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El Gran Premio de Brasil no era su favorito, pero en definitiva era uno que se había vuelto inolvidable para él. Era un GP de contrastes, una montaña rusa de emociones que siempre era acompañada por una lluvia que podía refrescar o herir.
Y este año Max se había subido a ella sabiendo que debía agarrarse fuerte, logrando disfrutarla y llegar al final con una preciosa foto en mano.
Es que Interlagos había pasado de ser un lugar donde no había llegado ni a podio en 2022 a estar en lo más alto de este en 2024. Había pasado de ser una carrera donde sus pensamientos habían nublado sus acciones y no había palabras que pudieran explicarle a Checo el suceso, a una en donde podía recordar claramente la esperanzadora voz del mayor diciéndole
‘never give up’
antes de la carrera. Era la misma pista en donde había sentido que había arruinado su relación con su compañero de equipo por un par de puntos, pero en la que ahora había sido recibido en los brazos de su novio después de ganar.
Había aprendido a crecer en el GP de Brasil a través de estos contrastes y este año no había sido la excepción con una clasificación para el olvido, pero una carrera para la posteridad.
Pero los contrastes no acababan ahí, porque dentro de sus venas corría el sonido de la risa
de Checo en el paddock mezclándose con el sonido de sus gemidos mientras Max mordía el cuello del mayor quien estaba apoyado contra la pared de su habitación de hotel.
Contrastaban las caricias delicadas que su novio le había dado en su rostro antes de la foto de equipo contra los jalones desesperados que ahora ejercía sobre su camiseta de Red Bull. Y asimismo, esos ojos que lo habían mirado con alegría bajo las luces del paddock, ahora estaban cerrados por el placer bajo la tenue luz de la lámpara junto a la entrada. Estaba también su nombre que había sido coreado por miles de voces hace unas horas, pero que ahora era repetido de manera jadeante por su novio cada vez que Max presionaba su rodilla contra su miembro.
Era un contraste total, pero eso lo llenaba de satisfacción, así que continuó atacando el cuello de su novio, ahora moviendo sus manos del trasero del mayor para acariciar su cadera. Y cuando levantó su camiseta fue un deleite escuchar el siseo de Checo ante la frialdad de la pared mientras que Max solo podía sentir el calor de su piel.
Pero al continuar con su recorrido sus manos rozaron un lugar sensible, que hizo que su novio soltara una risita inesperada, haciendo que Max levantara su mirada y viera otro contraste. El rostro del mayor había pasado de ser uno invadido de placer a uno lleno de diversión con esa sonrisa tan bella que dejaba al menor indefenso, por lo que tuvo que detenerse un momento.
Su pausa causó que su novio abriera sus ojos curiosos, ladeando su cabeza en señal de pregunta y todo eso le pareció de lo más lindo a Max, quien sentía como si se estuviera derritiendo de amor, escondiendo su rostro en cuello del mayor pero ahora solo para intentar calmar su propia sonrisa. Estaba completamente invadido por la adoración que sentía por Checo y de pensar que solo hace un par de años esa sonrisa lo había evadido mientras que ahora se le era entregada con facilidad solo por ser él mismo.
Sin embargo, su silencio pareció preocupar al mayor. “
Leoncit
o, ¿todo bien?” El agarre fuerte en su camiseta se convirtió en un contacto suave, un masaje sobre su corazón, dejando en claro lo rápido que latía por su novio y ese gesto hizo que sus palabras salieran sin ningún atisbo de timidez.
“Es que eres tan lindo.”
Escuchó la risa de su novio como respuesta y la sintió en el cuerpo del mayor que seguía pegado a él, pero aún así no pudo levantar su rostro. Es que sentía su cuerpo descontrolado, su miembro estaba palpitando por la excitación, pero su pecho dolía de tanto amor. Era un contraste que solo Checo podía causarle. Y es por eso que cuando el mayor acarició su cabello, alentándolo a levantar su rostro, Max no se negó.
“Parece que alguien aquí se distrae al ver mi cara.” Las palabras de su novio fueron acompañadas de un suave palmeo en el miembro del menor haciendo que Max negara con pequeño gimoteo. “Todavía tengo la máscara de
luchador
en mi maleta. Sé que querías verme con eso.”
Y Max no iba a negarlo, ver el cuerpo bronceado de su novio sobre el suyo, con las respiraciones agitadas y escasas por la máscara eran algo que había pensado en demasía. Pero antes de que su mente pudiera sugerirle escenarios más explícitos escuchó una carcajada saliendo de los labios de su novio, evidenciando que sus pensamientos se habían visto reflejados en su cara.
“Lo que desee esta noche el ganador.” Checo levantó sus brazos y separó sus piernas, como poniéndose a disposición del menor para dejarse hacer lo que quisiera.
Ante esa clara señal Max no perdió el tiempo, tomando cada uno de los muslos del mayor para levantarlo del suelo haciendo que sus piernas rodeen su cadera y apretando el cuerpo de su novio entre el suyo y la pared. Checo soltó un jadeo y rodeó con sus brazos el cuello del menor jalando ligeramente su rubio cabello.
Sin embargo, por más que quisiera ahora seguir con su plan original, dejando besos en la mandíbula de su novio y mordidas nuevas en su cuello, la mención de la máscara también guardaba otro recuerdo que no era para nada deseado. Ese intercambio de palabras ante su separación en México, donde Checo había insistido en quedarse por lo que a Max no le había quedado de otra que volar a Brasil solo. Pero más que eso había sido la fiesta a la que el mayor había ido. Porque aunque Max entendía las razones de su novio para encontrar una distracción sabiendo que los medios volverían a querer despedazarlo en el siguiente GP, el más alto no había olvidado los videos de su novio que habían circulado en redes sociales.
Y ahora, teniendo a Checo así, hablándole al oído como lo había hecho con otro hombre, le trajo de vuelta ese veneno de celos que había intentado controlar.
“Me tienes así como lo tenías a él en México, ¿no?” Escuchó a Checo soltar un sonido de confusión y lo sintió querer alejarse, pero Max solo se pegó más a él. “Sí, así como en esa fiesta en México donde estuviste con tus brazos alrededor de un hombre alto y millonario.”
Max no había mencionado nada de ese momento, aunque para ambos había sido claro que lo había visto en video. Sabía que ambos se volvían muy afectuosos cuando estaban ebrios y no había pruebas más que Checo acercándose a ese hombre para poder ser escuchado entre el ruido de la música, pero eso no le quitaba la molestia.
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando su novio finalmente logró crear un espacio entre ellos para mirarse cara a cara. Ambos respiraban agitados, pero fuera de eso no dijeron otras palabras mientras Checo buscaba en su rostro un verdadero enojo, pero pareció no encontrarlo y su respuesta solo hizo que el fuego en Max se encendiera más.
“Mis brazos alrededor de un hombre alto y millonario, ¿no?...pero yo los prefiero rubios.”
Era obvio a quien se refería con sus palabras, pero que haya usado el plural le hizo por un segundo pensar en otro, un hombre, un nombre que Checo había mencionado como guapo. Y que obviamente era alto, millonario, y claramente rubio.
Pero Max no permitiría una alusión así, por lo que tomando posesivamente el trasero de su novio, lo hizo rebotar contra su miembro. “No será cualquier rubio, solo yo.”
El gemido que recibió como respuesta no fue suficiente, tampoco lo fue el escucharlo rogar por más. Pero Max dio todo de sí para hacer que su novio se deshiciera entre sus brazos, no sabiendo si agarrarse más fuerte de sus hombros o dejarse arrastrar por la pared mientras Max seguía empotrándose contra él.
Sus ropas raspaban, el calor aumentaba, pero era evidente que esta ronda solo sería la primera muchas. Continuarían toda la noche como la lluvia que seguía cayendo afuera. Esa que golpeaba la ventana como el constante golpeteo de su cuerpo contra el de su novio.
Y el sudor solo hacía que todo fuera más sucio, más resbaladizo, como la pista mojada por la que habían corrido hace unas horas. Pero Max ya había demostrado que era un ganador en terreno mojado y esta noche se correrían hasta el cansancio.
