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Español
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Published:
2025-02-14
Words:
56679
Chapters:
17/?

En el Aeropuerto

Entire Work

Work Text

"La vida es indescriptiblemente corta y miserable", pensaba Atsushi, aunque trataba de borrar esas palabras de su mente, tenía que seguir adelante… Como siempre. Intentaba pensar, mientras que se esforzaba por ignorar al siempre presente fantasma del director a su espalda. No lo escuchaba, estaba luchando consigo mismo, con lo que pensaba, con lo que sentía, con lo que había mantenido callado, y todo junto era una combinación tan diabólicamente horrible que hacía que sintiera que iba a perder la cabeza, esto mientras trataba de poner atención al plan que le narraba Ranpo, que con su —ultra deducción— que había hecho de tal manera que, supuestamente, no iba a fallar, sin embargo, a cada palabra del chico de lentes, el albino más enfermo se sentía. — ¡Atsushi! — ¿Eeh? — de pronto volvió a la realidad y se percató de que Montgomery y Ranpo lo veían con expresiones un poco preocupadas. — ¿Tienes claro el plan? Atsushi trago grueso, lo había escuchado todo, sabía perfectamente que él formaba parte cómo una pieza elemental, pero no lo quería aceptar. —Atsushi, si crees que no podrás... —Ranpo suspiro— la taza de probabilidades de éxito seguirán siendo casi igual si llevas a Lucy-chan, así tal vez te sientas más... cómodo. Atsushi abrió los ojos, él no lo noto, pero Ranpo y Lucy sí, ya no quedaba más morado en sus grandes y felinos ojos, alterándolos y poniéndolos alerta, lo otros presentes en la habitación de Anne estaban un poco alejados discutiendo cosas importantes, así que no notaron la pequeña conmoción. Atsushi no los veía, en su mente pasaban imágenes; la bengala, lo que había dicho Ranpo, cómo Atsushi necesitaba cuidar de la novela si no quería perder a su amigo, el dolor de su pierna, el alivio que le dio verlo allí parado, ver su rostro casi como reconfortándolo, cómo pelearon, cómo discutieron… Cómo él estaba feliz de estar acompañado, el momento en que habían ganado, la asquerosa habilidad de esa espada que los dejo tan mal, cómo lo protegió... cómo le dio la oportunidad de escapar, cuando él pudo haberlo matado, cuando Atsushi sintió su corazón romperse al enterarse de su enfermedad, cuándo confiaron mutuamente, los instantes de duda. Los recuerdos se aglomeraron, se enredaron en su mente impidiéndole pensar con claridad, se revolvían, ya no tenían sentido, ya no seguían el lapso de tiempo en el que tuvieron lugar, sentía que en ese momento de verdad se iba a volver loco, hasta que recordó. 
~"Bobo corre y apresúrate."~
 No lo insulto, al contrario, le sonrió, vio luz en sus ojos, vio como en sus ojos estaba la felicidad que pudo hacer tenido, si tan sólo hubiera vivido más, si tan sólo hubiera sabido que hacer, si no lo hubiera abandonado, porque eso era lo que Atsushi sentía, que lo había abandonado, lo único que quedaba de él era su abrigo, con el cual Atsushi se quedó después de la batalla, ya no tenía a quien devolvérselo... solo eso y una tumba vacía con una lápida con su nombre y el recuerdo borroso de un funeral, que no se sintió en ningún momento digno de contemplar. La presión en su pecho aumento. Si tan sólo hubiera sido más fuerte. Si tan sólo no se hubiera sentido tan indefenso. Si tan sólo se hubiera dado cuenta de que Akutagawa estaba enfermo. Si no se hubiera rendido. Si hubiera regresado a matar al desgraciado de Fukuchi. Si hubiera... 
~Si, es tú culpa, eres un cobarde, nunca lo vengaras~
 La voz era fría y severa, la voz de su director justo tras él, recriminándole, castigándole con la palabra recordándole sus tristezas, sabía que era producto de su inconsciente… se castigaba a si mismo de todas las maneras que podía, pero algo lo distrajo de nuevo, un sonido, cómo un susurro en su oído, una frase que no encontraba entre sus recuerdos. 
~ ¡Tú eres fuerte sólo que no puedes aceptarlo! ¡Eres capaz y tienes gente que te apoya así que, qué esperas!
 —Akutagawa —susurro Atsushi mientras volteaba violentamente, lo había escuchado justo detrás de su oreja, pero ahí, no había nada, cómo ya le había pasado… con Dazai… pero… él no estaba muerto. Volteó a ver a Ranpo y a Lucy, ambos lo miraban extrañados, mientras en la mente de Atsushi, se había librado una batalla de mucho tiempo, sólo habían pasado unos segundos para el chico de lentes y la pelirroja; Atsushi se levantó con decisión y grito: — ¡Lo haré! ¡Lo haré yo solo y te demostrare que no es mi culpa! ¡Qué haré algo al respecto! —se gritaba a si mismo… al director, a cualquiera que no creyera en él, con tal de saberse lo suficientemente fuerte para lograrlo. Su grito llamo la atención de todos los presentes, pero Atsushi no les prestó atención, se dirigió a la puerta blanca en donde se podía llegar al exterior, pero en cuanto puso la mano en la perilla... — ¡Atsushi! —le grito Ranpo. Se volteó a verlo y Ranpo se percató de que tenía lágrimas en los ojos, sabía a la perfección que era lo que le sucedía al chico, pero no quería decírselo, principalmente porque estaban en medio de una guerra, y no quería romperlo aún más emocionalmente, era demasiado importante para la lucha final, sin embargo… —Antes de que te vayas Atsushi, debes saber algo, es muy importante. — ¿Si Ranpo-san? —dijo el albino con la voz totalmente quebrada. —Es... ◂◃◈▹▸ Atsushi estaba destrozado, corrió por los pasillos del aeropuerto dispuesto a llevar a cabo el plan de Ranpo, su corazón latía a tope, y estaba tan nervioso que incluso el tigre le pedía salir, como si supera que estaba en una situación de peligro. Una tela negra se ondeaba tras él, como incitándole a correr más rápido; corría y corría, no quería encontrarse con Fukuchi, pero otra parte de él lo deseaba casi con desesperación. Estaba seguro de que si lo veía lo haría pagar, nunca se lo perdonaría, que hubiera matado a Akutagawa, que le hubiera llenado el corazón de tanta desesperación y desolación, del sentimiento que no sabía reconocer, seguía corriendo, tenía que hacerlo, y a pesar de lo que deseaba no podía encontrarse con ese hombre o el plan ya no serviría de nada; tenía que apresurarse. Iba tan ensimismado en sus pensamientos que su atención se dispersó, choco contra algo duro y cayó con fuerza hacia atrás, se golpeó la cabeza y su vista fallo por un momento, se incorporó a medias, para ver contra que había chocado, lo vio, su respiración se agito, su corazón comenzó a latir desmesuradamente y sus ojos se llenaron nuevamente de lágrimas. —A... Aku... ¿Akutagawa? El chico estaba de espaldas, tenía ropa distinta, pero era oscura, como siempre, era él, sería imposible no reconocerlo, el chico apenas y se inmuto por la colisión, sin embargo, se fue volteando lentamente. Atsushi supuso que era por el enojo, seguro que intentaría matarlo, como siempre mientras le gritaba, el albino casi reía por la perspectiva de volverlo a escuchar gritar, no sabía cómo era posible, pero sabía que estaba feliz, que era muy feliz, sin embargo... el azabache se dio totalmente la vuelta dejando petrificado a Atsushi. Sus ojos eran de un tono rojizo, sin vida, y con una sed de sangre que Atsushi incluso podía olfatear, y no era como el estado normal del chico, no... Era una sed de sangre totalmente irracional, que el albino no podía entender, la sonrisa que se había hecho en su rostro se desvaneció de inmediato mientras se arrastraba hacia atrás... lo vio en sus ojos, no había ningún signo de que lo reconociera, de hecho, no había ningún signo de que fuera humano, incluso su piel era de un color grisáceo extraño, anormal. En sus ojos había ira, y desesperación, pero lo miraba de una manera penetrante como si lo retara, como si lo retara a enfrentarlo, Akutagawa abrió la boca, dejando ver unos largos y afilados colmillos, algo totalmente antinatural y que el albino recordaba muy bien que no estaban ahí antes, la peor parte es que en ellos había un líquido carmesí, fresco y goteante... sangre fresca. — ¡Akutagawa! ¡Soy yo! ¡Soy Jinko! —La voz del albino estaba quebrada, pero no produjeron ninguna reacción en el chico. Fue en un movimiento veloz, cuando se dio cuenta de que lo iba a atacar, pero fue tan rápido que no le dio tiempo de hacer nada, ni siquiera de intentar incorporarse, sólo se quedó petrificado, mientras veía como esos ojos sin vida se abalanzaban hacia él. Hasta ese instante cayó en la cuenta. ~Es esto —Pensó Atsushi— es esto lo que me dijo Ranpo, fue de esto de lo que me advirtió. Y simplemente cerró los ojos, aceptando lo que fuera que fuera a suceder a continuación.

----- CHAPTER BREAK -----

*Spoilers de Storm Bringer

Todos se quedaron petrificados con la reciente declaración, ni siquiera Fyodor que se consideraba mentalmente más adelantado que los otros presentes vieron venir esa situación, estaba en graves problemas y lo sabía, pues empezó a entrever la artimaña que su enemigo estaba tramando, mientras que el involucrado estaba sorprendido y aterrorizado a partes iguales. "Estoy muerto" —pensó Sigma petrificado, pero termino viéndose obligado a apartar la mirada.... Quizá y jamás debió de existir en un primer momento, cómo a veces Gogol se lo recordaba, por lo que seguramente a ninguno de los otros tres le importaba un carajo lo que le sucediera. Una risa algo sádica comenzó resonar contra las paredes poniendo aún más nerviosos a los presentes excepto a Dazai que se veía venir esa reacción.—Vaya, vaya, Dazai-kun sin duda eres una caja de sorpresas –dijo Gogol entre risas— está bien, Dos-kun ya ha hecho su elección y tú la tuya, tomen sus objetos e inicien la búsqueda, recuerden que en 30 minutos morirán, ¡que divertido será liberarte mi querido amigo! ¡Demostremos que estamos más allá de los vanos instintos humanos! ¡Seamos pájaros! ¡Les deseo la muerte, para así yo quedar igualmente liberado! ¡Que comience el juego! Dazai continuaba con su sonrisa, mientras que Fyodor comenzaba a sentir una profunda irritación por su compañero, no lo había superado en inteligencia, pero tal vez si en estrategia y eso no le agradaba, pero se resignó, tomo la tarjeta de seguridad y se dirigió a la puerta. — ¿Cómo se supone que vamos a hacer esto si vamos a viajar juntos Gogol? —cuestiono con seriedad el azabache. — ¿Sin honoríficos? que altanero te estás volviendo Dos-kun, recuerda quien tiene tu vida en sus manos en este momento, y no, los llevare con mi habilidad a alguna parte de la prisión, estarán a la misma altura así que será justo, y de ahí será de ustedes y de su suerte que dependerá si se encuentran o no. Sonrió nuevamente con malicia. —Claro, si se encuentran nada dice que no puedan matarse mutuamente, de cualquier manera ¡casi sería un verdadero milagro que uno de los dos salga! ya ni se diga con vida. Fyodor y Dazai sonrieron, junto con Gogol comenzaron a reír, haciendo sentir incomodo y desesperado a Sigma, él ni siquiera quería estar en ese lugar, se sentía el más cuerdo de esa habitación y eso no era exactamente algo que lo consolara. —Muy bien –concluyo Gogol aun sonriente— les deseo mucha suerte, aquí comenzamos el juego por sus vidas, fue un placer conocerlos, tal vez, los vea en la salida. Dazai volteó hacia Sigma y camino tranquilamente hacia él, Sigma quería gritar o echarse a correr, está bien, no era completamente una persona, ni siquiera tenía algún recuerdo ¿pero es que no era algo más que un objeto? "Pero es eso" pensó con desolación "siempre y todo este tiempo, no he sido más que un objeto, una pieza desechable en el plan y en el grupo de la Decadencia de los ángeles" Ya había abierto la boca para protestar, pero con el pensamiento que le cruzo la mente decidió que sería mejor mantenerse callado. Dazai vio esto y la sonrisa que tenía se le desvaneció, su mente maquinaba en una sintonía que tal vez ningún otro humano más que Fyodor podía comprender, y casi tenía la seguridad de saber a la perfección los pensamientos y dudas que estaban cruzando por la mente de Sigma. Cuando el hombre del casino levanto la mirada a ver a Dazai se topó con una cara seria, una mirada que le congeló hasta la última gota de sangre en su cuerpo, sentía que esos ojos le penetraban el alma como si con esa sola mirada supiera todos sus secretos. Conocía esa sensación, era la misma que experimentaba cada vez que activaba su poder el momento en que transfería la información, sentía como la otra persona por un lapso de menos de un segundo tenía el acceso a toda la información que él poseía, pero era imposible ¿cierto? jamás haba tenido contacto físico con ese hombre cómo para que hubiera habido un cambio de información, y, sin embargo, Sigma sabia en su interior que con esa mirada Dazai ya sabía muchas cosas de él. Dazai se colocó al lado de él, mientras que Fyodor se paró a unos dos metros de ellos, los tres miraban a Gogol que mantenía su inquebrantable sonrisa. —Primero mi gran amigo, —dijo y se acercó a Fyodor— suerte. El mencionado sólo sonrió mientras miraba a Dazai, su sonrisa era extraña, la misma que puso al momento del inicio del duelo, el castaño le regreso el gesto confirmando a ojos de Sigma una vez más, que los tres allí estaban totalmente locos, Gogol se acercó aún más a Fyodor, al tiempo que con sus manos abría su abrigo, en el último momento se dio la vuelta, haciendo que la parte interior de la tela tocara al pelinegro, desapareciéndolo en el acto. — ¡Vaya! que maravilloso truco de magia –comenzó a decir Gogol— ¿Quieren saber mi secreto? a que, si lo quieren saber, pero ¡que estoy diciendo! hablo del hombre que le ha ocasionado algunos problemas a mi querido amigo, lamentablemente seguro que ya lo has deducido ¡mis trucos de magia! ¡Ah! mi querido Sigma ¿tú quieres saber el secreto de a dónde lo lleve? —No Gogol, yo paso –dijo con la garganta algo cerrada, por el pánico y por la desesperación. —Muy bien, muy bien de cualquier manera tú ya conoces mi poder, así que da igual. El silencio se hizo presente, mientras en el aire se sentía la expectación de lo que sucedería continuación. —Que el juego continúe –dijo Gogol— sigues tú. Dazai sonrió. — ¿Sabes? en cuanto te acerques podría anular tu habilidad y simplemente quedarme aquí —levanto las manos mostrando que como con Fyodor los brazaletes anti-habilidades que suprimían sus poderes habían sido rotos. —Lo sé, te conozco —sonrió el chico con algo de ironía— o al menos conozco en qué consiste tu poder, pero ya he tomado medidas ¿vez que la cura al veneno no está aquí? muy bien, pues ya la he teletransportado a la salida de la prisión, tal vez ustedes la encuentren si salen de aquí, incluso si para ese momento tú ya me has asesinado. A Sigma le recorrió un escalofrió por la columna vertebral, no había rencor en la voz de Gogol, era como una alegría muy oscura, junto a un ligero tono de indiferencia cómo si no le importara en lo absoluto la perspectiva de que Dazai lo pudiera matar en ese momento. — ¿Así que crees que te matare? –pregunto el castaño ensanchando su sonrisa. —Conozco tu plan, deduzco lo que tramaste, más aún al escoger a Sigma, si lo hubiera querido evitar te hubiera dicho que no lo hicieras, o que era una trampa en el juego, pero no lo hice. — ¿Por amabilidad? —No —contesto rotundamente y su sonrisa estuvo a punto de flaquear— Sólo lo hice porque Dos-kun de verdad es mi amigo, de verdad lo aprecio, así que de verdad lo quiero ver muerto, lo quiero ver agonizando a mis pies, si no, no poder ser libre, si no, no podre morir. — ¿Vives para matarlo? –le pregunto el castaño —Vivo para liberarme de mis cadenas, y poder ser un pájaro—dijo Gogol con su sonrisa. —Vaya.... —dijo el castaño con una certeza brillando en lo profundo de sus ojos. — ¿Tú por qué vives Dazai-kun? —Viviré hasta que la muerte se apiade de mí y al fin me dé el regalo que tanto añoro —contesto con simpleza. — ¿No tienes un motivo para vivir? —cuestiono Gogol algo escéptico. El castaño sonrió de lado volteando a ver a Sigma que ante su mirada se incomodó y volteó a ver al suelo. —Tal vez —contesto— sólo tal vez. —Aun así, planeo matar a Dos-kun hoy y aquí, tu muerte no me provocara absolutamente nada, así que no me importa si escapas o no... Si ejecutas tú plan o no, lo que si te advierto Dazai es que no te interpongas en mi camino y que sigas mis reglas, o al menos que completes el juego, si no lo haces... — ¿Me mataras? –dijo cómo retándolo. —No, es cierto, ya no lograre hacerlo, así que respeta el deseo de un muerto –dijo Gogol dando la vuelta para marcharse. — ¡Espera! –grito Sigma— ¿eso es todo? ¿no nos ibas a teletransportar? Gogol volteó con una cara de confusión. — ¿Es que no has entendido nada? — ¿¡Eeeh!? ¿Qué se supone que entienda? ¡Qué está pasando para empezar! —Mi querido Gerente —dijo Gogol— que ingenuo eres, debí suponerlo, aun no tienes experiencia en nada ¿cierto? —Si hablamos de esa manera entonces te puedo decir que yo nací apenas hace tres años—Contesto Sigma con un tono de molestia, sentía que se había perdido de algo, pese a haber estado poniendo atención a la conversación. —Él te lo explicara –dijo Gogol señalando a Dazai— no lo creo, pero tal vez él sepa darte más información que yo... además... de que su tiempo se agota. Sonrió al decir lo último hizo una reverencia dramática con esos gestos que lo caracterizaban y sin borrar su sonrisa, giro sobre sí mismo desapareciendo en el acto sin siquiera despedirse. Sigma simplemente no lo entendía ¿Qué acababa de pasar? ¿Cómo es que se encontraba a solas en un cuarto de una prisión subterránea con un hombre tan aterrador como Dazai Osamu? Si no fuera por su experiencia con casi todo tipo de situaciones y clientes en el casino se habría echado a temblar y tal vez incluso a llorar, aunque claro, seguramente más de la mitad de sus recuerdos en el casino eran cosas creadas y en realidad ni siquiera tenía tanta experiencia como creía, y aun así eso no impedía que sentía sus ojos escocer levemente ante su situación actual. —Vaya –dijo el castaño— ahora estamos solos —resaltando lo obvio con una sonrisa a la vez que con el índice tocaba su labio inferior. El chico de cabello lila suspiro, no sabía qué hacer, lo único de lo que estaba seguro era que sería un milagro si sobrevivía a la tarde. — ¡Mira! –grito Dazai en un tono infantil que lo sobresalto de sobremanera— ¡Que buenos amigos tiene Fyodor! ¡Nos ha dejado regalos! No fue sino hasta entonces que Sigma se percató de que en la mesa continuaban las monedas-bomba, el comunicador y el teléfono satelital, esto lo extraño ya que Gogol bien hubiera podido teletransportarlos a cualquier lugar, y así, impedir que Dazai se hiciera con ellos, pero no lo había hecho, y Sigma sabía que eso no había sido un despiste de su parte, sino que había sido algo totalmente intencional. Dazai tomo el teléfono y las monedas que estaban en las bandejas, mientras silbaba despreocupadamente una melodía. Cuando termino de guardar las cosas, se encamino a la puerta cómo si nada. —Eso es trampa –le reprocho Sigma— así Fyodor tendrá mucho menos probabilidad de conseguirlo. Dazai se volteó a su dirección sonriendo, aunque esta vez era una sonrisa normal, algo le decía a Sigma que no era genuina, pero le inspiraba más confianza que cualquier gesto anterior que hubiera hecho. —No te preocupes por Dostoievski, si es inteligente tal vez esté bien, no usare nada de lo que tome –su mirada se volvió nuevamente sombría, pero la sonrisa no vacilaba en sus labios— al menos no hasta que salgamos, te lo prometo, sólo te necesito a ti, y si no uso lo que tome ahora, será como si no lo hubiera tenido, más tarde veras para que nos servirá. Sigma lo vio de arriba a abajo con desconfianza, ese hombre era muy extraño, y sabía que había un juego muy bien tramado en cada una de sus palabras, pero no tenía más opción que seguirlo, no sólo por el lugar en el que se encontraban, sino porque era el "objeto" que Dazai había elegido, tenía la obligación de seguirlo. —No es necesario –dijo el castaño. — ¿No es necesario que? –dijo el de cabello lila desconcertado. —Dije que te necesito, pero no que tenías que venir conmigo, te puedes quedar, si sales exactamente 4 minutos después de que yo me vaya, podrás caminar hasta la salida y no te toparas con nadie que interfiera en tu camino, no tienes que venir, no eres un objeto, tienes una opción, bien al momento de salir podrías ir por tu lado, nadie te buscaría. Sigma soltó una risa algo molesta. —Eso porque técnicamente no existo, no hay registros de mí. —Una vez que acabe todo podría hacer un registro tuyo, crear un pasado para ti, tu futuro sólo dependerá de ti. —Eso supongo si acepto ir contigo y te obedezco. —No, eso será si tú lo quieres, decidas lo que decidas. —Yo... —Bueno –lo interrumpió Dazai— eso claro si tengo la desgracia de sobrevivir, pero yo siempre mantengo mi palabra. — ¿Porque lo harías? ¿Qué tengo yo de importante? ni siquiera soy humano. —Tengo muchos motivos, pero hay dos razones con más peso que las demás cosas que me motivan a hacerte esta oferta, si me acompañas harás lo que quieras, lo que te diga no serán ordenes si no sugerencias, eso sí, si quieres sobrevivir te convendría hacerlo y no por mí, te recuerdo que estamos en una prisión de alta seguridad que a la menor de cambio o nos enterrara vivos o nos matara cómo bien nos explicó tu compañero, pero siempre harás lo que te plazca, yo no tengo ningún poder sobre ti, pero si te quedas tampoco habrá ningún rencor, y te prometo que si sobrevivo en cuanto los consiga, tendrás documentos que te dirán quién eres, tendrás un pasado cómo ya te he dicho antes, pero es como tú quieras, me da igual. — ¿Seguro que te da igual? — ¿Tú qué crees? –le contesto otra vez con su sonrisa. —No sé qué pensar —susurro inseguro. —Tenemos poco tiempo, decide rápido, no es por nada, ni es como que me importe, pero me quedan menos de 30 minutos de vida. —Dime tus razones y tal vez me pueda decidir. Dazai ensancho su sonrisa. —Pero si ingenuo no eres, de hecho, eres bastante listo. —No te pedí un halago, te pedí una respuesta. —Ya, ya –dijo— la primera razón es que conociste a un chico, ese chico está bajo mi supervisión, o al menos se supone, la verdad es que hace lo que quiere, cuando quiere, pero es buen chico. — ¿Cómo sabes que lo conozco? —cuestiono algo a la defensiva. —Simplemente tengo mis fuentes. —Llevas algo de tiempo en prisión, eso no me dice nada. —Es un chico albino, con un poder de tigre, amable, terriblemente amable, tanto que hasta podría irritar, eso un día le costara caro, simplemente se lanza a salvar a los demás. Los ojos de Sigma se abrieron de par en par, recordando al joven amable que casi muere por salvarlo, en el Sky Casino, su desesperación, la amabilidad y luz que irradiaba, la tristeza que se percibía en el fondo de sus ojos, que ahogaba con sus cálidas sonrisas, el cambio de información que le dejo ver todo lo que el chico había pasado... Eso era lo único que le había quitado a cambio de la información de la organización, su pasado, y le sorprendió de sobremanera el saber que una persona tan buena había pasado, por tanto... recordó las zonas bloqueadas por un poder inmenso en su mente, a las que ni siquiera él pudo acceder y que sabia ocultaban cosas aún peores. "He conocido a personas que han sufrido menos que ahora viven siendo asesinos y personas de mucho mal, excusándose en un pasado mucho mejor que el de este joven" pensó mientras caía, ese chico era aprendiz del hombre que tenía adelante, sería casi imposible que no se tratara de él... —Atsushi –susurro Sigma. —Correcto –le confirmo Dazai— por tu cara pasaron algunas cosas juntos. —Me salvo la vida. —Típico de ese tonto tigre —casi se quejó el castaño suspirando. —Dijiste que me necesitabas para algo y te muestras... amable, supongo ¿y ese chico es un tonto por salvarme? —No, no es por eso, sólo que como te dije eso le costara muy caro, o le está costando caro ya, no lo sé, al menos espero que siga así.... Es una de sus cualidades más interesantes, realmente espero que las situaciones actuales no lo hayan afectado tanto, no es capaz de dañar a nadie... —Y a las pocas personas que ha lastimado y el único asesinato que cometió a conciencia le carcomío tanto la conciencia que odio a su poder por ello –completo Sigma. Dazai suspiro. —Es correcto, vaya que sabes muchas cosas de él, yo tarde meses en enterarme de ese suceso. —No es que me lo haya dicho, fue mi habilidad. —Ya veo... pero él es uno de mis motivos... lo conociste... me parecería que.... Sería importante para él que yo haga esto, así, que lo haría con gusto... ustedes dos se parecen en mucho a sus diferentes maneras, si te soy sincero. Otra vez reino el silencio, sabían que el tiempo estaba contra ellos, y que tenían que apresurarse, pero ambos procesaban la información obtenida, a sus dos distintas maneras. —Dijiste que son dos motivos –retomo la conversación Sigma— ¿Cuál es el segundo? Dazai se permitió pensar un momento antes de suspirar. —Tengo un amigo —el castaño desvió la mirada y frunció el ceño por un segundo— bueno, si te soy honesto no sé cómo describirnos, pero es una persona a la que yo le tengo mucho respeto, aunque no se lo diga seguido o lo demuestre, pero no recordaba su pasado, nada de él, y eso lo destrozaba interiormente, aunque no lo quisiera admitir, tuvo muchos problemas, y sufrió mucho para saber su pasado. —Tsk... —Sigma se molestó— pero ¡él tenía un pasado! ¡Yo no tengo nada! ¡Ni siquiera debí de haber existido en primer lugar! —Cállate, déjame terminar –dijo Dazai con un dejo de molestia— escucha la historia para entenderla, después me gritas. —Bueno apúrate, tú mismo lo dijiste, no tenemos tiempo –se quejó Sigma. —Dios... eres una persona complicada –suspiro el castaño "exactamente igual a Atsushi-kun" pensó por decidió no externarlo— bien, en realidad, no lo sé, yo no sé en qué termino, esa persona, no me lo conto, la verdad de su pasado jamás me lo compartió, y cuando lo iba a hacer –desvió su mirada una vez más— lo abandone, justo cuando iba a confiar en mí lo abandone...—se aclaró la garganta para disimular que su voz se había visto ligueramente afectada, sin embargo Sigma si lo noto— pero el caso es que a él le dijeron que no era humano, que había sido creado únicamente para un propósito egoísta, que un hombre sin corazón lo había creado y que sólo era un cúmulo de números hechos por una máquina del gobierno, que su alma no eran más que dígitos, y que su supuesta conciencia no era otra cosa más que una planificación de un arma, que él mismo no era más que el envase de un poder capaz de destruirlo todo, pero eso era todo, sólo era un arma, de propiedad del gobierno además. —Que... horror... pero ¿y su pasado? ¿Qué fue lo que recordó? —Yo sólo se lo esencial de eso, a él lo modificaron, pero la duda que siempre tuvo fue si él era la persona "original" ya que incluso así el molde para el arma tenía que tener una base genética solida... —Un niño humano... de carne y hueso. —Exacto, lo que a él le atormentaba era saber si era ese niño, un niño al que le separaron de sus padres para experimentar, para convertirlo en lo que es, o si era una copia. — ¿Y qué fue de ese chico? — ¿Después de que lo...? —Abandonaste. —¡Auuch! que directo y despiadado eres cuando quieres Sigma, eso me dolió. —Lo siento... —Pues se hizo alguien muy poderoso y muy capaz, estoy muy orgulloso de él y no hay nada de lo que me arrepienta, ni aún ahora... muchos hechos lo volvieron lo que es, paso nuestro pasado, él se hizo alguien si bien no con un pasado sólido... si con un futuro... creo que lo manejo bien... a su tiempo, no le di las explicaciones que le debí haber dado, y me arrepiento, me hubiera gustado abrirle la puerta y darle la oportunidad de escapar, de salir, de ser libre, de que tomara sus propias decisiones, pero no lo hice, y ahora te veo a ti con un pasado tan similar, y me veo en la oportunidad de ayudarte, así que si me permites ayudarte lo hare, haz lo que quieras, yo ya te explique, pero ahora yo me tengo que ir, ya sabes... lo de siempre, el destino del mundo está en nuestras manos y bla, bla, bla –la última frase la pronuncio con un tono de burla. Después de eso el castaño se encamino a la salida, nuevamente con su paso despreocupado, de verdad no le importaba la decisión que tomara en ese momento, mientras Sigma sentía el peso y la responsabilidad de todo recayendo en sus hombros. — ¿Y a dónde vas? –le pregunto Sigma. El castaño se dio la vuelta mientras con una mano abría la puerta para salir hacia uno de los pasillos que supuestamente sólo la seguridad debía transitar. — ¿Qué no es obvio? —Qué cosa. —A salvar al mundo de cometer un gran error —dijo Dazai de nuevo con esa sonrisa extraña en el rostro, mientras salía de la habitación. Sigma se apresuró a seguirlo.

----- CHAPTER BREAK -----

Cerró los ojos esperando el impacto, recordaba las pesadillas que había tenido desde ese día en el barco, estaba listo para todo, para cualquier cosa, aunque aún tenía una vaga esperanza de que no doliera tanto como se imaginaba... Paso un segundo, luego otro, así hasta que el albino se dio cuenta de que había pasado demasiado tiempo, él jamás habría tardado tanto en lanzar un ataque, abrió los ojos con desconfianza, dudando, ya no sabía si lo que había visto era una ilusión, o si era un truco del enemigo para confundirlo. Percibió delante de él una textura extraña, lo que parecía asimilarse a un muro, que se movía como con vida propia, con una aura rojiza, parecía estar hecha de miles de millones de fibras pequeñas, lo reconocía... lo había visto cientos de veces... de cerca, de lejos, como enemigo y como aliado. —Rashōmon —susurro con la voz cortada. Había detenido el ataque del azabache, Atsushi no sabía que había pasado, incluso podría jurar que impidió que Byakko saliera a protegerlo, si iba a morir, prefería que fuera ahí y sin oponer ya ninguna resistencia, y sin embargo la misma habilidad de su atacante lo protegía. ¿O no? El ataque de Akutagawa había sido bloqueado, sentía las pulsaciones de los golpes intentando atravesar el muro, que de un momento a otro se retiró dejando al albino de nuevo frente a Akutagawa. La expresión de azabache era de consternación, como si él tampoco supiera que era lo que acababa de suceder, seguía teniendo a Rashōmon a sus espaldas, salía de un abrigo de color negro que portaba el chico, fue como si en un momento una bombilla se encendiera en el cerebro de Atsushi, algo hizo clic, ya sabía que había sucedido, miro tras él, al igual que Akutagawa, Rashōmon se manifestaba tras él, pero era diferente, lo había defendido, era una misma habilidad contra sí misma, Atsushi sabía que él no había provocado el fenómeno, pero ahora tenía bastante claro por qué Ranpo había insistido en que si tenía el abrigo se lo pusiera antes de salir. "Cómo siempre... él siempre lo sabe todo" pensó Atsushi, la cara de Akutagawa se transformó en una mueca de molesta, en ningún estado estaba acostumbrado a eso, la expresión casi hacia sonreír al albino, casi parecía de nuevo su... compañero. Akutagawa no estaba acostumbrado a que algo se le pusiera en contra, así que simplemente seguiría atacando, y lo intento, Atsushi no se movió, simplemente no sabía qué hacer, su instinto de supervivencia le exigía que no fuera tan torpe y que saliera lo más rápido que pudiera de ese lugar, pero otra parte de él quería quedarse ahí, para ver qué pasaba, estaba cansado, siendo atacado por la persona que más quería reencontrarse. Y debía de admitir que una parte de él quería creer que en un momento de lucides sólo iba a reconocerlo, y luego... y luego... ¿Qué esperaba en realidad? No lo sabia exactamente, pero la sola idea de defenderse le hacia un nudo en el estómago. Los ataques y contraataques de Rashōmon eran constantes, mientras que la parte de Akutagawa trataba de llegar de cualquier medio al albino para herirlo, la parte del albino soltaba ataques aún más despiadados a su contraparte, evitando así que el albino recibiera heridas fatales, tanto en el pecho cómo en la cabeza, mientras este seguía en una especie de shock que le impedía moverse o siquiera intentar detener los ataques. Lo que intervino primero en su duda fue el instinto del tigre, cómo si Byakko se hubiera molestado de que siguiera ahí sin hacer nada, dejando al propio Rashōmon decidir si continuaba con vida o no, así volteó a ver posibles salidas, mientras el abrigo de Akutagawa lo seguía defendiendo, vaya ironía, del mismísimo Akutagawa. Vio que tras él había un pasillo por el cual bien podría salir corriendo evitando así un enfrentamiento y llegando a la sala a la que debía llegar. — ¡Jinko idiota que esperas y corre! Fue su voz. Fue lo único que Atsushi pudo procesar, acababa de escuchar su voz. Volteó rápidamente para toparse nuevamente con ese ser que parecía no ser racional, no tener voluntad propia, mucho menos una manera de formar una oración coherente. Estaba alucinando de nuevo... como con Dazai, el director, la subdirectora, incluso Shibusawa en su momento. "Tengo que correr, tengo que sálvame, si no por mí por todos los demás, por todos los que dependen de mi" pensó y miro al azabache. En menos de un segundo se decidió, no tenía mucha fe, pero otros en él si la tenían y no les podía fallar a sus amigos, tenía que moverse, no podía ser tonto, ni siquiera se podía permitir dudar en un momento como ese. — ¡Por favor! ¡Akutagawa, Rashōmon o quien sea que esté haciendo esto! ¡Por favor! ¡Crea una distracción! ¡Te salvare! Grito esto mientras cerraba los ojos con fuerza y oraba por qué no se estuviera volviendo loco y estuviera hablándole a un Akutagawa zombi-vampiro que no le iba a responder nada, cuando el abrigo se estiro y se deformo, lo sintió, sin embargo, aunque trato de concentrarse se dio cuenta de que no era él quien lo manipulaba, ni lo controlaba, la tela empezó a hacer formas muy extrañas y comenzó a atacar sin piedad al azabache, esto desconcertó mucho a Atsushi. Por un momento dudo que fuera Akutagawa, ¿Por qué se atacaría con tanta violencia a sí mismo? se preocupó, su enfermedad... no sabía si lo resistiría, se dio percato de que el azabache había perdido contacto visual con él, esa era su oportunidad, tenía que tomarla, tenía que correr, tenía que hacerlo. Dio la vuelta, y comenzó a correr lo más rápido que pudo. "No dudes, no dudes, no dudes ahora" pensaba Atsushi desesperado, mientras corría por el pasillo. Rashōmon se estiro tanto como le era posible sin separarse del chico para poder seguir evitando el avance de Akutagawa, el albino termino de dar la vuelta al final del pasillo y Rashōmon regreso rápidamente a su forma normal, sin embargo, Atsushi no continuo, se asomó para ver el final del pasillo, ahí vio al azabache avanzar, creyó que iba a perseguirlo, pero no lo hizo, dio la vuelta y miro a los ojos al albino, gruño, Atsushi lo pudo escuchar, pero desvió la vista y siguió avanzando. "Es como si no le importara" pensó el chico de ojos heterocromáticos, con un pesar en el pecho "como si sólo me hubiera puesto en su camino, fuera un estorbo, y por eso me ataco". Se dio cuenta con asombro de que eso era, algo lo estaba controlando, bueno o malo, lo mantenía con vida y eso Atsushi lo tenía muy claro, ya que sabía que la herida que había sufrido sin duda había sido fatal... recordaba perfectamente el olor a sangre y la imagen, sacudió la cabeza eliminando el pensamiento y el recuerdo, mientras mantuviera al azabache moviéndose no le molestaba mucho que digamos, sin embargo.... Akutagawa estaba siendo usado sólo como una marioneta, ya fuera por su poder o por su resistencia, era una marioneta que estaba a las órdenes de alguien, seguía estas de una manera tan ciega que ni siquiera le había importado que el albino se hubiera escapado, sólo siguió adelante. "Vuelvo a ser solo algo en tu camino Akutagawa, algo que no pasa de ser un estorbo" sin embargo Atsushi sonrió, aun con ese pensamiento rondándole, si en ese momento estaba allí cuando terminara todo encontraría la manera de deshacerse de ese control, y le pediría a Yosano que lo curara, lo salvaría cómo no lo pudo hacer en el barco, y ya no se arrepentiría de nada.... Eso, y haría pagar muy caro a quien lo estuviera controlando. Con este nuevo objetivo en mente Atsushi volvió a salir corriendo ahora decidido y enfocado a que nada le impediría ganar, y lograr su ahora más deseado objetivo. No se dio cuenta del fantasma del director siempre presente a sus espaldas, que sonreía, orgulloso del chico, aunque sabía que este nunca se enteraría.

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Spoilers de 55 minutos

—Ranpo—dijo una voz femenina. — ¿Sí? — ¿Qué demonios fue lo que sucedió con Atsushi? ¿Se puede saber a qué vino todo lo que le dijiste antes de que saliera de aquí? —Lo siento Ozaki-sama, pero no te lo diré, no por faltarte al respeto, puedo ser muy desvergonzado, pero no a alguien como usted, sin embargo, si te lo explicara no te daría nada que pudiera ayudar a lo que aportaras a esta batalla, y por el momento todos deben tener en sus cabezas la información necesaria y justa para poder llevar a cabo con mayor facilidad y éxito sus misiones. —Ranpo, estas siendo maleducado –le reprendió Fukusawa— si un mayor te pide respuestas y las tienes debes dárselas. —No Fukusawa-dono, está bien—dijo Kōyō— tiene razón, sólo fue la curiosidad, todo lo que le dijo fue muy raro. —Yo diría que es raro el grupo que se ha juntado aquí –intervino con Kenji con su tono curioso e infantil. Un hombre alto y de cabello negro camino por el cuarto de Anne, el hombre iba con una niña pegada a él, una chica rubia y con un vestido rojo muy llamativo y mallas a franjas negras y blancas, este se acercó al grupo de personas. —Tienes toda la razón, Kenji-kun ¿cierto? —Si Mori-sama. —Vaya que sí, después de todo lo que hemos vivido este último año, y de todas las cosas y enfrentamientos que tuvimos entre nosotros, no me imaginaba que íbamos a tener una colaboración tan extraña –dijo con su típico aire de superioridad un hombre rubio y vestido muy elegantemente, que se encontraba sentado junto a una chica de cabello café claro. —Eso es debido a las circunstancias, ahora estamos cómodos, pero no dudo que en unos momentos ya estemos todos ahí afuera tratando de lograr el objetivo—intervino Lucy. —Todo a su tiempo—dijo Ranpo— calculemos todo muy detalladamente y conforme al plan, en este punto no nos podemos permitir ni un solo error o fallo, ya sea en estrategia o a la hora de ejecutarlo, dependemos demasiado del azar y de la suerte. — ¿De verdad crees que lleguen a tiempo? —pregunto un chico de cabello rubio y ojos azules. —No es lo que yo espere Verlaine-san, es que tiene que ser así y si mi deducción no me falla, que por cierto jamás me ha fallado, así será, así que confíen en mí. — ¡Perfecto! –Dijo nuevamente Verlaine— el futuro de todos en las manos de un adolescente que no deja de comer dulces desde que nos metimos aquí. —Oye, mide tus palabras –dijo Fukusawa molesto de que le hablaran así a su protegido, sin darse cuenta de que Ranpo sonreía levemente de que lo considerara un adolescente, cuando estaba bastante seguro de que tenían la misma edad... si no es que él era mayor. —Vamos, vamos chicos, —interrumpió Mori con una sonrisa— hemos llegado demasiado lejos en esta alianza como para ponernos a discutir ahora de cosas tan tontas. Fukusawa no dijo nada, su cara era inexpresiva como siempre, y no dejaba ver su molestia de estar con miembros de la Mafia y por si fuera poco con ejecutivos. —Vale ¿en que estábamos? —siguió Ranpo como si nada hubiera sucedido ahí. —En el plan –lo incito Kōyō— estábamos por ver lo del tema del plan de emergencia. —Sí tenemos que hacer algo, ella lo tiene que ver todo para saber a quién elige. —dijo el chico de lentes y boina. — ¿No sería mejor que simplemente mandara a Atsushi? —cuestiono Fitzgerald. —No puedo –intervino una voz femenina— debo admitir que de todos los presentes él es el único que me agrada, pero no puedo hacerlo. — ¿Por qué no puedes? –Cuestiono Ozaki. —Porque ya he usado mi poder con él y es una política personal no usar mi poder dos veces con una misma persona... además de que nos seria sano, es demasiada carga mental para una persona regresar una vez, ahora imagínense que lo tenga que hacer una y otra y otra vez, ya hemos tenido problemas con ello... ustedes no lo saben por qué me encargue de ese percance. —Entonces, si todo falla y te ves obligada a hacerlo ¿a quién vas a regresar? –pregunto Mori con curiosidad en su voz. —No lo sé, lo veré en el momento, a Atsushi lo regrese únicamente porque era el único que quedaba vivo, y eso a medias, sufrió quemaduras muy graves, él los vio morir a todos, y de ahí su motivación a salvarlos... eso por lo que decidió contarme, ni yo lo recuerdo. El silencio se hizo presente en el cuarto, algunos sabían lo duro que era ver morir a alguien cerca de ti, pero ¿Qué toda tu familia amigos y compañeros murieran sabiendo que lo pudiste haber evitado? una persona normal se hubiera vuelto loca, no se habían dado el tiempo de hablar sobre eso con él... Yosano anoto mentalmente la urgencia de hacerlo.... Cuando pudieran... si sobrevivan esa mañana vaya. —Tenemos que tenerlo bien preparado –dijo Kenji tratando de aliviar el ambiente. —Sí, tenemos que hacerlo, no puedo perder a mi hermanito –dijo Naomi. —De por si nos costó demasiado reunirnos todos aquí ¿no es así? –dijo la voz infantil de Elise. Y vaya que era cierto, en la habitación de Anne, se llevaba a cabo una reunión que sin duda hubiera puesto a los gobiernos de todo el planeta con los pelos de punta, más considerando que casi, si no es que todos, estaban considerados como criminales o como terroristas. En ese lugar estaban los miembros de la Agencia, Kenji Miyazawa, Ranpo Edogawa, Naomi Tanizaki, Yukichi Fukusawa, Akiko Yosano, los miembros de la Port Mafia, Ōgai Mori, Elise, Paul Verlaine y Ozaki Kōyō, los miembros de Guild Francis Scott Key Fitzgerald, Edgar Allan Poe y Louisa May Alcott y el ex miembro de esta organización Lucy Maud Montgomery, en esta habitación también había otra mujer que no pertenecía a ninguna de las organizaciones, y sin embargo era buscada a nivel mundial como una terrorista. —Y cuando actives, si es que la activas, tu habilidad ¿Cuánto tiempo tendremos para evitar que el suceso que provoco nuestra derrota? –cuestiono Kōyō. —55 minutos —respondió la mujer. —Okay, entonces así será, aparentemente la hora límite que tenemos es a las 12 del mediodía, si para ese momento no logramos alguno de nuestros objetivos, sabemos que la batalla se inclinara a favor de la Decadencia de los Ángeles—dijo Ranpo. La mujer se rio, pero era una risa burlona, como si se hubiera acordado de algún acontecimiento. — ¿Qué es tan gracioso? —pregunto Elise. —Que no es la primera vez que tenemos como límite las 12 del mediodía, justo en la misión en la que estuvo el chico por el cual me convencieron de venir a ayudarlos. Todos supieron a que se refería, era verdaderamente irónico que se volvía a repetir casi en las mismas circunstancias, pero ahora lo que estaba en juego no solo era Yokohama, era el planeta entero... ya no era tan fácil. Fitzgerald se levantó de su asiento y se estiro, ya tenía a la mano la cantidad de dinero que iba a usar cuando entrara en acción, si es que lo hacía, eso sí, esta vez se había asegurado de no volver a entrar en bancarrota, y solamente intervendría si era estrictamente necesario, aunque claro él en realidad estaba allí sólo por "ojos de dios". —Muy bien –intervino Fitzgerald— si llega a darse el caso dependeremos mucho de ti George Wells Herbert-san. La mujer únicamente asintió mientras tomaba con un poco más de fuerza la cámara que colgaba de su cuello, gesto que nadie pudo apreciar. —Yosano —le llamo Ranpo y la mujer lo miro. —¿Si? —Es tiempo de que intervengas... sabes a dónde ir —La mujer asintió y se retiró, ante la mirada expectante de todos... honestamente nadie tenía claro como esto iba a acabar.

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Atsushi corrió por los pasillos, mientras usaba el oído del tigre y así evitar volver a toparse a quien fuera, no podía darse ese lujo, no de nuevo, mientras que intentaba no perderse en el aeropuerto y olfateaba para al menos saber si alguien cercano era amigo o enemigo. Y algo más importante, había descubierto que las personas que ya estaban infectadas con el "control de marionetas" cómo había decidido llamar a los vampiros, (si, sabía que lo correcto era referirse a ellos cómo vampiros, pero el termino le aterraba un poco así que decidió cambiarlo y mentalizar otra manera de verlos) tenían un olor más amargo, más extraño, así había sabido identificar si se acercaba a uno de ellos y quien era, y lo había tenido que identificar y lograr en los pocos minutos que llevaba corriendo por el aeropuerto. Se fijó que tenían organización, estaban en grupos más amplios en las entradas, supuso que Fukuchi les había ordenado que las vigilaran, o para que nadie entrara... o para que nadie saliera, quizá un poco de las tres opciones. Justo estaba por llegar al cuarto al que necesitaba entrar cuando sintió olores, viniendo de los únicos tres pasillos que había, los tres eran olores amargos, pero los reconocía, no sabía identificarlos, pero los reconocía, se acercaban y miro a su alrededor, regresar no era una opción, termino viendo hacia arriba, el techo. "No me queda de otra" pensó. Las tres personas o más bien, los tres vampiros, se encontraron en dónde había estado parado Atsushi hasta unos segundos antes, el chico aguanto la respiración sabiendo que si no lo hacia la emoción le ganaría y no sabía que tan agresivamente podían reaccionar ellos al encontrarlo ahí, había ocupado la flexibilidad y movimiento que le otorgaba el tigre combinado con su cuerpo delgado, para colocarse entre unos tubos de metal y el techo, alguien normal no hubiera logrado hacerlo, o al menos no sin romperse las costillas, por lo que Atsushi agradeció interiormente a Byakko. Pero, aquello que lo había conmocionado eran las personas que se habían reunido debajo de él... Hirotsu, Tachihara y Gin, su corazón pesaba, recordando eventos de semanas pasadas... no sabía que ahora estaban en estaban en aquel estado, y no estaba listo para verlo, la hermana de Ryūnosuke estaba pálida, con una herida en el cuello, Atsushi recargo su frente en los tubos deseando que todo fuera simplemente una pesadilla, tratando de no recordar, tenia que enfocarse sin importar que. Ninguno de los tres se vio siquiera, sólo siguieron su camino como si los otros no existieran, ni una palabra, ni siquiera se habían reconocido... sólo seguían ordenes ciegamente. En cuanto se fueron Atsushi bajo de su escondite, activando su habilidad para no hacer nada de ruido al momento de caer, sintió su suave caída por las almohadillas de sus ahora piernas de tigre, rodó por el suelo y se quedó quieto, hasta que confirmo que era seguro y continuó. Así corrió los últimos metros y se metió a la habitación que era su destino principal, era un cuarto de comunicaciones en dónde el aeropuerto podía informar de su estado a cualquier sitio. Atsushi corrió rápidamente al micrófono que conectaba con la radio y presiono el botón que tenía en la parte de inferior. — ¿Alguien me escucha? cambio Sólo se escuchó estática, y el albino comenzaba a preocuparse cuándo en la estática se alcanzó a percibir una voz. —Aquí seguridad internacional ¿hay algún problema en su estación 319? cambio. — ¡Sí! –Grito el albino— ¡el aeropuerto ha sido tomado por los vampiros! cambio. — ¿No iban a recibir ustedes el arma One Order? cambio —percibió la leve preocupación en la voz de quien fuera con quien estuviera hablando. —Hubo un ataque, es todo lo que sé, sólo soy un civil, todos aquí están muertos o convertidos, cambio. — ¿Hay rastros de los terroristas? cambio. — ¿Terroristas? —De la Agencia Armada de Detectives ¿hay algún rastro?, cambio. —No los vimos, sólo vimos a unos jóvenes en uniforme, iban con un hombre mayor, pero no sé identificarlos, creo que los he visto en televisión, cambio. —Los... ¿los perros de caza?, cambio. — ¡Eso! si –dijo Atsushi— los vimos a ellos, cambio. —Entonces estarán bien, ellos estaban combatiendo a los chupasangre ¿cierto?, cambio. —No, los chupasangre estaban... estaban obedeciendo sus órdenes, cambio. — ¿¡Que!? Civil necesito que me confirme la información, cambio. —Es verdad, lo juro, yo a duras penas llegue a este lugar, cambio. Hubo unos instantes de silencio. —Esto es una situación de emergencia, lo discutiré con las organizaciones correspondientes, necesito que vaya a un lugar seguro y se quede ahí, lo buscaremos en cuanto lo resolvamos, ¿Cuál es su nombre?, cambio La mente de Atsushi se quedó en blanco, pero respondió lo más rápido que pudo. —Yū... Yūki Shin, mi nombre es Yūki Shin, cambio. —Está bien, lo he anotado, lo buscaremos, cambio. —Sólo una cosa más por favor, cambio. — ¿Si Shin-san? cambio. —Hubo una persona, no me dijo su nombre, fue infectado antes de lograr decírmelo, pero dijo que me dirigiera a este cuarto y que a quien me contestara, le dijera que se comunicara con Ango Sakaguchi, subordinado de Santōka Taneda, que con la información él sabría qué hacer, cambio. —Muchas gracias Shin-san, así lo haremos, resguárdate, cambio. —Así lo hare, gracias, cambio y fuera. Atsushi cortó la conexión y suspiro aliviado, la primera parte del plan ya estaba y a pesar de saber que no era casi nada en comparación a lo que seguía no podía evitar sentirse aliviado por ese uno por ciento del plan logrado. Sin embargo, ese breve momento de autocomplacencia se vio interrumpido cuando escucho cómo abrían rápidamente la puerta y la cerraban, echaban el seguro y se escuchaba una respiración agitada. Volteó lentamente para ver a una niña pequeña de cabello rojizo, tenía los ojos azules, y parecía haber estado llorando, pero lo que más le impresiono a Atsushi fue ver que la niña traía en su espalda casi como si fuera una mochila una espada que llevaba atravesado a un hombre o al menos una parte de él, la parte superior de un torso estaba en dónde debería estar la punta de la espada, Atsushi calculo que no le faltaba mucho para llegar al cerebro de la persona, si no es que ya se encontraba allí. El hombre era una persona de piel extremadamente pálida, con colmillos, iba con los ojos cerrados mientras tenía en sus orejas puntiagudas unos audífonos, parecía estar escuchando música tranquilamente ignorando la situación a su alrededor. Pese a esto Atsushi lo reconoció, era el hombre a quien buscaban. —Bram Stoker... —dijo Atsushi, pese a saber que con los audífonos no le escucharía. La niña abrió los ojos percatándose de la presencia del chico, sus ojos azules se llenaron de lágrimas, poso a Stoker recargado a una pared, se dejó caer de rodillas y se puso a sollozar con fuerza. —A... Al fin –dijo entre hipidos y sollozos al tiempo que Atsushi se acercó, la niña se le abalanzo y lo abrazo mientras lloraba— al fin encuentro a alguien de la agencia. Atsushi abrió bastante los ojos, si sabía eso, podía ser el enemigo... y no podía pelear contra una niña, sabía que no sería capaz. — ¿Cómo sabes que soy de la agencia? —K-Kunikida me mostro una foto tuya, dijo que si un día estaba en problemas y te veía confiara en ti y te pidiera ayuda –dijo la niña aun sollozando. — ¿Cuál es tu nombre? —pregunto Atsushi mientras le acariciaba la cabeza a la niña en un intento de consolarla. —A... Aya... Aya Koda –contesto la niña entre hipidos y Atsushi sólo pudo sonreír. —Conoces a Doppo Kunikida y a Akiko Yosano ¿No es así? Eres toda una guerrera de la justicia. — ¿Cómo sabes? —pregunto la niña mientras se sentaba y se tallaba los ojos. —Ambos me contaron mucho de ti, te enfrentaste a un tipo con una bomba ¿no es cierto? La niña se sonrojo, y asintió con la cabeza, tranquilizándose tras haber liberado algo de su sentir, y sintiéndose orgullosa de su acción pasada, Atsushi acaricio su cabeza, le habían contado que la niña era muy ruda, no se imaginaba que había pasado para mostrarse tan vulnerable, pero él ahora la iba a proteger. — ¿Qué haces aquí? ¿Qué haces con él? —dijo señalando a Stoker que continuaba con sus ojos cerrados— ¿Estás herida? —No estoy herida, ni me ha infectado, estaba aquí para recoger una maleta que el idiota de mi padre dejo olvidada— dijo endureciendo su mirada y Atsushi se dio cuenta de que esa niña de verdad no era alguien con quien meterse— pero me encontré con un hombre que me empezó a amenazar, con torturarme, con el objetivo de sobornar a la Agencia y hacerlos rendirse, pero otra persona lo detuvo, eran dos chicos con uniformes, el que me amenazo decía cosas extrañas de escuchar latidos y no sé qué otras cosas pero... — ¿Te hizo algo? —Cuestiono el albino preocupado absteniéndose con mucha de su fuerza de voluntad para no revisar a la niña. Aya negó con la cabeza. —No, él no era una mala persona, me dio una nota que decía "Para aquellos que creen que la Agencia es inocente sigan mis pasos sin que nadie los descubra". La niña le extendió la nota a Atsushi y este la leyó. Atsushi estaba consternado, la descripción sonaba a uno de los perros de caza, pero entonces ¿Por qué eso? ¿Alguien de los perros sabía que la Agencia era inocente? —Lo seguí — continuo Aya— y lo vi –su rostro era serio, entre consternado y asustado— al hombre lo trataron de convencer de unirse a algo, un plan para derrotar a la agencia, él fingió estar de acuerdo y luego traiciono al viejo que lo había invitado a traicionar a todos, le hubiera cortado el cuello si no fuera porque una espada apareció de la nada, y tras eso hubo muchas cosas, no entendía nada, pero un chico vestido de negro lo mordió, lo infecto y se lo llevo, usando una habilidad, parecían como tentáculos negros y planos, que provenían de su abrigo. "Akutagawa" pensó Atsushi, ni siquiera se imaginaba que atrocidades le había hecho hacer Fukuchi, lo enojaba de sobremanera saber que estaba a las órdenes de ese bastardo, apretó sus puños, pero se concentró en mantener la calma. —Dijiste que había una espada –dijo Atsushi a quien de pronto se le había ocurrido algo. —Sí, se trataba de una espada de metal hermosa, con la hoja de color azul. "Amenogozen, la espada que corta el tiempo... la espada que mato a Akutagawa" pensó Atsushi. —Pero eso no es lo más importante –dijo Aya sacándolo de sus pensamientos, mientras esta sacaba su teléfono celular—aquí –dijo alzando su teléfono— tengo pruebas irrefutables de lo que estaba haciendo el viejo, es por eso que me perseguían, es por eso que tengo a Bra-chan. Atsushi abrió los ojos como platos, esto les daba una nueva oportunidad. Las pruebas de Aya lo cambiaban todo... y nuevamente Ranpo tenía toda la razón, se iba a encontrar con alguien, muy aparte del azabache... y esa persona era la niña que ahora tenía enfrente.

----- CHAPTER BREAK -----

Cuando salió al pasillo vio al castaño parado, volteando hacia atrás, como si estuviera seguro de que lo seguiría. — ¿No dijiste que no sabias si vendría? —No, dije que era tú decisión, pero eso y tener la seguridad de saber que vendrías, es lo mismo. Sigma se limitó a suspirar, ese era un hombre terriblemente inteligente y astuto, parecía leer mentes y controlar absolutamente todas las situaciones, no podía estar completamente seguro de si lo que había dicho era cierto o si simplemente leyó a través de él para convencerlo de ir con él. Pero cualquier cosa era mejor que estar solo... otra vez. Comenzaron a caminar, ya no había rastros de Gogol, aunque eso no fue una sorpresa para ninguno de los dos, era muy probable que en cuanto hubiera puesto un pie fuera de la habitación se hubiera transportado o a vigilar a Fyodor o directamente a la salida a ver quién salía, si es que alguno lo hacía. El pasillo era bastante sobrio, aunque era algo de esperarse en una prisión de ese tipo, sus pasillos rojos, muros de metal, Dazai iba tarareando, bailando levemente como si nada le importara, Sigma opto por alejarse un paso de él e ignorarlo, aunque fuera momentáneamente. Según lo que les había explicado Gogol acerca de la composición del lugar estaban en un lugar subterráneo, en ese momento estaban en el nivel inferior, el piso 4, en cuanto llegaran al nivel 3 comenzarían a haber puertas de seguridad cada ciertos metros, a las cuales tendrían que meter la clave que cambiaba cada 6 horas, y Sigma aún no tenía la menor idea de que planeaba Dazai para conseguirlas. Se iba a limitar a caminar y guardar completo silencio, pero tenía demasiadas dudas e inseguridades, que estaba seguro de que Dazai podría ayudar a resolver, sin embargo, no sabía cómo iniciar la conversación, aún más con las confesiones que se habían llevado a cabo hacia apenas unos minutos, era curioso cómo se sentía el flujo del tiempo, parecía que el momento en que él y Gogol habían entrado a la prisión había sido hacia horas, cuando no tenía ni 20 minutos que lo habían hecho. —Tú mente es todo un lio –dijo de pronto Dazai parando abruptamente su baile, ahora estaba caminando como si estuvieran dando un tranquilo paseo. Ya casi ni le impresionaba que el castaño hubiera comentado esto. — ¿Cómo es que sabes lo que pienso si esa no es tu habilidad? Soltó una cálida carcajada, cómo si el comentario de verdad le hubiera hecho mucha gracia. —No sé lo que piensas, eso es imposible... al menos para mí. —Si claro, ahora créetelo. —Te digo la verdad. — ¿Entonces por qué siempre comentas cosas cómo si supieras lo que pienso? —Hablas cómo si nos lleváramos de conocer mucho tiempo. —Sabes a lo que me refiero. —Bueno... se me da bien, analizar a las personas –dijo esto mientras volvía a mostrar esa extraña sonrisa. Sigma entrecerró los ojos, dudoso de lo que le estaba diciendo. — ¿Y cómo no sé qué me "analizaste" simplemente para darme las respuestas y/o las palabras que necesitaba o quería escuchar? —Excelente pregunta. —Espero que haya una excelente respuesta. —Vaya, que perspicaz y directo eres amigo mío. —No somos amigos. —Ya lo sé... al menos no aún. — ¿Entones porque me llamas así? Me molesta. — Otra cosa muy importante que debes saber de mí, es que uno de mis pasatiempos favoritos es molestar a las personas. — ¿Incluso a tus personas cercanas? —En especial a ellas. — ¿Y cómo es que te toleran? —Digamos... que tengo pocas personas cercanas. —Lo tienes bien merecido. —Es por elección, puedo ser serio y aburrido cuándo me lo propongo. —Eso a mí ya me lo has demostrado con creces. —También lo sé. —Creo... que te odio. —No serias el primero, más de la mitad de la Mafia me quiere muerto. — ¿¡La Mafia de Yokohama!? —Y de algunos otros lugares. —Lo dices casi cómo si estuvieras orgulloso. El castaño simplemente sonrió y se encogió de hombros. — ¿En algún momento dije que me arrepentía? Al contrario, mi amigo, te dije que no me arrepentía de nada. —No puedo creer que seas el mentor de Atsushi. —Tengo otros subordinados... un poco más parecidos a mí. —No quisiera conocerlos. —Tal vez no lo hagas... —su tono de pronto se volvió serio, su mirada se oscureció. — ¿Le paso algo a ese subordinado? —Seguramente... seguramente. — ¿Y no te importa lo que le haya pasado? —Nunca dije eso... —Entonces te preocupa su estado. —Tampoco dije eso –menciono serio. —No te entiendo. —Creo que nadie lo ha hecho alguna vez... o quizá si... o al menos más o menos... sabía entender, no entenderme. —Pero ahora ya no sé si todo, simplemente todo, te importa un carajo o si simplemente estas mal de la cabeza. Dazai recupero su sonrisa ahora ya característica a los ojos de Sigma, falsa, no creía que fuera su risa real, pero era juguetona, extraña. —Tal vez un poco de ambos. —Dios, no puedo contigo. —Aún estas a tiempo para regresar. —No lo hare. —Lo sé. Sigma rodo los ojos, exasperado, se estaba aguantando las ganas de pegarle un puñetazo. —Se algo más crítico, analiza las cosas un poco más y tal vez me toleres mejor –dijo el castaño. —Okey... A pesar de que no lo entendió al principio, y aunque parecía una frase muy simple, había algo en lo que había mencionado Dazai que se había quedado en su cabeza, como obligándolo a sobrepensarlo. Sigma volteó a verlo, sus ojos tenían luz, pero parecían guardar secretos infinitamente grandes e infinitamente oscuros, su cuerpo estaba completamente cubierto de vendas, lo que dejaba ver que era alguien que se lastimaba con facilidad... o que era un masoquista, o ambas. A pesar de continuar con su vestimenta de prisión y de estar a punto de enfrentarse a seguramente cientos de hombres (armados hasta los dientes, por si fuera poco) caminaba despreocupadamente, como si estuviera en una calle por la cual pasaba diario. Era eso, estaba caminando con un porte y actitud tan confiada, como si ya hubiera visto el futuro... como si ya supiera que iban a conseguir salir de ahí... o al menos él, su mente se detuvo... no, no era así, le había dicho que era él, Sigma, quien saldría ¿entonces por qué estaba tan tranquilo? No sonaba como que fuera a ser seguro que Dazai saliera. Entonces se le ocurrió una idea, "una partida de póker" pensó, él era experto en los juegos de azar, así en realidad hubieran sido días, o años, no tenía muy claro cuanto en realidad, en su cabeza estaba el recuerdo de haber jugado cientos, si no es que miles de juegos de azar, principalmente póker, sabiendo esto sabia como leer al oponente, los trucos y las trampas que ocultaba, logrando así su objetivo, ya fuera ganar o perder. "Es eso" se dijo a sí mismo "tengo que ver a Dazai como un juego de póker, el más difícil y extraño juego que he visto, tengo que intentar leerlo, o al menos entenderlo". Sigma estaba viendo al suelo, pensando en eso, y no se dio cuenta de la sonrisa de Dazai, que sabía que Sigma ya había encontrado la clave para llevarse mejor con él, o al menos para que no le diera el puñetazo que el castaño sabía que se había estado guardando desde hacía un rato. Siguieron así unos segundos más, nunca dejando de caminar, pues ambos sabían que el tiempo se les estaba terminando. De la nada Sigma se paró abruptamente, y Dazai se detuvo apenas unos pasos después, volteó a ver al de cabellos lilas, con el ceño fruncido. — ¿Qué pasa Sigma-kun? — ¿Por qué? — ¿Qué cosa? — ¿Por qué me dejo? — ¿Quien? —Gogol ¿Por qué me abandono tan fácil? ¿Por qué ni siquiera se despidió de mí? Dazai entendió y soltó un suspiro. —Eso es Sigma-kun, porque para él nunca significaste nada, nunca le importo lo que te pasara, sólo eras alguien que no pasaba de ser "algo" que lo iba a ayudar a lograr su objetivo de matar a Fyodor, probablemente entre uno o ambos te iban a asesinar en el debido momento... es por ello también una de las tantas razones por las cuales te elegí a ti... aunque las principales ya te las he dicho. La mirada de Sigma se volvió completamente triste, pero continúo caminando. —Ya veo— menciono a la par que volvían a caminar él y Dazai a la misma altura— de verdad no fui más que un objeto para ellos. Dazai suspiro de nuevo, tal vez ayudarlo a sentirse mejor iba a tomar algo más de tiempo y palabras de lo que había pensado, y tiempo era justo algo que les faltaba en ese momento. —Yo que tu estaría feliz –dijo finalmente el castaño. — ¿Por qué? —Porque para él nunca fuiste su amigo. Sigma abrió y cerró la boca sin saber que contestar. — ¿Se supone que eso me debe hacer sentir mejor? —Claro, un amigo falso es lo peor que puedes tener... más aún si sigue sus propios intereses —murmuro con la mirada nuevamente algo ensombrecida. —Sigo sin entenderte, aunque lo intento. — ¿Es que no te das cuenta? — ¿¡De que!? –grito Sigma ya algo harto. —Ayyyy no me grites –dijo nuevamente con su tono infantil Dazai. Sigma suspiro, se le había agotado completamente la paciencia. —Lo siento Dazai...-san. El castaño sólo sonrió. —Veras, Sigma-kun, te lo voy a explicar lo mejor que pueda. —Adelante. —Gogol es un ser muy extraño... está algo mal de la cabeza, seguiría cualquier orden de Fyodor sin chistar... pero a la vez se niega a perder su libre albedrio. —Lo sé. —Muy bien, él no es el primer hombre o persona a la cual tiene de esa manera, y he visto peores. — ¿Cómo quién? —Ivan Goncharov. —No lo recuerdo. —Aún no existías en esté medio criminal o de uso finalmente "útil".... Y cuándo lo hiciste no tenía sentido presentarte con él, según Fyodor. —Oh... —Veras ese hombre había sufrido... ahora tal vez nunca sabremos qué tanto, formaba parte de un equipo de Fyodor llamado Las Ratas en la Casa de los Muertos. —Si, escuche del grupo. —Porque sigue activo. — ¿Por qué no lo ha desmantelado la agencia? —Estamos hablando de Fyodor ¿no esa es razón suficiente? —Bueno, si... —Bueno, el caso es que a Ivan ya no le apetecía sentir tristeza o "infelicidad" y Fyodor lo ayudo con eso, a cambio de su incuestionable lealtad. — Pero... ¿cómo lo ayudo? La tristeza... es algo natural y esencial en la naturaleza del hombre. —Fyodor le hizo una cirugía en dónde extirpo la parte que sentía "infelicidad". A Sigma le recorrió un escalofrió. —Y casi no dudaría que hubiera hecho algo similar con Gogol, para dejarlo tan... raro. —Aun no entiendo... lo siento. —Lo sé, lo sé, es que es mucha información inútil, sólo quería contextualizar un poco, en fin, la mentalidad de Gogol está afectada de tal manera que sólo busca su libertad. —Dice que quiere ser como un pájaro. —Exacto, Gogol ya era libre, en el momento en que se pudo matar, tuvo la posibilidad de serlo, tuvo la libertad en sus manos, y no sólo eso, tenía órdenes directas de hacerlo. —Pero no lo hizo. —Precisamente, como diría alguien muy sabio "tanto cielo para volar y uno enamorándose de las jaulas". — ¿Qué tiene que ver? —Que Gogol era libre y decidió encadenarse a la vida con "la amistad". —Y quiere eliminar el encadenamiento que inconscientemente se creó. —Exacto. —Pero... ¿Por qué hizo eso? —Esa respuesta la deberías saber contestar tu mejor que nadie. Sigma se quedó callado un momento. Llegaron a una puerta que los llevaría a las escaleras que los conducirían a la parte superior... se necesitaba una clave para abrirla. —En realidad él no quiere morir –dijo finalmente Sigma. —Sí, y no quiere aceptar que lo que lo encadena a la vida en realidad es la vida misma, le teme a la muerte, no está calificado para ser un suicida —Dazai se colocó en una pose dramática— sólo algunos pocos afortunados tenemos el material para serlo. Sigma bufó, ya no diría nada, se esperaba todo de ese hombre. —En fin –dijo Dazai que seguía parado frente a la puerta junto al de cabellos lila cómo si estuviera esperando que la puerta se abriera por arte de magia— el caso es que, si Gogol te hubiera considerado su amigo, si de verdad le hubieras importado, hubiera dejado que te estrellaras contra el suelo cuándo caíste del Casino. — ¿¡Cómo lo...!? — ¿Enserio vas a preguntar de nuevo? –le interrumpió Dazai, Sigma se limitó a cerrar la boca. — ¿Y que esperamos? –le pregunto Sigma, no lo quería admitir, pero se sentía bastante mejor. —Que termináramos de hablar. — ¿¡ACASO ESTÁS LOCO!? –Dijo haciendo reír a Dazai— no, perdón ¡ESTÁS LOCO! ¡NO SÉ NI PARA QUE LO DUDO! ¡O POR QUÉ ME SIGUE PREOCUPANDO TU ESTADO! ¡CUÁNDO A TI TE IMPORTA UN CARAJO! ¡VAS A MORIR EN MINUTOS Y TE ATREVES A PERDER EL TIEMPO! Dazai se estaba partiendo de la risa, mientras que Sigma no podía con su confusión, lo único que sabía era que, si Dazai moría, se iba a sentir extremadamente culpable. —Ya, ya –dijo el castaño sosteniéndose el estómago que le había comenzado a doler a causa de las carcajadas— eres divertido de verdad, de hecho, también estábamos esperando otra cosa. — ¿Qué? —Que pasaran otros 30 segundos. Dazai se acercó al lugar de acceso de la puerta, hizo movimientos algo extraños con sus manos, y cabeza, como un niño jugando, no paso ni un segundo cuándo se abrió la puerta. — "Acceso autorizado"—dijo una voz robótica. Había escaleras para bajar más y otras para subir, y Sigma se iba a encaminar a las últimas, preguntándose cómo rayos Dazai lo había conseguido tan fácil, aunque ya sabía que era inútil cuestionárselo, cuando escucho un ruido a sus espaldas, todo sucedió excesivamente rápido, hubo un movimiento brusco, lo empujaron, se escuchó un ruido de metal entrechocando, Sigma cerró los ojos cómo por instinto, cuando se escuchó...   Un disparo.

----- CHAPTER BREAK -----

Mantuvo los ojos cerrados con fuerza, no quería ver, no quería escuchar, no quería saber qué era lo que estaba ocurriendo a su alrededor, simplemente quería quedarse ahí, y esperar a que lo encontraran... o que lo mataran, lo que llegara primero, ya no le importaba. Sintió algo en sus dedos, era cálido, algo viscoso, quitó la mano con rapidez y abrió los ojos, había caído boca arriba, junto a las escaleras, lo primero que vio fueron sus dedos frente a su cara, estaban llenos de un líquido rojo, y lo supo... alguien a su lado estaba muerto. Su respiración se cortó, simplemente los pulmones no le respondían, y no sólo eso, se veía incapaz de moverse, o de parpadear, era cómo si todo se hubiera detenido. Dazai estaba muerto. Por su culpa, lo había salvado, lo había empujado, y le habían disparado, era su culpa, por salvar a alguien que no se suponía que debería existir... tal vez estaba maldito, su mera existencia era una maldición ¿No es cierto? No sabía qué hacer o cómo continuaría, ¿Qué había pasado? Su cerebro pensaba en todo y en nada a la vez, simplemente estaba en shock, comenzó a escuchar algo en sus oídos, era cómo un zumbido, algo que no alcanzaba a identificar o comprender... era una voz. — ¿Estás bien? ¿¡A quien carajos le podía importar su estado!? Mejor que se fuera antes de que lo mataran también. Se hundió en sus pensamientos tristes y pesimistas. — ¿Caíste mal? ¿Te lastimaste? —... Vio consternado cómo Sigma veía como hipnotizado los dedos con sangre... entendió lo que estaba pasando, o más bien lo que se suponía que estaba pasando, suspiro pesadamente. —Sigma-kun. Silencio. —Sigma-kun... ¡SIGMA! El chico volvió a respirar ¿su nombre? ¡Dazai! Se sentó de golpe y vio a su alrededor, se mareo por el movimiento tan abrupto, pero no le importo, se esforzó en fijar la vista, y lo vio ahí, parado cómo si nada, cómo si acabara de hacer algo tan normal cómo tomar una bocanada de aire... —Da... Dazai-san No lo pudo evitar, sus ojos simplemente comenzaron a llenarse de lágrimas. —Vaya Sigma-kun en algunas cosas sí que pareces un niño, veamos, no llevamos de conocernos ni media hora ¡y ya estás llorando por mí! –Dazai sonrió "Definitivamente es idéntico a Atsushi-kun" se burló mentalmente. —Pensé... pensé que te habían matado. —Amigo mío, descubrirás que esa es otra de mis facultades –se encogió de hombros— por más que lo intento, matarme es difícil, venga, levántate antes de que tu ropa se manche de sangre... es algo bastante molesto, por no decir difícil de quitar, y por si fuera poco... ¡Pero qué horror! Vienes vestido de blanco, vamos –se acercó a él y le extendió una mano para ayudarlo a levantarse. Sigma acepto el gesto y con su ayuda se incorporó, se percató de que la sangre seguía en sus dedos e intento limpiarse con la ayuda de la pared. — ¿Qué fue lo que paso? —Fue simple, teníamos que esperar unos momentos más para que estuviera en un rango determinado el guardia de turno, que pasaría solo ya que este piso a esta hora está un poco desprotegido, en cuanto se abrió la puerta y entraste, me quede atrás, el tipo se dio cuenta, estaba sacando su arma y ahí intervine ya que iba a lanzar un ataque que no ibas a poder esquivar si es que no la habías previsto, y parecía que no estabas prestando mucha atención a tu situación así que me adelante, te empuje, evite que usara su arma, se la quite, saco un cuchillito de bebé, y se lo quite fácilmente, tras eso le dispare ya que lo necesitaba quitecito ¡simple! Sigma se quedó boquiabierto, apenas podía pensar en la información que le había dado Dazai. — ¿Quieto? ¡Lo mataste! —Obvio que no Sigma, no exageres –volvió a tomar su tono infantil y bulón— ¿Qué no sabes que soy un ser de justicia? El chico de cabello lila volteó a ver al hombre que estaba sentado contra la pared, y se sorprendió de percatarse de que efectivamente seguía vivo, y la bala sólo le había atravesado la pierna... una herida que le impediría moverse, pero que no lo mataría, el hombre estaba vestido con un uniforme de seguridad, era alguien musculoso y grande, ni en un millón de años se hubiera imaginado que alguien cómo Dazai delgado y recién salido de prisión lo pudiera dejar fuera de combate con tanta facilidad, además de haberlo despojado de su comunicador. —Ugh –el hombre cerró los ojos con fuerza quejándose del dolor. —Okay –dijo Dazai— necesito que me hagas un favor Sigma-kun. El mencionado retrocedió, ¿Qué cosa monstruosa le iba a pedir hacer? Pese a que todo su cuerpo le pedía que rechazara lo que fuera que fuese a ofrecerle, se limitó a asentir con la cabeza, mientras sudaba frio, temiendo lo peor. —Necesito que salgas un momento. — ¿¡Eeeh!? —Por favor. — ¿Y a dónde se supone que vaya? — ¿No es obvio? El chico volteó a ver al pasillo del que venían. — ¿Si lo hago que harás? —Cerrar la puerta unos segundos, naturalmente, tengo que hacerle unas preguntas a nuestro nuevo amigo y sería mejor que fuera... en privado. — ¿Qué le vas a hacer? Sus ojos cambiaron, se volvieron unas fosas tan terroríficas, que Sigma deseo con el alma no haber preguntado nada. — ¿De verdad quieres saber? –su voz y rostro eran completamente terroríficos, eran las expresiones de un psicópata... o de un asesino... quizá ambas. —No, olvídalo, me voy –dijo Sigma mientras se dirigía rápidamente al pasillo. — ¡Muy bien! Entonces no te preocupes, no tardare nada, ya sabes, no es cómo que me pueda tomarme mi tiempo –menciono el castaño mientras señalaba la zona en dónde se había inyectado el veneno, el lugar se comenzaba a ver morado y comenzaba a resaltar sus venas... el efecto era más visible y Sigma ni siquiera se había dado cuenta. —Okay, sólo... no tardes mucho, por favor. —Ten por seguro que no lo voy a hacer. —Y... por favor, no me vayas a dejar –dijo el de cabellos lila antes de cerrar la puerta y quedarse en el desolado pasillo. Sentía que cerrando la puerta acababa de sentenciarse a la muerte ¿Qué tan difícil o más bien que tan fácil sería para Dazai simplemente "interrogar" al hombre e irse fingiendo que él no estaba? Si intentaba abrir la puerta sin el código correcto, según Gogol, se cerraría y lo dejaría allí enterrado hasta que alguien pudiera encontrarlo. "Pero me salvo antes" se esforzó en pensar, dedicándose a esperar, intentado que los pensamientos negativos no lo gobernaran. Mientras tanto en el otro lado de la puerta... Dazai se acuclillo junto al hombre y terminó de hacer un nudo. —Ese torniquete impedirá que te desangres, al menos hasta que alguien te encuentre, y fue en un lugar en dónde tras medio mes, si es que no tienes movimientos, sanara con efectividad, podrás incluso correr sin ningún problema. El hombre se limitó a mirarle con odio. — ¿Por qué debería confiar en la palabra de un terrorista? El castaño rodó los ojos con impaciencia. — ¿Por qué siguen insistiendo en el tema? De verdad que Fyodor es un dolor de cabeza. —No los debieron de haber encerrado... malditos monstruos, ojalá los hubieran esposado, drogado, ojalá los hubieran medicado hasta volverlos locos, les debieron haber hecho ser incapaces de hablar y de ver, su mera existencia es un peligro para la humanidad. Reino el silencio unos segundos. —Es cierto, fueron ingenuos –dijo Dazai completamente serio— ¿Volvernos locos? La verdad a este punto no sé qué tan cuerdos estamos ni Fyodor ni yo, pero no tengo tiempo, quiero sacar a mi nuevo amigo de aquí, lo más pronto posible y necesito tu ayuda, necesito información. —Ni siquiera sueñes con sacarme una sola palabra, idiota. —Sabía que no cooperarias, pero no me importa —dijo mientras se incorporaba y comenzaba a tronar sus dedos— no quería que fuera así, pero debo de admitir que una parte de mi lo extrañaba... mucho. El hombre vio el rostro de Dazai transformarse a la de una persona sin ningún tipo de compasión o de culpa, sudo frio, ni siquiera se imaginaba lo que le iba hacer. — ¿Comenzamos? ◂◃◈▹▸ No habían pasado ni diez minutos, pero Sigma estaba convencido de que ya estaba acabado, los nervios lo tenían completamente ansioso, cuando estaba punto de darse por vencido y sentarse a esperar a lo que fuera, la puerta se abrió. Se volteó con brusquedad para ver a Dazai sonriente del otro lado, cuando volteó a ver al hombre suspiro aliviado al ver que continuaba respirando, y no sólo eso, sino que tenía un torniquete que impedía que siguiera sangrando, casi se iba a preguntar qué rayos había hecho Dazai cuando se dio cuenta... el hombre tenía la mirada fija en una pared, la mirada estaba perdida, parecía loco. Trago grueso, y prefirió no preguntar, le preocupaba ver la amplia sonrisa de Dazai ignorando al hombre. — ¿Continuamos? –dijo. Sigma sólo asintió, caminó rápidamente para cruzar la puerta y pasar junto al hombre, este respiraba con dificultad, pero hizo su mejor esfuerzo por ignorarlo, sudó frío y continuó, comenzó a subir las escaleras sin siquiera ver si Dazai lo seguía, no podía creer que con (en apariencia) tan poco daño físico, hubiera dejado al hombre que había tenido una mirada tan dura y fría en tan mal estado. Dazai se dio cuenta de la prisa de Sigma por salir de ahí, pero se limitó a sonreír, era normal para las personas preguntarse ¿cómo? Sonrió al recordar a Atsushi consternado por la repentina cooperación de Kōyō cuando Kyoka se había ido, o del capitán en la isla de Verne, "Si ambos me hubieran visto en la Mafia" pensó mientras subía las escaleras tras Sigma. Terminaron de subir un gran número de escalones, hasta que estos terminaban en una puerta idéntica a la del piso inferior, Dazai sólo se acercó, puso una clave con total naturalidad, y la puerta se abrió. — ¿Qué fue lo que le preguntaste al hombre? –se animó a cuestionar Sigma. —De las claves, necesitaba cierta información y confirmarla, con lo que yo ya sabía. — ¿Te las dio? –pregunto con escepticismo. —Sip. — ¿Todas? —Ajá. — ¿Y dónde las anotaste entonces? Lo volteó a ver como si acabase de decir algo totalmente estúpido. —Yo no necesito anotar nada. — ¿Cómo? —Obviamente las memorice. —Eres muy extraño. —Demasiado. —Dios... —Satán. — ¿Qué? —No sé, sólo tenía ganas de llevarte la contraria. —Madre mía para cuándo salgamos de aquí, me tendré que meter a un psiquiátrico. —Tengo a unos amigos en unos, te puedo recomendar. Lo volteó a ver, y no supo si lo que había dicho era una broma o iba en serio. —Vamos. Se metieron a un pasillo que iba en dos direcciones distintas, cada uno con paneles cada 4 metros con dígitos para meter claves y tras unos metros se veían gruesas y grandes puertas de metal también con paneles. — ¿Por qué unas están abiertas de cada lado? —Tienen detectores de movimiento, cuando te acercas, se activa el sistema de seguridad, si no pones la contraseña después de cierto tiempo se cierran, y si te pasas derecho es que se activa el sistema de agua-pesada, cerrándose dos puertas a tu alrededor y soltando el "liquido" aunque aún tras las puertas cerradas si te equivocas se activa. —No entendí. —Pero yo sí. — ¿Y qué pasa si hay una rata y las puertas detectan ese movimiento? —No lo sé, supongo que es una buena duda; aunque yo tengo una amiga rata que esta por aquí en este piso. — ¿Eres amigo de las ratas? Dazai soltó otra carcajada. —Dios, la risa nunca se acaba contigo. —No entendí —murmuro ya más irritado Sigma. —Y eso lo hace aún más gracioso. —Bueno... — ¿Qué esperas? Ya nos quedan menos de 20 minutos para salir de aquí —murmuro Dazai aún en su tono juguetón. —No, a ti sólo te quedan menos de 20 minutos para salir. —Claro, que se muera el que tiene las contraseñas. Sigma se rio y simplemente le palmeo el hombro. —Ahora ya no eres el único –dijo Sigma mientras se acercaba al primer panel de control y colocaba los dígitos correspondientes, si algo sabia de Dazai era que controlaba su habilidad y por supuesto, no la tenía activa todo el tiempo. —Tramposo. —Ya, ya, es broma sólo te quite los datos de los primeros hasta llegar a la puerta cerrada, es tu culpa por no activar tu habilidad. —No me lo esperaba. —Bueno, eso es nuevo. — ¿Por qué no me quitaste todas? —Porque me daría dolor de cabeza y no me apetece, o en el peor de los casos me desmayaría, la información que tienes es muy amplia... además la información que doy a cambio debe ser equivalente... así que, si es una cosa rara en tu mente de preparar una bebida o una cosa así que no recuerdes de antes, soy yo. — ¿Y por qué fuiste por ese lado y no por el otro? —Porque del otro lado están Fyodor y Gogol ¿no es así? —Vaya, sí que me agradas, parece que los papeles se han invertido. —Me la debías. — ¿Por qué? —De verdad me asusté mucho cuando creí que estabas muerto. —Pareces un niño enojado, de verdad das ternura. Continuaron caminando mientras uno u otro colocaba los dígitos en los paneles, mientras continuaban charlando y casi discutiendo, cómo si llevaran mucho tiempo de conocerse.

----- CHAPTER BREAK -----

*Avisos: diálogos originales del manga de los capítulos 92.00 - 93.00
 
Propiedad de: Kafka Asagiri.
 
Partes no fundamentales en la trama de la historia de dichos diálogos fueron omitidos.
  —... ¿Qué dijiste Aya-chan? –pregunto el albino sin poder salir de su sorpresa. —Lo grabe. — ¿Cómo? —Fue un accidente, ni siquiera me fije hasta después, al momento de querer sacar la foto accidentalmente la pause, pero creo que lo esencial de la conversación esta allí. — ¿La podemos escuchar? La niña únicamente asintió, y comenzó a buscar en su teléfono. —Antes de eso... Volteó su celular y le enseño la imagen que había tomado, era bastante explicita, ahí estaba Fukuchi, caminando muy tranquilo, pero con expresión algo consternada, atrás de él estaba Stoker con cara de aburrimiento, se podían apreciar manchas de sangre en el suelo y paredes, la imagen se veía un poco mal a causa del flash, pero era más que evidente que no era ningún truco... era una prueba solida que les daba mucha oportunidad. Tras asentir con la cabeza Atsushi vio a Aya que estaba visiblemente alterada. —Eres muy fuerte Aya-chan. La niña asintió con la cabeza mientras buscaba el archivo en su celular. —Soy una guerrera de la justicia. —Lo sé, con esto la Agencia te va a deber todo. —Le debo a la Agencia mi vida. —Pues ahora nosotros te debemos nuestro nombre y gracias a ti, nuestra inocencia será demostrada. La determinación brillo en la mirada de Aya mientras volvía a asentir. —Aquí está —dijo, mientras le daba el teléfono a Atsushi, este lo coloco en el suelo entre los dos para que escucharan bien, le subió el volumen y espero, hubo unos agónicos segundos únicamente de estática, y por un momento creyó que no se alcanzaba a escuchar nada en todo el audio, cuando se escuchó un movimiento, y para alivio de Atsushi comenzaron a escuchar nítidamente voces, que al menos el albino, supo reconocer. 
Fukuchi: ... decir que nuestros gustos coinciden. Ese sadismo... sinceramente, hasta me inspira simpatía.
 
Jouno: Si esta batalla final nos destruye y tenemos que empezar de nuevo, tal vez podría buscar un empleo en ese bando. Aunque, por supuesto, no creo que perdamos.
 
Fukuchi: ... Ya veo
 
Jouno: ¿Y? ¿Qué es lo que querías mostrarme?
 
Fukuchi: Esto...
 Había unos segundos de silencio. 
Jouno: ¿Hah?
 
Fukuchi: Bram-kun ¿Cómo va la toma del aeropuerto?
 En ese momento se escuchaba una voz rasposa y cansada que Atsushi supuso, era Stoker. 
Bram: Cerca de la mitad de los guardias se han convertido en vampiros, y ahora yacen ocultos.
 
Jouno: ... ¿Qué? ¿Qué es esto? ¿"Guardias convertidos en vampiros"? Entonces...
 
Fukuchi: Jouno, Tachihara hizo un escándalo por eso ¿No es así? "La Agencia de Detectives fue inculpada". "Hay una mente maestra" ¡Yo soy la mente maestra! Jouno, ¿No quieres ayudarme a realizar mi siguiente trabajo?
 Atsushi se quedó paralizado de la impresión... nuevamente los recuerdos y Tachihara.... Él siempre había tenido razón, pero ¿Cuándo los traiciono? ¿Mori no había tomado medidas sobre lo que le había dicho? No sabía qué hacer, así que simplemente continúo escuchando, parecía que él no era el único que se había quedado sin palabras. 
Jouno: ...
 
Fukuchi: ...
 
Jouno: Aparentemente esta no es una de tus bromas tontas ¿No es así?
 
Fukuchi: Normalmente Bram tendría que ser decapitado en el instante en que fuera visto, pero, tú eres especial Jouno.
 
Jouno: ¿Especial?
 
Fukuchi: Eres diferente, incluso entre los perros cazadores, dentro de una tropa, pero fiel a tu propio credo. Un perro callejero que no ve a los perros cazadores más que como un contenedor. Tienes lo necesario para unirte a la Decadencia de los Ángeles.
 
Jouno: ¿Qué estás diciendo?
 
Fukuchi: Tu verdadera naturaleza pertenece a "ese lado" ¿Me equivoco? El mes pasado tú, Jouno reprimiste a unos ladrones de bancos, y luego los incitaste a suicidarse con la espada ¿No es así?
 
Jouno: ...
 
Fukuchi: Jouno, originalmente eras el ejecutivo de una organización criminal, por tu habilidad y sentido de audición es que te reclute hace 6 años, por el bien de este día.
 
Jouno: Parece que no es una prueba militar entonces, ¿Y bien? ¿Qué es lo que quieres que haga, para que estemos manteniendo una conversación tan arriesgada?
 
Fukuchi: Quiero pedirte que asesines a la Agencia de Detectives.
 La sangre se congelo en las venas de Atsushi, esta declaración era demasiado directa... demasiado importante... y demasiado buena teniéndola en sus manos cómo evidencia de quien era en realidad Fukuchi, sin embargo, en la grabación se escuchaba otro movimiento, y las voces sonaban apagadas, apenas y se podía distinguir una palabra o dos. El albino volteó a ver a la niña que se encontraba sonrojada viendo el teléfono. —Lo siento. — ¿Por qué? —En ese momento me moví, debí haber tapado el micrófono sin querer. Atsushi sonrió, pese a que ahora se escuchaba poco más que estática lo que se había logrado grabar era más que suficiente. —No te preocupes, te esforzaste y no sólo eso, arriesgaste tu integridad física por conseguir esto y eso ya lo hace la prueba más importante del mundo. La niña lo volteó a ver y sonrió, pese a que la vergüenza aún la mantenía sonrojada. Atsushi comenzó a pensar rápidamente en que hacer y cómo lograr que esto llegara a manos de Ranpo o mejor aún que lograra dárselo a Katai y que este lograra transmitirlo en vivo, o se lo diera a Ango y logra que se hiciera público, cuando en la grabación se escuchó otro movimiento y ambos, Atsushi y Aya vieron fijamente el celular, cómo si algo fuera a salir de él, y nuevamente se escuchó una voz. 
Fukuchi: ¿Pensaste que no tendría medidas preparadas?
 Se escuchaba silencio mucho ajetreo del otro lado, como si alguien estuviera luchando. 
Fukuchi: Tu habilidad no es intangible, ni espiritual, sólo te convierte en polvo... y Jouno, el polvo se quema si esta junto.
 
Jouno: Ugh...
 El chico comenzó a toser y Atsushi no pudo evitar preocuparse por su estado. 
Fukuchi: En el momento en el que cancelaste tu habilidad ya había apuñalado al "tú" del presente con varias espadas en el futuro.
 
Jouno: ¡Argh!
 Volvió a toser, esta vez aún más fuerte, y Atsushi volteó a ver a Aya que se encontraba abrasando sus piernas mientras veía al teléfono con tristeza. 
Fukuchi: Estas acabado Jouno, lamento imponerte sufrimiento innecesario.
 
Jouno: ¿Acabado? –Su voz sonaba extremadamente débil y temblorosa— de hecho, este es el final para mí, pero ¿Qué hay de ti?
 
Fukuchi: ... ¿Qué?
 Se escucho una risa fuerte, pero era frágil y extraña, por lo cual Atsushi supo que se trataba de Jouno. 
Jouno: Ja, ja, ja, ja, ¿Lo notaste comandante? Ganaste, sin embargo, no es el final de tu resistencia... esto es muy... encantador...
 Se alcanzo a escuchar un golpe seco, algo había caído al suelo o alguien se había colapsado. 
Fukuchi: Eso es tan tú, incluso al borde de la muerte... tráelo...
 Lo último sonaba dirigido a un tercero, pero la grabación acabo allí. El albino estaba impactado... sonaba a que el tal Jouno estaba muerto, lo habían matado en ese momento, pero eso no era lo más malo, o al menos no para Atsushi, a pesar de que se sentía extremadamente enojado por ese acontecimiento, había algo que le preocupaba muchísimo más, Aya lo había visto, lo haba visto todo, y no se imaginaba la impresión y el shock que debió de haber significado el hecho de presenciarlo. Volteó a verla, no había ninguna expresión significativa en su rostro, o al menos no una que le dejara ver que tanto estaba afectada, sólo continuaba viendo con ojos tristes el celular, Atsushi no sabía qué hacer o que decir. — ¿De verdad soy una defensora de la justicia? –pregunto Aya decaída. Atsushi se sentó a su lado mientras acariciaba su cabello. Aya lo volteó a ver, no estaba acostumbrada a que la trataran así... menos un chico al cual acababa de conocer, aunque no era que el gesto le molestara, nadie más que Kunikida había sido considerado con ella, hasta ese momento... todos únicamente le decían que debía de hacer, y cómo tenía que hacerlo, "tienes que ser una dama" repetían, ni siquiera sabía por qué recordaba eso en el momento, pero sólo pudo oprimir más su pecho, y su mirada se llenó de desprecio y dolor. El albino creyó que había hecho algo mal y quito la mano apresuradamente, aún no sabía muy bien cómo manejar a las personas, y temía estropearlo, aún más por la situación, desde el incidente temía que cualquier cosa que hiciera de repente cambiara la perspectiva e una persona para que creyeran... lo dicho por la página, que ellos eran los malos. Que debían ser odiados. —Si eres una justiciera, y si defiendes lo que está bien Aya-chan —murmuro eligiendo con cuidado sus palabras. — ¿Cómo estás tan seguro? —Lo sé, porque si no, no habrías recolectado estas pruebas. —El audio fue un error y a la foto se me olvido quitarle el flash y provoque que me descubrieran y persiguieran. — ¿Pero estás bien? –cuestionó un poco preocupado. —Si, no es eso... sólo es que... por eso casi lo arruino todo. —Pero eres y fuiste fuerte, eso es lo importante. —Tú también eres fuerte – dijo la niña mientras trataba de recomponerse. —Hago lo que puedo –contesto Atsushi— pero si te soy honesto la mayoría del tiempo me siento inútil y débil. —Entonces eres tonto. —Si... no eres la primera en decírmelo. —Tengo sueño. Ambos voltearon a ver a la tercera voz que se había escuchado, se trataba de Bram que había abierto los ojos. — ¿Paso algo Bra-chan? –pregunto la niña. —No te escucho, no puedo bajar el volumen. — ¡Oh lo siento! –la niña se apresuró a bajar el volumen de su reproductor de música. Stoker paso la mirada fría de Atsushi a Aya y viceversa, abrió la boca... y bostezo, sin duda no era el tipo de ser que Atsushi se imaginaba. — ¿Stoker-san? —Mmmm —contestó sin mucho interés viendo al albino. — ¿Nos puede ayudar? —Ajá... Le debo un favor a la niña, debo admitir que es temeraria, además, me consiguió mi radio portátil en segundos, uno de los objetos más complicados de conseguir que existe. El albino simplemente cerró la boca y volteó a ver a Aya, esta tenía un brillo en sus ojos que demostraba que estaba orgullosa de lo que había dicho Stoker sobre ella; sin embargo, se encogió de hombros, como si ni ella entendiera completamente al ser. —Nos ayudaría de sobremanera si pudiera... destransformar a las personas. —No. — ¿Por qué no? —No puedo, no sé controlar completamente a mi habilidad. — ¿Cómo es eso posible? — ¿Es acaso que nunca has sabido de una persona que no pueda controlar su habilidad? Atsushi cerró la boca, no podía comentar nada ya que ni el mismo podía controlar a "Bestia bajo la luna" en su totalidad... algo en el fondo de su mente recordó a Akutagawa, y cómo él manejaba tan bien su habilidad... y cómo le reclamaba él que no pudiera hacer lo mismo. "Demonios" –pensó alejando desesperadamente su línea de pensamientos— "sólo esto nos faltaba" —Veras –continuo Bram recuperando la atención de ambos jóvenes— yo sé activar mi habilidad a voluntad, y me controlo racionalmente de a quien "infecto", antes de todo esto durante siglos ha habido vampiros y aun los había de manera... intencional de mi parte, ellos viven vidas, casi normales, y no dependen de mí, ni yo puedo destransformarlos porque si, en mi radica cierto nivel de control sobre ellos, aunque no controlo lo que hacen ellos ni nada similar. Atsushi lo miro entendiendo un poco, parecía una habilidad similar a la de Fukuzawa, afectando a cierto grupo sin alterarlos a ellos como personas. —.... Pero esta espada, me impide hacer lo que cualquiera podría, tener una conexión real con su habilidad, en mi caso, las ordenes sólo las puede dar Fukuchi... él es el único que sabe controlar la espada, y por lo tanto a mí, con más del 40% de la población infectada... no soy ni dueño de mí mismo... — ¿Y cómo es que Fukuchi planeaba llevar a cabo su plan? —Él no sabe que no sé controlar mi poder al 100%, no en este estado, sólo vagamente, controlándome él lo iba a hacer todo... yo sólo soy una marioneta más, aunque él a veces parece no darse cuenta. — ¡¿Cómo?! Stoker simplemente hizo un ademan de indiferencia con sus facciones faciales. —Nunca me pregunto, y prefiero dormir a estar hablando de mí mismo y mi habilidad... mucho menos estarle preguntando cosas a ese imbécil. — ¿Fue algo que dio por hecho? ¿Qué tu controlas todo aun así? ¿Por eso te mantenía cerca? —No lo sé, ni me interesa. —Pero tu poder es demasiado grande ¿Cómo planeaba controlarlo si llegaba a salirse de control o si preferías traicionarlo? —Nunca me atrajo le idea de traicionarlo, y... supongo que si se descontrolaba demasiado me iba a matar. — ¿No le importan ni sus compañeros? A Stoker esto le sorprendió, se imaginaba que el chico haría una cara de frustración o de incertidumbre, por el hecho de que la única "solución" estaba en su muerte, sin embargo, se dio cuenta de que esa posibilidad ni siquiera había pasado por la mente del albino, y eso le agrado del chico. —Supongo... que no somos ni compañeros, sólo ayudamos a que logre su objetivo. —Que egoísta. —Supongo —dijo mientras volvía a bostezar. — ¿Pero por qué aceptaste usar tú poder? —No fue mi decisión, él me obligo. El albino hizo una cara de desprecio que tanto la niña cómo el vampiro pudieron apreciar. — ¿Qué te hizo? —Veras, incluso si tú mismo empujaras un poco la espada, esta atravesaría completamente mi cerebro, causándome una gran agonía que finalmente me haría morir. — ¿¡Que?! ¡Hay que quitártela enseguida! Aya-chan yo... —No –interrumpió la niña— la espada esta incrustada en su cabeza, si intentamos quitársela, sólo le provocaremos más dolor, recuperaría su libertad.... Pero probablemente al costo de su vida. La desesperación embargo a Atsushi. — ¿Entonces qué hacemos? — ¿No tienen a alguien que anula habilidades? Atsushi, pensó en Dazai, y por quizá primera vez, no encontró en él una solución. —No sabemos dónde está. —Entonces esto es un poco más complicado para ustedes, ya que según lo que se de mi habilidad, la solución estaría en que ese amigo suyo me toque y anule la habilidad o que toque al primero en ser infectado, este no sería convertido en humano, pero la raíz de la habilidad que está en cada una de las personas que están infectadas desparecería, y sería mucho más fácil para ustedes... — ¿Quién fue el primero que infectaste? —Fue un chico agonizante, según sé, se llama Akutagawa. Atsushi se congeló, "él fue el primero" "agonizaba por mi culpa", "está en este estado por mi culpa", recordó un vago momento su rostro, sin emociones, carente de la posibilidad de hacer algo por libre albedrío, sacudió rápidamente la cabeza en un intento de liberarse de esos pensamientos, pues sabía que en esa situación no le ayudarían a solucionar absolutamente nada. — ¿Entonces tenemos que encontrar a Dazai? — Es complicado... igualmente... — ¿Qué? — le cuestionó el albino. — Que sólo yo y la persona original en ser infectada... sólo si de verdad lo desea puede convertir él a alguien que se mantenga al menos con ciertos rasgos, cierta "infección" no sé si ya lo haya hecho, es algo que debe querer él... a mí me han obligado, pero puede que él ya lo haya hecho, si es así, ni su amigo con habilidades podrá deshacer la infección no al 100% tal vez ya no pueda infectar a otros... pero... —Pero puede seguir con rasgos —hizo ver el albino y Stoker parpadeo lentamente en un intento de remplazar un asentimiento con la cabeza. —Pues llama al inútil de tú amigo y ya está –intervino Aya completamente recuperada de cualquier emoción, sin entender el porqué de la nueva información que el albino acababa de obtener, le había cambiado el rostro a una preocupación y tristeza extrañas— dile que deje de ser un inútil, que lo necesitamos aquí. —No es tan sencillo, verán, Dazai ahora se encuentra encarcelado en una prisión de alta seguridad. —Si se organizan podrían ir a salvarlo –repuso tranquilo Stoker. —No, es una prisión de la más alta seguridad, pero lo más importante es que ni siquiera sabemos dónde está. —Eso... —dijo Aya— si es un problema. Atsushi, se levantó decidido, ahora tenían ayuda, y tenía que encontrar urgentemente a alguien de la agencia para entregar la evidencia, tenían que seguir el plan de Ranpo, ahora estaba completamente seguro de que nada fallaría en lo que se tenía que hacer. —No importa. — ¿Cómo que no importa? –contestaron al unisonó Aya y Stoker. —No importa, porque tenemos un plan y lo llevaremos a cabo. Hubo un breve silencio casi incómodo. — ¿Me perdí de parte de la conversación? ¿Qué plan? –dijo molesta Aya. —Yo estaba con la música. —Yo... —el albino recordó las palabras de Ranpo— no importa mucho en este momento, lo que sí cuenta es que tenemos un plan, los de la Agencia quiero decir, y si quieren y pueden ayudarnos, créanme que su ayuda será bienvenida, pero eso depende de si quieren o no venir conmigo. —Yo voy –contesto rápidamente Aya. —No es cómo que pueda caminar y no me apetece quedarme aquí tirado. Atsushi lo vio con algo de pena, y se prometió a si mismo que en cuanto fuera posible, encontraría la manera de liberarlo de la espada. —Muy bien –dijo el albino preparándose con media transformación de tigre, Aya se quedó impresionada y Bram sólo suspiro— Aya-chan, si no te molesta te llevare en mi espalda, y si puedes llevar a Bram-san es mejor, de esta forma iremos rápido y podre evitar que nos encontremos con esas cosas. — ¿No siempre Bram sólo tiene que decirles que no nos ataquen? El negó levemente (lo que la espada le permitía) con la cabeza. —Las órdenes a las que responden los convertidos en el aeropuerto se las cedí completamente a Fukuchi, podría detenerlos, pero sólo de uno en uno... quizá dos, siendo optimistas. —Con un carajo, lo que faltaba –murmuro Aya y ambos mayores la voltearon a ver sorprendidos, lo único que ella hizo fue desviar la mirada— es que la Agencia siempre me mete en problemas muy raros, y además ¿Qué más falta? ¿Qué no haya una manera de hacerlos racionales? Ahh adivino, ahora que lo menciono no, no hay manera y tu amiguito encarcelado es el único que nos puede ayudar, y ¡oh sorpresa! está en una prisión en medio de la nada en vete tú a saber dónde. —De hecho –dijo Bram sólo recibiendo un bufido de molestia de parte de Aya— si hay una manera de hacerlos reaccionar... o al menos más o menos, cuando por un momento se abstienen de atacar a una persona, una pequeña puerta a su conciencia está disponible y si se acuerdan de algo de alto impacto en sus vidas, pueden recuperar la conciencia... aunque no se les quita la sed de sangre, ya no convertirían a nadie a menos que sea intencional, y los demás convertidos no lo afectaran... Excepto quizá Akutagawa por supuesto, su caso es, especial. — ¿Y cuántas veces ha sido esto posible? –pregunto curioso el albino, tratando e ignorar la leve esperanza que iniciaba en su pecho. —Muchas, Fukuchi lo considera mi mayor debilidad y por eso me obligo a jurarle que mientras estuviera en su poder no lo dijera, pero evidentemente ya no estoy en su poder. — ¿Ves Aya-chan? –Dijo Atsushi dirigiéndose a la niña con una sonrisa— no todo es malo. —Ajá, cómo sea –contesto la niña. — ¿Listos para irnos? Recibió respuestas afirmativas, se colocaron tal y como habían planeado, sin ningún otro percance más que las ocasionales quejas de la niña, y de Stoker, uno por qué no había traído algo que hubiera resultado perfecto para la ocasión y el otro porque tenía sueño, Atsushi únicamente sonrió, aunque no lo quería admitir, le agradaba no estar solo, por amargos recuerdos que eso desencadenara.

----- CHAPTER BREAK -----

Llevaban cerca de cinco minutos caminando y charlando mientras abrían las puertas, con las claves, ya no se preocupaban por nada, y las cámaras sólo se activaban si había una contraseña mal, cosa que hasta el momento habían logrado evitar, todo estaba resultando muy bien, tal vez... demasiado bien. Llegaron a la segunda puerta que conducía a las escaleras para subir al nivel dos, lo hicieron y se sorprendieron ambos al darse cuenta de que no había absolutamente ningún guardia en el área. Esto a pesar de que sabían que pasaban cada cierto tiempo supervisando el área. — ¿No crees que esto es demasiado fácil? –Pregunto con un tono de duda Sigma. —Ya lo creo que sí, seguro que Fyodor y Gogol están haciendo todo un escándalo, por allá. —A ver, con tu maravillosa habilidad de ver a través de todo y todos ¿Qué crees que pase entre ellos dos? —No lo sé, pero tengo tres teorías ¿quieres escucharlas? —Por supuesto, por algo te pregunte. —Vaya, ya se te quito lo tímido. — ¡Vamoos! ¡Dime! Dazai rio. —Una es la posibilidad de que Gogol, encuentre la forma de matar a Fyodor, y se dé cuenta de su deseo de vivir... no me quiero imaginar que hará después de eso, aunque si me preguntas es la opción menos probable, la otra es que Gogol cometa una estupidez, y logre que Fyodor lo mate, y escape del lugar, y la tercera es que Fyodor afile su pulido cuchillo de la manipulación y la palabra, le haga un lavado de cerebro a Gogol, vuelvan a formar equipo y si no tenemos suerte, que ellos salgan primero, eso claro contando lo que va a pasar. — ¿Qué va a pasar? —Nuestra oportunidad... y la de ellos. Dazai se detuvo, y estornudo con fuerza. — ¿En serio Dazai? ¿Te vas a enfermar? —No, creo que alguien pensó en mí. —Si, supongo que tus compañeros deben de extrañarte –dijo en tono sarcástico Sigma. —Pues, aunque no me lo creas parece ser que si es así –dijo Dazai con un tono algo ofendido. —Pues... Dazai nunca escucho lo que tenía que decir, una explosión con gran fuerza se escuchó en uno de los pisos inferiores, Sigma se tomó de la pared para no caer ante el súbito movimiento, mientras que Dazai simplemente lo tomo del brazo empujándolo al tiempo que las puertas se abrían incitándolo a correr, mientas que lo comenzó a seguir pocos pasos atrás. El castaño sonrió, agradeció mucho a Ango, (pese a que su rencor y molestia seguía ahí) por mandar a un guardia, que no sabía lo que llevaba, con la bomba de electrones, esta era un arma que no solo actuaba como una bomba de baja potencia normal, sino que mandaba ondas de choque que interrumpían y eliminaban las ordenes de comando de los sistemas de seguridad... puesto en la zona eléctrica del lugar ubicado en un sitio aún más abajo y colocada por un guardia que casualmente se sabía todas las claves, dios, que fácil era salir de un prisión si todos eran tan manipulables e incompetentes. Al menos tenía la seguridad de que pese a lo que habían dicho, hecho y pensado, en realidad ni Gogol ni Fyodor, mucho menos Sigma habían logrado ver a través de su plan, y todo marchaba sobre ruedas. — ¿¡Que fue eso!? –grito Sigma. — ¡La única forma de salir sin que nadie nos moleste! — ¡Deténganse! ¡Están rodeados! Se vieron rodeados de al menos tres grupos de guardias armados y apuntándoles, y se detuvieron en un instante, Sigma no sabía qué hacer, estaba entrando en pánico mientras que Dazai se limitó a levantar sus manos. —Sigma-kun –susurro el castaño. — ¿Qué pasa? –contesto en el mismo tono. —Te juro que me perdonaras, es para que logremos salir de aquí. — ¿Eeh? Volteó a ver consternado a Dazai, pero lo único que fue capaz de apreciar, fue su puño que se dirigía con gran velocidad a su cara, antes de que todo se volviera completamente negro para él. — ¡Alto recluso! –Gritaron los guardias al ver a Sigma caer al suelo inconsciente— lo tenemos que sedar, hubo una explosión y debemos sacarlo de aquí, tenemos ordenes de parte del jefe Taneda de no dañarlo en ningún aspecto, pero si se muestra agresivo dispararemos. Había cerca de una veintena de hombres todos apuntándole con armas. Sin embargo, lo que sucedió les consterno a todos. Dazai de la nada se puso completamente pálido y se tocó el pecho con fuerza, como si estuviera sufriendo de un dolor muy fuerte. — ¡Recluso no se mueva! ¡Lo sedaremos! —Yo... —Dazai hablaba entrecortadamente y respiraba con mucha dificultad— no... yo... no puedo... respirar... yo... Colapso y los guardias se apresuraron a verificar su estado, quien llego más rápido a él era el médico que debía de sedarlo. —Sédalo –ordeno un guardia— es extremadamente peligroso, después podemos verificar su estado. El médico asintió, sin embargo, antes de inyectarle nada reviso sus signos vitales. — ¡No puede ser! — ¿Qué pasa? –pregunto alarmado uno de los guardias. — ¡Esta muerto! ¡Su corazón se detuvo! Nadie supo a ciencia cierta qué hacer, otro de los guardias se acercó a su cuerpo en busca de algo que le demostrara que el hombre seguía vivo, pero no era así, su corazón se había detenido. —Es cierto –con cara de preocupación volteó a ver a las personas presentes— parece... parece como si hubiera sufrido un paro cardiaco. — ¡Eso explica porque tomó su pecho con tanto dolor! –exclamo otro. — ¡Cállense! –Grito el que parecía estar al mando— aún hay tiempo, hay que llevarlo al nivel superior si se le implementan primeros auxilios seguro lo salvamos ¡Rápido! Si lo perdemos Taneda seguro despide a todos los presentes. Los hombres se limitaron a asentir, se apresuraron a levantar los cuerpos de ambos hombres y llevarlos lo más rápido posible a un nivel superior. La situación en la prisión se había hecho de lo más extraña, ninguno de los guardias tenía muy claro que había sucedido, lo únicos dos prisioneros que tenían en la zona más segura de la prisión habían escapado como si nada, no habían encontrado ni un rastro del otro... y al que habían encontrado y tenían órdenes de no herir parecía encontrarse muerto, mientras que tenían que asegurarse que ningún otro preso escapara. Lo llevaron rápidamente al piso superior... dónde había una clínica, estaba en buenas condiciones, aunque no había pacientes, mucho menos de gravedad, tenía los elementos con los cuales podrían tratar a ambos.... Eso si aún había algo que poder hacer por Dazai. En cuanto salieron aparecieron tres coches negros, se acercaron y apagando sus luces dejaron ver a los pasajeros, eran agentes de la División de Habilidades Especiales, uno de esos hombres era Ango Sakaguchi. Los guardias de la prisión se quedaron paralizados, sabían que Ango trabajaba directamente bajo el mando de Taneda, lo que significaba que al no haber conseguido que el prisionero estuviera a salvo, seguramente les costaría caro. — ¿Qué está pasando aquí? –pregunto Ango. —Señor, nosotros no hicimos, nada, simplemente se colapsó y... Ango volteó a ver velozmente a Dazai a quien habían colocado en el suelo, sin ningún tipo de signo de vida, y se limitó a suspirar y negar con la cabeza. —Son una bola de inútiles –dijo molesto, apretaba los puños con rabia, y algunos prefirieron retroceder un poco. —Lo sentimos señor, no pudimos manejar la situación, el médico... cree que seguramente se trató de un infarto por presión... –dijo el jefe de los guardias El aludido abrió la boca para protestar, puesto que había sido todo tan apresurado y confuso que ni siquiera había tenido tiempo de hacer, aunque fuera una teoría, pero al momento de querer replicar recibió una mirada del jefe de guardia que le hizo cerrar la boca... este sólo asintió, estaba tratando de salvar el pellejo de todos. — ¿Qué hacía aquí Ango-san? —Tenía ordenes de llevarlo al cuartel a que Taneda hablara con él. El silencio sepulcral se hizo presente, los oficiales habían recibido la noticia de que Taneda había despertado, y había tomado su puesto cómo jefe de inmediato, mientras que su localización había cambiado a un lugar secreto para que pudiera recuperarse sin ningún riesgo... si iba a revelarle esa ubicación a Dazai, era importante... sin duda estaban en problemas. —En este momento tenemos problemas más importantes...—dijo Ango como si se hubiera resignado a la muerte de Dazai como una simple misión fallida y los oficiales suspiraron aliviados— pero ¿Quién es él? ¿Por qué esta inconsciente? –pregunto señalando a Sigma. Antes de que nadie pudiera contestar a la pregunta de Ango, comenzó a temblar, se escuchó un estruendo terrible en todo el lugar y una única voz que parecía hastiada y molesta. —Al fin te encuentro, bastardo de mierda.

----- CHAPTER BREAK -----

Comenzó a abrir los ojos con algo de dificultad, le zumbaba y dolía la cabeza, tenía entumecido el lado derecho de su cara, sentía que se le iba a desprender la mandíbula, tenía un dolor fuerte y punzante, en cuanto termino de abrir los ojos vio frente a él un rostro completamente desconocido, y sus ojos... lo perturbaban de sobremanera, además de que tenían formas sumamente extrañas, aunque en apariencia física no pudiera ser una criatura más inocente. — ¡Por fin despiertas! ¡Qué suerte! ¿Jugamos? — ¿Qué paso? — ¡Dazai maldito desgraciado ya levántate! –se escuchó una tercera voz que tampoco supo reconocer, aunque parecía estar preocupada y angustiada. —Dazai-san, no despierta y Chuuya-san se está preocupando... —Meow. Sigma volteó a su lado para ver a 6 gatos sentados mirándole, la situación no podía ser más extraña y bizarra ¡¿Cómo o porque estaban gatos en un lugar así en un momento cómo ese?! — ¡Dazai! La otra persona seguía gritándole al castaño, sin embargo, este no se movía, Sigma no alcanzaba a ver bien al chico que le estaba gritando al suicida, sólo veía un sombrero, y unas hebras pelirrojas que sobresalían en especie de coleta, el castaño se encontraba acostado en una camilla... estaban en lo que parecía ser una pequeña clínica y el otro chico estaba a su lado sosteniendo su mano izquierda. — ¡Maldito bastado ya levántate! –Dijo mientras estaba sentado a su lado— ¡Se que en realidad estas bien! ¡Ya deja de estar jodiendo! Sigma se levantó con velocidad, él también estaba en una camilla, recordó todo de golpe, lo que había pasado, en dónde se encontraban, la situación del castaño, y comenzó a buscar desesperadamente a su alrededor. — ¡Hey tú! –le grito con urgencia Sigma al chico pelirrojo. — ¿Eeh? –el chico volteó a ver a Sigma, sus facciones eran muy finas, el cabello era de color pelirrojo-anaranjado, sus ojos azules dejaban ver su desesperación y comenzaban a llenarse de lágrimas. — ¿Dónde está la entrada de la prisión? — ¿Eeh? ¿Qué quieres hacer? –dijo con la voz algo ronca, Sigma se dio cuenta de inmediato que el castaño era muy importante para él. — ¡Rápido no podemos perder el tiempo el tiempo! ¡Hay que salvarle la vida! –contestó algo enojado Sigma. Si hubiera estado estable el pelirrojo quizá le hubiera partido la boca al chico de cabellos lilas apenas le hablara en ese tono, pero estaba sumamente afectado en ese momento, por creer que Dazai verdaderamente estaba muerto... o muriéndose. Ni siquiera le dio importancia al tono de Sigma, para él lo único que escucho fue "salvarle la vida" y con eso en ese instante, tal vez incluso lo hubieran convencido de asesinar a Mori. —Ahí –dijo mientras señalaba a la salida del lugar— hay unas puertas que supuestamente se dirigen a un sótano en la parte de afuera... en realidad es la entrada de la prisión... una de ellas son una serie de túneles que llevan incluso al océano... con diferentes entradas, es muy grande... Sigma vio a su alrededor, seguía un poco confundido por todo, ahí fue cuando se percató de que había una cuarta persona. Parado unos pasos detrás, estaba un chico delgado de lentes y cabello negro peinado hacía atrás, sus facciones eran serias y un poco preocupadas... veía hacia Dazai, Sigma lo reconoció gracias a los archivos que alguna vez le dio a revisar Fyodor, se trataba de Ango Sakaguchi un hombre con un alto puesto en la División de Poderes Sobrenaturales. —Oye –dijo Sigma dirigiéndose a él. Esto pareció regresarlo a la realidad. — ¿Sí? — ¿Lo quieres ayudar? Sólo asintió. —Ven aquí, necesito tú ayuda. –dijo Sigma mientras se levantaba aprisa haciendo lo posible por no acercarse en lo más mínimo a la persona que estaba al lado de su camilla. Chuuya hizo un ademan de seguirlo, pero al ver que tendría que soltar a Dazai dudo, Sigma notó esto. —No tienes que venir, si te necesito te llamare. El pelirrojo se limitó a asentir, mientras volvía a voltear a ver a Dazai, no recordaba la última vez que se había sentido tan desesperado y triste por una persona antes. Sigma y Ango se dirigieron hacia el lugar que había señalado Chuuya, salieron de la clínica, y se toparon con un escenario muy extraño, había muchos guardias inconscientes, acostados sobre cráteres, además de escombros y pedazos enteros de suelo arrancado, Sigma no tenía un idea de quién era el chico que se había quedado adentro, pero lo que si le quedado muy claro fue que era sumamente poderoso... tanto como para derrotar a más de una veintena de personas bastante capacitadas, y por lo que había visto, sin salir con tan siquiera un rasguño. Eso le fue sonando... poder, pelirrojo... ¿sería Chuuya Nakahara? Se detuvo un momento viendo al interior de la clínica su figura encorvada sobre la del castaño, y dudo... alguien tan poderoso ¿con él? Negó con la cabeza deshaciéndose del pensamiento... tenía prisa. Pero no eran los cuerpos y los cráteres lo más extraño del escenario, lo más extraño del lugar eran los gatos, había montones y curioseaban por el desastre cómo si nada. Cerca de cinco metros junto a la puerta de la clínica había una puerta que para cualquier persona hubiera pasado cómo el acceso a una bodega de medicamentos, aunque Ango y Sigma ya sabían lo que era en realidad, lo único malo era que el lugar de entrada estaba completamente rodeado de escombros, tierra arrancada, y algunos cuerpos, haciendo el acceso completamente imposible, la puerta se encontraba abierta dejando ver abajo una puerta más, esta estaba colocada en el suelo, sólo que requería una clave para poder ser abierta, era lo único que había en una gran habitación, esa puerta, y nuevamente muchos escombros, tierra y algunos cuerpos inconscientes. Pese a que el lugar estaba tan desordenado Sigma sólo se concentró en buscar una cosa. —Sakaguchi-san, ayúdame, busca un maletín, es de color negro, creo que esta hecho de cuero, debe estar por aquí o alrededor, rápido, todo dependerá del tiempo que tardemos en encontrarlo. Ango asintió, y se puso a buscar, conocía a ese hombre, aunque únicamente fuera de nombre, era el gerente del Sky Casino, un lugar sumamente importante en la economía, y a dónde sólo iban ricos... aunque últimamente había estado teniendo muchos problemas, por casos de agresión entre clientes, el problema era que esos clientes eras sumamente importantes en la sociedad por lo cual se había hecho un escándalo, eso era todo lo que él sabía del caso hasta el momento. Ango ni siquiera podía imaginarse cómo es que Dazai lo conocía, o por que el hombre decía que sabía cómo salvarlo, pero sabía lo calculador y precavido que era el castaño, y sabía que no se hubiera juntado y además preocupado por salvar a una persona en la que no confiara, o que no necesitara... o no simplemente formara parte de un plan. Sigma y Ango buscaron entre los escombros, mientras que Chuuya seguía llamando a Dazai cómo si sólo por hablarle y gritarle de vez en cuando unas cosas no muy educadas, Dazai se fuera a decidir a levantarse. El tiempo pasaba, ¿Cuánto había sido ya? Un minuto, dos, no importaba, para los tres chicos había pasado una eternidad, mientras que la cuarta persona simplemente se la pasaba acariciando a los gatos, como si no le importara en absoluto la situación que se estaba desarrollando a su alrededor. El de cabello lila comenzó a temer que Fyodor, aprovechando la situación, hubiera logrado salir sin ser visto y haber tomado el maletín o que sus deducciones estuvieran mal, que no conociera tan bien a Gogol y que en realidad el maletín no estuviera ahí y en realidad no lo fueran a encontrar a tiempo, las inseguridades volvían a inundar su mente. — ¡Lo encontré! –Grito Ango emocionado atrayendo la atención de Sigma. — ¡Perfecto! –dijo Sigma mientras iba hacia el chico de lentes. Este le entrego el maletín y Sigma fue corriendo hacia a dónde se encontraban Chuuya y Dazai, recordó que el castaño se había inyectado la sustancia en el brazo derecho, se acercó a este lado y subió la manga de su uniforme de preso. — ¡¿Qué carajos es eso?! –dijo el pelirrojo. Sigma igualmente se había quedado impresionado, el lugar en donde Dazai se había inyectado el veneno estaba de un color morado-rojizo, mientras que alrededor la piel tenía un tono algo amarillo, y las venas se habían resaltado más allá de la manga, Sigma reviso y se dio cuenta que incluso las venas de su cuello –las que sus vendas dejaban ver— estaban totalmente marcadas, y su piel mucho más pálida de lo normal. —Está envenenado, creo que por eso no puede despertar. A Chuuya se le corto la respiración ¿Dazai envenenado? nadie antes había logrado hacer algo, así, las únicas veces que se había envenenado era a causa de otro estúpido intento de suicidio, pero ese no era el caso en ese momento... ¿verdad? Sigma abrió el maletín y suspiro aliviado de ver el antídoto y jeringa intactos... Fyodor moriría, o al menos su mente se quiso aferrar a esa idea. Busco alcohol y algodón, que gracias al lugar en dónde se encontraban no le fue difícil, ni siquiera sabía cómo es que hacía eso de una manera tan natural, era casi cómo instinto, cómo si supiera que hacer; coloco el líquido de color ámbar en la jeringa, y limpio con el algodón y el alcohol la zona en dónde el castaño se había inyectado antes el veneno, busco la vena, que gracias al estado de la piel no fue difícil, e inyecto el líquido, pese a todo, si el veneno tardaba 30 minutos en hacer efecto, no se quería ni imaginar lo que tardaría el antídoto en ayudarlo. Tenía pulso... mínimo, pero al menos tenia, pero esto a su vez hacía que su sangre circulara de una manera más lenta, alentando a que el antídoto hiciera efecto de una manera más tardada. Esto es lo que los tres chicos estaban pensando mientras que no despegaban la mirada del castaño, mientras la cuarta persona hacia todo menos prestar atención... de verdad parecía que no le importaba. Pasaron unos minutos, Sigma y Ango estaban muy preocupados, enojados y tristes, mientras que Chuuya era la viva imagen de la desesperación, muy lento, tal vez demasiado lento, las venas dejaron de ser tan visibles en su piel, mientras que la zona de piel amarillenta fue reduciéndose de a poco, pero su respiración seguía siendo igual de lenta y leve... casi inconstante, y eso estaba matando de angustia al pelirrojo. El castaño comenzó a moverse muy lentamente, y Sigma y Ango quedaron sorprendidos por la velocidad en la que Chuuya dejo de sostener la mano de Dazai y se volteaba velozmente, cuando volvió a voltear a verlo se había quitado cualquier rastro de las lágrimas que antes habían surcado su rostro, y su cara estaba totalmente transformada a una máscara de indiferencia e incluso de irritación, los otros dos estaban completamente sorprendidos, y el pelirrojo los vio con molestia. —Digan algo y los voy a matar antes de que puedan pensar en lo patéticas que han sido sus vidas hasta ahora. "Así que este es su verdadero carácter" pensó curioso Sigma, que ya se había formulado un temperamento y carácter totalmente diferente al que ahora mostraba el pelirrojo, pero ninguno de los dos mencionados dijo nada, se limitaron a asentir y los tres volvieron a ver a Dazai. Éste para alivio de todos sonrió súbitamente. — Saben, siento la mirada de los cuatro –pese a todo su voz sonaba algo débil. Se vieron unos a otros algo confundidos, hasta que se dieron cuenta de que la otra persona en la clínica estaba por fin viendo la escena... o más concretamente al castaño. —Tardo mucho en despertar Dazai-san –menciono— extraño jugar con usted. —Aunque yo no extrañaba mucho escuchar tu voz... — ¡Dazai no seas imbécil, hijo de puta! –dijo Chuuya sorprendiendo a los otros dos chicos a su lado, pues ya no quedaba nada del sentimentalismo que había demostrado anteriormente— ¡Todavía que el niño se preocupa por ti! El mencionado soltó una leve risa, y abrió los ojos con un poco de dificultad. —Holaaaa –dijo nuevamente con tono infantil. Todos suspiraron. Dazai se sentó, con gestos de dolor. —Esa cosa es sumamente fuerte, me costó volver a activar mi corazón... — ¿¡Detuviste tu corazón a propósito!? –Sigma pregunto sorprendido y preocupado, mientras que Ango y Chuuya no se sorprendieron tanto a causa de que ya tenían conocimiento de esta "habilidad" del castaño. —Aja, te lo dije hace rato ¿No recuerdas? Es algo que tienes que aprender de mi Sigma-kun ¿es acaso que no sabes que "mala hierba nunca muere"? –lo último lo menciono viendo a hacia Chuuya, este sólo se limitó a desviar la mirada, con un suave sonrojo en sus mejillas, recordando. —Tú y tus malditas referencias –dijo Chuuya mientras recordaba lo que había pasado cuando le dijo estas palabras a Dazai y lo sucedido después... hizo su mayor esfuerzo, pero no pudo evitar sonrojarse aún más. Ango y Sigma no entendían nada y se sentían un poco como el mal tercio entre ellos dos, sin embargo, el de cabellos lilas no pudo con la curiosidad. — ¿Cómo es que puedes hacer eso? Ango fue el que lo explico. —Dazai tiene la extraña y molesta habilidad de detener su corazón un rato a voluntad. El castaño se limitó a sonreír. —Soy como Cristo, muero y revivo. El pelirrojo no lo pudo evitar y le metió un muy buen golpe al castaño, este sólo soltó un quejido de dolor, y los otros dos no mencionaron nada... no querían hacer enojar a Chuuya ni por accidente. —No te compares con alguien santo, maldito desperdicio de vendajes suicida, más bien diría que eres como una jodida cucaracha, te pisan, te decapitan y te envenenan, y te sigues moviendo. —Que malo eres... Petit Mafia. Ango y Sigma voltearon a ver asustados a Chuuya, que tenía una cara de molestia y una vena sobresaliéndole en la frente, vieron con horror cómo apretaba los puños, Dazai lo único que hizo fue bajar de la camilla –de lado contrario a dónde estaba el pelirrojo, sólo por si acaso— aunque lo que los cuatro si lograron apreciar, fue que bajo muy lentamente y en cuanto se mantuvo en pie, se tambaleó un poco. Sigma se apresuró a hacer un gesto por si se caía o perdía el equilibro, ayudarlo de inmediato, sin embargo, el castaño se sostuvo de la camilla, entrecerró los ojos y fijo la vista, la molestia de Chuuya desapareció por completo de su rostro, siendo remplazada por la preocupación, aún en su tiempo en la Mafia, cuando Dazai acababa dañado de gravedad casi diario nunca lo había visto tan afectado por algo. Sin embargo, Dazai simplemente sacudió su cabeza y abrió completamente los ojos, viendo a las personas a su alrededor. — ¿Y quién se supone que se murió? están tan pálidos, que no me sorprendería que acabaran de haber visto a un fantasma, ¡espera! tal vez soy un espectro, Buuuu. Los tres más cercanos al castaño reprimieron las ganas de darle un buen puñetazo. —Bueno... ¿Nos vamos? creo que nos necesitan en otro lugar, aunque claro si quieren podríamos charlar. El castaño comenzó a caminar y vio a su alrededor. — ¿Dónde se supone que estamos? —volteó a ver un cartel, de la clínica en dónde se encontraban— Tashiro Clinic... oh, ya veo, eso explica muchas cosas. Giro su mirada hacia la cuarta persona, que ahora estaba jugando con cerca de 20 gatos, hacia un rato había dejado de prestar atención nuevamente. — ¿Tachirojima? Los tres chicos que habían estado aplicando mentalmente todos los trucos que conocían para no abalanzarse al suicida para darle un buen golpe suspiraron profundamente. —Si –dijeron al unisonó. El castaño asintió. —Bastante inteligente si me preguntas, si a alguien le preguntas en dónde creerían que esta la prisión, este lugar no estaría entre sus opciones ni en un millón de años, mucho menos la circunferencia. —Bastardo –dijo Chuuya acercándose a él— ¿Estás bien? te ves terriblemente mal, estúpido poste andante. Dazai volteó y puso una mano sobre la cabeza del pelirrojo. —Estoy bien, sólo estoy un poco mareado y con unas buenas ganas de vomitar, pero nada grave... ni nada que no me haya pasado antes chibi... aunque, sí que me sorprende que desde allí alcances a verme. El pelirrojo rechino los dientes con ira contenida, y cómo a Sigma le había caído bien el chico decidió intervenir, por los apodos y sus maneras de hablarse finalmente lo había aceptado... estaba ante la presencia del mismísimo Chuuya Nakahara, y honestamente, él le inspiraba más respeto que Dazai. —Aunque claro recordemos que, si no hubiera sido por que te inyectaste el veneno, no hubiéramos pasado por esto. Todos los presentes (menos la quinta persona que seguía con los gatos) se quedaron congelados, y Sigma no tenía muy claro si su comentario había estado bien, o había arruinado más todo. —Sigma-kun –dijo Dazai mientras un sudor nervioso comenzaba a perlar su rostro— creí que éramos amigos. —Creí que ese tema lo habíamos solucionado con un "aún no somos amigos" –dijo con una sonrisa ante el nerviosismo y evidente miedo del castaño hacia el pelirrojo. Ango se mantuvo callado. —"Típico de Dazai" —pensó, cuando un aura roja comenzó a envolver a Chuuya. —Dazai Osamu –dijo con una voz que congelo a todos los presentes— ¿Cómo carajos es eso de que fue a propósito? ¡¿ME ESTAS JODIENDO!? —Ch... Chibi, no... no es lo que parece, te lo juro –contesto dando un paso hacia atrás. — ¡DESGRACIADO IMBÉCIL MALPARIDO! ¿¡ME ESTAS DICIENDO QUE PARA ESO VINE A SALVARTE EL CULO!? ¡TODO PARA QUE SÓLO FUERA UNO DE TUS ESTÚPIDOS INTENTOS DE SUICIDIO! ¿¡QUIERES VER A LA MUERTE!? ¡OH! PERO SI TE JURO QUE DESPUÉS DE QUE ACABE DESEARAS NO SÓLO ESTAR MUERTO, DESEARAS JAMÁS HABER PISADO ESTA TIERRA, JURO QUE LE DOLERÁ INCLUSO A TUS JODIDOS ANCESTROS. Ango retrocedió aterrado, mientras que Sigma tuvo que reunir todo su valor para acercarse a Chuuya, con un gesto tímido le toco el hombro, haciendo que este le dirigiera una mirada asesina que le congelo la sangre. —De hecho, ¿Chuuya-san? permítame explicarle. A duras penas se calmó lo suficiente para escuchar el resumen en 30 segundos de parte de Sigma de todo lo sucedido. —Fue un reto de Gogol, porque Gogol quería matar a Fyodor y Fyodor a los tres, pero cómo Dazai tenía que aceptar porque era la oportunidad de que saliera y me sacara con él de la prisión fue todo lo que pudo hacer ante la situación... era complicado... Chuuya continuaba molesto, demasiado, no había entendido completamente lo dicho por Sigma y se volvió a dirigir al castaño. —Eres un maldito hijo de puta, estuviste a punto de arruinarlo todo –su tono era desafiante y completamente enojado. —Vamoos Chuuya, sabes que no me gusta que ofendan a mis padres. — ¿Cuáles? —Chuuya, te estás pasando. —Bueno... Osamu Dazai, eres un eres un hijo de tu inexistente puta madre. —Chuuya... si te contesto en el mismo plan... El pelirrojo sólo alzo una ceja. — ¿¡QUÉ!? ¿Acaso vas a ofender a mis padres? –dijo en un tono desafiante. El castaño abrió y cerró la boca y en un instante se hizo un ambiente de lo más tenso, incluso entre los que no habían sido incluidos en la conversación, ni siquiera un gato se atrevía a maullar, Dazai sólo apretó los labios. — ¿A quién se suponía que debía ofender o herir ese comentario Chuuya? —No importaba, sólo con que cerraras la boca y te tomaras las cosas y TÚ muerte, en serio, vámonos –dijo simplemente recalcando unas palabras y marchándose de ahí. —Me voy, quien me siga, adelante, quien no que se joda, ya perdimos suficiente tiempo, faltan 45 minutos para el mediodía... es nada para todo lo que hay que hacer. Cerró la puerta tras de sí, Sigma volteó a ver a Ango que había palidecido ante lo que había dicho Chuuya, y por la cara de Dazai, sus palabras tenían mucho más significado de lo que él había logrado percibir. —Vamos... creo que con lo enojado que esta, el enano si es capaz de irse solo. Los otros tres asintieron, mientras se iban. —Y, por cierto, tú... —dijo refiriéndose a la quinta persona que había permanecido en silencio desde hacía un rato— No tengas contacto físico con nadie... sabemos que no... convendría. Este sólo asintió. Salieron y encontraron al pelirrojo viendo al océano. —Tú eliges porque estás en mal estado, y no porque me importes, sólo porque no quiero que te vomites encima, puedes elegir ¿en qué quieres viajar durante más tiempo? bote o ferri. —No creo aguantar viajar mucho tiempo en barco... —dijo honestamente el castaño. —Cuatro ojos —Ango volteó algo enojado por el apodo— ¿Podemos usar uno de tus "finos" coches de gobierno? El aludido asintió. —Está listo, nos vamos, tengo subordinados en peligro y yo sí me preocupo por ellos. Dazai sólo suspiro, de verdad lo había hecho enojar esta vez... tenía que encontrar una manera de enmendarlo, y rápido.

----- CHAPTER BREAK -----

Salieron de la habitación después de que con el olfato del albino supieran que no había convertidos cerca, tomo velocidad y comenzó a correr, tenía que encontrar a alguien de la Agencia, no se podía permitir perder más tiempo regresando al cuarto de Anne, además de que al no estar invitado por Lucy que no sabía que podría volver, no lo dejaría entrar al cuarto, lo que hacía que, el hecho de ir hacia ahí fuera una pérdida de tiempo... y eso si alguien quedaba en el cuarto de Anne. Mientras tanto Aya había cerrado los ojos con fuerza, le aterraba lo que estaba haciendo, y la velocidad de Atsushi no ayudaba mucho, a pesar de que este la estaba sosteniendo en sus brazos para que no resbalara, ella se aferraba con fuerza a él mientras con la otra mano abrazaba la espada de Stoker, teniendo el cuidado suficiente para no cortarse, mientras que este último sólo tenía un rostro relajado y de indiferencia, volvía a tener puestos los audífonos. Habían avanzado ya unos metros, cuando el albino freno quedándose en un instante totalmente quieto, se encontraban en una clase de zona de espera, con asientos y un mostrador, el lugar parecía encontrarse solo, y tenía dos entradas, por la que habían llegado y otra en el lado opuesto del lugar. Aya volteó a ver al albino que se encontraba olfateando, con una cara tensa, hasta que finalmente se relajó. —Baja un momento Aya-chan. Atsushi quito sus brazos y la niña se deslizo al suelo con delicadeza, mientras que el albino comenzó a ver a su alrededor, cómo buscando algo que sólo él podía ver. —Kyoka-chan, Tanizaki-san, Yosano-sensei, estamos bien, pueden salir. Aya estaba confundida, puesto que el albino hablaba a la nada mientras veía a todos lados, por un momento temió que se estuviera volviendo loco o que se encontrara bajo el efecto de alguna habilidad. Sin embargo, su duda se vio interrumpida, la habitación se comenzó a distorsionar cómo si fuera un holograma, cuando todo volvió a la normalidad ahí se encontraban cuatro figuras que no habían sido visibles hasta ese momento. Entre los asientos se encontraba un chico, de cara amable cabello revuelto y ropa un poco holgada. Detrás del mostrador había una mujer con el cabello corto y morado adornado por un broche de mariposa de metal, falda negra, una cuchilla muy larga con aspecto muy aterrador en una de sus manos. Finalmente, junto a la puerta contraria se encontraba una chica con el cabello largo, recogido en dos coletas, tenía un kimono rojo y un cuchillo en su mano, a su lado una figura fantasmagórica estaba formada, tenía una máscara y un kimono blanco, la única diferencia entre las otras personas presentes era que esta flotaba, y sostenía en sus manos una katana larga. —Atsushi –dijo Tanizaki, —que bueno que no has sido infectado... descubrimos que tarda unos segundos en hacer efecto y teníamos que... asegurarnos. —Atsushi-kun –dijo Yosano— Lo sentimos, teníamos que ver que de verdad fueras tú, aunque claro, nada engaña al olfato del tigre ¿cierto? —Me alegra ver que están bien y pueden continuar el plan.... hay demasiados infectados. Los otros sólo asintieron, se habían percatado de la gravedad de la situación en el aeropuerto. —Chicos, les presento a Aya-chan –dijo rápidamente el albino señalando a la niña— aunque Yosano-sensei, usted ya la conocía. La mujer únicamente sonrió y asintió con la cabeza, recordaba a la niña y ella a la mujer. —Atsushi el plan... —Lo sé estaba en eso cuando la encontré, ya di el mensaje... pero hay un pequeño cambio. — ¿Qué cosa Atsushi? –pregunto Kyoka. Hasta ese momento los presentes se percataron de la presencia de Stoker, que continuaba con los ojos cerrados... sólo que esta vez parecía que se había quedado dormido. —A-Atsushi... —murmuro Tanizaki— ¿Él es quien creo que es? —Si... cuando encontré a Aya-chan ella tenía a Stoker, lo robo de las manos de Fukuchi... creo que esto cambia un poco el plan. —Demasiado diría yo –comento Yosano. —Pero ahora sólo tendremos que encargarnos de la parte más pesada, y así podremos usar aún más refuerzos en lo que de verdad necesitamos. Todos, menos la niña, asintieron. — ¿Y yo que voy a hacer? –Dijo finalmente— ni siquiera piensen que me voy a quedar quieta a esperar a que ustedes hagan todo el trabajo. —Pero... Aya-chan... tú ya nos has ayudado con Stoker y con la evidencia de... — ¿Tengo cara de que me importa Atsushi? –Dijo la niña sorprendiendo al albino por su tono, esa sin duda era la niña que Kunikida había descrito— voy a hacer algo, así me tenga que enfrentar a mil de esas cosas. —Aya-chan eso no es... —Atsushi-kun creo que en algo podrá ayudar —Pe-pero Yosano-sensei... La niña se dirigió hacia la mujer y se paró junto a ella. —Bueno... me iré con ella. — ¡Aya-chan no es seguro! La niña sólo se volteó, ignorándolo y el albino sólo pudo suspirar, no podría hacer nada, por mucho que no la quisiera poner en peligro. —Tenemos otra situación –dijo finalmente. — ¿Qué es? –preguntaron todos al unisonó. —La otra parte del plan también se estropeo un poco... ya tenemos las pruebas, una foto y un audio. Los agentes no pudieron evitar una gran sorpresa. —Pero Atsushi ¿Cómo? ¿No acabas de comunicarte con...? –Comenzó a decir Tanizaki. —Fue ella –dijo señalando a Aya. El chico volteó a ver a la niña totalmente asombrado. —Eres increíble para una niña de tu edad. —Lo sé. Yosano soltó una risita, le encantaba la actitud de la niña... le recordaba mucho a cómo era ella misma a esa edad... claro, antes de la guerra. —Ranpo, querrá saber esto, y necesitamos llevar la evidencia, si Tanizaki y Demonio de nieve, van será probable que se topen con los otros y ellos se encargaran. Los demás asintieron, pero Aya estaba muy confundida. —Pero ¿No es la habilidad de la chica? ¿Se va a quedar sin defensa? Kyoka le sonrió. —Soy buena defendiéndome sola —musito enseñando su cuchillo. —Oh... —Muy bien –continúo diciendo Atsushi— Yosano-sensei, será mejor si usted va a buscar a Kunikida-san y a Poe-san, deben de saber del cambio, trataremos de mantenernos comunicados, o informarnos de posibles cambios. — ¿Y tú Atsushi? —Tengo que encontrar a Fukuchi y continuar con lo que sigue estable del plan, nos queda cada vez menos tiempo, Ranpo me dijo que tengo que derrotarlo a como dé lugar. Los agentes abrieron los ojos con asombro. — ¿Ranpo no te dijo el plan? —cuestionó Kyoka. El albino se sintió muy confundido. —Claro que si Kyoka, me lo dijo antes de salir del cuarto de Anne. — ¿Y qué fue lo que te dijo Atsushi? –pregunto Tanizaki. —Que lo hare yo. — ¿No menciono nada más? –pregunto muy intrigada Yosano. —... No ¿Qué pasa? Los agentes se vieron los unos a los otros como si no supieran que hacer. —Si Ranpo no te lo dijo debió de haber sido por una buena razón Atsushi, debes hacer lo que él dijo –comento Tanizaki, aunque no sonaba muy convencido, y Yosano sólo asintió, mientras que Kyoka trataba de analizar la situación. —Hay algo que Ranpo no te dijo, más bien de unas personas que vendrán Atsushi, pero no pienses en eso ahora, si Ranpo no te lo dijo debió tener un motivo de peso, debió de haber querido que no te agobiaras con tanta información y con un plan tan extraño... lo mejor será continuar cómo estamos. —continuo Yosano El albino ya no entendía nada. — ¿Te refieres a Akutagawa? –pregunto sin pensar en lo que decía, todos se sorprendieron por su comentario, fue entonces que reconocieron la prenda que tenía el albino... era su abrigo. —No... ¿Lo has visto? –pregunto Yosano. El albino desvió la vista, arrepentido de lo que había dicho. —Una vez... ya... él... él es uno de ellos –dijo mirando al techo y luchando por que la emoción no lo dominara— según lo que me dijeron Aya y Stoker, él... él fue el primero en ser infectado, supongo que después él regreso a la Mafia, e... inicio la infección global. Los agentes se vieron entre sí, serian idiotas si no se hubieran dado cuenta del sentimiento y la tristeza con la cual había hablado el albino, "fue por eso que Ranpo no le dijo quienes vendrán" pensaron todos, aunque no dijeron una palabra, conociendo al albino, sabían que el hecho de que llegaran a ayudar el superior de Akutagawa y su antiguo mentor sería un motivo para hacerlo sentir aún más culpable y vulnerable... lo que causaría que se distrajera y haría más probable que lo hirieran o incluso que lo mataran. "Malditos traumas" pensó Yosano, aunque no podía culpar al albino... nada era lo que se hubiera deseado que fuera. —Muy bien –dijo la doctora— hagamos cada quien nuestra parte, debemos ser capaces de soportar la situación, enfrentarla y evitar que al mediodía Fukuchi de paso a cuál sea que sea su plan. Asintieron, se dirigieron a la puerta, y se separaron, Yosano con Aya que se había negado rotundamente a apartarse de su lado, Tanizaki fue en otra dirección con nerviosismo, ya que tenía a Bram Stoker en sus manos, él ni siquiera había abierto los ojos, y cuando le quitaron los audífonos para informarle que el chico lo llevaría a un lugar seguro, se limitó a gruñir sin que le importara de verdad, ni siquiera había abierto sus ojos para ver a Tanizaki, pero si lo hizo para mirar con lo que juraban que había sido preocupación a Aya, mientras que Tanizaki tenía en un bolsillo el teléfono de Aya con las pruebas, e iba con Demonio de Nieve, que tenía la orden de Kyoka de proteger a Tanizaki de cualquier cosa y siguiera sus órdenes, pero que en cuanto estuviera el chico con los miembros de la agencia, tenía la obligación de regresar al lado de Kyoka, mientras ella iba con Atsushi a buscar a Fukuchi. Pese a que nadie lo había dicho ahora estaban más que confundidos, si bien había muchos convertidos, con el plan desarrollándose de una manera tan burda que hacía parecer que habían conseguido a demasiada gente para algo menor, cuando sabían que entre cuatro podrían derrotar a Fukuchi... tal vez. Aunque eso no quitaba la sensación creciente en todos de que la mayor parte del plan de Ranpo se había ido a la mierda... y muy equivocados no estaban. Sin embargo, nadie dijo sus pensamientos ni sus dudas y simplemente con algunas palabras de aliento se separaron, cada quien con una misión distinta por delante.

----- CHAPTER BREAK -----

—Antes de que te vayas Atsushi, debes saber algo, es muy importante.
 
— ¿Si Ranpo-san? —dijo el albino con la voz totalmente quebrada.
 
—Es...—Ranpo aparto la vista y suspiro, no sabía cómo tener esa conversación sin revelar nada— Atsushi se lo que te preocupa, se lo que sucedió... creo que sabes que ya me he enterado de todo... aun si yo me tuve que ausentar tan abruptamente.
 
— ¿A qué se refiere Ranpo-san?
 
—Al barco.
 
Atsushi palideció, lo que fue un poco preocupante en su estado...
 
—Entiendo...
 
—Quiero que sepas, que... no estás enterado de todo, hay muchas cosas que desconocemos... todos, eso me incluye a mí, y... sería mejor que no comentes el plan con nadie, tomara demasiado tiempo.
 
— ¿De qué...?
 
—Lo sabrás cuando lo veas, lo entenderás cuando lo vivas... o al menos eso espero –le interrumpió el chico de boina— quiero que sepas que a pesar de lo que pase hoy... ya no será nada igual, pase lo que pase, pero que no te puedes dejar afectar por nada, porque eso... eres muy valioso Atsushi, y no me refiero sólo a tu habilidad o cómo miembro de la Agencia, cómo un amigo... contamos contigo, y tú puedes contar con nosotros, nunca nos has fallado ni a nosotros, ni a nadie, y sé que no lo harás.
 
Los ojos del albino se llenaron completamente de lágrimas, algunas escaparon, pero el chico se apresuró a limpiarlas
 
—Entiendo Ranpo-san... me esforzare.
 
—Atsushi...
 
— ¿Sí?
 
— ¿Aún lo tienes?
 
— ¿Qué cosa?
 
—Lo que te dio... antes de lo que paso.
 
Con esto Atsushi entendió a que se refería.
 
—Si...
 
— ¿Esta aquí?
 
—Sí, ahí –dijo mientras señalaba a una mochila que había metido al cuarto de Anne con todo lo esencial.
 
El chico de boina se dirigió hacia esta, la abrió y saco una prenda negra, se la lanzo al albino.
 
—Póntela, y pase lo que pase, no te la quites.
 
El chico estaba confundido, pero no quería llevarle la contraria al mayor así que se limitó a asentir, apretó la prenda contra su pecho, inhalando el aroma del azabache... lo único que le quedaba de él, y se sintió ligueramente acompañado.
 
—Gracias Ranpo-san.
 
Se puso rápidamente el abrigo, algunos presentes se sorprendieron puesto que reconocieron la prenda, sin embargo, no preguntaron nada en ese momento.
 
—Y Atsushi...
 
— ¿Si Ranpo-san?
 
—... Creo que ya me puedes llamar simplemente Ranpo, incluso Edogawa si quieres, pero te advierto que no me gusta mucho... ya me acostumbre a Ranpo.
 
El albino sonrió.
 
—Claro, gracias... Ranpo.
 
Dicho esto, el albino había volteado y cruzado la puerta, lo último que había escuchado era un suspiro cansado de parte del chico de lentes.
 ◂◃◈▹▸ Kyoka y Atsushi caminaban por el aeropuerto, escondiéndose cada que veían a un convertido, tratando de hacer el menor ruido posible, cuando al dar una vuelta hacia un pasillo bastante largo se encontraron con una figura al fondo, Kyoka se detuvo sorprendida, mientras que Atsushi se quedó totalmente petrificado, era Akutagawa, de nuevo, sólo que esta vez no iba solo, tenía a Gin, Tachihara, Higuchi y Hirotsu a sus espaldas, iban a retroceder, sin duda no podrían evitar enfrentarse a ellos en caso de que los persiguieran, pero si era así ambos querían postergar el encuentro lo más posible. Apenas iban a reaccionar cuando Atsushi sintió un dolor punzante en su hombro, algo lo atravesaba muy ligeramente, mientras que un dolor le recorría completamente la zona, cómo si algo lo estuviera quemando por dentro. No pudo reprimir una exclamación de dolor que alertó a Kyoka, Atsushi cayó arrodillado aturdido por el dolor que había hecho que le fallara la vista. —Atsushi ¿Qué tienes? El dolor desapareció rápidamente, y el albino se apresuró a ver que tenía en el hombro, se desenterró con otro gesto de dolor lo que parecía ser una capsula, era bastante grande, y parecía que hasta hacía poco poseía un líquido en su interior, de esta salía una aguja... le habían inyectado alguna sustancia. —Me alegra haberte encontrado... chico tigre. El chico volteó junto con Kyoka que se apresuró a sacar su cuchilla, se puso ante Kyoka inmediatamente cubriéndola con todo su cuerpo, con los sentidos atentos... aun si no lo veía venir lo iba a sentir y esta vez, no dañaría a su compañera, ahí parado tras ellos y dejándolos sin una oportunidad de escapar estaba Fukuchi, detrás de él había un grupo de diez guardias, todos vampiros, excepto él. —Lamentablemente, no tengo mucho tiempo que perder contigo... pero sé que ellos se encargaran, cuando sean parte de los convertidos serán muy poderosos... sin duda tu habilidad no es algo con lo cual jugar Atsushi, pero bueno, eso poco importa ahora... después de que los tenga a los dos de mi lado poco importara que se hayan llevado a Bram-kun —musito el mayor con la mirada perdida, cómo si no estuviera prestando atención al presente. El albino se dio cuenta de que Fukuchi tenía algo en la mano... una pistola, pero se veía extraña... esa arma no disparaba balas, era él quien le había inyectado la sustancia. Al ver su expresión de confusión, terror y sorpresa, Fukuchi no pudo más que sonreír... todo iba muy bien a pesar de tener algunos contratiempos, parecía que si iba a lograr su objetivo. — ¿Te preguntas que fue lo que te inyecte tigre? El albino no le contesto, sólo se le quedo viendo con molestia, mientras Kyoka volteaba al otro lado, ya que Akutagawa y los demás habían comenzado a moverse. —Veras... no podrás usar a tu tigre. — ¿Quieres ver? –lo desafío Atsushi, transformando sus brazos y piernas mientras se levantaba listo para pelear... Fukuchi sonrió ampliamente. —Si... eso es lo que quería ver... El albino cayó al suelo, se sentía mal... mareado, jamás se sentía así cuando usaba a Byakko, ni siquiera cuando la transformación era mínima, sin embargo, ahora se sentía débil y enfermo. —Veras tigre, lo que te inyecte es un veneno de baja potencia, para desestabilizar a tu forma humana, mientras que la mayoría de la sustancia se trataba de Etorfina... ideal para sedar tigres, es una droga 500 veces más fuerte que la morfina, en cuanto la inyecte ese tigre tuyo la absorbió ¿Cómo crees que la esté pasando justo ahora? Atsushi apretó los dientes y deshizo la transformación, se sintió mejor, pero le dolía terriblemente la cabeza, además de que no podía respirar sin dolor y dificultad... era el veneno en acción, nuevamente lo había puesto en Jaque sin hacer prácticamente nada, no pudo evitar sentirse inútil, frustrado, por su mente sólo pasaban los ojos grises de Akutagawa en sus últimos momentos... esa sonrisa. —En fin —continuo con su monólogo Fukuchi— los veré cuando se reporten ante mi esperando ordenes, tengo cosas más importante que hacer. Tras esto se dio la vuelta y se fue. Estaban en problemas... Atsushi no podía usar al tigre además de que sentía que se iba a desmayar en cualquier momento, quería correr, desgarrarle la cara a ese malnacido, pero no podía, no debía y no sería capaz de dejar a la chica, no tenía la fuerza, ni mental, ni emocional y mucho menos física de intentarlo, mientras que Kyoka no tenía a Demonio de nieve para ayudar en la situación, no tenían ninguna ruta de escape, se tenían que enfrentar a cerca de una docena de personas en esas circunstancias... y por si fuera poco entre ellos estaba Lagarto Negro, la situación no podía ser peor... o sí. A Atsushi le costaba cada vez más trabajo respirar, y Kyoka no sabía qué hacer... los vampiros se acercaban, pero tenía toda su atención puesta en Atsushi, de pronto este comenzó a toser con fuerza, y Kyoka comenzó a perder la compostura, ya casi no podía manejar sus sentimientos, el albino tapo su boca mientras cerraba los ojos con fuerza a causa del dolor. Su vista se desenfoco cuando separo su mano de sus labios, viendo la mancha carmesí que indicaba que en su cuerpo se estaba dando una revolución.... Una muy mala y que le iba a costar caro, limpio rápidamente la sangre en su pantalón tratando de no preocupar más a Kyoka, pero ella no era estúpida... había notado lo sucedido y había palidecido levemente. La chica vio a los lados, tratando de encontrar una salida, pero no había una puerta... no había nada, cerca de diez policías estaban a un lado del pasillo y Lagarto Negro del otro lado, el albino comenzó con un nuevo ataque de tos que acabo rápidamente, pero mantuvo los ojos cerrados debido al cansancio y al dolor, no sabía qué hacer, sin embargo, Kyoka abrió los ojos con sorpresa y terror... —Atsushi... El chico finalmente abrió los ojos y le sonrió. —Estoy bien Kyoka-chan, sólo pensemos en un plan y lograremos salir de aquí... — ¡Atsushi! Tu... tu mano. El albino lo vio, su mano nuevamente manchada esta vez con un coágulo de sangre, el sabor metálico se extendía por su lengua escociéndole... impidiéndole aún más el pensar con claridad. Volteó a ver a la niña que tenía una expresión totalmente aterrorizada, pero se fijó tras ella... uno de los guardias estaba ya a sólo 2 metros y había comenzado a correr hacia ellos, no sabía qué hacer, simplemente hizo lo primero que se le vino la mente, se fue sobre Kyoka, la tiro al suelo protegiéndola de ellos. Intento quitar al albino... no quería que se sacrificara por ella, pero no pudo, el chico sólo la abrazo, Kyoka sentía cómo el contrario temblaba, mentalmente llamaba a Demonio de Nieve, esperando que su habilidad sintiera que estaba en problemas, pero sabía que las probabilidades de que esto fuera posible eran casi completamente nulas. —Lo siento Kyoka-chan, te prometo que incluso ahora, te voy a proteger todo lo que pueda –le susurro Atsushi a la chica a la que se le llenaron los ojos de lágrimas, no era por lo que había dicho, sino porque la voz del albino se había vuelto débil y raposa, el veneno era mucho más fuerte de lo que había parecido en un inicio. Pareció que el tiempo se alargó, no sabían cuánto había pasado, sólo cerraron los ojos con fuerza esperando lo que vendría a continuación, pero no había ningún movimiento, ningún impacto, ya había pasado mucho tiempo, demasiado, Kyoka fue la primera en abrir los ojos, vio a Atsushi sobre ella con los ojos cerrados, tenía sangre en los labios que se veían de un liguero tono morado, estaba completamente pálido, su expresión era preocupada y de dolor, después de unos segundos él también abrió sus ojos. — ¿Qué fue lo que paso? –preguntaron al mismo tiempo. Atsushi se incorporó poco a poco, pero su cabeza choco con algo, se percataron entonces que estaban en una clase de burbuja, de tonos negros y rojos. —Atsushi ¿Qué es esto? —Es Rashōmon –se encogió de hombros ante la cara de sorpresa de la chica— no sé qué pasa, me ha estado protegiendo el abrigo desde hace rato... incluso de Akutagawa. —Pero él... —calló antes de recalcar lo obvio sabiendo lo que Atsushi había vivido con él, y que ahora por alguna razón estaba atacándolos, aunque debería estar... muerto— es muy extraño —atino a decir únicamente. El otro asintió, la tela se movió, convirtiéndose en largas púas que salieron disparas en todas las direcciones, otra vez tuvieron visibilidad de lo que pasaba afuera. Las púas atacaron a los vampiros, que salieron empujados por estas, mientras que el único que puso resistencia fue Akutagawa, aunque nadie se afectó por mucho... parecían regenerarse. Al albino entonces se le ocurrió una idea, una loca y extraña idea, pero que según Stoker podría funcionar. Kyoka y el chico se levantaron con rapidez, mientras que nuevamente una parte de Rashōmon pelaba con la otra, y el azabache sólo tenía una cara de frustración, gruñendo por lo bajo. —Kyoka-chan. — ¿Sí? — ¿Crees poder liberar el camino de los guardias? —Aja. —Hazlo, tengo una idea, sólo ten cuidado. Ella asintió. No era la primera vez que luchaban sin habilidades y ahora no estaban tan desprotegidos como esa ocasión, sin duda lograrían hacerlo ¿Cierto? Una parte de Rashōmon se dividió, cómo si se rasgara una parte del abrigo, dejando caer una cuchilla larga y con mango, hecha de la misma tela, seguía bajo los efectos de la habilidad, esta cayo a los pies del albino, cómo invitándolo a levantarla y usarla, y eso hizo. La empuño, agradeciendo mentalmente a lo que fuera que estuviera causando el comportamiento tan extraño de la habilidad del contrario. Finalmente, el azabache retrocedió mientras que parecía que asimilaba y analizaba la situación planeando que hacer, el albino respiraba agitadamente, aunque cada inhalación era una agonía para él, tenía que prepararse para la pelea. Corrió hacia el azabache apartándose en el último momento y aprovechando las baldosas resbalosas para deslizarse fácilmente y colocarse en un movimiento rápido detrás del azabache, lo logro, pero no perdió el tiempo, se transformó sólo de las piernas, haciendo que la confusión y la inestabilidad se volvieran a adueñar de su cuerpo, se esforzó en poner el malestar a un lado y brinco a la espalda de Akutagawa, el Rashōmon del azabache inmediatamente se activó, perforando el estómago del albino. Sintió el dolor recorrerle las entrañas, la sangre escapar de su cuerpo y el escalofrió que le causo la herida, pero se limitó a colocar la parte no afilada de la cuchilla en la boca del azabache mientras intentaba inmovilizarlo por completo con sus piernas, cruzándolas sobre el cuerpo del azabache, sujetándose con sus propios tobillos, entrecruzándolos. La hemorragia era severa, haciendo sus fuerzas flaquear, Byakko estaba en su propia lucha con el tranquilizante y no creía que le pudiera ser de gran ayuda, había deshecho la transformación, pero el cansancio estaba aún presente, y su Rashōmon usaba toda la tela del abrigo para evitar que Akutagawa lo volviera a perforar con su habilidad, pero resistía lo mejor que podía la falta de fuerzas, y se aferró como si su vida dependiera de ello al azabache. Alzo la vista y vio que Kyoka había logrado neutralizar a varios enemigos, sólo faltaban cinco más, pero ella parecía estar sin un rasguño, era increíble... sólo que el albino esperaba que los guardias no estuvieran muertos. Pasaron lo que a su perspectiva fueron horas de forcejeo, cuando finalmente Kyoka venció al último hombre y alzo la vista hacia el albino. — ¡Atsushi cuidado! –grito la niña asustada y tratando de correr hacia él. El chico se consterno y volteó a ver hacia sus espaldas, los chicos de Lagarto Negro habían quedado inconscientes a causa del Rashōmon que lo protegía a él, sin embargo, demasiado tarde se dio cuenta... faltaba uno. Sintió cómo lo estrangulaban desde atrás, y en menos de un segundo, sintió un dolor punzante justo debajo de su nuca, se asustó y se aferró aún más al azabache, haciendo que los tres involucrados en el forcejeo cayeran. Kyoka se paró en seco sin saber qué hacer. — ¡Rashōmon por favor sujeta a Akutagawa con todo lo que tengas! –se escuchó el grito del albino. El abrigo desapareció casi por completo del cuerpo de Atsushi, cubriendo e inmovilizando casi por completo al azabache, y sólo quedando unido al albino por unas pequeñas hebras de hilo negro, mientras que Atsushi regreso a su media transformación y se quitó de encima a la persona que lo había mordido, miro a Gin, era como si solamente hubiera querido proteger a su hermano. La chica retrocedió y saco una navaja, el albino se agacho y golpeo a Akutagawa para que quedara inconsciente, en el momento en que este perdió el conocimiento Rashōmon regreso a su forma de abrigo. El albino corrió hacia la chica, esquivo sus ataques con ayuda de su media transformación, y con otro golpe logro noquearla, la sostuvo antes de que cayera y la puso delicadamente en el suelo. Kyoka estaba impresionada por la capacidad de pelea del albino incluso en su situación... sin embargo ella lo había visto, ahora Atsushi estaba infectado, el chico cayó de rodillas. —Kyoka-chan –murmuro el albino hablando con dificultad y arrastrando las palabras— dime algo, recuérdame algo, que hayamos pasado sólo tú y yo, algo muy importante. La chica no entendió la petición, pero pensó rápidamente en los momentos que había pasado a solas con el albino, no eran muchos, y no tenía nada que contarle... excepto. — ¡El día de nuestra cita! Me compraste todo lo que quise, no te importo que fuera, me llevaste a ver todo Yokohama cómo jamás lo había logrado ver, me compraste la crepa más deliciosa que comí en mi vida y era deliciosa, ¡él día en que me mostraste la luz! ¡Que me mostraste lo feliz que podía llegar a ser! El albino alzo la mirada y Kyoka suspiro aliviada... sus ojos se veían extraños, sin embargo, no eran completamente rojos cómo el de los infectados, el chico parecía resistir la habilidad de Bram. —G-Gracias —el chico comenzó a toser desesperadamente, sólo se agacho, y tosió sangre nuevamente— Byakko me es-está ayudando a resistir la habilidad... s-sólo necesitaba un recuerdo... algo a lo cual aferrarme... y no darme por vencido... yo... por un momento... no pude recordar nada de mi vida. Kyoka corrió a su lado y verifico su estado, tenía una herida de gravedad en el abdomen, su boca estaba manchada de sangre y lucia muy mal, sus ojos continuaban siendo heterocromáticos, sin embargo, tenían un brillo rojizo que lo hacía un poco aterrador. —Atsushi, tenemos que conseguir ayuda, no podemos continuar así. El chico respiro varias veces con demasiada dificultad y asintió con la cabeza sin embargo alzo la mirada, y vio a Akutagawa en el suelo... el brillo rojizo en sus ojos desapareció casi por completo al verlo. —No Kyoka-chan, podemos hacerlo, tengo una idea, pero hay que hacerlo rápido... no creo que Akutagawa este dormido durante mucho tiempo. La chica iba a replicar, pero vio la decisión en los ojos del albino y se limitó a asentir. El chico se levantó con trabajo mientras se sostenía la herida del abdomen. — ¿Seguro que puedes? Eso no se ve muy bien... te estás desangrando, si sigues así quedaras inconsciente... en el mejor de los casos. El chico sólo negó con la cabeza y sonrió. —Vamos Kyoka-chan, nosotros podemos, además he estado peor... creo, y si no, siempre hay una primera vez. El chico avanzo tambaleándose y cojeando hacia el azabache, al llegar a él lo levanto y lo coloco en su espalda, preocupando aún más a la chica. — ¡Atsushi no hagas eso! Tu herida se va a abrir aún más si te esfuerzas tanto. —Es necesario, estaré bien. — ¿Por qué lo llevas en la espalda? Te esforzaras aún más. El chico sonrió. —Porque si me caigo o si me desmayo caeré de frente, y no lo quiero lastimar. La chica suspiro exasperada... cuando al albino se le metía algo en la cabeza, era prácticamente imposible convencerlo de cambiar de opinión. Caminaron, Kyoka volteaba a ver cada pocos segundos al albino que caminaba trabajosamente, se sentía verdaderamente inútil, al menos si hubiera tenido a Demonio de Nieve lo podría ayudar con el azabache, pero se quiso concentrar en que su habilidad estaba ayudando y protegiendo a Tanizaki. En cuanto salieron del pasillo vieron a su izquierda, la entrada de empleados de una cafetería. —Metete ahí Kyoka-chan —la menor no hizo preguntas y simplemente siguió la instrucción, dejo la puerta abierta para que el albino también entrara. El lugar era grande y espacioso, con una cocina mediana, una puerta que llevaba a un mostrador y a su vez a un comedor que daba a una zona muy amplia del aeropuerto... dónde sería muy fácil que los vieran. —Kyoka, cierra la puerta que lleva al mostrador por favor, pon todo lo que puedas para que no se abra. La chica lo hizo, y lo volteó a ver, simplemente no se imaginaba que era lo que Atsushi tenía entre manos. —Muy bien, ahora cierra la puerta por la que entramos, pero no tan bien, sólo con el seguro, que esté disponible si tenemos que salir aprisa. Nuevamente la chica lo hizo, preocupándose más a cada segundo, las piernas del albino temblaban violentamente y parecía que apenas y se podía mantener consiente. — ¿Qué estás planeando? —Algo de lo que tal vez me arrepienta, colócate por favor cerca de la puerta que dejaste más desprotegida. Lo hizo, y el albino llevo al azabache a una silla que estaba ahí y la arrastro hasta colocarlo en la pared en dónde se encontraba la puerta más asegurada. —Muy bien... ahora hay que esperar a que despierte, calculo que no tardara más de unos minutos... o eso espero, pero por si acaso... Se acercó y le quito al azabache el abrigo que tenía, según lo que sabía a pesar de que manejaba su habilidad con cualquier tipo de tela era más cómodo para el hacerlo con prendas largas cómo su abrigo. Termino de quitarlo y se quedó petrificado... seguía teniendo aquella camisa blanca, esta tenía manchas negras, del accidente, de su sangre que hacía mucho que se había secado, el albino suspiro con tristeza mientras parpadeaba para retener las lágrimas que amenazaban con salir, la herida parecía haber cerrado, sin embargo, el chico sabía que era sólo por la infección, retrocedió unos pasos y comenzó a hablarle a la nada. —Rashōmon ¿Me ayudarías? El abrigo que tenía puesto el albino se deformo, y sostuvo con fuerza al azabache a la silla, mientras otra parte de la habilidad se mantenía enroscada en su abdomen evitando que siguiera sangrando. —Gracias –dijo en un susurro. — ¿Ahora qué? –pregunto Kyoka. —Esperamos... No pasaron ni dos minutos cuándo sucedió...   Akutagawa despertó.

----- CHAPTER BREAK -----

En cuanto abrió los ojos el chico comenzó a forcejear, tratando de liberarse de Rashōmon, intentaba usar su habilidad, pero la misma se lo impedía, era muy extraño, sin embargo, el azabache no se daba por vencido y seguía tratando de liberarse. Ambos menores se congelaron cuando finalmente logro levantarse de la silla, y los vio desafiante, se asustaron, pues sabían que no contaban con un plan que los ayudara si se lograba levantar de la silla, la parte de Rashōmon de Atsushi seguía tratando de contenerlo sin mucho éxito, el albino se arrepintió de inmediato de haber arrastrado a Kyoka a esa situación, y se maldijo por su ingenuidad. Los dos menores retrocedieron, ya que si seguía así no tardaría mucho en que se volviera a liberar, y aunque hubieran estado en perfectas condiciones y con habilidades, ninguno de los dos estaba seguro de sí podrían con él... en sus condiciones actuales era inevitable el resultado. El azabache se liberó en un instante, sorprendiendo a los otros dos, el albino reacciono rápidamente, mientras que su parte de Rashōmon intentaba volver a contenerlo, Atsushi transformo sus brazos y piernas y lo sujeto con fuerza a la pared, mientras Akutagawa trataba de morderlo y Rashōmon intervenía velozmente tapándole la boca a este. — ¡Atsushi! –grito Kyoka. — ¡Esta bien Kyoka-chan! ¡Vete! ¡Necesito que vayas por ayuda! ¡Busca a alguien de la agencia o de la mafia! ¡No importa mientras no esté infectado! ¡Rápido! —P-pero... ¡Atsushi! no te puedo dejar solo ¡necesitamos huir! — ¡Corre Kyoka, por favor! lo puedo contener un rato, y si me muerde no me va a afectar ¡Corre, te lo suplico! ¡Voy a estar bien! ¡Te juro que voy a estar bien! La chica no sabía qué hacer... pero no tenía a Demonio de Nieve, y eso la ponía en una gran desventaja... en cambio sí encontraba a alguien que los pudiera ayudar.... además de que ciertamente el albino ya estaba infectado. Se decidió, a pesar de que se sentía terriblemente mal, pero si no lo hacía, sabía que el albino se negaría a dejar atrás al azabache y simplemente lograría que acabara más herido. — ¡Volveré en cinco minutos! –le grito a Atsushi que continuaba forcejeando con Akutagawa. — ¡Ten cuidado Kyoka! La chica salió corriendo de la cocina, rezando por que Atsushi lograra resistir, y que alguien de la agencia o simplemente alguien que pudiera ayudarlos se encontrara cerca. —¡Akutagawa! ¡Reacciona por favor! ¡Soy yo! ¡Jinko! Akutagawa empujo al albino dándole una patada en la herida en su abdomen que lo hizo caer con fuerza golpeándose la cabeza con la esquina de uno de los muebles de cocina, mientras intentaba atacarlo con Rashōmon, pero el abrigo del albino seguía oponiendo resistencia, este se estremeció del golpe, tardando en estabilizarse, veía borroso a causa del dolor y de la hemorragia, mientras intentaba aferrarse a los recuerdos, evitando que terminara de ser infectado, y el dolor ahora en su cabeza bajaba a sus ojos aturdiéndolo. El azabache se fue sobre de él, y el albino no pudo transformarse, ya que lo hacía sentirse aún más mal y no podía darse ese lujo. Rodaron por el suelo, entre patadas, y golpes, aunque más que nada Atsushi intentaba no golpearlo, sin embargo, esto era muy difícil dada la situación, su respiración le fallaba, sus huesos tronaban y sus músculos se contraían en calambres por el sobre esfuerzo que estaba haciendo con cada parte de su cuerpo, tenía ya muy claro que de no tener a Rashōmon ya habría muerto a manos del chico de antaño ojos grises, la navaja que le había hecho Rashōmon quedaba muy lejos, en el suelo, y de cualquier manera no hubiera tenido el valor de usarla, mientras que su abrigo intentaba protegerlo cómo podía, tenía un dolor en el pecho de lo que suponía era al menos una costilla rota, pero este era más extraño, no lo sabía explicar. Seguían en esa batalla cuando el albino estaba seguro que podría manejar y contener al chico lo suficiente hasta que llegara la ayuda, cuando la idea se le desmorono en las manos, al momento en que Akutagawa logro darle un golpe en la cara, dejándolo aturdido. El azabache aprovecho su confusión y aturdimiento, movió con brusquedad su brazo y el albino soltó un grito ahogado, lo puso boca arriba mientras el chico jadeaba de dolor y lo inmovilizo con sus piernas a cada lado de su cadera, sintió sus manos frías en el cuello y sus manos estrangularlo, sin ningún sentimiento en el rostro, sin ninguna piedad. El dolor que manejaba el albino ya rozaba lo inhumano, el brazo probablemente se lo había roto, le dolía demasiado, se extendía a más allá de la mitad de su pecho, y su garganta le comenzó a doler, a tal grado que le nublaba la vista, había sufrido muchos dolores en su vida, sí, pero no tan creía horribles como este, no podía soportarlo más, su vista fallaba por momentos se aferró a las muñecas del azabache, aunque el simple hecho de hacer fuerza en su brazo izquierdo lo hubiera hecho gritar si no lo estuviera estrangulando. Perdía la conciencia por segundos, rasguño las muñecas del contrario en un intento de hacerle entrar en razón, pero esto no pareció si quiera inmutarse, y Byakko ya no podía ayudarlo más. "Les falle" pensó desesperado "Les falle, tenía que ir, tenía que seguir un plan... les falle" su mente se aturdió, pero pensó en lo mismo que le había dicho en su momento a Sigma, aquel chico que se le había ido de las manos... aquel chico que indirectamente había matado. "Es un pensamiento demasiado triste para morir con el" se dijo a sí mismo, y reunió el poco valor y fuerza que le quedaba. —G-Gin —Logro decir y el agarre se aflojo un segundo— A-Aku... Akutagawa... ¿R-Recuerdas a G-Gin? Akutagawa frunció el ceño y soltó aún más al chico, que tuvo un descarga eléctrica, que sabía venia de Byakko pues él ya no tenía fuerza, pero la aprovecho y transformo sus piernas dándole una patada al chico que se estrelló en una pared, cucharones, cuchillos y unas ollas cayeron estrepitosamente al suelo, en el proceso, mientras al albino lo invadió un nuevo ataque de tos con sangre, esta vez debido al estrangulamiento y a la irritación e hinchazón de su garganta, no podía ver, el dolor y la presión en su cabeza, se lo habían complicado demasiado, su respiración era dificultosa era consciente de cada fibra de su cuerpo de la peor manera y no ayudaba que Akutagawa no necesitara esos pequeños descansos para respirar. Apenas estaba logrando respirar con algo de normalidad cuando nuevamente esos dedos largos y fríos lo tocaron, sólo que esta vez fue su cabello, jalándolo bruscamente hacia atrás arrancándole un quejido de dolor lo estampo de nuevo hacia el suelo, y se volvió a colocar sobre él, esta vez jalo su camisa con una mano y su cabello con la otra, el albino sintió su respiración pesada antes de que le mordiera el cuello, fue profundo, sintió su sangre escurrir y los colmillos del azabache dentro de su piel arrebatándole aquel liquido carmesí. —N-no... A-Akutagawa.... Escúchame... p-por favor... —El menor trataba de zafarse, se aferró a los hombros del azabache jalando la tela de su camisa ensangrentada, sollozando por el dolor de su brazo tan punzante y horrible aún más al hacer fuerza, y la idea de que finalmente iba a morir por sus manos, mientras le suplicaba que se detuviera, que no lo hiciera, sin ninguna reacción del contrario, las lágrimas bajaron por sus mejillas sin piedad. Logro sujetarse con suficiente fuerza del cabello del azabache y lo jalo hacia atrás, hubiera estado seguro de que le arrancaría el pedazo de piel, pero no lo hizo, se veía molesto con sus colmillos goteando, mientras el menor sólo con tenerlo de frente en ese estado encontró su ancla para no transformarse en vampiro. —M-mírame... sólo... mírame... —susurro con debilidad— Bobo... corre y apresúrate... ¿lo olvidaste? ¿Me olvidaste? A-Akutagawa... El azabache entrelazo sus dedos con la mano izquierda y le dio una leve esperanza al menor... dicha esperanza que no duro ni un minuto pues lo jalo con fuerza causando que el hueso tronara y volviera a gritar, sintió algo de alivio, quizá le haba acomodado el hueso, pero le vino al alivio de ese dolor uno nuevo, esta vez de los colmillos del mayor, Atsushi lo sabía por Yosano, mordía exactamente en una arteria ubicada en el brazo, no lo mordía para convertirlo, lo mordía para matarlo. Intento zafarse jalando su brazo pese al dolor, pero no lo lograba, estaba desesperado, sentía su vida escurriéndosele entre los dedos como si de agua se tratara, se iba a rendir, ya no contaba con fuerza, pero fue Rashōmon quien lo incito en volver a pelear, que al no lograr deshacerse de azabache cubrió su brazo obligando al chico a soltarlo Atsushi se levantó y lo empujo con la poca fuerza que le quedaba, el azabache trastabillo y estuvo a punto de resbalar con un cucharon por lo que se alejó más para estabilizarse y se limpió con la manga de su abrigo la sangre ajena que chorreaba entre sus colmillos. Al albino se le había aunado ahora el dolor del brazo que punzaba, en especial en la mordida, Rashōmon se retiró, pero ondeaba a su alrededor cómo si se tratara de tentáculos, su brazo sangraba levemente y juraba que no era más sangre por que casi no quedaba en su cuerpo, temblaba, tenía demasiado frio, vio los dos oficios en su brazo, las marcas del azabache. Sin embargo, no se dio ni un descanso para respirar, llamo a la fuerza del tigre, y este se la cedió acompañada de más malestar a causa del sedante, pero apretó los puños y soporto, no le iba a dar una nueva oportunidad al azabache de atacarlo. Se dirigió hacia el mayor, y con la fuerza del tigre y sin más inseguridades le hizo una de las primeras llaves que le había enseñado Kunikida, haciendo al mayor caer al suelo, y se colocó sobre él, Akutagawa estaba de espaldas forcejeando, pero el albino tenía su brazo y ahora él podía rompérselo, sonrió levemente ante el pensamiento de que el rubio le había enseñado esas técnicas no sólo por el trabajo, sino precisamente para enfrentarse al chico que ahora se encontraba bajo él. Estaba demasiado fatigado, y débil, física, mental y emocionalmente, sin embargo, lo deseaba con todo su corazón, tenía que ayudarlo, salvarlo, a como diera lugar, aun si ahora él daba su vida. —Me escucharas ahora —espeto firme, sólo lo pensó, pero Rashōmon envolvió el otro brazo del azabache ayudándolo a someterlo. Akutagawa no respondió, gruñía, se quejaba y removía, pero no podía hacer verdaderamente mucho, no podía quitarse al menor de encima y con Rashōmon en su contra se le habían dificultado un poco las cosas, Atsushi paso la lengua por sus labios resecos en un intento de hallar las palabras sintiendo sus ahora afilados y largos colmillos junto con el sabor metálico en sus labios partidos. —Tu... Tu nombre... —Atsushi desvió la mirada, jamás le había llamado por su nombre completo, pues no le había dado permiso, y aunque le daba vergüenza, no podía pararse a pensar en ese tipo de cosas, menos en ese momento tan crítico— Tu nombre es Ryūnosuke Akutagawa... tienes veinte años, tienes una hermana, es menor, tiene dieciocho ahora mismo ¿no la recuerdas? Ella te necesita ahora, esta... está en mucho peligro, yo... y-yo verdaderamente no lo sé, no se mucho de tu pasado... pero he visto... y me ha dicho como la cuidas y la proteges... sé que lo harías con tu vida, si fuera necesario. Akutagawa se removió con fuerza, casi tirándolo dado a su equilibrio afectado por su estado actual, parecía no querer escucharlo, queriéndolo tirar, acción que incito a aferrarse aún más, infundiéndole algo más de fuerza, mientras él mismo respiraba irregular y muy ruidosamente. —A ti te... Fuiste rescatado por Dazai-san, Osamu Dazai ¿es que no lo recuerdas? Él también está en peligro ahora, te necesita, necesita que lo ayudes, y... tiene órdenes para ti. La fuerza lo abandonaba por momentos así que recurrió a lo que consideraba que era su as insuperable, que, si mencionaba al castaño, el azabache mágicamente fuera a reaccionar, un breve momento de quietud por parte del chico le hizo tener esperanza, dicha que desapareció de nuevo al tener que estabilizarse por un nuevo movimiento, esta vez más agresivo, nada en el mayor le indicaba que reconociera el nombre de su ex mentor, vaya, ni siquiera le mostraba señales de que lo estuviera escuchando. La frustración golpeo el pecho del albino cómo una nueva costilla rota, no sabía que hacer, y la desesperanza lo embargo, seguramente jamás lo recuperaría, jamás volverían a pelear juntos, no le importaba que fuera en el mismo bando o en el contrario, quizá era eso a lo que se refería Ranpo, quizá lo había perdido en ese barco para siempre, entre una espada, unas breves palabras, una herida y un charco de sangre. Apretó con mucha, quizá demasiada fuerza las muñecas del mayor, probablemente haciéndole daño, creyó por un momento oírlo quejarse, y le fuerza incremento su dolor en el hombro, pero no le importo, ni, aunque el azabache se removiera cómo en queja, jadeaba cómo queriendo decir algo y eso sólo pudo llenar los ojos del albino de lágrimas... quizá jamás lo volvería a escuchar decir nada, aunque su garganta cortada se hubiera sanado, aparentemente eso no arreglaba nada. —¡Lo siento! ¿¡Okay?! —grito desesperado. Apretó más sus muñecas, todo lo que su fuerza actual le permitía y se encogió sobre sí mismo, recargando su frente debajo de la nuca del mayor, recargado todo su peso en sus cansadas rodillas, apretó los labios antes de dejar salir el aire temblorosamente acompañado de un sollozo que ya no pudo reprimir más en su interior. —Lamento... lamento tanto no haberte salvado —susurro, entre hipidos y sollozos, con las lágrimas rodando por el puente de su nariz y cayendo en la camisa blanca, manchada de sangre seca del mayor— Lamento tanto... no haber logrado protegerte... es irónico... pero tú siempre... siempre me salvaste... cada vez que más lo necesitaba, y cuando tú me necesitaste te falle, más allá de bandos, de lo que estaba bien o mal... del futuro... me necesitabas y punto... y no me pude mover, me congele cómo el inútil cobarde que soy. Atsushi ni siquiera se percató que había aflojado el agarre en sus muñecas y ahora con sus pulgares trazaba lentas caricias por sus muñecas, en la añoranza de recuperar algo que ya se había ido, tratando de regular la respiración de su cuerpo destrozado... de su corazón roto. —Busque en cada persona a mi alrededor una respuesta... a por que te habías ido tan de repente... pero... no había... no la hay, y te extrañe... y te extraño cada miserable segundo, ojalá pudiera viajar en el tiempo, lo desearía más que nunca, viajaría, de ser necesario, haría que yo no naciera para salvar tu vida... pero si tuviera que hacerlo... nacer, te buscaría una y mil veces, me obligaría a moverme, a salvarte. Tuvo que recuperar el aliento que los sollozos le quitaban, su cuerpo temblaba por la falta de sangre, sus dientes castañeaban y sus labios temblaban trémulamente, no le importaba que estuviera en sus últimos momentos de vida, verdaderamente ya no le interesaba, el azabache se iría, de nuevo, con su mirada indiferente, con su piel completamente pálida, grisácea, muerta, sin importarle el cuerpo que dejaba atrás. Muerto, muerto, muerto, Akutagawa estaba muerto, jamás volvería... aunque quizá lo encontrara en alguna otra vida dónde le pudiera suplicar su perdón. —Y si no... s-si tuviera la opción... volvería contigo a ese callejón a pesar del dolor, a pesar del mal trago, sólo para volver a conocerte, sé que me volvería a equivocar, que volvería a doler, que volvería a perder, pero... no me obligaría, no pasaría por esos mismos te quiero, te odio, adiós... por esos... corre... por el arrepentimiento... me veo en el espejo y no me reconozco... ni si quiera puedo mirarme pensando que tu deberías estar vivo, estar bien en mi lugar... lo pienso cada hora de cada día que se alargan miserablemente cómo si se tratasen de años. Se encogió más por una nueva ola de dolor y reprimió un ataque de tos, Akutagawa ya no forcejeaba, ni siquiera sabía desde cuándo, ni siquiera se había dado cuenta de esto. —Aun si... haya dolido todo lo que dolió sé que cada paso de mi vida me llevo a ti y finalmente a perderte, me gustaría volver a repetir todo, tratar de volver a llamar tu atención aun si sea a través del odio... porque duele mucho menos que el olvido, eso te lo aseguro... que la indiferencia... aun si quedara ciego, perdiera la memoria o mi destino fuera diferente, te buscaría... y... a-aunque no me quede mucho... serás lo único en mi mente, porque... muchas cosas que acabo de perder... a Dazai-san... a amigos, a la misma Agencia cómo el hogar que tenía... no estaban en mis manos, no fue mi responsabilidad, excepto tú... y cómo jabón te escapaste de entre mis manos... te falle, te falle, lo sé... fui tan estúpido... soy tan inservible... que ni siquiera te puedo traer de vuelta. Hizo una pausa, el azabache se movió y esta vez el albino cayó al suelo, haciendo sonar una de las ollas que habían caído antes, aunque el movimiento del mayor no había sido brusco, se recargo en sus manos ensangrentadas y rasguñadas, aunque el brazo le doliera, su piel y huesudas piernas sonaron contra las baldosas, pero no miro hacia arriba, estaba demasiado cansado, demasiado débil, sintió la presencia del azabache medio incorporarse, pero dejo su vista clavada al suelo mientras sus piernas descansaban flexionadas a su lado. No podía verlo, ya no, su vista estaba borrosa, pero aun así ya no soportaría ver esos ojos vacíos, el ataque era inminente. —Aunque sea me hubiera gustado que escucharas hasta que terminara —musitó con una débil sonrisa mientras Rashōmon del abrigo que portaba acaricio sus dedos, sintió la tensión del otro, supuso que por que esperaba el nuevo ataque, pero ya no podía, sólo acaricio ahora a la hebra de Rashōmon con los dedos de su mano buena— Lo siento mucho... ojalá en alguna vida... en algún plano... en algún momento del cosmos, logres perdonarme. Una lágrima bajo de sus ojos hasta salpicar en las baldosas blancas. —J-jinko... —Escucho un susurro y llevo la mano que tenía bien a su oído desesperado cerrando los ojos con fuerza, creía que se estaba volviendo loco, desde hacía un rato si era honesto, escuchar su voz detrás de él pidiéndole que corra, que se proteja. "Bobo, corre y apresúrate" claro... debía ser la reminiscencia de lo que paso. Se encogió sobre sí mismo, sin darse cuenta de que murmuraba. —No, no, no, no, no, no, no, no, no, no me hagas esto... ya no... mátame, pero no puedo mirarte —sollozo llevo sus manos a su cabello jalándolo levemente con desesperación— Lo sé, lo sé, jamás te retribuí todo lo que me diste, me apoyaste, me salvaste, me entendiste cuando murió... mi director, mi padre, acepte tu ayuda, tu mano, sin regresarte el favor, sin ver que te morías frente a mí, mucho antes que ese... de que subieras a ese maldito barco. Sollozo tallándose la cabeza con las manos, una parte deseaba sentir la hoja de Rashōmon dándole el suspiro de la muerte, la bocanada de paz que llevaba necesitando ya desde hacía un buen rato, pero el azabache no lo hacía y eso lo destrozaba aún más. —Si hubieras visto tus ojos... tu sonrisa cuando... cuando falleciste frente a mí, tu mano señalándome la salida, Rashōmon arrastrándome al maldito submarino —murmuro— eras... e-eras mi luz... me guiaste cuando los caminos eran difíciles... mereces... tan jodidamente ser feliz... y pese a todo siempre serás... siempre fuiste mi luna... lamento no encontrar una manera de salvarnos... una que no implicara dejarte ahí en el piso... con esa sonrisa... te tengo que vengar... lo sé, lo necesito, mis huesos hierven y mi sangre se vuelve fuego cuando pienso... en Fukuchi... y en cuanto deseo que pague... ningún fin justifica estos medios... pero ya no puedo... estoy tan cansado... tan malditamente cansado... Dejo caer sus manos al suelo tiritando de frio, no importaba que no lo hiciera el azabache, su cuerpo estaba cediendo, se dejaba ir por la paz que le daba esa idea, cuando sintió una mano en su mentón, se congeló por completo por algo más fuerte que el frio, la mano guío su cabeza hacia la ajena. Un momento se transformó en miles, el cielo nublado se volvió a encontrar con el atardecer, su mirada era tan fría cómo siempre... excepto por un extraño brillo rojizo que sus ojos de atardecer también tenían, con una leve calidez que tenía... desde el momento en que se puso ante esa espada por él. —Jinko —murmuro con un tono serio, movió su mano, limpiando sus lágrimas, haciendo una línea con la suciedad que ya tenía en el rostro por todo lo que había pasado en el día— ¿Ya acabaste? Lo dijo en un buen tono, y Atsushi hubiera reído si hubiera estado bien... había esperado a que terminara sólo porque se lo pidió... lo había escuchado, su corazón tembló junto con su cuerpo cansado y adolorido. —Akutagawa... —susurro, no podía definir si era un sueño o no, si había muerto... o si estaba viviendo algo real. —Tenías que correr... tenías que ponerte a salvo —esta vez el tono del azabache se combinó con un leve regaño, Atsushi sollozo, el chico estaba arrodillado junto a él y no lo pudo evitar, junto fuerza de donde ya no había y lo abrazo con fuerza, sintió la tensión del azabache, pero no le importo, es más lo agradeció, pues era la prueba de que estaba ahí, vivo, que sentía, que respiraba, lo abrazo con fuerza y negó con la cabeza. —Lo hice, lo hice, te juro que lo hice, pero no hay nada de lo que me haya arrepentido más en mi vida, lo siento, lo siento perdóname, lamento haberte dejado, perdóname... Akutagawa no sabía que hacer, no entendía muy bien la situación y sólo pudo acariciar con sus dedos la espalda del albino en un torpe intento de regresar el gesto, Atsushi se separó y lo miro a los ojos, ahora los dos estaban arrodillados, pero dejo sus manos en los hombros del contrario. —Corriste, pero estas aquí... —Tenía que encontrarte, salvarte si podía —contestó el albino y Akutagawa bajo levemente la mirada, los ojos del menor no tenían la misma fuerza de antes, se veían más opacos, tristes, no entendía, ni si quiera sabia hacia cuánto no lo veía, pero incluso juraba que se veía mayor. —Honestamente... no creí que a alguien le importara de verdad mi muerte —musitó siendo lo más honesto que podía y el albino endureció su mirada, Akutagawa casi sonrió cuando noto que se contuvo crispando sus dedos de empujarlo o quizá incluso golpearlo ante lo dicho. —Idiota —espetó. Akutagawa apretó los labios ligueramente y noto que el abrigo que llevaba el albino ondeaba levemente controlado por Rashōmon cómo esperando actuar, cuando él no estaba provocando eso, era todo demasiado extraño, no sabía muy bien que decirle, había escuchado cada una de sus palabras y los dos tenían que procesar ese hecho con tiempo que no tenían. Su mente se volvió un completo desastre en cuestión de segundos, se suponía que eran enemigos... pero... aparentemente por lo que había dicho a lo que creía que era su cadáver andante no era tanto una perspectiva así para el albino. Atsushi lloraba aun aferrándose a sus hombros, su mente se dividió con ese y otro, Atsushi le suplicaba que parara... le empujaba de los hombros mientras... sintió el sabor metálico de su sangre en la boca y abrió grandemente los ojos, vio su cuello... no era una imaginación, su piel y camisa estaban manchadas de sangre. —¿No pudiste pensar en algo más coherente? ¿en que tienes una hermana? ¡Gin también te necesita grandísimo torpe! —le reprocho el menor pese a todo. —Honestamente... en ese momento sólo pensé que debía salvarte —musitó el azabache. Atsushi lo miro a los ojos y deslizo sus manos hasta que las dejo caer a sus propias rodillas, lo que le arrebato un gesto de dolor que el azabache notó. —Me alegra que estés b-bien —musito con calidez en sus palabras mientras castañeaba por el frio, le sonrió cálidamente, con esa sonrisa que reflejaba el sol aún en las noches, en la oscuridad, y el azabache trago en seco. El albino miro sus manos temblorosas, y vio a su alrededor, todo era un desastre, miro al azabache que lo analizaba por completo todo. —No recuerdo... nada prácticamente desde... desde que me despedí de ti —musito y Atsushi lo miro. —Es normal, creo... está bien... sólo pasaron unos días, no te preocupes... aunque yo no llamaría eso una... despedida... torpe, torpe, torpe... —No... no te ves cómo alguien para el que sólo hayan pasado unos días... —Atsushi forzó una sonrisa, y el azabache se estremeció al ver una de esas sonrisas falsas que normalmente sólo veía en labios de Dazai. —Para mí no fueron sólo unos días —contestó únicamente. Hizo un ademan de levantarse, y Akutagawa paso el peso a sus rodillas dispuesto a levantarse junto con él, pero el cuerpo del albino no lo acepto, sintió el dolor gobernar su cuerpo y cayó, el azabache sólo pudo sostenerlo antes de que cayera, sosteniéndolo con sus brazos, pareció haberse desvanecido sólo un segundo, abrió los ojos aturdido. —Jinko ¡Jinko! Reacciona maldita sea. Akutagawa estaba de nuevo casi completamente en el suelo, sostenía el cuerpo del albino tratando de sentarlo a medias pues notó su dificultad para respirar. —E-estoy bien... lo siento —susurro débilmente, pero nuevamente tosió con fuerza, tapo su boca con su mano entre dolores y punzadas de dolor por todo su cuerpo por los movimientos tan bruscos. Akutagawa se asustó cuando vio la mano del menor tintada de rojo, con leves líneas delineando sus dedos cayendo a su palma y su muñeca, su mente se nublo un momento por recuerdos. 
¡Ten cuidado Kyoka!
 
¡Akutagawa! ¡Reacciona por favor! ¡Soy yo! ¡Jinko!
 
G-Gin... ¿recuerdas?
 
N-no... A-Akutagawa.... Escúchame... p-por favor...
 
M-mírame... sólo... mírame... Bobo... corre y apresúrate... ¿lo olvidaste? ¿Me olvidaste? A-Akutagawa...
 El azabache miro al albino en sus brazos y supo que estaba así por él... con la mano que no le daba estabilidad a su espalda movió con los dedos el orificio de su camisa viendo la gravedad de la herida en su vientre, sentía aun en su boca la textura espesa y caliente de su sangre... lo había intentado matar.... Recordó en gran medida lo que le había hecho y gradualiso el daño que debía tener el menor. Atsushi estaba más blanco que el papel y sabía que eso era mucho que decir en él, sus labios morados, sus heridas eran muchas y en todo el cuerpo, tenía un golpe en la cabeza que mantenía apelmazado un poco de su cabello en más sangre y su brazo roto, recordaba habérselo roto, en ese momento adrede. —¡Jinko! Vamos, tienes que curarte.... Eres un tigre ¡siempre lo has hecho! Cómo en el barco con Kyoka, estabas mucho peor que ahora... Atsushi dejo caer su cabeza que encontró apoyo en el brazo del azabache, lo miro a los ojos y sonrió levemente, negando con la cabeza, con su cara sucia, llena de polvo, y sangre. —A-a... B-Byakko... lo... —las fuerzas lo abandonaron, perdía de nuevo la conciencia por leves segundos, pero luchaba— a... mi habilidad, a... a Byakko, lo sedaron... con algo muy fuerte... Fukuchi... fue... a mi... me enveneno.... Era una combinación de ambas cosas.... m-me las inyecto.... No lo pude evitar... no creo... que vaya a... no creo que haya nada que hacer... Akutagawa negó con la cabeza, sacudiéndolo levemente tratando de mantenerlo despierto pues sentía su cuerpo temblar. —¡No! Fukuchi es fuerte no te lo negare, no pudiste evitarlo, está bien ¡Pero lucha con el veneno! ¿¡Te vas a rendir ahora?! ¡¿En serio!? ¡Tú puedes combatirlo! Atsushi sonrió débilmente. —Y-ya no puedo... toda... mi fuerza está combatiendo la habilidad de Stoker... no cuento.... Con la regeneración del vampiro... por que Byakko evita que me... v-vuelva marioneta... simplemente yo... ya estoy demasiado débil... es... Fue interrumpido por un nuevo y fuerte ataque de tos, que hizo entrar al azabache en un leve pánico, al ver más sangre, no podía creer que tanto estuviera pasando en tan poco tiempo, no podía ayudar en nada, sólo pudo enrollar a Rashōmon en sus heridas principales, abarcando casi todo su cuerpo en una especie de armadura demoniaca con el abrigo que llevaba, protegiéndolo de la hemorragia, Atsushi hizo una media sonrisa. —Sólo... no sabes lo mucho que me alegra... que estes... b-bien ahora... —susurro tratando de llegar a su mejilla, con su mano, pero simplemente no lo soporto, su cuerpo colapsaba desde hacía un buen rato y lo había estado arrastrando por un límite, una sensación inexplicable se apodero de su cuerpo... era como si lo quemaran y lo helaran al mismo tiempo, era algo tan extraño... Se sentía vivo. Ya no encontraba ni si quiera un motivo para mantenerse consciente, Akutagawa había reaccionado, estaba ahí y podía hablar con él, podía ahora él ayudar a su hermana, era mucho más fuerte que él, lo lograría, así que ¿Qué sentido tenía seguir despierto? Ya no pudo postergar ni evitar más que sus ojos se cerraran, sintió su cuerpo moviéndose a causa del azabache. —Atsushi ¡Atsushi! —grito Akutagawa. Eso fue lo último que escucho el albino antes de sucumbir a sus heridas, a la pérdida de sangre y al dolor, pero sólo podía pensar en una cosa, mientras que nada más que la tranquilidad embargaba su mente "Mi nombre" si hubiera podido, hubiera sonreído "Por primera vez logre que dijera mi nombre... Akutagawa dijo mi nombre..." Fue lo último que pensó antes de quedar inconsciente en los brazos del azabache, con la sensación entendiéndose por cada fibra de su ser, como si lo estuviera matando... e irónicamente se sentía tan vivo... quisa eso era la muerte, al menos moriría sabiendo que lo último que habría visto, serian sus ojos grises, esta vez preocupados... pero lo había valido.  Había valido completamente la pena.

----- CHAPTER BREAK -----

La chica corrió buscando a alguien, quien fuera, mientras pedía a sus adentros que nada le sucediera a Atsushi, se apresuró a ir a dónde se habían separado los miembros de la agencia y se dirigió a dónde había ido Yosano, corrió un par de minutos y ahí la encontró, la mujer caminaba tomando a Aya de la mano mientras charlaban en susurros cuidándose de los convertidos. — ¡Yosano! —grito Kyoka sin importarle nada más, haciendo a la mujer voltear colocándose frente a la niña para protegerla. Se relajó un segundo cuando se dio cuenta de quien se trataba, sin embargo, el alivio le duro poco cuando se dio cuenta de la angustia y desesperación en ella. —Kyoka ¿Está todo bien? ¿Dónde está Atsushi? La chica había perdido cualquier tipo de control en sus emociones y no podía ni siquiera pensar con claridad… si perdía a Atsushi… —No… estábamos en camino, pero… nos atacaron… no pude hacer nada, y yo no supe que hacer y… — ¡Kyoka! —Dijo Aya colocándose frente a la chica, imponiéndose a pesar de su baja estatura— piensa, mentalízate, respira un segundo, se cómo te debes sentir, pero de nada va a servir si no puedes hablar con claridad. La niña vio con curiosidad a la menor, que parecía tan valiente y decidida, respiro un segundo y con temor volteó a ver a la mayor. —Atsushi, Lagarto negro nos acorralo… peleamos contra ellos y unos guardias, sin embargo, ahí estaba Akutagawa… Atsushi está herido… gravemente, lo envenenaron y sedaron a Byakko, lo mordieron. — ¡¿Qué?! —gritaron ambas chicas. —Pero no ha sido corrompido por la infección, Byakko le ayudo a resistirla… ahora mismo él está pelando con Akutagawa, pero me pidió que viniera a buscar ayuda… la necesito Yosano-sensei, estaba muy herido cuando me fui… —Vamos, no hay tiempo que perder —dijo la mujer decidida— Vamos Aya. —Si. Comenzaron a correr teniendo que ir por otros pasillos, ya que se encontraban frecuentemente con convertidos. Hubo un punto en donde Aya se comenzó a sentir extraña… y se quedó parada viendo a un pasillo… vio a lo lejos a una mujer con cabello largo y negro, recogido en un sofisticado peinado, tenía la piel excesivamente blanca, parecía ser de porcelana, y un kimono rojo que le llamo la atención a la niña, llego a su nariz un olor a cerezos que la relajaba y a la vez la atraía hacia esa mujer, escucho un ruido provenir de una zona completamente diferente y volteó sobresaltada, para ver que de dónde provenía el sonido, no había aparentemente nada. Cuando volvió a girarse a ver a la mujer esta y el dulce olor que emanaba habían desaparecido. Sintió un vacío en su pecho al darse cuenta de que la mujer se había ido, sin embargo, sacudió la cabeza tratando de quitarse a la mujer de la cabeza, pero cuando se dio cuenta… Yosano y Kyoka, ya no estaban, habían continuado sin darse cuenta de que la niña se había quedado atrás. No sabía a dónde habían ido… ahora estaba más sola que nunca. Avanzo unos pasos con desesperación esperando verlas a lo lejos… pero no había ni rastro de ellas, así que decidió ir en dirección a dónde había visto a que la mujer… Apretó sus puños en su ropa, tratando de no lucir asustada… tenía que enfrentarlo. Tal vez fuera una trampa, tal vez no, lo único que Aya sabia era que esa mujer le había hecho separarse de las chicas, y ahora necesitaba descubrir quién era. Corrió a esa dirección, de vez en cuando le llegaba un olor dulce a cerezos y comenzaba a caminar hacia allí, cuando vio a lo lejos una coleta conocida. Corrió tan rápido cómo pudo hacia esa dirección. Y ahí los vio, el alivio la embargo. — ¡Kunikida! ¡Tanisaki! Los dos mencionados voltearon a ver sorprendidos a la niña. — ¿Aya-chan? —dijo sorprendido el idealista— ¿Qué haces aquí? Volteó a ver a Tanisaki y este se encogió de hombros sin embargo el chico puso su atención en la niña. —Aya-chan ¿estás bien? ¿y Yosano? — ¿Qué está pasando aquí? —pregunto la voz de Mori. Y si, misteriosamente la niña había llegado justo a dónde se encontraban muchos miembros de las distintas organizaciones, todos lo que estaban antes en el cuarto de Anne se encontraban allí. La niña vio curiosa a Mori, en cuanto lo vio el olor dulzón que seguía percibiendo se tornó algo más amargo, como si algo le advirtiera que se alejara un poco de él. —Aya-chan estabas con Yosano ¿Qué paso? —le volvió a preguntar Tanisaki, la niña no contesto de inmediato pues vio a Demonio de Nieve. — ¡Vete! —le dijo la niña a la habilidad— tu portadora te necesita, está en problemas, ve con ella, tu misión aquí está completa. Todos voltearon a la habilidad que pareció dudar sin embargo tras un momento asintió y desapareció. — ¿Kyoka está en problemas? —pregunto Kōyō algo preocupada. Aya les explico concisa y cortamente lo que les había dicho a ella y a Yosano y cómo ella se había distraído y había encontrado el lugar, aunque por algún motivo decidió ocultar la información del olor que percibía y de la mujer que había visto a lo lejos. — ¿¡Atsushi está contaminado!? —Pregunto exaltado Tanizaki, la niña sólo asintió. —Eso ahora no importa ya es algo que no se puede evitar, debemos movernos ahora, conforme la nueva información, debemos distraer nosotros a los perros de caza, mientras los chicos combaten a Fukuchi, debemos causar una distracción. Voltearon todos a la voz que había hablado, se trataba de Wells que miraba fijamente a su teléfono. — ¿Por qué no usas tu poder? —le cuestionó Mori— Si regresas en el tiempo, podemos evitar que sea herido y contaminado. La mujer alzó la vista desafiante hacia el jefe de la Mafia. —Si les estoy diciendo esto es porque ya usé mi poder… ahora mismo la persona que envié al pasado me está mandando mensajes… estará aquí pronto, pero mientras debemos hacer que los perros de caza se alejen de las entradas. — ¡¿Cómo?! —El plan… —dijo Kenji— ¿Fallo? —No… según lo que me dicen… dos de nuestras piezas claves murieron… cuando una bomba estaba a punto de detonar lo envíe de regreso, necesitamos recuperar lo más pronto el One Order, ahora mismo lo tiene uno de los perros cazadores, nosotros nos encargamos de eso y los otros cuatro se encargan de lo demás… pero algo me dice que es mejor si ustedes van a apoyarlos —dijo Wells mientras se dirigía a Kōyō y a Mori. —Esto es demasiado ¿Cómo que murieron dos? ¿Quiénes? —pregunto Francis. —Ya lo saben… les explique hace rato lo extraño y complicado, sobre todo confuso de mi poder, ahora Louisa —al mencionarla la chica salto del susto— ve a un cuarto y ve las cosas que convendría hacer ahora mismo… se lo más concisa y exacta posible, no tenemos tiempo para leer cosas largas. La chica vio a Francis con duda si hacerlo o no, él simplemente asintió. —Ve —le dijo. —Denme cinco minutos —dijo la chica mientras se metía a un cuarto. — ¿Y que fue exactamente lo que sucedió? —pregunto curioso Ranpo. —Perdimos a dos personas… —dijo Wells mientras veía su teléfono— no sé muy bien lo que sucedió, dice que está en movimiento y que no puede decir mucho por el momento. —Está bien ¿tú no tienes ningún recuerdo de lo ocurrido Wells? —pregunto nuevamente el chico de la boina. —No, sólo me puedo enviar a mí misma una vez… y eso ya lo hice, hace mucho tiempo. — ¿Qué opinas Poe? —le pregunto Ranpo al chico que se había mantenido en silencio. Se apeno de que toda la atención puesta sobre él, sin embargo, intento sobreponerse rápidamente. —No lo sé… aquí el detective eres tú. —Ayúdame un poco, cómo aquella vez en el caso, ya sabes cual. —Esto… no lo sé, analizando la situación y ya teniendo la información y datos, aunque estos no sean concisos y no sepamos muy bien que paso… debería darnos una idea suficiente, algo hicimos mal, algo no resulto… pero aún no sabemos que paso. Un suspiro sobresaltado atrajo la atención de todos, había sido Wells que continuaba en su teléfono, veía impactada algo. — ¿Qué sucede? La mujer levanto la vista, ahora con un rostro totalmente inexpresivo. —Nada, leí algo mal y me asuste, pero no paso nada, debemos ser cautelosos ¿Qué es lo que estabas diciendo Poe? —Analicemos la situación, para eso no conozco a nadie mejor que Ranpo-san. — ¿Dices que mejor simplemente analicemos y nos quedemos sin hacer nada? – le pregunto este. Poe negó con la cabeza. —En lo absoluto, a este punto con todo mi respeto Ranpo-san ya no creo que sirva de nada el plan, debemos analizar y ver la situación desde todos los ángulos posibles, con toda la información que nos pueda brindar Wells y su informante, sin embargo, mientras debemos continuar en movimiento, no centrarnos en una sola cosa y dejar que las cosas pasen y se alteren siempre y cuando tengamos la victoria, ya pusimos a salvo a Bram en el cuarto de Anne ¿cierto Lucy? —Cierto, ahí nadie lo va a alcanzar y menos sin mi invitación. —Por precaución, quita el permiso para entrar a cuarto a todos, incluso a ti —dijo Wells. — ¿Qué? Nunca he hecho eso… ni siquiera yo poder entrar… —Debemos tenerlo totalmente a salvo sin importar que, si sale bien, podremos después anular tu poder, liberarlo y tú lograras volver a usarlo normalmente. Lucy dudó un momento, Anne era su único lugar seguro, pero bajo la mirada y asintió. —E-está bien —dijo sin estar muy convencida. Con pesar, cerro los ojos y se concentró, sintió cómo cerraba todas las puertas que la lograban llevar al cuarto de Anne, y después pasaba las únicas llaves para volver a entrar a través de debajo de las puertas, percibió cómo no lograría entrar si lo intentaba, y abrió los ojos angustiada de ya no sentir la presencia de Anne tan cerca cómo antes, lo único que quedaba era el fantasma de su compañía. —Ya está —dijo con voz temblorosa, y Elise se acercó a ella poniéndole una mano en el hombro. —Está bien —dijo la niña rubia con voz tranquilizante— volverás a ser capaz de usar tu poder, te lo prometo. La pelirroja asintió lentamente. —Muchas gracias, Elise-chan. Louisa finalmente salió del cuarto a dónde se había metido, tenía un rostro cansado y angustiado, incluso pálido. —Aquí esta —dijo— debemos actuar pronto, no nos queda mucho tiempo. — ¿Tiempo para qué? —Cuestionó Naomi. Aya dejo de sentir el olor perfumado, y lo remplazo un olor nauseabundo y agrio, quería salir corriendo, sin embargo, sólo se tapó la boca y la nariz, conteniendo la arcadas, cerró los ojos con fuerza. — ¡Aya-chan! —grito Kunikida. El olor era tan penetrante y fuerte que le comenzaron a temblar las piernas y termino cayendo de rodillas, varios se acercaron a ella, preocupados. Aya sintió cómo si todos sus sentidos le avisaran de algo y abrió los ojos asustada. — ¡Corran! —grito— ¡Todos corran! ¡Ya! ¡No hay tiempo! — ¿Qué pasa? —dijo angustiado Tanisaki. Cómo respuesta el suelo comenzó a temblar, algunos se agarraron de otros, mientras que otros se recargaron en las paredes para no caer. Sin aviso el suelo a sus pies se rompió, cayeron un piso a una zona amplia, dónde estaban varias personas, algunos se petrificaron mientras que los lideres de organización que se encontraban ahí se prepararon para usar sus poderes y proteger a sus subordinados, aunque la caída los había alterado y desestabilizado a partes iguales. Ahí frente a ellos se encontraban los perros cazadores, o al menos la mayoría, algunos notaron la ausencia de Jouno, y Aya al darse cuenta de la presencia de Fukuchi, lo miro furiosa y desafiante, actitud que al hombre se le hizo sumamente curiosa, sin embargo, no le presto mucha atención. También ahí, por supuesto, se encontraban Teruko Okura y Tetchō Suehiro. Fukuchi sonrió grotescamente mientras tenía en las manos el One Order, el arma estaba sellada y no podía abrirla, pero eso no quitaba el hecho de que tenía en sus manos una de las armas más poderosas de la tierra, y eso lo sabían todos. —Los tenemos, ¿Qué otra cosa necesitaban cómo evidencia? Si ven en este momento tan delicado a la Agencia con miembro de altos rangos de la Port Mafia y de Guild ¿Qué otra imagen darán más que de verdaderos terroristas? Pero no se preocupen, no creo que vivan lo suficiente como para que les puedan inculpar de más crímenes —musitó Fukuchi. Los miembros de las organizaciones estaban levantándose para contraatacar, cuando todos quedaron sorprendidos, una figura corrió y se puso frente a todos estirando sus brazos a los lados cómo si fuera o pudiera a proteger a todos, nadie noto que Wells se había retirado en algún momento, sin ser vista, aunque muchos lo hubieran entendido… pendían en ella el futuro de todas las vidas allí, toda la ciudad, y probablemente el mundo. Todos estaban pendientes de todo su alrededor, pues sabían de sobra la habilidad de la espada de Fukuchi, gracias a lo que les había dicho Atsushi… y de la muerte de Akutagawa, no estaban seguros de dónde podía provenir el ataque y eso los mantenía en tensión. A esto se le aunaba aquella figura que se había puesto cómo protectora de todas las personas allí, se trataba de Aya, Kunikida se quedó petrificado al ver como la niña se ponía en riesgo, Tetchō uso su espada y le coloco la punta en el cuello, causando que todos se quedaran muy quietos. —Muévanse, cualquiera, y veremos qué tan rápido se desangra —dijo el joven de la espada, con seriedad. —Tú eres un desgraciado malnacido —dijo Aya furiosa— ¡Son unos imbéciles! ¡No pueden ver lo que tienen enfrente! ¡No lo quieren ver! No importa que hagas ¡todo se paga algún día! ¡Aún más si haces ojos ciegos a lo que es correcto! ¡A la verdad! — ¡Aya cállate! —grito Ranpo. —Diles maldito bastardo —dijo la niña viendo a Fukuchi, furiosa, mientras que este le miraba con curiosidad, la niña no titubeo, dio un paso al frente aunque la hoja se deslizo aún más por su cuello, rompiendo la primera capa de su piel, sin dejar de ver al hombre— diles a tus malditos lamebotas, cómo mataste a Jouno, cómo le ordenaste a tus hombres que atacaran a Atsushi, cómo mataste a Tachihara, y tienes a todos los malditos convertidos en la palma de tu mano, como juras que es un buen propósito aunque te lleves las vidas de personas inocentes, cuando hay otras maneras, siempre hay otras maneras, pero eres un cobarde que sólo ve una salida en la guerra y en la muerte ¡diles entonces todo lo que has hecho! ¡Qué es lo que planeas hacer con el arma en tus manos! ¡Diles! La niña sin ningún miedo dio un paso más viéndolo desafiante, ya sólo la separaba un metro de él. —Diles, cómo tú eres uno de los más grandes terroristas del planeta, sea cual sea tu propósito, y cómo engañaste a todo y todos, gobiernos y civiles de tu falsa bondad, de tu falsa amabilidad, diles a ver si siguen siguiéndote como los perros falderos que son. Teruko y Tetchō vieron a Fukuchi, este alzo una mano y le hizo una señal a Tetchō de que bajara su espada y este lo hizo, aunque lo veía completamente confundido. Fukuchi avanzo poniendo a los miembros de las organizaciones completamente alerta, se paró frente a la niña y se acuclillo, Kunikida se puso en tensión, no le importaba que pasara, se decidió a que ese tipo no le haría nada a la niña. —Pequeña —dijo finalmente Fukuchi colocándole una mano en el hombro, tensándola a ella y a todos detrás de ella, sabían que hicieran lo que hicieran no actuarían a tiempo— ¿Enserio crees que ellos dos no lo saben? Aya volteó a ver sobresaltada a los otros dos chicos que se mantuvieron en silencio, pero no negaron nada, mientras llegaban los ya convertidos Jouno y Tachihara que se colocaban junto a los otros dos perros cazadores como si nada, aunque si noto que Tetchō evito ver a Jouno y Teruko a Tachihara. Mori sólo chasqueo la lengua al ver a su subordinado, mas no dijo nada. —Veras niñita, lo peor que hay en este mundo es la guerra, lo único que yo voy a hacer es sumir el mundo en una eterna paz, aunque para eso haya que haber guerras… y sacrificios, no podrías entenderlo ni, aunque te lo explicara. Aya apretó los puños furiosa, la rabia hervía en su interior ¿la consideraba estúpida? O sólo una niña ingenua, las palabras de su padre seguían rondando en su cabeza y no lo soporto, no lo aguantaría más, con un gesto empujo el brazo de Fukuchi y retrocedió un paso, no por temor, sino porque estaba segura que si lo tenía tan cerca se le iba a abalanzar. —¿¡Qué crees tú qué sabes de la guerra entonces?! Y de la paz ¿¡sabes siquiera diferenciarlos?! No es algo que puedas ganar con uno u otro, no creas que me puedes tratar como una idiota, me explicó por qué son entonces tantas cosas, ustedes siempre lo supieron y siguen bajo su yugo sin tratar de salir de el —espeto Aya viendo a los cazadores— no me digas que no lo entendería, si al contrario tu tendrías el problema si ni siquiera puedes explicar tu punto de vista, tu causa, este estúpido conflicto, no digas que lo haces por la paz, por que aun si así fuera este no es el modo, no a la costa de la vida de la gente a diestra y siniestra. Fukuchi se quedó un momento totalmente pasmado, sin embargo, sonrió levemente y asintió como divertido mientras Aya lo continúo viendo de manera desafiante. — ¿Acaso tú sabes algo de la guerra niña? ¿sabes algo de la paz? —hablo con voz tranquila, pero con un brillo en los ojos que delataba que contenía algo— He matado a hombres, mujeres y niños en nombre de ambas, y aquí estoy, no quiero matar a nadie más, de verdad no quiero hacerlo, sin embargo, matare a quienes haga falta para lograr mi cometido, la paz se hará, pero para ello tiene que haber una guerra, y ustedes son sólo fichas momentáneamente necesarias, pero desechables en este lugar. La niña se le acerco de nuevo, sin miedo a la mirada oscura del comandante. —Pues déjame decirte algo, idiota, no me das miedo, y no importa a cuántos mates, no importa si torturas, matas o dejas vivir, llámalo compasión o crueldad, guerra o paz, pero algo es seguro, no vas a encontrar en la guerra la paz que tú mismo te quitas, no busques escusas para tus acciones… hay un límite, siempre lo hay, y entre todos ahí, detrás de ti… veo a sus personas, veo a humanos, pero entre ustedes, no hay una pizca de humanidad, trátalo como quieras, la realidad es dura… la paz no es lo que dices que es, pero no te lo explicare, no lo entenderías ni aunque te lo dijera —espetó Aya amenazante. Todos se quedaron en shock ante las palabras de la niña, y Fukuchi únicamente la vio sorprendido. —Yo era como tú… cuando era joven, pero aprenderás niña a que la juventud es mucho más que eso, yo… no me quito ninguna paz —sin embargo, todos se percataron que había un tono de duda en su voz— la juventud es una tortura, la juventud simplemente consiste en la perdida de la inocencia, pronto la perderás, sabrás lo que es verdaderamente sufrir. —No, la juventud no se trata de eso —le replicó la niña. El comandante alzó una ceja. — ¿Entonces según tú que es? —levantándose y cruzando sus brazos viéndola con curiosidad, no debía perder ese tiempo, pero ciertamente la joven le intrigaba. —Ser joven, es tener ideales y luchar para alcanzarlos. Es luchar por un futuro por el cual se trabaja en el presente. Es tener siempre, algo que hacer, algo que crear, algo que decir, algo que dar, algo por que seguir en pie, alguien a quien salvar… ser joven es el mejor regalo que puedas tener por duro y horrible que sea, porque dependiendo de cómo te tomes lo que te suceda… será en lo que te convertirás cuando seas mayor. Fukuchi soltó una carcajada sarcástica, mientras se levantaba. — ¿Seguir en pie? ¿salvar? ¿ideales? Eso no es más que mierda pura. Sin embargo, su voz sonaba ligueramente afectada, como recordando su propia juventud, había algo en él que hizo que todos los presentes tuvieran un escalofrió, incluso los perros cazadores, los que no estaban controlados por supuesto. Antes de que Aya pudiera hacer nada más recibió un golpe que la hizo trastabillar, Kunikida dio un paso, pero para su disgusto entre Mori y Francis a sus lados lo detuvieron, los perros se estaban preparando, no iban a tardar mucho más en atacar. Aya se llevó la mano a su mejilla enrojecida por el golpe que le acababa de dar Fukuchi, y subió su mirada endurecida. —Te enseñare entonces… —espeto el hombre con su mano a un lado, y la niña sonrió ligueramente, golpeo con no poca fuerza el brazo del hombre y puso sus manos estiradas frente a ella. —Estoy harta —espetó viéndolo— estoy harta de que me crean sólo una niña, o una inútil, un dama pura o el sustituto de un muerto, estoy harta, enfréntame cómo un hombre o cómo alguien valiente, ten honor, y eso no incluye espadas o armas, adelante, estoy aquí, no soy sólo una niña indefensa ¿crees que ese golpe me dolió? Ja… supongo que algo le debo agradecer a ese desgraciado que tengo por padre, con eso no me derrotaras, ni eliminaras mi pensar ni en un millón de años, ¿has visto acaso alguna vez los entrenamientos de karate? Soportamos varas rompiéndose en nuestros cuerpos sin chistar… eso no puede ni si quiera ser llamado golpe, mucho menos dolor. Todos se quedaron quietos, no sólo por lo que decía, los ojos de Aya se habían vuelto rosados, Fukuchi llevo su mano a su espada, pero se sorprendió de descubrir que algo se lo impidió, una fuerza que no podía describir, que no entendía. —No creo que puedas hacer mucho para luchar si mueres trágicamente, y tus amigos aquí te ven de esa manera —espetó Teruko extrañada del aura que tenía la joven. —No… no dejare que los toquen, a ninguno —musito, sentía algo revolverse en su interior, algo que no sabía explicar. Sentía las voces de todos, de su hermana, de su padre, de Fukuchi, incluso Kunikida que la había subestimado, al inicio, pero no, no lo permitiría, a nadie más, ¿es que sólo era una niña? ¿es que sólo porque no tenía más edad no debía hablar? No… no volvería a dejar que eso sucediera, no se quedaría quieta, ya no. —Estúpida ni… —Cómo se sintió —Aya interrumpió a Fukuchi— Matar a Jouno de una manera tan horrible sin ningún remordimiento, quemarlo, y apuñalarlo tantas veces que no hubiera sobrevivido de ninguna manera, aunque lo acepto fácilmente…. Claro, tus perros no te traicionaron…. Porqué el perro que muerde la mano de su dueño… es sacrificado —espeto señalando con su mano extendida a Tachihara y Jouno, Tetchō se alteró, pero se esforzó en mantenerse estable. —De que… —De que te vi hacerlo, yo saque la foto, yo estaba oculta en la habitación y no me atrapaste, para semejante plan creería que tendrías más habilidad para hacerlo. Fukuchi abrió grandemente los ojos, trataba de sobreponerse y alcanzar su espada, pero no podía, no sabía a qué se debía, si era la niña, sus palabras o…. una habilidad. —No espero nada de ti —murmuro Aya— No sé qué te volvió así…. Pero te combatiré yo y todos, por lo que creemos que es recto y bueno, y nosotros te haremos caer, ahora o cuando sea, no me importa, lo haremos. Tetchō movió su espada y Kōyō se alteró. —¡Aya ven aquí, te protegeremos! —grito, no podía evitarlo, le recordaba mucho a Kyoka, y algo le decía que estaba a punto de verla morir ante sus ojos. La niña la miro momentáneamente y negó con la cabeza, esa fuerza en su interior se liberó al pensar en esa gente, a esas personas que necesitaban ahora de algo, de lo que fuera. De un guerrero de la justicia. —No… no volveré a dejar que estúpidos hombres cómo él me digan que debo de hacer…. No lo volveré a permitir…. Necesito que me ayudes… creo que siempre estuviste ante mi… aunque no lo sentía, aunque no lo sabía… necesito tu ayuda. Todos se extrañaron por esto, pero fue aún más al ver una luz rosada esparcirse por la habitación… y Aya la estaba provocando, salía de su cuerpo, y sus ojos se volvieron completamente rosas de un tono vibrante y luminoso, escritos parecían viajar en la luz de su poder, pero nadie podía asegurarlo, Fukuchi intento en vano alcanzar su arma, pero no lo lograba. El cabello corto de Aya flotaba a su alrededor, sólo contenido por los pasadores en este, ella no lo notaba, ni siquiera era consciente de lo que hacía, de la primera manifestación de algo extraño, sobrenatural…. La primera manifestación de su poder. Floto a unos centímetros del suelo, con sus manos a sus lados, completamente gobernada por su poder, alzo sus brazos y los dejo caer a sus lados. —¡NAGARERU! —gritó a la vez que caía al suelo, con una rodilla en el suelo y otra flexionada frente a ella. La luz se extendió por toda la habitación, se levantó desafiante, un aroma a cerezos se extendió por toda la sala. A su lado estaba parada una mujer, se había materializado desde una sombra que tomo lentamente forma, llevaba un kimono rojo como la sangre, con flores de un rojo aún más intenso, su piel de porcelana, un cabello muy largo peinado en un sofisticado peinado, sin embargo su rostro era extraño, era de facciones hermosas, cada una de las personas la veía como la persona más bella que hubieran visto jamás, según sus diferentes gustos, sin embargo los ojos de la mujer eran rojos, su figura delgada y delicada, llevaba en sus manos un shamisen, el olor a cerezos embargo a todos de una manera mucho más fuerte cuando la mujer toco unas notas del instrumento. Nadie se podía mover, cómo si la mujer los hubiera dejado completamente petrificados, esta volteó y vio a Aya. —Que necesitas de mi —pregunto con una voz delicada y tan sobrenatural como ella. —Que nos protejas…. —musito Aya con su voz endurecida. —Has de ser más específica —musito— no te puedo proteger del mundo, a menos que sea tu deseo completo. —Atácalos a ellos —dijo señalando a su actual enemigo— defiéndenos de los perros de caza, de la decadencia de los ángeles y de los vampiros…. Si es que alguna vez hubo alguna diferencia entre estos… Fukuchi sonrió ligueramente, pero estaba tenso, en una mano aún tenía One Order, mientras que en su otra mano tenía supuestamente a Amenogozen, pero no la podía tomar.La mujer toco su instrumento y los perros te caza se sintieron aturdidos y mareados, mientras que Fukuchi no podía mover un musculo. —Les enseñare cómo combate la justicia, por mucho que sea complicado, por mucho que la hayan silenciado —espetó Aya, se hecho a caer entre las notas de su habilidad que le daban fuerza, física y mental para continuar con ello, por dentro estaba aterrorizada, pero no se dejó llevar por ello. Corrió hacia Teruko y le dio una patada en la cabeza aturdiéndola, el movimiento de todos ellos estaba limitado a causa de su habilidad, no afectaba a aquellos que protegía…. Y todos vieron en Aya y su habilidad la oportunidad de atacar. Kōyō mando a Demonio Dorado a sujetar a Fukuchi e intentar quitarle el One Order, sin dañar el arma, la habilidad hizo caso, Ranpo apretó los dientes y se quedó al margen junto a Poe, ellos no podían intervenir, Ranpo no podía hacer nada, pero el joven castaño lo tomo del hombro infundiéndole fuerzas, y algo de tranquilidad. Pese a todo los perros de caza no estaban tan mal, se buscaban defender, Fukuchi se movía torpemente y no podía sacar a Amenogozen, sentía sus músculos entumidos, y ni siquiera podía atacar a la habilidad, que parecía difuminarse en el aire, le quedaba buscar a la fuente del poder, pero entre tanta gente no podía hacerlo, se tuvo que concentrar en lidiar con un ataque conjunto de varios miembros de las tres organizaciones, si podía sacar su espada normal… y no perdería el tiempo. Se confió un segundo hasta que vio a la mujer que tocaba con furia, atrofiaba no sólo sus sentidos y sus capacidades, sino también su habilidad, apretó los puños con fuerza en torno a la empuñadura y apretó los dientes, eso le tendría que ser suficiente. Volteó y entre el cumulo de gente vio a Fukuzawa frente a él con su espada en la mano, ambos se miraron cómo entendiendo algo que nadie más que ellos dos podía, antes de enfrascarse en una batalla mutua de espadas, choques y técnica tan igual que parecían el reflejo de un espejo. Aya fue inmediatamente apoyada por Kunikida, pero vio orgulloso que no necesitaba ninguna ayuda, sabía que su maestro la hubiera si no matado si dado la paliza de su vida, era uno de los movimientos prohibidos de las competencias y no la dejaban hacerlo, pero era un punto crítico, así que con su mano hizo un golpe Haito en el cuello de Teruko haciéndola toser con fuerza, calló un momento al suelo aturdida por la niña y su habilidad, y la menor se puso en una pose defensiva protegiendo con sus puños su rostro. —Eliges esta estatura, pelea con alguien de tu tamaño, perra —sonrió ante lo dicho y Kunikida sintió sudor frio en su nuca…. Si, esa era la misma niña que había conocido hacía unos meses, Teruko alzo la cabeza y sonrió ligueramente. —Acepto la propuesta…. Veamos que tienes enana. Se envolvieron en una pelea, Kunikida fue a apoyar a otros, que con Tachihara y Jouno tenían problemas, pues no podían dejar que los mordieran. Ranpo y Poe estaban a lo lejos, la orden para el castaño era que protegiera a Ranpo y lo metiera en una novela de ser necesario, dicha orden dada por el mismo Fukuzawa así que el joven no se atrevería a desobedecer, cuando escucharon un jadeo tras ellos. Ranpo abrió grandemente los ojos y no lo pudo evitar, el poder de Nagareru no llegaría hasta ellos y lo sabía, empujo a Poe por mero instinto a la vez que de uno de los guardias que venían recibió una mordida en su brazo, se oyó un disparo, y ambos chicos vieron como el joven que había mordido a Ranpo caía con un balazo en la cabeza, la bala provenía de una pistola disparada por Mori. Fukuzawa vio con horror a su subordinado, pero Fukuchi no lo dejaría ir, y, al contrario, aprovecharía el intentar distraerlo. —Por qué haces esto Ōchi… dime porque… —No me apetece hacerlo —espeto usando un nuevo movimiento Fukuzawa apenas y lo pudo esquivar y recibió un rasguño en su mejilla. El mayor vio como Poe trataba de contener a Ranpo, a la vez que lo alejaba del apoyo de guardias convertidos que acaban de llegar que comenzaban a ser aturdidos por Nagareru. —Te detendremos —dijo Fukuzawa viendo al hombre frente a él, y este hizo una media sonrisa— te derrotaremos así te mate. —Pueden matarme… los vampiros ya tienen órdenes, seguirán aun si yo ya este cinco metros bajo tierra. —Entonces te torturare hasta que obligues a dar otra orden —dijo una voz al lado de ellos, era Mori, que le apuntaba a la cabeza a Fukuchi, disparo y este se tuvo que mover bruscamente aún con el aturdimiento de sus sentidos infundiéndole fuerza a la hoja de su espada, logrando hacer rebotar la bala. Eso le dio a Fukuzawa los segundos que necesitaba volteó hacia Rampo que ya tenía los ojos completamente rojos e intentaba atacar a Poe. —¡HABLA CON ÉL! ¡AUN PODEMOS RECUPERARLO ¡POE HABLA CON ÉL! —pidió, suplico, por ese chico que tanto quería, el joven escritor notó a Ranpo flaquear ante la voz de su mentor y fue sólo cuestión de que le hablara que cayera vencido por su fuerza arrebatada, contaminado, aunque con su cordura de vuelta. La batalla continuaba, sin claros ganadores, Mori y Fukuzawa se habían unido contra Fukuchi, los demás estaban en un desorden que intentaba derrotar al enemigo a como diera lugar, Demonio Dorado se alternaba brindando apoyo a aquellos que notaba que lo necesitaban, Nagareru tocaba su shamisen cuando Aya trastabillo, noto en sus dedos algo negro cuando se limpió el sudor de la frente, Teruko respiraba agitada a su lado, y Aya volteó a ver a su recién descubierta habilidad. Noto con un estremecimiento lo que sucedía, el rostro de la mujer antes hermosa se estaba deformando, sus ojos se habían vuelto blancos, venas negras resaltaban por su rostro y lloraba un líquido negro…. Se le acababa la fuerza para estar activa, y eso les iba a traer la desventaja y con ello la inminente derrota. —¡Hazlos reaccionar! ¡Danos la brecha más grande que tengas para que huyamos! —gritó Aya a su habilidad que hizo un leve asentimiento, nadie más había escuchado, todo era un desastre de gritos, arañazos, y batallas, la habilidad toco de nuevo su instrumento y un olor agrio se distribuyó en toda la estancia, todos notaron que debían de hacerlo, los perros de caza nuevamente no podían actuar bien, pero no tenían tiempo de detenerlos, se notaba que la habilidad estaba deshaciéndose, la brecha se acabaría en cualquier momento, y si se confiaban, podía ser su fin. —¡Tenemos que irnos! —grito Ranpo con dificultad, siendo ayudado por Poe para levantarse, la mayoría se miraron, Fukuchi los miro con rabia, pero en un nuevo toque del instrumento sintieron, el enemigo, su conciencia ir y venir, los demás echaron a correr por los pasillos, los habían cansado, eso era seguro, pero tenían que salir rápidamente del rango de ellos. Tanizaki creo una ilusión haciendo parecer que habían ido en otra dirección, pero corrieron por otros pasillos, llegando a uno de los descansos del aeropuerto, Aya trastabillaba. Su misión era distraer a los perros de caza, no huían de verdad, sólo cambiaban el sitio de batalla, dejarían a Fukuchi solo y confiarían en sus compañeros. Se detuvieron un momento, nadie los seguía y habían corrido al menos cinco minutos… ya era una ventaja. Había algunos heridos, entre ellos Louisa, Fukuzawa con algunas menores, Ranpo, Francis y Kunikida que habían sido mordidos, pero encontraron rápidamente como anclarse a la realidad, y Poe que tenía rasguños por sus forcejeos con Ranpo. Aya respiraba agitada y apenas parar un momento de correr cayó de rodillas, Kunikida fue de inmediato a auxiliarla, junto con Mori, aunque lo miro con recelo, no tomaba muy en serio a Dazai, pero por cómo se había expresado de él…. Nos sabía que tanto lo quería cerca de la niña, pero era médico y tenía la certeza de que ella lo necesitaba. Cuando Aya alzo la mirada vieron que su rostro corrían lágrimas negras, Kunikida se acuclillo a su lado, notando la respiración entrecortada de la menor, la llamo preocupado, sin embargo, Aya no lo podía escuchar, sólo escuchaba un eco, mientras la sensación de que había dejado una parte de ella atrás, sabía que aquella mujer, Nagareru, seguía tocando, tratando de darles hasta el último segundo, y no sabía cómo disolverla. —Aya-chan —le llamo Mori, la chica negó con la cabeza lentamente con la mirada perdida. —No los escucho…. —susurro jadeando, mientras intentaba en vano relajarse, cerró los ojos con fuerza, sintiendo la desesperación enredarse en su garganta— no puedo controlarla, no sé…. No sé qué hacer yo…. Kunikida le puso las manos en los hombros, logrando detener su agitación gradualmente aumentando, le hablo de una manera muy articulada para que le entendiera. —Respira, profundo Aya-chan, respira lento, concéntrate, abusaste de tu habilidad aún más siendo la primera vez, tienes que respirar y esta entenderá y volverá. La niña respiro muy lentamente, sintió a Nagareru cerca, se relajó lentamente haciendo los movimientos con sus manos que le habían enseñado en karate para regular su respiración. —Regresa Nagareru —pidió en un susurro. Un aura rosa volvió a envolver a Aya y la mujer apareció ante ellos, hizo una leve reverencia hacia la niña toco una última nota y desapareció regresando al interior de la niña, esta respiraba pesadamente. Volteó a ver a todos. —Creo… que tengo una habilidad. —Y le debemos mucho a ti y a tu habilidad Aya-chan —dijo Tanisaki. —Si… se los recordare, ahora depende de ustedes entretener a los perros en lo que lo demás hacen su parte… —dijo antes de caer en los brazos de Kunikida que alcanzo a sostenerla, profundamente dormida debido al esfuerzo. Este volteó a ver al jefe de la Agencia. —Tenemos otra oportunidad —dijo— Gracias a ella y a Wells. —Entonces no dejemos que esa oportunidad sea en vano —dijo Fukusawa. Hubo un asentimiento general y prepararon sus habilidades para la batalla, notaron a Wells ahí y algunos se asustaron, pero la mujer lucia tranquila, no sabían cómo se movía tan misteriosamente aparentemente por todo el establecimiento. —Ya son diez para las doce… —anuncio Wells por lo bajo viendo a la niña dormida que Kunikida cargaba con suavidad— la persona que envíe no debe de tardar más de ese tiempo o todo estará perdido… en cuanto llegue la verdadera batalla dará comienzo. Simplemente se limitaron a verse, eran enemigos, eran civiles, eran simples trabajadores o dueños de empresas, pero en ese momento, aunque fuera por un rato solamente, tenían un único propósito… detener a los perros de Fukuchi. Sólo por un rato todos ellos eran una sola organización, dispuesta a todo por lo que creían. Por proteger a sus familias. Por qué pelearían con uñas y dientes por todo lo que tenían. Todo lo que aun no les habían quitado…

----- CHAPTER BREAK -----

Spoilers 55 minutos

Akutagawa vio asustado con una mezcla de horror y odio hacia lo que había hecho como el albino quedaba inconsciente en sus brazos con una suave sonrisa en los labios. No pensó en nada, llamándolo preocupado, mientras sacudía su ahora frágil y pálido cuerpo, que aún temblaba indicándole que levemente, pero seguía respirando. No sabía que estaba haciendo ¿Cómo demonios es que se había metido en esa situación? Siempre se había dicho a él mismo y a los demás que lo único que sentía hacia el albino era odio… pero recordó, en su mente pasaron como si se tratara de una película los recuerdos de lo que había sucedido, de todo aquello que habían pasado, su no tan agradable primer encuentro, la vez en que pelearon en el barco, cuando se unieron momentáneamente en Moby Dick, el día en que hablo con él debido a la muerte de su mentor, los hechos de canibalismo, la petición de Dazai… el día en que lo protegió. Recordó como en aquel momento, simplemente se sintió mezquino y sucio sólo por el hecho de pensar en traicionar al albino y unirse a Fukuchi, cómo confió completamente en él… cómo lo derrotaron, y cómo todos su esfuerzos y sacrificios no sirvieron de nada al final… cuando a él lo hirieron, lo último que recordaba era ver la cara del albino, llena de desesperación, angustia y sufrimiento, su grito tan desgarrador, llamándolo, llamado que no creía poder contestar jamás, lo único que deseaba mientras caía bajo la espada de Fukuchi era ir, darle un abrazo y decirle que todo estaría bien, recordó cómo en su gélido corazón nació una emoción nunca antes sentida por él… después de ese momento, sólo recordaba un dolor en el cuello y recuerdos borrosos a partir de entonces. Sin embargo, parecía ser que todo había cambiado ahora, se aferró a Atsushi, mientras sentía cómo al chico se le dificultaba mucho respirar. Rashōmon lo seguía envolviendo, estaba muy preocupado por el chico, le sintió el pulso, percatándose de que era muy débil, además de que tenía hipotermia. Reviso las heridas, varias y graves, sin embargo, vio con odio las marcas de sus propios colmillos en el brazo y cuello del chico… lo había intentado matar, ni siquiera lo recordaba bien, y esta vez se odiaba a si mismo por haberlo intentado. —Jinko —dijo con un tono angustiado— ¡Jinko! No me hagas esto pequeño estúpido, no te puedes morir… no ahora… por favor, despierta, Byakko haz algo… Jinko… ¡Atsushi por favor! Noto que el chico se movió levemente, pero sin embargo era cómo si no lograra despertar. Akutagawa sabía que necesitaba ayuda… sin embargo no podía dejar solo al chico, no lo haría. No sabía qué hacer, se aferró con toda su fuerza al menor cuándo entraron dos personas a la habitación. Volteó de inmediato viendo ahí a Kyoka y a Yosano… la doctora de la agencia, el alivio lo inundo de pies a cabeza. —Ayúdenme…. No…. Por favor… creo que está muriéndose. Ambas chicas se sorprendieron, la escena era terrorífica, todo lleno de sangre y desordenado, Atsushi en los brazos del azabache y este pidiéndoles ayuda, de una manera tan sincera que Yosano se estremeció. Se obligaron a sí mismas a sobreponerse rápidamente ya que era más que claro que la condición del albino era critica Yosano se apresuró y sostuvo al chico inconsciente. Lo separo de los brazos del contrario no sin antes notar una cierta resistencia al momento, su mirada se cruzó un momento con la de Akutagawa y notó su angustia. Lo sostuvo en brazos colocándolo sobre una mesa larga de metal que se encontraba allí, donde se suponía se debían cortar los alimentos del café. Rashōmon seguía envolviendo el ahora delicado cuerpo, el azabache no quería desactivar su habilidad, sin embargo, se obligó a hacerlo cuando Yosano se lo pidió ya que tenía que ver la gravedad de las heridas. — ¿No puede simplemente usar su habilidad? —Casi le reprocho el azabache. La pelimorada negó con la cabeza. —Podría, sí, pero… necesito saber que tiene, para saber que tanto ayuda mi habilidad, o si es demasiado grave… podría requerir más de un tratamiento. Akutagawa la miró desanudar su corbata y desabotonar con rapidez la camisa del menor, y la abrió dejando ver la cicatriz en su cadera, y algunas varias más apenas perceptibles por su tono de piel, casi tan blanca cómo las cicatrices, ni si quiera se veía su pecho moverse, la doctora se apresuró a tantear el tórax del menor, para después tomarle el pulso, se comenzó a quitar los guantes con rapidez. —Pulso débil, dame mi maletín por favor —le pidió al azabache que se lo entrego en un segundo, saco un estetoscopio y se puso las olivas rápidamente, paso la campana por su pecho, vio al menor con preocupación y se retiró el artefacto— hipotermia y una lesión cardiaca… Akutagawa trago saliva vio a la doctora buscar algo con rapidez en el menor. —¿Es todo lo que tiene? —cuestionó con la voz entrecortada y Yosano negó. Yosano reviso momentáneamente las mordidas y el azabache desvió un momento la mirada. —Politraumatismo severo en todo el cuerpo, ha iniciado la triada letal para este tipo de pacientes, hipoxia, su corazón está latiendo lento por un tóxico…. Pero… —encontró lo que buscaba en un momento, un moretón en la clavícula, uso sus manos y empujo el hueso provocando un sonido blanco que les indico que un hueso se había acomodado. —La fractura hacía que su respiración fuera aún menor —se dio cuenta el azabache y Yosano asintió, acarició el cabello del albino, con suavidad, mientras un aura verde los rodeaba. —No has de morir —susurró, su poder se activo curando varias de las heridas, no todas, había algunas que se resistían a ser sanadas por completo, entre ellas la del abdomen, el joven respiraba ya de una manera que consideraban normal mientras la mujer seguía viendo las heridas no sin cierta preocupación— padecía ya de un shock hemorrágico, le seguía el coma… y la muerte, pero se quedó dormido, no en coma, sólo fue como si su cuerpo bajara todas sus funciones al mínimo para mantenerse con vida…. Si no fuera por eso y por tu habilidad, ahora ya estaría muerto. Akutagawa la miró y después al menor. —Por qué no despierta… —Su cuerpo está aceptando el shock de haber estado primero en un punto tan crítico y ahora estable, sigue teniendo hipotermia, pero en un momento su cuerpo lo hará reaccionar, el tigre interfiere, aun si no lo hiciera tendría que tratarlo varias veces para que quede completamente bien, pero si su habilidad bloquea mi poder…. Tu ya sabes lo que puede hacer, corta habilidades, no es cómo que pueda hacer algo si no me deja. Akutagawa asintió con lentitud, vio el pecho del albino bajando y subiendo con algo de normalidad, cuándo notaron que se removió en sueños, frunció levemente el ceño y abrió los ojos. Ambos en un inicio se preocuparon al ver sus ojos completamente rojos, sin embargo, ese brillo aminoro gradualmente hasta que sus ojos volvieron a ser normales, sólo con ese destello rojizo que denotaba que estaba afectado, pero no controlado. Parpadeo varias veces cómo ubicando dónde estaba, frunció el ceño, como si no se hubiera percatado aun de la presencia de los otros dos, cuando fue como si recordara todo de un momento a otro, abrió los ojos con sorpresa y se sentó con rapidez, llevándose un mareo y asustando a los otros dos. Su vista fallo y sus costillas reclamaron por los tratos tan bruscos en su estado actual, Yosano le puso las manos en los hombros intentando que se calmara. —Hey, Atsushi-kun tranquilo, soy yo, estas bien, ya estas bien, vas a estar desorientado un momento, pero tienes que respirar y relajarte ¿muy bien? tienes que tranquilizarte, no sucede nada, aquí estamos. El albino le puso una manos sobre su brazo, y Yosano le dio estabilidad. —Yo… —se llevó la otra mano a la sien, cómo con dolor, tratando de recordar, y de sobreponerse al mareo y dolor, volteó a ver a la mujer— Yosano-sensei… —Así es Atsushi, estarás bien ¿Cómo te sientes? ¿tienes algún malestar? —Yo… estoy bien…. Algo mareado… pero… yo… —abrió los ojos con sorpresa y algo de angustia— ¡Akutagawa! ¡Yosano-sensei! ¡estaba con Akutagawa y…! Intentaba quitarse del agarre de la mujer, pero esta lo intentó tranquilizar cuando finalmente el menor giro la cabeza hacia el otro lado de la mesa, dónde se encontraba el azabache, con los brazos cruzados. Todo su cuerpo se relajó al darse cuenta de que estaba allí y se encontraba remotamente bien, sus miradas se cruzaron de nuevo, y el azabache le dedico una media sonrisa burlona. —Tan gritón cómo siempre jinko. Atsushi se relajó de inmediato dejando sus brazos en la mesa para que le dieran estabilidad, aunque el brazo aún le daba punzadas dolorosas, le sonrió levemente entre aliviado y muy avergonzado. —Yo… me alegra que estes bien… creo que incluso extrañaba tus insultos —dijo el menor nervioso— muchas gracias…. A ambos. Yosano le sonrió cálidamente mientras le seguía revisando el cuerpo visible a través de la ropa del albino, buscando si había algo verdaderamente preocupante, pero fuera de la herida en el abdomen y la del cuello estaba bien, al mismo tiempo el azabache negó con la cabeza. —Yo no hice nada, todo se lo debes a la doctora, así que a mí no me debes nada. Yosano lo miró mal y negó con la cabeza. —No le hagas caso, detuvo tu hemorragia, si no hubiera sido por eso, no hubiera podido hacer nada por ti… así que hicimos prácticamente lo mismo. Akutagawa se llevó la mano a la boca, tosiendo levemente para lograr desviar la vista, con algo de vergüenza, aunque no sabía muy bien a que se debía, y Yosano se limitó a sonreír. —Irónicamente —susurró Atsushi con una sonrisa triste con la mirada perdida en la mesa— ha estado cubriendo mis heridas desde hace un buen rato… antes de que volviera —musitó cómo para si, sacudió la cabeza ante la leve confusión de los otros dos. —Atsushi-kun —Yosano le llamo la atención nuevamente pasando su mano por su cabello, desde hacía varios días acostumbraba a perderse de una manera que la consideraba mucho más grave, en sus pensamientos y en su mente y se veía en la necesidad de sacarlo de esos oscuros rincones de sí mismo— ¿cómo te sientes? —Bien, yo… —frunció levemente el ceño y esta vez inspecciono a su alrededor antes de decir nada— Yosano-sensei… ¿y Kyoka-chan y Aya-chan? Yosano sintió todo su cuerpo tensarse y un sudor frio llegar a todo su cuerpo, cuándo volteó preocupada, dándose cuenta de que efectivamente las niñas ya no estaban, mientras que el azabache recordó que no había visto a Kyoka. Ambos mayores voltearon a buscar en la habitación, pero estaba definitivamente vacía, a excepción de ellos,  y la puerta se encontraba a medio abrir, cuando Yosano habría jurado que la había cerrado tras de ellas. —Yo… hubiera… estoy segura que entre aquí con ambas —susurró Yosano, pálida, y Akutagawa negó con la cabeza. —No, yo la vi entrar sólo con Kyoka, no había nadie más con usted, pero no la escuche salir —los tres se miraron un momento tensándose, esperando un ataque, que jamás llego, Atsushi paso sus piernas a un lado de la mesa abotonándose la camisa, y anudándose torpemente la corbata. —Hay que ir a ayudarlas, deben necesitar ayuda… le prometí a Kyoka-chan protegerla. Yosano lo miró dudosa, el chico se veía mal, pero en su ojos había una decisión que ya no había logado ver desde hacía varios días. —Puede que estén haciendo su próximo movimiento, y si gastamos fuerza y tiempo buscándolas…. Atsushi-kun al menos fuerza, no es algo que yo crea que te puedas dar el lujo de perder, estas delicado, si fuera por mi te haría descansar un muy buen rato. —Ellas me ayudaron —musitó el albino— no me importa contra quien sea, Fukuchi de cualquier manera está ahí afuera, podría estar incluso ahora a tan sólo unos pasos, y eso me da más motivos para buscarlas, no las dejare cerca de ese maldito…. No dejare que me quite más cosas, jamás. Los dos notaron su furia contenida, se terminó de acomodar la camisa con una mirada furiosa, ignorando el dolor que aun persistía en su cuerpo, pero de una manera mucho menor, incluso sus ojos eran ahora amarillos y filosos. Akutagawa no pudo evitar sentir un pinchazo en su pecho sabiendo que en muy buena parte se refería a lo que había sucedido con él. Yosano le puso de nuevo una mano en el hombro ya con sus guantes de vuelta. —¿Estas bien? Atsushi-kun… normalmente no se te nota tan furioso…. ¿Te sientes bien? —pregunto Yosano, Akutagawa a decir verdad también se encontraba sumamente curioso, así no era el Atsushi que él conocía… o quizá jamás se había dado cuenta. Atsushi miró a la mujer y bajo la mirada, miró su mano, aquella que había sujetado a Sigma para finalmente dejarlo caer, aquella que no llego a Akutagawa cuando lo necesito, ni a Dazai para intentar ayudarlo, ni a Kunikida ni a nadie de todos los que lo habían ayudado, suspiro temblorosamente y negó con la cabeza. —Y-yo… —sacudió la cabeza intentando separar los malos recuerdos del momento— No sucede nada…. Sólo estoy enojado, pero, a decir verdad, creo que es más conmigo mismo que con Fukuchi…. O con cualquiera, pero eso no quita que han hecho mucho mal, no hablo por mí, hablo por que…. Incluso en sus atentados han matado ya a muchísimas personas, Byakko esta tan furioso como yo…. Incluso podría tener la certeza de que si lo dejo me llevara a donde necesito, a Fukuchi, seguiré la estrategia de Ranpo, lo desarmare, y lo venceré, sé que lo lograre… y si no… honestamente ya no tengo casi nada que perder, y mi familia me necesita, los ayudare hasta mi último aliento tanto como pueda… se lo juro Yosano-sensei. La mujer sintió la boca seca cuando fue interrumpido por Akutagawa. —Venceremos jinko, eso te lo garantizo —musitó llamando la atención de los otros dos. —No vendrás conmigo —dictamino Atsushi con dureza, mientras su mirada se volvía de nuevo filosa, Akutagawa lo miró entre curioso y escéptico. —No te estoy pidiendo permiso, ese imbécil cree que me tiene y que me puede controlar, le voy a demostrar que eso no es así, que comete un error y le hare pagar muy caro que me haya hecho lo que me hizo y que crea que puede manipular de la misma manera a mi hermana. —Escuchaste lo que dije... para hacerte reaccionar ¿cierto? —pregunto el albino mirándolo. —De principio a fin… aunque algo me dice que no lo dijiste sólo para hacerme reaccionar. El albino bajo la mirada con un liguero sonrojo en las mejillas, pero con la mirada triste. —No puedo, no puedo dejar que me acompañes, me distraería demasiado y no puedo darme ese lujo, no te lo estoy pidiendo… te lo suplico —musitó volteándolo a ver— quédate aquí y no te muevas. Akutagawa lo miró un momento y terminó apretando los puños. —Iré, lo quieras o no, nadie me va a convencer de lo contrario, no tendría ni siquiera por que escucharte desde el mismísimo hecho de que somos enemigos…. Ni ella podría ordenarme quedarme aquí y no hacer nada —hizo ver señalando levemente a Yosano. —De hecho…. —musitó Yosano— desde que la mafia te reporto cómo desaparecido y después lo que nos contó Atsushi-kun que sucedió…. Han pasado muchos cosas, estamos en una alianza con la port mafia y con Guild…. Así que… —Teóricamente en este momento cuenta cómo tu superiora —hizo ver el albino y la mujer asintió. Akutagawa se sobresaltó y alterno la mirada entre ambos como sin saber si creerles o no. —¿¡Qué?! —La agencia no lo podía manejar todo —musitó el albino— estábamos en una situación…. Estamos en una situación más que critica, necesitábamos ayuda, de no ser por Chuuya-san muchos hubieran muerto, prácticamente sólo quedaríamos Kyoka y yo, que nos tuvimos que esconder en unos ductos de ventilación por casi tres días, para escapar, necesitábamos desesperadamente ayuda. —Mori acepto ayudarnos, sólo que…. —Yosano de detuvo, su mirada se endureció y volteó a ver al albino, aun no sabían quién pagaría por ese trato y la notable tensión entre los agentes tenso también al azabache. —Sólo qué, que —exiguo saber el azabache, Atsushi se encogió de hombros evadiendo visiblemente el tema. —Hay que darle algo a cambio, es algo que se pagara en cuanto salgamos de esta, también fuimos con Francis que acepto ayudarnos, él sin pedir nada a cambio y dijo una cosa, así como “Cuándo Guild resurja y los derroquemos a ustedes y a la Mafia esas ratas serán un estorbo”, y por eso nos brindó su ayuda, y de Ojos de Dios, los tres lideres deben estar peleando o si no a punto de hacerlo, codo con codo ahora mismo en algún punto del aeropuerto… —menciono el menor. —Que carajo… —musitó el azabache por lo bajo— Pero que es todo lo que ha pasado desde que… me… —Mucho —interrumpió el albino— quizá demasiado, al menos para mi gusto ya fue demasiado…. Pero no podemos perder más tiempo hablando, tenemos que irnos —musitó decidido bajando de la mesa. Sin embargo, apenas poner los pies en el suelo una corriente de dolor paso por sus costillas, el abdomen y la cabeza recorriendo todo su cuerpo, se encogió sobre sí mismo sosteniendo su torso, ahogando un gemido adolorido, las piernas le fallaron a causa del dolor y casi inconscientemente, pero Akutagawa lo atrapo antes de que cayera al suelo. Atsushi se apoyó un momento en él, dejando su frente en su hombro, mientras se recuperaba, maldiciéndose mentalmente por su debilidad, mientras ambos mayores cruzaban miradas preocupadas, aunque a Yosano no se le podía dejar de hacer curiosa la escena. —Lo siento —susurró Atsushi, separándose levemente del azabache que soltó lentamente su cadera, esperando que no volviera a perder la fuerza, mientras negaba con la cabeza restándole importancia a la disculpa del menor. —No te disculpes, es mi culpa…. Yo te hice esas heridas —Atsushi lo miró y sonrió, pero tuvo que toser de nuevo, sujetándose el abdomen, tardando en recuperarse. —Atsushi —le llamo Yosano— puedo intentar…. Si te trato una vez más…. O unas veces más tal vez te ayude, si intentas controlar a Byakko para que no… —No… Yosano-sensei, estoy bien sólo… sé que Byakko no la va a dejar actuar, curarme, más de lo que ya hizo…. Es como si el dolor…. Me mantuviera a mi consciente y a Byakko ocupado, como si así no tuviéramos ninguno de los dos un…. Por qué rendirnos, ayuda a que no me afecta como tal la habilidad de Stoker —musitó, paso sus dedos por su cuello, notando cómo estos se manchaban de sangre, los miró un momento antes de bajar la mirada, Akutagawa desvió ligueramente la vista, el olor metálico le picaba la nariz, detectaba cosas que antes no había sabido siquiera identificar. Una hebra de Rashōmon apareció de la nada y Yosano se extrañó cuándo Akutagawa se sobresaltó, la pequeña fibra de Rashōmon se fue a la espalda del menor y lo empujo, este miró a la tela enfurruñado. —Ahora que quieres —musitó, viendo a su alrededor, pero volvió a ser empujado— bien, bien, ya voy —Atsushi camino confundido hasta que Rashōmon se envolvió en algo en el suelo y se lo dio en las manos, el menor vio la daga que le había hecho minutos antes, vio a la hebra de Rashōmon y esta formo ese rostro demoniaco que formaba a veces— creo… que si… lo usare para defenderme no te preocupes. Rashōmon se envolvió en la daga y después la soltó deslizándose a la puerta y abriéndola para regresar a ser un abrigo, Yosano y Akutagawa estaban sin palabras, el albino frunció el ceño. —¿Rashōmon? —cuestionó confundido, pero la habilidad ya había vuelto a ser solamente un abrigo, el albino se atoro la daga en el cinturón y vio dudoso hacia afuera. Abrió grandemente los ojos y se puso a la defensiva, sus ojos se hicieron amarillos y automáticamente causo que los dos mayores se tensaran y vieran hacia la puerta. —Viene alguien corriendo, no está infectado —susurró el menor llevando su mano a la empuñadura de la daga, dispuesto a usarla, no iba a transformarse a menos que fuera necesario, había entendido lo que había querido indicarle la habilidad, si podía defenderse sólo con la daga, mejor. Sin embargo, cuando escucharon los pasos corriendo todos se tensaron, hasta que vieron entrar a Kyoka, tratando de recuperar el aliento, se llevaron una sorpresa por su aparición, pero se relajaron inmediatamente, Atsushi se acercó rápidamente a ella. Kyoka en cuanto lo miró y se percató de que estaba bien lo abrazo con fuerza, el albino evito quejarse por el dolor, podía sentir el corazón agitado de la chica contra su propio cuerpo, y Kyoka se separó de inmediato viéndolo y analizado que estaba remotamente bien. —Kyoka-chan ¿estás bien? ¿A dónde fuiste? ¿Dónde está Aya-chan? La menor lo miró regulando su reparación y se relajó. —Yo estoy bien, Demonio de Nieve ya está conmigo, no pude encontrar a Aya, estaba con nosotras y cuando llegamos me di cuenta de que faltaba, así que salí a buscarla, en el camino regreso a mi Yasha, mi habilidad si la vio, está con Tanizaki, Kunikida y los demás, está a salvo. Yosano y Atsushi respiraron aliviados, y el albino asintió. —Perfecto, tenemos de nuevo algo de ventaja, tú tienes a Demonio de Nieve, Byakko esta remotamente bien, y Yosano-san está con nosotros, si nos organizamos prácticamente nada podría vencernos. —No me quedare aquí Jinko, hablo muy en serio —espetó el azabache y ambos cruzaron miradas. —Akutagawa yo…. —No está a discusión —musitó antes de que dijera nada. Atsushi se sobresaltó y vio sus ojos, bajo la mirada, no sabía que decir. —Akutagawa…. Por favor —susurró con la voz algo rota. —Te estoy avisando, Jinko, los seguiré, me uniré a la batalla que están librando, y te estoy avisando con eso ya debes considerarte afortunado. El albino cerró los ojos y apretó los puños, respiro profundamente y lo volvió a mirar. Akutagawa no supo que hacer o decir o si debía de hacerlo, la mirada de Atsushi era triste, vacía, casi sin ningún sentimiento, sus ojos opacos, esperaba una nueva negativa, que nunca llegó. —Muy bien —musitó, se le notaba molesto, aunque había accedido, para su sorpresa, aunque se acercó mucho él y el azabache dudó si buscaba hacerle algo— pero te voy a dejar en claro algo y me importa una mierda lo demás, necesito que lo tengas muy claro. Akutagawa se tuvo que mantener firme, pues, había una decisión y una valentía en su rostro que no podía describir, aunque su mirada seguía siendo tan extraña… —Te escucho —musitó únicamente, manteniendo su rostro impasible. —No necesito que me protejas —espetó con su dedo índice en el pecho del mayor, cómo queriendo introducirle la información a como dé lugar— no me importa que te motive, si tú mente, tu decisión, no me importa, tampoco te estoy pidiendo una opinión y también me importa un carajo lo que quieras decir al respecto, te estoy avisando Akutagawa, no necesito de ti, ni de lo que creas que me puedes proteger, si alguien muere, o se queda atrás, soy yo, te recuerdo que tienes una hermana y ella necesita de ti. Los tres presentes se quedaron sin palabras, pero el azabache no daría su brazo a torcer. —¿Y si es necesario? ¿Y si te dijera que fue una misión que me encomendó Dazai-san? ¿Es que tu no necesitas igualmente vivir para proteger a tu familia, amigos? ¿las mismas que están aquí ahora mismo en esta habitación? En esos momentos no se piensa Jinko, si no se actúa, las palabras y las promesas se harán añicos, no valdrán nada, no es algo que te pueda prometer, en lo absoluto. Atsushi lo miró fijamente y retrocedió un paso. —No necesito mantenerme con vida para eso, si vivo es por un deseo que siempre ha estado en mi corazón, pero… honestamente hay cosas peores que morir, no busco que me entiendas, no necesito que lo hagas, no sólo tu hermana muchos en la mafia dependen de ti, yo sólo tengo una familia que proteger, pero ellos podrían vivir sin mi…. Y lo harán si es necesario, yo lo sé… pero yo vi a tu hermana Akutagawa, yo vi a Higuchi, en lo que creíamos que era tú funeral…. Y te lo juro, que ellas te necesitan más lo que ellas me necesitan a mi —musitó señalando al final a Yosano y Kyoka que se preparaban para replicar, pero Akutagawa no les dio oportunidad. —Pero les importas —señalo el azabache— sacaste a Kyoka, de la mafia, y prometiste que tu responsabilidad era cuidarla, es cómo tu hermana, lo sé ¿eso no es responsabilidad? ¿necesidad de una persona a otra? Ella necesita un hogar y tú se lo diste ¿quieres que haya un reemplazo tuyo? ¿en serio confiarías en alguien más dentro de tu estúpida agencia? Atsushi vio a la menor y notó sus ojos levemente impregnados de lágrimas y desvió a mirada, suspiro por lo bajo y miró al azabache, no tenían tiempo de discutir y lo sabía. —Me importa… ellas… toda la agencia me importa, pero tienes que entenderme… no puedo dejar que nadie más muera por mi… no si… si me vuelve a pasar, estoy… estoy seguro de que me volveré loco, y hare lo que tenga que hacer para protegerlos, incluso a la mafia y a Guild, ahora que tenemos la unión. —Por qué… —¿Por qué? —Si, ¿Por qué piensas así? Siempre has querido proteger a las personas, pero no de esta manera…. No con esa mirada en tus ojos… Algo cambio… en ti… Atsushi se sobresaltó, y desvió la mirada de nuevo, no podía mantenérsela, irónico ya que tan sólo minutos antes rogaba por volver a verlos, sin importar que. —Si alguien más muere —susurró el albino con la mirada perdida— cómo podría yo llamarme ser humano y seguir viviendo cómo si nada…. Cómo podría seguir adelante. —Se aplicaría lo mismo a ti Jinko, si te matan, si te dejas morir, ¿Qué te dice que no nos preguntaremos eso? ¿Por qué él y no nosotros? Atsushi frunció los labios y se tensó de los hombros, el azabache lo notó. —Atsushi… —susurró Yosano. —Si vamos a irnos hay que hacerlo ya, nos necesitan —musitó el menor. —Jinko —le llamó el azabache y el albino lo miró— no fue tú culpa. —¿Q-que? —Yo tome mis propias decisiones, no fue tú culpa. —A-Akutagawa —susurró viéndolo. —Se que debemos irnos, y debemos pelear, ya después habrá tiempo de estas cosas, pero Jinko, no fue tú culpa, ni lo será…. No es tú culpa. Atsushi lo miró, se destenso lentamente y sonrió ligueramente. —Eres un idiota —susurró. —Lo sé… pero…. Aun así, sé que no te va a pasar nada… tienes motivos para quedarte por aquí. —¿Cuáles? —cuestionó con curiosidad. —Me prometiste cuidarme…. Y no veo cómo un muerto puede cumplir esa promesa, bobo. Atsushi lo miró y sonrió. —Es cierto —musitó por lo bajo. —Cual será el siguiente movimiento —le cuestionó el azabache y Atsushi respiro lentamente tratando de respirar y concentrarse, volteó a ver a las chicas y pensó un momento. —Hay que admitirlo… verdaderamente el plan se fue a la mierda —musitó el albino y muy a pesar ambas asintieron. —No veo cómo podemos continuar… con todo, además de que no sabemos cómo es que vamos a actuar si no sabemos de los planes de los convertidos y no contamos con Ranpo que nos brinde la información correspondiente —hizo ver Yosano. —Correcto, pero no necesitamos de eso…. Se que están los guardias aglomerados en algún punto de la prisión, yo… —¿Sabes dónde están? —cuestionó Kyoka confundida. —Si y no… no es eso… es cómo una información…. —Dentro de la mente, cómo un vago recuerdo —completo Atsushi a lo que Akutagawa había comenzado a decir y ambos se miraron. Yosano se acercó e hizo al albino abrir la boca viendo sus largos colmillos, retrocedió y lo miró con cierta duda. —Es a causa de que los dos están infectados —les hizo ver. —Dudo que sea sólo eso —musitó el albino— Bram Stoker me había advertido que tuviera cuidado de acercarme a Akutagawa…. Dijo que podía ser peligroso a causa de que él fue el primero, pero…. No sé, él mismo me dijo que dependía muchísimo de tantos factores que podía ser o no algo completamente centrado o no en las ordenes, o algo…. Aparte. —Un vampiro puro —hizo ver Yosano. —Exacto, no se suponía que me lograra morder, puede que dependa de Stoker para…. Ser normal en algún momento, pero si, es como si escuchara en algún lugar de mi mente algo, cómo una orden. Akutagawa lo miró, tosió tapándose la boca. —Lamento… haberte… ya sabes… mordido —musitó y el albino lo miró. —Oh vamos… no es cómo que lo controlaras —musitó el menor algo nervioso, cuándo suspiro ligueramente— pero…. Encontró una brecha… creo que ya sé que hacer —hablo como para sí mismo. —¿Tienes algo en mente? —cuestionó Kyoka. —Algo así…. Podemos usar a Byakko, con eso tendremos algo de ventaja… ¿no? —cuestionó viendo a Yosano. —No lo dudo, tu habilidad es formidable… pero… estas herido y no sé cómo esperas controlarla —musitó Yosano. —Tengo una idea en que podemos usarlo, tener la ventaja e ir directamente con Fukuchi a pelear con él. —¿Cómo? —le cuestionaron los tres. —Si te refieres a lo que hicimos la penúltima vez… apenas y me podías llevar a mi —le hizo saber el azabache recordando los hechos de Canibalismo. —No, no me refiero a una transformación parcial. Yosano abrió los ojos grandemente y negó con la cabeza. —A ver, a ver, no, no puedes controlar así a tú habilidad, y no podemos darnos el lujo de que pierdas el control. —Si puedo Yosano-sensei, necesito que confié en mí, la conexión entre Byakko y yo es mucho más fuerte y tiene mucho que no me transformo completamente, estoy seguro de que podrá ayudar y creo que se contendrá. —Basándonos en un creo, es algo aún más riesgoso —hizo ver Kyoka— además de que te cansas mucho, te sueles desmayar después de que lo usas. —No me desmayare, sólo necesito que Byakko trabaje rápido y estaré bien —trató de convencerlos con una sonrisa— vamos, necesitamos la ventaja del tigre, tienen que admitir que si sería una ayuda muy grande. Los tres desviaron la mirada sin querer darle la razón, pero sabiendo que era verdad. —Ni si quiera has dicho cómo es que planeas hacerlo posible —decidido intervenir Akutagawa. —Y… gracias por preguntarlo, precisamente requiero de tú ayuda. —¿Eh? —¿Recuerdas la isla misteriosa? —Si… —Necesito que hagas lo mismo que hiciste ese día. —Qué cosa —preguntó genuinamente confundido el azabache. —Lo que hiciste para transformarme en tigre…. Completamente…. Cuándo estábamos atrapados. Akutagawa abrió grandemente los ojos y retrocedió un paso negando con la cabeza. —No, me niego —contestó con firmeza. —¿Por qué? ¿de que hablan? —cuestionó Kyoka. —Akutagawa… —había comenzado a hablar el albino. —No Jinko, no lo entiendes, ese día estabas herido, pero no así ¡estas grave, entiende! Sigues muy herido y te necesitan allá, Byakko se está tardando en sanarte y si llega a pasar algo imprevisto yo… —¿Sera que el perro mafioso no me quiere lastimar? ¿es preocupación eso que oigo? —preguntó algo divertido el albino, y el azabache vio en sus ojos esa chispa del chico que era usualmente, sin embargo, sintió esa vena en su interior palpitar cómo siempre que discutía con él. —No seas engreído —espetó con una pizca de molestia. —¿No hay ni una manera de que te convenza de hacerlo? —cuestionó el menor y el azabache lo miró. —No. Atsushi suspiro ligueramente y el silencio se hizo en la sala tan incómodo que nadie sabía qué hacer. —Entonces no tengo una idea de que podemos hacer, hasta dónde sé como mínimo debemos estar hasta el otro lado del aeropuerto en… minutos —mencionó el menor sacando su celular del bolsillo trasero de su pantalón sólo para tantear imaginariamente la hora pues por supuesto que se había roto en alguna de sus peleas de aquel día, y ya no prendía— tenemos que arreglárnoslas así. —Te rendiste fácil —musitó el azabache curioso. —No tengo ganas de discutir, si te soy sincero —dijo como si nada, encogiéndose de hombros. Con gestos de dolor, pero se quitó el abrigo que llevaba, aquel que el mayor le había dado con voluntad o no al menor ese día en el barco, se lo tendió al azabache que tomó dudoso la prenda. —Tómalo, es tuyo, mínimo necesito que te protejas por ti mismo… no sabes, lo que extrañe vértelo puesto… me alivia mucho dártelo de nuevo… gracias por todo lo que hizo —musitó con una sonrisa sincera. Yosano recordó algo curioso. —Es cierto… bueno no parecía que él lo controlara Atsushi-kun ¿puedes controlar a Rashōmon? Esta era una duda que todos tenían, pero que nadie había formulado, sin embargo, el albino se encogió de hombros igual de confundido. —No tengo la más remota idea, Yosano-sensei…. Me encontré…. Cuando me di cuenta de que Rashōmon actúa por sí mismo fue para protegerme…. Cuando apenas Sali de la habitación de Anne... y sé que me obedece a ciertas órdenes, pero no sabría decirle cómo o porqué, ha pelado hasta con Akutagawa y su propia parte de Rashōmon, si soy sincero incluso me marea pensar en eso y en las posibilidades … —¿Puedes controlar toda tu ropa? —le cuestionó el azabache. —Creo que no… sólo el abrigo, pero no lo sé, tampoco es que me obedezca con sólo pensarlo, o algo similar, suele activarse solo. —¿Cómo exactamente? —preguntó Kyoka. —No lo sé —respondió el albino— tu misma lo viste…. Nos salvó a vida a ambos, pero no sé qué es lo que lo provoca…. Todos guardaron silencio un momento. —Es algo que sin duda deberíamos investigar, para llegar al fondo del por qué…. —musitó Yosano curiosa y todos asintieron levemente, cuando el albino suspiro ligueramente cómo preparándose mentalmente para lo que seguía. Akutagawa vio el abrigo como si no se convenciera, le tenía cariño a esa prenda, lo tenía que admitir, pero tomo desprevenido al albino y se lo puso de nuevo en los hombros alterando la tela para dejárselo bien puesto sin producirle más dolor, el albino lo miró sin entender cuándo el azabache camino apenas un par de pasos para levantar una tela negra en el suelo, olvidada por todos, se lo puso, era el abrigo que recordaba vagamente que le había dado Fukuchi, no le tenía cariño, pero era tela y larga, eso era precisamente lo que necesitaba. —Anda Jinko, cierra la boca que se te meterán moscas —espetó cómo molesto y el albino trato de poner un rostro inexpresivo— no sabemos por qué, pero te protege…. Es mejor que estes así, más, precisamente protegido, además de que con dos Rashōmon quien sabe que tanto podamos hacer. —Pero… — Atsushi quiso objetar, pero una mirada del azabache lo calló al instante. —Y jinko… —Dime… —Lo hare… pero más te vale que funcione…. —Al menor se le ilumino el rostro y sonrió. —Gracias…. Aunque la verdad empezaba a considerar pedírselo a Rashōmon, creo que obedecería —sonrió levemente hablando en un liguero tono de burla, a lo que el azabache no pudo más que suspirar levemente. —Supongo que así estaremos a mano —musitó Akutagawa. —¿A qué te refieres? —pregunto Atsushi ladeando la cabeza con cierta curiosidad, en un gesto que el azabache notó divertido que parecía ser un felino curioso. —A eso mismo… siempre pagamos nuestras deudas, buenas y malas, yo te corte la pierna, y te herí de muerte muchas veces, tú me dejaste en coma, te di ánimos en Moby Dick y tú a mí, yo te salve cuándo te ibas a quedar como idiota esperando la colisión de las naves, tú me salvaste cuándo me iban a dar un balazo en la cabeza, yo te salve en el barco, tú me acabas de salvar…—dijo finalizando con una muy leve sonrisa, pero muy evidente a ojos del albino. Atsushi negó con la cabeza mientras sonreía. —Si omitimos las primeras dos, no parece que seamos enemigos…. Pero si, supongo que a nuestra extraña manera nuevamente estamos a mano…. Se miraron a los ojos, como si se comunicaran cosas a través de la mirada que nadie más podría entender, para extrañeza de las chicas presentes. —¿Colaboramos otra vez Akutagawa? —pregunto Atsushi. —No me dejas de otra, estúpido Jinko —musitó el azabache con fingida molesta, cuándo una sonrisa un poco más visible arruinaba su supuesta seriedad. Sin embargo, esta no tardo en desvanecerse cuando alzo su brazo, soltando un suspiro para finalmente llamar a su habilidad que se colocó por sobre su hombro derecho listo para recibir órdenes de su portador. —Te va a doler —le advirtió, y Yosano y Kyoka que no terminaban de procesar la escena que veían se alteraron al oír esto, al albino sintió sudor frío en su cuerpo preparándose para lo que venía. —Lo sé… —trato de quitarle importancia encogiéndose de hombros, mientras le dedicaba una sonrisa al azabache— pero no pasa nada, no será lo peor, lo has hecho antes. —Atsushi… —le llamo Kyoka dudosa de si detener al azabache o no. —De verdad, no pasa nada —musitó el menor, aunque esta vez sonó como si tratara de convencerse a sí mismo de algo que no creía completamente— tal vez incluso Byakko estará mejor. Sin volver a contradecirlo el azabache asintió optando por darle el beneficio de la duda. —¿Listo? —le preguntó, aunque no lo quería admitir ni siquiera para sí mismo no sabía si el albino en sus condiciones actuales fuera a ser capaz de soportarlo, y eso, le preocupaba demasiado. —Si —musitó, seguro de sí mismo. —Ya sabes que hacer  —susurró Akutagawa esta vez dirigiéndose a su habilidad, esta se abalanzo en un instante hacia el albino, que tuvo que recurrir a cada pizca de autocontrol en su interior para no esquivarla, se limitó a cerrar los ojos, inconscientemente Akutagawa desvió la mirada, de verdad no iba a aguantar ver eso, no en ese momento, no tras haber recuperado al menor de la muerte, literalmente unos minutos atrás, aunque no entendiera muy bien a que se debía ese interés, lo mucho que le importaba en realidad. Vio a cualquier otro lado, que no fuera el albino cuando escucho un suspiro sorprendido seguido de una exclamación de dolor. Atsushi había sentido a Rashōmon enredarse en su cuello introduciéndose en su boca como aquella vez, se introdujo profundamente en su garganta haciendo en su interior lo que tantas veces había visto que había hecho el azabache, una esfera con púas, de menor tamaño claro, pero eso ni significaba que no doliera como el infierno o que no perforara muchos órganos importantes. Sintió un dolor terrible recorrerlo de arriba abajo, sintiendo cómo la habilidad lo atravesaba desde dentro, casi podía jurar que sentía las hemorragias internas, sin embargo, se esforzó en apretar los dientes para no preocupar a los demás, aunque no pudo evitar caer de rodillas al tiempo que la habilidad se retiraba, manchada de sangre fresca. Akutagawa lo volteó a ver, el cuerpo de Atsushi estaba temblando, escupió sangre nuevamente y Yosano iba a intervenir, pero fue detenida por una seña del azabache, paso apenas un segundo cuando Atsushi alzo la mirada viendo al azabache con unos ojos completamente amarillos, filosos, depredadores, escucharon su grito de dolor, sabían que le dolía transformarse, si bien no estaban seguros de cuándo era una media transformación si sabían que era muy doloroso cuándo se trataba de todo su cuerpo, el convertirse en un tigre, cambiar su musculatura, forma ósea, incluso la forma y tamaño de sus órganos era una completa agonía, pero no podían intervenir, menos aun cuando una luz azulada los deslumbro obligándolos a cerrar un segundo los ojos, mientras que el albino  perdía la conciencia y le daba cabida a la voluntad de aquella gran bestia… a Byakko. Los tres volvieron a abrir los ojos, se encontraba ante ellos un tigre enorme, aun en sus cuatro patas era más alto que Akutagawa, del más puro blanco adornado de franjas negras, apenas encontraba algo de comodidad entre las paredes de ese reducido lugar, los miró fijamente, de una manera que no podían evitar considerar amenazante. Akutagawa retrocedió un paso alzando las manos, extendidas, cómo muestra visual de que estaba en son de paz, mientras que noto la mirada rápida del tigre que lo miraba como si lo asechara, y el movimiento de su larga cola le indico que estaba en lo correcto, no lo podía evitar, todos los felinos lo hacían…. Uno de ese tamaño ni que decir, se sentía intimidado por ese gran ser y se tuvo que controlar a sí mismo. —Byakko —lo llamó sintiéndose un poco estúpido de hablarle a un animal— sé que no eres tan idiota cómo él y que entiendes que él fue quien me lo pidió, te necesitamos. El tigre gruño por lo bajo alzando su cabeza y resoplo moviendo con ello el cabello negro del azabache, su aspecto era imponente, pero ya no tan amenazador cómo hacía unos segundos. —Necesitamos tu ayuda —musitó Kyoka— pero…. No hay que herir a nadie, al menos no gravemente…. A menos que sea excesivamente necesario. Byakko la volteó a ver y volvió a resoplar, hubieran jurado que había burla en su mirada, ante semejante comentario. La enorme bestia los miró, sin embargo, sus patas parecieron ceder y estuvo a punto de caer, sin embargo, logro recuperar el equilibrio sólo para irse acostando en el suelo con lentitud, cómo si le pesara mucho el cuerpo o ese encontrara débil. Akutagawa al ver esto se arriesgó y se acercó al tigre, sin embargo, este volteó y gruño por lo bajo moviendo sus grandes y gruesos bigotes y enseñando sus dientes a medias, al notar que el chico se había acercado lo suficiente como para tocarlo si lo deseaba. —Hey, no te voy a hacer nada —le tranquilizo el azabache mostrándole las manos sin ningún arma— ¿Estas bien? Sólo quiero ver que estes bien. Akutagawa considero seriamente su salud mental al notar el cuidado con el que le hablaba al animal, pero vamos, era un gran tigre, y al menos su brazo corría riesgo, esa criatura le imponía un respetó que jamás le admitiría al albino o a sí mismo. A pesar de esto y para su sorpresa el tigre sacudió la cabeza, como si se sacudiera agua… o como si negara con la cabeza, se percató de el brillo rojizo en sus ojos, comprendiendo que había absorbido en su mayor parte de la habilidad de Stoker. Acerco su mano lentamente, más que con miedo, con una lentitud que le advertía al tigre lo que iba a hacer, el tigre siguió su mano son la mirada con evidente recelo, el tigre acerco su cabeza muy rápido, escucho los suspiros asustados de las dos chicas tras él y se limitó a cerrar los ojos, aunque interiormente se juró que, si Atsushi le arrancaba el brazo y sobrevivían los dos, se lo iba a hacer pagar muy, pero muy caro. Al ver el movimiento veloz se preparó para el dolor, que estaba seguro que sentiría, sin embargo, lo que sintió fue una textura suave y peluda, cuando abrió lentamente los ojos que ahora veían puntos negros a causa de lo fuerte que los había apretado se percató de que el tigre sólo había acercado su cabeza para que lo tocara. —E-estas un poco sedado… de hecho deberías estar dormido, sólo te queremos ayudar, de verdad te necesitamos —intento ayudar Kyoka, aunque siendo resguardada por Yosano. Akutagawa no podía describir lo que sentía, tenía la mano sobre la cabeza del tigre sintiendo su suave pelaje, sin embargo, el tigre no lo dejaba de mirar, con esa mirada penetrante, que sabía perfectamente que reflejaba la fiereza en el alma de Atsushi, dudó un momento, pero después se obligó a relajarse, le paso la mano por la cabeza, sorprendiéndose de lo sueve y esponjoso que era, preguntándose por un momento si el cabello de Atsushi también será así. El tigre cerró los ojos disfrutando de las caricias, respirando pesadamente e iniciando a hacer un sonido curioso que parecía provenir de su garganta. —Esta… ¿ronroneando? —pregunto Kyoka sorprendida. —Parece… —dijo Yosano, Akutagawa negó con la cabeza, sin dejar de acariciarlo. —No…. Lo tigres no pueden ronronear… bueno, si… muy a su manera, el que cierre los ojos y el movimiento de la cola es lo que dice que… esta relajado, en confianza —se acuclillo pasando su mano por debajo de su mandíbula, sintiendo por sobre su piel sus afilados dientes y se alegró de que estuviera de su lado— que pasa muchacho, que tienes. Byakko apoyo levemente su cabeza contra el azabache, no completamente y Akutagawa supuso que no le ponía todo el peso, porque sabía que lo tiraría. —Shhh Byakko, tranquilo —musitó el azabache disfrutando de acariciarlo, Yosano se acercó con precaución y por lo mismo Kyoka, la mujer se acuclillo al costado del animal se quitó de nuevo los guantes y tanteo en el pelaje, el tigre se dejó, cómo esperando a que lo ayudaran. —Su corazón late lento… al menos para mantener activa a una bestia de este tamaño —musitó Yosano a lo que Byakko volteó como recriminándole el “bestia”, Akutagawa se abstuvo de sonreír, no sabía mucho de gatos, pero se le había ocurrido una idea, al mismo tiempo Yosano sonrió nerviosa— lo digo en un buen sentido, eres un ser muy lindo. Byakko se movió ahora para restregar su cabeza en la doctora que tuvo que recargar todo su peso en el lado opuesto de su cuerpo para no caer estrepitosamente al suelo, sin darse cuenta ninguno de que Akutagawa había dado órdenes a su habilidad, rompiendo una de las llaves de agua del fregadero haciendo que un gran flujo de agua cayera a un lavabo. Kyoka se acercó sólo a acariciarlo y este lo acepto recibiendo cariño de ambas chicas, cuándo Akutagawa le llamo la atención al tigre con caricias que nuevamente lo hicieron voltear hacia él, aunque no tardo en quitar su mano y Byakko abrió los ojos que había vuelto a cerrar gruñéndole levemente. —Vaya… eres tan consentido cómo Atsushi —no era un queja sonaba más a una burla, pero Yosano y Kyoka estaban desconcertadas, era la primera vez que escuchaban al azabache llamar al albino por su nombre, pero no sólo eso, había hecho un gran cuenco usando a Rashōmon y se la acerco lentamente, al sentir la mirada de ambas el chico sólo tapo su boca y tosió levemente— note que estas sediento…. Tu nariz está seca, bebe, anda. El tigre lo miró y notó en él un agradecimiento casi palpable, se acercó suavemente a Rashōmon con el agua y bebió ávidamente del cuenco, Akutagawa no pudo evitar sonreír levemente, verdaderamente parecía ser sólo un gato enorme. Notó que los ojos del tigre adquirían un nuevo brillo y percibió hasta ese momento lo convaleciente que se veía anteriormente el felino, suspiro levemente y sin que tuviera que pasar ni un minuto el agua se había terminado, no supo en un primer momento si servirle más, pero el tigre sacudió su cabeza espabilándose, levantándose con renovadas fuerzas, estaba sentado imponentemente, miró al azabache e inclino la cabeza en un claro signo de agradecimiento, gesto que el azabache le regreso, parecía que lo siguiente que haría el tigre seria verdaderamente importante, pero en realidad, sólo bostezo y lamio con algo de dificultad parte de su pecho…. Se estaba bañando. —¿Mejor? —cuestionó el azabache y el tigre nuevamente lo miró como si la pregunta fuera extraña y la respuesta, obvia. Byakko lo miró y bajo la cabeza colocándose frente a él, viéndolo a los ojos con sus penetrantes y filosas orbes amarillas, Akutagawa se estremeció, notaba cómo el tigre alternaba sus ojos de una pupila a otra del azabache, y finalmente, recargo suavemente su cabeza, la zona similar a su frente en el azabache, este se sorprendió, pero ahí no se detuvo el tigre, pues para terminar de mostrar su afecto se separó y lamio al azabache. Akutagawa sintió su piel erizarse pues eso se sentía cómo un millón de cuchillos afilados rasgando tentativamente su piel cómo sin decidirse a si dañarlo o si no, se estremeció y vio al tigre que lo miraba con gracia viéndolo con partes llenas de saliva felina, notando las risas mal disimuladas de las otras dos chicas. Lento, pero seguro…. Reacciono a lo que acababa de suceder. —¡Ah! ¡No jodas jinko que asco! ¿Qué tienes en la lengua? —se quejó tratando de sacudirse, el tigre no dejaba de verlo con burla y esta vez Yosano y Kyoka rieron abiertamente, Byakko bufó por lo bajo como burlándose. El tigre se sacudió un poco más y lentamente bajo sus patas acostándose de nuevo, pero esta vez de una manera diferente, recargándose en sus piernas traseras, vio a las chicas y después a su lomo como indicándoles que subieran, Akutagawa alzo la mirada, sabía perfectamente que el tigre lo había hecho a propósito, pero aún más que había tenido cuidado, pues había investigado algo de tigres, sabía que sus lenguas podían arrancar la piel de sus presas… entrecerró los ojos, no se podía vengar de Byakko y de que este le hiciera maldades, pero se prometió si mismo que haría a Atsushi pagar por ello. Sin embargo, sin darse más tiempo dio un paso adelante, y recargándose en el lomo del tigre subió de un salto se sostuvo del pelo que cubría el lomo del animal era largo suave y se dividía con franjas negras, se sujetó con firmeza y suspiro viendo a las chicas. —Vamos, no creo que pueda hablar para invitarlas formalmente. Byakko lo vio de reojo cómo si lo retara a dudar, pero Kyoka y Yosano se acercaron, y lentamente subieron una detrás de la otra, estaban algo separas del azabache, Kyoka se abrazó a Yosano que apretó las piernas alrededor del tigre para sostenerse de algo que no fuera Akutagawa, el tigre se levantó cómo si nada, todos notaron sus fuertes músculos moverse, y Byakko comenzó a caminar. Salió de la habitación se tensó e inmediatamente comenzó a caminar a buen paso, los tres en su lomo se sujetaron, aún más al notar que aumentaba progresivamente de velocidad, cada vez más y más rápido, no tardó mucho en encontrarse a algunos guardias que al verlos se pusieron a la defensiva, eran cinco, estaban convertidos, Byakko soltó un gruñido y en menos de un segundo los había estampado con sus poderosas patas a las paredes dejándoles marcas de garras. Los tres sobre él se sujetaron por el ajetreo, y Akutagawa miró mal al tigre, con algo de suerte sólo serian heridas tratables y estaban inconscientes…. Con algo de suerte. —No seas tan brusco — le espetó Akutagawa, Byakko lo miró de reojo gruñendo— A jinko no le gustara que hagas esto…. Y tienes que ser cuidadoso, llevas a tres encima. Byakko bufó por lo bajo, uno de los hombres se quejó y lo miró desafiante antes de apartar la mirada y volver a correr a muy buen ritmo, le volvió a gruñir al azabache y este rodó los ojos, usando a Rashōmon. —Bien, bien, lo lamento —espetó algo molesto, usando su habilidad, ayudando a los tres a estabilizarse, casi cómo un cinturón de seguridad, lo cual Byakko agradeció pues todos se sujetaban a él como si no sintiera nada. — ¿Cómo es que le entiendes? —pregunto Kyoka curiosa. — ¿No es obvio lo que el tonto de Jinko quiere? —dijo el azabache con obviedad. —No —contestaron ambas chicas al unisonó. No pudieron hablar más pues Byakko dio una vuelta algo peligrosa en menos de un segundo, estampando a dos guardias en una esquina y tomando al tercero en sus fauces, mordiéndolo con fuerza, dejando su cuerpo inerte y sangrante en el suelo, con algunos músculos dejándose ver, pero no pareció importarle ni la sangre y algo de carne que decoraba en pegotes su mandíbula bigotes y pecho, y continuo caminando implacable, los tres sobre el tragaron grueso. —Creo que esos definitivamente no respiran —susurró Yosano resaltando lo obvio, dudaba que incluso con su poder pudiera hacer algo por ellos. —Bueno… creo que es hora de hacer un trato…. —musitó Kyoka— a menos que sea estrictamente necesario…. No le diremos absolutamente nada de esto a Atsushi y si es que llega a preguntar… fue Akutagawa. —Desgraciadamente tengo que estar de acuerdo contigo…. Aceptare la culpa— dijo ahora el azabache, sabiendo de sobra lo mucho que enterarse de algo cómo eso le podía afectar al menor, aún más sabiendo que él mismo había pedido esto y no tener un control total…. No podían dejar que tuviera esa carga, de conciencia y de emoción, así que lo dejarían por la paz. Llegaron así lo tres a un acuerdo que fue secundado por un gruñido de parte de Byakko que también sabía y percibía que su portador no estaba muy contento, pues al menos inconscientemente una parte de él era consciente de lo que sucedía, pero al menos cuatro ahí sabían que la idea de ganar una guerra de esas dimensiones en el estado actual sin dañar a nadie era algo simplemente infantil. —Así si podremos —dijo Kyoka— lo lograremos, si podremos… seguro que lo haremos. —No —negó Yosano— ni siquiera lo dudes… —Definitivamente ganaremos, nuestra ciudad depende de ello —completo Akutagawa acariciando el lomo de Byakko agradeciéndole silenciosamente que estuviera ahí combatiendo, todos estaban cansados, hartos, necesitaban un respiro, pero no estaban solos. Era una batalla que podían ganar. Una que seguro ganarían, con un plan improvisado el poder de llegar a dónde necesitaban a tiempo y las esperanzas renovadas… con un reloj que marcaba que faltaban minutos para el mediodía.

----- CHAPTER BREAK -----

Quería morir. Era lo que más deseaba. Cualquiera que lo conociera, incluso tal vez sólo de un día lo diría. Quien diría que se estaría aferrando a lo que encontrara a la vista tratando de sobrevivir a lo que aseguraba acabaría cómo uno de los peores accidentes de coche registrados en Japón o tal vez del mundo… Ango y Sigma estaban en los asientos traseros con el cinturón de seguridad puesto y casi abrazándose mutuamente por la desesperación de encontrar un lugar en el cual agarrarse, mientras intentaban a su vez alejarse lo más posible de aquella criatura que sólo los veía con curiosidad, aunque no decía nada, ni siquiera se sujetaba, sólo sonreía. La bilis se aglomero en su garganta y Dazai se arrepintió seriamente de la decisión que había tomado, pues el coche y sus movidas le estaban causando un inmenso asco y a punto de generarle arcadas… si seguía así sabía que el resultado no sería muy agradable que digamos, tal vez el ferri hubiera sido verdaderamente mejor, pero ya no había vuelta atrás cerró un momento los ojos encogiéndose sobre sí mismo tratando de aguantar, mientras sentía un jalón que lo mantenía más estable al coche…. Era la primera vez en su vida que usaba el cinturón de seguridad al estar en un coche. —Chuuyaaaaaaaaa —musitó Dazai cómo pudo en su típico tono juguetón, aunque en realidad estaba tratando de ocultar en su tono el verdadero pánico, la adrenalina y el malestar que comenzaban a circular en su cuerpo cómo su sangre misma. —Cállate maldito bastardo, no me desconcentres —musitó el pelirrojo, su mirada decidida, tenía un aura atemorizante, a decir verdad, pero eso no era lo peor, ni eso, ni probablemente los ya trecientos kilómetros por hora que habían alcanzado, todo se veía como un borrón alrededor de los tres, la habilidad del pelirrojo estaba activa en el coche, ni Dazai tocándolo lo estaba logrando evitar, ya lo habían discutido alguna vez, con una idea vaga de un ascensor…. Sólo que un coche era mucho, mucho peor. Para horror de todos a bordo… el pelirrojo apenas veía la calle y parecía estar muy concentrado en su celular, si Dazai hubiera estado en el ánimo y las condiciones de bromear cómo siempre hacía, probablemente le hubiera preguntado si estaba jugando uno de esos juegos de celular que en su adolescencia lo absorbían tanto… si hubiera estado en ánimo, notaba que escribía frenéticamente con su única mano desenguantada, pero no podía ni en ese momento le interesaba saber que era, estaba concentrado en la idea de en qué tan en pedacitos acabarían en el momento que chocaran (que estaba seguro de que ocurriría muy pronto) y de que prefería no apestar a vomito cuándo encontraran los pedacitos de cuerpo por lo que se esforzaba por retener la comida de la prisión en su estómago. Desde que habían salido de Tachirojima, Chuuya había actuado con rapidez, eficacia, y sin pedir comentarios, ni escuchar a ninguno del resto, el olor a llanta quemada se introducía por una de las ventanillas levemente abiertas, sorteaban coches a una velocidad gravitacionalmente imposible, pero bueno… con el pelirrojo muchas cosas que deberían de ser “imposibles” no eran tan imposibles. Habían llegado del ferri a tierra a una velocidad extraordinaria, sólo por la habilidad de Chuuya, y ahora iban tan rápido que veían borroso alrededor y sólo los manchones de coches y sitios que dejaban atrás, a este paso Dazai ya estaba más que arrepentido de la idea de que era mejor un coche que el ferri, pero sólo se aferró a su estómago respirando profundamente mientras intentaba tranquilizarse. Había noqueado al conductor del coche (cosa que Ango se preguntaba cómo carajo iba a explicar) y se había subido, apenas y había esperado a los demás, arrancó a una gran velocidad, y desde entonces no había desacelerado ni un poco, por evidente que fuera para todos que era bastante necesario ya, incluso en embotellamientos y el tráfico común de algunas zonas las sorteó subiéndose a las fachadas de los edificios, dejando tras de sí sólo manchones en las paredes con las huellas de las llantas y algunos vidrios estrellados, logrando que aquellos minutos ya hubieran sido catalogados por sus tripulantes cómo de las peores experiencias de sus vidas. Dazai dio otra bocanada de aire sintiéndola bilis en su garganta, miró al pelirrojo, con algo más de atención, algo no le cuadraba en todo lo sucedido, que llegara a la prisión, con… bueno con una compañía tan curiosa, que ayudara, que se los llevara, que tuviera tanta prisa, que no dejara de ver su celular, se veía pálido, asustado y estresado cómo pocas veces lo había visto… quizá desde las banderas y es era mucho decir. —Chuuya —musitó por lo bajo tratando de entender la situación, esta vez no había un tono juguetón en su voz, era serio, pero algo en el mayor le preocupaba en exceso y eso lo estaba haciendo sentir extraño. —Cállate maldito bastardo… ¿no ves que estoy ocupado? —musitó aventando el teléfono al contenedor que estaba destinado a bebidas a su lado— nos queda demasiado poco tiempo quedan veinte minutos para el puto mediodía… si no llegamos antes… —movió con furia la palanca que accionó el limpiaparabrisas por los insectos que quedaban literalmente hechos papilla en el vidrio— sólo dejen de quejarse un puto segundo. —Nakahara Chuuya —musitó Dazai, serio, llamando la atención de todos, Chuuya lo miró un momento y un brillo de curiosidad y comprensión cruzó la mirada del castaño, el pelirrojo maldijo entre dientes y vio al frente, esperando que no lo hubiera notado. —Que pasa —musitó con la voz medio ahogada. —Soy consciente de que algo grave está pasando…. Pero tú… hay algo extraño en ti… en tus ojos, brillan en un tono rojizo… jamás te quitas tu guantes… No… no sólo afuera, algo aquí, ahora en este coche esta extremadamente mal ¿cierto? El pelirrojo puso ambas manos en el volante, poniendo su atención en la carretera, había palidecido, parecía que no iba contestar y Dazai pensaba seriamente en conformarse cuándo finalmente el pelirrojo suspiro con la voz temblorosa. —Los ojos rojizos ¿eh? —musitó con la voz rota. —Si… —contestó el castaño. El pelirrojo golpeó el volante sin usar su habilidad haciendo que por un momento sonara el claxon, pero no hizo nada más, sus ojos estaban repletos de lágrimas. —Lo sé… sé que están rojos… —susurró. —¿Eso es lo que le preocupaba Chuuya-san? —musitó con suavidad uno de los integrantes de sus pasajeros de atrás. —Si —susurró el pelirrojo tras suspirar temblorosamente— Si Yumeno… es eso… en parte… tú, no te preocupes atente al plan y has lo que te pedí ¿muy bien? El chico asintió y se volvió a sentar agarrándose con fuerza del cinturón que le ayudaba a no temer tanto a la velocidad. —Claro, así lo hare —dijo para confirmar una vez más. —Eso es —asintió el pelirrojo— hazlo y… todo estará bien… todo estará bien, todo está bien… —Chuuya… que es lo que ocurre —cuestionó Dazai y el pelirrojo apretó con furia el volante casi quebrándolo. —Cállate un rato… por favor —musitó y Dazai abrió con sorpresa los ojos, jamás lo había escuchado así, jamás, y fue mayor su sorpresa cuando vio una lagrima delgada cruzar su rostro. A pesar de su sorpresa decidió callarse la boca un rato, mientras procesaba todo lo sucedido, la consternación lo gobernaba, no entendía nada de lo que había estado pasando, pero lo que más temía era que sus sospechas fueran ciertas… que el chico a su lado supiera mucho más de lo que estaba diciendo. Los minutos pasaron, eternos, con el mismo movimiento y velocidad, vueltas intrincadas y frenadas momentáneas, pero el aura seria de la situación se instaló entre los ocupantes del coche cómo hollín, sucio, pegándose a sus pensamientos. Apenas vio el aeropuerto Chuuya comenzó a frenar y terminó frenando de golpe por la terminación del camino, todos se tuvieron que sujetar con fuerza de lo primero que encontraron y Yumeno choco contra la puerta, lastimándose, sin embargo, su poder no funcionaba así, logro estabilizarse, y sujeto su brazo quejándose por lo bajo… al fin se habían detenido, respirando agitados, Chuuya volteó preocupado atrás forzando el cinturón y maldiciéndose mentalmente por su descuido. —¿Estas bien? —cuestionó con la preocupación empapando su voz. —S-si… estoy bien —musitó el chico sonriendo. El pelirrojo suspiro de alivio un solo momento, pero pareció que algo cambió, se sentó bien y tapó su boca casi como si algo le produjera un asco tremendo. —E-estas… ¿Estas sangrando? —Si —contestó Yumeno sintiendo los bordes afilados de sus navajas más encarnadas en su piel. —Ahh… mierda, mierda, mierda —espetó Chuuya abriendo la puerta del auto y saliendo, parándose frente a la entrada del aeropuerto con sus manos en sus rodillas, respiraba agitadamente, y miraba el edificio, era grande… las cosas sólo se harían más y más complicadas. Dazai ignoró el persistente mareo que aún tenía y bajo del coche, se acercó a Chuuya y lo miró, parándose a su lado. —Chuuya, que te ocurre —pregunto con la seriedad impregnando su voz, el pelirrojo se irguió y negó con la cabeza sosteniéndose el puente de la nariz. —Nada, no es tu puto problema, déjame en paz, ayuda a Sigma, y Ango creo que siguen en un shock —musitó tratando de desviar la atención. —No me importan ellos ahora, que te pasa. Sigma, Ango y Yumeno bajaron del coche, ya más recuperados, aunque los primeros dos se tuvieron que esforzar por no tirarse al suelo agradeciendo seguir con vida. Chuuya miró al castaño y este se sorprendió al ver el reflejo en sus ojos… estaban humedecidos, lo miraba con una combinación de enojo y tristeza, desesperanza… dolor. —No pasa nada… no importa —musitó y una sola lagrima corrió con rapidez por su mejilla, cayendo libre. Dazai lo miró extrañado, nunca se mostraba así, parecía…. Roto, agotado, vulnerable. —Chuuya ¿estás bien? —pregunto ya algo más preocupado. —Si —contestó el otro sin dudar. —No me mientas… es malo —musitó el castaño y el pelirrojo apretó sus puños soltando una risa seca. —Vaya, mira quien lo dice. —Oye… yo… Fue interrumpido por un golpe del pelirrojo que sinceramente no se esperaba, escucho el tronar de los nudillos contrarios, no había esperado una reacción agresiva, pero lo debía haber supuesto… notaba el desastre que era el pelirrojo, lo notaba y sabía que sólo quería gritar, destrozar todo, usar corrupción, pero Chuuya se limitó a darle el golpe a Dazai en el rostro, dejándole una marca, lo miró, todos estaban sorprendidos menos Chuuya, se mantuvo en silencio, uno que le rompía el alma. —Hazme el favor de dejar de joderme, no entiendes esto, no entiendes nada, eres sólo un humano un puto humano entrometido, y no lo entiendes ¡Ninguno de ustedes lo hace! Y está bien, solo encárguense de sus jodidos problemas. Desvió la mirada, y miró su reloj abriendo grandemente sus ojos. —¡Mierda! —espetó y se echó a correr dentro del edificio, los demás se miraron y no tardaron nada en seguirlo. Apenas entrar tuvieron que reaccionar, puesto que había un gran grupo de guardias armados en la entrada, que en cuanto los sintieron cerca se prepararon para atacar, al mismo tiempo llegó un tigre trotando con personas en su lomo, una de ellas salto de este casi de inmediato, y ayudo a la más joven del grupo a bajar con delicadeza, pronto Dazai lo miró, y noto que era Akutagawa, a su lado tenia a Kyoka, Yosano y por supuesto Atsushi con su habilidad activada. Chuuya sonrió de lado. —Justo a tiempo —murmuró cómo para sí mismo, aunque algunos lo alcanzaron a escuchar. —¡Chuuya-san! ¿Dazai-san? Que… —musitó Akutagawa, pero fue interrumpido por los guardias presentes. Lograron ver de reojo, cómo llegaba corriendo otra persona, Dazai lo miró. —Ranpo… que… El chico de lentes no dijo nada, pero tampoco pudieron hablar. Los guardias se abalanzaron contra todos, Yosano bajo de un salto de Byakko, y este se impulsó hacia adelante derribando con facilidad a tres guardias mientras la sangre empapaba el suelo en manchones irregulares. Chuuya se apresuró a usar su habilidad mientras los demás se preparaban para pelear, Ango actuó rápido, y tomó una pistola que tenía escondida, y otra que había guardado por si acaso con menos balas, pero la acompaño de una pequeña daga que puso apresuradamente en el pecho se Sigma que las sostuvo aturdido antes de mirarlo, sólo fue un instante, se asintieron y cargo la pistola mientras con la otra mano sujetaba con decisión la daga. Dazai actuó rápidamente, se deslizo por el suelo, a uno de los guardias derribados por Byakko y tomo su arma, para apuntar a uno de los guardias percatándose de que tenía una habilidad, no sabía en qué consistía, pero tampoco tuvo mucho tiempo para pensarlo, en un instante estaba tan cerca de él que lo jalo de la muñeca disparándole en la cabeza, tirando su cuerpo flácido a un lado. —¡Dazai, cuidado! —Grito Chuuya, con un leve toque de desesperación en su voz, Dazai volteó justo a tiempo para percatarse de que estaba a punto de ser mordido por otro de los guardias, sólo llegaban y llegaban más, la batalla no estaba ni comenzando, lo esquivó y le disparó en la columna, su uniforme de prisión estaba lleno de sangre y el olor de la pólvora, metálico y a hierro se entremezclaban con los gritos, gruñidos, golpes y disparos en la zona. Dazai volteó a buscar a Chuuya esperando encontrarlo cerca por su advertencia, pero estaba demasiado lejos, y ocupándose de demasiados convertidos cómo para que hubiera podido ver su situación… era cómo si supiera exactamente que iba a pasar. Abrió grandemente los ojos y no pudo evitar ver de reojo a Byakko y Akutagawa que peleaban muy cerca el uno del otro… su mente fue atando cabos. Tuvo que saltar hacia atrás para esquivar otro ataque busco a Ranpo con la mirada sin éxito… si ya lo habían perdido… no se dio cuenta y choco accidentalmente contra Byakko deshaciendo su transformación, se quitó lo más rápido que pudo, pero ya era tarde, el tigre apenas logro voltear gruñéndole por lo que había hecho antes de que una luz azul inundara la habitación, Yasha actuó de inmediato defendiendo al albino que estaba inconsciente. Akutagawa impidió que cayera de lleno en el suelo, y lo puso lo más delicadamente que le permitía el momento en una zona más o menos segura, con Rashōmon, Dazai sólo los miró un momento sin poder evitar maldecirse mentalmente por haberles arrebatado la ventaja estratégica que era el tigre en su versión completa. Yosano luchaba a un lado de Kyoka tratando de mantenerla a salvo, Chuuya iba por todo el lugar derribando a los enemigos con la destreza que tanto lo caracterizaba, Ango y Sigma estaban espalda con espalda y Dazai estaba solo, al igual que Akutagawa, que estaba muy al pendiente de que nadie se acercara al albino. Atsushi abrió los ojos aturdido, estaba demasiado cansado, pero tenía que encontrar una manera de resistir, Byakko y sus amigos, sus compañeros, su familia, lo necesitaban, se levantó tratando de no gritar por el dolor en su cuerpo, y una ola de alivio recorrió a Akutagawa al verlo levantarse, iba a cubrirlo de un ataque de unos de los tantos guardias que parecían multiplicarse en apenas unos parpadeos, pero el albino saco con rapidez la espada hecha de Rashōmon y con un golpe limpio derribo al guardia. Corrió hacia él azabache y se colocó a su lado dirigiéndole una única mirada, ambos asintieron, no tenían tiempo de probar transformaciones completas, pero se cubrirían mutuamente. El abrigo que tenía el albino lo rodeo protectoramente listo para recibir órdenes, el menor tenso sus músculos y se preparó, para pelear, sus ojos ardieron en un feroz tono amarillo, y el azabache sonrió de lado… estaban ambos dúos de los dobles negro… muy probablemente no había nada que los venciera, menos estando juntos… tenían esa batalla ganada. —¿Q-qué? —escucho el susurró del menor, pero no pudo prestarle demasiada atención, Atsushi vio a una esquina de la habitación donde estaba Ranpo, no hacía nada, sólo estaba ahí viéndolo todo e incluso parecía sonreír ante la escena, Atsushi quería ir a verlo, mostrar si era una alucinación por su dolor y constantes golpes y desangramiento, pero no podía, no cuándo estaban tan ocupados intentando mantenerse en una pieza. Noto rápidamente que Ango estaba acorralado y se había quedado sin balas, por lo que su atención se alejó del chico de lentes y lo ayudo con rapidez, uso a Rashōmon para abrirse, paso, se deslizo por el suelo tomando una pistola en el suelo revisando y confirmando que tenía balas y se la lanzo a Ango que le dirigió una mirada de agradecimiento antes de quitarle el seguro y comenzar a disparar de nuevo. Atsushi estaba a su lado y lo ayudo a deshacerse de los guardias que lo acorralaban, ya había demasiados cuerpos en el suelo, suponían que después eso iba a ser de utilidad al no tener que enfrentarse a más guardias… aunque no ayudaría a la agencia cómo organización terrorista. —Gra… Gracias —murmuró Ango con la respiración agitada y el albino asintió tratando de recuperar el aliento. —Recoge un arma cuando te quedes sin munición, cuida de ti mismo, déjanos, el proteger a otro a los que tenemos habilidades de combate —musitó el albino antes de correr a apoyar a Kyoka y Yosano, Ango asintió, se limpió la nariz que sangraba levemente, ni siquiera sabía en qué momento había sido, no sentía dolor… estaban demasiado ocupados hasta para eso. Atsushi movió su brazo y lo apunto cerca de Dazai a uno de los guardias que iba a sorprenderlo por la espalda. —¡Rashōmon! —gritó controlando el abrigo sorprendiendo a algunos, pero nadie pudo decir nada. Una vez a un lado del castaño levanto los brazos intentando controlar de mejor manera a la habilidad. —¡Rashōmon Sawarabi! —gritó el menor. La habilidad lo obedeció al instante, el abrigo se movió agresivamente perforando el suelo y saliendo de este en afiladas púas que empalaron a cerca de diez guardias dándoles un respiro a Ango, Akutagawa, Dazai y Sigma, ya quedaban pocos guardias y no venían más, el albino respiro agitadamente y miró los cuerpos tapándose la boca. Akutagawa se acercó con lentitud verificando con la vista que no se movieran más los cuerpos apilados. —Vaya Jinko… ¿de verdad te aprendiste mis movimientos? El albino cubrió su rostro con sus manos y negó con la cabeza. —Oh por dios…. Lo hice sin pensar… están muertos ¿cierto? —cuestionó con el inicio de la culpabilidad enrollándose en sus entrañas. —Oh… vamos… están bien… en dónde sea que se encuentren ahora —musitó el azabache algo divertido y el menor se destapó el rostro para mirarlo mal. —Idiota —espetó, apurándose a ir hacia Yosano y Kyoka para ayudarlas con los últimos guardias. Akutagawa sonrió de lado, Atsushi molesto siempre le daba bastante gracia. —Relájate —musitó caminando a la par que él algo más tranquilos pues Chuuya ya casi acababa con el trabajo— además no sabemos si tras haber sido infectados al retirarse la habilidad por completo puedas seguir vivo. —Que motivador. —Soy honesto. Atsushi rodó los ojos y suspiro. —Andando. Dazai se había quedado parado tratando de entender la situación, era la primera vez que ambos jóvenes lo ignoraban tan despreocupadamente, Atsushi había usado a Rashōmon y si bien lo habían ayudado con los guardias, no le habían dirigido ni una mirada de reojo. Acabaron con los últimos convertidos, y respiraron aliviados, estaban cansados y aturdidos, más aun Atsushi y Akutagawa que venían de una fuerte batalla previa, sin apenas un respiro. Yosano puso una mano en su cadera y suspiro. —Bien… supongo que hola, Kunikida te tiene pendientes como quinientos reportes —musitó la pelimorada y Dazai soltó una risa entre dientes. —Es un gusto verte también —musitó el castaño y la pelimorada sonrió. —Sabes que se te necesita por aquí —contestó con una cálida sonrisa. Atsushi suspiro, tras varios minutos de disparos gritos, sangre y demás, habían logrado resistir sin muchos más que golpes, moretones y uno que otro roce de disparo. Chuuya aun con todo, en todo momento en la batalla había estado distraído, cómo a la espera de algo, protegiendo a los demás de amenazas invisibles y miraba a su alrededor nervioso, esperando algo, cómo si le costara recordar. Varias veces en sus peligrosos intentos de protección casi le costaba caro para sí mismo, pero no parecía haber sido contaminado —Y bueno…supongo que hay mucho que explicarnos, y contarnos… es un gusto verlo de nuevo Dazai-san —musitó el menor e hizo una leve reverencia que Dazai correspondió, notaba el deseo del menor, de acercarse, abrazarlo… o hacer algo, pero no lo hizo. —El gusto es mío, Atsushi-kun, Akutagawa-kun. El azabache asintió lentamente viendo sus intensos ojos avellana… le había hecho una promesa, pero honestamente esa promesa ya no le importaba, sus ojos, su protector… ya no le debía mucho que digamos al castaño, si es que en algún momento le debió algo en realidad. —Si… sin duda tenemos mucho que explicarnos —musitó Chuuya volteando a ver al albino, amenazante, Atsushi se puso nervioso, pero el pelirrojo palideció. Pasaron demasiadas cosas en pocos milisegundos. Atsushi y Dazai estaban separados por apenas un par de metros, la estructura había quedado debilitada por el poder del pelirrojo, este corrió y empujo a Dazai, alzando su mano lo suficiente para tocar en la caída un gran trozo de concreto que hubiera caído sobre él, el albino retrocedió asustado, pero ese pedazo de concreto había iniciado un efecto domino que no pudo predecir. Otro pedazo de concertó cayó sobre él, no alcanzo a quitarse y Rashōmon apenas alcanzo a frenar un poco su caída, el concreto se rompió en varios pedazos al dar con el suelo y el albino rodó por el suelo hasta quedar boca arriba, respirando agitado con pedazos sobre él de cemento y vigas, los otros pedazos que cayeron no hirieron a nadie, aunque Ango empujo a Kyoka, Yosano y Sigma atrás con tal fuerza que Sigma cayó al suelo, en un instinto de protegerlos, pero había pasado todo tan rápido, apenas unos segundos,  Chuuya no había alcanzado ser suficientemente rápido cómo para proteger también al menor. —¡Atsushi! —grito Akutagawa al ver la escena y corrió hacia él. —¡Carajo! ¡No! —gritó Chuuya, pero se quitó el abrigo en un instante, corriendo hacia el menor, Dazai y Atsushi estaban demasiado juntos, apenas medio metro. —E-estoy bien —murmuró el menor levantándose tosiendo por el polvo al tiempo que sostenía su vientre que le punzo al levantarse— sólo… creo que esa cosa tenía… —Vigas salidas —susurró Chuuya y el albino lo miró confundido. Fueron interrumpidos por varios disparos, el humo aún no se disipaba por completo y hacía difícil el ver, pero Chuuya había actuado usando su habilidad en su abrigo usándolo de escudo antibalas, cuándo lo bajo, miraron a quien estaba detrás del arma que había sido disparada. Frente a ellos estaba Ango, lucia nervioso, confundido y sudado, bajo el arma lentamente, su mano temblaba. La mirada de Dazai se ensombreció, Sigma, Yosano y Kyoka se miraron confundidos, apenas un momento antes lo habían visto, lo habían sentido empujándolos para protegerlos… y, sin embargo, estaba ahí, en apenas un segundo y con una pistola… era imposible. —D-Dazai… te... te juro que yo… —el pelinegro se trataba de explicar, pero no encontraba palabras para tratar de explicar lo que ni él entendía, había estado en un lugar y al siguiente momento tenía una pistola en la mano y… —No tienes nada que explicar Ango —musitó Dazai— yo ya lo sabía ¿no? Eres un traidor… aprovechas cualquier momento de debilidad, apuñalas por la espalda… también envenenas ¿cierto? No olvidemos esos detalles. Ango lo miró con dolor y negó con la cabeza. —No… Dazai yo no… te juro que… no fui yo. —¡No fuiste tú! ¡Que puta broma es esa si tienes en la mano la pistola, y el dedo en el gatillo —Gritó Dazai, Atsushi lo miró algo asustado, mientras Akutagawa lo revisaba superficialmente, en especial su vientre que notaba que le dolía al menor. —¡Dazai! —gritó esta vez Chuuya poniéndose entre los dos— no fue él, sé que es complicado de entender, pero no fue él, tampoco se quien fue, pero… no fue Ango. Todos lo miraron sin entender, Akutagawa le ofreció una mano a Atsushi ayudándolo a levantarse, pero este frunció el ceño y se quejó, sudando frio, aunque no sentía nada en particular más que demasiado frío. Algunos lo miraron, al escucharlo quejarse y el menor negó con la cabeza extrañado. —No… ¿No estaba Ranpo-san por aquí? —cuestionó confundido. Una risa se escuchó, pero era una risa extraña, varios voltearon a ver al detective de lentes, pero notaron que se veía muy extraño, su piel era de un color poco natural, pero los miró burlonamente, y sonrió. —Vaya, vaya chico tigre, hasta que te acuerdas de mi —musitó y el albino lo miró con confusión… algo no le estaba haciendo sentido. —Ranpo… que te pasa —cuestionó Yosano y el chico lo miró. Se percataron de que el detective jugaba con una pistola y al ver a Ango se dieron cuenta de que este miraba su pistola confundido… percatándose de que en realidad quien había disparado había sido el detective. —Efectivamente yo lo hice —musitó alterando a varios, nada tenía sentido. —Pero… Ango… cómo es que tú… —Kyoka vio a los lados preocupada sin entender nada y Yosano la paso lo más que pudo detrás de ella buscando protegerla. —Tú eres un maldito hijo de perra —espetó furioso Chuuya acercándose al chico con un aura rojiza rodeándolo, cuando se detuvo y su rostro se volvió serio— Y al menos, lo mínimo que podrías hacer es dar la maldita cara… Esto confundió a varios, pero apenas tocar al chico de lentes este se deshizo en un montículo de tierra que se desperdigo por el suelo. —Ivan —murmuró Akutagawa notando que Atsushi se desestabilizaba por momentos, pero cuándo iba a preguntarle si estaba bien escucharon aplausos al otro lado de la habitación. —Vaya, vaya, pero que inteligentes… creíamos que se verían traicionados y golpeados por la ignorancia en una desesperanza sin igual… pero superaron toda expectativa—murmuró Ivan con una amplia sonrisa, por supuesto, entre todo el caos, sacarlo de prisión debió haber sido tan sencillo para el enemigo cómo quitarle un dulce a un bebé. —Así que buscaban quitarnos… la confianza el uno del otro —murmuró Atsushi con la voz temblorosa. —Y descubrieron nuestra jugarreta… intenten quebrar muchas ramas a la vez y será imposible… pero divídanlas…. Y será un juego de niños. Dazai miró a Ango que bajo la vista lentamente. —Ango —murmuró. —Lo moví en un chasquido, para que se le inculpara por defecto y por si acaso, a su querido detective ¡pero vaya! No son ingenuos —musitó Ivan encogiéndose de hombros— pero, en fin, no cayeron, así que supongo que fin del juego. —Te equivocas —susurró Chuuya con la mirada baja, sin rasgos muy distinguibles por la sombra de su sombrero, desapareció en un instante confundiendo a todos, pero cuándo voltearon a ver a Ivan se percataron de que estaba justo detrás de él— caímos, y te voy a hacer pagar muy caro eso. Chuuya alzó la cabeza revelando unos ojos rojos, inhumanos, tomo a Ivan por el cuello, con uñas crecidas que desgarraron su piel, lo sujeto y movió su cabeza de tal manera que le rompió el cuello, dejándolo paralizado, pero aún no estaba muerto, quedando colgado con las piernas flácidas e inmóviles, Ivan lo miró con una mezcla de horror y miedo, aun con la parte extraída de su cerebro… sintió un terror que le congeló las venas. Chuuya abrió la boca dejando ver unos largos y afilados colmillos. —Sin duda cometimos graves errores al dejarlos únicamente en prisión, a las escorias cómo tú —musitó el pelirrojo con la voz profunda, para después morderlo, Ivan grito con fuerza, con dolor y desesperación, los demás veían la escena sin saber muy bien cómo reaccionar, cuándo finalmente cayó al suelo un cuerpo pálido de muerte con la mirada perdida. Chuuya volteó a ver a los demás, con la boca chorreando sangre, y miró al castaño. —Dazai… —musitó el pelirrojo, cómo activando algún tipo de remedio en su cerebro, puesto que sus ojos volvieron lentamente a ese azul con un leve tono rojizo, se limpió los labios con el dorso de su mano y miró la sangre en esta. —Chuuya… tú estás… —comenzó a decir el castaño, pero el pelirrojo lo interrumpió. —¿Qué si soy un vampiro? Si, ya lo había notado ¿Dónde está Yumeno? —¿Yumeno? —cuestionó extrañado Sigma. —Corrió a uno de los pasillos segundos antes de que comenzara la batalla —recordó Ango y el pelirrojo asintió. —Perfecto, con suerte lograra el objetivo y tendremos esa parte cubierta. —¿Lograr exactamente qué? —pregunto Dazai y Chuuya suspiro pesadamente. —Dios mío… para ser alguien tan inteligente a veces puedes llegar a ser muy lento… pero me alegra que estes bien, bastardo de mierda —musitó con una sonrisa algo tétrica por la sangre en sus labios. —Que acaba de pasar —susurró Sigma tratando de entender toda aquella situación cuándo Chuuya fijo los ojos en el concreto roto en el suelo y abrió ampliamente los ojos. —¡Atsushi! ¿¡Estas bien?! —pregunto asustado caminando velozmente hacia él. Atsushi se asustó y asintió varias veces. —Ah si… porque, no lo…. —sentía humedad en sus piernas y ya rebasaba lo normal, frunció el ceño e intentó dar un paso en vano cuando una punzada lo atravesó completamente, llevo su mano a su espalda. Akutagawa se acercó a él preocupado cuando vieron sus dedos carmesís. —Q-que…. extraño… no me duele… nada —murmuró el menor antes de caer al suelo, fue Dazai quien impidió que cayera al suelo, y lo sostuvo con firmeza acostándolo en el suelo, sobre unos escombros— q-que me pasa… Dazai-san… que… —Shhh relájate —murmuró el castaño, tomándolo de la nuca y la espalda alta para sentarlo a medias y pudieran ver la herida. Chuuya se puso de rodillas a su lado, y vieron la herida en la espalda, era grave y le recorría buena parte de la espalda baja, con el musculo desgarrado y sangre brotando de ella. —Cómo… con que… —susurró Akutagawa. —El cemento tenía vigas, el dolor es tan fuerte que su cerebro ya no lo registra. —T-tengo frío —susurró el menor y Chuuya lo relajó. —Tranquilo, todo estará bien. —Byakko —murmuró Dazai quitando sus manos para que no interfiriera. —No funcionara —susurró Chuuya— esta… débil el tigre esta débil, ha sido demasiado… —volteó a ver a Yosano que se acuclillo lentamente junto al albino— ¿Lo puedes ayudar? —Por supuesto… —Yosano acarició el cabello del albino que lucía confundido, se quitó con delicadeza los guantes—¿te duele? —No… sólo hace… mucho frío… sólo me duelen las costillas y mi vientre. —Pronto será mortal, aguanta un momento —pidió Yosano— el dolor en el vientre es cómo tu cerebro te avisa que algo está mal… aunque ya no pase el dolor real. —Que le paso en las costillas —cuestionó Dazai. —Tuvimos un… un accidente —murmuró Akutagawa— están fracturadas o quizá… rotas algunas… Yosano ladeó al menor y vio la herida asintió para sí misma y limpio un poco el área poniendo una gasa debajo del menor tratando de que no se ensuciara. —Que… facilidad tengo de herirme de muerte ¿eh? —musitó el menor y Akutagawa lo miró mal. —No es hora de bromas Jinko —espetó. —Sólo hay que esperar… sólo unos segundos —murmuró Yosano. —Sólo trato de liberar tensión —susurró cerrando los ojos, con el cansancio de nuevo colándose a los huesos, a sus venas, nuevamente vaciándose con lentitud, sintió el toque de alguien en su mano y Dazai notó cómo el azabache tomaba con delicadeza su mano— sólo quiero dormir… —Ya pronto Atsushi-kun, ya te has ganado la mejor de las siestas —murmuró Yosano, tratando de mantenerlo calmado. —Aquí estoy jinko… tranquilo… que maldito delicado eres… —musitó el azabache y el albino sonrió débilmente. —¿Ah si? Discúlpame… señor indestructible… —musitó el menor con los ojos entrecerrados. Chuuya y Dazai miraron al azabache esperando que se enojara o que le contestara mal, pero sólo lo veía con cierta tristeza, casi con culpa. —Somos un par de delicados —murmuró y Atsushi sonrió. Akutagawa notó que la presión en su mano se iba haciendo más débil, perdió la conciencia, y tan sólo unos segundos después Yosano le puso una mano en la cabeza. Una luz, cómo un chasquido se hizo presente, iluminando sólo un segundo la habitación. Akutagawa movió la mano de Atsushi tratando de despertarlo de sus sueños. El albino dormía, sí, pero en un segundo repaso todo lo que había pasado, un barco, una bengala… y.… sangre, mucha sangre. Abrió los ojos asustado tomando una bocanada de aire, se sentó deprisa, mareándose en el acto y sostuvo su cabeza con su mano libre, los presentes vieron pasar sus ojos de un rojo sobrenatural, a un tono heterocromático entre el morado y el amarillo, con sólo un leve rastro rojizo, dejándoles saber a los que aún no estaban enterados, que él también era un vampiro. Akutagawa quito su mano de la del menor con rapidez, cómo no queriendo que este se diera cuenta del delicado toque y tosió desviando la mirada. —Dios… la cabeza me va a matar —murmuró el albino sobándose las cienes y suspiro ligueramente. —¿Te sientes mejor? —cuestionó Yosano. —Si, sólo algo aturdido. —Es normal, por el cambio del cuerpo, recuerda —musitó la pelimorada y el albino asintió. El alivio se vio reflejado en el rostro de Chuuya que se levantó y vio el reloj que milagrosamente aún funcionaba en una de las paredes lejanas del lugar. 12:05 Miró su reloj confirmando…. —L-lo logre —murmuró, con la voz rompiéndosele a pedazos. —Qué cosa —cuestionó Sigma. Atsushi reconoció la voz, en realidad no había tenido mucho tiempo de ver a nadie, pero cuándo lo reconoció sus ojos se iluminaron. —¡Sigma-san! —grito el albino, levantándose con dificultad, notó la preocupación aún presente en el chico por el estado en el que se había encontrado hasta hacia un momento, y lo abrazo con fuerza— creí… creí… que nunca te volvería a ver… Sigma se paralizó y tras un momento le regreso con delicadeza el gesto al menor. —Atsushi —murmuró y el menor enterró su rostro en el cuello de Sigma, Yosano suspiro. —Y ahí está de nuevo nuestro Atsushi de siempre… —murmuró con bastante alivio en su tono de voz. —Lamento tanto…. No haberte… sostenido lo suficiente… lo siento de verdad —murmuró el albino separándose para revisarlo, aunque era él quien estaba ensangrentado y con aspecto agotado— cómo es que… —Me… ayudaron, supongo… pero me alegra mucho verte también… espero que te ayudara… ya sabes. Atsushi sonrió y asintió. —Bastante… gracias… por todo. Atsushi le sonrió cálidamente a Sigma y Dazai se levantó, viendo a Chuuya. —Chibi…. Yo sé que ya no es sólo cosa mía… que sucede aquí —el pelirrojo desvió la mirada y apretó los puños. —Sólo… sólo tenía 55 minutos —murmuró. —¿55 minutos? —cuestionó Sigma y Atsushi volteó a ver a Akutagawa…. Eso les sonaba a algo. —Wells —dijeron al unisonó Atsushi y Akutagawa, Dazai los vio con seriedad, asintió. —¿Y qué tenías que evitar? —cuestionó Dazai extrañado, Chuuya lo vio con tristeza pasando su peso de una pierna a otra. —Tu muerte, Dazai —musitó con seriedad— y la de Atsushi, y la tuya —dijo viendo a Yosano— murieron todos ustedes y las organizaciones se vieron arrasadas por la derrota. —Pero…. Cómo, el plan era… perfecto…. —cuestionó el castaño y Chuuya suspiro, alzando la mirada. —Fue mi culpa… me uni a la Decadencia de los Ángeles, y los mate… hubo otros factores involucrados, pero… yo lo hice —todos soltaron un suspiro, lo miraban o con incredulidad o duda e incluso enojo— se los explicare… yo… todo… comenzó, hace mucho más de 55 minutos… déjenme explicarles. Dazai se cruzó de brazos y suspiro. —Adelante Chuuya.

----- CHAPTER BREAK -----

Chuuya suspiro pesadamente, Atsushi se acomodó el abrigo y Akutagawa se paró prácticamente pegado a él, todos tenían su atención en el pelirrojo. —No recuerdo mucho —comenzó, viendo el techo— o… no he querido recordar, hace unos días estaba en la sede de la Port mafia, cuándo me llego un informe, Higuchi había ido a una especie de cita… no lo sé, había regresado y ataco a Gin, Hirotsu y a miembros de la mafia, fue ella quien lo comenzó todo… después supe que…. —Fui yo el primero —murmuró Akutagawa y Chuuya lo miró, ofreciéndole una sonrisa tranquila, y asintió. —Si… no pude salir de la sede, iba a ayudar cuándo… no pude ni siquiera llegar al elevador… —¿Fuiste contaminado ahí? —pregunto Ango y el pelirrojo asintió. —Si, Hirotsu me acorralo, si hubiera sido cualquier otro… hubiera intentado algo… pero no podía… lastimarlo… cuándo me di cuenta ya estaba siendo controlado. —Cómo —cuestionó Dazai con el ceño fruncido, analizando la situación. —No lo sé… Recuerdo, ver a Fukuchi, saber que él estaba detrás de Kamui y que en realidad todo siempre fue una trampa, pero no podía hacer nada, era como el fantasma de mi conciencia queriendo despertar, llegue a creer que se trataba de Arahabaki a quien no le agradaba eso del control mental, no tenía aun así voluntad, y me hice parte de la Decadencia. —Pero… no fuiste tú entonces —musitó el albino tratando de defender al pelirrojo— ¡Te obligaron! ¡A cualquiera le hubiera sucedido! Le paso a Akutagawa, no hubiera querido morder a Higuchi y menos sabiendo el peligro que correría Gin, no te puedes culpar de ello. Akutagawa desvió la mirada y Chuuya le sonrió cálidamente al albino. —Eres tal y cómo dicen… amable cómo sólo tú… No tienes que defenderme… supongo… que no fue enteramente mi culpa…. Pero pude haber ofrecido más resistencia… —No es… no es cierto —susurró el albino y bajo la mirada viendo al suelo, apretando con fuerza los puños, Akutagawa lo miró con algo de pena— a todos… nos manipularon… no puedes culparte… a mí también… Fukuchi también… me…  —aparto la mirada y suspiro con enojo, recordando todo lo dicho por el mayor— si lo haces ¿Qué nos queda? Se lo que es… regresar, tener esos malditos cincuenta y cinco minutos… y creer que todo está en tus manos, porque así es… Chuuya lo miró con curiosidad y suspiro con una media sonrisa, Akutagawa no lo quería mirar. —Es una mierda ¿eh? —murmuró e pelirrojo y metió las manos a los bolsillos de sus pantalones para suspirar— supongo… que Fyodor hubiera encontrado la manera de usarme… y si no él, alguien más… no había opción... cierto… pero... en la prisión… debes saber que Dazai… —Estaba con Dostoievski en prisión —asintió el albino mirándolo. —Y yo fui ahí —El pelirrojo vio al castaño y suspiro— mate a los guardias, Gogol inicio el juego pero todo fue diferente y más rápido conmigo ahí, trampas y demás se vieron involucradas, nosotros salimos antes, y Dazai se quedó en la prisión… logre infectar a Sigma y para… para infectar a Dazai estuvo realmente cerca, pero se lo deje a Sigma, teníamos otros planes —musitó mientras bajaba la mirada incapaz de ver al menor. —Chuuya —susurró Dazai y el pelirrojo negó con la cabeza viendo a la salida del aeropuerto. —Cuando salimos de prisión Fyodor se inyecto algo —musitó ignorando al castaño— no supe que era hasta hace rato, nos fuimos y Fyodor recibió un reporte de que Dazai había desaparecido de prisión, todo fue muy rápido, nosotros nos transportamos en coche hasta aquí para ofrecer ayuda a Fukuchi y derrotar a la agencia, tener acceso a la página y escribir la parte final del plan, que requería a Dazai muerto, llegamos y… empezó una batalla, nos topamos con ustedes… —musitó viendo a Atsushi, Akutagawa, Yosano y Kyoka. —Por eso sabias que iba a pasar —murmuró Akutagawa y el pelirrojo asintió. —La batalla no era la misma, porque Fyodor no estaba aquí…. No está aquí, y pido por que este muerto, pero si, lo esencial debía permanecer igual según lo que dijo Wells, y peleamos, Dostoievski en algún momento se topó con Yosano y la mato, ni su poder pudo hacer nada, estaba todo muy mal, cuando llegaste tú con Ango, Dazai, llegaron y trataron de ayudar, pero era tarde… Atsushi… estaba muy herido, calló la estructura y los hirió a ustedes dos, iban a… Desvió la mirada viendo a una parte del lugar vacía, pero que gobernaba de terror su mirada. —Chuuya —le llamo el castaño acercándose un paso. —Seguía ordenes —susurró con la voz rota viendo el lugar, sin apartar la mirada— lo hacía… pero… no soportaste los disparos… te… te rompió ver a Atsushi muriéndose…. Y simplemente no lograste moverte lo suficiente… las balas te mataron… Atsushi… él defendió a Kyoka… porque una bala le… iba a dar a ella… en un despiste… una bala que iba para ti Dazai… y… Chuuya tembló y tapo su rostro con una mano. 
Recordaba a Akutagawa aferrándose al cuerpo del albino tratando en vano de mantenerlo consciente, mirando a Dazai, con la palidez en su rostro, incrédulo.
 
—Dazai esta… —susurró Akutagawa… se veía roto.
 
—Akutagawa… yo no —murmuró Ango y Akutagawa lo miró con odio, con dolor.
 
Protegió a Kyoka con Rashōmon lanzo un aullido de rabia, de dolor, de ira, mato a Ango, y sostuvo a Atsushi que apenas respiraba, lo miró con tanto dolor que la conciencia había regresado a la mente de Chuuya que no soportaba bajar la mirada a ver a su compañero muerto.
 
—Jinko… Jinko, vamos… aguantaste hace rato… puedes, puedes hacerlo ahora… cómo antes… hazlo… hazlo… no está… Yosano… pero encontraré… sólo resiste… no me puedes dejar estúpido tigre malnacido… si hice esto… fue para que tu vivieras… si estoy aquí es por ti… respira Atsushi por favor…
 
El albino le sonrió con dolor, pero ya no se podía mover, Chuuya vio la herida en la espalda… no había nada que hacer y él sólo se quedó quieto.
 
—R-Ryūnosuke… —susurró Atsushi con el último hilo de su vida entre sus manos… entre las manos del azabache— jamás… t-te dije... que tienes… un hermoso nombre…
 
El albino esbozo una débil sonrisa, y lo miró a los ojos, cuándo se dejó de mover, un destello azul revelo su habilidad yéndose.
 
Fyodor no dejaba de llamar a Chuuya.
 
Rashōmon no dejaba de proteger a Kyoka.
 
Dazai no respiraba.
 
Atsushi tampoco.
 
Y Akutagawa…
 
Su mirada se oscureció a la más denso e inhumano que Chuuya hubiera visto jamás, miraba los ojos ahora muertos y sin brillo del albino.
 
—Perdí… todo… perdí… a mi familia, a mi mentor, a mi hermana, a mi… a mi… Atsushi... A mi organización… a ti —susurró con la voz temblándole de ira y lo volteó a ver con esos ojos muertos, dejo a Atsushi con tanta delicadeza en el suelo, como si estuviera hecho de cristal, cerró sus ojos con cuidado, y dejo su mano encerrada en un puño sobre su inmóvil pecho.
 
—Kyoka, vete —musitó Akutagawa sin ver a la chica que sollozaba con fuerza apretando sus puños en el conejo junto con el celular que colgaban de su cuello.
 
—Y-yo…
 
—¡QUÉ TE VAYAS! ¡YA NO ERES NADIE AQUÍ! ¡YA NO PERTENECES A NINGUNA LUZ! ¡LÁRGATE! ¡VETE! ¡VETE!
 
Kyoka retrocedió un paso asustada, rodeada de convertidos, muertos y… Akutagawa.
 
Salió corriendo, llorando, porque sabía que si no lo hacía Akutagawa la mataría… pero muy adentro sabia porque lo había hecho…
 
Akutagawa se levantó lentamente y miró a Fyodor.
 
—La protegiste hasta el final —musitó divertido.
 
—Acaben con esto… destruyan esta maldita ciudad… si no lo hacen ustedes… lo hare yo… lo lograron.
 
Chuuya lo miró… noto la decepción, la traición que sentía el azabache, el dolor, era tanto que parecía a punto de rebasarlo, de matarlo.
 
El reloj dio las doce.
 —Chuuya —susurró Dazai frente a él, tomándolo de los hombros y el pelirrojo lo miró, notando cómo su habilidad se desactivaba… sin notarlo un aura roja lo había rodeado. El pelirrojo se alejó y negó con la cabeza perdido en el recuerdo. —Perdí el control… tu muerte… y la de Atsushi me regresaron la conciencia… pero… ver a Akutagawa así… iba a destrozar la tierra… pedía que lo matáramos… pero sus ojos no eran de un hombre que busca la muerte…. Quería matarme, a mí, a Fyodor, a todo el que se le cruzara enfrente —susurró— Hizo que Kyoka huyera, y lo que dijo me termino de romper, active corrupción… se desato un nuevo caos, el aeropuerto se destruyó, las organizaciones se acabaron, mate… a todos por igual y sólo recupere la conciencia cuando mi cuerpo estaba tan roto que estaba a segundos de morir. Todos lo miraban con nudos en la garganta, Akutagawa no había podido evitar acercarse mucho a Atsushi y tomar a Kyoka suavemente de la muñeca. —Wells me lo explico todo rápidamente y me transporto… el simple hecho de recordar todo me regreso mi conciencia, hice mi propio plan y fui por Yumeno, le explique todo camino a la isla e hice que no pareciera sospechoso hasta el último momento a la Decadencia de los ángeles, con habilidades y demás el tiempo alcanzo justo… para lograr esa parte del plan… quiero pensar que si actuamos bien… con Yosano… y Atsushi… y contigo Dazai… evitaremos que se… repita. —Oh Chuuya —susurró Dazai acercándose a él… lo conocía, sabia, que, ante todo, las perdidas le dolían demasiado, las banderas… y su… familia, luego él y Atsushi… se lo imaginaba bastante bien. —Cállate, no necesito tu puta compasión. —No es compasión Chuuya. —Lo es, cállate hay que pensar un plan… Dazai lo tomo de la barbilla y lo obligo a mirarlo, con la sangre en sus labios sus ojos medio rojizos y los surcos dejados por las lágrimas entre la suciedad en su rostro. —Oh Chibi... —murmuró —el pelirrojo desvió a mirada antes de abrazarlo, con mucha fuerza, Dazai contuvo la respiración por su cuerpo que aún no se reponía de envenenamientos y batallas, pero sabía que el pelirrojo lo necesitaba con desesperación para no romperse. —Gracias por no morirte esta vez estúpido bastardo —susurró el pelirrojo y Dazai paso una mano por su espalda. —Oh petit mafia… que te puedo decir, no es un placer, pero no te abandonaría tan dramáticamente… creo. Chuuya frunció el ceño con enojo, pero no lo soltó. —Te odio… te odio tanto estúpido Dazai… no sabes lo que es cargar con el peso de algo que no paso… te odio por morirte, aunque ya no paso… te odio, te odio… —Es algo…. Contradictorio si me estas abrazando tan cariñoso ¿no? —se burló un poco el castaño. —Cállate… hablaremos después de esto… ¿entendiste? El castaño asintió y se permitió consolar a Chuuya un rato más. Los demás se miraron extrañados, aliviados, conscientes de que tenían una segunda oportunidad… si, no estaban muertos, que ya era un avance… y estaban consientes, más o menos, de lo que podían hacer… Atsushi miró a Akutagawa, que parecía un poco perdido, y después a Kyoka, y Yosano, paso su mirada a Sigma y frunció el ceño. Se cruzo de brazos y se alejó del grupo, el único que lo notó fue Akutagawa, que lo miró con atención. Atsushi miró uno de los guardias con las marcas de las garras del tigre, apretó los brazos en torno a él cómo protegiéndose y después vio al cielo nublado… pasaban de las doce, sí, pero la guerra no estaba ni cerca de acabar. —A menos… —susurró para sí. Su mente comenzó a pensar rápidamente en las posibilidades, si, no poseía tantas habilidades cómo las de Dazai, pero… recordó. —Atsushi —lo llamo Kyoka y el albino la volteó a ver. A Kyoka no le gustó nada la mirada, era la misma que les había dirigido al recibir la información de Sigma… una mirada extraña, rota, oscura, que le recordaba a Dazai, Akutagawa, incluso Mori, en sus peores momentos, y sin embargo en su rostro había una sonrisa. Fueron distraídos por Dazai y Chuuya que finalmente se separaron, el más bajo ya algo recuperado. Dazai miró a Ango y suspiro. —Ango yo… —No te preocupes —musitó el de lentes alzando las manos— bien merecido lo tengo… una vez mentiroso… nunca dejas de ser mentiroso…. Es mi cruz, no te culpes, lo entiendo, probablemente… yo haría lo mismo. —Supongo que si —murmuró Dazai sonriendo de lado, aunque sus ojos poseían recuerdos de algunos años atrás. —¿Y? Cual será nuestro siguiente paso… necesitamos inteligencia… y rapidez —musitó Yosano. —Se que hacer —musitó Atsushi dando un paso enfrente ganándose la atención de todos— sé que no soy el más inteligente del grupo… pero creo que por una vez… sé que hacer. —Habla —asintió Dazai y el albino lo miró negando con la cabeza. —Tienen que confiar en mí, tengo que buscar a una persona y con algo de suerte… tendremos la alianza que causara el fin de la guerra. —¿Alianza? ¿es alguien que conoces? —cuestionó Chuuya y el albino sonrió de lado. —Es un conocido —musitó viendo su mano como recordando— hemos ganado batallas juntos…. Directa… o indirectamente, lo encuentro a él y puedo dar marcha a un buen plan. Sus ojos decididos, completamente amarillos, con un toque rojizo asustaron un poco a todos. —Con quien necesitas hablar —asintió Dazai. Atsushi suspiro pesadamente. —Mori Ōgai —musitó con decisión y sin una pizca de duda. Todos se sorprendieron al escucharlo.

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