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Promesa de un futuro

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—¡Akaashi, está nevando afuera!
Escuchar la voz de Bokuto hizo que Akaashi despegara la vista de su laptop, hacía horas que sus ojos estaban fijos en la pantalla al revisar un manuscrito que un autor envió a la editorial. Su atención estaba fija en su tarea que no se había dado cuenta de que él estaba viendo a través de la ventana. «¿Es que ya lleva rato ahí?», se preguntó.
—¿En serio? Es común que empiece a nevar en estos días —respondió, se sentía aliviado por el inicio de una conversación, era su manera de hacer una pausa que ya necesitaba. Estaba seguro de que en cualquier momento su ojo podía palpitar a causa del estrés. Quizás se estaba exigiendo mucho a sí mismo.
—Deberíamos dar un paseo, Akaashi —sugirió, en ese instante él dejó de ver la ventana. Sus miradas se encontraron, el mencionado solo apagó la laptop. Seguiría más tarde.
—¿Tienes algún lugar al que quieras ir?
—¡Eso es lo que yo tendría que preguntarte a ti!
Sonrió. «Sabes que iría a cualquier lugar al que quieras llevarme», de eso no había ninguna duda y era algo que Bokuto ya debía de saber. Dos años siendo pareja y ya lo tenía que conocer bien, así como él sabía sus debilidades.—Podemos ir a patinar o ir solo al centro comercial.
Iban a ser un desastre si decidían ir a patinar, aunque se la pasarían tan bien. Sería una cita que Akaashi no olvidaría, lo mismo podía aplicar para Bokuto. En su rostro se notaba el entusiasmo, una gran sonrisa y un brillo en sus ojos que siempre resultaba hermoso a pesar de ser algo que había visto muchas veces. Siempre lo dejaba sin palabras, hipnotizado y se confirmaba lo muy enamorado que estaba. Ya no había otra persona con la que quisiera pasar su vida. Solo que esos pensamientos resultaban ser vergonzosos para decirlos en voz alta.—¿Te parece bien mañana? —preguntó, Akaashi asintió. ¿Por qué preguntarle cuando ya sabía la respuesta? Si sabía lo mucho que le gustaba salir con él, ¿acaso tenía miedo de hacer algo malo? Era poco probable que Bokuto lo decepcionara.—Claro que sí.—Akaashi, ven conmigo.
«Muy repentino», pero por saber cómo era Bokuto no le dio muchas vueltas. Los dos salieron de la casa, todo se encontraba cubierto por la nieve. Akaashi no tuvo que preguntar que era lo que quería hacer.
—¿Así que quieres que armemos un muñeco de nieve?
—¡Sí! Pero espera, Akaashi, olvidé mis guantes.
Para mostrarle que no se trataba de ninguna mentira, Bokuto le enseñó sus manos, Akaashi se había puesto los guantes desde el momento en el que comenzó a trabajar en la revisión del manuscrito. Su novio entró de nuevo en la casa, en ese tiempo admiró el paisaje. Siempre la calle cubierta de nieve le resultaba un escenario muy increíble y hermoso a pesar de que ya lo había visto muchas veces.
—¡Ya regresé! —Akaashi asintió, Bokuto ladeó su cabeza, ¿esperaba que dijera algo más? ¿Quería que halagara su buen gusto por los guantes que llevaba? Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Lindos guantes.
Él tomó sus manos, entrelazaron sus dedos, le transmitía un montón de sensaciones agradables. Se repetía por enésima vez el amor que sentía por Bokuto.
—Akaashi, hay algo que quiero decirte antes.
¿Qué le diría? ¿Una expresión de sus sentimientos? Eso lo podría escuchar todas las veces que quisiera, aunque cuando lo vio sacar algo de su abrigo solo pudo llevar una mano a su boca, como si estuviera procesando el significado. Siendo honesto, no había pensado en eso. En realidad sí, pero tan pronto aparecía el pensamiento lo hacía a un lado por considerarlo muy repentino. «Dos años», ya no tenía por qué ser repentino.
—Espera, ¿no será que…?
En sus manos sujetaban un anillo. Tener las manos cubiertas no resultaba ningún impedimento para sostenerlo como algo muy preciado. Tal vez hubiera sido mejor que entraran a la casa si es que estaba a punto de suceder la entrega de un anillo, pero de su boca no salía ninguna palabra.Bokuto estaba con la mirada abajo, sostenía el anillo. No tardó en levantar la mirada.
—Es un anillo de promesa.
«Anillo de promesa». Incluso si no era uno de matrimonio, para él sí lo era. Todavía se encontraba incapaz de hablar, por lo que se quitó el guante de su mano. No le importó para nada el aire frío que no tardó en sentir. Lo único que pensaba era que ya quería abrazar a Bokuto y darle un beso en la mejilla porque sabía que eso lo alegraría.
—Quiero que sigamos juntos por mucho tiempo.
Pensó que recibiría un discurso sobre sus sentimientos, que le repetiría lo muy enamorado que estaba, que seguía sorprendido por estar con alguien como él o que no lo cambiaría por ninguna otra persona. Sin embargo, siendo algo tan importante como la entrega de un anillo a su novio, podría entender por qué Bokuto no siguió diciendo nada.
Akaashi respiró profundo antes de hablar.
—No lo tienes que dudar, siempre estaremos juntos.
Al hablar, extendió su mano hacia adelante para que Bokuto pudiera colocarle el anillo, algo que hizo con mucho cuidado.
—Te amo, Akaashi.
Lo abrazó. Él también lo amaba, pero por lo inesperado que resultó ser recibir un anillo de promesa fue que no habló. Se preguntaba desde cuándo tenía guardada la cajita, no sospechó nada en ese tiempo. Bokuto sí supo guardar el secreto, sonrió al pensarlo, tomando en cuenta su personalidad, no se le haría extraño que lo terminara revelando. Qué gran esfuerzo tuvo que hacer para que la sorpresa se mantuviera.
—Yo… Yo también te amo —contestó después de un rato.
Se separaron, pudieron quedarse un rato más abrazados; pero estaban afuera y la nieve seguía cayendo. Akaashi no dijo nada, solo miró el anillo en su dedo. Era plateado, y si lo observaba con detenimiento, podía darse cuenta de que una fecha estaba grabada.
—No puedo creer que sigas recordando la fecha.
Esa fecha era la misma que Akaashi había memorizado, se trataba del inicio de su relación con Bokuto. Ninguno de los dos podía olvidarla.
—Fue Kuroo quien me dio la idea.
Sonrió. Qué buen amigo tenía. No tenía dudas de que recibiría ayuda de él.
—¿Así que esto lo has planeado desde hace tiempo? —Cuando asintió, decidió continuar—. Te prometo que seguiremos juntos por mucho tiempo, gracias, Bokuto.
Se abrazaron por segunda vez, en medio de la nevada había recibido un anillo de promesa, sí quería que esto fuera un momento muy inolvidable. Sin duda lo era, incluso hubiera tenido el mismo efecto si estuvieran en la casa o en algún lugar lujoso. Lo importante era el sentimiento que había detrás.

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