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Amor en medio de la

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Cien días me han hecho más viejo

Desde la última vez que vi tu cara bonita

Mil mentiras me han hecho más frío

Y no creo que pueda mirar esto igual

Pero todas las millas que separan

Desaparecen ahora cuando sueño con tu cara

Estoy aquí sin ti, bebé

Pero sigues en mi mente solitaria

Pienso en ti, bebé

Y sueño contigo todo el tiempo

Estoy aquí sin ti, bebé

Pero sigues conmigo en mis sueños

Y esta noche, solo somos tu y yo.

—3 Doors Down (Here Without You).

No recordaba haberse sentido tan mal de una resaca, ni siquiera cuando él lo dejó, porque en el momento que cada partícula de su ser abandonó su cuerpo, los malestares se acumularon por montón, bombardeándolo como una ráfaga de balas cargadas de espeso dolor y nauseas, demasiadas nauseas, dolor articular, gripe y más.La escasa luz del sol se filtraba a través de las cortinas de las vistosas ventanas de su nuevo y acogedor departamento en Nueva York. Se había mudado definitivamente a la gran manzana, ya que regresar a San Francisco no estaba en sus planes, resultaba difícil para él volver a pisar un sitio que tantos recuerdos ahora dolorosos le traía. Ahora había conseguido un nuevo trabajo en una pequeña editorial como periodista y escritor, el sueldo era bueno y el lugar de trabajo bastante cómodo, su vida parecía comenzar a arreglarse, pero nada más alejado de la realidad, su vida estaba lejos de mejorar.Todavía conservaba un vacío profundo en su interior. Extrañaba la voz en su cabeza que siempre lo molestaba con exigencias de comida, chistes, regaños y canciones de David Bowie, Abba y Pink Floyd.Lo extrañaba.Y le dolía, aunque no lo demostrase.Cuando el sol del exterior se atrevió a sobresalir más de su escondite, los muebles de madera sencillos se iluminaron de manera suave y brillante, lo que le daba un aspecto bastante agradable a la vista, pero para Eddie, la belleza de la mañana era lo último en lo que podía pensar. Se había despertado con un leve mareo, el estómago revuelto y una sensación extraña de incomodidad que le hizo fruncir el ceño y llevarse una mano al estómago.«Tal vez fue la cena de anoche». Pensó.A medida que se incorporaba en la cama, una ola de náuseas lo golpeó de lleno. Se levantó rápidamente, sintiendo que el mundo a su alrededor giraba un poco más de lo habitual, así que, sin tiempo para pensar, se precipitó hacia el baño, sus pasos tambaleantes y su respiración agitada lo hicieron llegar al lavabo, pero entonces, la sensación se intensificó, y Eddie se inclinó hacia adelante, sosteniéndose con fuerza del borde del lavabo. Y fue ahí, que la realidad de su situación lo golpeó con una intensidad abrumadora; estaba embarazado de Venom.Un llanto ahogado se formó en su garganta mientras su cuerpo reaccionaba a la traición de su propio sistema.Los espasmos comenzaron a tomar el control, y mientras vaciaba su estómago, lágrimas de frustración y dolor comenzaron a deslizarse por sus mejillas. No solo luchaba contra las náuseas; también lo hacía contra la profunda tristeza de estar solo en este momento. El eco de su voz, la calidez de su abrazo con aquellos zarcillos como alquitrán, las caricias brindadas, la humedad de su larga y extraña lengua que un día exploró su boca y su cuerpo, esa conexión que una vez compartieron lo invadió como un baño de ladrillos, dejándolo aún más desolado.Una vez que el ataque pasó, se dejó caer de rodillas, apoyándose contra la fría cerámica del baño. El sudor perlaba su frente, y la realidad de lo que estaba experimentando se asentó en su pecho como una losa de piedra.—No sé si puedo hacerlo —murmuró, mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.Era un hecho impactante, porque si había creído que su vida había regresado a la normalidad, estaba muy equivocado. Un hombre embarazado, nadie en la tierra le creería y apostaba que si visitaba a algún doctor este lo mandaría directo a un manicomio o tal vez lo devolvería al área 51 si es que aún existía alguna segunda versión o por el estilo, así que decidió no arriesgarse a visitar a ningún médico o centro de atención hospitalaria. Sin embargo, si que iba a pedir informes e internet lo ayudaba bastante. Y había descubierto el cómo y tal vez el porqué.Hasta donde Eddie sabía, la especie de Venom se reproducía asexualmente y durante el tiempo que estuvieron juntos, Venom no sintió la necesidad de reproducirse por su cuenta, a pesar de haber sostenido relaciones sexuales con él. El pensamiento hizo sonrojar a Eddie, sintiendo su rostro calentarse con vergüenza. No obstante, esa tampoco era la razón por la que ahora Eddie llevaba un bebé mitad simbionte mitad humano en sus entrañas y sin la necesidad de un útero, pues existía una única respuesta más grande e inesperada para eso y él la había descubierto a duras penas y de la manera más extraña.Eddie se levantó con calma, tomando del interior del mueble de su espejo un vasito que llenó con enjuague bucal e hizo gárgaras para aliviar el mal sabor de boca que los vómitos le habían dejado y finalmente caminó de vuelta a su habitación, sentándose en la orilla de esta, con las manos flácida en su regazo. «Hubieras sido un gran padre». Aquellas palabras resonaban tan alto, como la primera vez que Venom se las dijo, mientras iban de camino con aquella agradable familia fan de los aliens. En aquel momento, Eddie no las tomó mucho en cuenta, pero admitió que le dolieron, porque, para empezar, siempre fue un desastre y el estar a cargo de alguien que llevaba tu sangre podía resultar más que agotador, después de todo, no es como si su figura paterna le hubiera aportado gran cosa en su vida ni menos un ejemplo al que acudir cuando lo necesitase, sin embargo, pensó que podría haberlo intentado y haber hecho todo lo mejor que pudiese.Y por fin comprendió; Venom quería formar una familia con él, porque todo lo que le decía de alguna manera terminaba por dirigirse a ese sendero que no tocaban, que era la eternidad, el permanecer juntos, el dar el siguiente paso en su ya de por si complicada relación, pero sin duda la mejor… Hasta que la muerte los separó.Y no les dio tiempo de sentarse a hablarlo y ahora nunca habría otra oportunidad.Pero ahí estaba él ahora, perdido en sus pensamientos, la luz del atardecer sabatino se colaba por la ventana, tiñendo la habitación con tonos anaranjados y dorados. La brisa suave que entraba traía consigo el aroma del mar, un recordatorio de los días felices que habían compartido juntos, aunque en su mente, el aire estaba cargado de recuerdos melancólicos.Cerró los ojos y se recostó de nuevo en su fría cama, oyendo el tráfico del exterior y sirenas a la distancia, decidió cerrar los ojos y su memoria prefirió llevarlo de regreso a aquella noche donde él y Venom rompieron toda barrera y limite existente entre el contacto físico y sentimental. Para entonces ya estaban hospedados en un singular y barato hotel en una playa escondida en México, fue una noche llena de risas y secretos compartidos, habían bebido demasiado y habían nadado desnudos por varias horas.La risa de Venom, profunda y vibrante, resonaba en sus oídos como una melodía que nunca quería olvidar.Acababan de regresar a trompicones a su habitación y Eddie se dejó caer boca abajo sobre su cama, casi justo como estaba ahora.—Oye amigo, estoy muy cansado. ¿Crees que puedas saltarte el episodio de hoy? —preguntó Eddie refiriéndose a la telenovela que solían ver juntos todos los días.—Está bien, Eddie, pero mañana quiero el desayuno con panqueques de chocolate —dijo Venom sobresaliendo de su espalda.—Trato hecho. —Eddie suspiró y permaneció así, siendo tentado por los brazos de Morfeo, sintiendo que en nada se quedaría dormido, solo esperaba que Venom lo arropara lo suficiente para no terminar entumido.Sus ojos se terminaron de cerrar, pero antes de quedarse dormido por completo, sintió como algunos zarcillos le masajeaban la espalda con suavidad.—¿Qué haces…? —preguntó somnoliento.—Relájate, Eddie. —ordenó el simbionte continuando con sus movimientos.Eddie estaba a punto de protestar cuando sintió como un zarcillo acariciaba un punto de dolor en su trapecio que lo hizo soltar un gemido de alivió al sentir como la tensión iba desapareciendo.—Mmmm, ahhh —gimió Eddie.Y fue en ese momento que un ronroneo apenas audible se hizo presente en Venom, al aparecer le gustaba cuando Eddie hacia esos sonidos, así que continuó su trabajo y Eddie no se atrevió a detenerlo, aquello se sentía bastante bien.Mientras Venom seguía deslizándose por sus hombros y omoplatos, Eddie sintió una conexión tan intensa que parecía trascender no solo lo físico, si no también lo sentimental. La forma oscura y cambiante de Venom, que solía inspirar temor en otros, ahora le parecía hermosa. En esos instantes, Venom había dejado de lado su naturaleza temible, revelando un lado más suave y vulnerable, uno que solo Eddie podía ver.—Eddie —susurró Venom, su voz suave como la seda y vibrante como un pequeño motor de auto—, nunca te dejaré ir. —Esas palabras resonaron en el corazón de Eddie, llenándolo de una confianza que nunca había sentido antes. Era como si en ese momento, ambos supieran que estaban a punto de dar un paso que cambiaría todo.La pasión los envolvió, llevándolos a un estado de éxtasis donde el mundo exterior desapareció, porque cuando menos lo esperó, Venom empezó a pasar su larga y húmeda lengua por su cuello y oreja izquierda, Eddie soltó un suspiro entrecortado mientras su dedos se aferraban a las sabanas desordenadas de su cama, con los ojos cerrados. Sabía que estaba ebrio y que tal vez por eso su sensibilidad al tacto y demás gestos lo hacían tocar un poco las nubes. De pronto, sintió un peso más en su espalda, lo que lo hizo voltear sobre su hombro y apoyarse en sus codos y evitar la incomodidad de su posición, tan solo para descubrir como Venom había formado más de la mitad de su torso hasta donde debería estar sus rodillas, pero aún unido a las propias piernas de Eddie.Nunca lo había visto hacer eso, pero no iba a mentir; la vista le agradaba mucho.La cama crujió con fuerza bajo de ambos, amenazando con romperse si Venom ejercía su peso con totalidad, así que el simbionte sopesó con cuidado sus movimientos hasta inclinarse y pegar su pecho contra la espalda de Eddie, acercando sus rostros a tal grado de sentir el aliento del contrario. La periferia de la vista de Eddie le regaló una perfecta visión de sus largos y letales dientes apilados en una tortuosa sonrisa, una que desde hace mucho quería devorar hasta en sus más profundos y secretos sueños.Eddie fue acercándose con cautela a la peligrosa boca de su simbionte y Venom retrajo sus dientes para poder besarlo, tal como lo hizo la primera vez cuando Anne le ayudo a volver a él.Sus bocas se encontraron gustosas, cada beso era un pacto silencioso de amor y entrega, una promesa de que su conexión era más fuerte que cualquier desafío que pudieran enfrentar y la lengua de Venom no quiso esperar más para saborear cada rincón de la boca de Eddie y más partes de su cuerpo.Eddie soltaba gemidos deliciosos que solo provocaba en Venom hambre, pero no de cerebros, esta vez quería la feniletilamina que producía el amor y los químicos del cerebro de Eddie, sumando sus hormonas al juego. Recordó cómo sus manos se encontraban entrelazadas, explorando cada rincón del cuerpo del otro con una ternura que desafiaba la gravedad de sus circunstancias.La lengua de Venom hizo su trabajo en el miembro de Eddie, sus testículos y su entrada. Eddie estaba entregado a Venom ahora.Venom no era gentil con nadie, vaya, ni siquiera con él, pero justo en ese momento le sorprendió lo dulce que podía serlo. Entonces el simbionte formo su propio miembro, el tamaño aterró a Eddie, pero luego de algunas caricias y palabras que no hicieron falta decirse, Venom lo cuidó, le dio espacio para respirar y toda la paciencia para no lastimarlo porque cuando entró lentamente, apaciguó el dolor de Eddie a manera que no sufriera pero que si disfrutara de ese placer.Eddie disfrutaba tener a Venom dentro de él, aunque ahora también estaba disfrutando tenerlo adentro de esa manera.Mientras sus cuerpos se unían, Eddie pudo sentir la esencia de Venom fluyendo a través de él, como si sus almas se entrelazaran en una danza cósmica. Era un vínculo que iba más allá de la comprensión, una unión de dos seres que, aunque diferentes, compartían una conexión profunda de lo que significaba amar sin reservas. En aquel momento, no eran solo un periodista y un simbionte; eran dos almas entrelazadas en un baile de amor y entrega.Y cuando por fin se dejaron llevar por la ola de la pasión, supieron que el resultado de esa unión sería un nuevo comienzo, un testimonio de lo que habían construido juntos. Eddie sintió un torrente de emociones, desde la alegría pura hasta un profundo sentido de pertenencia, a pesar de que a la mañana siguiente continuaran como siempre, incluso a un grado de actuar como si no hubiera sucedido, porque no se habló de su encuentro sexual, no hablaron tampoco de sus sentimientos, porque no hacía falta, ambos tenían presente el significado de estos. Mientras uno de ellos no se cansaba de hacerle saber al otro todo lo que lo hacia feliz, el otro prefería callar y demostrarlo con acciones.Pero ahora, mientras recordaba esos momentos llenos de amor y calidez, Eddie sentía una punzada en el pecho. La tristeza lo envolvía al pensar en la ausencia de Venom, en cómo su sacrificio había dejado un vacío que nunca podría llenarse. Sin embargo, en el eco de sus recuerdos, había una chispa de esperanza: el nuevo ser que llevaba dentro era un legado del amor que compartieron, un símbolo de que su conexión nunca podría romperse.Con una mezcla de nostalgia y determinación, Eddie acarició su vientre apenas abultado, sintiendo la vida que crecía dentro de él, un pequeño recordatorio de lo que habían creado juntos. Llevaba aproximadamente dos meses así después de haberlo descubierto y su vientre apenas había crecido un poco, por fortuna, parecía más como si únicamente hubiera ganado algunos kilos extra. Agradeció que al parecer ese embarazo no era invasivo al grado de no saber cómo ocultar y explicar un vientre de globo como en el caso de las mujeres. —Te prometo que haré todo lo posible por ti —murmuró, con la voz entrecortada por la emoción—. Y tu padre siempre estará con nosotros.Era tan extraño oírlo de su propia boca, no sabía explicar las emociones y sentimientos que se entremezclaban como un coctel de sensaciones que nunca pensó experimentar.Eddie se levantó con calma y se dirigió a la ventana para mirar hacia el horizonte, una sensación de paz lo envolvió. Sabía que la vida que llevaba dentro era una nueva oportunidad para honrar la memoria de Venom y, aunque su amor había cambiado de forma, nunca podría extinguirse. Eddie se sintió fortalecido, listo para enfrentar lo que estaba por venir, con la certeza de que nunca estaría realmente solo. Ese instante de vulnerabilidad se transformó en determinación emergente.Este nuevo ser era parte de Venom, y aunque su compañero ya no estaba, Eddie sabía que debía encontrar la manera de seguir adelante.

----- CHAPTER BREAK -----

He llamado, para decir hola

Tu voz siempre aleja el dolor

El pensamiento es inimaginable

Que te vi por última vez y no lo sabía

Tú eras el que se suponía que no debía perder

Pensé que te tendría para toda mi vida

Para toda la vida

Ahora, estoy caminando en una niebla

No hay color, solo oscuros tonos de gris

Me mostraste el camino cuando estaba perdido y solo

Pero nunca me mostraste realmente cómo dejarte ir.

—Three Days Grace (Lifetime)

Habían pasado casi medio año desde que el mundo de Eddie dejó de existir como lo conocía. Habían transcurrido seis meses sin él.
Medio año desde que perdió al amor de su vida.
Eddie había estado sintiendo una mezcla de fatiga y mareo constante desde hace días, pero lo atribuyó al duelo, al vacío que lo consumía desde el sacrificio de Venom. Cada rincón de su nuevo apartamento, cada calle que recorría, parecía recordarle la presencia vibrante de su compañero, y el peso de la ausencia se volvía casi insoportable. No quería pensar en nada más, no quería escuchar lo que su cuerpo le decía.
Pero esta vez el malestar fue diferente. Eddie se tambaleó hasta el baño, sintiendo cómo el frío de las baldosas bajo sus pies desnudos le devolvía a su cruel realidad, aunque solo fuera un poco. Respiraba con dificultad mientras el eco de su respiración se estrellaba contra las paredes frías envueltas en azulejos, una especie de susurro que le parecía extrañamente familiar. Se llevó una mano al estómago, frunciendo el ceño al sentir una extraña energía, una tibieza que no se parecía a nada que hubiera experimentado antes.
—Esto no puede ser… —murmuró, con la voz rasgada, casi inaudible.
Después de horas de luchar contra el impulso, decidió visitar a un médico, algo que Venom probablemente habría despreciado antes. Pero ahora, sin él, Eddie no tenía opción.
 
Sentado en la clínica, con el ruido de fondo de personas entrando y saliendo, Eddie sentía cómo sus palmas comenzaban a sudar. Cada segundo que pasaba era una eternidad. Trató de distraerse, mirando su teléfono celular, leyendo las últimas noticias del periódico en línea “Daily Bugle”, mirando los carteles pegados a las paredes sobre anatomía y recomendaciones para evitar infecciones respiratorias.
Una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Eddie, hace ya bastante tiempo que no visitaba un hospital y tampoco a un doctor, la última vez que lo hizo fue cuando Dan lo revisó y descubrió que Venom lo estaba enfermando… Cuando lo conoció.
El atisbo de sonrisa se desvaneció al recordar aquel momento. Eddie se removió en su asiento y metió sus manos a la chaqueta nueva que había comprado en las rebajas hace una semana, sus ojos se movieron de repente a la placa situada en el escritorio frente a él; Dr. Thomas Harris, se leía grabada en ella. Eddie estaba a punto de tomarla para examinarla y seguirse distrayendo, pero finalmente, un joven médico entró con una expresión que mezclaba sorpresa y cautela, sosteniendo una carpeta con los resultados.
—Señor Brock —dijo el médico, intentando ocultar su incomodidad. Eso no podía ser bueno—. Los análisis muestran que… tiene niveles hormonales inusuales, muy elevados para un hombre, y… —Eddie lo vio dudar, como si no pudiera explicar lo que los papeles en sus manos mostraban, eso lo preocupó—. Según los resultados, usted está en las primeras etapas de un embarazo.
La risa de Eddie fue breve y vacía, sin alegría.
—¿Está bromeando? Eso es… biológicamente imposible.
Eddie no se sentía de humor para bromas de mal gusto.
«¿Qué clase de profesional era este?». Pensó Eddie con molestia.
El médico carraspeó, pasándose una mano por el rostro antes de continuar.
 —Sí, lo comprendo. Esto es extremadamente inusual, por no decir… inaudito. —El medico tomó asiento detrás de su escritorio—. Sin embargo, hay ciertas peculiaridades que los resultados detectaron. De acuerdo con los análisis, parece que una entidad… una forma de vida externa… ha alterado significativamente su estructura interna. Es como si hubiera creado un sistema similar al de una matriz gestacional en su abdomen.
Eddie se quedó en silencio, sus ojos parpadeaban incrédulos mientras procesaba esas palabras.
—Espere… ¿Qué quiere decir con eso? «¿Acaso Venom dejó algo en mí?». —preguntó con nerviosismo y palabras torpes. El rostro del médico también reflejaba confusión, aun luchando por comprenderlo él mismo.
—Verá, señor Brock…  —el doctor se quitó las gafas que traía puestas y las dejó junto a los documentos en el escritorio—. No le voy a mentir, sé quién es usted, lo supe desde el momento que entró a mi consultorio.
Eddie se tensó, el doctor Thomas notó como los dedos de Eddie se aferraron incomodos al reposabrazos de su silla.
—No, no, por favor, no se asuste. Disculpe si no me he expresado adecuadamente. —El medico extendió ambas manos de manera tranquilizadora hacia Eddie, quien lo miraba con cautela—. Quiero decir que… he estado al tanto de muchas de las noticias en el mundo que de alguna manera me he enterado de su historia, una muy impactante, por cierto.
Eddie pareció relajarse de manera significativa antes esto, su estado de alerta se relajó un poco, pero continuaba atento a cualquier señal de peligro. Porque, aunque parecía un buen tipo, no confiaba en nadie siendo nuevo en esa ciudad.
—Tengo que decirle que lo admiro, todo por lo que pasó. Digo, no cualquiera sobrevive más de una vez a batallas de nivel apocalíptico…
—¿Cómo sabe todo esto? —pregunto de repente Eddie, sin relajar su postura.
El doctor lo observó, comprendiendo que el hombre frente a él estaba aterrado por lo que acababa de escuchar y lo veía como una potencial amenaza cuando estaba bastante lejos de serlo.
—Oh, yo… Como ya le he dicho, soy una especie de fanático de la información, me gusta estar bien informado de todo acontecimiento en el mundo y en general de la ciudad. Y, a pesar de que su historia trascendió y fue descubierta por muchos, no todos están enterados, ya que se hizo lo posible por retirar toda evidencia que lo involucrara a usted con lo que fueron los simbiontes.
Los ojos de Eddie se clavaron a él, con el ceño fruncido. El doctor pudo notar que estos se cristalizaban.
—Sí, también supe de ellos, la mayoría no lo sabe tampoco, pero los pocos que fuimos testigos, también guardamos nuestra propia evidencia.
—¿Testigos?
El doctor se cómodo en su asiento mientras sus ojos se clavaban a la madera de caoba de su escritorio.
—Hace algunos años visité San Francisco para realizar mis prácticas profesionales allí y fue entonces cuando sucedió lo de Life Foundation y Carlton Drake. Luego los videos sobre una extraña criatura negra atravesando las calles junto a un hombre no se hicieron esperar. Fue entonces que los blogs y Twitter estaban inundados con teorías, anécdotas y supuestas evidencias que aquel hombre que portaba un simbionte era conocido como Eddie Brock, un reportero. —Eddie ya no lo miraba, en cambió parecía perdido en sus pensamientos—.  Pero varios archivos multimedia habían sido borrados de la web y a pesar de la sensación de la noticia, eventualmente fue olvidada, pero yo continúe siguiendo su trabajo, incluso cuando descubrió los secretos de ese tal Cletus Kasady.
—Entonces también sabes que estuve prófugo por algo que no hice —dijo Eddie sin emoción alguna, con su barbilla apoyada sobre su puño izquierdo.
El joven medico lo observó y asintió solemne.
—Sí, como ya he dicho, sé muchas cosas sobre usted, pero sin duda no todo, creo entender ahora porque huía de todo y todos, y ahora con esto… —las manos del médico estaban inquietas y no supo poner en palabras su asombro e incredulidad a lo que respectaba que el hombre frente a él pudiera estar gestando, pues jamás en toda su vida profesional habría esperado algo como eso—. Veo que no estaba solo Señor Brock. —Eddie apretó los dientes—. No estoy aquí para juzgarlo ni nada por el estilo, como profesional me corresponde ayudarlo y mantener todo lo relacionado a su salud en total confidencialidad. De mi boca jamás ha salido nada respecto a mis pacientes y jamás saldrá nada, así que quiero que sepa que puede confiar en mi ética y profesionalidad.
Eddie por fin lo miró, en sus ojos aburridos un atisbo de seguridad se hizo presente, el chico parecía agradable e incluso Eddie sabía que podría acabar con la carrera de este médico si quería, después de todo, era su deber hundir a la gente mala, tal y como lo hacía antes, como el periodista que siempre fue. Decidió que iba a confiar, pero se aseguraría de no bajar la guardia ni ahora ni nunca, pues ya no tenia a nadie para protegerlo esta vez.
—¿Qué… qué alteró mi cuerpo para esto? —cuestionó Eddie con más calma ahora.
 —El análisis celular muestra rastros de ADN que… no son humanos. Al parecer, esta entidad simbiótica creó una especie de fusión molecular con usted. Es posible que, en su vínculo, haya preparado su organismo para… crear y sustentar una vida.
Aún aturdido, Eddie sintió cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Llevó una mano temblorosa a su abdomen, en un gesto protector que ni siquiera había planeado.
«¿Venom… ¿De verdad estás aquí?».
El médico tosió suavemente, alejándose de detrás su escritorio, dándole espacio.
Eddie seguía sentado en la silla, tratando de procesar lo imposible, aun sintiendo una mezcla de incredulidad y asombro, con sus puños cerrados y sus ojos ardiendo, su respiración irregular intentando con todas sus fuerzas contener un sollozo, no se permitiría derrumbarse frente al doctor. El médico, visiblemente incómodo, consultaba la carpeta que contenía los análisis mientras se aclaraba la garganta, preparando con cuidado las palabras que le diría a continuación.
—Señor Brock, necesito que entienda algo —comenzó, mirándolo con seriedad—. Dada la naturaleza única de su situación, no podemos prever todas las implicaciones. La alteración genética que mencioné es… algo que nunca hemos visto. Su organismo está sosteniendo una vida de una forma completamente atípica, lo cual plantea riesgos potencialmente serios para usted y, francamente, para el desarrollo de… su bebé.
Eddie asintió, tragando en seco mientras apretaba los labios temblorosos. Aunque la idea de complicaciones lo asustaba, no apartó la mirada de la pared del consultorio médico.
—¿De qué clase de riesgos estamos hablando? —preguntó con voz ronca, queriendo saberlo todo.
El médico suspiró y continuó con cautela.
—Aún no podemos estar seguros, pero los cambios en su fisiología podrían derivar en problemas de salud graves. Su cuerpo podría no soportar esta carga debido a las alteraciones internas. El crecimiento de un feto con una genética tan… particular, podría requerir ajustes que sus órganos no están preparados para soportar.
—Así que… podría matarme —murmuró Eddie, procesando la posibilidad con un nudo en la garganta. La sola idea de perder al hijo de Venom era un golpe que no sabía si podría soportar también, pero tampoco podía evitar imaginar el futuro que podría tener con él.
—Esa es una posibilidad —respondió el médico, sin evasivas—. Entiendo lo complicado de su situación, y no quiero presionarlo. Pero, señor Brock, creo que es importante que tenga en cuenta sus opciones. Podemos interrumpir el embarazo, si decide que el riesgo es demasiado alto. El procedimiento, en este caso, es más complejo y tiene sus propios riesgos, debido a la naturaleza simbiótica de lo que llevas… pero es una opción para proteger su vida.
Eddie sintió el peso de esas palabras en el estómago, como si una garra helada le apretara desde adentro el corazón.
Abortar… Dejar ir esa chispa de vida que le recordaba tanto a Venom… era una opción, una que el médico le estaba ofreciendo para asegurar su supervivencia, una por la que Venom dio su vida. Pero algo en su interior, tal vez la pequeña presencia que sentía en su abdomen, le pedía que no tomara una decisión apresurada.
Con la voz temblando, Eddie exhaló despacio y se forzó a preguntar: —¿Y si… decido continuar? ¿Qué pasaría?
—Si decide continuar, le pediré que se someta a controles frecuentes y, posiblemente, a tratamientos experimentales que puedan ayudar a su organismo a adaptarse a este proceso. Pero quiero ser claro: el riesgo para usted será alto. Sin embargo —añadió, suavizando un poco el tono—, si todo sigue como hasta ahora, existe una posibilidad de que usted y el bebé salgan adelante.
Eddie bajó la mirada, dejando que esas palabras se instalaran en su mente. Su corazón palpitaba con fuerza. La idea de una familia, de un hijo que llevaría consigo el legado de Venom, le daba una esperanza que no había sentido desde la pérdida de su compañero.
«Hubieras sido un gran padre». Aquellas palabras resonaron en su cabeza de nuevo, como si Venom aún siguiera con él y las repitiera de nuevo.
«Tú también lo habrías sido, amigo».
Después de un silencio denso y profundo, Eddie levantó la mirada, la determinación clara en sus ojos.
—Voy a seguir adelante —dijo en un susurro firme—. Este bebé… es lo único que me queda de él. No voy a renunciar a eso.
El médico observó su resolución, asintiendo lentamente, como si entendiera que no había nada más que discutir.
—Entonces, señor Brock, haré todo lo posible para apoyarlo en este proceso, sea que decida continuar con mi atención y servicios o recurra a otros especialistas si lo considera necesario. Pero le pediré que esté preparado para lo inesperado. Esta será una experiencia sin precedentes.
Eddie asintió, y con una mezcla de temor y esperanza, se llevó una mano al abdomen de nuevo, sintiendo una conexión aún más profunda con la pequeña vida que ahora se aferraba a él. No sería fácil, pero sabía que no daría marcha atrás. Haría cualquier cosa por su hijo, el último regalo de Venom.
Con la mente aún nublada, Eddie apenas pudo asentir mientras el médico se retiraba de la sala. Se quedó allí, en silencio, absorbiendo cada palabra, cada nueva revelación. Por primera vez desde la pérdida de Venom, sintió un calor inexplicable en el pecho, una chispa de esperanza que lo llenaba de vida y fuerza.
Acarició su vientre, una risa temblorosa escapando de sus labios. Aunque el dolor de la ausencia de Venom seguía en su pecho, ahora había algo más. Algo que le recordaba que su compañero seguía allí, a través de lo que habían creado juntos.
El códex que Venom había implantado en él, uno que se desarrollaría después de algún tiempo, uno que acabaría con Knull, aun cuando él ya no estuviera allí.

----- CHAPTER BREAK -----

Tuve a todos y luego a la mayoría

Algunos y ahora ninguno de ustedes

Llévame de vuelta a la noche en que nos conocimos

No sé lo que se supone que debo hacer

Y el fantasma de ti me persigue

Oh, llévame de vuelta a la noche en que nos conocimos.

—Lord Huron (The Night We Met).

El vuelo había sido agradable, las horas no parecieron demasiadas ya que su sentido del tiempo seguía algo confundido y no es como si volar en los aviones no le aterrara ya de por sí.«¡Te dije que volaríamos!». Las palabras de Venom se hicieron presentes. «¿Cómo hace esto Tom Cruise?». Un escalofrío recorrió su espina dorsal al recordar aquel aterrador momento sobre ese avión en donde había tenido su primero encuentro con la Xenophage.Eddie durmió la mayor parte del viaje y al final, cuando por fin piso tierra firme se sintió como un pedazo de concreto en sus hombros volver a aquel lugar que un día fue su hogar.Eddie caminaba nervioso por las calles de San Francisco, el aire familiar llenando sus pulmones con una mezcla de nostalgia y ansiedad. No había vuelto desde la última vez que él y Venom decidieron dejar la ciudad, pero ahora, sin su compañero, todo se sentía más frío, como si la vida misma hubiera perdido algo esencial. Después de todo lo sucedido, Eddie había sentido la necesidad de acercarse a las únicas personas que podrían comprender el peso de lo que estaba enfrentando: Anne y Dan.Después de que el gobierno de los Estados Unidos decidiera perdonarlo, Eddie sentía que podía retomar un contacto que había evitado con sus amigos para evitar ponerlos en peligro. Todavía podía oír la voz emocionada de Anne al teléfono y las palabras aliviadas de Dan acompañándola. A Venom también le habría emocionado volver a verlos.Al llegar al café donde habían acordado encontrarse, los vio ya esperando en una mesa junto a la ventana, sus rostros cálidos y sonrientes al verlo acercarse. Anne se levantó enseguida para abrazarlo, y Eddie se dejó envolver por su abrazo, sintiendo cómo un poco de esa carga se hacía más ligera.—¡Eddie… me alegra mucho verte! —comentó aliviada y sonriente.—También me alegro de verte Annie. —Cuánto lo siento —susurró Anne con sinceridad, sus manos aferrándose a los hombros de él con firmeza. Eddie ya les había hecho saber la triste notica a través del altavoz, así que, el pésame no se hizo esperar. En cuanto Anne lo soltó, Dan también se acercó, ofreciéndole un apretón de manos que se sentía más cercano que nunca, como si entre los tres pudieran sostener el dolor que él había estado cargando solo.—Eddie me da gusto saber que estas bien. Bienvenido de vuelta —dijo Dan con ese carisma y amabilidad que tanto lo caracterizaban.—Gracias, chicos —dijo Eddie, esforzándose por mantener la voz estable.Los tres tomaron asiento y luego de ordenar café y algunas tartas, continuaron hablando de todo lo que había pasado en ese tiempo, cuando Eddie huyó de la ciudad junto a Venom. Él les hizo saber todo, cada detalle de su trágica aventura y del sacrificio inminente del simbionte. —Perder a Venom… fue como perder una parte de mí mismo. —Eddie movía en círculos sus café negro con la cuchara de metal, creando un remolino de espuma que casi le recordaba a la “piel” de Venom—. Pero… ahora hay algo más que necesito contarles.”Anne y Dan lo miraron con curiosidad y preocupación, sus miradas invitándolo a continuar.Eddie respiró hondo y se armó de valor.—Sé que esto va a sonar extraño… o imposible, pero estoy… —Eddie hizo una pausa, una que se sintió como una eternidad, misma que empezó a preocupar sus amigos—. Estoy embarazado. Me encuentro esperando un bebé.—¿Qué? Eddie… eso… eso no puede ser… —La sorpresa y el asombro en sus rostros fue evidente. Anne abrió la boca para decir algo, pero luego cerró los labios, intentando procesar lo que acababa de escuchar, llevándose una mano a la boca—. ¿Embarazado? ¿Cómo es eso posible?—¿Eddie, estás seguro? ¿Un… embarazo? —preguntó Dan. Su expresión mezclada de sorpresa con un análisis rápido intentaba encajar la noticia con su conocimiento médico. —Pero… un hombre, y con el ADN de Venom… Esto es algo completamente fuera de lo normal.—Es lo que yo pensé también. Pero el médico me lo confirmó, Dan. Venom dejó algo en mí, un… vínculo. Algo que mi cuerpo pudo sostener. Me preparó, de alguna forma.—Esto es… increíble. Extraño y maravilloso a la vez. Eddie, esto es lo único que queda de Venom. —Anne se quedó en silencio un momento, todavía impresionada, y luego continúa con una voz suave y ojos llenos de empatía y comprensión. A estas alturas no había mucho que pudiera asombrarla más—. Pero… ¿Qué significa para ti? ¿Estás… preparado para enfrentarlo?—Es aterrador, Anne. No voy a mentir. Pero no puedo evitar sentir que esto es una última oportunidad de tener algo de él, de no dejarlo ir del todo.—Bueno, Eddie… sé que estás en buenas manos con tu médico, pero si en algún momento necesitas ayuda o requieres cualquier tipo de consulta… —Dan se aclara la garganta, un poco abrumado pero determinado—. Ya sabes que soy médico y, además, tengo experiencia con Venom. Puedo ayudarte en lo que sea.—Exacto, Eddie. No estás solo. Vamos a estar aquí para ayudarte con lo que necesites. Ese bebé va a ser amado y protegido, te lo prometemos.Eddie levantó la mirada para observar a su expareja ahora convertida en su mejor amiga y a su ahora esposo, convertido en un gran amigo para él también, se merecían el uno al otro y estaba muy feliz por ambos. Lamentó haberse perdido su boda, a Venom le habría encantado asistir, se los hizo saber por llamada también.—Gracias… Gracias, de verdad. —agradeció con la voz entrecortada—. Saber que están aquí me hace sentir que no estoy tan solo en esto.—Y vamos a hacer todo lo posible para que sigas adelante, para que ese bebé también sea una parte de tu vida, de su vida. Venom está aquí, Eddie, en ese bebé. En ustedes dos.Las palabras de Dan lo golpearon como un tren de carga, últimamente evitaba con todas sus fuerzas derramar lágrimas, sin embargo, sabía que eso podía hacerle daño. Pero por, sobre todo, Eddie sonrió, agradecido por su reacción, sentía cómo el peso de la soledad disminuía, pero algo en el brillo de los ojos de Anne parecía contener una revelación propia. Había algo más en la atmósfera, una emoción que Anne y Dan parecían compartir.—En realidad, Eddie, también tenemos algo que contarte —comenzó a decir Anne, su tono vibrando con una mezcla de emoción y timidez. Se miró con Dan y se tomaron de las manos, luego volvió la vista hacia Eddie—. Dan y yo… también estamos esperando un bebé.La noticia impactó a Eddie, pero de la mejor forma. Una risa sorprendida y genuina escapó de sus labios, una que no había sentido en semanas.—¿En serio? ¡Eso es increíble! No me lo esperaba… Felicidades, a ambos. Es fabuloso. ¿Cuánto tiempo tienes, Anne?—Tengo tres meses apenas, no se me nota mucho, pero… —dijo la rubia descubriéndose un poco su abrigo para revelar su apenas abultado vientre, algo muy similar al suyo.Eddie sonrió y los tres se miraron, cada uno entendiendo que, aunque sus caminos habían cambiado y la vida los había llevado en direcciones inesperadas, seguían unidos de alguna manera. En ese instante, compartieron un vínculo especial, uno que iba más allá de las palabras, un lazo de nuevas vidas y viejas amistades.Anne puso su mano sobre el hombro de Eddie, dándole un apretón suave.—Será difícil, Eddie, lo sabemos. Pero estamos aquí para ti. Ahora, más que nunca, somos una familia.Eddie sonrió, con lágrimas asomando en sus ojos, y miró a sus dos amigos, sintiéndose menos solo. Aunque el vacío de Venom seguía doliendo, el vínculo con su hijo y la promesa de una nueva familia le daban la fuerza que tanto necesitaba.Pasaron al menos una hora más conversando y comiendo, luego de ese rato a Eddie se le veía más suelto y animado. Luego de eso, por fin se despidieron, no sin antes prometer verse de nuevo muy pronto y haber agendado una cita con Dan para un chequeo médico el próximo mes. Aunque no estaba seguro de soportar otro vuelo de seis horas.Eddie caminaba con paso lento hacia la pequeña tienda de la Sra. Chen. Aquella mujer asiática que solía proveerles grandes cantidades de chocolate a Venom y que la última vez que la había visto fuera en Las Vegas, destrozando su pent-house luego de que Venom se arriesgara a conocerle el último baile que los terminó separando. No la culpaba, vaya, ni siquiera culpaba a Venom, todo pasó tan rápido.La campanilla en la puerta emitió su sonido familiar al entrar. Los colores cálidos y el ligero desorden le recordaron de inmediato que, incluso con tanto cambio en su vida, algunos lugares permanecían intactos.Eddie se acercó al mostrador esperando ver a la adorable mujer, pero se sorprendió al encontrarse con una muchacha de ojos rasgados de al menos unos dieciocho años, leyendo aburrida una revista mientras esperaba atender a un cliente.—Bienvenido. ¿En qué le puedo ayudar? —preguntó la joven con voz floja.—Oh, yo… Estoy buscando a la señora Chen.La joven suspiró y de mala gana se movió hasta una puerta trasera lejos del mostrador.—Tía, te buscan —gritó la chica y se apoyó en un anaquel que estaba a su costado, sacando su teléfono móvil para mirarlo.—¿Qué pasa Qiong? ¿Quién me está…? —No había pasado un minuto cuando la Sra. Chen salió por la puerta y alzando la vista, soltó un gritó de sorpresa como cuando lo encontró en Las Vegas y se apresuró hacia él.—¡Eddie! ¡Mira nada más quién ha vuelto! —Una sonrisa amplia iluminó su rostro mientras lo abrazaba brevemente, palmeándole el hombro—. ¡Estás vivo y bien! No sabes lo feliz que me hace verte de nuevo, luego de lo que pasó en el pent-house de Las Vegas…La señora Chen decidió callar, ahora no era momento de rememorar malos recuerdos cuando la alegría de un reencuentro era lo principal.—Sí, Sra. Chen, aquí estoy… También me alegro mucho de volver a verla —Eddie sonrió levemente, dejando que su mirada recorriera el lugar. Volver a ese espacio era como encontrar un pequeño refugio en medio del caos interno que estaba viviendo—. Veo que ahora cuenta con algo de ayuda ¿eh?La Sra. Chen volteó a ver a la chica que no tenía un mínimo interés en su conversación.—Oh, solo es mi sobrina, luego de todo el dinero que gané en Las Vegas decidí que quiero tener una vida más tranquila, así que la contraté para ayudarme cuando no está estudiando o saliendo de fiesta con sus amigos.La chica rodó sus ojos y regresó al mostrador.—Wow, ahora la señora Chen se ha convertido en jefa —bromeó Eddie.—Así es —rio divertida—, pero ven, pasa, estaba preparando un rico té, adelante. —La señora Chen lo instó a ir con ella hacia el interior de la puerta por la que había salido, lejos de su sobrina. Era la parte trasera de su casa, un rincón que se veía acogedor, una especie de patio cubiertos de plantas, objetos de cerámica por doquier y algunas lámparas chinas, también incluso una televisión.—No sabía que tenía todo esto escondido detrás de su tienda —dijo Eddie con asombro.—Bueno, siempre vieron solo la tienda y nunca se detuvieron a prestar atención alrededor.Ella hablaba en plural…La mujer asiática lo instó a sentarse en una de las dos sillas de terciopelo vino que tenía encontradas frente a una pequeña mesa de té con dicho liquido humeante en una taza, razón por la que enseguida se apresuró a servir otra para sus invitados.—Y… ¿En dónde está el grandote? ¿Por qué no ha salido a saludarme? —Su tono era tan despreocupado como siempre, esperando casi con ansias ver a la criatura saltar y saludarla con su voz grave.La sonrisa de Eddie se desvaneció, y sus ojos se oscurecieron mientras bajaba la mirada. Respiró hondo, intentando controlar la marea de dolor que la pregunta había desatado. La señora Chen se dio cuenta de inmediato de su cambio de expresión y frunció el ceño, su mano tocando el brazo de Eddie con suavidad.—¿Eddie?… ¿Qué pasó? ¿Dónde está Venom?Eddie apretó los labios, luchando contra el nudo en su garganta. Finalmente, levantó la mirada, sus ojos llenos de tristeza y negando con la cabeza.—Se… se sacrificó por mí, señora Chen. Dio su vida para que yo pudiera vivir. —Su voz era un susurro quebrado, cargado de dolor—. Ya no está…La señora Chen quedó en silencio, el impacto reflejándose en sus ojos. Lentamente, se cubrió la boca con la mano, tratando de asimilar la pérdida. Para ella, Venom también había sido una presencia singular, una que había llegado a apreciar a su manera. La tristeza que veía en Eddie le decía lo profunda que era la pérdida.—Oh, Eddie… lo siento tanto. —Su voz era suave, cálida, y sus ojos se llenaron de compasión pro también de algunas lágrimas que saltaron enseguida, rodando por sus mejillas—. Venom… era especial. Nunca supe de nadie como él. Siempre pensé que… que ustedes dos estarían juntos para siempre, peleando y cuidándose a su modo.—Eso creí yo también. —Eddie dejó escapar un suspiro tembloroso, cerrando los ojos por un momento—. Él era más que un amigo. Era… era parte de mí. Y ahora… —Se llevó una mano al abdomen sin darse cuenta, recordando que, de alguna forma, Venom sí seguía siendo parte de él, en ese pequeño vínculo de vida que llevaba dentro.La dama asiática observó ese gesto, percibiendo algo en la tristeza de Eddie que aún no podía descifrar. Sus ojos se entrecerraron, su curiosidad y perspicacia despertándose.—Eddie… —dijo, con un tono suavemente inquisitivo, casi como si tratara de adivinar lo que él llevaba en el corazón—. De verdad lo siento. Si hay algo que pueda hacer por ti, solo dímelo. Pero además debo preguntar… ¿Cómo te sientes?Eddie tragó saliva, y un atisbo de ternura asomó en sus ojos mientras miraba a la señora Chen. Se tomó un momento para ordenar sus pensamientos antes de hablar, y luego asintió levemente.—Ya sabe, he conseguido un nuevo trabajo en una editorial y ahora vivo en Nueva York, me va bien, pero… después de haber perdido a Venom ha sido difícil continuar.—Entiendo, te habías acostumbrado tanto a él después de los años que pasaron juntos. Si te digo la verdad, Eddie. No pensaba que esto estaría pasando, pensaba que ahora estarían viviendo juntos lejos de aquí pero tal vez ya no siendo buscados por el gobierno o qué sé yo, pensé lo peor pero no creía que sería real. De verdad lo lamento.Eddie bajo la mirada, juntando los dedos de sus manos, su nerviosísimo era palpable.—Hay algo más… —comenzó a decir Eddie y la mujer le prestó toda atención—. Antes de irse, Venom me dejó… una parte de él. Estoy… esperando un bebé. —Sus palabras salieron suaves, como si temiera romper la calma del momento.La Sra. Chen lo miró, primero en shock, y luego con una mezcla de asombro y emoción en el rostro, ocasionan do que se llevara ambas manos a la boca, temblando.—¡Eddie! ¡Eso es… eso es increíble! —Su sorpresa inicial dio paso a una sonrisa cálida, y sus ojos se llenaron de lágrimas y ternura—. Venom sigue aquí, de alguna forma. Y tú… —lo miró con una expresión llena de cariño y orgullo—. Tienes algo de él contigo, una nueva razón para luchar.Eddie dejó que una sonrisa temblorosa se dibujara en sus labios, agradecido por la reacción de la señora Chen. Sentía que, al compartir esta noticia con ella, había honrado un poco más el sacrificio de Venom. Ahora no solo llevaba el recuerdo de su amigo, sino también el apoyo de aquellos que le importaban.—Y, Eddie… —Por fin, Eddie levantó la vista y la miró a los ojos—. Como ya dije, si necesitas algo, cualquier cosa, aquí estoy. Vamos a asegurarnos de que ese bebé conozca la historia de su padre, y la de su loco y obstinado padre humano. Después de convivir un rato más entre recuerdos y anécdotas, Eddie se despidió de la señora Chen, prometiendo seguir en contacto con ella y visitarse en cuanto pudieran.Eddie subió al avión de vuelta a Nueva York. Todo el vuelo se mantuvo en silencio, mirando por la ventana, perdido en los pensamientos de lo que había compartido en San Francisco. Durmió lo suficiente y al no llevar casi nada de equipaje, le fue fácil seguir el ritmo de un viaje fugaz, a pesar de la fatiga. Ansiaba la hora de llegar a su preciada cama y tirarse sin más para descansar, ya que los pies comenzaban a dolerle mucho. Sin embargo, antes de ir directamente a su apartamento, algo dentro de él lo impulsó a hacer una parada.Tomó un taxi y se dirigió a la iglesia de Nuestra Señora de los Santos, llegando junto al atardecer. Las torres se alzaban solemnes y, aunque Eddie no era una persona muy religiosa, había algo en aquel lugar que lo llamaba, como si pudiera encontrar una conexión más allá de las palabras. Al cruzar las puertas, el aire de la iglesia estaba cargado de un silencio reverente. Las velas encendidas proyectaban un leve resplandor cálido, y el aroma a cera y madera vieja le daba un aire casi atemporal.Eddie avanzó lentamente por el pasillo central, sus pasos resonando suavemente en el eco de la iglesia vacía. Encontró una fila de velas y tomó una, encendiéndola con la ayuda de otra llama viva al lado y colocándola junto a las demás. Durante unos instantes, observó la pequeña llama, sus pensamientos intensificándose con cada segundo.—Sé que nunca fui el tipo que rezaba mucho… y ni siquiera sé si tú, de alguna manera, puedes escucharme —susurró, más para sí mismo que para nadie en particular—. Pero… si en algún lugar de esta inmensidad, en algún rincón, todavía hay algo de ti… —hizo una pausa, su voz quebrándose levemente—. Sólo quiero que sepas que me aseguré de que tu sacrificio no haya sido en vano.Se pasó una mano por el rostro, los ojos fijos en la vela que parpadeaba suavemente y después se movieron en dirección al gran ventanal abierto que revelaba el inició de un manto oscuro cerniéndose en las alturas, con pequeñas estrellas haciendo acto de presencia. Por un segundo imaginó que la noche era Venom y el cielo naranja y morado de la tarde su propia piel.—Nuestro hijo… nuestro bebé va a estar bien. Voy a cuidar de él. Y solo… —trató de reprimir el nudo en su garganta—, solo espero que, de algún modo, puedas estar con nosotros… cuidándonos desde donde quiera que estés. —Se quedó en silencio, dejando que ese momento fuera el mensaje que necesitaba transmitir.La paz de la iglesia le daba una sensación de calma, y por primera vez desde la pérdida de Venom, sintió que quizás no estaba tan solo. Eddie cerró los ojos, permitiendo que esa sensación de quietud lo rodeara, y después de un momento, susurró suavemente:—Gracias… por todo. Prometo que no voy a fallarte.Permaneció un rato más, dejando que la vela ardiera y la llama danzante proyectara sombras tenues en el lugar. Antes de marcharse, dio una última mirada hacia el altar, como si esa iglesia le hubiera dado un pequeño refugio para expresar su dolor, su gratitud y su esperanza.Al salir, el cielo ya se había oscurecido por completo, y Eddie respiró hondo, sintiéndose un poco más en paz. Sabía que aún quedaba un largo camino por recorrer, pero en el fondo sentía que, de alguna forma, Venom seguía con él.

----- CHAPTER BREAK -----

Ahora esto podría ser un error

Que te este llamando tan tarde

Pero estos sueños que tengo de ti no son lo suficientemente reales

Empezó a traer el pasado

Como las cosas que amas no duran

A pesar de que esto no es justo para los dos

Tal vez sólo soy un tonto

Todavía te pertenezco

Dondequiera que estés, dondequiera que estés

Estos campos de minas que atravieso

Lo que arriesgo para estar cerca de ti

Estos campos minados que me alejan de ti

Lo que arriesgo por estar cerca de ti.

—Faouzia y John Legend (Minefields).

Eddie se encontraba en medio de una penumbra inquietante, una neblina espesa envolviéndolo mientras avanzaba sin rumbo fijo en un camino que no parecía tener principio ni fin. Sentía cómo algo, o alguien, lo llamaba desde la distancia, y un escalofrío recorría su cuerpo con una mezcla de anticipación y miedo. La atmósfera era extrañamente cálida, familiar, casi como el primer momento en que Venom se había fusionado con él, trayendo consigo una sensación inigualable de poder… y de alguna forma, de deseo.
 
De repente, la oscuridad comenzó a desvanecerse, y se encontró en un recuerdo borroso: estaba en su habitación de hotel en la playa aquella noche donde todo había cambiado. Venom y él estaban compartiendo más de lo que un anfitrión y simbionte podían compartir, cada pensamiento, cada sensación entrelazada en esa danza de pura conexión. Podía sentir las enormes manos de Venom acariciando su piel desnuda, sus zarcillos enredándose a su alrededor con esa humedad y calor que solo él podía darle en cada toque, cada gesto, cada beso, la humedad de su larga lengua, cada sensación amplificando su pulso y su respiración, hasta que ambos parecían ser uno solo, inseparables. Recordar esa noche traía una oleada de emociones, una conexión profunda que iba más allá de lo físico. La cercanía de Venom había sido como un vacío lleno de vida, una sensación de completitud que no había vuelto a experimentar desde que él se había ido.
 
Pero antes de que pudiera revivir ese recuerdo hasta el final, el escenario cambió de golpe. Ahora estaba en el sitio del sacrificio, el caos desbordante, el fuego, el olor a combustible quemado, sangre y el horror del momento revivían con fuerza. Venom luchaba por él, desintegrándose en el ácido, cubriéndolo con aquella puerta para evitarle daño, pero el daño se lo estaba ocasionando de una u otra forma al entregar su vida para salvarlo a él, entregando cada parte de sí mismo mientras Eddie observaba, impotente y en shock, el momento en que su compañero desaparecía. Quería gritar, pero su voz se ahogaba en el silencio del momento y del mismo sueño, enredado en la desesperación de ver a Venom morir.
 
Entonces, su voz comenzó a escucharse en aquel espacio. Al principio era un murmullo, como el eco de un pensamiento lejano, pero fue ganando fuerza. La voz de Venom susurraba en tonos profundos y graves:
 
—Eddie… el códex… nuestro vínculo es el códex. Protege el códex…
 
Eddie, aún atrapado en la neblina de su sueño, sentía cómo ese mensaje penetraba en su mente, una insistencia que no podía ignorar. Intentó buscar la fuente de la voz, girando la cabeza en todas direcciones, pero solo veía sombras a su alrededor.
 
—¿Venom? ¿Eres tú? ¡Dime qué debo hacer! ¡Te necesito! —suplicaba con el alma en un hilo.
 
La voz continuaba, pero la calma en su tono contrastaba con la urgencia de sus palabras.
 
—Eddie… El códex. Nuestro legado… es nuestro hijo…
 
Al oírlo, el dolor en su pecho se intensificó, y una corriente de emociones cruzó por su mente: miedo, añoranza, e incluso la tenue esperanza de que Venom pudiera de algún modo seguir con él. Quiso preguntar más, pedir una respuesta, pero las palabras de Venom comenzaron a desvanecerse en ecos hasta volverse casi ininteligibles.
 
Entonces, en el último momento antes de despertar, una imagen fugaz cruzó por su mente: una figura pequeña, envuelta en un resplandor oscuro, como una presencia viva entre ambos. Pero antes de que pudiera comprender el significado, el sueño se deshizo y Eddie despertó, sudando y con el corazón latiendo con fuerza, la palabra "códex" resonando en sus pensamientos como un enigma que debía resolver.
Se suponía que ellos tenían el códex que Knull necesitaba para escapar de su prisión y que desapareció en cuanto Venom murió. Por qué el simbionte le acababa de decir en ese sueño que el códex era su hijo si eso supondría un nuevo riesgo.
Eddie estiró su mano hacia la mesita de noche para observar en su celular la hora, ya que no veía ni un rastro de luz: 03:11 a.m. marcaba el reloj.
Eddie suspiró y se llevó su antebrazo hasta su frente perlada en un sudor frío. A este paso eran esas pesadillas las que lo acabarían matando.
 
A la mañana siguiente, Eddie despertó con esa misma mezcla de nervios aun palpitando en su cuerpo y por alguna extraña razón todavía con el eco del sueño fresco en su mente, la voz de Venom susurrando lo que se sentía como un mensaje desde el otro lado. Su pecho dolía, ese vacío punzante que se instalaba cada vez que lo recordaba. Se quedó mirando al techo, la sensación de pérdida pesando sobre él como una nube oscura. Pero entonces, como un bálsamo que aliviaba la herida, una pequeña sensación de vida lo trajo de vuelta: su bebé.
Instintivamente, Eddie llevó la mano a su vientre, acariciándolo con suavidad, como si de algún modo pudiera conectar con esa vida que ahora llevaba consigo.
 
—Buenos días, pequeñín —murmuró con una sonrisa suave, la voz aún áspera por el sueño.
Eddie sabía que su hijo sería mitad humano y simbionte pero lo que aún no tenía claro y deseaba saber, era sobre la apariencia de su pequeño... o pequeña.
«¿Qué serás? ¿Serás humano, simbionte… o quizás un poco de ambos?»
De pronto, ciertas ideas abrumadoras lo abordaron, sintiéndose enfermo y desolado. ¿Qué pasaría si no era aceptado? ¿Qué pasaría si no sabía controlar su poder y creara un caos en el que la gente le temiera y eso hiciera que se lo arrebataran también? ¿Qué pasaría si en lugar de ser más humano fuera más simbionte y no pudiera adaptarse a su cuerpo en caso de querer conservarlo dentro de sí mismo y no sé lograra la simbiosis como con Venom?
Eddie se llevó ambas manos a los ojos para tallarlos, intentando despertarse lo más que podía y alejar las ideas intrusivas de su cabeza. La mayoría del tiempo había sido alguien pesimista, pero tenía que hacer un esfuerzo por no serlo ahora. La idea lo desconcertaba, pero al mismo tiempo lo llenaba de una ternura inesperada. Esa mezcla única de esperanza e inquietud lo hacía sentir que, quizás, todo lo que ha perdido no se había ido del todo. Ese bebé era su manera de seguir adelante, de mantener viva una parte de Venom y, de alguna manera, de ambos.
Se levantó de la cama con algo de esfuerzo, tomo una ducha rápida y se dirigió a la cocina para desayunar algo, pues ahora que estaba comiendo por dos, su hambre había incrementado como cuando Venom estaba con él. Fue entonces cuando notó las barras de chocolate que había comprado el día de ayer en una vuelta rápida al super mercado. Estaban en la mesa, apiladas, casi como una torre improvisada de dulces que no recordaba haber elegido y dándose cuenta de que había tomado por inercia la marca favorita de su simbionte. Rio un poco para sí, recordando las locas ansias de Venom por el chocolate.
—Espero que también heredes su gusto por el chocolate —dijo con una sonrisa, acariciando de nuevo su vientre antes de abrir una barra. Era obvio que lo haría. Eddie la observó unos breves instantes y decidió caminar hasta la ventana cerca de su sala para depositar el chocolate sobre el alféizar de esta, como si estuviera compartiéndola simbólicamente con Venom.
Después de vestirse, tomó las llaves de su apartamento y salió rumbo al trabajo, no sin antes detenerse y echar una última mirada a la ventana y el dulce en ésta.
Decidido a aprovechar el día, Eddie terminó con muchos pendientes, lo cual, para su sorpresa, se sintió bastante productivo de lo que no había sido en algún tiempo. Había redactado algunos artículos pendientes, y se sintió extrañamente motivado, como si el hecho de ser responsable de alguien más le diera un impulso extra para seguir adelante. Algo como cuando Venom aún estaba con él. Su mente, por un rato, se distrajo del dolor, enfocada en crear algo que pudiera ser un futuro mejor.
 
Al salir de la oficina esa tarde, Eddie tomó un camino distinto al de siempre, y de pronto se encontró frente a una tienda de artículos para bebés. En el escaparate había ropa diminuta, juguetes de colores suaves, una cuna acolchada con una manta esponjosa. Algo en su interior se movió, una mezcla de emoción y miedo. Sin pensarlo, cruzó la puerta y comenzó a explorar.
Pasó sus dedos por una pequeña manta de color crema, y no pudo evitar imaginarse a su hijo o hija envuelto en ella. El pensamiento lo sobrecogió. Fue recorriendo los pasillos, observando cada detalle, cada prenda diminuta, cada juguete.
—¿Te gustarán los peluches? ¿O serás más de esos bebés a los que les gusta morder todo? —susurró, una sonrisa suave y algo temerosa curvando sus labios.
Ese lugar, lleno de pequeños objetos de un futuro que aún le parecía incierto, era para él una ventana a una nueva vida, un recordatorio de que tenía algo, alguien, por quien seguir adelante. Finalmente, tomó una pequeña manta y una figura de peluche en forma de gallina para su bebé, algo que también les recordó a las gallinas que Venom tenía y que se rehusaba a comer.
Eddie fue abrazando la idea de ser padre, un gran padre, tal y como su compañero le había dicho y se prometió a sí mismo que haría todo lo posible por proteger al hijo de ambos, guiado siempre por el recuerdo de Venom y el amor que aún persistía en su corazón.
 
Al día siguiente, la manta y el peluche que había comprado la noche anterior parecían recordarle a cada segundo que, aunque el futuro era incierto, estaba comenzando a sentirse padre. Aun así, la duda seguía rondando en su mente. ¿Qué clase de bebé será? La pregunta lo llevó a tomar una decisión: necesitaba ir al médico, averiguar algo, cualquier cosa, que le diera una idea más clara de lo que venía.
Agendó una cita con el doctor Thomas y una hora después, estaba situado en la clínica, sentado en la sala de espera mientras su mente divagaba. Cuando la puerta se abrió y el doctor lo llamó, Eddie se levantó y, respirando hondo, entró al consultorio.
—Bueno, Eddie. ¿Cómo te encuentras? ¿Está todo en orden? Aún no te tocaba revisión.
No había pasado más de un mes desde su última visita así que era normal que el médico estuviera preocupado en primera instancia. Ya que solo hacían dos revisiones por semana y el doctor le recetaba las vitaminas necesarias, mismas que hasta ahora no representaban algún peligro para el bebé simbionte.
—Está todo bien. Es que yo, yo quería… —se detuvo un segundo, sus pensamientos eran un torbellino—. Quiero saber si es posible hacerme un ultrasonido para… —hizo otra pausa, inseguro de cómo formular la pregunta—. Ver cómo está el bebé. Y… si será —tragó saliva—, más humano o simbionte. Solo quiero asegurarme de que… de que voy por buen camino.
El doctor asintió lentamente, entendiendo el trasfondo de sus palabras.
—Es comprensible que tengas dudas, Eddie. Un embarazo como el tuyo es inusual, por no decir único. Sabemos que hay muchos aspectos que aún desconocemos, pero creo que un ultrasonido puede ayudarnos a ver cómo va el desarrollo y darte algo de tranquilidad.
 
Momentos después, Eddie se encontraba en la camilla, el gel frío sobre su abdomen le provocó un pequeño estremecimiento. Sus ojos estaban fijos en la pantalla, intentando interpretar lo que veía en ella, aunque no lograba entender mucho.
El médico ajustó el transductor, y por un instante, el consultorio se llenó de un sonido suave, un latido rítmico que parecía resonar en cada rincón de la habitación. Eddie sintió un nudo en la garganta. Ahí estaba: la prueba de vida de alguien que era mitad él y mitad… Venom.
El doctor observaba la pantalla con atención y, de pronto, una suave sonrisa se dibujó en su rostro mientras señalaba un punto parpadeante en el monitor.
—Esto… es el latido —murmuró con un tono cálido, casi como si hablara de algo sagrado. El sonido rítmico continuó llenando el silencio de la habitación, y Eddie sintió cómo su propio corazón latía al compás de aquel pequeño eco de vida.
Eddie se quedó mirando la pantalla, sin poder apartar los ojos de ese destello palpitante. Había una extraña magia en ver cómo, a pesar de todo lo desconocido, ese ser estaba allí, latiendo, luchando por existir.
—En cuanto a su estructura… —continuó el médico, notando la mezcla de asombro y emoción en el rostro de Eddie—. Es algo… único. Parece que hay una combinación entre tejido humano y algo más… un poco simbionte, pero perfectamente fusionado. No te preocupes, hasta ahora todo parece ir en orden, aunque todavía es muy pequeño para poder visualizarlo mejor.
Eddie tragó saliva, sintiendo que las lágrimas amenazaban con brotar. Ese sonido, ese pulso constante, era lo más cercano a Venom que había sentido desde que lo perdió, y al mismo tiempo era la prueba de que algo de ellos dos seguía vivo. «No estamos solos», pensó, abrazando la idea en silencio.
En esa pequeña vida, en ese latido, estaba su historia, sus miedos y sus esperanzas, y sintió una promesa latente en cada pulso, recordándole que había algo por lo que seguir adelante.
—¿Entonces… tiene sentido lo que compré? —preguntó con una pequeña sonrisa, casi como si estuviera buscando aprobación—. Mantas, juguetes y tal vez después consiga biberones.
La sonrisa de Eddie contagió al doctor y asintió, mirándolo con comprensión.
—Tiene todo el sentido, Eddie. Aunque haya un poco de simbionte en su desarrollo, sigue siendo un bebé. Así que sí, creo que el juguete y la manta están más que justificados. Te recomiendo comprar pañales y tal vez una cuna más tarde.
Aquel consejo divertido fue algo acetado, por lo que Eddie soltó un suspiro de alivio, un peso levantándose de sus hombros. Quizás no tenía todas las respuestas, pero por ahora, saber que estaba en el camino correcto era suficiente.
—Oiga, doctor… —Eddie respiró hondo, con una mezcla de miedo e incertidumbre en su voz—. Tengo una pregunta que me da un poco de pánico hacer, pero… ¿Cómo va a nacer este bebé? Digo, yo… No tengo las condiciones normales, ya sabe.
El doctor asintió, habiendo anticipado la pregunta y el miedo que la acompañaba. Colocó brevemente una mano tranquilizadora en el hombro de Eddie.
—Lo entiendo, Eddie, y es una pregunta completamente válida. En tu caso, considerando que tu cuerpo no tiene la anatomía femenina necesaria para un parto natural, lo más seguro y probable será una cesárea.
—¿Una cesárea? —repitió, con alivio y nervios mezclados.
—Sí. Eso implica que cuando llegue el momento, realizaremos una incisión en tu abdomen para sacar al bebé de forma segura. Esto nos permitirá tener el control completo del procedimiento y evitar cualquier complicación. No será sencillo, pero con los cuidados adecuados y preparándonos bien, no tienes nada de qué preocuparte.
—Así que… solo me tocará descansar un buen rato después, ¿no? —Intentó bromear para calmar los nervios, aunque sus manos temblaban levemente.
—Exacto, Eddie. Te ayudaremos en cada etapa, y también vamos a monitorear que todo avance correctamente hasta ese momento. Esto es único, sí, pero recuerda que no estás solo en esto. Vamos a trabajar juntos para asegurarnos de que tanto tú como el bebé estén bien.
Eddie dejó escapar un suspiro al sentir algo de alivio. Quizás todavía le costaba asimilar el proceso y sus detalles, pero saber que no tendría que enfrentarlo solo lo hacía un poco más llevadero.
—Eddie, para asegurarnos de que todo vaya bien, especialmente cuando se acerque el término del embarazo, quiero que empieces a programar algunas citas con una pediatra de confianza. Ella es mi pareja, así que no solo confío plenamente en su profesionalismo, sino también en su discreción.
Eddie levantó la mirada, sorprendido y algo aliviado por la mención de otra persona en quien podría confiar.
—¿Tu pareja? ¿Crees que… ella entendería lo que está pasando conmigo?
—Sí. Te aseguro que es la persona adecuada. No le ocultaría nada importante sobre este caso, y sé que ella va a saber cómo tratar a tu bebé cuando nazca, sea humano o tenga características simbiontes.
Eddie suspiró, sintiendo un peso menos en sus hombros al saber que habría alguien más dispuesto a ayudarle.
—Además, cualquier información que obtengamos en los próximos meses será solo entre nosotros tres. El proceso de crecimiento y el desarrollo del bebé están fuera de lo común, pero si ocurre algo inesperado, tendrás a un equipo comprometido que no solo sabe lo que haces aquí, sino que también guardará el secreto.
Eddie suspiró entrecortado y relajó visiblemente sus músculos.
—Gracias, doctor. La verdad es que a veces siento que esto es… demasiado, y tener un equipo que lo entiende, que entiende a Venom y todo lo que implica, significa más de lo que puede imaginar.
El doctor le dio una palmada en el hombro y le ofreció una sonrisa tranquila.
—Te aseguro que tanto ella como yo estamos aquí para ti, Eddie. Si necesitas ayuda, no dudes en pedirla. Ya no estás solo en esto. ¿De acuerdo?
Eddie asintió, sintiendo un extraño consuelo al saber que, de alguna manera, la presencia de Venom seguía viva a través de las personas dispuestas a cuidar de él y de su bebé.

----- CHAPTER BREAK -----

Pensé que había encontrado una salida

Pensé que había encontrado una salida

Pero tu nunca te vas

Así que supongo que tengo que quedarme ahora

Oh, espero que algún día pueda salir de aquí

Aunque me lleve toda la noche o cien años

Necesito un lugar para esconderme

pero no puedo encontrar uno cerca

Quiero sentirme vivo, afuera no puedo luchar contra mi miedo

¿No es encantador, solo?

Corazón de cristal, mi mente de piedra

Hazme pedazos, piel a hueso

Hola, bienvenido a casa.

—Billie Eilish & Khalid (lovely).

El vapor aún envolvía el baño cuando Eddie salió de la ducha, una toalla enredada alrededor de su cintura y el cabello húmedo cayéndole sobre la frente.
Al pasar frente al espejo empañado, no pudo evitar detenerse y, con una mano, limpiar un poco el cristal para mirarse. Sus ojos se fijaron en su abdomen de cinco meses ya, el cual ahora tenía una leve curvatura, más pronunciada que antes, pero lo suficiente discreta para pasar como simples kilos ganados.
Con una mezcla de curiosidad y sorpresa, deslizó los dedos sobre la piel estirada, sintiendo la calidez de su propio cuerpo, como si esa suavidad fuera una barrera entre él y la realidad que crecía dentro. Sus pensamientos lo llevaron de inmediato a Venom.
Una ola de nostalgia lo invadió, y en un impulso, cerró los ojos. En la oscuridad de sus párpados cerrados, casi podía sentir los zarcillos de Venom envolviéndolo, recorriendo sus brazos, su abdomen… sintió la falta de esa presencia protectora, esa seguridad con la que lo cubría. Su ausencia había dejado un vacío que ni siquiera él había sabido cómo llenar.
—Si tan solo estuvieras aquí —murmuró en un susurro, su voz temblando con la añoranza que había estado guardando dentro de sí. Sus palabras eran suaves, apenas un eco en la habitación vacía, pero en ellas se concentraba todo lo que no había dicho: el agradecimiento, la tristeza, el amor, y la impotencia de no tenerlo ahí, justo en ese momento en que lo necesitaba más que nunca.
Se quedó en silencio, dejando que esas palabras se disolvieran en el aire, como una súplica que solo el silencio podía recibir. Aún podía imaginarse el toque de Venom, su abrazo casi envolvente, ese calor extraño y familiar a la vez. Era una presencia que nunca olvidaría, y aunque ya no estaba, Eddie supo en ese instante que él siempre viviría en esos recuerdos y en el hijo que ambos traerían al mundo.
Después de ese instante en el espejo, decidió que no podía detenerse en la melancolía. Tenía que seguir adelante.
Después de vestirse y de tomar un desayuno sencillo, Eddie se sentó en la mesa de la cocina, mirando distraídamente la lista de cosas pendientes que había pegado en la nevera. Entre las anotaciones y recordatorios para el bebé, había una nota que resaltaba en letras grandes: "Vitaminas diarias". Suspiró y tomó el frasco de ácido fólico que le había recomendado el doctor. Destapó la botella y sacó una de las pastillas, observándola un momento con una mezcla de sorpresa y ternura. No era solo por él, se dijo, sino por el pequeño ser que crecía dentro. Tomó la pastilla y bebió un sorbo de agua, recordándose que todo esto lo hacía por el bienestar del bebé… y, en cierto modo, también por Venom.
Eddie se vistió y apurado por salir, dejó una barra de chocolate en el alféizar de la ventana como cada día. No sabía si era una especie de ofrenda, pero solo sentía que si no lo hacía era como si intentará borrar a Venom de su mente y eso era exactamente lo que no quería jamás.
 
El día transcurrió con normalidad y Eddie terminó su jornada de trabajo antes de lo previsto, los pendientes habían sido pocos y eso le dejaba tiempo para encargarse de algunos asuntos que ya tenía agendados, por lo que su primera parada sería la iglesia de Nuestra señora de los Santos, como ya era una costumbre desde la primera vez que acudió ahí después de la visita a la señora Chen. Aunque no era alguien muy devoto, había algo de consuelo en encender una vela y susurrar alguna oración para el simbionte que ya no estaba. Tal vez no obtendría respuestas, pero quería hacerle saber que lo seguía amando, que la promesa de cuidar a su bebé era algo que cumpliría cada día.
Después, aprovecharía para hacer algunas compras; aún tenía que decidir dónde colocaría la cuna, cómo organizaría el espacio para recibir al bebé, etc. Entre las ideas de cómo reorganizar el departamento, también pensaba en esas pequeñas cosas que Venom habría elegido o cuestionado, en los cambios que ambos habrían hecho juntos y cómo habrían discutido cada detalle, entonces, se encontró sonriendo. No estaba solo; en cada rincón de esa vida que ahora le pertenecía también estaba Venom, acompañándolo en todo momento.
Llegó hacia la tienda de bebés con una mezcla de emoción y nerviosismo; no era un lugar que él hubiera imaginado visitar por su cuenta, pero ahora era casi un refugio, una prueba de que estaba preparando el camino para el hijo que pronto llegaría. Se dejó guiar por la encargada, quien le mostraba cada artículo con una paciencia y una sonrisa amable. Eddie revisaba biberones, fórmulas, y pañales con una seriedad inusual, considerando cada detalle para que al bebé no le faltara nada. Incluso escogió una cuna, sencilla pero robusta, y coordinó que se la llevaran a su domicilio en cuanto estuviera disponible.
Mientras continuaba observando más artículos y ropita, algo de repente comenzó a sentirse fuera de lugar. Un agotamiento abrumador se apoderó de él, tan profundo y repentino que sintió los párpados pesándole como si fueran de plomo. Trató de reprimir un bostezo, pero antes de que pudiera contenerlo, otro le siguió, y luego otro. Intentó concentrarse, pero el cansancio se hacía tan intenso que apenas podía mantener los ojos abiertos.
No entendía la razón; había dormido bien a pesar de tener cansancio constante e hinchazón en los pies, eso nunca lo detuvo.
—¿Se encuentra bien, señor? —preguntó ella, al notar su expresión de cansancio.
Eddie intentó responder, pero las palabras apenas salieron en un murmullo. Su mente se iba nublando poco a poco, y antes de que pudiera reaccionar, el peso del sueño lo venció y se dejó caer sobre un asiento cercano, sus ojos cerrándose sin remedio. Cayó en un sueño profundo, más allá de su control, como si su cuerpo estuviera completamente agotado.
La encargada lo miró con preocupación, esperando que despertara, pero al ver que Eddie no respondía, se alarmó aún más. Con manos temblorosas, sacó su teléfono y llamó a una ambulancia, explicando que un cliente se había desmayado y no reaccionaba. Las miradas de algunos curiosos comenzaron a concentrarse en la escena, pero todo lo que la encargada podía hacer era esperar, observando a Eddie y preguntándose qué podía haberle ocurrido para caer en un sueño tan profundo e inexplicable.
 
◇◆◇
 
Eddie despertó lentamente, sintiendo la rigidez del colchón del hospital bajo su espalda y el zumbido de las máquinas cercanas. La luz suave de la habitación se filtraba a través de sus párpados cerrados, y a medida que su mente comenzaba a despejarse, una punzada de preocupación atravesó su pecho. Al abrir los ojos, la primera imagen que tuvo fue la de los tubos y los monitores que lo rodeaban, su piel aún sensible al frío metal del equipo médico.
Pudo sentir por el leve pinchazo en su brazo izquierdo a la altura del codo, que portaba una intravenosa, pero es todo lo que de momento podía sentir.
Su mente, aún confusa, intentó asimilar dónde estaba y por qué. Pero entonces, como un rayo que atraviesa la calma antes de una tormenta, un pensamiento oscuro le invadió. Sintió cómo su estómago se contraía y cómo su pulso se aceleraba, el latido en sus oídos era ensordecedor. Sus manos temblorosas se dirigieron a su abdomen, recorriéndolo lentamente, buscando una respuesta que no podía sentir. La idea era tan devastadora que apenas se atrevía a pensarlo: ¿Y si algo le había pasado al bebé? ¿Y si… lo había perdido?
El pánico comenzó a envolverlo, apretándole el pecho, impidiéndole respirar con normalidad y sintiendo sus ojos calentarse. Trató de recordar lo último que había sentido antes de perder el conocimiento: aquel sueño abrumador, aquella necesidad incontrolable de dormir, como si algo le hubiese drenado toda su energía de un solo golpe. Cerró los ojos de nuevo, luchando contra el miedo que le invadía, pero su respiración entrecortada lo traicionaba.
Justo entonces, escuchó la puerta abrirse, y al girarse vio al doctor Thomas, su médico de cabecera con un expediente en las manos y una expresión de calma.
Eddie, sin poder contenerse, le lanzó una mirada cargada de angustia, su voz rota apenas logró salir en un suspiro.
—Eddie, me alegra verte despierto —dijo el doctor con voz tranquila, acercándose a la cama mientras observaba los signos vitales en la pantalla. Al ver la expresión de angustia en el rostro de Eddie, el médico dejó el expediente a un lado y le dirigió una mirada comprensiva—. Tranquilo, Eddie. El bebé… o, más bien, los bebés están bien.
Eddie parpadeó, incapaz de procesar la última palabra. ¿Había escuchado bien?
—¿Bebés? —repitió, sintiendo un torbellino de emociones contradictorias. Su voz tembló mientras trataba de procesar la noticia—. ¿Quiere decir que…?
El doctor Thomas esbozó una pequeña sonrisa y asintió con la cabeza.
—Así es, Eddie. No estás esperando a un solo bebé, sino a dos. Descubrí que el repentino cansancio que te afectó se debe a que el segundo bebé acaba de manifestarse. Es algo inusual, pero en este tipo de embarazo simbiótico, parece que el desarrollo del segundo feto no sigue el mismo patrón que en un embarazo humano típico.
Eddie quedó sin palabras, procesando la noticia. La sorpresa se mezclaba con alivio y, a su vez, con una nueva ola de miedo que lo invadió por completo.
—¿Dos? —repitió en voz baja, acariciando inconscientemente su abdomen, como si pudiera sentirlos—. Pero… ¿Están bien? ¿No les pasó nada por lo de hoy?
El doctor le dedicó una mirada reconfortante.
—Están perfectamente, Eddie. Lo que ocurrió es que el segundo bebé comenzó a absorber energía de tu cuerpo, y por eso te sentiste tan abrumado. Este pequeño parece algo más demandante —bromeó el doctor suavemente—. Por ahora, sólo necesitarás un poco más de descanso, y que sigas con los nutrientes que te receté.
Eddie respiró hondo, cerrando los ojos un momento mientras intentaba asimilarlo todo. No podía evitar una sensación de asombro mezclada con un miedo profundo. Pero, a pesar del pánico inicial, ahora sentía un renovado sentido de propósito, como si estos dos pequeños fueran todo lo que lo conectaba con Venom de una manera más fuerte.
No iba a dejar que nada malo les sucediera, iba a protegerlos con su vida y la daría por ellos, así como Venom lo hizo por él. Porque lo amaba, Eddie jamás olvidaría eso. Ahora tendría la familia que tal vez Venom también quería formar con él, no iba a fallarle.

----- CHAPTER BREAK -----

Correré solo esta noche

Sin ti a mi lado

Supongo que tenías un lugar al que tenías que llegar

Conozco tus ojos

Conozco por dentro

Los muros tras los que te escondes

Y vi la verdad dentro del verdadero tú

Porque sé que estás perdido cuando huyes

En los mismos agujeros negros y errores negros

Tomando toda mi voluntad solo para huir

¿Cuándo volverás a casa? Aunque el cielo se caiga

Aunque se lo lleven todo

No hay dolor por el que no vaya a pasar

Aunque tenga que morir por ti

Y cuando todos los fuegos ardan

Cuando todo se vuelque

No hay nada por lo que no vaya a pasar

Aunque tenga que morir por ti.

—Starset (Die for you).

Eddie estaba rodeado de sombras, flotando en una oscuridad espesa y sin fin. A lo lejos, una figura comenzó a emerger, alta, imponente, y más oscura que cualquier sombra. Era un extraño “hombre” de cabello blanco y largo, una cara desfigurada y horrible, con sus ojos rojos como brasas y una sonrisa fría y despiadada que hacía estremecer hasta el aire mismo. Casi parecía un vampiro, pero no, en cambio, había algo familiar en él.
Eddie intentó moverse, pero sus pies parecían atados al vacío. Frente a él, Knull cargaba dos pequeños bultos envueltos en lo que parecía una sustancia viscosa, con el característico brillo oscuro de un simbionte. Eddie sintió el corazón en la garganta al reconocer los diminutos rostros de sus hijos, tan pequeños, indefensos, y atrapados en los brazos de esa criatura que inspiraba horror.
—Mira lo que tengo aquí —murmuró Knull, su voz como el eco de mil susurros en la penumbra—. Tus hijos… mis nietos. La última oportunidad de obtener el códex que tu miserable Venom destruyó.
Eddie trató de gritar, de correr hacia ellos, pero estaba paralizado. El miedo lo devoraba, y el vacío de su pecho era un eco del dolor de no poder hacer nada.
—¿Creíste que podrías escapar de mí para siempre, Eddie Brock? —continuó Knull con una sonrisa que parecía partir la oscuridad—. Venom puede haber muerto para encerrarme, pero su sacrificio no fue suficiente. Ahora el códex que necesito está aquí, en sus descendientes… y yo siempre reclamo lo que es mío.
«Él...». Eddie abrió los ojos con terror y asombro en su silencio. Aquel ser el Knull y ahora por fin lo conocía en este sueño.
Con cada palabra de Knull, Eddie sentía un frío desesperante, como si le estuvieran arrancando el alma. Los bebés en los brazos de Knull comenzaron a llorar, sus llantos resonando como un eco hueco, hasta que el rey caído los arrulló un momento e hizo que la oscuridad que los envolvía se deslizará por su pequeña boca, extinguiendo el ruido, logrando que los bebés volvieran a dormir
—No… ¡No! —gimió Eddie, con el alma desgarrada—. ¡Déjalos! ¡No puedes llevártelos!
Knull rio con crueldad, acariciando las pequeñas cabezas de los bebés.
—¿Por qué no? —dijo, mirándolo con una calma aterradora—. Son míos tanto como lo fue Venom. Esta es mi venganza, Eddie Brock. Y no hay nada que puedas hacer.
La risa oscura de Knull resonó, llenando el vacío oscuro del sueño mientras sostenía a los dos bebés simbiontes en sus brazos, mirándolos con una mezcla de orgullo y satisfacción que hacía que Eddie sintiera escalofríos.
—Mis nietos —dijo Knull, con una intensidad que impregnaba cada palabra—. Finalmente, entiendo por qué mi hijo te amaba, Eddie Brock. Debo admitir que eres… fascinante. Es casi irónico cómo alguien tan insignificante como tú logró despertar tal devoción en él. Pero veo ahora que valías la pena, pues me los has dado a ellos.
Eddie sintió una mezcla de horror y desconcierto, incapaz de moverse mientras Knull bajaba la mirada hacia los bebés simbiontes en sus brazos.
—Mitad humano y mitad simbionte… Nunca había visto algo igual —continuó Knull, su voz goteando una mezcla de admiración y ambición—. Únicos. Sus poderes, sus posibilidades… son ilimitadas. Conmigo, ellos reinarán como corresponde, como herederos de mi oscuridad y tu fragilidad.
Eddie se esforzaba por respirar, cada palabra de Knull lo llenaba de temor e impotencia.
—¡No! No puedes llevártelos… ¡Son mis hijos! —logró decir, su voz entrecortada y llena de desesperación.
Knull soltó una carcajada más cruel, inclinándose hacia Eddie, sus ojos rojos centelleando con una intensidad abrumadora.
—¿Tus hijos? —repitió, burlón—. No, Eddie. Son míos, mis herederos, nacidos de la carne de mi hijo y de la tuya. Y hasta ahora solo fuiste un medio, un recipiente, pero ellos… ellos han nacido para reinar junto a mí. ¿Acaso no lo ves? Los simbiontes los seguirán, y el mundo humano… bueno, su debilidad no podrá resistir la grandeza de mis nietos.
Eddie trataba de alcanzarlos, de apartar a Knull de los bebés, pero sus movimientos se sentían torpes, como si estuviera atrapado en arena movediza.
—Knull, no puedes hacer esto… Venom se sacrificó para detenerte. ¡Él te traicionó para salvarme! —le gritó, su voz temblando tanto de rabia como de dolor—. Todos tus hijos te traicionaron. ¿Qué te hace pensar que ellos no lo harán?
Knull lo miró con desprecio, sus ojos como pozos de oscuridad.
—Precisamente, Eddie. Venom fue débil, y esa debilidad lo llevó a traicionarme. Ahora, todos pagarán por eso, y mi venganza será completa cuando mis nietos gobiernen bajo mi dominio… el dominio que él me negó al sacrificar su vida por ti.
Knull acercó a los bebés a su pecho, como si fueran el tesoro más preciado de su imperio de sombras. Los miró con un destello oscuro en sus ojos, casi paternal, lo que hizo que Eddie sintiera una furia y desesperación desconocidas.
—Ellos son mis nietos, Eddie —repitió, saboreando cada palabra—. Herederos de mi linaje, del mismo poder que tú intentaste destruir cuando Venom se sacrificó por ti. ¿Lo ves ahora? Sus vidas son una extensión de mi dominio y de la traición de su padre.
Eddie apretó los puños, intentando contenerse mientras el terror lo consumía desde adentro. Quería gritar, arrancar a sus hijos de los brazos de ese monstruo, pero estaba atrapado en la inmovilidad de su propio miedo.
—No entiendes… ellos no son tus soldados. Son seres vivos, con sentimientos, con una vida más allá de tus guerras… —murmuró Eddie, con voz quebrada.
Knull inclinó la cabeza, una expresión casi de lástima cruzando su rostro.
—Esa debilidad… Es curioso cómo mi hijo también la compartió contigo. Pensé que era una enfermedad pasajera, una desviación, pero ahora veo que mi hijo fue el más frágil de todos, Eddie. Enamorarse de ti... —pronunció las palabras con desagrado, como si le quemaran la lengua—. Ese apego lo llevó a su ruina. La vulnerabilidad del amor. Jamás debería haber sentido algo tan patético. No estaba en su naturaleza, pero tú… tú lo arrastraste a ello.
Eddie sintió cómo las palabras se clavaban como agujas en su corazón. La rabia y el dolor lo consumían, pero no encontraba fuerzas para responder. Knull continuó, su voz resonando con una frialdad letal.
—Y, sin embargo —añadió, su tono adoptando una calma calculadora—, de no haber sido por esa debilidad, estos nietos míos no habrían nacido. Su amor prohibido, su absurda devoción hacia ti, Eddie… resultaron en algo único. Una descendencia que es, a la vez, humano y simbionte. Una creación inigualable.
Los ojos de Knull destellaron con un brillo oscuro, como si las posibilidades de esta unión fueran algo que ni siquiera él había previsto completamente.
—Quizás, después de todo, hay utilidad en lo que él sentía por ti. Porque gracias a su locura, ahora tengo a estos niños, y ellos gobernarán junto a mí. Su humanidad será la herramienta que doblegue incluso a los mundos más resistentes, porque llevarán en su ser el equilibrio entre lo que nunca debió mezclarse. Venom se sacrificó por amor, pero yo aprovecharé cada gota de su legado para mi propio designio.
Eddie tembló de impotencia, viendo cómo Knull afianzaba su dominio sobre sus hijos en aquella visión. El terror, la culpa y la desesperación se entremezclaban en su interior, dejándolo al borde de la desesperación, sin otra opción que suplicar silenciosamente, con cada fibra de su ser, que esta pesadilla terminara.
Eddie se rindió de luchar, cayendo de rodillas con impotencia, de cualquier manera, ni siquiera sus piernas le obedecían si intentaba dar un paso, sus lágrimas empezaron una competencia por ser las más rápidas en llegar al suelo. Y fue que sintió la presencia de Knull acercándose, observando como sus pies se colocaban justo frente a él en la línea de su visión, entonces, el dios simbionte se inclinó hacia Eddie.
—Pero el amor, Eddie… eso es tan perecedero. La grandeza de mi sangre, sin embargo, perdura. Y cuando el tiempo llegue, ellos no recordarán tu ternura ni tus palabras. Solo recordarán quién realmente los creó, quién los guía.
Eddie sintió cómo más y más lágrimas quemaban sus ojos, su impotencia aplastante. Sabía que estaba soñando, que todo esto era un horrible delirio, pero el dolor era tan real, tan intenso, como si realmente estuviera perdiéndolos ante ese abismo oscuro que Knull representaba.
—¡No! Ellos no son tuyos. ¡No dejaré que los conviertas en otra de tus armas! —gritó Eddie, en un último intento de aferrarse a la esperanza.
Knull lo miró con frialdad, una última sonrisa torva marcando sus labios antes de alejarse, sostuvo a los pequeños con una mezcla de satisfacción y algo que casi parecía desdén, mientras se desvanecía, su voz resonó como un eco interminable en la mente de Eddie.
—Es inútil, Eddie. Has perdido. Los míos siempre regresan a mí, y tus hijos… tus hijos gobernarán conmigo.
—Basta…
—Nunca podrás protegerlos de mí.
—Ya basta maldito imbécil…
Y antes de desvanecerse en las sombras, Knull lo miró con un aire casi satisfecho.
—Su amor por ti fue su caída… pero tu amor por mi hijo fue mi victoria.
 
Eddie despertó de golpe, empapado en sudor y con el corazón retumbando dolorosamente en su pecho y el sudor frío cubría su piel mientras su mirada intentaba enfocar el techo de su habitación. Por un segundo, aún podía ver la cara burlona de Knull y escuchar el llanto apagado de sus hijos. Apretó los ojos y respiró hondo, intentando calmar los latidos frenéticos de su corazón, aunque el miedo seguía arañándole por dentro.
Cuando finalmente pudo serenarse, Eddie llevó una mano a su vientre, trazando suavemente los contornos que, aunque apenas perceptibles, le recordaban que no estaba solo.
—Están bien… están bien —se repitió en susurros, tratando de convencerse. Pero el sueño había revivido todos los temores que lo perseguían desde que supo de su embarazo. ¿Y si Knull podía encontrar la manera de llegar a sus hijos? ¿Y si el códex en ellos era suficiente para romper la prisión en la que Venom lo había confinado?
—Lo siento tanto… —susurró, presionando su mano un poco más firmemente contra su abdomen—. Solo fue un sueño. Solo un maldito sueño —decía en voz baja, pero el pánico no terminaba de soltarlo. Se llevó una mano al pecho, intentando calmar su respiración, y cerró los ojos, intentando aferrarse a cualquier resquicio de paz.
La ausencia de Venom se sentía como una herida abierta. Por mucho que intentara llenarla con los recuerdos, el dolor permanecía ahí, constante. Pero ahora, con sus hijos creciendo en su interior, sentía una responsabilidad aún mayor. Debía protegerlos, a toda costa, aunque tuviera que enfrentar a monstruos más allá de su comprensión.
Eddie tomó aire y se obligó a levantarse. Se sentó en la cama, respirando con dificultad, y trató de enfocarse en el aquí y el ahora, aunque aquellas palabras crueles que aún resonaban en su mente no se disiparan todavía. Solo estaba él, solo en su habitación, con el eco de su propia respiración llenando el silencio.
Dispuesto a despejar la mente con la rutina, caminó hacia la cocina para prepararse el desayuno, aunque el eco del sueño lo seguía como una sombra. Mientras se servía un poco de agua en un vaso, su mirada se desvió hacia la ventana, y sin poder evitarlo, se encontró susurrando de nuevo:
—Haré todo lo posible… Les protegeré, Venom… como tú me protegiste a mí.
Deseaba con todas sus fuerzas sentir la presencia de Venom a su lado, el alivio y la fortaleza que solo él podía darle. Deseaba escuchar su voz, saber que, de algún modo, todo iba a estar bien.
Aquel sueño le había recordado cuán frágil podía ser la paz que estaba intentando construir, pero también lo había fortalecido en su determinación. Por sus hijos, estaba dispuesto a enfrentarse a cualquiera, incluso al mismísimo Knull.
Tomó una bocanada de aire, y aunque el miedo persistía, empezó a convencerse de que, si había algo que pudiera impedir que esa pesadilla se volviera realidad, era su amor por sus hijos. Y con ese pensamiento, poco a poco el miedo empezó a desvanecerse, dejándolo listo para enfrentar un nuevo día. Eddie se obligó a seguir con su rutina, aunque cada paso le costaba más de lo normal. Se vistió, aunque apenas prestó atención a lo que se ponía, y se preparó un desayuno sencillo.
Al primer bocado, sin embargo, el malestar familiar se hizo presente; las náuseas aparecieron, obligándolo a dejar los cubiertos a un lado y a cerrar los ojos mientras intentaba respirar despacio, enfocándose en calmar su estómago.
«Eres fuerte, Eddie. Aguanta, tienes que cuidar de ellos» se decía a sí mismo en silencio.
Después de unos minutos de malestar, logró tomarse un té de manzanilla caliente, que le ayudó a aliviar la sensación. Poco a poco, el eco del sueño empezó a desvanecerse, aunque el peso de la incertidumbre y la tristeza seguía latente en su pecho.
Al terminar de desayunar, caminó hacia la ventana, sosteniendo una de las barras de chocolate que sin saber cómo, había acumulado en los últimos días. No estaba seguro de si su antojo de chocolate era una necesidad propia o un eco de Venom, pero, en cualquier caso, colocó una barra junto al borde de la ventana, como un pequeño ritual en el que se encontraba alivio. Tal vez era su manera de decirle a Venom que seguía ahí, intentando ser fuerte, pero que, sin él, sentía que le faltaba algo fundamental.
Eddie había aprendido a no olvidar sus nuevas rutinas, así que se regresó a su cocina y se dirigió a su alacena para sacar la pequeña botellita de ácido fólico. La sacudió un poco, observando la etiqueta como si pudiera revelarle algo más sobre esta parte de su vida. Tomó la vitamina y la tragó despacio, paladeando la idea de que, de alguna manera, cada pequeño esfuerzo que hacía era para sus bebés.
Con su día libre por delante, pensó en aprovecharlo para comprar algunas cosas para el bebé. Sin embargo, el recuerdo de aquel desmayo en la tienda lo hizo dudar. No quería pasar de nuevo por esa situación, no ahora que cada paso debía estar lleno de precauciones. Así que decidió, con una pequeña sonrisa, que pediría las cosas en línea. Revisaría cunas, mantas y peluches desde la seguridad de su hogar, en un ambiente tranquilo. Sabía que aún faltaban meses para la llegada de los bebés, pero quería que todo estuviera listo, como si prepararse le ayudara a aliviar la carga de la ausencia de Venom.
Y sin poder resistirse, decidió entrar a las páginas de comercio electrónico más populares para comenzar su viaje en el mar de artículos y productos para recién nacidos. Recorrió muchas opciones, analizando con cautela cada manta, cada biberón, observó los colores y texturas de la ropa diminuta, etc. Había algo en esa vulnerabilidad de los objetos pequeños que le recordaba lo frágiles que eran sus hijos, y, a la vez, lo inmensa que era su responsabilidad.
Con los ojos puestos en un par de sillitas altas que le parecieron perfectas, acarició su incipiente barba y, en silencio, susurró con melancolía:
—Ojalá pudieras ver esto, Venom… Ojalá estuvieras aquí para ver a nuestros hijos.

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