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Redencion Honor y

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1.
El juicio El rostro plateado de Dumbledore movía los labios mientras se mantenía suspendido en el aire y en el tiempo. Lucía como cualquier noche de bienvenida para las brujas y los magos del primer año de Hogwarts, excepto que sus palabras y ojos estaban embargados de furia. Ahí, en medio de la guerra, mientras centenas de muggles desaparecían días tras día para ser torturados de las formas más horribles, cuando la Orden se extinguía entre el miedo y la duda con el paso de cada segundo, y al mismo tiempo que tres jóvenes idiotas deambulaban por el mundo tratando de detener las fuerzas oscuras, él, Dumbledore, se las había ingeniado para hacerse un espacio después de la muerte con tal de reñirlo. Agosto de 1998Habían pasado apenas unos meses desde que Tom Riddle había sido derrotado en la “Batalla de Hogwarts”, un nombre popularizado de manera espontánea que Minerva McGonagall desdeñaba y que se había colado entre sus reflexiones mientras caminaba con pasos decididos acercándose a la entrada del ministerio de magia. Su túnica negra hecha a la medida estaba ausente de los patrones usuales del tartán que le solían acompañar; el motivo de su visita era serio y como la nueva directora Hogwarts, debía reflejarlo en su vestimenta. Ella había sido escogida como interina durante el primer mes y después reconocida definitivamente por sus colegas. Fue una transición esperada debido a su cargo como subdirectora a lado de Albus, pero una parte suya había anhelado que alguien más tomara el cargo. Filius le aseguró en su momento que todo saldría bien y que ella era la persona indicada para liderar lo que viniera; sin embargo, a su labor como directora se sumaba el mando de la Orden del Fénix y recientemente se había agregado su cargo como representante del ministro magia.A pesar del número reducido de miembros de la Orden, ella se encargó de reagruparlos y de integrar a nuevos elementos que habían sido sus aliados naturales; como directora las actividades eran demandantes, planear la reconstrucción del castillo, los invernaderos y el estadio de quidditch, colaborar con los centauros y la gente del agua para proteger tanto el Bosque Prohibido como el lago, coordinarse con Hagrid y Grawp para cuidar a los Thestrals, así como otra serie de tareas que se extendían una tras otra; la más difícil a pesar de todo era fungir como representante del ministro.Arthur Weasley le había pedido su ayuda explícitamente, él no estaba tan conforme con su cargo y dudaba de su capacidad para manejarlo. Arthur pensaba que los magos como Dumbledore (sabios, poderosos y casi inmortales) eran quienes tenían que cubrir esos roles. No obstante, tras el asesinato de Kingsley Shacklebolt, la gente había demandado que tomara esa posición política. Weasley era un apellido que la gente relacionaba con una de las familias más antiguas del mundo mágico, con el extraño comportamiento de su patriarca obsesionado por los muggles, pero que siempre se mostraba amable y franco, además había solucionado lo que parecía un problema de gran escala. Todos esos aspectos lo que convertían en el candidato idóneo para las brujas y magos de Reino Unido, que soñaban con un mandato que priorizara la renovación cuidadosa y cálida para salir de la oscuridad; pero eso no era todo, Weasley era el nombre de la familia heroica que había peleado para protegerlos. De nuevo, la “Batalla de Hogwarts” regresó a sus pensamientos mientras recogía su varita tras la examinación de los magos de seguridad. Cada ocasión que las brujas y los magos se referían a ese evento catastrófico de aquella forma apretaba sus labios en una línea recta contenida. Era un título que demostraba el júbilo, la reverencia por lo que había sucedido, pero casi enseguida se volvió en una etiqueta de morbo y exagerada solemnidad. Cientos de magos londinenses dramatizaban los hechos en sus cartas a otras partes del mundo, para narrar su papel en los sucesos, incluso si nunca habían puesto un pie antes en Escocia.Era sabido que la magia solía ser acompañada de comportamientos imprudentes y personajes estrafalarios, por esa misma razón, los encuentros internacionales de cualquier tipo se convertían una exhibición de mal juicio. Esa conducta era tolerable para ella, puesto que se arraigaba en una celebración del sentido de pertenencia a un mundo lleno de secretos milenarios y, hasta cierto punto, era predecible que actuaran así; sin embargo, poner un nombre rimbombante a un momento histórico que debería quedar registrado entre las vergüenzas del mundo mágico era otra cuestión. La gente hablaba con ligereza del asunto y mencionaban la batalla como algo superado, como una simple historia de una canción de algún bardo. Se habían entregado al ocio y la diversión.Al igual que la primera vez que los magos y las brujas pensaron que la guerra había cesado, en esta ocasión también se habían dado el lujo de salirse de sus cabales. Dedalus Diggle había perdido toda pizca de cordura y había conjurado auroras boreales en el sur de Inglaterra; otras decenas habían invadido las calles muggles para mezclarse con ellos, la intención era “celebrar” que, decían a los muggles que escuchaban consternados y sumamente ofendidos, un “señor oscuro” por fin había muerto. Se necesitaron varios días para editar las memorias de cientos de personas y todo empeoró cuando el nuevo primer ministro muggle dio un discurso lleno de orgullo porque los asesinatos y desapariciones de personas habían ido en picada.-Quiero agradecer profundamente a Harry Potty- había dicho con jovialidad pensando en el buen clima electoral que ese desconocido le había proporcionado.Para el mundo mágico se había convertido en un chiste graciosísimo, pero los muggles quedaron perplejos. Los más astutos habían deducido que quién fuera Potty tenía que ver con la reducción de crímenes y lo agradecían, no obstante, al ser una figura desconocida, enseguida se levantaron sospechas de un posible caso de intervención política. ¡Gracias a Southworth, Arthur Weasley había tomado el liderazgo enseguida! Con un equipo entrenado en Estudios Muggles se encargaron de la situación sin la necesidad de borrar mentes. Pronto empezaron a dispersar rumores de que el ministro era una mezcla de muggle-réptil, llamado reptiliano, y la idea fue tan bien recibida que a cada rato había nuevas acusaciones de que el ministro estaba mudando su piel o que sus ojos lucían extraños, por lo que se aceptó que “Potty” era algún cómplice de la misma especie o un código para referir a un ente superior.Sin embargo, este poco tiempo había sido caracterizado por cambios abruptos que expresaban aquello que todos en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda parecían querer negar: la paz no estaba garantizada, era algo frágil que se tendría que construir cada día. Esa despreocupación es lo que terminó conduciendo al asesinato de Kingsley Shacklebolt a manos de Dolores Umbridge antes de cumplir siquiera dos semanas como ministro. La bruja que se encontraba a la mitad de su juicio dijo con un tono alegre que podía considerar un logro la muerte de varios híbridos durante la guerra. Shacklebolt, recordó el cuerpo sin vida de Remus y en un arranque de rabia le dijo que en adelante hombres lobo, vampiros, gigantes y otras criaturas mágicas serían prioritarios para el destino del mundo mágico. Dolores alzó las cejas en señal de entendimiento, con la piel blanca por la furia, pero con una sonrisa serena, había pronunciado la maldición asesina y para sorpresa de todos, un haz verde cruzó el aire desde la varita de uno de los jueces.Los labios de Kingsley se curvaron mientras caía sobre su espalda y el resto de los magos inmovilizaba al juez que lloraba diciendo que no había sido él. En medio de aquella confusión las varitas comenzaron a lanzar rayos aturdidores, maldiciones y llamaradas sin que nadie las hubiera conjurado deliberadamente. Amos Diggory, que había sido ascendido de su cargo como director del departamento de regulación y control de criaturas mágicas, fue el único que alcanzó a darse cuenta de que el mago de seguridad que había llevado a Umbridge, la sacaba por el pasillo antes de que se escuchará el chasquido característico de una desaparición conjunta. Las varitas cesaron su encarnizado ataque y, para asombro de los que seguían en pie, se redujeron a cenizas.Minerva volvió al presente mientras caminaba por los pasillos del ministerio de magia y con su habitual impaciencia para la falta de compostura, desechó otra vez el título de la “Batalla de Hogwarts”. La gente de un día al otro quería olvidar y festejar, pero ella no podía. Shacklebolt era otra pérdida para la Orden, una reciente y que todavía dolía, y por si fuera poco ahora tenía que dirigirse hacia el juicio final de uno de sus estudiantes: Draco Malfoy.Llegó hasta las puertas negras del salón seleccionado para el juicio y notó con disgusto que el único presente era Amos Diggory, juez principal del Wizengamot. Como Minerva, Amos había obtenido el cargo por petición de Arthur Weasley para poder cumplir con sus nuevas funciones de manera apropiada; según el ministro, Diggory trabajaba con empeño desde la muerte de su hijo y tenía la cabeza lo suficientemente fría para no perder los estribos ante situaciones de emergencia. El mago vestía una túnica púrpura y la miró curioso antes de saludarla con cordialidad, mientras con su varita repartía varios pergaminos sobre las butacas de los demás jueces estarían presentes.Minerva dio un resoplido ante la ausencia del tribunal, pero no hizo pregunta alguna, el proceso iniciaría en 40 minutos y ella no daba crédito de que pudieran ser tan impuntuales. Miró con detenimiento el salón y pudo confortarse con el hecho de que Arthur Weasley estaba logrando avances profundos en el ministerio. Los impolutos salones de piedra con sillas intimidantes quedaron atrás y ahora el espacio circular estaba lleno de madera clara que relucía con la luz del sol artificial que proyectaban las ventanas encantadas. Con su mirada analítica, la directora de Hogwarts identificó las fallas del encantamiento utilizado. Si Filius viera lo que ella, seguro temblaría con resignación y se obsesionaría con reformular su plan de estudios para que los detalles enseñados en segundo año no se olvidaran, como ella podía apreciar en la posición contraria del sol, en relación con la dirección de la que emanaba la luz.La corte se dividía en tres áreas alrededor de una sencilla silla de madera que se encontraba en el centro. La parte donde Diggory estaba de pie, componía un semicírculo de asientos dispuestos sobre una tarima de madera y las otras dos se encontraban separadas entre sí, dejando un espacio libre que desembocada en la silla central; a diferencia de los lugares designados para los jueces, todos los demás lugares estaban directamente sobre el piso de piedra color arena.Caminó con resolución hacia uno de los asientos dispuestos al frente de los jueces y tomó lugar a la izquierda, ella esperaba que todos estuvieran ahí para que dictaran la orden del día con antelación, pero no parecía que eso fuera a suceder. Así que con un movimiento ligero de su varita y, sin pronunciar ni una palabra, hizo los ajustes precisos sobre el encantamiento de las ventanas. Cuando terminó, miró hacia el frente mientras comenzaba a revisar mentalmente su agenda y repasaba sus planes para la reapertura de Hogwarts que tendría lugar en septiembre. La ventaja de tener una mente ágil y aguda era que podía hacer cosas sin necesidad de moverse; ya tenía cerca de 18 años que había estado el día entero con la mirada fija en Privet Drive (antes de que Albus dejara a Harry Potter con sus tíos) mientras estructuraba su curso de todo el año.-Creo que hay un error Minerva- dijo delicadamente Diggory, tratando de llamar su atención.-¿Perdón?- soltó Minerva en respuesta, volteando su rostro hacia el asiento central que tenía en frente. Su voz, a diferencia de la de Amos, era sólida y dejaba en claro a su interlocutor que estaba exigiendo una explicación.-Verás, Minerva, de acuerdo con el nuevo sistema introducido por el ministro, el área izquierda de asientos, a lado de los criminales, está delegada para sus defensores y testigos. El ala de la derecha, que es la que te corresponde sin duda, es para quienes aportarán pruebas para emitir una condena justa a los magos oscuros- mencionó de manera condescendiente mientras señalaba al otro lado del salón con su mano invitándola a cambiar de asiento.-Creo que has malinterpretado mi pregunta, Amos- pronunció Minerva con un filo superior al de la espada de Gryffindor.-¡Debes estar bromeando!- exclamó el juez con furia, su postura se había tensado y su mirada se encontraba llena de severidad.-Si estoy bromeando, no veo una razón para que alces el volumen de tu voz- se limitó a decir la bruja con tranquilidad. Años atrás, específicamente antes de la muerte de Dumbledore, habría confrontado al pelele que tenía delante suyo; sin embargo, tras todo lo ocurrido había decidido tratar de canalizar la calma del colega que siempre respetó. Como nueva directora de Hogwarts no mancillaría el honor del colegio. -Te sugiero que respires Amos, debes portar tu investidura con propiedad. Recuerda que tuvimos un ministro que se exaltaba con facilidad mientras negaba el regreso de Tom y estoy segura de que no está entre tus planes que nadie piense lo mismo, ¿verdad? – añadió antes de mirar nuevo hacia el frente y sumergirse en sus planeaciones anuales.Amos Diggory la miró sin dar crédito y pensó seriamente solicitar la destitución de la bruja en una carta oficial a la junta de padres del colegio. Sin embargo, cuando esas ideas estuvieron a punto de desbordarse, un chasquido resonó en la sala y en medio de Minerva McGonagall y Amos Diggory apareció un elfo doméstico bastante anciano.-¡Por las barbas de Merlín!- Gritó asustado Diggory sacando su varita de inmediato.-Tan típico- Dijo Minerva mirando con desaprobación al juez y sin ningún gesto que perturbara su compostura.El elfo que alguna vez fuera casi demacrado, lucía sano y con un aura cercana a la felicidad. Tenía un suéter verde esmeralda que le llegaba hasta las rodillas con una gran letra “K” bordada con hilos de color plata en el pecho y en la espalda se leía el nombre “Regulus”. Alrededor de su cuello colgaba un viejo relicario y en su muñeca izquierda estaba amarrado lo que parecía un pedazo de tela extremadamente limpio. Con una reverencia estudiada el elfo saludo al mago y a la bruja, aunque miró con desprecio a éste cuando se dio cuenta de que lo apuntaban con una varita.-He venido en nombre del Amo Potter- dijo haciendo memoria de los modales que le había enseñado su dueño cuando estuviera en frente de alguien que no le agradara, pero dejando liberar el veneno en su mirada. -Acaba de regresar de Aberdeen y desea confirmar que asistirá en unos instantes- recitó paseándose por el lugar- Agradece la invitación del juzgado y pide que no vuelvan a enviarle mensajes con poca antelación y menos cuando está en una misión. Si quieren deshacerse de él, basta con que se lo pidan, no cree necesario que saboteen su trabajo. -terminó de dar el mensaje y parpadeó con lentitud, rastreando algún detalle que pudiera pasar por alto y cuando decidió que no era así, giró hacia la bruja y con una última reverencia despareció.Minerva escuchó el mensaje y sonrió para sus adentros, dudaba que Potter hubiera dicho algo semejante. Miró a Amos que comenzó a quejarse indignado.-¡Un elfo doméstico! Entrando en este recinto mágico…- decía para sí, mientras parecía pensar en el mal día que estaba teniendo- Tendré que despedir Blair, nadie debería transportarse en este lugar, es riesgoso.La bruja lo miró detrás de sus lentes de montura ovalada con severidad y se decidió a hablar.-Amos, tendrías que despedir a todo el personal bajo tu control. Como sabes, la magia élfica es superior a cualquier hechizo de protección o campo de fuerza- aleccionó con paciencia.-Un mito, no es nada más que eso- desechó el mago con el rostro plagado de prejuicio. – Es muy simple, si fueran tan poderosos esos bribones, sería el “ministerio de elfos” y no de magos, ni siquiera las alimañas de Gringotts con su magia han podido demostrar algún poder superior- dijo con la convicción de alguien que explica que el agua moja.Minerva se dio cuenta de que no podía perder más tiempo con ese alcornoque y optó por concentrarse nuevamente hasta que llegó el momento. 5 minutos antes de iniciar el juicio las puertas se abrieron de nuevo, un desfile de magos y brujas con túnicas color escarlata y cuellos blancos fueron tomando sus respectivos asientos en el área de jueces. Solo una bruja pequeña salió del grupo y fue depositando cuarzos sobre cada uno de los asientos del área derecha. La directora de Hogwarts comenzó a preocuparse cuando vio que ningún lugar de la derecha quedó vacío, eso significaba que por lo menos 50 personas habían decidido testificar en contra de Draco Malfoy.Decidió mejor no darle vuelta al asunto e ignorar que ella era la única persona sentada en el lado izquierdo. Miró con determinación cómo la silla de madera que se hallaba en medio de la sala comenzaba a hundirse en el suelo. Éste había adquirido la textura del fango y pudo reconocer en él, la magia de George Weasley, y se permitió recordar cuando los gemelos mostraron su primer pantano portátil. En ese momento, Filius, Pomona y ella habían discutido el alto de nivel de magia que se había requerido; Filius había mencionado que modificar todo un pasillo de manera tan precisa revelaba que ellos atendían con precisión sus cursos; Pomona, en cambio, había admirado la atención al detalle al haber agregado nenúfares de sangre y dijo que de haberlo querido podrían desarrollar una aplicación de la herbología teórica. Ella, aunque no exageraba las virtudes de sus alumnos, estaba orgullosa de la transformación ejecutada y se había preguntado cómo sería si el pantano portátil no hubiera sido diseñado a manera de sortilegio.Mientras la cabellera platinada de Draco Malfoy surgía del suelo, Minerva obtuvo su respuesta. Podía notar que el hechizo sobre el piso de piedra era una extensión de la magia utilizada en el pantano portátil, una versión más poderosa y madura; a sus ojos eran visibles las decenas de capas de protecciones dispuestas para evitar que alguien se deshiciera de la transformación y comprendió que todo el salón estaba imbuido en esa magia. Una trampa silenciosa lista para extender su rango en caso de ser necesario, que reflejaba tanto el tributo, como el dolor de alguien que había perdido a una extensión de sí mismo. ¿Se preguntaría George Weasley si su hermano habría sobrevivido de utilizar ese conjuro?Para cuando Minerva dejó de preguntarse por Geoge Weasley, Draco Malfoy ya había emergido en su totalidad, pero todavía no la había visto. El joven Malfoy miraba resignado al suelo, estaba envuelto en un ropaje mugriento, con los pies, las manos y el torso sujetados firmemente por anillos mágicos de color acero. Su cabello platinado caía en una melena desgreñada proyectando sombras sobre su frente y mejillas, los pómulos resaltaban debido a su delgadez y los ojos grises estaban ausentes de cualquier brillo o señal de orgullo. En algún lugar recóndito había quedado la dignidad y confianza que emanaba Malfoy cuando todavía asistía al colegio, su altivez y sentido de autosuficiencia se había ido. Él, al igual que sus padres y otros mortífagos habían sido llevados desde un inicio a un área protegida, en lo que se reorganizaba el funcionamiento del ministerio por órdenes de Shacklebolt, quien defendía la búsqueda de medidas alternas a Azkaban; no obstante, después de su asesinato, la gente había clamado por el castigo con la prisión y a pesar de todos los intentos de Arthur para impedirlo, la presión de la gente fue superior. Tres meses y esos eran los resultados. Sin ninguna especie de misericordia, Amos Diggory sonreía con la pretensión del triunfo y se aclaró la garganta.-Aunque entiendo que el peso de nuestras acciones es un yugo, no podemos comenzar su juicio sin que nos mire, señor mortífago- dijo con falsa suavidad el juez, poniendo un énfasis irónico en la penúltima palabra, agitó con fuerza su varita y una mano invisible jaló el cabello platinado forzándolo a alzar la cabeza.Draco tenía una expresión de dolor, pero no emitió ni un solo sonido. Vio a los jueces lleno de culpa y su forma rendida daba a entender que pensaba que todo lo que pasara se lo merecía.-¿Cómo es posible que permitan semejante atrocidad?-intervino de inmediato McGonagall observando al resto de los jueces- ¡Es sólo un niño, por todos los cielos!- movió su varita levemente y los mechones de cabello que se mantenían rectos en el aire cayeron.Por primera vez, Draco Malfoy pareció ser consciente de su alrededor y observó con sorpresa a su exprofesora, sus ojos se hicieron pequeños y algo semejante a un rubor se situó sobre sus mejillas “gracias” artículo en silencio. Malfoy que siempre mostró indiferencia por la profesora de transformaciones, estaba atravesado por un sentimiento de autodesprecio. No merecía su ayuda y aun así, ahora que ya no tenía nada que perder, lo agradecía. Si iba a ser su último momento antes de ser sepultado en los muros de Azkaban no tenía ningún sentido mostrar su debilidad ante la persona que hallaba ahí de su lado. Minerva le sostuvo la mirada con gesto apaciguador por un instante, antes de volcar toda su indignación en contra de Diggory.-Quiero saber por qué tratan de manera inhumana a Draco Malfoy en este momento- exigió con el acento cargado de autoridad. Dumbledore jamás hubiera permitido algo así y conocía a Arthur lo suficiente para saber que nada de esto era un protocolo del ministerio. Buscó en la mirada de los jueces y con asco contempló el desprecio que emanaban todos. Se regocijaban del sufrimiento del muchacho por resentimiento a su historia, a su familia, a su poder y su dinero. Tendría que hablar con Arthur de manera implacable.-Comprendo que después de tantos años como maestra extiendas tus emociones sobre los alumnos Minerva, es bastante conmovedor y sin duda es una cualidad loable-comenzó el juez con falsa empatía- Pero debo pedir que te controles, estamos en un proceso que requiere de seriedad y…-¡Alto ahí, Amos!- advirtió la voz profunda de un joven con amabilidad- A menos que pretendas que te transformen en una cajetilla de cerillos, yo no continuaría ofendiendo a la Profesora McGonagall- añadió con reverencia Harry Potter, mientras entraba a la sala con una extraña comitiva detrás: Molly Weasley que miraba con incredulidad, desde su rostro agotado, a su hijo menor; Ron le seguía con las orejas enrojecidas y su habitual paso desgarbado; un poco atrás, llegaba Hermione Granger con los ojos llorosos y la nariz roja, mientras sujetaba un libro con el brazo izquierdo; Luna Lovegood le sostenía la mano derecha y veía con interés el salón; por último, Rubeus Hagrid cerraba el paso con torpeza junto a Sybill Trelawney que movía sus pulseras con ansiedad.Todos, con excepción de Harry, ocuparon sus puestos junto a Minerva McGonagall en el lado que correspondía a la defensa, mientras que Draco Malfoy no daba crédito de lo que estaba sucediendo. Su rostro patético por el apoyo de su exprofesora había dado a paso a varias lágrimas que nublaban su vista. Las primeras personas que deberían tratar de hundirlo eran las que habían llegado a intentar protegerlo, ¿cómo había sido tan tonto durante tanto tiempo?-¡Ah, querido muchacho!- exclamó con aprecio Amos Diggory- Pasa, gracias por aceptar nuestra invitación aunque fuera en un momento inoportuno y para algo que no merece el sacrificio de tu tiempo, pero en este caso tu testimonio será el más certero. Lamento que te pongamos en esta situación tan incómoda, veo que varias personas que aprecias decidieron tomar un camino extraño, justo cuando aceptaste exponer las pruebas de la culpabilidad de este joven descarriado.El efecto fue inmediato: las y los jueces se regocijaron; Luna, Hagrid, Trelawney, Ron y Molly pusieron cara de desconcierto; Draco sintió pánico y supo que todo estaba perdido teniendo a Potter en su contra; sin embargo, Hermione y Minerva miraban al frente en un gesto compartido que no dejaba espacio para ninguna duda. En los momentos cruciales, en los que importaban, Harry Potter nunca las había defraudado. Con ese pensamiento reconfortándolas observaron como Harry Potter levantaba uno de los cuarzos del ala derecha, donde estarían las personas encargadas de encerrar a Draco, y ocupaba su lugar sin mirarlo ni una sola vez.

----- CHAPTER BREAK -----

2.
La siesta incompleta 2 de mayo de 1998Harry Potter se había retirado de la oficina donde los cuadros de las y los directores de Hogwarts los habían ovacionado a los tres por vencer a Tom Riddle. La pintura de Albus Dumbledore, todavía con lágrimas en sus ojos, sonreía con orgullo mientras el joven mago les daba la espalda pensando en volver a reunirse con Kreacher y descansar todo lo que merecía en la torre de Gryffindor. Sabía que Ron y Hermione también necesitaban tiempo solos y él estaba feliz de dárselos, eran sus mejores amigos, su familia y aunque le pareciera extraño estaba seguro de que, en unos años, los vería formar un hogar.No supo cómo, pero logró llegar hasta los dormitorios de la torre sin ser molestado, pues a pesar de llevar la capa encima, esperaba tener que sortear a varias personas a su paso. Cuando se sentó sobre la cama, sus ojos empezaban a cerrarse con pesadez y debatió si comer algo antes. En el último momento, optó por acostarse pensando en que vendrían tiempos de calma. La palabra resonó con fuerza en su cabeza “¿calma?” se preguntó así mismo y lágrimas empezaron a cubrir su rostro con impotencia: Hedwig, Sirius, Remus, Dobby, Tonks, Ojo Loco y Fred estaban muertos. Nunca los volvería a ver, ni a platicar con ellos.Las dudas comenzaron a asaltarlo, ¿cómo podría ver a la cara a todos los Weasley después de lo sucedido? De manera racional, sabía que cada acto brutal cometido por Lord Voldemort y sus seguidores no tenían que ver con él. Harry sólo era un chico que, por azar del destino, se interponía con el mandato total que Riddle deseaba desde hace tiempo; con todo, la razón no era suficiente, no podía evitar castigarse por cada día que había tardado en encontrar y destruir los horrocruxes, por cada muerte que no pudo evitar. Ese era el motivo que lo había hecho detestar a Ron con su obsesión por escuchar la radio mágica, su mejor amigo buscaba con desesperación no escuchar los nombres de sus familiares. Harry comprendía eso, ¿cómo no lo iba a hacer si los Weasley eran lo más cercano a una en su vida? La carga que nadie más compartía era que a él, gradualmente lo convencieron de que las vidas de los demás descansaban en sus hombros. Miedo, odio y esperanza, esos eran los sentimientos que miles de brujas y magos depositaban en él.Cada muerte acumulada y desconocida pesaba sobre él; aunque evitaba a toda costa pensar en ellas, involuntariamente su memoria se marcó de los nombres de las personas asesinadas, el lugar, la hora, la causa, el nivel de crueldad. Incluso ahora que había logrado su cometido, no terminaba de estar seguro sobre sus sentimientos por Dumbledore. Había decidido confiar en él hasta el final, obteniendo la caída de Voldemort, no obstante, una pequeña parte de su cabeza no podía ignorar todos los sacrificios que habían tenido lugar, el papel impuesto que tuvo que cargar desde los 11 años y aparte estaba otra cuestión: ¿qué seguía en su vida después de lo que parecía ser su destino? De inmediato, el llanto cesó y se le fue el sueño mas no el cansancio.No estaba obligado a buscar a los Dursley, tampoco le apetecía confinarse en Grimmauld Place tan pronto, en la madriguera sería un intruso del luto de la familia, dudaba que le permitieran quedarse en Hogwarts y con eso se acababan sus opciones. Podría rentar alguna habitación en el Caldero Chorreante, consideró con emoción serena, la idea de poder perderse en las calles de Londres o el callejón Diagon resultaba atractiva hasta que vio un escenario de acoso constante. Desde que se había enterado de que era un mago los ojos del mundo mágico lo seguían de un lado al otro: primero por ser “el niño que vivió”, después por las sospechas de ser el último heredero de Slytherin, más tarde por las campañas de desacreditación en su contra que lo pintaban como alguien mentiroso y con ansiedad de querer fama, también lo habían nombrado “el elegido” y su etiqueta favorita, pensó con amargura, “el indeseable número 1”. Con la muerte de Riddle podía esperar lechuzas y gente siguiéndolo de un lado a otro; no había pasado un solo instante cuando el cuerpo de Tom cayó inerte y él ya estaba rodeado de abrazos, de vítores, dando el pésame a quien lo arrastrara a su pequeña parte de sufrimiento. No, no quería tener que ser acorralado donde sea que viviera y eso descartó su última opción.Veía absorto el dosel de su cama con la fatiga allanándose debajo de sus ojos. Tal vez era “cuestión de tiempo”, se reconfortó mientras se tallaba sus ojos adoloridos. Escuchaba a lo lejos murmullos, llantos y risas, incluso tuvo la impresión de que Peeves había entrado a la sala común con su inquietante cancioncilla. Pero él, Harry, sólo quería dormir, sólo quería ser “Harry” sin grandeza, ni un pasado trágico o un futuro sobrecogedor. Vivir con los Dursley sonaba tentador, sabía que lo ignorarían o que incluso lo recibirían en contra de su voluntad, pero ahí no sería nadie, hasta la idea de hacer todas las tareas que le ordenara Tía Petunia sonaba conciliadora.Sus ojos se cerraron, pero todavía estaba despierto, con su mano derecha fue alcanzando su varita lentamente. La canción de Peeves se había ido, aunque una breve respiración que no era suya estaba cerca, sin abrir los ojos estaba seguro de que había alguien de pie mirándolo. Ninguno de los chicos de Gryffindor tenía la sutiliza de moverse sin hacer ruido y Hermione sería la única que deliberadamente lo buscaría en la torre, Ginny debía seguir llorando en los brazos de su madre por la muerte de Fred, así que esta presencia podría ser amenazadora. Sin embargo, quien quiera que fuera le transmitía culpa y duda.- ¿Malfoy? - inquirió con voz clara y expectante. Escuchó como la figura daba un pasó hacia atrás en el impulso de una huida y eso le confirmó quién estaba ahí. Harry no tenía miedo, sabía que podía estar seguro, los Malfoy le habían salvado la vida, por beneficio propio o por miedo, pero él estaba ahí gracias a eso. Comprendía, de una extraña manera, que hasta el señor Malfoy tenía tiempo rehuyendo a Voldemort. Su prejuicio y obsesión por la sangre pura era lo que había hundido su vida. -Gracias- articuló Harry sin moverse, no quería asustarlo.Como respuesta sólo obtuvo un quejido exasperado, pero Malfoy siguió ahí y se quedaron en silencio. Harry no presionó, se fue sentando con tranquilidad y abrió los ojos; la sombra de Draco Malfoy se encontraba en dirección a la puerta. De alguna manera en la relación con su rival (que lejano se sentía aquello) no había exigencias.-Nos llevarán a un refugio en lo que deciden qué hacer con nosotros- dijo Malfoy con lentitud. Harry cerró sus ojos, pero lo dejó hablar. -Seguro terminaremos en Azkaban- afirmó sin duda, pero con una leve nota de terror. El silencio se volvió a prolongar de nuevo, hasta que Malfoy habló de nuevo -Gra… Adiós, Potter-Los pasos de Malfoy se alejaron y Harry sintió una pena extrema. Que Draco se fuera era otra señal de que nadie podía permanecer a su lado, ni amigos ni enemigos, no porque él tuviera culpa alguna, sino porque desde que nació su destino era quedarse solo.-Kreacher- susurró.El chasquido del elfo domesticó se materializó y lo tuvo de pie en la orilla de su cama. El elfo iba a decir algo, pero Harry lo abrazó “fuiste muy valiente”, Kreacher correspondió el abrazó y pudo recordar a Regulus, soltando lágrimas débiles.-Nos vamos- fue todo lo que dijo Harry antes de que Kreacher los desapareciera de Hogwarts. 30 de agosto de 1998Hermione Granger miraba a Harry tomar asiento en el ala derecha a Draco Malfoy, dispuesto a presentar pruebas en su contra. No dudaba de que Harry tenía algún plan para ayudar a Malfoy, sin embargo, cada vez era más evidente que estaban perdiéndolo. Harry había desaparecido un mes completo para consternación de todos, sin una despedida o algún mensaje. Lo buscaron por todos lados y nadie lo encontró, ella comprendió que necesitaba espacio y embarcó su propio viaje en busca de sus padres y de Crookshanks. Hasta que un día de junio, Harry apareció con heridas por todo el cuerpo frente a la casa donde ella vivía con su familia. Hermione estuvo a punto de llamar a todos por medios mágicos para que la ayudaran, pero él la detuvo, su cara estaba llena de sufrimiento y le contó todos sus secretos.La bruja había llorado con desconsuelo e impotencia al escucharlo y había comenzado a hacer planes para ayudarlo, pero él nuevamente se lo impidió. Sólo quería estar con su mejor amiga, aunque fuera un poco. Para el mes de julio ya se había hecho público que Harry Potter estaba trabajando, desde que terminó la guerra, para el ministerio de magia en misiones especiales para la oficina de aurores. El “héroe” o “salvador” como lo llamaban, había decidido velar por la seguridad del mundo mágico hasta el último de sus días. En esa foto del Profeta, Harry lucía incómodo, sus facciones y los ángulos de su cuerpo se veían más rectos mientras trataba alejarse con cuidado de la prensa. Por su parte, Arthur Weasley recibió la ira de toda su familia cuando se enteraron de la noticia. El nuevo ministro había reunido a la Orden, familia y amigos para confesarles en tono siniestro que ni siquiera él lo sabía, había sido un acto casi instantáneo de Shacklebolt antes de morir. Al parecer, Harry llevaba tiempo cazando a magos oscuros él solo bajo las instrucciones de Kingsley. Arthur se había intentado acercar a Harry, pero éste se había limitado a calmarlo antes de irse de nuevo. La peor parte, les relató el patriarca de los Weasley, era que veía qué algo había cambiado en el chico y los ojos color esmeralda que había heredado Harry de su madre se habían extinguido.Hermione veía su perfil mientras su mejor amigo jugaba entre sus dedos con el cuarzo que levantó de la silla para esperar el inicio del juicio. La apariencia de Harry era muy distinta, sus ojos tenían un color verde oscuro y se habían vuelto penetrantes, resaltados por las ojeras debajo de ellos, el cuello, la barbilla y la quijada sombreadas por una barba de varios días, su cuerpo se notaba más fuerte y expedía un aura intimidante, pero lo que más resaltaba era un mechón de cabello blanco cayendo sobre su ceja izquierda. Hermione estaba consciente de que a todos ellos los habían hecho crecer de forma acelerada, pero el caso de Harry era absurdo, aunque mantenía un aspecto físico joven y poderoso, su inocencia se había esfumado. El cansancio, la pérdida y el espíritu bélico lo habían marcado. Hermione se tuvo que frenar de inmediato, no quería volver a llorar, pero en Harry veía sólo a un guerrero y ella necesitaba de vuelta a su mejor amigo.-Damos inicio entonces al juicio del mortífago Draco Lucius Malfoy, de 18 años, para determinar si su estadía en la prisión de Azkaban se amplía- recitó Amos Diggory de pie con posición estricta. -Los cargos en su contra son: ser un mortífago activo desde 1996, obstrucción de la justicia mágica al no haber denunciado a sus padres (mortífagos también) antes de que Tom Riddle se alzara en el poder, planear la invasión del Colegio de Magia y Hechicería, Hogwarts; planear el asesinato de Albus Dumbledore y establecer todas las condiciones para que sus compañeros lo llevaran a cabo, la participación activa de lado de las fuerzas oscuras, el secuestro de Harry Potter, Hermione Granger y Ronald Weasley…- hizo una pausa viendo con ironía a los dos últimos que ocupaban un lugar en la defensa del acusado y continuó -invadir Hogwarts junto a Voldemort y tratar de impedir a nuestro joven héroe deshacerse de uno de los artefactos malditos de Tom Riddle.Miró a los jueces, a las personas sentadas frente a él y buscó la mirada de Draco Malfoy antes de seguir.-Tendremos 51 testimonios para presentar pruebas en su contra, 50 de ellos anónimos con piedras resonantes ya dispuestas donde corresponde y uno presencial expuesto por nuestro querido Harry Potter, agente especial de la oficina de aurores del ministerio de magia; estos testimonios intentarán demostrar por qué este joven descarrilado merece ser confinado en la prisión para evitar un riesgo mayor a nuestro mundo; por otro lado, tenemos 7 testigos que nos expondrán ¿por qué defenderlo? - preguntó con sarcasmo. -de todas maneras, les recuerdo que no nos iremos de aquí hasta tener una sentencia- explicó tajante sin perder de vista Malfoy. Se sentó con cuidado y con un movimiento vertical de su varita lanzó un hechizo en dirección hacia donde se encontraba Harry. - ¡Eco Petrus!Un hilo débil de luz azul salió de la varita del juez y fue atravesando cada uno de los cuarzos haciéndolos flotar. El que tenía Harry entre sus dedos salió disparado como un corcho, hasta que los 50 se encontraron suspendidos medio metro sobre su cabeza. Uno de ellos resplandeció con un fulgor celeste y se colocó frente a Draco. No importaba si él miraba en otro sentido, el cuarzo buscaba estar enfrente de su rostro. Malfoy suspiró fastidiado, pensando que tendría que lidiar con un vociferador. Cuando por fin miró el cuarzo, éste proyecto un halo blanquecino y una voz metálica comenzó a hablar.- ¡La familia Malfoy es un peligro! ¡Al menor entréguenlo a los dragones! ¡A los padres quémenlos con el fuego infernal! - gritó la voz en un tono neutral, sin dejar ningún indicio que pudiera servir para identificar quién hablaba. En ese momento Malfoy recuperó, por unos segundos, parte de su altivez. Sabía que merecía un castigo, pero no estaba dispuesto a recibir insultos de alguien que no se había atrevido a darle la cara.Amos Diggory se aclaró la garganta y la piedra resonante voló hacia él.-Comprendo su sentir, de verdad- dijo con cordialidad, inhalando profundamente- Pero ¿podría…? ¿decirnos si usted presenció alguno de los crímenes de este mortífago?El halo de la piedra resonante comenzó a vibrar de manera irregular y la voz metálica contenía el aire.- ¿Presenciar alguno de sus crímenes? - preguntó con la voz neutral que generaba el hechizo, aunque era evidente que quién fuera la persona detrás del cuarzo consideraba un completo idiota a Diggory- ¿Cree que seguiría vivo si hubiera visto algo? ¡Hagan su trabajo y senténcielo! -ordenó la voz sin alguna disrupción en el tono plano que tenía. Dicho eso la piedra resonante dejó de brillar y cayó al suelo.-Accio- susurró una de las brujas sentadas entre los jueces y volteó hacia Diggory que parecía sumamente molesto.-Bien- dijo con acritud y señaló con su varita al siguiente cuarzo.El proceso fue agotador. Uno a uno, los cuarzos desfilaban por la sala persiguiendo el rostro de Malfoy para insultarlo y exigir todo tipo de castigos: desde pasar el resto de su vida en Azkaban, hasta recibir el beso del dementor (a pesar de que éstos habían sido expulsados). Draco Malfoy tuvo que escuchar palabras hirientes hasta el cansancio y fue consciente de que el mundo mágico ya no era el lugar que, durante la mayor parte de su vida, había sido su campo de juegos. El nombre de su familia ya no inspiraba respeto y, mucho menos, miedo; más de la mitad de las voces lo habían llamado cobarde, otras tantas le dijeron que debería haberse quitado la vida y unas pocas, habían solicitado que toda la fortuna de su familia fuera repartida. Cuando el último cuarzo dejó de jurar que lo perseguiría el resto de sus días y fue recogido mágicamente por la jueza encargada de esa tarea, Draco se sentía mareado. Estar fuera de Azkaban era su deseo más frecuente durante los últimos tres meses, pero ahora cada vez sentía más hambre y dolor físico; la nebulosa que se interponía entre sus pensamientos se iba desvaneciendo, dando paso al terror y las dudas, ¿qué sería de sus padres? ¿ya los habrían sentenciado? ¿qué habría sido de sus amigos?Mientas Draco comenzaba a elucubrar en su cabeza, tanto Minerva McGonagall como Hermione Granger se encontraban satisfechas. El proceso en sí era penoso, pero por más que Diggory y los demás jueces habían intentado guiar la sesión para obtener datos importantes que incriminaran a Malfoy, no lo habían logrado. 50 personas se habían ofrecido sólo para tener una oportunidad de desquitarse con el joven mago, aunque éste no estaba pendiente de los detalles positivos de este hecho desde que él observó a Potter sentándose en su contra. Sin embargo, la atmósfera cambió abruptamente cuando Amos Diggory le pidió a Harry Potter que comenzara con su testimonio, los jueces se pusieron súbitamente serios y tanto Draco como sus defensores comprendieron que no podían perder ni una palabra emitida por el salvador del mundo mágico.El mago se levantó con calma y se detuvo frente al juez.- ¿Puedo hacer algunas preguntas? - quiso saber de forma educada.-Por supuesto, Harry- permitió Diggory. -tómate tu tiempo.Harry asintió y miró rápidamente a Draco antes de enfocar su mirada en otro punto del salón. Ese instante la bastó para confirmar el estado de agotamiento que padecía el hijo de Lucius Malfoy.- ¿Sabes quién soy? - Preguntó con esa voz profunda que ya no era la del Harry que todos habían conocido hace tiempo.Draco no quería mirar a Potter, pero no pudo contenerse ante ese cuestionamiento. ¿Era enserio que ese idiota le había preguntado eso? Pensó con disgusto. Los anillos mágicos que lo tenían inmovilizado cambiaron su tonalidad al naranja de la irritación.- ¡Ajá! Así que comienzas a tener pensamientos de odio en contra de tu enemigo, ¿verdad? -exclamó de pronto Amos con gesto acusador.Harry ignoró al juez y repitió su pregunta con quietud.-Sí- se limitó a decir Malfoy con molestia.Harry sacó su varita y con la punta de ella obligó a Malfoy para que alzara la barbilla y le sostuviera la mira.- ¿En serio? -preguntó mirando a todos en la sala- ¿Cómo puedes estar seguro de que yo soy la persona que digo ser?Malfoy no entendía el porqué de esas preguntas, quizá el tiempo retorció la personalidad de Potter, pero lo estudió con detenimiento. Era cierto, Potter ya no era el mismo Gryffindor de aspecto torpe ni caballeresco que recibía ovaciones jugando al quidditch, ni que lucía consternado por él cuando se despidieron en la torre de Hogwarts. Parecía como si cada detalle fuera una versión mejorada, al mismo tiempo que era notable que algo se había ido para siempre de él. Ya no tenía los ojos color esmeralda, se había adornado el cabello pintándose un mechón de color blanco, pero la ridícula cicatriz con forma de relámpago seguía ahí.-Contéstale- ordenó el juez impaciente.Draco parpadeó y salió de sus cavilaciones.-No importa qué tanto cambies tu pobre estilo de la moda, Potter- empezó el Slytherin intentando imitar su usual tono de burla en contra de los gryffindors, pero no lo logró. No había nada gracioso en la situación, Harry le inspiraba un poco de miedo y quizá por eso, los anillos se volvieron ligeramente azules. -Ni que pretendas haber endurecido tu carácter, siempre serás el mismo simplón dispuesto a sacrificarse por los demás.Harry escuchó la respuesta, pero no modificó su expresión.- ¿Quieres decir que cuando estuvimos en la mansión de tu familia mentiste intencionalmente? -inquirió Harry de nuevo y bajó su varita.McGonagall, Hermione, Ron, Molly, Luna, Hagrid y Trelawney contuvieron un respiro involuntariamente. Draco abrió los ojos con sorpresa y Diggory se puso pálido.-Harry, disculpa, deberíamos concentrarnos en… -intercedió Amos. Pero Harry alzó la mano y lo interrumpió.-Me temo que no puedo llevar a cabo un interrogatorio, si me interrumpen de forma constante- explicó con acidez. - ¡Contesta! - dijo con voz golpeada girándose hacia Malfoy, que se sobresaltó.Sí, definitivamente Harry le daba miedo a Draco. Maldita sea Potter, ¿qué te paso?, pensó con temor.- Sí, te reconocí. Los reconocí a los tres- reconoció sin atreverse a decir nada más.- ¿A qué edad fue la primera vez que escuchaste y dijiste sangre sucia? -preguntó Harry sin darle un espacio de tiempo.Malfoy se avergonzó enseguida, Granger estaba sentada de su lado escuchando, a pesar de todo.-No lo recuerdo- contestó con honestidad. Quería mirar hacia su defensa, pero no tenía el valor.-Eso nos indica que Malfoy creció escuchando esta expresión de forma cotidiana, tan natural que ni siquiera sabes diferenciar cuándo inició su uso, ¿cierto? -soltó con contundencia, dándole la espalda a Draco que sólo pude asentir una vez, en señal de derrota.- ¿Cuándo fue la primera ocasión que estuviste rodeado de hijos de muggles y traidores a la sangre, Malfoy? -continuó Potter mirándolo con dureza.-En Hogwarts, en mi primer año- reconoció con pena.La verdad era que Draco Lucius Malfoy jamás había estado próximo a esa clase de personas, ni siquiera de magos sangre pura que no tuvieran cierto reconocimiento, estatus o posición social. Había nacido un 5 de junio de 1980 entre los muros de la mansión Malfoy, mientras los mejores sanadores de Francia atendían a su madre. Desde entonces, Draco creció rodeado de lujos, conviviendo con otros niños y niñas de su misma clase, hijos, nietos y sobrinos de políticos, inventores, arquitectos mágicos, artistas, famosos; viajar por el mundo era cosa frecuente, sus padres amaban Francia, Alemania, Italia y, por alguna extraña razón, Finlandia. Había tenido la mejor educación posible, tanto en términos académicos como en el uso de los modales. ¿Sangres sucia y traidores a la sangre? Jamás. Su padre solía utilizarlos de ejemplo para mencionar cómo era que el mundo mágico iba en declive y ¿por qué tendría que haberlo cuestionado? Se preguntó Draco. Él nunca conoció la guerra, la pobreza, la pérdida, ni el hambre, su familia se había encargado, precisamente por ello era por lo que la doctrina de su padre resultaba certera.Cuando llegó a Hogwarts pensó que todo resultaría sencillo, no existía la posibilidad de que alguien lo igualara. Si bien, Potter lo rechazó en la tienda de Madame Malkin y después en el expreso de Hogwarts, no podía competir en su contra. Sin embargo, Draco aprendió a sus 11 años que no había nada seguro en la vida. Al final de su primer año escolar, quedó vencido en todas las asignaturas por una hija de muggles. No importaba cuánto se esforzó o cuántas asesorías extra tuvo, entre él y la pequeña Granger la brecha de inteligencia era gigante, y él la admiró en secreto, sorprendido porque existía alguien que, con hechos, contradecía todos los supuestos en los que estaba cimentada su vida. Por ese mismo motivo la odio. Granger significaba que él era una falla, sus padres le habían demostrado que sus principios funcionaban, por lo tanto, algo debía ocurrir con él. De manera simultánea, Draco había sido educado para pensar lo mejor de sí mismo; así que todo era una contradicción, pero lo que nunca admitió a nadie (porque antes no era necesaria una razón para hacerlo) es que él estaba orgulloso de su inteligencia antes de Granger, antes de que ella se llevara su orgullo, su dignidad y su indiferencia.-Estamos hablando de 11 años sin ninguna clase de sensibilización Malfoy, me imagino tus días supurando en rencor mientas convivías con los demás en Hogwarts, entonces ¿cuál fue el motivo que te convenció para mentir a nuestro favor? -preguntó Harry con seriedad. -Tus padres y tú pudieron haber obtenido la gloria eterna de manos de Voldemort ese día, sin siquiera agitar tu varita. Responde.Todos miraban con interés a Draco, incluso Amos Diggory, que no sabía cómo tomar el interrogatorio de Harry, alzaba su cuello con curiosidad reprimida.-No quería que más gente muriera frente a mis ojos- respondió con la garganta seca, sentía sus oídos retumbar y su corazón latir con fuerza a la altura de su manzana de Adán.- ¿Me estás diciendo que un día decidiste que ya era suficiente muerte para ti? - interrogó Harry con incredulidad- Dime, Malfoy, ¿en qué momento entre la celebración de la apertura de la cámara de los secretos y tu ayuda a nosotros, decidiste que ya era suficiente?A Draco comenzaba a dolerle la cabeza, no sabía qué juego estaba practicando Harry o a dónde quería llegar con sus preguntas, pero se sentía bastante confundido y lo único que quería en ese momento es que todo acabara. En la parte lateral de su nuca sentía la acumulación de una tensión que lo oprimía.-Pensé que el punto de toda esta situación era que te encargaras de encarcelarme Potter- recriminó Malfoy cerrando los ojos con fuerza y lleno de hastío. La tensión era demasiada para él, su cuerpo lo estaba torturando por la fatiga y el hambre, su mente ardía entre recuerdos, penas, preguntas, temores y la necesidad de querer concentrarse; las preguntas de Potter no le ayudaban, parecía que eran inofensivas, sin embargo, tocaban fibras profundas que lo obligaban a rastrear entre los escombros de su pasado, de la fachada que había construido, del miedo en la guerra y del presente que lo golpeaba en ese mismo instante.Harry cambió su posición por una más rígida y Draco supo que había pasado una frontera invisible, antes de poder reflexionar más, Potter rugió:- ¡Habla de una maldita vez! - la ira en cada palabra fue palpable. La exaltación de Harry provocó que el hechizo de las ventanas y los anillos que sujetaban a Malfoy estuvieran a punto de desaparecer. El ligero azul de sus ataduras mágicas se tornó en un brillante púrpura.- ¿Qué quieres que te diga? - comenzó a gritar Draco Malfoy con desesperación. - ¿Qué era un imbécil? ¿Qué creía que la muerte era un chiste, un soplido fatal que se lleva todo, pero te deja intacto? -continuó preguntando con remordimiento y con cada frase sus barreras caían. - ¿Qué jamás imaginé cómo sonaban los huesos al romperse, la carne desbaratarse, el olor de la putrefacción? ¡Tenía 12 años! ¡No sabía nada! Pero… pero… cuando lo vi caer desde la torre, después de ofrecerme su ayuda, de querer salvar a mi familia… ¿y qué se supone que iba a hacer si ya nos estaban arrastrando? ¿si nuestra mansión fue invadida? Después de lo ocurrido en el ministerio de magia con Fudge, nos dieron la espalda, solo tenía a mi familia, ¿debía hacer abandonarlos?Malfoy se detuvo con la garganta adolorida y un gusto a hierro en la boca, sentía que su cabeza no tardaba en reventar; además, se odiaba por su debilidad, tenía empapados sus pómulos y respiraba agitado. - ¿O sea que desde 1996 ya tenías miedo, pero la muerte de Dumbledore fue el punto de quiebre? -prosiguió Potter con aire implacable.-Sí, sí -confirmó Draco y siguió asintiendo, imaginando que lloraba, pero su cuerpo estaba exhausto y ya no lo permitía.- ¿Cuándo naciste? - exigió Harry sujetándolo del cuello con la mano derecha.-El 5 de junio de 1980- contestó el Slytherin adolorido, el agarre de Potter era muy brusco.-Eso es todo por mi parte- dijo Harry soltándolo y saliendo de la sala mientras se quitaba sus lentes, dejando a toda la sala intrigada por sus preguntas. Malfoy no era el único que sentía que todo aquello había sido inconexo.Minerva McGonagall y Hermione Granger, en cambio, no se habían perdido ni una sola pista. Harry Potter no las había decepcionado.

----- CHAPTER BREAK -----

3.
La defensa -Te… tenemos que… terminar-dijo con voz débil. Sentía que sus ojos quemaban y su garganta se contraía dolorosamente amenazándolo con asfixiarlo. Trataba de mantener la compostura mientras daba fin a la relación que siempre soñó, sin embargo, su pie derecho se movía lleno de ansiedad. Que no llore, que no llore, pensó apretando sus nudillos y reprimiendo el impulso de tomar las manos de Hermione Granger que parecía tan petrificada como la primera vez que voló en escoba.- ¡Oh!... -exclamó con terror Molly Weasley. Había salido en busca de los dos muchachos para recordarles que tenían que irse pronto al ministerio de magia y terminó presenciando una escena que la perseguiría el resto de sus días. En el fondo, sabía que la relación de su hijo con Hermione terminaría eventualmente, pero siempre había asumido que sería ella quien lo terminaría a él. Cuando sus ojos encontraron los de Hermione, la joven bruja comenzó a llorar y Molly se encontró a sí misma en un lapsus donde quiso salir de ahí y al mismo tiempo abrazarla. Tal vez fuera la tensión, una muestra de solidaridad o una forma genuina de cuestionar a su hijo, pero lo que terminó haciendo fue inclinar a su hijo con la varita y agarrarlo por la oreja con furia mientras lo arrastraba.Ronald Bilius Weasley había tomado malas decisiones a lo largo de su vida, muchas de ellas lo asaltaban en las noches antes de dormir o a veces en los momentos más inoportunos. A pesar de eso, con las orejas rojas, muerto de vergüenza frente a su madre que parecía quererle arrancar una, sintiendo un dolor desgarrador al ver llorar sola a Hermione y el impulso de querer desaparecer para siempre, sus ojos azules estaban llenos de firmeza. Era la decisión correcta. El 30 de agosto de 1998, horas antes de que iniciara el juicio en contra de Malfoy, Ron había cortado su lazo con la que pensó sería el amor de su vida. Durante el juicioAmos Diggory acababa de terminar su última pregunta a Draco Malfoy. Tanto él como los demás jueces habían elaborado una serie de cuestionamientos a partir del material proporcionado por el interrogatorio conducido por Harry Potter antes de que abandonara la sala; aunque para sus adentros, el juez principal del Wizengamot no terminaba de entender las conexiones que se podían realizar entre los cargos emitidos y las pistas dadas por Potter. Ese hecho fue notorio conforme cada juez participaba, algunos se aventuraban a realizar conjeturas, otros reafirmaban los cargos, pocos proponían nuevas preguntas, la mayoría demostraba la ineficiencia del sistema de justicia mágico. Era evidente que todos daban por sentado que Malfoy merecía ir a Azkaban y como había tenido 51 testigos en contra, nadie se había hecho responsable de profundizar en el caso. Sólo Diggory se las había ingeniado para hacer un par de preguntas comprometedoras sobre la volatilidad de la lealtad de los Malfoy, pero él sabía que no había establecido ningún elemento vinculante. Así que ahora sólo esperaba que nadie en la defensa pudiera refutar los cargos presentados. Con gestos que destilaban su desaprobación fue pidiendo a los 7 testigos que dieran a conocer sus argumentos.Minerva McGonagall les había solicitado un receso para que Malfoy pudiera tener un descanso, pero todo lo que obtuvo fue una negación solemne de parte del juez, quien parecía disfrutar del agotamiento que vencía al joven postrado en la silla. Draco tomó registro mental de otro acto de apoyo exhibido por su exprofesora, aunque fuera a Azkaban no olvidaría a nadie de los que se habían presentado para ayudarlo. Estaba exhausto, pero se obligaba a no perder detalle. Era cierto que los Malfoy no eran reconocidos por ayudar de forma indiscriminada a cualquier persona como un vulgar Gryffindor, pero se vanagloriaban de su sentido -selectivo- del honor y el orgullo que los empujaba a no deberle nada a nadie. Además, se dijo, ya estaba más cerca del final. Años más tarde, Draco recordaría su defensa como una espiral vertiginosa, en la que no podía asegurar el orden de los hechos, pero si podía compartir un collage confuso de las intervenciones emitidas para protegerlo.Sybill Trelawney se había acercado con ademanes temblorosos hacia Draco y éste agradeció silenciosamente que no oliera a jerez. La apariencia de la adivina era la de otro día en Hogwarts cuando ella bajaba por la trampilla de su torre para ir al gran comedor, excepto que, por alguna extraña razón, tenía el dibujo de un tercer ojo en su frente. Miró con teatralidad hacia los jueces que le inspeccionaban oscilando entre la burla y el interés, puesto que ya era de conocimiento público que ella había dictado la profecía sobre Potter y el Señor Oscuro.-He visto…-dijo con su tono etéreo, mientras Draco Malfoy deseaba estrellar su cabeza contra el suelo. Él era un experto en pociones, lo que involucraba niveles de atención y precisión muy altos, así que naturalmente despreciaba la adivinación. Con todo, se esforzaba en recordar que esa farsante lo estaba intentando ayudar. En la mente de Draco ya no quedaba ni un rastro de opacidad, así que era consciente de su propia lucha interna entre agradecer la ayuda y recurrir a sus opiniones ácidas al respecto. -…que este joven será declarado inocente. -afirmó en un susurro dramático, mientras buscaba captar la atención de su audiencia con las manos. Amos Diggory se puso de un color purpúreo y enarcó una ceja, dejándole saber que necesitaba comenzar a decir algo relevante. Draco sólo pedía que pudiera decir algo coherente.-Bueno… es cierto que este idiot… Malfoy…-se corrigió Rubeus Hagrid con pena, dándole una palmada apresurada a Draco que le hizo tronar su espalda. Te están ayudando, te están ayudando, se repetía con indignación el mago. -Es cierto que ha cometido errores, pero todos lo hemos hecho alguna vez, claro… también incitó a que sentenciaran a Whiterw… ¡Buckbeak! ¡Buckbeak! -repitió mientras se sonrojaba en las partes que no cubría su barba enmarañada. ¿De qué servía tener una defensa? Se preguntó con ironía Draco. Uno de los jueces se comenzó a levantar con sospecha ante el nombre del hipogrifo, pero una bruja a su derecha lo hizo sentarse agarrándolo de su túnica en un gesto que parecía decir que no era el momento apropiado.-Draco lloraba en el baño. -declaró con serenidad Luna Lovegood, mientras miraba la sala con interés sin prestar atención a los jueces. Draco había recordado en ese momento lo que era la vergüenza, ¿por qué tenía que haber dicho eso en frente de Granger? Desde luego, no es que a él le importara en particular, pero no quería darle motivos a la bruja para reírse de él. De todas maneras, tampoco es que el tuviera algún interés en que ella se riera o no de él, se trató de convencer a sí mismo.-Amos, entiendo que es tu deber dirigir este juicio, pero creo que sabes y sabemos que este joven no debe seguir en Azkaban- dijo con suavidad Molly Weasley. Draco sabía que ese no era un argumento, pero se sintió aturdido por las palabras de la mujer que tanto despreciaba su padre. -La guerra nos quitó algo a todos… no hay día en que no lo extrañe -confesó con amabilidad ante el juez que se ponía rígido anticipando hacia dónde iba la pelirroja- Y sé que tú también lo haces…- ¡Basta!- Interrumpió Diggory secamente, aunque sus ojos se habían suavizado por la mención tangencial de su amado hijo. -Le pido que se concentre en los hechos.-… no hay ningún estatuto que lo permita. Un juicio es la evaluación de hechos concretos y no debe de estar enceguecido por la moral, puede agradarles o no, o tal vez sólo no agradarles, pero Malfoy ha pagado con creces sus actos en estos tres meses en Azkaban. -aleccionaba Granger con autoridad. Sin pensarlo, a Draco le dio risa de manera interna, aunque su rostro se mantenía inexpresivo. Conocía el tono de la bruja lo suficiente para saber que había leído todo lo posible, ese juicio seguramente era como un examen para ella. -Además, hay que hacer varias correcciones a los cargos imputados -señaló con severidad mirando hacia los jueces, ella evitaba mirar a Malfoy; pero, éste podía ver su perfil lleno de seriedad. -Para empezar Malfoy en ningún momento nos secuestró, de hecho, como estableció Harry él pudo reconocernos y aun así no nos delató. La segunda cuestión es que no invadió Hogwarts, él no tiene la magia suficiente para hacer algo así por su cuenta, de ser así no estaría inmovilizado con ese conjuro -observó lógicamente, aunque el orgullo de Draco explotó con indignación: ¿no tengo la magia suficiente? Repitió para sí mientras sentía algo que horadaba su pecho con furia.Cuando llegó el turno de Minerva McGonagall todos en la sala sintieron la misma tensión que cuando Harry habló. La diferencia era que la reverencia que causaba Harry Potter provenía de su nueva aura intimidatoria y del aspecto que le había dado luchar de manera incansable contra las fuerzas oscura, en cambio, el respeto que imponía la directora de Hogwarts emanaba de su sabiduría y de la magia antigua que la rodeaba; aunque nadie le había dado nunca el reconocimiento debido, todos sabían que después de Dumbledore ella era la bruja más inteligente del Reino Unido.-Si se va a enjuiciar al señor Malfoy, sugiero que sea bajo los parámetros para menores de edad- estableció sin dar rodeos, Hermione Granger se había encargado de mencionar todos los aspectos legales del Wizengamot sin cometer ni un solo error. Diggory iba a comenzar a hablar, pero Minerva siguió -tal como mencionó Malfoy cuando contestó las preguntas de Potter, a los 16 años él ya se había arrepentido de estar en el lado oscuro. Su miedo y preocupación por sus padres fue lo que lo mantuvo siguiendo la corriente. Si bien, es una conducta que podemos reprobar, también tenemos que considerar que, ya siendo un adulto, él optó por salvar a Harry Potter, así como a la Srita. Granger, el Sr. Weasley y a la Srita. Lovegood. El joven admitió ante todos nosotros que no conoció otra forma de vida antes de llegar a Hogwarts y ahí se rodeó de otros jóvenes con ideas absurdas, que no son suyas, si no una herencia de sus padres y de nuestra sociedad. ¿Cómo podemos esperar que él delatara a sus padres? ¿qué se opusiera al poder creciente de Tom Riddle? Ni siquiera nuestro ministerio tuvo el coraje para hacerle frente o debo recordarles que todavía hace una semana estábamos desmantelando la fuente erigida por él -incisivo y determinado era el discurso de McGonagall, ella había unido todos los puntos dejados por Harry y Hermione había planteado todos los lineamientos legales para este momento.Cuando Draco escuchó la intervención de su exprofesora se quedó atónito e incluso se permitió un poco de esperanza; también sintió pena y un sentimiento desagradable de deuda con Potter. Él no había entendido nada de la errática participación de su rival, pero alcanzaba a comprender que McGonagall y Granger trabajaban con el campo abierto que aquel cabeza rajada había dejado abierto. Horas después, mientras los anillos de color acero se desvanecían, las escenas más increíbles del juicio azotaban la conciencia de Malfoy, presionándolo casi a reír de forma histérica.La profesora Trelawney había seguido agitada después de que se descartara su predicción, sostenía tensa sus chales y los volvía a soltar repetitivamente. –La verdad es que este muchacho me salvó la vida dos veces- había dicho la bruja asintiendo compulsivamente. -la primera ocasión me expulsó de la Sala de los Menesteres, evitando que me encontrara con los mortífagos y la segunda, fue en plena guerra. Yo había lanzado bolas de cristal a un hombre lobo y a otros magos oscuros, cuando uno de ellos me iba a maldecir y este chico lo mandó a volar por los aires.Hagrid se había puesto a contar con incomodidad su propia experiencia yendo a Azkaban y siendo culpado por la apertura de la cámara de los secretos. El semigigante lucía aterrorizado, pero había enfatizado que ese mal juicio le había cambiado la vida y no consideraba justo que sucediera lo mismo con Malfoy. Hagrid había resaltado que, gracias a Dumbledore, él había tenido esperanza, pero eso no evitaba que le hubieran truncado su educación. Para sorpresa de la mayoría, reveló que ahora los demás profesores del colegio lo estaban apoyando para actualizar sus conocimientos. Así que, desde su punto de vista, la sentencia que se emitiera sobre el chico debía ser pensada de tal forma que él aprendiera algo, pero que no lo castigara más de lo que la vida ya le había causado.Luna Lovegood había continuado contemplando el espacio con su habitual aire de ensoñación, antes de contar cómo su primo la había mantenido con vida y evitado que la torturaran. Sabía que la experiencia en la mansión de los Malfoy estaba fuera del control de sus familiares, pero él se las había arreglado para que en un lugar tan terrible las cosas no se tornaran peor. Además, reiteró que Draco lloraba seguido en los baños y era alguien muy dramático. Todos recordaban la escena que había armado cuando sucedió el ataque del hipogrifo y era sabido por todos que el mago no soportaba estar enfermo sin hacer como que iba a morir. Dicho eso, acarició con suavidad el mugroso cabello platinado de Draco y se fue a sentar dejándolo avergonzado.Molly Weasley había seguido su intento por apelar a la sensibilidad de los jueces y a su compasión. Admitió que la familia Malfoy y la Weasley tenían sus diferencias, no estaba segura de poder perdonar al patriarca, pero comprendía que un hijo se equivocara. Ella misma había pasado por eso. Además, la política que trataba de impulsar el ministro se encaminaba a tratar de darles oportunidades a todos, en lugar de sólo exiliarlos o encarcelarlos. Draco pensó que, si alguien como su padre hubiera dicho algo así, seguramente sería parte de una campaña con intereses propios; sin embargo, la señora Weasley transmitía su honestidad con cada palabra. Era la misma honestidad que él percibía cuando su madre le decía que lo amaba.Granger se enfocó en su perorata legal. Mencionaba con intensidad los juicios antiguos de varias brujas y magos, recitaba estatutos, citaba fragmentos de varias leyes y libros. Se encargó de diseccionar con precisión todas las áreas débiles de Malfoy tanto emocionales, físicas y mágicas, para dejar en claro que ninguna de sus acciones había sido una amenaza real y, en todo caso, sería culpa de Dumbledore y Snape cualquier cosa que hubiera sucedido porque ambos magos podían haber acabado con Malfoy con solo agitar sus varitas. Si lo pensaba con la mente absolutamente fría, Draco debía admitir que todo lo dicho por Granger tenía sentido; no obstante, su orgullo estaba pisoteado con cada argumento que ella esgrimía, ¿se le olvidaba que él era el segundo mejor brujo de su generación? Antes de la formidable intervención de McGonagall, Granger se dedicó a recitar los estatutos para brujos menores de edad y los usos indebidos de la magia; y nadie había entendido el por qué hasta que su profesora pasó a declarar.Ese hecho dio la pauta para que su exprofesora explicara que todos los usos mágicos indebidos y condenables de él, se enmarcaban en un ambiente hegemónico donde no había otra opción más que actuar como lo había hecho. En ese sentido, Draco Malfoy no era sólo alguien que trasgredió las leyes, también era una víctima que debía de ser protegida y, en efecto, como ya se había dicho con anterioridad, él ya había pagado su castigo de forma excesiva al ser tratado como un mago adulto al ir a Azkaban. En todo caso, si el juzgado consideraba pertinente seguir con su postura de corrección había otras medidas para tomar.En retrospectiva, Draco Malfoy podía reconocer que su defensa había sido formidable. Sin embargo, la intervención que se había quedado grabada de principio a fin, sin ninguna clase de salto mental o incoherencia fue la de Ron Weasley. Draco observó al pelirrojo ponerse de pie, debía medir ya más de 2 metros de altura y tenía una constitución corpulenta que se empequeñecía por su postura desgarbada y su falta de confianza característica. El mago no podía dejar de ver sus pies con incomodidad y miró un par de veces a Draco antes de hablar.-Malfoy solo es un hurón saltador. -dijo con voz ahogada, parecía que había tratado de pensar cómo expresarse y esa fue le mejor manera que encontró. Por más que lo intentó, Draco no pudo contener su sonrojo, le ardía la cara de la vergüenza y descartó cualquier clase de deber con el mejor amigo de Potter. ¿Cómo se le había ocurrido traer a colación uno de sus momentos más bochornosos enfrente de los brujos que lo querían condenar?Amos Diggory parpadeó claramente confundido - ¿cómo dices? - preguntó.-En nuestro cuarto curso Malfoy quiso hechizar a Harry, pero Ojo Loco… bueno, el mago que se hizo pasar por Ojo Loco… si saben sobre eso, ¿verdad? -preguntó atormentado con la voz rechinando mientras miraba a Hermione que lo ignoró por completo y a McGonagall que solo asintió con pena por su alumno. -Él, él transformó a Malfoy en un hurón y lo hizo brincar, hasta que lo volvieron a la normalidad… vi a Draco en la mansión de sus padres, en la sala de los menesteres antes de que muriera uno de sus mejores amigos, también lo vi antes de golpearlo en la cara mientras chillaba por ayuda ante la amenaza de un mortífago a media guerra… Ese es Malfoy, un hurón saltador. Siempre asustado, queriendo salvar su pellejo y el de sus padres, arrogante, preocupado por su estatus, con historias que siempre terminan con helicópteros persiguiéndolo, pero… qué podía hacer, ¿qué podíamos hacer todos? Malfoy nunca tomó el lado de Voldemort, él tomó el lado de su familia y si me lo preguntan, me parece lo más obvio. Yo…Draco miró con interés a Weasley que tomaba el valor para seguir, nunca lo había pensado, pero era la primera vez que lo escuchaba hablar de forma extendida. Las pocas veces que llegó a tener intercambios con él, era en medio de burlas y amenazas. Weasley no era alguien que participara a menudo en las clases, pero tenía las mejores notas de los gryffindors a pesar de su obvia falta de interés por el mundo académico. Draco siempre lo había considerado alguien vulgar por su predilección de atiborrarse de comida en el gran comedor, por su obsesión fanática por el quidditch (a él también le apasionaba, pero con un aire más propio), por su forma de hablar sin discreción y por ser el payaso constante de Potter. Sin embargo, Draco se dio cuenta que el pelirrojo, en medio de su esfuerzo, intentaba comunicarse de otra manera a la usual.-Yo mismo escogí a mi familia sobre Harry y Hermione. -declaró con pesadumbre, llamando la atención de Granger por primera vez. -olvidé que ellos dos eran mi familia -reconoció rascándose la cabeza -olvidé que teníamos una misión importante y que de ella dependía la vida de muggles, de amigos, de otras familias o de elfos domésticos. Uno de ellos sacrificó la suya sin dudarlo, para salvarnos a nosotros. Después de eso me pregunté varias veces cómo era posible que Dobby no hubiera dudado, pero yo sí. Los dejé en medio de la nada porque temía por mi familia, eso también debería ser un crimen, ¿no lo creen? -cuestionó con arrepentimiento. -por eso comprendo a Malfoy. Él se aferró a su familia y si revisan cada caso habrá brujas y magos que hicieron cosas terribles por el miedo de que les hicieran daño a sus familiares. No quiero decir que esté bien, pero eso es justo lo que Hermione les trataba de decir, en estas situaciones no se trata de si algo nos gusta o no, o si está bien o mal. Se trata de los actos y sus repercusiones, y Malfoy… Malfoy es un hurón saltador, ¿me entienden? Quizá, lo que él necesita o lo que necesitamos todos es una oportunidad para descubrir quiénes somos sin el miedo de por medio.Hermione Granger lloraba con la herida del corazón supurando frenéticamente. Ella y Ron se habían mirado sin apartar la vista cuando este pronunciaba su última frase. Estaba enamorada de Ronald, de su impertinencia e impulsividad, incluso de su torpeza, lo amaba tanto que sin darse cuenta perdió de vista que antes de ser su novio, era su mejor amigo. Él, Harry y ella eran mejores amigos, compañeros de batalla y básicamente familia; eso era lo que más le dolía, porque en el fondo Hermione Granger sabía que esto era una despedida. A todo el mundo le gustaba pretender que la guerra era un episodio breve que podía ser negado, que podían recuperar sus vidas tal cual eran antes, pero en medio de esa sala mientras las personas más inesperadas defendían a Draco Malfoy y cuando éste era expuesto sin todas sus caretas, Hermione comprendió que ellos tres también habían sido lo suficientemente idiotas para pensar que saldrían ilesos. La dura realidad es que el trío dorado también había fallecido con la guerra: Harry era ahora un mago castigador que se perdía en lugares recónditos, ella se había convertido en la sanadora oficial de sus padres al mismo tiempo que se preparaba para regresar a Hogwarts y alternaba sus actividades como empleada en el mundo muggle; y Ron, no sabía que había pasado con él, pero ese era el punto. Todos se encontraban a la deriva.Draco Malfoy se grabó cada una de las palabras pronunciadas por Weasley, sin saber que un futuro estaría agradecido por ellas. Después de que su última defensa terminó de hablar, Diggory les pidió salir de la sala y Draco fue sumergido de nuevo en la textura pantanosa del suelo.El juez estaba muerto de ira, Harry Potter los había traicionado. Había defendido abiertamente al heredero de los Malfoy, pero no había nada más que hacer. Ninguna de las piedras resonantes había aportado algo para encerrarlo en Azkaban y tanto la directora de Hogwarts como la defensora de los elfos, habían elaborado una estrategia contundente para defenderlo de la pena máxima. Así que, tras discutirlo con los demás jueces, se abocaron a encontrar una pena que resultara satisfactoria; no obstante, notó con horror que tres partes del total de los jueces habían cambiado de parecer movidos por los comentarios de la defensa. Un juez de los más ancianos admitió con soltura que las palabras del hijo de Weasley lo habían tocado, era verdad que en los momentos más cruciales todos volteaban a proteger a sus familias. No se podía negar. Grandes atrocidades se habían cometido a lo largo de la historia gracias a ese tema. Después de debatir por un rato más, por fin, llegaron a una resolución.La defensa volvió a entrar y Draco fue traído de nueva cuenta a la superficie. Su aspecto era lamentable, el juicio podía ser considerado un castigo en sí. Amos Diggory se irguió con solemnidad mientras ignoraba a todos los presentes. Resultaba claro que no quería darles la satisfacción de que le dirigieran sus miradas al leer la sentencia.-Como encargado del Wizengamot, a continuación, comunicaré la decisión que hemos tomado. -dijo con voz fuerte y clara. -Draco Lucius Malfoy ha sido encontrado culpable de uso indebidos de la magia en su minoría de edad y, posteriormente, encontrado inocente, toda vez que tenemos testimonios directos que dan fe de la reconsideración de sus actos. Por esa razón su permanencia en Azkaban termina el día de hoy. -anunció con reproche. -Sin embargo, consideramos que debe existir un escarmiento que demuestre al mundo mágico su compromiso por mejorar y desarrollar la empatía que no logró al ser criado por sus padres. -expresó como si dudara de esa justificación con todas sus fuerzas. -Por ello, decidimos sentenciarlo a vivir en el mundo muggle por tres años, sin magia, sin acceso a los recursos de su familia y sin contacto con ninguno de sus amigos.Draco no podía creer lo que escuchaba. La sentencia era por mucho, mejor de lo que había esperado. En ese momento no tenía cabeza para ninguna clase aprensión, escuchaba con concentración su sentencia para cumplirla al pie de la letra.-Estará obligado a encontrar un trabajo muggle en menos de quince días, demostrar un historial impecable en él, no tener ningún conflicto con las autoridades muggles y presentar exámenes de teoría mágica de forma parcial, para que a su reingreso al mundo mágico puede fungir como un mago productivo. -enlistó el juez, antes de añadir. -como el ministerio se encuentra ocupado con el bienestar del mundo mágico y no nos podemos permitir que hagas daño a los muggles, se te asignará un vigilante que será tu responsable durante el tiempo de la sentencia y con el que vivirás sin ninguna objeción. Este representante deberá brindarnos informes de tus avances mensuales y no habrá ninguna clase de prórroga. Si fallas, serás condenado a vivir como muggle el resto de tus días.Draco observó con detenimiento como los anillos color acero se desvanecían poco a poco dejándolo libre. Enseguida miró hacia Amo Diggory que tenía una sonrisa retorcida en el rostro mientras miraba a Hermione Granger.-Dado que usted, Srita. Granger, conoce tan bien todas nuestras leyes mágicas y, sin duda, las muggles. Le informó que usted es desde este momento la vigilante oficial del señor Malfoy. Por favor, lléveselo de aquí. Pronto recibirá nuestras lechuzas. -dijo con resolución Diggory mientras daba indicaciones con sus manos al resto de los jueces para que se retiraran.Draco Malfoy se sonrojó mientras sentía una bestia en su interior retorciéndose, ¿viviría con Granger? No es que le importara en lo más mínimo, ni siquiera significaba que le emocionara, pero era una sentencia extraña que empezaba a gustarle. Desde luego, no porque le gustara la idea de vivir con Granger, si no porque no sonaba tan terrible. De pronto la miró de reojo, la bruja estaba pálida y con la boca abierta. Malfoy se atrevió a mirarla con lentitud y captó como ella juntaba sus cejas con furia recordándole a un hipogrifo asesino. Draco comenzó a retractarse casi enseguida, quizá su sentencia sería terrible después de todo.

----- CHAPTER BREAK -----

4.
La despedida y el comienzo Harry Potter se hallaba de pie a la mitad de un pasillo con los brazos cruzados, fuera de la sala donde habían juzgado a Draco Malfoy. Tenía una postura recta y rígida con la mirada enfocada en la pared de enfrente sin distraerse, mientras estaba al pendiente de lo que sucedía a su alrededor concentrándose en los sonidos que generaban las personas que caminaban por los corredores adyacentes y las personas que se acercaban hacia la puerta de la sala. El juicio había terminado.-No puedo darte más de 10 minutos -susurró a la nada casi sin mover los labios. El gryffindor se negaba a aceptar que sus emociones estuvieran involucradas en la decisión que había tomado. Se trataba de un asunto de retribución. Sólo era eso. Sin embargo, una voz interna que sonaba igual a la de Hermione, la que siempre le hacía reflexionar, le insistía que lo hacía por Lily.Las puertas de la sala se abrieron dejando correr un murmullo de pasos pragmáticos que iban a la derecha, en dirección hacia los pisos superiores. Eran los jueces liderando la marcha con el pequeño coro de testigos detrás suyo, éste se quedó un instante detenido dando lugar a un intercambio fugaz en el que Hagrid y Sybill Trelawney se fueron dando traspiés siguiendo a Minerva McGonagall. Después apareció Ron arrastrando con su mano derecha a su madre, con Luna mirándolos con curiosidad.-Pero… ¿estás seguro? Deberías despedirte apropiadamente -sugirió con timidez la Señora Weasley a su hijo. Harry los veía a la distancia sin que se dieran cuenta de su presencia, aunque los ojos soñadores de Luna se posaron un minuto sobre él. En realidad, era poco probable que supiera dónde estaba, ya que había creado un campo indetectable en torno suyo; no obstante, tenía la sospecha desde hace tiempo que los ojos de Luna tenían la capacidad de ver lo que no estaba ahí. Harry se detuvo a contemplar a Ron, cuyos ojos cristalinos se clavaban en el techo con exasperación reuniendo toda su paciencia antes de contestar a su madre.-Mamá, vámonos -rogó con la voz ronca. Idiota, pensó Harry con serenidad. Considerando que sus emociones se exaltaban con facilidad de manera constante desde hace meses, la calma sentida por sus amigos era muestra del amor fraternal existente entre ellos. Fueron un par de segundos en los que Harry abrió los labios y estuvo a punto de acercarse a Ron para abrazarlo.El muy idiota quería romper en llanto y seguramente trataba de evitar que alguien lo viera. Siempre había sido así, disfrazando y suprimiendo sus emociones, porque Ron Weasley no sabía cómo procesar su dolor. Tendía a comportarse de forma brusca, hacer chistes de sus problemas e incluso ser grosero antes de exponerse a sí mismo. A Harry le había tomado pocos meses, cuando recién lo conoció, darse cuenta de ese aspecto de su mejor amigo. Mientras que todos sus hermanos mayores solían ser honestos sobre sus sentimientos, Ron tenía la impresión imaginaria de que ser vulnerable suponía reconocer su debilidad. Todos sus hermanos habían logrado destacar y por eso podían permitirse no ocultarlos, pero la incesante (y a veces obsesiva) competencia que él mantenía, lo convenció de tener que endurecerse. De perseguir un ideal sobre quién tenía que ser, que gradualmente fue afectando su comportamiento y, como resultado, Ron siempre estaba listo para arrojar su varita y utilizar sus puños; para decir expresiones soeces que en el fondo lo avergonzaban; para reír y comer con exageración porque tenía que demostrar que su apetito era insaciable.En todo ello, Harry sabía que tenía parte de culpa. Ron había asumido con los años en Hogwarts el rol de hermano mayor de Harry (uno que procuraba hacerlo reír y le ofrecía una tosca protección) y éste, ansioso por cariño, lo había permitido. Entre ambos existía un entendimiento que no necesitaba palabras, pero a menudo Harry se preguntaba si debía presionar a Ron para que hablaran de sus sentimientos. Quería decirle que podía bajar la guardia, pero él mismo no sabía cómo hacer eso. La única persona capacitada emocionalmente del trío dorado era Hermione. Con todo, Harry cerró la boca y los vio marcharse.-Es hora -indicó con sencillez.Se deslizó al interior de la sala donde Hermione reñía a Malfoy, esperó un momento y cerró las puertas con su varita provocando un sobresalto en ellos, antes de liberar el hechizo que se había puesto.-¡Harry! -gritó Hermione olvidándose del Slytherin y corrió arrojándose hacia él en un abrazo que correspondió. Ella era la única persona con la que podía liberarse de sus cadenas. De pronto, ella empezó a pegarle con sus puños en un estado de frustración, comenzando a llorar. Él permaneció impávido y con un movimiento de su cabeza le dio una indicación a alguien a su izquierda, a la vez que el rostro de Draco se llenaba de una mezcla de dolor y rechazo al verlos juntos; quitándose la capa invisible de encima apareció Narcissa Malfoy.-Draco -pronunció su madre. No necesitaba gritar ni hacer algún aspaviento, dejó caer la capa en el suelo y camino hacia su hijo, que no pudo evitar mirar con nervios al gryffindor reprimiendo su llanto. Otro idiota.Hermione se desconcertó, pero antes de decir algo, Harry murmuró algo antes de que un pedazo del suelo surgiera y formara un muro entre ellos dos y los Malfoy, dándoles privacidad.-Diez minutos -recordó en voz alta. Harry apretó fuertemente, con ansía, entre sus brazos a Hermione antes de separarla con gentileza.-Él… nosotros… ya no… -intentaba decir ella sorbiendo la nariz, restregándose el dorso de la mano derecha en sus ojos.-Molly quería obligarlo a despedirse, pero Ron lucía desecho -dijo Harry más para sí, que a Hermione. Empezaba a entender qué había sucedido, sintió dolor, compasión y tristeza. Otra prueba de que la guerra continuaba causando estragos. Los sobrinos pelirrojos y castaños que había imaginado llenar de regalos se desvanecieron de su futuro. Extendió su mano izquierda para secar una lágrima que se le escapó a su amiga y como no encontraba las palabras adecuadas, la volvió a abrazar. Era increíble que alguna vez ella hubiera sido más alta que él; desde luego, no era tan alto como Ron, pero para un joven que creció 11 años en una alacena llena de arañas, era sorprendente ver tan pequeña a su amiga mientras la reconfortaba.-¿Cómo están tus padres? -preguntó cuando se dio cuenta de que la respiración de Hermione se tranquilizaba. No era un tema más ameno para platicar, ni la manera apropiada de sacarlo a colación. La cuestión era que Harry no tenía mucho tiempo y sabía que este momento era último dentro de varios meses, incluso años.Ella negó con la cabeza sin separarse de Harry, respiró y tomó fuerzas para hablar con él.-Ya saben quién soy. Mamá no recuerda nada de mí después de los 14 y papá tiene su línea del tiempo intacta, aunque por más que se esfuerza no sabe la fecha de mi cumpleaños, ni mi color favorito, jura que yo entré en Ravenpluff. Me amenazó con tatuarse la fecha, pese a que odia los tatuajes y mamá le dijo que, si lo hacía, más le valía que fuera en el trasero- explicó soltando una débil risa que interfería con su llanto. Poco a poco la risa fue ganando fuerza ante lo absurdo de la situación, aunque de pronto se convirtió nuevamente en llanto cuando se dio cuenta que el rostro inexpresivo de Harry se desfiguraba mientras soltaba una carcajada.Por primera vez desde la guerra, él estaba riendo de manera genuina y ante los ojos llorosos de Hermione, volvía a ser el muchacho terco e intrépido que reía en la sala común de Gryffindor. Harry, en cambio, no soportó la anécdota de su amiga y perdió el control. No debía darse esa clase de lujos, pero se permitió un momento de indulgencia. Ella era la primera persona en la que él había pensado cuando se encontraba cazando magos oscuros. A pesar de que tenía muchas personas queridas, todas ellas le exigían explicaciones y trataban de ayudarlo con desesperación; Hermione, sin embargo, lo escuchaba y respetaba sus decisiones. En otra vida quizá… comenzó a pensar Harry, pero detuvo abruptamente cualquier idea. Dejó de reír lentamente y miró a Hermione.-¿Te quedarás? -preguntó anticipando la respuesta.Harry negó con la cabeza.-Tengo que llevarla a Canadá, su exilio comienza hoy mismo. Después me quedaré un tiempo buscando algunos mortífagos que huyeron hacia Estados Unidos y México. -informó recuperando su compostura y el tono inexpresivo. -falta mucho para que el mundo mágico sea un lugar seguro, Hermione. Un lugar donde puedas regresar a Hogwarts y enfocarte en liberar a los elfos, estudiar aritmancia o lo que sea, sin preocuparte por una nueva amenaza; donde Molly, Ron, Ginny y los Weasley puedan recordar a Fred sin sentir que todo el sacrificio fue en vano…-¿Has hablado con Ginny? -le interrumpió Hermione, detestaba la postura de Harry y sabía que a él no le gustaba discutir el tema. Así que prefirió cambiarlo por otro. -Sé que está arrepentida y ustedes todavía podrían lograrlo, cuando regreses.-Hermione, incluso si Ginny no hubiera dicho nada, la situación sería la misma. Es popular y no es tonta, no necesita a alguien en particular… no me necesita a mí para tener una vida plena y yo me di cuenta de que… -empezó a confesar el mago mientras sus ojos verdes se tornaban más oscuros. No obstante, en ese momento el muro de piedra fue bajando. Los diez minutos habían terminado.Recuperó su postura rígida y tronó su cuello para deshacerse de la tensión.-Da lo mejor de ti de Hogwarts, Hermione. Sé que serás resplandeciente -le aseguró sin mirarla, al tiempo que Narcissa separaba sus manos de Malfoy y se encaminaba hacia él -¿Irás en Flu? -preguntó cortésmente.-¿Dejarán a Malfoy utilizar la red flu? -quiso saber ella.Harry enarcó una ceja sin comprender. Hermione suspiró y recordó que él se había salido después de su interrogatorio.-Voy a estar bien -declaró con resolución.Narcissa llegó con ellos, recogió la capa y le dijo a Harry que estaba lista para partir. Él asintió con la cabeza y le pidió que esperara afuera unos segundos, la señora Malfoy no protestó y salió moviéndose con elegancia, antes de hacerse invisible de nuevo. Hubo un destello casi imperceptible en los ojos de Harry y el suelo debajo de Malfoy se deslizó como si se tratara de una cinta automática, llevándolo frente a él. Draco Malfoy era levemente más alto que Harry, pero éste resultaba mucho más amedrentador; donde el cuerpo del slytherin era delgado por el hambre sufrida en Azkaban, el de Harry se había ensanchado dándole un porte atlético.-No se te ocurra desperdiciar esta oportunidad o lo lamentarás -le advirtió con calma. Draco tenía los ojos enrojecidos, seguramente por haber llorado junto a su madre, pero le sostuvo la mirada en señal de desafío. Sabía perfectamente que Potter se refería a Granger.Una vez dicho eso, Harry Potter se dio la media vuelta y salió de la sala.Hermione sintió una punzada en el pecho, pero se dijo a sí misma que haría todo en sus manos para corresponder los deseos de Harry. Se mordió la lengua brevemente y se fijó en Malfoy con la mirada estancada en la salida. Ambos habían perdido a dos personas siguiendo esas puertas.-Bien… supongo que eso nos lleva a tu inesperada visita de 36 meses -dijo buscando convicción para seguir adelante. Malfoy asintió y se quedaron viendo por un eterno minuto en el que la expresión de Hermione se derrumbaba ante la impaciencia. -¿y bien?-¿Bien qué? -repuso Malfoy con un tono más caustico de lo que pretendía. Le dolía el cuerpo, la cabeza, estaba muriendo de hambre y comenzaba a sentirse enfermo por el propio olor que emanaba después de un largo tiempo sin bañarse.-¿Qué sigue ahora? ¿te llevo así? -preguntó tratando de reprimir la náusea, de verdad olía muy mal.-Tú eres la experta Granger y, al parecer, mi vigilante. -señaló él con irritación, aunque por dentro emitía una sonrisa juguetona.Para Draco siempre había sido un misterio por qué sentía una grata satisfacción al molestar a Granger, pero los instantes que compartió con ella en clases de pociones eran plenamente satisfactorios. Así que la idea de poder molestarla dentro de su condena, le resultaba atractivo. La odiaba. Estaba en deuda con ella, pero la odiaba, la odiaba tanto que era irracionalmente feliz cuando podía decirle algo que la obligaba mirarlo. Porque sus ojos llenos de furia y arrogancia eran devastadores y abarcadores al mismo tiempo, y él, Draco había conseguido esa expresión. La odiaba con tanta fuerza que cuando la vio en riesgo en la mansión de su familia bajo el ataque de Bellatrix, sintió miedo de perderla. Granger era la única persona que podía superarlo en algo y, por eso, odiaba a Weasley. No, Granger no tenía por qué perder su tiempo con ese troll.-¡Sólo en la teoría! ¿te parece que suelo llevar magos sentenciados a la casa de mi familia? -exclamó indignada sacándolo de su ensoñación con brusquedad.-¿A quién has llevado? -quiso saber con un resoplido, antes de darse cuenta de que eso no era asunto suyo.Siguieron en ese intercambio molesto esperando que el otro se cansara, pero ninguno daba tregua hasta que una bruja de limpieza entró y les pidió que salieran. Se calmaron y al final Hermione decidió llevar a Malfoy a la oficina de aurores para informarse sobre cuál era el procedimiento que tenían que seguir.Ahí, en la entrada, los recibió John Dawlish, el nuevo jefe del Departamento de Aurores. Si la apariencia de Harry Potter reflejaba todas las penurias que había tenido que afrontar en tres meses, la del auror era justo la contraria: tenía el cabello perfectamente peinado, el uniforme de combate reluciente que no era otra cosa más que una túnica negra de tela más gruesa que las normales, la cual se ajustaba en la cintura y el pecho, tenía una serie diagonal de botones plateados que iban desde el hombro derecho hasta el extremo izquierdo de la cadera y se dividía dando lugar por separado a las piernas como un pantalón muggle (aunque se trataba de una sola pieza) y el rostro con el resplandor de quien puede dormir sin preocupaciones.-El Juez Diggory me indicó que no tardarían en venir, ¿entramos? -dijo educadamente mientras los conducía hacia el interior de la oficina.Era una sala amplia con piso de madera que tenía en su centro una escalera de caracol que llevaba a un sótano y hacia el piso superior. Al igual que varias de las oficinas del ministerio, estaba desprovista de ventanas, pero no se habían molestado en crear ninguna artificial. Del techo colgaban varias cadenas que terminaban en maceteros llenos de plantas que nunca habían visto Hermione o Draco, cada una de ellas emitía un brillo tenue para ver todo con claridad, pero lo suficiente para no lastimar la vista de lo aurores que ahí se encontraban. Eran 30 aurores en ese piso sentados frente a sus escritorios personales, cada uno con una mampara redondeada hecha de varios cristales, de tal manera que a Hermione le dio la impresión de que estaban delante de los vitrales de alguna catedral. Ninguno de ellos se distrajo para verlos, tenían torres de pergaminos que variaban de uno a otro. Algunos tenían objetos como mapas lunares, telescopios; otros tenían libros o tablillas con runas; y unos pocos tenían unas jaulas de oro en las que aparecían diferentes artefactos que los aurores extraían y examinaban con atención.Dawlish los guio hacia el sótano y de frente se toparon con un obelisco en llamas. Hermione le prestó atención y reconoció algunos de los nombres inscritos en él, como el de Tonks, Ojo Loco y Kingsley. Eran todos los aurores caídos. Draco, por su parte, veía que la habitación tenía nueve puertas flotantes, cuatro de lado izquierdo y cuatro del derecho, con una más hasta el fondo. Las puertas levitaban, pero aparentemente no dirigían a ningún lugar. Caminaron detrás del auror hasta la ultima puerta que bajó del aire y se abrió sola al reconocer a Dawlish. Ambos jóvenes estaban intrigados y esperaban que la puerta los llevara a un espacio impresionante, pero no fue así, se trataba de la oficina mágica más impersonal y falta de gusto que habían visto en sus vidas. Hermione pensó que incluso había muggles que se esmeraban más en crear espacios acogedoresHabía un escritorio de madera, tres sillas, varias antorchas, un librero medio vacío y una mesita de centro. Nada más. Las paredes estaban desnudas, excepto por una puerta más, y daba la impresión de que la oficina podría ser tanto de Dawlish como de cualquier otro desconocido. Sin embargo, sobre el escritorio había una pequeña placa de latón, junto a una cajetilla de cerillos, que anunciaba que ahí se encontraba el director de la oficina de aurores. Dawlish tomó asiento y ellos lo imitaron.-Entonces, veamos, ¿Draco Malfoy? -preguntó el auror distraídamente mientras sacaba su varita y la agitaba con sencillez. Materializó un pergamino sellado de color púrpura, lo abrió y comenzó a leerlo. -Parece que te vas al mundo muggle, ¿eh? Voy a necesitar que tu vigilante -miró a Hermione con amabilidad- firme algunos documentos, necesitamos registrar el lugar donde estarás residiendo durante tu sentencia. En cuánto tengas tu trabajo, tendrán que enviarme una lechuza actualizando esos datos. Si tienes alguna actividad rutinaria en el mundo muggle, también tendrán que informarnos. Por el caos en el que nos encontramos, no podemos seguir el protocolo correspondiente que sería la vigilancia de un auror capacitado; sin embargo, tendrás un hechizo rastreador, sabremos a dónde vas, qué medios utilizas, cuánto tiempo tardas y estaremos haciendo comparativas con la información que tengamos registrada, así como con los reportes que nos envíe tu vigilante. Si algo resultara sospechoso, le informaríamos directamente a tu vigilante y si se le avisa, pero no hay modificaciones en los patrones de conducta, entonces percibirías dos avisos. El primero sería una extensión de tu condena, el segundo implicaría el destierro total en el mundo muggle.Hizo una pausa y los tres se quedaron en silencio. Hermione estaba concentrada en evitar que eso sucediera y Draco sentía fastidio previniendo que Granger estaría encima de él todos los días. ¿Encima? ¿Cómo sería tener encima a Granger? Se preguntó divagando, mientras un calor repentino se extendía por su cuello.-Desde luego confío en que no habrá ningún problema. Sé que tres años parecen mucho, pero creo que la Srita. Granger puede coincidir conmigo en que el mundo muggle tiene sus maravillas y es una excelente oportunidad para dejar que las cosas sigan su curso. -reconfortó Dawlish a Draco viendo que tenía el rostro sonrosado y asumiendo que era por la preocupación.Las siguientes horas Hermione y Draco estuvieron llenando documentos para formalizar la relación de vigilancia, mientras Dawlish hizo aparecer alimentos para los dos. Pese a que Draco moría de hambre, se dio el tiempo de comer lentamente los sándwiches de pavo y reducir la porción que realmente deseaba puesto que no quería dejar traslucir su desesperación por comer. Cuando Draco terminó su parte con los documentos, el auror le dijo que podía pasar a la parte trasera, asearse y vestirse con una de las túnicas de emergencia que había ahí, lamentablemente sus pertenencias (aquellas que le habían quitado en el refugio) le serían entregadas posteriormente. El joven mago prefirió no ahondar en el tema y aceptó de buena gana ir a ducharse. El recuerdo de la suciedad despegándose de su cuerpo lo atormentaría varios años adelante.Una vez que Malfoy se fue, Hermione puso una expresión severa y dejó de pretender que la amabilidad del jefe de aurores le resultaba inocente.-No es que haya sepultado mi esperanza en que las instituciones puedan operar de forma efectiva algún día, sin embargo, tomando en cuenta sus antecedentes hacia Harry y la Orden del Fénix, creo que tengo la justificación suficiente para preguntarle ¿qué planean hacerle a Malfoy? -inquirió con contundencia. Hermione odiaba la idea de tener que hacerse cargo del joven que la despreciaba y la consideraba inferior, pero su sentido de justicia la obligaba a querer asegurarse de que nada fuera más tortuoso de lo que debería.Dawlish y levantó las manos dándole a entender que no estaba ocultando nada; no obstante, los ojos de la bruja lo seguían presionando y habló.-Debes ser consciente de que Diggory y muchos magos de alto rango desprecian a la familia Malfoy. La sociedad británica misma los repudia en este momento, todos exigen castigos severos para los mortífagos. Claro que varios murieron en la guerra, pero los sobrevivientes están recibiendo condenas inimaginables. Te aseguro que lo que vivió ese chico en Azkaban fue peor que una horda de dementores. Por su parte, el mundo mágico se encuentra embelesado con la idea de Harry Potter arriesgando su vida todos los días mientras les da caza sin tregua. Se ha vuelto una figura mítica, ¿no? Mientras él se llena de cicatrices o ve escenas horroríficas que alguien de tu edad no debería presenciar, la gente está encantada de que esté derramando su sangre por ellos. Por más que el ministro y yo nos hemos abocado a buscar qué hizo Kingsley para que Potter actúe con tanto vigor frente a las fuerzas oscuras, no lo sabemos. Tampoco quiere hablar, pero es evidente que su magia sigue creciendo. Puede hacer conjuros no verbales con demasiada facilidad y estoy seguro de que podría acabar con media oficina si se lo propusiera; es cuestión de tiempo para que sea un auror formalmente y no me equivoco al pensar que, llegado el momento, será mi sucesor. -elaboró Dawlish llanamente.Hermione y toda la orden sabían que era un auror con varias derrotas en su historial, pero el tono de resignación que empleaba la tomó por sorpresa. Arthur Weasley se estaba encargando de seleccionar a la gente correcta.-Ahora, imagina la desagradable sorpresa que se está llevando la comunidad mágica en estos momentos mientras se enteran por El Profeta Express que Narcissa Malfoy ha sido exiliada, sólo con un año sin su magia, pero sin ser recluida en el mundo muggle, ni haber pisado Azkaban más de una semana. No hay ninguna prueba de que haya participado como mortífaga, ya que no tiene ni siquiera la marca tenebrosa en su brazo. Así que puede resultar aceptable. -siguió el auror enlistando algunos de los hechos recientes. -Pero ¿Draco Malfoy sólo será enviado al mundo mágico por tres años, bajo la protección de una de las aliadas directas de Potter? Será un escándalo. Como lo será cuando sepan quién compuso su defensa. No hay duda de lo que sigue en el futuro de ese joven estará lleno de padecimientos. Dudo que lo reciban con los brazos abiertos y apuesto que habrá alguno que otro desquiciado que tratará de darle persecución o sabotearlo. Sin embargo, hasta eso es pasable. -confesó con tono sombrío y Hermione se dio cuenta de que Dawlish estaba llegando al punto crítico de la situación. -En cambio, lo que no sabrá la comunidad mágica es que Amos Diggory fue quien filtró la información de forma clandestina y tuvo que ser tranquilizado por el propio ministro por los resultados obtenidos en el juicio de hoy, sabes… Diggory no es ningún idiota, acusó directamente a Potter con Arthur de haber intervenido en el auxilio de ese joven. Malfoy y tu tienen suerte de que no él no tenga control sobre los aurores. Yo diría que su rencor lo está cegando y es notorio que sus medidas comienzan a radicalizarse.El auror se puso de pie y dio una estocada con su varita hacia la puerta del baño para insonorizarla, giró y le hizo frente a Hermione.-El día de mañana Lucius Malfoy será enjuiciado, tal como se está anunciando en cada casa que recibe El Profeta Express y, ¿la sentencia propuesta?: la primera ejecución tripartita en 600 años -declaró Dawlish. Hermione se puso de un color verdoso y se llevó las manos a la boca horrorizada. -No sé que pasará, sin embargo, Diggory lanzó los dados y apostó calculando los riesgos. El departamento de aurores no puede intervenir porque eso significaría que el Wizengamot también lo haga con nosotros; el ministro puede dar su recomendación en contra, pero al volverse un asunto de opinión pública, dependerá de la presión que ejerzan; nadie se meterá con Potter, pero él no estará en el continente para intervenir de nuevo; tú eres vigilante de su hijo y no tendrás tiempo más que de encargarte de su adaptación en las siguientes semanas; él desde luego se podrá enterar si se lo dices o si lee algún periódico, pero no tiene magia ni podrá despedirse; nadie en su sano juicio saldrá en defensa de Lucius bajo estas circunstancias… a la gente… le resulta muy difícil recordar que los tejones son animales brutales, sobre todo si sienten que tienen que vengar a sus hijos -concluyó deshaciendo el hechizo silenciador.Diez minutos después Hermione Granger y Draco Malfoy se encontraban en la salida de un pequeño parque en Otterburn, sosteniendo la cajetilla de cerillos que tenía Dawlish en su escritorio. Ella se quedó el traslador y tomó la mano del slytherin (que se sintió extrañamente cálida) para reaparecer justo en la entrada de su casa, antes de quitarse los zapatos y pedirle a Malfoy que hiciera lo mismo. Esa noche, mientras los padres de Hermione reían ejercitando su memoria y ella les pedía su atención para informarles sobre algunos cambios repentinos (no negociables), inició la nueva vida de Draco Malfoy. Pasaron unas horas más mientras la bruja les explicaba la situación.Draco asumía que Granger se las ingeniaría para inventar algo creíble que justificara su presencia ineludible, pero se equivocó, ella fue completamente honesta con ellos. Él notó que paraba cuando se daba cuenta que sus padres no entendían, les daba espacio para digerir las palabras y los confortaba dejando que expresaran sus dudas y quejas. Ellos dejaban entrever que confiaban plenamente en su hija, aunque lucían cansados de escuchar otra situación relacionada con la magia. Ninguno de los padres de Granger parecía desconocer su nombre y ciertamente las miradas que le dirigieron manifestaban el recuerdo vivido de aquella ocasión, antes de iniciar su segundo año en Hogwarts, cuando su padre y el de Weasley pelearon en la librería. Probablemente estaban al tanto de la fama de su familia, pero no hicieron algún comentario.Para Draco la situación no podía ser más ridícula. Él nunca había estado en el interior de una casa muggle y mucho menos llegó a imaginar en su vida que, de hacerlo, sería en la de Granger donde viviría. El lugar olía a una mezcla de flores, libros, madera y menta. Él seguía en el rellano, pero se daba cuenta que había repisas llenas de libros en cada pared, libreros atiborrados, floreros en varias mesitas y, sobre todo, el lugar estaba impecable y sumamente sistematizado. La casa gritaba Hermione Granger en toda la extensión de su maldito nombre, pero tenía el mismo efecto que la gryffindor: podía emanar precisión, pero había detalles que inundaban la casa de calidez como algunas frazadas dispuestas sobre los sillones.De pronto, todo sucedió con rapidez. Un rayo anaranjado cruzó la casa soltando un sonido amenazador y, en un remolino violento, Draco sintió como una bestia asesina lo embestía tirándolo al piso. Garras y dientes se clavaban en su cuerpo sin piedad; llegó a pensar por un breve momento que todo era una conspiración de Granger para acabar con su vida, ¿moriría desangrado? Se preguntó tratando de protegerse con sus brazos. Hasta que, así como comenzó todo, rápidamente terminó. Granger había dado algunas zancadas hacia él, quitándole a la fiera que lo hizo aullar de dolor y cuando se atrevió a mirarla, ella tenía las cejas levantadas mientras abrazaba a un gato. Draco buscó a su atacante, hasta que comprendió que el gato era su enemigo y, por la mirada viciosa que le dirigía desde el pecho de Granger, supo que le estaban declarando la guerra.Quizá los padres de la bruja sabían que ese gato (que seguramente debía tener poderes secretos porque él jamás sería vencido por un animal doméstico cualquiera) era un demonio de ferocidad inigualable, pero pareció que verlo en el suelo les ablandó un poco su corazón y el padre se fue a su habitación deseándoles buenas noches; mientras que su madre ponía agua para té en la cocina y le daba indicaciones para que lo alimentara. Granger no puso objeción, pero no lucía contenta, dejó al gato libre de nuevo y se fue hacia la cocina; su día había sido extremadamente largo y agotador.-Malfoy -le llamó ella, mientras salía con dos tazas y una expresión tan decidida como preocupada. -Tengo que hablar contigo.

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5.
El café 21 de diciembre de 1998Cuatro meses pasaron desde la noche en que Draco Malfoy había llegó a la casa de la familia Granger y se introdujo en su rutina. Cada día iniciaba a las 6 de la mañana cuando los padres de la bruja se bañaban para prepararse antes de ir a su trabajo; media hora más tarde se escuchaba la tonada que producía la tetera mágica que la bruja obsequió a sus padres y Draco tuvo que aprender a estar listo en su pijama para acompañarlos en el desayuno.Las primeras semanas, antes de que Granger se fuera a terminar sus estudios en Hogwarts, su madre tocaba la puerta de la habitación donde él dormía, condicionándolo a desperezarse e ir hacia la cocina para comer. Ahí el Señor y la Señora Granger seguían una sincronizada coreografía, en la que preparaban la pequeña mesa para que todos iniciaran el día con tranquilidad. El padre de la gryffindor era un ávido escucha de la radio muggle y seguía las noticias con atención, así como estaciones con música que Draco no había escuchado antes, pero que sin darse cuenta apreciaba cada vez más e incluso se descubría tarareándolas ociosamente. La madre, en cambio, se llenaba el plato de Draco y lo obligaba a repetir porciones para que recuperara un estado saludable, antes de que sus ojos verdes brillaran con intensidad y presionara a su hija para que pusiera su memoria a prueba. Estaba decidida a recordar cada ínfima memoria sobre la joven bruja y aunque sus recuerdos se detenían en los 14 años, la determinación que manifestaba le dejaba ver a Draco Malfoy que Granger había heredado esa cualidad de su madre.El 1° de septiembre cuando ella se fue por su cuenta hacia King Cross, la rutina matutina no se modificó de manera drástica; salvo por el hecho de que Mariot Granger le pedía a Draco que le contara todo sobre su hija en el mundo mágico. Quería conocer cada detalle que para su hija era irrelevante: qué desayunaba sin la supervisión de sus padres, cómo la trataban en Hogwarts, qué opinaban los profesores de ella, con qué chicos salía antes de Ronald y otra serie de temas que lo incomodaban. No sabía cómo explicarle a la Señora Granger que, en realidad, ambos no eran amigos; así que se esforzaba por traer a la superficie todo lo que pudiera para satisfacer su curiosidad.Gavin Granger, por otro lado, escuchaba con atención y cuando quedaba poco tiempo para que partieran a sus trabajos a las 7 de la mañana, retribuía a Malfoy con datos interesantes del mundo muggle y lo instaba a explorar puntos que él mismo recién iba descubriendo. Por alguna razón que desconocían, Hermione los había llevado a vivir a Otterburn después de traerlos desde Australia y los separó de su antigua rutina en Londres, lo que había obligado a los dos a conseguir nuevos empleos. Mariot trabajaba en un pequeño consultorio en el pueblo y Gavin ofrecía sus servicios dentales en un campamento militar que a veces lo mandaba a otros puntos; por ese motivo, éste exploraba un poco más y pasaba la información a Draco.Puesto que los padres de Granger estaban enterados de la condena de Malfoy y de su historial familiar, Draco supuso que se encontraría con malos tratos. Era la respuesta más lógica tomando en cuenta que habían perdido poco más de un año de vida y varios recuerdos de su propia hija debido a la amenaza de magos y hechiceras que odian a los muggles y sus hijos. Sin embargo, ambos eran personas sensibles, sensatas y confiaban en su hija ciegamente, así que se inclinaban por formar su propio criterio sobre él. De todas maneras, como le dijo el Señor Granger casualmente una mañana, Hermione y Crookshanks se encargarían de castigarlo por cualquier clase de falta. Así que ellos no tenían que preocuparse por nada. En otras circunstancias Draco hubiera interpretado esas palabras como una forma de intimidación, en este caso, sólo alcanzó a esbozar una ligera sonrisa, atrapando la luz de alrededor en sus facciones.Lejos de su mansión, de Hogwarts y el mundo mágico Draco sentía que una extraña paz lo invadía, no obstante, ocurría únicamente cuando estaba con ellos. Se llegó a preguntar en más de una ocasión si Granger no había utilizado algún encantamiento en la casa para el confort de sus padres, aunque la respuesta era otra: eran ellos los que generaban esa atmósfera y, en lugar de excluirlo, lo hacían participe. Él amaba a sus padres y sabía que el sentimiento era mutuo, aun así, ese hecho no ocultaba que estuviera consciente de las fallas en su crianza. Por otro lado, los padres de la bruja era un cúmulo de clichés. No es que fueran perfectos, es que aceptaban sus defectos sin problemas y los exponían sin ninguna censura, pero ambos sostenían al otro de forma invariable. Había momentos en los que esa relación lo hacía sentir a él como un intruso, como una grieta o una mancha que oscurecía su campo de amor; sobre todo, cuando se despedían antes de partir, Draco observaba como sus dedos entrelazados se oponían a la separación. Desde luego, no es que a él le importara en lo más remoto -se trataba de convencer con testarudez-, pero no podía evitar sentir una ¿fascinación? No, fascinación no… un interés objetivo, sí eso, por el carácter impúdico de los muggles. Suponía que por vivir en esa burbuja es que los dos lo trataban tan bien. La única regla era que el slytherin tenía absolutamente prohibido hacer uso de la cocina en su ausencia, después de una ocasión en la que terminó intoxicándose al tratar de prepararse la comida.Una vez que los Granger se iban de la casa, Draco solo tenía una hora para asearse y prepararse a salir a trabajar en una cafetería local. Alrededor de las 5 de la tarde regresaba a la casa y comenzaba su tortura: la bestia anaranjada lo esperaba en la puerta con cara de molestia agitando su cola como un látigo y prácticamente se convertía en su sombra, asegurándose de que Malfoy estudiara en su habitación los libros mágicos que Granger le había conseguido, hasta entrada la noche. Desde el primer día, Draco tuvo en claro que el animal acompañante de la bruja lo detestaba; sin embargo, ese sentimiento se convirtió en un odio congelante cuando, una noche antes de partir, su dueña lo colocó frente a él y le dijo que no podría llevarlo a Hogwarts.Hermione estaba sufriendo cuando les dio a conocer esa decisión. Ella tenía que volver y terminar sus estudios para centrarse en su futuro profesional; no obstante, sus deseos no modificaban sus labores como vigilante de Malfoy, así que, tras pensar en varias opciones, la mejor idea que se le ocurrió fue que su gato se convirtiera en una extensión de su vigilancia. Al igual que otros animales acompañantes, el gato-kneazle podía desarrollar habilidades mágicas si el lazo con su dueña era muy fuerte y, en este caso, prácticamente eran inseparables; por lo que Granger le comunicó a Malfoy que ella podría tener acceso a las memorias de Crookshanks y saber qué estaba haciendo él.Draco ni siquiera le preguntó a Granger cómo era posible que conociera ese tipo de magia tan avanzada, aceptó que era lo que se tenía que hacer, pero cuando Crookshanks maulló con furia al escuchar la nueva y le mostró los colmillos, supo que sus días estaban contados. De tal manera que todas las tardes estudiaba sin parar o de lo contrario, la alimaña le incrustaba sus garras en brazos o piernas. Harto de la tiranía del animal, Draco cogió una noche un vaso de agua y se lo arrojó, el gato hizo un sonido silbante y se marchó con la cola en alto mostrándose ofendido. Él pensó que había conseguido un triunfo y se regodeó en la victoria, “nadie se mete con un Malfoy” pensó con arrogancia. Grave error.Mientras estaba dormido, Crookshanks se arrojó con furia en su vientre, rasgó sus costillas, mordió su abdomen y dejó una herida en el área sensible cercana a sus pezones. Sin poder reaccionar, el atentado terminó con el gato aplastándose totalmente contra el rostro del mago que tuvo que luchar para poder respirar. Por si fuera poco, a la mañana siguiente, mientras le ardían las heridas con el agua caliente de la ducha, escuchó cómo se deslizaba algo por el baño y, cuando se asomó para observar qué había sido, vio con horror un vociferador que estalló con los gritos encolerizados de Granger advirtiéndole jamás dañar a Crookshanks de nuevo. Así que herido, desnudo y perdiendo lo que quedaba de agua caliente (y de su dignidad), recibió la mirada triunfal de la bestia que se las ingenió para abrir la puerta y luego irse ronroneando.Posteriormente, a las 9 de la noche, Draco salía de su habitación para encontrarse con Mariot y Gavin que solían preguntarle cómo había ido su día o para estar en silencio mientras los dos muggles se ponían a leer. Él, por su lado, se ponía a escribir ideas sueltas y dibujar en unas libretas. No es que le resultara apasionante, pero encontraba esas actividades muggles bastante útiles pues le permitían enfocarse y tener control, aunque fuera en algo tan pequeño. Los padres de Granger se habían acostumbrado a ese ritmo y ya lo dejaban de mirar con interés.En una ocasión, casi al terminar su primera semana con ellos, le preguntaron si él quería una televisión, ellos no la veían y consideraban que le haría daño a Hermione, pero admitían que él seguramente se aburría y podría entretenerse. Pero Draco consideró sabio de su parte evitar cualquier cosa que pudiera lastimar a la bruja y se preguntaba qué clase de criatura combatían los muggles por diversión y qué tan poderosa podía ser para que Granger tuviera dificultades con ella. Decidió preguntarle a la bruja tratando de mantener un tono que no revelara su falta de conocimiento al respecto y Granger lo vio confundida antes de romper en una carcajada que tuvo dos reacciones en Draco: la primera fue un sonrojo total desde el cuello hasta la coronilla por la vergüenza de sentirse expuesto y la segunda, fue que su corazón comenzó a latir con violencia admirando las líneas de sus ojos, el cabello deslizándose a los lados de sus mejillas y el cuello estilizado en medio de su risa.Poco a poco, la vida de Draco se había ido asentando en su rutina. Algunas noches dormía, otras no, a veces despertaba empapado de sudor por las pesadillas que lo atormentaban. A veces soñaba despierto imaginando que sería de su madre, de Parkinson, Zabini o Nott, y otras creaba escenarios ficticios en los que cambiaba su vida, corregía sus errores y se convertía en el heredero insigne de la casa Malfoy. En pocas ocasiones pensaba en la ejecución de su padre. Había intentado llorar, tratar de sentir ira, jurar su venganza, pero por más que lo ansiaba, simplemente no sentía nada.Granger le explicó todo la misma noche que llegaron, cualquier otra persona le hubiera dado tiempo y le contaría la noticia después, pero ella siempre era diferente. Habló con él de forma cuidadosa, sin caer en la lástima ni mostró ninguna clase de regocijo sobre el tema. Explicó cada detalle de forma sistemática y no lo trató ni por asomo de manera condescendiente. En ese momento, sin importar cuán breve, fueron pares. Draco no había reaccionado. Claro que sabía que era un destino horrible y si estuviera en sus capacidades lo impediría sin pensarlo, pero no era así. Su mente se quedó en blanco y se preguntó si el mundo siempre se había sentido tan trivial a su alrededor. La única cosa que llamó su atención fue el comportamiento de Granger, ella tenía todas las razones del mundo para odiarlo a él y a su familia, incluso para regodearse en su sufrimiento, no obstante, ni una pizca de eso salió a flote. La bruja estaba consternada por la situación del mundo mágico y despreciaba las medidas tomadas en contra de Lucius MalfoyLos días pasaron y Draco se dio cuenta que la tristeza no llegó. Su padre era su héroe, su figura ideal, el mismo que le ponía una carga inmensa sobre los hombros y del que nunca llegó a obtener el mínimo reconocimiento generando en Draco un sentido de inutilidad y autodesprecio, aun así, el duelo por la pérdida no sacudió su mundo como él había previsto cuando temía por la vida de sus padres durante la guerra.Ahora, ese lunes, cuatro días antes de navidad, Draco Malfoy por primera vez se sentía nervioso desde su llegada. Tenía su cabello platinado agarrado en una coleta y dos aretes de plata colgando, uno en cada oreja, estaba vestido con un pantalón de mezclilla color café, una camisa blanca arremangada hasta los codos y un mandil café oscuro. Estaba de pie detrás de la barra de la cafetería donde trabajaba, observando con cuidado a cada uno de los clientes en sus respectivas mesas previniendo que no hicieran desastres o que nos les faltara nada. Todo estaba en orden y odiaba eso. No podía entretener su mente en los descuidos y las necesidades de los muggles, si no que Granger se paseaba en cada uno de sus pensamientos. Ese día iniciaban las dos semanas de las vacaciones de invierno y la vería por primera vez desde que se fue. Por supuesto, ella estaba más enterada sobre lo que él hacía que a la inversa, pero estaba seguro de que sus padres le sacarían hasta el último detalle de su regreso a Hogwarts. Además, Draco se derretía por demostrarle los cambios que había hecho en 4 meses o, de manera más específica, que ella se los reconociera.-Draco, ¿puedo irme? -preguntó Delilah interrumpiendo sus pensamientos. Era una joven pálida de 20 años con la melena negra en todas direcciones y los ojos de un verde azuloso que siempre tenía una expresión cansada en el rostro reforzada por las sombras oscuras que utilizaba sobre sus parpados. Cada tanto, hacía la misma pregunta a Draco esperando un momento de distracción del menor para largarse de ahí lo más pronto posible. Ella podía lucir cansada, pero era una repostera hábil con un genio explosivo que orillaba a sus proveedores a hacer concesiones con tal de no tener que confrontarla.-Si no funcionó la primera vez, tampoco lo conseguirás en esta ocasión. Ya deja de intentarlo, Delilah -pidió Draco poniendo sus ojos en blanco. -Eres mayor que yo, compórtate como una adulta.Ella cogió una cadena metálica que llevaba en su cuello y la jalo como respuesta fingiendo que se colgaba. La cadena terminaba por un extremo en un anillo y en el otro por una barra que se introducía en él, por lo que, al tirar del lado con la barra, ésta se estrechaba en su cuello. La primera ocasión que hizo ese ademán Draco soltó un alarido, ella se rio y le preguntó si nunca había visto una, a la par que él negaba observándola perplejo. “¿Quieres que te enseñé cómo utilizarla apropiadamente?” le preguntó Delilah aquella vez mordiéndose ligeramente el labio inferior, “No, gracias, estoy bien sin que me pongan ningún cargo” contestó él poniéndose a trabajar de nuevo y Delilah rio con ternura. Desde entonces los dos se habían vuelto amigos del trabajo, aunque Malfoy tenía la impresión de podría ser su primera amiga de verdad en el mundo muggle. La joven muggle solía tener ideas retorcidas que le recordaban a cualquier Slytherin y expresaba sus planes para derrocar al gobierno sin un atisbo de vergüenza; sin embargo, Draco no podía permitirse estar tan próximo a ese tipo de ideas de nuevo, de tal modo que solía cambiar el tema.En Calm Clam Coffeshop había 5 empleados más, aparte de Draco: Delilah, la repostera; Alexis, la barista; Bard y Finn, los meseros; y Charlotte, la encargada de la loza y ayudante de Delilah. Draco se hacía cargo de la caja formalmente, pero los demás empleados dejaban que él los organizara y por eso le pedían permiso para salir constantemente, incluso si no lo necesitaban. El dueño del café era un joven de 26 años que no tenía la menor idea sobre qué hacer con un negocio dado por sus padres y tampoco tenía ninguna clase de interés por aprender. Así que solía dar instrucciones sin sentido hasta que un día contrató a Draco, quien comenzó a hacer sugerencias (todas ignoradas por el dueño) y fue escuchado por sus compañeros. Malfoy no tenía experiencia en el mundo muggle, pero desde su infancia fue entrenado para administrar las riquezas y negocios familiares, por lo que no resultaba un tema difícil para él. A lo anterior se añadía el buen gusto y la elegancia natural que había heredado de su madre, encajando perfectamente con el resto de sus compañeros.-Déjalo en paz, Lilah, Draco debe estar a punto de mojar sus pantalones -regañó Alexis poniendo su mano derecha sobre el hombro de Draco en señal de apoyo. Delilah la miró con interés.-¿Es hoy? -preguntó ella con un énfasis dramático cubriéndose la boca con las manos, mientras Draco buscaba por dónde huir. Estaban por comenzar con su espectáculo, juntas (Delilah y Alexis) eran insoportables y presionaban al slytherin hasta su límite.-¿No lo recuerdas? Nos lo dijo día tras día, suspirando, con la mirada anhelante, soportando el llanto. Eres increíblemente valiente… -expresó Alexis soltando un llanto falso. Sus rizos dorados amenazaban con salir de su redecilla cuando ella se recargó en el hombro de él. Tenía las facciones duras y los ojos de un azul desvanecido. Era un poco más alta que él y bastante más atlética, era hija de militares y, según Draco, tenía la misma edad que Delilah.-¡Claro! ¿Cómo pude olvidarlo? Si no hablaba de otra cosa más que de su amor por Granger -bromeó ella con regocijo notando el incontenible sonrojo del chico.-¡Yo no la amo! Y ¡no he hablado de ella, todos los días! -exclamó Malfoy avergonzado. Se había arrepentido de haber mencionado a Granger hace tiempo. Desde entonces las bromas no paraban.Un joven rubio se les aproximó con seriedad, tenía el rostro con una barba mal rasurada, el cabello por ningún lado y la expresión de no haber dormido más que una hora. Les miró lentamente y se llevó los brazos atrás de la nuca soltando un bostezo con impertinencia.-¿De qué hablan? -preguntó Bard con voz grave y rasposa.-Draco insiste en que no ama, ni habla de la misteriosa señorita Granger -contó Alexis adoptando una postura formal.-Quizá, sólo está desesperado por tener sexo, ¿no? -consideró él con tono de entendimiento. Si Draco ya estaba rojo con las provocaciones de sus compañeras de trabajo, con la vulgar intervención de Bard, sintió que estaba a nada de echar humo por las orejas como cuando llegó a tomar una poción antigripal en su segundo año en Hogwarts. Delilah estaba muerta de risa agarrándose las costillas y Alexis cubría las orejas de Malfoy con sus manos con la cara escandalizada.-¡No perviertas al niño! -le reprochó ignorando los quejidos de Draco. -Él todavía es virgen y está esperando a su amor.Draco se quitó las manos de encima mientras captaba las miradas de algunos clientes que oscilaban entre la risa y la curiosidad.-Para empezar, no necesito que nadie me pervierta. -declaró Draco.Era verdad.-Segundo, no soy virgen.
Era mentira.
-Y tercero, yo, absolutamente… de ninguna manera… estoy enamorado de ella. -añadió con el tono más venenoso que le fue posible.
Era mentira… aunque él todavía no terminaba de darse cuenta.
Cuando dijo las últimas palabras Draco se dio cuenta que todo se había quedado en silencio repentinamente y miró hacia la entrada principal. De pie, a un lado de Finn que los señalaba a ellos, se encontraba Hermione Granger con un abrigo y una bufanda, sostenía con las manos la correa de su bolsa colocada de forma diagonal.¡No! Pensó con horror Draco. No, no, no, ¡no! ¿Qué hacía ella ahí? Debía llegar directo a su casa, descansar y esperar a sus padres, eventualmente Draco llegaría. Ya lo tenía planeado. Entraría mostrando su cansancio, lo suficiente para que ella comprendiera que hacía algo pesado, pero no tanto para que creyera que era débil; la saludaría con desinterés y se iría asear, entonces esperaría unos minutos hasta que Marion tocara su puerta invitándolo a unírseles y, él, aceptaría con gentileza. Se sentaría con ellos, escucharía en silencio y él conversaría con ella de forma relajada solo hasta que Granger le hablara. Pero ahí, de frente, de manera tan inesperada, Draco sentía que le temblaban las piernas y no sabía si mirar a otro lado o seguir con su mirada sobre la bruja. ¿Qué tanto había escuchado? Estaba tan pasmado que hasta le pareció buena idea recibir otro sectumsempra con la única finalidad de no tener que lidiar con esto.-Sí, es él. -confirmó ella mirando a Finn, antes de volver a salir por la puerta y quedarse en la entrada. El chico de cabello castaño les sonreía con dulzura ignorando la vibra del ambiente.-Así que es ella -dijeron al unísono Delilah y Alexis a los lados de Draco-No serás virgen, pero esta noche no sentirás nada de calor -afirmó Bard en un susurro, antes de irse a una de las mesas.De pronto, Draco sintió un empujón y miró con rabia a Delilah que se iba riendo hacia la cocina.-Ve a hablar con ella, yo te cubro en la caja -le instó Alexis bondadosamente.Draco se quitó el mandil, lo colgó y se armó de valor para salir con Granger. Usualmente con nueve zancadas salía del café, pero esta vez el trayecto se le hizo eterno. Eso era una característica del mundo muggle, los momentos más cotidianos y conocidos podían llegar a ser inquietantes de un día para el otro. Abrió la puerta dejando que el frío del invierno lo golpeara de lleno, debían estar a 4 grados aproximadamente; ella tenía las mejillas sonrosadas, lo miraba con una mezcla entre curiosidad y pena.Draco sabía desde su primera clase de transformaciones que Granger le provocaba algo. Ellos no habían compartido esa asignatura, sin embargo, recordaba el orgullo que sintió cuando fue el único Slytherin que logró dar forma de aguja a la cera. Estaba tan contento que escribió una carta a sus padres con la noticia. Cuando se sentó en el gran comedor no pasó mucho tiempo para que se enterara de que una chica había conseguido mejores resultados: la cera tenía la forma, adquirió un poco de dureza y hasta había cambiado de color. “McGonagall tenía grandes expectativas” escuchó Draco que decía una prefecta de Ravenclaw a uno de los hijos Weasley. Desde entonces tanto el tema como la bruja en cuestión se volvieron una obsesión para Malfoy.Él nunca comprendió por qué Potter prefirió la amistad de Weasley, pero creyó que tenía una oportunidad de acercarse a la hija de muggles en sus primeros dos meses en el colegio. Granger rondaba sola en el castillo. Con la excepción de unas pocas personas de cursos superiores, la mayoría de los gryffindors la evitaban. Existían rumores ridículos de que se sabía toda la historia de Hogwarts y que la Señora Pince tenía que trabajar el doble por culpa de la muchacha.Ese septiembre y octubre de 1991, Draco Malfoy estuvo reuniendo el valor para escribir a sus padres sobre la bruja. Sí, era hija de muggles, pero estaba creciendo mágicamente sin parar. Hasta Nott que era descendiente de una familia de grandes hechiceros e inventores de encantamientos, reconocía abiertamente que no era competencia para Draco y mucho menos para la dientes de castor. Esa era la diferencia constante, si Draco era excelente, ella era perfecta. Por esa razón, se decidió por justificar a sus padres por qué era importante relacionarse con ella; su madre lo apoyaría sin problema, pero su padre era otra historia. A pesar de que la carta fue escrita, nunca fue enviada. La mañana del 1° de noviembre, la bruja de cabello castaño tenía los ojos resplandecientes y se reía como nunca… acompañada de Potter y Weasley. A decir verdad, él nunca pudo terminar de entender qué era lo que había sentido, aunque no fue placentero. Arrojó en un segundo la carta al fuego cuando estuvo en su sala común de nuevo.A partir de ese momento, para sus adentros, la señaló como una enemiga y le gustaba planear formas de molestarla y demostrarle que no la necesitaba, que ella sobraba en ese mundo que a él por derecho de nacimiento le pertenecía. Hartos de la situación, Parkinson y Nott lo emboscaron, ella sostenía una pequeña daga encantada y él lo apuntaba con su varita manteniendo la expresión fastidiada “¡deja de hablar de Granger!” lo amenazaron con desesperación. ¿Por qué le decían algo semejante? Era cierto que la veía y si la tenía en frente no iba a perder la oportunidad de molestarla, pero no era verdad que él siempre hablara sobre la bruja.Ahora, en el presente, seguía sin comprender por qué la gente le decía lo mismo. Peor aún, Granger era su vigilante y temía que las cosas se malinterpretaran. Además, Granger había salvado al mundo mágico y él estaba completamente por debajo de ella, así que cualquier clase de reconocimiento de su parte era un tonto sueño.-Debí avisarte antes -dijo la bruja con calma. -Cuatro meses no parecen nada en Hogwarts, pero viéndote… supongo que pasé por alto que tenías nuevos amigos. No quería irrumpir en tu espacio de trabajo y no tienes por qué contarme nada sobre la persona de la que “no” estás enamorado.Draco sintió como su cuerpo se aligeraba. Ella no había escuchado nada importante.-Por lo general, acepto disculpas formales únicamente, pero supongo que puedo pasarlo por alto en esta ocasión -dijo moviendo una mano con sus habituales gestos aristocráticos.-No tienes que pasar nada por alto, porque no te estoy pidiendo disculpas -repuso ella poniendo sus ojos en blanco.-Y yo pensando que regresar a Hogwarts había mejorado tus modales -sentenció Draco alzando su barbilla con arrogancia, pero escogiendo un tono civil.-Curioso, yo pensé lo mismo sobre ti y tu estadía lejos del mundo mágico… pero sigues siendo el mismo -ironizó Granger chasqueando la lengua al final.Draco se quedó mudo y sentía sus tímpanos palpitar con el enojo creciendo en sus adentros.-Tienes razón. No tienes ningún derecho de irrumpir aquí -soltó tensando su mandíbula, antes de darse la media vuelta y regresar al interior del café.Hermione parpadeó perpleja, se ajustó la bufanda y se fue furiosa de ahí. ¡Qué estúpida! ¡Pensar que se podía tener una conversación normal con Malfoy!Draco entró a la cafetería hecho un bólido, esquivó a Bard y Finn, pasó la barra y cuando Alexis iba a abrir la boca, la atajó pidiéndole unos minutos más. Se internó en la cocina, se cruzó con Delilah y casi chocó con una Charlotte espantada que tenía el cabello rosa chicle peinado en un copete. Se metió a la bodega de suministros y pateó con frustración la primera caja vacía de cartón que encontró, no era lo suficiente para desahogarse, pero el sonido contundente era un placebo, le hacía creer que estaba rompiendo algo justo como Granger acaba de hacer con él.Cuatro meses sin verse, cuatro estúpidos y dolorosos meses. Ella era su vigilante sólo por error, había testificado a su favor, pero de ser por ella no estarían habitando ni siquiera el mismo pueblo, pensó Draco con amargura. Tampoco eran amigos, esa era la cruda verdad. No es que lo quisiera. Sí lo imaginaba y, a veces, se permitía fantasear con que la amistad truncada de su infancia quizá podía tener lugar; sin embargo, no es que fuera un deseo tan fuerte. Pero… ¡maldita sea! ¡cuatro meses! Ella debía notar sus progresos, ni siquiera la había insultado ¿eso no era suficiente? ¿Por qué él no podía ser nunca suficiente para ella? Con un chasquido de su lengua se había desecho de todos sus esfuerzos. Sigues siendo el mismo afirmó ella sin piedad. Me estoy esforzando, de verdad, lo prometo… gritaba en medio de su agonía. Las palabras no salían, pero dolían con fuerza en su garganta. Los ojos ardían y su cabeza se llenaba de presión, si no se calmaba seguramente tendría dolor de cabeza el resto del día. Aplastó la caja con los pies y después se dedicó a romperla con las manos, hasta que una grapa color bronce se enterró en la palma de su mano. Malfoy aulló frustrado.Afuera de la bodega Finn y Charlotte temblaban, Draco les inspiraba miedo sin necesidad de hacer nada. En ese estado se preguntaban si debían acercársele y miraban a Delilah que se los impidió y trató de explicarles a los menores del grupo que no debían molestarlo. Bard entró por Finn y lo regresó a su trabajo. Alexis también les gritó pidiéndoles que regresaran a sus lugares. La mayoría de los clientes se había coordinado accidentalmente para pedir cuentas o agregar pedidos al mismo tiempo.Uno de los grandes defectos de Draco Malfoy, desarrollados a causa de sus terribles condiciones y decisiones de vida, era que se empecinaba en ver lo peor de sí mismo. A tal grado que perdía de vista las cosas buenas que tenía a su alrededor. Los minutos que siguió soltando su frustración en esa bodega con olor a refrigerador viejo, se sintió sólo e incomprendido, sin notar que haya afuera los tres muggles mayores (Bard, Delilah y Alexis, respectivamente) lo estaban sosteniendo como una red porque, en esos cuatro meses, le habían tomado aprecio a él, a ese extraño personaje de cabello platinado que parecía príncipe desterrado o baterista de banda de rock, ese extraño personaje de modales tranquilos que parecía cargar con el peso del mundo y que, a un lado de unos sacos de harina, lloraba castigándose con crueldad.

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6.
La bestia anaranjada Eran la 6 de la tarde y Draco Malfoy se encontraba con un abrigo de cuello alto fuera de la puerta principal de la casa de madera de la familia Granger. Situada en un punto privado cubierto por una arboleda y varios arbustos frondosos. No veía el auto de Mariot, ni la motocicleta de Gavin. Sabía que ambos podían llegar más tarde lo usual, pero él esperaba que al demorarse un poco tuviera la oportunidad de evitar a la bruja. Tampoco podía retrasarse más de lo usual porque toda su rutina era estrictamente vigilada por el ministerio de magia, así que preparándose mentalmente para lo que se avecinaba sacó sus llaves para ingresar. Sin embargo, en ese instante sintió un escalofrío en la nuca, alguien lo observaba. Draco estaba privado de todos sus poderes mágicos, pero eso no le impedía reconocer seres mágicos o hechizos a su alrededor. La presencia era hostil y expectante, lo que fuera no se trataba de algo para tomar a la ligera. Se quedó quieto sin saber qué hacer, no había manera alguna para defenderse y no podía exponer a Granger. Draco tenía la sospecha de que la casa tenía un encantamiento de reconocimiento para que las personas admitidas por la bruja pudieran entrar; no obstante, la debilidad de ese tipo de magia era que las personas aceptadas podían extender esa invitación al abrirle la puerta a otro ser.Cuando se decidió por encarar la situación y darse la vuelta, varias cosas ocurrieron al mismo tiempo. A lo lejos se escuchó el crujido suave del camino de grava que unía la casa con la calle más próxima, mientras Gavin, con su casco puesto, se acercaba en su motocicleta y alzaba el brazo para saludarlo; una mancha anaranjada saltó del techo maullando con furia hacia un punto entre los árboles y los arbustos; un haz de luz violeta salió disparado hacia Gavin que, advertido por la maniobra de Crookshanks, hizo derrapar la motocicleta justo a tiempo para evitarlo aunque salió rodando con sus brazos pegados al pecho; y Draco salió corriendo de manera imprudente detrás de la bestia.El Señor Granger estaría bien, “tenía que estar bien” pensó Draco con miedo. No sabía por qué corría, tenía mucho que no lo hacía y sus piernas se movían cortando el aire de invierno como si fueran barras de plomo negándose a separarse del suelo. Cuando cruzó los árboles pudo distinguir al mitad kneazle corriendo con furia asesina y, más adelante, una figura delgada envuelta en una túnica carmesí con los ojos y la parte superior de la cabeza cubierta de vendas. Antes de que todo sucediera Draco se dio cuenta y se quedó paralizado, no tenía sentido que un mago armado huyera de un animal de compañía: era una trampa. El mago giró a medio trote con una sonrisa triunfal revelando que ambos brazos también se encontraban envueltos en vendas y en lo que pareció una risa juguetona, a la par de escalofriante, lanzó un hechizo.-¡Rosadents! -exclamó con voz cantarina. La varita del mago se llenó de espinas y se extendió como un látigo de madera que silbaba contra el cielo. Draco, inmóvil, había aceptado su destino; pero Crookshanks, no.El gato había pasado por peores cosas a lo largo de su vida, encerrado en una tienda de mascotas durante años en el callejón Diagon, temiendo morir en cautiverio, ayudando a cazar a un animago, asechando las amenazas que se le acercaban a su dueña, protegiendo a los padres de ella en Australia, esperando día y noche a que la única persona que lo había escogido en su vida volviera, vigilando al estúpido pelirrojo y al niño asustadizo de cabello platinado. “Crookshanks no es un cobarde”, “Crookshanks es leal”, “Crookshanks siempre la va a proteger” pensaba el gato antes de saltar hacia el inesperado látigo que impactó contra su cuerpo.-¡Noooo! -gritó Draco rasgando el sonido y con el corazón hecho trizas cuando vio el cuerpo caer sobre el suelo. El mago de la túnica carmesí dejó de sonreír y lucía molesto, pero se desapareció de ahí. Draco recuperó el movimiento y tomó a Crookshanks entre sus brazos, tenía una línea gruesa recorriendo su vientre y costado izquierdo hasta detrás de la oreja como si lo hubieran rasurado, poco a poco, la sangre empezó a abandonar su cuerpo. Estaba inconsciente, pero estaba vivo por el momento.-¡Déjalo en el suelo! -exclamó la voz aterrorizada de Granger detrás suyo.Draco la volteó a ver y se dio cuenta que la cabellera de la bruja parecía estar más alborotada de lo normal. Estaba blanca y le temblaban las manos, a pesar de que sostenía su varita con firmeza. Draco miró a la mancha anaranjada en sus brazos.-Yo… yo no… no… -el mago intentaba hablar, pero no podía. ¿Qué podía decirle a Granger? Sólo quería asegurarle que él no había hecho eso. Pero al darse cuenta de su impulso, flaqueaba, ¿cómo podía tener tiempo para pensar en eso?-¡Déjalo en el suelo! -repitió ella viendo que no se movía -¡Malfoy!... Draco… por favor -suplicó ella reprimiendo el llanto.Era la primera vez que ella lo llamaba por su nombre. Él siempre esperó eso, aunque no en esas circunstancias. Draco empezó a llorar en silencio y asintió dejando a Crookshanks sobre la tierra. La bruja sacó un galeon de su bolsillo, lanzándolo a Draco.-Es falso -explicó ella con prisa. -Tiene anillos con números y letras, gíralo las veces que sea necesario hasta que cada letra toque la flecha superior y formes la palabra “ayuda”; si en tres minutos no pasa nada, has lo mismo, pero con la flecha inferior.Draco no entendía y estuvo a punto de preguntar, aunque Hermione fue más rápida.-¡Anima ligatur! ¡Speculum vulnus! -para el horror de Draco dos luces blancas salieron de la varita de la bruja y giraron alrededor de Crookshanks y de ella; una atravesó al gato y la otra a Granger, después se intercambiaron, y así sucesivamente. El efecto fue instantáneo. La herida y la sangre del mitad kneazle empezó a desaparecer haciendo que su respiración se recuperara de forma progresiva; al mismo tiempo que Granger soltaba un alarido mientras caía de rodillas llorando y se abraza las costillas, un corte profundo empezaba bajar desde la parte inferior de su lóbulo derecho y se perdía debajo de su ropa. Había transferido la herida. La bruja no dejó de gritar y empezó a sudar antes de colapsar.Draco reaccionó mientras su mente se arremolinaba, corrió con Granger y la abrazó. De pronto, se escuchó el llanto desesperado de un gato y Crookshanks se puso a empujar a su dueña con la cabeza. Draco nunca lo había visto así, pero fue lo suficiente para recuperar la conciencia, sujetó el galeon y lo movía, pero estaba disociado. Era como si una máquina hiciera los movimientos y no él. Era demasiado. Draco ya había soportado demasiado, demasiado, ese día ya era demasiado y no estaba seguro de poder lograrlo. Como pudo, terminó de formar la palabra y comenzó a contar los segundos. Al llegar al 95 se estaba desesperando, pero sonó un chasquido de aparición y Draco supo que todo iba a estar bien.San Potter estaba ahí delante de ellos, con más mechones blancos de cabello en un mismo lado, sumamente concentrado, sin un ápice de emoción. Draco y Crookshanks lo miraron llorando; el primero manchado en sangre y el segundo con unas gotas en su pelaje. Sin mover si quiera los labios y sin hacer uso de su varita, Potter colocó sus manos sobre las heridas de Granger.-Gracias -dijo Potter alzando la mirada hacia Draco sin alterar su expresión.

----- CHAPTER BREAK -----

7.
El exnovio La magia no verbal era una habilidad muy compleja y complicada, aunque al verla no daba esa impresión. Por lo general, los magos y las brujas menos duchos solían pensar que mientras más florituras hicieran en sus conjuros, éstos serían más poderosos; sin embargo, era justo lo contrario, a hechiceras como Minerva McGonagall o Filius Flitwick les bastaba con agitar levemente su varita para realizar transformaciones y encantamientos poderosos. Magos y brujas de renombre como Albus Dumbledore y Jane Southworth, por otro lado, habían pasado a la historia porque no dependían si quiera de su varita mágica para realizar hechizos; el primero se bastaba con sus manos para detectar la magia del ambiente y elaborar conjuros, mientras que de la segunda existían registros sobre el uso de su propio cabello para lanzar maleficios o del desprendimiento de grandes cantidades de magia al cerrar los ojos. Después de todo, las varitas mágicas eran canalizadores mágicos que ayudaba a los magos a concentrar su poder y regularlo.Todos los días miles de magos y brujas en el mundo realizaban magia no verbal o sin varitas de manera accidental. La mayoría de ellos menores de edad que, asustados o enojados, liberaban su poder de forma instintiva, pero a la larga esas situaciones se reducían y nadie tenía mucho interés por hacer magia sin su varita. Al contrario, las familias de sangre limpia se habían inventado ademanes “únicos” para sostenerlas con la intención de poder diferenciarse de los mestizos e hijos de muggles y reconocer de qué familia provenía cierta persona. De tal forma que llegar a dominar la magia no verbal era una cualidad que se apreciaba, pero se pensaba como un logro adicional. La magia sin varita simplemente era descartada e, incluso, había quiénes se oponían férreamente a permitir que esa práctica continuara y veían con malos ojos a los que tenían esa habilidad. Y ahí, en medio del caos, mientras el mitad kneazle y Draco Malfoy no se despegaban de Hermione Granger, se encontraba Harry Potter paseando sus manos sobre el cuerpo de ella sin tocarlo.Draco se fijó en que la sangre de Granger no desaparecía, ni regresaba a su cuerpo. La herida se estaba cerrando a la perfección y la respiración de la bruja se volvía pausada, aunque seguía sumamente pálida, su temperatura estaba regresando a la normalidad. Crookshanks debió notar lo mismo y se fue corriendo hacia la casa de los Granger, quizá para avisar Gavin y a Mariot, si acaso ella ya estaba ahí. La bruja estaría bien.-¿Puedes llevarla? -le preguntó de pronto Potter separando sus manos, parecía que ya había terminado.Draco asintió y con delicadeza cargo a Granger entre sus brazos y se encaminaron hacia el hogar de la bruja. A pesar de estar espantado, no podía evitar sorprenderse por lo ligera y pequeña que se veía la Gryffindor entre sus brazos. Se sentía como algo precioso y frágil que se podía dañar en cualquier momento. ¿Cómo habría sido tomarla de esa manera en otras circunstancias? Se preguntó sin mirarla, cada cierto tiempo, volteaba con nervios hacia los lados y se fijaba en el suelo para evitar algún tropiezo.-Por dios, Malfoy, ¡cálmate! -exclamó Potter entre dientes -estoy con ustedes, no les va a pasar nada.Salieron de la arbolada y vieron la casa de madera. En la ventana se encontraba Gavin Granger con gesto enloquecido por la preocupación y Crookshanks estaba afuera de la puerta principal, ni uno ni el otro podía salir o entrar en la casa. Harry agitó su mano con pereza y la puerta se abrió. A pesar de su urgencia por ver a Hermione, el Señor Granger se quedó en la entrada y se movió enseguida para dejarlos pasar hacia la sala. Crookshanks, Malfoy y Harry desfilaron, mientras Gavin los veía. Eso era algo que Harry había aprendido a respetar del padre de su amiga, observaba la situación y escuchaba primero, luego reaccionaba. Mientras Malfoy depositaba en un sillón a Hermione, Harry cerraba la puerta y le daba un golpe con su varita sin decir nada. Todos sintieron por unos segundos como si se hubieran sumergido en agua caliente.-En estos momentos sus heridas superficiales e internas están completamente curadas, así que no está en peligro de muerte -diagnosticó Harry sabiendo que ese era el punto más importante por aclarar. Gavin, Draco y Crookshanks se mostraron menos tensos, pero antes de que pudieran decir algo Harry retomó la palabra -Sin embargo, yo no soy medimago, lo único que puedo hacer es detener heridas, cerrarlas y, recientemente, he aprendió a evitar que queden cicatrices. La sangre es otro tema, no sé cómo hacer que regrese al cuerpo ni descontaminarla una vez expuesta, por lo que Hermione perdió bastante. Será necesario que guarde reposo y que cuide su alimentación; lo ideal sería llevarla a San Mungo, pero yo debería estar en Nueva Orleans en estos momentos y si la llevo se hará un revuelo. Draco no tiene capacidad de hacerlo, así que está descartado -explicó mirando al Señor Granger, que asintió sentándose a un lado de su hija. Harry dio una zancada y sujetó a Crookshanks con delicadeza. Para Draco la imagen era absurda, Potter lucía como un matón con su aura intimidante y cara seria, y tenía al gato cargado como un bebé, incluso parecía un pequeño peluche en sus brazos -asumo que fuiste herido, ¿verdad amigo? -preguntó al mitad kneazle que cerró sus parpados lentamente. -Hermione transfirió las heridas para salvarte y somos afortunados de que hayas sido tú, de haber utilizado ese hechizo con Draco el corte habría sido fatal. No los pierdas de vista, ¿de acuerdo? -pregunto acariciando la barbilla del gato que cerraba sus ojos ido por la muestra de cariño. -Malfoy. Tu turno.Draco esperaba eso, Potter había aparecido para salvar el día, otra vez. No obstante, él no había presenciado nada. Así que les contó todo, como había sentido peligro, Gavin acercándose, chispas moradas cruzando el aire, Crookshanks lanzándose al ataque, el corriendo sin saber por qué, la comprensión de que había caído en una trampa. El mago vendado atacando con su varita, Crookshanks salvándole la vida, Granger dándole el falso galeon y haciendo el conjuro para transferir las heridas. Mientras narraba los sucesos, Draco sentía que se abrumaba y un entumecimiento llegaba a su cuello. Después de Azkaban y su juicio esa reacción se volvió constante, su mente lo encapsulaba en un lugar lejano, aunque corporalmente siguiera hablando. A veces descubría que ya había terminado y no estaba del todo seguro de que hubiera dicho lo que quería, pero se quedaba con las ideas principales de lo expresado.-¿Qué significa todo eso? -preguntó el Señor Granger con duda una vez que Draco finalizó -Her… Hermione dijo que ya no había peligro. También dijo… por eso nos mudamos aquí.-Esto no tiene nada que ver con los mortífagos -sentenció Harry con rotundidad. Dejó a Crookshanks en el suelo y el mitad kneazle se acurrucó en una de las axilas de la bruja -Cada vez quedan menos, sus ataques se han vuelto erráticos y más brutales. Quien fuera, estaba esperando el momento oportuno. Tampoco iba tras Malfoy. El tiempo que le diste sin voltear hubiera sido suficiente para dañarte. Señor Granger usted llegó en un momento inoportuno, eso es todo. Eso también descarta un ataque originado por el prejuicio de la sangre. Significa que podría haber sido un intento deliberado para atacar a Hermione, en cuanto Malfoy abriera la puerta.Fuera de la casa se escuchó el sonido de un automóvil llegando. Era la madre de Hermione.-Muchachos llevaré a Hermione a su habitación ¿Draco puedes poner agua para té? Harry, te estoy agradecido, de verdad, pero… -instruyó Gavin con tacto, levantando a su hija del sillón. Harry asintió y sin decir nada desapareció. Draco no dijo nada, aunque estaba perplejo. Potter era el mejor amigo de Granger y había llegado a sospechar que la relación de ambos patinaba peligrosamente hacia otra dirección, entonces no entendía porque Gavin le pidió que se fuera.Mariot Granger se veía agotada cuando entró a la casa con calma, se quitó las botas y eso fue suficiente para darse cuenta de que la situación no era la esperada. Había marcas de tierra en el piso que correspondían a dos pares de zapatos y las inconfundibles huellas de Crookshanks. Escuchó la tetera, pero no la conversación que deberían estar teniendo padre e hija. La expresión de la Señora Granger fue despertando como si le hubieran arrojado nieve.-¡Hermione! -gritó con el corazón encogido.Draco salió a su encuentro cautelosamente, la muggle se veía completamente distinta a como la conocía. La mirada llena de vida y la sonrisa divertida esperando el cuchicheo cotidiano sobre su hija, eran remplazadas por ojos abiertos, varias arrugas cruzando su frente y los labios descompuestos en una mueca penosa. No supo por qué lo hizo, pero algo instintivo se activó en Draco y la abrazó con timidez.-Está bien, Gavin la está recostando. Yo preparé té -susurró interrumpiendo el abrazo después de unos segundos. Mariot inhaló hasta que sintió su pecho llenarse de aire y exhaló lentamente. Apretó uno de los brazos de Malfoy y se fue en busca de su hija. Hasta que no la viera no podría estar en paz.Draco se quedó quieto y percibió una sombra con el rabillo de su ojo izquierdo. Afuera, detrás de la ventana que daba hacia la entrada estaba Potter de pie, mirándolo calculadoramente. Draco se aseguró de que nadie lo viera y salió sigilosamente con un mal presentimiento. El frío invernal había aumentado golpeándolo con severidad.-¿Esta es la parte donde me das los detalles que no podías con Gavin presente? -preguntó Malfoy con recelo y en un intento de burla que fue eclipsado por el frío que lo obligaba tensar su quijada.Potter enarcó una ceja, golpeó con su varita la coronilla de Malfoy y éste sintió como su temperatura se regulaba.-Había olvidado lo dramático que eras -soltó con sencillez mientras bajaba su varita de nuevo.-¡Yo no soy dramático! -se quejó Malfoy. Odiaba la nueva sensación que le generaba Potter, como si estuviera delante de un profesor como Snape, a pesar de que tuvieran la misma edad.-Claro -confirmó Potter llanamente. -De cualquier manera, todo lo que dije adentro era la verdad, no tengo nada más que agregar sobre eso. Sin embargo, necesito hablar contigo. -añadió con expresión desinteresada.-El famoso Potter ¿quiere hablar conmigo? Me intriga demasiado -soltó Malfoy antes de pensar lo que estaba diciendo. Así era siempre que tenía enfrente a alguien del trío dorado, por más que quisiera cambiar y se prometiera hacer el esfuerzo, los impulsos del pasado borboteaban de su boca como un mecanismo de defensa anticipado. De forma objetiva, sus reacciones eran de lo más normal, pues por mucho tiempo que parecieran 4 meses desde el juicio, había sentimientos arraigados que no podían ser borrados de manera tan sencilla. Por lo menos, no tan pronto.-No tengo idea de quién o por qué vinieron a atacarlos -dijo ignorando a Malfoy -La cuestión es que Hermione estará aquí otros días y dudo que sus padres acepten mudarse de nuevo. Crookshanks no puede protegerlos solo y los hechizos protectores que puse cuando entramos, solo cubren la casa. No puedo hacer nada más -afirmó con voz grave. -Pero, eso no significa que Hermione tenga que estar cargando con tu inutilidad y cobardía.De todos los intercambios que había tenido alguna vez con Potter, Draco Malfoy jamás hubiera esperado escuchar esa frase. Fue como si lo hubiera caído de su escoba desde el cielo hasta el suelo. Sentía el cuerpo lívido y no sabía cómo reaccionar. ¿Cómo se atrevía a decirle algo semejante? Él no era un inútil y mucho menos un cobarde, pero por más que se esforzaba para expulsar las palabras que se arrinconaban en su garganta, no pudo hacerlo. Si tuviera su varita… pensó con rabia, pero la verdad es que incluso con ella no habría podido hacerle nada.-¿No vas a decir nada? -preguntó Potter recriminándolo -¡Eres un Malfoy, maldita sea! -exclamó en voz baja con gesto peligroso. -Tu madre está haciendo todo lo que puede para sobrellevar su nueva vida; eres heredero del orgulloso Lucius y el mejor alumno de Severus Snape…Draco abrió los ojos sorprendido antes de interrumpirlo y decir resignadamente:-¿Qué esperas que haga? No tengo magia ni… --¡Desde cuando eso te ha detenido de hacer cosas! Escucha, no puedo perder más tiempo contigo, así que seré claro. Le debes tu vida a Hermione, cuando termine tu sentencia tendrás tu magia de vuelta y harás lo que te venga en gana, pero para eso ella y tú deben estar vivos entonces. Mientras tanto tienes que encontrar una forma de estar listo para lo que sea, usa tu aristocrática cabeza y pon a funcionar tu cerebro, ¿de qué maneras puedes utilizar magia sin hechizos ni varita? ¿cómo hacer magia sin que te detecten? –le instó perdiendo la paciencia.-Yo no pedí que me salva…-comenzó el Slytherin con amargura.Para Potter eso fue demasiado. Perdió los estribos y con las dos manos separó a Malfoy del suelo.-No sé qué pasa contigo Draco y en realidad no me importa. No te estoy preguntando tu opinión, ni estamos negociando. Protegerás a Hermione con tu vida quieras o no. La vergüenza, el miedo, la culpa, la indecisión, todo eso que te carcome lo dejarás atrás y cumplirás con tu función, ¿entiendes? -dijo Potter con furia, su careta inexpresiva se había ido y resultaba mucho más aterrador.-Si tanto te importa Granger, ¿por qué no la cuidas tú? ¿te da miedo que te rechace? -preguntó Malfoy con ironía y una sonrisa burlona que escondía el dolor que le provocaba el agarre de su antiguo rival del colegio.-Yo ya la estoy protegiendo -fue todo lo que contestó tirando a Malfoy al suelo, pero sin responder la última pregunta. -¡Expellere dementoris! -conjuró apuntando a Malfoy que cerró los ojos automáticamente. Un rayo amarillo lo golpeó provocándole un estremecimiento, abrió los ojos y para su sorpresa vio como una tiras de humo cenizo salían de su cuerpo, antes de desvanecerse. Cuando el conjuro acabó Malfoy se quedó en el suelo con una sensación diferente, respiraba con fuerza como si hubiera sido arrojado al agua y estuviera respirando por primera vez. Podía ver todo con nitidez y hasta entonces fue consciente de que lo que veía todos los días lucía ligeramente opaco.-¿Qué me has hecho? -exigió con voz impertinente. Era la primera vez que se escuchaba a sí mismo hablar de aquella manera, desde hace tiempo.-Retiré cualquier rastro de la corrupción de los dementores de tu sistema. Estuviste expuesto varios meses ante ellos, así que supuse que eso estaría interviniendo en tu conducta y resolución. Sin embargo, eso no cambia tus sentimientos. Debes lidiar con ellos por tu cuenta -explicó Potter guardando su varita. -un peón asustadizo no me sirve, pero de esta manera puedes ser una herramienta útil para Hermione. Quizá hasta puedas competir con Crookshanks.Malfoy se levantó y se sacudió la ropa, antes de sonreír maliciosamente.-¿Estás seguro de que es buena idea dejarme a solas con Granger, en mis mejores condiciones? -preguntó combativamente -Yo le agrado sin esfuerzo a sus padres, ¿sabes? Y yo sólo protejo lo que es mío -añadió entornando sus ojos grises.-Hablas de un juego que ni siquiera conoces -repuso Potter acercándosele y acomodando detrás de su oreja el cabello de Malfoy que había quedado suelto por encima de sus hombros. -pero mientras cumplas con tu labor, eso es lo que menos me importa.Dicho eso, Potter desapareció de ahí. Hermione Granger despertó en su habitación, con Crookshanks a un lado su cabeza, hasta la noche siguiente con mucha tranquilidad, debían ser más de las 10 de la noche. Se sentó en la cama con cuidado y revisó su cuerpo, no había señales de herida alguna. Harry la había salvado, de haber sido Ron, ella estaría en alguna cama de San Mungo. Él no era bueno con los hechizos médicos. Vio una jarra de cristal con agua que estaba en su buró y un vaso a un lado, se sirvió el líquido y bebió, tenía la garganta seca. El gato empezó a ronronear complacido, se estiró y saltó hacia el rincón donde se encontraba su plato con alimento especial. La bruja se preguntó si hasta ahora era que comía un bocado. Ella también se sentía hambrienta, pero no le apetecía bajar tan pronto, en cuanto su madre la escuchara se iría encima de ella. Comenzó a planear bajar en la madrugada para robar algo del refrigerador y comer un bocado, no obstante, recordó que no había tenido tiempo de ver y platicar con sus padres. Si postergaba el encuentro hasta la mañana seguramente sería peor. Se armó de paciencia y salió de la habitación lista para bajar a la sala. Escuchó enseguida como se arrastraron dos sillas y para cuando llegó al final de las escaleras sus padres ya estaban ahí sonriéndole, aunque Mariot tenía los ojos pequeños por el esfuerzo de no romper en llanto. En cambio, en la sala se encontraba sentado Malfoy con un cuaderno y lo que parecía un carboncillo entre sus dedos. Él la veía con intensidad desde ahí, pero no se levantó, se limitó a hacerle un gesto indefinido con la cabeza.Las siguientes dos horas Hermione estuvo en la cocina con sus padres y Draco (por insistencia de Gavin), hablando sobre lo ocurrido; le costó mucho convencer a su madre de que en realidad ella no había sido atacada, si no que había utilizado su magia para curar a Crookshanks. Ella había estado en su habitación que daba hacia el otro lado de la entrada hasta que escuchó un estruendo y bajó con la varita en mano, hizo un encantamiento detector para saber si había más gente en la casa con ella y al ver que el resultado era negativo, fue que salió de la casa. A unos metros de la entrada yacía su padre y corrió a socorrerlo, se aseguró de que estuviera bien y lo acompañó al interior de la casa para que le explicara lo sucedido, una vez hecho eso, lo dejó ahí y encantó la casa para que nadie pudiera entrar o salir de ahí. Ese fue el momento en que se internó en la arboleda hasta que divisó a Malfoy gritando y, posteriormente, lanzó su conjuro; sin embargo, como se encargó de enfatizar, todo estaba calculado, ella le pasó a Draco su galeon proteico y éste solo tenía que llamar a Harry o, en su defecto, a Ron para que todo estuviera en orden.En el momento en que la joven bruja mencionó el último detalle se produjo un silencio incómodo. Gavin había decidió omitir la parte que involucraba a Harry en todo el asunto y Draco había seguido su ejemplo. Mariot Granger decidió no voltear a ver a su marido, pero no dejó pasar el asunto.-¿Harry Potter? ¿él estuvo aquí? -preguntó con enfado.-Sí, mamá, ¿cuántos Harrys con poderes mágicos crees que conozco? -le dijo ella con paciencia. -Gracias a él es que estoy viva, deberías ser más considerada con él ¿por eso no se quedó? -quiso saber mirando a su padre. Éste que ya lucía pálido por la abrupta mención de Harry, se reacomodó en su asiento tratando de hallar las palabras adecuadas.-Potter no se podía quedar -explicó Malfoy, hablando por primera vez desde que ella había bajado. Sus padres y ella voltearon a verlo, estaba tranquilo y tenía un aura bastante más estable que la que ella había percibido antes. -Al parecer vino en tu ayuda desde Nueva Orleans, pero no podía quedarse mucho tiempo. Te curó, te trajo hasta aquí, puso algunas protecciones sobre la casa y se fue, tenía que atender algo impostergable; por cierto, mencionó algo sobre que tenías que comer bien. -añadió observando el plato vacío de la bruja con el entrecejo fruncido, apenas había comido dos rebanas de pan tostado.-¿Ves, mamá? Dejó sus cosas para ayudarme, ¿podrías darle algo de crédito? -dijo la bruja a su madre.-Hermione, las cosas no son tan simples -dijo su madre sosteniendo su taza de té con las dos manos.Sin darse cuenta, Draco se había ido inclinando poco a poco prestando atención. Pese a que no le interesaba la conversación, quería saber por qué la madre de Granger parecía odiar a Potter. Él no la culpaba desde luego y, de hecho, era un cambio refrescante saber que no todas las personas caían en las redes del “elegido”.-Por favor, no empieces con eso otra vez ¡Ya te dije que no es lo piensas! -exclamó Granger sonrojándose.“Si Gavin Granger fuera un animal, seguro sería un camaleón” pensó Draco al verlo cambiar de colores conforme avanzaba la plática de las mujeres de su familia. Con movimientos lentos, Gavin hizo el intento de salir de ahí, pero fue infructuoso.-¡Tú no te vas de aquí! -le ordenó su esposa con tono seco. -¿no piensas decirle nada a tu hija?, ¡dime que le dijiste algo a ese muchacho!-¡Papá! Dile que se detenga -gimió la bruja con desesperación.Tenía mucho que Draco no se sentía tan divertido. Estaba completamente metido en el desarrollo de la situación, esperando que continuaran.-Yo le di las gracias y le pedí que se fuera -respondió él con premura intentando satisfacer a las dos.-¿Le diste las gracias?-¿Le pediste que se fuera?Preguntaron las dos mujeres al mismo tiempo con la espesa cabellera castaña chisporroteando en todas las direcciones, mientras Draco bebía su té negro con placer.-Ese hombre besó a tu hija, la dejó llorando, ¡¿y tú le das las gracias?! -exclamó indignada Mariot Granger con sus ojos verdes completamente encendidos.Draco se hubiera quedado petrificado con la noticia en otras circunstancias, pero como el dato lo tomó desprevenido mientras bebía su té, se atragantó quemándose la garganta. ¿Potter había besado a Granger? ¿era por eso por lo que la alimaña naranja se dejaba acariciar obscenamente por él? También los había visto abrazándose y tenía sus sospechas, pero él pensaba que se trataba de un suceso a futuro, no algo que ya había ocurrido. “Hablas de un juego que ni siquiera conoces” le había dicho Potter, ¿a eso se refería? Pero no tenía sentido… ¿o sí? Luego estaba la parte de que Granger había llorado, ¿y dónde quedaba la comadreja en todo esto? Fue por Mariot que se enteró un día de que su hija y Weasley ya no eran novios, pero él lo entendió como el resultado inevitable de una relación sin futuro.-Mira, no deberíamos meternos en la vida privada de nuestra hija. No tengo interés en si se besaron o no, lo importante es que vino y le salvó la vida a tu hija, ¡otra vez! Ese chico es la razón por la que Ronald y ella sigan aquí, eso debería ser lo importante -respondió Gavin sintiéndose acorralado agarrando el respaldo de su silla.-¿Estás insinuando que no sé qué es lo importante? -chilló Mariot con furia. -Me alegra que esté con vida, pero no puedo soportar que le hayan roto el corazón y aún así, cada vez que lo mencionamos, es inevitable ver que Hermione todavía tienen esperanzas. Ronald y ella tenían un futuro juntos, Molly y yo incluso compartíamos ideas para la boda, y dejaron ir todo por la borda…-¡Suficiente! -exclamó Granger con la voz quebrada y los ojos llorosos. Draco que se acariciaba la garganta demasiado impactado para hablar, se dio cuenta de que la situación había escalado a un punto crítico y sintió cómo su pecho se contraía dolorosamente al verla sufrir -No soy invisible, ya no soy una niña y no encuentro una razón para que discutan mi vida como si fuera el pronóstico del clima. Esta es la última vez que tocamos este tema: Harry Potter no me besó, dudo que alguna vez le haya pasado por la cabeza. Yo lo besé a él en junio y sólo fue porque estaba desesperada, en ningún momento ha habido algo parecido al amor entre nosotros dos. -confesó con la voz temblando, aunque a Draco le pareció que esa última frase la atormentaba. -Lamento que tus planes sobre MI vida se hayan arruinado, pero para tu información Ronald Weasley fue quién terminó conmigo y no estaba enterado sobre ese beso. No se le ocurrió nada más adecuado que terminar nuestra relación en medio del jardín de la madriguera y desde entonces no me ha escrito ni una sola vez, así que no te sorprenda que sólo hable de Harry -concluyó arrancándose las lágrimas que recorrían sus mejillas y se levantó. Por un momento pareció que estuvo a punto de irse a su cuarto, pero se quedó quieta y se volvió a sentar. Sus padres la vieron y de inmediato Gavin fue a abrazarla, a la vez que Mariot tomaba su plato e iba a calentarle un poco de comida.Draco, por su parte, volvía a sentirse un intruso en la vida de la familia Granger y se sumió en sus pensamientos ¿Qué significaba besar a alguien por “desesperación”? La bruja decía que no había amor entre ellos, pero él sentía que era una mentira. Había podido notar el dolor en la voz de ella al hablar de Potter y éste no había negado su interés por ella; esa perspectiva le dolía y lo confundía al mismo tiempo. Verla herida e inconsciente había logrado que reconociera para sí mismo que ella le preocupaba, pero eso no significaba que él admitiera algún sentimiento de orden más elevado que eso. Después de todo, también había sentido dolor al ver al mitad kneazle convaleciente y eso no implicaba que lo amara. Había abierto la boca frente a Potter en una reacción automática para provocarlo, pero él no se imaginaba enamorado. Claro, sabía que la bruja no era cualquier persona y le provocaba varios sentimientos, sin embargo, Malfoy no tenía referencia sobre ese tema. La vida en Hogwarts giraba en torno a los sentimientos por sus amigos y sus enemigos; durante la guerra sólo pensaba en la supervivencia de sus padres y en la suya; y ahora, después del juicio, se daba cuenta que no pensaba mucho sobre sus emociones. Potter lo había liberado de los efectos secundarios de su convivencia con los dementores y percibía los cambios con claridad, pero de eso solo hacía un día.Para el infortunio de Malfoy no contaba con nadie que pudiera darle sentido a sus sentimientos. En algún momento se había llegado a imaginar enamorado de Pansy, hasta que ella tuvo piedad de él y le hizo comprender que sólo le gustaba la atención que ella le ofrecía. A ella sí le gustaba él, pero había decidido que lo mejor era que siguieran siendo amigos; aunque en ocasiones, se burlaba de él por ese motivo. “Eres como una pintura de muchos colores, cada uno de ellos corriendo en sentidos opuestos” le había dicho Nott con aire profundo, en una ocasión que lo encontró llorando porque su experimento con el armario evanescente había fallado de nuevo.Draco no tenía tiempo para sus reflexiones en aquel momento, pero tenía que ocultar su llanto y le pidió una explicación, Nott le veía y se agarraba un mechón de su cabello ondulado, solo atinó a decir: “Desde que éramos compañeros de juegos siempre has tenido muchas responsabilidades, ¿no? Nunca te ayudaron a comprender tu emociones y eres un desastre con ellas. Eres como una pintura incompleta porque todos los colores que vertieron en ella no se ayudan para lograr la obra maestra, ¿entiendes? Pero el problema más grande es que muchos de esos colores ni siquiera son los tuyos”. Malfoy que siempre había sido reacio a la forma retorcida de comunicación de su compañero, no comprendió nada y desesperado, no tuvo mejor idea que lanzarle un maleficio para que se le cayera el cabello.Ahora que estaba sentado con la familia de Granger y los veía retomar la conversación hacia otros puntos, dejando atrás el reciente conflicto, se preguntó si Theo hablaba sobre eso. Tener la capacidad de sentir las cosas sin que se derrumbara el mundo. Miró a Granger, la bruja más inteligente de su edad, y se percató de lo grandiosa que era: había arriesgado su vida por su animal de compañía y ahí estaba, como si nada. Casi colapsaba exponiendo sus sentimientos con honestidad, pero eso no había impedido que se mostrara cálida con sus padres de nuevo. Draco no sabía mucho de sentimientos, pero al menos, esa noche, reconoció que la admiraba. Por eso era por lo que la envidiaba, pensó en medio de una epifanía, ella era alguien a lo que aspiraba; esa era la razón por la que buscaba su reconocimiento y había esperado que ella le confirmara que había cambiado. Hermione Granger estaba en la cima, era una criatura bendecida por el sol y, él, se encontraba en lo más bajo, con los pies metidos debajo del suelo. Ante esa revelación su corazón latió con fuerza, el pensamiento no provenía de su falta de autoestima como en otras ocasiones, se trataba de un deseo puro de estar a su altura, de ser suficiente a sus ojos y compartir la luz que ella emanaba.

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