarlo, al final me hizo sonreír. Le di un leve empujón en el hombro.—Idiota —Por un momento rió y después nos quedamos en silencio.De pronto, sentí sus brazos rodeando mi cintura y di un respingo, las heridas de mi piel dolían, el más mínimo roce suponía una agonía, sin embargo, no lo aparté. Por alguna extraña razón, que el dolor proviniera de sus brazos era reconfortante.—Takemitchy —Dijo en voz baja —No te gusta tu habitación, ¿Verdad?Contuve la respiración al oírle. —¿Por qué lo dices?—Se te nota —Tragué saliva un momento antes de hablar. Podía ocultarle ciertas cosas, omitir información no es difícil, pero ¿Mentirle? Eso ya era más complicado de hacer.—No. No me gusta, la odio —Susurré con cierto tono de ansiedad en la voz. No sé si pasó desapercibido o no, pero me abrazó con más fuerza. En ese momento, oí el característico ruido de la puerta principal abriéndose.—¡Estamos en casa! —Oí que gritaba mi madre.Como un resorte me puse en pie y miré el reloj. No puede ser tan tarde.—Mikey, lo siento pero tengo que… tienes que, no, ahora no puedes salir —Decía mirando de un lado a otro —Tengo que bajar a hacer la cena, espérame aquí, ¿Vale?  Y sin decir nada más, ni dejarlo hablar salí de la habitación a toda prisa. La cena transcurrió sin complicaciones, aunque no podía quitarme de la cabeza que Mikey seguía en mi habitación, por suerte, tanto mis padres como Kazutora no tenían por costumbre entrar mucho en mi cuarto. Mi madre se mantenía ajena, Kazutora parecía somatizar si estaba cerca de mi cuarto y mientras no le diera motivos a mi padre, él tampoco iba a entrar.Preparé la cena con la mayor velocidad que pude y después me senté a degustar la comida en completo silencio. A medias, oí la conversación monótona de mis padres sobre el trabajo y las continuas quejas de Kazutora porque, de nuevo, Hanma hizo algo que lo enojaba y él tendría que hacer algo muy bueno para ser perdonado.Cuando terminamos, recogí los platos, mis padres se sentaron un rato en el sofá a ver televisión mientras yo limpiaba. Kazutora decidió salir con sus amigos, como era costumbre todos los viernes, no se lo impidieron. Kazutora siempre podía hacer lo que quisiera, nunca comprendí las preferencias de mis padres. Al final, cuando terminé mi quehacer ya era bastante tarde. Pedí permiso para ir a dormir y por suerte, no me prestaron mucha atención. Subí las escaleras con calma para no levantar sospechas y al abrir la puerta ahí continuaba Mikey, se había echado sobre la cama quedándose totalmente dormido.Me quedé un momento mirándole, aún me parece surrealista: Mikey en mi habitación… en mi cama, durmiendo tan tranquilo. Si me lo hubieran contado un par de semanas atrás, seguro que nunca, nunca lo habría creído.Tras un par de minutos de duda, decidí finalmente no despertarle, se veía tan tierno, ni siquiera parecía Mikey sino el niño de mis recuerdos.—Hasta pareces un ángel —Le susurré acercándome a él y apartando cuidadosamente un mechón rubio de la frente.Suspiré y me encargué de poner el despertador un rato antes de lo normal, debía despertarme más temprano cuando amaneciera si pretendía tener el suficiente tiempo como para sacar a Mikey de casa. Así, procurando no hacer ruido, fui al baño, me cepillé los dientes, me puse el pijama y volví a la habitación. No estaba seguro de poder acostarme sin despertarlo, intenté moverme con mucha lentitud y logré acostarme a su lado sin que se percatara de. Echado cómodamente sobre el colchón junto a él, no tardé en quedarme dormido y antes de que el sueño me venciera, me pareció sentir su brazo rodeando mi cintura.

----- CHAPTER BREAK -----

[Rindō] - Departamento de los Haitani

La posibilidad asusta.

La posibilidad consume.

La posibilidad sorprende.

La posibilidad alegra.

La posibilidad puede ser inmensa o sumamente diminuta.

Pero por el simple hecho de llamarse “posibilidad” es que nos aferramos a ella como si eso fuera determinante, la posibilidad puede hacernos sumamente felices o tremendamente desgraciados y nada más importa a nuestro alrededor, solo que la posibilidad se convierta en realidad, ni siquiera somos conscientes de si el aire que respiramos aún nos envuelve o ha decidido evaporarse. Lo único que necesitamos saber, lo único que realmente da sentido a nuestro existir en momentos de monotonía, es esa posibilidad donde sabemos que nuestra vida cambiará para siempre, ese preciso instante en que aquello que creemos posible al fin llega a concretarse, si desaparece para siempre la posibilidad, nada tendría sentido.

Dejé de escribir y releí lo escrito. La oscuridad se había hecho presente hace varios minutos, pero la inspiración que sentí de un momento a otro por escuchar una canción de Radiohead fue tan inmensa que había prescindido de encender la luz.Justo cuando estaba pensando en levantarme para pulsar el interruptor, se abrió la puerta de mi habitación y apareció en el umbral mi hermano, Ran.—¿Qué haces a oscuras? —Solo estoy escribiendo, tuve un impulso y me olvidé de encender la luz.Ran frunció el ceño un momento y se encogió de hombros. Estaba un poco arreglado, comparado con sus remeras largas con parches de diferentes telas y jeans de colores llamativos con varios cinturones, ahora lucía un poco más adulto.Sus diecinueve años pasaban desapercibidos cuando usaba un pantalón sin roturas, cinturones colgando o estampados coloridos, ahora tenía un pantalón liso color negro y una remera blanca debajo de una chaqueta elegante color violeta, usaba solo unos aretes negros en lugar de la hilera de piercings y un collar largo plateado que tenía una araña colgando. Algo me dice que irá a cenar con Yuzuha, específicamente a su casa donde tiene que enfrentar a su padre y los dos hermanos.—Te harás mierda la vista.—Estaba por encenderla.—Bien, Yuzuha y yo iremos a cenar a su casa —Bingo, tuve razón —Ella insiste en que debo llevarme bien con su padre y hermanos. ¿Quieres acompañarnos? Puedes llamar a Mikey y a Draken, si quieres.—Gracias, Ran —Sonreí con un poco de burla al ver su intento de pedir compañía porque no quiere sfrontar a la familia Shiba por su cuenta —Pero prefiero quedarme en casa escribiendo un poco más y dejarte el placer de cenar con tu suegro y cuñados a ti.—Bastardo —Amenazó con lanzarme el teléfono, una amenaza absurda que no tome en cuenta —Siquiera entiendo porque debo hacer esto, estoy saliendo con ella, no con su familia.—Para Yuzuha son importantes, eso demuestra que te toma en serio.—Ya, lo sé —Vi un vestigio de orgullo en su expresión que me hizo sonreír, feliz de ver a mi hermano con una vida y relación estables —Pero enciende la luz, no eres un vampiro.Se fue dejando la puerta abierta, odio cuando hace eso, pero creo que es su manera de decirme que salga de mi cuarto o que vaya a la cocina para cenar.Tras quedarme a solas de nuevo, acerqué nuevamente el bolígrafo al papel, por desgracia me bastó mantenerlo así un par de segundos para comprender que finalmente la inspiración había desaparecido por completo. Todo por culpa de mi hermano.De este modo, a sabiendas de que sería inútil tratar de escribir algo más cuando no siento el impulso de hacerlo, cerré el cuaderno de ideas, canciones, poemas y dibujos, todos mis pensamientos estaban aquí, se puede decir que es como un diario íntimo que nadie autorización de ver sin mi autorización, también tengo una aplicación de notas que servía para casi lo mismo cuando me olvidaba mi cuaderno en la mochila o la casa. Salí de mi cuarto y anduve con pasos lentos hasta la cama y me dejé caer en ella volviendo a apagar la luz.La oscuridad ya era total, no me importaba, nunca me sentí incómodo con la ausencia de luz. Es más, me gusta, me hace sentir totalmente relajado como si estuviera en otro mundo, un mundo que, por el simple hecho de ser completamente oscuro, guardaba todos los secretos, desde los más emocionantes, hasta los más dolorosos.Así es la oscuridad, te envuelve de tal forma que te lo permite todo sin juzgarte o criticarte, tampoco te lastima, ella me hace sentir seguro porque nadie me puede ver haga lo que haga, nadie me va a ver y puedo ser completamente libre. También ayuda a limpiar el alma, lo hace posible cuando uno está a solas con sus pensamientos y no se distrae con nada. Por eso, en este momento donde puedo estar solo en casa, solo en mi habitación, rodeado de sombras, decidí finalmente atreverme a sacarlo todo. Al menos por una vez y gritar contra mi almohada.
[Manjirō] - Casa de los Hanagaki
Odio despertarme temprano.Basta que me despierte temprano para estar de mal humor todo el día, por eso, cuando empezó a sonar un reloj de no sé dónde, abrí los ojos con cara de pocos amigos, pude enfocar mis ojos en el dichoso reloj que estaba en una mesa junto a la cama y vi la hora. Poco me faltó para gritar de una forma que, seguramente, me hubieran escuchado en toda la cuadra. —¿Qué rayos…? —Logré gruñir antes de que una mano saliera por detrás de mí y me tapara la boca en un movimiento rápido.—¿Quieres despertar a toda la casa? —Oí que susurraba Takemitchy a escasos centímetros de mí.—¿Takemitchy? —Susurré en voz baja en cuanto retiró la mano —¿Se puede saber qué diablos haces aquí? —Aquí vivo, estás en mi habitación, ¿Recuerdas? —¿Cómo qué en tu…? Oh, cierto —Comprendí dándome una palmada en la frente —Me quedé dormido, ¿No es cierto? —Algo así —Sonrió volviendo a dejarse caer sobre el colchón, quedando boca arriba y yo volví a recostarme a su lado.—¿“Algo así”, dices? Ya veo, hiciste que me quedara dormido para poder pasar toda la noche en la misma cama que yo. Lo entiendo —Bromeé con una mueca burlona, apoyando la cabeza sobre mi brazo, quedando de cara a él.A causa de estar aún medio dormido, apenas vi venir el manotazo hasta que me dio en el hombro como respuesta.—Serás creído —Dijo mientras yo empezaba a reírme a carcajadas.Por alguna extraña razón, me divertía hacerlo enojar. No como antes que me empeñaba en disfrutar con todas y cada una de sus desgracias, lo cierto es que nunca, nunca disfrutaba de hacerle pasar un mal rato a pesar de gritar a los cuatro vientos que no había nada en el mundo que me gustara más que verlo perder el control. Mentira, realmente nunca me había gustado ver que lo pasaba mal, es que él era tan difícil, y lo sigue siendo con la diferencia de que... no lo sé, ahora hay algo adorable en ello.—¿Cómo puedes despertarte a esta hora? —Susurré una vez hubo terminado de darme manotazos. —Tonto —Sonrió girándose también hacia mí. —¿Tonto? –Bufé alzando la voz y arqueando una ceja —Pero si a esta hora ni siquiera están apagadas las luces en la calle. Ante mi comentario, rió con ganas y mientras lo hacía, me dediqué a mirarlo preguntándome una vez más por qué, por qué teniendo esa sonrisa tan brillante, por qué siendo capaz de sonreír de esa manera, prefería esconderse del mundo y mostrar a todos esa mueca de siempre más propia de un robot que de una persona. Esa faceta de chico amable que nunca tiene problemas puede ser agradable al comienzo, pero a la larga se siente demasiado falsa porque todos tenemos problemas, hasta yo tengo problemas a pesar de actuar despreocupado por la vida.Claro que mi problema principal, actualmente, es él y esa sonrisa que no se me iba de la cabeza.—Mikey, ¿Me oyes? ¿Hola?—¿Qué pasa?Takemitchy se había incorporado ligeramente y movía su mano derecha en el aire, hacia arriba y abajo delante de mi cara.—Te quedaste en el limbo —Explicó sonriendo de medio lado —¿En qué pensabas?En ti. No puedo decirle eso, qué vergüenza.—En que todavía es de madrugada y no quiero levantarme —Respondí cerrando los ojos y dándome la vuelta, quedando de espaldas a él. —¿Disculpa? Por favor, Mikey —Replicó zarandeándome con fuerza —Tienes que irte ya, si no te van a encontrar. —¿Quién puede encontrarme aquí? ¿Quién diablos se despierta a esta hora? —Respondí con voz adormilada, ignorando sus zarandeos.—Yo lo hago todos los días.—Estás mal de la cabeza, eres la excepción del mundo —Le dije finalmente acomodando la almohada y tapándome hasta el cuello con la manta.Por un momento pensé que había conseguido mi propósito porque no había vuelto a protestar, ¿A quién se le ocurre que levantarse a esa hora es legal? Es de locos, teniendo tantas horas por delante, hay que estar chiflado y claro, como yo tampoco soy muy normal, me gusta el chiflado que tiene ese tipo de manías. De repente volví a sentir sus manos zarandeando mi espalda con más fuerza, justo iba a replicarle, cuando sentí un empujón mucho más fuerte que los anteriores que impulsó mi cuerpo hacia delante y me hizo caer al suelo de forma estrepitosa.—¡Mikey! Lo siento, lo siento —Oí que exclamaba —¿Estás bien? No creí empujarte tan fuerte.—Yo te mato —Susurré echando humo por las orejas, ya perdí la cuenta de todas las veces que he acabado tirado. Por mí mismo, por él, por las escaleras, hasta por mi perro. —Lo siento —Repitió arrastrándose hasta el borde de la cama y asomando su cabeza para mirarme —No quería tirarte, fue un accidente.—Ya —Dije con mala cara mientras me daba la vuelta lentamente y quedaba recostado boca arriba —Siento que te estás riendo de mí para tus adentros. —¡No, no, de verdad! —Exclamó asomando por un momento una pequeña sonrisa que ocultó al instante —Fue sin querer.Ante su comentario solo hice una mueca frunciendo el ceño y alcé el brazo.—Al menos ayúdame a levantarme.Mi miró un momento aún sonriendo con disimulo y acto seguido, se incorporó dándome la mano. Entonces aproveché para tirar de él y hacer que se cayera de la cama, quedando encima de mí. Fue engañado con la mentira más vieja y confiable.Sin poder evitarlo empecé a reírme, en definitiva estoy encontrando una gran afición en hacerlo enojar.—Idiota —Farfullo riendo también.Por un momento, me pareció ver contraer su rostro en una mueca extraña, como de…. ¿Dolor? Pero enseguida sacudió la cabeza y esbozó una sonrisa leve sin moverse de encima, simplemente cruzó sus brazos sobre mi pecho y apoyó la cabeza entre ellos mirándome.—¿Estás bien? —Le susurré despacio, mientras le apartaba un mechón negro de la frente. Ante mi gesto, retuvo la respiración, se le había acelerado el pulso y como tenía su pecho justo encima del mío, podía sentirlo latir a toda velocidad.—Sí —Respondió en mi mismo tono al tiempo que un ligero rubor se le extendía por las mejillas —Estoy bien.No, no me mires así, que me vas a volver loco y ya no habrá marcha atrás cuando termines de atraparme en tu trampa de miel. Es inevitable no caer en sus ojos azules, no podía ignorar esa mirada, esa sonrisa, sin que me dieran ganas de besarlo, morderle, tocarlo…. ¿Pero qué estoy pensando en eso?¿En qué momento Takemitchy escaló tan alto en mi lista de prioridades? ¿Cuándo fue que logró hacerse un espacio en mi cabeza?Mientras lo miraba, aparté otro mechón de la cara y lentamente, deslicé mis dedos por su rostro, acariciándolo, recordando la última vez que hice algo parecido en mi casa, mientras él dormía en mi cama hace dos semanas atrás. Aquella vez me asusté tanto por lo que estaba haciendo y ahora solo deseaba más contacto, ¿Por qué?Despacio, sin romper el contacto visual, me fui levantando y acercando mi rostro al suyo, cuando apenas nos separaban dos centímetros, cerré los ojos. El roce de labios no se hizo de esperar, cada vez que lo besaba sentía como si hubieran pasado siglos desde la última vez. Estaba ansioso y quería besarlo sin parar, devorarlo de una manera que no puede ser normal.—Mikey, no —Logró murmurar separándose de mí y echándose atrás.—¿Por qué no, Takemitchy? —Repliqué en un tono ansioso —También quieres.—No… lo niego —Jadeo —Quiero decir, sí quiero, solo… que no… no ahora no… tienes que irte… —Susurró volviendo a apartarse —Mikey, por favor, me vas a meter en problemas.Resoplé dejándome caer de nuevo al suelo. Tenía que controlar esta ansiedad, que es mucho más fuerte que yo, no puedo seguir dejando que mi cuerpo actúe por su cuenta como si fuera alguna clase de depredador hambriento por más.—Está bien —Acepté esbozando una leve sonrisa —Solo déjame levantarme.—¡Lo siento! —Exclamó incorporándose del todo.Desde el suelo, le tendí el brazo para que me ayudara a levantarme, ante lo cual me miró frunciendo el ceño y arqueando una ceja. —Tranquilo, presi —Reí —No volveré a tirarte, lo prometo.Finalmente, se decidió a extender su brazo y darme la mano. Un impulso, un tirón y estaba de pie. Bajamos juntos las escaleras, en silencio, procurando no hacer ruido porque Takemitchy insistía en que no debemos despertar a nadie, pero a mí nadie me saca de la cabeza que despertar al idiota de Kazutora a esta hora es muy buena idea con tal de hacerlo enojar. Una pequeña venganza por el asunto del tobillo. Cuando llegamos a la puerta principal, me giré hacia él un momento antes de salir.—Me marcho entonces —Dije antes de echar a caminar.—¡Mikey! —Llamó Takemitchy detrás de mí e instintivamente me giré a mirarle —Aunque ahora sea un mal momento, creo que deberíamos sentarnos a hablar de todo esto, ya es hora, ¿No crees?¿Hablar? ¿Cómo empezamos a hablar del tema? Yo no sé hablar de cosas importantes, y esto que me pasaba con él era demasiado importante, no tengo ni idea de qué voy a decirle, de qué iba a decirme a mí.¿Cómo se habla de algo que no se entiende y tampoco puedo poner en palabras? —Si —Dije finalmente —Tienes razón, deberíamos definir las cosas.¿Pero qué estoy diciendo? ¿Por qué estoy aparentando ser maduro cuando en realidad no tengo ni la más pálida idea de lo que quiero de esta extraña relación? ¿Qué diablos íbamos a definir? ¿Si seguir besándonos cada vez que tuviéramos oportunidad o establecer límites? ¿Que no debe volver a pasar? ¿Lo nos sucedió en el pasado? ¿Por qué de repente habíamos pasado de los insultos a los besos? ¿O si es algo temporal?No me digas que está sufriendo una crisis de identidad sexual, en ese caso Draken es el mejor para guiarlo.—Bien —Dijo pasando su peso de un pie al otro, estaba nervioso, sin duda, conocía ese gesto, lo hacía cuando algo le preocupaba —Tendrá que ser antes o después de clases, no puedo salir por las tardes, estoy castigado por lo del otro día.—El lunes, a la hora del descanso, en el sótano —Le dije mirándolo fijamente.Y encima soy yo el que pacta día, hora y lugar, para aparentar que estoy bajo control, aunque por dentro hay un caos.De repente, sentí miedo, miedo a seguir mirándolo, sabía que si lo miraba por cinco segundos más me sería imposible resistirme a volver a besarle o decirle todo lo que siento, aunque fueran un sinfín de cosas cursis y bobas.—Te veo allí —Añadí dirigiéndole una última sonrisa antes de girarme por completo y echar a andar calle abajo. Hasta que no llegué a la otra cuadra, lejos de la casa y de su mirada, mantuve un ritmo lento que trataba de transmitir calma. Finalmente sentí que estaba lo suficientemente lejos empecé a correr cuando las luces de la calle se apagaban y el cielo azul se tornaba grisáceo por el amanecer.
[Rindō] - Preparatoria Ymir Freiheit
El resto del fin de semana pasó sin darnos cuenta. Me había pasado en las mañanas ayudando a Ran con los pedidos de ropa modificada, en las tardes iba con Mikey al parque como su perro y en las noches Yuzuha nos visitan para cenar o ver películas. Al día siguiente de mi conversación con Mikey sobre sus inquietudes, me interesé en cómo se iban resolviendo sus asuntos, se podría decir que estoy en primera fila de la película de su vida amorosa y, aunque no me explicó las cosas con nombres, alegó que con un poco de suerte el lunes se definiría su situación y yo iba a ser el primero en recibir las noticias.Desde ese momento, el tiempo había pasado volando, en un abrir y cerrar de ojos, nos encontramos con un nuevo lunes; el lunes en el que, según Mikey, sus problemas tomarían un rumbo determinado. Solo esperaba que todo saliera bien y esto no acabara con él escuchando música deprimente con litros de alcohol en el sistema como sucedió con su última relación. Tras una semana de suspensión, costaba volver a clase y retomar la naturalidad de todo. Decidí afrontarlo con optimismo y escuchando Aerosmith, siempre me he dicho que las cosas deben afrontarse con buen ánimo y buena música, de ese modo se hacen mucho más llevaderas las situaciones estresantes del día a día. Las primeras clases no se hicieron demasiado pesadas, por suerte, las soportamos bastante bien y cuando apenas faltaban diez minutos para la hora del descanso, Mikey me dirigió una mirada que daba a entender lo cerca que se encontraba de definir su situación.Ante eso, simplemente le sonreí, dándole ánimos levantando el pulgar y le dije que esperaría por los resultados en la azotea.—Si todo sale bien, más tarde te daré los detalles de todo este lío, que en realidad no te he contado nada —Dijo mientras caminábamos por el pasillo.—No tienes por qué hacerlo.—Quiero hacerlo, me has ayudado más de lo que crees —Replicó. Ante su comentario, le dirigí una última sonrisa leve y procedí a girarme para comenzar a caminar.—Buena suerte —Murmuré ya de espaldas a él.Una vez solo en el pasillo introduje mis manos debajo de  as mangas de mi camiseta, acariciando el contorno del tatuaje que recorría todo mi lado derecho del cuerpo, desde el hombro hasta la pierna y suspire. Volví a subir mis enormes audífonos, esta vez escuchando la voz de Melanie Martínez. Mi lista de reproducción es tan aleatoria como la vida misma.Subí a la azotea dispuesto a disfrutar del aire fresco. Perdí la noción del tiempo, una canción se convirtió en cinco, luego en quince y finalmente en treinta.El sol iluminaba débilmente la ciudad debido a unas nubes densas que lo ocultaban, la brisa era suave y comenzaba a hacer frío. Se notaba que por fin entraba el otoño como se supone que debería ser, los minutos pasaban mucho más rápido, oscurecía temprano y el tiempo empeoraba cada día más. También el descanso de hoy fue más corto que de costumbre, al finalizar una hora de espera, tiempo que yo consideraba pertinente para tener una charla seria, comprendí que Mikey no iba a venir.Si no me equivoco, eso significa que no quizás esté teniendo problemas solucionando sus asuntos. Por un minuto pensé en llamarle, pero sí conozco bien a Mikey, sabía que en estos momentos no le apetecería hablar y lo más probable es que ni siquiera estuviera ya en el edificio. Siempre hace lo mismo, en cuanto algo lo lastima dónde más le duele, tiende a huir sin decirle nada a nadie y dejando a todos con las palabras en la boca. Al final, opté por dejarle un mensaje de texto con la esperanza de que no se cerrara en su dolor y recuerde que no está solo, espero hacerle saber de mi existencia como un amigo. Saque el teléfono y escribí el mensaje con rapidez: «—Si necesitas algo no dudes en contar conmigo.»En cuanto el mensaje fue enviado, guardé el teléfono y saqué mi cuaderno de ideas que tenía en la mochila. No me apetecía volver a clases, prefería dedicarme a escribir un rato más de lo que había iniciado durante el fin de semana.

¿Qué hacer cuando la posibilidad desaparece? ¿Cómo reaccionar cuando todo aquello por lo que actuamos, pensamos y soñamos se termina esfumando? ¿Es correcto enfadarnos con la posibilidad que no prometió nada? ¿Está bien sentir rabia por las señales que pudieran ser malinterpretadas? ¿Hay que recurrir a la resignación para justificar el que no querramos luchar?

Lo más inteligente sería sin duda aceptar la naturaleza de la “posibilidad”, entender que es una tendencia a aparecer y desaparecer cuando ella lo decida, porque la posibilidad es esperanza, puede o no ser retribuida.

Todos somos humanos. Sentimos. Amamos. Odiamos. No somos indiferentes, por eso cuando esa posibilidad se va de pronto, sin previo aviso, sin una preparación mental, solo tendemos a pensar una cosa: Cuando aquello que era posible, se convierte en imposible, ya no queremos que nada más en nuestra vida sea posible y nos volcamos a la realidad perdiendo de vista la magia. Lo bueno de la posibilidad, es que al mismo tiempo que desaparece del entorno de una persona, se hace presente en la vida de otra y vuelve a empezar todo el proceso. La posibilidad de uno es la imposibilidad de otro.

Al acabar de escribir dibujé varios círculos en el extremo de la hoja, una canción instrumental que no conocía llenó el silencio a mi alrededor y me incline de espaldas a la barandilla, mirando el cielo y buscando formas en las nubes.
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
Estoy nervioso, eso era innegable. Aún no me explici de dónde pude sacar el valor suficiente como para pedirle a Mikey hablar de nosotros. Por un momento, temí que se negara, o peor aún, que se burlara y fingiera que no estaba pasando algo, sorprendente no hizo nada de eso y hasta había aceptado. Decidió la hora, el día y el lugar. ¿Qué había pasado con Mikey? Ha cambiado tanto, hace un par de semanas, ante la simple propuesta de hablar de algo, de lo que fuera, de seguro se habría burlado o hubiera soltado un montón de comentarios hirientes y ofensivos.Ahora es diferente, todo es diferente.¿He cambiado yo también? Algo me decía que no, en realidad, nosotros cambiamos cuando empezamos a llevarnos mal… cuando comenzó a extenderse todo ese odio y rencor en nuestras vidas por un momento en particular que nada tenía que ver con nuestros problemas familiares, uno que solo pensar en ello todavía despertaba cierto rencor en mi, pero ya no era un sentimiento tan nocivo como antes, más bien se ahora es de un disgusto pasado con el que he aprendido a vivir. Nosotros no habíamos cambiado realmente, solo nos estábamos comportando como somos nosotros en realidad, como siempre hemos sido, como solíamos ser antes de que… de que ocurriera todo aquello. Todo lo que nos hizo comenzar a llevarnos mal.Siento que al fin puedo olvidar lo que sucedió, de pronto lo necesitaba en mi vida y no me importaban los errores del pasado. Así sin más, de repente, necesitaba su presencia, su olor, sus besos, hasta sus tontas bromas que intentan sacarme de mis casillas.Habíamos estado de acuerdo en hablar, íbamos a hablar por fin sobre lo  que nos estaba pasando, de qué nos pasaría a partir de ahora y quizás de por qué comenzó a pasarnos. Puede que incluso habláramos de aquella época cuando todo se torció entre nosotros y aclarar las cosas por muy doloroso que sea. Realmente nunca lo hablamos como tal, y si esta era una nueva etapa, debíamos curar las heridas del pasado.No puedo creerlo, sonaba tan, tan bien desenredar los nudos que se crearon en nuestra relación, sonaba reconfortante pensar en una nueva etapa para Mikey y para mí. ¿Qué nos depararía? ¿Amistad? ¿Puede ser algo más que amistad? ¿Amor? No puede ser, ¿Y si fuera posible? ¿De verdad algo como eso es posible? Hay una posibilidad de que todo cambie para mejor, en ese momento, la posibilidad me pareció la palabra más hermosa del mundo porque estaba llena de esperanza.Cuando llegué al hueco de la escalera para bajar al sótano, encontré a Mikey sentado en los escalones bajos. Tenía los audífonos inalámbricos en las orejas y su espalda permanecía apoyada en la barandilla, tenía la mirada perdida en algún punto del suelo. Tarareaba y me quedé un momento en mi lugar sin atreverme a romper su paz. ¿Por qué me gustaba tanto mirarlo? Claramente, sentía que podía pasarme horas y horas de la misma forma, olvidándome del mundo, pero antes de todo eso, necesitábamos hablar así que di un paso al frente. Solo entonces se percató de mi presencia.Alzó bruscamente la mirada del suelo enfocando sus ojos en los míos y sonrió levemente. Al hacerlo, el estómago me dio un vuelco porque no terminaba de acostumbrarme a este remolino de emociones girando deprisa en mi pecho cada vez que me sonreía. Casi en un gesto automático, le devolví la sonrisa y me acerqué un poco hasta sentarme a su lado, en la escalera. —¿Qué escuchas? —Pregunté en un susurro. En un principio ignoraba si me oiría o no porque desconocía el volumen al que tendría programado los audífonos, conociendolo a uno muy elevado, pero inmediatamente después de terminar mi pregunta, Mikey se sacó el auricular de su oreja izquierda y lo acercó a la mía.—Esto —Respondió —No creo que sea tu estilo.—Yo escuché esta canción —Dije cortándole al tiempo que pegaba más el auricular a mi oído. Me miró sorprendido arqueando las cejas, obviamente no es un género musical que vaya con mis gustos —En tu casa, el día que estaba enfermo y usé tus auriculares rojos antes de quedarme dormido, ¿Recuerdas? Creo que fue esta canción la que estuve escuchando en repetición, me gustó mucho más que las otras.—Vaya, el presi tiene buen gusto —Susurró dirigiendo la vista a la pantalla del teléfono donde se apreciaba la aplicación de Spotify abierta en la canción de The Offspring —Es raro.—¿Qué me gustara?—Que te haya gustado esta en especial.—¿Por qué? —Pregunté intrigado.—Porque esta canción me recuerda demasiado a nosotros.Sentí una inmensa sacudida en el estómago al oírle. Una sacudida que me hizo estremecerme de arriba abajo, escucharlo así, admitiendo que pensaba en mí sin ningún tipo de problema y oírle afirmar como una canción le recordaba a nosotros, tal como yo pensé aquella vez, y oírlo de sus labios me hacía demasiado feliz como para que fuera real.¿Cuál era el truco? ¿De verdad todo es tan fácil? ¿Realmente sentía algo por mí? ¿De verdad siento algo por él lo suficientemente fuerte como para llamarlo “amor”? Creo que sí, lo siento, no sabía en qué magnitud porque la sola idea de tratar de usar ese nombre me daba miedo, pero siento algo que podría transformarse en eso. No puedo negarlo. ¿Qué nos había pasado?—¿Qué dice la letra? —Pregunté con voz susurrante tras tragar saliva.La canción seguía resonando en nuestros oídos, ahora estaba seguro de que era la misma que escuché el día que dormí en su casa y me gustaba. Me gustaba mucho, sobre todo después de saber que esta canción le recordaba a nosotros.—¿El admirable presidente estudiantil no sabe inglés? —Sonrió Mikey en una mueca burlona, ante lo cual, le di un pequeño empujón en el brazo.—Aunque te parezca divertido no es lo que mejor se me da —Acepté bajando la mirada, no soy fluido en el idioma, claro que puedo defenderme en conversaciones estándar, pero no en canciones rápidas —No soy perfecto.—Bien, señor imperfecto, no tengo la voz de Rindō, pero trataré de hacerte de traductor —Susurró con tono irónico mientras retiraba el auricular de mi oreja y lo colocaba en la otra. Acto seguido, acercó sus labios a mi oído libre.Me estremecí. Fue sentir su aliento, oír su voz tan cerca y la manera en que comenzó a tararear la canción al mismo ritmo que sonaba a través de los auriculares, cantaba susurrando y traduciendo la letra, sin despegar ni un momento sus labios de mi oído. Cerré los ojos dedicándome a oírlo, a oír la música, a escuchar lo que decía la canción, esa canción con la que pensaba en nosotros.Se me acelera el pulso, a cada sílaba pronunciada por Mikey me encontraba temblando y una gran oleada de sensaciones recorría mi cuerpo una y otra vez, no me dejaba ni siquiera un segundo de tregua para analizar la situación, tratando de comprender por qué me sentía tan sumamente feliz escuchando aquellas palabras con su voz, dirigidas a mí. Él también temblaba, lo sentía, escuchaba su pecho palpitar a través de la música. Su voz se notaba ansiosa mientras cantaba pronunciando todas esas palabras que no me permitían apaciguar el remolino de mi estómago.¿Qué me ocurría? ¿Por qué esa canción le recordaba a nosotros? ¿Por qué precisamente esa canción con una letra tan… ruidosa donde hablaba de las oportunidades perdidas y de los niños en un vecindario que crecieron para equivocarse? ¿Era una confesión o una crítica a nuestros errores?Cuando la melodía finalizó, Mikey se separó poco a poco de mí y yo abrí los ojos. En el mismo momento en que lo hice, una sola lágrima surgió de mi ojo izquierdo y resbaló por mi rostro con rapidez. Esta debe ser la primera vez en toda mi vida que lloraba de felicidad, por un instante creí que se me acabaron las lágrimas después de tanto sufrimiento en casa.—¿Estás bien? —Preguntó Mikey en voz baja.Como un resorte lo miré. ¿Bien? No, estaba mucho, mucho más que bien. El impulso de besarlo en aquel momento fue el mayor que he tenido hasta ahora, era fuerte, sumamente fuerte y necesitaba hacerlo, quiero llenar su cara de besos, abrazarlo y tratar de encontrar una forma de agradecerle.—Hanagaki, ¿Puedo hablar contigo un momento?Esa voz me sacó de mi estado hipnótico. En un gesto automático, giré mi cabeza hacia delante y me encontré a Akkun con unos papeles en la mano.—Solo será un segundo —Añadió.—Ve —Susurró Mikey —Te esperaré aquí.Lo miré un momento y asentí. Con una mano me froté los ojos, saliendo por completo del trance en que había estado sumido minutos antes y me incorporé, echando a andar detrás de Akkun  por el pasillo.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
¿Qué demonios acaba de pasar? Mejor dicho, ¿Qué diablos acabo de hacer? Le había soltado a Takemitchy la letra de una canción que habla sobre lo mierda que es la vida y lo convertí en una canción traducida a mi conveniencia como algo romántico, me aproveché de que no sabe inglés para decir algunas cosas cursis. ¿Por qué? Lo que más rabia me da es que después de todo, nada de lo que dije era mentira, cada vez que escuchaba esa canción pensaba en nosotros y en cómo nuestras oportunidades fueron desperdiciadas. Teníamos sobre la mesa la oportunidad de estar juntos desde un comienzo y nosotros fallamos por ser unos niños inmaduros e incapaces de hablar.¿Por qué acabo de confesarle todo? ¿Por qué había tenido que usar una canción para poner en palabras todo lo que siento por él? Más bien, ¿En qué momento me había quedado a mí claro lo que sentía por él, después de todos los “porqués” en mi cabeza por dos semanas? Se supone que ya lo tengo claro, ¿O no lo tenía? Rayos, que lío. Me sentí tan raro hace unos momentos como si estuviera en otro mundo, mientras le cantaba y confesaba lo que sentía pude sentir como si me liberara de una carga muy pesada, al mismo tiempo tampoco podía dejar de temblar y acumular tensión. ¿Qué pasará ahora? En cuanto volviera vamos a bajar al sótano, hablar y… ¿Y qué? ¿Qué íbamos a hacer con nuestras vidas? ¿De verdad estaba planteándome tener algo serio con Takemitchy? ¿Con un chico? ¡Y con Takemitchy!  Si lo vemos desde otro punto de vista, todo ha sido una completa locura desde aquel lunes, demasiado loco e impulsivo.¿Cómo podía pensar en tener algo con él? Era ilógico, era surrealista y al mismo tiempo una idea maravillosa. Una locura por la que estaba dispuesto a apostar, al fin tengo la suficiente confianza para volver a confiar de una manera más íntima, diferente a la manera en que confío en mis amigos.—Dios —Murmuré para mí mismo levantándome de golpe. Necesito calmarme, de lo contrario iba a explotar.Busqué en mi bolsillo hasta dar con la caja de cigarros, pero en cuanto fui a llevarme uno a la boca, recordé que estaba en medio del pasillo y aunque a mí no me importaban las normas, no era conveniente buscarme problemas con la directora, y he visto a Takemitchy haciendo muecas por el olor. Decidí que lo mejor era ir bajando al sótano y esperar allí a Takemitchy, primero pasaría por alguna máquina de expendedora a comprar una lata de Coca-Cola y reemplazar el tabaco.Ya me encontraba ante la puerta de entrada, cuando caí en la cuenta de que quizás era conveniente avisarle a Takemitchy antes de bajar que iría a la máquina en la cafetería, no sería bueno que al volver a las escaleras no me encontrara y pensara que me había ido como un cobarde.Con ese pensamiento en mente, fui hasta el siguiente pasillo con la idea de decirle que lo esperaba abajo, al menos le haría una seña desde lejos. Entonces vi algo que me dejó totalmente paralizado, algo que me hizo sentir como si el pecho se me congelara, algo que me hizo tener la sensación de caer de golpe desde un rascacielos, algo que dolió, algo que dolió mucho más de lo que otra cosa me había dolido en la vida. Takemitchy y es tipo, Atsushi, hablaban, solo hacían eso, nada extraño ni anormal y de pronto aquel chico de cabello ciruela miró a ambos lados del pasillo, se acercó a Takemitchy sostuvo su cara con las manos y lo besó.Sentí algo muy extraño, horrible, una sensación que dolía a la vez que rompía algo en tu interior que quizás no recordabas que tenías. Sentí que algo dentro de mí se partía por la mitad, por muy dramático que suene eso.No sé de donde saqué fuerzas para despegar los pies del suelo, pero no esperé ni un segundo, no quería ver qué seguía, no quería nada, Solo me di la vuelta y me alejé de allí. No corrí, no grité, no dije ni hice nada nada más que mirar al frente mientras caminaba por los pasillos sin saber a dónde iba y no me importaba. Solo buscaba alejarme tanto como pudiera.

----- CHAPTER BREAK -----

[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
En un abrir y cerrar de ojos lo tenía encima. No era capaz de entender lo que había pasado, simplemente mi mente no era capaz de procesarlo, estábamos hablando sobre unos informes que tendríamos que completar más tarde por el trabajo atrasado debido a la suspensión, sobre las carpetas no clasificadas, acerca de la directora, el cómo iba a enojarse de no acabar el trabajo a tiempo y de repente, sin previo aviso ni preparación mental, Akkun se abalanzaba para  besarme.Tardé un minuto en reaccionar, por el simple hecho de que nunca, nunca me hubiera esperado algo así.Sabía que Akkun ha estado interesado en mí tiempo atrás, es más, llegamos a hablar un par de veces sobre ese tema cuando en San Valentín me dio chocolates.Él se me declaró hace dos años aproximadamente, pero aunque yo lo apreciaba y valoraba muchísimo, tuve que rechazarlo, porque no sentía lo mismo y luego de eso me daba algunos regalos por ocasiones especiales bajo la premisa de que era en plan de amigos. Lo quería, como un amigo, como el único amigo que he tenido hasta hace dos semanas. Me dolió negarme a su propuesta de salir juntos, porque no quería hacerle daño y temí que eso arruinara nuestra amistad, pero lo cierto es que no quería engañarlo. Le dije claramente que no estaba enamorado de él y lo veía difícil a futuro, aceptar su declaración habría implicado hacernos un gran daño a los dos. Por eso, aunque me costó, tuve que ser sincero, imagino que le dolió. Supuse que lo superó al cabo de un tiempo porque volvió a acercarse como si nada hubiera pasado, sobre todo porque yo le insistí una y otra vez en que no tenía porqué darme regalos cuando no éramos nada más que amigos. Así todo siguió su curso normal, el tema no había vuelto a salir a la luz y lo consideraba zanjado, incluso medio olvidado por mi parte.Y ahora, de repente, pasa esto, ¿Por qué? ¿A qué venía este comportamiento de su parte? ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo? ¿Hice algo fuera de lugar y le di señales equivocadas? No, siempre fui bastante cortante e intento que no pasemos mucho tiempo a solas. Quizás, el asunto no estaba tan olvidado como yo pensaba, quizás continuaba sintiendo algo por mí.Aunque así fuera, lo que acababa de hacer no tenía justificación, no podía llegar de repente y besarme, no tenía derecho y menos mi permiso. Por eso, aunque tardé en reaccionar debido a la sorpresa, finalmente lo hice, y lo aparté con un movimiento un tanto rudo. La verdad es que no quería ser brusco, solo no quiero ser amable y que piense lo que no es.—¿Qué haces? —Exclamé en cuanto logré librarme. Lo había agarrado por los hombros y apartado de mí.—¡Niega que te gustó! —Replicó en un tono desafiante, volviendo a tratar de acercarse a mí y besarme. No lo dejé.Lo sujeté con más fuerza por los hombros alejándolo de mí, no comprendo nada. ¿Qué le ocurre? No era el Akkun de siempre. Cada vez estoy más seguro de que no hice absolutamente nada para enviar señales erróneas.—¿Se puede saber qué te pasa? ¿A qué viene esto? —Le pregunté en medio del forcejeo. Por el rabillo del ojo acerté a ver como algunos estudiantes dejaban de hablar para mirarnos. Genial. Solo eso me faltaba, ser el centro de atención en medio del pasillo otra vez.—¿A qué viene dices? ¡A que me he cansado de hacer el papel de tonto, me he cansado de esperar a que un día se te ocurra fijarte en mí, me he cansado de todo! —Declaró en un sonoro grito, dando una patada al suelo.Lo miré estupefacto. Aquello definitivamente no era lógico, no es normal, no podía ser que me estuviera pasando una cosa así, incluso parecía que comenzaba a dolerme la cabeza. ¿Cuándo le dije que me esperara o algo por el estilo?Akkun estaba gritando a los cuatro vientos que seguía interesado en mí y que se sentía cansado de que yo no le hiciera caso, ahora hay medio instituto congregado en el pasillo mirándolo todo y yo…. ¿Qué se supone que debo hacer yo para dejarnos bien parados? Es imposible.—Akkun, ese tema ya lo hablamos en su día y-—¡No! —Me cortó furioso —Tú lo hablaste, Hanagaki, creíste que podías decidir por los dos pero no puedes, ¿No lo entiendes? ¿Acaso no te das cuenta que yo soy la única persona que te quiere? Soy la única persona que siempre está contigo.—Entonces, ¿Eres mi amigo con doble intención? —Pregunté con un tono frío y desilusionado.Ya no me preocupaba que nos oyeran, no me preocupa que todos nos estén mirando, lo único que tenía mi total interés era el estar descubriendo el juego de Akkun, un juego que no me gustaba nada y en el que yo nunca tuve intenciones de involucrarme. Por eso quise cortarlo cuando me di cuenta de sus ilusiones gracias a las constantes burlas de Kazutora.—¡No! —Exclamó —Era y soy tu amigo porque así lo he decidido, pero al mismo tiempo esperaba que te fijaras en mí, dime, ¿Tan malo es eso?—No —Respondí tranquilo —Pero ya te había dicho que no siento lo mismo y que no creía posible que fuera a cambiar, te lo dije con claridad.—Entiendo —Murmuró apaciguando también el tono de voz. Por un momento, pensé que toda la locura quedaría ahí, que se perdería en el olvido con un nuevo rechazo de mi parte.Sin embargo, lo que vino a continuación me dejó paralizado, con la sensación de que nunca más podría moverme. Lentamente, acercó sus labios a mi oído y susurró, con un ligero tono de recelo.—Está claro qué prefieres los besos de Sano.No sabía qué decir, no sabía qué hacer, no supe cómo reaccionar. Poco a poco se separó de mí y a medias lograba oír los murmullos de los estudiantes, preguntándose qué me dijo Akkun y por qué mi cara lucía pálida. En silencio, agradecí infinitamente que a Akkun no se le hubiera ocurrido gritar esa información en un arranque de rabia. Si algo así hubiera ocurrido... no, no quiero ni pensarlo.No debería estar dando las gracias, sino preguntándome cómo podía saberlo, cómo se había dado cuenta, ¿Se lo habría dicho Mikey? No, que tontería, eso era imposible, tendría que haberse enterado de otra forma, tal vez nos vio, ¿En qué momento? Nada tiene sentido.No estoy seguro de cuánto tiempo pasó hasta que pude reaccionar, pero cuando fui capaz, me limité a agarrar a Akkun nuevamente del hombro y guiarlo entre la multitud hasta la sala del consejo a paso ligero.—¿De qué estás hablando? —Pregunté en tono frió y susurrante una vez la puerta estuvo cerrada tras nosotros y nos encontramos a solas.—¿Qué? ¿Vas a negarlo? —Me espetó —Reconozco que al principio traté de buscar una explicación lógica para entender porqué tenías a Sano encima, besándote en la enfermería aquella noche —Hablaba contrayendo el rostro con una gran mueca de rechazo —Creí que te estaba gastando una broma pesada, pero le atraías hacia ti, lo besabas con ansia… lo…Se detuvo un momento situando sus manos sobre su frente. No sé si debo sentirme ofendido por sus expresiones o aterrarme por la información en su poder.—Por favor, es Manjirō Sano, ¡Tu mayor enemigo! —Terminó exclamando desesperado, haciendo un movimiento brusco y airado con los brazos.—Mikey no es mi enemigo, Akkun —Repliqué en tono susurrante —Nunca lo fue realmente, me costó darme cuenta, pero ahora lo sé y si lo que esperas es una explicación racional a todo lo que, por lo que veo, presenciaste, no puedo dártela porque ni yo mismo la tengo.—¿Qué no la tienes? ¡Estaban besándose! —Exclamó en tono irónico.—¡Es mucho más complicado de lo que piensas! —Grité apretando los puños, alzando de nuevo la voz —Estábamos besándonos porque, porque… me gusta, ¿De acuerdo? Lo dije en un impulso desesperado. Esta es la primera vez que me atrevía a expresar en voz alta lo que pensaba, lo que sentía.—¡Cuando me confesé dijiste que no te gustaban los chicos! —Gritó con voz rabioso.En ese momento tenía 14 años, me consideraba asexual por mi falta de interés en cualquier género.—Tampoco se puede decir que me hayan gustado las chicas, ¿Alguna vez me viste con una? —Repliqué en tono cortante. Me miró resoplando y cruzándose de brazos en términos desafiantes, pero yo no podía mentirle, no podía decirle lo que quería escuchar y luego darme la vuelta tranquilo.La única manera de solucionar esto es ir con la verdad, la brutal y cruel verdad para él.—Me gusta cuando me besa —Expliqué —Cuando me mira, cuando me toca, no tengo ni idea de en qué momento fue que empecé a necesitarlo, pero lo cierto es que lo necesito y no sé por qué ha pasado todo esto, solo sé que no puedo negar lo que siento.—¿Y qué sientes? —Preguntó con voz queda, mirándome de una forma que asustaba, como si yo fuera un completo desconocido.—Lo quiero —Admití finalmente, la palabra amor sigue siendo demasiado fuerte, por muy desesperado que este por hacerle ver mi postura no soy capaz de usarla a la ligera —Sí, lo quiero, lo quiero de verdad, lo quiero como no voy a querer nunca a nadie.Ya está, ya lo he dicho. Al fin lo dije todo. ¿Para qué seguir negándolo? ¿Para qué seguir preguntándome qué era lo que sentía por Mikey cuando lo sabía claramente? Lo quería, lo quería más que a nadie, lo quería conmigo, lo quería de una forma que dolía, que asustaba, que me hacía perder la cabeza y ser otra persona, me incitaba a anteponerlo a todo y pensar que nada era más importante que él. Lo quería, esa era la verdad, durante mucho tiempo me había estado preguntando qué era esa sensación en mi estómago girando tan deprisa cuando estaba conmigo, cuando me miraba, me besaba, me hablaba, me sonreía o cuando simplemente lo pensaba y, por fin, comprendí que la respuesta era demasiado fácil, demasiado sencilla, tanto que no comprendía cómo no la había visto antes. ¿Por qué había pasado? ¿Por qué con él? ¿Por qué con el que una vez fue mi mejor amigo para después convertirse en la persona con la que me llevaba a extremos de la rabia y la tranquilidad? Por primera vez lo pensaba y no me importaba, no necesito saberlo, no necesito saber nada más, salvo que lo quiero, de verdad, y lo único que lamentaba de este asunto era no habérselo dicho a él antes.Mikey merecía saberlo más que nadie, de repente, necesitaba gritárselo, repetirle una y otra vez que lo quería y lo necesitaba. Simplemente porque es el único capaz de hacerme feliz, de borrar mis tristezas, curar mis heridas y enseñarme a sonreír de verdad. —¿Satisfecho? —Murmuré en tono cortante observando su expresión boquiabierta —Y ahora, si quieres salir ahí fuera y gritarlo al mundo, hazlo, no te lo voy a impedir, solo espero que te apartes y me dejes solucionar mis asuntos, mi vida, mi relación amorosa, sin interferir, si es que es cierto que te consideras mi amigo, claro.Y tras decir esto, me giré sin mirarlo, di un profundo suspiro tratando de calmarme, giré el pomo de la puerta y salí de la sala del consejo. Mikey me esperaba.
[Atsushi] - Preparatoria Ymir Freiheit
Me había quedado, literalmente, sin palabras. Sentí como mi expresión cambiaba e iba quedando con la boca abierta a medida que Hanagaki soltaba aquel discurso tan ridículo.¿Que lo quería? Eso era imposible, del todo irracional, completamente absurdo, ¿Cómo podía Hanagaki querer a Sano? ¡Estábamos hablando de Hanagaki, por favor! Manjirō Sano ha estado años haciéndole la vida imposible día tras día y ahora, de repente, ¿Decía que lo quiere? ¿Por qué no se da cuenta Hanagaki de que la única persona que realmente nunca le falló soy yo? ¿Tan ciego estaba? ¿No le bastaba a Sano tener locas a todas las chicas del instituto como para ahora también empezar a enamorar a los chicos? ¡A Hanagaki!No, no podía ser cierto, todo aquello debía ser una broma de mal gusto o algo por el estilo, no es posible que esto pudiera estar sucediendo.¿Por qué Hanagaki? ¿Por qué él? La situación, mirases por donde la mirases, no tenía ningún sentido. No. Definitivamente no podía permitir que aquella locura continuara, Sano tenía ya en la escuela demasiadas chicas tras él, no necesitaba a Hanagaki, no lo necesitaba como yo. No estarían juntos, no si puedo impedirlo. Aún no tengo idea de qué voy a hacer, pero necesito un plan y rápido. —Vaya —Una voz arrogante me hizo girar, en el marco de la puerta ví a Kazutora con una paleta entre los labios, Kisaki mirando algo en su teléfono mientras dejaba unos papeles sobre la mesa y Hanma  apoyado en el marco de la puerta con una expresión de burla. Apreté los puños a cada lado —Escuché que el perfecto vicepresidente armó una escena en el pasillo. Lástima que llegué tarde y no pude verla.—¿Necesitan algo?—¿Intentaste usar la presión social para atrapar a mi torpe hermano? —Kazutora ignoró por completo mi pregunta, busque ayuda en Kisaki que seguía concentrado en su teléfono y luego en Hanma, curioso por el chisme —Creo que te faltan clases de manipulación.—Yo no hice tal cosa —Declaré con firmeza tratando de pasar por su lado, antes de salir, Kazutora me agarró con fuerza del brazo y su paleta en la otra mano.—¿Qué acabo de oír? —Preguntó a nadie en específico, Kisaki lo miró de reojo con aburrimiento y Hanma sonrió mucho más —Creo que fue alguien tratando de mentirle a un mentiroso. Eso no está bien, y menos cuando no sabes dónde te estás metiendo.—Suéltame —Creí que iba a molestar un poco más, pero liberó mi brazo en un gesto de asco —No sé de lo que hablas.—Yo no soy mi hermano al que puedes regalar con tu cara de pobrecito —Me señaló con su paleta —No me trago tu cuento de chico bueno.No dije nada.—Ya me aburrí de ver tu cara, nos vamos, sigue jugando el papel de mosca muerta, Atsushi Sendō.Salieron de la sala en un acuerdo silencio, lo último que ví de ellos fue a Hanma pasando su brazo por los hombros de Kazutora y a Kisaki mostrándoles algo en su teléfono.
[Manjirō] - Casa de Manjirō
En el trayecto del instituto a casa estuve en blanco. No tengo ni la más jodida idea de cuándo salí, ni de qué hice por el camino, ni mucho menos de cómo llegué, pero aquí estaba, tirado en el sofá con la mirada perdida en algún punto del techo, ignorando el teléfono que había sonado varias veces, y no preste atención a Mini Mikey, que se entretenía en morder mi pantalón y tirar de él para que lo sacara a pasear.En otro momento, quizás le hubiese protestado o si estaba de buen humor incluso hubiera accedido a sacarlo un rato, pero ahora no tenía cabeza para nada, ni ánimos, ni fuerzas.Lo único que me apetecía era quedarme ahí, contando las manchas del techo y buscando, de algún modo, un medio para no pensar en lo imbécil que había sido y sobre todo en lo imbécil que era él. ¿Cómo pude ser tan tonto como para ilusionarme con esta locura? ¿Cómo se me había ocurrido caer en su juego? ¿De verdad llegó a parecerme tierno? ¿Realmente llegué a sentir algo cuando me sonreía? Esto fue lo más estúpido que hice en mi vida, una completa estupidez, no era más que el mismo presidente insoportable de siempre que elevaba su imagen por encima de todo, la misma molestia en mi vida de todos los días que señalaba mis errores, el mismo con el que he peleado varias veces. Las últimas semanas de mi vida habían sido una completa ilusión, una deprimente ilusión, nada real, no habían significado nada las sonrisas, ni los besos, ni las endemoniadas cosquillas en el estómago.Tantas horas haciéndome preguntas, tantas horas con los malditos “porqués”, tantas noches sin poder dormir pensando cursiladas. ¿Y todo para qué? Ya tenía lo que quería, ya me había humillado con la ridiculez de la canción, ya había conseguido que me arrastrara, ya había ganado, al fin había ganado.Es la segunda vez en mi vida que me traiciona de esa forma, la primera, cuando se atrevió a acercarse a ella y la segunda ahora, cuando le daba completamente igual el mundo, cuando se dedicaba a echar unas cuantas sonrisas, a besarme un par de veces y a hacer que de repente lo necesitara para después largarse con el idiota de su compañero igual de robótico, haciéndome sentir como un perro.¿Qué diablos quería ese tipo de mí? ¿Dejarme por los suelos como mi padre? ¿Otra vez? Bien, pues si ese era su propósito lo había conseguido con creces. ¿Cómo pude pensar, siquiera por un asqueroso segundo en que realmente era posible algo serio entre nosotros? Mikey y Takemichi, los eternos enemigos convertidos en amantes, que patético, ¿Por qué diablos se me había olvidado la ley natural?Seguro que ahora está en el instituto con ese amiguito suyo riéndose de mí —Te odio —Murmuré escupiendo cada sílaba —Te odio más que nunca.Sí, lo odiaba, lo odiaba hasta el punto de querer gritar, lo odiaba con un rencor que no me cabía dentro, había despertado lo peor de mí, me provocaba sensaciones horribles, llenas de furia, ira, cólera y decepción. Odiaba todo lo que tenía que ver con él, su simple pensamiento me provocaba náuseas, lo odiaba por haberme hipnotizado de aquella forma, lo odiaba por humillarme haciendo que le cantase al oído, lo odiaba por no darle importancia a lo que yo podía sentir. Lo odio con la misma intensidad en que creí que podría quererlo.¿En qué momento bajé la guardia y comencé a dejar que se metiera en mi vida? ¿Por qué había sido tan cruel pisoteando mis sentimientos de aquella forma? ¿Tanto me detestaba? No me había dado cuenta de que la respiración se me había acelerado.  Lentamente suspiré tratando de relajarme y me sorbí la nariz. Pasé la palma de mi mano por mi ojo izquierdo y resoplé con furia.No, no voy a llorar, no le daría también ese gusto, no soltaría ni una sola lágrima, ni permitiría que me viera pasarlo mal, yo soy demasiado fuerte como para dejar que me hundiese de aquella manera. No lloré en el funeral de mi madre, ni cuando descubrí las mentiras de mi padre, menos lloraré ahora. Mañana voy a levantarme, volveré a clases y me dedicaré a joder el resto de su existencia hasta verlo pedirme perdón de rodillas.Aunque por dentro sintiese que me estoy muriendo.
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
Había buscado a Mikey en todas partes, el sótano, las aulas, el patio, los clubes, incluso me atreví a pensar por un momento en la sala de profesores, a sabiendas de que sería imposible. Lo había llamado al teléfono varias veces sin obtener respuesta. ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué no estaba en donde se supone que íbamos a hablar tal y como habíamos quedado? ¿Habría tenido algún problema? ¿Le ocurrió algo? Si es así, ¿Por qué no me responde el teléfono? ¿Está enfadado? No entiendo nada.Caminaba por los pasillos con la cabeza agachada, preguntándole a todo el que veía por Mikey cuando, de pronto, una oleada de inspiración acudió a mí: ¿Cómo no lo había pensado antes si era tan sencillo? ¡La azotea! Mikey siempre acaba allí cuando desaparecía del mapa, ¿Por qué esta vez iba a ser diferente? Con un movimiento rápido, me giré echando a correr escaleras arriba.Abrí la puerta con un golpe brusco y sentí como la luz exterior me daba una bofetada. Cuando logré enfocar mis ojos, paseé la mirada por toda la azotea, pero tampoco encontré a Mikey. Sin embargo, sí que había una persona, Rindō permanecía apoyado contra la barandilla mirando el horizonte con los audífonos azules sobre sus orejas a un volumen bastante alto. ¿Sabrá algo? Es uno de sus mejores amigos, es muy posible que pueda ayudarme. Desde mi posición, tragué saliva y me acerqué a él. ¿Qué le voy a decir? ¿Qué Mikey se me había perdido? No, no, que tontería, Mikey no es ninguna cosa que se ande perdiendo, pero, si eso era así, ¿Por qué no le encontraba donde se supone que íbamos a vernos? Y lo más importante, ¿Por qué se había esfumado?—Hola, Hanagaki —Dijo Rindō aún de espaldas a mí en cuanto me acerque.No se movió ni un ápice y de todas formas había notado perfectamente que era yo el que estaba allí.  No cabe duda de que es un chico extraño.—¿Cómo…? —¿Cómo supe que eras tú? —Sonrió girando el rostro hacia mí y bajando los audífonos —Apagué la música cuando oí la puerta y gracias al silencio te reconocí por tus pasos, se puede aprender mucho de una persona por su forma de caminar.No supe qué decir, así que solo asentí. No estoy acostumbrado a tratar directamente con Rindō, la verdad es que esta situación comenzaba a tornarse un poco incómoda ya que no somos cercanos. Con lentitud, decidí acercarme hasta situarme a su lado, apoyándome también sobre la barandilla.Desde aquí arriba se puede ver media ciudad, el cielo estaba un poco nublado, aunque no terminaba de empezar a llover y solo soplaba una ligera brisa un tanto gélida, hacía frío.—Así que esto es lo que hacen Draken, Mikey y tú aquí arriba —Murmuré mirando el horizonte. —Solo mirar —Asintió Rindō —Cuando te encuentras en un lugar alto, todos los problemas parecen insignificantes. Nos encontramos bien aquí, nos permite… desconectarnos del mundo real.Lo miré sorprendido. Sus palabras habían sonado un tanto parecidas a las que me había dirigido Mikey aquel día en la noria: “—Desde lo alto, todo se ve más pequeño”. Recuerdo la sensación de dejar abajo todas las preocupaciones, todas mis inquietudes por aquella sensación tan increíble al subir, la sensación de volar, fue tan magnífica que me atreví a besarlo.—Tienes razón —Dije en voz baja apretando las manos sobre la barandilla. Estaba helada, comenzaba a levantarse algo más de viento y el frío traspasaba la tela de mi camisa. —No sé donde está —Murmuró Rindō de pronto, lo cual hizo que girara la cabeza hacia él para mirarlo fijamente —¿Tuvieron otra pelea?—¡No! —Exclamé —Ni siquiera tuvimos la oportunidad de hablar. Lo vi un momento, luego me distrajeron y cuando volví al sótano ya no estaba.—¿Cómo? —Inquirió Rindō mirándome, frunciendo ligeramente el ceño —¿No tuvieron una pelea y desapareció? Esto es extraño.—Entonces, ¿No sabes dónde está? —Pregunté desanimado. Rindō era mi última esperanza porque Draken brillaba por su ausencia y mi camino no se cruzó con el de Yuzuha.—Lo siento, pero no puedo ayudarte. Eso no borra el hecho de que me dejas preocupado con lo que me cuentas, si las cosas son como me dices, no hay duda que es muy extraño que Mikey haya decidido desaparecer.—Ya veo —Murmuré bajando más la cabeza, me encontraba totalmente desalentado, ¿Por qué Mikey se pues sin decirme nada? ¿Olvidó que teníamos que hablar?—No puedo asegurar nada, sin embargo, sí lo conozco bien, es muy probable que se haya ido a casa.—A casa —Repetí despacio.Marcharme a su casa para buscarlo significaba, nada más y nada menos que volver a las clases vespertinas, en conclusión, más problemas. ¡Al demonio, ¿Qué importaba?! Para mí era mucho más importante hablar con Mikey que meterme en un nuevo lío, necesitaba comprobar qué le ocurría, me urgía explicarle todo lo que sentía por él y ansiaba gritarle que lo quería más que a nadie.—Gracias, Rindō —Sonreí levemente. Antes de girarme y echar a correr, alcancé a ver que me dirigía una media sonrisa y procedía a girarse nuevamente para continuar contemplando las vistas de la ciudad con los audífonos puestos.
[Manjirō] - Casa de Manjirō
El timbre tuvo que sonar repetidas veces antes de que por fin me decidiera levantarme del sofá para abrir la puerta. Estoy seguro que es Draken para compensarme por su ausencia o quizás Rindō, había quedado en verme con él después de…El caso es que le había dejado tirado y aunque mis ganas de ver a nadie eran nulas, decidí abrir y pedirle que vuelva otro día. Realmente no quiero hablar aunque le dije que iba a hacerlo. Me acerqué a la puerta arrastrando los pies, en cuanto llegué, tomé el pomo con una mano y con la otra sujeté a Mini Mikey, que se había puesto a ladrar y dar saltos como loco. Cuando la puerta finalmente se abrió, dirigí mis ojos al umbral para encontrarme con la persona que menos quería ver en este momento. Ahí estaba Takemichi con su ridícula camisa, su ridícula corbata, su ridícula presencia.Al verle, sentí una rabia inmensa regresar, solo tenía ganas de darle un puñetazo y cerrarle la puerta en la cara, pero sonrió y eso me hizo retroceder a mi, porque sonrió de esa forma que me había dejado atontado durante dos semanas, de esa forma que hace que no pueda reaccionar y lo odié por eso. Lo odié porque el muy descarado sabía mis puntos débiles.¿A qué viene? ¿A reírse en mi cara? Fruncí el ceño en respuesta a su asquerosa sonrisa y le miré con rencor. Lentamente, su rostro fue tornándose en una expresión extraña… ¿Confusión? —Mikey, ¿Qué ha pasado? Te he estado buscando y…—Lárgate —Le corté con voz fría. —¿Qué? —Preguntó con un hilo de voz, abriendo mucho los ojos —¿Por qué dices eso?—¡Vete! —Grité rabioso, dándole un empujón que le hizo tambalearse hacia atrás —¡No quiero verte!Sé que acabo de sonar como un niño, no pude evitarlo, así es como me siento, como un niño al que acaban de engañar cruelmente e intentan mejorar su ánimo con algo que no vale lo mismo que fue prometido.Recuperó el equilibrio agarrándose al pomo de la puerta, pero cuando alzó la vista, me dirigió una mirada que me hizo estremecerme por completo. ¿Era dolor eso que reflejaba en sus ojos? Comenzaban a teñirse de rojo y… no, no… no volveré a caer, no voy a dejar que vuelva a engañarme, nunca más. Nadie, siquiera él.—¿Qué te pasa? —Comenzó a murmurar en el mismo tono susurrante, aproximándose hacia mí con pasos tímidos, y haciendo ademán de abrazarme.Con un acto brusco, le tome de las manos y apartándolo de mí, volviendo a empujar hacia atrás.—¡No me toques! —Grité furioso.—No hablas en serio, ¿Verdad? Mikey, por favor —Dijo con voz quebrada —Yo solo venía a decirte algo muy impor-Va a engañarme, de nuevo voy a caer en las mentiras de alguien que sabe el efecto que tienen en mí. No puedo permitirlo. Debo frenarlo o repetiré los mismos errores que con mis padres.Tengo que protegerme, debo hacerlo, o no resistiré. Tengo que atacar antes de que pueda atacarme.—¡Un truco muy bueno, Takemitchy! —Exclamé con ira reflejando ironía en mi cara, especialmente al pronunciar su nombre —Jugar al chico triste e indefenso que conquista a todos con un par de lágrimas, así tienes a medio mundo en el bolsillo, ¿Verdad? Das pena, siempre aparentando, siempre engañando, siempre haciendo el papel de chico perfecto frente a todo el que se te cruza. ¿Para qué? ¿Para después humillarlos? ¿Para parecer perfecto? Tú mismo lo dijiste antes, no lo eres, ¡Por eso te odia todo el mundo!Solté todo aquel discurso lastimando mi propio corazón con cada palabra, sintiendo que me rompía por la mitad por cada sílaba pronunciada, no había dejado de mirarle sin mirarlo realmente, sino a un punto en su frente para dar la apariencia de que lo miraba. Cometí el error de bajar mis ojos y ver su rostro que cada vez se contraía más, de pronto, se llevó ambas manos a los oídos y negó con furia cerrando sus ojos, teñidos completamente de rojo. No me dejó seguir hablando, no me permitió continuar despotricando contra él, en un abrir y cerrar de ojos, se había dado media vuelta y echado a correr calle abajo. Cuando cerré la puerta, apoyé mi espalda contra esta y me dejé resbalar hasta el suelo. Hundí mi cabeza entre mis brazos, haciendo grandes esfuerzos por tranquilizarme, había jurado no llorar y no lo haré.Hice lo correcto, fue para evitar ser engañado de nuevo, lo hice por mi bien.Con manos temblorosas, y aún tirado en el suelo saqué mis audífonos del bolsillo y me los puse, programando el reproductor de música al máximo volumen, solo quería aislarme del mundo y no pensar. Sin embargo, no pude evitar sentirme más vacío y hundido que nunca, en especial cuando ví que hasta Mini Mikey parecía mirarme decepcionado y me daba la espalda para tirarse en el sofá.
[Takemichi] - Calle
Solo corrí, huyendo de él, deseaba alejarme lo más rápido que pudiera porque no podía soportarlo, sabía que me derrumbaría en cualquier momento y no quería estar cerca de Mikey cuando eso sucediera. Aquello era mucho más fuerte que yo, me superaba por completo, no tenía muy claro si mi falta de respiración era debido a lo que acababa de ocurrir o consecuencia de la velocidad con la que corría, no me importaba.Sus hirientes palabras resonaban una y otra vez en mi cabeza.
“—Un truco muy bueno”.
“—Siempre aparentando”.
“—Das pena”.
“—Por eso te odia todo el mundo”.
No podía dejar de escuchar su voz, cargada de desprecio, de repulsión. Cada palabra revivida en mi mente se sentía como un nuevo corte a la altura del pecho que me desgarraba y me hacía querer gritar de impotencia y desolación. En cuanto detuve mi carrera, comprendí que mi falta de aliento nada tenía que ver con que hubiera estado corriendo, simplemente, me negaba a respirar después de haberlo escuchado decir que no lo tocara, que yo no lo tocara…
“—No me toques”.
Aquello fue lo peor, ¿Por qué? ¿Por qué había pasado algo así? ¿Por qué ahora? Cuando por fin obtuve la respuesta a la pregunta más importante.—¿Qué te he hecho, Mikey? —Murmuré sintiendo como mis ojos se nublaban, las lágrimas luchaban por caer al mismo tiempo que yo luchaba para retenerlas.No comprendo nada, ¿Por qué de pronto se comportaba de ese modo tan hiriente conmigo? Hasta hace una hora, todo había sido paz, confort y felicidad, solo él era capaz de consolarme, de hacerme sentir bien con sus besos, sus abrazos, sus palabras, sus sonrisas, sus bromas, sus miradas, con su canción, mi canción… nuestra canción.De repente, ¿Nada era cierto? No puede ser cierto, tenía que haber alguna explicación, ¿Cuál? El frío incrementa. Casi no me había dado cuenta que finalmente había llorado hasta que el viento me heló las mejillas mojadas.No, no había ninguna explicación, simplemente, todo había sido un sueño, el sueño más maravilloso de mi vida, me había enamorado de alguien que me odiaba, que me había odiado siempre y eso jamás cambiaría. De pronto, ese pensamiento, convertido de repente en una cruda realidad, me atestó un golpe final al pecho que me hizo llevarme ambas manos a la cabeza y dejarme caer en medio de la calle entre sollozos. Es como si estuviera reviviendo algo del pasado, si, creo que fue similar a aquella vez que peleamos por primera vez y nuestra relación se torció por culpa de ella. Es lo mismo, lo mismo.Me cubrí las orejas sintiéndome asfixiado ante el peso del presente el pasado. ¿Yo nunca aprendo? ¿Cómo puedo confiar en la persona que ya me ha lastimado antes de forma tan cruel? ¿Por qué quise volver a confiar en alguien que ya me ha fallado? Incluso siento que soy transportado a aquella vez del pasado.Apenas noté cuando una mano se posó sobre mi hombro.—¡Mikey! —Exclamé en un ansioso hilo de voz, levantando la mirada y girando en un rápido movimiento.En lugar de la cabellera rubia, ví unos esponjosos rizos azules.—Um, no, no soy Mikey —Dijo con expresión confusa el chico de mirada seria con una caja de pequeños gatitos entre sus brazos.—Angry —Murmuré frotándome ambos ojos con mi mano derecha, tratando de borrar inútilmente mis lágrimas —¿Qué haces aquí?—Vuelvo a casa, las clases han acabado hace un rato y de camino ví a esto pequeños en un callejón cerca de la escuela, así que lo ayudé y ahora lo llevo a la veterinaria.—¿Y tu hermano? —Susurré aún con voz desalentada, es raro ver a los gemelos separados.Las clases habían terminado y dejé todas mis cosas ahí, salí de clases con tantas ganas de ver a Mikey que no me di cuenta de que era casi la hora de finalizar las lecciones, no obstante, me tranquilizó pensar que el edificio no cerraba hasta las siete, además, en casa suponen que estoy trabajando.Voy a pasar por mi mochila luego.—Ya debe estar en casa, durmiendo, no le gusta ir a la veterinaria porque siempre le queda pelo pegado en la ropa —Explicó haciendo un mohín —¡Es muy desconsiderado! Yo lo acompañé a hacer fila para comprar entradas de un juego de básquet en una noche de invierno que me valió un resfriado de tres días y él no puede acompañarme a la veterinaria. Sospecho que en realidad quería ir con sus amigos a jugar fútbol en el nuevo parque de… ¿Takemichi?No le escuchaba. Lentamente, su voz se había ido perdiendo en el aire, el viento se llevaba sus palabras, no podía concentrarme en oírlo cuando la voz de Mikey seguía en mi cabeza repitiendo una y otra vez: “—No me toques”. Me resistía a aceptarlo. No soy capaz de aceptar algo así, sé que debo respetar su pedido como una persona normal y superarlo o no podría soportarlo después.—Takemichi, ¿Te encuentras bien? —La voz insistente de Angry me hizo volver al presente.Bruscamente, alcé la mirada y enfoqué mis ojos en él. De nuevo, sentía como la vista se me nublaba otra vez, sentí que las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.—Está claro que no estás bien —Dijo bajando la caja y dándome un abrazo con un brazo que me tomó por sorpresa, aunque su gesto me reconfortó mucho. A pesar de no haber tratado mucho con él, no había olvidado la manera en que dio la cara por mí el lunes pasado y ahora, se preocupaba de nuevo, es por eso que le correspondí el abrazo, casi sin fuerzas, temblando a causa del frío y del dolor. —Vamos —Dijo separándose de repente —Sea cual sea el motivo de tu pena, se me ocurre algo para alegrarte un poco. Primero dejamos a estos pequeños, ¿Si?Y sin decir nada más, ni dejarme pronunciar palabra, echó a caminar hacia la zona central y yo no dude en seguirlo.

----- CHAPTER BREAK -----

[Rindō] - Preparatoria Ymir Freiheit
Las clases llegaban a su fin sin haber recibido ninguna noticia de Mikey, tampoco Hanagaki volvió a dar señales de vida desde nuestra conversación en la azotea. En base a lo que me estuvo comentando, imaginaba que Hanagaki fue a buscar a Mikey a su casa. Claro que continuaba preocupado por ellos, por lo poco que dijo, parece que en ningún momento ellos dos discutieron, ese detalle sumado a la falta de noticias por parte de ambos me tenían un tanto intranquilo. No encontraba sentido en que Mikey se hubiera enojado si previamente ellos dos no tuvieron ningún descuento por algo, el propio Hanagaki no entendía la situación cuando le había estado buscando, o al menos esa fue la impresión que me dio en la azotea.Sin embargo, prefería pensar en positivo, y confiar en que, de algún modo, hubieran podido encontrarse y arreglar sus asuntos.Con temor a interrumpir alguna clase de conversación entre ellos, aplacé mi visita en casa de Mikey un rato más. Aproveché para volver a casa con Yuzuha después de clases, comimos rápido, miramos un poco de televisión para matar el tiempo y ella fue a la tienda donde trabajaba Ran para ayudarlo con algunas costuras y yo decidí ir a la casa de Mikey. La inquietud por el estado de mi amigo fue más fuerte, así que le dejé un mensaje de texto a Ran informándole de que probablemente hoy no podría ayudarle y decidí salir del departamento envuelto en una sudadera blanca y una chalina púrpura alrededor del cuello.Durante el recorrido por las calles, me dediqué a pensar y también le compré una Coca-Cola grande, ya sea para celebrar o hundir las penas, cualquier opción era mejor que el tabaco, en ausencia de Draken yo soy el que debe controlar sus vicios. Disfruté de la caminata, pasear es una excelente forma de ordenar los pensamientos e ideas, y más cuando el clima permanecía nublado con pronóstico de lluvia, el cielo finalmente se había cubierto por completo de nubes y el frío incrementaba. Sin embargo, no llovía, a pesar de que las nubes se veían gris oscuro, no comenzaba a llover. Cuando llegué a casa de Mikey me asaltó un mal presentimiento. Realmente no sabía nada de lo que sucedió entre ellos, pero algo dentro de mí me alertaba que, con toda seguridad, lo que hubiera pasado no era para nada bueno. Tras suspirar un par de veces, alcé mi mano y pulsé el timbre.Inmediatamente comenzaron a oírse los ladridos de Mini Mikey y sus patas rascaron la puerta, pero nadie salió a abrir. Probé suerte de nuevo y obtuve el mismo resultado. De verdad empiezo a inquietarme, no era propio de Mikey ignorar las llamadas de esa forma, incluso si está dormido suele levantarse a atender e insultar a quien lo hubiera despertado. Sé que cuando no tiene ganas de hablar, simplemente abría la puerta y lo decía, sin ningún tipo de problema, pero jamás ignoraba el timbre de aquel modo.Al cuarto intento tuve más suerte.Oí unos pasos arrastrarse muy despacio a la puerta y Mini Mikey ya se había callado. Aguardé expectante unos segundos, pero en vista de que no ocurría nada, decidí hablar finalmente.—Mikey, soy yo, ¿Puedes abrirme? —Pregunté apoyando mi mano en la madera —Compré una botella de Coca-Cola solo para ti.No hubo respuesta verbal, pero vi que el pomo de la puerta comenzaba a moverse muy lentamente, para después volver a quedar completamente inmóvil. Suspiré. Aquello era mucho más grave de lo que yo había pensado en un principio y creo que faltarán gaseosas para sobrellevar esto.—Mikey, abre, por favor —Insistí con voz más suave.Al principio, no dio signo de haberme oído y decidí esperar un poco más, pero todo fue en vano. Estaba claro que Mikey no se encontraba con fuerzas para salir.Lentamente me giré y di un par de pasos en dirección a la calle dispuesto a darle más tiempo, pero entonces escuché como la puerta se abría tras de mí con mucha lentitud en un sonoro chirrido. Con rapidez, volví a darme la vuelta y lo ví, ahí estaba Mikey, en el umbral.Suspiré aliviado de que al final hubiera decidido salir y lo miré mejor, tenía el brazo derecho apoyado en el marco y su mano izquierda sujetaba el pomo. Mantenía la mirada abajo y su rostro quedaba oculto por su largo cabello rubio, sin embargo, a mi no me hizo falta que alzara la vista para comprender qué expresión mantenía en aquel momento, sabía que era la misma de la última vez. Cuando al fin levantó el rostro, no pude evitar sentir un escalofrío de desasosiego. No, no era igual que la última vez, era peor. —Mikey… —Empecé, pero él no me dejó terminar. Con un par de zancadas, se acercó a mí y me abrazó con un movimiento angustioso.Le correspondí dejando caer la bolsa con gaseosas y algunas golosinas, me sentí extrañado en una primera instancia, y afligido por verle en ese estado. —Otra vez, Rindō —Murmuró con voz temblorosa —Otra vez.—De acuerdo, primero debes calmarte —Susurré apretando su espalda. Tuvimos de pasar unos minutos hasta que su respiración se tornara pausada de nuevo y su cuerpo dejara de temblar. Aún desconozco lo que ha ocurrido, pero estoy seguro de algo, Mikey se encontraba tan roto por dentro como la última vez. O puede que incluso más.—Vamos adentro, ¿Quieres? —Insistí despacio, sin soltarlo.Aguardé paciente, hasta que sentí su cabeza asentir con un movimiento sosegado y entonces, solo entonces, me separé despacio de él para recoger las cosas y entrar a la casa. Antes de pasar el umbral, situé una mano sobre su hombro. —Sea lo que sea, Mikey, tiene arreglo. Me dedicó una mirada desconfiada y me arrebató la bolsa para buscar la botella de Coca-Cola.—En momentos como este, extraño a mis hermanos.Le di palmadas en la espalda con una pequeña sonrisa al verlo beber aquel néctar al que era adicto e intentaba usar como reemplazo del tabaco. Definitivamente tengo que ayudarlo.
[Takemichi] - Boulevard de tiendas
Me quedé boquiabierto ante los colores, puestos y maniquíes que se extendía ante mis ojos.—¿Esta es tu idea para alegrarme un poco el día? ¿Salir de compras?—Por supuesto. No hay nada como caminar, ir de tienda en tienda, admirar los nuevos modelos, probarse mil diseños diferentes y disfrutar del aire fresco—Suspiró Angry con orgullo por su gran idea. Estábamos en un boulevard de todo tipo de tiendas de ropa con estilos muy variados como de los años ‘80, estilo disco, lolita, vintage, grunge o antigüo. Luego de dejar a los gatitos en la veterinaria, donde parece ser que Angry es una cara frecuente a juzgar por la confianza con la que hablaba con los adultos, me había arrastrado con la excusa de hacer algo absolutamente maravilloso que anima hasta a la persona más deprimida, o al menos, esa era su opinión.Perdí la noción del tiempo visitando cada puesto, uno más extraño que el anterior.Ya habíamos examinado cada prenda, de cada tienda centímetro a centímetro y no se podía decir que mi estado de ánimo hubiera mejorado mucho, solo agradecía la compañía de Angry que se estaba portando muy bien conmigo y se notaba su esfuerzo por animarme, aunque su idea de “alegrarle a alguien el día” no coincidiera del todo con la mía, me sentía muy bien al sentir que se preocupaba por mí de esa manera.Además, al notar que no me sentía dal todo cómodo, se ofreció a llevarme a una tienda de libros viejos donde me sentí mucho mejor. Al salir había estado bromeando todo el tiempo e incluso estuvo a punto de sacarme una que otra sonrisa cuando volvimos a la ropa y lo veía dirigirse a los probadores con todo un regimiento de prendas entre los brazos.Logramos visitar una considerable parte del boulevard antes de ir a una cafetería del centro comercial.Insistió mucho en invitarme algo caliente porque me vio temblar un par de veces, y la verdad es que no pude negarme, después de todo, el frío que sentía en el pecho no había desaparecido por completo. Cuando me pasó el café caliente mire sus manos cubiertas por las mangas de un cárdigan azul que parecía ser de una tela diferente al que le ví la noche que pasamos en la escuela. Esa parece ser su estilo, Angry es adorable, Smiley el hermano deportista, el de Mikey es un chico rudo y el cuero aunque hiciera calor, Rindō alguien con estilo moderno, Yuzuha ropa ajustada de tonos cálidos y yo siempre con camisa y corbata.—No entiendo por qué no te has comprado nada —Protestó apoyando los codos en la mesa y la barbilla entre sus manos —Te quedaban muy bien las últimas camisas, incluso podrías haber probado un estilo nuevo, Smiley dice que la ropa es el primer paso para que uno se sienta  cómodo consigo mismo.—No te preocupes, no tengo planes de cambiar mi estilo. Además, no creo que a mis padres les haga mucha gracia.—¿Por qué? Veo a tu hermano a menudo por el centro comercial cuando acompaño a Smiley y sus amigos, Kazutora siempre se va lleno de bolsas. ¿Por qué no haces lo mismo? —Ladeó la cabeza dando un sorbo a su batido de fresas mientras yo sorbía rápidamente mi café.Otra vez había hablado demasiado.—Um, Angry, quería darte las gracias por tratar de animarme. La verdad es que estoy mucho más tranquilo —Dije tratando de desviar el tema. En aquel momento, no me apetecía inventar excusas sobre mi situación en casa.—Estarás más tranquilo, pero sigues igual de triste —Dijo sacándole la tapa a su bebida para echarle medio kilo de azúcar, hice una mueca por su preferencia, me estaba sintiendo empalagado solo por mirarlo. ¿Cómo puede la gente disfrutar tanto con los dulces? —¿Quieres contarme qué te pasa? Smiley dice que cuando hablamos con alguien, podemos sentirnos mucho mejor.—Quieres mucho a tu hermano, ¿No?—¡Por supuesto! —Exclamó regresando la tapa a su lugar y dando un sorbo antes de hablar con expresión tímida, mirando hacia abajo —Antes era muy introvertido y me costaba hacer amigos, así que Smiley me dio ánimos, siempre me apoyó cuando lo pasaba mal en nuestra escuela anterior. Ahora puedo manejarme solo, pero sigo teniendo presente sus consejos.Lo miré sorprendido, hasta ahora siempre fue solo uno de los gemelos llamativos que todos conocen, no más que eso, hasta Smiley era más conocido por ser un miembro del club de básquet y de fútbol, Angry solo era… el gemelo de Smiley, el que lloraba, el que parece estar enojado, el que se esconde tras su hermano. Ahora me siento mal porque hace poco yo también creía lo mismo que todos.—Entonces, ¿Quieres hablar?¿Cómo podría yo hablar de…? No niego que tal vez tenga razón y que posiblemente sea cierto que después de desahogarte con alguien sobre algún problema puedas quitarte un peso de encima, solo no tengo la menor idea de cómo hacerlo. ¿Cómo hablar de algo que duele con solo pensar en ello y se vuelve inexplicable? Además, para confesar el motivo de mi pesar era preciso primero aclarar ciertos detalles que, bueno, no resultaban fáciles de tratar con naturalidad para mi. Además de que no estaba realmente seguro de sentirme preparado para mencionar mis sentimientos en voz alta de nuevo.Tendría que hablar sobre todo lo vivido con Mikey durante estas semanas y solo de pensar en él, en lo que había ocurrido esta tarde, sentía que mi pecho volvía a congelarse sin remedio.—No es que no quiera, Angry, es que no sé cómo hacerlo —Dije al fin.Era la verdad, al fin y al cabo, no puedo hablar de Mikey como si fuera un tema normal, no soy capaz de decir lo que siento por él, de todo lo que nos había pasado, de cómo en un abrir y cerrar de ojos mi historia con él se había derrumbado. Por segunda vez.Con la brutal diferencia de que en la primera ocasión el dolor había sido diferente, terrible, sí, pero diferente porque éramos adolescentes enfrentando demasiadas cosas al mismo tiempo y recibiendo malos consejos. Aquella vez le perdí como amigo, como mi mejor amigo y apoyo, ahora en cambio, le había perdido como a la persona que más quiero en el mundo. Aún recuerdo aquel día, el vacío, la sensación de impotencia, la rabia, ni siquiera me dejó explicarle lo que sucedió, no me permitió hacerle ver el error en el que se encontraba cuando creyó que ella y yo…Pensándolo bien, ahora tampoco me dejó ni siquiera abrir la boca, era lo mismo que esa vez. ¿Por qué nunca me dejaba hablar? Si al menos supiera el motivo de su ira… alto, ¿No había llegado a la conclusión de que nada de esto tenía explicación? La realidad es que me odiaba, siempre me odió desde lo que pasó aquella vez y todavía no me ha perdonado por lo que NO hice, eso no cambiaría nunca, y yo ahora me veía condenado a vivir queriendo a ese testarudo, porque si estaba seguro de algo, era de que mis sentimientos hacia él tampoco cambiarían.No soy tan voluble como para pasar del amor al odio en un abrir y cerrar de ojos, necesito un tiempo, al menos hasta procesar todo y hacerle entender a mi corazón que me odia, no solo a mi cerebro.—¿Te parece si te ayudo? —Preguntó Angry mordiendo su sorbete —Voy a ir por la vieja confiable, ¿Mal de amores?En cuanto lo oí no pude evitar que una gran cantidad de café saliera disparado de mi boca a gran velocidad, sin poder remediarlo, empecé a toser ruidosamente preguntándome cómo era posible que hubiera acertado a la primera. ¿Tanto se me notaba?—Tranquilo, no te ahogues —Angry se había acercado a mí y comenzó a darme algunos golpecitos en la espalda para ayudarme a volver a respirar con normalidad.—Gracias —Murmuré en cuanto pude calmarme y él volvió a su silla.Sin saber qué hacer, y tratando de evitar responderle, empecé a beber de nuevo con ligereza.—Tal parece que he dado en el clavo, soy mejor que Smiley en temas sentimentales. Irónico, ¿No? —Comentó Angry dibujando una pequeña sonrisa en sus delgados labios, me alegro de que esté feliz, pero yo no le veía la gracia al asunto mirase por donde lo mirase.—Algo así —Asentí finalmente tras un suspiro de resignación.Estaba claro que ya no podría fingir demencia después de haberle dado a Angry una evidencia tan clara de mi problema, a veces me odiaba por ser tan transparente. —Te entiendo, el amor siempre nos hace sufrir y hacer cosas tontas —Dijo pensativo removiendo su batido a un ritmo pausado.—¿También te pasa? —Inquirí algo desconcertado.No me imaginaba que Angry tuviera esa clase de preocupaciones, es cierto que hasta este momento no le había tratado mucho pero, siempre se le optimista y dispuesto a ayudar, cualquiera pensaría que es una persona feliz a pesar de tener una expresión seria la mayoría del tiempo.—¡Oh, sí! Desde hace tiempo, pero no pierdo la esperanza de que se fije en mí, ¿Sabes? Hay que ser positivo —Repuso dejando de agitar su vaso —Sin embargo, es cierto que a veces es inevitable recibir golpes de la realidad, sobre todo en mi caso, que por más que bromeo con él, Mitsuya no se da cuenta de que me gusta.—Espera, ¿Mitsuya? ¿Takashi Mitsuya? ¿El mismo que yo conozco? —Pregunté sorprendido. Si estábamos hablando de Mitsuya entonces…—Claro, Mitsuya que es compañero de clases de Draken. ¿Qué otro Mitsuya conoces aparte de Luna?—¿La persona que te gusta es Mitsuya? —Angry asintió —Pero él es, bueno, es un chico.Angry rió al oírme, por primera vez su ceño fruncido desapareciendo por completo en una sonrisa que hacía honor a su parecido con Smiley. Seguramente mi cara es todo un poema en este momento, pero es que enterarme así, de pronto, que a Angry le atraen los chicos, era un tanto sorprendente.Sin embargo, si eso era así, puede que él fuera, después de todo, la persona que yo necesito ahora mismo.—Sí, me gustan los chicos, si es lo que quieres preguntarme. ¿No lo sabías? Es de público conocimiento —Repuso de buen humor agitando el brazalete con colores del arcoiris debajo del cárdigan, en mi defensa estaba muy oculto. Parece que se dio cuenta de mis pensamientos y me enseñó su teléfono, la funda era blanca con la frase LOVE IS LOVE con la bandera del orgullo —Los chicos me resultan menos complicados que las chicas.—Entiendo lo que quieres decir —Murmuré volviendo a concentrarme en mi café. Volví a pensar en Mikey y de nuevo me sentía mal, aún estaba preguntándome qué pudo suceder hoy, no parecía real que todo volviera a acabar sin que yo pudiera hablar, una parte de mí se empeñaba en descubrir algún tipo de explicación razonable, pero la otra, la otra parte razonable que buscaba proteger mi sanidad mental insistía en que no existe tal explicación, que lo único que ocurría y siempre había ocurrido era que Mikey me detestaba.A pesar de entender a la razón, esa idea era demasiado cruel y no podía pensar en ella sin sentir que todo mi ser se derrumbara. No podía soportarlo.—¿He oído lo que creo que he oído? —Exclamó Angry con voz entusiasta, apoyándose contra la mesa e inclinándose hacia mí. Lo miré sorprendido por todas las expresiones en su rostro y, avergonzado, asentí.¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Negarlo? No podía, lo cierto es que tampoco podía afirmarlo con creces porque nunca antes me he enamorado y lo que me ocurre ahora,  con un chico, era tema para debatir que había pasado por alto.¿Me gustaban los chicos? Cuando me lo planteaba, pensaba en los diferentes chicos que me encontraba en la calle o en clases,  y no sentía que ninguno de ellos pudiera llegar a gustarme. ¿Me gustaban entonces las chicas? Con ellas me pasaba lo mismo, esa era la innegable realidad, tampoco me nacía admirar el cuerpo de un género o del otro, me daba totalmente igual. Algo dentro de mí me decía que ni una cosa, ni la otra, a mí, simplemente me gustaba Mikey y no porque fuera un chico.No tengo preferencia por ninguno en particular, no considero que uno sea más atractivo que el otro y tampoco que sean menos o más complicados, todos tenían diferentes niveles de dificultad dependiendo de sus personalidades.—Cuéntame, vamos, ¿Cómo se te ocurre guardar un secreto así? —Farfullaba Angry con los ojos brillantes. Observar su entusiasmo me hizo plantearme si tal vez no había hablado demasiado.—Mikey —Admití finalmente susurrando entre dientes. Ya eran dos las personas frente a las que confesaba mis sentimientos hacia Mikey, cuando él debía haber sido el primero en saberlo.Ese era el plan hasta que me gritó y me dijo todas esas cosas horribles, no me había permitido ni abrir la boca antes de echarme de su casa. No me permitió decírselo.—¿Mikey? ¿Hablas de Mikey? ¿El Mikey, alias Manjirō Sano, que yo conozco? —Esto se siente como un deja-vu.—En realidad, es al revés, Manjirō es su nombre y Miley su apodo —Dije medio divertido al comprobar que Angry reaccionaba de un modo muy parecido al que había reaccionado yo antes al enterarme de lo de Mitsuya.—Esto es increíble —Exclamó a viva voz con gran apasionamiento, tal parece que acabaran de darle la mejor noticia del mundo.Justo cuando iba a advertirle que bajara el tono antes de llamar la atención en exceso, lo vi rodear la mesa para darme un gran abrazo tan apretado que me dejó sin respiración por un momento.A continuación, me dio un par de palmadas en la espalda, tal parece que me estuviera felicitando, y eso me hizo sentir bien. En cuanto se separó, lo observé totalmente pasmado, aunque se sintiera agradable, ¿A qué vino la muestra de afecto? —No sabes como me alegra saber que somos iguales. No conocía a nadie en la escuela al que también le gustaran los chicos y lo admitiera tan libremente.—Sobre eso, no lo digo exactamente con libertad Angry, es un secreto, ¿Entiendes? Nadie puede saberlo —Le dije en tono ansioso, tomándole de la manga y obligándolo a sentarse de nuevo —Además, yo mismo acabo de descubrirlo.—Entiendo, un secreto. ¡Esto cada vez se pone mejor! —Exclamó en tono susurrante. Parecía un niño al que le estaban ofreciendo mudarse a una fábrica de juguetes, creo que entiendo un poco el porqué Smiley parece tratarlo como tal y protegerlo siempre.—¿Dices que acabas de descubrirlo? ¡Has dado un paso grandioso! Todavía recuerdo cuando descubrí que me gustaban los chicos —Frunció el ceño ante el recuerdo antes de volver a centrarse en mí —Y dime, ¿Te corresponde? Lo miré aún con el ceño fruncido.No tenía del todo claro si estaba haciendo bien contándole todo esto, pero no puedo negarse ahora a dar más detalles. Ya abrí la boca.—Bueno… antes creía que sí, pero ahora creo que no —Angry enarcó una ceja ante mi comentario. Claramente no había entendido, está bien, yo tampoco lo terminaba de entender —Nosotros estábamos bien, tan bien como se puede estar cuando uno va descubriendo estas cosas poco a poco, y llegué a plantearme tener algo con él, hasta que de repente cuando voy a buscarlo me encuentro con que no quiere verme.Esto último lo dije en un susurro ansioso, dolía mucho más mencionarlo en voz alta que pensarlo. Había notado como la voz se me volvía temblorosa al hablar de ello y por ese motivo, me tomé unos segundos en silencio antes de seguir para tranquilizarme. No quería volver a llorar.—¡Mesero dos chocolates calientes! —Gritó antes de volver a mirarme y pasar su brazo por mis hombros —¿Qué no quiere verte de la nada? Es muy extraño, incluso para Mikey.—No —Dije realizando un movimiento de negación con la cabeza —No lo es, él siempre me ha odiado, supongo que aún lo hace.—¿Qué te odia? ¡Oh, vamos! ¿No acabas de decirme que estaban bien hasta hace nada? —Inquirió Angry cada vez más desconcertado. Los dos chocolates llegaron a la mesa, agradecimos al mesero antes de retomar la charla.—Te cambiaste de colegio apenas el año pasado y no sabes toda la historia, Mikey y yo llevamos años actuando como perro y gato a causa de un… un percance que tuvimos.—Eso no explica que de pronto pasen de llevarse mal a estar bien, y de nuevo a estar mal. Hay algo muy extraño en todo este asunto, si estuvieran mal de verdad por lo que sucedió en el pasado, siquiera pensarían en estar bien —Frunció el ceño ante sus propias palabras —Creo que te enredé.—No, te entiendo —Admití encogiéndome de hombros —Recién ni siquiera me dejó preguntarle qué le ocurría y por eso…—Te encontré tan afligido en la calle, comprendo —Terminó Angry.Acto seguido hubo un momento silencio. Hablar de todo el asunto hizo que de repente me sintiera mucho peor, había sido horrible revivirlo todo a través de las palabras. A pesar de eso, le estaba muy agradecido a Angry por haberme escuchado, así se lo hice saber, ante lo cual me gané un nuevo abrazo aún más apretado que el anterior. —¡Ni lo digas! —Exclamaba feliz.—Angry, tengo una pregunta —Asintió con una postura más recta —¿Crees que Mitsuya va a mirarte alguna vez? No me malentiendas, es que él ha tenido novias y nunca los he visto hablando. ¿Igual te gusta?—Claro, tengo esperanza.—¿Cómo? —Pregunté ansioso —¿Cómo puedes no perder la esperanza?—No tengo idea —Se encogió de hombros mirando el cielo nublado —El “no” ya lo tengo, pero… ¿Y si un día logro obtener un “si”? La esperanza es lo que mantiene vivas a las personas, lo que te da ganas de seguir, sin esperanzas es imposible vivir.—Entiendo —Asentí guardando esas palabras en lo profundo de mi mente —Gracias.—Me hubiera gustado hacer más por ti.—Ya has hecho bastante —Sonreí. Seguidamente, comprobé la hora, debía darme prisa en volver al instituto si quería recuperar mis cosas a una hora prudente —Angry, tengo que irme, debo ir a buscar mis cosas en la escuela.—Te acompaño, pero antes, ¿Podemos pasar por una tienda más? Está de camino, tranquilo, el vendedor es muy lindo. —¿El vendedor? ¿A ti no te gusta Mitsuya? —Pregunté desconcertado, ante lo cual, Angry rió con ganas.—Por supuesto, pero hasta que él se fije en mí, nadie me prohíbe mirar a otros chicos —Dijo antes de dejar unos cuantos billetes sobre la mesa y recoger sus bolsas del suelo para echar a caminar —Soy fiel, pero no ciego.Vaya… Angry es muy diferente a lo que pensaba, mantiene esa aura inocente y de niño travieso, con la radical diferencia que eso no era todo. No es la sombra de Smiley como todos creen, es alguien con ideas y valores bien plantados.Es admirable.Durante el trayecto hablamos un poco más, esta vez sobre las clases hasta que llegamos a la tienda que Angry dijo que realizaba modificaciones a la ropa de los clientes, creando diseños únicos para cada uno. Al ver la tienda no pude hacer menos que quedarme boquiabierto al descubrir en el mostrador nada más y nada menos que al hermano de Rindō.—¿Ran? —Dije sorprendido al ingresar. —¡Takemichi! —Respondió con una sonrisa mientras acomodaba la cinta métrica alrededor del cuello —Que agradable sorpresa, no esperaba verte por aquí, no creí que mi ropa fuera tu estilo.—Tampoco yo esperaba venir —Aclaré elevando los hombros justo antes de que Angry me tomara de la manga de la camisa y me inclinara hacia él, la diferencias de altura me hizo bajar a su nivel, se siente bien ser alto por una vez.—¿Lo conoces? No me dijiste que lo conocías.—Tampoco me dijiste que hablabas de esta tienda en particular —Repliqué susurrando —Aunque siento defraudarte, Ran tiene novia.—Los mejores siempre están amarrados —Protestó haciendo un puchero —¿Sabes quién es?—Pues es… —¡Takemichi! —Oí que exclamaba una voz tras nosotros.—Yuzuha —Completé haciéndole a Angry un gesto con la cabeza ante lo cual se quedó sorprendido —Hola, me alegro de verte.—¡Yo también! Que sorpresa verte aquí —Sus ojos se fijaron en Angry que recuperaba su personalidad tímida y se ocultaba un poco detrás de mi —¡Hola, Angry! Luces tan lindo como siempre.—Hola, hola —Dijo un poco nervioso, apenas recuperándose de la impresión al descubrir que el chico al que le había echado el ojo salía nada más y nada menos que con su compañera de clase.—¿Qué hacen por aquí? —Sonrió Yuzuha depositando unas bolsas sobre el mostrador.Entonces, recordé que el día del parque de atracciones, Ran me había comentado que trabajaba en una tienda de ropa haciendo modificaciones para los clientes, creando diseños únicos que solo pueden verse una vez en la vitrina, y a veces, Yuzuha y Rindō lo ayudaba por las tardes luego de sus clases.—Solo estamos de paso, Angry quería ver a alguien —Recibí un pellizco en mi espalda por parte de mi amigo que sonreía con inocencia —Digo, algo, quería ver ropa.Pude rectificarme rápidamente al sentir aquel pellizco, por muy poco acabo revelando el verdadero motivo de nuestra presencia aquí.—Entonces, te ayudo Angry —Dijo Yuzuha entusiasmada mientras agarraba a Angry de un brazo y se lo llevaba al interior de la tienda a rastras —Cuéntame, ¿Qué estás buscando? Puedes ver lo que tenemos o decirme si tienes alguna idea de algo más personalizado, ¡Ran es el mejor diseñando al gusto de los clientes!Esbocé una tímida sonrisa al verlos alejarse y fui al mostrador.—Debe ser duro el negocio —Le dije a Ran.—Bastante —Asintió con una sonrisa astuta, no me miraba, sino que estaba concentrado en los bocetos en su cuaderno —Sobre todo en días como hoy que Rin no puede venir a ayudarme, creo que lo llamaré, quizás ya se haya desocupado.Lo vi alejarse mientras sacaba su teléfono y marcaba el número de su hermano. Ante su comentario, me alejé un poco para darle privacidad y mientras esperaba a Angry, me dediqué a mirar algo de ropa. No era mi pasatiempo favorito, pero algo necesito hacer para mantenerme distraído.
[Manjirō] - Casa de Manjirō
—Perdona por la escena de antes, ha sido patético.—Es lógico, estabas triste.—¡Yo no estaba triste!Rindō y yo estábamos en casa, sentados frente al sofá, si, delante del sofá y no en él porque Mini Mikey ocupaba todo el espacio. Parece el rey de esta casa.Había pasado aproximadamente una hora desde que vino a verme y yo me había puesto en plan sentimentalista, por lo que ahora me arrepentía con creces, me había jurado no dejarme caer, me había jurado no darle gusto al tonto del presidente, y al final, no pude evitar flaquear con la llegada de Rindō, pero ya estoy bien. Mucho más tranquilo, con la cabeza fría, con una Coca-Cola que no necesitaba compartir, con dulces, con los pensamientos en orden… bueno, eso último no.La verdad es que los pensamientos los tengo hechos un lío, como siempre, y tampoco se puede decir que estoy teniendo en cuenta toda la comida chatarra que estoy ingiriendo cuando se supone que le prometí a Emma cuidar mi dieta. Al menos, más relajado sí que me encontraba gracias a Rindō. Una vez más, demostraba que me había tocado la lotería con él y me estaba ayudando a superar mi dependencia emocional con Draken y Emma, quienes después de volverse pareja se olvidaron que soy su mejor amigo y hermano respectivamente, claro que no los puedo culpar, llevan enamorados toda una vida y por fin rompieron el hielo después de tantas vueltas.Ahora ninguno estaba aquí soportando mis estupideces, Emma se encontraba en Manila con Izana y Draken en algún lugar con buena recepción para sus videollamadas, solo tengo a  Rindō. Mi único y gran amigo.—Me alegra comprobar que ha vuelto tu mal humor —Dijo con una media sonrisa. Bastardo hijo de puta, debería estar siendo amable conmigo porque estoy sensible, ¿Cómo puede señalar mi mal humor? Humor bien justificado, cabe destacar.—No voy a enojarme también contigo —Respondí apoyando mi cabeza en el sofá. Ya había puesto a Rindō al día con los últimos sucesos de mi desastrosa vida, finalmente le había contado todo lo que sucedió, absolutamente todo, cómo Takemichi me ha ido envolviendo, cómo yo obtuve el papel imbécil que se dejó envolver y cómo al final acabó riéndose en mi cara.¿Qué hubiera conseguido negándolo? Total, no era la primera vez que me traicionaban, ya debería estar acostumbrado. Puedo engañar al mundo, podía salir a la calle y hacerme el fuerte, podía no permitir que nadie me viera pasarlo mal, pero con Draken y Rindō nada de eso funcionaba; me conocían demasiado y no tuve fuerzas para mentirle o hacerle creer que estaba en mi mejor momento, hubiera sido una clara tontería, porque me habría pillado al segundo de comenzar el engaño.Además, él fue el que estuvo ahí conmigo la última vez y que me ayudó a salir del hoyo, el que me soportó día y noche durante tantos meses junto a Draken y Emma, hasta que Izana se canso de verme haciendo el ridículo y me echó de la casa hasta que recuperara mi dignidad, volví dos días después porque extrañaba a Emma y su comida, los hermanos Haitani podrán vivir solos y sobreviven con buena salud, pero son un asco en la cocina. Entonces Rindō se merecía saber la verdad y la verdad es que estaba por los suelos, me sentía derrochando ira, me sentía roto por la mitad, sentía una punzada a la altura del pecho que quemaba, ardía, sentía que las lágrimas buscaban estallar de tristeza.Al menos fue un alivio el cómo se tomó las cosas, no hizo un escándalo al saber que me sentía atraído por un chico, más aún, por Takemichi. Es toda una suerte que siempre me aceptara todo tal y como venía, nunca hacía preguntas, nunca juzgaba.—Mikey —Empezó Rindō tras un par de minutos en silencio.—¿Qué pasa? —Pregunté acariciando distraídamente la cabeza de Mini Mikey.—Eres un idiota.¡Gracias, Rindō Haitani! Devuélveme todas las cosas buenas que acabo de pensar sobre ti.—¿Quieres explicarme, querido amigo? —Pregunté en tono sarcástico.—Imagino que lo que te voy a decir puede provocarte un poco de molestia.—Si lo sabes, no me digas nada.—Perdón, pero como amigo debo hacerlo —Aclaró con un suspiro resignado —Quizás esto no te siente del todo bien, pero es mi deber decirte lo que pienso.¿Con qué demonios iba a salir ahora? Ha estado muy callado mientras yo le soltaba toda la historia, demasiado callado incluso para tratarse de él, ¿Y ahora me decía que debe decirme lo que piensa y que posiblemente no me sentará bien?Sentí miedo, mucho miedo porque Rindō era uno de mis mejores amigos, sí, pero también el chico más raro de todo el mundo que puede salir con cualquier cosa, hasta que mi historia lo inspiró para una canción.Si lo conocía bien, cualquier cosa puede salir de sus labios. —Creo… —Comenzó poniendo especial cuidado en elegir sus palabras —Que deberías considerar la posibilidad de que… todo lo que me has contado acerca de Hanagaki no sea más que un… malentendido.Dijo la última palabra en voz baja, muy baja, temiendo mi reacción. ¡Y con motivo!—¡¿Malentendido?! —Salté sin poder contenerme —¿De qué hablas, Rindō? ¿No escuchaste nada de lo que te he dicho? ¡Se ha reído en mi cara! ¡Otra vez! ¿Y ahora le defiendes?—En primer lugar, sí, escuché perfectamente cada palabra que me has dicho, y en segundo lugar, yo no estoy defendiendo a nadie, solo me fío de mi intuición que en este caso me dice que muy probablemente estés actuando mal —Replicó sin alterarse lo más mínimo —Además, tiendes a ser un poco dramático e impulsivo.—No es cierto —Negué calmando un poco el tono de voz. No quiero volver a ponerme nervioso —Esta vez tu intuición te ha fallado y no soy dramático.—Si Hanagaki hubiera querido hacerte daño, no se habría ido corriendo tan afligido tal y como me contaste, además, él me preguntó por ti en la azotea y no parecía entender por qué decidiste desaparecer de la nada y te recuerdo que fue Sendō quien besó a Hanagaki, no al revés. ¿No has considerado ninguno de esos hechos por no saber pensar con la cabeza fría?Tragué saliva. No había pensado en eso, ¡Tampoco quería pensarlo! No quería pensar en él, sentía que se me desgarraba el alma pensando y preferí ignorarlo que afrontar la situación.—No quiero pensar en eso, déjalo así, no quiero saber nada, no quiero —Murmuré colocando ambas manos sobre mi frente, sintiéndome de nuevo flaquear.No puedo evitarlo, no quiero mostrar debilidad pero simplemente no podía evitarlo, en este momento me odio por haber dejado que Takemichi pudiera llegar a marcarme tanto, ¿Por qué duele de esta manera? ¿Por qué no puedo olvidarlo?—De acuerdo, cálmate —Dijo Rindō alzando una mano y dándome un apretón en el hombro —Mikey, todavía guardas heridas desde la última vez y por el asunto de tus padres, nunca llegaste a recuperarte, y eso, de algún modo, no te permite pensar con claridad cuando tienes la oportunidad de ser feliz. No te deja creer que realmente pueda salir bien, no sabes cómo confiar y prefieres pensar que te fallaron, es tu forma de afrontar la situación. Odio cuando habla de esa forma tan inteligente, siempre sabe qué decirme, al final, acaba teniendo razón. Pero, es que esta vez no puede ser, ¿Por qué me conocía mejor que yo mismo? Es de locos, todo en mi vida carece de sentido.—Por eso retrocedes —Continuó con una media sonrisa en su rostro que me reconfortó un poco —Estás asustado, más asustado de lo que nunca has estado, porque ahora estás sintiendo algo que nunca antes habías sentido, ¿No crees que ese sentimiento hace que merezca la pena atreverse a volver a confiar? ¿No crees que merece la pena replantearte si estás o no equivocado? Al menos deberías tratarte el orgullo por una vez, dejar que se explicara y luego juzgarlo, ¿No crees? Dime, ¿Qué tienes que perder?—Mi dignidad —Respondí con voz ronca en apenas un susurro, acomodándome en mi sitio y preguntándome por qué las palabras de Rindō de repente lo habían removido todo en mi cabeza, por qué de pronto ahora volvía a pensar en sí es cierto que me he equivocado.—No —Repuso Rindō esbozando una leve sonrisa —Izana ya dijo que eso ya lo has perdido.—Imbécil —Dije despacio y sonriendo finalmente mientras le daba una débil patada.Ante eso, sonrió con mayor honestidad.—¿Qué piensas hacer? —Preguntó un par de minutos después.—Eso que me dijiste al entrar en casa, sobre que todo tiene arreglo.—¿Y…?—Y… como siempre —Respondí en una mueca recalcando especialmente ese “como siempre” —Acabas de darme la lección del día, aunque como siempre odie admitirlo.Ante mi comentario, Rindō sonrió y se puso en pie. —Vamos a buscar a Hanagaki.No dije nada al ver que Rindō miraba la pantalla de su teléfono, alcance a ver la conversación de whatsapp con mi hermana y Draken, por supuesto, ellos estaban preocupados por mi e intentan apartarse para que solucione mis asuntos solo aunque no dejan de preocuparse por mi.  Lo siento, creo que todavía no soy bueno tomando mis propias decisiones.En ese momento sonó el teléfono de Rindō.—Perdona, Mikey, es Ran —Dijo al comprobar la identidad de la llamada. Estábamos parados a mitad de la sala, listos para salir con destino a la casa de Takemichi cuando me ví obligado a guardar silencio y caminar a su lado mientras salíamos —¿Sí?Como estaba cerca pude oírlo, ante mi curiosidad Rindo hizo un gesto para que me acercara al teléfono también.«— Rin, ¿Ya terminaste tus asuntos? Hay mucho trabajo en la tienda y hoy me toca el turno solo.»—Lo siento, acompaño a Mikey hasta la casa de Hanagaki para verificar que no se acobarde y voy para allá.Le di golpe en el brazo por ese último comentario que estaba de más.«— ¿Hanagaki? ¿Hablas del chico con enormes ojos azules? —Preguntó extrañado, intercambié una mirada curiosa con Rindō —Él está aquí.»—¿Cómo? —Preguntamos sorprendidos. Eso no me lo esperaba, la tienda donde trabaja Ran no era del estilo de Takemichi, no lo imagino usando una camiseta con parches, estampado escoceses y alfileres —¿Qué hace ahí?Ante la nueva revelación, detuve mi caminar en seco y le arrebaté el teléfono en un movimiento rápido, pulsando el altavoz, de forma que los dos oyéramos la respuesta de Ran en lugar de estar compartiendo espacio.—Oye, Ran, ¿Dices que Takemichi está allí? —Pregunté con voz ansiosa.«— Sí, llegó hace un momento junto a otro chico.»—¿Cómo que con otro chico? —Grité de mal humor acercando aún más los labios al altavoz —¿Qué chico? ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Es atractivo? ¿Más que yo? ¿Qué aspecto tiene?«— No esperarás, Mikey, que yo pueda responder a todas esas preguntas —Dijo la voz calmada de Ran, ante lo cual, di una patada de impotencia al suelo.»Lentamente y con precaución, Rindō recuperó el teléfono. Tras darme un apretón en el hombro tranquilizador y volviendo a hablar. —Bien, Ran, enseguida vamos y procura que Hanagaki no se vaya hasta que lleguemos, ¿De acuerdo?«— Muy bien, aunque no entiendo nada, se oye divertido.»—Te lo explicaremos luego, pero que no se vaya.—¡Ni el otro tampoco! Sea quien sea, tengo que matarlo primero —Grité volviendo a alterarme.«— Sin crímenes en mi tienda, ¿Okey? hasta ahora —Dijo Ran antes de colgar.»—¿Ocurre algo? —Preguntó Rindō.—¿Cómo me preguntas si ocurre algo? ¡Me despisto dos minutos y el muy descarado ya me está cambiando por otro!Solo yo estoy tan loco como para sentir celos en una situación así.—Pero si fuiste el que lo echó de tu casa.—Esperaba que tardará un poco más en cambiarme.—¿No crees que estás exagerando demasiado los hechos? —¡Nada de lo que hago y lo que haré tendrá sentido a partir de ahora!—Solo quería decir que estás exagerando con tus comentarios, muy probablemente solo sientas celos debido a… —Ah, no —Grité cubriendo mis orejas —No vas a volver a confundirme, con tus charlas psicológicas. Ya he tenido bastante por hoy, así que cállate y camina.Ahora tenemos un nuevo destino, la tienda de Ran.

----- CHAPTER BREAK -----

[Manjirō] - Calle
Durante el camino estuve aumentando la velocidad, para llegar rápido a la tienda de Ran, y disminuyendo el ritmo para no dejar atrás a Rindō, cualquiera que viera diría que alguien me estaba persiguiendo por la forma en que avanzaba por las calles. Apenas me di cuenta de que tenía la respiración acelerada hasta que detuve mis pasos.Necesitaba verlo, simplemente, necesitaba saber si en todo este horrible problema de verdad era un malentendido, una dichosa confusión o cualquier cosa que me permitiera pedirle perdón, que nos permitiera volver a creer que quizás, después de todo, la idea de estar juntos no era tan mala y descabellada. Ya me resigne a que todo esto siempre me va a parecer una locura, eso no se lo niego a nadie, pero si algo he aprendido, es que a veces las locuras pueden ser buenas, más que buenas, pueden llegar a ser adictivas, y no en el mal sentido de la palabra, sino del sentido donde pueden llegar a significarlo todo.¿Lo significaba todo él para mí? Aún no estoy seguro, porque quizás me estaba ilusionando otra vez como un idiota, quizás Rindō se había equivocado con sus frases filosóficas una vez en su vida, siquiera tiene novia como para dar consejos amorosos, quizás yo estaba yendo directo a una nueva trampa dulce, a una nueva oportunidad para que me humillara y se riera de mí, pero no podía dejar de revivir en mi cabeza las palabras de Rindō, la seguridad con la que me había dicho todo lo que pensaba, todo lo que sabía sobre mí, hay veces donde parece que sabe cosas sobre mi vida y mis sentimientos que ni siquiera yo conocía, siempre iba un paso adelante, siempre había demostrado conocerme a la perfección, mejor que yo mismo y, al final, acababa salvándome.Solo  espero que en esta ocasión pasara lo de siempre, que me diera la bofetada del siglo al comprobar que otra vez me había equivocado y que otra vez Rindō me hizo ver mi error.No sé lo que puede llegar a pasar, pero de alguna forma, Rindō había despertado en mí ganas de hacer un último intento, ganas de arriesgarme una vez más, y quiero hacerlo, me urge hacerlo aunque el miedo invada cada fibra de mi ser, quiero creer porque si después de todo resulta que realmente existe esa oportunidad para Takemitchy y para mí, creo que podría ser la persona más feliz.De solo pensarlo, sentía algo de raro en el estómago, unas enormes ganas de saltar y brincar como cuando era niño, quería subir a un sitio muy alto y gritarle al mundo que era feliz hasta desgarrarme la garganta.Cielos, ¿Qué clase de amarre me hizo Takemitchy para hacerme actuar así? ¿Cuál era esa sensación de calidez que me recorría el cuerpo al pensar en tenerle conmigo? ¿Por qué quise, literalmente, morirme al pensar que se había reído de mí, casi permitiendo que lo hiciera con tal de estar a su lado? ¿Cómo era posible sentir algo con tanta intensidad sin que el pecho me reventara? ¿Cómo puede existir algo tan grande en el mundo? Y sobre todo, ¿Qué palabra era la correcta a la hora de darle nombre a todo esto? ¿Qué es esto que siento por Takemitchy que ya no me deja respirar?Por todo eso, por estas ganas de verlo y saber si esta locura tan grande, tan rara era de verdad posible en mi vida, corrí por las calles a toda velocidad solo por una respuesta. Ahora cuando frenaba delante de la tienda de ropa, resulta que no soy capaz de entrar. Sentía los pies clavados en el suelo, estoy literalmente aterrado, ¿Qué voy a decirle? Fui un completo imbécil y le dije cosas horribles.—¿Qué sucede? —Oí que pregunta Rindō parado a mi lado.—¿Y si no quiere verme? —Dije más para mí mismo que para él.Incluso sonó infantil, pero de repente esa idea me había dejado un nudo en la garganta que cortaba mi respiración. ¿Qué hago si no quiere saber nada de mí? No tengo cara para culparlo o ponerme en el papel de víctima, si es cierto que fue un malentendido, tenía todo el derecho del mundo a mandarme al demonio después de todas las cosas que dije.Tengo miedo.—¿Por qué no entras y lo averiguas? —Sugirió Rindō cruzándose de brazos y arqueando una ceja.—Tenme paciencia, no es tan fácil, ¿De acuerdo? —Le dije molesto —¡Ya lo tengo! Rindō, entra primero y-—No, esto es algo que debes afrontar por tu cuenta —Me cortó a mitad de la frase.—Déjame acabar. No voy a pedirte que le digas nada.—Oh, bueno. En ese caso, ¿Qué quieres que haga Mikey?Ahí se fue mi plan de usar a Rindō como radar para detectar qué tan mal estaban las cosas, supongo que debo recurrir al Plan B. ¿Tenía un Plan B? No, en realidad no, estoy improvisando sobre la marcha y rezando para que las cosas no salgan tan mal.—Quiero que traigas a Ran un momento —Dije mirándole de reojo tratando de hacer mi mejor cara de perro mojado, tal como cuando Mini Mikey quiere ir a pasear y yo tengo cero ganas de levantarme de la cama —Si no es mucho pedir a mi buen, gran y mejor amigo.—Esa cara no funciona conmigo, pero luces tan patético que lo haré —Replicó ignorando mi expresión y pasando por mi lado para entrar a la tienda.Suspiré con impaciencia mientras me apoyaba en la pared, vaya día que estoy teniendo. No pasaron ni un dos minutos cuando Ran se asomó con esa sonrisa astuta de gato que parece divertirse siempre, específicamente, de las personas y sus dramas. —Mikey, ¿Por qué no entras? —Preguntó en un falso tono, claro, que finja no saber nada.¡No entro porque estoy asustado!Claro que no lo dije en voz alta, eso significa dosis de bromas por tiempo indefinido.—Ran, ¿Takemitchy sigue dentro?—Así es —Asintió Ran manteniendo su sonrisa astuta mientras se apoyaba en el marco de la puerta —Y el otro chico también.—¿Qué chico? —Siento que acabo de olvidar algo importante.—Ese al que querías matar. Ya sabes las reglas —Señaló un cartel junto a la puerta de la tienda —Las peleas en la calle.—¡Es verdad! —Exclamé al recordar mi otro asunto, estuve tan concentrado en pensar qué decirle a Takemitchy que me había olvidado por completo del otro, fuera quien fuera. Ahora no es momento, debo relajarme y no armar una escena —¿Hay algún lugar apartado en la tienda donde pueda hablar con Takemitchy a solas?—El almacén —Dijo Ran.—Bien, quiero que te lleves a Takemitchy ahí, ¿De acuerdo? Y cuando esté dentro, me avisas para que entre y hablar con él. Respecto al otro chico… lo entretienes con lo que sea, pero que no se vaya—¿Disculpa? —Ran miró a su hermano en busca de una explicación, pero Rindō suspiró elevando los hombros con una expresión resignada —Sigo sin entender nada, Mikey. ¿No te estás complicando?—Solo hazlo, Ran —Resoplé con impaciencia empujándolo de nuevo hacia el interior de la tienda y cerrando la puerta con un sonoro golpe.A continuación suspiré aún nervioso y me dediqué a dar vueltas en círculos, Rindō se fue porque debía ayudar a su hermano, yo acabé por quedarme solo con mis nervios, esperando, la paciencia no es exactamente una de mis virtudes.Cuando Ran volvió a salir para avisarme que ya podía entrar, me di cuenta de que realmente estoy muy asustado, no había estado más nervioso por hablar con alguien nunca, en toda mi vida. ¿Cómo podría mirarlo a la cara si resulta que cometí un gran error? ¿Cómo podría perdonarme a mí mismo? ¿Cómo esperaba que él me perdonara? —¿Tampoco quieres entrar ahora? —Inquirió Ran sacándome de mis dudas. —Ya voy, no me presiones —Respondí de mal humor tras cerrar los ojos un momento para tratar de relajarme. En cuanto lo hice, lo vi en mi mente, así, de buenas a primeras y sin previo aviso. Me sorprende comprobar cómo soy capaz de visualizarlo de forma tan nítida, parecía una completa locura, pero lo vi con toda claridad y lo vi sonriendo de esa forma que hace que me olvide de todo el mundo, de esa forma que hace que quiera abrazarlo y tenerlo conmigo todas las horas del día, lo vi corriendo delante de mí por las calles cuando era un un niño, lo vi besándome con esa desesperación que me volvía loco, lo vi abrazándome sin ser capaz de dejar de temblar, lo vi diciendo mi nombre, lo vi agarrando mi mano con fuerza y pidiéndome que me quedara con él a través de una simple mirada y algo dentro de mí se removió.Fue como sentir una corriente de aire helado que me hizo retener el aliento, una punzada de algo clavándose en mi pecho, una especie de cosquilleo en mi estómago.Me sentí incapaz de estar con los ojos cerrados más tiempo, finalmente los abrí y dejé expulsar toda mi respiración contenida, casi de forma inconsciente, me llevé ambas manos a mi pecho y apreté. Ahí estaba, ahí continuaba ese sentimiento clavado, solo que ya no dolía. Extrañamente no dolía, lo sentía con toda claridad y no dolía, más bien todo lo contrario, me ayudaba a sentir y a mantenerme en control como pocas veces me he sentido.—¿Mikey? —La voz preocupada de Ran me sacó finalmente del trance —¿Estás bien? ¿Te duele el pecho? Tu expresión es muy cursi y tengo escalofríos.—No duele —Respondí con voz ausente, bajando finalmente mis manos —No me duele, solo que al fin obtuve una respuesta a mis “porqués”.—¿De qué estás hablando? —Preguntó Ran arqueando una ceja.—Olvídalo —Medio sonreí sacudiendo la cabeza. De repente, me encontraba mucho más tranquilo —Perdona, Ran —Añadí pasando por su lado y entrando finalmente a la tienda con una pequeña sonrisa que intentaba hacerme ver valiente —Tengo que confesarle mis sentimientos a alguien.
[Takemichi] - Tienda de Ran
No entiendo nada. ¿A qué vino aquello? De repente, entraba Rindō a la tienda, y sin darme tiempo a saludarlo, se acercaba a Ran y le susurraba algo al oído. Luego, Ran salía de la tienda, estaba fuera un par de minutos, y justo cuando yo acababa de reaccionar e iba a volver a tratar de hablarle a Rindō, Ran se acercaba diciendo que era muy importante que lo acompañe a un lugar.Tampoco en esa ocasión me dio tiempo a abrir la boca para hacer preguntas.En un abrir y cerrar de ojos, Ran me conducía al fondo de la tienda, abría una puerta, me instaba a entrar, cerraba la puerta tras de mí y yo me quedaba allí, solo en un cuarto repleto de telas oyendo sus pasos alejarse.Solo esto me faltaba. ¿Es que no me sucedieron ya suficientes cosas malas por un día? ¿De qué se trata todo esto? —¡Oye, Ran! —Grité golpeando la puerta esperanzado en que alguien me oyera —¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué me dejas aquí?Silencio. Desanimado, agaché la cabeza.Primero lo de Mikey y ahora me dejan encerrado en un cuarto oscuro completamente solo, lleno de telares apiñados contra la pared y cajas cubiertas de polvo. ¿Esto es un secuestro o una cámara oculta? No, que tontería, definitivamente leo demasiados libros, cada vez estoy más convencido de que los límites de mi imaginación eran un poco preocupantes. Lo que estaba claro es que no ganaría nada hundiéndome en lamentos, Angry me lo ha dicho antes, si no hubiera sido por él, yo seguiría en medio de la calle sufriendo.—Claro —Murmuré para mí mismo antes de volver a golpear la puerta con mucha más brusquedad, quizás Angry comparta su gusto por las bromas como Smiley —¡Angry! ¿Estás ahí?Otra vez silencio.Claro que no son iguales, debo sacarme mis prejuicios sobre los gemelos que comparten aficiones como en la ficción, no es mi culpa, no veo muchos gemelos, solo a los Kawata. Angry no es ese tipo de persona, a diferencia de Smiley que creyó muy divertido lanzar serpientes de goma en algunas mesas de la cafetería y causar caos, Angry es del tipo que corre para calmar a todos y verificar que estén bien.Estoy comenzando a enfadarme, decidí emplear todas mis energías en golpear y gritar.—¡Yuzuha! ¡Rindō!Entonces, de repente, la puerta se abrió de una forma tan brusca que no tuve otro remedio que echarme atrás para evitar golpearme y en el umbral, apareció alguien que nunca hubiera esperado ver aquí en este preciso momento, alguien cuya presencia inesperada me hizo pronunciar un nombre más, solo que esta vez, lo hice de forma inconsciente y sin gritar.Por más que quise hablar con normalidad, de mis labios solo salió un leve susurro.—Mik… —Me mordí la lengua —Manjirō.
[Yuzuha] - Tienda de Ran
—A ver, si hablamos todos a la vez, no nos vamos a enterar de nada —Dije por cuarta o quinta vez desde que había iniciado esta locura de preguntas y respuestas a montones.Empujé mi cabello hacia atrás cuando por fin hubo un mínimo momento de silencio, el cual fue roto por un ansioso Angry.—Yo lo único que quiero saber es a dónde llevaron a Takemichi —Dijo haciendo una mueca —Es tarde y le dije que lo acompañaría a la escuela, parecía preocupado.—A mí, particularmente, me preocupa más el por qué Mikey se comporta de pronto de forma tan extraña —Intervino Ran —Digo, siempre fue medio raro, pero… ahora lucia un poco patético y dijo algo igual de patético.—¿Mikey alias Manjirō? —Preguntó Angry, todos lo miramos enarcando una ceja, no me digas que Angry piensa que Mikey es el nombre —¿A qué hora empezamos a hablar de Mikey?—A ver, Mikey ha ido al almacén porque… —Trató de explicar Ran, antes de poder terminar, fue interrumpido de nuevo, esta vez por mi.—Ahora comprendo por qué te llevaste antes al almacén a Takemichi, Ran —Dije con una media sonrisa —Mi novio es tan inteligente.—¿En qué momento metieron a Takemichi en el almacén? —Preguntó Angry con asombro.—Mikey quería hablar con él en privado, por eso les digo que se comportaba de una forma bastante extraña, antes de entrar dijo algo sobre “confesar sentimientos”.—¿Confesar sentimientos? —Esta vez, además de pronunciar las mismas palabras de Angry, también compartimos el entusiasmo.—¡Eso quiere decir que al fin va a ocurrir algo entre ellos! —Añadí, ante lo cual, Angry me miró extrañado.—¿Lo sabes? —Dijo abriendo mucho los ojos.—¿También lo sabes? —Exclamé sorprendida. ¿En qué momento Angry se enteró de la historia?—Chicos, no podemos hablar si no nos calmamos —Dijo Rindō.—Bien, entonces habla —Propuse cruzándome de brazos —Seguro que Mikey te ha contado todo.—Lo siento, Yuzuha, esas son cosas de Mikey y no me siento con el derecho de contar nada sin su aprobación —En vista de que no dirá nada, mis ojos se dirigieron a Angry.—¡Pienso igual! —Intervino  con un poco de nerviosismo —Yo tampoco diré nada que me haya dicho Takemichi.—¿Eso significa que Hanagaki te ha dado más información? —Inquirió Ran. —Yo no voy a quedarme con la duda —Grité alterada y aireando los brazos —¿Están en el almacén, no? —No sé si sea buena idea interrumpirlos —Oí que sugería mi novio, a pesar de sus palabras, me estaba siguiendo. —No voy a interrumpirlos, ¿Por quién me tomas? —Me detuve un momento empujando mi largo cabello castaño y sonriendo hacia ellos —Solo quiero saber de lo que están hablando, si tenemos todos los datos, seremos capaces de ayudarlos si llegan a pelear.—Es decir, espiar.—No es espiar, es… ya sabes, vigilar que todo vaya bien.—Yo no estoy de acuerdo con lo que quieres hacer  —Dijo Rindō cruzándose de brazos y frunciendo el ceño —Todos sabemos que la curiosidad mató al gato.—Claro, dices eso porque sabes toda la historia —Protesté.—Estoy de acuerdo contigo, Rindō —Asintió Angry subiendo y bajando las mangas de su cárdigan —Además, yo debo irme, no puedo esperar más a Takemichi, sobre todo si está hablando con Mikey, eso significa que tienen para rato.—Lo siento, ¿Angry? ¿Ese era tu nombre? —Angry asintió mirando con duda a Ran —No puedes marcharte, órdenes de Mikey.Todos nos quedamos con la boca abierta ante las palabras de Ran.—¿Disculpa? —Preguntó transcurridos unos segundos, abriendo mucho los ojos con expresión de sorpresa.—Bien, Angry no puede irse aunque quiera, Rindō no quiere decirnos nada y Ran, amor, no creo que te hayas enterado tampoco de mucho, así que, con su permiso, yo voy a vigilar a esos dos y enterarme de la historia completa —Sentencié retomando mi camino.—E-Espera, si no puedo marcharme, te acompaño —Oí que gritaba Angry mientras echaba a correr y me seguía.A los pocos minutos, y encontrándome ya junto a la puerta del almacén, empujé mi cabello hacia un lado y me incliné acercando mi oído a la madera para tratar de oír. Casi al instante, me encontré con que Angry hacía lo mismo. Al mirar hacia atrás, observé a Ran y a Rindō, que nos miraban con ojos de desaprobación.Solo faltaban Izana, Emma y Draken para que toda la pandilla estuviera unida otra vez.—¿No que no querían venir? —Pregunté en un susurro.—Evidentemente no comparto lo que haces —Explicó Rindō —Pero creemos que lo mejor es permanecer cerca por precaución.Sin poder hacer otra cosa, suspiré resignada y pedí silencio con el brazo para poder dedicarme a escuchar con tranquilidad. ¡Sin duda, esto prometía! Ran se acercó para atar mi cabello en una coleta alta, le agradecí guiñando un ojo y volví a pegarme a la puerta junto a Angry. Los dos decidimos ignorar que los hermanos se acercaron disimuladamente, pueden decir lo que quieran, pero también tienen curiosidad.La conversación dio inicio con un aire tenso, y cada vez los hermanos estaban más cerca, al cabo de un rato las cosas se tornaron mucho más interesante, tanto que nos inclinamos hacia adelante.—¿Se puede saber qué están haciendo? —Oímos que preguntaba Rindō con el ceño fruncido al comprobar que estábamos abriendo un poco la puerta, tan solo la rendija y ver a través de ella. Escuchar era bueno, verlo es todavía mejor.Al mirar a mi cuñado vi su expresión de desaprobación, no estaba para nada de acuerdo en lo estoy haciendo con Angry.Una vez me dijo que escuchar tras la puerta, es algo que no soportaba, odia esta tendencia de las personas a curiosear y querer saber todo lo que ocurre. Completamente en contra a lo que Angry y yo estamos haciendo, no tuvimos ningún reparo a la hora de oír toda la conversación que estaban manteniendo Mikey y Takemichi mientras decíamos cosas como: “¡Oh!”, “¿Oyes lo que le ha dicho?”, “¡Es increíble!”, “¿De verdad sucedió eso?”.Oí a Rindō suspirar resignado. —¿Qué hacen ahora? —Pregunté de nuevo—Solo queremos ver lo que ocurre, de repente se han quedado en silencio y eso es muy extraño, estaban muy exaltados.Sin poder hacer otra cosa, Rindō volvió a resoplar manteniendo su postura inconforme y se cruzó de brazos esperando que por alguna razón abandonemos nuestro plan. Pobre de mi cuñado, como si no me conociera lo suficiente. La determinación es una de mis virtudes.
[Manjirō] - Tienda de Ran
De repente lo había visto todo en mi cabeza tan claro que no me explicaba cómo de pronto, al verle, me quedaba paralizado y sin saber qué decir.Fueron tantos días hasta hoy, tantos días haciéndome preguntas, buscando respuestas, tratando de encontrar una explicación lógica, intentando convencerme a mí mismo de que no era posible, de que no podía haberme enamorado de él y, al final, ¿Para qué? ¿De qué sirvió resistirme?  Aquellos sentimientos, aquellas sensaciones, se habían vuelto inevitables e imprescindibles. ¿Tiene algún sentido? Por supuesto, por enésima vez en todo este tiempo me puedo decir a mí mismo que esta locura era precisamente eso, una gran locura, la locura más grande de toda mi vida.Takemichi, ese niño con el que había pasado todas y cada una de las tardes jugando en el parque cuando era niño, pensando que el futuro era nuestro, el mismo chico que de repente, sin previo aviso, y de la forma más asquerosa posible se convertía en la persona con la que me llevaba a matar, la persona que una vez creí que había clavado un puñal donde más me dolía, la persona a la que me dedicaba a molestar a todas horas para tratar de desahogarme o vengarme, no lo sé, todas esas versiones de Takemitchy eran las mismas que de pronto se fusionan como una y daba origen al chico del que estaba enamorado de manera irremediable. Todas esas versiones unificadas como uno y no entidades separadas que necesité romper para sobrellevar mis complicados sentimientos y mi falta de confianza en mí y los demás.En resumen, es una completa locura. He tardado en entenderlo, tardé demasiado. Al entrar en aquel almacén y mirarlo a los ojos, tuve miedo de haber comprendido mis sentimientos demasiado tarde, tuve miedo de que hubiera vuelto a odiarme por todas las cosas horribles que dije.¿Por qué demonios me había dado cuenta tan tarde que la verdadera razón por la que me había sentido como un animal al verlo con ese idiota del consejo era porque lo quería? ¿De verdad es posible que me haya equivocado? ¿Sería posible algo entre él y yo? ¿Una relación seria por parte de ambos? ¿Un día paseando de la mano y haciendo todas esas cursiladas que hacen las parejas normales? ¿Sería posible que algún día este algo entre los dos me pareciera normal y no una locura?Sinceramente no lo creo, estoy seguro de que siempre iba a verlo como una locura, porque cuando se trataba de él nada tiene sentido ya sea como amigos de la infancia, rivales o una posible pareja, pero ahora siento que es la locura más hermosa de toda mi vida.—Takemitchy —Dije al fin con la boca totalmente seca.No tengo la menor idea de qué decir.Me había quedado paralizado al mirarlo y ver que me miraba fijamente con esa expresión de desconcierto, con esa mezcla de dulzura y tristeza en la mirada, me dolía.Las palabras quedaron atrapadas en mi garganta y eso no podía ser, sería repetir lo mismo y no estoy aquí para eso.—¿Qué haces aquí? —Inquirió finalmente con un hilo de voz al tiempo que daba un paso atrás y bajaba la cabeza, evitando mirarme a los ojos.El lugar estaba en penumbra, aún así pude observar claramente el retraimiento en su rostro, en su cuerpo, y me di cuenta de cuánto daño le hice con mis palabras. Sentí, literalmente, que se me partía el alma, nunca me iba a perdonar el haberle hablado de esa forma, nunca podrá perdonarme el haberle hecho sufrir cuando se supone que lo quiero.¿Cómo puedo lastimar a la persona que quiero? Eso no me hace diferente a la basura de mi padre. Yo no soy como él, no, yo no seguiré sus pasos.—Necesitaba hablar contigo —Respondí reteniendo la respiración, con cuidado de elegir bien mis palabras, no quiero volver a equivocarme.Ante mi comentario alzó la mirada un momento, tan solo un segundo y volvió a bajarla, dando otro paso hacia atrás. Era su manera de decirme sin palabras que no quiere hablar, su cuerpo me lo dice, pero no puedo dejar que acabe así.—Takemitchy —Susurré dando un paso al frente —Takemitchy, mírame, por favor.Lentamente y con mucho cuidado, comenzó a levantar la cabeza y enfocó sus ojos en los míos.Dolor, solo había dolor y también algo de miedo. En aquel momento, tuve ganas de correr, abrazarlo y gritarle que lo quería, pero decidí ser prudente porque no quiero hacerle daño otra vez. Me contuve apretando los puños y suspiré antes de volver a hablar, no voy a ser impulsivo esta vez.—Antes te dije cosas horribles, cosas que no sentía, cosas… que nunca voy a perdonarme y entenderé perfectamente si tampoco lo haces. Me dejé llevar por unos pensamientos ridículos y al final, pagué contigo toda mi rabia, fui una bestia con media neurona y lo siento mucho.Con cada palabra que pronunciaba, su expresión iba cambiando, esa seriedad, esa tristeza, poco a poco desaparecían dando lugar al desconcierto. Rayos, iba a volverlo loco con tantas vueltas como un carrusel, seguro que está pensando que soy bipolar y que no es normal estos cambios en un transcurso de dos horas. —¿Parezco bipolar, verdad? —Dije con pesar sin saber qué más decir.En realidad sí que sé lo que debo decir, solo que las palabras se me habían quedado atrapadas en la garganta, la cual sentía reseca, pero continuaba sin decir nada porque no me sentía con derecho a decirle mis sentimientos de golpe. Menos cuando me miraba con desconfianza, solo hace eso, sin expresión, o al menos, sin una expresión que yo comprendiera y comenzaba a ponerme nervioso.No tengo idea de si estaba enfadado, dolido, si me perdonaba, si no lo hacía, si le daba igual que me arrepintiera, si quería decirme algo pero no se atrevía o solo quería irse. Así, sintiéndome incapaz de permanecer en silencio un minuto más, comencé a hablar, como siempre hacía cada vez que estoy nervioso. —Sí, definitivamente, parezco bipolar. Intento entender lo que estás pensando y no puedo, y eso me desespera ya que para bien o mal siempre pude leerte, pero ahora no sé si me si estás dando el privilegio de la duda o me estás mandando a la mierda, cosa que entendería después de lo que hice y no te voy a negar que me dolería, dolería mucho, no te imaginas cuanto, pero… ¡Entiéndeme! Yo no tengo derecho a reprocharte nada y veo que sigo hablando y sigues sin decir nada, tampoco comprendo lo que quieras decirme. Quiero saber qué es lo que estás pensando, saber si puedes perdonarme, si estás en vías de hacerlo o no quieres ni intentarlo, porque intento elegir las palabras con cuidado, pero me conoces y nunca fui bueno en-—Mikey, tranquilo, detente —Me cortó al fin alzando los brazos y extendiendo las manos hacia mí en un gesto conciliador, ante lo cual, enmudecí por completo —No tengo que perdonarte nada.—¿Eres tonto? ¡Debes enojarte! —Rayos, lo llamé tonto cuando se supone que decidí cambiar mi actitud.—Estoy bien —Sonrió al fin, tras lo que parecieron dos horas que solo fueron un par de minutos —Escucha, lo que me dijiste me dolió, es verdad, pero quiero entender lo estás diciendo ahora. Solo… me importa saber que… —Calló un momento tragando saliva y añadió en un hilo de voz que me hizo estremecer por completo —Que no me odias.No puedo seguir sin hacer nada, al final, terminé mandando a la mierda el cuidado y la prudencia, no fui capaz de soportar estar ni un segundo más alejado. Con un par de zancadas, terminé de acortar la distancia que nos separaba y le agarré del brazo, atrayéndolo hacia mí para estrecharlo entre mis brazos. Sentí su cuerpo aferrándose al mío, devolviéndome el abrazo y solo entonces sentí que el alma regresaba a mí.—Yo nunca podría odiarte, Takemitchy —Susurré apretando su espalda —No vuelvas a pensar eso, ¿Si? No vuelvas a pensarlo.Se estremeció con mis palabras y entonces sentí como me abrazaba más fuerte. —¿Y por qué…?—¿Por qué te dije todas esas estupideces? Porque soy estúpido con más músculo que cerebro, por eso, soy…—Mikey —Murmuró separándose de mí y mirándome con reprobación. —Lo siento —Suspiré —Yo… ni siquiera te dejé hablarAparté un mechón negro de la frente.—Ya olvídalo —Suspiró abrazándome de nuevo y apoyando su cabeza en mi pecho. Ante su acto, tragué saliva y cerré los ojos suspirando profundamente —Solo quiero una explicación.—Vi a ese amigo tuyo besarte —Solté finalmente. Aunque quise evitarlo, no pude ocultar el tono afligido de mi voz, era inevitable, recuerdo aquella escena y siento que me hierve la sangre.—¿Cómo? —exclamó visiblemente sorprendido, separándose de nuevo y mirándome fijamente a los ojos —¿Por eso? ¿Todo lo que me dijiste fue por eso? —Ante sus palabras solo asentí. De pronto, había vuelto a quedarme sin voz —¡¿Eres imbécil?!Fui incapaz de levantar la mirada, merezco todo lo que me diga, por soy un imbécil.No dijimos nada por unos segundos, hasta que de repente sentí un fuerte ardor en mi mejilla. Takemitchy me había dado una bofetada, la cual merezco por lastimarlo, y volvió a tomar mis manos. Se siente como cuando Mini Mikey era cachorro, me mordía y luego se acercaba para lamer la herida a modo de disculpa.—Te golpee por idiota y yo… también lamento que vieras eso —Suspiró agachando la cabeza —Te aseguro que fui el más sorprendido, no quería que me besara, Mikey, tienes que creerme, lo hizo por sorpresa y te aseguro que lo aparté, no lo dejé acercarse más.—Takemitchy, lo sé, no tienes que explicarme nada. Es solo que en ese momento no pensé con claridad y me siento como un tonto por haber creído que fue algo más.—De acuerdo, solo no vuelvas a enojarte sin darme explicaciones, no importa las circunstancias.—Lo prometo —Me mordí la lengua y desvié la mirada —De hecho, voy a tratar de controlar mis impulsos, te haré la promesa cuando tenga plena confianza en cumplirla. Ya sabes que soy medio bestia.—Si, lo eres —Sonrió de oreja a oreja —Lo importante es que estás aquí y sabes la verdad.Sonreí con timidez y, otra vez, sentí que un impulso se adueñaba de mí a pesar de que acabo de prometer intentar controlarme. No sabía si era por el momento o por dejarme llevar en esta locura, simplemente sentí que tenía que hacerlo, me acerqué nuevamente hacia él y rodeé su cintura con mis brazos, hundiendo mi cara en su cuello.Lentamente, y sintiendo como su cuerpo comenzaba a temblar, acerqué mis labios a su oído, me tomé un segundo para inhalar su olor, para ver ante mis ojos cómo finalmente la locura se convertía en realidad y le dije la verdad.—Te quiero —Susurré al fin. —¿Qué has dicho? —Preguntó en un susurró apenas perceptible, sin separarme ni un solo milímetro.Por el contrario, trató de acercarme más a sabiendas de que era totalmente imposible al estar su cuerpo totalmente pegado al mío.—Te quiero —Repetí en un susurro más bajo que el anterior.—Dilo otra vez —Me pidió con voz ansiosa, sintiendo su cuerpo temblar sin remedio, aferrándose con sus brazos a mi cuello.Es real, de verdad, ahora sí que era real y podía decir que no era un sueño. Al fin puedo decirle que lo quiero sin miedo.—Te quiero —Volví a susurrar, comenzando a temblar también.—Otra vez —Jadeó.—Te quiero.—Otra vez.—¡Te quiero! —Exclamé en un tono ansioso y desesperado retirando sus labios de mi oído para mirarle a los ojos con una enorme sonrisa —Te quiero, me gustas, eres el único para mi. —Yo también… yo también te quiero —Alcanzó a murmurar con voz jadeante antes de que nuestros labios se encontraran al fin.
[Yuzuha] - Tienda de Ran
¿Acabo de oír bien? ¿Ese fue Mikey gritando a los cuatro vientos “te quiero”? Miré a Angry y comprendí por su mirada que no había escuchado nada mal, de verdad Mikey le había dicho a Takemichi que lo quería. Era la primera vez que le oía decir eso a alguien, desde lo de… bueno, desde la pelea con su padre y ella.Ansiosa por oír más, me acerqué a la puerta sin tener en cuenta de que esta se encontraba entreabierta. Por lo que al final fue inevitable que mi peso, sumado al de Angry terminaran por hacerla ceder y sin darnos cuenta, nos vimos impulsados hacia adelante, en un sonoro grito. En un abrir y cerrar de ojos, estábamos en el suelo ante las miradas atónitas de Mikey y Takemichi.Sin poder hacer otra cosa, y tras oír un “sabía que acabaría pasando” de Rindō, sonreí con una expresión culpable y miré a los chicos desde el suelo. —¿Qué tal? —Dije con una media sonrisa y tratando de ignorar la expresión de Mikey con la que, claramente nos decía, que se encargaría personalmente de que ninguno de nosotros saliera vivos de aquí —¿Todo bien?

----- CHAPTER BREAK -----

[Manjirō] - Tienda de Ran
—¿Alguien puede explicarme qué están haciendo? —Pregunté al cabo de unos segundos en silencio.No grité, no me alteré, no atente contra la integridad física de nadie, no, permanecí muy tranquilo, demasiado tranquilo porque sé que si me altero, rodarán cabezas y sinceramente, no quiero que ninguno de estos idiotas me arruine el buen humor.Así que me limité a formular la pregunta de la forma más calmada posible, aunque no pude evitar que se me escapara cierto tono de irritación, sensación que incrementan, sobre todo, porque no era capaz de despegar la vista de Yuzuha, tirada en el suelo y cubierta de polvo, con una mueca en su rostro que se debatía entre divertida y asustada, por no mencionar a la última persona que hubiera esperado ver en esta situación, el gemelo de cabello azul, y al fondo los hermanos del año, de pie, por suerte, pero presentes al fin y al cabo. Eso los hace igual de culpables por el pecado de los otros dos.Solo me faltaba ya ver aparecer el imbécil de Sendō, al molesto de Kazutora, a la obsesionada de Luna y a Smiley con sus comentarios aterradores sobre juegos o películas de suspenso, y seríamos los mismos que nos quedamos encerrados la semana pasada en la escuela.Claro que al menos la otra vez no tuve todo un regimiento detrás de la puerta espiándome, tal y como acababa de pasar ahora, mirándolo así, no me quedaba muy claro cuál de las dos situaciones me resultaba más irrisoria.—Ante todo Mikey, trata de mantener la calma —Pidió de pronto Rindō cruzándose de brazos con aire ausente.¿Y me dice que me calme? Claro, como no fue a él al que espiaron.—¿Qué estaban haciendo detrás de la puerta? —Preguntó Takemitchy, justo a tiempo, porque ya me encontraba a punto de responderle un par de cosas a todos.—Ran y Rindō no hicieron nada malo, la culpa es nuestra —Respondió Yuzuha, que parecía que hasta se estaba acomodando en el suelo. —Sí —Asintió el gemelo azul —Lo sentimos mucho, pero la conversación se puso demasiado extraña  entre nosotros y cuando supimos que estaban hablando…—Efectivamente —Le cortó Yuzuha —No estoy segura de cómo, porque nos hemos enredado de una manera que ni se imaginan, al final, sacando información de unos y otros, supimos que estaban aquí. —Y como Rindō no quería decir nada sobre lo que sabía y tampoco me dejaban irme, Yuzuha y yo decidimos averiguar por nuestra cuenta, solo para estar preparados por si necesitaban algo —Añadió en un tono de inocencia que le creía, algo en Angry me hacía confiar en su persona.—Exacto —Afirmó Yuzuha—Pero la puerta no resistió el peso de los dos y al final cedió, es culpa de la tienda por no tener puertas más resistentes.Tras esa aclaración, solo quedó el silencio.No puedo creer lo que acabo de escuchar, simplemente no podía creerlo sin que me dieran ganas de matarlos.—En resumen, estaban espiando —Concluí de malo humor.—No es espiar, sino vigilar que todo vaya bien —Se defendió Yuzuha.—¡No me mientas en la cara!Ante mi grito, tanto ella como el otro bajaron la cabeza, igual que niños que están recibiendo un regaño por parte de sus padres.—Nosotros ya les advertimos que no debían seguir pero… —Susurró Ran quebrando el silencio de pronto —No puedo decirle que no a Yuzuha cuando luce tan emocionada.—Yo intenté detenerlos.—Si, claro, puedo ver que tuviste éxito, evidentemente —Protesté, ante lo cual, Ran y Rindō terminaron bajando también la cabeza.—No se preocupen, está todo bien —Comentó de pronto Takemitchy con voz suave —Solo no vuelvan a hacerlo, ¿De acuerdo? No había ninguna necesidad, si hubieran esperado podríamos haber respondido sus preguntas con calma. —¿Cómo que “responder sus preguntas con calma”? —Le corté de pronto desviando mi indignación a él, ante lo cual, simplemente acabó encogiéndose de hombros.Lo que faltaba, que encima de todo, los chismosos esos se hubieran enterado de toda la película a través de él.—Te falta odio, Takemitchy —Dije en voz baja.—Nada de “responder preguntas” —Intervino Yuzuha de pronto alzando la cabeza y mirándonos con el ceño fruncido, aún tirada en el suelo, cada vez estoy más convencido de que está loca —Mikey de seguro se lo hubiera contado a Draken y a Rindō mientras que Takemichi le diría todo a Angry, ya nos hemos enterado de que has estado hablando con él. ¿Dónde quedamos Ran y yo, eh? ¡Díganme! ¿Dónde quedamos?Y yo soy el dramático.De pronto se había puesto a hablar como si estuviera actuando en una obra de teatro, ahora resulta que ella era la indignada y enfadada. Resulta que a la “señorita” le molestaba no enterarse de todos los chismes de sus amigos. —Esta es mi cruz —Farfullé justo antes de que Takemitchy me cortara.—Es cierto que puse al día a Angry con mis problemas, me lo encontré en la calle y me estuvo animando mucho, me pareció que se lo debía. Hasta fuimos de compras.—Wow, wow, wow —Lo detuve de pronto volviendo al presente y recordando ciertos temas importantes que me quedaban por tratar —¿Resulta entonces que el enano este era al que tenía que matar?—¿Matarme? —Repitió Angry con voz susurrante abriendo mucho los ojos en una expresión ligeramente asustada, ¿Por qué tampoco se levanta del suelo? —No temas, Angry, aquí nadie pretende matar a nadie —Afirmó Rindō, que también había levantado la cabeza y vuelto a adoptar ese aire de indiferencia como si fuera superior.—¿De verdad has dicho que querías matar a Angry? —Preguntó Takemitchy con sorpresa —¿Por qué? Es Angry.Justo cuando iba a responder, la voz de Yuzuha resonó por todo el almacén, callando a todos. —¡Era eso! —Exclamó pasando de estar con el ceño fruncido a esbozar una sonrisa de oreja a oreja en su rostro. ¡Bipolar! Eso era lo que era ella, una completa y rematada bipolar —Estabas celoso.—¡Yo no estaba celoso! Estás tan loca como Rindō.—Si mi cuñado lo dijo, tiene que ser verdad —Insistió Yuzuha incorporándose ligeramente, lo justo para poder apoyar los codos sobre el suelo y la barbilla en sus manos.—¿Celoso? ¿Por qué habría de estar celoso? —Se interesó Ran mientras Rindō suspiraba resignado a la situación, Angry pasaba los ojos de uno a otro, dependiendo del hablante y Takemitchy me dirigía una fugaz mirada de soslayo con las cejas arqueadas, en una expresión un tanto divertida, haciendo referencia sin duda al dichoso tema de los celos.—Escuchen, yo no estaba… —Alcancé a murmurar antes de ser interrumpido de nuevo, esta vez por Angry.—¡Pero si yo nunca me acerqué a Takemichi con la intención que crees, Mikey! Solo lo vi triste y quise animarlo un poco, por lo que hiciste hace dos horas, así que no me mates, ¿Por favor?Definitivamente esto era para grabarlo, como uno de esos programas de broma. Encima ahora quiere pedirme que no lo mate, como si de verdad fuera a lastimarlo, seré bestia, pero no tanto. Por favor, que alguien corte la conversación.—Entonces, Hanagaki y Mikey… —Susurró Ran señalándome con el dedo y comenzando a comprender.—Por supuesto, ¿No te diste cuenta, amor? —Exclamó Yuzuha con ojos brillantes —¡Míralos! ¿No es evidente? —¿Es evidente? —Repitió Takemitchy enrojeciendo ligeramente. Solo espero no estar sonrojándome también.—Vamos, ¿No se han dado cuenta de que están tomados de la mano? —Sonrió Yuzuha con una sonrisa maliciosa.Aquello fue, sin duda, la gota que colmó el vaso. En un gesto automático, y con una perfecta sincronización, Takemitchy y yo miramos nuestras manos, que estaban entrelazadas.Dije algunos insultos en voz baja al tiempo que Takemitchy enrojeció todavía más hasta adquirir un tono de piel mucho más rojo que antes y, casi al mismo tiempo, nos soltamos oyendo de fondo las risas de Yuzuha que no ocultaba su ganas de burlarse. —Por favor, chicos, no es nada malo lo que hacían. Hasta es adorable —Comentó entre risas mientras Angry miraba boquiabierto, y al fondo Rindō negaba con desaprobación mientras que Ran permanecía con esa expresión de desconcierto tratando de entender.—A veces siento que te odio —Gruñí echando humo por las orejas, ante lo cual Yuzuha se limitó a reír con más ganas que antes. —Entonces, ustedes dos… ¿Están juntos? ¿Como Yuzuha y yo? —Preguntó Ran inmediatamente después.Negar lo evidente sería una completa estupidez, sin duda, y largarse sin dar ninguna clase de explicación podía ser peligroso, dada la situación tan absurda que se había formado. Mis ganas de aclarar las cosas no eran muchas, solo quería tomar a Takemitchy y salir corriendo para no responder preguntas vergonzosas, pero no lo haría, seguro que Yuzuha era capaz de perseguirnos por toda la ciudad gritando que confesemos.Miré de reojo a Takemitchy.Admitimos nuestros sentimientos, pero no hablamos del título de nuestra relación, quiero suponer que estoy haciendo bien en confirmar la pregunta de Ran.—Sí —Acepté con un suspiro de resignación, recorriendo con una mirada desafiante a todos los presentes mientras que, en un gesto rápido, volvía a tomar la mano de Takemitchy y la apretaba con fuerza, sintiendo como regresaba el apretón.A partir de ahí, todo se descontroló.Finalmente, y por suerte, Yuzuha y Angry acabaron de levantarse del suelo y, ante la mirada sorprendida del resto, se pusieron a gritar y dar saltos como locos por el almacén. Sin que me diera tiempo a reaccionar, tenía a Yuzuha encima dándome un gran abrazo diciendo que por fin había madurado, pero sólo en mente, no de altura, mientras Angry hacía lo mismo con Takemitchy.—Ey, no tantos abrazos —Les grité de mal humor cuando Ran se acercaba a mí y me palmeaba suavemente la espalda mientras pronunciaba algo que sonó parecido a “enhorabuena”.Ni que me estuviera casando. En medio de todo aquel revuelo y tras gritarle nuevamente a Angry que se separara de Takemitchy, miré a Rindō que permanecía junto al umbral de la puerta. Miraba la escena sonriendo con una expresión de melancolía en su rostro. Observando por el rabillo del ojo como Yuzuha y Ran se acercaban a Takemitchy para felicitarlo, me acerqué con pasos lentos a Rindō. —¿Lo ves? —Dijo en voz baja sonriendo de lado honestamente —Todo tiene arreglo. Sin poder hacer otra cosa, le devolví la sonrisa, sintiéndome en paz por primera vez en mucho tiempo y le abracé en un movimiento rápido. Al final, me iba a volver un sentimentalista con todo lo que estaba pasando.—Gracias, amigo —Susurré simplemente. Ante eso, me abrazó con más fuerza. Fue suficiente para comprenderlo. Por eso somos “mejores amigos”, porque en los momentos más importantes las palabras siempre acaban siendo innecesarias entre nosotros.—Por cierto, ¿Dónde se ha metido Draken? Brilla por su ausencia —Dije recordando a mi otro mejor amigo y cuñado.—Comenzó a trabajar de mesero y niñero después de clase, los fines de semana es profesor de particular, quiere ahorrar para las vacaciones y visitar a Emma —Rindō sonrió de lado —¿Has estado tan distraído que lo olvidaste?—Le enviaré un mensaje para contarle todo.A partir de ahí, y una vez calmado todo el embrollo que se había formado de un momento a otro, decidimos salir por fin del almacén lleno de polvo y telarañas. En el mostrador, Ran se encontró a un par de clientas esperándolo con cara de pocos amigos y se apresuró a correr para atenderlas usando su sonrisa encantadora, la misma que una vez enamoró a Yuzuha cuando fuimos a la casa de los Haitani para hacer un trabajo con Rindō. Nos quedamos un rato a charlar un rato más, Yuzuha y Angry aprovecharon para acosarnos con preguntas de toda clase y aunque, sorprendentemente, acabé divirtiéndome con aquella loca e improvisada reunión, también tenía ganas de otra cosa. Tenía ganas de estar con Takemitchy a solas, de volver a besarle, de volver a decirle que lo quería, de empezar a disfrutar de verdad.Por ello, cuando Takemitchy finalmente miró su reloj y anunció que tenía que marcharse, me ofrecí a acompañarlo, ahora sé que nada cambiaría que al fin lo nuestro es real, que ahora sí es cierto que estábamos juntos, que no había prisa o tiempo de caducidad, eso me daba un poco de tranquilidad.—¡Yo también voy! —Saltó de pronto Angry —Se hizo tarde y prometí aco- —¡Tonto! —Le cortó Yuzuha dándole una golpe suave en la cabeza —¿No ves que quieren estar solos? ¿O quieres ganarte otra amenaza de muerte? No te creí tan masoquista. —Lo siento —Aceptó con el mismo tono de decepción que hubiera mostrado un niño de cinco años al que le quitan un paquete de galletas —No quiero morir tan joven, sin mi, Smiley viviría metiéndose en peleas.Su comentario logró sacarnos a todos una carcajada, incluido a mí. Lo cierto es que me sentía rato, demasiado amable, demasiado simpático, cuando yo no soy la persona más agradable del mundo.—Nos vamos —Sonrió Takemitchy —Todavía debo pasar por el instituto.—Sobra decir… —Le corté dirigiéndome al grupo adoptando de nuevo mi mal humor —Que no deben contar nada del tema. ¿Okey?—Tiene razón —Asintió Takemitchy a mi lado —Es pronto para que el mundo lo sepa, ustedes son nuestros amigos y… —Le observé a tiempo para apreciar en sus ojos una especie de brillo especial ante la palabra “amigos” —Bueno, solo pedimos discreción, por favor.—¡No te preocupes! —Sonrió Yuzuha —Hablo en nombre de todos, cuando digo que nuestros labios están sellados, nos alegramos mucho porque al fin están juntos, se veía venir.—Voy a ignorar ese último comentario —Dije para mi mismo mientras los demás reían.Poco nos quedaba que hacer. Nos despedimos rápidamente sin demasiadas palabras, al fin y al cabo, todos nos veríamos al día siguiente en clase.Cuando el tal Angry abrazó a Takemitchy a modo de despedida, supe que era el momento de largarse. Lo agarré por la manga de la camisa y le alejé del chici de rizos azules con brusquedad, arrastrándolo fuera de la tienda y gritando un rápido “hasta mañana”.
[Takemichi] - Calle
Atardecía. Las nubes se habían disipado y al mirar el cielo cubierto de tonos rojos y naranjas, no podría creer que hace un par de horas hiciera frío y hubiera estado nublado, prometiendo una lluvia.Mikey y yo pasamos por el instituto en busca de nuestras pertenencias, casi olvido que él también las había dejado antes de huir. Faltaba poco para llegar a mi casa, aunque le insistí en que no era necesario, se empeñó en acompañarme. Caminábamos uno al lado del otro en silencio. Me costaba pensar en los últimos acontecimientos y no sorprenderme.Me había enamorado de Mikey, de verdad me enamoré de él.Yo siempre había pensado que el amor no era para mí, siempre estaba tan ocupado con mis quehaceres de casa, en las clases y el consejo, que nunca había tuve tiempo para pensar en enamorarme y, al final, resulta que me ocurría, con Mikey, con esa persona con la que había vivido tantas cosas entre risas, enfados, bromas, promesas, insultos, peleas, decepciones, alegrías y ahora amor. Por un rato, por un terrible rato había creído que después de todo mi ilusión hacia él no fue más que un sueño hermoso, pisoteado por una cruda realidad en la que Mickey me odiaba y resulta que no, no me odiaba, me quería, tanto como yo.Al fin el sueño se había vuelto realidad.¿Se supone que ahora somos pareja? Hasta pensarlo sonaba extraño, pero tan increíble.Miré hacia adelante notando que ya habíamos cruzado el parque y llegado a mi casa. Apenas nos separaban un par de metros de la puerta principal. No puedo llegar a casa sin resolver las últimas dudas que daban vueltas en mi cabeza.—Mikey —Murmuré deteniendo mi caminar en seco y mirándolo a los ojos.El viento le alborota el cabello que se veía incluso más rubio a la luz del atardecer.—¿De verdad estamos juntos? ¿De verdad lo de antes fue una declaración? ¿De verdad es cierto lo que le hemos dicho a los chicos? ¿Realmente… esto es el principio de algo entre nosotros?Solté todo aquello de golpe, con un tono de voz ansioso y desesperado, en el que se reflejaba claramente cuánto necesitaba un “sí” de su parte en este momento.Mikey me miró un momento ladeando la cabeza, oyendo mis palabras con atención, observándome fijamente, tal parecía que quería clavar sus ojos negros en mí para siempre. Al final, sonrió y acortó la distancia que nos separaba con un par de pequeños pasos.—A mí también me parece mentira, Takemitchy —Susurró pasando sus dedos por mi cuello despacio acariciando mi piel con delicadeza, con una ternura que me hizo estremecer sin remedio —Pero es real, así que empieza a creerlo —Añadió inclinándose ligeramente y posando sus labios sobre mi oído —Porque no pienso dejarte escapar.No pude controlarme más. Al terminar de oír su voz ronca susurrándome, al sentir que me estremecía de nuevo, mi cuerpo acabó actuando solo. Así, sin previo aviso y tomándolo por sorpresa, me incliné hacia él para besarlo con avidez, bebiendo de su sabor, abandonándome en sus brazos y respirando su aliento.Sentí que podría pasarme así toda la noche. Realmente, no quería que este día terminara nunca.
[Rindō] - Departamento de los Haitani

Almas ligeras como gotas de lluvia, atrapadas en realidades cargadas de pena, cubiertas de luz, ocultas entre montañas de flores y ríos de felicidad, mientras que otras almas en sus tierras codician alegrías ajenas.

Amando coleccionar recuerdos, pequeños instantes acomodados en un cajón.

Anhelos rotos, sueños de miedo, ideales forjados a cada salida del sol.

¿Es preferible morir de sed en el desierto o quizás ahogado por un torrente de agua? ¿Es mejor vivir meditando el paso del tiempo o sucumbir por una locura robada?

Fuego congelado.

Hielo ardiente.

Pájaros enjaulados.

Gritos bajo el agua.

Y todo por una canción.

Detuve el poema al quedarme sin contradicciones que fueran acorde con la temática.—¿Estás usando una servilleta como cuaderno de canciones? —Oí que preguntaba mi hermano Ran, pasando por atrás con algunas cajas con ropa de sus clientas.Alcé la mirada hasta enfocar mis ojos en los suyos que eran tan idénticos a los míos, excepto que el color púrpura de Ran era oscuro y el mío de un violeta claro, casi de tonos lilas. Los mismos ojos y tan diferentes al mismo tiempo.—No recuerdo dónde quedó mi cuaderno, así que estoy improvisando.—¿Otra vez?—Lo dices de una forma que da a entender que lo hago a propósito o que me gusta perderlo —Dije con molestia agarrando un trozo de pizza.—Sé más atento o vas a meterte en problemas.Ran suspiró dejando las cajas en su cuarto, volvió a la sala y se sentó con cansancio a mi lado en el pequeño sofá.Habíamos cenado hace un par de horas, junto a Yuzuha, ahora estamos comiendo las sobras. Justo después de despedir a Mikey y Hanagaki en la tienda a la tarde, Angry dijo que también  necesitaba marcharse porque su hermano ya comenzaba a enviar mensajes preocupado por su larga ausencia. Así Yuzuha y yo nos quedamos junto a Ran hasta la hora de cerrar la tienda. Al caer la noche volvimos al piso e improvisamos una cena rápida que no funcionó y acabamos pidiendo dos pizzas porque creímos que el hambre era grande, tarde nos dimos cuenta de que fue demasiado para nosotros que acostumbramos a comer poco. Ran y yo crecimos con limitados recursos, aprendimos a sobrevivir comiendo lo mínimo y no siempre todas las comidas, no había dinero en casa y todavia lidiamos com las secuelas de nuestra mala crianza. Yuzuha hoy en particular no parecía tener hambre porque estaba emocionada por los acontecimientos del día y por eso nos sobró bastante pizza.Tras una pequeña velada a base de comentarios sobre lo que sucedió en la tienda, en especial sobre Mikey y Hanagaki, también pusimos al día como corresponde a Ran y Yuzuha había decidido volver a casa. Ran la había acompañado parte del camino, y mientras tanto, yo me había echado en el sofá con las sobras de la pizza y unas servilletas para escribir mi arranque de inspiración. Tuve la necesidad de escribir y a eso me había dedicado hasta que Ran volvió a casa. Ahora, sentado a mi lado, desvió la vista hacia mis anotaciones.—Es un poco deprimente, ¿No?—Gracias —Dije en tono irónico.—Pero tienes un gran talento, ¿Lo sabes? —Dijo tras leer lo escrito en la pequeña servilleta.—Solo escribo lo que siento —Murmuré dejando el bolígrafo a un lado y subiendo el cuello de mi sudadera, sintiéndome algo avergonzado. Normalmente no me gusta que nadie indague mis escritos sin que yo vigile las páginas aptas para todo público, hoy no tuve ganas de negarme a que Ran lo leyera, ni siquiera me disgustó.—¿Y qué sientes exactamente cuando escribes esto? —Preguntó frunciendo el ceño, leyendo de nuevo con más detenimiento.Durante un momento, nos quedamos en silencio.Yo miraba al frente, con la vista perdida en algún punto entre la encimera y el pequeño reloj de pared, mientras sentía como Ran continuaba leyendo y releyendo una y otra vez, analizando mis palabras secretas.—Nada —Dije finalmente guardando la servilleta con un movimiento suave. Noté que Ran clavaba sus ojos en mí con expresión confundida. Ante eso, solo suspiré y me levanté del sofá.—Deberíamos ir a dormir, mañana tengo clases y tú trabajo.Por suerte, aceptó mi propuesta sin reclamar. Pocos minutos después, nos encontramos cada uno en nuestra habitación, listos para dejarnos caer en la cama y abrazar al sueño una noche más. O al menos intentarlo, porque yo sigo frunciendo por el insomnio. 
[Takemichi] - Casa de los Hanagaki
La mañana del martes llegó amenazando lluvia.Sin embargo, y por primera vez en mucho tiempo, no me importó. Apenas había logrado dormir pensando en todas las cosas que cambiaron en mi vida, la emoción me hizo mantener los ojos abiertos toda la noche, mirando al techo, sonriendo tontamente y reviviendo en mi cabeza cada momento, cada minuto, cada palabra, cada instante a su lado.De este modo, me levanté, bajé y preparé el desayuno mucho antes de lo normal, casi tuve que esperar media hora completa a que mi familia bajara y se sentaran a la mesa, curiosamente, ese dato tampoco me importó.Ni siquiera me molestó el hecho de que Kazutora se pasara quince minutos completos quejándose de que recibía muy poca cantidad de paga semanal cuando yo recibía poco y nada, solo para comprar material escolar. No. Hoy no habrá nada que pueda perturbar mi buen humor. Recogí la mesa, limpié los platos, me colgué la mochila al hombro y aguardé a mi hermano para ir al instituto con una sonrisa de oreja a oreja. De igual modo, sonreí todo el camino, no era algo planeado, simplemente me sentía demasiado feliz como para dejar de hacerlo. Me sentía feliz.¿Hace cuántos días…? No, ¿Hace cuántos años que no me despertaba con este sentimiento en mi corazón?—Todo por ti —Murmuré en voz baja con una media sonrisa pensando en Mikey.No era un reproche, ni de lejos, él me había salvado de esta horrible vida que llevaba antes de amarle. Si de pronto era capaz de levantarme de la cama y sonreír ante la probabilidad de un día lluvioso y cargado de trabajo, era gracias a él.—¿Qué andas murmurando? —Preguntó Kazutora a mi lado. Casi habíamos llegado al instituto.—Nada —Respondí elevando los hombros aparentando indiferencia. No me gustaba pensar de ese modo, pero no podía negar que cuanto menos hablara con él, mejor.—Hoy estás más raro de lo usual.—¿De verdad?—Como sea, no me importa —Miró al frente mientras abría la envoltura de una paleta —Ah, casi lo olvido, deberías tener un ojo sobre ese amigo tuyo del consejo. Es medio raro.—¿Qué?—Un consejo porque estoy de buen humor —Dijo arrastrando las palabras adelantando el paso —No armes escándalo en el pasillo como ayer, es malo para mi reputación.Silencio. No respondí. Me limité a permanecer en silencio hasta llegar finalmente al instituto y tomar mi camino hacia la sala del consejo mientras Kazutora se dirigía a sus dos amigos con los que siempre estaba.Era difícil de creer, pero fue la conversación más larga que he mantenido con mi hermano durante mucho, mucho tiempo, y fue para darme un consejo respecto a Akkun como cuando me dio a entender sus sentimientos y que debía ponerle un alto, ¿Esto es bueno o malo? Kazutora podrá ser malicioso, manipulador y mentiroso, las Tres M, pero su advertencia hizo ruido en mi oreja. Lo tendré cuenta, yo tampoco me siento cómodo con Akkun desde lo que sucedió ayer.Hice a un lado las preocupaciones, dejando que mis pensamientos vagaran de nuevo hacia Mikey, entré en la sala del consejo y me dispuse a trabajar. Si me daba prisa, podría adelantar bastante antes de la primera clase.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
Anduve por los pasillos del instituto con paso ligero. Había visto a Takemitchy entrar a la sala del consejo hace unos cinco minutos, pero justo cuando iba a seguirle, el profesor de historia me detuvo para hablarme de mi último trabajo de historia, el cual ni recordaba haber hecho.Aguardé con mala cara todas las recomendaciones que me daba hasta que otro alumno le dirigió la palabra y desvió su atención, momento que aproveché para huir.De pronto, observé de lejos a Sendō entrando también a la sala del consejo. No pude evitar poner mala cara, me acerqué hasta la puerta y la abrí con un golpe seco. Takemitchy estaba dentro, sentado a la mesa y clasificando una montaña enorme de papeles que de solo mirarlos daban dolor de cabeza y el otro se había situado a su lado mientras le comentaba algo acerca de una carpeta azul que sostenía en la mano. En cuanto irrumpí en la habitación, ambos alzaron su vista y me miraron. ¿Dónde estaban los otros miembros? Creí que Mitsuya era tesorero, Chifuyu delegado o algo así.Mientras que Takemitchy se incorporaba con ligereza de su silla y me dirigía una amplia sonrisa, de esa forma que solo él es capaz, Sendō fruncía el ceño y me fulminaba con la mirada.—Mikey, estamos trabajando, si nos haces el favor de salir —Comenzó a pronunciar con voz fría y distante, tratando de parecer indiferente.No lo dejé acabar.Sin ni siquiera mirarlo, alcé el brazo callando sus palabras y me acerqué a Takemitchy con paso ligero.—Ni te molestes, no vine a verte a ti ni por un castigo —Dije arrastrando las palabras en tanto terminaba de llegar a Takemitchy y me inclinaba hacia él en un gesto rápido, agarrándole de la corbata y atrayéndolo para besarlo con toda la pasión contenida desde ayer, una pasión equivalente a la rabia que sentí cuando los vi ayer.
[Rindō] - Preparatoria Ymir Freiheit
Mi cuaderno no estaba en clase. Ni en la azotea. Ni en el patio. Ni en el gimnasio.  ¿Dónde podría estar?Meditaba sobre ello cuando me pareció oír de fondo la exaltada voz de Yuzuha. Sorprendido, me giré y la vi corriendo por el pasillo, abriéndose paso entre los alumnos para llegar hasta mí junto a Draken igual de alterado.—¡Rindō! ¡Problemas!—Si, no encuentro mi cuaderno.—¡Eso no! —Jadeó en cuanto llegaron a mi lado. Se oía con la respiración entrecortada y en sus manos sostenía el teléfono.—Si es otra carpeta con fotos de Emma y su buena vida del otro lado del mundo…—¡No es eso! Te digo que son problemas —Exclamó Yuzuha mientras aireaba los brazos con frenesí. —Es cierto.Creo que Yuzuha ya puso en contexto a Draken.—¿Qué sucede? —Pregunté un tanto extrañado por su comportamientoFrunciendo el ceño, empujó su teléfono que llevaba en la mano y me lo situó justo delante de los ojos. En un gesto tranquilo, lo tomé entre mis manos y me apresuré a leer lo que me mostraba, era la página que tenía el fin de publicar eventos escolares, pero en realidad se usaba para chismes y notificar los dramas o peleas de la escuela, hasta los asuntos amorosos de parejas que sean muy populares, Yuzuha y Ran sufrieron una publicación destacada por casi dos semanas cuando anunciaron su relación.Leí el contenido buscando el origen de su estrés. No tuve que indagar mucho, ciertamente, era una publicación destacada que atraía la atención a primera vista.—Solo esto faltaba —Dije para mí mismo —Vamos a buscarlos.
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
El beso me pilló por sorpresa, aunque no fue ningún impedimento para seguirlo con todas las ganas, con todo el ansia que había estado conteniendo. Embriagado por sus manos acariciando mi cuello y su boca abriéndose paso a la mía, casi había olvidado que Akkun se encontraba presente hasta que, por el rabillo del ojo, acerté a ver como tiraba, literalmente, la carpeta que sostenía en la mesa con un movimiento brusco, furioso y desenfrenado.Giró sobre sus talones saliendo de la sala del consejo dando fuertes y resonantes pisadas.—¿A qué vino eso? —Pregunté en cuanto nos quedamos solos y logré separarme de Mikey. —Nada, me quedé con la rabia de ayer —Dijo con voz burlona sonriendo de medio lado en una expresión un tanto pícara.Me crucé de brazos alzando una ceja a modo de interrogación, dejándole ver claramente que no me tragaba para nada su tono inocente, ante eso, rió con ganas.—Simplemente me parece oportuno establecer los límites cuando las palabras bonitas no funcionan con él.—¿Palabras bonitas? ¿Esta es tu forma de marcar territorio como un perro? —Inquirí a sabiendas de que sería inútil pedirle a Mikey un comportamiento más recatado.—Claro —Susurró acercándose a mis labios de nuevo hasta quedar apenas a dos centímetros de distancia de mi boca —Eres mío y él tiene que saberlo.Apenas me dio tiempo a recuperarme del escalofrío que se produjo en mi cuerpo al oírle pronunciar esas palabras cuando de pronto, oí como la puerta de la sala se abría de nuevo. Rápidamente, me separé de Mikey y observé el umbral, en el cual habían aparecido Rindō, Draken y Yuzuha.—¿No saben llamar o qué? —Preguntó Mikey de mal humor.Sin embargo, tanto uno como el otro, ignoraron completamente su tono malhumorado.—Menos mal que están juntos, tienen que ver esto —Dijo Yuzuha apresurada mientras se acercaba junto a Rindō y Draken cerraba la puerta. Al llegar a nosotros nos dio su teléfono —Es la página del instituto.—Querrás decir, el chismógrafo virtual —Bufé al echarle un vistazo rápido. —¡Lee lo que está escrito!  —Insistió Yuzuha señalando con el dedo índice el titular de la primera plana.
“ El presidente estudiantil de la Preparatoria Ymir Freiheit ¿Nuevo chico malo? ”

Recientes fuentes nos han informado sobre las últimas noticias acontecidas en la vida de nuestro presidente del consejo estudiantil, aquel que todos admiran y es conocido por ser el estudiante perfecto, parece que no solo se dedica a clasificar el papeleo correspondiente al Ymir Freiheit, sino que ahora también se dedica a “clasificar” a los alumnos.

Informamos que el pasado lunes, varios alumnos fueron testigos de un hecho muy singular que nunca habíamos presenciado con anterioridad. Este hecho implica, nada más y nada menos que un rechazo amoroso por parte de nuestro presidente hacia unonde sus compañeros y mejores amigos. ¿Adivinan quién fue el desafortunado?

Sin embargo, lo más destacado del caso, no fue lo que ocurrió, sino cómo ocurrió. Por lo visto, este rechazo se produjo en medio del pasillo principal mientras nuestros dos protagonistas eran rodeados por al menos una veintena de alumnos y alumnas que pueden testificar el hecho.

“Él se empeñaba en besarle, pero Hanagaki no se lo permitió”.

“Siempre supe que había algo entre ellos, si no fuera así, ese chico no estaría empeñado en perseguir a Hanagaki a todas horas”.

“Él hizo referencia a una conversación similar entre ellos ocurrida en el pasado, se ve que no es la primera vez que lo rechaza”.

“Me alegro, ahora el resto de chicas tenemos una oportunidad con él”.

Estas son algunas de las declaraciones anónimas que, amablemente se han decidido a colaborar con nosotros para que ustedes, queridos lectores, gocen de toda la información.

No es la primera vez que nuestro presidente alborota el pasillo.

Recordemos el hecho acontecido hace dos semanas entre Hanagaki y nuestro rebelde preferido, Mikey, eterno enemigo del presidente estudiantil y los profesores. A continuación, las declaraciones:

“Discutían, aunque claro, eso no es nada nuevo entre ellos, ¿Verdad? El caso es que Hanagaki empujó a Sano contra las taquillas. ¡Fue asombroso!”.

“Ha sido la primera vez que he visto a Sano derrotado… ni siquiera se defendió”.

“Todos esperábamos una pelea en toda regla después de eso y al final cada uno salió corriendo en direcciones contrarias”.

“Eh… no estaba prestando mucha atención… ¿Quién empujó a quién?”

¿Será que nuestro chico bueno se está volviendo malo? Por el momento, desconocemos qué ocurrirá. Sin embargo, no duden ni por un instante de que nuestras fuentes estarán ahí, al acecho para captar cualquier novedad que suceda.

Al acabar de leer me tomé un momento para procesar lo escrito en el blog.—¿Qué es esto? —Fue lo primero que dijo Mikey en cuanto terminamos de leer. —Yamagishi —Comprendí regresando el teléfono a su respectiva dueña —Ya saben como es.—Ese cuatro ojos me está cansando —Exclamó Mikey con los brazos cruzados.—Te está dando una reputación terrible —Dijo Yuzuha.—Ni tan terrible —Dijo Draken mirándonos con el ceño fruncido —Todos conocemos su rivalidad, solo que es la primera vez que Hanagaki hace un movimiento y Mikey no se defiende.—Yo no puedo creer que haya por ahí declaraciones anónimas afirmando que al rechazar a Akkun, ahora tienen una oportunidad contigo, ya quisieran —Añadió Mikey levantando la voz —Como alguna de esas chicas se atreva a intentar algo, habrá problemas.—Entonces, ¿Fue Atsushi a quien rechazaste, Takemichi? Wow, y en medio del pasillo —Se asombró Draken ignorando las protestas de Mikey.Suspiré. Casi había olvidado que él no lo sabía. Rindō no parece sorprendido, por lo que supuse que Mikey le habría contado algo y Yuzuha ya estaba en contexto porque se lo dije ayer.—Tuve que hacerlo —Me excusé rascando mi nuca —No quería que fuera un escándalo, todo sucedió muy rápido.—¿Lo rechazaste por Mikey? Que romántico —Dijo Draken callando mis palabras y sonriendo con ojos brillantes —Emma amara escuchar esto.—Ya lo había rechazado antes —Incluso si no tuviera sentimientos por Mikey, mi postura continúa siendo la misma.—Sea como sea, deben tener mucho cuidado a partir de ahora si quieren mantener su relación en secreto —Dijo con calma Draken —La gente estará alerta, se darán cuenta de que ya no discuten y si Yamagishi toma interés por ustedes, será problemático.—Si —Asintió Yuzuha cruzando los brazos frustrada —Puede convertir lo más ordinario en el mayor escándalo. —Tienen razón —Acepté —Hay que ser discretos, no queda de otra, hacer algo contra el club de periodismo a cargo de la página significará un problema para los estudiantes que esperan por una razón para señalar a la autoridad como represiva y sin libertad.—Entonces, ¿No harán nada? ¿No te importa que te haya dejado en mal lugar, Takemichi? —Preguntó Draken con una mueca disconforme.—Claro que me importa, pero soy consciente de que no puedo hacer otra cosa que estar alerta a partir de ahora y no dar nuevos motivos para que esto vuelva a ocurrir.—Además —Añadió Mikey que ahora tenía su teléfono en la mano para ver el perfil estudiantil en instagram —Todos hemos sido víctimas de Yamagishi alguna vez.—Créeme, Draken —Dije en vista de que iba a abrir la boca para protestar —Por el momento me limito a agradecer que Kazutora y sus amigos no sean de los que siguen la página porque lo consideran estúpido.Tras decir eso, Draken finalmente aceptó nuestra decisión con una pequeña sonrisa.—Muy bien, vámonos a clase, sino, llegaremos tarde y los cinco seremos los protagonistas de la próxima edición.En ese punto, todos estuvimos de acuerdo, así que nos dispusimos a salir. En cuanto Yuzuha, Draken y Rindō salieron por la puerta, me apresuré a seguirles. Una vez desde el umbral, miré a Mikey que no se había movido.—¿No vienes?—¿Quieres venir el sábado a cenar a casa? —Me soltó de golpe con el tono de voz un tanto alto.Lo miré sorprendido. Realmente, me había tomado de sorpresa que me lo dijera así, tan de repente, aunque suponía que era lo normal ahora que nosotros ya establecimos nuestra situación.—¿A tu casa? —Murmuré con voz queda.—Sí, ya sabes —Farfulló mirando a un lado y al otro, tartamudeando de vez en cuando al hablar —En plan salida que hacen las parejas, eso.—Una cita —Aclaré divertido ante su nerviosismo.—Sí, una cita, no te burles. ¿Vienes? Pues claro que quería ir, ¿Cómo no iba a querer? Nada podía apetecerme más que estar con él, que pasar los minutos a su lado. El único inconveniente era… mi padre. Conseguir permiso para salir era un problema con el que tendría que verme la cara bastante a menudo a partir de ahora que había decidido comenzar una relación con Mikey.—Me muero de ganas —Dije finalmente con una sonrisa de oreja a oreja.Al oírme, el rostro se le iluminó. Se acercó hasta situarse frente a mí y me miró sonriendo, mordiéndose el labio inferior, y no sé por qué aquello me volvió loco.Me eché en sus brazos y lo besé con ganas mientras me correspondía acariciando mi espalda y pegándose a mí. Sus manos rozando mi cintura y sus labios moviéndose con frenesí sobre los míos no tardaron en causar una gran sensación de calidez que, poco a poco, se fue intensificando hasta sentir de pronto un calor inmenso en todo el cuerpo. Lo cual hizo que comenzara a besarle con más deseo, hasta que me tomó de los hombros y me separó de él con una sonrisa burlona de medio lado.—Presi, estamos llegando tarde a clases —Susurró acercando sus labios de nuevo a los míos, que aún se encontraban entreabiertos y jadeantes —Primero el trabajo y luego el placer.Volvió a aproximarse un par de centímetros sin llegar a besarme, para retirarse seguidamente desoyendo un suspiro de queja por mi parte. Con una media sonrisa en su rostro, agarró el pomo de la puerta y tiró haciendo se abriera del todo.—El sábado cocino yo —Añadió antes de salir.

----- CHAPTER BREAK -----

[Rindō] - Preparatoria Ymir Freiheit
Las clases transcurrieron como de costumbre.Realmente, no parecía que ninguno de los presentes estuviera prestando atención al profesor Smith, quien a pesar de ser consciente de que la mayoría de los alumnos se encontraban acariciando la posibilidad de aprovechar la hora de la lección para dormir, no decaía en su esfuerzo por mantener vivo el interés con sus explicaciones.Me gusta la clase de historia, siempre me ha fascinado conocer qué había sido de nuestro planeta y sociedad antes de que nosotros existiéramos, o cómo se han ido desarrollado tantas épocas pasadas, en qué momento ocurrieron los grandes descubrimientos del mundo que ahora consideramos normales, pero hoy, y a pesar de estar interesado en el movimiento pacifista cuando por fin la guerra comienza a ser condenada moralmente, tampoco me sentía capaz de prestar atención al profesor, el cual había comenzado a carraspear entre discurso y discurso, tratando tal vez de despertar a aquellos alumnos sentados en la primera fila que no habían sido capaces de resistir por más tiempo con los ojos abiertos.Lentamente, comencé a sentir que también comenzaba a compartir con mis compañeros aquella lucha por vencer el sueño.Continuaba sin poder dormir bien, prácticamente no he estado durmiendo más de cuatro horas en las últimas noches, a pesar de que intentaba buscar un equilibrio con mis horas de sueño, no he sido capaz de dormir por mucho que me empeñe en relajarme y descansar.Me había pasado las primeras horas de la noche tumbado sobre la cama, divagando entre permanecer boca arriba o de lado, y observando cómo tanto una postura como la otra me ofrecían pésimos resultados cuando de descansar se trataba. Sin embargo, no fue hasta las tres de la madrugada que finalmente desistí y decidí levantarme, a sabiendas de que sería inútil seguir tratando de dormir y ahora, que habíamos llegado a la última lección del día, tras una larga mañana de clases con monótonas explicaciones, esa noche de insomnio comenzaba a pasarme factura.De verdad luchaba por mantener los ojos abiertos, había desistido hace quince minutos de comprender algo relacionado con la clase que explicaba el profesor, ahora mi estrategia consistía en tratar de escribir algo decente. No obstante, llevaba ya un tiempo con el bolígrafo suspendido a escasos centímetros del papel y no había sido capaz de redactar ninguna frase.Desanimado y sintiéndome cada vez más somnoliento, aparté el cuaderno a un lado y apoyé un codo sobre la mesa, descansando mi cabeza sobre la palma de mi mano. Creo que no me siento bien.Desde mi posición, recorrí la clase con la mirada. El número de alumnos que aún prestaban atención a la clase había disminuido considerablemente, Sendō , sentado varias mesas por delante de mí, miraba a Hanagaki el cual parecía ser de los pocos que todavía estaban tomando apuntes. Tras él, Mikey miraba el reloj cada dos por tres con el ceño fruncido o jugaba con su teléfono, la paciencia nunca fue una de sus virtudes, esta vez no lo culpaba. La clase estaba resultando asfixiante. A mi lado, Yuzuha miraba una revista de moda que le había pasado Hinata, ni siquiera se molesta en ocultar su desinterés, aunque, tampoco hubiera hecho falta ya que incluso el propio profesor Smith parecía comenzar a sentirse distraído.Sentí una suave y fresca brisa acariciar mi piel, alguien debe haber abierto la ventana, aunque no me giré a comprobarlo. De fondo, podía escuchar un sonido extraño, disparos, tal vez, disparos de algún video juego, supuse que sería Matsuno con otro de sus videojuegos.La puerta se había abierto, alguien había entrado al aula, ¿Quién era? ¿La directora Frieda Reiss? No. ¿El profesor Hīragi? No, tampoco.Trataba de entrecerrar los ojos para ver mejor esa figura, cayendo en cuenta de que todo era oscuridad a mi alrededor. ¿Cuándo los cerré? Tenía los ojos cerrados y oía el viento. El zumbido de un mosquito. Una canción.Blanco. Todo era blanco, absolutamente todo a mi alrededor se componía de una especie de niebla densa, penetrante y reluciente. No se veía nada más que aquella insólita bruma suspendida en el espacio, flotando por todas partes. Alcé una mano y la situé delante de mis ojos. Nada. No veía nada. Solo aquel fulgurante color blanco. Sintiendo que mi respiración se volvía más acelerada, miré hacia abajo y tampoco pude distinguir mi cuerpo, aquella neblina me rodeaba de un modo acechante, y yo ni siquiera podía verme a mí mismo. ¿Dónde estoy?Lentamente, tragué saliva y entorné los ojos tratando de ver algo más allá de aquella masa de partículas blanquecinas. Nada. Extrañado y reteniendo la respiración, me atreví finalmente a dar un paso. No veía el suelo, así que lo hice muy lentamente y suspiré aliviado cuando comprobé que pisaba terreno firme. Poco a poco, aumentó mi confianza y mis pasos fueron más seguros, hasta que, incontroladamente, comencé a caminar más rápido, me sentía asfixiado al comprobar que aquella bruma no tenía fin y de repente, la necesidad de librarme de la niebla se volvió superior a mí. Corría, corría con todas mis fuerzas y entonces, vi una sombra. Una débil y efímera sombra a escasos metros de distancia.Detuve mi carrera bruscamente en cuanto mis ojos divisaron aquella silueta. Se parecía a algo, no, a alguien. Con el paso de los segundos parecía cobrar forma y me dolían los ojos al entrecerrarlos para tratar de ver mejor, pero cuanto más me acercaba, más se alejaba aquella penumbra. Así que me detuve y me incliné hacia delante tratando de encontrarle apariencia, me recordaba tanto a algo, ¿A qué? ¿Se trata de una persona? No o… sí, sí era una persona… ¿La conozco? Me resulta familiar. Un parpadeo acabó finalmente por revelarme su apariencia.Por supuesto que conocía a esa persona. Era… otra sombra. De repente, se acercaba otra sombra de apariencia extraña y desconocida, solo que esta no se parecía a la sombra anterior, se veía mucho más oscura, amenazadoramente oscura.Se acercaba a esa persona de forma sigilosa, no pude evitarlo y comencé a sentirme intranquilo. No me gustaba esto, no me gustaba nada. Me exalté. Quise hablar, pero mis labios no me respondieron, quise gritar y mi garganta no se abrió, necesitaba avisar a esa persona del peligro, la extraña sombra se cernía cada vez más, la rodeaba, la envolvía, la asfixiaba, la hacía caer y acababa con su existencia. Entonces grité.—¡Oye, Rindō, Rindō! ¿Me oyes? ¡Despierta! ¡Rindō! —Abrí los ojos con brusquedad en respuesta a aquella voz.Lo primero que vi, fueron los rostros de Mikey, Yuzuha y Takemichi inclinados sobre mí. Sus expresiones denotaban confusión y preocupación, se veían bastante alterados. —¿Te encuentras bien? —Preguntó Mikey con inquietud en cuanto vio que finalmente había despertado. —Sí —Dije un tanto desorientado incorporándome. Estaba echado sobre el pupitre y me dolían los brazos, probablemente a causa de haberlos tenido doblados y descansar la cabeza sobre ellos.En cuanto me senté correctamente, observé que toda la clase estaba al pendiente de la situación. El señor Smith se había aproximado a mi mesa junto a mis amigos, también me pareció distinguir la silueta de Angry, detrás del profesor.—¿Seguro? —Preguntó Takemichi cuanto parpadee un par de veces —¿Necesitas un poco de agua o tomar aire?—No, no —Negué despacio aún recuperándome de la pesadilla. Había sido tan… real y tan aterradora —Solo fue un mal sueño.—Amigo, estás pálido, vamos a la enfermería.—Estoy bien, Mikey, de verdad.—No dejabas de moverte —Dijo Yuzuha suspirando para tratar de calmar su respiración. Bastaba mirarla para comprender que se había asustado de verdad, su rostro aparecía desencajado por la impresión —Nos ha costado unos minutos despertarte y no dejabas de decir palabras que no entendimos, fue horrible.—Tranquila —Murmuré tomándole la mano y dirigiéndole una sonrisa —Ya estoy bien.Nuestros compañeros habían comenzado a murmurar.Algunos, incluso optaron por acercarse también al pequeño círculo que me rodeaba. Sin embargo, la mirada de Mikey y la expresión Yuzuha hacia ellos, les hizo volver a sus lugares de inmediato. Suspiré. No comprendía lo que acaba de pasar, nunca viví algo algo así, me sentía realmente avergonzado por haberme quedado dormido en clase, además de confundido y extrañado por mi reacción a una simple pesadilla.He tenido pesadillas desde siempre, sueño con volver a vivir en el pequeño departamento con mis padres, rodeados de jeringuillas usadas, botellas de alcohol y ropa sucia, pero esto fue diferente. Hice preocupar a mis amigos innecesariamente.Esta vez fue tan real.—Bien, ¿Estás seguro de que te encuentras con fuerzas para continuar con la clase? —Preguntó el profesor Smith.—Para eso no encontrará a nadie con fuerzas —Murmuró Mikey con tono sarcástico. Por suerte, el profesor no pareció percibirlo o si lo hizo optó por ignorarlo.—Sí, profesor, disculpe este inconveniente, por favor continúe con su clase —Susurré tocando mi frente.—Muy bien, si necesita algo no dude en salir a la enfermería, ¿De acuerdo? —Asentí con una pequeña sonrisa que fue más una mueca —Todos, vuelvan a sus lugares. Cómo iba diciendo, Napoleón Bonaparte, fue un general republicano durante la época...¿No estábamos hablando de la doctrina pacifista?En cuanto me quedé solo de nuevo, suspiré tratando de enfocar mi atención a las explicaciones del profesor. Sorprendentemente, la somnolencia había desaparecido y ya no sentía ánimos ni necesidad de dormir. En cuanto al resto, a pesar de que mis compañeros, y en especial mis amigos no me quitaron el ojo de encima en lo que restaba de lección, la clase no tardó en volver a sumirse en la monotonía. 
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
Rindō no se me iba de la cabeza.Realmente nos ha dado un buen susto, todo sucedió tan rápido y de una forma tan extraña que apenas tuvimos tiempo de reaccionar; nos habíamos limitado a correr hacia él y tratar de despertarlo.La manera en la que de repente había comenzado a moverse, a murmurar y al final gritar había resultado realmente estremecedora. Ciertamente, era ahora cuando mi relación con él estaba pasando de un simple y cortés “buenos días” a verle más seguido, tener conversaciones con más de dos palabras e incluso quedar para salir junto a Mikey y los demás. Creo que puedo suponer que comenzábamos a forjar una amistad, era uno de los mejores amigos de Mikey, el hermano del novio de Yuzuha, su relación con los chicos es muy estrecha. Ignoro si algún día podría formar parte de ese círculo para él o no, pero quiero intentarlo.Me parecía un chico bastante interesante, en el buen y amistoso sentido de la palabra. Si es cierto que habíamos iniciado una relación que en un futuro esperaba que se convirtiera en una gran amistad, verdaderamente me preocupa lo que pudiera ocurrirle.Lentamente, miré hacia atrás, y noté que Mikey lo miraba de soslayo.Sé que debe estar preocupado, era el primero que había llegado hasta Rindō cuando empezó a moverse de aquella forma como convulsionando. Miré a Rindō varias veces. Observaba al profesor con expresión ausente, era prácticamente imposible adivinar en qué estaba pensando. Un carraspeo del profesor Smith, me hizo volver a mirarlo y tratar de continuar escuchando la lección. Sin embargo, por más que lo intenté, no fui capaz de volver a concentrarme.El anuncio de la campana por suerte anunciaba el fin de las clases, en un acuerdo silencioso con mis amigos, nos dirigimos al sótano.Finalmente, las clases habían terminado y la mayoría de alumnos habían vuelto a sus casas, entre ellos Angry, quien antes de despedirse se había acercado a nosotros para preguntar por Rindō, también Yuzuha nos advirtió que debía marcharse pronto porque su hermano menor, Hakkai, tenía un partido de béisbol. Antes de hacerlo, abrazó con fuerza a Rindō, se había mostrado muy intranquila, Mikey estaba más callado de lo habitual y Rindō no decía nada, solo miraba ausente al vacío. Cuando Draken llegó no comprendía nada, así que Mikey le hizo una pequeña explicación en un lugar apartado del sótano.Definitivamente fue un día muy extraño.A pesar de todo lo ocurrido, ambos decidieron ensayar un rato tras las clases, y por ese motivo bajamos al sótano. Pasamos aproximadamente quince minutos, en una conversación más silenciosa de lo normal y Yuzuha finalmente se despidió.—Siento marcharme así, pero se lo prometí  Hakkai —Se excusó con tez pálida y semblante preocupado.—Tranquila —Dijo Rindō con los brazos cruzados —Solo… te agradecería que no le contaras a Ran sobre lo de hoy, se preocuparía en vano, más tarde voy a contarle yo mismo. Al principio, pareció que Yuzuha iba a protestar ante la propuesta, pero lo pensó mejor y acabó asintiendo con un movimiento de cabeza suave antes de despedirse de todos nosotros y correr escaleras arriba.—Yo también me voy —Informé en cuanto la puerta se hubo cerrado tras Yuzuha —Tengo mucho trabajo atrasado con el consejo y debo ponerme al día si quiero evitar problemas.—Trae el trabajo aquí —Sugirió Mikey mirándome a los ojos. Lo dijo de forma que pareció desinteresada, pero en el fondo yo sentí un leve tono de ansiedad en su voz.—No me concentraría con la música —Expliqué esbozando una leve sonrisa —Pero haré pausas de vez en cuando y bajaré a verlos.—En ese caso subo contigo, dejé mi mochila arriba —Suspiró Mikey levantándose del pequeño taburete en el que estaba sentado —Vuelvo ahora, Rindō.—Hasta luego, chicos—Alcancé a decir antes de verme arrastrado por Mikey fuera del sótano.—Suerte en el trabajo —Oí que decía Draken antes de que la puerta se cerrara.Mikey y yo avanzamos por el pasillo, tomados de la mano, no podía dejar de mirar de un lado a otro, se supone que la mayoría de los alumnos se han ido, eso no significa que pueda caminar con libertad por los pasillos.Realmente no podía dejar de sentirme nervioso, inconscientemente, comencé a caminar despacio con el fin de poder vigilar cada puerta entreabierta, cada rincón, cada esquina, desde lo que pasó con Akkun, no confiaba en nadie. Al final, Mikey lo notó y detuvo su caminar girándose a mí.—¿Por qué vas tan despacio?—Ah, por nada —Murmuré moviendo la cabeza en todas direcciones. Estaba tan concentrado en buscar algún intruso que no me di cuenta de cómo, sin soltar mi mano, Mikey se había acercado a mí. —Es porque no tienes ganas de separarte de mí, ¿No? —Dijo en tono burlón y susurrante aproximando más su rostro a mi cuello.Sonreí levemente. Eso también me pasaba, pero había pasado tantos días acostumbrándome a guardar mis propios sentimientos para mí mismo que ahora me resultaba incluso difícil pronunciarlos en voz alta. Mikey había posado sus labios sobre mi cuello besándolo con suavidad.Instintivamente cerré los ojos sintiendo su contacto sobre mi piel. En otros tiempos, nunca habría pensado que Mikey pudiera actuar de esta manera, jamás hubiera creído que pudiera ser tan dulce, tan tierno. Aún tomados de la mano, apreté la suya mientras sentía que la intensidad de sus besos incrementaba.—Mikey —Suspiré quedamente notando como jugueteaba con su lengua en mi piel, dejándome un rastro de saliva por todo el cuello —Estamos en medio del pasillo.—Cierto —Susurró separándose de mi cuello apenas dos centímetros para agarrar la otra mano y avanzar pegado a mí hacia uno de los laterales del pasillo, empujándome contra la pared, acorralándome —Ahora —Dijo acercándose de nuevo a mi cuello mientras levantaba mis manos con las suyas y las situaba a la altura de mi cabeza —Ya no estamos en medio del pasillo.Sus palabras estaban cargadas de burlas mientras atrapaba con sus dientes el lóbulo de mi oreja, ante lo cual, mis réplicas por su ironía quedaron ahogadas en un débil quejido.—No puedes evitarlo —Susurró mordiendo seguidamente mi labio inferior y tirando de él con suavidad —Sé que te gusta.Sí, es cierto, lo sabía perfectamente y yo aún no he terminado de decidir si aquello era bueno o malo. Lo único que tenía claro es que había subido la temperatura de golpe, mi respiración se hallaba entrecortada y de mis labios no hacían sino escapar leves suspiros al sentir los besos de Mikey por mi cuello, sus dientes dándome pequeños mordiscos suaves.De pronto sentí sus manos soltando al fin las mías y deslizándose por mis brazos hacia abajo… hasta llegar a la parte superior de mi pecho.Comenzó a maniobrar con sus dedos y así, sin darme cuenta, mi corbata se hallaba desanudada en el suelo, justo a nuestro lado. Cuando sus manos finalmente se introdujeron por debajo de mi camisa y sentí el roce de su piel sobre mi pecho no pude evitar estremecerme de la cabeza a los pies, acto que a Mikey no le pasó desapercibido.—¿Lo ves? Estoy aprendiendo cómo hacerte temblar —Murmuró con voz ronca dándome una suave mordida en la barbilla y atrapando al fin mis labios con los suyos.Me entregué a ese beso como si fuera el último, deposité en él la ansiedad, toda la desesperación que Mikey había comenzado a hacerme sentir. Sin embargo y a pesar del frenesí con el que le besaba, me desesperaba al comprobar cómo mis anhelos no disminuían, sino todo lo contrario, aumentaban y la temperatura continuaba subiendo.Sentí una necesidad inmensa de sentirle más cerca. No me di cuenta de en qué momento había comenzado a desabrochar mi camisa hasta que sentí mi piel erizarse por tener el torso descubierto. Ahora, Mikey había soltado mis labios para comenzar a besar mi cuello, comenzando él también a respirar entrecortadamente. En ese momento solo en ese momento, me percaté de que, a pesar de que Mikey había soltado mis manos antes, yo las había dejado quietas, unidas a la pared por encima de mi cabeza.Con un movimiento angustioso, las bajé y rodeé a Mikey por la cintura, en un desesperado intento de atraerlo más hacia mí, introduciendo mis manos por debajo de su camiseta y comenzando a levantarla.No pasó demasiado tiempo hasta que la prenda se encontró echa una maraña en el suelo, junto a mi corbata, no sabía en qué punto del suelo había caído, pero no me importaba en absoluto.—Tranquilo, con calma —Susurró Mikey en tono burlón separándose cuando fui a besarlo, haciendo que mis ansias y ganas de él incrementaran.—Te odio —Murmuré con deseo sintiendo como mis piernas comenzaban a temblar, cada vez con más fuerza al mínimo contacto con su piel.—Me adoras —Replicó Mikey esbozando una leve sonrisa pícara acercando sus labios a los míos sin llegar a rozarlos, retirándose en cuanto notaba que me acercaba más de la cuenta. En ese momento sentí sus manos acariciar mi torso y bajar lentamente por este hasta llegar al cierre de mi pantalón.
[Atsushi] - Preparatoria Ymir Freiheit
No podía seguir mirando, me estaba haciendo daño a mí mismo de una forma totalmente masoquista e innecesaria, obligándome a no perderme detalle de esa horrible escena que constituía mi más dolorosa y desgarradora tortura.Mi corazón se retorcía de dolor y rabia dentro de mi pecho, aquella cruda y horrible realidad no hacía sino golpearme de la forma más vil y cruel, y yo no podía hacer nada, nada para evitarlo. Lentamente me giré, dándole la espalda a aquel acto tan espantoso, a aquel suplicio y comencé a caminar a paso ligero por el pasillo dispuesto a salir corriendo en cualquier momento y alejarme de allí todo lo que fuera posible.Antes de salir del edificio, utilicé el dorso de mi mano para limpiar las lágrimas que brotaban de mis ojos irritados y murmuré palabras de odio, escupiendo rencor en cada sílaba.—Me las pagarás, Sano.—¿Ahora no solo eres falso y manipulador, sino también esquizofrénico? —Reconocí la odiosa voz de Kazutora, venía acompañado de Hanma que tenía el brazo sobre sus hombros.—Lárgate.—Woah —Lo empujé apartándolo de mi camino e hice oídos sordos al comentario de Hanma —Qué carácter.—Déjalo, es un imbécil.Limpié mi rostro a medida que me alejaba de Kazutora y sus burlas, a estas alturas, no sé quién era peor, si él o Sano.
[Manjirō] - Preparatoria Ymir Freiheit
—Mikey, detente —Oí que murmuraba Takemitchy ansiosamente en cuanto terminé de desabrochar su pantalón y fui a introducir mis manos por este.—¿Si? —Susurré dándole pequeños besos por el cuello.—No estoy preparado para esto —Dijo en voz baja agarrando mis manos con las suyas y retirándolas de su cuerpo —Yo… nunca…Acabó sonrojándose más de lo que ya estaba, aunque suponía que parte de ese rubor era debido al calor que ambos habíamos empezado a sentir de repente. Me fui separando de él y lo miré a los ojos jugueteando con un par de mechones negros y los pasaba detrás de la oreja.—¿Nunca, nunca? —Pregunté con voz ronca observándole con ternura.Me encantaba verlo nervioso, sonrojado, era tan jodidamente lindo.—Nunca —Repitió suspirando con la mirada baja. En un movimiento suave, agarré su barbilla y levanté su cabeza de nuevo.—Takemitchy —Dije muy despacio —¿De verdad crees que me voy a enfadar?—¿No? —Inquirió ladeando la cabeza en un acto tierno. Parecía un niño al que le enseñan una lección por primera vez.—Claro que no, idiota, para ser honesto, también es mi primera vez con un chico —Le dije atrayéndolo hacia mí para abrazarlo. Pude sentir como se estremecía al sentir el contacto de su pecho desnudo contra el mío. Yo también lo hice, sin embargo, suspiré tratando de calmar mis deseos —Eso significa que seremos el primero del otro, algún día, cuando estés listo.Ante mis palabras, sentí como me devolvía el abrazo con anhelo aferrándose a mí, temblando ligeramente. —Pero deja de abrazarme así o ese día va a ser hoy —Bromeé tras un par de minutos en silencio, ante lo cual, ambos acabamos riendo con ganas.—Deberías ir con Draken y Rindō —Murmuró separándose finalmente de mí —Creo que después de lo de hoy necesitas estar con tu amigo.—Tienes razón —Acepté sonriendo de medio lado, tomando mi camiseta del suelo y volviendo a estar vestido, Takemichi hizo lo mismo con su corbata.—Te veo en un rato —Dijo girándose para dirigirse a la sala de consejo y empezar con su papeleo.Yo en cambio, iría al aula a buscar mi mochila y luego al sótano para ensayar. Recordando lo que acababa de suceder sonreí y cubriéndome la cara, sintiendo que me estaba comportando como un idiota, avance por los pasillos pasando por al lado de Kazutora que caminaba junto a Hanma.
[Rindō] - Preparatoria Ymir Freiheit
Cuando Mikey apareció, me vio sumido en mis propios pensamientos ignorando las preguntas de Draken, prefería ver los escritos de mi pequeño bloc de servilletas abierto sobre mis rodillas. Aunque realmente no estoy leyendo nada.—Chicos, ya estamos solo nosotros —Dijo Mikey sentándose frente a mí, ante lo cual, alcé la vista y clavé mis ojos en él con expresión ausente —Rindō, ¿Vas a decirnos qué demonios pasa?Los contemplé por unos segundos sin variar mi semblante. Realmente no sé qué puedo decirles, al fin y al cabo, solo fue una pesadilla.—No ocurre nada —Dije al fin en un tono de voz bajo, volviendo a concentrar mi mirada en las frases escritas en las servilletas.—¡Kenchin, dile algo!—Rindō, esta vez apoyo a Mikey. Debes dejar de tratarnos como si fuéramos extraños —Dijo con frustración mal disimulada, inclinándose hacia delante y sujetándose firmemente a los bordes de la silla en la que se había sentado. —Me quedé dormido, chicos, simplemente, el sueño acumulado de varias noches con insomnio me venció durante la clase y tuve un mal sueño.—¿Qué clase de mal sueño? —Preguntó Draken en un tono conciliador.—No tienes ni idea de cómo te movías y todas las cosas raras que murmurabas.Los miré en silencio. Quería hablar con ellos, realmente quiero hacerlo, no obstante, era perfectamente consciente de que no podía decirles lo que querían escuchar. Ya ni siquiera yo era capaz de comprenderlo.—Siento preocuparlos.—¡Eso da igual, Rindō! —Repuso Mikey alzando la voz y levantándose con brusquedad —Tus preocupaciones no nos dan igual, ¿Qué era ese sueño?—Draken… —Lo miré en busca de ayuda.—La última vez que vi a una persona guardarse lo que sentía, casi mata a los golpes a alguien —Sus ojos me dirigieron una mirada de advertencia —Y si no fuera por Izana, tu hermano sería un criminal. ¿Recuerdas?Si, lo recuerdo muy bien.Ran casi mata a golpes a nuestro padre cuando su negligencia por poco cruza un límite sin retorno que atentaba contra mi seguridad e integridad, gracias a que esa horrible noche Ran regresaba a la casa de mis padres con Izana y otros amigos, no sucedió una desgracia.Había cosas en las que podía mentirle a ellos, cosas demasiado personales que ni siquiera podían imaginar, cosas muy bien guardadas como para que de un momento a otro llegara el día en que, de repente, olvidara la fórmula para esconderlas. Cosas que nunca sabrían. Sé mentir, puedo hacerlo ahora mismo.Sin embargo, existen otros casos en los que, dijera lo que le dijese, siempre adivinaban cuando les estaba ocultando la verdad y esta situación, sin duda, pertenecía al segundo grupo.—Sombras —Murmuré mirando las servilletas —Sombras acechando, sombras esperando, sombras haciendo daño.—¿Qué estás diciendo, Rindō? —Dijo Mikey bajando considerablemente el tono de voz, mirándome con el ceño fruncido.—En los sueños, las sombras representan una sensación de incertidumbre o miedo —Explicó Draken con calma.—Es lo que soñé —Respondí avergonzado y los miré y esa vez noté que al fin me habían creído.Tal y como suponía, solo y exclusivamente cuando pude confesar la verdad, o al menos, media verdad, pueden estar tranquilos. Con lentos movimientos me incorporé y me acerqué al otro lado del sótano, donde había dejado antes un pequeño micrófono que usaba en los ensayos.Mikey tocaba la guitarra, Draken manipulaba un bajo o hacia percusión con una caja de madera y yo cantaba.—Deberíamos comenzar o se hará tarde —Dije sin percatarme de que Mikey se había acercado.—Rindō —Articuló tomándome del hombro y obligándome a girar —Si necesitaras ayuda, lo dirías, ¿Verdad?No supe qué decir, estaba serio y preocupado, sin duda. Realmente hacía bien en estarlo. Quizás pueda decirle, si es Mikey va a hacerme caso y me cumplirá este capricho.—Necesito algo de ti —Le dije bajando el tono de voz, hasta convertirlo prácticamente en un susurro.—¿Qué? ¿Qué necesitas? —Inquirió ansioso, obviamente, no se esperaba que fuera a pedirle algo.Lentamente, y sin romper el contacto visual con él, alcé una mano y la situé sobre su hombro. Antes de hablar, tragué saliva.—Que tengas cuidado.—¿Eh? —Farfulló frunciendo aún más el ceño con extrañeza —¿Por qué yo? Eres el que sueña con sombras al estilo Dementor de Harry Potter .—Solo haz lo que te pido, Mikey, que tengas cuidado, que seas prudente en tus actos, que no te precipites a la hora de tomar una decisión y que te alejes de aquellos que quieren verte en problemas.—Pareces vidente, que miedo.—Mikey —Le corté comenzando a fruncir yo también el ceño.Me observaba con una expresión confusa en su rostro. Evidentemente se estaba cuestionando miles de cosas, pero yo solo necesitaba que accediera a mi petición sin replicar y que confiara en mí, al fin y al cabo, ¿No se trataba de eso la amistad?—De acuerdo —Aceptó finalmente. Sin rechistar. Confiando y solo entonces sonreí —Vamos a ensayarAhora, me tocaba a mí confiar en que realmente cumpliría su palabra. Cuando Mikey se apartó para ir por su guitarra, Draken acortó la distancia entre nosotros y, sin mirarme, tomó la palabra.—Es mi culpa —Dijo en tono culpable —Normalmente yo soy el que cuida a Mikey y evita que cometa errores, ahora está haciendo las cosas por su cuenta y yo ocupado con mis trabajos, tienes mucho peso sobre tus hombros al ocuparte de él.—No en realidad —Susurré mirando a Mikey colgándose la guitarra —Él puede preocuparme, pero no siento que eso tenga que ver con esto.—Entonces, ¿Por qué le dijiste eso?—Yo tengo… un mal presentimiento.Eso fue justificación suficiente. Mis presentimientos no suelen equivocarse, es como Yuzuha cuando intuye el amor entre dos personas con su sexto sentido femenino o Ran notando incongruencias en otras personas, incongruencias ilegales y violentas, en mi caso, puedo presentir cuando algo malo va a ocurrir.No es un buen superpoder, solo sé que va a suceder, no la finalidad o con quién. Es de lo peor.
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
Estuvimos toda la tarde en el instituto, Mikey, Draken, Rindō y yo.Me ocupé del trabajo en la sala del consejo con ayuda de otros compañeros que se encargan de sus respectivos cursos y clubes, mientras que de vez en cuando bajaba a verlos. Hacía muchas más pausas de las que debería, pero no podía evitarlo, mientras estaba arriba trabajando y rellenando informes, sentía que mi mente divagaba y echaba a volar sin control hacia abajo.De pronto, me encontraba pensando en Mikey y en lo que éramos ahora, en lo que sentíamos el uno por el otro, en lo que había ocurrido en el pasillo, en ese día en el que al fin me sintiera listo para llegar hasta el final con él. Como era predecible, el trabajo del consejo no avanzaba. Entre descansos necesarios, y otros no tan necesarios, la tarde fue pasando y sin darnos cuenta, nos encontramos con la hora de volver a casa.Antes de partir, nos reunimos los cuatro una vez más junto a la puerta principal. —Al final, me llevo bastante trabajo a casa —Les dije colgando la mochila en un hombro —No he avanzado todo lo que quería.—Sigo sin saber por qué te toca siempre el trabajo sucio y pesado, por muy presidente que seas, te están explotando —Gruñó Mikey de mal humor —Esa montaña de papeles que llevas no es normal.—Yo no solo me encargo de mis cosas, también debo revisar el trabajo de mis compañeros y comprobar que lo hagan bien, ahora estamos casi al día, no te gustará cuando debamos organizar algún evento —Miré a Mikey, el cual no se había quedado para nada tranquilo con la explicación que le di —Mikey, no te preocupes, estoy acostumbrado a este trabajo, no es tan pesado como crees, en una noche lo acabaré enseguida.—Vete a saber lo que es para ti enseguida —Replicó mientras me ayudaba a sujetar algunos papeles que, inevitablemente, se me resbalaban de las manos debido al peso.Lo cierto era que le mentí. Probablemente el trabajo me llevaría toda la noche, aparte tengo que realizar las tareas impuestas por los profesores y comenzar a repasar para futuros exámenes, estaba seguro que no podré dormir.No me quedaba otra opción, si no rendía al máximo, mi padre…—Takemitchy, no puedes con todo esto —Murmuró Mikey recogiendo algunos papeles del suelo. También Rindō y Draken me ayudaron a recogerlos y amontonarlos de nuevo en mis brazos.—Sí que puedo.—No te hagas el héroe conmigo, no puedes. Te acompañaré a casa y te ayudaré a llevarlos, eres capaz de caerte por ahí con tal de no perder ninguna hoja.Era inútil discutir con Mikey, aunque la idea de que me acompañara a casa había generado en mí una enorme sonrisa de oreja a oreja.—Chicos, voy a acompañarlo, me preocupa que lo confundan por un cartero y algún perro lo muerda.  En cuanto lo deje en su casa voy a lo de Ran ¿De acuerdo?Mikey iba a cenar con Rindō, Ran, Draken y Yuzuha, y Emma e Izana en versión virtual, a quienes vería por primera vez en mucho tiempo.También me habían invitado, pero no existe excusa que pueda darle a mi padre para salir por la noche y más aún con todo el trabajo que tengo acumulado. Así que rechacé la invitación.Me dio pena, porque me apetecía mucho volver a pasar un rato juntos, sin embargo, me consolaba con la cena que tenía pendiente con Mikey el sábado en su casa, aunque sigo sin saber cómo me las arreglaría para salir esa noche. Por suerte es martes y tenía tiempo de sobra para pensar algún plan, soy inteligente, se me ocurrirá algo.—Muy bien —Asintió Rindō ante la propuesta de Mikey —¿Pasarás antes por tu casa para cambiarte?—No, no, voy al depto directamente —Respondió aireando los brazos, ante lo cual, nuevos papeles fueron a parar al suelo.Una vez recogidos, y tras despedirnos de los chicos, emprendimos camino.A pesar de todo el trabajo que llevaba para hacer en casa y de que el tiempo seguía empeorando y amenazando con llover, y que no puedo cenar con los chicos, además del asunto de Yamagishi y su publicación, no dejé de sonreír en todo el camino, igual que me había sucedido en la mañana.Caminando entre bromas, risas y junto a Mikey, no pude evitar pensar que sin él las cosas tienen mayor sentido.
[Manjirō] - Calle
A pesar de que le había dicho a los chicos que iría directamente al depto, al final decidí pasarme antes por la mi casa a dejar mi mochila y mi guitarra, también para darle de comer a Demonio. Todo el camino con Takemitchy me lo había pasado caminando a paso de tortuga, en parte por el dolor de espalda que me daba esa montaña inhumana de papeles que llevaba y en parte porque no tenía ganas de decirle adiós.Atardecía, las calles aparecían teñidas de sombras, pronto se pondría el sol. Mientras caminaba, no hacía sino preguntarme en qué momento fue que me volví tan cursi y si alguna vez se me quitaría esa sonrisa de tonto de la cara cuando pensaba en él.—Takemitchy —Murmuré para mí mismo con una media sonrisa llegando a la puerta de mi casa —Vas a volverme loco.Iba a volverme loco, sí, pero hoy sin duda ha sido uno de los mejores de toda mi vida. Más bien el segundo, el primero había sido ayer cuando finalmente nos atrevimos a decir lo que sentíamos. Creo que a partir de ahora todos los días serán así de agradables por el simple hecho de estar con él y eso podía sonar todo lo cursi que el mundo quisiera, realmente me daba igual. Soy feliz, mucho más feliz de lo que he sido nunca. Esa era la realidad y el resto no me importaba.Al introducir la llave en la cerradura y abrir la puerta con un sonoro chasquido, me extrañó que Mini Mikey no saliera a recibirme, normalmente, siempre llega ladrando y moviendo el rabo incluso antes de que me dé tiempo a entrar a la casa, hoy no lo hizo. No se oía nada, solo el profundo silencio, tal vez, demasiado silencio. Tuve un mal presentimiento, una de estas ideas tontas que a veces te vienen a la cabeza y no se te van ni a martillazos, de pronto esa mala intuición, se convirtió en una confirmación de que algo iba mal en cuanto puse mis pies en el salón y lo encontré todo revuelto.La mesa y las sillas estaban volcadas, los pocos libros que tenía se hallaban dispersos por el suelo, el sofá desplazado al menos un par de metros a la derecha y las ventanas abiertas de par en par. El viento exterior entraba a la estancia haciendo ondear las cortinas negras, que en medio de aquel revuelo lleno de oscuridad daban incluso escalofríos.¿Quién entró a mi casa? ¿Se habrán llevado algo? Me propuse actuar con cautela, caminar despacio y revisar todas las habitaciones, ¿Quién me decía a mí que estaba solo? Debía asegurarme de que quien hubiera entrado ya se había ido y después, llamaría a la policía. Sé que no debo tocar nada, Takemitchy me lo había enseñado aquel día que vimos esas historias de asesinos seriales que no hay que tocar nada para que puedan aparecer las huellas en la investigación. Lentamente, tragué saliva y comencé a deslizarme por las habitaciones como un fantasma, tan despacio que ni siquiera yo me reconocía, al entrar en la cocina y ver el plato de Mini Mikey en el suelo junto a la puerta caí en la cuenta de que todavía no lo había visto.Entré el pánico, si le habían hecho algo a Mini Mikey, juro que mataba al desgraciado que se hubiera atrevido a entrar.Abandonando toda precaución, eché a correr escaleras arriba, hacia mi habitación, ya ignoraba si hacía o no algún tipo de ruido, o si había tocado algún objeto que me hubiera encontrado a mi paso, me daba igual, solo pensaba en mi perro. Empujé la puerta de mi habitación de forma tan brusca que se abrió de forma estrepitosa dando un fuerte portazo en la pared y ahí lo vi, un tipo no mucho más alto que yo, revisando mi escritorio, mis discos de música, absolutamente todas mis cosas.Tenía el rostro cubierto por un pañuelo, no pude ver quien era y menos aún con la oscuridad de la habitación, vestía de negro, aunque también era posible que la ropa se viera oscura debido a la noche. No supe cómo reaccionar en cuanto el tipo oyó el portazo, se volteó bruscamente hacia mí.—¡¿Qué cara-?! —Logré exclamar preparándome para pelear, enfrentarme a él o maniobrar para ver cómo partirle la cara antes de que él me hiciera lo mismo a mí, pero no me dio tiempo a hacer nada de eso.Ni siquiera sé lo que pasó, oí un ruido muy fuerte y cerca de mí, inmediatamente después, sentí un dolor agudo e insoportable en la cabeza. Lo único que alcancé a ver antes de desvanecerme, fue que la habitación comenzaba a verse borrosa, me sentí sin fuerzas y en cuanto mis rodillas tocaron el suelo perdí la consciencia.

----- CHAPTER BREAK -----

[Rindō] - Departamento de los Haitani
Un nauseabundo olor a quemado flotaba en el ambiente, me ví en la obligación de abandonar mi cuarto para evitar que el departamento se incendiera, hice un gran esfuerzo en respirar por la boca al entrar en al cocina.—¿Qué es todo esto? —Dije con molestia. El hedor parecía notablemente intensificado alrededor del horno, del cual escapaban pequeñas volutas de humo por la pequeña puerta.—¡Nada, nada! ¡Todo va de maravilla! —Exclamó Yuzuha con falso entusiasmo, tapándose la nariz con una servilleta y aireando el brazo tratando de esclarecer el lugar. A su lado, Ran se debatía entre abrir finalmente la puerta del horno o echar a correr en busca de un mínimo soplo de aire fresco.—No quieras mentirme en la cara.—¡Te digo que todo está controlado!—Salgan —Pedí en un tono resignado mientras me acercaba y sujetaba con mis manos el mango del horno.Conté hasta tres y tiré con todas mis fuerzas echándome atrás inmediatamente al hacerlo. A pesar de ello, no pude evitar que gran parte del humo negro impactara de lleno en mi rostro, haciéndome toser. Con gran dificultad y a tientas, me dirigí a la ventana para abrirla de par en par con dedos temblorosos, permitiendo de este modo una vía de escape a la gran nube oscura que flotaba.De fondo, podía escuchar a Ran y Yuzuha tosiendo con vigor mientras que Draken le explicaba la situación a Emma que estaba en videollamada, ella también estaba cocinando en compañía de su hermano Izana, pero a diferencia de nosotros, su comida parecía ser digna de un programa.Realmente, y aunque solo fueron unos minutos, pareció que pasaron horas hasta que la atmósfera pareció más descargada y el aire se volvió respirable. Hice oídos sordos a las burlas de Izana y tampoco respondí a las preguntas preocupadas de Emma, Draken con mucho gusto se encargaba de mostrarle y darle explicación de todo lo que estaba sucediendo, desde que me encerré en mi cuarto por un impulso de inspiración hasta la desastrosa preparación de nuestra cena.Por eso siempre acabamos pidiendo a domicilio. ¿Qué va a ser esta vez? Tenemos para elegir entre pizza, hamburguesas, comida china, mexicana… hay muchos imanes en la nevera.—Gracias, Rindō —Jadeó Yuzuha llegando a mi lado y asomando la cabeza por la ventana —Creí que me íbamos a morir. —Recuérdame que nunca más haga el intento de cocinar —Suspiró Ran parado en el umbral de la puerta. Había tratado de preparar la cena, eso explicaba el incidente.—Nunca cocines, arruinas hasta el arroz.—Creí que esta vez podría.—Nunca puedes.—Dame algo de crédito por intentarlo.—¿Por qué no me has llamado? —Le pregunté girando hacia él —Sabes perfectamente que la cocina no es una de tus virtudes.Ran se encogió de hombros antes de responder y bajó ligeramente la mirada al suelo, Yuzuha le dio un codazo que atrajo mi atención, al final ví a mi hermano rascarse la nuca un tanto nervioso.—No me parecía justo que termines preparando la cena todos los días, así que hice el intento de aprender con Yuzuha.—Pero, evidentemente no soy una buena profesora, ví a mi hermano Taijū hacerlo muchas veces y creí que había aprendido algo —Interrumpió ella aún asomada a la ventana, con las manos apoyadas sobre el alféizar.Al observar el exterior a través del hueco, pude ver que finalmente se hizo de noche.El cielo parecía cargado de oscuras nubes y las farolas comenzaban a encenderse e iluminar la calle con ese característico brillo anaranjado. Fruncí el ceño con aire pensativo, ya había oscurecido por completo y Mikey aún no llegaba, tal vez no debía preocuparme porque se quedó un rato más con Hanagaki o quizás solo se hubiera retrasado por algún otro motivo, puede que acabara pasando por su casa para cambiarse de ropa. Sin embargo, por más que me empeñaba en convencerme a mí mismo de que no tenía nada que temer, no puedo evitar sentirme nervioso, intranquilo y agitado a causa de ese mal presentimiento que me acompaña desde la mañana. Mikey nunca fue puntual, en nada, pero jamás se perdería una cena con sus hermanos. Él sabe que Emma e Izana están en videollamada desde la laptop, organizamos bien para que pudiera sentirse como si de verdad estuviéramos juntos, ellos eran capaces de ver lo que hacíamos desde la computadora y nosotros a ellos.Él no faltaría. —Rin, ¿Todo bien? —Preguntó mi hermano ladeando su cabeza con el ceño fruncido, haciendo que, de pronto, mis pensamientos regresaran de vuelta al presente.No quiero preocuparlos con mis malos presentimientos igual que hoy.—Sí —Respondí despacio mordiéndome el labio inferior, aún sintiendo incomodidad por la falta de noticias —Voy a llamar a Mikey, se está retrasando y sus hermanos lo esperan. Ran se apartó para dejarme pasar mientras yo trataba de recordar dónde había dejado el teléfono y escuchaba un grito de Draken, que sonó algo así como: “¿A quién le toca elegir el delivery de esta noche?”. 
[Sōuya] - Casa de los Kawata
El estruendo me sacó de mis cavilaciones. Había sido un ruido muy fuerte, prácticamente sentí que me quedaba sordo. Enfadado con aquel que hubiera sido el causantee, me levanté de golpe y grité tratando de hacerme oír por encima de ese eco que aún resonaba en mis oídos. —¡¿A quién se le gritar así?! ¡No exagero! Ya nunca podré volver a oír después de-—¿Qué sucede, Angry? —Me interrumpió mi hermano desde el suelo mirándome confundido mientras me mordía la lengua para no decir malas palabras o mi madre subiría a regañarme, en casa no se permite ese vocabulario.—Pero, ¿Qué haces ahí? —Pregunté ya en tono normal, sorprendido de verlo sentado sobre un gran almohadón con el control de la consola de videojuegos en la mano y un gran recipiente con patatas fritas a su izquierda. Ante mi pregunta, su expresión cambió. Ya no parecía desconcertado, ahora solo me miraba como si fuera un bicho raro.—¿De verdad olvidaste que estamos jugando? —Preguntó muy despacio, como quien le habla a un niño de tres años. —¿Jugando? Jugando —Repetí alzando mi mano derecha y observando cómo me encontraba sujetando fuertemente el otro de los controles de la consola —¡Oh, estábamos jugando! —Sí, mi dulce hermanito, eso es lo que te dije —Bufó esbozando una leve sonrisa. Ignorando su expresión, me concentré en mirar el mando del juego que sostenía en mi mano.—¿Y el ruido? ¿Qué ha sido ese estruendo tan horrible? —Inquirí ladeando la cabeza. Smiley suspiró ante mi pregunta y pausó el video juego levantándose con cierto aire de resignación.—Los disparos, te estaban disparando y cómo no te defendías ya que estabas pensando en quién sabe qué, tu personaje ha muerto en una gran explosión. Una ruidosa explosión. ¿Comprendes?—¿Quieres decir que ese ruido tan desagradable ha sido tu juego? No sé cómo me he dejado convencer para jugar, soy malo, siempre acabo muriendo —Le reproché soltando el mando en el suelo y dirigiéndome con pasos lentos hasta la cama situada en uno de los extremos de la habitación para dejarme caer sobre ella.Abracé una de las almohadas mirando el techo, odio jugar a esas cosas, soy malísimo y, como Smiley y yo jugamos a qué cuando los dos competimos en algo el perdedor debe hacer lo que el otro dice, yo acabo limpiando su cuarto.Para rematar, me distraigo y acabo asustandome por los efectos especiales.No comprendo cómo pude olvidar que estaba jugando con Smiley, esos juegos son tan raros que cualquiera se aburriría, se pondría a pensar en otra cosa y al final acabaría olvidándose de lo que estaba haciendo. Aunque también podía ser que hoy yo tuviera la cabeza en otra parte y no encontraba las fuerzas para distraerme.Suspiré girando y quedando de cara a la pared, dándole la espalda a mi hermano Smiley.Claro, estoy teniendo un día de esos en los que uno le da demasiadas vueltas a todo y tiene una crisis existencial donde se pregunta su motivo de ser. Por eso, para tratar de distraerme, había accedido a jugar un rato a los videojuegos con Smiley en su habitación. Al final, ¿Para qué? También mientras jugaba había terminado quedándome pensando en mis cosas, mi estrategia de distracción no sirvió para nada excepto, tal vez, darme un buen susto con los disparos. Enterré la cara en la almohada con forma de pelota de básquet, ahogando mis quejidos en ella.—Angry, ¿Qué te pasa? Llevas todo el día muy raro —Oí que preguntaba Smiley arrastrando los pies hasta la cama y sentándose junto a mí, el juego fue olvidado para darme su atención.—No lo sé —Suspiré, no estoy diciendo mentiras, es la verdad.No comprendo por qué llevo todo el día pensando y pensando sin parar. ¡Era agotador! Estoy realmente cansado de no haber dejado la mente quieta un segundo en todo el día. Smiley no dijo nada, pero tampoco se movió. Sin girarme a verle, suspiré, sabía que no se iría hasta recibir una explicación lógica a mi comportamiento, o al menos, algo más convincente que un simple “no lo sé”.Algunos dicen que nuestra manera de entendernos sin hablar es por alguna extraña conexión de gemelos, cuando en realidad es porque crecimos juntos, lógicamente, y somos cercanos. Por supuesto que nos conocemos.Smiley es mi mejor amigo, y yo soy el suyo, siempre ha sido así a pesar de tener otros amigos.—Supongo que lo de hoy me ha dejado pensativo —Dije en voz más baja, aún de cara a la pared.—¿Lo de hoy? —Preguntó Smiley en un tono desconcertado.Aunque no lo veía, sabía perfectamente lo que estaba haciendo, primero fruncir el ceño ante mi comentario porque no entiende a lo que me refiero, era muy propio de él olvidar asuntos relacionados a terceros, y luego empezaba a caminar por su habitación haciendo rebotar su pelota de básquet.Espero que no se le ocurra lanzarla, porque yo estoy abajo del aro.—Lo que ha ocurrido en clase —Dije tratando de explicarme mejor, sin éxito evidentemente, ya que Smiley continuaba sin decir nada y rebotando la pelota. Conociéndole, estuvo todas las lecciones durmiendo o mirando algún programa de deportes en el teléfono, y ni se enteró de lo que había pasado —Lo de Rindō.Espero que recuerde su nombre y cara, ya me ha pasado que le mencioné a Hinata que nos pasó la tarea de literatura y no recordaba quién era, a pesar de ser nuestra compañera sentada dos escritorios más adelante.—¡Ah, lo de la clase de historia! Bueno, sí fue un poco extraño, sobre todo porque Haitani nunca suele destacar en clase salvo por su cara, ¿Verdad? —Oí que comentaba con voz pensativa —Aunque no entiendo porqué te estás comiendo tanto la cabeza con eso, tampoco es que haya sido nada del otro mundo.Mi hermano puede llegar a ser tan poco empático, por no decir desconsiderado. ¡Rindō estaba temblando en sueños, hablando y al final gritó!Aunque es cierto lo que dice, yo tampoco entiendo por qué sigo pensando en eso cuando parece que se ha solucionado.—Sí, supongo que tienes razón —Murmuré antes de bostezar —Es una tontería.Hubo otro silencio que de vez en cuando era interrumpido por los ecos de las voces de nuestros padres conversando en la planta baja de la casa y los golpes de la pelota rebotando. Con lentos movimientos, miré la hora y comprobé que ya era tarde, creo que no tardaremos en bajar a cenar.De repente la pelota dejó de rebotar.—¿Acaso…? —Comenzó a balbucear Smiley con cierto tono burlón en la voz que me hizo ponerme alerta —¿Ahora le has echado el ojo a Haitani? Lo admito, tiene lo suyo, creo que tus gustos pasaron de “chico inteligente y serio” a “chico misterioso y rebelde”.En medio de sus risas traviesas voltee para verlo con enojo. Ya estaba preparado para que se riera de mí de alguna forma por lo que dije antes, conocía a mi hermano y sé que siempre que empleaba ese tono de voz era para hacer algún chiste, así que, en cierto modo, me esperaba algún tipo de burla, solo que nunca pensé que fuera a decirme algo como eso.—¡Smiley! —Grité enfadado girando mi cuerpo y sentándome de golpe en la cama, mirándolo con el ceño fruncido y haciendo un mohín, le lancé la almohada que impactó contra sus estantes de cómics —¡Deja de decir tonterías! —Oh, oh, oh, ¡Pero si estás nervioso! —Rió mi hermano con más ganas mientras me señalaba con el dedo índice —¡Y tienes toda la cara roja!—¡¡Yo tengo la cara roja!! —Volví a gritar agarrando la almohada de dormir y subrayando cada una de mis palabras con un fuerte almohadazo en la cabeza de Smiley, el cual se limitó a reírse con más fuerza.De repente, la voz de nuestra madre proveniente de la planta baja anunciando que podíamos bajar a cenar nos hizo detener esa pequeña lucha que habíamos generado de un momento a otro.—¡Bien, bien, me rindo, hermanito! —Terminó exclamando y atrapando la almohada al vuelo, lanzándola al otro lado del cuarto —Vamos a cenar, ¿Quieres?Me limité a mirarle haciendo una mueca. A veces sus bromas me estresan, en serio.—No vuelvas a decir tonterías. Ya sabes que que a mí me gusta… Mitsuya.Eso último lo dije muy bajito mientras agachaba la cabeza, tanto que por un momento temí que mi hermano no me hubiera oído. Se acercó para abrazarme por los hombros sin perder su eterna sonrisa y volvió a hablar.—Oh, sí, ya, el majestuoso Mitsuya. Casi lo olvido —Soltó con voz burlona —¿Cómo olvidarlo si no hablas de otra cosa en todo el día?Ante su comentario, alcé de nuevo la vista y acentué mi mohín cruzándome de brazos en expresión enfadada. ¡Ya me cansa que siempre me tome el pelo por lo mismo!Smiley, soltó una última risita y relajó su expresión volviendo a sentarse en la cama a mi lado. Algo en su postura me advirtió de que estaba por actuar en su papel de hermano mayor, dejó caer su mano en mi hombro en un gesto de apoyo fraternal que tantas veces me ha salvado de sentirme solo.—Escucha, Sōuya —Susurró con voz más seria —Sabes que además de mi hermano eres mi mejor amigo y no me gustaría que te hicieran daño.—¿Por qué dices eso? —Le interrumpí borrando la mueca de mi rostro —No te entiendomSmiley suspiró antes de seguir hablando.—A lo que voy es que sé que te gusta Mitsuya, que estás muy ilusionado con esa idea de que se fije en ti y siempre voy a apoyarte en tus decisiones, pero pienso que deberías empezar a considerar la posibilidad de que él… bueno… no se sienta atraído por ti, sin importar lo amable, altruista y considerado que seas.—¡Oh, Smiley! Si es por eso, no te preocupes en absoluto —Exclamé dibujando una gran sonrisa en mi rostro —Estoy seguro de que se fijará en mí, sé que lo hará y va a ser genial. Todo eso ocurrirá, pronto.Aunque le dije que todo estaba bien, sigue sin estar del todo convencido, sujetaba con mucha fuerza la pelota de básquet con su otra mano y ahora la miraba como si fuera mucho más interesante que mantener la mirada en mi cara.Smiley se limitó a mirarme un momento con una sonrisa leve, hasta que un nuevo grito, esta vez de nuestro padre, interrumpió el silencio.—¡La cena! —Recordé con voz entusiasmada.De repente había vuelto mi buen humor, hablar de Mitsuya siempre me levantaba los ánimos.—Sí… —Dijo Smiley recobrando también su tono de voz habitual mientras se levantaba de la cama, hizo a un lado la pelota y me extendió la mano —¿Vamos?—¡Vamos! —Acepté con una sonrisa y dirigiéndome a la puerta.Al abrirla, aspiramos el delicioso aroma del estofado que flotaba en el aire y pensar en el gran atracón que me daría esta noche, hizo desvanecer de mi mente cualquier tipo de pensamiento rezagado sobre Rindō y su problema de la mañana. 
[Takemichi] - Preparatoria Ymir Freiheit
Habíamos comenzado a cenar no hace mucho tiempo, unos diez minutos tal vez, puede que incluso menos. Mis padres conversaban entre ellos sobre los mismos temas monótonos de cada noche mientras Kazutora se dedicaba a mirar su plato con cara de repulsión al tiempo que revolvía el puré de patatas. De vez en cuando, soltaba comentarios de reproche en torno a la comida, aunque no estaban dedicados específicamente a mi por cocinar, sino que estaba enojado con las calorías de cada insignificante alimento. A veces me asustaba la información alimenticia que salía de sus labios y la posibilidad de que su problema con la comida se estuviera saliendo de control.A pesar de que era lo mismo de siempre, cada vez que nos sentábamos a la mesa él se dedicaba a encontrarle faltas a la preparación del plato. No importa el tiempo que me hubiera llevado prepararlo, eligiendo alimentos que fueran buenos para su figura, él siempre encontraba algo para quejarse y si no encontraba nada, hablaba de las calorías.Como si yo pudiera sacarle las calorías a los alimentos.En realidad no importaba tanto si Kazutora se quejaba o no, seguía siendo yo el que debía cocinar cada día, también el que debía limpiar los platos después y el que debía tener aseadas todas las habitaciones de la casa. Siempre ha sido así y eso no cambiará de un día a otro. Sin embargo, ahora que contaba con Mikey en mi vida, sentía que ese tipo de tareas podía sobrellevarlas mucho mejor, con más optimismo, con más energía, con más vitalidad, porque sabía que después de hacer todo lo que me ordenaran en casa, él estaría ahí para aliviar mis tristezas y salvar mis días.Precisamente cavilaba sobre eso, pensando en Mikey como de costumbre, cuando mi teléfono sonó. Al principio me sorprendí, ya que aquella era, que yo recordara, la primera vez que mi celular sonaba en medio de una comida. Realmente, no es que sonara mucho nunca, pero jamás había ocurrido mientras estaba sentado en la mesa y cómo no me lo esperaba, tampoco es que me hubiera molestado en bajarle el sonido. Kazutora tenía permitido comer mientras se enviaba mensajes con sus amigos, incluso mandar audios y dos o tres veces en la cena y caminaba de un lado a otro arreglando su ropa y probando bocado cada tanto, pero yo no.Es más, casi debía sentirme agradecido de tener mi propio teléfono, normalmente no me hacían regalos, pero hace un par de años, mi madre había intercedido para comprármelo alegando que era necesario en mi trabajo como presidente del consejo y todas las veces que debía quedarme hasta tarde en alguna reunión de alumnos o defendiendo sus propuestas frente a los profesores.Finalmente mi padre aceptó, advirtiendo de antemano que lo cuidara bien porque ese sería el único teléfono que me compraría en toda la vida. Solo unos pocos compañeros tenían mi número, así ha sido hasta que comencé mi relación con Mikey, había intercambiado mi teléfono con él y los chicos el día del parque de atracciones. También con Angry cuando nos cruzamos en la calle.Por este motivo, cuando sonó supuse que sería alguno de ellos. Solo esperaba que no se tratara de Akkun, realmente no me apetecía hablar con él. ¿Y si era Mikey? Observando a mis padres con una mirada un tanto retraída, dirigí mi mano al bolsillo de mi pantalón y saqué el teléfono sujetándolo con dedos temblorosos. Al ver la expresión de mi padre, lo primero que se me pasó por la cabeza fue ignorar la llamada, siempre me miraba de la misma forma fría, impasible y escupiendo desprecio a través de sus ojos dorados, contrayendo los músculos de su rostro en una expresión de repulsión, aversión y puede que incluso crueldad, pero en cuanto ocurría algo que él considerara indebido sus facciones se contraen más y en sus ojos aparecía un brillo de lo más atroz que me hacía estremecer de alarma y comenzar a temblar.Por ese motivo cuando distinguí ese resplandor tan característico en sus ojos al verme agarrar mi teléfono, mi primer instinto fue pulsar el botón de colgar y ofrecer una disculpa. No solo él estaba mirando, también mi madre y Kazutora dejaron de hablar, solo que mientras los ojos de mi madre destacaban por su miedo y alarma, en los de mi hermano no se apreciaban sino un ligero fulgor de fastidio al mismo tiempo que apoyaba su mentón en la mano, mirando atento lo que haré. Tragando saliva, deslicé mi dedo pulgar hasta el botón de colgar, sin embargo, al observar la identidad del llamante ví que se trataba Rindō. ¿Para qué me llamaría? ¿Le ha ocurrido algo? Aún no se me iba de la cabeza su incidente de la mañana, ¿Y si acabó sucediendo algo más? Pero de ser así, ¿Por qué me llamaría a mí y no a Mikey?Entonces, una horrible duda me asaltó.Una duda que me hizo activar los cinco sentidos y contemplar mi teléfono con una expresión alarmante. De repente, sentía las manos sudorosas, una gota de sudor frío resbalaba por mi frente y mi garganta se había resecado por completo. ¿Me está llamando porque ha ocurrido algo con Mikey?Sin más dilatación, temiendo que la llamada se cortara e ignorando completamente la mirada de mi padre, descolgué el teléfono tratando de controlar el temblor de mis manos. Pude ver por el rabillo del ojo que Kazutora cambiaba de expresión a una que se mezclaba con sorpresa y… preocupación.—¿Rindō? —Dije tras llevar el teléfono al oído. «—Hanagaki —Oí que decía desde el otro lado — Disculpa que te llame a estas horas, pero realmente me encuentro algo inquieto.»—¿Qué pasa? —Pregunté inmediatamente alzando un poco la voz —¿Ha ocurrido algo?—Takemichi, cuelga ahora mismo ese teléfono —La fría y distante voz de mi padre me hizo dirigir la mirada a él de golpe.Me miraba de forma penetrante, intensa y atroz, sabía que de no hacerle caso, las consecuencias serían malas. Sin embargo, esta vez no podía obedecerle, el tono de voz de Rindō me hizo ver que no había exagerado al alarmarme, de verdad parece haber ocurrido algo. El sudor de mis manos, el frío en la habitación, mi garganta completamente seca, todo incrementó de golpe al pegar aún más el teléfono a mi oreja como respuesta a la advertencia de mi padre.«—¿Mikey está contigo? —Su pregunta me tomó por sorpresa. Hablaba de forma calmada, como siempre, pero en su tono de voz se distinguía un pequeño ápice de inquietud.»—No… ¡No! ¿Por qué? ¿Le ha pasado algo? ¿Qué ha ocurrido? —Exclamé con ansiedad observando cómo mis temores se confirmaban. Había sucedido algo, algo relacionado con Mikey.—¡Takemichi, he dicho que cuelgues ese teléfono! No me hagas volver a repetirlo —Lo ignoré.«—Realmente no estoy seguro, pero no contesta a mis llamadas ni ha aparecido por aquí. Como sabes, habíamos quedado en vernos después de que él te acompañara y todavía no aparece —explicó Rindō y miré el reloj.» Hace bastante que nos vimos, aproximadamente un par de horas, puede que incluso más, y en todo ese tiempo, Mkey no ha dado señales de vida. ¿Qué le pasó? Casi sin darme cuenta de lo que hacía, me incorporé bruscamente de la silla en medio de varios escalofríos incesantes.—Hijo, por favor —Susurró mi madre en tono suplicante, uniendo sus manos frente a su cara. La ignoré también. La sola idea de que a Mikey pudiera haberle ocurrido alguna cosa mala hacía que me sintiera al borde del desmayo.—No, no sé nada de él, Rindō —Logré decir finalmente con la voz quebrada —Después de separarnos no he sabido nada más.Hubo un pequeño silencio que aguardé sujetando el teléfono con fuerza y apretando mi otra mano contra la tabla de la mesa. Me sentía mareado, fatigado y horrorizado.«— Para serte sincero, Hanagaki, no he estado tranquilo en todo el día. Tuve una especie de pesadilla esta mañana.»—Lo de la clase de historia —Le interrumpí con voz ansiosa.El porqué Rindō se había estado comportando de un modo extraño empezaba a tener sentido, un sentido que lejos de tranquilizarme, me inquietaba más.—Guardó el teléfono —Murmuró Kazutora sin mirarme, lo vi aparentando los cubiertos, pero lo ignoré.«—Así es —Dijo Rindō —Es posible que te parezca una locura, pero ese sueño me dio un mal presentimiento. Uno muy malo y traté de no darle demasiada importancia, suponiendo que todo pudiera haber sido fruto de mi imaginación, pero ahora…»—Todo se está confirmando —Completé tragando saliva. —¡Takemichi, no te lo repito más! —Gritó mi padre levantándose también de la mesa, alcancé a oír un débil gemido que profirieron los labios de mi madre al verle enfurecido. Volví a ignorarlo.—¿Qué ocurría en ese sueño? —Pregunté muy despacio, echándole un vistazo rápido a mi padre y endureciendo la expresión de mi rostro. Rindō permaneció en silencio unos segundos, dudando en qué decir, hasta que finalmente cedió.«—Le hacían daño —Dijo en voz baja de un modo que me asustó.»Siempre que oía hablar a Rindō, era de la misma manera, con un monótono,  despreocupado y quizás confiado, pero en aquel momento cuando le tembló la voz y percibí aquel ápice de angustia en medio de sus palabras confirmé que a Mikey le había sucedido algo terrible. Miré a mi familia. Mi padre comenzó a rodear la mesa acercándose a mí, entornando los ojos en una expresión de crueldad, mi madre intentaba hablarle para apaciguar su ira y Kazutora no levantaba la mirada de su plato.—¡Espérame en la tienda de tu hermano! —Exclamé finalmente de forma arrebatada, colgando inmediatamente, sin darle tiempo a Rindō de decir nada más.No supe de donde saqué las fuerzas, realmente no tuve muy claro cómo pude pasar de sentirme mareado y asustado a estar de pronto lleno de adrenalina. Con movimientos ágiles, rodeé la mesa por el otro lado, por el lado que no estaba mi padre y corrí hacia fuera del comedor. No me paré a contemplar las expresiones de mi familia, no me paré a oír si me decían o no algo, no me detuve ni por un instante.Cuando llegué al recibidor, guardé el teléfono de nuevo en el bolsillo y agarré mi chaqueta colgada del perchero situado junto a la puerta principal. Apenas había terminado de ponérmela cuando escuché los resonantes pasos de mi padre acercarse al recibidor.—No te atrevas a salir por esa puerta —Me amenazó con un tono de voz que me puso los vellos de punta. Estaba parado junto al umbral de la cocina y me observaba con una expresión tan fría en su rostro que incluso sentí como si realmente el ambiente se congelara al mirarle. Instintivamente, apreté más la chaqueta contra mi cuerpo —Te lo advierto.A pesar de decirlo con calma, aparentando estar tranquilo, era una fachada que prometía un castigo.Lo único peor que observar a mi padre furioso, era verle de aquella forma, aparentemente calmado y sosegado, porque en esas ocasiones todo el rencor, la ira, la crueldad, la brutalidad, todo lo que acumulaba contra mí, se lo guardaba para sí mismo de forma meticulosa y minuciosa, preparándose para descargarlo todo cuando llegara el momento de hacer verdadero daño. De fondo, vi a mi madre cuando un par de lágrimas habían comenzado a resbalar por sus mejillas y Kazutora se había girado un poco, solo un poco, para verme de reojo desde la silla y con una carencia de sentimientos total en su cara, me dolía mucho verlos así, pero no tanto como para anteponerlo a Mikey.En respuesta a la advertencia de mi padre, me giré sujetando el pomo de la puerta principal. Al abrirla, una ráfaga de viento helado se coló al interior de la casa.Llovía, maldita sea, ¿Por qué tiene que ser lluvia?Observé la calle y contemplé la lluvia mordiéndome el labio inferior. Llovía demasiado fuerte, demasiado como para que yo pudiera soportarlo, es superior a mí, la lluvia y el frío, inevitablemente acudían a mí el recuerdo de aquel primer castigo. Odio la lluvia. —¡Takemichi! —El grito de mi padre me trajo de vuelta a la realidad. Lo observé y volví a contemplar la calle. Para ayudar a Mikey tengo que atravesar la lluvia torrencial.Eso voy a hacer, nunca sería capaz de darle la espalda a lo más importante que tenía en mi vida, yo jamás podría abandonar a Mikey. Suspiré y volví a mirar una vez más a mi padre. Quise decir algo, algo hiriente… algo que mostrara valor, entereza, algo que le hiciera ver que deseaba enfrentarme a él con todas mis fuerzas, pero una vez más me sentí intimidado por sus ojos dorados. Solo le dirigí una mirada desafiante antes de salir finalmente a la calle y echar a correr bajo la lluvia torrencial proveniente del oscuro cielo. 
[Rindō] - Calle
Había comenzado a llover de forma estrepitosa, normalmente me fascina la lluvia, me hace sentir relajado, me ayuda a desconectar de la realidad, me transporta a otro mundo y cubre mis lamentos si tengo ganas de llorar, pero en este momento, el sonido de las gotas de agua impactando con fuerza sobre los tejados, calles y edificios, no hacían sino incrementar mis temores. Aguardando bajo un inmenso paraguas color negro, me había situado bajo la farola más cercana a la tienda de Ran mientras el viento alborotaba mis cabellos y mi ropa quedaba cada vez más empapada, entornaba los ojos tratando de ver algo a través de la oscuridad al final de la calle.Tras varios minutos siendo paciente, alcancé a distinguir una silueta formándose a lo lejos que cada vez se acercaba más a mí. Venía corriendo y cuanto más se aproximaba, más claro podía oír el ruido de sus pisadas en los charcos del suelo. Cuando finalmente Hanagaki llegó, se detuvo un momento sujetandose el estómago y jadeando tratando de calmar su entrecortada respiración. De inmediato, aproximé el paraguas hasta él haciendo que de este modo nos cubriera a los dos, aunque mucho me temía que ese gesto resultaría un tanto inútil, ya que Hanagaki había recorrido todo el trayecto bajo el amparo de la lluvia.Es demasiado tarde para tratar de pretender que no se mojara, porque lo cierto es que se encontraba empapado hasta los huesos. Por un momento, quise preguntarle por qué no había traído un paraguas, pero entonces alzó la cabeza y me miró con angustia, tragando saliva quedamente antes de comenzar a hablar. —¿Sabes algo? —Inquirió con voz jadeante, Ante su pregunta, negué con la cabeza.—Volví a llamarlo, pero no contesta al teléfono. Se realiza la llamada y no responde.—¿Has ido a su casa? Tal vez… —Sí… antes de llamarte —Asentí —Pero no había nadie, llamé al timbre varias veces y no hubo respuesta, además, todas las luces estaban apagadas y ni siquiera se oía a Mini Mikey ladrar.Hanagaki se mordió el labio inferior temblando. Ignoraba si lo hacía a causa del frío o por la situación en la que de pronto nos habíamos visto envueltos.—Oye —Dije rememorando los lejanos gritos que pude escuchar a través del teléfono cuando estuvimos hablando. Gritos de un hombre, ¿Su padre? —Lo lamento si fui inoportuno con la llamada, yo solo pensé… —¡Está bien! —Interrumpió negando con vehemencia —Me alegro que lo hicieras, Mikey es importante.—Lo sé —Murmuré mirándolo a los ojos. No era necesario que me lo explicara, podía apreciar claramente en su mirada que estaba dispuesto a todo por Mikey, que realmente lo quería y que cuidaría de él. Esbocé una leve sonrisa sintiéndome tranquilo con ese asunto.—Lo encontraremos —Dije sintiéndome de pronto mejor.Ante mi comentario, Hanagaki alzó la mirada y asintió con ímpetu. —Creí que este lugar era mejor para reunirnos, sé que la tienda estaría cerrada pero es el único lugar que se me ocurrió —Explicó estrujandose en su chaqueta.—Está bien, vivo en los departamentos de arriba —Le dije —Por cierto, Ran y Yuzuha también han salido a buscarlo, Draken también y debemos hallarlo rápido o Emma e Izana son capaces de tomar un avión, ellos estuvieron presentes cuando notamos su ausencia —Hice un paneo general de la situación —Yo conozco algunos lugares a los que a veces suele ir, así que voy a darme una vuelta a comprobar si se encuentra en alguno de ellos.—De acuerdo —Asintió Hanagaki un tanto distraído —Yo iré a su casa, no sé por qué, pero tengo un presentimiento.—Haces bien en prestar atención a tus corazonadas, sino, mírame a mí —Dije con decepción.Realmente, no podía evitar pensar que si hubiera estado más pendiente de mis intuiciones, tal vez podríamos haber evitado todo este asunto. Hanagaki me miró un momento ladeando la cabeza. Permaneció así unos segundos antes de dar un paso atrás.—Mikey tiene mucha suerte al tenerte como amigo —Dijo de pronto antes de sonreírme y girarse dándome la espalda comenzando a correr calle abajo —¡Llámame si lo encuentras! Lo vi perderse en la oscuridad.Al quedarme solo, me dediqué a escuchar durante unos segundos la lluvia y contemplar la lejanía, donde la silueta de Hanagaki había desaparecido hace tan solo un momento. Finalmente, yo también le di una sonrisa leve antes de girar y emprender mi camino.Mikey, puedes estar en cualquier lugar de esta ciudad, con que estés bien es suficiente. Por favor, aparece rápido, enano dramático.

----- CHAPTER BREAK -----

[Takemichi] - Casa de Manjirō
No tardé en llegar a la casa de Mikey, dada la velocidad a la que corría. Me detuve frente a la puerta principal y apoyé mis manos sobre las rodillas tratando de recuperar el aliento. Sin embargo, no me permití entretenerme demasiado, en cuanto me sentí mínimamente recuperado alcé mi dedo índice y comencé a pulsar el timbre repetidas veces sin obtener respuesta. Desalentado, agaché la cabeza. No parecía haber nadie en la casa y de todas formas no podía dejar de sentir la firme sensación de que Mikey se debía encontrarse allí.¿Tendrá algún problema y por eso no puede abrir la puerta? Suspiré tratando de ordenar mis pensamientos y saqué mi teléfono. Hice todo lo posible por cubrirlo tanto como fuera posible de la lluvia, marqué el número de Mikey y aguardé impaciente. Nada. Frustrado y sintiendo una gran impotencia, estuve a punto de tirar el teléfono al suelo para descargar mi rabia, afortunadamente, me contuve. No ganaría nada perdiendo el control, debía tratar de pensar las cosas con la cabeza fría. A simple vista, la casa parecía estar vacía, tal y cómo dijo Rindō antes, todas las luces estaban apagadas y tampoco se oían ruidos del interior, aunque, dado el estruendo que provocaba la gran tormenta que estaba cayendo, hubiera sido un tanto inútil tratar de escuchar algo.Como odio la lluvia. Totalmente abatido a pesar de mi decisión de tomarme las cosas con calma, suspiré con fuerza y me giré apoyando mi espalda contra la puerta principal dejándome caer lentamente resbalando por ella hasta quedar sentado en el suelo.—Mikey, aparece, por favor —Murmuré ansiosamente para mi mismo apoyando los codos sobre mis rodillas y escondiendo mi cabeza entre mis brazos. Tengo miedo, miedo de que le hubiera sucedido algo malo, miedo a lo que me ocurriría una vez volviera a casa, miedo a la lluvia, por todo eso temblaba de frío, de miedo, de impotencia, de rabia, de desesperación. ¿Qué puedo hacer? ¿Recorrer las calles de la ciudad llamándolo a gritos? ¿Quedarme aquí sentado esperando a verle de pronto aparecer como si nada diciendo que solo fue de compras? ¿Por qué no daba alguna señal? Daba igual que la casa pareciera desierta, yo aún tenía la sensación de que él estaba ahí. Entonces, recordé ciertas palabras de Rindō, él dijo que ni siquiera se oía ladrar a Mini Mikey. Eso ya era extraño. Si Mikey no se encontraba en casa, lo lógico era que no contestara, eso no se aplicaba a su mascota.  Un perro siempre ladra, en cuando escucha ruidos o percibe la presencia de alguien que no es su amo, a no ser que Mikey hubiera salido y se hubiera llevado a su mascota consigo, lo que no tiene mucho sentido con este tiempo.Sintiéndome cada vez más enfadado por no ser capaz de encontrar ninguna clase de explicación lógica a todo lo pasaba, me puse de pie comenzando a caminar de un lado a otro frente a la puerta principal. ¡Tiene que estar en alguna parte! No es normal que no contestara al teléfono, ni que hubiera dejado plantado a Rindō en una cena compartida con sus hermanos a quienes aprecia mucho, ni que no diera señales de vida. No podía evitar estremecerme al pensar que si no daba signos de presencia era tal vez porque no podía, en efecto algo malo le había sucedido, por desgracia no se me ocurre nada agradable que pudiera justificar todo esto.—¡¿Dónde estás?! —Terminé gritando sintiéndome derrotado por la impotencia, girando bruscamente hacia la casa y dándole una patada con todas mis fuerzas a la puerta tratando de descargar mi rabia.Inmediatamente, me sorprendí de mí mismo. Yo no soy así, yo nunca había actuado con violencia ante una situación de miedo, de incapacidad, sin importar lo aterrado que estuviera, ¿Qué me estaba pasando?Suspiré. El temor a perderlo me hacía descontrolar, eso me pasaba, no me entretuve demasiado en indagar la causa de mi comportamiento porque gracias a mi acto de ira y frustración la puerta se había abierto de par en par.Me costó un par de segundos darme cuenta de ello, y cuando lo hice, miré el umbral boquiabierto, sintiéndome incapaz de creer que una simple patada hubiera hecho ceder la puerta. No me considero débil, pero tampoco soy tan fuerte como para lograr este milagro. Lentamente ingresé entornando los ojos, tratando de ver mejor a causa de la oscuridad y la lluvia, dirigí mi vista al cerrojo notando una fuerte sacudida en el pecho al comprobar que la puerta ya estaba abierta desde antes que le diera la patada.—¡¿Mikey?! —Grité con la garganta seca, sintiendo un fuerte escalofrío recorrer mi espalda de arriba abajo.En cuanto fui capaz de reaccionar, sacudí la cabeza y di los primeros pasos en la casa con pasos ligeros, caminando a través de la penumbra hasta al salón. Oscuridad. Solo había oscuridad. No se veía un alma. Antes no me di cuenta porque estaba desesperado y porque la casa contaba con mucha vegetación adelante, había árboles, enredaderas y flores, pero ahora adentro de la casa puedo ver que las ventanas estaban abiertas, las cortinas ondeaban al viento y la lluvia entraba a raudales mojando todo. Sin dudarlo cerré las ventanas tratando de salvar lo poco que quedaba sin mojar.Los muebles parecían desplazados de sus lugares y todo estaba revuelto. Ese nudo en mi garganta se tensó más al contemplar el desalentador espectáculo. Antes de entrar a la casa, todo mi temor se reducía a un presentimiento, a una sensación, a una simple impresión que carecía de pruebas físicas, y ahora ya no puedo negar lo evidente. Tal y como estaban las cosas, todo apuntaba a que alguien había entrado a la casa. El asunto no sería tan alarmante si Mikey hubiera dado señales de vida, como no era el caso y debido a lo que tenía frente a mis ojos, ya tengo una clara explicación de lo que puede haber sucedido y estaba mucho más aterrado que antes. De tan solo pensar que le pudieron haber hecho daño, se me corta la respiración.—¡Mikey! —Grité de nuevo con voz desgarrada, cargada de angustia y desesperaciónEn ese momento comencé a escuchar algo proveniente de la planta de arriba, no se oía muy bien, el sonido parecía cargado de eco, de todas formas me aproximé cauteloso a la escalera con cuidado de no tocar nada. De otro modo, la policía no podría hacer mucho cuando revisara la casa.La policía, ¡Claro! Debo llamar a la policía. Con dedos temblorosos, detuve mi caminar al pie de la escalera y saqué nuevamente mi teléfono. Al encenderlo, la luz iluminó por un momento la penumbra de la habitación. Ya estaba marcando el número de la policía cuando ese ruido que me había hecho acercarme a las escaleras volvió a resonar por las paredes. Solo que en esta ocasión pude escucharlo mejor. Ladridos. —Mini Mikey —Murmuré sintiendo de pronto un pequeño brillo de esperanza en medio de la oscuridad y olvidando llamar a las autoridades.Inmediatamente comencé a subir las escaleras saltando los peldaños de dos en dos, cada vez estaba más seguro de que Mikey estaba en la casa y si Mini Mikey estaba ladrando puede ser una buena señal.Una vez llegué a la planta superior, pude apreciar cómo los ladridos se oían con mayor intensidad. Actuando con rapidez, recorrí el pasillo a grandes zancadas hasta llegar a la puerta situada a la derecha. Si no recordaba mal ahí estaba el baño y los ladridos provenían de adentro, y también se oían patas rascando la puerta. No había duda, Mini Mikey estaba allí. Sintiendo una gota de sudor frío recorrer mi frente por lo que podía llegar a encontrar, agarré el pomo de la puerta y empujé con todas mis fuerzas.No tardé en ser empujado por una gran sombra negra y marrón. Igual que sucedió en otra ocasión, Mini Mikey se me echó encima ladrando fuertemente y lamiéndome la cara. Siguen sin gustarme los perros y estaba seguro de que nunca cambiaría, sin embargo, en este momento, sentí una inmensa alegría al verle, tanto que caí de rodillas al suelo y respiré hondo Tratando de calmarme mientras acariciaba a Mini Mikey en el cuello tratando de tranquilizarle. Se veía muy alterado. Ni siquiera me importó demasiado que me lamiera la cara, estaba mojado a causa de la lluvia, así que en realidad no hay mucha diferencia. —Tranquilo, lindo… calma, ya está bien —Le susurré enredando mis dedos en su pelaje oscuro mientras él seguía removiéndose y soltando de cuando en cuando otro ladrido.Me pregunto cómo los ladrones se las arreglaron para dejar a Mini Mikey encerrado en el baño mientras atracaban la casa, es un perro grande, lo normal sería que hubiese intimidado un poco.De hecho, a mí aún me intimidaba. Era todo tan extraño que por más vueltas que le daba, no me veía capaz de encontrarle ninguna lógica aparente. Por lo ahora debo centrarme en encontrar a Mikey y después, llamar a la policía.—Chico, ¿Dónde está Mikey? ¡Vamos, encuentra a Mikey!El perro, simplemente me miró con ojos brillantes, jadeando con la lengua fuera y yo no pude hacer menos que reprimir un suspiro de resignación. Definitivamente, me estaba volviendo loco, ¿Cómo esperaba que Mini Mikey entendiera lo que…?De pronto, empezó a moverse. A la velocidad del rayo, corrió a lo largo del pasillo hasta pararse frente a la puerta de la habitación de Mikey y comenzar a rascar la madera con ansiedad mientras comenzaba de nuevo con la ronda de ladridos. No me paré a pensar si estoy siendo ingenuo al confiar o solo un loco al creer que el perro podía entenderme, no me paré a pensar absolutamente en nada, solo corrí hacia la habitación de Mikey.La angustia en mi pecho no había disminuido, por el contrarió, crecía y aunque había encontrado a Mini Mikey. ¿Quién me aseguraba que Mikey estaba bien? ¿Quién me decía a mí que no le hicieron daño? No puedo perderlo, simplemente no puedo, soy incapaz concebir la idea de que le ocurriera algo a él, era la última persona del mundo que se merecería sufrir, la última a la que permitiría que hicieran daño.Él me había salvado, me había rescatado de un mundo inundado de sufrimiento, desesperación y falta de cariño.Tantos años me había pasado convencido de que nadie, nadie podría llegar a quererme jamás, ¿Cómo podría llegar a quererme alguien cuando mi propia familia no lo hacía? Me había resignado, me hice la idea de que quizás el sentirme arropado por alguien no era para mí, y un día cualquiera se acercaba la persona que menos me hubiera esperado en el mundo y me hacía sentir por primera vez en toda mi vida lo que era amar de verdad y sentirse amado, esa sensación de calidez que no deja de recorrerte el cuerpo en todas direcciones, impidiendo que el frío penetre dentro de ti, así era.Ese era Mikey, el que calmaba mis dolores, el que salvaba mis días, el que me transportaba a otro mundo con el simple hecho de sonreírme. El que siempre había estado ahí conmigo, como amigo de la infancia, rival, compañero y ahora pareja, a pesar de que yo tardé tanto tiempo en verlo con claridad, y ahora la simple posibilidad de que algo malo le hubiera sucedido me hacía querer gritar, destrozarlo todo a mi paso, correr hasta quedar rendido de cansancio, destruir sin contemplaciones cualquier cosa que se me pusiera por delante, porque él no se lo merecía, no se merece sentir dolor, no se merecía que le hicieran daño luego de verse obligado a estar solo por las mentiras de todos los adultos en quienes confiaba. Sin importar lo que me costase, no voy a dejarlo solo, ni permitiría que algo malo pudiera sucederle.Suspiré inhalando aire y me tomé un segundo para tratar de relajarme. Mini Mikey seguía rascando la puerta con impaciencia a mi lado, sin dejar de ladrar. Cerré los ojos un momento y entonces, antes de tomar el pomo y abrir la puerta, supe que Mikey estaba adentro. No oí nada fuera de lo normal, no sentí nada que me hiciese llegar a esa conclusión, simplemente lo supe. Ahogando un suspiro cargado de ansiedad, terminé empujando la puerta haciendo que esta se abriera dando un sonoro golpe. Inmediatamente, mis ojos se dirigieron a un bulto tirado en el suelo de costado envuelto en sombras, una persona con el cabello rubio, remera blanca y pantalones de cuero con cadenas colgadas. —¡No, Mikey! —Grité angustiosamente antes de echar a correr hacia él y resbalar en el suelo cayendo a su lado. Con movimientos rápidos, tomé su cabeza y la situé sobre mis rodillas, actuaba deprisa movido por la ansiedad y la desesperación, al mismo tiempo trataba de tener cuidado, nada me asegura de que no tenga alguna lesión y si no tengo precaución, podría agravar su herida. Debo ser cuidadoso y controlarme.—Mikey, por lo que más quieras, háblame —Supliqué con voz quebrada acariciando su rostro con el dorso de mis dedos, estaba frío, helado. A mi lado, Mini Mikey se movía frenéticamente en círculos y empujaba a Mikey con la cabeza, también él se encontraba nervioso.—Vamos, Mikey —Murmuré acariciándole con más ímpetu mientras me inclinaba hacia adelante —No me hagas esto.Me sentí al borde de un ataque, comenzaba a sentir como, sin que yo pudiera remediarlo, mis ojos se inundaban de lágrimas de miedo, impotencia y rabia contra el que le hubiera hecho daño. Mikey permanecía inconsciente, por más que le hablaba no abría los ojos ni se movía.No sé cuánto tiempo permanecí ahí hablándole y tratando de hacerle reaccionar, me pareció una eternidad. Con mis manos le acariciaba despacio las mejillas y enredaba mis dedos en su pelo. La rabia que sentía era indescriptible y el miedo era superior a cualquier otro sentimiento que hubiera tenido en el pasado. Conforme los minutos pasaban y yo observaba que continuaba sin reaccionar, más crecía la ansiedad dentro de mí, hasta que llegó un momento en que tuve que frotarme los ojos con fuerza tratando de esclarecerlos, ya que apenas lograba vislumbrar algo a través de las lágrimas. No puede ser cierto, no puede ser que no reaccione.Sintiéndome inundado de ira, aparté a Mikey con mucho cuidado y me levanté, dirigiéndome con pasos rápidos hacia el cuarto de baño. Al entrar, encendí la luz y comencé a rebuscar por los cajones con las manos temblorosas, arrojando todo lo que veía a mi paso, quitando de en medio lo que me estorbaba, desahogando mi rabia y mi impotencia.Pronto, di con lo que quería: Una botella con alcohol y algodón. Corrí de nuevo hacia Mikey y me dejé caer en el suelo junto a él, empapando el algodón en alcohol, aquella era mi última esperanza, lo había aprendido hace tiempo en una clase de primeros auxilios optativa en el instituto, pero si con ello no reaccionaba no me queda más opción que llamar a una ambulancia y eso, en mi mente, era sinónimo de admitir que estaba grave. El pulso se me aceleraba hasta casi sentir el corazón saliendo por mi garganta, acerqué muy despacio el algodón a su nariz y aguardé expectante entre pequeños sollozos.—Por favor, por favor —Susurraba incontroladamente una y otra vez mientras Mini Mikey no cesaba en sus movimientos y continuaba empujando a Mikey con su hocico.Al principio no ocurrió nada, pero pasados unos segundos pude ver un movimiento. Un fugaz y efímero movimiento, algo tan breve que por un instante me pregunté si fue real o un producto de mi imaginación y mi deseo, entonces Mikey comenzó a moverse al tiempo que arrugaba la nariz en respuesta al olor del alcohol.Sintiéndome incapaz incluso de respirar, aguardé expectante apretando los puños de un modo tan fuerte que casi me hice daño en los dedos, un poco del líquido se estrujó entre ellos cayendo sobre sus mejillas, tan solo se oían las patas de Mini Mikey rascando el suelo y el sonido de mi respiración agitada en medio de sollozos convulsionantes. Al fin tras lo que parecieron horas eternas, Mikey comenzó a abrir los ojos con lentitud, no pude contenerme más al ver sus ojos negros. Abandonando cualquier acto de prudencia y sintiendo como una gigantesca ola de calor me inundaba haciendo regresar el alma a mi cuerpo, me abalancé hacia él dejando caer el alcohol al suelo. Lo ayudé a incorporarse estrechándolo entre mis brazos y empapando toda su ropa a causa de que aún me encontraba mojado. Solo quería sentirlo, sentir que de verdad estaba ahí, cerca de mí y no permitir que nunca más se alejara.—Gracias, gracias, gracias —Repetí incansablemente con dificultad a causa de mi acelerada respiración, mientras Mini Mikey saltaba a nuestro alrededor.—Take… —Murmuró  con voz ronca alzando un brazo lentamente y aferrándose a mi hombro apretando los dedos en él —¿Qué…?—Sh, sh, no hables —Suspiré interrumpiendo sus palabras sin dejar de abrazarlo —Te pondrás bien. Permanecimos así un rato más, ambos tirados en el suelo, mis brazos alrededor de su cuerpo y él agarrándose a mí, hasta que pasados unos minutos, la respiración de ambos se tranquilizó un poco y Mikey empezó a moverse.—No deberías —Dije en un susurro, pero Mikey apartó cuidadosamente mis brazos de él.—Créeme, estaré más cómodo en la cama —Murmuró incorporándose con movimientos muy lentos. En cuánto estuvo de pie, se acercó a Mini Mikey y volvió a arrodillarse quedando a su altura para rodear con sus brazos el cuello del gran perro dándole un fuerte abrazo en medio de un suspiro cargado de alivio. No pude evitar suspirar al ver aquel un momento tan tierno, sentí que una leve sonrisa luchaba por salir de mis labios. Sin embargo, aún me encontraba demasiado asustado para ello. Mordiéndome el labio inferior bastante inquieto, me incorporé ignorando el fuerte dolor físico por correr sin descanso y lo ayudé a levantarse para ir a la cama con pasos torpes. Se dejó caer en ella boca arriba y yo, tras quitarme la chaqueta empapada y dejarla caer al suelo, me recosté a su lado acurrucándome junto a él y apoyando la cabeza en su pecho.Escuchar el latido de su corazón fue tranquilizador y poco a poco logré apaciguar mis temblores, aunque no completamente, ya que el frío a causa de seguir mojado y sobre todo el miedo, no me permitían relajarme del todo. Me reconfortó el hecho de estar juntos, de haber logrado que reaccionara.Traté de mantener mi respiración calmada mientras Mikey enredaba sus dedos en mi cabello y me acariciaba la cabeza suavemente. No estoy seguro de cuánto tiempo permanecimos así, tan solo se oía el ruido de nuestras respiraciones que de vez en cuando quedaban ocultas tras el sonido de la lluvia. Los temblores de mi cuerpo habían disminuido, más no desaparecieron, dato que no le pasó inadvertido a Mikey, que a pesar de estar empapado como consecuencia de tenerme pegado a él, no dejaba de abrazarme.—Takemitchy, cálmate, te va a dar algo —Murmuró rompiendo el silencio. Aguardé unos segundos antes de contestar. Lentamente tragué saliva y despegué finalmente los labios para hablar sintiendo un fuerte ardor en la garganta.—Creí que no ibas a despertar  —Suspiré con ansiedad aferrándome más a él mientras cerraba mis ojos hinchados.Ante eso, Mikey aumentó la fuerza con la que me abrazaba rodeándome con su brazo. Permanecimos así unos segundos más hasta que me sentí con unas mínimas fuerzas para enfrentar una conversación en la que debíamos aclarar esto. —¿Qué es lo que sucedió? —Pregunté en un silbido apenas perceptible. Por un momento, temí que no me hubiese oído. Entonces, Mikey tragó saliva y comenzó a hablar.—Lo tengo todo borroso, sé que llegué a casa y lo vi todo revuelto… primero pensé en llamar a la policía, pero no encontraba a Mini Mike y me asusté, entonces… —Calló un momento y suspiró antes de seguir hablando —Creo que me golpearon en la cabeza, porque me duele.—¿Quiénes? —Murmuré apretando los puños tratando de controlar mi respiración que volvía a acelerarse.—No lo sé, alcancé a ver a un tipo que tenía la cara tapada.—¿No deberíamos ir al hospital? Quizás tengas lesiones internas o…—Estoy perfectamente.Aguardamos en silencio unos minutos más. Mini Mikey había salido de la habitación y bajado las escaleras.—Más tarde llamaré a la policía —Añadió con un suspiro.Lentamente, me incorporé girando hacia él y mirándolo con seriedad. Aún en medio de la oscuridad y a pesar de que me dolían los párpados, pude distinguir el color negro de sus ojos que me regresaban la mirada.—No vuelvas a hacerme esto, ¿Me oyes? —Le dije con un tono de voz bajo sin llegar a susurrar, cargado de reproche —No vuelvas a hacerlo nunca, tienes que controlar esa impulsividad, tu forma de actuar sin pensar te va a matar un día.Por un momento, volví a ser ese presidente estudiantil regañando al chico rebelde del instituto con severidad a causa de una de sus locuras arrebatadas y ni siquiera me importó si se molestaba o no por mis palabras, solo quería que entendiera de una vez por todas que esa tendencia suya a actuar por instinto le iba a traer muchos problemas.Puede que tiempo atrás solo le llamara la atención para molestarlo, para desquitarme, pero ya no, ahora lo hago porque de repente se convirtió en mi razón de levantarme cada mañana y si algo le ocurre, yo no creo poder soportarlo.—Si… —Susurró esbozando una media sonrisa burlona —A la orden, presi.Lo miré frunciendo el ceño. Siempre me había puesto de los nervios su despreocupación hacia el mundo, y eso no parece que vaya a cambiar en un futuro próximo.¿Cómo era capaz de tomarse la vida tan a la ligera? Es desesperante. Al observar mi expresión, rió levemente y alzó la mano apartando un par de mechones de mi frente. Aún tenía el cabello mojado, y a causa de eso el pelo se me pegaba a la piel.—Takemitchy, no te preocupes, te dije que no iba a dejarte escapar. ¿Recuerdas? —Poco a poco se incorporó apoyando los codos en el colchón en tanto aproximaba su rostro al mío —¿De verdad crees que voy a ser tan imbécil como para dejar que ocurra algo que me separe de ti?Lentamente, tragué saliva mirándolo a los ojos. Ya apenas escuchaba el sonido de la lluvia, solo el retumbar de mi pecho acelerado era parte del sonido.—¿Lo prometes? —Inquirí en un susurro suplicante.Durante un momento me observó sonriendo mientras seguía jugueteando con algunos mechones de mi cabello, hasta que asintió y no pude soportarlo más. En un movimiento rápido que le tomó por sorpresa, terminé de acortar la distancia que nos separaba y uní mis labios a los suyos en un beso intenso y apasionado. 
[Manjirō] - Casa de Manjirō
En tan solo una tarde me había pasado de todo, casi tengo un momento +18 en la escuela con Takemitchy, entran a robar a mi casa, me dejan inconsciente y al despertar me encontraba a mi novio muerto de miedo y sintiéndose incapaz de dejar de temblar, literalmente, y de pronto me besaba, me besaba de una forma que no me había besado nunca antes ya que suele ser tímido y del tipo que se deja llevar, pero ahora me besaba con desesperación, con ansias, introduciendo su lengua en mi boca y succionando mis labios.Me era difícil respirar, aunque no traté de hacerlo. Solo le correspondí, con las mismas ganas, con la misma ansiedad que él mientras comenzaba a sentir una oleada de estremecimientos que me daban calor, demasiado calor, tanto que de repente me estorbaba mi ropa y la suya, estorbaba todo lo que no fuéramos él y yo.—Takemitchy —Suspiré echándome hacia atrás y separándome de él mientras oía un quejido de protesta por su parte —Vas a hacer que me descontrole.Todavía tengo presente su petición de esta mañana de esperar hasta que se encontrara preparado. Me miró un momento y se mordió el labio inferior. Durante un momento, solo se escuchó en el cuarto el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas, resonando al unísono. —Descontrólate —Dijo haciéndome abrir los ojos mucho más. ¿Qué demonios acaba de decir?Lo miré desconcertado y sin darme tiempo a reaccionar, volvió a besarme, casi con más ansiedad que antes. Por un breve segundo, consideré la posibilidad de que aquello fuera una broma, pero sentí sus frías manos deslizarse sobre mi cintura e introducirse lentamente por debajo de mi camiseta rozando mi piel y comprendí que realmente deseaba aquello.—Así que… —Susurré volviendo a separarme de sus labios en tanto me giraba agarrándole de los hombros y lo recostaba en la cama, pasé una pierna por encima de su cintura, quedando de esta forma tumbado a horcajadas encima de él —Eso que dijiste esta mañana de que no te sentías preparado era solo una excusa para dejarme con las ganas ¿No?Me incliné y mordí su cuello con suavidad, sintiendo erizarse mi piel en el mismo momento en el que de sus labios escapaba un suspiro ansioso. Se encontraba lleno de anhelo, lo puedo sentir y eso me volvía loco.—Serás malo —Dije tomando un poco de distancia en tanto lo miraba mordiéndome el labio inferior y bajaba mis manos hasta el cierre de su pantalón.En ese momento, pensé en lo irónica que resultaba la situación, resulta que la noche en la que entran en mi casa a robar, estaba por convertirse en la mejor noche de mi vida después de todo.
[Takemichi] - Casa de Manjirō
No comprendo qué me estaba pasado, de repente la necesidad de sentirme suyo y que él fuera mío es mucho más fuerte que mi propia voluntad. No pensaba en nada, no me importaba nada, no quería nada que no fuera a él. Sentí sus manos juguetear con el botón de mi pantalón un rato antes de que finalmente lo desabrochara con un sonoro chasquido. Apenas notaba el roce de sus dedos en mi entrepierna, pero eran precisamente esas leves caricias las que me hacían sentir repetidos e incesantes escalofríos que me incitaban a desear mucho más que una simple fricción. Los latidos en mi pecho subían de ritmo en tanto yo alzaba mi cadera con afán buscando su contacto, Mikey sonreía maliciosamente, mordiéndose el labio inferior al tiempo que impulsaba su cuerpo hacia arriba, elevando su cintura al mismo tiempo que yo, dificultando de esta forma el contacto, haciendo que mis ganas por él incrementaran a pasos agigantados por cada décima de segundo que pasaba.Está jugando conmigo, disfruta de hacerme estremecer, gozaba provocando mi desespero y realmente sabía cómo hacerlo. Sin permitir aún un contacto mayor entre nuestros cuerpos, inclinó nuevamente su rostro hacia mí y volvió al ataque, besándome con desenfreno y voracidad. Le correspondí suspirando en sus labios a causa de mi creciente excitación, sobre todo al sentir de forma repentina sus manos introducirse por debajo de mi camisa y ascender por mi vientre, presionando con sus dedos mi piel.De pronto, realizó un movimiento brusco de brazos, en sentido horizontal, desplazándolos a izquierda y derecha, logrando de este modo que mi camisa se abriera por completo de un solo tirón.La sensación que me provocó sentir mi torso húmedo por la lluvia, ocasionó en mí un fuerte gemido que ahogué en los labios de Mikey en ese beso que aún no había sido interrumpido. No pasó demasiado tiempo antes de que Mikey abandonara mi boca y se lanzara a mi cuello a morderlo y succionar mi piel, sus manos se deslizaban por mi torso desnudo recorriendo mi pecho y mi abdomen, subían y bajaban provocando en jadeos descontrolados.Con caricias torpes y ansiosos, deslicé mis manos hacia abajo entre su cuerpo y el mío, buscando desesperadamente el botón de sus pantalones de cuero, los cuales desabroché con dificultad, debido a que mis dedos no dejaban de temblar. Cada beso, cada caricia, cada roce de sus labios, de sus dientes o de sus manos en mi piel provocaban en mí una nueva ola de placer, un nuevo estremecimiento, un nuevo escalofrío. Emociones que hasta entonces me habían sido desconocidas, me sacudían una y otra vez. Percibía una especie de hormigueo recorriendo cada poro de mi piel, centrándose en mi entrepierna, sensación que incrementó de forma brusca y repentina en cuanto sentí la mano de Mikey introducirse en mi pantalón para presionar mi intimidad con sus dedos. Aquello me paralizó por un momento, mi cuerpo convulsionó en medio de un fuerte suspiro de excitación. Separándose un breve segundo de mi cuello, Mikey me dirigió una sonrisa triunfante, el imbécil de verdad sabe cómo hacerme temblar. Sintiéndome incapaz de permanecer quieto por más tiempo, me incorporé, con él encima de mí y agarré con mis manos los bordes de su pantalón para comenzar a bajarlos con cierta dificultad ya que el cuero se ceñía a su piel. Aquel dato, lejos de relajarme, incrementó mis ansias, haciéndome actuar con más desesperación mientras seguía sintiendo los labios de Mikey en mi cuello. Finalmente, reviviendo su ayuda, conseguí bajarlos hasta los tobillos.En este punto, Mikey detuvo sus besos un momento para terminar de despojarse él mismo de su pantalón y arrojarlo a algún lugar del cuarto. Sin darme ni siquiera tiempo a respirar, alzó sus manos y comenzó a bajar el mío también, con movimientos rápidos aunque mucho más controlados que los míos. De nuevo fui recostado sobre el colchón y noté a Mikey con la respiración entrecortada.Me sentía arder dentro de mi cuerpo y sobre mi piel, y cuanta menos ropa nos dejábamos puesta, más incrementaba ese ardor, ese deseo por unirnos. Desesperado por volver a sentirlo, alcé mi brazo y agarré su camiseta atrayéndolo hacia mí, en esta ocasión en lugar de volver a besar mi cuello, se dedicó a atacar mi pecho, recorriendo con sus labios y lengua todo mi torso, rastreando mi piel con su saliva, besando y mordiendo suavemente mis pezones, en tanto sus manos terminaban de despojarme de mi camisa, arrojándola en el suelo. Acabe perdiendo el control sobre mi cuerpo, aquello era una locura que no tenía fin y me regocijaba aspirando su olor, sintiendo su piel contra la mía, notando su boca recorrer cada milímetro de mi ser. Me negaba a mantener mis manos quietas, había rodeado su cintura con mis brazos en un intento desesperado de atraerlo más, pero él tenía mucha más fuerza que yo y mi objetivo no estaba resultando fácil, sobre todo teniendo en cuenta que aún se negaba a dejarse llevar y unir su cuerpo al mío, buscando tal vez que mi excitación creciera.¿Eso era posible? ¿Realmente podría llegar a excitarme más de lo que ya estaba sin sentir que explotaría en un mar de sensaciones? Con manos impacientes empecé a subir la camiseta de Mikey jadeando. No pasó demasiado tiempo hasta que esta corriera la misma suerte que el resto de la ropa que habíamos tirando al piso. Ahora solo nuestras prendas interiores nos separaban el uno del otro. Mikey decidió ceder en su empeño de provocarme y se fue dejando caer sobre mí, de forma directa a la vez que suave, causando de este modo que nuestras erecciones chocaran a través de la fina tela que cubrían nuestras partes íntimas.Ahogué un nuevo gemido mordiéndome el labio inferior. Mikey, había detenido sus besos, ahora solo me miraba con un brillo especial en los ojos, con una sonrisa traviesa dibujada en sus labios, con una expresión de picardía a la vez que ternura en el rostro que me hacía querer estallar de anhelo y deseo. Lentamente, sus manos bajaron por mi cuerpo hasta agarrar el borde de su prenda interior, comenzando a bajarla, quedando completamente desnudo. En cuanto lo hizo, volvió a subir sus manos para agarrar, en segundo lugar, la mía. Mientras actuaba, no dejábamos de mirarnos a los ojos, una manera de ver si alguno quería retroceder.Yo continuaba jadeando, respirando entrecortadamente, sintiendo nuestros cuerpos desprender ardor, excitación y fogosidad. Antes de comenzar a bajar la última prenda que cubría mi cuerpo y que nos separaba, Mikey aproximó sus labios a los míos sin llegar a besarlos.—Quiero hacerte mío —Susurró en mi boca con la respiración acelerada —Y yo ser tuyo.
[Manjirō] - Casa de Manjirō
Takemitchi se estremeció con mis palabras, me encantaba provocarle, hablarle al oído y acariciarlo de modo que se descontrolara.Ya nada nos impide sentirnos de verdad, había terminado de quitarle la última pieza de ropa que cubría su cuerpo, ahora nada nada podría impedir que nos unieramos de una manera íntima donde exponíamos nuestros cuerpos y corazones. Me tomé unos segundos para admirar su figura, ese cuerpo que me volvía loco. Demonios, ¿Cuándo fue la última vez que me había descontrolado así por alguien? Nunca, nunca nadie me había hecho sentir como él y eso jamás cambiaría.Con suma lentitud volví a acercarme a él y posé mis labios sobre su frente, besándolo con suavidad, agradeciendo por lo que me permitía, antes de volver a acercar mi rostro al suyo y mirarlo a los ojos.—Te quiero —Susurré tragando saliva —Te adoro.Si la primera vez había sido un impulso el que me había hecho confesarle mis sentimientos, ahora se lo dije por necesidad de hacerle entender cuánto significaba que se entregara a mí de esa forma.—Yo también —Suspiró al tiempo que un ligero rubor se extendía por sus mejillas, Estiré mi mano buscando una crema de manos que esperaba sirva como lubricante y comencé a buscar con mis dedos empapados su zona íntima.
[Takemichi] - Casa de Manjirō
Sentí los dedos de Mikey bajar por mi espalda, recorrer mi trasero y comenzar a hacer presión en él. Me mordí el labio inferior, reteniendo la respiración al tiempo que sentía uno de ellos ingresar dentro de mí.Costaba y dolía un poco, más bien provocaba una ligera sensación de incomodidad que resultaba al mismo tiempo levemente placentera. Volvió a besarme mientras movía su dedo dentro de mí, dilatando poco a poco mi entrada, provocando que esa ligera molestia que sentí en un principio fuera reemplazada por un placer mayor. Casi me sorprendí cuando sentí un segundo dedo y comencé a sentir dolor, sin embargo, no era molesto, por el contrario, casi resultaba agradable. A medida que avanzaba, nuestros labios continuaban besándose apasionadamente en medio de un cúmulo de sensaciones inexplicables. No estoy seguro de cuánto tiempo transcurrió hasta que finalmente, retiró sus dedos y yo suspiré en sus labios a modo de protesta, de repente, sentía un gran vacío dentro de mí—Está bien, tranquilo —Susurró Mikey abandonando mi boca, echándose hacia atrás y acariciando mi torso un momento, justo antes de sujetar mis piernas y alzarlas hacia arriba.Gemí. De placer, de miedo, de excitación, de nervios, de deseo, me es imposible explicar qué sentí cuando noté la punta de su miembro situarse en mi entrada.—¿Estás seguro? —Quiso saber mordiéndose el labio en una media sonrisa, en una de esas sonrisas que me hacían descontrolarme.Tragué saliva, y finalmente asentí sujetándome con las manos a ambos lados del colchón. ¿Cómo podía no estar listo si me miraba de esa manera? Mikey, sujetó fuertemente mis piernas y entonces, tras mirarme a los ojos un breve segundo, comenzó a entrar en mí. ¿Describir lo que sentí? No puedo, el dolor y el placer estaban presentes pero también algo más, algo mucho más profundo e intenso, algo del todo insólito y excepcional, algo que me hizo sentir por primera vez un fuerte deseo de monopilizarlo. A medida que entraba, el dolor se hacía más presente hasta llegar a un punto en el que cerré los ojos apretando los dientes a la vez que me agarraba con más ímpetu a los bordes de la cama.—Takemitchy, ¿Quieres parar? —Jadeó Mikey.Ante su pregunta, volví a abrir los ojos y negué con vehemencia. No, claro que no quería que parara. Me miró un momento con expresión preocupada hasta que asintió, un movimiento suave de cabeza y terminó de entrar por completo. Aguardó un momento a que me acostumbrara a la sensación que era ardiente, al mismo tiempo me hacía tocar el cielo de placer.Lo miré y vi que jadeaba, a pesar de que trataba de tener cuidado para no hacerme daño, sabía perfectamente que él también estaba disfrutando, podía sentirlo y aquello me hizo volver a perder el control. Yo mismo comencé a moverme, retorciéndome para sentirlo más, para que él sintiera más, ante lo cual Mikey aceleró la velocidad de su respiración, dirigiéndome una mirada cargada de deseo mientras comenzaba a moverse, saliendo y entrando de mí. Muy despacio al principio y aumentando la velocidad después. Las embestidas no se hicieron esperar entre suspiros, jadeos y gemidos por parte de ambos. El dolor se había esfumado por completo, ahora solo sentía placer, un placer intenso, un placer superior, un placer extraordinario, un placer que incrementaba con cada embestida de Mikey. Embestidas que subían de intensidad a cada segundo que pasaba hasta volverse desenfrenadas, desesperadas, hasta hacer que nuestros cuerpos se retorcieran preparándonos para recibir el éxtasis.Lo abracé con fuerza enterrando las uñas en su espalda, deslizandolas en un impulso de placer que de seguro me hizo dibujar líneas rojas sobre su piel.Una última arremetida por parte de Mikey nos hizo sentir el final a la vez, el final del anhelo, el final transformado en la fuente del extremo placer, el placer de saber que soy suyo y el placer saber que era mío.Después de eso espero unos segundos tratando de apaciguar nuestras respiraciones, podía sentir cómo el fruto de mi deseo fluía por mi vientre y el suyo dentro de mi cuerpo. Tras exhalar un fuerte suspiro, Mikey salió de mí suavemente al tiempo que soltaba mis piernas y se dejaba caer encima de mí. 
[Manjirō] - Casa de Manjirō
Mi cuerpo cayó sobre el suyo en medio de suspiros, me sentía sudoroso y agitado, mi piel se pegaba a la suya.Rodé hasta situarme a su lado. Sin decir nada, se giró hacia mí y me sonrió antes de acurrucarse a mi lado y dejar que lo abrazara. Aquello que acababa de pasar y era lo más increíble que me ocurriría en toda mi vida, nunca terminaré de agradecerle a Takemitchy que me hubiera dado una oportunidad, nunca podría pagarle el haberme enseñado a amar de verdad. Simplemente, se había convertido en lo más importante de mi vida monótona y carente de colores donde el abandono ha sido tan constante. Para bien o para mal, como amigo o rival, Takemitchy era el único que seguía a mi lado.Permanecimos así, acostados y abrazados un rato más, sin decir nada. Al cabo de unos minutos, comencé a sentir como la respiración de Takemitchy se hacía profunda porque se estaba quedando dormido.—Takemitchy, despierta, déjame que cambie antes las sábanas y debemos vestirnos —Susurré obteniendo un quejido de protesta por su parte.Ciertamente, yo tampoco tenía ganas de levantarme después de toda la agitación que tuvimos, sabía que me costaría moverme de la cama, pero era necesario. Las sábanas estaban mojadas como consecuencia de que Takemitchy se hubiese acostado estando empapado por la lluvia, además, nosotros terminamos de ensuciarlas. Tras insistir un poco más, conseguí que se levantara. Con lentos movimientos, arrastró los pies hasta mi escritorio y se apoyó en él con cara de sueño mientras se frotaba un ojo con el puño usando la almohada para cubrirse. Sonreí al verlo, parecía un niño, realmente no comprendía cómo despertaba en mí tanta ternura, tantas ganas de cuidarlo y protegerlo. Suspirando, me dediqué a cambiar las sábanas y mantas de la cama por otras limpias.No tardé demasiado en hacerlo, gracias a la práctica que tengo desde que vivo solo, además, quiero acabar deprisa porque no estábamos vestidos y lo último que quiero es que Takemitchy se resfríe. Al acabar mi tarea, lo miré, aún apoyado en el escritorio dando de vez en cuando alguna que otra cabezada. Reí y me acerqué hasta él, agarrándole de la cintura y comenzando a caminar hasta la cama.—Vamos, te vas a quedar dormido de pie —Dije con tono burlón antes de que se dejara caer de nuevo sobre el colchón.Cayó dormido casi en el acto.Aún sonriendo sin dejar de mirar su cuerpo, le aparté algunos mechones negros de la frente y lo arropé con las sábanas cuidadosamente. Después, me dediqué a recoger un poco la habitación, sí, a esa hora de la noche ¿O era ya de madrugada? No tengo ni idea, pero el sueño no estaba presente, no después de lo que acababa de pasar, me siento tan despierto como un niño la noche antes de navidad. Acomodé nuestra ropa en lo alto del escritorio y me cubrí la cintura con una toalla antes de ir a la ventana arrastrando los pies. Aún llueve, llueve de forma torrencial. Entonces, recordé las ventanas abiertas de la planta inferior.—Me cago en la… —Susurré de mal humor antes de ponerme unos pantalones que encontré, salí de la habitación bajando los escalones de dos en dos hasta llegar abajo y notar que las ventanas estaban cerradas, de seguro gracias a Takemitchy. Tampoco es que ese acto sirviera de mucho, el suelo estaba bastante mojado. Suspiré mirando mi alrededor. Todo estaba hecho un desastre, mañana debo llamar a la policía sin falta y después de que hicieran su trabajo me pondría a ordenar todo el caos.Miré a Mini Mikey acurrucado en el sofá. Arrastrando los pies, me situé junto a él y le acaricié un momento preguntándome dónde se habría metido cuando yo había empezado a buscarlo. Al despertar junto a Takemitchy, mi perro ya estaba en la habitación con nosotros, ¿Lo encontró él? No le había preguntado nada ahora que lo pienso, ni siquiera sé cómo es que Takemitchy había llegado a mi casa, ni por qué estaba empapado. ¿Vino corriendo bajo la lluvia? Antes simplemente nos miramos y nos pusimos calientes, no sé si esto será una tendencia nuestra, espero que no porque estas situaciones de peligro y estrés no son buenas. En fin, el caso es que no tenía ni idea de muchas cosas. Pero es tarde, muy tarde, lo mejor es ir a dormir y solucionarlo al amanecer.Total, mañana será otro día y ya ni siquiera me duele el golpe de la cabeza. Subiendo las escaleras, lo recordé. Recordé el por qué de todo, el por qué yo había ido a casa a dejar mi guitarra y mis cosas, el por qué estaba apurado en primer lugar: Yo había quedado con mis amigos y hermanos.—Mierda, Emma e Izana —Dije dándome una palmada en la frente, espero que esto no haya llegado a oídos de Shinichirō.Menos mal que ella era pacifista e Izana… estaba en vías de serlo por su decisión de cambiar esa actitud de mierda que solía tener, o eso tengo entendido y espero, porque de lo contrario estoy seguro de que esta vez sí que me matan. También debo comunicarme con Draken y Rindō, ellos seguramente me dar el regaño de la vida.

----- CHAPTER BREAK -----

[Rindō] - Calle
—¿Qué estás intentando decirme? ¿Qué primero desaparece Mikey y ahora resulta que también se esfuma Takemichi? ¿Eso estás tratando de decirme?La alterada voz de Yuzuha resonaba entre las cuatro paredes de la habitación. Tras varias horas buscando a Mikey sin éxito y al menos una veintena de llamadas a Hanagaki sin obtener una respuesta, Ran, Draken, Yuzuha y yo, decidimos volver al departamento. Hace rato que la situación se salió de control y no pudimos ocultar lo que sucedía a Emma, que estaba al borde del llanto, ni a Izana que a pesar de no hablar se le notaba nervioso. Logramos convencerlos de que esto era normal y que Mikey solía quedarse dormido casi siempre desde que se fueron y no tenía a nadie que los despertara, pero no se lo tragaron, solo nos dejaron ir con la promesa de mantenerlos al tanto.Por eso ahora Draken estaba un poco alejado hablando por teléfono con su novia y Ran, de seguro, intercambiaba mensajes con Izana.Yo también estaba exasperado con la situación, miré el diminuto reloj de mesa que reposaba sobre una de las estanterías. Casi las dos de la mañana y ni rastro de ellos. Al principio, solo Mikey se había borrado del mapa, ahora, tampoco Hanagaki respondía a las llamadas y ni siquiera lo vimos por el vecindario, a pesar de haberlo recorrido entre los cuatro varias veces.No sé qué pensar.A mi cabeza acudían un sinfín de teorías, cada una más disparatada que la anterior por culpa de la última película policial que vi, no podía fiarme de nada si tomaba en cuenta que el cansancio, y sobre todo la angustia, hacían fallar mi lógica. Los demás también estaban inquietos.Mi hermano apenas había pronunciado palabra en todo este tiempo al contrario de Yuzuha, que no había dejado de hablar y hablar, exponiendo especulaciones, contrarrestando hipótesis, afirmando que no teníamos de qué preocuparnos, despotricando contra Mikey, reiterando lo dicho anteriormente de que no debíamos preocuparnos y repitiendo lo mismo una y otra vez lo mismo para calmarse.Ya no sabíamos qué hacer, qué más decir, a quién llamar. Incluso Yuzuha llegó a buscar ayuda con sus hermanos y yo sugerí preguntar a Angry, ya que Hanagaki y él congeniaron bastante bien el otro día, sin embargo, la propuesta fue desechada al comprobar que ninguno de nosotros tenía su número de teléfono. A excepción de los hermanos Shiba, Taijū se ofreció a ir con el auto de su padre y con Hakkai a recorrer vecindarios más lejanos, algunos con mala reputación y en los que alguna vez Mikey llegó a meterse cuando estaba en malos pasos.—Al menos.. debemos consolarnos al pensar que pueden estar juntos —Dijo Ran sentado en el sofá tras varios minutos en silencio. —Listo —Dijo Draken dejándose caer a su lado —Es la primera vez que le miento a Emma diciendo que todo está bien.Yuzuha, se paseaba de un lado a otro en la sala mientras que yo había optado por permanecer de pie, apoyado contra la pared.Justo cuando ella detuvo su andar volviendo a quejarse por la suposición de Ran, cuando mi teléfono sonó. Bajo la mirada expectante de mi hermano, Draken y Yuzuha, me apresuré a identificar la identidad del llamante.—Mikey —Confirmé con un suspiro de alivio, mirándolos un momento antes de descolgar —¡Mikey! ¿Estás bien?De fondo oía las exhalaciones de desahogo provenientes de los demás«—Rindō, estoy bien, siento lo de la cena pero…»—¡¿Qué mierda importa la cena pedazo de idiota?! —Gritó Draken de repente en mi oído, acercando los labios al micrófono.Casi en el acto, di un respingo sobresaltado, ¿En qué momento se había puesto ahí? Draken me arrebató el teléfono y pulsó el altavoz para que todos pudiéramos oír las palabras de Mikey. —¿Sabes lo preocupados que hemos estado? ¿Lo sabes? ¿No recuerdas que hoy Emma e Izana te esperaban? ¡Le mentí a Emma diciendo que todo estaba bien hace cinco minutos cuando en realidad no sabíamos dónde estabas! Tuve que meterle porque parecía tener intenciones de pedir un vuelto. Demonios, Mikey, te juro que en cuanto te vea te mato —Gritó furioso, echando fuego por los ojos.—Oye, Mikey. ¿No te ha pasado nada verdad? Dinos que estás bien y no en un hospital —Dijo Ran al lado de Draken, en un tono completamente diferente, calmado y sosegado, inundado de preocupación.«—Hablaré con mis hermanos antes de ir a dormir —Respondió Mikey al otro lado de la línea en voz baja, debe estar apenado —Y lo siento Kenchin, las cosas se complicaron, yo no esperaba que me dejarán inconsciente y menos por tanto tiempo.»—¡¿Inconsciente?! —Preguntamos a la vez, esta vez fue Ran quien sujetaba el teléfono.—¿Volviste a las manías de antes? ¿Hay que llamar a Shini-? Un problema a la vez, le arrebaté el teléfono a mi hermano, ahora no importa si Mikey cayó en las manías del pasado, solo necesitamos una burna explicación de todo este lío.Yuzuha se apartó un poco para enviar un mensaje a Taijū antes de centrar su completa atención en el asunto, con los brazos cruzados.—Por favor, dinos qué ha sucedido.«—A eso iba hasta que todos comenzaron a-»«—¿Quieres contarlo de una vez? —Le interrumpió Draken alterándose de nuevo ante lo cual Mikey soltó una pequeña risa al otro lado del teléfono.—Vaya, me sorprende tu buen humor en estas circunstancias —Dijo Ran al oírle reír. «—Sí, digamos que me siento amable, aunque no debería estarlo teniendo en cuenta que han dejado la casa patas arriba.»—¿La casa? —De nuevo, hablamos los cuatro de forma simultánea. Al otro lado de la línea, Mikey suspiró antes de hablar, esta vez con un tono más serio. «—Creo que acaban de intentar robar mi casa, aunque es raro, porque por lo que puedo ver, no se han llevado nada importante. Supongo que cuando amanezca llamaré a la policía.»—¿Un robo? No es robo si no te roban nada, pero eso no importa, ¿Cómo estás? —Pregunté angustiado ante sus explicaciones mientras de fondo, oía cómo los demás se miraban con semblante preocupado.«—Yo estoy bien, no se preocupen, al entrar vi a un tipo en mi habitación y la verdad es que no estoy muy seguro de lo que pasó después. Solo que sentí un golpe en la cabeza y… —Hubo un silencio expectante, solo interrumpido por el ruido que hacía Yuzuha al morderse las uñas. Tenía la mirada fija en el teléfono, al igual que mi hermano y Draken. La tensión era evidente —Me desperté mucho después, gracias a que Takemitchy hizo no sé qué con una botella de alcohol que ahora está derramada por todo el suelo.»—¿Takemichi/Ojos azules/Hanagaki/El presi está ahí? —Una vez más, habíamos formulado la pregunta al mismo tiempo con el nombre que cada uno tenía para Hanagaki.«—¿Quieren dejar de hablar al mismo tiempo? Es aterrador, y si, está conmigo.»—¿Está contigo? ¿A estas horas? —Sonrió Yuzuha con cierto tono pícaro en la voz. —Deja de decir estupideces, ellos no harían nada raro en estas circunstancias —Dijo Draken mirando el teléfono, sin obtener respuesta —¿No, Mikey?Continuaba sin responder.—¡Qué hijos de puta! Nosotros preocupados y ellos tan bien —La risa de Ran llenó el ambiente.Era obvio que, ahora que comprobamos que nuestros amigos estaban bien, todos nos sentíamos mucho más tranquilos, y algunos estaban de ánimos para hacer bromas y otros, como Draken, se sentaba en el sillón con la cara oculta entre sus manos, decepcionado por la humanidad.—Cuidado con lo que hacen.«—¡Eso no les importa! —Exclamó Mikey con tono irritado ante lo cual Ran y Yuzuha rieron alegremente. Incluso yo fui incapaz de ocultar una leve sonrisa, lo cual ayudó a liberar toda la tensión acumulada de las últimas horas. Realmente, nos habíamos asustado.—¿Quieres que vayamos a tu casa? ¿Necesitan ayuda? —Pregunté sosteniendo el teléfono en una postura relajada «—No, no hace falta, por aquí todo está bien, Mini Mikey y Takemitchy están durmiendo y yo me iba a acostar también, pero como supuse que estarían preocupados quise llamar antes.»—Hiciste bien en suponerlo, ¿Ya viste todas las llamadas perdidas? —Preguntó Ran.«—Sí, tenía como unas mil, pero con todo lo que pasó y luego con la llegada de Takemitchy, que estaba demasiado nervioso, ni recordé en mirar el teléfono hasta ahora que está tranquilo.»—Dile a Takemichi que tiene otras mil —Dijo Yuzuha.«—Bien, los dejo entonces, a ver si descanso algo de lo que queda de noche. Um, pero antes, Rindō… tengo que hablar contigo.»—Ya nos vamos, indirecta captada —Dijo Ran sonriendo de medio lado mientras se tiraba en el sofá y bostezaba. —Míralo, teniendo a sus favoritos —Refunfuñó Yuzuha empujando su cabello hacia atrás yendo con su novio para recibir mimos luego de tantas horas estresada, Tan no dudó en abrazarla y acariciar su cabello.—Voy a buscar algo de comer —Dijo Draken antes de desaparecer en la cocina.Era evidente que el estrés había desaparecido por completo y que finalmente nos encontrábamos mucho más relajados. Ran me indicó por señas que iría a acompañar a Yuzuha afuera, donde seguramente pasaría Taijū a buscarla, a la vez que agarraba las llaves del departamento y el inmenso paraguas que hace poco tiempo nos había servido de cobijo bajo la lluvia mientras buscábamos a nuestros amigos. Asentí conforme, era demasiado tarde y Taijū de seguro estará nervioso por la llamada de Yuzuha perdiendo ayuda a medianoche.Yo terminaré de hablar con Mikey y esperaré a Ran despierto antes de ir a la cama y tratar de dormir al menos un par de horas hasta que amaneciera, habrá que dejarle algunas sábanas a Draken para que se acomode en el sofá.Una vez me quedé solo, desactivé la función del altavoz y acerqué nuevamente el teléfono a mi oído.—Ya se han ido —Dije.Mikey aguardó unos segundos antes de hablar. De fondo, podía oír el ruido de sus pasos dando vueltas por la habitación en la que se encontrara. Fuera lo que fuera lo que quería decir, sé que no le resultaba fácil porque siempre caminaba de ese modo cuando debía enfrentarse a algo que no deseaba.Ya estoy preparado, puede salir con cualquier cosa y no me sorprenderé.«—Okey, solo lo diré —Dijo de pronto.»—No te estoy apurado —En realidad estoy bastante cansado.«—¡Déjame creer que sí! Si no, no voy a poder decirlo —Protestó.»—¿Es algo tan grave? —Pregunté desconcertado. Mikey guardó silencio de nuevo. Mantuve la calma hasta que se sintiera listo, me dirigí hasta la mesa donde había varias frutas en su cesto y elegí una manzana roja. Realmente, no tengo ni la más mínima idea de qué quiere decirme, por suerte ya estoy preparado.«—¡Lo siento! —Exclamó de pronto y yo dejé caer la manzana en mi mano — Ya lo he dicho.»Eso no lo ví venir.—¿Qué lo sientes? —Pregunté lentamente —¿Eso es lo que no te atrevías a decir? «—Ya me conoces. No sé decir “lo siento”, ni “gracias” o “ayúdame” —Asentí omitiendo el hecho de que acababa de volver a decirlo, a pesar de haber recalcado que no era capaz. Sin embargo, preferí no comentarlo, conociéndolo podría comenzar a sentirse un tanto irritado.»—Bueno, ¿Y qué es lo que sientes?Otro silencio.A veces adoro hacer el papel de psicólogo, es un poco divertido.Más zancadas resonantes desde el otro lado de la línea. Era evidente que esta no era es situación fácil para Mikey.«—Por no haberte escuchado. Bueno, escuchar, sí que te escuché, solo que a la hora de la verdad no te hice caso y como creí que le había pasado algo a Mini Mikey, me asusté y no pensé en nada, me metí en la boca del lobo como un suicida y no me detuve a pensar en lo que me dijiste sobre que… tuviera cuidado.»—Ah —Comprendí volviendo a recoger la manzana y limpiarla en mi pantalón, por el bien de mi mente no había pensando en eso, no quería sentirme más culpable creyendo que pude evitar todo esto —No debes preocuparte por eso, Mikey, lo importante es que estás bien.«—Si, gracias a Takemitchy —Dijo mientras yo me acercaba con pasos lentos a la ventana.»Parece que el aguacero bajaba de intensidad poco a poco. Aún así, todavía se apreciaban algunas nubes oscuras en el horizonte. Creo que no dejará de llover en lo que queda de noche, a pesar de que la lluvia ya no fuera tan agresiva. «—Le avisaste, ¿Verdad? —Dijo de pronto Mikey en un tono más sosegado.—Sí, fue la última persona en verte y creí que podrían estar juntos —Dije con voz susurrante y sin culpa, tomaría esa decisión de nuevo.Un nuevo silencio.A través del cristal, podía escuchar las gotas de lluvia impactar contra la ventana y mojar el asfalto de las calles.«—¿Cómo supiste lo que iba a pasar? —Terminó soltando de un modo que me hizo comprender que eso era lo que realmente quería saber desde que iniciamos la conversación. Pero, ¿Cómo explicárselo? Ni siquiera yo lo entiendo.»—No sabía nada, Mikey, solo lo presentí —Respondí mirando la manzana.«—Si, claro, como si presentir algo así fuera lo más normal. De verdad, que a veces pareces de otro mundo.»Sin responderle, sonreí levemente observando mi reflejo en el cristal de la ventana.«—Bueno —Susurró al cabo de un momento —Me voy a la cama, hablaremos con más calma en otro momento.»—De acuerdo —Acepté mientras me giraba y me dirigía de nuevo al sofá, sentándome despacio y frotándome los ojos. Los tenía cansados y me escocían levemente a causa de la falta de sueño —¿Seguro que todo está bien? Tú, Mini Mikey, Hanagaki.«—Si, si, Takemitchy estaba un poco nervioso antes pero ya está tranquilo y duerme, nada lo despierta ahora.»—Me alegro —Suspiré aliviado —Yo también le sentí inquieto cuando me reuní con él para explicarle la situación. Es evidente que te quiere de verdad, Mikey. Aguardó un momento antes de responder. Cuando lo hizo, su tono de voz se oyó mucho más dócil, casi afable.«—Me saque la lotería con él —Recostado en el sofá, esbocé una leve sonrisa ante sus palabras y cambie el teléfono al otro oído.»—Eso es estupendo.Cuando Mikey volvió a hablar, lo hizo de un modo burlón y bromista, mencionando algo que me hizo incorporarme del sofá casi de forma brusca, empujando cualquier rastro de somnolencia y dejando caer la manzana.«—A ver cuando te toca. Yuzuha está con Ran, Draken con Emma, Shinichirō con Wakasa, hasta Izana está enamorado de ese amigo suyo que lo siguió a Manila, aunque se haga el desinteresado. Solo queda nuestro romántico empedernido.»—¿Qué… que estás diciendo, Mikey? —Repliqué frunciendo el ceño a pesar de que nadie podía verme.«—¡Oh, vamos, Rindō! Es imposible que en 18 años de existencia no te hayas enamorado ni una sola vez, ¿No crees que ya es hora de salir al mercado? Estoy seguro de que muchos quieren contigo.»—No, realmente no lo creo —Respondí volviendo a caminar —Sé perfectamente que no me fijaré en nadie, por muchos mercados que visite y así estoy bien.«—Eso no lo sabes. Si hace tiempo alguien me hubiese dicho que iba a acabar con el presidente, seguro que le rompía la cara al que me lo hubiera soltado —Si, por eso Yuzuha nunca mencionó nada —¡Y mírame ahora! Verás que te llega cuando menos te lo esperes, y sobre todo, con quién menos lo esperes, créeme, hablo con experiencia.»—Sé que no —Insistí caminando por el salón en círculos, sin dirigirme a ninguna parte en especial.«—Que mala onda, ¿Por qué no? ¿Es que…? No, no lo creo. ¿Acaso hay alguien ya? —Preguntó de pronto con interés haciendo que dejara de respirar. Tragué saliva enfocando mi mirada de nuevo en la ventana, de repente, sentía mucho más frío de lo normal —Rindō…»Al oír su voz, salí de mi trance y sacudí la cabeza levemente.—Buenas noches, Mikey —Dije interrumpiendo sus palabras y colgando inmediatamente el teléfono sin darle tiempo a decir nada más. Al girar para ir a mi cuarto ví a Draken con un paquete de papas fritas, abrió la boca y antes de darle la oportunidad de hablar, yo dije:—Estoy bien y no necesito hablar.Salí corriendo de la sala hasta llegar a mi habitación.Caminé a la ventana para ver la lluvia un rato más y sin perder el tiempo busqué mis audífonos azules, los subí a mis orejas y le di play a una lista de música completamente al azar, los fuertes instrumentos ahogaron cualquier sonido, hasta los de mi cabeza.Suspire sin apartar la mirada de un relámpago que iluminaba el cielo y comprendí que esta noche tampoco podría dormir.Un fuerte impulso acababa de asaltarme y quise escribir, y yo nunca ignoraba una oleada de inspiración. Con los audífonos a máximo volumen me dejé caer frente al escritorio y abrí el primer cuaderno que tenía a mano, creo que era él de matemáticas a juzgar por las ecuaciones, y comencé a escribir.
[Manjirō] - Casa de Manjirō
Cuando me desperté a la mañana siguiente, comprobé como la presión en mi cabeza había vuelto, sentí punzadas de dolor agudo en las sienes, y sobre todo en la nuca, donde había recibido el golpe. —Me quiero morir —Murmuré para mí mismo en la cama, aún con los ojos cerrados. Sentía los músculos entumecidos y las piernas rígidas. Cuando traté de moverme, fui consciente del peso que tenía encima de mi cuerpo y lado derecho, y recordé que Takemitchy estaba aquí, abrazado a mí mientras yo lo rodeaba con mi brazo. Al cabo de un rato, fui capaz de abrir los ojos y frotarlos con mi mano izquierda. No sabía cómo demonios iba a levantarme de la cama teniendo el cuerpo como lo tenía. Quizás no lo haga.Pero entonces, sonó el timbre de casa. —Que mala vida —Suspiré de mal humor girando mi cabeza para ver la hora,¡Las seis y media! ¿Quién carajos viene de visita a las seis y media? Ya había amanecido, o mejor dicho, estaba amaneciendo, ¿Esa es una excusa? ¡Hay que estar mal de la cabeza! El timbre sonó nuevamente y yo gruñí enfadado.Mi primera idea fue ignorar la llamada y seguir durmiendo, pero Takemitchy comenzó a removerse, haciéndome cosquillas con su flequillo en mi pecho desnudo y comprendí que el timbre podría despertarlo. Con todas las emociones que había sufrido la noche anterior, necesitaba descansar, Así que decidí levantarme maldiciendo al mundo entero. El cómo conseguí levantarme de la cama sin que Takemitchy se despertara, vestirme en silencio de forma rápida y bajar las escaleras sin acabar rodando por ellas es algo que no entiendo del todo.Al llegar a la planta baja, Mini Mikey me recibió como de costumbre, dando saltos y llenándome de saliva. Le acaricié medio adormilado y me dirigí a la puerta no sin antes echar un vistazo a mi alrededor y ponerme de peor humor al recordar el estado en el que estaba la casa. Cuando abrí la puerta, me encontré con los cuatro idiotas que tengo como amigos en el umbral.Yuzuha en el centro con una sonrisa de oreja a oreja y lo que parecían ser dulces de la panadería a dos cuadras, Ran recostado sobre su novia con cara de sueño que hasta daba pena y unas ojeras enormes, Draken cruzado de brazos y Rindō al otro lado con su expresión indiferente de siempre y sus audífonos azules alrededor del cuello. —¡Buenos días, Mikey! —Saludó Yuzuha alegremente.—Serán buenos para ti —Repliqué de mal humor —¿Ya vieron la hora? En algún país debe ser delito levantarse en este horario.—Con todo lo que pasó ayer, no pudimos dormir, es por eso que hemos decidido venir más temprano y ver si podíamos ayudar en algo.—Ni te preocupes por la hora, no tenemos sueño —Dijo Ran dando inmediatamente un sonoro bostezo.—No me preocupo por ustedes, sino por mí. ¿No pensaron que yo sí podía tener sueño? Y no intenten engañarme con que no pudieron dormir, Ran se está quedando dormido de pie.—Oh, vamos ¡Qué desagradecido eres! —Me interrumpió Yuzuha agarrando a Ran de la mano y pasando a mi casa como si nada.Claro, entra, no es necesario pedir permiso. Encima me tuve que echar a un lado para no chocar con ellos, dado el entusiasmo con el que habían decidió pasar.—¡No toquen nada! —Grité de mal humor mirando inmediatamente después a Rindō, que no se había movido.—Les advertí que estabas descansando, pero ya los conoces —Dijo despacio mirándome a los ojos. —No importa —Dije dubitativo al recordar la conversación de la noche anterior. Realmente no pude sacarme de la cabeza lo que descubrí, yo soy el que de verdad no pudo dormir. Rindō había actuado raro, quiero decir, más raro de lo normal, si es que aquello era posible ya que no es del tipo de persona que puede alterarse o quedarse sin palabras. Sin embargo, ayer a la noche, ¿Por qué se había puesto tan nervioso? ¿Por qué me había colgado el teléfono cuando bromeé sobre un posible enamoramiento? No tengo ese dichoso talento de Yuzuha como para reconocer “señales”, apenas pude captar mis propias señales de enamoramiento, así que no puedo creer que haya acertado por primera vez en mi vida.—Bueno, ya están aquí, solo pasa y preparemos algo simple para desayunar, si es que a esta hora alguien puede tener hambre.Rindō asintió levemente sin decir nada y entró en la casa mientras yo cerraba la puerta cuidadosamente. Casi siempre daba portazos, ahora no quería que uno de ellos despertara a Takemitchy, así que cerré la puerta con calma.En cuanto terminé, seguí los pasos de mis amigos, quienes estaban parados en medio del salón mirando la escena del crimen. Ran, antes de quedarse dormido se dejó caer en una de las sillas con la cara entre los brazos, Draken movía algunas cosas con el pie y Yuzuha decía muchas estupideces una tras otra mientras observaba los muebles revueltos y desordenados.—¡Es como en las películas! Esto es maravilloso. ¿De verdad no robaron nada?—¿Qué tiene todo esto de maravilloso? Quiero matar al que lo hizo —Farfullé de mal humor acercándome a ellos y suspirando ante las cosas en el suelo, una de ellas fue una fotografía enmarcada con mi madre y Shinichirō. La recogí para dejarla en su lugar, chasqueando la lengua al ver que el vidrio tenía una rajadura en la cara de ambos —Oigan, no podemos quedarnos en este lugar o vamos revolver todo y después la policía no podrá investigar, vamos-—Vamos a tu habitación, llevanos el desayuno arriba como cuando volvemos de una fiesta —Exclamó Yuzuhara sonriendo. —No, Takemitchy está durmiendo —Respondí distraídamente cruzando los brazos al ver que había más de las fotos enmarcadas revueltas en el suelo —Vamos a la habitación de Shinichirō.El cuarto que era de mis padres ha estado bajo llave desde que mi madre falleció, hoy no será la excepción. Al menos al de mi hermano mayor pueden entrar.—¿Oyeron? Takemichi está durmiendo —Oí que decía Yuzuha en tono travieso, ante lo cual me volví hacia ella con el ceño fruncido —En su habitación.—Es muy temprano para hacer bromas —Protesté oyendo los pasos de mis amigos detrás de mí.Al subir las escaleras abrí la puerta situada consecutivamente a la mía y los invité a entrar.—Entren —Dije extendiendo el brazo y aguardando hasta que los cuatro entraron en la habitación.Era el cuarto de mi hermano mayor, a pesar de que ya no vivía en la casa sino que estaba en otra ciudad con su novio, ya no sé si sentaron cabeza o siguen recorriendo el país en sus motocicletas, la última vez que hablamos por teléfono estaba en algún lugar de México y por sus historias de instagram sé que se movió a una zona costera, ¿Cuál? No recuerdo. A pesar de que nunca me dijo el tiempo que estaría de viaje y tampoco ue volvería, su cuarto sigue en las mismas condiciones que el día que se fue.Había una cama de matrimonio con sábanas negras repletas de almohadas de las cuales solo usaba dos, una mesita de noche con la pequeña lámpara de lava azul, el armario con poca ropa y la mayoría chaquetas de invierno, un mueble con todo tipo de piezas de autos y motos, además de un par de estanterías en las que reposaban marcos de fotos y muchos pósters de motocicletas, autos o corredores famosos. No era muy grande, sin embargo, me ocupaba de limpiarla de vez en cuando, ya que uno nunca sabe cuando iba a mostrar su cara de nuevo. Hago lo mismo con el cuarto que Emma e Izana que compartían, ya que ellos llegaron mucho más tarde y no había suficiente espacio, tuvimos que improvisar con la habitación de invitados.Creo que ya ha pasado medio año desde que Emma e Izana se fueron con su madre, casi tres años cuando Shinichirō se fue y… más de cinco de la muerte de mamá.—Mikey —La adormilada voz de Ran me sacó de mis propios pensamientos —¿Podemos sentarnos en la cama?—Si, claro —Acepté haciendo un gesto aburrido con la mano. Todos se acomodaron en medio de la cama con los dulces de la panadería en su bolsa y una botella de jugo —Ran, puedes acostarte si quieres, veo tus intenciones. Yo voy abajo para llamar a la policía y de camino preparo algo caliente. ¿Qué quieren?—Un té verde, por favor, y también algo de fruta confitada, cereales con yogurt no estaría mal, en su defecto, leche. Si hay, me gustaría también algo de azúcar como… algún pastel relleno de crema o nata, pero nada chocolate, quiero cuidar mi figura. —¡Claro! —Exclamé irónicamente interrumpiendo a Yuzuha —Como estamos en un restaurante, tenemos todo eso. Las opciones son té del normal y café.—Voy contigo —Sonrió Draken levantándose de la cama y acercándose a mí —Llama a la policía mientras yo busco algo de comer.—Te ayudaré a traer las cosas —Dijo Rindō siguiendo a Draken.—Será lo mejor —Acepté aún con el ceño fruncido mientras salía de la habitación seguido de Draken y Rindō.Antes de salir ví una foto enmarcada en la pared donde estaba Shinichirō abrazándome junto a Emma e Izana que intentaba huir de la muestra de afecto, en el fondo se veía a Walasa que casualmente estaba pasando por ahí junto al otro mejor amigo de mi hermano mayor. Recuerdo ese día, la primera foto que pudimos tomarnos todos juntos como familia.Empujé mis recuerdos al fondo de mi mente y en su lugar me concentre en llamar a la policía. Me hicieron algunas preguntas y me pidieron la dirección de casa, dijeron también que debía haber llamado en cuanto me hubiera percatado del atraco, pero sinceramente, ignoré por completo los regaños. Como si anoche hubiera tenido cabeza para denunciar algo, sobre todo con lo que había pasado con Takemitchy tan de repente, de forma tan inesperada.¿Es que con él siempre iban a ser las cosas así de locas? Lo más raro de todo es que realmente me gustaba, me gustaba que todo fuera así de impulsivo, loco e impredecible.Sonriendo como un idiota me acerqué a la cocina justo cuando Draken pasaba por mi lado con dos tazas de café y una té, me ofrecí a ayudarlo aunque no era necesario y ante su negativa fui con Rindō que estaba preparando unos cuencos con cereales y leche. Por seguridad me fijé en la fecha de caducidad de los cereales, en serio que no sé de dónde sale toda esa comida.—Te falta la fruta confitada, el yogurt, el bollito de crema y el té verde —Bromeé tirando la caja vacía a la basura al verificar que todavía estaba bueno y me apoyé contra la pared. Rindō sonrió sin mirarme.—Sabes que lo hace para tomarte el pelo.—No, lo hace porque está loca —Repliqué sacudiendo la cabeza —Es la chica más loca que he conocido en mi vida, y conocí a Akane, ¿Conoces a esa amiga de mi hermano mayor?—Ran la mencionó en algunas anécdotas, siento mucha curiosidad, se oye intimidante.—A esa chica le faltaban la mitad de los tornillos.Rindō acentuó su sonrisa sin responder y removió los cereales con la leche, para luego colocar los cuencos en una bandeja y empezar a buscar algo de beber en la nevera.—La policía ya viene, así que cuando tomen eso, despertaré a Takemitchy y tendrán que ir a clase sin mí. Yo tengo que quedarme para las declaraciones y todas esas cosas.—¿Vas a decirle a la policía que Hanagaki te encontró? —Preguntó Rindō girando para verme.—No, decidí mantenerlo fuera de esto, ¿Para qué darle problemas? Voy a declarar que me desperté solo y estaba demasiado confundido como para llamar en la madrugada. Rindō asintió continuando con su tarea dándome la espalda. Yo, aún apoyado en la pared, aguardé unos segundos y finalmente me atreví a soltar eso que no me dejaba de dar vueltas por la cabeza.—¿Vas a contarme por qué te pusiste tan raro anoche?Rindō detuvo un segundo su quehacer, pero tan solo un segundo, inmediatamente después siguió con lo que estaba haciendo sin voltear a mirarme.—Amigo —Dije dando un paso hacia él —Estaba jugando, lo sabes, ¿No?—Sí, Mikey, ya lo sé —Respondió en su usual tono indiferente colocando los cuencos en una pequeña bandeja —No tienes que preocuparte.—¡Pero me preocupo! Porque siempre me aguantas todo tipo de bromas y estupideces, sin embargo, pasa esto y es la primera vez que veo que un tema te afecta de verdad.—No pasa nada, Mikey —Dijo girando hacia mí y mirándome a los ojos, callando mis palabras —De verdad, estoy bien, es solo que… no es un tema del que me guste hablar demasiado.—¿Por qué? —Insistí descruzando los brazos —¿Has tenido algún problema? ¿Te preocupa que tu pasado afecte a alguien? ¿Es por algo del presente o… del pasado cuando, ya sabes, vivías con tus padres?Rindō permaneció en silencio con su mirada clavada en la mía.Conozco los aspectos superficiales del tiempo en el que los Haitani vivían con sus padres en los barrios bajos, estaban metidos en peleas y hacían algunas cosas malas para conseguir dinero, por lo que dijo Izana vendían drogas y esa basura, pero no sé si la situación fue más grave de lo que creo, recuerdo que durante un tiempo siquiera podían ir a clases. Ran ha dicho que no quiere amargarse la vida pensando en su pasado y Rindō siquiera lo menciona.Ahora, de repente, la expresión ausente de Rindō cambió, cambió tan solo por un segundo, tan solo por un instante. Dejó de ser ese chico indiferente de siempre para convertirse en alguien que me dirigía una mirada cargada de desesperación. Pero fue solo un momento, al instante, en un abrir y cerrar de ojos, volvía a ser el de siempre.Aún lo miraba tratando de comprender qué acababa de pasar cuando Rindō habló con un tono de voz realmente sosegado.—No puedo decírtelo —Dijo con un hilo de voz.Abrí los ojos en una expresión de desconcierto y asombro, ¿Qué había dicho? ¿Qué no puede decírmelo? ¿Cuándo fue la última vez que Rindō me ha ocultado algo? Nunca. Nunca, nunca antes tuvo tenido secretos, nunca antes había existido algo que no pudiera decirme, ¿Por qué ahora? ¿No confiaba en mí? Lo miré tratando de adivinar algo que me permitiera comprender en qué estaba pensando, algo que me diera una pista sobre por qué de repente me saltaba con aquello. Nada. Como siempre, no veía nada en sus facciones, en sus ojos o manos. Así era Rindō, impenetrable e indescifrable, nunca nadie sabía lo que estaba pensando, ni siquiera yo y se supone que soy uno de sus mejores amigos.—Muy bien —Respondí, conteniendo las ganas para no decirle mis verdaderos pensamientos —No pasa nada, supongo que no tenemos por qué contarnos todo.Lo que más molestaba de esto, es que no puedo enojarme con él.Hizo demasiado por mí desde el día en que lo conocí como para ser capaz de enojarme alguna vez de verdad. Recuerdo cuando Izana y Shinichirō me presentaron a Rindō de 14 años mientras ellos hablaban con Ran lejos, todavía puedo acordarme de Rindō con un cuaderno viejo al que abrazaba como si su vida dependiera de ello y el viejo reproductor MP4 en su mano con unos audífonos de cable colgados alrededor del cuello como si fuera un collar, desde ese momento es una incógnita en mi vida. Lo recuerdo muy bien, fue después de que mi amistad con Takemitchy se rompiera.Comprendo que no es necesario decirnos todo y somos seres individuales, a veces tendremos secretos que no queremos compartir con amigos, y no significaba que no confiemos en ellos. Lo entiendo.No obstante, yo solo pedía que de vez en cuando él me dejara compensarle por todo lo que hace por mí, quiero ayudarlo cuando tiene problemas, hacer algo por él, devolverle los mil favores que me hacía todos los días. Detesto que no me permita ayudarlo siquiera como oyente, no me dejaba porque nunca me permitía entrar en sus pensamientos, solo hasta que él decida, y el problema es que nunca decidía dejarme entrar para las cosas importantes.Solo quería que confiara en mí igual que yo confío en él, ¿Era mucho pedir?—Confío en ti, Mikey —Soltó de pronto, haciéndome comenzar a mirarle con la boca abierta, ¿Y ahora cómo supo lo que estaba pensando? —Es solo que… se trata de algo de lo que no puedo, ni sé poner en palabras.—¿Por qué? —Susurré casi sin darme cuenta de que había bajado el tono de voz. No habíamos roto el contacto visual. Por segundos, me parecía ver emociones en su expresión, pero al fijarme bien, al tratar de comprenderlo, solo veía al Rindō de siempre. Realmente ya no sé qué pensar.Lo único claro era que el tema lo afectaba, lo afectaba de verdad.—Porque es algo que nunca he dicho en voz alta, siquiera para mí —Dijo al fin, logrando confundirme más, ¿Qué quiere decir con eso?—Entonces, sí hay algo —Afirmé levantando las cejas sin ceder en mi terquedad.No tenía ni idea de qué le pasaba a Rindō, ya no me importaba que quisiera o no contármelo. Podía sentir que en todo aquel embrollo hay algo que le duele de verdad y si eso era así, iba a ayudarle, le gustara o no. Porque un amigo está ahí aunque el otro no quiera. Rindō me miró por un momento con el ceño fruncido y relajó su expresión.—Nunca te rindes, ¿Verdad?—No —Respondí volviendo a cruzar mis brazos.—Lo siento, pero de verdad no puedo y te pido que olvides el tema —Sentenció dándome de nuevo la espalda y sujetando la bandeja entre sus manos —O voy a enojarme de verdad.Sin decir nada, me acerqué y agarré las bebidas, sonriendo de medio lado un momento.—Sabes que no lo pienso olvidar —Le dije antes de girarme y comenzar a caminar para llevarles el desayuno a los chicos.Fui incapaz de ocultar mis nervios cuando estuve lejos de su vista, lo cierto es que su amenaza me había afectado un poco, pero no disminuye mi determinación. Solo tengo que ser un poco más sutil y no insistir, por ahora.No pasó demasiado tiempo hasta que todos terminaron de desayunar, prácticamente devoraron los platos. Más tarde, Ran me contó que la noche anterior había tratado de cocinar y acabó quemando la cena, luego había pasado lo del robo y al final ni tiempo habían tenido de comer hasta ahora. Pensándolo bien, yo también llevaba casi un día completo sin comer, tampoco había cenado y no me apetecía desayunar. Mientras Rindō y Draken bajaban los platos a la cocina y Ran y Yuzuha se quedaban charlando, yo aproveché para darme una ducha rápida, al salir, decidí finalmente subir a despertar a Takemitchy. La policía no tardara en llegar, además de que se acercaba la hora en la que tendrían que ir a clase. Dejé a los chicos en la habitación de Shinichirō y fui a la mía.Al entrar me encontré con que Takemitchy seguía tumbado en la cama con las mantas cubriéndolo hasta la cabeza.—Se me va a ahogar —Dije para mí mismo antes de dirigirme a la cama y sentarme —Oye, Takemitchy, vas a asfixiarte ahí metido —Susurré suavemente mientras agarraba las mantas con mi mano y trataba de apartarlas —Tiene fuerza.Para mi sorpresa, no pude.Desconcertado, vi a Takemitchy removerse bajo las mantas y comprendí que las estaba sujetando él.—Takemitchy, ¿Qué haces? —Pregunté con una pequeña sonrisa.—Vete —Oí que murmuraba.Me quedé paralizado. Por segunda vez aquel día me soltaban algo que me dejaban con la boca abierta, primero Rindō y ahora Takemitchy.—¿Qué me vaya? —Repetí despacio —¿Por qué? ¿Qué te pasa?Hubo un momento de silencio antes de que Takemitchy respondiera.—No quiero salir.—Takemitchy, ¿Qué te pasa? Me estás preocupando —Dije sujetando de nuevo las mantas y tratando de apartarlas de nuevo, pero las tenía bien sujetas y una vez más fracasé. ¡Rayos, tiene fuerza cuando quiere!—No, Mikey, de verdad, no quiero salir.—Bien, solo dime por qué —Dije con voz desesperada sin entender nada de lo que estaba pasando, vaya día estoy teniendo, y solo llevaba una hora despierto. De nuevo, hubo un silencio, un silencio que me moría por interrumpir, finalmente decidí tener paciencia y aguardar.—Es que… lo de anoche… bueno…—¿Qué pasa con lo de anoche? —Inquirí preocupado, ¿Le hice daño? ¿No se podía mover bien después de…? Mierda, no puede ser, tampoco fuí bestia.Es cierto que fue algo desenfrenado al final, lo admito, pero de ahí a lastimarlo.—Solo que… después de lo que pasó, ahora… me da vergüenza salir —Terminó soltando haciendo que me quedara con la boca abierta.—Rayos, Takemitchy —Murmuré en un tono medio resignado, medio divertido, llevándome una mano a la frente y ahogando una pequeña risa. No podía evitarlo, es tan tierno. Imposible no adorarlo.—¡No te rías! —Exclamó dándome un pequeño empujón bajo las mantas que casi me tira al suelo.—¡No me río! —Exclamé fingiendo un tono de voz indignado, volviendo a agarrar la parte superior de las mantas —A ver, Takemitchy —Susurré aguantando la risa —No tienes que sentir vergüenza de eso, ¿Si? Es algo normal lo que hicimos, además, anoche me hiciste muy feliz.Takemitchy guardó en silencio unos segundos antes de hablar, con voz queda.—También me hiciste feliz.—Me alegro —Sonreí acercando mi rostro al suyo a través de las mantas —¿Me dejas verte?Takemitchy no respondió, pero estaba empezando a conocer sus silencios, decidí interpretar ese como un sí. Lentamente fui retirando las mantas dejando al descubierto su rostro y su torso desnudo.Me miró de medio lado con un rubor en sus mejillas que me hizo derretirme aún más de ternura. —Hola —Sonrió desde su posición, sin levantarse. —Hola —Respondí con una pequeña risita acercándome a besarlo —Eres adorable.Le mordí el labio inferior, sintiendo como su pecho comenzaba a latir más deprisa. Lo besé con calma, aspirando su olor y disfrutando de su sabor, todo lo que me volvía loco de él, hasta que finalmente el aire nos hizo falta y tuvimos que separarnos para respirar.—¿Dormiste bien? —Le susurré.Takemitchy me miró un momento sonriendo y después alzó el brazo, pasando su mano por mi mejilla, acariciándome el rostro.—Mejor que nunca —Respondió en mi mismo tono de voz.Sonreí y me acerqué para besarlo de nuevo, pero unos golpes en la puerta interrumpieron mi propósito y nos hizo saltar casi a la vez.—¿Chicos? —Oí que decía la voz de Draken desde el pasillo —La policía está aquí, y quiere verte Mikey, me quedaré contigo. —¡Ya bajo! —Grité tras tragar saliva, ante lo cual, Takemitchy me miró ruborizándose más de lo que ya estaba mientras me daba un pequeño empujón.—¿Qué… qué hace Draken aquí? —Dijo un poco nervioso.—Llegó hace un rato junto a Rindō, Ran y Yuzuha, estaban preocupados y…—¡¿QUÉ?! –Gritó Takemitchy, con lo cual, volví a saltar por segunda vez  —¿Y… saben que he dormido aquí? Qué vergüenza.—Takemitchy, ellos no tienen por qué imaginarse nada de lo que… —¡Como si no conocieras a Yuzuha! Vamos, dame mi ropa. Rayos, ¿Qué hora es? Que desastre —Murmuraba cada vez más alterado.Reprimiendo una pequeña risa, me levanté de la cama y agarré su ropa que en lo alto del escritorio. Después me acerqué a él y se la tendí.—Gracias —Dijo con timidez —Um, Mikey… ¿Puedes salir?—Takemitchy, ya te vi anoche.—¡Que salgas! —Exclamó agarrando la almohada para lanzarla a mi cara.Es un chico de lo más raro, hace un momento estaba dulce y de pronto actuaba todo agresivo. Como Yuzuha le estuviera contagiando la bipolaridad a Takemitchy, la mato.—Bien, bien, ya me voy —Acepté esquivando la almohada que venía volando por el aire directo a mi cabeza , dándome prisa antes de que se le ocurriera encontrar algo más duro que tirarme. 
[Takemichi] - Casa de Manjirō
Me había vestido, bajado, saludado a los chicos, pedido permiso para ducharme, vestido de nuevo con ropa limpia de Mikey y aún después de todo eso, me seguía sintiendo nervioso. No podía evitarlo, ¡Me daba una pena terrible que nuestros amigos supieran que habíamos dormido juntos! Era demasiado para procesarlo.A Mikey era claro que la situación le divertía, es más, estaba por comenzar a pensar que realmente se divertía viendo mis expresiones. Fruncí el ceño y observé mi reflejo en el espejo del cuarto de baño.Me veía extraño con la ropa de Mikey, de entre todas sus prendas, me había asegurado en elegir algo que no se saliera demasiado de mi estilo habitual. Así, tras descartar varias camisetas con nombres de bandas de rock, al final opté por una camisa azul oscuro y unos pantalones normales, color negro, los únicos que tenía que no eran de cuero ni tenían roturas. Al salir, me miró divertido. —No pareces tú sin la corbata, ya ni recordaba que tenía esa ropa.—No me extraña, estaba al fondo del armario —Sonreí mientras nuestros amigos se acercaban a nosotros.La policía había comenzado a hacer su trabajo en el salón, observaban el entorno, hacían fotos y escribían anotaciones en libretas pequeñas, durante unos minutos, no pude evitar quedarme quieto para verlos con gran interés, todo lo que había visto en mis series ahora puedo verlo en la realidad. Solo faltaba un muerto.Mikey dijo que debíamos salir de la casa para que ellos pudieran realizar la investigación. Incluso ya se habían quejado de que hubiéramos usado la cocina y el baño, pero Mikey no tardó en mirarles con el ceño fruncido alegando algo que sonó parecido a: “—En eso estaba pensando, en morirme de hambre y no ducharme hasta que a ustedes digan que puedo”. Sonreí de medio lado, era extraño pensar que ese mal humor que lo caracterizaba unido a su fuerte carácter, antes me hacía rabiar y en cambio ahora me daba risa, porque sé que es una fachada. Aunque eso no borra el hecho de que no me siguiera alterando los nervios de vez en cuando.Tras recoger nuestras cosas, salimos de la casa. Mikey nos había acompañado a la puerta, él necesitaba quedarse para prestar declaración a la policía.—Te excusaremos con los profesores —Dijo Yuzuha. —Como si alguien se diera cuenta de si voy o no —Replicó cruzándose de brazos.—Mikey —Le reproché en tanto los demás reían. Ran irá directamente a la tienda de ropa, y Draken, Yuzuha, Rindō y yo, anclases, aunque realmente no me apetecía ir, además, ni siquiera tengo mi mochila. Todas las cosas estaban en mi casa, sin mencionar que no hice nada del trabajo que me llevé.Ciertamente, no tengo idea de qué hacer ahora, no me sentía capaz de volver a casa después de lo que sucedió. Soy consciente de que tarde o temprano tengo que regresar, por supuesto, pero por alguna extraña razón mi mente se empeñaba en no pensar en eso, de seguro por el hecho de saber que esta vez yo había llegado demasiado lejos con mi padre, le había desobedecido directamente, había salido de casa en la noche y dormí afuera. Ni siquiera puedo imaginarme lo que me hará cuando me tuviera delante. Debo evitar pensar en eso por ahora, lo único que tengo claro es que iré al instituto sin mis libros, podría escuchar las explicaciones de las lecciones y pedirle materiales a mis compañeros.Luego, al salir de clase, volveré a casa de Mikey para acompañarle con los trámites de la denuncia. Lo que pasara después prefería no pensarlo, tal vez, si yo le contara a Mikey sobre la situación en casa… 
NO.
—Hsnagaki, ¿Nos oyes? —La suave voz de Rindō me trajo a la realidad. —Sí —Respondí distraídamente —¿Qué decían?—Que tenemos que irnos o llegaremos tarde —Respondió Yuzuha alejándose unos pasos con Rindō, Draken y Ran.En cuanto la oí, miré a Mikey. Permanecía apoyado en el marco de la puerta mirándonos. Por alguna extraña razón, me costaba separarme de él después de todo lo que habíamos compartido en las últimas horas.—Quiero quedarme contigo —Dije sin pensar. Ante eso, Mikey sonrió.—Nada me gustaría más, lo sabes, pero tienes que ir a clase, hacer tu trabajo y dar la cara por mí. Defiende mi honor frente a la directora que espera la oportunidad de llamar a mi padre.—¿Desde cuándo te preocupas por las responsabilidades? —Le pregunté sonriendo.—Desde que salgo con el honorable presidente del consejo —Respondió con una media sonrisa aproximando su rostro al mío y besándome suavemente —Ya vete, te espero al salir de clases.Sin decir nada más, asentí y le dirigí una última sonrisa antes de girarme y echar a correr para alcanzar a los chicos que se habían alejado unos pasos. Nos despedimos de Ran a medio camino y seguimos caminando Rindō, Draken, Yuzuha y yo. Nos pusimos al día sobre la situación de la noche anterior, por supuesto, omití ciertos detalles de lo que ocurrió con Mikey una vez se hubo despertado y también me aseguré de disculparme con ellos por no haberles avisado que encontré a Mikey en su casa.Por suerte, no le dieron demasiada importancia al hecho, comprendiendo que a causa de los nervios, el estrés y la agitación, se me había ido completamente de la cabeza. Ellos también me contaron cómo estuvieron buscando a Mikey sin descanso hasta que los llamó.De cualquier forma y por suerte, todo había quedado en un terrible susto. Casi habíamos llegado al instituto, solo nos faltaba doblar una esquina y bajar una calle cuando de pronto, mi teléfono sonó. Si ya me sorprendió que siguiera funcionando después de todo lo que se había mojado la noche anterior, mucho más me extrañó el hecho de comprobar que aún le quedara batería. Sorprendido, introduje mi mano en el bolsillo para sacarlo y les dije a mis amigos que se adelantaran.—Voy a atender la llamada, vayan, los alcanzo enseguida.Ellos asintieron y me dedicaron una sonrisa antes de doblar en la esquina y desaparecer. Una vez solo, saqué mi teléfono y fui a comprobar la identidad del llamante. Al leer el nombre un sudor frío me recorrió toda la espina dorsal, sentí como si el oxígeno desapareciera y una gran presión en mi pecho me impidiera respirar, al tiempo que las piernas me fallaban y comenzaba a temblar. Era el número de casa, ¿Para qué llamaban mis padres? ¿O sería mi hermano? No, Kazutora debía estar en el instituto y puede llamarme desde su propio teléfono. Lo único que sé, es que sentí verdadero miedo con esa llamada, porque por dentro soy consciente de lo que ocurrirá una vez que tuviera que volver, pero no aún, no quiero regresar, no tenía fuerzas para enfrentarme al infierno que me esperaba.—No, aún no —Murmuré para mí mismo al tiempo que pulsaba el botón de colgar e introducía de nuevo en el bolsillo de mi pantalón.En ese momento, unos fuertes brazos me rodearon aprisionando con fuerza mi brazo y cortándome la respiración, al tiempo que una mano me tapaba la boca, impidiendo de ese modo que gritara.No fue necesario que mi padre hablara para saber que se trataba de él. A pesar de ello, no dudó en acercar sus labios a mi rostro y susurrar, escupiendo desprecio en cada una de sus palabras.—Estás castigado.Ya veo, quizás quien llamaba era mi madre para advertirme. Soy un tonto.

----- CHAPTER BREAK -----

[Rindō] - Preparatoria Ymir Freiheit
—Y resulta que todo ese tiempo el Comandante estaba enamorado del protagonista y eran pareja antes de ser enlistando en el ejército. ¡Fue realmente impactante! Un plot twist que no ví venir, pensar que ocultó sus sentimientos para mantenerlo a salvo... wow —Yuzuha acabó de trenzar su cabello a mitad de sus palabras —Solo espero que la próxima vez que me quede en vela mirando una película no sea porque uno de nuestros amigos ha desaparecido. No creas que ya perdone a Mikey. Sé que no tuvo la culpa de nada pero con alguien tengo que enfadarme. ¿No te parece? Más cuando no nos avisó que estaba… oye, cuñado, Rin… ¡Rindō!—¿Me hablas a mí? —Pregunté algo desconcertado volviendo a la realidad de golpe.A mi lado, Yuzuha me contemplaba con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Su pie izquierdo, golpeaba rítmicamente el suelo. —¡Claro que te hablo a ti! ¿Ves a alguien más? —Exclamó con fastidio.—Disculpa, me quedé mirando la entrada y no pude escucharte.—La entrada —Repitió con expresión perpleja, bajando el tono de voz —¿Puedo preguntar qué haces mirando la puerta?Yuzuha y yo nos encontrábamos en el patio del instituto, Draken se había ido a la azotea para hablar por teléfono con Emma y contarle los detalles de nuestra travesía de anoche. Faltaban diez minutos para que comenzaran las lecciones, y por esa razón, habíamos decidido aguardar en la entrada a que Hanagaki finalizara su llamada telefónica y se reuniera con nosotros, antes de entrar al edificio. Durante la espera, Yuzuha decidió pasar el tiempo contándome una película que había estado viendo la madrugada con sus hermanos tras llegar a casa y no poder dormir. Según ella, a pesar de las buenas noticias de que los chicos estaban bien, no fue capaz de conciliar el sueño y por eso había decidido encender la televisión, sus hermanos le hicieron compañía para terminar de tranquilizarla, Hakkai acabó por quedarse dormido a media película y Taijū estuvo con ella en todo momento. Finalmente, quedó fascinada con la película.Al comienzo de su narración la había escuchado atentamente, pero conforme pasaban los minutos, me iba percatando de que Hanagaki no nos alcanzaba. Entonces, solo me había dedicado a enfocar mis cinco sentidos en la entrada, esperando verlo aparecer.—¿No lleva demasiado tiempo Hanagaki hablando por teléfono? —Pregunté como respuesta a su pregunta. Ante eso, Yuzuha transformó automáticamente su expresión de desconcierto a una de preocupación. —Ahora que lo dices, es verdad —Murmuró mientras se levantaba del banco en el que estábamos sentados y corría hacia la entrada.—¿A dónde vas? —Pregunté yendo tras ella, al oírme, se giró hacia mí. —A comprobar si sigue en la esquina, no voy a vivir de nuevo la angustia por un amigo desaparecido luego de lo que sucedió ayer —Respondió con determinación —Espero que su llamada se haya alargado y no haya sucedido algo malo.Fue lo último que dijo antes de dar media vuelta y salir de los terrenos de la institución con pasos ligeros. Asentí despacio, a pesar de que ella se había ido y nadie podía verme, decidí aguardar expectante a que volviera. Esperé bajo la sombra de un árbol, tocando los cascos de mis audífonos en los hombros y jugando con el cable debido a la ansiedad. Otra vez estoy preocupado.Debe ser eso que dijo, la llamada debió haberse alargado más de lo previsto.Al cabo de algunos minutos bastante intensos, logré vislumbrar la silueta de Yuzuha corriendo de vuelta. En un abrir y cerrar de ojos, se encontraba de nuevo en el patio con expresión jadeante. No me hizo falta preguntar nada para saber que Hanagaki no se encontraba donde le habíamos dejado.No nos dio tiempo a hablar. En ese preciso momento, retumbó el sonido de la campana que señalaba el inicio de las clases. —¿Qué hacemos? —Susurró Yuzuha sacando tu teléfono —Lo he llamado, pero… no responde —Sus ojos marrones se llenaron de ansiedad y preocupación —Rin, no vamos a volver a lo de ayer, ¿Verdad? —No lo sé —Respondí volviendo a enredar mi dedo con el cable conectado a mi teléfono.Esto ya es el colmo, estaban sucediendo demasiadas cosas extrañas. ¿Por qué de repente Hanagaki volvía a desaparecer?—¿Qué están haciendo, alumnos? —La voz de la directora nos hizo girarnos bruscamente, casi al unísono hacia la entrada del edificio. Se encontraba de pie junto al umbral de la puerta, con muchos papeles en sus manos, un lápiz en su peinado y observándonos con el entrecejo fruncido —¿No oyeron la campaña del inicio de las clases? Vamos, adentro.Demonios, esto es malo.Todas las clases transcurrieron con una lentitud verdaderamente frustrante. Yuzuha, Draken y yo, no cedimos en nuestro empeño de llamar a Hanagaki una y otra vez tratando de obtener algún tipo de respuesta, todo sin éxito. No sabíamos qué pensar. Aquello carece de una explicación lógica y después de la agitada noche que vivimos, no nos sentíamos capacitados para comenzar a razonar con normalidad. Lo único que podíamos hacer era insistir al teléfono, tarea en la que no desistimos durante los descansos, y también en los cambios de clases.Incluso una vez probamos suerte con Mikey, pero él tampoco nos respondió la llamada. Al menos esta vez no nos preocupamos por él, sabíamos que estaba en estación de policía porque subió una historia de sus zapatillas delatando su ubicación, y evidentemente, en aquel lugar no le sería posible estar pendiente del teléfono. Ahora nuestra preocupación se centraba en Hanagaki que no volvió a dar señales de vida desde que se quedó atrás respondiendo a aquella llamada.¿Qué relación existía entre los dos hechos? Pensando en eso Yuzuha, Draken y yo no pudimos prestar atención a ninguna de las lecciones. Excusamos a Hanagaki y a Mikey ante los profesores, y nos dedicamos a aguardar hasta el final de las clases tomando notas de todo lo que podíamos tratando de tener paciencia y sentirnos útiles, aunque ciertamente esa tarea no estaba resultando nada fácil.Por fin, las lecciones del día llegaron a su fin.Draken se ofreció a recorrer los alrededores primero, una de sus clases se canceló, mientras que Yuzuha y yo nos reunimos en el pasillo y decidimos partir hacia la comisaría e informar a Mikey sobre lo sucedido. Incluso era posible que Hanagaki estuviera con él, si no era así, nos dedicaremos de nuevo a recorrer la ciudad en busca de nuestro amigo, quizás volvió a sentirse y había decidido volver a su casa. Eso no justifica la falta de respuesta a las llamadas y mensajes.—Puede ser cualquier cosa, tratemos de pensar en positivo, ¿De acuerdo? Esto no quiere decir que le haya ocurrido nada malo, puede existir una explicación perfectamente lógica que justifique todo este lío —Sentenció Yuzuha con voz firme antes de girarse y comenzar a caminar rumbo a la salida.Sin decir nada, me dispuse a seguirla mientras golpeaba con mis dedos los cascos de mis audífonos, cuando de pronto una voz a mis espaldas pronunciando mi nombre, me hizo detenerme. —Rindō, espera, ¿Puedo hablar contigo?
[Sōuya] - Preparatoria Ymir Freiheit
Llevaba toda la mañana queriendo hablar con él, pero no tuve oportunidad. Las clases fueron pesadas y entre los descansos se perdió junto a Yuzuha.De pronto, al verle dispuesto a marcharse, comprendí que era en ese momento o nunca, y decidí armarme de valor. No es que una situación como esta requiriera mucho valor en realidad, pero por alguna extraña razón, el hecho de que se tratase precisamente de Rindō Haitani cambiaba las cosas. Era un chico diferente al resto de personas que conocía, nunca había cruzado más de dos palabras con él hasta que coincidimos en la tienda de su hermano, Ran que también era alguien por quién tengo un pequeño crush hasta que descubrí que era novio de Yuzuha.Claro que no importa, mi corazón le pertenece a Mitsuya, eso nunca cambiará. Pero, enterarse de repente que el chico al que le llevas echando el ojo desde hace varias semanas y del que ni siquiera sabes su nombre, es pareja de una de tus compañeras de clase chocaba un poco, en especial cuando era más grande. El asunto de Ran era una fantasía de esas que no esperas que se vuelvan realidad; y Rindō… bueno, a pesar de que nunca había tenido ninguna clase de trato con él, no se me había ido de la cabeza lo ocurrido el día anterior, lo de su pesadilla en clase y estaba un poco preocupado. Por eso, decidí hablar con él. No sé en qué iba a acabar eso, total, probablemente se sorprendería porque no somos amigos.Eso no importa, un amigo de Takemichi, también es mi amigo y Rindō es el mejor amigo de su novio, creo que eso nos vuelve amigos… ya no sé lo que digo para justificar lo que hago.Rindō ya se había dado la vuelta y clavado sus ojos púrpura en mí. No hay marcha atrás, tengo que hacerlo, debo ser valiente como Smiley —Por supuesto, Angry, ¿Pasa algo? —Preguntó con voz suave y expresión indiferente, antes de ese día en la tienda creí que era una mirada arrogante, ahora sé que así mira a todos, hasta a su hermano y amigos cercanos.Al fondo del pasillo, vi como Yuzuha se removía inquieta frotándose las manos, como si estuviera a punto de tomar una decisión importante, optó por echar a correr hacia la puerta principal con su teléfono pegado a la oreja, no sin antes gritar:—¡Te espero fuera, Rin, no tardes!Al ver cómo se alejaba, tragué saliva y dirigí mi vista hacia Rindō. A pesar del grito de Yuzuha, su expresión no había cambiado y tampoco se giró a verla. —¿Es un mal momento? —Pregunté torciendo el gesto en una expresión culpable y estirando las mangas de mi cárdigan. No quise ser inoportuno.—Descuida —Respondió en el mismo tono de antes —Dime, ¿Qué sucede? Es la primera vez que me hablas.Lo sé, porque antes me intimidabas un poco y creí que mirabas a todos como si fueran inferiores. Lo siento.Me quedé mirándolo un momento ladeando la cabeza. Tuve la oportunidad de oírlo desde lejos hablar con otras personas y siempre me ha sorprendido que hablara en un tono tan neutral, era un poco relajante cuando no estaba dirigido a mi persona. Ahora, sentir que era a mí a quien le hablaba, resultaba extraño, demasiado extraño en realidad. Tal como dijo, es la primera vez que le hablo.—Eh… bueno, yo… yo solo quería preguntarte cómo estabas. Me quedé preocupado desde ayer con tu accidente en clase de historia —Dije por fin ladeando la cabeza hacia el otro lado. Rindō permaneció un momento totalmente quieto, sin variar su postura y expresión, hasta que finalmente habló. —Eres muy amable al preguntar, pero no debes preocuparte. Tan solo fue una pesadilla porque no había descansado bien y no pude evitar quedarme dormido. —Entiendo —Asentí despacio sintiendo cada vez más extraña la conversación —Bueno, la verdad es que quise preguntarte ayer, pero…Guardé silencio  de golpe tragando saliva y miré las mangas de mi abrigo que cubrían mis manos.—¿Sí? —Preguntó Rindō aún sin moverse. —Siendo honesto, la expresión que Mikey le daba a cualquiera que se acercara no me invitaba precisamente a hacerlo y no quise inmiscuirme —Murmuré más para mí mismo que para Rindō, mientras comenzaba a retorcer mi pie derecho en el suelo, moviéndolo en círculos.Al final, Rindō sonrió levemente. Casi me sorprendí por semejante expresión, esta es, que yo recuerde, la primera vez que lo veía sonreír. Siempre estaba prestando atención en clases o durmiendo, apenas hablaba con los demás y cuando lo hacía era para decirles que no le hablen.—No es personal, así es el carácter de Mikey, un tanto especial y no precisamente fácil de tratar o entender.—Pero veo que lo entiendes —Lo corté deteniendo de golpe el movimiento de mi pie y enfocando mis ojos en él. Rindō volvió a su expresión del principio.—Sí, eso trato de hacer —Respondió simplemente. —Eres considerado con tu amigo —Dije tras unos segundos en silencio.De repente, sentía unas grandes ganas de marcharme, incluso me arrepentía de haber iniciado la conversación porque quizás me estaba metiendo donde no debía, tal como dijo Smiley. Rindō era demasiado difícil de tratar para mi gusto, no es fácil hablar con él o captar señales de gusto o disgusto.Miré la bolsa que tenía en mi mano y la extendí.—Son manzanas verdes, dicen que es bueno ingerir frutas si te sientes mal —Rindō acepto la bolsa, esto no es normal, no es la primera vez que hago un regalo por alguien que parece enfermo. ¿Por qué se siente tan incómodo con él? —Bueno, creo me voy, me alegro que estés bien.—Es muy amable de tu parte preguntar y gracias por el regalo —Respondió ladeando la cabeza suavemente —Yo también me voy.—Si, claro —Dije aireando los brazos hacia adelante, haciéndole ver que podía irse cuando quisiera. Sin decir nada más, finalmente se dio la vuelta y echó a caminar a través del pasillo.No pude evitar quedarme mirándolo un momento, a mí me gusta mucho la muda y he visto miles de personas vestidas de diferentes clases y nunca me ha gustado un estilo en particular, pero realmente el estilo de Rindō era una interesante mezcla de ropa moderna con modificaciones que tenía alfileres sujetando la tela, parches, estampado escosés o cortes irregulares que le daban un aura rebelde sin dejar de lado cierto aire tranquilo y elegante. Tan extraño como él, sin duda.No sé si alegrarme o no por haber mantenido una conversación decente, al menos puedo ver que está bien, aunque lo poco que dijo me dejó con un extraño sabor de boca.Siempre que veo a Rindō de lejos me parece un chico fuera de lo común, después pensé que era solo en apariencias, que al hablar con él, uno podría darse cuenta de que era un chico normal; y yo acabo de comprobar que no. No era un chico común y corriente, era igual de misterioso que en apariencias. Justo acababa de encogerme de hombros y prepararme para irme cuando oí una voz.—Oh, Angry —La voz que espero escuchar cada minuto de cada hora de cada día, la voz de la persona que más me gusta en el mundo, la voz de Mitsuya.Me giré en un gesto automático al oírlo, y ahí estaba, sudadera blanca con una remera negra con tres lineas púrpuras en el torso, pantalones grises holgados, cabello lila peinado de manera pulcra y ojos violetas repletos de amabilidad.—¡Hola, Mitsuya! —Sonreí de oreja a oreja, sintiendo extenderse por mis mejillas un ligero rubor. El mismo que aparecía siempre que estaba delante.—Te estaba buscando —Sonrió —¿Quieres ir a comer? ¡Yo invito! –Añadió introduciendo su mano en el bolsillo del pantalón y sacando unos vales de descuento para hamburguesas —Luna me dijo que cuando se quedaron encerrados fuiste amable con ella y la distrajiste del miedo cuando Smiley intentaba asustarla, quiero agradecerte.A comer, Mitsuya quería ir a comer, conmigo.Definitivamente es el mejor día de mi vida. Apenas me salían las palabras, se me quedaron quedado atascadas en la garganta. Me limité a asentir con vigor acentuando mucho más mi sonrisa hacia él. —¡Genial! ¿Sabes dónde está Smiley? Quizás quiera venir, voy a molestarlo por asustar a mi hermana.—¡Él tiene entrenamiento con el equipo de básquet! —Me apresuré a responder. De repente, la voz volvió como por arte de magia —Sí, como unas cinco horas de hacer eso que él hace con el equipo, le va a ser imposible acompañarlos.De hecho, ni siquiera sé con claridad si hoy tiene entrenamiento de básquet o de fútbol, creo que me dijo algo sobre ir a una pista de skateboard con sus amigos o quizás eso será en los próximos días. No tengo la menor idea.—Oh, vaya —Dijo Mitsuya antes de volver a esbozar una sonrisa leve —Es una pena, quería vengarme por asustar a Luna con esas historias de terror, pero no importa, ¡Vayamos nosotros! La venganza vendrá después.—¡Sí, claro! —Exclamé entusiasmado —Vamos.Mientras salíamos del edificio me apresuré en sacar mi teléfono y enviarle un mensaje a mi hermano. Una vez lo hice, me preparé para pasar el que sin duda sería el mejor día de mi vida.
«—Avisa a mamá que comeré fuera, y si alguien te pregunta, hoy estás muy ocupado con entrenamientos de básquet, no te aparezcas por los puestos de comida rápida. No preguntes, luego te cuento.»
Perseverar al fin está dando frutos.
[Manjirō] - Estación de policía
Por el rumbo que iba tomando la mañana, está claro que me quedaban varias horas de declaraciones y papeleo. En la vida me hubiera imaginado que poner una denuncia iba a ser tan complicado, siento pena por mis hermanos que están mas acostumbrados a esto. Yo lo único que quiero es irme a casa, recoger todo el desastre en el salón, llamar a mis hermanos de nuevo para que dejen de llenar mi buzón con mensajes e irme a dormir. ¿Era mucho pedir? Al parecer sí porque no contentos con revolver la casa un buen rato, ahora me llevaban a la comisaría y me dejaban ahí sentado y esperando, ¿Qué? No lo sé.Dijeron que cuando me llamen voy a pesar a declarar, ¡Eso habían dicho hace dos malditas horas! Y a mí ya me dolía el trasero de estar aquí. Ni siquiera tengo mis audífonos.Como la guinda del pastel, me había dado cuenta que esto no acabaría aquí, no, este miércoles no iba a ser el final. Por lo visto, voy a tener que pasar por la comisaría en los próximos días más de una vez para seguir arreglando papeles por mi cuenta o pedirle a mi padre que se encargara. ¡Y eso nunca va a suceder! Jamás le pediré ayuda a ese bastardo, tampoco molestaré a Shinichirō en sus vacaciones indefinidas y me da pena llamar a Izana después de darle un exhaustivo discurso alegando que estaré bien por mi cuenta.¡Estúpidos papeles! No sé como Takemitchy aguanta estar todos los días rellenando papeles, es desesperante y agobiante. Hasta tengo ganas de golpear a los policías por su lentitud. Ojalá los chicos estuvieran aquí para hacerme compañía, si por lo menos estuviera Takemitchy.Resoplé, molesto y enojado con el mundo, ya iba a levantarme y buscar a alguien a quien preguntar en qué momento iban a llamarme, cuando de repente, la puerta que tenía frente a mí se abrió y salió un oficial pronunciando mi nombre en un tono de voz más alto de lo normal. Ahora toda la comisaría iba a enterarse de cómo me llamo, nadie puede saber mi ridículo segundo nombre, es un secreto que planeo llevarme a la tumba.—Aquí —Le respondí malhumorado alzando el brazo. Inmediatamente me arrepentí, ni que estuviera en clase a punto de responder una pregunta.El oficial me miró un momento y se hizo a un lado permitiéndome pasar.—Por aquí. Las horas pasaron, a veces sentía que los policías estaban haciendo el papel de un padre al regañarme por no actuar con moderación y no llamar de inmediato, si lo hubiera hecho no me habrían golpeado hasta dejarme inconsciente.Acepté todo como buen niño por el bien de salir rápido y, cuando al fin lo hice, ví algo extraño en la salida.—Me siento amado —Exclamé en cuanto vi a mis amigos atravesar la puerta de la comisaría. Les hice señas con la mano, y en cuanto me vieron se acercaron a mí con paso rápido —Díganme que alguno de ustedes me compró una Coca-Cola, estoy muerto sin… —Callé de golpe al comprobar que mis amigos llegaron solos —¿Y Takemitchy?Vi el intercambio de miradas con expresión preocupada.—Eso lo responde, tampoco está aquí —Susurró Yuzuha mordiéndose el labio inferior.—¿Cómo que “tampoco”? ¿Qué pasa? —Inquirí alzando la voz. Algunas de las personas que estaban en la sala se me quedaron mirando a causa de eso, a mí no me importo en lo más mínimo. Mis ojos estaban clavados en mis amigos.Yuzuha era bipolar, eso lo tenía más que asumido, y por eso no podía fiarme demasiado de sus caras o sus frases a medias. La situación era diferente con Rindō, él no ponía esa cara por cualquier estupidez y Draken parecía más agitado que ellos, estaba pasando algo. Algo relacionado con Takemitchy.—Ante todo, Mikey, no pierdas la calma —Empezó Yuzuha y en seguida la detuve. —Mira, Yuzuha, peor me hace que digas que me calme. Solo quiero que me digan qué pasa.Durante unos segundos, reinó el silencio en el lugar.Mis amigos se miraron entre ellos una vez más, y finalmente tras lo que parecieron horas, Draken despegó los labios y empezó a hablar.—No estamos muy seguros de qué ha podido ocurrir, lo cierto es que no tenemos noticias del presi desde esta mañana.—¿Cómo que desde esta mañana? —De nuevo alcé la voz sin darme cuenta —¡¿No estaba con ustedes?!—Nos separamos de él una calle antes porque sonó su teléfono y se quedó atrás para atender la llamada. Nosotros lo dejamos solo y cuando pasó un buen rato notamos que no regresaba. Volví al lugar donde nos habíamos separado y él ya no estaba allí —Explicó Yuzuha con voz apagada y la cabeza agachada.Abrí la boca para hablar y de mi garganta no salió ningún sonido. De repente, sentí un torbellino enorme y desagradable girando por todo mi cuerpo, recorriéndome las piernas, los brazos y sobre todo el estómago.—Tampoco nos contesta las llamadas ni los mensajes, nuestra última opción fue pensar que estaba contigo —Terminó Draken.No dije nada. No hice nada. Tampoco sabía qué decir o qué hacer, porque al fin y al cabo, ni siquiera sé si debo o no preocuparme. A ver, entiendo que no aparece, sí, pero eso podía ser por cualquier motivo, debo relajarme, nadie me decía que sucedió algo malo, tenía a mi favor el hecho de no saber.No, no, inmediatamente supe que aquello no era cierto, precisamente es esa ignorancia la que seguía apretando y apretando ese nudo de mi estómago cada vez más. Aquello no era normal, no lo era ni por accidente, no tenía ningún sentido, simplemente no lo tenía. No me di cuenta de que había empezado a caminar a grandes zancadas hasta que escuché la voz de Draken gritar a mi espalda. —¡Mikey! ¿A dónde vas? Tienes que entrar a declarar.Entonces, sin volverme, caí en la cuenta de que estaba parado a la entrada de la puerta de la estación de policía.Debe existir alguna explicación para todo esto, claro que sí, solo tengo que encontrar a Takemitchy y preguntarle. Después, quizás, retirarle la palabra durante un mes por darme este susto, porque no era lo que me habían contado los chicos lo que me contraía el estómago, lo que de verdad me hacía sentir ese horrible cosquilleo en todo el cuerpo, esa presión, era el hecho de estar de pronto aterrado sin tener claro por qué. El sentir tanto miedo sin ni siquiera estar seguro de sí ese motivo por el que se había esfumado, fuera cual fuese, era malo o no.—Mikey —Oí que decía a mis espaldas la suave voz de Draken, pero antes de dejarle acabar o decir nada más, di un paso al frente y salí a la soleada calle. 
[Takemichi] -Casa de los Hanagaki
Frío. Un frío atroz penetraba en mi piel, clavándose dentro de mí como si se tratara de afiladas agujas. Sentía mi pecho desnudo adherirse al frígido suelo de un modo repugnante.No podía moverme. Los músculos no me respondían, las piernas me temblaban, los brazos los tenía entumecidos y mi espalda… mi espalda ardía. Desde mi posición en el suelo solo alcanzaba a ver la oscuridad en el hueco de mi escritorio y las cuatro patas de la silla en la que acostumbraba a sentarme a hacer mi tarea, entre las cuales estaban los restos de mi destrozado teléfono. Nada más. Sin embargo, aunque no podía verlo, sí que sentía la presencia de mi padre al otro lado de la habitación y también podía oír claramente sus fríos y tranquilos pasos recorrer el lugar hasta quedar parado frente a mí.En un gesto automático, despegué mi mejilla izquierda del suelo y alcé la cabeza, tratando de enfocar mis ojos nublados en él. Inevitablemente, ese temblor descontrolado en mi cuerpo que me hacía convulsionar incrementó con creces al mirarlo. Quise hablar, pero de mis labios no salió ningún sonido, había llorado hasta quedarme sin voz y ahora solo podía sentir un fuerte escozor en mi irritada garganta, nada más. Tragué saliva, tratando de ocultar una mueca de dolor en mi rostro y lo miré. Me aterraba el hecho de comprobar que su expresión no había cambiado en ningún momento a lo largo de este tiempo, todo lo contrario, aún me aterrorizaba el hecho de saber que no podía huir de él y de sus fríos ojos dorados.Mi cuerpo se retorcía recibiendo un escalofrío tras otro, pero yo no podía moverme por voluntad propia, no podía hacer nada, solo mirarlo, mirarlo de un modo suplicante, mirarlo rogándole interiormente que me dejara descansar y que me permitiera dejar de temblar, que parara ya. Tras unos segundos ahí de pie frente a mí, mi padre finalmente realizó un movimiento brusco con su brazo izquierdo que me hizo cerrar los ojos con temor, esperando un golpe más, el cual nunca llegó. Cuando me atreví a abrir mis ojos de nuevo, contemplé que mi padre tan solo había decidido colocarse nuevamente el cinturón que hasta unos momentos había estado sosteniendo en la mano. Mis ojos volvieron a cruzarse con los suyos y la frialdad se filtró en lo profundo de mi alma.Solo entonces, permití que las fuerzas me abandonen hasta dejar caer de nuevo mi cabeza en el suelo y respirar hondamente. Ya está, ya había pasado.—Esto no ha acabado —Dijo mi padre fríamente antes de girarse y caminar a la puerta.Una vez que me quedé solo, cerré los ojos de nuevo y traté de tranquilizar mi agitada respiración, incluso respirar dolía, dolía todo, dolía el roce de mi piel contra el suelo, dolía el tratar de moverme para llegar hasta la cama, dolían mis ojos a causa de haberlos cerrado con tanta fuerza, dolían mis dientes, los cuales no había dejado de apretar y dolía cada milímetro de mi piel herida, cada presencia de todas las marcas que había vuelto a dejarme y que a causa de mi posición no podía ver. Incluso me dolía pensar. Por eso, simplemente, por un momento, solo por un momento, decidí dejarme descansar y quedarme ahí hasta que la sola idea de tratar de levantarme no me resultara una tortura.En sueños creo haber visto a alguien levantarme del suelo para dejarme caer en la cama, recuerdo la silueta de esa persona obligándome a girar para pasar una sustancia fría en mi espalda y cubrirme con la manta. Gracias a lo sueños pude disfrutar del placer que alguien estuviera curando mis heridas, me pareció ver su cabello rubio y negro antes de caer dormido sobre mi almohada. Por suerte mamá se encargara de mis heridas.
[Manjirō] - Casa de los Hanagaki
Ya no me importa nuestro acuerdo de “guardar las apariencias”. Sabía que ir a su casa puede traer problemas, sobre todo si el idiota de Kazutora me ve por ahí, por desgracia, no hay otra cosa que pueda hacer. Era el único modo de saber algo más, de lo contrario, iba a volverme loco.La presión en mi pecho no había disminuido, cada vez apretaba más y de seguir así, estaba seguro de que no pasaría demasiado tiempo hasta que se me acabara la poca paciencia que me quedaba, haciendo que empezara a buscarlo a gritos por la calle. Ahora entiendo su desesperación de ayer.Llamé al timbre en cuanto llegué, sin pararme a pensarlo. Sabía que si me entretenía dándole vueltas al tema, después no sería capaz de tomar una decisión hasta pasado un rato.Cuando la puerta se abrió, contuve la respiración y apreté los puños, esperando verlo aparecer en el umbral actuando normal, diciendo que se había sentido mal, se le acabó la batería para avisar y fue a dormir o tal vez que empezara a reírse diciendo que todo fue una broma por asustarlo ayer, que ese nudo en mi estómago no era más que una broma, pero fue Kazutora el que abrió la puerta. Al verlo, resoplé de mal humor.Kazutora tenía que ser, hasta prefería que hubiera sido su madre.—Hola, Mikey —Sonrió al verme mientras llevaba una paleta a su boca, estaba sorprendido a pesar de querer aparentar que no, pero sonriendo de esa forma que hace que se me revuelvan las tripas. Cómo un gato astuto —¡Qué milagro tu presencia! ¿Necesitas algo?—No —Respondí de mal humor —Vengo a ver a tu hermano, ¿Está?—A mi hermano —Repitió cambiando la expresión de su rostro y mirándome como quien mira a un bicho raro —Vienes a ver a mi hermano —Repitió y se echó a reír —Me encanta tu sentido del humor, Mikey. Mientras hablaba hizo el intento de cerrarme la puerta en la cara y yo lo detuve con brusquedad. Kazutora borró todo ápice de sonrisa en su rostro y me miró abriendo los ojos de par en par. Sus ojos dorados brillaron en advertencia y yo solté la puerta al ver que no tenía intenciones de dejarme afuera.—Que maleducado. —¿Está Hanagaki o no?—Cielos, eres un fastidio —Susurró entre dientes y dibujando en su rostro una expresión de desagrado.—¡Solo responde! —Exclamé tratando de disimular tanto como fuera posible, nadie puede saber que Takemitchy y yo mantenemos una relación y mucho menos Kazutora, deben seguir creyendo que nos odiamos, que aún nos llevamos mal —Es por un asunto del consejo, ¿Okey? Ni te pienses que vengo a verlo por gusto, solo lo hago para que me dé un informe con el que puedo justificar mis ausencias ante la directora y salvarme.—¿Salvarte? ¿De nuevo te metiste en problemas? ¿Volviste a las peleas? —Preguntó Kazutora apoyándose en el marco de la puerta, como quien mantiene una conversación normal, un día normal y llevaba de nuevo la paleta a su boca. —Demonios —Farfullé echando humo por las orejas, empezando a caminar de un lado a otro en la calle con tal de calmar los nervios y no acabar gritando la verdad —¡Eso no te importa! ¿Vas a decirme si está o no? Kazutora rió al ver mi desesperación, y en ese momento juro que no me hubiera importado darle la golpiza de su vida, afortunadamente, apreté los puños hasta que me hice daño en las manos y logré controlarme.—Si, si está —Dijo al fin —Pero no puedes verlo, porque está castigado, además… no se encuentra en condiciones de atender a nadie.Algo en la mirada dorada de Kazutora pasó de ser arrogante, aburrida y desagradable a algo neutral, no, no era neutral, más bien un sentimiento que no pude interpretar.—¿Qué quieres decir? —Pregunté dando un paso al frente, y mirando por encima de su cabeza a través del umbral de la puerta, esperando ver a Takemitchy por casualidad.Pude oír pasos y vi a Kazutora cambiar de lugar, hasta por un momento me pareció nervioso, algo que no es propio de él. Cualquier emoción que pude ver cambió a la misma actitud altanera de siempre.—¡Oh, nada grave! Solo se siente un poco enfermo —Rió ladeando la cabeza —Pero no te preocupes, Mikey, le diré que pasaste, y sobre tu justificado… tendrás que esperar hasta que le levanten el castigo al pobre de mi hermano, porque dudo que le veas hasta entonces. Confío en que vas a salir bien de esta como siempre —Su sonrisa gatuna mientras me empujaba para que retrocediera me confundió hasta dejarme completamente afuera de la casa —¡Adiós!Fue lo último que dijo antes de que la puerta se cerrara, me miró una última vez sin sonreír con malicia sino en advertencia, y por un instante creí ver a un hombre de traje pasando pasando por atrás. Me quedé quieto, con los puños apretados sin reaccionar.¿Y ahora cómo tomaba yo esa información? —Espera, Kazutora, ¡Kazutora! —Grité golpeando la puerta, pero nadie más salió a abrir.Actuando nerviosamente, sintiéndome mucho más irritado y aterrado que antes de llegar a la casa, anduve calle arriba y calle abajo unos minutos tratando de calmar mis ideas y entender qué ocurrió.¿Castigado? ¿Se siente enfermo? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿En qué momento le castigaron? ¿En qué momento había comenzado a sentirse mal si Draken, Yuzuha y Rindō lo perdieron de vista un momento?—Maldición, ¿Qué pasa?Eso era lo que me tenía aterrado, no saber cómo estaba, cómo se sentía o si me necesitaba a su lado. ¿Y si era de verdad se siente mal y yo no estoy con él? Esa idea me hizo sentir, mucho peor que antes. Sentía los nervios dentro de mi cuerpo y no me dejaban pensar con claridad, no me dejaban buscarle lógica a la resolución, no me dejaban analizar la situación.Estos eran los momentos en los que odiaba mi carácter impulsivo y loco, esa manera de ser no me dejaba hacer las cosas a bien. Pero, ¿Cómo se hacían las cosas bien en una situación como esta? La cabeza me iba a estallar de tanto darle vueltas, no quería seguir pensando si era cierto lo que dijo Kazutora. Lo único que quiero es hablar con él.Saqué mi teléfono y marqué su número resoplando de impaciencia. Aguardé expectante, pero ni siquiera hizo la llamada. En cuanto aproximé el aparato a mi oreja, me sonó el mensaje anunciándome que el teléfono de Takemitchy no se encontraba disponible.—¡Maldición! —Exclamé sintiendo incrementar mis nervios y mi irritación. Aguardé de cuclillas a un costado de la puerta hasta que se me ocurrió una idea. 
[Rindō] - Calle
Draken había ido a dar otra vuelta cerca de la escuela y Yuzuha fue con Ran, yo fui el encargado de ir por Mikey. A quién vi al doblar en la esquina del vecindario donde vive Hanagaki.Recogía pequeños piedras del suelo y se disponía a lanzarlas a la ventana del segundo piso de la casa que tenía adelante. Desde lejos, se apreciaba su creciente nerviosismo. Suspiré resignado y me acerqué con pasos lentos.—Mikey, ¿Qué estás haciendo?Se giró bruscamente al oír mi voz y me miró un momento con el entrecejo fruncido.—¿A ti qué te parece? —Me espetó —Trato de comunicarme con Takemitchy, pero no sale, ni se asoma ni… ¡No hace nada! No sé donde está, Rindō, no sé nada, no sé...! —Farfulló lanzando la piedra que sostenía entre sus manos a lo lejos con rabia —No sé nada, nunca sé nada.—Vamos, tranquilízate —Dije con voz calmada, situando una mano sobre su hombro y aguardando expectante.Su respiración se oía agitada, consideré una buena señal que no me apartara, sabía que sus nervios incrementaban cada vez que le pedimos calma.—¿A qué vienes todo esto, Rindō? —Suspiró de espaldas a mí, con la mirada fija en la ventana —Es que… no me entero de nada, ¿Sabes? No le veo sentido de repente desaparezca del mapa. Aguardamos unos minutos en silencio, y entonces di un paso hacia él, apretando su hombro con mi mano. —¿Has averiguado algo? —Pregunté en voz baja. Mikey tragó saliva antes de responder en el mismo tono.—No estoy seguro —Desde mi posición asentí, a sabiendas de que no podía verme y sin decir nada, comencé a caminar sin retirar mi mano de su hombro, guiándolo para que también caminara.—Vamos al parque, ahí me cuentas todo con calma.
[Manjirō] - Parque
Dos días después, Rindō y yo volvimos a estar sentados en el banco de siempre mientras él creaba una nueva lista de reproducción en Spotify y yo bebía mi tercera lata de Coca-Cola, es un auténtico milagro que pudiera reemplazar el tabaco con la gaseosa, me entretenía en hacer sonidos con mi boca mientras miraba al frente ausente y pensativo.Tanto así que casi me sorprendí cuando oí a Rindō hablar, ya que normalmente era yo el que trataba de sacarle conversación y él quien ignoraba a todos.—Piensas en Hanagaki —No era una pregunta, sino una afirmación.Una vez más, Rindō demostraba que me conocía muy bien, mucho mejor que yo mismo. Siempre sabía en qué estaba pensando, qué quiero hacer, qué no, incluso qué estoy por decir.Así es cómo estuvimos estos últimos dos días, desde que llegó a la casa de Takemitchy mientras yo trataba de comunicarme con él tirando piedras a su ventana.—¿Cómo lo haces, Rindō? ¿Cómo te das cuenta de todo? —Quise saber. Sin mirarle, supe que sonrió ante mi pregunta. —Te conozco —Respondió con tranquilidad. Suspiré y me acabé la lata, aún con la mirada perdida en algún punto entre el tobogán y los columpios.—Ya han pasado dos días y no sabemos nada.—Sabemos que Kazutora no mintió —Dijo Rindō a mi lado —Él mismo vino a nuestra clase para hablar con los profesores y en la primera hora del jueves el profesor Smith anunció que Hanagaki no podría ir a clase en lo que quedaba de semana, a causa de que se encontraba enfermo, y el consejo estaba al manfo de Sendō.—Kazutora podrá ser un fiestero manipulador que juega con las palabras, pero no miente, solo omite información —Aplasté la lata con mi mano —Eso no explica por qué Takemitchy no responde al teléfono. No he dejado de darle vueltas, aquí hay algo que no me cuadra, algo que no nos han contado y no puedo averiguar porque volver a su casa a preguntar por él sería demasiado sospechoso para su hermano. Durante un momento nos quedamos en silencio.Podía sentir el rasgar del bolígrafo de Rindō en su cuaderno mientras yo buscaba otra lata de refresco en la bolsa que compramos en el mercado, tratando inútilmente de tranquilizar los nervios. Ni cuenta me di cuando mi amigo intercambió su teléfono por el cuaderno.—Yo también creo que algo no está bien —Susurró Rindō, ante lo cual, voltee hacia él de forma brusca.—¡Lo sabía! —Exclamé en tono triunfante —Sabía que tenía razón, aquí hay algo que se nos escapa de las manos y ya estaba seguro antes pero, al decirme que también lo piensas, estoy más convencido.—Mikey, que yo también lo piense no quiere decir nada.—¡Que lo pienses quiere decir todo, Rindō! En la vida he visto que te falle una intuición.Rindō sonrió sin dejar de escribir guardando silencio. Sin decir nada, me giré hacia delante y suspiré con la nueva lata de gaseosa sin abrir. Acto seguido me levanté y miré a mi amigo.—¿Me ayudarías a hacer algo loco? —Pregunté suspirando. Rindō escribió una palabra más y finalmente levantó la vista enfocando sus ojos en los míos.—Siempre lo hago.Cuidado Draken, Rindō está a punto de tomar tu lugar como mejor amigo número uno.
[Rindō] - Casa de los Hanagaki
—Recuérdame porqué hago esto —Murmuré con mi dedo índice sobre el timbre de la casa, sin llegar a pulsarlo.—Porque somos amigos y estamos preocupados por Takemitchy.No lo niego, también me preocupa Hanagaki. Y sin él es más complicado tener bajo control a Mikey.—Muy bien —Dije con determinación —¿Estás preparado?Por el rabillo del ojo, acerté a ver como Mikey asentía. Entonces, tras tragar saliva, me dispuse a apretar el botón. De pronto, la mano de Mikey aferrando con fuerza mi brazo me detuvo.—¡Espera, Rindō! Antes tengo que preguntarte algo —Sorprendido, me giré hacia él. Si conocía a Mikey, y habitualmente solía adivinar todos sus pensamientos, en esta ocasión su petición me tomo por sorpresa.—¿Qué ocurre? —Pregunté con un visible interés. Mikey, tragó saliva y suspiró antes de responder, ladeando la cabeza y cruzándose de brazos.—¿Cuándo vas a contarme tu secreto? —¿Secreto? —Pregunté sin comprender. —Lo de la persona que te gusta. ¡Vamos, Rindō! Te he dado unos días, pero no entiendo por qué aún no me dices nada.Sin poder creer del todo las palabras de Mikey, fruncí el ceño y llevé mi mano a mi frente.—No puedo creer que sigas con eso —Murmuré más para mí que para él —Te pedí que lo olvidaras.—¡Pero no puedo! —Me interrumpió —No puedo porque se nota que lo estás pasando mal por culpa del tema.—Bien, y si sabes que lo estoy pasando mal, ¿No deberías evitar hablarme de ello? —Dije cruzando mis brazos y fijando mis ojos en él.—¡No! Porque quiero ayudarte. Rindō, no sé por qué no lo entiendes, si me lo cuentas, tal vez pueda… —Realmente te lo agradezco Mikey, pero no puedes ayudarme —Lo detuve  endureciendo la expresión de mi rostro. —¿Por qué? —Insistió subiendo la voz —¡Me da igual quien sea! Si es chico, si es chica, extraterrestre o travesti. Me da igual, ¿Crees que me voy a sorprender o escandalizar por algo después de haber acabado enamorado de Takemitchy? No pude hacer menos que acabar sonriendo ante sus palabras. A veces su determinación y su decisión a la hora de hacer o averiguar algo eran admirables, no se detenía con nada y estoy seguro de que podría caer un meteorito ahí mismo y a él no importarle absolutamente nada más que seguir preguntando mis secretos.Así era Mikey, fuerte, impasible y testarudo como ningún otro, y en estos casos me lo demostraba con creces—Tranquilo, aún no tengo el gusto de conocer a ningún extraterrestre —Bufé sonriendo de medio lado antes de alzar nuevamente mi brazo —Te diré.—¡¿En serio?!—No —Dije antes de pulsar el timbre de la casa sin previo aviso.—¿Qué demonios haces? ¡Avísame primero! Eres un loco —Gruñó Mikey antes de echarse atrás y ocultarse a la vuelta de la casa repleta de flores que acabaron pisoteadas, espero que no lo noten —¡Estás completamente loco!Sin volver a mirarlo o decir nada, aguardé expectante hasta que la puerta se abrió. Tal y como le había sucedido a Mikey hace dos días, fue Kazutora quien salió a recibirme, solo que en lugar de una paleta tenía un paquete de gomitas con forma de tiburón. Me miró extrañado, frunciendo el ceño y clavando sus ojos en mí, analizándome de arriba a abajo y por un momento, abrió la boca para decir algo, finalmente, parece que se lo pensó mejor y decidió guardar silencio. Así que decidí hablar yo. —Buenas tardes, Kazutora —Saludé con una sonrisa falsa —Disculpa que te moleste, pero realmente necesito tu ayuda en un pequeño inconveniente.Mantuve la mirada en sus fulminantes ojos dorados, él no dejaba de mirarme con una expresión de extrañeza mientras comía sus dulces, quedándose estupefacto con mi presencia. Interiormente, sonreí. Su perplejidad ante la situación me eran de gran utilidad para el plan. Rara vez se presenta la oportunidad de ver afectado al imperturbable Kazutora Hanagaki.—Rindō Haitani, el Haitani bebé, el que camina perdido por la vida —Musitó al fin haciendo un movimiento suave de cabeza, levantando la barbilla y yo reprimí quejarme de esos últimos apodos. Claro, casi lo olvido, Kazutora tiene una lengua afilada y golpea donde duele, no sé si lo hace de forma consciente o es maldad natural —Necesitas ayuda, ¿Y me la pides a mí?Entendible, nunca intercambiamos palabras. Esto es ridículo y por eso quizás salga bien.Sonreí levemente uniendo mis manos por detrás de mi espalda. Por el rabillo del ojo aprecié a Mikey, asomado desde la esquina y analizando la escena cuidadosamente.—En efecto —Asentí —Eres la única persona que conozco que vive por esta zona, por lo tanto solo tú puedes ayudarme. Si eres tan amable.—¿Quieres mi ayuda con asuntos de la calle cuando creciste en ellas? Que patético —De verdad sabe dónde golpear.—Como sabes, perdí el toque, ¿Puedes ayudarme?Me hice a un lado para dejarlo pasar.Él incrementó su extrañeza, separó los labios en varias ocasiones para hablar, pero finalmente no dijo nada, de seguro a causa de que su propio asombro no le dejaba ordenar las ideas o tener del todo claro qué decir. Eso nos convenía, solo sintiéndose desconcertado y sin saber cómo actuar, yo podría manipular la situación a nuestro favor para que el plan funcione. Por favor que esto no llegue a oídos de Hanma o me dará una paliza, como a todos los que intentan acercarse a Kazutora con intenciones deshonestas, y si él busca pelear conmigo las cosas no acabarán bien y quienes lo vean van a fingir que no gracias al asqueroso dinero de Kisaki. Si Kazutora sabe eso o no, es un misterio, nunca sucede frente a sus ojos las intimidaciones de Hanma y Kisaki.Una vez alejados un poco de la casa, introduje mi mano en el bolsillo de mi chaqueta, dejando a la luz una pequeña hoja de papel color verde, plegada sobre sí misma varias veces. Mientras la desdoblaba, Kazutora me observaba fijamente con una mueca en su rostro.Sonriendo, terminé de desplegar la hoja y se la tendí con un movimiento de brazo suave.—¿Serías tan amable de indicarme dónde queda esta dirección? —Pedí situando frente a sus ojos el papel.Los ojos dorados de Kazutora se fijaron en los míos de una manera que nunca he visto, era el mismo color y la misma cara arrogante de siempre, solo que había algo diferente en sus facciones, una advertencia y una solicitud silenciosa.Vi que miraba de reojo a sus costado dónde estaban un rosal con flores rojas y luego frunció el ceño mordiéndose el labio. Parece estar debatiendo con algo.De la nada lo ví moverse hasta quedar en una posición muy conveniente y su actitud volvió a la del inicio, mientras yo contemplaba como Kazutora me miraba preguntándose si realmente todo esto de mi parte solo había tenido como objetivo conocer una simple dirección, vi por el rabillo del ojo a Mikey que con un movimiento rápido, y aprovechando que Kazutora se había situado de espaldas a él, salió de su escondite y corrió hasta introducirse en la casa de Hanagaki sin que nadie le viera. Cuando antes de desaparecer en el interior se giró hacia mí y me guiñó un ojo sonriendo burlonamente, no pude hacer menos que incrementar yo también mi sonrisa, ahora podrían hablar.Oí a Kazutora suspirar y guiarme a la dirección del papel antes de cerrar la puerta, permaneció en su posición mirando el pomo como si fuera su mayor enemigo y luego volvió a dibujar esa sonrisa arrogante que tanto lo caracterizaba. Me agarró del brazo y me condujo calle abajo, conozco la dirección, y Kazutora me estaba llevando por un camino más largo, lo cual agradecí.

----- CHAPTER BREAK -----

[Takemichi] - Casa de los Hanagaki
Oí el timbre, pero no hice ni un mínimo esfuerzo por levantarme.Después de tantos días, fui capaz de mantener una postura en la cama durante más de media hora sin que el abrasante dolor me hiciera lloriquear. No importaba si me movía o me quedaba quieto, el ardor en mi piel no desaparecía, pudo disminuir por las cremas y por eso el ardor había menguado mucho, gracias a que mi mamá se acercaba a la noche para curarme y de dejaba un frasco de pastillas que me tomaba para calmar el dolor, ya podía moverme y caminar con normalidad por sus atenciones. Ella nunca se quedaba por miedo a ser atrapada, así que jamás le hablaba ni podía verla, fingía dormir mientras me aplicaba la medicina.Normalmente no tardaba tanto en sanar, pero esta vez fui demasiado lejos, se desquitó conmigo de una forma que nunca hizo, fue mucho más frío, más cruel, más doloroso.Tampoco pude salir de casa, no me dejaban. Ni siquiera me permitieron ir a clase, de cualquier modo, tampoco hubiera podido, el castigo ha superado a todos los anteriores.Sabía que no me dejaban ir a clases por temor a que mi estado y debilidad a causa de aquella tarde pudiera notarse demasiado, y alguien descubriera la situación en casa, no porque estuvieran preocupados por mí. Aquí tumbado sobre la cama, encogido sobre mi mismo en una esquina con la cabeza enterrada en la almohada, no pude evitar pensar en Mikey. En realidad, no había dejado de pensar en él ni por un segundo, ¿Estará preocupado? Seguramente, aunque con un poco de suerte, Kazutora habrá dicho que estoy enfermo, y eso quizás lo hubiera tranquilizado. No. Conozco a Mikey y sé que no se conforma con explicaciones de terceros, debe estar nervioso e inquieto, pero, ¿Qué puedo hacer? Estaba incomunicado, ya ni siquiera tenía teléfono porque mi padre lo había destrozado.En ese momento, observé por el rabillo del ojo el pomo de mi puerta girando lentamente. Automáticamente, cerré los ojos y me acurruque. Tenía miedo, miedo de que fuera él, miedo de que quisiera seguir castigándome. Con los ojos cerrados y abrazando mi propio cuerpo oí la puerta abrirse, alguien entrando, la puerta cerrarse y unos pasos acercarse hasta mi cama. Me bastó escucharlos un momento con atención para comprender que no era mi padre.Yo conozco esos pasos.Como un resorte abrí los ojos y me encontré a Mikey frente a mí.Tenía los puños apretados a ambos lados de su cuerpo y me miraba con una expresión que denotaba confusión, preocupación y alivio, parece que luchaba entre la idea de decir algo o la de terminar de llegar hasta mí y comprobar si estaba bien. Al verlo, mi primer impulso fue echarme en sus brazos y ponerme a llorar, llorar las lágrimas que creí agotadas, llorar hasta quedarme sin voz, llorar como niño para que no pudiera evitar consolarme, para que no pudiera resistirse a abrazarme, para que me sacara de aquí y me llevara lejos. Recordé que yo no tenía permitido hacer nada de eso, no tenía permitido quejarme, resistirme a mi situación o desear ningún otro tipo de vida diferente, no tenía permitido luchar contra ello, lo único que debía hacer era agradecer que Mikey se hubiera cruzado en mi camino, agradecer que después de todo alguien hubiera podido llegar a amarme de verdad y aferrarme a ese sentimiento como si fuera lo único que existiera en el mundo.Porque después de todo era lo único que me salvaba y me ayudaba a no caer, Mikey aún me miraba, y yo me apresuré a tragarme las lágrimas que luchaban por brotar. Con lentitud y evitando  hacer muecas de dolor que delataran mi estado, me incorporé en la cama y le correspondí la mirada. Aunque quise impedirlo, no pude evitar expresar a través de mis ojos toda la desesperación que llevaba clavada en el pecho, Mikey no dijo nada. En cuanto vio mi mirada, se limitó a terminar de acortar la distancia que nos separaba y subirse a la cama de rodillas, agarrar mis hombros y acercarme a él, abrazándome con demasiada fuerza.No importó el dolor que supuso el hecho de que Mikey estrechara mi espalda, no me importó en absoluto, me entregué a ese abrazo con toda mi alma y suspirando de felicidad al poder sentirlo cerca al fin. Con mi cara enterrada en su hombro, aspiré con fuerza su olor, era real, era él de verdad y no solo uno de mis sueños.—Me hiciste mucha falta —Murmuré con la voz trabada.Traté de que no se me notaran las ganas de llorar, pero el tono de ansiedad en mi voz fue inevitable. Mikey me estrechó con más fuerza suspirando con pesar. No sé cuánto tiempo permanecimos abrazados, lo único que sabía es que no quería que me soltara nunca. Sin embargo, pasados unos minutos, comencé a sentir como sus brazos perdían fuerza y se separaba de mí cuidadosamente, su respiración se oía más alta de lo normal. Al separarse sentí sus labios sobre mi frente y un beso acariciando mi rostro, para después instarme a tumbarme de nuevo en la cama con lentitud.Actuaba con cuidado, delicadeza y una ternura que me hacía considerar la idea de que supiera lo que me pasó, a sabiendas de que aquello era imposible. Una vez recostado de nuevo, sentí como terminó de subirse a la cama del todo y se tumbó a mi lado, rodeando con su brazo mi cintura desde atrás, abrazándome de nuevo.Nos quedamos así un rato más, mirando a la nada, sintiendo el contacto de nuestros cuerpos rozándose y tratando de acompasar el ritmo de nuestras respiraciones, hasta que, pasado un buen rato, oí a Mikey tragar saliva preparándose para hablar.—¿Qué pasó, Takemitchy? Te juro que llevo dos días tratando de entender algo de todo este lío y si antes no era capaz, mucho menos lo soy ahora que te acabo de encontrar al borde de un ataque como ese día que me encontraste inconsciente.—No, no, Mikey, yo… estoy bien —Mentí cerrado los ojos con fuerza, tratando de retener nuevas lágrimas —De verdad yo-—No —Me cortó de pronto —No hagas eso, Takemitchy, nunca hagas eso, no reprimas como te sientes, y menos conmigo, necesito que confíes en mí.—Yo confío —Susurré respirando hondamente. No quiero llorar. —¡Demuéstramelo! —Exclamó incorporándose y agarrándome del hombro para que me girara hacia él, clavando sus ojos negros en los míos —Y cuéntamelo todo, porque si no te juro que voy a enojarme y esta vez de verdad.Quiero contárselo, claro que quiero, pero simplemente no soy capaz, no puedo hablar de eso y no podía siquiera pensar en decírselo porque las palabras se volvían mudas. Si no me sentía con derecho a quejarme en voz alta estando a solas, ¿Cómo decirlo ante alguien más? Ante él, ¿Y si al decírselo me rechazaba o me miraba mal por dejar que ocurra? ¿Qué pasa si se decepciona por no ser capaz de afrontar a mis miedos y defenderme? ¡Pero es que no tengo derecho a hacerlo! Aquello era algo que aprendí desde que soy un niño, me repitieron hasta la saciedad que yo no puedo quejarme, que yo no puedo desear cambiar nada, que debía comprender que portarse mal tiene un precio.—En clase nos dijeron que estabas enfermo —Añadió Mikey con un hilo de voz, comenzando a pasar sus dedos por mi frente, apartando el flequillo de la cara.Me moría por decirle todo, que me obligue a decírselo a la fuerza porque si depende de mi propia fortaleza, soy incapaz de decirlo, aunque sé que Mikey no lo hará a la fuerza y podrá enojarse, prohibirme la palabra o fingir que no exista, pero no me obligará.Debo hacer las cosas bien, salir del problema de un modo que resultara creíble, necesito que me crea o finja hacerlo. Suspiré de nuevo y lo miré manteniendo la compostura a causa de un gran esfuerzo.—Sí, aún lo estoy —Dije luchando por no apartar la vista de sus ojos —Y también estoy castigado, por eso no he podido salir.—¿Por qué te castigaron? ¡No lo entiendo! Eres el chico más aplicado de toda la ciudad, deberían sentirse orgullosos de ti, no castigarte.—No, Mikey —Lo interrumpí negando con vehemencia —Yo… desobedecí y pasé la noche fuera de casa sin permiso, merecía ser castigado.Eso último lo dije en apenas un susurro. Mikey endureció su mirada mientras fruncía el ceño. —¿Es porque fuiste a buscarme? ¿Por eso estás castigado ahora? Voy a hablar con tus padres ahora mismo y explicarles.—No, no, no —Lo detuve alzando mi mano y acariciando su mejilla, lo que menos necesitaba es que Mikey fuera a buscar a mis padres dispuesto a reclamar —No fue por tu culpa, fui yo que ni siquiera llamé para avisar que dormiría fuera. Ellos estaban muy preocupados y casi llaman a la policía, siempre les aviso dónde estoy y esta vez no sucedió, es normal que se preocupen y luego se molesten por mi irresponsabilidad.Odiaba mentirle, pero era necesario. Por él, por mí, por nosotros.—¿Y por qué no me respondías las llamadas? No he dejado de llamarte, ni de enviarte mensajes.—Ya no tengo teléfono, Mikey —Suspiré —Caí por las escaleras llevándolo en la mano y quedó destrozado.—¿Te caíste por las escaleras? —Gritó Mikey en un tono más alto de lo normal, ante lo cual me incliné hacia él situando mi mano en torno a su boca, callando sus gritos.—¡Baja el volumen! ¿Quieres que todo el mundo se entere que estás aquí? A propósito… —Retiré mi mano mientras fruncía el ceño en una expresión de desconcierto —¿Cómo lograste entrar? Dudo que Kazutora te hiciera el favor.—Me ayudó Rindō, creo que su cara lo sedujo, pero esa no es la cuestión, Takemitchy. ¿Cómo fue que te caíste por las escaleras?—Fue un accidente, estaba mareado porque si no lo recuerdas estuve corriendo bajo la lluvia con una remera y una sudadera delgada —Suspiré fingiendo obviedad —Me di algunos golpes y el teléfono se rompió, pero ya estoy bien, solo un poco dolorido. Me miró frunciendo el ceño y yo tragué saliva. En serio odio mentirle, no veía la hora de que esta conversación terminara. Sin embargo, con la excusa de las escaleras podría justificar el hecho de sentirme débil y estar dolorido, era la única forma que tenía de explicar el por qué sentía tanto dolor en mi cuerpo al moverme.—A ver, qué te has hecho —Dijo tomando mi brazo y comenzando a subir la manga de mi camiseta, al estar en casa, me encontraba vestido menos formal que de costumbre, solo con un conjunto deportivo.Al principio no reaccioné. No pude, fue como si mi mente no procesara lo que estaba a punto de ocurrir, como si mi cerebro hubiera sufrido un bloqueo repentino, como si una parte muy profunda de mí, se revelara contra la situación y estuviera dispuesta a permitir que Mikey lo descubriera todo, y luego estaba la otra que me hizo reaccionar, el miedo.—¡No! —Exclamé tratando de no sonar desesperado, retirando el brazo.—¿Por qué no? —Preguntó Mikey con una expresión de desconcierto que me partió el alma. Acabará volviéndose loco por mi culpa.—Porque ya estoy bien —Dije apretando los dientes, odiando la situación, deseando que terminara ya la mentira —Tan solo tengo un par de moratones en la espalda y ya casi están curados, en serio.Traté de dibujar en mi rostro una media sonrisa forzada. Mikey me miró unos segundos antes de volver a hablar.—¿Eso es todo? ¿La situación es así de simple? —Preguntó calmadamente —¿No hay nada más? Porque aún siento este nudo en mi estómago.—Serán los nervios, ya que nunca estuvimos fuera de la vista del otro, incluso cuando nos llevábamos mal —Le dije manteniendo la sonrisa, incluso sonreír dolía —Ya no tienes de qué preocuparte, estoy bien, mucho mejor ahora que estás aquí.—¿Y por qué estabas tan nervioso cuando entré antes? —Insistió ladeando la cabeza —Takemitchy, lo siento por insistir, es que me imaginé lo peor y ahora me dices que todo es así de simple y no lo sé...—Te echaba de menos —Lo interrumpí —Te extrañaba y me sentía solo estando incomunicado, además de que mi salud no ha sido precisamente buena, pero no hay nada más, porque estás aquí y ya todo está bien.Sin decir nada, Mikey se echó de nuevo a mi lado y volvió a abrazarme por la cintura. Nos quedamos en silencio un rato, hasta que la oscuridad del atardecer comenzó a colarse por la ventana y la habitación fue quedando en penumbra. —Mañana es sábado —Dijo Mikey de pronto —Y los policías ya terminaron su trabajo, así que… ¿Crees que siga en pie lo de…?—La cita —Terminé sonriendo de medio lado agarrando su mano con la mía y acercándola a mi pecho.Quería sentirlo cerca, por primera vez logré dejar de temblar, ese era el efecto que causaba Mikey en mí. A su lado me sentía en completa paz.—Si —Asintió con voz dubitativa ante lo cual sonreí de forma más amplia, es tierno verlo nervioso —Pero si sigues castigado… —No importa —Respondí sin pensar. Por supuesto que sigo castigado, pero nadie me impedirá pasar otra noche con Mikey, ni siquiera mi padre —Puedo ir, solo te pido dos favores.—¿Cuáles? —El primero es que la cena sea un poco más tarde de lo habitual, así no tendré problemas para salir —Dije pensando que podría escaparme sin problemas una vez que todos se hubieran marchado a dormir, así no notaran mi ausencia.—Bien, ¿Y el segundo?Antes de responder, apreté su mano con más fuerza.—Que te quedes esta noche conmigo.
[Rindō] - Calle
En cuanto Kazutora me ayudó con la dirección que le había preguntado, me limité a darle las gracias y marcharme de allí.Ya cumplí mi propósito, pude entreter a Kazutora el tiempo suficiente para permitirle a Mikey entrar en la casa, voy a ignorar todo lo que está mal e ilegal, ahora  solo me quedaba esperar su llamada para conocer los detalles de la situación y eso puedo hacerlo en casa, ya no me quedaba nada que hacer.En cuanto me despedí, di media vuelta y comencé a caminar por la calle. Sin embargo, la firme voz de Kazutora me detuvo. Él no me miraba sino que abría la envoltura de una paleta.—Haitani, espera —Aunque él me dijo que esperara, estaba más concentrado en su dulce.De todas formas, me giré de nuevo y lo miré. Había cruzado los brazos y me observaba con una expresión un tanto desafiante, alzando la ceja izquierda y sonriendo de medio lado con la paleta en una de sus manos. ¿Es mi imaginación o tiene problemas para desenvolver el caramelo?—Yo necesito hablar contigo de algo muy importante, pero eso será en otro momento, si no te importa —Consiguió su objetivo llevando la paleta a los labios.—En absoluto —Respondí tranquilamente —Bien. Tenemos una conversación pendiente —Sentenció antes de girarse y caminar hacia el interior de su casa haciendo un gesto con la mano donde parecía restarme importancia. Se detuvo a medio camino mirando por encima de su hombro con una expresión extraña, parecía querer decir algo, aunque luego pareció retractarse —Patético.¿Qué? ¿Por qué dijo eso de nuevo?Una vez solo, aguardé un momento antes de retomar mi camino. Estaba satisfecho por haber logrado ayudar a Mikey, por lo tanto, debía sentirme bien, más tranquilo y relajado, sin embargo no era así. De repente, lo único en lo que me sentía capaz de pensar era en esa futura conversación que me aguardaba con Kazutora y sus ojos dorados que se parecían a alguien que ví hace mucho tiempo, en una época oscura de mi vida.Si, era la misma mirada que tenía mi hermano mayor cuando vivíamos con nuestros padres.Observé la enorme casa de los Hanagaki, ya no como la hermosa residencia que era sino con un aura más oscura a su alrededor. Quizás me estoy dejando llevar por mis recuerdos. ¿Qué es lo que querrá decirme Kazutora? 
[Manjirō] - Casa de Manjirō
Esto es un completo desastre.Dejé la nevera abierta, el microondas empezó a hacer un ruido raro y las dos sartenes que tenía en el fuego empezaron a humear, quedando el ambiente teñido de una especie de vapor negro que me estaba haciendo toser y lo peor, el suelo estaba completamente empapado y lleno de cristales, consecuencia de haberme tropezado con la mesa y haber dejado caer el vaso con agua que dejé encima.Ahí estaba yo, en medio de todo el caos, con el teléfono en el oído, tratando de escuchar algo en medio del estruendo que producía el microondas.—Te estoy diciendo que es una emergencia —Grité admirando la desastrosa cocina —¡Ven rápido o voy a morir!«—De acuerdo, de acuerdo —Dijo la tranquila voz de Rindō a través de la línea —Dame diez minutos.» —¡Cinco o moriré! La casa está por explotar —Añadí antes de colgar.Justo en ese momento, me giré para colocar el teléfono sobre la mesa tan bruscamente, que resbalé a causa del suelo mojado y me caí en medio de un gran estruendo, dándome el golpe de mi vida.—Por favor, que Izana nunca se entere de esto —Susurré permaneciendo ahí tirado, mojado y con un humor de perros.Al fin el sábado había llegado, el día de mi cita con Takemitchy, la palabra “cita” continuaba siendo vergonzosa. Me encargué de todo, de verdad que sí, había limpiado la casa, cambié las sábanas de la cama  —por lo que sea que pudiera pasar —e incluso le había dado un baño a Mini Mikey para que estuviera presentable, por eso estaba muy enfadado conmigo y se encerró en mi habitación, evitando verme. Hasta ahí todo iba según el plan, el problema vino con la cena, realmente no sé a qué vino mi idea de decirle que yo cocinaría cuando yo no sé cocinar. Al final, lo único que conseguí fue que la cocina me atacará y no tuve otra opción que la de llamar a Rindō con el rabo entre las piernas para que, como siempre, viniera a salvarme. Es el único de mis amigos que sabe cocinar.Y Draken, pero él está trabajando para pagar su viaje a Manila y visitar a Emma durante las vacaciones de invierno, no voy a molestarlo.Aún tirado ahí en el suelo, me puse a pensar en el día anterior y en Takemitchy, en esas explicaciones que me dio.Quería creerle, de verdad, había decidido creerle sin hacer más preguntas, pero nadie me sacaba de la cabeza que en medio de la historia había algo más… algo que no estaba bien. Me bastó entrar en su habitación y verlo tendido en la cama, acurrucado como si fuera un animal asustado para comprender que lo que fuera que le estuviera pasando, le hacía verdadero daño, por no hablar de sus ojos a punto de llorar, su cuerpo tembloroso y su voz entrecortada, eso no era ninguna tontería. Claro que quizás todo era debido al hecho de estar enfermo, era muy posible que se sintiera mal o que estuviera bajo de ánimo.De hecho, esa teoría era la más probable, sus explicaciones y argumentos habían sido de lo más lógicos, entonces, ¿Por qué siempre tenía yo que pensar lo peor? Siempre igual, un fatalista de primera. ¿Por qué no podía aceptar de una vez que las cosas estaban bien? ¿Por qué tenía que buscar problemas hasta debajo de las piedras? Takemitchy me dijo que todo estaba bien, que se había sentido enfermo y de ahí se explicaba que estuviera desanimado, sin contar el hecho de que estaba castigado y que se cayó por las escaleras. Es lógico, puede pasar, ¿Qué hago yo dudando de él? No puedo buscar problemas como un masoquista y ver gigantes donde solo hay molinos. Me di dado un buen susto cuando no pude comunicarme con él en esos dos días, sí, por eso es que estaba tan nervioso, por eso era que me empeñaba en que algo tenía que estar mal cuando no había nada mal.Todo está bien, ahora todo estaba bien, mi vida ha sido una locura y esperaba que ocurriera algo igual de loco para que esté a la altura de las circunstancias. ¿Por qué no aceptar un evento normal?—Se acabó —Murmuré para mí mismo.A partir de este momento, me propondría dejar atrás cualquier tipo de paranoia. Únicamente me preocuparía de los problemas ante mis ojos y mi vida, mi vida junto a Takemitchy. Si él me aseguraba que no había nada, es que no lo había, y punto. Tengo que confiar en mi novio.Tema cerrado.La noche anterior me quedé junto él en su habitación, no era necesario que me lo pidiera, pensaba quedarme a dormir de todas formas. Más después de haber estado dos días sin verle, y haber comprobado lo decaído que estaba.Me necesitaba, realmente había sentido que me necesitaba, ante su petición, solo asentí y me eché a su lado. Bajó a cenar al rato y al volver me trajo algo que había robado de la nevera, mientras tanto, yo había aprovechado para llamar a Rindō, ponerlo al día de la situación y pedirle que avisara a Draken y Yuzuha, porque con lo loca que estaba, no me hubiera extrañado que de un momento a otro, se presentara en casa de Takemitchy gritando y pidiendo explicaciones. Al volver Takemitchy y una vez que cené lo que trajo, nos limitamos a quedarnos en la cama en silencio, no hablamos mucho en realidad, pero le abracé hasta que se quedó dormido, y solo una vez que comprobé que ya estaba descansando, fui a dormir también.Lo malo de todo aquello era que a la mañana siguiente había tenido que madrugar de nuevo para salir de la casa sin ser visto, al irme, me consolé pensando que en la noche cenaríamos juntos, además de que cuando nos despedimos estaba mucho más animado que la tarde anterior y pude irme tranquilo.Llegué a mi casa, le di de comer a Mini Mikey, había despertado a Draken para que me acompañara en un paseo y al volver a casa me puse a preparar todo para la cena y acabar consiguiendo que la cocina quedara al borde de una explosión mientras yo seguía tirado en el suelo con la ropa mojada, pareciendo un verdadero imbécil.Justo acababa de optar por levantarme cuando el timbre sonó. A pesar de que estaba esperando a que ocurriera, no pude evitar saltar y correr hacia la puerta para abrirla. Antes de que yo llegara, Mini Mikey ya estaba ahí ladrando como un loco, listo para lanzarse sobre Rindō y babearlo entero en cuanto abriera.Sin embargo, yo no tenía tiempo para ninguna clase de saludo largo y amoroso entre mi perro y mi mejor amigo, tras pronunciar un rápido “hola”, tomé a Rindō de la manga de la chaqueta y me lo llevé a la cocina a rastras.—¿A qué demonio le hiciste un sacrificio? —Preguntó, quedándose paralizado en cuanto vio el desastre a nuestro alrededor.El humo de ambas sartenes había pasado a tomar el color del pelaje de Mini Mikey, y el olor que estaba produciendo aquello no era nada agradable, mientras tanto, el microondas también empezaba a desprender vapores extraños, el aroma que había en la cocina hacía que pareciera una escena de terror.Tratando de mantener la calma, me situé a su lado y observé con pesar todo aquel caos que yo había generado en un tiempo récord, estoy seguro de que si existiera un premio al peor cocinero del año, yo lo ganaba.—Intentaba cocinar —Respondí con voz tímida, señalando la encimera manchada de salsa.—Y yo creía que a Ran se le daba mal —Murmuró Rindō antes de sacudir la cabeza con fuerza saliendo del trance que seguramente le había provocado ver todo aquel desastre que debía salvar de milagro. —Oh, poderoso Rindō Haitani de Roppongi, te ruego que ilumines-—Ya cállate —Ordenó corriendo a apagar la cocina que todavía estaba encendida.—¡Cuidado con el suelo, no te resbales! —Grité, demasiado tarde, Rindō hizo un movimiento brusco, tambaleándose un momento antes de caer al suelo mientras yo, en un vano intento de ayudarle, le daba la mano con rapidez consiguiendo caerme también —Esta es la segunda caída.—Esto está lleno de cristales, ¿Quieres decirme por qué esta lleno de cristales? —Observó mirando a nuestro alrededor —Hay que tener cuidado.Pudo incorporarse, quedando de rodillas y dándome las dos manos para ayudar a levantarme. Con un solo tirón de su parte yo también quedé incorporado en un segundo. No pude hacer menos que mirarle sorprendido.—¿Desde cuándo tienes esa fuerza? —Pregunté mirándolo con asombro.Rindō no respondió. Solo sonrió un momento y fue a apagar el fuego. Después, se desplazó hasta el microondas y lo abrió, dejando a la vista su contenido interior: Un plato en el que reposaba una especie de pasta marrón oscura.—Me gustaría saber qué es —Dijo Rindō mientras parpadea más de lo normal y analiza el microondas.—Hamburguesas y patatas fritas —Expliqué de pie a su lado.—¿Y esto es? —Preguntó señalando la pasta marrón. —¡Esa es la hamburguesa, Rindō! ¿No se nota? —Exclamé cruzando los brazos y arqueando una ceja.—¿En el microondas? ¿Querías preparar una hamburguesa en el microondas? —Preguntó mirándome con la boca abierta y eleve los hombros sin responder —No, mejor otra pregunta, ¿Considerabas una hamburguesa como el plato ideal para tu cita?—No uses esa palabra, es una cena, ¡Cena! —Protesté frunciendo el ceño.Rindō no dijo nada, suspiró y me observó atentamente, con esa expresión de resignación en su rostro que a menudo ponía cuando estaba conmigo. Si alguien como él me mira así, casi puedo estar agradecido porque al menos me dejara ver una expresión suya en medio de tanto aire de indiferencia.—¿A qué hora vendrá Hanagaki? —Preguntó sacándome de mis cavilaciones.No pude evitar volver a pensar en el secreto de Rindō, en lo cerrado que se mostraba siempre, si ya antes era reservado hasta para averiguar cómo demonios le gustaba el café por las mañanas, ahora su carácter se había vuelto mucho más discreto al verse amenazado por una especie de secreto que al parecer guardaba desde hace tiempo. ¿Cuál puede ser? Y sobre todo, ¿Por qué no me lo quiere contar? Ya estoy cansado de hacer el papel imbécil yendo detrás de él todo el tiempo para sacarle algo de información. ¡Somos mejores amigos!Se supone que yo no tenía que preguntarle nada, lo lógico era que él mismo viniera a contarme sus problemas por iniciativa propia, eso es lo que hacía yo, o lo que trataba de hacer, lo cierto es que casi nunca podía, porque a menudo Rindō sabía lo que me pasaba o qué pensaba.A veces esa forma en la que me conocía asustaba, solía decir o hacer cosas que a menudo me dejaban con la boca abierta, literalmente, como cuando nos tomábamos algo por ahí y él ya sabía que me apetecía beber incluso antes de que yo lo pidiera o cuando adivinaba en qué acordes de guitarra estaba pensando en usar mucho antes de que yo siquiera agarre la guitarra durante nuestros ensayos o cuando comenzaba a tararear de repente la misma canción que yo tenía ese momento en la cabeza dándome vueltas. Me conocía incluso más que Draken, ¿Por qué no podía hacer yo lo mismo? ¿Por qué demonios no me contaba sus problemas? ¿Por qué yo no sé su bebida favorita? Yo se lo había mostrado todo de mí, conocía absolutamente todos y cada unos de mis líos y secretos.—Mikey —Gruñó con impaciencia —¿Me estás oyendo?—Sí —Murmuré —Takemitchy viene en dos horas, más o menos, y ni siquiera me he duchado. Dime, ¿podrías…?—No, ni hablar —Respondió antes de que finalice la pregunta. Ya empezaba otra vez, de nuevo había adivinado lo que yo estaba pensando.—¡Por favor, Rindō, hazlo por tu amigo! —Exclamé cediendo a la humillación —Si no lo hacemos así, no me va a dar tiempo de nada.—No puedo ser yo el que cocine para tu novio, Mikey, es de sentido común. Si no eres el que hace el trabajo, el acto pierde todo el valor sentimental.—Y si no eres tú el que hace el trabajo, puedo mandar a Takemitchy al hospital por una intoxicación en el estómago. ¿Quieres eso en tu conciencia? —Repliqué señalando el plato con la hamburguesa. Rindō no respondió. Tan solo me miró suspirando un momento antes de volver a dibujar esa expresión de resignación en su cara. Bien, estaba dudando, tenía que convencerle sí o sí.—Mientras me ayudas en la cocina, yo voy a ducharme  —Dije despacio —¡Te devolveré el favor, te lo prometo!—No sabes cómo te odio —Murmuró sacudiendo la cabeza una vez más y dándome la espalda. Lo vi agarrar un trapo, mojarlo en el fregadero y frotar la encimera.—¡Sí! —Exclamé haciendo un gesto de triunfo con los brazos —¡Gracias, gracias, gracias, Rindō de verdad!—¿Qué “gracias”? Págame o te cobraré muy caro este favor en el futuro.—¡Haré lo que quieras! Me voy a bañar, ya vuelvo —Añadí echando a correr escaleras arriba antes de que se arrepienta. —Y vístete decente, no como un punk que sale de rehabilitación.
[Takemichi] - Casa de los Hanagaki
Como de costumbre, preparé la cena, me senté con mi familia en torno a la mesa y al finalizar había fregado los platos. Kazutora se preparaba para salir con sus amigos yendo del baño a su cuarto varias veces con el teléfono en la oreja y mis padres miraban televisión en la sala. Lo hacían todas las noches antes de ir a descansar, mientras yo me ocupaba de limpiar la cocina.Como más tarde iría a casa de Mikey a cenar, apenas había comido, de hecho, llevaba tres días comiendo muy poco y mi gesto no levantó sospechas y pasó completamente inadvertido. Estaba nervioso, no solo por el hecho de que iba a escaparme, sino también por mi encuentro con Mikey y saber cómo se desarrollaría la noche. Aún recuerdo lo que sucedió la noche del martes pasado y solo de pensar en ello subía la temperatura de la habitación y la cara me ardía. Fue tan maravilloso, tan indescriptible que dudaba seriamente si podría resistirme a no acabar igual hoy, lo deseaba tanto, al mismo tiempo me daba miedo y me asustaba que viera mi cuerpo y notara las marcas de mi espalda.Ya le había puesto la excusa de las escaleras y también era cierto que mis heridas estaban en un estado mucho mejor, la mayoría de ellas, prácticamente curadas, pero aún así no podía dejar de sentir un pánico terrible ante la sola idea de que pudiera imaginarse algo. Aunque más que nervios o miedo, sentía una ansiedad desesperante por volver a verle, por volver a besarlo, sentirlo junto a mí, mirar el cariño en sus ojos, reír con sus bromas y que me estrechara entre sus brazos.—Hijo —La alicaída voz de mi madre me hizo volver al presente. Me giré con brusquedad y la miré a los ojos. Estaba parada junto al umbral de la cocina, con una mano en el marco —Tu padre y yo vamos a retirarnos a descansar.—Bien —Asentí terminando de colocar el último plato en su lugar —Yo ya he terminado y voy a dormir.—Descansa —Susurró mostrando una débil sonrisa antes de girarse y desaparecer camino a la sala. Al quedarme a solas suspiré.Aún debía esperar un rato hasta que Kazutora saliera y mis padres se hubieran quedado dormidos, solo entonces yo podría salir de casa sin ser visto. Tras pensarlo un momento, decidí que aprovecharía ese tiempo para arreglarme y también para preparar en una bolsa la ropa que Mikey me prestó días atrás, la había lavado y planchado, pero aún no se la devolví y lo cierto es que yo tampoco había recuperado la ropa que dejé en su casa. Antes de ir a mi cuarto oí ruidos en el baño y me acerqué, oyendo a la perfección a Kazutora vomitando en el retrete. Permanecí ahí un momento y busqué en mis bolsillos algunos dulces que suelo llevar conmigo antes de ir a dormir, no soy fanático, pero cada tanto compro algunos y los dejo en la mesilla junto a la puerta del baño cuando Kazutora está adentro o en su cama. Hice esto antes, si oía a Kazutora vomitando le dejaba algunos dulces, cuando volvía a acercarme al baño ya no estaban y el tema no se mencionaba.Antes de ir a mi cuarto miré la bolsa con la ropa de Mikey, estos eran los momentos en los que la indiferencia de mi familia era beneficiosa, ni siquiera notaron que llegué a casa con ropa que no era la mía, o que varias de mis prendas habían desaparecido sin dejar rastro. En realidad no me sorprendía, nunca notaban nada, ¿Por qué en este caso iba a ser diferente? Miré una última vez la puerta donde ya no se oía a Kazutora, decidí finalmente ir a mi habitación y comenzar a prepararme.Una vez vestido con una simple remera verde, pantalones de jean azul marino y la sudadera, y mientras me arreglaba el pelo frente al espejo, oí al fin la puerta de entrada cerrarse bruscamente, señal inequívoca de que Kazutora se marcho. Sin embargo, aún tuve que esperar un buen rato hasta sentirme confiado para salir. En el más completo silencio, me deslicé hasta la habitación de mis padres y tomé el pomo entre mis manos, girando muy lentamente y empujando la puerta. A pesar de mi delicadeza, la puerta chirriaba un poco. Asustado, contuve la respiración, a través del resquicio solo se apreciaba oscuridad y si agudizaba el oído podía distinguir las respiraciones de mis padres, eran bastante profundas, lo cual indicaba que indudablemente ya estaban dormidos.Mordiéndome el labio inferior y tratando de no perder la calma debido a la tensión que sentía, volví a cerrar la puerta y me dirigí a la planta inferior para tomar las llaves de casa que había dejado encima de la mesa. Noté que junto a ellos había dulces de menta, de los pocos que me gustaban y llevé uno a mi boca.Aguardé un momento más a la espera de cualquier ruido que delatara que mis padres se hubieran despertado y como no fue así, decidí cruzar la puerta.Al salir, el frescor nocturno me impactó de lleno en la cara alborotando mi cabello e inevitablemente, sentí una gran emoción retumbar en mi pecho, ese sentimiento subía y bajaba dentro de mí. No sabía lo que era, pero en aquel momento no tuve la necesidad de averiguarlo y me limité a sonreír con ganas por primera vez en varios días y eché a correr por las oscuras calles iluminadas tan solo por el anaranjado resplandor de las farolas. Aún tenía tiempo de sobra como para ir corriendo, pero no pude disminuir la velocidad, mis ganas de ver a Mikey eran demasiado grandes. 
[Rindō] - Casa de Manjirō
—¡Por dios! —Exclamó Mikey haciéndome dar un giro de noventa grados hacia él. Estaba de pie a la entrada de la cocina, mirando a su alrededor con una gran expresión de asombro en su rostro. Al verlo, sonreí orgulloso por mi logro.Lo había oído cantar en la ducha durante aproximadamente veinte minutos, y también sus pasos bajando las escaleras, ahora que se cambio de ropa y peinado, se veía mucho más presentable para su cita. El entorno también ha mejorado notablemente. La cocina estaba limpia de nuevo, el suelo libre de agua y cristales, los platos sucios fueron lavados y colocados en su lugar. El microondas al fin había dejado de expulsar vapor y el aroma que flotaba en el ambiente se alejaba bastante del hedor que se apreciaba cuando yo llegue.La mesa estaba puesta y la cena, prácticamente lista, aunque no la había servido aún. Esa tarea pertenecía a Mikey. —Cuando quieras servir la pasta, introduce los platos unos minutos en el microondas, ¿De acuerdo? Solo unos minutos, de lo contrario te ocurrirá lo de antes, también tienes una fuente con ensalada en la nevera y crema de frutas para el postre. Creo que es lo más adecuado cuando me contaste que a Hanagaki no le gusta demasiado lo dulce y está delicado de salud —Expliqué mientras dejaba los últimos cubiertos en la mesa. Mikey no respondió. Siguió observando todo boquiabierto.Al cabo de un momento, comenzó a abrir y cerrar la boca, como si pretendiera decir algo, pero no terminara de encontrar las palabras adecuadas. Ligeramente desconcertado por su reacción, le devolví la mirada.—¿Qué pasa? Si algo no te gusta, hazlo tu desagrade-—¿Bromeas? —Soltó en un tono alto —¡Es impresionante! ¿Cómo pudiste hacer tanto esto en tan poco tiempo?Ante su pregunta, sonreí orgulloso y me encogí de hombros observando cómo Mikey se acercaba a la mesa contemplando todo con una gran sonrisa en el rostro. Estuvo así unos minutos, mirando y sonriendo, también abrió la nevera para ver el resto de los platos como si fuera la primera vez que iba a cenar. Al cabo de unos momentos, se volvió hacia mí. —Amigo, no sé cómo agradecerte —Dijo sin borrar la expresión de asombro de su rostro.—Te dije que no me agradezcas, págame —Lo interrumpí zanjando el asunto.Sabía que a Mikey no le resultaba fácil dar las gracias o hacer halagos, y si lo conocía bien, era consciente de que en esta situación se había quedado tan sorprendido que realmente no hubiera sabido que decir, aunque hubiera estado toda la noche dándole vueltas.Lo del pago es una broma y lo sabe. También ayudé a Draken con su primera cita con Emma e hice de cupido con Yuzuha y Ran, creo que leer toda esa basura romántica de los libros y consumir programas de Disney con la enseñanza de que el amor es poderoso, sirvieron de algo.—Te daré todo mi dinero para compensarte —Exclamó sonriendo.—Si quieres compensarme, no lo arruines —Dije esbozando una sonrisa leve —Será mejor que me vaya, por la hora que es, deduzco que Hanagaki no tardará en llegar —Volví a colocar mis audífonos en mi cuello y la chaqueta antes de mirar a mi amigo —Te llamo mañana por los resultados de tu cita.Comencé a caminar para salir de la cocina. Justo acababa de llegar a la puerta principal cuando oí la voz de Mikey detrás de mí. —Rindō, ¿Por qué no le haces una cena como esta a la persona que te gusta? —Exclamó arrastrando los pies. Sin mirarlo, suspiré y agarré el pomo de la puerta con fuerza.—Mikey, ya olvídalo —Murmuré en un tono aburrido. —¿Por qué? —Exclamó interrumpiendo mis palabras —¿Sabes lo que se siente que me salves todos los días y que en cambio no me dejes ayudarte ni una sola vez?Al oírle, fruncí el ceño y me giré. Estaba parado en medio del salón observándome con una expresión que se debatía entre desafiante y culpable.—Yo no hago esto para recibir una contribución —Le dije con voz calmada —Ya te dije que este no es un tema al que haya que buscarle solución, prometo que en el momento que necesite algo importante te lo pediré.—Mientes, Rindō —Negó con fuerza —Las cosas importantes siempre te las acabas guardando para ti mismo, dices que confías en mí y después nunca me dices nada, nunca me dejas hacer nada para ayudarte.—Mikey, por favor —Lo detuve cerrando los ojos. De repente sentía una urgente necesidad de irme —No puedes ayudarme con eso, nadie puede, por eso te suplico que no vuelvas a tocar el tema.A pesar de mis esfuerzos por mantener el tono de voz firme, no pude evitar un ligero titubeo en mis palabras. Nunca hasta aquel momento había hablado de ello con nadie, por eso, jamás fui sido consciente de cuanto me afectaba mencionar el problema en voz alta y de pronto, en aquel momento, al explicarle a Mikey que mi situación no tenía ninguna solución, al pronunciar cada una de aquellas palabras con las que expresaba mi verdadera realidad, de repente fui consciente de cuánto dolía. Dolía como no creí que pudiera doler.Si yo que ayudé a todas las parejas a mi alrededor no puedo hallar solución a mi asunto, ¿Cómo Mikey podría hacer algo? No, es mejor mantener mis asuntos tal como ahora, yo puedo, siempre he sido fuerte y me tragué todo. Esto no será diferente.—Rindō, hazme el favor de dejarme decidir si puedo ayudarte o no, ¿Quieres? —Replicó de mal humor dando un paso hacia mí. Cuidadosamente, evité su mirada y suspiré. A pesar de que no quería seguir hablando de ello, no puedo dejar de admirar su tonta determinación, cuando tiene un pensamiento es difícil sacárselo de la cabeza.—No te corresponde, ¿Verdad? —Preguntó haciéndome levantar la vista hacia él bruscamente —Eso es con lo que estás viviendo, saber que la persona a la que quieres no te corresponde.Había mencionado aquellas palabras con seguridad, con una seguridad que pocas veces expresa al decir las cosas. No era frecuente oír hablar a Mikey con tanto convencimiento, pocas veces lo hacía. Entonces, y a pesar de que la situación no lo requería, sonreí. Sonreí amargamente, preguntándome a mí mismo cómo era posible que tan siquiera por un momento, yo hubiera podido olvidar que existían cosas en las que simplemente no podía mentir a Mikey que su cabeza que podría estar vacía, pero compensaba con una gran determinación y cariño a sus amigos.—No, no me corresponde —Confirmé sintiéndome de repente, inexplicablemente sosegado y calmado en tanto clavaba mis ojos en los suyos —Ama a otra persona y no puedo competir.Mikey no respondió.Tan solo me observó relajando la expresión de su rostro, permaneció así unos minutos, y terminó de acortar la distancia que nos separaba con un par de pasos, situándose de esta forma frente a mí y colocando una mano sobre mi hombro derecho. Antes de hablar, suspiró tragando saliva.—Lo siento, no quería tener razón —Dijo sin romper el contacto visual.—Y no la tienes —Sonreí aún manteniendo su mirada, haciendo que de pronto, en su rostro se dibujara una mueca de confusión ante mis palabras —Hace unos minutos dijiste que no te permitía conocerme y con tu afirmación de hace un momento acabas de demostrar que eso no es así, acabas de demostrar que no puedo ocultarle las cosas importantes a alguien tan testarudo como tú.Hice hincapié en la palabra “importante”. Ante mi comentario, Mikey también acabó esbozando una sonrisa medio divertida, medio resignada.—Realmente me conoces, Mikey —De verdad lamento tener razón por primera vez.—No te preocupes.—Sé que amas el amor y lo anhelas, por eso ayudas a todos —Sus palabras me tomaron por sorpresa y no supe qué decir —Eres quien más lo merece.¿Así luzco? ¿Soy un amante del amor? ¿Lo merezco más que otros?Ahora que lo pienso, con el asunto de Draken interviene porque me pidió consejos y con mi hermano me involucre porque Yuzuha me pidió ser su puente, pero creo que no fueron mis primeras misiones como cupido. Hubo algo que sucedió con Izana y su amigo que siempre lo seguía, cuando descubrí la carta de amor de Kakuchō en la basura, se la di a Izana y así iniciaron una relación que aún admiten frente a otros, con el hermano mayor de Mikey también tuve una intervención pasiva, le dije a Wakasa que las novias de Shinichirō siempre rompían la relación porque él prefería pasar tiempo con su mejor amigo, después de eso también su relación cambió poco a poco, con tan solo un comentario que no recuerdo si lo dije adrede o por ignorancia.Vaya, he estado ayudando al amor por mucho tiempo y cada relación ha funcionado, ahora también estoy ayudando a crear una cena romántica entre Mikey y Hanagaki. ¿Es por amabilidad o porque deseo el amor?Genial, otra noche sin dormir y por culpa del idiota de Mikey.—Está bien —Murmuré bajando el tono de voz. Volví a suspirar y me aparté cuidadosamente, girando de nuevo quedando de cara a la puerta —Debo irme, Ran dijo algo sobre noche de comida mexicana con telenovelas a pedido de Yuzuha, creo que también vienen Taijū y Hakkai. ¡Adiós!No lo vi porque se encontraba detrás de mí, pero en aquel momento supe que finalmente Mikey había asentido ante mis palabras. Sin poder evitarlo, respiré aliviado de que al fin hubiera decidido cambiar de tema.—Oye, Rindō —Oí que me llamaba justo cuando abrí la puerta y me encontraba listo para salir a la calle.—Dime —Dije sin mirarlo. Por el contrario, clavé mis ojos en la oscuridad que me aguardaba.—Gracias por la cena, Takemitchy se va a desmayar —Terminó diciendo en tono afable.Ante eso, me giré un momento y le dediqué una última sonrisa antes de salir de la casa y comenzar a caminar por la oscura calle, perdiéndome entre las sombras de la noche.Solo, siempre solo.Cubrí mis orejas con los audífonos dando play a la música, permitiendo que Forever & Always de Taylor Swift ahogara mi mundo mientras empezaba a correr.
[Takemichi] - Casa de Manjirō
Cuando llegué a casa de Mikey me encontraba sin aliento por haber estado corriendo todo el camino. Me detuve un momento junto a la puerta para tranquilizar mi respiración y sin poder evitarlo, recordé la última vez que estuve aquí durante la noche.Algunos días atrás llegué desesperado y asustado por la ausencia de Mikey. La situación actual es completamente distinta; para empezar, no llovía y lo agradecía por completo, además, la casa no parecía vacía, se apreciaban luz en todas las ventanas de la planta baja y lo que yo sentía no se asemeja en nada a la angustia de la otra vez. Ahora me sentía feliz sabiendo que iba a volver a verlo y estar con él. Tras haber recuperado el aliento, me decidí a pulsar el timbre. Los ladridos de Mini Mikey no se hicieron esperar.Sonreí. No me gustaban los perros, eso estaba claro, a pesar de eso, no podía evitar sentir un gran cariño por Mini Mikey. No pasó demasiado tiempo hasta que la puerta se abriera, chirriando ruidosamente, dejándome ver en el umbral a Mikey, ataviado con una camiseta de manga corta, completamente lisa de color rojo y unos pantalones de jean negros que milagrosamente no tenían roturas. Su sedoso cabello rubio le cubría ambos lados de la cara al no llevarlo atado como siempre.—¿No tienes frío en manga corta? —Fue lo primero que dije al verlo esbozando una sonrisa, y resistiendo el impulso de lanzarme a sus brazos.No fue necesario aguardar demasiado ni continuar resistiendo. En cuanto terminé de hablar, Mikey sonrió tirando de mi camiseta y pegándome a él, obligándome a entrar en la casa.—Tú me calientas demasiado como para tener frío —Respondió con una mueca burlona mientras se mordía el labio inferior y rodeaba mi cintura con sus brazos, abrazándome con fuerza.Ante sus palabras, le di un empujón cariñoso en el hombro riendo débilmente antes de corresponderle el abrazo con ganas. Al fin estaba con él.—Serás idiota —Murmuré con una sonrisa de oreja a oreja apoyando mi barbilla sobre su hombro y disfrutando de la sensación que me provocaba el abrazo. Era felicidad, pura felicidad, algo que solo conocía cuando estoy con Mikey.—Supongo que no tuviste problemas para venir —Dijo tras unos segundos en silencio. Creo que se refiere al castigo.—No —Respondí sonriendo levemente separándome al fin —Todo ha ido bien, tranquilo.Pasé el dorso de mis dedos por su mejilla un momento, acariciándole suavemente. Al final, también sonrió agarrando mi mano y besándola provocando que me sonrroje. No dejaba de sorprenderme el verle actuar con tanta ternura.—Vamos, pasa —Exclamó aumentando la sonrisa, tirando de mi brazo hacia dentro y cerrando la puerta. Una vez en el interior de la casa, Mini Mikey me saludó efusivamente, al igual que las últimas veces, lamiéndome la cara y moviendo el rabo con fuerza.—¿Qué tal chico? —Sonreí acariciándole, aunque con un poco de recelo. Por mucho cariño que le estuviera tomando, siguen sin gustarme los perros y Mini Mikey, aunque tiene de primer nombre “Mini”, en realidad es intimidante por su tamaño —Veo que no explotaste la casa.Realmente me sorprendí cuando Mikey me dijo que cocinaría, siempre tuve una imagen suya en la que cada vez que debía comer, descongelaba pizzas o hacía uso de la comida a delivery tal y como quiso hacer algunas semanas atrás cuando yo estaba enfermo y él me ofreció venir a su casa para descansar. El día en que empezó todo entre nosotros.—Oh, vamos, ¿Por quién me tomas? Si me lo propongo yo también puedo hacer un poco de pasta —Replicó con voz ofendida caminando aún tomando mi mano, guiándome hasta el salón.Cuando llegamos y observé a mi alrededor, simplemente no pude creer lo que vieron mis ojos.Quise hablar y las palabras se quedaron congeladas en mi garganta al ver todo. Era un espectáculo maravilloso, la luz es brillante, logrando iluminar cada rincón de la sala, la mesa cubierta con un mantel estaba decorada de una forma increíble, platos, servilletas, cubiertos ordenados, era igual que en la televisión, cuando daban programas dedicados a conocer comedores y restaurantes famosos. Casi pude sentir como si estuviéramos en uno de esos lugares, no podía explicarme cómo Mikey fue capaz de preparar todo eso, parece mentira.Me había quedado sin habla y no podía apartar la vista de la cena. De pronto, me sobresalté al escuchar una débil melodía proveniente del extremo izquierdo del salón.Instintivamente, me giré hacia allí y logré distinguir una cadena de estéreos sobre una de las estanterías superiores, comenzaba a sonar, cubriendo el ambiente de vibraciones y notas musicales. Una canción.—Es es…—Smother Me —Dijo Mikey con un control para el estéreo en su mano izquierda —Algo que he escuchado estos días cuando no supe nada de ti.Quise esforzarme por buscar una sola palabra que resumiera la gran oleada de emociones y sensaciones que estaba sintiendo, recordé que yo siempre he sido pésimo a la hora de expresar sentimientos, no sé hacerlo, nunca encuentro una definición completa y correcta, a todas les falta algo, a todas les falta la pieza central, la clave esencial, el núcleo de dicho sentimiento y no sabía ponerle nombre a lo que había llegado a sentir por Mikey, ni me hacía falta en realidad.Lo que sí era urgente para mí era encontrar una manera de hacerle ver cuán feliz me hacía y me desesperaba al no saber explicárselo, me sentía como un niño de dos años que quiere pedir algo y que aún no ha aprendido a decirlo porque no sabe hablar. Simplemente no era capaz de entender cómo algo tan grande y a la vez tan pequeño era capaz de dármelo todo, todo lo que necesitaba para ser feliz, para ser tan feliz como nunca antes, para sentir que la verdadera dicha sí existía y no es solo un cuento absurdo.—No sé qué decir —Dije al fin.Sin poder preverlo, la voz me salió entrecortada al hablar debido a la emoción. Mikey sonrió y se acercó a mí con pasos lentos, alzando sus manos, acariciándome las mejillas y bajándolas hasta mi cuello.—¿Sabes, Takemitchy? A veces la clave es no decir nada —Susurró antes de inclinarse hacia mí y besarme con una dulzura que me hizo estremecer.

----- CHAPTER BREAK -----

[Rindō] - Calle
Me demoré mucho más de lo normal en llegar a casa, mis pasos habían sido lentos durante el camino y también me distraje en varias ocasiones, cuando finalmente puse mi primer pie en el departamento, comprobé que la puerta principal ya estaba cerrada y eso significa que mi hermano ya se fue a la casa de los Shiba.Estúpido Ran. Justo hoy que te necesito.Suspirando resignadamente, me dediqué los siguientes diez minutos a vaciar mis bolsillos, en busca de mis llaves. Para mi desencanto, no aparecieron. Tampoco encontré mi cuaderno de ideas ni mi bolígrafo, solo tengo mi teléfono porque vive conectado a mis audífonos y así nunca lo pierdo, apoyé mi espalda contra la pared del edificio y me dispuse a llamar a mi hermano para que volviera rápido.Comenzaba a hacer frío, y realmente no me apetecía pasar el resto de la noche en la calle. De este modo, aguardé expectante hasta que recibí una respuesta. No obstante, no fue la respuesta que esperaba. «—¿Qué pasa, Rin? —Oí que preguntaba Yuzuha.»—Yuzuha, sabía que estabas con Ran. «—¿Recuerdas que te dijimos que iríamos al cine y después a comprar la cena de hoy con mi familia? Ran está discutiendo con el carnicero porque cree que los precios son un robo —Hice un vago sonido que sonaba a afirmación —¿Sucede algo? Te escucho desanimado.»—No, estoy bien —Respondí sintiéndome cansado y ansioso —Es que creo que olvidé las llaves en casa de Mikey y no puedo entrar, pero si están afuera. «—¡Descuida! —Dijo tranquila —Le digo a Ran y vamos, espéranos en la puerta, ¿De acuerdo? Por cierto, ¿Qué quería Mikey? »—Solo tenía un problema en la cocina. Yuzuha, si se dan prisa me serviría, hace frío.«—De acuerdo, nos vemos ahora —Dijo antes de colgar.Lentamente, separé el teléfono de mi oreja y lo guardé en mi bolsillo del pantalón.Suspirando, me froté los ojos. Realmente me encontraba muy cansado y somnoliento de golpe, sin poder hacer otra cosa que esperar, me senté en el escalón del portal y apoyé mi cabeza contra el muro. Permanecí ahí los primeros cinco minutos en silencio, sin hacer nada, disfrutando de la brisa nocturna, hasta que de pronto, comencé a oír unos pasos en la oscuridad. Instintivamente, me incorporé entornando mis ojos en un intento de distinguir al dueño de esos pasos que cada vez se oían con más claridad. No podía ser mi hermano, tan solo transcurrieron cinco minutos desde que había hablado con Yuzuha, sin embargo, estaba seguro de que conocía esas pisadas.Dando un paso al frente, confirmé mis sospechas al ver en la esquina a una chica de largo cabello rosa pálido recogido en dos coletas, vestida con un conjunto de la princesa Bella, moderna y delicada. —Luna —Murmuré al verla —¿Qué haces aquí? Es muy tarde.—¡Rindō! —Exclamó dibujando una gran sonrisa en sus labios —Quería verte, hace días que no me devuelves las llamadas.Sonreí un poco. Han sucedido tantas cosas últimamente que me había olvidado de que Luna me ha estado llamando bastante en los últimos días para vernos.—Discúlpame, no fue a propósito —Admití con voz suave —Hemos estado muy ocupados y apenas pude pensar en nada, pero voy a compensarte cuando quieras ahora que las cosas se han tranquilizado.—¡Siempre tan dulce! —Exclamó con una sonrisa radiante en tanto se acercaba a mí y me tomaba del brazo.Contrariamente a lo que solía hacer en estos casos, esta vez no la aparté. Me limité a observar cómo sus ojos brillaban de dicha, siempre que Luna estaba conmigo tenía esa expresión resplandeciente en su rostro, nunca habían importado los rechazos, las circunstancias, los motivos o los fundamentos, ella simplemente se sentía feliz si podía estar a mi lado y de pronto, en aquel instante, en aquel lugar, no pude evitar preguntarme por qué había tardado tanto tiempo en comprender sus inocentes sentimientos.Ella se siente, con toda seguridad, igual que yo.A mí tampoco me importaban las razones o las causas si podía estar junto a esa persona, el hecho de que me correspondiera o no, siempre fue secundario para mí. Hasta que me ví obligado a mencionar el tema en voz alta, porque ese acto, de algún modo hizo que mi dolor fuera real y ahora, de pronto sentía miedo a que esa desdicha ya nunca más se alejara de mí.—Rindō, ¿Estás bien? —Murmuró Luna con voz cálida, ante lo cual, la miré a los ojos. Aún estaba sujeta a mi brazo, abrazándome. Su rostro quedaba a la altura de mi mentón, me observaba con la cabeza ligeramente ladeada, y con un ligero brillo de preocupación en sus ojos. Todo aquello no importaba. Nunca había importado. Solo importaba que esa persona fuera realmente feliz y yo haría lo de siempre, observarla de lejos.Lo había soportado durante muchos años, ¿Por qué razón no podría hacerlo ahora? Pero Luna… ella no merecía sentir lo mismo, ella no debía quererme como lo hacía, eso le hacía daño.Quizás a ella no le importara ese daño, pero a mí sí.De hecho, me importaba demasiado saber que era yo el causante del mayor dolor que Luna podía sentir, cuando era la única persona que siempre me ha amado de forma incondicional aparte de mi hermano.—Rindō —Repitió con voz más débil. Sus mejillas se habían tornado rosas al comprobar que yo no había apartado mis ojos de ella.—¿Por qué no puedes ser tú? —Susurré sorprendiéndome a mí mismo por mi voz temblorosa.Al oírme, sus labios se entreabrieron ligeramente, quizás para decir algo y finalmente no lo hizo, guardó silencio sin romper el contacto visual conmigo. No me percaté de la fuerza con la que clavaba sus dedos en mi brazo ni tampoco de que había apoyado su cabeza en mi pecho, tampoco presté atención al gran gato negro que pasó corriendo por nuestro lado. Tampoco fui consciente de que había tomado su barbilla levantándole la cabeza hasta que su rostro quedó situado a escasos centímetros del mío.No, ella no se merecía sentir lo mismo que yo. Lentamente y sintiendo una repentina necesidad de dejar de pensar, me incliné hacia ella y cerré los ojos en el mismo instante en que nuestros labios se rozaron. Cereza. A eso sabían los labios de Luna, tenían el fresco y dulce sabor de las cerezas. El beso comenzó tímido al principio, sin embargo, no tardó en incrementar de intensidad hasta llegar al punto de faltarnos el oxígeno. Ambos iniciamos un rítmico jugueteo con nuestras lenguas, entrelazándolas y uniéndolas. El sonido de nuestros labios era lo único que se oía. Nada más. No se oía nada, ni sonidos externos producidos por terceras personas, ni tampoco pensamientos o ideas cargadas de sentimientos amargos en mi cabeza. Nada. Al fin, por una vez, fui capaz de dejar la mente completamente en blanco. Un nuevo descubrimiento, un nuevo hallazgo, al fin estaba ahí, esa fórmula que había estado buscando por tanto tiempo. Una fórmula que me hiciera no pensar en esa persona. Una fórmula con sabor a cereza. Excitado a causa de esta revelación, aumenté la fuerza del beso, absorbí el aliento de Luna dejando que me embriagara por completo, permitiéndome flotar y provocando una forzada huida de mis fantasmas internos que volaban desesperados y descontrolados, ni siquiera me percaté de que había comenzado a faltarme el aire hasta que abrí los ojos y caí en picado.Caí atraído por la irresistible fuerza de la gravedad, caí a tal velocidad, que ni siquiera me dio tiempo a plantearme qué debía sentir cuando encontré frente a mí un rostro que no era el de Luna, no era Luna,  era…—¡Rindō! —Esa voz me hizo despertar del hechizo y ver la realidad, una verdad más dolorosa.Sí que era Luna, se trataba de Luna. siempre ha sido ella, la había besado, ¿Cómo por un segundo había podido imaginarme que era alguien más?—Rindō —Un segundo llamado pronunciando mi nombre proveniente de la misma voz, me hizo girarme y encontrarme con los sorprendidos rostros de Ran y Yuzuha.—Yo… —Murmuré sintiendo los labios irritados al hablar, antes de girar hacia Luna y verla atentamente.Me miraba curiosa; los ojos le brillaban y sonreía de forma radiante. Estaba feliz y yo no. —Rin —De nuevo, esta vez fue la voz de Ran que me hizo voltear hacia él y Yuzuha, todavía mareado por lo que acabo de hacer.Esos labios de los que había bebido con tanta avidez fueron los de Luna en todo momento, unos labios que me hicieron creer que realmente podía olvidar, unos labios que después creí eran de otra persona. No puede estar pasándome esto.De pronto, sin previo aviso, la realidad golpeó con más fuerza que nunca. ¿Qué acabo de hacer? Sin decir nada, me dirigí con pasos rápidos hasta Ran y tomé las llaves del departamento que sostenía en su mano derecha. Ignorando su entrecejo fruncido, así como la expresión estupefacta de Yuzuha y el semblante entre maravillado y confuso de Luna, me apresuré a abrir la puerta lo más deprisa que pude. Una vez que lo logré, me limité a correr hacia dentro sin mirar a nadie, ni pronunciar una sola palabra. No me detuve hasta que me encontré encerrado en mi habitación, sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la puerta y la cabeza enterrada entre mis brazos.Ni siquiera valiéndome de la protección de estos fui capaz de dejar de pensar.Con las manos temblorosas recurrí a mis audífonos, los cuales acabaron por resbalar de mis manos. Me quedé en shock al ver los cascos azules en el suelo y el cable conectado a mi teléfono, enredado en mi mano.¿Qué estoy haciendo?
[Takemichi] - Casa de Manjirō
Apenas me paré a pensar en el gran torrente de sensaciones y emociones que se activaron en mi pecho cuando volvió a besarme, parecía que transcurrieron siglos desde la última vez.En aquel momento, tan solo alcancé a preguntarme a mí mismo cómo fui capaz de sobrevivir tantos años sin su sabor, no me dio tiempo a más antes de entregarme a ese beso, rodeando con mis brazos su espalda y atrayéndolo hacia mí, mientras él no cesaba en pasar el dorso de sus dedos por mi cuello. Con cada nueva caricia, con cada movimiento que producían sus labios sobre los míos, con cada intrusión de su lengua y abriéndose paso a través de mi boca, me estremecía. De nuevo esa sensación de sentir las piernas como si fueran de gelatina, como si sus besos me derritieran de forma literal y no fuera capaz de mantenerme en pie, de nuevo sintiéndome débil y tembloroso.Mientras mis oídos no dejaban de prestar atención a cada nota musical de esa canción que aún vibraba en el aire y que nos rodeaba por completo.—El postre se  come al final —Lo observé jadeante, tratando de pausar mi respiración acelerada y no prestar demasiada atención a su olor, el cual me embriagaba por completo.—No es bueno iniciar y luego acabar —Murmuré, aún con la respiración entrecortada temiendo el no poder controlarme hasta el final de la cena.—Pero así… —Susurró acercando de nuevo sus labios a los míos sin llegar a besarlos —Ds como te gusto —Jadeó en mis labios en tanto acariciaba mi pecho con sus manos bajando hasta mi vientre, haciéndome sentir un escalofrío que me recorrió toda la espina dorsal —Así es como te excito —Atrapó mi labio inferior entre sus dientes y tiró de él suavemente —Así es como me quieres.Se separó sonriendo burlonamente.—Eres un… —Alcancé a murmurar antes de que, repentinamente, hiciera un rápido movimiento con su brazo y agarre algo del mueble que se encontraba detrás de él.Se giró a mí y me tendió una caja de tamaño mediano, envuelta en un papel color gris.—Esto es para ti —Sonrió dulcemente —Pensaba dártelo más tarde, pero estoy más emocionado porque lo veas ahora, sabes cómo soy. No pude hacer otra cosa que mirarle estupefacto, hace tan solo unos segundos me besaba de un modo salvaje, me devoraba con sus labios, y de pronto, su expresión se tornaba de lo más dulce y tierna, hasta me daba un regalo.Un regalo para mí, era prácticamente el primer regalo que recibía en toda mi vida, nunca antes nadie me había regalado nada o casi nunca, ni siquiera por mi cumpleaños, mi madre a veces deja pequeñas boberías junto a mi mesa como llaveros, muchos caramelos o libros, claro que nunca la vi, pero ella debe ser la única que se acuerda del día de mi cumpleaños. Aparte de Atsushi que me había obsequiado una libreta-calendario y ahora de repente, recibía un regalo sin motivo,por parte de Mikey.Tomé el paquete con manos temblorosas y lo observé tragando saliva nerviosamente. Acto seguido, miré a Mikey. Él me devolvió la mirada aún sonriendo de medio lado en una expresión de completa ternura. Esa sonrisa me derretía completamente. —Puedes abrirlo, no te va a morder —Bromeó pasando el peso de su pierna derecha a la izquierda. Sin responder, traté de esbozar una sonrisa y lo único que logré reflejar en mi rostro fue una extraña mueca, estaba demasiado sorprendido y emocionado como para pensar ni siquiera en sonreír.Actuando con mucho cuidado, comencé a desenvolver el paquete. Mikey me observó fijamente los primeros dos minutos hasta que de pronto, comenzó a removerse inquieto.—El papel no es de oro, puedes romperlo —Dijo mordiéndose el labio con nerviosismo ante mi lentitud.Como acto reflejo ante sus palabras, simplemente negué con vehemencia. No, no quería romperlo, lo quiero conservar como recuerdo. Finalmente terminé de desenvolverlo y dejé el papel a un lado, observando boquiabierto el contenido del regalo que Mikey acababa de hacerme. —¿Me… compraste… un teléfono? —Balbuceé a duras penas debido a la emoción, aún con la mirada clavada en mi regalo.Apenas terminé de formular la pregunta, quise darle inmediatamente las gracias, pero las palabras quedaron bloqueadas en mi garganta y no podía hablar, aquello era demasiado increíble.—Técnicamente fue Izana que me prestó el dinero —Dijo rascando su nuca —Me contaste que el tuyo se rompió al caerte por las escaleras, así que se me ocurrió regalarte uno nuevo. Es genial, ya verás tiene de todo, vas a poder sacar unas fotos increíbles y ya tiene mi número y el de los chicos, menos de Angry, yo no tengo su contacto, también le pasé música que no sé si te gustará o no pero escucha las canciones y ya me dices —Asentí distraído —Son del mismo grupo que la de “Smother Me”, también hay de Green Day y The Offspring , busqué algunas de los que te-No lo dejé acabar.Antes de que dijera una palabra más, al fin reaccioné, alzando la cabeza y lanzándome a sus brazos, abrazándolo con todas las fuerzas que fui capaz, tratando de calmar el retumbar emocionado de mi pecho.—Takemitchy, ¿Qué pasa? —Dijo con voz sorprendida, devolviéndome el abrazo —¿No te gusta? Si es así no pasa nada, podemos ir a la tienda y elegir…—¡No! —Exclamé, al comprobar cómo finalmente me había vuelto la voz mientras me separaba de él cuidadosamente —No, Mikey, no es eso, esque me he emocionado.Era demasiado maravilloso para ser verdad. Ante mis palabras, Takemitchy relajó la expresión de su rostro y sonrió un momento antes de abrazarme de nuevo.—Y el dramático soy yo. 
[Manjirō] - Casa de Manjirō
A pesar de haberme dado las gracias como unas doscientas veces, a Takemitchy seguían sin parecerle suficientes. Realmente no entendía por qué había terminado emocionándose de aquella manera, no es un teléfono último modelo y tampoco fue la gran cosa, pero valió la vergüenza que pasé al contarle todo a Izana antes de que aceptara darme el dinero.A pesar de que no terminaba de comprenderlo, lo cierto es que no dejé de sonreír durante toda la noche.Una vez pasada la sorpresa inicial y la emoción del primer momento, Takemitchy se puso como loco a curiosear el teléfono, tomó varias fotos nuestras, grabó vídeos de ambos o Mini Mikey y descargó una aplicación de lectura. Tan flipado estaba que no pude evitar preguntarme si su teléfono anterior había pertenecido a la prehistoria o algo así. El caso es que parecía un niño con un juguete nuevo y al verlo con esa cara de ilusión, esa sonrisa de felicidad, se me caía la baba sin remedio. En aquel momento me percaté de cuán increíble era para mí verle feliz y sonreír de verdad, no falsamente, con esa mueca extraña y automática que le dedica a todo el mundo, como si estuviera programado para ser así, para mostrar una única cara a la sociedad.Yo había visto cómo era él de verdad, yo había contemplado su verdadera sonrisa y me había enamorado de esa sonrisa. Por ello, ahora, en este lugar, al verlo tomándose fotos conmigo con tal de estrenar el dichoso teléfono, al verle perseguir a Mini Mikey por toda la casa para grabarlo en vídeo, al verlo reírse de aquella forma, no pude evitar prometerme a mí mismo que, costara lo que me costase, yo iba a dedicar cada minuto de toda mi vida a hacerle feliz y a hacerle entender que su sonrisa era demasiado y linda como para que siempre la estuviera ocultando. Cuando llegó la hora de cenar, pasó tres cuartos de lo mismo que con el regalo.Takemitchy apenas podía cerrar la boca debido al asombro. Claro que, en aquella ocasión, no disfruté de su cara tanto como hubiera querido, sobre todo porque, aunque en un primer momento quise hacer como si no pasara nada, no podía sacarme de la cabeza que el verdadero autor de aquella cena había sido Rindō y no yo. Tal como dijo, este detalle pierde su valor si no lo hago con mis manos.Dándole vueltas a esta idea, me sorprendí cuando a la hora del postre, me descubrí a mí mismo, enfurruñado y de mal humor sin saber bien por qué, maldiciendo el momento en que había acabado cayendo en que Rindō volvía a tener razón, si no era yo el que preparaba las cosas, estas perdían todo el valor sentimental.Así, con el ceño fruncido, el tenedor a escasos centímetros de la boca y la mirada perdida en algún punto del techo, me prometí a mí mismo que iba a aprender a cocinar así fuera lo último que hiciera en el mundo, aunque tuviera que secuestrar a Rindō durante horas para que me enseñara o traer a Emma de Manila para darme clases.—Me has sorprendido —La voz de Takemitchy me trajo de vuelta al presente, haciéndome enfocar mis ojos en él. Ya casi habíamos terminado de comer —No sabía que cocinaras, siempre supuse que vivías a base de comida chatarra.Suspiré resignado al oírle, odiándome a mí mismo por sentirme culpable y preguntándome cuándo había sido que yo me había vuelto tan blando.—La verdad es que tienes razón —Dije al fin con pesar echando el plato a un lado, sintiendo de pronto que se me iba el hambre. Seguidamente, agaché la cabeza rehuyendo la mirada de Takemitchy. —¿Por qué lo dices? —Preguntó sorprendido.Por el rabillo del ojo observé que ladeó la cabeza mirándome con un leve aire de desconcierto en su rostro. Permaneció así un par de segundos hasta que finalmente, se mordió el labio, como si cayera en la cuenta de algo y relajó su expresión esbozando una leve sonrisa divertida.—No cocinaste, ¿verdad?—No —Respondí con un resoplido. Takemitchy acentuó su sonrisa antes de volver a hablar, inclinándose hacia delante.—Adivino, ¿Rindō? —Inquirió alzando las cejas. Extrañado, levanté la mirada clavando mis ojos en los suyos. ¿Cómo lo supo? Acertó a la primera.—¿Quién te dijo? —Pregunté mirándole boquiabierto. Ante eso, Takemitchy rió con ganas.—Bueno, era evidente. Rindō es el que siempre cocina para ustedes, ¿No? ¿A quién más a pedirle ayuda si no era él? Ran casi quema la casa con Yuzuha y Draken está ocupado trabajando.—Si que soy transparente.—No es eso —Sonrió Takemitchy —Es que… desde que comenzamos lo nuestro, siempre lo he visto contigo y no ha sido difícil adivinar.Al oírle hablar entre risas, fruncí el ceño y le miré sintiéndome totalmente sorprendido. El hecho de que se estuviera riendo quería decir.—Entonces, ¿No estás enfadado? —Pregunté parpadeando un par de veces. En cuanto terminé de formular la pregunta, su expresión cambió pasando de estar afable a estar confusa.—¿Y por qué tendría que enfadarme? —Inquirió inclinándose aún más hacia mí —No has hecho nada malo, además, la idea de imaginarte llamando a Rindō desesperado por no saber cómo cocinar me provoca más risa que otra cosa.Al final, no pude evitar reír yo también en tanto me frotaba la frente. —Sí, yo aún no entiendo cómo es que me aguanta —Reí antes de sumirnos en un silencio en el que solo nos dedicamos a mirarnos. Takemitchy sonreía dulcemente con los codos apoyados en la mesa y la barbilla en sus manos. No me explicaba cómo alguien podía ser tan tierno, realmente no me lo explicaba. Nos quedamos así, mirándonos un rato y yo no podía dejar de admirar su sonrisa ¿Por qué me volvía tan loco verlo sonreír? ¿Por qué sentía en el pecho algo saltando, volando? ¿Cómo era que me había enamorándome de esta forma?—Yo nunca podría enfadarme contigo, al menos no por mucho tiempo —Susurró Takemitchy haciéndome estremecer desde la cabeza hasta los pies, culminando aquella locura y provocándome una inmediata pérdida del poco control que me quedaba.Sin decir nada más ni dejarle hablar, me levanté de la silla y me acerqué con tan solo un par de zancadas, tomándole del cuello de la camiseta para obligarlo a pararse y después besarlo con toda la pasión que fui capaz. 
[Takemichi] - Casa de Manjirō
Yo siempre he sido un chico que nunca, por ningún motivo, se salía de la rutina. Era impensable pretender siquiera llevar un día diferente, actuar por impulso o instinto, hacer algo por el simple placer de hacerlo y no porque ya estuviera programado. Todo en mi vida se había movido siempre por informes que rellenar, documentos que no podían esperar, horarios que debía cumplir al pie de la letra y nunca me había parecido que las cosas pudieran ser diferentes, hasta que llegó Mikey.Con él, las programaciones y las rutinas no existían, cada día era diferente, cada momento, cada segundo a su lado era único e irrepetible.Poco a poco, me estaba enseñando a dejarme llevar, a ignorar los que hasta aquel momento habían sido mis hábitos diarios y vivir a contracorriente y perder el control. Con cada beso, con cada caricia, con cada movimiento de sus manos en mi piel sentía como el control desaparecía cada vez más. Hasta ese momento en que sentí por primera vez los labios de Mikey sobre los míos, yo no conocía lo que era perder el control y mientras me besaba con voracidad junto a la mesa del comedor, comenzando a caminar arrastrándome hasta el sofá, mientras mordía y succionaba mi cuello, mientras sus manos se introducían por mi pantalón buscando un contacto más profundo en sus caricias, ahí comprendí que ese descontrol ya era parte de mi vida y que ya nunca podría dejarlo atrás.El cómo terminé recostado en el sofá con Mikey encima de mí, sus piernas arrodilladas entre las mías y sus labios atacando mi cuello, mi barbilla y mi boca, definitivamente es algo que no entiendo del todo bien, pero ahí estábamos, tocándonos, besándonos con una locura que casi asustaba y una desesperación desmesurada, no podía controlarme, sentía que si me separaba aunque fuera tan solo un milímetro de él, no podría soportarlo.—Me vas a volver loco —Jadeó Mikey en mis labios sacándose la camiseta con un solo movimiento.Sentía los labios irritados, podía notar cómo la piel me ardía y apenas me daba tiempo a recuperarme entre un escalofrío y otro—Vas a volverme loco a mí —Suspiré entrecortadamente echándome hacia delante y comenzando a besar el vientre de Mikey.Subía hasta su pecho y luego volvía a bajar, de su garganta no hacían sino escapar leves jadeos, uno tras otro, cuanto más los oía más grande se volvía ese descontrol y más me empeñaba en recorrer todo su torso con mi lengua, rastreando su piel con mi saliva en tanto sus manos se enredaban en mi pelo y me instaban a seguir bajando hasta llegar a su pantalón, el cual desabroché y bajé con movimientos angustiosos al mismo tiempo que también le despojaba de su prenda interior liberando así su creciente erección que luchaba por salir.Sin cesar en mis suspiros de excitación, subí nuevamente hacia arriba y me lancé de nuevo a los labios de Mikey. En ese momento, sentí su mano agarrando la mía y guiándome hasta su miembro erecto, el cual rocé con mis dedos sin saber del todo cómo continuar, sabía lo que quería y deseaba.Eso continuaba siendo nuevo para mí, estaba sucediendo todo tan deprisa y sin embargo, no me importó, no tuve escrúpulos a la hora de rodear su erección con mis dedos y comenzar a balancear mi mano adelante y atrás, ayudándome se su brazo primero, continuando en solitario después.—Ah… demonios, Mikey —Gimió en el mismo instante en que decidí acelerar el movimiento de mi mano, en tanto abandonaba mis labios y mordía mi barbilla con anhelo.En ese momento, sentí sus dedos jugueteando con el cierre de mi camisa y entonces, mi mente reaccionó rápidamente y tratando de no dejarme llevar por el pánico que me supuso ese escalofrío helado a la altura del pecho, tomé las manos de Mikey deteniendo su actividad y las alejé de mi camisa, bajandolas hasta mi pantalón. Desviando su atención y tratando de que no insistiera en desnudar mi torso, impidiéndole ver mis heridas.Para mi tranquilidad, a Mikey no pareció importarle ese cambio de rumbo y sonrió pícaramente antes de lamer mi cuello y desabrochar mi pantalón. Interiormente, suspiré aliviado al comprobar cómo había logrado que olvidara mi camisa sin mayores complicaciones. Finalmente cuando me sentí desnudo de cintura para abajo, y noté su mano acariciando y frotando mi intimidad no pude evitar caer de nuevo en ese hechizo de la pasión, el placer y el descontrol.
[Manjirō] - Casa de Manjirō
Aquel deseo iba a terminar volviéndome loco. Takemitchy me hacía perder la cabeza, me hacía anhelar hacerlo mío una y otra vez durante horas. Me bastó tocarle, observar su rostro desencajado por la excitación y sentir su cuerpo temblar pidiendo a gritos ser llevado hasta el éxtasis de placer, para terminar consiguiendo despertar esa fiera que hasta aquel momento había estado dormida dentro de mí.Una vez más traté de quitarle la camisa, esta vez sintiéndome completamente dominado por el descontrol y de nuevo, apartó mis manos cuidadosamente, besándome de forma repentina. Quizás a él le quedaba compostura para seguir jugando, pero a mí no, el ardor que sentía dentro de mi pecho reclamaba su cuerpo unido al mío. Así que no me entretuve más, no podía seguir con aquella provocación porque sentía que estallaría en cualquier momento si prolongaba por mucho más tiempo aquel jugueteo de caricias y besos ardientes. Tal vez en otro tiempo yo habría sido capaz de controlarme en ese tipo de situaciones, tal vez hubo un día en que la idea de rendirme al máximo placer no era una necesidad para mí, pero con él todo era diferente. Con él no cabía nada más que no fuera entregarme a la pasión y la locura, con toda la desesperación que era capaz de sentir. Sin darle tiempo a hacer nada más, valiéndome de movimientos un tanto descontrolados, me abrí paso finalmente dentro de él con dos dedos sin dejar de besarle ni un solo segundo. Se sorprendió, su cuerpo dio un respingo y acto seguido comenzó a temblar.—Mikey… —Suspiró en mis labios mientras yo comenzaba a mover mis dedos en su interior, preparándolo.De pronto, sentí como repentinamente, volvía a agarrar mi miembro entre sus manos y continuaba con lo que hacía hace unos minutos, satisfaciéndome y moviendo mi cuerpo a su ritmo. Reprimí un fuerte gemido ronco que salió de mi garganta al sentirle y aumenté la velocidad de mis dedos, introduciendo un tercero a la vez que notaba cómo poco a poco comenzaba a estar listo para recibirme.—Ah… sigue… —Jadeó echando la cabeza hacia atrás y deteniendo el movimiento de su muñeca una vez más debido al placer.No me hizo falta más.Ahora sí que no podía esperar más para tenerle. Entre suspiros y jadeos, detuve yo también mi actividad y me eché hacia atrás. Tomándole de los hombros lo hice girar con un movimiento firme, haciéndole quedar apoyado en el respaldo del sofá de rodillas e inclinado hacia adelante.Lentamente, me acerqué a él y uní mi cuerpo al suyo, rodeándole la cintura desde atrás situando mi barbilla en su hombro para seguidamente acercar mis labios a su oído y susurrar en tanto mordía el lóbulo de su oreja.—Esta noche pienso hacerte mío una y otra vez.Al sentir mi aliento se estremeció en mis brazos y exhaló un leve gemido al tiempo que cerraba los ojos.—Hazlo —Suspiró aferrándose a mi cuerpo, haciéndome comenzar a temblar también y entonces, terminé de unir mi cuerpo al suyo entrando en él, controlando la velocidad a la que lo hacía, a pesar de que mi excitación reclamaba una única embestida rápida.Pero no lo haré, nunca me arriesgaría a hacerle daño, sus manos se encontraban aferradas al borde del sofá y su cuerpo apoyado en el respaldo, mis labios aún en su oído jadeando.—Mikey —Jadeó sin dejar de temblar y comenzando también a mover su cadera hacia atrás, pretendiendo sentirme con más profundidad, excitándome de una forma alarmante.—Shh… —Susurré antes de morderle el hombro y terminar de entrar en él, sintiendo una vez más esa sensación de electricidad que recorría todo mi cuerpo, de forma rápida y fugaz, una electricidad que nos hacía vibrar de puro placer.Aguardé unos segundos a que se acostumbrara a tenerme dentro de él, y cuando sentí que se encontraba cómodo y él mismo comenzaba a retorcer su cuerpo en busca de un contacto mayor, comencé a salir y a entrar de él a un ritmo pausado y constante.Takemitchy se retorcía, jadeaba, suspiraba y se echaba adelante y atrás, el temblor de su cuerpo me indicaba que estaba disfrutando plenamente y sin embargo, yo aún quería más. Quería hacerle sentir mucho más. Al mismo tiempo que aumentaba el movimiento de mi cadera entrando y saliendo de él, estiré una mano hacia adelante y agarré su miembro entre mis dedos comenzando a moverlos siguiendo un ritmo similar al de mis embestidas.—Ahhh… Mi… Mikey —Oírle pronunciar mi nombre de forma entrecortada fue excitante, y en ese punto comencé a realizar con fuerza mis estocadas, me movía rápido y profundo.Takemitchy soltaba un gemido cada vez que llegaba hasta el fondo de él, con voz débil al principio y con un tono alto al final cuando uno entre tantos movimientos de caderas por mi parte, unido a la vibración de mi mano con la que le daba placer, le hizo acabar en un largo suspiro. Su cuerpo perdió fuerza en tanto decidía descansar su cabeza en el respaldo del sofá entre sus brazos, los cuales no había dejado de tener en tensión, los nudillos de las manos se le veían blancos, debido a la fuerza con la que se estaba agarrando al sofá.Le acababa de llevar al cielo de placer, su cuerpo agotado y su incesante temblar me lo decía. Y sin embargo… 
[Takemichi] - Casa de Manjirō
Apenas tenía fuerza para moverme, mucho menos para levantarme, estaba sudoroso, agitado y la tela de la camisa se me pegaba a la piel y Mikey aún no salía de mi interior.—¿Qué…? —Alcancé a murmurar antes de sentir que retomaba sus movimientos de cadera, casi con más fuerza e ímpetu que antes, logrando una nueva erección en mí y provocándome una larga oleada de locura que me recorrió cada poro de la piel, haciéndome gemir fuertemente durante un segundo, antes de recuperar unas mínimas fuerzas para hablar —Ahh… ¿Qué… haces?Había pensado que al acabar, me sentiría lo suficientemente satisfecho como para solo pensar en descansar durante las próximas horas, tumbado junto a Mikey en el sofá y preocupándome únicamente por relajarme, pero no fue así, había bastado que Mikey comenzara a moverse de nuevo para despertar en mí una vez más ese ardor, esa locura, esos escalofríos, esa agonía de querer sentirle más… mucho más.—Nada que no estés deseando —Susurró Mikey en mi oído antes de comenzar a morder mi cuello y seguir acelerando.Casi me sentía con ganas de gritar, aquel placer sobrepasaba cualquier simple fantasía, era superior e inimaginable, casi onírico. A cada aumento de velocidad, yo me sentía morir de locura, y Mikey lo notaba, lo sentía y eso parece invitarlo a seguir.—Te lo dije, sé lo que te gusta —Jadeó en el mismo momento en que eché mi cabeza hacia adelante enterrándola en el respaldo del sofá para no gritar, me sentía al borde de un ataque de placer en estado puro y entonces sucedió, Mikey dio una última embestida activando algo dentro de mí, algo que me hizo volver a acabar por segunda vez, en esta ocasión al mismo tiempo que Mikey quien descansó su frente en mi hombro gruñendo entre dientes mientras deposita dentro de mí todo el fruto de su deseo.Lentamente, y al cabo de unos momentos, Mikey salió de mí y al hacerlo, sentí de pronto un extraño vacío, como si solo me sintiera verdaderamente pleno y completo cuando él se unía a mí. Tan solo se oían el ruido de nuestras respiraciones agitadas y sentía la sudorosa piel de Mikey adherirse a la mía, aquello fue indescriptible, prácticamente me encontraba en estado de shock y aún no comprendía cómo era que habíamos sobrevivido a semejante locura, por un momento, creí que la pasión iba a consumirnos. Sobre todo, no entendía cómo es que al final, había logrado hacerlo quedándome vestido todo el tiempo de cintura para arriba. Era lo mejor, así no hubo ningún riesgo de que me descubriera.—Te quiero, Takemitchy —Susurró Mikey de pronto, haciéndome estremecer y resbalar hacia abajo, sin fuerzas, hasta quedar medio tumbado en el sofá, sintiendo como él me rodeaba con sus brazos —Quédate conmigo.Ni siquiera me paré a reflexionar sobre ello. Simplemente accedí, con una gran sonrisa en mi rostro y me acurruque a su lado aspirando con fuerza su olor y escuchando el ritmo de nuestros corazones acompasados. Un sonido ideal para dormir.

↑ Top · Fandoms