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SHIPPO Y SU NO NOVIA
Era sabido por todos que Shippo tenía una leve debilidad por las niñas tiernas y bonitas, se podría decir que había aprendido bien de Miroku, aunque claro, a Shippo normalmente no lo terminaban cacheteando.Aquel día en específico se podía ver el nerviosismo del pequeño zorrito, según decían se debía a que se había quedado de ver al medio día con una niña, a quien hacía tiempo frecuentaba, pero aquel día sería diferente, ese día le pediría que fuese su novia.Vamos, no hay por qué estar nervioso... Estoy seguro que a ella también le gustas -se escuchaba el murmullo del pequeño mientras caminaba hacia el lugar de encuentro.Sus amigos se mantenían al margen, muy a pesar de las ganas que tenían de ir a ver qué ocurría, sabían que aquello era cosa personal del zorrito.Al llegar al lugar Shippo no pudo evitar sentir un vacío enorme en el estómago al darse cuenta de que no había nadie ahí, se sentó esperando calmar aquel nerviosismo, era obvio que se le había hecho un poco tarde a la pequeña, no era nada para perder la cordura.Las horas pasaron y pasaron, pronto anochecería y no había señal de la pequeña, Shippo se mantenía firme en el lugar, no quería creer que la pequeña niña lo hubiese dejado plantado de aquella forma.Los muchachos habían visto a lo lejos a Shippo, quien continuaba en el mismo lugar, inmutado, casi parecía estar dormido, Kagome quiso ir a consolarlo pero Inuyasha la detuvo, aquel no era un buen momento para que lo fuese a ver, pues era claro que Shippo aún tenía la esperanza de que apareciera la chiquilla.Sango y Miroku se habían ido a dar una vuelta por la aldea, también nerviosos por Shippo, pero cuál fue su sorpresa al encontrarse en medio del camino a la pequeña que se suponía estaba esperando Shippo.La observaron un rato hasta que se dio cuenta que la veían, entonces la niña corrió hacia ellos.Disculpen ¿saben... Saben dónde se encuentra Shippo? -aquella pregunta los tomó por sorpresa ¿No se suponía que Shippo la había estado esperando todo el día en el mismo lugar?¿A qué te refieres? Ha estado en el mismo lugar todo el día -afirmó Sango con clara confusión-, está esperándote.¿A mí? ¿Dónde? -comenzó a caminar sin perder tiempo.Está casi arriba... Por el templo -gritó Miroku para que lo alcanzara a escuchar pues la niña ya iba varios metros adelante.Uhmmm usted cree su Excelencia... Que -se miraron y movieron la cabeza al mismo tiempo.Se le olvidó a Shippo decirle en dónde la iba a esperar -ambos suspiraron pensando en la inocencia de su joven amigo.Shippo ya se había levantado, con los ojos algo llorosos y sus flores completamente marchitas, estaba a punto de tirarlas cuando escuchó unos pasos corriendo en su dirección, por un momento pensó que sería Inuyasha que estaba ahí para burlarse de él, pero al darse la vuelta de encontró con una grata sorpresa.Shippo -agotada lo saludó, era claro que había llegado corriendo.Azumi -contestó.Ambos se quedaron callados, era como si Shippo también hubiese llegado corriendo, de pronto le faltaba el aliento.Azumi... -tomó aire- Azumi, tú... Tú quisieras serSí -interrumpió mientras acortaba la distancia entre los dos-, aunque ya me lo habías pedido antes, creí que ya lo éramos -sonrió..... -Shippo no supo qué decir, que tonto pensó, ahora recordaba habérselo pedido el primer día que la conoció... Ya eran novios al parecer, no importaba; aquel era el primer día de su noviazgo, al menos formalmente.Azumi observó a Shippo, estaba pensativo, sonrió y sin darle tiempo a reaccionar, le plantó un beso en la boca. Shippo abrió los ojos como platos, aquello le hacía sentir miles de mariposas en el estómago.Sonrió. Sonrieron. Ahí estaba, todo el día, toda su vida habían esperado aquel momento.
----- CHAPTER BREAK -----
Sólo Tú y yo... y quizás él
Todos sabían que existía una especie de pelea por ver quién ganaría el corazón de la sacerdotisa proveniente del futuro, si bien uno de ellos no estaba del todo seguro de los sentimientos de la sacerdotisa, si que estaba seguro de que podría conquistarla, lo único que veía necesario era tener un poco más de tiempo, aunque con aquella bestia todo el tiempo pegado a ella era una tarea casi imposible, más aún porque cada vez que se encontraban el hanyou salía de cualquier lugar para interrumpir el momento.
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Inuyasha comenzó a estornudar, Miroku diría que probablemente alguien estaba hablando mal de él, se preguntó si aquello podría ser cierto o era una de las tantas mentiras que solía inventar el libidinoso de su amigo. En cualquier caso, estaba ansioso porque Kagome ya había tardado más de la cuenta en regresar de su época, quería ir a buscarla, pero la última advertencia que le había hecho la muchacha lo habían disuadido de ir y la verdad no quería terminar enterrado en medio de aquel lugar.
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Mientras tanto no muy lejos de aquel lugar, el lobo siempre atento a todo lo que tuviese que ver con su amada Kagome, se dio cuenta que el aroma de ella se había desvanecido casi por completo, como si de pronto hubiera desaparecido, recordaba que al principio aquello se le hacía de lo más extraño y en más de una ocasión estuvo a punto de poner la aldea entera de cabeza para encontrarla, pero siempre de un momento a otro el aroma de Kagome aparecía de nuevo, por ello, una de esas tantas veces decidió que quería saber a dónde es que iba, cuando se dio cuenta que Kagome parecía desaparecer por aquel pozo y que aparentemente el único que podía cruzar aparte de ella era la bestia de Inuyasha, no pudo evitar sentir cierto resentimiento, no entendía por qué no podía él también cruzar junto con ella.Así que ahí estaba nuevamente, delante de aquel pozo esperando paciente a su "presa", quería al menos ser el primero al que viera cuando llegara, podía esperar tranquilamente pues se había enterado de que Inuyasha se había ido de la aldea, no estaba seguro de a dónde y tampoco le interesaba demasiado averiguarlo.De pronto algo en el ambiente cambió, era ella, estaba seguro, a pesar de no verla aún podía jurar que aparecería en cualquier momento, su corazón se aceleró como cada que la veía, se levantó de un salto y caminó con rápides hacia el dichoso pozo, no podía evitar hacer una mueca de sonrisa, era más que suficiente el saber que vería a Kagome para hacerlo feliz.Los ojos de Kagome se encontraron con los de Koga, vaya, definitivamente no lo esperaba a él, pero tampoco era una mala vista, después de todo Koga era muy atractivo también, se ruborizó un segundo al descubrirse pensando en aquello.—Kagome —saludó encantado el lobo mientras le extendía la mano para ayudarla a salir.—Koga... gracias —agradeció y lo tomó de la mano.Y como era de esperarse, Koga aprovechó aquella oportunidad para quizá, atraerla con un poco más de fuerza de la necesaria, haciendo que Kagome terminara pegada a su cuerpo, aquella quizá era la primera vez que se encontraban tan juntos, sin que los interrumpiera inevitablemente Inuyasha, por ello tal vez fue que ambos se sintieron un poco más nerviosos que de costumbre, era como si cualquier cosa pudiese suceder en aquel momento.—Gracias —atinó a murmurar Kagome mientras se negaba a voltear a ver a los ojos a Koga, porque tenía el presentimiento de que la estaba viendo, fijamente, y temía que viera en aquellos ojos algo, algo que quizá hiciera tambalear finalmente su mundo.—No es nada —contestó Koga, viendo a Kagome, sintiendo el corazón latir aún más rápido de lo que él podía correr.Lejos de ahí se encontraba Inuyasha, si bien estaba ansioso de ver a Kagome, había decidido que la mejor forma de hacer que el tiempo pasara más rápido era haciendo algo que mantuviera su mente ocupada o al menos su cuerpo.Miroku le había dicho que en una aldea vecina había un monstruo que había estado atacando a la gente, mataba sin ninguna razón, el monje le dejó entrever que quizá se trataba de algo relacionado a Naraku, no creía que se tratara de eso, pero no tenía nada mejor que hacer y aquello le venía muy bien para distraerse.Pero en aquel instante cuando estaba ya saliendo de la dichosa aldea junto a Miroku, sintió algo, un presentimiento de que algo ocurría, algo que no le agradaría en absoluto, Miroku al ver la expresión en el rostro de Inuyasha le preguntó.—¿Qué sucede? —dijo examinando aquella expresión de disgusto.—Nada —dijo secamente, aunque era claro que sí que pasaba algo.—No es necesario que escondas tus emociones —dijo calmadamente el monje recibiendo por respuesta un simple Feh!Ambos hombres iniciaron su viaje de regreso hacia la aldea, aunque Inuyasha deseaba volver lo más pronto posible, tampoco quería verse alterado, sobre todo porque no era más que una sensación que se había apoderado de él. No era más que su imaginación que no lo dejaba tranquilo. Miroku podía notar la inquietud en él, por lo que continuaron de largo sin descanso, estarían de regreso en la aldea para la mañana siguiente.
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Finalmente, Koga había conseguido tener aquel momento junto a Kagome, sin ninguna interrupción, sin ninguna prisa en absoluto, podía sentir que el corazón de Kagome también latía con fuerza, lo que ocasionaba que a su vez su corazón latiera todavía más frenéticamente. Quería decirle que la amaba, que estaba locamente enamorado de ella, quería pedirle que fuera su mujer, quería decirle que quería que fuera ella la única mujer en su vida hoy, mañana y siempre, pero su voz se había quedado atorada en su garganta, los nervios le estaban jugando una mala pasada, justo en ese momento era que no le salían las palabras ¡vaya suerte! Pensó.—Koga —la voz de Kagome interrumpió el silencio que se había formado en el lugar. Kagome se había obligado a levantar la vista, pasaría lo que tuviera que pasar de todas formas, pensó.El aludido bajó la cabeza para ver a Kagome, ahí estaban, aquellos ojos chocolate que tanto amaba, lo veían con aquella dulzura tan característica, se preguntó si veía de esa forma a todos o solamente a él, deseaba que la respuesta fuese la segunda opción.En un instante, sin siquiera pensarlo claramente, Koga se inclinó sobre Kagome y sin decir nada, se acercó a su rostro, tan cerca que podían sentir su aliento sobre sus rostros, Kagome abrió los ojos con sorpresa, aunque no se apartó, su corazón la estaba traicionando, no era posible que no se alejara, ella estaba enamorada de Inuyasha ¿no era verdad? Y ¿entonces? ¿por qué su cuerpo se quedaba tan quieto frente a Koga? ¿por qué su corazón no dejaba de latir con tanta fuerza que parecía que se saldría en cualquier momento de su pecho?Las dudas inundaban la cabeza de Kagome, mientras aquella quietud por parte de ella, no hacían más que aumentar las esperanzas de Koga, quien podía ver aquella batalla interna que tenía la muchacha frente a él, podía darse cuenta de que se debatía entre aceptar lo que sea que él fuese a hacer o golpearlo por atrevido.
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Inuyasha había aumentado el paso, aunque sabía bien que no había forma de llegar antes de el amanecer, sabía que se veía como un loco, principalmente porque no le había dicho nada a Miroku, no es como si pudiese decirle que tenía el presentimiento de que alguien estaba haciendo algo, o que presentía que Kagome quizá... no, era ridículo para empezar.
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Kagome se quedó quieta dejando que Koga se acercara tanto a su rostro, que no podía creerlo. Sus labios estaban casi fundidos en uno, pero fue un segundo, un segundo el que le bastó a Kagome para darse cuenta de que no estaba segura, no estaba segura de lo que estaba pasando, justo en el momento en que los labios de Koga estaban ya casi sobre los suyos, Kagome desvió levemente el rostro, dejando que Koga terminara besando tan sólo la comisura de sus labios, aquello decepcionó un poco al lobo, pero sentir aquella piel tan suave era más que suficiente, al menos momentáneamente.—Lo siento yo —dijo Kagome apenada, sintiendo como los labios de Koga quemaban su piel.—No te preocupes yo tuve la culpa —Koga desvió la mirada—, lo siento, no debí, pero pensé que—No... no es —se quedó callada un momento—, la verdad, yo... no estoy segura de lo que siento.Ante aquellas palabras, Koga no pudo más que sonreír para sorpresa de Kagome, a lo que Koga dijo simplemente Eso quiere decir que aún tengo posibilidades. Kagome sonrió ante la declaración del lobo, era verdad suponía, el hecho de no haberlo apartado y sentir que el corazón se le salía, pero sus sentimientos no estaban claros; sintió los brazos de Koga rodeándola en un abrazo, un abrazo tan cálido que deseo por instante no tener que apartarse nunca, pero tenía que.—Me tengo que ir —dijo Koga con desgano mientras acariciaba la mejilla de Kagome.—Está bien, ten cuidado —contestó Kagome sin apartarse de su caricia, lo que le hizo sonreír nuevamente. El hombre desapareció entre el bosque, tan rápido como había aparecido, pero la sensación que le había dejado dudaba que fuese a desaparecer así de rápido.La noche cayó cuando ya se encontraba en la cabaña de la anciana Kaede, sólo estaban ella y Shippo, el sueño se fue apoderando de ella, comenzó a despertar cuando sintió que alguien la observaba, abrió los ojos con pesar, sí, alguien la observaba.—Vuelve a dormir —le dijo el hombre junto a ella.—¿Cuándo llegaste? —preguntó mientras se sentaba aún medio dormida.—Hace un momento—Parece que se cansaron bastante —comentó al ver a Miroku tirado sin siquiera cobijarse y ya dormido.—Feh! Ya sabes que Miroku no tiene muy buena condición —dijo mintiendo vilmente a lo que Kagome sólo sonrió—, vuelve a dormir —dijo nuevamente Inuyasha.—No tengo sueño —dijo mintiendo, la verdad tenía sueño, pero también tenía ganas de ver a Inuyasha.—Oh... bueno, si ese es el caso —dijo mientras se levantaba—, vamos por un poco de agua al río —dijo tendiéndole la mano a Kagome para que esta se levantara.—Claro —dijo Kagome tomando la mano que le extendía, no estaba segura de por qué de pronto Inuyasha actuaba tan caballeroso, aunque no le molestaba, de vez en cuando actuaba así, se preguntó si serían aquellos gestos lo que la habían enamorado, no, sin duda no era su caballerosidad, era todo él, aunque tuviera una personalidad un poco difícil.Ambos salieron de la cabaña rumbo al río en busca de un poco de agua, aunque Kagome no estaba del todo segura de que ya no hubiera agua en la casa de la anciana Kaede, aquel pretexto era tan bueno como cualquier otro para estar un rato a solas con Inuyasha.Se encontraban caminando como siempre, juntos, pero no tan juntos, cuando de la nada, Inuyasha tomó su mano, y no es que nunca se hubiesen tomado de la mano, era sólo que normalmente era ella quien iniciaba el contacto, pero ahora era él quien la tomaba de la mano y hacía que las mariposas de su estómago se despertaran y revolotearan tan fuerte que parecía que comenzaría a volar en cualquier momento.Detuvieron sus pasos una vez estuvieron delante del río, la Luna no se alcanzaba a ver del todo pues las nubes la cubrían sutilmente, pero los rayos de luz que alcanzaban el agua hacían que la vista fuese simplemente hermosa.—Kagome —dijo con una voz extrañamente ronca.—¿Qué sucede? —contestó Kagome intentando ignorar la forma en que había dicho su nombre, lo miró a la cara esperando una contestación.—Kagome —dijo una vez más causando en Kagome estragos, aparte de las mariposas en el estómago, sentía que su corazón bombearía tan fuerte su sangre que terminaría desangrándose, su cerebro no podía hilar ningún pensamiento coherente—, hueles muy bien —ahí estaba, otra vez, pero ahora se lo estaba diciendo a la cara y completamente consciente, el corazón latía tanto que seguramente se podía ver desde afuera de su pecho.Inuyasha veía inquieto a Kagome, podía escuchar el latido de su corazón, sabía que el corazón de Kagome latía así de fuerte por él, aquello lo llenó de valentía, acercó su rostro hasta ella, vio como sus ojos se abrían con sorpresa, puso sus manos alrededor de su cuello, aquello le gustaba, podía sentir sus latidos claramente, sonrió, las pupilas de Kagome estaban tan dilatadas, él mismo podía sentir que flotaba, el corazón le palpitaba con locura y sintió entonces que no necesitaba nada más, tenía entre sus manos todo lo que necesitaba, todo lo que alguna vez podría querer.Kagome se quedó quieta, sin decir nada, no había nada que decir, aunque sus pensamientos eran otra cosa, justo antes de que Inuyasha pusiera sus manos alrededor de su cuello, el recuerdo de Koga le vino a la mente, la confusión que sentía era real, claro que pensaba que estaba enamorada de Inuyasha, pero ¿qué tanto? Aquel casi beso de Koga le había hecho darse cuenta de que quizá, sólo quizá, aquellos sentimientos por Inuyasha no fuesen tan fuertes como creía.Entonces sintió las manos de Inuyasha alrededor de su cuello, vio aquellos ojos dorados viéndola directamente, era como si de pronto el alma de Inuyasha estuviese completamente abierta para ella.El hanyou se contuvo tanto como pudo, no quería asustar a Kagome, quería quizá besarla, pero optó mejor por tocar suavemente con sus labios su frente y luego recorrer con sus labios, tan despacio como le era posible, el camino que llevaba a sus labios, quiso besarla, pero quizá aquello era demasiado, se separó un poco cuando llegó a sus labios, sintió el cálido aliento de ella, casi lo volvía loco, pero logró controlarse y terminó por abrazarla, sentía todavía el corazón de ella latiendo muy rápido, se rio para sí mismo al darse cuenta, que sus corazones latían al mismo ritmo.No puede ser, no puede ser se repetía una y otra vez Kagome en su mente, mientras Inuyasha la abrazaba, sí que era posible, estaba segura de que Inuyasha le gustaba y mucho, pero hasta el día de ayer no se había planteado seriamente el darle una oportunidad a Koga y ahora, ahora con todo lo que había sucedido no podía estar segura de que fuera una mala idea, pero en ese momento se preguntaba también si no era mejor en todo caso esperar a Inuyasha, es que acaso ¿podían gustarle los dos al mismo tiempo? De pronto las cosas se habían complicado y nada tenía que ver con buscar los fragmentos o derrotar a Naraku.
----- CHAPTER BREAK -----
FESTIVAL EN JUEVES
'Quién podría pensar que un lunes sería tan triste, no puedo dejar de pensar en volver a verte, volver a tenerte de la forma en que te puedo tener cada que llega el fin de semana, aunque claro tan sólo es mi imaginación, no hay nada entre nosotros, pero aun así cierro los ojos y me siento segura de que quizá en el futuro pueda estar a tu lado.
La sonrisa se dibuja en mi rostro sin siquiera darme cuenta y es que te he visto hoy mientras paseaba por el centro, estabas comiendo como siempre rodeado de tus amigos, aquella imagen tuya tan simple e inocente no deja de dar vueltas en mi mente. Oh, como quisiera que estuvieras aquí.
De lunes a domingo no puedo dejar de pensar en lo que podríamos ser, en los secretos que tengo para contarte sólo a ti, desearía conocer algún secreto tuyo también, pero vaya es sólo mi imaginación otra vez. '
—Vaya Kagome sí que estás más distraída de lo normal —menciona Sango a un costado suyo.—Oh lo siento ¿me estabas diciendo algo? —dijo apenada.—Te preguntaba sobre la tarea que habían dejado, pero no importa, más importante aún quiero saber en quién tanto piensas y no me digas que en él... —dijo con una mueca de aburrimiento.—Eh...—se quedó callada, no quería aburrir a su amiga con aquel cuento de nunca acabar.—Lo sabía, aún no logras superarlo... bueno, no es que tengas nada que superar, ni siquiera te habla —dijo suspirando.Ambas se quedaron viendo y se rieron de lo trágico y ridículo de la situación. A pesar de lo que Sango le dijera, no podía evitar seguir pensando en él y es que había algo que la seguía atrayendo, es que a veces no sabía si estaba loca o si por el contrario realmente a veces él la estaba observando.
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Inuyasha estaba comiendo en una cafetería del centro, estaba solo, lo cual se le hacía completamente extraño porque normalmente sin siquiera llamarlos iban apareciendo uno a uno sus amigos, ese día tal vez lo dejarían comer tranquilo. Aunque no se sentía para nada solo, sus pensamientos no lo dejaban tranquilo, no había día en que no se le cruzara por la cabeza la imagen de aquella muchacha que iba en su escuela. No iban en el mismo salón, ni siquiera sabía su nombre, pero algo en ella le gustaba y mucho.A veces la alcanzaba a ver desde lejos, se preguntaba qué clase de cosas le gustaba hacer, si era la clase de persona que saltaba de la cama un lunes por la mañana o si por el contrario se quedaba enredada en las cobijas hasta que se le hacía tarde, no podía adivinar.Las clases seguían su ritmo e Inuyasha comenzaba a desesperarse al darse cuenta de que no estaba más cerca de averiguar siquiera el nombre de aquella muchacha, seguramente si le dijera a su amigo Miroku en un instante lo averiguaría, pero no lo quería metido en sus asuntos, suficiente tenía con que él lo inmiscuyera en los suyos cuando se le juntaban dos novias a la vez.Aquella semana era dedicada exclusivamente a presentaciones, era una especie de festival, había alumnos cocinando, otros actuando, otros haciendo vestuarios, otros más participando en eventos deportivos, había algo para todos, aunque Inuyasha no estaba realmente interesado en el deporte, se le daba bien y se inscribió entonces en la carrera de relevos junto a Miroku.—Vamos, vamos a ver qué más hay —decía Miroku una vez que su participación había concluido—, escuché que en el grupo de teatro hay muchas chicas lindas —no podía creer lo que escuchaba, Miroku no parecía que fuera a cambiar en un futuro cercano.—Pero si tienes novia —tosió y corrigió—, novias quise decir —recibiendo una mirada fulminante por parte de Miroku.—No hace daño mirar un poco —dijo inocentemente, aunque Inuyasha sabía que en aquellas palabras no había nada de inocente.Inuyasha no pudo evitar sonreír al ver a la muchacha que se encontraba en el escenario, era ella, aquella muchacha era la que lo hacía desvelar, la que lo hacía imaginar escenarios tontos en su cabeza.—Demos un fuerte aplauso a nuestras compañeras Sango y Kagome —fue lo único que escuchó, al fin sabía cuál era su nombre, Kagome, se veía aún más linda de cerca.—Vaya, parece que has encontrado algo que te gusta —dijo Miroku intentando avanzar hacia donde se encontraban los vestuarios.—Alto ahí —dijo Inuyasha deteniendo a su amigo, ya imaginaba lo que pretendía hacer.—Yo sólo quería preguntarles si no querían venir a comer algo con nosotros algún día —dijo con inocencia, sí, quizá hubiese sido buena idea dejarlo que fuera a verlas, pero tampoco se sentía listo para hablarle.—Olvídalo, vamos a ver la estación de comida —aquello distrajo momentáneamente a Miroku dándole tiempo a Inuyasha de alejarse del lugar.Kagome había visto sin duda al muchacho por el que se desvivía, Sango casi la había arrastrado hacía él para que le hablara, pero no se atrevió, era demasiada presión en aquel momento, quizá, quizá otro día se atrevería a hablarle.Inuyasha iba pensando, imaginando tantas cosas como ya era costumbre, imaginaba que finalmente salía con ella, se preguntaba cómo sería abrazarla, cómo sería llenar su corazón con todo aquel sentimiento que se había ido formando todo ese tiempo, todos los días estarían tan llenos de amor que su calendario estaría completamente lleno de corazones rojos.Aquella música no ayudaba a ninguno de los dos, su imaginación volaba sin poderla detener, que extraño era, pensar en una persona que ni siquiera conoces realmente, pensar en ella y sentir cosas, sentimientos creciendo sin razón, pero a partir de aquel día, estarían esperando ansiosos por volverse a ver, aquel jueves marcaría el inicio de una danza que bailarían al mismo ritmo sin saberlo siquiera.
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VENGANZA
Moriría, estaba segura, lo podía ver reflejado en sus ojos ambarinos. Al fin estaba frente a mí, y, a pesar de todo prefería morir viéndolo, a vivir mil años sin verlo otra vez. Su sonrisa torcida por el odio me daba cierta tranquilidad, era extraño, pero me hacía pensar que quizá era cierto lo que me había dicho aquel día.― Mátame ―le ordené prácticamente.Su mirada se tornó rojiza, y la espada se enterró de a poco en mi cuerpo, sentía el frío del acero y el veneno esparciéndose. No creí que morir a manos suyas fuese tan...― ...tan cálido ―me vio con el ceño fruncido, y por un instante logré ver que de verdad me amaba, estaba bien, ya no volvería a herirlo―, adiós Sesshoumaru.
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ADIÓS
Quisiera poder ir contigo, a todos los lugares a los que prometimos que iríamos, pero no puedo, por más que quisiera, no puedo. Es que cuando decidimos estar juntos, nunca imaginé que el fin llegaría, no me puse a pensar en lo mal que lo pasarías, porque sí, finalmente soy sólo una humana, aunque sacerdotisa, soy humana y los años pasan fuertemente en mi cuerpo.Te veo cada día un poco más preocupado, un poco más triste, quisiera decirte que no te preocupes, pero sé que no servirá de nada, sé que para mí el problema se terminará una vez que me muera, pero para ti, para ti apenas empezará.Sé que me extrañarás y querrás terminar con tu vida, pero no lo harás, no puedes, nuestros hijos si bien podrían vivir sin ti, no sería justo que yo fuera la causa de tu muerte. Aunque sé que se te desgarra el alma cada día que pasa y sientes que está más cerca el fin, por favor, no me sigas, no soportaría saber que al final sí fui la perdición para ti.- Sesshomaru -digo suavemente, sabiendo que me escucharás.- Dime- Creo, que... ya no, ya es -no sé cómo decirlo.- Lo sé -te limitaste a contestar, siempre fuiste de pocas palabras.- Te amo- Te amo también, tonta -me besaste por última vez en los labios.Cerré los ojos cansada mientras la conciencia me iba abandonando con cada segundo que pasaba, quería aferrarme a ella pues sabía que una vez que cediera, ya no habría vuelta atrás, sería todo, mi vida en esta tierra terminaría. Un fuerte suspiro salió de entre mis labios.Lo último que sentí fueron tus labios sobre mi frente, mientras una triste lágrima caía en mi cara. Adiós, fue el último pensamiento que cruzó mi mente.
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PERDICIÓN
El Youkai caminaba erguido sabedor del poder que tenía, no necesitaba decirlo, todo aquel que lo veía lo conocía muy bien, al menos en reputación; todos decían que no debían oponerse a él y nadie discutía la razones. Ni siquiera indagaron en el por qué, aquel temible Youkai, era acompañado por una niña humana, realmente preferían no saber nada.No obstante, aquello no sería lo más extraño; en una ocasión después de lo que parecía haber sido una dura batalla contra Naraku y su ejército, Sesshomaru llegó con una humana en brazos, pero lo más asombroso es que se trataba de una sacerdotisa y no cualquier sacerdotisa, sino la que acompañaba al medio hermano de éste, pero nadie se atrevió a cuestionarlo.Sesshomaru se había preguntado constantemente mientras cargaba a aquella humana ¿Por qué? ¿Cuál era la razón para ayudarla? Pero ninguna respuesta tenía sentido, así que sin mayor explicación se dijo que era porque quería. El idiota de Inuyasha la había descuidado, era un híbrido, un inútil después de todo, pensó.Los rayos del Sol atravesaban las ramas del árbol donde se encontraban, Sesshomaru bajó entonces la vista hacia la humana, Kagome, no parecía tener ninguna herida de consideración; instintivamente su mano bajó hasta tocar el rostro de ella, su piel era tan suave, una diminuta sonrisa se dibujó en los labios del demonio, y al mismo tiempo un escalofrío recorrió su cuerpo, al verse reflejado en aquellos ojos chocolate, aquel simple acto movió el piso, el cielo, todo cuánto él conocía, sí, se dijo, aquella mujer sería su perdición.
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MALDITA
— Dime por qué ¡Dime por qué! ¡Maldita sea! —gritaba el hombre frente a ella. La lluvia caía sobre su rostro deformado por la ira, el cielo parpadeaba con cada estruendo, era como si de pronto aquel hombre, aquel youkai, se hubiese transformado en el Dios de la lluvia, de los truenos, de todo al mismo tiempo.— Yo... —ella no tenía ninguna razón que darle, no había respuestas para él, al menos no alguna que pudiese tranquilizarlo.— ¡Por qué! Demonios... por qué yo tenía, por qué, por qué tú —los pensamientos se le volvían confusos, no sabía ni qué cosa le estaba reclamando a ella, pero ella tenía la culpa ¿no? Su sola existencia...—, ¡Tu sola existencia ha provocado esto! —aquellas palabras se le clavaron a Kagome como si de un puñal se tratase.— ¡No sigas!... —ya no estaba segura si eran sus lágrimas o la lluvia que caía sobre su rostro—, detente de una vez, deja de ¡deja de decir tonterías! —el youkai abrió los ojos, incrédulo... ¿lo estaba callando?— ¿Cómo puedes tú...? —se acercó rápidamente hacia ella con la única intención de matarla, destrozarle el cuerpo y olvidarse de ella para siempre—, TÚ, TÚ ¡MALDITA HUMANA! —levantó la mano y la sujetó entonces por el cuello.Kagome abrió los ojos con sorpresa, tenía miedo, sí, en aquellos ojos podía ver que le esperaba nada más que la muerte, comenzó a retroceder en un vano intento por zafarse de su agarre, pero Sesshoumaru la tenía bien sujeta, caminó con ella hasta estrellarla contra el tronco de un árbol.— UGH! —se escuchó el quejido de Kagome por todo el lugar, ni siquiera le habían salido las palabras, se le atascaban en la garganta con aquella mano aprisionándola, Sesshoumaru la levantó, justo la tenía a su altura, Kagome se sujetaba del brazo de él, golpeándolo, rasguñándolo, pero de nada sirvió.— Maldita... ¿por qué? —seguía preguntándose por qué, por qué él, por qué ella, pero no había respuesta para eso, no había un por qué, no había ninguna razón, solamente había pasado, y por mucho que se enfadara, por mucho que se negara a aceptarlo era verdad. Vio como aquella pequeña humana se retorcía frente a él, sólo la apretaba lo suficiente para que sintiera lo que le esperaba, pero entonces vio aquellos ojos chocolate, ¡aquellos malditos ojos!Lo siguiente que supo fue que sus rostros estaban tan cerca, podía oler claramente el aroma que emanaba aquella humana, podía sentir como aquel aroma inundaba sus sentidos. Respiró hondo, muy a su pesar, cerró los ojos y entonces.Entonces.La besó.Kagome abrió los ojos con sorpresa, sintiendo que aquel agarre en su cuello se desvanecía, la otra mano de Sesshoumaru la sujetaba de la cintura pegándola entre el árbol y su cuerpo, sus pies no tocaban el suelo, la mano alrededor de su cuello ya no era el problema. El problema era que, aquel beso, aquel beso al que se suponía tendría que negarse, que rehusarse, aquel beso la había hecho volar al cielo y regresar, se aferró al cuerpo de Sesshoumaru, él la soltó del cuello y en su lugar, se sostuvo del árbol; Kagome abrió la boca dejando pasar la lengua de él, aquello les arrancó un gemido a ambos.Maldita humana, pensó Sesshoumaru, ya la mataría después.
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TE DESEO, POR ESO MUERE
Después de todo, no podría olvidar jamás el nombre de esa mujer, Kagome Higurashi, aunque quisiera, aunque fuese lo único que deseara, aquel nombre estaba grabado en su cuerpo, en su alma, aquella mujer que había sido la que había causado todas sus penurias, por ella había sido que no había podido obtener a Colmillo de acero, por ella su mundo se había visto deformado, y todo ¿por qué? La sangre corrompida de su padre corría por sus venas, aquella sangre le había hecho desear algo, desearla a ella. ¿Por qué? No lo sabía, quizá simplemente era el karma por haber sido un hijo de perra durante toda su vida, quién sabe.Ahora tenía que quedarse viendo cómo el infame de su medio hermano la tomaba de la mano, la besaba, la tocaba, tenía incluso decendencia con ella, y él bueno, era impensado para él siquiera imaginar estar con ella, aunque lo hacía, pero no lo admitiría, hasta ahí llegaba su debilidad, podía imaginar cualquier clase de tontería, se lo podía permitir, pero no cambiaría su forma de ser, no iba a ir por el mundo ayudando a los débiles humanos, no sacrificaría nada por ellos, ni siquiera por ella, esperaba que muriera pronto, tal vez así se liberaría de aquellos denigrantes deseos.Cuñado, la escuchaba decir, qué molestia. Pero incluso en esas circunstancias, aun estando frente a Inuyasha de buena gana la tomaría y la haría suya, ahí frente a todos, que se dieran cuenta que él podía tener a quien quisiera en el momento que quisiera. Pero no, su autocontrol era más fuerte que sus deseos, y eso, lo aliviaba.Imaginando cosas que nunca sucederían es como tendría que vivir, al menos claro, que por pura compasión se llevasen al otro mundo a esa humana, a esa Kagome. Soñar no le costaba nada después de todo.
----- CHAPTER BREAK -----
CONTANDO ESTRELLAS
Últimamente he estado perdiendo el sueño pensando en todas las cosas que pudimos haber hecho, lo que pudimos haber sido, pero nada de eso importa ya ¿verdad? Cada noche me acuesto pensando en todas las cosas que pude haber dicho, las veces que te pude haber abrazado y no lo hice, las veces que pude haber sonreído en vez de haberme enojado. Inuyasha. Ahora ya no estás y ya no hay vuelta atrás.Aquel día en que te vi cómo te desvanecías en el pozo, no pude evitar sentir mi corazón partido, te habías esfumado y no te pude decir nada, pero en tu mirada pude ver que tú ya sabías, que tú ya creías saber lo que yo pensaba.¡Qué equivocación!No puedo evitar pensar, en todo y en nada, en todo lo que ocurrió y en lo que me hubiese gustado que ocurriera. Tu mirada me persigue como un pecado, no hay paz para mi... aunque espero que para ti sí.Inuyasha, Inuyasha repito una y otra vez como un conjuro, quisiera poder verte, pero sé que no será posible, las últimas palabras que dije ni siquiera eran en serio, sólo resultado del momento, yo quería pasar el resto de mi vida contigo, pero en aquel momento, tuve miedo, sí, miedo de no ser capaz de volver a ver a mi familia, se vale, ¿no? Pero entonces desapareciste enfrente de mis ojos y no fui capaz de gritarte que me llevaras contigo, no pude moverme, ni siquiera extendí mis brazos intentando aferrarme a ti, ¡qué estúpides! Y ahora, él pozo está cerrado, desapareció para siempre, desapareció como mis ganas de vivir. Espero, espero que me perdones porque no fui tan fuerte para lograr regresar, no supe cómo, ahora han pasado los años. Años y años, y sigo pensando en ti, en lo que pudo ser.Está cerca el final, lo sé, lo puedo sentir, no por la edad, sino porque la vida ya se me fue contigo, los años después de ti fueron nada, el corazón se fue apagando y ahora, ahora siento que es tiempo de partir, sólo, sólo quisiera verte una vez más.Cierro los ojos con fuerza aguantando las lágrimas que no quieren detenerse, la luz del Sol me ciega un poco, en medio de tantas personas estoy sola, como siempre, como nunca.— Kagome —aquella voz, debo estar más lejos de este mundo de lo que imaginé.— Inuyasha —mi último aliento sería para pronunciar tu nombre.— Kagome —cierro los ojos con fuerza, no quiero desilusionarme una vez más—, Kagome abre los ojos por favor —no, eso es mentira, no es él, no puede ser él.— Si abro los ojos, te irás, te irás como siempre —debía verse como una loca hablando con la nada.— Kagome... no me iré a ningún lado, al fin logré... creí que estarías esperándome —se escucha que se agacha hasta donde estoy, su mano, la calidez de su mano, la puedo sentir ¿por qué?— ¿Inuyasha? —abro los ojos lentamente, esperando ya que se desvanezca el recuerdo de su voz.— Kagome —parpadeo varias veces, no puede ser, no puede ser, aquel muchacho que recordaba estaba frente a ella.— Inuyasha —¿estaba muerta ya? ¿Estaban los dos muertos? Qué más importaba, al fin estaba con él, al fin volvía a estar entre sus brazos.— Kagome —la atrajo entre sus brazos, la abrazó fuertemente, no la volvería a dejar ir... había sido un segundo y no había podido hacer nada, había visto aquella mirada llena de tristeza al verlo partir, la vio y no pudo hacer nada. Pero al fin, al fin la había encontrado, a su Kagome.
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MIRÁNDOTE A LOS OJOS
El corazón le latía con fuerza al recordar aquella vez en que Inuyasha la había mirado a los ojos con aquel anhelo, aunque aún ahora no estaba del todo claro si aquella mirada era para ella o era sólo que estaba pensando en Kikyo mientras la veía, no es que pudiese culparlo, en cualquier caso, la había conocido apenas y claro, le recordaba a Kikyo.Pero aun así, aun a pesar de eso, el corazón se le aceleraba al recordarlo, qué tonta, pero no era su culpa, era la primera vez que un hombre la veía de esa forma, la primera vez que le hacían sentir algo así.Después de aquel día llegó una confesión que le parecía tan irreal, por el momento y por lo serias que habían sonado sus palabras, "me gusta cómo hueles", era la primera vez que Inuyasha le mostraba genuino interés. Claro que era más que obvio que terminaría enamorándose de aquel hanyou, ¿quién no?Inuyasha era su primer amor y esperaba, fuese el último, después de haberlo conocido no quería conocer a más nadie, el amor que sentía por él era perfecto, era todo.
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ME ALEGRA QUE TE VAYAS
Piensas que me has roto el corazón, oh, no, pequeña, qué equivocada estás, pues no tengo corazón que puedas romper. El corazón que escuchas latir no es más que el eco de aquel corazón que alguna vez entregué, aquel corazón que yace sellado en el árbol donde me encontraste, así que no, no pequeña humana, tú no me has roto el corazón.Si te fuiste, bueno, qué puedo decir, ya lo veía venir, ¿quién querría estar conmigo? No soy humano, no soy demonio, no soy nada de eso, pero aun así... ¡ojalá te hubieses quedado! Ojalá no te hubiese visto irte con él, ojalá no te hubiera seguido aquel día y aunque me dijiste que no era nada, que había sido un accidente, las cosas no podían ser mejor para mí, ¡al fin era libre de ti! ¡al fin era libre del maldito recuerdo de ella, de ti, de las dos!
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CUALQUIER COSA
¿Qué es lo que sucede conmigo? Tengo todo lo que siempre soñé y aun así, aun así, ahora estoy imaginando que vienes y me dices qué es lo que haré el resto de mi vida, me dices que soy tuya. Qué estúpida soy, me levanto en medio de la noche intentando no despertar a Inuyasha, ¿quién pensaría en otro hombre teniéndolo a él? Yo al parecer.Me siento en la cama dándole la espalda a él, cierro los ojos, sólo quiero imaginar un momento, por un momento qué hubiese sucedido, qué hubiese sucedido si él viniese por mí, si aquellas miradas en verdad significaran algo más.La mente no deja de atormentarme, no dejo de pensar en él, en su hermano, ¿por qué? ¿tan débiles son los sentimientos de los humanos? ¿cambian así de fácil? O ¿seré sólo yo? Me he aburrido quizá, me he aburrido de la perfección, me he aburrido y por eso ¿he de lastimarlo? No lo merece.Así que regreso entre las cobijas y me abrazo a él, me abrazo a él anhelando volver a sentir mi corazón desbocado como la primera vez que supe que lo amaba.— Kagome —podía sentir la mirada de Inuyasha encima suyo—, te amo —sé que piensa en alguien más se dice Inuyasha, pero a pesar de eso, no pienso renunciar a ella, haré cualquier cosa, cualquier cosa para que vuelva a mí, para que su corazón vuelva a mí.
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¿POR QUÉ NO LAS DOS?
-¿Sabes que te amo, cierto? -le preguntó viéndola de reojo, de ninguna forma le iba a contestar aquello-, incluso si no lo sabías, ahora lo sabes, ¿por qué me haces sufrir con asuntos que no vienen al caso? -claro, no venían al caso porque no le convenían, típico hombre.-Yo no sé nada -dijo finalmente molesta, no quería escuchar aquella frase ya hecha y dicha mil veces.Inuyasha vio como la cabellera azabache se alejaba de él, no es que quisiera hacerse la víctima, pero el que ella hubiese visto aquello no tenía nada que ver con lo que sentía por ella, bueno, seguro había dejado que Kikyo lo besara, pero aquello no era su culpa.Kagome caminó segura de que Inuyasha no la detendría y así fue, a pesar de que deseaba que saliera corriendo detrás de ella también quería que la dejara sola, aunque fuese un momento. Haber visto aquello la había dejado descolocada, ¿cómo podía decirle que la amaba después de lo que había visto? ¿la amaba a ella o a Kikyo? No podía pasarse el resto de su vida "amando" a las dos.Los pasos de Kagome ya habían dejado de escucharse para cuando levantó la vista, suspiró cansado, fastidiado, ¿qué había hecho para merecer tanta complicación? Seguramente Miroku le diría que no tenía nada de malo, claro, siempre y cuando no se dieran cuenta ninguna de las dos, aunque en este caso ya lo sabían bien.No podía evitarlo, se sentía atrapado en sus sentimientos, en sus pensamientos, cada vez que veía a Kikyo no podía evitar sentir aquel amor que sintió por primera vez, cuando veía a Kagome su corazón palpitaba como loco también, ¿es que no podía quedarse con las dos? ¡claro que no! Pensó.Inuyasha bufó y se subió a uno de los árboles y se recostó en una rama, lejos del suelo, lejos de la gente, lejos de todos, tenía que pensar, tenía que hacer algo, no podía continuar así porque temía que tarde o temprano, terminaría quedándose sin ninguna de las dos.¡Claro que le dolía!, no quería ni imaginar qué pasaría si finalmente él elegía a Kikyo, aunque siendo sinceros, ella sabía muy bien que en el corazón de Inuyasha ya había alguien más, lo supo desde que lo conoció y él nunca se lo ocultó, ella había sido quien había decidido quedarse a su lado aún a pesar de las posibles consecuencias. Y bueno, ahí estaban las consecuencias, se había enamorado de alguien que ya amaba a alguien más.No era justo culparlo y aún así, no podía evitar enojarse con él. Pero sabía que aquel enfado pasaría, que más temprano que tarde volvería a él, volvería a dirigirle la palabra olvidando el daño que le pudiera haber causado, porque ella había decidido que lo amaba, a pesar de todo, a pesar de Kikyo.
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EN MENTE
Las historias de amor nunca habían sido su fuerte, nada relacionado al amor en realidad. Pero ahí estaba, de pie esperando ver pasar a la mujer que, de alguna forma, le había arrebatado el aliento, y no, no había pasado así como así, aquello había sido como un resfriado mal tratado y ahora, ahora estaba total y completamente enfermo de ella.Kagome era el nombre de aquella mujer, no, el problema no era hacerla suya, seguramente llevaría algo de trabajo, pero tarde o temprano caería, el problema, si es que se le podía llamar así, era que parecía tener una especie de relación con nada más y nada menos que su "hermano" menor. Y no sería un problema en cualquier otra circunstancia, pero seguramente si llegaba a llevarse a "su" humana, no lo dejaría en paz hasta llevarla de regreso consigo, peor aún teniendo en cuenta que tenía aquella nueva técnica, técnica que sin él francamente nunca la habría podido llevar a cabo, pero el punto era que no estaba seguro de que valiera la pena tanto alboroto por aquella mujer.Sesshomaru miraba molesto al horizonte, debatiéndose internamente aquel asunto, debía zanjar aquello de una forma o de otra, de pronto escuchó aquella molesta voz de su sirviente.—¡Amo Sesshomaru! —gritaba el demonio verde mientras se acercaba a su amo.Cuál fue la sorpresa del pequeño demonio cuando sin previo aviso recibió un puntapié por parte de su amo, salió volando cual saco de papas, mientras Rin veía desde lejos con una cara de sorpresa pensando que el Señor Sesshomaru estaba definitivamente de mal humor.Sesshomaru se alejó de allí dejando a Jacken confundido y adolorido, pero no tenía intenciones de perder el tiempo con tonterías, no cuando su cabeza era un caos, tenía que alejarse y luego pensaría en lo que haría a continuación.—Amo bonito —se escuchó chillar a Jacken a lo lejos, pero Sesshomaru no hacía caso, continuó avanzando, Rin corría a ver al Señor Jacken más para asegurarse de que estuviera vivo que para ayudarlo.Aquellos días estuvieron llenos de incidentes y ni Rin ni Jacken tenían idea de por qué el mal humor del amo Sesshomaru, quizá nunca lo sabrían.
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AÑORANZAS
Inuyasha observaba de lejos a aquella muchacha recién llegada, podía oler a pesar de la distancia, aquel perfume que despedía su cuerpo, su cabello con olor a moras le fascinaba. Aquel día no era especialmente ajetreado, no había pistas de Naraku, no había fragmentos en aquel lugar, estaban esperando a que llegara ella para emprender el viaje una vez más, aunque no hubiera estado de más descansar otro poco, pero no, aquella muchacha se encontraba ahora ahí, Shippo corría entusiasmado detrás de ella, mientras Sango le platicaba las últimas novedades de su aparente relación con el monje Miroku. Inuyasha no estaba demasiado interesado en aquellas platicas, pero en medio de ellas, apareció su nombre, lo escuchó claramente, Inuyasha dijo, le encantaba que dijera su nombre, aunque lo negaría tajantemente si alguien le llegase a preguntar. Kagome sonreía, sin poder evitarlo, cada vez que pronunciaba el nombre de aquel hombre, de aquel hanyou, no le molestaba que las personas se dieran cuenta, tanto mejor sería si todos se iban enterando de una vez, aunque se preguntaba si Inuyasha se daba cuenta de ello, si acaso le prestaba la suficiente atención para darse cuenta de algo como eso. Ambos suspiraron sin percatarse, era cansado estar distantes, era difícil dejar de pensar en el que tal si... Inuyasha a menudo se preguntaba qué pasaría si la besara, qué pasaría si se atreviera a decirle que la amaba, qué pasaría si de pronto su mano quisiera tocar más que su rostro... aquel último pensamiento le arrancó un rubor intenso, aunque fugaz, meneando la cabeza a modo de negación se deshizo de aquellos pensamientos, que finalmente no eran más que eso, pensamientos, esperanzas, anhelos que quizá nunca se cumplirían, que quizá sería mejor dejarlo tan sólo en sus pensamientos. —Inuyasha —lo llamó Kagome desde abajo del árbol.—Kagome —sonrió al instante al verla. Quizá era mejor dejar todo así, pero viéndola, teniéndola tan cerca, quizá esperaba demasiado de su fuerza de voluntad. Inuyasha bajó del árbol de un salto y sin pensarlo mucho tomó la mano de Kagome, le dio un suave apretón, la fue soltando conforme fue viendo que sus amigos se acercaban, aunque la sonrisa en su rostro y en el de Kagome no se borraría, probablemente, en lo que restaba del día.
