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Disclaimer:
Los personajes de Harry Potter son propiedad de
J.K. Rowling. La historia pertenece a
Inadaze22
xxx
Capítulo uno
Primera parte: El final
5 de junio
—¡Se acabó! Ya no aguanto más esta maldita depresión —Ginny me hace girar para mirarla, apoyando ambas manos en mis hombros—. Estabas tan bien cuando llegamos, Hermione, ¿qué pasó?—Yo no estoy deprimida, Ginny, estoy melancólica —discrepo rotundamente. Ella me juzga despectivamente—. No del todo —corrijo, apartando la mirada.Me devuelve la mirada, con un brillo decidido.—Quiero que repitas después de mí —me ordena Ginny, mirándome fijamente a los ojos— Me llamo Hermione Granger.Exhalando dramáticamente, pongo los ojos en blanco y gimoteo.—Por el amor de...Chasquea la lengua, enfadada.—Me llamo Hermione Granger —vuelve a decir.—Me llamo Hermione Granger —murmuro.Sé muy bien que revolcarme en la autocompasión como una niña mimada y malhumorada no va a funcionar con mi casi irritante y testaruda mejor amiga, Ginny Weasley.—Bien, por algo se empieza —me anima Ginny—. Ahora di: "Soy la mujer con vida más inteligente y los hombres me desean."Se me abre la boca para protestar.Ginny enarca una ceja.Me callo y sigo las instrucciones.—Soy la bruja con vida más inteligente y los hombres me desean.Sonríe con satisfacción.—Ahora dilo todo junto.Me cruzo de brazos.—Me llamo Hermione Granger. Soy la bruja con vida más inteligente y los hombres me desean.Ginny asiente convencida y baja las manos.—Ahora, sonríe como si lo dijeras en serio —y esboza su propia sonrisa.Le sonrío ampliamente. A regañadientes, me siento mucho mejor. Esta noche no va a ser horrible y no va a ser como si me estuvieran arrancando los dientes. Todo va a ir bien porque tengo a mi incorregible mejor amiga aquí conmigo. Esta noche es una noche importante para mí. Es la última noche de mi vida. No, no lo digo literalmente, sino en sentido figurado.Esta noche me estoy rindiendo.Sí, la implacable, obstinada y decidida Hermione Granger, santa patrona de todos los desvalidos... Se rinde.Y es lo más difícil que he tenido que hacer.Me estoy despidiendo de todo, descartando mi antigua vida junto con la persona que he sido durante los últimos tres años. Todo debe irse para que pueda seguir adelante: mi trabajo, mi apartamento, él. Empiezo de nuevo. Esta es la decisión más dura y madura que he tomado en mis veintiún años de vida. Una que estoy tomando con calma, aunque no quiera hacerlo, aunque sea durísimo.—¿Vas a volver a entrar o te vas a quedar mirándome otros diez minutos? —me pregunta Ginny, irrumpiendo en mis pensamientos, con las manos en las caderas.Seguro que esta noche está dispuesta a llamar la atención, porque lleva un corto vestido negro y ajustado que le sienta de maravilla. Lleva pendientes, tacones y su rojo cabello en un moño con mechones rizados sueltos.—Estaré allí muy pronto —le ofrezco una sonrisa tranquilizadora.Que ella no devuelve porque me conoce por dentro y por fuera.—Hermione, sé que esta noche... Sé que esto de dejarlo es muy duro para ti, lo entiendo, pero necesitas divertirte, bailar un poco, beber otro poco y olvidarte de él. Probablemente, ni siquiera lo veas esta noche. Odia las fiestas, aunque las organice todo el tiempo.Lanzo un gran suspiro.—Lo sé, lo sé —respiro hondo porque sé todo de lo que está hablando. Pongo una sonrisa en mi rostro. No me llega a los ojos, pero es todo lo que puedo hacer—. Entra, yo iré detrás de ti, ¿bien?Ginny sonríe lo mejor que puede.—De acuerdo, pero deja de pensar en él.Hay al menos cuatro millones de pensamientos rondando por los recovecos de mi mente horas después de despedirme de mis compañeros y empleados en la fiesta de despedida que me organizó mi jefe... Bueno, técnicamente, fue una fiesta de despedida/cumpleaños/inauguración de casa, todo en uno. Nunca sabré cómo lo consiguió.Todo el mundo lo está pasado bien y funciona.—Así que —una chica sin nombre comienza su historia, interrumpiendo mis pensamientos de nuevo—. Beth me retó a hacerme un piercing en el ombligo a la manera muggle... Y lo hice.—¡Oh, déjame ver! —grita otra chica sin nombre con una voz que me recuerda al sonido que hacen las uñas al arañar una pizarra. Doy un respingo.—¡No puedes! Deja que te cuente lo que paso. Al parecer, soy alérgica a ciertos metales, así que, menos de una hora después, la maldita cosa se hinchó y mi piel se puso de varios colores. Parecía que tuviera una enfermedad. Mi madre me llevó a un hospital muggle donde me clavaron una aguja con algún tipo de medicamento. Fue ridículo. Nunca volveré a hacer algo así.—Vaya, qué locura, Leila.Pausa.—¿Alguien ha visto a Draco Malfoy?—No desde que le cantaron el cumpleaños feliz. Sopló las velas, tomó un trozo de pastel y se fue. Me encantaría pillarlo a solas para que este sea un cumpleaños muy feliz para él.Por fin se alejan de mi vista y no puedo dar más gracias a las estrellas. La sola idea de que alguien haga de este un "cumpleaños muy feliz" para Draco me pone enferma... No. No voy a pensar en él esta noche. Y no, no voy a torturarme así. Oh, ¿a quién quiero engañar? Pienso en él todo el tiempo. No puedo recordar un momento en el que no lo haya hecho.Incluso con las voces de fondo, mi mente corre a mil por hora con todo tipo de pensamientos aleatorios.Cambio mis pensamientos a tomar una nota mental de recordarle a Ginny que le dejé la llave al casero, recordé que tenía que limpiar los envoltorios de caramelos del último cajón de mi escritorio, de revisar si me ingresaron el último cheque, de devolverle a Pansy sus zapatos favoritos, y todo bien a partir de ahí. Pero ¿no creo recordar dejarle mi nueva dirección como él quería para que no pueda conectarse a mi nuevo apartamento por flú?¿Tengo lo necesario? ¿Seré una buena sanadora? ¿Estaré bien?¿Lo extrañaré?¿Qué aspecto tengo? ¿Lo hemos limpiado todo? ¿Extrañaré mi trabajo?¿Seré reemplazable?Y así transcurrieron unos quince minutos más mientras permanezco de pie en el vestíbulo de su enorme casa recién construida; la silueta de la luna llena se filtra a través de las enormes ventanas, mezclándose con mi sombra. Desde mi posición ventajosa en lo alto de las escaleras, veo que algunos rezagados entran en la casa, riendo y entregándoles sus bolsos y regalos al elfo que está en la puerta. Los veo caminar por el pintoresco vestíbulo. Algunos invitados se detienen a contemplar la belleza clásica de la habitación; para mí luce como el paraíso.Retratos mágicos, pinturas muggles clásicas y muy caras adornan las paredes, esculturas de piedra, hay una enorme lámpara de oro y cristales, los relucientes pisos son de mármol blanco con motas doradas y una clásica escalera doble de mármol blanco. Con las luces encendidas, es luminoso, acogedor y relajante; nada que ver con la mazmorra que solía ser. No escatimó en gastos al construir esta casa; lo sé porque estuve con él durante todo el proceso de diseño y construcción, dando y denegando aprobaciones. Es la primera vez que veo la Mansión Malfoy desde que los albañiles la terminaron el mes pasado y más de cuatro años desde de que la derribaran tras la muerte de sus padres.Una vez que los invitados terminaban de asombrarse con el vestíbulo, suelen desaparecer en la enorme sala apodada "ala para fiestas."Cuando llega más gente, miro el reloj, sorprendida al ver que es casi medianoche; en las invitaciones que llevaron los búhos seguramente decía que la fiesta empezaba a las nueve. Sacudo la cabeza, suelto otro suspiro y camino en dirección al estruendo de la música, sabiendo perfectamente que detrás de esas puertas dobles será el último lugar donde me cruce con el solitario cumpleañero. En los minutos que tardo en encontrar la fiesta, es cuando todo se detiene, la gente me deja en paz y toda la atención se centra en otro lugar, ahí es cuando realmente puedo pensar con claridad.Es en ese momento cuando no puedo evitar preguntarme cómo he llegado hasta aquí.—¡Hermione! —Ginny grita mi nombre por encima de la música.Ni siquiera sé cómo la oigo, no puedo verla. Está tan oscuro y lleno de gente.Cuando vuelvo a la realidad, la fiesta de inauguración está en pleno apogeo. Tiene que haber cientos de personas. La música suena gracias al DJ, Blaise Zabini, la gente se lanza literalmente a la pista de baile, las parejas se besan libremente en los sofás de la esquina de la sala, las luces parpadean en la oscura habitación al ritmo de la música, hay un montón de gente charlando lejos de la pista de baile, las brujas esnobs miran con desprecio a cualquiera que tenga mejor aspecto que ellas, las bebidas fluyen en las siete barras temáticas y la comida es del gusto de todo el mundo.Hay un lugar tranquilo donde la gente puede ir a hablar. La puerta trasera está abierta para quien quiera llevar la fiesta fuera, en los amplios jardines.Dentro de una hora, todo el mundo estará afuera para ver el espectáculo mágico de fuegos artificiales.Realmente él sabe cómo organizar una fiesta... Todo es un gran espectáculo. Verdaderamente.Tardo un minuto en divisar a Ginny entre la multitud de cuerpos girando en la pista de baile y me acerco a ella con precaución porque está tomando chupitos de algo que luce como gasolina y está bailando con dos hombres extremadamente atractivos. Ron se desmayaría si la viera ahora mismo y Harry... Harry maldeciría a los chicos hasta el olvido.Está sonrojada por el baile.—¿No es genial?—Sí, ¡simplemente increíble! —grito mi respuesta, moviendo las caderas para parecer que estoy bailando y divirtiéndome.Para alguien que se está "tomando un descanso" de Harry para que él pueda "encontrarse a sí misma" antes de tomar una decisión sobre si quiere o no sentar la cabeza, eso también se traduce como: quiere acostarse con otras mujeres para ver si el césped es realmente más verde del otro lado de la cerca. Ginny se lo estaba pasando mejor que ella. Creo que es porque tiene diecinueve años, acaba de terminar su primera temporada como jugadora profesional de Quidditch y también se está "encontrando a sí misma".Uno de los hombres se desliza hacia mí, moviendo sus caderas contra mí de forma tan seductora que me sonrojo y niego con la cabeza, claramente sin mostrar interés en bailar.De todas formas, no es que pueda hacerlo.Él se encoge de hombros y vuelve a machacarse contra el trasero de mi mejor amiga y yo voy en busca de algo para beber.El Firewhisky quema más de lo habitual esta noche y todos los planes de emborracharme salen volando por la ventana.En lugar de eso, me siento en la barra, ajena a todo el mundo y pienso.Pienso y me pregunto cuándo mi vida se volvió tan escandalosa, tan loca, que me llevó a tomar la decisión que acabo de tomar. He terminado mi formación como sanadora y he dejado mi trabajo, que era muy bien pagado, para aceptar otro que no lo es en San Mungo. Me mudé a un apartamento nuevo más cerca al hospital y terminé abruptamente
algo
que solo se puede clasificar como "un error gigante".—La siguiente canción va dedicada para el cumpleañero, Draco Malfoy, donde sea que esté.Le hago una señal a la camarera para que me dé otro Firewhisky, y mejor que sea doble.
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Segunda parte: Enamoramiento
Dos años.Diez meses.Quince días.Doce horas.Cuarenta y siete minutos.Ese es exactamente el tiempo que llevo enamorada de Draco Malfoy.Es exactamente el tiempo que he estado acostándome ocasionalmente con él.Y exactamente cuánto tiempo he estado planeando mi escape.Se supone que los enamoramientos son inocentes, exquisitos y te hacen sentir fantástica, pero este enamoramiento vino acompañado de una de las peores angustias que he sentido en mi vida. Me hace querer arrancarme los ojos con una cuchara saturada de veneno. Este enamoramiento me hace querer patalear y gritar de frustración hasta que ya no pueda respirar. Este enamoramiento es exactamente lo peor: es un enamoramiento que me está destruyendo la vida.Y no puedo permitirlo, ya no más.Estar cerca de alguien que no comparte tus sentimientos es enloquecedor.Recibir señales contradictorias de alguien que te importa es tan horrible como confuso.Que te obliguen a mantener la distancia es una de las peores torturas a las que me he sometido.Tener sexo de vez en cuando con alguien y tener que fingir que cada encuentro no significa nada es doloroso.Ver a innumerables mujeres coquetearle abiertamente, reírse y tratar de seducir a alguien a quien quieres es simplemente agonizante.Cada día que paso en su presencia, cada vez que me tortura sentándose en mi despacho, cuando se queda parado en la puerta de mi despacho luciendo estoico y cuando trae almuerzo para los dos. Cada día que este enamoramiento no es correspondido, cuando me cuenta sobre sus horrendas citas y su igualmente espantosa relación de cinco meses con Astoria Greengrass que empezó justo después de nuestra primera vez juntos, cada vez... Es como si desprendiera un pedacito de mí.Así que me voy antes de que sea demasiado tarde. Me voy antes de que no quede nada de mí a lo que aferrarme. Antes de que sea incapaz de reconocer mi reflejo en el espejo. Me voy porque quiero recuperar mi vida. Me voy. No aguanto más esta mierda. No soporto esto.Y aunque me voy, la triste verdad, la verdad que me rompe el corazón... Y aún quiero que él me ame.Quiero significar algo para Draco. Algo extraordinario. Quiero ser algo más que Granger de Gryffindor y algo más que la mejor amiga de cabello esponjado de Harry Potter y la exnovia de Ronald Weasley. Quiero ser más que la bruja más brillante de mi generación y más que su analista financiera principal. Algo más que la persona que le ayudó a descorromper la empresa de préstamos que heredó tras la muerte de su padre.Quiero que mi nombre evoque algo profundo en él y que le llegue al corazón. Por una vez, quiero prevalecer en los pensamientos de Draco. Deseo importarle. No sé si es una consecuencia de mi necesidad de venganza por este amor no correspondido, pero más que nada, quiero que me ame. Deseo ser la persona a la que acuda cuando necesite compartir con alguien. Merlín, eso me hace gracia, porque soy esa persona para mucha gente, pero ahora, quiero ser esa persona para él.Ansío ser vital. Incluso más que eso, quiero que me encuentre entrañable en lugar de molesta. Ser hermosa para él en lugar de tierna. Quiero que muestre algún tipo de emoción hacia mí y no solo que se acueste conmigo. Anhelo ser inteligente y no una sabelotodo. Quiero que quede cautivado con mi idiosincrasia, hipnotizado con mis malos hábitos y que adore todas las cosas maravillosas de
mí
que me hacen... Ser
yo.Quiero que se dé cuenta de todos mis pequeños detalles y los aprecie. Que de vez en cuando eche un vistazo a su trabajo y se pregunte qué estoy haciendo en ese preciso momento. Deseo que me busque antes de que le envié una lechuza. Y como nada de eso ha sucedido, porque probablemente nada de eso sucederá, me voy.Cada vez que está cerca, que alguien coquetea con él, cada vez que alguien menciona lo apuesto que es... Siento que me convierto en una mujer horrible, petulante y necesitada, que detesto ser y
lo odio. Lo odio por hacerme sentir así. Lo odio.Y esa es otra razón por la que me voy.—Una chica tan linda como tú no debería estar sentada sola.Levanto la vista y veo a Theodore Nott sentado en el taburete de al lado. Está fumando un cigarrillo y bebiendo un vaso de Firewhisky y no creo que sepa quién soy porque, si lo supiera, no me habría hecho un cumplido. No lo he visto desde que su padre recibió el beso del Dementor después de la guerra; fue su castigo por los crímenes cometidos como mortífago. Pansy me dijo que había abandonado el Mundo Mágico con su madre, así que verlo aquí esta noche despierta ligeramente mi interés.—¿Estás disfrutando de la fiesta, Nott?Al instante, reconoce mi voz.—¿Granger? —me mira con los ojos muy abiertos—. ¿Hermione Granger?Lentamente y con un toque de humor le respondo.—La única e inigualable.Su rostro se frunce como si se hubiera comido un limón podrido.—Pareces... Diferente.Lo sé. He conseguido domar mi cabello, la túnica me queda bien y hace poco me he sumergido en el mundo del maquillaje sutil.Idea de Pansy, no mía, por supuesto.—Umm... Gracias, tú te ves... Igual —honestamente apenas puedo recordarlo de la escuela. Recuerdo haberlo visto en la biblioteca algunas veces. Estaba en Aritmancia y Runas Antiguas conmigo, pero no que estuviera en ninguna de mis otras clases, ni siquiera en las que teníamos con los Slytherin. Quizá no estaba prestando atención.Los siguientes minutos estuvieron llenos de conversaciones de mierda. ¿Qué tal estás? ¿Estás disfrutando la fiesta? ¿Qué has estado haciendo desde el colegio? ¿Dónde trabajas? ¿Estás saliendo con alguien? Es la basura que tienes que quitar de en medio antes de decidir si realmente quieres seguir hablando con esa persona. Y puedo decir inmediatamente que no quiero.Me doy cuenta de que Theodore Nott todavía me tiene en poca estima por mi sangre. Puede que sea educado, neutral y demasiado maduro para burlarse de mí y llamarme Sangre Sucia, pero sigue considerándome como tal. Me cuenta que dejó Londres y se mudó a los Estados Unidos con su madre para alejarse de todo y que ahora ha vuelto, trabaja en la sucursal londinense del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. No es muy amigo de nadie aquí, pero nunca lo ha sido.Pansy lo invitó a la fiesta, pero él cree que solo lo hizo por cortesía. Y conociéndola, él tiene razón.No pregunta nada sobre mí; es casi como si no le interesara y no le importara. Es aburrido y sus indirectas subyacentes contra mí, las que no se da cuenta de que entiendo, son muy poco apreciadas. Aun así, estoy demasiado cansada para discutir, así que me limito a escucharlo educadamente y a asentir, mientras mi mente divaga.
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Tercera parte: Escalofríos
Theodore me deja sola después de los fuegos artificiales y me encuentro vagando por los pasillos, perdida en mi búsqueda de la nada, completamente ajena a todo.—No deberías andar sola por aquí, Granger, no sabes qué o quién está al acecho.Sorprendida, giro sobre mis talones y doy un grito ahogado, encontrándome frente al austero y solitario cumpleañero, vestido con una túnica negra que lo hace parecer más pálido de lo que es en realidad. Cuando su rostro se ilumina en una sonrisa burlona, rápidamente me doy cuenta de que el único peligro que acecha en estos pasillos está delante de mí.Él es el peor peligro de todos.Momentos después encuentro mi voz, pero no sueno tan segura como debería.—La fiesta es fuera, ¿por qué estás aquí?Su sonrisa es evidente incluso en la penumbra del pasillo mientras me apoya acorrala contra la pared, con su cuerpo apretado contra el mío.—Estoy bastante seguro de que la fiesta va a ser aquí mismo.Los ojos de Draco no se apartan de los míos ni por un momento, mientras su mano busca brevemente su varita en su túnica confeccionada a medida. Murmura un encantamiento que hace que la pared se abra y revele una habitación a la que no tengo más remedio que entrar. Con un movimiento de su varita, las luces se encienden, se atenúan y me encuentro maravillada ante esta pequeña e inmaculada biblioteca privada de paredes claras y ricos suelos de madera. Filas de libros perfectamente organizados en estanterías de madera de cerezo talladas a mano, un escritorio y una silla a juego, unos cuantos sillones y un sofá verde esmeralda completan la estancia.Frente al escritorio hay una gran chimenea que extrañamente me recuerda a la de la torre de Gryffindor.—Puedes pasar, Granger.Sé que puedo, solo que no quiero.Me paro en la puerta.—De acuerdo, ya que planeas ser difícil esta noche... —Draco coloca su varita sobre el escritorio. Se afloja la corbata, se quita la túnica y se acerca tranquilamente a mí; la suela de sus zapatos de piel de dragón resuena en la habitación con cada paso que da.Cuando habla, su voz es baja y la siento contra mi cuello, justo debajo de la oreja.—¿Estás disfrutando de la fiesta? ¿Te gustó?¿Sí me gustó? ¿Desde cuándo le importa si algo me gusta?—Desde luego es magnífica —me maldigo internamente por dar una respuesta tan estúpida.—Maravilloso —sus labios están a centímetros de mi cuello y todos mis sentidos se concentran en la sensación. El olor de su colonia se mezcla con algo que extrañamente huele a pastel y a Firewhisky. Es todo tan absorbente, tan volátil. Me toca los hombros con manos tensas. Imagino que me veo como se sienten sus manos en este mismo momento, con la única diferencia de las lágrimas que amenazan con entorpecerme la visión.Aun así, me niego a llorar. Nunca le daré la satisfacción de saber que puede generar en mí emociones tan intensas.Mientras sus manos recorren mis brazos, las mueve por los contornos de mi cuerpo, quiero correr. Alejarme. Quiero decirle que no, pero ni siquiera puedo moverme y mucho menos hablar. Odio que sea el único que pueda hacerme esto; que es el único hombre que quiero que me haga esto. Desearía que acabara de una vez, que se hastiara, para que yo pudiera alejarme y no mirar atrás. Desearía que lo hiciera porque ahora mismo, quiero que lo haga. Yo también quiero saciar mi sed.La puerta se cierra tras de mí y sé lo que está a punto de ocurrir... Y lo permito.Porque esta es la última vez que va a pasar, me he decidido.Con un pequeño y bajo gemido los labios de Draco tocan mi cuello y a veces deseo que sus labios toquen los míos, pero nunca lo ha hecho. Mientras me besa la carne del cuello, me doy cuenta de que quizá sea bueno que nunca nos hayamos besado. Besar es mucho más íntimo y apasionado que el sexo. Besar a alguien es una conexión personal basada en la confianza y la emoción. Puedes follar con cualquiera; es solo la unión de los cuerpos. Pero besar, uno no se besa con cualquiera. No dejas que cualquiera invada algo tan personal como tu boca.Si alguna vez llego a besar a Draco, será desastroso para mí porque despertará al dragón dormido que llevo dentro; uno que necesita permanecer dormido el mayor tiempo posible.Draco se queda de pie, recorriendo mi cuerpo con las manos, cada vez baja un poco más. Hasta mis pechos, justo debajo de ellos, los toma por encima de mi fina túnica y los levanta. Me estiro hacia sus manos mientras mi cuerpo me traiciona, deseando más. Me toca la cintura, las caderas, todo. Abro los ojos y miro al techo. Consigo contener las lágrimas hasta cuando vuelve a pasarme las manos por los pechos y las lleva a mi clavícula, me obliga a mirarlo a los ojos.Uno a uno, comienza a desabrochar pacientemente la serie de diminutos botones negros que adornan la espalda de mi vestido. Cuando las mangas de mi vestido empiezan a aflojarse, dejando al descubierto más piel, tira de la tela y el vestido cae en un montón alrededor de mis tobillos, dejándome expuesta ante él. Debería tener frío, pero su cuerpo me mantiene caliente.Draco se inclina y besa cada centímetro de mi carne expuesta mientras se quita la ropa con suavidad.Es un maestro de los besos suaves. Me besa cada centímetro de piel hasta que creo que ya no puedo soportarlo más y entonces vuelve a empezar, alimentándose suavemente de mi cuello mientras sus manos me acarician. Hay algo en el aire de esta habitación, en el calor de su cuerpo, en su proximidad, algo en todo esto que me vuelve ligera y lenta, algo que me calma y me hace desear que no se dé prisa.El sofá está junto a la puerta y lo siguiente que sé, es que me levanta del suelo y me coloca ahí.Cuando me separa las piernas y desliza un dedo en mi interior, mi piel zumba mientras mis caderas se mueven al ritmo que él marca. Sus dedos me penetran profundamente, el pulgar me acaricia el clítoris. Mi mente está abrumada por las sensaciones, mis labios se abren y suelto gemidos incontrolables; e intento desesperadamente olvidar todas estas nuevas sensaciones porque esta noche se trata de romper con Draco Malfoy.No tardo en sentir esa familiar tensión y sé lo que está por venir; echo la cabeza hacia atrás, perdida en este salvaje abandono, esperando que las olas creadas por el movimiento de sus dedos se estrellen contra mí. Estoy justo al borde, lo siento, la liberación es palpable. Alargo la mano para tocarlo, pero de repente sus dedos se retiran y abandona mi cuerpo, dejándome deseosa y muy insatisfecha.Cierro los ojos con fuerza y lo maldigo en silencio.—La paciencia es una virtud —murmura roncamente. Siempre me dice lo mismo, cuando en realidad Draco es la persona más impaciente que conozco.Créeme, la paciencia es una virtud que tengo en abundancia; es la razón por la que me he quedado tanto tiempo. Y estoy harta de tener paciencia.Levantándome ligeramente, mis manos alcanzan el respaldo del sofá. Me estabilizo justo cuando él entra en mí sin previo aviso, llenándome profunda y completamente. Se me van de la cabeza todos los pensamientos sobre la paciencia, la resiliencia y la lógica. Jadeando, me aferro a él con fuerza. Gimo y respiro entrecortadamente. Nunca nadie me había llenado así, nunca me había sentido tan al límite, créeme, he tenido suficientes experiencias para saber que el cuerpo de Draco encaja en el mío a la perfección. Es como un guante que se adapta a mí. Se queda quieto durante lo que parece una eternidad, permitiéndose a sí mismo y a mi cuerpo acostumbrarse.Las tenues luces son su centro de atención y mis ojos están puestos en él.Es todo un espectáculo a la vista. Sus ojos contarían mil historias si no los ocultara. Por un momento, quiero esforzarme y ver esas ventanas, queriendo saber qué secretos puedo descubrir mientras él está en plena pasión, pero no lo hago. No puedo. Porque empieza un movimiento perfecto que me hace desmoronarme contra él. Se me cierran los ojos y más que verlo moverse, siento cómo sujeta mi cuerpo mientras él marca el ritmo. Mis piernas flaquean, siento débiles los brazos que se anclan a su cintura; necesito su apoyo porque estoy perdida en las sensaciones que recorren mi cuerpo.Lo oigo gemir, lo siento temblar y, cuando se detiene, no sé por qué. Solo sé que ha parado lo que mi cuerpo anhela. De repente, me suelta; la conexión de nuestro cuerpo se corta.—Abre los ojos.Se lo permito y vuelve a llenarme, esta vez se mueve dentro de mí con rápidas caricias. El caro sofá cruje, agitado por los movimientos. Sus dedos se extienden por mi vientre y bajan hasta atrapar mi clítoris, acariciándolo sin piedad mientras se mueve contra mí.Mi cuerpo está suspendido en una sensación que no quiero describir. Mis músculos están tensos, pero me siento relajada. He dejado de respirar, pero no necesito aire. Algo en lo más profundo de mí se está gestando, empieza como un pequeño destello de calor y crece hasta convertirse en un infierno. No puedo controlar los sonidos que brotan de mis labios, los gemidos, su nombre y otras palabras que no había murmurado hasta esta noche. Aprieto los labios con fuerza mientras los temblores se convierten en sacudidas, la acumulación en mi interior se acerca a su punto álgido y me agarro a sus brazos, enrosco mis piernas alrededor de él. Draco se mueve más deprisa, con los ojos cerrados.—Granger —susurra sin romper el ritmo—. ¿Qué quieres?No tengo que decírselo, creo que mis gemidos dicen lo suficiente, pero aun así él ya sabe lo que quiero y obedece a mi silenciosa petición, penetrándome con más fuerza. A cada embestida, siento que me aprieta más. Con cada arremetida, los músculos se me tensan más. Con cada embestida, los nudillos se me ponen blancos y le clavo las uñas en la piel. Solo oigo nuestra rápida respiración, nuestros gemidos resonando en las paredes, puras sensaciones. Siento cómo se vuelve más frenético, oigo cómo aumentan sus gemidos, siento cómo empieza a temblar. Y el gemido que emite cuando está a punto de llegar al orgasmo. Es un sonido profundo, como si hubiera comido algo realmente soberbio.Cuando oigo ese gemido, me vuelvo loca... Y él también.
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Cuarta parte: Separarse
Permanecemos en silencio durante varios minutos, con los cuerpos inmóviles. Se levanta cuando nuestra respiración vuelve a la normalidad. La realidad regresa y yo no quiero que vuelva. Verás, en un mundo perfecto estaríamos así toda la noche, pero por desgracia esta es la realidad y aquí no somos más que una aventura ocasional.Mientras nos vestimos, estoy más decidida que nunca a cortar esta pseudo relación destructiva.—Entonces —su voz me saca de mis pensamientos—. ¿Por qué te vas? Y sé sincera, Granger. Tampoco me vengas con mentiras sobre tu pasión por convertirte en sanadora —Draco frunce el ceño—. Puede que engañes a todo el mundo con esa mentira, pero sé que es una completa estupidez. Ni siquiera querías ser una maldita sanadora hasta que empezamos a acostarnos.Aprieto el último botón y me giro para mirarlo. Mantengo la cabeza alta y le respondo con la misma frialdad que él.—Lo que quiero saber es por qué te importa, Draco. Es muy raro que te importe alguien que no seas tú mismo.—Touché, Granger, touché.—¡Yo no soy egoísta, tú lo eres! Que te jodan.—Ya lo has hecho —sonríe jactancioso.—Te odio —lo digo en voz alta, sin querer, pero secretamente estoy contenta de que haya oído esas palabras.Todo el comportamiento de Draco se transforma en algo que no reconozco. Su expresión es algo que nunca había visto antes. Incredulidad es la única palabra que se me viene a la mente. Esto es definitivamente nuevo para él. Las mujeres no odian a Draco Malfoy; lo aman, aspiran a follarselo, a casarse con él, no lo odian.Rápidamente, recupera la compostura.—Ah, ¿sí? Bueno, la vida sigue.Por supuesto, consigue añadir un insulto a mi injuria.Felicitaciones, Draco, ¿quieres destrozarme un poco más?Levanto la voz hasta casi gritarle.—Vete a la mierda. Me da igual. Irme es mi elección —siento el sabor del desafío en la boca—. Te di mi carta de renuncia hace meses y ni siquiera te molestaste en preguntar. Nunca dijiste una palabra, así que ¿por qué preguntarme ahora, Draco?—No tengo por qué responder a eso.—Y yo no tengo que responderte. Estoy segura de que ya tienes alguna teoría conspiratoria preparada.—De hecho...—Ahórratelo, me importa una mierda. Atribúyelo a lo que quieras, no me importa. Me voy. —y me dirijo hacia la puerta.Draco me agarra del brazo.—¿Adónde crees que vas?Me quito su mano de encima, hirviendo de rabia.—Aléjate de mí, Draco.El poco color que le queda en el rostro desaparece rápidamente.—No lo dices en serio.Me río. Sueno amarga y vacía de emociones, aunque no soy más que sentimientos, especialmente por él. Me mantengo firme, por difícil que sea.—¿No lo entiendes? Esto, sea lo que sea, se acabó. Hemos terminado, Draco. Espero que hayas disfrutado esta noche porque nunca más tendrás la oportunidad de tocarme. Así que búscate otra puta para empezar a follar, consigue todas las putas que quieras porque yo ya no voy a ser tu amiga con beneficios.Se queda estoico, mirándome con los ojos entrecerrados, pero su voz suena extrañamente vulnerable.—No puedes irte, menos, así como así.—¿No puedo? —suelto una risita triste—. Pues mírame.
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Notas:
¡Ahhh! Vengo con otra historia. Nuevamente de la mano de Inadaze. Definitivamente, yo no poseo autocontrol y me encanta trabajar en fics a los desquiciada, jijij.Naoko
Ichigo
----- CHAPTER BREAK -----
Disclaimer:
Los personajes de Harry Potter son propiedad de
J.K. Rowling. La historia pertenece a
Inadaze22
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Capítulo dos
Primera parte: La tristeza del verano
9 de agosto
El cielo matutino del verano estaba brumoso, contaminado de naranja, rojo y estaba salpicado aleatoriamente de estrellas rezagadas... Y la verdad es que hoy no pienso ver el cielo matutino.No me malinterpretes, soy una persona mañanera; disfruto las mañanas más que cualquier otra parte del día. Me encanta la noche, pero las mañanas poseen el presagio y el potencial de un nuevo día. A pesar de la niebla tóxica de la primera hora de la mañana y de que me siento indispuesta por el persistente frío veraniego, tengo que admitir que esta mañana es especialmente agradable y puedo decir que va a ser un buen día.El sol se eleva sobre el horizonte y una brisa cálida agita los árboles y mi cabello. Ya es media mañana y en lugar de estar en la cama, como me gustaría, estoy paseando por las calles del callejón Diagon con Pansy y Ginny. Hoy es mi primer día libre de San Mungo desde que empecé a trabajar y después de pasar cada momento libre de la semana pasada durmiendo, tenía muchas ganas de pasar el día fuera.Y aunque nunca lo admitiré, no me parece bien estar en el interior de una casa en un día tan magnífico.Serpenteo, deteniéndome a contemplar el cielo y a los bulliciosos peatones que se dirigen al trabajo y se preparan para su jornada, para disgusto de Pansy, que refunfuña constantemente de forma irritada.—¿Quieren darse prisa, por favor?Mientras ella y Ginny estaban en una tienda de escobas, yo la esperaba afuera, respirando profundamente el aire casi fresco, oliendo la comida de los restaurantes, los dulces de las tiendas, el humo del castillo de fuegos artificiales de la tienda de bromas y... Fue una lástima, porque la combinación de esos fuertes olores me hizo sentir un poco mareada.Frunzo el ceño cuando me llevan a una tienda de túnicas.—¿Qué hacemos aquí exactamente? —preguntó en voz alta; algunas brujas me miran con recelo.—Bueno —Pansy empezó, colocándose su negro cabello detrás de la oreja—. Voy a llevarte a comprar unas túnicas nuevas...—¿Para qué?—Para que te sientas mejor. Últimamente, no te encuentras bien, así que he decidido hacer algo bonito por ti.Sí y sacarme de la cama al amanecer para comprarme túnicas nuevas es exactamente lo que necesito para superar este maldito resfriado.¿Por qué no darme más poción pimentónica? Que se me acabaron anoche.Ginny resopla con humor, sacudiendo la cabeza.—Claro, Pans, ¿y desde cuándo haces algo que no te beneficie a ti al menos en algo?Una sonrisita malvada se dibuja en su rostro.—Bien, me has pillado. Así que mis intenciones se sitúan un poco en la región egoísta, pero eso no significa que no me importe.Me olvido de las intenciones, las compras y las sonrisas malvadas y me centro en la música. Alguien está tocando la guitarra.Me recuerda al verano que pasé en Verona cuando tenía diez años.Me detengo y cierro los ojos durante unos minutos, escuchando y recordando. El momento es mío, así que lo guardo en un álbum mental. En aquel álbum están todos los momentos excepcionales para mí, desde mi infancia, pasando por Hogwarts, la guerra, hasta el presente. Momentos buenos, en los que me siento en la cima del mundo, invencible, rebosante de vida. Tengo que admitir que no son muchos momentos. Supongo que no debería haberlos, pero este es uno de ellos. Este instante aquí mismo está lleno de promesas, me hace sentir bien con el universo y hace que mis problemas, auténticos y superficiales, no parezcan nada.Cuando Pansy y Ginny me toman de las manos y me sacan de la entrada para llevarme a la tienda de túnicas, me permito sonreír ante el nuevo recuerdo feliz.Y mientras me ponen los trajes, dejo que mi mente recorra este último mes.La mudanza transcurrió sin incidentes, todo gracias a la magia y a sus buenos amigos. Tardo aproximadamente un día en desembalar todo, incluida la cocina, el salón y el comedor. Ginny es una vaga, así que tardo una semana y media en desempacar solo su dormitorio. Y eso fue porque Pansy y yo tuvimos que hacer una intervención y lo hicimos por ella mientras estaba en el mercado comprando patatas fritas...—¿Mione? —Ginny me llama sacándome de mi silencioso ensueño.Sin pensarlo mucho, contesto.—Nunca he oído hablar de ella.—Déjate de juegos, Hermione, llevas ahí dentro casi quince minutos. Sal y déjanos ver cómo te ves —me dice Pansy, intentando mostrarse firme, lo cual es imposible porque puedo oír la risa en su voz.—Prefiero meter el rostro en una batidora. No me siento bien y aquí estoy probándome túnicas, esto es lo más ridículo...—No seas tan dramática.—No lo soy —refunfuño, abriendo la puerta de un empujón para que me vean. No creo que se den cuenta de lo irritable y cansada que estoy. Entre el trabajo y todo, no duermo mucho, pero estoy cansada todo el tiempo. Y debido a este resfriado, no hay nada que me apetezca más que pasarme el día en la cama durmiendo y poniéndome al día con la televisión.—Pareces... —los ojos de Pansy suben y bajan, pero se centran en mi rostro por un momento antes de terminar su declaración con una mirada extremadamente decepcionada—. Enferma.—¡Ding, ding! Que alguien le dé un premio a esta mujer —hago mi mejor imitación de una presentadora de concursos, alegre y con una sonrisa torcida y luego digo—. Chicas, me siento fatal.—Esta mañana estabas bien —al ver mi expresión, cede—. Bien, solo una tienda más y te llevaremos de vuelta a casa.Mi mente se traslada al viernes después de la fiesta de Draco, cuando nosotras, Ginny, Pansy, Luna y yo decidimos reunirnos y celebrar la mudanza y todo lo demás con comida chatarra y películas en nuestro nuevo apartamento. Parece que últimamente tenemos mucho que celebrar.Luna va a pasar el resto del verano en Suecia cazando snorkacks de cuernos arrugados con su padre antes de aceptar un trabajo como investigadora de plantas y animales mágicos para el Ministerio. Sigue creyendo en la existencia de todas esas criaturas, pero creo que lo que más le gusta es pasar tiempo con su padre. Desde que se mudó y él volvió a salir con mujeres, Luna no puede verlo tan a menudo como le gustaría. Luna se asegurará de enviar muchas fotos y regalos y nosotras prometemos mantenerla al corriente de todo.Pansy está empezando una nueva relación con un mago francés, Pierre algo, que conoció visitando a sus abuelos en París. Pansy ha tenido tantos novios que cuando me aprendo sus nombres, ya los ha dejado y se ha ido con uno nuevo. Los hombres con los que sale son siempre guapísimos, de esos que salen en la revista Witch Weekly, algunos son modelos, pero era de esperar. A los hombres guapos les encantan las mujeres como Pansy: es linda, rica, delgada y muy divertida. Me alegro mucho de que Ginny y yo nos hiciéramos amigas suyas. Y, en realidad, ahora que lo pienso, ya ni siquiera está con Pierre.Ginny está arrancando en las citas, en la que planea salir exclusivamente con tres hombres al mes hasta el comienzo de las eliminatorias de Quidditch, que será dentro de unos nueve meses, dejando y buscando nuevos hombres a voluntad. Siempre ha sido una persona de tener muchos novios, incluso en el colegio, pero dejó de serlo con Harry. Ahora que están separados, los hombres hacen fila para salir con ella. Después de un minucioso proceso de selección, ya tiene tres citas para el mes de agosto: Seamus Finnigan, Anthony Goldstein y Ernie Macmillan... Y ya ha salido con Seamus y Ernie. Por no hablar de que se está preparando para las citas del mes de septiembre.En cuanto a mí, estoy celebrando mi libertad de Draco. Les conté todo lo que pasó y cuando hablé de salir, me aplaudieron. Todos lo hicimos. No puedo decir que dos meses hayan cambiado mis sentimientos por él, pero lo que sí puedo decir es que me siento más humana. Los dos primeros meses de mi nueva vida me han llevado a tener una rutina... Y es maravillosa.Me levanto temprano, salgo a correr con Ginny y Pansy al amanecer, algo que no había hecho últimamente, vuelvo a casa y me tomo un té. Voy a trabajar, almuerzo y me reúno con Pansy, que trabaja a tiempo parcial como recepcionista en el hospital, ya que no necesita el dinero, o con Ginny, a quien le gusta visitarme cuando no está practicando. Salgo a eso de las cuatro y las tres vamos a cenar a un bar cerca de nuestro departamento, Pansy suele acompañarnos a casa cuando no tiene citas y nos relajamos hasta la hora de irnos a la cama. A veces Pansy se va a su casa o se queda a dormir, Ginny responde a las cartas de sus fans y yo práctico un poco de yoga antes de irme a la cama.Las cosas varían de un día a otro, pero en general me lo paso bien redescubriéndome con mis mejores amigas...Pero hoy, no.—Una tienda más —se ha convertido en cinco y Pansy tiene unas ocho túnicas nuevas. Yo no tengo ninguna. Ginny incluso bosteza. Ahora está buscando un libro. De algún modo consigo controlar mi enfado mientras busco un libro para leer cuando esté en la cama. Me pierdo tanto en mi búsqueda del libro perfecto que tropiezo con uno de los empleados.—Lo siento. Venía a ver si necesitaba algo —sonríe y, antes de que pueda abrir los labios para responderle, continúa—. ¿Necesita ayuda?—No, gracias. Ya encontré lo que he venido a buscar —me dirijo a la caja registradora.—¿Qué tal está hoy? —pregunta, animado el tipo de la caja.—Bastante bien —dejo el libro sobre el mostrador justo cuando Ginny viene a ponerse a mi lado, bostezando. Sonrío para mis adentros.—Creo que Pansy está lista para irse —me informa.—Bueno, gracias a Merlín por ese milagro.El tipo de la caja registradora mira mi libro, le da la vuelta y lee el título en voz alta: "Historia de la Magia Escandinava, volumen 12". ¿Es para la escuela? Ni siquiera sabía que teníamos este libro... O que tiene once volúmenes anteriores.Ginny abre mucho los ojos y mi sangre pasa instantáneamente de temperatura ambiente a ebullición.Por supuesto, sigo intentando ser educada. Como apoyo adicional, Ginny me pone la mano en el hombro, diciéndome en silencio que no le patee el trasero. Realmente intento no hacerlo, pero hay algo en mi cabeza que brama rítmicamente: "Mata, mata, mata...". No sé de dónde viene toda esta rabia, no es propio de mí enfadarme por nada, pero renuncio a todo lo lógico y dejo que mi temperamento aumente.—Sí, bueno, soy una lectora voraz —sueno tan nerviosa como me siento.Él sigue mirando el título con asombro.—Las viejas con gatos probablemente leen este libro.Mi temperamento se dispara. Esta rabia incontrolable alcanza su ápice. Sí, eso fue el colmo.Bajando la voz a un volumen que solo Ginny y él pueden oír, me inclino hacia delante sobre el mostrador y pronuncio mis siguientes palabras, muy oscuramente y con la mandíbula apretada.—Escucha, pequeño Flobberworm. He venido a comprar este libro, no a que me des tu inútil y estúpida opinión sobre el. Así que dime lo que tengo que pagar y pon el libro en una maldita bolsa antes de que salte sobre este mostrador y te meta tus pelotas por la garganta.Ginny se queda boquiabierta.—Santa mierda.Ante esas palabras, el tipo sale rápidamente de su propio shock y empieza a embolsar el libro.—Es un galeón, tres sickles y seis knuts.Le doy exactamente lo que me ha pedido y él me entrega la bolsa.Balbucea.—Que tenga un buen día.Muestro una sonrisa falsa.—Oh, lo tendré... Gracias.Al salir, me fijo en que alguien está leyendo un artículo en el Witch Weekly sobre la Compañía de Préstamos Malfoy... Y brotan mis primeros pensamientos sobre Draco.Ahora que ya no soy su analista financiero jefe, ya no recibo mensajes a mitad de la noche por cosas aleatorias que normalmente me hacían levantarme de la cama y desplazarme hasta su casa para solucionarlas porque él duerme muy poco. Ya no miro por encima del hombro para ver si Draco está al acecho; no tengo que escuchar a las mujeres hablar de sus planes fallidos para llevarlo a la cama ni lo encuentro sentado en mi escritorio por la mañana con una taza de mi té favorito. Ni tengo que lidiar con las señales contradictorias que emite. No está callado conmigo y ya no soy su amiga con beneficios.Genial, ¿eh?Sí, sí que lo es.Pero a veces, partes de mí lo extrañan.Lo sé, es una tontería, pero lo hago. Él representa gran parte de los últimos tres años de mi vida; mentiría si dijera que al menos no pienso en él.Pienso en él cuando miro mi escritorio y veo esa carta que su lechuza dejó caer el lunes después de su fiesta; la que no me he molestado en leer.A veces, cuando estoy tumbada en la cama por la noche, pienso y me pregunto si somos capaces de tener una amistad. Si fuera cualquier otra persona con la que he tenido una aventura, diría que sí, que somos capaces de ser amigos, su lenguaje corporal me lo dice, pero con él... Es el único que no me da nada por lo que seguir. Ginny dice que se lo encontró en el callejón Diagon hace dos semanas mientras compraba túnicas nuevas. Dijo que preguntó por mí. Por supuesto, fue con su propio método indirecto, lo que en realidad significaba que charlaron sobre Quidditch hasta que ella mencionó mi nombre casualmente y a propósito, y él preguntó de improviso con su molesta voz impasible: "Oh, ¿cómo está...?"Eso fue exactamente lo que pasó.¿Qué puedo decir? Lo conozco tanto como a las pecas que adornan mis hombros.Verás, medio esperaba que ocurriera algo así, pero lo que no esperaba era que Draco le informara de que su empresa había decidido patrocinar a su equipo de quidditch, las Arpías de Holyhead y que les había comprado implementos nuevos. Le pidió nuestra dirección para conectarse a nuestro departamento y poder enviar por flú parte del equipo que le han entregado. Es la cosa más absurda que he oído y me preocupa un poco que esté perdiendo el toque. Mientras me lo cuenta, mis ojos se abren de par en par, mi corazón se acelera... Hasta que me dice que le ha dado la dirección del entrenador, con la excusa de que no tenemos sitio para guardar la indumentaria. ¡Uf!Sin embargo, me pregunto qué estará tramando exactamente Draco Malfoy... Hurón sospechoso y escurridizo.
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Segunda parte: Charla
Pansy siempre llega tarde.Nunca falla. Yo siempre llego quince minutos antes y ella siempre llega veinte minutos tarde. A veces le digo que tiene que estar en un sitio una hora antes de lo necesario, pero aun así se las arregla para llegar tarde. Así que cuando me siento a la mesa con mi té de menta, soplo el vapor confiando en que para cuando ella llegue, mi té estará frío y posiblemente se habrá acabado.Estoy sumida en mis pensamientos cuando oigo una voz tranquila y fría por encima de mí.—¿Hay alguien sentado aquí?Todo mi cuerpo se pone rígido al oír su voz.Antes de que pueda protestar, Draco se sienta enfrente de mí, con un café en la mano y el porte de siempre.Va todo de negro. Siempre viste de negro y cada vez que lo veo pienso, ¿cómo es que se ve tan bien? Pienso que debe de llevar algún tipo de hechizo refrigerante en la ropa, porque yo llevo muchas menos prendas, estoy sentada bajo techo y tengo calor. No me mira a los ojos y parece encontrar algo tremendamente interesante fuera de la tienda.Toda mi atención se centra en beber mi taza de té porque él me hace sentir muy insegura. Verlo sentado y mirando por la puta ventana me pone nerviosa de una forma que no me pasaba desde que caminaba por los pasillos del colegio al que asistí antes de Hogwarts; cuando mi yo paranoica y puberta creía que todo el mundo me miraba, no porque fuera linda o encantadora, sino porque no era lo bastante buena.Con él, nunca me he sentido lo bastante buena.Con él, siento una variedad de emociones.Me siento infantil, necesitada, sin importancia e insignificante.Y quizá él intenta hacerme sentir así, tal vez intenta degradarme, trivializarme y hacerme sentir irrelevante... Y funciona. Porque ahora estoy aquí sentada delante de él y, aunque me siento fatal, solo puedo pensar en si mi ropa es adecuada, si tengo buen aspecto, si mi cabello está demasiado encrespado, qué piensa él de mí...—¿Has empezado tu nuevo trabajo?Levanto la cabeza y sus ojos se clavan en mí. Me aclaro la garganta.—Sí.Toma unos sorbos de café.—¿Te gusta?Me acabo el té.—Es muy gratificante.—¿Estás tomando té chai?—De menta —respondo, con los ojos clavados en la mesa.—¿Estás enferma? —pregunta suavemente.—Es solo un resfriado de verano, ¿por qué lo preguntas?Su voz uniforme me da escalofríos.—Sé que el té chai es tu favorito y estaba a punto de ofrecerte comprarte otra taza. ¿Quieres otra taza de té de menta?Oh, dulce Merlín, él lo sabe. Algo tan insignificante como mi té favorito. Lo sabe, y casi me doy una bofetada. No, esta es otra de sus señales contradictorias y probablemente me ignorará en unos minutos. Así que no le prestó atención, no dejo que me arrastre y me hago la tonta. Soy más sensata que esto. No soy la chica que se deja empujar por tonterías como esta. Me saco todos esos pensamientos de la cabeza y le hago un gesto con la cabeza.Minutos después, tengo una taza de té de menta con todos los ingredientes necesarios. Tomo el primer sorbo que sabe incluso mejor que la otra taza.—Gracias.Tras unos instantes de tenso silencio, él pregunta.—¿Te gusta tu nuevo departamento?—Sí —y ya que está con el tema—. Ginny me contó que la empresa patrocina a las Arpías de Holyhead y lo del nuevo equipo que has comprado.—Así es. La decisión se tomó el lunes después de que te fueras. ¿Les gustó la indumentaria?—Sí, por lo que veo, le gusta.Esta vez, miro hacia otro lado; me centro en un árbol fuera de la cafetería, en los niños caminando, en todo, en cualquier cosa para apartar mi mente de esta incómoda conversación. Rezo para que Pansy aparezca y haga que todo esto termine. Pasan otros dos minutos antes de que decida volver a mirar a Draco. Tiene expresión decidida y parece que está decidido a discutir un tema muy serio. No puedo decir si esa es su verdadera intención o si simplemente está actuando normal, pero contengo la respiración de todos modos, rezando para que no vaya a descargar sus problemas de mujeres conmigo.Cualquier cosa menos eso.Deja el café.—¿Podemos dejarnos de tonterías un momento?No es solo su pregunta lo que me deja atónita; es su tono, la inquietud casi palpable por la forma en que se acomoda el cabello.¿Está frustrado?Me encanta.Mantengo la compostura.—Lo siento, ¿qué?Da un suspiro cortante.—Hemos estado dándole vueltas al tema y, francamente, no me gusta.Finjo ignorancia y respondo muy burlonamente.—Perdóname, este resfriado de verano me tiene un poco confundida. Si pudieras explicarme por qué pareces y suenas tan frustrado, entonces quizá podría ayudarte.Draco flexiona las manos y sé que está irritado. Creo que nunca lo he visto de otro modo que no sea sereno, severo y estoico.Pero ahora mismo, el enfado y la frustración son muy palpables.Que bien.—Hablaba del asunto entre tú y yo.Me acomodo el cabello detrás de la oreja y bebo otro sorbo de té. Guardo silencio otro momento antes de replicar en tono aparentemente desconcertado.—Lo siento, Draco, pero ni siquiera sabía que hubiera un problema entre tú y yo.Él se burla.—Yo tampoco hasta que me gritaste que no querías ser mi por si acaso algo, saliste furiosa de la habitación y te aseguraste de que no tuviera forma de conseguir tu nueva dirección.—Creo que el término que utilicé fue "amiga con beneficios", Draco.Ignora mi corrección y sigue adelante con tranquilidad.—¿Recibiste mi lechuza?—Sí.—Lo hiciste, no lo sabía, ¿la
leíste?—La verdad, no me pareció necesario.—¿Y por qué no? —su tono es frío, pero su ira se cuece bajo la superficie.—Leer tu carta sería un gran revés en mis planes para sacarte de mi vida.—Hmph —se queda pensativo un momento—. Así que tenía razón. Todo este cambio era por mí.Me cruzo de brazos.—Oh, no seas tan egocéntrico, Draco.—Bien —responde él—. No seré egocéntrico, si dejas de ser tan malditamente terca y me dices qué diablos te pasa, por qué insistes en huir de mí. Tuve que seguirte desde San Mungo hasta...Espera, ¿qué?—¿Me seguiste? ¿Ahora me estás acosando o algo así? ¿Qué
demonios
te pasa?Como siempre, cuando estoy en pie de guerra y furiosa, él se sienta como si no pasara nada y habla con calma.—No me dejaste muchas opciones, Hermione.Pierdo rápidamente el control sobre mí misma.—No te mereces ninguna opción; ¡no te mereces nada! La última vez que lo comprobé, te odiaba... Y no te importó. La vida sigue, dijiste... Y tienes toda la razón.Draco se toma un momento para enderezar el recipiente con los paquetitos de azúcar, asegurándose de que esté perfectamente alineado con el pequeño cuenco de las servilletas. Incluso este pequeño acto de desprecio hace que mi cerebro se convierta en un torbellino de rabia y ofensa. Siento la tan familiar subida en la tensión cuando la sangre empieza a hervirme. Cuando termina, Draco me mira durante unos segundos.—Solo quería saber qué te pasaba.Mi temperamento sube como la lava fundida de un volcán a punto de entrar en erupción.—¡No tendría que decirte lo que me pasa si no tuvieras la cabeza metida en tu trasero! No sabes
nada
de lo que pasa a tu alrededor y eso me parece patético. De todos los desconsiderados, egoístas e infantiles...—¿Infantil? —resopla—. Supongo que lo sabes todo sobre eso, ¿eh?Siento que el volcán estalla de repente en mi cabeza y veo rojo. El eco de mi bofetada reverbera por toda la cafetería, provocando que las cabezas se giren para ver el origen de la perturbación y comenzaron los pequeños susurros de otros clientes. Con una notable marca roja en su pálido rostro, Draco muestra muy poca emoción mientras yo estoy al rojo vivo por el calor de la ira.Da otro sorbo a su café y mira su reloj antes de ponerse de pie y hablar con mucha rigidez.—Si has terminado de tener tu infantil rabieta, tengo una reunión —tira unos cuantos billetes muggles sobre la mesa y se marcha.
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Tercera parte: Malestar
13 de agosto
—¿Eso es todo? —pregunta Ginny incrédula mientras apuñala la pasta en su plato, mirando a Pansy que está comiendo concienzudamente su ensalada de pollo con un creciente montón de pepinos y cebollas en un platito. Está a la caza de otra cebolla, la ve, hace una mueca y utiliza su tenedor para sacarla de la ensalada y añadirla al montón.Hemos decidido que esta noche es perfecta para cenar en un restaurante nuevo. Es viernes y, a pesar del incidente con Draco, ha sido una buena semana. Este fin de semana voy a estar sola porque ellas van a salir, así que esta noche es nuestra y cenaremos en el restaurante familiar que está al lado del bar. Pansy nos está contando cómo conoció a un muggle muy guapo en una tienda al azar mientras estaba con Daphne Greengrass, cuando este empezó a hacerles gestos groseros y a silbarles.—Sí, fue todo —responde Pansy con sencillez, dando un sorbo a su agua con limón.—¿No lo habrás hechizado ni nada? —cuestiono, mojando la cuchara en mi sopa de pollo con fideos, no tenía mucha hambre. Si hay algo que sé de Pansy Parkinson es que no le gustan las groserías. Cuando se la provoca, es una fuerza para tener en cuenta. Su temperamento es peor que el de Ginny en su mejor momento y que el mío en los más épicos, aunque después del incidente en la librería y otro en el ascensor del centro comercial, ella no estaría de acuerdo.—No, decidí perdonarle la vida. Soy demasiado hermosa para estar en Azkaban.Ginny sonríe.—Entonces, ¿no le gritaste ni le hiciste ningún daño?Pansy se la queda mirando antes de reírse.—No, me haces parecer una especie de monstruo.—Bueno...Me río entre dientes cuando le da un manotazo a Ginny en el brazo en señal de protesta.—Sé que puedo ser un poco, umm... —Pansy se pasa los dedos por su negro cabello, buscando las palabras adecuadas.—¿Perra? —me encojo de hombros, apartando el plato de sopa, sin ganas de tocarlo.Suelta una mirada de enojo antes de que Pansy se aclare la garganta.—Gracias, Hermione, iba a decir difícil.—Oh, ¿difícil? —Ginny se burla sarcásticamente—. Claro, bien —se detiene un momento y le dirige a Pansy una mirada que le indica que continúe. Así que cuando se hace evidente que necesita que la inciten, Ginny habla—. Entonces... ¿Qué pasó?—Era un imbécil odioso. Digamos que la sonrisa engreída se le borró de golpe del rostro...—Creí que no le habías hecho daño.—No
lo hice.Ahora ambas estamos confundidas.—¿Qué? Dijiste...—Yo no hice nada. Daphne lo hizo. Cruzó la tienda y abofeteó a...—¿Greengrass abofeteó a alguien? Ginny exclama —pensé que ella era toda antiviolencia y eco-amigable.—Bueno, tuvo un lapsus el día que abofeteó a Blaise por gritar su talla de sujetador a todo el mundo en la cena de Quinto Año. Creí que iba a tener que atarla para que no le diera una patada en el trasero.Ginny se ríe a carcajadas.—Lo que daría por haber sido una mosca en la pared en esa tienda.Me quedo allí sentada, riéndome en voz baja ante la imagen mental de la escena que se desarrolla en mi cabeza. Daphne siempre ha sido feminista, despotricaba sobre lo injusto que es que un hombre dirija todo el Ministerio de Magia, que las mujeres tengan que sufrir mensualmente y que los hombres puedan ser gordos y asquerosos, mientras que las mujeres tienen que ser delicadas y menudas para conseguir citas. Hoy en día está un poco en contra de los hombres, pero sospecho que tiene tanto miedo de que le hagan daño como ellos le temen a ella.Muchos hombres se sienten intimidados por una mujer poderosa, eso es algo que todos sabemos, pero a veces Daphne me intimida, sobre todo cuando se sale por la tangente...—Bueno —la voz de Pansy interrumpe mis pensamientos—. Hermione, ¿te sientes mejor?—No mucho.—¿Estás segura de que es un resfriado? —se pregunta Ginny.—Estoy segura. He tenido suficientes resfriados de verano como para saber cómo que se sienten. Aunque este es uno de los peores que he tenido, pero, aun así. ¿Qué otra cosa podría ser?Se encoge de hombros y termina de comer.Pansy sigue observándome con ojo crítico y bebe un trago de agua con limón antes de concluir.—Te ves como un trozo de mierda.La miro con enojo.—Vaya, gracias, Pans —dejo mi cuchara, bufando sarcásticamente—. Eso que dices es halagador.Ella se encoge de hombros con descaro, como si supiera que está diciendo la verdad.—Bueno, tú... —mira mi cuenco casi lleno—. ¿Por qué no comes algo de verdad? Seguro que tienes hambre —la sugerencia improvisada de Pansy hace que la ceja de Ginny se dispare hacia el cielo.Me encojo de hombros.—La verdad es que no. He comido un poco de esto, pero no tengo mucha hambre.—Lo único que comes son tostadas e incluso eso lo haces de vez en cuando. Y todo lo que bebes es agua y té. Eso no puede ser bueno.—Bueno, al menos estoy hidratada —replico con sarcasmo.—A nadie le gustan los sabelotodo, Hermione. No cuando estoy siendo una amiga preocupada. Has adelgazado —Pansy me lanza una mirada maternal, mientras me regaña como a una niña. Realmente lo siento por sus futuros hijos y empiezo a dar gracias a las estrellas de que no los quiera. Pansy es así, nadie puede decirle nada.Y como no estoy de humor para discutir con ella, simplemente le doy la razón.—Tienes razón, probablemente solo tengo hambre.Así que empiezo a comer, aunque mi cuerpo me grita que estoy tomando la decisión equivocada. A pesar de que siento como si mi estómago estuviera en una montaña rusa. De algún modo, consigo terminar la sopa, hablo un poco más, pago y me voy. Pansy, satisfecha por mis hábitos alimenticios, decide acompañarnos a nuestro departamento. Quiero aparecerme porque me siento muy mal, pero sé que es tradición, siempre vamos andando.Pansy es la primera en hablar.—Bien, he estado pensando...—¡Dios, sabía que olía a quemado! —Ginny se ríe de su propia broma.Sonrío débilmente.—Qué gracioso, Ginny, muy gracioso... —dice ella—. De todas formas, he estado pensando seriamente en salir con alguien.Me paro en seco.—Perdona, ¿qué?Ginny mira al cielo como si intentara divisar una estrella en específico.—Creo que el mundo se acaba. ¿Hay cerdos volando? —dirige su mirada a Pansy—. Rápido, envíale un mensaje a tu madre para ver si el infierno se ha congelado.—¿Por qué iba a saber mi madre si...? —Pansy frunce el ceño—. No tiene gracia, Ginny.—Bueno, pensé que lo era —se ríe entre dientes y continúa con la verdad—. Sabes que tu mamá es la súbdita más leal del diablo... Ni siquiera deja entrar a Hermione a su propiedad porque no es sangre pura —Pansy asintió con sinceridad y se encogió como si quisiera decir: "¿qué puedo decir? Es mi madre". Empezamos a caminar de nuevo y Ginny vuelve a cambiar de tema—. Entonces, ¿por qué quieres ir en serio con alguien?—Regalos —es su rápida y simple respuesta.—Perdona, ¿qué? —le repito.—Regalos, Hermione, por los regalos. Estaba en la tienda, eligiendo este collar de duendes para mí y me encontré con un chico que le estaba comprando un regalo a su novia para mostrarle su aprecio y fue entonces cuando me di cuenta. Fue como una revelación. Ahí me di cuenta de que cuanto más tiempo sales con alguien, mejores son los regalos y más cosas recibes. Hay regalos de aniversario, de Navidad, de "el día que te conocí", regalos al azar, los de "estaba pensando en ti", regalos de agradecimiento, de cumpleaños y, Merlín, si nos comprometemos, ¡todo el mundo nos hace regalos!Habla totalmente en serio. Por supuesto, Ginny y yo intercambiamos miradas.—Pans... —empiezo a reprenderla, pero mi estómago se revuelve violentamente y aprieto una mano contra mi vientre. Me aclaro la garganta y empiezo de nuevo—. Tú... —otra voltereta estomacal. Cierro los ojos y me obligo a no vomitar aquí y ahora.—¿Estás bien? Te ves un poco verde.—Estoy bien, solo...Lo siguiente que recuerdo es que estoy de rodillas, vomitando violentamente todo lo que he comido, a dos manzanas de nuestro departamento, mientras Pansy grita.—¡Qué asco! ¡Dios mío! ¡Qué asco! —Ginny me sujeta el cabello. Cuando siento que ya no queda nada en mi estómago, Pansy mira a su alrededor, saca su varita y murmura hechizos para limpiar tanto al desastre como a mí. Utiliza un encantamiento para limpiarme la boca mientras Ginny se sienta a mi lado, frotándome la parte baja de la espalda y Merlín, qué bien se siente.Cierro los ojos, acerco las rodillas al pecho y apoyo la cabeza mientras ella me masajea mi dolorida zona lumbar.—No bromeabas cuando dijiste que no te sentías bien. Quizá no debería haberte obligado a comer. Lo siento —Pansy pone una mueca que realmente la hace parecer un pug.—No pasa nada, de verdad —murmuro, relajada.—¿Te encuentras mejor?—Más o menos. Solo estoy cansada.Ginny deja de masajearme y de repente quiero estrangularla.—Hermione, ¿cuánto tiempo llevas así de enferma?Distraída y un poco mareada.—no sé, ¿tres semanas?—¿Síntomas?Miro a Ginny como si estuviera loca.—¿Te interesa la carrera de Sanadora o algo así? —cuando me lanza una mirada severa, suspiro y los enumero—. Me duelen los músculos, sobre todo la espalda y la siento algo extraña, vomité ayer por la mañana y hace un momento, estoy muy cansada todo el tiempo y todo huele feo...—No olvidemos los cambios de humor —intervino Ginny—. Le diste una bofetada a Draco e insultaste a ese tipo en Florish y Botts...—¡Y también está ese hombre en el ascensor al que casi hechizas! —exclama Pansy, recordando de repente el incidente que quiero olvidar.Ginny alza una ceja. Ella no sabe lo que pasó.—¿Algo más?—No —respondo cabizbaja.Pansy se ríe.—Me parece que estás embarazada. Espero que no lo estés. ¿No sería lo peor? Engordar y hacer pis todo el tiempo.Suelto una carcajada nerviosa.—Por favor, eso es lo más ridículo que has dicho. No puedo estar embarazada. Deja que te refresque la memoria, debes tener sexo para quedar... —mi mente vuelve a la fiesta de cumpleaños de Draco y pego un grito ahogado—. Oh... Mierda.
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Cuarta parte: Dos líneas
Pansy da un portazo y entra corriendo al dormitorio de Ginny con dos bolsas, estaba sin aliento.—¡Muy bien! Ya tengo el test. No sabía cuál elegir, así que compre uno de cada marca —me quedo boquiabierta cuando deja al menos treinta pruebas de embarazo sobre la cama. En la segunda bolsa hay unos vaqueros muggles muy lindos que vio en el escaparate de una tienda y que tuvo que comprarse porque le quedaban fenomenales.Ridículo.Ginny, que traía el segundo galón de jugo de naranja, se detiene en seco en su puerta.—Mierda, Pansy, ¿los has dejado sin inventario?—La señora me miró raro, ahora que lo pienso... Debería haberla obliviado, hmm...Puedo ver literalmente a Pansy haciendo una nota mental para volver a esa farmacia y ocuparse del asunto.Se ríe entre dientes, deja el jugo de naranja sobre la cómoda y toma la primera caja, me la da y señala en dirección a su cuarto de baño.—Sigue las instrucciones y no te asustes.No es que pueda, estaba tan alterada cuando llegamos a casa que Ginny tuvo que obligarme a tragar un poco de poción calmante y medio litro de jugo de naranja. Permítanme decir que sé que todo esto es ridículo y una pérdida de tiempo. Podríamos estar sentadas en el salón viendo televisión, riendo. Esto tiene que ser un resfriado, en serio. No puedo estar embarazada. Acabo de conseguir alejarme de Draco Malfoy para siempre y no creo que deba ser castigada al embarazarme de su hijo. Soy una buena persona, maldita sea, sigo todas las reglas, dono galeones a los pobres, ayudo a los desfavorecidos, soy una buena persona.Es imposible que esté embarazada.Un litro de jugo de naranja, siete vasos de agua, un rollo entero de papel higiénico y diecisiete pruebas positivas después me dejaron sollozando en el suelo, con el rostro entre las manos. Es medianoche y Ginny me da palmaditas en la espalda, mientras Pansy se pasea leyendo una de las cajas con más intensidad que nunca.—¡Oh, vamos, no todas pueden ser positivas! ¡No tiene sentido! —Pansy argumenta—. No te ofendas, Hermione, pero nunca puedes fiarte del todo de estos artilugios muggles.—No me fío.—No son tan precisos; dan falsos positivos todo el tiempo. Probablemente, no estés embarazada, este maldito palo sea los que sea, están mal... Los diecisiete.Ginny se queda pensativa por un momento.—Bueno, hay una prueba mágica que podemos hacer. Es completamente exacta.La miro esperanzada a través de los ojos llorosos mientras Pansy se burla.—¿Por qué no lo hicimos antes?—No estaba pensando en ello, lo siento —se encoge de hombros—. Hay algunos efectos secundarios en los sueños y la memoria...—¡Al diablo con los efectos secundarios, hagámoslo!Un minuto más tarde, después de buscar la varita de Ginny entre las cajas de pruebas de embarazo desechadas, trozos de papel con instrucciones y los trastos, nos reunimos en el baño de Ginny. Abre el botiquín y veo una fila de la misma poción. Merlín tiene que haber al menos veinte. Se sonroja, saca una y me la da.—Mierda, tienes un arsenal de pociones para pruebas de embarazo ahí dentro, Gin... —comenta Pansy, riéndose entre dientes.Su rubor se extiende y murmura.—A veces a Harry y a mí se nos olvidaba... Son por si acaso...—Sí, claro, sigue diciéndote eso Ginny y quizás algún día te lo creas.—Cállate Pans... Bébete eso Hermione.Abro el tapón y me la bebo. Sabe a lodo y aluminio.Pansy da golpecitos con el pie impaciente.—¿Y ahora qué hacemos?—Esperamos cinco minutos antes de decir el hechizo.Así que esperamos en silencio y es muy posible que sea el peor y más tortuoso silencio que he tenido que soportar en mi vida. Nunca había estado tan al límite. Aunque Pansy insiste en dar golpecitos con los pies y tararear una extraña canción de las Weird Sisters que desprecio. Ginny mira fijamente su reloj.Un minuto.Pansy suspira.Ginny empieza a mover la pierna.Camino a lo largo del cuarto de baño.Dos minutos.Pansy se lima las uñas.Ginny se mira en el espejo.Me siento en un rincón con la cabeza apoyada sobre las rodillas.Tres minutos.Pansy comprueba si tiene granos en el rostro.Ginny juega con mi cabello.Yo suspiro.Cuatro minutos.Pansy empieza a masticar goma de mascar.Ginny me masajea los hombros.Cierro los ojos.—¡Cinco minutos! —exclama Ginny. Pansy escupe su goma de mascar en la papelera y yo me pongo en pie.Nos quedamos de pie en el baño mientras ella saca su varita. Posiblemente, estoy más nerviosa que nunca, tanto que me siento un poco mareada.No oigo el encantamiento que ella murmura, pero unos tres segundos después, su varita se ilumina.Rosa.Estoy confundida.—¿Qué demonios significa eso?Pansy y Ginny intercambian miradas, Pansy palidece y Ginny se aclara la garganta.—Estás embarazada.Todo se vuelve negro.
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Notas:
¡Aaaaaaah! ¿Se veían venir lo del embarazo?Naoko
Ichigo
----- CHAPTER BREAK -----
Disclaimer:
Los personajes de Harry Potter son propiedad de
J.K. Rowling. La historia pertenece a
Inadaze22
xxx
Capítulo tres
Primera parte: Campo de inocencia
14 de agosto
Delante de mí hay dos caminos.
Uno es colorido, con pasto verde que se entrelaza en un sendero dorado de flores pulcramente plantadas y arbustos recortados. Hay árboles por todas partes, fructíferos y vivos. Vida. Este camino bulle con vida. Los conejos saltan por todas partes, las ardillas trepan por los árboles y los pájaros gorjean armoniosamente. El sol brilla, haciendo que el camino dorado destelle y brille. Es hermoso. Tentador. Perfecto. Es todo lo que podría haber deseado. Huelo la fruta de los árboles y me atrae, me llama...
Una ráfaga de viento dirige mi atención hacia el otro camino. Es oscuro, inerte y frío. Los árboles están secos, decrépitos y casi se caen a pedazos. Muerte. Este camino apesta a muerte y horror. La suciedad y las lápidas se alinean a lo largo del camino y ese increíble y abrumador hedor se mete en mi nariz y se asienta. No hay sol. Ni cielo. No hay nada aquí que dirija mi camino... Aun así; doy un paso hacia el.
«—No lo hagas —susurra una ardilla con voz horrorizada—. ¡No tomes ese camino! Es difícil. Ve por aquel, es más fácil».
Soy demasiado racional como para escuchar a una ardilla parlante, sea un sueño o no.
Así que opto por el segundo camino, porque mientras pienso en ello, me doy cuenta de que el lado muerto, aunque ahora parezca terrible, inevitablemente será mejor... Y lo es. Ahí no hay nada que me desconcentre y en el fondo me gusta tomar el camino menos transitado. No sé qué me dirige, pero camino.
Tropiezo con un libro. Es mi libro de Encantamientos de primer año. Lo tomo con impaciencia y me encuentro en la cocina de la casa de mi infancia, con mis maletas hechas y lista para ir al andén 9 y por primera vez.
«—Tienes que ser la mejor, Hermione —me dice mi padre—. No eres como ellos; no sabes tanto como ellos y eso es una desventaja, así que tienes que ser la mejor. Los Granger aspiran a la perfección. Haz que tu madre y yo, que en paz descanse… Estemos orgullosos».
Me he pasado toda la vida intentando que mi padre se sintiera orgulloso y, de algún modo, haga lo que haga, siempre siento que no lo logro. Me siento como una decepción a pesar de haber hecho tanto en mis veintiún años. Siempre hemos sido papá y yo. Mi verdadera madre murió en el parto y él se volvió a casar cuando yo tenía cinco años. Creo que a veces me culpa de la muerte de mamá... Y al verme, se entristece porque me parezco mucho a ella... Me lo dijo cuando cumplí dieciocho años. Me alejo del libro, he perdido el interés por la lectura... Así que sigo caminando, alejándome de los recuerdos y del hecho de que la relación entre mi padre y yo siempre ha sido frágil.
A continuación, encuentro un sobre cerrado con mi nombre garabateado con letra familiar. Sé exactamente de qué se trata: es la carta que sigue sobre mi escritorio.
¿Pero cómo ha llegado hasta aquí?
Mis manos rozan la letra y me transportan a la noche de la muerte de Voldemort. Estoy en la torre de Astronomía con Ron y Harry; los tres estamos magullados y golpeados, pero sonriendo triunfantes. Se abre la puerta y entra Ginny con Draco y Pansy, él se cambió de bando en secreto hace un tiempo y ella volvió para luchar después de no querer participar en la guerra.
Harry es el primero en suspirar.
—Necesito unas vacaciones.
Uno a uno, empiezan a relajarse y todos nos echamos a reír, excepto uno, que esboza una sonrisa burlona.
Ron es el primero en salir, seguido rápidamente por Ginny y Harry, que van tomados de la mano. Pansy se queda un poco más, pero al ver su reflejo decide que necesita una ducha y se dirige al baño de prefectos. Draco y yo permanecemos en silencio. Cuando no peleamos, estamos en silencio; siempre ha sido así. Pero entonces siento sus dedos, unos dedos que rozan los míos ligeramente antes de agarrarme la mano con suavidad. Lo miro sorprendida, pero él sigue mirando al frente, sereno, como si nuestras manos no estuvieran entrelazadas, como si no sintiera el calor que hay entre nosotros.
Así que yo también me quedo ahí parada, por un rato, antes de que él se aclare la garganta.
«—Granger —dice con voz muy solemne».
Sobresaltada, lo miro.
«—¿Sí?»
«—Tienes una mancha de tierra en la barbilla».
Creo que ese fue el principio de... Lo que quiera que fuéramos.
Dos semanas después, el Ministerio trajo de vuelta a los Dementores. Un mes después, juzgaron a sus padres. Una semana después, los declararon culpables. A la mañana siguiente, antes de que pudieran darles el beso, ambos fueron encontrados en sus celdas, muertos. Dos semanas después, la mansión Malfoy fue derribada. Al año siguiente, tras una mutua y pacífica ruptura con Ron, recibí una lechuza de Draco después de no haber hablado desde aquella noche en la torre de Astronomía, ofreciéndome un trabajo como analista financiera. Quería mi ayuda en el horrendo proceso de arreglar la corrupta empresa de préstamos de su padre y me pagaría más de cien mil galeones al año, una cantidad exorbitante. Tres días después y tras una ardua deliberación y el incesante "¿cuánto te va a pagar?", de Pansy. Acepté los términos.
Ese acuerdo... Nos llevó de vuelta de la tumba.
Me alejo de la nota, casi con pesar y me doy la vuelta, casi huyendo.
Casi resbalo sobre un charco de agua, pero aun así consigue hacerme caer de rodillas.
Mis pobres rodillas.
Estaba de rodillas cuando Draco me tocó la mano. Acababa de salir de una pelea con un antiguo novio durante la fiesta de Navidad de la empresa. Enfadada y ciega de rabia, choqué con él y caí de rodillas. Por supuesto, en ese momento no sabía contra quién choqué. Levanté la vista para disculparme y me encontré a Draco de pie, con la mano extendida, esperando a que la tomara. Era la imagen más cautivadora que había visto y me sentí como en un trance. Tomé su mano lentamente y él me puso de pie.
«—¿Estás bien?»
«—Sí».
Esa noche dormimos juntos por primera vez. Estábamos volviendo a la fiesta después de que yo le asegurara que estaba bien y en un abrir y cerrar de ojos, me llevó a una de las salas de juntas, me tomo en brazos, me puso sobre la mesa y me follo con todas sus fuerzas. Fue precipitado, impetuoso y la experiencia más liberadora de mi vida. No pude culpar al alcohol de aquello, pero el torrente de sensaciones que experimenté me dejó con ganas de más.
No se parecía a ningún otro hombre con el que había estado: fuerte, robusto, reservado y misterioso.
Cuando me tocaba, mi cuerpo se encendía.
Las veces que estábamos juntos, me sentía como nunca.
Y cuando se acabó, mi cuerpo lo echó de menos.
Todavía, en cierto modo, lo extrañaba, incluso hoy en día.
Por supuesto, no hablamos de aquella noche. Intentó hablar del tema conmigo días después, pero yo no quería oír la palabra "error" salir de sus labios, así que no le dejé pronunciar palabra alguna. Tuvimos reuniones en esa sala de juntas durante los dos meses siguientes y cada vez que entraba, mi rostro se ponía rojo.
Me pongo de pie y salgo corriendo. Ya no me gusta este sueño.
Me hace pensar en todas esas cosas en las que no había pensado en años. En todo lo que no he sentido en años. Y me duele. Es doloroso sentir algo tan intenso por él, incluso en las profundidades de mis sueños. Corro hasta que ya no puedo respirar y me doy cuenta de que, por mucho que huya, él siempre estará ahí. Ese pensamiento solo me hace correr más.
Corro hasta que todo lo que veo es rosa... ¿Rosa?
La realidad llega lentamente.
La cálida brisa de la habitación agita las sábanas que me envuelven. Las sábanas frías me acarician la piel y me estiro, extendiendo los brazos y las piernas antes de incorporarme y sentarme. Parpadeando, mis ojos recorren lentamente mi habitación, buscando algo fuera de lugar. No hay nada. Me quito el sueño de los ojos y hago sonar los nudillos. La verdad es que me siento bastante bien. ¿Qué
día
es?
Desde mi cama, oigo a la gente de mantenimiento podando arbustos, quitando matas y cortando el césped fuera de nuestro departamento. Oigo a las personas parlotear mientras hace su vida. Escucho autos, timbres, silbidos y cierro los ojos, deleitándome con los ruidos de un sábado normal en Londres.
Y entonces todo se interrumpe violentamente cuando llaman a mi puerta.
—¿Por qué
tocas? —oigo la voz apagada de Pansy afuera.
—Porque...
Pansy interrumpe a Ginny.
—Solo abre la maldita puerta.
Y antes de que pueda reírme de sus ridículas discusiones, la puerta se abre y entran Pansy Parkinson, muy bien vestida y Ginny Weasley, que sigue en pijama, bostezando. Cuando me ve sentada, ambas sonríen.
—¡Estás despierta!
Mi ceja se levanta.
—Sí que lo estoy, gracias por señalarlo.
Pansy me saca la lengua como respuesta.
—Qué infantil —me froto mi dolorido costado, haciendo una mueca cuando siento un pequeño dolor en la espalda y mi estómago empieza a sonar. Lo ignoro, pero Ginny levanta una ceja porque lo oye—. Anoche tuve un montón de sueños raros, pero el último fue divertido.
Ginny se sienta en mi cama mientras Pansy rebusca en mi armario, como si estuviera eligiendo ropa para mí. Me detengo un momento, la miro y sacudo la cabeza.
Para qué molestarse, Pansy está verdaderamente chiflada.
—¿Qué soñaste? —me pregunta Ginny con curiosidad mientras me apunta el cabello con su varita y hace que se peine en una coleta ordenada. La miro con expresión de susto, ¿qué demonios está haciendo?
—Bueno, los primeros sueños eran todo flashbacks de mi vida, pero el segundo... Fue divertidísimo. Vomité después de cenar, volvimos a casa y me hice
diecisiete
pruebas de embarazo y todas dieron positivo —me río entre dientes, sacudiendo la cabeza ante la ridiculez de ese sueño—. Así que fuimos al baño y me diste esa poción e hiciste un hechizo que brilló de color rosa y me dijiste que estaba embarazada —para cuando termino de contárselo, me pongo a reír.
Pansy tira unos jeans y una camiseta sobre mi cama y se queda mirando a Ginny con los ojos muy abiertos.
—Pero ¿qué...?
—Les dije lo de los sueños y los efectos secundarios en la memoria.
Pansy se burla.
—Quiero decir, podrías haber sido un poco más específica, Gin... No dijiste que se despertaría con…
Confundida y molesta porque ninguna de las dos se ríe, las interrumpo.
—¿Qué demonios estás diciendo?
Ginny empieza a darme palmaditas en la mano.
—Hermione, eso último
no
fue un sue…
Pansy la corta con brusquedad.
—Estás embarazada, amiga mía.
Busco en los ojos de Ginny durante un tiempo, esperando ver ese brillo que me indique que me está gastando una broma.
No lo veo. En absoluto. No está bromeando.
Asqueada por la noticia y por todo lo demás, aparto a Ginny y vomito en el suelo.
Pansy chilla.
—¡Oh, qué asco!
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Segunda parte: Estoy aquí para ti
La última vez que fui a un médico muggle fue antes de que mi padre me llevara a Marruecos, justo después de que acabara la guerra.
Le eché un buen vistazo a la aguja con la que querían pincharme y me desmayé. Mi madrastra me agarro a medio camino y las dos nos golpeamos la cabeza contra el suelo. Desde entonces no he vuelto a ir al médico. Hasta hoy, claro. Soy más reservada que Harry o Ron, pero soy bastante conocida, así que no podemos ir a San Mungo, porque trabajo allí y tampoco a ningún otro hospital mágico de la zona. No puedo ir a mi médico de cabecera porque es mi tío y él es un bocazas que se lo cuenta todo a su mujer... Que eventualmente se lo cuenta todo a mi padre... Y esto ya es un dolor de cabeza bastante grande.
Así que las tres usamos nuestros cerebros y llegamos a la conclusión de que es mejor hacer esto a la manera muggle, al menos al principio.
Casualmente, Pansy salió con un cirujano cardíaco bastante aburrido, Peter, que tiene un hermano que es médico general, al que ella le sigue
gustando
mucho. Así que lo llama y charlan unos minutos. Unas risitas, la promesa de cenar con él esta noche y lo convence para que hable con su hermano para que me vea hoy.
Así que aquí estoy.
Tumbada en una mesa-silla inclinada en la que posiblemente sea la habitación más luminosa en la que he estado, vestida con una bata como si fuese una enferma mental. Me siento muy irritada y miro fijamente las paredes blancas con un borde de pequeñas mariposas en tonos rosas y azules.
A mi izquierda hay un ecógrafo frente a un mostrador con un montón de utensilios médicos y Pansy, lo mira todo completamente asombrada. Nunca ha estado en la consulta de un médico muggle y a menudo tengo que decirle que no toque nada. A mi derecha está Ginny. Ella está mirando tranquilamente a su alrededor, igual que yo.
Se abre la puerta y entra el médico.
—Señorita Granger, soy el doctor Rattan, ¿qué la trae por aquí hoy?
Su pregunta me molesta al instante. ¿Qué diablos más me traería hoy? Estoy segura de que Peter le contó todo.
—Me hice un test y salió que estaba embarazada.
—Por lo que me ha dicho mi hermano, te hiciste
diecisiete
pruebas...
Ginny me pone la mano en el hombro y lo aprieta; un gesto tácito de apoyo que necesito para no patear a este hombre... Porque de verdad, de
verdad
quiero hacerlo. Me paso los dedos por el cabello con aire cansado.
—Sí. ¿Es necesario que lo mencione?
—Es que esas pruebas son bastante precisas y algunas son caras…
Aprieto los puños.
—¿Podemos seguir con esto,
por favor?
—Muy bien —enciende la máquina y Pansy se queda mirándola con asombro. Ginny tiene que hacer que se mueva a para que el doctor y yo podamos ver con claridad.
A continuación, aprieta un gel helado que me hace estremecer. Por suerte, Pansy elige entrelazar nuestros dedos. Ginny me pone la mano en el hombro. Ambas están intentando reconfortarme. Lo hicieron en el momento justo. El médico hace girar el instrumento sobre el gel y tras unos minutos de búsqueda, oímos ese pequeño tamborileo. Es débil y me encuentro mirando fijamente la pantalla.
—Ahí —señala la pantalla de la máquina—. Ahí está el saco amniótico —luego vuelve a mover el instrumento y señala esa distorsionada mancha amorfa...
Cosa
que tengo que entrecerrar los ojos para ver. Ginny se mueve un poco más cerca y Pansy está casi en la camilla conmigo—. Y eso es...
Por supuesto, Pansy interrumpe muy descaradamente.
—¿Qué es ese sonido? Suena como una criatura marina lista para atacar.
El doctor se ríe entre dientes.
—Bueno, ese sonido es el latido del corazón... Y solo con mirar, diría que tiene unas... Probablemente, ocho semanas, señorita Granger.
Pansy da un grito ahogado, Ginny me abraza y yo... Bueno, hago lo que hace cualquier madre primeriza...
Me aferro a mis dos mejores amigas... Y rompo en llanto.
—Oh, Hermione, todo va a salir bien —me consuela Pansy.
Por razones obvias, no le creo.
—No llores. Todo va a salir bien —la voz de Ginny se quiebra y sé que ella también está a punto de llorar.
Es realmente inútil cuando la gente me dice que no llore. Lo único que consiguen es que mi cuerpo se estremezca más con los sollozos. Tengo todo el derecho del mundo de llorar ahora mismo.
Mi vida ha tomado un rumbo completamente distinto del que había planeado.
El médico imprime una imagen borrosa en 4D del bebé, hace todas las marcas necesarias en la imagen y me la da para que la mire fijamente.
La idea de estar embarazada afecta mis emociones y pensamientos. Da vueltas en mi cabeza, me confunde, me emociona, me estrangula, me asfixia, me asusta... Esto, por muy indeseado que sea, es
real. Merlín, esto
me
está pasando de verdad. La realidad de esta situación me golpea con toda su fuerza. No puedo respirar. Pero ni siquiera me doy cuenta por qué si lo hiciera, podría pedir una máscara de oxígeno... O una descarga al corazón... Alguna forma de reanimación.
Seamos honestos ahora mismo, no solo estoy embarazada. Estoy embarazada de un hombre que probablemente me mirará sin comprender cuando se lo diga,
si
es que se lo digo. O tal vez niegue que es suyo. Puedo verlo claramente en mi cabeza.
«—Draco, estoy embarazada y es tuyo».
«—Qué bonito... No es mío, lárgate».
El pensamiento me rompe el corazón y me hace llorar más fuerte.
—Sabes —el doctor Rattan interrumpe mis pensamientos con tono tranquilizador y reconfortante—.
Tengo
que informarte sobre tus opciones porque estás en el plazo adecuado para
tener
opciones, pero tienes una semana o dos para pedir una cita y tomar una decisión sobre lo que quieres hacer.
Lo miro con ojos sombríos.
—¿Una decisión?
Vuelvo a pensar en aquel sueño con los dos caminos; es extraño que de repente tenga dos caminos ante mí. ¿Cuál debo tomar?
Apaga la máquina y limpia el gel con una toalla de papel. Luego, procede con suavidad y cautela.
—Sí, tienes opciones. Tiene derecho a decidir si quiere seguir tener al bebé o si desea interrumpir el embarazo.
Sé que mi mirada ahora es pensativa, asustada y muy confusa.
—No tienes que tomar la decisión en este preciso momento, pero sí debes hacerlo pronto.
Todavía en trance, asiento lentamente, secándome las lágrimas.
—Umm... De acuerdo.
—Pero por ahora, tengo que tratarte como si te lo estuvieras quedando. Voy a recetarte vitaminas prenatales para tres semanas, lo que debería bastarte hasta que tomes una decisión. Toma dos cada día. También debo decirte que
no
bebas alcohol, ni fumes cigarrillos, nada de drogas, no comas sushi. Y te voy a dar el número de una buena clínica para abortos, si decides tomar ese camino. Diles que vas de mi parte.
Rápidamente, escribe la receta, me entrega unos folletos sobre el embarazo y el aborto.
Con un deseo de buena suerte, se marcha y deja la puerta abierta para que Ginny y Pansy salgan y me dejen para que me pueda vestir.
Después de vestirme, permanezco en ese lugar, mirando fijamente la imagen de la ecografía mientras las lágrimas caen por mis mejillas. Hasta que Ginny vuelve a asomar la cabeza.
—¿Estás bien? —me dice con voz extrañamente dulce.
Suena tan agotada como me siento y respondo.
—Tan bien como puedo estar ahora.
—Pansy llamó a Peter y se fueron a comprar la receta porque ella no sabe cómo, deberían volver en un rato.
Suspiro.
—Está bien.
—Todo va a salir bien, ¿sabes? Esto puede parecer el fin del mundo, pero no lo es.
—Seguro que lo
parece.
Ginny entra y me abraza fuerte y caen más lágrimas mientras le devuelvo el abrazo.
—No importa lo que decidas hacer, ni lo que pase, solo quiero que sepas que, Pansy y yo, estamos aquí para ti. Luna también.
—Tienes toda la razón, estamos aquí para ti, no lo olvides nunca —la audaz voz de Pansy resonó desde la puerta.
Miramos y ahí estaba ella, con la bolsa de medicamentos en la mano. A su lado está Peter, que parece un médico de la televisión por lo atractivo que es. Retrocede y nos deja unos momentos a solas. Fue una sabia decisión.
Pansy sonríe alegremente.
—Vaya, vaya... Parece un
buen
momento para un abrazo grupal —se acerca corriendo para rodearnos con sus brazos, haciéndonos reír—. Las quiero, chicas, pero por desgracia —susurra sus siguientes palabras en un tono que solo nosotras podemos oír—. Tengo una cita para cenar con el aburrido de Peter y necesito un vestido nuevo. Tienes suerte de que te quiera, Hermione.
Esto sí que me
hace
sentir mejor.
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Tercera parte: Abajo
Va a llover.
Desde la ventana que hay detrás de Ginny, veo que el cielo azul empieza a oscurecerse y las nubes se tornan de un amenazador tono gris. Ella ha cancelado su cita con Anthony para pasar la tarde conmigo y, aunque protesto, se lo agradezco mucho. Creo que no quiero estar sola.
Después de una comida y mi primera dosis de vitaminas, me siento un poco mejor y tras asistir al breve entrenamiento de Quidditch de Ginny, nos dan masajes en un pequeño spa que me hace sentir como una persona completa de nueva. Ahora estamos sentadas en un restaurante de comida orgánica a las afueras de Londres; ella está comiendo una ensalada porque está intentando perder unos kilos para el Quidditch y yo estoy picoteando los bordes de un sándwich de pollo a la plancha.
No hemos hablado mucho desde que salimos de la consulta del médico. Mi cerebro va a toda velocidad pensando en mil cosas a la vez. No dejo de pensar en esos caminos y en cuál debería tomar. ¿Debo tomar el camino más fácil o la decisión más difícil de mi vida? Lo fácil empieza a parecer cada vez mejor con cada minuto que pasa.
El restaurante, iluminado por energía solar, se oscurece ligeramente al igual que el cielo. Probablemente, sea hora de irnos, así que le pido a la camarera que me empaque las sobras para llevar y nuestra cuenta.
—Creo que estoy cerca de tomar una decisión —hablo cuando nuestra camarera se aleja después de entregar la cuenta.
Curiosamente, Ginny paga con dinero muggle y me mira.
—¿Acerca de?
—Estoy pensando que quizá no me lo quede. Aún no lo sé, pero es mi instinto dice que no debería hacerlo.
Los cielos retumban y empieza a caer una lluvia torrencial, acompañada de más relámpagos.
Ella no dice nada durante unos minutos, sobresaltada por la tormenta.
—¿Estás segura?
—Sí, lo estoy. Puede que sea egoísta, sé que debería quedármelo y sacar lo mejor de esta situación, pero no creo que pueda hacerlo. Por fin soy libre, Ginny. Vuelvo a tener el control de mi vida. No creo que pueda mirar a este bebé y no sentir resentimiento y eso no es justo, ni para este bebé ni para nadie.
Ginny toma un sorbo de agua.
—¿Se lo vas a decir a Draco?
Saco un trozo de lechuga de mi sándwich y me lo como, antes de contestar con sinceridad.
—Gin, la verdad es que no lo tenía planeado.
Por primera vez desde que nos conocemos, Ginny me critica.
—Hermione, ese bebé es tan suyo como tuyo; tiene derecho a saberlo.
Su desaprobación me golpea donde más me duele y no sé si es por la acidez o por la verdad.
Aun así, me sigo llamando Hermione Granger... Y soy testaruda.
—Pero es en
mi
cuerpo.
Pone los ojos en blanco y sacude la cabeza.
—Eso no es justo, Hermione y lo sabes.
Mierda. Tiene razón. Mierda.
Mierda. Tiene razón y lo sé. No puedo negarlo. Sé que tengo que decírselo. Es lo correcto y está claro que me encanta torturarme... Bien, estoy siendo dramática, lo que no es habitual en mí, pero hay una vocecita dentro de mí que me reprende ante la
idea
de no contarle a Draco lo del embarazo. Ginny acaba de darle fuerza a esa voz. No creo que pueda pasar por esto y
no
decírselo. Pero ¿cómo me acerco a un hombre al que le di una bofetada hace unos días para decirle que estoy embarazada y que considerando la idea de abortar a su bebé sin empezar una pelea que posiblemente termine en guerra?
Con cualquier otro hombre sabría qué hacer, pero no con Draco Malfoy.
Respirando hondo.
—Ginny... ¿Qué debería hacer?
—Envíale una lechuza, Hermione. Dale nuestra dirección y que venga por flú. Siéntalo y díselo. Yo me esfumaré. Llamaré a uno de los chicos para salir o algo.
—Probablemente, me dejara ahí sola.
—Pero al menos lo sabrá. Y entonces te ayudará a tomar la decisión correcta.
Resoplo, poco convencida.
—O —empieza a levantarse de la silla y yo la sigo—. Puede que quiera quedárselo. Nunca se sabe.
Me rio.
—Hay más posibilidades de que me parta un rayo a que suceda eso.
Espero que Ginny se ría, pero en lugar de eso mira atrás de mí.
Giro la cabeza y veo un cinturón negro, unos pantalones y una camisa negra. Mis ojos se desvían hacia arriba y allí, de pie y muy fuera de lugar, esta Theodore Nott.
—Hermione Granger —me saluda con una inclinación de cabeza, luego sus ojos se desvían al otro lado de la mesa—. Ginevra Weasley.
—Es Ginny —se pone tensa.
Ignorando su actitud, esbozo una sonrisa. Todavía estoy bastante sorprendida de verlo aquí.
—Umm... ¿Qué haces aquí, Nott?
—Siempre vengo a comer aquí. Estoy allí —señala una mesa vacía al otro lado del restaurante. Se aclara la garganta y prosigue—. Me preguntaba si querrían acompañarme.
—Lo siento —responde Ginny con una voz fría que últimamente solo reserva para Harry—. Estamos a punto de irnos.
Su expresión decae ligeramente.
—Oh... Oh, está bien —asiente y se aleja rápidamente... Casi corriendo.
Asombradas e intentando no reírnos, nos sentamos en silencio durante un minuto antes de que Ginny comente.
—Bueno,
eso
fue incómodo.
Me tapo la boca al soltar una risita.
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Cuarta parte: Tú
15 de agosto
Me tomé el día libre para intentar prepararme para esta noche.
Esta mañana, con Pansy a mi lado ayudándome a plasmar mis pensamientos en papel. Escribo la carta y ella la envía por lechuza. Estoy demasiado enferma para hacerlo yo misma. Tarde dos horas en recibir una respuesta, diciendo que a pesar de que tiene una reunión, llegará por flú a las ocho y media... Y si sé
una
de Draco Malfoy es que es extremadamente puntual y odia que la gente llegue tarde.
Así que son las 8:20. La puerta está abierta. La lluvia no ha cesado.
Y llevo todo el día horneando todo lo que se me ocurra.
Galletas de chocolate, de mantequilla de maní. Galletas de azúcar... Con glaseado y chispitas.
Galletas de chocolate blanco, de avena y pasas. Galletas con M , de nuez. Galletas de cacahuate.
Galletas de anacardo. Caramelo de almendra. Caramelo. Brownies. Brownies de nueces. Brownies de doble chocolate.
Cheesecake. Cheesecake con fresas. Tarta de limón, de manzana, de cerezas, de nuez.
Mientras me muevo, dramáticamente, pienso que tuvo algún extraño accidente y por eso Draco no puede venir... Y eso hace que me mueva con más vigor, intentando alejar los malos pensamientos, pero nunca se van. Pienso en él dejándome plantada. Dejándome aquí toda la noche, esperando, horneando y entrando en pánico mientras él está sentado en su Mansión, leyendo un buen libro y bebiendo vino, riéndose de mí. ¿Qué diablos importa?
Sigo
sin saber lo que voy a decir.
He intentado escribirlo, hacer una lista de cosas que tengo para decirle, pero las palabras no salen. No sale nada. Nunca he tenido tanto miedo en mi vida: ni delante de los Dementores, ni de Voldemort, ni de Snape en su mejor momento, ni de los Mortífagos, ni de una Nagini hambrienta, ni de Umbridge en su apogeo... Nada me ha provocado tanto miedo como decirle a Draco Malfoy que estoy embarazada y que posiblemente no conservaré al bebé.
La lluvia cae por el cristal de la ventana, tropezando con los puntos secos y haciendo ese fuerte ruido metálico que me resulta especialmente molesto.
Estoy a punto de poner un hechizo silenciador, pero entonces ocurre algo.
Un búho entra volando por la ventana abierta y deja caer una carta a mis pies. Rápidamente, la abro y la leo.
Hermione.
Estoy un poco retrasado, pero llegaré a las ocho y media en punto.
Draco Malfoy.
Miro el reloj.
Las 8:29... Creo que voy a vomitar.
Se me detiene el corazón cuando Draco sale por la chimenea, vestido de negro y con expresión seria.
Esto no va a ser fácil.
—Hermione —me saluda con una breve inclinación de cabeza.
—Draco —le devuelvo el saludo, pero se me quiebra la voz—. ¿Te apetece un té?
Me mira con curiosidad y hace una pausa antes de responder.
—No, gracias —olfatea el aire e identifico una pizca de humor en su voz—. ¿Por qué tu casa huele como una panadería?
—Hice un poco de repostería mientras estaba en casa —señalo la mesita que está junto al sofá, allí hay un plato con galletas—. Por favor, siéntete como en casa —me siento un poco débil y me agarro del brazo del sofá para apoyarme.
Él se sienta y yo agarro una galleta, quedándome helada cuando él habla.
—Estás pálida.
—Estoy un poco cansada.
—¿Quieres que...?
—No, yo... —tomo aire—. Quería disculparme por abofetearte. Fue algo totalmente inapropiado de mi parte.
Veo una sonrisa apenas disimulada en su rostro.
—Bueno, en realidad no...
—Eso fue durante nuestro
Tercero
Año, Draco.
Se encoge de hombros.
—Aun así, fue memorable. Blaise aún habla de ello. Después de todo, vio el moretón.
Me rio entre dientes.
—¿Me pediste que viniera solo para poder disculparte? Porque si lo hiciste, fue completamente innecesario. Yo te provoqué.
—Cierto, pero no te pedí que vinieras por eso —suspiro y respiro hondo, cerrando los ojos un momento. Es ahora o nunca.
Así que lo suelto.
—Draco, te he hecho venir para decirte que estoy embarazada.
Nos invade un silencio sepulcral. Espero con impaciencia su respuesta mientras él se ocupa de todo, desde asegurarse de que el cuenco esté perfectamente alineado con las velas hasta de que no tiene ningún fragmento de pelusa en la ropa.
Me mira fijamente antes de responder.
—Bien... Eso parece un problema personal.
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Notas:
Bueno… La confesión pudo haber salido peor.
Naoko
Ichigo
----- CHAPTER BREAK -----
Disclaimer: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J.K. Rowling. La historia pertenece a Inadaze22
xxx
Capítulo cuatro
Primera parte: Solo uno
«—Bien... Eso parece un problema personal —esas palabras parpadean en mi cabeza una y otra vez».
Como luces de neón.
—Sabes, Draco —hablo con la mandíbula apretada y la sangre hirviendo—. Me imaginaba que dirías algo así —me enderezo, sacudiendo la cabeza, intentando calmarme, aunque sin éxito—. Ni siquiera sé por qué gasté saliva en decírtelo.
Me mira como si fuera la primera vez.
—Espera, ¿es mío?
—No, es producto de una inmaculada concepción —replico con sarcasmo—. ¡Claro que es tuyo, idiota! —saco la ecografía del bolsillo. La he mirado al menos unas mil veces, tanto que los bordes están arrugados, pero la ojeo por un momento y se la arrojo con desdén. Tiene suerte de que le lance una imagen y no el plato de galletas de chocolate... O una imperdonable, que es realmente lo que quiero lanzarle ahora mismo—. Es tuyo.
Draco se queda mirando la imagen, igual que yo cuando el doctor Rattan me la dio. Está a casi cinco centímetros de su rostro y sus ojos casi se ponen bizcos para ver la mancha que es nuestro bebé en el centro. Sus ojos permanecen fijos en la imagen y, poco a poco, la expresión severa de su rostro se transforma en una que nunca había visto antes. Es de asombro, incredulidad y... Espera un momento, miedo.
Miedo.
No me había dado cuenta de que el miedo es una emoción típica de un Malfoy.
Claro que ha tenido momentos en los que sintió miedo, pero no conmigo.
Siempre ha sido una torre de fuerza y valor.
Ahora mismo parece un ciervo ante un automóvil.
Momentos después, la máscara vuelve a su sitio y él se asegura de que todo lo que hay en la mesita está perfectamente alineado y organizado.
Siento que me sube la presión y que se me ruborizan las mejillas por la rabia.
Draco toma la palabra, pero su voz suena extrañamente ahogada.
—¿Estás segura de que es mío?
—Sí. Es tuyo. —Me froto mi dolorida cabeza, repentinamente me siento muy sensible, se me quiebra un poco la voz—. Eres el único con el que he estado, Draco. No soy una cualquiera que se acuesta con todos los hombres con los que entra en contacto —sacudo la cabeza tristemente, con los ojos llorosos—. ¿Sabes una cosa? Ni siquiera me importa lo que digas... He decidido que no me lo quedaré.
Eso lo hace inclinarse hacia delante en su asiento, con la imagen aún en la mano y la voz seria.
—¿No te lo vas a quedar?
Miro hacia abajo, apoyo la mano en mi vientre plano y uso la mano libre para secarme los ojos.
Estoy mintiendo descaradamente y no sé por qué lo hago.
—No.
—¿Por qué no?
—No actúes como si te importara, Draco. Es un error. Como lo fue esa noche, como lo fueron todos los encuentros anteriores a esa noche.
Él mira la imagen antes de mirarme a los ojos.
—¿De verdad crees eso?
—No sé a qué atenerme contigo... Nunca lo he sabido. Y no has hecho nada para demostrarme lo contrario.
Sus palabras son tan intensas que casi me ahogo con ellas.
—Y tú nunca me has dejado intentar decirte cuál es mi postura sobre ti, así que no vengas a sentarte aquí para hacerte la maldita víctima.
Intento desesperadamente no gritar ni llorar delante de él.
—Mira —empiezo, con la voz abatida—. Estoy cansada, de mal humor, he estado horneando todo el puto día y no quiero discutir contigo esta noche. No sé. Es una gran decisión para mí —me pongo justo delante de la mesa de café, me froto la sien con un movimiento circular tal y como me aconseja Pansy—. Solo estaba intentando ser una buena persona y que lo supieras, eso es todo. Me sentía obligada a decírtelo y ahora que ya lo he hecho, no sé por qué sigo malgastando mi aliento y tu tiempo. Voy a darle una patada a Ginny...
—Bueno, ¿acaso no importa mi opinión? Después de todo, soy el padre.
—En realidad, no, no para mí y no ahora. He oído suficientes opiniones tuyas en esta vida. Este es mi cuerpo y haré lo que me dé la gana. No quiero criar un bebé en... La mierda que sea esto. Simplemente, no quiero. No es justo ni para él, ni para ti, ni para mí.
Se levanta despacio, aún con el ultrasonido en la mano.
—Solo...
—¿Por qué te resistes tanto, Draco? —estoy frustrada y lo único que quiero hacer es gritar—. Este es mi problema personal, según tú.
Él baja la mirada hacia la imagen.
—Admito que esa no fue la mejor reacción...
—Siempre sabes qué decir para hacerme sentir insignificante —murmuro enfadada—. Pero gracias por tener esa reacción, Draco, hace que sea un poco más fácil decidirme.
Se hace el silencio entre nosotros.
Me encuentro mirando por la ventana que esta junto a la chimenea y él sigue mirando la ecografía de la misma forma que Ginny y Ron estudian los libros de Quidditch. Quiero tirarme del cabello y gritar.
«—Es solo una mancha en un papel 4D —pero no puedo formular las palabras, estoy muy cansada».
Así que ahora miro por la ventana, observo la lluvia y suspiro, porque mirarlo hará que me ponga a llorar y es mucho más fácil mirar las nubes.
Doce minutos después, sigo mirando la lluvia.
Quizá si no me hubiera ido. Tal vez si me hubiera quedado con el seco y condescendiente Theodore Nott. Puede que... Ya no importa.
Puedo culpar a lo que sea, a quien sea, puedo preguntarme “¿y si...?”, pero todo eso es el pasado. Esto es el ahora.
Miro por encima del hombro y lo observo durante un minuto mientras él ordena la mesa auxiliar y luego se queda mirando la imagen unos segundos, cambiando metódicamente de una cosa a otra. Me doy la vuelta. Odio que haga eso. Tanto ordenar y organizar. Quizá lo hace para no volverse loco, tal vez sea uno de sus hábitos nerviosos, puede que sea obsesivo-compulsivo, no lo sé. Solo sé que es tan prístino, perfecto y metodológico... Que es molesto.
Y ahora, mirando la lluvia, no estoy segura de si me molesta su costumbre, o si solo me molesta él.
O solo estoy malditamente molesta en general.
—Hermione... —Draco rompe el silencio.
Me doy la vuelta y nuevamente está mirando la ecografía.
—¿Qué?
Hizo una pausa, toma aire y levanta la vista, decidido.
—Quiero a este bebé.
Acaba de... Por supuesto que no, ¿verdad? Parpadeó, atónita.
—¿Has dicho que quieres este bebé?
—Sí, lo he estado pensando y lo quiero. Estoy dispuesto a hacer lo que sea para que cambies de opinión.
—No lo entiendo, Draco. Ayúdame a comprender por qué de repente quieres al bebé.
Me mira, un poco enfadado.
—Nunca dije que no lo quisiera. Solo lo supusiste.
—No se te conoce precisamente por querer hacerte responsable de tus actos.
—Igual que tú no eres conocida por ser muy franca —me responde con vehemencia.
Mi temperamento se dispara, así como así.
—¿Franca? Yo soy...
—Eres la persona más reservada que conozco —Draco responde en tono simple.
Me cruzo de brazos y resoplo con terquedad.
—Es curioso que digas eso, yo digo exactamente lo mismo de ti.
—No nos desviemos del tema, Granger. Quiero ser padre de ese bebé. No quiero que te deshagas de él solo porque me odias. Este bebé merece una oportunidad.
Caemos en otro tenso silencio.
Mi cabeza palpita por las lágrimas de frustración que se acumulan detrás de mis párpados y Draco está ahí de pie, tranquilo, mirando esa maldita imagen. Me dan ganas de estrangularlo hasta que se desmaye. Este personaje maduro, arrogante, responsable, con su: “Mírame, quiero ser padre”. Sí, Draco, eso funcionará de verdad. Saldrá realmente bien. Muchas gracias, Draco... Me siento como una gran imbécil que es culpable por toda esta situación.
Agotada y a punto de romper en llanto.
—Eso no va a arreglar nada.
—Siento discrepar —y suena extrañamente sincero—. Pero después de todo, puede que sea el único hijo que tenga.
—Por favor —me burlo—. Estoy segura de que tienes un montón de brujas que están listas y dispuestas a tener al próximo heredero Malfoy.
Fue como pisar una bomba. Todo pasa de tenso a malditamente insoportable. Con la imagen 4D en la mano, me lanza una mirada que podría derretir bloques de hormigón y probablemente lo haría. Su voz sube varios decibeles.
—No sé quién mierda crees que soy, Granger, pero te diré algo. No soy un maldito prostituto que se acuesta con cualquiera.
Por supuesto, estoy aquí, replicando.
—Y no soy exactamente una sangre pura, Malfoy. Por si los años de trabajar para ti te han provocado un repentino ataque de amnesia, permíteme que me presente. Me llamo Hermione Granger y soy una bruja nacida de muggles. El bebé que llevo en mi vientre es un mestizo. Según tú y la doctrina Malfoy, yo y este bebé representamos la mismísima inmundicia que desprecias. Y yo represento la suciedad con la que dices no acostarte, pero lo haces y lo hiciste en cada maldita oportunidad que tuviste.
Por un segundo, creo de verdad que va a estrangularme; tiene las manos flexionadas y todo. Atraviesa el salón y lo siguiente que sé es que me mira desafiante. Agarrándome por los hombros, Draco habla con un nivel de ira que nunca había visto.
—Sangre pura, mestizo, nacida de muggles, he dejado en claro que eso no significa nada para mí. Combatí en esa maldita guerra, luché contra la misma doctrina que juré defender y también peleé por los derechos y la libertad de todos.
Eso era verdad.
Pero aun así le quito las manos de encima.
—No…
—¿Y crees sinceramente que si te considerara una basura te hubiera contratado, te hubiera pagado más de lo que gana el maldito ministro de magia y te hubiera puesto al mando de más de la mitad de mi empresa y de todas sus actividades?
Vuelvo a intentar decir algo.
—D...
—Te contraté porque eres Hermione Granger, todo lo que tocas se convierte en oro y consigues que las cosas se hagan. Y ¿sabes qué? Me adherí a una regla Malfoy cuando te perseguí y seduje. Uno: Los Malfoy merecen lo mejor. No eres basura. Hasta mi padre lo pensaba; nacida de muggles o no, siempre dijo que eras la mejor... Y lo eres. Y este bebé también será el mejor.
—¿Eso es todo lo que te importa, Draco? Ser el mej...
—¡No! Eso no importa. No quiero a este bebé solo porque será el mejor; quiero al bebé porque lo hicimos juntos y no quiero que lo deseches como basura. No considero que nosotros ni nada de lo que vivimos sea basura, Hermione.
¿Q-U-É M-I-E-R-D-A?
Esas eran probablemente la frase que podría usar para describir cómo me siento ahora mismo, pero la verdad es que hay muchas otras palabras y emociones dando vueltas en mi cabeza que no puedo describir del todo. Estoy tan abrumada por sus palabras, tan impactada que apenas puedo respirar. Lo único que puedo hacer es quedarme aquí y dejar que lo que dijo se repita una y otra vez en mi cabeza, como un disco rayado.
¿Por qué lo hicimos juntos? ¿No somos basura? ¿Signifiqué algo para él?
Se hace el silencio cuando termina de despotricar; el único sonido es el de su acelerada respiración y mis suspiros temblorosos.
—¿Qué quieres decir con eso? —tartamudeo, tratando de encontrar la verdad.
—Da igual lo que quiera decir, diablos —escupe Draco con frialdad—. Ya tomaste tu decisión cuando no leíste la carta y ahora ya has decidido sobre...
—¡No puedes soltar algo así y no decirme lo que significa! —le gritó a casa.
—Eres la bruja más brillante de nuestra generación, averigua esa mierda. He terminado de intentar que entiendas lo que siento por ti. Se acabó.
Las lágrimas me nublan la vista.
—No quiero averiguarlo, mierda, Draco, ¡dímelo!
No dice nada, simplemente se aparta de mí; esa fue su última señal de rechazo. Aun así, me encuentro estudiando rápidamente al hombre enfadado que está de pie a menos de dos metros de mí, escudriñando cada cosa de él. Llego a la conclusión de que Draco no es el hombre que creía conocer. De repente me doy cuenta de que no sé nada de él. Es un extraño para mí.
—Draco, yo... —De algún modo, consigo encontrar mi voz a través de las lágrimas no derramadas, pero él no me deja decir nada más.
Con la imagen en la mano, se dirige hacia la chimenea, dejándome aquí, preguntándome cómo fue que todo terminó así. No sé por qué está enfadado. La enojada debería ser yo. Nada en esta noche había salido como yo pensaba. Se suponía que se burlaría y negaría su paternidad; creía que sería una decisión unilateral y fácil...
Y así, como todo entre nosotros, se complicó y se jodió.
Ahora no sé distinguir la izquierda de la derecha, arriba de abajo; todo me da vueltas y no puedo aguantar.
La presa se rompe y me encuentro temblando entre sollozos.
—¿Por qué? —hablo con voz quebrada, derramando lágrimas—. ¿Por qué no puedes ser sincero conmigo?
Justo cuando está a punto de tomar los polvos flú y meterse en la chimenea, Draco se congela y se da la vuelta; todavía estaba muy acalorado y lívido.
—¡Fui sincero contigo, pero no quisiste leer la carta! ¡Pero bueno! ¿Quieres sinceridad? De acuerdo —hace una pausa y me mira fijamente, pronunciando sus siguientes palabras con una intensa rabia tan—. Ni siquiera sé por qué mierda te estoy diciendo esto, pero déjame ser muy claro esta noche, Granger: eres la única mujer a la que he querido. Solo a ti. Siempre has sido tú.
Draco se acerca a la chimenea, deja caer el polvo flú y desaparece en un estallido de llamas verdes.
Cuando Ginny vuelve a casa una hora después, me encuentra en el suelo... Hecha un mar de lágrimas.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Segunda parte: Falta de comunicación
16 de agosto
La realidad se hunde y finalmente acepto la verdad.
Me equivoqué con Draco. Fui ciega y estúpida y me siento fatal.
Merlín, pasé tanto tiempo queriendo ser algo más para él, provocar algo más profundo en él. Pasé más de dos años deseando que mi nombre invocara emociones en él... Y es así. Siempre lo ha sido... Y yo no me daba cuenta de que ya era importante para él. Pero esta falta de comunicación no es algo de lo que pienso culparme, porque es culpa de ambos.
Yo no le di una oportunidad, no escuché lo que no dijo e ignoré todo lo que sí dijo. Me aguanté hasta que decidí cambiar mi vida para fastidiarlo.
Pero Draco no lo intentó, no bajó la guardia lo suficiente como para dejarme entrar y no transmitió... Bueno, ninguno de sus sentimientos. Lo contuvo todo hasta que estalló.
Puede que sean las hormonas o la angustia que siento, pero empiezo a llorar, lo que se convierte en fuertes sollozos en cuestión de segundos. Apenas puedo respirar mientras mi espalda se arquea y se hunde con cada lágrima. Me duele, y por alguna desconocida razón, deseo sentir más dolor; quiero que duela para así dejar de pensar en Draco y en sus malditas palabras. Quiero hacer que su imagen desaparezca de mi mente. Lloro hasta que me duelen los pulmones, se me acalambran los dedos y me duele la espalda.
—Shh. —Desde la silla junto a mi cama, la reconfortante voz de Ginny aplaca mis sollozos, reduciéndolos a pequeños suspiros que terminan en hipidos. Lleva ahí casi toda la noche, escuchándome despotricar y llorar—. Cálmate. —Me aparta el cabello del rostro mojado por las lágrimas—. Todo va a ir bien.
Realmente quiero creerle, pero me siento desesperada.
Frotándome los ojos, suspiro, salgo de la cama y me planto en mi escritorio, mirando la carta que Draco me envió hace dos meses.
Me muerdo las uñas, con ganas de tomarla, abrirla y leerla, pero de repente soy una cobarde.
Mi puerta chirría cuando Pansy la abre. Acaba de recibir el mensaje de Ginny y ha salido corriendo de casa de su madre en la primera oportunidad que tuvo. Se abalanza sobre mí y me abraza. Me aferro a ella con fuerza durante unos minutos antes de separarme.
—Espera a que ponga las manos...
Apoyando la mano en su hombro para detenerla, la interrumpo.
—Quiere al bebé... Y al parecer también a mí... O al menos lo hacía.
Pansy palidece y se queda boquiabierta.
—Lo sé —me río con pesar—. Puse la misma expresión que tú cuando me lo dijo.
Le tiembla la voz.
—¿Qué vas a hacer?
—Sinceramente, no lo sé. Es difícil. Una parte de mí piensa: olvídate de él y de lo demás y ten este bebé por tu cuenta. Y la otra parte dice: ¿para qué molestarse? Mi cabeza está hecha un lío, pero mi corazón... —Me quedo a medias, con lágrimas en los ojos.
Ella asiente cuando sus ojos ven la carta. Inmediatamente reconoce la letra.
—¿La has abierto?
—No creo que pueda, la tengo desde hace seis semanas, pero ahora me parece el momento adecuado para leerla. —Ginny se une a nosotras en el escritorio y la miro—. Léela tú, Gin.
—Pero...
—Por favor, no puedo hacerlo.
De mala gana, suspira, toma la carta y la abre, sacando el pergamino lentamente y desplegándolo...
Hermione,
Estoy seguro de que pasarán horas, días, semanas e incluso meses antes de que leas esto, pero si la estás leyendo, sé bien que tu curiosidad o tu sentido común le han ganado a tu terquedad... O tal vez hemos tenido una terrible discusión. No siempre articulo con palabras mis sentimientos y no siempre digo las cosas correctas en el momento adecuado, por lo que pido disculpas. No está en mi naturaleza expresar mis sentimientos verbalmente o ser sentimental, pero creo que deberías saber que no eres una amiga con ventaja, nunca lo has sido, al menos no para mí, y te pido disculpas si alguna vez te hice sentir así. No fue mi intención hacerte sentir menos de lo que eres. En realidad, significas mucho para mí, pero nunca he sabido a qué atenerme contigo. Creo que deberíamos empezar de nuevo y volver a intentarlo; quizás esta vez podamos ser sinceros el uno con el otro. Si quieres contactarme, ya sabes dónde estoy.
Draco Malfoy.
Nos quedamos en silencio durante lo que parecen horas.
Creo que todas hemos leído la carta unas seis veces cada una, como si fuéramos a encontrar secretos escritos entre líneas... Y no estoy de humor para eso. Cada vez que leo su carta, me siento como la mayor imbécil del planeta. Y luego me siento como una idiota por haberle hablado como lo hice. Y luego me siento estúpida y mala. Me siento como una perra y me duele la cabeza, el corazón y el estómago. Necesito olvidarme de todo esto.
Así que me levanto.
—Me voy a trabajar.
Ginny suspira.
—Herm...
—Necesito salir de esta casa. Me estoy volviendo loca.
Pansy habla, mientras deja la carta sobre el escritorio.
—¿Te sientes bien?
—No, pero lo estaré.
Ginny me echa una dura mirada.
—Bueno, prepararé algo para desayunar…
—… Y iré contigo. Tómate las vitaminas.
Asiento con la cabeza. Realmente tengo a las mejores amigas.
Seis horas después, vuelvo a suspirar y me paso una mano por el cabello. Me encuentro bien. Tengo que creer que estoy bien y, mientras pueda creerlo, sé que al menos lo estaré. Tiene que estarlo. No tengo ninguna otra opción.
Ha sido un día ajetreado para mí y venir a trabajar es una de las mejores decisiones que he tomado hasta ahora.
Muchos pacientes, varias urgencias y algunos jugadores de Quidditch heridos... Todo eso debería significar que no tuve tiempo para pensar.
Y así fue, algunas veces.
Me siento la mujer más ocupada del mundo y aun así tengo demasiado tiempo para pensar en él, en este bebé y en todo.
En los segundos que espero en el ascensor, mi mente vuelve a la discusión frente a la chimenea. En los veinte minutos que bebo mi té y espero a la siempre tardía Pansy Parkinson, pienso en el día en que le di una bofetada. Estoy sentada junto a la mesa donde eso ocurrió. En la hora que tengo de descanso, mi mente se desvía hacia la ecografía que se llevó. De todos modos, no la necesito. Prácticamente, la he memorizado.
Haga lo que haga, parece que siempre está presente en mis pensamientos. Recorro casi todo el hospital y, aun así, no puedo escapar de los recuerdos...
Estoy revisando al paciente que estará internado de por vida cuando choco con fuerza con algo o, mejor dicho, alguien.
Sobresaltada, levanto la vista y veo a Theodore Nott.
Sonrío.
—Qué alegría encontrarte aquí.
—Sí, estaba visitando a mi tío. ¿Trabajas aquí?
—Sí, como Sanadora en el área de daños.
Él murmura.
—Siempre pensé que harías algo mejor.
Eso me hizo sentir ofendida, agraviada y hormonal.
—¿Qué mierda se supone que significa eso? Ser Sanadora es un trabajo muy gratificante e importante. Si no fuera por mí...
—Solo quise decir que siempre te imaginé como una dedicada trabajadora del Ministerio.
—Nunca trabajé en el Ministerio y, para ser sincera, nunca quise hacerlo. Eso se lo dejo a Harry.
—Ah, ¿así que siguen siendo amigos?
—Sí, claro, seguimos siendo mejores amigos, aunque hayan pasado tantas cosas. Ron también —siento que me emociono un poco al pensar en mis amigos. Maldito embarazo. Siento que mis ojos arden y me abanico repetidamente mientras pienso en todo. No los veo mucho porque estamos ocupados, pero cuando nos reunimos es como si nunca nos hubiéramos separado. La separación de Harry y Ginny hace que las cosas sean un poco más tensas, pero en general, no elijo bando. Ginny es importante para mí, al igual que Harry.
—¿Estás bien?
Me limpio los ojos.
—Sí, solo estoy un poco cansada.
«—... Y embarazada.»
Se acerca y su colonia me hace querer vomitar.
—¿Quieres ir a tomar un café o algo?
—Lo siento, no puedo. Estoy de ronda y mi turno aún no termina.
«—... Y no quiero que me menosprecien otra vez, muchas gracias».
Un destello de decepción recorre su rostro.
—Oh, bueno... ¿Te gustaría ir a cenar?
—De nuevo, lo siento, pero hoy mis amigas y yo vamos a ir a cenar juntas. Es una especie de tradición.
«—... Cosa que no haremos esta noche porque Pansy y Ginny tienen citas y yo tengo una cita con mi cama».
—Entiendo —otro rayo de decepción pasa por su rostro—. Bueno, ¿Y el viernes?
Pienso un momento en cómo salir de eso y se me viene e a la cabeza.
—Estoy de guardia nocturna.
«—... Lo cual es una total mentira».
Parece un poco ofendido.
—Empiezo a pensar que estás inventando excusas.
—¿Por qué iba a hacer algo así? —preguntó inocentemente, mintiendo descaradamente—. Soy una mujer muy ocupada, eso es todo.
—Ya veo —pero no parece creerme.
Sus actitudes me confunden.
—De todas formas, ¿por qué quieres pasar tiempo conmigo? —pregunto, cruzándome de brazos.
—Es fácil hablar contigo, me escuchas.
«—... Eso es todo lo que puedo hacer contigo porque no haces ningún intento por ocultar que no te importo lo suficiente como para escucharme».
Compruebo mi reloj; aún quedan cuatro minutos hasta que tenga que ver a mi siguiente paciente, pero tengo que irme, ya.
—Lo siento, tengo que ir a ver a un paciente. Nos vemos... —Le doy una sonrisa fugaz y me dirijo al pasillo, casi corriendo.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Tercera parte: Cena
21 de agosto
Ginny invita a Susan Bones y a Katie Bell a cenar después de un entrenamiento de Quidditch especialmente riguroso.
Todas somos muy buenas amigas, así que, con renovada energía, decido cocinar. Pansy casi se atraganta cuando le digo que voy a cocinar, pero está siendo dramática, como siempre. Mientras Ginny les enseña nuestro departamento, Pansy y yo picamos verduras para el arroz frito con verduras que estoy preparando. De vez en cuando, mira el horno para echar un vistazo al pollo.
Satisfecha, vuelve a picar.
Pansy toma otro pimiento.
—¿Cómo estás?
—Bien... Excepto que esta mañana vomité en el florero de un paciente, pero lo limpié antes de que alguien se diera cuenta.
—¡Qué asco! —exclama Pansy, palideciendo.
—No pude evitarlo —me rió entre dientes al recordarlo—. Era el jarrón o sobre el paciente.
Pansy se ríe y utiliza su varita para empezar a cocinar el arroz. Cuando se inclina sobre mi hombro y me hace la gran pregunta.
—¿Ya te has decidido?
Me encojo de hombros.
—No del todo. Mi corazón dice que me lo quede y mi cabeza dice que no.
Por suerte, ella cambia de tema.
—Hoy he hablado con Blaise.
Mis oídos se agudizan ante la mención del mejor amigo de Draco, pero mi respuesta es muy vaga.
—Ah, ¿sí? ¿Cómo está?
—Oh, él está bien... Draco, por otro lado...
Mirándola, enarco una ceja.
—¿Qué pasa con él?
Pansy no me mira, sino que se dedica a cortar verduras mientras habla.
—No está de buen humor. Despidió a una chica que intentó coquetear con él y se niega a contratar a alguien para que ocupe tu puesto, así que está trabajando más, ya que hace tu antiguo trabajo y el suyo. Blaise dice que es un desastre, el negocio no, él. Draco le contó... Lo del bebé. Le mostró la ecografía y todo. Parecía orgulloso. Blaise dice que quiere que te quedes con el bebé, Hermione.
Para ser honesta, eso me sorprendió.
No es de los que se enfurecen, ni de los que se sinceran con sus amigos y no es de los que pierden la calma por cualquier cosa. Pero también perdió la calma en mi salón, así que supongo que no puedo estar segura de lo que sé sobre él. Sabía que estaba molesto, pero no esperaba que fuera corriendo a contárselo a Blaise. La verdad es que estoy tan aturdida por todo esto que no soy capaz de responder.
Sigo picando pimientos y cebollas... Y cambio de tema.
—Leí todos los folletos que me dio el médico, también fui a la biblioteca, investigué sobre ambas alternativas... Y sí, le dije a Draco que había tomado mi decisión, ojalá no lo hubiera hecho, pero estaba tan enojada con él.
—Bueno, estoy segura de que tomarás la decisión correcta.
Una voz habló desde la puerta.
—¿La decisión correcta sobre qué?
Miro a Katie por encima del hombro y le lanzo una sonrisa, respondiendo rápidamente.
—Sobre si servir helado o galletas para el postre.
Katie me mira incrédula un momento antes de poner una sonrisa en su rostro, entrar y echar un vistazo a la cocina, se asoma por encima de nuestros hombros para ver lo que estamos haciendo.
—Bueno, galletas con helado me parece bien... ¿Necesitan ayuda?
—¡Que no se acerque al fuego! —grita Ginny desde la otra habitación y en un instante tanto ella como Susan están de pie en la puerta—. Ese es mi único consejo; que no se acerque a la estufa.
Mi ceja se alza.
—¿Hay algo que deba saber sobre Katie y las estufas? —me limpio las manos con un paño de cocina.
Katie mira con enojo a la sonriente Ginny y a Susan, que niega en silencio con la cabeza, antes de responder obstinadamente.
—¡No!
Vuelvo a intentarlo.
—Umm... ¿Kate?
—Fue solo un pequeñísimo incendio.
—Ah, ya veo —miro alrededor toda la comida y luego vuelvo a lo que estoy haciendo—. ¿Qué tal se te da cortar verduras para el arroz frito? —me alejo para ofrecerle el trabajo. Ginny asiente con la cabeza y Susan sonríe.
—Creo que puedo manejar un cuchillo... —Katie se sonroja—. Ah, y gracias por no preguntar por el incendio.
Sonrío.
—No hay problema.
Por supuesto, la descarada de Pansy sonríe.
—Bueno, si ella no lo hace, lo haré yo. ¿Qué pasó con el incendio, Kate?
—Había un sartén, grasa que estallaba, una hamburguesa y muchas llamas —sacude lentamente la cabeza como traumatizada por el mero recuerdo—. Fue muy feo.
—Lo sabemos —Ginny sonríe y hace un gesto hacia ella y Susan—. Estábamos allí.
Suelto una carcajada. Se siente tan bien reírse de algo, porque últimamente no hago nada más que llorar.
Nos sentamos a cenar veinte minutos más tarde. Mientras todas parlotean y beben su vino, yo picoteo mi arroz frito con verduras y el pollo, bebiendo té dulce descafeinado.
—¿Qué tal estuvo la fiesta de Parvati? —le pregunta Ginny a Susan, dando un sorbo a su vino.
Todas fuimos invitadas, pero yo no me encontraba bien, Ginny no quiso ir y Pansy tuvo una cita. Katie, al parecer, tampoco asistió. Creo que lo que más me sorprende es que Susan asistiera. Siempre ha sido callada y un poco sentimental, incluso en el colegio. Con los años, hemos llegado a la conclusión de que, en cualquier acto social, podremos encontrar a Susan pegada a la pared, observando a todo el mundo y rehuyendo cuando algún hombre le pedía bailar o algo así.
—No estuvo mal —asegura Susan—. Incluso baile.
Todas nuestras expresiones son de puro asombro, pero la voz de Pansy resuena entre todos nuestros jadeos.
—¿Lo hiciste?
Complacida por nuestra sorpresa, asiente con entusiasmo.
—No bromeo. Me quedé tan sorprendida como ustedes cuando me sacó a bailar. Bueno, no me lo pidió exactamente. Fue más bien una declaración —Susan está descaradamente emocionada y tiene ganas de que sepamos todos los detalles de la noche anterior—. Él fue arrogante y él sabía que no aceptaría si me lo pedía, ni que caería en sus brazos o algo así por arte de magia. Y, oh, Merlín, cuando puso sus manos en mis caderas. Estaba en las nubes.
Katie levanta las manos.
—¡Espera un maldito segundo, amiga! ¿Quién es él? ¿Y qué quieres decir con que te puso las manos en las caderas? ¿Estaba coqueteando? —dice la última pregunta burlonamente, contenta por su amiga.
—Jaja, ojalá —Susan ríe—. Probablemente, moriría de un ataque al corazón si lo hiciera…
Exasperada, Ginny levanta las manos.
—¿Quién fue?
Sonríe.
—Dean Thomas.
Si antes no estábamos conmocionadas, ahora estamos completamente atónitas. Ginny parecía confusa. Katie abrió sus ojos a más no poder. Pansy se ahogó con su vino.
Mi mandíbula está prácticamente sobre mi plato.
—¿Dean Thomas, el chico guapo? ¿Dean Thomas, el exnovio de Ginny? ¿Lo dices en serio?Susan asiente.
—Estaba hablando con Ron y Seamus, me miró, se acercó y me dijo si quería bailar.
—Vaya.
—Sí, había mucha gente de Hogwarts. Blaise Zabini, Theodore Nott, Michael Corner, Cho Chang, Justin Finch-Fletchley, Lee Jordan, Harry y Ron también estaban…
Ginny se tensa, pero pasa desapercibido para todas, excepto para mí.
—… Y Draco Malfoy también estaba allí…
Esta vez yo me tenso.
—¿Qué estaba haciendo allí? Odia las fiestas —comenta Pansy, con expresión de confusión.
—Yo lo vi. Miró a su alrededor un segundo, habló un momento con Blaise y se fue. Fue muy raro.
—Sí —Pansy me mira desde el otro lado de la mesa—. Muy... ¿Era como si estuviera buscando a alguien?
Le doy una patada por debajo de la mesa y ella hace una mueca de dolor, pone mala cara y me mira con enojo.
Susan chasquea los dedos.
—De hecho, sí.
Hago una mueca cuando me encuentro con la mirada de Pansy. Nuestros ojos se cruzan, ella sonríe maliciosamente y yo miro mi plato. No sé a dónde quiere llegar y no voy a averiguarlo. Intento darle otra patada, pero fallo y me rindo, bebo agua y me aseguro de darle a Pansy una mirada mortal.
Katie sonríe y, tras unos minutos de silencio, vuelve su atención hacia mí.
—Hermione, ¿cuántos meses tienes?
Escupo el agua por todo mi plato... Y por el de Pansy también.
Susan jadea.
Ginny se ríe.
Katie sonríe.
Pansy salta literalmente de su silla.
—¡Qué demonios, Hermione! ¡Estaba comiendo eso!
Me sonrojo y toso hasta el punto de atragantarme.
—Lo siento, Pans —ella suelta un bufido jocoso y lleva nuestros platos a la cocina mientras Ginny me palmea la espalda hasta que recupero el aliento y le sonrío tímidamente a Katie, que me mira con curiosidad—. No, yo no...
—Oh, mierda, sí que lo estas. Me puedo dar cuenta.
—¿Cómo puedes...?
—Mi hermana tiene siete hijos. Me doy cuenta antes que nadie. Estás bebiendo té descafeinado en vez de vino, estás picoteando tu comida, odias el perfume de Susan que decías amar hace tres meses y estás como resplandeciente...
Bueno, estaré de...
—Tengo unas nueve semanas, creo.
Susan jadea.
—Hermione, ¿estás embarazada de verdad? Wow, ¡eso es genial! Felicidades.
—Gracias, pero no estoy segura si me lo quedare.
—¿Por qué no? —pregunta una horrorizada Susan Bones.
—Por muchas razones. Tengo una o dos semanas más para tomar una decisión.
—¿Qué piensa el padre?
—Quiere quedárselo —respondo entumecida—. O eso dijo la última vez que hablé con él.
—Eso es bueno, ¿verdad? ¿Quién es?
Pansy vuelve a entrar en la habitación y se sienta, retorciéndose las manos inocentemente. Ginny y yo intercambiamos miradas antes de contestar.
—Prefiero no decirlo... Para ser sincera. Realmente no quiero que esto se sepa, en caso de que decida abortar.
—Podemos mantenerlo en secreto, ¿no? Podemos hacer un Voto Inquebrantable, si quieres.
Mi ceja se levanta. Bueno, eso es un poco demasiado.
—Eso no será necesario.
—Prometemos no contarlo, ¿verdad, Kate?
Ella levanta la mano y la pone sobre su corazón.
—Lo juro.
—Ustedes dos no pueden contárselo a nadie —veo que asienten con la cabeza. Respiro hondo y suelto—. Draco Malfoy.
El sonido de la copa de vino de Susan rompiéndose contra el suelo resuena en mis oídos.
Cuando se recuperan del shock, me hacen un millón de preguntas.
¿Son novios?
¿Crees que cambiará de opinión?
¿Cuándo te enteraste?
¿Cuándo se lo dijiste?
¿Qué dijo cuando se lo contaste?
Evidentemente, Katie dijo que siempre pensó que había algo entre nosotros dos, pero no sabía exactamente qué.
Me alegro de haber satisfecho su curiosidad.
Tengo que informar a Susan de que no, no estamos saliendo y no, ni siquiera estoy segura de querer este bebé.
Ella me dice.
—Entre tu intelecto e ingenio y su carisma, este bebé será lo más cercano a la perfección humanamente.
La miro como si ella estuviese loca y luego me río mientras tomo mi té.
¿Perfecto? Creo que no. Está claro que los dos somos personas muy estúpidas.
Después de que Susan y Katie se marchan, ambas juraron fidelidad y que mantendrían esto en secreto. Ginny amenazó con hechizar a cualquiera que lo contara; las tres nos sentamos en la terraza de nuestro departamento. Ellas bebían daiquiris de fresa y yo agua... Con limón para darle un toque divertido. Esta noche hacía calor. La noche estaba calurosa y extrañamente húmeda. El aire era diferente, pero al menos había una ligera brisa.
La ciudad está tranquila... Y nosotras también.
—Hoy le escribí a Luna —Ginny rompe el silencio—. Le conté todo lo que ha pasado... Cree que deberías quedarte con el bebé.
Tomo unos tragos de agua con limón.
—¿Crees que debería quedarme con el bebé?
—Esa no es mi decisión.
—Tienes razón, pero ¿me darías tu opinión? La tuya también, Pans.
Pansy y Ginny intercambian miradas; casi parece que discuten en silencio sobre a quién le toca hablar.
Finalmente, Ginny lanza una mirada severa y Pansy suspira.
—Bien, bien —gime y me mira—. Ginny y yo... Creemos que deberías quedártelo. Será divertido tener un bebé por aquí y me gusta mucho la idea de ser la tía Pansy —sonríe de solo pensarlo—. Y el bebé no se quedará sin padre. Sé lo que sientes por Draco, pero no será un padre ausente y creo que eso ya lo sabes. En cuanto se calme, sabrás que volverá a discutir contigo sobre el bebé hasta que se le ponga el rostro de color azul.
Miro al cielo. Ella tiene razón.
—Lo sé. De hecho, he estado esperando que aparezca y me grite hasta que decida quedármelo. Creo que la discusión que tuvimos en la que él intentó convencerme de que me quedara con el bebé, lo hizo muy evidente. El problema no es él. El problema soy yo —admito en voz baja y con lágrimas en los ojos—. Para ser sincera, estoy completa y absolutamente aterrorizada de convertirme en madre.
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Naoko Ichigo
----- CHAPTER BREAK -----
Disclaimer: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J.K. Rowling. La historia pertenece a Inadaze22
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Capítulo cinco
Primera parte: Mi error favorito
23 de agosto
A mi madrastra le encanta limpiar.
Le gusta demasiado limpiar, más que cualquier otra cosa, y realmente desprecia el desorden y la suciedad de cualquier tipo.
Ella y Draco se llevarían de maravilla.
Anne sistematiza todo. Es obsesiva a un nivel casi patológico. Organiza la ropa de todos los armarios por colores y texturas; ni siquiera el armario de los abrigos se salva de su ira. Clasifica las servilletas según su grosor y color. Ordena las películas por mes y año de estreno. Y no me hagan hablar de los muebles. Creo que ya he dejado claro mi punto de vista.
Durante mis veranos cuando estaba en Hogwarts, las pocas semanas que pasaba en la casa, recuerdo despertarme cada mañana y encontrar que una o dos habitaciones estaban completamente diferentes de cuando me acosté. Siempre veía a Anne sentada en el sofá o en el suelo de la habitación que había cambiado y que deliraba sobre lo mucho que le gustaba alinear su chi o alguna otra basura que leía en libros de autoayuda o de decoración. Me recuerda un poco a Trelawney por su forma de actuar.
«—Mira dentro de tu mente, mira con tu ojo interior... Por favor».
Nunca fallaba: tres días después, siempre eran tres; se quejaría y volvería a reorganizar todo.
Aun así, me considero una persona organizada, como ella, pero no tan extrema. En realidad, Anne cree que, de alguna forma, se me ha contagiado su dedicación a la perfección y su insaciable necesidad por el orden, pero eso es una mentira. Limpiar me da una sensación de logro y orgullo. Y organizar es como resolver un rompecabezas. Es una especie de catarsis para mí. Nadie puede decirme cómo limpiar, ni siquiera mi padre, a quien le gusta decirme cómo hacer las cosas, incluso cómo vivir mi vida.
Hoy, antes de salir para la casa de mis padres, me levanté al amanecer y limpié todo el departamento desde el techo al suelo; en parte utilizo magia y también limpio a la antigua usanza, con agua y jabón. Y cuando llego, puntual, Anne me recibe con un plumero en la mano; obviamente estuvo haciendo lo mismo que yo.
—Oh, Hermione, llegas justo a tiempo. Acabo de terminar de limpiar y estoy a punto de servir el almuerzo —se toma un momento para examinar mi atuendo y su sonrisa muestra su aprobación—. Te ves de maravilla con ese vestido.
Ann lee demasiadas novelas románticas del siglo XVIII y está obsesionada con la caballerosidad y con enseñarme cómo actúan, caminan, hablan y visten las damas de bien... Estoy segura de que, si fuera por ella, organizaría una fiesta con hombres de traje y peluca, y que las mujeres llevarían corpiños con vaporosos vestidos, elegantes tocados y abanicos adornados. Quiere que sea tan educada y sofisticada como la gente de ese siglo, bueno, como la gente en esas novelas.
Buena suerte con eso; estos días estoy en esta interminable montaña rusa emocional.
Cuando me abraza, tengo que usar toda mi fuerza de voluntad para no vomitarle encima. El perfume que lleva es absolutamente horrible. Huele como si hubieran rociado un vertedero con ambientador de vainilla. Se echa hacia atrás y sonríe, demasiado alegre.
—¿Sentiste mi perfume? Es maravilloso, ¿verdad?
—Extremadamente —respondo secamente, sintiéndome un poco débil—. ¿Dónde está papá?
—En el salón.
—Disculpa —le doy una última sonrisa y salgo de la cocina tan rápido como me permiten mis pies. Odia que la gente corra en casa.
Mi padre está exactamente donde ella dijo. En el salón, que tiene un aspecto completamente distinto al de la última vez que estuve aquí, está sentado en su sillón azul favorito; Anne lleva años intentando deshacerse de aquel sillón. Está viejo y polvoriento e incluso yo no logro verle el valor sentimental, pero es su favorito y no discuto con eso. Sus ojos están fijos en el televisor que está emitiendo un especial sobre la historia de la odontología; en estos momentos habla de los dentistas en la Edad Media.
Cuando papá me ve desde su visión periférica, pulsa el botón de pausa del televisor, se levanta y me atrae para darme un abrazo.
—Cuánto tiempo sin verte, Hermione.
Siempre dice eso, pero por nuestra salud y seguridad, intentamos vernos cada tres meses, a menos que suceda una emergencia. No es que tengamos una mala relación. Simplemente, no es muy buena. Nuestras conversaciones no suelen durar más de quince minutos.
En quince minutos solo alcanzamos a decir: “¿cómo estás?” y luego de eso pasamos al territorio en el que él me dice lo que debería hacer con mi vida.
—He estado un poco ocupada con el trabajo, papá.
—Oh, tu nuevo trabajo. Leí eso en tu carta. ¿Cómo te va?
Vivo demasiado lejos para venir de “pasada”, así que las cartas y las escasas llamadas telefónicas nos sirven.
—Va bien.
—¿Qué es exactamente un Sanador?
—Es el equivalente mágico a un médico —le explico—. Tengo pacientes, atiendo urgencias, curo a la gente con magia, hago rondas y eso.
Se le ilumina el rostro.
—¿Así que eres como un médico?
Sonrío ante su emoción.
—Sí.
—Maravilloso.
Mi padre siempre ha tenido grandes ambiciones para mí. Estoy segura de que, si lo dejara, me diría cuál debería ser mi carrera, quiénes deberían ser mis amigos, qué tipo de auto debería conducir y con quién debería salir. Siempre ha creído que soy especial, más de lo que todos creen que soy, así que cuando recibí mi carta de Hogwarts, quedó extasiado al comprobar que su teoría era cierta. Brilla de orgullo cuando se me escapa que la gente me llama la bruja más brillante de mi generación.
Ahora, estando en la casa, siento que me asfixio. No sé cómo va a reaccionar ante la noticia de mi embarazo, si es que decido contárselo. Anne es más predecible que papá. Probablemente, se marchará y nos dejará para que hablemos, discutamos o posiblemente nos matemos. Es pacifista y, para ser sincera, creo que nunca la he oído levantar la voz. Papá, en cambio, es un enigma. Nunca sé cómo va a reaccionar. Solo espero que, si se lo digo, apoye cualquier decisión que tome. Pero en el fondo, sé que se sentirá decepcionado. Es como si esperara que fuera perfecta y responsable, que no cometiera errores y que no hiciera estupideces. Pero si nunca cometo errores, ¿cómo se supone que voy a aprender? ¿Cómo voy a vivir? ¿Cómo es que voy a crecer?
Quiere que siga teniendo diez años y sea inocente para siempre, pero no soy como la imagen que tiene de mí.
No creo que papá pueda entender todo por lo que he pasado o el hecho de que soy mucho más madura que la mayoría de la gente de mi edad.
Piensa que solo soy un cerebro andante y no cree que pueda cocinar mis propias comidas sin su ayuda.
En serio. De vez en cuando, Anne envía un paquete con comida con una nota que dice: “Para asegurarme de que comas bien”.
Ginny gritó la primera vez que abrió uno de los paquetes.
Después de eso, siempre lo tiraba a la basura antes de que alguien lo viera, porque le traen recuerdos y unos muy desagradables. Verán, Anne es una inventora... A la que le gusta cocinar. Esa es una muy mala combinación. A ella le gusta poner un montón de mierda junta para ver si combinan... Por lo general no es así.
Anne sale por la puerta de la cocina sosteniendo un sartén humeante y con guantes para el horno. Si llevara un enterito, luciría como esos hombres que trabajan con residuos peligrosos de los hospitales muggles. Pone el sartén en el centro de la mesa, mira la comida con adoración y junta las manos antes de quitarse los guantes.
—Espero que les guste. Es lasaña de soja y tofu.
La miro con escepticismo mientras ella pone un poco en un plato para papá.
Mi estómago se agita y no en el buen sentido.
Por supuesto, pone una cantidad enorme en mi plato.
Mi tenedor toca la masa blanda de la lasaña y me reconforta un poco ver que la comida no ha derretido el tenedor... Aún. La picó con el tenedor y miró a mi papá, que se la está comiendo como si estuviera buena o algo así. Es ahora o nunca, así que tomo un poco, cierro los ojos y me meto el tenedor en la boca.
Al principio la pruebo para ver si no me derrite los dientes, pero es inofensiva. Excepto por el sabor. Me cuesta tragar, pero lo hago. Abro los ojos y veo la mirada esperanzada de mi madrastra.
—Mmm...
—¿De verdad te gustó?
Sabe a estiércol de vaca. Bebo un largo trago de agua antes de picar la “lasaña” con el tenedor. No sé si tengo la fuerza y la voluntad para comer más y así proteger sus sentimientos.—Oh, está maravillosa.
—¿Quieres ensalada?
La ensalada sonaba como una buena idea. Al menos hasta probarla. No quiero ni saber lo que tengo en la boca; es algo crujiente y viscoso, pero lo mastico con cuidado y trago todo antes de intentar sonreírle a Anne.
—Sabe bien.
—Yo misma hice la vinagreta —me informa con una sonrisa.
Eso lo explica todo. Utilizo todas mis fuerzas para concentrarme en la tarea de mantener una expresión seria. ¿De qué demonios hizo la vinagreta? ¿Una mezcla de animales atropellados con una pizca de muerte para conseguir ese agradable sabor ácido? Después de unos peligrosos bocados más, finjo saciedad y se lleva el plato a la cocina.
—¿Has visto el salón? —me pregunta Anne.
Doy un sorbo de agua; es probablemente la mejor parte de la comida.
—Sí.
—¿Qué te pareció? Ha cambiado desde la última vez que estuviste aquí.
«—Rápido, inventa algo. Sé que ha cambiado, pero no sé qué».
—Es muy... —empiezo, haciendo movimientos con las manos, intentando pensar en una palabra y rezando para que sea acertada—. Reconfortante...
Ella hace gestos de felicidad.
—Eso es exactamente lo que quería. El Feng Shui para el alma dice que la clave de una habitación confortable es un camino despejado. Entonces el chi fluye y la mente se relaja.
No tengo ni idea de lo que está hablando.
—Es fascinante.
—Deberías probarlo en tu departamento.
—Por supuesto, lo haremos —miento.
Papá se excusa durante unos quince minutos para salir, probablemente, para fumar. Lo curioso es que mi padre te dirá que no es un fumador; eso no es verdad. No cuenta esas noches en las que se fuma dos o tres cajetillas mientras Anne no se entera de nada, pero yo lo sé. Solo fuma cuando necesita pensar, o eso dice. No cree que cuente, pero si ponen uno de esos anuncios contra el tabaco, emite un gruñido de apoyo como si estuviera pensando en escribir una carta felicitando a la Fundación Antitabaco o como mierda se llame.
Es propio de él creerse inmune a los errores, que es intachable.
—Entonces, ¿qué hay de nuevo contigo? —Anne pregunta durante el postre, el cual he decidido saltarme. Es una especie de cheesecake del que no me fío. Papá está de vuelta; lo engulle como si nunca hubiera comido cheesecake en su vida... Quizá el tabaco le ha debilitado las papilas gustativas.
Me encojo de hombros para disimular la tensión.
—No mucho, estoy cansada. Mañana estaré de guardia por 24 horas.
—Eso es mucho tiempo —comenta, levantándose de la silla para ir a la cocina—. ¿Alguien quiere vino?
Me han ofrecido tanto vino desde que me enteré de que estoy embarazada que mi respuesta es automática.
—No, gracias.
Anne me mira, angustiada.
—Pero es tu favorito. Lo compré para ti. Incluso lo he enfriado como a ti te gusta.
Intento suavizar la situación sin revelar nada.
—Lo siento mucho, Anne, pero no estoy de humor...
—¿Para tu vino favorito? Vamos, solo bebe una copa —intenta tentarme.
Por supuesto, con firmeza me atengo a mi respuesta original.
—No, no quiero. Estoy de guardia.
—Sí, mañana y es solo una copa, hoy.
Mi irritación relampaguea.
—Mira, Anne, no quiero una maldita copa de vino.
Parece bastante aturdida por el tono de mi voz. Ahora está a punto de llorar y me siento culpable por haberla atacado. Anne frunce el ceño.
—¿Por qué no?
Papá también levanta la vista y me mira con curiosidad.
—Sí, ¿por qué no?
Mi mente entra en pánico, pero estoy demasiado irritada como para temer revelar este secreto.
—Porque no puedo.
Parece que ninguna respuesta les basta. Papá me mira divertido.
—¿Y por qué no puedes?
—¿Por qué eso sería de tu incumbencia? —refunfuñó sombríamente.
—Porque soy tu padre... Y tú eres asunto mío. Entonces, ¿por qué no puedes beber vino?
Mi frustración llega al máximo. No soy asunto suyo; no he sido asunto suyo desde que tenía dieciocho años. Quizá desde hace más tiempo.
—Estoy esperando tu respuesta, Hermione Granger.
Golpeo la mesa con el puño, los platos repiquetean y los sobresalto a los dos.
—Bien, ¿quieren saber por qué no puedo tomar vino? —mis palabras salen antes de que pueda pensarlo—. Es porque estoy embarazada... Así que, si me hacen un favor, déjenme en paz antes de que mis hormonas, que ya están alteradas, me vuelvan loca y vuelque la mesa o me ponga a llorar.
Anne se queda boquiabierta.
Incómoda con el tenso silencio que invade la habitación, Anne, sin decir palabra, se escabulle para esperar a que pase el monzón que está a punto de empezar en este comedor. Papá se limita a sacudir la cabeza, decepcionado. La mirada que me dirige me hace querer hacerme un ovillo. No estoy acostumbrada a que me mire con tanto pesar, como si hubiera cometido un error imperdonable. Niego con la cabeza y me muerdo el labio con fuerza, pero no hay forma de evitar que caigan las lágrimas. Malditos cambios de humor.
—¿Estás qué? —El frío de sus palabras hace que un escalofrío me recorra la espina dorsal.
—Estoy embarazada... —Repito, temblorosa, intentando que mi voz suene más fuerte—. Apenas tengo unas nueve semanas...
—Bueno —habla mi padre después de otro momento de silencio con un encogimiento de hombros—. Puedes abortar, ¿no? Estás en el momento adecuado. Solo tienes que ir y deshacerte de eso, tener más cuidado y seguir adelante con tu vida.
Sus palabras me hacen tambalear. Hasta el punto de que solo puedo quedarme allí sentada, conmocionada e indignada porque me haya dicho eso... Y en mi cara. ¡No lo puedo creer! Es la primera persona que me lo dice tan cruelmente, tan directa y descaradamente, casi con desdén. Como si este bebé no importara, como si fuera una molestia que se interpone en el camino de su hija y su vida perfecta. Nunca pensé que reaccionaría así y de repente me siento disgustada. Me repugna y me duele que mi padre, el hombre que me dio la vida, sea la única persona que no está entusiasmada con este bebé ni con la idea de ser abuelo.
Apenas puedo ver por las lágrimas que se agolpan en mis ojos, suplicando ser derramadas, y estoy temblando. Se me quiebra la voz.
—No es tan fácil, papá.
Da un sorbo a su bebida.
—Claro que lo es, Hermione. Nadie quiere un bastardo. Quizá dentro de un par de años...
Siento que mi cuerpo se pone rígido.
—Bueno, quizá sí —cruzó los brazos con obstinación.
Con desdén, levanta la mano.
—Adelante, hazlo. Arruína tu vida.
—Tengo mucho dinero ahorrado de mi último trabajo. Tengo veintiún años y no hay ninguna razón por la que no pueda tener a este bebé. Soy adulta, es mi cuerpo y haré lo que...
Congelada, me doy cuenta de repente de que he tomado una decisión.
—No sabes nada sobre ser madre.
—En primer lugar, sé más sobre ser madre que tú sobre ser padre —le gritó enfadada—. Los padres no apartan a sus hijas cuando ellas los necesitan. Los padres simplemente no alejan a sus hijas.
—Herm...
Mi corazón se acelera mientras sigo despotricando.
—En segundo lugar, ¡no estaré sola! Este bebé tiene un padre que quiere estar en su vida; ¡un padre que está luchando por su vida! Me tendrá a mí, ¡al cien por ciento! Tendrá a mis amigos, que lo querrán como si fuera suyo. Este bebé ya tiene el mundo, papá, ¡y ni siquiera ha nacido!
—Por favor —se burla—. El padre te dejará por la próxima puta que encuentre y entonces, ¿dónde estarás? Con veintiún años, un bebé y un montón de mierda. Ningún hombre quiere eso, Hermione.
—Eso no lo sabes —estoy temblando de rabia.
—Esperaba algo mejor de ti, Hermione. Esto no es propio de ti, eres responsable, eres inteligente...
—¿Crees que yo quería que pasara esto? ¿Que lo hice a propósito? ¿Crees que esto fue planeado? No. No soy perfecta, papá, y no puedo estar a la altura de esa imagen perfecta que tienes de mí. Sí, hice algo estúpido. Este bebé fue un error, pero empiezo a pensar que es un buen error; el mejor que he cometido.
—Sé razonable... Deshazte de eso.
Las lágrimas se derraman por mis mejillas.
—No.
—Entonces no quiero que vuelvas aquí hasta que hayas tomado la decisión correcta. Al final, verás que tengo razón... Y quizá cuando seas madura y estés casada, puedas tener un bebé de verdad.
La barrera se rompe y mis hombros tiemblan por los violentos sollozos.
—¡Es un bebé de verdad! Si mamá estuviera viva...
—Pero no lo está, ¿verdad? Te he criado desde pequeña... Solo me tienes a mí.
La determinación que he reunido detiene mis lágrimas.
—Te equivocas. No solo te tengo a ti. Tengo amigos. Amigos que me conocen mejor que tú. Me tengo a mí misma... Y ahora tengo a este bebé. Y, ¿sabes qué, papá? Es todo lo que necesito. Me ha ido bien todo este tiempo y me seguirá yendo bien sin ti.
Mi silla cae al suelo cuando me levanto bruscamente. Tengo el rostro enrojecido, el pulso acelerado y la cabeza palpitante por su ataque hacia mi persona y sus críticas a este bebé.
Tiro la servilleta a la mesa y salgo furiosa de la habitación hasta la puerta principal, sin siquiera mirar atrás, dando un portazo tan fuerte que se rompen las bisagras.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Segunda parte: El naufragio de un día
No hay tiempo para gritar ni para correr... Lo único que puedo hacer es prepararme para el impacto que sé que se avecina.
Todo sucede muy rápido.
Acabo de salir de la desastrosa comida y, tras salir a toda velocidad, ciega de ira, recupero la compostura y voy más despacio, pensando ante todo en la seguridad de este bebé.
Mentalmente, he hecho una lista de cosas para hacer: comprar vitaminas prenatales, ir a la librería a por todos los libros sobre embarazo, buscar un obstetra, darle la noticia a Pansy y volver a casa para leer todos esos libros. Pero es curioso cómo la vida interrumpe todos tus planes.
Escucho un chirrido de neumáticos, el impacto del lado del pasajero, el violento crujido de metal contra metal hace que mi auto caiga en picada. Agarro el volante con todas mis fuerzas mientras el auto da vueltas por toda la carretera. Voy dando tumbos hacia delante. Mi cabeza choca con el airbag, que se despliega y, por la fuerza del golpe, me estrello contra la ventanilla, que se hace añicos de inmediato. Me hago para atrás. Creo oírme gritar.
La gente dice que el instante entre la vida y la muerte es el que muestra más claridad. Se lo he oído decir a Harry, que ha estado más cerca de la muerte que nadie. Intento no ser de las que se preocupan por cosas minúsculas o debaten sobre las curiosidades del mundo. Si me lo permito, estoy segura de que puedo llegar a ser esa persona. La vida, ahora mismo, es exactamente lo que es: vivir. No la doy por sentada, no más que cualquier otra persona de mi edad, pero no le presto suficiente atención.
Hasta ahora.
Dando vueltas en una espiral descontrolada, mi visión está borrosa y, aunque sé que hay sol, no lo veo. Todo lo que puedo hacer es aferrarme a la vida. No soy religiosa, pero mientras doy vueltas, rezo. Rezo para que este bebé esté a salvo. Ahora lo tengo todo claro. Sí, este bebé es un error, pero creo que en mi corazón siempre he querido quedármelo. Creo que es mi mente la que finalmente ha aceptado la decisión. Y entonces se acabó y un entumecimiento que recorre el cuerpo. Una parte de mí grita de dolor, pero estoy demasiado mareada como para saber exactamente dónde me duele.
Gimo y respiro entrecortadamente, deseando calmarme. Hay cristales por todas partes y estoy cubierta de fragmentos que brillan a la luz del sol. Maldita sea. Hay mucha luz... No puedo evitar pensar que no debería haber tanto sol en un momento como este. No importa, estoy feliz de estar viva. No tengo que mirar a mi alrededor para saber que mi auto es un desastre. Eso tampoco importa. Nada importa, excepto la seguridad del bebé.
En el momento en que decido quedarme con el bebé, ocurre algo como esto y ahora estoy atrapada entre lágrimas que no puedo derramar y trozos de cristal en mi cabello.
Me cuesta mantener la calma. No puedo pensar en nada excepto en el bebé. No me preocupo por mí. Solo me importa mi bebé... Y me doy cuenta de que estoy pensando como una mamá. Me siento como una madre. Soy una madre.
Así que, por el bien del bebé, me impongo calma, me siento y respiro. Inhalar y exhalar.
Un hombre pelirrojo se acerca corriendo a mi ventana rota y al instante me pregunto si será pariente de los Weasley.
—¿Estás bien?
Inhalo. Exhalo.
Noto que empieza a formarse una multitud en la acera.
«—Mantén la calma, Hermione, mantén la calma».
—Sí —hablo despacio—. Creo que sí. Me duele la cabeza.
Me pone una servilleta en la cabeza, me duele un poco y hago una mueca de dolor.
—Estás sangrando. ¿Cómo te llamas?
—Hermione... Hermione Granger.
—Bueno, ojalá nos hubiéramos conocido en mejores circunstancias, pero soy Ted, soy instructor de yoga y ahora mismo, lo mejor que puedes hacer es mantenerte muy tranquila. Mi mujer está llamando a emergencias.
Suena como un instructor de yoga y puede que no lo conozca y que no lo vuelva a ver, pero ahora mismo, me siento aliviada de que esté aquí conmigo. Hay algo en él que me reconforta y tranquiliza, su presencia y su voz. Me encuentro relajada, cierro los ojos momentáneamente, pongo la mano en mi estómago.
—Bien, lo estoy.
Inhalo. Exhalo.
A continuación, una mujer rubia y delgada se acerca corriendo a la ventanilla, con un teléfono en la oreja, hablando frenéticamente.
—La operadora quiere saber si tienes alguna enfermedad preexistente, señorita...
—Shelly, cariño, se llama Hermione... Y estamos tranquilos.
—Sí, está calmada —respira hondo y actúa con seriedad, aunque le tiembla la voz—. Todos están en camino. Hermione, ¿tienes alguna enfermedad preexistente que debamos conocer?
—Estoy embarazada de nueve semanas.
Shelly jadea audiblemente.
La tranquilidad de Ted se rompe por un momento y murmura.
—Mierda.
«—Bien dicho, Ted, bien dicho. Yo estoy pensando lo mismo».
Encuentra su tranquilidad y doy gracias a Merlín por ello porque, si él se altera, yo también lo haré.
—De acuerdo, vamos a seguir tranquilos, ¿entendieron?
Sí, voy a mantener la calma. Inspiro y exhalo, cerrando los ojos para ralentizar mi ritmo cardíaco. Voy a mantener la calma. No enloqueceré. Oigo los tacones de Shelly tintinear contra el pavimento mientras se aleja y le cuenta a la operadora exactamente lo que le he dicho y creo que le están dando consejos. Ted sigue sujetando firmemente la servilleta en mi cabeza.
Todo queda en silencio. Ahora mismo no lo soporto. Necesito que alguien me hable. Que alguien me hable y me distraiga.
—Ted —habló con la voz temblorosa—. ¿Puedes decirme qué pasó?
—Estábamos justo detrás de ti. Ni siquiera vi el otro auto hasta que se saltó el semáforo y te golpeó. Creo que el otro tipo está borracho. Ahora mismo está desplomado en su asiento; creo que alguien lo está vigilando, para asegurarse de que no huya.
Shelly vuelve rápidamente.
—Me han dicho que no te muevas hasta que ellos lleguen. ¿Hay alguien a quien quieras llamar?
—No me sé de memoria el número de nadie —rebusco en mi bolsillo tan suave como puedo y extraigo mi teléfono—. Pero tengo mi teléfono.
Con un suspiro de alivio, abro mi teléfono. Quedan dos barras. Gracias a Merlín. Me tiemblan los dedos al buscar el botón de marcación rápida a Ginny; rápidamente pulso el botón y me acerco el teléfono a la oreja. Vuelvo a mirar el auto destrozado e intento que no cunda el pánico. Tengo que hacer esta llamada. Tengo que hacerlo.
La multitud de curiosos crece. Oigo algunos gritos entrecortados.
De repente, me siento asfixiada.
Ted murmura.
—Calma, mantén la calma.
Me limito a asentir, aunque siento que estoy perdiendo los nervios.
—Quizá debería hacer la llamada por ti, Hermione —habla Shelly—. Quizá tienes algún traumatismo craneal, una hemorragia interna o algo así. ¿Estás segura de que estás bien?
«—Oh, ¿así que ahora Shelly es doctora?»
—Estoy bien, de acuerdo. Mantendré la calma... —Ojalá, Ginny, conteste el maldito teléfono.
—Probablemente estás en shock.
Sé que estoy en shock. No puedo sentir nada, excepto este latido sordo en mi cabeza donde Ted sostiene la servilleta.
—Shell, ahora no, ¿bien? Estamos tratando de mantenerla tranquila; no hay que alterarla metiéndole ideas en la cabeza, querida.
—Tienes razón.
Finalmente, oigo la voz de Ginny murmurar un rápido hola.
Está en una cita, lo sé, pero me alivia tener a alguien conocido con quien hablar.
—Gin, soy yo. Tuve un...
Por supuesto, ella me interrumpe.
—Hermione, ¿le has dicho a tu padre...?
—Se lo dije. Más bien se lo grité —sacudo la cabeza y vuelvo al tema en cuestión—. Pero eso no importa ahora, en serio, tuve un accidente y estoy en mi auto. Necesito que vengas muy rápido porque creo que me estoy quedando sin energía y voy a enloquecer.
Ginny empieza a entrar en pánico. Lo oigo en su voz y en su respiración.
—¡Mierda! ¿Dónde estás?
Abro la boca para contestar, pero me doy cuenta de que, con todo el alboroto, los giros y las volteretas, no tengo ni idea de dónde estoy. Mantén la calma. Mantén la calma. Ginny grita.
—¡Hermione tuvo un accidente! —lo que no me ayuda a mantener la calma. En vez de eso, cierro los ojos y hablo despacio—. Deja de gritar, Gin. Voy a darle el teléfono a un tal Ted para que él te diga cómo llegar, ¿bien?
—Bien, espera, ¿estás bien?
—No me estoy muriendo —son las últimas palabras que le digo a Ginny antes de entregarle el teléfono a Ted. Mantengo mi respiración tranquila mientras escucho cómo le dice a una frenética Ginny dónde estamos.
Cuando cuelga, me devuelve el teléfono, riéndose ligeramente.
—Tu amiga está muy nerviosa.
—Sí, se preocupa por mí.
—Obviamente, ¿estás bien?
—Sí —estoy intentando no entrar en pánico.
Oigo las sirenas y mi cuerpo se relaja un poco.
Antes de que pueda decir algo, Ted se mueve y de repente en su lugar aparece un ángel; es un bombero. Que inmediatamente se arrodilla.
—¿Estás bien?
Un poco frenética, le respondo.
—Sí, estoy bien. Me duele la cabeza, pero necesito saber si mi bebé está bien.
Le silba a alguien.
—Tráeme eso —y vuelve a mirarme—. ¿Cuánto tienes?
—Nueve semanas.
—Bien —me pone con cuidado el collarín, me desabrocha el cinturón de seguridad y, despacio y con cuidado, me saca del auto y me tumba en la camilla. Comienza a atarme las piernas para mantenerme inmóvil en caso de haber sufrido una lesión grave. A continuación, revisa el auto y desaparece.
Rápidamente lo sustituyen dos médicos. El miedo y el pánico se apoderan de mi pecho y creo que no puedo respirar. Ya no veo a nadie. Ted y Shelly se han ido. Desde mi posición, puedo ver la gravedad del accidente. Mi auto... Mi auto está completamente destrozado. No queda nada del lado del pasajero. Está aplastado hasta el punto de quedar irreconocible.
Se desata el caos.
—Voy a necesitar que responda algunas preguntas...
—Despejen. Tenemos que asegurar la escena...
—En qué punto...
—Tu nombre es...
—¿Tiene dolor abdominal?
Mi cabeza late fuerte y no solo por el dolor, sino por la ansiedad. Estoy al límite.
Ha sido un accidente grave. Me dicen que tuve mucha suerte. La gente que sufre este tipo de accidentes no sale tan bien parada como yo. Se sorprendieron de que no tuviera ningún hueso roto. Pero, ¿y si el bebé…? No, no puedo permitirme pensar así, no ahora. Sobre todo, cuando no sé nada. Quiero gritar, maldecir y decirles que se den prisa y me lleven al hospital, pero, de algún modo, consigo responder a la pregunta del paramédico mientras el otro llama por radio al hospital más cercano. Tengo heridas en los codos, la cabeza y las rodillas, pero no sabrán nada hasta que me hagan la ecografía.
Me estremezco, pero mantengo la calma cuando me aplican peróxido y vendan los cortes y rasguños; me ponen hielo en el corte de la cabeza, que probablemente necesite suturas. Pienso en un remedio mágico... Uno que no implique puntadas.
Cierro los ojos para aliviar mi dolor de cabeza y pronto siento una mano en el hombro.
—Estoy aquí —Ginny me sostiene el hielo de la cabeza y quiero echarme a llorar del alivio que siento—. Estoy aquí, ¿bien? Deja que hagan su trabajo. He llamado a Pansy y se reunirá con nosotras en el hospital, ¿de acuerdo?
Me limito a asentir y finalmente dejo que las lágrimas rueden por mis mejillas.
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Tercera parte: No hay yo en la palabra equipo
—Oye, vamos a entrar, Mione. —Pansy me rodea firmemente con los brazos mientras Ginny abre la puerta de nuestro piso con la varita. Pansy me ayuda a pasar el umbral de nuestra puerta—. Seguro que tenemos un buen baño relajante para ti.
—No tienen que hacer esto. Yo puedo...
Tanto Ginny como Pansy me miran con reproche, pero es Ginny quien habla.
—Hermione, sabes tan bien como yo que no debes estar sola ahora. Deja de ser tan terca y déjanos ayudarte.
—Sí, Mione, te queremos —sonríe Pansy—. No estaríamos aquí si no fuera así. Ahora, vamos a limpiarte. Todo ese cristal en tu cabello me está poniendo nerviosa. No hace falta que te lastimes más. —Pansy me suelta, saca su varita y, con un movimiento rápido, todos los cristales desaparecen—. Así está mejor.
Las sigo hasta mi baño, me siento en el inodoro mientras Ginny abre el grifo y Pansy saca varias toallas del armario. Pansy agarra mi bata del gancho de la puerta y me la tiende; niego con la cabeza.
—No quiero oírlo, Hermione. Chocaste con un conductor borracho, tu auto está destrozado y acabas de pasar la tarde en el hospital. Me alegro de que estés bien.
—Sí, pero odio ser una molestia.
Ginny me ayuda a ponerme la bata.
—No, tú harías lo mismo por nosotras sin pensarlo. Queremos ayudar. Para eso están las amigas.
Sonrío.
—Gracias, chicas... Por todo.
Me desnudo sin mediar palabra y me meto en la bañera, hundiéndome en el agua tibia y burbujeante que me alivia al instante.
—¿Chicas?
—¿Sí? —responden al instante.
—¿Pueden...? —cierro los ojos y trago con fuerza—. ¿Pueden quedarse?
Ginny asiente y se sienta en el suelo junto a la bañera mientras Pansy se sienta frente a Ginny.
—Estaremos aquí.
Pansy me mira.
—Sabes, está bien llorar. Ha sido un día muy largo.
No necesito más ánimos.
No pasa ni un minuto y ya no noto la diferencia entre el agua y mis lágrimas. Me quedo con la cabeza entre las manos mojadas, llorando hasta que no puedo más. Pansy y Ginny se sientan en silencio mientras lloro para sacarlo todo, el miedo que he sentido hoy, la preocupación, el estrés, el dolor, todo. Y cuando me limpio los ojos con las manos, disfruto de la sensación de estar purificada. Tomo aire y les sonrío a mis amigas.
—Me siento mucho mejor.
Ginny sonríe.
—Qué bien.
Pansy se levanta, va al lavabo y se mira en el espejo.
—¿Ha dicho algo el médico sobre el bebé?
Mis ojos se mueven entre Ginny y Pansy antes de que mi sonrisa se ilumine un poco.
—Que está bien y... Bueno, me lo quedaré.
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Notas: ¡Ahhh! La decisión ya fue tomada, se quedan con el bebé.
Naoko Ichigo
