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Buenas tardes y bienvenidos a esta nueva sección llamada Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, esposa de Hades, reina y señora del inframundo griego. Durante este mes de octubre os traeré un breve relato por día sobre alguna de las criaturas sobrenaturales que habitan este mundo. Algunos pueden ser reales y otros no, pero procuraré que sean aterradores en la medida de lo posible. Estoy segura de que muchos de vosotros conocéis a mi amiga Hela, reina de Helheim, hija de Loki y diosa nórdica de los muertos. Puede ser muy aterradora cuando se lo propone. El hecho que os voy a contar transcurre poco después de su liberación, cuando pudo volver a salir del Helheim tras tres mil años de condena y volver a Asgard. Es un hecho curioso, la verdad, pues el reino de Asgard se vio infestado de animales en estado de putrefacción deambulando por sus calles. Había desde pájaros pequeños y cuervos hasta lobos, ciervos y osos de gran tamaño. Nadie sabía de dónde habían salido ni que hacían allí, así que muchos de sus habitantes empezaron a pensar que habían sido maldecidos por la diosa, quién ahora descansaba en la gran choza de su padre en el centro de Asgard. Otros pensaban que habían salido con ella, acompañándola de vuelta al mundo de los vivos ahora que volvía a estar entre ellos. El gobernante y rey de Asgard, Odín, padre de todos, dictaminó que esos animales debían ser eliminados, ya que traían muy mal augurio al reino. Pero… ¿cómo te deshaces de algo que ya está muerto? No puedes simplemente asesinarlos. Encontraron ciertas dificultades con ello, ya que todos volvían, cada vez con menos carne y más hueso, y uno de los príncipes de Asgard, Thor, dios del trueno, era visto acompañado por dichas criaturas. Se detenía a acariciarlas y a jugar con ellas, enfadándose si alguien le decía algo por su comportamiento. Cuando Thor llevaba un tiempo rodeados de estas criaturas no muertas, su medio hermano Heimdall, guardián del Bifröst, decidió seguirle. Pocas palabras hay para describir su sorpresa cuando descubrió dónde se congregaban las criaturas. En la antigua vivienda del dios del engaño Loki, en la que su hija Hela vivía. Espió a través de todas las ventanas de la vivienda, esperando sacar algo en claro. Y así fue. Hela había empezado a soltar esas criaturas como venganza a Asgard por su condena con la aprobación de Thor, quién también deseaba venganza por el encarcelamiento de su amigo y compañero de armas Loki. Pero seguía trayéndoles de vuelta con su magia necromántica por una única razón. Su soledad. Esas criaturas no muertas, junto con Thor, eran las únicas que le hacían compañía después de su regreso al mundo de los vivos. Dejaron de ser numerosas tiempos después, pero aún puede verse alguna deambulando por el reino si la joven se siente sola. Este ha sido el relato de hoy, espero que os haya gustado. Nos vemos mañana con otro relato sobrenatural que deseo que os guste tanto o incluso más.
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Buenas tardes y bienvenidos de nuevo a los Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, reina de los muertos en la mitología griega. Para el relato de hoy nos vamos a la mitología de una religión aún vigente a día de hoy. Hoy les toca a los ángeles. Seguramente os preguntaréis por qué me he ido a una religión vigente para este relato en vez de usar a Thanatos o a Eros, quiénes tienen alas emplumadas. Bien, lo cierto es que hay mucha oscuridad rodeando a estos seres supuestamente puros creados por el dios hebreo. Incluso en sus propios libros sagrados se contradice. En algunos se dice que estos seres no tienen sexo, refiriéndose a los genitales, pero en otros se habla de criaturas nacidas de la unión de una mujer humana con un ángel, llamadas Nephilim, de gigantesco tamaño y que fueron erradicadas durante el diluvio universal. Pero también se discute el aspecto físico de los ángeles. Se habla de jóvenes de apariencia humana con alas, pero también de seres terroríficos con cientos de ojos, compuestos simplemente de alas o de anillos alados. Sea cual sea la descripción, todos son seres alados. ¿Y cuál es la verdad detrás de todo ello? Estáis de suerte, ya que una servidora tiene amigos arcángeles. Arcángeles caídos, por supuesto. Incluso en el relato de su caída hay oscuridad. Pero el relato de hoy no va de la caída, sino de los Nephilim en sí y la verdadera identidad de su padre. Porque no es otro que aquel nacido en la hora más oscura, segundos antes de las primeras luces del primer amanecer que dieron nacimiento al mismísimo Lucifer. Os estoy hablando del arcángel caído Samael. Ya en su nacimiento fue el arcángel más extraño y rebelde de todos. Piel grisácea, alas oscuras y genitales masculinos. Ninguno de sus congéneres, incluido Lucifer, nació con genitales. Cuando su creador quiso darse cuenta, Samael ya había huido del Cielo, mezclándose con los mortales que habitaban más allá de sus dominios. Decidió ignorarle, creyendo que volvería en muy poco tiempo, pero no podía estar más equivocado. Al tener un aura divina, los mortales le acogían en sus casas, permitiendo que se comiera su comida, vistiera sus ropas, e incluso que poseyera a sus esposas a placer. Para ellos era una bendición si la mujer quedaba embarazada de esa divina criatura cuyo nombre y culto desconocían, ya que creían que era alguna de sus divinidades con otra apariencia. Para cuando su creador se dio cuenta, los descendientes de Samael, los llamados Nephilim, se contaban por cientos. Fue personalmente a capturarle, saliendo por primera vez de la seguridad de sus dominios y sin saber si sería atacado por otra divinidad. Le llevó de vuelta al cielo y le encerró en una jaula dónde podía ver a sus compañeros mientras iba envenenando su mente. Cuando los ángeles, guiados por Lucifer, decidieron alzarse para hacer una inocente petición a su creador, el poder entender los sentimientos humanos, su creador abrió la jaula de Samael, haciendo que se uniera a esa “revolución”, provocando así un hecho violento que justificaría la consecuente caída al averno. Samael huyó también del infierno, sin permitir que sus compañeros caídos le vieran, y se refugió en lo que conocía, las casas de los mortales, quiénes no dudaron en darle cobijo. Pero pronto sabría lo que era la ira de su creador, con el diluvio que mató a sus hijos. El relato termina aquí, nos vemos mañana con otra historia igual de desconcertante.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, aquella a la que no te gustaría enfrentarte si la lías en el inframundo griego. Hoy volvemos a la mitología nórdica para hablar de gatitos. Concretamente gatitos fantasmales. Seguramente os preguntaréis por qué no me he ido a la egipcia, teniendo a Bastet, Sekhmet y los sacrificios de gatos que se hacían en su honor. Resulta que ambas son muy reservadas en cuanto a los gatitos que les eran ofrecidos como sacrificio, ya que sus almas contienen los deseos de sus fieles, así que mucho de estos animalitos no sé. Pero sí que he conocido a los de la diosa del amor, la belleza y la fertilidad nórdica, Freya. Bygul y Trjegul son los dos gatos, de la raza bosque de Noruega, de la diosa Freya. Son incluso un poco más grandes de lo normal, y a veces toman la forma de linces para tirar de su carro. También suelen asustar a cualquier hombre que se acerque a la diosa con intenciones de pretenderla, con una única excepción. Se supone que no puedo decir su nombre en alto aún, pero al hermano adoptivo de mi esposo le encanta meter cizaña con estas cosas y se me permite mencionar que es un dios centelleante. Hasta aquí puedo comentaros este asunto. El asunto es que, después de ciertos eventos que ocurrieron a consecuencia de la liberación del dios del engaño Loki, Freya empezó a encontrar más y más gatos en su casa. No sabía de dónde salían, pero, al contrario que Bygul y Trjegul, estos atravesaban paredes. Es bien sabido que ella también recogía almas de guerreros caídos en batalla, pero no de gatos. Sabía que no los dejaba ningún hombre, ya que sus gatitos ni siquiera reaccionaban a la presencia del intruso que podía traerlos. Otra de sus opciones era que los dejaran allí sus dueños, quiénes debían querer una “otra vida” mejor para ellos. Bygul y Trjegul no se hicieron extraños a esos gatos fantasma que no dejaban aparecer. De hecho, y para sorpresa de la propia Freya, les guiaban y enseñaban todos y cada uno de los rincones del palacio en el que vivían. También se encargaban de pedirles que no traspasaran las paredes para no asustar demasiado a aquellos vivos que aún habitaban el palacio. Viendo ese comportamiento, Freya decidió sentarse en las puertas de su vivienda, con un cuerno de hidromiel, esperando a quién fuera que le dejara esos gatos. Y apareció, ya lo creo que apareció. No era para nada a quién Freya se esperaba, ya que era la propia señora de los muertos, Hela, quién dejaba a los animalitos en la oscuridad de la noche. Al preguntarle el por qué le dejaba todas esas almas en su palacio, Hela explicó que esos animales habían sido regalados a doncellas recién casadas en su honor, y que tenía cientos de miles en Helheim. Consideraba que estarían mejor en Folkvangr, dónde Freya residía, al lado de la diosa a la que fueron ofrecidos. Eso le hizo tanta gracia a Freya que le dio acceso a su vivienda a Hela para que pudiera visitar a los gatos en cualquier momento, e incluso dejarlos a la hora a la que ella le apeteciera. Ese fue uno de los eventos que volvió a ambas diosas muy cercanas, ya que le permitieron a Freya el conocer mejor a Hela. Nuestro relato de hoy termina aquí, gracias por vuestra atención. Os veo mañana con otro relato con una criatura que quizás no os esperéis. Y, acerca de la identidad del hombre que ha encandilado a Freya, sólo tenéis que pensar un poquito. Sabéis quién es.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, la primera y última línea de defensa del inframundo griego, ya que nadie pasa a través de mí. Hoy os traigo otro relato repleto de oscuridad referente a ciertas sagradas escrituras que mencioné días atrás. Pero no vamos a hablar de ángeles, sino de los retoños de los primeros pobladores. Caín y Abel. Dos hermanos, uno mató al otro. ¿Sabíais que también tenían tres hermanas? ¿No? Pues ahora ya lo sabéis. Fueron borradas de la Biblia a saber por qué, ya que en las otras dos sagradas escrituras dónde sale esta historia ellas aparecen. Y también tienen otro hermano bastante más pequeño llamado Set. Pero hoy sólo nos centraremos en los dos mayores ya que la verdadera oscuridad está en el relato de la muerte de Abel. Abel conocía la muerte ya que era pastor. Debía sacrificar a su ganado para poder alimentar a su familia. Su hermano Caín aún no la conocía debido a que se dedicaba a cultivar la tierra y las plantas no tienen el mismo proceso de muerte que los animales. Había otra cosa que Abel conocía, y eso era el amor. Pero también conocía el rechazo, ya que su padre y el dios al que este adoraba les habían prometido a él y a Caín con sus hermanas. ¿Os parece turbio? Volved a leerlos la mitología griega, anda. Abel amaba a su hermano Caín. Y no me refiero al amor entre hermanos, me refiero a amor de verdad, ya que a Abel nunca le habían interesado las mujeres. El pobre no tenía mucho dónde elegir. O su padre o su hermano. Y Caín es todo un portento, incluso a día de hoy. Pero sabía que su padre y ese dios no iban a aprobarlo. Les había escuchado muchas veces hablar sobre el tema. Así que fue y le pidió a su hermano una única cosa. Que le pegara con todas sus fuerzas hasta que dejara de moverse. Le hacía feliz que fuera Caín quién se encargara de su final. Caín se negó. Claro que se negó. Adoraba a su hermano pequeño, jamás le habría hecho daño. Pero Abel iba preparado. Apeló a la rabia incontrolable que Caín le tenía a su padre y le provocó hasta que le pegó en la cara con una roca del tamaño de su puño. Y siguió provocándole hasta que se llevó su vida por delante. Pobre Caín, nunca quiso matarle… pero así lo había hecho. Su hermano podía haberse llevado su cuerpo, pero su alma seguía en el mismo sitio. Abel despertó, aterrado y sin visión en su ojo derecho. Ante él, una figura humanoide con doble cornamenta, patas de cabra y ojos de serpiente. A su lado, algún tipo de perro alado sin pelo que jamás había visto antes. Le ofrecieron un trato para devolverle a la vida y poder contarle a su hermano toda la verdad. Sabiendo lo que eso podía significar, Abel aceptó, pero pidió que le mandaran al lugar más inhóspito del mundo, allí dónde el dios de su padre jamás pudiera encontrarle. Esas criaturas aceptaron su petición. Lo siguiente que supo Abel es que estaba en el fondo del mar, veía en la oscuridad, podía respirar bajo el agua y que gran parte de su cuerpo era el de una gigantesca serpiente marina. Devoró a varias criaturas gigantescas para saciar el nuevo apetito de su nuevo cuerpo, y terminó convirtiéndose en el rey de las profundidades. No puedo revelaros si Caín y Abel han vuelto a encontrarse, pero si puedo contaros esta historia es por algo. Nos vemos mañana con un nuevo relato, posiblemente más cercano.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, aquella que ostenta el récord de victorias en el coliseo del inframundo. Sí, tengo a Cerberus conmigo. Sí, una de sus cabezas está intentando lamerme. Y está aquí porque hoy vamos a hablar de este chiquitito. Ya sé que no es chiquitito, quepo dentro de su boca. Pero hubo una época en la que lo era, y es una historia que he escuchado cientos de veces. Yo aún no había llegado aquí, Hades era muy joven. Tan joven que algunos lo confundieron con una bella doncella, pero él les confundió a todos sólo abrir la boca. Y, muy poco después de que él llegara, descubrió que este pequeñajo había sido abandonado en el inframundo. Era lo suficientemente mayor como para valerse por sí mismo, así que al principio Hades pensó que estaba perdido. No tardó mucho en saber que no había sido así, y Cerberus empezó a seguirle a todas partes en cuanto Hades le dio un poco de atención. En esa época cabía por todos los pasadizos y recovecos del inframundo, a día de hoy ya veis que no. Incluso había llegado a meterse en su cama, durmiendo a su lado. Crecía a tanta velocidad que ha mudado los dientes cientos de veces. Era fácil encontrarse sus colmillos por el inframundo. Muchos los usan como amuletos o han hecho tallas con ellos. Aquellos que llevan más tiempo aquí aún los conservan. No todo el mundo quiere volver al mundo de los vivos, ¿sabéis? Los que son dejados atrás se los queda Hades o alguno de los otros habitantes habituales del inframundo. Todas las representaciones de Hades que podéis ver a día de hoy en museos están basadas en las primeras esculturas que se hacían de él, cuando Cerberus era lo suficientemente pequeño como para no llamar la atención por otra cosa que no fueran sus tres cabezas. Había muchos que no lo notaban cuando era del tamaño de un Pitbull. Pero cuando adquirió un tamaño superior a un Gran Danés, siendo más alto que Hades, empezó a llamar mucho la atención. Si ya era raro ver a un perro de tres cabezas, ver a uno de más de dos metros de la pata a la cabeza era imposible. A causa de eso, muchos supieron quién era Hades cuando salía, y tuvo que dejar al pequeñajo atrás para que no le reconocieran. Fue Cerberus el primero que advirtió la naturaleza que apareció en el inframundo cuando yo nací, despertando a Hades para que lo viera. Era un hecho fuera de lo común, ya que allí no crecía nada aparte de un húmedo musgo por dónde entraba el Estigia y sólo en una zona muy pequeña. También fue el primero en recibirme cuando entré por primera vez al inframundo. Aún estaba mudando dientes en esa época, y uno de ellos le cayó frente a mí. Hades procurando que no me hiciera daño, y él lamiéndome entera con sus tres cabezas. No podía dejar de reírme de las cosquillas que me hacía. Eso tranquilizó bastante a Hades. Al fin y al cabo, Cerberus es como su hijo y el chiquitito lo considera su padre. Fue el único que se encargó de él. Este relato ha sido más tierno que aterrador, pero me apetecía traeros un poco de uno de los animales más conocidos de nuestra mitología y al que tanto adoramos Hades y yo. No sería lo mismo sin él aquí. Nos vemos mañana con otro relato, del que a saber lo que os voy a traer. Sólo yo lo sé, y tampoco os lo diré.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, aquella que una vez convirtió el inframundo entero en una selva de forma accidental. El relato de hoy contiene sombras, ya que es algo que, aunque no está siempre estipulado en ninguna mitología, es común en todo el mundo. Y precisamente por lo común que es, forma parte de algo muy superior a cualquier dios, criatura, o entidad mitológica que conozcáis. Pero para que podáis entender de dónde vienen esas sombras, debo presentaros primero a las entidades superiores. Están presentes desde el inicio del universo, siempre en la sombra, y muchos dioses canalizamos parte de su poder mezclado con el nuestro propio. Os estoy hablando de las verdades universales de la vida y la muerte. Os estaréis preguntando qué tiene esto que ver con las sombras. Pues es muy fácil, las sombras están relacionadas con la verdad universal de la muerte, a la cual conocemos como Death. Es la que más se comunica con el resto de nosotros, llegando incluso a forjar amistades. A la de la vida jamás la hemos visto. Lo que sí sabemos es que ambas verdades universales adquieren cualquier apariencia para mimetizarse con su entorno, siendo la humana la elegida por Death en estos tiempos. Las sombras, esas que veis constantemente, u os parece ver, y que os asustan desde la oscuridad de las calles o de vuestras casas, no son otras que las almas que habitan el reino de Death, a la espera de poder reencarnarse y volver al mundo de los vivos. Mayormente lo habitan animales, quienes no conocen las deidades a las que adoran los humanos, y también aquellos humanos que no creen en ninguna deidad. Porque, por mucho que no crean en lo místico, la muerte es una verdad universal y afecta a todos por igual. Pero también hay otro tipo de almas acechando en la oscuridad. Aquellas que aún no han sido recogidas por Death, y otras que han preferido quedarse a cuidar de sus seres queridos con su permiso. Pero no sólo hay almas en la oscuridad. También hay demonios a los que Lucifer y Lord, el gran señor de los demonios, no tienen bajo control. Demonios que suelen ir por libre, muchas veces inofensivos, pero mucho cuidado con ellos. No dejan de ser demonios. Además de todas esas, también hay almas tan ligadas al sitio en el que murieron que Death no ha sido capaz de recogerlas. La carga energética del sitio también interrumpe el trabajo de la verdad universal de la muerte, ya que incluso se le hacen dolorosos ciertos eventos de la humanidad dónde muchas vidas se han perdido de golpe. Siempre queda un pequeño residuo de sus vidas allí dónde han vivido y perecido. Residuos que Death es capaz de ver. Así que, ya lo sabéis. Si sentís una sombra en la oscuridad, sea dónde sea, es alguien vigilándoos. Un alma a la que Death aún no ha recogido. Posiblemente alguien que haya muerto recientemente, alguien que haya elegido quedarse, o simplemente vuestra mascota. Sólo id con cuidado si la sensación os parece mala, porque la sombra lo será. Y aquí dejamos el relato de hoy. Espero no haberos asustado demasiado con mis últimas palabras. Nos vemos mañana con otro relato, quizás un poco más especial que los anteriores.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, la que capturó a Teseo y Pirítoo cuando bajaron al inframundo para secuestrarme haciéndoles creer que yo era Hades. En el relato de hoy vamos a hablar de… sirenas. Concretamente de su horrendo canto. Sí, ya lo sé. Habéis escuchado que el canto de la sirena es algo precioso y que puede hipnotizar a un hombre, provocando que se lance al mar a buscar la belleza a la que pertenece dicha voz. Pues bien, para nosotras no lo es. Y lo digo muy en serio. Para las mujeres, las sirenas suenan muy desafinadas, con voces horribles y estridentes. Incluso ensordecedoras. Cuando bajaron aquí, al inframundo, le pedí a Hades que las encerrara en el sitio más aislado que tuviera en el Tártaro, que no soportaba su canto. Recuerdo que me miró extrañado, ya que él no escuchaba lo mismo que yo, pero entendió que no debían estar cerca de otros para que no les hipnotizaran. Me entendió milenios después, cuando éramos parte del círculo de amistades de una señora adinerada llamada Florence Foster Jenkins, la peor cantante de ópera de la historia. Hay una película sobre su vida protagonizada por Meryl Streep, si os da curiosidad. Lo peor de sus fiestas-recital era que no podíamos huir. Y pobre de ti que te taparas los oídos, Hades lo intentó más de una vez. No os lo esperabais, ¿verdad? Es lo que tiene que ciertas historias sólo las hayan vivido los hombres, y el hechizo de las sirenas perdura incluso grabando su voz. Y hasta aquí llega nuestro relato de hoy. Nos vemos mañana con un relato angelical.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, la que condenó a Pirítoo a brasas eternas. En el relato de hoy volvemos a hablar de ángeles. De hecho, de uno muy concreto. El amante de Lucifer. Ezequiel es posiblemente el segundo arcángel más bello creado por el dios hebreo. Él y Lucifer ya eran cercanos antes de la revuelta, y jamás dejaron de serlo a pesar de ser Lucifer un caído que había perdido por completo su divinidad, su brillo y el color flamígero de sus alas y cabello, volviéndose de un color cobrizo oscuro. En cuanto a Ezequiel, pasó a ser el más bello de los ángeles, con sus alas irisadas. Le hacía sombra al mismísmo arcoíris cada vez que las abría. Era la envidia de todos sus compañeros arcángeles, quiénes ni siquiera se acercaban a su belleza. El día en el que fue lanzado al abismo, parte de su luz y su color se apagaron, pero sus alas siguen siendo de las más bellas jamás creadas incluso sin esa luz tan característica. Y hasta aquí el relato de hoy, tampoco hay mucho más que contar. La parejita no me lo permite. Nos vemos mañana con otro relato también relacionado con ángeles caídos.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, la que permitió que Heracles sacara a Cerberus del inframundo haciéndole creer que era Hades. El relato de hoy lo protagoniza el hijo del arcángel caído Samael y la virgen María. Sí, habéis escuchado bien. Esos dos tuvieron un hijo, al que llamaron Judas. Un chico con una infancia difícil, creciendo sin madre y con un padre traficante. Pero hay una cosa que siempre le ha interesado, y esa es la tecnología. Estaba pendiente de cualquier avance, por pequeño que fuera, y después lo replicaba en casa con la ayuda de su padre. Nada hacía más feliz a Samael que contentar a su pequeño. Pero llegó un punto en el que Samael se vio incapaz de ayudarle. Los cables, los circuitos y los microchips son algo que Samael no termina de entender bien. Y mejor no le hables de sistemas operativos porque se bloquea. Pero el joven Judas… él sí que sabe de estas cosas. No sólo lleva toda la parte de la dark net de los negocios de su padre, si no que, además, ha programado todos los cortafuegos, los sistemas de comunicación internos, y los servidores de datos de los mismos. De cada gadget raro que sale, él se hace su propia versión que no está conectada a la mayoría de los sistemas internos de internet, e incluso los filtra. A pesar de todos estos logros, hay una cosa que el cerebro privilegiado del joven Judas no ha conseguido, y es que su padre se adapte a la tecnología. De alguna forma consiguió que cambiara un Nokia indestructible por un Motorola plegable poco antes de la entrada al mercado de los smartphones. Y Samael no quiere ni tocar un smartphone, parece un abuelo intentando entenderlo. Es divertido de ver. Sé que algunos os lo estáis preguntando y no, no es el Judas que traicionó a Jesús. Ese era otro. Nos vemos mañana con un nuevo relato, puede que cercano o puede que no.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, la torturadora principal del inframundo. El relato de hoy va sobre manzanas. Pero no de las doradas, pertenecientes a las Hespérides, ni de esta verde que tengo aquí a la espera de que Hades venga a por ella, no. Va de esta roja tan bonita y apetitosa. Apuesto a que a muchos os está tentando. Esta es una de las manzanas del Edén. Cuando el dios hebreo decidió hacer desaparecer el jardín del Edén del mundo mortal, lo transportó a sus dominios divinos con una única excepción. El manzano que lo presidía y que tan conocido es por sus fieles. Dicho manzano, al ser para él algo pecaminoso, fue enviado a lo más profundo del infierno junto con su serpiente. El pobre animal perdió su capacidad de hablar, pero defendió ese manzano de las fuerzas infernales con su vida. Un día apareció Caín quién, inmortal por un tecnicismo del dios de su padre, podía moverse libremente por los mundos de los muertos, incluido el infierno. Este decidió cuidar de la serpiente y su manzano, y le otorgó a la criatura el nombre de la mujer a la que más apreciaba. El de su madre, Eva. Todos conocemos a Caín a través de Lucifer, y todos hemos probado esas manzanas. Para vosotros, los mortales, pueden ser peligrosas. Son capaces de otorgar la inmortalidad a quién las coma, así como arrebatarles la vida. Y Caín suele destilar sidra con ellas, una que sólo podemos beber nosotros. Aún así, a veces se les ha concedido a los mortales el poder probarlas, ya que también son curativas en pequeñas cantidades. Hola querido. Mi reina, sabes que es la última. Ten, sé que la estabas buscando. La necesitaba de ejemplo. ¿Para tu relato? Hola a todos. Sí, para eso mismo. Y aquí llega nuestro relato de hoy, espero que os haya gustado. Nos vemos mañana con otro relato, del que tengo varias opciones. Ya veremos cuál hago.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, una de las pocas personas capaz de llevar de paseo a Cerberus. El relato de hoy va sobre brujas, pero hay tantas brujas en la mitología que no sé ni por dónde empezar. Circe, Hécate, Medea, Freya, Morgana, ciertas damas de Vanaheim, aquellas mujeres de las que se decía que obtenían poderes del mismísimo diablo y por cuya leyenda tantas fueron quemadas en la Edad Media, las sacerdotisas de los oráculos, curanderas de tribus indígenas, entre muchas otras. Demasiadas para nombrarlas aquí. Incluso hoy en día hay brujas, sólo debéis saber dónde mirar. Las brujas suelen tener aprendices a las cuáles transmitir todos sus conocimientos, quiénes van a pasarlos a la siguiente generación. Pero a veces aprenden las unas de las otras siendo ya brujas de pleno derecho. Y eso le ocurrió a la diosa Freya cuando empezó a tener conversaciones más largas con el dios Loki. Esa no os la esperabais, ¿eh? Loki es Loki, y se define como bruja, entre muchas otras cosas. Por algo también es la reina de hielo y la tormenta de Jotunheim. Freya aprendió muchas cosas a través de sus conversaciones con Loki, cosas que ni ella sabía. No tardó mucho en descubrir que el conocimiento infinito de Odín no podía compararse con todo lo que Loki sabía, ya que era muchísimo más de lo que Odín podía llegar a aspirar. Accidentalmente, Freya se convirtió en aprendiz de Loki. Ni siquiera se habían dado cuenta hasta que Thor lo mencionó, que parecían maestra y aprendiz, compartiendo conocimientos de magia como si fuera lo más normal del mundo. Hasta aquí nuestro relato de hoy. Nos vemos mañana con un nuevo relato, un poquito más monstruoso de lo normal.
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– Buenas tardes y bienvenidos a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, la forjadora más hábil del inframundo. Dime querido.– Aquila nos ha pedido ayuda para el disfraz de su especial de Halloween. ¿Tienes un minuto?– Puedo pasar el relato de hoy a mañana, no es un problema. Lo que no puedo es detener el directo ahora. Hades entra a plano, móvil en mano. Empuja una silla de despacho con el pie y se sienta en ella. – Dice que no tiene problema en entrar a voz en tu directo, mientras nuestros seguidores no les digan nada a los suyos – contesta Hades.– Creo que hay algunos de los suyos por aquí, no creo que quieran estropear la sorpresa.– ¿Hola? ¿Se me escucha? – pregunta Aquila al entrar a voz.– Te escuchamos querida. Dinos, ¿qué necesitas?– A ver… Quería vestirme como Hécate, pero claro… ¿Tienes tres ojos? ¿Tres cabezas? ¿Tres cabezas con tres ojos? ¿Qué clase de maquillaje usa?– Bueno, las tres cabezas sólo aparecen cuando está usando sus poderes, y el tercer ojo suele tenerlo cerrado porque algunos habitantes del inframundo se asustan con él – explica Hades.– Sí, ese ojo es un poco independiente – sigue Perséfone -. A veces mira para otro lado mientras Hécate habla contigo y tiene que echarle la bronca. En cuánto a maquillaje, suele hacerse algo que la haga parecer misteriosa, normalmente con colores oscuros.– Vale, apunto… – dice Aquila mientras escribe –. ¿Y la ropa? Supongo que colores oscuros como azules, morados, negro…– Últimamente le ha dado por el amarillo azafrán – suelta Hades.– ¿Amarillo?– Hace seis meses era el verde manzana.– Eh… Vale…– Cuando vivía aquí sí que eran azules marinos y negros los colores que llevaba.– Vale, gracias. Creo que con esto puedo apañar algo.– Si necesitas algo más, no dudes en pedírnoslo.– Entendido, gracias. Nos vemos. Aquila se desconecta y deja solos a los dos gobernantes. – Bueno, querido – dice Perséfone –, has invadido mi sección. ¿Cómo vas a compensarlo?– Me puedo quedar el resto del directo.– Por mí perfecto. Y al chat también le parece bien. Mañana sabréis cuál era el relato de hoy.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, aquella que puede derrotar a Aquiles en batalla sin tener que tocarle los tobillos. Muchas veces de un cabezazo. El relato de hoy trata sobre muertos vivientes. O zombies, si queréis llamarlos así. Muertos que vuelven a la vida los hay en todas las mitologías, algunos por mano divina y otros no. Y los hay que salen mejor que otros. Cuando Gilgamesh devolvió la vida a Enkidu no salió como esperaba, siendo este uno de los primeros zombies documentados, aunque en esa época no eran como los imagináis ahora. No se puede decir que los habitantes del inframundo sean zombies como tal, ya que tienen voluntad propia, pero sí aquellos reanimados por Hela para pelear bajo sus órdenes. Esos no tienen voluntad propia. Pero si queréis ver zombies de verdad, deberíais preguntarle a Lucifer. Lleva milenios encargándose de esas criaturas, creadas por rituales humanos que no sabían lo que hacían ni tenían toda la información. Suele esconderlos en catacumbas abandonadas, allí dónde los humanos no pueden encontrarlos, y siempre hay alguien vigilándolos. Pero hay rituales incluso más oscuros que esos, dando vida a criaturas mucho más aterradoras y despreciables. No queréis cruzaros con ninguna de esas, ya que muchas gozan de una larga vida devorando a humanos perdidos y desorientados dentro de las mismas catacumbas en las que están recluidas. Hasta aquí el relato de hoy, no me gustaría asustaros más de lo que ya lo estáis. De momento. Nos vemos mañana con otro relato más orientado a las profundidades.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, la única mujer capaz de hacer callar a los residentes más temibles del Tártaro con un simple puñetazo en la pared. El relato de hoy trata de una criatura marina a la que conocéis muy bien, la medusa. Os estaréis preguntando por qué os traigo algo tan normal como una medusa cuando estos días atrás he estado hablando mayormente de mitología y otras criaturas y elementos relacionadas con ella de una forma u otra. Pues bien, las medusas no son la excepción. Por eso volvemos a las profundidades marinas, dónde residen nuestros protagonistas, los habitantes de las ciudades hundidas. ¿Creíais que sólo estaba la Atlántida? Claro que no, hay decenas de ellas. Las leyendas de las sirenas actuales salen de estas criaturas, quiénes se esconden en lo más profundo de los océanos. Abel fue acogido por estas criaturas, quiénes le enseñaron a vivir bajo el mar. Uno de sus alimentos favoritos son las medusas, tan blanditas como una golosina y cuyos tentáculos usan para sanar sus heridas. El veneno paralizante les ayuda mucho. De hecho, Lilith cría medusas en su instituto de biología marina, situado en la isla de Maui, en Hawai’i, dónde ha ayudado a muchas de estas criaturas a recuperarse, aprendiendo sobre sus costumbres y remedios a pesar de no poder comunicarse con ellas. Aunque ella no sabía nada de Abel, ni siquiera le había llegado a capturar. No hace falta que os diga que hay cosas que yo no puedo revelar, pero con este relato y el anterior sobre Abel os podéis hacer una idea de dónde se encuentra ahora. Nos vemos mañana con otro relato. O quizás no.
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– Buenas tardes y bienvenidos a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, la que puede derrotar a los héroes de un cabezazo, y este es Hades, el principal cocinero del inframundo.– Mi reina, ¿hacía falta? – pregunta Hades mientras remueve una cacerola.– Pedí una compensación cuando entraste en mi directo.– Esta sería la tercera compensación.– Es posible… Tenía ganas de mostrar nuestra cocina.– ¿Y cómo cabe eso en tus relatos, mi reina?– Querido, ¿qué dios relacionado con la muerte tiene una cocina profesional de doce fogones?– Aaah… Me temo que sólo yo.– Pues eso. Además, estás cocinando cinco platos a la vez.– No, cinco no. Hay ternera con setas para Ares, guiso de pescado para Medusa, un bocadillo de pollo con bacón para Hermes, tres kilos de macarrones con queso, preparado para queso, dos costillares de cerdo en el horno y cuatro tipos de yogures en la nevera. Eso son siete. Ah, y los helados que he hecho esta mañana.– Cómo te adoro, mi alocado maridito. Perséfone le estruja las mejillas a Hades con una sola mano y él sonríe de felicidad. Al soltarle, Hades coge el bocadillo y lo plancha. Hermes entra por la puerta mientras Hades envuelve el bocadillo. – Ten, y compártelo con Iris – le pide Hades a Hermes –. Ya es más grande de lo normal para que lo hagas.– Vale, gracias papá – contesta Hermes –. Hasta luego mamá.– Diviértete peque – le dice Perséfone. Hermes sale de la cocina y entra Ares, recién duchado. Hades le sirve un plato de ternera y se lo da. Ares se sienta en la isla de la cocina y se lo come, ajeno a la cámara que lleva Perséfone en la mano. – Ah, Perseo – dice Hades al ver entrar a otra persona mientras separa la olla del guiso del resto –. ¿Te envía Medusa? Su comida ya está.– Me llevaré un plato para mí también – informa Perseo.– Muy bien. Hades le entrega dos platos a Perseo y este se va. Perséfone deja la cámara en uno de los estantes. – Hasta aquí el… descubrimiento de hoy. Espero que os haya gustado. Nos vemos mañana con otro relato.– Espera, ¿estabas en directo? – pregunta Ares, haciendo reír a ambos gobernantes.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, aquella a la que llaman diosa de la primavera, pero siempre preferirá ser la reina del inframundo. El relato de hoy va sobre espadas, y para ello nos vamos a Japón. Como sabéis, Japón tiene una larga tradición de espadas, remontándose incluso al inicio de su mitología. Voy a contaros sobre una de las más famosas y otra que no lo es tanto, pero que coincide en el tiempo con la primera. Yamata no Orochi, la serpiente de ocho cabezas devoradora de doncellas, forma parte de la historia de dichas espadas. Fue derrotada por el dios Susanoo, señor de la tierra y las tempestades, con una ingeniosa, pero a la vez simple, trampa con la que le cortó todas las cabezas una a una. Después troceó su cuerpo y se encontró en sus entrañas una espada capaz de cortar todo aquello que se le pusiera delante sin perder el filo. Esa es la legendaria espada Kusanagi, la espada que le permitiría a Susanoo volver al Altiplano de los dioses y salir así de su destierro. Pero Susanoo sabía que no les caía bien a los otros dioses por sus crímenes pasados, así que forjó otra espada con los huesos, la piel y la sangre de Orochi, en la cual también encerró el alma de la gigantesca serpiente. Una espada tan grande que incluso le costaba blandirla a causa de su pequeño tamaño en comparación con el arma que acababa de forjar. Habiendo abandonado, por voluntad propia esta vez, el Altiplano de los dioses, Susanoo conoció a un extraño viajero alado y de tez oscura. Era Lucifer, quién exploraba el mundo. Entrenaron juntos el inmenso poder que el dios poseía, quién creció hasta una altura gigantesca, siendo capaz de blandir la espada que había forjado con facilidad y calmando al fin su rabia. Aquí termina nuestro relato de hoy. Nos vemos mañana con una historia más cercana en el tiempo.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, madre adoptiva de Pegaso junto con Hades. El relato de hoy es un recuerdo de la Ley Seca de Estados Unidos, una época en la que Hades y yo empezamos a aventurarnos más allá de los mares que conocíamos. Aún conservamos la ropa de esa época, a veces nos la ponemos. Si vierais lo bien que le queda a Hades ese estilo, con sombrero y gabardina… y él no deja de repetirme lo preciosa que estoy con mi traje y el recogido que suelo hacerme. Nos dio un poquito por ir de detectives, metiéndonos en problemas con la policía, e incluso llegué a amenazar a Al Capone. Le puse una pistola en el cuello mientras lo agarraba de la gabardina. Me dijo que jamás había tenido una amenaza tan bella, palabras textuales. Y Hades siempre lucía aterrador, lo decía todo con la mirada, como cada vez que entraba una nueva alma al inframundo. Ah, cómo se echaba de menos esa sensación. A veces Lucifer nos tenía que sacar de algún lío. Entrábamos a escondidas en escenas del crimen de la mafia, o después de redadas en bares. Siempre había algún que otro cadáver por ver, o restos de sangre de la pelea o del tiroteo previos. Las subidas de adrenalina que eso nos daba en esa época en la que, como sabéis, no podíamos mantener cierto tipo de relaciones físicas eran… muy placenteras para ambos. No hace falta que os diga cómo cambiaron las cosas hace unos años, lo visteis. Hasta aquí el relato de hoy, otro día os contaré más de esa época. Quizás incluso convenza a Loki y a Lucifer para que vengan a explicaros cosas. Nos vemos mañana con un animalillo muy especial y que no esperáis.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, la que mandó a Medea al Tártaro por asesinar aquello que a mí me ha costado tanto tener, sus hijos. Sí, le guardo rencor por eso. Mucho rencor. Pero hoy no vamos a hablar de Medea, sino de ciervos. De un ciervo muy concreto. No, no es el ciervo de Cerinea. Se trata de un ciervo mucho más joven, al igual que su dueño, pero que tiene un tamaño mayor al de un ciervo común. Para este relato nos vamos a la antigua Valaquia, hogar del Vlad el empalador. Concretamente nos vamos a casa de su primo segundo del mismo nombre, quién fue convertido en vampiro a través de un ritual oscuro por su padre. En dicho ritual fueron sacrificados la madre y los tres únicos amigos de este Vlad, que apenas podía salir de la cama debido a una rara enfermedad. Sin saber lo que su padre había hecho, el pequeño fue a buscar a su madre y amigos para celebrar su milagrosa recuperación, pero no les encontró. Y cuando le preguntó a su padre… no le dijo que los había matado, pero casi, provocando así la ira de su hijo de diez años. Ahora llego al ciervo. El pequeño Vlad salió corriendo del palacio de su padre y se adentró al bosque. Estuvo días vagando, sin agua, sin comida y sin dormir. No lo necesitaba, hasta que le entró una sed tremenda. Podía escuchar los sonidos del bosque, todos nuevos para él, y encontró un riachuelo cercano. Estuvo bebiendo del mismo durante horas, y seguía sediento. Y ahí estaba, esa cierva moribunda a la que sólo quería devorar, con su bebé recién nacido. La devoró, por así decirlo. Se bebió toda su sangre, y después le ofreció parte de la suya al cervatillo por puro instinto. Ambos huérfanos de madre, no se han separado desde entonces. Hasta aquí el relato de hoy. Un día os traeré a Vlad para que os lo cuente bien. Nos vemos mañana con un relato un tanto mentolado.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, aquella cuya aura asusta a Zeus, aunque él no sabe muy bien por qué. El relato de hoy va de un cadáver que enterré en las tierras de mi madre, pero ella no lo sabe. Ya os he hablado otras veces de las supuestas amantes de Hades que no fueron, engañadas por Zeus para intentar separarnos. Vamos a ver, ¿a qué clase de persona se le ocurre decirle a otra que va a quitarle a su pareja haciendo que se enamore de ella? Pues eso hicieron ambas. Leuce entendió enseguida que no podía competir conmigo, no le salían las palabras en cuanto me miró a la cara, y pude ver el terror en sus ojos poco antes de convertirla en un árbol. Su reacción al vernos juntos, y que consiguiera colarse en el inframundo, hicieron que me compadeciera un poquito de ella y la dejara estar más cerca de Hades y de mí. Minthe fue un caso aparte. Ella vino a mí en las tierras de mi madre, dónde tengo que mantener las apariencias, mientras recogía la cosecha de peras de ese año. Me lo dijo con un convencimiento… que tuve que mirar qué cara hacía Hades, escondido arriba del árbol. Su confusión era la misma que la mía. La dejé hablar. Que dijera todo lo que tenía que decir mientras mantenía la compostura al mismo tiempo que le mandaba señales de que no saldría viva de allí si no se callaba. Hasta que me cansé y le arranqué el alma, convirtiéndola en una plantita de menta. Hades bajó del árbol y le pedí que se la llevara, que yo me encargaba de su cuerpo. Me negué cuando me ofreció ayuda, no quería involucrarle más. La enterré muy cerca de los cultivos. Cuando mi madre me preguntó por qué había tierra removida, le mentí diciendo que había encontrado unas semillas extrañas y quería ver qué salía de ellas. Me creyó. Hasta aquí el relato de hoy. Nos vemos mañana con un relato un tanto terrorífico.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, una de las pocas personas capaces de hacer reír a Caronte. El relato de hoy va sobre vampiros. Sí, volvemos con nuestro amigo Vlad, pero antes hay un par de cosas que debo aclarar. El mito actual del vampiro sale mayormente de la novela de Bram Stoker, Drácula, y de un cuento anterior sobre vampiros. Pero esos no son los primeros vampiros, ni Vlad Tepes lo era por sanguinario que fuera con su primo, que sí lo era. Las lamias podrían considerarse vampiros, y hay criaturas mucho más antiguas y menos conocidas que también lo son, las cuáles ni siquiera tienen un nombre para ser definidas o está prohibido pronunciarlo por su cultura. Vlad conoce a muchos de ellos por sus nombres, y cada uno tiene una historia muy diferente que contar. Los hay que incluso pueden caminar bajo el sol. Pero hoy no estamos aquí para ninguno de ellos, sino para otros mucho más jóvenes. Los pupilos de Vlad, descendientes de vampiros que han heredado sus poderes, aunque hiciera generaciones que nadie los tenía. Ah, ¿creíais que los vampiros no podían tener hijos al ser no muertos? ¿Quién ha dicho que todos estén completamente muertos? A todo hay excepciones, y no sabéis lo bien que sabe la sangre cuando… ¡Mi reina! ¡Te estoy escuchando! Perdonad, a Hades le da vergüenza que hable de nuestras intimidades. Vampiros nacidos de padres “humanos”, en eso estábamos. Vlad se encarga ahora mismo de unos veinte pequeños vampiros. Crecerán hasta la edad adulta, igual que él, y dejarán de envejecer, pero ya tienen sus poderes vampíricos. Los más jóvenes tienen una sed de sangre incontrolable, y Vlad les deja beber de la suya. De vez en cuando cambian su lugar de residencia, siendo los castillos que algunos de nosotros tenemos los elegidos para esconderse. Así se ahorran muchas preguntas incómodas, especialmente las referentes a la comida, dónde interviene cierto longevo ciervo. Hasta aquí nuestro relato de hoy. Nos vemos mañana con un relato relacionado con uno de mis títulos.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Hades, esposo de la diosa de la naturaleza del inframundo, además de su reina. Esta es mi cuarta compensación por interrupción. Que conste en acta que lo hace por gusto. Mi reina, déjame ser dramático. El relato de hoy va sobre las estaciones, ¿y quién mejor que yo, señor de los muertos, para contarlo? Sólo los que han estado alguna vez aquí abajo antes de que Perséfone y yo nos fugáramos saben que las estaciones en el inframundo solían estar invertidas. Como en el hemisferio sur del planeta, pero dentro de Grecia. ¿No me creéis? Vale, sí, estoy de broma. Las cosechas no se veían afectadas, pero sí que sus habitantes notaban unos ligeros cambios de temperatura, siendo más caluroso que afuera cuando Perséfone estaba y más frío cuando no. Básicamente porque el sol artificial que creé para que el inframundo no fuera tan frío reaccionaba a mis cambios de ánimo. Hoy en día eso ya no ocurre. ¿Qué por qué? Pues es muy fácil. Tengo a la primavera aquí escondida entre mis ropas, que es mi hija Petra. Princesa, ¿quieres saludar? ¿No? Vale. El verano es Perséfone, ya sabéis lo ardiente y apasionada que es. El otoño sería Altaïr, el hermano de Petra, y yo el invierno. ¿Y nosotros qué? Ares, tú y Hermes sois las tormentas y los huracanes, ¡par de locos! Bueno, lo que os decía. Yo soy el invierno porque no hay nada más frío que una deidad relacionada con la muerte. Frío cuando quieres, querido. Porque cuando ardes, eres muy ardiente. Mi reina, por favor. Mi directo, mis normas, ¿recuerdas? Pero el que está frente a la cámara soy yo. Cualquiera en el inframundo dirá lo arropadito que se siente contigo, querido. Ah… a eso te referías… Sabes que no llevo bien los cumplidos… Venga, termina, ya dejo de machacarte. Hasta aquí el relato de hoy. Espero que os haya gustado. Ahora le cedo el espacio a mi reina, la veréis mañana con otro relato de los suyos. ¡Hasta otra!
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, usuaria de espadas dobles y cadenas con ganchos en batalla. El relato de hoy va de una de las artes más desconocidas que practica mi querido esposo Hades. Ya sabéis que él es sastre y que ha hecho muchos de los vestidos que llevo, por no decir todos. Le habéis visto coser cientos de cosas en sus directos, sabéis lo mucho que le relaja. Pues también era su forma de mantener la mente ocupada cuando yo no estaba. Nadie en todo el inframundo tiene mejor armario que nosotros dos. Y Nyx, porque se los pedía a la que veía que ya no le quedaban ideas para mí. Este que tengo aquí es uno de los primeros muñecos de trapo que hizo. Es él, para que yo pudiera abrazarle cuando estaba con mi madre. Y Hades tiene uno mío por la misma razón. Hermes le proporcionó la lana para rellenarlos. Pero no nos limitamos a tenerlos sólo cuando estábamos separados, aquí abajo solíamos cambiarles la ropa si lo veíamos conveniente. Y aún los mantenemos cerca a día de hoy. Hades no ha hecho muñecos sólo para nosotros. Erik, el joven mortal que vive con Loki, también tiene uno con la apariencia del dios que lo acoge. Ares y Eros también tienen los suyos, quiénes representan aquellas personas a las que sus corazones pertenecen. Hace poco Thor le regaló uno a alguien muy especial para él, y Susanoo le pidió un par para su hijita. Uno de los peluches de carnero favorito de Hermes lo hizo Hades, y también uno que le regalé a Hestia con la apariencia de uno de sus avatares favoritos de sus videojuegos. Pero el más especial de todos, aparte de los nuestros, es el que hizo para Lucifer. Quiero contaros bien la historia de ese muñeco, así que la dejaré para otro día. Es más especial de lo que creéis. Hasta aquí el relato de hoy, espero que os haya gustado. Nos vemos mañana con un relato sobre uno de nuestros libros favoritos.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, aquella con la que todos los antiguos héroes quieren entrenar para medir sus capacidades. El relato de hoy va de grandes clásicos de terror. Pero… ¿del cine o de la literatura? Obviamente, nosotros hemos visto y leído de todo, así que los grandes autores no han conseguido asustarnos. También hemos hecho cosas peores que algunas de las relatadas en esas novelas y películas. Aún recuerdo la sonrisa de psicópata que se te quedó al arrancarle el alma a Minthe. Querido, ¿quieres unirte a mí? No, tengo que terminar de coser esto y me queda un buen rato. Como quieras. Estaré comentando fuera de cámara. Escritores como Poe o Lovecraft no consiguieron asustarnos, aunque tenemos conocidos que no durmieron durante semanas después de leer algunos de esos relatos. Novelas como Frankenstein fueron muy interesantes de leer, especialmente para nosotros, que conocemos la muerte. Recuerdo comentarla con Hela. Drácula es de las favoritas de Vlad, a veces se ve reflejado a sí mismo en el personaje. No hay novela de vampiros que no se haya leído, por mala que sea. Crepúsculo aún le da escalofríos. No me lo recuerdes, querido. No me lo recuerdes. De hecho, Vlad pudo comentar Drácula con su autor. Carrie es una de mis favoritas, hace salir mi vena más psicópata. Noo, que vaaa… Querido, puedo oler tu sarcasmo. Hehe. Y de La Divina Comedia sacamos los nuevos nombres para las cabezas de Cerberus. Aunque algunos digan que es de Devil May Cry. Querido, ¿te acuerdas de Lucifer en esa época? Sí, no podía dejar de reírse al leer el infierno y el purgatorio. Pero le encanta la novela. Así que ya lo sabéis. Si queréis asustar a un inmortal que ha leído y vivido de todo, deberéis buscar de todo. Algo que a vosotros os dé tanto miedo que no podáis soportarlo. Y aún así no lo haríais. Hasta aquí nuestro relato de hoy. Mañana toca un directo especial, así que esta sección también lo será. Nos vemos mañana desde un escenario distinto.
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– Buenas noches y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, vuestra Nefertiti de confianza. Y esa preciosa bailarina del balcón es Hades.– ¡Estamos en casa de Lucifer! – anuncia Hades mientras Perséfone gira.– Al fondo de este pasillo que ahora hay tras de mí está la puerta al infierno, en la última de las habitaciones. Y la belleza de piel oscura que se acerca es el mismísimo diablo.– Los niños ya duermen, así que aprovechad para hacer lo que tengáis que hacer – informa Lucifer –. Por cierto, los cuernos son falsos. Los ángeles caídos no tenemos cuernos.– Apuntad este dato que nos entrega nuestro fénix primigenio.– ¡Oye!– Estoy de broma. O no…– No te enfades, Lucifer, ya sabes cómo es – le recuerda Hades.– Estaremos un ratito corto, que Loki ya está sacando el alcohol del armario.– No, que va – dice Loki, subido en la encimera de la cocina, a quién Perséfone enfoca.– No se ve desde aquí, pero se ha hecho un maquillaje, pronunciado transformación, en la otra mejilla dónde se le ve casi todo el interior de la boca. Y a veces saca la lengua por ahí. Loki no dice nada, sólo acumula botellas de alcohol en sus brazos. Perséfone gira la cámara para enfocar al resto de los asistentes. – El japonés de dos metros vestido de su fantasma tradicional es Susanoo – explica Perséfone –, Vlad no se ha complicado demasiado…– Voy de mi primo – aclara Vlad.– Exactamente. Ezequiel combina con Lucifer, Hela simplemente ha permitido que su cuerpo se necrosara más para darle un efecto más aterrador, este mega cuerpo serpenteante es simplemente Abel, que está abrazado a Caín, quién no se ha disfrazado. Y después tenemos a Erik, que va de sí mismo, porque ser la pareja mortal del dios del engaño ya es suficientemente aterrador.– No me ha dado tiempo a más – se excusa Erik.– Erik, elige la primera película, que eres el más joven – pide Lucifer.– Menudo pedal… – suelta Loki.– Bueno, hasta aquí la curiosidad de hoy, que esto va a desmadrarse – se despide Perséfone –. Nos vemos mañana con un relato gatuno.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, y tengo una resaca impresionante. Pero no más que esta bola de pelo negro que tengo al lado, que es Loki. Hola… Seguimos en casa de Lucifer, eso de atrás es su salón. El relato de hoy va sobre mascotas, concretamente estas otras dos bolas de pelo negro que tengo aquí. Se llaman Ziel y Angeal, y son los gatos de Lucifer. Ziel es este de pelo corto y ojos azules, y Angeal es este otro de pelo largo y ojos dorados. Preciosos, ¿a que sí? Llevan con Lucifer diez años, los adoptó juntos después de que los hubieran devuelto más de cinco veces a la protectora en la que estaban. ¿Qué por qué? Pues porque estos dos gatos son muy sensibles a los fantasmas y otras criaturas sobrenaturales. Mucho más que otros animales. Se ponían a maullar como locos en cuanto detectaban que Lucifer estaba cerca. Ni siquiera tenían que verle para saber que estaba allí. También eran un poco ariscos, porque los mortales que les adoptaban no les tomaban en serio. Así que la protectora le pidió a Lucifer que se los llevara en cuanto vieron que los dos felinos eran extremadamente cariñosos con él. No estás gritando, ¿verdad? No, no lo estoy. Menuda resaca llevo encima… No soy yo la que decidió beberse los chupitos en vaso de cubata, llenos hasta arriba, y de dos en dos. Ya lo sé… ¿Eh? ¿Queréis saber el juego de beber de anoche? No sé si debería contároslo, Erik apenas está borracho. Tequila si has matado a alguien de esa forma, Vodka si has matado a varias personas, Whisky para las torturas, Ginebra para los engaños, cerveza si sólo lo has simulado… No hace falta que lo sepan todo. Es para lo que aparece en la película, obviamente. Os imagináis por qué Loki está así. Las películas modernas son horribles para este juego…
Hasta aquí los gatitos de hoy. Voy a cortar antes de que Loki desvaríe más. Necesito café… Nos vemos mañana con un invitado especial.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, cuñada por adopción del dios Loki. El relato de hoy va sobre el diablo, el cual tengo sentado a mi lado. Y el pelirrojo enorme que acaba de pasarnos por detrás es Thor. ¿Qué tal? Seguimos todos en casa de Lucifer, algún día nos echará. Lord es un diablo como tal, además de los pocos que tiene una apariencia más bien humana. Los ángeles caídos no cuentan aquí. Él es el rey de los demonios, por decirlo así. ¿No? ¿No quieres ser llamado rey? Vale, está bien. ¿Líder te parece mejor? De acuerdo. Líder de los demonios, ese es él. Habéis notado que se comunica conmigo por señas. Veréis, Lord no tiene cuerdas vocales. Las tenía, pero su creador se las arrancó. No tiene marcas externas, pero Lucifer nos ha contado que internamente era un desastre. Ahora ya lo tiene curado, pero sigue siendo algo desagradable de ver. Se las arrancó para que no pudiera difundir lo que él sabía entre los humanos, ya que tenía acceso al Cielo hasta que lo vetó. En apariencia física os puede recordar a un sátiro, pero son criaturas diferentes, y no todos los demonios se ven igual que él. Los hay con apariencias más reptilianas y los hay que son bestias directamente. Lord concretamente tiene doble cornamenta, cuernos de cabra y de carnero. Lo divertido es que hay una raza de cabra que es así. La piel gris ceniza es propia de los demonios y más concreta de súcubos e íncubos, aunque Samael también la tiene así. Garras, patas de cabra, lengua bífida… No tiene cola de lagarto porque la tiene de cabra, pero los hay que sí la tienen. Las alas las tiene ocultas ahora, pero son tipo murciélago. Gracias por enseñarles la lengua, Lord. Olvidaba los ojos de serpiente y los dientes afilados. Bueno, ya sabéis cómo luce el diablo. Este es el que empezó con los pactos. Hizo el mío y mirad qué guapo estoy. Gracias Abel. Nos vemos mañana con otro relato.
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– Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, domadora de grandes perros de la mitología. El relato de hoy va sobre el por qué hay un montón de mandarinas peladas encima de la mesa. ¿Algo que decir, Susanoo? El plano se abre, dejando ver al inmenso dios japonés pelando una mandarina sin romper la piel, en la posición más incómoda que uno pueda imaginar. La pila de mandarinas de la mesa adquiere una forma piramidal, con al menos siete pisos de altura. – ¿Quieres una? – pregunta Susanoo.– Ahora no. ¿Para qué quieres tantas?– Es que me aburro.– ¿Aburrirte? ¿Tú? Si cuando tú y Thor estáis juntos hacéis competiciones de rayos.– Ya, pero él y Freya han salido a comprar con Loki y Erik.– Susanoo, cuidado con lo que dices y cómo lo dices.– Uy, sí. Perdona, que los mortales no tienen ni idea.– ¿Y Lin dónde está?– Ah… No, no me harás ir por ahí. Ni de coña. Susanoo suelta la pela entera de la mandarina en el suelo y pone la mandarina pelada estratégicamente en la pirámide. Coge otra y la abre para pelarla. – Ni siquiera está usando un cuchillo, ¿lo veis? Tiene maestría en pelar mandarinas.– Yo te he visto abrir granadas con las manos.– Uso la misma técnica para romper cráneos. Susanoo alza la vista, viendo la sonrisa sádica de Perséfone. No sabe si lo dice en serio o es una broma de las suyas. Prefiere no averiguarlo. – Hades, creo que tu esposa me está amenazando.– Ah, ¿pero te extraña? – pregunta Hades desde fuera de plano –. Mi reina, ¿me pasas una de esas mandarinas?– Claro querido – contesta Perséfone.– ¡Pero de las de abajo no! – grita Susanoo al ver hacia qué zona de la pirámide va la mano de Perséfone. Perséfone sólo gira los ojos hacia Susanoo con la misma sonrisa de antes mientras Hades ríe. – Es cabrona cuando quiere – ríe Hades.– Te estoy vigilando – amenaza Susanoo.– Mi reina, ¿lo dejamos aquí?– Hasta aquí la pirámide de hoy – dice Perséfone –. Nos vemos mañana con un nuevo relato.– ¡Mis mandarinas! – grita Susanoo.
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– Buenas tardes y bienvenidos a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, alguien a quién no podéis vencer en juegos online. El relato de hoy va sobre la película Alien. Concretamente… Perséfone gira la cámara y enfoca a Hades y Loki sentados en el suelo frente al televisor. Lucifer, Susanoo y Thor están en el sofá, observándoles. – ¡Alien Isolation! El videojuego al que están jugando Hades y Loki. Porque no hay nada más impredecible que un dios de los muertos calculador y un dios del engaño alocado. Y sí, hoy tenemos gameplay, chicos. Thor, hazme sitio. Perséfone se sienta entre las dos montañas que son Susanoo y Thor, siendo la más pequeña del sofá, sin dejar de enfocar a Hades y Loki. Hace zoom para que se pueda ver bien la pantalla y a ambos dioses. – ¡No te metas en otro armario! ¡Ya te has metido en demasiados armarios! – le riñe Loki.– Tranquilo, llevo más de dos muertes sin hacerlo – intenta calmarlo Hades.– ¡No son suficientes! ¡Sabes que este bicho aprende!– Claro que lo sé. Veamos… Nada en el sensor, podemos seguir. Uh, ¡carga de lanzallamas!– Sí…– Con esta tenemos diez.– ¿Qué tal vamos de balas?– Las cargas del lanzagranadas no salen. Del resto tenemos de todo.– Bien, bien…– A ver… Giramos aquí, en este pasillo… Ah, zona de jefe.– ¡Damedamedame!– Toma, impaciente. Hades le entrega el mando a Loki, el cual se posiciona como si estuviera sujetando un rifle. – ¡Venid a mí, cabrones! – les grita Loki a los aliens del juego. Hades se relaja, tirando el cuerpo hacia atrás, y pone las manos en el suelo. Loki acerca la cara a la pantalla, atacando a los aliens con el lanzallamas, seguido con ráfagas de disparos interminables. Mueve las manos de tal manera que parece que realmente tenga un rifle en ellas en vez del mando. – Qué bien que se lo pasa nuestro pequeño gremlin – suelta Thor.– Debería cortar antes de que se ponga agresivo verbalmente – dice Perséfone.– ¿¡Dónde estás, pequeño hijo de p***!? – grita Loki.– Censurado a tiempo, gracias Lucifer. Hasta aquí el gameplay de hoy. Nos vemos mañana con otro relato.
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– Buenas tardes y bienvenidos a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, buscadora incansable de almas perdidas. El relato de hoy va sobre la montaña de Montserrat, en Cataluña, España. Porque aquí seguimos, invadiendo la casa de Lucifer como buenos dioses paganos.– A ver, os he invitado – la corrige Lucifer –. Y sólo sois dioses paganos para mi creador. Para mí, sois mis amigos y compañeros.– El diablo siendo mono, esto no pasa todos los días.– Qué mentira tan grande. Y vale ya de llamarme diablo.– Es divertido picarte. Y te estás riendo.– ¿Empezamos?– Estamos físicamente en Montserrat, delante de su monasterio. ¿Qué puedes contarnos sobre este sitio, Lucifer?– Bueno, como podéis ver, Montserrat no es una montaña normal. Geológicamente hablando, es una formación rocosa erosionada por el mar, que antes llegaba hasta aquí. Aún pueden encontrarse fósiles de caracoles y otras criaturas marinas. Pero habéis venido por el misticismo de la misma, ¿no es así?– Así es.– Montserrat tiene cientos de leyendas a su alrededor, algunas más curiosas que otras. Empecemos por el principio. Dice una de esas leyendas que la montaña en realidad son los cimientos de una ciudad perdida, que desapareció después de un terremoto y está boca abajo en las profundidades. La virgen que el monasterio alberga fue encontrada por un pastor en una cueva, quién fue guiado por unas misteriosas luces e intentó llevarla a su pueblo, pero no pudo. La talla de madera era cada vez más pesada, y allí dónde no la pudo levantar se construyó el monasterio. Este es también uno de los sitios en los que se dice que los templarios escondieron el Santo Grial, y Himmler vino a buscarlo. No lo encontró. También hay ciertos datos de la arquitectura del monasterio bastante curiosos, y la montaña es un punto caliente para OVNIs. Sé que tus relatos tienen que ser cortos, así que después puedo explayarme más.– Te estás olvidando de un dato importante.– ¿Cuál?– Que la apodan “La Moreneta” y compartís color de piel.– Sí, es verdad.– Bueno, hasta aquí el relato de hoy, nos vemos mañana con otro. El directo sigue con más curiosidades.
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– Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, compañera de baile de Hades. Hoy estamos en la azotea del edificio en el que vive Lucifer porque a Susanoo se le han antojado unos boniatos.– ¡No es otoño sin boniatos cocinados con hojas secas! – grita Susanoo.– ¿Hacía falta que los hiciera yo? – pregunta otra persona.– Este que ha hablado es Kagutsuchi, el hermano mayor resucitado de Susanoo – explica Perséfone –. Es el dios japonés del fuego.– Mi mito es muy corto. Maté a mi madre sin querer al nacer, mi padre me mató y mi cuerpo original se convirtió en las islas de Japón. Este que tengo ahora es nuevo. Perséfone enfoca a Susanoo y Kagutsuchi, quiénes estaban arrodillados al lado de un montón de hojas secas. Susanoo tiene un rastrillo en la mano y Kagutsuchi pone hojas encendidas en la base de la pila. – Lo que no sé es de dónde han sacado los boniatos – dice Perséfone.– Oh, tengo algunos por aquí – explica Lucifer.– Como podéis ver, Lucifer tiene aquí arriba un jardín privado dónde cultiva todo lo que el clima de aquí le permite. Hades está por ahí sentado, porque adivinad quién tiene también un árbol de granadas.– Es pequeñito, pero son jugosas. Aunque no se pueden comparar con las del inframundo.– Eso jamás. Me encargué personalmente de que fueran las mejores de todas.– Como debe ser.– Querido, estoy aquí. Perséfone enfoca a Hades, quién come una granada. Le sonríe con los ojos llorosos. – ¡Ah! ¡Quemaquemaquema! – grita Loki, haciendo que Perséfone le enfoque.– Te han dicho que fueras con cuidado, papá – le riñe Hela. Loki hace saltar el boniato en sus manos bajo la atenta mirada de su hija antes de que Kagutsuchi le alcance un papel de periódico para que lo envuelva. Una vez lo tiene asegurado, le pega un buen mordisco, quemándose la boca entera. – Es que no aprende… – se queja Hela.– Traigo castañas – dice Ezequiel, llegando en ese momento con un saco.– Tráelas – pide Kagutsuchi -. Ya me encargo de ellas.– Bueno chicos, hasta aquí el jardín de Lucifer. Mañana terminamos con esta sección.
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Buenas tardes y bienvenidos un día más a Relatos de las Catacumbas. Soy Perséfone, madre de los hijos de Hades. Esta vez en serio. Para el relato de hoy rescatamos uno de los anteriores, el de los muñecos de trapo que confecciona Hades. Estoy en la habitación de Lucifer y Ezequiel, porque aquí es dónde está el muñeco en cuestión. Como podéis ver, hay dos. El de Ezequiel, con el aspecto de Lucifer, y el de Lucifer con el aspecto de Ezequiel. Tanto echaba Lucifer de menos a Ezequiel que Hades le regaló este muñeco con su apariencia. Nunca habíamos visto a Ezequiel cuando lo hizo, sólo teníamos las descripciones que Lucifer nos daba. Cabello rubio, piel clara, ojos azules… Lo más complicado fue encontrar una forma de hacer sus alas. Porque las alas de Ezequiel no tienen un único color. Como podéis ver en el muñeco, sus plumas son irisadas. Hades hizo todo lo posible para que la tela con la que lo fabricó tuviera ese color. De hecho, consultó sastres de todo el mundo para poder crear esa tela él mismo. Realmente desconocéis lo antiguo que es este muñeco y lo mucho que lo cuida Lucifer. Hace un par de siglos, Lucifer nos pidió una modificación de este muñeco. Quería un bolsillo para guardar una cosa muy importante. Esta pluma irisada de las alas de Ezequiel. Aunque él sea ahora un caído, la pluma conserva toda su pureza y divinidad angelical, ya que se la arrancó hace siglos para dársela a Nathaniel, el último de los hijos mortales que tuvo Lucifer, quién falleció repentinamente la medianoche del día después de su veinte cumpleaños. Después de esa pérdida, Lucifer no fue capaz de tener más hijos, ya que fue el que vivó más de todos los que tuvo. Aún recordamos ir a consolarle, entre todos le hicimos compañía. No fuimos capaces de dejarle solo en esa época. Tenía tanta ilusión… Fue después de caer Ezequiel cuando se dio cuenta de que el hecho de que se conocieran esa noche provocó que Nathaniel viviera más que cualquiera de sus hermanos mayores. La divinidad de su amado protegió a su pequeño de la maldición de su padre hasta llegar a la adultez. Maldición impuesta por su creador al lanzarle al abismo, sólo y únicamente a él. El relato de hoy ha sido un poco más largo, soy consciente de ello, pero también es el último. Con este relato cierro esta sección que espero que hayáis disfrutado. Si así lo deseáis, puedo volver a realizarla el año que viene. Tengo muchas pequeñas historias que puedo contaros, y otras a las que el tiempo dirá si puedo narrar. Muchas gracias por seguirla y nos vemos en el próximo directo.
