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Lily Evans no la está pasando bien.Desde el momento en que abrió los ojos en un cuerpo de quince años, con recuerdos de un futuro condenado y la claridad brutal de lo que quería en la vida, supo que debía actuar. Su meta era sencilla, brillante y dulce: un esposo devoto, poderoso y prestigioso, el tipo de hombre que garantizaría su felicidad y seguridad en un mundo donde su sangre la convertía en un blanco. ¿Y quién mejor que James Potter?Lily luchó por ese futuro con la determinación de una estratega que ya conocía el desenlace de la historia. Conocía los nombres de los caídos, los giros del destino, las traiciones disfrazadas de amor y las sombras que se cernían sobre todos. Actuó con cuidado, con precisión. Fue encantadora y audaz, una Gryffindor con la mente de una Slytherin, asegurando cada paso con sonrisas y promesas. Se ganó el amor de James, la confianza de los Potter, la lealtad de sus amigos. Se convirtió en la mujer que todos esperaban que fuera.Y por un tiempo, fue feliz.Hasta que no lo fue.James Potter no era el hombre que ella creía. El divorcio por el que Lily tanto luchó, que tanto quería, la hundió aún más. Los Potter, en su orgullo y prepotencia, le arrebataron a su hijo, con la certeza de que una sangre sucia no podía criar adecuadamente al heredero de su linaje. Sus amigos la dejaron atrás, como si su existencia sin James no tuviera sentido. La sociedad mágica seguía siendo cruel e injusta con los hijos de muggles, impidiéndole encontrar un trabajo digno, una vida independiente, simplemente porque no tenía la sangre o los contactos necesarios. Y Voldemort… Voldemort regresó, con los ojos ardientes de venganza, buscando asesinar a su dulce Harry, y ella no podía hacer nada. Ni siquiera dejaron que se acercara a su bebé para tratar de protegerlo, guiarlo, o simplemente servir como escudo de carne. Ni siquiera le permitieron verlo desde lejos...Por primera vez en su vida se sentía verdaderamente sola y desamparada, desesperada de una manera resignada. Ella no tenía nada.Nada, excepto Severus Snape.Él no era guapo de una manera convencional, ni carismático en personalidad. No tenía el prestigio de James ni su facilidad para encantar a una multitud, pero Severus era devoto y fiel. Brillante. Talentoso más allá de toda medida. Con ojos oscuros y pestañas espesas, labios finos curvados en algo más suave cuando se dirigían a ella, y una inteligencia astuta y calculadora comparable a solo los mejores prodigios de todos los tiempos. Su rostro podría no parecer amable, pero sus acciones y sus manos sí lo eran. Nunca diría algo cursi o romántico en voz alta, pero demostraba su amor constantemente con actos de servicio, un cuidado genuino y una atención fina a cada detalle. Se preocupaba por ella, no solo por la niña cálida, cariñosa y alegre que había crecido con él en su infancia, o la adolescente juguetona que había jugado con sus sentimientos y lo había ignorado a su antojo, sino que se había interesado por conocerla por cómo era hoy, actualmente, Lily Evans, la mujer.La mujer, una bruja talentosa e independiente que había sido contenida a ser una simple ama de casa mágica. La mujer que tenía sueños, metas y aspiraciones, con pasatiempos extraños y comunes. La mujer que prefería el café en una taza mediana a la mañana, con solo dos cucharadas de azucar, porque la mantenía perfectamente despierta por el resto del día. Una taza más grande y Lily estará hiperactiva y ansiosa. Una taza más pequeña y Lily estará irritada, haciendo pucheros y quejándose, hasta que llegue la hora de la siesta.Lily no le había mencionado nada de esto a Severus, pero él lo había notado. Y cada día, él se levantaba a prepararle el café a la mañana, justo como a ella le gustaba. A la tarde noche, le preparaba un té de manzanilla acompañado de galletas de coco y un pedacito de chocolate, porque sabe que a Lily no le gusta cenar cuando está de mal humor o deprimida. Por la noche la acompaña a caminar antes de acostarse a dormir, porque él sabe que a ella le relaja observar las constelaciones en el cielo nocturno. Y antes del almuerzo se sienta con ella en el jardín, escuchándola balbucear información sobre cada flor y su significado, y ayudándola a cuidar sus plantas con cuidado y cariño, tal como Lily solía hacerlo con su madre de niña.En los días especiales, como los aniversarios, Navidad o los cumpleaños, él siempre sabía que aportar o regalar, incluso cuando ella misma no sabía lo que quería o necesitaba. Sus regalos podían ser comunes y no muy caros, o raramente caros cuando él ahorraba con determinación para mimarla de vez en cuando, pero siempre era algo dulce que ella había mencionado con anterioridad, o había observado con anhelo de lejos, o algún detalle atento, tímido y devoto que él le daba por pensamiento propio, porque lo vio y dijo: lo quiero para ella. Siempre le demostraba que la escuchaba, la comprendía y la valoraba, y siempre se sorprendía hasta las lágrimas al darse cuenta de que la mirada suave y afectuosa, sus ojos oscuros iluminados solo para ella, nunca cambiaban o vacilaban. Eran constantes y dulces, y ella se aferraba a ello con todas sus fuerzas.Él nunca le dijo "te amo" con palabras, pero Lily no necesitaba que se lo dijera; hasta que él regresó a su vida, ella nunca se había sentido tan amada.Severus era un refugio, un pilar inquebrantable cuando todo se desmoronaba, y su hogar cálido cuando la vida era estable, pacífica y armoniosa. Y Lily, ante la fuerza de la naturaleza que era Severus Snape, hizo lo único que podía hacer: se enamoró de él.Por primera vez, fue correspondida sin condiciones. Por primera vez, tuvo un amor que no exigía, que no se erigía sobre expectativas ni sobre un linaje. Podía ser ella misma, con sus malos días de depresión y anhelo por un hijo que le arrebataron, y sus buenos días de sonrisas amorosas y citas matutinas, y él siempre estuvo ahí.Por primera vez, creyó que tal vez aún podía encontrar la felicidad.Y luego Severus murió.Se fue, arrebatado por el mismo destino cruel que parecía haberse aferrado a ella, y con él se desvaneció toda esperanza. Sin él, su vida no tenía sentido. Sin él, ya no quedaba nada por lo que luchar.
Lily Evans despierta, otra vez.Despierta con el aliento tembloroso y las manos aferrando las sábanas de su dormitorio en Hogwarts. El aire huele a pergamino, a incienso barato, a la vida de una chica de dieciseis años que aún no ha cometido errores irreversibles. Está de vuelta.
Está de vuelta.
Y esta vez, no va a perder.James Potter ya no es una meta, sino un obstáculo irrelevante. Los Potter, sus amigos, la sociedad mágica… todos pueden irse al infierno. Solo hay una cosa que importa, solo una persona por la que vale la pena luchar.Severus Snape no lo sabe, pero Lily Evans va a salvarlo.No va a permitir que se hunda en las sombras, que se pierda en la desesperación, que termine en el mismo camino que lo llevó a la muerte. No va a dejar que lo alejen de ella.Y si debe ser intensa, ambiciosa y controladora para lograr su cometido, que así sea.
El Gran Comedor retumba con risas cuando la voz de Sirius Black se alza por encima del bullicio, burlona, afilada como una navaja bien afilada.—¿Qué pasa, Snivellus? —pregunta con esa sonrisa de lobo hambriento, las pupilas dilatadas consumiendo sus encantadores ojos grises—. ¿Se te ha acabado el champú otra vez, feo grasiento? ¿Te gustó mi intento de ayudarte?Las risas explotan a su alrededor, una marea de entretenimiento cruel que ahoga cualquier intento de dignidad. Peter se ríe con torpeza, Remus mira hacia otro lado con una tensión apenas disimulada, y James… James lo observa con esa misma condescendencia de siempre, como si le estuviera haciendo un favor a Severus al humillarlo públicamente.Lily siente la furia crecer en su pecho como un incendio, abrasador y despiadado.—Eres un jodido niño inmaduro, Black —espetó con dureza, su voz cortando a través de la algarabía con la precisión de un látigo.El silencio que sigue es inmediato.Sirius gira la cabeza con un aire de sorpresa teatral, como si acabara de notar su presencia. Sus ojos grises brillan con diversión retorcida.—Vaya, Evans —dice, con una sonrisa perezosa—. No sabía que eras la defensora oficial de Snivellus. ¿Qué sigue? ¿Un beso de buenas noches?Las risas resurgen, pero Lily no se deja intimidar. Su rabia es algo sólido y frío, algo que ha estado acumulándose durante demasiado tiempo.—¿Sabes qué, Black? —su voz es baja, letal—. Siempre me pregunté cómo podías mirar a tu familia con tanto desprecio cuando eres exactamente igual que ellos.El golpe es certero.El rostro de Sirius se tensa en un instante, su mandíbula apretándose con una fuerza casi audible. Por un momento, parece que va a responder con algo igual de mordaz, pero la rabia en los ojos de Lily lo detiene.—Eres un Black hasta la médula —continúa, su voz afilada como una daga—. Cruel, despiadado, arrogante. Te gusta pensar que eres mejor que ellos, pero la verdad es que solo te rebelaste porque no querían a los mismos monstruos que tú.Un murmullo recorre el comedor.Sirius la mira con los labios apretados en una fina línea, su orgullo herido brillando en cada músculo tenso de su cuerpo y algo más oscuro, más terrible, naciendo en las profundidades de sus ojos. James está a su lado, con una expresión de incredulidad y una sombra de irritación en los ojos, como si no pudiera creer lo que ve. Como si no pudiera soportarlo.Pero Lily no los mira.Sus ojos solo buscan a Severus.Él la observa, su expresión ilegible. Hay algo frío en su mirada, algo tenso y afilado, y cuando sus ojos se encuentran, Lily ve más allá de la máscara de indiferencia que trata de sostener.Ve la vergüenza, la ira, la confusión.Ve el dolor.Y su corazón duele por él.Porque ha sido humillado, una vez más, sin castigos o represalias a los que lo hicieron. Porque, por mucho que quiera ayudarlo, Lily sabe que su intervención solo lo ha hecho sentir más vulnerable, más débil, más frágil.Está acostumbrado a defenderse solo, a mostrar los dientes con rabia y odio, a morder tan fuerte como su ladrido. Nunca ha sido protegido, y que alguien lo haga ahora se siente mal. Debe sentirse horrible y confundido, debe sentirse insuficiente porque, ¿por qué ahora?Una vez, ella también fue parte del problema.Una vez, ella también miró hacia otro lado.Severus baja la mirada, su postura rígida, y sin decir nada, se da la vuelta y se aleja, su túnica negra ondeando tras él. Su cabello, habitualmente oscuro, esta teñido de un terrible color marrón, consecuencia de lo que sea que Black le haya lanzado.Lily se queda allí, con la rabia aún hirviendo en su sangre y la amargura de la verdad en su lengua.Esta vez, no va a ignorarlo, no va a permitirlo, no más. Ya había desperdiciado tanto tiempo en James, tantos años que podría haber estado siendo feliz con Severus...No iba a aguantar estar separada de él ni un segundo más.
Lily camina por los pasillos de Hogwarts con el paso ligero de quien no quiere ser vista, pero con la certeza de que nadie se atreverá a detenerla. Su túnica ondea tras ella como un estandarte rojo y oro, pero el fuego que arde en su pecho no es de Gryffindor. Es un fuego distinto, más oscuro, más frío en su determinación.Y entonces, lo ve.
James Potter.
El chico que alguna vez había sido su objetivo, su promesa de estabilidad y prestigio. El que se reía demasiado fuerte, que siempre tenía el cabello despeinado con descuido estudiado, que vivía como si el mundo le perteneciera solo porque nunca había tenido que luchar por su lugar en él.James la ve también, y su sonrisa —esa sonrisa encantadora que alguna vez la había hecho temblar— se curva con naturalidad en sus labios, fingiendo que no está molesto por cómo ella humilló a su querido Sirius Black.—Lily —la saluda, desenfadado, con la confianza de quien cree que la conoce.Su nombre en su boca suena como una condena.Ella recuerda con dolorosa claridad el momento en que se dio cuenta de que James Potter no era el hombre que había imaginado. No había sido un solo instante, sino una acumulación de decepciones, un velo que se desgarraba poco a poco hasta revelar la verdad cruda y desagradable debajo.James la amaba, sí. Pero no como una persona, sino como una idea. La amaba como se ama un trofeo, algo hermoso que exhibir con orgullo, un adorno brillante que validara su victoria. La admiraba, pero nunca la comprendía realmente. Y lo peor de todo: nunca luchó por ella.Nunca había luchado por nada en su vida.Mimado, siempre lo fue. Hijo único, querido y adorado, con padres que lo habían criado como si el mundo debiera inclinarse a su paso. Lily lo vio con claridad cuando, recién casados, ella intentaba convertir una casa vacía en un hogar, mientras James prefería gastar las noches con Sirius y los demás, bebiendo y riendo, dejando que ella se encargara de todo.—Es solo una noche, Lils —le había dicho más de una vez, besándola en la frente antes de desaparecer con un estallido de magia.Pero eran todas las noches.Y no solo James era el problema.Fleamont y Euphemia la miraban con ojos llenos de expectativas, sonriendo con esa cortesía de sangre pura que jamás decía lo que realmente pensaba. No necesitaban decirlo. Lily entendía perfectamente lo que querían de ella.Querían que se quedara en casa.Que abandonara la magia que la hacía sentirse viva.Que fuera la madre perfecta para el heredero Potter.Que asistiera a esas insoportables reuniones de té, donde las brujas de linaje antiguo hablaban con falsa dulzura y se lanzaban dagas envenenadas en cada cumplido. Que aceptara con gracia los desaires de los magos de sangre pura, que nunca la verían como una igual, que nunca dejarían de llamarla sangre sucia entre susurros.Lily trató de encontrar un equilibrio. Intentó ser la esposa perfecta, la madre ideal, la bruja que aún podía brillar por sí misma.Pero James no ayudaba.Y cuando la engañó por primera vez, en medio de una guerra que devoraba sus vidas con cada día que pasaba, Lily cerró los ojos y trató de entenderlo.La guerra nos está destrozando, se dijo. Está asustado. Está confundido.Intentó perdonarlo. Y él prometió que no volvería a suceder.
Pero volvió a suceder.
James se mostraba arrepentido, siempre arrepentido, con disculpas que parecían ensayadas, con promesas que sonaban vacías.Y entonces estaba Sirius.El jodido Sirius Black, la maldita espina clavada en su costado.Sirius, que nunca parecía irse, que se colaba en su vida con la misma facilidad con la que se deslizaba por cualquier habitación, como si el mundo le debiera un refugio, como si James y Lily tuvieran la obligación de recoger los pedazos rotos de su vida.Sirius, con su carisma implacable y su necesidad de atención, con sus noches de borrachera y sus risas ruidosas, con su presencia sofocante en la casa que Lily había intentado hacer suya.Sirius, que miraba a James con algo más que amistad.Sirius, que lo adoraba de una manera que Lily nunca podría igualar.Y James lo permitía, lo alentaba. Ya sea porque calmaba su enorme ego o porque le correspondía, Lily no lo sabía.James, que se suponía que debía ser su esposo, su compañero, su aliado, era un niño que nunca había aprendido a soltar la mano de su mejor amigo.El amor que Lily le había tenido se marchitó. No fue una muerte rápida, sino lenta, un marchitamiento inevitable de algo que nunca había sido real en primer lugar.Ahora, de pie en el pasillo, viendo la sonrisa despreocupada de James Potter, Lily se pregunta cómo pudo alguna vez desearlo.Qué ciega estuvo. Pero no más.Esta vez, James Potter es solo un fantasma de una vida que ya no existe.Lily le devuelve la mirada con una frialdad que él no espera, que él no entiende.Y sigue caminando.
Los pasillos del castillo estaban vacíos a esa hora, llenos del eco de pasos distantes y del crepitar de las antorchas. En un rincón apartado de la biblioteca, entre estanterías cubiertas de polvo y libros olvidados, Severus la miraba con una expresión tensa, los labios apretados y los ojos oscuros brillando con una mezcla de escepticismo e incertidumbre.—¿Qué ha cambiado? —preguntó en voz baja, con una aspereza que traicionaba su vulnerabilidad.Lily sostuvo su mirada, firme. —Me di cuenta de que no puedo perderte —dijo, y la verdad en su voz fue un ancla en medio de la incertidumbre.Severus frunció ligeramente el ceño, como si no supiera qué hacer con esas palabras, como si esperara que fueran una mentira disfrazada de dulzura.—¿No puedes perderme? —repitió con una burla suave, pero su voz carecía de convicción—. ¿Y qué hay de Potter? Creí que él te gustaba —escupió la palabra con disgusto y dolor—. Y sus amigos... También son tuyos.Lily apretó la mandíbula, su rabia brillando por un instante antes de desvanecerse.—No valen nada en comparación contigo —dijo, con una seguridad que hizo que Severus desviara la mirada, como si no supiera cómo sostenerla.Silencio.Un largo, denso, incómodo silencio en el que Severus parecía debatirse entre la desconfianza y el anhelo. Finalmente, vaciló, su voz más baja, más temerosa.—Entonces… ¿qué pasó con los problemas que tenías con mi casa?Lily sintió el peso de la pregunta como una piedra en el estómago.Recordaba demasiado bien la repulsión cuidadosamente construida, la forma en que había usado la excusa de sus compañeros para alejarse de él, para encajar mejor con los demás. Recordaba haber pensado que era más fácil culpar a Slytherin que enfrentarse a la incomodidad de defender su amistad con alguien que todos veían como despreciable.El asco consigo misma la hizo tragar con dificultad. No
cometería el mismo error.—Puedes ser amigo de quien quieras, Sev —dijo con firmeza—. Incluso de imbéciles como Mulciber.Severus alzó una ceja, y una sombra de ironía apareció en la curva de su boca.—No soy su amigo, Lily —dijo, su tono cargado de una burla amarga—. Solo soy el mestizo que intenta camuflarse lo suficiente para que no me hundan.Lily lo entendió de inmediato.El desprecio de los Slytherin más radicales, la necesidad de encajar lo justo para no ser devorado. El juego de supervivencia silencioso que Severus había estado jugando desde que pisó Hogwarts.Sintió una punzada de culpa por no haberlo visto antes, por no haber querido verlo.Severus desvió la mirada, como si ya hubiera dicho demasiado.Lily respiró hondo y no insistió.Severus valía todo.Lo sabía con certeza, con una convicción tan absoluta que le cortó la respiración.Él había sido el único que la vio como realmente era. No como un trofeo, no como un ideal, sino como Lily. Con sus contradicciones, sus arrebatos, su ambición y su orgullo, con todas las cosas hermosas y todas las cosas terribles que la componían. Él la había visto y la había amado sin condiciones.Severus no había sido perfecto. Había cometido errores, demasiados. Pero cuando ella se quebró, cuando su mundo cuidadosamente construido se hizo añicos, él estuvo allí.Siempre estuvo allí.En los días interminables del divorcio, cuando las cortes mágicas dictaron que Harry debía quedarse con James y la familia Potter. Cuando la sociedad entera se volcó contra ella, sus antiguos amigos le dieron la espalda y ella se quedó con nada más que el eco de su propio llanto-Severus había sido un ancla en ese mar de desesperación. No con dulces palabras ni con promesas vacías, sino con su presencia firme, con su silencio reconfortante, con su forma única de cuidarla.Siempre estaba atento a su estado de ánimo, a sus dolores habituales y a sus pocas alegrías del día. Le ofrecía libros clásicos con anotaciones propias, la llevaba a preparar pociones con él, le traía nuevas semillas de flores para cultivar, siempre tratando de desviar su mente de la pérdida, tratando de ayudarla a sobrellevar su vida.En los días en que la agonía de Lily era demasiado fuerte como para tratar de distraerla de ello, se sentaba con ella en la oscuridad, sin exigir explicaciones ni imponer juicios, como si entendiera que algunas penas eran demasiado profundas para expresarse en palabras.Severus la había sostenido cuando ella era demasiado débil para sostenerse sola.Y James…James le había mostrado lo que era estar al otro lado de su crueldad. La mezquindad oculta bajo el carisma, la impaciencia disfrazada de impetuosidad, la indiferencia vestida de orgullo. No era que James no la hubiera amado. La había amado, como algo bello que debía encajar en su vida sin desafiarlo, sin pedir más de lo que él estaba dispuesto a dar.James no sabía luchar por nada porque nunca había tenido que hacerlo.Ella había sido tan tonta. Tan ridículamente tonta.Había tardado tanto en verlo.Pero Severus… Severus nunca le pidió que fuera menos. Nunca trató de moldearla para que encajara en su mundo. Nunca la trató como algo frágil o quebradizo. La vio con todas sus cicatrices, con todas sus sombras, y la aceptó así, con una devoción tan pura y honesta que le había robado el aliento.Lily pensó en la noche en que le preguntó por qué no se había unido a Voldemort.Severus, con su mirada baja y los dedos jugando nerviosos con la tela de su túnica, le había confesado la verdad: iba a hacerlo.Iba a entregar su vida a la única figura que le había prometido grandeza. Pero huyó. Huyó en el último momento y por eso ahora se escondía de aquellos que una vez llamaron amigos, aquellos que habrían esperado su lealtad.En ese entonces, Lily sintió ira. Una ira ardiente y sofocante. Casi contaba con que Severus se quedaría con Voldemort, que se convertiría en doble espía o en un mortifago completo, no sabía. No le importaba. Pero pensaba en ello, a veces, por el bien de Harry.(Ella no se hizo ilusiones: sin Severus Snape de su lado, había nulas o pocas oportunidades de vencer al monstruo que era el Señor Oscuro).Pero ahora… ahora solo sentía comprensión.Él no tenía a nadie. Ni familia, ni hogar, ni un lugar donde ser aceptado. Había crecido en la oscuridad, con hambre de reconocimiento, con el deseo desesperado de ser alguien, de valer algo. Y Voldemort se lo había prometido. Y Lily le había dado la espalda.Lily entendía ese anhelo, esa necesidad de pertenecer, porque lo había sentido también, tan profunda y dolorosamente que ardía.Y fue en ese entendimiento donde su amor se enraizó.No en un destello súbito, no en un momento fugaz de epifanía, sino en la lenta construcción de cada día.En la forma en que él la miraba, con esos ojos oscuros y llenos de algo que no podía nombrar sin sentir que su corazón se encogía en su pecho. En la curva tenue de su sonrisa, delgada pero sincera, un pequeño tesoro que solo ella podía ver. En las cicatrices que marcaban su piel, profundas, dolorosas, testigos de todo lo que había soportado, y aun así, increíblemente hermosas.Pero sobre todo, Lily se enamoró de lo que Severus veía en ella. La vio en su totalidad: con sus sueños y ambiciones, con sus defectos y errores. Y aún así, la amó. Le demostró que era digna de ser amada por él.(Aunque ella sabía que no era digna, no lo merecía. Pero ella trataría de merecerlo. Se esforzará).La había amado desde siempre. Nunca se había detenido, no realmente. Nunca se dio por vencido con ella.Y ahora, Lily sabía con absoluta certeza que ella también lo amaba.Casi temía hasta qué punto lo amaba, qué podría llegar a perdonar, solo porque él era Severus.Lily nunca había odiado la magia oscura que tanto fascinaba a Severus. No la temía, ni la consideraba malvada por naturaleza. Para ella, la magia era magia: un poder vasto y feroz, lleno de posibilidades, ni bueno ni malo en sí mismo, sino una herramienta que dependía de la voluntad de quien la empuñara.Pero lo había fingido. Había pretendido compartir el desprecio de los "buenos", de aquellos que veían en la magia oscura un reflejo de todo lo que debía ser erradicado, de todo lo que era impuro. Lo había hecho porque era más fácil, porque encajar significaba seguridad, porque ser aceptada significaba ser querida.Quiso creer que alejarse de Severus había sido una decisión racional, basada en su sentido de la moralidad y en la influencia peligrosa de los compañeros de casa de él. Quiso convencerse de que lo había hecho por su propio bien.Pero la verdad era más simple y más dolorosa: se había alejado por cobardía.Porque querer a Severus significaba cargar con su sombra, con sus errores y sus malas acciones. Significaba desafiar a los suyos, soportar las miradas de desaprobación, los murmullos, el juicio silencioso pero implacable de quienes dictaban qué era correcto y qué no.Y ella, a pesar de su valentía Gryffindor, no había sido lo suficientemente fuerte.Ahora, mirándolo a los ojos en la penumbra, sosteniendo sus manos entre las suyas, Lily sentía el peso de aquella traición más que nunca.—No me importa la magia oscura, Sev —su voz salió baja, firme—. No me ha importado nunca.Los ojos oscuros de Severus destellaron con algo inidentificable, su rostro quedó inmóvil, como si temiera que cualquier movimiento pudiera romper la ilusión de esas palabras.—Mientras tú seas feliz, eso es lo único que me importa —añadió Lily, y entonces, con una pequeña sonrisa, intentó aligerar el momento—. Aunque si intentas unirte al lado oscuro, tendré que reprenderte.O seguirte.Severus frunció los labios en una mueca de exasperación y desvió la mirada. —No planeo hacerlo.Lily dejó escapar una risa suave, entre el alivio y el cariño. Sin dudarlo, apretó sus manos con más fuerza y lo miró con una intensidad que hizo que él volviera a fijar los ojos en ella.—Severus… —susurró, y cada palabra estaba impregnada de una emoción que casi la asustaba—. Realmente, realmente te aprecio. No sabes cuanto. Y fui una idiota por no darme cuenta antes.Severus se tensó apenas, como si una parte de él quisiera apartarse, como si las palabras fueran demasiado inesperadas, demasiado sinceras.—¿Qué pasó? —preguntó en voz baja, con cautela, con una sombra de sospecha en la mirada. ¿Qué había cambiado tanto en ella?Lily parpadeó rápidamente, tratando de contener las lágrimas que amenazaban con traicionarla. El nudo en su garganta era casi insoportable, pero se obligó a sonreír. No podía decirle la verdad.No podía decirle que lo había amado con cada fibra de su ser, con una certeza que la había consumido y, aun así, lo había dejado ir. Que su ausencia había sido un vacío tan vasto, tan insoportable, que incluso ahora sentía el eco de ese dolor en cada latido de su corazón.Que había sido su mayor arrepentimiento.Severus la miraba con esa intensidad analítica suya, sus ojos oscuros buscando respuestas en los suyos. La conocía demasiado bien. Sabía que algo había cambiado en ella, algo profundo y definitivo.Lily apartó la mirada, enfocándose en sus manos entrelazadas con las de Severus. Sus dedos eran largos y delgados, con cicatrices aquí y allá, vestigios de años de experimentación con pociones y hechizos que nadie más se atrevía a probar. Eran las manos de un hombre que nunca había temido la magia, que la entendía y la dominaba con una precisión casi artística.Y ella lo había despreciado por ello.No porque realmente lo creyera peligroso. Sino porque era más fácil seguir la corriente, encajar en la imagen de la Gryffindor ejemplar que todos querían que fuera. Era más fácil alejarse de Severus que cuestionar la hipocresía de aquellos que condenaban cualquier arte que no se ajustara a su visión de lo "correcto".Lily tragó saliva, dándose cuenta una vez más de lo profundamente injusta que había sido con él.—Te quiero mucho, Sev —su voz tembló, apenas un susurro. Apretó sus manos con más fuerza, como si con ello pudiera anclarlo a ella, como si pudiera compensar todo lo que no había dicho, todo lo que había negado durante años—. Solo… solo quiero que lo sepas. Que lo sepas siempre.Severus frunció el ceño, claramente insatisfecho con su respuesta, pero no insistió. No todavía.Ella respiró hondo, buscando la manera de decir lo que sentía sin revelarlo todo.—Eres importante para mí. Más de lo que puedo poner en palabras —sonrió con tristeza—. Solo espero poder seguir siendo parte de tu vida, que sigas queriéndome como yo a tí.Severus la observó en silencio por un largo momento. Su expresión era ilegible, pero Lily vio la tensión en sus hombros, la forma en que su mandíbula se apretaba sutilmente, como si estuviera reprimiendo algo.—Lily… —su voz era baja, áspera.Ella negó con la cabeza, cerrando los ojos con fuerza. No podía llorar. No podía derrumbarse ahora. Si
lo hacía, si permitía que esas emociones desbordaran la superficie, lo diría.
Te conocí, Sev. Te conocí por dentro y por fuera, me enamoré de ti y luego te perdí, y fue el peor dolor de mi vida.
Eso no debía decirse.Tal vez nunca se lo diría.
Severus no sabe qué demonios ha sucedido con Lily Evans.Desde hace meses, ella ha estado comportándose de forma extraña. Demasiado atenta, demasiado devota, demasiado inclinada a envolverlo en su vida como si fuera lo único que importara. No es que le moleste —por Merlín, daría cualquier cosa por ella— pero no lo entiende. Lily estaba enamorada de James Potter, incluso si fingía no estarlo. ¿Por qué de repente está mirando a Severus como si él fuera el centro de su universo?No lo entiende, pero tampoco se atreve a indagar demasiado.Si pregunta, tal vez rompa el hechizo. Tal vez Lily se dé cuenta de su error y se aleje.Tal vez él vuelva a ser solo su amigo, su confidente, su segunda opción.Y Severus no está seguro de poder soportarlo.
----- CHAPTER BREAK -----
“Se desplomó, resoplando,
escupiendo grandes bocanadas de sangre sobre mí,
empapándome con lluvias de su sangre oscura.
Y me alegré, tal como
se regocija la tierra fecunda cuando los cielos envían lluvias de primavera
y los capullos de flores recién nacidos estallan en flor”.
clitemnestra, versos 1388-1392.
Sirius siempre ha odiado a Lily Evans.No sabe qué ve James en ella. Su amigo se merece más que una chica tonta que lo rechaza constantemente, que ignora sus coqueteos y pone los ojos en blanco apenas lo ve.
No sabe qué ve Snivellus en ella. Severus Snape, arrogante, sucio y serpiente hasta la médula. Una persona así no tiene corazón, y si lo tiene, debajo de toda esa ropa oscura y pobre, es negro y podrido como el resto de él. Que el jodido Snivellus pueda sentir algo remotamente humano como el enamoramiento hace que Sirius se sienta enfermo del estómago, hace que quiera arremeter hasta que ese veneno dentro suyo se deshaga, se esfume para siempre. No debería ser posible, y sin embargo, Lily Evans logró...No sabe qué es lo que todo el mundo ve en ella.Lily Evans es hermosa, pelirroja de ojos verdes, con una sonrisa encantadora y amable, un porte orgulloso y firme, y una valentia terca e inmutable. En otra vida, tal vez Sirius se habría interesado en ella solo por esas cualidades. En esta, todo eso hace que la deteste más y más.James canta alabanzas de Evans de manera poco natural y terriblemente habitual, halagando desde su cabello rojo fuego hasta su serena madurez mental y su suave risa matutina que suena como melodia de sirena. Sirius está jodidamente harto, no solo porque Lily tiene el corazón de James aunque no lo merece en lo más mínimo, sino porque él sabe que ella no es tan perfecta como todos quieren pintarla.Snivellus la mira como si colgara el sol, la luna y las estrellas. James la mira con un deseo tan ferviente que es casi palpable. Remus la respeta y la admira. Peter está cautivado silenciosamente con ella, como todos los demás.Sirius odia eso. Lo odia aún más que su odio hirviente por el jodido Severus Snape.Lily Evans puede ser una Gryffindor, una leona valiente y orgullosa de pleno derecho, pero también es una maldita molestia. Es terca como una mula, incluso cuando no tiene razón. No se disculpa, no se inmuta, no cuando chocan con sus ideales. La crueldad no era crueldad si provenía de ella. Su moral lo era todo y superaba la de todos los demás. Ignoraba a Snape tan fácil como respirar cuando le convenía, fingiendo que no podía ver sus ojos oscuros entristecidos a la distancia, como el dolor se aferraba a él como una garrapata. Parecía que Snape se derrumbaría sin ella, y aún así, eso no ablandaba su corazón.Sirius se deleitaba en el sufrimiento de Snivellus tanto como odiaba que fuera Evans la causante de ello. Una parte de él, oscura y terrible, quería ser el perpetrador; quería volver a ver el rostro enrojecido de Snape hasta las lágrimas, como esa única vez en segundo año. Quería poder decir con orgullo: sí, fuí yo quien rompió a Severus Snape, ese grasiento terco, esa oscura serpiente imperturbable. Quería poder sonreír y burlarse de Snivellus como siempre pudo, antes de que James decidiera ablandarse en cuanto a su trato al Slytherin para obtener la aprobación de la puta Lily Evans.Realmente, el resentimiento de Sirius se encona y se encona, ¿qué tiene ella que la hace tan especial?James estaba obsesionado con ella. James lo dejaba de lado por ella. Remus actuaba con madurez delante de ella. Remus sonreía y parecía más relajado en presencia de ella. Peter... Bueno, las reacciones de Peter no importaban tanto. A Sirius no le molestaba lo que hiciera Peter particularmente, excepto cuando incluía adorar el suelo que pisa Lily Evans como el resto de todas las putas personas en Hogwarts.Ella era simplemente tan jodidamente exasperante. No más que Snivellus, pero, joder, ella era molesta. Sirius no entendía como James no podía verlo. Tampoco entendía como el podrido Snape estaba tan enamorado de ella, ciego a todos sus defectos. No lo entendía. Esperaba nunca entenderlo tampoco, por un casi miedo de caer en la misma balsa que todos sus amigos y el Slytherin más asqueroso que tuvo la desgracia de conocer.Sirius la veía. La veía tal como era, podrida y horrenda, como nadie más quería verla. Veía como ocultaba, de manera bastante mediocre, su astucia debajo de una sonrisa cubierta de mentiras. Veía sus ojos destellar en aburrimiento mientras hablaba con James, y realmente, ¿cómo se atrevía? Una ordinaria cualquiera despreciando a James Potter, el chico más valiente, amable y atractivo que pisó esta impotente escuela-Sirius la ve, todos los días, aunque trata de ignorarla. La ve usar a su amigo, a su Jamie, descaradamente. La ve alimentando el enamoramiento de su amigo por diversión. La ve mirar a su grupo con ira y rencor cuando cree que está a salvo. La ve tratando de proteger a Snape de ellos, de manera bastante risible. Es divertido, hasta que no lo es.Lily Evans tiene el puto descaro de tratar de acumular pruebas contra ellos, de tratar de que los expulsen solo por un par de bromas astutas y divertidas. Ella es una jodida aguafiestas, terca y odiosa, como Snape. Es rencorosa hasta la médula, sonriendo incluso cuando trata de apuñalarlos por la espalda, riéndose de las torpes bromas de James para desviar la atención de sus rídiculos planes, fingiendo que es amigable cuando es tan malditamente obvio que los odia. Pero, al parecer, Sirius es el único con cerebro funcional, porque es el único que lo nota.A veces, Sirius se sorprende por el hecho de que Evans no sea una Slytherin, con todos sus planes ambiciosos de conquistar a James por su prestigio y dinero, y su capacidad para navegar entre la política de Casas con una sonrisa fàcil, o incluso su manera exasperante de conquistar a alguien tan falto de alma como Snivellus. Tal vez es esto último lo que hace que Sirius siga siendo, en su mayoría, cauteloso con ella.Una persona que se lleve bien con Snivellus debe ser tan oscura como él. Lamentablemente, James nunca ha podido reconocerlo. Sirius ya ha tratado de hacérselo ver, pero es realmente un caso imposible. Es una de las cualidades de James que silenciosamente lo exasperan hasta rabiar: es tan terco, tan mimado, que busca obtener lo que quiere a cualquier costo, pensando que nada es realmente imposible para James Fleamont Potter. Sirius admira esto tanto como lo odia.La mayoría de las veces, desearía poder abrir el cráneo de James y eliminar todas esas pequeñas cosas que detesta de él, como su obsesión por Lily Evans y su iinherente deseo de salvarla del monstruo que es Snivellus. No sabe cómo su amigo no se da cuenta de que la chica que tanto anhela es la puta alma gemela del pobre y sucio Slytherin que tanto desprecian. Quiere poder eliminar
cualquier presencia de Evans en James, quiere hacer todo lo posible para librarlo de la horrenda mentirosa. Solo de esa manera, Sirius podría verlo ser feliz. Tal vez con él, tal vez sin Evans en su mente, James decida pasar el resto de su vida con él-Volviendo al punto inicial: Sirius Black odia tanto a Lily Evans como está completamente seguro de que ella lo odia devuelta. Es risible, eso. Ella lo odia por dañar a su precioso Snivellus, sin darse cuenta de que es justo lo que seres sucios como Snape merecen por tener la osadia de respirar el mismo aire que ellos. Snivellus puede ser la pequeña mascota enamorada de Evans, pero si Sirius lo quiere para sí mismo, para atormentarlo y romperlo a su antojo, entonces la impotente Lily Evans no puede hacer nada al respecto.James Potter fue suyo desde el momento en que fue amable con Sirius como nadie más lo ha sido, desde que le ofreció un hogar en forma de una sonrisa brillante e ingenua y un alma tan buena que es adictivo estar a su lado. Severus Snape fue suyo desde el momento en que lo miró, joven, roto y tan maligno con esos ojos suyos, oscuros y terribles como una estrella consumida por un agujero negro. Remus es suyo, suyo, suyo, su amigo, leal y valiente, no de Evans. Peter es su mascota amigo, no un perro faldero más de Evans. Hogwarts es suyo, su hogar, su territorio. Son suyos. No de ella. Nunca de ella.Sirius la aborrece. Desearía que James pudiera ver lo que ella es realmente, lo pútrida que está por dentro, cuánto de ella lo desprecia sin razón coherente, como ella no merece ni una pizca de la amabilidad de James. Desearía que Remus pudiera dejar de admirarla, de ver en ella una figura madura y serena a la cual seguir. Desearía que Snivellus dejara de caer en los juegos de la bruja, solo para que Sirius pueda ver el alma solitaria y rota de su pequeño Slytherin rabioso en todo su explendor. Sirius desearía...
Eres exactamente igual que ellos.
No, él no lo es, Sirius es mejor, es bueno, él es bueno...
Eres un Black hasta la médula.
¡No lo soy! ¡No soy como ellos! ¡Tengo corazón! ¡Puedo ser amable! ¡Lo soy!
Cruel, despiadado, arrogante...
No, no, no, no, ¡no sabes nada!
Te gusta pensar que eres mejor que ellos...
Lo soy, lo juro, soy mejor, lo soy.
...Pero la verdad es que solo te rebelaste porque no querían a los mismos monstruos que tú.
Sirius suelta un grito de rabia, sus manos tiran de su cabello con tanta fuerza que quema y arde, y aún así, el veneno dentro de él supura como pus en su sangre. Escuece y escuece y escuece. El rencor sigue enconando. Su alma grita por algo, por James, por ser salvado, por- mamá, mamá, no me lastimes más, mamá...Siempre supo que estaba roto. Siempre supo que había un límite hasta donde podría doblegarse antes de romperse. Pensó que ese límite sería, algún día, Severus Snape, que escondía un monstruo similar en esos familiares ojos sin vida, y que era el trabajo de Sirius destruirlo antes de que lo destruyeran primero, antes de que Snape sacara a relucir algo completamente irredimible en él y James lo mirara con asco, con repulsión, y lo odiara. Pero se equivocó. Snivellus nunca fue la gran amenaza. Todo este tiempo fue Lily Evans. La jodida Lily Evans, como siempre.Sirius respira y se da cuenta: la única manera de liberarse de ella es asesinarla por completo, eliminar todo de ella hasta que se desvanezca de su mente. Ah, era tan simple. Se ríe para sí mismo, casi incrédulo por su propia ingenuidad. ¿Cómo no pudo verlo antes? ¿Cómo no se dio cuenta de que esta era la solución de todos sus problemas?Tararea suavemente una melodia pegadiza muggle mientras se dirige para hablar con las dulces Gryffindors, con un plan ya en mente. Después de todo, la luna llena es en un par de días y a Moony le vendría bien una buena comida para empezar.
Lily Evans abre sus ojos, aturdida, confundida y perturbada. Con un susurro casi inaudible de Tempus, descubre que son las 6:44 a.m y que ya no está en la Casa de los Gritos, sino en su dormitorio. Ya no siente dolor agonizante ni escucha los gritos de Marlene...Sus ojos se llenan de lágrimas que no deja caer mientras mira el techo, devuelta al mismo momento en el que despertó por primera vez, hace dos turnos, hace once años.No esperaba el completo derrumbamiento de Sirius Black, pero ahora sabe cosas que antes no. Este es su tercer turno y probablemente no sea el último. Bueno, piensa, ¿ahora qué?La elección no es muy dificil. Severus, decide. Todo lo demás viene después.
