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Leerlo en tus ojos
Katsuki alguna vez había sido alguien... Un príncipe, el heredero de su clan, orgullo de sus padres y la esperanza de su aldea. Cierto que a ratos había sido también un crío repelente y con tendencia a ser pendenciero, capaz de sacar de sus casillas a cualquiera que pasara demasiado tiempo a su lado, pero sus padres habían hecho todo lo posible por corregir esos defectos suyos y recordarle a cada paso que algún día llegaría su momento de ser un líder, una antorcha de esperanza para su gente, y no podía menos que ofrecerles la mejor versión posible de sí mismo.Vaya si lo había creído. Consciente de sus obligaciones como un Bakugou, el pequeño omega se había desenvuelto con la soltura que se esperaba de él como futuro consorte del que sería el próximo jefe de la aldea.Eso hasta el verano de su onceavo cumpleaños, cuando de campamento con otros cachorros de su edad que eran sus compañeros de juego, Katsuki fue abducido y su paradero se volvió un misterio.Eso lo sabría hasta años después, pero su ausencia generó caos en la vida de sus padres y también en la aldea. Mitsuki estuvo a nada de morir de dolor por la pérdida de su cachorro, y Masaru enfermó y falleció no mucho después. La alfa en cambio nunca perdió la esperanza de encontrar a su hijo, pero la agonía de su ausencia acabó con ella y al cabo de 5 años una enfermedad similar a la de su esposo terminó con lo que quedaba de su persona al dejarla en los huesos.Con una acción tan vil, el clan Bakugou parecía haber llegado a su fin... Excepto que Katsuki no murió como suponían algunos, sino que vivió un sufrimiento de reclusión que por poco lo llevó también a los brazos de la misma muerte.Su primer año en garras de aquellos que se hacían llamar La Liga de los Villanos, y cuyo único cometido era secuestrar al hijo de una de las aldeas más fuertes de la zona para sembrar el terror, se contó como uno de los más descorazonadores de los que se tuviera noción en aquella región. Asustado al saberse en un sitio desconocido y rodeado de lobos ferales, Katsuki intuyó que no lo dejarían marchar con facilidad, y sus miedos se volvieron una realidad cuando revelaron su plan para que se les uniera.—Incluso un omega como tú podría sernos útil —dijo su líder, un alfa con feas cicatrices alrededor de los ojos y una voz ronca que sólo después comprendería su origen.—Antes preferiría morir —le escupió Katsuki en respuesta, y Shigaraki (ese era el nombre del alfa, lo descubriría después) se limitó a limpiarse la saliva del rostro y asentir.—Pronto desearás que ese deseo tuyo se vuelva realidad... Las torturas a las que sometieron a Katsuki en un vano intento de volverle dócil y maleable fueron un fracaso, pero dejaron cicatrices tanto físicas como psicológicas cuando el omega se negó a cooperar con ellos y prefirió las palizas a tener que serles de ayuda.Recluido en una habitación subterránea que era una especie de sótano a la edificación en la que se encontraba cautivo, Katsuki raras veces vio la luz del sol en todos aquellos años que permaneció secuestrado, y en cambio su piel conoció el rudo golpe de las bofetadas, los puñetazos, y cuando Shigaraki se sentía inclinado a dejar que alguno de sus secuaces le ayudara, también el filo de las agujas de Toga y el ardor del fuego de Dabi.Herido algunas veces al borde de desfallecer, Katsuki llegó a implorar por la muerte porque al menos habría algo de honor en partir bajo sus propios términos, pero en cada ocasión lo devolvieron a la vida por medios extraordinarios, y el dolor continuó.Empeoró incluso cuando a los 13 años experimentó su primer celo, y Shigaraki reclamó para sí el honor de poseerlo... Y dejar que sus secuaces lo utilizaran uno detrás de otro para demostrarle cuál era su sitio en aquella manada a la que estaba forzado a pertenecer.—¿Lo entiendes ahora? —Le dijo con una dulzura que no era sino burla, el pie de Shigaraki aplastando su cabeza contra el duro piso de piedra, ignorando su desnudez y la sangre entre sus piernas combinada a otros fluidos—. Tuviste tu oportunidad, y ahora en verdad suplicarás por morir...De sus uniones, al año siguiente tuvo Katsuki un cachorro que en un principio odió con todo su ser y después se convirtió en su debilidad porque era suya. Daba igual quién era el padre porque Eri era fruto de su sangre con aquellos ojos rojos (lo único que había heredado de él) y que se convirtió en su única razón para seguir vivo.A esas alturas, Katsuki ya no comprendía la razón por la cual Shigaraki lo retenía. Con toda probabilidad, sus padres se habían rendido de buscarlo, asumiendo en su lugar que había muerto, o dando por perdida su causa. En todo caso, ¿cómo podrían quererlo si ahora era un despojo de sí mismo y las incontables heridas y cicatrices que ahora portaba por el cuerpo contaban la historia de su caída? Si Katsuki mismo no podía apreciar su vida, ¿qué destino le esperaba frente a sus padres, que lo habían criado para ser el omega de su aldea y ahora lo era de aquella manada?La única razón por la que Katsuki no tomó cartas en el asunto y terminó con su vida es porque Eri no merecía aquello, y año con año el omega se aferró a su cachorro como tabla de salvación porque se temía el momento en que intentaran arrebatársela.Menos mal que Shigaraki no tenía demasiado interés en él, pero no podía decir lo mismo de los rufianes que los acompañaban, y seguido tenía que ofrecerse en lugar de su cachorro para que no la lastimaran.Bajo aquella tortura voluntaria que su hija incontables ocasiones tuvo que presenciar, fue cuando Shigaraki decidió hacerle a Katsuki lo que alguna vez el anterior líder de esa manada había hecho con él, y posicionado entre sus piernas y poseyéndolo con brusquedad, presionó ambas manos alrededor de su garganta y apretó hasta hacerlo perder el conocimiento.Aquel juego que siempre hacía pensar a Katsuki que un día simplemente ya no despertaría fue la razón por la que su voz fue desapareciendo hasta apenas ser un susurro casi inaudible que por poco les costó la libertad.Cuando Eri ya contaba con 6 años y Katsuki no contaba ya con ninguna esperanza, un día de pronto escucharon una conmoción sobre sus cabezas, y el omega abrazó a su cachorro contra él mientras el ruido de golpes y gritos resonaba en el piso superior. Luego un hilillo de sangre se derramo a través de las tablas que componían el techo de aquella mazmorra, y Katsuki pensó que era su fin, pero entonces...—¡Bakugou Katsuki!Una voz lo buscaba, una voz que no conocía pero que con autoridad hacía un llamado a encontrarlo, y Katsuki abrió la boca para no poder emitir ningún sonido.—Eri... —Le jadeó a su hija, que retraída a morir por el tipo de crianza que había llevado, primero no supo que hacer, pero luego gritó por ambos.—¡Estamos aquí! ¡Ayuda! ¡Mamá necesita un sanador!Luego la trampilla encima de ellos se abrió, y lo primero que Katsuki vio fue un rostro pecoso y unos intensos ojos verdes.Después, se desmayó. Volver a Musutafu sobre las fechas del aniversario luctuoso de sus padres (habían muerto en distintos años, pero las fechas no diferían más que por un par de días) fue una situación chocante para Katsuki, que no tenía más lágrimas para derramar a pesar de que su corazón tenía un desgarro por el centro, pero sintió el pesar de su separación con nuevas fuerzas.A su retorno, descubrió que el mando de la aldea había pasado a Midoriya Izuku, un viejo compañero de juegos que también había sido parte de la lista de candidatos a alfa para él. Nadie especial, sólo un crío como él, menor incluso por unos meses, pero que el día de su secuestro había peleado contra La Liga de los Villanos sin importarle su corta edad y que ayudó a la captura de varios miembros mientras intentaba rescatarlo.El que también fuera un crío sin presentar como él había influido en su fracaso, pero no en su meta de dar con Katsuki, así que Izuku no había perdido tiempo en prepararse, e incluso cuando los Bakugou ya se habían resignado a la suerte de su hijo, él no lo hizo jamás.Con la ayuda de su mentor, que no era sino el famoso Toshinori, un guerrero alfa que en su juventud había luchado él mismo contra una jauría de 100 lobos ferales y había salido victorioso, Izuku había entrenado hasta presentarse también como alfa y aceptado de mano de Mitsuki cuando ésta ya no pudo más el control de la aldea.Incluso si Izuku jamás daba con el paradero de Katsuki, Mitsuki confiaba en él como alfa y como persona para cuidar de la aldea, y murió tranquila sabiendo que dejaba el destino de todos en las mejores manos a su disposición.—Sabía que estabas vivo... Podía olerte en la distancia —dijo Izuku cuando terminó de contarle todo aquello a Katsuki, pero éste se limitó a mirarlo con ojos muertos.—¿Qué quieres de mí? —Enunció el omega moviendo los labios pero sin emitir un sonido audible por el daño irremediable en sus cuerdas vocales.—Lo que estés dispuesto a darme —dijo Izuku con humildad, bajando la cabeza y mostrando su cuello de una manera que sólo se veía en omegas, jamás en alfas.Su sumisión era total, y el Katsuki engreído de 10 años atrás se haría vanagloriado del poder que ostentaba. Ahora en cambio... Apretó más a Eri a su costado y denegó con la cabeza.—Nada.Así de simple era; él no era nadie, y no le quedaba nada. Volver a Musutafu implicó regresar a una vida que creía olvidada y que ya no le interesaba más, pero ahí donde él contemplaba a diario el suicidio como ruta de escape, Eri floreció como capullo en primavera al descubrir el mundo que frente a ella se abría repleto de posibilidades a su alcance.Enrolándose a la escuela sin importarle que era 1 año mayor que sus compañeros y no contaba con las mismas experiencias, Eri se habituó pronto al bullicio de la aldea porque todos la recibieron con los brazos abiertos, pero nadie como Izuku, quien se tomó muy en serio el papel de padre.A pesar de su corta edad, Izuku no sólo se hacía cargo de la aldea y velaba por el bienestar de todas aquellas familias que componían el clan, sino que se había tomado a pecho el juramento que le hizo a Mitsuki de jamás abandonar a Katsuki, y porque éste lo pidió y su cachorro tenía interés en una ceremonia de ese tipo, a los 6 meses de su retorno el omega accedió a contraer matrimonio con él.Después de todo, Katsuki era mercancía dañada y tenía un cachorro cuya paternidad no podía asegurar. Izuku bastante hacía por él al reclamar a Eri como suya, pero el omega descubrió que lo hacía por voluntad propia, no por ese absurdo sentimiento de obligación que motivaba muchas de sus acciones.Y puntos para él por la noche de bodas limpiar la mordida de su cuello con delicadeza y sólo pedir que durmieran en futones contiguos y con Eri de por medio.Dispuesto a gritar con el último hálito de voz que le quedaba al tener las cuerdas vocales lastimadas irremediablemente por la mano dura con la que Shigaraki lo sometió, Katsuki no tuvo que llegar a ello cuando Izuku jamás lo tocó inapropiadamente, y su cohabitación como pareja consistió en dormir lado a lado con su cachorro como protección.Durante sus celos, el alfa solía desaparecer en la montaña, y al experimentar los propios, Katsuki tomaba por cuenta de su mano control de la situación. No era agradable, y los recuerdos de cómo lo habían forzado en grupo Shigaraki y sus secuaces le revolvía el estómago, pero su instinto era más fuerte, y la causa por la que al cabo de casi 2 años de matrimonio, se decidiera al fin a tomar cartas en el asunto.Organizando todo para que Eri se habituara a dormir en su propia habitación, durante su siguiente celo se acercó Katsuki a Izuku, y con una mirada enfebrecida le hizo saber que lo quería.—Pero... No puedo forzarte... No me atrevería a lastimarte... No de esa manera... —Intentó razonar con él el alfa, pero Katsuki se levantó la bata que llevaba puesta, y sin mucha ceremonia, buscó su miembro erecto por el efecto de las feromonas en el aire y se penetró despacio con él.El sexo pasó entonces a formar parte de su vida en común. A ojos de terceros, un matrimonio normal salvo quizá un poco aburrido, aunque Katsuki no lo clasificaría así.Izuku era, por fortuna para él, un buen marido, un excelente padre, y un alfa ejemplar. El líder que la aldea necesitaba, y también el pilar en el que Katsuki se sostenía cuando los recuerdos eran demasiado y el pasado amenazaba con devorarlo, pero ante todo... Su Deku.Recordando al compañero de la infancia que lo seguía por doquier y velaba por él, Katsuki se fue enterando del arduo entrenamiento por el que Izuku pasó antes de obtener la fuerza necesaria para rescatarlo, pero lo que selló el trato fue saber que mató a Shigaraki con sus propias manos porque ningún otro castigo le parecía a Katsuki el apropiado... Y el omega estaba con él.Dispuesto a reconocer que el daño era irreversible pero eso no le impedía amar, Katsuki le transmitió todos sus sentimientos a Izuku cuando después de perder la cuenta de los celos que habían pasado juntos, prescindió de las hierbas que tomaba para prevenir un embarazo, y colocó la mano del alfa sobre su vientre.—¿K-Kacchan? —Se sorprendió el alfa, acostumbrado sólo a tocarlo en la oscuridad de su recámara, y el omega alzó las cejas con sorpresa.Mentalmente, él llamaba a Izuku como Deku porque ese era su apodo de la infancia, y volver a escuchar aquel que le pusiera tantos años atrás fue casi demasiado para su corazón cuando se le aceleró el pulso y le ardió el rostro, pero de una manera agradable y distinta a la que siempre había conocido.—¿Quieres decir que...?Katsuki tragó saliva, y despacio pronunció la palabra. —Sí.Corta, breve, concisa... Apenas un susurro porque su voz estaba perdida junto con la infancia que le habían robado y su pureza, pero nunca su esperanza por un nuevo mañana que Izuku había sabido construir para él y Eri, y que ahora se materializaba bajo su mano en la forma de un nuevo cachorro.Katsuki habría dado lo que fuera por decirle a Izuku cuánto lo amaba, pero le bastó que éste lo dijera por ambos, y que su vez, lo leyera en sus ojos.Entre ellos dos, las palabras sobraban. /*/*/*/*
